LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
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copyright. bajo las sanciones establecidas en las leyes. la reproducción total o parcial
tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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Kant.. de la desmesura y el desprecio. 5. Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. No es ca­ perado. 332-333.. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». 127 ss. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. Carta de VoiLar 6.0 8.351. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. Se dice: un automovilista prudente. que sólo se ar­ cia». finalmente. falta coraje. que lo racional n. que lo inteligible no es de este mundo y que. La prudencia n. también y más que ningu­ na otra. dejando nuestra investigación sin. para preferir el «bien del hombre».la Desmesura. A111ígona. 9. « . . Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos. y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. puede ser el enemigo de lo mejor. 31 de marzo de 1775. 7. y que es necesario distinguir de la noción vecina. ciadas y que hay palabras. En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas. la Ética a Nicómaco y /bid. Pero n. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. q¿¡e es el objeto de la prudencia. y no cualquier otro. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. contrarios entre s{.o es una virtud heroica. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas. en otro sentido. aunque sólo sea por educación. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. pero cómplices. en gran medida. s ttzrde del rnoralismo. si era aún la de Aristóteles. debía quedar asociada a su declive. Sófocles. Olímpica. primer Lugar contra sí mismo. aunque sólo sea el del buen juicio. más interés que el puramente historico. pero también: un niño sensato (sage). pem muy diferente.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. y en. cansada de los prestigios.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. 13). La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. «prudencia».350-1. de entrada indistintas. I.). a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. necesariamente más larga. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. fue. Pero.. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. sino preservado. 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. de esta co. Quizá. CJocp ia). La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. vv. una virtud metafísicamente fundada. más en general. pp. pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. VV. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. si se presenta en él. La prudencia fue víctima primero del . quien hizo la teoría correspondiente. La prudencia es. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. fr. esa i e a La Harpe.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. la de los griegos. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia».7 que el hombre. de Delbos. busca un. de «sabiduría» (sapientia. incluso las más sutiles. 1. y por largo tiempo. del «héroe» y el «alma bella». del espíritu público. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto. sección 2 (trad. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. que el bien. La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. La Segunda parte..

l. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10.l"fiphiqllc' ( 1962). principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio. PUF. . con el último grao exegeta de Ma¡. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo.-M. al contrario. . Besan9on. pp. «. len inhaltlich» (F. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo.mr la problémati· que ariswtéficiemle. pp. cia) después de Aristóteles. 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. Madrid. pp. 156-182. l>:uís. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. . tratándose de Anstó­ � teles.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles.�­ tóteles. y por muc as mtís. Dirlmeier. P. pp. .s (pruden. lógico. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. Morale. de auten­ ticidad. P. De játo. éste sin duda ha utilizado <<notas». Schuhl. l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas. 146-147). Belles Lettres.� en su conjunto más antigua que la segunda. t::ssai . en especial sobre la no­ ción de xO. en Vand�uvres (Ginebra). y. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas. quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . 1964. 12 Finalmente. Le dominareur etles possibles. Por esta deuda. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. 291-292. Que estas investigaciones. _ 1 1. 11 Además.ObSCUra quaestiO. 15.. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. Le probflm�e de f'etre chez Ariswte. 17).: El proble111a del ser en Ari. 1� Los múltiples aspectos de este debate.iiv appcllant» (Cicerón.-M. el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. de Aristóteles mismo.:na M01·a/ia. «De !'instan! propice».-M. así como sus resonancias siempre actuales. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. PUF. 14. Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos. en el caso de la tercera. LXXX (1975). El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo.inaban «sobre los posibles». 13. cuántas sugerencias. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. pues. 1958. 34). 1987'). 12. si bien este estudio se basta a sí mismo. Pero. cast. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. se puede admitir. siendo la primer. Aristoteles.L(}Ó�. Schuhl. Magna Moralia. Aubenque. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. París. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. por lo tanto. expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M.-en-Provence. París. Taurus. Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. físico y moral. y también una deuda: se podrá comprobar que. en París. Sclzuhl. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. Revue philo. se separan de ella. «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. 1962 (hay trad. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». contentionem quam neel ovvar<. P. 69-72. 1: IX. . IW10. de cronología y. Schuhl.

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

SóFOCLES. yv&ot� i] cpgóvr¡ot�. recuerda en el libro M de la Meta­ física. Fedón. PLATÓN..oeL xaeaew� l>vcev!. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. 68b evrp.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. 590. fiel al uso platónico. el saber in­ Ideas. donde Aristóte­ les retoma claramente.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. Aristóteles. E1tÍ. Así. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra.a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV. Pearson § 1 . III. Met. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación. M. fr. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». 1078b 15. que son cambiantes como sus objetos. bn<JtY)f. que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». l. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles. f. . 2..' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. De Coelo. emplea la palabra phrónesis para designar.OLaoem xat cpgovEi:v. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa. &XA.w0uL cpQÓVIl­ oet. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». 4. 298b 23.AA.' � exei. pues dice él.M11oa�wu ú. sin referirse esta vez a sus predecesores.

8. J7. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid.rónesis trata de lo contin­ gente. !bid. 139a 12.t. 2. vrrr. "tE yv&crtv xai. Mew.4 En estos cuatro textos.. 2. Aristóteles introduce. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. aquella que no tiene otro fin. 13. 19. 8. en una palabra. Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A.1139a 1 (cf. Jl41b 11. 13. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón. l.T] o a yv<i:JCJL\. 20. 5. Ya no se trata de una ciencia. &eeri¡ OtavoLa�: Ret.. !.t. l366b 20). que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica. 1140b 26. Nic. Jl40b 36. en el seno mismo de la física. que no tiene otro fin que él mismo. 7. una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. pues. «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. no duda en calificarla de phrónesis. 16. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia. el de sophía: la prueba de ello es que. VI. . ciertamente.). 7.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana. Ét. Nic. inmutable· como su objeto.¡. arquitectónica.1143b 20). de lo suprasensible. 1 J40b 26. 247b ll. por la otra conocemos las cosas contingentes. Metafísica. ignora lo que nace y perece. Ffsica. 1 J4la 34.. 9.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. 1140b27. 1141a24. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo. demasiado humano. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. VI. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma. 12. 4. una virtud dianoética.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que.oyLO'tLY. phrónesis. 13. 5. 5. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico». cree posible alcanzar. J8. que era antes asimilada a la sophía. 6. 114lb 8.. 982b 28. 982b 4. Vl. al comienzo de la Metafísica. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. 3. Nic. nacidas de la necesidad. "rilv xa1:a �LA. 34. en los Tópicos. Magna Moralia. VI. Ét. VI. A.�ÉQOV'ta Éauwt\. 14 es. 163b 9.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l).. 14. 7. que.13 En fin. 1. otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo. 14. en efecto.ttCic. en efecto. es obvio que no lo es: «existen. el saber desinte­ resado y libre.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux. a las artes. constantemente asociados a émo-d¡ ¡.. I. 15 la ph. 2. 7. 5..'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡.ocro�lav cpQÓVllQ'LV. 1139a 12. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. 6. Tópicos. a diferencia de su maestro. 1141a 20. 1tEQL 1:0 VI. no obstante.ov. 2. para atenemos a los más manifiestos. 18. 114la25. Estos «Cuerpos» son los astros. JtQÓ\. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. 7. 5. Esta vutud es.3 Finahnente.6 sino de una virtud. Vl. aunque. 5.. 1103a 6. A.7. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. �Qóvq.10 Lo más extraño es que la Vll. 114lb 5.at émcrrij¡. 1 1 40b 2 1 .» 19 Ahora bien.3. sino que es para ella misma su propio fin. yáQ e<ntv yrmíoewc. (VI. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. la phró­ nesis. en efecto.óv)..wv x.' pero en el interior de la diánoia. 9. OU¡. los Cuerpos de los que está formado el Universo». 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. 2.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. 15. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. el llegar a un rango que ya no es el primero.óv). Cf. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx. filosófico. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto. bajo otro nombre. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). 16 es variable según los individuos y las circunstancias. apuntan a la satisfacción de una necesidad. OME¡. para ser intelectual. 10.5 Sin embargo. el saber verdadero. la exigencia científica de estabilidad. no sea aquí no sólo una ciencia.física.

la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría.18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. edición de la traducción inglesa de R.. n. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno. República. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. Desde esta perspecuva. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. Aristóteles «será toda § 2. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . 24.. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. parecen no haber advertido. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». no ha renunctado. . al menos aparente. capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. Cf.0 l. segun 1a . donde designa la contemplación. no es lo mtsmo en el. es decir. Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. La tesis de Jaeger es. VJl. según Jaeger. en resumen. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr». las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro. . teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. 533de: «No es. ciertamente. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. 83. percibida no en sí misma. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � . /bid. cual Dios. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung.24 Si en la Ética a Eudemo. Platón. Aristoteles.. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. nueva edición sin cambios. objeto de la contemplactón. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. pero sin referencta alguna a la norma trascendente. la siguiente. 21. LA TBSIS DE W. ( 1948). ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. el hom­ � W. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra. lleno de conse­ cuencias.. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles. p. poco interesados en el coteJO crítico de los textos. pienso. Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». Ci­ vez más de las preocupaciones . entre la razón teórica y la razón práctJCa. Entonces se consuma eJ divorc o.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. p.22 Esta primera crisis se situaría.21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. 1955). 85. las relaciones de la teoría y la práctica. 85. aportaba una p. cuya mor sigue siendo «teónoma)). por no decir opuestas. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. Robinson 23. /bid. de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. a condición. sm embargo. lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. conocido corno fases de una evolución. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. /bid. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. M etaftstca y etJca se separan . Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas.

27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega.. De hecho.3' La falta de sentido teórico del Liceo. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. el segundo. de la prudencia pequeñoburguesa. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. vo'Ü� o buotT)¡. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. 16. El término. 32. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. 28. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». más precisamente. considerada como unidad de la teoría y de la práctica. relegada al rango de ideal lejano. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». 440. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"». 451. en un divorcio en­ -o. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles.\IIA 21 motivación. por los sofistas. 1924. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. Aristóteles. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno.­ sight). una «degradación de la mística en política>>. pp. iban a dar una victoria. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. 29. 250. al menos provisional. pp. P. Desgraciadamente. en la que se asistirá. Mind. . en la teología de un Dios lejano-. su indiferencia respecto de la especulación.t'Y]. T ayl or. según el testimonio de Cicerón. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. 1928. a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. 30. la acción recta a la contemplación de las Ideas. 11. entre la metafísica y la ética. P. a una caída de la filosofía en el empirismo. P. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral. conforme a la inter­ del platonismo. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. partidario de la vida contemplati­ va. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. para ha­ 26. Anaxágoras y Pitágoras. y Dicearco. el fundamento de la vida política misma.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. más exacto. se podría decir «dramática».QE't1)).26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). separando de nuevo la teoría y la práctica. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación. On the Origin. an­ tes de Platón. 27. 461. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. según su propia interpretación. algunos años más tarde. 3. p. 31. E. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. 192-l98. Acl Att. en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. A. al ideal práctico. en particu­ lar el de la Idea del Bien. al hacer del conocimiento de las Ideas.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. 390-421. Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. la justificación del oportunismo o. partidario de la vida activa. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. disociando la vida «contemplativa». y la vida propiamente «ética». el prime­ ro estaba representado por Parménides. moral in. el «humanismo». Antes de Platón. sección de Hist oria de la Filosoffa.

V. 35.UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. Enc?ntramos. más aún que Aristóteles. utilitaria incluso. p. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica».22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. 1215b 6-14. Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. . 34. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . no habría �isto más que supervivencia en el elogio. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero.?Óvr¡mc.. "ttJ. (132. Protréptico. 34. 8). y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. 440. es cierto. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que. p. 437.38 Con este comentario el autor W. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. Nic. On 1he Origin. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). realizar su propia tarea. la curva va de la contemplación a la acc1ón. S rates. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. . el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente. 39 38. Magna Moralia. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o. cf. 7. una tesi� de este género en la Jbid. 1216a 11-16. 6 ss. El aristotelismo de de la vida contemplativa. On the Origin. de Magna Moralia no haría. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. ll98b desde la p. del ideal contemplativo. p. . siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. 5b W (1. CjJLAOOO(jllCI.c. Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. l.. sobre todo.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. 1215b 2 (Anaxágoras). 4. Llega in­ un� norma. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. 49. como a otros análisis aristotélicos de W.) (Anaxágoras y Pitágora�).JAEGER sariO reconocerle. l. CRÍTICA A LA TESIS DE W. sino recordar la estricta alternas. ll97b 28-30. 34. l. Eud. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio. pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales.33 Por el contrario. símbolos tradicionales del ideal contemplativo. al hilo de una del phrónimos. se mencione la sabicluría». esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. Ét. liberada de preocupaciones sub33. Magna M01·a/ia. . de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. 11 Walzer. 5.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal.35 acción eficaz que de teoría. 37. n . Jaeger . según Jaeger. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa. 1140b 7 (para Pericles). que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. mientras que el segundo. al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí. l<Ctt . de la prudencia. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. Pero. fr. 9. nes que permitirán a la sabiduría. Carta a Meneceo de Epicuro: . Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. y. r. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. del mismo modo la prudencia. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. al regir las partes inferiores del alma. Él. y el autor insiste. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos.. y es Pericles.39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que. vtda contemplativa. § 3. si bien es nece­ � 36.f. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis.

«ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. 4 H y el comentario de Tsnardi. p. capítulo 1). aunque sea provisional. De hecho.. a falta de mejor solución. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. pp. pp. Wesen und W erden eines Lebensideals. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates. pp. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. del ideal de vida política es por lo menos paradójico. en La Pa­ rola del Passato (1956). TóFr. M . Es el momento en que la libertad del hombre libre.46 Esta distinción. El filósofo. Phi/. Schubl. 424-425. que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. trad. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o.OQlltLX�v t<ilv ovtwv. 46. 47. Política. do puramente especulativo las doctrinas. como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>.45 Pero según otro fragmento más explícito. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. en mel). En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. Heidelberg. p. 425. aun cuando conserve ciertas apariencias. Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf. 7.-M. como él dice. Por lo demás. TU. 500-501 y 504. 4 1 . art. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro. Sobre la evolución de la noción de autarquía. fr. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. J. VJ. Marx. p.or medida. 401-433. Isnardi. 44. de &J. Heinze (Aristóteles. 1946. distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica. 42. 45. no reconoce 40. por ejemplo en Dicearco. Esta atmósfera de retraimiento o. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». de Molitor (CEuvres phi/os.. otra cosa que un tema de escuela. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. cit. 11. se transforma. cit. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo». que se confundía con la sabiduría. l . la «tranqwlidad del alma». se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. fr. Por el contrario. . Cf. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». lsnardi. De hecho. 'OQu:rmd¡v xut 8E<. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit.41 en que el ideal de autarquía. indisolublemente teóricas y prácticas. M. la investigación de las fuentes y la propia interpretación. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos. la «liberación de los tormentos»48 picos.:urtlu. 6 H. a la historia de las ideas. fr.. É picure et ses dieux. cf. pp. pp.. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. la reseña de P. X. 48. 109 ss. como se ha dicho. que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. y otra práctica. 14la 6). otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. pretensiones unitarias de la filosofía precedente. 129-131). 1955).44 Así. se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. K. 3 1 . 1904) y. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. en libertad interior. 43. 2.. (1958). Rev. A. del platonismo. Festugiere. 1). y nuestras notas en Le probleme de /'etre.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». cf. op. en Espeusipo. respectivamente. En . pp.47 De hecho. Leipzig. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación.

977ab. 1 14la 2 0 ss. cap. en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph.� Finalmente.54 Más adelante. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. il!{ra). Epfnonus 51. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. carácter problemático de su reconslrucción (cf. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. favorecw de su 'filosof1a.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. 58. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. 77 H. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle». y los temas místicos del Epínomis. de la misma manera y por las mismas razones. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. 973ab. sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. aquello que hace del hombre un sabio. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. supra. (cf. P . en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. cap. Le probleme de L'étre. es decir. Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. 53. no es sólo el ho W. 986d. ello.no sólo era característico del joven Aristóteles. no ha sido a n descubierta. . el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. 17).tral. no es otra qu. istóteles mismo. más bien. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. le parecía que Ar . Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada.rónesis. una función activa. 52. una c1erta 49. se basta a sí misma. p. soc1edad ya extraña a la filosofía. Le dominateur et 982bc. esta es la naturaleza de los astros». un nuevo rebrote del ideal contemplativo. go. 54. Fr. no es la forma más elevada del saber. Crates. . Aristóteles. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación. Con Polemón. 50.26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. 59.52 La ciencia buscada. y la prudencia aristotéUca. J § l . 977a. en lo su­ . Pero 56. ahora bien. Vl. Crantor y .60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna.55 pues merece. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral. en efecto. 57. sino más bien los propios astros. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. . es precisamente la «política». 60. Scbuhl. Primera parte. Más aún. la única que vuelve al hombre sabio. dado el 974b. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. 43. la contemplación astral. será finalmente la ciencia del número. Cf. en especial el De plzilosophia. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos. en una . La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico.r6nesis. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. que no �esu�» (97?d). ceSIVO. Ya desde el prólogo.53 No obstante. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez.-M.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55. por todo un aspecto Mác. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. Sería vano. les possibles. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». la phrónesis. 982e. aún. 7. Así pues. esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios.57 Si nos atenemos al uso del término ph. p. 2. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer.

62 la de Walzer63 o la de Ross. por reacción. pp. Rev.. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. 55-69. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. Xll. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. Jaeger. pp. 1957. cap. Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. Jaeger. Teubncr. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. 1934. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. como hemos visto.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). pp. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. no deja de ser intelectual o «dianoética». 1952). en este punto como en otros. sin embargo. A partir de la signifi­ cación platónica del término. 1955 (trad. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. ni siquiera de un primado de la vida política. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. Florencia. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. Phil. FesJugi�re. 122 ss. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. como bastaría para probarlo el libro X. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. que serán las de la época helenística. 65 ss. (1956). ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. El Protréptico sería. P. de la salvación del II W. Arisroreli s fragmenta selecta. 63. Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. Oxford. Wehrli) y. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. Jou rnal o f Philology (1869). no uno. 66. 64. fr. la herencia de l a sabidurra socd1ica. Arisroteles. Arisrorefis dialogorum fragmema. Así pues. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. y debe buscar en su propio nivel una norma que. más tarde.. 18863. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. 65. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. Desde Bywater. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. y se puede prever que sus con62. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. . A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. y por ello como más o menos recientes. 67. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. VI. 1870 (vol. fragmellla. 61. pues. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. sino que mantiene ambas. «On a lost dialogue of Aristotle». apanarse de la especulación. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. Ar istóteles no opone la una a la otra. Merlan. Berkeley-Los . Aristotelis. 76-89. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo).. que está en el origen de estas reconstrucciones.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. como del Liceo después de Tcofr:t slo. vol. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral. como hace Jaeger. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles. como t. From Platonism ro Neoplatonism. Angeles. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. no se puede explicar.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. llct�didcs Póntico.

(cf. que no son necesariamente las suyas. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. cit. 20. pp.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico. Pero. Dliring. epistéme. Bast. op. 3). 2. VI-XJI. S. DUring. p. res ( 1 958).71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro. y en ninguna otra parte del resto de las obras. Ahora bien. 70. refiriéndose incluso a teo­ rías banales.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. 77. op. sophía. d. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. op. /bi Hermes. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin.. en co�tcsta este punto de vista. V. p. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-. 31 9-320.74 una ética. 34. que no ve razones para excluir estos r f m 72. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . que los atribuía a Porfirio (Aristoreles.). 195-196. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz. op. strict terminology in thc Protl"epticus». 10. 69. de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. l. cit. 191.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente.. Gadamer. 36. Mansion. 155. t reacción parezca excesiva. l45a 30. nada permite pensar que sea así. cuando no trata esso. cit. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35. p. t:repticus">>. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y. VI. cf. incluso las «esotéricas» de Aristóteles.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús.ta doctrina con la<. Düring. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. 14. 73.. por medio de argumentos que se enraiz. !bid. n. � trata de una «Obra popular» (L Düring. pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e.. Ahora bien.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo. en especial 74. p. tmchtung der arisrorelischen Ethik». S. cit. sino la posición de la ftlosofía en general». 316-320. la d 145. Pistclli) sean postaristotéli­ . si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal. Gadamer plantea una ley general. habrfa sido escrito hacia e l 350. n.72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146.. fragmentos 27 y 29 D). Düring.da de la filosofía . 9-1 O.. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9). Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. An Auempt 01 Reconstruction. Düring. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía. Düring. 1960. 27-60. JO. 29). «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. p. pp. etc. sino sólo en «convergencia de probabilidades». istotle avoids Cf. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa. 17. p. ha obligado a los defen­ Por mác. p. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. LXUJ ( 1928). 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas». ibid. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». p.ará admitir que Ar a e l. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. 36.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. 5-36. Cap. 9. cuan­ é Según Düring (p. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. Pistelli (I. cos. 68. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis. p. retomando Lodos los elementos del debate. 75.77 Antes hemos citado textos. pp. Aris­ totle:r Protrepticus.c. t. pp. 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. J.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles. como sostiene Jaeger. 1366b 20) y en los Tópicos (V. p.. quedaría pendiente de probar. 6. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. p. aun cuando se admita que Aristóteles. 8-9. l96l. 6. iscusión de JV. Revue Philosophique de Lou­ 68. vain 71. 62.. esp.

p. . cf. sino preplatónicas. l o s textos citados más arriba. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. 1 1 4 1 a 25. en especial elde Gorgias. por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. S. como ya se ha dicho (R. por lo demás. una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado. . 4. I. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. que. 1 140a 25b. rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. A. Ét. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. LIS3a 21. 13. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo. en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco.oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). 8. l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. 1096b 17. en la época en que escribía. Nicómaco. p.79 Sin embargo. por lo demás. I. De hecho. Nic.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. 83). 190). caracteriza al prudente .18 Parece como si Aristóteles. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. considerado más esencial trata de ello ex prof esso.. en realidad. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. p. 983a 3).. 78. 8. 4. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. eso es lo que especies de animales . saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). siguiera empleando el término en u sentido platónico.BA Aristóteles nos indica. se de una retractación de Aristóteles (cf. que Anaxágoras era un phrónimos. 23. L2lSb 2. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. conviene matizar. 80. que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. . El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. 7. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. como el conocimien­ Pericles. si no bao 79. Para el autor de la 82. 1216a 19.oywuxou UQE"ClÍ). Cf. . un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. 1217b 21. . Ét. es para medir mejor l a aberr. Más aún.80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. sucede lo contrar io.1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. Nic. pues. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . 27b. Considerar lo que está bien para cada género de ser. 222. 2. pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. es decir. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. no platónicas. Vn. . . sino populares. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. cpQÓVTJOLs. 83. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). Por por con f esión unánime. 12. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. Eud. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . por más original. Le wvbleme de l'érre. . Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios.. exac­ tamente como en el Protréptico. a quienes Aristóteles considera. singularmente en la Ética. l. Eud . VL S. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. S. o en las obras esotéricas.. Esta corrección no contradice. en especiaJ·pp.82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. como ya lo hemos hecho en otra parte. Walzer. y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. Pues. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. el platónico. designando el conocimiento por excelencia. Anaxágoras. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. en las Éticas. I IS2b 15-16. pero no por prudentes». Mansion. como virtud d el a inteligencia (A. Ét. o al menos contra un cieno platonismo. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. restaura el honor. a. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. 81. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. injustamente despreciado por los platónicos. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. . 82 y 97. igual que Platón. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. o bien lo ha criticado expresamente.

incluso en este caso. hay que comenzar. sea cual sea su de­ 87. Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. l-200 (pero. En el otro extremo de la can·era de Platón. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. 1931. . Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica. en todo el Filebo. Hirschberger. Cf. Phi/ologus-Supplement. la dialéctica o la política. Die Entdeckung des Geistes. por el contrario. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. Snell. en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. Onians. pp. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). a su vez.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. sJgrufica. nominación. pues. R. sobre todo en las Eticas. Por ella. tanto co el Filebo como en el Me11ón. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. Sobre la phrónesis en los pri­ re .t11 � YJ_YEfAWV. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. pero con la reserva de que phróness. . Pero. Igualmente. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. Tercera parte. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. pero no lo entienden en e l mismo se ntido. pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . en csle terreno.a mfeoor (cf. no es temerario suponer que. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. sin embargo. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. ov'Y)atc. The Origins o f Europecu¡ Thouglu.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. Leyes. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. 492a). del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . hace falta contar también con esta palabra poética. y ella sola. que. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. . En este sis). Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. por el contrario. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. sobre el hombre. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto.34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. 348d. Cf. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. admitir que la idea de la prudencia. que sobre el término mismo de phrónesis). . el sent1do «platomco». ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . 5?cd):_ se puede. la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. Habría que matizar. a ejemplos o a citas tomados de poetas. d. menos pura que la episté me. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). . Asf. aquello a lo que se opone. 19553. XXV (1933). planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. vór¡ o�c. 99b). por ello. J. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. B. 490a. . Fil _dun es dec1r. pia 86. 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. esp. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. que designa la verdadera unidad de cálculo. cf.. en este punto como en otros. la interpretación. no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). también Repú­ blica 1. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). infra. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. No se puede dudar aqu. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos.ov fPQOVLj. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. (a uxili ar del movimiento). y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero. Cambridge. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. a propós it o en est os textos de Pl�tó . pero más cercana a tra acción. este estudio trata más bien de la . de su títlllo. Platón miürá reconocer las «fuentes». el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica.ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85. �7b. pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular.Et E1tl01:�j. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. a pesar idea de sabiduría. 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. en particular trágica.85 En el �roblema que nos ocupa. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡). Más aún. Quizá. la oposición de Aristóteles y ele Platón. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. el mundo y los dioses que la antropología. pues. .

siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad. en este punto como en muchos ta fúica. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. p. 19!2 (sobre phrónesis.!hik. el Protré ptico. Deman. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. pues. 47- 56). Se habla de «hiato . pp. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. Jaeger.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. el método genético.ión peyorativa. o bien. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. 48-52). . intangibles. por las estructuras. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. H. como saber de lo particular.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. Éd. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria.. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. si bien. 201 -202). El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. 5 ss. 1949). q. se ha Aristóteles y sus Éticas. Así. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. A la compren­ sión. no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia.89 Se podría considerar.-D. para realizar la «juntura».. si se puede decir. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». L. no viendo en todos lados 88. 1881. acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. hace gala. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. y por despreciar el texto esencial. Más aún. de asis­ ario. finalmente. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. lla llae. tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. 1. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. . más que transición y paso entre extremos. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. . ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. Berlín. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ . las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». se ha terminado por olvidar lo que había de otros. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. pp. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. cación piadosa. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico. se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. con 89. de la Revue des Jeunes. por reacción a la tradición de la exégesis. diario obligado entre el fin y los medios. tico. pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. esencialmente de la Etica a Nicómaco y. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia. lntroduction a la prudence (Sunw teológica. uniformes. En esta perspectiva. Kapp88 y W. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. más en ge­ neral. se podría decir. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales».-H. horizontal. Noble. Ollé­ chen zur nikomachischen l:. tendía sin querer a mudarse en interpretac.• ed. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. Sin embargo.s V . que es el libro VI de la Ética a Nicómaco.

Robin.-A. ? pender la virtud del saber y. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». la cual. R.sta problemática era. Zeller y Jaeger. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles. en realidad.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. Tambt n era la de R. E . precisamente porque es sólo teórica. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. en caso afirmativo. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». en tanto que «práctica». «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. y tomar los propios deseos por realidades. Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. pero srn criticar la cuestión misma. Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. pp.-A. 9 1 . es decir. L(l mora/e d'Aristote. Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica. !bid. pero. Jena. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. no es de ninguna ayuda para la acción moral. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. 95 y 94. Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. con­ trariamen e a una tradición venerable. incluye el deseo y la virtud. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. la inteligencia del bie? no basta . p. . de qué saber. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. Jaeger. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». Ross. 95. . es decir. no por ello es menos un conocimiento. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. Ciertamen­ te. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada.91 para recordar que. si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. Gauthier. moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . que uno de los momentos. 93. R. es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. imperativa. No obstante. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. la de W. en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. para determinar inmediatamente la acctón recta.w Pero. no duda en traducir phrónesis por sabiduría. Sin 92. aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. J. finalmente. un saber teórico de los principios de la acción. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo. entre la teoría y la práctica y. queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular. que critica la respuesta de Jaeger.92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . periencia. R. a prever. es decir. Walter. 1874). cuya paternidad atribuye a J . equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. Gauthier. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. Gauthter. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). entre la ciencia y la prudencia. en Inglaterra. es la determinación del fin. siendo ésta depen­ diente. en Francia. mren­ . y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. en Alemania.-A. sobre todo. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. en tanto que «intelectual». 1905). tal como hemos visto. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . Walter. .-A.38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. el de la eficacia. Pues.

del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. El problema de la prudencia y. ciertas variaciones extrañas de su sentido. sin embargo. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. disipar las últimas sombras. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. que es denominado azar cuando somos afectados por él. secundariamente. Aristóteles nos orienta. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. más cercano que él a esa prudencia reverencial.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. pues. ¿Será. en los límites de lo humano? La respuesta. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. nos dice. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. sin embargo. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. no son platónicos. verdadero mensaje trágico de Grecia. puesto que somos hombres. más griego quizá que su f ' maestro. La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. el cual ya no llega. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. Pero. . de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. es cierto. Se puede uno extrañar. y que renace en el hombre aristotélico. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. a través de ella. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. pues. de vivimos es contingente? ¿Será. lo contingente. al menos en su totalidad. en los tratados éticos. en un mundo dividido.

