LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
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tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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La prudencia fue víctima primero del . más interés que el puramente historico. s ttzrde del rnoralismo. «prudencia». y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. A111ígona.. que el bien. aunque sólo sea por educación. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». y que es necesario distinguir de la noción vecina. y por largo tiempo. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. si se presenta en él. fue. 13).la Desmesura. sino preservado. de entrada indistintas. pero también: un niño sensato (sage). la Ética a Nicómaco y /bid. fr. « . si era aún la de Aristóteles. I.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. 5. Olímpica. vv. Sófocles. para preferir el «bien del hombre». No es ca­ perado. debía quedar asociada a su declive. Se dice: un automovilista prudente.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. que lo inteligible no es de este mundo y que.. que sólo se ar­ cia». 9.351. y no cualquier otro.. y en. Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos.. más en general. Pero n. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo.o es una virtud heroica. a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí. pem muy diferente. 127 ss. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. de esta co. primer Lugar contra sí mismo. de «sabiduría» (sapientia. cansada de los prestigios. 1. La prudencia n. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. Kant. 7. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. Pero. 332-333. esa i e a La Harpe. sección 2 (trad. pero cómplices. aunque sólo sea el del buen juicio. . busca un. Carta de VoiLar 6. En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. La Segunda parte. Quizá. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. falta coraje. pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. pp. CJocp ia). Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. necesariamente más larga. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. VV. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. del espíritu público.). del «héroe» y el «alma bella». Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. 31 de marzo de 1775. la de los griegos. La prudencia es. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0.350-1.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que. que lo racional n. puede ser el enemigo de lo mejor. de la desmesura y el desprecio. quien hizo la teoría correspondiente. dejando nuestra investigación sin. incluso las más sutiles. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. contrarios entre s{. ciadas y que hay palabras. en otro sentido. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas. de Delbos.7 que el hombre.0 8. q¿¡e es el objeto de la prudencia. en gran medida. también y más que ningu­ na otra. una virtud metafísicamente fundada. finalmente.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético.

12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas..iiv appcllant» (Cicerón. Revue philo. LXXX (1975). Besan9on. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. 1962 (hay trad. . 1964. Schuhl. en el caso de la tercera. expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M. y. en especial sobre la no­ ción de xO. al contrario. de Aristóteles mismo. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. Le dominareur etles possibles. 69-72. t::ssai . 14. l. Madrid. y también una deuda: se podrá comprobar que. P. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst.L(}Ó�. 12 Finalmente.s (pruden. 291-292.l"fiphiqllc' ( 1962). Le probflm�e de f'etre chez Ariswte. l>:uís. «. 1: IX. Taurus. Schuhl. 146-147). en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. Magna Moralia. 12. Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos.ObSCUra quaestiO. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. en Vand�uvres (Ginebra). Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. si bien este estudio se basta a sí mismo.-en-Provence. tratándose de Anstó­ � teles. De játo. con el último grao exegeta de Ma¡. pp. cast. len inhaltlich» (F. pues. .-M. 11 Además. Sclzuhl. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. P. 1� Los múltiples aspectos de este debate. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. lógico. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles.: El proble111a del ser en Ari. «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. de auten­ ticidad. _ 1 1. se separan de ella. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. así como sus resonancias siempre actuales. siendo la primer. «De !'instan! propice». de cronología y. 1958. El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. 1987').:na M01·a/ia. PUF. PUF. París. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. Dirlmeier. Pero. 13. Aubenque. Por esta deuda. Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo. contentionem quam neel ovvar<. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). Morale. pp.�­ tóteles.-M. pp. P. éste sin duda ha utilizado <<notas».-M. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . físico y moral. 15. París. Aristoteles. . pp. . cuántas sugerencias. . cia) después de Aristóteles.� en su conjunto más antigua que la segunda. se puede admitir. por lo tanto. Schuhl. 17).mr la problémati· que ariswtéficiemle. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. 156-182. Que estas investigaciones. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10. y por muc as mtís. 34). Belles Lettres. en París. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio. IW10.inaban «sobre los posibles». el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom.

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

sin referirse esta vez a sus predecesores. PLATÓN. l. E1tÍ.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». Así. f. Aristóteles. 4. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación.M11oa�wu ú. yv&ot� i] cpgóvr¡ot�. Fedón. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». fr. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». 1078b 15.' � exei. recuerda en el libro M de la Meta­ física. III. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable. M.. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. bn<JtY)f. pues dice él. 590.OLaoem xat cpgovEi:v.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. que son cambiantes como sus objetos.AA. . 2.a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV. 68b evrp. SóFOCLES. Met.oeL xaeaew� l>vcev!. 298b 23.w0uL cpQÓVIl­ oet. Pearson § 1 . la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. De Coelo. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. el saber in­ Ideas. &XA. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa. fiel al uso platónico. donde Aristóte­ les retoma claramente.. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. emplea la palabra phrónesis para designar.

OME¡. VI. filosófico. Aristóteles introduce. aunque. 1139a 12. bajo otro nombre. 10.t. A.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux. "tE yv&crtv xai. en efecto. 5. Vl.�ÉQOV'ta Éauwt\. 2. l. 1tEQL 1:0 VI. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. Nic. 1141a24.ov.1139a 1 (cf. J7. 5. el llegar a un rango que ya no es el primero. phrónesis. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. que era antes asimilada a la sophía.3 Finahnente. no sea aquí no sólo una ciencia. 1140b27.. que. a diferencia de su maestro. una virtud dianoética. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. 4.física. Cf. 9. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. 5. 1 1 40b 2 1 . Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A.ttCic. no duda en calificarla de phrónesis.» 19 Ahora bien. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto.' pero en el interior de la diánoia.T] o a yv<i:JCJL\. al comienzo de la Metafísica.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>.13 En fin. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia.. 15 la ph. 2. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime.3. Jl40b 36. 15. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz.4 En estos cuatro textos. Nic. 12. Esta vutud es. Tópicos. Ét. que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica.. a las artes. 114lb 8.5 Sin embargo. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. es obvio que no lo es: «existen.oyLO'tLY. 1. 114la25. VI. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. 163b 9. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). nacidas de la necesidad. 1 J4la 34. 5. 6. 7. JtQÓ\. 18.wv x. . 34. 7. ignora lo que nace y perece. I. no obstante.. 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. que no tiene otro fin que él mismo.). 7. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico».'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡. 1141a 20. �Qóvq. &eeri¡ OtavoLa�: Ret. Ét. la phró­ nesis. 19. A. arquitectónica. en el seno mismo de la física.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que. aquella que no tiene otro fin. 1103a 6. 139a 12. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid. en una palabra. 114lb 5. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. 7. cree posible alcanzar. el saber verdadero. 13. en efecto.. OU¡. 16. 982b 28. !. Ffsica. 20.7. 14. 13. 13. el de sophía: la prueba de ello es que.1143b 20). por la otra conocemos las cosas contingentes. "rilv xa1:a �LA. pues... Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. 8. 8.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. la exigencia científica de estabilidad. ciertamente. VI. 247b ll. Nic. l366b 20). en efecto. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. yáQ e<ntv yrmíoewc. de lo suprasensible. inmutable· como su objeto. 2. sino que es para ella misma su propio fin. VI. otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo.óv). Magna Moralia. para ser intelectual. 3. 2. Ya no se trata de una ciencia.10 Lo más extraño es que la Vll. una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son. Jl41b 11. 1140b 26.ocro�lav cpQÓVllQ'LV. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. 5. 14. en los Tópicos.. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón.¡. 6. vrrr. !bid. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo. 9. «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. 5. Estos «Cuerpos» son los astros.6 sino de una virtud.t.at émcrrij¡.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). demasiado humano. 1 J40b 26. J8. para atenemos a los más manifiestos. el saber desinte­ resado y libre. los Cuerpos de los que está formado el Universo».rónesis trata de lo contin­ gente. 16 es variable según los individuos y las circunstancias.óv).9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx. apuntan a la satisfacción de una necesidad. Vl. (VI.. Metafísica. 14 es. 7. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma. Mew. 982b 4. constantemente asociados a émo-d¡ ¡. 2.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana.

85. es decir. pero sin referencta alguna a la norma trascendente.. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles. República. a condición. Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. ciertamente. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. entre la razón teórica y la razón práctJCa. según Jaeger. segun 1a . sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta. nueva edición sin cambios. pienso. /bid. no ha renunctado. conocido corno fases de una evolución. lleno de conse­ cuencias. por no decir opuestas. p. aportaba una p.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. Cf. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. Platón. n. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. en resumen. Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores.. Aristóteles «será toda § 2. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). /bid. sm embargo. el hom­ � W. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr».22 Esta primera crisis se situaría. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . Desde esta perspecuva. LA TBSIS DE W. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. la siguiente. M etaftstca y etJca se separan . Ci­ vez más de las preocupaciones . Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. las relaciones de la teoría y la práctica. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. percibida no en sí misma. al menos aparente.0 l. donde designa la contemplación.21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. edición de la traducción inglesa de R. . teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. p.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. cuya mor sigue siendo «teónoma)). el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. ( 1948). no es lo mtsmo en el. objeto de la contemplactón. Entonces se consuma eJ divorc o. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22. poco interesados en el coteJO crítico de los textos. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». Robinson 23.. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. 24.24 Si en la Ética a Eudemo. 533de: «No es. VJl. la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría.. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � .18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. cual Dios. . que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno. sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro. 85. 83. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung. /bid. 1955). las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. 21. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. Aristoteles. parecen no haber advertido. lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. La tesis de Jaeger es.

32. en la que se asistirá. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. más precisamente. por los sofistas. el fundamento de la vida política misma.QE't1)). disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. se podría decir «dramática». es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. y Dicearco. iban a dar una victoria. T ayl or.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. De hecho. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. una «degradación de la mística en política>>. según su propia interpretación. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"». inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. partidario de la vida contemplati­ va. 440. Aristóteles. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico. y la vida propiamente «ética». más exacto. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. el «humanismo».27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. Desgraciadamente. la justificación del oportunismo o. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción. Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. de la prudencia pequeñoburguesa. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. al ideal práctico. E. 461.. moral in. 3.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. p.26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. separando de nuevo la teoría y la práctica. 31. conforme a la inter­ del platonismo. su indiferencia respecto de la especulación. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. sección de Hist oria de la Filosoffa. Antes de Platón. 29. 28. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno. en un divorcio en­ -o. en la teología de un Dios lejano-. el segundo. Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. vo'Ü� o buotT)¡. 1924. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». 1928. Acl Att.3' La falta de sentido teórico del Liceo.­ sight). entre la metafísica y la ética. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. a una caída de la filosofía en el empirismo. al hacer del conocimiento de las Ideas. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. 16. P. para ha­ 26. al menos provisional. algunos años más tarde. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación. 451. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. an­ tes de Platón. pp. relegada al rango de ideal lejano. disociando la vida «contemplativa». Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. partidario de la vida activa. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. Anaxágoras y Pitágoras. . P.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. la acción recta a la contemplación de las Ideas. Mind. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. 192-l98. en particu­ lar el de la Idea del Bien. 27. 390-421. 30. según el testimonio de Cicerón. El término. 250. el prime­ ro estaba representado por Parménides.\IIA 21 motivación. Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). P. considerada como unidad de la teoría y de la práctica. A. On the Origin.t'Y]. 11. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles. pp.

35 acción eficaz que de teoría. Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana. si bien es nece­ � 36. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. de la prudencia. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa. mientras que el segundo. 39 38.39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que. 1216a 11-16. l. 49. On 1he Origin. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. p.. más aún que Aristóteles. al regir las partes inferiores del alma.JAEGER sariO reconocerle. . El aristotelismo de de la vida contemplativa.. al hilo de una del phrónimos. vtda contemplativa. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que. 11 Walzer. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. según Jaeger.c. Ét. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. l. utilitaria incluso.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal.22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. Jaeger . CjJLAOOO(jllCI.UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. sobre todo.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. del mismo modo la prudencia.. ll97b 28-30. § 3. . cf. y es Pericles. crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. Magna M01·a/ia. fr. 1215b 2 (Anaxágoras). . una tesi� de este género en la Jbid. Magna Moralia. 37. de Magna Moralia no haría. p. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. Él. ll98b desde la p.) (Anaxágoras y Pitágora�). del ideal contemplativo. 5b W (1. 440. 437. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . 34. n .34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. CRÍTICA A LA TESIS DE W. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero. 4.38 Con este comentario el autor W. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente. 1140b 7 (para Pericles). la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. r. Nic. realizar su propia tarea. la curva va de la contemplación a la acc1ón. sino recordar la estricta alternas. Pero. (132. Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. "ttJ.?Óvr¡mc. Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. 1215b 6-14.33 Por el contrario. 6 ss. p. S rates. Enc?ntramos. 34. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o.f. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis. y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. símbolos tradicionales del ideal contemplativo. 7. l<Ctt . mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. y. y el autor insiste. nes que permitirán a la sabiduría. 9. Eud. no habría �isto más que supervivencia en el elogio. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). 34. La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí. 8). V. 35. se mencione la sabicluría». de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. 5. On the Origin. . como a otros análisis aristotélicos de W. Llega in­ un� norma. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. liberada de preocupaciones sub33. es cierto. Carta a Meneceo de Epicuro: . pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». Protréptico. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . l.

en mel). como él dice. El filósofo.47 De hecho. 46. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. Sobre la evolución de la noción de autarquía. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». 43. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. VJ. la investigación de las fuentes y la propia interpretación. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. 109 ss. X. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. de Molitor (CEuvres phi/os. se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. Phi/. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates. 424-425. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. en libertad interior. otra cosa que un tema de escuela. pp. En . La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. 42. 45. 48.. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. Festugiere. De hecho. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes.. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. 4 H y el comentario de Tsnardi. l . op. trad. 1904) y. art. Schubl. la «tranqwlidad del alma». como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». p. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo». Por el contrario. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. del platonismo. M . fr. 401-433. 425. aun cuando conserve ciertas apariencias. que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. capítulo 1).. «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. J. pp. 'OQu:rmd¡v xut 8E<. la reseña de P. Heidelberg. pp. respectivamente. Rev. Heinze (Aristóteles. 129-131). pp. p. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro.44 Así. 7. 1955). fr. 6 H. TU. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. 1946.41 en que el ideal de autarquía.. do puramente especulativo las doctrinas.or medida. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. Isnardi. 44. . A. 11. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón. Por lo demás. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. Política. indisolublemente teóricas y prácticas. cit. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. a falta de mejor solución. por ejemplo en Dicearco. como se ha dicho.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. (1958). y otra práctica. lsnardi. pretensiones unitarias de la filosofía precedente. de &J. en La Pa­ rola del Passato (1956). cf. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo.45 Pero según otro fragmento más explícito. 1). distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica. a la historia de las ideas. que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. Cf. fr. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. del ideal de vida política es por lo menos paradójico.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán.OQlltLX�v t<ilv ovtwv. se transforma.. Wesen und W erden eines Lebensideals. aunque sea provisional. M. y nuestras notas en Le probleme de /'etre.46 Esta distinción. 4 1 . De hecho. en Espeusipo. pp. 2. que se confundía con la sabiduría. 47. cit. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis. 3 1 . la «liberación de los tormentos»48 picos. p.:urtlu. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. Marx. pp. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o.-M. 500-501 y 504. TóFr. 14la 6). Esta atmósfera de retraimiento o. no reconoce 40. É picure et ses dieux. Leipzig. Es el momento en que la libertad del hombre libre. cf. K. Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf.

Reservamos aqui el caso del Prozré ptico. les possibles. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55.52 La ciencia buscada. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. una c1erta 49. 60. Más aún. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. carácter problemático de su reconslrucción (cf. en una . p. 982e. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle».53 No obstante.r6nesis. Pero 56. no es sólo el ho W. 58. será finalmente la ciencia del número. 973ab. se basta a sí misma. Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste.� Finalmente. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. il!{ra). Crantor y . de la misma manera y por las mismas razones. 7. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. (cf. ello. Ya desde el prólogo. es decir. Primera parte. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc».rónesis. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. 50. esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos. p. Scbuhl. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. sino más bien los propios astros. la phrónesis. Sería vano.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». 77 H. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. Epfnonus 51. favorecw de su 'filosof1a. . por todo un aspecto Mác. 2. ahora bien. 977a. y los temas místicos del Epínomis. en lo su­ . sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco.26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. Con Polemón. más bien. istóteles mismo. no es otra qu. dado el 974b. no ha sido a n descubierta.57 Si nos atenemos al uso del término ph. 1 14la 2 0 ss. 986d. Le probleme de L'étre. en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. que no �esu�» (97?d). el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. Vl. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. en efecto. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. es precisamente la «política». no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. Así pues. aún. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. 43.tral. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. 57. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. aquello que hace del hombre un sabio. cap. Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. supra. 59. Cf. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral. Le dominateur et 982bc. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles.no sólo era característico del joven Aristóteles. 52. no es la forma más elevada del saber. soc1edad ya extraña a la filosofía. y la prudencia aristotéUca. Aristóteles. la única que vuelve al hombre sabio. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. 53. un nuevo rebrote del ideal contemplativo. la contemplación astral. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. .-M. 977ab.54 Más adelante. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. una función activa. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. go. J § l . 17). Fr. ceSIVO.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. Crates. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. cap. le parecía que Ar . en especial el De plzilosophia. . 54.55 pues merece. P . esta es la naturaleza de los astros».

el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. pues.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. Xll. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. Jou rnal o f Philology (1869). V de la edición de la Academia de Ber­ lin). no uno. Desde Bywater. 61. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles. pp. Jaeger. apanarse de la especulación. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. como bastaría para probarlo el libro X. de la salvación del II W. y se puede prever que sus con62. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. llct�didcs Póntico. 1955 (trad. que está en el origen de estas reconstrucciones. Berkeley-Los . Jaeger. 1870 (vol. 1934.. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. 65 ss. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. Wehrli) y. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. como hace Jaeger. fragmellla. 66. sino que mantiene ambas. cap.. Arisrorefis dialogorum fragmema. pp. From Platonism ro Neoplatonism. no deja de ser intelectual o «dianoética». FesJugi�re. Arisroreli s fragmenta selecta. vol. pp. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. no se puede explicar. 122 ss. Angeles. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. como del Liceo después de Tcofr:t slo. Así pues. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. Teubncr.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. 76-89.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. por reacción. Aristotelis. P. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. más tarde. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. Rev. Oxford. como t. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. Merlan. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. A partir de la signifi­ cación platónica del término. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl.62 la de Walzer63 o la de Ross. como hemos visto. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. Arisroteles. la herencia de l a sabidurra socd1ica. 65. «On a lost dialogue of Aristotle». la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo). sin embargo. 1957. ni siquiera de un primado de la vida política. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. El Protréptico sería. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. . 63. Ar istóteles no opone la una a la otra. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). VI. y por ello como más o menos recientes. en este punto como en otros. fr. (1956). tal como se la encontraría todavía en el Protréptico.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. 64. Phil. Florencia. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. 67. que serán las de la época helenística.. 55-69. 1952). no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. y debe buscar en su propio nivel una norma que. 18863. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral.

3). cit. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. JO. 31 9-320. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. 6.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico.ará admitir que Ar a e l. 10. 5-36. p. l96l.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles. Mansion. 1366b 20) y en los Tópicos (V. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35. retomando Lodos los elementos del debate. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. que no son necesariamente las suyas.71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. S. 77. cuan­ é Según Düring (p. 68. l45a 30. p. 191. Pistelli (I. Ahora bien. p. 9. refiriéndose incluso a teo­ rías banales. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. p.74 una ética. sino la posición de la ftlosofía en general». Pistclli) sean postaristotéli­ . escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico. 70. cit. que no ve razones para excluir estos r f m 72. p. Düring. 36. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. pp. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. Cap. Ahora bien. pp. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal.. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. epistéme. fragmentos 27 y 29 D). istotle avoids Cf. Pero. res ( 1 958). l. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». s tomadas de Jámblico a Aristóteles. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-.. 73. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l.. vain 71.ta doctrina con la<. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis. en especial 74. d. como sostiene Jaeger. t:repticus">>. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. VI-XJI. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . 195-196. ha obligado a los defen­ Por mác. 17. Düring. 14. cit. An Auempt 01 Reconstruction. strict terminology in thc Protl"epticus». 1960.. 2. 8-9. Dliring. cf. pp..30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz.c. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin. 316-320. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía. pp. op. t reacción parezca excesiva. por medio de argumentos que se enraiz. 62. 9-1 O. op. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». 20. y en ninguna otra parte del resto de las obras. 155. � trata de una «Obra popular» (L Düring. n. de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. p.77 Antes hemos citado textos. textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9).72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. S. p. Revue Philosophique de Lou­ 68.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús.. LXUJ ( 1928). p. t. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas». pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e. 69. sino sólo en «convergencia de probabilidades».68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente. Gadamer plantea una ley general. p. J. n. op. Düring. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. en co�tcsta este punto de vista. aun cuando se admita que Aristóteles.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. 34. V.). 75.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo.. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y. DUring. habrfa sido escrito hacia e l 350. cos. /bi Hermes. iscusión de JV. etc. 29). p. nada permite pensar que sea así. esp. op. (cf. la d 145. sophía. cit.. ibid. incluso las «esotéricas» de Aristóteles. Aris­ totle:r Protrepticus. cuando no trata esso. 36. Bast. !bid. Düring. VI. Gadamer. 27-60.da de la filosofía . p. tmchtung der arisrorelischen Ethik». «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. quedaría pendiente de probar. 6. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas.

en las Éticas. Ét. Eud . El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. igual que Platón. 27b.80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. no platónicas.oywuxou UQE"ClÍ). A. l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. 222. como el conocimien­ Pericles.1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. 8. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. l. l o s textos citados más arriba. . . . conviene matizar. 190). 81. por lo demás. cf. que.. 82 y 97. Eud. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo. VL S. Ét. 83. restaura el honor. que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. 2. 78. es para medir mejor l a aberr. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar.. 1217b 21. LIS3a 21. . 12. Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. . S. 8. a quienes Aristóteles considera. p. . injustamente despreciado por los platónicos. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. a. . rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. 4. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). el platónico. 7. sino populares. 1216a 19..79 Sin embargo.82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. pero no por prudentes».oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). debe m:1s al insúnto que a la ciencia. p. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. Anaxágoras. designando el conocimiento por excelencia. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. como ya lo hemos hecho en otra parte. Le wvbleme de l'érre. sucede lo contrar io. o en las obras esotéricas. por lo demás. 983a 3). por más original. pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. . en la época en que escribía. Walzer. considerado más esencial trata de ello ex prof esso. Nic. en realidad. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. en especial elde Gorgias. Nicómaco. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. sino preplatónicas. es decir. 4. singularmente en la Ética. eso es lo que especies de animales . siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. Vn. Para el autor de la 82. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . o al menos contra un cieno platonismo. y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. 83). que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. como ya se ha dicho (R. p. Ét. por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. Nic. que Anaxágoras era un phrónimos. Esta corrección no contradice. 23. I. caracteriza al prudente . como virtud d el a inteligencia (A. una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado. S. Pues. 80. I. siguiera empleando el término en u sentido platónico. o bien lo ha criticado expresamente. Cf. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. se de una retractación de Aristóteles (cf. Más aún. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. 1096b 17. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. si no bao 79. exac­ tamente como en el Protréptico.BA Aristóteles nos indica. saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. Mansion. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . I IS2b 15-16. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. 1 140a 25b. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí.. Considerar lo que está bien para cada género de ser. pues. L2lSb 2. en especiaJ·pp. Por por con f esión unánime. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. cpQÓVTJOLs. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. De hecho. 1 1 4 1 a 25. 13. . en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco.18 Parece como si Aristóteles.

no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). �7b. . en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. Hirschberger. sea cual sea su de­ 87. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). hay que comenzar. por el contrario.a mfeoor (cf. pues. The Origins o f Europecu¡ Thouglu. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto.. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. sobre el hombre. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. este estudio trata más bien de la . . no es temerario suponer que. Fil _dun es dec1r. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. pp. a propós it o en est os textos de Pl�tó . En el otro extremo de la can·era de Platón. que. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ .t11 � YJ_YEfAWV. menos pura que la episté me. en todo el Filebo. que designa la verdadera unidad de cálculo. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. Asf. . Cf. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. 5?cd):_ se puede. 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. No se puede dudar aqu. Habría que matizar. 1931. Leyes. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. 19553. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. a ejemplos o a citas tomados de poetas. Más aún. En este sis). l-200 (pero. por ello. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica. aquello a lo que se opone. incluso en este caso. Tercera parte. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. el sent1do «platomco». Snell. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. admitir que la idea de la prudencia. Onians. Phi/ologus-Supplement. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. también Repú­ blica 1. la oposición de Aristóteles y ele Platón. Cf. hace falta contar también con esta palabra poética. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). B. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). pero con la reserva de que phróness. cf. Pero. Igualmente. 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. a su vez. d. pues. recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. 348d. «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. sin embargo. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. vór¡ o�c. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. Die Entdeckung des Geistes. la dialéctica o la política. XXV (1933). sobre todo en las Eticas. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. Por ella. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero.Et E1tl01:�j. . «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. nominación. a pesar idea de sabiduría.ov fPQOVLj. la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. . .ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. (a uxili ar del movimiento). este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. el mundo y los dioses que la antropología. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. Quizá. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡).85 En el �roblema que nos ocupa. ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. ov'Y)atc. en este punto como en otros. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. 99b). que sobre el término mismo de phrónesis). de su títlllo. pia 86. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. pero no lo entienden en e l mismo se ntido. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. tanto co el Filebo como en el Me11ón. pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . en csle terreno. la interpretación. Sobre la phrónesis en los pri­ re . . Cambridge. Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. por el contrario. Platón miürá reconocer las «fuentes». 492a). pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. infra.34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . J. y ella sola. sJgrufica. pero más cercana a tra acción. en particular trágica. esp. R. 490a.

se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. no viendo en todos lados 88.• ed. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. Éd. Noble. En esta perspectiva.. Kapp88 y W. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia.89 Se podría considerar. la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. por reacción a la tradición de la exégesis. o bien. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. pp. finalmente. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina.!hik. tico. 5 ss.ión peyorativa. hace gala. si bien.-D. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. de la Revue des Jeunes. no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. 201 -202).-H. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria. . 48-52). se ha terminado por olvidar lo que había de otros. p. el método genético. el Protré ptico. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ .. . Así. 19!2 (sobre phrónesis. se ha Aristóteles y sus Éticas. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad. y por despreciar el texto esencial. L. esencialmente de la Etica a Nicómaco y. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. . más que transición y paso entre extremos. de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. en este punto como en muchos ta fúica. Berlín. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. cación piadosa. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. con 89. 47- 56). a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. de asis­ ario. H. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. Sin embargo. Ollé­ chen zur nikomachischen l:. si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. 1949). para realizar la «juntura». Deman. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. como saber de lo particular.s V . etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. A la compren­ sión. más en ge­ neral. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». q. por las estructuras. pues. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. Jaeger. lntroduction a la prudence (Sunw teológica. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. 1. tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. diario obligado entre el fin y los medios. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. se podría decir. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. Se habla de «hiato . Más aún. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». si se puede decir. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. horizontal. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. uniformes. pp. tendía sin querer a mudarse en interpretac. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. lla llae. intangibles. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. 1881. que es el libro VI de la Ética a Nicómaco.

la de W. pero srn criticar la cuestión misma. R. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. mren­ . en Alemania. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada.92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. L(l mora/e d'Aristote. 93. 1905).38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. Robin. Zeller y Jaeger.-A. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). finalmente. en realidad. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. no por ello es menos un conocimiento. con­ trariamen e a una tradición venerable. no es de ninguna ayuda para la acción moral. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». cuya paternidad atribuye a J . un saber teórico de los principios de la acción. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. que uno de los momentos. es la determinación del fin. !bid. . «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». es decir. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . 95. R. Gauthier. Gauthier. lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. precisamente porque es sólo teórica. de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . pero. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. en Inglaterra. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. imperativa.91 para recordar que. el de la eficacia. es decir. queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. pp. la cual. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». sobre todo.w Pero. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . p. Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. tal como hemos visto.sta problemática era. Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. Jena.-A. que critica la respuesta de Jaeger. Gauthter. Ross. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. siendo ésta depen­ diente. 1874). E . entre la ciencia y la prudencia. aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. en tanto que «intelectual». Pues. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo.-A. y tomar los propios deseos por realidades. a prever. R. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico.-A. Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. J. la inteligencia del bie? no basta . Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. en caso afirmativo. en Francia. 9 1 . en tanto que «práctica». . moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . Walter. Jaeger. Walter. Tambt n era la de R. Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. periencia. . ? pender la virtud del saber y. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles. 95 y 94. entre la teoría y la práctica y. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. para determinar inmediatamente la acctón recta. no duda en traducir phrónesis por sabiduría. Ciertamen­ te. es decir. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. Sin 92. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. No obstante. de qué saber. equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. incluye el deseo y la virtud.

del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. ¿Será. el cual ya no llega. al menos en su totalidad. pues. que es denominado azar cuando somos afectados por él. sin embargo. Se puede uno extrañar. Pero. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. es cierto. sin embargo. nos dice. Aristóteles nos orienta. pues. y que renace en el hombre aristotélico. no son platónicos. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. ciertas variaciones extrañas de su sentido. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. a través de ella. El problema de la prudencia y. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. de vivimos es contingente? ¿Será. más cercano que él a esa prudencia reverencial. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. puesto que somos hombres. verdadero mensaje trágico de Grecia. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. en los límites de lo humano? La respuesta. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. . la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. más griego quizá que su f ' maestro. en un mundo dividido. en los tratados éticos. secundariamente. de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. disipar las últimas sombras. lo contingente.

53. sin embargo. . De natura deorum. querían también vivirlo. JI.cpov (SVF.Ob oVbe'tÉQmv (cf. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. . SVF. y también se omite el 'X. 262). Math. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. 153. m. Ale jandro de Afrodisía. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in. parece. I. SVF. Ecl.. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. Ill. II. NIETZSCHE.ventione. por ico (Adv. Estobeo. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida . si se quiere. 153. &:l. bay aquí. Su instinto de conoci­ miento era insaciable.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios..tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'.. 43. 268. 59. el contrario. El nacimiento de la tragedia § l. Jll. pues lo que aprendían. Así como las definiciones estoicas de la borioso o. 262).Qtt&v xai. 59. 283. 11. El rasgo expresado por estas tJ·es úl. IX. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. 15. 2.l.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡. 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). en . la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. 38). lll. Andrónico. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al. cf. SVF III.tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. ill. 4.

