Abenque Pierre - La Prudencia en Aristoteles

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita

copyright. bajo las sanciones establecidas en las leyes. la reproducción total o parcial
tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

F 263352

9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. si era aún la de Aristóteles. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. q¿¡e es el objeto de la prudencia.0 8. primer Lugar contra sí mismo. de la desmesura y el desprecio. Quizá. y no cualquier otro. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. aunque sólo sea por educación. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético. de Delbos. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. necesariamente más larga. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. 1.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. VV.350-1. « .. Carta de VoiLar 6. Se dice: un automovilista prudente. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». que sólo se ar­ cia». quien hizo la teoría correspondiente. La prudencia es. Pero n. y en. más interés que el puramente historico. 31 de marzo de 1775. pp.. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. pem muy diferente. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas. cansada de los prestigios. también y más que ningu­ na otra.351.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. incluso las más sutiles. La prudencia fue víctima primero del . La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. una virtud metafísicamente fundada. Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. vv. Kant. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. más en general. La prudencia n.7 que el hombre. No es ca­ perado. I. pero también: un niño sensato (sage). la Ética a Nicómaco y /bid. para preferir el «bien del hombre». a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí. 332-333. si se presenta en él. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. del «héroe» y el «alma bella». 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. contrarios entre s{. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. y que es necesario distinguir de la noción vecina.. dejando nuestra investigación sin.o es una virtud heroica. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. fue. 5. finalmente.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. Sófocles. CJocp ia). 7. falta coraje. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto. pero cómplices. . La Segunda parte. En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas.. 13). y por largo tiempo. debía quedar asociada a su declive. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. de «sabiduría» (sapientia. puede ser el enemigo de lo mejor. en otro sentido. busca un. de entrada indistintas. 127 ss. que el bien. Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos. «prudencia». en gran medida. sino preservado. esa i e a La Harpe.). y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles. fr. Pero. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. sección 2 (trad. A111ígona. Olímpica. de esta co. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. del espíritu público. s ttzrde del rnoralismo. 9. todo se ha dicho ya sobre la prudencia.la Desmesura.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. ciadas y que hay palabras. la de los griegos. que lo inteligible no es de este mundo y que. aunque sólo sea el del buen juicio. que lo racional n. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias».

quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . Belles Lettres.inaban «sobre los posibles». 69-72. 11 Además.mr la problémati· que ariswtéficiemle. 12 Finalmente. Magna Moralia. París. 1: IX. físico y moral. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. . PUF. . 1� Los múltiples aspectos de este debate. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». Dirlmeier.� en su conjunto más antigua que la segunda. pp. De játo. El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos. LXXX (1975). 17). de Aristóteles mismo. Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. P. .: El proble111a del ser en Ari. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. . éste sin duda ha utilizado <<notas». Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. t::ssai . siendo la primer. se puede admitir. Schuhl. «De !'instan! propice». «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. PUF. Morale. Le probflm�e de f'etre chez Ariswte. y también una deuda: se podrá comprobar que. de auten­ ticidad. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. len inhaltlich» (F. 146-147). 1962 (hay trad. Por esta deuda. por lo tanto. 15. cia) después de Aristóteles.ObSCUra quaestiO. expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M. Revue philo. tratándose de Anstó­ � teles.s (pruden. contentionem quam neel ovvar<. pp. Schuhl.-M. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. P. 12.-en-Provence. 156-182. l. cast. en especial sobre la no­ ción de xO. pp.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. así como sus resonancias siempre actuales. y por muc as mtís. Besan9on. 1987'). IW10. y.�­ tóteles. si bien este estudio se basta a sí mismo. en Vand�uvres (Ginebra).. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. al contrario. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. pues. con el último grao exegeta de Ma¡. lógico. 1964. Sclzuhl. P. _ 1 1. «. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. Pero. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. París. 34). l>:uís. principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). Madrid. . Taurus. en el caso de la tercera.-M.-M. pp. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años.l"fiphiqllc' ( 1962). el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. Schuhl.iiv appcllant» (Cicerón. en París. los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. 13. 14. cuántas sugerencias. Que estas investigaciones. Aristoteles. de cronología y.L(}Ó�. Aubenque. se separan de ella. 1958. 291-292. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo. l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas.:na M01·a/ia. Le dominareur etles possibles.

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

el saber in­ Ideas. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». &XA. fr. yv&ot� i] cpgóvr¡ot�.M11oa�wu ú. l. sin referirse esta vez a sus predecesores. 1078b 15. f. E1tÍ. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber».a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV. que son cambiantes como sus objetos.' � exei. M. 590.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. III. Así.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. PLATÓN.w0uL cpQÓVIl­ oet. fiel al uso platónico. recuerda en el libro M de la Meta­ física.. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. donde Aristóte­ les retoma claramente. Fedón. 4. SóFOCLES.. pues dice él.AA. Met. Pearson § 1 . que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». De Coelo.OLaoem xat cpgovEi:v. Aristóteles. . 298b 23. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable. 68b evrp. emplea la palabra phrónesis para designar.oeL xaeaew� l>vcev!. bn<JtY)f. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. 2. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa.

14. 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. �Qóvq. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. la phró­ nesis. 982b 4. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón.3 Finahnente. Jl40b 36. cree posible alcanzar. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. los Cuerpos de los que está formado el Universo». de lo suprasensible.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. 15 la ph.. J8. 7.. la exigencia científica de estabilidad.t. «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. 12. 114lb 8. 139a 12. "rilv xa1:a �LA. Ffsica. Jl41b 11. Vl. Mew. 16. pues.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico».' pero en el interior de la diánoia. Cf. 1139a 12. es obvio que no lo es: «existen. 18. apuntan a la satisfacción de una necesidad.t. (VI. l. Aristóteles introduce..3. 34. 8.ocro�lav cpQÓVllQ'LV. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A. 15. no obstante. aunque. 2.wv x. 13. el llegar a un rango que ya no es el primero. 13. 1140b 26. 6.ttCic. 114lb 5. Nic.4 En estos cuatro textos. Ét. no sea aquí no sólo una ciencia. 14 es. en efecto. 16 es variable según los individuos y las circunstancias.. constantemente asociados a émo-d¡ ¡. 114la25.. 1141a24. el saber verdadero. 2. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. 5. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma..). 9. OU¡.rónesis trata de lo contin­ gente. Metafísica.7. sino que es para ella misma su propio fin. 8.¡. Tópicos. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid. A.. no duda en calificarla de phrónesis.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx. al comienzo de la Metafísica.10 Lo más extraño es que la Vll. VI. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. !. I. 1 J4la 34. que era antes asimilada a la sophía.ov. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto. 247b ll. OME¡. una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son. que. 1. "tE yv&crtv xai. a las artes.'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. vrrr. 9. 5. 13. 5.oyLO'tLY. 10.at émcrrij¡. filosófico.óv). 1141a 20. el de sophía: la prueba de ello es que. phrónesis. Nic. Magna Moralia. una virtud dianoética. VI.13 En fin. 19. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. 7. el saber desinte­ resado y libre. yáQ e<ntv yrmíoewc..Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux. bajo otro nombre.6 sino de una virtud. 982b 28. aquella que no tiene otro fin. 7. 1tEQL 1:0 VI. a diferencia de su maestro. 4. demasiado humano.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>. Nic.1143b 20). 7. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana.5 Sin embargo. 1140b27. 2. 1103a 6.física. 14. Ya no se trata de una ciencia. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. 5..T] o a yv<i:JCJL\. VI. JtQÓ\. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. Vl. inmutable· como su objeto. A. en una palabra. para ser intelectual. 163b 9. para atenemos a los más manifiestos. VI. 2. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia. 7. !bid. ignora lo que nace y perece. Ét. que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica. 5. . 6.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. en efecto. 2.1139a 1 (cf. arquitectónica.�ÉQOV'ta Éauwt\. 1 J40b 26. en el seno mismo de la física. l366b 20). otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo. en efecto.óv). 3. ciertamente. Estos «Cuerpos» son los astros. que no tiene otro fin que él mismo. 20. 1 1 40b 2 1 . Esta vutud es. en los Tópicos. por la otra conocemos las cosas contingentes.» 19 Ahora bien. J7. nacidas de la necesidad. 5. &eeri¡ OtavoLa�: Ret.

Aristóteles «será toda § 2. Ci­ vez más de las preocupaciones . según Jaeger. n. las relaciones de la teoría y la práctica. p. Cf. teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. 85. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. p. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � .21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. no ha renunctado. de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22.. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. 1955). capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. /bid. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). 85. sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta... Platón. . cual Dios. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». Aristoteles. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. Entonces se consuma eJ divorc o. /bid. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. al menos aparente. cuya mor sigue siendo «teónoma)). edición de la traducción inglesa de R. parecen no haber advertido. entre la razón teórica y la razón práctJCa. ( 1948). la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría. Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. es decir.0 l. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. 83. 24. LA TBSIS DE W. percibida no en sí misma. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. . sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. República. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles.24 Si en la Ética a Eudemo. a condición. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. donde designa la contemplación. Robinson 23.. segun 1a . conocido corno fases de una evolución. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung. el hom­ � W. poco interesados en el coteJO crítico de los textos.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. no es lo mtsmo en el. objeto de la contemplactón. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. 21. pienso. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios. la siguiente. ciertamente. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. en resumen. pero sin referencta alguna a la norma trascendente. La tesis de Jaeger es. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. aportaba una p. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. M etaftstca y etJca se separan . sm embargo. VJl. lleno de conse­ cuencias. 533de: «No es. Desde esta perspecuva. /bid. por no decir opuestas. nueva edición sin cambios. Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr». Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios.22 Esta primera crisis se situaría.18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana.

Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. P. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. su indiferencia respecto de la especulación. 1924. relegada al rango de ideal lejano. la justificación del oportunismo o. El término. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. en la teología de un Dios lejano-. 451. 250. conforme a la inter­ del platonismo. partidario de la vida contemplati­ va. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. moral in. para ha­ 26. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. considerada como unidad de la teoría y de la práctica.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. 440. según su propia interpretación. 192-l98. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. Desgraciadamente.\IIA 21 motivación. al menos provisional. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. 32. 27. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. Antes de Platón. entre la metafísica y la ética. se podría decir «dramática». a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. disociando la vida «contemplativa». al hacer del conocimiento de las Ideas. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación.3' La falta de sentido teórico del Liceo. a una caída de la filosofía en el empirismo. en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. más precisamente. pp. el segundo. Aristóteles. vo'Ü� o buotT)¡. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. P. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral. 30. la acción recta a la contemplación de las Ideas. A. algunos años más tarde. en particu­ lar el de la Idea del Bien. sección de Hist oria de la Filosoffa. el fundamento de la vida política misma. más exacto. 29. iban a dar una victoria. y la vida propiamente «ética». 1928. partidario de la vida activa. de la prudencia pequeñoburguesa. . pp. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles. 11. y Dicearco. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. una «degradación de la mística en política>>.QE't1)).. según el testimonio de Cicerón. al ideal práctico. el «humanismo». por los sofistas. T ayl or. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico. an­ tes de Platón. en un divorcio en­ -o. 31. Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. 28. el prime­ ro estaba representado por Parménides.26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. E. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"».27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. 390-421. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. en la que se asistirá. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. P. 3. p. 16. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. 461.t'Y]. De hecho. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. separando de nuevo la teoría y la práctica. Anaxágoras y Pitágoras. Acl Att. On the Origin. Mind. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción.­ sight).

Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana. al regir las partes inferiores del alma. 1215b 6-14. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles.UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . sino recordar la estricta alternas. Él. al hilo de una del phrónimos. como a otros análisis aristotélicos de W. Ét. CjJLAOOO(jllCI. y el autor insiste. § 3. cf. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. On the Origin. no habría �isto más que supervivencia en el elogio. 1140b 7 (para Pericles). nes que permitirán a la sabiduría. vtda contemplativa. realizar su propia tarea.f.. 34. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales.. una tesi� de este género en la Jbid. 34.) (Anaxágoras y Pitágora�). el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal.c. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. se mencione la sabicluría». 8). Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. del mismo modo la prudencia.JAEGER sariO reconocerle. 34.33 Por el contrario. 4. Eud. mientras que el segundo. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». El aristotelismo de de la vida contemplativa. 35. de Magna Moralia no haría. Magna Moralia. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. 6 ss. "ttJ. l. la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. utilitaria incluso. On 1he Origin. Enc?ntramos. 9. p. según Jaeger. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio..?Óvr¡mc. ll97b 28-30.38 Con este comentario el autor W. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . Protréptico.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. 37. l. p. símbolos tradicionales del ideal contemplativo. Llega in­ un� norma. si bien es nece­ � 36. 39 38. de la prudencia. Jaeger . 11 Walzer. Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. y. 1216a 11-16. l. 1215b 2 (Anaxágoras). V. es cierto. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. p. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. r. . S rates. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). n .39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que. crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. y es Pericles. .35 acción eficaz que de teoría. (132. al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí. del ideal contemplativo. fr. 437. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o. Magna M01·a/ia. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. Carta a Meneceo de Epicuro: . . 7. 440. CRÍTICA A LA TESIS DE W. ll98b desde la p. liberada de preocupaciones sub33. más aún que Aristóteles. 5b W (1. . Pero. sobre todo. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. 49. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero.22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. l<Ctt . Nic. la curva va de la contemplación a la acc1ón. 5. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis.

fr. A. pp. 1904) y. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. y otra práctica. Esta atmósfera de retraimiento o. 7. 4 1 . El filósofo. se transforma. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. Festugiere.. que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. Phi/. distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica.OQlltLX�v t<ilv ovtwv. pp.. 42. se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. op.. por ejemplo en Dicearco. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. Leipzig. 1955). pp. art. Es el momento en que la libertad del hombre libre. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. 109 ss. de &J. indisolublemente teóricas y prácticas. p. 14la 6). K. Isnardi. aun cuando conserve ciertas apariencias. del ideal de vida política es por lo menos paradójico. cf. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. 129-131). do puramente especulativo las doctrinas. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o. como él dice. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. 401-433. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». que se confundía con la sabiduría. trad. pretensiones unitarias de la filosofía precedente. de Molitor (CEuvres phi/os.46 Esta distinción. M . 'OQu:rmd¡v xut 8E<. Cf. (1958). . Schubl. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. cf. otra cosa que un tema de escuela. 2. 45. fr. M. Rev. 1946. la reseña de P. Sobre la evolución de la noción de autarquía. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. De hecho. Por lo demás. fr.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. 46. cit. 500-501 y 504. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». Por el contrario. 425. a la historia de las ideas. «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. VJ. TóFr. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. p. pp. pp. en libertad interior. 6 H. en Espeusipo. 4 H y el comentario de Tsnardi. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis. como se ha dicho. la «liberación de los tormentos»48 picos. cit. 43.41 en que el ideal de autarquía. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo».-M. l . De hecho. J. En .24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. en mel). no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón. X.. É picure et ses dieux.45 Pero según otro fragmento más explícito. 47. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. Heidelberg.or medida. pp. del platonismo. 424-425. aunque sea provisional. Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates. otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. Heinze (Aristóteles. Marx. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. 48. TU. la «tranqwlidad del alma». se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. lsnardi. a falta de mejor solución.44 Así. respectivamente. Wesen und W erden eines Lebensideals. no reconoce 40. capítulo 1). Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. p.47 De hecho. 11. 3 1 .. la investigación de las fuentes y la propia interpretación.:urtlu. y nuestras notas en Le probleme de /'etre. 44. 1). Política. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. en La Pa­ rola del Passato (1956). «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes.

P . el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. Vl. Crates. en efecto. esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. . en especial el De plzilosophia. J § l . y la prudencia aristotéUca. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. 50. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. il!{ra). Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. 60. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. Pero 56. se basta a sí misma.26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. Le probleme de L'étre. en una .55 pues merece. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. ahora bien.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». 59. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos.57 Si nos atenemos al uso del término ph. go. Más aún.53 No obstante. la contemplación astral. un nuevo rebrote del ideal contemplativo. les possibles. dado el 974b. no es otra qu.tral. 52. carácter problemático de su reconslrucción (cf. supra. favorecw de su 'filosof1a. cap. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. no es la forma más elevada del saber. . Scbuhl. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla.rónesis. Con Polemón. es precisamente la «política». que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». ceSIVO. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. la única que vuelve al hombre sabio.� Finalmente. 977ab. Epfnonus 51. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. en lo su­ . 77 H.-M.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. 57. será finalmente la ciencia del número. la phrónesis. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle». cap. 7.r6nesis. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico. esta es la naturaleza de los astros». en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. (cf. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. de la misma manera y por las mismas razones. Fr. por todo un aspecto Mác. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación.no sólo era característico del joven Aristóteles. 2. Así pues. 17). Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. más bien. Aristóteles. 986d.52 La ciencia buscada. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. Primera parte. no ha sido a n descubierta. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55. soc1edad ya extraña a la filosofía. aquello que hace del hombre un sabio. p. 58. Sería vano. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. sino más bien los propios astros. Le dominateur et 982bc. aún. esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. una c1erta 49.54 Más adelante. 43. y los temas místicos del Epínomis. no es sólo el ho W. . ello. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. Ya desde el prólogo. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. que no �esu�» (97?d). 982e. 53. Crantor y . 977a. sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. le parecía que Ar . 54. es decir. p. Cf. 1 14la 2 0 ss. 973ab. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. una función activa. istóteles mismo.

y debe buscar en su propio nivel una norma que. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. 76-89. Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. 61. pues. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo). sino que mantiene ambas. más tarde. como hemos visto. sin embargo. la herencia de l a sabidurra socd1ica. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates.62 la de Walzer63 o la de Ross. Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. que serán las de la época helenística. en este punto como en otros. 67. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. «On a lost dialogue of Aristotle». no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. P. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). 18863. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. 55-69. no uno. sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. . Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. 63. Xll. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. y se puede prever que sus con62. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. A partir de la signifi­ cación platónica del término. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. Oxford. y por ello como más o menos recientes. llct�didcs Póntico. Jou rnal o f Philology (1869). Jaeger. pp. 122 ss. Wehrli) y.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. cap. 1952). como t. Aristotelis. apanarse de la especulación.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles. vol. no se puede explicar. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. pp. fr. como hace Jaeger. Berkeley-Los . como bastaría para probarlo el libro X. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. por reacción. como del Liceo después de Tcofr:t slo. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas... Ar istóteles no opone la una a la otra. Jaeger. 1957. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. 1934. El Protréptico sería.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. no deja de ser intelectual o «dianoética». de la salvación del II W. que está en el origen de estas reconstrucciones. FesJugi�re.. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. From Platonism ro Neoplatonism. Phil. Arisroteles. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). ni siquiera de un primado de la vida política. Teubncr. pp. A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. Merlan. Arisroreli s fragmenta selecta. 66. (1956). Angeles. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. fragmellla. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. 64. Arisrorefis dialogorum fragmema. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. Florencia. 65 ss. Así pues. Rev. 65. 1870 (vol. VI. 1955 (trad. Desde Bywater. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral.

Düring. Aris­ totle:r Protrepticus.ará admitir que Ar a e l. Düring. 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz. nada permite pensar que sea así. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. en co�tcsta este punto de vista. LXUJ ( 1928). cit. cit. t:repticus">>. de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. � trata de una «Obra popular» (L Düring. 70.77 Antes hemos citado textos. 155. pp. retomando Lodos los elementos del debate.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. 62. fragmentos 27 y 29 D). 31 9-320. ha obligado a los defen­ Por mác. 68. p. V.. 9.. Cap. 14.. op.74 una ética. p. Gadamer. 6. d.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente. Pero. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . tmchtung der arisrorelischen Ethik».. que no ve razones para excluir estos r f m 72. p. op. Pistelli (I. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. 73. sophía. t. 5-36. 1366b 20) y en los Tópicos (V. por medio de argumentos que se enraiz. que no son necesariamente las suyas. op. cit. p. 69. Ahora bien. iscusión de JV. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». 195-196. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal. op. 9-1 O. 29). p. 316-320. cit. S. VI. textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9). 77. l45a 30.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico. 10.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús. 36. habrfa sido escrito hacia e l 350. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa.72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. J. l96l. sino sólo en «convergencia de probabilidades». 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1.c. pp. pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e. l. aun cuando se admita que Aristóteles. Revue Philosophique de Lou­ 68. en especial 74. cf. epistéme. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». vain 71. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía. Ahora bien. 27-60. S.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas».). p. sino la posición de la ftlosofía en general». p.ta doctrina con la<. «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. Düring. 34. 36.71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y. istotle avoids Cf. !bid. res ( 1 958).. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. DUring. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. 8-9. pp. p. n. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. Mansion. /bi Hermes. cuando no trata esso. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. etc. 3). 6. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. ibid. VI-XJI. la d 145. como sostiene Jaeger. n. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . p. pp. Düring. JO. y en ninguna otra parte del resto de las obras. Dliring. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis.da de la filosofía . An Auempt 01 Reconstruction. t reacción parezca excesiva. parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35. 20. Pistclli) sean postaristotéli­ . p.. 17. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. incluso las «esotéricas» de Aristóteles. 1960. strict terminology in thc Protl"epticus». 75. quedaría pendiente de probar. 191. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-. cos. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico. refiriéndose incluso a teo­ rías banales. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. p. (cf. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. Gadamer plantea una ley general. Bast. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa... cuan­ é Según Düring (p. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146. 2. esp.

23. 1 140a 25b.BA Aristóteles nos indica. exac­ tamente como en el Protréptico. 83). considerado más esencial trata de ello ex prof esso. sino preplatónicas. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. Vn. . De hecho.oywuxou UQE"ClÍ). Nicómaco. se de una retractación de Aristóteles (cf. singularmente en la Ética. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. 983a 3). una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado. l. 81.. 190). igual que Platón. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. 1217b 21. S. conviene matizar. p. Para el autor de la 82. por más original.. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. Por por con f esión unánime.18 Parece como si Aristóteles. p. I. es para medir mejor l a aberr. como virtud d el a inteligencia (A. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo. Ét. p. eso es lo que especies de animales . . Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes .1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. es decir. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. Cf. y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. 7. Nic. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. Le wvbleme de l'érre. Walzer. Ét. en la época en que escribía. 222. Eud. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. como el conocimien­ Pericles. por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. L2lSb 2. . saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). LIS3a 21. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco. injustamente despreciado por los platónicos. S. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. VL S. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. o al menos contra un cieno platonismo.82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. Ét. Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. 1096b 17. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. . Pues. no platónicas. . . rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. el platónico. 2.. 4. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. caracteriza al prudente .32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. . como ya lo hemos hecho en otra parte. como ya se ha dicho (R. 1216a 19. 8. en especiaJ·pp. Eud .80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . pues. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético.. 83. que. A. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. Más aún. 27b. 8. 80. . pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. a. Nic. Mansion. por lo demás. l o s textos citados más arriba.79 Sin embargo. si no bao 79. a quienes Aristóteles considera. cf. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. siguiera empleando el término en u sentido platónico. Esta corrección no contradice. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. 4. en las Éticas. Considerar lo que está bien para cada género de ser. 82 y 97. en realidad. I. por lo demás. I IS2b 15-16. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien.oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). 1 1 4 1 a 25. 13. l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. 78. en especial elde Gorgias. sucede lo contrar io. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. o en las obras esotéricas. 12. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. o bien lo ha criticado expresamente. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. restaura el honor. pero no por prudentes». una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. designando el conocimiento por excelencia. . Anaxágoras. sino populares. cpQÓVTJOLs. que Anaxágoras era un phrónimos.

entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. sobre el hombre. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. 492a). The Origins o f Europecu¡ Thouglu. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. de su títlllo. no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). . . Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. Tercera parte. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡).ov fPQOVLj. Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. en csle terreno. tanto co el Filebo como en el Me11ón. esp. 5?cd):_ se puede. en particular trágica.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. por ello. «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto. . hace falta contar también con esta palabra poética. 99b). B. y ella sola. por el contrario. Habría que matizar. 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. en todo el Filebo. no es temerario suponer que. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica. en este punto como en otros. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. En el otro extremo de la can·era de Platón. d. 490a. Phi/ologus-Supplement. Leyes. Asf. en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico.34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. . sJgrufica. sin embargo. por el contrario.Et E1tl01:�j. vór¡ o�c. . Cf. Fil _dun es dec1r. 19553. admitir que la idea de la prudencia. Por ella. sea cual sea su de­ 87. Cambridge. Más aún. a pesar idea de sabiduría. aquello a lo que se opone. . Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. pero más cercana a tra acción. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. hay que comenzar. 348d. cf. 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. que designa la verdadera unidad de cálculo. En este sis). pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . No se puede dudar aqu. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. Onians.85 En el �roblema que nos ocupa. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica. infra. menos pura que la episté me.ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85.a mfeoor (cf. del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . 1931. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. pues. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). . Hirschberger. este estudio trata más bien de la . a propós it o en est os textos de Pl�tó . Pero. nominación.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. XXV (1933). (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. el mundo y los dioses que la antropología. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. Sobre la phrónesis en los pri­ re . R. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. �7b. este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. también Repú­ blica 1. el sent1do «platomco». pero con la reserva de que phróness. Die Entdeckung des Geistes. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. Cf. recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. incluso en este caso. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). pero no lo entienden en e l mismo se ntido. la interpretación. Platón miürá reconocer las «fuentes». la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. ov'Y)atc. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. Snell. que. pues. a su vez. Quizá. l-200 (pero. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. la oposición de Aristóteles y ele Platón. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. la dialéctica o la política. pia 86. J. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. (a uxili ar del movimiento). pp. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . que sobre el término mismo de phrónesis).t11 � YJ_YEfAWV. sobre todo en las Eticas.. a ejemplos o a citas tomados de poetas. Igualmente.

especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. se podría decir. . tendía sin querer a mudarse en interpretac. en este punto como en muchos ta fúica. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. con 89. de asis­ ario.!hik. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia. Ollé­ chen zur nikomachischen l:.s V .-D. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. pp. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». 19!2 (sobre phrónesis. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. 1949).ión peyorativa. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». pp. A la compren­ sión. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. Deman. se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. de la Revue des Jeunes. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. hace gala. Sin embargo. no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. 47- 56). intangibles. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. Éd. se ha Aristóteles y sus Éticas. . horizontal. de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. si se puede decir. q. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad.89 Se podría considerar. más en ge­ neral. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. p. uniformes.. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. 48-52). por reacción a la tradición de la exégesis. se ha terminado por olvidar lo que había de otros. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. para realizar la «juntura». Kapp88 y W.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria. no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. Se habla de «hiato . a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución.• ed. 1. lla llae. 201 -202). tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. Más aún. el Protré ptico. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. pues. Noble.. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. . si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. L. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. En esta perspectiva. que es el libro VI de la Ética a Nicómaco. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». y por despreciar el texto esencial. 1881. más que transición y paso entre extremos. tico. el método genético. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ . como saber de lo particular. no viendo en todos lados 88. El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. Así.-H. Berlín. si bien. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. finalmente. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. lntroduction a la prudence (Sunw teológica. o bien. 5 ss. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. H. Jaeger. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. esencialmente de la Etica a Nicómaco y. diario obligado entre el fin y los medios. cación piadosa. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. por las estructuras.

Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. no es de ninguna ayuda para la acción moral. Ross. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. en Alemania. un saber teórico de los principios de la acción. precisamente porque es sólo teórica. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». Walter. Jena. en realidad. 1905). de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo.-A. moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . imperativa. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular. 95 y 94. Ciertamen­ te. en Inglaterra.w Pero. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . siendo ésta depen­ diente. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». No obstante.sta problemática era. Gauthter. L(l mora/e d'Aristote. J. lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. mren­ . 95. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. Zeller y Jaeger. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles.38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. no por ello es menos un conocimiento. a prever. !bid. si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. Robin. que uno de los momentos. R.-A. Jaeger. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». es decir. R. Pues. Sin 92. tal como hemos visto.91 para recordar que. E . Gauthier. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. y tomar los propios deseos por realidades. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo. p. cuya paternidad atribuye a J . R. en Francia. es la determinación del fin. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. 93.-A. Walter. Tambt n era la de R. equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. la cual. 1874). con­ trariamen e a una tradición venerable. que critica la respuesta de Jaeger. pero. finalmente. ? pender la virtud del saber y. el de la eficacia. en tanto que «práctica». no duda en traducir phrónesis por sabiduría. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada. 9 1 .-A. en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. pero srn criticar la cuestión misma. entre la ciencia y la prudencia. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. .93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado.92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. en caso afirmativo. . cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. incluye el deseo y la virtud. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. de qué saber. la de W. para determinar inmediatamente la acctón recta. entre la teoría y la práctica y. es decir. es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). sobre todo. en tanto que «intelectual». periencia. pp. la inteligencia del bie? no basta . Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. . aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. es decir. Gauthier.

nos dice. más griego quizá que su f ' maestro. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. secundariamente. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. verdadero mensaje trágico de Grecia. es cierto. La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. en un mundo dividido. al menos en su totalidad. ¿Será. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. .40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. de vivimos es contingente? ¿Será. Pero. en los tratados éticos. lo contingente. Se puede uno extrañar. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. Aristóteles nos orienta. ciertas variaciones extrañas de su sentido. y que renace en el hombre aristotélico. sin embargo. puesto que somos hombres. más cercano que él a esa prudencia reverencial. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. pues. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. a través de ella. que es denominado azar cuando somos afectados por él. en los límites de lo humano? La respuesta. El problema de la prudencia y. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. el cual ya no llega. no son platónicos. pues. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. sin embargo. disipar las últimas sombras.

demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . .Ob oVbe'tÉQmv (cf. 262). EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida .tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. 43. JI. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. IX. sin embargo. &:l. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in. SVF. 59.ventione. pues lo que aprendían. si se quiere. 268.cpov (SVF. m.. Estobeo. ill. Jll. De natura deorum.l. 38). cf. 15. NIETZSCHE. Math. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. . bay aquí. Andrónico. «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. Ill. Ale jandro de Afrodisía. 4. El rasgo expresado por estas tJ·es úl. SVF III. 153.tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. por ico (Adv..timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios. querían también vivirlo. y también se omite el 'X.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡. I. DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad. Ecl. 153.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. 2. 283. 53. en . lll. Su instinto de conoci­ miento era insaciable.Qtt&v xai. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al. 262).. SVF. parece. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. II. el contrario. 59. 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). Así como las definiciones estoicas de la borioso o. 11. El nacimiento de la tragedia § l.

una aplicación del célebre método platónico de división. n. precede a la determinación de la esencia de la prudencia.óyou áJ. mediante divisiones sucesivas. en su formulación. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. en sentido contrario.IHU ). que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia. 13). Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl.. 1 nimos..44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7.r¡8lj J.. del arte. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues.r¡8ij por &. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. 13. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. Su punto de partida no es una esencia. 6. Pero esto es mera apariencia. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir . y el arte a la producción. a.lE"tcl A. 1 140a 24-b 6. l l40a 24. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. Pero esta definición es aún demasiado amplia. diferentes.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección. en realidad. y no la e. Gauth ier. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia.40a 24. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � .r¡8oü. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f. l 1 06b 36). Aristóteles no parte del género para descender. De libero arbitrio. lante.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte). Pero esto probaría como máximo que es una virtud.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica..que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer. 1 144b 28) es discutible. tt. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar. Líber 83 Qua. 47. VI. 1 140a 3 1 . sed contra). el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. Vl. Pues. aquí no se trata de la rectitud de la acción. esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo. q. se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum».t.r¡6oiJ. Bywater. sino ele la exactitud del crite­ rio.A.4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría. supra la defi nición de la virtud (ll.. pues. en este sen­ t ido Dirlmeier. 8. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles. que trata de Jo necesario. 4. obedece al esquema clásico de l. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio). expresión de la experiencia moral popular. La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre».óyor.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente.r¡ 8i)r. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente). cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia. 5. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte..: así pues. Cf.r¡6i¡. hay dos especies de disposición. Tricot. puede en rigor ser denominado &J. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. JtOLr¡nxi¡). la prudencia no es una ciencia. (cf. l. Se parte del uso común. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�). que trata de lo contingente. JtQéi�L<. está claro que sólo el A. la leyenda y la literatura. sino el bien y el mal para el hombre. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét.r¡ 8oü. puede (A. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y. Nic. J .. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber. 6. S(Ul phrónimos.. Todo el mundo reconoce al regla verdadera. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis.: Apelt va hasta sustituir aA. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae. 5. 2. 7. 4. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid. que citamos más ade­ I J . Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. o el Bien y el Mal absolutos. 5. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. de la virtud moral y de la sabiduría. q. Cf. 61. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. has­ ta la cosa a definir. pues la prudencia tiende a la acción. la prudencia no es un arte. Se comprende.8 La existencia del prudente. cf.. nolr¡cn<. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes».óyov aJ. 1 140b 20) y e�LV aA.estionum..3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral. 3. y el hacer. sin embargo. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. ¿será un arte? No. 1 1 40b 5).7 Se podría reconocer en este planteamiento. .L. Ross. etc.