JI.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios.Ob oVbe'tÉQmv (cf. sin embargo. en . DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad. 11. &:l. SVF. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al. SVF. 262). 43. Ale jandro de Afrodisía. ill. El rasgo expresado por estas tJ·es úl.ventione.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. 153. SVF III.Qtt&v xai. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . 59. m. «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. por ico (Adv. 262). El nacimiento de la tragedia § l. Estobeo.. parece. IX. II. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. . 268. Su instinto de conoci­ miento era insaciable. 53. bay aquí. 283. 38).. 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV).l. pues lo que aprendían. 4.tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in. NIETZSCHE. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. Ecl. Math. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo.cpov (SVF. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. De natura deorum. si se quiere. cf. lll. 15. querían también vivirlo. 2. Así como las definiciones estoicas de la borioso o.tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. Andrónico. Ill. 153. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida . 59. y también se omite el 'X. . I.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡. Jll. el contrario..

que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y.r¡8oü. Su punto de partida no es una esencia..4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación. ¿será un arte? No. Tricot.. 1 144b 28) es discutible. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir . sino ele la exactitud del crite­ rio. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres.8 La existencia del prudente. 4.40a 24.. aquí no se trata de la rectitud de la acción. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia. 1 nimos. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. en sentido contrario. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae.7 Se podría reconocer en este planteamiento.. que trata de lo contingente. supra la defi nición de la virtud (ll.óyor. Todo el mundo reconoce al regla verdadera. 5.lE"tcl A. mediante divisiones sucesivas. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar. que trata de Jo necesario.. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. puede en rigor ser denominado &J. o el Bien y el Mal absolutos. q. Pero esto probaría como máximo que es una virtud. sin embargo. 5. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. diferentes.r¡ 8i)r. Bywater. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte. J . incluso si la persona no sabe definir la phrónesis. el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. 61. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte).44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues.óyov aJ. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles.que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer. 2.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral. 1 140b 20) y e�LV aA. se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum». esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo. 6..t. Líber 83 Qua. l. está claro que sólo el A. 1 140a 3 1 . n.: Apelt va hasta sustituir aA. Cf. nolr¡cn<. 7. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � . Gauth ier. y no la e.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección.r¡8ij por &.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría. del arte. Pues. 6. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. Pero esta definición es aún demasiado amplia. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. pues. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio). obedece al esquema clásico de l. 1 1 40b 5). S(Ul phrónimos. has­ ta la cosa a definir. 8. en su formulación. en este sen­ t ido Dirlmeier. Nic. cf. puede (A. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét. lante. 13. precede a la determinación de la esencia de la prudencia. . 3. que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia. la leyenda y la literatura. la prudencia no es una ciencia. en realidad. 47. q.. que citamos más ade­ I J .estionum. l 1 06b 36). Vl. 1 140a 24-b 6. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. a. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. l l40a 24. hay dos especies de disposición.. Se parte del uso común. De libero arbitrio.r¡8lj J. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. Aristóteles no parte del género para descender.: así pues. sino el bien y el mal para el hombre. Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl. JtOLr¡nxi¡). Cf. a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7. y el arte a la producción. etc.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid. JtQéi�L<. una aplicación del célebre método platónico de división.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente.L.r¡6oiJ. tt. Ross. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes».. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia.óyou áJ. 13).r¡ 8oü. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente). la prudencia no es un arte. VI. y el hacer. 5. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�). de la virtud moral y de la sabiduría. La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre». sed contra).IHU ). Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber. expresión de la experiencia moral popular.. (cf. 4. Se comprende. Pero esto es mera apariencia. pues la prudencia tiende a la acción.r¡6i¡.A.

lor. En la tradición latina. al a ido ver el retrato idealizado. es decir. la justicia (Otxmo<J'Úvr¡).16 o por mo. Et. al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. y la justicia. bu . . 1863). Cf. 7-9). cf. conforme al sentido popular de la palabra. que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. 72-75). 1334a 22. le proporciona las reglas idas y (I. Anstotelcs» (/ ugenden. ibid. más teór e atiene a esta distinción (cf. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta).r. es dec1r. 27). Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. 1 . 1. De la virtud ética. Wesen und Wcmdel der T � 15. recurre al térm finalmente.. IV. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. E. 1-Jartmann. 13. se contenta con una en umeración e'?pírica. de las cosas que se han de atri­ realizar. Vfl.. todos los demás hablan de aoq¡ta). ill.ido frecuentemente subrayado.� En los d?s casos. sólo que. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. 43. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. lo cual evoca la idea de previsión.oyttó¡. ino pmdentia Es Cicerón el que. la pr estando subordinada a la segunda que.. Rose.tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. Pero é Sible . 10. ObJettva. 5. pp. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. SVF. or 1 1. . Eud. tablecidO él mrsmo. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. Nic. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. sobre una división pre­ tudes cardina/es. y según los principio¡. en (1. es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. comun. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo.¡. 1%b. en este sentido N. qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia. justicia. ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia. 3. aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco.� que. 14 Aristóteles.a-. de exposición. y es. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. 'fl· Jaeger. Leyes. 6-9. Berlín. 25. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf. Il. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. F.. Die Erhik der Grieclren. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. c:r. Ném. l a unicidad absoluta de la vir­ tud. 55 ss. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. o s l nusmo n CIIS. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. . p. 153). 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia.11 En cuanto a los estoicos. templanza). Die A11tike. 10 la cuarta virtud. fr. 2. Más tarde. toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales).lma. para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. Protré Política. Tan sólo Cicerón.. una empresa sistemática en Hacker. también Plutarco. A una descnpc16n de estos tipos. Schwartz. L. de las cuatro virtudes. 1 15). Ethik. Bollnow. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. De officiis. Robín. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). 427e.. en las ptico.r¡nxóv). una galería de retratos. presente en el 2 y 58. de la Magnanimité. sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. y fficiis minisrrorwn. Nic. apunta a la exhaustividad. 1 107a 28-1 J 08b JO. d e Jar de sorprenderse .a o cpgóvr¡at�). <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia». 62. R. banal. 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. Das En otra parte.. 3. pp. p. Cf. no ha estu­ . el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0.11 que re­ .. <Aristótele. es decir. n. J. Reptíblictr. y oocpta. ibid. . VJJ (1931). p. quizá Einteilung.. 1). . al sistema. nota siguiente). 52. con Aristón. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. el conocimiento de lo inteligible. � . 14. 1220b 38-122Jb 9. activa (Ou¡. de saber eficaz).-A. 3.9 nos daremos cuenta de que descansa. que ha es­ . a lo Leyes. Éticas de Aristóteles). 7. racional (Aoytxóv).. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. en la cual algunos han quer ica. 6). en todo caso. 52-53. la teona de las vtrtudes. Banquere. fV. Por el contrario. y que designa cpQÓVllcrt.46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. 262-263: L 201. <<Der Grossgesinnte. 15-16). Gauthier.und Anordmmgsprim:. al igual que ellos que no afinnarán.16. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. siendo más general. 97-105. ro. 1951. 439d ss. �a se trate de una clasilicación subjetiva u .) . 68.ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik. mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. va­ 9. l. p. al menos a aquellos de De hecho. 1323a 27 ss. probablemente de origen popular. Cf.. 1.txóv). ya sugerida por Platón (cf. la templanza.a) y la sabiduría (aocpí. 235). Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. cf. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡). . . Stuttgart. Et. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. través de él 24. qJQÓVTJOL!.¡. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. pp. o.. el valor (avogeí. Plotino distingue cpQÓVTJOt<.

como. por lo general. 13. el de Jos caracteres. Burnet. pp. nuestro 17.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio.. no en los traba jos de guerra. Rev. apriorístico y deductivo. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. 19. 7. no tienen nombre (av(OVUf. Eud. de la cosa misma. no tengan nada en común con los pri­ meros. Aristóteles comienza. como en el caso de la pmdencia.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. Phil. Il. si el filósofo jtlZga el lenguaje. sino en el hecho de dar y adquirir dinero». determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. Pero entonces. más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. 317. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. 3. sino mediante el recurso a la descripción. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. . más esencial..eyó�tsva como los hechos de observación. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada. a la vez fenomenológica y axiológica. (ad loe. Aristote TV. p.20 Volvemos a encontrar aquí.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos. 18. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana. II. si Alcibíades era "magnánimo". se constatará que. continúa Aris­ tóteles.).teva. L. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. entonces. si se m ira bien. dos géneros de magnanimidad. 22. por otra parte. que es inductivo. lo sup]e. nos preguntaremos qué elemento era común a todos». lo corrige y. pp.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. 1220b 38-.48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. 24. Ét. 83-103. Allendy. l l9b 22. Así.. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori.deal de Axistóteles. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». ou le complexe de trahison.122\a 12). guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva». Además. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. 1 1 9b 23 (trad. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. 36.18 Con ello. por A1istóteles mis­ mo.. 1.23 Puede pasar. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. Este méto­ do. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud. E. al menos de su yo ideal. De hecho. 97b 15 SS. Aristote et les problemes de méthode. Lovaina. o Aquiles o Áyax. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. Joachim en sus Comentarios R.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. tales como Lisandro o Sócrates. G. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. 1947. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-.teva. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. cf. Nic. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos». los dos métodos. 23. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. fr. si se quiere.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones. El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. 300- Retórica. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. Cf. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. 1\6évm ta cpmvó¡. ll. cpaLvó­ ¡. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. 21. y considerar qué elementos tienen en común. hay que düigi. 1961. Tricot). su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. Pero. para ser más exacto. 17 del hombre griego. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo. que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático. que implica cada vez una virtud (Et. o incluso el retrato i. sin embargo. eventualmente. 20. hará falta distinguir dos especies o. tanto los f. son generalmente utilizados a la vez. por ejemplo. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». Owen. si se quiere. de J.

No es siquiera necesario justificar la traducción de A. 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). 29.29 No retendremos de esta definí25. sica. que está determinado por la regla recta.). de la esencia de la prudencia presupone.illV�) Aóy<¡) xat wc.óyo�. absolutamente. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. Así corrige Dirlmeier �at <be. 6. Pannénides. 147- 148. . frecuente tanto en Aristóteles como en Platón. si no es el recurso al JUtcto . en un justo medio . que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud. leyendo entonces: «. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. l 106b 36). . § 1 .�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc. sino que es la regla recta misma. U .25 T ambién distingue.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional. 26. y cap. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece.28 y que. . Ét. sino el prudente. Cf. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . Cf. EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. 27.26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». 5. l. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente. pp. La . Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. ya para el Parménides de Platón. equivalía a la noción. 1097b 9 ss. Ú>QLO¡. 34. to medio es la reala recta. siguiente. por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. 981a 18 ss. Nic. 33. Primera parte. en efecto. pp. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY.td�). . desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. Aquí. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. cf. con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. 28. la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. de ÓQ6Ó� A. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. sino de derecho. y la prudencia sobre lo contingente. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección. 298-304. 1 .. ÓQÍ.·.UÍvr¡.. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas).. Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. sobre la participación en un orden general. Cf. cualquiera que sea. ibid. Pero el prudente. cf. que A. sino una exigencia de la cosa misma. sino que designaba la regla que servía de norma. por 30. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. . parece. 133d-e. es decir.33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. supra. es decir. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio. . A. . la erudita tesis de Dirlmeier. la posesión de la �1aestría . No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia. como ya hemos visto.. Ciertamente. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia.la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es). contrariamente a los manusc1itos. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley. en xnt4>. . 3 1 . a pesar de todos los atenuantes. In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. liv ó q¡góvt�Loc.31 o de lo que.34 el portador vtv1ente de a norma. Metafí 32. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. No podernos contentarnos. . virtud consiste en actuar según el justo med10. 4. n� es en familiaridad especial con lo trascendente.oeu:: (ll. el que es presentado aquí como la recta ratio. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. Pero querríamos mostrar aquí que la definición. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. Cf . el recurso al retrato no es un sucedáneo. Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual. por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe. No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es .óyo� por «regla recta». Sobre la noción y sus orígenes platónicos.lÍ.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que.

qtúen creía cierto. y los textos citados por F.¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. su primacía? · ma. Nic. era él quien representaba la universalidad viviente.A. 253). 13. el papel del filósofo en la República: -xó. Arístoteles. R. tra Primera parte). 52 R.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1. 300c. p. o el hombre de valor. l098a 26. 13 W. «Los jefes son aquellos que saben». en cada especialidad). 36. 65. p.. 38. 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT. «el representante terrestre de la Idea».w<.). «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>. del «hombre eminente>>. Jaeger (Aristóteles. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. 1 . 1960. Político. en Autour d'Arístote.tma xQlveL. ll07a 29.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<. Jaeger. Estos textos.J7 Pero.a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre. se decide es el valor. 9.): . se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l. lJ02a 23. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf. 77-78 y 87. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. § 2.. en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century. pues. la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar.ya0Ó<. 55. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. Mansion. 1094b 1 1 -27. (pQóvq. Cf.' cada vez por qué el phrón.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41.52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley.¡ou� emtv kO. Zwei aristot�lische Friihschr�fien. ID. p. 37. 39. 81-97). 7. pp. cuya importancia ha subrayado W. el heredero del filósofo-rey platónico. 23 y 27. «la naturaleza». del político en el Político (309d). es. fr. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que.. que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». J. Pistelli). 236.. son los primeros en la ciudad. 292c. 732a. 87. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. sin duda escandaloso para un platónico. El phrónimos sería.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco. 54. ll6a 14 ss. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. 16-20. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». o los hombres que sobresalen. pp.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente. 54. p. Magna Moralia. Fr. 22-55. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. 950c. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. 730d. cf. 258b. pp. Ét. pp. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. R..40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. Ét. S. W . etc. pero falta una cosa.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas. art. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. II.. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber. no ya con el saber del geómetra. Wilpert. como se ha dicho. nues­ pretación que de ellos daba w. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. el Saber encarnado. proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado. 1. Nic. vó¡. I. 185-219). Revue Philosophique de Louvain. anovOaioL. Stark. Düring. . Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. Jaeger. 56 ss.L'YJ V). 3 P). 170a. Cf.("Ú!OLV. T eetetb. 13 W (Jámblico. a la retórka. es suscitado una abundante literatura.imos es presentado como norma: S?bre este punto. Desdt entonces resulta secun­ valon>. en una inspiración muy diferente de la de la Ética. cit. Dirlmeier de ét. 39. saca de él la Norma trascendente de toda acción..las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. Vl. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. pues no es menos «exacto». Cf. preguntmse 35. Monan. 582d. Walzer.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas.Ael Protréptico han 40. el (fr. 5a W (Jámblico. 1 16a 18). Düring. LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. entonces. p. pero eso era. ." hA. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. Aristoteles-Stu­ dien. PisteUi). 24 P).. anodkti:o<. «el bien». cf. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad. 964b. para subrayar la «exactitud>> de su arte. X. a su sola experiencia. 13 W.AA. no es la regla recta. Finalmente.. l. 7. Protréptico. del «gran hombre>>. &. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. I. El Protré ptico. fr. ¿De dónde le viene. Político. Nic. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos.

. 13 W 55.oúv. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). ánA. ni mucho menos a ningún supersabio. Nic.t(! por ÓQ¡. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. cient(fica.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!. ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. l l37b 17. 295c. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. según Platón. 297ub). nuncian el carácter absoluto (émA. el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio.tGi:). que hace lo que puede. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. sino en la naturaleza de la cosa. 47. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley. al que Aristóteles recurre para 42. pero también el inconve­ niente. en Aristóteles la justicia abstracta. 43. el jefe.do también.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma.uuo�». a las circunstancias de la acción. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. PoUtico.w�) de la ley. en Platón. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o. 50. Ét. al menos. no está ni en la ley ni en el legislador. 49. nos dice. ni.CtLÓl:CttOV (Polftico.Í>v e01:tV. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí. 51. ya l o hemos visto. Polftico. contra la ciencia. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. 46. De una manera general la virtud moral consiste. que ignora los casos patticulares. pues. por las mismas razones. de tratar sobre lo general. 52. V. 294c. 296c-297a. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada. 294b. To ¡. que de­ Política. en el del Hombre Justo. no es más condenable que la ciencia. O más bien la ley. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡. l l37b 12. 1 286a 9. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. en el personaje del Rey y. 508a. No es. Polftico. 45.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. pero su espíritu es opuesto. que son singulares. 44. que corri­ Protréptico. en Aristóteles. l l37b 29. fr. Cf.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres. Cf. 1 137b 25. no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. La metáfora del piloto que guía Platón. Nic. Compárese Platón..48 expresión en sí misma de un orden matemático. tov yÓ.49 Por el contrario. Por el contrario.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. a definir todo. Finalmente. de las relaciones entre Jos hombres.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. pero ignaro. al erudito. 14. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. que son generales. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia». !bid. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce». 48. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación. 15. Gorgias. 14. 27 P (dada la cerca­ . V. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia. de derecho. el de la distribución de bienes y. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber.51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. ó xav<. Polftico. con tr.. más generalmente. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar.

raft und Ehre. más allá del intelectua­ dal. si se sabe 53. al ideal arcaico del héroe. sie kennt keine Menschen ausser ihm. Ét. .-M. . 127. El bate. Aristóteles en el libro II. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm. y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). Si estas determina­ q. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. la tr adición de lengua alemana. Griechische Etltik. publicado por P. Mientras que la sabiduría. con la vida de placer. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. pp. la prudencia.w� inspira confianza por sus trabajos. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. Wilamowitz-Motlendorf. y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual. 1. Der T-lerakles der Sage. Schuhl. l. Eu. 41-43. aquel al que se puede tomar en serio. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A.aco. etc. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien.óxaf. Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf. En este punto Aristóteles parece volver. ' 55. cuya volun- calidad de su juicio. Also spricht sie: "Du bist gut geboren . 54. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. ".. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia.. X. Paideia. Epicteto en el retrato que hace del cínico.». p. . Ya no es el hombre de bien ad hominem. das diesen Glauben im Herzen hat. él es para sí mismo desde Platón. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0. el pasaje ele las pp. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. de dominio de sí. Mannesk. M. Aristóteles so. 36. I. Coloquios. se pregunta. como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud. por la tradición cínica y estoica. lU.. de ascesis. En este sentido. Ein Volk.¡mvó. J099a 22. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). Cf.os es invocado en otra parte como criterio únjco. «el virtuoso» (Gauthier). p.aA. tal como es concebida dente que permite medirla. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. . si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. París. No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. 1951.o:. sino que es él núsmo la medida del valor. El objeto de la voluntad (�oúA. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). en él. Für die agmí. es cierto. bist du geboren.r¡m�). Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». . ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len». pp. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio. y. de ardor en el com­ anouoat:o¡. no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<. W. pero en un sentido totalmente distinto. Por el contrario. «the good man» (Ross). . «el hombre de b. al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. el mismo spou­ de estas mate1ias. . 57. y entonces ya no hay ..GYv ó anouomo¡. 1 178a 18. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. pp. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. esp.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. istjugendfrisch uod jugendstark». 22. 16. wird der Sieg dein seio. II. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. II. cluso en el más alto grado. por ejemplo. la decisión del spoudafos. Schwarz.r i pides Herakles . Eitel.ien>> (Voilquin). Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein . en especial. sondem nur Knechte und Bosewichter. simplemente. Wilamowitz. . 1962. da de ellos una confirmación dero. de tensión. 805. Les StoiCiens. 1 06. coinciden.. en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. 44. 8. Stuttgart. Nic. De una manera general. 9. Cf. 1-107. Jaeger. ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o. .55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas.. 6..54 sin embargo. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». 41-66. aus gottlichem Samen entsprossen . esp. Wenn du dich nicht fürchtest. 102-103. cf.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed. IV. que se un­ bueno. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor.u::vov &ya8óv y &ya86v émA.w� xQtveL rtcQL a{n. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. pues. Bréhier.

no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal. aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. vulgar y populachero.. 5. que. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta. (X. X. 6. hacer se pcttente a todo lector no preve111do. esp.Bw¡. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas. 160d. etvat).56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas. . en la Ética a Ntc6nwco. ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». en el mismo sentido ó téi. 13. ampharra. Nietzsche. cr.. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. trata de supe­ rar. Aristote et l'hístoire. 184-185. el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. T 58. según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . como su­ cede tambrén en la moral contemporánea. 57.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . q�e no se etine. Leyes. 401 ). París. * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. 61.59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior. yc. Pues incluso si de he­ defi n tda cho. trad. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . 64.62 como al absolutismo platónico del Bien. s1. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. 716c. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. mezquino. pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. sen � rnutll Cttarlos todos . . 5. fr.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. J l l3a 25. en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. XIV. pues e�los son para sí mismos la ley». 152a. 101Ob 5).61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. no puede estar sometido al _ . � �istótelcs asimila .). de H. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. entre el hombre servil y el hombre libre. (N. Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano.tétQov éx&otcp . 303 J . cf. 5.58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio».) enLrc los monales». 111. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. los que se han considerado a sí mismos buenos.64 Está claro que traducir en . de primer orden.. por el contrario. la eJOstencta del valeroso. 59. supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. 4. sobre la improbabilidad h Philosopilie. SI fuera necesano. 37). que hoy . 1 176a 17. R. Cf. IV. Contra es mvocad a en la Metafísica (G. J. Weil. estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo.. sobre los griegos.. fr. eeteto. 63. pp. es decir. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . pp.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. es decir. quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . los poderosos. a través de él se encuentran tr�labl �.63 y que fa �omparac10n del . como el placer puro en Platón. como buen conocedor que era de la Antigüedad. Albert. VIro (Ad Qumt. 62. Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. l l l3a 29 ss. 1960.. es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble».�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�.té'tQOV wv. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras. como si él fuera su regla y medida». para tale cer leyes � h?�bres. 1833. X. que se precipita hacia aquello que le per judica. Cf. En un pasaje de la Política (IIl. de la t. W istórica de tal alu­ sión cf. que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. xat EAE'1!0ÉQLO!:. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón.. Mencionemos solamente que. y no a la inversa. p. 1176a 28). 1 ). cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. que . por su carácter rntrrnseco. ffi. 1284a 10 ss. Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. nos ruce. 5. El spoudafos. 14. los que han juzgado sus acciones buenas. los hombres de distinción.) es pora sr mismo su propia ley». estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . 60. y la del enfermo. . Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. 5. . .el valeroso al virtuoso. es la virtud 1� que es P?r . 1 176a 5-24. p. cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas .

que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». 68. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». o más del Pórtico»). Rer6rica l. como había sostenido Eurípides. pues. Cf. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. P . menos paradigmas en el senti­ do estrictó.67 En una obra de juventud. onou&aí. que parece seguir en esto a W. ofrecidos a la ad­ miración de los griegos.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla.66 pero.óyo�.wv). Y. Es cierto que en 1934. que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. De hecho. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). a «lo que se dice» y «lo que se hace». pp. Ross. el ÓQ86� A. sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí. al dermmbarse los valores trascendentes. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. es � phrónimos. 9. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos. 142-144. es decir. 1099b 3. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. esp. p. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. 345. Rose. y Sócrates a Alcibíades.dad. Dirlmeier. La equivocación de Dirl­ meier. � te válido. se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla. 1. en consecuencia. 1360b 19-20. Dicho _esto. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. 4-5. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. Finalmente. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». a propósito de la def mición de la virtud 1. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. (U. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. Ross. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. Política. incluidos los comentadores b1zan1:. la realización más auténtica del h_om­ bre griego. 284. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. en o que _ concierne a Aristóteles. Panecio (Antikes Fiihrerwm. .at. 4. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». en sus orígenes). no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. op. 66.. 312. Rose. 6). fr. Jaeger. 67. se verá que. no sm afectaciOn. Fr. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo.7° sin embargo. 94. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. a propósiLo de J099a 23. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. Nauck.1nos».61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. y en e l F. Si se comparan las fórmulas. 71. se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. 5. Mas bten.as).60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . Fr . 70. si bien es verdad que. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro. pues. sin duda. y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad. En la Ética a Nicómaco. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud». y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. la que define la verdadera nobleza. cf. del hombre sin más. 69. como escri­ be pomposamente Dirlmeier. universal del valor. _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. 2.69 Más tarde. míticos o históricos. El spoudaios sería. 65. 92. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten.

t') .aA. sino el t� smo �ue JU. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal.a. como en el caso de las otras virtu­ des. . . Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. y no del ethos.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. Parménides y Anaxágoras. sino que es norma en sí misma. incluso entendida como virtud in­ telectual. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. penmte discermr factlmeote. EL TIPO ' 72. Al10ra bien. Eud. No sól� es . J094b 27). 75. l215b 6.. la ciencia de las cosas más elevadas. es decir. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. ahora bten.72 En la definición de la virtud. como flm­ damento de la regla ética. x. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. 73. Por lo demás. que ' aquí no se denomina voi3s. relativiza la inteligencia. sino OLávOLa. La «regl� r�cta» se encuentra. ejemplo. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. En conclusión. sino por la rectitud de su JUICIO. además. Aristóteles particulariza.QlvsL x. VI. de los estoicos. Protréptico. la prudencia. la prudencia de los prudentes. J2l6a J l . sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales. el ter­ . El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. destgna una cualidad intelectual. � pers1gu � . pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). � es el reflejo de lo inteligible. 5. que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca.. que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual. experiencia. inaugura. 5b y 1 1 W. y es en ello que se es buen juez. (281 e). aunque sea bajo una f orma nue­ va. . • . puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible.t. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente. aquello según lo cual se juzga. to» mc�uso s no se juicio. como todo el contexto. ya no • .. ayaeo. A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios. <ruvt<JLS o yvw¡. Nic. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. 76. (T. el análisis topológico debe preceder aquí. la inteligencia de los inteligentes. fr.� t1ene . 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes». 4.oos a yLyvwo xeL. 1. • . no significa que ya no haya nom1a. individualiza. y a la sabiduría de las Ideas. lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. . l l 40b 7. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. os). además Ét. A la intelección de los inteligibles le sustituye. "Ex. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . 13. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-.ga. es cierto. no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. individualizada en la persona del pl�rommos. mino phrónitnos. se lo tome en su senado popular o emd1to. 1 . Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. su . que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. Nic. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. Ét. S1 la mtebgencta. pero no renuncia al intelectualismo. y no por cualquiera).o-cos M x. VU. que no es el sabio platónico.L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente.a virtud: Pitágoras. el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. 3. en resumen. § 3. 5.62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . nos remite al personaje del prudente. a la determinación de la esencia de la prudencia. . frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias.73 Así pues. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. pero -añade Aristó­ teles. poseen la sabiduría.74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�.a.

484e. al final de su vida. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». 79.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría. l l 4 l b 3-8. /bid.lTJ). Croiset. 184.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. Cf. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. fr. Gorgias. la ciencia a la ignorancia. la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. desde el punto de vista éti­ co. Düring. que no es la si rvienta de fines ajenos. Repzíblica. 34!-342. mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. Política. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. Fr. n. 84. ridículo. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. A 2. El carácter desinteresado de la sabiduría. Walzer). 88. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. 644b 22-645a 5. VI. indiferencia. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. es «inútil». y parece ver en eJias dos virtudes complementarias. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. 5 1 7d. un representante de la prudencia. de un modo general. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition. T eeteto. En la nimos que al fondo del problema. fr. 174a. 87. Panatenaico. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». nos dice. 7. Ibid.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles...lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). es decir.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría. para los hombres. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82. p. Sobre esta tradición cf.. 77. Port. frente a la especulación inútil de los filósofos. supra. 5. 83. sino que es su propio fin. Anlidosis.. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. 78. pp. /bid. Éticas. I. por el contrario. 81. Vil. no está lejos de consi­ derar a <.del hombre cualquiera.35 Ar istóteles. 7-8. hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. se sustraerá.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. Primera parte. 34. difícil y divino». trad. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud.87 Pero. Rose. al mismo tiempo que su carácter divino. 982b 20-983 a 1 1 . nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. según el punto de vista desde el cual se las considere. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. 85. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales. 262. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. ha sido afinnado siempre por Aristóteles. más que cualquier otro. y Protré plico. 5. que no es inmediatamente práctica. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». de manera que su saber puede ser «admirable. 667. según dice una tradición quizá sospechosa. Rose ( 12. 484cd. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. l."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres. de A. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. 58. 490a. modificada. 486b. pero. 86. en realidad. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. Metafísica. 1259a 6-20. anim. nos hadamos condenar in­ justamente. y la sublimidad. si no por su elocuencia al menos por su huida. 9). . a la acusación de impie­ dad explicando.8Jl sin la cual.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles. 80. 1 140b 10. la independencia. 1 1. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. Cf. 86. T.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

(n:áeo. 1 1 40b 1 1. p. Cf. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. VTI. l. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. sino de la reanudación. I. Snell. 1 144b 31-32). 32. VI. 1143b 1 1 . Vl. 1 144a 23. 1 197a 17: btc:x•. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. La expresión es de origen l1omérico (B. 254a. . empleado en otro sentido). no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo. 164a. de la cual -. 1 1. 34. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>. Sobre la metáfora del «ojo del alma». el pudor (atóc. hac iendo de las virtudes ciencias. 126. Ét. según Aristóteles. 111. 5. T eeteto. n. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1..123 La prudencia es.127 Este último rasgo nos permitirá. Il. del placer y de la pena. 9. que las de la herencia. dado un fin. Vl. Nic. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. 10. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. combinar los medios más eticaces. es una capacidad digna de elogio. So fista. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. 1 144a26. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). Emdeckung des Geisres. pues. 9. Que un saber así sea incomunicable. Banquete. cf. l.14. 5. Política. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. cf. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. fr. Crarilo. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral.128 Pero la ha­ es noble. el intelecto. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. Mttgna Moralia. 13. 13.). sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. 1 1 14b 7. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. en la paciencia y el trabajo.LO�. VI. 4 l l e. 1 1 W.�v nos dice Aristóteles. se acercan entre sí y se oponen a aque124.. VI. 219a.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. a lo más impersonal. República.ú�) y. cf. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. como se puede ver. Pistelli (donde phr6nesis es. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos). Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre. X. es decir. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche.y que. 125. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa. En Aristóteles. VII. Ét. VI. del carácter c�eo�). en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. como atestigua el Protréptico. 129. para acabar. profundo porque no deducido. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. 1). sobre todo. VII.cntv. 12. 533d. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. pero si es perverso. sin embargo. desprecian el páthos y el ethos). distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. 2. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines. 1. Nic. y si los hijos no se parecen a sus padres. l l43b 14. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. 1 144a 30. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. 13. 131. sin embargo. 52. Cf. La pmdencia es ese saber singular.vó�). Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante. y menos oscuras. 3-6. o por ser virtuoso. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. 1 1 . 127. 130.72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. más rico en disponibilidad que en contenido. sino también de la con­ ducta del hombre. cuya guía son..es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. 5 1 8c. pero no que no se trate de un . 1 1 52a 1 1-14. l 142a 13-17. Cf. jugando con la etimología al estilo de Platón.

l l79b 8. pues. 126). . pero no serán la regla recta. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. 7. 13. X. Rodier piensa sin duda en r. VI. /bid. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. No hay. ID. fr. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. 133. como Aristóteles. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. pues. segunda sección. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. 2). sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra. sería una «Suerte» no serlo. pues. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente. porque una y otra son imperativos hipotéticos y. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. Aquí. 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. Para Kant. 137. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. Nic. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales. la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos.136 de «favor divino». lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier. por lo tanto. eilqnita). la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. o. del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios.137 Si la coerción es accesible a todos y si. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. Kant. una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. sólo analogfa. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos. es decir. nacen igualmente aptos para la virtud. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. Por el contrario. ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres. es decir. a su antropologfa. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. el del nacimiento. El phr6nimos. y e y bueno.. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral. La educación moral debe reconocer sus límites. se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. por tanto. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite. 136. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. X. más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta. por tanto. . es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. trad.. 10. una vez más. de Delbos. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada. �ta eúqnita no es una excepción. es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. p. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. 1 179b 22. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». moral. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. 132. 10. cf.lOV eivaL �l� ovta l.132 Un poco después. Sin embargo.. sino como lo bueno a lo indiferente. 1 1 14b 6.) por la inten­ ción del bien. pp. 135. 1 144a 27.tyaOóv). para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad. aunque se sea hijo de Pericles. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. la habilidad del virtuoso. Nic. 1 179b 27-29. ajenos a la moralidad..l•ene virtud . 127-129 y la merafl 132-133). esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. 1 144b 5 ss. etc.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. al valor. 1 179b 23. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas. Ét. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa.tá completa y no . excepción hecha de los «monstruos». como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. los consejos de la prudencia.

l 122b 1 .. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. etc. .2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. Nic. Ni «alma bella» ni Maquiavelo.ett<. liberal. la inspiración y el trabajo. l l04b 26. si el mundo fuera distinto De hecho. 15. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta. m.e. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. más aún. 2. 6. el sentido teórico y la habilidad práctica. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. la eficacia y el rigor.. pero que puede aplicarse a toda Est<. incluso no sería en absoluto. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. lo que es. 1 107a 17. l !09a 28. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. El personaje de Pericles no la vez. y. sino ambos a 2. bre del interior y del exterior. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud.»' Mediante esta fórmula. 2. del fin y de los medios.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales. que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. PLATóN. Como atestigua. 9. l . en general. 138. cuando y donde hace falta. República. 'H e. O más bien estas son oposiciones modernas. Ét. 379b § l. de la conciencia y de la acción. sino también con lo que hace falta. 1:ett'<. como un último dique. el buen sentido y la singularidad. la Antí gona de Sófocles. o aquello que debe ser. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. si las circunstancias fueran otras. la habj!idad y la rectitud.at xat wv e<n:Lv. el bien natural y la experiencia adquirida. n. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva.. eveQyeí. ll. la lucidez precavida y el heroísmo. ÓQtl. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. de la teoría y de la práctica.�<. por ejemplo. Allf donde estas situa­ ciones no se dan. 1 Jl9b 17. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. la virtud no sería del que es. 1 109b 16. justo. lV. alli donde no hay ninguna posibilidad l. en su descripción de las virtudes morales.

de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. 1: l ¡. de las «excelencias» intelectuales. VI. ni templados.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. puesto que esta virtud no es una virtud particular. cf. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6. . comporta un cierto juego. l l78b 9-18. 8. Enéadas. Fí sica. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia./c/. VI. 1 J 4la 16. 7.tLa. 13.. a propó­ sito de la prudencia. infra. comienzo del capítulo precedente. Hay. VI. Sin embargo. pues. de alguna forma. 1 . 1 3.io según la esencia. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte. p. del mismo modo que el camb.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. VI. 12. puesto que ofrece esta latitud. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en.A. Pero. 4. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. l l40b 27. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera». VI. en tanto que es una cienCia. Sobre esta dislinción. I. 1 1 4 l a 1 . 145. 4. 200b 32. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble. ni liberales.wc.1 1 . 1 10.á (cf p. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». V. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. VI.wc. 7. 14.10 La teoría de la prudencia es. 5. 8.«virtudes». SXSLV. 1032a 15. es. Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc. distribuir sumas de dinero o moderar deseos.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las .A. 1 14lb 9 . 7. 1 140a 10-14. ! l . tanto que es la más alta de las ciencias. para Aristóteles como para el pen9. Aristóteles no desarrolla apenas este tema.). afrontar peligros. l l 40b 5. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. Vl. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia. 1 143b 20. 6. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. 2 (Sobr e las virtudes). 8. de una ontología de J.»13 Este texto suscita dos comentm·ios. 73. H. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. 'tO evbsxó�-tevov aA. 4. una cierta indetermi­ nación. Metafí sica.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. que para él parece ser totalmente obvio. suponer que éste. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. solidaria de una cosmología y. l l39b 19 SS. la cual. en i 3. un horizonte de la virtud humana en general. Cf. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones. al dominio de lo que puede ser de otra manera.. antes de remitir a otros textos aristotélicos. Actuar y producir es. más profund amente. 1042b 8. pues. 7. una cierta incompleción. no de los bienes trascendentes.. btmve-¡. 5. 127). Cf. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes.7 versa sobre lo necesario 8 y. Z. pues. A este horizonte Aristóteles le da un nombre. 3. En primer lugar. F �63352 ��8 F I LOS O F \ . aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. es decir. n.14 Apenas hace falta subrayar que. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos. exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. l l4 1 a 19.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría. La prudencia no es sin duda una virtud situada. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. el dominio de lo contingente. de la aventura y de las necesidades. X. DI. n. el nacimiento y la destrucción (yévsmc. 12 A decir verdad. es decir. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. 2.óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). 1 140a 1). �Eta A. cf. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos.11 Ahora bien. 1 . pues. etc. en el sentido en que lo son las otras. Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte. 5. 6. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. V LETRAS . siendo lo que son y viviendo allí donde viven. El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen. «El arte concierne siempre a un devenir. 1 O.

