LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
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tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». No es ca­ perado. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. más en general. debía quedar asociada a su declive. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. pero también: un niño sensato (sage). ciadas y que hay palabras. sección 2 (trad. de entrada indistintas. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. dejando nuestra investigación sin.. La prudencia n. La prudencia fue víctima primero del . Kant. de «sabiduría» (sapientia.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético. de esta co..la Desmesura. contrarios entre s{.0 8. en gran medida. 127 ss. A111ígona. sino preservado. la Ética a Nicómaco y /bid. CJocp ia). nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. pem muy diferente. del espíritu público. 5. y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. aunque sólo sea el del buen juicio. q¿¡e es el objeto de la prudencia. pero cómplices. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. quien hizo la teoría correspondiente. 332-333. falta coraje. y no cualquier otro. que sólo se ar­ cia». y por largo tiempo. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. La Segunda parte. que lo racional n. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. Olímpica. de Delbos. 7. si era aún la de Aristóteles. a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. incluso las más sutiles. y en. más interés que el puramente historico. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que. Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. Se dice: un automovilista prudente. I. que lo inteligible no es de este mundo y que.. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto. si se presenta en él. s ttzrde del rnoralismo. de la desmesura y el desprecio. esa i e a La Harpe. fr. 1. Carta de VoiLar 6. que el bien. aunque sólo sea por educación. cansada de los prestigios.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. 9. en otro sentido. Sófocles.. del «héroe» y el «alma bella». puede ser el enemigo de lo mejor. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. La prudencia es.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. Quizá. «prudencia». 13).). En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas. Pero.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. Pero n. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. pp.o es una virtud heroica. busca un.350-1. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. « . pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. también y más que ningu­ na otra. La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. vv. primer Lugar contra sí mismo.351. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. fue. una virtud metafísicamente fundada. finalmente. la de los griegos.7 que el hombre. y que es necesario distinguir de la noción vecina. 31 de marzo de 1775. para preferir el «bien del hombre». que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. necesariamente más larga. . VV.

Aubenque.�­ tóteles.-M. 1962 (hay trad. len inhaltlich» (F. . «. 1: IX. _ 1 1. en París. físico y moral. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. 1� Los múltiples aspectos de este debate. Schuhl. 156-182.� en su conjunto más antigua que la segunda. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas.:na M01·a/ia. PUF. pues. de cronología y. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). tratándose de Anstó­ � teles. París. . Le probflm�e de f'etre chez Ariswte. de auten­ ticidad. l. pp. Que estas investigaciones. 1958. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. Schuhl. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». 15. l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas. por lo tanto. Pero. Por esta deuda. P. 1964. se puede admitir. 13. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix.iiv appcllant» (Cicerón. pp.l"fiphiqllc' ( 1962). contentionem quam neel ovvar<. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo.-M. IW10. 12. . 12 Finalmente. y también una deuda: se podrá comprobar que. «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. «De !'instan! propice». pp. PUF.mr la problémati· que ariswtéficiemle. cuántas sugerencias. principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio. así como sus resonancias siempre actuales. Revue philo. El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas.. siendo la primer. LXXX (1975). Madrid. Aristoteles.s (pruden.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M. quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . con el último grao exegeta de Ma¡. si bien este estudio se basta a sí mismo. pp. Magna Moralia. P. Sclzuhl. Schuhl.L(}Ó�. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. cia) después de Aristóteles. se separan de ella.-en-Provence. Dirlmeier. Besan9on. Morale. de Aristóteles mismo. lógico. París. 34).ObSCUra quaestiO. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. 14. al contrario. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo. 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. 1987'). y. P. l>:uís. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. 69-72. De játo. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. Taurus. en el caso de la tercera. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. en especial sobre la no­ ción de xO. 11 Además. cast.-M. los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. Belles Lettres. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. Le dominareur etles possibles. . Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. 291-292. .: El proble111a del ser en Ari. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10. y por muc as mtís. éste sin duda ha utilizado <<notas».inaban «sobre los posibles». Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos. 146-147). en Vand�uvres (Ginebra). 17). Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. t::ssai .

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

. &XA. bn<JtY)f. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. 4. 298b 23. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». yv&ot� i] cpgóvr¡ot�. recuerda en el libro M de la Meta­ física. Así. 590. emplea la palabra phrónesis para designar. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación. que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». 68b evrp.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. III.AA.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. . 2. E1tÍ. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles. SóFOCLES. Aristóteles.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. Fedón. el saber in­ Ideas. sin referirse esta vez a sus predecesores. PLATÓN. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. 1078b 15..OLaoem xat cpgovEi:v. M. De Coelo. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable. fiel al uso platónico. pues dice él. que son cambiantes como sus objetos.M11oa�wu ú.w0uL cpQÓVIl­ oet.a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV. l. f. Pearson § 1 . donde Aristóte­ les retoma claramente. Met. fr.' � exei.oeL xaeaew� l>vcev!.

que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica. 1 1 40b 2 1 . 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. 1 J4la 34.¡.wv x.�ÉQOV'ta Éauwt\. �Qóvq. 5. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma. que. el de sophía: la prueba de ello es que. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón. 14. 5.t. al comienzo de la Metafísica. 4. por la otra conocemos las cosas contingentes. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto.ov. 5.' pero en el interior de la diánoia. en efecto.13 En fin. el saber desinte­ resado y libre. cree posible alcanzar.. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. Aristóteles introduce. "rilv xa1:a �LA. 7. aunque. constantemente asociados a émo-d¡ ¡. aquella que no tiene otro fin. &eeri¡ OtavoLa�: Ret. OU¡. 247b ll. J8. 9.ocro�lav cpQÓVllQ'LV.oyLO'tLY. 7.10 Lo más extraño es que la Vll. !bid. 12. 13. 5. 14. a las artes. 1 J40b 26..4 En estos cuatro textos. VI. la phró­ nesis. 139a 12. pues. 8. I.3 Finahnente. phrónesis. !. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). Vl. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. no obstante. 1139a 12. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. 14 es.. 2. en una palabra.óv).20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que. no sea aquí no sólo una ciencia.7. vrrr. OME¡.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana. 2. Cf. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. la exigencia científica de estabilidad. Ffsica. una virtud dianoética.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>. 1.» 19 Ahora bien. Ét. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. 1140b 26. l. Tópicos. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. 1141a24. 18. 114la25. A.física. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid.T] o a yv<i:JCJL\. 6. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable.. en los Tópicos. 10. 7. es obvio que no lo es: «existen. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. Vl. VI. 7.'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡.t. 9.1143b 20). una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. VI. Metafísica. 1tEQL 1:0 VI. 5. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime. Jl41b 11. (VI. 8.3. en efecto. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo. Ya no se trata de una ciencia. que no tiene otro fin que él mismo. 16. J7.rónesis trata de lo contin­ gente. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. l366b 20). 1103a 6. para ser intelectual.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. demasiado humano.. ciertamente. Mew. de lo suprasensible. Jl40b 36. 7.at émcrrij¡. Nic. 982b 4. apuntan a la satisfacción de una necesidad. filosófico. 2. Nic.1139a 1 (cf.. 34. Nic. Esta vutud es. otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. no duda en calificarla de phrónesis. JtQÓ\. 2. en efecto. Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A. nacidas de la necesidad. Estos «Cuerpos» son los astros.óv). «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. 982b 28. arquitectónica. 114lb 8.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux.. 20. que era antes asimilada a la sophía.). 6. en el seno mismo de la física. a diferencia de su maestro.ttCic. inmutable· como su objeto.5 Sin embargo. 1140b27. 2. 13. ignora lo que nace y perece. Ét.. los Cuerpos de los que está formado el Universo». sino que es para ella misma su propio fin. VI. 13. A. 19. . el llegar a un rango que ya no es el primero.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). 3. para atenemos a los más manifiestos. 15 la ph.. "tE yv&crtv xai. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico».6 sino de una virtud. yáQ e<ntv yrmíoewc. 15. bajo otro nombre. el saber verdadero. 1141a 20. 16 es variable según los individuos y las circunstancias. 5. Magna Moralia. 163b 9. 114lb 5.

y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta. las relaciones de la teoría y la práctica. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles. M etaftstca y etJca se separan . /bid. las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. Entonces se consuma eJ divorc o. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. ( 1948). en resumen.. la siguiente. edición de la traducción inglesa de R. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. Aristóteles «será toda § 2. CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. 1955). VJl. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción.0 l. /bid. conocido corno fases de una evolución. 85. Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. Cf.. 24. no ha renunctado. . Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo.. LA TBSIS DE W. segun 1a . de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22. Desde esta perspecuva. Robinson 23. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». p. parecen no haber advertido. 85. República. Aristoteles. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. Ci­ vez más de las preocupaciones . aportaba una p. Platón. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno. capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. a condición. lleno de conse­ cuencias. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. nueva edición sin cambios.22 Esta primera crisis se situaría. 533de: «No es. /bid. teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. poco interesados en el coteJO crítico de los textos. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. al menos aparente. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra.21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � . de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». según Jaeger.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. 83. pienso. p. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. objeto de la contemplactón.24 Si en la Ética a Eudemo. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios. cuya mor sigue siendo «teónoma)).. ciertamente. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. sm embargo. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr».18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. 21. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría. n. el hom­ � W. no es lo mtsmo en el. La tesis de Jaeger es. es decir. . La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». por no decir opuestas. cual Dios. Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. entre la razón teórica y la razón práctJCa. pero sin referencta alguna a la norma trascendente. lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. percibida no en sí misma.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. donde designa la contemplación.

3. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno.\IIA 21 motivación. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. en particu­ lar el de la Idea del Bien.26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. el «humanismo».27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. algunos años más tarde. el segundo. 30. más exacto. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral. pp. más precisamente. entre la metafísica y la ética. P. una «degradación de la mística en política>>. Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. partidario de la vida contemplati­ va. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. para ha­ 26. 1928. se podría decir «dramática». Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. partidario de la vida activa. T ayl or. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. De hecho. Acl Att. el prime­ ro estaba representado por Parménides. 1924. P. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. iban a dar una victoria. en la que se asistirá. 29. al ideal práctico. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. sección de Hist oria de la Filosoffa. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. separando de nuevo la teoría y la práctica. de la prudencia pequeñoburguesa. en un divorcio en­ -o. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. conforme a la inter­ del platonismo. 440. el fundamento de la vida política misma. 451. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"». según su propia interpretación. Desgraciadamente.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles. Aristóteles. Antes de Platón. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. vo'Ü� o buotT)¡. P. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico. moral in. On the Origin. al menos provisional. 31. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. 192-l98. Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. y la vida propiamente «ética». al hacer del conocimiento de las Ideas. E. según el testimonio de Cicerón. relegada al rango de ideal lejano. an­ tes de Platón. en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría.. 28.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». pp. 27. y Dicearco. 32.QE't1)). 16. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría.t'Y]. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. la justificación del oportunismo o. 11. 390-421. por los sofistas. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción. A. en la teología de un Dios lejano-. . El término. 461. 250. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. Anaxágoras y Pitágoras. Mind. disociando la vida «contemplativa». la acción recta a la contemplación de las Ideas. su indiferencia respecto de la especulación. p. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva.­ sight). considerada como unidad de la teoría y de la práctica. Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». a una caída de la filosofía en el empirismo.3' La falta de sentido teórico del Liceo.

11 Walzer. . es cierto. Eud. l. 37. nes que permitirán a la sabiduría. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). sino recordar la estricta alternas. vtda contemplativa.39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». al hilo de una del phrónimos. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. utilitaria incluso. de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. (132. del mismo modo la prudencia. 4.. CRÍTICA A LA TESIS DE W. la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. fr. y el autor insiste. según Jaeger. 34.JAEGER sariO reconocerle. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. 5. más aún que Aristóteles. Llega in­ un� norma. l<Ctt .f. El aristotelismo de de la vida contemplativa. 7. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis. l. . On the Origin. se mencione la sabicluría». 440.22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana. ll98b desde la p.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal. Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. . p. de Magna Moralia no haría. Magna M01·a/ia. 39 38. Jaeger . 34. 35. "ttJ. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa. r. y. realizar su propia tarea.?Óvr¡mc. una tesi� de este género en la Jbid.38 Con este comentario el autor W. del ideal contemplativo. Carta a Meneceo de Epicuro: . allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. si bien es nece­ � 36. 1216a 11-16. símbolos tradicionales del ideal contemplativo. 1140b 7 (para Pericles). al regir las partes inferiores del alma. l.33 Por el contrario. On 1he Origin. Pero.. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . 5b W (1.) (Anaxágoras y Pitágora�).c. 1215b 2 (Anaxágoras). y es Pericles. § 3. 1215b 6-14. Nic. . 8). Enc?ntramos. ll97b 28-30. Ét.. Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. 9. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. V. La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio. CjJLAOOO(jllCI. Él. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. no habría �isto más que supervivencia en el elogio. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto.35 acción eficaz que de teoría. p. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. p. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que. Magna Moralia. 6 ss. liberada de preocupaciones sub33. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o. n . 34. el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente.UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. cf. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. como a otros análisis aristotélicos de W. sobre todo. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. la curva va de la contemplación a la acc1ón. Protréptico. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. 437. S rates. mientras que el segundo. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí. 49. pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales. de la prudencia.

Marx. M . aun cuando conserve ciertas apariencias.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. pp. 46. que se confundía con la sabiduría. De hecho. 424-425.:urtlu. 47. 500-501 y 504. El filósofo. op. cf. Isnardi. cit. fr. respectivamente. 4 H y el comentario de Tsnardi. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis. X. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. en mel). que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. Leipzig. se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. otra cosa que un tema de escuela. 11. 1). fr. a falta de mejor solución.41 en que el ideal de autarquía. 6 H. 'OQu:rmd¡v xut 8E<. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». y otra práctica. de &J. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo. É picure et ses dieux.or medida. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o. como se ha dicho. indisolublemente teóricas y prácticas. En . de Molitor (CEuvres phi/os. no reconoce 40. se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. fr. pp. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. Heinze (Aristóteles. 48.45 Pero según otro fragmento más explícito. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. 2. Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf.46 Esta distinción. A. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». TóFr.47 De hecho. la «liberación de los tormentos»48 picos. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. TU. a la historia de las ideas. que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. 425. 1946. Esta atmósfera de retraimiento o. en La Pa­ rola del Passato (1956). como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. del platonismo. 1955). p. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. se transforma. 129-131). 44. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo». Schubl. 43. 109 ss. 3 1 . De hecho. Por el contrario. J. otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. M.. (1958). Es el momento en que la libertad del hombre libre. en Espeusipo. 7. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates. distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica.. pp. Heidelberg.. pp. 4 1 . l . Por lo demás. aunque sea provisional. lsnardi. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro. Política. . Rev..44 Así. VJ.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. por ejemplo en Dicearco. Sobre la evolución de la noción de autarquía. p. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». Phi/. art. p. y nuestras notas en Le probleme de /'etre. Wesen und W erden eines Lebensideals. 42. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. Cf. trad. Festugiere. 401-433.-M. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón. do puramente especulativo las doctrinas. 45. pp. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos.. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. pretensiones unitarias de la filosofía precedente. cit. la investigación de las fuentes y la propia interpretación. 1904) y. como él dice.OQlltLX�v t<ilv ovtwv. 14la 6). Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. pp. K. en libertad interior. la reseña de P. del ideal de vida política es por lo menos paradójico. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. cf. la «tranqwlidad del alma». capítulo 1).

. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos. Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste.� Finalmente. 50. y los temas místicos del Epínomis. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. una función activa.tral. una c1erta 49.26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. Crantor y . supra. en lo su­ . «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle».58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. 1 14la 2 0 ss. 7. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. ahora bien. carácter problemático de su reconslrucción (cf. 17).54 Más adelante. sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. Aristóteles. en especial el De plzilosophia. es precisamente la «política». por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano.52 La ciencia buscada.53 No obstante. J § l .r6nesis. 977a. un nuevo rebrote del ideal contemplativo. favorecw de su 'filosof1a. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. Le probleme de L'étre. 54. 43. Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. Fr. Scbuhl. (cf.57 Si nos atenemos al uso del término ph. 53. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico. P . no es la forma más elevada del saber. 982e. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación. Pero 56. cap. il!{ra).55 pues merece. Sería vano. esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. . como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. no ha sido a n descubierta. Cf. p. se basta a sí misma. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». go. 973ab. el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. Primera parte. en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. que no �esu�» (97?d).no sólo era característico del joven Aristóteles. Crates. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. 2. 59. Así pues. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. Con Polemón. Le dominateur et 982bc.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. 77 H. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. Epfnonus 51. Vl. 58. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. la phrónesis. p. la única que vuelve al hombre sabio. les possibles. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral. la contemplación astral. aquello que hace del hombre un sabio. 60. será finalmente la ciencia del número. es decir. 986d. istóteles mismo. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. más bien. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. 57. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. dado el 974b. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. soc1edad ya extraña a la filosofía. esta es la naturaleza de los astros». por todo un aspecto Mác. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55. y la prudencia aristotéUca. aún. Ya desde el prólogo. .-M. no es sólo el ho W. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. en una . la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. de la misma manera y por las mismas razones. ceSIVO.rónesis. no es otra qu. en efecto.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». ello. esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. 977ab. sino más bien los propios astros. le parecía que Ar . ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. Más aún. 52. cap. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir.

Arisroteles. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles.62 la de Walzer63 o la de Ross. 65 ss. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. 1870 (vol. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. 61. A partir de la signifi­ cación platónica del término. que está en el origen de estas reconstrucciones. como t.. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. por reacción. (1956). 64. P. no deja de ser intelectual o «dianoética». llct�didcs Póntico. Rev. Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. y por ello como más o menos recientes. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). Oxford.. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. VI. como hemos visto. en este punto como en otros. Arisroreli s fragmenta selecta. 1955 (trad. 1934. Wehrli) y. la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo).. no uno. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. vol. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. 1957. como bastaría para probarlo el libro X. 76-89. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. 18863. fragmellla. no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. El Protréptico sería. apanarse de la especulación. Jaeger. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. pp. Jou rnal o f Philology (1869). cap. Berkeley-Los . Phil. sino que mantiene ambas. Aristotelis. Teubncr. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. y se puede prever que sus con62. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. Florencia.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. 63. más tarde. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. de la salvación del II W. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. y debe buscar en su propio nivel una norma que. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. Desde Bywater. FesJugi�re. 67. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. 55-69. 65. no se puede explicar. sin embargo. fr. 122 ss. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. pp. . Jaeger. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. 66. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral. que serán las de la época helenística. Ar istóteles no opone la una a la otra. sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. pues. Arisrorefis dialogorum fragmema.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. como del Liceo después de Tcofr:t slo. Angeles. pp. From Platonism ro Neoplatonism. Así pues. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas. Merlan. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. la herencia de l a sabidurra socd1ica. Xll. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). ni siquiera de un primado de la vida política. como hace Jaeger. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. «On a lost dialogue of Aristotle». 1952). � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico.

refiriéndose incluso a teo­ rías banales. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-. Ahora bien. p. istotle avoids Cf. cit. pp. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. nada permite pensar que sea así. ha obligado a los defen­ Por mác. quedaría pendiente de probar. 36. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía.c. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas. de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. strict terminology in thc Protl"epticus». «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. y en ninguna otra parte del resto de las obras. 69. 77. 1366b 20) y en los Tópicos (V. 316-320.. cuan­ é Según Düring (p. � trata de una «Obra popular» (L Düring.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. Pistclli) sean postaristotéli­ . esp. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». p. 195-196. Mansion. vain 71. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. d. cit.. fragmentos 27 y 29 D). Düring. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. que no son necesariamente las suyas. p. etc. 191. LXUJ ( 1928).119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo. 70. sophía.. (cf. VI-XJI.). como sostiene Jaeger. t reacción parezca excesiva. ibid. retomando Lodos los elementos del debate. p. V. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». 9. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. 6.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico. Düring. l45a 30. l96l. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. cit. n.74 una ética. An Auempt 01 Reconstruction.. op. 20. op. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. p. S. Aris­ totle:r Protrepticus. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. sino sólo en «convergencia de probabilidades». Ahora bien. op. 68. cuando no trata esso. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y. p. sino la posición de la ftlosofía en general». alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin.77 Antes hemos citado textos. Revue Philosophique de Lou­ 68. pp.. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis. 1960. cf. 73. aun cuando se admita que Aristóteles. VI..ta doctrina con la<. Pistelli (I. incluso las «esotéricas» de Aristóteles. 8-9. p. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . epistéme. 2. tmchtung der arisrorelischen Ethik». t:repticus">>. 36. 34.71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro. 75. Bast.72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. Dliring. en especial 74.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9). JO. pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e.da de la filosofía . op. 29). parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35.. J. Pero. S. 31 9-320. que no ve razones para excluir estos r f m 72. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús. 155. res ( 1 958). !bid. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146. pp. p.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles. la d 145.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa. n. 27-60. cos. 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. pp. Gadamer plantea una ley general. Düring. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. cit.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. p.ará admitir que Ar a e l. l. /bi Hermes. 10. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. 14. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. 6. 62. por medio de argumentos que se enraiz. 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz. 17. t.. p. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . iscusión de JV. 3). Gadamer. p. Düring. 5-36. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas». DUring. Cap. 9-1 O. en co�tcsta este punto de vista. habrfa sido escrito hacia e l 350.

a.79 Sin embargo. o bien lo ha criticado expresamente. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. restaura el honor. si no bao 79. Nicómaco. . el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. Cf. l o s textos citados más arriba. en la época en que escribía. pues. cf. 4. 12. por lo demás. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . Más aún. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. eso es lo que especies de animales . Considerar lo que está bien para cada género de ser. sino populares. . y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. . 13. singularmente en la Ética. conviene matizar. como el conocimien­ Pericles. se de una retractación de Aristóteles (cf. 4. sino preplatónicas. en las Éticas. 1 1 4 1 a 25. considerado más esencial trata de ello ex prof esso.80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer.oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. siguiera empleando el término en u sentido platónico. . Eud. . Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. I. saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). Eud . que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. Pues.. 83. caracteriza al prudente . en especiaJ·pp. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. Para el autor de la 82. El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. . 83). 983a 3). Walzer. Ét. pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. LIS3a 21. no platónicas.18 Parece como si Aristóteles. Vn. Mansion..oywuxou UQE"ClÍ). designando el conocimiento por excelencia. Ét. 2. 82 y 97. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. Anaxágoras. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. como virtud d el a inteligencia (A. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . injustamente despreciado por los platónicos. I IS2b 15-16. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. el platónico. Nic. o en las obras esotéricas. . que. Esta corrección no contradice. 27b. exac­ tamente como en el Protréptico.BA Aristóteles nos indica. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón.. o al menos contra un cieno platonismo. 222. 81. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. cpQÓVTJOLs. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . S. 80. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. 1217b 21. l. 1096b 17. que Anaxágoras era un phrónimos.. .1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. es decir. como ya se ha dicho (R. Le wvbleme de l'érre. en especial elde Gorgias. como ya lo hemos hecho en otra parte. A. . pero no por prudentes». en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco. 8. S. I. una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado. 1 140a 25b. por lo demás.82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. VL S. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo. Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. sucede lo contrar io. en realidad. 23. L2lSb 2. a quienes Aristóteles considera. no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. es para medir mejor l a aberr. 190). se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. Nic. 8. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. Por por con f esión unánime. p. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). 1216a 19. igual que Platón. 78. 7. p. Ét. que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. por más original. por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. p. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. De hecho.

admitir que la idea de la prudencia. del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . 492a). . 19553. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). que sobre el término mismo de phrónesis). pues.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. . pues. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero. pero con la reserva de que phróness. Asf. pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . que. cf. Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . No se puede dudar aqu. y ella sola. Tercera parte. XXV (1933). ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . vór¡ o�c. d. Cf. que designa la verdadera unidad de cálculo.ov fPQOVLj. R. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. también Repú­ blica 1. Onians. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. el sent1do «platomco». 490a.ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. pero más cercana a tra acción. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. 5?cd):_ se puede. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. hay que comenzar.85 En el �roblema que nos ocupa. entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. este estudio trata más bien de la . 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. Quizá. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto. la interpretación. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. Más aún. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. tanto co el Filebo como en el Me11ón. 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. B. sobre el hombre. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. . en todo el Filebo.a mfeoor (cf. Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. infra. The Origins o f Europecu¡ Thouglu. pero no lo entienden en e l mismo se ntido. a propós it o en est os textos de Pl�tó . J. en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. sin embargo. . Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. aquello a lo que se opone. sobre todo en las Eticas. Phi/ologus-Supplement. Pero. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). pia 86. Habría que matizar. Snell. . 99b). 348d. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. Hirschberger. Cf. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica. a su vez. la dialéctica o la política. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. en csle terreno.t11 � YJ_YEfAWV. l-200 (pero. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. no es temerario suponer que. en particular trágica. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡).Et E1tl01:�j. hace falta contar también con esta palabra poética. Por ella. no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). (a uxili ar del movimiento). la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. incluso en este caso. por el contrario. Platón miürá reconocer las «fuentes». la oposición de Aristóteles y ele Platón. sea cual sea su de­ 87. recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. Sobre la phrónesis en los pri­ re . ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). En este sis). de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. . . a ejemplos o a citas tomados de poetas. pp. de su títlllo. �7b. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. a pesar idea de sabiduría. En el otro extremo de la can·era de Platón. nominación. por el contrario.34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. Leyes. por ello. Igualmente. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. en este punto como en otros. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. Fil _dun es dec1r. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica.. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. esp. el mundo y los dioses que la antropología. Cambridge. 1931. ov'Y)atc. Die Entdeckung des Geistes. menos pura que la episté me. sJgrufica.

para realizar la «juntura». q. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. Jaeger. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. se podría decir. Sin embargo. si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. tendía sin querer a mudarse en interpretac. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. tico.!hik. diario obligado entre el fin y los medios. A la compren­ sión. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. si se puede decir. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ ... acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». finalmente. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. 5 ss. H. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». intangibles. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. y por despreciar el texto esencial. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. hace gala. Berlín. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo.• ed.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. permite aplicar los prin­ de sus discípulos.89 Se podría considerar. esencialmente de la Etica a Nicómaco y. En esta perspectiva. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. pp. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. Éd. 48-52). pp. o bien. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia.-H. Noble. de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. pues. en este punto como en muchos ta fúica. . más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. se ha Aristóteles y sus Éticas. por reacción a la tradición de la exégesis. 19!2 (sobre phrónesis. Así. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. horizontal. como saber de lo particular. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. se ha terminado por olvidar lo que había de otros. Kapp88 y W. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. Más aún. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». por las estructuras. que es el libro VI de la Ética a Nicómaco. lntroduction a la prudence (Sunw teológica. no viendo en todos lados 88. 47- 56). si bien. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. con 89. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. cación piadosa. Ollé­ chen zur nikomachischen l:. el Protré ptico. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. 1949). 201 -202). . no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico. no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. más en ge­ neral. Se habla de «hiato . y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y.-D. el método genético. 1. uniformes. pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. más que transición y paso entre extremos. L.s V . . 1881. Deman. p. lla llae.ión peyorativa. de la Revue des Jeunes. de asis­ ario.

En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica.sta problemática era. Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. imperativa. Walter.-A. no es de ninguna ayuda para la acción moral. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. en caso afirmativo. Jaeger. E . entre la teoría y la práctica y. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. R. y tomar los propios deseos por realidades. que critica la respuesta de Jaeger. . lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. Ciertamen­ te. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ).-A. que uno de los momentos. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. precisamente porque es sólo teórica. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles. Ross. en Alemania. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. pp. tal como hemos visto. !bid. es decir.91 para recordar que. en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. la de W. 95 y 94. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. Sin 92. R. para determinar inmediatamente la acctón recta. 93. Gauthier. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. es decir. es la determinación del fin. en Francia. Pues. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. incluye el deseo y la virtud. J. Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. la inteligencia del bie? no basta .w Pero. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada. Walter. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. finalmente. en tanto que «práctica». siendo ésta depen­ diente. no por ello es menos un conocimiento. cuya paternidad atribuye a J .92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo».38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. en realidad. Tambt n era la de R. 9 1 . «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . la cual. sobre todo. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. entre la ciencia y la prudencia. es decir. Jena. a prever. con­ trariamen e a una tradición venerable. 95. No obstante. de qué saber. en tanto que «intelectual». 1874). Robin. en Inglaterra. es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular. Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. pero. el de la eficacia.-A. pero srn criticar la cuestión misma. 1905). si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. Gauthter.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. . p. R. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». mren­ . cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo. ? pender la virtud del saber y.-A. Gauthier. moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. un saber teórico de los principios de la acción. periencia. . Zeller y Jaeger. L(l mora/e d'Aristote. no duda en traducir phrónesis por sabiduría.

no son platónicos. más griego quizá que su f ' maestro. más cercano que él a esa prudencia reverencial. en los tratados éticos. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. al menos en su totalidad. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. pues. en un mundo dividido. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. nos dice. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. puesto que somos hombres. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. disipar las últimas sombras. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. El problema de la prudencia y. secundariamente. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. a través de ella. lo contingente. verdadero mensaje trágico de Grecia. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. pues. ciertas variaciones extrañas de su sentido. de vivimos es contingente? ¿Será. en los límites de lo humano? La respuesta. sin embargo. es cierto. ¿Será. que es denominado azar cuando somos afectados por él. el cual ya no llega. sin embargo. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. y que renace en el hombre aristotélico. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. Pero. La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. Se puede uno extrañar. . Aristóteles nos orienta.

SVF. 59.Ob oVbe'tÉQmv (cf. querían también vivirlo. Jll. 2.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. 59.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. pues lo que aprendían. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. 153. sin embargo. I.cpov (SVF. si se quiere.tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. 268. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡.. Ill. 53. IX.ventione. Andrónico. 11.Qtt&v xai. SVF. bay aquí. Math. el contrario. por ico (Adv. y también se omite el 'X.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡. De natura deorum.. Ale jandro de Afrodisía. . II. 15. 153. 43. cf. 4. SVF III. m. El nacimiento de la tragedia § l.tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in. Su instinto de conoci­ miento era insaciable. 262). en . El rasgo expresado por estas tJ·es úl. ill. JI. .l. 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). lll. Ecl. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al. 262). NIETZSCHE. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . Estobeo. DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad. «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida . 38). 283. parece.. Así como las definiciones estoicas de la borioso o. &:l.

Pues. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � . 3. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles. 13). 47. a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7. Nic. cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4. VI. precede a la determinación de la esencia de la prudencia. 1 140a 24-b 6. 1 140a 3 1 . se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum». Se parte del uso común.. l 1 06b 36). habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. 5. Pero esto es mera apariencia. ¿será un arte? No. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio). está claro que sólo el A. del arte. cf. puede en rigor ser denominado &J. S(Ul phrónimos. n. . Tricot.que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer.IHU ). que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente).lE"tcl A.r¡6i¡. que citamos más ade­ I J . supra la defi nición de la virtud (ll. sed contra).r¡8ij por &. Ross.: Apelt va hasta sustituir aA.t.: así pues. Cf. 7. Su punto de partida no es una esencia. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. de la virtud moral y de la sabiduría. 1 140b 20) y e�LV aA.estionum. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f. y no la e. y el hacer. o el Bien y el Mal absolutos.r¡ 8i)r. la prudencia no es un arte. etc. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. sino el bien y el mal para el hombre. Aristóteles no parte del género para descender. en sentido contrario.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente. Bywater. 4.L.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría.A.40a 24. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. que trata de lo contingente. q. De libero arbitrio. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes». 5. 13. una aplicación del célebre método platónico de división.8 La existencia del prudente. pues la prudencia tiende a la acción. 2. l. hay dos especies de disposición.. Pero esta definición es aún demasiado amplia. esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo. J .. nolr¡cn<. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte).óyou áJ. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral.r¡8oü.. expresión de la experiencia moral popular. Gauth ier. 8. pues. Pero esto probaría como máximo que es una virtud.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica. has­ ta la cosa a definir. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. 1 144b 28) es discutible. Vl. La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre».. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae. Todo el mundo reconoce al regla verdadera. l l40a 24...4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación.. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar.óyov aJ. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. sin embargo. q. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte. 61.7 Se podría reconocer en este planteamiento. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét. JtQéi�L<. la prudencia no es una ciencia. Se comprende. a. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia. que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia.r¡ 8oü.óyor. 6. Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. JtOLr¡nxi¡). 1 nimos.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección. que trata de Jo necesario. tt. puede (A.44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. en este sen­ t ido Dirlmeier. aquí no se trata de la rectitud de la acción. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�). en su formulación. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir . Líber 83 Qua.. 5. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues. en realidad. 1 1 40b 5). mediante divisiones sucesivas. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y.. sino ele la exactitud del crite­ rio. (cf. diferentes. la leyenda y la literatura.r¡8lj J.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. obedece al esquema clásico de l. Cf. 6. y el arte a la producción. 4.r¡6oiJ. lante.