Nic. 1. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. 14. 1 107a 28-1 J 08b JO. de las cosas que se han de atri­ realizar. . ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia. De officiis. Vfl. al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. R. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. 27). a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡). . Plotino distingue cpQÓVTJOt<. el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. c:r.. de exposición. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma.. n. 10 la cuarta virtud.¡.. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. todos los demás hablan de aoq¡ta). ObJettva. 7.. 10. probablemente de origen popular. d e Jar de sorprenderse . fundándola sobre la división platónica de las partes del a. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. Pero é Sible .oyttó¡. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes.ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik. bu . aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. 153). . 43.. Nic. 262-263: L 201. 439d ss. 235). <Aristótele. al sistema. Die A11tike. y que designa cpQÓVllcrt. J. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. o. Et. 1220b 38-122Jb 9. 1 15).a-.16. 14 Aristóteles. recurre al térm finalmente. más teór e atiene a esta distinción (cf. 13.16 o por mo. Protré Política. través de él 24.r. al igual que ellos que no afinnarán. es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. Banquere. En la tradición latina. Reptíblictr. 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. Berlín..-A. 62. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. qJQÓVTJOL!. 3. A una descnpc16n de estos tipos. ibid. l a unicidad absoluta de la vir­ tud. �a se trate de una clasilicación subjetiva u .46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. apunta a la exhaustividad. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. pp. or 1 1. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. justicia. ino pmdentia Es Cicerón el que. siendo más general. . sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. 7-9). le proporciona las reglas idas y (I. que ha es­ . tablecidO él mrsmo. sobre una división pre­ tudes cardina/es. comun. la justicia (Otxmo<J'Úvr¡). 1323a 27 ss. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. el conocimiento de lo inteligible. 3. Anstotelcs» (/ ugenden. 1951. es dec1r. . para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. en la cual algunos han quer ica. en este sentido N. 6-9. 1-Jartmann.a o cpgóvr¡at�). quizá Einteilung. al a ido ver el retrato idealizado. activa (Ou¡. de saber eficaz). ro. Ném. 1 . nota siguiente). una galería de retratos. 2. Cf. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. al menos a aquellos de De hecho. la templanza.11 En cuanto a los estoicos. Eud.a) y la sabiduría (aocpí. en (1. IV.) . se contenta con una en umeración e'?pírica. pp. 1%b. 1334a 22. ill. también Plutarco. ibid. no ha estu­ . p. 15-16). . el valor (avogeí. Rose.tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. conforme al sentido popular de la palabra. 55 ss. y es. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo.11 que re­ .txóv). no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. 72-75). la pr estando subordinada a la segunda que. Die Erhik der Grieclren. 427e.r¡nxóv). E. qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia.. p. Cf. Más tarde. Et. p. 52. 1. 52-53. en las ptico. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. Por el contrario. 97-105. Tan sólo Cicerón. y fficiis minisrrorwn. cf. 5. en todo caso. con Aristón. de las cuatro virtudes. racional (Aoytxóv). Gauthier.� que. Cf. Éticas de Aristóteles). y según los principio¡. SVF. pp. Robín. 68. Il. y oocpta. toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales). <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia». sólo que. Schwartz. a lo Leyes.und Anordmmgsprim:. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). 1863). F. en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. lor. Stuttgart. Das En otra parte.. o s l nusmo n CIIS. banal. es decir. l. Leyes. Bollnow. p. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . 1). Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . � . . VJJ (1931). cf.. de la Magnanimité. templanza). 'fl· Jaeger. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco. lo cual evoca la idea de previsión. fr. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. 6). 3. De la virtud ética. una empresa sistemática en Hacker. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). 25.. la teona de las vtrtudes. Ethik.. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. <<Der Grossgesinnte. presente en el 2 y 58. y la justicia.lma. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. Wesen und Wcmdel der T � 15.9 nos daremos cuenta de que descansa. va­ 9.� En los d?s casos. ya sugerida por Platón (cf. L. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf.ido frecuentemente subrayado. l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. fV. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0..¡. es decir.

en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva». Aristóteles comienza. pp. tales como Lisandro o Sócrates. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. 1220b 38-. E. lo corrige y. Cf. nos preguntaremos qué elemento era común a todos». l l9b 22. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana. 22.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. cpaLvó­ ¡. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-. 317.122\a 12). 21. 97b 15 SS. si Alcibíades era "magnánimo". Rev. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. 13. hay que düigi.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones.. entonces. a la vez fenomenológica y axiológica.eyó�tsva como los hechos de observación. al menos de su yo ideal.teva. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. (ad loe. Pero. Este méto­ do. 18. 1 1 9b 23 (trad. si se quiere.). el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». 7. sin embargo. por A1istóteles mis­ mo. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. de la cosa misma. más esencial. G. por lo general. 19.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos... pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. 3. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. pp. los dos métodos. 83-103. son generalmente utilizados a la vez. guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. Eud. fr.. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos». como en el caso de la pmdencia. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana. se constatará que. o Aquiles o Áyax. Allendy. sino mediante el recurso a la descripción. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud. eventualmente. no tengan nada en común con los pri­ meros. lo sup]e. Tricot). Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». Además. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada. y considerar qué elementos tienen en común. no tienen nombre (av(OVUf. nuestro 17. por otra parte. 300- Retórica. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. el de Jos caracteres. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. Así. continúa Aris­ tóteles.48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. tanto los f. 17 del hombre griego. Il. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. Pero entonces. de J. que implica cada vez una virtud (Et. no en los traba jos de guerra. ou le complexe de trahison. El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias.20 Volvemos a encontrar aquí. si se m ira bien. 36. L. II. p. que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. 1947. por ejemplo. para ser más exacto. Phil. 24. 1961. Ét. dos géneros de magnanimidad. De hecho. hará falta distinguir dos especies o.18 Con ello. 1.deal de Axistóteles. su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. Aristote et les problemes de méthode. Joachim en sus Comentarios R. sino en el hecho de dar y adquirir dinero». más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. si el filósofo jtlZga el lenguaje. 1\6évm ta cpmvó¡. Owen. 23. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo.23 Puede pasar. que es inductivo. Burnet. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. Lovaina. si se quiere. como. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. ll. determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. . Nic. o incluso el retrato i. cf.teva.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. apriorístico y deductivo. Aristote TV. 20. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid.

29 No retendremos de esta definí25. La . de la esencia de la prudencia presupone. .32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. Pero querríamos mostrar aquí que la definición. . si no es el recurso al JUtcto . pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. en un justo medio .33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. 4. Cf . la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece. l 106b 36).. Así corrige Dirlmeier �at <be. sino que designaba la regla que servía de norma. en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible».óyo� por «regla recta». 27. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. Metafí 32. Pero el prudente. No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia. Cf. ÓQÍ. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas). 26. pp. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente. parece. . cualquiera que sea.UÍvr¡.. es decir. la erudita tesis de Dirlmeier. el recurso al retrato no es un sucedáneo. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección. a pesar de todos los atenuantes.la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es). No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . to medio es la reala recta. No es siquiera necesario justificar la traducción de A. desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud. que A. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. A. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. l. frecuente tanto en Aristóteles como en Platón.td�). .�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc. y la prudencia sobre lo contingente. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos.31 o de lo que. pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio.28 y que. el que es presentado aquí como la recta ratio. Ét. 6. Ciertamente. EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. No podernos contentarnos. Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. en xnt4>. 29. . Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional. 1 . en efecto. 3 1 . § 1 . n� es en familiaridad especial con lo trascendente. Cf. como ya hemos visto. pp. contrariamente a los manusc1itos. U . 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. absolutamente. la posesión de la �1aestría .25 T ambién distingue. sino que es la regla recta misma.lÍ. 34. 28. Ú>QLO¡. que está determinado por la regla recta. ibid. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley. 147- 148. . liv ó q¡góvt�Loc. 33. Cf. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. 133d-e.. supra. con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. . Sobre la noción y sus orígenes platónicos. In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). sino una exigencia de la cosa misma.26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. ya para el Parménides de Platón. sino el prudente.). del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. leyendo entonces: «. Pannénides.óyo�.34 el portador vtv1ente de a norma.·. . 1097b 9 ss. sobre la participación en un orden general. por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. sica. 981a 18 ss. . Primera parte. cf. 298-304. de ÓQ6Ó� A.. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. equivalía a la noción.oeu:: (ll. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. virtud consiste en actuar según el justo med10. sino de derecho. Nic. Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. es decir. siguiente. cf. 5. y cap. Aquí. por 30.illV�) Aóy<¡) xat wc.

Dirlmeier de ét. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>. del «hombre eminente>>. Nic. LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. l. Político.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. lJ02a 23. Cf.52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley. o los hombres que sobresalen. 1094b 1 1 -27. 1 16a 18). pues no es menos «exacto». 81-97).las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. 54. &. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf. y los textos citados por F. Protréptico. fr. «el bien». 13 W. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. 950c. Cf.. 7. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. 52 R. Arístoteles. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. vó¡. 39.L'YJ V). pero falta una cosa. 39. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41. pues. son los primeros en la ciudad. qtúen creía cierto.¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. El phrónimos sería. 38. I. J. Düring. 13 W (Jámblico. «la naturaleza». tra Primera parte). es suscitado una abundante literatura. etc. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. 292c.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente. Político. el heredero del filósofo-rey platónico. . el Saber encarnado.' cada vez por qué el phrón.w<. cuya importancia ha subrayado W. 5a W (Jámblico. II. entonces.. cf.. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. anodkti:o<. fr. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. ll07a 29. nues­ pretación que de ellos daba w. preguntmse 35.a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre.Ael Protréptico han 40. S. el papel del filósofo en la República: -xó.. 54. p.¡ou� emtv kO. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. p. 23 y 27. T eetetb.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas. 732a.. se decide es el valor. Revue Philosophique de Louvain. Vl. Nic. era él quien representaba la universalidad viviente. 1. 24 P). PisteUi). El Protré ptico.. Jaeger. p. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco. 37. se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l. pp. no ya con el saber del geómetra. su primacía? · ma. Ét. . que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». 87. cit. R. 1960. 253). en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber. Pistelli). el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1. Jaeger.AA. Cf. 300c. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf. Ét. pp. Nic. 77-78 y 87. (pQóvq. 56 ss. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. 36. 9. proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. R. Stark.("Ú!OLV. del político en el Político (309d).ya0Ó<. ll6a 14 ss. 582d. del «gran hombre>>. en una inspiración muy diferente de la de la Ética.A. pp. 1 . X. Jaeger (Aristóteles. Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. p. Estos textos. 236. no es la regla recta. 13.tma xQlveL.. 3 P). Desdt entonces resulta secun­ valon>.): . como se ha dicho. «el representante terrestre de la Idea». 185-219). 7. 258b. 730d. p.imos es presentado como norma: S?bre este punto. es. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. en cada especialidad). para subrayar la «exactitud>> de su arte. Düring. Magna Moralia. § 2. W . 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT.. Zwei aristot�lische Friihschr�fien. sin duda escandaloso para un platónico. 964b." hA.). la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar. Fr. a la retórka. 65. Mansion. Aristoteles-Stu­ dien..J7 Pero. en Autour d'Arístote. Monan. pp. I. ID. 55. «Los jefes son aquellos que saben». saca de él la Norma trascendente de toda acción. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito. Finalmente. el (fr. art. 13 W. 16-20. Wilpert. anovOaioL. Walzer. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. o el hombre de valor. l098a 26. 170a. ¿De dónde le viene. e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. pero eso era. a su sola experiencia. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado. 22-55. cf.

pues. Por el contrario. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas. l l37b 12.. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico. La metáfora del piloto que guía Platón. no está ni en la ley ni en el legislador. al que Aristóteles recurre para 42.oúv. Cf. 14. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares. 49. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. no es más condenable que la ciencia. al erudito. 13 W 55. ni mucho menos a ningún supersabio.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. a definir todo. Polftico. que corri­ Protréptico. pero ignaro. sino en la naturaleza de la cosa. l l37b 17. 51. pero también el inconve­ niente. l l37b 29. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. nos dice. De una manera general la virtud moral consiste. 1 286a 9. 47. ya l o hemos visto. que ignora los casos patticulares. To ¡. O más bien la ley. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley».51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. el de la distribución de bienes y. 46. Cf. 1 137b 25. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. con tr.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o. Ét. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada.do también. de las relaciones entre Jos hombres.. V. en el del Hombre Justo. Finalmente. ó xav<.w�) de la ley.48 expresión en sí misma de un orden matemático. por las mismas razones. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. tov yÓ. el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. Nic. que son singulares. Polftico. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. Compárese Platón. 296c-297a.CtLÓl:CttOV (Polftico. No es. en Aristóteles.49 Por el contrario. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley.t(! por ÓQ¡. nuncian el carácter absoluto (émA. de derecho. ánA. en el personaje del Rey y. a las circunstancias de la acción.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. de tratar sobre lo general. !bid. PoUtico. Nic.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. 45. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia».tGi:). Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley. 48. 27 P (dada la cerca­ . según Platón. 14. 294c. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡.Í>v e01:tV.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. 50. fr. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce». ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad. 44.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. el jefe. 508a. en Platón. V. 294b. pero su espíritu es opuesto. Polftico. 52. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡.. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. que son generales. que hace lo que puede. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación. en Aristóteles la justicia abstracta. 43. que de­ Política. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar. 297ub). ni. 295c. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles. cient(fica. 15. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. al menos. contra la ciencia. Gorgias.uuo�». más generalmente.

J099a 22. Eitel.os es invocado en otra parte como criterio únjco. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium.¡mvó.. Wilamowitz-Motlendorf. Griechische Etltik. 9. 1 178a 18. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. con la vida de placer. p.raft und Ehre. la tr adición de lengua alemana. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. IV.r i pides Herakles . para fina­ lizar la obra póstuma de Ed. Mannesk. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. 8. da de ellos una confirmación dero. si se sabe 53. Mientras que la sabiduría. II. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len».o:. . bist du geboren. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien. cluso en el más alto grado. París. De una manera general. Ét. pp. pp. 44. 22. la decisión del spoudafos. al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. Eu. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. «el hombre de b. Jaeger. II. 54. simplemente.. «the good man» (Ross). en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. cuya volun- calidad de su juicio. de dominio de sí.. aus gottlichem Samen entsprossen . Aristóteles so. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. al ideal arcaico del héroe. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. en él. 1951. . X. Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein . En este punto Aristóteles parece volver. en especial. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. sie kennt keine Menschen ausser ihm. «el virtuoso» (Gauthier). Schwarz.GYv ó anouomo¡. istjugendfrisch uod jugendstark». Les StoiCiens. coinciden. aquel al que se puede tomar en serio. 102-103. Epicteto en el retrato que hace del cínico. . 36. Stuttgart. 1 06. publicado por P. Nic. No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. Coloquios. Schuhl. En este sentido. de tensión. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A. y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual.r¡m�). de ascesis.u::vov &ya8óv y &ya86v émA. él es para sí mismo desde Platón.. Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). Also spricht sie: "Du bist gut geboren . esp. p. 41-43. Si estas determina­ q. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. 16. Bréhier.-M. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. 57. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio.ien>> (Voilquin). esp. . que se un­ bueno. sino que es él núsmo la medida del valor. y. das diesen Glauben im Herzen hat. Aristóteles en el libro II. Paideia.óxaf. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. wird der Sieg dein seio. 1. I. la prudencia.aA. pp. M. pero en un sentido totalmente distinto. . como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud. Der T-lerakles der Sage. sondem nur Knechte und Bosewichter..w� xQtveL rtcQL a{n. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. cf. El objeto de la voluntad (�oúA. Ein Volk. etc. 41-66. ". ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o. 1-107. si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. El bate.55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. el mismo spou­ de estas mate1ias. . se pregunta. Für die agmí. Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. de ardor en el com­ anouoat:o¡. Por el contrario.». propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm.w� inspira confianza por sus trabajos.. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. por ejemplo. . Cf. y entonces ya no hay . . 805. más allá del intelectua­ dal.54 sin embargo. no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<. W. 1962. tal como es concebida dente que permite medirla. Ya no es el hombre de bien ad hominem. y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). l. es cierto. por la tradición cínica y estoica. pues. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. el pasaje ele las pp. ' 55. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». Wilamowitz. 127.. Cf.aco. 6. lU. Wenn du dich nicht fürchtest. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. .

101Ob 5). T 58. 6. pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. . Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. vulgar y populachero. El spoudafos. para tale cer leyes � h?�bres. xat EAE'1!0ÉQLO!:. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. En un pasaje de la Política (IIl. de primer orden. Nietzsche. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. yc. 5.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . los poderosos. Aristote et l'hístoire. pp. Weil. nos ruce. 111. (X. es decir. no puede estar sometido al _ .56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas. a través de él se encuentran tr�labl �. p. París. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. q�e no se etine. 63. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas.59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior. 1 ). Mencionemos solamente que. 401 ). y no a la inversa. pues e�los son para sí mismos la ley». quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . fr.) enLrc los monales». 61. 1 176a 17. la eJOstencta del valeroso. ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». es la virtud 1� que es P?r . 1833. � �istótelcs asimila . por el contrario. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón. VIro (Ad Qumt. W istórica de tal alu­ sión cf. Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. SI fuera necesano. de la t. 37). etvat). 4. esp. que . es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble». como buen conocedor que era de la Antigüedad. . Cf.. J l l3a 25. . Albert. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. 1 176a 5-24. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras.. según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . 57.58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio». (N. 1284a 10 ss. p. R. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. cf.63 y que fa �omparac10n del .� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . los que han juzgado sus acciones buenas.el valeroso al virtuoso. X. 64..62 como al absolutismo platónico del Bien.tétQov éx&otcp . * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. Cf.) es pora sr mismo su propia ley». hacer se pcttente a todo lector no preve111do. por su carácter rntrrnseco. mezquino. en el mismo sentido ó téi. los que se han considerado a sí mismos buenos. 716c. Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. trad. el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. 60. X. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta. cr. trata de supe­ rar. 160d. entre el hombre servil y el hombre libre. sobre la improbabilidad h Philosopilie. ampharra. sen � rnutll Cttarlos todos . estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. 13. s1. es decir.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�. eeteto.. sobre los griegos. cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. .61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. 5. Pues incluso si de he­ defi n tda cho.. 152a. que. y la del enfermo. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano. los hombres de distinción. 14. 303 J . cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas . XIV. que se precipita hacia aquello que le per judica. estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . 62. 5. 5. pp. como si él fuera su regla y medida». en la Ética a Ntc6nwco. J... Contra es mvocad a en la Metafísica (G. L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . 1960. Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. como su­ cede tambrén en la moral contemporánea.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno.té'tQOV wv. 184-185. . l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. l l l3a 29 ss. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. que hoy . aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma.no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal. fr.). 59. IV. de H. como el placer puro en Platón.Bw¡. Leyes. 5. 1176a 28).64 Está claro que traducir en . ffi. en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor.

en o que _ concierne a Aristóteles. 6). no sm afectaciOn. el ÓQ86� A. 1099b 3. Es cierto que en 1934. 2. se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla.at. a «lo que se dice» y «lo que se hace». es decir. � te válido. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». Cf. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. Rer6rica l. P . Dirlmeier. 284. y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad.69 Más tarde. que parece seguir en esto a W. 5. universal del valor. sin duda. pues. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. Dicho _esto. onou&aí. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. la realización más auténtica del h_om­ bre griego. en consecuencia. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. Ross. 345. . no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno.óyo�. que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os. p. 67. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. 65. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. y en e l F. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. al dermmbarse los valores trascendentes. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud».60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . 70. El spoudaios sería. Mas bten. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». a propósiLo de J099a 23.wv). 4-5. Panecio (Antikes Fiihrerwm. y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. 68.66 pero. 1. Ross. fr. Rose. 69. Fr. como escri­ be pomposamente Dirlmeier. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. 94. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. 66. 1360b 19-20. míticos o históricos. 92.67 En una obra de juventud. La equivocación de Dirl­ meier. esp. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. De hecho.1nos». que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. del hombre sin más. y Sócrates a Alcibíades. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. (U. Fr . Política. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. como había sostenido Eurípides. la que define la verdadera nobleza. en sus orígenes). ofrecidos a la ad­ miración de los griegos. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. pp. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos. se verá que. 9. Nauck. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro. 4. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. 142-144.7° sin embargo. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí. Si se comparan las fórmulas. Finalmente. Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. menos paradigmas en el senti­ do estrictó. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. cf.. o más del Pórtico»). op. sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. 312.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. En la Ética a Nicómaco. pues.as).61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. Jaeger. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). Y. incluidos los comentadores b1zan1:. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. 71. Rose. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. si bien es verdad que. a propósito de la def mición de la virtud 1. es � phrónimos.dad.

el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos.QlvsL x.aA. 3. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. individualizada en la persona del pl�rommos.a. Parménides y Anaxágoras. incluso entendida como virtud in­ telectual. fr. Aristóteles particulariza. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual. • .62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. individualiza. es decir. 4. se lo tome en su senado popular o emd1to. un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente.t. 5. además. ahora bten. � pers1gu � . 1 . sino que es norma en sí misma. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente. EL TIPO ' 72. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. Por lo demás. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias. En conclusión. os). (T. . x. pero -añade Aristó­ teles. sino el t� smo �ue JU. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. inaugura. pero no renuncia al intelectualismo. . 1. como en el caso de las otras virtu­ des. Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. . no significa que ya no haya nom1a. S1 la mtebgencta. además Ét. el análisis topológico debe preceder aquí. la inteligencia de los inteligentes. es cierto. que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. • . J2l6a J l . experiencia. "Ex. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta.. y no por cualquiera). ejemplo. poseen la sabiduría. VU. sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales.L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. sino por la rectitud de su JUICIO.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. <ruvt<JLS o yvw¡. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. como flm­ damento de la regla ética.72 En la definición de la virtud. (281 e). � es el reflejo de lo inteligible. en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. de los estoicos. la prudencia de los prudentes. 13. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes».74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. el ter­ . Nic.o-cos M x. 73. nos remite al personaje del prudente. Al10ra bien.a virtud: Pitágoras. 75. Nic. puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. 5. A la intelección de los inteligibles le sustituye. relativiza la inteligencia. Eud. Protréptico. Ét. § 3. . sino OLávOLa. ya no • . sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). 5b y 1 1 W. El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica. en resumen. 76.73 Así pues.oos a yLyvwo xeL. mino phrónitnos. y es en ello que se es buen juez. aunque sea bajo una f orma nue­ va. su . J094b 27). la ciencia de las cosas más elevadas.. aquello según lo cual se juzga.� t1ene . como todo el contexto. ayaeo. l l 40b 7. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . La «regl� r�cta» se encuentra. que ' aquí no se denomina voi3s.. destgna una cualidad intelectual. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible. pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios. la prudencia. lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. a la determinación de la esencia de la prudencia. to» mc�uso s no se juicio. penmte discermr factlmeote.a. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal. Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. y a la sabiduría de las Ideas. No sól� es . que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. l215b 6.t') . que no es el sabio platónico. VI. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático.ga. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. y no del ethos. .

es «inútil». según dice una tradición quizá sospechosa. 1 1. Rose ( 12. 77. 7-8. la ciencia a la ignorancia. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. 84. se sustraerá. trad. indiferencia. fr. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. /bid. pp.35 Ar istóteles. 184.. nos hadamos condenar in­ justamente. en realidad. ridículo. 86. I. no está lejos de consi­ derar a <. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos. Gorgias. 58.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. de un modo general. y la sublimidad. 78. 83. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. nos dice. Panatenaico. 81. 80. sino que es su propio fin. Cf. 667. Ibid. difícil y divino». n. 174a.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. El carácter desinteresado de la sabiduría. l l 4 l b 3-8. hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. Croiset. Cf. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. según el punto de vista desde el cual se las considere. T eeteto. mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. Política. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. frente a la especulación inútil de los filósofos. . y Protré plico. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. para los hombres. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles. 88. 484e."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres. Éticas. VI. Düring.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles. que no es inmediatamente práctica. Vil.87 Pero. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. 982b 20-983 a 1 1 . 7. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría. A 2.. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. 1259a 6-20. 484cd. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales.8Jl sin la cual. anim.del hombre cualquiera. a la acusación de impie­ dad explicando. p. si no por su elocuencia al menos por su huida. modificada. supra. 9). /bid. 490a. al final de su vida. es decir.lTJ).. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. Port. 85. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. 486b. de A. Primera parte. 5.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). más que cualquier otro. 34!-342. 5. Rose. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». Sobre esta tradición cf. 644b 22-645a 5.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. Metafísica. 262. 86. desde el punto de vista éti­ co. 5 1 7d. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». un representante de la prudencia. Walzer). hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. al mismo tiempo que su carácter divino. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. 79. 34. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82. l. la independencia.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. En la nimos que al fondo del problema. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud. Anlidosis. 87. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. fr. la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. ha sido afinnado siempre por Aristóteles. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos.. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. Repzíblica. de manera que su saber puede ser «admirable. por el contrario. 1 140b 10. que no es la si rvienta de fines ajenos. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias. Fr. T. pero.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

12. cf.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. VI. sin embargo. el pudor (atóc. no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130.es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. 2. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. 3-6. 1 1 40b 1 1. 32. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. 126. Ét. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. se acercan entre sí y se oponen a aque124. combinar los medios más eticaces. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. de la cual -.123 La prudencia es. más rico en disponibilidad que en contenido.. Nic. 254a. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. La expresión es de origen l1omérico (B. sin embargo. según Aristóteles. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. hac iendo de las virtudes ciencias. 130. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). Que un saber así sea incomunicable. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines.cntv. 125. 1 144a 30. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. 1 1 14b 7. profundo porque no deducido.y que. 164a. 219a. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. Sobre la metáfora del «ojo del alma». X. y si los hijos no se parecen a sus padres. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. es una capacidad digna de elogio. pues. fr. República. 1 144b 31-32). que las de la herencia. como se puede ver. como atestigua el Protréptico.72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. 1). 5. Pistelli (donde phr6nesis es. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. VTI. 533d. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. dado un fin. l. 13. cf.LO�. Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que. Mttgna Moralia. 9. Vl. en la paciencia y el trabajo.). 1 1. y menos oscuras. el intelecto. 131. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. cuya guía son. 1 144a26. o por ser virtuoso. T eeteto. es decir. 1 1 . Política. Crarilo. pero no que no se trate de un . 1 1 W. sobre todo. 5. 9.14. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche. desprecian el páthos y el ethos). . 1 197a 17: btc:x•. n. 129. Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre.. 1 1 52a 1 1-14. p.vó�). prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. l l43b 14. 4 l l e. sino de la reanudación. VI. So fista. Emdeckung des Geisres. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. VI. La pmdencia es ese saber singular. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. VII.127 Este último rasgo nos permitirá. Il. (n:áeo. En Aristóteles. cf. Banquete.. Ét. 34. 10. Vl. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. Cf. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos). a lo más impersonal. Nic. 52. 1143b 1 1 . 1. l 142a 13-17. Cf.ú�) y. 13. sino también de la con­ ducta del hombre. para acabar. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa. Snell. 1 144a 23. empleado en otro sentido). jugando con la etimología al estilo de Platón. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. 127. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. I. del placer y de la pena. 111.128 Pero la ha­ es noble.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. VII. Cf. 5 1 8c. l. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos.�v nos dice Aristóteles. del carácter c�eo�). pero si es perverso. VI. 13.

137 Si la coerción es accesible a todos y si. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. 133. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. . 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. Ét. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos.. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. Sin embargo. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. 137. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. ID. se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. es decir. sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. X. 13. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético.l•ene virtud . más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta. VI. Kant. pero no serán la regla recta. porque una y otra son imperativos hipotéticos y.136 de «favor divino». A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas.) por la inten­ ción del bien. es decir. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. 2).. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. 10. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier. Nic. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra. o. aunque se sea hijo de Pericles. cf. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada. 1 179b 27-29. de Delbos. fr. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral. 1 144a 27.. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. 126). del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza. por tanto. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. 1 144b 5 ss. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. 1 179b 23. moral. 135. sería una «Suerte» no serlo. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. Aquí. Por el contrario. p. al valor. Nic. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente. 10. el del nacimiento. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. 136. Rodier piensa sin duda en r. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». 7. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. como Aristóteles. para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad. sólo analogfa. La educación moral debe reconocer sus límites. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. y e y bueno. pues. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. 1 1 14b 6. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres.. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. sino como lo bueno a lo indiferente. ajenos a la moralidad. No hay. eilqnita). ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. pp. por tanto. excepción hecha de los «monstruos». una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. segunda sección. Para Kant. una vez más. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. . pues. por lo tanto. 127-129 y la merafl 132-133).tá completa y no . /bid. etc. El phr6nimos. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite.tyaOóv).lOV eivaL �l� ovta l. la habilidad del virtuoso. nacen igualmente aptos para la virtud. �ta eúqnita no es una excepción. los consejos de la prudencia. 132. pues. 1 179b 22. X. es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. l l79b 8. trad.132 Un poco después. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. a su antropologfa.

2. incluso no sería en absoluto. o aquello que debe ser. como un último dique. 1 107a 17. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. la eficacia y el rigor. por ejemplo. si las circunstancias fueran otras.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo. lo que es. 379b § l.at xat wv e<n:Lv. lV. Ét. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta. alli donde no hay ninguna posibilidad l.ett<. Como atestigua. liberal. l !09a 28. 9. pero que puede aplicarse a toda Est<.. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales.»' Mediante esta fórmula. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. Allf donde estas situa­ ciones no se dan. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. 1 Jl9b 17. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer.. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. l . la habj!idad y la rectitud. 6.�<. etc. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. 1 109b 16.e. 138. ÓQtl. O más bien estas son oposiciones modernas. que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. en su descripción de las virtudes morales. y. el sentido teórico y la habilidad práctica. de la conciencia y de la acción. PLATóN. el bien natural y la experiencia adquirida. 1:ett'<. 'H e. Nic. El personaje de Pericles no la vez. ll. sino también con lo que hace falta.. 15. la Antí gona de Sófocles. cuando y donde hace falta. sino ambos a 2. la virtud no sería del que es. la lucidez precavida y el heroísmo. justo. si el mundo fuera distinto De hecho. l 122b 1 . eveQyeí. el buen sentido y la singularidad. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. .2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. m. en general. Ni «alma bella» ni Maquiavelo. n. bre del interior y del exterior. República. l l04b 26. más aún. del fin y de los medios. de la teoría y de la práctica. la inspiración y el trabajo. 2.