En el pri­ mer sentido. si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. es decir.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. Así pues. con el azar. 1. losf actibilia. 16. Nauck. 4. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. ef. 17. es decir. del arte: «En cierta manera. el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. xí. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. 640a 28-29. 197a S.-A. 433). probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. q. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales.). II. Cf. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. No se habrá explicado nada. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. hace salir al ser de sí mis­ a. y 468 ss.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general. introduciendo así una cierta artificialidad.vr¡ou.. 20. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». más que el resultado de reglas concer­ tadas. lll. pero la nota vale también para el libro VI). En cambio. 192b 13-14. S. quizá incluso una cierta complicidad. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. en el segundo. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p. los parece que eso sea propiamente hablando e. puesto que. 2 1 . la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. I. a. a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. que es «estático» (Fí sica. . otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. que una afinidad recíproca. e introducir así el tiempo. por ejemplo. Suma teológica. Así pues. El movimiento. 11. Cf. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io».r¡� .. santo Tomás. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. es decir. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. 1 140a 1 7 ss. en Fí sica. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil». La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. cf. Flsica. Gauthier en su comentario: «Aristóteles . si el arte es productor de terminado. que son los seres na­ turales. Part. p.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió. Lo que Aristóteles llama mo. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. 13. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». l. y sólo éstos. la posibilidad del obstáculo (cf. anim. Más aún. corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. 327. pues. es clara. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. 222b 16. Retórica. pos1. 12. 1 . R. l362a 2-S. Le probleme de l'en·e. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. es el comienzo de la indetenninación. que debe ser entendida. VI. para concluir.2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. U. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. es de­ cir. Pero este desplazamiento de sentido. 6). los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. nilv E� &váy?<. TV. 16 Si la situación de los objetos de producción. no los saca de la nada. Igual­ mente. Cf.l dominio de la naturale­ agibilia? No za. no como una re­ gión del ser. . sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. 19. de una manera voluntarian1ente velada. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». . Anal. . 27-328. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. 199. no hace . pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es.w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso.18 Desde este lS. 4 1 8 ss. 18. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. pp. no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. 13. la praxis... cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. 5. que subraya. por ejemplo. La acción inmanente. principio reside en la cosa producida misma. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto.

pp. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. fr. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. A. sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. 28.24 Por el contrario. y. lll. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia. l . 426. sino a la ciencia. Pero esta racionalidad. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza».a JtUQUAeutÓ�teva rijs. 6. En la Ét. De fato. Cicéron. otro nombre de la contingencia. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». 8. Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia. De natura deorum II. infra). El arte no es. l-1 1 P. l. acompa­ ñada de regla. fr. A. l l W.r¡goiiv) (Protréptico. Discurso del método. la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. . Eud.. X. l l . 5. Ffsica. fr. Nic. es decir. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. Cf. y así el arte no tendrá fin. además. más aún. Protré ptico. VI. Metafísica. 1 99a 1 5 -J7). ll2b 4-7. Pistelü). Así. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. sino e. 1-2. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. Ahora bien.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. . !!B'ta A. Pero.. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». Aristóteles invoca aquí ejemplos que. nuestra obra Le probleme de l'étre.. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>.. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. 44). cf. 2 1 W (Cicerón. Meta fí sica. Cf. la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia.óyou. 28-29 (véase infra. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. añadido a la naturaleza. l258b 35-36. del agua. Mewfí sica. 49. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. 3. El arte muere a base de ciencia e. no habría ningún sitio para el rute ni. n.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. Vlll. cf. Z. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. cf. 3. de manera que la tiipartición de la naturaleza. XIT-XTIT. 23. sino a sus fracasos.. por el contrario. . Por otra parte. acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. 11. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. A. cpvoews avan/. l247a 5-7. como lo será para Bacon.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. 1032a 12-13. para un g�iego. retomada por Atistóte­ les. 108-109). 1071 b 35. 198a 5-6. Cf. nuestra obra Le probleme de l etr e. De philosophia. lll. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. 25. el hombre 22. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. 1 1 W. 5. cf. para la acción humana. de una manera general. 27. el arte y el azar. pp.27 de la naturaleza. 50. 1 139b 20. 2. DescartcB. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. de los astros. 16. cf. por ejemplo. 7. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. Nic. 11.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. sino para acabarla en ella misma. Ét. 498-499. 888e-889a). consecuencia de la necesidad universal. \\ . inversamente. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. ' . Sobre el argumelllo perezoso. 98la 3-5. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean . Política. p. 6. IX. para naturalizarla. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana.26 no para humanizarla. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es. Ét. y que no prospere más que en una atmósfera de azar. 6.tettov. 24. 1 l l2a 32-33. Leyes. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo.

�goras y a Demócrito. 2.t w. in(m. 1 104a 1 . La fórmula autori7 .84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. l247b 4-8. 35. La primera parte de la fónnula. 38. J 107b 14. fr. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». 3 1 . Por lo demás. Eud. 37. &. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡. morales e intelectuales. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia. 34. l247a 28.3R pero esta naturaleza no se ha de 33. si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses. 32. 7. TI. 1247a 14. M &. 1247a 3 1 . In.tEV . etc. 1 1. es pro­ ducida por la naturaleza.v8gro:n. 1094b 20 ss.32 1) Una doctrina así. que no tiene ningún sentido. &l)r¡A. se reencontr. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A. l. azar y contingencia. cb.o. pero cada vez única. Aristóteles recuerda que. Si saliéramos del marco. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. 1094a 25. n. �0}t€L ELVUL attla J. 965-973). -cvxr¡. no la había tenido él mismo siempre por despreciable. 14. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito. que defmian el azar ahla M11A. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción.ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos).37 Ética a Eudemo.mí casi tal cual en los es­ toicos. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. No puede ser. pues cuando decimos que el azar es una causa. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera. VTT. eetóv n o\íoa xat <lalJ. responde. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente». que no es el suyo. 29. para esta idea.. Física. 1.31 y que. Nic.lvu 1\wvol<. para algunos. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles. 2. 12. t'Ú:rtq:¡: Ét. 48. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior».30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. cuando se de­ fine el azar. y que se ha sustituido por W. ! ! O l a 27. [(. desde en­ tonces.. l L 17b 21. p. 36.oyov. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente.otra cuestión». tal como nos in­ vitaba el contexto.o. y es por ello que. 1. atribuye ya la fórmula a Anax.o.tOV�<Í>1:EQOV (11. por otro lado. Sobre Mr¡/. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética.t0). ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. . Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí. Mansion. Los manuscr itos dan avá. 30. 4-6. cf. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . 11.. cf. Pero. pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo. 313. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente.oyov. . Ét.34 Queda tan sólo que la buena fortuna. 29. p. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar.. lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme. el terreno o la ocasión favorables. Demócrito. Diels. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar. 119.oy�Of!<fl (SVF. 196b 5-7).• ed. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. 1247b 8. es que en realidad existe otra causa pero no la vemos.v8grorclvq:¡ A.. a causa de sus propias cualidades. 1247b 28. «el azar es una causa. pero oculta a la razón humana. 89. Aecio. A. En el examen prelim inar de las opiniones. 4. y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto».. «pues esto sería -dice. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. 7.35 Mas esta objeción. .A.

ella. hasta el infinito. XIV. que no es una consecuencia. 3 ss. VIL. Ésta les permite ver el futuro y el presente. Eud. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. sino que la mueve en cada uno de sus instantes. en este sentido. que son igualmente limitaciones. 53. ¿Cuál puede ser entonces el principio. 42.tloov tí'jc. sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino. . Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. Magna Morolia. 41. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. según toda verosimilitud. más particularmente. Nic. se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado.43 40. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. si no hay propiedad? ¿De tem­ planza. supra. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». El pensamiento. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia.1 8 (cf. por Dios. que las resume todas.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. en Protréptico. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación.U.39 azar. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él.ÚYcegov agetí'jc.escapa de estas condiciones. mientras que el de la condiciones subjetivas. y en particular la virtud de la prudencia.) está relaja­ do . no son más que un sustituto. 'H yó. el buen o mal nacimiento. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas. 1 ' 1 145a 26. Nic. pero. a 39. 1 2 W. .86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. y con ello de la obligación de la viltud. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. las virtudes intelectuales y morales. lo hace sobre sus Ét.40 Así. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa. sino que están tada al Hortensia de Cicerón. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación.vov ( l 248a 29). El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. 1248a 29-33. . no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. si allf no hay tribunales? ¿De valor. TX. sino que existe un punto de partida (CtQX� ). como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. es decir. De Trinitate. 1 178b 9 . hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. qu ien. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos.oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>.42 Tales hombres. 1248a 34-b l. 1248a 18-27. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido). Jámbli­ co. 12. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación. Ciertamente. la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados. Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. La buena fortuna la virtud. ellos no tienen éste. si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. Dios.uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . ef. 8. p.. y no se piensa después de haber pensado en pensar. encuentran por azar (arco-¡. si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar.. rr. Cuando queremos lo que es necesario.. por medio de la deliberación. L200b 14. es decir. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. que es un don de los dioses. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. P. La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas. 9. 78). .JUta.). . . Ét. . es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. fr. «aunque poco dota­ dos para el razonamiento. BeA. tienen éxito sin reflexión (af. . en ambos casos. al Principio que se funda en sí mismo. cita también esta fábula. CtQet í'jc. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros». 43. evidentememe. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. pues. 4. X.

85-93. ¿por qué Dios. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. L247a 3 1 . cf. . 47.no le niega toda eficacia propia.está impulsada por Dios. pp.50 sino por la prudencia y la virtud. y lo puede hacer. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. W. ¿no es acao. es decir para Dios. 1246b 37.óyo. On the Origin and Cycle. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. no pueden oponerse a él. sus6tuyendo a Dios.. más que provocarla? En otras pala­ bras. sino. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. p. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco. por su determinación misma. Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. Pues ya aparece. Ollé-Laprune.óyou ó' CtQXTJ oú A. no podría prescindir de ella. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso. 50. y allí donde está presente debe tener un sentido. 28. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. Cf. «Acl�la». en Nomo. Alli el azar. 49. P. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre. en cuanto tal. Pero este sentido. sino a los fallos de su acción. r. El azar es. 5. que es Dios. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana.á tL XQ&LltOV. 1953. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. puesto que la <<genética>> de esta consideración. ni por lo de- 44. incluso cuando son virtuosas. la marca de su ausencia y como su sustituto. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. ni mucho menos concurrir con él. 1248a 27-28: A. del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A. «el ojo del alma». como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero. que «mueve todo». En resumen. si todo está impulsado por Dios. 1247b 12-13. 443. ineficaz.-M.A. . a falta de buena fortuna. enton­ ces. p. 48. L.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas. Essai sur fa mora/e d'Aristote. opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. Aquí el azar domina todo. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. pero. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. allf donde la inspiración está ausente. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. La prudencia no es aún la facultad de prever. aA. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna.wv). soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. 1 1 . asi­ milado a la contingencia. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce. es decir. parece. al contrario. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar.46 Sin duda.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. Schuhl. Sobre esta noción. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». 5 1 . puesto que hay algo más elevado que la ciencia.).51 Ciertamente. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. 46.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. y que no siempre lo con­ siguen. ya lo hemos visto.oc. Jaeger. 45.

el azar. el único real. Cf. 197b 1 ss.úy. .no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado. más que una ilusión retrospectiva.57 pues sus causas.awu etvaL l>oxei: (5. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. más en geneml. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. en efecto. sobre el carácter incierto. ni en el libro ll ni en el resto de la Física. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. es de­ cir. Esa es la idea banal del azar (11. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov). pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). a una cosa. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55. en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente... La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica. pero. de contingencia. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. En este caso. _ _ Desde este punto de vista. J97a 36-b 13. xat � túxr¡ aÓQLatov. la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl.Eu:.). 58. 197a 19-20. cuando en realidad fue por otro motivo. o rtQtil. El azar no es. 196b 27-29. S. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. 56. cit. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. el azar DO hace más que sobreañadir una intención.tatov nos parece de poca importancia y. al menos. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl. en efecto. 197a 8. cf.no se deja reconducir a la esencia. . Física. la � t"ÚX'l.r¡ to'Ü aoQí. siendo imaginaria.59 El azar no ap<:u·ece. de un interés humano --constitutivo del azar.3� Desde este punto de vista. 196b 13-15. el sujeto es un ser inani­ mado o. aquello que acontece. que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. 197a 30. 54. por otra parte. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva. -v xai ol. no de dos series causales. 197b 15).w-rov.52 no ve en ella� más . 3) Es esta tercera concepción del azar. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. un mundo donde no todo es deducible. 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal.o. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas. Desde este punto de vista. A.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita». 52. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. 196b-197a 5. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. ÉO'tiv ooou. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar.. sino como efecto.Ó¡. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. 57. por lo demás.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa». no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural.: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. TI. la causa por accidente es indeterminada. como «para servir de sede». m1sma. o el encuentro de una serie causal real. p. en este sentido. 0. más que en un mundo donde el accidente --es decir. el cobro de la deuda. 53. pues. op. Mansion.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista. av�LoatvcL. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana. EXEL'V no se encuentra. 'H . 59. 6. 2) Sin embargo.�. 5. 314: «La adjunción. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella.6!\oawv. dotada de cierla finalidad. en una noción más es­ tricta de azar. esp.tEvov áA. de la fort\lna).<ll t� &. siendo causas por accidente.Aw<. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. es para Aristóteles el encuentro.. este último motivo. 197a 9-10). 11.

V (1 960). 1528-30. 5. al cual <<nadie califica de feliz». 64. I. la belleza física: no se es. 1921\ pp.68 En este sentido.. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario. W. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. 388-389. l l79a 24 ss.tÉywm (I. Edipo rey. una feliz progenie. 71.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. en efecto. pues.72 Ciert. Phronesis. 65. 1 1 . condiciones que no dependen de nosotros: amigos. 1360b 18. 63. p.73 La felicidad debe pues. 66. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. 6. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. De hecho.: 'l. 928. 9.ov . I. ( 1 1 .1. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos. 1098a 1 8 . que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. 69. 1 1 . 9. l lOla 16. Ni c. 68.. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. los sabios deben ser felices. 36 ss.mente estas af mnaciones. . 597. p. desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . si se vive solo y sin hijos».qwvla). en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. Cf.64 Sin embargo. como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna). Cf. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . J. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto... cf. . Beómó-tr¡s. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. lO.. VV. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. Son numerosos los textos. 62.. 1. Ét. 7. X. Retórica.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. 1 1. Vernedius. 17. Pero. 67. o el cuadro de la injusticia triun­ fante).. Ét. 1418- 72. . más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. Andrónu¡c 100). como ya hemos visto. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier./. 1.C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. «el buen nacimiento. 3. I IOOa 8-9. Eud. Nic. 1 096a 1). ll. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. 1420. 74. 1214b 1 1-17. § siguiente.61 No sólo se trata aquí.74 sil 't��EL0�).). 60. I IOOa 13). l l Ola 18). A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. 1. Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. y esto en un doble sentido: primero. 6. En su comentario ad loe. 73. 2. está sometido a las vicisitudes del azar. 8. 1 1 OOa 1 8 ss). 6. .·36. pero para él todas las circunstancias valen. 10. . .66 pero. 8. 197a 30). n. los sabios. 1 099b 2 ss. . Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a. t eunga. Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. 1 LO l a 8. declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). 1. 70. 44). 1098 b 12 ss. Die Philosophie der Griechen. (Coloqwos. Sófocles' Áyax. Eurípides. ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. 2.tÉ/. X.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). II.yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica. 9. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. Ér.67 do. II. al menos si se sabe utilizarlas.o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. 5. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y. I. a<paves 'IÍJ. si se es de baja extracción. l J OOa 10. que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla. xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. pero sin ella no hay felicidad posible. I J OOa 4. en tanto vive.tLV (l. 60. es deci r. dinero. J.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. 1177b 25. Sófocles. Cf. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». T6 ¡. 1 099b l. un «mundo».

83. que culmina la universal «realeza» del sabio. X. 1 . Hegel. de Hyppolite. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75.R2 Así pues.77 pero también que. 12. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. 22. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. Bréhier. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros.76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. adji11. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz.85 Es el Cicerón. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica.wc. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida. A partir de este momento. fr. l l 01a 2 ss. si la felicidad reside en la virtud. sino también los males exteriores: las enfermedades.) los golpes de la suerte. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia. 1 177b 2 1 . n. l. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. 212. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. Goldschmidt. que es. 1. p. VTI. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. el único «due­ ño absoluto». De Providentia. l l 00b 3 1 . 85. TV. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>. 1 1 . Fenometwlogía del espírilll.. de la autarquía. 82. Séneca. Le systeme stoicien et f'idée de temps. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. la contemplación. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. es decir.. entre las actividades del hombre. Así. p. heredera de l a tradición socrática. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud. p. 1 179a 3.. LV. si se remüe a la Providencia. 164. 1 177b 1. Nic. el más autárquico. . la fal­ ta de convicción con las que lo hace.).r. en un se­ gundo movimiento..� Ciertamente sarrollo de un tema. cf. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad.. l. pero sin poder alcanzarlo jamás. como ya se ha dicho. no la acción virtuosa. Pohlenz. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. ef. 1 . las viol encias. pp. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte.. nada es imposible pura él. en especial. «Y no se que más se basta a sí mismo.. Cf. X. E. nuestra obra Le piVbleme de /'erre.• ed. 2. 7. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas. como si. es más bien la timidez. ut liberté grecque. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. 76. la más elevada de todas. V. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. Et. 14.s' Más aún. una materia virtutis. el hombre imJta a Dios. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . a1rta(>xÉ<Ttat0<. 219. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. _ el ttempo. 5. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. monuit» (ibid. Eud. cf. J245b 15. En realidad.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. 111. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». 305 ss. 80. p. 124. c. la pobreza. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. 81. los vanos lamentos o la espem angustiada-. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. CL también M. esp. que vale por una eternidad de f elicidad. o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. 77. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. l097b 8. Cf. 9. 84. 78. rrad. los insultos o las calumnias.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo.15 Ahora bien. procedente de Antítenes. la esclavitud. el dolor. 79. hasta entonces tenidas por indiferentes. 6. la ignorancia. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. I IOOb 12-18. !bid.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. la incertidumbre. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios. no es un menor o mayor rigor en el de­ do. 7. Cf. 1 1 OOb 6-7. 1 1 . De jinibus.83 Este tono es extraño a Aristóteles. Ét. lo que opone Ar istóteles a los socráticos.

205-209). ll. Nic.00 El sabio es autárquico. 86. Mewjf 95.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso.37 el más feliz. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. 12. pero esta autarquía no lo dispensa. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. 1245b 18-19. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-.o�. supone más mediaciones aún. Nic..97 Pero. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles. l072b 16. 1 177a 21-22. como ya admitía Platón.. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la. cf.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97.óv). en realidad. OeocpLAém:aw�. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. liberal en la pobreza. pp. IX. VTI. No se puede ser valeroso en la paz. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. l l77b 4-26. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. X. Ét. La virtud depende relativos y no absolutos. Hay un punto trágico en la vida moral. 7. cf. por superlativos de la virtud.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. Política. 107Sa 8-9. le está «oculto». 1245b 14-19. y la reserva de Ét.93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. 7.96 A falta de éste. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que. de manera que. Eud. por e jemplo. que sólo puede alcanzar 88. 11.. como ya hemos visto. 93.cado ocrov EVOÉX. Nic. 1 179a 3 1 . 96.. euoaqwvém. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. Pero. 98. 9.. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. como la contem­ plación de sí mismo.o�.• afectado por la fatiga. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi..96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico.92 es decir. 1 5 (cf. 1050h 22. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. VJI. X.86 el más querido de los dioses. sea cual sea nuestro mé­ rito. sin embargo. a\n:aQ'Aém:a. 1213a 7.menalidad t popular. Ma�na Mom/ia. una fortuna para distr ibuir. 7.. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción». parecía qu'erer evitarle. X. los otros sus condiciones de existencia. contratos que firmar. T eeteto. 15. de tener amigos. 7. el hombre moral se contentará con la virtud ética que. y este mundo no depende de nosotros. J 177b 33. 1 175a 3-4.cmx .. Ét. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual. por así decirlo.91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». He aquí al virtuoso Aristóteles. infra. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. Ét. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es. J 178b 33 ss. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. sica. VIl. analí­ tica.¡.. Sobre este problema cf. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. cf. uc In que se ven privados los 9. 89. 9. Ét. 92. El mismo . X.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. La f elicidad se basta a sí misma. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. X.. Metcifisica. 90. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. justo en la soledad. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase. X. 25. de la cual Aristóteles no se habría librado completamente.a. 1334a 1 1-h 'i. 9. e. X. 91. sino siempre sintética. como en el caso de Dios. condenados a esta hetcronomía. Eud. Ét. Nic. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad. 1 177b 22. 12. A. 176ab. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos.. 87. Nlc:. Sobre la oxoAl'J. 15.. esclavos ( J 334a 20-21). Ét. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». también Ét. Níc. 94. es decir. Magna Moralia. Ahora bien. 30. Nic. como creían los socráticos. 4.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son. X.EtaL. 7. El sabio. 7. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». 1 179a 24.. X. 1 177b J.

pero esta confianza siempre está matizada por una reserva.oí. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. pp. Pero. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. mismo. Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. 1 177b 26. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. In cita de Rodier.1o.. 1 OO.r�s ón. En el De philosophia ya en las Leyes. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p. No es nue­ va.. que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre. Ét. esp. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. T. 9. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien. menos Jo por y. A pesar del opturusmo de algunos comentadores. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. n. humana.uica. Ét. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. . I I O i a 20). al hombre y a lo divino. de­ la obra de Aristóteles. Nic. pero nunca suprimible.102 Así pues. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. elicidad como «recompensa de 105. (Él. A. p�ro en un sentido ontológico. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. separa ot :n:oA.Livmc.. 7. el cual. de una sarrollada por Platón en el Timeo y.ov . nQoc. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . pero no lo elimin mejor lo aet. un buen nacimiento.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua .oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse. Cf. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. Teogn de o do ella. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada. de :n:oA:ú -co btt <be. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más. aQE't� v). . 1099b 18-20. no puede hacerlo más que «en tanto es posible». la felicidad del hombre. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. salvo alguna ex­ cepcton. Tercer¡¡ parte. Nic. Este último tema criticaba la idea. 1 1 . 1 O l ..wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J. dice. de la ant igua prudencia griega. 1. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. sobre todo. «debe ser accesible a la multitud. pp. . de más noble». 99. es decir. 10. el término de nuestr sible.Í>:rcous. en un hlósofo determmado. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . 102. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. i¡ifra. mora/e /a sur (Es.. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA.OtJS l'i' &vflQ<. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. 137. 10. pero «como los hombres pueden serlo». 1. 106..a sí mismo. tes y hacer prosperar nacidos. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. c. 154-170. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is.. !bid. p. el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. 1074b 27.LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». 32. Cf. a veces ��q� inal. está por encima de la con­ . tijs. 75. Ntc. . X. 1099b 23.A.. Metajfsica. • relación problemática. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces. antes de a los malvados. 103. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo. si puede crear monstruos. para _ ser �trtuoso.

pp. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. I. con Eudoxo. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX.• .. pp. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. la coincidencia del poder de Dios con su querer. etc. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad. 11. Es. Études de philosopllie grecque. cf. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. Epfnomis. 349. l. 10. I . 984d-985a. Esta distancia. Se comprende. arist. concierne a la materia. .. 271a 33. pues. que Aristóteles rechaza en este punto..-M. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury. Meta 1 13. Düring. anim. 1 10. J. 8. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. ll. El Dios estoico tampoco creará el mundo. nuestra obra Le probleme de l'etre. Metafísica.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza.evtoL ou ouva1:cn. Parr. 45. 170-175. n:o!J.. y el comentario de este pasaje por P. 661b 24.. 1 .. Schuhl. The Philosophy o fAristotle. si se quiere. 1 12. Le domiiUUeur et les possibles. Bruns. Cf.. y a Part. 641b 18.. Rodier. de su realización en lo particular. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios». (ibid. olític:a. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano.. IV . anim. el cual no está dispues­ . p. actuando al nivel del mundo.. 'Ev toi:� ouoLv tO J... la cual. Dio quiere lo mejor. residual. pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"». 7. sobre todo. Gen. 1256b 2 1 . que remjte a Meteoro/ 1. .lev 1:0\ito itOLEtv. esp. 1 7 1 . Ahora bien.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. . 1 16. 658a 9. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. pero hace lo que pue­ de. 11.113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. 291b 14.Iévov n:oo�. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». que e s general. 4. 12.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. y no puede hacer todo lo que quiere. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone. n. Polftic:a. regiones inferiores del mundo.lll ov n:aQeon:Q.114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. la detenninación ser que. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. ed. 429 ss. G. y también l . en Suppl. pp. también. cf. 1 17. pero será el mundo. sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y. 1. 5b 14). 1 1 1. la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. 1 5 1 SS. D. 6. 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. Cf. istóteles rechaza las teorfas que.Qa¡tévov tot� oúow (De anima. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado. 388-389. No es la ausen­ cia de ley. como hemos intentado mostrar en otra parte. De Coelo. p. anim. X. 283b 13. f. Ar miento y la predicación. l. introducen el no ser en el ser. etc. anim. 108. 1.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». 1 1. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. p. como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». 170. 1 1 ) De manera general véanse las pp. Allan. 1 14. 903b. 1032a 22. . p.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. ur. pp.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley. 5. De Coelo.117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas.a>U� �-t.que separa l a ley. Le probleme de l'€tre. siendo potencia indeterminada de los contrarios.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. 109. 6. engendrando entonces mons­ trUos. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. aquél esté sometido a las condiciones de éste. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa. Parr. Z. 27). cf. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. 744 b 16-17. Le probleme de l'étre. Leyes. 23-26 y 29. 2. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas.Q). siguiendo las justas expresiones de Rodier. ' llenar nunca por completo. 273. 13. 43. . Cf.Hn . Bruns. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad.emL ). con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. 4. para no conservar.. 15. sino la distancia -ínfima. la materia es. 1 . jfsica. 1 . cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. más refractaria a á La materia que supone. podr íamos decir una vez más. J039b 29. 687a 16.

en últi­ . �20. consiente a los decretos de una Providencia que. t?v �aew� yov (Plutarco. sobre todo. apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. 28 Y 8. ens1po se · · e1 un1verso . 1 181).at a. 121 El sabio no actúa pues. 124. Metafí sica. indeterminación. El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. parva negligunt (De natura deorum. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. de las circuns­ tancias exteriores. Vil. citado por Rodier. 35. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal.a . . las cuales no son. lli. . tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op.: ' XOX. Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. Alejandro. l332b 6-7). si pueden... Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. sena absurdo y. cf . su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. vano querer cam­ _ biarlo. que Alejandro denomina el azar. sino que lo «sigue». 121. según la . Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . es decir. 15. enteramente racionales. en una asimilación al mundo en su conjunto. 37.Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> . que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. . Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . S V F. 156. 22. �unde con la belleza moral).. Études de philoso­ bus. que no se ha de buscar en la física. sobre el mundo. como es el de los estoicos. uo terado).ov011 J·t<:X). turaleza Y r azón. l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal.oA.t tOV A. Así. As1.t. Or. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. repugn. en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. l051a 17-21. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122. un principio de desorden. lloAA. •• u • . Cicerón. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme. también las notas de Rodier. 213. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. ma mstanc1a. El reino de la sabiduría exige.. es porque la naruraleza no es estoicos. m. permanece siendo la expresión más elevada del Logos. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas). 122 sino en la teología. . 28. De Stoic. ibid. • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax. Es sobre todo Cicerón qlllen.óyov (Política..r¡ . cit. El ideal moral de Aristóteles no puede consistir.123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. ll. 273-274. . 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. De Stoic. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . 1 1 83). pues.a del mal. 9. 86· . 1. constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . 7. SVF.• ed. E>. . como pensaban los estoicos. ni en apariencia ni en el fondo. ll. 29). . sino en las pa­ siones. �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . 1 7 1 . pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. . Bruns. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. él es una obra de arte. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado.a '(Ó. n. cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. 38 . Scott. Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. t�undo es racJ?�al. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque. En � es men�s una realidad positiva. en última instancia. . en sus condiciones de realización. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. 156-157. . por el contrario.l(l) 1 (. por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional. 66· . p. Dejini 123. Según Filodemo (col. 1 1 que una m�potencw de la forma. 13. p . cf.. .Q 1tUQÓ. 36. p p . 1tW� � �m.. la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. 1 (Dión Cr isipo. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. . 124 pero. El conocimiento ele este orden. en el sentido más profundo del térnúno. S V F 11. repugn.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. un dominio previo de las circunstancias. hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien... �or más perfeca t que ésta sea. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. 274. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza. pues depende también. cf. pone su vida privada d � � 1 19. 1 178).. 35. Cf. de la Naturaleza. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. Breh1er. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. de Dios.