40a 24. o el Bien y el Mal absolutos. 47.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección.. Vl.óyou áJ.r¡ 8i)r.. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e.estionum. nolr¡cn<. la prudencia no es una ciencia.A. la prudencia no es un arte. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio). incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. 1 140a 24-b 6.44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. sino ele la exactitud del crite­ rio. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente). pues. Tricot. puede (A. puede en rigor ser denominado &J.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría. y el arte a la producción. y no la e. Pero esta definición es aún demasiado amplia. has­ ta la cosa a definir. Nic.. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir . que trata de Jo necesario. Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl. del arte. S(Ul phrónimos.. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes». y el hacer.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente. hay dos especies de disposición. se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum».t. 6. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues. ¿será un arte? No. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4. 1 140b 20) y e�LV aA. lante.L. Su punto de partida no es una esencia. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles.r¡ 8oü. 6. 1 nimos. esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo. que citamos más ade­ I J . q.r¡8lj J. Se comprende. 8.r¡6oiJ.óyov aJ.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid.r¡8ij por &. 5. Pero esto es mera apariencia. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber. expresión de la experiencia moral popular. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar. diferentes.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral. sino el bien y el mal para el hombre. está claro que sólo el A. 4. en sentido contrario. tt. Pues.r¡6i¡. De libero arbitrio. 4. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. sin embargo.: así pues. Líber 83 Qua. Todo el mundo reconoce al regla verdadera. en realidad. mediante divisiones sucesivas. 1 1 40b 5). inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae. l 1 06b 36). pues la prudencia tiende a la acción. etc. en su formulación. 5.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte). J . una aplicación del célebre método platónico de división. cf.IHU ). sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�).. 5. 13. Ross.7 Se podría reconocer en este planteamiento. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. l l40a 24. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. a.. Cf. JtOLr¡nxi¡). .que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer. Bywater. VI. a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7. 1 140a 3 1 . l. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � . precede a la determinación de la esencia de la prudencia. 61. de la virtud moral y de la sabiduría. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia. Pero esto probaría como máximo que es una virtud. cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. 7.óyor. Aristóteles no parte del género para descender. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét. Gauth ier.. el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y. sed contra). obedece al esquema clásico de l. (cf.lE"tcl A. supra la defi nición de la virtud (ll. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte. que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia. q. 1 144b 28) es discutible. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f.: Apelt va hasta sustituir aA. en este sen­ t ido Dirlmeier.8 La existencia del prudente. que trata de lo contingente. 13). Cf.4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación. la leyenda y la literatura. 3. JtQéi�L<.. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. 2. Se parte del uso común.r¡8oü. aquí no se trata de la rectitud de la acción.. n.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano.. La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre».

l a unicidad absoluta de la vir­ tud. apunta a la exhaustividad. Die A11tike.. Die Erhik der Grieclren. 3. Más tarde. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. p. �a se trate de una clasilicación subjetiva u . la templanza. activa (Ou¡.9 nos daremos cuenta de que descansa. Por el contrario. al menos a aquellos de De hecho. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco. ill. racional (Aoytxóv). recurre al térm finalmente. le proporciona las reglas idas y (I. es decir. Anstotelcs» (/ ugenden. va­ 9.a o cpgóvr¡at�). sobre una división pre­ tudes cardina/es. ino pmdentia Es Cicerón el que. y oocpta. ObJettva. SVF. Cf.) .. lo cual evoca la idea de previsión. pp. con Aristón. qJQÓVTJOL!. para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. Éticas de Aristóteles). justicia.. 43. que ha es­ . Das En otra parte. . comun. n. y es. ibid. Il. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. Nic. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. Nic. la justicia (Otxmo<J'Úvr¡). cf. 439d ss.r. 14 Aristóteles. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. en todo caso.. Cf. Ném. 6). bu . en este sentido N. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. . qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia.. F. <<Der Grossgesinnte. nota siguiente). cf. 1). 1220b 38-122Jb 9. de la Magnanimité. o s l nusmo n CIIS. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. <Aristótele.r¡nxóv). 68.oyttó¡. E. IV. 52-53. 153). si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes.¡. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡). como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas.� que. es decir. Stuttgart. de saber eficaz). 1951. que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. 72-75). de las cosas que se han de atri­ realizar. 1%b. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. c:r. al sistema. .� En los d?s casos. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. A una descnpc16n de estos tipos. 6-9. de las cuatro virtudes. presente en el 2 y 58. Schwartz.16.. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. 55 ss. 1. el conocimiento de lo inteligible.ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). una galería de retratos. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. conforme al sentido popular de la palabra. 5. En la tradición latina. en las ptico. 1863). Robín. y la justicia. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf. .tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. y fficiis minisrrorwn. Et. Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . 25.. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0.a-.. siendo más general. 427e.¡. al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. más teór e atiene a esta distinción (cf. 1. en la cual algunos han quer ica. De la virtud ética. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. y según los principio¡. sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. Rose. J.. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. en (1. aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes.46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. p. L. no ha estu­ . y que designa cpQÓVllcrt. l. Wesen und Wcmdel der T � 15. R. De officiis. 1-Jartmann. se contenta con una en umeración e'?pírica. Banquere. templanza). a lo Leyes. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. Reptíblictr. 13.ido frecuentemente subrayado.txóv). el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. 7-9). Cf. 1323a 27 ss. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. Vfl. Leyes. 3. 14. Plotino distingue cpQÓVTJOt<. tablecidO él mrsmo. 97-105. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. p. 10.-A. l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). Eud. 7. 52. Pero é Sible . 3. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. el valor (avogeí. 1334a 22. . mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . través de él 24. Ethik. también Plutarco. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. es dec1r. . ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia.11 En cuanto a los estoicos. fr. quizá Einteilung. or 1 1. de exposición. 1 .lma. ya sugerida por Platón (cf. 1 107a 28-1 J 08b JO. o. todos los demás hablan de aoq¡ta). la teona de las vtrtudes. 'fl· Jaeger. fV. pp. probablemente de origen popular. 15-16).. 262-263: L 201.und Anordmmgsprim:. Gauthier. ibid. d e Jar de sorprenderse . toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales). Et. p. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. 62. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. � . <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia».16 o por mo. 2.a) y la sabiduría (aocpí. 10 la cuarta virtud. lor. sólo que. al a ido ver el retrato idealizado. Protré Política. 1 15).11 que re­ . Tan sólo Cicerón. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo.. 235). Bollnow. la pr estando subordinada a la segunda que. ro. . Berlín. VJJ (1931). una empresa sistemática en Hacker.. al igual que ellos que no afinnarán. 27). banal. pp.

1 1 9b 23 (trad. 317. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. 36. 3. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos». que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori. L. 23. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada. lo sup]e. Rev. pp. 97b 15 SS. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. 17 del hombre griego. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud. más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. son generalmente utilizados a la vez. ou le complexe de trahison. 1220b 38-.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. E. si se quiere. 21. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. 83-103.teva. si Alcibíades era "magnánimo". no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana. más esencial. Ét. o incluso el retrato i. Además. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. y considerar qué elementos tienen en común. (ad loe. fr. al menos de su yo ideal.122\a 12). nos preguntaremos qué elemento era común a todos». su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. Aristote et les problemes de méthode. si se m ira bien. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». Tricot). por ejemplo. G. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». por otra parte. 300- Retórica. que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos. guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. sino mediante el recurso a la descripción. l l9b 22. no tengan nada en común con los pri­ meros. hay que düigi. Aristote TV. 7.. hará falta distinguir dos especies o.. Aristóteles comienza. 24. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. como. por lo general. Burnet. cf.eyó�tsva como los hechos de observación. dos géneros de magnanimidad. los dos métodos. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva».r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. eventualmente. 1947. para ser más exacto. De hecho. que es inductivo. si se quiere. apriorístico y deductivo.20 Volvemos a encontrar aquí. 1. entonces. continúa Aris­ tóteles.18 Con ello. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana.). de J. Eud.deal de Axistóteles. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. Cf. 19. o Aquiles o Áyax. . éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. el de Jos caracteres.teva. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. lo corrige y. El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-. 18. sin embargo. ll. Joachim en sus Comentarios R. Owen. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. nuestro 17. 13. Phil.. 22. 1\6évm ta cpmvó¡. cpaLvó­ ¡. sino en el hecho de dar y adquirir dinero».48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo. Este méto­ do. si el filósofo jtlZga el lenguaje.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. por A1istóteles mis­ mo. 1961. Así.23 Puede pasar. p. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. Allendy. Il. se constatará que. no tienen nombre (av(OVUf.. pp. II. Nic. de la cosa misma. que implica cada vez una virtud (Et. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. Pero entonces.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones. determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. tales como Lisandro o Sócrates. Pero. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. no en los traba jos de guerra. a la vez fenomenológica y axiológica. como en el caso de la pmdencia. Lovaina. 20. tanto los f.

liv ó q¡góvt�Loc. . contrariamente a los manusc1itos.). Ét. el recurso al retrato no es un sucedáneo. por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. 4. . Aquí. 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). Cf . frecuente tanto en Aristóteles como en Platón.lÍ. por 30. equivalía a la noción. Ciertamente. parece. Nic. en un justo medio . la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. cf. Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente.26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. § 1 . pp. 3 1 ... pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. sino una exigencia de la cosa misma. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. Metafí 32. de la esencia de la prudencia presupone.oeu:: (ll. ibid.·. Pannénides. Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. sobre la participación en un orden general. 5..la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es). a pesar de todos los atenuantes. .25 T ambién distingue. Primera parte. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. sino el prudente. cualquiera que sea. 981a 18 ss. con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. l. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY. Así corrige Dirlmeier �at <be.óyo� por «regla recta». No es siquiera necesario justificar la traducción de A. virtud consiste en actuar según el justo med10. . . In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe. Ú>QLO¡. La . la erudita tesis de Dirlmeier. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley. ÓQÍ. 1 . Cf. . No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». cf. supra. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas). 27. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud. es decir.td�). la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia.óyo�. siguiente. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. Pero querríamos mostrar aquí que la definición. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional. en xnt4>. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. absolutamente. el que es presentado aquí como la recta ratio. ya para el Parménides de Platón. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . Pero el prudente. 26. 6. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. si no es el recurso al JUtcto . que A. y la prudencia sobre lo contingente. 1097b 9 ss. . n� es en familiaridad especial con lo trascendente. desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. en efecto.. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber.29 No retendremos de esta definí25. U . EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. pp. leyendo entonces: «. to medio es la reala recta. 298-304.31 o de lo que. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. Cf.�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc.28 y que. 29.UÍvr¡. sino que es la regla recta misma. sino que designaba la regla que servía de norma. que está determinado por la regla recta.illV�) Aóy<¡) xat wc. 33.33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. l 106b 36). de ÓQ6Ó� A. pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio. sica. sino de derecho. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. la posesión de la �1aestría . . Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual. 34. Sobre la noción y sus orígenes platónicos. como ya hemos visto. No podernos contentarnos. 28. y cap. A. es decir. . 133d-e. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. Cf.34 el portador vtv1ente de a norma. 147- 148.

Revue Philosophique de Louvain.. que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». 950c. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. 300c. el papel del filósofo en la República: -xó. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. . Aristoteles-Stu­ dien. 65. W . p. 1094b 1 1 -27. El phrónimos sería. Desdt entonces resulta secun­ valon>. Zwei aristot�lische Friihschr�fien. pero falta una cosa. proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. 23 y 27. o los hombres que sobresalen. a la retórka. es. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. es suscitado una abundante literatura.' cada vez por qué el phrón. 13 W. PisteUi). 964b. Stark. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41. vó¡. 185-219).. saca de él la Norma trascendente de toda acción. «la naturaleza». pp. era él quien representaba la universalidad viviente. el heredero del filósofo-rey platónico. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. l098a 26. 81-97). 77-78 y 87. ll07a 29. 54. el (fr. 54. 52 R.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito. cuya importancia ha subrayado W. son los primeros en la ciudad.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas. 582d. del «gran hombre>>. Jaeger. en Autour d'Arístote.. T eetetb. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que. 292c. Walzer. 16-20. pp. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D.A. Düring. sin duda escandaloso para un platónico. 258b. 39. Ét. 39. 13. 1. &.imos es presentado como norma: S?bre este punto. no ya con el saber del geómetra.AA.a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. Protréptico. del «hombre eminente>>. 3 P). 36. etc.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. § 2. 9. fr.. Estos textos.w<. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. se decide es el valor. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>.). lJ02a 23. fr. cf. Político. en una inspiración muy diferente de la de la Ética. Ét. (pQóvq.. . p. 13 W (Jámblico. «el representante terrestre de la Idea». anodkti:o<. R. ll6a 14 ss. a su sola experiencia. Vl. 7. Düring. Dirlmeier de ét. ¿De dónde le viene. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad. 87. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber. 170a. II. Nic. J. pp. 7. anovOaioL. 1960. como se ha dicho. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. 56 ss. El Protré ptico.. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. tra Primera parte). nues­ pretación que de ellos daba w. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf.): . S. pp. o el hombre de valor. Finalmente. pues no es menos «exacto». 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT. LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente.J7 Pero. pues. cit.L'YJ V). para subrayar la «exactitud>> de su arte. Jaeger (Aristóteles. el Saber encarnado. 55. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. 22-55..52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley. Cf. y los textos citados por F. entonces. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. del político en el Político (309d). Monan. «el bien». R. Mansion. Wilpert. Arístoteles. Cf. 1 . Nic.¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. preguntmse 35.. «Los jefes son aquellos que saben». 37.("Ú!OLV. 38. Jaeger. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. no es la regla recta. art. Nic.tma xQlveL. p. cf. su primacía? · ma. Pistelli)." hA. qtúen creía cierto.las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century. Fr.¡ou� emtv kO. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. 13 W. 730d. I. en cada especialidad). Cf. Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. 732a. ID. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. 236. X. Magna Moralia. se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l. l.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1. 5a W (Jámblico. 253).ya0Ó<. p. la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar. 24 P). I. pero eso era. 1 16a 18).39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas.. e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. Político. p.Ael Protréptico han 40.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"».

La metáfora del piloto que guía Platón. a las circunstancias de la acción. 46. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia.. contra la ciencia.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. 27 P (dada la cerca­ . 296c-297a. de las relaciones entre Jos hombres. 1 137b 25. 508a. el de la distribución de bienes y. 52. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. en el del Hombre Justo. en Aristóteles la justicia abstracta. 48. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación. O más bien la ley. en Aristóteles. pero también el inconve­ niente. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. !bid. ó xav<. Polftico. 1 286a 9. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia.49 Por el contrario. más generalmente. 294b. pues. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). De una manera general la virtud moral consiste..oúv. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. tov yÓ. que ignora los casos patticulares. que hace lo que puede. 43.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia».do también. 13 W 55. al erudito. nos dice. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada. en el personaje del Rey y. pero ignaro. 51. no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. nuncian el carácter absoluto (émA. que son singulares. Finalmente. Ét. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico. l l37b 17. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares. Nic. Cf. que corri­ Protréptico. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. Por el contrario. el jefe. PoUtico. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). en Platón. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. Nic. de derecho.48 expresión en sí misma de un orden matemático. por las mismas razones. que de­ Política. 294c. To ¡. 47. No es. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡. al menos. fr. a definir todo. 45. sino en la naturaleza de la cosa.t(! por ÓQ¡. 297ub). también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles. 49.tGi:). Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. Gorgias.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!. cient(fica. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. ni.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres. según Platón.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». con tr.51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. pero su espíritu es opuesto. ya l o hemos visto. Compárese Platón. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o.CtLÓl:CttOV (Polftico. V.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce». el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. 50. V. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas. 295c. Cf.Í>v e01:tV. 44.. ni mucho menos a ningún supersabio. no está ni en la ley ni en el legislador. Polftico. ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. ánA. Polftico. 15. 14. l l37b 29.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. 14.uuo�».Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. que son generales. de tratar sobre lo general. al que Aristóteles recurre para 42. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio.w�) de la ley. l l37b 12. no es más condenable que la ciencia. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar.

no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein . da de ellos una confirmación dero. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad.. Por el contrario. Für die agmí. y. 36. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas.. El bate. Wenn du dich nicht fürchtest. Ét. esp.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. M. I. IV. 9. Cf.u::vov &ya8óv y &ya86v émA. la decisión del spoudafos.ien>> (Voilquin). sondem nur Knechte und Bosewichter. si se sabe 53. Stuttgart. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7).w� xQtveL rtcQL a{n. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. pues. cluso en el más alto grado. . 54. Mannesk. Ya no es el hombre de bien ad hominem.r¡m�). al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. l. Jaeger. 127. él es para sí mismo desde Platón. Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf. 22. 102-103. ". es cierto. y entonces ya no hay . aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. Nic. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. 1962. Eitel. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. Bréhier. 1951. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien. cuya volun- calidad de su juicio. 1-107. ' 55. por ejemplo. Also spricht sie: "Du bist gut geboren . con la vida de placer. de ascesis. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). «el hombre de b.. etc. 1 06. la prudencia. Ein Volk. . más allá del intelectua­ dal.. Schwarz. das diesen Glauben im Herzen hat. .o:. W. 57. bist du geboren. El objeto de la voluntad (�oúA. . sino que es él núsmo la medida del valor. .. Der T-lerakles der Sage. . pero en un sentido totalmente distinto. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm. y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual. De una manera general. de dominio de sí. 1 178a 18.¡mvó. la tr adición de lengua alemana. Schuhl.óxaf. de tensión. wird der Sieg dein seio. por la tradición cínica y estoica. lU. istjugendfrisch uod jugendstark». Paideia.. Les StoiCiens. En este sentido. en él.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. X.r i pides Herakles . No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. pp. 6. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). 8. simplemente. si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. cf. de ardor en el com­ anouoat:o¡. coinciden.w� inspira confianza por sus trabajos. p. Eu. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. esp. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<.». como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud.54 sin embargo. se pregunta. el pasaje ele las pp. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len». J099a 22. 41-43.aA. «el virtuoso» (Gauthier).-M. sie kennt keine Menschen ausser ihm. Wilamowitz-Motlendorf. publicado por P. 41-66.GYv ó anouomo¡.55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas. . 16.os es invocado en otra parte como criterio únjco. Epicteto en el retrato que hace del cínico. Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». «the good man» (Ross). es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio. . ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o. II. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. Aristóteles so. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. p. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. el mismo spou­ de estas mate1ias. 805. . tal como es concebida dente que permite medirla. Aristóteles en el libro II. aus gottlichem Samen entsprossen . 44.. aquel al que se puede tomar en serio. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. Coloquios. pp. Griechische Etltik. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. en especial. que se un­ bueno. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. pp. al ideal arcaico del héroe. 1. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed.raft und Ehre. Mientras que la sabiduría. En este punto Aristóteles parece volver. Cf. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0. París. II.aco. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. Wilamowitz. Si estas determina­ q. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen.

ampharra. que. Contra es mvocad a en la Metafísica (G.) es pora sr mismo su propia ley». como buen conocedor que era de la Antigüedad. . 716c. X.. 5. estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. es decir. El spoudafos.. p. q�e no se etine. fr. los poderosos. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta. ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». los que se han considerado a sí mismos buenos. 101Ob 5). J. R. Leyes. 5. 401 ). . según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . 1284a 10 ss. es la virtud 1� que es P?r . por su carácter rntrrnseco. trata de supe­ rar. Mencionemos solamente que. que . Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. eeteto. En un pasaje de la Política (IIl. 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . 13. 60. .59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior. 63. VIro (Ad Qumt. pp. es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble».el valeroso al virtuoso.64 Está claro que traducir en . yc. s1.61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. la eJOstencta del valeroso. 1 176a 17. 184-185. a través de él se encuentran tr�labl �. Nietzsche. pp. 5. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón. no puede estar sometido al _ . Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano. como el placer puro en Platón. aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma. esp. . como si él fuera su regla y medida». q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. (N. trad. 5. X.té'tQOV wv. 37). 1 ). pues e�los son para sí mismos la ley». que hoy . Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. IV. sobre los griegos. estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . Cf. * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias.no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal. en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . de primer orden. 1 176a 5-24. cf. 59. 111. 5. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas. J l l3a 25. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. T 58. 14.. Weil. 152a.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�. 6. y la del enfermo. los hombres de distinción. París.. Pues incluso si de he­ defi n tda cho.). por el contrario.. quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. cr. que se precipita hacia aquello que le per judica. pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. 1176a 28). 1833. cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. .tétQov éx&otcp .) enLrc los monales». vulgar y populachero. Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. 160d.56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas. xat EAE'1!0ÉQLO!:. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. etvat). es decir. mezquino. para tale cer leyes � h?�bres. Albert. fr. los que han juzgado sus acciones buenas. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). (X. p. nos ruce. que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. Aristote et l'hístoire. hacer se pcttente a todo lector no preve111do. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. sobre la improbabilidad h Philosopilie.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . 1960. 303 J .. cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas .62 como al absolutismo platónico del Bien.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. 64.Bw¡.63 y que fa �omparac10n del . SI fuera necesano. de la t. 57. entre el hombre servil y el hombre libre.58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio». y no a la inversa. sen � rnutll Cttarlos todos . de H. 62. Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. XIV. como su­ cede tambrén en la moral contemporánea. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. Cf. ffi. el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. 61.. en la Ética a Ntc6nwco. 4. � �istótelcs asimila . L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . W istórica de tal alu­ sión cf. l l l3a 29 ss. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. en el mismo sentido ó téi.

como escri­ be pomposamente Dirlmeier. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va.. De hecho. 66. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. Ross. Es cierto que en 1934. a propósito de la def mición de la virtud 1.wv). Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». que parece seguir en esto a W.7° sin embargo. en consecuencia. se verá que. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. Fr . ofrecidos a la ad­ miración de los griegos. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. Mas bten. 69. Fr. cf. 2. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos. la realización más auténtica del h_om­ bre griego. y Sócrates a Alcibíades. Y. pues. Cf. 71. si bien es verdad que. no sm afectaciOn. 65. la que define la verdadera nobleza. 67. a «lo que se dice» y «lo que se hace». sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. en o que _ concierne a Aristóteles. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». es � phrónimos. Dirlmeier. del hombre sin más. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. pues. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud». y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. Dicho _esto. 1. el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. 5.66 pero. Panecio (Antikes Fiihrerwm.69 Más tarde. a propósiLo de J099a 23. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. 6). en sus orígenes). Rose.1nos». Ross. Política.67 En una obra de juventud.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten.óyo�. 70. que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. p. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. o más del Pórtico»). ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente.60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . Rer6rica l. el ÓQ86� A. fr. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. es decir. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». Jaeger. op. 284. 9. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. El spoudaios sería. . al dermmbarse los valores trascendentes. sin duda. pp. y en e l F. 4-5. 92.61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os. La equivocación de Dirl­ meier. 4. se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla. se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. onou&aí. esp. míticos o históricos. 94. 142-144. 345. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. Finalmente. Rose. 1360b 19-20. Nauck. 1099b 3. � te válido. a las opiniones y 1� �ostumbres populares.as). más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. 68. universal del valor.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. P . menos paradigmas en el senti­ do estrictó. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. incluidos los comentadores b1zan1:. 312. Si se comparan las fórmulas. como había sostenido Eurípides. y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro.at. (U. En la Ética a Nicómaco.dad. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual.

<ruvt<JLS o yvw¡.. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-.oos a yLyvwo xeL. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. y es en ello que se es buen juez. ahora bten. Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. y no por cualquiera). pero -añade Aristó­ teles. lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias. 5. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . � pers1gu � . de los estoicos. VI. . es cierto. No sól� es . el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta.L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. J2l6a J l . puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. como todo el contexto.QlvsL x. experiencia.73 Así pues. además. Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . Nic.t') . VU. inaugura.. destgna una cualidad intelectual. que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual.. Ét.ga. S1 la mtebgencta. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente.a. to» mc�uso s no se juicio. mino phrónitnos. individualizada en la persona del pl�rommos. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. Aristóteles particulariza. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos. como en el caso de las otras virtu­ des. sino OLávOLa. aquello según lo cual se juzga. es decir.62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. 73. . penmte discermr factlmeote. sino el t� smo �ue JU. § 3. que no es el sabio platónico. además Ét. Al10ra bien.74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal. fr.72 En la definición de la virtud. no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. como flm­ damento de la regla ética. (T. el ter­ .a.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. l215b 6. y a la sabiduría de las Ideas. • . la prudencia. J094b 27). 75.� t1ene . Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. x. En conclusión. . � es el reflejo de lo inteligible. y no del ethos. el análisis topológico debe preceder aquí. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . Eud. su .a virtud: Pitágoras. la prudencia de los prudentes. El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica. A la intelección de los inteligibles le sustituye. un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente. Protréptico. (281 e). .aA.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. ayaeo. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. en resumen.t. ejemplo. ya no • . que ' aquí no se denomina voi3s. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. sino por la rectitud de su JUICIO. 1. poseen la sabiduría. EL TIPO ' 72. 5. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes». pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). • . La «regl� r�cta» se encuentra. 1 . 13. A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios. pero no renuncia al intelectualismo. relativiza la inteligencia. 4. se lo tome en su senado popular o emd1to. 5b y 1 1 W. os). pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual. Nic. no significa que ya no haya nom1a. la inteligencia de los inteligentes. Parménides y Anaxágoras. aunque sea bajo una f orma nue­ va. individualiza. nos remite al personaje del prudente. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). a la determinación de la esencia de la prudencia.o-cos M x. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. l l 40b 7. incluso entendida como virtud in­ telectual. 76. sino que es norma en sí misma. Por lo demás. . sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales. 3. la ciencia de las cosas más elevadas. "Ex.

por el contrario. fr. 5.8Jl sin la cual. 644b 22-645a 5. de manera que su saber puede ser «admirable. 34. Cf. si no por su elocuencia al menos por su huida. 184. 83. supra.. 77. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. Düring.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82. difícil y divino». hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. . ha sido afinnado siempre por Aristóteles. l.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. de A."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. a la acusación de impie­ dad explicando. indiferencia. que no es inmediatamente práctica. no está lejos de consi­ derar a <. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. p. que no es la si rvienta de fines ajenos. Metafísica. 81. según dice una tradición quizá sospechosa. 5 1 7d. 1 1. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles. Rose. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud. pero. 7-8. y la sublimidad. según el punto de vista desde el cual se las considere. frente a la especulación inútil de los filósofos. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. 5. Walzer). 84.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría. VI. anim. al final de su vida.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. 262. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». T. T eeteto. 88. 1259a 6-20. Éticas.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). es decir. es «inútil». 79. ridículo.. Anlidosis. la independencia. 490a. Panatenaico. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. 667. 34!-342. 7.87 Pero. Sobre esta tradición cf. I. Fr. 86. y Protré plico.. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. Rose ( 12. Primera parte. pp. Croiset.35 Ar istóteles. 1 140b 10. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». Cf. desde el punto de vista éti­ co. para los hombres. 484cd. 58. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. de un modo general. un representante de la prudencia. en realidad. al mismo tiempo que su carácter divino. Port. nos dice. 982b 20-983 a 1 1 . incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara. se sustraerá. Gorgias. 174a. 484e.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias. 9). la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. 78. Ibid. 86. /bid. 85. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. n. En la nimos que al fondo del problema. Vil. 87. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. A 2. 486b. modificada. l l 4 l b 3-8.lTJ). Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition. 80. El carácter desinteresado de la sabiduría.del hombre cualquiera. /bid. nos hadamos condenar in­ justamente. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. más que cualquier otro. trad.. fr. Política. Repzíblica. sino que es su propio fin. la ciencia a la ignorancia.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

254a. Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante. República. combinar los medios más eticaces. 3-6. Ét. pero no que no se trate de un . VI. 1 144a 30. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular).. desprecian el páthos y el ethos). 111.). pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. 164a. pues. Nic. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche. no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. 5. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. el pudor (atóc. . jugando con la etimología al estilo de Platón. el intelecto. o por ser virtuoso. 131. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. cf.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. que las de la herencia. Il. más rico en disponibilidad que en contenido. se acercan entre sí y se oponen a aque124. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. fr. Vl. 32.es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. como atestigua el Protréptico. En Aristóteles. 13. 9. Cf. 1 1 52a 1 1-14. cf. empleado en otro sentido).�v nos dice Aristóteles.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales.. Nic. 127. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. VI. Mttgna Moralia. 126. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que.123 La prudencia es.127 Este último rasgo nos permitirá. 533d. 13. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. 1 1 40b 1 1. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). cuya guía son. Política. según Aristóteles. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. sin embargo. 5. de la cual -. Snell. La expresión es de origen l1omérico (B. n. l. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. cf. 5 1 8c. Que un saber así sea incomunicable. VII. I. 2. y menos oscuras. So fista. La pmdencia es ese saber singular. Emdeckung des Geisres. l 142a 13-17. y si los hijos no se parecen a sus padres. 13. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. VI. X. VI. Cf. Sobre la metáfora del «ojo del alma». profundo porque no deducido. l l43b 14. 1 144a 23. 1 197a 17: btc:x•. en la paciencia y el trabajo. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia.ú�) y. Ét. 4 l l e. 1 1 14b 7. como se puede ver. 1 144a26. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. 1). 125. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. dado un fin.14. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. es una capacidad digna de elogio. 1 1 W. p.cntv. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. 9. l.y que. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. 129.72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. pero si es perverso. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>.vó�). (n:áeo. T eeteto. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. del carácter c�eo�). 12. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo. Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre. Cf. Vl. 219a. 52. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos). sino también de la con­ ducta del hombre. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa. Crarilo. hac iendo de las virtudes ciencias.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. Banquete. 1143b 1 1 . VTI. sobre todo. es decir. 1 144b 31-32). sin embargo. 34.128 Pero la ha­ es noble. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos.. del placer y de la pena. 10. a lo más impersonal. 1. sino de la reanudación. Pistelli (donde phr6nesis es. 130. VII. 1 1 . Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines. para acabar. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. 1 1.LO�.

ID. Para Kant. 1 179b 27-29. ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. 10. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. segunda sección. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. 13. es decir. 126). 136. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista.136 de «favor divino».137 Si la coerción es accesible a todos y si. los consejos de la prudencia. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. . Rodier piensa sin duda en r. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. p. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. sino como lo bueno a lo indiferente. es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. 1 179b 23. Por el contrario. l l79b 8. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant.132 Un poco después. moral. X. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. aunque se sea hijo de Pericles. Ét. y e y bueno. una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta.l•ene virtud . del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza. 1 1 14b 6. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. sería una «Suerte» no serlo. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales. etc. 137. sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra. porque una y otra son imperativos hipotéticos y. �ta eúqnita no es una excepción. la habilidad del virtuoso.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. nacen igualmente aptos para la virtud. trad. 132. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. una vez más. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. como Aristóteles.. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas. 1 144b 5 ss. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. el del nacimiento. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. fr. pero no serán la regla recta. eilqnita). Kant. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra. al valor. /bid. pp. es decir.tá completa y no .tyaOóv). X. El phr6nimos. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético. 135. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos. VI. se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. o. por tanto. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. a su antropologfa. Aquí. ajenos a la moralidad. pues. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. por tanto. pues. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. 1 179b 22. La educación moral debe reconocer sus límites. 2). para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad.. . Sin embargo. sólo analogfa. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. 7. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral. Nic. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. No hay.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. excepción hecha de los «monstruos». pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. 1 144a 27. pues. es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. 10.) por la inten­ ción del bien. cf.. la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. por lo tanto. Nic. 133. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente.lOV eivaL �l� ovta l. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia. 127-129 y la merafl 132-133). encarnada exclusi­ vamente por el prudente. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite.. de Delbos. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles.

que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. eveQyeí.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo.at xat wv e<n:Lv. de la teoría y de la práctica. alli donde no hay ninguna posibilidad l. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. l 122b 1 . 1 107a 17. PLATóN. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva.e. 138. etc. el sentido teórico y la habilidad práctica. 2. 1 Jl9b 17.2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. 1 109b 16. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. en su descripción de las virtudes morales.. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. 'H e. o aquello que debe ser. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. O más bien estas son oposiciones modernas. el bien natural y la experiencia adquirida. Como atestigua. Nic. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. 379b § l. lV. Allf donde estas situa­ ciones no se dan.�<. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. pero que puede aplicarse a toda Est<. m. la lucidez precavida y el heroísmo. el buen sentido y la singularidad. liberal.. sino ambos a 2. ÓQtl.»' Mediante esta fórmula. lo que es. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta. la Antí gona de Sófocles. más aún. bre del interior y del exterior. ll.ett<. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales. Ét. 6. justo. que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. 1:ett'<. l . en general. 2. de la conciencia y de la acción. 9. l !09a 28. sino también con lo que hace falta. como un último dique. y. si el mundo fuera distinto De hecho. cuando y donde hace falta. Ni «alma bella» ni Maquiavelo. . 15. por ejemplo. incluso no sería en absoluto.. n. la habj!idad y la rectitud. El personaje de Pericles no la vez. la virtud no sería del que es. del fin y de los medios. l l04b 26. si las circunstancias fueran otras. la inspiración y el trabajo. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. República. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. la eficacia y el rigor.

veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. el dominio de lo contingente. pues. VI. 5. 1 140a 10-14.11 Ahora bien. Vl. 3. 2. 4. VI. btmve-¡.. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. 145. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las . 14. de una ontología de J. Fí sica. es decir. A este horizonte Aristóteles le da un nombre. 200b 32. tanto que es la más alta de las ciencias.«virtudes». Pero.A. 6. el nacimiento y la destrucción (yévsmc. 1 J 4la 16. 1 . comienzo del capítulo precedente. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. ! l . una cierta incompleción.). Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte.wc. El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen.á (cf p. pues. La prudencia no es sin duda una virtud situada. n. Metafí sica. Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc. . 5. en i 3. comporta un cierto juego.1 1 .7 versa sobre lo necesario 8 y. 7. del mismo modo que el camb. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia. V. I. es.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. F �63352 ��8 F I LOS O F \ . la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. 1032a 15. para Aristóteles como para el pen9.tLa. Sin embargo. 8. 127). 8. antes de remitir a otros textos aristotélicos.10 La teoría de la prudencia es. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en. p. de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. a propó­ sito de la prudencia. 4. l l 40b 5.»13 Este texto suscita dos comentm·ios. 1 3. l l40b 27. una cierta indetermi­ nación. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera». Cf. 2 (Sobr e las virtudes). no de los bienes trascendentes.. en el sentido en que lo son las otras. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. Z. En primer lugar. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que./c/. H. de alguna forma. 7. l l39b 19 SS. 1 140a 1). Enéadas. Sobre esta dislinción. pues. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría. ni liberales. �Eta A. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. puesto que ofrece esta latitud. 1 14lb 9 . que para él parece ser totalmente obvio. cf. n. 1 143b 20. 7. ni templados. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos. 6.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. infra. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. 13.. etc. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte. V LETRAS . lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». VI. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. Actuar y producir es. 1 O. 1 1 4 l a 1 . al dominio de lo que puede ser de otra manera. 12.A. 1 . 73. l l78b 9-18. exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. SXSLV. X. Cf. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. 7. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. distribuir sumas de dinero o moderar deseos. siendo lo que son y viviendo allí donde viven.wc.óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). DI. de las «excelencias» intelectuales. solidaria de una cosmología y. suponer que éste. VI. cf. VI. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. 'tO evbsxó�-tevov aA. «El arte concierne siempre a un devenir. puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones.14 Apenas hace falta subrayar que.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. 4. VI. afrontar peligros. un horizonte de la virtud humana en general. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia. Hay. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. pues. Aristóteles no desarrolla apenas este tema. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6. l l4 1 a 19. 12 A decir verdad. más profund amente. 8. 5.io según la esencia. puesto que esta virtud no es una virtud particular. en tanto que es una cienCia. 1042b 8. la cual. es decir. 1 10. 1: l ¡. de la aventura y de las necesidades.

es el comienzo de la indetenninación. en Fí sica. 1 140a 1 7 ss. e introducir así el tiempo. Cf. que una afinidad recíproca. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». anim. Gauthier en su comentario: «Aristóteles .-A. 27-328. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. 327. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. y 468 ss. hace salir al ser de sí mis­ a. que es «estático» (Fí sica.2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. . pp. pos1. .). a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. Cf. 4 1 8 ss. No se habrá explicado nada. la praxis. U. en el segundo. 222b 16.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. R. 18.. siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. con el azar. Flsica.r¡� . si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. es de­ cir. Le probleme de l'en·e. Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. Suma teológica.. 11. por ejemplo. 16 Si la situación de los objetos de producción. 20. Cf. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. La acción inmanente. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». en otros parte (Le probleme de l'eu·e.. I. 197a S. que debe ser entendida. no como una re­ gión del ser. Part. Anal. el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. del arte: «En cierta manera. 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. santo Tomás. l. VI. Lo que Aristóteles llama mo. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros. 6). es decir. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. 199. . más que el resultado de reglas concer­ tadas. 433). reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. 13. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil».80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general. Igual­ mente. q. 192b 13-14. En cambio. puesto que. no los saca de la nada. y sólo éstos. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). 17. otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. Nauck. En el pri­ mer sentido. Así pues. . no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. a. los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. 1. Pero este desplazamiento de sentido. 13. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. es clara. de una manera voluntarian1ente velada.. losf actibilia. El movimiento. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. la posibilidad del obstáculo (cf. Así pues. es decir. nilv E� &váy?<. si el arte es productor de terminado.w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso. 5. por ejemplo. S. que subraya. 19. xí. 640a 28-29. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. p. II. 12. 16.vr¡ou. lll. pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es. introduciendo así una cierta artificialidad. pues. 1 . Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. 2 1 . nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p.18 Desde este lS. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. pero la nota vale también para el libro VI). t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». l362a 2-S. la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. los parece que eso sea propiamente hablando e. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. es decir. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar.l dominio de la naturale­ agibilia? No za. quizá incluso una cierta complicidad. no hace . que son los seres na­ turales. ef. 4. cf. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. Más aún. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . Retórica. principio reside en la cosa producida misma. para concluir. TV. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes.