6. 12 A decir verdad. 1 1 4 l a 1 . 13. un horizonte de la virtud humana en general. lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser».wc. el nacimiento y la destrucción (yévsmc. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. 1 140a 1). Cf. la cual. 1 14lb 9 . comienzo del capítulo precedente.A. de la aventura y de las necesidades. antes de remitir a otros textos aristotélicos.á (cf p. Enéadas. comporta un cierto juego. cf. al dominio de lo que puede ser de otra manera. 2 (Sobr e las virtudes). 7. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. 5. 1 O. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. 7. 5. btmve-¡. V.wc. a propó­ sito de la prudencia. Aristóteles no desarrolla apenas este tema. 127). l l39b 19 SS. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6..). como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. infra. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. es decir. 1 J 4la 16. 3. A este horizonte Aristóteles le da un nombre.A. VI. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. es decir.. 8. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den.»13 Este texto suscita dos comentm·ios. 1 143b 20. pues. 7. más profund amente.«virtudes». para Aristóteles como para el pen9. 4. Metafí sica. afrontar peligros. ni templados. el dominio de lo contingente. de una ontología de J. 1042b 8. Z. 8. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. l l40b 27. H. Vl. l l78b 9-18. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos. 14.1 1 . El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen. 1 . Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble. I. ! l . Pero. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que. en el sentido en que lo son las otras. etc. 4. La prudencia no es sin duda una virtud situada. 8. 7. distribuir sumas de dinero o moderar deseos. exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia. tanto que es la más alta de las ciencias. cf.11 Ahora bien. en tanto que es una cienCia./c/. F �63352 ��8 F I LOS O F \ . VI. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. 5. DI. SXSLV. es. pues. Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte. de alguna forma. 73. Hay. de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. 1 3. l l 40b 5. 1: l ¡. 1032a 15. p.óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). 6. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. 200b 32. del mismo modo que el camb. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. suponer que éste. Actuar y producir es. puesto que esta virtud no es una virtud particular.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. VI. ni liberales. 1 140a 10-14. Sin embargo. V LETRAS . pues. de las «excelencias» intelectuales. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia.7 versa sobre lo necesario 8 y.. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en. X. . 1 10. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las .10 La teoría de la prudencia es.io según la esencia. VI. �Eta A. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. en i 3. no de los bienes trascendentes. solidaria de una cosmología y. VI. siendo lo que son y viviendo allí donde viven. 'tO evbsxó�-tevov aA. 12. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. VI. pues. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera». 145. puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. l l4 1 a 19. una cierta indetermi­ nación. 1 . 4. 2.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría. «El arte concierne siempre a un devenir. una cierta incompleción. puesto que ofrece esta latitud. que para él parece ser totalmente obvio. Cf.tLa.14 Apenas hace falta subrayar que. Sobre esta dislinción. En primer lugar. Fí sica. n. n.

12. l. y 468 ss. 5. la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. por ejemplo.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió. pero la nota vale también para el libro VI). 4 1 8 ss. Anal. U. santo Tomás. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. Cf. Más aún. reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. más que el resultado de reglas concer­ tadas. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales. Nauck. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». del arte: «En cierta manera. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. pp. 1. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. El movimiento. cf. anim. q. 17. puesto que. pues. Flsica. en el segundo. que es «estático» (Fí sica. que subraya. 6). corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil». que son los seres na­ turales. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. 197a S. nilv E� &váy?<. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. si el arte es productor de terminado. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). 1 . que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. 13. la posibilidad del obstáculo (cf. probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. Igual­ mente. la praxis. losf actibilia. 192b 13-14. 19. los parece que eso sea propiamente hablando e. pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es. . los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. En cambio. Lo que Aristóteles llama mo. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . 27-328. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p.18 Desde este lS.. introduciendo así una cierta artificialidad. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. Pero este desplazamiento de sentido. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». Cf.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general.. no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. 2 1 . Así pues. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. no como una re­ gión del ser. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. lll. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». es clara. sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. I. Le probleme de l'en·e.vr¡ou. 16. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros. de una manera voluntarian1ente velada. es decir. R. Así pues.. TV.-A. a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. II. Gauthier en su comentario: «Aristóteles . VI. hace salir al ser de sí mis­ a. 433). que una afinidad recíproca. es decir. no los saca de la nada. 13. es de­ cir. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». . 640a 28-29. 1 140a 1 7 ss. la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. no hace . siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. Suma teológica. Retórica.). Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. es decir. 4. p. que debe ser entendida. 16 Si la situación de los objetos de producción. Part. e introducir así el tiempo. 11. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. con el azar. 327. . para concluir. En el pri­ mer sentido.r¡� .2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte.l dominio de la naturale­ agibilia? No za. 222b 16. principio reside en la cosa producida misma. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. 18. La acción inmanente. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. 199. 20. a. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. . pos1. en Fí sica. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. l362a 2-S. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar.w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso. Cf. No se habrá explicado nada. 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. xí. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. por ejemplo.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. quizá incluso una cierta complicidad. es el comienzo de la indetenninación. otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. y sólo éstos. el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista.. ef. S.

Cf. cpvoews avan/. 1 l l2a 32-33. 28. 25. Nic. l-1 1 P. más aún. En la Ét. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. Cf. sino a la ciencia. \\ . donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». Nic.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. para la acción humana. l . 44). . l l W.26 no para humanizarla. Por otra parte. Sobre el argumelllo perezoso. fr. 8. p. Z. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. !!B'ta A. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». de manera que la tiipartición de la naturaleza. De fato. no habría ningún sitio para el rute ni. Eud. A. A. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡. pp. A. VI. 1 139b 20. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. 498-499. y así el arte no tendrá fin. sino e. 1 1 W. 6. Ffsica.24 Por el contrario. fr. Política. consecuencia de la necesidad universal. Leyes. 198a 5-6. XIT-XTIT. pp. cf. 50. 7. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza». Metafísica. X. Cf. añadido a la naturaleza. 1-2. 3. 23. inversamente. de los astros. del agua. 1 99a 1 5 -J7). 5. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va.óyou. el arte y el azar. 28-29 (véase infra. 1071 b 35. 24. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana. además. Pero esta racionalidad.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. . y que no prospere más que en una atmósfera de azar. 6.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. Aristóteles invoca aquí ejemplos que. De philosophia. 2. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es. acompa­ ñada de regla. Pero. cf. lll. 27. El arte muere a base de ciencia e. Vlll. n. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. como lo será para Bacon.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. retomada por Atistóte­ les. 11. cf. 98la 3-5.27 de la naturaleza. fr. otro nombre de la contingencia. ll2b 4-7. Ét. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. y.r¡goiiv) (Protréptico. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia. 1032a 12-13.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. 108-109). lll.. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. Ahora bien. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. l l . Así. el hombre 22. para un g�iego. 6. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. por ejemplo. es decir. 49. 16. 2 1 W (Cicerón. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean . IX. cf. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. ' . l258b 35-36. 888e-889a). Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. Cicéron. para naturalizarla. nuestra obra Le probleme de l'étre. Protré ptico. 5... la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza. DescartcB.tettov. nuestra obra Le probleme de l etr e. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. l. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica.. de una manera general. El arte no es. sino a sus fracasos. Meta fí sica. 3. cf. . 426. Mewfí sica. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. 11. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. por el contrario. l247a 5-7. Ét. Discurso del método.. sino para acabarla en ella misma. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. infra).l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. De natura deorum II. Pistelü).

1 104a 1 ..v8gro:n. pero oculta a la razón humana. es que en realidad existe otra causa pero no la vemos. ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta.32 1) Una doctrina así. 2.oyov. Mansion. La fórmula autori7 . fr. para algunos. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. -cvxr¡. 965-973). 12. azar y contingencia. y que se ha sustituido por W. cf. 1094b 20 ss. Por lo demás. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética.3R pero esta naturaleza no se ha de 33. que no es el suyo. es pro­ ducida por la naturaleza. No puede ser. . 35. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente. n. que no tiene ningún sentido.oyov. l. se reencontr. . responde. 1247b 8. por otro lado. t'Ú:rtq:¡: Ét. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente». porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior». Pero. 38. 196b 5-7). A. pues cuando decimos que el azar es una causa.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera.t0). Ét. 1. «el azar es una causa. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles. M &. 7. 48. eetóv n o\íoa xat <lalJ. La primera parte de la fónnula.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado. no la había tenido él mismo siempre por despreciable. a causa de sus propias cualidades. Si saliéramos del marco.35 Mas esta objeción. si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡. y es por ello que. Aecio. Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí.. 29. para esta idea.• ed.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. TI. l L 17b 21. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. 89. Los manuscr itos dan avá. Sobre Mr¡/.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar.mí casi tal cual en los es­ toicos.. 4. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente. &l)r¡A.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. morales e intelectuales. 1 1.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. .. l247b 4-8. En el examen prelim inar de las opiniones. que defmian el azar ahla M11A.t w. Aristóteles recuerda que. 1247a 3 1 . J 107b 14. atribuye ya la fórmula a Anax. y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto». Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-.31 y que.o.oy�Of!<fl (SVF. 29. Física. 4-6.�goras y a Demócrito. 1094a 25. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar. Nic. &. tal como nos in­ vitaba el contexto.o. 32.. p. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito.37 Ética a Eudemo.ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos). 14.tEV . in(m.34 Queda tan sólo que la buena fortuna. 119. 30. In. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física.tOV�<Í>1:EQOV (11. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción. etc.A. 1247a 14.. Diels. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». 11. desde en­ tonces. ! ! O l a 27. 1. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia. pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo. cf.v8grorclvq:¡ A. «pues esto sería -dice. Eud.lvu 1\wvol<. 2. 313. el terreno o la ocasión favorables.84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia. cuando se de­ fine el azar. pero cada vez única. 36. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . Demócrito. 3 1 . lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme. l247a 28. VTT. [(.o. 34. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados. �0}t€L ELVUL attla J. p. 37. 7.otra cuestión». 1247b 28. cb.

no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . 8. 9. Nic.tloov tí'jc. por Dios. que son igualmente limitaciones. por medio de la deliberación. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido). es decir. BeA.40 Así. cita también esta fábula. según toda verosimilitud. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. que no es una consecuencia. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». 1 2 W. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. 1248a 18-27. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. 43. 78). sino que existe un punto de partida (CtQX� ). Ét. 42. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros». el buen o mal nacimiento. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. en Protréptico. a 39. si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia.). y no se piensa después de haber pensado en pensar. . ¿Cuál puede ser entonces el principio. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. sino que están tada al Hortensia de Cicerón. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. 4. ef. La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni.39 azar. Nic. X. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. 3 ss. La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas. y en particular la virtud de la prudencia. Jámbli­ co. El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. Magna Morolia.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. 1248a 29-33. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. «aunque poco dota­ dos para el razonamiento.uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. 53. . . XIV.U. CtQet í'jc. sino que la mueve en cada uno de sus instantes. Dios.86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. El pensamiento. p. . encuentran por azar (arco-¡. . L200b 14. si no hay propiedad? ¿De tem­ planza.escapa de estas condiciones.vov ( l 248a 29). P... qu ien. .ÚYcegov agetí'jc. La buena fortuna la virtud. en este sentido. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. pero.42 Tales hombres. 1 ' 1 145a 26. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa. tienen éxito sin reflexión (af. hasta el infinito. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . más particularmente. 1248a 34-b l. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas. Ésta les permite ver el futuro y el presente. las virtudes intelectuales y morales. si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. Cuando queremos lo que es necesario. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. supra. . 41. lo hace sobre sus Ét. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. Eud. Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. rr. si allf no hay tribunales? ¿De valor. De Trinitate. al Principio que se funda en sí mismo. Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. en ambos casos. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. VIL. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él. TX. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado.) está relaja­ do . 1 178b 9 .oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. Ciertamente. pues. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración..43 40. 'H yó. 12. no son más que un sustituto. evidentememe. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. fr. y con ello de la obligación de la viltud. Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. es decir. es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados. como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. . mientras que el de la condiciones subjetivas.1 8 (cf. ellos no tienen éste. que las resume todas. ella. que es un don de los dioses. sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino.JUta.

opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar.está impulsada por Dios.A. 1247b 12-13. 45. como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace. ineficaz. 1953.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. W. sino. ni mucho menos concurrir con él. Ollé-Laprune. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A. Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. ni por lo de- 44. en Nomo. ya lo hemos visto. y lo puede hacer. que es Dios. Essai sur fa mora/e d'Aristote. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida. p. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo. aA. más que provocarla? En otras pala­ bras. no pueden oponerse a él. p. L247a 3 1 . en cuanto tal. 85-93. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna. por su determinación misma.óyou ó' CtQXTJ oú A. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre.. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. Pero este sentido. asi­ milado a la contingencia. enton­ ces. Schuhl. otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. Pues ya aparece. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. ¿por qué Dios. cf. Jaeger. r. 5. puesto que hay algo más elevado que la ciencia. 28.). soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. 443. Aquí el azar domina todo. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce. a falta de buena fortuna. ¿no es acao. la marca de su ausencia y como su sustituto. si todo está impulsado por Dios. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. 50.no le niega toda eficacia propia.wv).50 sino por la prudencia y la virtud. P. En resumen. no podría prescindir de ella. pero. sino a los fallos de su acción.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. es decir. Alli el azar. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. incluso cuando son virtuosas. «Acl�la». Cf. «el ojo del alma». antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente.á tL XQ&LltOV. 47. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. 46.46 Sin duda. La prudencia no es aún la facultad de prever.óyo. del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. parece. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). que «mueve todo».o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas. 1246b 37.-M. al contrario. 48.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. El azar es. 1248a 27-28: A. . On the Origin and Cycle. 49. L. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. y allí donde está presente debe tener un sentido.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios.51 Ciertamente. . puesto que la <<genética>> de esta consideración. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso. y que no siempre lo con­ siguen. es decir para Dios. pp. sus6tuyendo a Dios. Sobre esta noción. allf donde la inspiración está ausente.oc. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero. 5 1 . 1 1 .

esp. . 'H . 197b 15). siendo causas por accidente. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. 6. 197a 9-10). xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes. a una cosa. 59. por lo demás. 197a 30.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX. _ _ Desde este punto de vista. este último motivo.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa».. el único real.úy.o.. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. no de dos series causales. cuando en realidad fue por otro motivo. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. o el encuentro de una serie causal real. .Eu:.6!\oawv. el cobro de la deuda. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar. Esa es la idea banal del azar (11. 58. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido.. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o. 0. dotada de cierla finalidad. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. av�LoatvcL. 5. El azar no es. 56. p. en una noción más es­ tricta de azar. 52. 197b 1 ss. xat � túxr¡ aÓQLatov.Ó¡. ni en el libro ll ni en el resto de la Física. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. TI. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella. 197a 8. A. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana.r¡ to'Ü aoQí. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa. Física. Mansion. de contingencia. pero. sino como efecto.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista.59 El azar no ap<:u·ece. Cf. Desde este punto de vista. de un interés humano --constitutivo del azar. En este caso.).90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. m1sma. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita».no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡. que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. 3) Es esta tercera concepción del azar. el sujeto es un ser inani­ mado o. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov).57 pues sus causas. más que una ilusión retrospectiva. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada. -v xai ol. 2) Sin embargo. cit.<ll t� &. de la fort\lna).�. por otra parte.Aw<. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. la � t"ÚX'l.. 197a 19-20. un mundo donde no todo es deducible. ÉO'tiv ooou. el azar. 196b-197a 5. J97a 36-b 13. op. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. en este sentido. EXEL'V no se encuentra. pues. la causa por accidente es indeterminada. es de­ cir. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. en efecto. cf. 196b 27-29. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado. al menos.: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55. 57.3� Desde este punto de vista.tEvov áA. en efecto. sobre el carácter incierto. o rtQtil. 314: «La adjunción. La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡. 196b 13-15.w-rov. es para Aristóteles el encuentro. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl. siendo imaginaria. aquello que acontece. más en geneml. no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural. 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda. 53. como «para servir de sede». el azar DO hace más que sobreañadir una intención. 11.awu etvaL l>oxei: (5.52 no ve en ella� más . en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva. S.tatov nos parece de poca importancia y. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. más que en un mundo donde el accidente --es decir.no se deja reconducir a la esencia. 54.

5. pero para él todas las circunstancias valen. 1 1 OOa 1 8 ss). V (1 960). 1214b 1 1-17. en tanto vive.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. 66. si se vive solo y sin hijos».. 1 LO l a 8. 1 096a 1).61 No sólo se trata aquí. 9.. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y. 3.. 1360b 18. ( 1 1 .C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. 1098a 1 8 . Nic. 6. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. 6. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. J. 65. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). Eud.yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica. 388-389. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. l lOla 16.. 6./. VV. 1420. l l Ola 18).: 'l. en efecto. dinero. Cf.67 do. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. En su comentario ad loe. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos. Ni c. De hecho. al cual <<nadie califica de feliz». xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. Beómó-tr¡s. que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. 2. 63. Edipo rey. X. un «mundo». Ét. 8. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. II. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos.64 Sin embargo. n. 1 099b l. . como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna). 1418- 72. 10. 7.72 Ciert. . pero sin ella no hay felicidad posible. 1177b 25. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. al menos si se sabe utilizarlas.. como ya hemos visto. § siguiente. pues. Sófocles. Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. ll. I J OOa 4.ov .73 La felicidad debe pues. 9.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». Die Philosophie der Griechen. 1528-30. un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. está sometido a las vicisitudes del azar. I. los sabios deben ser felices. . Andrónu¡c 100).tÉywm (I.o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. Vernedius. 1. Phronesis. I IOOa 8-9. I. 597. Ér. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. 60. 1098 b 12 ss.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. 67. 36 ss. Son numerosos los textos. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . 1. X. Ét. 62. Sófocles' Áyax. Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. Pero. condiciones que no dependen de nosotros: amigos. 1 099b 2 ss. si se es de baja extracción. II. una feliz progenie. p. (Coloqwos. t eunga. 9. 5. W. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo.). . ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco. J. a<paves 'IÍJ.qwvla). 2. I. 74. . 197a 30). que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. l l79a 24 ss. 64. l J OOa 10.. 69. Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a.tÉ/. 928. lO. Cf. . y esto en un doble sentido: primero. «el buen nacimiento. será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. 1 1 . 73. 1. 1 1.74 sil 't��EL0�). es deci r. la belleza física: no se es.·36.mente estas af mnaciones. 44). Cf. 1921\ pp. 70.66 pero. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. 1 1 . los sabios. Retórica.68 En este sentido. declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos».1. 60. . o el cuadro de la injusticia triun­ fante). 8. 71. T6 ¡. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto. 68. Eurípides.. 1. 17.tLV (l. I IOOa 13). cf. p.

el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. sino también los males exteriores: las enfermedades. la más elevada de todas. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. 12. J245b 15.. 1 177b 1. I IOOb 12-18.. Séneca. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error. Así. de Hyppolite. adji11. que culmina la universal «realeza» del sabio.15 Ahora bien.) los golpes de la suerte. si la felicidad reside en la virtud. p. 79. los insultos o las calumnias. hasta entonces tenidas por indiferentes. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. Fenometwlogía del espírilll. «Y no se que más se basta a sí mismo. 1. a1rta(>xÉ<Ttat0<. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. cf. rrad. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. 1 1 . si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. monuit» (ibid. Bréhier. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>. la contemplación. 219. entre las actividades del hombre. 7.s' Más aún. nuestra obra Le piVbleme de /'erre. p. 212. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas. X.� Ciertamente sarrollo de un tema. 81. heredera de l a tradición socrática. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». 111. VTI. 14.. una materia virtutis. Goldschmidt. Cf.r. 6. las viol encias. ut liberté grecque. 1 . lo que opone Ar istóteles a los socráticos.. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios.R2 Así pues. X. De Providentia. Et. la pobreza. la esclavitud. Hegel. es decir.. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. LV. c. que es.. el único «due­ ño absoluto». Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica. Cf. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75. 1 179a 3. Eud. l097b 8. p. esp. los vanos lamentos o la espem angustiada-. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia. 1 . la incertidumbre. Nic..83 Este tono es extraño a Aristóteles. A partir de este momento. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. la ignorancia. como ya se ha dicho. 22. pero sin poder alcanzarlo jamás. la fal­ ta de convicción con las que lo hace. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. 80. 77. .wc. 76. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. ef. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. el dolor. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . l.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. l l 00b 3 1 . !bid. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. 82. n. en un se­ gundo movimiento. nada es imposible pura él. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida. que vale por una eternidad de f elicidad. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. 305 ss. 1 177b 2 1 . CL también M.). Ét. el más autárquico. pp. Le systeme stoicien et f'idée de temps. _ el ttempo.77 pero también que. 9. E.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. es más bien la timidez. l. de la autarquía. asustado por las consecuencias radicales del socratismo.• ed. TV. si se remüe a la Providencia. 5. 83. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. 164. p. 2. no es un menor o mayor rigor en el de­ do. V. En realidad. l l 01a 2 ss. Pohlenz.85 Es el Cicerón. De jinibus. 7.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. no la acción virtuosa. Cf. 84. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. el hombre imJta a Dios. como si. fr. en especial. 85. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. 124. 1 1 . 78. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. procedente de Antítenes. cf. o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles.76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. 1 1 OOb 6-7. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad.

EtaL. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-. Mewjf 95. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. 94. X. Nic. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase.. 205-209). de la cual Aristóteles no se habría librado completamente. Ét. contratos que firmar. OeocpLAém:aw�. VJI. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. sin embargo.00 El sabio es autárquico. X. 11. Nic. 176ab.o�. como en el caso de Dios. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la... Ét. infra. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios. Magna Moralia. 107Sa 8-9.• afectado por la fatiga. Ahora bien. 1334a 1 1-h 'i. 7. 90. de tener amigos. Níc.. 30. l l77b 4-26. parecía qu'erer evitarle. 7. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos. 4. 7. Nic.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. 15. IX. X. VIl. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. una fortuna para distr ibuir. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. condenados a esta hetcronomía.óv). no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. 1 177a 21-22. 25. supone más mediaciones aún.97 Pero. como ya hemos visto.37 el más feliz. El mismo . 9.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. 1245b 14-19. y este mundo no depende de nosotros. 7. Ma�na Mom/ia. como creían los socráticos. 9. 98. por e jemplo.92 es decir.. uc In que se ven privados los 9.a. Pero.. Sobre este problema cf. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. 1245b 18-19.. l072b 16. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción». hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. cf. como ya admitía Platón. por superlativos de la virtud. T eeteto. sea cual sea nuestro mé­ rito. e. 1 5 (cf. X. pp. X. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. 7. 1 175a 3-4. Nic.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. analí­ tica. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles.menalidad t popular.. por así decirlo. cf. Ét. los otros sus condiciones de existencia. que sólo puede alcanzar 88. Nic. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. Ét. euoaqwvém. 1 179a 24. sino siempre sintética. 12. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. Ét. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. X. X. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual.. El sabio. sica. Metcifisica. como la contem­ plación de sí mismo. pero esta autarquía no lo dispensa. 1 179a 3 1 . Eud.¡.86 el más querido de los dioses. ll. el hombre moral se contentará con la virtud ética que. No se puede ser valeroso en la paz.93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. X. liberal en la pobreza. Ét.96 A falta de éste. 86..91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». de manera que.. 7. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. en realidad. 93. J 178b 33 ss. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. J 177b 33.cado ocrov EVOÉX. Nlc:. 1 177b 22. es decir. a\n:aQ'Aém:a. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. también Ét. Hay un punto trágico en la vida moral. A.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97. cf. 1 177b J. 15. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». 12. Sobre la oxoAl'J. La f elicidad se basta a sí misma.96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico. 89.. 1050h 22. le está «oculto».cmx . Eud. esclavos ( J 334a 20-21). VTI. 1213a 7. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. 96.o�. 87. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que. y la reserva de Ét. 91. X. Política. justo en la soledad. 9. He aquí al virtuoso Aristóteles. 92.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son. La virtud depende relativos y no absolutos..

humana.OtJS l'i' &vflQ<. pero nunca suprimible.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua .LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . pero esta confianza siempre está matizada por una reserva.. de la ant igua prudencia griega.r�s ón. a veces ��q� inal. salvo alguna ex­ cepcton. Este último tema criticaba la idea. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. antes de a los malvados. 137. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. 1 177b 26. 1. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. . mismo. el término de nuestr sible. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. pp. pero no lo elimin mejor lo aet. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad.wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. 7. A. Ét. para _ ser �trtuoso. esp. c. pp.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. X. «debe ser accesible a la multitud.. p. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. Teogn de o do ella. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más. la felicidad del hombre. No es nue­ va. Tercer¡¡ parte. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . T.oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse. 75. 32. sobre todo.oí. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. 1099b 23.A. 99. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien. . la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. de más noble». es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. menos Jo por y. 1099b 18-20.. In cita de Rodier. si puede crear monstruos. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. de :n:oA:ú -co btt <be. 9. 1 1 . 10. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada..102 Así pues. elicidad como «recompensa de 105. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. 1 O l . un buen nacimiento. tijs. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. p�ro en un sentido ontológico.ov . el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. 1. Ntc.uica. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. 103. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y.Livmc. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. En el De philosophia ya en las Leyes. 102. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is.Í>:rcous. Metajfsica. 106. al hombre y a lo divino. 154-170. Nic. n. . A pesar del opturusmo de algunos comentadores. (Él. es decir. que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre.. en un hlósofo determmado. no puede hacerlo más que «en tanto es posible». de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. el cual. • relación problemática. dice. 1 OO.. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. Ét. tes y hacer prosperar nacidos. separa ot :n:oA. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador.. Nic. !bid. está por encima de la con­ . Cf. mora/e /a sur (Es. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. Pero. nQoc. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. de­ la obra de Aristóteles. Cf.a sí mismo. . 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. I I O i a 20). aQE't� v). pero «como los hombres pueden serlo». y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces. 10.. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo. i¡ifra.1o. 1074b 27.

. 1..Qa¡tévov tot� oúow (De anima. 6. 4. anim. Parr. Bruns. 4.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza. istóteles rechaza las teorfas que. la coincidencia del poder de Dios con su querer. 349. 45. 687a 16. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. Z. Epfnomis. si se quiere. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury. 271a 33. cf. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y.. engendrando entonces mons­ trUos.. pp. J039b 29. 13. 283b 13. 658a 9. . ur. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa. Le probleme de l'étre.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. anim. J. 170. pp. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. concierne a la materia. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. Schuhl. 1 1 ) De manera general véanse las pp. Le domiiUUeur et les possibles. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"». 6. 1 17. . n. residual. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. como hemos intentado mostrar en otra parte. Dio quiere lo mejor. 1 . tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. pp.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. y también l . la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». p. Ar miento y la predicación. 641b 18. 7.. 661b 24. 984d-985a.. el cual no está dispues­ .• .Iévov n:oo�. más refractaria a á La materia que supone. aquél esté sometido a las condiciones de éste.113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. ed.Hn . 43. ... esp. ' llenar nunca por completo. Allan. cf.que separa l a ley. anim. 1 16.. en Suppl. De Coelo. siendo potencia indeterminada de los contrarios. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad. sino la distancia -ínfima. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone. Leyes. p. Polftic:a. nuestra obra Le probleme de l'etre. 5. Rodier. Es. Cf. pero hace lo que pue­ de. para no conservar. de su realización en lo particular. Cf. 'Ev toi:� ouoLv tO J. 1032a 22. 1. Düring. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX.lev 1:0\ito itOLEtv. 1 14.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley.a>U� �-t. 1 . 27). 744 b 16-17.. ll. y a Part. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. la materia es. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano. l.114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. . p. que e s general. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad.117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. 273. No es la ausen­ cia de ley. 12. pp. 108.. como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. The Philosophy o fAristotle. 11.emL ). (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios». etc. I . 2. . cf. jfsica. también.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. 109. Gen. arist. 1 . f. X. sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. 8. con Eudoxo. D. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. 23-26 y 29. y el comentario de este pasaje por P. 429 ss. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado.. sobre todo. 15. la cual. Études de philosopllie grecque. Metafísica.Q). la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. anim. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». 1256b 2 1 . Ahora bien.evtoL ou ouva1:cn. (ibid. 1 12. 5b 14). actuando al nivel del mundo. Esta distancia. 1 1 1. 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. 1 10. Se comprende. regiones inferiores del mundo. etc.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que.-M.lll ov n:aQeon:Q. G. Le probleme de l'€tre. pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». que Aristóteles rechaza en este punto. n:o!J. siguiendo las justas expresiones de Rodier. 170-175. 388-389. De Coelo. I. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. 10. Parr. olític:a. que remjte a Meteoro/ 1. pues. 1 5 1 SS. pero será el mundo. 291b 14. Meta 1 13. Cf. Bruns.. la detenninación ser que. p. 1 7 1 . IV . l. y no puede hacer todo lo que quiere. 903b. El Dios estoico tampoco creará el mundo. 1 1. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. introducen el no ser en el ser. 11. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. podr íamos decir una vez más.

parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas). 121 El sabio no actúa pues.a . un dominio previo de las circunstancias. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. 124. si pueden. 37. lli. Es sobre todo Cicerón qlllen. constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. En � es men�s una realidad positiva. 1 7 1 . m.t. 1 1 que una m�potencw de la forma. uo terado). Bruns. Études de philoso­ bus. n.. 15. cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. 35. 1 1 83).: ' XOX.. . �unde con la belleza moral). El ideal moral de Aristóteles no puede consistir. 66· . Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. sobre todo. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. por el contrario. cit. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. 28 Y 8. Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. Así.. . l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. 36. El reino de la sabiduría exige. pone su vida privada d � � 1 19. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. SVF. Alejandro. Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. en sus condiciones de realización. consiente a los decretos de una Providencia que. es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. 1 178). 22.óyov (Política. . 156-157. . de las circuns­ tancias exteriores. 38 . 124 pero. 28. 35. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. enteramente racionales.l(l) 1 (. Or. cf. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. en última instancia. Scott.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. 156. De Stoic.r¡ ..a '(Ó.at a. 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme. 9. que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . es porque la naruraleza no es estoicos. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado.ov011 J·t<:X). 213.. 1. S V F. Vil.. �or más perfeca t que ésta sea. De Stoic. en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. ll. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. . t�undo es racJ?�al.oA.• ed. apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . t?v �aew� yov (Plutarco. �20. él es una obra de arte. . El conocimiento ele este orden. • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax. cf. Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . . 1 (Dión Cr isipo. es decir. citado por Rodier.t tOV A. de la Naturaleza. Metafí sica. repugn. la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. como pensaban los estoicos. ll. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal. 1 181). también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza... 274. también las notas de Rodier. 273-274. 86· . As1. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. 13. un principio de desorden. El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. . cf .123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. l051a 17-21. repugn.Q 1tUQÓ. que Alejandro denomina el azar. pues. 1tW� � �m. p. sino en las pa­ siones. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. 122 sino en la teología. S V F 11. •• u • . tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op. . Cf. de Dios. 121. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . Cicerón. . Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . ibid. en una asimilación al mundo en su conjunto. Dejini 123. pues depende también. ens1po se · · e1 un1verso . l332b 6-7). p .. como es el de los estoicos. . según la . 7. indeterminación. 29).Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> . sino que lo «sigue». sena absurdo y. dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. lloAA. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien. como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque. turaleza Y r azón. p p .a del mal. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. Según Filodemo (col. . Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122. parva negligunt (De natura deorum. vano querer cam­ _ biarlo. Breh1er. permanece siendo la expresión más elevada del Logos. en últi­ .. sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. ma mstanc1a. ni en apariencia ni en el fondo. E>. que no se ha de buscar en la física. por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional. sobre el mundo. en el sentido más profundo del térnúno. las cuales no son.

d ígrotc. m. Le dominateur el les possíb/es. a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. estaríamos menos impulsados que Rodier. soledad. el mundo. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia. por la simple razón de que mngún • � . yevó¡. 10. en la medida en que éstas son todavía moldeables. Bréhier. «búsqueda de lo conveniente». «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op. Er.tlmc. n� es sólo su propia imperfección.r . 126. a causa de su contingencia. que del libro ll de la Fr sica. p. '1 tOtJ xaOrpwvto. la pobreza. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. de las del antiguo estoicismo. Lo saber humano llecrará o . SittlichschOne bei Panaitios>>. es también lo mismo ser sabio y prudente. ma que . 231. 128. más que al «hombre medio». sino la incompleción del mundo. en nosotros. Vll. nos parece. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. Se comprende. pp. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles. ser rico que pobre.a de! �1en Y del mal . no se remontaría más allá de Panecto (cf. separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. n. cf. Philologus [1930). 274: «El determinismo de la razón .tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. 365-376. para el estoico. �an dtferente = 127. y el comentario de P. P . es un reme­ en las cosas exteriores y. op. encontramos en Estob�o (Ec/. pp. p.-M. 1 . lo que es lo mismo. E sperando poder realizar inme- 125. Cf. 9. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. 129.tEV totc. &v �). el hombre quiere lo mejor (Et. 10 SS. Vil. o. no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo.12 s La contingencia es el mal. 43.. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales.. El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. 15). muestra que la azar esp. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. En lo que concierne a la contingencia. pues. cixoAaota. Ja cual.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta.. Epicteto. 4 ss. Rodier. solo. Esta �elit�ICtón. . 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría.. 5. el cual no está ordenado más que en general o. contrariamente a los estoicos. 170. es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. Schuhl. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. al menos si el hombre quiere. e incluso la de desorden mórbido. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. SVF.tatOV.. entonces querríamos la enfermedad. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos. cit.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. Ciertamen­ te. del bien. tomando el relevo de una Providencia fallida. (cf. ÉV bE toic. 45. a falta de otras mejores. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. xm:óg9w�-ta.. que hacían de la phró11esis una c•enc. Lo. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra. Rev. ai. ?· 60 : . p. estar �·odeado de amt�os q�e . puesto que no es más que una parte. que para Aristóteles. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. 1 : 6.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es.-M. sino también el mundo. A Gnlh. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. U.. como ya se ha dicho.P. 9r¡QlÓ"tfj. «Das .ltv tó €<p' 1)� tv (171. Níc. en su envoltura celeste. EXtOt. Alejandro. el de los deberes o xa0i¡xovw. P�1�1ppson. la .. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. dicho de otra manera. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. p. Sin duda. pero. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. Sin embargo. ya que el mundo es Dios. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica. W. p. no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. Coloqui os. Schuhl. 1 149a 4-20). pero ella es también el reme­ djo. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. etc. a ponerla a • de la moral más que al primero. 1). Phi/. aunque sí le está permitido.. no remiten a ella. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. es decir. 11 problema . Sin embargo. 1 16.. hacerlo humanamente. 8. y el de la acción simplemente conveniente.104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser. y siempre es posible enderezarla. 11. 264) una definición de la phró�I�SIS como . Nic. Cf. 1 19601. cit.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. 62. supra. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad.