. no se remontaría más allá de Panecto (cf.104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser. 10 SS. 1 . pp. En lo que concierne a la contingencia. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. Lo. �an dtferente = 127. pero ella es también el reme­ djo. que hacían de la phró11esis una c•enc. en su envoltura celeste. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. cixoAaota. Se comprende. nos parece. '1 tOtJ xaOrpwvto. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. 15).. 62.tatOV. en la medida en que éstas son todavía moldeables. Philologus [1930). hacerlo humanamente. El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. p. P . no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. 264) una definición de la phró�I�SIS como . sino la incompleción del mundo. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica. E sperando poder realizar inme- 125. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. como ya se ha dicho. 4 ss. encontramos en Estob�o (Ec/. cit. ya que el mundo es Dios. a causa de su contingencia. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. 129. por la simple razón de que mngún • � . «Das . 11 problema . la pobreza. no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. U.. ai. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría. d ígrotc. yevó¡.-M. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. P�1�1ppson. cf.. que del libro ll de la Fr sica. a ponerla a • de la moral más que al primero. n.ltv tó €<p' 1)� tv (171. m.r . muestra que la azar esp. cit. 365-376. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. 8. para el estoico. o. &v �). 231. p. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. 1 149a 4-20). del bien. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. ?· 60 : . pero. soledad. 1 19601. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. Er. el mundo. es también lo mismo ser sabio y prudente. dicho de otra manera. 1 : 6. etc. Rodier. es decir. 128.. Vll. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. Sin embargo. estar �·odeado de amt�os q�e . Ja cual. A Gnlh. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. op. .. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles. Bréhier. pues. pp. e incluso la de desorden mórbido..a de! �1en Y del mal . si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. 5. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. SittlichschOne bei Panaitios>>. supra. lo que es lo mismo. ÉV bE toic.. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra.. y siempre es posible enderezarla. Rev. 9r¡QlÓ"tfj. Níc. sino también el mundo. el hombre quiere lo mejor (Et. Coloqui os. ma que . p. puesto que no es más que una parte. Le dominateur el les possíb/es. es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. EXtOt. ser rico que pobre. Sin duda. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos.. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. Esta �elit�ICtón. 45. p. que para Aristóteles. Epicteto. n� es sólo su propia imperfección. es un reme­ en las cosas exteriores y. Cf. cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales. 274: «El determinismo de la razón .-M. a falta de otras mejores. «búsqueda de lo conveniente». estaríamos menos impulsados que Rodier. W. Phi/. (cf.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. 1 16. SVF. p. tomando el relevo de una Providencia fallida. 9. a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. 43. Nic. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias. contrariamente a los estoicos. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. Vil.12 s La contingencia es el mal. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. Cf.P. Ciertamen­ te. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. el de los deberes o xa0i¡xovw. 10. solo.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia. aunque sí le está permitido. la .una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. xm:óg9w�-ta. Lo saber humano llecrará o . 170. más que al «hombre medio». separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. Schuhl. Alejandro. 1). taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. y el de la acción simplemente conveniente. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. entonces querríamos la enfermedad. Sin embargo. el cual no está ordenado más que en general o. de las del antiguo estoicismo. 11. en nosotros. Schuhl.tEV totc. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. y el comentario de P.tlmc. 126. al menos si el hombre quiere. no remiten a ella.

simplemente» (M. incluso si esta exaltación . Aristóteles parece inquieun decadente. 3 2 1 . 1946. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico.AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. provisional. 1253b 33-1254a 1 ). le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. ni la victoria todavía tan lejana. 1 99b 26. 1 3 1 . _ . compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable. Ffsica. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. pues. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. 52 R. 1075a 19-22. pero sin duda indefinidamente provisional. en uno y otro caso. 5-6 P). un diletante. tiene l a experiencia del azar . como e. 132. es decir. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. al mismo de la contingencia es a veces amarga. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. en proporción inversa a su habilidad). 4. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia). antes de ser y para ser una moral del ser. A.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. Cf. nos corresponde ordenar el mundo. pp. Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. donde los hombres libres serían los astros. al menos por condición. 38. la carga de la libertad del hombre. 1mentras que «los esclavos y las fieras». y esta ausencia de destino es la garantía y. La vida moral no se confunde. simbolizan las partes in­ feriores del universo. ni . por­ unida a la contingencia. 133. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». el mundo sublunar. una moral del mundo acabado. El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. smo que son a menudo dejadas al azar». Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. La moral de Aristó­ teles es. que es moral en sus fines como en sus medios. el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. En este sentido. si no por vocación. curiosa y sin duda i nvolunariamente. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. pactando con él en caso ne­ cesario. 131 Pero no era esta.¡uov) está. � tiempo. hacer. Ciertamente. es decir. TGrv yó.133 La excelencia ('tí. mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. Fllopón (ad loe. U. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. (qJQÓ'V'r]Ot¡. Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. Segt ín . puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. pero también de los fines a los medios. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. l..téü. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto.1·. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud.132 Así pues. 379-380). sino comprometiéndonos en él. 8. Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras.106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». sino que se opone a ella. 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. a parte sub jecti. en Sens et non-sen. nada es seguro. son reguladas (tetaxtaL). o al menos la mayor parte.. Pero. Así considerado. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. Sin embargo.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. que es indiferente a sus fines.ro¡. del desorden y del fracaso . no negándolo en provecho de otro mundo. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia. sino al mundo. Parfs. Y 9ue todas su� acciones. Merleau-Ponty' «L'héros. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. al menos en un pasaje. En un señalado hombre. y que no se volvería inútil más que el día. siempre aplazado.. que están solos en el mundo». los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. la sensibilidad aristotélica. para Aristó­ teles. y la prudencia. 5 W. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. y no podía 130. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. porque no saben lo que hacen. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. la adaptación de los medios a los fines. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). Tal es la tarea.l trabajo con el que es a menudo comparada. 1 �4. del una casa (otxta). l'homrne>>. puesto que se trata. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es. fr. Simplemente. el m11sta Siempre dehbera más o menos. 10. testimonio de lo cunl es el arte. .. es el hombre. 111 s1qwera Prometeo. Los santos del cristianismo.

. dentemente una vida inactiva. por consiguiente. Gauthier-Jolif. i 140. pp. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione.. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les.. no parece que la pereza. 1 176b 29. .. pp. Aristóteles rewmaba. F. dice. una actJv¡dad sena y mentona (cf. la phrónesis. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. n. 1. Pues si se admitiera que. al contrario. si?o �na nec7sidad moral. 15. 15. jo. habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. Política. y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . Nic. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. 14-18. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia.OAOÍJ�AE8a tva ax. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. !bid. SVF.óyo<. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. P. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico.140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. No creemos. puesto que comporta la 142. E t .f!YOV 143. .)... 17.137 Pero nos parece que la constatación de experiencia. y son. Sin embargo. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema. 139.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver. aunque tímidamente.. gentia. aunque no sea este el único argumento.142 Exaltando. donde n:Qay�c::reúw6m r . /ntroduction ii la Physique aristoté l. Epfnomis. pues. se opone a n:ml. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. Nuyens. 1885. 1177b 4: ÚO'X. 136 ahora bien.. A. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo». 98. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. 18b 26.. Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. sin embargo. 982d. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. A. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». 9. Primera parte.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción». 42-43). Mansion. más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. pp. n. 731). la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. aquí como en otros lugares. en Ét. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da. 135. pp. Nic. En este sent ido. Sehuhl.ELv). en su lenguaje. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. 41) mostraría que Aristóteles. X. VIl. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136. 7. O. se llegaría a «absurdos» (<horro.. y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa . y que (op. no sólo una oece�idad. pp. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. sino la actividad (eQyov) en general (cf.Ó.100. X.. Según la expresión de P. cf.. a hacer de ella un vicio.W�AEV.-M. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. Jahrbücher f f .) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. Le dominateur et les possibles. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. p. 19a 7. Aristóteles no Uega. puesto que. 26-27. Introd.139 Así pues. D. p. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa.. la vutud de la deliberación y. Así.-M. 20). la tradi­ ción moral popular. klasSISche P Supplementband 14.oA. cf.a). Nic.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?». 50 ss. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. SS. cit. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio. en realidad.108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. Ét. 138. quizá porque su contrario no es tal virtud particular. Oüte Pov!. megúr ica: el argumento. y sobre todo Cicerón.. dili virtutibus et vitiis.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre. 6. Wesen und Wandel der T ugenden. De ato. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica. como su nombre indica. p.q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . LO. la cita de la nota siguiente). el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. es decir. 137. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. considerada como un medio con vistas al descanso (cf.xn. 957 (Orígenes.ál. Bollnow. que se trate de una• invención ulo/. Fleiss. p. 28. De imerpretatione. 1334a 15). 6. Nic. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos. Y se la condena en parte en nombre de la moral. Cf. 19a 7.

146.. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de .UOV. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . Essai.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. sin em­ Dios. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. ahora bien. 7. J l 83b 20-27. Según (f3d:tiov tij� áQetijs. 1. como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia.. si no fuera más que esto. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). ni siquiera eminentemente. Pero. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. OL q¡QÓVL�lm.m xaL �t'i) 1tQéil.LS 'tLS nQOO. 12. 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. !. dir á en Magna Moralia.146 la phróne­ tÍ. IT. cf. 7. ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. 1. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. 34.. ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente. VI. lo es. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s.. Coelo. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. Él.m (Magna Moralia.LQEtLX1) 'X. Nic. 149. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. y no en la inmutabilidad. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud. es decir. Eud. está sometido a la contingencia. e s decir. digna de elogio. también (tq> . _ mundo oscuro y difícil. 145. 34.tta. 'H qJQÓVIlOLS lJ. como el mundo de los hombres es lo que es. 1220a 6. 148. J I . apoyándose en la tradición popular. Repúf>/ica. que explica que la vida tMe. 1 1 97a 14).l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit. lor absoluto (cf. l l 4 J a 20. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. pp. 1. al Él. dispensándonos de escoger. 5. I I O l b 11 ss. se tratar ía de una distinción tradicional. así como la sophftt.147 Pero. Vl. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. 23. vegetativa se parezca.ti:v ovtwv xal. en tanto que am­ biguo. se podría objetar a Aristóteles. Nic.. 1. Metaflsica. Nic. a la vida contemplativa. 60. 4.--ci'j s. 1200b 14.. 2. 1 103a 8. 207-208. 1. cf. Pero. como todas las virtudes. ll. de la cual participa. no quedaría nada por hacer. Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas». De natura deorum. 187-188). cr.trr E. pp. 58. o quizá a causa de ello. es.149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia. Magna Moralia. es precisamente en el hacer o el actuar. 2. 292a 10-b 24. É. .l44 pero no de mente.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. lizable en el mundo tal como es.1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. La prudencia no. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l. 1 123b 17-20). 1. Cicerón. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir. Sobre el sentido filosófico de esta distinción . IV. De legibus. Magna Moralia. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia. mente. en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud. 147. l. ahora bien. IIO!b 13). . l. I. 34. Yi1tud del mundo. a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar». Saber nos alejaría de actuar. Nic. -�---- - . es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. La prudencia.. 22. cf. sino morol.. oúx em<rtiJt. 1 197a 2429). Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. 49. efectiva­ Msetev av. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra. 1tQÓS tl nws exew. dice este últi mo texto. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. en relación al sophós. Magna Mora/ia. Ét.14s La sabiduría es digna de Dios. que se haya de encontrar la sophla. 1tQéil. btmve1:Óv. 1. también infra.. Él.cnvetot yáQ ELOLV 144.. 11. Vll. . ll97b 7). Esta última calificación es reservada. cf. Ét.. 1 145a 26). Y bargo.f. y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer». mostrar su valor no sólo intelectual. 130-131 y 156. erudito (sophós)? En elación al phrónimos. 983a 6). su excelencia propiamente humana. 1219b 8-1 3. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. por el contrario. pp.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. virtud de la deliberación.v €LT) e!. I. Ollé-Laprune. De Cf. A. y no implican ningún mérito en el que las posee. y en Ér.tta (entre los cuales bien parece. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). . cf. Nic. 1. extrañamente común a las plantas y a Dios. de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. en la Ét. 11. Eud. 13. 209). De divini­ Sobre esta parado j a. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario. Aristóteles intentará. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. Pero. 11. si el mundo fuera perfecto. p. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . 12.tv· tÜ>V i!l.

210. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí.. pero no para el otro. por de­ fUlÍción y en todo tiempo.153 Criticando a aquellos que. 157.). Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa. en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. J 1 06b 21 -23).:e xai.156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. /bid.ov X<XLQOV oxonti:v). 1222a 3). por ejemplo. pero no lo hay para el adulterio (6. y definiendo la vi1tud por el justo medio.. 5. útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. To 6' (he &1>i: xai. 5.. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. oú OEL xat O'tE)». Ét. defecto y justo medio. la ocasión favorable. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. (Il. 1 104a 8-9. de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18. excesivas. 2. 150. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo. por consiguiente. actos que nunca querríamos en absoluto 153. haríamos «voluntaria­ mente». Física. y supra. 1 197a 34-35. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta. 152.. Nic. oüc. que son siempre lo que son. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS.) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. . 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). Anal. exa)». 151. como. hay muchas de no hacerlo. pero no lo será mañana. 1 19b 17).150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta.cQoc. 15. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. ll. objeto propio de la pru­ dencia. pero no en otras (exeí.ac. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1. La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. 158. Pues hay acciones y pasiones que son. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». 1 197b 8. ll. la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc.157 Igualmente. Como nos lo dice un poeta.Üac. 1 104b 24-26. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf.). ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew. Cf. xui.155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. 11. Magna Moralia. IV. 205- 155.). post. V. Eud.) demostración. pp. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». en las cuales puede haber exceso. óet:. o más bien puede legislar en general. ll. esp. m. 97b 23.. el tiem­ po oportuno.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. 154. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. 49). 1 . xat .eLc. l l09b 3 1 . familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones.)» . ti¡ e. y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. 1 1 97a 38-b l . 2. 'tLVUS xat �Qe¡. •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. OJtEQ ea-ti. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». 1 107a 16). p. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo. e 156. Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. 1 3. Ét. UQETti e. 4. Pero las cosas útiles. n. EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. que es el «número» del movimiento. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. dice Aristóteles. útil para uno. 9. Goldschmidt . Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. 34. vws..154 Un poco más adelante. del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría.wc. las figuras geométricas. 1. Nic. lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. l l09a 28) y para el deseo (lll. OQLO"tOV. igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos.fj ov•a). Eq>' otc. o-ó i!vexa xat <Í>c. ¡técrov -.. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos . 1 1 . 152 la moral aristotélica. 1 106b 35).

_ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio. Silhoué. 164. XatQOÚ. Contra los sofistas.). Festugicre. Süss. 1 1 .). Sobre el ka�rós en los rétores. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. Kesters. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. 4.. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. dtatre. E. 1 104a 9). 6 ss. Mikkola. servar el resto») (Corneillc. en el Fedro. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos. L. Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . en términos aris­ las circunstancia totélicos. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. 1 6 1 .. pues no se da sólo en casos extremos. cf. Polílica. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. El ejemplo. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. no es nunca más que un mal menor. 2. pp. alectique. Fedro. quibus esset moclerandum. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. cf. arl loc. permitirá al filósofo tomar el poder). Carta VI/. 1 0. No hay (salvo excepciones. De la di ica la 195�. 3. ? . Cicerón. 154-156. cf.i'¡. /bid. pp. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . De compositione verborum. Platón. V. il!(ra. l l LOa 14). T 160.. por ejemplo. que había sido ela­ «triunfante». V. 5. en el ardor de una polémica todavía 163. lsokrates.) y por lsócrates. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. cf.159. Sobre la anligua medicina. pp. pp. el kairós. _. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada.. 7. preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. Platón retoma esta idea.7 (a propósito de li. Por otra parte. 14. cf. T. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. l l06b 3. J. 32 ss. 275d e pp. Littré. 327e (esperar el kairós que. 1. pp. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». . 13. Dics. pp. 1910. 1-3. A. pero en un nuevo sentido. Jnrroducc•ón al Fedro. Helsinki H. Fedro. al momento presente. sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. modernos. r ��c. CLXtV-CLXVII. Sobre los lugares en el hombre. 19-20. y 239 ss.ew. Awour de Piaron. . 162. De finibus. l l . y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. La 1101ion platonic:ien­ Ér. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs.160 El objeto de la voluntad o. Es el juez 162 y antes absoluto. Alcidamas sacará Panegmco.. utcumquc res postularct». 18-27. § 2. 201 ss. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. Bourgcy. 223. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa.. 1. La acción mala será entonces aquella que a: 159. 2). '! En realidad. § 44.. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique. 151. L. extraño a la consideración de los fines. l l l Oa 4 ss. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. Souilhé.) del conterudo. cap. :rcQá. 1 so fisli. Platón. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»).159 De manera inesperada para nosotros. Toda intervención médica. como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. 326a. 1vma fortuna. pp. Rob1n. 1 1 . por una �. sino el bien rela­ tivo a la situación. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. 203. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. 45. Cf.114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. y a�n Platón. 270b). 16. es decir. I. Antisrhene. por eJemplo. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. y el comentario de J. JO ss. _ 9. Untersteioer. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. _75. Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. 272a). sino en su contexto. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado.o. cf. Erhos. -xata tov xmQóv éo-nv (01. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico. exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. citado por Aristóteles. p. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. Al introducir en la moral la noción de kair6s. bien que. Cf. To M tél. era natural que. 215 ss. W. 1314b 16. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). M. Leipzig. _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. 1312b 25.

de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. oLóv 't' em. para éste. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia. T(i) �tEV yó. la ocasión (xmgóc. bien po­ drían ser de Gorgias.IÚ'túlv éit. &XA. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt.) en el tiempo. I. 8. Ét. una E!-t3tELQta (Gorgias. sino a la opinión (ouo' oA. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡. Política. 12J7b 33. Se traa t de mostrar. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. sino en la acción. emo'ttíl-ta<. yÉVúlVWL. .áo'tq> twv 3tQUYf. escapan a la ciencia.Vll. Eud. en efecto. por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo. por tanto.goeAéo(. Antidosis. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf. una <he". nga. Dionisio nos dice. por consiguiente. una <<estocástica». É t. Eud.o1J xat 8v. Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente. 16s y que. al insistir sobre la consideración del kairós. una especie de adivinación.Étgwv) en la cantidad. Pero aquí Aristóteles choca. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos». en su diversidad infinita.Lc. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo. En realidad. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós. si lo fuera. 1217b 32 ss. verb. 1096a 27-28. sobre todo. 169. sino que es. U. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). las cuales. si no es un arte es porque es más que un arte. 7. <'>Et n. OUX.Q etMvaL 3tEQLAa6etv . Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX. Una acción fallida no es una acción. w. Tópicos. VII.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. Ét. y Ar istóteles.168 pues. !bid. 8. sino por la opinión. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. lo E'Ó:rtgayta.Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas.a. en especial en f unción del lugar. !096a 24-27. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a).169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer.167 165. la virtud en La cualidad.wc.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro. 1 7 J .óym). 1 . Los argumentos (A. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción.. E:rtLO'ttl fl. entre otras cosas.. 166. 463b). 16-17 y 13. .. I. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis. M�CILt. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. que el kairós no se da a la ciencia..TI &l]QUtÓc. yaQ án:ávr. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. 3t€QL OLCIÍ:n¡t. 4.. la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv .ó. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno.. xat avOQEÍat. De comp. contra un cierto platonismo y. 260e).w· en:l.is: no es por los conocimientos generales. 'XCIL oosa<. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. p. Pero. 167. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias.)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. que es realizar su propio fin.. ni mucho menos una técnica de aplicación. y.A.. sin duda siguiendo a Gorgias.. no se expresaría más que en una categoría. La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida. r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. (otmta) en el lugar. 37) que del momeolo favorable Cf. ser una (f. las aguas y los lugares. Tratado de los aires.taQ'tEi:V)». parece. Ahora bien. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia.. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. 1 5 . Nic. cf. 1 70.. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. Pero. frente a Platón. 16-17). una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado.171 Pero más aÓtoU<. y la ÓcLVÓtf]c.li<.. 1. «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema».116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada.. 107a 5-12. . que de­ signa el género de vida. 1. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL). 17. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte. moxamtxi]¡. también. 45. pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX. EOtLV ó XCllQÓ�. Pero está claro que. quiere desprender. bastaría para asegurarnos que Ahora bien. 168. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas. Usener-Radermacher. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad.. útiJ en la relación. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. como sus predecesores. oó�).

174 Ahora bien.172 Así pues. Más at 1n.. en general. 14. 4.óyou) . que dar tales definiciones». sino vir­ tudes: así. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. 179. 1247b 22. Aristóteles no va más lejos aquí. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. pp. 172. 'Af. A. 85-89. toma claramente partido. 1 096a 32-34.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. nos dice. si ninguna ciencia.av 'tÚX. cuando conviene y como conviene». 177. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. 173.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente. vrr. 1247b 23-24. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica. (l248b 7). no hay ciencia del Bien en general. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien. Ér. es decir.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. J. 981 a 5-7. 183. l248a 3-4. las situacio­ nes éticas son siempre singulares. 1078b 28. Cf. pero uno puede pre­ guntarse si. ni tampoco el valor.. a partir de ahí. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida. . «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre. Eud.LOLQCt del Men6n (99e).. como hace Gorgias. 72 a. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-.'8(' ¿Se podrá hablar. 174. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. 13. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. Ér. Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra. Pero. más vale enumerar las virtudes. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). «por e jemplo. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto.t�2 Pero. de la ocasión y de la medida». Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. Polftica. 180. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. a propósito de la virtud. o una sucesión de azares felices. 178. Ét. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud. pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. 8. ex. la virtud del esclavo no es la del maestro. sino también el tiempo oportuno. como se recordará. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. etc. I. como pensaba Sócrates». l247b 2 5. Eud. 181. categorías según las cuales se expresa. Mera ftsica.UpÓtEQOL ( l 248b 6). pero... de un favor divino. en ambos casos. de buena fortuna (ef. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�). Nic. Men6n. sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación.oyOL O' cl(. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]). Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. en este caso. es decir. I. 'XUL aA.179 e incluso de una manera general. ni la justicia. 176.oyOL). cf. l2l7b 37-41. Es la (:)ei:a f. insis­ te Aristóteles. Ou ouvax�¡. 1260a 15-18. pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. l. M. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. 1248b 3. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne. 4. en la Politica. 175. Finalmente. 182.

eúeo0m). Este misticismo de la predestinación. V. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. a la mversa. Cf. Si el kairós ha aca�ado po� significar. pues la ocas16� ex1ste. Cicerón.. � .endo. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con .120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad. Diógenes Laercio. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro. 1248a 19-29. si la Prov1denc1a puede fallar. 48b 35). 1•erb. al ¿no puede la deliberación. El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo. caz Y p �� siendo el Pri.192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. «De l'instant propice». que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. en �omer o. ) oewc. Kgeinwv . Heráclito. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX.. (Dióg.�mpo de la acción divina decisiva. V. tal como hemos visto.'89 Pero. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. libera al hombre. de esta concepción religiosa del .» (Anal.'90 pero. 18-21. el . Un. y que tiene su principio en Dios. Epicuro.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm.os sabios. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. L� que hemos llamado. .a. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. Por el contrar totélica de la phr6nesis.. �iels. Carta a Meneceo (ap. 11. 47). pr. pacial.nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. 36. <I>QOVL!-!. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. parece dudar Y vacilar. Cf. Cf. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble.ót. 5. Pero no se ve huella de ella aquí. a falta de téc­ nica aprendida. sombríos de la tragedia. Pero Aristóteles no se limitará a esto. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. siguiendo a Teofrasto. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes.' l. En este sentido el «�ar» 9ue Ari. oux eat� XQÓVoc.1mb1én para D1os. sino sólo el favor duradero de los dioses . el futuro no depende del hombre. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados). suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. la ocasión favorable. Lacre. La wx. De comp. Phil..el ttempo: 191 P�ro poco a poco.oi:í voií xat �ovJ. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. fr. 85.. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo..rJ . en especial. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal.-M. insuficientemente dirigido. la fatalidad también. 28. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. 187. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón. sug. fistas. sino que somos los juguetes del destino. también es confiado a sí mismo. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar.m�r Motor de todas las cosas y. en ambos casos. por lo que se ve. Antidosis. una vez el impulso es im­ preso o.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . 184. X.?� ya no es el tt. (1962).. tanto para bien como para mal del hombre. se seculariza y se humaniza. se comprende que haya podido stgmficar. !91. alta. en adelante sm uso para Dios.e un comportanuento capnchoso. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras. Dionisio de Halicarnaso. tampoco lo esclaviza al destino.e �es reconoce en el mundo. 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. lsócrates. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación. Se t1a1a a tran. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio.m 188. De Jinibus. la evbaqwvia a la etrtvxta. pero al. guiada por la prudencia. el kai­ . Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. Con/T'(I los so 185. el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P.. ( 1248a 32). pero lejana. 1. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas. puesto que. asto. t. 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA.. Schuhl. podemos señalar algo a propósito del kairós. la noción de kairós.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación.úiV xat oocpwv. 12. 1248a 25. Rev.st. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa.. �ero. vestigio kat�os.� ahf d� � 1 �2. recuerda los temas mác.. 189. Cf. 52. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. Había escrito un fiEQL evtuxtac. 45. béwv).

p. 1. n. E. vengativo. Cullrnann. les impide coincidir consigo mismos.áooeoOal. considerar la estru <. . pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r. está echen. 196. VJ. 10. 1921. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o. 12. si es imprevisible. 45). la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. como se dice expresamente en Marcos 13. a apa1 la vez azarosa y eficaz. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. de deliberar bien (xaA. la de la vejez. �oao9. (las acciones pasadas) Paneg. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil.t. 5. la de la Cf. (Mt 25. p. 7. rx. sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. kairós.' Esta última prec isión es impo rtante. índaro. a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. 1951 ). a tiempo. 194. Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' . en Aristóteles.J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. Neméadas. le temps. en virtud misma de su estructura contingente.. si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca.'96 ada. Es esta a ·/ del hombre.. más en particular. Nic. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia. . la contingencia �o� . de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. 5 . importa. Hesíodo. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. 52-53.. XatQO.w� f3ouA. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. Schwartz.ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. V. 1 2 1 . antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral.'>Cn». especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1. 221a 32-b 3. ctura de la acción en ge�eral. O. P tt V. 84. l . § l. de los griegos. (Dornseiff.. 122-127. como �n otras partes. re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . comenta: «die precisa: «das moralische Denken. Unters­ ición muy dis­ teiner.. 1::> . Pindar iibersetz. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo.. 78: cpu/. 1 140a 3 1 . y entre Física.o agut. es decir. La importancia de captar el hm. la herida tnorutl se llama XCllQlO. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. · . "tO naQxei�evov erliilllerl. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor..t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis. 7 1 ). No . netV"tó. Ahora bien . de . M. anim. Ét. pp. t947. Pith. el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana. �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . . 111. Christ et rós griego. 195. VU1. 3. es decir. Y. sino hum ana. Trabajos. nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento. Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. pos ¡) t i e. los hombres. IV. de una rehabilitación antropológica. 1 J42b 31.r¡y� (1/í tóteles. .· • . pp.r). es objeto. pero lampoco el hecho del solo favor divino. hace salir a los seres de ellos mismos. el cual será al m ismo tiempo el úllimo. NeuchateJ. was der Augenblick gebeut»). cf.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro.19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. q>Qovti:v . Sobre el kairós bíblico. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. c�mo ya hemos visto. E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía. El lazo idea moral) por lsócrates. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro. ó' Ent n:lim. Ex.•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. sea su pnncJpto... 9: "tO ó' ev XUlQG. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv. 26.. 694: �<QCl ó líe xatQ� . intemporales. Porque es «estático». 785a 14-16). das erfas sL. cf. Mesina. Si él es la herida. . ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. 1098b 24. Jankélévitch.. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. él es también el remedio. : Ét. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo. Vl. 193. La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . Nic. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». Cf. pues es. . 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf.aL). cf. Citado por Aris­ p.122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. � �or ello Anstóteles. Lcipzig. 433. Gen. texto� citados en Le probleme de 1'etre. la de la edad madur..l93 es decir.v clQtcrto.

cf. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. (c mo dirá Aristóteles en el libro VI. y nosotros no deliberamos sobre tos ..10 Así pues.. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. cf. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. 1 J l2b 3-6. 1 142a 3 1 . o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV. y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. la cual. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill.2 Sobre este punto. cf. si está menos estudiada. 10.-ti to noA.. IT.). a la inversa. 3. . 14.v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. 4. sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos.9rom. J l. 10.Ero� av V. tt. simplemente de la acción).7 Pero..J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. Nic. 1 1 1 2b 8-9. nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo. La c1enc1a trata de lo necesario.6 Este análisis. Eud.. pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. tal como 6. 5. Cf. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación. asuntos de tos indios: Ét. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». 6. deliberamos tanto más cuanto más ignoramos.ú). el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV). Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc. la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica. 1 1 12b 22-25. L226a 29. lll. y se pregunta cuáles son sus condiciones. Ul. es decir. Reiórica. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av .8 Sin embargo. 10.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ . 1 1 12a 32-33. pues sabemos por la ductible de azar.v hd. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas. 1362a J 8. del mundo o las verdades matemáticas). 5. 36. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. 1247a 5-7). Eud. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata.. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. 9. 5.. Ciertamente. 7.EL otov ev CTtQOtll­ . subr�yando la afinida � � de la análisis. � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin. Ér. No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). es quizá porque es menos estudiable. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ). 5. Resumimos 1 J 12a 21-29.·x-tá. ' xuoEQVIlt yLq. xat LXll (VTT. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. 11. Y lo que . 8. ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. precisa Aristóteles. los :n:ga. o del fin supuestamente conse­ guido.. VI. los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro). 5.ot� M :n:wc. €. To eoxatov f. t'ÚXTJ Y voüc. 11 1 . . l. 5. uváy'XrJ. Nic. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. ÉI. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. Cf. . secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro). un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas. 1 1 12a 31. tO rtQ<irrov al:nov.•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. En realidad.5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. l l40a 3 1 . 1 1 12b 14. tO Ot' av8eóm:ou). /bid. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�. 1 � 12b 18-20: . 1226a 28. 10.QX. Yl.

vn. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. J 6. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. T 14. 1 1 12b 4. Pero. en stc as?. Greek Mathematics. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. (contrariamente a la edición Mazon. pues. y aquel en el que el hay más que � na solución. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo . 1 o SS. la causalidad instrumental del medio no es gar. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). pp. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. Cf. Allí donde la so­ lución es untca. Heath. hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. li ad efic1ente. que pueden ocac.:úotv)>>. en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. en efecto. Euclides. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes.. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. 168.� in cos. Meta/fsica.. smo de su plunú1dad. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan. lbid. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo. id. t. está bien precisada por el coro de Amígona (v.16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. pw l ll. 634.·ntcs inverso. . enteramente transparente a su ctencm. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>..1usa y. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. es cierto. Ahora bien. 14 en segundo lugar. Cf. la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. Nic. y se trata de encontrarla. Heath. �edio no es sólo medio para un fin. puesto que se trata de � i 15. la c. tiene también su propia causa­ . 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. l l l2b J. De 111). med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. Greek Marhemazics.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. Hultsch). u. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . 95a 24-b l. Ul.. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. Matlll tlltll/1'. w (ávéutaA. o qul· 111"11\'n¡. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. 2.ce antecedente de ésta. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. para ser apli­ cable. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. <'11 el tiempo. 1s Lo matan. • . TI. _ . 13. ll. á:rtogoc. Prefacio. por lu p1l. p. 400-401 Aristotle. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. 12. 12. 17. 401.18 Aquí.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. 1. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. E. 360). aJ menos. y por dos razones. 1027a 22-27. una especie de homogeneidad operatoria. 5. considerada como dada. En primer lugar. Anal. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. Pues en el análi de reboll". 271-272. y _ « el accrdente no hay ciencia». p. Pero esto no es posible. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. no de la ausencia de vías 19. la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática. imprevisibles. constituye una solución a contrario lol> con· . de la causa un efecto no simultáneo. la cual.• l026b 4. Ét. rl a. .""t z O'UbEV EQXetCIL). T. dado _ el fin.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. En segundo lugar. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. Así.llliO análi método tal a s llamamo y s. U. pp. no hay mas que un med1o de realizarlo. Cf. El análisis matemático supone. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. post.. por accidente. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud. 18.

y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor». l . 27. el pueblo escoge o al menos ratifica. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial. obtener según la «ley de determinación máxima».evew Su¡.21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y.A. los qJQÓ'VL¡A.�. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él.A.LQWL�) sin deliberación previa. 5-30. la preocupa­ ción cauta por el . Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten. entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A. remite a la institución de la �ouA. XX. i11jra.ov).e'ÚEL'V tal como se practicaba. óux �tlvoc. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. 23. Nic. 25.óvt<. es decir. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. 3.-. y primero tres categor fas de auditorios. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV). sino al futuro (t<úv ¡A.eum�. 22. 303.�. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia.e'Úetm). que emplea a menudo la expre­ sión �ouA. 1 1 J3a 7.. Et.. -. en la democracia ateniense. es decir. «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf.euov. 1094b 25-27. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. Esta interiorización comienza en Homero. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�).OL. De rerum origirzalione radicali. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones. Si deliberamos sobre el futuro. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que. no «científico». VIl. sino de opinión. objetos del género epidíctico. y no es en absoluto evidente.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. 1358b 13-20. si no en la Asamblea del pue­ blo. Pero tam­ bién nos recuerda. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO. en efecto. Evocando la práctica homérica. por lo tanto. r. del OU!-L20. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino. y su juicio se refiere. La teoría del discurso deliberativo implica. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). no de ciencia. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos. 5. Cf. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común.20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan. según el auditorio al que se dirige. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. 24.(¡>. 2 1 . ¡)qota �al xáA. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo.------ .23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. 1358a 36-b 8. Cf. Schrecker). 3. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda. Ciertamente. fbid. óouA. sino juez (XQLt��). y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos. la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva.. es porque está 26. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción.22 Finalmen­ te.ei. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea. Cf. lll. 1.26 Si existen tres géneros oratorios. determinar por aproximación un optimum. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito. que designa en Homero el Consejo de Ancianos.. 1.e"U"tLXÓ�). 79. Distingue allí tres géneros del discurso. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo. Retórica. Gerhardt. El hombre se ve reducido a conjeturas.24 La palabra �o'Ú­ A. p.futuro suscita el género deliberativo. 1 3 1 . pues.ÓouA. vv.r¡aí..wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17).a. finalmente. la eficacia de la deliberación humana.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

xat

xai.