El arte no es. A. fr.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. del agua. fr. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». n. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. . la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. DescartcB. sino para acabarla en ella misma. añadido a la naturaleza. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. Ét. De natura deorum II. Cf. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. además. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean .82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. 23. no habría ningún sitio para el rute ni. inversamente. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. l258b 35-36. 426. Meta fí sica. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es. cf. 49. Protré ptico. 2. es decir. Vlll.óyou.. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. Ffsica. el hombre 22. 25. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza».. Nic. 198a 5-6. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. 2 1 W (Cicerón. Leyes. 1 139b 20. sino a sus fracasos. VI. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. 6. Z. 24. IX. 5.. la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. 1 l l2a 32-33. pp. pp. 98la 3-5. consecuencia de la necesidad universal. 1032a 12-13. de una manera general.. 888e-889a). fr. \\ . de los astros. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡. Ahora bien. sino a la ciencia. Mewfí sica. Cicéron. lll. 8. 1-2. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. En la Ét. 6. 7. otro nombre de la contingencia.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. A. p. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. Pero esta racionalidad.27 de la naturaleza. Sobre el argumelllo perezoso. cpvoews avan/. l-1 1 P. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. y. Cf. Así. 3. Política. El arte muere a base de ciencia e. 50. l. 27. 5. Cf. Metafísica. por el contrario. cf. 28. !!B'ta A. l l W. nuestra obra Le probleme de l'étre. acompa­ ñada de regla. 1 99a 1 5 -J7). XIT-XTIT. 16.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. ' . Aristóteles invoca aquí ejemplos que. De fato. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana. X. . 108-109). pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia. cf. para la acción humana. sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. Pistelü). Nic. y así el arte no tendrá fin. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. 11. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. infra). 1071 b 35. 28-29 (véase infra. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia.r¡goiiv) (Protréptico. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. De philosophia. para naturalizarla. por ejemplo. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. cf. retomada por Atistóte­ les. 6. 44). para un g�iego. lll.26 no para humanizarla.. Eud.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza.tettov. l247a 5-7. 1 1 W. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. Ét. como lo será para Bacon. nuestra obra Le probleme de l etr e. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. Pero. Discurso del método. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo. 11. el arte y el azar. l . Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. más aún. sino e.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. de manera que la tiipartición de la naturaleza. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. .24 Por el contrario. 498-499. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. ll2b 4-7. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. Por otra parte. 3. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». l l . y que no prospere más que en una atmósfera de azar. cf. A.

37. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito. En el examen prelim inar de las opiniones. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles. 1247b 8. no la había tenido él mismo siempre por despreciable. 35. fr. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia.mí casi tal cual en los es­ toicos. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. Pero. que defmian el azar ahla M11A.84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia. l247a 28. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente.34 Queda tan sólo que la buena fortuna. 11. es pro­ ducida por la naturaleza.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado.o. 2. se reencontr. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física.t0). ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. Los manuscr itos dan avá. ! ! O l a 27. J 107b 14.37 Ética a Eudemo. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar. 14. M &. [(. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente».32 1) Una doctrina así. si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses. Si saliéramos del marco.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. . Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí. Ét. 38. pues cuando decimos que el azar es una causa. Demócrito. .v8gro:n. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética. 89. pero oculta a la razón humana. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . 1247a 3 1 . Eud.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo.35 Mas esta objeción. cb. que no tiene ningún sentido. Aecio.3R pero esta naturaleza no se ha de 33.ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos). n. 1. tal como nos in­ vitaba el contexto. atribuye ya la fórmula a Anax. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción.tEV . 4-6. 29. responde. In.. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. Por lo demás.oy�Of!<fl (SVF. el terreno o la ocasión favorables. �0}t€L ELVUL attla J. cf. 1 1. A. l247b 4-8. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior». 1247a 14. etc. desde en­ tonces. 12. l L 17b 21. in(m.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. cf. 4. Mansion. para algunos.�goras y a Demócrito. . Aristóteles recuerda que. 119. p. Sobre Mr¡/. TI. Física. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales.lvu 1\wvol<.otra cuestión». azar y contingencia.A. 1 104a 1 . &. 1094b 20 ss.o.v8grorclvq:¡ A. La fórmula autori7 .29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar. a causa de sus propias cualidades. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A. cuando se de­ fine el azar. 1247b 28. t'Ú:rtq:¡: Ét. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. 1094a 25.o. «el azar es una causa. 34. p. que no es el suyo. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados. -cvxr¡. pero cada vez única. morales e intelectuales. 2. y es por ello que. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». es que en realidad existe otra causa pero no la vemos. 48. 7.. y que se ha sustituido por W. 3 1 . 32. La primera parte de la fónnula. 29. lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme. 196b 5-7). pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo.tOV�<Í>1:EQOV (11..oyov. por otro lado. eetóv n o\íoa xat <lalJ.t w.• ed. 36. 965-973). &l)r¡A. 30. para esta idea.31 y que. VTT. No puede ser. l. Diels. «pues esto sería -dice. 313.. 1. y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto». 7.. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-.oyov. Nic..

39 azar. . 41. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. . 1248a 18-27. encuentran por azar (arco-¡. Dios. 1 ' 1 145a 26. 1 2 W. es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él. Ciertamente.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. que no es una consecuencia. ellos no tienen éste. ¿Cuál puede ser entonces el principio. y no se piensa después de haber pensado en pensar. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. en este sentido. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación. sino que la mueve en cada uno de sus instantes. sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino. 8. sino que están tada al Hortensia de Cicerón. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . fr. . euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración.vov ( l 248a 29). pues. pero. hasta el infinito. Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>.).. . TX.42 Tales hombres. que es un don de los dioses. X.) está relaja­ do . y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . 78). el buen o mal nacimiento. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. 3 ss. supra. si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. . 4. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento.U. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. que las resume todas. .uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. Nic.. es decir. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa. Magna Morolia. que son igualmente limitaciones.43 40. . El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. sino que existe un punto de partida (CtQX� ). como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas. a 39. mientras que el de la condiciones subjetivas. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. en ambos casos. según toda verosimilitud. si allf no hay tribunales? ¿De valor.86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. El pensamiento. Ét. P. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». 1248a 29-33. 43. ella. las virtudes intelectuales y morales. Nic.oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia. Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . no son más que un sustituto. CtQet í'jc. qu ien. BeA. 53. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. por medio de la deliberación. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. más particularmente. si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. 42. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. L200b 14. Eud. 9. Cuando queremos lo que es necesario. evidentememe. La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. 1 178b 9 . y en particular la virtud de la prudencia.1 8 (cf. VIL. Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. p. por Dios. si no hay propiedad? ¿De tem­ planza. ef. lo hace sobre sus Ét.escapa de estas condiciones. al Principio que se funda en sí mismo. es decir. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. De Trinitate. Ésta les permite ver el futuro y el presente. La buena fortuna la virtud. y con ello de la obligación de la viltud. Jámbli­ co. «aunque poco dota­ dos para el razonamiento. 12.JUta. en Protréptico. 1248a 34-b l. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros». la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados. rr. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido).ÚYcegov agetí'jc.tloov tí'jc. no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. . cita también esta fábula. 'H yó. La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. tienen éxito sin reflexión (af.. XIV.40 Así.

que es Dios. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. 443.no le niega toda eficacia propia. pero.está impulsada por Dios. más que provocarla? En otras pala­ bras. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. sino a los fallos de su acción.50 sino por la prudencia y la virtud. ¿por qué Dios. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. puesto que hay algo más elevado que la ciencia. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. no pueden oponerse a él. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce. 49. P. Schuhl. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. Jaeger. La prudencia no es aún la facultad de prever. r. Pero este sentido. Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. allf donde la inspiración está ausente. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. y allí donde está presente debe tener un sentido. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre. ni por lo de- 44. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero. L247a 3 1 . 1 1 . Ollé-Laprune. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. incluso cuando son virtuosas. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A. es decir.óyou ó' CtQXTJ oú A. Alli el azar.A. antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente. y lo puede hacer. Pues ya aparece. p. no podría prescindir de ella. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo. 1248a 27-28: A. 1953. por su determinación misma.wv). Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. en Nomo. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. 48.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas. . 45. otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. 85-93. «el ojo del alma».51 Ciertamente.á tL XQ&LltOV. En resumen. en cuanto tal. Aquí el azar domina todo. pp. ¿no es acao.óyo.. aA.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. la marca de su ausencia y como su sustituto.-M. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. si todo está impulsado por Dios. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco. 50. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. W. 1246b 37. 46. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. . del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar. El azar es.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. 5 1 .oc. 5. Sobre esta noción. p. ni mucho menos concurrir con él. parece. y que no siempre lo con­ siguen. ineficaz. puesto que la <<genética>> de esta consideración. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida. Cf. es decir para Dios. asi­ milado a la contingencia. 47. que «mueve todo». como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace. cf. «Acl�la». más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso.). On the Origin and Cycle.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. enton­ ces.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. Essai sur fa mora/e d'Aristote. a falta de buena fortuna. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. 28. al contrario. L. 1247b 12-13. sino.46 Sin duda. ya lo hemos visto. sus6tuyendo a Dios.

Aw<. 197a 19-20.6!\oawv.3� Desde este punto de vista.�. aquello que acontece. la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl. 197b 15). aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. la � t"ÚX'l. el único real. av�LoatvcL. el cobro de la deuda. 56. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl.52 no ve en ella� más . sino como efecto. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado. 57. por lo demás. este último motivo. . J97a 36-b 13.no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡. 6. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva.awu etvaL l>oxei: (5. 58. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o.. Cf. o rtQtil. 3) Es esta tercera concepción del azar. en efecto.57 pues sus causas. 0. La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡.. 54. es de­ cir. esp. A. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. ÉO'tiv ooou. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda.o. más en geneml. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella.. de contingencia. EXEL'V no se encuentra. el azar DO hace más que sobreañadir una intención. como «para servir de sede». que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. -v xai ol.r¡ to'Ü aoQí. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada. 59.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. Física. 197a 9-10). en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido. _ _ Desde este punto de vista. 5.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX. a una cosa.). ni en el libro ll ni en el resto de la Física. no de dos series causales.59 El azar no ap<:u·ece. la causa por accidente es indeterminada.tatov nos parece de poca importancia y. p. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita».Ó¡. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). cuando en realidad fue por otro motivo. 196b-197a 5.tEvov áA. pues. no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural.Eu:. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. 52. m1sma.. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. dotada de cierla finalidad. cit. siendo causas por accidente. de la fort\lna). de un interés humano --constitutivo del azar. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica.w-rov. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. Mansion. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana. pero. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa.no se deja reconducir a la esencia. el azar. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. El azar no es. 197b 1 ss. más que en un mundo donde el accidente --es decir. al menos. siendo imaginaria.: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. 11. 314: «La adjunción. 197a 8. 53. sobre el carácter incierto. 'H .<ll t� &. el sujeto es un ser inani­ mado o. más que una ilusión retrospectiva. S. es para Aristóteles el encuentro. cf. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55. Desde este punto de vista. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. o el encuentro de una serie causal real. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes. En este caso. en una noción más es­ tricta de azar. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista. 196b 27-29. 197a 30. por otra parte. TI. xat � túxr¡ aÓQLatov. un mundo donde no todo es deducible. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov).úy.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa». op. Esa es la idea banal del azar (11. . es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. en efecto. 2) Sin embargo. en este sentido. 196b 13-15.

Andrónu¡c 100). 388-389. . 8. 1528-30. está sometido a las vicisitudes del azar. X. Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. 9.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. . Retórica.72 Ciert. será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). 1 096a 1). tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla. p.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. 70.. Cf. 1.. W. t eunga.mente estas af mnaciones. 1418- 72. 3. 62. p. la belleza física: no se es. 44). V (1 960). 1420. I. ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. 1 1 . 67./. xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. 69. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. . 1098a 1 8 . 1098 b 12 ss. n. los sabios. pues. 1360b 18. II. l l Ola 18). En su comentario ad loe. a<paves 'IÍJ. 1 1. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. 63. lO. Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. 1214b 1 1-17. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario. I J OOa 4. Beómó-tr¡s. J. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. si se vive solo y sin hijos». cf. (Coloqwos. desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . 68. X. pero para él todas las circunstancias valen. A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. 1 1 . 17. Sófocles' Áyax. T6 ¡.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). una feliz progenie. II. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y.·36.: 'l. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos.1. condiciones que no dependen de nosotros: amigos. . en tanto vive.73 La felicidad debe pues. I IOOa 13). 1 LO l a 8. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. Nic. 197a 30). 64. 9.61 No sólo se trata aquí. 1. 928. 6. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. un «mundo». en efecto. es deci r. 5. 6. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto. Ér. Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a. los sabios deben ser felices. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. ll. 60. 36 ss. I. I. 74.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. Son numerosos los textos.tÉywm (I.74 sil 't��EL0�). Pero.. Sófocles.ov . 597. dinero. 73. al cual <<nadie califica de feliz». 1177b 25. 7. si se es de baja extracción. 1921\ pp. Ni c. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». pero sin ella no hay felicidad posible. Vernedius. declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así.68 En este sentido. 60. como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna). que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco. . Edipo rey. 2.. 66. l J OOa 10. 1. 1 099b l. Ét. «el buen nacimiento. Cf.qwvla). Eud. 6. Phronesis. ( 1 1 . 1. 8. al menos si se sabe utilizarlas. o el cuadro de la injusticia triun­ fante). 9. l l79a 24 ss. 1 1 OOa 1 8 ss). y esto en un doble sentido: primero. 65.67 do. Eurípides.. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. Cf.tÉ/. . 2. De hecho. VV. I IOOa 8-9.).o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. como ya hemos visto. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. 71. 5. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. § siguiente. 1 099b 2 ss. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. 10. Ét.tLV (l.66 pero. . l lOla 16.64 Sin embargo. Die Philosophie der Griechen...C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. J.yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica.

n. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. p.. De Providentia. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios.. como ya se ha dicho. pero sin poder alcanzarlo jamás. Cf. p. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. Séneca. «Y no se que más se basta a sí mismo. J245b 15. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida. la pobreza. c. la incertidumbre. 1 . que es. V. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. que vale por una eternidad de f elicidad. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. 81.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. Cf. rrad.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. 9. 7. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. _ el ttempo. LV. 79. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. ef.R2 Así pues. 85. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. CL también M. la ignorancia. l l 00b 3 1 . o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. esp. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado».»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. el hombre imJta a Dios. . 14.s' Más aún. los insultos o las calumnias. En realidad. I IOOb 12-18. Nic. el único «due­ ño absoluto». 82. 22.).76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. l. es más bien la timidez. no es un menor o mayor rigor en el de­ do.85 Es el Cicerón. Eud. X. nuestra obra Le piVbleme de /'erre. si la felicidad reside en la virtud. 305 ss. Cf. 12. 76. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia.� Ciertamente sarrollo de un tema. A partir de este momento. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. l. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros. el más autárquico.r. que culmina la universal «realeza» del sabio. Et. si se remüe a la Providencia.. 84.. 212. E. Fenometwlogía del espírilll. 111. X.. cf. hasta entonces tenidas por indiferentes. en un se­ gundo movimiento. 6. Así. monuit» (ibid. pp. 1 1 . el dolor. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. Goldschmidt. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. de Hyppolite. 2. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. l097b 8. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75. no la acción virtuosa. sino también los males exteriores: las enfermedades. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud.wc.83 Este tono es extraño a Aristóteles. 83. De jinibus. procedente de Antítenes. fr.. 80.15 Ahora bien. la esclavitud. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. 77. 78. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error. Hegel. 7. p. 164. los vanos lamentos o la espem angustiada-. lo que opone Ar istóteles a los socráticos. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica. una materia virtutis. Ét. Le systeme stoicien et f'idée de temps.) los golpes de la suerte. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. 5. p. a1rta(>xÉ<Ttat0<.. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. cf. 1 1 . ut liberté grecque. !bid. adji11. 1 177b 2 1 . La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. en especial. 1 179a 3. 1 . de la autarquía. 1. 124. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas.• ed.77 pero también que. las viol encias. nada es imposible pura él. heredera de l a tradición socrática. 219. entre las actividades del hombre. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . como si. l l 01a 2 ss. la fal­ ta de convicción con las que lo hace. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. la más elevada de todas. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. 1 177b 1. la contemplación. Pohlenz. es decir. Bréhier. 1 1 OOb 6-7. TV. VTI.

Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. X. ll. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. Nlc:. Ét. X. Níc. 1245b 18-19. uc In que se ven privados los 9. como ya hemos visto. supone más mediaciones aún.91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». VIl. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros.• afectado por la fatiga. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. l072b 16. 1 5 (cf. infra. Política. 9. cf.. 87. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción».. X. por así decirlo. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la. y este mundo no depende de nosotros. 94. Ahora bien. 15. IX. en realidad. es decir. 92. X. como en el caso de Dios. Pero. cf.a. 4.cado ocrov EVOÉX. Nic.96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico. VJI.¡.óv).93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. 1 177b J. por e jemplo. como creían los socráticos.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. 89. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad.. Ét. 9.. esclavos ( J 334a 20-21). 1050h 22. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. X. 1213a 7. 91. 1334a 1 1-h 'i.00 El sabio es autárquico. X.. Sobre este problema cf. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. como ya admitía Platón. Sobre la oxoAl'J.cmx . 107Sa 8-9. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-. OeocpLAém:aw�. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. Nic. de manera que.o�. justo en la soledad. de la cual Aristóteles no se habría librado completamente. sin embargo. Nic. X. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional.. condenados a esta hetcronomía. Metcifisica. J 177b 33. No se puede ser valeroso en la paz. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». pero esta autarquía no lo dispensa. 98.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son.. los otros sus condiciones de existencia.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. J 178b 33 ss. 12. 1 177b 22.. Nic. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. 1 179a 24. A. 1 175a 3-4. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. contratos que firmar. La f elicidad se basta a sí misma. La virtud depende relativos y no absolutos. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles. Magna Moralia. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». sica. 1 177a 21-22. liberal en la pobreza.86 el más querido de los dioses. 25.o�. l l77b 4-26. 15. euoaqwvém. X. Hay un punto trágico en la vida moral. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es. como la contem­ plación de sí mismo. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. por superlativos de la virtud. cf.EtaL.92 es decir.. Ét. 205-209). Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que.menalidad t popular. 7. 1 179a 3 1 . El sabio. He aquí al virtuoso Aristóteles. 7. le está «oculto». parecía qu'erer evitarle. 93. 7. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. Nic. a\n:aQ'Aém:a. Ét. Ét. 9. una fortuna para distr ibuir. 86. también Ét. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. e. Eud. Mewjf 95. 7. analí­ tica. 7.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia.. sino siempre sintética.. Ma�na Mom/ia. sea cual sea nuestro mé­ rito. 90. 30. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. 11. 96. 12. y la reserva de Ét. el hombre moral se contentará con la virtud ética que. 176ab.. de tener amigos.96 A falta de éste.37 el más feliz. El mismo . 1245b 14-19.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97.. Eud.97 Pero. Ét. pp. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. X. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase. 7. T eeteto. que sólo puede alcanzar 88. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. VTI.

el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. esp. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. Nic. I I O i a 20). 99. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien. .Livmc. Ét. 1074b 27. p. (Él. nQoc. 1099b 23. • relación problemática. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . sobre todo.A. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. tes y hacer prosperar nacidos. 10. está por encima de la con­ .Í>:rcous. Cf.r�s ón. no puede hacerlo más que «en tanto es posible». en un hlósofo determmado. . 154-170. pero no lo elimin mejor lo aet... de :n:oA:ú -co btt <be. Teogn de o do ella. X. de la ant igua prudencia griega. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. separa ot :n:oA. la felicidad del hombre. 75.oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. 103. pero «como los hombres pueden serlo». c. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. No es nue­ va. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles.oí. humana. mora/e /a sur (Es. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre. Metajfsica. el cual. 1 1 . pp. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada. mismo. En el De philosophia ya en las Leyes. i¡ifra. antes de a los malvados. n. Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. Cf.LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». Ntc. de más noble». A pesar del opturusmo de algunos comentadores. 32. Tercer¡¡ parte. 106. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. 10. de­ la obra de Aristóteles.1o. .99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. tijs. 137. al hombre y a lo divino. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. 7.. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . A. 1 OO. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. «debe ser accesible a la multitud. pero esta confianza siempre está matizada por una reserva. 1.OtJS l'i' &vflQ<. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. In cita de Rodier. p�ro en un sentido ontológico. un buen nacimiento. a veces ��q� inal. y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces.. menos Jo por y. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ.uica. T. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. aQE't� v). Ét. 1. dice. elicidad como «recompensa de 105. 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J.ov . !bid. es decir. si puede crear monstruos.wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. salvo alguna ex­ cepcton. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas.. Este último tema criticaba la idea. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p. de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. 1 O l . para _ ser �trtuoso. 1 177b 26. 102. Pero...102 Así pues. 1099b 18-20. 9. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. el término de nuestr sible. .98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua .. pero nunca suprimible. Nic. pp. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo.a sí mismo.

Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. Epfnomis. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX. Rodier.Qa¡tévov tot� oúow (De anima. 8. 11.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. Z. p. y el comentario de este pasaje por P. etc. n:o!J. 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. y no puede hacer todo lo que quiere.. sobre todo.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. actuando al nivel del mundo. Parr. cf. 45. G... 13. Polftic:a. Bruns. para no conservar. pero será el mundo. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury. 5b 14). ll. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. 27). pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». The Philosophy o fAristotle. J039b 29. 4. aquél esté sometido a las condiciones de éste. 1256b 2 1 .. 429 ss. también. si se quiere. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas. Esta distancia. engendrando entonces mons­ trUos. introducen el no ser en el ser. f.113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. y también l . D. regiones inferiores del mundo. cf. 1 1 ) De manera general véanse las pp. 291b 14. anim. 1 . más refractaria a á La materia que supone. Meta 1 13. tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». sino la distancia -ínfima. 6. Cf. jfsica. De Coelo. 1 10. p. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. 388-389. siendo potencia indeterminada de los contrarios. . 10.. El Dios estoico tampoco creará el mundo. Se comprende. 283b 13. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. 984d-985a. 7.. la coincidencia del poder de Dios con su querer. pp. ed. 1 . que Aristóteles rechaza en este punto. n. y a Part.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley. 11. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. . sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. etc. IV . 12. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. pero hace lo que pue­ de.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. Ar miento y la predicación. la materia es. 2. la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. que remjte a Meteoro/ 1. 1 14. 170-175.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. istóteles rechaza las teorfas que. No es la ausen­ cia de ley..Iévov n:oo�.evtoL ou ouva1:cn. Allan. 4. 1 7 1 . X. pp. pp. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano.117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas. Schuhl. 271a 33. (ibid. Le domiiUUeur et les possibles. Dio quiere lo mejor.Hn . 273. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad. Es. De Coelo. la detenninación ser que. . de su realización en lo particular.. Le probleme de l'€tre. anim. residual. 1032a 22. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios». . que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. 1.. pues. Parr. 1 .114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. 1 12. l. 1 1. 349. Düring.• . 903b. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. siguiendo las justas expresiones de Rodier.que separa l a ley. la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». Metafísica. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza. Études de philosopllie grecque. 108. p.emL ). 1 16. 5. arist. olític:a. J. como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. ur. el cual no está dispues­ . . 661b 24. podr íamos decir una vez más. 641b 18. esp. 43. 170. pp. cf.lll ov n:aQeon:Q. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». ' llenar nunca por completo. que e s general. anim. 1. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"». 6.-M. con Eudoxo. Cf. como hemos intentado mostrar en otra parte. 1 5 1 SS. 1 17.Q). p. anim. nuestra obra Le probleme de l'etre. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad. Bruns. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. I .. Cf. 658a 9. Ahora bien.lev 1:0\ito itOLEtv.. 1 1 1.. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. Leyes. I. Le probleme de l'étre. 687a 16. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. 109. 'Ev toi:� ouoLv tO J. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone.. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y.a>U� �-t. concierne a la materia. 15. 23-26 y 29. la cual. l. 744 b 16-17. Gen. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. en Suppl.

p p . �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . citado por Rodier. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. p. indeterminación. Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque.t.. . . Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. 121 El sabio no actúa pues. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. ni en apariencia ni en el fondo. El conocimiento ele este orden.r¡ .oA. en el sentido más profundo del térnúno. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . 213. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos.l(l) 1 (. como es el de los estoicos. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . . p . en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. 15. 156-157. consiente a los decretos de una Providencia que..a '(Ó. repugn. ibid. sobre todo. pues depende también. por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional. en última instancia. 1 1 que una m�potencw de la forma. El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. �20. por el contrario. • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax. 9. El reino de la sabiduría exige. 124 pero. Breh1er. . de Dios. su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. de la Naturaleza. ma mstanc1a. Es sobre todo Cicerón qlllen.. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. 274. Or. pone su vida privada d � � 1 19. E>. en una asimilación al mundo en su conjunto. 29). 1 178). . de las circuns­ tancias exteriores. t�undo es racJ?�al. Metafí sica. Cf. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado. Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. . para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. las cuales no son. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas).t tOV A. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. El ideal moral de Aristóteles no puede consistir. Dejini 123. S V F.. parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122. 66· . Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. . sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. . Según Filodemo (col.Q 1tUQÓ. l332b 6-7). 122 sino en la teología. 36. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. 28 Y 8. 37. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. De Stoic. ll. tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op. lloAA. .. �unde con la belleza moral).• ed. es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. que no se ha de buscar en la física. en últi­ . como pensaban los estoicos.a . puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores.. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme.at a. 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. Études de philoso­ bus. Scott. un principio de desorden. pues. As1. según la . . De Stoic. 121. apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . 7. ens1po se · · e1 un1verso . 1 (Dión Cr isipo. también las notas de Rodier.Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> . cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp.. En � es men�s una realidad positiva. turaleza Y r azón. cf. sobre el mundo.. un dominio previo de las circunstancias. cf. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza. vano querer cam­ _ biarlo. parva negligunt (De natura deorum.. Así. 124. ll. n. 1 181). la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien. 38 . m. Cicerón. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. permanece siendo la expresión más elevada del Logos. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. cit. enteramente racionales. 35.. 86· . sena absurdo y. 22. 28. S V F 11. l051a 17-21. Bruns. �or más perfeca t que ésta sea. cf . Alejandro.a del mal. en sus condiciones de realización. dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. es decir. que Alejandro denomina el azar. •• u • . que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. 1 7 1 . él es una obra de arte. SVF. sino que lo «sigue». constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social.óyov (Política.123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. t?v �aew� yov (Plutarco. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. lli. sino en las pa­ siones. 1. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . 13. repugn. 273-274. 35. Vil. Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . 156. uo terado). 1tW� � �m.ov011 J·t<:X). .: ' XOX. . si pueden. es porque la naruraleza no es estoicos. 1 1 83).