153).. la teona de las vtrtudes. Tan sólo Cicerón. 1323a 27 ss. probablemente de origen popular. recurre al térm finalmente.r¡nxóv). el valor (avogeí.und Anordmmgsprim:. 2. en todo caso. Plotino distingue cpQÓVTJOt<. siendo más general. activa (Ou¡. Vfl.16. Il. 14 Aristóteles. no ha estu­ . l a unicidad absoluta de la vir­ tud. Nic. . Cf. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf. Leyes.. 10 la cuarta virtud. Protré Política. al igual que ellos que no afinnarán. apunta a la exhaustividad. 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. una galería de retratos. pp.16 o por mo. justicia. y que designa cpQÓVllcrt. p. a lo Leyes. l. presente en el 2 y 58. p. 97-105. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. el conocimiento de lo inteligible. Et. IV. y según los principio¡. 3.txóv).¡. en la cual algunos han quer ica. or 1 1. n. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo.ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik. 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. . 'fl· Jaeger. sobre una división pre­ tudes cardina/es. De la virtud ética. ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia.11 que re­ . que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva.¡. cf. 1951. Cf. al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor.-A. sólo que. una empresa sistemática en Hacker. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡).11 En cuanto a los estoicos. Die Erhik der Grieclren. Das En otra parte. F. 3. de las cuatro virtudes. o. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. Wesen und Wcmdel der T � 15. 5. y fficiis minisrrorwn. �a se trate de una clasilicación subjetiva u . 1 15). j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. 52. c:r. Schwartz. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. R. es dec1r. Die A11tike. E.lma. más teór e atiene a esta distinción (cf. para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. 6-9. ino pmdentia Es Cicerón el que.. y es. 10. Bollnow. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. Nic. 55 ss.a) y la sabiduría (aocpí. también Plutarco. y oocpta. 1-Jartmann.. va­ 9. . al menos a aquellos de De hecho. templanza). qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia. ill.) . todos los demás hablan de aoq¡ta).. al sistema. 3. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. SVF. p.a-. ibid. 1. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear.oyttó¡. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. 43. 62. ObJettva. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. en este sentido N. 25. en las ptico. Éticas de Aristóteles). quizá Einteilung.. en (1. 7. L. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. nota siguiente). p. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). banal. 14. tablecidO él mrsmo. 1863). 7-9). 235).ido frecuentemente subrayado. Cf. Rose. al a ido ver el retrato idealizado. 1220b 38-122Jb 9. racional (Aoytxóv). Ném. toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales). De officiis. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. pp. <<Der Grossgesinnte. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. es decir. 72-75). los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco. 13. qJQÓVTJOL!.. bu .� que.. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. Robín. y la justicia.r.9 nos daremos cuenta de que descansa. Reptíblictr. pp. d e Jar de sorprenderse . Aus der Nikomachischen Ethik des �/. 1 . l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar.. 439d ss. 15-16). el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. . Berlín. ya sugerida por Platón (cf. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0. 262-263: L 201. . 1). lor. � . la justicia (Otxmo<J'Úvr¡).. Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . Banquere.a o cpgóvr¡at�). A una descnpc16n de estos tipos. Anstotelcs» (/ ugenden. 27). Ethik. 68. fV. mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . se contenta con una en umeración e'?pírica. lo cual evoca la idea de previsión. 1334a 22. de la Magnanimité. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. de exposición. Más tarde. en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. Et. con Aristón.. Pero é Sible . comun. J. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. 1 107a 28-1 J 08b JO. <Aristótele. de las cosas que se han de atri­ realizar. . ibid. la templanza.� En los d?s casos. 1%b. <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia». sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). través de él 24. la pr estando subordinada a la segunda que. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. En la tradición latina. fr. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. o s l nusmo n CIIS. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. Gauthier. le proporciona las reglas idas y (I. Por el contrario. VJJ (1931). cf. 52-53. conforme al sentido popular de la palabra. Stuttgart. que ha es­ . es decir.46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. 6).tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. de saber eficaz).. 1. . ro. Eud. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. 427e.

II. 18. Lovaina. 83-103. Phil. 20. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. no tengan nada en común con los pri­ meros. si se quiere.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. Il. . son generalmente utilizados a la vez. Eud. dos géneros de magnanimidad. de J. que es inductivo. Aristóteles comienza.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. 7. como en el caso de la pmdencia. lo sup]e. su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. por otra parte.18 Con ello. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. 19.). si se quiere. Tricot). ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. 23. al menos de su yo ideal. G. El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. 36. de la cosa misma. lo corrige y. 97b 15 SS. 300- Retórica. como. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. Allendy. guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. si el filósofo jtlZga el lenguaje.deal de Axistóteles. por lo general. más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. L. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. cpaLvó­ ¡. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud. 1. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere».24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. 1220b 38-. 1\6évm ta cpmvó¡. Pero entonces. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. 17 del hombre griego. Nic.. Joachim en sus Comentarios R. Rev. nuestro 17. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana. determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. más esencial. en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva». por A1istóteles mis­ mo. tanto los f. (ad loe. si se m ira bien.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. hay que düigi. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori. o Aquiles o Áyax. Además. continúa Aris­ tóteles. p. 24. entonces. o incluso el retrato i. Cf. sino mediante el recurso a la descripción. que implica cada vez una virtud (Et. ou le complexe de trahison.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones. por ejemplo. tales como Lisandro o Sócrates. Este méto­ do. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. De hecho. Aristote TV. 1947. Así. Owen. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos».122\a 12). los dos métodos. fr. E.. se constatará que.48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. y considerar qué elementos tienen en común.23 Puede pasar. nos preguntaremos qué elemento era común a todos». que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático. pp.. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. no tienen nombre (av(OVUf. no en los traba jos de guerra.teva.. pp. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. 22. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. Pero. apriorístico y deductivo.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo.eyó�tsva como los hechos de observación. sin embargo. 1 1 9b 23 (trad. 317. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. el de Jos caracteres.20 Volvemos a encontrar aquí. l l9b 22. 3. 13.teva. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. sino en el hecho de dar y adquirir dinero». para ser más exacto. a la vez fenomenológica y axiológica. cf. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-. hará falta distinguir dos especies o. eventualmente. Aristote et les problemes de méthode. 21. ll. Burnet. si Alcibíades era "magnánimo". 1961. Ét.

el recurso al retrato no es un sucedáneo. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. l. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. absolutamente. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente. Metafí 32. Cf . cualquiera que sea. . Pero querríamos mostrar aquí que la definición. ibid. es decir. 133d-e. 981a 18 ss. 26. Pero el prudente. No es siquiera necesario justificar la traducción de A. sobre la participación en un orden general. ..illV�) Aóy<¡) xat wc. por 30. to medio es la reala recta. EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. frecuente tanto en Aristóteles como en Platón.29 No retendremos de esta definí25. en xnt4>. Sobre la noción y sus orígenes platónicos. 147- 148. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY.. a pesar de todos los atenuantes. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección. virtud consiste en actuar según el justo med10. siguiente.lÍ. en efecto. supra. Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional. la posesión de la �1aestría . desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. ya para el Parménides de Platón. . 28. sino que designaba la regla que servía de norma. leyendo entonces: «. U . § 1 .�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc. Nic. parece.34 el portador vtv1ente de a norma. l 106b 36). 3 1 . sino una exigencia de la cosa misma. pp. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud. equivalía a la noción. Primera parte. cf. pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. si no es el recurso al JUtcto . Cf. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. . Ét. 298-304. que A. La . con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general.28 y que. en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio.óyo�.25 T ambién distingue. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia.26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. liv ó q¡góvt�Loc. 29. y cap. por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe.UÍvr¡. en un justo medio . contrariamente a los manusc1itos. Cf. de la esencia de la prudencia presupone.33 no es sólo el intérpret� e la regla recta.·. Ciertamente. Cf. el que es presentado aquí como la recta ratio.oeu:: (ll. 34. Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. n� es en familiaridad especial con lo trascendente. de ÓQ6Ó� A. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas). Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. No podernos contentarnos.td�). . . 4. 1 . 27. Ú>QLO¡. sino de derecho. . 6. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. . 1097b 9 ss. A. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa.óyo� por «regla recta». la erudita tesis de Dirlmeier. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. ÓQÍ. Así corrige Dirlmeier �at <be. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece. y la prudencia sobre lo contingente.la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es)..31 o de lo que. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . 33. Pannénides.). como ya hemos visto. 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). sino el prudente. Aquí. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. . 5. No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . cf. por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. pp.. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. sino que es la regla recta misma. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. sica. que está determinado por la regla recta. es decir.

Ét. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. se decide es el valor. 253). Cf. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. 1094b 1 1 -27. su primacía? · ma. cit. 292c.). &. del político en el Político (309d). pp. del «hombre eminente>>. 52 R. pues. 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT.¡ou� emtv kO. p. Wilpert. Vl. 55.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. entonces. 1. anodkti:o<. Monan. 1960. pues no es menos «exacto». 300c. «el bien». Magna Moralia. Walzer. el heredero del filósofo-rey platónico. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. El Protré ptico. p. pp. 54. fr.. Arístoteles. no es la regla recta. 1 16a 18). Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. Pistelli). J. p. a su sola experiencia. nues­ pretación que de ellos daba w. 38. l098a 26. 9. § 2. PisteUi). qtúen creía cierto. cf. Nic. 37. El phrónimos sería. Jaeger. Cf. 7. es suscitado una abundante literatura. cf. Ét. y los textos citados por F. Político. ll07a 29. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado.las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. 39. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». pero falta una cosa. ¿De dónde le viene. Stark. LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. «Los jefes son aquellos que saben». p.J7 Pero. vó¡.): .¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. Estos textos. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. 13 W. 258b. 36. 730d. Dirlmeier de ét.. I. pp. 950c. Cf. 24 P).a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre. Düring. tra Primera parte).. la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1.tma xQlveL. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. (pQóvq.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas. 732a. «la naturaleza». es.. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<. pero eso era. Nic. Jaeger (Aristóteles. anovOaioL.AA. 5a W (Jámblico.("Ú!OLV. 22-55. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber. Jaeger. 13 W. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf. el (fr. .41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito. en Autour d'Arístote. no ya con el saber del geómetra. X. Zwei aristot�lische Friihschr�fien. lJ02a 23. Fr.' cada vez por qué el phrón. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. Nic. l. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. Desdt entonces resulta secun­ valon>. pp.. e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. 170a. era él quien representaba la universalidad viviente. T eetetb.. ll6a 14 ss. 39.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente. S. . preguntmse 35. «el representante terrestre de la Idea».Ael Protréptico han 40. o los hombres que sobresalen. Mansion. Revue Philosophique de Louvain. W . 16-20. 54. I. R. 56 ss. art. del «gran hombre>>. 23 y 27. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. ID. el papel del filósofo en la República: -xó. proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. 13. en cada especialidad). fr. el Saber encarnado. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf.L'YJ V). se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l. 185-219). sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término.imos es presentado como norma: S?bre este punto. R. son los primeros en la ciudad.ya0Ó<. 1 . 7.. etc. sin duda escandaloso para un platónico. saca de él la Norma trascendente de toda acción. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>. Político. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». como se ha dicho. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. 3 P). 964b.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco." hA. 582d. 13 W (Jámblico.52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas. 77-78 y 87. para subrayar la «exactitud>> de su arte. Protréptico. 81-97).A. Düring. 87. p. 236. o el hombre de valor. Finalmente.. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad.w<. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. cuya importancia ha subrayado W. 65. a la retórka. Aristoteles-Stu­ dien. en una inspiración muy diferente de la de la Ética.. II.

a las circunstancias de la acción. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia. 294c. en Aristóteles la justicia abstracta. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas. en el del Hombre Justo. contra la ciencia.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. cient(fica. nos dice. no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. al menos. Cf. Nic. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. en Platón. Cf.48 expresión en sí misma de un orden matemático. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. que corri­ Protréptico. fr. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. que de­ Política. pero su espíritu es opuesto..51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. que son generales. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares.49 Por el contrario. 51. el de la distribución de bienes y.do también. que ignora los casos patticulares. no está ni en la ley ni en el legislador. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. al que Aristóteles recurre para 42.w�) de la ley. 295c. Polftico. La metáfora del piloto que guía Platón. 14. 1 286a 9. 1 137b 25. 14.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. To ¡. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley. con tr. l l37b 29. Ét. que hace lo que puede. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce». Finalmente. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. en el personaje del Rey y. de derecho. 50. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. ni mucho menos a ningún supersabio. V. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡. 27 P (dada la cerca­ . en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. 508a. 49. ánA. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia». el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. 52. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación.uuo�». pues. PoUtico. Compárese Platón. 13 W 55. según Platón.t(! por ÓQ¡.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. V. 47. l l37b 17. !bid. pero también el inconve­ niente. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. más generalmente. De una manera general la virtud moral consiste. Gorgias. Polftico. Por el contrario. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad.. 296c-297a.oúv. l l37b 12. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar. nuncian el carácter absoluto (émA. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí.. 44. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. a definir todo. que son singulares. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico. 43. Polftico.CtLÓl:CttOV (Polftico. 46. de las relaciones entre Jos hombres. 294b. al erudito.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». O más bien la ley. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. ya l o hemos visto. tov yÓ. 297ub). 48.tGi:).52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o. no es más condenable que la ciencia. pero ignaro.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres. el jefe. ó xav<. por las mismas razones. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. 15. de tratar sobre lo general. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). en Aristóteles. 45. Nic. sino en la naturaleza de la cosa. No es.Í>v e01:tV. ni.

Mientras que la sabiduría. Ein Volk. El objeto de la voluntad (�oúA. En este punto Aristóteles parece volver. esp. Coloquios. 44.. .raft und Ehre. 41-43. aquel al que se puede tomar en serio. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. X. cf. IV. ' 55. de ardor en el com­ anouoat:o¡. es cierto. wird der Sieg dein seio. da de ellos una confirmación dero. publicado por P. con la vida de placer. etc. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. Por el contrario. das diesen Glauben im Herzen hat. Schuhl. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. «el virtuoso» (Gauthier). al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio.os es invocado en otra parte como criterio únjco.¡mvó. 54. «el hombre de b. Der T-lerakles der Sage. y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual. .ien>> (Voilquin). Eu. .. 16. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente.w� inspira confianza por sus trabajos. cluso en el más alto grado. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio. Stuttgart. cuya volun- calidad de su juicio. la prudencia. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. Eitel. p. .óxaf. 9. bist du geboren. en él. Ét. Wenn du dich nicht fürchtest. No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. de dominio de sí.-M. de tensión. se pregunta. l. el pasaje ele las pp. Paideia. Mannesk. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. pues. I. Si estas determina­ q. sondem nur Knechte und Bosewichter. 102-103. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. ". más allá del intelectua­ dal.w� xQtveL rtcQL a{n. al ideal arcaico del héroe. en especial. 1. Jaeger.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. 6. simplemente. II. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A. que se un­ bueno. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». aus gottlichem Samen entsprossen . pp. 805. Cf. De una manera general. 1 06. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. 41-66.aA. por ejemplo. . él es para sí mismo desde Platón. sino que es él núsmo la medida del valor. 1 178a 18.r i pides Herakles . Für die agmí. si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse.u::vov &ya8óv y &ya86v émA. tal como es concebida dente que permite medirla. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). «the good man» (Ross). como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud. istjugendfrisch uod jugendstark». esp.. J099a 22. pp. Nic. pp. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. 22.. Ya no es el hombre de bien ad hominem. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len».54 sin embargo. Wilamowitz-Motlendorf. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. . Griechische Etltik. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed.GYv ó anouomo¡. Aristóteles en el libro II. Also spricht sie: "Du bist gut geboren .r¡m�). son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. si se sabe 53. ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o.. el mismo spou­ de estas mate1ias. coinciden. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. 57. II. En este sentido. Bréhier. y entonces ya no hay .: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. . Epicteto en el retrato que hace del cínico. y. sie kennt keine Menschen ausser ihm. Wilamowitz. lU. 1962. 8. la tr adición de lengua alemana. . no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). 1951. París. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. p.. Les StoiCiens. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. pero en un sentido totalmente distinto.o:.». y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. de ascesis.. 36. Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf. 127. . Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein . El bate. 1-107. W. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. M. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0. Schwarz.aco. Cf. por la tradición cínica y estoica. la decisión del spoudafos.55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. Aristóteles so.

Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. los poderosos. 13.. 1 176a 17. quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . Mencionemos solamente que. ffi.58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio». 5. trad. 1 176a 5-24. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas. XIV. R. estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. fr. 14. . trata de supe­ rar. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta.. como buen conocedor que era de la Antigüedad. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras. 1833. como su­ cede tambrén en la moral contemporánea.el valeroso al virtuoso.tétQov éx&otcp . 160d. Contra es mvocad a en la Metafísica (G. J. fr. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. 59.) es pora sr mismo su propia ley». X. p. sobre la improbabilidad h Philosopilie. es la virtud 1� que es P?r . pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. sobre los griegos. como el placer puro en Platón. a través de él se encuentran tr�labl �. por el contrario. Cf.. VIro (Ad Qumt. 152a. en la Ética a Ntc6nwco. es decir. l l l3a 29 ss.. en el mismo sentido ó téi. entre el hombre servil y el hombre libre. pues e�los son para sí mismos la ley». xat EAE'1!0ÉQLO!:. en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor. hacer se pcttente a todo lector no preve111do. que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. pp. 5. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). 5. por su carácter rntrrnseco. sen � rnutll Cttarlos todos .no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal.61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. Leyes. que. aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma. de primer orden. El spoudafos. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. � �istótelcs asimila . yc. 57.. IV. Cf. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. 6. Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. 716c. ampharra. Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano. cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas . (N. q�e no se etine.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. que hoy . 101Ob 5). si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble». Weil. (X. y la del enfermo. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . En un pasaje de la Política (IIl. el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. que . vulgar y populachero.) enLrc los monales». 60. 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . nos ruce. para tale cer leyes � h?�bres. es decir.té'tQOV wv. eeteto. los que se han considerado a sí mismos buenos. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. 62.59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior. 1284a 10 ss. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. Albert. . SI fuera necesano. 63. como si él fuera su regla y medida». 5. 61. cr. París.). 1176a 28).. estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de .62 como al absolutismo platónico del Bien. X. . supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. y no a la inversa.56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas.. esp. Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. etvat). de H. los hombres de distinción. . Pues incluso si de he­ defi n tda cho. . Aristote et l'hístoire. pp.Bw¡. de la t. 5. 303 J . 184-185. según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . J l l3a 25. Nietzsche.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. p. 64. T 58. 111. que se precipita hacia aquello que le per judica. mezquino.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�. 37). la eJOstencta del valeroso.63 y que fa �omparac10n del . 4. cf. L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . los que han juzgado sus acciones buenas. no puede estar sometido al _ . 1960. W istórica de tal alu­ sión cf. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. 1 ). s1. * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. 401 ). Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y.64 Está claro que traducir en .

sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. como escri­ be pomposamente Dirlmeier. Y. 312. Dicho _esto. 67. míticos o históricos. y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad. universal del valor. es decir. pues. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud». 68. se verá que. fr. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro.60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla. .at. del hombre sin más. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. 1. Política. pp. Ross. no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno.69 Más tarde. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. � te válido.dad. a «lo que se dice» y «lo que se hace». Ross. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US).. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. 6). vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. 70. en o que _ concierne a Aristóteles. 9. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. la realización más auténtica del h_om­ bre griego. 65. Rose. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. y Sócrates a Alcibíades. Dirlmeier.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. 4. 345. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». Cf. Jaeger. Si se comparan las fórmulas. es � phrónimos. 4-5. incluidos los comentadores b1zan1:. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son.67 En una obra de juventud. P .61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA.wv).66 pero. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten. Rose. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». la que define la verdadera nobleza. en consecuencia. op. menos paradigmas en el senti­ do estrictó. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí.7° sin embargo. al dermmbarse los valores trascendentes. (U. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. o más del Pórtico»). esp. que parece seguir en esto a W. a propósito de la def mición de la virtud 1. a propósiLo de J099a 23. ofrecidos a la ad­ miración de los griegos. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral.1nos». que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. p.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. 69. Mas bten.as). _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os. Nauck. y en e l F. En la Ética a Nicómaco. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. Panecio (Antikes Fiihrerwm. pues. en sus orígenes).óyo�. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. 66. se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. Finalmente. Rer6rica l. 92. no sm afectaciOn. como había sostenido Eurípides. que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. 5. si bien es verdad que. 94. cf. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. 1360b 19-20. 142-144. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. De hecho. el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. Es cierto que en 1934. Fr . La equivocación de Dirl­ meier. 71. sin duda. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. 1099b 3. el ÓQ86� A. 2. El spoudaios sería. Fr. 284. onou&aí.

o-cos M x. la inteligencia de los inteligentes. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. VU. (281 e). y a la sabiduría de las Ideas. El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica.74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. la prudencia. • . frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. además. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio.. En conclusión. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . pero no renuncia al intelectualismo. § 3. J094b 27).QlvsL x. ya no • . 1 . Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-. "Ex. de los estoicos.62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. y no del ethos. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. sino que es norma en sí misma. Al10ra bien. <ruvt<JLS o yvw¡. 1. 4. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . que ' aquí no se denomina voi3s. l215b 6. EL TIPO ' 72. es decir.oos a yLyvwo xeL. Eud. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). VI. a la determinación de la esencia de la prudencia. penmte discermr factlmeote. destgna una cualidad intelectual. ahora bten. no significa que ya no haya nom1a. to» mc�uso s no se juicio. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente. poseen la sabiduría.aA.. Ét. S1 la mtebgencta. la ciencia de las cosas más elevadas. es cierto. No sól� es . aunque sea bajo una f orma nue­ va. Parménides y Anaxágoras. se lo tome en su senado popular o emd1to. 75.72 En la definición de la virtud. experiencia. que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual. pero -añade Aristó­ teles. pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). 73. 76. J2l6a J l . el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. Protréptico.73 Así pues. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual. sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales. incluso entendida como virtud in­ telectual. en resumen. mino phrónitnos. . sino OLávOLa. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible.a virtud: Pitágoras. el análisis topológico debe preceder aquí. individualiza. su . ejemplo. 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes». A la intelección de los inteligibles le sustituye.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. Por lo demás.� t1ene . • . no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal.L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. que no es el sabio platónico. aquello según lo cual se juzga. Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. 5. � es el reflejo de lo inteligible. A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios.. 5b y 1 1 W. nos remite al personaje del prudente. l l 40b 7.a. como en el caso de las otras virtu­ des. . lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. además Ét.t.t') . en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. La «regl� r�cta» se encuentra. . sino el t� smo �ue JU. os). Aristóteles particulariza. x. Nic. que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. como flm­ damento de la regla ética. y es en ello que se es buen juez. y no por cualquiera). 3. inaugura. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. individualizada en la persona del pl�rommos. (T. . un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente. fr. no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. como todo el contexto. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. 5.ga. . el ter­ . Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. � pers1gu � . ayaeo.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. Nic. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. 13. Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. sino por la rectitud de su JUICIO. la prudencia de los prudentes. relativiza la inteligencia.a.

Anlidosis.8Jl sin la cual. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. un representante de la prudencia.. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. 262.. que no es la si rvienta de fines ajenos. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. 484e. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. la ciencia a la ignorancia. Fr. 9). Panatenaico. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. Repzíblica. se sustraerá. 1 140b 10. 85. Gorgias. Port.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI. p. 1 1. 5. al mismo tiempo que su carácter divino. 667. 7-8. supra. 79. y la sublimidad. l. Düring. T.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). al final de su vida. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara. 184. según el punto de vista desde el cual se las considere. Metafísica. 34. l l 4 l b 3-8. VI. anim. 58.. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». 644b 22-645a 5. En la nimos que al fondo del problema. es decir. /bid.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría. Cf. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos. modificada. si no por su elocuencia al menos por su huida. la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría. 81. en realidad. nos dice. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. ha sido afinnado siempre por Aristóteles. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82.. frente a la especulación inútil de los filósofos. 5 1 7d. fr. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. 84. Croiset. Walzer). sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. 86.del hombre cualquiera. Ibid. T eeteto. Cf. 486b. trad.lTJ). si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. 78. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». la independencia. 1259a 6-20. .64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. 490a. más que cualquier otro. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece.35 Ar istóteles. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. nos hadamos condenar in­ justamente. Rose. El carácter desinteresado de la sabiduría. de manera que su saber puede ser «admirable. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. 86. pp.87 Pero. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. 5. Vil. /bid. 83. sino que es su propio fin. que no es inmediatamente práctica."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. n. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales. según dice una tradición quizá sospechosa. de A. 484cd. 77. para los hombres. es «inútil». fr. de un modo general. indiferencia. desde el punto de vista éti­ co. 80. ridículo. y Protré plico. difícil y divino». 34!-342. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. Primera parte. Éticas. 174a. 87. Rose ( 12. no está lejos de consi­ derar a <. hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. por el contrario. Política. 982b 20-983 a 1 1 . A 2. Sobre esta tradición cf. pero. 7. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. 88. a la acusación de impie­ dad explicando. I.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

1 1 52a 1 1-14. es una capacidad digna de elogio. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos). y si los hijos no se parecen a sus padres. Ét. pero si es perverso. 126. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>. pero no que no se trate de un . dado un fin. 219a. En Aristóteles. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa.�v nos dice Aristóteles. empleado en otro sentido). sobre todo. 130. de la cual -. l. 1 1 40b 1 1. n. 129. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. Banquete. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. Que un saber así sea incomunicable.ú�) y.LO�. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que.. 1 144a26. I. 13. se acercan entre sí y se oponen a aque124. 125. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. 5. 1143b 1 1 . 10. profundo porque no deducido. Nic. 254a. 1. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche. Pistelli (donde phr6nesis es. 9. Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre. Política. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. 1 1 . So fista. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines.127 Este último rasgo nos permitirá.123 La prudencia es. 1 1 W. 3-6. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1. 131. 1). el pudor (atóc. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. sino de la reanudación. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. 9. cuya guía son. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. 127. 13.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. Emdeckung des Geisres. fr. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. pues.y que. el intelecto. 1 1. y menos oscuras. 12. 2. 34.. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. VI. del carácter c�eo�).es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. Nic. o por ser virtuoso. Cf. sino también de la con­ ducta del hombre. como se puede ver. 533d. Vl. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. cf. según Aristóteles. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. X.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. 1 144a 30. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). jugando con la etimología al estilo de Platón.cntv. cf.14. en la paciencia y el trabajo. 4 l l e. VTI. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. VII. del placer y de la pena. T eeteto. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl.72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. República. 1 144b 31-32). hac iendo de las virtudes ciencias. l 142a 13-17. VI. Cf. como atestigua el Protréptico. 1 144a 23. Vl. (n:áeo. sin embargo. 111. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor.vó�). 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. l. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). 1 1 14b 7. combinar los medios más eticaces. Mttgna Moralia. VII. l l43b 14. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. cf. 13. sin embargo. Il. a lo más impersonal.. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. 5 1 8c. 32. 164a. VI. Snell. La expresión es de origen l1omérico (B. Ét. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. Sobre la metáfora del «ojo del alma». como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. es decir. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. 5. para acabar. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo. Cf. 52.128 Pero la ha­ es noble. 1 197a 17: btc:x•.). pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. desprecian el páthos y el ethos). p. que las de la herencia. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. La pmdencia es ese saber singular. . Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante. más rico en disponibilidad que en contenido. VI. Crarilo.

Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant. fr. moral.l•ene virtud . según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres. Aquí. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta. 10. No hay. se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. cf. sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. o. la habilidad del virtuoso. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:. 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. sería una «Suerte» no serlo. Rodier piensa sin duda en r.lOV eivaL �l� ovta l. pues.132 Un poco después. y e y bueno. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas.tyaOóv). /bid. por lo tanto. por tanto. eilqnita). es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. Sin embargo.tá completa y no . por tanto. los consejos de la prudencia. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia.. sólo analogfa.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza.. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos.. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. como Aristóteles. VI. Nic. la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. pero no serán la regla recta. 132. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. es decir. 126). 1 1 14b 6. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. 127-129 y la merafl 132-133). ajenos a la moralidad. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. el del nacimiento. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». sino como lo bueno a lo indiferente. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra. Nic. Kant. �ta eúqnita no es una excepción. 7. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. . 1 179b 23. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines.) por la inten­ ción del bien. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. Por el contrario. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. 1 144b 5 ss.. X. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. 1 144a 27. 2). ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. ID. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente. p. segunda sección. aunque se sea hijo de Pericles. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas. es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. 1 179b 27-29. La educación moral debe reconocer sus límites. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. de Delbos. . Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. X. pp. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. Ét. nacen igualmente aptos para la virtud. 133. l l79b 8. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite. 135. etc. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético. al valor. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. pues. El phr6nimos. 1 179b 22. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral. para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. pues. excepción hecha de los «monstruos». porque una y otra son imperativos hipotéticos y. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. a su antropologfa. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. trad. una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. Para Kant. 10. es decir. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada.137 Si la coerción es accesible a todos y si. una vez más. 137. 13. 136.136 de «favor divino».

que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva. por ejemplo. el buen sentido y la singularidad. l 122b 1 . 6. la virtud no sería del que es.at xat wv e<n:Lv. justo. liberal. la Antí gona de Sófocles. alli donde no hay ninguna posibilidad l. en su descripción de las virtudes morales. Ét. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. del fin y de los medios. eveQyeí. Nic. lV. la habj!idad y la rectitud. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. 138. incluso no sería en absoluto. pero que puede aplicarse a toda Est<. l l04b 26. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta. O más bien estas son oposiciones modernas. 'H e. sino ambos a 2.. República. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. n. 1 107a 17. sino también con lo que hace falta. si las circunstancias fueran otras. la inspiración y el trabajo. ll. en general. etc. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. o aquello que debe ser.ett<. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. 2. Ni «alma bella» ni Maquiavelo. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación.2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. 9. 2. la lucidez precavida y el heroísmo. Allf donde estas situa­ ciones no se dan. 1 109b 16. la eficacia y el rigor. 1:ett'<.e. si el mundo fuera distinto De hecho. y. m. l . de la teoría y de la práctica. de la conciencia y de la acción. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. como un último dique. el sentido teórico y la habilidad práctica.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo. 1 Jl9b 17.�<. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. lo que es. 15.. El personaje de Pericles no la vez. más aún. . que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. PLATóN. Como atestigua. cuando y donde hace falta. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales.»' Mediante esta fórmula. ÓQtl.. el bien natural y la experiencia adquirida. l !09a 28. 379b § l. bre del interior y del exterior. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo.

8. Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte. al dominio de lo que puede ser de otra manera. La prudencia no es sin duda una virtud situada. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. 7. VI. 1: l ¡. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. Z. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en. afrontar peligros. Vl.).4 Los dioses no viven en el mundo de la relación.10 La teoría de la prudencia es. pues. cf. Fí sica. 1 3. 7. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. Cf.á (cf p. no de los bienes trascendentes. de alguna forma. l l39b 19 SS. 73. 12 A decir verdad. en el sentido en que lo son las otras. VI. n. VI. V LETRAS . «El arte concierne siempre a un devenir. Metafí sica.A. Enéadas.11 Ahora bien. Cf. una cierta indetermi­ nación. VI. Aristóteles no desarrolla apenas este tema. 1 . 2 (Sobr e las virtudes). La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. F �63352 ��8 F I LOS O F \ .. p. ni templados. de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. 1 14lb 9 . 1 140a 10-14. de la aventura y de las necesidades.óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). solidaria de una cosmología y. pues. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble.. VI. btmve-¡. 14. en i 3. de una ontología de J. 7. a propó­ sito de la prudencia. siendo lo que son y viviendo allí donde viven. puesto que esta virtud no es una virtud particular. 6. X. A este horizonte Aristóteles le da un nombre. 5. más profund amente. 8. 1 O.»13 Este texto suscita dos comentm·ios. l l4 1 a 19. n. la cual.wc. pues. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. el dominio de lo contingente. I. 1 1 4 l a 1 .tLa. . 1 . y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que.14 Apenas hace falta subrayar que. V. 'tO evbsxó�-tevov aA. Pero. infra. 13.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría.«virtudes». Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. antes de remitir a otros textos aristotélicos. 4. Sin embargo.7 versa sobre lo necesario 8 y.. El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen. VI./c/. �Eta A. puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones. l l78b 9-18. 7. 145. cf. comienzo del capítulo precedente. 4. del mismo modo que el camb. pues. el nacimiento y la destrucción (yévsmc. 12. es decir. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc. etc. 2. es. 1 J 4la 16. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos.A. 200b 32. 1 143b 20. tanto que es la más alta de las ciencias. 5. 3. En primer lugar. lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». 127). 5. para Aristóteles como para el pen9. l l40b 27. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las . comporta un cierto juego. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. Actuar y producir es. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. una cierta incompleción. H.io según la esencia. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia. 1042b 8. Sobre esta dislinción. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. de las «excelencias» intelectuales. Hay.1 1 . 1 10. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia. 1 140a 1). exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. en tanto que es una cienCia.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. 8. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. 1032a 15. que para él parece ser totalmente obvio. ni liberales.wc. DI. un horizonte de la virtud humana en general. l l 40b 5. ! l . suponer que éste. 4. puesto que ofrece esta latitud. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. es decir. distribuir sumas de dinero o moderar deseos. 6. SXSLV. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera».

. En cambio. La acción inmanente. 6). lll. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. Lo que Aristóteles llama mo. santo Tomás. . l362a 2-S. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p. 199. S. q. xí.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. 11. . VI. que son los seres na­ turales. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle».l dominio de la naturale­ agibilia? No za. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. 192b 13-14. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra .w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso. en Fí sica. probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. Cf. pp. 16. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. la posibilidad del obstáculo (cf. por ejemplo. 27-328.. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. .vr¡ou. R. Cf. Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. Así pues. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. 2 1 . la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». introduciendo así una cierta artificialidad. . que debe ser entendida. no hace . la praxis. 20. En el pri­ mer sentido. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. Así pues. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. 18. 19. Pero este desplazamiento de sentido.). Flsica. es el comienzo de la indetenninación.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. y sólo éstos. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. Cf. en el segundo. los parece que eso sea propiamente hablando e. para concluir. 17. Le probleme de l'en·e. 5. II. 1. no los saca de la nada.-A. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. es decir.2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. ef. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». pos1. p. 640a 28-29. es decir. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. Más aún. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. anim. es decir. pues. 327. el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. principio reside en la cosa producida misma.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió. 222b 16. 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. por ejemplo. 433). 12. Nauck. a. 13.18 Desde este lS. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. Part. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales.. quizá incluso una cierta complicidad. TV. corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. es de­ cir. I. cf. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. 16 Si la situación de los objetos de producción. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil». no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. U. Suma teológica. que subraya. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. del arte: «En cierta manera. Gauthier en su comentario: «Aristóteles . No se habrá explicado nada. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. que una afinidad recíproca. 13. más que el resultado de reglas concer­ tadas. no como una re­ gión del ser. 1 140a 1 7 ss. otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. hace salir al ser de sí mis­ a. de una manera voluntarian1ente velada.r¡� . 197a S. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. e introducir así el tiempo. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte. que es «estático» (Fí sica.. pero la nota vale también para el libro VI). 4. si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. Igual­ mente. si el arte es productor de terminado. y 468 ss. El movimiento. Retórica. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros. nilv E� &váy?<. pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es. 4 1 8 ss. l. los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. 1 . Anal. con el azar. losf actibilia. puesto que. es clara.

2 1 W (Cicerón. Z. l . sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. 426. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. 5. 888e-889a). y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. ' . cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. l247a 5-7.. 108-109). fr. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza». De natura deorum II. 3. 1 139b 20. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. 44). De philosophia. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana. 1 l l2a 32-33. lll. Política. por el contrario. pp. DescartcB. infra). cpvoews avan/. 25. para naturalizarla. 7. de manera que la tiipartición de la naturaleza. como lo será para Bacon.óyou.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. el hombre 22.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. En la Ét. Meta fí sica. 98la 3-5. es decir. otro nombre de la contingencia. más aún. nuestra obra Le probleme de l etr e. del agua. Pistelü). inversamente. consecuencia de la necesidad universal. Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. Leyes.26 no para humanizarla. Discurso del método. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. acompa­ ñada de regla. para un g�iego. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. Protré ptico. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. ll2b 4-7. 1 99a 1 5 -J7). l-1 1 P. la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. 8. 28. y así el arte no tendrá fin. pp. . l.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. 498-499. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia. Cicéron. p. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. además. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. 28-29 (véase infra. X. Pero esta racionalidad. 1071 b 35. Eud. la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. cf. añadido a la naturaleza. Vlll. 1 1 W.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. de los astros. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. 49. A. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». fr.24 Por el contrario. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. 198a 5-6. n. fr. retomada por Atistóte­ les. Ét. Cf. 1-2. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. para la acción humana. 50. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean . \\ . Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. Pero. Mewfí sica.27 de la naturaleza. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo. 5. de una manera general. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia. Ahora bien. 16. 3. Aristóteles invoca aquí ejemplos que.. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. 11. el arte y el azar. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». Ét. Cf. 6. De fato. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es.. cf. cf. 6. sino e. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. 11.r¡goiiv) (Protréptico. Metafísica. sino a la ciencia. y.tettov. Cf. no habría ningún sitio para el rute ni. 27. !!B'ta A. 23. acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. cf. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. l l W. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. El arte muere a base de ciencia e. sino para acabarla en ella misma.. A. Así. XIT-XTIT. lll. 1032a 12-13. l l . sino a sus fracasos. . Por otra parte. .l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza.. 24. 2. Ffsica. Sobre el argumelllo perezoso. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. y que no prospere más que en una atmósfera de azar. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. l258b 35-36. 6. A. Nic. IX. Nic. cf. El arte no es. por ejemplo. VI. nuestra obra Le probleme de l'étre.

atribuye ya la fórmula a Anax.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar. M &. ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito. pues cuando decimos que el azar es una causa. [(.mí casi tal cual en los es­ toicos. 313. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . 965-973). si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses. Pero. desde en­ tonces. t'Ú:rtq:¡: Ét. .84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia.�goras y a Demócrito. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». ! ! O l a 27. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera. para algunos. 34. �0}t€L ELVUL attla J. 1247b 28. para esta idea. 36. -cvxr¡. azar y contingencia. J 107b 14. y es por ello que. n. 29.31 y que. Ét. cf.tEV . morales e intelectuales. 48. Demócrito. . es pro­ ducida por la naturaleza. etc. 7.. TI.• ed.tOV�<Í>1:EQOV (11. que defmian el azar ahla M11A. 1. que no es el suyo. «el azar es una causa.oy�Of!<fl (SVF. 12. 1 104a 1 . se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. por otro lado. Diels. eetóv n o\íoa xat <lalJ. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo. 1247a 14.ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos). pero cada vez única. In.. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. Los manuscr itos dan avá. 30. 1247a 3 1 . Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente. el terreno o la ocasión favorables. 89. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior».32 1) Una doctrina así. En el examen prelim inar de las opiniones. VTT. p. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A. .A. 11.34 Queda tan sólo que la buena fortuna.oyov.t0). y que se ha sustituido por W. 35. 1094b 20 ss. 37.t w. 119. l. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente».a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar.35 Mas esta objeción. La primera parte de la fónnula. 7. 196b 5-7). es que en realidad existe otra causa pero no la vemos. Física. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-. 1. Por lo demás.oyov. pero oculta a la razón humana. p. 38.37 Ética a Eudemo. l247a 28. 4-6. 14. Eud. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia.o. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física.v8grorclvq:¡ A. 1094a 25.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. cuando se de­ fine el azar. cb. La fórmula autori7 .33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado. y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto».otra cuestión».o. lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme.. 4.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción.. 32. Nic. pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo.lvu 1\wvol<. se reencontr. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados. Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí.3R pero esta naturaleza no se ha de 33. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente.v8gro:n. no la había tenido él mismo siempre por despreciable. No puede ser. Mansion.. Aristóteles recuerda que. 29. l L 17b 21. fr. que no tiene ningún sentido. Si saliéramos del marco. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles. &l)r¡A. l247b 4-8. 2. Sobre Mr¡/. «pues esto sería -dice. a causa de sus propias cualidades. A. 1247b 8. &. in(m. Aecio.o. tal como nos in­ vitaba el contexto.. 3 1 . 2. cf. responde. 1 1.

Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. . que es un don de los dioses. Nic. Dios. Jámbli­ co. 53. es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. más particularmente. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . en Protréptico. 1248a 18-27.40 Así. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . las virtudes intelectuales y morales. 9. si allf no hay tribunales? ¿De valor. hasta el infinito. según toda verosimilitud. TX. lo hace sobre sus Ét. ella. fr. XIV. Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. rr. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él. por medio de la deliberación.ÚYcegov agetí'jc. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. 12. Ét.vov ( l 248a 29).. supra. Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>. sino que están tada al Hortensia de Cicerón. que son igualmente limitaciones. a 39. El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. Cuando queremos lo que es necesario. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas.. . y con ello de la obligación de la viltud.tloov tí'jc. X. pero.42 Tales hombres. p.43 40. P. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma.1 8 (cf. . ellos no tienen éste. en ambos casos. . . La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas.escapa de estas condiciones. encuentran por azar (arco-¡. De Trinitate. sino que la mueve en cada uno de sus instantes. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido). La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia. La buena fortuna la virtud. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración. 4. como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. que no es una consecuencia. en este sentido. no son más que un sustituto. Eud.JUta. Ésta les permite ver el futuro y el presente. ¿Cuál puede ser entonces el principio. no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. El pensamiento. que las resume todas. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros». Nic. 78).39 azar. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. 1 ' 1 145a 26. 42. y en particular la virtud de la prudencia. 41. 1 178b 9 . que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa. es decir. 1248a 34-b l. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. sino que existe un punto de partida (CtQX� ). «aunque poco dota­ dos para el razonamiento. BeA. 3 ss.oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación. Magna Morolia. .86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. 'H yó. pues. cita también esta fábula. 1 2 W. tienen éxito sin reflexión (af. . no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. y no se piensa después de haber pensado en pensar. si no hay propiedad? ¿De tem­ planza. si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados. ef.U. qu ien.).Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. el buen o mal nacimiento. 1248a 29-33. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. L200b 14. es decir. 8. evidentememe..uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. CtQet í'jc.) está relaja­ do . Ciertamente. al Principio que se funda en sí mismo. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino. mientras que el de la condiciones subjetivas. 43. . VIL. por Dios.

soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. es decir para Dios. 1247b 12-13. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. no podría prescindir de ella. y allí donde está presente debe tener un sentido.no le niega toda eficacia propia. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. sino a los fallos de su acción. Ollé-Laprune. opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. Jaeger. del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. ¿no es acao. asi­ milado a la contingencia.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco. On the Origin and Cycle. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. puesto que hay algo más elevado que la ciencia. más que provocarla? En otras pala­ bras. incluso cuando son virtuosas.óyou ó' CtQXTJ oú A. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. . cf. 48. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. p. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. p. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas.á tL XQ&LltOV. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. Cf. ¿por qué Dios.46 Sin duda. En resumen. 443. r. y lo puede hacer. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna. puesto que la <<genética>> de esta consideración. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. pp. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida. Aquí el azar domina todo. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. Essai sur fa mora/e d'Aristote. El azar es. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. 1 1 .-M. P. W. 46. 85-93. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce.50 sino por la prudencia y la virtud. en cuanto tal. «Acl�la».A. 50. no pueden oponerse a él. ni por lo de- 44. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. la marca de su ausencia y como su sustituto. es decir.oc. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. 47. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre. en Nomo. ya lo hemos visto. Sobre esta noción. como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace. pero. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. L. L247a 3 1 . otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. ni mucho menos concurrir con él.óyo. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A. La prudencia no es aún la facultad de prever.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. 1953.. aA. 49. 28. si todo está impulsado por Dios. enton­ ces.wv). Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. sus6tuyendo a Dios. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo. 1248a 27-28: A.).88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente. 45. a falta de buena fortuna. «el ojo del alma». ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia.51 Ciertamente. al contrario. Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma.está impulsada por Dios. Alli el azar. Pues ya aparece. que «mueve todo». 5. 1246b 37. por su determinación misma. y que no siempre lo con­ siguen. ineficaz. allf donde la inspiración está ausente. 5 1 . sino.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. que es Dios. Pero este sentido. parece. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». Schuhl. .

El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55. al menos. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. 11. por lo demás. no de dos series causales. Esa es la idea banal del azar (11. aquello que acontece. op. 196b-197a 5. 5. 196b 27-29. el único real. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella. pero. ni en el libro ll ni en el resto de la Física. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. de contingencia. dotada de cierla finalidad. esp. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. _ _ Desde este punto de vista. 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes.59 El azar no ap<:u·ece. 'H . .57 pues sus causas. la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido. xat � túxr¡ aÓQLatov. el azar DO hace más que sobreañadir una intención. en este sentido. 3) Es esta tercera concepción del azar.tatov nos parece de poca importancia y. S.3� Desde este punto de vista. en una noción más es­ tricta de azar.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX.52 no ve en ella� más . son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada. pues.�. este último motivo. Cf. 2) Sin embargo.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. cf. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita».úy. 52. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. 53. 56. la � t"ÚX'l.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista. que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. de la fort\lna).tEvov áA. un mundo donde no todo es deducible. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. El azar no es. 58. 197a 19-20. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado.. es de­ cir. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov). a una cosa. la causa por accidente es indeterminada.<ll t� &.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa».Aw<. no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas. 196b 13-15. o el encuentro de una serie causal real. 197b 15). sobre el carácter incierto. siendo imaginaria. 197a 30. sino como efecto. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva. en efecto. p. el cobro de la deuda. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35).6!\oawv. de un interés humano --constitutivo del azar. en efecto. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano.: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. 197a 9-10). 59..Ó¡. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica.awu etvaL l>oxei: (5.Eu:. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. En este caso. el azar. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar. EXEL'V no se encuentra.w-rov. cuando en realidad fue por otro motivo. 6. siendo causas por accidente. J97a 36-b 13. A. 197a 8. Desde este punto de vista. 54.o. o rtQtil. La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡. por otra parte. 314: «La adjunción. Mansion.r¡ to'Ü aoQí.. cit. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana. . donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. av�LoatvcL.no se deja reconducir a la esencia.. el sujeto es un ser inani­ mado o. Física. 0. 197b 1 ss. -v xai ol. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. es para Aristóteles el encuentro. m1sma. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino.). más que una ilusión retrospectiva. TI. 57. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o. más en geneml. en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente. como «para servir de sede». ÉO'tiv ooou. más que en un mundo donde el accidente --es decir.no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡.

1177b 25. desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . Phronesis. X. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia.). Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física.72 Ciert. 17. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. 1098 b 12 ss. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario. pero para él todas las circunstancias valen.mente estas af mnaciones. 1921\ pp.74 sil 't��EL0�). los sabios. 1214b 1 1-17. 3. VV. 69. Die Philosophie der Griechen. p. I J OOa 4. en tanto vive.. Ni c. 388-389. Ét. será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). Cf. . 68. cf.68 En este sentido. 60. es deci r. 62. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». n. Vernedius. 1098a 1 8 . 1 1 .67 do. 71. 8.. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. 64.1. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 .o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. (Coloqwos. Sófocles' Áyax. l J OOa 10. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. 1 096a 1). 6.yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica. 1528-30. una feliz progenie. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. I. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. 1 099b l. 1 1 OOa 1 8 ss). porque la virtud necesita una materia para e jercerse y. Edipo rey. 5. Beómó-tr¡s. 1.tLV (l. pero sin ella no hay felicidad posible.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. En su comentario ad loe.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna). 9. Cf.. Ét. V (1 960). ( 1 1 . 67. 10. Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. 928. . t eunga. y esto en un doble sentido: primero.. Nic. un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. II. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. ll.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. II. 1. a<paves 'IÍJ. 66. X. que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. 44). 70. .ov . I IOOa 8-9. 1 1. De hecho. p.. un «mundo».. I. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto. Eurípides. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla. pues. . l l Ola 18). si se vive solo y sin hijos». 2. . 1360b 18. Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a. . 36 ss. J. Eud.tÉywm (I. 8. dinero. l lOla 16. J. 2. Pero. 65. I. 597. lO./. xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. Cf. la belleza física: no se es.64 Sin embargo.: 'l. l l79a 24 ss.73 La felicidad debe pues. W. Son numerosos los textos. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos.61 No sólo se trata aquí. al menos si se sabe utilizarlas.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. 6. 1 099b 2 ss.·36. está sometido a las vicisitudes del azar. 63. que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco. 5. 73. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud.. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. Sófocles. § siguiente. 9.tÉ/. 6. si se es de baja extracción. 74. Ér. 197a 30). 1. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. 60.C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». «el buen nacimiento. 1 LO l a 8. 9. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. o el cuadro de la injusticia triun­ fante).66 pero. en efecto. T6 ¡. 1420. Andrónu¡c 100). I IOOa 13). ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. 7. . 1 1 . 1418- 72. como ya hemos visto. 1. al cual <<nadie califica de feliz». como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. condiciones que no dependen de nosotros: amigos.qwvla). los sabios deben ser felices. Retórica.

fr. el único «due­ ño absoluto». A partir de este momento. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas.. Le systeme stoicien et f'idée de temps. c. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. 81. n.R2 Así pues.). aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. 164. los vanos lamentos o la espem angustiada-. X. 6. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. 7. V. como ya se ha dicho.15 Ahora bien. 22. las viol encias.83 Este tono es extraño a Aristóteles. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . de Hyppolite. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. VTI. Bréhier. pp. el hombre imJta a Dios. si se remüe a la Providencia. esp. cf.s' Más aún. entre las actividades del hombre. l. en especial. 124. 77. Séneca. l l 00b 3 1 . En realidad. 14. 1 179a 3. Goldschmidt. «Y no se que más se basta a sí mismo. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. I IOOb 12-18. p. _ el ttempo. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75. 305 ss. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica.. Así. 1 1 OOb 6-7. l l 01a 2 ss. 1 . Cf. 12. 1 1 . hasta entonces tenidas por indiferentes. la incertidumbre. 78.. TV. la más elevada de todas. que vale por una eternidad de f elicidad. De jinibus. una materia virtutis. !bid. la fal­ ta de convicción con las que lo hace. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia. 5. De Providentia. 9. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud. 1 . sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-.� Ciertamente sarrollo de un tema.. 82.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. Et. si la felicidad reside en la virtud. no es un menor o mayor rigor en el de­ do.85 Es el Cicerón. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. el más autárquico. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». p. l097b 8. sino también los males exteriores: las enfermedades. en un se­ gundo movimiento. procedente de Antítenes. 84. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. la pobreza. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. a1rta(>xÉ<Ttat0<. Fenometwlogía del espírilll. Eud. 1 177b 1. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios. ef. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. 1 177b 2 1 .) los golpes de la suerte. 111. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. los insultos o las calumnias. la contemplación. como si. cf. LV. p. es decir.77 pero también que. o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. 2. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad. que es.wc. no la acción virtuosa. .76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. rrad. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. Nic. 83. monuit» (ibid.. la ignorancia. 7. 219. Hegel. ut liberté grecque. heredera de l a tradición socrática. nada es imposible pura él. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. pero sin poder alcanzarlo jamás.. lo que opone Ar istóteles a los socráticos. 1.• ed. Ét.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. nuestra obra Le piVbleme de /'erre. 212. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. 80. X. el dolor. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas.. Pohlenz. 85. es más bien la timidez. Cf.r. J245b 15. E. l. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. Cf. 1 1 . p. que culmina la universal «realeza» del sabio. 79.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. CL también M. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida. de la autarquía. la esclavitud. 76. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. adji11.

Metcifisica.92 es decir. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción». La f elicidad se basta a sí misma.o�.. sino siempre sintética. 1 179a 3 1 . 9. 94. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad. 7.. por así decirlo. Nic.. 89. 90. VTI. justo en la soledad. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-. 1245b 14-19. cf. T eeteto. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos. X.óv). 1 177a 21-22. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. 1 177b 22. uc In que se ven privados los 9. cf. 9. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. Nic. e. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios. Ét. El sabio.. l072b 16.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. 91.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son. contratos que firmar. ll. de tener amigos. Sobre la oxoAl'J. Nic. Política. 15. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. y la reserva de Ét. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. VIl. es decir. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. 7.. parecía qu'erer evitarle. 96. 1 179a 24.. 11. J 177b 33.o�. esclavos ( J 334a 20-21). se puede llegar a malinterpre­ Ovva. OeocpLAém:aw�. 7. sin embargo. Ét. 1213a 7..91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». 9. Nlc:. que sólo puede alcanzar 88. 12. 1 175a 3-4. Magna Moralia. 15. 1050h 22. 7. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es. Ét.97 Pero. He aquí al virtuoso Aristóteles.cado ocrov EVOÉX. l l77b 4-26. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. los otros sus condiciones de existencia. Ét. también Ét. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. 7. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97. infra. supone más mediaciones aún. 7. como la contem­ plación de sí mismo. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles. X. sea cual sea nuestro mé­ rito. de manera que.96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico. Mewjf 95. Nic.. X. y este mundo no depende de nosotros. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. 1 5 (cf. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual. X. como ya hemos visto.. 12. J 178b 33 ss. X.• afectado por la fatiga. como en el caso de Dios. Eud. No se puede ser valeroso en la paz. Sobre este problema cf. Hay un punto trágico en la vida moral... X. IX. condenados a esta hetcronomía. 176ab. por e jemplo. Níc. Ét. 98. pero esta autarquía no lo dispensa. VJI. el hombre moral se contentará con la virtud ética que.¡. Pero. Ét.EtaL.menalidad t popular. El mismo . X.a. 30. le está «oculto».37 el más feliz. en realidad. 93. analí­ tica. 107Sa 8-9.00 El sabio es autárquico. X. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que.cmx .86 el más querido de los dioses. como ya admitía Platón. euoaqwvém. por superlativos de la virtud. 92. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. a\n:aQ'Aém:a.96 A falta de éste. A. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». Nic.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. X. Ahora bien. sica. 25. Eud. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. 205-209).93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. 1334a 1 1-h 'i. cf. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. 4. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. pp. de la cual Aristóteles no se habría librado completamente. 87.. Ma�na Mom/ia. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. como creían los socráticos. La virtud depende relativos y no absolutos. 1 177b J. liberal en la pobreza. una fortuna para distr ibuir. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. 1245b 18-19.. 86.

sobre todo.. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. Ét. tijs. si puede crear monstruos. Ntc. . Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. p�ro en un sentido ontológico. pp. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada. 1 OO. esp. (Él. a veces ��q� inal. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. nQoc. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is. i¡ifra. 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ.. aQE't� v). En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. 7. de­ la obra de Aristóteles..ov . Nic. n. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . Nic. I I O i a 20). 1.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua . p. la felicidad del hombre. Cf. 1074b 27. Cf.. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. 10. al hombre y a lo divino.uica. pero esta confianza siempre está matizada por una reserva. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo. c. Teogn de o do ella. 102. 1099b 18-20. tes y hacer prosperar nacidos. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. T. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p. de :n:oA:ú -co btt <be. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. el término de nuestr sible. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . salvo alguna ex­ cepcton. y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien.wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. 32.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. . Ét. el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. Este último tema criticaba la idea. de más noble». el cual. . no puede hacerlo más que «en tanto es posible». Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. pp. en un hlósofo determmado. • relación problemática. elicidad como «recompensa de 105.. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. 103. 1.. A pesar del opturusmo de algunos comentadores.Livmc. antes de a los malvados. para _ ser �trtuoso.. 137. 1 O l . mora/e /a sur (Es. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. 9. No es nue­ va. «debe ser accesible a la multitud. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. Metajfsica. humana. un buen nacimiento. A. 106. es decir. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre. pero no lo elimin mejor lo aet. 75. 1 1 . pero «como los hombres pueden serlo».. X. está por encima de la con­ . de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. In cita de Rodier. menos Jo por y.102 Así pues. 1099b 23.1o.r�s ón. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J.A. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. separa ot :n:oA.oí. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más.oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse.a sí mismo. En el De philosophia ya en las Leyes.LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». dice. . mismo. 1 177b 26. Pero. 99. pero nunca suprimible. 154-170. Tercer¡¡ parte. !bid. 10. de la ant igua prudencia griega.OtJS l'i' &vflQ<.Í>:rcous.

i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. Cf. que Aristóteles rechaza en este punto. f. I .Hn . 109. Cf. 1 16. Leyes. 1 1 1. 5. para no conservar. sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. IV .117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas. 'Ev toi:� ouoLv tO J. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad. 744 b 16-17. aquél esté sometido a las condiciones de éste. Epfnomis. I.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley. 11. 11. 170-175.. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. 2. Rodier. Esta distancia. p. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia.. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone.lev 1:0\ito itOLEtv.lll ov n:aQeon:Q.. 687a 16. Le domiiUUeur et les possibles. pero hace lo que pue­ de. The Philosophy o fAristotle. engendrando entonces mons­ trUos. Le probleme de l'étre. 1 12. con Eudoxo. . D. X. pues. 1 . de su realización en lo particular. sino la distancia -ínfima. l. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad. istóteles rechaza las teorfas que. Se comprende.• . etc. G.114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. De Coelo. anim.. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. Allan.que separa l a ley. Metafísica. siendo potencia indeterminada de los contrarios. 984d-985a. 1 . y a Part. anim.Q).evtoL ou ouva1:cn. Düring. la cual. 1032a 22. 1 7 1 . es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. actuando al nivel del mundo.emL ). en Suppl. l. Dio quiere lo mejor. No es la ausen­ cia de ley. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». J039b 29. p. Parr. la coincidencia del poder de Dios con su querer. Parr. 1. pp. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas.. 1 10. Polftic:a.Iévov n:oo�. Cf. Z.113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. 1 17. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. olític:a. como hemos intentado mostrar en otra parte. 4.a>U� �-t. Études de philosopllie grecque. 23-26 y 29. como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. J. 6. . pp. nuestra obra Le probleme de l'etre. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva.-M. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. 1 1 ) De manera general véanse las pp. 658a 9. 1 1. esp. 291b 14. 388-389. 7. concierne a la materia. cf. pp. Le probleme de l'€tre. la materia es. ll. cf.. 27). regiones inferiores del mundo. y el comentario de este pasaje por P. 661b 24. 6. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. y no puede hacer todo lo que quiere. cf. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. 283b 13. De Coelo. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado. Ahora bien. ur. 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. . 15. 45. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. Es. etc.. Gen.. Schuhl. 271a 33. Bruns.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». que remjte a Meteoro/ 1.. 108. 903b. Ar miento y la predicación. arist. El Dios estoico tampoco creará el mundo. pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». también. y también l . 273. sobre todo. anim. pp.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios». "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX. 349. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa. Meta 1 13. 1256b 2 1 .. p. n:o!J. .. residual. pero será el mundo. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y.. 1 . jfsica. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury. que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. 641b 18. 1. si se quiere.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. 429 ss.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza. n. 8. 1 14. anim. ed. p. (ibid. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"». Bruns. que e s general. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano.. ' llenar nunca por completo.Qa¡tévov tot� oúow (De anima. 170. 4. 12. el cual no está dispues­ . 43. 5b 14). . 10. más refractaria a á La materia que supone. podr íamos decir una vez más. la detenninación ser que. siguiendo las justas expresiones de Rodier. 13. introducen el no ser en el ser. 1 5 1 SS.

un dominio previo de las circunstancias.ov011 J·t<:X).. Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. en última instancia. Alejandro.. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque. dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. pone su vida privada d � � 1 19.a . es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre.. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122. en el sentido más profundo del térnúno. Scott. 1. 7. tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op. Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. permanece siendo la expresión más elevada del Logos. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. repugn. . el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . 22. turaleza Y r azón. 1 (Dión Cr isipo. sino en las pa­ siones. . Breh1er. . �unde con la belleza moral).. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax.. Bruns. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . como es el de los estoicos. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. 122 sino en la teología. l051a 17-21. sobre el mundo. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado.óyov (Política. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. indeterminación. El ideal moral de Aristóteles no puede consistir. S V F 11. Or. 1 181). que no se ha de buscar en la física. él es una obra de arte.. pues. por el contrario. . 1 7 1 . Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. 13. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. SVF. 35.. ll. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. 273-274. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. ibid. también las notas de Rodier. que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros.r¡ . . ma mstanc1a. . 1 1 que una m�potencw de la forma.t. repugn. en sus condiciones de realización. . El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. . t?v �aew� yov (Plutarco. 66· . constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. 38 . Dejini 123. uo terado). Metafí sica. El conocimiento ele este orden.• ed.t tOV A. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo.. 213. como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. 1 1 83). ll. �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . 29). es porque la naruraleza no es estoicos. .1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. cf. De Stoic. S V F. •• u • .l(l) 1 (. según la . ens1po se · · e1 un1verso . vano querer cam­ _ biarlo. en últi­ .a del mal. El reino de la sabiduría exige. de las circuns­ tancias exteriores. como pensaban los estoicos. Es sobre todo Cicerón qlllen.. 156. �20. m. 15. . cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x.at a. las cuales no son. sino que lo «sigue». 124 pero. 274. lloAA. Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. ni en apariencia ni en el fondo. 121. p . p.oA. 156-157. consiente a los decretos de una Providencia que. cf. .Q 1tUQÓ. p p . de la Naturaleza. 121 El sabio no actúa pues. Études de philoso­ bus. citado por Rodier. 35. 124. apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . en una asimilación al mundo en su conjunto. sobre todo. que Alejandro denomina el azar. 28 Y 8. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal. hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien.Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> .. cf .123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. 36. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. Según Filodemo (col. Cicerón. si pueden. enteramente racionales. pues depende también. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. 9. 1 178). As1. cit. E>. Cf. es decir.: ' XOX. de Dios. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza. lli. un principio de desorden. Vil. En � es men�s una realidad positiva. t�undo es racJ?�al. 1tW� � �m. por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. Así. 28. n. su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. 37. 86· . De Stoic. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. sena absurdo y.a '(Ó. . csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas). �or más perfeca t que ésta sea. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. l332b 6-7). parva negligunt (De natura deorum.

hacerlo humanamente. etc. el cual no está ordenado más que en general o.-M. P .ltv tó €<p' 1)� tv (171. 129. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. 231. por la simple razón de que mngún • � . de las del antiguo estoicismo. m. e incluso la de desorden mórbido.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. cit. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. encontramos en Estob�o (Ec/. EXtOt. op.r .P. pues. puesto que no es más que una parte. estaríamos menos impulsados que Rodier. Rev.tlmc. El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. ma que . cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales. 264) una definición de la phró�I�SIS como . ser rico que pobre. estar �·odeado de amt�os q�e . 10. xm:óg9w�-ta. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias.a de! �1en Y del mal . 1 . no remiten a ella. no se remontaría más allá de Panecto (cf. A Gnlh. 170. más que al «hombre medio». 9r¡QlÓ"tfj. entonces querríamos la enfermedad. 4 ss. n. sino la incompleción del mundo. 15). y siempre es posible enderezarla. Coloqui os. supra. no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta. yevó¡. Lo. 1 19601. (cf. P�1�1ppson.-M. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op. p. que hacían de la phró11esis una c•enc. Alejandro. del bien. en nosotros. Vll. Sin embargo. sino también el mundo. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa... Le dominateur el les possíb/es.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. la pobreza. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles. n� es sólo su propia imperfección. U. ?· 60 : . y el comentario de P. Epicteto. 9.. Ja cual. 1).. a falta de otras mejores. W. soledad. SittlichschOne bei Panaitios>>. d ígrotc. Rodier. es decir. el mundo. «Das .. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. 43.tatOV. &v �). que para Aristóteles. 1 16. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. contrariamente a los estoicos.12 s La contingencia es el mal. p.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. 8. cf. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. 10 SS. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. 62. «búsqueda de lo conveniente». Philologus [1930). 5. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. 126.. dicho de otra manera. Níc. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba. p. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. Bréhier. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. nos parece. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia. Cf. 274: «El determinismo de la razón . En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. muestra que la azar esp. en la medida en que éstas son todavía moldeables. tomando el relevo de una Providencia fallida. Schuhl. E sperando poder realizar inme- 125. a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. 11 problema . al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. en su envoltura celeste. p. y el de la acción simplemente conveniente. como ya se ha dicho. 11. En lo que concierne a la contingencia. pp. SVF. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. es un reme­ en las cosas exteriores y. Nic. ai. '1 tOtJ xaOrpwvto. lo que es lo mismo. aunque sí le está permitido. Phi/. solo. 45. Schuhl. o.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. Sin duda. 365-376.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es. cixoAaota.tEV totc. pero ella es también el reme­ djo. el hombre quiere lo mejor (Et. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos. no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. Esta �elit�ICtón. es también lo mismo ser sabio y prudente. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría. a causa de su contingencia. para el estoico. pp. ÉV bE toic. p. pero..104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser. . 1 149a 4-20). es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo.. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. Sin embargo. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. Se comprende. Vil. 128. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica.. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. ya que el mundo es Dios. Er. 1 : 6.. que del libro ll de la Fr sica. Lo saber humano llecrará o . a ponerla a • de la moral más que al primero. el de los deberes o xa0i¡xovw. Ciertamen­ te. separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. al menos si el hombre quiere. cit. Cf. la . �an dtferente = 127.

. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. Así considerado. pero sin duda indefinidamente provisional.l trabajo con el que es a menudo comparada. 1253b 33-1254a 1 ).132 Así pues. que es moral en sus fines como en sus medios. En este sentido. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. 1075a 19-22. o al menos la mayor parte. puesto que se trata. 1 99b 26. Ffsica. El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. simbolizan las partes in­ feriores del universo. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. l'homrne>>. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. y que no se volvería inútil más que el día. mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. Tal es la tarea. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre.. pactando con él en caso ne­ cesario. 1 3 1 . La vida moral no se confunde. 5-6 P). a parte sub jecti. 379-380). � tiempo. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. como e. le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. curiosa y sin duda i nvolunariamente. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. 5 W. ni la victoria todavía tan lejana. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. En un señalado hombre. que es indiferente a sus fines.. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. 1 �4. la sensibilidad aristotélica. Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente. para Aristó­ teles. TGrv yó. es el hombre. si no por vocación. 1mentras que «los esclavos y las fieras». 52 R. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. Los santos del cristianismo. es decir. en uno y otro caso. del desorden y del fracaso . Y 9ue todas su� acciones.AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. 4. Merleau-Ponty' «L'héros.. provisional. son reguladas (tetaxtaL).106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. Ciertamente. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. 1946. la carga de la libertad del hombre. 8. nada es seguro. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. A. ni .ro¡. tiene l a experiencia del azar . y la prudencia. Segt ín . 133. al mismo de la contingencia es a veces amarga.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. y esta ausencia de destino es la garantía y. 10. pero también de los fines a los medios. Aristóteles parece inquieun decadente. la adaptación de los medios a los fines. al menos en un pasaje. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. al menos por condición. smo que son a menudo dejadas al azar». sino al mundo. no negándolo en provecho de otro mundo. incluso si esta exaltación . l. Parfs. pp. 131 Pero no era esta. del una casa (otxta). 132. sino que se opone a ella.¡uov) está. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. el mundo sublunar. 3 2 1 . testimonio de lo cunl es el arte.133 La excelencia ('tí. pues. Cf. Pero. y no podía 130. en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. que están solos en el mundo».1·. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. una moral del mundo acabado. _ . Simplemente. el m11sta Siempre dehbera más o menos. 111 s1qwera Prometeo. U. en proporción inversa a su habilidad). hacer. los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. donde los hombres libres serían los astros. antes de ser y para ser una moral del ser. compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. siempre aplazado. Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. por­ unida a la contingencia. . (qJQÓ'V'r]Ot¡. Sin embargo. sino comprometiéndonos en él. Fllopón (ad loe. nos corresponde ordenar el mundo. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia). 38.téü. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. simplemente» (M. en Sens et non-sen. es decir. porque no saben lo que hacen. un diletante. La moral de Aristó­ teles es. fr. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia.

pp.. puesto que comporta la 142.. que se trate de una• invención ulo/. aquí como en otros lugares. Mansion. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. pp. LO. Nic. Así. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. !bid.Ó. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. megúr ica: el argumento. 1 176b 29.) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. X.108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica. jo. 1334a 15). habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>.xn. n. Nic. pp. 1885. 17. la phrónesis. E t . más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. klasSISche P Supplementband 14. 41) mostraría que Aristóteles. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<.-M.140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. gentia.q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . se llegaría a «absurdos» (<horro. en Ét.. sin embargo. la vutud de la deliberación y. el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre.. F. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema.W�AEV. VIl. sino la actividad (eQyov) en general (cf. Introd. A. 139.137 Pero nos parece que la constatación de experiencia. Sehuhl. dili virtutibus et vitiis. 6. Epfnomis. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. Cf. Wesen und Wandel der T ugenden. Nic. 26-27. dice.. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>.100. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. no sólo una oece�idad. p. 28.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre. donde n:Qay�c::reúw6m r .<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción». La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les. por consiguiente. Gauthier-Jolif. 14-18. pp..ál. Pues si se admitiera que. aunque tímidamente. Le dominateur et les possibles.142 Exaltando. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico.. En este sent ido. puesto que. O. 19a 7. aunque no sea este el único argumento. en realidad. X. Nic. No creemos. Y se la condena en parte en nombre de la moral. considerada como un medio con vistas al descanso (cf.. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. Fleiss. si?o �na nec7sidad moral. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum.. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. 957 (Orígenes. y que (op. Política. y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . Sin embargo. a hacer de ella un vicio.f!YOV 143. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa.. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. Aristóteles rewmaba.óyo<. i 140. Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. 7. /ntroduction ii la Physique aristoté l. p. Oüte Pov!. Bollnow. cit. SS. 6. 15. Ét. se opone a n:ml. la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. Primera parte. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. 135. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo».a). 18b 26. cf. al contrario. pp. 137.. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia.139 Así pues. Nuyens.OAOÍJ�AE8a tva ax. es decir. 1177b 4: ÚO'X. dentemente una vida inactiva. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. p. 50 ss. 20). la tradi­ ción moral popular. la cita de la nota siguiente). 731). p. y sobre todo Cicerón.. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. P. no parece que la pereza.). de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. 1. quizá porque su contrario no es tal virtud particular.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver. A. 982d. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione. SVF. De imerpretatione. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da.ELv).-M. y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa . cf. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». pues. Según la expresión de P. De ato.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?». n.. como su nombre indica. 15. 9. una actJv¡dad sena y mentona (cf. y son. 98. .. D. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. 136 ahora bien. 42-43). aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos. Aristóteles no Uega. en su lenguaje.oA. Jahrbücher f f . después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. . 19a 7. 138. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio.

1 1 97a 14). De legibus. ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. 34. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra.f. 1tQéil.tv· tÜ>V i!l. l l 4 J a 20.UOV. 5.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. ahora bien. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. que explica que la vida tMe. 11. 130-131 y 156. !. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir. al Él. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. si no fuera más que esto. virtud de la deliberación. sin em­ Dios. en la Ét.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). 1tQÓS tl nws exew. 1 197a 2429). ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. Magna Moralia. 2. su excelencia propiamente humana. Nic.cnvetot yáQ ELOLV 144. pp. La prudencia no. ll. OL q¡QÓVL�lm. 149. erudito (sophós)? En elación al phrónimos. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá. 1. 4. 60. J I .m (Magna Moralia. 2... Él. 49.149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia. Magna Mora/ia. también infra. 1219b 8-1 3.. 1 145a 26). J l 83b 20-27. 983a 6).. ni siquiera eminentemente. mente. 13. Él. que se haya de encontrar la sophla.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). 12. Saber nos alejaría de actuar. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. 11. 7. Eud.ti:v ovtwv xal. e s decir. Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit. 34. pp. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. 1.tta. Yi1tud del mundo.. Sobre el sentido filosófico de esta distinción .m xaL �t'i) 1tQéil. É. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. Eud.--ci'j s. y en Ér. IT.. cf. 1 123b 17-20). está sometido a la contingencia. De divini­ Sobre esta parado j a. 209). Nic. 23. . cf.v €LT) e!. Pero. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. Pero..tta (entre los cuales bien parece. Cicerón. IIO!b 13). de la cual participa. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s. Repúf>/ica. 12. extrañamente común a las plantas y a Dios. cf. digna de elogio. . cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer». o quizá a causa de ello. Aristóteles intentará. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. Nic. Coelo. 207-208. Metaflsica. mostrar su valor no sólo intelectual. I. es precisamente en el hacer o el actuar. . ll97b 7). Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . cf. 'H qJQÓVIlOLS lJ. dispensándonos de escoger. ahora bien. Essai. se podría objetar a Aristóteles.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. Ollé-Laprune. 1. lo es. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia. apoyándose en la tradición popular. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario. 1 103a 8. Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas». como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia.. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. y no en la inmutabilidad.146 la phróne­ tÍ. 148.14s La sabiduría es digna de Dios. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. 1220a 6. De natura deorum. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l.l44 pero no de mente. pp. 292a 10-b 24. 7. dice este últi mo texto. A. La prudencia. 1. _ mundo oscuro y difícil. 1.147 Pero. l. 145. 58. a la vida contemplativa. sino morol. Pero. 187-188). también (tq> .. Ét. 1200b 14. lor absoluto (cf. Vl. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . oúx em<rtiJt. vegetativa se parezca. así como la sophftt. Nic. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud.LS 'tLS nQOO. 1. 147. Y bargo. Esta última calificación es reservada. por el contrario. y no implican ningún mérito en el que las posee.LQEtLX1) 'X. es decir. cr. en relación al sophós. Magna Moralia.trr E. 11. VI. es. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. se tratar ía de una distinción tradicional. I I O l b 11 ss. lizable en el mundo tal como es. 1. dir á en Magna Moralia. De Cf. 146. 34. como el mundo de los hombres es lo que es. l. no quedaría nada por hacer. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud.1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. si el mundo fuera perfecto. . en tanto que am­ biguo. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. Ét. 22. btmve1:Óv. Vll. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. -�---- - . Nic. como todas las virtudes. I. y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. p. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. cf. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente. 1. efectiva­ Msetev av. a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar».. IV.. Según (f3d:tiov tij� áQetijs.

Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni.). 1 104a 8-9. del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. Eud. pero no lo hay para el adulterio (6. excesivas. l l09a 28) y para el deseo (lll.. Goldschmidt . Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». 157. La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. Como nos lo dice un poeta. /bid. 154. 1 197a 34-35. 1 19b 17). n. 210. por ejemplo. post. e 156. Nic. el tiem­ po oportuno. OJtEQ ea-ti. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad. 1 1 97a 38-b l . 34. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. 1 3.fj ov•a). Nic. 15. pp. 97b 23. 1 106b 35). igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos. oüc. actos que nunca querríamos en absoluto 153. pero no lo será mañana. y definiendo la vi1tud por el justo medio. Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa.. 11. Cf. óet:. por de­ fUlÍción y en todo tiempo.wc. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. 'tLVUS xat �Qe¡. 1. 9.)» .. Pues hay acciones y pasiones que son. ll. ll. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. y supra. ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew.). esp. 1 104b 24-26.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. Eq>' otc. la ocasión favorable. 205- 155. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. To 6' (he &1>i: xai. Pero las cosas útiles.. que es el «número» del movimiento. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. pero no para el otro. objeto propio de la pru­ dencia. vws. 4. l l09b 3 1 . Magna Moralia. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta. •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. pero no en otras (exeí. Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA.ov X<XLQOV oxonti:v).155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. 1 . por consiguiente. 152. hay muchas de no hacerlo. xui. 5. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos . exa)». que son siempre lo que son.cQoc. 5.). 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). 2. 150. ll. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. dice Aristóteles. 1 107a 16). Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. J 1 06b 21 -23). 152 la moral aristotélica. la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf.157 Igualmente. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones. EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. defecto y justo medio.. (Il. oú OEL xat O'tE)». 158.. . lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. 1 197b 8.153 Criticando a aquellos que. útil para uno. V. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc.150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta.154 Un poco más adelante. UQETti e. p. Anal. Física. haríamos «voluntaria­ mente». 1222a 3).eLc.) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. las figuras geométricas. 2. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo. en las cuales puede haber exceso. Ét. en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. 49). y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1.ac.. xat .156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. o-ó i!vexa xat <Í>c. m. de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18. 151. IV. ti¡ e. la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA. 1 1 . y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS.:e xai. Ét. ¡técrov -.Üac. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí. o más bien puede legislar en general. OQLO"tOV. como.) demostración. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo.

Bourgcy.i'¡. 151. W. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). '! En realidad. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico.7 (a propósito de li. -xata tov xmQóv éo-nv (01.. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. La 1101ion platonic:ien­ Ér. CLXtV-CLXVII. y 239 ss. es decir. por ejemplo.159 De manera inesperada para nosotros. pp. Sobre el ka�rós en los rétores. J. 1 104a 9).). 1. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. Sobre la anligua medicina. Souilhé. :rcQá. JO ss. servar el resto») (Corneillc.). La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. 1910.) del conterudo. en términos aris­ las circunstancia totélicos. Platón retoma esta idea. sino en su contexto. § 44. Cf. extraño a la consideración de los fines. Antisrhene.160 El objeto de la voluntad o. el kairós. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio. pp. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. Awour de Piaron. 270b). cf. M. /bid. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . quibus esset moclerandum. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. 223. Es el juez 162 y antes absoluto. 203. p. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. l l . la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. XatQOÚ. Carta VI/. sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. 1314b 16. modernos. pp. Platón. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. l l LOa 14). Toda intervención médica. cf. 3. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. 162. Al introducir en la moral la noción de kair6s. no es nunca más que un mal menor. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. V.) y por lsócrates. V. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. 1-3. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. 1 so fisli. 13. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad. To M tél. 1312b 25.. il!(ra. 1 1 . por una �. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. Festugicre. pp.. pp. 6 ss. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. _75. Süss. pero en un nuevo sentido. Helsinki H. Cicerón. como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. pp. pues no se da sólo en casos extremos. lsokrates. 327e (esperar el kairós que. T 160. Mikkola.. 1. 4. alectique.. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. Por otra parte. Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. que había sido ela­ «triunfante». _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. 1 0.. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. 275d e pp. exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. _. 201 ss. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. arl loc. 7. 272a). 5. _ 9. El ejemplo. era natural que. 1 1 . dtatre. Dics. en el ardor de una polémica todavía 163. De compositione verborum. ? . cap. No hay (salvo excepciones. A. Rob1n. sino el bien rela­ tivo a la situación. Cf. utcumquc res postularct». preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa. y a�n Platón. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario.. Erhos. . De finibus. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. 215 ss. Contra los sofistas. Polílica. Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. l l l Oa 4 ss. De la di ica la 195�. cf. r ��c. L. Platón. 2. 164. 19-20. Littré. 1vma fortuna.114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. cf. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique. Leipzig. citado por Aristóteles. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. 1 6 1 . bien que. Alcidamas sacará Panegmco. I. 18-27. 45. cf. 2). toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. al momento presente. en el Fedro. La acción mala será entonces aquella que a: 159. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. Untersteioer. y el comentario de J.ew. Fedro. Kesters. Jnrroducc•ón al Fedro. permitirá al filósofo tomar el poder). 16. por eJemplo. Sobre los lugares en el hombre. Silhoué. 32 ss. 326a. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). § 2. l l06b 3.o. L. Fedro. E. cf. pp. T. 14.159. . 154-156.

.A. Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente..) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a).TI &l]QUtÓc. 3t€QL OLCIÍ:n¡t. E:rtLO'ttl fl. .o1J xat 8v. sino a la opinión (ouo' oA. una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción. 167. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. cf. Nic. al insistir sobre la consideración del kairós. Dionisio nos dice. también. por consiguiente. entre otras cosas.Étgwv) en la cantidad. 463b). pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv . &XA. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. Tratado de los aires. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables. 166. T(i) �tEV yó. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia. 16-17 y 13..)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. que es realizar su propio fin. una <<estocástica»..áo'tq> twv 3tQUYf. si lo fuera. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. w..óym). las cuales. De comp. sin duda siguiendo a Gorgias. una especie de adivinación. 12J7b 33. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. frente a Platón. 4. 8. 7. Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX. en efecto.) en el tiempo. VII. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión. 37) que del momeolo favorable Cf. y. sobre todo. oó�). la virtud en La cualidad. É t. sino que es.Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. nga. contra un cierto platonismo y. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. 1. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso.Vll.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. Una acción fallida no es una acción. Pero. En realidad. en especial en f unción del lugar. <'>Et n. quiere desprender. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo.. U. 'XCIL oosa<. 1096a 27-28. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos». una <he". Los argumentos (A. yaQ án:ávr.w· en:l. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. bien po­ drían ser de Gorgias. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte.li<. EOtLV ó XCllQÓ�. lo E'Ó:rtgayta.ó... como sus predecesores. 16s y que. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia. oLóv 't' em. (otmta) en el lugar. I. la ocasión (xmgóc. r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL). no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis. M�CILt.167 165. 17. 1217b 32 ss. «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema». Ét. sino por la opinión. una E!-t3tELQta (Gorgias. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. Pero. emo'ttíl-ta<. moxamtxi]¡. bastaría para asegurarnos que Ahora bien. 107a 5-12. 260e). que de­ signa el género de vida. Ét. Pero aquí Aristóteles choca. OUX. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡.wc.116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. en su diversidad infinita. 168. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. 1 70. Pero está claro que. 8..IÚ'túlv éit. 169.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. si no es un arte es porque es más que un arte. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt.171 Pero más aÓtoU<. verb.goeAéo(. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte.168 pues. 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf. útiJ en la relación. Se traa t de mostrar.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro.. por tanto. ser una (f. Usener-Radermacher.. yÉVúlVWL.a. !bid. la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. escapan a la ciencia.taQ'tEi:V)».169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer. y la ÓcLVÓtf]c. p. Tópicos. xat avOQEÍat. La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida. parece. . sino en la acción. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas. !096a 24-27. para éste.. Política.. Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. y Ar istóteles. que el kairós no se da a la ciencia. no se expresaría más que en una categoría.Q etMvaL 3tEQLAa6etv . pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX. Antidosis. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo. ni mucho menos una técnica de aplicación. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. I. Eud. 1 .. 1 5 . o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. Eud. Ahora bien. 1. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós.. 16-17). las aguas y los lugares. 1 7 J .is: no es por los conocimientos generales.Lc. 45.

como hace Gorgias. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». A. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. 14. en general. l2l7b 37-41. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. en ambos casos. sino vir­ tudes: así. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. 178. sino también el tiempo oportuno. las situacio­ nes éticas son siempre singulares. Ou ouvax�¡. 177.LOLQCt del Men6n (99e). ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. pero. ni tampoco el valor.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien. pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. J. en la Politica. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación. 1 096a 32-34. Nic.t�2 Pero. no hay ciencia del Bien en general. (l248b 7). 172.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec. Más at 1n. 181. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. 1248b 3. Finalmente.oyOL O' cl(. más vale enumerar las virtudes. Cf. «por e jemplo. si ninguna ciencia. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. I. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne. Ét.'8(' ¿Se podrá hablar. Ér. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto. 981 a 5-7.óyou) . o una sucesión de azares felices. nos dice. cuando conviene y como conviene». . es decir. M.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia. 13. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida. a propósito de la virtud. de la ocasión y de la medida». en este caso.. que dar tales definiciones». 'Af.. 180. como se recordará. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud. 179. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. l247b 2 5. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente.UpÓtEQOL ( l 248b 6).179 e incluso de una manera general. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida.av 'tÚX.174 Ahora bien. 175. es decir. I. 1260a 15-18. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]).rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te. 182. a partir de ahí. Aristóteles no va más lejos aquí. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. 183. pero uno puede pre­ guntarse si. Men6n. pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. 85-89. de buena fortuna (ef. Ér.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). l. Eud.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. Es la (:)ei:a f. la virtud del esclavo no es la del maestro. insis­ te Aristóteles.oyOL).. Eud. 8. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. vrr.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien. 72 a. 4. etc. toma claramente partido. ex.. Polftica. l248a 3-4.. 176. Mera ftsica. 174. cf. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre. como pensaba Sócrates». 4. 1247b 23-24. 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�). pp. 1247b 22.172 Así pues. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. categorías según las cuales se expresa. 'XUL aA. de un favor divino. Pero. 1078b 28. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. ni la justicia. 173.

también es confiado a sí mismo. ( 1248a 32). Lacre.st. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. una vez el impulso es im­ preso o. de esta concepción religiosa del . De comp. X. 45. En este sentido el «�ar» 9ue Ari. pero al. 189. fr. se seculariza y se humaniza. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro.nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems.. pr. el futuro no depende del hombre. por lo que se ve. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX.endo. 187.a. libera al hombre. Phil..m 188. Schuhl.rJ . Dionisio de Halicarnaso. 184. insuficientemente dirigido. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. 85. y que tiene su principio en Dios. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. 11.. en ambos casos. tampoco lo esclaviza al destino.1mb1én para D1os. . 1248a 25. asto.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . Cf. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación.. Cf. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados).. el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P.. «De l'instant propice». De Jinibus.. t.ót.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación. V. Se t1a1a a tran. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. 36. el kai­ . (1962). 1. parece dudar Y vacilar. Epicuro. �ero. Diógenes Laercio. Carta a Meneceo (ap. 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA. la noción de kairós. 1248a 19-29. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes.'89 Pero.el ttempo: 191 P�ro poco a poco. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. recuerda los temas mác. La wx. tanto para bien como para mal del hombre. V. 1•erb. Cicerón. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas.. pues la ocas16� ex1ste. 5. 18-21. 47). 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. al ¿no puede la deliberación. siguiendo a Teofrasto. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras. la ocasión favorable. si la Prov1denc1a puede fallar. a falta de téc­ nica aprendida. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con . 52. Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad. Este misticismo de la predestinación.oi:í voií xat �ovJ. Un. se comprende que haya podido stgmficar. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. lsócrates.úiV xat oocpwv. vestigio kat�os. fistas. �iels. sombríos de la tragedia. 28. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. Si el kairós ha aca�ado po� significar.. 12. caz Y p �� siendo el Pri.-M. sino que somos los juguetes del destino.'90 pero. Antidosis. béwv). 48b 35). !91. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. Pero Aristóteles no se limitará a esto. Rev. Por el contrar totélica de la phr6nesis. oux eat� XQÓVoc. Heráclito. Kgeinwv . El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo. pero lejana.� ahf d� � 1 �2. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar. alta. Pero no se ve huella de ella aquí. tal como hemos visto.e un comportanuento capnchoso. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184.' l. la evbaqwvia a la etrtvxta. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. guiada por la prudencia. Cf. Había escrito un fiEQL evtuxtac. ) oewc. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal.192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. Con/T'(I los so 185. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto.?� ya no es el tt.. (Dióg.» (Anal.�mpo de la acción divina decisiva. sino sólo el favor duradero de los dioses . sug. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa. el . en �omer o.m�r Motor de todas las cosas y. Cf. puesto que. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble. pacial.eúeo0m). podemos señalar algo a propósito del kairós. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo.. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio. a la mversa. en adelante sm uso para Dios. L� que hemos llamado.os sabios.e �es reconoce en el mundo.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. <I>QOVL!-!. la fatalidad también. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. en especial. � .

de una rehabilitación antropológica. 12. más en particular.122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. P tt V. Si él es la herida. Hesíodo. ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. de deliberar bien (xaA. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. 194. t947.t. anim. 45). como se dice expresamente en Marcos 13. Pindar iibersetz. re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ .. p. V. E. Cullrnann. 7.r). el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana. Porque es «estático». no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. XCl"tCtXQlÍOaaoa� .. la de la vejez. pp. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. Nic. : Ét. 10.v clQtcrto. sino hum ana. el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. 122-127. pues es. si es imprevisible. pero lampoco el hecho del solo favor divino. M. sea su pnncJpto. Neméadas. � �or ello Anstóteles. considerar la estru <. 3. q>Qovti:v . Vl. VJ. comenta: «die precisa: «das moralische Denken. Mesina. Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro.áooeoOal. Trabajos. El lazo idea moral) por lsócrates. la herida tnorutl se llama XCllQlO. texto� citados en Le probleme de 1'etre. pos ¡) t i e. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . a apa1 la vez azarosa y eficaz. 84. la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre.. índaro. pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r. mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». el cual será al m ismo tiempo el úllimo. 785a 14-16). 1921. está echen.o agut. No . Pith. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. 1. n. en virtud misma de su estructura contingente. 5 . VU1. Jankélévitch. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo. (Mt 25. 694: �<QCl ó líe xatQ� .. . 1098b 24. 1 140a 3 1 . Cf. sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. le temps.. . rx. netV"tó. y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. hace salir a los seres de ellos mismos. 193. a tiempo. Ex.. 7 1 ).19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. · . kairós. Ahora bien . E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía.J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. y entre Física. 1951 ). él es también el remedio. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv.. O. vengativo..•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. "tO naQxei�evov erliilllerl. ó' Ent n:lim..aL). La importancia de captar el hm. 1 2 1 . la de la edad madur. . Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' .'>Cn».l93 es decir. es decir. (Dornseiff. importa. les impide coincidir consigo mismos.r¡y� (1/í tóteles. Sobre el kairós bíblico. 78: cpu/. antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral.t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis. si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. 1 J42b 31. 5.. cf. 26. c�mo ya hemos visto. Nic. Schwartz. �oao9. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo. 1::> .'96 ada. § l. 52-53. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. la de la Cf. . 433. Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o. es decir. en Aristóteles. La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . p.' Esta última prec isión es impo rtante. es objeto. los hombres. Citado por Aris­ p. Y. was der Augenblick gebeut»). cf. l .w� f3ouA. 196. ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. . como �n otras partes. de . 195. cf. IV. Christ et rós griego. 9: "tO ó' ev XUlQG. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1.. nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento. 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . . Ét.. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia.· • . Gen.ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. Es esta a ·/ del hombre. Unters­ ición muy dis­ teiner. das erfas sL. de los griegos. Lcipzig. (las acciones pasadas) Paneg. 111.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien. ctura de la acción en ge�eral. la contingencia �o� . pp. intemporales. XatQO. 221a 32-b 3. NeuchateJ.

1 1 1 2b 8-9. sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. a la inversa. Ér. del mundo o las verdades matemáticas). Reiórica. VI. .. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana.). Eud.QX.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ . es decir. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. ÉI. es quizá porque es menos estudiable. esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas. . uváy'XrJ. 1247a 5-7). t'ÚXTJ Y voüc. asuntos de tos indios: Ét. 6. Ul. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación. 9. 1 142a 3 1 . 1 1 12b 22-25. 10. xat LXll (VTT. nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo. 5. No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro). 36. L226a 29. 14. precisa Aristóteles. cf.-ti to noA. IT. Cf. 1 1 12a 31. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ).ú). 3. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av .. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV). l l40a 3 1 . €. 1226a 28. tO rtQ<irrov al:nov. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ..10 Así pues.7 Pero. Ciertamente. 1 1 12a 32-33. 11. 5. J l. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2..5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. tt. 10. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. Resumimos 1 J 12a 21-29. .•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. la cual. En realidad. To eoxatov f. Nic. Yl. si está menos estudiada. 1362a J 8. (c mo dirá Aristóteles en el libro VI. y se pregunta cuáles son sus condiciones. Nic. deliberamos tanto más cuanto más ignoramos. Y lo que . Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc. Eud. y nosotros no deliberamos sobre tos . ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. simplemente de la acción). un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas.2 Sobre este punto. tal como 6.v hd. 10. o del fin supuestamente conse­ guido.v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). ' xuoEQVIlt yLq... inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación.EL otov ev CTtQOtll­ . 5. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro). los :n:ga. pues sabemos por la ductible de azar. 1 1 12b 14. /bid.9rom.8 Sin embargo. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. Cf. l. o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV. secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos.Ero� av V. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill. 5. Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin. 8. cf.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�.. tO Ot' av8eóm:ou). 7. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. 5..·x-tá. cf. lll. 5. la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica.ot� M :n:wc. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A.6 Este análisis. 11 1 . somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. 10. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. 1 � 12b 18-20: . 4. subr�yando la afinida � � de la análisis. La c1enc1a trata de lo necesario. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia. 1 J l2b 3-6.J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta.

puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. T 14. rl a.18 Aquí. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio. 14 en segundo lugar. es cierto. p. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. E. hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis. de la causa un efecto no simultáneo. De 111). la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. 1027a 22-27. med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. Heath. <'11 el tiempo. en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. 401. (contrariamente a la edición Mazon. TI. 168. tiene también su propia causa­ . aJ menos.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos.1usa y. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. 634. puesto que se trata de � i 15. lbid. 17. 1. _ . la c. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. por lu p1l. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. w (ávéutaA. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. dado _ el fin. Así. Meta/fsica. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes. En primer lugar. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos. y por dos razones. vn. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. 271-272. Greek Mathematics. 360). y aquel en el que el hay más que � na solución. J 6. En segundo lugar. u. no hay mas que un med1o de realizarlo. 5. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática.. El análisis matemático supone. �edio no es sólo medio para un fin. en efecto. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>. 13. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. 1 o SS. 2. Euclides.ce antecedente de ésta. por accidente. pp. Cf. Hultsch). t. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. U. Pero esto no es posible. 12. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. l l l2b J. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. o qul· 111"11\'n¡. . EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo . Matlll tlltll/1'.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. pw l ll. 95a 24-b l. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. Cf. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. pues. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . post. sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. para ser apli­ cable. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. Cf.• l026b 4. 12. á:rtogoc. Ul. ll. está bien precisada por el coro de Amígona (v. T.. enteramente transparente a su ctencm. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. la causalidad instrumental del medio no es gar. Pues en el análi de reboll". li ad efic1ente. constituye una solución a contrario lol> con· . . • . Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo. y se trata de encontrarla. Anal.llliO análi método tal a s llamamo y s. Pero.. id. p. Allí donde la so­ lución es untca. pp.""t z O'UbEV EQXetCIL).. 1 1 12b 4. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc.� in cos.. considerada como dada.·ntcs inverso. imprevisibles. Nic. la cual. en stc as?. que pueden ocac. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. y _ « el accrdente no hay ciencia». smo de su plunú1dad. 18. Prefacio. Ét.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. no de la ausencia de vías 19. Heath. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. 1s Lo matan. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan.16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. Greek Marhemazics. una especie de homogeneidad operatoria.:úotv)>>. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud. 400-401 Aristotle. Ahora bien.

no de ciencia. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo.21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. 1094b 25-27. XX. 1358b 13-20. De rerum origirzalione radicali. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. sino de opinión. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�).24 La palabra �o'Ú­ A.futuro suscita el género deliberativo. la preocupa­ ción cauta por el . la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17).. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA.26 Si existen tres géneros oratorios. y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor». es decir. El hombre se ve reducido a conjeturas. 1. 1 1 J3a 7. sino juez (XQLt��).23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. el pueblo escoge o al menos ratifica. 27.. 3. y primero tres categor fas de auditorios.ei. l . la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. vv. Distingue allí tres géneros del discurso. del OU!-L20. Gerhardt. por lo tanto. obtener según la «ley de determinación máxima». la eficacia de la deliberación humana.. Nic. entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A. y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos.. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que. pues. 1358a 36-b 8. en la democracia ateniense. La teoría del discurso deliberativo implica. 79.�. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito. 23. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. 3. sino al futuro (t<úv ¡A. no «científico». Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega. remite a la institución de la �ouA. lll. Cf.A. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción. determinar por aproximación un optimum. en efecto.eum�.r¡aí.e'ÚEL'V tal como se practicaba. Retórica. y no es en absoluto evidente. 303. 5-30.e'Úetm). 22. 5. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones. ¡)qota �al xáA. que designa en Homero el Consejo de Ancianos. óouA. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda.ov). «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. 1 3 1 . tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos. según el auditorio al que se dirige.evew Su¡. Schrecker).a. Cf.A.------ . Esta interiorización comienza en Homero. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA.óvt<. y su juicio se refiere. Et.(¡>. VIl. Pero tam­ bién nos recuerda.-. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. Cf. i11jra. 2 1 . 1. 25. Si deliberamos sobre el futuro. objetos del género epidíctico. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica.LQWL�) sin deliberación previa. -.ÓouA. r.e"U"tLXÓ�).euov. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO.22 Finalmen­ te. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo.OL. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten.�. si no en la Asamblea del pue­ blo. fbid. p. los qJQÓ'VL¡A. es decir. 24.20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan. Ciertamente. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común. Evocando la práctica homérica. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo. es porque está 26.. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia. óux �tlvoc. finalmente. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV).