¡�)�

.

:

a

49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

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cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. Esta f r ase ha hecho correr 65.ta. sino de lo que es útil para el fm. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. 71. n. 72. 1 139b 16. 66.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf.'tet to 01!f. 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»).noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. Nic. 2. 6. del buen estratega. 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»). Suma Teológi­ ca. Cf. Agé­ silas. Xl. en particular de la pruden­ cia (cf. TI. por e jemplo. en tanto que unida a la virtud moral. I JO.. Eud.. Ét. Tia.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). 721. i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. Por un lado. 47a. 6. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. aQení.. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás.. Ét. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable.. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». Eurípides.. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. no puede ser extraña a la cualidad del fin). Aubenque. y la prudencia la de los medios.G. en un contexto totalmente distinto. cuando define la virtud mor al. Evágoras. 13. 1 140b 4). el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. Así. 3. Ética.E. 1 106b 36). mucha tinta. en segundo lugar. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien». 3. no del fin. 3. el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral. p. sin mucha convicción. en este sentido. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. 46.lll � <¡JQÓvr¡mc. como la ciencia6ó o la habili­ dad. Esta definición es recordada en el libro VI.65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana. ál-. 40-51 . oú i) <pQÓVl'JOtc. lsócr. caracterizada por el justo medio (Ét. 69. es decir. es decir.l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. una disposición que con­ Cf. Cf. Jenofoote.. e importa por ello saber a qué cierne a la intención. Il. 2.lles. R. supra. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c. 13. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . En otros términos.l para la realización de un fin. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. q. Nic. Vl. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno. 1 142b 32-33). 1220b 34-35). 9. no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo.. que no son vírtudes. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. Ilae. 1 144a 36). P . p. . Cf. 68. IT. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. 10. 70. loable (btawe'tÓ�).la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti. 1 106b 36. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. de una sición a lo que es moralmente neutro.�. 746. por otro lado.69 La ambigüedad del término EvoouA. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación. Eud. 67. Jo que es meritorio.�. LXXVITI (1965).67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una .68 Pero. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. TI. incluso si l a pru­ dencia. Vl. 141a 6). Fenicias. 5. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. 121 b 31 ss. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. T ó picos. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. 144. VI. pp. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo..v. 1227b 5-11. i} 'KO.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. rt39a 23.

y sobre la acrasia el estudio de R. 1 004b 24-25. mérito en poseer. 2. Nic. que lo juzgamos no por lo que hace. . cuando en realidad la persona no los 73. l'fOtle. cf. 77.71 El sentido del. 1 1 5 1 a 7. . Eud. l228a 2-4.80 que es consecutiva a una delibera75. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. p. Cf. 't(Í)V :n:eos. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora.os. por el cont�ario.1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. !bid. Nic. sin embargo complementarios. Sobre 1tQOULQ€CJLs. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. 78. pues.. Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. p.co. Si. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6. única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. 261-80. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica. Ét. pp. Ét. porque no concierne a nuestra proaíresis. el comentario de Robin en su Aristore. el que constituye nuestro valor o nuestro demérito.16 Es porque l a virtud (así como s u contrario.¡. de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2. neomgeaw. fr. n. 80 (1955).o téA. 74. � . de pro­ blemáticas y. 2. n. y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles. U. e l vicio) e s una o1Jbc�)». 76. nuestra disposición interior. Es el caso de la Ética a Eudemo. de sentidos.gwtv. 'H &t :n:goatgeoLs. «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. Este sentido del término (xuxó�). l228a 8. 3). .73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. podría ser un añadido poster ior. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. tención de provecho. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad.. Cf. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota).a).. que rompe el encadenamiento de las 1deas. finalmente. el compromiso íntimo de nuestro ser. que se hará clásica con el estoicismo. que expresa nuestra intención o. puesto que la JtQOaÍ. 2. también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. 200. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)». m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros. para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido.QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. 280. pero este pas. Cf. a pesar de Ross. Y[). p. Ren•e Phil. m. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. naga cia (axgaaí. 8. 265. En el li­ 1� JtQOaÍ.ev noi:ós "tLS. 1 1 1 1 b 27). Robütson. que es hoy el del libro m. es contraria a la intención.. nuestra responsabilidad. en el sentido de intención.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. 80. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción. que es su condición). (crxonós) a su vida. l l45a 4). el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. por un lado. pero no lo puede hacer por la pasión. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s).15 La proaíresis es.tje. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica. (Ét.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido. de la virtud natural. ilosofía. nosotros sólo modificamos el orden. «L'acrasie selon Aristote». l228a 12-15. 3. consideramos. 1 1 .vo¡. por el otro. que se ha de colocar entre las éxo'Úota. que compromete nuestra que nos es imputable. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto». dice Ar ..gí. tr. esta dualidad de contextos. in­ mejor dicho. que conoce y quiere el bien. donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. . 79.QEOLS. a Nic6ma. Asf. l214b 7-J l . es decir -precisa Aristóteles-. l228a 10-12. l. r.. importa subrayar. entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. a're � .

Ét. Los intérpretes modernos no han dejado. inclu­ 8 1 .<i)v eq>' � �-t'lv. Aristote.1 54. . 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable. puesto que no es la posición del fin.86 la nota de Rackham en Ét. in fra). sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad». 1O. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. ltQOc. y deseado.a. 10. 1 1 I3a 1 1 . p. Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. de subrayar este equívoco del término proaíresis.aco 88. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R. 4. 5. sino un momento. se vuelve posible cia deliberante. 2. 4) transiciones. II. (cf. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. i] oge1. 1 1 12a 15). 90. JO.91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. 4. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<. es necesario reconocer. en este sentido. 5. Aristotle. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. tJJto8Écrew�../. sino el mo­ mento de la habilidad. pero también para ponerle f m. 5. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud. eo efecto. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm.85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. 280). pp. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. en general.. II..92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión.. 82. sino los inedios.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios». Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. meditado o supuesto. Ét.. 1 Ll3a 2-5.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias.L¡. 1 1 1 1 b 2 1 . y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin. 85. 87. Cf. Eud. l227b 29-30. sino el pasear o sentarse con miras a la salud.rtud>> (p. p.' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J. de la que se dice . más precisamente. lli. 1 1 . sin la cual perdería toda razón de ser. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro. 1227a 9-10. 200 (trad. de conservar el primero de estos dos sent idos. Cf. pues aquí Robin. Magna Moralia un. Walzer.J I .140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!.ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo.na tó. &. 5. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. Nic. deseado no por sí mismo. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. se podría decir.a. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención.84 Ahora bien. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. puesto que el fin está dado o más bien querido.. fr. 'A/. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. tO té"Aos.éVOV (Ill.81 Ciertamente. . La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/. voiis. Así Ross. Ross. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. l l llb 27-28. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros». Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI. 198). sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin.cu·nxi¡ ÓQE!. Me­ diante la proaíresis lo posible. 1 3 1 . sino como medio para alcanzar un fin.Ls. la cual interviene para es responsable.gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). 1 y de III.r¡oLs. Importa. sino a la M!.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. 265.d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. 2. sino que elige solamente 89. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin.. 1949\ p. 86.. 91. TU. oo se escoge ser feliz. 83. o incluso Aristóteles mismo. más aún. 1226a 9. 4.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. 1226b 17. 5. 92. lll.L�). el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. empero quizá con la preocupación. l l 13a l0-11. «técnico» en la estructura de la acción en general. Nic. Ét. 1 1 13a 10-12. Eud. sino por la eficacia de los medios.. y la M!.!el concepto de ltQO<xtQems. la proaíresis conserva un aspecto volitivo. sino de la voluntad deseante. Cf. Esta «evolución>> !. 84. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos.. «ya encontrado en el la definición de la vi. Ya no es el lugar de la imputabilidad. sino. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin. por Jo demás poco convincentes. OLavor¡ttx'lj. sin embargo. a la cualidad de este fin.

6. In fuerte expresión de Et. 1227b 38. . el vicio y la virtud son cosas voluntarias. 10. 1228a 2. 100. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. p.QEOu.. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes. perfectamente ininteligible.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�).101 al fin. los medios. Por Jo demás. VI. Ét. tenida por la responsable de la rectitud99 e .97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no. l l l lb 6). desde ese mo­ mento. para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. 1 1 . 1226b 19-20. Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. Nic. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m. 1227a 19-20b. n.. que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. Aristóteles recuerda in 93. 138. ll. IJ.vetat.:u.95 de la gimnasia. Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e ..10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que. lo cual deJana suponer que la elección.•l put·de muy bien no ser recto). 2. El contexto parece señalar. 74.102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. 104. . Ét. ll.i. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<. en definitiva.). La elección de los me102. es decir.")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario. 1227b 35-36). pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa. Eud. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean. 95.... Dicho esto. 1 )1/11 l4). en efecto. . 103.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt. ID' o'li ta 7tQO<. pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad.�)S (n.. 105. 1 1 . que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad. 1227b 27. 97. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. Cf. . 1228a 3-4. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). 1227b 24-25.Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. sino por los motivos de su propósito. que parece estar casi olvidado. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa. que son más o menos morales. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. Cf. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua. TCl n'/-. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente.96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ. Nic. Cf. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante.. que forma un todo (capítulos 4-6). ov�A. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA.oyWf!Ó<. Ésalcpvr¡.. En el análisis que sigue a la deliberación. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35). 1 1 .1 S). cr. 1 O l . bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección. sea la adapación t de los medios al fin (el .Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . probablemente tradicional.�3 sino los medios escogidos.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. por eJ contrar io. 98. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos. y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin. 99. ói¡ Éxoúowv � <pa. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. X. 26. Cf. 1228a 7). 1 176a 3 1 -32. l227a 13. . Eud. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. 96. 94. este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. 39-40: escogernos evE�ti uvo.

5. Ehat T. otras lo posible. 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle. 1 1 14a 18. Él. pp. ahora bien.. 8) y máS bien tcp' TJf. puesto que se esfuet7. y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. 1943. la AristóteLes. 1444a 20-22.. que el . que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. 32). cit. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111.O téA. «lo que depende de nosotrOS». 106. aunque se defiende (p. Nic. Kullmann. Rept íb/ica..IIJ Este retorno. el plural a la situación del hombre en general en el mundo. M. 123.. 508c. pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. Kullmann. 1 140a 32-33). La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe. tfpicameote aristotélico. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7. 4. R. 108. l225a 19. 29: 8. 16a 175. al insistir sobre la eficacia.. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. t<p' T]�ttv. Festschrift H.ll V e n e( segundO ortiori contingente. LU. 139-154). 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente). es banal (cf. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. tmóvbE tL0t\tE6a) 109.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. 212-213). Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. dice. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. L.1 1 . Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. 169. 7. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. 13. 4. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. t. 187198). 1 1 13b 7. l l l lb 30-32. entendida como elección de los medios. A estos textos hay que añadir Ét. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud. como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. República. De una manera más sut il. Nic.n:go hégwv atQc"tÓV). tesis doctoral.m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. II. Nic6maco.. Kuhn (art. pp. involuntario). 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. El segundo sentido. 10. ponsabilidad. también H. pp. esto es.tiv (Supp/. dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. Pero no saca la cons ecuencia de ello. la conclusión de E. At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5). I-3.a por dar un poco antes (pp.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. los af uso hechos del azar). VI.q> nQii!. 1 1 O. Arista­ te. De hecho. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1.· 15. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. Ross. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. 136) muestra c¡ue la proaíresis. Sin embargo. el cual sugiere.11n En la Ética a así pues. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. 33a 172. 9.o.. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. op. Kuhn.O 1 12. 1 1 3 . la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». T. Cf. Volwuary action and Choice.. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. Arist. 25. 1 . Gadamer.l 'Wc�cn sei.108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término. 1 1 13b6. «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. es voluntaria. lo contingente moral). Basilea. ria no sólo al sentido común. C. 1 1 12a 3 1 . que niegan la contin­ de las representaciones. precede entendido en el sentido temporal. lll. V. l l . Tucídides. 106 la virtud es voluntaria o. Eud. pues el sujeto de la conclusión es 107.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . . «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona). 27b. depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. p. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. 27. 36. l228a 1. p. 265. l . Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. que interpretan así lll. 187-201 . unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). 1). según dice. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». p. p. complacientemente subra- bwúowv. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ. 100) y de Gauthier (pp. 172. m. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. como dice aquí Aristóteles. Tcl JtQó. Cf.éA� (b 4). Robin. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. aunque sea arbitrariamente. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. 1 12 Se podrá advertir que. pues. y en el análisis psicológico de Vll. cit. Platón. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. Tal como hacen E. 1 1 14b 29). Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. Aqui. H. 357b. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen. hier wenig brauchbar ist>>. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>.

Antidosis. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. . profe­ sión: cf. no dice Otra cosa). 1298b 27). habiendo bebido el agua del Leteo. En fin. 1 14. Aquí todavía. sino que es la elección de la vida misma.. La significación de este mito te­ nía. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar.Qeto9m (Aristóteles. Definiciones.. V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat.) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. calli11g). RepiÍblica. Dicho de otro modo.:t'¡ Oouc:. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. pero esta no es la cuestión aquí). cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. . E>eoc:. 617d-62Jb.. Ét. Esquinio. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia. donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor. toü n:f.. ex.115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta.ovw nQOULQEia9cu. una preferencia 114 y.. 65 (�LOi: .. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. tiempo la gran tarea filo- sis.ou TOÜ amoü (cf. Cf. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. Beruf. 14. J227a 13).. Cr. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido.ta). no es empleado �ás que una vez por Platón. no consti­ 336b. que era el de la Academia. y como ya hemos visto. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. C!LQWL<. Fedro. Antidosis. Cf. es decir.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. 56. aun cuando no nos acordemos y. pues. 1 1 . Jaeger. X.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. 143c). 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República. o-úbEic:. en particular.ov €. pero que nos parecen suficientes. rsócrates. o simula volver. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. 1 4 1 : 48. «incrimina al azar (tÚJ(TJ). al uso popular más allá de una terminología erudita que.<. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. IV. 413a. donde neo. . s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. . Contra 1imarco. ll. l. nQoalQtOLc. JtQ06e6ou4u�tÉVov. 33. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. significan originariamente una elección relativa. Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. Política. Política. cómo las almas. por ejemplo. 1 20). por lo tanto. JO. qllA. 10. 2. óv tae» (De offi ciis. el hecho de aceptar un mal me- 8. 111. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso.Qeo�c:. en Aristóteles (Meta fí sica. autoriza­ ría su perfectibilidad. Menandro. La expresión se encuentra en Demóstenes. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. JtQOULQEttm �í. tO� xw()úvou tov ¡tÉU. vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio». en efecto. cit. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. r.117 Entre otros significados del mito. 245b). Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. sin embargo.-Platón. no la idea de deliberación pre­ . los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo». "tO'Ü �tou . del sentido de elección-intención. 9. y que será más tarde la del estoicismo. Gor­ 115.Aio6at). pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. sugerida por Platón. justificando al mismo. 4. ef. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran.QEOlS �í. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. no está claro lo que deliberación. también Platón. J l8. sois 1 19. Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía.. que citamos más adelante. Ps. 1280b 38: i¡ yó. que invoca sin razón a Joachim loe.trr¡ ) una vida que. Si bien e¡. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. como ocurre con otros conceptos aristotélicos. la elección ya no es interior a la vida. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. 493 (�í. Ar istóteles.t iene un sentido temporal. un doble filo. ávalnos (617e). y es en este sentido (Par­ mémdes. Monostichoi. Cf. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs. Eud. JtQOCli. 1004b 24-25). y aunque la prueba sea más difícil de aportar. no se presta a ningún equívoco. 116. en su Paideia.ov). cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. vra. 120. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. 23. 70. I 26b 6-8). 3 1 ss. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. sin poder confundirse. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos.t. W. El substantivo rq:1o�lQE<JL<. sería la de la antigua Academia. en Aristóteles.

5. Paideia. que enderezar uno malo. sin darnos la obras y en el tiempo. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. 8. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. al menos de derecho. Zcnón. en todo caso. el término rtQOO. contrariamente a la prescripción platónica.. II. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. no podía más que ser contraria a l a idea io. 192). el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. 9. p.. n. Il.o¡. Según la traducción de J.EOtl . puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. Pero esta irreversibili­ dad. TCQOCtlQEL06CtL.127 En Epicteto. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. Magna Moralia. 126.eyó�teOa (SVF. Gritón (52c). porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. La idea. sugerida por el mito platónico. 3. T. �V ayaea. 124. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. 125.xA. Walzer. 129. R. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico. Pero. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. Ét. Souilhé. 128. mientras que en Platón el verbo ExA. una cierta libertad inicial que. l . tO. la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. más aún que de naturaleza.123 no sería una astucia de Dios. 5. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. la cual supone una alternativa y una deliberación previas. Cf. U. .LQEOLS acabará por designar la «persona moral». 10. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad». 2. L. Cf. Cf. rv. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. por ejemplo. rv..tÉVO'U. 122. 1215a 8-15. 1 1 14b 12. del destino o del azar). finalmente. para expresarla. 103-104.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. N. 130. f. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. m. X. de nuestras buenas y malas disposiciones. donde todo es transpa­ rente. pp. Nic. 23.v. 7. 7. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que. 5 ss. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva.la. 5. Es cierto que se da. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). Lo cierto es. 1. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. 129 Ar istó­ teles prefería. 1099b 18. En este sentido. Eud. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. «la falta es de quien elige». Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. la definic ión del ltQOTJYI. 1179b 7-16. Ét.éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. 3. Cf. . 1.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin. 127. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto.f. ducción de Souilhé. l. Coloquios. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. 617c.tÓVOlb e!. JU. eA. y la Intro­ . de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). 1 1 14a 32-b 5. 499e-500a).148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación. en él como en Platón. 18-20. de la que Dios se encuentra así exonerado.126 la idea de Ab. que nO SOn ni buenOS ni malos. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad. Ul. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). SVF. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. pp.124 hacer en cada instante. a la decisión razonable. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. dejar esta parte al azar. en es­ pecial Ét. Nic.ye­ aem. ouvalttOL. 617d.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo.121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. m que parece volver imposible toda conversión. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson». En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre». eucp'lita. del cual estamos separados por el Olvido. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡. J I 121. suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). r 123. empírica.

lta. � . Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales. Ét.llOtS o una cierta forma de opinión. Él:Égou :JtQO htgou. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet.w�. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia.f.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes. y eso es lo que hace que lo voluntariamente. ni total­ u Janus bifrons.. en mejor.. y ahora que se han vuelto así. en 1226a 15-17. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf. se encuentra humanizado en Aristóteles. 139. cf. nota siguiente).. 10. Eud.Ita. agna dad..1 1 04b 13. 111.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. De vita beata. Ét. TI. Leyes. 136. La dicotomía del cr:n:ouoato. X. Se da cuenta una vez más de que el s. en lo cual hay que ver de nuevo. 653ac). En la t. n. J. 131. Cf. Nic. no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. y el cpaüA. ya Platón. 2. 1. § 2). 1 1 14b 3 1 .l38 �É/. Se transformará en dogma en los estoicos (cf. Walzer. inf ra.. uvOgwJTC.). �oÚAll m�. 'H8o. 10. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos. cf. :n:go ktégou (Ét. el dicho de Heráclito. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss. 140. J l . ém:A. p. drama cósmico de Platón que. 7.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. Diels).IO>V (fr..os es una de las constantes del pensamiento griego y. r. no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. Así..150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. 10-12). donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv. .). ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?).. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . Eud. 123). la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. más que otro nombre relativo y no absoluto.:nu'tov. 1 . l l l3a 15). la contingencia. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. 132. 6. sean hace 137. .).1 1 15a 3. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. cf.. comparativa.139. Cf. 134. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�. Así. 216. 6. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él. 1 179b 24-26. Nic. la proaíresis. sino de una preferencia. no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. sino lo mejor posible. 1 1 85b 38. l lOOb 1 2 SS. 11. 1 103a 17. btt9u).. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia. l220a 39. 119.¡> oatJ.. El único problema. Cf. cap. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. Su¡. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor. la única luntad. como ya hemos visto. es decir. . Esta expresión que se desprende del texto..f. 1 104a 33. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción. . ó. donde Aristóteles defiende la te�. Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. un 6u11os. 1.. pp.o hac1a el mal.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. 1. 136 más aún. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill. 1 172a 19-26. «el carácter es para cada hombre su destino». La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema.. óge�L. . SVF. 227).137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta. 2. Oó�a. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre. En la Él. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. Oé. 1. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). 131.' ETEQO\J 138. Nic.léV � : .. Eud. O'ÓX Ú7tAW\.. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma. Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. uva Oó�av ( 1 1 1 1 b. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). fl. �OÚATJO't. Ni c. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora. 1 . m 4. fl. Magna Moralia. 1226b 7-8). si se toma al pie de la letra.. LO.tóc.de R. .. no lo bien. una �oúA.c. il. XXIV). <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I. no superlativa. 135. 133. Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ.

que es también la vida más feliz (cf.o óuvcnóv. pero A ristote». 141.. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. Así. y p. 1225b 34. tt. 145. por el contrario. oblicuamente Ét. bía desarrollado más de una vez. de­ masiado fácil. porque todavía no está mediatizada. 11. 744b 16). podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO.uif. rv. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia. Ét. y los medios. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible. En el mito de Er.145 Se comprende así que la elección. 195). cf. 143. no se puede querer el fin sin querer más o los medios.ttw EX T. m.••• La �oúA. 742e). ll. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s)..ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). 10. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor.Lota. por �él. quedando claro que siempre se quiere el bien. Por el contrario. A veces parece que esta mejor elección (x. es decir. puesto que la elec­ ción. el P. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc. Esta distinción del fin y los medios no era nueva. no puede desinteresarse de la realización del fin. I. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. Hay me­ nos. y del individuo que yo soy. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles.152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección. 1 1 1 1 b 23-26. ll. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización. Recherches de Philosophie. Él. 6 1 8c. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible. 6. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general.143 La elección. Eud. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. l l l lb 20. En seguida y sobre todo... por una especie de vicisitud. voluntad del fin realizabl. Platón. la preocupación por los medios queda en el la elección. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios.oyLl. no del bombre. Pero lo que es nuevo es el acento. humanamente no de la inteligibilidad. 618c. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad. Eud.ov.Ulva).natov. tov �EA. frente a la vida del placer. pues el resultado no depende de 144. La voluntad no es más que voluntad. incluso si Ét.OJAÉVWV n.. 2.oc. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. 10. 1225b 36-38). de manera que un cálculo (aval. Queda que la voluntad es posición del fin.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados... 142. 4.. 4. No pensamos nosotros (Ét. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento. Eud. si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos. IT. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. 39. La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. 1225b 33-35.Ó¡AEvov. al mediatizar la voluntad. 4.. 619a) consiste en escoger la vida justa. l l l l b 26-27. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. en particular. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes. Nic.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible.Qatlan] <XlQWL�.EL JtetVlaxoü atQetaflat. horizonte de la voluntad.�te superlativo.A. como traduce. y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo . posición de . n.. Oubarle. 1 1 ). En las Leyes.(lJV <'lt1Vatwv &.. Ét. como lo hace GaUlhier (p. Aristóteles .. animal. es decir. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen. 10. del azar. 142 deseo T¡�í:v).. lil.éA. 1). Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o. lll. sobre todo (¡. 10. 687a 16: e jemplo. 16) al fin.. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. Pero este menos es en realidad un más.. II. n. anim. ames (JA<lAI. 1226a 14. como el del fin en el hor izonte de la elección. la voluntad es fácil.) (V. 38. mientras que la elección. «La causalité chez pp. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así. y puede ser quimérica. Nic. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria. Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles.. 1226a 7-17.. ouA. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part.os). sin embargo.) (687a trata aquí de la naturaleza.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales.oy• OctfiEVOv. no puede ejercerse sobre lo imposible. 10. Eud.

por el contrario. el fin y los Se concede. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). otras veces se da con los medios apropiados.150 lo OLetcpwvei:v &. igual importancia a la voluntad del fin y la 146. . P.149 En los tratados de biología recuerda. a la vez ontológica y axio­ lógica. sociales et politiques de Platon.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente.�/. tomarse molestias. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. Kevi]v 'X.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles. -co 'téA. nadie quiere navegar.Q taü-ca xat (n:Qoc. es decir. 687a 8-18.A. xat <JU¡. como pasa en medicina .Qettei:a8m.152 Dicho esto. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. pues. pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo. Les idées morales.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio. cuando en realidad quiere el bten. Vfl. volviendo bueno lo desagradable. sobre todo en sus tratados éti­ cos. 153. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud). lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. Gorgias. Filebo.cpó-ceQet X. así. n:Qál.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación. 154. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o. Part. Leyes. 151. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. 133lb 26-38. adaptación que no está dada inmediatamente. ciertamente. pero todo el mundo desea estar sano. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. !bid. 1. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. y lo que queremos no es lo que hacemos. se hac� dano � . XII.146 Nadie qtúere tomar medicinas.ot. Y por eso navegan. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil. 147. Y que la admi­ . .) no parecía despertar ninguna dificultad.oc. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos. los medios a la vez. Eutidemo. 148. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. 10. el medio por el fin. cuando actúa injustamente es decrr.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(.. IV.tmc. 467cd. J094a6b 7. 54a ss. 152. cf.tcpwvei:v). sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos. arnesgar su vida. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc. xat -cae. sostiene frente a AnaxágoraS. . es dectr. mismo. -eo 'téA. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. . l.ai ¡tawtav ( 1094a 21). pero se ha puesto un fin malo. 290bc. 687a 12-14. 14R sm esta ordenación al fin. aniesgan su vida. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines.A. etc.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien).o n:óc. Platón recor­ ? a la inversa. 13. Lachieze-Rey. daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin.etc. 468bc. Aristóteles se preocupa.os). su bten) y que. del f i n supremo. Cf. 962bc. ..1>� elección de los medios.)» .¡. el deseo sería vacío y vano. anim. pues puede suceder que el fin sea bueno. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin.mc. que es más fácil explíca� el órgano por la función. es posible. 150. finalmente. es decir. Pero Aristóteles va aún más lejos. en efecto.at €maní ¡. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. 'tetü"tet a¡. téxvmc. de acuerdo (evMxHm yó. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. Política. en última instancia. 149. erigidos en momento separado. x. dominar estos dos ámbitos. contra las explicaciones mecanicistas. que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta. . pero muchos quieren enriquecerse. que es la Idea del Bien. -eo -céA. etc..

1 3 3 1 b 19-21 ).ov A.Q xaA. 12. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. Sobre esta tesis socrática. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución. debe ser técnicamente conseguida.vat 'tÚXT). 10.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162).Ub ·wo (Ét. Oú yÓ.)».. cf. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo. Eud. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. que se ejercen en el mismo ámbito.. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral.A. (Política.Q demás. Ét. sino que exige que se haya nacido. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». Es que la voluntad quiere por definición el bien.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin.taQtáveLv. Nic. 10. 11. EQYOV �mtv. orde�ados segtín el exceso y el defecto. es contra naturam. para un lector moderno. Si la habilidad no es por sí misma una 155. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. eúq¡vta. 5. y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio. niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia. ¿Hace falta concluir que todo X. qn)oe� ¡. la adición es inge­ . 1 1 13a 15 Eud. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención.160 158. Esta nota es c iertamente apócrifa. si se quiere que sea moralmente buena. con un . Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡. en cuanto tal. que le aparece como bien. El medio es. Si la voluntad quiere el mal.. «es todo un trabajo ser virtuoso»). son ambiguos) en el valor moral de los medios. cometer una falta moral. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). corregido por el palabra es asunto de deseo. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral. 1227a 29-30). a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. truos n.ó. Cf. ogeó� y 6La¡. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡. 160. a la inversa. por asf decirlo.A.tp:at. El problema planteado aquí no es un problema moral. Ét. Ét. 1099b 19). la voluntad del bien real (lll. sino ser torpe. moralmente indiferente.• xaxoü (Ét. 1 1 13a 24). 10. loso. lll.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico.. q>\ÍOLV M Y.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización. 1tUQÓ. mayor que la dé la concepción. 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS).taQtávet. 11.. 1227a 18·32. 156. virtud. parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. cf.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. Nic ITI. es ciertamente condición suya. Ét. Esto aparte. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes.. !0. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. m. infine que la pru­ 1221a 12). Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. ss. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p. Eud U. 1227b 20. pero no (si bien Jos términos que emplea.• 'H f3o\ÍATJot. Nic. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U. como pensaba Pla­ tón. 1t:aQa cpúow. que la meta sea mala y los medios correctos». y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. 6. ll. 6. l l79a 35b 4. 3.. sino un problema técnico. . . Vil. 'tO &e cru¡. ov&atov e!vm. Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios. Por lo eox�.) (T..v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. desinteresarse de la realización del fin es.enóv EO'tl TÓ. 158. Nc i . a&txot. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios.¡ev yó. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8).159 y en eUo no hay mérito alguno.t6.. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. que encontramos en la Ética a Eudemo. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. l l . es decir. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. aA.. también (xat llQyov tcrtt 157. 9. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho. 1 1 14a 13-14). notfjoat �ta>. "tOLUÜ'ta vo�om. en el límite.

monstruos. Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. Nic. la templanza es una virtud). o quiere el mal y no es responsable de él-. mas que pot una revelacwn. será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn.u:v "tt/. El momento pro­ piamente ético no se sitúa.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media.o� qNOLxóv). en efecto.eo(:kXL . z. admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4.. The ['lulosophy o fAristotle. sino entre ambos: la elección razonable que. la elección y la acción del hombre. o es buena y quiere el bien. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. sino por su elección. _ .-A. en Aulour d'Ari Cf. _. donde Aristótelo. 325-340. 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). nos parece. disculpando a la voluntad. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). El mal no esa en el fm. 20-23. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado).JIIl (�oúf..63. 2. ni de la acción. puede querer mal el bien y. JMt. 162. pero. haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. entre estos dos azares. es cierto.. morale d'Aristore. que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. _165.. escoger cada vez lo menos mal rela vos. pes � � 161. R. �lanentc todo el resto (1:a � queda. m.tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. T odos Jos hombres mal. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado. 31-37 y 79.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. sobre todo Vil. td. J: AUau. sino en la impotencia de t � � _ los med1os. VI. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. pp. Ahora bien. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é . el cual no se deja reducir tan fácilmente.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente. Et. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. que seamos hombres naturalmente constituidos o. pp.ÓqJÉALJlO)» (Ét. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar. 434a 16-25. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. Por el contrario. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en. ¿que f�era del fin. cuyos límites marcan. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego. pp. 13. n. al contrario. 144. por�u� el bi�n no es inmediato. De motu ammal. 5. 15.:s. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. pnnc. «Tbe practica! syUogis111». el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. que es otro nombre del azar. 106).. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. Vlll.aA. Ni�. 6-7. 7. deliberación y de la elección. Bréhier). m1smo �n el que absuelve a los hombres.. J .l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. . guiada por la elección del bien. 12. Pero. Se trata de textos. hay lugar para la deliberación. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». por el contrario. 1 162b 35-36). pero que el valeroso (cmou6atov). que es ru� rsalmente bueno. la voluntad no es responsa­ ble del mal. emos visto que eI análisis de la. 1 1 14b 18 ss. l 143a 35-b 5. p. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I. smo los med10s? Asf. 176-178.de Aristóteles. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza). Cf. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. srOLe. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto.163 disociación que no babóa sido posible . 1:a x. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. después de haber dado . porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. La . queriendo el bien en general.164 En otros textos. a . el texto de m. JI. Gauthier. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar. a poner en tos medios L<><!o el del mal. De anm sica. smo porque lo quieren. _164... 1 J47a lll. En fin. Cf. sólo a trata virtud der.ci). J 144a 3 1 -36. D. Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. pues. 7. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. sino.