Er.. p. p. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. la pobreza. Cf. del bien. Vil. solo. Vll. W. y siempre es posible enderezarla. 129. encontramos en Estob�o (Ec/. a ponerla a • de la moral más que al primero. Sin duda. P�1�1ppson. que del libro ll de la Fr sica. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. el hombre quiere lo mejor (Et. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. yevó¡. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. Lo. &v �). más que al «hombre medio».P. para el estoico. 264) una definición de la phró�I�SIS como . por la simple razón de que mngún • � . en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias. xm:óg9w�-ta. Rev. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. SVF. no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. separa de la sabiduría al hombre ar istotélico.ltv tó €<p' 1)� tv (171. 10 SS. 128. cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales. a causa de su contingencia. . es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. cit.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es. es también lo mismo ser sabio y prudente. sino la incompleción del mundo. no remiten a ella. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen.. al menos si el hombre quiere.tEV totc. Ja cual. Schuhl..104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. p. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. no se remontaría más allá de Panecto (cf. 170. hacerlo humanamente. Le dominateur el les possíb/es. SittlichschOne bei Panaitios>>. EXtOt.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. Cf.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. 1 19601. Schuhl. en nosotros. el de los deberes o xa0i¡xovw. «Das . este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra. Esta �elit�ICtón. y el comentario de P. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. lo que es lo mismo. a falta de otras mejores. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. p. etc. Alejandro. 9. el mundo. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles. dicho de otra manera. 62.a de! �1en Y del mal . 5. el cual no está ordenado más que en general o. 15).tatOV. Rodier. Lo saber humano llecrará o . a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. pero ella es también el reme­ djo. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. 126. U. pp.-M. �an dtferente = 127. Níc. ser rico que pobre. «búsqueda de lo conveniente». pero. ?· 60 : . A Gnlh. estar �·odeado de amt�os q�e . ma que . La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op. 1 149a 4-20). en su envoltura celeste. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. Coloqui os. Bréhier. 9r¡QlÓ"tfj. Epicteto. P . ÉV bE toic.. y el de la acción simplemente conveniente. n� es sólo su propia imperfección. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta. 43. cf. pues. no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. 1). op. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. 231. 10. como ya se ha dicho. 11. ya que el mundo es Dios. 1 16. ai. tomando el relevo de una Providencia fallida. es un reme­ en las cosas exteriores y. la .tlmc. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. que para Aristóteles. 8. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos. '1 tOtJ xaOrpwvto. 365-376.r .. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. (cf. En lo que concierne a la contingencia. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. d ígrotc. Nic. Philologus [1930). 11 problema . 4 ss. estaríamos menos impulsados que Rodier. pp. puesto que no es más que una parte. Sin embargo. muestra que la azar esp.. 274: «El determinismo de la razón . 45. es decir. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. soledad. supra. 1 . cixoAaota. e incluso la de desorden mórbido. p. Ciertamen­ te.12 s La contingencia es el mal. Sin embargo.. entonces querríamos la enfermedad.-M. cit. en la medida en que éstas son todavía moldeables. Phi/.. contrariamente a los estoicos. 1 : 6. que hacían de la phró11esis una c•enc. nos parece. aunque sí le está permitido. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. sino también el mundo.. de las del antiguo estoicismo. E sperando poder realizar inme- 125. Se comprende. m. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. o. n..

pactando con él en caso ne­ cesario.1·. si no por vocación. del desorden y del fracaso . Tal es la tarea. para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. fr. En un señalado hombre. compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable.. 3 2 1 .106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo.. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica.132 Así pues. curiosa y sin duda i nvolunariamente. TGrv yó. Aristóteles parece inquieun decadente. porque no saben lo que hacen. hacer. 1mentras que «los esclavos y las fieras». 131 Pero no era esta. l'homrne>>. smo que son a menudo dejadas al azar». Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. pues. pero sin duda indefinidamente provisional. ni . que están solos en el mundo».133 La excelencia ('tí. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. antes de ser y para ser una moral del ser. 52 R. y no podía 130.¡uov) está. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. del una casa (otxta). 1 99b 26. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. provisional. 379-380). testimonio de lo cunl es el arte. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre».. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. Cf. y la prudencia. En este sentido. 4. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. 5-6 P). . Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. Fllopón (ad loe. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia).l trabajo con el que es a menudo comparada. un diletante. o al menos la mayor parte. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. a parte sub jecti. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia. 133. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. 1 �4. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. Así considerado. 1253b 33-1254a 1 ). El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. nada es seguro.ro¡. puesto que se trata. 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. y esta ausencia de destino es la garantía y. Parfs. incluso si esta exaltación . sino al mundo. es decir. ni la victoria todavía tan lejana. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo.. Los santos del cristianismo. el mundo sublunar. U. no negándolo en provecho de otro mundo. y que no se volvería inútil más que el día. 8. que es moral en sus fines como en sus medios. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. son reguladas (tetaxtaL). es el hombre. la carga de la libertad del hombre. 111 s1qwera Prometeo. para Aristó­ teles. Merleau-Ponty' «L'héros.AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. sino comprometiéndonos en él. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. como e. La vida moral no se confunde. 5 W. en uno y otro caso. Y 9ue todas su� acciones. (qJQÓ'V'r]Ot¡. Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. al menos por condición. A. pp. simbolizan las partes in­ feriores del universo. pero también de los fines a los medios. el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. _ . puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente. 1946. tiene l a experiencia del azar . Simplemente.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. es decir. al mismo de la contingencia es a veces amarga. nos corresponde ordenar el mundo. � tiempo. la sensibilidad aristotélica. Ciertamente. sino que se opone a ella. Pero. 132. 10. al menos en un pasaje. una moral del mundo acabado. por­ unida a la contingencia. donde los hombres libres serían los astros. 38.téü. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. l. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. la adaptación de los medios a los fines. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es. 1 3 1 . mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. Ffsica. en proporción inversa a su habilidad). simplemente» (M.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». La moral de Aristó­ teles es. el m11sta Siempre dehbera más o menos. Sin embargo. que es indiferente a sus fines. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. Segt ín . en Sens et non-sen. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. 1075a 19-22. siempre aplazado. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv).

xn. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. SS. dili virtutibus et vitiis. .. X.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre.Ó..a). pues. Primera parte. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios.q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . Introd. O. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. Nic. n.100. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. jo.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver. la vutud de la deliberación y.-M. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. 1334a 15). /ntroduction ii la Physique aristoté l. Fleiss. Nuyens. 139. 136 ahora bien.. p. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. puesto que comporta la 142.. De imerpretatione.ál. 731). una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. en Ét.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción». Sehuhl.). 137. si?o �na nec7sidad moral. Según la expresión de P.. Nic.. dentemente una vida inactiva.W�AEV. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia. pp. Nic. VIl. Sin embargo. Mansion. la tradi­ ción moral popular. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. Aristóteles no Uega. No creemos. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<.140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. LO.óyo<. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. pp. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. a hacer de ella un vicio.ELv).-M. y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa . Bollnow. Epfnomis. 98. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. De ato. la phrónesis. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. i 140. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. quizá porque su contrario no es tal virtud particular. donde n:Qay�c::reúw6m r . 28. 15. En este sent ido. p. Le dominateur et les possibles. 1885. cit. pp. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema. klasSISche P Supplementband 14. P. Wesen und Wandel der T ugenden. 7. pp. se llegaría a «absurdos» (<horro. SVF. la cita de la nota siguiente). aquí como en otros lugares. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa. 957 (Orígenes. Aristóteles rewmaba. megúr ica: el argumento. Cf. 17. 41) mostraría que Aristóteles. n. cf. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica. 18b 26. 138. Jahrbücher f f . sino la actividad (eQyov) en general (cf. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum. por consiguiente. aunque tímidamente. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico.. p. 135. 14-18.. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da.f!YOV 143. 20). cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo». 1 176b 29. aunque no sea este el único argumento. X. y sobre todo Cicerón. Nic. p. que se trate de una• invención ulo/. 50 ss. 19a 7.. 1177b 4: ÚO'X. Y se la condena en parte en nombre de la moral. no sólo una oece�idad. 6. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. Así. pp.oA. 42-43). E t . Gauthier-Jolif.. al contrario. A. Oüte Pov!. . y son.) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. en su lenguaje. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136.137 Pero nos parece que la constatación de experiencia. no parece que la pereza. D. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>. Política. 26-27. Ét. 1. y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . 9. F.OAOÍJ�AE8a tva ax. 15. Pues si se admitiera que. sin embargo. 982d.. considerada como un medio con vistas al descanso (cf. y que (op. se opone a n:ml. 6.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?».108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. !bid. dice. como su nombre indica. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione. 19a 7.. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les.142 Exaltando.139 Así pues. puesto que. el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. cf. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. es decir. una actJv¡dad sena y mentona (cf. en realidad. A. gentia...

Repúf>/ica. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. !. Nic. 2. Cicerón. que explica que la vida tMe. Pero. 12. también (tq> . 'H qJQÓVIlOLS lJ. como todas las virtudes. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. -�---- - . Parece que el término <'xQet'fÍ virtud. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . pp. 5. virtud de la deliberación. como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. Ollé-Laprune. 49. es. 1. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . Nic. Magna Moralia. 145.UOV.14s La sabiduría es digna de Dios.trr E. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. 11. 1219b 8-1 3. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. J I . Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas». 1220a 6. De Cf. 148. vegetativa se parezca. 209). Nic. 34. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. Él. cf. De divini­ Sobre esta parado j a. por el contrario. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente. 58. Magna Mora/ia. 1. I. VI. en la Ét. 187-188). Sobre el sentido filosófico de esta distinción .147 Pero. erudito (sophós)? En elación al phrónimos. ahora bien. 130-131 y 156. 22.. cr. oúx em<rtiJt.v €LT) e!. De natura deorum. . 1. 1 145a 26). Aristóteles intentará. La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . IT.LQEtLX1) 'X. como el mundo de los hombres es lo que es. dice este últi mo texto. y en Ér. 11. a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar». 146. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. mente. 149. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible.ti:v ovtwv xal. ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. De legibus. 292a 10-b 24. Según (f3d:tiov tij� áQetijs. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. está sometido a la contingencia. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). 34. si no fuera más que esto. I. 1. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. 983a 6). y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. 12. 1. lor absoluto (cf. 1200b 14.. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). 60. La prudencia. IV. Él.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit. 13.. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s. dir á en Magna Moralia.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. 1. Metaflsica.146 la phróne­ tÍ. es precisamente en el hacer o el actuar.. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. 1 197a 2429). 1tQÓS tl nws exew. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario.cnvetot yáQ ELOLV 144. al Él. lizable en el mundo tal como es. es decir. ni siquiera eminentemente. ll. pp. _ mundo oscuro y difícil. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. Yi1tud del mundo. se tratar ía de una distinción tradicional. pp.l44 pero no de mente. 7. cf.. 11. .tv· tÜ>V i!l. OL q¡QÓVL�lm. . su excelencia propiamente humana. Eud. 1 103a 8.LS 'tLS nQOO. Eud. dispensándonos de escoger. sin em­ Dios. . Ét. lo es. I I O l b 11 ss. A. 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud. 4. ahora bien. Pero. p.. y no en la inmutabilidad. Saber nos alejaría de actuar. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. La prudencia no. que se haya de encontrar la sophla. también infra..f. e s decir. 1 1 97a 14). 1.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. Magna Moralia. l l 4 J a 20. o quizá a causa de ello. 2. así como la sophftt. Ét. en tanto que am­ biguo. Nic. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. sino morol. digna de elogio. de la cual participa.m (Magna Moralia.m xaL �t'i) 1tQéil.. en relación al sophós. se podría objetar a Aristóteles. 207-208. 7. Essai.--ci'j s. no quedaría nada por hacer.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). a la vida contemplativa. efectiva­ Msetev av. si el mundo fuera perfecto. l. 1 123b 17-20). 23..149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia.tta (entre los cuales bien parece. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l. cf. Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. apoyándose en la tradición popular. Vll. Coelo. btmve1:Óv. 34. É. cf. de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. Esta última calificación es reservada. cf. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir. ll97b 7).1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra..1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. Nic. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá. extrañamente común a las plantas y a Dios. ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. Y bargo. J l 83b 20-27. 147. l. 1. IIO!b 13). Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit.tta. cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer». Vl. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia.. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. 1tQéil. mostrar su valor no sólo intelectual. y no implican ningún mérito en el que las posee. Pero.

en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. Magna Moralia. 1 107a 16). útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. post. por consiguiente. EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. l l09a 28) y para el deseo (lll. 1 19b 17). el tiem­ po oportuno. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí. 9. IV. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias».153 Criticando a aquellos que. Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. xui.156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. 205- 155. pero no lo hay para el adulterio (6. m.) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. 1 3. 1 106b 35). e 156. ll. UQETti e. la ocasión favorable. pero no en otras (exeí. esp. 1222a 3). 97b 23. 2.cQoc. como. 210. oú OEL xat O'tE)». 158. 15. defecto y justo medio. Nic.. ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew.). no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo. J 1 06b 21 -23). 150. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. 1 197a 34-35. pero no lo será mañana.. 34. 154. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». actos que nunca querríamos en absoluto 153.) demostración. Pues hay acciones y pasiones que son. igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos.ov X<XLQOV oxonti:v).. OJtEQ ea-ti. lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». o más bien puede legislar en general. por de­ fUlÍción y en todo tiempo. Ét. ¡técrov -. del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. haríamos «voluntaria­ mente». 1 104b 24-26. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS. pero no para el otro. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. pp. Goldschmidt . /bid. 'tLVUS xat �Qe¡.ac.155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. dice Aristóteles.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc. Nic.150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta. 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA. la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf. por ejemplo.Üac. 5. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta. y supra. Como nos lo dice un poeta. excesivas. OQLO"tOV.. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. 152 la moral aristotélica. V. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. 152. 1 . su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. 151. ll. que es el «número» del movimiento. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos . de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18. . ll. l l09b 3 1 . Eq>' otc. oüc. óet:. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. que son siempre lo que son. 1 1 97a 38-b l . en las cuales puede haber exceso. 11. (Il. objeto propio de la pru­ dencia. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni. 2. Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa. Anal.fj ov•a).). 5. Ét. n. To 6' (he &1>i: xai. y definiendo la vi1tud por el justo medio. hay muchas de no hacerlo. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. 1 1 .:e xai. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo. Física. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad.. 1 197b 8.. 49). 4.wc.154 Un poco más adelante. o-ó i!vexa xat <Í>c. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. las figuras geométricas. vws.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. exa)». xat . 1.)» . La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1. Eud.).. p.157 Igualmente. 157. ti¡ e. útil para uno.eLc. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. Cf. 1 104a 8-9. Pero las cosas útiles.

es decir. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. De finibus. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. 1 0. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. 203.) y por lsócrates. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. pp. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. modernos. XatQOÚ.i'¡. Cf.7 (a propósito de li.. . Polílica. Toda intervención médica.. J. Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. citado por Aristóteles.) del conterudo. l l06b 3. no es nunca más que un mal menor. . Awour de Piaron. Platón retoma esta idea. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. 1. pues no se da sólo en casos extremos. por una �. 2. era natural que. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. 223. cf. lsokrates. 275d e pp.. Fedro. 1 1 . Bourgcy. cf. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. p. sino en su contexto. l l l Oa 4 ss. _75. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver .). Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. Dics. 154-156. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. cf. bien que. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . pp. 201 ss.. r ��c. No hay (salvo excepciones. 326a. 1 104a 9). Cicerón. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). Al introducir en la moral la noción de kair6s. To M tél. 1312b 25. pero en un nuevo sentido. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos. 272a). Mikkola. 1-3. 215 ss. Kesters.159. 1910. preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. dtatre. cf. 2). M. 4. JO ss.o. E. Sobre el ka�rós en los rétores. Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. Por otra parte. Souilhé. Sobre los lugares en el hombre. W. por ejemplo. Carta VI/. T 160. Sobre la anligua medicina. arl loc.160 El objeto de la voluntad o. y a�n Platón. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique. en el ardor de una polémica todavía 163. La 1101ion platonic:ien­ Ér. V. Alcidamas sacará Panegmco. 5.. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa. permitirá al filósofo tomar el poder). exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. Fedro. Süss. Es el juez 162 y antes absoluto. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. CLXtV-CLXVII. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. Erhos. 19-20. Cf. y el comentario de J. Untersteioer. Littré. T. /bid. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. Platón. en el Fedro. 18-27. cf. extraño a la consideración de los fines. Festugicre. Helsinki H. 6 ss. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. sino el bien rela­ tivo a la situación. Rob1n. cf. pp.ew. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad.159 De manera inesperada para nosotros. y 239 ss. 327e (esperar el kairós que. La acción mala será entonces aquella que a: 159. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso.. 45. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. en términos aris­ las circunstancia totélicos. sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. 162. -xata tov xmQóv éo-nv (01. Jnrroducc•ón al Fedro. A. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. De compositione verborum. il!(ra. utcumquc res postularct». 270b). 14. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). El ejemplo. 1. :rcQá. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. pp. servar el resto») (Corneillc. 7. Antisrhene. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. L. 151. alectique. pp. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio. 1314b 16. que había sido ela­ «triunfante». Platón. l l . Leipzig. I. 1 1 . al momento presente. 16. Silhoué. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. _ 9. Contra los sofistas. _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. pp. ? .114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. l l LOa 14). 164. cap. el kairós.. por eJemplo. 1 so fisli. De la di ica la 195�. § 44. '! En realidad. § 2. 1vma fortuna. quibus esset moclerandum. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico. 13.). V. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. pp. 3. _. 1 6 1 . 32 ss. L.

Ahora bien.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a). la ocasión (xmgóc. Eud. sino a la opinión (ouo' oA. y. OUX. «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema». no se expresaría más que en una categoría. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. las cuales. que de­ signa el género de vida. T(i) �tEV yó. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv .Q etMvaL 3tEQLAa6etv . <'>Et n... Dionisio nos dice. en especial en f unción del lugar. Pero está claro que.169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer. Ét. Pero aquí Aristóteles choca.. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. Los argumentos (A.li<. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte. . 'XCIL oosa<.IÚ'túlv éit. 16-17). también.Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós. no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis.áo'tq> twv 3tQUYf. yaQ án:ávr. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia. Una acción fallida no es una acción. 16s y que. 8. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. la virtud en La cualidad.goeAéo(. I.. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. en efecto. por consiguiente. una <he".. . 168.Lc. ni mucho menos una técnica de aplicación.. como sus predecesores. 1. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. Nic. cf.a. bien po­ drían ser de Gorgias. Usener-Radermacher. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas. VII. 1 5 .116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada. 3t€QL OLCIÍ:n¡t. escapan a la ciencia.. bastaría para asegurarnos que Ahora bien.TI &l]QUtÓc. 166. contra un cierto platonismo y. si no es un arte es porque es más que un arte. 1 7 J . no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. 169. y Ar istóteles. moxamtxi]¡. emo'ttíl-ta<. quiere desprender. 37) que del momeolo favorable Cf. sino en la acción. Se traa t de mostrar. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno. &XA. p. una E!-t3tELQta (Gorgias. 260e). Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf. sin duda siguiendo a Gorgias. . una especie de adivinación. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt. E:rtLO'ttl fl.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro.A. entre otras cosas. sino por la opinión. 1217b 32 ss.. lo E'Ó:rtgayta. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. w. Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX. sobre todo. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL). 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia. U. 17. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. !096a 24-27.taQ'tEi:V)». r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. 45.168 pues. M�CILt. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo.Vll. verb. una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción. En realidad. 1 .. 7. Ét.ó. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. y la ÓcLVÓtf]c. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos». 463b). nga..w· en:l. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. 4. yÉVúlVWL. 1096a 27-28. Política. EOtLV ó XCllQÓ�. pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX. que el kairós no se da a la ciencia.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. 12J7b 33. para éste.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo. 1. sino que es.Étgwv) en la cantidad. en su diversidad infinita. Antidosis. Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente.171 Pero más aÓtoU<.) en el tiempo. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. De comp..óym). La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡. Tópicos. xat avOQEÍat. (otmta) en el lugar. frente a Platón. 167. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables. Tratado de los aires. !bid. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. 16-17 y 13. Pero. 1 70. ser una (f. si lo fuera.wc.)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida.. 8.is: no es por los conocimientos generales. una <<estocástica». que es realizar su propio fin. Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. 107a 5-12. por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. É t. Eud.167 165. I... Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. las aguas y los lugares.o1J xat 8v. al insistir sobre la consideración del kairós. Pero. parece. útiJ en la relación. por tanto. la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. oLóv 't' em. oó�).

airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica. Ér. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. es decir. l.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien. en general.. 1078b 28. la virtud del esclavo no es la del maestro. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». Finalmente. 85-89. Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. 183. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre. vrr. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida. sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación. Ou ouvax�¡.. 173. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. ex. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. 1248b 3. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. categorías según las cuales se expresa. pp. en ambos casos. que dar tales definiciones». 1247b 23-24. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-. toma claramente partido. 179. 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�).óyou) . cf. como hace Gorgias. 1260a 15-18. l2l7b 37-41. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. ni la justicia. I. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. de un favor divino.. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. 177. (l248b 7).183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. 'XUL aA. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). Eud. a partir de ahí.174 Ahora bien. Pero.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien. en este caso.172 Así pues. o una sucesión de azares felices. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]). 'Af. de buena fortuna (ef.UpÓtEQOL ( l 248b 6). Cf. las situacio­ nes éticas son siempre singulares.oyOL). J. Men6n. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto. etc. 172. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne. 4. . a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. «por e jemplo. pero. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente. 1 096a 32-34. cuando conviene y como conviene». 981 a 5-7. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud. 4...LOLQCt del Men6n (99e). I. sino también el tiempo oportuno. 8. M. como se recordará. de la ocasión y de la medida». sino vir­ tudes: así. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida. a propósito de la virtud.t�2 Pero. 180. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. no hay ciencia del Bien en general. Ér. Mera ftsica.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. en la Politica. si ninguna ciencia. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. 1247b 22.oyOL O' cl(. más vale enumerar las virtudes. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. 181. Aristóteles no va más lejos aquí. 175. l247b 2 5. 174. como pensaba Sócrates». Más at 1n. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. ni tampoco el valor. Es la (:)ei:a f. pero uno puede pre­ guntarse si.av 'tÚX. Polftica. Nic. 178. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. Ét. nos dice. Eud. 14. pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. insis­ te Aristóteles.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te. 72 a. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. 176. A. 182. es decir. l248a 3-4. 13.179 e incluso de una manera general.'8(' ¿Se podrá hablar.

133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. sombríos de la tragedia. se seculariza y se humaniza. la evbaqwvia a la etrtvxta. puesto que.rJ . L� que hemos llamado.úiV xat oocpwv. fistas. 187.. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. siguiendo a Teofrasto. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. Cf. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. Kgeinwv . De comp. sug. por lo que se ve. V. se comprende que haya podido stgmficar. si la Prov1denc1a puede fallar.'90 pero. Este misticismo de la predestinación.a.. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas.nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. Pero no se ve huella de ella aquí.st. la ocasión favorable. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación. 12.oi:í voií xat �ovJ. 1•erb. � . Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio. en �omer o. pues la ocas16� ex1ste. ) oewc. pacial. �ero.. <I>QOVL!-!. En este sentido el «�ar» 9ue Ari. t. a la mversa. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. 18-21.. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. al ¿no puede la deliberación. El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar. .m 188. !91. sino que somos los juguetes del destino. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo. el . y que tiene su principio en Dios. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>.. 11. Con/T'(I los so 185. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón. Heráclito.» (Anal.endo. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. (Dióg. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX. 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA. insuficientemente dirigido. alta.�mpo de la acción divina decisiva. 52.el ttempo: 191 P�ro poco a poco. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal.e �es reconoce en el mundo. el futuro no depende del hombre. la noción de kairós.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación. pero lejana.. la fatalidad también. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro.os sabios. podemos señalar algo a propósito del kairós.m�r Motor de todas las cosas y. Diógenes Laercio.ót. suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. Había escrito un fiEQL evtuxtac. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. 1248a 25. Cf.'89 Pero. asto.?� ya no es el tt. oux eat� XQÓVoc. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. Rev. caz Y p �� siendo el Pri. guiada por la prudencia.1mb1én para D1os.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad. parece dudar Y vacilar. tanto para bien como para mal del hombre. de esta concepción religiosa del . Por el contrar totélica de la phr6nesis.-M. 189. ( 1248a 32). �iels. Cf.. Lacre. Pero Aristóteles no se limitará a esto. 28. también es confiado a sí mismo. libera al hombre. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. el kai­ . 48b 35). tal como hemos visto. X. Dionisio de Halicarnaso. en ambos casos. vestigio kat�os. Un. lsócrates. V. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con . La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras. Si el kairós ha aca�ado po� significar.. el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P. 184. en adelante sm uso para Dios. 85.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ .. a falta de téc­ nica aprendida. tampoco lo esclaviza al destino. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. Schuhl. De Jinibus. Se t1a1a a tran. 47).' l. «De l'instant propice».192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. béwv).. Cf. Phil.e un comportanuento capnchoso. 36. Carta a Meneceo (ap. sino sólo el favor duradero de los dioses . una vez el impulso es im­ preso o. (1962).� ahf d� � 1 �2. Cicerón. 1. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados). 1248a 19-29. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. 45. recuerda los temas mác.. pero al. en especial. La wx. pr. Epicuro. fr. 5. Antidosis.eúeo0m).

NeuchateJ. 7 1 ).· • . sino hum ana. �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana. No . la de la Cf. E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía. si es imprevisible. 5. a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata .. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . 433. 193. índaro. considerar la estru <. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . la herida tnorutl se llama XCllQlO. V. texto� citados en Le probleme de 1'etre. Ex. Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' . La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . hace salir a los seres de ellos mismos. Ét. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo. Nic. y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». es objeto. 111. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1. 1 J42b 31. 1921. 1951 ).'96 ada. el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. Jankélévitch. si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales.'>Cn». XatQO. ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. netV"tó. Pith. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. sea su pnncJpto. was der Augenblick gebeut»). a tiempo. y entre Física. . p. rx. Gen. Pindar iibersetz. es decir. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo. Nic.. Vl.122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. 1 2 1 . mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». (Mt 25. 785a 14-16). La importancia de captar el hm. 12.aL).r¡y� (1/í tóteles. está echen. 694: �<QCl ó líe xatQ� . El lazo idea moral) por lsócrates. ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. Citado por Aris­ p. los hombres. en Aristóteles. Neméadas. q>Qovti:v .. . 26. importa. 122-127. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. VJ. VU1. 196.. Si él es la herida. l .. pp. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv. � �or ello Anstóteles. "tO naQxei�evov erliilllerl. . �oao9. Cullrnann. él es también el remedio. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. la de la vejez. de . de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. Porque es «estático». 10. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro. das erfas sL. E. la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral. re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . · .J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. 1. ctura de la acción en ge�eral. Schwartz. anim.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. la contingencia �o� . es decir. 3. cf.' Esta última prec isión es impo rtante... q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. M. t947. Christ et rós griego. 5 . P tt V. como se dice expresamente en Marcos 13. a apa1 la vez azarosa y eficaz. c�mo ya hemos visto. en virtud misma de su estructura contingente. la de la edad madur. de los griegos. .ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia.t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis.w� f3ouA. de deliberar bien (xaA. (las acciones pasadas) Paneg. kairós. 9: "tO ó' ev XUlQG. el cual será al m ismo tiempo el úllimo. de una rehabilitación antropológica. p. intemporales... . vengativo. Ahora bien . sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente.t. 78: cpu/. 195.19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. les impide coincidir consigo mismos. § l. pues es. Hesíodo. 1098b 24. O. 1 140a 3 1 . (Dornseiff. 1::> . 194. 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. : Ét.. Unters­ ición muy dis­ teiner. Y. Es esta a ·/ del hombre. Trabajos. Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. le temps. más en particular. pero lampoco el hecho del solo favor divino. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. 221a 32-b 3..•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. 84. cf. Cf. pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r. Sobre el kairós bíblico. 7. 45).l93 es decir.áooeoOal. comenta: «die precisa: «das moralische Denken.v clQtcrto. Mesina. 52-53. pp. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o. IV. . nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento.r). ó' Ent n:lim.o agut.. como �n otras partes. Lcipzig. pos ¡) t i e. n. cf.

l l40a 3 1 . al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. 5. 1 � 12b 18-20: .. 4. a la inversa. L226a 29. el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas.. Reiórica. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro). 10.10 Así pues.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ . Ér. xat LXll (VTT. 1 1 12b 22-25. 1 1 1 2b 8-9.6 Este análisis. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia.EL otov ev CTtQOtll­ . que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV).·x-tá. o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV. Yl. y se pregunta cuáles son sus condiciones. Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc.. ÉI.QX. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. 11. En realidad. cf. 10. 10.•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. Y lo que . � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). cf. Ul. 8. 1 1 12a 31. tt. pues sabemos por la ductible de azar. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. La c1enc1a trata de lo necesario. Eud. uváy'XrJ. es decir.9rom. es quizá porque es menos estudiable. si está menos estudiada. /bid.Ero� av V. 9. €. Nic. precisa Aristóteles. un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas. 36. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. 5. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill. asuntos de tos indios: Ét.5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�.ú).. los :n:ga. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A. Eud. ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. simplemente de la acción). t'ÚXTJ Y voüc. 5.J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. lll. tal como 6. 7. nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo. 11 1 . pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. . 5. J l. cf. Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin. secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos.ot� M :n:wc. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. To eoxatov f. Cf. 1 J l2b 3-6. deliberamos tanto más cuanto más ignoramos. 1 1 12b 14.8 Sin embargo. 5. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación.. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia. 1362a J 8. la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica. Cf.. IT.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. Resumimos 1 J 12a 21-29. subr�yando la afinida � � de la análisis. o del fin supuestamente conse­ guido. 10.. (c mo dirá Aristóteles en el libro VI.2 Sobre este punto. 1247a 5-7). recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro). Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. VI. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. tO rtQ<irrov al:nov. tO Ot' av8eóm:ou). 1 142a 3 1 . y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av .-ti to noA. 1226a 28.7 Pero. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. y nosotros no deliberamos sobre tos .v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). . . ' xuoEQVIlt yLq.v hd. Ciertamente. 14.). la cual. Nic. del mundo o las verdades matemáticas). sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos. 1 1 12a 32-33. No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). 6. 5. 3. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas. l.. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ).

ce antecedente de ésta. 401. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. imprevisibles. la c.1usa y. Ahora bien. 2. Así. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. 1 1 12b 4. Meta/fsica. .:úotv)>>. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. Pues en el análi de reboll". Pero.""t z O'UbEV EQXetCIL). en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. Hultsch). med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. 1 o SS. es cierto. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo .•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. lbid. U. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. pues. considerada como dada. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. li ad efic1ente. sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. u. vn. en stc as?. 1. _ . una especie de homogeneidad operatoria. J 6. 1s Lo matan. En primer lugar. <'11 el tiempo. está bien precisada por el coro de Amígona (v. E.. la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. p. p. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes. dado _ el fin. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. y aquel en el que el hay más que � na solución.llliO análi método tal a s llamamo y s. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio. w (ávéutaA.. hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis.� in cos. Cf. pp.·ntcs inverso. 12. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. �edio no es sólo medio para un fin. 12. Prefacio. rl a. por lu p1l. Greek Mathematics. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática. á:rtogoc. y se trata de encontrarla. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . T 14. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. Anal. aJ menos. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente. 360). en efecto. En segundo lugar. post. l l l2b J. no hay mas que un med1o de realizarlo. 14 en segundo lugar. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. Greek Marhemazics. constituye una solución a contrario lol> con· .18 Aquí. la causalidad instrumental del medio no es gar. y _ « el accrdente no hay ciencia». En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>. no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. que pueden ocac. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. Heath. id. ll. 13. De 111). 5. por accidente. 168. 95a 24-b l.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. 271-272. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. o qul· 111"11\'n¡. El análisis matemático supone. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). Ét. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. • . Matlll tlltll/1'. Heath. Cf. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. Allí donde la so­ lución es untca. TI. 17. y por dos razones. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo. no de la ausencia de vías 19. Ul. puesto que se trata de � i 15. t. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. pp.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. de la causa un efecto no simultáneo. Nic. Pero esto no es posible. la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. T. 634. pw l ll. smo de su plunú1dad. 400-401 Aristotle. (contrariamente a la edición Mazon.• l026b 4. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . 18. enteramente transparente a su ctencm..16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. para ser apli­ cable. Euclides. la cual.. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. 1027a 22-27. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. .. tiene también su propia causa­ . Cf.

1. óouA. determinar por aproximación un optimum. es decir.A. «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. Ciertamente. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo. Si deliberamos sobre el futuro. 1358b 13-20. objetos del género epidíctico. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación.futuro suscita el género deliberativo.ov).. 5-30. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda. 303. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega.(¡>. lll. 1 1 J3a 7. Gerhardt. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO. obtener según la «ley de determinación máxima». y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor».ÓouA.OL. sino juez (XQLt��). 3. p. 1. es decir. remite a la institución de la �ouA. 1094b 25-27.e'ÚEL'V tal como se practicaba. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). La teoría del discurso deliberativo implica. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito. i11jra. y no es en absoluto evidente. 79. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA. Retórica.eum�. sino de opinión. los qJQÓ'VL¡A. 24. Cf. Et. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA.23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia.20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan.24 La palabra �o'Ú­ A. entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A.�. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo.. Nic. VIl. 25.e"U"tLXÓ�). Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica. la preocupa­ ción cauta por el . Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. que designa en Homero el Consejo de Ancianos. finalmente. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA.r¡aí.óvt<..A.. 3. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV). 27.26 Si existen tres géneros oratorios. Evocando la práctica homérica. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él. XX. Schrecker). l . y primero tres categor fas de auditorios.LQWL�) sin deliberación previa.ei. 2 1 . Distingue allí tres géneros del discurso. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones.�. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. Cf.21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�).-. 5. -. 1 3 1 . la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva. sino al futuro (t<úv ¡A. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial.e'Úetm).22 Finalmen­ te. pues. De rerum origirzalione radicali. en la democracia ateniense.. Cf.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17). Pero tam­ bién nos recuerda. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir.a. no «científico». fbid. por lo tanto. 1358a 36-b 8. en efecto. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos. r. la eficacia de la deliberación humana. y su juicio se refiere. ¡)qota �al xáA. óux �tlvoc. Esta interiorización comienza en Homero. si no en la Asamblea del pue­ blo.evew Su¡.euov. vv. según el auditorio al que se dirige. del OU!-L20. no de ciencia. 22.------ . 23.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo. El hombre se ve reducido a conjeturas. el pueblo escoge o al menos ratifica. es porque está 26. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

xat

xai.

¡�)�

.

:

a

49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

u

cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c. 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). Evágoras. 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI..lles. como la ciencia6ó o la habili­ dad. Esta definición es recordada en el libro VI. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación.G. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo. 46. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. y la prudencia la de los medios. en un contexto totalmente distinto. Suma Teológi­ ca. Ét. p. e importa por ello saber a qué cierne a la intención. 141a 6). 721. 121 b 31 ss. cuando define la virtud mor al. lsócr.�. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. 3.68 Pero.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. P . 10. en segundo lugar. I JO. loable (btawe'tÓ�). pp. por e jemplo. Ét. caracterizada por el justo medio (Ét. el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral... en particular de la pruden­ cia (cf. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». 13. Cf. p. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. Nic.l para la realización de un fin.69 La ambigüedad del término EvoouA. incluso si l a pru­ dencia. Xl.l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc. TI. 1227b 5-11. 5. Esta f r ase ha hecho correr 65. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. 1 142b 32-33). Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. aQení. Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. 2. Eurípides. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI.ta. Vl. 68. q. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. Jo que es meritorio. 3. no del fin. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno. Nic. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí. 47a.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf. no puede ser extraña a la cualidad del fin). 6. Agé­ silas. una disposición que con­ Cf. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien». 40-51 . 6. En otros términos.65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana.v. . R. Por un lado.'tet to 01!f.. 71.. que no son vírtudes. 1220b 34-35). Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. es decir. 1 106b 36. 13. T ó picos. 3. es decir. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. Jenofoote. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. Il.. 69. 144.noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. Aubenque. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA.. Así. 66. 1 139b 16. VI. TI. 9. mucha tinta.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una . Eud. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. 72. sino de lo que es útil para el fm. i} 'KO.lll � <¡JQÓvr¡mc. por otro lado. del buen estratega.�. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo.. Fenicias. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás. 1 144a 36). Eud. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. n. 2. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. 1 140b 4). no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. en este sentido. sin mucha convicción. 1 106b 36). IT. supra. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. en tanto que unida a la virtud moral. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. 67. de una sición a lo que es moralmente neutro. ál-. LXXVITI (1965).la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). Ilae. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. rt39a 23. oú i) <pQÓVl'JOtc. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia.E. Vl. 70. Ética. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»).. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. Cf. 746.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. Cf. Tia.

pero este pas.QEOLS..n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido. !bid. el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. que compromete nuestra que nos es imputable. 80.80 que es consecutiva a una delibera75. 265. 280. . podría ser un añadido poster ior. Ren•e Phil. es contraria a la intención. e l vicio) e s una o1Jbc�)». . término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s). entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . neomgeaw.71 El sentido del.vo¡.co. esta dualidad de contextos.. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. p. l228a 12-15. importa subrayar. (Ét.15 La proaíresis es. Sobre 1tQOULQ€CJLs.gwtv. 'H &t :n:goatgeoLs.¡. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. Es el caso de la Ética a Eudemo. que es su condición). de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2. fr. n. mérito en poseer. puesto que la JtQOaÍ.. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota). única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares.ev noi:ós "tLS. 76. por un lado. l l45a 4). in­ mejor dicho. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)». tención de provecho. Y[). dice Ar .tje. naga cia (axgaaí. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica. de pro­ blemáticas y. l214b 7-J l . . para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido. que se ha de colocar entre las éxo'Úota. por el cont�ario. 1 1 . Eud.QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. Cf. es decir -precisa Aristóteles-. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. «L'acrasie selon Aristote». sin embargo complementarios. en el sentido de intención. por el otro. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción.o téA. 80 (1955). 2. a Nic6ma. y sobre la acrasia el estudio de R. que lo juzgamos no por lo que hace. 3). es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. 2. Ét. nuestra disposición interior. 261-80. Cf. � . l228a 10-12. que expresa nuestra intención o. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6. p. 78. tr. l. n. 8. donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. consideramos. En el li­ 1� JtQOaÍ. Si. 77. a pesar de Ross.1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética.16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. 1 1 1 1 b 27). «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. el comentario de Robin en su Aristore. nosotros sólo modificamos el orden. U. pp. que se hará clásica con el estoicismo. 1 1 5 1 a 7.. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. el compromiso íntimo de nuestro ser. el que constituye nuestro valor o nuestro demérito. p. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica. que es hoy el del libro m. Cf. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora. pues. Robütson. Nic. nuestra responsabilidad. ilosofía. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto».73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x. Nic. finalmente. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis.os. 79. 3. Este sentido del término (xuxó�). Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. 't(Í)V :n:eos. porque no concierne a nuestra proaíresis. . y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima. 74. r. cf. m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. m. que conoce y quiere el bien. de la virtud natural. cuando en realidad la persona no los 73. que rompe el encadenamiento de las 1deas. 1 004b 24-25. l228a 2-4. al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad. también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. Ét.a). Asf. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. l228a 8.. 2. pero no lo puede hacer por la pasión.. (crxonós) a su vida.gí. l'fOtle. 200. a're � . de sentidos.

84. la cual interviene para es responsable.a. 198). 'A/..85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. 4.84 Ahora bien.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción. Me­ diante la proaíresis lo posible.J I . El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. Ya no es el lugar de la imputabilidad. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin.gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). oo se escoge ser feliz. II. La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/. TU. deseado no por sí mismo. 5. 1226a 9. Cf. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin. lli. 5. la proaíresis conserva un aspecto volitivo. Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. l l 13a l0-11.aco 88. en general. 5. ltQOc. Ét. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. 1 1 13a 10-12. sino los inedios. 2. y deseado. II.!el concepto de ltQO<xtQems. tO té"Aos. 4. voiis. 1 Ll3a 2-5. 1 1 12a 15). de subrayar este equívoco del término proaíresis. más aún. se vuelve posible cia deliberante.81 Ciertamente. 1 y de III. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral. Cf. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención. 1 1 1 1 b 2 1 . el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios». puesto que no es la posición del fin. se podría decir. sino. sin embargo. i] oge1.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. 4. 92. sin la cual perdería toda razón de ser.Ls./. sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad». pero también para ponerle f m. 4) transiciones. sino a la M!. Magna Moralia un. l227b 29-30. sino como medio para alcanzar un fin. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros».. de conservar el primero de estos dos sent idos. Esta «evolución>> !. Nic. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. sino el pasear o sentarse con miras a la salud. Aristotle. o incluso Aristóteles mismo. Ét.. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U.. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud. sino de la voluntad deseante.éVOV (Ill. «ya encontrado en el la definición de la vi. 85. 82. 86. (cf. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<... . 1O. sino que elige solamente 89. más precisamente. 1 1 I3a 1 1 . 1 3 1 . 5.rtud>> (p. a la cualidad de este fin. 90. puesto que el fin está dado o más bien querido. Aristote. 265. 1226b 17. pues aquí Robin. fr. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable. Así Ross.ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro. pp. Walzer. 87. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y.L¡. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación. 2. Nic. OLavor¡ttx'lj. 1227a 9-10.a. 91. Ét. es necesario reconocer.92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión.. JO. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos. 200 (trad. y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin. 5. p. Cf. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI.91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. inclu­ 8 1 . eo efecto.d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. tJJto8Écrew�. &. Eud. meditado o supuesto. l l llb 27-28. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. 1949\ p. en este sentido. y la M!.1 54. Importa. sino el mo­ mento de la habilidad.<i)v eq>' � �-t'lv. Eud. 10.. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik. Ross.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. empero quizá con la preocupación. por Jo demás poco convincentes. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. . 1 1 . lll.' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J. 280). La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. Los intérpretes modernos no han dejado.r¡oLs.. sino un momento.na tó.86 la nota de Rackham en Ét. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin.cu·nxi¡ ÓQE!. de la que se dice . hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. 83.L�). J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias. in fra). sino por la eficacia de los medios.. «técnico» en la estructura de la acción en general. p.

1 1 . Ét. 39-40: escogernos evE�ti uvo. IJ. 1227a 19-20b. 98. 6. La elección de los me102. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean. Ésalcpvr¡.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. . cr. 1226b 19-20. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�). sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa. 1228a 3-4. 95. 26. 10. 1 O l . Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. 100.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. 94.QEOu.•l put·de muy bien no ser recto). 105. TCl n'/-. el vicio y la virtud son cosas voluntarias.. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. 99. 1227b 24-25. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. Nic. Ét..�)S (n. Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario. sino por los motivos de su propósito. p. probablemente tradicional. es decir. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ. que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. que parece estar casi olvidado. Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e . recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante.vetat. Eud. En el análisis que sigue a la deliberación. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt.10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que.96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. sea la adapación t de los medios al fin (el . 74.1 S). lo cual deJana suponer que la elección. ói¡ Éxoúowv � <pa. tenida por la responsable de la rectitud99 e .Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. .102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección. 1227b 35-36). 103. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). ov�A.. que son más o menos morales. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes.. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. 2. desde ese mo­ mento. Cf. y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin.. que forma un todo (capítulos 4-6). Por Jo demás. 96. . 1 1 . 138.Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él.95 de la gimnasia. In fuerte expresión de Et. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente. ll. 1227b 38.). El contexto parece señalar. 104. Dicho esto. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . Cf.97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no..:u. en efecto. l l l lb 6). para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. Aristóteles recuerda in 93. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35).9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. 1 176a 3 1 -32. 1227b 27. Nic.i. pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad.. perfectamente ininteligible. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos. 1228a 7). 1228a 2. 1 )1/11 l4). este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. X. los medios. Cf. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua.. ID' o'li ta 7tQO<. por eJ contrar io. 1 1 .101 al fin.")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. . VI. en definitiva..oyWf!Ó<. l227a 13.�3 sino los medios escogidos. Cf. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. n. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin. ll. . que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad. 97. Eud.

Aqui. 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle. R.. complacientemente subra- bwúowv. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ.108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término. unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). Cf. Tal como hacen E. Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. De hecho. 25. 136) muestra c¡ue la proaíresis. 1 1 14a 18. 1 1 12a 3 1 . Él. que niegan la contin­ de las representaciones. t<p' T]�ttv. l l l lb 30-32. pp. A estos textos hay que añadir Ét. 36. 29: 8. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. otras lo posible. pp.a por dar un poco antes (pp. República. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin.IIJ Este retorno. tesis doctoral. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa.tiv (Supp/. No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. LU. At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5). VI.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . Kullmann. puesto que se esfuet7. «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona). También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. Tcl JtQó. l225a 19.. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. es voluntaria. C.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. p. como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. 1 140a 32-33). 357b. lo contingente moral). Rept íb/ica. Nic. 1).o. 1 12 Se podrá advertir que. p. 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. 16a 175. y en el análisis psicológico de Vll. Tucídides.n:go hégwv atQc"tÓV). hier wenig brauchbar ist>>. 1 . Basilea. II. Eud. 9. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». l228a 1. Kullmann. 7. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. 187198). esto es. 172. Ehat T.1 1 . el plural a la situación del hombre en general en el mundo. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud. I-3. Volwuary action and Choice. al insistir sobre la eficacia. ponsabilidad. involuntario). Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. «lo que depende de nosotrOS». 1 1 14b 29). De una manera más sut il. pues.· 15. que el . La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. 106 la virtud es voluntaria o. los af uso hechos del azar). cit. pp. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. 212-213). que interpretan así lll. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente). lll. T. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. 33a 172. 1943. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. M. 169. H. 4... 32). 108. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. 4.. 123. como dice aquí Aristóteles. entendida como elección de los medios. l . «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». 187-201 . 10. Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. precede entendido en el sentido temporal. ria no sólo al sentido común. Gadamer. la AristóteLes. 1 1 3 . cit. la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». El segundo sentido. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. 508c. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen.11n En la Ética a así pues. Nic6maco. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. la conclusión de E. Platón. p. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. dice. y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. V.l 'Wc�cn sei. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe.éA� (b 4).. Kuhn.m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. 1444a 20-22. Robin. también H. m. pues el sujeto de la conclusión es 107. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. según dice. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7.O 1 12.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. Arist. 8) y máS bien tcp' TJf. Nic. tfpicameote aristotélico. el cual sugiere. l l . L. 139-154). 13.. 1 1 O. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. tmóvbE tL0t\tE6a) 109. depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). 265. ahora bien. Sin embargo. Kuhn (art. op. 1 1 13b 7. aunque se defiende (p. 106. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'.ll V e n e( segundO ortiori contingente. 27b. Festschrift H. .q> nQii!. 27. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. 1 1 13b6.. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. Pero no saca la cons ecuencia de ello. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. p. Ross. t. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. Arista­ te. aunque sea arbitrariamente. dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. es banal (cf. Cf. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. 5. 100) y de Gauthier (pp.O téA.

Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. Menandro. La expresión se encuentra en Demóstenes. en Aristóteles (Meta fí sica. 4. que era el de la Academia. o simula volver. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. ex. 1 4 1 : 48. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. 413a. Ét. . aun cuando no nos acordemos y. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. Contra 1imarco. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr. 1 14. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República. V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat. 617d-62Jb. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran. no la idea de deliberación pre­ . cómo las almas. 65 (�LOi: .QEOlS �í. Antidosis. y como ya hemos visto. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo».. donde neo. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. X. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. 14.) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. que citamos más adelante.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. un doble filo. como ocurre con otros conceptos aristotélicos.. RepiÍblica. que invoca sin razón a Joachim loe. Ps. rsócrates. 1 20).<.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. en Aristóteles. 116. La significación de este mito te­ nía. óv tae» (De offi ciis. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza.ovw nQOULQEia9cu.ov). Jaeger. 1298b 27). donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. tiempo la gran tarea filo- sis.. sois 1 19. 120. por lo tanto. Dicho de otro modo. no está claro lo que deliberación. 111. ef. 33. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. no consti­ 336b. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. también Platón. 1004b 24-25). Cf. Aquí todavía. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs. y que será más tarde la del estoicismo. no se presta a ningún equívoco. 10. por ejemplo. 23. 493 (�í. cit. J l8.Aio6at). sería la de la antigua Academia. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. no dice Otra cosa). la elección ya no es interior a la vida. C!LQWL<. En fin. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. Cf. J227a 13).-Platón. y aunque la prueba sea más difícil de aportar. Esquinio. vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio». que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor. 56.. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. l.115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta.Qeo�c:. 70.ta). «incrimina al azar (tÚJ(TJ). JtQ06e6ou4u�tÉVov. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. JtQOCli. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. ll. autoriza­ ría su perfectibilidad. vra. Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía. pero que nos parecen suficientes.. Política. pero esta no es la cuestión aquí). en particular. W. y es en este sentido (Par­ mémdes. Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. El substantivo rq:1o�lQE<JL<. 3 1 ss. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. 245b). 1280b 38: i¡ yó.Qeto9m (Aristóteles.ov €. es decir. nQoalQtOLc. en su Paideia. Ar istóteles. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. Si bien e¡. al uso popular más allá de una terminología erudita que. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. qllA. el hecho de aceptar un mal me- 8. Definiciones. s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. 2. Política.. 9. no es empleado �ás que una vez por Platón. JO. significan originariamente una elección relativa. sino que es la elección de la vida misma. ávalnos (617e).:t'¡ Oouc:. sugerida por Platón. IV. habiendo bebido el agua del Leteo. Beruf. calli11g). tO� xw()úvou tov ¡tÉU. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. del sentido de elección-intención. sin embargo. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. I 26b 6-8). 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. JtQOULQEttm �í. . toü n:f. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio.trr¡ ) una vida que. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. Cr. profe­ sión: cf. Fedro. una preferencia 114 y. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. "tO'Ü �tou . Antidosis. 143c). 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. . Gor­ 115. r. . en efecto.ou TOÜ amoü (cf. Cf. o-úbEic:.t. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia.. justificando al mismo. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7.. Eud. sin poder confundirse. E>eoc:. 1 1 .117 Entre otros significados del mito. pues. Monostichoi.t iene un sentido temporal.

contrariamente a la prescripción platónica. 10. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas. 7. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin. 5.127 En Epicteto.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. 8. Según la traducción de J. p. m. del cual estamos separados por el Olvido. 499e-500a). y la Intro­ . donde todo es transpa­ rente. En este sentido.121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). Pero esta irreversibili­ dad. más aún que de naturaleza. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva.tÓVOlb e!. Walzer. de nuestras buenas y malas disposiciones. 5 ss. 1 1 14a 32-b 5.f. para expresarla. 7.ye­ aem. dejar esta parte al azar. sugerida por el mito platónico. 130. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡. Paideia. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. Zcnón. R. 617c. en todo caso. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. finalmente. Cf. que enderezar uno malo. 129 Ar istó­ teles prefería. 1179b 7-16.LQEOLS acabará por designar la «persona moral».éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. 18-20. 9. . Gritón (52c).xA. l. 2. Eud. X. Il. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. Pero. 124. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. 5. eA.v. II. «la falta es de quien elige». Ét. suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre».126 la idea de Ab.tÉVO'U. 192). 3. Es cierto que se da. 122. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. ducción de Souilhé.. empírica. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto.. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. �V ayaea. la definic ión del ltQOTJYI. 103-104. 129.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. Nic. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad». 125. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. 1215a 8-15. que nO SOn ni buenOS ni malos. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad. r 123. ouvalttOL. 128. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico. 1. La idea. U. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. Ul. A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson». una cierta libertad inicial que. 23. 1 1 14b 12. 5. del destino o del azar). Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. Magna Moralia. tO. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. 127. pp. Ét. J I 121. 1.eyó�teOa (SVF. Coloquios. sin darnos la obras y en el tiempo. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. Cf. el término rtQOO. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). a la decisión razonable. Lo cierto es. Souilhé. N.123 no sería una astucia de Dios. Cf. 1099b 18. no podía más que ser contraria a l a idea io. al menos de derecho. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad.la. 617d. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. mientras que en Platón el verbo ExA. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. rv.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. pp. f. 126. Cf.o¡. rv. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. l . m que parece volver imposible toda conversión. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). eucp'lita. por ejemplo.124 hacer en cada instante. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que.. de la que Dios se encuentra así exonerado. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. 3.EOtl . . la cual supone una alternativa y una deliberación previas. en es­ pecial Ét. en él como en Platón. SVF. TCQOCtlQEL06CtL. T. Nic. JU. n. L.

Su¡. si se toma al pie de la letra.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. El único problema. . no lo bien. 6. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. :n:go ktégou (Ét.IO>V (fr. Así. una �oúA. La dicotomía del cr:n:ouoato. btt9u). Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill. 119. no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. p. .tóc. Oé. sino de una preferencia. 1. óge�L. 10. 1 179b 24-26..139. LO. J. Se da cuenta una vez más de que el s. En la t. Walzer. 139. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. XXIV).. X. �OÚATJO't.w�. 123).f. 131. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción.. Se transformará en dogma en los estoicos (cf. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22. Nic. 1 104a 33. en mejor. fl.. Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. 134. ó... 1 172a 19-26. 1 1 85b 38. ya Platón. .os es una de las constantes del pensamiento griego y. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. � . Cf. 132. Ét. 1 . el dicho de Heráclito. no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora. la contingencia.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. un 6u11os. la única luntad. en lo cual hay que ver de nuevo. no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. agna dad. ni total­ u Janus bifrons. como ya hemos visto. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor. Nic. uvOgwJTC. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos.léV � : . bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia. cap.. «el carácter es para cada hombre su destino». El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét. 'H8o. 1. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet. 1 103a 17. Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ. y eso es lo que hace que lo voluntariamente. uva Oó�av ( 1 1 1 1 b. y ahora que se han vuelto así. 2. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. 7. .. . m 4. en 1226a 15-17. la proaíresis. 135. 136. Leyes. cf. sino lo mejor posible. n.lta. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales. 653ac). y el cpaüA. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf.f. 1. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. En la Él. r. De vita beata.o hac1a el mal.:nu'tov. La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema. Nic. donde Aristóteles defiende la te�. Eud. l lOOb 1 2 SS. Eud. 227)..1 1 15a 3. J l . sean hace 137. Cf. comparativa. algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. il. 6. Eud. § 2). Ét. más que otro nombre relativo y no absoluto. 2. 140. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I. �oÚAll m�.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno.. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. drama cósmico de Platón que. 136 más aún. Así.' ETEQO\J 138. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo.Ita. 111.llOtS o una cierta forma de opinión. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�. Oó�a. fl. se encuentra humanizado en Aristóteles. Diels)..de R. cf. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). 1.. . donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv. inf ra. 1 .). Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV.¡> oatJ.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él.l38 �É/.. 11. 1 1 14b 3 1 . Ni c. 1226b 7-8).). es decir. cf. Él:Égou :JtQO htgou. pp. 133. l220a 39. 131. 10-12). SVF. Magna Moralia.c.). es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss.137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta... l l l3a 15). nota siguiente). no superlativa. TI. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. ém:A. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre.1 1 04b 13. O'ÓX Ú7tAW\. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral.. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. 216. Esta expresión que se desprende del texto.. 10. Cf.. ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?). Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones.

l l l l b 26-27. Ét. oblicuamente Ét.os). lil. Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o.152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general. A veces parece que esta mejor elección (x. 1225b 34. m. como traduce. 687a 16: e jemplo.Ó¡AEvov. l l l lb 20. tov �EA. bía desarrollado más de una vez.Ulva). la preocupación por los medios queda en el la elección. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios. 39. Recherches de Philosophie. Eud. Él. Oubarle.. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general. ll. 10.143 La elección... 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. incluso si Ét. 11. n. posición de . 10. de manera que un cálculo (aval. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites. Eud. la voluntad es fácil. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. 619a) consiste en escoger la vida justa.ov.. ames (JA<lAI.EL JtetVlaxoü atQetaflat. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así.OJAÉVWV n. de­ masiado fácil.éA. 2. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. y p. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles...�te superlativo.••• La �oúA. Hay me­ nos. 6. por una especie de vicisitud.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y.ttw EX T. Así. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. 1226a 14.145 Se comprende así que la elección. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc. 16) al fin. es decir.Lota.. anim. porque todavía no está mediatizada. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad.) (687a trata aquí de la naturaleza. Nic. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. 10. no se puede querer el fin sin querer más o los medios. y los medios.o óuvcnóv. el P. por �él. lll. no puede desinteresarse de la realización del fin. no del bombre. Pero este menos es en realidad un más. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible. Eud. del azar. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. 141. En seguida y sobre todo. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO. Ét.(lJV <'lt1Vatwv &. quedando claro que siempre se quiere el bien.oc. 1226a 7-17. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). En las Leyes. 618c. 4.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros. voluntad del fin realizabl. Esta distinción del fin y los medios no era nueva. 10. ll.) (V. rv. pues el resultado no depende de 144. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. 38. al mediatizar la voluntad. Nic. 1225b 33-35.. mientras que la elección. ouA. que es también la vida más feliz (cf. Pero lo que es nuevo es el acento. En el mito de Er. Eud.. puesto que la elec­ ción.. Queda que la voluntad es posición del fin..oyLl.natov. 4.A. es decir. 10. como el del fin en el hor izonte de la elección. y del individuo que yo soy. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. en particular. 1225b 36-38). y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo .. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s). 142. IT. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia. Platón. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles.oy• OctfiEVOv. como lo hace GaUlhier (p. animal. 142 deseo T¡�í:v). pero A ristote».e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados. No pensamos nosotros (Ét. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor. Aristóteles . 195). «La causalité chez pp. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible.. cf. Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. 6 1 8c. 1 1 1 1 b 23-26. n. sobre todo (¡. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ. 1 1 ).Qatlan] <XlQWL�. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen.. 145. I. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección. 4. 742e). y puede ser quimérica. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria.. II. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos. frente a la vida del placer. sin embargo. por el contrario.. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. La voluntad no es más que voluntad. 1). humanamente no de la inteligibilidad. 143. tt.. la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. 744b 16). La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. Por el contrario. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización.uif. no puede ejercerse sobre lo imposible.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX. horizonte de la voluntad. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que.

igual importancia a la voluntad del fin y la 146. que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. Aristóteles se preocupa. Política.cpó-ceQet X. en última instancia. Platón recor­ ? a la inversa. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. 152. 147. arnesgar su vida. Les idées morales. 1. nadie quiere navegar.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien). -co 'téA.at €maní ¡. y lo que queremos no es lo que hacemos. . es decir. tomarse molestias. 54a ss. 468bc. 962bc.¡. etc. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. Pero Aristóteles va aún más lejos. Eutidemo. pero muchos quieren enriquecerse. sobre todo en sus tratados éti­ cos. a la vez ontológica y axio­ lógica. el medio por el fin. Lachieze-Rey. de acuerdo (evMxHm yó. finalmente. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. . en efecto.A. es dectr. Part. . 687a 12-14.etc. -eo -céA. mismo. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o. 687a 8-18. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. n:Qál. 151. aniesgan su vida. 148. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. etc. 13.. se hac� dano � . daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. cuando actúa injustamente es decrr. por el contrario.152 Dicho esto. !bid. xat <JU¡. 153.Qettei:a8m.. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin..oc. Y que la admi­ . sostiene frente a AnaxágoraS. erigidos en momento separado.�/. pero se ha puesto un fin malo. Leyes. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. Gorgias. pues.149 En los tratados de biología recuerda.Q taü-ca xat (n:Qoc. como pasa en medicina .tcpwvei:v). Kevi]v 'X. así. Filebo.) no parecía despertar ninguna dificultad. 467cd. contra las explicaciones mecanicistas. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. Vfl.150 lo OLetcpwvei:v &. es decir.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles.os). Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. anim. 290bc. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines. los medios a la vez. que es la Idea del Bien.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. es posible. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud). Y por eso navegan.o n:óc. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin. 149.ot. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc. 'tetü"tet a¡. volviendo bueno lo desagradable. pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo. xat -cae. dominar estos dos ámbitos. . de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. P. XII. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil. sociales et politiques de Platon. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. . Cf.146 Nadie qtúere tomar medicinas. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. téxvmc. adaptación que no está dada inmediatamente.)» . al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). 14R sm esta ordenación al fin. -eo 'téA.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(.tmc.mc. 133lb 26-38. IV. ciertamente. su bten) y que. pues puede suceder que el fin sea bueno.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación. del f i n supremo. l. x. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos.1>� elección de los medios. cf. J094a6b 7. 150. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos.ai ¡tawtav ( 1094a 21). que es más fácil explíca� el órgano por la función. otras veces se da con los medios apropiados. . pero todo el mundo desea estar sano. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta. el deseo sería vacío y vano. el fin y los Se concede.A. 10. 154. cuando en realidad quiere el bten.

• 'H f3o\ÍATJot.enóv EO'tl TÓ. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. Cf. notfjoat �ta>. q>\ÍOLV M Y. Nc i . El medio es. que encontramos en la Ética a Eudemo.. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. 10. 9. cometer una falta moral. 1227a 18·32. m. si se quiere que sea moralmente buena. Ét. 6.. Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. Sobre esta tesis socrática. y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio. 1 3 3 1 b 19-21 ). 10. Eud U. ¿Hace falta concluir que todo X. Esto aparte. a la inversa. 11.ov A. que le aparece como bien. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. (Política. EQYOV �mtv.A. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162). Esta nota es c iertamente apócrifa. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. Ét. 3. Oú yÓ.v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. Es que la voluntad quiere por definición el bien.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico.• xaxoü (Ét. 1t:aQa cpúow. también (xat llQyov tcrtt 157. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8). Vil. «es todo un trabajo ser virtuoso»).taQtávet. truos n. sino un problema técnico.¡ev yó. mayor que la dé la concepción. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral. !0. parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes. cf. desinteresarse de la realización del fin es. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. la voluntad del bien real (lll. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). 1 1 14a 13-14). 11. niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia.. es contra naturam. 1 1 13a 15 Eud. lll.vat 'tÚXT). pero no (si bien Jos términos que emplea. la adición es inge­ . atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia..t6. es decir.Q xaA. Ét. Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios. ss. 6. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución.. "tOLUÜ'ta vo�om. l l79a 35b 4.taQtáveLv. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡.ó. 12. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. por asf decirlo.Ub ·wo (Ét. como pensaba Pla­ tón. 1 1 13a 24). debe ser técnicamente conseguida..A. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención..tp:at.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV.160 158. eúq¡vta. que la meta sea mala y los medios correctos». Nic ITI. orde�ados segtín el exceso y el defecto. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. con un . infine que la pru­ 1221a 12). 156. 160. virtud. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios. ov&atov e!vm. Eud. en cuanto tal. El problema planteado aquí no es un problema moral. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. 5.. sino que exige que se haya nacido. que se ejercen en el mismo ámbito. 'tO &e cru¡. moralmente indiferente. aA. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. son ambiguos) en el valor moral de los medios. 158. para un lector moderno.Q demás. 1227a 29-30). . sino ser torpe. en el límite. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡.) (T. Nic. loso.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización.)».. es ciertamente condición suya. Por lo eox�. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡. 1227b 20. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p.159 y en eUo no hay mérito alguno. cf. .157 parece pensar en el va­ lor moral del fin. 10. 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS). l l . y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. Si la voluntad quiere el mal. 1099b 19). Si la habilidad no es por sí misma una 155. qn)oe� ¡. Ét. ogeó� y 6La¡. corregido por el palabra es asunto de deseo. a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana.. a&txot. ll. Nic. 1tUQÓ. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y. wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo.

o� qNOLxóv). admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. la voluntad no es responsa­ ble del mal. sólo a trata virtud der. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego. m. Ni�. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos.:s. R. smo porque lo quieren. queriendo el bien en general. pp.. morale d'Aristore.JIIl (�oúf. pp. El momento pro­ piamente ético no se sitúa. escoger cada vez lo menos mal rela vos. Pero. �lanentc todo el resto (1:a � queda. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en. _164. En fin. Por el contrario. Cf. Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I. haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno..63. pp. . Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. nos parece.. J . 1:a x.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. 434a 16-25. _ . _. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto. 6-7. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. JI. puede querer mal el bien y. será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. La . Se trata de textos. 325-340. 7. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. td. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. pero. donde Aristótelo. después de haber dado . pes � � 161.de Aristóteles. 20-23. por el contrario. a poner en tos medios L<><!o el del mal.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. o es buena y quiere el bien. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. deliberación y de la elección. 106). Gauthier. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. guiada por la elección del bien. que es ru� rsalmente bueno. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. emos visto que eI análisis de la.. entre estos dos azares. pero que el valeroso (cmou6atov). J: AUau. The ['lulosophy o fAristotle. D. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». sino en la impotencia de t � � _ los med1os. El mal no esa en el fm.eo(:kXL .163 disociación que no babóa sido posible . p. pues. que seamos hombres naturalmente constituidos o. T odos Jos hombres mal. disculpando a la voluntad. m1smo �n el que absuelve a los hombres..u:v "tt/. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. 1 1 14b 18 ss.. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. cuyos límites marcan. que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. 144. 5. 31-37 y 79. VI. el cual no se deja reducir tan fácilmente. a .ÓqJÉALJlO)» (Ét. la elección y la acción del hombre. 13.-A. al contrario. ¿que f�era del fin. l 143a 35-b 5. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é .aA. De motu ammal. 1 J47a lll. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. Bréhier). J 144a 3 1 -36. 7.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente. pnnc. es cierto. 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. 12. hay lugar para la deliberación.tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza).. sino entre ambos: la elección razonable que. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. 1 162b 35-36). sino por su elección.. 176-178. Cf.164 En otros textos. o quiere el mal y no es responsable de él-. en Aulour d'Ari Cf. ni de la acción. «Tbe practica! syUogis111». 15. la templanza es una virtud). Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. en efecto. JMt. 162. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios.ci). Et. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado). Ahora bien. De anm sica. que es otro nombre del azar. z. sobre todo Vil. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. mas que pot una revelacwn. 2. por�u� el bi�n no es inmediato. el texto de m. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar. _165.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad. n. monstruos. srOLe. Nic. Vlll. sino. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. smo los med10s? Asf.

Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. y que no tiene nada de silogismo. la elección va precedida de una larga deliberación. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica.. 177 y 189.'66 Una diferencia no menos importante consiste. de los caales admite que son posteriores.·acta del acto te1minal de la decisión. Kullmann. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor. [bid.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). la con­ clusión es inmediata: por el contrario. citado por Al11n. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética.. ciertamente. 166. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. pp. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli).·a parte. l. Jbid. ahora bien. anim. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. anteriores al libro III. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar. I. 170. 268a27ld. las dos premisas. hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. 22-30. la prudencia. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. ()ó!. es decir. 1. Autour d'Aristote. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. 210. donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción.o que debe ser la verdadera moral. tal sería la tarea de toda moral. dice. 639b 1 8 ss. 210. Gauthier-Jolif. un minucioso análisis. de un principio extraño a la moralidad. Nic.. fruto de una elaboración ulterior. Allan puede hablar de un progreso y. como se ha advertido. Allan. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. p. Cf.. 331). en Autour d'Aristote. lo universal es inmanente a lo particular. 169. nente». 9.. 338. . depende del resultado. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda. En el silogismo práctico.169 En este sentido. propiamente aristotélico de «elección de medios». pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación. a la inversa. Gauthier-Jolif. Desde este punto de vista. p. art. entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. p. porque. En el mismo sentido. E.. una vez establecidas. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y. 1 l. que no se discute aquí. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». id. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. se encuentra ya en Platón (Fedro. sino de fondo. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. p. p. cit. Tlze Philosophy o f Aristorle. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo). por el contrario. y no científica. del alma racional. Pare. en me­ nor grado. Cf. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. lA morale d'Aristote. reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares.. cit. Por lo demás.a. y que la vútud del deliberativo. 36. pues la causalidad for­ mal se conoce. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. Pero. pues. mientras que la causalidad eficiente se ejerce. Hay. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica. silogismos dialécticos. p. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. p. 173. 167.). 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. 1034a 30. En fin. p. op. en todo caso.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. 172. 121. Por ou."' Pero esta interpretación. del libro U de la Ética a Eudemo. 177. sobre todo. en realidad. ibid. Gauthier. Se plantea. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. hay que J.. 171. en Ét. para volver al sentido etimológico y. 177. !68.

b . Para el esquema universal-particular. un caos que tiende hacia el orden. que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. Vl. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ». 672b 23. La presentación silogística del proceso de la acción. 4. 13 W). cosa una vez más. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles. 9. . que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. 9. la prudencia de la sabiduría. anim. anim. Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. IX. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. de una disonancia posible entre el fin y los medios. a la que hay que venerar más que a Platón.oüv -ca €"-áx_Lota A. como dice Aristóteles. menor mal y a dos tercios de feücidad»). 685a 18. una vez reconocido lo particular. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X. 858a. como dice el proverbio. qJcwt. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad.eyes Las Suplicantes. 1 142a 14 aÓQLOl:OV. el discer­ nimiento de lo particular. cf. 717a 15. vv. 442 («Punto de partida exento de dolor»). Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI.. como más tarde Leibniz. Pero de este infinito. en general. 9.rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). VI. que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más.13u D. 177. IV. le parece más humilde. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». en el es­ Juntad por el Demiurgo. entre la determinación y el infinito. 177 175. 13. 27 P. ocupar todo el campo de lo posible. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. Platón. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét. ¿en la aventura o en la absten­ ción?.' 1 1 la determinación y. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. pero no la existencia de lo particular. 1 1 4 l h 15. y Aristót�les no puede hacer otra . No hay. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. 12. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. m. fr. el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. que conclusión. 1. nA. .174 quema universal-particular.en este mundo y que. Sobre esta opos ición. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. Part. Pues aunque.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. cf. por­ que el mundo es limitado. 55. tan extraña a Platón. Nic. 10. pues. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. tructura del mundo. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular.. Es un medio contra el caos y el orden. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. entre lo «mejor» y lo «necesario». La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición.. cf. 176. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. Eurípides. entre Dios y el mun­ do o. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. U.. 1 1 . v. mlo. 8. su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174. Ttr!'eo. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. es decir. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). En este debate dudoso entre la forma Y la materia. . aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. conscientemente. «lo mejor y lo necesa­ rio». lo universal se aplique necesaria­ mente a él. . este Gen. 75d. 1 144a 7-9. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. 48a. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. sino. /. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento. .. etc. / jigenia en Aulide. conocemos ya el nombre: la contingencia. Para el esquema fln-medios.

Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. Por el contrario. de la ciencia. dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento. de la elecc10n. «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo. Cf.'s' y si piración arbitraria. D. Hipias me­ nor.'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante. D . si la pmdencia es una virtud. pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf.. ni por lo demás en la de su carácter intelectual. El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ .. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . tóteles muestra 185. 184. Mansion. 180. incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. por una parte. que no Jo es: así pues. veces. opuesta a la . . En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda. denominada sophía o phr6nesis. cte �do que. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. 2. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. 290bc. mtelecto y sm pensamiento. la sabidur ía. IV. Mer afisica. 1 14la 21-25). Nic. vr. J. Et. 56 � ss.164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3. aveu voü xal Otavola. la Reptíblica. todo el capítulo 13.. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. � �3. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. era ya indisolublemente teórica y práctica.'sJ 178. que es meritmia. J025a 6-13. VI. 1249b 13-15). la arquitectura). l J 13a l l. lll. Menwrables.178 no es extraña a la acción que dirige. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. por op?sición a la sabiduría.). �O'IJMUtL%rJ . ÓQEXtLxós vuü. �bt. 1 1 39a �3. por ejemplo. l l39a 23. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0. 185 ss. t'tiJ. por ejemplo. nstotle's "ProtTeptricus">. Por lo demás. 1 .axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr.·al. IV. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica. Eutidemo. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . como parece baber dicho Sócrates (cf. Gorgias. que es especulativa. pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada».. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. 47bc. .t'Y)) t pues. 1246b 6. Nic. no por ello es una ciencia.. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación . 29.. como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. 5.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. Mon�n. El libro m. n9. prectsa que tampoco hay elección sin . beraewn que del corolano moral de la elección. 4 W. 5. miente involuntariamente (VI. bre el papel rector de la dialéctica). Platón. que evoca una virtud. En la (aq:>QÓvwc. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio . �es.o �1. f. rruco de «dtsposlctón moral».Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. sin hacer violencia al lenguaje. pp. Jacgcr­ . S. 441 y passim. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W . consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría. l a cual. 507e-508a. tl39b 4-5. sería una especie de sabiduría práctica. Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. . esp. 2 . . 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y. 37.óyov xai< )�avol u� (111. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. 1 1 1 l¡¡j 6). sabtduna teónca. 13. vr. la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. >1. peta A. 20. 2. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». la célebre paradoja socrática (Jenofonte. pp. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. ni mucho menos el de virtud-ciencia.179 Por otra parte. 7imeo. que «rema pero no gobterna». Sin embargo. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. cf. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. IV. phrónesis. Platón. so­ VII. 2. el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. stn dtspostc�ón mo �leccton .' 1 8 1 .184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. en la afirmación del carácter práctico de la prudencia. 8.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). 15. 126a 32b 2).. 182.

11. 644b 22-64)a 4. J26a 8 13.L�): Ér. 5. Repúblico.. Vl. 190. VIl. 1 1 39a 12-14. 'Ageti¡ yá. Aristóteles no dis­ lla que.186 Así pues. 5. el do­ minio propio de la acción.liberativa del alma . las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. sobre la neutrahdad moral de la ciencia. 1 1 4 l b 4 ss.'9?.Q EOll. y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. :mora (a:n:obeL!.. 2.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. 6. ovx. V . que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. 1. interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. sino otro género de conocimiento».e"tó Magna Moralia I. von Arnim. 34. . Eudemische Ethik und Meraphystk. Pl�tón. VI. Ét. Ét.L. 134a 4.. l. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual. es decir. 1stoteles. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso.Lóvov). Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. un saber moral por él mismo. 1 196b 15-33. es decir. 19·1 188. tienen poca importancia para nuestro propósito. trata sobre lo contingente. la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes. de la Ética ¿Cuál es. sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente.Lt. Cf. .oyl�eo6o. a diferencia de la parte científica (Emm. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. . Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí. Eud. �ai. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. 192 VI. � <<hay una vutud del arte.::. ( 1 246b 35-36). Aóyou ¡. sino de una de sus partes: ague186. 129a 1 1 ss: 5. VI. p. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. 439d y l o s textos citados por Joacbim. que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. 1 140b 25-28. ya sea esta acción moral o solamente técnica. � ¡.. 475e-480a. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. para Aristóteles. que son. V . en Ét.en el interior del alma razonable. La ruptura con el do. Reptíblica. en VI. sólo dice que esto no .. 13. Nic. se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. 5. sin embargo. alló yévo� allo yv<. 138a 34b 2. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. Aquí. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general. 1 J40b 22). pero no hay nmgun . pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. 10. 14. 191 Ét Nic. es sinónimo de bien.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. solamente mtelectual ( l l 40b 28).187 no del alma razonable.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. 13. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . en un pasaje célebre de la República. IV. En la crítica del intelectualismo. particularmente numerosas aquí. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto. a de la prudencia>>.Ll'J. _ : ? 193.¡. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento. 2. El �asgo más . 1246b 19-23. S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia.190 .Í>OEW� 187. pues. 2. debería ser. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. Magna Moralta. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. el acento ya no será puesto . pero tambié n virtud moral. 1 139a 5-12. 8. Port. ó. 'tl'X. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. en:tOtfÍ¡. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. Nic. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis. Se dirá que Platón. Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. 2. 7. 1208a 10. 12. no se delibera sobre lo necesario. sino de la razón. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. Ollim. H. 19 8. 189. Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella. 136 1 1 . Tópicos. 1 I39a 12. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética.. 9. 5. Por el contrru"Io.. 147b 32.. IV. pues. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. Nic. VI. Aristóteles. '88 Así. ¡.·r¡!lovut v). más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . como pasa a menu­ (&Qe'ti)). sino sólo del conocimiento cientí fico. recuerda Aristóteles.

no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. VI.. tenga m. l l96b 16. Resumimos aquí este último pasaje. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). 5 1 ! d. 2. II. Nic. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. 203. A la vez hombre de pensamiento y de acción. Pero si se entiende por vo'Üt. 6. que emplea los /. 1.. I. vór¡ OL<. Sólo en estos pasajes. la opinión. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia. En revancha. I IORh w encuentra en 10. cf. 1143a 28.. ocasión favorable y.óyo<. 7. 327-328. III. 195.. entre la discusión y la intuición. donde la y de la Oól. La diánoi sigo misma (T eeteto. como todas las cosas. logismós. sino que afirma o niega 198. n. 5. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. JO. por opo­ vo'Ü<. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. 196. <irtagov). 201. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. 6. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente. no es entre la diánoia y el noús. 35. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión. 1 1 40b 34 SS. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado.. lO. Cf. Dirl­ distinguida de la meier. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. lugar oportuno. 4. como hemos visto. VI. VI. 1 I39b 16. 433b 3. Et. 205. VI. cf. Sofista. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás.20' ahora bien. ITT.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado.. si no es en la captación un f de lo particular. Ét. 1 143a 25b 6. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<. Nic.) son voluntadas (bt-OVOLCl).. Aristóteles da a técnico: así en VI. lO.. Sobre esta expresión.a. la captación inmediata de los principios de la demostración. 6Lávmo.196 puesto que. expresado por términos de vo'Ü<.: asimila ÓQEXtL?Ú><..) que lo demostTable ni sobre su principio.at�<. y OQE�LS Otavorp:txJí. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<.Óv).194 deliberativa <Bou/. 38ce). med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia. 5. pero deliberar lentamente» (VI. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. l l l l b btá. ¿en dónde se detendría. 35. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. el eco de polémicas internas de la Academia. Cf. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. Las decisiones bruscas (tu el. 1142b 6-15. 4. Filebo. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. 194. Magna Moralia.. Eud. pp. Aquí todavía.. ·202. 1 1 03a 3-7. Cf. medio apropiado. 263e. Ét. y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. Magna M01·alia. la cual no sólo duda. Ill. 1 J40b 26. . 12. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv).2M Si se entiende por vo'Üt. l. cf.LQEtL?<. l l 39a l . l098a 5. según los diferentes momentos de su operación. 1 142b 4). Cf. cf. cuya conclusión es la dóxa. 2. 204. 1 196b 27.n¡ 9-10). Ét.� 199. De 1 O. Mientras que sición a su aspecto intuitivo. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200..Ó<. 33. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque. une la minucia y la inspiración. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues. anima. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. 1226b 25. Así pues. 1 1 12a 16. y &távma de manera equivalente casi siempre.. 27. I. a es el diálogo interior del alma con­ 197. 13.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf. Vl. República. VI. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. 189e. VI. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». voii. de una manera general. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. 3.

211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi. Cf.ZC.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA.t'Y) ). lO y J I . Vli. 207.la. pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores». Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente.. 14.: (ito x. Segl'n la expresión de J. Ét. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla.. El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración.l�. 89b 10-15).213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt.. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. haciendo (yvW¡. l a tra­ dición aportaba al segundo. La filosofía es laboriosa.).t'Y)) "tÉXVJ]. Cf.'Y). Ahora bien.l�). a la significación popular de estos términos. supra. particular. reducido a sus demostraciones. 413d.208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud. por lo tanto. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes. Ahora bien.).. 212. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV.a.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios. pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. 6. en una especie de apéndice. Cf.. <pQÓV'YJ O"L�. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. pue.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. Eud. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar. . antes que al sabio o al filósofo. ya sea Ulises o Pericles. Platón. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. vou¡. 508. 976bc. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. VI. VI. es decir. vr. más allá de la Academia y del propio Platón.at <iQx� 'X<tt téA. 4. 21 O. la virtud moral). 12. como veremos. cf. 208. es meritoria. En realidad. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. Finalmente.. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia.ta parecía referirse a debates internos de la Academia.óy�)». cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio».Ei eivm re (ln:c�. 1 143b 6 ss. Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. 209. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡.. Cf. 1248a 27: A. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza.. que. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. en el sentido corr iente del término (es de­ cir. p.óyov 8 UQXYJ o'Ü A. 12. igen de la re­ 213.at qYuOLxa (ioY.a<.0.s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas». Evoo'UA. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad.óyo¡. ¡¡tv oMd�). y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios. J 142b 2-6. 2 1 1 . que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar. pp. p. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡.óyo'U. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante. 298 y 302). Tricot (en VI. se pierde de vista su valor moral. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal. l250a 30-39. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos. exactamente como para la phrónesis. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif. 137. En relación con el estudio de la phrónesis. como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos. La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que..oyrxó¡.207 Pero. 1143b 9-lO: (iu) Y. 1. 151. r no está aislada 1:11 AriStóteles. voi. VI. n. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico. en 206.

cuando este juicio es recto. 214 y en la Filebo. es. p.>¡.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica. En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que.»221 República yv<Í. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)». 1 143a 2-4.r¡. el mismo dominio que la prudencia (es decir.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien.t.. siendo sensible y singular uno mismo. Cl·atilo. 1 143a 2 1 -22. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo. sobre un Saber trascen­ dente.oüs 6Qei¡. 219 ahora bien. 1 1 . mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. Tiene. Al rigor de la ciencia. queriendo ser rigurosa.i¡ ). 218.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español.). Sobre esta oposición. !bi d. la indulgencia (<JUyyv<Í. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal.2'6 más aún. 216. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. 22l. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles. que puede ser violencia. es.t. siendo mortal. 476d. y ya en griego eúr'¡9f)<. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero.l:L'X. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. etc. no son objeto de la mívecns.t. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual. El hombre del juicio. 1 143a 20. Ahora El hombre de (Euyv<Í.t. n.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). 19b. 4 1 1 ad. ni siquiera la del físico. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia. lo sensible bajo lo inteligible.>¡. VI.) e inversamente. alidades físicas 217. por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. lo que es lo mismo. En el Cratilo. a lo geométrico. 222. de reconocer sus límites. Por -rwv ytyvoJ. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral.: malignus. inocente.e. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat. viviendo en un mundo impreciso. la de necedad a la de inocencia (cf. Más aún. no se libra de su deber de juzgar.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx.). El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando. 165. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular. 1 143a 4-6. l84. ni sobre nada de lo que deviene. <JUyyv<Í. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular.>¡. es decir.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. como una especie de la phrónesis. cf. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv). ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab).172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. Segunda parte. 1 143a 8-10. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable.» 223 Así. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable.>¡. tener pen­ samientos humanos. V. siendo hombre. Cf.tivwv hay que entender las re que. una determinación intelectual y un predicado moral. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. L § 2.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�).r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero. de comprender. necio.>JA.T}. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal. lntelectualismo todavía.r¡v). Cf. el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. es decir. cuyo origen está en Pintón. &eLvós.tl') yv<Í>¡.t. «La prueba es -dice Aristóteles. Así. 219. 223. cap. en tanto que físicas. e'IJa-ÚV€1:0�). óQei] 6'lí . lo equitativo opone la indulgencia del juicio. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar. pues. pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. (EXELV yv<Í. 220. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. ' H M ouyy<Í>¡. no imponerle la justicia demasiado radical de los números. 215.

que Aristóteles no yvw<YL(_.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. 56.tYJ. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». . Aristóteles hace revivir. 1 93d).t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano. a diferencia de yv<Í>¡. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens.tYJ. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica. 1 ) apunta que. 3 1 SS. ibid. fr. cf. la vieja sabiduría griega de 224. y a en la filosofía presocrática. Filolao. yvwat�. fr. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. cf. pp. quizá involuntariamente. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. de formación más reciente. está nal le había reconocido siempre un valor moral.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. sino por sus límites. 177. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. T eeteto.. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. B. 6. 38.. Platón. tiene una «significación puramente teórica» (p. pero humano también por su atención al hombre. Al devolverle su sentido arcaico. n. p. en que se resume los lfmites. remite a He­ ráclito. humano por sus límites.

Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta.Ocpgwv. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. etc. cpQOYtLtcLV. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie. Philosophische Untersuchungen.M�. l. 109. sobre todo. o<. X. como hemos apuntado. 7. Die Entdeckung des . tav &' E¡. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos). Nic. Hermes. lll Pí1ica. sino en la phrónesis de la tradición. q>i. cpQÓVL�tO<. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación. vouc. 1924. ARISTÓTELES.-.taxaváv..M:t 'ljruxá. vv. 464-465. Sin duda.¡:rtQaxtov <'ivt:A.:at &Oavati. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo.. Berlín. �tov &eávatov o:rccii&e. Él.ew.1 10. 89 (1961). Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif. 1 177b 33. PíNDARO. 'E<p' ocrov tv&éxe-. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. ci)cpQWV. y. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica. pp.. Hüffmeicr.La.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum». a completar ahora con F.el ¡. 29. etc..l. pp. al verbo cpgovEí:V. B.

de Parménides (fr. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz...G. 163.. Odi­ sea. los términos <pQOVeLV. «Das Lehrgedicht des Parmenides». Aspek l e homerischer P s ychologie. Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. que <pQÉves significa siem pre pulmones. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. 38 (1943). Tubinga. l009b 12. 8uJA. como lodos los substantivos en -me.10 6. Ylll). han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas. de estos términos (por ejemplo. Philology. y la sensación. 1959 (sobre cpeovetv. Die etische T ermirwlogie bei Homer. tesis doctoral. from the Beginnings to Pannenides>>. 8uJA. y también del pensamiento. the World. 56 (1953). Metaft sica. De anima. pecie de olfato sensible. the Mind. hay que preguntarse por qué. derivado de <pQéve�. (resumido por Onians. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». función m p.del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. la 7. B. O. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. Anaxágoras.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides.tZ. o al menos cómo. Fesrugiere. 103 ss. 18 ( 1929). Cambridge. 9. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. atQEhJOL�. y 113 ss. 79-125. 23-43). m. pp. 426-429. 4. <<Sur Class. 19553. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. intelectual y práctica. cpQÓVY)OL�. 401. pp. p. 40 (1945). 49 (1929). 427a 21-29. 396. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. § 10 (a propósito de Empédocles). pp.). que designa el diafragma o Jos pulmones. p. entendido inicialmente equilibrio. <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». deux . p. aun cuando límite. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. 401403). mientras Geistes. 3. Jounwl o f Hel/enic Swdies.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. 1914 (esp. esta vez en sentido positivo. por oposición a voetv. TIT. pp. Se admitía generalmente: el diafragma. L Webster. en especial <pQÉves. T.l. 19). l009b 12 ss. para la interpretación de este fragmento cf. G. Bollack. 223-242. Así. R. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. etc. art. 5. Según Onians. p. PlambOck. Loew. Festugiere. etc. nota cap. n. <pQOvetv. Hamburgo. pp. «Noiís.). Teofrasto. J.E. voü�. y. sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. 8. 149-154. Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. en el poema de Parménides. Class. cf. Philology. Empédo­ cles. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones. 77 (1957). pp. . vou�. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. un pensamiento intelectual in­ cluso.Ó�).ón este «primitivismo» de Homero (art. Museum. cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. Sin embargo. A.5 Dicho esto. 3.4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. cf. que no eran precisamente «empiristas».actos o cualidades de pensamienro. 2.. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. <pQÓVllOLS no designa una cualidad. Diels. pp. cf. 244). Munich. E. Rhein.Ó�. Kiel.. pp. 34). . se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo.. K. Que hayan tenido primero un significado concreto. 16. en breve. tesis doctoral. • • que otros términos. Time and Fate. B. es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo.. Hof fmann. r. 396 /bid. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. cit. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. p. lo (Die Entdeckung.. 5. 1951 (sobre <pQÉVES. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. por extensión. 396-406. cit.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. 108. varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. Conviene en efecto subrayar que. Se encontrarán algunas indicaciones en M. cpQÓVY)OL�. pp. se ha podido observar7 que. The Origin o f European Thought about the Body. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». o de ficación de entrada material no está menos asegurada. que hacían de cpgovei:v.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. por lo que concierne a <pQOVei:v. von Fritz. 1935. Pero Festugicre pone en duda con r. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. Onians. 1 O. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B. Siguiendo Metafísica. en último término J. 54-57).). Kumsemüller. el pensamiento empír ico. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. tesis doctoral. La phrónesis es un pensamiento. Diels). Berliner philologischer W ocltenschrift. juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón.

JO ss. al .los delirantes (n. Pero cuand . 1 ss. cf. p. 1\.. Philos. ca. divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�. Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. por debajo de la experiencia (EI. De anima. El coro . no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? . no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta). 9 en do mclut d10. 5.5 Por el contrario. ( 1 942) pp. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. apodera de los atridas (Electra.13.les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. v. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡. s cogmuvas la 17. que no quiere decir que todos los hombres piensen.. pp. .wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. En un fragmento restituido a Heráclito por K. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . De anima. Pero si nos remitimos al contexto. [)(. 56-71) y de Homero (llí ada. inación (<pavtaota) Y !a.lÓaÍ. 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. 981b 25 ss. 7. Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots.•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis. Nic. cf. 110. ca. 980b 22. extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. 614b �8.avm). 2. 1935. 196'1 . B. 1. Ramnoux. 25. r. En la jerarquía de las func10n� . en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. Diels.asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r.¡góvq. 29. 16). Él. Según O. p. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡). 1 14la 27.. 698). Leipzig.. Rev. anim. Gen. 1 074b 22 ss. el fr. Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos. 1\. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc. «como si -comenta Aristóteles. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. 1058). mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. al tiempo que poco después Anaxágoras. sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. 1. A. quieran o no. en un lógos que les sobre­ pasa. 70 (1957). XXffi.. sino el sujeto dotado de phrónesis. phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. . fr. 77 ermlichtnis der Antike. 10. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)».se. 2. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal. 1 1. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. Gotinga. 1 . 'tOV 'E�tJteboY. 16. 404a 29-30). mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. 30._. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico.to�) que los otros seres. 6eóv. 488b 15. fragments de Parménide».aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa.. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. absoluto (sentido platónico). a 753 2. anim. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. . y evidentemente muy por debajO .J-ei: ye xa� Ó.G. es el de los médicos hipocráticos). puesto qu�. fr. de la cual Aristóteles .E. Hermes. 1. pp. espec que esis. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). 68-71). 618a 14. phrónesis. 4. Hist. 9. sino que el pensamiento es el mismo para todos. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. Diels. Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. memoria» (en .tm. lOOOb 3 ss. VI. 12.vEL &' Metaftsica. Reinhardt. que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. 9?e en el leng�aje de tual.). 1. en Empédocles: cf. 1960. que él es el que reúne. 1. 1 1 6. 64 y la traducción del pasaje por C. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica.tov_. Fr. Todo lo más Heráclito. ill. corno veremos.180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil). Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido. o más bien 'tO q. Metafísica.uvóv).m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. Cf.qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15.. si bien en oro a:n. R. 106). 13. en lugar de captar lo que reúne ("to l. . el Estagirita no dudará e� pre1a.

a propósito de la epilepsia: De morbo sacro.t. que. en no intentar rivalizar con los dioses. Weitlich. Nápoles. 53 y o. p. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»). y una calificación moral. si bien es etimológica. p. 386. Gotinga (Jahrbuch plrilos. 24.tla (República. En el ámbito político oroq. 22. caps. D1els?. será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia. en todo caso. Pohleoz. Mnemosyne. 64-86. vida pública. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. 1947. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar. Aristóteles. de entrada bastante vaga. tesis doctoral. p.. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro. donde C. 253d. especialmen­ La liberté grecque. PP· 18�. IV.24 actitud del hombre en relación a sí mismo. 64). 160bc. 10-374. La li�erté : grecque. el estudio de R. pp. G.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA.22 fórmula que. Kollman�. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . Sobre esta noción en Aristóteles. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ. cf. teSts doctoral.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. te en Tucídides (cf. A.). es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. Deflatibus. J.. 23. tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY). Demócrito dice que es «grande.govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. 14. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. Utrecht. J. 20. De vicm (llegt 5uxít'Y)!. oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). pp. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre. fueron cristalizando progresivamente en la noción. el gobierno aristocrático. 59 (1941). pp. o.'8 Se comprende. . y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. de Vries. cap. 1922). que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración. pues. 35 (Hüffmeister. . pensar como conviene tal. 26. sición médica entre meier. entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. Cratilo. 372. 1941 (en holandés). 69 ss. !bid. Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien. cap. pp. Hybris. Hybns. 74) y Heráclito hada del owq. Vlli. de moderación. 21. 7. 12-34. l .. 25.Lvw8m). 388. 13. los demá s hombres y los dioses. que se sabe y se quiere humano. 1 1 1 7 b 25). 1 12. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf. tlrt. en este sentido. Cf. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. 2 0 . cit. Platón. 179. la deonto­ logía. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. 13-14 (cf. M. un gobierno de reputación «moderada». Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. Fr. FaJe. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». supra. q. p. Die Griechische Tragodie l. cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill.eovesla).27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-. 1 1 ' Littré.. «Sophro­ syne». 17.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis. 430e). Stark. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. 19. Nic. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. pero limi ado t y consciente de sus límites. pero huma­ no.). 45. Got inga.owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. F. 81-1 O l. M. l J ( 1943). del Grande. cf.. M. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. 5).go<rÚVl'f ha acabado por designar. Así. estos temas. en un sentido amplio.a.govetv la agEtrt f.L�L� (fr. La «modera­ ción».EL "ti)v cpQÓVTJOLV.23 sino de un modo más general en 60. 411e. Hüff­ cf. Sobre este término. 1 140b 12. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique». p. vida privada. Fedro. también en tanto que atributo del hombre. cf. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. la des­ ('ÜÓQL�). es el pensamiento. orocpQOOÚVTJ OCJ)t... 27. Fraenkel. de phrónesis: la phrónesis es el saber. si es verdad que ya un pleonasmo y. 64. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico. 5. Pohlenz. VI. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano.:r) ).2' No está prohibido.. en medio de las desgracias. Ét. 270 ss. Hüffmeister. Diels. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. WienerStudien. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. 42. Es una determinación intelec­ tual. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen. Es lo el uso de la vida.

A. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. Anrígona. y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos. prudencia (q¡Qov�o€L). avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<. Cf. 1026 (MouA.o). la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas.LO. se podría decir. de modo general.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. suele desig­ nar. Cf. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad.aLm en Aristóteles.t<UQO. 29. tÚ yó. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. «la razón y la sinrazón del alma>>. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. en un sentido indisolublemente intelectual. . explicados por una proliferación no controlada por la (República. puesto que la realidad no inclina en este sentido.Ú¡. La pruden­ cia es. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas. el régimen de la inteligencia.éyeLV Uf.Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. 725. encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia. 557. 2. por el contrario. sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros.tm). 31. id. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto.V � ¡. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. fr. cf. 35.31 28. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. 117-1 18. 119).. su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. xat &cpeooúvr¡ (De victu. 193. 707-709.tóvo�) . '\jmxfjc. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. etc.V). opuesto al Estado sano según Platón <<forma». 33. Diels). la cura. declaro que a mis ojos no hay mi. en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles.óOVALO.Q e[Qrp. En otro lugar expresa su concepción. Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien. 398. Ciertamente. tomado absolutamente. su presunción.m OLJtAÜ». l056. instruido por la experiencia. ábrelo: no encontrarás en él más que vacío». pero. 34.. fr.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. (cltl. en lo más duro de sus peleas. <l)Qóvr¡crtc. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�).30 Todos estos temas.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr.34 Antígona misma es más sensata... la teorfa aris­ 30.). phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. actuar como es debido (�o·uA. 1242 (MovA. y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf.wc. 1054 (ÚVOL<l). 754-755 (<pQEvwv xevóc. .trJ). lbíd. también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. en su defecto. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia). supra. Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo. rechazo del compromiso. 429 (&. el pensamiento sano.).). reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. Electra. Hemón. !bid. 890 (cpQOVOUOO. pues raramente el ojo perspicaz bí. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). el coro. afectivo y moral. el discernimiento correcto de lo conveniente.vve-coc. trad. Electra. 1269 (buoóouA.). en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>. o en el sentido afectivo de disposiciones. de Mazon. totélica de los «monsttuos». Simplemente.o�).36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse. 32. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. o. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara.da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡. Sófocles. Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. pp.trJ) innata. a pesar de mi juventud. Pero phroneín.m ta: 28 el viaje fa­ vorable. que pueden ser buenas o malas. 562 (ávouc. más opti­ hablar sin faltas. n.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido».29 En tico. de saber. 36. 372e) y. cap. .eúeoflm xaA.y yo a otros». Anttgona. 35.io. comienz.