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

xat

xai.

¡�)�

.

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49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

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cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

121 b 31 ss. sino de lo que es útil para el fm. q.. mucha tinta. Cf. 746. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c. 71. Esta f r ase ha hecho correr 65. 5. no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. es decir. LXXVITI (1965). i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. e importa por ello saber a qué cierne a la intención.noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. Ilae. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás. 721. del buen estratega. por e jemplo. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. Esta definición es recordada en el libro VI.G. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo. 1220b 34-35). oú i) <pQÓVl'JOtc. . Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. 3.v. TI. i} 'KO. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»). 6. Jo que es meritorio.�. lsócr.l para la realización de un fin. Eud. R.65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana. Por un lado. 1 144a 36). Nic. no del fin. n. 66. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. 141a 6). 1 106b 36). 72.68 Pero. 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). y la prudencia la de los medios. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. Ét... 1 142b 32-33).. Il. 2.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno.l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc. que no son vírtudes. Nic. TI. aQení. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. 47a.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una . Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA. Evágoras. 69. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. en un contexto totalmente distinto. el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf. T ó picos.lll � <¡JQÓvr¡mc.. Agé­ silas. 68. una disposición que con­ Cf.69 La ambigüedad del término EvoouA. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien». Tia. por otro lado. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. rt39a 23. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . 9. en este sentido.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación.. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. 1 139b 16. Jenofoote.ta. 13.. como la ciencia6ó o la habili­ dad. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. P .la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti.�. Vl. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. 2. 10. En otros términos. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. de una sición a lo que es moralmente neutro. I JO. Xl. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. ál-. 144. Eurípides. 13. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI. 1 140b 4). p. Cf. supra.. 67. en particular de la pruden­ cia (cf. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. Ética.E. 3. loable (btawe'tÓ�). 70. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. 40-51 . caracterizada por el justo medio (Ét. Vl. Aubenque. 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. pp. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar.'tet to 01!f. en segundo lugar. IT. no puede ser extraña a la cualidad del fin). «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. 1 106b 36.. en tanto que unida a la virtud moral.lles. Eud. Así. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. Fenicias.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. 6.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. 1227b 5-11. es decir. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). p. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c. VI. incluso si l a pru­ dencia. Ét. cuando define la virtud mor al. Suma Teológi­ ca. 3. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. 46. sin mucha convicción. Cf.

� .os. Es el caso de la Ética a Eudemo. l228a 2-4.73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x.. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto». e l vicio) e s una o1Jbc�)».ev noi:ós "tLS.80 que es consecutiva a una delibera75.co. mérito en poseer. a're � . 80 (1955). nuestra disposición interior..tje. es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. porque no concierne a nuestra proaíresis. (Ét. que se ha de colocar entre las éxo'Úota. !bid. y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. 3). Ét. «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. l214b 7-J l . naga cia (axgaaí. n. l. l'fOtle. a pesar de Ross..16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica. m. Si.vo¡. consideramos. importa subrayar. que compromete nuestra que nos es imputable. (crxonós) a su vida. 261-80. 't(Í)V :n:eos.gwtv. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. de sentidos. Cf. que es su condición). 80. a Nic6ma. de la virtud natural. Este sentido del término (xuxó�). p. nuestra responsabilidad.QEOLS. 76. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles.. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)». 1 1 1 1 b 27). Cf. entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . 1 1 . Sobre 1tQOULQ€CJLs. el comentario de Robin en su Aristore.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. l l45a 4). 2. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima. 77.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido. para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido. Cf.1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. es contraria a la intención.QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. cuando en realidad la persona no los 73. nosotros sólo modificamos el orden. y sobre la acrasia el estudio de R. cf.. pp. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota). al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad. de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2. p.¡. el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. es decir -precisa Aristóteles-. in­ mejor dicho. r. que expresa nuestra intención o. que es hoy el del libro m. . 74. 280. Asf. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. fr. l228a 10-12. tención de provecho. en el sentido de intención. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6. l228a 12-15. única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. n. . ilosofía. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción. «L'acrasie selon Aristote». el que constituye nuestro valor o nuestro demérito. esta dualidad de contextos. de pro­ blemáticas y. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica.71 El sentido del.gí. En el li­ 1� JtQOaÍ. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. 2.a). Robütson. Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. pero este pas. que rompe el encadenamiento de las 1deas. 200. 'H &t :n:goatgeoLs. 79. pero no lo puede hacer por la pasión.o téA. . 1 1 5 1 a 7. 78. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s). . que lo juzgamos no por lo que hace. el compromiso íntimo de nuestro ser. 8. podría ser un añadido poster ior. que conoce y quiere el bien. Ren•e Phil. puesto que la JtQOaÍ. 2. Nic. 265. finalmente. que se hará clásica con el estoicismo.. m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros. Ét. Nic. neomgeaw. Eud. tr. dice Ar . 3. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora. por el otro. por el cont�ario. 1 004b 24-25. l228a 8. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. p. U. por un lado.15 La proaíresis es. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. sin embargo complementarios. donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. pues. Y[).

sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin. puesto que el fin está dado o más bien querido. sino como medio para alcanzar un fin. Ét. por Jo demás poco convincentes. i] oge1. Ét.gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). TU.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias.a.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción..d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. Nic. Nic. l l llb 27-28. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. sino que elige solamente 89. y la M!. Eud. sino de la voluntad deseante.ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo. en este sentido. 2.. y deseado.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención. lli. II. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. pues aquí Robin. 1 3 1 . deseado no por sí mismo. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. voiis. II. «técnico» en la estructura de la acción en general. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<. . y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación. (cf. 87... La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/.a. Me­ diante la proaíresis lo posible. y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin. Cf. 92. JO. Importa. p. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros». 1 1 . &. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro. 1 1 12a 15). 90. Magna Moralia un. 82. 1O. Cf. 200 (trad.r¡oLs.. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud. 84.L¡. 1226b 17. de subrayar este equívoco del término proaíresis. 1 Ll3a 2-5. sin la cual perdería toda razón de ser. tO té"Aos.85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. 1227a 9-10. 4. oo se escoge ser feliz. fr. a la cualidad de este fin. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. 1 1 1 1 b 2 1 . sino los inedios. l l 13a l0-11. Los intérpretes modernos no han dejado. sino por la eficacia de los medios. 5. 1226a 9. 5.1 54.. sin embargo. 'A/. . se podría decir. empero quizá con la preocupación.. 5.86 la nota de Rackham en Ét. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. eo efecto.L�).90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios».' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J. sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad». pero también para ponerle f m. inclu­ 8 1 . sino a la M!. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. 10. Aristote.rtud>> (p. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. en general. Eud. Cf. 4. lll. 5.<i)v eq>' � �-t'lv.!el concepto de ltQO<xtQems. de la que se dice . 1 1 13a 10-12. 91. o incluso Aristóteles mismo. 4) transiciones. 4.na tó. puesto que no es la posición del fin. 1 y de III. la cual interviene para es responsable.81 Ciertamente.. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik. sino el mo­ mento de la habilidad. es necesario reconocer. Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U.84 Ahora bien. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. 265. Ross. más aún. 86.cu·nxi¡ ÓQE!. ltQOc. p. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable..91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. 198).92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión.Ls. la proaíresis conserva un aspecto volitivo.aco 88.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. 83. de conservar el primero de estos dos sent idos. 280). 85. sino el pasear o sentarse con miras a la salud.J I . sino. Así Ross. Aristotle. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. OLavor¡ttx'lj. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión.éVOV (Ill. Ya no es el lugar de la imputabilidad. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos. Ét.. 2. in fra). 1949\ p. l227b 29-30. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral./. 1 1 I3a 1 1 . Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. se vuelve posible cia deliberante. meditado o supuesto. «ya encontrado en el la definición de la vi. Esta «evolución>> !.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. pp. tJJto8Écrew�. sino un momento. más precisamente. 5. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R. Walzer.

1 176a 3 1 -32. probablemente tradicional.). Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario.. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. 105. 94.i. sea la adapación t de los medios al fin (el . 1227b 27. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin.Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. Eud. Ét. Aristóteles recuerda in 93. 97. perfectamente ininteligible. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. . 104. que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad. ov�A. .�)S (n. 1228a 3-4. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. 1227b 35-36). 1227b 38. 26. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�).�3 sino los medios escogidos. 1226b 19-20. en definitiva. n. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente. bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección.. 98.vetat. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m. que son más o menos morales. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes. TCl n'/-. pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad. 1 )1/11 l4). 138.97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no. IJ.. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. ID' o'li ta 7tQO<. VI. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. tenida por la responsable de la rectitud99 e . 1227a 19-20b. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). Dicho esto. 2. Cf.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. los medios. lo cual deJana suponer que la elección. desde ese mo­ mento. 74. l l l lb 6). ll. cr. X. 10. 1227b 24-25. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ... 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35). Ét. Ésalcpvr¡. . . 99.101 al fin. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<. sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. ói¡ Éxoúowv � <pa. El contexto parece señalar.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin.1 S). para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa. Cf. el vicio y la virtud son cosas voluntarias. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa.oyWf!Ó<. 1 1 . este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf.•l put·de muy bien no ser recto). 1 1 .QEOu. 1228a 7). que forma un todo (capítulos 4-6). Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. sino por los motivos de su propósito. 103. 96.10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que. 1228a 2.96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. 1 1 . p. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua.")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. Cf. Nic. Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e . .. La elección de los me102. por eJ contrar io. en efecto. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt. Nic. In fuerte expresión de Et. 100. es decir.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. Por Jo demás. Eud. l227a 13. Cf. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. En el análisis que sigue a la deliberación.Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. que parece estar casi olvidado.102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. 95. 1 O l . 39-40: escogernos evE�ti uvo. ll.:u.. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean..95 de la gimnasia. 6.. y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos.

l228a 1. Volwuary action and Choice. l l l lb 30-32. 1 . p. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. 1 1 O.éA� (b 4). Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. al insistir sobre la eficacia. V. Nic6maco. Nic. 1). I-3. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. 100) y de Gauthier (pp. Festschrift H. la conclusión de E. p. 187198). 4. Kullmann. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ. Sin embargo. pp. cit. hier wenig brauchbar ist>>. como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. Pero no saca la cons ecuencia de ello. 16a 175. 27b. que el . M. Cf. Kullmann. 9. Ehat T. aunque se defiende (p. No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. 1444a 20-22. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. 27.q> nQii!. precede entendido en el sentido temporal. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. VI. 25. lll. De hecho. también H. es voluntaria. 1 1 14b 29). 172.. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. ponsabilidad. 136) muestra c¡ue la proaíresis. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>.m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen. pues el sujeto de la conclusión es 107. 1 140a 32-33). L. 123. Platón. y en el análisis psicológico de Vll. 1 1 13b6. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. puesto que se esfuet7. Kuhn. t<p' T]�ttv. es banal (cf.ll V e n e( segundO ortiori contingente. 10. 169. 1 1 14a 18.· 15..O téA. Arist. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. cit. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. 106 la virtud es voluntaria o...n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. l . 108. «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona).O 1 12. ria no sólo al sentido común. Aqui. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. 7. tmóvbE tL0t\tE6a) 109. complacientemente subra- bwúowv. Kuhn (art. 508c. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. 1 1 3 . aunque sea arbitrariamente. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. entendida como elección de los medios. II. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. 29: 8. tesis doctoral. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. p.11n En la Ética a así pues..n:go hégwv atQc"tÓV). «lo que depende de nosotrOS». 106. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud. Tcl JtQó. 212-213). 36. 1 12 Se podrá advertir que. la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». 139-154). 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle. De una manera más sut il. esto es. El segundo sentido. «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». 1 1 13b 7. 357b. según dice. l l . H. Basilea. unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). Ross. l225a 19.. Arista­ te. Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. 32). Tal como hacen E. y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. los af uso hechos del azar). m. Rept íb/ica. 13. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa. Gadamer. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción .108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término. 187-201 . Él. Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. . 4. 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. República. que niegan la contin­ de las representaciones.. dice. p. tfpicameote aristotélico. op. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. A estos textos hay que añadir Ét.1 1 .. involuntario). 265. 33a 172.a por dar un poco antes (pp. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. Nic. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe. como dice aquí Aristóteles. el plural a la situación del hombre en general en el mundo. LU. pp. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. 8) y máS bien tcp' TJf. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. el cual sugiere. 1 1 12a 3 1 . dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. T. que interpretan así lll. 1943. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7. Tucídides. 5. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. Robin. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. ahora bien. pp. At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5).l 'Wc�cn sei. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. C.o.tiv (Supp/. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. Eud. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente).IIJ Este retorno. la AristóteLes. Cf. otras lo posible. lo contingente moral). pues. pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. R. t. depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar.

Qeo�c:.QEOlS �í. Gor­ 115. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran.. Dicho de otro modo. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. cómo las almas. no es empleado �ás que una vez por Platón. En fin.. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. el hecho de aceptar un mal me- 8. 1 14. y aunque la prueba sea más difícil de aportar. es decir. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. pues. Ét. El substantivo rq:1o�lQE<JL<. JtQOULQEttm �í. por ejemplo. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios.ou TOÜ amoü (cf. s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. . 2.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia.. Cf. al uso popular más allá de una terminología erudita que. I 26b 6-8). 1 4 1 : 48. ll. Definiciones. 1 20). un doble filo. IV. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. tiempo la gran tarea filo- sis. vra. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. 65 (�LOi: .t iene un sentido temporal. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. 617d-62Jb. Jaeger. Antidosis. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. Cf. 14. Ar istóteles. sin embargo. donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ.. . no consti­ 336b. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. rsócrates. 120. significan originariamente una elección relativa. pero esta no es la cuestión aquí). . Menandro.Qeto9m (Aristóteles. J l8. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. Beruf. en particular. E>eoc:. Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía. o simula volver. Esquinio. C!LQWL<. r. X. no dice Otra cosa).) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. nQoalQtOLc. y que será más tarde la del estoicismo.. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs.115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta.trr¡ ) una vida que. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr. Cr. . Monostichoi. en Aristóteles. 111. sin poder confundirse. Política. 3 1 ss. del sentido de elección-intención. "tO'Ü �tou . en efecto. profe­ sión: cf. calli11g). autoriza­ ría su perfectibilidad. que citamos más adelante. toü n:f. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. 70. 116. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. 1 1 . Política. Cf. por lo tanto. Eud. sería la de la antigua Academia. W..-Platón.ovw nQOULQEia9cu. qllA.. habiendo bebido el agua del Leteo. que invoca sin razón a Joachim loe. en su Paideia. pero que nos parecen suficientes. JtQ06e6ou4u�tÉVov. V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat.117 Entre otros significados del mito. aun cuando no nos acordemos y. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. ávalnos (617e).ta). que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. La expresión se encuentra en Demóstenes. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. 413a.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. JtQOCli. pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor.t. Si bien e¡.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. cit. JO. l. Contra 1imarco. La significación de este mito te­ nía. y como ya hemos visto. 493 (�í. 1004b 24-25). Ps. como ocurre con otros conceptos aristotélicos. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. donde neo. y es en este sentido (Par­ mémdes. 1298b 27).ov). 4. tO� xw()úvou tov ¡tÉU. ef.. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. la elección ya no es interior a la vida. también Platón. Aquí todavía. sino que es la elección de la vida misma. sois 1 19.:t'¡ Oouc:. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. Antidosis. «incrimina al azar (tÚJ(TJ). en Aristóteles (Meta fí sica. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. justificando al mismo. una preferencia 114 y.Aio6at). 245b). no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. 23. o-úbEic:.ov €. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. óv tae» (De offi ciis. 10. 143c). Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. no se presta a ningún equívoco. 1280b 38: i¡ yó. 56. ex. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo».<. 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. 33. vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio». que era el de la Academia. 9. no la idea de deliberación pre­ . Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. no está claro lo que deliberación. J227a 13). Fedro. sugerida por Platón. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. RepiÍblica.

más aún que de naturaleza. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. n. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. Cf. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA.LQEOLS acabará por designar la «persona moral». .xA. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. 8. del cual estamos separados por el Olvido. 3. 5. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. Cf.126 la idea de Ab. eA. 617d. Pero esta irreversibili­ dad. �V ayaea. 1179b 7-16. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. 1 1 14a 32-b 5.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. tO. Pero. 125. no podía más que ser contraria a l a idea io. 126. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). La idea.la. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. «la falta es de quien elige».127 En Epicteto. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. y la Intro­ .. m que parece volver imposible toda conversión. Es cierto que se da. R. 128. sin darnos la obras y en el tiempo. II. 499e-500a). empírica.éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. 5 ss. contrariamente a la prescripción platónica. f. Nic.f. Cf. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. en él como en Platón.ye­ aem. mientras que en Platón el verbo ExA. finalmente. a la decisión razonable.123 no sería una astucia de Dios. 3. JU. SVF. 122. por ejemplo. l. 1. 5. pp. 7. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto. Magna Moralia. una cierta libertad inicial que. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. en todo caso. que nO SOn ni buenOS ni malos. . rv. para expresarla. de la que Dios se encuentra así exonerado. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. la definic ión del ltQOTJYI. p. 124. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson». y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas. X. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que. Zcnón. 23. 2. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. Cf. rv. ouvalttOL. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. Paideia. 7. l . Walzer. 1.121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección. eucp'lita. Gritón (52c). 18-20.. Nic. pp. r 123. 1099b 18. N.124 hacer en cada instante. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. 129. al menos de derecho. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad». Lo cierto es.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. U. TCQOCtlQEL06CtL.. 192). 127.tÓVOlb e!. 10. suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. en es­ pecial Ét. del destino o del azar). Il. J I 121. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. donde todo es transpa­ rente. Según la traducción de J. dejar esta parte al azar. la cual supone una alternativa y una deliberación previas. 129 Ar istó­ teles prefería. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. 1215a 8-15. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). Ul. que enderezar uno malo. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. 9. L. 103-104. 617c. 1 1 14b 12.EOtl . Souilhé.eyó�teOa (SVF. de nuestras buenas y malas disposiciones. T.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin.tÉVO'U. Ét. sugerida por el mito platónico. A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre». la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. Eud. 130. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. En este sentido. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. m.o¡. ducción de Souilhé. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. Coloquios. el término rtQOO. 5. Ét. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a).v.

no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. ém:A. La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema. ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?). 135. 653ac). 136. Así. en lo cual hay que ver de nuevo.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. p. Ét. La dicotomía del cr:n:ouoato. pp. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�. n. Magna Moralia. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss. . 1 103a 17. la proaíresis. la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. � .. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma.l38 �É/. «el carácter es para cada hombre su destino». donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. comparativa.lta. un 6u11os. r. cap. 1 179b 24-26.tóc. cf. más que otro nombre relativo y no absoluto.. Cf.. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. O'ÓX Ú7tAW\. no lo bien. 119. ó. btt9u). Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia. En la t. § 2). Se da cuenta una vez más de que el s. 10. cf. no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. el dicho de Heráclito.léV � : . �oÚAll m�.. inf ra. se encuentra humanizado en Aristóteles. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. l lOOb 1 2 SS. Su¡. 131.. Cf. l l l3a 15).. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf. �OÚATJO't.os es una de las constantes del pensamiento griego y.). si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo. 140. 1 1 85b 38. l220a 39. 1.Ita. 1 172a 19-26. y eso es lo que hace que lo voluntariamente. Nic. Así. 132. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I. Cf. sino lo mejor posible. Leyes.. m 4. Oó�a. 123). 1 104a 33. 227). algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. LO.f. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral. drama cósmico de Platón que. donde Aristóteles defiende la te�. .f. 11.1 1 15a 3.). ya Platón. la única luntad.llOtS o una cierta forma de opinión.. SVF. 111. Oé. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos.. 139. Eud. il.137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta.. ni total­ u Janus bifrons. y ahora que se han vuelto así. Ni c. 136 más aún. Nic. 131.IO>V (fr. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora..:nu'tov. es decir. De vita beata. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. Ét.. J. 1. 2.. como ya hemos visto. 133. 7. J l . Nic. si se toma al pie de la letra. cf. 1226b 7-8). 6. y el cpaüA. 6. .139.o hac1a el mal. no superlativa. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor.c.. una �oúA. en 1226a 15-17. 'H8o. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. Se transformará en dogma en los estoicos (cf. Walzer. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill..¡> oatJ. fl. 1 . 1 1 14b 3 1 . Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet. . Eud.. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). fl.). 134. 1. 10-12). sean hace 137. . X.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. óge�L. Él:Égou :JtQO htgou. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). uva Oó�av ( 1 1 1 1 b.w�. 216. 2. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. nota siguiente). 10. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . uvOgwJTC. XXIV). Diels). 1. agna dad. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22.1 1 04b 13. sino de una preferencia.. En la Él. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia. El único problema. no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. Esta expresión que se desprende del texto.. Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ. TI. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. . la contingencia. en mejor.' ETEQO\J 138. Eud. 1 . :n:go ktégou (Ét.de R.

ov. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). ll. incluso si Ét. Esta distinción del fin y los medios no era nueva.152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general.oc. es decir. Platón.EL JtetVlaxoü atQetaflat. la preocupación por los medios queda en el la elección. 742e). sin embargo.145 Se comprende así que la elección. Pero este menos es en realidad un más. quedando claro que siempre se quiere el bien. No pensamos nosotros (Ét. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. Aristóteles .) y la segunda de los medios (1tQOS mortales. no puede ejercerse sobre lo imposible. 4. Eud. al mediatizar la voluntad.. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc.) (687a trata aquí de la naturaleza. IT. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor. 1225b 33-35..�te superlativo. la voluntad es fácil. En las Leyes. en particular. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ. 38. 10.Ulva). rv. 1226a 7-17. 142 deseo T¡�í:v).. 1226a 14. n. mientras que la elección. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización. m. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad. 2.OJAÉVWV n. La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. Eud. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo).. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección. 618c.ttw EX T. Oubarle. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así.A. Ét. En seguida y sobre todo. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles. Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o. humanamente no de la inteligibilidad. La voluntad no es más que voluntad. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. lil. l l l l b 26-27. 6. de manera que un cálculo (aval.. Nic. es decir. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados.••• La �oúA. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes.oy• OctfiEVOv. Nic. ames (JA<lAI. 1 1 1 1 b 23-26. Ét. por el contrario.. ouA. por �él. 1225b 36-38). Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios. que es también la vida más feliz (cf. 1). 141. 142. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria. por una especie de vicisitud. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. Eud. ll. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores.(lJV <'lt1Vatwv &. no del bombre. 143. 4.. no puede desinteresarse de la realización del fin.) (V. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s). y los medios. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los.Qatlan] <XlQWL�. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. como traduce. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. posición de . sobre todo (¡. 687a 16: e jemplo.. 10. 6 1 8c. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. pero A ristote».. tt. del azar. 145. y p. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia. Él. voluntad del fin realizabl. anim. Recherches de Philosophie. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen. Pero lo que es nuevo es el acento. como el del fin en el hor izonte de la elección. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos.. Así. como lo hace GaUlhier (p. 10. «La causalité chez pp.. Hay me­ nos. 1225b 34. Eud. y puede ser quimérica. 11. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites.. y del individuo que yo soy. frente a la vida del placer. l l l lb 20. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. 39. pues el resultado no depende de 144. 1 1 ). lll. oblicuamente Ét.. si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. 10. 744b 16). n. Por el contrario.oyLl. no se puede querer el fin sin querer más o los medios. 16) al fin.Lota. tov �EA. Queda que la voluntad es posición del fin.o óuvcnóv. horizonte de la voluntad.143 La elección. puesto que la elec­ ción. y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo .. 10. 4. bía desarrollado más de una vez. la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento.Ó¡AEvov. porque todavía no está mediatizada. I. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX.. animal.éA. A veces parece que esta mejor elección (x.. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general.. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. En el mito de Er.uif. 195). 619a) consiste en escoger la vida justa. cf. el P. de­ masiado fácil.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y.natov.os). II.

en última instancia. Aristóteles se preocupa. xat <JU¡. 10.A. IV. otras veces se da con los medios apropiados. Vfl.tcpwvei:v). Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos.150 lo OLetcpwvei:v &. es decir.tmc. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. cf. 149. pero muchos quieren enriquecerse.149 En los tratados de biología recuerda. Eutidemo. 148. es dectr.cpó-ceQet X. pues. Y por eso navegan. cuando en realidad quiere el bten. 152. Leyes. x. dominar estos dos ámbitos.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(. 150. que es más fácil explíca� el órgano por la función. que es la Idea del Bien.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien).. téxvmc. como pasa en medicina . erigidos en momento separado. Política. su bten) y que. Cf. . Lachieze-Rey. del f i n supremo. el deseo sería vacío y vano. y lo que queremos no es lo que hacemos. sociales et politiques de Platon.ai ¡tawtav ( 1094a 21). así.Qettei:a8m.) no parecía despertar ninguna dificultad.. pues puede suceder que el fin sea bueno. Kevi]v 'X. 153. sobre todo en sus tratados éti­ cos. tomarse molestias. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio. igual importancia a la voluntad del fin y la 146.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). . XII. arnesgar su vida. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso.1>� elección de los medios. 147.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles.o n:óc. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin. 468bc. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc.. etc. anim.mc. nadie quiere navegar. 467cd. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. n:Qál. P. el medio por el fin. 290bc.Q taü-ca xat (n:Qoc. l. por el contrario. Pero Aristóteles va aún más lejos. xat -cae. pero se ha puesto un fin malo. es decir. Gorgias. de acuerdo (evMxHm yó.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación.146 Nadie qtúere tomar medicinas. daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. -co 'téA. cuando actúa injustamente es decrr. 14R sm esta ordenación al fin. contra las explicaciones mecanicistas. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. 133lb 26-38.etc. finalmente. es posible. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. 687a 8-18. volviendo bueno lo desagradable. 13. 154. pero todo el mundo desea estar sano. -eo 'téA. el fin y los Se concede. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. J094a6b 7. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. . que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. adaptación que no está dada inmediatamente.�/.at €maní ¡. 54a ss. aniesgan su vida. !bid. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). se hac� dano � .ot. 962bc. Les idées morales. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta.oc. sostiene frente a AnaxágoraS. ciertamente. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines. pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo. . -eo -céA. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil.A.¡. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. 1. mismo. en efecto. Filebo. Y que la admi­ .152 Dicho esto. Part. 151.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin.)» .os). 687a 12-14. 'tetü"tet a¡. los medios a la vez. . . Platón recor­ ? a la inversa. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud). a la vez ontológica y axio­ lógica. etc.

vat 'tÚXT). a la inversa.. Esto aparte. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p.. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes. 12. desinteresarse de la realización del fin es.Q demás. 11.160 158.. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios.ov A. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡.159 y en eUo no hay mérito alguno. ll. ov&atov e!vm.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin. El problema planteado aquí no es un problema moral. y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio. que la meta sea mala y los medios correctos». lll. mayor que la dé la concepción.)». Si la voluntad quiere el mal. truos n. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). l l .¡ev yó. la adición es inge­ . 6. 160. la voluntad del bien real (lll. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. 1227a 29-30). 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS). wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo..taQtávet. Nic. 9. Eud U. m. Por lo eox�. Nc i . moralmente indiferente. 1227a 18·32.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. q>\ÍOLV M Y. parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U. Ét. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución. que le aparece como bien. Eud. niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia.. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. sino un problema técnico. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159. eúq¡vta. es ciertamente condición suya. Nic.• 'H f3o\ÍATJot. Si la habilidad no es por sí misma una 155. virtud.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización. 6. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡. que se ejercen en el mismo ámbito. ss. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención. ¿Hace falta concluir que todo X. 1 1 14a 13-14). Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. con un . es contra naturam. Sobre esta tesis socrática. 10.tp:at. Esta nota es c iertamente apócrifa. ogeó� y 6La¡. qn)oe� ¡. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral. y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. «es todo un trabajo ser virtuoso»). pero no (si bien Jos términos que emplea. por asf decirlo.taQtáveLv. Ét. si se quiere que sea moralmente buena. Oú yÓ. notfjoat �ta>. 11. en cuanto tal. 'tO &e cru¡. Ét. Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y.• xaxoü (Ét. para un lector moderno. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros.Ub ·wo (Ét.t6. Vil. cf.A. 1 1 13a 15 Eud.v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. infine que la pru­ 1221a 12). que encontramos en la Ética a Eudemo. 156. 1 1 13a 24). corregido por el palabra es asunto de deseo. Cf. . la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. "tOLUÜ'ta vo�om. 1 3 3 1 b 19-21 ). como pensaba Pla­ tón. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡. cometer una falta moral. 3. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡. sino que exige que se haya nacido. cf. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio.. (Política. EQYOV �mtv. 5..Q xaA. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral.. 1tUQÓ.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico. Nic ITI.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162). 158. 1t:aQa cpúow.) (T.ó. debe ser técnicamente conseguida. 10.enóv EO'tl TÓ. 1227b 20. sino ser torpe. l l79a 35b 4. . loso.. Ét. a&txot. !0. 1099b 19). en el límite. también (xat llQyov tcrtt 157. a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. son ambiguos) en el valor moral de los medios. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. El medio es. 10. aA.A. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8).. orde�ados segtín el exceso y el defecto. es decir. Es que la voluntad quiere por definición el bien. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo».

la elección y la acción del hombre. después de haber dado . De anm sica. al contrario. pp. pero. _ . _165. pp. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. 144.ci). pnnc. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss.163 disociación que no babóa sido posible . cuyos límites marcan. por�u� el bi�n no es inmediato. 13. en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza). sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud».ÓqJÉALJlO)» (Ét. Et. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar.u:v "tt/. Cf. 176-178.. disculpando a la voluntad. donde Aristótelo.o� qNOLxóv). smo porque lo quieren. Nic. a . Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. sólo a trata virtud der. Se trata de textos. _. que es otro nombre del azar. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas.. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado. La . «Tbe practica! syUogis111». El momento pro­ piamente ético no se sitúa.63.de Aristóteles. 5.. z. Bréhier). o es buena y quiere el bien. o quiere el mal y no es responsable de él-. m.. el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. Pero. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. pues.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. . 434a 16-25. entre estos dos azares. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. ¿que f�era del fin..tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. El mal no esa en el fm. m1smo �n el que absuelve a los hombres. 15. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego. sino. smo los med10s? Asf. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é . 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. deliberación y de la elección. l 143a 35-b 5. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado). 1 J47a lll. Por el contrario. 31-37 y 79. JI. td. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. nos parece. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. es cierto. monstruos. el texto de m. 2. queriendo el bien en general. Ahora bien. el cual no se deja reducir tan fácilmente. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). la templanza es una virtud). guiada por la elección del bien. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. por el contrario. morale d'Aristore. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. En fin. en efecto. R. 6-7. que es ru� rsalmente bueno.JIIl (�oúf. Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. que seamos hombres naturalmente constituidos o. Cf. 1 162b 35-36). hay lugar para la deliberación. en Aulour d'Ari Cf. ni de la acción. 325-340. Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I.164 En otros textos.aA. 1:a x. 7.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente. JMt. Vlll. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto. VI. emos visto que eI análisis de la. p. De motu ammal. mas que pot una revelacwn. D. J: AUau.-A. pp. 20-23.. 12. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. 1 1 14b 18 ss. �lanentc todo el resto (1:a � queda. sino entre ambos: la elección razonable que.. que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. sino por su elección. n. la voluntad no es responsa­ ble del mal. pero que el valeroso (cmou6atov). sino en la impotencia de t � � _ los med1os. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar. srOLe. puede querer mal el bien y. a poner en tos medios L<><!o el del mal. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. sobre todo Vil. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. _164.eo(:kXL . Gauthier. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. J . T odos Jos hombres mal.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. Ni�. The ['lulosophy o fAristotle.. 106). 162. 7. pes � � 161.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. J 144a 3 1 -36.:s. escoger cada vez lo menos mal rela vos. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos.