Pare. porque. se encuentra ya en Platón (Fedro. p. 22-30. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. por el contrario.). la prudencia. . mientras que la causalidad eficiente se ejerce. pues. en todo caso.. 172. como se ha advertido. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. y que la vútud del deliberativo. y no científica.o que debe ser la verdadera moral. 173. 1 l. pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación. 210. p. donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción.. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». un minucioso análisis. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar.. 177. p. p. la elección va precedida de una larga deliberación. citado por Al11n. 1034a 30. y que no tiene nada de silogismo.'66 Una diferencia no menos importante consiste. ciertamente. p. Hay. propiamente aristotélico de «elección de medios». 210. 331). pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor. cit. en Ét. pp. hay que J. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». E."' Pero esta interpretación. 169. nente». el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. op. depende del resultado. Pero. ibid. Cf. lo universal es inmanente a lo particular.. Gauthier-Jolif. para volver al sentido etimológico y. 167. cit. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo).. apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda. lA morale d'Aristote.·acta del acto te1minal de la decisión. Allan puede hablar de un progreso y. Kullmann. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar. una vez establecidas. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. sobre todo. del alma racional. anim. Gauthier. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. Gauthier-Jolif. ahora bien. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y. tal sería la tarea de toda moral.a. del libro U de la Ética a Eudemo. en realidad. hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. la con­ clusión es inmediata: por el contrario. fruto de una elaboración ulterior. Allan. Tlze Philosophy o f Aristorle. Por lo demás. ()ó!. id. p. dice. l. En el mismo sentido. en Autour d'Aristote. de los caales admite que son posteriores. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. silogismos dialécticos. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. a la inversa. 170. 166. 338. 1. Nic. Jbid. 121. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica. I. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. es decir. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. sino de fondo. 36. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. 177. Desde este punto de vista. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética. 177 y 189.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). Autour d'Aristote. anteriores al libro III. 9. Por ou. p. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. [bid. En el silogismo práctico.169 En este sentido. Cf. En fin. reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares.. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. 639b 1 8 ss. art.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. las dos premisas. 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental.. en me­ nor grado.. p. Se plantea. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. que no se discute aquí. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. 171. pues la causalidad for­ mal se conoce.·a parte. 268a27ld. !68. de un principio extraño a la moralidad. entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss.

4. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento.. fr. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. ocupar todo el campo de lo posible. Para el esquema fln-medios. m. U. 10. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. / jigenia en Aulide. La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. tan extraña a Platón. ¿en la aventura o en la absten­ ción?..eyes Las Suplicantes. 1 144a 7-9. entre lo «mejor» y lo «necesario». mlo. pues. Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. cosa una vez más. cf. 9. conscientemente. Sobre esta opos ición. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular. En este debate dudoso entre la forma Y la materia. 672b 23. 55. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ». Vl."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces.. No hay. a la que hay que venerar más que a Platón. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. cf. 13 W). 717a 15. el discer­ nimiento de lo particular. La presentación silogística del proceso de la acción.174 quema universal-particular. como dice el proverbio.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI.13u D. 858a. Es un medio contra el caos y el orden. como más tarde Leibniz. Pero de este infinito. de una disonancia posible entre el fin y los medios. y Aristót�les no puede hacer otra . la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. Pues aunque. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. este Gen. 8. 1 1 4 l h 15. conocemos ya el nombre: la contingencia. por­ que el mundo es limitado. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. etc. entre Dios y el mun­ do o. Platón. 176. . Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. menor mal y a dos tercios de feücidad»). . Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». «lo mejor y lo necesa­ rio».oüv -ca €"-áx_Lota A. /. cf.. la prudencia de la sabiduría. 9. es decir. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. IV. . Part. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. 177. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. le parece más humilde. Eurípides. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. 48a. 27 P. 177 175. pero no la existencia de lo particular. sino. lo universal se aplique necesaria­ mente a él. como dice Aristóteles. . 1 142a 14 aÓQLOl:OV. un caos que tiende hacia el orden. entre la determinación y el infinito. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección.rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). anim. en general.' 1 1 la determinación y. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te..en este mundo y que. 75d. VI. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. tructura del mundo. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. qJcwt. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles. 9. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. IX. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X. Ttr!'eo. . Para el esquema universal-particular. v. el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. 12. 1 1 . que conclusión. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. 442 («Punto de partida exento de dolor»). vv. b . Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. anim. Nic. una vez reconocido lo particular. 685a 18. en el es­ Juntad por el Demiurgo. nA. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét. 1. 13. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174.

que es especulativa. Cf. tl39b 4-5. ni por lo demás en la de su carácter intelectual. >1. Sin embargo. En la (aq:>QÓvwc. 7imeo.. Gorgias. que no Jo es: así pues. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0. como parece baber dicho Sócrates (cf. 1246b 6. phrónesis. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. f. «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría. tóteles muestra 185. miente involuntariamente (VI. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. . Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio ..185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. 290bc.·al. nstotle's "ProtTeptricus">. 441 y passim. esp. más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ .'s' y si piración arbitraria. por ejemplo. por op?sición a la sabiduría. 2. no por ello es una ciencia. beraewn que del corolano moral de la elección. que «rema pero no gobterna». la arquitectura). Hipias me­ nor. 13. la Reptíblica. 56 � ss. aveu voü xal Otavola. cte �do que. Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . IV. n9. en la afirmación del carácter práctico de la prudencia.179 Por otra parte. 182. 5. �O'IJMUtL%rJ .o �1. 2 . opuesta a la . El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. Por el contrario. prectsa que tampoco hay elección sin . sabtduna teónca. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:. vr. � �3. rruco de «dtsposlctón moral». la sabidur ía. S. denominada sophía o phr6nesis. peta A. l l39a 23. 1 14la 21-25). como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. de la elecc10n. pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. l J 13a l l.Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. 29. 185 ss.'sJ 178.). 8.t'Y)) t pues. J025a 6-13. incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. pp. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W .'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante.óyov xai< )�avol u� (111. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. . 15. El libro m. �bt. 1249b 13-15). Nic. cf. de la ciencia. 1 . 184. ni mucho menos el de virtud-ciencia.178 no es extraña a la acción que dirige. dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). 4 W. vr. sería una especie de sabiduría práctica.. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. 2. 1 1 39a �3. sin hacer violencia al lenguaje. D . si la pmdencia es una virtud. . veces. 20. 180. Menwrables. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . Mer afisica. . �es. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. pp. stn dtspostc�ón mo �leccton . t'tiJ. 37. mtelecto y sm pensamiento. 2. por una parte. 47bc.. Mon�n. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. ÓQEXtLxós vuü.164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3... �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . l a cual. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud.. Platón. bre el papel rector de la dialéctica). Eutidemo.axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr. IV. VI. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica.' 1 8 1 . 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. 126a 32b 2). todo el capítulo 13.184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. que evoca una virtud. pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. 5. era ya indisolublemente teórica y práctica. el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. Jacgcr­ . 1 1 1 l¡¡j 6). Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. lll. Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo. pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada». so­ VII. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». que es meritmia. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. D. J. Platón. Nic. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. Mansion. IV. Por lo demás. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. 507e-508a. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación . por ejemplo. Et.

134a 4. 475e-480a. para Aristóteles. VI.e"tó Magna Moralia I. sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente. a diferencia de la parte científica (Emm. 1 139a 5-12. p. de la Ética ¿Cuál es. Aóyou ¡. Vl. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. 1246b 19-23. Repúblico. 14. se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. es decir.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. 1 I39a 12. más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento. sino de la razón. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. Aristóteles. pues. 191 Ét Nic.. ovx. :mora (a:n:obeL!. Por el contrru"Io. 1. en un pasaje célebre de la República. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. 138a 34b 2. 2. � <<hay una vutud del arte. VI. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. 'Ageti¡ yá.. Nic. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . _ : ? 193. H. en:tOtfÍ¡. que son. Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. 1 1 39a 12-14. en VI. sin embargo. a de la prudencia>>. 6. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí.187 no del alma razonable.::. .Lt. VI. 5. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. 644b 22-64)a 4. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11.. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general.en el interior del alma razonable. Ét. � ¡. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual. IV. ó. Pl�tón. ya sea esta acción moral o solamente técnica. 147b 32. el acento ya no será puesto . pero tambié n virtud moral. S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis. 5. Ét. 1 196b 15-33. 189. 5. 190. Ollim. 1208a 10.. von Arnim. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. 1 1 4 l b 4 ss. es sinónimo de bien..190 . en Ét.. VIl. trata sobre lo contingente. Port. Eud. 11. IV. 8. 19·1 188. 13. 19 8. 1 140b 25-28. sino de una de sus partes: ague186. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. 2.·r¡!lovut v).Q EOll. alló yévo� allo yv<.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo.L. debería ser. 439d y l o s textos citados por Joacbim. Se dirá que Platón. Tópicos. no se delibera sobre lo necesario. interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. sólo dice que esto no .'9?. La ruptura con el do. Reptíblica. y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. 192 VI.L�): Ér.oyl�eo6o. Aristóteles no dis­ lla que. pues. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. �ai. 2. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea.Lóvov). el do­ minio propio de la acción. tienen poca importancia para nuestro propósito. . que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. V . Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. un saber moral por él mismo. l. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. 136 1 1 .Ll'J.186 Así pues. J26a 8 13. 1stoteles. 129a 1 1 ss: 5. 10.¡. Nic. Cf. 9. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética. sino sólo del conocimiento cientí fico.. ¡. 13. 2. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. 12. Aquí.Í>OEW� 187.liberativa del alma . sobre la neutrahdad moral de la ciencia. es decir. 7. sino otro género de conocimiento». las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. como pasa a menu­ (&Qe'ti)). Magna Moralta. ( 1 246b 35-36). V . pero no hay nmgun . 34. . Nic. solamente mtelectual ( l l 40b 28). 5.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . particularmente numerosas aquí. En la crítica del intelectualismo. recuerda Aristóteles. '88 Así. 'tl'X. El �asgo más . la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes.. Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella. 1 J40b 22). Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. Eudemische Ethik und Meraphystk.

6Lávmo. 201. 6. la cual no sólo duda. por opo­ vo'Ü<. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues. la captación inmediata de los principios de la demostración. 33. según los diferentes momentos de su operación. 1 1 03a 3-7.. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente. 1 1 40b 34 SS. 2. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. 35.� 199. l. sino que afirma o niega 198. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. . cf. Ét. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». Cf. 2. pero deliberar lentamente» (VI. Cf. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. ocasión favorable y. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. l l l l b btá. VI. JO. II. Ill.óyo<. 196. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. tenga m. 1143a 28. VI. Pero si se entiende por vo'Üt. cf. República. 194. 5. que emplea los /. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200. 38ce). el espíritu de previsión y el espúitu de decisión. La diánoi sigo misma (T eeteto. 1142b 6-15. 4. anima. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente.. 12. 195.. lugar oportuno. 1 I39b 16. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<. y &távma de manera equivalente casi siempre. 27. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado.n¡ 9-10). Magna M01·alia. medio apropiado. 1 142b 4).) que lo demostTable ni sobre su principio. 1 J40b 26. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. Eud. voii. Así pues. Nic. como todas las cosas. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. l098a 5. 1 1 12a 16. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado. A la vez hombre de pensamiento y de acción. 203. cuya conclusión es la dóxa.194 deliberativa <Bou/. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. une la minucia y la inspiración. 4. VI. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia. Aquí todavía. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). Ét.. Resumimos aquí este último pasaje. Magna Moralia. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. el eco de polémicas internas de la Academia. expresado por términos de vo'Ü<.) son voluntadas (bt-OVOLCl). y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. 7. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. VI.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. 205. Filebo. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<. I IORh w encuentra en 10. y mediante una simple señal de vocabula­ tio..20' ahora bien. 5 1 ! d. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. 6. <irtagov).205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. 35. logismós..a. cf. 204.Ó<. En revancha. l l96b 16. a es el diálogo interior del alma con­ 197. 13. I. Sólo en estos pasajes. Sofista. I. 433b 3. Vl. donde la y de la Oól. cf. Las decisiones bruscas (tu el. Cf. 1 143a 25b 6. ITT. si no es en la captación un f de lo particular. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia. como hemos visto..196 puesto que. ·202. Et. 263e. l l 39a l .. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella.: asimila ÓQEXtL?Ú><. vór¡ OL<. ¿en dónde se detendría. Ét.Óv).200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). de una manera general.2M Si se entiende por vo'Üt. 327-328. no es entre la diánoia y el noús. entre la discusión y la intuición. Cf. 1 196b 27. 1. De 1 O. Dirl­ distinguida de la meier.. III. Nic. 3.. lO. y OQE�LS Otavorp:txJí. Aristóteles da a técnico: así en VI.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. VI. Mientras que sición a su aspecto intuitivo.LQEtL?<.at�<. 1226b 25. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque.. lO. VI. la opinión.. pp.. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. 5. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación. Sobre esta expresión. n. 189e.

El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad. a la significación popular de estos términos.óyov 8 UQXYJ o'Ü A.. haciendo (yvW¡. 207.. como veremos. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. exactamente como para la phrónesis.a. la virtud moral). l250a 30-39. Ahora bien. 1143b 9-lO: (iu) Y. <pQÓV'YJ O"L�. En realidad. 12. Tricot (en VI. l a tra­ dición aportaba al segundo. ya sea Ulises o Pericles. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. 4. ¡¡tv oMd�). supra. que. pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. 208. por lo tanto.213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A. VI.211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría.). 298 y 302). En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. Eud. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos. Ét.. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas. pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores». en 206. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular.0. 151. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza. 1. voi. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla.a<.t'Y)) "tÉXVJ]. En relación con el estudio de la phrónesis. 413d. VI. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal.óyo¡. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero.207 Pero. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar. Segl'n la expresión de J. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad. VI. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos. La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. 209. La filosofía es laboriosa. pp. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. es meritoria. antes que al sabio o al filósofo.. Ahora bien.). mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante.: (ito x. reducido a sus demostraciones. J 142b 2-6. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes.l�. 212.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma..óy�)». 976bc.s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas».ta parecía referirse a debates internos de la Academia.t'Y) ). cf. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular. 137. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. 1248a 27: A. igen de la re­ 213. Evoo'UA.ZC. Cf... 89b 10-15). las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. lO y J I .170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio». como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios. 1 143b 6 ss.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA. 6. r no está aislada 1:11 AriStóteles. vr.208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud. particular. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. 2 1 1 . cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico. 21 O. Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. Finalmente. n.at qYuOLxa (ioY. pue. Cf. Cf. en una especie de apéndice. vou¡.. en el sentido corr iente del término (es de­ cir.. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?. 12. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que.óyo'U.Ei eivm re (ln:c�. se pierde de vista su valor moral. . Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. Platón.la. p.oyrxó¡. es decir. p. y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios.at <iQx� 'X<tt téA. 508. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje.'Y). 14. Cf. más allá de la Academia y del propio Platón. Vli.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver.l�).

de reconocer sus límites. En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X. la de necedad a la de inocencia (cf. la indulgencia (<JUyyv<Í.tl') yv<Í>¡.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡. e'IJa-ÚV€1:0�). la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. es. ni sobre nada de lo que deviene. cuyo origen está en Pintón. Segunda parte. siendo hombre. sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido.>JA. 19b. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». 22l. óQei] 6'lí .t. es decir.»221 República yv<Í.t.tivwv hay que entender las re que. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. es decir. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles. <JUyyv<Í. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. 220. inocente. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab). cap. tener pen­ samientos humanos. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración. Cf.» 223 Así. Por -rwv ytyvoJ. lntelectualismo todavía.oüs 6Qei¡.2'6 más aún. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero.>¡. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual. en tanto que físicas. !bi d.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�). el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. VI. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular. (EXELV yv<Í. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. es. siendo sensible y singular uno mismo. lo que es lo mismo. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral. En el Cratilo.) e inversamente. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable. 476d. 1 143a 8-10. 1 143a 2-4.>¡. etc. Sobre esta oposición. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal. sobre un Saber trascen­ dente.r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas. por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal.). Tiene.T}. Cl·atilo. 215. ni siquiera la del físico. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar. 222. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv). L § 2.t. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. lo equitativo opone la indulgencia del juicio. 219. 1 143a 20. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular. no son objeto de la mívecns. 1 143a 4-6. 219 ahora bien. que puede ser violencia. Cf. 214 y en la Filebo. p. alidades físicas 217.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. y ya en griego eúr'¡9f)<.l:L'X. una determinación intelectual y un predicado moral.i¡ ). «La prueba es -dice Aristóteles. l84. 1 1 . no se libra de su deber de juzgar. como una especie de la phrónesis. Más aún. a lo geométrico. de comprender.r¡v). Ahora El hombre de (Euyv<Í. 4 1 1 ad. pues. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia. 1 143a 2 1 -22.>¡. n.t. cuando este juicio es recto.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)». pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. V. &eLvós. viviendo en un mundo impreciso. 216.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien. Al rigor de la ciencia.t. El hombre del juicio. no imponerle la justicia demasiado radical de los números. 223. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). siendo mortal. queriendo ser rigurosa. el mismo dominio que la prudencia (es decir.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo.. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica.: malignus. 218. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia.r¡.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. lo sensible bajo lo inteligible.>¡.e. 165. cf. necio.). «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. ' H M ouyy<Í>¡. Así. El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando.

a diferencia de yv<Í>¡. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens. remite a He­ ráclito. de formación más reciente. Al devolverle su sentido arcaico. 177. Platón. sino por sus límites. 6. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. está nal le había reconocido siempre un valor moral. la vieja sabiduría griega de 224. pp.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». 1 93d).. quizá involuntariamente. T eeteto. n. 3 1 SS. Filolao. en que se resume los lfmites. . Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡.. fr. humano por sus límites. cf. que Aristóteles no yvw<YL(_.tYJ. 56. ibid. 38. cf. B.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. yvwat�. p. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. fr. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. pero humano también por su atención al hombre. Aristóteles hace revivir. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano.t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica. tiene una «significación puramente teórica» (p. 1 ) apunta que. y a en la filosofía presocrática.tYJ.

Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie.¡:rtQaxtov <'ivt:A. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. 1 177b 33.Ocpgwv. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum».:at &Oavati. etc. pp. al verbo cpgovEí:V.. sino en la phrónesis de la tradición.. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos). �tov &eávatov o:rccii&e. 89 (1961). que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo. 464-465. o<. X.taxaváv. 29. Die Entdeckung des .el ¡. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación. Sin duda. lll Pí1ica. como hemos apuntado. 'E<p' ocrov tv&éxe-.. Hermes. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica. tav &' E¡.. 109. Berlín.l. pp. q>i. vv. ARISTÓTELES. y. PíNDARO. l.M:t 'ljruxá. 7. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. Philosophische Untersuchungen. ci)cpQWV.1 10. etc. B. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. a completar ahora con F. Él. 1924. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado.M�.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. Nic. Hüffmeicr.-. sobre todo.ew. Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta.La. cpQOYtLtcLV. cpQÓVL�tO<. vouc.

16. «Noiís. 34). 244). tesis doctoral. Time and Fate. K. the World.. E. derivado de <pQéve�. n. cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». Jounwl o f Hel/enic Swdies. . cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. voü�. que hacían de cpgovei:v. Diels). p. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. cpQÓVY)OL�. los términos <pQOVeLV. Philology. es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo. o al menos cómo. nota cap. <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». <pQOvetv. Metaft sica. como lodos los substantivos en -me.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. p. 396-406. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. (resumido por Onians. en último término J. Sin embargo. 426-429. 1 O. Cambridge. y. Anaxágoras. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. por extensión. Berliner philologischer W ocltenschrift. en el poema de Parménides. etc. han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas. Munich. von Fritz. entendido inicialmente equilibrio. pp. 8.Ó�. atQEhJOL�. cpQÓVY)OL�. pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. 223-242. 79-125. cit. un pensamiento intelectual in­ cluso.l. Teofrasto. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. y 113 ss.).. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones.tZ. pp. l009b 12..1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. the Mind. A. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. Die etische T ermirwlogie bei Homer. Museum.G. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. 8uJA. 3. <<Sur Class. y también del pensamiento. y la sensación. juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón. 23-43). G. Philology. 77 (1957). el pensamiento empír ico. p. en breve. Kumsemüller. Hamburgo. Según Onians. Ylll).actos o cualidades de pensamienro. mientras Geistes. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. que designa el diafragma o Jos pulmones.E. 5. Empédo­ cles. esta vez en sentido positivo. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. cf. 5. from the Beginnings to Pannenides>>.. § 10 (a propósito de Empédocles). Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. Que hayan tenido primero un significado concreto. Conviene en efecto subrayar que.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides.. Hof fmann. pp. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. cf. De anima. de estos términos (por ejemplo. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». hay que preguntarse por qué. 396. Diels.4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. B. pp. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. The Origin o f European Thought about the Body. Kiel.. Rhein. Onians. deux . Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. Tubinga. de Parménides (fr. Bollack. la 7. 54-57).del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. cf. 2. 4.ón este «primitivismo» de Homero (art. 40 (1945). pecie de olfato sensible. 1959 (sobre cpeovetv. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». • • que otros términos. Se admitía generalmente: el diafragma. 9. se ha podido observar7 que. Se encontrarán algunas indicaciones en M. art. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. 1914 (esp. 396 /bid. 401. Festugiere. cit. aun cuando límite.). 19553. intelectual y práctica. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. «Das Lehrgedicht des Parmenides». T. en especial <pQÉves.. J. Siguiendo Metafísica. pp. l009b 12 ss.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. 49 (1929). pp. función m p. por oposición a voetv. por lo que concierne a <pQOVei:v. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. . <pQÓVllOLS no designa una cualidad. r. tesis doctoral. PlambOck. p. 427a 21-29. pp. Odi­ sea. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz. 103 ss. 56 (1953). pp.10 6. Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. La phrónesis es un pensamiento. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. Pero Festugicre pone en duda con r. 1935. lo (Die Entdeckung. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. para la interpretación de este fragmento cf. R. 19). B. 8uJA. 149-154. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. 163. Aspek l e homerischer P s ychologie.). que <pQÉves significa siem pre pulmones. 18 ( 1929). 401403). 3. 1951 (sobre <pQÉVES. L Webster. vou�. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. Loew. TIT.. p. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. que no eran precisamente «empiristas». Class. etc. m. O. 38 (1943). varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias.5 Dicho esto. Fesrugiere. pp. 108. Así.Ó�). tesis doctoral.

a 753 2. 110. al . JO ss. pp. 12. 2. 1 1.tm. 1. cf. 404a 29-30). Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico. 1.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa. De anima. 1. . 488b 15. anim. ca. ca. de la cual Aristóteles .. 1 14la 27.5 Por el contrario. 'tOV 'E�tJteboY. inación (<pavtaota) Y !a.G. v. es el de los médicos hipocráticos). Leipzig. r._. cf. el Estagirita no dudará e� pre1a. B. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots. en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. 56-71) y de Homero (llí ada. o más bien 'tO q. sino el sujeto dotado de phrónesis.. Pero cuand . divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�. apodera de los atridas (Electra. sino que el pensamiento es el mismo para todos. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. 5. que no quiere decir que todos los hombres piensen. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡. s cogmuvas la 17. corno veremos. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. p. 1935. El coro . 30. por debajo de la experiencia (EI.13. 106). 698). Gen.asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r. 2. En un fragmento restituido a Heráclito por K.•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis.¡góvq.E. no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. 9. 4. p. espec que esis. 16). Gotinga. Cf.les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc. Hist.qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15. 618a 14. lOOOb 3 ss. 13. al tiempo que poco después Anaxágoras. Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. 1. Él.). 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos.. R. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis. absoluto (sentido platónico).wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito. en un lógos que les sobre­ pasa..J-ei: ye xa� Ó. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta).3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. que él es el que reúne. XXffi. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. quieran o no. 1\. fragments de Parménide».m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? .se.tov_. Fr. En la jerarquía de las func10n� . 6eóv. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. Reinhardt. anim. Ramnoux." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. Todo lo más Heráclito. sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. 981b 25 ss. Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. 1\. 29. Nic. ill. 1 ss. 1960. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡).lÓaÍ. 9 en do mclut d10. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. Rev. 1 . «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». . (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. Hermes.uvóv). VI. 68-71). phrónesis.vEL &' Metaftsica. fr. [)(. pp. y evidentemente muy por debajO .. 7. 1 1 6. 1. 1 074b 22 ss. ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica.los delirantes (n. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. Pero si nos remitimos al contexto. fr. Diels. 64 y la traducción del pasaje por C. memoria» (en . Según O. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal. 77 ermlichtnis der Antike. 10. phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. «como si -comenta Aristóteles. mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. 980b 22.to�) que los otros seres. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. De anima. 16.. 614b �8. extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido. Diels.avm). en lugar de captar lo que reúne ("to l. 196'1 . Metafísica. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). A. . en Empédocles: cf. 70 (1957). el fr. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil). 9?e en el leng�aje de tual. si bien en oro a:n.. 1058).180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. Philos. puesto qu�. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. . Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. 25. que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. ( 1 942) pp.

1 1 ' Littré. cf. y una calificación moral. Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien.go<rÚVl'f ha acabado por designar. 74) y Heráclito hada del owq. Fraenkel. Es lo el uso de la vida. de entrada bastante vaga. l . 388. 24. el estudio de R. Got inga. sición médica entre meier. 253d. 5. Weitlich. que se sabe y se quiere humano. Así. D1els?.owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. fueron cristalizando progresivamente en la noción. en todo caso. de moderación. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. a propósito de la epilepsia: De morbo sacro. orocpQOOÚVTJ OCJ)t. . Cratilo.. pensar como conviene tal. 13-14 (cf. en este sentido. o. cap. 42. Utrecht. 23. Nic. 64). que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración. 1922). 19. 430e). Fedro. 411e. los demá s hombres y los dioses. 1941 (en holandés). VI. 372.23 sino de un modo más general en 60. de phrónesis: la phrónesis es el saber.27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-.tla (República. y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. M. supra.. p. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. Hybris. Cf. Mnemosyne. 53 y o. Sobre esta noción en Aristóteles. estos temas. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre. Hybns. 64-86. q. teSts doctoral. cf. p. te en Tucídides (cf.. en medio de las desgracias. entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. pues. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. 7. 27.EL "ti)v cpQÓVTJOLV.). vida pública. IV. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. pp. pp. 21. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�.govetv la agEtrt f. pero limi ado t y consciente de sus límites. donde C. 35 (Hüffmeister. el gobierno aristocrático. cit. tlrt.:r) ). en un sentido amplio. 10-374. 1 140b 12.. F. Fr. 22. Hüff­ cf. FaJe. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf..Lvw8m). oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). Pohleoz. !bid. 2 0 .L�L� (fr. 69 ss. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen.24 actitud del hombre en relación a sí mismo.t. J. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. PP· 18�. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. 25. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. 5). Ét. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . Kollman�. «Sophro­ syne». un gobierno de reputación «moderada». 45. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»). 1 12. p.a. WienerStudien. cf.).2' No está prohibido.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. la des­ ('ÜÓQL�). p. del Grande. tesis doctoral. 179. de Vries. 270 ss. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique». M. .. que. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico. Hüffmeister. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. De vicm (llegt 5uxít'Y)!. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis. pero huma­ no. Platón. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar. Diels. 386. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». La li�erté : grecque. especialmen­ La liberté grecque. será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia. pp.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA.govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. si bien es etimológica. 1 1 1 7 b 25). 1947. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro.22 fórmula que.. pp. Demócrito dice que es «grande. M. Deflatibus. la deonto­ logía. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. G. es el pensamiento. 20. también en tanto que atributo del hombre. cap. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. 12-34. 13.'8 Se comprende. l J ( 1943). Pohlenz. La «modera­ ción». tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY). cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill. En el ámbito político oroq.eovesla). vida privada. 26. Vlli. 64. p. Gotinga (Jahrbuch plrilos. A. Sobre este término. Es una determinación intelec­ tual. 81-1 O l. J. Die Griechische Tragodie l. Aristóteles. si es verdad que ya un pleonasmo y. 14. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. caps. 59 (1941). Stark. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. 17. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ. en no intentar rivalizar con los dioses.. Nápoles. 160bc.

tomado absolutamente. tÚ yó.eúeoflm xaA. cf..V). 35. el pensamiento sano. su presunción. de saber. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. actuar como es debido (�o·uA. prudencia (q¡Qov�o€L). Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. 1269 (buoóouA. a pesar de mi juventud.V � ¡. . explicados por una proliferación no controlada por la (República.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. afectivo y moral. La pruden­ cia es. Sófocles. Pero phroneín. comienz. 372e) y. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. pues raramente el ojo perspicaz bí. en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas. Cf. en lo más duro de sus peleas. Ciertamente. «la razón y la sinrazón del alma>>. opuesto al Estado sano según Platón <<forma». id. .33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. Anrígona. más opti­ hablar sin faltas.éyeLV Uf. Anttgona. en un sentido indisolublemente intelectual.tóvo�) . pp. 117-1 18.io. ábrelo: no encontrarás en él más que vacío». avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí. 890 (cpQOVOUOO. Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv)..Q e[Qrp. o. en su defecto. 33. Electra. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. de modo general. 429 (&. puesto que la realidad no inclina en este sentido. totélica de los «monsttuos». la cura. el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse. Cf. la teorfa aris­ 30. !bid. suele desig­ nar.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr. 2.).da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. A.tm). algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. l056.29 En tico. su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. 398. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>.m ta: 28 el viaje fa­ vorable.).. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. instruido por la experiencia. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». el coro.o�).trJ) innata.m OLJtAÜ». sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas.t<UQO. 29. o en el sentido afectivo de disposiciones. por el contrario.Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón.trJ).LO. 725. Diels). lbíd. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara. 193. 1026 (MouA. que pueden ser buenas o malas. (cltl.31 28. 36. que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. supra. se podría decir. phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. 1242 (MovA. Hemón. el régimen de la inteligencia. 31. 707-709. xat &cpeooúvr¡ (De victu. fr. En otro lugar expresa su concepción. 754-755 (<pQEvwv xevóc. etc. trad. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�). pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia).). encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia.vve-coc. '\jmxfjc. y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos. Electra. rechazo del compromiso. de Mazon.aLm en Aristóteles.).wc.34 Antígona misma es más sensata. también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. n..y yo a otros». quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí.o). 557. 119). y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf. 35. el discernimiento correcto de lo conveniente. 34. 562 (ávouc. 1054 (ÚVOL<l). Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo.Ú¡.30 Todos estos temas. fr.óOVALO. Simplemente. <l)Qóvr¡crtc. pero. cap. . a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. 32. declaro que a mis ojos no hay mi. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio.