l. Simplemente. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. y la prudencia. al mismo de la contingencia es a veces amarga. 38. provisional. pp. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. hacer.ro¡. la sensibilidad aristotélica. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». 111 s1qwera Prometeo. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. Cf. mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen.téü. la adaptación de los medios a los fines. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. Sin embargo. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. 379-380). son reguladas (tetaxtaL). antes de ser y para ser una moral del ser. que es indiferente a sus fines. En este sentido. l'homrne>>. por­ unida a la contingencia. pero también de los fines a los medios. donde los hombres libres serían los astros. � tiempo. Fllopón (ad loe. del una casa (otxta). TGrv yó. Parfs. En un señalado hombre. La moral de Aristó­ teles es. sino que se opone a ella. fr. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. puesto que se trata. 1253b 33-1254a 1 ). a parte sub jecti. sino comprometiéndonos en él. que están solos en el mundo». ni . _ . A. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. o al menos la mayor parte.¡uov) está. 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. testimonio de lo cunl es el arte. en Sens et non-sen. simplemente» (M.133 La excelencia ('tí. es decir. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. 3 2 1 . La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. en proporción inversa a su habilidad). es el hombre. puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente.. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. y que no se volvería inútil más que el día. 1075a 19-22. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. nos corresponde ordenar el mundo. Así considerado. al menos en un pasaje.l trabajo con el que es a menudo comparada. para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. ni la victoria todavía tan lejana. no negándolo en provecho de otro mundo. un diletante. sino al mundo. la carga de la libertad del hombre. Y 9ue todas su� acciones. si no por vocación. tiene l a experiencia del azar . El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer.106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. Ciertamente. 1946. 1 99b 26. (qJQÓ'V'r]Ot¡. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. y esta ausencia de destino es la garantía y. es decir. 1 �4. una moral del mundo acabado. 4. incluso si esta exaltación . es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia). los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. pactando con él en caso ne­ cesario.1·. Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. 1 3 1 . al menos por condición. como e. U. 52 R. 131 Pero no era esta. siempre aplazado. 8. curiosa y sin duda i nvolunariamente. Ffsica. que es moral en sus fines como en sus medios. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. 132. nada es seguro. Los santos del cristianismo. pues..AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. Segt ín . el mundo sublunar. Pero.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. 5-6 P). y no podía 130. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. La vida moral no se confunde. en uno y otro caso. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. 5 W. compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable.. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). 1mentras que «los esclavos y las fieras». . pero sin duda indefinidamente provisional. Tal es la tarea. smo que son a menudo dejadas al azar». porque no saben lo que hacen. Merleau-Ponty' «L'héros.132 Así pues. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. simbolizan las partes in­ feriores del universo. Aristóteles parece inquieun decadente. el m11sta Siempre dehbera más o menos. del desorden y del fracaso . que el hombre debe asumir en el mundo tal como es. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia.. para Aristó­ teles. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. 10. 133.

contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>. cf.. Fleiss. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. 6. De ato. más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. n. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136. p. considerada como un medio con vistas al descanso (cf. LO. es decir. la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. Jahrbücher f f . 136 ahora bien. Le dominateur et les possibles. /ntroduction ii la Physique aristoté l. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa. No creemos. 15. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. A. 1177b 4: ÚO'X. 98. .. Bollnow.. no sería ya a una imposibi­ lidad «física».. en realidad.100. el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. VIl.. En este sent ido. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico. 982d. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción.ELv). en su lenguaje. cf. !bid. la cita de la nota siguiente).140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. 138. dentemente una vida inactiva. Así. se opone a n:ml. Política. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. Aristóteles no Uega. Ét. 18b 26. p. en Ét.. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum. p. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. y son. 1334a 15). 1 176b 29.Ó. 20). sino la actividad (eQyov) en general (cf. F.108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica. 135. y sobre todo Cicerón. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro.óyo<. 26-27. Wesen und Wandel der T ugenden. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. pp. 9.. Nuyens. la tradi­ ción moral popular. gentia. y que (op. dili virtutibus et vitiis. la phrónesis. no parece que la pereza. SVF. Primera parte. n. D..). Mansion.. después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. puesto que comporta la 142. donde n:Qay�c::reúw6m r .xn. Introd. y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa . cit. megúr ica: el argumento. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. 14-18. 41) mostraría que Aristóteles.W�AEV. Nic. Gauthier-Jolif. Epfnomis.) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. A. Nic. 137. . 1. Nic. pues.q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . 15. habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. Sehuhl. X.-M. la vutud de la deliberación y..ál. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. X. 1885. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da.. 28.OAOÍJ�AE8a tva ax. no sólo una oece�idad. jo. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos. 957 (Orígenes. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. 17. Pues si se admitiera que. que se trate de una• invención ulo/. 6. pp. De imerpretatione.oA.. aunque no sea este el único argumento. Nic. puesto que. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les. al contrario. SS.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?». i 140. Aristóteles rewmaba.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver.. dice.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción».137 Pero nos parece que la constatación de experiencia.. a hacer de ella un vicio. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. por consiguiente. pp. 139. Según la expresión de P. pp. una actJv¡dad sena y mentona (cf. pp. Oüte Pov!. aquí como en otros lugares. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<. klasSISche P Supplementband 14. O. como su nombre indica. se llegaría a «absurdos» (<horro. si?o �na nec7sidad moral. E t . 19a 7. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo».-M. 42-43). y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( .f!YOV 143. aunque tímidamente. quizá porque su contrario no es tal virtud particular.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral.a). tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. 7.142 Exaltando. 731). P.139 Así pues. Sin embargo. 50 ss. sin embargo. Y se la condena en parte en nombre de la moral. Cf. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia. 19a 7. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. p.

extrañamente común a las plantas y a Dios. J l 83b 20-27. 5. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario.. cr. . 1 145a 26).tv· tÜ>V i!l. 2. y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. como todas las virtudes. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra. Nic. Según (f3d:tiov tij� áQetijs. Nic. 11. si no fuera más que esto. cf.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. o quizá a causa de ello. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). 13. ll. Coelo. IV. 1. Magna Moralia. I I O l b 11 ss. l l 4 J a 20.149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia.14s La sabiduría es digna de Dios. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida.UOV. Essai. 7. por el contrario. IT. 12. 4. 145. como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia. y no implican ningún mérito en el que las posee. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. se tratar ía de una distinción tradicional. 1200b 14. 207-208. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. 187-188). VI. lo es. l. . cf. ahora bien. 1. sin em­ Dios. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. e s decir.. no quedaría nada por hacer. 130-131 y 156. La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . 146... 983a 6). Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. oúx em<rtiJt.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit. pp. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud.trr E. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente. 1. 149. 34. Ét. A. -�---- - . cf. De divini­ Sobre esta parado j a.--ci'j s. 1 1 97a 14). Pero. Metaflsica. De Cf. I. 1219b 8-1 3. Él.. 22. en tanto que am­ biguo. De natura deorum. 209). J I . en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. cf. virtud de la deliberación.. Esta última calificación es reservada. si el mundo fuera perfecto. Repúf>/ica. 60.l44 pero no de mente.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. La prudencia no. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i .v €LT) e!. ll97b 7). ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. _ mundo oscuro y difícil. como el mundo de los hombres es lo que es. Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas». Magna Mora/ia. es. que explica que la vida tMe. OL q¡QÓVL�lm. es precisamente en el hacer o el actuar. !. 292a 10-b 24..cnvetot yáQ ELOLV 144. 2. Eud. Aristóteles intentará. apoyándose en la tradición popular. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir. I. 7. a la vida contemplativa. erudito (sophós)? En elación al phrónimos. vegetativa se parezca.146 la phróne­ tÍ. Ollé-Laprune.LQEtLX1) 'X. dir á en Magna Moralia. Saber nos alejaría de actuar. 1. Nic.tta. Él. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . 1tQÓS tl nws exew. dispensándonos de escoger. Yi1tud del mundo. Magna Moralia. 1 197a 2429). de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. mente.147 Pero. dice este últi mo texto. btmve1:Óv. 1. 1220a 6. también (tq> . cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer».ti:v ovtwv xal. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. 1.f. 11. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l. 147. mostrar su valor no sólo intelectual. 148. ni siquiera eminentemente. 34. Nic. ahora bien. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. l. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. está sometido a la contingencia. de la cual participa. se podría objetar a Aristóteles. 1. y no en la inmutabilidad. IIO!b 13). Nic. Cicerón. Ét. De legibus. p. La prudencia.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). 1tQéil.m xaL �t'i) 1tQéil. cf. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. que se haya de encontrar la sophla. efectiva­ Msetev av. Sobre el sentido filosófico de esta distinción . 11. en la Ét. Y bargo. Pero. así como la sophftt. es decir. en relación al sophós. Pero. su excelencia propiamente humana. 12. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. . Vll. digna de elogio..at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. sino morol. Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia.. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia. . ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible..1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. É.LS 'tLS nQOO. 'H qJQÓVIlOLS lJ. también infra. 1 123b 17-20). a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar». al Él. pp. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s.tta (entre los cuales bien parece. pp. lor absoluto (cf. 1. lizable en el mundo tal como es.. Eud. Vl. 34. 49. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. y en Ér.m (Magna Moralia. 23. 1 103a 8. 58.

'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). como. hay muchas de no hacerlo.ov X<XLQOV oxonti:v). l l09a 28) y para el deseo (lll. post. J 1 06b 21 -23). 1 .153 Criticando a aquellos que. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». 4. Anal. o-ó i!vexa xat <Í>c. Pues hay acciones y pasiones que son.)» . IV. la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA.155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. Ét. 1 19b 17).ac. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo.eLc. haríamos «voluntaria­ mente». 'tLVUS xat �Qe¡. 1 107a 16). p. y definiendo la vi1tud por el justo medio. 1 1 97a 38-b l . 158. ¡técrov -.:e xai. V. oú OEL xat O'tE)». la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad. Nic. en las cuales puede haber exceso. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. (Il. 1222a 3). Goldschmidt . Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. o más bien puede legislar en general. actos que nunca querríamos en absoluto 153.150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». pp. del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él.). Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí. ti¡ e.). 5. 151. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni.Üac. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo.). 9. por ejemplo. ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew. 34. 5. 49). EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. 1 197a 34-35. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. Magna Moralia. e 156. To 6' (he &1>i: xai.157 Igualmente. xui. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta.) demostración. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. defecto y justo medio.. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo. /bid... explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv.156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. n.. 1 106b 35). Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa. 1 104a 8-9. 205- 155.. y supra. m. 1 104b 24-26. Como nos lo dice un poeta. Nic. 2. y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. pero no lo será mañana. 157. UQETti e.. 1. exa)».. Pero las cosas útiles. dice Aristóteles. 11. familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones. 15. 1 1 . útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. xat . pero no lo hay para el adulterio (6.) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps.fj ov•a). pero no en otras (exeí.154 Un poco más adelante. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. el tiem­ po oportuno. 152. 152 la moral aristotélica. 1 3. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos .Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1. las figuras geométricas. OJtEQ ea-ti. Eud. pero no para el otro. óet:.cQoc. lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. objeto propio de la pru­ dencia. excesivas. esp. por de­ fUlÍción y en todo tiempo. Ét. Cf. 210. ll. 1 197b 8. útil para uno.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. Eq>' otc. en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. la ocasión favorable. OQLO"tOV. l l09b 3 1 . oüc. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. Física. 150. ll. por consiguiente. . •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. vws. 154. ll. que son siempre lo que son.wc. 97b 23. 2. que es el «número» del movimiento. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS. de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18.

_ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. pues no se da sólo en casos extremos. _ 9. l l LOa 14). Sobre la anligua medicina. lsokrates. cf. l l l Oa 4 ss.o. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. Leipzig. § 44. pp. Al introducir en la moral la noción de kair6s. cf. Alcidamas sacará Panegmco. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. 1. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. T 160. . Sobre el ka�rós en los rétores. Silhoué.i'¡. el kairós. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. Jnrroducc•ón al Fedro. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad.. pp. Es el juez 162 y antes absoluto.. El ejemplo. _75. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico. Dics. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . por eJemplo. cf. 327e (esperar el kairós que. pp. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. pp.. 1 1 . era natural que. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). Antisrhene. preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. 2. T. 272a). 164. al momento presente. y el comentario de J. cf. p. es decir. l l06b 3. L. Cicerón. por una �. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. § 2. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. :rcQá. 3. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. 1.159 De manera inesperada para nosotros. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. Polílica. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. 1 0. 215 ss.. 14. Awour de Piaron. Erhos. 326a. 18-27. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello.7 (a propósito de li. CLXtV-CLXVII. 223. 201 ss. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. 270b). De compositione verborum. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana.) del conterudo. 7. 16. extraño a la consideración de los fines. V.159. 203. La 1101ion platonic:ien­ Ér. Platón retoma esta idea.114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. W. dtatre. Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. 162. Contra los sofistas. J. Helsinki H. Bourgcy. 275d e pp. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. y 239 ss. por ejemplo. pp. 45. De la di ica la 195�. en el ardor de una polémica todavía 163. Festugicre. 154-156.. sino el bien rela­ tivo a la situación. E. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique. quibus esset moclerandum. V. pero en un nuevo sentido. Fedro. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio.ew. 1vma fortuna. il!(ra. alectique. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. XatQOÚ. r ��c. -xata tov xmQóv éo-nv (01. utcumquc res postularct». . Sobre los lugares en el hombre. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. 4. Kesters. sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. permitirá al filósofo tomar el poder). 32 ss. I.). Por otra parte. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. Fedro. 1 so fisli. To M tél. 1312b 25. no es nunca más que un mal menor. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. Carta VI/. 2). Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. Untersteioer. sino en su contexto. _. Cf. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . cf. 1 104a 9). 6 ss. M. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. Mikkola. Cf. ? .). pp. A. cf. De finibus. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. Rob1n. 5. La acción mala será entonces aquella que a: 159. en términos aris­ las circunstancia totélicos. 1314b 16. '! En realidad. arl loc. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s».) y por lsócrates. Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. 13. Süss. 1910. Souilhé. 1 6 1 . es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . JO ss. /bid. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs. como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. en el Fedro. bien que. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. Toda intervención médica.. 1 1 . 1-3. modernos. citado por Aristóteles. Platón. No hay (salvo excepciones. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). cap. l l .. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. y a�n Platón. pp. Platón. Littré. servar el resto») (Corneillc. 151. 19-20. que había sido ela­ «triunfante».160 El objeto de la voluntad o. L.

la ocasión (xmgóc. entre otras cosas. si no es un arte es porque es más que un arte. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia.goeAéo(. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt. xat avOQEÍat. Eud. Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX..TI &l]QUtÓc. 4. bastaría para asegurarnos que Ahora bien. 45. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. w. Tratado de los aires. (otmta) en el lugar. 'XCIL oosa<. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas.Lc. De comp. 16-17).116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv . Política.. «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema». en especial en f unción del lugar. sino en la acción. 16s y que.ó. en efecto. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. 167. 260e). Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. sobre todo.) en el tiempo. lo E'Ó:rtgayta. útiJ en la relación. ser una (f. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. 8. al insistir sobre la consideración del kairós. 7. Tópicos. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. 1217b 32 ss.. Ahora bien. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. 1 .. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables.taQ'tEi:V)». En realidad.169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer. sin duda siguiendo a Gorgias.. y. 166.is: no es por los conocimientos generales.A. por opo­ sición a un saber aprendido de memoria.Q etMvaL 3tEQLAa6etv . Pero. oó�). 1 7 J .Étgwv) en la cantidad. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf.Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. 8. Usener-Radermacher. Ét. T(i) �tEV yó.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro. pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX.wc.IÚ'túlv éit. una <<estocástica». emo'ttíl-ta<. que es realizar su propio fin. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. la virtud en La cualidad. . OUX.óym). 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común.171 Pero más aÓtoU<. . quiere desprender.a. por tanto. que de­ signa el género de vida. <'>Et n.Vll. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. Los argumentos (A. Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente.167 165. É t. frente a Platón. Antidosis. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. por consiguiente. 1. que el kairós no se da a la ciencia. M�CILt. 1. también. cf. &XA. sino que es. 12J7b 33.. 3t€QL OLCIÍ:n¡t. oLóv 't' em. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo. 16-17 y 13. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. yaQ án:ávr. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. escapan a la ciencia. si lo fuera. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos». U. 37) que del momeolo favorable Cf. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL). la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo.)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión. . La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida. no se expresaría más que en una categoría. una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia.. p.. !096a 24-27. Pero. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡. 17. nga.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. VII. ni mucho menos una técnica de aplicación. las aguas y los lugares. sino por la opinión. no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis. moxamtxi]¡.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. 1 5 . Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte. Dionisio nos dice. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. sino a la opinión (ouo' oA. como sus predecesores.w· en:l. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo. I.. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. 169... EOtLV ó XCllQÓ�... y Ar istóteles. para éste. en su diversidad infinita. Una acción fallida no es una acción. contra un cierto platonismo y. Ét. Eud. las cuales. bien po­ drían ser de Gorgias. 168. y la ÓcLVÓtf]c. parece.168 pues. verb. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. 1096a 27-28. a los cuales hace alusión el Fedro (260e).. 107a 5-12. Nic.li<. una E!-t3tELQta (Gorgias. Pero aquí Aristóteles choca. !bid.o1J xat 8v. una <he". E:rtLO'ttl fl. Pero está claro que. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. I. 1 70. una especie de adivinación. Se traa t de mostrar. 463b).áo'tq> twv 3tQUYf. yÉVúlVWL.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a).

incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. 13.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien. 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�).. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. 1248b 3. ex. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. cuando conviene y como conviene». si ninguna ciencia. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud.. a propósito de la virtud. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a).174 Ahora bien. Cf. Finalmente. insis­ te Aristóteles. Ér. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra. pero. Ét.. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. I. 981 a 5-7. Más at 1n. 172. 72 a. A. en general. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud. Nic.UpÓtEQOL ( l 248b 6). Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. 174. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. 183. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica. 182. Eud.179 e incluso de una manera general.'8(' ¿Se podrá hablar. M. 'Af. como se recordará. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida.. «por e jemplo. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. 175. en ambos casos. en este caso. 85-89. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida. 180.. sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación. J. l248a 3-4. etc. 176. es decir. (l248b 7). pp. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. 179. vrr. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia.oyOL O' cl(. 'XUL aA. o una sucesión de azares felices.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te. 14.oyOL).175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. sino también el tiempo oportuno. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]).LOLQCt del Men6n (99e). exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». categorías según las cuales se expresa. 173. l. 1247b 23-24. Men6n. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. de buena fortuna (ef. a partir de ahí. Ér. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec. Pero.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien.t�2 Pero.óyou) . Eud. pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. 181. en la Politica. l2l7b 37-41. 1 096a 32-34. como pensaba Sócrates». . el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. Aristóteles no va más lejos aquí. ni la justicia. 1247b 22. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia.172 Así pues. cf. Ou ouvax�¡. más vale enumerar las virtudes. no hay ciencia del Bien en general. la virtud del esclavo no es la del maestro. toma claramente partido. Polftica.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. 1260a 15-18. como hace Gorgias. Mera ftsica. I. 8. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. de un favor divino. 178. ni tampoco el valor. sino vir­ tudes: así. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-. las situacio­ nes éticas son siempre singulares. es decir.av 'tÚX. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. pero uno puede pre­ guntarse si. 1078b 28. que dar tales definiciones». de la ocasión y de la medida». pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. nos dice. 4. l247b 2 5. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. 177. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. Es la (:)ei:a f. 4.

se seculariza y se humaniza. tal como hemos visto.'90 pero. Heráclito. V. X. Dionisio de Halicarnaso. Kgeinwv .'89 Pero.m 188.el ttempo: 191 P�ro poco a poco. vestigio kat�os. en adelante sm uso para Dios. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186.. 184. siguiendo a Teofrasto. 5.. 1•erb. 28. lsócrates. el . 45..eúeo0m). este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas.ót.os sabios.» (Anal.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación.1mb1én para D1os. y que tiene su principio en Dios. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. V. a la mversa. fistas. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble. Lacre. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal. Pero no se ve huella de ella aquí.. podemos señalar algo a propósito del kairós. pero al. Cf. Si el kairós ha aca�ado po� significar. Rev. <I>QOVL!-!. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con . 48b 35). sino sólo el favor duradero de los dioses ..nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. sino que somos los juguetes del destino.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad.. pues la ocas16� ex1ste. Había escrito un fiEQL evtuxtac. asto. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. a falta de téc­ nica aprendida. �iels. Un. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro.m�r Motor de todas las cosas y. Se t1a1a a tran. � . 12. pacial. el futuro no depende del hombre. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. ( 1248a 32). suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. en ambos casos. Schuhl. también es confiado a sí mismo. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>. 1248a 19-29.. la fatalidad también. en �omer o. L� que hemos llamado. Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración. Antidosis. De comp.. 52. !91. en especial. De Jinibus.. 47). sombríos de la tragedia. (1962). la evbaqwvia a la etrtvxta. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. una vez el impulso es im­ preso o. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. la noción de kairós.oi:í voií xat �ovJ. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. 1248a 25.endo. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados).e �es reconoce en el mundo.. de esta concepción religiosa del . Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. Pero Aristóteles no se limitará a esto. 11. Carta a Meneceo (ap. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. pero lejana. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. t.rJ . si la Prov1denc1a puede fallar. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX. sug. En este sentido el «�ar» 9ue Ari. �ero. por lo que se ve. Este misticismo de la predestinación. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa. «De l'instant propice». fr. Epicuro.�mpo de la acción divina decisiva. Cf. 187. (Dióg.úiV xat oocpwv. guiada por la prudencia. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón. insuficientemente dirigido.' l. se comprende que haya podido stgmficar. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo. la ocasión favorable.e un comportanuento capnchoso. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. Cicerón. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar. el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P.a. al ¿no puede la deliberación. El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo.� ahf d� � 1 �2.st. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación. el kai­ . Cf. Por el contrar totélica de la phr6nesis. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. 36. . 1. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. tampoco lo esclaviza al destino. 18-21. Diógenes Laercio. caz Y p �� siendo el Pri. 85.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . Con/T'(I los so 185. alta. puesto que. béwv). pr. ) oewc. La wx. libera al hombre. 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA.192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. Cf.?� ya no es el tt. 189. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde.. recuerda los temas mác. parece dudar Y vacilar. Phil. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes. oux eat� XQÓVoc. tanto para bien como para mal del hombre.-M.

le temps. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o.. ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. Si él es la herida. de una rehabilitación antropológica. considerar la estru <. cf. de .v clQtcrto. 1::> .. . Gen. . NeuchateJ.t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo. anim. (Mt 25. más en particular.19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. 196. �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . Unters­ ición muy dis­ teiner. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro. 3. Lcipzig. a apa1 la vez azarosa y eficaz.J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. la de la edad madur. ó' Ent n:lim. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia. . nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento.. Schwartz. a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . M.. Mesina.ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. Pith. 7 1 ). Christ et rós griego. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . 26. 122-127. la contingencia �o� . de deliberar bien (xaA. mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». les impide coincidir consigo mismos. la herida tnorutl se llama XCllQlO. Ét. Cullrnann. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. No . 7.. Nic. Sobre el kairós bíblico. 433. · . pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r.. E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía...et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien.122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. la de la vejez. Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' .áooeoOal. was der Augenblick gebeut»). 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. VJ. pp. "tO naQxei�evov erliilllerl. 5 . pos ¡) t i e. 193.. Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. t947. 10. E. texto� citados en Le probleme de 1'etre. re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . en Aristóteles. ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. . Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. �oao9. p.r¡y� (1/í tóteles. 9: "tO ó' ev XUlQG. Ahora bien . La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . 1. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . índaro. (las acciones pasadas) Paneg. kairós. importa. 45). n. Cf. 78: cpu/. Citado por Aris­ p. como �n otras partes. q>Qovti:v .. cf. es objeto. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. 111. 1 140a 3 1 . y entre Física. O. pues es. V. 84. das erfas sL..' Esta última prec isión es impo rtante. el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana.w� f3ouA. Porque es «estático». la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. Ex.aL). y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». IV. él es también el remedio. l . el cual será al m ismo tiempo el úllimo. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv. netV"tó. 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. XatQO. 12. � �or ello Anstóteles. VU1. cf. c�mo ya hemos visto. el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. Trabajos. sea su pnncJpto. 52-53.. 1 J42b 31. sino hum ana. 1 2 1 .· • . antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral. de los griegos. si es imprevisible. Pindar iibersetz. 194. Vl. 1921. vengativo. p. intemporales.'>Cn».•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. Es esta a ·/ del hombre. como se dice expresamente en Marcos 13. sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. § l. . 5. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1. Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. en virtud misma de su estructura contingente. los hombres. 1098b 24. 1951 ). P tt V. si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. Neméadas. está echen. .r). Jankélévitch. es decir. 694: �<QCl ó líe xatQ� . (Dornseiff. la de la Cf. : Ét.l93 es decir. Nic. 195. a tiempo. Y. comenta: «die precisa: «das moralische Denken. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. hace salir a los seres de ellos mismos. La importancia de captar el hm. ctura de la acción en ge�eral. 785a 14-16). es decir. pp.o agut.t. 221a 32-b 3. rx.'96 ada. Hesíodo. pero lampoco el hecho del solo favor divino. El lazo idea moral) por lsócrates.

Cf. IT.10 Así pues. tt. ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación. Ér. Nic. Ul. 11 1 . t'ÚXTJ Y voüc. ' xuoEQVIlt yLq. 5. ÉI. a la inversa. 14.QX. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. Cf. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata. los :n:ga. 5. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». 1 1 1 2b 8-9. los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro). /bid.5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV).•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. precisa Aristóteles. 1362a J 8. 1 142a 3 1 . 10. tO rtQ<irrov al:nov. 6. Resumimos 1 J 12a 21-29. VI.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ .Ero� av V. 10. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill.2 Sobre este punto. 8.-ti to noA. (c mo dirá Aristóteles en el libro VI.. y nosotros no deliberamos sobre tos . . lll.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. cf. 5.. 1 1 12a 31. tO Ot' av8eóm:ou). 1 � 12b 18-20: . esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. 1 J l2b 3-6. uváy'XrJ. 36. o del fin supuestamente conse­ guido. o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro).ú). 4.9rom. nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo. tal como 6.v hd.EL otov ev CTtQOtll­ . SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ). engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av . y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. 5. y se pregunta cuáles son sus condiciones. 5. el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas. 1 1 12b 22-25.. 3. 11.J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. 1 1 12b 14. si está menos estudiada. un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas.. Ciertamente. 10. 7. xat LXll (VTT. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. Eud. Yl. Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc. � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. Eud. subr�yando la afinida � � de la análisis.ot� M :n:wc. simplemente de la acción). deliberamos tanto más cuanto más ignoramos. cf. es decir. la cual. asuntos de tos indios: Ét. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. Y lo que . es quizá porque es menos estudiable. Nic. La c1enc1a trata de lo necesario. 10. del mundo o las verdades matemáticas). No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). €. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos. 5. 1 1 12a 32-33. J l. L226a 29. 9. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. En realidad.). 1247a 5-7). 1226a 28. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A. .·x-tá. To eoxatov f.7 Pero. cf. Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia... l. pues sabemos por la ductible de azar.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�... secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos. l l40a 3 1 . .v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). Reiórica.6 Este análisis. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas.8 Sin embargo.

18. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. no hay mas que un med1o de realizarlo. 1 1 12b 4. Meta/fsica. Pero esto no es posible. que pueden ocac. post. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. 12.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. 1027a 22-27. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis.. id. 17. de la causa un efecto no simultáneo. 271-272. Hultsch). Nic. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. TI. Ahora bien. dado _ el fin. Así. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. 1s Lo matan. Cf. El análisis matemático supone. Greek Marhemazics. por accidente. Ét. 14 en segundo lugar. En segundo lugar. y por dos razones. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. 360). enteramente transparente a su ctencm. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. la cual. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. l l l2b J. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. o qul· 111"11\'n¡. para ser apli­ cable. t.1usa y. Matlll tlltll/1'. . w (ávéutaA.16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. . puesto que se trata de � i 15. Pues en el análi de reboll". 95a 24-b l. y _ « el accrdente no hay ciencia». sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. pw l ll. 1 o SS. • . que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. Greek Mathematics. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. constituye una solución a contrario lol> con· . 400-401 Aristotle. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan.. Cf. Heath. no de la ausencia de vías 19. 12. �edio no es sólo medio para un fin. (contrariamente a la edición Mazon. una especie de homogeneidad operatoria. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. la c. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos. pp.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. á:rtogoc.18 Aquí. p. J 6. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. y aquel en el que el hay más que � na solución. Prefacio. Ul. 2. T 14. p.� in cos. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes.. De 111). hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis. pp. lbid. y se trata de encontrarla. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática. está bien precisada por el coro de Amígona (v. 5. T. la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. 168. la causalidad instrumental del medio no es gar. en stc as?. 634.ce antecedente de ésta. es cierto. En primer lugar. E. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. Cf. la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>.""t z O'UbEV EQXetCIL). no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. rl a. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. pues.·ntcs inverso. Euclides. por lu p1l. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. tiene también su propia causa­ .. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . Pero. considerada como dada. med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo . u. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente. Anal. _ . ll. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. 13. Allí donde la so­ lución es untca. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. li ad efic1ente. <'11 el tiempo. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). Heath. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud.:úotv)>>. smo de su plunú1dad. 401.. vn. U. 1. imprevisibles. en efecto.llliO análi método tal a s llamamo y s. aJ menos. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio.• l026b 4.

Pero tam­ bién nos recuerda. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA.. y primero tres categor fas de auditorios. Ciertamente. VIl. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común.24 La palabra �o'Ú­ A. que designa en Homero el Consejo de Ancianos. Gerhardt. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda.A. XX. el pueblo escoge o al menos ratifica. fbid. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA. óux �tlvoc. 1.-. 79.eum�. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. Cf. si no en la Asamblea del pue­ blo.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17).21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y.. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�). remite a la institución de la �ouA.22 Finalmen­ te. no «científico». entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A. obtener según la «ley de determinación máxima». lll. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo. la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva. Evocando la práctica homérica. es decir.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. en la democracia ateniense. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia. De rerum origirzalione radicali.euov. Schrecker).e'Úetm). La teoría del discurso deliberativo implica.ov). y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor». sino al futuro (t<úv ¡A. 5-30. r. 1094b 25-27. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). 3. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos.. y no es en absoluto evidente. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA.�. óouA. objetos del género epidíctico. 1358b 13-20.20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan..ei.ÓouA. por lo tanto.A.a. Et. 24.futuro suscita el género deliberativo. El hombre se ve reducido a conjeturas. 5. 23. es porque está 26. determinar por aproximación un optimum. ¡)qota �al xáA. sino de opinión. la eficacia de la deliberación humana.e'ÚEL'V tal como se practicaba. i11jra.23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. Retórica. del OU!-L20. sino juez (XQLt��). vv. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega.------ .óvt<.�.evew Su¡. «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. Cf. los qJQÓ'VL¡A. Esta interiorización comienza en Homero. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. Cf. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que. l . la preocupa­ ción cauta por el . no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción. es decir. y su juicio se refiere. 1.e"U"tLXÓ�). finalmente. pues.26 Si existen tres géneros oratorios. no de ciencia. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV). 1 3 1 . Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO. Distingue allí tres géneros del discurso. 1 1 J3a 7. 2 1 . Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir.(¡>. en efecto.OL. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea.r¡aí. 27. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten. 3. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones. Nic. 22.. 1358a 36-b 8. 25.LQWL�) sin deliberación previa. Si deliberamos sobre el futuro. -. 303. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial. p. según el auditorio al que se dirige.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

xat

xai.