1. 170. 9. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica. 1 l. porque. p. Autour d'Aristote.·a parte. 36. lo universal es inmanente a lo particular.. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. propiamente aristotélico de «elección de medios». entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. En fin. 210. 338. en Ét. 177 y 189. la elección va precedida de una larga deliberación. en Autour d'Aristote."' Pero esta interpretación. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. y que la vútud del deliberativo. id. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. 121. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. en realidad.. 166. como se ha advertido.a. depende del resultado.. p. Hay. Se plantea. tal sería la tarea de toda moral. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. Gauthier. Kullmann. cit.169 En este sentido. Allan. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética. donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción. en me­ nor grado. del libro U de la Ética a Eudemo. la prudencia. 169. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. 173. 1034a 30. hay que J. p. y no científica. 177. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda. a la inversa. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. sobre todo. y que no tiene nada de silogismo. ciertamente. En el mismo sentido. 172. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor.. 268a27ld. Gauthier-Jolif. en todo caso. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. p. En el silogismo práctico. p.. Cf. anim. una vez establecidas. la con­ clusión es inmediata: por el contrario. de un principio extraño a la moralidad. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo). silogismos dialécticos.·acta del acto te1minal de la decisión. de los caales admite que son posteriores. 177.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. que no se discute aquí. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. nente». pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación. . se encuentra ya en Platón (Fedro. lA morale d'Aristote. pues. Gauthier-Jolif. [bid.. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. 22-30. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar.). ahora bien. !68. ibid. las dos premisas. un minucioso análisis. fruto de una elaboración ulterior. 167. 210. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. Cf. p. op. citado por Al11n.'66 Una diferencia no menos importante consiste. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. ()ó!. anteriores al libro III. apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). para volver al sentido etimológico y. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. por el contrario. Por ou. p. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. Pero. Tlze Philosophy o f Aristorle. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. Por lo demás. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). mientras que la causalidad eficiente se ejerce. Nic.o que debe ser la verdadera moral. E. cit. es decir. pp. hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad.. sino de fondo. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». l. Desde este punto de vista. Pare. 639b 1 8 ss.. del alma racional. I. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y. Allan puede hablar de un progreso y. art. 331). pues la causalidad for­ mal se conoce. 171. Jbid. dice. p.

una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. entre lo «mejor» y lo «necesario». 13 W). 4. un caos que tiende hacia el orden. tructura del mundo. 1 142a 14 aÓQLOl:OV. Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. 176. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. b . En este debate dudoso entre la forma Y la materia. cf. Vl. 75d.. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . Ttr!'eo. pues. que conclusión. tan extraña a Platón. pero no la existencia de lo particular. es decir. . 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». como dice el proverbio. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone.. entre Dios y el mun­ do o.. Eurípides. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible.oüv -ca €"-áx_Lota A. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. una vez reconocido lo particular. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. «lo mejor y lo necesa­ rio». 13. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos.en este mundo y que. 442 («Punto de partida exento de dolor»). qJcwt. 177 175. ocupar todo el campo de lo posible. 48a. por­ que el mundo es limitado. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular. el discer­ nimiento de lo particular. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. / jigenia en Aulide. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. 672b 23.' 1 1 la determinación y. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. La presentación silogística del proceso de la acción. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. Nic.. 1. este Gen. . vv. 1 144a 7-9. de una disonancia posible entre el fin y los medios. 685a 18. 1 1 4 l h 15. fr. le parece más humilde. 9. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento. 717a 15. No hay. 10. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. 12.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. 177. como más tarde Leibniz. Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. cf. . su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174. conocemos ya el nombre: la contingencia. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ». anim. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. 9. v. Part. U. /. el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. 9.174 quema universal-particular. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. en el es­ Juntad por el Demiurgo. cosa una vez más. Pero de este infinito. 55. IX. la prudencia de la sabiduría. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. cf. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét.rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). lo universal se aplique necesaria­ mente a él.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección. La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. Para el esquema universal-particular. m.eyes Las Suplicantes. en general. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. menor mal y a dos tercios de feücidad»). ¿en la aventura o en la absten­ ción?. conscientemente. Sobre esta opos ición. como dice Aristóteles."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces. . 1 1 . que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más. 858a. IV. Es un medio contra el caos y el orden. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X. nA. sino. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. y Aristót�les no puede hacer otra .13u D. ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles.. Para el esquema fln-medios. mlo. entre la determinación y el infinito. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales. . Pues aunque. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. Platón. VI. a la que hay que venerar más que a Platón. 8. 27 P. etc. anim.

l a cual. opuesta a la . 4 W. Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y.. 441 y passim. 180. como parece baber dicho Sócrates (cf. 1249b 13-15). bre el papel rector de la dialéctica). En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda.'sJ 178. J. . en la afirmación del carácter práctico de la prudencia. �es. �bt. sabtduna teónca. VI. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación . 1 14la 21-25). más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ .. 2. ni mucho menos el de virtud-ciencia. aveu voü xal Otavola. 47bc. 2. Platón. Et. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. 290bc. por ejemplo.. tl39b 4-5. cf. pp. D. �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . tóteles muestra 185.·al. �O'IJMUtL%rJ . el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. que es especulativa. f. IV. 1 1 39a �3. 126a 32b 2). ni por lo demás en la de su carácter intelectual. denominada sophía o phr6nesis. Cf. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico.184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. sería una especie de sabiduría práctica. por op?sición a la sabiduría. 15. phrónesis. Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. l J 13a l l. todo el capítulo 13. mtelecto y sm pensamiento. 2. 182. dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento. cte �do que.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. Nic. era ya indisolublemente teórica y práctica. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello.. no por ello es una ciencia. peta A. la arquitectura). 5. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. Por el contrario. Sin embargo. nstotle's "ProtTeptricus">. que evoca una virtud. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. Mer afisica. por ejemplo. pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte.o �1. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:.óyov xai< )�avol u� (111. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . la Reptíblica.. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». Eutidemo. «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). J025a 6-13. Nic. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. prectsa que tampoco hay elección sin . pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada». ÓQEXtLxós vuü. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos.axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr. la sabidur ía. l l39a 23. lll. que es meritmia. que «rema pero no gobterna». . veces. Menwrables. vr. pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. sin hacer violencia al lenguaje. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. miente involuntariamente (VI. rruco de «dtsposlctón moral».178 no es extraña a la acción que dirige. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo.). 37. esp. 507e-508a. IV. Hipias me­ nor.t'Y)) t pues. � �3. En la (aq:>QÓvwc. 5. que no Jo es: así pues. 185 ss. 2 . . D .. pp. >1. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. Por lo demás. Platón. 1 1 1 l¡¡j 6). incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. IV.164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3.. beraewn que del corolano moral de la elección. Mon�n. 1246b 6. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0. Gorgias. Mansion. por una parte. vr.'s' y si piración arbitraria. stn dtspostc�ón mo �leccton .' 1 8 1 . t'tiJ.Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. 1 . Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W .179 Por otra parte. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio . 56 � ss. de la elecc10n. 13. . 8. 20. de la ciencia. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica.'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante. si la pmdencia es una virtud. El libro m. la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. Jacgcr­ . como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. n9. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca. 7imeo. S. 184. 29. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . so­ VII.

que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso.liberativa del alma . particularmente numerosas aquí. V . la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes. y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. en un pasaje célebre de la República. 13. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . VI. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. 2. 1 1 4 l b 4 ss. pues. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. La ruptura con el do.en el interior del alma razonable. de la Ética ¿Cuál es. a de la prudencia>>. 10. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. VIl. para Aristóteles. Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. von Arnim. 1 1 39a 12-14. trata sobre lo contingente. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. sino sólo del conocimiento cientí fico. �ai. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto. V . pues. 13. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis. Tópicos. . 11. 475e-480a. 1. IV. :mora (a:n:obeL!. 'tl'X. 1 139a 5-12. Nic. IV. ya sea esta acción moral o solamente técnica. 5. 1 140b 25-28. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. ¡. tienen poca importancia para nuestro propósito. l. . sino otro género de conocimiento». sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente. . es decir.190 . se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. 12. 147b 32. Aristóteles no dis­ lla que. que son. Eudemische Ethik und Meraphystk. p. que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. 1 196b 15-33.Ll'J. 9. Nic. 136 1 1 . ovx. un saber moral por él mismo. � <<hay una vutud del arte.Í>OEW� 187.L..Lóvov). Ét. Ollim.::. en Ét. VI. Port. 644b 22-64)a 4. las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. 138a 34b 2. 1 J40b 22). 190.187 no del alma razonable. sino de la razón. Cf. 5. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. en:tOtfÍ¡. 1246b 19-23. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. es sinónimo de bien. el do­ minio propio de la acción.e"tó Magna Moralia I. Pl�tón. no se delibera sobre lo necesario.Lt.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . � ¡. S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia. 14. Por el contrru"Io. Se dirá que Platón. 192 VI. pero no hay nmgun .. Repúblico. 2. 1 I39a 12. interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. sino de una de sus partes: ague186. Reptíblica. VI. Ét. ( 1 246b 35-36). pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. pero tambié n virtud moral.Q EOll...¡. En la crítica del intelectualismo.186 Así pues. 5. J26a 8 13. alló yévo� allo yv<. Aóyou ¡. _ : ? 193. 2. sólo dice que esto no .'9?. sin embargo. sobre la neutrahdad moral de la ciencia. en VI. 1208a 10. 7. Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. solamente mtelectual ( l l 40b 28). Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. 8. 2. es decir. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. El �asgo más . Vl. 191 Ét Nic. Magna Moralta. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. Aristóteles.. 129a 1 1 ss: 5. 1stoteles. a diferencia de la parte científica (Emm. 189. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. 6.oyl�eo6o. 439d y l o s textos citados por Joacbim. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. Nic. H. 19 8. 5. recuerda Aristóteles. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética. '88 Así. 'Ageti¡ yá.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general..·r¡!lovut v). más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento. ó.. 134a 4.. 19·1 188.L�): Ér. 34. debería ser. Eud. Aquí. como pasa a menu­ (&Qe'ti)). Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. el acento ya no será puesto .

el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). la captación inmediata de los principios de la demostración. Sofista. pp. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. si no es en la captación un f de lo particular. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. según los diferentes momentos de su operación. Las decisiones bruscas (tu el. cf. 35.LQEtL?<.Óv). 2.a.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. medio apropiado. 327-328. 33. cf. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás. 1. lO. l l 39a l . VI. 2. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia.2M Si se entiende por vo'Üt. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado. y OQE�LS Otavorp:txJí.. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. . Cf. Sobre esta expresión. Ill. Cf.. vór¡ OL<.: asimila ÓQEXtL?Ú><. l. Dirl­ distinguida de la meier. ·202. 195. voii. 4. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. por opo­ vo'Ü<.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. 1 I39b 16. Nic. 205. logismós.. Cf. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<. ITT. Aristóteles da a técnico: así en VI. Pero si se entiende por vo'Üt. 5. cf.. A la vez hombre de pensamiento y de acción. 189e.. VI. 203. que emplea los /. ¿en dónde se detendría. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. 6.20' ahora bien.) que lo demostTable ni sobre su principio. 7. 433b 3. III. no es entre la diánoia y el noús. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque. 1 1 03a 3-7. 1226b 25. 1142b 6-15. la opinión. donde la y de la Oól. 35. sino que afirma o niega 198. 6Lávmo.óyo<.194 deliberativa <Bou/. 1 1 40b 34 SS. como todas las cosas. JO. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición. Cf. tenga m. el eco de polémicas internas de la Academia. 6. 194. Aquí todavía. pero deliberar lentamente» (VI... une la minucia y la inspiración.� 199. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. En revancha. 27. Ét.196 puesto que.n¡ 9-10). y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. Nic. 1 1 12a 16. República. Mientras que sición a su aspecto intuitivo. Sólo en estos pasajes. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. 196. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. I IORh w encuentra en 10. Magna Moralia. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares».) son voluntadas (bt-OVOLCl). 4.. n. 13. entre la discusión y la intuición. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. 1143a 28. 1 143a 25b 6. VI. I. l098a 5. La diánoi sigo misma (T eeteto. II. 204. lugar oportuno. Ét. 3. l l96b 16.. como hemos visto. VI. 5 1 ! d. y &távma de manera equivalente casi siempre.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). Et..at�<.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf... Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación. VI. cf. I. de una manera general. a es el diálogo interior del alma con­ 197.Ó<. 201. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. 263e.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. la cual no sólo duda. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues.. <irtagov). Vl. Eud. ocasión favorable y. Así pues. 1 142b 4). 1 196b 27. 1 J40b 26. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión. Magna M01·alia. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<. 5. Filebo. expresado por términos de vo'Ü<. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. VI. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia. De 1 O. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella. lO. Resumimos aquí este último pasaje. anima. l l l l b btá. cuya conclusión es la dóxa. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. 38ce). parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. 12. Ét.

14.la. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular. pp. supra. como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos.0..ta parecía referirse a debates internos de la Academia. antes que al sabio o al filósofo. .l�). que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje.Ei eivm re (ln:c�.a. es meritoria. ¡¡tv oMd�). 508. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. VI. r no está aislada 1:11 AriStóteles.213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt.óyo¡.211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif.208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. J 142b 2-6.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA. exactamente como para la phrónesis. Tricot (en VI. La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. 21 O. haciendo (yvW¡. Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. 1143b 9-lO: (iu) Y. Platón. Finalmente. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?. en el sentido corr iente del término (es de­ cir. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. 12. cf.t'Y)) "tÉXVJ].. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos.'Y). Ét. 137. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. La filosofía es laboriosa.207 Pero. que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar.at qYuOLxa (ioY. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. l a tra­ dición aportaba al segundo. Cf.t'Y) ). p.). que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla. que.. reducido a sus demostraciones. 413d.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi. Cf. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. 1. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV. voi... 1 143b 6 ss. 298 y 302). En relación con el estudio de la phrónesis.. l250a 30-39. igen de la re­ 213. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡. 151. Cf. pue.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma.l�.. VI. <pQÓV'YJ O"L�. y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios.at <iQx� 'X<tt téA. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante. pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. Vli. 208.. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza.ZC.). como veremos. por lo tanto. la virtud moral).a<. lO y J I . 1248a 27: A. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular.: (ito x. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero. más allá de la Academia y del propio Platón. en 206.óyov 8 UQXYJ o'Ü A. El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad. vou¡. 209. Evoo'UA. 12. 4. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad.óyo'U. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. es decir. 212. En realidad. 976bc.oyrxó¡. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas. Eud. se pierde de vista su valor moral. vr. 207. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos. p.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. Ahora bien. VI. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio». 2 1 1 . pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores». Ahora bien. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar. n. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡. 89b 10-15). una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. ya sea Ulises o Pericles. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes. en una especie de apéndice. particular. 6. a la significación popular de estos términos. Cf.óy�)».s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas».. Segl'n la expresión de J.

es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡. 1 1 . la de necedad a la de inocencia (cf. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles. etc. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que. !bi d. no son objeto de la mívecns. Por -rwv ytyvoJ. siendo mortal.>¡. 1 143a 4-6. a lo geométrico.) e inversamente. <JUyyv<Í. cuyo origen está en Pintón. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. VI. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab). En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental. En el Cratilo. Ahora El hombre de (Euyv<Í. cap. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar. tener pen­ samientos humanos. ' H M ouyy<Í>¡. Al rigor de la ciencia.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable. cuando este juicio es recto. y ya en griego eúr'¡9f)<.>¡.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. inocente.t. sobre un Saber trascen­ dente. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia. sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. 19b. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo. Tiene. en tanto que físicas. 476d. necio. es. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat.»221 República yv<Í. cf. Cl·atilo.>¡. 219. 219 ahora bien. 223.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia. 215. (EXELV yv<Í. siendo hombre. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica. viviendo en un mundo impreciso.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. una determinación intelectual y un predicado moral. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular. e'IJa-ÚV€1:0�).i¡ ).. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. no imponerle la justicia demasiado radical de los números. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable. no se libra de su deber de juzgar. 220. 4 1 1 ad. el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. V. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas. pues. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles. de comprender.: malignus. 1 143a 2-4. lntelectualismo todavía. l84.r¡v). Más aún. «La prueba es -dice Aristóteles.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. 222. que puede ser violencia.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien.t.t. de reconocer sus límites. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. 1 143a 20.T}.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv). es. ni siquiera la del físico. queriendo ser rigurosa. Cf. El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. 216. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. n. &eLvós.). 214 y en la Filebo. 22l. la indulgencia (<JUyyv<Í. Cf.). p. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)». puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�).>¡. Así.e. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular. lo equitativo opone la indulgencia del juicio. es decir. el mismo dominio que la prudencia (es decir. 1 143a 8-10. 218. óQei] 6'lí . por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. L § 2. es decir.l:L'X.oüs 6Qei¡.tl') yv<Í>¡. ni sobre nada de lo que deviene. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación».» 223 Así. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración. lo que es lo mismo. Sobre esta oposición. Segunda parte. 1 143a 2 1 -22.r¡.2'6 más aún.t.t. alidades físicas 217. El hombre del juicio.r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero. 165.>JA. lo sensible bajo lo inteligible. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral. como una especie de la phrónesis. siendo sensible y singular uno mismo.tivwv hay que entender las re que.

38. yvwat�. 177. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. está nal le había reconocido siempre un valor moral. a diferencia de yv<Í>¡. 6. sino por sus límites. pero humano también por su atención al hombre. pp. 56.tYJ. Platón. en que se resume los lfmites. cf.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. 3 1 SS. cf. remite a He­ ráclito. fr. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. . p. Al devolverle su sentido arcaico. de formación más reciente. Aristóteles hace revivir. tiene una «significación puramente teórica» (p. n.. ibid. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. T eeteto.t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica. Filolao. 1 93d). que Aristóteles no yvw<YL(_.tYJ. fr. y a en la filosofía presocrática. 1 ) apunta que. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. quizá involuntariamente. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡. humano por sus límites.. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». B. la vieja sabiduría griega de 224.

Ocpgwv. Berlín. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (.. 1924. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos).1 10. vv. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. Hermes.ew. Die Entdeckung des .. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif.M�. pp. cpQOYtLtcLV.La. lll Pí1ica. Sin duda.el ¡. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica..:at &Oavati. como hemos apuntado. B. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. sobre todo. Hüffmeicr. PíNDARO. q>i. 464-465. etc. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. tav &' E¡.l. 'E<p' ocrov tv&éxe-. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie.¡:rtQaxtov <'ivt:A. Nic. 29.-. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo.. Philosophische Untersuchungen. o<. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. 7. 109. ci)cpQWV. X. Él. pp. al verbo cpgovEí:V. sino en la phrónesis de la tradición. y.taxaváv. �tov &eávatov o:rccii&e. l. Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta. cpQÓVL�tO<. etc. vouc. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum».M:t 'ljruxá. 1 177b 33. ARISTÓTELES. a completar ahora con F. 89 (1961).

como lodos los substantivos en -me. «Das Lehrgedicht des Parmenides». de estos términos (por ejemplo. para la interpretación de este fragmento cf. es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo. y.actos o cualidades de pensamienro. pp. Die etische T ermirwlogie bei Homer.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides. 401. R. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. Pero Festugicre pone en duda con r. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. 108. B. 2.5 Dicho esto.E. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. Philology. • • que otros términos. m. Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. Loew. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones. derivado de <pQéve�. pp. Sin embargo. «Noiís. l009b 12 ss. intelectual y práctica. por extensión. Hof fmann. Kumsemüller. cf. cf. 19). L Webster. l009b 12.. 396. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. Anaxágoras. TIT. voü�. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. pp. tesis doctoral. 77 (1957).. E. juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón. art.). 396 /bid. la 7.del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. 426-429. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. (resumido por Onians. Aspek l e homerischer P s ychologie. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. Class. Hamburgo. n. pecie de olfato sensible. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. en breve. Jounwl o f Hel/enic Swdies. cit. Kiel. Cambridge.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. entendido inicialmente equilibrio. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. de Parménides (fr. Onians. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». p. Munich. Empédo­ cles. por oposición a voetv. The Origin o f European Thought about the Body. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. 56 (1953). 16. cpQÓVY)OL�. A. 40 (1945).. nota cap.Ó�). 401403). Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». Que hayan tenido primero un significado concreto. cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero».. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. Conviene en efecto subrayar que.). from the Beginnings to Pannenides>>. . en el poema de Parménides.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico.. Museum.Ó�. se ha podido observar7 que. 34). 396-406. que designa el diafragma o Jos pulmones. 1951 (sobre <pQÉVES. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. 223-242. 19553. mientras Geistes. que hacían de cpgovei:v. 8. en especial <pQÉves. § 10 (a propósito de Empédocles). pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. Tubinga. 49 (1929). y también del pensamiento. De anima. <<Sur Class. sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. tesis doctoral. etc. Diels). K. Según Onians. 1 O. 79-125. el pensamiento empír ico. 8uJA. aun cuando límite. 4. r. Berliner philologischer W ocltenschrift. Fesrugiere. 3. en último término J. 38 (1943). deux . 9.l. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. cpQÓVY)OL�.G. 1935. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz. los términos <pQOVeLV. pp. PlambOck. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. pp. esta vez en sentido positivo. hay que preguntarse por qué.). 18 ( 1929). que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. Teofrasto. tesis doctoral. 163. Bollack. . <pQÓVllOLS no designa una cualidad. p. p. 1959 (sobre cpeovetv. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. Odi­ sea. y 113 ss. pp. G. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. 1914 (esp. etc. Así. Philology. lo (Die Entdeckung.. 5. Time and Fate.. pp. que <pQÉves significa siem pre pulmones. Se admitía generalmente: el diafragma. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. 149-154. O. B. varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. Siguiendo Metafísica.10 6. <pQOvetv. T. Diels. atQEhJOL�. 5. cit. Metaft sica. p. por lo que concierne a <pQOVei:v. cf.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. 8uJA.ón este «primitivismo» de Homero (art. 54-57). 103 ss. J. La phrónesis es un pensamiento. Rhein. y la sensación. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B. Festugiere. pp. 244). von Fritz. han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas..tZ. Ylll). p. un pensamiento intelectual in­ cluso. que no eran precisamente «empiristas». vou�. the World.4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. pp. 3. 427a 21-29. o al menos cómo. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. Se encontrarán algunas indicaciones en M. función m p. 23-43). the Mind.

68-71). en lugar de captar lo que reúne ("to l. 1. JO ss.tov_. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. que él es el que reúne. Según O. 1960. en un lógos que les sobre­ pasa.lÓaÍ. 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). Reinhardt. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. puesto qu�. El coro . r.13. 9 en do mclut d10. 1. 1 1. VI.uvóv). 16). 618a 14. apodera de los atridas (Electra. 1\. 488b 15. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. 614b �8. el Estagirita no dudará e� pre1a. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. corno veremos.. Gen. Gotinga. 29. lOOOb 3 ss. 16. cf. o más bien 'tO q. anim. fragments de Parménide». Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡._. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. 1 . absoluto (sentido platónico). no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? ." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. 110. . cf. ca.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa. 25. R. Fr.J-ei: ye xa� Ó. ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. fr. Metafísica. 1935. 1 1 6. 7. B. 4. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis. quieran o no. Hist. mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil).. 2.tm. no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. sino que el pensamiento es el mismo para todos. «como si -comenta Aristóteles. 13. . De anima. por debajo de la experiencia (EI. Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos. 70 (1957). En un fragmento restituido a Heráclito por K. Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots.•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis.G. 1. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡). de la cual Aristóteles . 9. 404a 29-30). divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�.. Diels. es el de los médicos hipocráticos). mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj.avm).5 Por el contrario. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . 9?e en el leng�aje de tual. 1058). 2.¡góvq. Gigon (Untersuchungen zu Heraklit.se. Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. Él. Rev.180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. 1\. 981b 25 ss. 1 14la 27. Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. 6eóv. sino el sujeto dotado de phrónesis.vEL &' Metaftsica. A. que no quiere decir que todos los hombres piensen. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. p. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. XXffi.E. En la jerarquía de las func10n� . phrónesis. 1 074b 22 ss.asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r...los delirantes (n.). 698). ( 1 942) pp. en Empédocles: cf. 196'1 . que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. v.to�) que los otros seres. ill.les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. s cogmuvas la 17. y evidentemente muy por debajO .m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable.. De anima. ca. Todo lo más Heráclito. 106). Nic. a 753 2. Cf. 1 ss.wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito. 12. pp. 1. al . 5. fr. 77 ermlichtnis der Antike. 64 y la traducción del pasaje por C. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. [)(. inación (<pavtaota) Y !a. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. Diels. si bien en oro a:n. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal. 'tOV 'E�tJteboY. Pero cuand . p. Pero si nos remitimos al contexto.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. 980b 22. memoria» (en . espec que esis. . . 30. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc. Philos.qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15. el fr. 1. anim. Ramnoux. en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. Leipzig. pp. al tiempo que poco después Anaxágoras. Hermes. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta). 10. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». 56-71) y de Homero (llí ada..

Weitlich. 411e. Utrecht. 22. A. 14. En el ámbito político oroq. donde C. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. orocpQOOÚVTJ OCJ)t. 1 1 ' Littré. 386. 1947. 430e).27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-. cit.. Sobre este término. 7. p. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar. Die Griechische Tragodie l. M. Aristóteles. !bid.:r) ). IV. Vlli. 45. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. vida pública. del Grande. 1 140b 12.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. pues.tla (República.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA. 64-86. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar.22 fórmula que. l J ( 1943).23 sino de un modo más general en 60. cf. La «modera­ ción». cap. 13.. 19. Pohlenz. 25. pensar como conviene tal. Platón. WienerStudien. q. Sobre esta noción en Aristóteles. sición médica entre meier. en todo caso. Fedro. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen. pp. 53 y o. es el pensamiento. PP· 18�. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. p.). D1els?. de Vries. Cf. que se sabe y se quiere humano. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . 24.. 42. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf.t. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro.24 actitud del hombre en relación a sí mismo. Gotinga (Jahrbuch plrilos. Así.. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. 2 0 . Kollman�. o. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. 20. 21. Es lo el uso de la vida. en un sentido amplio.. un gobierno de reputación «moderada». 388. Diels. especialmen­ La liberté grecque.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis. Stark. Nic. Fraenkel. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique».. pp. y una calificación moral. Nápoles.'8 Se comprende. supra. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. te en Tucídides (cf. fueron cristalizando progresivamente en la noción. tlrt. que. tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY). 160bc. De vicm (llegt 5uxít'Y)!. 1 1 1 7 b 25). . entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. la des­ ('ÜÓQL�). G. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. M. vida privada.go<rÚVl'f ha acabado por designar. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ.govetv la agEtrt f. teSts doctoral. 23. Hüff­ cf. estos temas. 1 12. Pohleoz. Hüffmeister. F. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre. Es una determinación intelec­ tual. 17. 5). en no intentar rivalizar con los dioses. La li�erté : grecque. en este sentido. 81-1 O l.EL "ti)v cpQÓVTJOLV. de moderación. 12-34. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño.govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. a propósito de la epilepsia: De morbo sacro. 270 ss. 69 ss. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. los demá s hombres y los dioses. FaJe. pp. el estudio de R. caps. 372. que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración. p. Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf.a. Fr. 5. Hybris. Got inga.2' No está prohibido. Deflatibus. 26. p. 64). Cratilo. VI.Lvw8m). Mnemosyne. 35 (Hüffmeister. si es verdad que ya un pleonasmo y. de phrónesis: la phrónesis es el saber. 1922). 27. 13-14 (cf. Hybns. 74) y Heráclito hada del owq. . Ét. pp. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»).eovesla). y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. Demócrito dice que es «grande. J. tesis doctoral. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». M. 1941 (en holandés). pero huma­ no.. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides.L�L� (fr. «Sophro­ syne».owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. la deonto­ logía. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill. el gobierno aristocrático. si bien es etimológica. de entrada bastante vaga. l . por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. 64. cap. cf. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. pero limi ado t y consciente de sus límites. oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). 179. 10-374. p. en medio de las desgracias. cf.. J. 253d. 59 (1941). será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia.). también en tanto que atributo del hombre.

su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia. <l)Qóvr¡crtc.31 28. .30 Todos estos temas. la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas.. n.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. 725. en un sentido indisolublemente intelectual. 32. . 890 (cpQOVOUOO. «la razón y la sinrazón del alma>>. 34.).. 557. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. Pero phroneín.V � ¡. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�).Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. . ábrelo: no encontrarás en él más que vacío». 35. Ciertamente.tóvo�) . reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. de saber.eúeoflm xaA. lbíd. 1054 (ÚVOL<l).trJ).). 31. La pruden­ cia es. !bid.). tÚ yó.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr. Electra. Anttgona. la teorfa aris­ 30. en lo más duro de sus peleas. 1269 (buoóouA.Ú¡. 29. phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien. 193. en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf. más opti­ hablar sin faltas. prudencia (q¡Qov�o€L). el coro. avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí.m OLJtAÜ». el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse.y yo a otros». pp.V). o. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. En otro lugar expresa su concepción. 35.aLm en Aristóteles. opuesto al Estado sano según Platón <<forma». Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr.vve-coc. su presunción. 2.t<UQO. 398. 1026 (MouA.Q e[Qrp. 429 (&. rechazo del compromiso. y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. Simplemente. la cura. el discernimiento correcto de lo conveniente.o). 754-755 (<pQEvwv xevóc. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). pues raramente el ojo perspicaz bí. instruido por la experiencia.óOVALO. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia). explicados por una proliferación no controlada por la (República. sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros. Cf. en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>. Hemón. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles. A. afectivo y moral. el régimen de la inteligencia. suele desig­ nar.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. etc.34 Antígona misma es más sensata. trad.).da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡. supra. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. Cf. 117-1 18. de Mazon. actuar como es debido (�o·uA. fr. pero. Electra. totélica de los «monsttuos». comienz. 372e) y. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas.29 En tico. declaro que a mis ojos no hay mi. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. puesto que la realidad no inclina en este sentido.m ta: 28 el viaje fa­ vorable. el pensamiento sano.. 36. cf. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. id. 33. l056. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón. Sófocles. que pueden ser buenas o malas.tm). fr. Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo. por el contrario.LO.io. 119). (cltl. xat &cpeooúvr¡ (De victu. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. Diels).trJ) innata.wc. Anrígona. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. tomado absolutamente. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. cap. que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. en su defecto. '\jmxfjc. 1242 (MovA. se podría decir.o�).éyeLV Uf. a pesar de mi juventud. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<. o en el sentido afectivo de disposiciones. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto. 707-709. de modo general. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. 562 (ávouc..

