LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
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tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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). quien hizo la teoría correspondiente. dejando nuestra investigación sin. de «sabiduría» (sapientia. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. vv.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. que el bien. si era aún la de Aristóteles. pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. finalmente. a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí. que sólo se ar­ cia». q¿¡e es el objeto de la prudencia. más interés que el puramente historico. de Delbos. y en. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. falta coraje. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. 31 de marzo de 1775. pem muy diferente. debía quedar asociada a su declive. esa i e a La Harpe. de esta co.. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». . que lo racional n. Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos. busca un. sino preservado. 332-333.351. 5. 127 ss. de entrada indistintas. en gran medida. pp. y no cualquier otro. más en general. 1.7 que el hombre. sección 2 (trad. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que.. Olímpica. Se dice: un automovilista prudente. pero también: un niño sensato (sage). s ttzrde del rnoralismo. A111ígona. La prudencia n. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas.350-1. «prudencia». aunque sólo sea por educación. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra.la Desmesura. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». VV.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. Pero n. I.. Sófocles. La Segunda parte. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. en otro sentido. y por largo tiempo.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. contrarios entre s{. del «héroe» y el «alma bella». Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. cansada de los prestigios. primer Lugar contra sí mismo. para preferir el «bien del hombre». madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. 13). En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. si se presenta en él. fue. pero cómplices.0 8. La prudencia fue víctima primero del . Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto.. fr. una virtud metafísicamente fundada. incluso las más sutiles. aunque sólo sea el del buen juicio. del espíritu público. La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. Kant. No es ca­ perado. 9. que lo inteligible no es de este mundo y que. « . Quizá. puede ser el enemigo de lo mejor.o es una virtud heroica. 7. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. Carta de VoiLar 6. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. Pero. y que es necesario distinguir de la noción vecina. y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles. necesariamente más larga. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. la de los griegos. La prudencia es.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. también y más que ningu­ na otra.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que. CJocp ia). ciadas y que hay palabras. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. la Ética a Nicómaco y /bid.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético. de la desmesura y el desprecio.

El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. Besan9on. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. siendo la primer. t::ssai . Revue philo. en París. 1� Los múltiples aspectos de este debate. 156-182.-M. Schuhl. pp.:na M01·a/ia.: El proble111a del ser en Ari. 17). cast. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». pues. al contrario. físico y moral.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. P. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10. se separan de ella. . 15. Le dominareur etles possibles. París.iiv appcllant» (Cicerón. pp. 1964. «De !'instan! propice». en especial sobre la no­ ción de xO. Le probflm�e de f'etre chez Ariswte. len inhaltlich» (F. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. Schuhl. _ 1 1. tratándose de Anstó­ � teles. 146-147). de cronología y. l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas. y por muc as mtís. de Aristóteles mismo. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. .� en su conjunto más antigua que la segunda. 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. Madrid. 12 Finalmente. P. 1962 (hay trad.s (pruden. Dirlmeier. PUF. así como sus resonancias siempre actuales. . en el caso de la tercera. el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. cuántas sugerencias. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. Aubenque. 1987'). contentionem quam neel ovvar<. Magna Moralia. . Taurus.�­ tóteles. éste sin duda ha utilizado <<notas». lógico. pp. y también una deuda: se podrá comprobar que. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo. París. De játo. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. Schuhl. y.ObSCUra quaestiO.. Aristoteles.mr la problémati· que ariswtéficiemle. si bien este estudio se basta a sí mismo. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam .L(}Ó�. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. 13. Por esta deuda. pp. 1958. 291-292. «. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1.-en-Provence. 34). principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio.inaban «sobre los posibles». Que estas investigaciones. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M. . con el último grao exegeta de Ma¡. se puede admitir. de auten­ ticidad. 12. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. IW10. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos. P. l>:uís. 1: IX. en Vand�uvres (Ginebra). Pero. Belles Lettres. cia) después de Aristóteles. PUF. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. 11 Además.-M. l. Sclzuhl. Morale. 14. por lo tanto. LXXX (1975).l"fiphiqllc' ( 1962). 69-72.-M.

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación. 590.. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. Pearson § 1 ..OLaoem xat cpgovEi:v. M.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». l. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. yv&ot� i] cpgóvr¡ot�. donde Aristóte­ les retoma claramente. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». SóFOCLES. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. Met. .w0uL cpQÓVIl­ oet. que son cambiantes como sus objetos.a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV.M11oa�wu ú. III. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». 68b evrp.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. 4. PLATÓN. el saber in­ Ideas.oeL xaeaew� l>vcev!. 1078b 15. Fedón.AA. &XA. bn<JtY)f. De Coelo. recuerda en el libro M de la Meta­ física. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles. sin referirse esta vez a sus predecesores. Aristóteles. pues dice él.' � exei. E1tÍ. fiel al uso platónico. emplea la palabra phrónesis para designar. 298b 23. fr. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. Así. 2. f.

5. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. arquitectónica. el saber verdadero. Nic.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana. 13. 9. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón. Cf.3. 15 la ph. que. "tE yv&crtv xai. inmutable· como su objeto. Aristóteles introduce. 18 la phrónesis debe a su carácter humano.5 Sin embargo. al comienzo de la Metafísica. una virtud dianoética. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid. ignora lo que nace y perece. a diferencia de su maestro. 13.oyLO'tLY. en efecto. filosófico. una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. 5. .16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>. 16.4 En estos cuatro textos. Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A. Esta vutud es. no sea aquí no sólo una ciencia. el llegar a un rango que ya no es el primero. 982b 28.wv x. phrónesis.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). VI. 13.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx.¡. 5. 1 1 40b 2 1 . 16 es variable según los individuos y las circunstancias. 19.física. l366b 20). 114lb 8. 8. VI. Ét. Magna Moralia. 15. I. es obvio que no lo es: «existen.7. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto. la exigencia científica de estabilidad. 1 J40b 26. Nic.. 5.ocro�lav cpQÓVllQ'LV.ttCic. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. bajo otro nombre. J8. 7. Jl40b 36. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. 14. pues. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. para ser intelectual.óv). 10.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux... 982b 4. que no tiene otro fin que él mismo. 12. en una palabra. 7. 139a 12. que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. Tópicos. 3. otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo. 2. nacidas de la necesidad. los Cuerpos de los que está formado el Universo». apuntan a la satisfacción de una necesidad. !. Vl. 1141a24. aquella que no tiene otro fin.10 Lo más extraño es que la Vll.rónesis trata de lo contin­ gente..' pero en el interior de la diánoia. 1tEQL 1:0 VI. 1141a 20.. no duda en calificarla de phrónesis. Ffsica. la phró­ nesis. Ya no se trata de una ciencia.. l. 34. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma. Estos «Cuerpos» son los astros. en los Tópicos. en efecto. no obstante. 6.).. 5. que era antes asimilada a la sophía. 14 es.t. 1139a 12. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. 114lb 5.3 Finahnente. Ét. 2. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo.�ÉQOV'ta Éauwt\. Metafísica. 6. 1140b 26. 2. Nic.t. 1103a 6. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á).» 19 Ahora bien. a las artes. ciertamente. de lo suprasensible. 7..'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡.ov. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. 2. 247b ll. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico». por la otra conocemos las cosas contingentes. en el seno mismo de la física. vrrr. OU¡. 1 J4la 34. 18. en efecto. «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. OME¡. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. 8. �Qóvq. A. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime. J7. para atenemos a los más manifiestos. 9.13 En fin.at émcrrij¡. 20. Mew. 4. JtQÓ\. !bid. constantemente asociados a émo-d¡ ¡. VI. demasiado humano.. "rilv xa1:a �LA. yáQ e<ntv yrmíoewc. VI. aunque. A. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que. 114la25. 7.6 sino de una virtud.1139a 1 (cf. 14.T] o a yv<i:JCJL\. 1. Vl. 1140b27. Jl41b 11. el saber desinte­ resado y libre. 163b 9. (VI. 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. 7. cree posible alcanzar.1143b 20). en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia. 2. el de sophía: la prueba de ello es que. 5. sino que es para ella misma su propio fin. &eeri¡ OtavoLa�: Ret.óv).

. Platón. de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. . según Jaeger. sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta. Robinson 23. La tesis de Jaeger es. Cf. no ha renunctado. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última».24 Si en la Ética a Eudemo. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . LA TBSIS DE W.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. al menos aparente. 24. Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . parecen no haber advertido. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. es decir. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. /bid. objeto de la contemplactón. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung. segun 1a . Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. . Entonces se consuma eJ divorc o. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. 83. M etaftstca y etJca se separan . la siguiente. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. 533de: «No es. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. n. percibida no en sí misma. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. edición de la traducción inglesa de R.. las relaciones de la teoría y la práctica. Aristóteles «será toda § 2. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. nueva edición sin cambios. Aristoteles. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. Ci­ vez más de las preocupaciones . poco interesados en el coteJO crítico de los textos. Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. p. 1955). capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr». no es lo mtsmo en el. pienso. /bid. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. a condición. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � . pero sin referencta alguna a la norma trascendente. sm embargo. la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría. República. 85. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. cuya mor sigue siendo «teónoma)). ( 1948). entre la razón teórica y la razón práctJCa. cual Dios. lleno de conse­ cuencias. Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. 85. por no decir opuestas. /bid. el hom­ � W. en resumen.22 Esta primera crisis se situaría. VJl. conocido corno fases de una evolución. ciertamente. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno.. p. 21. las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. Lamos esw obra según la edición alemana (1923.18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro.. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana.0 l. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. donde designa la contemplación. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. Desde esta perspecuva. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna».21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. aportaba una p.

pp. en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis.27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. Aristóteles. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral. la acción recta a la contemplación de las Ideas. 1924. P. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. el fundamento de la vida política misma. considerada como unidad de la teoría y de la práctica. la justificación del oportunismo o. según el testimonio de Cicerón. una «degradación de la mística en política>>. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción.3' La falta de sentido teórico del Liceo. 16. 32. El término. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"».26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. 192-l98. 11. de la prudencia pequeñoburguesa.t'Y]. a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. 451. al menos provisional. T ayl or. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. Anaxágoras y Pitágoras. en un divorcio en­ -o. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. an­ tes de Platón. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. 440. conforme a la inter­ del platonismo. 461. 250. para ha­ 26. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. más exacto. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación. vo'Ü� o buotT)¡. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno. 28. 30. 31. y la vida propiamente «ética». E. el «humanismo». en particu­ lar el de la Idea del Bien. P. 27. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. partidario de la vida contemplati­ va. pp. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. entre la metafísica y la ética. Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». el prime­ ro estaba representado por Parménides. P. al ideal práctico. relegada al rango de ideal lejano. su indiferencia respecto de la especulación. se podría decir «dramática». partidario de la vida activa. por los sofistas. en la teología de un Dios lejano-. 390-421. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. Antes de Platón. al hacer del conocimiento de las Ideas. más precisamente. algunos años más tarde. según su propia interpretación. disociando la vida «contemplativa». 29. 1928.\IIA 21 motivación. Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). . Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. y Dicearco. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. moral in. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. Mind. Acl Att. Desgraciadamente.­ sight). p..QE't1)). On the Origin. 3. sección de Hist oria de la Filosoffa. iban a dar una victoria.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». A. De hecho. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». en la que se asistirá. a una caída de la filosofía en el empirismo. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. separando de nuevo la teoría y la práctica. el segundo.

una tesi� de este género en la Jbid. l. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o.. 437. al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí. p. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. la curva va de la contemplación a la acc1ón. 1216a 11-16. 1140b 7 (para Pericles). 5. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. como a otros análisis aristotélicos de W. mientras que el segundo. 49. Enc?ntramos. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que. (132. 6 ss. Ét. de la prudencia. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. p. se mencione la sabicluría». y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. vtda contemplativa. § 3. del ideal contemplativo. 1215b 2 (Anaxágoras). pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal. Él. .38 Con este comentario el autor W. el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente. p. . no habría �isto más que supervivencia en el elogio. más aún que Aristóteles. On 1he Origin. 34. Llega in­ un� norma. es cierto. 7. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. Magna M01·a/ia. S rates. utilitaria incluso. Protréptico. 8). CjJLAOOO(jllCI. cf. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . 9. la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. ll98b desde la p. 39 38. de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». sobre todo. On the Origin. El aristotelismo de de la vida contemplativa. y es Pericles. 1215b 6-14. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. según Jaeger. si bien es nece­ � 36. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto.JAEGER sariO reconocerle. al hilo de una del phrónimos. . CRÍTICA A LA TESIS DE W.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. 440. Magna Moralia. V. símbolos tradicionales del ideal contemplativo.. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. fr. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa. l<Ctt . La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio. 34. 34.c. y. realizar su propia tarea. Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. de Magna Moralia no haría. sino recordar la estricta alternas. Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. al regir las partes inferiores del alma. ll97b 28-30. n . Carta a Meneceo de Epicuro: . r. y el autor insiste. 5b W (1.?Óvr¡mc. nes que permitirán a la sabiduría. Nic. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa.39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que.f. "ttJ. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. l. .22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. 11 Walzer..UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. del mismo modo la prudencia.35 acción eficaz que de teoría. Pero. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). Eud. liberada de preocupaciones sub33. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. 37. 35. Jaeger .) (Anaxágoras y Pitágora�). son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. 4. l.33 Por el contrario.

aun cuando conserve ciertas apariencias. 1904) y. pp. p. otra cosa que un tema de escuela. Leipzig. (1958). en Espeusipo. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes. 46. cf. A. 425.or medida. que se confundía con la sabiduría. 14la 6). Isnardi. de Molitor (CEuvres phi/os. respectivamente. op. 42. Por lo demás. J. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. cf. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. y otra práctica.. como él dice. 43. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo». que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. 44. capítulo 1). 1946. a la historia de las ideas. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos.. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo. 3 1 . Política. fr. fr. a falta de mejor solución. como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. M . pp. TóFr. 401-433. X. «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». VJ. 1955). la reseña de P. 500-501 y 504. la investigación de las fuentes y la propia interpretación.47 De hecho. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o. art. lsnardi.. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. pretensiones unitarias de la filosofía precedente. 129-131).. p. en mel). p. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. 6 H. se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis. Heinze (Aristóteles. se transforma. se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. pp. Por el contrario.41 en que el ideal de autarquía. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. De hecho. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». Cf. Esta atmósfera de retraimiento o.. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». y nuestras notas en Le probleme de /'etre. Heidelberg.OQlltLX�v t<ilv ovtwv. cit. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón.44 Así. pp. Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf. 7. Rev. trad. del ideal de vida política es por lo menos paradójico. do puramente especulativo las doctrinas.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. de &J. 109 ss. 1). en libertad interior. otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. É picure et ses dieux. fr. M. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. . Wesen und W erden eines Lebensideals. la «tranqwlidad del alma». de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. El filósofo. pp. Marx. en La Pa­ rola del Passato (1956). que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. por ejemplo en Dicearco. la «liberación de los tormentos»48 picos. distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. indisolublemente teóricas y prácticas. Sobre la evolución de la noción de autarquía. 424-425. 4 1 . aunque sea provisional. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates. Schubl. 45.:urtlu. 48. K. Phi/. cit.-M. 2. 11. 4 H y el comentario de Tsnardi.45 Pero según otro fragmento más explícito. De hecho. En . no reconoce 40. Festugiere. como se ha dicho. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro. pp. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws.46 Esta distinción. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. Es el momento en que la libertad del hombre libre. 'OQu:rmd¡v xut 8E<. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. del platonismo. TU. 47. l .

977a. la contemplación astral. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. 59. il!{ra). carácter problemático de su reconslrucción (cf. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. no es la forma más elevada del saber. 2. Crates. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. Ya desde el prólogo. aquello que hace del hombre un sabio. p.53 No obstante.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». 54. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». istóteles mismo.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. 977ab. Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste. Vl. se basta a sí misma. ahora bien. una c1erta 49. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. no ha sido a n descubierta. les possibles. 50. 53.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle». que no �esu�» (97?d). Scbuhl.no sólo era característico del joven Aristóteles. ello. y la prudencia aristotéUca. Así pues. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. es precisamente la «política». en lo su­ . no es sólo el ho W. Le probleme de L'étre. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. Con Polemón. 982e. 1 14la 2 0 ss. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55. Le dominateur et 982bc.tral.55 pues merece. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. Pero 56. esta es la naturaleza de los astros».r6nesis. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. .26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. la única que vuelve al hombre sabio. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. (cf. favorecw de su 'filosof1a.� Finalmente. sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. . ceSIVO. en efecto. Cf. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. go. 57. 986d. cap. Fr. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. más bien. 973ab.-M. es decir.rónesis. soc1edad ya extraña a la filosofía. le parecía que Ar . Aristóteles. una función activa. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. un nuevo rebrote del ideal contemplativo. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. 77 H. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. será finalmente la ciencia del número. Más aún. aún. 7. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico. en una . 60. cap. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral. no es otra qu. Epfnonus 51. dado el 974b. Sería vano.54 Más adelante. en especial el De plzilosophia. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. .52 La ciencia buscada. J § l . y los temas místicos del Epínomis. 17). 43. sino más bien los propios astros. de la misma manera y por las mismas razones. Primera parte. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación. Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. Crantor y . supra. 52. por todo un aspecto Mác. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto.57 Si nos atenemos al uso del término ph. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. 58. p. P . la phrónesis.

pues. apanarse de la especulación. fragmellla. Oxford. VI. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. ni siquiera de un primado de la vida política. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. vol. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. no uno. como bastaría para probarlo el libro X. Rev. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. From Platonism ro Neoplatonism. Aristotelis. 63. Así pues. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. FesJugi�re. y por ello como más o menos recientes.. no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. 18863. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. que está en el origen de estas reconstrucciones. 61. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. 66. Arisroteles. Arisroreli s fragmenta selecta. 122 ss. por reacción. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. Jaeger. Jaeger. fr. y debe buscar en su propio nivel una norma que. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. Teubncr. la herencia de l a sabidurra socd1ica. de la salvación del II W. sin embargo. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose.. A partir de la signifi­ cación platónica del término. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. y se puede prever que sus con62.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. en este punto como en otros. . sino que mantiene ambas. 67.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. Xll. Phil. 1870 (vol. como del Liceo después de Tcofr:t slo. que serán las de la época helenística. como hemos visto. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. El Protréptico sería. «On a lost dialogue of Aristotle». como hace Jaeger. no deja de ser intelectual o «dianoética». 55-69. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. pp. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. Arisrorefis dialogorum fragmema. cap. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles.. no se puede explicar. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. Berkeley-Los . A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. 65 ss. 64. 76-89. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). 1957.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. 1934. Desde Bywater. (1956).66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. Wehrli) y. pp. más tarde. 1955 (trad. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas. como t.62 la de Walzer63 o la de Ross. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. Merlan. 65. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. pp. Florencia. Jou rnal o f Philology (1869). Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. 1952). el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. llct�didcs Póntico. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. Ar istóteles no opone la una a la otra. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. P. la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo). Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. Angeles.

aun cuando se admita que Aristóteles. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. 6. 5-36. Gadamer. !bid. 17. textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9). que no son necesariamente las suyas. 1960. cit. 69. p. como sostiene Jaeger.. en co�tcsta este punto de vista. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». p. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-. fragmentos 27 y 29 D). Düring. 62. l96l. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin.). que no ve razones para excluir estos r f m 72..71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis .74 una ética. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. p. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico. tmchtung der arisrorelischen Ethik». como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. pp. 155.. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. S. op. l. Revue Philosophique de Lou­ 68. cit. 77. t. 10. VI-XJI. 36. 9. JO..c. «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. 191. 68.. 31 9-320. 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. LXUJ ( 1928). de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. en especial 74. S. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. refiriéndose incluso a teo­ rías banales.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente. 195-196. y en ninguna otra parte del resto de las obras. cf. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». op. sino la posición de la ftlosofía en general». parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35.72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. t:repticus">>. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. n. incluso las «esotéricas» de Aristóteles.. cuando no trata esso.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús. pp. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . iscusión de JV. vain 71. VI. DUring. sophía. p. ibid. (cf. p. 8-9. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía. ha obligado a los defen­ Por mác. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. 34. 9-1 O.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. t reacción parezca excesiva. 29). la d 145. 20. 73. Pistelli (I. res ( 1 958). 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz. Ahora bien. cit. Dliring.. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal. V.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo. p. Düring. 2. d.ta doctrina con la<. Gadamer plantea una ley general. /bi Hermes. Pero. 6. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis.77 Antes hemos citado textos.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146. J. Ahora bien. pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e. quedaría pendiente de probar. cuan­ é Según Düring (p.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. retomando Lodos los elementos del debate. op. Cap. 14. nada permite pensar que sea así.da de la filosofía . � trata de una «Obra popular» (L Düring. pp. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas». Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. epistéme. sino sólo en «convergencia de probabilidades». n. esp. Düring. Mansion. por medio de argumentos que se enraiz. 75.ará admitir que Ar a e l. etc. p. Aris­ totle:r Protrepticus. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. 27-60. l45a 30. Bast. cit. pp. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. habrfa sido escrito hacia e l 350. An Auempt 01 Reconstruction. cos. p. 316-320. Düring. istotle avoids Cf.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. p. 3). Mansion («Contemplalion and Action in Ar y.. op. strict terminology in thc Protl"epticus». p. 36. p. Pistclli) sean postaristotéli­ . y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. 70. 1366b 20) y en los Tópicos (V.

1 140a 25b. que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. que Anaxágoras era un phrónimos. 12. 83). S. Le wvbleme de l'érre. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. De hecho. Pues. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. 83. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. Ét.82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. 190). 1 1 4 1 a 25. 81. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos.. 983a 3). Mansion. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). Más aún.BA Aristóteles nos indica. que. I. 8. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . l o s textos citados más arriba. 78. por lo demás. como ya lo hemos hecho en otra parte. L2lSb 2. restaura el honor. cpQÓVTJOLs. Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. Esta corrección no contradice.1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. 23.18 Parece como si Aristóteles. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. . I. sino populares. caracteriza al prudente . y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. Vn. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . LIS3a 21. cf. si no bao 79. Walzer. no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. . 8. 4.oywuxou UQE"ClÍ). eso es lo que especies de animales . p. Ét. a. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. sucede lo contrar io. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. 1216a 19. 82 y 97. injustamente despreciado por los platónicos. . El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. . . considerado más esencial trata de ello ex prof esso. 1096b 17. saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). en las Éticas. . Para el autor de la 82. singularmente en la Ética. l. en la época en que escribía. el platónico. designando el conocimiento por excelencia. se de una retractación de Aristóteles (cf. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . . en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco. Cf. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. 7. 222. exac­ tamente como en el Protréptico. S. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. pues. igual que Platón. p. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado.. . por más original. como el conocimien­ Pericles. Nicómaco. 13. p. 27b. Nic.. I IS2b 15-16.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. .oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). Eud . l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. 80.80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. Considerar lo que está bien para cada género de ser. no platónicas. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. Nic. VL S. es decir. 2. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. 4. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. es para medir mejor l a aberr. en realidad. Ét. en especiaJ·pp. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. o al menos contra un cieno platonismo. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s.. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. sino preplatónicas. como virtud d el a inteligencia (A.79 Sin embargo. o en las obras esotéricas. en especial elde Gorgias. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. 1217b 21. rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. Anaxágoras. por lo demás. Eud. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. a quienes Aristóteles considera. conviene matizar. A. siguiera empleando el término en u sentido platónico. Por por con f esión unánime. como ya se ha dicho (R. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. pero no por prudentes». o bien lo ha criticado expresamente.

. Pero.t11 � YJ_YEfAWV. (a uxili ar del movimiento). la interpretación. Sobre la phrónesis en los pri­ re . i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. pues. a propós it o en est os textos de Pl�tó . El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b).a mfeoor (cf. nominación. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. también Repú­ blica 1. Habría que matizar. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W.. 19553. Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. la dialéctica o la política. Platón miürá reconocer las «fuentes». a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. por el contrario. pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . Hirschberger. .t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. menos pura que la episté me. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). 99b).ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡). sobre todo en las Eticas. d. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. l-200 (pero.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. Asf. B. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. Leyes. Quizá. . . a su vez. Die Entdeckung des Geistes. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. Fil _dun es dec1r. Más aún. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. Phi/ologus-Supplement. por el contrario. y ella sola. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. En este sis). .34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. Onians. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto. pero no lo entienden en e l mismo se ntido. Cf. No se puede dudar aqu. incluso en este caso. a ejemplos o a citas tomados de poetas. Cf. pues. hay que comenzar. por ello. 492a). no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). hace falta contar también con esta palabra poética. 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. que. sobre el hombre. sea cual sea su de­ 87. 1931. J. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica. en csle terreno. 5?cd):_ se puede. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. Snell. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero.85 En el �roblema que nos ocupa. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica.Et E1tl01:�j. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. En el otro extremo de la can·era de Platón. recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. no es temerario suponer que. la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. vór¡ o�c. 490a. Tercera parte. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. 348d. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. que designa la verdadera unidad de cálculo. de su títlllo. Igualmente. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. . esp. Por ella. XXV (1933). en particular trágica. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. la oposición de Aristóteles y ele Platón. The Origins o f Europecu¡ Thouglu. aquello a lo que se opone. cf. el sent1do «platomco». en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. ov'Y)atc. en todo el Filebo. que sobre el término mismo de phrónesis). pero con la reserva de que phróness. del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. admitir que la idea de la prudencia. entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. este estudio trata más bien de la . Cambridge. a pesar idea de sabiduría. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. infra. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. pia 86. 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. el mundo y los dioses que la antropología. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. sin embargo. . Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. pp. �7b. Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . pero más cercana a tra acción.ov fPQOVLj. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. tanto co el Filebo como en el Me11ón. este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. en este punto como en otros. sJgrufica. R.

-H. L. a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. 1881. si bien. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico. hace gala. pp. se ha terminado por olvidar lo que había de otros. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. Jaeger.s V . esencialmente de la Etica a Nicómaco y.. con 89. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. tendía sin querer a mudarse en interpretac. Ollé­ chen zur nikomachischen l:. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. intangibles. 1.!hik. en este punto como en muchos ta fúica. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. el Protré ptico. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción.89 Se podría considerar. 48-52). 5 ss. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. cación piadosa. En esta perspectiva. Así.-D. por reacción a la tradición de la exégesis. q. de asis­ ario. H. . 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. A la compren­ sión. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. p. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. se ha Aristóteles y sus Éticas. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. Se habla de «hiato . siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad. o bien. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. 201 -202).ión peyorativa. finalmente. de la Revue des Jeunes. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. no viendo en todos lados 88. de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria. para realizar la «juntura». pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. horizontal. como saber de lo particular. Éd. diario obligado entre el fin y los medios. más en ge­ neral. Sin embargo.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. lla llae. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. pp. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». Kapp88 y W.. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. por las estructuras. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ . se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. . . uniformes. el método genético. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. tico. 47- 56). que es el libro VI de la Ética a Nicómaco. Noble. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. Deman. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. más que transición y paso entre extremos. 19!2 (sobre phrónesis. lntroduction a la prudence (Sunw teológica. y por despreciar el texto esencial. Berlín. si se puede decir.• ed. pues. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. se podría decir. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia. Más aún. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. 1949).

en realidad.w Pero. en tanto que «práctica».-A. L(l mora/e d'Aristote. entre la ciencia y la prudencia. que uno de los momentos. de qué saber. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada. precisamente porque es sólo teórica. con­ trariamen e a una tradición venerable. . 95 y 94. es decir. No obstante. Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. pp. si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. la cual. Walter. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. Gauthier. mren­ . periencia. no por ello es menos un conocimiento. finalmente. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo.92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. que critica la respuesta de Jaeger. es decir. R. Gauthter. la de W. siendo ésta depen­ diente. «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». en Alemania. y tomar los propios deseos por realidades. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». Jena. R. es la determinación del fin. a prever. Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. es decir. imperativa. p. en Francia. moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo.sta problemática era. 1905).-A.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. Tambt n era la de R. equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. en tanto que «intelectual». queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular.-A. 95. en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. Pues. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . !bid. pero. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. pero srn criticar la cuestión misma. ? pender la virtud del saber y. cuya paternidad atribuye a J . Gauthier. Zeller y Jaeger. J. Ciertamen­ te. Robin.91 para recordar que. . si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. Walter. . para determinar inmediatamente la acctón recta. incluye el deseo y la virtud. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». la inteligencia del bie? no basta . Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J.38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). no es de ninguna ayuda para la acción moral. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. E . R. en Inglaterra. tal como hemos visto. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». sobre todo. 9 1 . lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. en caso afirmativo. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. Ross. 93. entre la teoría y la práctica y. Jaeger. de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . no duda en traducir phrónesis por sabiduría. Sin 92. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . un saber teórico de los principios de la acción. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica. 1874).-A. Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. el de la eficacia.

La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. más griego quizá que su f ' maestro. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. puesto que somos hombres. de vivimos es contingente? ¿Será. en los límites de lo humano? La respuesta. que es denominado azar cuando somos afectados por él. sin embargo. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. el cual ya no llega. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. a través de ella. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. pues. disipar las últimas sombras. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. secundariamente. ciertas variaciones extrañas de su sentido. ¿Será. es cierto. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. más cercano que él a esa prudencia reverencial. sin embargo. y que renace en el hombre aristotélico. no son platónicos. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. pues. El problema de la prudencia y.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. Pero. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. nos dice. verdadero mensaje trágico de Grecia. Aristóteles nos orienta. en un mundo dividido. lo contingente. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. Se puede uno extrañar. . de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. al menos en su totalidad. en los tratados éticos. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar.

274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). 59. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. El nacimiento de la tragedia § l.tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. Su instinto de conoci­ miento era insaciable. 2. 59. IX. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. 283. por ico (Adv. Así como las definiciones estoicas de la borioso o. querían también vivirlo. 268. 4.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡. 38). De natura deorum. 15. el contrario. sin embargo. 153. Ale jandro de Afrodisía. &:l. II. 53. Math. SVF III. Estobeo. ill. . DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad. en .ventione. pues lo que aprendían. 262). NIETZSCHE.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 .. cf. Ecl. «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in.. lll. JI.. 11. 153. bay aquí. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida .Qtt&v xai. I. si se quiere. El rasgo expresado por estas tJ·es úl. SVF.Ob oVbe'tÉQmv (cf. Jll. Andrónico.cpov (SVF. 43. SVF. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. . y también se omite el 'X.l. 262).tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. m. Ill. parece.

La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre». el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid. en realidad. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría. S(Ul phrónimos. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues.r¡6oiJ. se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum». en su formulación. Pero esto es mera apariencia. Pero esta definición es aún demasiado amplia. 5. ¿será un arte? No.. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI.4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. 2. l 1 06b 36).estionum. una aplicación del célebre método platónico de división. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que.óyov aJ. 13.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte).. precede a la determinación de la esencia de la prudencia. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. Todo el mundo reconoce al regla verdadera.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral.. 8. Tricot. Cf. la prudencia no es una ciencia. diferentes. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. 5. 1 nimos. l. 47.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección.. J . hay dos especies de disposición. mediante divisiones sucesivas. del arte. Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl. supra la defi nición de la virtud (ll. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia.40a 24. Se comprende. q. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � . Gauth ier. Aristóteles no parte del género para descender.. y el arte a la producción. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�).. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio). ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. Cf. 4. . aquí no se trata de la rectitud de la acción. sed contra). obedece al esquema clásico de l..t. expresión de la experiencia moral popular. que trata de lo contingente.A. Se parte del uso común.L. de la virtud moral y de la sabiduría. n.: Apelt va hasta sustituir aA.r¡8oü. que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y. 7. pues. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente). sino el bien y el mal para el hombre.r¡6i¡. Pues. pues la prudencia tiende a la acción. 5. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles. está claro que sólo el A. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte. De libero arbitrio. (cf. y no la e. 1 1 40b 5). 61.lE"tcl A. Nic. VI. la prudencia no es un arte. 4. sin embargo. 1 144b 28) es discutible.44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. que citamos más ade­ I J .8 La existencia del prudente. que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia.IHU ).r¡ 8oü. en este sen­ t ido Dirlmeier.r¡8lj J.. JtQéi�L<. lante. 1 140a 24-b 6. 1 140a 3 1 . 6. tt. Líber 83 Qua.. sino ele la exactitud del crite­ rio. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica.: así pues.que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer. cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes». a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7.7 Se podría reconocer en este planteamiento.r¡8ij por &. a. JtOLr¡nxi¡). q. etc. puede en rigor ser denominado &J. Bywater. que trata de Jo necesario.r¡ 8i)r. Pero esto probaría como máximo que es una virtud. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. Vl. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae. Su punto de partida no es una esencia. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir .5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente. nolr¡cn<. puede (A. 1 140b 20) y e�LV aA. o el Bien y el Mal absolutos. 13).óyor.óyou áJ. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis. cf. esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo.. 3. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. y el hacer. l l40a 24. la leyenda y la literatura. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. has­ ta la cosa a definir. en sentido contrario. Ross. 6. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber.