¡�)�

.

:

a

49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

u

cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). 9. Jo que es meritorio. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA. sin mucha convicción. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. loable (btawe'tÓ�). 70. incluso si l a pru­ dencia. 1 144a 36). Eurípides. 3. en segundo lugar.. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. Aubenque. 68. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. Jenofoote. p.. 2. LXXVITI (1965).. Ética. Ilae. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable. 1 139b 16. 1 106b 36). Eud.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. 6. sino de lo que es útil para el fm. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien». Cf. caracterizada por el justo medio (Ét.noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. 746.68 Pero. Por un lado. p. Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. en tanto que unida a la virtud moral. Xl. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. 13.�. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. Tia.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf. 10. 3. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA. 69.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c.v.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. en este sentido. es decir. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). una disposición que con­ Cf. Agé­ silas. IT. 6. lsócr. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral.l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc.. Il.. 5. cuando define la virtud mor al.G. aQení.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c. 2. rt39a 23.69 La ambigüedad del término EvoouA. no del fin. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI.. Fenicias. 13. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. por otro lado. en un contexto totalmente distinto. supra. del buen estratega. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. por e jemplo. i} 'KO. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás. Vl. Ét. P . 1227b 5-11.lll � <¡JQÓvr¡mc.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una .. Eud. es decir.l para la realización de un fin. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. en particular de la pruden­ cia (cf. Cf. VI. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo. R. oú i) <pQÓVl'JOtc. 47a. 1220b 34-35).lles. T ó picos.E. mucha tinta. 40-51 . en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. 46. Suma Teológi­ ca. Nic. ál-. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. Nic. pp. 721. TI. no puede ser extraña a la cualidad del fin).la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . Cf.ta. Evágoras. Vl. 67. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»). 72. y la prudencia la de los medios.65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. En otros términos. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación.. 3.'tet to 01!f. TI. Esta f r ase ha hecho correr 65. Así.�. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. de una sición a lo que es moralmente neutro. n. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». q. e importa por ello saber a qué cierne a la intención.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno. 144. 1 106b 36. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. 66. 1 140b 4). I JO. Ét. 141a 6). 121 b 31 ss.. 71. . Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo. que no son vírtudes. Esta definición es recordada en el libro VI. 1 142b 32-33). el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral. como la ciencia6ó o la habili­ dad.

mérito en poseer.os. a're � . 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. Ren•e Phil. U. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido.. Este sentido del término (xuxó�). .QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. por el otro. y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. que es su condición). y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota). tención de provecho. 200. pero este pas. porque no concierne a nuestra proaíresis. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles. ilosofía. que conoce y quiere el bien. Nic. «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. Cf. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto». 74.. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima.o téA. 77. Si.. que compromete nuestra que nos es imputable. 1 1 5 1 a 7.vo¡. cf. l228a 10-12. n. para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido. Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. naga cia (axgaaí. Asf. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. por un lado. nuestra responsabilidad. pero no lo puede hacer por la pasión. 76.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. 1 004b 24-25. n. l214b 7-J l . � . el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. Sobre 1tQOULQ€CJLs. el que constituye nuestro valor o nuestro demérito. que se ha de colocar entre las éxo'Úota.co.80 que es consecutiva a una delibera75. 2. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. importa subrayar. el comentario de Robin en su Aristore. de la virtud natural. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco.gwtv. a pesar de Ross. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica. .ev noi:ós "tLS. p. . 79. Ét.1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. fr. p. dice Ar . a Nic6ma. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. que expresa nuestra intención o. 2. 80. (crxonós) a su vida. por el cont�ario. que se hará clásica con el estoicismo.gí.¡. 78. 280. de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2.. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción. cuando en realidad la persona no los 73. m. que lo juzgamos no por lo que hace. finalmente. entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . (Ét. pues. es contraria a la intención. l228a 2-4. única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. 2.. in­ mejor dicho.16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. !bid. l'fOtle. y sobre la acrasia el estudio de R. Cf. esta dualidad de contextos. p. pp. l l45a 4). Y[). 80 (1955). tr. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica. 265. neomgeaw.71 El sentido del. que es hoy el del libro m. es decir -precisa Aristóteles-. nosotros sólo modificamos el orden. el compromiso íntimo de nuestro ser. m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros. podría ser un añadido poster ior. 'H &t :n:goatgeoLs. «L'acrasie selon Aristote». de sentidos.QEOLS. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s). l. 't(Í)V :n:eos. . l228a 12-15. 3). nuestra disposición interior. sin embargo complementarios. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. l228a 8. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. Nic. donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. que rompe el encadenamiento de las 1deas. Ét. 261-80. al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad. puesto que la JtQOaÍ. En el li­ 1� JtQOaÍ. Eud. Cf. Es el caso de la Ética a Eudemo. de pro­ blemáticas y.tje. consideramos.73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x..a). 1 1 1 1 b 27). Robütson. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)».15 La proaíresis es. r. en el sentido de intención. 8. 3. e l vicio) e s una o1Jbc�)». 1 1 . también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora.

90. Cf. 200 (trad. 87. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R. 1 3 1 . i] oge1.. 5. (cf. Aristote.. oo se escoge ser feliz. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. l l llb 27-28. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. sino como medio para alcanzar un fin.84 Ahora bien. 5. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud.. más precisamente. «ya encontrado en el la definición de la vi. Ross.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios». 5. tO té"Aos. Magna Moralia un. Nic. 2.. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. 1227a 9-10. 92.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. es necesario reconocer. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<.gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). Ya no es el lugar de la imputabilidad. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik.cu·nxi¡ ÓQE!. más aún.81 Ciertamente. 4) transiciones.. 'A/. Esta «evolución>> !.1 54. l227b 29-30. sino que elige solamente 89.Ls. Ét. sino. Importa. p. Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. OLavor¡ttx'lj. . 4. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral. de la que se dice . 10. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención. se podría decir.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. 83. 1 Ll3a 2-5. &. sino a la M!. sino los inedios. sin embargo. eo efecto. Me­ diante la proaíresis lo posible. 1O. 1949\ p. inclu­ 8 1 .ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos. Nic. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable.aco 88.<i)v eq>' � �-t'lv. p. puesto que no es la posición del fin. lli. de subrayar este equívoco del término proaíresis. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm. sino el pasear o sentarse con miras a la salud. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. 1226a 9. sino el mo­ mento de la habilidad. sino por la eficacia de los medios. de conservar el primero de estos dos sent idos. Ét. Cf. 1 1 I3a 1 1 . a la cualidad de este fin. y deseado. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. 198). y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin.. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación.. lll.rtud>> (p. Así Ross.91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. 82. «técnico» en la estructura de la acción en general. Cf. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias.J I . ltQOc. empero quizá con la preocupación. Eud. 5. II. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin.L�). 85. 1226b 17. sino de la voluntad deseante./.a. tJJto8Écrew�. . 1 1 13a 10-12. sino un momento. 86..L¡..d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. se vuelve posible cia deliberante.92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción. TU. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros». 1 1 . en general. 1 1 1 1 b 2 1 . 91. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. Walzer. deseado no por sí mismo. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin. JO. pero también para ponerle f m. 2. la cual interviene para es responsable. Eud. la proaíresis conserva un aspecto volitivo.na tó.86 la nota de Rackham en Ét. in fra). voiis. l l 13a l0-11. 84. 265.a. 1 y de III. Los intérpretes modernos no han dejado. pp.85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. en este sentido. o incluso Aristóteles mismo. 4. 4. 5. pues aquí Robin. por Jo demás poco convincentes.' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J.éVOV (Ill. Ét. puesto que el fin está dado o más bien querido. La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/. Aristotle. y la M!. sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad».. II. sin la cual perdería toda razón de ser.!el concepto de ltQO<xtQems. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI. 280). 1 1 12a 15). fr. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro.r¡oLs.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. meditado o supuesto.

1227b 38. 103. que la virtud es responsable de la rect1tud del fin.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. 104. 1 )1/11 l4). 97.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. 94. que parece estar casi olvidado. el vicio y la virtud son cosas voluntarias. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa.�3 sino los medios escogidos. IJ.95 de la gimnasia. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin. l l l lb 6). 1 1 . 1 1 . Por Jo demás..97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no.. Ét. 95. 1227b 35-36).. 1227b 24-25.).. 138. 26. los medios. tenida por la responsable de la rectitud99 e . 105. 1226b 19-20. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. p. 1 176a 3 1 -32. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean.vetat. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. en definitiva. para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. lo cual deJana suponer que la elección. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad. por eJ contrar io. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ. 1228a 2. cr. Cf. Ésalcpvr¡. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante. sea la adapación t de los medios al fin (el . Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e . Nic.i. Cf.. 1227b 27. Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico.oyWf!Ó<. Nic.1 S). El contexto parece señalar. Cf. . bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección. es decir. que son más o menos morales. Cf. .101 al fin. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA. 10.")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad.. l227a 13. Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. 100. . 6.. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos.•l put·de muy bien no ser recto). X. TCl n'/-. . 1228a 3-4.:u. 98. 96.Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. 39-40: escogernos evE�ti uvo. desde ese mo­ mento.102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. 74. Eud. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�).Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt. ll. este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. Eud. VI.QEOu. probablemente tradicional. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . ID' o'li ta 7tQO<. Ét. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35). Aristóteles recuerda in 93. ói¡ Éxoúowv � <pa. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua. sino por los motivos de su propósito.. En el análisis que sigue a la deliberación. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m. 1 O l . 1 1 . . que forma un todo (capítulos 4-6). 2. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. ov�A. sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. Dicho esto. y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios.96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. n. La elección de los me102. In fuerte expresión de Et. 1228a 7).10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que. perfectamente ininteligible. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente.. 99. ll. en efecto.�)S (n. 1227a 19-20b.

El segundo sentido. V. 357b. Rept íb/ica. 27. Nic. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. 187198). y en el análisis psicológico de Vll. R. 139-154). «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona).a por dar un poco antes (pp. Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. L. 212-213). ria no sólo al sentido común. cit. 1 1 14a 18. 1 1 3 . 1 1 13b 7. Kuhn (art. Arista­ te. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud. 106 la virtud es voluntaria o. 100) y de Gauthier (pp. 1943.O téA. al insistir sobre la eficacia. p. Es asombroso el contrasemido de Joachim (p.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. otras lo posible. 4.. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que.. pp. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7. l l . 16a 175. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. II. Él. At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5).. ahora bien. Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. 1). Festschrift H. De una manera más sut il. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». 36. Volwuary action and Choice. complacientemente subra- bwúowv. 27b. 33a 172. T. 108. pp. 172. 1 1 13b6. Tcl JtQó. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. 1 1 12a 3 1 . Kullmann. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>.O 1 12. Robin. lo contingente moral).. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. M. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�.108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término. 169. p.éA� (b 4). también H.ll V e n e( segundO ortiori contingente. pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). involuntario). sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa. H. los af uso hechos del azar). Platón. que el .. el cual sugiere. Cf. tesis doctoral. Nic6maco. Pero no saca la cons ecuencia de ello. 1 1 O.· 15. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. Basilea. unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). 4. puesto que se esfuet7. Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. Sin embargo. 25. que niegan la contin­ de las representaciones. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. Arist. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. l . El primer sentido prevalecerá en los estoicos. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. pp. 9. Nic.. es voluntaria. LU. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. 265. 508c.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio.n:go hégwv atQc"tÓV). Aqui. Cf. hier wenig brauchbar ist>>. esto es. precede entendido en el sentido temporal. Kullmann. Ehat T. Ross. l l l lb 30-32. 123. 106. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. es banal (cf. «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. «lo que depende de nosotrOS». t<p' T]�ttv. Gadamer. 1 12 Se podrá advertir que. 32). l228a 1. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente). Tucídides. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. entendida como elección de los medios. lll. tfpicameote aristotélico. I-3. C. De hecho. 7. aunque sea arbitrariamente. l225a 19. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. m. VI. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. que interpretan así lll. pues el sujeto de la conclusión es 107. pues. 5. 13. A estos textos hay que añadir Ét.tiv (Supp/. 1444a 20-22. ponsabilidad. t. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios.1 1 . Eud. 136) muestra c¡ue la proaíresis. p.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. 29: 8. tmóvbE tL0t\tE6a) 109. 187-201 . como dice aquí Aristóteles. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. 10. Kuhn. aunque se defiende (p. el plural a la situación del hombre en general en el mundo.. p. . la conclusión de E. 8) y máS bien tcp' TJf. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. dice.11n En la Ética a así pues. op.IIJ Este retorno. cit.q> nQii!. 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle.o. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. 1 140a 32-33). No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. la AristóteLes. 1 . Tal como hacen E. República. 1 1 14b 29).m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5..l 'Wc�cn sei. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen. según dice.

o-úbEic:. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. ávalnos (617e).. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. 14. Fedro. donde neo. no la idea de deliberación pre­ .ovw nQOULQEia9cu. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. no dice Otra cosa). X. del sentido de elección-intención.. Ét. ex. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. r. justificando al mismo. 4. 111.. Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc.. sin embargo. y aunque la prueba sea más difícil de aportar.117 Entre otros significados del mito. Contra 1imarco. en Aristóteles (Meta fí sica. sino que es la elección de la vida misma. «incrimina al azar (tÚJ(TJ). 1280b 38: i¡ yó. El substantivo rq:1o�lQE<JL<. 1 4 1 : 48. Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat. al uso popular más allá de una terminología erudita que.Aio6at). óv tae» (De offi ciis. qllA. y que será más tarde la del estoicismo.. 23.ov). Cf. cit. ef. Beruf.) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. En fin. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. JtQOCli.ov €.. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. o simula volver. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. sois 1 19. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. 2. 1004b 24-25). no es empleado �ás que una vez por Platón. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. 65 (�LOi: . en Aristóteles. Definiciones. significan originariamente una elección relativa. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor. Cr. vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio». Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía. 493 (�í. Ar istóteles.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. autoriza­ ría su perfectibilidad. 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. pues.Qeo�c:. ll. y como ya hemos visto.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. en su Paideia. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. calli11g). Si bien e¡. 56. JO. Antidosis.. 1 14. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. La significación de este mito te­ nía. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. sería la de la antigua Academia. J l8. Menandro. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. 1 20). JtQ06e6ou4u�tÉVov. aun cuando no nos acordemos y. Jaeger. JtQOULQEttm �í. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo». 9. Dicho de otro modo. y es en este sentido (Par­ mémdes. nQoalQtOLc. el hecho de aceptar un mal me- 8. .<. por ejemplo. pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. Ps. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. no consti­ 336b. J227a 13). no se presta a ningún equívoco. 413a. .115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta.trr¡ ) una vida que. tiempo la gran tarea filo- sis.:t'¡ Oouc:. Gor­ 115.. en efecto. 116. no está claro lo que deliberación. Monostichoi. como ocurre con otros conceptos aristotélicos. que invoca sin razón a Joachim loe. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. pero esta no es la cuestión aquí).ou TOÜ amoü (cf. RepiÍblica. sugerida por Platón. 143c). es decir. donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. Cf. un doble filo. vra. "tO'Ü �tou . habiendo bebido el agua del Leteo. también Platón.t.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. 245b). el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. I 26b 6-8). toü n:f.Qeto9m (Aristóteles. Aquí todavía. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. .QEOlS �í. Política. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. una preferencia 114 y. que era el de la Academia. que citamos más adelante. Esquinio. 1298b 27). tO� xw()úvou tov ¡tÉU. C!LQWL<. Cf. 617d-62Jb. E>eoc:. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. sin poder confundirse. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr. en particular.-Platón. IV. pero que nos parecen suficientes. por lo tanto. 1 1 . W. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran.t iene un sentido temporal. Política. Antidosis. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7. 3 1 ss. La expresión se encuentra en Demóstenes. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. profe­ sión: cf.ta). 10. 70. la elección ya no es interior a la vida. 33. l. Eud. . cómo las almas. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. rsócrates. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. 120.

ouvalttOL. 10.tÓVOlb e!. 5 ss. m que parece volver imposible toda conversión. 5. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. Coloquios. 1 1 14b 12. 7. Cf. Cf. ducción de Souilhé. 3. 3.123 no sería una astucia de Dios. 129. 5. 2. TCQOCtlQEL06CtL. 499e-500a). de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. T. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. J I 121. Ét. 617c.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin. pp.la. Es cierto que se da. En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre».127 En Epicteto. más aún que de naturaleza. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. Walzer. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. N. En este sentido. para expresarla. rv. la definic ión del ltQOTJYI. m. del destino o del azar). A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. 1. tO. Según la traducción de J. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. 103-104. eA.EOtl . suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. Lo cierto es.éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. 1 1 14a 32-b 5. 127.v.LQEOLS acabará por designar la «persona moral». tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). que enderezar uno malo. f. 129 Ar istó­ teles prefería. donde todo es transpa­ rente. 8. Magna Moralia. Ul. L. Nic. 1099b 18. sugerida por el mito platónico. Eud. en es­ pecial Ét.xA. Pero esta irreversibili­ dad. La idea. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre.eyó�teOa (SVF. U. 130. de nuestras buenas y malas disposiciones.124 hacer en cada instante. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. r 123. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). . Cf. «la falta es de quien elige». Nic. contrariamente a la prescripción platónica. 23. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que. Gritón (52c). pp. Ét. 192). Cf. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson». 617d. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad». 9. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. l . Paideia. l. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. eucp'lita. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. rv. que nO SOn ni buenOS ni malos. X. el término rtQOO. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). una cierta libertad inicial que. p. dejar esta parte al azar. mientras que en Platón el verbo ExA. 125. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad. 122. 126. a la decisión razonable. 124. 5. JU. 1.121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección.tÉVO'U.f. 7. 1179b 7-16. en él como en Platón. . II.ye­ aem. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva. Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. 1215a 8-15. en todo caso. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. Il. �V ayaea.. no podía más que ser contraria a l a idea io. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. finalmente. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). Souilhé.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto. y la Intro­ .o¡. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico.. al menos de derecho. sin darnos la obras y en el tiempo. 18-20. del cual estamos separados por el Olvido. R. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado..126 la idea de Ab. la cual supone una alternativa y una deliberación previas. la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. empírica. n. 128. SVF. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. Pero. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas. por ejemplo. de la que Dios se encuentra así exonerado. Zcnón. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza.

Diels). 1 . y ahora que se han vuelto así. . J l . no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. 1 . La virtud es lo que de más estable hay en el hombre. Nic.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. Oé. 1 1 14b 3 1 . �OÚATJO't.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. Eud. la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. Cf. . XXIV). Así. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. 1 103a 17. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet. 139. agna dad. De vita beata. Cf. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22. pp. algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así.. cf.1 1 15a 3. fl.. en mejor. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�.139. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf.llOtS o una cierta forma de opinión. no lo bien. 10. no superlativa. el dicho de Heráclito. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de .137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta. ó. TI. Walzer.. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss. 6. como ya hemos visto.. la única luntad. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales.Ita.de R. 216. 11. uva Oó�av ( 1 1 1 1 b. p.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones.. 1. 2.. 10. en lo cual hay que ver de nuevo. y el cpaüA. no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. il. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). En la Él. 7.. 10-12). n. y eso es lo que hace que lo voluntariamente. 2. SVF. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma. La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema. Ét. . el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral.). O'ÓX Ú7tAW\.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes. una �oúA.l38 �É/. La dicotomía del cr:n:ouoato. Así.IO>V (fr. 135. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor.1 1 04b 13. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción. Magna Moralia. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora. . 1. 140. ém:A. Nic. Leyes. 131. Esta expresión que se desprende del texto. 134. ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?). 653ac).. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. m 4. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo. J. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. :n:go ktégou (Ét.os es una de las constantes del pensamiento griego y. drama cósmico de Platón que. es decir. uvOgwJTC. sean hace 137. «el carácter es para cada hombre su destino». 133. cf.f. Se transformará en dogma en los estoicos (cf.. Ni c.. Él:Égou :JtQO htgou..o hac1a el mal. Cf. X. � . fl.c. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill. 123). más que otro nombre relativo y no absoluto. 132. Eud. sino lo mejor posible. sino de una preferencia.lta. 1. 'H8o. l l l3a 15). no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. En la t. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. 1 1 85b 38.w�.:nu'tov. 1.¡> oatJ.léV � : . donde Aristóteles defiende la te�. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I.. un 6u11os. la contingencia. �oÚAll m�. 136 más aún.' ETEQO\J 138. . Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ.. 1 172a 19-26. 1 179b 24-26.f. comparativa. 227). óge�L.). Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. cf. Nic. l220a 39. btt9u).tóc.. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). Eud. 6. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. en 1226a 15-17. l lOOb 1 2 SS.. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos. Ét. .. Su¡. 111.. ya Platón. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él. Se da cuenta una vez más de que el s. LO. 1226b 7-8). si se toma al pie de la letra. § 2). o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. Oó�a. 1 104a 33. El único problema.). nota siguiente). Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. la proaíresis. 119. donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv. cap. inf ra. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. ni total­ u Janus bifrons. 131.. r. 136. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. se encuentra humanizado en Aristóteles. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia.

. por el contrario. 744b 16). La voluntad no es más que voluntad. I. 142. puesto que la elec­ ción.143 La elección. 10. «La causalité chez pp. ames (JA<lAI. Ét.. 619a) consiste en escoger la vida justa. 4. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor. 1 1 1 1 b 23-26. 742e). 6. Eud. sin embargo. del azar.••• La �oúA. Eud. 39. 10. y los medios..éA.Ó¡AEvov. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización. 1 1 ). el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. 143. y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo . la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. 1226a 7-17. 4. A veces parece que esta mejor elección (x. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites.EL JtetVlaxoü atQetaflat. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen. animal. no se puede querer el fin sin querer más o los medios.. La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. Él. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. y puede ser quimérica. 4.. m. Eud. Queda que la voluntad es posición del fin. Así. en particular.. la voluntad es fácil. si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. quedando claro que siempre se quiere el bien. 10. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles. horizonte de la voluntad.. Pero este menos es en realidad un más. 1225b 33-35. Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o.uif. 10.A.. humanamente no de la inteligibilidad. No pensamos nosotros (Ét. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. IT. que es también la vida más feliz (cf. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX. es decir. anim. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s).oyLl.�te superlativo.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados. ouA. Esta distinción del fin y los medios no era nueva. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc. bía desarrollado más de una vez. Nic. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles. por �él. l l l lb 20. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad.) (687a trata aquí de la naturaleza. no puede desinteresarse de la realización del fin. 11. n. voluntad del fin realizabl. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible.(lJV <'lt1Vatwv &. Pero lo que es nuevo es el acento. sobre todo (¡. 1226a 14. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible. pero A ristote». 38. 145. frente a la vida del placer. pues el resultado no depende de 144.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales. 687a 16: e jemplo.145 Se comprende así que la elección. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ. 142 deseo T¡�í:v). Recherches de Philosophie. Platón.os). por una especie de vicisitud. 618c. 1225b 34.Ulva).. 6 1 8c.. y del individuo que yo soy. oblicuamente Ét. En las Leyes. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. 16) al fin. lll. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. 1225b 36-38). 141. de manera que un cálculo (aval. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios.OJAÉVWV n.. es decir. En seguida y sobre todo.Qatlan] <XlQWL�.. l l l l b 26-27. no puede ejercerse sobre lo imposible.ov. 2. Aristóteles .ttw EX T. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros. como traduce. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. Eud.. el P.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO.Lota. la preocupación por los medios queda en el la elección. 10. de­ masiado fácil.. posición de . II. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria. tt. y p. ll.. En el mito de Er. lil. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia.o óuvcnóv. Hay me­ nos. como el del fin en el hor izonte de la elección.natov. tov �EA. Nic.) (V. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. 1).152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general.oy• OctfiEVOv. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así. ll. mientras que la elección.. cf. Por el contrario. Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles».oc. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general. Oubarle. rv. n. incluso si Ét. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). como lo hace GaUlhier (p.. al mediatizar la voluntad. porque todavía no está mediatizada. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. 195). Ét. no del bombre.

pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo. anim. tomarse molestias. el medio por el fin.at €maní ¡.�/. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). adaptación que no está dada inmediatamente. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud). y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos. cuando en realidad quiere el bten. Lachieze-Rey. 147. !bid.) no parecía despertar ninguna dificultad. pero se ha puesto un fin malo. pero todo el mundo desea estar sano. pues. finalmente. que es la Idea del Bien. . aniesgan su vida.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin. Vfl. cuando actúa injustamente es decrr.ot.A.etc. sostiene frente a AnaxágoraS. 'tetü"tet a¡.Q taü-ca xat (n:Qoc. mismo. XII. Gorgias. los medios a la vez. 149. 133lb 26-38. n:Qál. por el contrario.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(. IV. se hac� dano � . como pasa en medicina . el deseo sería vacío y vano. sobre todo en sus tratados éti­ cos. dominar estos dos ámbitos. Part. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. Les idées morales. Kevi]v 'X. cf. en última instancia. volviendo bueno lo desagradable. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. 1.1>� elección de los medios.os). El mal no consiste en apuntar a un fin mal.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación. contra las explicaciones mecanicistas. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin. 54a ss. Pero Aristóteles va aún más lejos. xat -cae. . de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines..o n:óc.146 Nadie qtúere tomar medicinas. 152.ai ¡tawtav ( 1094a 21). su bten) y que. daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. -eo 'téA. 14R sm esta ordenación al fin.cpó-ceQet X. -eo -céA. téxvmc.tcpwvei:v). 153.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón).A.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil. 151. . erigidos en momento separado. a la vez ontológica y axio­ lógica. 468bc. 687a 12-14. que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. igual importancia a la voluntad del fin y la 146. 10. . así. etc. sociales et politiques de Platon. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio.150 lo OLetcpwvei:v &. de acuerdo (evMxHm yó. 687a 8-18. en efecto. 290bc. y lo que queremos no es lo que hacemos. nadie quiere navegar.152 Dicho esto. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o.oc.mc. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta. J094a6b 7. ciertamente.. del f i n supremo. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. x. Y que la admi­ . 467cd. P. Eutidemo. ..¡. l. pero muchos quieren enriquecerse. 148. etc. el fin y los Se concede. es decir. 962bc. Política. arnesgar su vida. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. es posible. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. 150. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. -co 'téA.149 En los tratados de biología recuerda. Leyes. . Aristóteles se preocupa. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así.tmc. Platón recor­ ? a la inversa. es dectr. 154.Qettei:a8m. pues puede suceder que el fin sea bueno. Filebo. Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien). que es más fácil explíca� el órgano por la función.)» . otras veces se da con los medios apropiados. xat <JU¡. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. Y por eso navegan. 13. Cf. es decir.

cf.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162)..A. a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. 10. Nic ITI. loso. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios. 156. Ét.. sino que exige que se haya nacido. corregido por el palabra es asunto de deseo. Nic. 1227a 18·32. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U.. 5. Si la habilidad no es por sí misma una 155. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS).. 10. 1227b 20. Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y. moralmente indiferente. mayor que la dé la concepción. !0. qn)oe� ¡. es contra naturam. notfjoat �ta>. 6. 1 1 13a 24). en cuanto tal. también (xat llQyov tcrtt 157.. es ciertamente condición suya. como pensaba Pla­ tón.ov A.159 y en eUo no hay mérito alguno. cometer una falta moral. Eud U. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8). lll. es decir. 158. que la meta sea mala y los medios correctos». No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. Vil.Q xaA. con un . orde�ados segtín el exceso y el defecto. parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. son ambiguos) en el valor moral de los medios. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159. 'tO &e cru¡. El problema planteado aquí no es un problema moral. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. (Política. que encontramos en la Ética a Eudemo. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. 11.• xaxoü (Ét. que se ejercen en el mismo ámbito. virtud. El medio es.A.160 158. niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia.. ov&atov e!vm. 1 1 13a 15 Eud.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. Por lo eox�. Cf.. Nc i . 3. infine que la pru­ 1221a 12). que le aparece como bien. «es todo un trabajo ser virtuoso»). l l79a 35b 4.tp:at. Es que la voluntad quiere por definición el bien.enóv EO'tl TÓ.Ub ·wo (Ét. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡. 12. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución. eúq¡vta. 10.) (T. . Esta nota es c iertamente apócrifa. wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo. Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡. ss.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización.Q demás. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. sino un problema técnico. 1 3 3 1 b 19-21 ).• 'H f3o\ÍATJot. Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad.. q>\ÍOLV M Y. a la inversa. cf. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p. Nic. aA.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin. la voluntad del bien real (lll. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. 160.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico. ¿Hace falta concluir que todo X. truos n. en el límite. m. sino ser torpe. l l . 1099b 19).t6. para un lector moderno. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho. debe ser técnicamente conseguida..taQtávet. Si la voluntad quiere el mal.taQtáveLv. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. Sobre esta tesis socrática. la adición es inge­ . Esto aparte.v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes.. 1227a 29-30). y el acontecimiento asunto de azar (To ¡. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). pero no (si bien Jos términos que emplea. si se quiere que sea moralmente buena.)». 1t:aQa cpúow. Ét. Ét. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. 9. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral.ó. 1 1 14a 13-14).¡ev yó. ogeó� y 6La¡. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. Ét. a&txot. y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio. por asf decirlo. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención.vat 'tÚXT). 1tUQÓ. 6. EQYOV �mtv. "tOLUÜ'ta vo�om. Oú yÓ. . desinteresarse de la realización del fin es. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. Eud. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral. 11. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. ll.