Nic. Nauck). !bid. Cf. la bwnríf. este uso de soph6s. de­ (n:o. Creonte. 1334-1335. que se aprende con la edad y por la experiencia. se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo. sino que son peligrosas. ese «gran descubridor de enigmas». al de­ negar la sepultura a su adversario muerto.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . heredero suyo. puede ser generalizado en la literatura trágica.39 Hacer lo mejor en cada momento. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles.37 Así. que no saca conclusiones precipitadas. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda.. Medea. Ciertamente. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación. 9. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. 42.42 Ciertamente. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. lo que constituye su «desmesura». pero todavía incapaz de situar su lugar exacto. al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡.6L6á.. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». seguido inmediatamente por el coro. sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo. apela a la muerte de sus deseos. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. aunque inconsciente). simbolizada aquí por Creon­ te.i:6o. La yvW¡. 3 16-317. el juicio -esa de la suerte. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber. que no sólo están vacías. haber traspasado los po­ deres del hombre. que reconoce que lo racional (aquí. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles.cyóvt:wv xo. que se detienen ante las puertas de la muerte. pero también dejar a los dioses lo imprevisible. 2. 71 9-723. E l crimen de Creonte.T] A. las «gentes fuera de lo común». 39.eoem aocpoú�)». Edipo Rey. 294-295.t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. y parece que 38. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. consciente de la enormidad de su crimen. El presente espera actos.� 1ttQWa&� ex.tTt -cÉA.' aVrlQ). y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios. fr.. /bid. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión. si hubiera hombres que tienen ciencia. para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre. Al final de la tragedia. .ax. /bid. 782. sino. 787.Ov 'tO ¡. 37. �l. la tragedia lo llamaba phrone!n. En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto. preocuparse de las consecuencias previsibles. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-. El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !». Hemón opone. como hemos visto.'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux. 1347-1353. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos). la paciencia y la seriedad de la experiencia..I.to.186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A. citado por Ar istóteles (Ét. es cruelmente desprov isto. 1074b 32).A. A. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>.v9ávcLV)». el rebelde puede tener también buenas razones).es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. .4' que. el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol. a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. l l42a 3-6). e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica. venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque.ún ). limitándose. no 40. 9. VI. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. habría que inclinarse ante ellos.

hasta Sócrates e incluso Platón. 2.• ed. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét.) al ideal dorio del héroe. Solón. 193-201. Quitón. en el Cármides.188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. 61 (33) Sandys (= Peones. Schuhl. 10. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite. 7). 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>).47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. en Les sciences et la sagesse. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. 1 . 89-90. de la sabidu­ ría de los límites. Tim. Pitaco. debes saber \ 1 <Jú>q.5° Platón no dice otra que hace Platón.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. de la templanza. pp. es decir. J. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet. Introducción. p. Dirlmeier. 189 de Aristóteles. sin duda. fr. 46. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. Nic. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica.eo. conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). 42).).gwmv). F. V.-M. Estobeo. del conocimi ento de sí mismo. dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). V o rsokratiker. 36 (1940).). de maest ría. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. F. Moreau.46 43. Cf. por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL).4S En tantes del espúitu griego. Pililos. 164c ss. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco. ama la prudencia (q. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. 8992 (cf.. (1961). L. 44. m. en buena parte legenda­ rias. 3 (Cleóbulo. 133bd. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. E. 1. esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. a propósito de Cármides. la preo­ cupación cauta por el azar. Platone. 48.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles. nos recuerda. VI. por el contrario. Horneffer. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. esp. Rev. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O. j t. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>. que ha sido conservada por Estobeo. y algo bien diferente: conoce tu alcance. En la lista debida a Demetrio de Falera. cit. pp.>QÓVf)<JLV &. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. que es que eres mortal y no un dios. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. Fr. Stefanini. xgatEi:v). Memorabilia. Cf. Alcibía­ des. y art. 1. l l4la 917. 1 . 49. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». Diels. 1909l. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov). 290. xmgov oga. 13. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. 2. . de la prudencia. lt(l�Oelav. 172 SS. yvroflL aatnóv.. Jankélévitch. no eran nuevas. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. 45. Cármides. 50. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. etc. 6. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�.>QEVÍ. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav). «Contrefavon de la sagesse». p. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. Burdeos. 1 . fr. p.. que es limitado. cuyo común denominador era. Cf.>QOO"ÚVYJ.. 25-26. 1 . 1049. 1950. 16lb.45 a menudo retomado por los ancianos del coro. Jenofonte. p. 47. según parece. pp. 7b 13). a rehuir la desmesura>>). ·a pesar del contrasentido que O. ocautóv. 4. Ravaisson. Bí as. 1 0 y 13. etc. La construcrion de l'idéalisme platonicien. IV. § 92-107. L'ironie ou la bonne conscience. oa-w. 7. Moreau. domina el placer ({¡oovf¡c. Archiv für Religionswissenscha J. Hens. que es la sabiduría popular. Cf. y segtín otra fuente en Solón (fr. Platón. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L). Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa.yav). nota publicada por P.yána)». Antí gona. Diehl). «Sagesse». niás que esto. Piaron gegen Sokrates.

fr. los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. 821 a. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). Cf. . la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. vrr. En este sentido. «Menanders Urwort der Humanitat». Platón. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X. y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas. cf. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov). Leyes. l l 77b 26-31). 799. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . 531. el. Koerte. 1. la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. cf.en un sentido no ya restrictivo. Dérenne. 395. 20. Cf. ll. co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega.. 316) (EL 6VrJ1:0<. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). Bacantes. Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios». &v6Q<. Domseiff. Cf. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). Es el cr istianismo el que volverá a encomrar. Cármides. Diels). f. (111 tv siecle. 57. Retórica. pp. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in. To yÓ. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». Aristoteles. Cf. cuyo detalle es controvertido. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos.53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV. citada dos veces por Aristóteles.Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. sino pien­ sa todo lo que es humano». sino conocer la propia invcncibilidad (cf. 24). 58. 53. 186-191. su alcance. La liberté grecque. 20: . 99. Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. Rheinisches Mu­ seum. 2 1 . T raquinitUUlS. Jaeger. p. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo. y no de un juez insensi­ ble». también fr. ya que es hombre. Hem1es.. 27). n. Es la fórmula. 7. se puede comparar con Píndaro. Es verdad que la prudencia griega. fr. 72.ti. pp. J. objeto no sólo de cr íticas. pp.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos.ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). ey<Í>. 91 (1942). . Lieja. VI. la signifi. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. Kant. Pohlenz. Pearson). 168. 55. en particular de los astros. p. Bickel. 353. Eurípides.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. aunque en otro sentido.cación literal de la ex56. sino también de inter­ pretaciones divergentes. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos. 1394b 24-25 (Epicarmo. 1040.ra). xai. tanto una como otra. 475. 988ab. Terenc io. Heautontimoroumenos. 206-209. w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo. . 77. 18.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. �éAl:LO'tE 0v111:Ó. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio.(Í yQa�ti. Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). L'lime du monde de Platon aux sroiciens. Moreau. 1. pp. del mundo y de los dioses. 13r. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. E.rrmicas. 78 (1943). Áyax. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir.51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre.58 A la inversa. fr. en la Crítica de lc1 razón práctica. 1930. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible. 1 1 1 1 52. 289. En el libro X de la Ética a Nic6maco. 760-761. Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. Pues desconocen. un verso de Sófocles (fr. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. Para interpretar el sentido. 164de: <P r¡ ¡. . sino positivo. «Co­ nozcamos nuestro alcance». En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre.54 En la Retórica.Hl't<Í cpf]OLV xai. EpÍ FIOIIUS. «Nichts menschUches ist mir fremd>>. 590. 112-113: Festugiere. sea a atenuar. 54.ss Fórmulas como 5 1 . 346. quizá estoica. Fr. la tonalidad restrictiva de la fórmula. tener pensamientos humanos. Pearson (x. fr. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. fr. esta filiación. 1 1 0 . Antífanes. toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido. des­ de la Antigüedad. 427 ss . Sobre (111 6va1:Ó. que tendían sea a exagerar. Esta revolución. que prutc¡ . .190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. p.1 1 1 .ov q>QOVcLV. E. Pascal. qJQÓVEl). 59. Nauck.. Kock (Estobeo. En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. Coloquios. Flor..aA. Alcestes. . Nauck. Cf. donde será desterra­ do todo pudor. Le Dieu CosJTÚque. V.

a filósofo. Cf. vv. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. X. 1 . PlembOck.6avatt�e�v). Aristóte­ naturales. Se ve.60 a sí. art. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. de una manera apropiada al hombre. 216). Nauck: el orgullo. La oposi­ 8vrp:a O av0g<. pp. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. 7. Ciertamente. Asf es como. xa. heredando av9g<. Cf. sino el de toda filosofía. cima del cual se eleva el clito. 2.63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente».esis 8vrp. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. por ello. 14 W. 707). «pero la humana en los trágicos. Diels. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. 6. también el Ps.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». 82..65 para llegar a un sa­ ber absoluto. Hüffmeier. desde ese mo­ mento. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. que el tér­ mino phrónesis.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. les parte de la 60. elevarse por encima de los pensamientos mortales. Cf. p. de una cierta manera. Igualmente. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. cit. sino a toda la filosofía en general. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que .vOgcómva <pgovei:v. igual el hombre que el mundo o los dioses. 61. Parménides. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. 30. Desde Parménides.a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. 103 ss. el phronefn es moralmente neutro. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que. 66. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó. el comienzo del poema de Parménides. J-4. F. por en­ 64. G.-[sócrates. es un Jugar común en los presocráticos. a la primera actitud. 4). 14 R. entonces toda la Sin embargo. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. En el Ética a Nicómaco. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). inhumanamente. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. si Aristóteles toma prestada la tradición. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. Séneca. A Dem6ni cos.192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión.U el término que se especializ ará en este sentido. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei. sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. VII. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. cit. en varias fórmulas que hemos citado. &.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto. sino «estar en disposición benevolente».-. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. 3-4. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». es decir. todos los filósofos se propusieron. 30). pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. 1 L77b 33. op. q¡lA. tal corno los dioses deben poseerlo. a «inmortaJizamos humanamente». Cf.Ómva <JlQOVELV.. es decir. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. . Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. 67. v. mediante el pen­ samiento. Así Empédocles. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. Empédocles.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe. Diels. por el contrario. 1.á. § 32. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. fr. 65. y el acusativo n. 60.at. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo. <pQÓvr¡ot�. si bien por vías diversas. Es cierto. El desprecio del pensamiento vulgar. fr. en todo caso. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. ¿Llamaremos phrón. fr. 4. <Uaeá. 739. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría.61 y se puede pensar sobrehumanamente. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma.aL. Phronetn significa: estar dispuesto. fr. es decir. más sofista en esto que filósofo. etc.67 Y si Sócrates. v. cf. Sobre este uso en los Hipocráticos. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. 1. Cuestiones 62. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición). enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que. fr. 9. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. vv. y 1 1 3 ss. por ejemplo.. Diels.

t d'apres Aristo­ Cf. 2. Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. pp. La filosofía. pp. 6). Ale­ �Ux al. Cf. (cf. pero invitaba a todos los hombres.. según l a expre­ sión de Aristóteles. !J. Nic. v. 5 1 ( 1953). a la mversa. 3 1 6- . cf. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid. es capaz». no es sin dudas ni sin reservas.. 111. por consiguiente. de «busca(")>.• cd. y que corresponde sólo -o. tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. 1. p. está tamb1én en el origen del método experimental.vf] crocpí.toí. la más divi­ na de todas. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». VIrtudes). Diels). Meta f ísica. Diels).b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr. principalmente. «los poetas son grandes mentirosos». Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo. 34. . la Ó¡. puesto que XIV. corrige. 20d. eeteto 176c. 4-5. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr.ional de la 1ilosofía. Philosophy o fAr istotle. Introducción. en el célebre pasaje que hemos citado antes. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru. p. Para la posteridad de este pasaje.T)) la posesión de l a filosofía. XIII.l en otra pane fondo común.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. Mansion. cf.wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. 73. tender a imitar a Dios. 77. grados en la servidumbre y Aristóteles dir. es decir. como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. 1833. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. pp. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL.a Dios poseerla. y . ovxé'tt 0Vr)'t0\.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza. 2 (Sobre las 71.. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). n.. que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. Ét. 70. D. xatá xeeinrov � 3 1 7). Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado.trJV. no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios». A.wm� f :k([>. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. 48). cit. Si tomamos en serio esta restricción. 983a 2. repitámoslo una vez más. T . 89. no constitutivo. Revue Pllilosophique de Louvain..a). en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. 213214. «Adela» (véase p. 75. Plotino por retomada será y 29e) Timeo.. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo. 72. 1 177b 26). De tantas ma­ ner a. 14.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te».tOQO'tO�.. . pp. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino.75 y. X. q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. Allan. Hay. citado ames. Berlín Metafísica. que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. 1t(I)A8Ü¡. Essai Sttr la . «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. Apología. pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr.-M. p. contrariamente al viej? prccept?. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. 76. J. por lo demás. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. parece». ciertameme. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. t de servidumbre.74 Ciertamente. passim. según Si­ � móntdes. P .. pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». sentido limitativo de (fr. por cuanto «meafísico>>.tUL lose Sclwld. S1 . 2. Platón justifica con ello V.V Oeo� Ü¡. Schuhl. Ciertamente. tona. 274. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles).LXW'tEQOL . 74. Ir. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. el «pecado original» de la hybris. A. 444-472. sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. 69. 1 ) . . 983a 3-10. y en el que se nos invita a «inmortalizamos». Pero. D1els). A. y no sólo a sf mismo. será el tema de uno de los esbozos dra­ . a en Platón (Fedro. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. 1 12. Plotino l. 1285a 20). 982b 28-983a l. 247a. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. . Ión. Se ha pod1do. pp. Aristóteles añade: ecp' como sea posible.formation de la pemée grecque. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid. significa que debemos tender a la inmortalidad.ÓAL<Jta.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. la naturaleza del hombre es esclavan que. 68. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. 7. 22b SS. esp. 122-123.71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic. 1 89. Demócrito era sin duda más modesto. 317). es su principio regulador. sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. en efecto. de pesar a istóteles. 87-88. cf.

1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. 82. en cuanto está permitido sin sacrilegio).v a9avaoí. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV. 1imeo.teQÍ. Nic. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. 500cd. en especial políticos. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. ll. .8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». n. ooov Of. fr. 3. [.rf.. pero que podría indisponer a los dioses.tfj'tL. en un nivel inferior. tradicional en su forma. xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. 6E]ILtÓV. cf. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV)..a. del mismo modo que.83 Pero esta restxiccíón. 501bc. etc. tmim. Po­ sidonio. 14. que expresa la distancia infinita. . a quien él habla dedicado un himno. cf.. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n. más generalmente. De anima II. El filósofo. 12. es decir. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente.. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. .!OLWJ. 1máQXEL)». exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. Ciertamente estos límites son imprecisos. son sino Límites del hombre y. en Clemente de Alejandría.tov dneiv. 383c. o bien el. 6-7. Meta!f sica. ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>)... 2. República. pero ineli­ minable. pero. A. que se da por verdadera. 645. su acción y su trabajo. que separa al hombre de Dios. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y. Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. . 415a 29. 415b 5.oi:p>). y creerlo seria desmesura. X. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. Cf. que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. Aristóteles lo reencuentra.196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. Lo mejor. 83..ll'JOÉ . sabe que la separación entre Dios y el hombre. . 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. en toda la lilosoffa griega. VI. choca de frente con Jos límites de. 00<. 1 . 11. 00� ecpLX'tÓV. 4. 4. Coloquios. . . 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). 79. 8. a su cumplimiento»). casi de la misma forma. dice al Metafísica.• En todos estos casos. X. es radical. lo necesario. Plotino. límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. IV. 8. Pero. !bid. 7. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. circunscrito a un círculo más esttecho. de entrada. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI. xaTa 1:0 �uvcrt6v. toma un sentido específicamente aristotélico.80 Igualmente. como mayor razón. 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad. y ible. J 1 78b 26-27. Srrom. ecp. Leyes. vv.a 1:0 �uva. Empédocles. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. . una imitación del acto divino. ooov E:v iwi. Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. lo divino y lo sublunar. Platón.78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional. pero sólo «tanto como pueden». esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr. fr.. m. 8 1 . Epicteto. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp.82 78. €cpá1t'te'tat). EV€<J'tLV»). v. . pero no basta quererlo para superarlo. 613a: T eereto. CS decir. tcp' 4> 9' ócr tr¡. Jsago�?en. . que está toda entera presente en Dios..OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. Así. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin.79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . v. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible». Rose) a su amigo Hermías. Gen. E<J'tLV ecpr¡¡. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja.óv. incluso si no es más que infinitesimal. Ét. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. 2. l ll7b 15-16. Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps.. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. OQúlQEV). U. entre otras definiciones de la filosofía. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible. 0 razones de «prudencia». Amonio dará. desde el final del siglo v.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). 1 s� Busse). 982a 9.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. en su nivel propio. pero siempre presente: escrúpulo residual. 12. xa. sublunares de la inmortalidad. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. cosmológica­ mente circunscrito. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal. el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada. ill. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac.

de la aproximación. La acción sobre el azar. Si fue moderno. aquélla y. 85. iotelectualismo. Lo infinito en lo finito. 6-8. y que. 506-507. es decir. guiado además por la sabiduría. 78-79. la moral de más que por L. si el éxito no era sinónimo de acción buena. sino que juega astutamente con la contingencia. sin embargo. . si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. 87. Le probl?!me de /'erre. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). y haciendo lo mismo consigo mismo. del desvío. es decir. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. No volveremos sobre la solución. lOe. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. acción en y sobre el mun­ do. pp. sin embargo. improvisada y sin principios. y el A péndice de la presente obra. Fr. de un modo más general. con la metafísica de Aristóteles. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. Rose. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. . por lo demás. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. es decir. Le probleme de l'etre. 497 ss . al menos inmediatamente. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. utilizán­ dola contm ella misma. En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. es decir. 61. passim. esp. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. ésta no puede aplicarse. Deplora. Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . p. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. vtctona so­ bre el azar. ni del mundo mismo. el azru· amenazador en indeterminación propicia. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. este «dios mortal». 185-188. está presente en toda la obra de Aristóteles. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». que dto a este problema y que denominó prudencia. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. Así pues. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. no ción de un solo Motor.en la distancia que la separaba de este ideal. de ambiciones desmesuradas. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. devuelto a las tareas reales. no debía ser. def�ctuosa sin dud�. Cf. 93. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido. que no es un accidente ni de nuestro saber. que no puede realizar sin más por sí mismo. el tema de la «prudencia». pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. es decir lograda. Walzcr. para que pudiera ser calificada moralmente.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. el progreso en el límite. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. azar. pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. pues. es decir. la a similación a Dios en la absoluta separación. intelectualismo de los no 84. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo.

Sin embargo. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. 281) (la c�r:-•va es nuestra). lo que hay que hacer. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. Entregado a sus solas fuerzas por . que contrasta con las la­ te. 184). . o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa. pero solamente lo posible. que haría Ja acción inútil. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. un ideal antes que . A medio camino entre un saber absoluto. 1953. en su acción. hace de él el centro de su ética. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara. que el mundo sublunar es contingente. 170). Si todo estu­ viera claro. Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. pero las circunstancias son lo que pueden ser. Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. en 1� co�dición en que está el hombre. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. Weinstock.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica. 1 1 . O· como d1ce tamb•én. y a dejar el resto a los dioses. 173). sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. y el azar residual de la acción. 228). y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. Más adecuada quizá. y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. 1 O 1. 205). Por lo demás. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida.1 17). no se haría nada si no se su­ piera. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. dios y. Die Tragodie des Humanismus. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. esa intuición de la trascendencia y del cimiento. <da sab1duría diVIruza al hombre. inacabado. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. y una percepción caó­ lica. La metafísica nos enseña. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído.a seerla» (p.a a los límites de la existencia � ser deseado. se le encierra por toda� partes en los límites (p. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. no habría nada que hacer. se la en­ cuentra a veces. . en su búsqueda. estoica. en cierto modo. �� hombre de Dios.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. la senta -al mismo tiempo que la reserva. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. 272). tiende sin cesar a ella. que Dios está más allá de las categorías éticas.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. es decir. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo. Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. es una idea. cf. Heidelberg. el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. un D10s demas1ado leJano. en contra de su voluntad. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. que hada la acción imposible. del saber. una realidad . Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. avant la lettre. . en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. aunque sea también anacrónica.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. . La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

Bréhier. pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. Locutiones Genesis.. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. p. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. VIl[). 5bs. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. p. sin duda la más importante. Wachsmuth). infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. 236). la polémica Teofrasto-Dicearco). 2. y un bien para el hombre. De o fficiis. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia». como Plutarco. 1930) remite con razón a Panecio. o de una simple referencia al uso popular (cf. el mundo divino y el mundo sublunar. también Epicuro. gr.YJ. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios»... puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. Pero sólo prueban en todo caso que. ill. no había lugar para dos virtudes intelectuales. 9. no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. IIL. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. Philologus. 5. como en Aristóteles. 1 1 . y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico.LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. enim in graeco scriptum est. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. l. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. sino sólo para una. dé Phi/. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. 19.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF.ÓYtm:o¡.. que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ.es i'm:Lm� fJ. del saber y de la virtud. Chrysippe. 43. Tratándose de los estoicos. 262). las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. etc. sino la única forma concebible de moralidad. 4). . Se tratará aquí. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. y que era en Aristóteles lo contingente. non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». objeto de la sabidur ía. No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. «La cobérence de la morale stoi"cienne».). traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). Esta traducción. Estas conclusiones parecerán negativas. la phrónesis parece designar aquí. a la oo<pta. Ciertamente. Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ. la unidad de la teoría y de la práctica.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. en la tra­ dición postaristotélica. Carta a Meneceo. 288-289). Cicerón. Jenofonte. la pru?encia Así. que se remonta a Cicerón.. De virtute morali. Memor. que fuera coincidencia con el Lógos universal. objeto de la prudencia. 132). hay algunos textos que pockían hacer suponer. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. IT. De hecho.• ed. como otras docttínas aristotélicas. Ét. ni la atribu­ 1 5. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. En rea­ Lidad. más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. 153) previene que hay que . l. de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. ni la distinción entre un bien absoluto. estoica se traduce generalmente por «prudencia».1 6. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. Cicerón (De o fficiis. pp. Véase la nota al comienzo de la obra.

A partir de aquí. sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta.2 Nos parece. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. 2. J . sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». 3. 5. 82 (1973). Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas.de una Antropología en sentido pragmático. pp. �· rificarlo. una conexión positiva. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. en 1800. sin em­ bargo. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. pp. otro interés. a nuestro jui­ cio. que es la política. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción. en el Curso de lógica publ. sería in­ verosímil que. por otra parte. en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría.1 La razón de esta discreción es evidente.. si no de la mo­ ral. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. 200. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. Philosophical Revíew. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». según el imperativo de la moralidad. 1963'. 4.LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. 1947. p. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. sin embargo. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. 1 1 3-128. la totalidad de los preceptos morales. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. al menos indirectamente. Publicadas por Rink en 1803. 429-450.icado por Jaesche. 237-252. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. El estudio de estas conductas dependerá entonces. mediante algunas explicaciones complementarias. por ser moralmente neutras. Por una parte. pero no vale nada para la práctica (1793). Se tr ata. el imperativo categórico." y B para la 2. 228 y 230 nota. pp. el estudio lógico de G. al menos de la antropología. no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. Kant-Studien. al parecer. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral». es decir. París. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original."). para el ser razonable pero finito que somos. que. y Thomas E. . pp. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. 56 (1966). 1966. Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia». Cf. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico. 158. 1 1 . más precisamente -según el título de la obra de 1798. Como. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. la atención de los intérpretes. sea porque pudiera establecerse legítimamente. para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. <<The Hypo­ thetical lmperative». traducidas al francés por A. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. la habilidad y la prudencia. Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. bajo ciertas condiciones. Patzi g. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. Londres. l . Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». en lo sucesivo. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». (A para la l. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. Hill. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. por lo demás extensamen­ te. Finalmente. Crítica de la razón práctica. Distinguiremos más precisamente.

tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. cf. Cf. 175-177. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada.214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. trad. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. de Platón a Wolff inclusive. y factor de heteronomia.8 El imperativo no in­ terviene. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. ca. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. de Delbos. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. es decir. . 124. es decir. p. por lo tanto. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. Se advertir ios de Leibniz. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. que el Kant muestra incluso. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. cit. 1 14. Fundamerrtación. 146-151). tam­ ica. Budé. nota). el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. de contaminar el concepto de ésta. Crítica de la razón práctica. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. 70). trad. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». (Esto hace inútil la explicación de H. Fundamentación de La meta Delbos. que son las inclinaciones sensibles. 8. el imperativo sería superfluo. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. por ejemplo. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. la razón se constituye en razón práctica. 7. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. p. sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. 220. a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. Solamente después de estas explicaciones generales. París. 1 958. escolio ll. ahora bien. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. 293-303. según pr de determinar la voluntad. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. parte l. A decir verdad. cf. está tomada de la tabla de los juicios. En el segundo caso. pues. libro l. op. de manera que. Pero inme- pp. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. fr. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. sin relación a nn fin distinto de ella misma. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. allí donde no hay interés. Por el contrario. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. pp.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. de tal o cual ser razonable. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. Wiesbaden. y únicamente en él. Paton. Los estoicos. p. Esto no impide que el intérprete. p. «Explicación>>). Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. p. fr. Furulame11taci6n. de teorema lV. la voluntad humana». 5 1 7-5l8). o intentar llenar. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. no puede haber imperativo hipotético. m. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. con ello. el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. si es representada como buena en sí. Crítica de la razón práct ialéctica. En realidad. La distinción de ico y de lo hipotético.) Dicho de otra manera. 124.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). W den. Dicho de otra manera. Por su capacidad según representación de leyes. más que para llenar. D a práctica». tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. Pero. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. t. sino sobre el principio racional de la pelfección. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. J. pp. pp. no son una de ellas más que en apariencia. § 1. el imperativo es categórico. el imperativo es hipotético. J 969. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. prudentia).

y. sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. La habilidad ordena. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. En sentido amplio. W nónimo de Glückseligkeit. laj elicidcui. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. A 84. ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera».9 Retengamos. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. negativamente. Kant habla de esos «conceptos usurpados. ». En cuanto a1 1mperat1v� cate­ .216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. . . a saber.10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. 126). nos dice Kant. incipio problemáticamente práctic�». sin embargo. aquella que no es ni superflua ni quimérica. A 800. A decir verdad." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. P. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. para un ser razonable y finito. que Kant denomina la «finitud» del hombre. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. de Delbos modificada. Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. Pues. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. 126). Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». el tercero el del imperativo de la moralidad. es un «principio apodícticamente práctico}> (p. por _ otra. � No pasa lo mismo con l a prudencia. con miras a un fin «posible». pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. d�s­ rino. 126). 127). B 828). es susceptible de ser realizado. . una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. f elicidad. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. al menos lógica. cuyos imperativos no son proble­ máticos. como. ni en querer lo imposible: la acción hábil es. B 1 17). no es este punto el que interesa a Kant. esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. n? llega neces�riam�nte y. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. la cual es. Un poco antes. Pues aquí la razón no llene 1 1 . Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. górico. Que este hecho sea no sólo constatable. nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. 9. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . 1 28 trad. si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. Desde el punto de vista de la moralidad. sino asertór icos. fr. ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. 131). No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. B 828). Metodología trascendental. pues. de hecho. a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. que. a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. nos dice que «en la doctr ina de la prudencia. en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. 133). donde Kant . la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. capítulo II. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. por una parte. por ejemplo. por lo tanto.

178 de la cd. es decir. trad. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. de la cual -no lo olvidemos. xm y xvJ-xvu. por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. 13. (referentes a la fe­ i referentes al arte). también p. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. que emplea la expresión Erhikorheologie para go.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres.13 En realidad la Fundamentación ya proponian. 133). . XIII). Una crítica más irá más tarde a sí mismo. 132.la tradición hací . cf. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). desde el punto de vista del valor. p. Kant. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. la Crítica de la razón práctica. pero desatendido en la segunda. trad." versión: «Las prescripciones pragmáticas. 64. Cf. de todas � la _ (entre la hab•hdad. para ser práctica y no teórica. Los malentendidos polémicos. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. 106).• sección. Crítica de/juicio. 1 . mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. como veremos. entre las pres­ orschriften). entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones».12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. a las costumbres)». Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». Werke in sechs Btinden.16 En el fondo. fr. Philonenko' p. declarados por lo demás asertóricos. <<Hablando con propiedad. de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. 1 7 8 W. l. y la moral idad) (trad. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia.• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. eiscbedcl (1.19 15.14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. .218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. además del texto de Fundamemación. de A. en una nota de la primer a la Crftica del juicio. 0 de la prudencia. 178 w. Pero hay que recordar que. 129. no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. esa terminología. de una técnica. fr. a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. y llega hoy. la prudencia Cf. en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. de Delbos modificada.i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». . concierne pertinente. 16. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad. (p. se han 19. que «presupone». un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. 18. . la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. siempre posible en el caso de la habilidad. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». Wies­ P. 1957). que son «proposiciones prácticas». baden. las del arte y la habilidad en general. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant. nota). 14. última nota de la 1. W Fundamentación. como 1. § 86).. Se podría dudar que los imperativos. aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). es decir. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. sino que subraya sus intenciones y quizá también. o reglas de la prudencia . es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. ocupa el segundo r ango» gar. 2. es decir. p. No modifica el contenido mismo de la doctrina. 12.17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid. pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. La felicidad no es tanto una idea de la razón. en el caso de la prudencia. fr. vol. p. V. pp. aunque sin privilegiar­ la. )>> (p. en la relación que instituyen entre los medios y el fin. también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras.

Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad. 153. la justicia. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio.. más verosím ilmente. Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. a propósito de la «Sabi­ durla divina». 34. prudencia. Pero todavía falta saber de cuál. «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» . última nota de la primera sección. Stoicorum veterumfragmt'llf(/. l l4lb 5. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. de sólo la rectitud del fin. El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. si la justicia no es citada aquf. Para un comentario de estos textos. 2 1 . -negativa. v6asc su¡ml. 43. siguiendo aquí a Cicerón. nüchterne Uberlegung>>). 22. Tubinga. K. De hecho.. 1. Cf. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio.22 del hombre en general y. valor. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. Reich. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. Por lo demás.ición. Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». un habinJs (hexis) práctico (acompañado. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. 25. . más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento). Kant und die Erhik d er Grieclum. Kl. Ét. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. . Magna Mora/ia. . en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. b) no asegura sabidur ía. Reich (op.2• no tiene reparo. pueden volverse extremadamente malas>>. iiberserv von Christian Garve. laudabile. Nic. ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. es decir. en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales.. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza. . Trad. de Delbos modificada. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. l . 1793. a pesar de su utilidad para el hombre. ración. pues. 27-33. Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes.a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. pp. VI. que co­ De o fficiis. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. Kant. en particular. 23.de la argumentación de Cicerón o. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. Kl. 5).. 89. término que traduce el griego phrónesis. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. lll. 24. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. explica en (B 414 = A 409). pues. el dominio de sí. es verdad. de una buena voluntad . consideración. la virtud. I!H'i.25 lo cual Selbstbeherrschung. Nic. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. lo cual hace de él una virtud intelectual). VI.. 5. para las necesidades de nuestro propósito. al de l). 262-283. 26. natura. . el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. sapientia). que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. 4. Von Arnim. Breslau.el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. que es para sí misma su propio fin. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793). acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. Recordemos aquí solamente. el valor y la templanza (cap. una adición de la segunda ed. no más que los de la fortuna {poder. 14). salud). de su sección de la Fundamentación.n K.20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». 1 1 40b 20. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. no pueden.. y no la identifica como Klugheit. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. 1 1 97b 8. 87). prudencia. bajo la misma denominación de prudencia. vuelve a tomar. r iqueza. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl.220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. <(I"Crum cidente. «regla verdadera». En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». . 7. cf. sino también la de los medios. p. capítulos 3-5. Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres. p.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. fr. De o jficiis. dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. cit.

no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. que llamó «pragmatología>>. V er dindlichkeit). 'lgos. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es.f moral. Borinsk i. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig.o. 73-75. es la habilidad del virtuoso. 13. 1945. más lejos. trad. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. de la sabiduría (sophía). 1. que procura una necesariam pero s. ecttva sm prudencia. 1688). reimp. Sin embargo. pem la prudencia con27. Wolff. para Aristóteles. supra. . Pero ya en 1764. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. estas dos diferencias no hacen más que una. Cf. Más moralidad. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. Thomasius. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. 29. en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. de la moralidad. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. Hildesbein. tú e·u s'\'lV)» (VI. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. Por ejem­ Pedagogí a. pp. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. C. 5. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco. K. 1894. 1964. 150-159 y 199. p. de Philonenko. prudencia mundana (cf. Magna Moralia. pp. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. sino necesruio. la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. los medios propios para pr �cura 26-28). . y la de necesidad moral por la de obligación. es una capacidad digna de elog¡. 13. 26-28. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. «pru·ci�> (�ata �QO�). e� d�crr. Aristóte­ les. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes).222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. tampoco hay vtrtud moral e . que la prudencia es una virtud moral (Vl. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. a la tmltilidad práctica. fr. da�? un fin. En realidad. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. M . Wundt. a ? mos la fehci t fonna. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. plo. 30. VII. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . 34. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. sino de Baltasar Gracián. pp. . que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble.30 En cuanto a la obligación (obligatio. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. por consiguiente. hasta el punto de no aparecer f . 1 1 97b 8. El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. Cf. _1!40a d. Añadm tmnb1en. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. Si no h�y �rudencia sin virtud . fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). Tubinga. sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. al menos indirectarnente. como más tarde Kant. s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. según Anstó­ teles. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. de los I l52a 1 1-14). y la prudencia y la virtud moral de otra. Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. 1 1. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. 23 y 87-88. El endemonismo aristotélico. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual. cf. ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente.2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y.ttud. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. l como una especie de esta última. l l44a 23). pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. combinar los medios más eficaces (VI. Halle.

mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. 1905. 133). que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. uno de los componentes de la moralidad. 11 1 !bi d. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. p. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia.l4 la Introducción damental de la heteronomfa. Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). no valen más que para una voluntad heterónoma y. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». p. La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. La distinción. como hemos visto.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico. XI.224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo.lidad» (Delbos. p. como las de la habilidad. 175).f. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad. como las lo tanto. p. 96. tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad».. fundar la obligación. no dependen. 35. Esta distinción. /bid.está determinada no por leyes. Pero. Pero para comprender perf ectamente este punto. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. bacía de la prudencia. s. que tenía al menos el mérito de la claridad.32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra. Paós. los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. especie de la habilidad. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica). desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. Así pues. XII. p. des­ y la necesidad legal. original. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil. se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. tal como lo hemos definido» (Delbos. sino por la r epresentación de leyes. como se dice aquí. Ahora bien. 23. si decido construir un puente. Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. entre la necesidad problemática 1764. que estructura la sistematización wolffiana. Por no haber hecho esta distin­ ción. Crftica del juicio. Parfs. consecuentemente. p. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p.. . al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. Decimos: «tiende a mostrar». si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». Pero el mismo argumento era. 34.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. a saber. de la filosoffa práctica. sea a recaer en La posición de Aristóteles. pues. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. 99: Introducción a la tra­ 33.. dar en el sent 3 1 . La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764. sino de la filosofía teórica. 171). o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. Ed. p. Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera. Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica.. por más que esté depurado el concepto de perfección). prefigura sin duda alguna. a pesar de las aparien­ cias. e Kant. o. p. El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. como los me­ canismos de la natur aleza. como apunta Delbos. sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas.)(. 98. 36.

pp. entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. 174.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. § 4. Weischedel.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura. 39.f)-. en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior). tal como el de las conducas t humanas. p. 1. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur.Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. pp. . tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. así pues. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. p. § 3. 44. Sin embargo. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio.. si se puede decir. depende en su totalidad. no sólo de derecho. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico». En una época en la que la téclll­ ca se eleva. 1.. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. p. . Es lo que dice.tifica pertractata (1738. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. F. su propio modo de empleo. sino de hecho. 45. puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. es decir. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. 176. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. al menos en cuanto a sus principios. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales. sino porque es plconástico-. pues. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. proposiciones analiticas. !bid. Frtndamentación. p. 173. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. Cf. advenencia 11. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. de Delbos. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. La tentación era grande. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. t. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. 177. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza». incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. ponitur etiam naturalis obligatio». Ed. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. trad. . 176-177. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. 46. minada. una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. 41.. XV.• versión)."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». la concepción técnica y operativa deJ saber científico. de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica». la entrada progresiva en práctica tenía. 43. sacando las consecuencias de esta evolución. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien. 133. Es así como Wolff. nota. Philosophia civilis. fin o medio en la pr áctica». 40. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada.'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. es verdad. Bacon. Kant no vuelve. Esta descripción puede parecer caricaturesca. también. Siempre en el ámbito técnico. aunque dudaba. Hay que distinguir. 42. de la cosmología y de la teología naturales.¡ es decir. después de haber desmontado sus mecanismos. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza.de una «geometría práctica». debido a la contingencia insuprimible de su objeto.un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza.. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. del conjunto de l a metafísica. al rango de «corolario». No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia. Cf. p. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. 176.1739). al menos en alemán. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra»."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37.'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-. capítulo 1. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia.. mostrará que. pues. 46. de la teoría. p. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. de la psicología. a decir verdad." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. fT. desde el comienzo de la modernidad. Novum Organum. /bid. 38.

es decir como técnica. !bid. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». como recuerda ens. es decir. primera parte. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. Histoire de l'histoire de la philosophie. y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . 129. a la falsa mediación entre teoría y práctica. puesto que su ob . . 1973. 2. 58. todo esto. nota). � o apa­ nombre de pragmática. una contracción de prov i � � � tc. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. sed contra). I. y. de una meta denominada «bien». p. y más particularmente «bien del hombre». n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. pero que no jeto es «hacemos alcan7. «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. toda existencia: pensar la moral como arte. . fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. Crfrica de la razón prácuca. cap. si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad.1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. 1 1 1 . República. 1. . Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán. una autodeterminación de la voluntad. «la teor ía general de la felicidad». en la primera vcrstón.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). si se . el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura». pnmera Xl11 pp. designa paralelamente con el 47. 47. Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. capftulo 3. capfrulo l. cf. Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720).. ón. el arte de las relaciones con el prójimo. Christian Wolff. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia.. § libro 1. p. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. T. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . L. U. que son productos as. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. De 7iGtura d. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff. París. .53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met .r má� � � Es cierto que. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . que Kant. La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>. cf. . de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. 51. «que no con­ heteronomía. en la vesión r publicada. Braun. la economía doméstica. A 800. hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. 1J a. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. 1. Aquí visto Kant Llama «pra!!ID.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . en el límite. es decir. ss.eorum. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. las den�rninru:parte. Delbos. sino de la precaución t��ada con vts. gica. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. Kant oponía a las leyes morales. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto».51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. 49. canon ya en la Critica de la razón pura. P. Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s.ar los fines terminadas a priori. De diVImtate. Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible. Delbos. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. 50. Cf. nota. del Critica 37. a. 53.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. Introducci juicio."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. 129. B 828. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. 49. xrv. como ya hemos visto. pragmát1c leyes las razón. j o formalism o to de allá más prevenir. ll ac. VI. 48.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. 52. en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. Crítica de la razón pura.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. Más tarde Kant negará el tít�lo . 22. tica. 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. con la teoría. la economía política. es también. que es. q.

del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. as1 todo de demás lo por como o. 58. rebelde «pragmático» y precavido. como en Aristóteles. (Pedag ad moralid la cia. agmahco. pruden la ad. son en alemán «die klugen Jungfrauen». en boca de un polít ico. 45). Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. . cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). Antropología. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. aunque el tema haya podido . mt �mo > La an­ él de hacer debe . es verdad. si es verdad lidades del hombre. tomo IV. Ni c. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». bajo ciertas condic � id_ ? 54. . de «lo que el hombre . ltmtte ctertos con y iones que. . 1-13. edición de Hamburgo. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. p. no es para a �or ello. curiosamente. nichr kJug zu sein» (4. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. phrórumoi (a las que a veces. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». . 1 1. hombre la habilid cada. constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. 89 Y 109). p. la noción de pragsuger ignora todavía. sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. Klug es. es evidentemente un cumplido. cuando. fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte.0 acto. Delbos. la de la metafísica de las costumbres. Es así como istóteles (Ét. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia.. � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física). que msean s. Kant aunque se perdter lizarse. de las reglas demasiado rectas y rígidas.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. al menos en Mt X. Por lo demás. se ha hecho «vírgenes sabias». pp. propio su o mism sí rico. 7. El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. 141. pero a una in teli­ gencia práct ica. Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. en cambto: �en­ o imient conoc el . Cf. al menos el hombre empl­ hombr El noma. Aqui «pragmático» se opone a «fisio . cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones.� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . también XXIV. 426). Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. SS. habla. En el Egmont de Goethe. naturaleza hace del hombre. � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. Apéndice 1). Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. como hemos visto. ma­ attvo categónco mtsroo. X. tr. . ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. de � on l"�c•. sino para cumplir la ley moral.fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. 1178a S-8. 57. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. trad. Ar tipo de político «pragmáti co». La serpiente es Uarnada «klug». 59. que es <<klug genug. Y las vírgenes prudentes. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. P . con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. S. . de Foucault modi'li 56. es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . VI.56 .230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. e. bre. Pero esto resulta. des sean desarrolladas en él faculta las ble. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. a ésta que el ámbito de la moral. puede 0 debe hacer de sí mismo» . cf. Nic.�. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal. en especial de sus cursos de pedagogía. quiere necesariamente que todas . la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. . Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. el equivalente del griego phróni­ mos. Mt XXV . en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. � .�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». en realidad.. lo cual. tal co� . se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas». puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. fr. mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello.

67. pero también la habilidad política o cosmopolita. .232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . incluso si su fin no es la destinación del individuo. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed. de l ejos. 47). 196. p. pues. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. 189.61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. nota. P . p.la moralidad. !bid. nota de V. por negligencia o por pereza. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. sin duda.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. En el pasaje de la Fundamenwci6n. una explicación. Vl. por otra parte. Nic. p. 60. Existe. . este desliz viene. el W eltbíirger. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano. no contravengan a la ley moral. 66. W eischedel. En todo caso. 178. nota 79.. l 1) no sign ifica 63. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf.60 Dicho de otra forma. Ahora bien. Parménides. «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». nota de la p. p. sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger).para esta cultura pragmática requiere. éste está atestiguado tanto en la Antropología. Para phrónimos. las pp. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. así como inevitable. más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. 1 140b 7 ss. Pitágoras. 163).w�). que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. es decir.. ed. refiriéndose en esto al uso popular. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. Fundamentación. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado.64 Pero. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. entre éstos. 1 1 40b 7-11). siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. 64. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. Prefacio. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. si se puede decir. cr. y niega esta cualidad a hombres como Tales. fr. p. 65. Pedagogfa. 128. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo).66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. sino la de la especie humana entera. en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá.61 En todo caso. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). 5.).67 No es sorprendente. supra. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. más aún. Pues no se ve cidad. Hemos mencionado que. como en las lecciones de Ped agogía. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido. 5.. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. 127. de Philonenko. trod. Delbos a la p.. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. Delbos. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico.62 ¿Por qué esta mediación 61. e incluso. pues. que la «disposición pragmática». y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. . 63-76. 62. n.65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. Delbos. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. pero no basta para justificar este desliz. sino el ciu­ dadano en general. p. Nic. de una cultura de la prudencia. como dicen sus biógrafos. supra. puede convertirse en un deber al menos indirecto». p. La Antropologfa recuerda. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). cf. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»). 129. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. VI. es decir. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal.

. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. en Kant. es decir. 68. sino sabiduría.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. al menos nombrar tres.. p. Sobre todo en la Pedagogía.inder. Por una parte. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios. tica del juicio. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit). o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. las «ventajas» que. 158. de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). con las me:jores intenciones.234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. En primer lugar.. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. la política no es prudencia. la acción política. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc. p. en cada caso par70. donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. aplicación inmediata de la ley moral. la política. de la prudencia como arte de asegurar.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. cf. incluso en este caso. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. a la fines» (p. fácilmente. Cri tración o el gobiemo de sí mismo. En el primer caso. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. 69. que la prudencia. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza. o de lo que Kant denomina una política moral. 71. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. no técnico. excluida de la moralidad. p. En segundo lugar. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. !bid. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. 132. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber.&) No será de extrañar. a saber. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. al mismo t iempo que el reino de la moralidad. me parece. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales. En tercer lugar. 159. Kant esperaba de su docttina del deber. p. xm. 72. pues. /bid. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. . 159. cual define como «el arte . como vere­ mos..74 V olvemos a encontrar aquí. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. no sólo más eficaces. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. pro­ blema morale). aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. que la verdadera política es una política moral. /bid. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). 157. . aunque no sean su razón de ser. to a la paz perpetua». Por otra parte. pp. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. V orli. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás. siendo i11Condicional. 159. !bid. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. ed. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces. se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. en definiti­ va. la desgracia de los demás. p. por el contrario. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. donde el r iesgo es provocar. Bthik und Politik. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). 73. puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). p. Zum Ewigen Frieden.. Se pue­ den. 74. Más exactamente.

Traándose t de moral política. de conducir a la violencia.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede. el que en política lleva al ten·or. 79. cf. Kant excluye por detinición los medios inmorales. § 8. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. capí­ tulo 1. 78. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. p. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». no soy responsable de las consecuencias.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. Vorlander. que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75.7s Así.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. imprevisibles en su totalidad). aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». Lecciones sobrefi 83. desde ese momento. de dañar al otro. El formalismo de la ley moral. pereat mundus. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle. dicho de otra forma. pp. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. 76. y que un procedj.80 Sin embargo. con todas las fuer­ zas o por todos los medios. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. 151. 1919. 77. la verdad sea dicha.84 Contar con la acultades ( 1798). historia. incluso imprevis ibles. imposible. sobre todo en el ámbito político. las consecuencias. de sus actos). Sobre este último punto. el viejo Kant.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. por ejemplo. Crftica de fa razón práctica. pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). en un pasaje que no es de su mejor cosecha. como al sujeto moral en general. parte 1.17 es decir. Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. contiene el riesgo. Kleinere Schriften. ni siquiera en el terreno político. y. Mediante la célebre fórmula Debes. puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber.de la prudencia un estatuto positivo. en Kant. Sobre el lugar común. 84. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. La paz perpetua. Este argumento. como dice Sartre. V orlander). por distracción. 82. p. § 6. incluso en sus comienzos. jamás h a convencido a nadie. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. segunda sección. luego puedes. sino el moralismo. de la. como Hegel concederá. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. es perfectamente clara y no se presta a interpretación. después de todo.236 APÉ. ed. con sus corolarios.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. Conflicto de f 80. Kant no llega. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. p. donde su asesino le encontrará. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo. como dice al menos una vez kant. asf. «más de una flor inocente». los únicos que son moralmente compatibles con este fin. .76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. habrá omitido prever. 203). que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. 108. Vorliinder. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). p. loso fía. Vorllinder. si por el contrar humanidad y. Ciertamente. Que la Revolución francesa. por lo demás. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. ne­ gligencia o simplemente estupidez. El ejemplo de la Revolución francesa. 74. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular. Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). p. por sus consecuencias. comprendido el del error en la previ­ sión. de pasada. «yo podría con raz. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). por responsable de las consecuencias de sus actos que. 160 y 161. «mit allem Vermogen». pues las consecuencias son infi­ nüas. dicho de otro modo. cuando en realidad éste exige ser cumplido. La paz perpetua. 40. p. 81. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). ad jinem). Pero. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias.

sin embargo. Gadamer. un saber tal. El problema habr ía sido articular. no sólo en su filosofía política.final de la Introducción. 19 ( 1 955). la condición de su utilidad para el hombre. istóteles muestra 87. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano. Tubinga. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. En un único pasaje. Después de haber dicho que incluso en po. sino construcción del objeto. 1 19. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. Yorliinder). Ét. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». l l37b 29. H. Con los tiempos modemos. 88. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. de este añadido a su doctrina. Yorlander. que hace que. 90. pues. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. VorUinder. 160-161. sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». una prag­ mática con una práctica. De hecho. un arte difícil. Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. Wahr heit und Merhode. El saber ya no es comprensión del ser. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. 89. aunque sea pro­ visionalmente. más que en la extensión y la potencia. entre libertad y natura­ leza. 162-163. al . donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. escapa a toda interpretación. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines. Cf. era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. no es abordado de ninguna manera. en el seno de la filosof ía práctica. para Aristóteles. p. pp. en especial Metaj(sica de las costumbres. priva a Kant podido sacar partido. «La typique du jugement pralique pur». Al círculo hermenéutico. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. aquella familiaridad con las cosas que. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. 1962.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica.88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. añade: «pero acordándose de la prudencia. La Típica proporciona. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . de realizabilidad óptima de la ley moral. permite orientarse entre ellas. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». . F. G. Introducción.la justicia. como en Jos Antiguos. ella debe ordenar. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. de jándolas ser como son. §§ 301-302.. que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». § XVU 85. pp. se habrá podido observar que en esta problemática. gracias a la fom1a de la ley natural. La prudencia aristotélica. . sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu. Nic. Y. 9 1 .238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. sin alterar el concepto de esta última. Marty. 14. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. sino de su utilidad para los hombres.91 Así. Por otro lado. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. Ahora bien.lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». no será jamás tematizada por Kant. sino su verdad. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. virtud intelectual. rechazo que no pragmático. P . Cf. 159. perf ectamente unívoco. Lo que está aquí en juego no es.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. Cf. . parte II.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. o todavía «aplicar a una acción Pp. como parece hacer aquí Kant finalmente.86 Desgracia­ damente. entre la intención y las consecuencias. Crftica de la raz6n práctica. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza. 56-87. añadamos. 86. se volviera contra la defLOición de esta última. la cohe­ rencia del sistema kantiano. Archives de Phi/osophie. contra ella misma. el cual se confunde con su proyecto.EN KANT 239 Providencia.

ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad. D. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. Magna Moralia: Susemihl. Magna Moralia. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. 23 vo­ lúmenes. de la Academia de Berlín. Apell. 1935. Dirlmeier. Ross.0 ed. Teubner. ed. Loeb. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. Por su concepto de una razón práctica. 53-54. por F.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. cf. Nü. VI. científicamente determinable y técnicamente construible o...l). Neuwied-Berlfn. Oxford Classical Texts. Berlín. Mag­ na Moralia. de la Academia de Berlin. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. en los vols. 92. 3. A. Ética a Eudemo: Susemihl.92 la idea de un saber prudente. consecuencia del progreso científico. ed. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. 1 960. un mundo en rigor «imprudente>>. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. 1912. Eud. 1935. 1 894. en el gris indiferente de los fenómenos.:. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias. Dirlmeier. en especial las pp. Bur­ net. por O. col. a completar por XXIJ. 1956 ss. incluso los más morales. Hennis. es decir. 1963. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica. J. Ét. 2. Rackham. Pseudo-Aristóteles. 1 . de O. Citamos según la edición Bywatcr. y De vi11utibus et vitiis por J. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines. 1956. Smith y W. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera. 1 831-1870. (han aparecido el vol. Bywater. 2). XX. 1883. pero no será nunca una filosofía práctica.• ed.. Nic. bajo la dirección de E.. donde la proliferación de medios. por G. Gigon. Commentaria in Aristotelem grcteca. col. Ross. XIX. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. Londres. D. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. Nic. por F. 1908-1952 (el vol. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa. y el vol. . Solomon). Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. 5 vols. es decir. Armstrong. Gru­ mach. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. El r rente a nuestro mundo moderno. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». 1958). Akademie Verlag. 12 vols. XIX-XX. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. de Gmyer. reimpresión 1957. Berlín. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. Loeb. so de reedición. de Susemihl y de Rackharn. al contra­ rio. Politik und praktische l'llilo· sophie. Oxford University Press.. 1960 ss. Kant no hace sino sacar. por W. la sugerente obra de W. con más lucidez que los otros. bajo la dirección de J. 1900. VIII. 1880. IX comprende Ét. Eud. Ét. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. 1884. Leipzig (Teubner). Stock. Teubner.

1959. París. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. Madrid. París. Bocea. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. Franke. 1930. ed. Ética Eudemia. X. -. Festugiere. Nauwelaerts. «Les trois vies». d. 19872). t. W. D. l. Dirlmeier (1 956). por L. Ross (Col. VI. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. 2. Jaeger (Col. G. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). 1995).. Gigon (con importante introducción). 1957. de Barlhélemy Saint-Rilaire. Tomás de Aquino. de M . colección Budé. 1930. ed. Vrin. An Attempt at. 131. muy insuficiente. Madrid. edición R. 19 1 . 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). 1928. Ak. Milán-Roma. 1959. Walzcr. Vlll. 1985.-Y. Spiazzi. París. también hoy la traducción francesa de J. 2. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. Tricol. Par ís. Irn­ misch Leipzig (Teubner). 0. por L. in­ troducción de Emilio Lledó. Ro­ dier. Vrin. Texts). Tricot. 1 985�. Grenwood. 1 886. de la Revuc des Jeunes. Aubonnet. trad. Nic. 1934. Gr illi. 1995). 1897. 2 vols. para el resto. París. d. pp. Nic. 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Oxford. edición de F. Gote­ borg. por Dirlmeier. supra). 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. n. M. Madrid. . Copenhague. cf. H. col. Texts). ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. J. Madrid. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). ID). París. por R. 1960 (reseña de H. Oxford. Grcdos. 1957. Düring.. Gredos. A completar hoy por l .. Tricot. Fragmentos: edición Rose. 1989). 1961. Zwich. introducción y notas de Julián Marías. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. Dufour. 1948. Philos.174. en Archives de Philosophie. edición y rraducción de H. Texts). en Acta Congressus Madvigimri. Turín-Roma. Comentanos parciales: libros 1 y II por J. libros 1 y U. Marguer itte. 1936Física. París.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. traducción de J. A. A. Oxford. 1947. Gauthier y J. Reconstruction. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. D. Kl. 1958. 1 953. Jaeger. D. Éd. Traducciones castellanas Ética a Nicómaco.. 4. Libené et civilisation chez les Crees.• ed. Robinson. Gredos. Aristotle 's Protreptic:us. libros f y Il. Susemihl. 1955.. Marictti. edición de W. 1958-1959. Ross (Col.. Cambridge. Souilhé y G. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. Magna MOI'alia. 3 vols. 1960. 1909. Rev. edición y traducción de M. pp. supra). Gigon. Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. 98-104). Berna. 1958. Grundprobleme der antiken Philosophie. ibid. introducción y notas de Julián Marías. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. Madrid. Ollé-Laprune. traducción y notas de Julio Palli Bonet. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo.-A. 1949. Retórica. edición y traducción de J. traducción alemana de O. París. 1882. Stzb. t.. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). París. Oxford. W. 1909. Edizioni di Stor ia e Letteratura. Roma. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. Tricot. hay que añadir: Joachim.. Wiss. Rees.-hist. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. Política. Oxford. Centro de Estu­ dios Constitucionales. Carteron. Jolif.. VII. París.. Madrid. por J. Gauthier-Jolif. París. Vrin. fr. Nic. Artemis-Ver1ag. Ét.. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. Vrin. Ét.. A. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. 2 vols. Cruchon.. revisada por O.. R. W. Leipzig (Teubner). phil. Hist. Payot. Universidades de Francia 1939. París-Lovaina. Instituto de Estudios Po­ Líticos. 1958 (cf. Florencia. 1856 (La mora/e d'Arí szote. traducción del Organon de J. 1955.. por G. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). Grcdos.. pr.• �d.

D. 1882. 1958. pp. 1958. E.rís... Mélanges A. 1923. 1923. París. The Philosophy o f Aristotle. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. Bruselas. 1942. H. 3. Madrid. d. Eth. 1959. Par ís. xm-xxrv. XVlli. !. 3. Richter. Ollé-Laprune.. 1962. 5.. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. reimpresión. 1955. 1897. Clarendon. and Ph. Demos. de Wellmann. 139-171. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O.rt.en.• ed. prefacio de sir Amim. «La m01·ale d' Aristote». C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. Hamburgo. Ravaisson. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition. t.. 1948. Nik. W. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. de la Ética a Nicórnaco. Jaeger. Wiener Ak. pp..... Stzb. -. Léonard. «L' Anthopologie d' Aristote». Berlín. 1960. Oxford. 1837. Le probteme de l'etre chez Aristote. 1987). Eudemische Ethik wui Metaphysik. . H. M. Gadamer. 325-342. 2: ed. Basilea.. Ratisbona. Robín.. Aubenque. Vrin.. Aristotle.. 205.. Research. . Aristote. 153-162. nueva ed. 1934. 917-940 (a completar por Dirlmeier. d. Allan. Aristoteles. 497 ss. 120-127. Heidelberg.-M. Arnim.." ed. QueUe und Meyer. Griechische Freiheit. 1955. R. 52 (1954). fr. Leip­ zig.. 0. 1952. 1928. Geschichte der griechischen Ethik. Lefevre. Teubner. París. PUF.enomen.. 1958. 2 vols. L.. L. Nauwelaerts. Die Entdeckung des Geistes.. Weidmann. E." ed. Essai sur la morale d'Aristote." ed. pp. d. Kl. Stzb. trad.. CJ. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. 1955. Padua. Claassen... pp. Takatura.1911.. d. V orlesungen über die Geschich.. París. R. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. Royale de Belgi­ que. París. 2. XLIV. J. .. Philos.. traducción alemana de P. tomo lli.. D.roblems in Aristotle's "Protrepticus"». «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». D. von. L'opinion selon Aristote. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele. Wilpert. La morale d'Aristote. F. pp. 1961. 255 ss. París. 81-97. Mor. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. von. vol. Apelt. Cl. 1955. (<The Practica! Syllogism.. 1946. Mor. Schwartz. que aristotélicienne. París. 2. Phii. Dür ing. L. Payot. pp. ibid. Régis. Wittrnann. W. Stuttgart. Snell. 245 Joly. G. 2. Ética a Nicómaco. Ro­ binson. Mansion. La mora/e d'Aristote. Taurus. París. Payot. en Autour d'Aristote. La m01·ale antique. Kioto. Essai sur la problemati­ Wiss. 1944. H. t. pp. Hegel.-M. PUF. Rev. Die Ethik des Aristoteles. Wiener Al<. Die Ph. 1956..r. Mét. Berlín. E. Oxford University Press. 5. traducción inglesa de R. J. 1955. M.. pp. F. P . Le bonheur chez Aristote." ed. en W erke. Ando. 1938. Essai sur la métaphysique d'Aristote. Gauthier. 1962 (h ay trad. Das Ethische in Aristoteles' T o pik. Mesnard. Riondato. 1955. Hamebn. 1908. G.. 1 . París-Ottawa. -. 1926. 1923. 1924. Le dominateur et les possibles. Leipzig. Ph. des Lettres. 22 (1961). París. Ethik der alten Griechen. en Autour d'Aristote. pp. 1925.. J. R. París. París.. 3. (La liberté grecque). Rodier. XIV. 6. 202. 1920. Eranos... L. 1953. 1913.. Mémoires de 1'Ac... tesis doctoral.).ilosophie der Griech.». P. 1935. Antenore. Weil. Lovaina-París. Scbuhl. 2. 1942 (Curso de la Fac. 2. PUF. Mélanges A. de Letras de Argel)." ed. PUF. Ethik der Griechen. Schrnidt. cast." ed. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. B...-Hist. LI. L. 1912. K!. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate. 2 vols. 1881. <<Aristotle in the "Protrepticus"». Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. ampliada.-hist. 1." ed. Berlín.te der Philosophie.. 1. Mét.. 1955. Weiss. 4. traducción francesa RobiJ1.-A. des Lettres. Rev.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross.: E l problema del ser en Aristóteles. traduc­ ción francesa de C. Lovaina-Pa. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles. 7-36. 207. Nauwelaerts. 1946. 1923. R. Stuttga. XII.. Zelle. 1948. David Ross. publicado por W. reproducido en Études de Philosophie Grecque. Hambmgo.ilos. 1923. «P. H. 1957. M... P.. Mansion. Argel.. Glockner (JubiJaumsausgabe). Die drei aristotelischen Ethiken. · 1956. París. ll.. Meiner.. pp. Londres. de JI. 1960. 1951. 1833. Pohlenz. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason». Wiss. Wundt. E.

M. H. 8).. E. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. -. «De la virtud ética». 179-194. 1958. Pieper. Delbos. Ga­ damer). 33 (193J). reimp. B. Revue Néo-sco­ phie. Friburgo de Brisgovia. París.. pp.. 1903. 373-374. Jena. F. La ?a­ rola del Passato..achischen Ethik. 138-164. N. Gillet. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. Mu­ nich. 4 vols. tesis. rrunkfurt. Fragmente der V lín.. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». vol... Walz. l. pp. PUF. Berlín. I-1. N. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. Oxford. Olmsted. Se las encontrará en su lugar. E. trad. tesis en . . XVI.eta j!sica de las costumbres. Mansion. VI. pp. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. BAC. Kant.. J. Plutarco. J. 185-219. García Morente. Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». Staate.. 1949 (de inspiración tomista). 63 (1 928). Goteborg. R... 1960. Kranz. 5 1-84. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum. Berkeley-Los Ángeles. Noble. 2. b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp.. 25. J. París. Stoicorum veterum fragmenta. 51 ( 1956). ernunft in der griechischen Philo­ Walter. Isnardi. 58 (1960). nueva ed.1924. Mnemosyne. M. Munich. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote». Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. R. Jankélévitch. de V. 2. Philos. pp.Ba silea. Monan.• ed. U a U ae. publicado con el tí­ tulo La prudence. 80-107. O.fondement intellectu. Kapp.. Hermes. A. W esen und W andel der T ugenden. 1994). von. pbrónesis. en Moralia. Hermes. en Mansion. W.. 1925. de Louvain.a ed. istoteles und Platon». de Th. F. Kuhn. R. AJmqvist & Wiksell.. Madrid.. 1961. «Theorie und Praxis bei Ar pp. Cleisionnis. 1905. 1951 . V. pp. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. Die Lehre van der praktischen V sophie. Rev.. tesis.. Magna Moralia und aristotelische Ethik. XVU». 1954 (Zetemata. Milán. Pfeiffer. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. Loeb. 1937." ed. Rabinowitz. Kosel. 7). E. Traktat über dir Klugheit. pp." ed. American Journal o f Philosophy. Mattei. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. 389-396). Suma teolóeica. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. G. lastique de Philoso icus"». 1943. Leipzig. 1876. «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». 9. Leipzig. Espasa-Calpe. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). q. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen. de la Revue des Jeunes. 1958 (hay traducción castellana de M. Stark.. M. El.. 1946). Hüf fmeister. Delagrave.. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. XI). «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. Beck. col. pp. en las notas. Wcidmnnn.. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia. Madrid. 1949. Bollnow. en Umanesimo e scienza politi ca. cap.er. 21 6-236. 6 (1938). 1928. Kullmann. 89 (1961). 1). 1 9 1 8 . Deman. Michelakis. B. de W. Fundamentación de la m. 69 (1948).. BerDiels. Aristoteles-Studien. Tomás de Aquino.el de la morale d'apres Aristote. 42-61. 1 . . 56-75. 1932. 1959. ed. D. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. 1943. 47-56. D. tesis en Friburgo (Suiza). Mohr. H.: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia. Friburgo. de H. orsokratiker. Tubinga.246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. de.. Du. Philologus-Supplement. Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin." ed. «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». 360-380. 1957). 2. Ullstein. J. fr. S. E) Sobre Hirschberger. G. 1912.

Los textos . 63. Las fuentes La interpretación . . SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. 15 18 23 24 29 35 TI. 3. 3. La historia de las ideas . lll. La tesis de W. El e jemplo de Pericles. La contingencia l. 2. Definición y existencia . La norma . El tipo. Jaeger I. El hombre de la prudencia l. 2. 43 43 52 63 dencia y habilidad. Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . II.ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. 68. - Prudencia y experiencia. Jaeger Crítica a la tesis de W. 2. pru­ Cosmología de la prudencia l.

.. . intención y clcccióo. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. . 137. 134. s. . 184. 124. La prudencia en Kant Apéndice l .QWLS) . La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. línlltes y equilibrio.La buena deliberación (EMouJ. am- Ill. (nQOOÍ.250 l. Apéndice 2. c6maco . 1 5 1 . de Barcelona 2. APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. 3. Ética a Eudemo Fí sica . 3. 205 210 212 241 Bibliografía . 177.La in­ Unidad de la noción de phrónesis. . mortalidad en el límite. 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. . 3. 164. 159. . . (yv<. 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4.E l juicio como cua­ lidad moral.Í>f.Tco­ óa aristotélica de la elección. S. .El problema del fJ n y los medios. Deliberación y democracia. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) . 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l. 145. . bivalencia de este tema . publicada por CRÍTICA.ta). La elección Los dos significados de proaír esis. 198. se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik. LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2. El tema de la «impotencia» de Dios. 170. . Deliberación y análisi 128. . . 2. 193.El humanismo y lo trágico.ll}) .L. 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites.

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