Das En otra parte. De officiis. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). y es.¡. la justicia (Otxmo<J'Úvr¡).) . Die A11tike. fV.-A. 13. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo. en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. 15-16). Nic.. Et. al menos a aquellos de De hecho. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. va­ 9. 6). 1334a 22. el conocimiento de lo inteligible. de las cuatro virtudes. 1). � . ill. 3.16 o por mo. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. . para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. es decir. la teona de las vtrtudes. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. Cf. todos los demás hablan de aoq¡ta). Pero é Sible . la pr estando subordinada a la segunda que. que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. bu .ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik.a-. 1220b 38-122Jb 9. y oocpta. .. pp. ibid. 25. Et.und Anordmmgsprim:. de saber eficaz). Rose. y según los principio¡. 235). 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. ObJettva. . p. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0. 1. 439d ss. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. comun. cf. través de él 24.. mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . con Aristón. racional (Aoytxóv). �a se trate de una clasilicación subjetiva u .r¡nxóv). Gauthier.. Anstotelcs» (/ ugenden. de la Magnanimité. 52. presente en el 2 y 58.11 En cuanto a los estoicos. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). sobre una división pre­ tudes cardina/es. de exposición. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. qJQÓVTJOL!. quizá Einteilung. A una descnpc16n de estos tipos. 68. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. Por el contrario. conforme al sentido popular de la palabra. ro. 153). pp. 2. ino pmdentia Es Cicerón el que. Robín.. Ethik. . es dec1r. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. 3. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. 55 ss. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco.. 14 Aristóteles.. en este sentido N. 72-75). Ném.46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. en la cual algunos han quer ica. es decir.11 que re­ . qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia. nota siguiente). Nic. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. 97-105. 1951. Más tarde. 262-263: L 201. 'fl· Jaeger. 1323a 27 ss. <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia». o. Protré Política. no ha estu­ .lma. más teór e atiene a esta distinción (cf.tevov imera bajo la influencia de Aristóteles.. toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales). al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. SVF. le proporciona las reglas idas y (I. Plotino distingue cpQÓVTJOt<. Cf. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. 1%b. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. pp. Bollnow. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. 7.� que. sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. a lo Leyes.r. <Aristótele. aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. Reptíblictr. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf.¡.ido frecuentemente subrayado. también Plutarco.txóv).. de las cosas que se han de atri­ realizar. Eud. Éticas de Aristóteles). y la justicia.. probablemente de origen popular. 52-53. una galería de retratos. . <<Der Grossgesinnte. Die Erhik der Grieclren. 1-Jartmann. 6-9. ya sugerida por Platón (cf. 7-9). es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. activa (Ou¡.oyttó¡.16. siendo más general. 62.. el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. al igual que ellos que no afinnarán. 27). J. 427e.a o cpgóvr¡at�). lor. ibid. cf. 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. sólo que. y fficiis minisrrorwn. Il. al a ido ver el retrato idealizado. se contenta con una en umeración e'?pírica. Tan sólo Cicerón. n. d e Jar de sorprenderse . que ha es­ .9 nos daremos cuenta de que descansa. c:r. p. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. al sistema. 1 . fr. IV. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. or 1 1. l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. 14. una empresa sistemática en Hacker. Banquere. lo cual evoca la idea de previsión. Wesen und Wcmdel der T � 15. recurre al térm finalmente. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. justicia.a) y la sabiduría (aocpí. . Schwartz. 5. en (1. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. 3. L. Leyes. Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. F. el valor (avogeí. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. Berlín. en las ptico.� En los d?s casos. 1863).. apunta a la exhaustividad. banal. 1 107a 28-1 J 08b JO. De la virtud ética. Stuttgart. tablecidO él mrsmo. o s l nusmo n CIIS. ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia. templanza). 43. l. y que designa cpQÓVllcrt. p. p. VJJ (1931). . l a unicidad absoluta de la vir­ tud. E. en todo caso. Vfl. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡). R. 1. En la tradición latina. la templanza. 10. 10 la cuarta virtud. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. Cf. 1 15).

p. 97b 15 SS. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. . por ejemplo. se constatará que. y considerar qué elementos tienen en común. 7. no tienen nombre (av(OVUf.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori. sino mediante el recurso a la descripción. para ser más exacto. no en los traba jos de guerra.. de la cosa misma. hay que düigi. sino en el hecho de dar y adquirir dinero». más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. si se m ira bien. 83-103. Además. II. Este méto­ do. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. 19.. si se quiere. 1220b 38-. dos géneros de magnanimidad. L.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. 13. como en el caso de la pmdencia. que es inductivo. l l9b 22. pp. entonces. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. ll.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones.teva.23 Puede pasar. 300- Retórica.18 Con ello. 18. Tricot). Burnet. lo sup]e.20 Volvemos a encontrar aquí. son generalmente utilizados a la vez. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo. a la vez fenomenológica y axiológica. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. apriorístico y deductivo. por otra parte. ou le complexe de trahison. nos preguntaremos qué elemento era común a todos». El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. Joachim en sus Comentarios R. pp. Aristote TV. 317. o incluso el retrato i. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». si se quiere.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. sin embargo. o Aquiles o Áyax. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. 1\6évm ta cpmvó¡. Eud.122\a 12). 1. Cf. 36. guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. más esencial. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos». cpaLvó­ ¡. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». 20. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después.eyó�tsva como los hechos de observación. Pero entonces. 1947. tales como Lisandro o Sócrates. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. 23. por A1istóteles mis­ mo.). Ét. los dos métodos. por lo general. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. 3.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. 22. Phil. (ad loe. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. Aristote et les problemes de méthode.deal de Axistóteles.. 24. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. Allendy. De hecho. cf. Aristóteles comienza. Pero. G. fr. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-. Así. Rev. Lovaina. Nic. que implica cada vez una virtud (Et. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud.48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. 21. 1961. su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. como. lo corrige y. no tengan nada en común con los pri­ meros. de J. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana. si el filósofo jtlZga el lenguaje. tanto los f. eventualmente. 17 del hombre griego. Il. E. hará falta distinguir dos especies o. determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. al menos de su yo ideal. nuestro 17. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada.teva. continúa Aris­ tóteles. el de Jos caracteres. Owen. si Alcibíades era "magnánimo". en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva».. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. 1 1 9b 23 (trad.

por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. Cf. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. 1097b 9 ss. No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . No es siquiera necesario justificar la traducción de A. A. la erudita tesis de Dirlmeier. 29. en efecto. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY. como ya hemos visto.lÍ. § 1 . Ú>QLO¡. 5. . In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif.. sino que es la regla recta misma.34 el portador vtv1ente de a norma. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. 981a 18 ss. supra. frecuente tanto en Aristóteles como en Platón. l. 147- 148.25 T ambién distingue. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud.·. cf.33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. 298-304. es decir. virtud consiste en actuar según el justo med10. Cf. sica. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. . . Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. el que es presentado aquí como la recta ratio.óyo�. la posesión de la �1aestría . 133d-e. cf. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. absolutamente. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas).illV�) Aóy<¡) xat wc. ibid. Nic. pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. La . sino una exigencia de la cosa misma. en un justo medio .). y cap.oeu:: (ll.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional.. 1 . sino que designaba la regla que servía de norma. ÓQÍ. por 30. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz.. que A. leyendo entonces: «. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡.la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es).�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc.29 No retendremos de esta definí25. pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. sino de derecho. n� es en familiaridad especial con lo trascendente. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. Así corrige Dirlmeier �at <be. 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. que está determinado por la regla recta. . No podernos contentarnos.28 y que. . con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. contrariamente a los manusc1itos. 26. . de la esencia de la prudencia presupone. . 34. Primera parte. Sobre la noción y sus orígenes platónicos.óyo� por «regla recta». pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. liv ó q¡góvt�Loc. sobre la participación en un orden general. Pannénides. siguiente. desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . pp. Aquí. 28. Pero querríamos mostrar aquí que la definición. . 6. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley. 27.31 o de lo que. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. a pesar de todos los atenuantes. y la prudencia sobre lo contingente. equivalía a la noción. Cf . to medio es la reala recta. Metafí 32. parece. sino el prudente. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. ya para el Parménides de Platón. 3 1 .. No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia. U .26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. si no es el recurso al JUtcto . por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe. es decir. de ÓQ6Ó� A. pp. cualquiera que sea. Ciertamente. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente.UÍvr¡. l 106b 36). . en xnt4>.td�). Cf. Pero el prudente. 33. Ét. el recurso al retrato no es un sucedáneo. 4. Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual.

o los hombres que sobresalen. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. para subrayar la «exactitud>> de su arte. «la naturaleza». Mansion. y los textos citados por F. 37. 7. 77-78 y 87. ¿De dónde le viene. Nic. a la retórka.AA. proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. o el hombre de valor. l.¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV.imos es presentado como norma: S?bre este punto.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1.. «el bien».tma xQlveL. son los primeros en la ciudad. art. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>. tra Primera parte). Zwei aristot�lische Friihschr�fien. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. etc. 258b. pp.L'YJ V). pp. X. saca de él la Norma trascendente de toda acción.): . sin duda escandaloso para un platónico. R.. 13. J. entonces. 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT. 81-97).. Monan. del «gran hombre>>. el heredero del filósofo-rey platónico. W . 54. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». 54. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century. 16-20. El Protré ptico. 65. 964b. 39. pp. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f.¡ou� emtv kO. I. pues. p. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad. 55. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. T eetetb. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. Magna Moralia. Pistelli). 56 ss. 1 . del político en el Político (309d). El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf.ya0Ó<. II. Düring. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf.. 87. Jaeger.. su primacía? · ma.. 9. en una inspiración muy diferente de la de la Ética. anovOaioL. 730d." hA. 13 W (Jámblico. . § 2. S. pues no es menos «exacto». qtúen creía cierto. no es la regla recta. anodkti:o<. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. Desdt entonces resulta secun­ valon>. l098a 26. 1960. como se ha dicho.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito.). es. . 1094b 1 1 -27.J7 Pero. la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar. 13 W. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas.Ael Protréptico han 40. pero falta una cosa. no ya con el saber del geómetra. cit. 253). PisteUi). Fr. 52 R. Vl. El phrónimos sería.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente. 5a W (Jámblico. ll07a 29. es suscitado una abundante literatura. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. Walzer. cuya importancia ha subrayado W.. Protréptico. Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. 292c. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. cf.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas. 732a. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. fr. (pQóvq.las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. a su sola experiencia. pp. Arístoteles. el papel del filósofo en la República: -xó. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41. se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l. en Autour d'Arístote. 950c. Político. p. 1. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. R. 3 P). vó¡. 39. ID. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber. 236. 170a. Aristoteles-Stu­ dien. nues­ pretación que de ellos daba w. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. p. &. 185-219). pero eso era.' cada vez por qué el phrón.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<. lJ02a 23. «el representante terrestre de la Idea». LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. 22-55. I.A. Jaeger (Aristóteles..52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley. Jaeger. 1 16a 18). p. en cada especialidad). En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. Nic. Cf. fr. Ét. 36. 300c. 7. Stark.a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. Nic. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. Cf. el Saber encarnado.. 582d. el (fr. p. Düring.("Ú!OLV. Político. 24 P). Revue Philosophique de Louvain.w<. ll6a 14 ss.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco. «Los jefes son aquellos que saben». e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. Wilpert. Cf.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas. del «hombre eminente>>. que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». 38. Finalmente. Dirlmeier de ét. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. cf. 23 y 27. era él quien representaba la universalidad viviente. Ét. preguntmse 35. Estos textos. 13 W. se decide es el valor.

ánA. en Aristóteles la justicia abstracta. 294c.51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. Compárese Platón.49 Por el contrario. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. 49. que corri­ Protréptico. 51. el de la distribución de bienes y. de tratar sobre lo general. O más bien la ley. !bid. 50. 1 286a 9. sino en la naturaleza de la cosa. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas.. To ¡.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. 27 P (dada la cerca­ . por las mismas razones. a definir todo. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. el jefe. 47. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. al menos. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia. 48. en Platón.tGi:).50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. 45. el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. Cf. fr. ya l o hemos visto. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. nos dice. tov yÓ. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡. 14.CtLÓl:CttOV (Polftico. 508a. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o.48 expresión en sí misma de un orden matemático. Polftico. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia».t(! por ÓQ¡. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. 15.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). que hace lo que puede. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. que de­ Política.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. pero también el inconve­ niente. que son singulares. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. 44. al que Aristóteles recurre para 42. Finalmente. l l37b 12.uuo�». según Platón. que son generales.. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. no es más condenable que la ciencia. V. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico. 46. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». Polftico. cient(fica. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación. 43. Ét. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. a las circunstancias de la acción.Í>v e01:tV. más generalmente. ni. 52.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!. No es. al erudito. Polftico.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. Gorgias. nuncian el carácter absoluto (émA. 14. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles. no está ni en la ley ni en el legislador. La metáfora del piloto que guía Platón. ni mucho menos a ningún supersabio. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce».. no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. en Aristóteles. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. que ignora los casos patticulares. V. ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad. Nic. pero su espíritu es opuesto. 295c.do también. l l37b 29.w�) de la ley. en el del Hombre Justo. de derecho. 296c-297a. con tr. De una manera general la virtud moral consiste. de las relaciones entre Jos hombres. contra la ciencia. Nic. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. en el personaje del Rey y. 294b. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles).47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. Cf.oúv. l l37b 17. 13 W 55. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí. ó xav<. PoUtico. pero ignaro. Por el contrario. 297ub). pues. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley. 1 137b 25.

lU. . y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). ' 55.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. En este punto Aristóteles parece volver. Mannesk. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len».54 sin embargo. él es para sí mismo desde Platón. M. «el hombre de b.55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas. El bate. Ya no es el hombre de bien ad hominem. en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules..w� inspira confianza por sus trabajos. . p. al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. Por el contrario. W. 36. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. ". al ideal arcaico del héroe.o:. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. aquel al que se puede tomar en serio. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. Nic. la decisión del spoudafos. París. istjugendfrisch uod jugendstark». y. de dominio de sí. . Wenn du dich nicht fürchtest. en él. Cf. sie kennt keine Menschen ausser ihm. 8.w� xQtveL rtcQL a{n. «el virtuoso» (Gauthier). 127.». y entonces ya no hay . II. Eu. pp. Si estas determina­ q. Schuhl. J099a 22.r i pides Herakles . cluso en el más alto grado. Ét. Der T-lerakles der Sage. . simplemente. II. . Wilamowitz. 1962. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A. sondem nur Knechte und Bosewichter. aus gottlichem Samen entsprossen . añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. el pasaje ele las pp. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. 22. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. 41-43.. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. etc. Griechische Etltik. p. Mientras que la sabiduría. 54. Paideia. Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». 102-103. Also spricht sie: "Du bist gut geboren .óxaf.¡mvó. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. coinciden. de ardor en el com­ anouoat:o¡. . Cf. Schwarz. IV. Jaeger. El objeto de la voluntad (�oúA. si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. esp. Les StoiCiens. Stuttgart. Coloquios. De una manera general. 1. Eitel. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. tal como es concebida dente que permite medirla. 41-66. 1951. Für die agmí. da de ellos una confirmación dero.. «the good man» (Ross).u::vov &ya8óv y &ya86v émA.. Epicteto en el retrato que hace del cínico. . 1 06. publicado por P. 16.aA. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio. es cierto. la prudencia. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien. no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde.. pues. . 44. cuya volun- calidad de su juicio. Wilamowitz-Motlendorf. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. la tr adición de lengua alemana. por ejemplo. en especial. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). 1-107. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0.. Aristóteles so. pp. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. pero en un sentido totalmente distinto.GYv ó anouomo¡. das diesen Glauben im Herzen hat. esp. 805. I. 1 178a 18. más allá del intelectua­ dal. de ascesis. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. Ein Volk. con la vida de placer. como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud. pp. Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein .os es invocado en otra parte como criterio únjco. si se sabe 53. de tensión. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. Bréhier. 9.ien>> (Voilquin). 6. l. No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. cf. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). el mismo spou­ de estas mate1ias. 57.. por la tradición cínica y estoica.raft und Ehre. y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual. wird der Sieg dein seio. ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o.r¡m�). Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm. que se un­ bueno. En este sentido. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. bist du geboren. . y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. se pregunta. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». sino que es él núsmo la medida del valor.-M.aco. X. Aristóteles en el libro II.

(X.63 y que fa �omparac10n del . . en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. trad. W istórica de tal alu­ sión cf. pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�. fr. estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. los que se han considerado a sí mismos buenos.). 59. pues e�los son para sí mismos la ley». que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. que hoy . 5.. T 58. l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . Cf. los que han juzgado sus acciones buenas. Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano.té'tQOV wv. 111. Mencionemos solamente que. Cf. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . como buen conocedor que era de la Antigüedad. VIro (Ad Qumt. xat EAE'1!0ÉQLO!:. por el contrario. Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. sobre los griegos. hacer se pcttente a todo lector no preve111do. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). .58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio».56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas.. 62. J l l3a 25. Aristote et l'hístoire. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. 5. ffi. . es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble». el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. ampharra.no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal. * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. 1176a 28). que se precipita hacia aquello que le per judica. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas. aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma.) enLrc los monales». fr.. 303 J . estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . 1 176a 5-24. nos ruce. Pues incluso si de he­ defi n tda cho. yc. según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . de primer orden. (N. supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos.61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. pp. cr. es decir.tétQov éx&otcp . s1. Weil. y la del enfermo. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. etvat). sobre la improbabilidad h Philosopilie. 14. los hombres de distinción.Bw¡. q�e no se etine. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta. es la virtud 1� que es P?r . Leyes. l l l3a 29 ss. en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor. IV. vulgar y populachero. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. X.) es pora sr mismo su propia ley».el valeroso al virtuoso. Albert. la eJOstencta del valeroso. Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. En un pasaje de la Política (IIl. de H. 5. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras. 1 ). cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos.59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior.62 como al absolutismo platónico del Bien. 4. 60. Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. 160d. que. X. pp. 37). J. SI fuera necesano. a través de él se encuentran tr�labl �.. quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. como si él fuera su regla y medida». R. de la t. 63. 101Ob 5).58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». como el placer puro en Platón.. p. eeteto. entre el hombre servil y el hombre libre. 184-185. 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . p. trata de supe­ rar. 13. 1 176a 17. para tale cer leyes � h?�bres. que . 401 ). 64. París. 1960. . Nietzsche. 6. El spoudafos. y no a la inversa. Contra es mvocad a en la Metafísica (G. cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas . 152a. 1284a 10 ss. sen � rnutll Cttarlos todos . 5. por su carácter rntrrnseco. como su­ cede tambrén en la moral contemporánea. mezquino. 5..64 Está claro que traducir en . el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. . en el mismo sentido ó téi. los poderosos. 1833. es decir. cf. 716c.. 61. no puede estar sometido al _ . � �istótelcs asimila . esp. 57. XIV. Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. en la Ética a Ntc6nwco.

y Sócrates a Alcibíades. no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. Fr.wv). Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. en o que _ concierne a Aristóteles. fr. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. Y. Jaeger. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. sin duda. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. 4. El spoudaios sería. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. se verá que. Dicho _esto. Rer6rica l. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad. La equivocación de Dirl­ meier. cf. pp. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. Nauck. ofrecidos a la ad­ miración de los griegos.69 Más tarde. 345. esp. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. pues. Ross. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. 92. es decir. 142-144. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. p.66 pero. Dirlmeier.at. en sus orígenes). como escri­ be pomposamente Dirlmeier. universal del valor. míticos o históricos. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten.. 5. Mas bten. como había sostenido Eurípides. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. a propósito de la def mición de la virtud 1. 9.as). Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. 65. De hecho. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. 66. 70. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». que parece seguir en esto a W. 284. 1099b 3. Finalmente. Rose.61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. 312. P . 6). 68. menos paradigmas en el senti­ do estrictó. sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro. Panecio (Antikes Fiihrerwm.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. no sm afectaciOn. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. Rose. En la Ética a Nicómaco. a propósiLo de J099a 23. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. (U. Política. 69. la que define la verdadera nobleza.7° sin embargo. 1. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud». op.dad. o más del Pórtico»). Es cierto que en 1934. 71. incluidos los comentadores b1zan1:. el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». Si se comparan las fórmulas. si bien es verdad que. la realización más auténtica del h_om­ bre griego.1nos». y en e l F. 67. al dermmbarse los valores trascendentes. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. Fr .67 En una obra de juventud. 2. del hombre sin más. se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla. . se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos.60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . a «lo que se dice» y «lo que se hace». 94. Cf. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos.óyo�.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. Ross. el ÓQ86� A. 4-5. Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. en consecuencia. que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. � te válido. onou&aí. pues. 1360b 19-20. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». es � phrónimos. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí. _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os.

sino por la rectitud de su JUICIO. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. Ét. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente.t') .a virtud: Pitágoras.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. además Ét. J2l6a J l . nos remite al personaje del prudente. a la determinación de la esencia de la prudencia. lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. sino OLávOLa.. individualizada en la persona del pl�rommos..74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. . en resumen. como todo el contexto. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. l l 40b 7. Por lo demás. Nic. pero -añade Aristó­ teles.a. sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes». ya no • . no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. individualiza. Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. no significa que ya no haya nom1a. y es en ello que se es buen juez. como flm­ damento de la regla ética. en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. es cierto. la ciencia de las cosas más elevadas. además.aA. 75. VU. Parménides y Anaxágoras. <ruvt<JLS o yvw¡. No sól� es .o-cos M x. 4. 13. .oos a yLyvwo xeL. § 3. su . en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. y a la sabiduría de las Ideas. Protréptico.. es decir. incluso entendida como virtud in­ telectual. fr. Nic. .� t1ene .L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. Eud. ejemplo. el ter­ . un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente. Aristóteles particulariza. La «regl� r�cta» se encuentra. . (281 e). EL TIPO ' 72. experiencia. que ' aquí no se denomina voi3s. VI. que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. (T. S1 la mtebgencta. 5. pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. mino phrónitnos. sino que es norma en sí misma. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. os). • .ga. inaugura. � es el reflejo de lo inteligible. como en el caso de las otras virtu­ des. 76. sino el t� smo �ue JU. pero no renuncia al intelectualismo. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). se lo tome en su senado popular o emd1to. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. J094b 27). l215b 6. 3. destgna una cualidad intelectual. 5. Al10ra bien. 1 . Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. 5b y 1 1 W. la prudencia. El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica. to» mc�uso s no se juicio. y no por cualquiera). x. A la intelección de los inteligibles le sustituye. 1. 73.t. • . A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. ayaeo.73 Así pues.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón .a. . que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual. poseen la sabiduría.QlvsL x. "Ex. ahora bten. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos. Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias. penmte discermr factlmeote. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. En conclusión. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos.62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla.72 En la definición de la virtud. la inteligencia de los inteligentes. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . � pers1gu � . el análisis topológico debe preceder aquí. la prudencia de los prudentes. que no es el sabio platónico. aunque sea bajo una f orma nue­ va. y no del ethos. aquello según lo cual se juzga. relativiza la inteligencia. de los estoicos.

que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». Metafísica. frente a la especulación inútil de los filósofos. 486b. y la sublimidad. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. desde el punto de vista éti­ co. no está lejos de consi­ derar a <. Éticas. Rose. que no es la si rvienta de fines ajenos. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. la ciencia a la ignorancia. fr. de manera que su saber puede ser «admirable. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. de A. En la nimos que al fondo del problema.. más que cualquier otro.. un representante de la prudencia.del hombre cualquiera. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. 667. se sustraerá. Düring. 5. T. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. 1259a 6-20. Croiset. pp. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. 88. 7-8. según el punto de vista desde el cual se las considere. ha sido afinnado siempre por Aristóteles. 5. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition. Fr. p. es decir. Port. 87. 77. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. Anlidosis.8Jl sin la cual. 9). mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. es «inútil». en realidad. trad. 644b 22-645a 5. Panatenaico.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles. 174a. . como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. 86. Política. que no es inmediatamente práctica."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres. 484e. 1 140b 10. 85. y Protré plico. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82. 83. 78. a la acusación de impie­ dad explicando. ridículo. según dice una tradición quizá sospechosa. 7. Walzer). 34. para los hombres. anim. Ibid. 81. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias. Gorgias. Cf. hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. /bid. A 2. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna.87 Pero. Primera parte. la independencia. modificada. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. 262. 86.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría. /bid. indiferencia. 184. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. 490a. l l 4 l b 3-8.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI. si no por su elocuencia al menos por su huida. 982b 20-983 a 1 1 . de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. T eeteto. pero. 484cd. sino que es su propio fin. 5 1 7d. 84. Rose ( 12.35 Ar istóteles. nos hadamos condenar in­ justamente. la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. El carácter desinteresado de la sabiduría. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara. nos dice. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. al final de su vida. I. Repzíblica.. 79. fr.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. de un modo general. Cf. 80. 34!-342. Sobre esta tradición cf.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». 1 1. 58. Vil. l. difícil y divino». al mismo tiempo que su carácter divino.. n. VI.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). por el contrario.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. supra.lTJ).

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

sin embargo. 1 1 40b 1 1. del placer y de la pena. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). 1 144a 30. 1 1 52a 1 1-14. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. T eeteto. Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre. VI. 32. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines. pero no que no se trate de un .). que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>. combinar los medios más eticaces. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1. pues..128 Pero la ha­ es noble. 219a. sobre todo. So fista. dado un fin. Cf. 5 1 8c. . es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche.14.127 Este último rasgo nos permitirá. En Aristóteles. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. Sobre la metáfora del «ojo del alma». (n:áeo. 533d. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. l. se acercan entre sí y se oponen a aque124. en la paciencia y el trabajo. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. VI. sin embargo. jugando con la etimología al estilo de Platón. 1 144b 31-32). l l43b 14. 1. 1 1. 3-6. Banquete. del carácter c�eo�). 5. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. 164a. 127. y menos oscuras. 254a. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. La expresión es de origen l1omérico (B. y si los hijos no se parecen a sus padres.vó�).72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. 9. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. n. 34. 10. 13. Nic. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. Política. 1 1 . Snell. Il. 1143b 1 1 .y que. Mttgna Moralia. 1 144a26. a lo más impersonal. 130. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. 1 144a 23. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. cf. profundo porque no deducido. hac iendo de las virtudes ciencias.cntv. Cf. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. 2. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos).. 1 197a 17: btc:x•. VTI. República. no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. 9. sino de la reanudación. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. VI.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. más rico en disponibilidad que en contenido. La pmdencia es ese saber singular. p. 129. empleado en otro sentido). VII. 12. VI. 4 l l e. cf. Que un saber así sea incomunicable. de la cual -. Vl. 13. I. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. el intelecto. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. es decir.�v nos dice Aristóteles. cf. 111. 13. Emdeckung des Geisres. 1 1 14b 7. pero si es perverso. o por ser virtuoso. X. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa.LO�. VII. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que. 126. 5. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. sino también de la con­ ducta del hombre. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. para acabar. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. como se puede ver. Pistelli (donde phr6nesis es. l 142a 13-17. Vl. cuya guía son. l. 131.123 La prudencia es.ú�) y. Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante.. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. 1). que las de la herencia. 1 1 W. como atestigua el Protréptico. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. 125.es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). es una capacidad digna de elogio. Ét. según Aristóteles. desprecian el páthos y el ethos). Ét.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. Cf. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. el pudor (atóc. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. Crarilo. Nic. 52. fr.

136. porque una y otra son imperativos hipotéticos y. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia. pues. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto.. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant. Sin embargo. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues.l•ene virtud . una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. la habilidad del virtuoso. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético. del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza. 13. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres. Por el contrario. p.) por la inten­ ción del bien. una vez más. /bid. 1 179b 27-29. al valor. sólo analogfa. nacen igualmente aptos para la virtud. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». etc. pues. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier. pues. 7. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132.136 de «favor divino». la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. 127-129 y la merafl 132-133). pp. por lo tanto. X. 1 144b 5 ss. Ét. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. ajenos a la moralidad. a su antropologfa. La educación moral debe reconocer sus límites. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente.tyaOóv). 137. fr. ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. Aquí. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. es decir. ID.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. 1 179b 22. VI. No hay. �ta eúqnita no es una excepción. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y.132 Un poco después. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. Nic. 132. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. los consejos de la prudencia. sino como lo bueno a lo indiferente. el del nacimiento. . El phr6nimos. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. l l79b 8.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. segunda sección. se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. moral. es decir. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. y e y bueno. para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad. 10. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral.. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales. eilqnita). no sólo como lo determinado a lo indeterminado. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. Rodier piensa sin duda en r. 133. trad. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. Kant. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra. es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. X. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos. 10. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. 126).tá completa y no . o. 1 144a 27.lOV eivaL �l� ovta l. pero no serán la regla recta. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas.. cf. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. 135. 2). Nic. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. . 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. 1 179b 23. de Delbos. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. por tanto. excepción hecha de los «monstruos». es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. como Aristóteles. por tanto. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. aunque se sea hijo de Pericles.. 1 1 14b 6. sería una «Suerte» no serlo.137 Si la coerción es accesible a todos y si. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas. Para Kant.

que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. de la conciencia y de la acción. m.�<.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo.e. 1 Jl9b 17. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. l l04b 26. incluso no sería en absoluto. alli donde no hay ninguna posibilidad l. lo que es. 6. por ejemplo. . pero que puede aplicarse a toda Est<. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. bre del interior y del exterior. Ni «alma bella» ni Maquiavelo. cuando y donde hace falta. en su descripción de las virtudes morales. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. y. El personaje de Pericles no la vez.. la virtud no sería del que es. la Antí gona de Sófocles. 2.2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. 15. si las circunstancias fueran otras. 138. lV. 1 107a 17. la eficacia y el rigor. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. ll. más aún. eveQyeí. 'H e. l . es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. de la teoría y de la práctica. o aquello que debe ser. Ét. 1:ett'<. 1 109b 16. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. n. O más bien estas son oposiciones modernas. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. justo. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. PLATóN. l !09a 28. como un último dique. del fin y de los medios. 2. el bien natural y la experiencia adquirida. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. l 122b 1 . incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales. el sentido teórico y la habilidad práctica. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva. Nic. República. 9. 379b § l.. sino también con lo que hace falta. sino ambos a 2. etc. la inspiración y el trabajo. la habj!idad y la rectitud. en general. ÓQtl.. la lucidez precavida y el heroísmo. si el mundo fuera distinto De hecho. Como atestigua. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta. Allf donde estas situa­ ciones no se dan.»' Mediante esta fórmula.at xat wv e<n:Lv. el buen sentido y la singularidad. liberal.ett<.

del mismo modo que el camb. X. no de los bienes trascendentes. �Eta A. de una ontología de J. ni templados. cf. comienzo del capítulo precedente. l l4 1 a 19. F �63352 ��8 F I LOS O F \ . El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen. afrontar peligros. pues. DI. la cual. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos. 8. 8. ni liberales.io según la esencia. una cierta indetermi­ nación. 1 140a 1). l l39b 19 SS. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en.wc. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. Hay. 14. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. 1 1 4 l a 1 . para Aristóteles como para el pen9. infra./c/. 1 3. puesto que ofrece esta latitud. I. en i 3. una cierta incompleción. suponer que éste. «El arte concierne siempre a un devenir. que para él parece ser totalmente obvio. en el sentido en que lo son las otras. A este horizonte Aristóteles le da un nombre. VI.10 La teoría de la prudencia es. Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc. pues. exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. 5.tLa. 5. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble. V. 1 143b 20. 1: l ¡.A. 4. Fí sica. 1 . n. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. 7. Enéadas. Metafí sica. ! l . Sobre esta dislinción. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las . La prudencia no es sin duda una virtud situada. el nacimiento y la destrucción (yévsmc.. 5.«virtudes». puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte.. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia.). pues. 73. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. 13. Vl. Aristóteles no desarrolla apenas este tema. 1 14lb 9 . más profund amente. lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». H.14 Apenas hace falta subrayar que. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. es. tanto que es la más alta de las ciencias.»13 Este texto suscita dos comentm·ios. comporta un cierto juego. 8. de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. el dominio de lo contingente. 1 J 4la 16. VI. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6. VI.11 Ahora bien. etc. VI. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. Cf. al dominio de lo que puede ser de otra manera. 7. 1 O. siendo lo que son y viviendo allí donde viven. solidaria de una cosmología y.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que. 1 140a 10-14.á (cf p.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos. 200b 32. n. 1032a 15. de las «excelencias» intelectuales. VI. 1 . Z. 3. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera». 1 10. . es decir. Pero. Actuar y producir es. l l78b 9-18. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. 6. a propó­ sito de la prudencia. p. 4. 2. 127).óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. 2 (Sobr e las virtudes). 12 A decir verdad. btmve-¡. de alguna forma. 4. l l40b 27. cf. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. En primer lugar.7 versa sobre lo necesario 8 y. distribuir sumas de dinero o moderar deseos. 6.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría.1 1 .A. 'tO evbsxó�-tevov aA. pues. un horizonte de la virtud humana en general. de la aventura y de las necesidades. es decir.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. 12. l l 40b 5. VI. V LETRAS . 7. puesto que esta virtud no es una virtud particular. 1042b 8. SXSLV. 7. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. Cf. antes de remitir a otros textos aristotélicos. 145.wc. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia.. en tanto que es una cienCia. Sin embargo. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida.

probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. 1. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. pos1. nilv E� &váy?<. la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. anim. no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. pp. Flsica. 4. 6). siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. . 19.. Igual­ mente. es el comienzo de la indetenninación. Cf. el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. pues. y sólo éstos. corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. . Le probleme de l'en·e. 1 . la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. por ejemplo. a. 197a S. Pero este desplazamiento de sentido. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. No se habrá explicado nada. del arte: «En cierta manera. es decir. Así pues. pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. 13. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad.. que debe ser entendida.. con el azar. por ejemplo. 640a 28-29. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. 327. En cambio. 199. Retórica. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. 27-328. 4 1 8 ss. Gauthier en su comentario: «Aristóteles . S. a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. VI. 13. los parece que eso sea propiamente hablando e. 433). reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. para concluir. si el arte es productor de terminado. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p. más que el resultado de reglas concer­ tadas. pero la nota vale también para el libro VI). la posibilidad del obstáculo (cf. En el pri­ mer sentido.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general. en el segundo. Más aún. Suma teológica. Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. Cf. Así pues. sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte. otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. 11. U.). losf actibilia. 5. 192b 13-14. Part. es decir.2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. II. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. la praxis. La acción inmanente. no como una re­ gión del ser.w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso.-A. cf. 20. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. que son los seres na­ turales. l. 1 140a 1 7 ss.. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. Nauck. santo Tomás. lll.18 Desde este lS. de una manera voluntarian1ente velada. I. l362a 2-S. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. 2 1 . si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. 18. 12. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. 16. . principio reside en la cosa producida misma.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. es decir. y 468 ss. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». Anal. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. puesto que. xí. ef. quizá incluso una cierta complicidad. hace salir al ser de sí mis­ a. . no los saca de la nada. en Fí sica.vr¡ou. R. 16 Si la situación de los objetos de producción. 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. no hace .r¡� . El movimiento. Cf. 17. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros. que subraya. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. introduciendo así una cierta artificialidad.l dominio de la naturale­ agibilia? No za. que es «estático» (Fí sica. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales. es clara. q.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. que una afinidad recíproca. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). p.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». e introducir así el tiempo. 222b 16. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». TV. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil». Lo que Aristóteles llama mo. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». es de­ cir.

es decir. 3. consecuencia de la necesidad universal. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. del agua. p. como lo será para Bacon. otro nombre de la contingencia. por el contrario.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia. Nic. Vlll.óyou. Ét. VI. A. fr. Discurso del método. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo. Ét. cf. lll.tettov. añadido a la naturaleza. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es. De fato. De philosophia. y que no prospere más que en una atmósfera de azar. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. Leyes. 50. 24. y así el arte no tendrá fin. 1 139b 20. 27. Pero esta racionalidad. Por otra parte. 1 1 W. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». 49. 11. Mewfí sica. 98la 3-5. de los astros. Política. 16. 5.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. lll.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. DescartcB. Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. l l W. no habría ningún sitio para el rute ni. l . el hombre 22. Ffsica. Protré ptico. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. IX. y. cpvoews avan/. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza». Así.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. cf.. 25. para un g�iego. fr. pp. la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. 11. 6. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. El arte muere a base de ciencia e. 7. para naturalizarla. XIT-XTIT... su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. Cf. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean .27 de la naturaleza. nuestra obra Le probleme de l etr e. sino e. \\ . 5. l247a 5-7.. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. !!B'ta A. De natura deorum II. l l . acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. para la acción humana. 44). 888e-889a). X.r¡goiiv) (Protréptico. sino a la ciencia. Metafísica. Cicéron. ll2b 4-7. sino a sus fracasos. cf. 1 l l2a 32-33. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. . ' . Cf. 6. 198a 5-6. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia. 2. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. 426. 498-499. 8. 23. inversamente. 108-109). l. El arte no es. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». 2 1 W (Cicerón. Eud. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana. Pistelü). el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. n. l258b 35-36.24 Por el contrario. acompa­ ñada de regla. nuestra obra Le probleme de l'étre. Pero. 3. En la Ét. 6. la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. 1071 b 35. el arte y el azar. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. de una manera general. Sobre el argumelllo perezoso. sino para acabarla en ella misma. 1-2. 28-29 (véase infra. Cf. por ejemplo..25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. cf. infra).26 no para humanizarla. Z. Ahora bien. Aristóteles invoca aquí ejemplos que. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. fr. de manera que la tiipartición de la naturaleza. . l-1 1 P. además. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. pp. A. más aún. 1 99a 1 5 -J7). nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. retomada por Atistóte­ les. Nic. 28. cf. sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. Meta fí sica. . 1032a 12-13. A. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡.

pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo.v8grorclvq:¡ A. y es por ello que. no la había tenido él mismo siempre por despreciable. Diels. 89. 965-973). lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme. ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. cb. Sobre Mr¡/. In. En el examen prelim inar de las opiniones. tal como nos in­ vitaba el contexto.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza.t w. -cvxr¡. ! ! O l a 27.. 14. 1247b 8.• ed.. J 107b 14.31 y que.32 1) Una doctrina así. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar. [(. La fórmula autori7 . l. Eud. para algunos. VTT. Aristóteles recuerda que. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. A. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. pero oculta a la razón humana. el terreno o la ocasión favorables. 4-6. 1094a 25.otra cuestión».tEV . para esta idea. 2. eetóv n o\íoa xat <lalJ.tOV�<Í>1:EQOV (11. pues cuando decimos que el azar es una causa. . 196b 5-7). Mansion. 1247b 28. que defmian el azar ahla M11A.oy�Of!<fl (SVF. Por lo demás. 29. Los manuscr itos dan avá. p. p. cf. Si saliéramos del marco. es que en realidad existe otra causa pero no la vemos.. y que se ha sustituido por W. 32. Física. etc. 313. 29.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar. l247b 4-8. t'Ú:rtq:¡: Ét. 48. 30. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito.37 Ética a Eudemo. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo. es pro­ ducida por la naturaleza. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-. «pues esto sería -dice. 7. 1094b 20 ss. 1247a 3 1 .A. &. �0}t€L ELVUL attla J. fr. 7. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles.84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia.o. No puede ser. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior». morales e intelectuales.. 35. desde en­ tonces. 119.mí casi tal cual en los es­ toicos.t0). COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. Ét. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡. 1.34 Queda tan sólo que la buena fortuna.o.o. M &.lvu 1\wvol<. La primera parte de la fónnula. responde. que no tiene ningún sentido. cf. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente». 34. 1 104a 1 . y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto». .oyov. por otro lado. l L 17b 21.. Demócrito. . 36. Nic. atribuye ya la fórmula a Anax. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética. in(m. que no es el suyo. 1 1. 11. azar y contingencia. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción. 1247a 14.oyov. Aecio. 38. TI. 2. cuando se de­ fine el azar.35 Mas esta objeción. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . a causa de sus propias cualidades.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado. 37. 1. 4. 3 1 . si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses.�goras y a Demócrito. «el azar es una causa.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. &l)r¡A. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia. Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí. se reencontr. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. Pero.. l247a 28. n. pero cada vez única.v8gro:n.3R pero esta naturaleza no se ha de 33. 12.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera.ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos).

4.) está relaja­ do . La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. tienen éxito sin reflexión (af. si allf no hay tribunales? ¿De valor. Cuando queremos lo que es necesario.1 8 (cf. X. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. más particularmente. . Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>. . ef. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. fr. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado.. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. 53. 1 178b 9 . El pensamiento. si no hay propiedad? ¿De tem­ planza.U. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. XIV. 9..escapa de estas condiciones. 8. las virtudes intelectuales y morales.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. sino que están tada al Hortensia de Cicerón. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración.42 Tales hombres.uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. ¿Cuál puede ser entonces el principio. que las resume todas. 43. rr. 1 ' 1 145a 26.vov ( l 248a 29). ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. no son más que un sustituto. . según toda verosimilitud. encuentran por azar (arco-¡. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. por medio de la deliberación. lo hace sobre sus Ét. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa.39 azar.JUta.). 12. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. . y con ello de la obligación de la viltud. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. VIL. que es un don de los dioses. Nic. Jámbli­ co. hasta el infinito. pues. pero.tloov tí'jc. L200b 14. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. 42. no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. mientras que el de la condiciones subjetivas. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él. La buena fortuna la virtud. Dios. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. ella. Ét. supra. CtQet í'jc. en este sentido. . Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». P. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros».43 40. como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. 78). si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia. por Dios.oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. . el buen o mal nacimiento. evidentememe. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. 3 ss. Ésta les permite ver el futuro y el presente. al Principio que se funda en sí mismo. a 39. es decir. Magna Morolia. sino que la mueve en cada uno de sus instantes.. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. 1248a 29-33. es decir. es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. . p. 'H yó. 41. TX. De Trinitate. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido).86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. en Protréptico. 1248a 34-b l. que son igualmente limitaciones. y en particular la virtud de la prudencia. que no es una consecuencia. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo .ÚYcegov agetí'jc. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas. . y no se piensa después de haber pensado en pensar. 1 2 W.40 Así. cita también esta fábula. 1248a 18-27. BeA. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . sino que existe un punto de partida (CtQX� ). ellos no tienen éste. Ciertamente. sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino. Nic. Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. qu ien. en ambos casos. El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. «aunque poco dota­ dos para el razonamiento. Eud.

Cf. puesto que la <<genética>> de esta consideración. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. al contrario. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. La prudencia no es aún la facultad de prever. r. «el ojo del alma». del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. ya lo hemos visto. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. sino. El azar es. más que provocarla? En otras pala­ bras. 46. a falta de buena fortuna.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. p. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». en cuanto tal. es decir para Dios. sino a los fallos de su acción. por su determinación misma. . y que no siempre lo con­ siguen. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo.á tL XQ&LltOV. ni mucho menos concurrir con él. 1246b 37.50 sino por la prudencia y la virtud. soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. cf. pp. Jaeger. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna. 1248a 27-28: A. ni por lo de- 44. «Acl�la». Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. y lo puede hacer. que «mueve todo». pues tiene necesidad de intermediarios? Pero.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm.óyou ó' CtQXTJ oú A. no podría prescindir de ella. 443. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). 1953. asi­ milado a la contingencia. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar. 47.). aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. Ollé-Laprune. Pues ya aparece.-M. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso. Aquí el azar domina todo. 1 1 . 49.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. que es Dios. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. en Nomo.no le niega toda eficacia propia. parece. opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace.51 Ciertamente.wv). es decir. 85-93. 50. incluso cuando son virtuosas. Alli el azar. sus6tuyendo a Dios. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. L. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. aA. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A. On the Origin and Cycle. no pueden oponerse a él.. 28. L247a 3 1 . Essai sur fa mora/e d'Aristote.46 Sin duda. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. Sobre esta noción. ¿por qué Dios.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. 45. 48. Pero este sentido. la marca de su ausencia y como su sustituto. Schuhl. si todo está impulsado por Dios.oc.óyo. . antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente. y allí donde está presente debe tener un sentido. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. P.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce.está impulsada por Dios. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. W. 5 1 .A. 1247b 12-13. ineficaz. p. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida. pero. En resumen. allf donde la inspiración está ausente. enton­ ces. 5. puesto que hay algo más elevado que la ciencia. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. ¿no es acao.

_ _ Desde este punto de vista. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o. . A. aquello que acontece. como «para servir de sede». un mundo donde no todo es deducible.no se deja reconducir a la esencia.Eu:.59 El azar no ap<:u·ece. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. Mansion.. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella. el azar DO hace más que sobreañadir una intención. 'H . 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda. al menos.awu etvaL l>oxei: (5.o. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55.�. más que una ilusión retrospectiva. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. m1sma. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. pues. el cobro de la deuda.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa». en este sentido. siendo causas por accidente. 2) Sin embargo. Cf. el sujeto es un ser inani­ mado o. 197a 30. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva. TI. 197a 19-20. 6. Esa es la idea banal del azar (11. -v xai ol. 196b 27-29. Física. 197b 1 ss. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). 52. de la fort\lna). La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡. pero. 197a 8. de contingencia. en efecto. ni en el libro ll ni en el resto de la Física. es de­ cir. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas.r¡ to'Ü aoQí. cit. EXEL'V no se encuentra. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes.Aw<. El azar no es.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista.3� Desde este punto de vista. 197b 15).úy. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. o el encuentro de una serie causal real. más que en un mundo donde el accidente --es decir. de un interés humano --constitutivo del azar. xat � túxr¡ aÓQLatov. av�LoatvcL. no de dos series causales.tEvov áA.no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡. cf. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa. en una noción más es­ tricta de azar. 196b-197a 5. .Ó¡. esp. el único real. 53. op.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. en efecto. 58. no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural. cuando en realidad fue por otro motivo. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. 314: «La adjunción. 5.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX... 11. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica.w-rov. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov). ÉO'tiv ooou. es para Aristóteles el encuentro. J97a 36-b 13. la causa por accidente es indeterminada. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. 54. más en geneml. por otra parte. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado.6!\oawv. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl. 57. 56. el azar. o rtQtil. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. 0. este último motivo. 3) Es esta tercera concepción del azar. siendo imaginaria.52 no ve en ella� más . de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. la � t"ÚX'l.57 pues sus causas.<ll t� &. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita»..: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. 59. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. p. 197a 9-10). sobre el carácter incierto. 196b 13-15. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero.). en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. por lo demás. a una cosa. que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl. sino como efecto. En este caso. Desde este punto de vista.tatov nos parece de poca importancia y. S. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. dotada de cierla finalidad.

J. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. II. 1098a 1 8 . xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. cf. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. t eunga.tÉywm (I. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. Eud. Vernedius.. I J OOa 4. 1 1. 1528-30. y esto en un doble sentido: primero. Ét. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. 1. 9. .66 pero. Andrónu¡c 100). a<paves 'IÍJ. 62. 1 1 . Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a. I. 1 096a 1). declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». 1 099b 2 ss. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos. 1921\ pp. como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna).63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. en tanto vive. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. 60. Eurípides.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia.72 Ciert.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. l l Ola 18). ll.yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica. 74. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. 5. 7. 1177b 25. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto. Phronesis. condiciones que no dependen de nosotros: amigos. . 1 LO l a 8. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. 388-389. si se vive solo y sin hijos». que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. l J OOa 10.mente estas af mnaciones. n. 66.61 No sólo se trata aquí. 1 099b l. En su comentario ad loe. 10.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). . que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco. dinero. lO. Beómó-tr¡s. 1360b 18. Ét. 597. 6. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. Sófocles. Son numerosos los textos. un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. De hecho. p.. 1098 b 12 ss.tLV (l. 6. p. 44). o el cuadro de la injusticia triun­ fante).. I IOOa 13). al cual <<nadie califica de feliz». 1. 1420. será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). 6. Nic.1. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . W. 9.tÉ/. en efecto. A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. l lOla 16.o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. Sófocles' Áyax. Cf. Die Philosophie der Griechen.). Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. 1214b 1 1-17. Edipo rey. si se es de baja extracción. es deci r. 928. al menos si se sabe utilizarlas. X. I. 68.C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad.. pero para él todas las circunstancias valen. 2. 2. 65. Cf.. I IOOa 8-9.68 En este sentido. Cf. 70. J.64 Sin embargo. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y. 63. pues.73 La felicidad debe pues. una feliz progenie. 60. 8. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». VV. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla.67 do. Ér. . Ni c. Retórica. 1 1 . X. 1 1 OOa 1 8 ss). § siguiente. 1. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. 73. 1418- 72. .: 'l. 5. T6 ¡. . como ya hemos visto. ( 1 1 . 197a 30).·36. Pero. está sometido a las vicisitudes del azar. 71. Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. l l79a 24 ss. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. «el buen nacimiento. 17. ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. (Coloqwos. pero sin ella no hay felicidad posible. 67. 8. un «mundo». la belleza física: no se es. V (1 960). II. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. 64. 1.qwvla).. 69. 36 ss. los sabios deben ser felices. . 9.. los sabios.74 sil 't��EL0�). no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario./. desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . I. 3.ov . Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón.

A partir de este momento. la pobreza. 80. el único «due­ ño absoluto». los vanos lamentos o la espem angustiada-. 111. heredera de l a tradición socrática. Cf.� Ciertamente sarrollo de un tema. ut liberté grecque. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida. X..76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. l097b 8. 82. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas. 1 1 . lo que opone Ar istóteles a los socráticos.85 Es el Cicerón. p. 1 179a 3. De Providentia. una materia virtutis. el más autárquico. de la autarquía. 1 1 .15 Ahora bien. 14. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros. p.. TV. VTI. en especial. 1 177b 1. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. Séneca. nuestra obra Le piVbleme de /'erre. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. p.• ed. 1 177b 2 1 . es más bien la timidez. 7. el hombre imJta a Dios. la ignorancia. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75.s' Más aún. Así. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina.. 76. esp. 77. 81. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. a1rta(>xÉ<Ttat0<. 1 1 OOb 6-7. rrad. Le systeme stoicien et f'idée de temps. l l 01a 2 ss. como ya se ha dicho. l l 00b 3 1 . en un se­ gundo movimiento. 7. fr. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. Cf. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad. 124. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. En realidad. 85. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. 83. _ el ttempo.wc. 164. 12. 84. 9. hasta entonces tenidas por indiferentes. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. sino también los males exteriores: las enfermedades. como si. E. X. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. Eud. cf. monuit» (ibid. Goldschmidt.R2 Así pues. !bid. si se remüe a la Providencia. c. n.r. ef. cf. Ét. 79. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. «Y no se que más se basta a sí mismo. 22. l. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. V. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. la más elevada de todas. 1. las viol encias. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica. que culmina la universal «realeza» del sabio. . procedente de Antítenes. Et. 5. adji11.. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios. si la felicidad reside en la virtud. Pohlenz. la fal­ ta de convicción con las que lo hace.77 pero también que. 212. 2. pero sin poder alcanzarlo jamás.. la esclavitud.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. la incertidumbre. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. 6. la contemplación. I IOOb 12-18. p. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud.83 Este tono es extraño a Aristóteles. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. Hegel. los insultos o las calumnias. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. que es. 1 . 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>. l. Nic. entre las actividades del hombre. no la acción virtuosa. 219. no es un menor o mayor rigor en el de­ do. CL también M. 1 .) los golpes de la suerte. de Hyppolite.). LV. Bréhier. pp. es decir. 78. 305 ss. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. Cf. el dolor. J245b 15.. nada es imposible pura él. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia.. De jinibus. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. que vale por una eternidad de f elicidad. Fenometwlogía del espírilll.

15.o�. de tener amigos. Nic. 107Sa 8-9. VIl. como ya hemos visto.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. X. He aquí al virtuoso Aristóteles.menalidad t popular. también Ét. Ét. ll. X. en realidad. El sabio.. supone más mediaciones aún.• afectado por la fatiga. Ét. VJI. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos.96 A falta de éste. Magna Moralia. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es. 12. X.. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. 94. Sobre este problema cf. por así decirlo. sin embargo.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. 7. Ét. 1 179a 24. parecía qu'erer evitarle.. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad. X. como creían los socráticos.. Nic. 176ab. 98. sino siempre sintética.. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. Sobre la oxoAl'J.. X. liberal en la pobreza. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. cf. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. T eeteto. como ya admitía Platón. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. A. 205-209).97 Pero. Ét. Nic. a\n:aQ'Aém:a. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción». los otros sus condiciones de existencia.. infra.o�. J 177b 33.86 el más querido de los dioses. Eud. Hay un punto trágico en la vida moral. Nlc:. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios.. por e jemplo. VTI. 93. 1 5 (cf. le está «oculto». 25. l072b 16. sica. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual. 7. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. analí­ tica.92 es decir. Nic.91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». 1050h 22. 7. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. La virtud depende relativos y no absolutos.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son.. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase. y la reserva de Ét. contratos que firmar. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. Ahora bien. 96. 89.óv). No se puede ser valeroso en la paz. el hombre moral se contentará con la virtud ética que. Eud. 9. IX. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». X. cf. 9. 11. e. 9. 1245b 18-19. euoaqwvém. La f elicidad se basta a sí misma. de manera que. 1 179a 3 1 .96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico. 15. 1213a 7. es decir. l l77b 4-26. 1 175a 3-4. Ét.a. y este mundo no depende de nosotros. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. pp. como la contem­ plación de sí mismo. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. Mewjf 95.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. 1 177b 22.00 El sabio es autárquico. por superlativos de la virtud. OeocpLAém:aw�. X. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. 91. X. 86.cado ocrov EVOÉX. esclavos ( J 334a 20-21). e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-. 7. 87. Ma�na Mom/ia. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que. 7. 1245b 14-19.37 el más feliz. 1334a 1 1-h 'i.. condenados a esta hetcronomía. 4. Política. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. Metcifisica. sea cual sea nuestro mé­ rito. 12. 1 177b J. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. como en el caso de Dios. 30. Pero.cmx . de la cual Aristóteles no se habría librado completamente.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97. El mismo . 1 177a 21-22. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». Nic. 90. pero esta autarquía no lo dispensa.... X. 7. Níc. Ét. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. que sólo puede alcanzar 88. J 178b 33 ss.93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. justo en la soledad. cf. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles. uc In que se ven privados los 9.EtaL. 92.¡. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la. una fortuna para distr ibuir.

separa ot :n:oA. !bid. . c. 1 1 .. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. menos Jo por y. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua . al hombre y a lo divino. 137. 32. 1 OO. Pero. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec .LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». a veces ��q� inal. 1099b 18-20. Cf. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. . «debe ser accesible a la multitud. si puede crear monstruos. salvo alguna ex­ cepcton. I I O i a 20). Ntc.uica. 7. 9. No es nue­ va.. de :n:oA:ú -co btt <be. nQoc. 75. antes de a los malvados. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. dice.r�s ón.Livmc. está por encima de la con­ . 1074b 27. 10. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. para _ ser �trtuoso. 10. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J. un buen nacimiento. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. la felicidad del hombre. mismo. de­ la obra de Aristóteles. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien.wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. i¡ifra. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. tijs. Nic. T.ov . y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces.. sobre todo.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. 1099b 23. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental.. de la ant igua prudencia griega. Ét. no puede hacerlo más que «en tanto es posible». aQE't� v). .OtJS l'i' &vflQ<. de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. 103. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. de más noble».oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse. elicidad como «recompensa de 105. A.Í>:rcous. 1 177b 26. es decir. que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre.a sí mismo. en un hlósofo determmado. A pesar del opturusmo de algunos comentadores. 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. In cita de Rodier. 154-170. pp. pero «como los hombres pueden serlo».102 Así pues. mora/e /a sur (Es. pp. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. Este último tema criticaba la idea. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. .A. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. Teogn de o do ella. n. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is.. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. el cual. Tercer¡¡ parte. esp. el término de nuestr sible. 106. pero nunca suprimible. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo.oí. 102.. pero no lo elimin mejor lo aet. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. • relación problemática. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. 99. pero esta confianza siempre está matizada por una reserva. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo. 1 O l .. 1. (Él. humana. p�ro en un sentido ontológico. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. Metajfsica. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. tes y hacer prosperar nacidos.. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. X. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada.1o. 1. En el De philosophia ya en las Leyes. p. Cf. el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. Nic. Ét.

Parr. Études de philosopllie grecque. etc. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». anim.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. concierne a la materia.113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. 1 10. 1 5 1 SS. . De Coelo. . como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos.114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. 1 17. 109. sino la distancia -ínfima. 1 . y el comentario de este pasaje por P. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"». 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. 1. J. olític:a. Cf. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury. anim. 641b 18.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. 4. el cual no está dispues­ . no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. 1 . pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas. Meta 1 13. cf. G. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado. Gen. 283b 13. y también l . 1 12. 271a 33. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y. 1.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. aquél esté sometido a las condiciones de éste. 11. Esta distancia. D. pero será el mundo. 45. anim. . sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. que remjte a Meteoro/ 1.Iévov n:oo�. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad.. la detenninación ser que. 5. arist. 984d-985a..evtoL ou ouva1:cn. 10. p. ed. podr íamos decir una vez más. Le domiiUUeur et les possibles. p. I. y no puede hacer todo lo que quiere. 744 b 16-17. 1 7 1 . 170. Parr. 5b 14). más refractaria a á La materia que supone. 43. actuando al nivel del mundo. 1 16.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza.a>U� �-t. Es. etc. con Eudoxo. 1032a 22. 7. anim. de su realización en lo particular. 170-175. 658a 9. n:o!J.lev 1:0\ito itOLEtv.. f.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. p.Qa¡tévov tot� oúow (De anima. 'Ev toi:� ouoLv tO J. Polftic:a. 4. Allan.. la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos».Q). 1256b 2 1 . 23-26 y 29. que Aristóteles rechaza en este punto. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX. para no conservar. 1 14. ll. 2. Le probleme de l'€tre. Rodier. 6. Düring.117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas. istóteles rechaza las teorfas que.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. 11. 291b 14. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. Bruns. la materia es. Schuhl. 429 ss. 1 1 ) De manera general véanse las pp.lll ov n:aQeon:Q.. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. Ahora bien. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. 27). en Suppl. Epfnomis. introducen el no ser en el ser. . l. Metafísica. también.. 349. 388-389. como hemos intentado mostrar en otra parte. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad.. Dio quiere lo mejor. J039b 29. cf. . nuestra obra Le probleme de l'etre. siendo potencia indeterminada de los contrarios. engendrando entonces mons­ trUos. l. la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. 1 1. 687a 16. 1 . Cf. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa. pp. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. y a Part. n. Z. No es la ausen­ cia de ley.. cf. El Dios estoico tampoco creará el mundo. ur. (ibid. 661b 24. 12. De Coelo.Hn . la coincidencia del poder de Dios con su querer.emL ). ' llenar nunca por completo. regiones inferiores del mundo. The Philosophy o fAristotle. residual. 8. 273. que e s general. Le probleme de l'étre. pero hace lo que pue­ de.. 13. p. si se quiere.. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano. pp.-M. 903b. jfsica. Bruns.. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. siguiendo las justas expresiones de Rodier.. Se comprende. pp. 6. la cual. sobre todo. Leyes. pues. Cf. Ar miento y la predicación. que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. X.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley. I . 108. esp. pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios».. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». pp. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios».que separa l a ley. IV . 15. 1 1 1.• .

. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. que no se ha de buscar en la física. .óyov (Política.• ed. cit.r¡ . De Stoic.Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> . como pensaban los estoicos. ens1po se · · e1 un1verso . incluso b�jo las apariencias inevitables del mal.. 213. t�undo es racJ?�al. por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional. S V F 11. t?v �aew� yov (Plutarco. 9. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. Dejini 123. en última instancia. Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ.: ' XOX.. cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. . como es el de los estoicos. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. él es una obra de arte. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría.t tOV A. 15. 35. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . Metafí sica.. 1 7 1 . 274. 273-274. ..Q 1tUQÓ. parva negligunt (De natura deorum. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . en una asimilación al mundo en su conjunto. en el sentido más profundo del térnúno. Según Filodemo (col. . 1 1 83). 124. 28. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122. Alejandro.. las cuales no son. es porque la naruraleza no es estoicos. de las circuns­ tancias exteriores. Études de philoso­ bus. por el contrario.oA.. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas). 37. p p . la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . Así. turaleza Y r azón. l332b 6-7). Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. 22. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. 156. . lloAA. 1 1 que una m�potencw de la forma. su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. que Alejandro denomina el azar.. en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. es decir. pues depende también. cf . 121.a del mal. 86· . • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax. lli. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. . 13. también las notas de Rodier. En � es men�s una realidad positiva. repugn. 156-157. El conocimiento ele este orden. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. Breh1er. . Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque.ov011 J·t<:X). ma mstanc1a. indeterminación. pues. como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien. 122 sino en la teología. 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. p. Es sobre todo Cicerón qlllen. 124 pero. de Dios. de la Naturaleza. permanece siendo la expresión más elevada del Logos. 36.t.a '(Ó. l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. en sus condiciones de realización. ni en apariencia ni en el fondo. ibid. uo terado). m. El reino de la sabiduría exige. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. 1. un principio de desorden.. es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. 1 (Dión Cr isipo. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. Bruns. . 29). Or. enteramente racionales. sino que lo «sigue». Cicerón. 121 El sabio no actúa pues.a . un dominio previo de las circunstancias. sobre todo. ll. Vil. 7. . �unde con la belleza moral). El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. �20. citado por Rodier.at a. 38 . en últi­ . S V F. 1tW� � �m. cf... pone su vida privada d � � 1 19. �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. sobre el mundo. repugn. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza. sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme.123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. 1 178). Cf.l(l) 1 (. sino en las pa­ siones. SVF. Scott. . 66· . . p . 35. vano querer cam­ _ biarlo. según la . �or más perfeca t que ésta sea. As1. Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. n. ll. consiente a los decretos de una Providencia que. Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. De Stoic. Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . cf. •• u • . apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . si pueden. 28 Y 8. 1 181). l051a 17-21. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . E>. tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op. sena absurdo y. El ideal moral de Aristóteles no puede consistir.

Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. de las del antiguo estoicismo. y el de la acción simplemente conveniente. por la simple razón de que mngún • � . �an dtferente = 127. Sin embargo. 129. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. cit. 365-376. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles.ltv tó €<p' 1)� tv (171. 170. SVF. pero ella es también el reme­ djo. Bréhier. que para Aristóteles. 1).104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser.tatOV. Lo. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. Er. el de los deberes o xa0i¡xovw.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. Esta �elit�ICtón.tlmc. estaríamos menos impulsados que Rodier. n. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. 1 19601. 128. no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. encontramos en Estob�o (Ec/. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. a ponerla a • de la moral más que al primero. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. Schuhl. más que al «hombre medio». p. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. (cf. dicho de otra manera. p.. ya que el mundo es Dios. 9. la . solo. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. cixoAaota. ?· 60 : . la pobreza. 1 16. m. Philologus [1930).. el hombre quiere lo mejor (Et.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. 45. que del libro ll de la Fr sica. p. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. para el estoico. e incluso la de desorden mórbido. como ya se ha dicho. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op. a causa de su contingencia. ser rico que pobre. hacerlo humanamente. entonces querríamos la enfermedad. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. Vll.. nos parece. 1 : 6. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. soledad.tEV totc. Sin duda. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica. y el comentario de P.. «búsqueda de lo conveniente». cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales. lo que es lo mismo. Rev. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. p. a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. Sin embargo. es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. a falta de otras mejores. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. en la medida en que éstas son todavía moldeables. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. Ciertamen­ te. tomando el relevo de una Providencia fallida. 264) una definición de la phró�I�SIS como . cf. 62. muestra que la azar esp. Vil. 126. d ígrotc. puesto que no es más que una parte. '1 tOtJ xaOrpwvto. SittlichschOne bei Panaitios>>. aunque sí le está permitido. 231. yevó¡. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. Cf. Alejandro. 1 149a 4-20). A Gnlh. pero.12 s La contingencia es el mal. Lo saber humano llecrará o . Níc. contrariamente a los estoicos. no remiten a ella. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. no se remontaría más allá de Panecto (cf.. E sperando poder realizar inme- 125. es decir. pues. en nosotros. separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. p. ma que . Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. en su envoltura celeste. que hacían de la phró11esis una c•enc. P . EXtOt. es un reme­ en las cosas exteriores y.. y siempre es posible enderezarla. 11 problema . Rodier. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría. etc. &v �). el mundo. cit. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. 5. 274: «El determinismo de la razón . pp. Ja cual. op. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta. Le dominateur el les possíb/es. 4 ss.a de! �1en Y del mal . que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. Phi/. Coloqui os. Nic. Se comprende.-M. del bien. supra.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. ÉV bE toic.P. Epicteto. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba. 11. 43. no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. sino también el mundo. al menos si el hombre quiere. 10 SS.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. n� es sólo su propia imperfección. U. Cf. es también lo mismo ser sabio y prudente. sino la incompleción del mundo. estar �·odeado de amt�os q�e . El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias.-M. pp. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos. W. 15). En lo que concierne a la contingencia. Schuhl. o... 10. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática..­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es. «Das . P�1�1ppson. 1 .r .. . xm:óg9w�-ta. 8. ai. el cual no está ordenado más que en general o. 9r¡QlÓ"tfj.

los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. es el hombre. ni . 1mentras que «los esclavos y las fieras». en uno y otro caso. al mismo de la contingencia es a veces amarga. 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. 5 W. Parfs. y no podía 130. en Sens et non-sen.téü. 5-6 P). Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. la adaptación de los medios a los fines. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia). provisional. smo que son a menudo dejadas al azar». fr. En este sentido. la sensibilidad aristotélica. el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». Ciertamente. siempre aplazado. 8. porque no saben lo que hacen. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. 1 �4. 1 3 1 . del una casa (otxta). Pero. 1253b 33-1254a 1 ). _ .130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica.133 La excelencia ('tí. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. pp. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. para Aristó­ teles.1·. al menos por condición. tiene l a experiencia del azar . que es indiferente a sus fines. por­ unida a la contingencia. La vida moral no se confunde. 131 Pero no era esta. al menos en un pasaje. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». el mundo sublunar. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. 10. sino comprometiéndonos en él.. simplemente» (M. pactando con él en caso ne­ cesario. y que no se volvería inútil más que el día. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es. son reguladas (tetaxtaL). en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. � tiempo. El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. (qJQÓ'V'r]Ot¡. 38. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. . puesto que se trata.¡uov) está. Merleau-Ponty' «L'héros. 379-380). Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. simbolizan las partes in­ feriores del universo. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. antes de ser y para ser una moral del ser. 4. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. nos corresponde ordenar el mundo. hacer. como e. una moral del mundo acabado. del desorden y del fracaso . le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia.AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. la carga de la libertad del hombre. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. donde los hombres libres serían los astros. Cf. Tal es la tarea. Aristóteles parece inquieun decadente. Y 9ue todas su� acciones. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. Fllopón (ad loe. o al menos la mayor parte. es decir. es decir. el m11sta Siempre dehbera más o menos. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. pues. pero también de los fines a los medios. 133. En un señalado hombre.l trabajo con el que es a menudo comparada. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. que están solos en el mundo». 111 s1qwera Prometeo.. 132. ni la victoria todavía tan lejana. Simplemente. A. TGrv yó. 1075a 19-22. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). a parte sub jecti. sino que se opone a ella. y la prudencia.. Segt ín . Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. l. Sin embargo. 52 R. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente.106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. Ffsica. l'homrne>>. sino al mundo. si no por vocación. que es moral en sus fines como en sus medios. pero sin duda indefinidamente provisional.ro¡. testimonio de lo cunl es el arte. en proporción inversa a su habilidad). curiosa y sin duda i nvolunariamente. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. y esta ausencia de destino es la garantía y. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. nada es seguro. un diletante. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. 1 99b 26. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. 1946. incluso si esta exaltación . 3 2 1 . Los santos del cristianismo. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. no negándolo en provecho de otro mundo. Así considerado. compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable. La moral de Aristó­ teles es.132 Así pues.. U.

más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica.óyo<. y que (op. 136 ahora bien. en realidad. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico. en Ét. Oüte Pov!. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. no sólo una oece�idad.. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo». y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa . 26-27. 1885. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. Epfnomis. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio..oA. la cita de la nota siguiente). n. 137. como su nombre indica. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>. se llegaría a «absurdos» (<horro. puesto que comporta la 142. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. SVF. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. 6. 17. megúr ica: el argumento. habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad.. 1334a 15). 957 (Orígenes.140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. a hacer de ella un vicio. 28. después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral.100. considerada como un medio con vistas al descanso (cf. dice. 731). aunque no sea este el único argumento. si?o �na nec7sidad moral. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. p. 14-18. pp.ELv). 15. Nic. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione.. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. Nic. Pues si se admitiera que. X. SS. 98. A. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. 18b 26. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. De ato. cit. !bid. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. Le dominateur et les possibles.108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum.. Ét. sino la actividad (eQyov) en general (cf.OAOÍJ�AE8a tva ax. Mansion. .q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote.. 139. 6.139 Así pues. Introd. la vutud de la deliberación y.f!YOV 143.. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos. en su lenguaje.137 Pero nos parece que la constatación de experiencia. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa. Así. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. 1 176b 29..).a). 982d. D. n. 9.Ó. En este sent ido.. dili virtutibus et vitiis. De imerpretatione. 20). VIl.. Fleiss.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre..) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. A. klasSISche P Supplementband 14. Aristóteles no Uega. Según la expresión de P. . aquí como en otros lugares. Y se la condena en parte en nombre de la moral. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. la tradi­ ción moral popular. LO. Jahrbücher f f . ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. pp.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?». Bollnow. pp. Sin embargo. /ntroduction ii la Physique aristoté l. Nic. 42-43). p. pues. una actJv¡dad sena y mentona (cf.-M. dentemente una vida inactiva. y sobre todo Cicerón. no parece que la pereza. 15. X.-M. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136. P. sin embargo. O. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. donde n:Qay�c::reúw6m r . y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . puesto que. que se trate de una• invención ulo/. i 140.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver. cf. Nuyens. la phrónesis. al contrario.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción». Cf. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<.. quizá porque su contrario no es tal virtud particular. 135. jo. Wesen und Wandel der T ugenden. F. gentia. Nic. por consiguiente. Aristóteles rewmaba. E t . 41) mostraría que Aristóteles. cf. se opone a n:ml. 19a 7. 50 ss. Política.ál. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. y son.xn.W�AEV. Gauthier-Jolif.. p. más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. es decir. 138. 1177b 4: ÚO'X. pp.142 Exaltando. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. Primera parte. 1. pp. Sehuhl. No creemos. aunque tímidamente. 19a 7. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da.. p. 7. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia.

LQEtLX1) 'X. si el mundo fuera perfecto. sino morol.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). 5. btmve1:Óv. 11. É. 12. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. ahora bien.14s La sabiduría es digna de Dios. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. 1. l.cnvetot yáQ ELOLV 144. así como la sophftt. Vl. lizable en el mundo tal como es. cf. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible.. Según (f3d:tiov tij� áQetijs. 1 123b 17-20). oúx em<rtiJt... Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. 7. 1. 2. 1 197a 2429). como el mundo de los hombres es lo que es. De Cf. Magna Mora/ia. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. digna de elogio.v €LT) e!. Essai.--ci'j s. su excelencia propiamente humana. Esta última calificación es reservada. cf. Ét. 1 103a 8. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. es precisamente en el hacer o el actuar. se tratar ía de una distinción tradicional. virtud de la deliberación. y no en la inmutabilidad. y no implican ningún mérito en el que las posee. 11. mostrar su valor no sólo intelectual. en relación al sophós. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. 983a 6). 58. 1. pp. Nic. l l 4 J a 20. lor absoluto (cf.147 Pero. 34. erudito (sophós)? En elación al phrónimos. pp. es decir. como todas las virtudes. 207-208.m xaL �t'i) 1tQéil. en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud. 1 1 97a 14). Pero.ti:v ovtwv xal. 209). 292a 10-b 24.. sin em­ Dios. Sobre el sentido filosófico de esta distinción . IV. Cicerón. está sometido a la contingencia.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s. 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario. OL q¡QÓVL�lm. Repúf>/ica. Eud. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. !. 1220a 6. Ollé-Laprune.. 1. Nic. en tanto que am­ biguo.. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. I I O l b 11 ss. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l. -�---- - . 4. . 1. como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia. La prudencia no. 1. extrañamente común a las plantas y a Dios.. IT. 13. si no fuera más que esto. 11.tta (entre los cuales bien parece. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá. 'H qJQÓVIlOLS lJ. cf. 1200b 14. . y en Ér. también infra. J I . a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar». 149. 130-131 y 156. cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer». o quizá a causa de ello. 22. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. e s decir. Aristóteles intentará. ahora bien. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. De legibus. La prudencia. en la Ét.. 1 145a 26). también (tq> . dir á en Magna Moralia. 60. Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas».m (Magna Moralia. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. Magna Moralia. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. mente. efectiva­ Msetev av.. 1tQéil. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . cr. 1. 49. Y bargo. ni siquiera eminentemente.. 187-188). Pero. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. Ét. 1tQÓS tl nws exew. J l 83b 20-27. 145. de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. Saber nos alejaría de actuar. ll. Pero. que se haya de encontrar la sophla.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit. De natura deorum. 147. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra.trr E.. al Él. ll97b 7). 34. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). IIO!b 13). 148.1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. . 1219b 8-1 3. cf.l44 pero no de mente. I. lo es. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). p. Magna Moralia.UOV. Él. cf. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. Él. 12. Eud. 146. es.tv· tÜ>V i!l. Vll. I.149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia. ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. 1. vegetativa se parezca. 2.f. Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit. Nic.LS 'tLS nQOO. A. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . dice este últi mo texto. de la cual participa.146 la phróne­ tÍ. Metaflsica. 34. no quedaría nada por hacer. VI. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia. Coelo. apoyándose en la tradición popular. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . por el contrario. Nic. l. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente.tta.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. . y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. pp. a la vida contemplativa.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. Yi1tud del mundo. que explica que la vida tMe. dispensándonos de escoger. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud. Nic. De divini­ Sobre esta parado j a. 7. _ mundo oscuro y difícil. 23. se podría objetar a Aristóteles. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir.

Nic. y supra. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. ll. y definiendo la vi1tud por el justo medio. Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. pero no lo será mañana. post. pero no en otras (exeí. 1 3. haríamos «voluntaria­ mente». actos que nunca querríamos en absoluto 153. 154. 5. p.eLc. 2.) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. 1 1 97a 38-b l . Pues hay acciones y pasiones que son. Ét. 5. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. Como nos lo dice un poeta. útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. oüc. o-ó i!vexa xat <Í>c. pero no lo hay para el adulterio (6.ac. 'tLVUS xat �Qe¡. que son siempre lo que son. por consiguiente. 151. . de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18..)» . 152 la moral aristotélica.153 Criticando a aquellos que. 1 106b 35). familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones. por de­ fUlÍción y en todo tiempo. 205- 155. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. Goldschmidt . por ejemplo. igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos.156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. 157. pp. To 6' (he &1>i: xai. 1222a 3). la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA. (Il.:e xai. UQETti e. EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. l l09b 3 1 . como. Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa..157 Igualmente. defecto y justo medio. 210. Nic. en las cuales puede haber exceso. 34.. útil para uno. Eud. OQLO"tOV. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. esp. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS. 158. 2. V. las figuras geométricas.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc. en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. 9. 97b 23. 1 104b 24-26. óet:. 1 19b 17). 15. ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew.). pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos . exa)».150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta. OJtEQ ea-ti. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. e 156.). del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. 11.. Ét. excesivas. Física. Eq>' otc. hay muchas de no hacerlo. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. l l09a 28) y para el deseo (lll. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad.) demostración. y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. o más bien puede legislar en general. ll. IV. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí.ov X<XLQOV oxonti:v). n.154 Un poco más adelante. 1 104a 8-9. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. m.. 49). 150. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. 1 1 . pero no para el otro. oú OEL xat O'tE)». Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. que es el «número» del movimiento. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo. objeto propio de la pru­ dencia. J 1 06b 21 -23). Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). ¡técrov -. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1.cQoc.. Anal.. la ocasión favorable.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. 1 107a 16).Üac. Magna Moralia. 1 197b 8. xui. /bid. Cf. xat .155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. el tiem­ po oportuno. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». ti¡ e.fj ov•a).wc. la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf. 4. La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. 1. 152. dice Aristóteles. Pero las cosas útiles. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf.). no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo. vws. ll. 1 . 1 197a 34-35.

1. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs. 164. 327e (esperar el kairós que. 13. Platón. Cf. sino en su contexto. '! En realidad. Silhoué. 2). Sobre el ka�rós en los rétores.i'¡. 223. modernos. 203. V. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. J. Es el juez 162 y antes absoluto. Cf. pero en un nuevo sentido. _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. 1 1 . JO ss. pp. Helsinki H. W. Festugicre. /bid. De compositione verborum. cf. Erhos. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. -xata tov xmQóv éo-nv (01. De la di ica la 195�. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. T 160. V. utcumquc res postularct».159. cf.. 19-20. 3.). .. 201 ss. l l . l l06b 3. 272a). Sobre los lugares en el hombre.o. bien que. No hay (salvo excepciones. Awour de Piaron. l l LOa 14). Dics. Contra los sofistas. cf. no es nunca más que un mal menor.. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. M. Carta VI/. 4. 45. 270b). Antisrhene.. y a�n Platón.159 De manera inesperada para nosotros.160 El objeto de la voluntad o. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. y 239 ss. Leipzig. Souilhé. il!(ra. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. Kesters. ? . La acción mala será entonces aquella que a: 159. I. _. . :rcQá. T. _75. Rob1n. El ejemplo. pp. es decir. arl loc. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. Bourgcy. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum.). Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. lsokrates. Al introducir en la moral la noción de kair6s. pp. Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. 326a. De finibus. en el ardor de una polémica todavía 163. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio. 6 ss. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. citado por Aristóteles. cf. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). L. y el comentario de J.114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. cap. Süss. _ 9. 275d e pp. 1910. 16. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. por ejemplo. extraño a la consideración de los fines. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». Platón retoma esta idea. A. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . Alcidamas sacará Panegmco. 1314b 16. Littré. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. E.) del conterudo. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. Fedro. pp. 1 so fisli.ew. sino el bien rela­ tivo a la situación. § 2.. § 44. XatQOÚ. La 1101ion platonic:ien­ Ér. Jnrroducc•ón al Fedro. Sobre la anligua medicina. 151. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos.7 (a propósito de li. por eJemplo. 215 ss. 2. en términos aris­ las circunstancia totélicos. 1vma fortuna. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. Fedro. cf. Polílica.. To M tél. p. 1 0. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. r ��c. pp. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . 1 6 1 . por una �. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad. 7. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. Toda intervención médica. CLXtV-CLXVII. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa. pues no se da sólo en casos extremos. 154-156. como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. 32 ss. quibus esset moclerandum. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. era natural que. 1 104a 9). al momento presente. servar el resto») (Corneillc. 1312b 25. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. 162. alectique. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique. pp.. cf. el kairós. sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. 1-3. 14. L. exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. que había sido ela­ «triunfante». permitirá al filósofo tomar el poder). _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. Por otra parte. 5. preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). pp. Mikkola. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena.) y por lsócrates. dtatre. Cicerón. 1. Platón. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. 1 1 . Untersteioer. 18-27. l l l Oa 4 ss. en el Fedro.

«el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema».171 Pero más aÓtoU<. que es realizar su propio fin. sino en la acción. 16s y que. oó�).. <'>Et n. . moxamtxi]¡.168 pues.w· en:l. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. Dionisio nos dice. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. p. una especie de adivinación. 1. quiere desprender.167 165. Tópicos. Usener-Radermacher. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables. yÉVúlVWL. ser una (f. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt. OUX. 12J7b 33. De comp. también. al insistir sobre la consideración del kairós. 168. 107a 5-12. sin duda siguiendo a Gorgias. VII..óym). 4. Tratado de los aires. 8. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv . una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción. yaQ án:ávr. 1217b 32 ss. 3t€QL OLCIÍ:n¡t. 260e).)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. 1 5 . emo'ttíl-ta<.. !096a 24-27. I. Política. en especial en f unción del lugar. . la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. 1 7 J . las cuales. 45. &XA. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte. cf. 166. É t. sobre todo. y Ar istóteles. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. Ét. 1 70..Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. I. y la ÓcLVÓtf]c. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos». Se traa t de mostrar. 463b). por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. Eud. la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX. verb.. por consiguiente..Vll. Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX. U. sino por la opinión. Pero. EOtLV ó XCllQÓ�.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión.Étgwv) en la cantidad.is: no es por los conocimientos generales. la virtud en La cualidad. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo.. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. 167. 7.. Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. T(i) �tEV yó.o1J xat 8v. bien po­ drían ser de Gorgias. por tanto. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. 16-17 y 13. no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis. una <he". Pero. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. que el kairós no se da a la ciencia. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. no se expresaría más que en una categoría. escapan a la ciencia. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia.169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer.ó.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro.. (otmta) en el lugar. las aguas y los lugares. frente a Platón. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡.A.goeAéo(. Ahora bien. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). M�CILt.. Una acción fallida no es una acción. Eud.. para éste. si no es un arte es porque es más que un arte. E:rtLO'ttl fl. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. ni mucho menos una técnica de aplicación. !bid. Pero aquí Aristóteles choca.) en el tiempo.li<. 16-17).a. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. 8. 37) que del momeolo favorable Cf. contra un cierto platonismo y. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. sino a la opinión (ouo' oA. xat avOQEÍat.taQ'tEi:V)». como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a). 1.IÚ'túlv éit.. útiJ en la relación. la ocasión (xmgóc. 17. 'XCIL oosa<. .áo'tq> twv 3tQUYf. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós.Lc. parece. que de­ signa el género de vida. Nic.TI &l]QUtÓc.. bastaría para asegurarnos que Ahora bien. Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. w. Ét. 1096a 27-28. La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida. En realidad. 169. lo E'Ó:rtgayta. Antidosis. r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. 1 . dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. una <<estocástica». que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/.. como sus predecesores. entre otras cosas. en efecto. nga. una E!-t3tELQta (Gorgias. si lo fuera. oLóv 't' em.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. sino que es. 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL).Q etMvaL 3tEQLAa6etv . Los argumentos (A. y. en su diversidad infinita.116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada. Pero está claro que. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas.wc.

181. Mera ftsica. «por e jemplo. a partir de ahí. M. es decir. sino también el tiempo oportuno. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente. l248a 3-4.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica.. o una sucesión de azares felices. como pensaba Sócrates».oyOL O' cl(. pero. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». J. pero uno puede pre­ guntarse si. 13. 1078b 28. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. 72 a. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�). Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. sino vir­ tudes: así. 177. Aristóteles no va más lejos aquí.LOLQCt del Men6n (99e). pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. 1260a 15-18. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia. cuando conviene y como conviene». . pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. 4.'8(' ¿Se podrá hablar. en la Politica. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. Nic.. 'Af. categorías según las cuales se expresa. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. 'XUL aA. Eud. Ér. 180. que dar tales definiciones». pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. 1247b 23-24. 14. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. A. Men6n. 1248b 3. vrr. de la ocasión y de la medida». I. de un favor divino. más vale enumerar las virtudes. en este caso.. Es la (:)ei:a f. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. es decir. pp.179 e incluso de una manera general. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud.UpÓtEQOL ( l 248b 6). insis­ te Aristóteles. 85-89. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. 183. (l248b 7). toma claramente partido. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec.172 Así pues. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]). si ninguna ciencia. Ou ouvax�¡.. 172. en ambos casos.oyOL). 173. de buena fortuna (ef. etc. Finalmente. ni tampoco el valor. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre.t�2 Pero. ni la justicia. 4. 178. 981 a 5-7. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. no hay ciencia del Bien en general. Cf.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto. Más at 1n.174 Ahora bien. Pero. 1247b 22. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-. l. l247b 2 5. como hace Gorgias. como se recordará. 8.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te.av 'tÚX. nos dice.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. Ét. l2l7b 37-41. a propósito de la virtud. 1 096a 32-34.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. Eud. la virtud del esclavo no es la del maestro. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida. en general. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. las situacio­ nes éticas son siempre singulares..118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien. 179. Ér.óyou) . sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación. ex. 174. cf. 182. 175. Polftica. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. I. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. 176. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne.

oi:í voií xat �ovJ. Un. 45. puesto que. fr. pr.. alta. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con .el ttempo: 191 P�ro poco a poco. asto. pacial. parece dudar Y vacilar. Había escrito un fiEQL evtuxtac. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa. ) oewc. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón.ót. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc.endo. Dionisio de Halicarnaso. Cicerón. oux eat� XQÓVoc. por lo que se ve. Kgeinwv . «De l'instant propice». X. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas.st.�mpo de la acción divina decisiva. Cf.. El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo. (1962). pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo. V. Carta a Meneceo (ap. pero lejana. y que tiene su principio en Dios. al ¿no puede la deliberación. a falta de téc­ nica aprendida.' l. 48b 35). En este sentido el «�ar» 9ue Ari. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. una vez el impulso es im­ preso o. Phil.. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio.192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. De comp. a la mversa. 11..'89 Pero. en �omer o. 184. vestigio kat�os.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad. Rev. el kai­ .r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación. la ocasión favorable. se seculariza y se humaniza. si la Prov1denc1a puede fallar. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal. pues la ocas16� ex1ste.a.» (Anal. 85. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio.� ahf d� � 1 �2. la noción de kairós.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. el . a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX.. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. ( 1248a 32).m�r Motor de todas las cosas y. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. 12. Heráclito. Cf. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. Por el contrar totélica de la phr6nesis. caz Y p �� siendo el Pri. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro. tampoco lo esclaviza al destino. <I>QOVL!-!. Si el kairós ha aca�ado po� significar.úiV xat oocpwv.1mb1én para D1os.os sabios.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . la evbaqwvia a la etrtvxta. 1248a 25. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble. en especial. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. 187. sug. podemos señalar algo a propósito del kairós..nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. 5.eúeo0m). 1248a 19-29. Se t1a1a a tran.m 188. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados). 18-21. insuficientemente dirigido. de esta concepción religiosa del . 28. (Dióg. Diógenes Laercio. L� que hemos llamado. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. t. guiada por la prudencia. siguiendo a Teofrasto.. 189.. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. sombríos de la tragedia. pero al. La wx. el futuro no depende del hombre. �iels. 47).e �es reconoce en el mundo. 36. también es confiado a sí mismo. Lacre. Schuhl. Con/T'(I los so 185. Cf. Pero no se ve huella de ella aquí. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. 1. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. V. Este misticismo de la predestinación. el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P. en adelante sm uso para Dios. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>. libera al hombre. � . béwv).rJ .. De Jinibus.e un comportanuento capnchoso. 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA. tanto para bien como para mal del hombre. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar.'90 pero.-M. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras. . prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. tal como hemos visto. !91. se comprende que haya podido stgmficar. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. recuerda los temas mác. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes. Epicuro. Pero Aristóteles no se limitará a esto.. �ero. 1•erb.?� ya no es el tt. en ambos casos. sino sólo el favor duradero de los dioses .. la fatalidad también. Antidosis. sino que somos los juguetes del destino. Cf. lsócrates. fistas. 52. Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación.

(Mt 25. comenta: «die precisa: «das moralische Denken. anim. les impide coincidir consigo mismos. Cf.' Esta última prec isión es impo rtante. Lcipzig. Jankélévitch. 221a 32-b 3. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía. Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' . el cual será al m ismo tiempo el úllimo. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . 1. pp. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo.. él es también el remedio. considerar la estru <. Ét. ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. 1 140a 3 1 . l .19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. cf. de deliberar bien (xaA. la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. pues es. 5. 785a 14-16). P tt V. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. de .. : Ét.. está echen. . "tO naQxei�evov erliilllerl.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. NeuchateJ.r¡y� (1/í tóteles. Schwartz. . (las acciones pasadas) Paneg. Es esta a ·/ del hombre.. Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. § l. Sobre el kairós bíblico. p. 193. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien.t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis. was der Augenblick gebeut»). y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». kairós. 1098b 24. 3. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1. 10. mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». sea su pnncJpto.. Gen.· • . ctura de la acción en ge�eral. � �or ello Anstóteles. de una rehabilitación antropológica. M. si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. . Si él es la herida. más en particular. (Dornseiff. IV. texto� citados en Le probleme de 1'etre. sino hum ana. nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento. 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. netV"tó. ó' Ent n:lim. 12. · . 694: �<QCl ó líe xatQ� . 194..l93 es decir. pos ¡) t i e. pero lampoco el hecho del solo favor divino. E. la de la edad madur.t. los hombres.. el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana.áooeoOal. Citado por Aris­ p. p. 196. y entre Física. Unters­ ición muy dis­ teiner. 1::> . sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. hace salir a los seres de ellos mismos. a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . t947. Porque es «estático». Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. Vl. antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral. 26. cf.. das erfas sL.v clQtcrto. 7 1 ). es decir. V. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. No . �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� .. índaro. 1 2 1 . re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . El lazo idea moral) por lsócrates. vengativo. Nic. la de la Cf. Hesíodo. 78: cpu/.r). 45).ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. rx. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro. . como �n otras partes. �oao9. le temps. Christ et rós griego. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia. cf. Pith. 52-53. 7. Ahora bien . es decir.•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. la herida tnorutl se llama XCllQlO. . en Aristóteles. el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. c�mo ya hemos visto. a tiempo.aL)..'>Cn». Pindar iibersetz. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. 195. XatQO. 433. Mesina. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. Ex. Nic.. Cullrnann. Trabajos..122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. Y. de los griegos. la de la vejez. importa. en virtud misma de su estructura contingente. a apa1 la vez azarosa y eficaz. VU1. 1 J42b 31. 122-127. 1921. pp. La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . como se dice expresamente en Marcos 13.w� f3ouA.'96 ada. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . q>Qovti:v . ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. 84. de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. 1951 ). O. n. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o.o agut. 5 . 111. 9: "tO ó' ev XUlQG. Neméadas.J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. es objeto. la contingencia �o� . VJ. intemporales. si es imprevisible. La importancia de captar el hm. pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r. .

simplemente de la acción).2 Sobre este punto. . ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. 1226a 28.. los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro).7 Pero. 11. 5. ÉI. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill. 1 1 1 2b 8-9. En realidad. Y lo que . 4. subr�yando la afinida � � de la análisis. VI. 10. tO Ot' av8eóm:ou). un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas. IT. tO rtQ<irrov al:nov.10 Así pues. la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica.. ' xuoEQVIlt yLq. 7. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación. l. 9.. 10. La c1enc1a trata de lo necesario. Nic. 10. Cf. asuntos de tos indios: Ét. si está menos estudiada. 1 � 12b 18-20: . (c mo dirá Aristóteles en el libro VI. 1247a 5-7).-ti to noA. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata.. el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. xat LXll (VTT. esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación.ú). 11 1 . . es quizá porque es menos estudiable. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos.v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). 1 1 12b 14. la cual. 5. 6.. 5.. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas. €. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A. y nosotros no deliberamos sobre tos . es decir. tal como 6. 1362a J 8. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc.EL otov ev CTtQOtll­ . t'ÚXTJ Y voüc. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ). 1 1 12b 22-25. 5.Ero� av V. a la inversa. Reiórica.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�. 14. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. los :n:ga. J l. Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin.9rom. 1 142a 3 1 . 36. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. y se pregunta cuáles son sus condiciones. cf. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia.8 Sin embargo. Nic. o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV.v hd. lll. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación. Resumimos 1 J 12a 21-29. To eoxatov f.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ .. Ul. Eud. uváy'XrJ. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av .J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. deliberamos tanto más cuanto más ignoramos. 3. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. 10. /bid.5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. 1 1 12a 31. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro). Cf. 1 1 12a 32-33. L226a 29. Ér. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. o del fin supuestamente conse­ guido. 1 J l2b 3-6. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV).·x-tá. 5. sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos.6 Este análisis. cf.ot� M :n:wc. 8. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. precisa Aristóteles. 5.). cf. Ciertamente. Yl. Eud. l l40a 3 1 . nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo.QX. tt.. No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos. � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). del mundo o las verdades matemáticas). y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia.•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. . pues sabemos por la ductible de azar.

� in cos. puesto que se trata de � i 15. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. á:rtogoc. �edio no es sólo medio para un fin. Cf. la c. p. u. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . y se trata de encontrarla. Así. y _ « el accrdente no hay ciencia». sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). Pero. 1 1 12b 4. J 6. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. <'11 el tiempo. está bien precisada por el coro de Amígona (v. id. smo de su plunú1dad.. T 14.16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. pp. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. 168. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. pues. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. 2. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud. 401.·ntcs inverso. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. es cierto. 400-401 Aristotle.. 1s Lo matan. 360). Ét. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. y aquel en el que el hay más que � na solución. El análisis matemático supone. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. enteramente transparente a su ctencm. 634. Cf. Pero esto no es posible. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. la cual. 1. no de la ausencia de vías 19. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>. en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan. Prefacio.""t z O'UbEV EQXetCIL). o qul· 111"11\'n¡. de la causa un efecto no simultáneo. 1 o SS. pp. pw l ll. ll.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. w (ávéutaA. en stc as?. 13. vn. . Heath. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes. hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis.:úotv)>>. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. TI. no hay mas que un med1o de realizarlo. Hultsch).. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. 18. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. • . aJ menos. la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. Nic. Heath. imprevisibles. una especie de homogeneidad operatoria.• l026b 4. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo .18 Aquí. _ . 14 en segundo lugar. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. Cf. Greek Marhemazics. post. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. T. li ad efic1ente. De 111). Matlll tlltll/1'. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática.ce antecedente de ésta. Anal. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo.. tiene también su propia causa­ . por lu p1l. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. considerada como dada. que pueden ocac. Meta/fsica. y por dos razones. no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. Ul. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos. Greek Mathematics. para ser apli­ cable. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. 12. Euclides. 1027a 22-27. Pues en el análi de reboll". lbid. En segundo lugar. en efecto. 17. constituye una solución a contrario lol> con· . la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. 5. 271-272. . dado _ el fin. l l l2b J. 95a 24-b l. E. Ahora bien. t. la causalidad instrumental del medio no es gar. por accidente. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. (contrariamente a la edición Mazon.llliO análi método tal a s llamamo y s. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. Allí donde la so­ lución es untca. U. rl a. p..1usa y. 12. En primer lugar.

�. vv. ¡)qota �al xáA. si no en la Asamblea del pue­ blo. el pueblo escoge o al menos ratifica. y su juicio se refiere. del OU!-L20.24 La palabra �o'Ú­ A. i11jra. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica.evew Su¡. 1358b 13-20. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO. El hombre se ve reducido a conjeturas. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo.e"U"tLXÓ�). 2 1 . obtener según la «ley de determinación máxima».ÓouA. Si deliberamos sobre el futuro. determinar por aproximación un optimum.20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin.ei. 24. Cf. no de ciencia. 1 1 J3a 7. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea. 3. 3. La teoría del discurso deliberativo implica. -.------ . en efecto. finalmente. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial.23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. 1. 27. la preocupa­ ción cauta por el . 5. Nic. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten. Gerhardt. 5-30. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. lll. y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor». Distingue allí tres géneros del discurso.r¡aí.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo. es decir.(¡>.�.futuro suscita el género deliberativo. en la democracia ateniense. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17). Schrecker). Ciertamente.euov.e'Úetm). Cf. VIl. no «científico».ov). entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A. y no es en absoluto evidente. la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva. por lo tanto. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA.e'ÚEL'V tal como se practicaba.óvt<. que designa en Homero el Consejo de Ancianos.OL. «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. 1094b 25-27..A. 79. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. Evocando la práctica homérica. pues. Cf. sino de opinión. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. 1.eum�. remite a la institución de la �ouA. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA. r.. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino. sino al futuro (t<úv ¡A. 1 3 1 . óouA. 303.. es porque está 26. Pero tam­ bién nos recuerda. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. 23. De rerum origirzalione radicali. 1358a 36-b 8. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir. según el auditorio al que se dirige. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�). al menos en el Consejo de los hombres de experiencia. Et. es decir. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él. p. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones.26 Si existen tres géneros oratorios. fbid.. 22.21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�).A. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo.-. Retórica. Esta interiorización comienza en Homero. sino juez (XQLt��). y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos. objetos del género epidíctico. 25. y primero tres categor fas de auditorios. XX. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV). l . los qJQÓ'VL¡A. la eficacia de la deliberación humana.22 Finalmen­ te.a. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que. óux �tlvoc.. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito.LQWL�) sin deliberación previa.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

xat

xai.

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49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

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noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. ál-. 71.G. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación. Jenofoote. p.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar. Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. 6.l para la realización de un fin. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. 13. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA. Suma Teológi­ ca.E. oú i) <pQÓVl'JOtc.. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral. mucha tinta. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. 721. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. TI. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. no del fin. q. Aubenque. Vl.. 1227b 5-11. por e jemplo. Cf. Fenicias. Jo que es meritorio. e importa por ello saber a qué cierne a la intención. 1 106b 36. LXXVITI (1965). 40-51 . Eurípides.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera.. incluso si l a pru­ dencia. Esta definición es recordada en el libro VI. sin mucha convicción. Il. I JO. 2. VI. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI. aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. en un contexto totalmente distinto. 1 140b 4). o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. una disposición que con­ Cf. n. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. 68. en segundo lugar. Nic. Cf. 72. sino de lo que es útil para el fm. como la ciencia6ó o la habili­ dad. que no son vírtudes. 2. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo. en este sentido.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una . 1 139b 16. Tia.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. en particular de la pruden­ cia (cf. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. aQení. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. Agé­ silas. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. Esta f r ase ha hecho correr 65. no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. Nic. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. IT.'tet to 01!f.69 La ambigüedad del término EvoouA.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno. 1 144a 36). 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»). Eud.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf..68 Pero. TI. 10. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c.�.. 1 142b 32-33). Evágoras. En otros términos.. .65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana. y la prudencia la de los medios. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien».v. Así.�. 5. Cf. 1220b 34-35).lll � <¡JQÓvr¡mc. 141a 6). caracterizada por el justo medio (Ét. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo.. es decir. Por un lado. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�.lles. rt39a 23. Ét. i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. lsócr. no puede ser extraña a la cualidad del fin).l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc. R. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. p. 9. 47a. T ó picos. por otro lado. Ética. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. de una sición a lo que es moralmente neutro. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . 6. Ét. 13. 1 106b 36). cuando define la virtud mor al. 66. supra. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). Xl. Eud. 746. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. 3. pp. Vl. loable (btawe'tÓ�). 144.. es decir.ta. 69. 3. Ilae.la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti. 70. 46. en tanto que unida a la virtud moral. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA. 121 b 31 ss. 67. del buen estratega. i} 'KO. P . 3.. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable.

Ét. al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad. Es el caso de la Ética a Eudemo. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. 79. podría ser un añadido poster ior. sin embargo complementarios.73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x. 80 (1955). Cf. a pesar de Ross. Y[). Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. l'fOtle. 200. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto».15 La proaíresis es. y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad.16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. p. 2. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota). que se ha de colocar entre las éxo'Úota. donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�.a). puesto que la JtQOaÍ. Asf. 265. l228a 2-4. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)».1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. Cf. .gí. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica.vo¡. � . p. 1 004b 24-25. importa subrayar. cf.o téA. de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2. es contraria a la intención. Nic. mérito en poseer. única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros.ev noi:ós "tLS. !bid. . y sobre la acrasia el estudio de R. es decir -precisa Aristóteles-. pero no lo puede hacer por la pasión. . pp. l l45a 4). 2. dice Ar . porque no concierne a nuestra proaíresis.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. el comentario de Robin en su Aristore. a Nic6ma. en el sentido de intención.¡.QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. que expresa nuestra intención o. tr. de sentidos. in­ mejor dicho. 76. ilosofía. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles.. n. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora. Nic. de la virtud natural. que es hoy el del libro m. para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido. consideramos.tje. neomgeaw.. finalmente. 8. tención de provecho. 261-80. nuestra disposición interior. que se hará clásica con el estoicismo. Si. p. l228a 10-12. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. r. 3). que conoce y quiere el bien. por el otro.. por el cont�ario.co. a're � . n. 77. que lo juzgamos no por lo que hace. Ét. 74. cuando en realidad la persona no los 73. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima. nuestra responsabilidad. esta dualidad de contextos. el compromiso íntimo de nuestro ser. pues. pero este pas. (Ét. que es su condición). 'H &t :n:goatgeoLs. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6.71 El sentido del. 't(Í)V :n:eos. Sobre 1tQOULQ€CJLs. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción. .. que rompe el encadenamiento de las 1deas.. l228a 8. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. 2. l214b 7-J l . (crxonós) a su vida. Robütson. 1 1 1 1 b 27). l. 80. En el li­ 1� JtQOaÍ. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s).. el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. Este sentido del término (xuxó�). nosotros sólo modificamos el orden.QEOLS. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí.os. l228a 12-15. e l vicio) e s una o1Jbc�)». también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. «L'acrasie selon Aristote». 3. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. que compromete nuestra que nos es imputable.80 que es consecutiva a una delibera75. 78. por un lado. Eud. el que constituye nuestro valor o nuestro demérito.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido. fr. naga cia (axgaaí. Ren•e Phil. es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles.gwtv. de pro­ blemáticas y. 280. 1 1 . Cf. 1 1 5 1 a 7. entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . U. m. «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica.

«ya encontrado en el la definición de la vi. se vuelve posible cia deliberante.a. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin. (cf. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin. p. 2. TU. 1 1 1 1 b 2 1 .1 54. o incluso Aristóteles mismo. en general. puesto que el fin está dado o más bien querido. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. voiis.aco 88. II. l227b 29-30.. 1 3 1 . 1227a 9-10. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm. más aún. Los intérpretes modernos no han dejado.. Importa. Me­ diante la proaíresis lo posible. puesto que no es la posición del fin.' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J.. sino el mo­ mento de la habilidad. inclu­ 8 1 . más precisamente.<i)v eq>' � �-t'lv.. tO té"Aos. II. Ét. &. 4) transiciones.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias. p. lli.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios». . Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. 5. 1949\ p. sino los inedios. la proaíresis conserva un aspecto volitivo. Walzer.. 200 (trad. se podría decir. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. 86. 5. deseado no por sí mismo. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral. 1 1 . sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad». OLavor¡ttx'lj. pp. Cf. 'A/. 83. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. y la M!. 4.gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). JO.. eo efecto.cu·nxi¡ ÓQE!.L¡. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U. sino a la M!. Aristote. sino por la eficacia de los medios. Nic.ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo.!el concepto de ltQO<xtQems. ltQOc. Ross.85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. pero también para ponerle f m. y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin.91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud.J I . in fra).na tó. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R. sin la cual perdería toda razón de ser.81 Ciertamente. por Jo demás poco convincentes. sino el pasear o sentarse con miras a la salud.éVOV (Ill.92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión. a la cualidad de este fin.d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. 91. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación. Ét. lll. Ya no es el lugar de la imputabilidad. 2. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro. sino un momento.. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención.. Así Ross. Cf. Magna Moralia un. el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud. 90. «técnico» en la estructura de la acción en general.84 Ahora bien. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros».86 la nota de Rackham en Ét. 4. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. 85. oo se escoge ser feliz. 4. meditado o supuesto. 84. l l 13a l0-11. empero quizá con la preocupación. Aristotle. sino de la voluntad deseante. 1226a 9. Cf. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. pues aquí Robin./.rtud>> (p. Eud. Nic. 1 1 I3a 1 1 . de subrayar este equívoco del término proaíresis.. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin. fr. 265. Ét. en este sentido.. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. i] oge1. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción. tJJto8Écrew�. sino. 280). sino que elige solamente 89. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. 5. sino como medio para alcanzar un fin. l l llb 27-28. la cual interviene para es responsable.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. sin embargo. 87.r¡oLs. 1 1 12a 15).Ls. 5.L�). La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs.a. 92. de conservar el primero de estos dos sent idos. Eud. de la que se dice . 198). es necesario reconocer. 82. 1 Ll3a 2-5. 10. 1226b 17. . 5. Esta «evolución>> !. 1 y de III. 1 1 13a 10-12. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. y deseado. 1O.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik.

Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua. Eud. 1228a 2. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes..�)S (n. sino por los motivos de su propósito. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA.).vetat.oyWf!Ó<. 1 1 . probablemente tradicional. . 1 1 . Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e . que forma un todo (capítulos 4-6). 105.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. La elección de los me102. l227a 13. perfectamente ininteligible. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. lo cual deJana suponer que la elección. 10. p. bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección. 39-40: escogernos evE�ti uvo. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35).. 1227b 24-25.i. .:u..96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. 2. n. 1228a 3-4. . 1 1 . 94..")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m. en efecto. y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios. 103. . para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. Cf. 138. 1228a 7). 1227b 35-36).. TCl n'/-. 99. 95. que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. tenida por la responsable de la rectitud99 e . 1 O l . Cf. Nic. Aristóteles recuerda in 93. IJ.97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no. 98. desde ese mo­ mento. en definitiva. 74. es decir. Dicho esto. cr. ll. In fuerte expresión de Et. sea la adapación t de los medios al fin (el . . que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. 104. ói¡ Éxoúowv � <pa. 1 176a 3 1 -32. Cf. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. Ét. 97. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�). La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente. ov�A. que son más o menos morales. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean. El contexto parece señalar. ll.. que parece estar casi olvidado. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos. 6.QEOu. sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces.10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que..�3 sino los medios escogidos. el vicio y la virtud son cosas voluntarias. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. por eJ contrar io. Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario. Eud. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa. Ésalcpvr¡. 96. 26. Ét. los medios. X.•l put·de muy bien no ser recto). ID' o'li ta 7tQO<. Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. 1227a 19-20b. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<.101 al fin. 100. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad.1 S).Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. Por Jo demás. Cf.102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. En el análisis que sigue a la deliberación.. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt.. Nic. 1 )1/11 l4). pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa. 1227b 38. l l l lb 6). 1226b 19-20. VI. 1227b 27.95 de la gimnasia. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv).

R. 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. 106. LU. Nic. 187-201 . p. Arista­ te. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen. 1 12 Se podrá advertir que. l225a 19. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. 357b. puesto que se esfuet7. y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. 508c.. la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. según dice. 10. 32). Aqui. otras lo posible.. 139-154). como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. dice. A estos textos hay que añadir Ét. Cf. complacientemente subra- bwúowv.108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término.m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle. 1 1 3 . 7. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ. 1 1 O. 100) y de Gauthier (pp.. 1 1 14b 29). Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. Sin embargo. entendida como elección de los medios. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud. 4.. que interpretan así lll.. 1444a 20-22. precede entendido en el sentido temporal. Nic6maco. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». lll. 212-213). 172. «lo que depende de nosotrOS». ria no sólo al sentido común. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. T. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. V. Kuhn (art. pp. Kuhn. .l 'Wc�cn sei. la AristóteLes. Tucídides. Ehat T. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. República. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. Kullmann. L. 187198). 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. 1 140a 32-33). At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5). En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. 106 la virtud es voluntaria o. cit.. ahora bien. op. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. 27b. Pero no saca la cons ecuencia de ello. 4. aunque se defiende (p. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>. 1 1 13b6. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. Arist. C. 29: 8. De una manera más sut il. pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. pues. Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. Ross. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7. l l .144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona). Tcl JtQó. No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. Cf. tmóvbE tL0t\tE6a) 109. aunque sea arbitrariamente. l l l lb 30-32. ponsabilidad. l228a 1. Robin.O 1 12. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. 265.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. 136) muestra c¡ue la proaíresis. 8) y máS bien tcp' TJf. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. los af uso hechos del azar). unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). I-3.O téA.ll V e n e( segundO ortiori contingente. 5.tiv (Supp/. 1 1 14a 18. como dice aquí Aristóteles. Basilea. 16a 175. Gadamer. p.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . el cual sugiere.11n En la Ética a así pues. 27.IIJ Este retorno. Él.éA� (b 4). Tal como hacen E. pues el sujeto de la conclusión es 107. Rept íb/ica.n:go hégwv atQc"tÓV). pp. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. Nic.1 1 . 1). depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). también H. El segundo sentido. 123. 1943.a por dar un poco antes (pp. es banal (cf. 1 1 13b 7. VI. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. De hecho. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. el plural a la situación del hombre en general en el mundo. 1 1 12a 3 1 . l . 169. Eud. 33a 172. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente).. Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. p. 25. involuntario). lo contingente moral).o. p. tesis doctoral.. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe. Festschrift H. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. 36. y en el análisis psicológico de Vll. t. esto es. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. que niegan la contin­ de las representaciones.· 15. tfpicameote aristotélico. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111. 108. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. al insistir sobre la eficacia. pp. Volwuary action and Choice. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa. 1 . t<p' T]�ttv. M. 9. cit. 13. Platón.q> nQii!. Kullmann. II. la conclusión de E. H. Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. es voluntaria. hier wenig brauchbar ist>>. que el . «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». m.

t iene un sentido temporal. al uso popular más allá de una terminología erudita que.117 Entre otros significados del mito. Jaeger. Cf. RepiÍblica. sugerida por Platón. tO� xw()úvou tov ¡tÉU. X. calli11g).-Platón. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. 1 20).ta). .. Monostichoi. ll. IV. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. I 26b 6-8). cómo las almas. Eud. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. sin poder confundirse. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs. 493 (�í. Ét. . tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación.. Fedro.t. 10.QEOlS �í. Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía. sin embargo. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. ex. r. 1 4 1 : 48. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. o simula volver. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. . por ejemplo. JtQ06e6ou4u�tÉVov. y aunque la prueba sea más difícil de aportar. 245b). Definiciones. una preferencia 114 y. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. "tO'Ü �tou . pero esta no es la cuestión aquí). en particular. donde neo.ovw nQOULQEia9cu. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia. J227a 13). y que será más tarde la del estoicismo. l. 1298b 27). de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. pero que nos parecen suficientes. 70. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. también Platón. en efecto.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. 1 1 . pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. qllA. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República. por lo tanto.115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta. Contra 1imarco. Ar istóteles. significan originariamente una elección relativa. en Aristóteles. 4.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. como ocurre con otros conceptos aristotélicos. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. habiendo bebido el agua del Leteo. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7. 3 1 ss. JtQOCli. en Aristóteles (Meta fí sica. y es en este sentido (Par­ mémdes. rsócrates.Qeto9m (Aristóteles. cit. 1280b 38: i¡ yó.Aio6at). autoriza­ ría su perfectibilidad. no se presta a ningún equívoco. tiempo la gran tarea filo- sis. vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio».:t'¡ Oouc:. Cf. no dice Otra cosa). El substantivo rq:1o�lQE<JL<. óv tae» (De offi ciis.. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. Aquí todavía. donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección.ou TOÜ amoü (cf. Política. la elección ya no es interior a la vida. JtQOULQEttm �í. 413a. 33. 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo». profe­ sión: cf. C!LQWL<. del sentido de elección-intención. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. La significación de este mito te­ nía.ov €. justificando al mismo. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran. y como ya hemos visto. toü n:f. pues.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. E>eoc:. Si bien e¡. nQoalQtOLc. 65 (�LOi: .ov). tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO.<. Gor­ 115. 111. Esquinio. Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. Antidosis. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. «incrimina al azar (tÚJ(TJ). ávalnos (617e). Menandro.) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas.. vra. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr.. no es empleado �ás que una vez por Platón. 1004b 24-25). Cf. JO. . un doble filo. sois 1 19. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. 56. sino que es la elección de la vida misma. V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat. 23. Beruf. 14. La expresión se encuentra en Demóstenes. sería la de la antigua Academia. En fin. s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. que invoca sin razón a Joachim loe. no está claro lo que deliberación. o-úbEic:.. Ps. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor. 9. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. 2. ef.Qeo�c:. no consti­ 336b. 143c). 120. aun cuando no nos acordemos y. 1 14.trr¡ ) una vida que.. Cr. Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. no la idea de deliberación pre­ . que citamos más adelante. J l8. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. Dicho de otro modo. en su Paideia. W. 617d-62Jb. Antidosis. el hecho de aceptar un mal me- 8. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. es decir. 116. que era el de la Academia. Política..

suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). Es cierto que se da. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva. Ét. 7. donde todo es transpa­ rente. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m.LQEOLS acabará por designar la «persona moral». Souilhé. la definic ión del ltQOTJYI. Nic. f.f. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. �V ayaea.121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). 3. En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre». N. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). Lo cierto es. U. . 127. Coloquios. mientras que en Platón el verbo ExA. 5. p.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin. La idea.124 hacer en cada instante. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. 23. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad».. sin darnos la obras y en el tiempo. R. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡. 2. 617c. 1 1 14a 32-b 5. 617d.. En este sentido. ducción de Souilhé.EOtl . l. A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. eA. Pero. más aún que de naturaleza. 124..123 no sería una astucia de Dios. empírica. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. 3.126 la idea de Ab. 122. Cf. rv. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. Ul. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. 125. 8. n. 128. Magna Moralia. del cual estamos separados por el Olvido. 1. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. sugerida por el mito platónico.tÓVOlb e!. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. JU. 499e-500a). Pero esta irreversibili­ dad. Según la traducción de J. 103-104. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). T. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. Nic. Cf. a la decisión razonable. y la Intro­ . por ejemplo. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. J I 121. el término rtQOO. 192). en todo caso. «la falta es de quien elige». 1179b 7-16. Cf. SVF. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que. del destino o del azar). L. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. m. 130. en él como en Platón. m que parece volver imposible toda conversión. 10. pp. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación.eyó�teOa (SVF. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X.tÉVO'U. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. rv. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad.o¡.éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. de nuestras buenas y malas disposiciones. 129. 7. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. tO. contrariamente a la prescripción platónica. Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. 1215a 8-15. l . .ye­ aem. 5 ss. 5. que enderezar uno malo. X. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. II. una cierta libertad inicial que. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas. en es­ pecial Ét. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. 5.xA. para expresarla. Walzer. Zcnón. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. Cf. 18-20. dejar esta parte al azar. ouvalttOL. finalmente. r 123. la cual supone una alternativa y una deliberación previas. 1 1 14b 12. Eud. 1.127 En Epicteto. TCQOCtlQEL06CtL. Il.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson». 9. al menos de derecho. 129 Ar istó­ teles prefería. Gritón (52c). Paideia. de la que Dios se encuentra así exonerado. 126. la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. que nO SOn ni buenOS ni malos. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. 1099b 18.la. no podía más que ser contraria a l a idea io. eucp'lita. pp.v. Ét.

:nu'tov. la proaíresis. ..tóc. Ét. Cf. un 6u11os... 134. 1 1 85b 38. . y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor. Eud.. 10. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf.137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta.139. y el cpaüA. r. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. 10. 1. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet. TI. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral. 131. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. ni total­ u Janus bifrons. En la t. Él:Égou :JtQO htgou. la contingencia.. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. 11. no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. 135. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss.f. drama cósmico de Platón que. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción. 2. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . m 4. en lo cual hay que ver de nuevo. y ahora que se han vuelto así. XXIV).s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. en mejor.. La dicotomía del cr:n:ouoato. sino lo mejor posible. en 1226a 15-17. . Así. sean hace 137. 1. 1 172a 19-26. no lo bien. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma. p. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos.o hac1a el mal. El único problema. 1 104a 33. 1 179b 24-26. � . como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). J. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo. si se toma al pie de la letra.. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). Diels).w�. SVF. Ét. 653ac). la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. :n:go ktégou (Ét. Se da cuenta una vez más de que el s. ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?). cf. fl. Nic. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. 1. cap. En la Él. 123). inf ra.c. �OÚATJO't..). este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. Esta expresión que se desprende del texto. 1 103a 17. Eud. uvOgwJTC. 119. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia. se encuentra humanizado en Aristóteles. cf. O'ÓX Ú7tAW\.1 1 15a 3.. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�.' ETEQO\J 138. 133. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét.. ya Platón. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill.lta. ém:A. . 1 . Su¡. una �oúA. Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. X. 111. Cf. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. 140. 131. Así. 10-12).. Oó�a.. Walzer.os es una de las constantes del pensamiento griego y. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre. il. btt9u). 1 . Cf. 6.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes. 227). 'H8o. De vita beata. óge�L. 216. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales. Oé. 1 1 14b 3 1 . LO. l220a 39.¡> oatJ.de R..l38 �É/. 139.Ita. agna dad. Eud. 7. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora. Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ. 132..13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. nota siguiente). como ya hemos visto. l l l3a 15). fl. ó. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. �oÚAll m�. cf. . donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv. comparativa. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I.. 2.llOtS o una cierta forma de opinión. . Ni c. 1. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. n. 6. no superlativa. la única luntad. Nic. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia. 136. 136 más aún.f. algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. l lOOb 1 2 SS. y eso es lo que hace que lo voluntariamente.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. J l . uva Oó�av ( 1 1 1 1 b. donde Aristóteles defiende la te�.. el dicho de Heráclito.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente.1 1 04b 13. § 2). sino de una preferencia. 1226b 7-8). La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema. más que otro nombre relativo y no absoluto. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22.IO>V (fr. Nic.léV � : .). no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. es decir. pp. Magna Moralia.). «el carácter es para cada hombre su destino». no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. Leyes. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él.. Se transformará en dogma en los estoicos (cf..

oy• OctfiEVOv. ll. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección. 619a) consiste en escoger la vida justa. 742e). anim. Ét.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y. Eud. tt.145 Se comprende así que la elección. 618c. Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO. II. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). l l l lb 20. tov �EA. 39. ouA. bía desarrollado más de una vez.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales..natov. 16) al fin. Por el contrario.uif.OJAÉVWV n. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. rv. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios. mientras que la elección. como traduce. si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. 1226a 7-17. del azar. Oubarle. porque todavía no está mediatizada. 2. Queda que la voluntad es posición del fin. «La causalité chez pp. no del bombre.A. por el contrario. posición de . o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así. como el del fin en el hor izonte de la elección.) (687a trata aquí de la naturaleza. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización.éA.. Platón. 145. 4. 1). la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites.143 La elección. 141.. lil. 1226a 14. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen... 1225b 36-38). como lo hace GaUlhier (p.. 744b 16). ll. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles. 10. Eud. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria. humanamente no de la inteligibilidad. la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. La voluntad no es más que voluntad.os). pues el resultado no depende de 144.. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. 6 1 8c. voluntad del fin realizabl. 687a 16: e jemplo. Recherches de Philosophie. de manera que un cálculo (aval. no puede ejercerse sobre lo imposible. 10. el P. y puede ser quimérica. 142.. 38. es decir. A veces parece que esta mejor elección (x. puesto que la elec­ ción.�te superlativo. lll. 195). en particular. 1 1 ). y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo . sobre todo (¡... 10. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc.. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. Esta distinción del fin y los medios no era nueva. 4. incluso si Ét. y los medios.(lJV <'lt1Vatwv &.ov. es decir.oyLl. quedando claro que siempre se quiere el bien. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor. m.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). Ét.o óuvcnóv. No pensamos nosotros (Ét. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos.ttw EX T. Él.Qatlan] <XlQWL�. 142 deseo T¡�í:v). Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». oblicuamente Ét. En seguida y sobre todo.Lota. Nic.) (V. por �él. En el mito de Er. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. 143. Aristóteles .. 10. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s). sin embargo. 6. La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. Pero este menos es en realidad un más. al mediatizar la voluntad. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. y p. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible.oc. 11. Pero lo que es nuevo es el acento. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. no puede desinteresarse de la realización del fin..EL JtetVlaxoü atQetaflat. IT. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible.. ames (JA<lAI. frente a la vida del placer. por una especie de vicisitud. 10. n. Eud. En las Leyes. 1 1 1 1 b 23-26.. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general. Hay me­ nos.Ulva). 1225b 33-35. n. y del individuo que yo soy. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. l l l l b 26-27. la voluntad es fácil. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles. Nic. 1225b 34. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia.••• La �oúA. horizonte de la voluntad. la preocupación por los medios queda en el la elección. pero A ristote». que es también la vida más feliz (cf. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. cf. 4. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ.Ó¡AEvov. no se puede querer el fin sin querer más o los medios.152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general... animal. I.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados. Eud. de­ masiado fácil. Así.

Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. pues. su bten) y que.Qettei:a8m. 147. sociales et politiques de Platon.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación. Lachieze-Rey. Eutidemo.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. sobre todo en sus tratados éti­ cos.�/.) no parecía despertar ninguna dificultad. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. etc. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin.mc. 133lb 26-38. pero muchos quieren enriquecerse. cuando actúa injustamente es decrr. Política. el medio por el fin.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin. téxvmc. otras veces se da con los medios apropiados. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). por el contrario. Les idées morales. el deseo sería vacío y vano. J094a6b 7. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. nadie quiere navegar. !bid. 54a ss. igual importancia a la voluntad del fin y la 146. . 148. x. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. 687a 8-18. contra las explicaciones mecanicistas. en última instancia. cuando en realidad quiere el bten.1>� elección de los medios.etc. anim.A.oc. Filebo.ai ¡tawtav ( 1094a 21). ciertamente. Vfl. tomarse molestias. pues puede suceder que el fin sea bueno. a la vez ontológica y axio­ lógica. -eo -céA. Y por eso navegan. Pero Aristóteles va aún más lejos. como pasa en medicina . es dectr. 149. 962bc. aniesgan su vida. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. que es más fácil explíca� el órgano por la función. dominar estos dos ámbitos. arnesgar su vida. Leyes. es decir. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil. pero todo el mundo desea estar sano. volviendo bueno lo desagradable. xat <JU¡. mismo..A. 468bc. . 'tetü"tet a¡. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. . los medios a la vez. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines. etc. 153. Part. 152. 150. de acuerdo (evMxHm yó.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien). finalmente. . IV. adaptación que no está dada inmediatamente. es decir. que es la Idea del Bien.os). n:Qál. 13.tmc. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos.150 lo OLetcpwvei:v &. el fin y los Se concede.152 Dicho esto.. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. 290bc.at €maní ¡. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. Kevi]v 'X. en efecto. erigidos en momento separado. pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo. Y que la admi­ .o n:óc. del f i n supremo. 1. que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos. 687a 12-14. 467cd. -eo 'téA. así. sostiene frente a AnaxágoraS. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o.¡. se hac� dano � . daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. P. pero se ha puesto un fin malo. Aristóteles se preocupa.. . 10.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). Gorgias. xat -cae.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles. Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta.cpó-ceQet X. cf. XII. -co 'téA.Q taü-ca xat (n:Qoc. 154. Cf. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud).146 Nadie qtúere tomar medicinas. y lo que queremos no es lo que hacemos.ot. es posible. 151.tcpwvei:v). l. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. 14R sm esta ordenación al fin.149 En los tratados de biología recuerda. .)» . La voluntad del fin es la que da su sentido al medio. Platón recor­ ? a la inversa. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc.

160 158. 1227a 29-30). 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡. 'tO &e cru¡. desinteresarse de la realización del fin es. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡.. 1t:aQa cpúow. 11. Si la voluntad quiere el mal. 1227a 18·32. 6. 11. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo. es decir. Si la habilidad no es por sí misma una 155. es contra naturam. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. son ambiguos) en el valor moral de los medios.)». que encontramos en la Ética a Eudemo. ll. que le aparece como bien. q>\ÍOLV M Y. Eud U..155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización.tp:at. eúq¡vta. la adición es inge­ .• xaxoü (Ét. 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS). En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes. 1227b 20. moralmente indiferente. con un . cometer una falta moral.. corregido por el palabra es asunto de deseo.ov A. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención. 1099b 19). a&txot.Ub ·wo (Ét. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación.• 'H f3o\ÍATJot. y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio..taQtáveLv. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. 1 3 3 1 b 19-21 ). m. Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡.. truos n. infine que la pru­ 1221a 12).v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. Vil. Ét.¡ev yó.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin.A. Por lo eox�. que se ejercen en el mismo ámbito. también (xat llQyov tcrtt 157. niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia.enóv EO'tl TÓ. sino ser torpe.vat 'tÚXT). 9. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. (Política. El problema planteado aquí no es un problema moral. «es todo un trabajo ser virtuoso»). cf. sino un problema técnico. 1 1 13a 24). sino que exige que se haya nacido. Nic.ó. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. 6. Cf.A. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. que la meta sea mala y los medios correctos». Eud. 156. qn)oe� ¡.. EQYOV �mtv. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8). 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios. Ét. mayor que la dé la concepción. 158. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡. Nic.. por asf decirlo. l l . a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. 160. en el límite. Esto aparte. ov&atov e!vm.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico. orde�ados segtín el exceso y el defecto. El medio es. la voluntad del bien real (lll. loso. 10. 3. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral. ¿Hace falta concluir que todo X. .Q xaA.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. Ét.. Ét. Es que la voluntad quiere por definición el bien. 10. 1 1 14a 13-14).taQtávet. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución.t6. Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y. como pensaba Pla­ tón. 12. aA. ogeó� y 6La¡. lll. Sobre esta tesis socrática. es ciertamente condición suya. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. si se quiere que sea moralmente buena. !0. y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. 10. pero no (si bien Jos términos que emplea. "tOLUÜ'ta vo�om. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral.159 y en eUo no hay mérito alguno. 5. Nc i . notfjoat �ta>. para un lector moderno. l l79a 35b 4.. virtud. a la inversa. Nic ITI. . Oú yÓ. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. en cuanto tal. cf. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema.Q demás.. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho. 1tUQÓ. ss. 1 1 13a 15 Eud. Esta nota es c iertamente apócrifa.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162). debe ser técnicamente conseguida. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p.) (T. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159.

The ['lulosophy o fAristotle. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. disculpando a la voluntad. nos parece.63. JMt. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. 15. 434a 16-25.eo(:kXL . La . Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. ni de la acción.-A. pes � � 161. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. l 143a 35-b 5. 31-37 y 79. queriendo el bien en general. por el contrario.. 162. J 144a 3 1 -36. que es ru� rsalmente bueno. _165. Vlll. 325-340. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar. haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en. cuyos límites marcan. Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. srOLe. por�u� el bi�n no es inmediato.u:v "tt/. pero. Por el contrario. _ . es cierto. Nic. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto.. en Aulour d'Ari Cf. escoger cada vez lo menos mal rela vos. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. pero que el valeroso (cmou6atov). 176-178. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». El mal no esa en el fm. deliberación y de la elección. Et. será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. J: AUau. que es otro nombre del azar.:s. sino. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). la elección y la acción del hombre.aA. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é . pp. m.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. hay lugar para la deliberación. Cf. emos visto que eI análisis de la.. la voluntad no es responsa­ ble del mal.. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. entre estos dos azares.. p. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. 2. T odos Jos hombres mal. ¿que f�era del fin. morale d'Aristore. sobre todo Vil. �lanentc todo el resto (1:a � queda. . JI.o� qNOLxóv). td. Cf. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. 7. el cual no se deja reducir tan fácilmente. a . Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I.tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco.. después de haber dado . al contrario. D. Gauthier. 5. Se trata de textos. 144. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. En fin. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos. o es buena y quiere el bien. 1:a x. sino entre ambos: la elección razonable que. pp.. 106).161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente.de Aristóteles. sino en la impotencia de t � � _ los med1os. 12.. pnnc. _. admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. en efecto. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. puede querer mal el bien y. monstruos. el texto de m. donde Aristótelo. Ahora bien. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. Pero.JIIl (�oúf.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. mas que pot una revelacwn. De motu ammal. _164. 1 J47a lll. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza).1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. pues. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. m1smo �n el que absuelve a los hombres. smo los med10s? Asf. J .163 disociación que no babóa sido posible . 20-23. guiada por la elección del bien. VI.ci). 1 1 14b 18 ss. 7. sólo a trata virtud der. el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad. De anm sica. n. porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). R. Bréhier). «Tbe practica! syUogis111».164 En otros textos. smo porque lo quieren. pp. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. 13. El momento pro­ piamente ético no se sitúa.ÓqJÉALJlO)» (Ét. z. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar. sino por su elección. Ni�. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. o quiere el mal y no es responsable de él-. que seamos hombres naturalmente constituidos o. 1 162b 35-36). que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado). que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. la templanza es una virtud). a poner en tos medios L<><!o el del mal. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado. 6-7.

Gauthier-Jolif. 177.. hay que J. la elección va precedida de una larga deliberación. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica. en Ét. depende del resultado. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. 22-30. y que no tiene nada de silogismo. ahora bien. 1034a 30. Desde este punto de vista. Por lo demás.. lA morale d'Aristote. a la inversa. Allan. sino de fondo. en me­ nor grado. 36. del alma racional. p. pp. por el contrario. citado por Al11n. I. anteriores al libro III. es decir. 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. la prudencia.).a. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. p. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». p. se encuentra ya en Platón (Fedro. En el mismo sentido.. 171. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética. Por ou.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). 177. la con­ clusión es inmediata: por el contrario. de los caales admite que son posteriores. Nic.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. p. ()ó!. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. porque. 338. lo universal es inmanente a lo particular. Tlze Philosophy o f Aristorle. 9. ciertamente. nente». pues. 166.169 En este sentido. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y. Hay. entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. anim. Pero. 268a27ld. 173. pues la causalidad for­ mal se conoce. reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares. id. 170. Se plantea. Cf. una vez establecidas. Cf. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l..·a parte. E. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. cit. 169. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. en realidad. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda. como se ha advertido.. Gauthier. [bid. 210. un minucioso análisis. op. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. para volver al sentido etimológico y. tal sería la tarea de toda moral. pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación. Jbid. cit. las dos premisas. l. silogismos dialécticos. 172. y no científica. Allan puede hablar de un progreso y. p. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. Gauthier-Jolif. 210. 121. propiamente aristotélico de «elección de medios». Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar. . p.. Autour d'Aristote. de un principio extraño a la moralidad.'66 Una diferencia no menos importante consiste. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo).o que debe ser la verdadera moral. que no se discute aquí. 1 l. en Autour d'Aristote. Kullmann. dice. y que la vútud del deliberativo."' Pero esta interpretación. donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción. 177 y 189. 331). ibid. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u.·acta del acto te1minal de la decisión. En fin. 167. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. !68.. art. sobre todo. p. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor. Pare. En el silogismo práctico. fruto de una elaboración ulterior. en todo caso. mientras que la causalidad eficiente se ejerce. 1.. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). del libro U de la Ética a Eudemo. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. 639b 1 8 ss. p.

m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. nA. Sobre esta opos ición. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. a la que hay que venerar más que a Platón. 4. cf.eyes Las Suplicantes. Nic. Para el esquema fln-medios. VI. v. por­ que el mundo es limitado. etc. anim. como dice Aristóteles. 717a 15. 9. menor mal y a dos tercios de feücidad»). «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ». Ttr!'eo. le parece más humilde. U. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. . IX. / jigenia en Aulide. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. 1 142a 14 aÓQLOl:OV.' 1 1 la determinación y. No hay. que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. 176. el discer­ nimiento de lo particular.174 quema universal-particular. . Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. Part. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. 27 P. 13. pero no la existencia de lo particular. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales.. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. /. . 8.. una vez reconocido lo particular. Es un medio contra el caos y el orden. es decir. entre lo «mejor» y lo «necesario»."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. qJcwt.en este mundo y que. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. tructura del mundo. m. de una disonancia posible entre el fin y los medios. un caos que tiende hacia el orden. cosa una vez más. conocemos ya el nombre: la contingencia. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección. este Gen. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. sino. como dice el proverbio. La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. y Aristót�les no puede hacer otra . 12. Vl. la prudencia de la sabiduría.. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. Para el esquema universal-particular. 55. Eurípides. 13 W). donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . «lo mejor y lo necesa­ rio». llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. en general. cf. 672b 23. La presentación silogística del proceso de la acción. 48a. en el es­ Juntad por el Demiurgo. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. 442 («Punto de partida exento de dolor»).rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más.13u D. entre la determinación y el infinito. su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174. mlo. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. 177 175. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét. lo universal se aplique necesaria­ mente a él. Pues aunque. . 1. cf. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. ¿en la aventura o en la absten­ ción?. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. Pero de este infinito.. anim. 9. pues. Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». 9. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible. como más tarde Leibniz. fr. que conclusión. Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. IV. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. . tan extraña a Platón. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. Platón. entre Dios y el mun­ do o. 177. 685a 18. b . 1 1 4 l h 15. vv. 858a. 1 144a 7-9..162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV.oüv -ca €"-áx_Lota A. 10. 75d. conscientemente. ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles. ocupar todo el campo de lo posible. 1 1 . En este debate dudoso entre la forma Y la materia.

por ejemplo. l a cual. .) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. rruco de «dtsposlctón moral». incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. J. peta A. phrónesis. Platón. que evoca una virtud. beraewn que del corolano moral de la elección.'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante.. 13.. 8. . «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). >1. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:. Menwrables. 7imeo. . pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada».. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. que es especulativa. 1 1 39a �3. � �3. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. Cf. la Reptíblica. �es. S. 37. �O'IJMUtL%rJ . pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. 290bc. J025a 6-13. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento. que es meritmia. 2. n9. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W . Hipias me­ nor. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca. 1 14la 21-25). bre el papel rector de la dialéctica). si la pmdencia es una virtud. vr. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica. más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ . Gorgias. Mon�n. pp. Sin embargo. lll. como parece baber dicho Sócrates (cf. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. aveu voü xal Otavola. tóteles muestra 185. 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. sabtduna teónca.. .. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. por op?sición a la sabiduría. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . que no Jo es: así pues. mtelecto y sm pensamiento. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo. sería una especie de sabiduría práctica. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0. por una parte. 182. de la ciencia. Platón. 507e-508a. la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV.'s' y si piración arbitraria. En la (aq:>QÓvwc. cte �do que. IV. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . El libro m. por ejemplo. Por lo demás. �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . Jacgcr­ . D . Eutidemo. 5. l J 13a l l. D. opuesta a la . Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. esp.178 no es extraña a la acción que dirige. denominada sophía o phr6nesis. consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría. �bt.. VI.. miente involuntariamente (VI.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y.axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr.' 1 8 1 . en la afirmación del carácter práctico de la prudencia. 1 1 1 l¡¡j 6). IV. veces. no por ello es una ciencia. que «rema pero no gobterna». f. 180.184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». ni por lo demás en la de su carácter intelectual. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. Mer afisica.o �1. 2 . 1 . Nic. ni mucho menos el de virtud-ciencia.'sJ 178. so­ VII. 5. la sabidur ía. t'tiJ. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación . 2. prectsa que tampoco hay elección sin .·al. Mansion. 20. sin hacer violencia al lenguaje. En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda.179 Por otra parte. Et. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. 1249b 13-15). todo el capítulo 13. 56 � ss.164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3. la arquitectura). Por el contrario. 185 ss. l l39a 23. 15. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. Nic. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S.t'Y)) t pues. 1246b 6.óyov xai< )�avol u� (111. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. 126a 32b 2). pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio .). nstotle's "ProtTeptricus">. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. stn dtspostc�ón mo �leccton . 184. 4 W. vr. 2.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. cf. 47bc. tl39b 4-5. pp. IV. 441 y passim. ÓQEXtLxós vuü. de la elecc10n. El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl.Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. 29. era ya indisolublemente teórica y práctica.

ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . V . . 1 1 39a 12-14. Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. 9. 13. 129a 1 1 ss: 5. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí. 5. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. 5. un saber moral por él mismo. tienen poca importancia para nuestro propósito. 134a 4. :mora (a:n:obeL!. Cf. La ruptura con el do. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. 1208a 10. . pero no hay nmgun . sino sólo del conocimiento cientí fico. las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual. en:tOtfÍ¡. que son.Lt. 2. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética.187 no del alma razonable.en el interior del alma razonable. el do­ minio propio de la acción. � <<hay una vutud del arte. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. el acento ya no será puesto . 1 139a 5-12. sino de una de sus partes: ague186. � ¡. H. VIl. Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. Nic. sino de la razón. 1246b 19-23. '88 Así. Eudemische Ethik und Meraphystk. 1. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis. Magna Moralta.. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. 11. en VI. se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. 147b 32. Vl. 2. VI. ovx. pues. para Aristóteles.. 1 140b 25-28.Q EOll. 644b 22-64)a 4. 8.186 Así pues.190 . IV. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto. en Ét..Lév é<rtLV CtQE"Ó]. sin embargo. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. VI. Port.·r¡!lovut v). Tópicos. 7. sobre la neutrahdad moral de la ciencia. 'tl'X. VI. 475e-480a. 34. sino otro género de conocimiento». ( 1 246b 35-36). 5. l. ¡. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. El �asgo más . _ : ? 193. 6. recuerda Aristóteles.. 10. que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. trata sobre lo contingente. a de la prudencia>>.¡.Ll'J. debería ser. Por el contrru"Io. Aristóteles no dis­ lla que. Reptíblica. 1stoteles. J26a 8 13.oyl�eo6o. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. 12..'9?. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . Nic.liberativa del alma . Aquí. 190. no se delibera sobre lo necesario. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros.. 'Ageti¡ yá.L. En la crítica del intelectualismo. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. 1 I39a 12. Repúblico. IV. es decir.L�): Ér. 192 VI.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. es decir. Ollim. von Arnim. la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes.::. Pl�tón. solamente mtelectual ( l l 40b 28). 1 196b 15-33. pero tambié n virtud moral. 5. más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento. 2. 189. 19 8. como pasa a menu­ (&Qe'ti)).. V . 19·1 188. 14. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. 1 1 4 l b 4 ss.. S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia. a diferencia de la parte científica (Emm. y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. sólo dice que esto no . ya sea esta acción moral o solamente técnica. de la Ética ¿Cuál es.Í>OEW� 187. pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. Aristóteles. es sinónimo de bien. 439d y l o s textos citados por Joacbim. p. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general. . Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. 136 1 1 . a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. 2. Ét. Nic. Se dirá que Platón. Aóyou ¡. en un pasaje célebre de la República.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. 191 Ét Nic. interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento. particularmente numerosas aquí. Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella. Ét. 1 J40b 22). ó.e"tó Magna Moralia I. 13. �ai.Lóvov). alló yévo� allo yv<. 138a 34b 2. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. pues. Eud.

medio apropiado. Cf. que no es sino la brusca eclosión de aquélla..óyo<.. como hemos visto. En revancha. Filebo. une la minucia y la inspiración. 1 I39b 16. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado. 194. cf.. La diánoi sigo misma (T eeteto. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. sino que afirma o niega 198.n¡ 9-10). 196. VI. 1. Así pues. 1226b 25. Sólo en estos pasajes. 1 143a 25b 6. Sofista.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación. 1 196b 27.) son voluntadas (bt-OVOLCl).. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. Resumimos aquí este último pasaje.: asimila ÓQEXtL?Ú><. l l 39a l .Ó<. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. 1143a 28.a. entre la discusión y la intuición. 13. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. 189e. 433b 3. no es entre la diánoia y el noús. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. VI. 7. Pero si se entiende por vo'Üt. VI. tenga m. 6Lávmo. anima. y &távma de manera equivalente casi siempre.Óv). Cf. pero deliberar lentamente» (VI. Eud. ITT. Sobre esta expresión. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado. pp. si no es en la captación un f de lo particular. Mientras que sición a su aspecto intuitivo. De 1 O. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<. expresado por términos de vo'Ü<.. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. lugar oportuno. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. 38ce). no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque. 1 1 12a 16. por opo­ vo'Ü<. l l l l b btá. 35.) que lo demostTable ni sobre su principio. ¿en dónde se detendría. III. 27. de una manera general. 2. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<... 2. cf. Ét. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. l. la captación inmediata de los principios de la demostración. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». a es el diálogo interior del alma con­ 197. n.20' ahora bien. l098a 5. Vl. ocasión favorable y. Aristóteles da a técnico: así en VI. . 1 J40b 26. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). Nic.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo.. y OQE�LS Otavorp:txJí.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. 3.194 deliberativa <Bou/. 1 142b 4). 6. Dirl­ distinguida de la meier. República. Ét. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. A la vez hombre de pensamiento y de acción. 1142b 6-15. vór¡ OL<. 203. VI. la opinión.. 263e. la cual no sólo duda. 195. Ét. <irtagov).at�<.196 puesto que. cuya conclusión es la dóxa. el eco de polémicas internas de la Academia. l l96b 16. 204. 5. lO. Magna M01·alia. Nic. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente.. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200... VI. logismós. como todas las cosas. donde la y de la Oól. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella. Et.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). 33. 5 1 ! d. y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. I. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues.2M Si se entiende por vo'Üt. JO. que emplea los /. Las decisiones bruscas (tu el. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. Magna Moralia. voii. 205. 327-328. II. cf. I IORh w encuentra en 10. 1 1 40b 34 SS. VI.. 4. 5. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia. 1 1 03a 3-7. ·202. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf. Ill. Cf.LQEtL?<. lO. 12. I. 201. 6. 4. Cf. Aquí todavía. según los diferentes momentos de su operación.� 199. 35. cf.

. Eud. vr. vou¡. VI.). 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. más allá de la Academia y del propio Platón. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio».óyo'U. 976bc. Platón. pp. 1143b 9-lO: (iu) Y. Cf. n. 207. es meritoria.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma.'Y). VI.208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios.l�).a. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que. 208. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif. 1. pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores». Tricot (en VI. La filosofía es laboriosa.). El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad.óyov 8 UQXYJ o'Ü A. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV. en el sentido corr iente del término (es de­ cir. 1248a 27: A. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante. 508. pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. a la significación popular de estos términos. se pierde de vista su valor moral. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes. Cf.0. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico.s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas». Ahora bien. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular.ZC. <pQÓV'YJ O"L�. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. Cf. En realidad.óy�)». y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios. Cf. 89b 10-15).óyo¡. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. supra. como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos.oyrxó¡.213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt. r no está aislada 1:11 AriStóteles.. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas. Finalmente. ya sea Ulises o Pericles. que. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular.. 209. J 142b 2-6. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. 6. VI. en 206. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. 151. 12. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J.Ei eivm re (ln:c�. 1 143b 6 ss.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. 212.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi.207 Pero. que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar. haciendo (yvW¡. reducido a sus demostraciones.. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. Vli.at qYuOLxa (ioY.. es decir.at <iQx� 'X<tt téA. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?.211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría.t'Y)) "tÉXVJ]. Ahora bien. l250a 30-39. 21 O. 4. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. 2 1 1 . Evoo'UA.ta parecía referirse a debates internos de la Academia.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡. p. 12. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos. Segl'n la expresión de J. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal. cf. En relación con el estudio de la phrónesis.. p. como veremos. .. l a tra­ dición aportaba al segundo. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí.a<. la virtud moral). La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. pue. voi.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA. 14. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia. particular.l�. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar.la. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A. 298 y 302). Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. 137. Ét. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza. igen de la re­ 213. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos.: (ito x. en una especie de apéndice. lO y J I ... ¡¡tv oMd�).t'Y) ). exactamente como para la phrónesis. 413d. antes que al sabio o al filósofo. por lo tanto.

sobre un Saber trascen­ dente. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal. ni sobre nada de lo que deviene. 223. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. Cf. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)».tl') yv<Í>¡. Por -rwv ytyvoJ.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo. 1 143a 8-10. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». etc. que puede ser violencia..>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. &eLvós.t. pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. lntelectualismo todavía. V. es decir. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab). Al rigor de la ciencia.t. óQei] 6'lí . 219 ahora bien. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular.» 223 Así.: malignus. no imponerle la justicia demasiado radical de los números. ' H M ouyy<Í>¡. pues.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. Segunda parte. cf. tener pen­ samientos humanos.T}. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. Sobre esta oposición. es decir. 1 143a 4-6. el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. cuyo origen está en Pintón. 22l.>¡.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�). viviendo en un mundo impreciso. L § 2. inocente. a lo geométrico. de comprender. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles.t. siendo hombre. 1 143a 2-4.»221 República yv<Í. (EXELV yv<Í.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien.e.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español. la de necedad a la de inocencia (cf.2'6 más aún. es. En el Cratilo. 218. el mismo dominio que la prudencia (es decir. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles. En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental.>JA. 222. es. Más aún. no son objeto de la mívecns.>¡. la indulgencia (<JUyyv<Í. El hombre del juicio. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral.>¡. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que.>¡. 165. 19b. p. necio. Cf.t. sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. siendo sensible y singular uno mismo. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í.r¡v). como una especie de la phrónesis. VI.t.).tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. 4 1 1 ad. 476d. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal. l84. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. n. lo equitativo opone la indulgencia del juicio. «La prueba es -dice Aristóteles. cap. 215. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia. <JUyyv<Í. Cl·atilo. 214 y en la Filebo.oüs 6Qei¡. lo sensible bajo lo inteligible. Ahora El hombre de (Euyv<Í. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. siendo mortal. 219. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración. de reconocer sus límites. queriendo ser rigurosa.l:L'X. no se libra de su deber de juzgar. e'IJa-ÚV€1:0�).) e inversamente. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X. en tanto que físicas. Tiene. 1 143a 20. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv).i¡ ).r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero.r¡. y ya en griego eúr'¡9f)<. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica. ni siquiera la del físico.). alidades físicas 217. una determinación intelectual y un predicado moral. 220.tivwv hay que entender las re que. 1 143a 2 1 -22.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. lo que es lo mismo. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual. 1 1 . por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. 216. Así.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). !bi d. El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando. cuando este juicio es recto.

Aristóteles hace revivir. 1 ) apunta que. y a en la filosofía presocrática. . cf. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. fr. Al devolverle su sentido arcaico. B.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. T eeteto. sino por sus límites. que Aristóteles no yvw<YL(_. 177. pero humano también por su atención al hombre.tYJ.. de formación más reciente. remite a He­ ráclito. en que se resume los lfmites. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. cf. 6. 3 1 SS. está nal le había reconocido siempre un valor moral. 1 93d). quizá involuntariamente.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. humano por sus límites. fr. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica.t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano. p. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens.tYJ. a diferencia de yv<Í>¡. pp.. n. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. la vieja sabiduría griega de 224. Filolao. Platón. 38. 56. yvwat�. tiene una «significación puramente teórica» (p. ibid.

y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación.l. cpQÓVL�tO<. l. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo. vv. Die Entdeckung des .-. sino en la phrónesis de la tradición. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica. o<. Hüffmeicr. etc. ci)cpQWV. tav &' E¡. Él. X. 29. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. ARISTÓTELES. q>i. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. a completar ahora con F.Ocpgwv. 464-465. 109. lll Pí1ica. sobre todo. B.La. PíNDARO. Sin duda. 89 (1961). cpQOYtLtcLV. vouc. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif. Hermes. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum». y. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. pp.. Philosophische Untersuchungen. Nic.:at &Oavati.1 10. 1 177b 33.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión... como hemos apuntado. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos).taxaváv.M:t 'ljruxá. pp. al verbo cpgovEí:V. 7. 'E<p' ocrov tv&éxe-.el ¡. 1924.M�. Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta.ew. �tov &eávatov o:rccii&e. etc.¡:rtQaxtov <'ivt:A.. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. Berlín.

426-429. Según Onians. etc. p. atQEhJOL�. cf. por lo que concierne a <pQOVei:v. 5.Ó�). cpQÓVY)OL�. Rhein.. Cambridge. <<Sur Class. Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. l009b 12 ss. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. 18 ( 1929). 108. juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón. deux . en el poema de Parménides. «Noiís. 16. o al menos cómo. 396 /bid. <pQÓVllOLS no designa una cualidad. Onians. Diels).). <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo.E. sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. r. B. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. . 427a 21-29. Aspek l e homerischer P s ychologie. 5. tesis doctoral. p. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. Que hayan tenido primero un significado concreto. 49 (1929). A. l009b 12. Museum.). cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». que no eran precisamente «empiristas». Time and Fate. 223-242. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. Tubinga.G. etc.. Odi­ sea. 19). Philology. Anaxágoras. E. art. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer».. T. derivado de <pQéve�. en breve. 77 (1957). 23-43). L Webster. Munich. tesis doctoral. 1 O. 4. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. Pero Festugicre pone en duda con r. 38 (1943). Se encontrarán algunas indicaciones en M. TIT. de Parménides (fr.10 6. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. cit. que hacían de cpgovei:v. pp. Empédo­ cles. Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. m. PlambOck. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. y 113 ss. K. 8uJA. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». un pensamiento intelectual in­ cluso. «Das Lehrgedicht des Parmenides». 8. varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. Hof fmann. esta vez en sentido positivo. pp. pp. n. 2. 54-57). por oposición a voetv. Berliner philologischer W ocltenschrift. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones.ón este «primitivismo» de Homero (art. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. 8uJA. Sin embargo. Loew. cf.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides. p. cit. en último término J. 19553. qJQOVeí:v designa la ob­ servación.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. 34). pp. 401. the World. p. Die etische T ermirwlogie bei Homer. Festugiere.. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. 244). tesis doctoral. Siguiendo Metafísica. Kiel.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual.5 Dicho esto. 396. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B.l.actos o cualidades de pensamienro. from the Beginnings to Pannenides>>. el pensamiento empír ico. Se admitía generalmente: el diafragma. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. B. Bollack. nota cap. en especial <pQÉves.. pp. 163. 396-406. the Mind. los términos <pQOVeLV. 1914 (esp. 56 (1953). función m p. hay que preguntarse por qué. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. voü�. Teofrasto.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. la 7. mientras Geistes.del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. como lodos los substantivos en -me. The Origin o f European Thought about the Body. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. de estos términos (por ejemplo.).. 1959 (sobre cpeovetv. 3. Kumsemüller. Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. Así. pp. <pQOvetv. para la interpretación de este fragmento cf. pp. y. lo (Die Entdeckung. pecie de olfato sensible. Class. • • que otros términos. (resumido por Onians. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. que designa el diafragma o Jos pulmones. que <pQÉves significa siem pre pulmones. 149-154. por extensión. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. R. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. vou�. G. cf. pp. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. 401403).. Philology. Diels. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. Fesrugiere. cpQÓVY)OL�.Ó�. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz. Metaft sica. y la sensación. 103 ss. Conviene en efecto subrayar que. Jounwl o f Hel/enic Swdies. intelectual y práctica. pp.. La phrónesis es un pensamiento.tZ. 1951 (sobre <pQÉVES. Hamburgo. De anima. 3. 1935. § 10 (a propósito de Empédocles). 79-125. 9. han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. y también del pensamiento. se ha podido observar7 que. entendido inicialmente equilibrio. J. Ylll). 40 (1945). De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. .4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. aun cuando límite. p. O. von Fritz.

En un fragmento restituido a Heráclito por K. VI. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). En la jerarquía de las func10n� . en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. 1 1 6. que él es el que reúne. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . 1. 981b 25 ss. es el de los médicos hipocráticos). Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. corno veremos. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. al tiempo que poco después Anaxágoras. apodera de los atridas (Electra. 2. v. cf. 56-71) y de Homero (llí ada. 110." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan.se.¡góvq. memoria» (en . Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. 9 en do mclut d10. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal. y evidentemente muy por debajO . 1\.. 5. . 16.wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito. p. 29. A. a 753 2. 6eóv. Todo lo más Heráclito. Pero cuand .. 7. p. anim.m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. Reinhardt. 404a 29-30). 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡). phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. Ramnoux.to�) que los otros seres. en un lógos que les sobre­ pasa.. R. Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. fragments de Parménide». De anima. 'tOV 'E�tJteboY. que no quiere decir que todos los hombres piensen. en lugar de captar lo que reúne ("to l.. B. 30. Cf.). Pero si nos remitimos al contexto. el Estagirita no dudará e� pre1a. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido. Diels. 64 y la traducción del pasaje por C. en Empédocles: cf. o más bien 'tO q. ill.avm).180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis. 488b 15. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. Diels. no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. 698). sino el sujeto dotado de phrónesis. Fr. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. el fr. Rev. 68-71).asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r. 1 1. sino que el pensamiento es el mismo para todos.. 1 . extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa. 12. pp. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta).. que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. por debajo de la experiencia (EI. 9. no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? . 1\. . sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31.uvóv). sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. 1 074b 22 ss.los delirantes (n. De anima.J-ei: ye xa� Ó. 1960. 70 (1957). 618a 14. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. 77 ermlichtnis der Antike. Philos. Hist.les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡. anim. ( 1 942) pp. 1 14la 27. 9?e en el leng�aje de tual.tov_. Gen. 13. 614b �8. 1. absoluto (sentido platónico).qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable. inación (<pavtaota) Y !a. s cogmuvas la 17. Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos. ca. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. espec que esis. Leipzig. 1. 25.lÓaÍ.13. Él. si bien en oro a:n. El coro . 1. mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. [)(. Según O. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». Nic. 980b 22.E.5 Por el contrario. . quieran o no. Gotinga. 4.G. fr. 1058). 10. Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots. 2. divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. ca. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. r. Hermes. 196'1 . 1. puesto qu�. mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil).vEL &' Metaftsica.tm.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. 106). lOOOb 3 ss. pp. 1935. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc..•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis. phrónesis. . cf. ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. JO ss. al . 16)._. Metafísica. fr. 1 ss. «como si -comenta Aristóteles. de la cual Aristóteles . XXffi.

pp. 69 ss. o. 1 12. Es lo el uso de la vida.govetv la agEtrt f. 42. 7. que se sabe y se quiere humano. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar.). el gobierno aristocrático. cf. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . 1941 (en holandés). Deflatibus. Die Griechische Tragodie l.. Es una determinación intelec­ tual. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ.2' No está prohibido. Hüffmeister. 372.23 sino de un modo más general en 60. Así. 10-374. Pohleoz. Stark. 22. 81-1 O l. tesis doctoral.govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. VI. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen. y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. 179. 20. que. 53 y o. Kollman�. cap. entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. caps. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. 430e). FaJe. en medio de las desgracias. 74) y Heráclito hada del owq. M.tla (República. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. Demócrito dice que es «grande.. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. de phrónesis: la phrónesis es el saber.22 fórmula que. los demá s hombres y los dioses. vida pública. pero huma­ no. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique». Sobre este término.Lvw8m).. 14.. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro. la deonto­ logía. !bid. 24. Cratilo.. Utrecht. 13. 386. Fraenkel. que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA. un gobierno de reputación «moderada». Platón. Mnemosyne. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. «Sophro­ syne». pp. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. 12-34. la des­ ('ÜÓQL�).owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. 13-14 (cf. cf.'8 Se comprende. p. del Grande.27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-.go<rÚVl'f ha acabado por designar.L�L� (fr. IV. 59 (1941). El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. 23. si es verdad que ya un pleonasmo y. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. en no intentar rivalizar con los dioses. de moderación. y una calificación moral. teSts doctoral. Gotinga (Jahrbuch plrilos. 1 1 ' Littré.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. En el ámbito político oroq.EL "ti)v cpQÓVTJOLV. F. Aristóteles. también en tanto que atributo del hombre. Fr. en este sentido.). M. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien. 26. Hybris. PP· 18�. A. p. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico.. Fedro. l J ( 1943). l .. 1 1 1 7 b 25). cit. 411e. especialmen­ La liberté grecque. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf. G. tlrt.24 actitud del hombre en relación a sí mismo. Weitlich. Nic. 27. 1947. La li�erté : grecque. pp. fueron cristalizando progresivamente en la noción. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»). Ét. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». vida privada. 253d. 5). Pohlenz. 45. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. Nápoles. Cf.a. pp.t. 2 0 . q. 35 (Hüffmeister. en un sentido amplio. M. Sobre esta noción en Aristóteles. es el pensamiento. De vicm (llegt 5uxít'Y)!. 160bc. . WienerStudien. te en Tucídides (cf. 270 ss. 5. cap. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. orocpQOOÚVTJ OCJ)t. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. de Vries. cf. el estudio de R. 21. 25. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. 19. La «modera­ ción».:r) ). oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY). donde C. 64). Got inga.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis. Diels. a propósito de la epilepsia: De morbo sacro. Hybns. pensar como conviene tal. 1 140b 12.. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre.eovesla). de entrada bastante vaga. p. p. p. si bien es etimológica. Hüff­ cf. 64-86. D1els?. 1922). ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. pues. Vlli. sición médica entre meier. 64. supra. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. estos temas. J. 388. pero limi ado t y consciente de sus límites. J. en todo caso. 17. cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. . será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia.

da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡.o). actuar como es debido (�o·uA.. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. la teorfa aris­ 30. l056. Cf. Electra.V). tÚ yó. (cltl.29 En tico. 36. 35. ábrelo: no encontrarás en él más que vacío». instruido por la experiencia. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. 33. el régimen de la inteligencia.Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. Simplemente. su presunción. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto. <l)Qóvr¡crtc.m OLJtAÜ». A. trad. la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas.óOVALO. pero. fr. en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. xat &cpeooúvr¡ (De victu. 707-709. totélica de los «monsttuos».V � ¡.). encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia. 725. 429 (&. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara.aLm en Aristóteles. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). prudencia (q¡Qov�o€L).wc. cap. Diels). Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien.t<UQO..trJ) innata.trJ). 193. 754-755 (<pQEvwv xevóc. cf. 890 (cpQOVOUOO. avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí. 1269 (buoóouA. 557.. Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». 31. . e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. id.tóvo�) . más opti­ hablar sin faltas.31 28. o.Q e[Qrp. sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�). comienz. supra. puesto que la realidad no inclina en este sentido.vve-coc.). su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. Cf. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles. a pesar de mi juventud. La pruden­ cia es. rechazo del compromiso. Pero phroneín. en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>. n. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. 117-1 18.LO. y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos. etc. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<. el pensamiento sano. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. Sófocles. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. suele desig­ nar. pp. de Mazon. Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. !bid. en su defecto. y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf. o en el sentido afectivo de disposiciones. tomado absolutamente. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. 562 (ávouc. '\jmxfjc.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. 1026 (MouA. 119). «la razón y la sinrazón del alma>>. el coro.eúeoflm xaA. reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. por el contrario. pues raramente el ojo perspicaz bí. de saber.). también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. el discernimiento correcto de lo conveniente. 1242 (MovA. Hemón. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. 372e) y. fr. 29.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr. se podría decir.tm). el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse. 34.y yo a otros».Ú¡.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡.30 Todos estos temas. .m ta: 28 el viaje fa­ vorable. opuesto al Estado sano según Platón <<forma». lbíd.io. la cura. que pueden ser buenas o malas. Ciertamente. 32.éyeLV Uf.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. Electra.o�). en lo más duro de sus peleas. 2. de modo general. Anrígona. . 398. 1054 (ÚVOL<l). afectivo y moral.34 Antígona misma es más sensata. declaro que a mis ojos no hay mi.).. explicados por una proliferación no controlada por la (República. Anttgona. en un sentido indisolublemente intelectual. 35. que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. En otro lugar expresa su concepción. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia).

simbolizada aquí por Creon­ te. fr. /bid. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación.37 Así. un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre. 2.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . l l42a 3-6). venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda. citado por Ar istóteles (Ét. y parece que 38. el rebelde puede tener también buenas razones). Nic. sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo. seguido inmediatamente por el coro. 9.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. 71 9-723.tTt -cÉA. 42. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios. 1334-1335. la bwnríf. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. este uso de soph6s. 37.ax. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles.i:6o. . . !bid.186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A.42 Ciertamente.39 Hacer lo mejor en cada momento. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. Ciertamente. habría que inclinarse ante ellos. Cf. no 40. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas.. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos). puede ser generalizado en la literatura trágica. pero todavía incapaz de situar su lugar exacto. si hubiera hombres que tienen ciencia. A.I. El presente espera actos.. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-. Al final de la tragedia. /bid. que no sólo están vacías. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. sino que son peligrosas.to. VI. Medea. es cruelmente desprov isto. las «gentes fuera de lo común». En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto. preocuparse de las consecuencias previsibles. Creonte. 39. de­ (n:o. que se aprende con la edad y por la experiencia. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica. apela a la muerte de sus deseos.4' que. el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol. ese «gran descubridor de enigmas».38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !». a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. 787.ún ). pero también dejar a los dioses lo imprevisible. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. heredero suyo. la tragedia lo llamaba phrone!n. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. que no saca conclusiones precipitadas. aunque inconsciente). 3 16-317. 9. �l. 294-295. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. 1347-1353.� 1ttQWa&� ex.eoem aocpoú�)». que se detienen ante las puertas de la muerte. haber traspasado los po­ deres del hombre. Nauck).t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia.T] A.cyóvt:wv xo. 782.Ov 'tO ¡. se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo.. y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto. E l crimen de Creonte. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión.' aVrlQ). sino. La yvW¡. la paciencia y la seriedad de la experiencia. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». lo que constituye su «desmesura». al de­ negar la sepultura a su adversario muerto.6L6á. limitándose.'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux.A. el juicio -esa de la suerte. Edipo Rey. 1074b 32).. como hemos visto. consciente de la enormidad de su crimen. que reconoce que lo racional (aquí. Hemón opone.v9ávcLV)». al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡.

etc. 1 . 36 (1940). Rev. m. Cf. Jenofonte. 1 . Cf. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�. xgatEi:v). Ravaisson. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. 2. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. Burdeos. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>). fr. de la templanza. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav). [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». 164c ss. «Contrefavon de la sagesse». Pitaco.). Dirlmeier. Jankélévitch. La construcrion de l'idéalisme platonicien. § 92-107. y art. 7b 13). que es que eres mortal y no un dios. Fr. l l4la 917. Cf. 50. 7. Piaron gegen Sokrates. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. 42). ocautóv.yána)».yav). Moreau. 46. de la sabidu­ ría de los límites. en Les sciences et la sagesse.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada.. que ha sido conservada por Estobeo. 6. y algo bien diferente: conoce tu alcance. 1 . de maest ría. la preo­ cupación cauta por el azar. 10. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov).>QEVÍ.>QÓVf)<JLV &. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles. Pililos. 290. Introducción. Hens. pp. Diels. Platón. IV. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. Estobeo. 1. J. dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). que es la sabiduría popular. esp. sin duda.-M. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. 193-201. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. Horneffer. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. 16lb. L. 172 SS. 2. 25-26.5° Platón no dice otra que hace Platón. no eran nuevas. En la lista debida a Demetrio de Falera. 1 . . cit. Nic.eo. 44. conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). Moreau.• ed. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc.45 a menudo retomado por los ancianos del coro.4S En tantes del espúitu griego. (1961). a rehuir la desmesura>>). y segtín otra fuente en Solón (fr.. de la prudencia. F. debes saber \ 1 <Jú>q.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ.). Tim.47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. fr. yvroflL aatnóv. pp. Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. hasta Sócrates e incluso Platón. etc. que es limitado. 47. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. 7). niás que esto. Schuhl. 89-90. en el Cármides. esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. 3 (Cleóbulo. pp. 1950. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica. p. Platone. domina el placer ({¡oovf¡c. 1049. j t. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. p. VI. nos recuerda. 1909l. 48. oa-w. V o rsokratiker. «Sagesse». Bí as. E. 45. 49. ama la prudencia (q.188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O. p.) al ideal dorio del héroe. Memorabilia. 13. 61 (33) Sandys (= Peones. Quitón. a propósito de Cármides. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite. lt(l�Oelav. 1 0 y 13. Solón. Diehl). V. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida.>QOO"ÚVYJ.46 43. Antí gona. F. es decir.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. Alcibía­ des.gwmv). por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). 1. p. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. ·a pesar del contrasentido que O. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet. Stefanini. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L). L'ironie ou la bonne conscience. xmgov oga. según parece. nota publicada por P. del conocimi ento de sí mismo. cuyo común denominador era. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>. Cf... Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. 4. 189 de Aristóteles. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa. 133bd. Archiv für Religionswissenscha J. Cármides. por el contrario. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco. en buena parte legenda­ rias. 8992 (cf.

En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. la tonalidad restrictiva de la fórmula. esta filiación. 91 (1942). Cf. la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. sea a atenuar. Es verdad que la prudencia griega. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. citada dos veces por Aristóteles. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. Antífanes. Pues desconocen. xai. 112-113: Festugiere. V. sino positivo. 760-761. cf. ey<Í>.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). fr. Coloquios.ss Fórmulas como 5 1 . Rheinisches Mu­ seum. J. ll. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. des­ de la Antigüedad. w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo. 821 a. Hem1es. 988ab. Heautontimoroumenos. pp. Terenc io. 7. Retórica. Lieja. los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. sino también de inter­ pretaciones divergentes. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav. 58. La liberté grecque. Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. f. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible. ya que es hombre. Fr. su alcance. 13r. no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. . un verso de Sófocles (fr. Nauck.1 1 1 . que prutc¡ . 57.51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre. 1. sino conocer la propia invcncibilidad (cf. fr. en particular de los astros. tanto una como otra. .. p. 531. . la signifi. 316) (EL 6VrJ1:0<.(Í yQa�ti. pp. Pearson (x. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). Cf.54 En la Retórica. Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios». Dérenne. 1 1 0 . Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. Jaeger. Cf. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva).Hl't<Í cpf]OLV xai. Pascal. 59. Cármides. el. Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. .53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. «Co­ nozcamos nuestro alcance».ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa).56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. Esta revolución. E.ti. p. 799. �éAl:LO'tE 0v111:Ó. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos. en la Crítica de lc1 razón práctica. Platón.ra). Moreau. 395. toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido. Kant. tener pensamientos humanos. Alcestes. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in. To yÓ. que tendían sea a exagerar. 1394b 24-25 (Epicarmo. n. también fr. T raquinitUUlS. Cf. 1040. cuyo detalle es controvertido. 2 1 . 18. 427 ss . preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio. pp. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». 475. 1 1 1 1 52. Bacantes. (111 tv siecle. Eurípides. aunque en otro sentido. . cf. fr. fr. Es la fórmula. Aristoteles. y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas. y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. 77.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X. 78 (1943). l l 77b 26-31). 206-209. . 1930. Cf. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV.cación literal de la ex56. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. p. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir. VI. «Nichts menschUches ist mir fremd>>. 24). 353. del mundo y de los dioses. Bickel. 20: . 186-191. Pearson).ov q>QOVcLV. 99. Domseiff. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. L'lime du monde de Platon aux sroiciens. 27). donde será desterra­ do todo pudor. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . Para interpretar el sentido. 53. 346. quizá estoica.. Flor. 54. y no de un juez insensi­ ble». se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)).aA. Sobre (111 6va1:Ó. 164de: <P r¡ ¡.58 A la inversa. Diels). En este sentido. 590.. En el libro X de la Ética a Nic6maco. Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». vrr. qJQÓVEl). se puede comparar con Píndaro. 72. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov). EpÍ FIOIIUS. Áyax. pp. 168. «Menanders Urwort der Humanitat». sino pien­ sa todo lo que es humano».Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. Kock (Estobeo. &v6Q<. fr. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar.rrmicas.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas.en un sentido no ya restrictivo. 1. Nauck. 55. objeto no sólo de cr íticas. E. Le Dieu CosJTÚque.. 289. 20. Pohlenz. Leyes. Koerte. co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega.

Séneca. es decir. G. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). Es cierto. 60. desde ese mo­ mento.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. 67.. igual el hombre que el mundo o los dioses. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. 7. op. etc. fr.á. Desde Parménides. por ejemplo.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto.. art. 65. por el contrario. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. entonces toda la Sin embargo. de una cierta manera. por en­ 64. a «inmortaJizamos humanamente».66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses.a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. heredando av9g<. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. 14 W. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. 66. en todo caso. 739. 707). Hüffmeier. Cf.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma. cf.6avatt�e�v). VII. fr.. fr. a la primera actitud. 1 L77b 33.63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». Diels. si bien por vías diversas. fr. sino a toda la filosofía en general. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. Ciertamente. 4).67 Y si Sócrates.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». vv. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. el phronefn es moralmente neutro. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei. 1 .60 a sí. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. 9. <Uaeá. por ello. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. si Aristóteles toma prestada la tradición. más sofista en esto que filósofo. Se ve. q¡lA.Ómva <JlQOVELV. mediante el pen­ samiento. Diels. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. 1. todos los filósofos se propusieron. 30). La oposi­ 8vrp:a O av0g<.U el término que se especializ ará en este sentido. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. Asf es como. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que . abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. Nauck: el orgullo. en varias fórmulas que hemos citado. también el Ps. En el Ética a Nicómaco. 1. 82. 4. tal corno los dioses deben poseerlo. y 1 1 3 ss. pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. J-4.esis 8vrp. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. F. Cuestiones 62. .aL. cima del cual se eleva el clito. es decir. Phronetn significa: estar dispuesto. 14 R. sino «estar en disposición benevolente». Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa.-[sócrates. elevarse por encima de los pensamientos mortales. les parte de la 60. PlembOck. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo. que el tér­ mino phrónesis. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó. 216).192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión. a filósofo. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición). Así Empédocles. p. sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. El desprecio del pensamiento vulgar. &. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. Cf. § 32. 30. y el acusativo n. 103 ss. <pQÓvr¡ot�.-. v. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera.61 y se puede pensar sobrehumanamente. el comienzo del poema de Parménides. Cf. 6. X. es un Jugar común en los presocráticos. 61. cit. A Dem6ni cos. Empédocles. Cf. pp. v. enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que. Parménides. Sobre este uso en los Hipocráticos. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. «pero la humana en los trágicos. es decir. xa.vOgcómva <pgovei:v.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe.at. vv. sino el de toda filosofía. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. Igualmente. 3-4. ¿Llamaremos phrón. fr. inhumanamente. Aristóte­ naturales. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que. Diels. de una manera apropiada al hombre. cit. 2. en un texto de juventud que nos transmite Séneca.

sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. 1833. passim. p. no constitutivo. Si tomamos en serio esta restricción. pp. y en el que se nos invita a «inmortalizamos». 247a. XIII. J. 1 177b 26). 2. 72. cit. . v.trJV.. Allan. pp. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr. es capaz».. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. en efecto.. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. 1 12.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo. sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. Introducción.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. 1t(I)A8Ü¡. A. 1. p. que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. citado ames. puesto que XIV. es decir. cf.. VIrtudes). repitámoslo una vez más. X. el «pecado original» de la hybris. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. 48). de «busca(")>. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. La filosofía. grados en la servidumbre y Aristóteles dir. Revue Pllilosophique de Louvain. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. . 983a 2. Diels). es su principio regulador. pp. Ciertamente. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. 22b SS. y . 2 (Sobre las 71. Cf. De tantas ma­ ner a. ovxé'tt 0Vr)'t0\. 14.b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr.toí. 3 1 6- .. n. Ir.tUL lose Sclwld.. y que corresponde sólo -o. t d'apres Aristo­ Cf. cf. 213214. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles). pp. 317). Demócrito era sin duda más modesto.. «los poetas son grandes mentirosos». Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov. como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. tona. por lo demás. según l a expre­ sión de Aristóteles. tender a imitar a Dios.LXW'tEQOL . 87-88. pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. Mansion. a en Platón (Fedro. 122-123.formation de la pemée grecque. cf. según Si­ � móntdes. la naturaleza del hombre es esclavan que. Platón justifica con ello V. contrariamente al viej? prccept?. Para la posteridad de este pasaje. 4-5. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. Ión. 89. Essai Sttr la . «Adela» (véase p. sentido limitativo de (fr. Schuhl. Apología. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. Hay. 111. que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru.V Oeo� Ü¡.75 y. 982b 28-983a l.71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic. Diels). no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios». Pero. (cf. 73. xatá xeeinrov � 3 1 7). Meta f ísica. 1285a 20).wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. de pesar a istóteles. p. tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. T . pero invitaba a todos los hombres. Ale­ �Ux al. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. 983a 3-10. . S1 . Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. Plotino l. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). y no sólo a sf mismo.• cd. por consiguiente. por cuanto «meafísico>>. 20d. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid. Nic.tOQO'tO�. parece». será el tema de uno de los esbozos dra­ . 34. significa que debemos tender a la inmortalidad. 69. en el célebre pasaje que hemos citado antes. A. 7. pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». 76.a). eeteto 176c.-M. no es sin dudas ni sin reservas. sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es.. 77. A.T)) la posesión de l a filosofía. principalmente.ional de la 1ilosofía. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». 74. Berlín Metafísica. Aristóteles añade: ecp' como sea posible. . 2. Philosophy o fAr istotle. corrige.74 Ciertamente. ciertameme.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. esp.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. 274.ÓAL<Jta. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. 444-472. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. está tamb1én en el origen del método experimental. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid.a Dios poseerla. pp. la Ó¡. !J. Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo. 1 89.wm� f :k([>. Se ha pod1do. 75. a la mversa. D1els). «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. 1 ) .l en otra pane fondo común. 70. Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. Ét. t de servidumbre. Plotino por retomada será y 29e) Timeo. 5 1 ( 1953). el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. la más divi­ na de todas.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza. 68. 6). D. P .vf] crocpí. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno.

tradicional en su forma. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. incluso si no es más que infinitesimal. de entrada. El filósofo. l ll7b 15-16. que está toda entera presente en Dios. 1imeo. cf. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja.82 78. Empédocles. lo divino y lo sublunar. EV€<J'tLV»). ooov Of.. 3. «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. pero sólo «tanto como pueden». del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y.. pero siempre presente: escrúpulo residual.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac. La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. VI. . 8. en toda la lilosoffa griega. 982a 9. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. 12. Coloquios. 00� ecpLX'tÓV. 6E]ILtÓV. . o bien el.ll'JOÉ .v a9avaoí. límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad.. Srrom. J 1 78b 26-27. 383c.196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV). que separa al hombre de Dios.teQÍ. su acción y su trabajo. ill. en su nivel propio. pero que podría indisponer a los dioses. 79. 613a: T eereto. es radical. vv. xaTa 1:0 �uvcrt6v. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible. OQúlQEV). cf. €cpá1t'te'tat). Así. 83. 8 1 . fr. ll. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. y creerlo seria desmesura. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía.79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . 82. A. Ciertamente estos límites son imprecisos.óv. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . dice al Metafísica.tfj'tL.!OLWJ. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad.78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional. Nic.• En todos estos casos. a su cumplimiento»). cosmológica­ mente circunscrito. Leyes. . ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). circunscrito a un círculo más esttecho. Pero. . . una imitación del acto divino. 2. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente. ecp. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza. Jsago�?en. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. desde el final del siglo v. Aristóteles lo reencuentra. en especial políticos. en Clemente de Alejandría. como mayor razón. en cuanto está permitido sin sacrilegio). .83 Pero esta restxiccíón. 415a 29. 2. Amonio dará.. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. 00<. n. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. pero ineli­ minable. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». Plotino. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible». Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». pero. en un nivel inferior.a. Ét. Rose) a su amigo Hermías. Cf. esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr.a 1:0 �uva. tmim. son sino Límites del hombre y.oi:p>). [. 12. exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n. 415b 5. IV. casi de la misma forma. el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada. De anima II. 11. 501bc. fr. a quien él habla dedicado un himno. U. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV.OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. entre otras definiciones de la filosofía. 6-7. m.. 645. 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad. Epicteto. X. que expresa la distancia infinita. República. v.. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp.80 Igualmente. 8.. v.. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. que se da por verdadera. lo necesario.8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. xa. sabe que la separación entre Dios y el hombre. 1 s� Busse). . es decir.rf. !bid. sublunares de la inmortalidad. etc. ooov E:v iwi. 14. X. 500cd. 7. Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. 1 . Platón. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está. CS decir. 4. 1máQXEL)». 4. Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. choca de frente con Jos límites de. . . Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps. E<J'tLV ecpr¡¡.. 0 razones de «prudencia». 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. Lo mejor. y ible. pero no basta quererlo para superarlo.tov dneiv. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). Meta!f sica. xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. Gen. . tcp' 4> 9' ócr tr¡. del mismo modo que. más generalmente. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. Po­ sidonio. toma un sentido específicamente aristotélico..

que dto a este problema y que denominó prudencia. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. devuelto a las tareas reales. por lo demás. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. este «dios mortal». de un modo más general. de ambiciones desmesuradas. intelectualismo de los no 84. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. improvisada y sin principios. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). Así pues. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». vtctona so­ bre el azar. está presente en toda la obra de Aristóteles. no ción de un solo Motor. . el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. de la aproximación. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. pues. En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. La acción sobre el azar. Le probl?!me de /'erre. esp. Fr. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo.en la distancia que la separaba de este ideal. lOe.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. ni del mundo mismo. es decir. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». passim. con la metafísica de Aristóteles. No volveremos sobre la solución. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. el azru· amenazador en indeterminación propicia. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. es decir. y el A péndice de la presente obra. Rose. Le probleme de l'etre. pp. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. si el éxito no era sinónimo de acción buena. es decir. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. p. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. no debía ser. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. def�ctuosa sin dud�. 87. es decir. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. Si fue moderno. utilizán­ dola contm ella misma. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. ésta no puede aplicarse. es decir lograda. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. 61. 6-8. la moral de más que por L. 506-507. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. 93. sino que juega astutamente con la contingencia. Walzcr. Deplora. 85. aquélla y. Lo infinito en lo finito. y que. y haciendo lo mismo consigo mismo. 185-188. el progreso en el límite. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. acción en y sobre el mun­ do. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. azar. la a similación a Dios en la absoluta separación. 78-79. iotelectualismo. del desvío. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. guiado además por la sabiduría. es decir. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. al menos inmediatamente. sin embargo. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. que no puede realizar sin más por sí mismo. 497 ss . l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. el tema de la «prudencia». que no es un accidente ni de nuestro saber. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. para que pudiera ser calificada moralmente. Cf. sin embargo. sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. . se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido.

hace de él el centro de su ética. no habría nada que hacer. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida. en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. Die Tragodie des Humanismus. tiende sin cesar a ella. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. Si todo estu­ viera claro. que el mundo sublunar es contingente. 184). pero no se puede pretender encontrarla totalmente. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. O· como d1ce tamb•én. el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. Heidelberg. pero solamente lo posible. 1 O 1. sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. Sin embargo. 205). O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. que contrasta con las la­ te. �� hombre de Dios. A medio camino entre un saber absoluto. y a dejar el resto a los dioses. . 173). La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. del saber. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. que haría Ja acción inútil. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. lo que hay que hacer. Por lo demás. esa intuición de la trascendencia y del cimiento. se le encierra por toda� partes en los límites (p.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. en su búsqueda. Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. y una percepción caó­ lica. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. <da sab1duría diVIruza al hombre.1 17). la senta -al mismo tiempo que la reserva. 272). Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina.a a los límites de la existencia � ser deseado. o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa. que hada la acción imposible.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. . 170). . acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. un D10s demas1ado leJano. en 1� co�dición en que está el hombre. en su acción. Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. en contra de su voluntad. inacabado. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . y el azar residual de la acción. Entregado a sus solas fuerzas por . parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. Más adecuada quizá. 228). se la en­ cuentra a veces. avant la lettre. 1 1 . es decir. un ideal antes que . dios y. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. una realidad . aunque sea también anacrónica. Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. 281) (la c�r:-•va es nuestra). no se haría nada si no se su­ piera. pero las circunstancias son lo que pueden ser. La metafísica nos enseña. en cierto modo. estoica. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. . cf. Weinstock. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p.a seerla» (p. es una idea. 1953. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara. que Dios está más allá de las categorías éticas.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

ÓYtm:o¡. En rea­ Lidad. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». 1930) remite con razón a Panecio. Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ. Wachsmuth). l. y un bien para el hombre. 132). Se tratará aquí. estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. la polémica Teofrasto-Dicearco).YJ. y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. p. etc. que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae.. De o fficiis. Cicerón. la phrónesis parece designar aquí. VIl[). pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. animado en todas sus partes por un mismo l6gos.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. De virtute morali. gr. objeto de la sabidur ía. 2. 236).1 6. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. en la tra­ dición postaristotélica. Carta a Meneceo. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios». o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. 153) previene que hay que . Bréhier. que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. Ét. que se remonta a Cicerón. IIL. como Plutarco. estoica se traduce generalmente por «prudencia». no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. ni la distinción entre un bien absoluto. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. objeto de la prudencia.es i'm:Lm� fJ. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. 5. pp. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico. Pero sólo prueban en todo caso que. de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<. la pru?encia Así. 4). Philologus.. l.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF.. Tratándose de los estoicos. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. también Epicuro. sino la única forma concebible de moralidad. como en Aristóteles. 262). Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. ni la atribu­ 1 5. más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. . Memor. 19. enim in graeco scriptum est.). APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. a la oo<pta. Jenofonte. 9. Ciertamente. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. 43. ill. como otras docttínas aristotélicas. que fuera coincidencia con el Lógos universal. 1 1 . del saber y de la virtud. De hecho. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). Esta traducción.• ed. non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. 288-289). la unidad de la teoría y de la práctica..LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. Estas conclusiones parecerán negativas. Locutiones Genesis. IT. el mundo divino y el mundo sublunar. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. Véase la nota al comienzo de la obra. y que era en Aristóteles lo contingente.. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». Chrysippe. 5bs. sin duda la más importante. dé Phi/. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. hay algunos textos que pockían hacer suponer. p. sino sólo para una. o de una simple referencia al uso popular (cf. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. «La cobérence de la morale stoi"cienne». Cicerón (De o fficiis. no había lugar para dos virtudes intelectuales. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia».

1947. sería in­ verosímil que. Philosophical Revíew. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. pp. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas. l . Kant-Studien. Patzi g. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia. Hill. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. la habilidad y la prudencia. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. que es la política. Como. no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». Por una parte. para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. otro interés. 2. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. Londres. pero no vale nada para la práctica (1793). Crítica de la razón práctica. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas.1 La razón de esta discreción es evidente. 228 y 230 nota. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. �· rificarlo. por ser moralmente neutras. para el ser razonable pero finito que somos. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. si no de la mo­ ral. una conexión positiva. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original. en lo sucesivo. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. 237-252. por otra parte. Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. (A para la l.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. en el Curso de lógica publ. .LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. más precisamente -según el título de la obra de 1798. bajo ciertas condiciones. por lo demás extensamen­ te. 200. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. que. 82 (1973). Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral.. según el imperativo de la moralidad. en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría. <<The Hypo­ thetical lmperative». Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica.de una Antropología en sentido pragmático. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. 4. 3. 429-450. al menos indirectamente. el imperativo categórico. 56 (1966). A partir de aquí. el estudio lógico de G. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia». sin embargo. pp. 1966. Distinguiremos más precisamente. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción. la totalidad de los preceptos morales. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico." y B para la 2. 1 1 3-128. Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. al menos de la antropología. 1 1 . 158. J . traducidas al francés por A. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. es decir. y Thomas E. París. p. Se tr ata. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. sea porque pudiera establecerse legítimamente. la atención de los intérpretes. mediante algunas explicaciones complementarias. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. El estudio de estas conductas dependerá entonces. a nuestro jui­ cio. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». Publicadas por Rink en 1803. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. pp. sin em­ bargo. 1963'. Cf. al parecer.icado por Jaesche. Finalmente. pp. y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta.2 Nos parece. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral»."). en 1800. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. 5.

tam­ ica. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. 1 958. t. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. Paton. cit. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. 5 1 7-5l8). según pr de determinar la voluntad. pp. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. 124. 1 14. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. sino sobre el principio racional de la pelfección. parte l. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. es decir. J. 175-177. cf. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. Por el contrario. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. de contaminar el concepto de ésta. si es representada como buena en sí. La distinción de ico y de lo hipotético. trad. Se advertir ios de Leibniz. En realidad. Wiesbaden. . márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. p. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. 146-151). vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. la voluntad humana». Cf.) Dicho de otra manera. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. de Delbos. la razón se constituye en razón práctica. ahora bien. el imperativo sería superfluo. fr. prudentia). Los estoicos. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. con ello. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. op. de teorema lV. donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. sin relación a nn fin distinto de ella misma. el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. En el segundo caso. 220. 293-303. París. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. Por su capacidad según representación de leyes. Budé. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. allí donde no hay interés. el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. por ejemplo. es decir. más que para llenar. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. fr. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». y únicamente en él. libro l. 124. p. D a práctica». pp. 7. el imperativo es hipotético. W den. Pero inme- pp. Solamente después de estas explicaciones generales. Crítica de la razón práct ialéctica. § 1. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. escolio ll. nota). pues. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. no puede haber imperativo hipotético. Crítica de la razón práctica. que son las inclinaciones sensibles. Pero. p. «Explicación>>). p. tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general.214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. que el Kant muestra incluso. pp.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». Fundamentación de La meta Delbos. de Platón a Wolff inclusive. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. de tal o cual ser razonable. A decir verdad. trad. ca. está tomada de la tabla de los juicios. (Esto hace inútil la explicación de H. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. 70). 8. Dicho de otra manera. cf. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. y factor de heteronomia. o intentar llenar. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. p.8 El imperativo no in­ terviene. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). por lo tanto. m. el imperativo es categórico. Esto no impide que el intérprete. Furulame11taci6n. Fundamerrtación. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. de manera que. no son una de ellas más que en apariencia. J 969.

B 828). Kant habla de esos «conceptos usurpados. B 1 17). 126). nos dice que «en la doctr ina de la prudencia. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. 131). no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. 9. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. cuyos imperativos no son proble­ máticos. Un poco antes. Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. . nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. Metodología trascendental. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. ni en querer lo imposible: la acción hábil es. Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. el tercero el del imperativo de la moralidad. por una parte. de Delbos modificada. . en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. incipio problemáticamente práctic�». A 84. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . Pues. por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. ». La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. La habilidad ordena. d�s­ rino. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. B 828). no es este punto el que interesa a Kant. como.9 Retengamos. lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. En sentido amplio. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. 126). esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. 127). . W nónimo de Glückseligkeit. Desde el punto de vista de la moralidad." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. górico. por lo tanto. de hecho. Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. Que este hecho sea no sólo constatable. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. aquella que no es ni superflua ni quimérica. al menos lógica. la cual es. Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. A decir verdad. P. sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . pues. Pues aquí la razón no llene 1 1 . ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera». es susceptible de ser realizado. nos dice Kant. � No pasa lo mismo con l a prudencia. capítulo II. sin embargo. negativamente. A 800. laj elicidcui. que. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. por ejemplo. es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». 126). n? llega neces�riam�nte y. f elicidad. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. por _ otra. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». es un «principio apodícticamente práctico}> (p. a saber. donde Kant . 1 28 trad. y. 133). fr. que Kant denomina la «finitud» del hombre. con miras a un fin «posible». una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y.10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho.216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. para un ser razonable y finito. sino asertór icos.

de Delbos modificada. es decir. baden. puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. <<Hablando con propiedad. 13.• sección. Crítica de/juicio. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. también p. No modifica el contenido mismo de la doctrina. XIII). La felicidad no es tanto una idea de la razón. por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. desde el punto de vista del valor. pero desatendido en la segunda. .12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». sino que subraya sus intenciones y quizá también. que son «proposiciones prácticas». la Crítica de la razón práctica. Cf.. no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad.i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. es decir. 178 de la cd. 1957). como veremos. Philonenko' p.13 En realidad la Fundamentación ya proponian.19 15. 133). Kant. o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». 2.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. 1 7 8 W. además del texto de Fundamemación. no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y. que emplea la expresión Erhikorheologie para go. Wies­ P. aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). o reglas de la prudencia . esa terminología. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. declarados por lo demás asertóricos. un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. aunque sin privilegiar­ la.• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. . La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. ocupa el segundo r ango» gar. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. Los malentendidos polémicos. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. § 86). en el caso de la prudencia. fr. siempre posible en el caso de la habilidad. de A. como 1. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. 12.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. las del arte y la habilidad en general. p. es decir. .17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». a las costumbres)». también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. para ser práctica y no teórica. concierne pertinente. )>> (p. Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). l. la prudencia Cf. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. de la cual -no lo olvidemos. Werke in sechs Btinden. V. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. fr. 129. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones». mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17.16 En el fondo. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. 18. «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. p. pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. pp. . que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. 106). en una nota de la primer a la Crftica del juicio. Se podría dudar que los imperativos. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido.14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. y llega hoy. se han 19. (referentes a la fe­ i referentes al arte). trad. W Fundamentación. fr.la tradición hací . eiscbedcl (1. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant. vol. Pero hay que recordar que. entre las pres­ orschriften). 14. hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. trad. de todas � la _ (entre la hab•hdad. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. que «presupone». p. 0 de la prudencia. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia. en la relación que instituyen entre los medios y el fin. 1 . de una técnica. nota). y la moral idad) (trad. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos." versión: «Las prescripciones pragmáticas. última nota de la 1. 132. 64. 16. en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. cf. xm y xvJ-xvu. (p. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad. 178 w.

en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. para las necesidades de nuestro propósito. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. 262-283. la virtud. l l4lb 5. En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. Trad. . transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. -negativa. última nota de la primera sección. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. de Delbos modificada. I!H'i. dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa.20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. VI. Reich (op. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. ración. de sólo la rectitud del fin. 5. lo cual hace de él una virtud intelectual). Kant und die Erhik d er Grieclum. 27-33. Cf. prudencia. r iqueza. un habinJs (hexis) práctico (acompañado. K. es verdad. Nic. sino también la de los medios. ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. . salud). término que traduce el griego phrónesis. a pesar de su utilidad para el hombre. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. 1 1 97b 8. 22. 4.de la argumentación de Cicerón o. «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» .. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. . Reich. Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. l . prudencia. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza. 1. <(I"Crum cidente.. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. explica en (B 414 = A 409). cit. pues. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad.22 del hombre en general y. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». siguiendo aquí a Cicerón. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . . la justicia. Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes. 153. cf. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl.n K. 7. Kl. fr. p. Para un comentario de estos textos. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. que es para sí misma su propio fin. bajo la misma denominación de prudencia. el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. Nic.. de su sección de la Fundamentación. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. 2 1 . . natura. aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». De hecho. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve. Pero todavía falta saber de cuál. v6asc su¡ml.2• no tiene reparo. pues. 1793. el valor y la templanza (cap. sapientia). el dominio de sí. más verosím ilmente.. 87). vuelve a tomar. capítulos 3-5. consideración. iiberserv von Christian Garve. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. no más que los de la fortuna {poder. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. 43. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. si la justicia no es citada aquf.. p. Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. laudabile. lll. 25. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento).el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. nüchterne Uberlegung>>). pueden volverse extremadamente malas>>.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793). El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. 5). Tubinga.ición. 14). «regla verdadera». no pueden. y no la identifica como Klugheit.220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. Ét. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. en particular. Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. 34. Kant. que co­ De o fficiis. Breslau. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. Stoicorum veterumfragmt'llf(/. Recordemos aquí solamente. 89. Magna Mora/ia. al de l). Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres. a propósito de la «Sabi­ durla divina». 23. valor. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. VI. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. . De o jficiis. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. 1 1 40b 20.. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. b) no asegura sabidur ía. una adición de la segunda ed. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. 26. Kl.25 lo cual Selbstbeherrschung. Por lo demás. sino la virtud dianoética de Ar istóteles.a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. Von Arnim. 24. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. de una buena voluntad . es decir. pp.

consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. fr. 150-159 y 199. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. Pero ya en 1764. p. K. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. l l44a 23). combinar los medios más eficaces (VI. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. sino de Baltasar Gracián. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. sino necesruio. Cf. M . Hildesbein. . a ? mos la fehci t fonna. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. y la de necesidad moral por la de obligación. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. 1945. _1!40a d. que procura una necesariam pero s. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. 1 1. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco. estas dos diferencias no hacen más que una.o. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. pp. 13. Halle. tú e·u s'\'lV)» (VI. Tubinga. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. 23 y 87-88. en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». 29. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. 34. cf. Wolff. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual. Borinsk i. 30. de la sabiduría (sophía). La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. al menos indirectarnente. Wundt.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). 1964. la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. El endemonismo aristotélico. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. tampoco hay vtrtud moral e . por consiguiente. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. reimp.30 En cuanto a la obligación (obligatio. s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. Cf. los medios propios para pr �cura 26-28). 13. que la prudencia es una virtud moral (Vl. más lejos. no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. Añadm tmnb1en. da�? un fin. y la prudencia y la virtud moral de otra. En realidad. pp. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. Si no h�y �rudencia sin virtud . No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. pem la prudencia con27. hasta el punto de no aparecer f . Magna Moralia. trad. plo.ttud. Thomasius. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour.2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. de Philonenko. C. prudencia mundana (cf. de los I l52a 1 1-14). ecttva sm prudencia. 1894. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. Aristóte­ les. VII. supra. 1 1 97b 8. 1. Sin embargo. de la moralidad. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. para Aristóteles. 1688). 'lgos.f moral. 26-28. l como una especie de esta última. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. como más tarde Kant. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). . Por ejem­ Pedagogí a. pp. a la tmltilidad práctica. que llamó «pragmatología>>. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble. «pru·ci�> (�ata �QO�). 73-75. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. e� d�crr. V er dindlichkeit). Más moralidad. sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. . servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. es una capacidad digna de elog¡. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. es la habilidad del virtuoso. Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. según Anstó­ teles. 5. podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún.