J 144a 3 1 -36. _. pp. a poner en tos medios L<><!o el del mal. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. 176-178. 144. 31-37 y 79. sólo a trata virtud der. �lanentc todo el resto (1:a � queda. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. td. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. Por el contrario. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. pues. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. smo los med10s? Asf. Bréhier). sino por su elección. disculpando a la voluntad. smo porque lo quieren. porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. en efecto. pes � � 161. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. z. a . Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I. la elección y la acción del hombre. el texto de m. Pero.eo(:kXL . ni de la acción. En fin. mas que pot una revelacwn. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. 325-340. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado. ¿que f�era del fin. 1 162b 35-36). «Tbe practica! syUogis111».. sino. 6-7. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad. el cual no se deja reducir tan fácilmente.JIIl (�oúf. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. JMt. Ahora bien.. Cf. Vlll.:s. 20-23. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto. . cuyos límites marcan. De anm sica. Gauthier. puede querer mal el bien y.-A. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. 7. monstruos. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones.. The ['lulosophy o fAristotle. _165. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. De motu ammal. donde Aristótelo. que es ru� rsalmente bueno. Se trata de textos. 106). Cf. srOLe. 434a 16-25. 7. en Aulour d'Ari Cf. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. l 143a 35-b 5. guiada por la elección del bien. al contrario. Nic.de Aristóteles. queriendo el bien en general. que es otro nombre del azar. 5. sino en la impotencia de t � � _ los med1os. 2. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. hay lugar para la deliberación. Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. que seamos hombres naturalmente constituidos o.u:v "tt/. La . deliberación y de la elección. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego.ci). entre estos dos azares. Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular.o� qNOLxóv).aA. morale d'Aristore. por�u� el bi�n no es inmediato.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. El momento pro­ piamente ético no se sitúa. D. 15. n.ÓqJÉALJlO)» (Ét.. o es buena y quiere el bien. JI. pp. emos visto que eI análisis de la.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. J: AUau. 1 J47a lll.63. m1smo �n el que absuelve a los hombres. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en. o quiere el mal y no es responsable de él-. J . escoger cada vez lo menos mal rela vos. nos parece. Ni�. m.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente.. p.tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. pero. Et. 1 1 14b 18 ss.. R. 162. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. es cierto. en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza).. que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar. El mal no esa en el fm. pp. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. por el contrario. 13. la templanza es una virtud). VI.. 12. sobre todo Vil. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. pero que el valeroso (cmou6atov). pnnc. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é . T odos Jos hombres mal. sino entre ambos: la elección razonable que.163 disociación que no babóa sido posible . _ . donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. después de haber dado . 1:a x. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado). será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. _164. la voluntad no es responsa­ ble del mal.164 En otros textos.

apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). pues la causalidad for­ mal se conoce. p. p. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. l. Pero. ibid. nente». p. entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. cit. 22-30. 338.. ciertamente. hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. que no se discute aquí.. en todo caso. 1 l. Cf. Gauthier-Jolif. depende del resultado. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. op. 1.o que debe ser la verdadera moral. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. la elección va precedida de una larga deliberación.·a parte.. del libro U de la Ética a Eudemo. ahora bien. tal sería la tarea de toda moral. 210. p. 1034a 30. En fin. una vez establecidas. Gauthier. la con­ clusión es inmediata: por el contrario.. 177.. en Ét. 166. Autour d'Aristote.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). la prudencia.. a la inversa. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. Nic. 9. 331). mientras que la causalidad eficiente se ejerce. 268a27ld. hay que J. Por lo demás. En el mismo sentido. dice. de los caales admite que son posteriores. 36. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». fruto de una elaboración ulterior. se encuentra ya en Platón (Fedro. 639b 1 8 ss. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar.). 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. !68. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. En el silogismo práctico. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares. como se ha advertido. Por ou. y que no tiene nada de silogismo. Cf.·acta del acto te1minal de la decisión. 121. p. Gauthier-Jolif. 173. . es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. art.a.. pp. lo universal es inmanente a lo particular. citado por Al11n. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. I. en realidad. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética. anteriores al libro III. sino de fondo. Kullmann. Pare. de un principio extraño a la moralidad. las dos premisas. 171. es decir. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica. ()ó!. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. Hay. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. pues. silogismos dialécticos. un minucioso análisis. lA morale d'Aristote. p. 172. 177 y 189. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. Allan puede hablar de un progreso y. por el contrario. anim. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. id. p. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo). sobre todo. 169. Allan. p. Se plantea. en me­ nor grado. 170. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». para volver al sentido etimológico y. [bid. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y.169 En este sentido. y no científica. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. E. Jbid. porque."' Pero esta interpretación. cit. y que la vútud del deliberativo. 167. en Autour d'Aristote. Desde este punto de vista. Tlze Philosophy o f Aristorle. 177.. propiamente aristotélico de «elección de medios». del alma racional. 210. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda.'66 Una diferencia no menos importante consiste.

etc. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento..rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). ¿en la aventura o en la absten­ ción?. que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. un caos que tiende hacia el orden. de una disonancia posible entre el fin y los medios. 8. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. . Pero de este infinito. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X. 442 («Punto de partida exento de dolor»). 13 W). 12. 176.. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. a la que hay que venerar más que a Platón. ocupar todo el campo de lo posible. 27 P. U. VI. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. que conclusión. / jigenia en Aulide. cf. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible. Es un medio contra el caos y el orden.oüv -ca €"-áx_Lota A. 1 1 .' 1 1 la determinación y. anim. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. Nic. le parece más humilde. 10. En este debate dudoso entre la forma Y la materia. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. 177. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. entre lo «mejor» y lo «necesario». Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. vv. pues. pero no la existencia de lo particular. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. menor mal y a dos tercios de feücidad»). 1 144a 7-9. sino. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia).eyes Las Suplicantes. «lo mejor y lo necesa­ rio». anim. conocemos ya el nombre: la contingencia. el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. 9. mlo. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. Sobre esta opos ición. La presentación silogística del proceso de la acción. cosa una vez más. b . 4. este Gen. . El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. ."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces.174 quema universal-particular. 48a. 13. Para el esquema universal-particular. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét. entre Dios y el mun­ do o. v. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección. Pues aunque. . m. como dice el proverbio. lo universal se aplique necesaria­ mente a él. 9. Ttr!'eo. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. 1 1 4 l h 15. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. es decir. /. IX. Para el esquema fln-medios. 685a 18.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. la prudencia de la sabiduría. No hay. 9. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. 75d. 672b 23. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI. entre la determinación y el infinito. tan extraña a Platón.13u D. tructura del mundo.en este mundo y que. y Aristót�les no puede hacer otra . Vl. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ». 1 142a 14 aÓQLOl:OV. ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. el discer­ nimiento de lo particular. en el es­ Juntad por el Demiurgo. cf. cf. 177 175.. Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». IV.. 55. Eurípides. nA. Part. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . como dice Aristóteles. su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174. que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más. conscientemente. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. por­ que el mundo es limitado.. 717a 15. como más tarde Leibniz. Platón. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. qJcwt. en general. Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. 1. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. . 858a. fr. una vez reconocido lo particular.

. beraewn que del corolano moral de la elección. el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana.. Mansion. . como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. si la pmdencia es una virtud. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:. Nic.184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. l l39a 23. 5. En la (aq:>QÓvwc. tl39b 4-5. 441 y passim. como parece baber dicho Sócrates (cf. Mer afisica. consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría. 507e-508a.óyov xai< )�avol u� (111. D. . 8. 5. 15. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo. Por el contrario. t'tiJ. de la elecc10n. Eutidemo.. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. 20. l a cual.axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». que es especulativa. >1. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . la Reptíblica. que «rema pero no gobterna».Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. Mon�n. IV. aveu voü xal Otavola. Menwrables. 2. 7imeo. 184.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. Hipias me­ nor. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. no por ello es una ciencia. El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. 1246b 6. opuesta a la . no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. 37. sabtduna teónca. J025a 6-13. veces. pp. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . que no Jo es: así pues.'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante. tóteles muestra 185. 2. que es meritmia. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. Cf. nstotle's "ProtTeptricus">.·al. J.. n9. Platón. por ejemplo. S. pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. la sabidur ía. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. IV. bre el papel rector de la dialéctica). Sin embargo. so­ VII. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. Platón. 56 � ss. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W . l J 13a l l. �es.'s' y si piración arbitraria. vr. ÓQEXtLxós vuü.t'Y)) t pues. �bt. VI. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca. phrónesis. por op?sición a la sabiduría.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). 126a 32b 2). la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio . más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ . dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento. 47bc.179 Por otra parte. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0. 1 1 39a �3. 290bc. 182. de la ciencia. 2 . por ejemplo. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación .. en la afirmación del carácter práctico de la prudencia.'sJ 178. ni por lo demás en la de su carácter intelectual. por una parte. �O'IJMUtL%rJ . En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. 2. miente involuntariamente (VI. pp. IV. prectsa que tampoco hay elección sin . 13. Por lo demás. Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-.. Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y. sería una especie de sabiduría práctica. vr. �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . Jacgcr­ . � �3. que evoca una virtud. mtelecto y sm pensamiento. 1249b 13-15).o �1. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. 185 ss. denominada sophía o phr6nesis. 4 W.).' 1 8 1 . sin hacer violencia al lenguaje.178 no es extraña a la acción que dirige. ni mucho menos el de virtud-ciencia. 1 14la 21-25). todo el capítulo 13. El libro m. peta A. lll. Nic. Gorgias. . rruco de «dtsposlctón moral». 180.. la arquitectura). era ya indisolublemente teórica y práctica. pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada».164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3. 1 . f. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. 1 1 1 l¡¡j 6). Et. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. cf. cte �do que. esp. D .. stn dtspostc�ón mo �leccton . 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. 29.

189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. recuerda Aristóteles. Nic. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. � ¡. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. .::. ovx. 5.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. Por el contrru"Io. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. 13. Aóyou ¡.190 . cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. La ruptura con el do. � <<hay una vutud del arte. sino sólo del conocimiento cientí fico. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. Reptíblica. a diferencia de la parte científica (Emm.. VI. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general. H.Ll'J.. VI. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. Aquí. ó. en:tOtfÍ¡. pero no hay nmgun . 1 I39a 12. 136 1 1 . debería ser. sólo dice que esto no . Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia.L. 192 VI. 2. pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. Aristóteles no dis­ lla que. Nic. en VI. 2.. Cf. 6.L�): Ér. V . se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. 19·1 188. Eud. VIl.187 no del alma razonable. 1208a 10. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento.186 Así pues. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. 1 1 39a 12-14. interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. 5. El �asgo más . 34. 13. 7. . 'Ageti¡ yá.. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. es decir. 19 8. de la Ética ¿Cuál es. 475e-480a. 9. Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella. 8. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis.·r¡!lovut v). solamente mtelectual ( l l 40b 28). 147b 32. sin embargo. el do­ minio propio de la acción. más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento..¡. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. :mora (a:n:obeL!.Lt. ¡. ya sea esta acción moral o solamente técnica. Ét. sino de una de sus partes: ague186. 'tl'X. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. IV. Tópicos. 1 196b 15-33. 1246b 19-23. sino otro género de conocimiento». y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. VI. 1 139a 5-12. pero tambié n virtud moral.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . sobre la neutrahdad moral de la ciencia. 1. von Arnim. 190.en el interior del alma razonable. que le había sido sugerida sin ma siado alusivo.oyl�eo6o. 644b 22-64)a 4. las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. Aristóteles. que son. Ollim. 14. 5. 138a 34b 2. en Ét. Pl�tón. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. 12. Ét. _ : ? 193. 1 140b 25-28. 2.e"tó Magna Moralia I. p.Q EOll. para Aristóteles.Lóvov). Se dirá que Platón. '88 Así. 2. un saber moral por él mismo. Port. es sinónimo de bien. trata sobre lo contingente. Eudemische Ethik und Meraphystk. como pasa a menu­ (&Qe'ti)).. tienen poca importancia para nuestro propósito. a de la prudencia>>. . IV. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética. 1stoteles. �ai. 134a 4. pues. pues. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. En la crítica del intelectualismo. no se delibera sobre lo necesario. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. el acento ya no será puesto . Magna Moralta.liberativa del alma . alló yévo� allo yv<. 5. 1 1 4 l b 4 ss. 10. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. 191 Ét Nic..'9?. 439d y l o s textos citados por Joacbim. 129a 1 1 ss: 5. es decir. Repúblico. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a .. Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. l. sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente.Í>OEW� 187. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. J26a 8 13. 189. la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes. sino de la razón. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí. 1 J40b 22). Nic. Vl. ( 1 246b 35-36). V . 11. particularmente numerosas aquí. en un pasaje célebre de la República.

196 puesto que. VI. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<. que emplea los /. En revancha. I IORh w encuentra en 10. 13. 1143a 28.. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. Nic. III.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. 5. como todas las cosas. a es el diálogo interior del alma con­ 197. si no es en la captación un f de lo particular. Magna Moralia. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. l. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». 205. 189e. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella. Sólo en estos pasajes. 1 1 40b 34 SS. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. 2. VI. 204.. Cf. 7.LQEtL?<.. vór¡ OL<. el eco de polémicas internas de la Academia.n¡ 9-10). '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. 1 1 03a 3-7. VI. 1. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general).. <irtagov). pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<. cf. Vl. entre la discusión y la intuición.) que lo demostTable ni sobre su principio. Eud. como hemos visto. 33.. Ét. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200. 327-328. lO. voii. 195. 194. I. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. I. Resumimos aquí este último pasaje. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia..20' ahora bien. 1 143a 25b 6. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. VI.194 deliberativa <Bou/. 203. Nic.. 196. 201.. 6. VI. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues. según los diferentes momentos de su operación. cuya conclusión es la dóxa. 4. l098a 5. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. expresado por términos de vo'Ü<. Dirl­ distinguida de la meier.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). 6. 5. medio apropiado. 3. 1142b 6-15. Cf. República. ocasión favorable y. Ill. 263e. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. 35. anima.at�<. 1226b 25. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado. Sobre esta expresión. Filebo. 433b 3. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf.. lO. 12. Cf. por opo­ vo'Ü<. Ét. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu.) son voluntadas (bt-OVOLCl). pp. Aristóteles da a técnico: así en VI. cf. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. Et. Magna M01·alia.óyo<. la captación inmediata de los principios de la demostración. 27.: asimila ÓQEXtL?Ú><. 5 1 ! d.. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente. JO.. donde la y de la Oól. 1 142b 4). II. l l96b 16. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. lugar oportuno.Óv). Así pues. logismós. 35. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque. VI. 38ce). 4.2M Si se entiende por vo'Üt. Aquí todavía. y &távma de manera equivalente casi siempre. la opinión. la cual no sólo duda. ITT. l l 39a l . 1 J40b 26. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. y OQE�LS Otavorp:txJí. Cf. y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. pero deliberar lentamente» (VI. l l l l b btá. De 1 O. ..� 199. Pero si se entiende por vo'Üt. une la minucia y la inspiración. 2. Mientras que sición a su aspecto intuitivo. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. de una manera general. 1 196b 27. 6Lávmo. tenga m. cf. 1 1 12a 16. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión. Ét.a. La diánoi sigo misma (T eeteto. ¿en dónde se detendría. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás. A la vez hombre de pensamiento y de acción. ·202.. n. no es entre la diánoia y el noús.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. Sofista. cf. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. Las decisiones bruscas (tu el.Ó<. sino que afirma o niega 198. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. 1 I39b 16.

óyo¡.ZC. 1..208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud. 976bc.Ei eivm re (ln:c�. pp. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. En realidad.a. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡.la. como veremos. r no está aislada 1:11 AriStóteles. 14. 212. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?.s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas».. Ahora bien. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos. como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas. 12.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi.. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes. es decir. p.). l250a 30-39. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular. . 1 143b 6 ss.'Y). la virtud moral). antes que al sabio o al filósofo. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia. lO y J I .211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría. Evoo'UA. 4. vr. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. por lo tanto.ta parecía referirse a debates internos de la Academia. VI. La filosofía es laboriosa.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. VI. a la significación popular de estos términos. <pQÓV'YJ O"L�.at <iQx� 'X<tt téA.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. se pierde de vista su valor moral. 12. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. l a tra­ dición aportaba al segundo.. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. haciendo (yvW¡. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar. 207. El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad.oyrxó¡.l�. p. pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores».t'Y) ). 298 y 302). 2 1 1 . que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar. pue. voi. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios. En relación con el estudio de la phrónesis.a<. 1248a 27: A. La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A. 413d.t'Y)) "tÉXVJ]. ya sea Ulises o Pericles. exactamente como para la phrónesis. 6. pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. más allá de la Academia y del propio Platón. n. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. Cf. y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios. Platón. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal. 21 O.l�).209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA. Ahora bien. Eud. Finalmente.óy�)». en el sentido corr iente del término (es de­ cir.. VI. igen de la re­ 213. Cf. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico. vou¡. particular. en 206. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular.. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje.óyov 8 UQXYJ o'Ü A.. que. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero.). reducido a sus demostraciones.0.207 Pero.. Ét. Segl'n la expresión de J. 208. 137. Cf. Cf. es meritoria. 89b 10-15).. 508. en una especie de apéndice. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV.at qYuOLxa (ioY. ¡¡tv oMd�).) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma. 209. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. J 142b 2-6. cf. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que. supra. Tricot (en VI. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio».óyo'U. 1143b 9-lO: (iu) Y.: (ito x. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. 151. Vli.213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt.

r¡v). el mismo dominio que la prudencia (es decir. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. sobre un Saber trascen­ dente. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal. óQei] 6'lí . pues. es.t.l:L'X.>JA. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular. es. cf. la de necedad a la de inocencia (cf. ' H M ouyy<Í>¡.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español. (EXELV yv<Í. V. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. como una especie de la phrónesis. Ahora El hombre de (Euyv<Í. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando. etc.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡. 22l. lo que es lo mismo. la indulgencia (<JUyyv<Í.). 220. siendo hombre.r¡. es decir. !bi d. Tiene.) e inversamente. Más aún. a lo geométrico. alidades físicas 217. pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. lo equitativo opone la indulgencia del juicio. 219 ahora bien. 19b. En el Cratilo. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que. es decir.»221 República yv<Í. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual. viviendo en un mundo impreciso.» 223 Así. 215. cuando este juicio es recto. ni siquiera la del físico.t. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. 1 143a 2-4. sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. Segunda parte. que puede ser violencia. 214 y en la Filebo. 223. en tanto que físicas. 1 1 . ni sobre nada de lo que deviene. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas. no son objeto de la mívecns. VI. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien. Cf. una determinación intelectual y un predicado moral.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia.>¡. no se libra de su deber de juzgar. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex.oüs 6Qei¡. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�.t. Sobre esta oposición. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles. 218. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. n.>¡. 4 1 1 ad. Al rigor de la ciencia. 1 143a 4-6. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral. cuyo origen está en Pintón. 1 143a 8-10. lntelectualismo todavía. tener pen­ samientos humanos. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X.: malignus. siendo sensible y singular uno mismo. 216.T}. el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. Cf.e. 1 143a 20. necio. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal. inocente.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. queriendo ser rigurosa. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable. 476d. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab).i¡ ). puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar.. El hombre del juicio.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica.t. siendo mortal. l84. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)». L § 2. Así. e'IJa-ÚV€1:0�).tl') yv<Í>¡.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. Cl·atilo. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». de comprender.2'6 más aún.>¡. &eLvós. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv).). 1 143a 2 1 -22. y ya en griego eúr'¡9f)<. cap.r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero. Por -rwv ytyvoJ. no imponerle la justicia demasiado radical de los números.tivwv hay que entender las re que. 219. 165. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. de reconocer sus límites.>¡.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). 222. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración. por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. «La prueba es -dice Aristóteles.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�). En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental. lo sensible bajo lo inteligible. p. <JUyyv<Í.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo.t.

. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica. pero humano también por su atención al hombre. Aristóteles hace revivir. T eeteto. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. quizá involuntariamente.tYJ. está nal le había reconocido siempre un valor moral. 6. 38. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡. ibid. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. cf. 177. que Aristóteles no yvw<YL(_.. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. yvwat�.t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano. 56. n. la vieja sabiduría griega de 224.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. B. 3 1 SS. pp. y a en la filosofía presocrática. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. 1 93d). Platón. humano por sus límites. en que se resume los lfmites. sino por sus límites. Filolao. cf. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano».174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. 1 ) apunta que. tiene una «significación puramente teórica» (p. fr. fr. Al devolverle su sentido arcaico. remite a He­ ráclito. a diferencia de yv<Í>¡. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens.tYJ. p. de formación más reciente. .

vouc. 'E<p' ocrov tv&éxe-.Ocpgwv.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. etc..M:t 'ljruxá.-.ew. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif.. Hermes. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. lll Pí1ica. l.M�. como hemos apuntado.taxaváv. sobre todo. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum». 109. B. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación. Nic. a completar ahora con F. tav &' E¡. pp. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie. Philosophische Untersuchungen. q>i. sino en la phrónesis de la tradición. cpQÓVL�tO<. Él. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. y. Sin duda.:at &Oavati. al verbo cpgovEí:V.La. �tov &eávatov o:rccii&e. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. vv. Die Entdeckung des . o<. Berlín. PíNDARO. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos).¡:rtQaxtov <'ivt:A. 1924. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. Hüffmeicr.el ¡.. pp. ARISTÓTELES.l. 464-465.1 10. 7. X. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica. cpQOYtLtcLV. Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta. 89 (1961). etc. 1 177b 33. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. 29. ci)cpQWV..

es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo. cf. 1 O. nota cap. 56 (1953). Munich. Se encontrarán algunas indicaciones en M. Kiel. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. Onians. Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. 5. R. <pQÓVllOLS no designa una cualidad. m. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. tesis doctoral. que hacían de cpgovei:v. cpQÓVY)OL�. 54-57). p. B. Loew. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». se ha podido observar7 que.E. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. cpQÓVY)OL�. Que hayan tenido primero un significado concreto.4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. Ylll). pp. varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. pp. tesis doctoral. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. derivado de <pQéve�. juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón.tZ.). Conviene en efecto subrayar que. G. intelectual y práctica. por oposición a voetv. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. 2. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. 426-429.Ó�. E. como lodos los substantivos en -me. y la sensación. en especial <pQÉves. 1951 (sobre <pQÉVES. La phrónesis es un pensamiento. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. etc.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. Cambridge. deux . pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. «Noiís. cf.ón este «primitivismo» de Homero (art. Siguiendo Metafísica. n. entendido inicialmente equilibrio. la 7. Hamburgo. pecie de olfato sensible. por extensión. 8uJA. lo (Die Entdeckung. de estos términos (por ejemplo. 396-406. the World. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. PlambOck. 401403). . 77 (1957). (resumido por Onians. 38 (1943). p. pp. el pensamiento empír ico. que no eran precisamente «empiristas». 1914 (esp.Ó�). aun cuando límite. 401.. Diels).del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. tesis doctoral.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. p... Sobre la evolución de los sentidos de voeh. K. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz.). <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». 244). Anaxágoras. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B. en el poema de Parménides.. y 113 ss. «Das Lehrgedicht des Parmenides». cit. Se admitía generalmente: el diafragma. p. 1935. from the Beginnings to Pannenides>>. The Origin o f European Thought about the Body. voü�. Philology. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. Aspek l e homerischer P s ychologie. r. A. 19553. Philology. 149-154. en último término J. Museum. 3. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. mientras Geistes. Rhein. Pero Festugicre pone en duda con r. T. • • que otros términos. hay que preguntarse por qué. 396. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones.actos o cualidades de pensamienro. función m p. Die etische T ermirwlogie bei Homer. . o al menos cómo. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo.. 8uJA. para la interpretación de este fragmento cf. J. Según Onians. pp. O. TIT.. 103 ss. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. p. 49 (1929). 4. Festugiere.. Sin embargo. de Parménides (fr. pp. que <pQÉves significa siem pre pulmones. 16. art. Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. Berliner philologischer W ocltenschrift. y también del pensamiento. Bollack.G. un pensamiento intelectual in­ cluso. 19). Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. Fesrugiere.5 Dicho esto. Jounwl o f Hel/enic Swdies. Metaft sica. 9. 163. pp. Hof fmann. cf. Tubinga. Class. cit. De anima. <pQOvetv. Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. von Fritz. B. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems».10 6. Time and Fate.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. 223-242. etc. sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. 3. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. esta vez en sentido positivo. 427a 21-29. l009b 12. 1959 (sobre cpeovetv. 396 /bid. 18 ( 1929). por lo que concierne a <pQOVei:v. en breve.). 40 (1945). pp. l009b 12 ss.l. los términos <pQOVeLV. Odi­ sea.. vou�. 34). Empédo­ cles. 8. the Mind. pp.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides. Así. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. 108. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». <<Sur Class. atQEhJOL�. que designa el diafragma o Jos pulmones. § 10 (a propósito de Empédocles). 23-43). L Webster. 5. Teofrasto. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. Diels. han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas. y. Kumsemüller. pp. 79-125.

cf.wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa. VI._. El coro . 1. Él. sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. anim. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). 614b �8. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡. 77 ermlichtnis der Antike. 16. 1 . sino el sujeto dotado de phrónesis. 1\. no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta). quieran o no. JO ss. Rev. 7. B. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . Cf. phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. es el de los médicos hipocráticos). se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. 488b 15.tm.. Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots. pp. al . no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? . 1.los delirantes (n. 106). Según O. A. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica.m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. si bien en oro a:n. Pero cuand . fr. Hist. Todo lo más Heráclito.. . Diels. 1. memoria» (en . Gen. R. a 753 2. 1960. absoluto (sentido platónico). extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. [)(. Pero si nos remitimos al contexto. 1\. r. 30.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. en lugar de captar lo que reúne ("to l. Nic. 1 1 6. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido.uvóv). ( 1 942) pp. 1935. Reinhardt.. 1 14la 27. pp.180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función.5 Por el contrario. 29. 13. Leipzig. Fr. phrónesis. cf. sino que el pensamiento es el mismo para todos. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. 70 (1957). el fr.G. Metafísica. Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. En un fragmento restituido a Heráclito por K. De anima. lOOOb 3 ss. 618a 14. 56-71) y de Homero (llí ada. 64 y la traducción del pasaje por C. espec que esis. anim. 980b 22.). XXffi. 'tOV 'E�tJteboY. en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. . o más bien 'tO q. 10. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». 12. 25. ill. ca.lÓaÍ.13. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico.•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis. inación (<pavtaota) Y !a. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal.tov_.J-ei: ye xa� Ó.. 404a 29-30). apodera de los atridas (Electra. en Empédocles: cf. de la cual Aristóteles . y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. p. v. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. De anima. y evidentemente muy por debajO . 68-71). . que él es el que reúne. 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. 981b 25 ss. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. 6eóv.to�) que los otros seres. 1 ss. corno veremos. 1 1. ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. que no quiere decir que todos los hombres piensen. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�. el Estagirita no dudará e� pre1a. En la jerarquía de las func10n� . fragments de Parménide». s cogmuvas la 17. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. p. 1 074b 22 ss.¡góvq.E. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡).les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. 2.vEL &' Metaftsica. 196'1 .se. «como si -comenta Aristóteles. en un lógos que les sobre­ pasa. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis.. 1058).avm). 9. 9?e en el leng�aje de tual." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. . al tiempo que poco después Anaxágoras.. 1. 16). mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil). mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. Ramnoux. Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. Hermes. 1.. Diels. por debajo de la experiencia (EI. 4. Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. Gotinga. puesto qu�. Philos. 2. fr. 9 en do mclut d10. 5.asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r. 110. ca. 698).qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15.

5. Es lo el uso de la vida. donde C. M. 270 ss. 1947. p. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. 23. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. 22. cf. en este sentido. cf.2' No está prohibido. 1941 (en holandés). Gotinga (Jahrbuch plrilos. PP· 18�.t. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. un gobierno de reputación «moderada».. Sobre este término. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique».182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. 7. cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill.. en no intentar rivalizar con los dioses. Die Griechische Tragodie l. supra. M. 5). vida pública. De vicm (llegt 5uxít'Y)!. 81-1 O l. Pohlenz. pp. 253d. La «modera­ ción». especialmen­ La liberté grecque. 64). Vlli. 388. 12-34. 69 ss. Hybris. 386. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. . !bid.22 fórmula que. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»). y una calificación moral. 1 1 1 7 b 25). 430e). Platón. 10-374. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf. los demá s hombres y los dioses. Fedro. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. 1 12.. Es una determinación intelec­ tual. FaJe. Ét. tesis doctoral.23 sino de un modo más general en 60.go<rÚVl'f ha acabado por designar. 1 140b 12. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. 14. Nápoles. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. de Vries.27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-. 27. de entrada bastante vaga. sición médica entre meier. Cratilo. también en tanto que atributo del hombre. que. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. Hybns. Hüff­ cf. estos temas. 411e. Nic. el estudio de R. si es verdad que ya un pleonasmo y. la des­ ('ÜÓQL�).L�L� (fr. pero limi ado t y consciente de sus límites. Utrecht. en un sentido amplio. 59 (1941). 35 (Hüffmeister.. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. 372. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. si bien es etimológica. vida privada. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. M. el gobierno aristocrático. 13. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. 179. 20. cap. es el pensamiento.owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. . Fraenkel.24 actitud del hombre en relación a sí mismo. pp. Demócrito dice que es «grande. WienerStudien. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen.. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. «Sophro­ syne». a propósito de la epilepsia: De morbo sacro.govetv la agEtrt f. oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). 26. Así.Lvw8m). 74) y Heráclito hada del owq.. 25. la deonto­ logía. 1922). caps. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. Cf. G. tlrt. p. Stark. 64-86. pues. que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración. F. J. orocpQOOÚVTJ OCJ)t. 19. será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia. pero huma­ no.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA.govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. 1 1 ' Littré. l J ( 1943). Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien. pensar como conviene tal. Pohleoz. pp. 21. o. Got inga.. 64. 45. D1els?. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis. Kollman�. Hüffmeister.EL "ti)v cpQÓVTJOLV. IV. Deflatibus. 13-14 (cf. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. que se sabe y se quiere humano. de phrónesis: la phrónesis es el saber.. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. p. cf. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». 42. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. En el ámbito político oroq. te en Tucídides (cf. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar. q. Aristóteles. cap. l . J. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. cit. A. VI. Mnemosyne. en medio de las desgracias. p. 160bc. del Grande. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . 17. Sobre esta noción en Aristóteles.eovesla). 53 y o. fueron cristalizando progresivamente en la noción. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre.tla (República.).'8 Se comprende. Fr. 2 0 . 24.). La li�erté : grecque. de moderación. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico.:r) ). en todo caso. Weitlich. p. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ. pp. tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY).a. teSts doctoral. Diels.

35. 117-1 18. 372e) y. 1026 (MouA. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�).o). y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. 725. l056. Pero phroneín. sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros. 1054 (ÚVOL<l).3s El phro­ \ 1 1 régi­ men.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad.. '\jmxfjc.LO. 29. 2. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto. instruido por la experiencia. 1242 (MovA.éyeLV Uf.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas. el régimen de la inteligencia. id. de modo general. prudencia (q¡Qov�o€L). Anttgona. declaro que a mis ojos no hay mi. 557.wc. en un sentido indisolublemente intelectual. que pueden ser buenas o malas. . afectivo y moral. el coro. que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. en su defecto. el pensamiento sano. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles.vve-coc.m ta: 28 el viaje fa­ vorable. 754-755 (<pQEvwv xevóc. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia). comienz. 1269 (buoóouA. . !bid.Ú¡. cap.30 Todos estos temas.trJ). como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<. phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón.31 28.. 34. tomado absolutamente. Ciertamente. 119). totélica de los «monsttuos». avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí. Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. Sófocles. cf. o en el sentido afectivo de disposiciones. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). 707-709.V � ¡. explicados por una proliferación no controlada por la (República.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr. de Mazon. Cf. 193. En otro lugar expresa su concepción. el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse. Electra. su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. en lo más duro de sus peleas. n. . en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite.da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡. pues raramente el ojo perspicaz bí.). opuesto al Estado sano según Platón <<forma».io. la cura. a pesar de mi juventud. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. su presunción. trad. fr.Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. lbíd.). Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien. (cltl.eúeoflm xaA. encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia.Q e[Qrp.. o. 35. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. la teorfa aris­ 30. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara. 429 (&. puesto que la realidad no inclina en este sentido. reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura.). rechazo del compromiso.y yo a otros». pp. 890 (cpQOVOUOO.trJ) innata.29 En tico. el discernimiento correcto de lo conveniente. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. suele desig­ nar. etc. xat &cpeooúvr¡ (De victu. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. 31. Simplemente. tÚ yó. 562 (ávouc. La pruden­ cia es. «la razón y la sinrazón del alma>>.). Anrígona.óOVALO.aLm en Aristóteles. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. de saber.tm). la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas.tóvo�) . <l)Qóvr¡crtc.m OLJtAÜ». y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos. en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>. A. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. Hemón. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. 32.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». Diels). 33. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. ábrelo: no encontrarás en él más que vacío». se podría decir. Cf. por el contrario. pero. supra. fr. actuar como es debido (�o·uA. 398.o�).t<UQO..34 Antígona misma es más sensata. más opti­ hablar sin faltas. Electra. Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo. 36.V).

pero también dejar a los dioses lo imprevisible. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto.to. 2. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. La yvW¡.Ov 'tO ¡. la bwnríf.. 3 16-317.ún ). el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. .'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux. 9.39 Hacer lo mejor en cada momento. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber.. a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. este uso de soph6s. sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo. Nic. sino que son peligrosas. 294-295.ax. 9.186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. 42. el juicio -esa de la suerte. .. que se detienen ante las puertas de la muerte. que reconoce que lo racional (aquí. Nauck). para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre. preocuparse de las consecuencias previsibles. aunque inconsciente). heredero suyo. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles. consciente de la enormidad de su crimen. seguido inmediatamente por el coro. 71 9-723. de­ (n:o. sino. 782. al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡. limitándose. la tragedia lo llamaba phrone!n.i:6o.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. las «gentes fuera de lo común». en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda. Al final de la tragedia. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque. /bid. Ciertamente. y parece que 38. 37. haber traspasado los po­ deres del hombre. no 40. habría que inclinarse ante ellos.4' que.42 Ciertamente. 1074b 32). /bid. citado por Ar istóteles (Ét. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión. 39. Edipo Rey. Cf. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. 1334-1335. fr. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». l l42a 3-6). un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. que no sólo están vacías. simbolizada aquí por Creon­ te. En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto. E l crimen de Creonte. 787. lo que constituye su «desmesura». si hubiera hombres que tienen ciencia. el rebelde puede tener también buenas razones). �l.v9ávcLV)».tTt -cÉA.I.t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. puede ser generalizado en la literatura trágica.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . apela a la muerte de sus deseos. se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. como hemos visto.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. la paciencia y la seriedad de la experiencia. !bid. Hemón opone. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». Medea.A. y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>. ese «gran descubridor de enigmas».eoem aocpoú�)».' aVrlQ).. pero todavía incapaz de situar su lugar exacto. El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !».T] A. es cruelmente desprov isto. 1347-1353. El presente espera actos. que se aprende con la edad y por la experiencia. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles. Creonte.� 1ttQWa&� ex. A. que no saca conclusiones precipitadas.cyóvt:wv xo.37 Así. VI. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos). al de­ negar la sepultura a su adversario muerto.6L6á.