39.ún ). no 40.37 Así. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. ese «gran descubridor de enigmas». El presente espera actos. que se aprende con la edad y por la experiencia. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto. 3 16-317. se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo.' aVrlQ). que reconoce que lo racional (aquí. venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque.4' que. y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>.eoem aocpoú�)».. este uso de soph6s. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. Ciertamente.. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-. Cf..T] A.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. consciente de la enormidad de su crimen.t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. E l crimen de Creonte. que no saca conclusiones precipitadas. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión. el rebelde puede tener también buenas razones). sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios. !bid. la paciencia y la seriedad de la experiencia. que no sólo están vacías. la tragedia lo llamaba phrone!n. VI. como hemos visto. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación.6L6á. El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !». 787. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . l l42a 3-6). para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre. al de­ negar la sepultura a su adversario muerto. La yvW¡. la bwnríf.to. Creonte. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡. aunque inconsciente). En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto.'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux.v9ávcLV)». . Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber.� 1ttQWa&� ex.39 Hacer lo mejor en cada momento. 2. sino que son peligrosas. simbolizada aquí por Creon­ te. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda.I. habría que inclinarse ante ellos. es cruelmente desprov isto. 9. las «gentes fuera de lo común». Nauck). a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. Edipo Rey. sino. 1347-1353. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. citado por Ar istóteles (Ét. heredero suyo. 37. lo que constituye su «desmesura». A.ax. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». Al final de la tragedia. . apela a la muerte de sus deseos.tTt -cÉA. un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. y parece que 38. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». haber traspasado los po­ deres del hombre. que se detienen ante las puertas de la muerte. 294-295.Ov 'tO ¡. Hemón opone. limitándose. preocuparse de las consecuencias previsibles. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos). descon­ fiar de las «grandes palabraS>>. puede ser generalizado en la literatura trágica. el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol. fr. Medea. el juicio -esa de la suerte.42 Ciertamente. 42.i:6o. de­ (n:o. 9. si hubiera hombres que tienen ciencia. Nic. seguido inmediatamente por el coro. 1334-1335. pero también dejar a los dioses lo imprevisible. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. �l..186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A. 1074b 32).A. 782.cyóvt:wv xo. /bid. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. pero todavía incapaz de situar su lugar exacto.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica. 71 9-723. /bid.

1 . 133bd. Cf. 4. que es limitado.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ. pp. 1909l. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc. 1 0 y 13. Horneffer. 2. Solón. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>). 1 . Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. y art. de la templanza. a rehuir la desmesura>>). pp. 50. 290. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. en el Cármides. 16lb. domina el placer ({¡oovf¡c. debes saber \ 1 <Jú>q. 13. 7b 13). 45.>QOO"ÚVYJ. 44. 2. por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). xmgov oga. J. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. por el contrario. V. 8992 (cf. 1. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica. m. cuyo común denominador era. niás que esto. Cf. Diels. En la lista debida a Demetrio de Falera. en Les sciences et la sagesse. F. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. V o rsokratiker. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov). A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q.188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. 36 (1940).43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. L'ironie ou la bonne conscience. etc. Schuhl. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. Piaron gegen Sokrates. Pitaco. conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). 61 (33) Sandys (= Peones. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L).eo. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. cit. ocautóv. Stefanini. Moreau. . Tim. (1961). 7). F. en buena parte legenda­ rias. Alcibía­ des. Platón. l l4la 917. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad.>QÓVf)<JLV &. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. 189 de Aristóteles. 48. 1 . Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�.yav). 1 . xgatEi:v). p. p. Platone.47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. no eran nuevas. fr. 46.. que es la sabiduría popular.) al ideal dorio del héroe.). dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). es decir. 7. nota publicada por P. yvroflL aatnóv.• ed.>QEVÍ. Nic. p. § 92-107. y segtín otra fuente en Solón (fr. 89-90. Burdeos. 49. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. oa-w. 1. esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco.. Estobeo. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. p. Cf. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav).. «Contrefavon de la sagesse». de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. 25-26. fr. Rev. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. E.46 43. ama la prudencia (q. ·a pesar del contrasentido que O. Bí as. que ha sido conservada por Estobeo. 47. Memorabilia. Hens.gwmv).). Jankélévitch. etc. Diehl). 6. Cf. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. 164c ss.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. hasta Sócrates e incluso Platón. del conocimi ento de sí mismo. de la sabidu­ ría de los límites. Jenofonte. Ravaisson. 172 SS. Fr. Antí gona. 42). Archiv für Religionswissenscha J.-M. 3 (Cleóbulo. que es que eres mortal y no un dios. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». Quitón. Introducción. Pililos. La construcrion de l'idéalisme platonicien.45 a menudo retomado por los ancianos del coro. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. L. VI. sin duda. lt(l�Oelav. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet. 1049. la preo­ cupación cauta por el azar. 10. 1950. de maest ría. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. a propósito de Cármides. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. «Sagesse». Cármides. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. según parece. pp. esp. Moreau. nos recuerda.5° Platón no dice otra que hace Platón. IV. y algo bien diferente: conoce tu alcance. Dirlmeier. 193-201. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O.yána)». Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite.4S En tantes del espúitu griego.. j t. de la prudencia.

toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido.ov q>QOVcLV. el.. su alcance. sino también de inter­ pretaciones divergentes. pp. sino positivo. Le Dieu CosJTÚque. Moreau. Flor. 1930. p.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. Cf. preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio. objeto no sólo de cr íticas. tanto una como otra. 1.aA. E. 7. 427 ss . pp. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. que prutc¡ . 475. co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega. Bickel.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. .58 A la inversa. Nauck. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). Bacantes. 57. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». vrr. Sobre (111 6va1:Ó. 1. 346. en la Crítica de lc1 razón práctica. L'lime du monde de Platon aux sroiciens. Pues desconocen. fr. Leyes. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav.(Í yQa�ti. también fr. cuyo detalle es controvertido.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas. ll. 27). fr. Es la fórmula. l l 77b 26-31). Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios». 1 1 0 . «Menanders Urwort der Humanitat». (111 tv siecle. Kock (Estobeo. 1040. Terenc io. Pearson). la tonalidad restrictiva de la fórmula. aunque en otro sentido. fr. Rheinisches Mu­ seum. Koerte. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. Heautontimoroumenos. .cación literal de la ex56. quizá estoica. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. Es verdad que la prudencia griega. 58.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X. Retórica. Antífanes. Hem1es. Cármides. Kant. La liberté grecque.rrmicas. cf. Domseiff. . Pohlenz. 55. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. T raquinitUUlS. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos. 353. VI. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). f. 799. To yÓ. la signifi. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. fr. 988ab. Platón. 53. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV. citada dos veces por Aristóteles. . des­ de la Antigüedad. «Co­ nozcamos nuestro alcance». la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. EpÍ FIOIIUS.Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. un verso de Sófocles (fr. no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo.54 En la Retórica. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. 1 1 1 1 52. Diels). La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in. Lieja.. sea a atenuar. pp. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. En este sentido. Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir. Coloquios. V. qJQÓVEl). 186-191. Dérenne.Hl't<Í cpf]OLV xai. Nauck. sino conocer la propia invcncibilidad (cf.ss Fórmulas como 5 1 . 821 a. y no de un juez insensi­ ble». 99. &v6Q<. los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. 590. 206-209. Cf. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. Cf. esta filiación. Esta revolución. fr. cf. �éAl:LO'tE 0v111:Ó. 112-113: Festugiere.. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov)..en un sentido no ya restrictivo. 164de: <P r¡ ¡. 760-761. 18. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. 78 (1943). 289. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . E. sino pien­ sa todo lo que es humano». Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. 1394b 24-25 (Epicarmo. En el libro X de la Ética a Nic6maco. tener pensamientos humanos.ra). la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. Cf. Áyax. pp. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo. donde será desterra­ do todo pudor. 77. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar. en particular de los astros. Para interpretar el sentido. se puede comparar con Píndaro. 316) (EL 6VrJ1:0<. Eurípides.ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). Alcestes. y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. 59. 24). xai. p. Aristoteles. 13r. 395. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible.53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. Fr. ey<Í>. y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas. 91 (1942). que tendían sea a exagerar. 168. 20: . 531. p. 20. del mundo y de los dioses. Jaeger.51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre.1 1 1 . «Nichts menschUches ist mir fremd>>. 72. J.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta.ti. . Pearson (x. . n. 54. Pascal. ya que es hombre. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. Cf. 2 1 .

Cf. vv.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. por en­ 64.Ómva <JlQOVELV. Cuestiones 62. 1 . Desde Parménides. el comienzo del poema de Parménides. fr. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &.. elevarse por encima de los pensamientos mortales. y el acusativo n. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. es decir.67 Y si Sócrates. Igualmente. La oposi­ 8vrp:a O av0g<. § 32. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. art. desde ese mo­ mento. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. v. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. &.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. 739. 6.192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión. 14 R. por ejemplo. Séneca. Diels. pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. si Aristóteles toma prestada la tradición. y 1 1 3 ss. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». es un Jugar común en los presocráticos.á. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que. todos los filósofos se propusieron. 60. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. sino el de toda filosofía. cit.esis 8vrp. Nauck: el orgullo. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición). J-4. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría. En el Ética a Nicómaco. también el Ps. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. A Dem6ni cos. op. 61. VII. Diels. Es cierto. 1 L77b 33.U el término que se especializ ará en este sentido. X.vOgcómva <pgovei:v. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. Ciertamente. a «inmortaJizamos humanamente». 7. sino «estar en disposición benevolente». sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. Empédocles. tal corno los dioses deben poseerlo. v. 30). más sofista en esto que filósofo. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que . <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo. Se ve.aL. en varias fórmulas que hemos citado. Asf es como. 67. 216). Cf. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei. fr. 65. sino a toda la filosofía en general.60 a sí.-[sócrates. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. vv. el phronefn es moralmente neutro. p. 30. pp.61 y se puede pensar sobrehumanamente. «pero la humana en los trágicos. enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que. <Uaeá. F. Hüffmeier. 9. inhumanamente. etc. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. Parménides. fr. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. 82.6avatt�e�v).. Cf. es decir. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. G. a la primera actitud. 14 W. que el tér­ mino phrónesis. q¡lA. 3-4. es decir. 66. cima del cual se eleva el clito. cf. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. Diels. Aristóte­ naturales. por el contrario. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. de una cierta manera. 1. . que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. Cf. Phronetn significa: estar dispuesto. Sobre este uso en los Hipocráticos.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto. de una manera apropiada al hombre. 1.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. fr. 103 ss. PlembOck.a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. entonces toda la Sin embargo. ¿Llamaremos phrón. Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. 707). mediante el pen­ samiento. si bien por vías diversas. en todo caso. cit. a filósofo.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». les parte de la 60. <pQÓvr¡ot�. igual el hombre que el mundo o los dioses. El desprecio del pensamiento vulgar.63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. 4.. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga.-. xa. Así Empédocles. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. por ello. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. 2. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó. fr.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe.at. heredando av9g<. 4).

7. principalmente. Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. passim. v. Diels). a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr. de pesar a istóteles. pp. La filosofía. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru. 2 (Sobre las 71. Ión. . Philosophy o fAr istotle. A. 1833. según l a expre­ sión de Aristóteles. 2. 48). pero invitaba a todos los hombres.• cd. Schuhl. 982b 28-983a l.V Oeo� Ü¡. . Si tomamos en serio esta restricción. pp. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. repitámoslo una vez más. en el célebre pasaje que hemos citado antes. J. Mansion. 73. 68.formation de la pemée grecque. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. Ét. 213214. 34. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. cf. es capaz».vf] crocpí. 1 12. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno.a). A. 1285a 20). no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios». 70. 5 1 ( 1953). Aristóteles añade: ecp' como sea posible. n. pp. (cf. q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. pp. 1 89.74 Ciertamente. tona. sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. a la mversa.wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. en efecto. esp. 3 1 6- . 74.trJV. 111. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4.-M. 122-123.a Dios poseerla. citado ames. xatá xeeinrov � 3 1 7). sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. T .. 20d. 274. Ir.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. y .tOQO'tO�. Plotino l. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid. 89..75 y. «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. Essai Sttr la . como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. la más divi­ na de todas. por lo demás. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». Plotino por retomada será y 29e) Timeo. 76. de «busca(")>. el «pecado original» de la hybris. no es sin dudas ni sin reservas.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo. 22b SS. A.b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr. 1 ) . contrariamente al viej? prccept?. Demócrito era sin duda más modesto. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. 72. Hay. Allan. 983a 2. S1 . !J. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). «los poetas son grandes mentirosos». p.ional de la 1ilosofía. Nic. «Adela» (véase p. que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. cf. D. Ciertamente. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. . . ovxé'tt 0Vr)'t0\. p. la Ó¡. está tamb1én en el origen del método experimental. 69. 6). Berlín Metafísica. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. 444-472. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. 2. cf.. y que corresponde sólo -o. 77. será el tema de uno de los esbozos dra­ . sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. 1 177b 26).71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic.LXW'tEQOL ..tUL lose Sclwld. Pero. Introducción.toí. puesto que XIV. la naturaleza del hombre es esclavan que. que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles).l en otra pane fondo común. por cuanto «meafísico>>.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza. Ale­ �Ux al. 75. eeteto 176c. y no sólo a sf mismo.. VIrtudes). p. Apología. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. Cf. D1els). ciertameme. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. parece». Diels). 983a 3-10. tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. Platón justifica con ello V. 4-5. pp. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. 247a. XIII. Meta f ísica.ÓAL<Jta. no constitutivo. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». es su principio regulador. por consiguiente. pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». tender a imitar a Dios. a en Platón (Fedro. 14. 87-88. y en el que se nos invita a «inmortalizamos».. P . 1t(I)A8Ü¡. t de servidumbre. 1. Se ha pod1do. según Si­ � móntdes. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. X. cit. significa que debemos tender a la inmortalidad. corrige. grados en la servidumbre y Aristóteles dir. t d'apres Aristo­ Cf. Para la posteridad de este pasaje.wm� f :k([>.T)) la posesión de l a filosofía. Revue Pllilosophique de Louvain.. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. 317). es decir. De tantas ma­ ner a. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. sentido limitativo de (fr.. pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr. Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo.

en su nivel propio. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. 1 . Aristóteles lo reencuentra. Lo mejor. 1máQXEL)». E<J'tLV ecpr¡¡.óv. 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). U.196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. de entrada.ll'JOÉ . Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». 415a 29. en Clemente de Alejandría. . esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr.78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional. más generalmente. «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. ll. Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. n. 0 razones de «prudencia».80 Igualmente. Rose) a su amigo Hermías. Platón. 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad.8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. Gen. 12. 82. 500cd. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y. 14. .. fr. 8 1 .82 78. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. 8. Empédocles. . J 1 78b 26-27.OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). incluso si no es más que infinitesimal. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. cf. Amonio dará.a 1:0 �uva. 1 s� Busse).tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac. .oi:p>). en toda la lilosoffa griega. 6E]ILtÓV. . Contentarse con su condición sería para el hombre pereza.teQÍ. choca de frente con Jos límites de. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. 1imeo. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. ecp. [. ill. fr. sublunares de la inmortalidad. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . Plotino. en cuanto está permitido sin sacrilegio). 4. . tmim. entre otras definiciones de la filosofía. 8. El filósofo. en especial políticos. xa. y ible.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV). xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. o bien el. exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. circunscrito a un círculo más esttecho. 79. l ll7b 15-16. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. toma un sentido específicamente aristotélico. 4. pero... Jsago�?en. que se da por verdadera. IV. una imitación del acto divino. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad. a quien él habla dedicado un himno. A. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. lo divino y lo sublunar.. . Nic. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. . a su cumplimiento»). que expresa la distancia infinita.rf. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible». Así..79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . pero que podría indisponer a los dioses. tradicional en su forma.. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. Pero. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible. Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps. VI. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp. cosmológica­ mente circunscrito. y creerlo seria desmesura. pero sólo «tanto como pueden». Ét. República. pero no basta quererlo para superarlo. casi de la misma forma. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. son sino Límites del hombre y. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está.tov dneiv. CS decir. Cf. en un nivel inferior. Coloquios. 501bc. EV€<J'tLV»). Po­ sidonio. . que está toda entera presente en Dios. sabe que la separación entre Dios y el hombre. v. v. 2. pero siempre presente: escrúpulo residual. Leyes. 613a: T eereto. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía.• En todos estos casos. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI. 00� ecpLX'tÓV. 00<. que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW.tfj'tL.83 Pero esta restxiccíón. xaTa 1:0 �uvcrt6v. límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. !bid. Meta!f sica. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». 3. La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. m. 83. 982a 9. €cpá1t'te'tat). así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. Srrom. tcp' 4> 9' ócr tr¡.. Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. que separa al hombre de Dios. Ciertamente estos límites son imprecisos. es radical. cf. 645. X. vv. De anima II. del mismo modo que. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. . es decir. OQúlQEV). estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente.. lo necesario. 11.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material.a.!OLWJ. 2.v a9avaoí. X. 6-7. 383c. su acción y su trabajo. etc. 7. como mayor razón. pero ineli­ minable. 12. ooov E:v iwi. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). desde el final del siglo v. dice al Metafísica. 415b 5. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV. el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada... ooov Of. Epicteto. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal.

devuelto a las tareas reales. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. si el éxito no era sinónimo de acción buena. el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. pp. 78-79. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. 506-507. pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. el azru· amenazador en indeterminación propicia. sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. y el A péndice de la presente obra. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. que dto a este problema y que denominó prudencia. Cf. la a similación a Dios en la absoluta separación. sino que juega astutamente con la contingencia. En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. 61. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. con la metafísica de Aristóteles. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. es decir. utilizán­ dola contm ella misma. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. Si fue moderno. azar. 497 ss . Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. 6-8. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . Lo infinito en lo finito. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido. esp. la moral de más que por L. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. lOe. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. es decir. improvisada y sin principios. aquélla y. y que. este «dios mortal». passim. y haciendo lo mismo consigo mismo. que no puede realizar sin más por sí mismo. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. iotelectualismo. La acción sobre el azar. el progreso en el límite. que no es un accidente ni de nuestro saber. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. Deplora. para que pudiera ser calificada moralmente. por lo demás. acción en y sobre el mun­ do. Así pues. No volveremos sobre la solución. es decir. 85. de un modo más general. sin embargo. 185-188. el tema de la «prudencia». es decir lograda. no ción de un solo Motor. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. Le probleme de l'etre. p. Walzcr. al menos inmediatamente. . Le probl?!me de /'erre. está presente en toda la obra de Aristóteles.en la distancia que la separaba de este ideal. intelectualismo de los no 84. def�ctuosa sin dud�. vtctona so­ bre el azar. 87. 93. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo. Rose. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. es decir. Fr. pues. . ésta no puede aplicarse. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). de ambiciones desmesuradas. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. sin embargo. guiado además por la sabiduría. del desvío. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. de la aproximación. ni del mundo mismo. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. es decir. no debía ser.

estoica. pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. hace de él el centro de su ética. Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. que Dios está más allá de las categorías éticas. 1 1 . �� hombre de Dios. avant la lettre. es una idea.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. inacabado. 281) (la c�r:-•va es nuestra). no se haría nada si no se su­ piera. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. un D10s demas1ado leJano. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. en cierto modo. Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. 272). pero solamente lo posible. que el mundo sublunar es contingente. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. esa intuición de la trascendencia y del cimiento. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. Por lo demás. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. un ideal antes que . que contrasta con las la­ te. cf.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. dios y. pero las circunstancias son lo que pueden ser. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. se la en­ cuentra a veces. y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. Die Tragodie des Humanismus. es decir. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. en 1� co�dición en que está el hombre. Heidelberg. Si todo estu­ viera claro. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. Más adecuada quizá. A medio camino entre un saber absoluto. en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. aunque sea también anacrónica. y una percepción caó­ lica. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. 228). Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. . lo que hay que hacer. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. . parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . Sin embargo. 170). se le encierra por toda� partes en los límites (p. en contra de su voluntad. <da sab1duría diVIruza al hombre. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara. Weinstock.a seerla» (p. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. 205). Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. en su búsqueda. 173). del saber.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica.1 17). . sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. una realidad . al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. 1953. el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. no habría nada que hacer. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. Entregado a sus solas fuerzas por . que haría Ja acción inútil. Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. 184). Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. en su acción. la senta -al mismo tiempo que la reserva. o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa. La metafísica nos enseña. .a a los límites de la existencia � ser deseado. 1 O 1. y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. y a dejar el resto a los dioses. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. y el azar residual de la acción. tiende sin cesar a ella. O· como d1ce tamb•én. que hada la acción imposible.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. Wachsmuth).LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. del saber y de la virtud.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ.. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. la polémica Teofrasto-Dicearco). más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. la phrónesis parece designar aquí. VIl[). objeto de la prudencia. De virtute morali. Ciertamente. p. no había lugar para dos virtudes intelectuales. la unidad de la teoría y de la práctica. APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). 1 1 . p. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. Philologus. «La cobérence de la morale stoi"cienne». Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa.. 2. 132). Carta a Meneceo. 5. 153) previene que hay que . Estas conclusiones parecerán negativas. o de una simple referencia al uso popular (cf. . de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. Memor. De o fficiis. estoica se traduce generalmente por «prudencia». 43. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. también Epicuro. 4). Véase la nota al comienzo de la obra. que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. 262). el mundo divino y el mundo sublunar. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<. que se remonta a Cicerón. enim in graeco scriptum est. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico. sin duda la más importante. y un bien para el hombre. Tratándose de los estoicos. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y.es i'm:Lm� fJ. que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. gr. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. etc. hay algunos textos que pockían hacer suponer. non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I.. o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. Cicerón. 5bs. 19. en la tra­ dición postaristotélica. De hecho. dé Phi/. pp. Bréhier. la pru?encia Así. a la oo<pta. y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a.1 6. Locutiones Genesis. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. Cicerón (De o fficiis. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. l.YJ.. pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. Esta traducción. como en Aristóteles. IIL. ill. y que era en Aristóteles lo contingente. que fuera coincidencia con el Lógos universal.• ed. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. como Plutarco. ni la atribu­ 1 5. 9. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. l. 288-289).). En rea­ Lidad. como otras docttínas aristotélicas. ni la distinción entre un bien absoluto. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ.ÓYtm:o¡. Jenofonte. sino la única forma concebible de moralidad.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF. 1930) remite con razón a Panecio. Pero sólo prueban en todo caso que. objeto de la sabidur ía. Se tratará aquí. 236). IT. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios». sino sólo para una.. Ét. No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. Chrysippe. dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia».

pp. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores.icado por Jaesche. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. que es la política.1 La razón de esta discreción es evidente. 237-252. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia». y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. �· rificarlo.. El estudio de estas conductas dependerá entonces. 2.de una Antropología en sentido pragmático. 5. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. por lo demás extensamen­ te. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría. Por una parte. al menos indirectamente.2 Nos parece. Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. que. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. 228 y 230 nota. Philosophical Revíew. por otra parte. la atención de los intérpretes. <<The Hypo­ thetical lmperative». en el Curso de lógica publ. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción. sin em­ bargo. sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. 1947. en 1800. 200. 4. 1966. A partir de aquí. si no de la mo­ ral. en lo sucesivo."). Como. 82 (1973). la totalidad de los preceptos morales.LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. Patzi g. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. y Thomas E. París. para el ser razonable pero finito que somos. 3. p. mediante algunas explicaciones complementarias. al parecer. pp. para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. la habilidad y la prudencia. el imperativo categórico. 1 1 . no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. por ser moralmente neutras. Hill. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. l . incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. una conexión positiva. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral».4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». sería in­ verosímil que. otro interés. sea porque pudiera establecerse legítimamente. pero no vale nada para la práctica (1793). Londres. 158." y B para la 2. el estudio lógico de G. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». . sin embargo. Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. 56 (1966). sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. Crítica de la razón práctica. traducidas al francés por A. según el imperativo de la moralidad. más precisamente -según el título de la obra de 1798. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. pp. Distinguiremos más precisamente. pp. 429-450. 1963'. 1 1 3-128. Cf. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». al menos de la antropología. Finalmente. Publicadas por Rink en 1803. a nuestro jui­ cio. Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. Kant-Studien. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original. es decir. J . (A para la l. bajo ciertas condiciones. Se tr ata.

con ello. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. Crítica de la razón práctica. Los estoicos. Fundamentación de La meta Delbos. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. D a práctica». a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. de manera que. § 1. pues. Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. por lo tanto. cit. libro l. tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). cf. está tomada de la tabla de los juicios. cf. Solamente después de estas explicaciones generales. p. y factor de heteronomia. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. En realidad. es decir. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. de contaminar el concepto de ésta. sin relación a nn fin distinto de ella misma. ahora bien. el imperativo es hipotético. sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. A decir verdad. es decir. de teorema lV. la voluntad humana». no resulta por ello menos que este principio es un principio material. op. W den. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. Cf. 1 14. la razón se constituye en razón práctica. tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. trad. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes. allí donde no hay interés. 5 1 7-5l8). sino sobre el principio racional de la pelfección. que el Kant muestra incluso. en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. p. Se advertir ios de Leibniz. Pero. y únicamente en él. J 969. de tal o cual ser razonable. el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. En el segundo caso. el imperativo es categórico. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D .214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. «Explicación>>). el imperativo sería superfluo.8 El imperativo no in­ terviene. de Delbos. según pr de determinar la voluntad. 175-177. Esto no impide que el intérprete. t. prudentia). más que para llenar. Furulame11taci6n. Por el contrario. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. Dicho de otra manera. Fundamerrtación. de Platón a Wolff inclusive. márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. Budé. 70). . escolio ll. no son una de ellas más que en apariencia. o intentar llenar. si es representada como buena en sí. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. p. 124. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. Paton. 7. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. nota). Por su capacidad según representación de leyes. fr. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. p. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. pp. Crítica de la razón práct ialéctica. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. pp. La distinción de ico y de lo hipotético. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad. pp.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». J. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. 8. 1 958. no puede haber imperativo hipotético.) Dicho de otra manera. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. 293-303. tam­ ica. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. Wiesbaden. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. Pero inme- pp.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. m. que son las inclinaciones sensibles. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. (Esto hace inútil la explicación de H. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. p. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. trad. ca. 220. 124. fr. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . 146-151). no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. por ejemplo. parte l. París.

incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. sin embargo. su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. al menos lógica. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. es un «principio apodícticamente práctico}> (p. esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. n? llega neces�riam�nte y. A 84. se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. A 800. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. no es este punto el que interesa a Kant. cuyos imperativos no son proble­ máticos. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . donde Kant . El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. Que este hecho sea no sólo constatable. la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». B 828). el tercero el del imperativo de la moralidad. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. Desde el punto de vista de la moralidad. aquella que no es ni superflua ni quimérica. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. A decir verdad. como. Pues aquí la razón no llene 1 1 . sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. d�s­ rino. Un poco antes. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. sino asertór icos. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. 126). sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. 126). . que Kant denomina la «finitud» del hombre. capítulo II. incipio problemáticamente práctic�». la cual es. sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. con miras a un fin «posible». Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. ». La habilidad ordena. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. por _ otra. . a saber. Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. por ejemplo. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera». pues. depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. y. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. 1 28 trad. . Kant habla de esos «conceptos usurpados. górico. nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. En sentido amplio. 127). P. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». nos dice Kant. B 1 17). 126). En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género.216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. ni en querer lo imposible: la acción hábil es." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. de hecho. Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». f elicidad. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. Pues. negativamente. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. fr. por una parte. Metodología trascendental. nos dice que «en la doctr ina de la prudencia. B 828). � No pasa lo mismo con l a prudencia. no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. que. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. laj elicidcui. es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. de Delbos modificada. 131). lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. para un ser razonable y finito. W nónimo de Glückseligkeit. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. 9. 133). a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz.9 Retengamos. por lo tanto.10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». es susceptible de ser realizado.

1 .14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. 106). un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. 64. vol. como veremos. fr. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). 13. de Delbos modificada. (p. Los malentendidos polémicos. 1957). pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. de la cual -no lo olvidemos. Crítica de/juicio. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia. por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. W Fundamentación. lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. para ser práctica y no teórica. p. y llega hoy. en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. 0 de la prudencia. 178 w. 133). concierne pertinente. también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. . también p. Cf. declarados por lo demás asertóricos. o reglas de la prudencia ." versión: «Las prescripciones pragmáticas. (referentes a la fe­ i referentes al arte). de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones».18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. Wies­ P.16 En el fondo. de todas � la _ (entre la hab•hdad.i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. . es decir. Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes. de una técnica. No modifica el contenido mismo de la doctrina. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. xm y xvJ-xvu. Se podría dudar que los imperativos. La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. trad. 12. nota). que son «proposiciones prácticas». 18.19 15. pero desatendido en la segunda. y la moral idad) (trad. que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. Philonenko' p. cf. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). Werke in sechs Btinden.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. además del texto de Fundamemación. la prudencia Cf.12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». la Crítica de la razón práctica. entre las pres­ orschriften).• sección. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. trad. 14. p. p. )>> (p. siempre posible en el caso de la habilidad. fr. § 86). fr. sino que subraya sus intenciones y quizá también. a las costumbres)». 178 de la cd.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. 16. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant.• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. 2. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. como 1. ocupa el segundo r ango» gar. 1 7 8 W. a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. Kant. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. . Pero hay que recordar que. las del arte y la habilidad en general. que emplea la expresión Erhikorheologie para go. desde el punto de vista del valor. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. V. de A.. última nota de la 1. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad. l. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». pp. no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y. eiscbedcl (1. esa terminología. en el caso de la prudencia. aunque sin privilegiar­ la. hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». se han 19. en la relación que instituyen entre los medios y el fin. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos.13 En realidad la Fundamentación ya proponian. 132. La felicidad no es tanto una idea de la razón.la tradición hací . 129. es decir. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. es decir. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. baden.17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. XIII). o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. que «presupone». en una nota de la primer a la Crftica del juicio. <<Hablando con propiedad. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. .

2 1 . Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. prudencia. término que traduce el griego phrónesis. 23. Breslau. para las necesidades de nuestro propósito. 14). Kant. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl. l . el dominio de sí. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . Ét. ración. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento).20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». v6asc su¡ml. 22. Magna Mora/ia. Kl. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto.ición.. prudencia. Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. Kant und die Erhik d er Grieclum. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». no más que los de la fortuna {poder. pueden volverse extremadamente malas>>. . iiberserv von Christian Garve. 26. pp. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich. es decir. Cf. «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» .. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad.22 del hombre en general y. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. el valor y la templanza (cap. Tubinga. sino también la de los medios. De o jficiis. fr. dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. 5. consideración. 262-283. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. 7. .. Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. cf. sapientia). de Delbos modificada. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. Para un comentario de estos textos. a propósito de la «Sabi­ durla divina». más verosím ilmente. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». Reich. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. a pesar de su utilidad para el hombre. ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793).. <(I"Crum cidente. Stoicorum veterumfragmt'llf(/. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. 4. es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. b) no asegura sabidur ía. pues. p. salud). Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. explica en (B 414 = A 409). que co­ De o fficiis. . p. Recordemos aquí solamente. . 1793. lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. pues.. 1 1 97b 8. de su sección de la Fundamentación. nüchterne Uberlegung>>).a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. cit. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza. Trad. . Por lo demás. «regla verdadera». En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. Kl. 5). 153.220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. en particular. el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía.2• no tiene reparo. Reich (op. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». 89. de una buena voluntad . 34. Pero todavía falta saber de cuál. siguiendo aquí a Cicerón. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. -negativa. transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. 43. vuelve a tomar.n K. si la justicia no es citada aquf. 24. bajo la misma denominación de prudencia. 1 1 40b 20. Nic. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. que es para sí misma su propio fin. lll. Von Arnim. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. al de l). aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». capítulos 3-5. será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. es verdad.de la argumentación de Cicerón o. última nota de la primera sección. Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. natura. . la justicia. lo cual hace de él una virtud intelectual). El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. de sólo la rectitud del fin.. De hecho. 25. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. 87). Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición.25 lo cual Selbstbeherrschung. una adición de la segunda ed. Nic. I!H'i. l l4lb 5. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve. en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. VI. y no la identifica como Klugheit.el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. 27-33. 1. no pueden. laudabile. un habinJs (hexis) práctico (acompañado. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. VI. K. Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres. la virtud. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. valor. r iqueza.

Más moralidad. supra. Por ejem­ Pedagogí a. estas dos diferencias no hacen más que una. 1. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. Tubinga. según Anstó­ teles. El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. Cf. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. 5. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. 'lgos. que la prudencia es una virtud moral (Vl. de Philonenko. 150-159 y 199. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. 73-75. El endemonismo aristotélico. trad. 1688). satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma.ttud. que procura una necesariam pero s. que llamó «pragmatología>>. por consiguiente. p. no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. 1945. La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. C. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble.o. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. 23 y 87-88. Pero ya en 1764. 1964. _1!40a d. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. e� d�crr. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). l como una especie de esta última. No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. hasta el punto de no aparecer f . la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. Sin embargo. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. Thomasius. 1 1 97b 8. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). sino necesruio. 13. no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. Si no h�y �rudencia sin virtud . de la moralidad. de los I l52a 1 1-14). sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. . Magna Moralia. cf. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. Añadm tmnb1en. de la sabiduría (sophía). reimp. Aristóte­ les.30 En cuanto a la obligación (obligatio. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. Wundt. a ? mos la fehci t fonna. pp. «pru·ci�> (�ata �QO�). para Aristóteles. Hildesbein. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. combinar los medios más eficaces (VI. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco. pp. da�? un fin. Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. . . K. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. 29. Borinsk i. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. tampoco hay vtrtud moral e . 26-28. 13. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . a la tmltilidad práctica. al menos indirectarnente.f moral.2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. como más tarde Kant. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. fr. prudencia mundana (cf. Halle. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. M . y la de necesidad moral por la de obligación. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. Wolff. plo. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. sino de Baltasar Gracián. 34. 1894. 1 1. pp. En realidad. ecttva sm prudencia. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. y la prudencia y la virtud moral de otra. es la habilidad del virtuoso. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). tú e·u s'\'lV)» (VI. l l44a 23). Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. pem la prudencia con27. s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. VII. más lejos. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es. V er dindlichkeit). los medios propios para pr �cura 26-28). La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. Cf. 30. es una capacidad digna de elog¡.

pues. Paós. voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. Ahora bien. p. o. s. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. Ed. Por no haber hecho esta distin­ ción. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil. La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. p. p. consecuentemente. como hemos visto. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. 171). como apunta Delbos. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764. Esta distinción. Así pues. p. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. 133). que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. La distinción. prefigura sin duda alguna. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. des­ y la necesidad legal. Pero el mismo argumento era. pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. sino por la r epresentación de leyes. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. 96.l4 la Introducción damental de la heteronomfa. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma.. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). 99: Introducción a la tra­ 33. /bid.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. 175). 1905. no dependen. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales.. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. p. fundar la obligación.f. uno de los componentes de la moralidad. de la filosoffa práctica. p. Decimos: «tiende a mostrar». El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro.. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. dar en el sent 3 1 . 34. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». 23. original. sino de la filosofía teórica. Pero. como se dice aquí.)(. Crftica del juicio. p. sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. por más que esté depurado el concepto de perfección). . tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad». Pero para comprender perf ectamente este punto. como los me­ canismos de la natur aleza. especie de la habilidad. que tenía al menos el mérito de la claridad. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). que estructura la sistematización wolffiana.32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. tal como lo hemos definido» (Delbos. e Kant. a pesar de las aparien­ cias. Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. si decido construir un puente. como las lo tanto. sea a recaer en La posición de Aristóteles. 98. 11 1 !bi d. XII. Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. bacía de la prudencia. 35. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. entre la necesidad problemática 1764. como las de la habilidad. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora.. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas.lidad» (Delbos. a saber. XI. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. Esta distinción es por lo demás completamente «habitual».224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. 36. Parfs.está determinada no por leyes. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica). Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. p. no valen más que para una voluntad heterónoma y. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera.

de la cosmología y de la teología naturales. es decir. 44. 42. sino porque es plconástico-. que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. 174. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. . en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior)." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. de Delbos. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica. /bid. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia.un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. Sin embargo. Cf. XV. 1. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. proposiciones analiticas. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. p. Frtndamentación. del conjunto de l a metafísica. Kant no vuelve. de la teoría. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. pues. Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada. 176. Es lo que dice. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza. sino de hecho. F. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. p. la entrada progresiva en práctica tenía. tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. . Siempre en el ámbito técnico.. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. 45. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra». una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico».'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. debido a la contingencia insuprimible de su objeto.Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora. mostrará que. p. No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. 133. de la psicología. 173. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien. Ed. tal como el de las conducas t humanas. aunque dudaba. 41. Esta descripción puede parecer caricaturesca. así pues. La tentación era grande.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber. depende en su totalidad.tifica pertractata (1738. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. al rango de «corolario». al menos en cuanto a sus principios. trad. Bacon. Philosophia civilis. § 4. 38.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. En una época en la que la téclll­ ca se eleva. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. p. pp. Hay que distinguir. Novum Organum. entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. minada. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». es verdad. . puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. fT. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio.. después de haber desmontado sus mecanismos.. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio. 1. si se puede decir. 40. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología.• versión). nota. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. Cf. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. capítulo 1. 177. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-. !bid. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común.de una «geometría práctica».226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. también. p. p. 46. de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica». desde el comienzo de la modernidad. § 3. pp. fin o medio en la pr áctica».. Es así como Wolff. a decir verdad. 46. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. Weischedel. pues.f)-. t.¡ es decir. advenencia 11. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. no sólo de derecho. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. ponitur etiam naturalis obligatio».. 43. 176-177.1739). su propio modo de empleo. 176. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. sacando las consecuencias de esta evolución.'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. al menos en alemán. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza». 39.

cf. . U. todo esto.1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». nota. q. si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad. como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met . y más particularmente «bien del hombre». a la falsa mediación entre teoría y práctica. xrv."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. canon ya en la Critica de la razón pura. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. 129. con la teoría. 2. pragmát1c leyes las razón. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. capfrulo l. una autodeterminación de la voluntad. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. 1973. en el límite. «que no con­ heteronomía. . en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. 129. A 800. I. Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . ón. De 7iGtura d. n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. puesto que su ob . 22. � o apa­ nombre de pragmática. hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. pero que no jeto es «hacemos alcan7. p. «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. . París. o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p.51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad. Crfrica de la razón prácuca. cf. pnmera Xl11 pp. del Critica 37.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. L. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. Introducci juicio.eorum. 48. De diVImtate. sino de la precaución t��ada con vts. P. la economía doméstica. Cf. Histoire de l'histoire de la philosophie. es decir como técnica. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto». Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. Kant oponía a las leyes morales. el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-. 49. de una meta denominada «bien». «la teor ía general de la felicidad». j o formalism o to de allá más prevenir. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. tica. que son productos as. 58.ar los fines terminadas a priori. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia. la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». si se . § libro 1. 47. es decir. es también. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura».53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. que Kant. fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. 1. como ya hemos visto. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>. es decir. Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. designa paralelamente con el 47. toda existencia: pensar la moral como arte. primera parte. La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. en la vesión r publicada. en la primera vcrstón. 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. B 828. y.. Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. Christian Wolff. . Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720). una contracción de prov i � � � tc. ss. 49. 1 1 1 . Delbos. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. gica. Delbos. Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán. VI. 53. como recuerda ens. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica.. sed contra). las den�rninru:parte. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. Crítica de la razón pura. p. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. !bid. . cap. T. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . 1J a. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». nota).r má� � � Es cierto que. capftulo 3. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. República. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. Braun. 1.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. 50.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. ll ac. a. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. 51. 52. que es. la economía política. Más tarde Kant negará el tít�lo . el arte de las relaciones con el prójimo.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit).

que msean s. 1178a S-8. no es para a �or ello. as1 todo de demás lo por como o. a ésta que el ámbito de la moral. aunque el tema haya podido . constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. . . en especial de sus cursos de pedagogía. Antropología.230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. 45). curiosamente. si es verdad lidades del hombre. Ni c. La serpiente es Uarnada «klug». 141. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas».fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. Delbos. 57. 7. Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. Aqui «pragmático» se opone a «fisio . cf. SS. también XXIV. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. la noción de pragsuger ignora todavía. Apéndice 1). . 426). 1 1. (Pedag ad moralid la cia. tal co� . cuando.0 acto. de «lo que el hombre . de las reglas demasiado rectas y rígidas. en realidad. la de la metafísica de las costumbres. nichr kJug zu sein» (4. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal.� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. hombre la habilid cada. sino para cumplir la ley moral. p. p. e. Kant aunque se perdter lizarse. al menos el hombre empl­ hombr El noma. Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. phrórumoi (a las que a veces. al menos en Mt X. . la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. pp. como en Aristóteles. Nic. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. quiere necesariamente que todas . 89 Y 109). son en alemán «die klugen Jungfrauen».. agmahco. edición de Hamburgo. naturaleza hace del hombre. Ar tipo de político «pragmáti co». Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. Pero esto resulta. � . en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. S. cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). ltmtte ctertos con y iones que. mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. 58. es evidentemente un cumplido. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . VI. � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. mt �mo > La an­ él de hacer debe . en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. es verdad. Mt XXV . que es <<klug genug. bre. fr. el equivalente del griego phróni­ mos. se ha hecho «vírgenes sabias». tr. Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce.�. Cf. en cambto: �en­ o imient conoc el .. trad. Y las vírgenes prudentes. rebelde «pragmático» y precavido. pruden la ad.�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». como hemos visto. se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. Es así como istóteles (Ét. pero a una in teli­ gencia práct ica.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. en boca de un polít ico. tomo IV. fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. Por lo demás. Klug es. 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. des sean desarrolladas en él faculta las ble. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». habla. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. propio su o mism sí rico. de Foucault modi'li 56. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. P .58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . lo cual. X. puede 0 debe hacer de sí mismo» . . . ma­ attvo categónco mtsroo. de � on l"�c•. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. bajo ciertas condic � id_ ? 54. 1-13. puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física).56 . 59. que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. En el Egmont de Goethe. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. .

es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. Parménides. entre éstos. Delbos. La Antropologfa recuerda. por negligencia o por pereza. p. igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. Para phrónimos. pero no basta para justificar este desliz. 127. 196. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). sin duda. 63-76. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. p. 178. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. trod.61 En todo caso. 1 1 40b 7-11).61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». 5. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico. siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral.67 No es sorprendente. n. no contravengan a la ley moral. 128. las pp. una explicación. l 1) no sign ifica 63.. 1 140b 7 ss. Nic. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido. p. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. y niega esta cualidad a hombres como Tales.65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. W eischedel. Delbos a la p. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. 189. puede convertirse en un deber al menos indirecto». Vl. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. Prefacio. p. de una cultura de la prudencia. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. Existe. 66. pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos.. nota de V. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. 64. como en las lecciones de Ped agogía. en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. supra. p. VI. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. 47). . . P . . pero también la habilidad política o cosmopolita. fr. 62. éste está atestiguado tanto en la Antropología. 129. es decir. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. de Philonenko. 67.62 ¿Por qué esta mediación 61. Delbos. cr. Ahora bien. 5. !bid. nota. el W eltbíirger. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). En todo caso. cf. incluso si su fin no es la destinación del individuo. En el pasaje de la Fundamenwci6n. sino la de la especie humana entera. e incluso. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano. p. como dicen sus biógrafos. 163). m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo). más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres.60 Dicho de otra forma. que la «disposición pragmática». sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». así como inevitable. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos.w�).232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . Hemos mencionado que. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera.la moralidad.para esta cultura pragmática requiere. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. Fundamentación..). Pedagogfa. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. este desliz viene. Nic. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger). p.. supra. Pitágoras. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed. de l ejos. 65. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»). La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. Pues no se ve cidad. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. sino el ciu­ dadano en general. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. más aún. es decir. pues. Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens. 60.64 Pero. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. por otra parte. si se puede decir. refiriéndose en esto al uso popular. pues. nota 79. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. nota de la p. ed.

al menos nombrar tres. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza.. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. por el contrario. to a la paz perpetua». el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés.. que la prudencia. 72. aunque no sean su razón de ser. 71. 159.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios. p. Zum Ewigen Frieden. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. la desgracia de los demás. ed. cual define como «el arte . de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). Bthik und Politik. la acción política. siendo i11Condicional. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. de la prudencia como arte de asegurar. 159. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. con las me:jores intenciones. aplicación inmediata de la ley moral. /bid. tica del juicio. a saber. excluida de la moralidad. no técnico. p. Cri tración o el gobiemo de sí mismo. en Kant. En segundo lugar. En primer lugar. las «ventajas» que. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás..inder. donde el r iesgo es provocar. pues. !bid. 159. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit). se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. en cada caso par70. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. p. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. no sólo más eficaces. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces. Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. Más exactamente. o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. 69. p. al mismo t iempo que el reino de la moralidad. la política. Se pue­ den.&) No será de extrañar. me parece.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. p. Kant esperaba de su docttina del deber. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. !bid.234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana.. 68. Sobre todo en la Pedagogía. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. es decir. a la fines» (p. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. que la verdadera política es una política moral. fácilmente. como vere­ mos.74 V olvemos a encontrar aquí. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). la política no es prudencia. incluso en este caso. o de lo que Kant denomina una política moral. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. cf. . V orli. 73. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. /bid. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. xm. 74. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. en definiti­ va. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. p. Por una parte. sino sabiduría. . 158. pro­ blema morale). 157. 132. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). En tercer lugar. pp. Por otra parte. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. . En el primer caso. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general.

80 Sin embargo. como dice Sartre. incluso en sus comienzos. 84. Vorlander. segunda sección. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. parte 1. de dañar al otro. Kant excluye por detinición los medios inmorales. dicho de otra forma. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. por ejemplo. imprevisibles en su totalidad). 203). historia. Kant no llega.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. 82. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. Traándose t de moral política. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. con sus corolarios. 108. Sobre el lugar común. como al sujeto moral en general. 79. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. Lecciones sobrefi 83. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. La paz perpetua. por distracción.de la prudencia un estatuto positivo. como dice al menos una vez kant. «yo podría con raz. que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina.76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. comprendido el del error en la previ­ sión. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. en Kant. y que un procedj. Vorllinder. Ciertamente. p. dicho de otro modo.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). El formalismo de la ley moral. Conflicto de f 80. 78. no soy responsable de las consecuencias.7s Así. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias.84 Contar con la acultades ( 1798). Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). Crftica de fa razón práctica. pues las consecuencias son infi­ nüas. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». 160 y 161. si por el contrar humanidad y. habrá omitido prever. sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede. por responsable de las consecuencias de sus actos que. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. ni siquiera en el terreno político. incluso imprevis ibles. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes.236 APÉ. Mediante la célebre fórmula Debes. aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». es perfectamente clara y no se presta a interpretación. de la. Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. imposible. El ejemplo de la Revolución francesa. . 76. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. ne­ gligencia o simplemente estupidez. de conducir a la violencia. p. sino el moralismo. V orlander). 77. las consecuencias. 151. loso fía. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). pp.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. Que la Revolución francesa. los únicos que son moralmente compatibles con este fin. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. p. ad jinem). pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). ed. y. luego puedes. p. la verdad sea dicha. como Hegel concederá. de pasada. desde ese momento. p. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular. cf. asf. 81. por lo demás. Vorliinder. el que en política lleva al ten·or. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. § 8. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. p. Este argumento. donde su asesino le encontrará. 74. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. 1919. el viejo Kant. jamás h a convencido a nadie. «mit allem Vermogen». con todas las fuer­ zas o por todos los medios. puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho».17 es decir. Kleinere Schriften. cuando en realidad éste exige ser cumplido. de sus actos). entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. § 6. contiene el riesgo. 40. después de todo. sobre todo en el ámbito político. por sus consecuencias. «más de una flor inocente». La paz perpetua.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. pereat mundus. que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. capí­ tulo 1. Sobre este último punto. Pero. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf.

priva a Kant podido sacar partido. P . Después de haber dicho que incluso en po. F. El saber ya no es comprensión del ser. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». de realizabilidad óptima de la ley moral. Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. 19 ( 1 955). pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. no será jamás tematizada por Kant. pp.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. Ahora bien. 9 1 . gracias a la fom1a de la ley natural. en el seno de la filosof ía práctica. como en Jos Antiguos. Cf. la condición de su utilidad para el hombre. no sólo en su filosofía política. o todavía «aplicar a una acción Pp. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». 160-161. entre la intención y las consecuencias. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. l l37b 29. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. El problema habr ía sido articular. Tubinga. sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». . que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. 90. La prudencia aristotélica. § XVU 85. 1 19. una prag­ mática con una práctica. de este añadido a su doctrina.86 Desgracia­ damente. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. 56-87. Nic. un saber tal. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines. virtud intelectual. En un único pasaje. «La typique du jugement pralique pur». Yorliinder).91 Así. aunque sea pro­ visionalmente. istóteles muestra 87. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. H. VorUinder. . como parece hacer aquí Kant finalmente.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. Lo que está aquí en juego no es. que hace que. Cf. se habrá podido observar que en esta problemática. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. más que en la extensión y la potencia. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . de jándolas ser como son. sino su verdad. Cf. en especial Metaj(sica de las costumbres. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. Ét. El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad. el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu. la cohe­ rencia del sistema kantiano. se volviera contra la defLOición de esta última.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . 89. aquella familiaridad con las cosas que. añadamos. La Típica proporciona. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. 14.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. . rechazo que no pragmático. parte II. Crftica de la raz6n práctica. al .la justicia. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. Con los tiempos modemos. y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». sin alterar el concepto de esta última. el cual se confunde con su proyecto. 86. escapa a toda interpretación. Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. pues.EN KANT 239 Providencia. Archives de Phi/osophie. Marty. p. sin embargo. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. Por otro lado. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. Gadamer. contra ella misma.88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. permite orientarse entre ellas.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica. De hecho. 162-163. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . no es abordado de ninguna manera. para Aristóteles. Wahr heit und Merhode. entre libertad y natura­ leza. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. G. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. §§ 301-302. pp. Al círculo hermenéutico. ella debe ordenar. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. Y. añade: «pero acordándose de la prudencia. Yorlander.final de la Introducción. sino de su utilidad para los hombres.lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. 1962. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. 88. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y.. un arte difícil. era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. sino construcción del objeto. 159.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. Introducción. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística. perf ectamente unívoco.

Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. XIX-XX. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa.0 ed. 23 vo­ lúmenes. un mundo en rigor «imprudente>>. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. 1960 ss. 3. bajo la dirección de J. consecuencia del progreso científico. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». ed. Magna Moralia. Teubner. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. por O. so de reedición. Loeb. 1884. de Susemihl y de Rackharn. es decir. Ross. Gru­ mach. Politik und praktische l'llilo· sophie. Berlín.. 1 . 2). Solomon). cf. Dirlmeier. por F. 12 vols. Nic. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. XIX. XX.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. donde la proliferación de medios. Loeb. 92. 1956 ss. Eud. El r rente a nuestro mundo moderno. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. Ética a Eudemo: Susemihl. Londres. ed. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. Bywater.92 la idea de un saber prudente. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines. Por su concepto de una razón práctica. Stock. 1 960. 1935.. con más lucidez que los otros. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias. Nü. Bur­ net. Dirlmeier. Armstrong. por W. Hennis. ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad.. reimpresión 1957. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. Gigon. 1900. VIII. Leipzig (Teubner). A. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica. 1 894. Ross.. por F. Magna Moralia: Susemihl. 1963. al contra­ rio. J. y De vi11utibus et vitiis por J. 1958). Berlín. 1880. Oxford University Press. Neuwied-Berlfn. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL.:. Pseudo-Aristóteles. VI. de la Academia de Berlín. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. Rackham. Ét. Oxford Classical Texts. a completar por XXIJ. en los vols. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. Teubner. Ét. (han aparecido el vol. 53-54. Smith y W. por G. de la Academia de Berlin. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. Eud. la sugerente obra de W. 1883. bajo la dirección de E. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera. es decir. de Gmyer. 1912. y el vol.. incluso los más morales. D. IX comprende Ét. . 1956. Mag­ na Moralia. D. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. en el gris indiferente de los fenómenos. científicamente determinable y técnicamente construible o. Citamos según la edición Bywatcr. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. 2. Kant no hace sino sacar. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. 5 vols. pero no será nunca una filosofía práctica. Apell. 1 831-1870. col. col. 1908-1952 (el vol. en especial las pp. Commentaria in Aristotelem grcteca. Nic. de O. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. Akademie Verlag. 1935.l).• ed.

Tricol. 1961. supra). edición y traducción de J. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. D. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. libros 1 y U. Ollé-Laprune. Fragmentos: edición Rose. Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. 1936Física. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. Berna. Milán-Roma. Centro de Estu­ dios Constitucionales. traducción alemana de O. Madrid. Reconstruction.. 1958.. Ross (Col. W. Marguer itte.. Oxford. Turín-Roma. Ét. Irn­ misch Leipzig (Teubner). Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. Cruchon. pp. Gauthier-Jolif. 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. hay que añadir: Joachim. col.. Nic. 1959.. Vrin. Edizioni di Stor ia e Letteratura. pp. Ak.. Jaeger (Col. Zwich. Retórica. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). 1955. Vlll. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. en Acta Congressus Madvigimri. t. H. París. 2 vols. 1909. 1 953. Comentanos parciales: libros 1 y II por J. Magna MOI'alia. traducción del Organon de J. Oxford. 1957. Ross (Col. Grundprobleme der antiken Philosophie. Dirlmeier (1 956). 1 886. Grcdos. M. W. Florencia. 2 vols. X. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. «Les trois vies». ID). Libené et civilisation chez les Crees. edición de W. Festugiere. Gauthier y J. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. Copenhague. pr.-A. An Attempt at. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. Par ís. 2. en Archives de Philosophie. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. Texts). 1930. París. . 1957.. J. Walzcr. París. Tricot. 1909. introducción y notas de Julián Marías. W. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. París. Instituto de Estudios Po­ Líticos. trad. Kl.. traducción de J. Spiazzi. París. fr. edición y rraducción de H. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. Madrid. Philos. supra). Düring. París. in­ troducción de Emilio Lledó. Leipzig (Teubner). Oxford. n. 1934. Gredos. 1958 (cf. VII. Texts). 1897. Madrid. edición de F. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). París. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). Oxford. por J. Gredos. Ética Eudemia.. Jaeger. Ro­ dier. también hoy la traducción francesa de J. 1947. Madrid. Texts). 1960 (reseña de H. 1989). t. R. Universidades de Francia 1939. Aubonnet. 98-104). 19872). ed. libros f y Il. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. Vrin. Jolif. Nic. A.. París-Lovaina. G. revisada por O. Tomás de Aquino. Robinson. 1995). Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. 1959. Tricot. D.• �d. Vrin. Bocea. Nauwelaerts.. 4. 0. A. d. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. de Barlhélemy Saint-Rilaire. Hist. d. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. 1 985�. 19 1 . A completar hoy por l . para el resto. -.-Y. París. A. París.• ed. Stzb. de M . colección Budé. Aristotle 's Protreptic:us. ibid.. D. 1960. Cambridge. por L. París. muy insuficiente. 3 vols. 1995). Gr illi. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. phil.. cf. 1948. 2. edición y traducción de M. traducción y notas de Julio Palli Bonet. 1949. Marictti. por R. Tricot. ed.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. Souilhé y G. 1930. Franke. Madrid. 1958-1959.. 131. Oxford. Rev. 1955.. 1856 (La mora/e d'Arí szote. 1882. Política. Gigon (con importante introducción). Susemihl. Grcdos. Éd. Artemis-Ver1ag. por Dirlmeier. de la Revuc des Jeunes. Payot. 1985. por L. Gote­ borg. ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. por G. Ét. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). edición R. 1958. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). Wiss. Dufour. introducción y notas de Julián Marías. VI.174. Grenwood. Rees.. Vrin.-hist. Gigon. 1928. Roma. Carteron. l. Nic. Madrid.

Hamburgo. Aristoteles. reproducido en Études de Philosophie Grecque.: E l problema del ser en Aristóteles. 1952.roblems in Aristotle's "Protrepticus"».. 139-171. XLIV... R. E. Glockner (JubiJaumsausgabe). 1833. 1955.. Aristotle. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». H. 1942. P . Die Entdeckung des Geistes. Schwartz..rís. Essai sur la métaphysique d'Aristote. pp. 120-127.. 205.. Essai sur la morale d'Aristote. Ollé-Laprune. Eth.». J. xm-xxrv." ed. pp. Léonard. Heidelberg. 1908. Eranos. (<The Practica! Syllogism. Phii. Leipzig. d. Eudemische Ethik wui Metaphysik.. 1837. G.r. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles. Vrin. PUF. Payot. Basilea.. M. «La m01·ale d' Aristote». Wiener Al<. 1912. XVlli. Ética a Nicómaco. 1. L. 1923. 245 Joly.. XII." ed. Argel. D.. QueUe und Meyer. Philos. W. pp. 1962 (h ay trad. 1948. ll. G.ilos.. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. L. W. K!.. Antenore. tomo lli. Mor. 2: ed.. Mor. des Lettres.. L'opinion selon Aristote. 1955. Stzb. 202.. Mét. von. Stzb. Payot.. Le dominateur et les possibles. Mélanges A. traducción inglesa de R. Rev. Wittrnann. Essai sur la problemati­ Wiss.." ed. Oxford University Press. V orlesungen über die Geschich.. 1882.rt. <<Aristotle in the "Protrepticus"». 1958. 1956. París. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition. Oxford. F. Snell.. PUF. traducción francesa RobiJ1. París. 1960. nueva ed.en. La morale d'Aristote.. 1957. Ratisbona.. 1881." ed. en W erke. París.. prefacio de sir Amim. Rev. XIV. Wilpert. David Ross. 2 vols.. . Le bonheur chez Aristote. 1925. Padua." ed. H. 1953. 255 ss. Lovaina-París. 1955. Gadamer. 1913. 917-940 (a completar por Dirlmeier. Hegel.. de la Ética a Nicórnaco. The Philosophy o f Aristotle. Mesnard. Wiener Ak. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. Wiss. 1959. P. t. 0.1911.. Taurus. Ravaisson. Londres. (La liberté grecque). París. 5. 1948. R. E. tesis doctoral. 2 vols. · 1956. La m01·ale antique. 1923. en Autour d'Aristote.. Mét. 1923. París. 1955.enomen. pp. E. 52 (1954). D.. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason».. vol. Geschichte der griechischen Ethik. Teubner. 1960. de Wellmann. Hambmgo. 7-36.. 1944. Ando. F. 3. 1928. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele. ampliada. B. Research. Le probteme de l'etre chez Aristote. Hamebn. París. E.-Hist.. reimpresión. PUF. 1 . Jaeger. París. Mélanges A. Berlín. pp. Richter.." ed. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. París. Apelt. Mansion. Clarendon. 1942 (Curso de la Fac. Schrnidt.. Rodier. «L' Anthopologie d' Aristote». traducción alemana de P. Stuttgart. Dür ing. 1897. R. Demos. Die Ph. H..244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. P. Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. Nauwelaerts.-M.-M. 22 (1961). pp. 5. Ro­ binson. Claassen. Berlín.ilosophie der Griech. -.. Royale de Belgi­ que. 1955. 6. Berlín.. 1920.. Robín. . 1923. L. Madrid. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate. 2. pp.. La mora/e d'Aristote.).. Ph. Nik. J. 1935. pp. Riondato. Kl. Weiss. t. Takatura. Kioto. 3. 207. Die drei aristotelischen Ethiken.te der Philosophie.. !. Wundt. 1946.. Scbuhl.. París. Bruselas. 1. traduc­ ción francesa de C. des Lettres. H. L. 2. Nauwelaerts. LI. Lovaina-Pa. 1958. que aristotélicienne.-A. PUF. pp. Mansion. publicado por W. 1938. d. Ethik der Griechen. Arnim. Par ís. 1951. M. de JI. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. 1955. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. Griechische Freiheit.. ibid. Zelle. von. Meiner. d. 1946. 81-97. Pohlenz. 1926. Mémoires de 1'Ac. en Autour d'Aristote. Aubenque. D.. 153-162.• ed. París. Leip­ zig. 2. Cl. d. R. Lefevre. París-Ottawa. 325-342. Allan. París. cast." ed. Ethik der alten Griechen. 3.. 497 ss. 1924.. 1934. 2. 1923. Weidmann. 1962.. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. CJ. M. pp. de Letras de Argel).. fr.-hist. 1961. L. 1955. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. Das Ethische in Aristoteles' T o pik. and Ph. Aristote. 2. 1987). Régis. trad. J. . -. Die Ethik des Aristoteles. 4. Stuttga. 1958.. «P. Weil. Gauthier.

Walz. tesis en Friburgo (Suiza). de.. Stoicorum veterum fragmenta. BerDiels. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». Mnemosyne. Pieper. Philos.fondement intellectu. de W. 7). 373-374." ed. Magna Moralia und aristotelische Ethik.Ba silea. rrunkfurt. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum.. W. 2. Jankélévitch. Milán. Fragmente der V lín. 1925. Tubinga. 1). Bollnow. Mattei. istoteles und Platon». «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». V. Rev. París.. A. Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin. Tomás de Aquino. 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. J. Hermes. en Mansion. R.. J. 47-56. 2. 89 (1961).1924. 58 (1960). Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. Berkeley-Los Ángeles. vol. S. q. Wcidmnnn. U a U ae. O. Die Lehre van der praktischen V sophie. Kullmann. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. -. Kapp. PUF. BAC. G. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. 1876. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». E. Stark. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Mansion. Berlín. pp. 9. Monan. Kant. 1951 . B.. Traktat über dir Klugheit. 138-164. Olmsted. 25.. Jena. lastique de Philoso icus"». 5 1-84. H. N. Suma teolóeica. Friburgo de Brisgovia. tesis. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia. . Friburgo.. 1905. F. Deman. 1937. pp. ed. J. 1959. reimp. Plutarco. 1961. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. von. Hüf fmeister.. b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp. 1949 (de inspiración tomista). D. Revue Néo-sco­ phie. 1928. 1957). Leipzig. VI. 1958 (hay traducción castellana de M. 33 (193J). 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. M. 8). H. pp. Michelakis. 1958.. 80-107.. en las notas. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. 1943. E. Noble. en Moralia.. 6 (1938).246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». 1903. B. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote».. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. nueva ed. de Th. 1 9 1 8 . Cleisionnis. de H. Du." ed. Delbos. 42-61. 179-194. Beck. Gillet. Isnardi. Ullstein. ernunft in der griechischen Philo­ Walter. de la Revue des Jeunes. 1943. Se las encontrará en su lugar. E. Hermes. Leipzig. E) Sobre Hirschberger. Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». Espasa-Calpe. 1960." ed. «Theorie und Praxis bei Ar pp. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. 1912.. pp. Ga­ damer). 1949. 2. R. 4 vols. Delagrave. Rabinowitz. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. 63 (1 928). cap. Aristoteles-Studien. 1994). Kuhn. «De la virtud ética». Mohr. XI). W esen und W andel der T ugenden. M. AJmqvist & Wiksell. fr. Loeb.• ed. Madrid. 185-219. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen. de Louvain. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. Madrid. 1932. pp. N.. 1954 (Zetemata.M. publicado con el tí­ tulo La prudence.. XVU».a ed. R. G. Munich.. pbrónesis. 1 .: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia... Mu­ nich. Staate. tesis. «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>.el de la morale d'apres Aristote. 51 ( 1956). col.. 56-75. American Journal o f Philosophy. 389-396). La ?a­ rola del Passato.. Kranz. I-1. El. tesis en .er. trad. J.eta j!sica de las costumbres. orsokratiker. París.... . Philologus-Supplement. l. 1946). 360-380. Fundamentación de la m. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. de V. 21 6-236. pp. en Umanesimo e scienza politi ca.. Pfeiffer. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). Oxford. F. García Morente. Kosel. Goteborg. 69 (1948).achischen Ethik. D. XVI. pp.

La norma . 63. El hombre de la prudencia l. . 68. 3. pru­ Cosmología de la prudencia l. - Prudencia y experiencia. 2. lll. II. 2. 43 43 52 63 dencia y habilidad. La tesis de W.ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. Las fuentes La interpretación . Jaeger Crítica a la tesis de W. Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . Los textos . Definición y existencia . El e jemplo de Pericles. 2. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. 3. La historia de las ideas . El tipo. La contingencia l. Jaeger I. 15 18 23 24 29 35 TI.

La prudencia en Kant Apéndice l . mortalidad en el límite. . se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) .ll}) . El tema de la «impotencia» de Dios. Deliberación y análisi 128.La in­ Unidad de la noción de phrónesis. . . Ética a Eudemo Fí sica . publicada por CRÍTICA.Í>f. intención y clcccióo.250 l. . S. 164. . 170. . 1 5 1 . 159. 177. 198. Deliberación y democracia. 134. .E l juicio como cua­ lidad moral. s. línlltes y equilibrio.La buena deliberación (EMouJ. (nQOOÍ. 3. 145. . La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. bivalencia de este tema .El humanismo y lo trágico. 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4. . 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites.Tco­ óa aristotélica de la elección. de Barcelona 2. c6maco .. am- Ill.QWLS) . 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. 137. LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2. . 2. 184. 3. (yv<. . 193. . Apéndice 2. . 3.L. 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l.El problema del fJ n y los medios.ta). 124. La elección Los dos significados de proaír esis. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. 205 210 212 241 Bibliografía .

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