se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. prefigura sin duda alguna. que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. sea a recaer en La posición de Aristóteles. Parfs. 23. sino de la filosofía teórica. como se dice aquí. como las de la habilidad. Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». XII. La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera. 133). Esta distinción. p. a saber. que estructura la sistematización wolffiana.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico.está determinada no por leyes. si decido construir un puente. porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. La distinción. los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. 35. pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra. 99: Introducción a la tra­ 33. Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos.l4 la Introducción damental de la heteronomfa. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma. Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. por más que esté depurado el concepto de perfección). 96. p.224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. . por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. Así pues.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». que tenía al menos el mérito de la claridad. des­ y la necesidad legal.. tal como lo hemos definido» (Delbos. o. Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. sino por la r epresentación de leyes. 175). consecuentemente. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. Crftica del juicio. 11 1 !bi d. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). fundar la obligación. p. El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. como apunta Delbos. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica). e Kant. dar en el sent 3 1 .lidad» (Delbos. uno de los componentes de la moralidad. a pesar de las aparien­ cias. como las lo tanto. s. p. bacía de la prudencia. tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad». Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. Por no haber hecho esta distin­ ción.. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». como hemos visto. p.32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. Decimos: «tiende a mostrar». /bid. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. Pero el mismo argumento era. Paós. Pero. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. no dependen. XI. Ed. especie de la habilidad. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad. como los me­ canismos de la natur aleza.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. de la filosoffa práctica. pues. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio).f. p. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764. 36. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil.. Ahora bien. 1905. 34. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. p. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos.)(.. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». entre la necesidad problemática 1764. no valen más que para una voluntad heterónoma y. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. Pero para comprender perf ectamente este punto. original. p. 171). 98.

el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia. 39. 41. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. su propio modo de empleo. En una época en la que la téclll­ ca se eleva. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. fin o medio en la pr áctica». 46. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza».¡ es decir. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». 176-177. p.Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora.f)-. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. de la psicología. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. 44. 1. a decir verdad. sino de hecho. 45. una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. Siempre en el ámbito técnico. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. Frtndamentación. p. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra». desde el comienzo de la modernidad. de la cosmología y de la teología naturales. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio.'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza.. 42. al menos en alemán. 133. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. Sin embargo.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. si se puede decir. Cf. tal como el de las conducas t humanas. al menos en cuanto a sus principios. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. § 4. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales.• versión). minada. La tentación era grande. del conjunto de l a metafísica. proposiciones analiticas. § 3. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien. Novum Organum. p. Es lo que dice. Ed. 38.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber. tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. Es así como Wolff. . la entrada progresiva en práctica tenía.un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. advenencia 11. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. pues. después de haber desmontado sus mecanismos. es verdad.'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. pues. 43. debido a la contingencia insuprimible de su objeto.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. nota. Philosophia civilis. capítulo 1. ponitur etiam naturalis obligatio»." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. !bid. también. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. así pues. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura. 177. que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. Cf. es decir. 40. Kant no vuelve. incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. p.. . F. de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica».1739). sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. XV. entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. t. de la teoría. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza. 176. de Delbos. mostrará que.tifica pertractata (1738. 176. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes.. /bid. Esta descripción puede parecer caricaturesca. p. 173. aunque dudaba. 174.. Hay que distinguir. sacando las consecuencias de esta evolución. Weischedel. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. trad. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. no sólo de derecho. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. pp. No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. fT.de una «geometría práctica». depende en su totalidad. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-. Bacon. sino porque es plconástico-. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico». pp. p. en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior). Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. al rango de «corolario». 1. .. 46. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología. Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada.

a. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . y. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. 49.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. París. una autodeterminación de la voluntad. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff. 129. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. cf. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-. «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. ll ac. . pnmera Xl11 pp.r má� � � Es cierto que. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. sed contra). Más tarde Kant negará el tít�lo .eorum.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. U. j o formalism o to de allá más prevenir. en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. nota).ar los fines terminadas a priori. Delbos. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto». ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura». Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720). VI. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. toda existencia: pensar la moral como arte..1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». xrv. que Kant. como recuerda ens. puesto que su ob . nota. República. tica. fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. . � o apa­ nombre de pragmática. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. Cf. o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p. 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. ón. 51. sino de la precaución t��ada con vts. todo esto. T. 47. . P. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>. 58. Crítica de la razón pura. B 828. A 800. 50. 49. capftulo 3. y más particularmente «bien del hombre». Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán. q. a la falsa mediación entre teoría y práctica. 1J a. del Critica 37. cap. 1973. n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. como ya hemos visto. . 2.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met . Histoire de l'histoire de la philosophie.. una contracción de prov i � � � tc. Kant oponía a las leyes morales. 22. capfrulo l. de una meta denominada «bien». Braun. «la teor ía general de la felicidad». hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. es decir. 52. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. ss. es decir. Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. la economía doméstica. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia. 1. De diVImtate. Crfrica de la razón prácuca. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . las den�rninru:parte. 1. el arte de las relaciones con el prójimo. en la vesión r publicada. p. que es. cf. es también. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. si se .51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad. Delbos. en la primera vcrstón. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. en el límite. Introducci juicio. primera parte. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. § libro 1. con la teoría. la economía política. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. 129. L. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». !bid. si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad. 48. designa paralelamente con el 47. Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. pragmát1c leyes las razón. y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible. pero que no jeto es «hacemos alcan7. canon ya en la Critica de la razón pura. p. que son productos as. 1 1 1 . la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. es decir como técnica. 53. Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s. I. De 7iGtura d. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. .53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. «que no con­ heteronomía.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . gica. Christian Wolff.

.. bajo ciertas condic � id_ ? 54. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. p. mt �mo > La an­ él de hacer debe . cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). tomo IV. no es para a �or ello. aunque el tema haya podido . en realidad. cf. Kant aunque se perdter lizarse. Cf. rebelde «pragmático» y precavido. la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. 1178a S-8. en boca de un polít ico.230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. Es así como istóteles (Ét. e. hombre la habilid cada. El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. . constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento.. en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». también XXIV. � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física). X. SS. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . Por lo demás. S. de � on l"�c•. pp. phrórumoi (a las que a veces. 141. propio su o mism sí rico. Apéndice 1). es evidentemente un cumplido. Ar tipo de político «pragmáti co». cuando. de Foucault modi'li 56. VI. como en Aristóteles. 1 1. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. des sean desarrolladas en él faculta las ble. . 426). fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. la de la metafísica de las costumbres.� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . de las reglas demasiado rectas y rígidas. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». Klug es. así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. Aqui «pragmático» se opone a «fisio .fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. . (Pedag ad moralid la cia.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. 89 Y 109). pero a una in teli­ gencia práct ica. Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce. con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. Nic. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. fr. curiosamente. 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden.0 acto. que msean s. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. ma­ attvo categónco mtsroo.56 . puede 0 debe hacer de sí mismo» . Ni c.�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello. pruden la ad. tr. como hemos visto. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. . ltmtte ctertos con y iones que. P . la noción de pragsuger ignora todavía. el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. al menos en Mt X.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. Y las vírgenes prudentes. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. quiere necesariamente que todas . Mt XXV . Pero esto resulta. del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. de «lo que el hombre . la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas». a ésta que el ámbito de la moral. 7. 1-13. en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. . 58. la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. que es <<klug genug. habla. edición de Hamburgo. si es verdad lidades del hombre. naturaleza hace del hombre. 45).�. sino para cumplir la ley moral. en cambto: �en­ o imient conoc el . 59. En el Egmont de Goethe. Delbos. bre. se ha hecho «vírgenes sabias». sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. La serpiente es Uarnada «klug». nichr kJug zu sein» (4. trad. agmahco. Antropología. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal. lo cual. Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. es verdad. tal co� . Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. en especial de sus cursos de pedagogía. el equivalente del griego phróni­ mos. 57. al menos el hombre empl­ hombr El noma. son en alemán «die klugen Jungfrauen». � . se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. as1 todo de demás lo por como o. . p.

es decir. Pues no se ve cidad. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. n. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). Ahora bien. 196.67 No es sorprendente. 63-76. 127. éste está atestiguado tanto en la Antropología. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. por negligencia o por pereza. l 1) no sign ifica 63. En todo caso. p. Existe. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres. p. p. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed.62 ¿Por qué esta mediación 61. pues. 163). supra. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. trod. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido. más aún. el W eltbíirger. 67. puede convertirse en un deber al menos indirecto». más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». 62. de Philonenko. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. 47). 65. sino el ciu­ dadano en general. Parménides. sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad).232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá. es decir. «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. 5. 189.. por otra parte. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos. VI. una explicación.. nota de la p. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. refiriéndose en esto al uso popular. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger). sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. cr. Para phrónimos. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. Fundamentación. Nic. pero no basta para justificar este desliz. 64. y niega esta cualidad a hombres como Tales. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). de una cultura de la prudencia.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. fr. como en las lecciones de Ped agogía. pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi.61 En todo caso. p. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. pues. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. Prefacio.61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática».64 Pero. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. 60. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. si se puede decir. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. supra. Delbos. nota. 128. como dicen sus biógrafos. las pp. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens. Nic. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. Pedagogfa. . 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. 178. pero también la habilidad política o cosmopolita.). Delbos a la p. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. Delbos. de l ejos. 66. nota 79. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»).la moralidad. p.w�). p. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». Pitágoras. Hemos mencionado que. entre éstos. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. que la «disposición pragmática». 5. e incluso. !bid. W eischedel.65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. 1 1 40b 7-11). sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad).. P . 129. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo). sin duda. cf.. p. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. incluso si su fin no es la destinación del individuo. este desliz viene. Vl. no contravengan a la ley moral. . siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. ed. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. así como inevitable.para esta cultura pragmática requiere. 1 140b 7 ss. . nota de V. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. En el pasaje de la Fundamenwci6n. La Antropologfa recuerda. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano.60 Dicho de otra forma. sino la de la especie humana entera.

el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios. cual define como «el arte . incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. Por otra parte. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit). Más exactamente. ed. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. excluida de la moralidad. p. 159. /bid. 68.. por el contrario. pro­ blema morale). donde el r iesgo es provocar. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). fácilmente. siendo i11Condicional. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. En segundo lugar. sino sabiduría. Cri tración o el gobiemo de sí mismo. . de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). 71. 72. la política. puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). p. no sólo más eficaces. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza. p. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). la desgracia de los demás. to a la paz perpetua». !bid. la acción política.74 V olvemos a encontrar aquí. 157. Sobre todo en la Pedagogía. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. . cf. no técnico. En el primer caso.. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. que la verdadera política es una política moral. al menos nombrar tres. en cada caso par70. En primer lugar. 132. aunque no sean su razón de ser. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados.&) No será de extrañar. en Kant. con las me:jores intenciones. V orli. /bid. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. me parece. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. Por una parte. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. como vere­ mos.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. de la prudencia como arte de asegurar. la política no es prudencia. a la fines» (p. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. 159. las «ventajas» que. pp. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás.. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. es decir. incluso en este caso. Kant esperaba de su docttina del deber. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales. o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral.inder. 69. p. Se pue­ den. que la prudencia. .234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana. o de lo que Kant denomina una política moral. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. p. se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. En tercer lugar. p. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. en definiti­ va.. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. pues. Zum Ewigen Frieden. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces. a saber. al mismo t iempo que el reino de la moralidad.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. !bid. xm. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». 159. aplicación inmediata de la ley moral. 73. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. 158. Bthik und Politik. tica del juicio. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. 74.

y que un procedj. la verdad sea dicha. de sus actos). imposible. como Hegel concederá. puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. de conducir a la violencia. V orlander). Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes. 1919. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). p. segunda sección. luego puedes. Lecciones sobrefi 83.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. con todas las fuer­ zas o por todos los medios. por distracción. 79.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias. cuando en realidad éste exige ser cumplido. Pero. p. Que la Revolución francesa. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. § 6. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). incluso imprevis ibles. 74. el viejo Kant.7s Así. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. ne­ gligencia o simplemente estupidez. 76. por ejemplo. asf. 84. El formalismo de la ley moral. El ejemplo de la Revolución francesa. pp. una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es.76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. 78. pereat mundus. Traándose t de moral política. cf. ed. Sobre el lugar común. 203). que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. como dice al menos una vez kant. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. sino el moralismo. si por el contrar humanidad y. Kant no llega. por responsable de las consecuencias de sus actos que. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. es perfectamente clara y no se presta a interpretación. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. el que en política lleva al ten·or. p. 108. La paz perpetua. Crftica de fa razón práctica. 77. comprendido el del error en la previ­ sión. las consecuencias. 160 y 161. 151. Mediante la célebre fórmula Debes. historia. ni siquiera en el terreno político. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). de la. Vorliinder. Kant excluye por detinición los medios inmorales. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». contiene el riesgo. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. desde ese momento. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. los únicos que son moralmente compatibles con este fin. parte 1. por lo demás. Vorllinder. como dice Sartre. por sus consecuencias. Sobre este último punto. y.80 Sin embargo. de pasada.84 Contar con la acultades ( 1798). no soy responsable de las consecuencias. capí­ tulo 1. incluso en sus comienzos.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger.17 es decir. loso fía. con sus corolarios. 81. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. Conflicto de f 80. sobre todo en el ámbito político. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. «mit allem Vermogen». La paz perpetua. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle. «yo podría con raz. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». después de todo. § 8. Ciertamente. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. ad jinem). sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. p. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. pues las consecuencias son infi­ nüas. Kleinere Schriften. como al sujeto moral en general. 82. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. Este argumento.236 APÉ. donde su asesino le encontrará. habrá omitido prever. . jamás h a convencido a nadie. de dañar al otro. «más de una flor inocente». 40. dicho de otro modo. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». p. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. dicho de otra forma. p. pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. imprevisibles en su totalidad). en Kant. Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico).de la prudencia un estatuto positivo. Vorlander.

una prag­ mática con una práctica. Cf. 159. Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. escapa a toda interpretación. perf ectamente unívoco. 19 ( 1 955). era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. o todavía «aplicar a una acción Pp. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. 162-163. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». añadamos. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. «La typique du jugement pralique pur». sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines. al . un arte difícil. el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu. Al círculo hermenéutico. Introducción. Lo que está aquí en juego no es. priva a Kant podido sacar partido. p. se volviera contra la defLOición de esta última. aunque sea pro­ visionalmente. 56-87. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. gracias a la fom1a de la ley natural. entre libertad y natura­ leza. VorUinder. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. en especial Metaj(sica de las costumbres. Con los tiempos modemos. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. no es abordado de ninguna manera. pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. entre la intención y las consecuencias. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. 1 19. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». l l37b 29. Gadamer. 14. para Aristóteles.88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. sin embargo. Y. de realizabilidad óptima de la ley moral.86 Desgracia­ damente. contra ella misma. se habrá podido observar que en esta problemática. sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». ella debe ordenar.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. sino su verdad. La prudencia aristotélica. rechazo que no pragmático. § XVU 85. de este añadido a su doctrina.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . La Típica proporciona. un saber tal.91 Así. .lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. El saber ya no es comprensión del ser. y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad. Por otro lado. parte II. istóteles muestra 87.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. De hecho. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. Yorlander. más que en la extensión y la potencia. Cf. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . Wahr heit und Merhode. P .. la cohe­ rencia del sistema kantiano.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua. sino construcción del objeto. 86. Yorliinder). que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística. En un único pasaje. Ahora bien. que hace que. aquella familiaridad con las cosas que. 160-161. la condición de su utilidad para el hombre. como parece hacer aquí Kant finalmente. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política.EN KANT 239 Providencia. permite orientarse entre ellas. Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. .la justicia. pp. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. F. 9 1 . Crftica de la raz6n práctica. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano. Después de haber dicho que incluso en po. Tubinga. añade: «pero acordándose de la prudencia. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza. El problema habr ía sido articular. de jándolas ser como son. G. H. pues. no será jamás tematizada por Kant. sin alterar el concepto de esta última. 88. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. §§ 301-302. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. 89. no sólo en su filosofía política. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. 90. Archives de Phi/osophie. Nic. 1962. sino de su utilidad para los hombres. en el seno de la filosof ía práctica. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. Ét. el cual se confunde con su proyecto. . Marty. sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro».a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. virtud intelectual. pp. Cf. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». como en Jos Antiguos. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica.final de la Introducción.

la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». Solomon). Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. Mag­ na Moralia. al contra­ rio. con más lucidez que los otros. donde la proliferación de medios. 2). ed. J. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. Por su concepto de una razón práctica. Magna Moralia: Susemihl. científicamente determinable y técnicamente construible o. Gigon. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. es decir. por O. Oxford University Press. un mundo en rigor «imprudente>>. 1956 ss. 2. Apell. Ross. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. 92. Hennis.92 la idea de un saber prudente. 23 vo­ lúmenes. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. 1900. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. Oxford Classical Texts.. VIII. Berlín. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. Nic. de Gmyer. por W. Loeb. Berlín. Bur­ net. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. Eud. Londres. bajo la dirección de J. de la Academia de Berlín. 1912. 1 894. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines. (han aparecido el vol. de Susemihl y de Rackharn. de la Academia de Berlin. pero no será nunca una filosofía práctica. XIX. Kant no hace sino sacar. Pseudo-Aristóteles. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. 1935.:. 1908-1952 (el vol. Gru­ mach. por F. 5 vols.. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. Loeb. a completar por XXIJ. es decir. y el vol. 1963. VI. Rackham. cf. 1884. reimpresión 1957. col. El r rente a nuestro mundo moderno. XIX-XX. en especial las pp. Citamos según la edición Bywatcr. Stock. ed. 1935. por G. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica. Teubner. Ética a Eudemo: Susemihl. Ross. so de reedición.l). de O. A. Ét. incluso los más morales. Neuwied-Berlfn. Ét. consecuencia del progreso científico. en el gris indiferente de los fenómenos. 1883. XX. Nic. 3. D. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. Akademie Verlag. . Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. 12 vols. 1960 ss. Teubner. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. Leipzig (Teubner). ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad.0 ed. Armstrong. Smith y W. Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. 1956.. col. Commentaria in Aristotelem grcteca. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. por F. en los vols. la sugerente obra de W. 1 960. Magna Moralia. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. 53-54. Dirlmeier. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera.. Politik und praktische l'llilo· sophie.• ed. 1 831-1870. Eud. 1880. Bywater. 1 . D. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. Nü. y De vi11utibus et vitiis por J. Dirlmeier. bajo la dirección de E. 1958). IX comprende Ét..

Gote­ borg. Oxford. ibid. Vrin. 1928. edición y traducción de M. Milán-Roma. Grundprobleme der antiken Philosophie. Gigon (con importante introducción). VI. París. Ross (Col.. traducción de J. 1959. Susemihl. París-Lovaina. Madrid. 2 vols. por R. l. Gr illi. edición de W. Rees. ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. ID). Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. Gauthier y J. n. Grenwood. Artemis-Ver1ag. Robinson. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. edición y traducción de J. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero.. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. ed. 2.. Vrin. revisada por O.-hist. Ét. 1989). Texts). Madrid. t. 1957. Política. 1856 (La mora/e d'Arí szote. Ética Eudemia. en Archives de Philosophie. hay que añadir: Joachim. Oxford. Franke. Nic. -. W. cf. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo... in­ troducción de Emilio Lledó. edición de F.. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. Nic. pp. Ro­ dier. 1 953. Ollé-Laprune. traducción alemana de O. fr. d. 1947. Gigon.. Tricot. por J. Leipzig (Teubner). Aristotle 's Protreptic:us. W. phil. Instituto de Estudios Po­ Líticos. 1957.. Universidades de Francia 1939.. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. trad. supra). también hoy la traducción francesa de J. Tricot.-Y. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. Florencia. A. Irn­ misch Leipzig (Teubner). D. Aubonnet. 0. París. 1958.. París. Dirlmeier (1 956). edición R. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. 1936Física. París. París. en Acta Congressus Madvigimri. 1958. Oxford. París. d. VII. por G. París. por Dirlmeier. Kl. 1882. Rev. Vrin. 1909. Vrin. Oxford. Spiazzi. 98-104). A completar hoy por l . R. Texts). 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). 1958 (cf. Nic. 1930. para el resto.. ed. Cruchon. Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. . Jaeger. Grcdos. t. por L. París. introducción y notas de Julián Marías. Payot. traducción del Organon de J. Texts).. Madrid. Turín-Roma. 3 vols. Magna MOI'alia. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). Gauthier-Jolif. Walzcr. Tomás de Aquino. Reconstruction. A. por L. Roma. 1934. 1 985�. supra). Souilhé y G. Tricol. Copenhague. Oxford. 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Gredos. Stzb. 2. Philos. Ét. Ross (Col. 131. Madrid. Madrid. 1985. Vlll. libros 1 y U. 1959. M. Libené et civilisation chez les Crees. A. 1897. D. Edizioni di Stor ia e Letteratura. X. 1960 (reseña de H.174. 1955. Nauwelaerts. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). París. 2 vols. Ak. G. 1958-1959. colección Budé. Berna. París. Wiss.. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. Jolif. Fragmentos: edición Rose. H. 1961. «Les trois vies». D. J. Marictti. Retórica. Comentanos parciales: libros 1 y II por J.. W. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. Dufour. Éd. 19872). 1948. libros f y Il.• ed. 19 1 . Par ís. pp.-A. Centro de Estu­ dios Constitucionales.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). Bocea. 1960.. 1995). An Attempt at. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. Marguer itte.• �d. de Barlhélemy Saint-Rilaire. Gredos. Hist. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. 4. 1949. col. Cambridge. muy insuficiente. pr. edición y rraducción de H.. Zwich. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). Grcdos. Düring. 1930. Jaeger (Col. Festugiere. Carteron. Tricot. 1955. de M . introducción y notas de Julián Marías. 1995). 1 886. Madrid. de la Revuc des Jeunes. traducción y notas de Julio Palli Bonet. 1909.

von.. 1955.. Payot. E. La m01·ale antique.. -. M. Régis. traducción inglesa de R. Berlín. F. Mesnard.. E. traducción alemana de P. «P. 1960. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». P.. pp.. 205." ed. 7-36. 1934. Hambmgo. Taurus. Hegel. XLIV. L.. Mét.. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele. 1955. 207.. Demos.. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. Par ís. Phii. 1913. 1961... pp. Stzb. P. 1955. 1952. 1958.). Rev. Weil. 1897. Arnim.1911. prefacio de sir Amim. . Die drei aristotelischen Ethiken. 1 .. d. pp. Ando.rís. 1946. La mora/e d'Aristote. 1955.ilosophie der Griech. Research.. <<Aristotle in the "Protrepticus"». and Ph.ilos. 1955. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition. de Wellmann. R. Lefevre. Berlín. 153-162. 1955.. 1942. Ethik der alten Griechen. Glockner (JubiJaumsausgabe). 1962. 245 Joly. Oxford.. vol.. París. Gauthier. Ollé-Laprune. publicado por W. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O. Teubner. Mélanges A. LI. des Lettres.enomen. M. 1958. Stuttga. Eudemische Ethik wui Metaphysik. 1959. Padua. R.r. Leip­ zig. París. traducción francesa RobiJ1. J. 1938. Apelt..». Wiener Al<. R. pp. XIV. Allan. Wittrnann. 497 ss. 3. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. . R.en.-M. París.. Ratisbona.. pp.• ed. Essai sur la problemati­ Wiss. Heidelberg. Ph. Dür ing. 2. 1923. PUF. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. Lovaina-Pa. Robín. Claassen. Aubenque.rt. Eranos. La morale d'Aristote. 1.. 1928.. 120-127. 1944.. 1953. L. 2 vols. 1955. Oxford University Press. H. CJ.-hist. Mor. en Autour d'Aristote. PUF. Leipzig.. !.. Clarendon. H. Pohlenz. 1920. París. von.te der Philosophie. K!. G. Aristoteles. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. 325-342. 0. cast... 1948. Royale de Belgi­ que. Wiener Ak. -. L'opinion selon Aristote. Weiss. 1908. 1926... 2: ed. París. pp.roblems in Aristotle's "Protrepticus"». Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. 2. XVlli. Die Ethik des Aristoteles. 4. 1958. Griechische Freiheit. 1881. traduc­ ción francesa de C. Mansion. Mansion. 1956. Weidmann. Wiss. «L' Anthopologie d' Aristote». de JI. 1925. fr. J. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. Geschichte der griechischen Ethik. París-Ottawa. The Philosophy o f Aristotle. Mor.. 2 vols. David Ross. B. 6." ed. Le bonheur chez Aristote.. Aristotle. Essai sur la morale d'Aristote.. XII. PUF. Mélanges A. Bruselas. de Letras de Argel). Gadamer.." ed. 2. 81-97. 1946. F. Wundt. 1837. Vrin. H. Stuttgart. 1923. Hamburgo. Ravaisson. 1833. reproducido en Études de Philosophie Grecque. Snell. ibid.. Nik. pp. París. tomo lli. Madrid. Léonard. Scbuhl.-A. Wilpert. Mémoires de 1'Ac. 202. 1923. Ética a Nicómaco. 5. Die Ph. 1948. D. ampliada. 1987). PUF.. G. Richter. 2. Payot. M. París. 139-171. J. Takatura. 1942 (Curso de la Fac. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles. París. Hamebn. des Lettres. 1935. Aristote. 5. 22 (1961). Das Ethische in Aristoteles' T o pik. Londres. L. Argel. Mét. Le probteme de l'etre chez Aristote. Schwartz. (La liberté grecque). en W erke.. 1923. xm-xxrv.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. 1924. Berlín. Lovaina-París. Antenore. V orlesungen über die Geschich.. Zelle. L. Rodier. París. L. 1951. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate. d. Meiner.. París.. t." ed. pp. D. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. H. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason». Kl. Le dominateur et les possibles. 1962 (h ay trad. 1882. 1923. 1912. P . Philos. 2. . Schrnidt. 1957.. Jaeger. Ethik der Griechen. trad. Kioto. nueva ed. Stzb. Riondato. QueUe und Meyer. en Autour d'Aristote.. 917-940 (a completar por Dirlmeier. pp. «La m01·ale d' Aristote». Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco.: E l problema del ser en Aristóteles. París. d. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. 3. d. Eth." ed. de la Ética a Nicórnaco. tesis doctoral.. Ro­ binson. (<The Practica! Syllogism.-M. E. Cl. W. 52 (1954). · 1956. W.... Basilea. pp. t. 3." ed. Rev. que aristotélicienne. Essai sur la métaphysique d'Aristote. reimpresión.-Hist. Nauwelaerts.." ed. ll. E. 1960. Nauwelaerts. 255 ss. 1. D... Die Entdeckung des Geistes..

1961. A. Se las encontrará en su lugar. pp. París. de H. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. col. istoteles und Platon».. XVU».fondement intellectu. S. Philologus-Supplement. Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin. Tomás de Aquino. pbrónesis. fr. pp. Isnardi. Oxford. Mu­ nich. Du.. 1937. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. 1925. I-1. tesis en . Ullstein. J. Friburgo. orsokratiker. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. Loeb.... El. 2. 2. BAC. de W. rrunkfurt. 33 (193J).er. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp.. 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote».. Kullmann. E. 1949. M. AJmqvist & Wiksell. Revue Néo-sco­ phie. de Th. q. 1876. 89 (1961). PUF. ed. Fundamentación de la m..Ba silea. Monan. Mansion. BerDiels. 1943. de la Revue des Jeunes. 1928. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». pp. 6 (1938). Munich. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. 63 (1 928)." ed. Gillet. 1932.. 7). Rev. tesis. Delbos. 2. pp. 1951 . Staate.. Tubinga. Die Lehre van der praktischen V sophie. La ?a­ rola del Passato. Mattei. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. París. Delagrave. Deman. 1959. 56-75. Pfeiffer. 51 ( 1956). J. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». 47-56. «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». 1958. Beck.. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Kosel. Stoicorum veterum fragmenta. Michelakis. 80-107. Hermes. H. «De la virtud ética». 1946). Plutarco. von.achischen Ethik. 1960. nueva ed. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. Wcidmnnn. U a U ae. VI. M.. Aristoteles-Studien. 179-194. O. Fragmente der V lín. Noble. l.M.a ed. F. «Theorie und Praxis bei Ar pp.el de la morale d'apres Aristote. -. Madrid. F. vol. 1). N. Mnemosyne. de Louvain. García Morente.. J.. V. Olmsted. «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». 5 1-84.. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen.: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia.eta j!sica de las costumbres. G. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. en Umanesimo e scienza politi ca.246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». 1912. 1943. G. 21 6-236. 1994). W. reimp. 1905. en Moralia.• ed. Kranz. Goteborg. Cleisionnis. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia. W esen und W andel der T ugenden. Mohr. E) Sobre Hirschberger. Espasa-Calpe. Magna Moralia und aristotelische Ethik.1924. de. 25.. E.. 58 (1960). 1957). en las notas. 138-164. N. E... tesis. Jena. 69 (1948). Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. Pieper. Philos. B. pp. 8). . 9. R." ed. 1 9 1 8 . Bollnow. 42-61. Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. R. D. Berlín. pp. tesis en Friburgo (Suiza). Kuhn. de V. Kant. 1903. Traktat über dir Klugheit. Friburgo de Brisgovia. Jankélévitch. 1958 (hay traducción castellana de M. cap. H. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). B.. Hermes. 1949 (de inspiración tomista). Ga­ damer). D. . 360-380. lastique de Philoso icus"». Walz. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. American Journal o f Philosophy. 185-219. Stark. Madrid. ernunft in der griechischen Philo­ Walter. 1 . R.. en Mansion. 1954 (Zetemata. Hüf fmeister. pp. 389-396). XI). Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. Suma teolóeica. Rabinowitz. trad. 4 vols. publicado con el tí­ tulo La prudence.. J. Milán. Kapp. XVI.. «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. Leipzig. Leipzig." ed. Berkeley-Los Ángeles. 373-374..

Jaeger Crítica a la tesis de W. Jaeger I. 3.ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. II. Las fuentes La interpretación . 63. Los textos . - Prudencia y experiencia. 2. 3. La norma . 2. Definición y existencia . pru­ Cosmología de la prudencia l. lll. El hombre de la prudencia l. 68. 2. El tipo. La historia de las ideas . La tesis de W. La contingencia l. 15 18 23 24 29 35 TI. El e jemplo de Pericles. Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . . 43 43 52 63 dencia y habilidad.

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2. 3. . 145. intención y clcccióo. se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik.Tco­ óa aristotélica de la elección. 164. 205 210 212 241 Bibliografía . . 3.ll}) . 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites. 184. publicada por CRÍTICA. 1 5 1 . Apéndice 2. 2.La buena deliberación (EMouJ. s. 198. 159.ta). La prudencia en Kant Apéndice l . . Deliberación y análisi 128. El tema de la «impotencia» de Dios. (yv<.. c6maco .El problema del fJ n y los medios. La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra.250 l. de Barcelona 2. . 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4. . 137.La in­ Unidad de la noción de phrónesis. . 193. . . La elección Los dos significados de proaír esis. 177.QWLS) . Ética a Eudemo Fí sica . am- Ill.El humanismo y lo trágico. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. . bivalencia de este tema . (nQOOÍ. línlltes y equilibrio. . 134.L. 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l. S. . .Í>f.E l juicio como cua­ lidad moral. 124. 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. 170. 3. mortalidad en el límite. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) . Deliberación y democracia. .

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