Platone. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite. 1 . esp. Cf. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. m. de la sabidu­ ría de los límites. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles.). 164c ss. 8992 (cf. oa-w. que es la sabiduría popular.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. en el Cármides. nos recuerda. p. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet.>QEVÍ. 25-26. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. hasta Sócrates e incluso Platón.. Quitón. 133bd. Piaron gegen Sokrates. xgatEi:v). etc. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica. ama la prudencia (q. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. Burdeos. lt(l�Oelav. 7. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. debes saber \ 1 <Jú>q. y art. fr. 36 (1940). j t. Hens. 1 0 y 13. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. pp. cuyo común denominador era. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. E. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>). . 47. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov).188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. Cf. 189 de Aristóteles. pp. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc.>QÓVf)<JLV &. dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). La construcrion de l'idéalisme platonicien. Fr. J. 4. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. Moreau. por el contrario.) al ideal dorio del héroe. 45.gwmv). xmgov oga. ocautóv. Pitaco. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. Schuhl. Introducción. En la lista debida a Demetrio de Falera. de la prudencia. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal».4S En tantes del espúitu griego. Diehl). 1909l. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. 61 (33) Sandys (= Peones. 48.• ed. 6. V.45 a menudo retomado por los ancianos del coro.). p.. 10. (1961). Stefanini. Cf. ·a pesar del contrasentido que O. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. p. 290. Horneffer.. 3 (Cleóbulo. Antí gona. 7b 13). p. V o rsokratiker. F.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. 2. Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. y algo bien diferente: conoce tu alcance. l l4la 917. Ravaisson. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa.46 43.>QOO"ÚVYJ. Solón.5° Platón no dice otra que hace Platón. y segtín otra fuente en Solón (fr. 193-201.yána)». según parece. del conocimi ento de sí mismo. Moreau. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. 1. L. Cármides. Estobeo. 172 SS. pp. 1 . yvroflL aatnóv. 7). Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. niás que esto. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. nota publicada por P. fr. 1 . Platón. es decir. cit. que ha sido conservada por Estobeo. VI. 1. en Les sciences et la sagesse. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�. Archiv für Religionswissenscha J. domina el placer ({¡oovf¡c. «Sagesse». esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. 50. a rehuir la desmesura>>). 1 . Pililos. Diels. de la templanza. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav). Tim. 42). que es limitado. Jankélévitch. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. no eran nuevas. Rev. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. en buena parte legenda­ rias. conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). a propósito de Cármides. que es que eres mortal y no un dios. 2.-M. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L).yav). Alcibía­ des. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ. la preo­ cupación cauta por el azar. sin duda. Memorabilia. Bí as. 46. 13. Cf. L'ironie ou la bonne conscience. de maest ría. 49. Jenofonte. 1950. «Contrefavon de la sagesse».47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. 1049. 44. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. F. etc. por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). Dirlmeier. IV.eo. 16lb. 89-90.. Nic. § 92-107.

18. Alcestes. Diels). 59. V.ov q>QOVcLV. 1. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav. no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo.1 1 1 . quizá estoica. E. Sobre (111 6va1:Ó. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). 395. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. Bacantes. xai. 72. 590. que prutc¡ . Retórica. cf. Cf. 77. Pearson (x. . preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio. 99. 1930. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios».53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. En este sentido. 475. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. . en particular de los astros. ..51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre. citada dos veces por Aristóteles. 20: . 24). 27). los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest.ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). La liberté grecque. 1 1 0 . 168. Bickel. 289. Cármides. pp. pp. «Co­ nozcamos nuestro alcance». Cf. 2 1 . «Nichts menschUches ist mir fremd>>. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). Kock (Estobeo. p. en la Crítica de lc1 razón práctica. To yÓ. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo.. .Hl't<Í cpf]OLV xai. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». y no de un juez insensi­ ble». f. 346.cación literal de la ex56. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. sino también de inter­ pretaciones divergentes. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. L'lime du monde de Platon aux sroiciens. n. Hem1es. Áyax.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas. 821 a. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV. «Menanders Urwort der Humanitat». l l 77b 26-31). sino conocer la propia invcncibilidad (cf.Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. 55. Aristoteles. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. la tonalidad restrictiva de la fórmula. 1. ya que es hombre.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X. 1040. su alcance. Coloquios. objeto no sólo de cr íticas. Pues desconocen.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. ll. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos. Fr. p. sino pien­ sa todo lo que es humano». Moreau. tener pensamientos humanos. Para interpretar el sentido. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. Jaeger. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). 427 ss . Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. esta filiación. 164de: <P r¡ ¡. Flor. pp. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar.58 A la inversa. Le Dieu CosJTÚque. qJQÓVEl). del mundo y de los dioses. y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas.(Í yQa�ti. 20. Es la fórmula. Nauck. 91 (1942). Platón. Domseiff. 54. toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido. Terenc io. Antífanes. p. 7. Dérenne. Nauck. co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega. vrr. des­ de la Antigüedad. 112-113: Festugiere. fr. Rheinisches Mu­ seum. . también fr. que tendían sea a exagerar.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. cuyo detalle es controvertido. fr. 13r. 58. &v6Q<. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. fr. Cf. 206-209. J. Heautontimoroumenos. EpÍ FIOIIUS. Lieja. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . donde será desterra­ do todo pudor. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov). Cf. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible. un verso de Sófocles (fr. pp. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos.ss Fórmulas como 5 1 . Eurípides. 1 1 1 1 52. la signifi.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. ey<Í>. Pearson). VI.aA.ra). Es verdad que la prudencia griega. 53. fr. el. cf. Pohlenz. En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in. 531. Koerte. En el libro X de la Ética a Nic6maco. �éAl:LO'tE 0v111:Ó. 988ab. .en un sentido no ya restrictivo. 1394b 24-25 (Epicarmo. Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». 78 (1943). T raquinitUUlS. Kant. 760-761. Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. fr. Pascal. y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir.. sea a atenuar. se puede comparar con Píndaro.54 En la Retórica. Leyes. 57. tanto una como otra. (111 tv siecle. 799.rrmicas.ti. la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. Cf. la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece.. aunque en otro sentido. E. 353. 186-191. sino positivo. Esta revolución. 316) (EL 6VrJ1:0<.

6avatt�e�v). inhumanamente. pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. de una cierta manera. vv. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. es decir. La oposi­ 8vrp:a O av0g<.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma. fr.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. Cuestiones 62. Séneca.. 1 . si Aristóteles toma prestada la tradición. v. igual el hombre que el mundo o los dioses. F. 1.61 y se puede pensar sobrehumanamente. Sobre este uso en los Hipocráticos.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». cit. y 1 1 3 ss. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. 65. Parménides. 14 R. a «inmortaJizamos humanamente». Asf es como. Igualmente. p.60 a sí. Cf. G. 60. 9. <Uaeá. q¡lA. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que. 1. 66. 61. art. 103 ss. a filósofo.a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. «pero la humana en los trágicos. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. cit. Aristóte­ naturales. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &. Hüffmeier. PlembOck. en varias fórmulas que hemos citado. si bien por vías diversas. por ejemplo. Empédocles. tal corno los dioses deben poseerlo.aL. Diels. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo.. Diels. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. sino a toda la filosofía en general. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. 30. 14 W. pp. es decir. etc. Se ve. 739.63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». todos los filósofos se propusieron. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que . por el contrario. 4). a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los.Ómva <JlQOVELV. Cf. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. A Dem6ni cos. 7. Diels. . de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. también el Ps. En el Ética a Nicómaco. sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. 216). más sofista en esto que filósofo.192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión. heredando av9g<. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. fr. Phronetn significa: estar dispuesto. mediante el pen­ samiento. 30). fr. Así Empédocles. Cf. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). sino «estar en disposición benevolente». ¿Llamaremos phrón. 67. Ciertamente. El desprecio del pensamiento vulgar. 3-4. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. Es cierto. es decir. &. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. cf. de una manera apropiada al hombre. entonces toda la Sin embargo. es un Jugar común en los presocráticos. y el acusativo n. J-4. 4. el comienzo del poema de Parménides. les parte de la 60. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. 82. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. v.at. 2. op.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. fr. enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que.vOgcómva <pgovei:v. 707). Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. sino el de toda filosofía. cima del cual se eleva el clito. el phronefn es moralmente neutro. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. por en­ 64.U el término que se especializ ará en este sentido. Cf. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición).. a la primera actitud. Desde Parménides. Nauck: el orgullo. § 32. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo.-. 6. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó. que el tér­ mino phrónesis. <pQÓvr¡ot�. VII.á.esis 8vrp.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto.-[sócrates. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». 1 L77b 33. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. X. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. vv. desde ese mo­ mento. por ello. en todo caso.67 Y si Sócrates. elevarse por encima de los pensamientos mortales. xa. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. fr.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr.

que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. 444-472. que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. 7. 1833.. Plotino l. en el célebre pasaje que hemos citado antes. eeteto 176c. p. Para la posteridad de este pasaje. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. «Adela» (véase p. Berlín Metafísica. ovxé'tt 0Vr)'t0\. esp. sentido limitativo de (fr.formation de la pemée grecque. Ión. está tamb1én en el origen del método experimental. por consiguiente. J. 317). t d'apres Aristo­ Cf. y no sólo a sf mismo. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. la Ó¡. 69. 983a 3-10. 213214. 68. 70. pp. Diels). Diels). xatá xeeinrov � 3 1 7).a). Mansion. parece». significa que debemos tender a la inmortalidad. Schuhl. Ét. en efecto..b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr.. 274. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles). 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. Platón justifica con ello V.71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic. P . S1 . pero invitaba a todos los hombres. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. .V Oeo� Ü¡. la más divi­ na de todas. la naturaleza del hombre es esclavan que. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr. Demócrito era sin duda más modesto.T)) la posesión de l a filosofía. a la mversa. cf. passim. XIII. y en el que se nos invita a «inmortalizamos». repitámoslo una vez más. pp. el «pecado original» de la hybris. .. 1. cit. pp. es decir. Aristóteles añade: ecp' como sea posible. Nic. 1 89. Introducción. tender a imitar a Dios. 73.trJV. Essai Sttr la . cf.ional de la 1ilosofía. 2. tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. Ale­ �Ux al. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. VIrtudes). 2.l en otra pane fondo común. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. t de servidumbre. . Philosophy o fAr istotle. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. contrariamente al viej? prccept?. A.wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. según Si­ � móntdes. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. 1 12. grados en la servidumbre y Aristóteles dir. A. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. por cuanto «meafísico>>. (cf. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. T . Si tomamos en serio esta restricción.a Dios poseerla.tOQO'tO�. no constitutivo. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. La filosofía. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». Ciertamente.toí.. Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. 1 ) . «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. no es sin dudas ni sin reservas. 122-123. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». 247a. Hay. y . Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. 75.. ciertameme. 982b 28-983a l. de «busca(")>. Pero. Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov. pp. 76. tona. Apología. cf. 22b SS. es su principio regulador. 48). es capaz». la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. pp. sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o.tUL lose Sclwld. 111.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. 3 1 6- . según l a expre­ sión de Aristóteles. Se ha pod1do. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. Revue Pllilosophique de Louvain. por lo demás.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos.74 Ciertamente. p. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. de pesar a istóteles. Ir.LXW'tEQOL . 6).ÓAL<Jta. 1 177b 26). . corrige. 77. 1285a 20). 34. 74. 87-88. 89. a en Platón (Fedro. n. 2 (Sobre las 71. 4-5. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid. puesto que XIV. X. 72. como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto.-M.• cd. no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios». «los poetas son grandes mentirosos». D1els). p. pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». De tantas ma­ ner a. principalmente.75 y. 14. 983a 2. sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. Cf. v. q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. y que corresponde sólo -o. 5 1 ( 1953).. D. Allan. A. citado ames.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr.wm� f :k([>. !J. 20d. 1t(I)A8Ü¡. Plotino por retomada será y 29e) Timeo. Meta f ísica..vf] crocpí. será el tema de uno de los esbozos dra­ .

ooov Of. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV. Coloquios. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp. VI. lo divino y lo sublunar.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac.v a9avaoí. o bien el. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. [. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». ll. 1 .78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional. l ll7b 15-16.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas.. su acción y su trabajo. .. en toda la lilosoffa griega. 1imeo. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI. Po­ sidonio.ll'JOÉ . Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. !bid. es decir. Rose) a su amigo Hermías. a su cumplimiento»).. fr. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal. 3. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja. 8. Gen.OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. n. Leyes. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente. sabe que la separación entre Dios y el hombre. Srrom. 4. X. exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. tradicional en su forma. que separa al hombre de Dios.. son sino Límites del hombre y. Nic. pero que podría indisponer a los dioses. 415a 29. casi de la misma forma. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible».a. De anima II. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. dice al Metafísica. 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps. 2. €cpá1t'te'tat). 6E]ILtÓV. v. Epicteto.79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . 12. .teQÍ. pero ineli­ minable. 83. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. desde el final del siglo v. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<.a 1:0 �uva.!OLWJ. Lo mejor. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella.tfj'tL. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr.80 Igualmente. . EV€<J'tLV»). tcp' 4> 9' ócr tr¡. que está toda entera presente en Dios. que expresa la distancia infinita. E<J'tLV ecpr¡¡. 501bc. xaTa 1:0 �uvcrt6v. 4. Cf. 982a 9. vv. etc.oi:p>).. 500cd. 12. 7. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV). más generalmente. República. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n..óv. .. pero sólo «tanto como pueden».83 Pero esta restxiccíón. xa. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible. Ét.. 00� ecpLX'tÓV. Aristóteles lo reencuentra. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. CS decir. ooov E:v iwi. sublunares de la inmortalidad. pero siempre presente: escrúpulo residual. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. 613a: T eereto. circunscrito a un círculo más esttecho. 00<. El filósofo. en Clemente de Alejandría. pero. 415b 5.196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. en especial políticos. es radical. . por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. U. 8 1 .-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material.82 78.rf. 79. xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. una imitación del acto divino. m. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). como mayor razón. Ciertamente estos límites son imprecisos. ecp. . IV. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. de entrada. X. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». Así. incluso si no es más que infinitesimal. 645. lo necesario. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. en su nivel propio. 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad. 6-7. . fr. en un nivel inferior. 11. . «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. 2. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat.tov dneiv. cf. del mismo modo que. tmim. J 1 78b 26-27. 0 razones de «prudencia». que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. 82. pero no basta quererlo para superarlo. 14.. Empédocles. cosmológica­ mente circunscrito. choca de frente con Jos límites de. OQúlQEV). Platón. A. Amonio dará. ill. . . en cuanto está permitido sin sacrilegio). Pero. cf. a quien él habla dedicado un himno. toma un sentido específicamente aristotélico. 1 s� Busse). 383c. 8. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad. que se da por verdadera. 1máQXEL)».8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza. el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada. Plotino. Meta!f sica. y ible. v.• En todos estos casos.. límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. Jsago�?en. ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. y creerlo seria desmesura. entre otras definiciones de la filosofía.

pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. 506-507. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». es decir. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. sino que juega astutamente con la contingencia. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. Cf. Le probl?!me de /'erre. de ambiciones desmesuradas. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. vtctona so­ bre el azar. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido. aquélla y. el progreso en el límite. 497 ss . y que. ésta no puede aplicarse. de un modo más general. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. no ción de un solo Motor. devuelto a las tareas reales. improvisada y sin principios. 61. Así pues. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. por lo demás. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. es decir. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. No volveremos sobre la solución. es decir. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. Le probleme de l'etre. no debía ser. Walzcr. la moral de más que por L. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. sin embargo. 85. si el éxito no era sinónimo de acción buena. Si fue moderno. acción en y sobre el mun­ do. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. passim. 87. Fr. . y el A péndice de la presente obra. . def�ctuosa sin dud�. 6-8. 93. está presente en toda la obra de Aristóteles. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. pp. este «dios mortal». es decir. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». que no es un accidente ni de nuestro saber. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. para que pudiera ser calificada moralmente. de la aproximación. es decir lograda. 185-188. que no puede realizar sin más por sí mismo. guiado además por la sabiduría.en la distancia que la separaba de este ideal. Deplora. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). y haciendo lo mismo consigo mismo. Lo infinito en lo finito. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. que dto a este problema y que denominó prudencia. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. esp. La acción sobre el azar. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo. sin embargo. el tema de la «prudencia». 78-79. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. la a similación a Dios en la absoluta separación. Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. pues. ni del mundo mismo.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. el azru· amenazador en indeterminación propicia. al menos inmediatamente. p. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. del desvío. iotelectualismo. azar. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. es decir. lOe. intelectualismo de los no 84. con la metafísica de Aristóteles. Rose. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. utilizán­ dola contm ella misma.

lo que hay que hacer. . tiende sin cesar a ella. es una idea. y el azar residual de la acción. del saber. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. pero las circunstancias son lo que pueden ser. cf. una realidad . 1 O 1. y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber.1 17). Die Tragodie des Humanismus. <da sab1duría diVIruza al hombre. avant la lettre. un ideal antes que . �� hombre de Dios. Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. . pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. en su acción. en su búsqueda. es decir.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. dios y. 272). 1 1 . Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. que contrasta con las la­ te. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. y una percepción caó­ lica. Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. Weinstock. y a dejar el resto a los dioses. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. Si todo estu­ viera claro. . que Dios está más allá de las categorías éticas. que el mundo sublunar es contingente. que haría Ja acción inútil. en 1� co�dición en que está el hombre. esa intuición de la trascendencia y del cimiento. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. se la en­ cuentra a veces. en cierto modo. la senta -al mismo tiempo que la reserva. que hada la acción imposible. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida.a seerla» (p. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo. Heidelberg. en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. 170). no habría nada que hacer. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica. 205). 1953. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. 228). se le encierra por toda� partes en los límites (p.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. pero solamente lo posible. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. aunque sea también anacrónica. A medio camino entre un saber absoluto. La metafísica nos enseña. Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. Sin embargo. o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa. Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. 173). hace de él el centro de su ética. sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. Por lo demás. La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. Entregado a sus solas fuerzas por . un D10s demas1ado leJano. el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. en contra de su voluntad. 184). . parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. estoica. O· como d1ce tamb•én. Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. 281) (la c�r:-•va es nuestra).a a los límites de la existencia � ser deseado. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. no se haría nada si no se su­ piera. Más adecuada quizá. inacabado. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88.la oportunidad y el riesgo de la acción humana.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. 236). sino la única forma concebible de moralidad. Cicerón. 9. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. objeto de la prudencia. p. del saber y de la virtud.. 288-289). ill. Carta a Meneceo.. Estas conclusiones parecerán negativas. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. 1930) remite con razón a Panecio.LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. etc. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. a la oo<pta. Ciertamente. 4).• ed.). p. ni la atribu­ 1 5. . De o fficiis. Chrysippe. estoica se traduce generalmente por «prudencia».YJ. la phrónesis parece designar aquí. en la tra­ dición postaristotélica. l. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. sin duda la más importante.1 6. sino sólo para una. Se tratará aquí. no había lugar para dos virtudes intelectuales.es i'm:Lm� fJ. Memor. IT. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. gr. también Epicuro. dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia». Tratándose de los estoicos. APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. Bréhier. 5bs. la polémica Teofrasto-Dicearco). que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. que fuera coincidencia con el Lógos universal. y que era en Aristóteles lo contingente. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. Pero sólo prueban en todo caso que. objeto de la sabidur ía. como en Aristóteles. 153) previene que hay que . 132). o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. Locutiones Genesis. pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. 5. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». o de una simple referencia al uso popular (cf. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. Cicerón (De o fficiis. enim in graeco scriptum est. De hecho. 19. y un bien para el hombre. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. dé Phi/. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. VIl[). De virtute morali. el mundo divino y el mundo sublunar. ni la distinción entre un bien absoluto. como Plutarco.. «La cobérence de la morale stoi"cienne». Véase la nota al comienzo de la obra. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. 1 1 . que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. Jenofonte. la pru?encia Así. pp. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. que se remonta a Cicerón. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. 43. Philologus. hay algunos textos que pockían hacer suponer. Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios».. En rea­ Lidad. como otras docttínas aristotélicas.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF. Wachsmuth).ÓYtm:o¡.. 2. más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. la unidad de la teoría y de la práctica. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico. Esta traducción. no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). Ét. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. 262). IIL. l.

al menos de la antropología. sea porque pudiera establecerse legítimamente. París. para el ser razonable pero finito que somos. 429-450. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. Patzi g. 4.LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta. l . El estudio de estas conductas dependerá entonces. por lo demás extensamen­ te. 56 (1966). y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. pp.icado por Jaesche." y B para la 2. <<The Hypo­ thetical lmperative». Crítica de la razón práctica. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. 1947. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. mediante algunas explicaciones complementarias. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. a nuestro jui­ cio. traducidas al francés por A. es decir. (A para la l. Londres. Publicadas por Rink en 1803. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral». Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. 1 1 . en 1800.2 Nos parece. 82 (1973). 158. Como. al menos indirectamente. Hill. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica.1 La razón de esta discreción es evidente. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción.de una Antropología en sentido pragmático. para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. sin em­ bargo. Philosophical Revíew. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. Se tr ata. 5. el estudio lógico de G. Kant-Studien. pp. en lo sucesivo. una conexión positiva. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». . 237-252. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original. Finalmente. 1963'. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía."). pp.. sin embargo. 3. 2. no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas. por ser moralmente neutras. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico. que es la política. según el imperativo de la moralidad. 228 y 230 nota. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. la totalidad de los preceptos morales. pp. y Thomas E. 1 1 3-128. más precisamente -según el título de la obra de 1798. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. p. 200. por otra parte. pero no vale nada para la práctica (1793). J . en el Curso de lógica publ. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia». la atención de los intérpretes. Cf. que. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. otro interés. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». al parecer. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). En los escritos consagrados a la filosofía práctica. �· rificarlo. Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. si no de la mo­ ral. sería in­ verosímil que. bajo ciertas condiciones. Distinguiremos más precisamente. 1966. en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría. A partir de aquí. la habilidad y la prudencia. sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. el imperativo categórico. Por una parte. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra.

op. «Explicación>>). Solamente después de estas explicaciones generales. por ejemplo. según pr de determinar la voluntad. 146-151).6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. no puede haber imperativo hipotético. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. y únicamente en él. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. y factor de heteronomia. 5 1 7-5l8). 8. pp. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes. En el segundo caso. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G.) Dicho de otra manera. Se advertir ios de Leibniz. J 969. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. 293-303. J. p. es decir. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. Pero. o intentar llenar. por lo tanto. sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. prudentia). no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». Paton. cf. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. m. el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. 175-177. más que para llenar. .214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. D a práctica». de teorema lV. trad. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. fr. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. p. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. (Esto hace inútil la explicación de H. parte l. en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. trad. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. Fundamentación de La meta Delbos. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. nota). sino sobre el principio racional de la pelfección. que el Kant muestra incluso. p. de Delbos. el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. Por el contrario. 7. cit. Pero inme- pp. libro l. sin relación a nn fin distinto de ella misma. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. Esto no impide que el intérprete. París. W den. con ello. Dicho de otra manera. es decir. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. p. de tal o cual ser razonable. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. Los estoicos. el imperativo es hipotético. Crítica de la razón práct ialéctica. § 1. márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. la razón se constituye en razón práctica. de contaminar el concepto de ésta. que son las inclinaciones sensibles. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. 1 958. tam­ ica. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad.8 El imperativo no in­ terviene. p. Budé. A decir verdad. está tomada de la tabla de los juicios. 124. donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). 124. Fundamerrtación. Wiesbaden. t. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. si es representada como buena en sí. Por su capacidad según representación de leyes. la voluntad humana». incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. no son una de ellas más que en apariencia. fr. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. pues. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. La distinción de ico y de lo hipotético. 1 14. 70). a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. allí donde no hay interés. ahora bien. tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. Crítica de la razón práctica. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. el imperativo sería superfluo. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. pp. cf. pp. escolio ll. 220. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. En realidad. ca. Cf. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. de Platón a Wolff inclusive. Furulame11taci6n. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. de manera que. el imperativo es categórico. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo.

sin embargo. aquella que no es ni superflua ni quimérica. La habilidad ordena. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . donde Kant . B 1 17). l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». laj elicidcui. sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. ». Pues aquí la razón no llene 1 1 . lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. . pues. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. como. es susceptible de ser realizado. ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera». sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. � No pasa lo mismo con l a prudencia. górico. 133). incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. fr. Pues. Metodología trascendental. sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. cuyos imperativos no son proble­ máticos. es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. no es este punto el que interesa a Kant. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. . n? llega neces�riam�nte y. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro.10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. B 828). incipio problemáticamente práctic�». se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. Kant habla de esos «conceptos usurpados. por lo tanto. en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. f elicidad. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. Desde el punto de vista de la moralidad. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. sino asertór icos. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. y. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. A 84. por _ otra. A decir verdad. Que este hecho sea no sólo constatable. al menos lógica. por ejemplo. para un ser razonable y finito. d�s­ rino. Un poco antes. a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». 126). 126). que. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. a saber. B 828). capítulo II. a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». nos dice Kant. . A 800. P. por una parte. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. 9. la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón».9 Retengamos. es un «principio apodícticamente práctico}> (p. el tercero el del imperativo de la moralidad. con miras a un fin «posible».216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. En sentido amplio. 127). nos dice que «en la doctr ina de la prudencia. ni en querer lo imposible: la acción hábil es. no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. W nónimo de Glückseligkeit. Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. 126). una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. 131). ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. la cual es. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . negativamente. 1 28 trad. de hecho. de Delbos modificada. que Kant denomina la «finitud» del hombre." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad.

p. como veremos. vol. Se podría dudar que los imperativos. 178 w. y llega hoy. baden. se han 19. como 1. que emplea la expresión Erhikorheologie para go. de una técnica. pero desatendido en la segunda." versión: «Las prescripciones pragmáticas. 132. Los malentendidos polémicos. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid. 64. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. 129. 13. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. )>> (p. XIII). fr. .la tradición hací . 2. entre las pres­ orschriften). en la relación que instituyen entre los medios y el fin. § 86).19 15. l. desde el punto de vista del valor. 18.13 En realidad la Fundamentación ya proponian. 14. sino que subraya sus intenciones y quizá también. siempre posible en el caso de la habilidad. 178 de la cd. en el caso de la prudencia. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. W Fundamentación. esa terminología. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». y la moral idad) (trad.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. es decir. que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. o reglas de la prudencia . «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. además del texto de Fundamemación. de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. No modifica el contenido mismo de la doctrina. de todas � la _ (entre la hab•hdad. Crítica de/juicio. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. p. declarados por lo demás asertóricos. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes. xm y xvJ-xvu. de Delbos modificada. Wies­ P. es decir. las del arte y la habilidad en general. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones».i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. V. nota). mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. de A. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad.• sección. Philonenko' p. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». la prudencia Cf.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y.12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. es decir. . 0 de la prudencia. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. La felicidad no es tanto una idea de la razón. 16.14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. aunque sin privilegiar­ la. Kant. 12. trad.17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. para ser práctica y no teórica. trad.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. (referentes a la fe­ i referentes al arte). concierne pertinente. fr. de la cual -no lo olvidemos. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. la Crítica de la razón práctica. a las costumbres)». que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad. es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. 1957). . pp. aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). 1 7 8 W. Werke in sechs Btinden. . p. lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. <<Hablando con propiedad. La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. 106). también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. fr. 133). o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. cf. en una nota de la primer a la Crftica del juicio.. Cf. última nota de la 1. en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. Pero hay que recordar que. que son «proposiciones prácticas». un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. que «presupone». eiscbedcl (1.16 En el fondo. (p. ocupa el segundo r ango» gar. 1 .• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». también p.

Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. vuelve a tomar. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. Kl. En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. 87). transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl. el valor y la templanza (cap. Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. 43. al de l). De o jficiis. la virtud. 26. Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes.220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. pp.. dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. 25. 1 1 97b 8. ración.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». cf. a propósito de la «Sabi­ durla divina». Para un comentario de estos textos. una adición de la segunda ed. cit. 89. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. Von Arnim. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. iiberserv von Christian Garve. El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. 4. pues. para las necesidades de nuestro propósito. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. Stoicorum veterumfragmt'llf(/.. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. 5. v6asc su¡ml. 23. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento).. de su sección de la Fundamentación.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich.. si la justicia no es citada aquf. no pueden. capítulos 3-5. pueden volverse extremadamente malas>>. de Delbos modificada. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve. .n K. prudencia. 1793. es verdad. 22. laudabile. De hecho. última nota de la primera sección. la justicia. es decir. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia».de la argumentación de Cicerón o. . 27-33. Nic. valor.el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. 34. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . fr. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente.. 262-283. Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793). no más que los de la fortuna {poder. pues. 1 1 40b 20. Pero todavía falta saber de cuál. <(I"Crum cidente. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. 153. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad. l l4lb 5. Magna Mora/ia. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. el dominio de sí. Nic. sapientia). término que traduce el griego phrónesis. p. de sólo la rectitud del fin. Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. Por lo demás. nüchterne Uberlegung>>). con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. Ét. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. I!H'i. un habinJs (hexis) práctico (acompañado. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. Breslau. 7. natura. prudencia. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». lll. . p. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. VI.22 del hombre en general y. 1. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. Cf. . en particular. Tubinga. Kant. consideración. Reich. más verosím ilmente. 5). .. 14). Recordemos aquí solamente. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. explica en (B 414 = A 409). y no la identifica como Klugheit. «regla verdadera».ición. Kant und die Erhik d er Grieclum. siguiendo aquí a Cicerón. Reich (op. 24. lo cual hace de él una virtud intelectual). .25 lo cual Selbstbeherrschung.a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. que es para sí misma su propio fin. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. VI. sino también la de los medios. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico.20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». r iqueza. K. a pesar de su utilidad para el hombre. de una buena voluntad . será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. l . el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. que co­ De o fficiis. b) no asegura sabidur ía. ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. Trad. salud). bajo la misma denominación de prudencia.2• no tiene reparo. 2 1 . lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» . el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza. Kl. -negativa.

'lgos. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. trad. que la prudencia es una virtud moral (Vl. hasta el punto de no aparecer f . El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. _1!40a d. 29. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28.30 En cuanto a la obligación (obligatio. Aristóte­ les. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. a ? mos la fehci t fonna. por consiguiente. l como una especie de esta última. para Aristóteles. 23 y 87-88. La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. VII. . No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. de Philonenko. sino de Baltasar Gracián. 1 1 97b 8. pp. Tubinga. que llamó «pragmatología>>. no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. 26-28. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. 5. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. Magna Moralia. al menos indirectarnente. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. 1894. más lejos. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. Más moralidad. M . 1964. 13. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica.ttud. «pru·ci�> (�ata �QO�). p. 1688). El endemonismo aristotélico. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. Añadm tmnb1en. satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. es una capacidad digna de elog¡. y la prudencia y la virtud moral de otra. C. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). l l44a 23). da�? un fin. según Anstó­ teles. Thomasius. Borinsk i. estas dos diferencias no hacen más que una. tampoco hay vtrtud moral e . pp. plo. supra. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. sino necesruio. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. Wundt. Cf. ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). En realidad.2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. e� d�crr. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). . de la sabiduría (sophía). 1945. 1. cf. de los I l52a 1 1-14). no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. a la tmltilidad práctica. reimp. Cf. no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. y la de necesidad moral por la de obligación. Por ejem­ Pedagogí a. 34. es la habilidad del virtuoso. Hildesbein. 13. Wolff. 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. . de la moralidad. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. V er dindlichkeit). Halle. tú e·u s'\'lV)» (VI. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es. como más tarde Kant. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. que procura una necesariam pero s. 150-159 y 199. Sin embargo. ecttva sm prudencia. en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». 1 1. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. Pero ya en 1764. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco. 30. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. prudencia mundana (cf. pp. pem la prudencia con27. Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. K.f moral. fr. los medios propios para pr �cura 26-28). Si no h�y �rudencia sin virtud . 73-75.o. combinar los medios más eficaces (VI.