�l.i:6o. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios.Ov 'tO ¡. 2. puede ser generalizado en la literatura trágica. sino que son peligrosas. fr. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. Al final de la tragedia. heredero suyo. que no sólo están vacías. para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre.37 Así. 37. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución.t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. 294-295. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !». que se aprende con la edad y por la experiencia. Nauck). limitándose. la paciencia y la seriedad de la experiencia. a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos).to. citado por Ar istóteles (Ét. Nic. . es cruelmente desprov isto.T] A. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. 1347-1353. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica.ax. que reconoce que lo racional (aquí. como hemos visto. haber traspasado los po­ deres del hombre. /bid. y parece que 38. la tragedia lo llamaba phrone!n. l l42a 3-6). El presente espera actos. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. 39. La yvW¡. pero también dejar a los dioses lo imprevisible. aunque inconsciente). el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol.. Edipo Rey. preocuparse de las consecuencias previsibles. el juicio -esa de la suerte. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles. VI. apela a la muerte de sus deseos. /bid. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. simbolizada aquí por Creon­ te... el rebelde puede tener también buenas razones). !bid. 9. no 40. 787. Creonte. este uso de soph6s. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. de­ (n:o. Medea.cyóvt:wv xo.A.v9ávcLV)».'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux.tTt -cÉA. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación.eoem aocpoú�)». que se detienen ante las puertas de la muerte. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. consciente de la enormidad de su crimen. 42.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble.4' que. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. 3 16-317. lo que constituye su «desmesura». Cf.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡.. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles. pero todavía incapaz de situar su lugar exacto.6L6á. la bwnríf.I. 782. En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto. y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. E l crimen de Creonte. ese «gran descubridor de enigmas». un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. Hemón opone. al de­ negar la sepultura a su adversario muerto. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto.186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A.39 Hacer lo mejor en cada momento. venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque. seguido inmediatamente por el coro.ún ). 1074b 32).' aVrlQ). habría que inclinarse ante ellos. sino. que no saca conclusiones precipitadas. 1334-1335.42 Ciertamente. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda. . se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo. Ciertamente. las «gentes fuera de lo común». 9. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». si hubiera hombres que tienen ciencia. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-. A.� 1ttQWa&� ex. 71 9-723. sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo.

1049. 1. que es la sabiduría popular. por el contrario.). ocautóv. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. Quitón. Platón. etc.. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc. p. 133bd. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. l l4la 917. cit. que ha sido conservada por Estobeo. Archiv für Religionswissenscha J. Memorabilia. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. «Contrefavon de la sagesse». y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov).>QÓVf)<JLV &. de maest ría. de la sabidu­ ría de los límites. cuyo común denominador era. § 92-107. 46. ama la prudencia (q. Diehl). Alcibía­ des. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet. p. Moreau. pp. Cf. etc. (1961). Burdeos. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav). 45. pp. de la templanza. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. Bí as. Fr. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. VI. nota publicada por P. 2. 10. Rev. 193-201.4S En tantes del espúitu griego. 44. Moreau. 7. niás que esto. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. IV.5° Platón no dice otra que hace Platón. E. 172 SS.. Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. xmgov oga. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. 1950. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. a rehuir la desmesura>>). 47. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. 4. domina el placer ({¡oovf¡c. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>).) al ideal dorio del héroe. En la lista debida a Demetrio de Falera.-M. y algo bien diferente: conoce tu alcance.yána)». hasta Sócrates e incluso Platón. xgatEi:v). conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L).). en Les sciences et la sagesse. 1909l. Estobeo. 48.46 43.>QOO"ÚVYJ. 7b 13). por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). L. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�. Hens. 49. F. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. yvroflL aatnóv. Pililos. en el Cármides. Cf. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles. y art. Stefanini. Jankélévitch. 50.47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. 1 . J.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. Antí gona. que es limitado. ·a pesar del contrasentido que O. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. p. 1.45 a menudo retomado por los ancianos del coro.gwmv). Horneffer. Solón. a propósito de Cármides. 189 de Aristóteles.188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. nos recuerda. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. Diels. 42). 8992 (cf. del conocimi ento de sí mismo.eo. lt(l�Oelav. Platone. pp. 164c ss. oa-w. 6. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. 1 . mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. Dirlmeier. «Sagesse». j t. la preo­ cupación cauta por el azar. 290.. . 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. que es que eres mortal y no un dios. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). 16lb. Schuhl. Introducción.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. 1 0 y 13. Ravaisson. V o rsokratiker. y segtín otra fuente en Solón (fr. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O. en buena parte legenda­ rias. sin duda. Cármides. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite. 36 (1940). fr. no eran nuevas. esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. según parece. 7). L'ironie ou la bonne conscience. 25-26. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>.>QEVÍ. Cf. conócete a ti mismo (yv&8L oautóv).. Pitaco. Jenofonte. 89-90. La construcrion de l'idéalisme platonicien.yav). esp. de la prudencia. 13. fr. 1 . Nic.• ed. 61 (33) Sandys (= Peones. es decir. 2. p. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa. debes saber \ 1 <Jú>q. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. Cf. m. F. V. Tim. Piaron gegen Sokrates. 3 (Cleóbulo. 1 .

Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. Áyax.rrmicas.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. esta filiación. en la Crítica de lc1 razón práctica. VI. Cf. del mundo y de los dioses. Fr. Hem1es.ti. «Nichts menschUches ist mir fremd>>. Domseiff. la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. 13r.en un sentido no ya restrictivo. vrr. 168. 346. E. Dérenne. Le Dieu CosJTÚque. donde será desterra­ do todo pudor. 475. cf. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. ey<Í>. ll. E. sino positivo. 590. n. sino pien­ sa todo lo que es humano». p. la tonalidad restrictiva de la fórmula.ov q>QOVcLV. 99. Pues desconocen.. 1 1 0 . y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas.54 En la Retórica. 760-761. 353. Nauck. «Menanders Urwort der Humanitat». 1930. 55. . los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. 18. que prutc¡ .58 A la inversa. .. des­ de la Antigüedad. y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. cuyo detalle es controvertido. fr. En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. 289. la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. 7. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir. . Cf. 27).Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. Kock (Estobeo. Eurípides. Platón. Antífanes. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. fr. 821 a. «Co­ nozcamos nuestro alcance». �éAl:LO'tE 0v111:Ó. 531. fr. también fr. fr. . Alcestes. . la signifi. y no de un juez insensi­ ble». To yÓ.53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. J. 91 (1942). 20: . Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios». Cf. se puede comparar con Píndaro. 186-191. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible. 2 1 . El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav. Kant. L'lime du monde de Platon aux sroiciens. tener pensamientos humanos.Hl't<Í cpf]OLV xai.aA. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». sino conocer la propia invcncibilidad (cf. En este sentido. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov).ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). EpÍ FIOIIUS. 206-209. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV. Esta revolución. 112-113: Festugiere. Pohlenz. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar. Rheinisches Mu­ seum. su alcance. Terenc io. cf. V. Nauck.. p. Bickel. 54. l l 77b 26-31). 988ab. Pascal. 1040. co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega. Retórica. ya que es hombre. 427 ss . Diels). (111 tv siecle. pp. f. Leyes. Es verdad que la prudencia griega. Es la fórmula. tanto una como otra. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . T raquinitUUlS. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas. w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo. 57. En el libro X de la Ética a Nic6maco. xai. 1 1 1 1 52. Heautontimoroumenos. Para interpretar el sentido. 316) (EL 6VrJ1:0<.51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo. el. que tendían sea a exagerar. Aristoteles. 58. 53. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. 395. 1394b 24-25 (Epicarmo. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. 164de: <P r¡ ¡. en particular de los astros. Moreau. Koerte. Pearson (x. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». sea a atenuar. 72. 20. un verso de Sófocles (fr. 799.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. fr. Coloquios. 1.1 1 1 . sino también de inter­ pretaciones divergentes. preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). qJQÓVEl). quizá estoica. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). Jaeger. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. pp. Lieja. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)).(Í yQa�ti. Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. Bacantes. 77. citada dos veces por Aristóteles. Cf.ss Fórmulas como 5 1 . Sobre (111 6va1:Ó. . Cármides. Pearson). 1.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. La liberté grecque. pp. objeto no sólo de cr íticas. 59. Cf.cación literal de la ex56. Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. aunque en otro sentido. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos.. p. pp. 78 (1943).ra). Flor. 24). Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». &v6Q<. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa).

192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. 14 R. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. Asf es como. <Uaeá. p. § 32. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. fr. PlembOck. 14 W. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. sino el de toda filosofía. si bien por vías diversas. Cf. desde ese mo­ mento. VII.á. 60. fr. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que . pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. más sofista en esto que filósofo. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. por en­ 64. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición). de una manera apropiada al hombre. Diels. cit. 4). es decir. 30. A Dem6ni cos. el phronefn es moralmente neutro. q¡lA. &. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. F. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. Empédocles. entonces toda la Sin embargo. es un Jugar común en los presocráticos.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. y 1 1 3 ss. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. Cf.67 Y si Sócrates. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. Cuestiones 62.aL. sino «estar en disposición benevolente». 82. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. 7. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo. X. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. v. op. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &. G. en varias fórmulas que hemos citado. xa. 1.60 a sí. 67.a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que.vOgcómva <pgovei:v. etc. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó. elevarse por encima de los pensamientos mortales. 1 . sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. heredando av9g<. El desprecio del pensamiento vulgar.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que. Diels. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». a la primera actitud. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. sino a toda la filosofía en general. cit.-. pp.63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». fr. Cf. «pero la humana en los trágicos.U el término que se especializ ará en este sentido. Sobre este uso en los Hipocráticos. 30). todos los filósofos se propusieron. es decir. 707). Séneca. es decir. 2.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. 6. vv. 216).Ómva <JlQOVELV. fr.61 y se puede pensar sobrehumanamente. 61. inhumanamente. en todo caso. cf.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe. de una cierta manera. 739. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. que el tér­ mino phrónesis. Es cierto.. mediante el pen­ samiento. 65. vv. les parte de la 60. En el Ética a Nicómaco. 9. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. Así Empédocles. art. por ejemplo. ¿Llamaremos phrón. a filósofo. Cf. La oposi­ 8vrp:a O av0g<. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). 4. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. Igualmente. <pQÓvr¡ot�. Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. 1. fr. Ciertamente. J-4. Diels. Se ve. 3-4. v.. y el acusativo n. igual el hombre que el mundo o los dioses. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que. Phronetn significa: estar dispuesto.at. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría..6avatt�e�v). Hüffmeier. 66. 1 L77b 33.-[sócrates. Nauck: el orgullo. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei. Desde Parménides. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. por el contrario. Parménides. . cima del cual se eleva el clito. también el Ps. si Aristóteles toma prestada la tradición. 103 ss. por ello. tal corno los dioses deben poseerlo. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. el comienzo del poema de Parménides. Aristóte­ naturales. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas.esis 8vrp. a «inmortaJizamos humanamente».

Aristóteles añade: ecp' como sea posible. p. por cuanto «meafísico>>. Pero.ional de la 1ilosofía. X. repitámoslo una vez más. Ét.ÓAL<Jta. Essai Sttr la . q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. y no sólo a sf mismo. Mansion. de pesar a istóteles. tona.71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic.. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. y . de «busca(")>. por consiguiente. 7. p. A. 1t(I)A8Ü¡. 14. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles). Plotino por retomada será y 29e) Timeo. . Revue Pllilosophique de Louvain. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno. 77.. la más divi­ na de todas. a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr. Ciertamente..194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. citado ames. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. 983a 2.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza. 1 89.toí. D.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. 72. cf. y que corresponde sólo -o. contrariamente al viej? prccept?. pp. pp. Ale­ �Ux al. Nic. Diels). . por lo demás. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. ciertameme. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. la naturaleza del hombre es esclavan que. en efecto. 982b 28-983a l. Cf. D1els). 74.a Dios poseerla. p. pp. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid. 6).LXW'tEQOL . 274. Demócrito era sin duda más modesto. 2. t d'apres Aristo­ Cf. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». 22b SS. Philosophy o fAr istotle. 5 1 ( 1953). Diels). v. pp. principalmente. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid.l en otra pane fondo común. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. 76. (cf. el «pecado original» de la hybris. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. P . XIII. 213214. es capaz». no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios». pero invitaba a todos los hombres. a en Platón (Fedro. Platón justifica con ello V. Allan. «Adela» (véase p.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. según l a expre­ sión de Aristóteles. grados en la servidumbre y Aristóteles dir. xatá xeeinrov � 3 1 7). pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». Hay. ovxé'tt 0Vr)'t0\.. 87-88. y en el que se nos invita a «inmortalizamos». Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo. n. 3 1 6- . cf. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru. 1 12. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. 1 177b 26).wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. según Si­ � móntdes. passim. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. Para la posteridad de este pasaje. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». . 89. tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. 2. 2 (Sobre las 71. Schuhl. 68.T)) la posesión de l a filosofía. 247a. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda.tUL lose Sclwld. Se ha pod1do. está tamb1én en el origen del método experimental.V Oeo� Ü¡. significa que debemos tender a la inmortalidad. 122-123. no es sin dudas ni sin reservas. !J. Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov.formation de la pemée grecque.75 y. Meta f ísica. La filosofía. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. Apología. 69.b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr. parece». pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr.-M. a la mversa. es decir. cit. 4-5. 111. 1833. como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. sentido limitativo de (fr. 1. la Ó¡. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. VIrtudes). 73. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. es su principio regulador.vf] crocpí. que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. J. cf. esp.. Ión.trJV. t de servidumbre. Ir.. 1 ) . Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. 70.a). .. Plotino l. tender a imitar a Dios. «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. 48). sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. A. 983a 3-10. será el tema de uno de los esbozos dra­ . eeteto 176c.• cd. en el célebre pasaje que hemos citado antes. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. 444-472. 317).wm� f :k([>. no constitutivo. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. 1285a 20). 75.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo. S1 . Berlín Metafísica. T .. De tantas ma­ ner a. puesto que XIV.74 Ciertamente. 20d. A. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. «los poetas son grandes mentirosos». 34. sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. Introducción. Si tomamos en serio esta restricción. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). pp. corrige.tOQO'tO�.

La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente. 1 . Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps. es decir. ..8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. pero que podría indisponer a los dioses. 3. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. cf. . que se da por verdadera. OQúlQEV). exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. . 613a: T eereto. más generalmente. pero. cosmológica­ mente circunscrito. que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. . ooov E:v iwi. xaTa 1:0 �uvcrt6v. 12. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). 8. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp. Ciertamente estos límites son imprecisos. E<J'tLV ecpr¡¡. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. su acción y su trabajo. Rose) a su amigo Hermías. X. son sino Límites del hombre y. tmim. l ll7b 15-16. 415b 5. 83. Cf. J 1 78b 26-27.. 00<. pero sólo «tanto como pueden». xa. circunscrito a un círculo más esttecho. Epicteto. 2. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento..• En todos estos casos. a su cumplimiento»). en su nivel propio. 415a 29. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n. De anima II. pero ineli­ minable. Jsago�?en.a 1:0 �uva. lo divino y lo sublunar. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI.tov dneiv. en un nivel inferior. Ét. Coloquios. desde el final del siglo v.tfj'tL. v.. de entrada. ecp.. X. esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. El filósofo. que está toda entera presente en Dios. 501bc.82 78. 82. dice al Metafísica. y ible. República. 12. Aristóteles lo reencuentra. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza.!OLWJ.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. fr.83 Pero esta restxiccíón. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal.. 4. 6-7. Nic. incluso si no es más que infinitesimal. entre otras definiciones de la filosofía. 1máQXEL)».79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . ooov Of.teQÍ. a quien él habla dedicado un himno. tcp' 4> 9' ócr tr¡.. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. choca de frente con Jos límites de. 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad.. Gen. Po­ sidonio. 982a 9. 500cd. 8 1 . en especial políticos. .OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. Leyes. como mayor razón. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. Así. 645.rf. del mismo modo que.a. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible».78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional.. Srrom. es radical. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». casi de la misma forma. 11. 00� ecpLX'tÓV.oi:p>). Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. tradicional en su forma. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material. 14. o bien el. CS decir. lo necesario. que expresa la distancia infinita. 2.. el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada. en toda la lilosoffa griega. en cuanto está permitido sin sacrilegio).óv. 7. pero no basta quererlo para superarlo. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV).196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. EV€<J'tLV»). 79. sabe que la separación entre Dios y el hombre. . que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está. 383c. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. .ll'JOÉ . Lo mejor. «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. vv. que separa al hombre de Dios. en Clemente de Alejandría. U. Plotino. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo.80 Igualmente. 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). fr. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible. Meta!f sica. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. . IV. 4. Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. !bid. toma un sentido específicamente aristotélico. cf. [. una imitación del acto divino. 6E]ILtÓV. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . v. VI. ill.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac. Platón. sublunares de la inmortalidad.v a9avaoí. 1imeo. Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. €cpá1t'te'tat). Empédocles. Pero. A. . ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). ll. etc. pero siempre presente: escrúpulo residual. 0 razones de «prudencia». límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. n. Amonio dará. 1 s� Busse). xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. m. . 8. y creerlo seria desmesura.

aquélla y. es decir.en la distancia que la separaba de este ideal. el azru· amenazador en indeterminación propicia. pp. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. passim. utilizán­ dola contm ella misma. si el éxito no era sinónimo de acción buena. ésta no puede aplicarse.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. este «dios mortal». no ción de un solo Motor. del desvío. sin embargo. Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. con la metafísica de Aristóteles. ni del mundo mismo. Lo infinito en lo finito.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo. En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. de ambiciones desmesuradas. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. para que pudiera ser calificada moralmente. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. y que. guiado además por la sabiduría. de un modo más general. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. es decir. al menos inmediatamente. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. Walzcr. que no es un accidente ni de nuestro saber. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. devuelto a las tareas reales. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». iotelectualismo. pues. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. La acción sobre el azar. Fr. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. azar. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. la moral de más que por L. p. No volveremos sobre la solución. de la aproximación. 87. 93. def�ctuosa sin dud�. Si fue moderno. . por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. 506-507. intelectualismo de los no 84. Cf. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido. que no puede realizar sin más por sí mismo. y el A péndice de la presente obra. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. sino que juega astutamente con la contingencia. 6-8. el progreso en el límite. Así pues. vtctona so­ bre el azar. es decir. 61. el tema de la «prudencia». Le probl?!me de /'erre. que dto a este problema y que denominó prudencia. no debía ser. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. sin embargo. es decir. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . 185-188. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. por lo demás. Le probleme de l'etre. es decir lograda. esp. . lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. está presente en toda la obra de Aristóteles. 78-79. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. 85. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. la a similación a Dios en la absoluta separación. Deplora. lOe. y haciendo lo mismo consigo mismo. pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. acción en y sobre el mun­ do. improvisada y sin principios. Rose. es decir. Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. 497 ss .

es decir. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. lo que hay que hacer. 228). pero solamente lo posible. que contrasta con las la­ te. O· como d1ce tamb•én. y el azar residual de la acción. . estoica. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. 281) (la c�r:-•va es nuestra). La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo. La metafísica nos enseña. Sin embargo. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. dios y. que Dios está más allá de las categorías éticas. Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. un ideal antes que .1 17). parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . . y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. Entregado a sus solas fuerzas por . Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. Por lo demás. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. 1953. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida. 1 O 1. 1 1 . y una percepción caó­ lica. 272). Más adecuada quizá. no habría nada que hacer. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. Si todo estu­ viera claro. Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. 173). un D10s demas1ado leJano.a a los límites de la existencia � ser deseado. una realidad . inacabado. .200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. en cierto modo. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . es una idea. en 1� co�dición en que está el hombre. y a dejar el resto a los dioses. y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. en contra de su voluntad. tiende sin cesar a ella. Die Tragodie des Humanismus. hace de él el centro de su ética. <da sab1duría diVIruza al hombre. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. 184). el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. A medio camino entre un saber absoluto. no se haría nada si no se su­ piera. del saber. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. avant la lettre. . Heidelberg. 170). sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. en su búsqueda. Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. que haría Ja acción inútil. en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. 205). esa intuición de la trascendencia y del cimiento. O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. aunque sea también anacrónica. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. en su acción.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. que hada la acción imposible. se la en­ cuentra a veces.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica. Weinstock. cf. �� hombre de Dios. que el mundo sublunar es contingente. la senta -al mismo tiempo que la reserva. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. pero las circunstancias son lo que pueden ser.a seerla» (p. se le encierra por toda� partes en los límites (p. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

5bs.1 6. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. Chrysippe. o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. 4). como otras docttínas aristotélicas. 132). «La cobérence de la morale stoi"cienne». estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. objeto de la prudencia. pp. l. la pru?encia Así. sino la única forma concebible de moralidad. dé Phi/. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF. IIL. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. la unidad de la teoría y de la práctica. Philologus. objeto de la sabidur ía. Véase la nota al comienzo de la obra. Wachsmuth). no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. 1 1 . o de una simple referencia al uso popular (cf. y un bien para el hombre. En rea­ Lidad. 2. traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. hay algunos textos que pockían hacer suponer. 5. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. etc. Ciertamente. el mundo divino y el mundo sublunar. 19. 262). Se tratará aquí. .. APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios».. que se remonta a Cicerón. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf.LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. 9. que fuera coincidencia con el Lógos universal. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. Ét. Jenofonte. Carta a Meneceo. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. ill. IT. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. Cicerón. De hecho. p. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. l. como Plutarco. pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. 43. 153) previene que hay que .. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<.. sin duda la más importante.es i'm:Lm� fJ. y que era en Aristóteles lo contingente.. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. Memor. más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. enim in graeco scriptum est. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. 236). VIl[). de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. ni la distinción entre un bien absoluto. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». a la oo<pta. De virtute morali. Locutiones Genesis. 1930) remite con razón a Panecio. Estas conclusiones parecerán negativas. gr. Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ. Tratándose de los estoicos. 288-289). sino sólo para una. en la tra­ dición postaristotélica. como en Aristóteles. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. p. que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. Pero sólo prueban en todo caso que. la phrónesis parece designar aquí. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. la polémica Teofrasto-Dicearco). Bréhier. también Epicuro. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia.• ed. del saber y de la virtud. Esta traducción.ÓYtm:o¡.). De o fficiis.YJ. Cicerón (De o fficiis. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico. dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia». No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. ni la atribu­ 1 5. estoica se traduce generalmente por «prudencia». no había lugar para dos virtudes intelectuales.

mediante algunas explicaciones complementarias. <<The Hypo­ thetical lmperative». sin embargo. si no de la mo­ ral. que es la política. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta. pp. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación." y B para la 2. A partir de aquí. Hill. pp. que.1 La razón de esta discreción es evidente. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia». para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. sería in­ verosímil que. (A para la l. p. . París. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. Londres. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». Cf. no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas. 56 (1966). el imperativo categórico. según el imperativo de la moralidad. sea porque pudiera establecerse legítimamente. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral». Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y.2 Nos parece. el estudio lógico de G. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. Crítica de la razón práctica. pp. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. al parecer. 1947. al menos de la antropología. bajo ciertas condiciones. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. 3. es decir. El estudio de estas conductas dependerá entonces. traducidas al francés por A. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción.icado por Jaesche. 1966. por otra parte. en 1800. a nuestro jui­ cio. 237-252. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». la totalidad de los preceptos morales. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. Philosophical Revíew. Por una parte. Como. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. 429-450. Publicadas por Rink en 1803. al menos indirectamente. por lo demás extensamen­ te. pp.").. para el ser razonable pero finito que somos. otro interés. J . �· rificarlo. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. 158. Se tr ata. una conexión positiva. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. 5. por ser moralmente neutras. la habilidad y la prudencia. en el Curso de lógica publ. Finalmente. sin em­ bargo. pero no vale nada para la práctica (1793). y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría. 82 (1973). Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». en lo sucesivo. 4. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico. l . más precisamente -según el título de la obra de 1798. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. la atención de los intérpretes. 228 y 230 nota. 200. sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia.LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. y Thomas E. Kant-Studien. 2. 1 1 3-128.de una Antropología en sentido pragmático. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. 1963'. 1 1 . Distinguiremos más precisamente. Patzi g. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original.

sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. cit. La expresión de esta obligación se denomina imperativo.8 El imperativo no in­ terviene. 70). Cf. cf. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. Pero. tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). por lo tanto. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. 124. t. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. La distinción de ico y de lo hipotético. el imperativo es categórico. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. 7. Fundamentación de La meta Delbos. m. parte l. sin relación a nn fin distinto de ella misma. 293-303. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. fr. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. el imperativo sería superfluo. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. Por el contrario. en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. que son las inclinaciones sensibles. p. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. sino sobre el principio racional de la pelfección. 124. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. p. op. pues. p. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. más que para llenar. la voluntad humana». está tomada de la tabla de los juicios. ahora bien. prudentia). pp. si es representada como buena en sí. Budé. trad. p. Esto no impide que el intérprete. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». París. fr. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. según pr de determinar la voluntad. o intentar llenar. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. tam­ ica. Solamente después de estas explicaciones generales. de manera que. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . Por su capacidad según representación de leyes. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>.214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. pp. que el Kant muestra incluso. 146-151). y únicamente en él. 175-177.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». ca. a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. de contaminar el concepto de ésta. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. 1 958. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. . el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. (Esto hace inútil la explicación de H. vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. En el segundo caso. W den. Se advertir ios de Leibniz. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. Pero inme- pp. es decir. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. p. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. D a práctica». escolio ll. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. de teorema lV. libro l. Dicho de otra manera. no puede haber imperativo hipotético. 8. la razón se constituye en razón práctica. Furulame11taci6n. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. nota). el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. Crítica de la razón práct ialéctica. de Delbos. trad. no son una de ellas más que en apariencia. allí donde no hay interés. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. es decir. por ejemplo. § 1. márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. Paton.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. de tal o cual ser razonable. En realidad. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. Los estoicos. donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. J 969. Fundamerrtación. 5 1 7-5l8). «Explicación>>). Wiesbaden. 1 14. A decir verdad. J. cf. 220. y factor de heteronomia. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. de Platón a Wolff inclusive. con ello. pp. el imperativo es hipotético. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. Crítica de la razón práctica. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes.) Dicho de otra manera.

sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. n? llega neces�riam�nte y. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. negativamente. 131). ni en querer lo imposible: la acción hábil es. como. que. 126). en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. Pues aquí la razón no llene 1 1 . de Delbos modificada. pues. al menos lógica. se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado.9 Retengamos. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. es susceptible de ser realizado. aquella que no es ni superflua ni quimérica. . «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. capítulo II. ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera». por ejemplo. por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. fr. Pues. En sentido amplio. nos dice Kant. W nónimo de Glückseligkeit. B 828). 127). Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. a saber. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. La habilidad ordena. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. no es este punto el que interesa a Kant. a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. � No pasa lo mismo con l a prudencia. sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. 126). 126).10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. Desde el punto de vista de la moralidad. por lo tanto. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. Un poco antes. nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. laj elicidcui. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. f elicidad. no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. 133). a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. 1 28 trad. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. . depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. sin embargo. que Kant denomina la «finitud» del hombre. Que este hecho sea no sólo constatable. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. y. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . A decir verdad. Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. el tercero el del imperativo de la moralidad. es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. por una parte. Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad.216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. Kant habla de esos «conceptos usurpados. B 828). P. sino asertór icos. donde Kant . de hecho. para un ser razonable y finito. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. la cual es. incipio problemáticamente práctic�». A 800. una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. 9. con miras a un fin «posible»." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. es un «principio apodícticamente práctico}> (p. sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. Metodología trascendental. d�s­ rino. En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . B 1 17). ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». nos dice que «en la doctr ina de la prudencia. esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. cuyos imperativos no son proble­ máticos. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. por _ otra. ». A 84. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. . la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». górico. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)».

como veremos. que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. 178 w. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. . un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. es decir. las del arte y la habilidad en general. 1 . «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. trad. puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. de Delbos modificada. la Crítica de la razón práctica. de una técnica. XIII). La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. 2. p.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. <<Hablando con propiedad. p. V. (referentes a la fe­ i referentes al arte). aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant. . 106).. además del texto de Fundamemación. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. aunque sin privilegiar­ la. sino que subraya sus intenciones y quizá también. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. pp. entre las pres­ orschriften). . en el caso de la prudencia. también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. Cf. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. 129. que «presupone». por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. de A. 0 de la prudencia. 16.• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. a las costumbres)». La felicidad no es tanto una idea de la razón. l. 1 7 8 W. la prudencia Cf. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. W Fundamentación. 14. 1957). nota). fr. entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. Wies­ P. o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p." versión: «Las prescripciones pragmáticas. . 133). de todas � la _ (entre la hab•hdad. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia. no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y. fr.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. 64. concierne pertinente.• sección. como 1. desde el punto de vista del valor. ocupa el segundo r ango» gar. que son «proposiciones prácticas». ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones». Se podría dudar que los imperativos. Crítica de/juicio. vol.13 En realidad la Fundamentación ya proponian. 12. es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. trad. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. siempre posible en el caso de la habilidad. de la cual -no lo olvidemos. se han 19. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. 13. mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. 178 de la cd. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. que emplea la expresión Erhikorheologie para go.17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. última nota de la 1. fr. p. es decir.i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. baden. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. xm y xvJ-xvu. y la moral idad) (trad. cf. Philonenko' p.16 En el fondo. Kant. y llega hoy. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. No modifica el contenido mismo de la doctrina. también p.12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. Los malentendidos polémicos. )>> (p. para ser práctica y no teórica. es decir. declarados por lo demás asertóricos. § 86). Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). 132. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad. hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». Pero hay que recordar que.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. o reglas de la prudencia . en una nota de la primer a la Crftica del juicio. a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general.19 15. 18. pero desatendido en la segunda. esa terminología. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. eiscbedcl (1. (p. Werke in sechs Btinden.la tradición hací . en la relación que instituyen entre los medios y el fin.14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes.

l . en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem .de la argumentación de Cicerón o. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. siguiendo aquí a Cicerón. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. Kant und die Erhik d er Grieclum. . para las necesidades de nuestro propósito.22 del hombre en general y. y no la identifica como Klugheit. I!H'i. 5). ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. 5. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». lll.. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. más verosím ilmente.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. 24. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. no pueden. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve. 7. v6asc su¡ml. de sólo la rectitud del fin. transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. prudencia. término que traduce el griego phrónesis.220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. 4. Nic. Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793). 22. Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. 14). consideración. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento). es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». fr. 89. De hecho. Stoicorum veterumfragmt'llf(/. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. . -negativa. 262-283. explica en (B 414 = A 409).el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes. «regla verdadera». De o jficiis. 1. iiberserv von Christian Garve. si la justicia no es citada aquf. natura. 23. Magna Mora/ia. Breslau. de su sección de la Fundamentación. cf. pues. l l4lb 5. una adición de la segunda ed. última nota de la primera sección. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl. 34. nüchterne Uberlegung>>). «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» . dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. sino también la de los medios. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. que es para sí misma su propio fin. 25. es decir. Nic. En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. p.a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. vuelve a tomar. 2 1 .20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar».quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. pueden volverse extremadamente malas>>. Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. Ét. VI. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad. 43. <(I"Crum cidente. 1 1 97b 8. 1793. de una buena voluntad . 27-33. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. 1 1 40b 20. ración. no más que los de la fortuna {poder.. en particular. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. salud). . p. Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. bajo la misma denominación de prudencia. valor. que co­ De o fficiis. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. laudabile. sapientia). al de l). cit. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. Tubinga. lo cual hace de él una virtud intelectual). un habinJs (hexis) práctico (acompañado. que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. la virtud. Pero todavía falta saber de cuál. será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. el valor y la templanza (cap. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten.25 lo cual Selbstbeherrschung. Para un comentario de estos textos.. K. es verdad. r iqueza. 153. Kl. lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich. pp.. VI. Reich (op. pues. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. el dominio de sí.ición. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. . Por lo demás.2• no tiene reparo. Trad.. 87). b) no asegura sabidur ía. capítulos 3-5. la justicia. Kant. 26. a propósito de la «Sabi­ durla divina». Cf. el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. prudencia. .n K. Kl. Von Arnim. . de Delbos modificada. Recordemos aquí solamente. a pesar de su utilidad para el hombre. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung.. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. Reich.

Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. 13. Borinsk i. M . _1!40a d. fr. más lejos. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. a la tmltilidad práctica. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. como más tarde Kant. C. s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. prudencia mundana (cf. cf. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. plo. no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. Por ejem­ Pedagogí a. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble. 30. 1688). y la de necesidad moral por la de obligación. que llamó «pragmatología>>. y la prudencia y la virtud moral de otra. de los I l52a 1 1-14). que procura una necesariam pero s. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. trad. El endemonismo aristotélico. 5. Wolff. l como una especie de esta última. VII. Más moralidad. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. 1894.2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. 23 y 87-88. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. Wundt. 150-159 y 199. La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. . 1. los medios propios para pr �cura 26-28). había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. Pero ya en 1764.30 En cuanto a la obligación (obligatio. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. 26-28. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es. Cf. es una capacidad digna de elog¡. pp. Cf. 29. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. de la sabiduría (sophía).19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. «pru·ci�> (�ata �QO�). e� d�crr. da�? un fin. Sin embargo. de Philonenko. 1945. 13. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). . Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . reimp. no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. supra. ecttva sm prudencia.f moral. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. que la prudencia es una virtud moral (Vl. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. 1964. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. 73-75. pp. según Anstó­ teles. . pp. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual. por consiguiente. es la habilidad del virtuoso. Si no h�y �rudencia sin virtud . 1 1. K. Halle. Hildesbein. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. En realidad. sino de Baltasar Gracián. Tubinga. p. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. Thomasius. combinar los medios más eficaces (VI. tú e·u s'\'lV)» (VI. al menos indirectarnente. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. sino necesruio. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. l l44a 23). para Aristóteles. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». Añadm tmnb1en.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. hasta el punto de no aparecer f . la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. pem la prudencia con27. estas dos diferencias no hacen más que una. Magna Moralia. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. 'lgos. La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles.o. V er dindlichkeit). y hace falta ya virtud para distingui ente parciales.ttud. de la moralidad. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. Aristóte­ les. tampoco hay vtrtud moral e . a ? mos la fehci t fonna. 34. 1 1 97b 8. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco.

sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. Crftica del juicio. que estructura la sistematización wolffiana.lidad» (Delbos.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. Paós. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. 11 1 !bi d.32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. 175). La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. uno de los componentes de la moralidad. entre la necesidad problemática 1764. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. consecuentemente. Esta distinción. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma. e Kant. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. sino por la r epresentación de leyes. prefigura sin duda alguna. como las lo tanto. des­ y la necesidad legal. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». por más que esté depurado el concepto de perfección).está determinada no por leyes.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico. 133). La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. p. La distinción. pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. p. 36. XII. p. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. como los me­ canismos de la natur aleza. sea a recaer en La posición de Aristóteles. Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. p.. 99: Introducción a la tra­ 33. como apunta Delbos. no dependen. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. Pero. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. a pesar de las aparien­ cias. como se dice aquí. como las de la habilidad. o. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. pues. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica).. /bid. Parfs. si decido construir un puente. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». Ahora bien. p. p. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera.l4 la Introducción damental de la heteronomfa. 98.f..224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. 96. Pero el mismo argumento era. Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad.)(. de la filosoffa práctica. como hemos visto. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. bacía de la prudencia. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. tal como lo hemos definido» (Delbos. sino de la filosofía teórica. especie de la habilidad. s. El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. Decimos: «tiende a mostrar». fundar la obligación. voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). que tenía al menos el mérito de la claridad. no valen más que para una voluntad heterónoma y. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. Así pues. p. 1905. dar en el sent 3 1 . Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. a saber. Pero para comprender perf ectamente este punto. original.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. p.. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. Por no haber hecho esta distin­ ción. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. Ed. 23. . 34. tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad». XI. 171). 35.

Bacon. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra».Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora. 45. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-. fin o medio en la pr áctica».'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. desde el comienzo de la modernidad. de Delbos. así pues. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza». 43. 176-177. Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada. 176."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. al rango de «corolario».. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. § 4. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales. pues. 39.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. 1. F. de la cosmología y de la teología naturales. trad. Siempre en el ámbito técnico.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior).'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. 40..¡ es decir. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien.. es verdad. al menos en alemán. advenencia 11. t. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. no sólo de derecho. tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. Es así como Wolff. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico». de la psicología. proposiciones analiticas. p. Frtndamentación. 176.un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica.f)-. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. mostrará que. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. Sin embargo. al menos en cuanto a sus principios. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. Cf. pp. debido a la contingencia insuprimible de su objeto. sacando las consecuencias de esta evolución. 46. 177. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. p. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza. es decir. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología. Novum Organum. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. 1. .de una «geometría práctica». que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica». incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia.. entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. del conjunto de l a metafísica. una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». Philosophia civilis. a decir verdad." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. 44. sino porque es plconástico-.tifica pertractata (1738. 133. también. tal como el de las conducas t humanas. pp. Hay que distinguir. si se puede decir. 173. Ed. 38. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio. fT. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. p.. p. Cf. . 41. Esta descripción puede parecer caricaturesca. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. depende en su totalidad. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. 42. La tentación era grande. !bid. § 3. Weischedel. Kant no vuelve. pues. aunque dudaba. En una época en la que la téclll­ ca se eleva. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. capítulo 1. después de haber desmontado sus mecanismos. 46.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». sino de hecho. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. la entrada progresiva en práctica tenía. de la teoría. p. nota. /bid. minada.1739).• versión). ponitur etiam naturalis obligatio». su propio modo de empleo. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. . 174. No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. Es lo que dice. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. XV. p. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura.

La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). cf. y. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. 1J a. «que no con­ heteronomía. la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. capftulo 3. el arte de las relaciones con el prójimo. una contracción de prov i � � � tc. si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad. a la falsa mediación entre teoría y práctica. fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. que es. . si se . I. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». Crfrica de la razón prácuca. Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720). Histoire de l'histoire de la philosophie..53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. p. hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. 58. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto». es decir. 51. De diVImtate. Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán. todo esto. P. . pnmera Xl11 pp. nota). primera parte. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . . 48. Delbos. T. la economía política. § libro 1. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. pragmát1c leyes las razón. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. Crítica de la razón pura.ar los fines terminadas a priori. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. «la teor ía general de la felicidad». o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p. de una meta denominada «bien». es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. cf. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. 2. . tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. puesto que su ob . que son productos as.51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad. tica. gica. capfrulo l.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. 47. ón. designa paralelamente con el 47. 49. del Critica 37. es decir. «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. con la teoría. � o apa­ nombre de pragmática. 53. q. en la primera vcrstón. De 7iGtura d. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura». toda existencia: pensar la moral como arte. B 828. 1.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met . Introducci juicio. cap. 1 1 1 . Cf. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. Kant oponía a las leyes morales. es también. la economía doméstica. 1. es decir como técnica.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. Delbos."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. 129.eorum. 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. en el límite. y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. nota. 22. ll ac.r má� � � Es cierto que. xrv. Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar .1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». Christian Wolff. que Kant. p. una autodeterminación de la voluntad. 50.. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. sed contra). sino de la precaución t��ada con vts. ss. Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. 1973. pero que no jeto es «hacemos alcan7. Más tarde Kant negará el tít�lo . A 800. y más particularmente «bien del hombre». VI. como ya hemos visto. U. a. París. como recuerda ens. 52. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. 129. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-. . República. en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. en la vesión r publicada. 49. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . j o formalism o to de allá más prevenir. las den�rninru:parte. !bid. canon ya en la Critica de la razón pura. L. Braun.

mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático».. Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. 141. es verdad. son en alemán «die klugen Jungfrauen». ltmtte ctertos con y iones que. en realidad. curiosamente.0 acto. el equivalente del griego phróni­ mos. a ésta que el ámbito de la moral. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». Y las vírgenes prudentes. también XXIV. es evidentemente un cumplido.�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». des sean desarrolladas en él faculta las ble. la noción de pragsuger ignora todavía. fr. . � . ma­ attvo categónco mtsroo. 89 Y 109). 1 1. Es así como istóteles (Ét. mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello.. puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. Ni c. si es verdad lidades del hombre. 57.� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . naturaleza hace del hombre. en boca de un polít ico. no es para a �or ello. lo cual. X. de las reglas demasiado rectas y rígidas. de � on l"�c•. agmahco. Nic. la de la metafísica de las costumbres. así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». (Pedag ad moralid la cia. Ar tipo de político «pragmáti co». puede 0 debe hacer de sí mismo» . pruden la ad. pero a una in teli­ gencia práct ica. trad. Cf. Pero esto resulta. habla. de «lo que el hombre . . El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. . se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. 45). del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce.56 . p. con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. mt �mo > La an­ él de hacer debe . Antropología. La serpiente es Uarnada «klug». en especial de sus cursos de pedagogía. sino para cumplir la ley moral. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. tal co� . al menos el hombre empl­ hombr El noma. SS. P . ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . phrórumoi (a las que a veces. la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. Mt XXV . y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia.230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. al menos en Mt X. que msean s.fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. VI. como hemos visto. 426). el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. Kant aunque se perdter lizarse.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. Klug es. S. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. en cambto: �en­ o imient conoc el . fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. Delbos. la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. pp. 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. . 1-13. En el Egmont de Goethe. de Foucault modi'li 56. � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física). tr. 1178a S-8. constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. . 58. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. p. que es <<klug genug. Por lo demás. rebelde «pragmático» y precavido. bre. . que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. propio su o mism sí rico. Aqui «pragmático» se opone a «fisio . as1 todo de demás lo por como o. Apéndice 1). nichr kJug zu sein» (4.�. como en Aristóteles. cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). se ha hecho «vírgenes sabias». 59. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal. � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. cf. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . e. cuando. aunque el tema haya podido . tomo IV. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas». cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. 7. hombre la habilid cada. bajo ciertas condic � id_ ? 54. quiere necesariamente que todas . edición de Hamburgo. .

p. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano.61 En todo caso. igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. e incluso. 189. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. por otra parte. Hemos mencionado que. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed. refiriéndose en esto al uso popular. nota de V.para esta cultura pragmática requiere.64 Pero. !bid. . más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». éste está atestiguado tanto en la Antropología. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. 128. nota. el W eltbíirger. Vl. pero no basta para justificar este desliz. supra. más aún. Pedagogfa. de una cultura de la prudencia.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos. 60. 163). es decir.. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido.la moralidad. cf. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»).. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. como dicen sus biógrafos. es decir.62 ¿Por qué esta mediación 61. supra. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}.232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . Delbos. 67. 129. Prefacio. si se puede decir. 1 140b 7 ss. trod. entre éstos. Fundamentación. P . y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. 62. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico. 196. VI. no contravengan a la ley moral. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. 65. 127. Pues no se ve cidad. 47). así como inevitable. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). p. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. 64. pues. una explicación.. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. 5. y niega esta cualidad a hombres como Tales. Pitágoras. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf. que la «disposición pragmática». En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. por negligencia o por pereza. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres. ed. incluso si su fin no es la destinación del individuo. nota 79. sin duda. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger). 178. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. Para phrónimos. puede convertirse en un deber al menos indirecto».61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». . Nic. l 1) no sign ifica 63. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. Delbos. Existe. p. sino la de la especie humana entera. Ahora bien. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. La Antropologfa recuerda. nota de la p. p.60 Dicho de otra forma. Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens. las pp. 66. Parménides. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. En todo caso. «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». fr. 1 1 40b 7-11). sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). p. 5. . de Philonenko.w�).67 No es sorprendente. pues. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). n. En el pasaje de la Fundamenwci6n. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. cr.. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. este desliz viene. Nic. sino el ciu­ dadano en general.). pero también la habilidad política o cosmopolita. Delbos a la p. p. pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi. en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá.65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. como en las lecciones de Ped agogía. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo). p. 63-76. de l ejos. W eischedel.

puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). 159. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc. Sobre todo en la Pedagogía. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. 73. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. xm. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. Por otra parte.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. Más exactamente. fácilmente. se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. Kant esperaba de su docttina del deber. en cada caso par70. 71.234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. cf. es decir. pp. a la fines» (p. Bthik und Politik. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. pro­ blema morale). a saber. donde el r iesgo es provocar. como vere­ mos. p. la política no es prudencia. aunque no sean su razón de ser. la desgracia de los demás. o de lo que Kant denomina una política moral. 159.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. excluida de la moralidad.. En el primer caso. tica del juicio.74 V olvemos a encontrar aquí. ed. p. 159. /bid. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). p. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces.. p. cual define como «el arte . . p. no técnico. !bid. to a la paz perpetua». un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. 132. Zum Ewigen Frieden. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. por el contrario. Se pue­ den. Por una parte. aplicación inmediata de la ley moral. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza. que la prudencia. En tercer lugar. en Kant. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. me parece. . Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. Cri tración o el gobiemo de sí mismo.. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. 74. sino sabiduría. no sólo más eficaces. 158. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios. la acción política. !bid.. que la verdadera política es una política moral. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. /bid. incluso en este caso. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. en definiti­ va. V orli. . 69. la política. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. pues. con las me:jores intenciones. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. 157.inder. p. En primer lugar. de la prudencia como arte de asegurar. siendo i11Condicional. al menos nombrar tres. al mismo t iempo que el reino de la moralidad. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit).&) No será de extrañar. 72. En segundo lugar. las «ventajas» que. 68.

El ejemplo de la Revolución francesa. 1919. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. Vorllinder. de dañar al otro. por ejemplo. a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. incluso imprevis ibles. «yo podría con raz. y. 79. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. como dice Sartre. 82. 77. 74. Kleinere Schriften. § 6. § 8. después de todo. de la. el viejo Kant. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo. capí­ tulo 1. por distracción. la verdad sea dicha. 203). jamás h a convencido a nadie.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. cuando en realidad éste exige ser cumplido. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. el que en política lleva al ten·or. como dice al menos una vez kant. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. de sus actos). por sus consecuencias. contiene el riesgo. Ciertamente. sino el moralismo. Vorliinder. 151. pereat mundus. ed. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf. habrá omitido prever. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. . 81. ad jinem). una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. parte 1.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. p.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. los únicos que son moralmente compatibles con este fin. sobre todo en el ámbito político. que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). dicho de otra forma. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle. es perfectamente clara y no se presta a interpretación. El formalismo de la ley moral. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. luego puedes. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. segunda sección. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. Que la Revolución francesa. sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede. Lecciones sobrefi 83. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. incluso en sus comienzos. p. 78. Traándose t de moral política. cf. como al sujeto moral en general.84 Contar con la acultades ( 1798).236 APÉ. Kant excluye por detinición los medios inmorales. Pero. imprevisibles en su totalidad). Kant no llega. asf. pp. loso fía. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». como Hegel concederá. 160 y 161. que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. con todas las fuer­ zas o por todos los medios. La paz perpetua. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. Sobre este último punto.7s Así. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). Este argumento. Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular. Mediante la célebre fórmula Debes. p. de pasada. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes.de la prudencia un estatuto positivo. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». p. 84. desde ese momento. por lo demás. «más de una flor inocente». La paz perpetua. historia. 40.76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). Sobre el lugar común. ne­ gligencia o simplemente estupidez. Conflicto de f 80. donde su asesino le encontrará. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. si por el contrar humanidad y. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. p. en Kant. ni siquiera en el terreno político. de conducir a la violencia. las consecuencias. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. dicho de otro modo. y que un procedj. comprendido el del error en la previ­ sión. «mit allem Vermogen». V orlander). pues las consecuencias son infi­ nüas. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. por responsable de las consecuencias de sus actos que. Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). imposible. Vorlander. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. 108.80 Sin embargo. Crftica de fa razón práctica.17 es decir. aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». con sus corolarios. no soy responsable de las consecuencias. p. 76.

159. 160-161. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. El problema habr ía sido articular. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. Cf. para Aristóteles. una prag­ mática con una práctica. el cual se confunde con su proyecto. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. Gadamer. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. en especial Metaj(sica de las costumbres.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . 89. .lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza. y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)».88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. un saber tal. contra ella misma. El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. 90.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica. Archives de Phi/osophie. un arte difícil. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. aquella familiaridad con las cosas que. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . 1962. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. Tubinga. Yorliinder). pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. sin alterar el concepto de esta última. VorUinder. parte II. Introducción. la condición de su utilidad para el hombre. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. priva a Kant podido sacar partido.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. .91 Así. H. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. G. Ahora bien. como parece hacer aquí Kant finalmente. Cf. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. Al círculo hermenéutico. escapa a toda interpretación. Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. 56-87. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. La Típica proporciona. aunque sea pro­ visionalmente. sino de su utilidad para los hombres. 19 ( 1 955). era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. pp. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. pues. Nic.final de la Introducción. El saber ya no es comprensión del ser. «La typique du jugement pralique pur». Crftica de la raz6n práctica.la justicia. o todavía «aplicar a una acción Pp. añadamos. § XVU 85. Wahr heit und Merhode. donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad. p. La prudencia aristotélica. de jándolas ser como son. como en Jos Antiguos. F. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. Marty. entre libertad y natura­ leza. istóteles muestra 87. Cf. perf ectamente unívoco. 88. más que en la extensión y la potencia. Con los tiempos modemos. no será jamás tematizada por Kant. añade: «pero acordándose de la prudencia. que hace que. rechazo que no pragmático. no es abordado de ninguna manera. se habrá podido observar que en esta problemática. ella debe ordenar. en el seno de la filosof ía práctica. no sólo en su filosofía política. la cohe­ rencia del sistema kantiano. entre la intención y las consecuencias. Después de haber dicho que incluso en po. sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu.. que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. al . 1 19. 14. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua. Yorlander. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. permite orientarse entre ellas. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada».86 Desgracia­ damente. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. En un único pasaje. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. De hecho. sin embargo. virtud intelectual. pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. de este añadido a su doctrina. se volviera contra la defLOición de esta última. de realizabilidad óptima de la ley moral. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. pp. Ét. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. l l37b 29. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano. Lo que está aquí en juego no es. sino su verdad. sino construcción del objeto. Por otro lado.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima.EN KANT 239 Providencia. 162-163. 86. gracias a la fom1a de la ley natural. P . 9 1 .85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. Y. . §§ 301-302.

1883. 3. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. Stock. Neuwied-Berlfn.• ed. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica. Magna Moralia. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. 92. de la Academia de Berlín. con más lucidez que los otros. científicamente determinable y técnicamente construible o. Leipzig (Teubner). Akademie Verlag. ed. la sugerente obra de W. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. 1956 ss. a completar por XXIJ. Loeb. Rackham. so de reedición. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. en especial las pp. Ross. de la Academia de Berlin. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera. Commentaria in Aristotelem grcteca. XIX. A. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. Ética a Eudemo: Susemihl. Ét. 1 894. ed. Nic. col. Citamos según la edición Bywatcr. Londres. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa.. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. Oxford Classical Texts. por F. Bur­ net. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. por G. consecuencia del progreso científico. reimpresión 1957. Mag­ na Moralia. Nü... es decir. Pseudo-Aristóteles. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. El r rente a nuestro mundo moderno. . 1 . XIX-XX. Politik und praktische l'llilo· sophie. VI. por O. pero no será nunca una filosofía práctica. ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. cf. al contra­ rio. incluso los más morales. Gigon. Berlín. 1 831-1870. Smith y W. Gru­ mach. 23 vo­ lúmenes. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. 1935. y el vol. VIII. un mundo en rigor «imprudente>>. Por su concepto de una razón práctica.92 la idea de un saber prudente. y De vi11utibus et vitiis por J. Armstrong. Bywater. Ét. 53-54. 12 vols. 1935. Magna Moralia: Susemihl.. 1900. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. de O. Oxford University Press. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. 2.l). bajo la dirección de E. col. 1884. 1963. (han aparecido el vol. 1960 ss. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines.:. Loeb. Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. por W. Eud. 1 960. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. Apell. en los vols. Dirlmeier. por F. Teubner. Solomon). 1908-1952 (el vol. D. D. IX comprende Ét.0 ed. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». Teubner. Dirlmeier. 1958). es decir.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. Nic.. XX. J. bajo la dirección de J. de Susemihl y de Rackharn. 5 vols. 2). 1912. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. donde la proliferación de medios. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. Kant no hace sino sacar. 1956. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. Berlín. Hennis. 1880. Ross. en el gris indiferente de los fenómenos. Eud. de Gmyer.

Retórica. d. Aristotle 's Protreptic:us. 1958. Gredos. Spiazzi. Ross (Col. Madrid. Cambridge.-A. A. París. Carteron. pp. París. 1957. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). 2. Gredos. 1995). 19872). Tricol. París-Lovaina. Ét. Madrid. Grcdos. de Barlhélemy Saint-Rilaire. Festugiere. de la Revuc des Jeunes. por Dirlmeier. Texts). 4. Dirlmeier (1 956). traducción y notas de Julio Palli Bonet. Política. 1909. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Ética Eudemia. Copenhague. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). 2. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. Cruchon. Vrin. cf. Universidades de Francia 1939. Nic. Souilhé y G. edición y traducción de M. d. Nic.. libros f y Il. phil. París.. Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. también hoy la traducción francesa de J. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. 98-104). 1955. supra). in­ troducción de Emilio Lledó. «Les trois vies». texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. l. t. Robinson. ibid. Wiss. edición de W. Jaeger (Col... por G. trad. Florencia. Philos. edición y traducción de J. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). Ollé-Laprune. Oxford. edición de F. 1989). Vlll. X. 1958. muy insuficiente. 1 985�. traducción de J. supra). París. Tricot. Fragmentos: edición Rose. 1959. .. G. Nauwelaerts. traducción alemana de O. Ro­ dier. D. 1958 (cf.. Payot. Zwich. 1955. Comentanos parciales: libros 1 y II por J. Ross (Col. introducción y notas de Julián Marías. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). París. t. Marguer itte. hay que añadir: Joachim. D. ID).174.. Texts). por R. 1985. Rev. París. libros 1 y U... Madrid. Par ís. Ak. Madrid. 1947. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. Magna MOI'alia. Gr illi. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. W. pr. Berna. col. Instituto de Estudios Po­ Líticos. 1960. Madrid. Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. 1960 (reseña de H.• ed. Madrid. Artemis-Ver1ag.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. 1 953. Gote­ borg. Jolif. Gauthier-Jolif. 1909.• �d. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. traducción del Organon de J. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. Düring. Oxford. Nic. 0. Jaeger. Kl. 1958-1959. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía... Gauthier y J. VII. Walzcr. Leipzig (Teubner). Éd. 2 vols. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. Reconstruction. 1930. Bocea. por L.. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. Grenwood. 1928. Marictti. Gigon (con importante introducción). 1959.. Tricot. Stzb. Dufour. Grundprobleme der antiken Philosophie. 131. 1897. 1995). ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. A. 1949. Rees. -. Aubonnet. 19 1 . edición R. H. A. Hist. revisada por O. Vrin. 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. n. Vrin.-Y. Vrin. 1856 (La mora/e d'Arí szote. París. 1961. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. de M .-hist.. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. 1948. J. París. Milán-Roma. Tomás de Aquino. Turín-Roma. colección Budé. Ét. A completar hoy por l . Franke. introducción y notas de Julián Marías. 1 886. R. Edizioni di Stor ia e Letteratura. Oxford. W. en Archives de Philosophie. M. Libené et civilisation chez les Crees. fr. Tricot. Irn­ misch Leipzig (Teubner). Roma. Grcdos. D. por L. Susemihl. 1936Física. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). ed. Texts). An Attempt at. París. Gigon. 1957. París. por J. 2 vols. 1930. 1882. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. W. VI. Oxford.. Oxford.. 3 vols. 1934. ed. para el resto. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. pp. edición y rraducción de H. Centro de Estu­ dios Constitucionales. en Acta Congressus Madvigimri.

». 2: ed.. Glockner (JubiJaumsausgabe). Wilpert. H. Wundt. Weil. Leip­ zig. 4. E. Research. en Autour d'Aristote.. 81-97. XLIV.).. Hegel. K!. Die Ph. Apelt. 1960. «P.-Hist. F. La mora/e d'Aristote. Gauthier. Meiner. Londres. Phii.rt. Essai sur la métaphysique d'Aristote. Eranos. Le probteme de l'etre chez Aristote." ed. París. 1923. P . Bruselas. Payot.. pp.. 1925. 5.: E l problema del ser en Aristóteles.-M. Ética a Nicómaco.. -. D. L. vol.. Ollé-Laprune. d. 1908. XVlli. 1913. 1934. H..ilos. Gadamer. Claassen. 1935. París. Essai sur la morale d'Aristote. Teubner. P. Eudemische Ethik wui Metaphysik. ampliada.. R. 1958. traducción inglesa de R. G. W. 325-342. 1923. D. (<The Practica! Syllogism. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele. pp. Argel.. J. 1955. Aristotle. Wittrnann. Rev. David Ross. La m01·ale antique. von. Mét. en Autour d'Aristote. 1955.. reimpresión. Die Ethik des Aristoteles. t. Demos. Heidelberg. 1923. Léonard. . Kl. Pohlenz... Snell.. París. 2.. L'opinion selon Aristote. Hamburgo. Ro­ binson. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2.te der Philosophie. and Ph. pp. Le bonheur chez Aristote. 1959.. Mor. París. París.. 1920.. ibid. 1958. L. reproducido en Études de Philosophie Grecque. 1946. Weidmann. 497 ss. Mansion. 1946. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». tesis doctoral. Lovaina-París. pp. des Lettres. 1923. 1. Mémoires de 1'Ac. 1942. M. H. 1955. París.. pp. Ando. <<Aristotle in the "Protrepticus"»." ed.. 1. R. XIV. 1944.. pp. Scbuhl. 1955. Berlín. Stuttga. 1928... LI. 1960. Madrid... L. CJ.r. 1961. · 1956. 1955. t. 6. 202. P. 0. 1942 (Curso de la Fac. 1 . 1962. pp. Berlín.. Aristote. cast.1911. Oxford. L.rís. Vrin. París. Ph. E. Dür ing.. publicado por W. Nik.. d. M. 3. Wiener Al<. V orlesungen über die Geschich.. Geschichte der griechischen Ethik. Mélanges A. tomo lli.-A. trad. Das Ethische in Aristoteles' T o pik.. 917-940 (a completar por Dirlmeier. 1957. F. Die drei aristotelischen Ethiken. D. fr. prefacio de sir Amim..... Philos. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que.en. 255 ss. París. de Wellmann. 1952. Mesnard. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif.. 120-127.. Nauwelaerts. pp. W. 1958. Antenore. !. Mor. Berlín. de la Ética a Nicórnaco. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate. Rodier. d. Ethik der alten Griechen. Mét. Leipzig. Basilea.. Régis.. G. 1951. Takatura. XII. Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. E." ed. Hambmgo. J.• ed... 5. d.. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. Stzb. xm-xxrv. traduc­ ción francesa de C. 1833. Mansion. de Letras de Argel). PUF. Richter. Schrnidt. Nauwelaerts. 1882." ed. Ethik der Griechen. 3. Allan. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. 1956." ed. Schwartz. en W erke. 207. 52 (1954). The Philosophy o f Aristotle. Aristoteles.enomen... que aristotélicienne. B. 1897. PUF. 2. 139-171. La morale d'Aristote. 1881.-M. 2.ilosophie der Griech. . Le dominateur et les possibles. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. Wiener Ak.. 153-162. 1924. 1912. Essai sur la problemati­ Wiss. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. traducción francesa RobiJ1. Lefevre. 2 vols. Weiss. R. Rev.. «L' Anthopologie d' Aristote». von. Riondato. 2 vols. Wiss. 1938. Par ís. París. 205. 1923. 2. Royale de Belgi­ que. Jaeger. Aubenque. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O.roblems in Aristotle's "Protrepticus"». Robín. de JI. Hamebn. 1926. Oxford University Press. Ratisbona. Ravaisson. 1953. 1837.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. 1948. R. QueUe und Meyer. Eth. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason». 1955. París. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition. 1955. E. Griechische Freiheit.. París. París-Ottawa. Kioto. ll. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. Payot. Zelle. Mélanges A. Arnim. pp. Padua. traducción alemana de P.-hist. Cl. PUF. Taurus. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles." ed. Stuttgart. 1962 (h ay trad. 22 (1961). 1948. 3. Lovaina-Pa. J.. H. 245 Joly. «La m01·ale d' Aristote». Die Entdeckung des Geistes. 1987). (La liberté grecque). des Lettres. -. Clarendon. L.. Stzb.. 7-36. 2. pp. nueva ed. PUF. M. ." ed.

eta j!sica de las costumbres. Aristoteles-Studien. 2. Delbos. Mattei.Ba silea. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. La ?a­ rola del Passato. pp. Delagrave. 25. M. 1958. pp. Hermes. E. Cleisionnis. cap. 51 ( 1956).. H. pp. de W. Suma teolóeica. 1943. W esen und W andel der T ugenden.. -. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. Mu­ nich.. N. 80-107. Revue Néo-sco­ phie. de. Ga­ damer). Philologus-Supplement. 389-396). Pieper..achischen Ethik. 1937. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. Isnardi. U a U ae. Se las encontrará en su lugar. XI). Kosel. B. «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. Pfeiffer. García Morente.. Deman. Philos. pp. 6 (1938). A. Madrid. nueva ed. Fundamentación de la m.er. Leipzig. Magna Moralia und aristotelische Ethik. 9. Kullmann. 2. 1951 . G. J. Milán. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». . Michelakis. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. Du. pp. O. PUF. l. D. 1949 (de inspiración tomista). «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum.. ernunft in der griechischen Philo­ Walter. V.. de la Revue des Jeunes. Ullstein. Walz. Tubinga. reimp. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. Beck. 1960. E) Sobre Hirschberger. 1 . 21 6-236. 1925. Hüf fmeister. N. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien.• ed. B. «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». 7). 1903. Madrid. «De la virtud ética». Wcidmnnn. H. de V.. Friburgo. 1932. S. Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. Goteborg. 1943. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. 47-56.. ed.. 1961. Friburgo de Brisgovia.. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. Tomás de Aquino. Noble. American Journal o f Philosophy.. J. 8). 1946).. G.. 89 (1961). 1905. tesis. orsokratiker. tesis en Friburgo (Suiza). col. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote». q. Oxford. R. de Louvain. Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. D. J.. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. pp. F. 58 (1960).M.1924.a ed. E.. vol. Leipzig. en Moralia. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin.246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». Jena. 2. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum»." ed. El. 69 (1948). Kuhn. pbrónesis. Mnemosyne. BAC. Fragmente der V lín.. Monan. 1959. Berlín. publicado con el tí­ tulo La prudence." ed." ed. Olmsted. rrunkfurt. Mansion. lastique de Philoso icus"». b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp. VI. Kant. 1949. 138-164. I-1. Munich. fr. 1928...el de la morale d'apres Aristote. tesis. Bollnow. Loeb. 1954 (Zetemata. Die Lehre van der praktischen V sophie. AJmqvist & Wiksell. Stoicorum veterum fragmenta. París. París. R. Kranz. tesis en .. Traktat über dir Klugheit. 1957). 63 (1 928). Mohr.. Gillet. en Umanesimo e scienza politi ca. Berkeley-Los Ángeles. 4 vols. trad. Staate. 373-374.fondement intellectu. Espasa-Calpe. von. «Theorie und Praxis bei Ar pp.: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia. J. W. BerDiels. 5 1-84. Hermes. 1958 (hay traducción castellana de M. . 1929 (Neue Philologische Untersuchungen. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. pp. R. 42-61. Rabinowitz. 56-75. 1994). 33 (193J). XVU». Plutarco. 185-219. de H.. E. istoteles und Platon». M. 1912. 179-194.. 1 9 1 8 . 1876. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». en Mansion. Stark. Jankélévitch. XVI. de Th. Rev. F. 360-380. 1). 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. Kapp. en las notas.. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis.

Las fuentes La interpretación . lll.ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. La norma . - Prudencia y experiencia. El e jemplo de Pericles. La historia de las ideas . 2. Definición y existencia . . pru­ Cosmología de la prudencia l. 68. La contingencia l. Jaeger Crítica a la tesis de W. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. El tipo. 63. 43 43 52 63 dencia y habilidad. 2. Jaeger I. Los textos . Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . 2. La tesis de W. El hombre de la prudencia l. 3. 3. 15 18 23 24 29 35 TI. II.

Deliberación y democracia. c6maco . se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik. 1 5 1 . (yv<. .La buena deliberación (EMouJ. línlltes y equilibrio.El humanismo y lo trágico. intención y clcccióo.E l juicio como cua­ lidad moral. .250 l. 124. mortalidad en el límite. bivalencia de este tema . 137. . de Barcelona 2. S. .El problema del fJ n y los medios. . La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. La prudencia en Kant Apéndice l . . 184. 3. . (nQOOÍ. 134. publicada por CRÍTICA. Deliberación y análisi 128. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. 193. 205 210 212 241 Bibliografía .Tco­ óa aristotélica de la elección. . .QWLS) . Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) . 145.ta).L. . s. 3.La in­ Unidad de la noción de phrónesis. 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites. . 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. am- Ill. 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4. La elección Los dos significados de proaír esis. 198. 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l.ll}) . LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2. 170. .. .Í>f. 2. APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. 164. 177. Ética a Eudemo Fí sica . 159. El tema de la «impotencia» de Dios. 3. Apéndice 2.