32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. XII. p. tal como lo hemos definido» (Delbos. original. los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. s. 36. que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. 133). Ed. Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764. 11 1 !bi d. p.)(. 99: Introducción a la tra­ 33. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma. se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. La distinción. a pesar de las aparien­ cias. desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. que tenía al menos el mérito de la claridad. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». no valen más que para una voluntad heterónoma y. entre la necesidad problemática 1764. como los me­ canismos de la natur aleza. Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. 35. sino por la r epresentación de leyes. por más que esté depurado el concepto de perfección). voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección).'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. como las de la habilidad. . o.está determinada no por leyes. 171). Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». bacía de la prudencia. pues. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). 98. 1905. XI. 34. p. sea a recaer en La posición de Aristóteles.lidad» (Delbos. p. uno de los componentes de la moralidad. Parfs. La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. /bid. e Kant. p.f. 175). no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad.. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». si decido construir un puente. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica). tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad». como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. Crftica del juicio. prefigura sin duda alguna. como se dice aquí. que estructura la sistematización wolffiana. Por no haber hecho esta distin­ ción. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad.l4 la Introducción damental de la heteronomfa.224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. Decimos: «tiende a mostrar». El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. como las lo tanto. a saber. porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. Ahora bien. 96. no dependen. sino de la filosofía teórica. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. dar en el sent 3 1 . Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. fundar la obligación. Pero. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. como hemos visto. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. p. La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. Paós. p. pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. Pero el mismo argumento era. 23. Esta distinción. p. especie de la habilidad.. des­ y la necesidad legal. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil.. Pero para comprender perf ectamente este punto.. consecuentemente. de la filosoffa práctica. como apunta Delbos. Así pues. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está.

Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada. 41. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza. § 3. F. 173. Es lo que dice. que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. 43. t. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico».'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. p.tifica pertractata (1738. Ed. nota. tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. trad. 176-177. 38. a decir verdad. de la cosmología y de la teología naturales. fin o medio en la pr áctica». es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. 40."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. pues. Es así como Wolff. ponitur etiam naturalis obligatio». En una época en la que la téclll­ ca se eleva. es decir. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien.Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». 1. al menos en alemán. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. desde el comienzo de la modernidad. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. es verdad. sacando las consecuencias de esta evolución. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. fT. de la psicología. minada. /bid. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología. después de haber desmontado sus mecanismos. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. al menos en cuanto a sus principios. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. p. 46. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra». . en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior). p. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. Siempre en el ámbito técnico. . de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica». advenencia 11. Kant no vuelve. pues. capítulo 1. proposiciones analiticas. p. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. 1. de la teoría.'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. 45. p. Philosophia civilis. § 4. mostrará que. depende en su totalidad. no sólo de derecho. si se puede decir. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza».. 176. 174. al rango de «corolario». una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. 133. de Delbos. así pues. !bid. Hay que distinguir.¡ es decir. aunque dudaba. 177.. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica.• versión). y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. p. 42. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. Cf. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-.. pp. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. 44. La tentación era grande. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales. pp. sino porque es plconástico-. Bacon. 46. también. del conjunto de l a metafísica. la entrada progresiva en práctica tenía. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. Novum Organum. tal como el de las conducas t humanas.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. Frtndamentación. XV.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber. su propio modo de empleo. Esta descripción puede parecer caricaturesca. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura. 39. Weischedel. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia. incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. debido a la contingencia insuprimible de su objeto.. .un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. Sin embargo.de una «geometría práctica».f)-. 176. Cf." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio.1739).. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. sino de hecho.

el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-.ar los fines terminadas a priori. pero que no jeto es «hacemos alcan7. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán.53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». 1. 48. tica. Más tarde Kant negará el tít�lo .51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad.eorum. las den�rninru:parte. 58. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». que es.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. . hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. todo esto. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. es decir. B 828. «que no con­ heteronomía. gica. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. § libro 1. es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. 53. I. a la falsa mediación entre teoría y práctica. que Kant. en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. 52. q."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. y. sino de la precaución t��ada con vts. T. ss. «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. primera parte. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. 51. xrv. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. . pnmera Xl11 pp. fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff. como recuerda ens. del Critica 37. 50. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible. 47. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. cf. toda existencia: pensar la moral como arte. Delbos. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura». nota. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto».. 129. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . VI. !bid. Delbos. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. cap. la economía política. capfrulo l. Introducci juicio.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. Crítica de la razón pura. Braun.r má� � � Es cierto que. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia. y más particularmente «bien del hombre». A 800. cf. «la teor ía general de la felicidad». o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. . Histoire de l'histoire de la philosophie. canon ya en la Critica de la razón pura. 1 1 1 . U. en el límite. con la teoría. 49.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). sed contra). Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. es decir.1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». nota). Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. a. una autodeterminación de la voluntad. Christian Wolff. en la primera vcrstón.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . de una meta denominada «bien». de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. p. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . puesto que su ob . si se . 22. La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. París. capftulo 3. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>. Kant oponía a las leyes morales. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. Crfrica de la razón prácuca. una contracción de prov i � � � tc. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. p. L. como ya hemos visto. que son productos as. pragmát1c leyes las razón. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. designa paralelamente con el 47. 2. como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met . en la vesión r publicada. � o apa­ nombre de pragmática. 1. . el arte de las relaciones con el prójimo. ón. República. . la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. ll ac. es decir como técnica. De diVImtate. j o formalism o to de allá más prevenir. Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. 1973. 129. 1J a. De 7iGtura d. 49. Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720). 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. es también.. Cf. P. la economía doméstica.

hombre la habilid cada. .230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. de � on l"�c•. en especial de sus cursos de pedagogía. en cambto: �en­ o imient conoc el . pp.� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física).� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. se ha hecho «vírgenes sabias». así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. que es <<klug genug. En el Egmont de Goethe. . Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce. en boca de un polít ico.56 . Antropología. curiosamente. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal.. aunque el tema haya podido . la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. la de la metafísica de las costumbres. bre. de las reglas demasiado rectas y rígidas. . cuando. 426). cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). des sean desarrolladas en él faculta las ble. edición de Hamburgo. si es verdad lidades del hombre. al menos el hombre empl­ hombr El noma. quiere necesariamente que todas . 1 1. es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu .0 acto. al menos en Mt X.�. mt �mo > La an­ él de hacer debe . e. tal co� . La serpiente es Uarnada «klug». 1-13. de «lo que el hombre . 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. agmahco. Klug es. el equivalente del griego phróni­ mos. que msean s.. mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello. 45). es evidentemente un cumplido. . sino para cumplir la ley moral. 57. 59. � . X. lo cual. rebelde «pragmático» y precavido. p. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. la noción de pragsuger ignora todavía. tr. Por lo demás. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo.�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». Apéndice 1). de Foucault modi'li 56. 89 Y 109). � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. cf. pruden la ad. pero a una in teli­ gencia práct ica. en realidad. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. tomo IV. en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». es verdad. VI. también XXIV. p. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas». Aqui «pragmático» se opone a «fisio . cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. Pero esto resulta. Y las vírgenes prudentes. del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. 141. puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. . Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. propio su o mism sí rico. trad. en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución.fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. Mt XXV . ma­ attvo categónco mtsroo. ltmtte ctertos con y iones que. 1178a S-8. naturaleza hace del hombre. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . como hemos visto. Cf. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. no es para a �or ello. phrórumoi (a las que a veces. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. Ni c. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. 7. Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. a ésta que el ámbito de la moral. SS. . como en Aristóteles. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. habla. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». Nic. (Pedag ad moralid la cia. El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. as1 todo de demás lo por como o. bajo ciertas condic � id_ ? 54. Kant aunque se perdter lizarse. se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. S. puede 0 debe hacer de sí mismo» . sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. nichr kJug zu sein» (4. Ar tipo de político «pragmáti co». P . Delbos. fr. el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. son en alemán «die klugen Jungfrauen». Es así como istóteles (Ét. 58. .

p. 67. así como inevitable.61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». Ahora bien. Prefacio. p. 196. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. más aún. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. entre éstos. 66. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger). que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). 129. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. !bid. pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi. l 1) no sign ifica 63. Nic. que la «disposición pragmática». en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico. éste está atestiguado tanto en la Antropología. por negligencia o por pereza. puede convertirse en un deber al menos indirecto».65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf. de una cultura de la prudencia. trod. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. Delbos. 47). 64. En el pasaje de la Fundamenwci6n. este desliz viene. más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». como dicen sus biógrafos.para esta cultura pragmática requiere. P . Parménides. 127. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres. VI. . incluso si su fin no es la destinación del individuo. pero también la habilidad política o cosmopolita. refiriéndose en esto al uso popular. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. Pitágoras. Vl.62 ¿Por qué esta mediación 61. pues. sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». Pedagogfa.). 5. 128. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»). Delbos a la p. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. sino la de la especie humana entera. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed. ed. nota 79. cf. 5. En todo caso. 189. pues. nota de la p. 60. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. 1 1 40b 7-11). como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). p. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo).. siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. sino el ciu­ dadano en general. Pues no se ve cidad. pero no basta para justificar este desliz. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. y niega esta cualidad a hombres como Tales.. «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens.61 En todo caso. p. p. 62. Fundamentación. 163). de l ejos.. fr.67 No es sorprendente.60 Dicho de otra forma. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. de Philonenko. las pp. W eischedel. Existe. una explicación. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. La Antropologfa recuerda. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. 65. p. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. Para phrónimos. es decir. el W eltbíirger..para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. como en las lecciones de Ped agogía. sin duda. Hemos mencionado que. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. nota de V. cr. si se puede decir. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. n. e incluso.la moralidad. en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá.w�). 178. nota. . no contravengan a la ley moral. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. . Nic.64 Pero. por otra parte. supra. 63-76. 1 140b 7 ss.232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . Delbos.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano. es decir. igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. supra. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. p.

En tercer lugar. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios.74 V olvemos a encontrar aquí. Por una parte. excluida de la moralidad. sino sabiduría. pp. tica del juicio.. 74. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. Kant esperaba de su docttina del deber. la desgracia de los demás. Por otra parte. xm. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás. p.. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. /bid. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. pues. la política no es prudencia. ed. la acción política. me parece. En primer lugar. !bid. Se pue­ den. En segundo lugar..inder. to a la paz perpetua». puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). al mismo t iempo que el reino de la moralidad.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. que la verdadera política es una política moral. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). Cri tración o el gobiemo de sí mismo. p. por el contrario. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. pro­ blema morale). aplicación inmediata de la ley moral. p.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc. . La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. como vere­ mos. 158. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. con las me:jores intenciones.&) No será de extrañar. 68. p. cf. Sobre todo en la Pedagogía. /bid. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. las «ventajas» que. 157. 159. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. p. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. en Kant. de la prudencia como arte de asegurar. al menos nombrar tres. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit). o de lo que Kant denomina una política moral. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). 159. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera.234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. 72. 71. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). en definiti­ va. no sólo más eficaces. a saber. a la fines» (p. o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces.. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. . 159. es decir. la política. se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. aunque no sean su razón de ser. que la prudencia. 73. cual define como «el arte . fácilmente. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). Zum Ewigen Frieden. 69. Más exactamente. 132. incluso en este caso. en cada caso par70. . p. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». En el primer caso. siendo i11Condicional. V orli. donde el r iesgo es provocar. no técnico. Bthik und Politik. !bid.

En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf. Sobre el lugar común. 82. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». loso fía. 79. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). 203). Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. Que la Revolución francesa. p. Conflicto de f 80. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. Crftica de fa razón práctica. . pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. Vorliinder. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). incluso imprevis ibles. contiene el riesgo. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». persiste en justificar el adagio Fíat justitia. sino el moralismo. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo.de la prudencia un estatuto positivo.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. cuando en realidad éste exige ser cumplido. La paz perpetua. a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. Kant no llega.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias. Ciertamente. 151. luego puedes. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. como al sujeto moral en general. por sus consecuencias. 84. Traándose t de moral política. ad jinem). por ejemplo. 81. Pero. Sobre este último punto. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular. con todas las fuer­ zas o por todos los medios. 74. Kleinere Schriften. Mediante la célebre fórmula Debes. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. dicho de otra forma. como dice Sartre. «yo podría con raz. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. desde ese momento. 108. Kant excluye por detinición los medios inmorales. p.236 APÉ. de pasada. de sus actos). los únicos que son moralmente compatibles con este fin. 160 y 161. Lecciones sobrefi 83. de la. p. parte 1.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. pp. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. y que un procedj. ne­ gligencia o simplemente estupidez. El formalismo de la ley moral. 40. donde su asesino le encontrará. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. dicho de otro modo. p. imprevisibles en su totalidad). que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. la verdad sea dicha. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. pues las consecuencias son infi­ nüas. ni siquiera en el terreno político. incluso en sus comienzos. Vorlander. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede.7s Así. cf. si por el contrar humanidad y. «mit allem Vermogen». Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). como dice al menos una vez kant. § 6. es perfectamente clara y no se presta a interpretación. por lo demás. 78. p. por responsable de las consecuencias de sus actos que. § 8. con sus corolarios. como Hegel concederá. una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. después de todo. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. en Kant. p. capí­ tulo 1. asf. Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). El ejemplo de la Revolución francesa.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. segunda sección. jamás h a convencido a nadie.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. pereat mundus. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger. comprendido el del error en la previ­ sión. de conducir a la violencia. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes. imposible. que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. por distracción. ed. 1919.84 Contar con la acultades ( 1798). 77. el que en política lleva al ten·or. V orlander). no soy responsable de las consecuencias. sobre todo en el ámbito político.17 es decir. historia. habrá omitido prever.76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. de dañar al otro. Vorllinder.80 Sin embargo. aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». «más de una flor inocente». y. 76. las consecuencias. La paz perpetua. el viejo Kant. Este argumento.

que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. aquella familiaridad con las cosas que. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». como parece hacer aquí Kant finalmente. Ét. . Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua. para Aristóteles. sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». priva a Kant podido sacar partido. se volviera contra la defLOición de esta última. gracias a la fom1a de la ley natural. escapa a toda interpretación. donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad.86 Desgracia­ damente. Al círculo hermenéutico. era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. de jándolas ser como son. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. . la experiencia sobre la cual reposa ya no es. 14. no sólo en su filosofía política.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. Por otro lado.. 9 1 . ella debe ordenar. un saber tal. La Típica proporciona. aunque sea pro­ visionalmente. 89. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. perf ectamente unívoco. pp. Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». 90. §§ 301-302. Y. Cf. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». Con los tiempos modemos. contra ella misma. El problema habr ía sido articular. virtud intelectual. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. «La typique du jugement pralique pur». era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. 162-163. 56-87. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. Ahora bien. VorUinder. un arte difícil. entre la intención y las consecuencias. Introducción. H. añadamos. Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. Archives de Phi/osophie. la condición de su utilidad para el hombre. no es abordado de ninguna manera. En un único pasaje. o todavía «aplicar a una acción Pp. G. al . permite orientarse entre ellas. Marty. 1962. una prag­ mática con una práctica. Yorliinder). F. Después de haber dicho que incluso en po. . istóteles muestra 87. Wahr heit und Merhode. Lo que está aquí en juego no es. sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». P . se habrá podido observar que en esta problemática. sino construcción del objeto. de realizabilidad óptima de la ley moral. parte II.final de la Introducción.lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». más que en la extensión y la potencia. sino su verdad. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. 19 ( 1 955). Cf. El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. § XVU 85. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. sin embargo. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. añade: «pero acordándose de la prudencia. 159. sino de su utilidad para los hombres.88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. pues. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. 1 19. La prudencia aristotélica. Gadamer. p.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. en especial Metaj(sica de las costumbres. 160-161. l l37b 29. Crftica de la raz6n práctica. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. Nic. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. 88. pp. sin alterar el concepto de esta última. El saber ya no es comprensión del ser. Yorlander. pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. Cf. en el seno de la filosof ía práctica. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. De hecho. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. la cohe­ rencia del sistema kantiano. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. rechazo que no pragmático. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística.la justicia. entre libertad y natura­ leza. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas .EN KANT 239 Providencia. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . 86. el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. como en Jos Antiguos. Tubinga. el cual se confunde con su proyecto. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica.91 Así. no será jamás tematizada por Kant. que hace que. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. de este añadido a su doctrina.

por G. Pseudo-Aristóteles.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. Apell. 1880. Ét. 1958). y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. en los vols. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. 1963. 53-54. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. Solomon). so de reedición. Berlín. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. 23 vo­ lúmenes. Bur­ net. a completar por XXIJ. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que.. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa. bajo la dirección de J. 1 831-1870. Leipzig (Teubner). Loeb. 1 960. Gru­ mach. Commentaria in Aristotelem grcteca. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. Eud. D. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. 3.• ed. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. de Gmyer. por F. Berlín. y De vi11utibus et vitiis por J. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. consecuencia del progreso científico. cf. Armstrong. Gigon. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines. ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad. por F. Oxford Classical Texts. Kant no hace sino sacar. 1956 ss. . la sugerente obra de W. Smith y W. 1883.. Stock. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. Neuwied-Berlfn. Nic. A. Nü. al contra­ rio. 1912. 5 vols. VIII. Ética a Eudemo: Susemihl. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. incluso los más morales. Hennis. 1935. Nic. XX. Bywater. Magna Moralia: Susemihl. IX comprende Ét. Dirlmeier. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera. con más lucidez que los otros. 1 894. ed. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. Rackham. de la Academia de Berlin. El r rente a nuestro mundo moderno. por W. Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. Teubner. donde la proliferación de medios. 1900. 1935. Akademie Verlag..:. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. Ross. Eud. es decir. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica. ed. bajo la dirección de E. en especial las pp. Londres. Ross. 1884. VI. científicamente determinable y técnicamente construible o. Por su concepto de una razón práctica. Magna Moralia. XIX-XX. Oxford University Press. (han aparecido el vol. 1956. 12 vols. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». Mag­ na Moralia. de O. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias. es decir. 92. D. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. 2). col. XIX.. de Susemihl y de Rackharn.. Ét. col. de la Academia de Berlín. un mundo en rigor «imprudente>>. Politik und praktische l'llilo· sophie. reimpresión 1957.l). por O. 2. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. Loeb. 1908-1952 (el vol. pero no será nunca una filosofía práctica. Dirlmeier. Teubner. y el vol. Citamos según la edición Bywatcr. J. 1 .92 la idea de un saber prudente. 1960 ss.0 ed. en el gris indiferente de los fenómenos.

l. 2 vols. J. in­ troducción de Emilio Lledó. Dirlmeier (1 956). ibid. 1897. Ro­ dier. 1928. 1958 (cf. Universidades de Francia 1939. Cruchon. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). 1989). edición R. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. Madrid. supra). A. París. Tricot. Gredos. . Grundprobleme der antiken Philosophie. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). Copenhague. 1930. de Barlhélemy Saint-Rilaire. Zwich.. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis).. t. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. 1955. Retórica. Nic. Gauthier-Jolif. Jaeger. Vlll. edición y traducción de J. para el resto. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. 1985. Artemis-Ver1ag. por Dirlmeier. Ak. 1936Física. 1959. M. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). Libené et civilisation chez les Crees. Wiss. Ét. Vrin. edición de W.-hist. Gr illi. W. 1882. 98-104). Hist. París. Edizioni di Stor ia e Letteratura. Madrid. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. edición y traducción de M. Oxford.. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. Franke. 1 953. de la Revuc des Jeunes. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. Roma. 1958. VI. Tricot. Walzcr. Milán-Roma. Robinson. Grcdos... An Attempt at. 1 985�. D. Marguer itte. Oxford. G. phil. por J. cf. Ollé-Laprune. Gigon. 1995). Reconstruction. A.-A. H. Oxford. Política. Ética Eudemia. 1909. 1 886. n. Spiazzi. París. 3 vols. 2 vols.. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. Vrin. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). Oxford. trad. París. Jolif. Grcdos. Magna MOI'alia. Texts).. Comentanos parciales: libros 1 y II por J. revisada por O. París. Fragmentos: edición Rose. 1948. Rev. W. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. 2. X. en Acta Congressus Madvigimri. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. pr. Marictti. Madrid.. Vrin. R. Leipzig (Teubner). 1959. Tricot.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. Gauthier y J.• ed. 131. Éd. en Archives de Philosophie.. 19872). Gote­ borg. Texts). Carteron. 1955. por L. Texts).-Y. Florencia. 1949. 1909. hay que añadir: Joachim. traducción del Organon de J. Turín-Roma. Tomás de Aquino. Instituto de Estudios Po­ Líticos. ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. edición de F. D. París.... VII. 1958-1959. edición y rraducción de H. París. Aristotle 's Protreptic:us. traducción y notas de Julio Palli Bonet. Oxford. D. Madrid. 1958. 4. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Stzb. -.. Gredos.. Bocea. pp. Susemihl. t. Madrid. 2. por L. Madrid. libros 1 y U. por R. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. A completar hoy por l . introducción y notas de Julián Marías. 0.174. d. Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. Düring. Vrin. ID). 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Rees. ed. A. 1947. Ét. de M . Par ís. 19 1 . colección Budé. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. Ross (Col. traducción alemana de O. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. introducción y notas de Julián Marías. Irn­ misch Leipzig (Teubner). supra). por G. Nic. «Les trois vies». pp. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. Cambridge. 1930. d. Payot. fr. Grenwood. Gigon (con importante introducción). Dufour. Kl. Festugiere. libros f y Il.. traducción de J. 1934. París. París. Jaeger (Col. muy insuficiente. 1856 (La mora/e d'Arí szote. París.. 1960. Philos.• �d. París-Lovaina. Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. también hoy la traducción francesa de J. 1957. 1960 (reseña de H. Souilhé y G. 1961. W. Berna. Aubonnet. 1957. Ross (Col. Tricol. Centro de Estu­ dios Constitucionales. Nauwelaerts. ed. 1995). col. Nic.

La morale d'Aristote. París. XIV.-Hist. PUF. 1. !. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. 1934. Weidmann. H. pp. PUF. Ravaisson. · 1956. 1923. Rodier. tesis doctoral. QueUe und Meyer. París. J. París. Ollé-Laprune.. t. Wittrnann." ed. Ethik der alten Griechen. Clarendon.. Ph. Pohlenz. 1955.. Padua. Rev. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. L. Le dominateur et les possibles. 1912. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. Régis. 1923. pp. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O. cast. 3. Par ís.. Schwartz. von. von. fr. 1955. Mélanges A. 139-171. Madrid. 1952. Payot. pp.. Weiss. 1953. 1923.. Aristotle. LI. xm-xxrv. . 1962 (h ay trad. Teubner. Wiener Ak. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. des Lettres. 1959. XLIV. París. 1837. Lovaina-Pa. 1926. H. traducción francesa RobiJ1. Wundt. 6. M. Leip­ zig.. París.. 1961. E. 2. Mansion. XVlli. de Wellmann.. 1962. «L' Anthopologie d' Aristote». Hegel. (La liberté grecque).. Arnim. reimpresión. 497 ss.-hist. ll. nueva ed. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele. 1948. 1958. Die Entdeckung des Geistes. G. 1956. Mesnard. 1938. 1923. L. La mora/e d'Aristote. M. Gauthier. . Oxford. trad.).. V orlesungen über die Geschich. Wiss. traduc­ ción francesa de C. Aubenque. Scbuhl. Das Ethische in Aristoteles' T o pik. Mémoires de 1'Ac.. Ethik der Griechen. de la Ética a Nicórnaco.. ampliada. Essai sur la métaphysique d'Aristote. Londres. CJ. 1924. 52 (1954). 2 vols. ." ed. pp. Oxford University Press. F. Allan. pp.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. Ando. Stuttga.ilosophie der Griech. 255 ss. París. Griechische Freiheit. Aristote.te der Philosophie. 1882. pp. 1948.. The Philosophy o f Aristotle. 1987). 1920. en Autour d'Aristote. W. Eudemische Ethik wui Metaphysik. Mét... Léonard. P .. E. Glockner (JubiJaumsausgabe). «P. 1955. <<Aristotle in the "Protrepticus"».. M. -.ilos. pp." ed. Schrnidt. Mét.. t. 1 . E.. 1881. Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. Stuttgart.. Stzb." ed. 205. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung... Nauwelaerts. Aristoteles. pp. P. d." ed. 22 (1961). 1833. 120-127..: E l problema del ser en Aristóteles. d. 1958. B. Mélanges A. París.• ed. Payot. PUF. Berlín. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. R. 2.rís. 1935... 917-940 (a completar por Dirlmeier. 2. La m01·ale antique. J. Leipzig. Snell. Phii. publicado por W. H.-A. Meiner. Eth. 1942. Riondato. 2. Research." ed. pp.. Rev. Geschichte der griechischen Ethik. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. pp. 1957. H. D. 1955. 1946.. 153-162. 245 Joly. Nauwelaerts. Apelt. Demos. Cl. G. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate.. (<The Practica! Syllogism. Taurus." ed. 1958. 4.. 1955. Kl. de Letras de Argel). L'opinion selon Aristote. 5..1911. R. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles. R. 3. P. L.... Ro­ binson.rt. E.. W. Richter. París. 1944.r.. and Ph.. 325-342.. Die Ph. Dür ing.-M. Vrin.. 81-97. 1928.. Stzb. Hambmgo. Lefevre. 207. 1925. K!. París... Wilpert. París. Die drei aristotelischen Ethiken.». Mansion. que aristotélicienne. Le bonheur chez Aristote. Wiener Al<. Die Ethik des Aristoteles. prefacio de sir Amim. Antenore. ibid. París. Robín. Ética a Nicómaco.roblems in Aristotle's "Protrepticus"».. D. de JI. 1913. Gadamer. 1960. F. 2 vols. Essai sur la problemati­ Wiss. Eranos. Berlín.-M. Bruselas. Kioto. Royale de Belgi­ que. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason».. 1942 (Curso de la Fac. Mor. «La m01·ale d' Aristote». L.. 2. des Lettres. Takatura.. 1955. 1960. David Ross. Hamebn. L. 202. vol. 1955. Mor.enomen.. 1908. Heidelberg. Ratisbona. Zelle. d. 7-36.. Lovaina-París. Claassen. traducción alemana de P. 5. -. J. PUF.. XII. en W erke. 1923. 2: ed. 1946. Hamburgo. en Autour d'Aristote. 3. Weil. R. 1897. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition. tomo lli. Berlín.en. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. Basilea. reproducido en Études de Philosophie Grecque. Le probteme de l'etre chez Aristote. Philos. 1951. París-Ottawa. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». Nik. Essai sur la morale d'Aristote. traducción inglesa de R. Jaeger. Argel. d. 1. D. 0.

eta j!sica de las costumbres. 1943. en Moralia. Wcidmnnn. AJmqvist & Wiksell. q. l.. Se las encontrará en su lugar. 8). B. 1912.246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». fr. Magna Moralia und aristotelische Ethik. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote». Tomás de Aquino.. Noble. Munich. 7). XVI. Pfeiffer. Leipzig.. Cleisionnis. 1958.. Delbos. ed. Ga­ damer). ernunft in der griechischen Philo­ Walter. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas.. Bollnow. 25. 33 (193J). 2. Loeb. Isnardi. en Umanesimo e scienza politi ca. Mansion." ed. Walz.a ed. Staate. 89 (1961).el de la morale d'apres Aristote. Monan. 1951 . Mnemosyne. 1925. BerDiels. Oxford. París.Ba silea. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. Friburgo. 1903. istoteles und Platon». Ullstein. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. 2.fondement intellectu. 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. 1943. pp. F. Kullmann. Tubinga. «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». pp.. 42-61. 4 vols. pp. 2. Gillet. O. Kranz. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. 6 (1938). H. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. Mattei. tesis en Friburgo (Suiza). 1). Jankélévitch. «Theorie und Praxis bei Ar pp. I-1. V. de V. tesis. reimp. 69 (1948). G. pp. pp. Revue Néo-sco­ phie.. A. G. Espasa-Calpe. 1958 (hay traducción castellana de M. . 138-164. «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». París. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen.. Leipzig. de. 1949. Delagrave. 1 . 1932. J. 1928. Du. 1961. en las notas. 1946). Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin. 373-374.er. Olmsted. 21 6-236. J.. de Louvain. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H.achischen Ethik. 56-75. Hermes. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. 1994).. Fragmente der V lín. Hüf fmeister. N. Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. Rabinowitz. 1876. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. nueva ed. Berlín. «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. F. 1 9 1 8 . Rev. 1960.. Fundamentación de la m. col. tesis. 58 (1960). en Mansion. Goteborg. lastique de Philoso icus"». 1949 (de inspiración tomista). cap.• ed. Jena. BAC. de H. Milán.. vol. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia.. 360-380. E) Sobre Hirschberger. Hermes. U a U ae. Michelakis. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum. Traktat über dir Klugheit. Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. 1957). 9. XI). Aristoteles-Studien. pp... R. R. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. S. E. tesis en .. B. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. Kosel. H. Berkeley-Los Ángeles. García Morente. Pieper. E. Mohr. D. «De la virtud ética». Philologus-Supplement. 80-107." ed. de Th. Kuhn. M. 185-219. W. . 1905. PUF. D. -. E. Mu­ nich. 47-56. Philos. rrunkfurt. Stark. Madrid. 1954 (Zetemata. 51 ( 1956). American Journal o f Philosophy. M. orsokratiker. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». Friburgo de Brisgovia." ed. b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp.: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia. Madrid. 179-194.. pp. Beck.1924. R... von. Suma teolóeica. pbrónesis. W esen und W andel der T ugenden. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». Kapp. La ?a­ rola del Passato. Kant. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Die Lehre van der praktischen V sophie.. publicado con el tí­ tulo La prudence. El.. VI.M. de la Revue des Jeunes. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). 389-396). J.. 1959. Stoicorum veterum fragmenta. 1937. 63 (1 928). J.. de W. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. trad. 5 1-84. Deman. Plutarco. XVU».. N.

El hombre de la prudencia l. pru­ Cosmología de la prudencia l. 2. El tipo. 2. 68. Jaeger I. 2. lll. .ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. Los textos . La tesis de W. Jaeger Crítica a la tesis de W. La historia de las ideas . - Prudencia y experiencia. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. 43 43 52 63 dencia y habilidad. 15 18 23 24 29 35 TI. Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . 3. 63. La norma . 3. II. Las fuentes La interpretación . La contingencia l. Definición y existencia . El e jemplo de Pericles.

El humanismo y lo trágico. 159. 124. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) . Ética a Eudemo Fí sica .. . mortalidad en el límite. bivalencia de este tema . La elección Los dos significados de proaír esis.E l juicio como cua­ lidad moral. . 170. (yv<. 184. La prudencia en Kant Apéndice l . . .QWLS) . El tema de la «impotencia» de Dios. 1 5 1 . Deliberación y análisi 128.Tco­ óa aristotélica de la elección. línlltes y equilibrio.ta). 3. c6maco . 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. S.250 l. . 137. 164. publicada por CRÍTICA. 145. 3. 134. 3. . 193.El problema del fJ n y los medios. 2. 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites. se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik.L. . 177.ll}) . APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3.La buena deliberación (EMouJ. s. . de Barcelona 2. 205 210 212 241 Bibliografía . (nQOOÍ. .La in­ Unidad de la noción de phrónesis. . 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4. . intención y clcccióo. am- Ill. La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. Deliberación y democracia. Apéndice 2. 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l.Í>f. 198. . . Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful