LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
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tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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pero también: un niño sensato (sage).350-1. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y.la Desmesura. VV. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto. que el bien.). Carta de VoiLar 6. de la desmesura y el desprecio. Pero n. sección 2 (trad. necesariamente más larga. de entrada indistintas.. que lo racional n. y por largo tiempo. para preferir el «bien del hombre». I. pero cómplices. del «héroe» y el «alma bella». hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. cansada de los prestigios. falta coraje. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». y no cualquier otro. una virtud metafísicamente fundada. 1. primer Lugar contra sí mismo. «prudencia». aunque sólo sea por educación. esa i e a La Harpe. Sófocles. y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles.o es una virtud heroica. Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos. La prudencia fue víctima primero del . Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. si se presenta en él. incluso las más sutiles.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. Olímpica. de Delbos. también y más que ningu­ na otra. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. Kant. debía quedar asociada a su declive. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. pp. . más en general. « . En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. 7. La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. la de los griegos. en otro sentido. CJocp ia). 13). en gran medida. busca un. pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. quien hizo la teoría correspondiente. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. Quizá. A111ígona.7 que el hombre. ciadas y que hay palabras. 9. La Segunda parte. finalmente. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. de «sabiduría» (sapientia. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. aunque sólo sea el del buen juicio. y en. del espíritu público.0 8.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético. pem muy diferente. la Ética a Nicómaco y /bid. La prudencia n. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas.. Se dice: un automovilista prudente. fr. fue. más interés que el puramente historico. 332-333. Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. y que es necesario distinguir de la noción vecina. La prudencia es.. s ttzrde del rnoralismo. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. 5. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. si era aún la de Aristóteles. dejando nuestra investigación sin. No es ca­ perado. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. q¿¡e es el objeto de la prudencia.. de esta co. vv. 31 de marzo de 1775. que sólo se ar­ cia». Pero.351. 127 ss. puede ser el enemigo de lo mejor. que lo inteligible no es de este mundo y que. sino preservado. contrarios entre s{.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas.

l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas. 13. . evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. cuántas sugerencias. De játo. pp. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. éste sin duda ha utilizado <<notas». 15. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. Morale. siendo la primer. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. 14. 34). . «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. en París. l>:uís.: El proble111a del ser en Ari.s (pruden.:na M01·a/ia. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). se separan de ella. cast. París. Schuhl. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. y. Que estas investigaciones. París. pues. principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio. 1964.-M. Le dominareur etles possibles. «. Aristoteles. 17). Dirlmeier. Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. P. 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. . 1987').l"fiphiqllc' ( 1962). len inhaltlich» (F. al contrario. PUF. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. y por muc as mtís. Sclzuhl. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. PUF.-M. P.� en su conjunto más antigua que la segunda. 69-72. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. . cia) después de Aristóteles. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo.inaban «sobre los posibles».mr la problémati· que ariswtéficiemle. de Aristóteles mismo. . en el caso de la tercera. 12. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. Le probflm�e de f'etre chez Ariswte. pp. expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M.-M. 12 Finalmente. de cronología y. en especial sobre la no­ ción de xO. Revue philo. Besan9on.L(}Ó�. IW10. 156-182. _ 1 1. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. Schuhl. P. Magna Moralia. 291-292. «De !'instan! propice». 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». lógico. 1962 (hay trad. y también una deuda: se podrá comprobar que.ObSCUra quaestiO. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos. Taurus. tratándose de Anstó­ � teles. físico y moral. 1� Los múltiples aspectos de este debate. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. contentionem quam neel ovvar<. pp. así como sus resonancias siempre actuales. Aubenque.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. en Vand�uvres (Ginebra). si bien este estudio se basta a sí mismo. con el último grao exegeta de Ma¡. Por esta deuda. t::ssai . quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . l. El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. LXXX (1975). Madrid. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10. de auten­ ticidad. Pero.�­ tóteles. Belles Lettres. los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. 146-147). Schuhl. 1: IX. se puede admitir. 11 Además. pp.-en-Provence.iiv appcllant» (Cicerón. 1958. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. por lo tanto..

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

Así. De Coelo.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo.M11oa�wu ú. sin referirse esta vez a sus predecesores. &XA. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable. 68b evrp. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles.AA. que son cambiantes como sus objetos. recuerda en el libro M de la Meta­ física. el saber in­ Ideas. 1078b 15. M. Fedón. 4. bn<JtY)f.w0uL cpQÓVIl­ oet. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. fiel al uso platónico.oeL xaeaew� l>vcev!. fr. SóFOCLES... que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». Aristóteles. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. Met. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». donde Aristóte­ les retoma claramente. PLATÓN.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. E1tÍ. . 2. Pearson § 1 .a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV. emplea la palabra phrónesis para designar. 298b 23.' � exei. 590. pues dice él. III.OLaoem xat cpgovEi:v. l. f. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». yv&ot� i] cpgóvr¡ot�. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa.

12. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. inmutable· como su objeto. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime.¡. !. filosófico. VI. Cf. constantemente asociados a émo-d¡ ¡.óv). 1141a 20. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico». una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son. 16. apuntan a la satisfacción de una necesidad... que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto. 7. &eeri¡ OtavoLa�: Ret. 982b 4. Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A. 5. la exigencia científica de estabilidad. 14 es. JtQÓ\. de lo suprasensible. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid. 16 es variable según los individuos y las circunstancias. 7.. en efecto. 19. en el seno mismo de la física.. 1. «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. aquella que no tiene otro fin. Ya no se trata de una ciencia. cree posible alcanzar. el llegar a un rango que ya no es el primero. 114lb 5. . 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). J8. I. Ét. �Qóvq.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana. ciertamente. VI. 5.física. 2. 1139a 12.oyLO'tLY.6 sino de una virtud. 1 1 40b 2 1 . bajo otro nombre. por la otra conocemos las cosas contingentes. 4. 5. 5. Vl. 20. VI. para ser intelectual. Estos «Cuerpos» son los astros. 9. no duda en calificarla de phrónesis. 982b 28. en efecto.1139a 1 (cf.rónesis trata de lo contin­ gente.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux. 8. 34. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. Ét. nacidas de la necesidad. el saber verdadero. 13. OU¡. 2.5 Sin embargo. !bid. Nic. que no tiene otro fin que él mismo. demasiado humano. que era antes asimilada a la sophía. 6. 1103a 6. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma. A. 1140b27. 2. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. vrrr.7.t. sino que es para ella misma su propio fin. no sea aquí no sólo una ciencia. 163b 9. 13.. 247b ll. 1 J4la 34. 18. 8. 15. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. Vl. VI. en una palabra. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón. es obvio que no lo es: «existen.' pero en el interior de la diánoia. en efecto. l366b 20). al comienzo de la Metafísica..3. en los Tópicos. el de sophía: la prueba de ello es que.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx. 14. 1141a24. 10. 114lb 8. otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo. "tE yv&crtv xai. el saber desinte­ resado y libre. a las artes. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. 1140b 26. Ffsica. yáQ e<ntv yrmíoewc. 7. 139a 12.. Magna Moralia.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). Nic. aunque. 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. una virtud dianoética.4 En estos cuatro textos. no obstante. a diferencia de su maestro. ignora lo que nace y perece. 14.). 3. que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia..T] o a yv<i:JCJL\. phrónesis.ocro�lav cpQÓVllQ'LV. l.1143b 20).'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡. arquitectónica.» 19 Ahora bien. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. 5. 2.t. Tópicos. J7.13 En fin. 15 la ph.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>.10 Lo más extraño es que la Vll. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. para atenemos a los más manifiestos.at émcrrij¡.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. Jl40b 36. los Cuerpos de los que está formado el Universo».�ÉQOV'ta Éauwt\. la phró­ nesis.. Metafísica.ttCic. 6. 9. A. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. 1 J40b 26.óv). 2. 114la25. "rilv xa1:a �LA. 5.ov. 13.3 Finahnente. (VI. pues.wv x. Esta vutud es. Jl41b 11. 1tEQL 1:0 VI. 7. que. 7. Mew. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. Aristóteles introduce. OME¡. Nic.

cual Dios.. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». ciertamente. República. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. Aristóteles «será toda § 2. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro. pienso. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. a condición. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. ( 1948). de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22. teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. la siguiente. Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. según Jaeger. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr». 85. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra.22 Esta primera crisis se situaría. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. 1955). /bid..0 l. p. poco interesados en el coteJO crítico de los textos. Robinson 23. 21. el hom­ � W. Platón. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. VJl. nueva edición sin cambios. lleno de conse­ cuencias.18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios. /bid. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. objeto de la contemplactón. . capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. . es decir. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � . Cf. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. aportaba una p. edición de la traducción inglesa de R. Aristoteles. cuya mor sigue siendo «teónoma)). lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra. donde designa la contemplación. 24. en resumen. CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». segun 1a .. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . pero sin referencta alguna a la norma trascendente. entre la razón teórica y la razón práctJCa. Ci­ vez más de las preocupaciones . las relaciones de la teoría y la práctica. n. no es lo mtsmo en el. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung. percibida no en sí misma. 533de: «No es. p. las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles.21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. LA TBSIS DE W. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. 83.24 Si en la Ética a Eudemo. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. sm embargo. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. por no decir opuestas. al menos aparente. La tesis de Jaeger es. Desde esta perspecuva. /bid.. M etaftstca y etJca se separan . Entonces se consuma eJ divorc o. la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría. no ha renunctado. parecen no haber advertido. 85. conocido corno fases de una evolución.

considerada como unidad de la teoría y de la práctica. a una caída de la filosofía en el empirismo. según el testimonio de Cicerón. Anaxágoras y Pitágoras. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles. a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. 29. Acl Att. 11. Mind. partidario de la vida contemplati­ va. separando de nuevo la teoría y la práctica. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. al menos provisional. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. el «humanismo».28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. 27. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. sección de Hist oria de la Filosoffa.. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"». el prime­ ro estaba representado por Parménides. iban a dar una victoria. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. y la vida propiamente «ética». algunos años más tarde. en la que se asistirá. P. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico. pp. Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). P. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. 3. 31. en un divorcio en­ -o. una «degradación de la mística en política>>. 1924. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». conforme a la inter­ del platonismo.\IIA 21 motivación. 1928. 16. 390-421. 192-l98. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. On the Origin. más precisamente. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción. se podría decir «dramática». Desgraciadamente. pp. A. 28. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. y Dicearco. an­ tes de Platón. su indiferencia respecto de la especulación.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. 451. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». más exacto. entre la metafísica y la ética. P.­ sight). Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». E. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación. 30. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. T ayl or. la acción recta a la contemplación de las Ideas. partidario de la vida activa. 461. . de la prudencia pequeñoburguesa. Aristóteles.26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. al hacer del conocimiento de las Ideas. disociando la vida «contemplativa». la justificación del oportunismo o.t'Y]. 32. según su propia interpretación.QE't1)). el fundamento de la vida política misma. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno. relegada al rango de ideal lejano. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. el segundo. Antes de Platón. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. para ha­ 26. en particu­ lar el de la Idea del Bien. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral. moral in. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. vo'Ü� o buotT)¡.3' La falta de sentido teórico del Liceo.27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. al ideal práctico. De hecho. El término.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. por los sofistas. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. 440. en la teología de un Dios lejano-. 250. p.

437. 35. Pero.. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. si bien es nece­ � 36. liberada de preocupaciones sub33. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . Jaeger . al regir las partes inferiores del alma. ll97b 28-30. (132. r. se mencione la sabicluría». 34. 5b W (1. Llega in­ un� norma. 1215b 2 (Anaxágoras).JAEGER sariO reconocerle. sino recordar la estricta alternas. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero. .38 Con este comentario el autor W. 34. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. 1216a 11-16. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. 37. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. Eud. Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal. El aristotelismo de de la vida contemplativa. p. vtda contemplativa. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. Magna M01·a/ia. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. CjJLAOOO(jllCI. una tesi� de este género en la Jbid.39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que. On 1he Origin. l. 39 38.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. CRÍTICA A LA TESIS DE W. y es Pericles. Magna Moralia. y el autor insiste. del mismo modo la prudencia. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política.. 1140b 7 (para Pericles). . p. realizar su propia tarea. 4. no habría �isto más que supervivencia en el elogio. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa. V.f. nes que permitirán a la sabiduría. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. Ét. 5. crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. cf. al hilo de una del phrónimos.c.?Óvr¡mc. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. 11 Walzer. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. mientras que el segundo. On the Origin. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí. más aún que Aristóteles. S rates. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. y. 440..35 acción eficaz que de teoría. l. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. Carta a Meneceo de Epicuro: . 1215b 6-14. l<Ctt .UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. ll98b desde la p. es cierto. utilitaria incluso. Enc?ntramos. de Magna Moralia no haría. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. "ttJ. fr. § 3. La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles.33 Por el contrario. . 6 ss. símbolos tradicionales del ideal contemplativo. el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o. de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». del ideal contemplativo. Él. 34. de la prudencia. 9.) (Anaxágoras y Pitágora�). p. según Jaeger. n . la curva va de la contemplación a la acc1ón.22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. sobre todo. . y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. Protréptico. 8). Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. l. Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana. 49. Nic. pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales. como a otros análisis aristotélicos de W. 7.

Heinze (Aristóteles. Cf. fr. Por el contrario. cf. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes.47 De hecho. (1958). se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. 11. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón. VJ.. 4 1 . se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. 43. capítulo 1). que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo.44 Así. 401-433. É picure et ses dieux. Sobre la evolución de la noción de autarquía. «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. l . Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf. pp. del platonismo. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. Rev. otra cosa que un tema de escuela. 44. que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. 1904) y. pp. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo». J. de Molitor (CEuvres phi/os.. p. en Espeusipo. 425. 1955). 42. 1). Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos. 47. Esta atmósfera de retraimiento o. M . 2. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». Leipzig. por ejemplo en Dicearco. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro.:urtlu. El filósofo. 4 H y el comentario de Tsnardi. p. pp. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. fr. como se ha dicho. 46.or medida. pp. 6 H. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres».-M. K. trad. Por lo demás. 3 1 . 48. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. 'OQu:rmd¡v xut 8E<. y otra práctica. a la historia de las ideas. fr. Festugiere. Política. la investigación de las fuentes y la propia interpretación. como él dice. Phi/. 1946. a falta de mejor solución. De hecho. del ideal de vida política es por lo menos paradójico. 14la 6).46 Esta distinción. De hecho. p. pp. se transforma. A. indisolublemente teóricas y prácticas. en La Pa­ rola del Passato (1956). 109 ss.45 Pero según otro fragmento más explícito. TóFr. respectivamente. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. . pretensiones unitarias de la filosofía precedente.. aun cuando conserve ciertas apariencias.OQlltLX�v t<ilv ovtwv. aunque sea provisional. op. que se confundía con la sabiduría. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o.. art. distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. 500-501 y 504. En . Heidelberg. X. la «tranqwlidad del alma». cf. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. Schubl. Marx. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. la «liberación de los tormentos»48 picos. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. TU. cit. 129-131). Isnardi. 424-425. Es el momento en que la libertad del hombre libre. lsnardi. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo..41 en que el ideal de autarquía. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. M. en libertad interior. pp. y nuestras notas en Le probleme de /'etre. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. Wesen und W erden eines Lebensideals. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». en mel). la reseña de P. do puramente especulativo las doctrinas. 45. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. cit. de &J. 7. otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. no reconoce 40.

Más aún. el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido.tral. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. P . 77 H. Primera parte. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. dado el 974b. J § l .53 No obstante. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. favorecw de su 'filosof1a. 50. 60. Scbuhl. una función activa. go. les possibles. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. que no �esu�» (97?d). 54. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. será finalmente la ciencia del número. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. (cf. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. Cf. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación.52 La ciencia buscada. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». soc1edad ya extraña a la filosofía. esta es la naturaleza de los astros». esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. Sería vano. no es sólo el ho W.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». y la prudencia aristotéUca. se basta a sí misma. de la misma manera y por las mismas razones. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle».26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. 59. sino más bien los propios astros.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. ello. il!{ra). 977a. 53. le parecía que Ar . . istóteles mismo. Le probleme de L'étre. 58. no es la forma más elevada del saber. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos. la contemplación astral. en lo su­ . Vl. aún. Con Polemón.-M. 982e. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55. Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. 1 14la 2 0 ss. 7. Aristóteles. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. p. Ya desde el prólogo. ceSIVO. 57. 977ab. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. . por todo un aspecto Mác. la única que vuelve al hombre sabio. esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. Pero 56. 986d. no ha sido a n descubierta. 2. 43. .no sólo era característico del joven Aristóteles. Le dominateur et 982bc. Así pues. aquello que hace del hombre un sabio.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. cap.� Finalmente. la phrónesis. en una . sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. no es otra qu. en especial el De plzilosophia.55 pues merece. ahora bien. un nuevo rebrote del ideal contemplativo. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. carácter problemático de su reconslrucción (cf. Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste. es decir. 17). descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. 52. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. p.r6nesis. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. una c1erta 49. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral.57 Si nos atenemos al uso del término ph. 973ab.54 Más adelante. Crantor y . Fr. Crates. es precisamente la «política». Epfnonus 51. cap. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. en efecto. más bien. y los temas místicos del Epínomis. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico.rónesis. supra.

-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. como del Liceo después de Tcofr:t slo. 66. no se puede explicar. fragmellla. 67. cap. Oxford. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). sin embargo. en este punto como en otros. que serán las de la época helenística. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. El Protréptico sería. pues. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. pp. Jaeger.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro.62 la de Walzer63 o la de Ross. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. que está en el origen de estas reconstrucciones. VI. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. P. vol. sino que mantiene ambas. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. y debe buscar en su propio nivel una norma que. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. Xll. como hemos visto. más tarde. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. Ar istóteles no opone la una a la otra. 65. 64. 1870 (vol. 63. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. pp. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. no deja de ser intelectual o «dianoética». FesJugi�re. Phil. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. 1952). la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo). no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. Jaeger. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral. Arisroreli s fragmenta selecta. 1934.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. Aristotelis. 1955 (trad.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. de la salvación del II W. Angeles. Teubncr. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. y se puede prever que sus con62. Así pues. Jou rnal o f Philology (1869). Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas.. Florencia. 65 ss. como hace Jaeger. «On a lost dialogue of Aristotle». por reacción. apanarse de la especulación. Rev. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. 76-89. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. 1957. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. como bastaría para probarlo el libro X. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. llct�didcs Póntico. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles. . Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. y por ello como más o menos recientes. no uno. 18863. 55-69. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. como t. Berkeley-Los .. 61. Arisrorefis dialogorum fragmema. A partir de la signifi­ cación platónica del término. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. (1956).. From Platonism ro Neoplatonism. ni siquiera de un primado de la vida política. Arisroteles.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. Desde Bywater. Wehrli) y. la herencia de l a sabidurra socd1ica. 122 ss. sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. pp. Merlan. fr.

textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9). en co�tcsta este punto de vista. 17. 10. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». 2. cuan­ é Según Düring (p. 9-1 O. V. p.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico. An Auempt 01 Reconstruction. Gadamer. pp. 62. cit. 195-196. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin.. strict terminology in thc Protl"epticus».c. p.72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. y en ninguna otra parte del resto de las obras. Düring. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. l45a 30. op. Cap. 14. Düring. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. 29). l96l. de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo.74 una ética. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas». t reacción parezca excesiva. 36. ha obligado a los defen­ Por mác. pp. S. 8-9. cf. sophía. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. aun cuando se admita que Aristóteles. por medio de argumentos que se enraiz. Pistclli) sean postaristotéli­ . ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. 316-320. LXUJ ( 1928). pp. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y.). d. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. (cf.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús. que no son necesariamente las suyas. n. 70. op. 31 9-320. pp. p. /bi Hermes. 69. 3). que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-. p. p. 75. vain 71. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. p. 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. 36. quedaría pendiente de probar. 27-60. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal. 20. p.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. istotle avoids Cf. epistéme. como sostiene Jaeger.77 Antes hemos citado textos. Aris­ totle:r Protrepticus. JO.. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. refiriéndose incluso a teo­ rías banales..73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. fragmentos 27 y 29 D).. habrfa sido escrito hacia e l 350. 6. 155. cit. VI-XJI. 1960. t:repticus">>. Revue Philosophique de Lou­ 68. sino sólo en «convergencia de probabilidades». op. Dliring. sino la posición de la ftlosofía en general». que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa. VI. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. Pistelli (I. p. iscusión de JV. p. cos. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis. 191.. que no ve razones para excluir estos r f m 72. Ahora bien. Bast. !bid. t. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. Gadamer plantea una ley general. la d 145.da de la filosofía . Mansion. J. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. esp..ta doctrina con la<. «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76.ará admitir que Ar a e l. 73. cuando no trata esso. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas.. incluso las «esotéricas» de Aristóteles. n. 68. etc. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. res ( 1 958). n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». cit.. p. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . 9. 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz. S. 6. Pero. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35. Düring. Ahora bien. tmchtung der arisrorelischen Ethik». i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . ibid. 5-36. nada permite pensar que sea así. DUring. p. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía. � trata de una «Obra popular» (L Düring. en especial 74. op. 34.71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro. l. retomando Lodos los elementos del debate. pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e. 77. cit. 1366b 20) y en los Tópicos (V. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. Düring.

conviene matizar. Eud . o en las obras esotéricas. o bien lo ha criticado expresamente. 1 140a 25b. a.. pero no por prudentes». por lo demás.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. en las Éticas. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. . Considerar lo que está bien para cada género de ser. 82 y 97. como virtud d el a inteligencia (A. sino populares. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. Pues. Nic. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. es para medir mejor l a aberr. Walzer. 80. . p. pues. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. sucede lo contrar io. Para el autor de la 82. en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco. A. l o s textos citados más arriba. por lo demás. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. si no bao 79. p. 190). VL S. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . 222. . igual que Platón. que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. Mansion. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. Más aún. Eud. I. Cf. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. LIS3a 21. 4. que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. . 23. a quienes Aristóteles considera. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). singularmente en la Ética.. El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. 1216a 19.oywuxou UQE"ClÍ). Esta corrección no contradice. 27b. . y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. que. siguiera empleando el término en u sentido platónico. Ét. 1217b 21. Ét. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p.1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. . en la época en que escribía. pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. caracteriza al prudente . como ya lo hemos hecho en otra parte. I. rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. Ét. S. exac­ tamente como en el Protréptico. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. Le wvbleme de l'érre. Nicómaco. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. 12. considerado más esencial trata de ello ex prof esso. como ya se ha dicho (R. I IS2b 15-16. cf. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . . una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado.80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . Anaxágoras. eso es lo que especies de animales .82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. 83. 13. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. L2lSb 2. o al menos contra un cieno platonismo. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. es decir. 8. 78.. .BA Aristóteles nos indica. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. Nic. designando el conocimiento por excelencia. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. Por por con f esión unánime. como el conocimien­ Pericles. . sino preplatónicas. l. S. por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. por más original.18 Parece como si Aristóteles. 81. 4. no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. 1 1 4 1 a 25. 8. 83). el platónico. en realidad. p. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. no platónicas.79 Sin embargo. 7. en especiaJ·pp. 2. 983a 3). se de una retractación de Aristóteles (cf. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. injustamente despreciado por los platónicos. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo.oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). restaura el honor. 1096b 17.. que Anaxágoras era un phrónimos. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. Vn. cpQÓVTJOLs. De hecho. en especial elde Gorgias.

pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros .. sea cual sea su de­ 87. . recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. sobre el hombre. el sent1do «platomco». nominación. .t11 � YJ_YEfAWV. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. sobre todo en las Eticas. pp. Sobre la phrónesis en los pri­ re . 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. de su títlllo. Fil _dun es dec1r. . que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. 490a. Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. . esp. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). Hirschberger. a propós it o en est os textos de Pl�tó . cf. Cf. la dialéctica o la política. Por ella. 1931. este estudio trata más bien de la . B. Platón miürá reconocer las «fuentes». Cf. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . infra. «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. R. Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . pero más cercana a tra acción. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica. entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. En este sis). conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). en particular trágica. también Repú­ blica 1. J. tanto co el Filebo como en el Me11ón. a ejemplos o a citas tomados de poetas. hace falta contar también con esta palabra poética. en csle terreno. Más aún.Et E1tl01:�j. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. XXV (1933).34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. . Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. por ello. Asf. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡). del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . Snell. 99b). . 5?cd):_ se puede. ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. Habría que matizar. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. sin embargo. En el otro extremo de la can·era de Platón. Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. pero no lo entienden en e l mismo se ntido. en todo el Filebo. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. a pesar idea de sabiduría. pues. Pero. en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. (a uxili ar del movimiento). 492a). a su vez. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión.ov fPQOVLj. 348d. la interpretación. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. Tercera parte.a mfeoor (cf. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. Die Entdeckung des Geistes. no es temerario suponer que. y ella sola. que. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. pero con la reserva de que phróness. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. menos pura que la episté me. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. Igualmente. pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. aquello a lo que se opone. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. Quizá. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. 19553. Leyes. Onians.ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85. incluso en este caso. pia 86. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. Phi/ologus-Supplement. admitir que la idea de la prudencia. No se puede dudar aqu. ov'Y)atc. por el contrario. l-200 (pero. Cambridge. hay que comenzar. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a.85 En el �roblema que nos ocupa. �7b.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. el mundo y los dioses que la antropología. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. en este punto como en otros. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. pues. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. la oposición de Aristóteles y ele Platón. d. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero. . que sobre el término mismo de phrónesis). por el contrario. sJgrufica. la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. The Origins o f Europecu¡ Thouglu. vór¡ o�c. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica. que designa la verdadera unidad de cálculo.

o bien. Más aún. con 89. 1. q. y por despreciar el texto esencial. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ . doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. diario obligado entre el fin y los medios. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. tendía sin querer a mudarse en interpretac.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». Éd. 5 ss. si se puede decir. 201 -202).-D. . Deman. la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia. no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. intangibles. a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. L. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. por las estructuras. esencialmente de la Etica a Nicómaco y. se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. Se habla de «hiato . de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. Así. hace gala. el Protré ptico. si bien. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. más en ge­ neral. p. que es el libro VI de la Ética a Nicómaco. en este punto como en muchos ta fúica. Jaeger. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. pp. Noble. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. . la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. finalmente. pp. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». de la ética arislotél:ica en la historia de la ética.89 Se podría considerar. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. 1881. . lla llae. de asis­ ario. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. el método genético.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia.• ed. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. se ha terminado por olvidar lo que había de otros.s V . para realizar la «juntura». acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. uniformes. pues. 47- 56). si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. no viendo en todos lados 88. horizontal. 48-52). lntroduction a la prudence (Sunw teológica. por reacción a la tradición de la exégesis. se podría decir. Ollé­ chen zur nikomachischen l:. siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad. 19!2 (sobre phrónesis. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema.-H.. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. En esta perspectiva. Berlín. H. tico. 1949). cación piadosa.. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción.!hik. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. más que transición y paso entre extremos. El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. como saber de lo particular.ión peyorativa. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. A la compren­ sión. se ha Aristóteles y sus Éticas. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. Sin embargo. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». de la Revue des Jeunes. Kapp88 y W.

1874). pp. que critica la respuesta de Jaeger. . no por ello es menos un conocimiento. Gauthter. en tanto que «intelectual». en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada. R. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. Jaeger. p. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. R. cuya paternidad atribuye a J . la inteligencia del bie? no basta . para determinar inmediatamente la acctón recta. Tambt n era la de R. Zeller y Jaeger. de qué saber. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». 95 y 94.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. es decir. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). es la determinación del fin. entre la ciencia y la prudencia. Walter. y tomar los propios deseos por realidades. periencia. pero.92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. Walter. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. Sin 92.-A. Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. que uno de los momentos. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». . Ross. Pues. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. la de W. en Alemania. en realidad. queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. Gauthier. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. 9 1 . y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. el de la eficacia. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. imperativa. No obstante. no duda en traducir phrónesis por sabiduría. la cual. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. 95. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. no es de ninguna ayuda para la acción moral.-A.38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. en caso afirmativo. de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . J. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. 93.w Pero. Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica. !bid. Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. un saber teórico de los principios de la acción. en Francia. ? pender la virtud del saber y. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. E . si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. Robin. con­ trariamen e a una tradición venerable. es decir. mren­ . tal como hemos visto. Jena. precisamente porque es sólo teórica.-A. incluye el deseo y la virtud. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente.91 para recordar que. L(l mora/e d'Aristote. sobre todo. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ .-A. en tanto que «práctica». R. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . Ciertamen­ te. . no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. es decir. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». siendo ésta depen­ diente. equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. Gauthier. a prever. pero srn criticar la cuestión misma. entre la teoría y la práctica y. «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1».sta problemática era. finalmente. en Inglaterra. 1905). moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ .

a través de ella. en los tratados éticos. La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. nos dice. y que renace en el hombre aristotélico. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. disipar las últimas sombras. ¿Será. es cierto. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. más cercano que él a esa prudencia reverencial. que es denominado azar cuando somos afectados por él. más griego quizá que su f ' maestro. El problema de la prudencia y. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. de vivimos es contingente? ¿Será. en los límites de lo humano? La respuesta. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. lo contingente. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. puesto que somos hombres. Se puede uno extrañar. sin embargo. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. pues. ciertas variaciones extrañas de su sentido. al menos en su totalidad. Pero. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. pues. secundariamente. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. sin embargo. de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. no son platónicos. verdadero mensaje trágico de Grecia. en un mundo dividido. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. el cual ya no llega. Aristóteles nos orienta. .

si se quiere.cpov (SVF.tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. 283. I.Qtt&v xai. 38). . «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. 262). Estobeo.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios. parece. m. y también se omite el 'X. 59. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. Ale jandro de Afrodisía. &:l.. Así como las definiciones estoicas de la borioso o. El rasgo expresado por estas tJ·es úl. 43. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . 15. 4. NIETZSCHE. DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad.. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. cf. El nacimiento de la tragedia § l. SVF III. Jll. Ill.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡.l. JI. 262).tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. querían también vivirlo. sin embargo. por ico (Adv.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia.. Andrónico. Su instinto de conoci­ miento era insaciable. II. lll. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in.Ob oVbe'tÉQmv (cf. 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). pues lo que aprendían. IX. 53. 268. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida . . bay aquí. Ecl. De natura deorum. SVF. 59. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. 11. ill. el contrario. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. en . 2. Math.ventione. 153. 153. SVF.

diferentes. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles.estionum.óyov aJ. . Todo el mundo reconoce al regla verdadera. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4. de la virtud moral y de la sabiduría. q. 1 140b 20) y e�LV aA. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir . 1 1 40b 5). que trata de Jo necesario.. 61. Ross. 5. a. se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum». 5. etc. aquí no se trata de la rectitud de la acción. la prudencia no es un arte. 4.r¡6oiJ. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues.óyor. (cf. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. Bywater. Líber 83 Qua.A. Su punto de partida no es una esencia. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes».IHU ). l l40a 24.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis. 13). en este sen­ t ido Dirlmeier. has­ ta la cosa a definir. q.r¡ 8oü. sino ele la exactitud del crite­ rio. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber. 2. nolr¡cn<. 8. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente).. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. Pues. que trata de lo contingente.. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. 6. 1 140a 3 1 .4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación. 7. la prudencia no es una ciencia. Pero esto probaría como máximo que es una virtud.r¡8ij por &.44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica. Pero esto es mera apariencia. pues. que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y. y no la e. 47. J .que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer.r¡ 8i)r.. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae. mediante divisiones sucesivas. Se parte del uso común.t.: Apelt va hasta sustituir aA. 6. 1 144b 28) es discutible. sin embargo. pues la prudencia tiende a la acción. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. hay dos especies de disposición. 5. n.7 Se podría reconocer en este planteamiento. que citamos más ade­ I J . l.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría. sed contra). esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo.r¡8lj J. Tricot. del arte. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte. o el Bien y el Mal absolutos. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f.. La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre».. en sentido contrario. 4. puede en rigor ser denominado &J. en su formulación. ¿será un arte? No. una aplicación del célebre método platónico de división. De libero arbitrio. JtOLr¡nxi¡).r¡6i¡. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar. que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia.: así pues.. l 1 06b 36). S(Ul phrónimos. sino el bien y el mal para el hombre.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente. 3. supra la defi nición de la virtud (ll. la leyenda y la literatura. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�). y el arte a la producción. está claro que sólo el A. 1 140a 24-b 6. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. Vl. JtQéi�L<. cf.L. y el hacer. precede a la determinación de la esencia de la prudencia.óyou áJ. Cf. Gauth ier.lE"tcl A. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � . cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia. Se comprende. Aristóteles no parte del género para descender. puede (A. lante. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. Nic. VI. 13.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral. obedece al esquema clásico de l. 1 nimos..40a 24. en realidad.. expresión de la experiencia moral popular. tt..Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid. Cf. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio).r¡8oü. Pero esta definición es aún demasiado amplia.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte). Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl.8 La existencia del prudente.

Éticas de Aristóteles). activa (Ou¡. en las ptico. al sistema. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. el valor (avogeí. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo. <Aristótele. Ethik. Ném. 1334a 22. y según los principio¡. de exposición. es decir.. VJJ (1931). 97-105..oyttó¡. le proporciona las reglas idas y (I. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). pp. Cf. y que designa cpQÓVllcrt. 72-75). 235). tablecidO él mrsmo. la teona de las vtrtudes. .a o cpgóvr¡at�). en este sentido N. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. ino pmdentia Es Cicerón el que. 3. . 1220b 38-122Jb 9. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf.16. Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . p. De officiis. siendo más general. 52. SVF. en (1. 3. con Aristón. 1 107a 28-1 J 08b JO. 1863). 427e. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. apunta a la exhaustividad. presente en el 2 y 58. al a ido ver el retrato idealizado. sólo que. es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. y la justicia. quizá Einteilung. en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce.ido frecuentemente subrayado. . 52-53. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0. Más tarde. para traducir la cpQÓvr¡a� estoica.. c:r. R. o s l nusmo n CIIS.11 que re­ .. 43. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡). 1323a 27 ss. Tan sólo Cicerón. o. p. Bollnow. . 7-9). a lo Leyes. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. al menos a aquellos de De hecho. F. Et. 62. Por el contrario.tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. es decir. pp. fr. probablemente de origen popular. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. va­ 9. 1 15).. 2. y oocpta..) .. Nic. De la virtud ética.r¡nxóv). Stuttgart.16 o por mo. Vfl. ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia. en la cual algunos han quer ica. 14. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. 3. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. IV. Pero é Sible .txóv). l. 27)..und Anordmmgsprim:. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. ObJettva. p. .. 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. 262-263: L 201. 1.. al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. 25. Il. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. A una descnpc16n de estos tipos.¡. bu . En la tradición latina. p. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. 1-Jartmann. Plotino distingue cpQÓVTJOt<. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco. 55 ss. 7. el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. racional (Aoytxóv). 1951.r. comun. la pr estando subordinada a la segunda que. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). banal. Wesen und Wcmdel der T � 15. también Plutarco. 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. Cf.11 En cuanto a los estoicos. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. Die A11tike. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. de la Magnanimité. 15-16). designa una virtud inte­ sn/)idurfa. pp. 1 . Anstotelcs» (/ ugenden. <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia». recurre al térm finalmente. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. nota siguiente). la justicia (Otxmo<J'Úvr¡). cf. 6-9. � . sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio.a) y la sabiduría (aocpí. 6). 68. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. y fficiis minisrrorwn. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . más teór e atiene a esta distinción (cf.¡. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. l a unicidad absoluta de la vir­ tud. 1). 153). Das En otra parte. qJQÓVTJOL!. Reptíblictr. L. Robín. justicia. fV. través de él 24. de saber eficaz).9 nos daremos cuenta de que descansa. Eud. J. Gauthier. sobre una división pre­ tudes cardina/es.a-. Cf. Nic. <<Der Grossgesinnte. aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. ibid. y es. toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales).lma.. Berlín. una galería de retratos. se contenta con una en umeración e'?pírica. . de las cuatro virtudes. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. ibid. Die Erhik der Grieclren. �a se trate de una clasilicación subjetiva u . 13. templanza). Schwartz. 14 Aristóteles.� En los d?s casos. en todo caso. ill. ro. el conocimiento de lo inteligible.� que. or 1 1. 10 la cuarta virtud. ya sugerida por Platón (cf. Banquere.46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. E. qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia. que ha es­ . Et.-A. cf. 1%b. Protré Política.. 'fl· Jaeger. Rose. 10. no ha estu­ . que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. al igual que ellos que no afinnarán. Leyes.ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik. 439d ss. todos los demás hablan de aoq¡ta). conforme al sentido popular de la palabra. n. lor. . la templanza. 1. l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. d e Jar de sorprenderse . es dec1r. de las cosas que se han de atri­ realizar. 5. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. lo cual evoca la idea de previsión. una empresa sistemática en Hacker.

20 Volvemos a encontrar aquí. 23. 22. Pero entonces. al menos de su yo ideal. a la vez fenomenológica y axiológica. l l9b 22.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata.).48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. Aristote TV. Aristote et les problemes de méthode. su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. 1. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. si el filósofo jtlZga el lenguaje.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones. en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva».23 Puede pasar. hará falta distinguir dos especies o. ou le complexe de trahison. eventualmente. Phil. no tengan nada en común con los pri­ meros. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-. 36. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. por lo general. nuestro 17.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. o incluso el retrato i. como en el caso de la pmdencia. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. Allendy. II.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. Cf. fr. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». Il. Rev. 7.. sino en el hecho de dar y adquirir dinero». Tricot). si Alcibíades era "magnánimo".teva. 17 del hombre griego. más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad.deal de Axistóteles. . que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático. guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. como. El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. los dos métodos. se constatará que.122\a 12). 3. lo sup]e. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. 19. De hecho. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos».. Nic. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». Burnet. pp. sin embargo. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud. determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. de la cosa misma. continúa Aris­ tóteles. Owen. entonces.eyó�tsva como los hechos de observación. 1\6évm ta cpmvó¡. E. 20.teva. 21. cpaLvó­ ¡. 18. no tienen nombre (av(OVUf.. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. no en los traba jos de guerra. o Aquiles o Áyax. lo corrige y. p. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. Pero. G. tales como Lisandro o Sócrates. hay que düigi.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos. y considerar qué elementos tienen en común. (ad loe. son generalmente utilizados a la vez. 13. por ejemplo. Este méto­ do. cf. 1220b 38-. 97b 15 SS. Así. si se m ira bien. ll. por A1istóteles mis­ mo. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana. 83-103.. si se quiere. Eud. Lovaina. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. que implica cada vez una virtud (Et. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. apriorístico y deductivo. sino mediante el recurso a la descripción. Además. que es inductivo. Aristóteles comienza. 1947. 300- Retórica. L. por otra parte. más esencial. de J. 1 1 9b 23 (trad. dos géneros de magnanimidad. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. Joachim en sus Comentarios R. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori. tanto los f. Ét. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. si se quiere.18 Con ello. 24. 1961. pp. para ser más exacto. el de Jos caracteres. 317. nos preguntaremos qué elemento era común a todos».

es decir. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. § 1 . Nic.�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc. ya para el Parménides de Platón. en xnt4>. Primera parte. A. la erudita tesis de Dirlmeier. sica. sino una exigencia de la cosa misma. 981a 18 ss. la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. ÓQÍ. . l. 26. cf. siguiente.lÍ. No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . absolutamente. ibid. si no es el recurso al JUtcto . a pesar de todos los atenuantes. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas). 28. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley.31 o de lo que. en un justo medio . cualquiera que sea. 4. Cf. 5. de la esencia de la prudencia presupone. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. de ÓQ6Ó� A. Pero querríamos mostrar aquí que la definición. por 30. por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe.óyo�. 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente.. 3 1 . la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. . pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio. en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». Cf. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY. que A. Metafí 32. .28 y que.la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es). en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. Sobre la noción y sus orígenes platónicos. es decir. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. Cf. n� es en familiaridad especial con lo trascendente.·. EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. cf.oeu:: (ll. 133d-e.td�). Así corrige Dirlmeier �at <be. y la prudencia sobre lo contingente.25 T ambién distingue.26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. .. Pero el prudente. 6. Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual. contrariamente a los manusc1itos. 29. desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va.29 No retendremos de esta definí25. que está determinado por la regla recta. Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. 1097b 9 ss.óyo� por «regla recta». Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. sino el prudente. pp. . sino que designaba la regla que servía de norma. No es siquiera necesario justificar la traducción de A. Pannénides. In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. la posesión de la �1aestría . el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . sobre la participación en un orden general. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. 298-304. 27. sino de derecho... pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. 1 . La . virtud consiste en actuar según el justo med10. Aquí. leyendo entonces: «. No podernos contentarnos.33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. pp. Cf .óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional. como ya hemos visto.34 el portador vtv1ente de a norma. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. supra. No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia. equivalía a la noción. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. . el que es presentado aquí como la recta ratio. Ú>QLO¡. 147- 148. .UÍvr¡.illV�) Aóy<¡) xat wc. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. U . por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. . l 106b 36). Ciertamente. 34. to medio es la reala recta. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección. en efecto. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece. con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. el recurso al retrato no es un sucedáneo.). frecuente tanto en Aristóteles como en Platón. 33. liv ó q¡góvt�Loc. Ét. sino que es la regla recta misma. parece. y cap. .

del «gran hombre>>. ll6a 14 ss. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. J. Walzer. 22-55. 5a W (Jámblico. en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century. p.. anodkti:o<. Cf. Nic. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1. Finalmente.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber.a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre. 13 W. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios.("Ú!OLV. Dirlmeier de ét. Wilpert. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf. 54. T eetetb. o el hombre de valor. cf. (pQóvq. . las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. 253). el (fr. &. El Protré ptico. cuya importancia ha subrayado W. Magna Moralia. pues no es menos «exacto». § 2. Protréptico. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que. W . Desdt entonces resulta secun­ valon>. p. pp. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. Jaeger. Düring. el heredero del filósofo-rey platónico. 13. . R. Zwei aristot�lische Friihschr�fien. 258b.. 950c. 732a. cf. Mansion. pues. II. a su sola experiencia. preguntmse 35. R. 24 P). Fr. PisteUi).. Revue Philosophique de Louvain. Cf. Monan. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>.AA.. Pistelli). pp. 13 W (Jámblico. Vl. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. Político. 1 . e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. 582d. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad. 292c. El phrónimos sería. se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l. p. 1094b 1 1 -27. el Saber encarnado. I. Nic. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. se decide es el valor.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas. no ya con el saber del geómetra.L'YJ V). 1 16a 18)." hA. «el representante terrestre de la Idea». Político.. ll07a 29. «el bien». son los primeros en la ciudad. cit. Estos textos. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. pp.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco. anovOaioL. p. 300c. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». I.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<. 9. Stark. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. l098a 26. 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41. 7. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. del «hombre eminente>>. 170a.). 81-97). etc. sin duda escandaloso para un platónico. Nic..¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. saca de él la Norma trascendente de toda acción. o los hombres que sobresalen.tma xQlveL. tra Primera parte). «Los jefes son aquellos que saben». ¿De dónde le viene. en cada especialidad). fr. vó¡. 185-219).52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley. es. pp. 37.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente.' cada vez por qué el phrón. 65.¡ou� emtv kO.Ael Protréptico han 40. 39. 13 W. 1. 54. no es la regla recta. 236. 87. y los textos citados por F. 16-20. es suscitado una abundante literatura. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a.J7 Pero.. «la naturaleza». Ét. como se ha dicho. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado. 36.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas. 1960. 730d. LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. Jaeger. qtúen creía cierto. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. Düring. el papel del filósofo en la República: -xó. p. a la retórka.): . proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. X. en una inspiración muy diferente de la de la Ética.. para subrayar la «exactitud>> de su arte. que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». Arístoteles. Cf.imos es presentado como norma: S?bre este punto. Jaeger (Aristóteles. ID. 7.w<. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. 38. l.A. 3 P). 39. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. 23 y 27. 52 R. S. 964b. Aristoteles-Stu­ dien. fr. 55.las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. 77-78 y 87. art. del político en el Político (309d). su primacía? · ma. la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar. lJ02a 23.. pero eso era. Ét. en Autour d'Arístote. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf. pero falta una cosa. entonces.ya0Ó<. Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. 56 ss. era él quien representaba la universalidad viviente. nues­ pretación que de ellos daba w.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito.

con tr. que ignora los casos patticulares. en Aristóteles la justicia abstracta. l l37b 17. ó xav<. V. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡.. contra la ciencia. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí.49 Por el contrario. pero ignaro. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. Ét.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. O más bien la ley. 14.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. 13 W 55. l l37b 12. Por el contrario. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación.CtLÓl:CttOV (Polftico. Nic.tGi:). ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares. fr. 1 137b 25.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. nuncian el carácter absoluto (émA. que corri­ Protréptico. al que Aristóteles recurre para 42. 1 286a 9.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios.uuo�». ánA. el jefe. 50. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada. 27 P (dada la cerca­ . 49. el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. Polftico. 296c-297a. más generalmente. que hace lo que puede. en Platón. sino en la naturaleza de la cosa. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). 294c. al menos. 52.. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce». 294b.51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. Compárese Platón. a definir todo. Polftico. l l37b 29. de derecho. Cf. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia. cient(fica. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico. pero también el inconve­ niente. en el personaje del Rey y. pero su espíritu es opuesto.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!. 44. Polftico. No es. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles. según Platón. nos dice. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia». Finalmente. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. Cf. PoUtico. que de­ Política. 297ub). no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. tov yÓ.oúv. V. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. el de la distribución de bienes y.t(! por ÓQ¡. To ¡. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. 46. no está ni en la ley ni en el legislador. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. 43. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar. 15. Gorgias. Nic. !bid.48 expresión en sí misma de un orden matemático. en el del Hombre Justo.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». 45. en Aristóteles. de las relaciones entre Jos hombres. ni. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. que son generales. De una manera general la virtud moral consiste. 47. de tratar sobre lo general. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). 48. pues. 51. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. La metáfora del piloto que guía Platón. 295c..do también. a las circunstancias de la acción. por las mismas razones. ya l o hemos visto.w�) de la ley. al erudito. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas.Í>v e01:tV.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o. ni mucho menos a ningún supersabio. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. 508a. no es más condenable que la ciencia. 14. que son singulares.

Bréhier. París.GYv ó anouomo¡. como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud.r¡m�). de dominio de sí. . n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). bist du geboren. II. 102-103. 1 178a 18. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. 1951. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. I. Der T-lerakles der Sage..raft und Ehre. al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. 1. Für die agmí. En este punto Aristóteles parece volver. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. de tensión. 1-107. pp. Si estas determina­ q.r i pides Herakles . .¡mvó.aA. 6. al ideal arcaico del héroe. Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein . tal como es concebida dente que permite medirla. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. el pasaje ele las pp. Wenn du dich nicht fürchtest. «el virtuoso» (Gauthier). Jaeger. Griechische Etltik. el mismo spou­ de estas mate1ias.o:.. 8. Wilamowitz. Epicteto en el retrato que hace del cínico. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. por la tradición cínica y estoica.. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien. de ardor en el com­ anouoat:o¡. 1962. sondem nur Knechte und Bosewichter. esp. 127.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. Aristóteles en el libro II. . Schuhl. p. De una manera general. Cf. das diesen Glauben im Herzen hat.55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas. 36. Aristóteles so.. W. cuya volun- calidad de su juicio. 805. 54. El bate. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. 41-43. publicado por P. No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. es cierto. lU. . pero en un sentido totalmente distinto. Stuttgart. coinciden.». 44. y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len». Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. En este sentido. con la vida de placer.u::vov &ya8óv y &ya86v émA. II. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. 57. Nic. IV. l. de ascesis. istjugendfrisch uod jugendstark». Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf. simplemente. p. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. sie kennt keine Menschen ausser ihm. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». . y. «el hombre de b. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. la decisión del spoudafos. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. . si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. Mientras que la sabiduría. y entonces ya no hay . X. se pregunta. 16. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed. . El objeto de la voluntad (�oúA. aquel al que se puede tomar en serio.54 sin embargo. M.. etc. Eu. y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). cf. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente.aco. «the good man» (Ross). por ejemplo. pues.. no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<.. él es para sí mismo desde Platón.ien>> (Voilquin). da de ellos una confirmación dero. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio. . 1 06. esp. Paideia. pp. ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o. cluso en el más alto grado. J099a 22. Ein Volk. Wilamowitz-Motlendorf. sino que es él núsmo la medida del valor. Por el contrario. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0.w� inspira confianza por sus trabajos. aus gottlichem Samen entsprossen . en él. en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. Mannesk. Also spricht sie: "Du bist gut geboren . la tr adición de lengua alemana. . Schwarz. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf.óxaf. Eitel.w� xQtveL rtcQL a{n. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. 41-66. wird der Sieg dein seio. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm.os es invocado en otra parte como criterio únjco. si se sabe 53. que se un­ bueno. ' 55. Coloquios. 9. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. pp.-M. Les StoiCiens. ". Ya no es el hombre de bien ad hominem. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. más allá del intelectua­ dal. 22. Ét. Cf. la prudencia. en especial.

de H. mezquino. 59. W istórica de tal alu­ sión cf. que . en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor. s1. ampharra.tétQov éx&otcp . 64.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. yc. estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. T 58. cf. cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas . supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. pp. 5. es decir. entre el hombre servil y el hombre libre. fr. 61. l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. . y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. trata de supe­ rar. aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma. 184-185..Bw¡.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�. X. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. Mencionemos solamente que. Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano. � �istótelcs asimila . Cf. a través de él se encuentran tr�labl �.64 Está claro que traducir en .no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal.). 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . . 111. esp. es decir. q�e no se etine. sobre los griegos. es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble». en el mismo sentido ó téi. IV. R. 6. J.59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior.56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas. L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y .. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón. 37). que. 1284a 10 ss. pp. cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. (N.el valeroso al virtuoso. fr. . ffi. como su­ cede tambrén en la moral contemporánea. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. 60. VIro (Ad Qumt. trad. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. Albert. como buen conocedor que era de la Antigüedad. 401 ). . el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. . por el contrario.. París. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. 13.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. Nietzsche. 5. hacer se pcttente a todo lector no preve111do. SI fuera necesano.. en la Ética a Ntc6nwco. X. 152a. Contra es mvocad a en la Metafísica (G. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . J l l3a 25. como el placer puro en Platón. 1 ). como si él fuera su regla y medida». El spoudafos. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. sen � rnutll Cttarlos todos . ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. etvat). 101Ob 5). ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta. 4. Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. Weil.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. los poderosos. xat EAE'1!0ÉQLO!:. 303 J . de la t. la eJOstencta del valeroso.. 1960. para tale cer leyes � h?�bres.té'tQOV wv. pues e�los son para sí mismos la ley». según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . de primer orden. XIV. quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . 5. 1 176a 17. pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. p.61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. no puede estar sometido al _ . Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. 716c. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras.) enLrc los monales». 5. 1 176a 5-24. Aristote et l'hístoire. p. por su carácter rntrrnseco. Pues incluso si de he­ defi n tda cho. 63. Cf. 57. 1833. 1176a 28). los que se han considerado a sí mismos buenos. estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . vulgar y populachero. l l l3a 29 ss. que hoy . nos ruce. 14. (X.58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio». Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. los hombres de distinción. En un pasaje de la Política (IIl. 62. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. los que han juzgado sus acciones buenas. cr. eeteto.. 5. es la virtud 1� que es P?r .63 y que fa �omparac10n del . y no a la inversa.62 como al absolutismo platónico del Bien. sobre la improbabilidad h Philosopilie.. 160d. y la del enfermo. Leyes. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. que se precipita hacia aquello que le per judica.) es pora sr mismo su propia ley».

y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad.67 En una obra de juventud. cf.as). Rose. 68. Dicho _esto. a «lo que se dice» y «lo que se hace». esp. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. 5. 94. 142-144. pues. 67.60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. Panecio (Antikes Fiihrerwm. como escri­ be pomposamente Dirlmeier. en consecuencia. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. p. se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. incluidos los comentadores b1zan1:. Ross. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». 69. De hecho. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos.óyo�. 4-5. 70. En la Ética a Nicómaco. 6). al dermmbarse los valores trascendentes. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. 9. Fr. sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. Ross. La equivocación de Dirl­ meier. 2. míticos o históricos. El spoudaios sería. a propósiLo de J099a 23. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). en sus orígenes). que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. 1099b 3. . no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno. en o que _ concierne a Aristóteles. Rer6rica l. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. 66. Es cierto que en 1934. pues. Y. op. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». Dirlmeier. Si se comparan las fórmulas. la que define la verdadera nobleza. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro. Finalmente.dad. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. 345. y Sócrates a Alcibíades.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia.66 pero. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud». no sm afectaciOn. es decir. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí. como había sostenido Eurípides. del hombre sin más. menos paradigmas en el senti­ do estrictó. P . Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y.7° sin embargo. Rose. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios».69 Más tarde. 4. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. � te válido. Jaeger.. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. la realización más auténtica del h_om­ bre griego. el ÓQ86� A.at.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. 1. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. se verá que. a propósito de la def mición de la virtud 1.1nos». y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. y en e l F. Cf. onou&aí. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten. sin duda. Fr . ofrecidos a la ad­ miración de los griegos. 284. (U. Nauck. 1360b 19-20. o más del Pórtico»). fr. 312. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. Política. Mas bten.wv). A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. es � phrónimos. 71. 92. que parece seguir en esto a W. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». 65. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. pp. si bien es verdad que. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo.61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. universal del valor. se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla.

l215b 6. � pers1gu � . El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica. no significa que ya no haya nom1a. además. a la determinación de la esencia de la prudencia.t') . no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. 3. de los estoicos. 1. aunque sea bajo una f orma nue­ va. pero no renuncia al intelectualismo.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. pero -añade Aristó­ teles.ga. Nic. � es el reflejo de lo inteligible. como en el caso de las otras virtu­ des. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. Nic. el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. 1 .t. inaugura. . A la intelección de los inteligibles le sustituye. y no por cualquiera). 5. sino por la rectitud de su JUICIO. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. y a la sabiduría de las Ideas.a.a.. la prudencia de los prudentes. Eud. la prudencia. . que no es el sabio platónico. EL TIPO ' 72. 75. además Ét. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-. J2l6a J l . Aristóteles particulariza. ejemplo. lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. 5b y 1 1 W. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente.a virtud: Pitágoras. la ciencia de las cosas más elevadas. poseen la sabiduría. sino OLávOLa. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal. frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias.o-cos M x. Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. individualizada en la persona del pl�rommos. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . como flm­ damento de la regla ética. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual. penmte discermr factlmeote. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible.73 Así pues. es cierto. sino que es norma en sí misma.72 En la definición de la virtud. x.. experiencia. Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. 4. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. aquello según lo cual se juzga. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). VU. ayaeo.74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. Ét. la inteligencia de los inteligentes. § 3.. no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. <ruvt<JLS o yvw¡. sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. que ' aquí no se denomina voi3s. mino phrónitnos. incluso entendida como virtud in­ telectual. os). (281 e). • . Parménides y Anaxágoras. . que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. Por lo demás.aA. es decir. y es en ello que se es buen juez. nos remite al personaje del prudente. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� .L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. fr. 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes». 73. En conclusión. to» mc�uso s no se juicio. A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios. 5. Al10ra bien. . su . 13. 76. VI. No sól� es . l l 40b 7. S1 la mtebgencta. sino el t� smo �ue JU. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74.oos a yLyvwo xeL. (T. como todo el contexto. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. en resumen. pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). Protréptico. el ter­ .62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. destgna una cualidad intelectual. ya no • . que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. • .� t1ene . y no del ethos. . "Ex. se lo tome en su senado popular o emd1to. J094b 27). Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . La «regl� r�cta» se encuentra. ahora bten. individualiza.QlvsL x. el análisis topológico debe preceder aquí. relativiza la inteligencia. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos.

A 2. Croiset. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». Anlidosis. es decir. 83. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. T. Política. se sustraerá. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. de un modo general. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. indiferencia. l.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría. en realidad. sino que es su propio fin. 262. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. 9). Panatenaico. 1 1. Düring. si no por su elocuencia al menos por su huida. 486b. 490a. más que cualquier otro. 88.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles. Rose. Primera parte. n. 174a. 81. VI. al final de su vida. p. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. Gorgias. Metafísica. /bid. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. 7. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». a la acusación de impie­ dad explicando. hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. para los hombres. desde el punto de vista éti­ co. Rose ( 12.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI. ha sido afinnado siempre por Aristóteles. 86. por el contrario. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. anim. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. y Protré plico. 484e.. fr.lTJ). la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. 184. Cf. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. 982b 20-983 a 1 1 . no está lejos de consi­ derar a <. 644b 22-645a 5. Cf. 34!-342. nos dice. 484cd. El carácter desinteresado de la sabiduría. T eeteto. que no es la si rvienta de fines ajenos. la independencia. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos.35 Ar istóteles..8Jl sin la cual. l l 4 l b 3-8. En la nimos que al fondo del problema. 5.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). Walzer). Port. nos hadamos condenar in­ justamente. supra. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition. 1 140b 10. es «inútil». modificada. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. 85.del hombre cualquiera. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. /bid. 5. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. Fr. de manera que su saber puede ser «admirable. 79. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles.. pero. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud.. 78. pp. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82. I. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres. 667. y la sublimidad. la ciencia a la ignorancia. 34. de A. fr. ridículo. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». un representante de la prudencia. Vil. según dice una tradición quizá sospechosa. 7-8. 1259a 6-20. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. Éticas. Ibid. 5 1 7d. Sobre esta tradición cf. difícil y divino». 84. 86. 80. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. que no es inmediatamente práctica. 58.87 Pero. Repzíblica. 87. al mismo tiempo que su carácter divino. . mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. trad. según el punto de vista desde el cual se las considere. 77.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. frente a la especulación inútil de los filósofos.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). Política. Banquete. 1 1 40b 1 1. 126. VTI. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. X. cf. sobre todo. . VI.. 164a. cuya guía son.127 Este último rasgo nos permitirá. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. Snell. Il. 1 197a 17: btc:x•. República. el intelecto. (n:áeo. Cf. l 142a 13-17. Crarilo. Ét. sin embargo. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo.. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. 5. que las de la herencia. según Aristóteles. Ét. p.123 La prudencia es. 111. Cf. Vl. Nic. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. So fista. el pudor (atóc. l. La pmdencia es ese saber singular. 219a. cf. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. 1143b 1 1 . En Aristóteles. Vl. empleado en otro sentido). es una capacidad digna de elogio. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. profundo porque no deducido. 52.es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. 533d.cntv.LO�.y que. Pistelli (donde phr6nesis es. 1 1 . 1 1 W. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos).'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. más rico en disponibilidad que en contenido. o por ser virtuoso. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. 254a. 13. 10. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que. 34. fr. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. como atestigua el Protréptico. del placer y de la pena. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. I. VI. para acabar. 13. 129. pero no que no se trate de un . cf. 32.). Cf. 1). Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre. 1 1 14b 7. Emdeckung des Geisres. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. sino también de la con­ ducta del hombre. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. dado un fin. 130. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. combinar los medios más eticaces. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). como se puede ver. es decir. 5 1 8c.14. jugando con la etimología al estilo de Platón. 1. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche. 13. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión.72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. del carácter c�eo�).. La expresión es de origen l1omérico (B. Que un saber así sea incomunicable. 1 144b 31-32). 1 144a 23. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. VI.vó�). VII. 2. y si los hijos no se parecen a sus padres.�v nos dice Aristóteles. 9. hac iendo de las virtudes ciencias. 1 1 52a 1 1-14. no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. de la cual -. sino de la reanudación. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. y menos oscuras. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1.128 Pero la ha­ es noble. 4 l l e. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. l. VII.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. Sobre la metáfora del «ojo del alma». Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. 3-6. 1 144a 30. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. 9. pues. desprecian el páthos y el ethos). 1 144a26. se acercan entre sí y se oponen a aque124. Mttgna Moralia. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines. T eeteto. Nic. 1 1. 125. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. l l43b 14. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa. 5. 127. 131. 12. pero si es perverso. en la paciencia y el trabajo.ú�) y. n. sin embargo. VI. a lo más impersonal.

el del nacimiento. de Delbos. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. ID. ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres. 1 179b 22. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. 1 1 14b 6. trad. 1 179b 27-29. sería una «Suerte» no serlo. 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra.. Kant. Sin embargo. sólo analogfa. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra. los consejos de la prudencia. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. pp. Rodier piensa sin duda en r. y e y bueno. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant. El phr6nimos. 1 144b 5 ss.. Nic. aunque se sea hijo de Pericles. más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta.tyaOóv). una vez más. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. 1 179b 23. 126). etc. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. X. porque una y otra son imperativos hipotéticos y. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. fr. p. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. . eilqnita). se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. 127-129 y la merafl 132-133). Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. la habilidad del virtuoso. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. a su antropologfa. 133. 10. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. 10. Ét. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. pues. es decir. cf. como Aristóteles. Para Kant. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. por tanto. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. .137 Si la coerción es accesible a todos y si. pues. es decir. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. 137. del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza.) por la inten­ ción del bien. No hay. nacen igualmente aptos para la virtud. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos.l•ene virtud . 136. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. La educación moral debe reconocer sus límites. �ta eúqnita no es una excepción. /bid. es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. segunda sección. para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad.tá completa y no . Aquí. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada. X.lOV eivaL �l� ovta l. ajenos a la moralidad. por tanto.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. por lo tanto. la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. 7. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:.136 de «favor divino». sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. al valor. una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales.132 Un poco después. moral. o. excepción hecha de los «monstruos».•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles.. 2). sino como lo bueno a lo indiferente. pero no serán la regla recta. 13. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. Nic. Por el contrario. l l79b 8. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas.. 135. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. VI. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. pues. 132. 1 144a 27.

l !09a 28. del fin y de los medios. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. o aquello que debe ser.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo. República. Allf donde estas situa­ ciones no se dan. Ni «alma bella» ni Maquiavelo.ett<. 6. Ét. la inspiración y el trabajo. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. liberal. que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. el sentido teórico y la habilidad práctica.. etc. O más bien estas son oposiciones modernas. 1:ett'<. pero que puede aplicarse a toda Est<. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. más aún.�<. como un último dique. 9. si las circunstancias fueran otras. lV. PLATóN. de la teoría y de la práctica. m. el buen sentido y la singularidad. el bien natural y la experiencia adquirida. y. Como atestigua. en su descripción de las virtudes morales. lo que es. .. si el mundo fuera distinto De hecho. Nic. ÓQtl. sino también con lo que hace falta. 379b § l. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. la habj!idad y la rectitud. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. alli donde no hay ninguna posibilidad l.»' Mediante esta fórmula. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. eveQyeí.e. 1 109b 16. 1 107a 17. 2. ll. justo. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales. la virtud no sería del que es. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad.at xat wv e<n:Lv. 15. 2. la eficacia y el rigor. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. cuando y donde hace falta. l . sino ambos a 2. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva. l 122b 1 . 'H e. n. l l04b 26. por ejemplo. la Antí gona de Sófocles. 138. bre del interior y del exterior. la lucidez precavida y el heroísmo.. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta.2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. incluso no sería en absoluto. 1 Jl9b 17. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. en general. El personaje de Pericles no la vez. de la conciencia y de la acción. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición.

pues. exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. 8. 7. 4. 1 . Aristóteles no desarrolla apenas este tema. H. 2 (Sobr e las virtudes). VI. de las «excelencias» intelectuales. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. 1 J 4la 16. 200b 32. comienzo del capítulo precedente. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte. 13. en el sentido en que lo son las otras.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. en tanto que es una cienCia. no de los bienes trascendentes. l l 40b 5. una cierta incompleción. VI. 5./c/. 7. 'tO evbsxó�-tevov aA. 127). 4.7 versa sobre lo necesario 8 y. n.wc. X. 145. antes de remitir a otros textos aristotélicos.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría. 1 140a 1). l l78b 9-18. 12.10 La teoría de la prudencia es. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. ! l . puesto que ofrece esta latitud.óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). SXSLV. etc. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. 6. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones. es decir. VI.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. Actuar y producir es. afrontar peligros. Enéadas. más profund amente. 1032a 15. Pero. el dominio de lo contingente.»13 Este texto suscita dos comentm·ios.A. de una ontología de J. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en.11 Ahora bien. pues.1 1 .tLa. Z. 5. 1 14lb 9 . del mismo modo que el camb. Cf.A. Metafí sica. suponer que éste. infra. 1 O. pues.. p. Vl. pues. V LETRAS .14 Apenas hace falta subrayar que. «El arte concierne siempre a un devenir. al dominio de lo que puede ser de otra manera. distribuir sumas de dinero o moderar deseos. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las . Sobre esta dislinción. lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». 8. btmve-¡. 7. 1 1 4 l a 1 . Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que. 4.. F �63352 ��8 F I LOS O F \ . cf. comporta un cierto juego. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc. 1 143b 20.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. un horizonte de la virtud humana en general. 14. 1042b 8. La prudencia no es sin duda una virtud situada. VI. de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. de la aventura y de las necesidades. solidaria de una cosmología y. ni liberales.. 1 140a 10-14. tanto que es la más alta de las ciencias.wc. ni templados. l l39b 19 SS. es. VI. l l40b 27. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. VI. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. �Eta A. Fí sica.io según la esencia. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos. cf. 1 3. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. 1: l ¡. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. 12 A decir verdad. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6. de alguna forma. 6. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. l l4 1 a 19. DI. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia. . una cierta indetermi­ nación. V. siendo lo que son y viviendo allí donde viven. A este horizonte Aristóteles le da un nombre. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia. 2. que para él parece ser totalmente obvio. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos. la cual.á (cf p. Hay. puesto que esta virtud no es una virtud particular. a propó­ sito de la prudencia. para Aristóteles como para el pen9. 7. 8. en i 3. En primer lugar. El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen. es decir. 5. Cf. n. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. I. 1 10.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. 3. Sin embargo. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera». el nacimiento y la destrucción (yévsmc.).«virtudes». xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. 73. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. 1 .

que debe ser entendida. la posibilidad del obstáculo (cf. 13. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . 11. e introducir así el tiempo. 197a S. Suma teológica. hace salir al ser de sí mis­ a.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. 4. que es «estático» (Fí sica. la praxis. del arte: «En cierta manera. 192b 13-14.. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. que una afinidad recíproca. Cf. 1 . los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad.). 2 1 . el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. losf actibilia. S. que son los seres na­ turales. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. 1 140a 1 7 ss. reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. 16 Si la situación de los objetos de producción. en el segundo. Cf. es decir. en Fí sica. si el arte es productor de terminado. y 468 ss. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil».w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso.. y el comentario de Simplicio (en Ffsica.-A. otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». No se habrá explicado nada. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. Así pues. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. . El movimiento. cf. Más aún. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. En el pri­ mer sentido.l dominio de la naturale­ agibilia? No za. 27-328. a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. lll. probablemente que el arte es el fruto de la inspiración.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. los parece que eso sea propiamente hablando e. quizá incluso una cierta complicidad. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». l. con el azar. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros. santo Tomás. .2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. por ejemplo. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». TV. 12. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). no los saca de la nada. Part. y sólo éstos. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es. 16. 17. 18. 222b 16. En cambio.r¡� . I. no como una re­ gión del ser. principio reside en la cosa producida misma. siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. Anal. p. es el comienzo de la indetenninación. es decir. por ejemplo. Retórica. xí. Nauck. Lo que Aristóteles llama mo. pues. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. no hace . puesto que. 327. la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. pp. 199. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. . 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. de una manera voluntarian1ente velada. Pero este desplazamiento de sentido. Flsica. es decir. introduciendo así una cierta artificialidad. corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales.. 4 1 8 ss. que subraya. si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. Cf. Le probleme de l'en·e.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general.vr¡ou. 13. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. 20. ef. 5. 6). Igual­ mente. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. 640a 28-29. es de­ cir. para concluir. Así pues. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. 19. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. . R. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. 433). anim.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió..18 Desde este lS. II. VI. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. Gauthier en su comentario: «Aristóteles . a. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. U. 1. La acción inmanente. pos1. es clara. sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte. más que el resultado de reglas concer­ tadas. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. q. nilv E� &váy?<. l362a 2-S. pero la nota vale también para el libro VI).

A. 888e-889a). que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. 2. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia. Protré ptico. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. 3. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es.27 de la naturaleza. Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. infra). nuestra obra Le probleme de l etr e. más aún. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo. . conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. 27. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. Z. 50. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». 2 1 W (Cicerón. Discurso del método. Cf. 24. !!B'ta A. X. Eud. de los astros. Así. Vlll. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. XIT-XTIT. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia. fr. Pero esta racionalidad. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. 7. De natura deorum II. A. cf.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. además.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. 16. cpvoews avan/. Ffsica. fr.óyou. Nic. l-1 1 P. por el contrario. 3. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia. 8. consecuencia de la necesidad universal. 11. En la Ét. pp.. el hombre 22. 25. l l . ll2b 4-7. 5. IX. 1-2.26 no para humanizarla. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. . 5.. cf. Meta fí sica. Nic. otro nombre de la contingencia.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. n. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. Ét. 198a 5-6. sino a sus fracasos. Leyes. El arte no es. cf. retomada por Atistóte­ les. Aristóteles invoca aquí ejemplos que. pp.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. 28-29 (véase infra. no habría ningún sitio para el rute ni. lll. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. para la acción humana. acompa­ ñada de regla. como lo será para Bacon.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza. Pero. De philosophia.tettov.. l247a 5-7. Por otra parte. Política. l. l l W. ' . cf.r¡goiiv) (Protréptico.24 Por el contrario. DescartcB. por ejemplo. \\ . fr. 98la 3-5. l . sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. 426. sino para acabarla en ella misma. acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. Pistelü). A. para naturalizarla. Cf. Cf. la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. 1032a 12-13. sino a la ciencia. 498-499. De fato. Ahora bien. 1 1 W. 44). la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. para un g�iego. Ét. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean . 6. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. 1 l l2a 32-33. VI. 23. lll. 6. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. Sobre el argumelllo perezoso. y que no prospere más que en una atmósfera de azar. 6. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza». Metafísica. cf. y así el arte no tendrá fin. l258b 35-36. de una manera general. p. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. es decir.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. 49. inversamente. 1 99a 1 5 -J7). Mewfí sica. 108-109). y. nuestra obra Le probleme de l'étre. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. El arte muere a base de ciencia e. 28. 11. Cicéron. añadido a la naturaleza. del agua. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana.. 1 139b 20. sino e. . de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». de manera que la tiipartición de la naturaleza. el arte y el azar. 1071 b 35.. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre.

pues cuando decimos que el azar es una causa. Nic.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles. no la había tenido él mismo siempre por despreciable.ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos).35 Mas esta objeción.t w..A. Aristóteles recuerda que.. eetóv n o\íoa xat <lalJ.lvu 1\wvol<. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. 1. tal como nos in­ vitaba el contexto. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia. ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía .v8grorclvq:¡ A. 1247a 3 1 . No puede ser. 1094a 25. l247b 4-8. 29.. p. y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto». a causa de sus propias cualidades. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». Mansion. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física. fr. Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí. responde. p. VTT. 14.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. -cvxr¡. 1.oyov. 965-973). 35. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber.tOV�<Í>1:EQOV (11.mí casi tal cual en los es­ toicos. . y que se ha sustituido por W. 4.tEV . para esta idea. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados.oyov. azar y contingencia. 3 1 . de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. J 107b 14. 12. Si saliéramos del marco. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. 1247b 28.. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito. si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses. por otro lado. l247a 28. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente».3R pero esta naturaleza no se ha de 33. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo. in(m. En el examen prelim inar de las opiniones. el terreno o la ocasión favorables. lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme. 7.84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia. para algunos. 89.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar.37 Ética a Eudemo.oy�Of!<fl (SVF. pero oculta a la razón humana. es pro­ ducida por la naturaleza.�goras y a Demócrito. 32. l. y es por ello que. que defmian el azar ahla M11A. 37. 34. . etc. ! ! O l a 27. «pues esto sería -dice. Eud.o. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción. Pero. TI.• ed. 1247a 14. desde en­ tonces. Física.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡. 313. &.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar. In. 119. La primera parte de la fónnula. La fórmula autori7 . 11. Diels.. Los manuscr itos dan avá. 7. 4-6.otra cuestión». Ét. 1247b 8. cuando se de­ fine el azar. «el azar es una causa. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior». 2. que no es el suyo. cf.32 1) Una doctrina así. 1094b 20 ss. n. se reencontr. A. [(. 196b 5-7). 36. M &.t0). 1 104a 1 . cf. atribuye ya la fórmula a Anax. �0}t€L ELVUL attla J. 48. Aecio.o. l L 17b 21. pero cada vez única. 1 1. 30.v8gro:n. Demócrito. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética. es que en realidad existe otra causa pero no la vemos..31 y que. t'Ú:rtq:¡: Ét. cb.34 Queda tan sólo que la buena fortuna.o. &l)r¡A. 2. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. Por lo demás. . 29. que no tiene ningún sentido. 38. Sobre Mr¡/. morales e intelectuales. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A.

sino que están tada al Hortensia de Cicerón. El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar.JUta. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. que es un don de los dioses. BeA. sino que existe un punto de partida (CtQX� ). fr. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. qu ien. 78). Magna Morolia. si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia. 1248a 34-b l. De Trinitate. La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas. lo hace sobre sus Ét. más particularmente. el buen o mal nacimiento..39 azar. Ét. que no es una consecuencia. La buena fortuna la virtud. rr. p. Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. . tienen éxito sin reflexión (af. Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. VIL. 1248a 18-27. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. . un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. 41. y no se piensa después de haber pensado en pensar. si allf no hay tribunales? ¿De valor. que las resume todas. Nic. . si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. al Principio que se funda en sí mismo. hasta el infinito.86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. Nic. 53. P. . sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración. . si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. por medio de la deliberación. Jámbli­ co. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. TX. 3 ss. no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida .. 'H yó. Dios. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. en ambos casos.ÚYcegov agetí'jc. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. Cuando queremos lo que es necesario. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas.escapa de estas condiciones. 43. se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado. sino que la mueve en cada uno de sus instantes.. ¿Cuál puede ser entonces el principio. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido). si no hay propiedad? ¿De tem­ planza. en este sentido. cita también esta fábula. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa. es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. X.) está relaja­ do . ellos no tienen éste. 1 178b 9 .1 8 (cf. evidentememe. .uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. Ésta les permite ver el futuro y el presente.43 40. y en particular la virtud de la prudencia. 1248a 29-33. mientras que el de la condiciones subjetivas. ella. es decir. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. . 1 2 W. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. ef. XIV.oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. que son igualmente limitaciones. 4. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él.40 Así. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros». «aunque poco dota­ dos para el razonamiento.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. no son más que un sustituto. . pero. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. Ciertamente. 12. por Dios. CtQet í'jc. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. 9. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. L200b 14. encuentran por azar (arco-¡.U. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. Eud.vov ( l 248a 29).tloov tí'jc. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>. 42.42 Tales hombres. las virtudes intelectuales y morales. La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. a 39. pues. supra. según toda verosimilitud. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. y con ello de la obligación de la viltud. 1 ' 1 145a 26. es decir. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación.). El pensamiento. en Protréptico. 8. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados.

5 1 . Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. si todo está impulsado por Dios. P. 1953. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. Cf.no le niega toda eficacia propia. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. puesto que hay algo más elevado que la ciencia. que es Dios.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas. La prudencia no es aún la facultad de prever.oc. a falta de buena fortuna.á tL XQ&LltOV. y allí donde está presente debe tener un sentido. sino. p.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. 47. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. es decir.óyo.óyou ó' CtQXTJ oú A. cf. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero.wv). L. Ollé-Laprune. . Pero este sentido. parece. puesto que la <<genética>> de esta consideración. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. 1248a 27-28: A. en Nomo. aA. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre. 45. soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. 1 1 . «el ojo del alma». r. sus6tuyendo a Dios. la marca de su ausencia y como su sustituto. 85-93. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce. Schuhl. 443. y que no siempre lo con­ siguen. 1247b 12-13. asi­ milado a la contingencia.A. sino a los fallos de su acción. 46. 49. . La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. por su determinación misma. W. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar. 5. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». incluso cuando son virtuosas. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. En resumen. enton­ ces. On the Origin and Cycle. ni mucho menos concurrir con él. El azar es. antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente. al contrario. es decir para Dios. otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. no pueden oponerse a él. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34).46 Sin duda. Alli el azar. y lo puede hacer. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. «Acl�la». ineficaz. no podría prescindir de ella. más que provocarla? En otras pala­ bras. ni por lo de- 44.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. ¿por qué Dios. en cuanto tal. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. Pues ya aparece. L247a 3 1 . 50. 48. que «mueve todo».-M. ¿no es acao.50 sino por la prudencia y la virtud. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. 28.está impulsada por Dios. Essai sur fa mora/e d'Aristote. como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace.. 1246b 37. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. pero.51 Ciertamente. opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme.). Aquí el azar domina todo. pp. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco. Jaeger. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. Sobre esta noción.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. ya lo hemos visto. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna. allf donde la inspiración está ausente. p. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida.

El azar no es. 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda.. 197a 8. 314: «La adjunción. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. . . el azar. el único real. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. a una cosa. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. 'H . pero.59 El azar no ap<:u·ece. Cf. o rtQtil. ÉO'tiv ooou. dotada de cierla finalidad. p. Esa es la idea banal del azar (11. 57. EXEL'V no se encuentra. En este caso. Física. en efecto. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente.. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. siendo causas por accidente. al menos. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. -v xai ol.). si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55.52 no ve en ella� más . La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado. 196b 13-15.6!\oawv. 54.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX.tatov nos parece de poca importancia y. este último motivo. por otra parte. la causa por accidente es indeterminada.no se deja reconducir a la esencia. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl.w-rov. en efecto.r¡ to'Ü aoQí. esp. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva.. 196b-197a 5. más que una ilusión retrospectiva. el azar DO hace más que sobreañadir una intención. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana. siendo imaginaria. Desde este punto de vista. cit. como «para servir de sede». no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural. S. ni en el libro ll ni en el resto de la Física.. xat � túxr¡ aÓQLatov. de un interés humano --constitutivo del azar.57 pues sus causas. es de­ cir. la � t"ÚX'l. 197a 19-20. av�LoatvcL. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar.awu etvaL l>oxei: (5. 5. más en geneml. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita». la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl. un mundo donde no todo es deducible. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. 6. Mansion. aquello que acontece. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos.Eu:. cuando en realidad fue por otro motivo. TI.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista. el sujeto es un ser inani­ mado o. en una noción más es­ tricta de azar. 58. _ _ Desde este punto de vista. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. el cobro de la deuda. 0. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o. 196b 27-29. J97a 36-b 13.�. 197a 30. es para Aristóteles el encuentro. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas. por lo demás.<ll t� &. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido.o. sobre el carácter incierto. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes. op. no de dos series causales.tEvov áA. 59.: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella. 53. o el encuentro de una serie causal real. sino como efecto.úy. 197a 9-10). A.3� Desde este punto de vista. 197b 15). 56.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. 52. 11.no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡. más que en un mundo donde el accidente --es decir. 3) Es esta tercera concepción del azar. m1sma. 197b 1 ss. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. 2) Sin embargo. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. pues.Ó¡. de la fort\lna). que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov).no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa». de contingencia. en este sentido. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa. cf.Aw<.

388-389. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. Ét. al cual <<nadie califica de feliz». 5.. A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. una feliz progenie. es deci r. xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡.. En su comentario ad loe. Eurípides.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. Ét. l l Ola 18). Ér.64 Sin embargo. 9.). en tanto vive. Vernedius. J. 74. al menos si se sabe utilizarlas. Cf. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. 68. ( 1 1 .. 1360b 18. De hecho. 65. X. . W. 1 1. Cf. p. 1921\ pp. 10.·36. 6.66 pero. Nic. . 928. J. Retórica. o el cuadro de la injusticia triun­ fante). y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte»./. Andrónu¡c 100).tÉ/. será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). 63.67 do. V (1 960).yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. II. la belleza física: no se es. 1098a 1 8 . en efecto. Sófocles.72 Ciert. I J OOa 4. 60. Sófocles' Áyax. Son numerosos los textos. VV. a<paves 'IÍJ. I IOOa 13). 1 LO l a 8. 70. 44).ov . dinero. 1. l l79a 24 ss. 9. 66. .73 La felicidad debe pues. Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. lO. t eunga. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. 1528-30.C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla.. 1 096a 1). pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. Edipo rey. que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco.. 36 ss. y esto en un doble sentido: primero. n. 5. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. X. 197a 30). 64. pero para él todas las circunstancias valen.. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. § siguiente. T6 ¡. 1098 b 12 ss. Cf. . 597. Eud. 2. pues. Beómó-tr¡s. . el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar.o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). 73. 1418- 72. como ya hemos visto. cf. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos.: 'l. 60. I. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. I. declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». los sabios. 1420. 67. 3. si se vive solo y sin hijos».. 69. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario. 9. 6. l lOla 16. 1 1 . Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. 71. 17. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. l J OOa 10. 1214b 1 1-17. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto. .1. pero sin ella no hay felicidad posible. que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. 8. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y. Ni c. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. «el buen nacimiento. 1. (Coloqwos. 1 099b l. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. ll. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. los sabios deben ser felices. Die Philosophie der Griechen. 1177b 25. 1 099b 2 ss. Pero. Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a. .tÉywm (I. condiciones que no dependen de nosotros: amigos.mente estas af mnaciones.74 sil 't��EL0�). 62. como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna). desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . I. 1.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. I IOOa 8-9.61 No sólo se trata aquí. Phronesis.qwvla). 7. 1 1 OOa 1 8 ss). si se es de baja extracción. II. 2.tLV (l. 6. un «mundo». ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. p. 8. 1 1 . está sometido a las vicisitudes del azar. 1.68 En este sentido.

que es. 1 179a 3. 84. 212. c.R2 Así pues. la esclavitud.. V. l. 83. 80. el único «due­ ño absoluto». pp. ut liberté grecque. 76. en un se­ gundo movimiento. Eud. las viol encias. no la acción virtuosa. Et. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. la pobreza. LV. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>.77 pero también que. ef. fr. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». 22. se puede siempre hacer de la necesidad virtud.. si se remüe a la Providencia. 81. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida.r. nada es imposible pura él.). como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. 2. E. Cf. entre las actividades del hombre. que culmina la universal «realeza» del sabio. el más autárquico. VTI. Fenometwlogía del espírilll. la incertidumbre. Goldschmidt. Cf. monuit» (ibid. «Y no se que más se basta a sí mismo. nuestra obra Le piVbleme de /'erre.wc.� Ciertamente sarrollo de un tema. !bid. p.. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas. lo que opone Ar istóteles a los socráticos. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. Le systeme stoicien et f'idée de temps. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. la fal­ ta de convicción con las que lo hace.15 Ahora bien. cf. procedente de Antítenes. la ignorancia. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia. 6. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. heredera de l a tradición socrática. 82. a1rta(>xÉ<Ttat0<. Así. J245b 15. o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. Cf. l l 00b 3 1 . que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. . l097b 8. una materia virtutis. rrad. De Providentia. X. que vale por una eternidad de f elicidad. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. De jinibus. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. 1 . p. I IOOb 12-18. esp. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente.• ed. 1 1 . 9. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. En realidad. los insultos o las calumnias. la más elevada de todas. en especial. 1 177b 2 1 . pero sin poder alcanzarlo jamás. Séneca. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. l.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. 305 ss.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. como si. de Hyppolite. Nic. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. es decir. si la felicidad reside en la virtud.76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. l l 01a 2 ss. 78. 12. 79. los vanos lamentos o la espem angustiada-. 1 . 14. X. 77. 219..) los golpes de la suerte.. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios. n. 1. p. Bréhier. 85. adji11. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. 124. 111. de la autarquía. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. el hombre imJta a Dios. sino también los males exteriores: las enfermedades. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. 7. 1 1 . 1 177b 1.. la contemplación. no es un menor o mayor rigor en el de­ do. A partir de este momento. es más bien la timidez. el dolor. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. CL también M. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros.s' Más aún.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. cf. _ el ttempo. Hegel. 164. hasta entonces tenidas por indiferentes. p. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. 1 1 OOb 6-7.83 Este tono es extraño a Aristóteles. TV. como ya se ha dicho.85 Es el Cicerón. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad.. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. Ét. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. 7. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75. Pohlenz. 5.

Nlc:. sica. como en el caso de Dios. supone más mediaciones aún. sin embargo.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. 91.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. infra. cf. 1245b 14-19.. 1 179a 24. de manera que. 98. 1 5 (cf. condenados a esta hetcronomía. OeocpLAém:aw�. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual. cf. pero esta autarquía no lo dispensa. por e jemplo. esclavos ( J 334a 20-21). 86. 1050h 22. Nic. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios.. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. Sobre este problema cf.93 esta continuidad no es nunca total en el hombre... o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x.o�. 9. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es.. 7. Hay un punto trágico en la vida moral.cado ocrov EVOÉX. X. J 178b 33 ss. 1213a 7. Magna Moralia. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. una fortuna para distr ibuir. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. el hombre moral se contentará con la virtud ética que. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-. 1 177a 21-22. 1 179a 3 1 . ll. 1 177b 22.óv). 25. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. analí­ tica... Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. VTI. 7. VJI. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. como ya admitía Platón. 1 177b J. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. l l77b 4-26.. 12. Ét. No se puede ser valeroso en la paz. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía.91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». Ét. y este mundo no depende de nosotros. 30. que sólo puede alcanzar 88. Eud. sino siempre sintética. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97..88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son. 89. a\n:aQ'Aém:a.a. X. Mewjf 95. también Ét. Ma�na Mom/ia. como creían los socráticos. 9. justo en la soledad. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. 1245b 18-19. l072b 16. J 177b 33. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. Ét. por así decirlo. Metcifisica.. 96. X. VIl. parecía qu'erer evitarle. 15. 9. Ét. X. 94. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. Nic. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. X. cf. 7. 7. Nic.o�. 7.86 el más querido de los dioses.EtaL. Ahora bien. Pero.cmx . 90. 1 175a 3-4.menalidad t popular. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad.• afectado por la fatiga.00 El sabio es autárquico. Nic. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. La virtud depende relativos y no absolutos. Ét. Nic. 92. 12. 93. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos. 11.. 205-209). 7. X. Níc.97 Pero. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. A. Sobre la oxoAl'J. es decir. e. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la.96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. X. Política. como la contem­ plación de sí mismo. uc In que se ven privados los 9. La f elicidad se basta a sí misma. 1334a 1 1-h 'i. Ét.. liberal en la pobreza. T eeteto. 87. euoaqwvém. 15. y la reserva de Ét. IX. El mismo .. le está «oculto». sea cual sea nuestro mé­ rito.37 el más feliz. Eud.96 A falta de éste.¡. 107Sa 8-9. por superlativos de la virtud. El sabio. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción». de tener amigos. como ya hemos visto. 4. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». 176ab. en realidad. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase. contratos que firmar. los otros sus condiciones de existencia. He aquí al virtuoso Aristóteles. X. pp. X.92 es decir. de la cual Aristóteles no se habría librado completamente.

(Él. Teogn de o do ella. 137. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo..wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. 106. sobre todo. es decir.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más.oí. un buen nacimiento. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien. T. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote.Livmc. 9. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada. 10. si puede crear monstruos. 1074b 27. Metajfsica. el término de nuestr sible. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. dice. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. n. pero esta confianza siempre está matizada por una reserva. Tercer¡¡ parte. Nic. «debe ser accesible a la multitud. está por encima de la con­ . 75.r�s ón. X.LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . . pp. Este último tema criticaba la idea. esp. 102. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. pp. ..oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse. A pesar del opturusmo de algunos comentadores. No es nue­ va. 99. 154-170.uica.OtJS l'i' &vflQ<. . 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. 1099b 23.1o. 7. p.. tes y hacer prosperar nacidos. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. no puede hacerlo más que «en tanto es posible».. 1. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. Cf. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre. 32. de­ la obra de Aristóteles. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. 1 1 . el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. antes de a los malvados. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. la felicidad del hombre. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. Cf. Ét. de la ant igua prudencia griega. elicidad como «recompensa de 105. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is. I I O i a 20). 1 O l . Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. el cual. Nic. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. pero no lo elimin mejor lo aet. a veces ��q� inal.102 Así pues. de :n:oA:ú -co btt <be. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. 1099b 18-20. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. para _ ser �trtuoso. al hombre y a lo divino. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. • relación problemática. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza.. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . In cita de Rodier. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. 103. 1 OO. Ntc. humana. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J. en un hlósofo determmado. !bid.A. salvo alguna ex­ cepcton. pero nunca suprimible. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. i¡ifra. 1. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p. mora/e /a sur (Es. de más noble». 10. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. A.Í>:rcous. aQE't� v). Ét. mismo.a sí mismo. c. ..ov . En el De philosophia ya en las Leyes. Pero. separa ot :n:oA.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua . tijs. nQoc.. p�ro en un sentido ontológico.. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. pero «como los hombres pueden serlo». 1 177b 26. menos Jo por y.

(ibid. 1 17. No es la ausen­ cia de ley. De Coelo. 658a 9. De Coelo. siguiendo las justas expresiones de Rodier. 6. Es. . The Philosophy o fAristotle.lev 1:0\ito itOLEtv. introducen el no ser en el ser. 1 1 1. que remjte a Meteoro/ 1. Dio quiere lo mejor. que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. Allan. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas.. como hemos intentado mostrar en otra parte. la materia es. 170-175. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado. Leyes. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». 1032a 22. podr íamos decir una vez más..117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas. concierne a la materia. Ar miento y la predicación. . 1 14. I. la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». 5b 14). sino la distancia -ínfima. que Aristóteles rechaza en este punto. 429 ss. 1. 1. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano. istóteles rechaza las teorfas que. 'Ev toi:� ouoLv tO J.• . con Eudoxo.lll ov n:aQeon:Q. Gen. y también l . 15. ll. 170. en Suppl. Cf. 1 16. anim.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. Se comprende. siendo potencia indeterminada de los contrarios.Hn . aquél esté sometido a las condiciones de éste. arist. jfsica. 349. X. l. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo.. Bruns. Epfnomis. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios». 291b 14. Bruns. IV . la coincidencia del poder de Dios con su querer. Parr. y el comentario de este pasaje por P. Le probleme de l'étre.Iévov n:oo�. 11. 1 .. el cual no está dispues­ . J039b 29.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. 109.. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone. 687a 16. ' llenar nunca por completo. sobre todo. p. I . Polftic:a. Metafísica.. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. regiones inferiores del mundo.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa. pues. G. Schuhl. Esta distancia. Ahora bien. 388-389. 903b. Cf. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX. l. Études de philosopllie grecque. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. f. pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». 1256b 2 1 . p. . pp. engendrando entonces mons­ trUos. si se quiere. Meta 1 13. de su realización en lo particular.que separa l a ley. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y. 1 . ed. p. 13. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"».emL ). 6. 271a 33.evtoL ou ouva1:cn. 283b 13. anim. 27).113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. para no conservar. 12. p. 4. El Dios estoico tampoco creará el mundo.. etc. 43. 744 b 16-17. 45. D. actuando al nivel del mundo. 108. 7. 1 5 1 SS. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. anim. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. n:o!J. 661b 24. 2. la cual. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad. cf.. Le probleme de l'€tre. residual. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. . 1 1 ) De manera general véanse las pp. 273. pp.114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. 1 7 1 . 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. cf.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley. Z. n. 4.. como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. pp. 23-26 y 29.. Cf. 641b 18. Parr. etc. esp. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza. Le domiiUUeur et les possibles.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. cf.-M. la detenninación ser que. que e s general. olític:a. Rodier. pero será el mundo.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. nuestra obra Le probleme de l'etre. 11. y a Part. J. 5. tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». 10.. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18.. pp. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas. . Düring.Q). y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad. también. y no puede hacer todo lo que quiere. 1 12. la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. 1 . ur. más refractaria a á La materia que supone. 984d-985a. 1 1. 8.. pero hace lo que pue­ de.Qa¡tévov tot� oúow (De anima. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. anim.a>U� �-t. 1 10.

dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo.t tOV A.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. 124 pero. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal. ll.l(l) 1 (. Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. El conocimiento ele este orden. 1 178).r¡ . de Dios. . Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia.Q 1tUQÓ.: ' XOX. . 1 1 83). un principio de desorden. . por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional.a del mal. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . él es una obra de arte. Dejini 123. también las notas de Rodier. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza... sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. •• u • . p p . sena absurdo y. ens1po se · · e1 un1verso .a . en el sentido más profundo del térnúno. �unde con la belleza moral). Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. Cf. �or más perfeca t que ésta sea. E>. 37. Vil. . apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. 35. 121 El sabio no actúa pues.. En � es men�s una realidad positiva. que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. en una asimilación al mundo en su conjunto.ov011 J·t<:X). pone su vida privada d � � 1 19. Or..• ed.. sobre el mundo. . . 86· . como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. pues depende también. m.123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. Scott. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque. lloAA. Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. ma mstanc1a. Bruns. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. El reino de la sabiduría exige. vano querer cam­ _ biarlo. por el contrario. en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. 156-157. l051a 17-21. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado. sobre todo. turaleza Y r azón. en última instancia. 213. si pueden. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122. Études de philoso­ bus. Breh1er. 1tW� � �m. . Alejandro. indeterminación... como es el de los estoicos. 15. 35. l332b 6-7).Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> . 273-274. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. t�undo es racJ?�al. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. consiente a los decretos de una Providencia que. 9. permanece siendo la expresión más elevada del Logos. 1 1 que una m�potencw de la forma. constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. . 13. . . un dominio previo de las circunstancias. cf . n. parva negligunt (De natura deorum. tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op. lli. Así. �20. 122 sino en la teología. cit. en últi­ . pues. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. SVF. El ideal moral de Aristóteles no puede consistir. 124. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. Según Filodemo (col. en sus condiciones de realización. sino que lo «sigue». p. parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. As1. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . De Stoic. de la Naturaleza. • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax. ni en apariencia ni en el fondo. . 1. cf. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. p . enteramente racionales. repugn. repugn. es porque la naruraleza no es estoicos.at a. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. 274. Metafí sica.. Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' .. S V F 11. 1 181). de las circuns­ tancias exteriores. sino en las pa­ siones. 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col.óyov (Política. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme. 29). lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. 7. las cuales no son. El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. 66· . es decir. S V F. como pensaban los estoicos. ll. la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. uo terado). según la . 156. t?v �aew� yov (Plutarco. 28 Y 8. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. 1 (Dión Cr isipo.oA. . citado por Rodier. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas). 36.a '(Ó. 28. 38 . Es sobre todo Cicerón qlllen. cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. 22. que no se ha de buscar en la física. De Stoic. Cicerón.. hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien. Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. cf. que Alejandro denomina el azar. l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. ibid. 121. 1 7 1 . Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará.t. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · .

y el de la acción simplemente conveniente. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. 1). El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. supra. Vil. Ja cual. en nosotros. 4 ss. pero ella es también el reme­ djo. hacerlo humanamente. . p. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. &v �). puesto que se trata de poner en práctica un único saber. contrariamente a los estoicos. y siempre es posible enderezarla.ltv tó €<p' 1)� tv (171.. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. pues. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. por la simple razón de que mngún • � . separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. es también lo mismo ser sabio y prudente. 231. P�1�1ppson. '1 tOtJ xaOrpwvto. 10 SS. al menos si el hombre quiere.-M. �an dtferente = 127. ma que . xm:óg9w�-ta. 129. a causa de su contingencia. la . SittlichschOne bei Panaitios>>. 1 149a 4-20). Schuhl.. Ciertamen­ te. estaríamos menos impulsados que Rodier. Níc. soledad.tatOV. 43. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. solo. P . el cual no está ordenado más que en general o. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles. como ya se ha dicho. 8. entonces querríamos la enfermedad.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. Er. pero. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica.-M. Cf.r . 128. ?· 60 : . Esta �elit�ICtón. Schuhl. Lo. 9. la pobreza. n� es sólo su propia imperfección.. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba. a ponerla a • de la moral más que al primero. que para Aristóteles. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. (cf. es decir. Sin duda. lo que es lo mismo. muestra que la azar esp.. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. Epicteto.. «búsqueda de lo conveniente». Philologus [1930). cf. d ígrotc. SVF. no remiten a ella. 62. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>.. sino también el mundo. no se remontaría más allá de Panecto (cf.tlmc. Coloqui os. 9r¡QlÓ"tfj. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. ai. sino la incompleción del mundo.12 s La contingencia es el mal. el hombre quiere lo mejor (Et. 45.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es. Nic. tomando el relevo de una Providencia fallida. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta. en su envoltura celeste.. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. estar �·odeado de amt�os q�e . aunque sí le está permitido. 11. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. puesto que no es más que una parte. 126. ya que el mundo es Dios. etc. 5. p. cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales. m. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. el de los deberes o xa0i¡xovw. p. 264) una definición de la phró�I�SIS como . Sin embargo. op. dicho de otra manera. Lo saber humano llecrará o . a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op.tEV totc. Se comprende. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. Rodier. Vll. o. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. 170. W. ser rico que pobre. 1 19601. más que al «hombre medio». encontramos en Estob�o (Ec/.. A Gnlh. cit. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. es un reme­ en las cosas exteriores y. de las del antiguo estoicismo. Phi/. Le dominateur el les possíb/es. p.. yevó¡. pp.104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser. no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. e incluso la de desorden mórbido. ÉV bE toic. 1 16. es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. EXtOt. p. Sin embargo.P. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra. 10.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. «Das . en la medida en que éstas son todavía moldeables. no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. En lo que concierne a la contingencia. 1 . U. Rev. nos parece. del bien. para el estoico. pp. n. 274: «El determinismo de la razón . dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos.a de! �1en Y del mal .. E sperando poder realizar inme- 125. cit. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia. 1 : 6. y el comentario de P. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. cixoAaota. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. que hacían de la phró11esis una c•enc. el mundo. 365-376. Bréhier. 15). 11 problema . a falta de otras mejores. Alejandro. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. Cf. que del libro ll de la Fr sica.

cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). que es moral en sus fines como en sus medios... 5-6 P). pactando con él en caso ne­ cesario. pp. es decir. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. _ . es decir. siempre aplazado. pero también de los fines a los medios. la adaptación de los medios a los fines. Merleau-Ponty' «L'héros. no negándolo en provecho de otro mundo. tiene l a experiencia del azar . el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». en uno y otro caso. Ciertamente. en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. sino al mundo. y esta ausencia de destino es la garantía y. es el hombre. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. La vida moral no se confunde. hacer. Los santos del cristianismo. compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable. Y 9ue todas su� acciones. 38. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. y que no se volvería inútil más que el día. 1253b 33-1254a 1 ). antes de ser y para ser una moral del ser. curiosa y sin duda i nvolunariamente. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia. nada es seguro. puesto que se trata. l. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. 3 2 1 . La moral de Aristó­ teles es.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. en proporción inversa a su habilidad). la carga de la libertad del hombre. al menos en un pasaje. en Sens et non-sen. del una casa (otxta). 4. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia). 5 W.¡uov) está. A.1·. el mundo sublunar. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. smo que son a menudo dejadas al azar». fr.ro¡.l trabajo con el que es a menudo comparada. nos corresponde ordenar el mundo. y la prudencia. U. al mismo de la contingencia es a veces amarga. Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. si no por vocación. que están solos en el mundo». Tal es la tarea. un diletante. Así considerado.téü. donde los hombres libres serían los astros. o al menos la mayor parte.. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. simbolizan las partes in­ feriores del universo. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. Segt ín . le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. 52 R. pero sin duda indefinidamente provisional. El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. 1 �4. ni . son reguladas (tetaxtaL). y no podía 130. los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. del desorden y del fracaso . para Aristó­ teles.132 Así pues. 1946.AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. testimonio de lo cunl es el arte. sino comprometiéndonos en él. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. por­ unida a la contingencia. 8. 379-380). una moral del mundo acabado. a parte sub jecti. Simplemente. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. 1 3 1 . 1075a 19-22.106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente. que es indiferente a sus fines. Cf. 10. 1mentras que «los esclavos y las fieras». para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. al menos por condición. 1 99b 26. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es. 131 Pero no era esta. TGrv yó. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. Sin embargo. provisional.133 La excelencia ('tí. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. l'homrne>>. (qJQÓ'V'r]Ot¡. como e. . 132. Pero. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. Ffsica. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». incluso si esta exaltación . � tiempo. porque no saben lo que hacen. mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. la sensibilidad aristotélica. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. Fllopón (ad loe. Aristóteles parece inquieun decadente. 111 s1qwera Prometeo. pues. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». En un señalado hombre. ni la victoria todavía tan lejana. simplemente» (M. En este sentido. sino que se opone a ella. Parfs.. el m11sta Siempre dehbera más o menos. 133.

. donde n:Qay�c::reúw6m r .108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. Nic. Aristóteles rewmaba. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. gentia. una actJv¡dad sena y mentona (cf.óyo<. pp. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica.oA. 20). quizá porque su contrario no es tal virtud particular. Fleiss.. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. D. la cita de la nota siguiente). sin embargo. n. después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. 26-27. pp. Y se la condena en parte en nombre de la moral.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver. Política. por consiguiente. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. Primera parte. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. 135. cf. 15. SS. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles.q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . 139. 9. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. 98.. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema. 18b 26.) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. LO. 137. es decir.. O.. No creemos. cit. 1177b 4: ÚO'X. i 140. 1. la phrónesis. p. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. 1 176b 29. 731). 957 (Orígenes. puesto que. se opone a n:ml.xn. .)..ál. dice. Así. pp.. en realidad. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. dentemente una vida inactiva. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<. 14-18. Epfnomis. Wesen und Wandel der T ugenden.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre.. En este sent ido.-M. en su lenguaje. 6. se llegaría a «absurdos» (<horro.W�AEV. Aristóteles no Uega. 41) mostraría que Aristóteles. Jahrbücher f f . Nic. 138. más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. no parece que la pereza. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. 1334a 15).140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres..eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?».. 19a 7. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa. Bollnow. sino la actividad (eQyov) en general (cf.OAOÍJ�AE8a tva ax. al contrario. en Ét. a hacer de ella un vicio.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción». habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. cf.139 Así pues. De ato. Según la expresión de P. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. /ntroduction ii la Physique aristoté l.a). y son. 15. . y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa . Mansion. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio.142 Exaltando. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo». Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. VIl. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les. dili virtutibus et vitiis. 1885. Ét.137 Pero nos parece que la constatación de experiencia. 50 ss. aunque no sea este el único argumento. De imerpretatione. Sehuhl. 6. Oüte Pov!. pp. klasSISche P Supplementband 14. y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . P. A. considerada como un medio con vistas al descanso (cf. 7. 19a 7. puesto que comporta la 142.100. megúr ica: el argumento. n. no sólo una oece�idad. Nuyens. 136 ahora bien. y que (op. F. X. Le dominateur et les possibles. jo.. 28. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. pp. Gauthier-Jolif. la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione. 17. E t . Sin embargo. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. y sobre todo Cicerón.ELv). Cf.f!YOV 143. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136. que se trate de una• invención ulo/. Introd. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. como su nombre indica.-M. A. la vutud de la deliberación y. la tradi­ ción moral popular. p. X. Pues si se admitiera que. aquí como en otros lugares.. pues. Nic. 42-43). el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. 982d. SVF.. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da. aunque tímidamente. Nic. !bid.Ó.. p. si?o �na nec7sidad moral. p.

!. ahora bien. 5. 147. Vll. Esta última calificación es reservada. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia. y en Ér.l44 pero no de mente. cr. 1. 23. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. . De Cf.ti:v ovtwv xal. Pero. oúx em<rtiJt. VI. I. es precisamente en el hacer o el actuar. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). 2. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. pp. o quizá a causa de ello. dice este últi mo texto. l l 4 J a 20. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud. pp. pp. en la Ét. lo es. 187-188). 207-208. ahora bien. Nic. Él. y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. 11. Saber nos alejaría de actuar.LQEtLX1) 'X. 2.. De legibus. Según (f3d:tiov tij� áQetijs. como todas las virtudes.tv· tÜ>V i!l. Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. 983a 6). 1 145a 26). 34. Nic. 1. 1 103a 8.1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. 1. É. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. apoyándose en la tradición popular. btmve1:Óv. de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. vegetativa se parezca. es.m (Magna Moralia. erudito (sophós)? En elación al phrónimos.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit.m xaL �t'i) 1tQéil. 4.tta (entre los cuales bien parece. Magna Mora/ia. 1. como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia. 'H qJQÓVIlOLS lJ. en tanto que am­ biguo. OL q¡QÓVL�lm. 1. cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer»..trr E. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. que explica que la vida tMe. cf. A. 11.. Metaflsica. Y bargo. La prudencia. Sobre el sentido filosófico de esta distinción . se tratar ía de una distinción tradicional. . J l 83b 20-27. está sometido a la contingencia. 146. 292a 10-b 24. 12.146 la phróne­ tÍ. extrañamente común a las plantas y a Dios. mostrar su valor no sólo intelectual. en relación al sophós.. efectiva­ Msetev av. cf. de la cual participa. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. 1219b 8-1 3. e s decir.14s La sabiduría es digna de Dios.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. Aristóteles intentará. Cicerón. 49. 1tQÓS tl nws exew. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . 58. es decir. Nic. 1 197a 2429). y no implican ningún mérito en el que las posee. Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit.cnvetot yáQ ELOLV 144. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. por el contrario. también (tq> . Este texto está en contradicción con Magna Moralia. lizable en el mundo tal como es. 1220a 6. mente. 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . al Él. dir á en Magna Moralia. l. 1 1 97a 14).tta. Ét. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá.--ci'j s. ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. a la vida contemplativa. 7.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. virtud de la deliberación. I. ll97b 7). digna de elogio. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. Nic. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). Pero. Essai. 149. 12. 34. Ollé-Laprune. 130-131 y 156.f. Él. l. 1tQéil. Vl.. Nic. también infra.147 Pero. La prudencia no. 1. ni siquiera eminentemente. Magna Moralia. sino morol.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. cf. 22.v €LT) e!. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. 209).UOV.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). J I . xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l. así como la sophftt. Repúf>/ica. lor absoluto (cf. IIO!b 13). La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales.. 1 123b 17-20). -�---- - . 11. 148. que se haya de encontrar la sophla. dispensándonos de escoger. en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . 145. a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar». . IT.LS 'tLS nQOO. Yi1tud del mundo. I I O l b 11 ss. se podría objetar a Aristóteles. 13. Magna Moralia. sin em­ Dios. Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas». de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. Pero..149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia. p.. Ét. _ mundo oscuro y difícil. como el mundo de los hombres es lo que es. cf. De natura deorum. si el mundo fuera perfecto. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra. 1. su excelencia propiamente humana. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. 60. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir.. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. IV. ll. cf. Eud.. 34. Eud. . 1.. no quedaría nada por hacer. De divini­ Sobre esta parado j a. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s. y no en la inmutabilidad. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. Coelo. 1200b 14. 7. si no fuera más que esto.

1 104a 8-9. exa)». 5. (Il. como.). de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo.. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos ...Üac. Cf.. EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. IV. la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf.. la ocasión favorable. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. n. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni. 1 106b 35). las figuras geométricas. post. y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X).ov X<XLQOV oxonti:v). 152. 1 .154 Un poco más adelante. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. Eq>' otc. o-ó i!vexa xat <Í>c.fj ov•a)..156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto.). en las cuales puede haber exceso. 49). 'tLVUS xat �Qe¡. o más bien puede legislar en general. 1222a 3). 151. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad. 1 19b 17). por consiguiente. ll. que son siempre lo que son. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. 150.)» . del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. Magna Moralia. útil para uno. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta. actos que nunca querríamos en absoluto 153. 5.) demostración. Anal. Nic. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros.:e xai. To 6' (he &1>i: xai. Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. oú OEL xat O'tE)». La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. e 156..150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo.ac. 9. pero no para el otro. 210.153 Criticando a aquellos que. V. ll.). 2. lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. Goldschmidt . 1 3. 158. 2. OJtEQ ea-ti. UQETti e. ti¡ e. familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones. dice Aristóteles. vws. /bid. Nic.155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». ll. esp. 15. haríamos «voluntaria­ mente». ¡técrov -. xui. excesivas. l l09a 28) y para el deseo (lll. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. el tiem­ po oportuno. 11. hay muchas de no hacerlo. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1. 4. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS. 97b 23. 154. pero no lo hay para el adulterio (6. 1 104b 24-26. 1. Pues hay acciones y pasiones que son. Ét. la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA. 1 1 . Eud. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. 152 la moral aristotélica. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. 1 1 97a 38-b l .eLc. 1 197b 8. ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew. de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18. útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. oüc. l l09b 3 1 .wc. y supra. y definiendo la vi1tud por el justo medio. que es el «número» del movimiento. Pero las cosas útiles. Como nos lo dice un poeta. Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. por de­ fUlÍción y en todo tiempo. m. . pero no en otras (exeí. pp. Física. xat . 1 197a 34-35.cQoc. 205- 155. OQLO"tOV. J 1 06b 21 -23).) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. óet:. por ejemplo. Ét. defecto y justo medio. 34. pero no lo será mañana. 1 107a 16). p.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. 157.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc.157 Igualmente. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». objeto propio de la pru­ dencia. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy.

Sobre la anligua medicina. 32 ss. Sobre los lugares en el hombre.114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. Platón retoma esta idea. Carta VI/. 164. 1vma fortuna. sino el bien rela­ tivo a la situación. -xata tov xmQóv éo-nv (01. Cf. 45. l l l Oa 4 ss.. 1 1 . A. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . El ejemplo. y a�n Platón. Por otra parte. 1. Al introducir en la moral la noción de kair6s. en términos aris­ las circunstancia totélicos. 1 so fisli. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. servar el resto») (Corneillc. Awour de Piaron. l l . en el Fedro. 215 ss. extraño a la consideración de los fines. 1910. ? . cf. Helsinki H. § 44. :rcQá. arl loc. 19-20. E. /bid. _ 9. Jnrroducc•ón al Fedro. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. 162. Sobre el ka�rós en los rétores. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. era natural que.) y por lsócrates. Silhoué. J. citado por Aristóteles. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. 223. que había sido ela­ «triunfante». Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. 326a.). y 239 ss. 1314b 16.. pp. V. por eJemplo.). como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. pero en un nuevo sentido. Polílica. 16. 7. cf. es decir. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos.7 (a propósito de li. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. M. 13. La 1101ion platonic:ien­ Ér. cap. il!(ra. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. 14. De compositione verborum. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). Festugicre. alectique. L. 1 6 1 .o. sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. modernos. L. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . Contra los sofistas.ew. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. V. Alcidamas sacará Panegmco. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. T 160. 2. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . Dics. Souilhé. pp. 201 ss. Leipzig. Untersteioer.. XatQOÚ. por ejemplo. 4. 6 ss. l l06b 3. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll.. CLXtV-CLXVII. 154-156. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra.i'¡. Erhos. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. Littré. el kairós.159. T. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico.) del conterudo. Cf. 270b).. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. pp. por una �. p. 151. Platón. Platón. 3. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad. . I. permitirá al filósofo tomar el poder). W. Mikkola. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio. Toda intervención médica. To M tél. r ��c. '! En realidad. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa. Süss. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción.160 El objeto de la voluntad o. 1 0. y el comentario de J. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. No hay (salvo excepciones. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. sino en su contexto. en el ardor de una polémica todavía 163. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs. De la di ica la 195�. . JO ss.. Fedro. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. pp. no es nunca más que un mal menor.159 De manera inesperada para nosotros. 1-3. cf. Cicerón. _. cf. Antisrhene. pp. 2). cf. 1 1 . Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. Kesters. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique. lsokrates. bien que. pp. Es el juez 162 y antes absoluto. 272a). exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. Bourgcy. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. dtatre. al momento presente. 327e (esperar el kairós que. 1312b 25. § 2. 5. Rob1n. De finibus. pues no se da sólo en casos extremos. 1. 18-27. Fedro. _75. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». cf. 203. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos. _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. utcumquc res postularct». preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo.. quibus esset moclerandum. 275d e pp. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. pp. l l LOa 14). La acción mala será entonces aquella que a: 159. 1 104a 9).

. sin duda siguiendo a Gorgias. bastaría para asegurarnos que Ahora bien. 1 7 J . Eud.w· en:l. moxamtxi]¡. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente. para éste.. VII. 1217b 32 ss. w. Dionisio nos dice.óym). y Ar istóteles. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. 169. que de­ signa el género de vida. 166. que es realizar su propio fin. 16-17 y 13. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así.A. sino que es. sino a la opinión (ouo' oA. Se traa t de mostrar. 1 5 .li<. yÉVúlVWL. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos». !096a 24-27. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. en efecto. Eud. Una acción fallida no es una acción. De comp. sino en la acción. al insistir sobre la consideración del kairós.. 1 .a..goeAéo(. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós. EOtLV ó XCllQÓ�. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. 8.is: no es por los conocimientos generales. la ocasión (xmgóc..taQ'tEi:V)». 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. Usener-Radermacher. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas. una <he". r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. Nic. por consiguiente... una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción. que el kairós no se da a la ciencia. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. una <<estocástica». Tratado de los aires.wc. É t. U. yaQ án:ávr. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. Ét. oLóv 't' em. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). la virtud en La cualidad. contra un cierto platonismo y.Lc. Política. Pero. p. no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis. también. sino por la opinión. 12J7b 33. sobre todo. «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema». 1096a 27-28. 168. Ahora bien. lo E'Ó:rtgayta. 107a 5-12. Los argumentos (A.. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia. en su diversidad infinita. no se expresaría más que en una categoría. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro. 16-17).úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt. 45.. Tópicos. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. por tanto. 17.)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡.Vll. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento.áo'tq> twv 3tQUYf. 3t€QL OLCIÍ:n¡t.Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a). bien po­ drían ser de Gorgias.169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia. I. oó�). . si no es un arte es porque es más que un arte. ser una (f. como sus predecesores.168 pues. por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. I.TI &l]QUtÓc. útiJ en la relación. frente a Platón. en especial en f unción del lugar.171 Pero más aÓtoU<. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf. 37) que del momeolo favorable Cf. 7. las cuales. y. escapan a la ciencia. 'XCIL oosa<. Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX. xat avOQEÍat. una E!-t3tELQta (Gorgias. emo'ttíl-ta<. y la ÓcLVÓtf]c. parece. si lo fuera. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡.116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada. nga. 1. Pero aquí Aristóteles choca. ni mucho menos una técnica de aplicación. !bid. <'>Et n. &XA. 260e).. las aguas y los lugares. quiere desprender. La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida. . como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL). verb.Q etMvaL 3tEQLAa6etv . la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. Antidosis.. E:rtLO'ttl fl.o1J xat 8v. M�CILt. 16s y que.IÚ'túlv éit. OUX. la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. 1. 4.. pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX. Pero está claro que.. En realidad.) en el tiempo. una especie de adivinación. (otmta) en el lugar. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables.167 165. T(i) �tEV yó.. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv .Étgwv) en la cantidad.ó. . Ét. entre otras cosas. Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. 1 70. 8. cf. 463b). 167. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. Pero.

Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente. 4. 13. si ninguna ciencia. 183. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría.172 Así pues. 1247b 22. 177. pero uno puede pre­ guntarse si.UpÓtEQOL ( l 248b 6). a propósito de la virtud. A. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. como se recordará. a partir de ahí. 1247b 23-24. ni la justicia. 1260a 15-18. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). en la Politica. 1078b 28. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. nos dice. insis­ te Aristóteles. Ér.. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. 181.. cuando conviene y como conviene».isten tantas ciencias del bien como géneros del bien. ni tampoco el valor. ex. toma claramente partido. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre. 1248b 3. sino también el tiempo oportuno. 180. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. 'Af. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. que dar tales definiciones».174 Ahora bien.. etc. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. pp. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. Finalmente. 72 a. no hay ciencia del Bien en general. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-. Más at 1n. las situacio­ nes éticas son siempre singulares. sino vir­ tudes: así.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]). la virtud del esclavo no es la del maestro. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. Eud. «por e jemplo. como hace Gorgias. 172. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. 178.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien. Nic. de buena fortuna (ef. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. J. l247b 2 5. Aristóteles no va más lejos aquí. 4. 179. Men6n. 14.LOLQCt del Men6n (99e). 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�). 'XUL aA. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida.oyOL). o una sucesión de azares felices. Es la (:)ei:a f. Ét.'8(' ¿Se podrá hablar. pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. Eud. más vale enumerar las virtudes. Polftica. de la ocasión y de la medida». sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación. cf. I. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida.t�2 Pero. es decir. Ou ouvax�¡. l..oyOL O' cl(.179 e incluso de una manera general. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. en ambos casos. Ér. l2l7b 37-41. 981 a 5-7. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne. como pensaba Sócrates». en este caso. Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. M. I. categorías según las cuales se expresa. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. en general. es decir.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. Cf. pero. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. Pero. (l248b 7). 175. l248a 3-4. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto.. de un favor divino. 173.av 'tÚX. 85-89. 1 096a 32-34. 174. . Mera ftsica.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te.óyou) . vrr. 182. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia. 8. 176.

En este sentido el «�ar» 9ue Ari. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras. Rev. pues la ocas16� ex1ste. Se t1a1a a tran. lsócrates.endo. L� que hemos llamado. si la Prov1denc1a puede fallar. fistas. V. Phil.el ttempo: 191 P�ro poco a poco. (1962). Antidosis. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal. !91. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. Heráclito. recuerda los temas mác. Kgeinwv . y que tiene su principio en Dios. el . el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P. se seculariza y se humaniza. el kai­ . 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA..'90 pero. pr.?� ya no es el tt. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados). 85. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. de esta concepción religiosa del .-M. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. �ero. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa.e un comportanuento capnchoso. Diógenes Laercio. 12. pero al. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble. . La wx. Cf. sombríos de la tragedia.st. parece dudar Y vacilar. por lo que se ve. vestigio kat�os. 52. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l.'89 Pero. se comprende que haya podido stgmficar. Epicuro. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. asto.rJ . El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo.. insuficientemente dirigido. sino que somos los juguetes del destino. pero lejana. Dionisio de Halicarnaso. sino sólo el favor duradero de los dioses .m�r Motor de todas las cosas y. en ambos casos. a la mversa. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. Schuhl.. la noción de kairós. 1248a 19-29. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX. 1.» (Anal. <I>QOVL!-!. la fatalidad también.os sabios. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. sug. al ¿no puede la deliberación. el futuro no depende del hombre. 47).. Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón.� ahf d� � 1 �2. Por el contrar totélica de la phr6nesis. Carta a Meneceo (ap. � . 11. siguiendo a Teofrasto. fr. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. Con/T'(I los so 185. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes. X. V. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. en especial.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación. una vez el impulso es im­ preso o. oux eat� XQÓVoc. Pero no se ve huella de ella aquí. 5. puesto que.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. podemos señalar algo a propósito del kairós. tal como hemos visto. alta. 1248a 25. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con . al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. De Jinibus. a falta de téc­ nica aprendida.nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. 187. 1•erb.�mpo de la acción divina decisiva.e �es reconoce en el mundo. Cf.ót. Este misticismo de la predestinación.. la evbaqwvia a la etrtvxta. libera al hombre.. también es confiado a sí mismo.a. Cf. caz Y p �� siendo el Pri.. ) oewc. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. De comp. Cicerón.' l. Un. Había escrito un fiEQL evtuxtac. 189. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo..oi:í voií xat �ovJ.m 188. 184. 18-21. tampoco lo esclaviza al destino. la ocasión favorable. 45. 48b 35). tanto para bien como para mal del hombre. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio..úiV xat oocpwv. Si el kairós ha aca�ado po� significar. en adelante sm uso para Dios. «De l'instant propice». 28.1mb1én para D1os. Pero Aristóteles no se limitará a esto. ( 1248a 32). 36. en �omer o. �iels.. Cf. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro. 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. Lacre. béwv).192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. pacial. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. (Dióg.eúeo0m).. guiada por la prudencia. t. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación.

Ex.o agut. 694: �<QCl ó líe xatQ� . sino hum ana. Pindar iibersetz. . Lcipzig. Y. � �or ello Anstóteles. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo. pp. Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. como �n otras partes. de los griegos. Hesíodo. de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla.. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1. XatQO. kairós. pues es. antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral. de una rehabilitación antropológica. 52-53. 9: "tO ó' ev XUlQG. 1::> . 78: cpu/. netV"tó. Citado por Aris­ p. la herida tnorutl se llama XCllQlO. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. 5.ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». rx. 111. pp.19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. Mesina. Christ et rós griego. . ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. ctura de la acción en ge�eral. q>Qovti:v .t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis. Cf. hace salir a los seres de ellos mismos. vengativo. de . ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia.J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33.. Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' . la de la edad madur. comenta: «die precisa: «das moralische Denken..w� f3ouA. . cf. les impide coincidir consigo mismos. Ahora bien . Neméadas. sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. 3. 433. el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana. la contingencia �o� . ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. él es también el remedio. No . a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . c�mo ya hemos visto. · . el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. 1098b 24. p. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien.t. Schwartz. 1921. 1 2 1 . texto� citados en Le probleme de 1'etre. Sobre el kairós bíblico. IV. 1 J42b 31.r¡y� (1/í tóteles. anim. P tt V. 195. V. O. y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. (las acciones pasadas) Paneg. (Mt 25.. Gen.. E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía.. La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . t947... 785a 14-16). 7. 12. l . Nic. "tO naQxei�evov erliilllerl. índaro. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . Unters­ ición muy dis­ teiner. 84. en virtud misma de su estructura contingente. 45). considerar la estru <. como se dice expresamente en Marcos 13.' Esta última prec isión es impo rtante. § l. importa. Pith. 1951 ).. 7 1 ). intemporales. Ét. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . la de la vejez. Nic. Si él es la herida. ó' Ent n:lim. los hombres. Cullrnann.. cf. : Ét. está echen. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo.l93 es decir. re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . es decir. a apa1 la vez azarosa y eficaz. 194. M.r). VJ. la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24.. (Dornseiff. was der Augenblick gebeut»). Trabajos. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. si es imprevisible. 221a 32-b 3. la de la Cf. si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o. �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r.aL). El lazo idea moral) por lsócrates. 193. es objeto. pero lampoco el hecho del solo favor divino. sea su pnncJpto. 122-127.áooeoOal. n. pos ¡) t i e. de deliberar bien (xaA.v clQtcrto. VU1. . . p. NeuchateJ. nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento. 10. y entre Física. en Aristóteles.. Es esta a ·/ del hombre.'96 ada. cf.'>Cn».· • . "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv.122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. E. 196. 1. . Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. más en particular. La importancia de captar el hm. Porque es «estático». a tiempo. 1 140a 3 1 . Vl. es decir. le temps. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro.•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. 5 . Jankélévitch. el cual será al m ismo tiempo el úllimo. �oao9. 26. das erfas sL.

1 1 1 2b 8-9. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. 1 1 12a 31.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�. Cf.. 5. 1 1 12b 14. a la inversa.9rom. 10.2 Sobre este punto. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata.Ero� av V. Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin. tO rtQ<irrov al:nov... Nic. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. es decir. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. To eoxatov f. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill. 5. 1 J l2b 3-6.ú). 14. Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc. No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). deliberamos tanto más cuanto más ignoramos.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ .·x-tá. uváy'XrJ.6 Este análisis. secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos. 1362a J 8. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. Y lo que . xat LXll (VTT. cf. tO Ot' av8eóm:ou). 1 142a 3 1 . sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos. 36. los :n:ga. Eud. simplemente de la acción). Nic. si está menos estudiada. €. o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV... 6. 1247a 5-7). nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. l l40a 3 1 .ot� M :n:wc. . 8. 1 1 12b 22-25. y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. 5. la cual. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». y nosotros no deliberamos sobre tos . . que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. 5. inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación. la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV). � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). En realidad. . «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia.v hd. ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. Cf.7 Pero. 10. Resumimos 1 J 12a 21-29. 11. /bid. L226a 29. 1226a 28. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. VI. 7. del mundo o las verdades matemáticas). y se pregunta cuáles son sus condiciones. 9.. Ciertamente.EL otov ev CTtQOtll­ . los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro). 11 1 . 10. J l. cf. precisa Aristóteles. tt. asuntos de tos indios: Ét.. pues sabemos por la ductible de azar. Ul. l. Ér. t'ÚXTJ Y voüc. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas. 1 � 12b 18-20: . Reiórica. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. Eud. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ).8 Sin embargo. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro).10 Así pues. cf. 4. es quizá porque es menos estudiable. 10. tal como 6.5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. 5. 1 1 12a 32-33. el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas.J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. ÉI. IT. (c mo dirá Aristóteles en el libro VI. o del fin supuestamente conse­ guido.-ti to noA. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas. ' xuoEQVIlt yLq.. Yl. La c1enc1a trata de lo necesario. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación. lll. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av . 5. 3. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A.).v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. subr�yando la afinida � � de la análisis.•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado.QX.

o qul· 111"11\'n¡. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ .. Heath. imprevisibles. Ahora bien.16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. p. rl a. t. med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. • . 18. la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. pw l ll. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente. hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. Heath. pues. 400-401 Aristotle. U. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. post. que pueden ocac.1usa y. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio.ce antecedente de ésta. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan. 1 1 12b 4. En primer lugar. 168.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. Cf. tiene también su propia causa­ .·ntcs inverso. está bien precisada por el coro de Amígona (v. y se trata de encontrarla.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. constituye una solución a contrario lol> con· . Cf. la cual. Greek Marhemazics.18 Aquí. á:rtogoc. Nic. 271-272. De 111). aJ menos. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. y por dos razones. en stc as?. 401. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). 1. En segundo lugar. 1s Lo matan. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. Matlll tlltll/1'.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. 1027a 22-27. Euclides. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. T 14. de la causa un efecto no simultáneo. 17. es cierto. J 6. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. 12. id. u. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos. 14 en segundo lugar. Meta/fsica.. 12. 5. p. _ .:úotv)>>. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo . Cf. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. . la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. El análisis matemático supone. li ad efic1ente. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud. 95a 24-b l. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. <'11 el tiempo.""t z O'UbEV EQXetCIL). Pero. pp. y _ « el accrdente no hay ciencia».. Pero esto no es posible. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�.� in cos. Prefacio. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes.llliO análi método tal a s llamamo y s. para ser apli­ cable. T. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. vn. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. dado _ el fin. la c. en efecto. Así. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática.. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. Allí donde la so­ lución es untca. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. no de la ausencia de vías 19. (contrariamente a la edición Mazon.• l026b 4. Anal. Ét. E. lbid. l l l2b J. enteramente transparente a su ctencm. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. 634. 13. pp.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo.. . y aquel en el que el hay más que � na solución. smo de su plunú1dad. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. por accidente. no hay mas que un med1o de realizarlo. 360). en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. por lu p1l. Hultsch). Ul. 2. ll. �edio no es sólo medio para un fin. una especie de homogeneidad operatoria. la causalidad instrumental del medio no es gar. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. puesto que se trata de � i 15. w (ávéutaA. considerada como dada. TI. Pues en el análi de reboll". Greek Mathematics. 1 o SS.

entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A. 1.24 La palabra �o'Ú­ A.------ .20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. sino juez (XQLt��). Cf. objetos del género epidíctico. r. que designa en Homero el Consejo de Ancianos.. Gerhardt. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él.. -. óouA.eum�. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�). 1 1 J3a 7. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos. el pueblo escoge o al menos ratifica. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO. fbid. i11jra. p. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. los qJQÓ'VL¡A. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo. 1358b 13-20. la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva. óux �tlvoc.22 Finalmen­ te..e'Úetm). en efecto. 22. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo.. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten.23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción..A. «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones.r¡aí.(¡>.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17). sino al futuro (t<úv ¡A. 24. 27. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA. 23. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial.a. finalmente. la eficacia de la deliberación humana. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA. Ciertamente. Cf. Cf. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo. Et. es decir.euov. 2 1 .e"U"tLXÓ�). 5-30. 3.ov). no de ciencia. del OU!-L20. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que. 3. l .�. Distingue allí tres géneros del discurso. y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor».A. y no es en absoluto evidente. Esta interiorización comienza en Homero. 1094b 25-27. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino. La teoría del discurso deliberativo implica. Pero tam­ bién nos recuerda. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. la preocupa­ ción cauta por el . 79. no «científico». obtener según la «ley de determinación máxima». Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir. 303. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda. Nic. 5. Evocando la práctica homérica.21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y. determinar por aproximación un optimum. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. si no en la Asamblea del pue­ blo. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común.ÓouA. y primero tres categor fas de auditorios. Retórica.futuro suscita el género deliberativo. Schrecker). El hombre se ve reducido a conjeturas.e'ÚEL'V tal como se practicaba.-. 25. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega. por lo tanto. según el auditorio al que se dirige. es porque está 26. en la democracia ateniense. es decir. vv. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica.ei. De rerum origirzalione radicali. remite a la institución de la �ouA.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. 1358a 36-b 8. lll. sino de opinión. pues. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito.óvt<. y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos.�. Si deliberamos sobre el futuro.OL. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia. ¡)qota �al xáA.evew Su¡. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico.26 Si existen tres géneros oratorios. y su juicio se refiere. VIl.LQWL�) sin deliberación previa. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV). 1 3 1 . XX. 1. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

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xai.

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49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

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cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. Eud. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA. 1227b 5-11. ál-. no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. 6. no puede ser extraña a la cualidad del fin). del buen estratega.lll � <¡JQÓvr¡mc. 141a 6).v. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo.69 La ambigüedad del término EvoouA. TI. 69. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. de una sición a lo que es moralmente neutro. p. 121 b 31 ss. 70. 2. por e jemplo. . Il.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una .. en este sentido. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. lsócr. como la ciencia6ó o la habili­ dad. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». VI.l para la realización de un fin. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí.�. 72. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable. sino de lo que es útil para el fm. I JO. 1 106b 36). 10. 746. 3.. 9. 3.. 13. 1 139b 16. 68. Eurípides. 67. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. Esta f r ase ha hecho correr 65. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. Agé­ silas. Ética. 71. una disposición que con­ Cf. Cf. 1 140b 4). Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf. Fenicias. En otros términos. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. por otro lado. en segundo lugar. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. 66. 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). oú i) <pQÓVl'JOtc. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación.ta. 1220b 34-35). Ét.�. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»).l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc.. Cf. IT. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. Así. Nic. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. R. el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral. Esta definición es recordada en el libro VI. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . 1 142b 32-33). 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. 13. Ilae. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. Jo que es meritorio.. LXXVITI (1965).65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana.G. incluso si l a pru­ dencia. Xl.68 Pero. Cf. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. Nic.. Evágoras. 5. sin mucha convicción. aQení. en particular de la pruden­ cia (cf.la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti. aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. 6. mucha tinta. q.E. Ét. no del fin.'tet to 01!f. TI. supra. 2. loable (btawe'tÓ�).n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. 40-51 . es decir. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. 3.. y la prudencia la de los medios. p. cuando define la virtud mor al.. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. Vl. Eud. 1 144a 36). '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»).lles. en tanto que unida a la virtud moral. Vl. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. caracterizada por el justo medio (Ét. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. pp. 1 106b 36. es decir. i} 'KO.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. 46. Suma Teológi­ ca. Tia. en un contexto totalmente distinto. que no son vírtudes.noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. 721. T ó picos. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien». e importa por ello saber a qué cierne a la intención. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo. Por un lado. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. n. P . rt39a 23. Jenofoote. 47a. 144.. Aubenque.

p. para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido.. pero no lo puede hacer por la pasión. mérito en poseer. 2.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido. 1 1 1 1 b 27).¡.gí.80 que es consecutiva a una delibera75.co. dice Ar . . l. l l45a 4). 280. 1 004b 24-25. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. consideramos. 80. porque no concierne a nuestra proaíresis..71 El sentido del. cuando en realidad la persona no los 73.QEOLS. p. 74. nuestra responsabilidad. el que constituye nuestro valor o nuestro demérito. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto». l228a 12-15. Nic. nuestra disposición interior. tención de provecho. l228a 2-4. pp. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. 261-80. ilosofía.15 La proaíresis es. Cf. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. por el cont�ario. l228a 8. a pesar de Ross. importa subrayar. n. n. e l vicio) e s una o1Jbc�)». l228a 10-12. nosotros sólo modificamos el orden. por el otro. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s). neomgeaw. . «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. que lo juzgamos no por lo que hace. 2. 3). es decir -precisa Aristóteles-. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles. podría ser un añadido poster ior.ev noi:ós "tLS. de la virtud natural. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota).vo¡. En el li­ 1� JtQOaÍ. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. Cf. � . r. cf. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora. l214b 7-J l . 't(Í)V :n:eos. U. l'fOtle. por un lado.o téA. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad. 1 1 5 1 a 7.os. que es su condición). entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción. Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis.1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6.. única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. fr. que se hará clásica con el estoicismo. sin embargo complementarios. el comentario de Robin en su Aristore. que expresa nuestra intención o. que compromete nuestra que nos es imputable. es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. Robütson. 200. 77. que se ha de colocar entre las éxo'Úota. también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. Cf. esta dualidad de contextos. que rompe el encadenamiento de las 1deas. m. a Nic6ma. tr. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. 2. p. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)». puesto que la JtQOaÍ. el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica. de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2.. Es el caso de la Ética a Eudemo. in­ mejor dicho.73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x. Este sentido del término (xuxó�). P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima.. Nic.a). 80 (1955). 76. (Ét.. «L'acrasie selon Aristote». y sobre la acrasia el estudio de R. Ren•e Phil. (crxonós) a su vida. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica.tje. de sentidos.QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. finalmente. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. que es hoy el del libro m. de pro­ blemáticas y. 1 1 . Asf. Eud. 3. !bid. naga cia (axgaaí. pero este pas. .gwtv. Ét. Si. 79.16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros. a're � . pues. en el sentido de intención. es contraria a la intención. Ét. Sobre 1tQOULQ€CJLs.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. 8. . 'H &t :n:goatgeoLs. que conoce y quiere el bien. y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. el compromiso íntimo de nuestro ser. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. Y[). 265. 78.

91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. en general.a.L�). 84. Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. 90. 92. TU. «ya encontrado en el la definición de la vi. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. sin embargo. pero también para ponerle f m. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik. 4) transiciones.. II. o incluso Aristóteles mismo.92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin. sino a la M!.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción.1 54. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud. Walzer. 265. II. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. .J I . 10. 86. Ross. 1 1 13a 10-12. 5.d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. «técnico» en la estructura de la acción en general. 83. de subrayar este equívoco del término proaíresis. Nic.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. 200 (trad. meditado o supuesto.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. JO. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro. y la M!. 198). l227b 29-30. sino los inedios. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. inclu­ 8 1 . 1 Ll3a 2-5. lli. 4. sino que elige solamente 89. es necesario reconocer.r¡oLs.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<. sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad».Ls. tJJto8Écrew�. 1226b 17. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI.na tó. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R.. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable. Los intérpretes modernos no han dejado..' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J. 1 1 12a 15).gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). en este sentido./. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!.86 la nota de Rackham en Ét. oo se escoge ser feliz.. lll. Ya no es el lugar de la imputabilidad.. fr. p. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin. in fra). 87. 1 1 I3a 1 1 . más aún. pp. Cf. Importa. 5. puesto que el fin está dado o más bien querido. Aristote. i] oge1. 1 3 1 . 82. 1 1 . el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación.. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención.cu·nxi¡ ÓQE!. ltQOc.aco 88.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios». a la cualidad de este fin.84 Ahora bien. Así Ross.. 5. 2. 1226a 9. 91. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm. 1O. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros.. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación.. 1227a 9-10. Aristotle. 5. de la que se dice . voiis. Cf. sino. Ét. Ét. &. 'A/. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. p. sino por la eficacia de los medios. empero quizá con la preocupación.L¡. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin.éVOV (Ill. (cf. sin la cual perdería toda razón de ser. l l llb 27-28. 85. 280). Nic. Magna Moralia un. sino un momento. 1949\ p.81 Ciertamente. Me­ diante la proaíresis lo posible. Cf. l l 13a l0-11. de conservar el primero de estos dos sent idos. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. 1 1 1 1 b 2 1 . 4. sino el pasear o sentarse con miras a la salud. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros».85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. OLavor¡ttx'lj. sino de la voluntad deseante.ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. sino el mo­ mento de la habilidad. puesto que no es la posición del fin. y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin. Esta «evolución>> !. Ét. . Eud. deseado no por sí mismo. Eud. pues aquí Robin.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto.a. 5.<i)v eq>' � �-t'lv. la cual interviene para es responsable. 4. sino como medio para alcanzar un fin. tO té"Aos. La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral. más precisamente.. por Jo demás poco convincentes.!el concepto de ltQO<xtQems. 1 y de III. se podría decir. eo efecto.rtud>> (p. se vuelve posible cia deliberante. 2. y deseado. la proaíresis conserva un aspecto volitivo. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos.

•l put·de muy bien no ser recto). Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. l227a 13. el vicio y la virtud son cosas voluntarias. Nic. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35). Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. 100.96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos.. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente. TCl n'/-. 6. bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección. 99.i. ói¡ Éxoúowv � <pa.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. La elección de los me102. 98. lo cual deJana suponer que la elección. En el análisis que sigue a la deliberación. Cf. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos. Eud. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. Aristóteles recuerda in 93. 1228a 2. ll. 39-40: escogernos evE�ti uvo. 103. . 1 )1/11 l4). Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ. para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. 1 O l . ov�A.QEOu. 1227b 35-36). es decir. los medios. 1228a 7). Por Jo demás. pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa. tenida por la responsable de la rectitud99 e .oyWf!Ó<. 1 1 .. sino por los motivos de su propósito. 96. perfectamente ininteligible. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua. 1 1 . 1227a 19-20b.")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . El contexto parece señalar. ID' o'li ta 7tQO<.. 10. que parece estar casi olvidado.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. . Cf. que forma un todo (capítulos 4-6). 138.101 al fin.Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. IJ. sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. In fuerte expresión de Et.. que son más o menos morales.vetat.. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt. Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e . Eud. X. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. probablemente tradicional. Dicho esto. sea la adapación t de los medios al fin (el . . en definitiva. 94. Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario. 104.1 S). que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. 97. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad. 105. 1227b 27. desde ese mo­ mento. Nic. . Cf. 1 176a 3 1 -32. 1226b 19-20. 26. 1227b 24-25. n.�)S (n. Ét.97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no. 1228a 3-4. este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin.Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. Ét. que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad.102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. por eJ contrar io. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. l l l lb 6). VI. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). 1227b 38. 95. Cf.. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m.).. cr.95 de la gimnasia. . en efecto.�3 sino los medios escogidos.:u. 74. p. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. Ésalcpvr¡. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA. ll...10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�). y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios. 2. 1 1 . no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa.

10. l . según dice. Arista­ te.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. los af uso hechos del azar). L. la AristóteLes.11n En la Ética a así pues. 1 1 13b6. De hecho. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. 1 1 O. Nic6maco. unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. tesis doctoral. 357b. ponsabilidad. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen. 1 140a 32-33). Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». Gadamer. No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. 32).l 'Wc�cn sei. 187198). At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5). esto es. m. p. la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». Eud. 16a 175. al insistir sobre la eficacia. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>. complacientemente subra- bwúowv. 187-201 . 139-154). Ross. pp. otras lo posible. pues. «lo que depende de nosotrOS». 25. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. I-3. t<p' T]�ttv. Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. II. ria no sólo al sentido común. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. Rept íb/ica. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. 108. pues el sujeto de la conclusión es 107.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. el plural a la situación del hombre en general en el mundo. 4. Cf. Cf. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. 123. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . Tcl JtQó. 1 1 14b 29). 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle.o. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. aunque sea arbitrariamente. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente).ll V e n e( segundO ortiori contingente. 106 la virtud es voluntaria o. también H. 4. Festschrift H. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». la conclusión de E. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe. 1 1 13b 7. aunque se defiende (p. VI.IIJ Este retorno. 1943. Kuhn. LU. y en el análisis psicológico de Vll. Pero no saca la cons ecuencia de ello. Kuhn (art. C. tfpicameote aristotélico. l l l lb 30-32. 1 . Volwuary action and Choice. Robin. Kullmann. 9. op. entendida como elección de los medios... A estos textos hay que añadir Ét. M. p. V. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud. dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. cit. El segundo sentido. cit. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. ahora bien. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo.tiv (Supp/. 136) muestra c¡ue la proaíresis. Nic. puesto que se esfuet7. Platón. es voluntaria. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. Basilea. Tal como hacen E. 508c. Nic. 169. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. tmóvbE tL0t\tE6a) 109. que interpretan así lll. H.q> nQii!. involuntario).108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término.m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. 1). depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). 1 1 3 . 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. 1 1 12a 3 1 .éA� (b 4). 33a 172..a por dar un poco antes (pp. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111. Kullmann. . 5. precede entendido en el sentido temporal. 1 12 Se podrá advertir que. como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. De una manera más sut il. 13. 1444a 20-22.. lo contingente moral). Tucídides. y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa.O téA. Ehat T. R. Él. 212-213). República.· 15. 8) y máS bien tcp' TJf. lll. el cual sugiere. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. como dice aquí Aristóteles. Sin embargo. 29: 8. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. 106. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa. Arist.O 1 12. es banal (cf. 36. t. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. dice. l l . p. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona).. T.. 265. pp. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. que el . 7.. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7.. Aqui. p. 172. que niegan la contin­ de las representaciones. l228a 1. pp. l225a 19. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét.1 1 . 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. 1 1 14a 18. Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. 27. hier wenig brauchbar ist>>. 100) y de Gauthier (pp. 27b.n:go hégwv atQc"tÓV). Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles.

V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. X. Antidosis. por ejemplo. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. Si bien e¡. el hecho de aceptar un mal me- 8. es decir. ll.Aio6at). también Platón. significan originariamente una elección relativa.. en particular. La expresión se encuentra en Demóstenes. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. pero esta no es la cuestión aquí). habiendo bebido el agua del Leteo. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna.. rsócrates. y que será más tarde la del estoicismo.. qllA. J227a 13). 9. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs. profe­ sión: cf. pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. «incrimina al azar (tÚJ(TJ). 14. 1 14. La significación de este mito te­ nía. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. sois 1 19. donde neo. un doble filo. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. Fedro. por lo tanto. y aunque la prueba sea más difícil de aportar. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia. Ét. Definiciones. JtQOULQEttm �í. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. Contra 1imarco. o simula volver. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. en Aristóteles (Meta fí sica. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. RepiÍblica. 70. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. no es empleado �ás que una vez por Platón. Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía. . vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio».<. . "tO'Ü �tou . JtQ06e6ou4u�tÉVov. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7.ou TOÜ amoü (cf. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran. sino que es la elección de la vida misma. 4.ta). 1 4 1 : 48. donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡.. 33.. autoriza­ ría su perfectibilidad. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. que citamos más adelante.QEOlS �í.ovw nQOULQEia9cu. r.t iene un sentido temporal. W. en Aristóteles. Menandro. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. .. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. tiempo la gran tarea filo- sis. 1298b 27). ex. 1280b 38: i¡ yó. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo». sin poder confundirse.ov). aun cuando no nos acordemos y. 2. que invoca sin razón a Joachim loe. la elección ya no es interior a la vida.:t'¡ Oouc:. sería la de la antigua Academia. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. 56. Cf. JO. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr.. Cr. calli11g). . pero que nos parecen suficientes. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. en su Paideia. 493 (�í. una preferencia 114 y.trr¡ ) una vida que. no consti­ 336b. I 26b 6-8). Cf. Monostichoi. al uso popular más allá de una terminología erudita que. IV. o-úbEic:. Política. l. tO� xw()úvou tov ¡tÉU. 23. Cf. del sentido de elección-intención. y es en este sentido (Par­ mémdes. 617d-62Jb.-Platón. no está claro lo que deliberación. 116. 120. no la idea de deliberación pre­ . cómo las almas. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. pues. C!LQWL<. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. En fin. 1 20). s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio.. Esquinio.ov €.117 Entre otros significados del mito.Qeto9m (Aristóteles. no dice Otra cosa). 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. Gor­ 115. 65 (�LOi: . 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. 1004b 24-25). y como ya hemos visto. Ar istóteles. sugerida por Platón. J l8. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor.t. nQoalQtOLc. E>eoc:. vra. en efecto. El substantivo rq:1o�lQE<JL<. cit. Antidosis.115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta. 245b). 10.) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. toü n:f. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. Aquí todavía. Dicho de otro modo. que era el de la Academia. Eud. como ocurre con otros conceptos aristotélicos. ef.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. 413a. JtQOCli. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. justificando al mismo. no se presta a ningún equívoco. ávalnos (617e). Jaeger. Ps.Qeo�c:. Política. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. 1 1 . Beruf. sin embargo. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. 143c). 111. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. 3 1 ss. Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. óv tae» (De offi ciis.

f. l .LQEOLS acabará por designar la «persona moral».tÓVOlb e!. m que parece volver imposible toda conversión. 9. Coloquios. Pero esta irreversibili­ dad. Cf. del cual estamos separados por el Olvido. m. Zcnón. 3. Il. r 123. eucp'lita. que nO SOn ni buenOS ni malos. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. 128. sugerida por el mito platónico. 130. de nuestras buenas y malas disposiciones. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin. . De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. 5 ss. A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. p. Eud. 1099b 18. para expresarla. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. 5. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. Nic. donde todo es transpa­ rente. 5. 617d.. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. en todo caso. �V ayaea. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). Walzer. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. Según la traducción de J. finalmente. Souilhé. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. al menos de derecho. Pero. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. Cf. Gritón (52c). 1 1 14a 32-b 5. 124. Cf. J I 121. Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. Ét. 7. por ejemplo. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. 192). rv. 499e-500a). 10. 1179b 7-16. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). mientras que en Platón el verbo ExA. n. Magna Moralia.éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. más aún que de naturaleza. «la falta es de quien elige». TCQOCtlQEL06CtL. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. 125.f. Es cierto que se da. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. JU. pp. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto.o¡. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. en es­ pecial Ét. pp. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que.126 la idea de Ab. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad. la definic ión del ltQOTJYI. 1215a 8-15.eyó�teOa (SVF.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. 617c. tO. 129. empírica. la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. y la Intro­ .121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección. 7. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas.xA. Paideia.124 hacer en cada instante. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos.tÉVO'U. rv. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡. 1 1 14b 12.127 En Epicteto. . ducción de Souilhé. 5. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad».v. ouvalttOL. dejar esta parte al azar. L. Ul. En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre». 1. una cierta libertad inicial que. 122. SVF. la cual supone una alternativa y una deliberación previas. 129 Ar istó­ teles prefería. de la que Dios se encuentra así exonerado. R. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). II. el término rtQOO. 126. a la decisión razonable. En este sentido. 2. que enderezar uno malo. 23. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva. X. del destino o del azar).. 3.ye­ aem. Lo cierto es.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. 8. Ét. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. U. Cf.123 no sería una astucia de Dios. no podía más que ser contraria a l a idea io. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. l. contrariamente a la prescripción platónica. 127.la. T. 1. 103-104. eA. La idea. N.EOtl . sin darnos la obras y en el tiempo. Nic. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson».. 18-20. en él como en Platón. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad.

Oé.. no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente.:nu'tov. En la t. § 2). algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. Cf. nota siguiente). en lo cual hay que ver de nuevo. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles.os es una de las constantes del pensamiento griego y. ni total­ u Janus bifrons. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora.de R. 131. TI. 1 1 85b 38. 1. 7. y el cpaüA.w�. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet.. no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. se encuentra humanizado en Aristóteles. 119. 1 .137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta.. Diels). l220a 39. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss. la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. «el carácter es para cada hombre su destino». . óge�L. Nic. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. fl. Ni c. la proaíresis. ém:A. Cf.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18).). como ya hemos visto. fl. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I. 1 103a 17. Esta expresión que se desprende del texto.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv. Ét. XXIV). 134. LO. X.tóc.c. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét.léV � : . g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. :n:go ktégou (Ét. 140. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia. btt9u). 1226b 7-8). Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. 6. en mejor. r. donde Aristóteles defiende la te�. J. 132. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción. El único problema. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). ó..132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes...f. Se da cuenta una vez más de que el s. es decir. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. cf.. Su¡. 123). no superlativa. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. cf. 1 179b 24-26. agna dad. La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema.o hac1a el mal. p. no lo bien. 653ac). cf. 1. sean hace 137. � . inf ra. 1..' ETEQO\J 138. 10. sino lo mejor posible. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf.1 1 04b 13. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill. el dicho de Heráclito.).1 1 15a 3. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. drama cósmico de Platón que. 227). l l l3a 15). pp. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral. 2. 135. si se toma al pie de la letra. un 6u11os. 1 104a 33. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor. m 4. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ. Leyes. Él:Égou :JtQO htgou. 139.. 136. ya Platón. il. 216. . y eso es lo que hace que lo voluntariamente. .. Así. y ahora que se han vuelto así.Ita.). uva Oó�av ( 1 1 1 1 b. 1.lta.¡> oatJ. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma.. La dicotomía del cr:n:ouoato. 136 más aún. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. . una �oúA. Se transformará en dogma en los estoicos (cf.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. 131.IO>V (fr. cap. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo.l38 �É/. 2. l lOOb 1 2 SS. Ét. Cf. �oÚAll m�. �OÚATJO't.. 1 . Nic. sino de una preferencia. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. en 1226a 15-17. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . 'H8o. 133. uvOgwJTC. Eud. J l . no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?). n. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia. En la Él.. Eud. comparativa. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. 1 172a 19-26. .llOtS o una cierta forma de opinión. . 10-12). ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22.. 11. Nic. 1 1 14b 3 1 . Oó�a. O'ÓX Ú7tAW\.139. SVF. 10. 6... Walzer.f.. la única luntad. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales. 111. Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. Eud. Magna Moralia. más que otro nombre relativo y no absoluto.. De vita beata. la contingencia. Así.

1226a 7-17. por el contrario. no se puede querer el fin sin querer más o los medios. 10. En las Leyes. n. 16) al fin. Eud. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad. como lo hace GaUlhier (p. 4. de­ masiado fácil. no puede ejercerse sobre lo imposible. 1).oy• OctfiEVOv.Ulva).. Queda que la voluntad es posición del fin.. anim. m.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). 1226a 14. 2. sin embargo. posición de .) (687a trata aquí de la naturaleza. lil. pues el resultado no depende de 144. 618c.. En el mito de Er. animal. 10. Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o. no del bombre. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. y p. 4.. 141.. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc. no puede desinteresarse de la realización del fin. y del individuo que yo soy. 1225b 34. La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. ll..143 La elección. porque todavía no está mediatizada. de manera que un cálculo (aval. bía desarrollado más de una vez. pero A ristote».natov. voluntad del fin realizabl. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia. Ét. 10. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO. del azar. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. puesto que la elec­ ción. la voluntad es fácil. Ét. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen. cf. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. 744b 16). lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos. Nic. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización. 142. 145. como el del fin en el hor izonte de la elección. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. 195). IT. A veces parece que esta mejor elección (x. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. Pero lo que es nuevo es el acento.. mientras que la elección. I. si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. II. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección.o óuvcnóv.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes.éA. Pero este menos es en realidad un más. ouA. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros.) (V. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). Así. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles. a propósito de la elección de la «mejoD> vida.. Platón..Qatlan] <XlQWL�. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible. Hay me­ nos. la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. horizonte de la voluntad. ll. 1 1 ).. Recherches de Philosophie. rv. 10. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así. por una especie de vicisitud. y los medios. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. 687a 16: e jemplo.. la preocupación por los medios queda en el la elección. tov �EA.. En seguida y sobre todo. por �él. ames (JA<lAI. que es también la vida más feliz (cf. 11. es decir.ttw EX T. 6 1 8c. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s). tt. 619a) consiste en escoger la vida justa..ov. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites.oc. 10.uif.oyLl. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ. lll. es decir.Lota. 39. Eud. Eud. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria.OJAÉVWV n.os). l l l lb 20. frente a la vida del placer. y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo . 143. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. La voluntad no es más que voluntad. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor. 142 deseo T¡�í:v). 38.. incluso si Ét.145 Se comprende así que la elección. en particular. oblicuamente Ét. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». n. humanamente no de la inteligibilidad.. «La causalité chez pp.Ó¡AEvov.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales.••• La �oúA.�te superlativo. como traduce.. el P. quedando claro que siempre se quiere el bien.A. al mediatizar la voluntad. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. Él. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible. l l l l b 26-27. Nic. Eud. 742e). 1 1 1 1 b 23-26.. 6. 1225b 36-38).r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y. 4. Oubarle. 1225b 33-35. Por el contrario.EL JtetVlaxoü atQetaflat. y puede ser quimérica. Esta distinción del fin y los medios no era nueva.(lJV <'lt1Vatwv &. sobre todo (¡.152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general. Aristóteles . No pensamos nosotros (Ét. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general.

Kevi]v 'X. . Política. pero todo el mundo desea estar sano. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. .mc.Qettei:a8m. etc. 133lb 26-38. Filebo. adaptación que no está dada inmediatamente.)» .) de realización a partir del fin a realizar ({)l(. x.A.) no parecía despertar ninguna dificultad. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. 962bc.�/. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. l.152 Dicho esto.o n:óc. se hac� dano � . etc.tmc.at €maní ¡.etc. 467cd. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio. n:Qál. arnesgar su vida. Pero Aristóteles va aún más lejos. como pasa en medicina .154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin.A. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin.146 Nadie qtúere tomar medicinas. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). mismo. 154. sociales et politiques de Platon. contra las explicaciones mecanicistas.tcpwvei:v). pero muchos quieren enriquecerse. 1. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. 687a 12-14. xat -cae. ciertamente. -eo 'téA. igual importancia a la voluntad del fin y la 146. por el contrario.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación.150 lo OLetcpwvei:v &. aniesgan su vida. P. Les idées morales. cuando actúa injustamente es decrr. -co 'téA.149 En los tratados de biología recuerda. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. pero se ha puesto un fin malo. de acuerdo (evMxHm yó. cuando en realidad quiere el bten.ai ¡tawtav ( 1094a 21). Platón recor­ ? a la inversa. Leyes. el medio por el fin. sostiene frente a AnaxágoraS.os). 10. del f i n supremo. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. Gorgias. .Q taü-ca xat (n:Qoc. Y por eso navegan. !bid.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien).oc. 151. pues puede suceder que el fin sea bueno. 149. J094a6b 7. Lachieze-Rey. que es más fácil explíca� el órgano por la función. . -eo -céA. Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente. 152. 14R sm esta ordenación al fin. en última instancia. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos.. el deseo sería vacío y vano.1>� elección de los medios. sobre todo en sus tratados éti­ cos. . su bten) y que. 150. pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo. 147. anim. XII. cf. Vfl. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o. daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud). 153. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. IV. 687a 8-18. otras veces se da con los medios apropiados. en efecto. volviendo bueno lo desagradable. 'tetü"tet a¡. Aristóteles se preocupa. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. Eutidemo.¡. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines. Cf. es decir.. que es la Idea del Bien. el fin y los Se concede.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. 13. finalmente. es decir. 290bc. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. y lo que queremos no es lo que hacemos. los medios a la vez. 468bc. xat <JU¡.ot. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. Part. 54a ss.cpó-ceQet X. nadie quiere navegar. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta. es dectr. así. erigidos en momento separado. . dominar estos dos ámbitos. es posible. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. Y que la admi­ . a la vez ontológica y axio­ lógica. 148. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. pues. téxvmc. tomarse molestias..

taQtávet. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. mayor que la dé la concepción. 10.159 y en eUo no hay mérito alguno. Nic ITI. . a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. «es todo un trabajo ser virtuoso»). Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios. 1 1 13a 15 Eud. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes. El medio es. orde�ados segtín el exceso y el defecto. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡. que la meta sea mala y los medios correctos». (Política. si se quiere que sea moralmente buena. la adición es inge­ . ss. ov&atov e!vm. sino un problema técnico. es contra naturam. que se ejercen en el mismo ámbito.. l l .Ub ·wo (Ét. 6. desinteresarse de la realización del fin es. Nic. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia. Vil.¡ev yó. Nic. 1t:aQa cpúow.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162). a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. corregido por el palabra es asunto de deseo. ¿Hace falta concluir que todo X. 11. por asf decirlo. l l79a 35b 4. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. 1 1 13a 24). EQYOV �mtv. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho.ov A. en el límite.Q xaA. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. 9. Es que la voluntad quiere por definición el bien.• xaxoü (Ét. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral. es decir. la voluntad del bien real (lll. sino que exige que se haya nacido. en cuanto tal. 10. Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡.v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. ogeó� y 6La¡. Esta nota es c iertamente apócrifa. Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y.• 'H f3o\ÍATJot. que le aparece como bien.)». q>\ÍOLV M Y.160 158.A.. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U. aA. para un lector moderno.enóv EO'tl TÓ. Eud U. sino ser torpe. también (xat llQyov tcrtt 157. qn)oe� ¡. 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS). parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. 158. eúq¡vta. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8). Ét. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. 10. lll. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno.. a&txot. Por lo eox�. Si la habilidad no es por sí misma una 155.tp:at. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. Oú yÓ.vat 'tÚXT). Ét. 156. 5. 1227a 29-30).t6. 1227b 20. 'tO &e cru¡. cometer una falta moral. Cf. son ambiguos) en el valor moral de los medios. m.Q demás. 1tUQÓ.taQtáveLv. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral. "tOLUÜ'ta vo�om. truos n. Ét. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). virtud. 11. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. 12. pero no (si bien Jos términos que emplea. 1099b 19). notfjoat �ta>.. Sobre esta tesis socrática. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención. Esto aparte. infine que la pru­ 1221a 12). 1227a 18·32.. con un . wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo. 6. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución. es ciertamente condición suya. Eud. que encontramos en la Ética a Eudemo.ó. Si la voluntad quiere el mal. 3. 160.. Nc i . y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio. moralmente indiferente. cf. 1 1 14a 13-14). cf. Ét.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin. a la inversa. como pensaba Pla­ tón.. . Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡...A. !0. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. ll.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. debe ser técnicamente conseguida..) (T. El problema planteado aquí no es un problema moral. 1 3 3 1 b 19-21 ). loso.

325-340. Bréhier).. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). que es ru� rsalmente bueno. T odos Jos hombres mal. 162. a . porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad.163 disociación que no babóa sido posible . guiada por la elección del bien.JIIl (�oúf. sino por su elección. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar. el texto de m. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado).eo(:kXL . pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». Ahora bien. Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I. El mal no esa en el fm. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. srOLe. m.aA. 7.u:v "tt/.164 En otros textos. pp. pes � � 161. 31-37 y 79. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado. z. td. en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza). _ .ÓqJÉALJlO)» (Ét. Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. D. 12. ¿que f�era del fin. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos. 7. la voluntad no es responsa­ ble del mal. R. _165.ci). . en efecto. que seamos hombres naturalmente constituidos o. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. en Aulour d'Ari Cf.. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto. Nic. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. sólo a trata virtud der. 20-23. que es otro nombre del azar. Cf. Se trata de textos.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. Ni�. JI. pp. n. J 144a 3 1 -36. En fin. 1 J47a lll.. pp. sino en la impotencia de t � � _ los med1os. sobre todo Vil. por�u� el bi�n no es inmediato. monstruos. 15. que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. después de haber dado . el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce.. The ['lulosophy o fAristotle. J: AUau. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. Gauthier. �lanentc todo el resto (1:a � queda. p. o quiere el mal y no es responsable de él-. smo los med10s? Asf. _. al contrario.:s. «Tbe practica! syUogis111». Pero. ni de la acción. Cf. JMt.o� qNOLxóv). pero. puede querer mal el bien y. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego.. l 143a 35-b 5. 1 162b 35-36). donde Aristótelo.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente.. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. entre estos dos azares. la templanza es una virtud). Et. El momento pro­ piamente ético no se sitúa. 106). haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. _164. pues. La .63. sino. nos parece. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. sino entre ambos: la elección razonable que. m1smo �n el que absuelve a los hombres. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad.de Aristóteles. pero que el valeroso (cmou6atov). 176-178.-A. hay lugar para la deliberación. pnnc. escoger cada vez lo menos mal rela vos. 434a 16-25. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. Por el contrario. emos visto que eI análisis de la. 2. De anm sica. deliberación y de la elección. el cual no se deja reducir tan fácilmente.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. 1:a x. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). VI.. 144. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é .tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. por el contrario. cuyos límites marcan. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos.. Vlll. morale d'Aristore.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. queriendo el bien en general. a poner en tos medios L<><!o el del mal. 1 1 14b 18 ss. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. 6-7. De motu ammal. es cierto. o es buena y quiere el bien. 13. 5. disculpando a la voluntad. J . la elección y la acción del hombre. mas que pot una revelacwn. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. smo porque lo quieren. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar.

hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. 166. como se ha advertido. propiamente aristotélico de «elección de medios». p. En fin.). reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica.·acta del acto te1minal de la decisión. p. la elección va precedida de una larga deliberación. En el mismo sentido. 177. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. 331).·a parte. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo). a la inversa. las dos premisas. p. en todo caso. del libro U de la Ética a Eudemo. ibid. un minucioso análisis. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética.. pues la causalidad for­ mal se conoce. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor. entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. Por ou. Gauthier-Jolif. 173. Kullmann. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». 9.169 En este sentido. Autour d'Aristote. 170. 172.a.. pues."' Pero esta interpretación. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. Cf. Gauthier-Jolif. y que no tiene nada de silogismo. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. 338. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. se encuentra ya en Platón (Fedro. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar. mientras que la causalidad eficiente se ejerce. pp. 36.. sobre todo. en Autour d'Aristote. p. de los caales admite que son posteriores. 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. 177 y 189. ciertamente. 1 l. de un principio extraño a la moralidad. Por lo demás. citado por Al11n. en Ét. p. 169. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. del alma racional. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. E. la con­ clusión es inmediata: por el contrario.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. cit. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). y no científica. ()ó!. 1034a 30. I.. 268a27ld. [bid. nente». 1.. 22-30. !68. l.o que debe ser la verdadera moral. 210. por el contrario. id. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre.. que no se discute aquí.'66 Una diferencia no menos importante consiste. p. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. una vez establecidas. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y. Allan. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. y que la vútud del deliberativo. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. . Desde este punto de vista. Gauthier. Tlze Philosophy o f Aristorle. art. sino de fondo. Pare. Allan puede hablar de un progreso y. Se plantea. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. p. es decir. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. anteriores al libro III. cit. 171. op. en me­ nor grado. depende del resultado. lo universal es inmanente a lo particular. fruto de una elaboración ulterior. 639b 1 8 ss.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). ahora bien. en realidad. Hay. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda. 167. hay que J. porque. 177... donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción. pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación. dice. Jbid. lA morale d'Aristote. anim. la prudencia. 210. Nic. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. Pero. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. Cf. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. p. En el silogismo práctico. 121. para volver al sentido etimológico y. tal sería la tarea de toda moral. silogismos dialécticos. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología.

IV. 685a 18. cf. 1. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. por­ que el mundo es limitado. menor mal y a dos tercios de feücidad»). ¿en la aventura o en la absten­ ción?. el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas.en este mundo y que. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). 9. Eurípides. fr. 48a. su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174. pues. En este debate dudoso entre la forma Y la materia."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces. como dice el proverbio. 10. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección. pero no la existencia de lo particular. una vez reconocido lo particular. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. de una disonancia posible entre el fin y los medios. entre la determinación y el infinito. el discer­ nimiento de lo particular. . como más tarde Leibniz. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible. Vl. La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. VI. No hay. 1 1 4 l h 15. 176. como dice Aristóteles.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles. v. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». Para el esquema universal-particular. 1 144a 7-9. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. .13u D. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. es decir. cf. entre Dios y el mun­ do o. ocupar todo el campo de lo posible. 1 142a 14 aÓQLOl:OV. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. anim. que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. cf. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. Para el esquema fln-medios.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI. le parece más humilde. . y Aristót�les no puede hacer otra . tan extraña a Platón.rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). en general. nA. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. 4. tructura del mundo. Part. 9. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. IX. / jigenia en Aulide.. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. lo universal se aplique necesaria­ mente a él. conocemos ya el nombre: la contingencia.174 quema universal-particular.oüv -ca €"-áx_Lota A. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ». 55. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. un caos que tiende hacia el orden.' 1 1 la determinación y. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. m. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. entre lo «mejor» y lo «necesario». Nic. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario.. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. 672b 23. b . 13. etc. anim..eyes Las Suplicantes. Ttr!'eo. 9. 27 P. cosa una vez más. 13 W). que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más. Sobre esta opos ición. vv. mlo. sino. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. . 442 («Punto de partida exento de dolor»). qJcwt. 75d. . La presentación silogística del proceso de la acción. «lo mejor y lo necesa­ rio». Pues aunque. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. la prudencia de la sabiduría. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. Pero de este infinito. Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. Es un medio contra el caos y el orden. Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. 12. a la que hay que venerar más que a Platón. este Gen. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. /. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. 177. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales.. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. que conclusión. 858a. U. conscientemente. 8. 1 1 . Platón. en el es­ Juntad por el Demiurgo. 717a 15.. 177 175. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X.

como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. mtelecto y sm pensamiento. J025a 6-13. pp. que es meritmia. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. El libro m. � �3. veces.axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W .'sJ 178. 8. sin hacer violencia al lenguaje. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación . l l39a 23. prectsa que tampoco hay elección sin . S.. Nic. esp. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. tóteles muestra 185. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:.'s' y si piración arbitraria. si la pmdencia es una virtud. . bre el papel rector de la dialéctica). Gorgias. 1 . Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. vr. nstotle's "ProtTeptricus">. D. ni mucho menos el de virtud-ciencia. aveu voü xal Otavola. Eutidemo. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio . Cf. En la (aq:>QÓvwc. que «rema pero no gobterna».178 no es extraña a la acción que dirige. tl39b 4-5. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. cte �do que. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0.179 Por otra parte. opuesta a la . En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda. . Nic. Mansion. Platón. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. Por el contrario. cf. de la ciencia. lll. 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest.. Sin embargo. por op?sición a la sabiduría. 290bc. t'tiJ. pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. Et. Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. 20. 507e-508a. >1. 37. ni por lo demás en la de su carácter intelectual. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. por ejemplo. la sabidur ía. stn dtspostc�ón mo �leccton .' 1 8 1 . El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. 15. IV.t'Y)) t pues. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. Jacgcr­ . como parece baber dicho Sócrates (cf. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. pp. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. 1246b 6. ..'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante. denominada sophía o phr6nesis. 184. �O'IJMUtL%rJ . Mer afisica. rruco de «dtsposlctón moral». más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ . Mon�n. 5. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y. Hipias me­ nor. 4 W. f. 126a 32b 2). �es. dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento. 2.). todo el capítulo 13.164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3. «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). D . phrónesis.óyov xai< )�avol u� (111. IV. sería una especie de sabiduría práctica. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. 182. 2 . 441 y passim. Por lo demás. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . Platón. en la afirmación del carácter práctico de la prudencia. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. 1 14la 21-25). . la Reptíblica. IV. 5. l J 13a l l.184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. peta A. que no Jo es: así pues. VI. por ejemplo. �bt. miente involuntariamente (VI.·al. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo. so­ VII. vr.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960).. 29. J. 56 � ss.. 2. 1249b 13-15). 47bc. consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría. 13.. 180. sabtduna teónca. 1 1 39a �3. 1 1 1 l¡¡j 6). sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. la arquitectura).. �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . 7imeo.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. que evoca una virtud.Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. 185 ss. por una parte. pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. Menwrables. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada». el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. beraewn que del corolano moral de la elección. l a cual. de la elecc10n. ÓQEXtLxós vuü. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca.o �1. n9. era ya indisolublemente teórica y práctica. que es especulativa. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . no por ello es una ciencia. 2.

interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. en VI. Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella.L�): Ér. en:tOtfÍ¡. VI. es sinónimo de bien.. el acento ya no será puesto . 5. sino sólo del conocimiento cientí fico. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. J26a 8 13. Aristóteles no dis­ lla que.. 34. 1stoteles. Ollim. En la crítica del intelectualismo. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. 1 196b 15-33. 19·1 188.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. VI. Eud. Eudemische Ethik und Meraphystk. 129a 1 1 ss: 5. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. 2. 5.L. Pl�tón. � <<hay una vutud del arte. 2. a diferencia de la parte científica (Emm. que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. tienen poca importancia para nuestro propósito. pues. 1. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. Nic. 2. las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles.. . solamente mtelectual ( l l 40b 28). había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual.190 . en Ét. 136 1 1 .187 no del alma razonable. IV. no se delibera sobre lo necesario.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. 1246b 19-23. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. 5.Lóvov). este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. �ai. pues. 2. la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes. en un pasaje célebre de la República. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. Cf. El �asgo más . sino otro género de conocimiento». 14. es decir.Ll'J. p. 1 J40b 22). Ét.Q EOll. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis. Aristóteles.·r¡!lovut v). 147b 32. alló yévo� allo yv<.Í>OEW� 187. Aóyou ¡.. '88 Así.'9?. que son. VI. 1 1 39a 12-14.¡.186 Así pues. se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de .. 475e-480a. von Arnim. Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. como pasa a menu­ (&Qe'ti)). V .en el interior del alma razonable. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. 19 8. recuerda Aristóteles. 1 140b 25-28. Port. particularmente numerosas aquí. Tópicos. 1208a 10. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . 191 Ét Nic. sobre la neutrahdad moral de la ciencia. sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente. . trata sobre lo contingente. La ruptura con el do. pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. l. debería ser.e"tó Magna Moralia I. 439d y l o s textos citados por Joacbim. Magna Moralta. 138a 34b 2. para Aristóteles.oyl�eo6o. V . 11. Vl. 13. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética. Aquí. Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. Se dirá que Platón. � ¡. 9. pero no hay nmgun . Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. ovx. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. H. :mora (a:n:obeL!.::. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. Repúblico. Ét. VIl. Por el contrru"Io. ya sea esta acción moral o solamente técnica. 134a 4. 12. Nic. . 192 VI. 10. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. pero tambié n virtud moral. un saber moral por él mismo. 5.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. 189. IV. más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento. sólo dice que esto no . 1 I39a 12. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. Nic. 8. es decir.. 13. ( 1 246b 35-36). Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. 'tl'X. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general. 1 1 4 l b 4 ss.. S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia. _ : ? 193. 6. ó. ¡. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento. a de la prudencia>>. Reptíblica. de la Ética ¿Cuál es.Lt. sin embargo. 190. 1 139a 5-12.liberativa del alma . y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. 'Ageti¡ yá. 7. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto. 644b 22-64)a 4. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí.. sino de una de sus partes: ague186. el do­ minio propio de la acción. sino de la razón.

Ó<. no es entre la diánoia y el noús. 4. l l 39a l . la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. pero deliberar lentamente» (VI. Sobre esta expresión.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente.. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. donde la y de la Oól. VI. cuya conclusión es la dóxa. Resumimos aquí este último pasaje. Aristóteles da a técnico: así en VI. Así pues. 1..) son voluntadas (bt-OVOLCl). ITT. III. Ét. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). medio apropiado. según los diferentes momentos de su operación. Magna M01·alia. l l l l b btá. 194. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado. De 1 O. pp. 2. cf. 1 1 40b 34 SS. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia.. si no es en la captación un f de lo particular.. <irtagov). y &távma de manera equivalente casi siempre. Filebo. ocasión favorable y. Eud. 3. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella. VI. y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. 1 I39b 16. 189e. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás. Pero si se entiende por vo'Üt.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. VI.Óv). la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». Ill. 13. . Sólo en estos pasajes. de una manera general. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. 35. cf. como todas las cosas. En revancha.. Ét. la opinión. cf. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. por opo­ vo'Ü<. 6. 263e. Cf.196 puesto que. 2. 1 J40b 26.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. I.. a es el diálogo interior del alma con­ 197. 38ce). 1 196b 27. VI. como hemos visto. Ét. lO. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente.. 12. ¿en dónde se detendría. 205.óyo<. JO.LQEtL?<.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). Nic. l. 433b 3. 7. sino que afirma o niega 198. 1 1 12a 16. la cual no sólo duda. l098a 5.� 199. 1142b 6-15. Sofista. Aquí todavía.. 1 142b 4). el eco de polémicas internas de la Academia. 1 1 03a 3-7. I. I IORh w encuentra en 10. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación. voii. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. vór¡ OL<. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<.194 deliberativa <Bou/. 196. República. 5. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. logismós.. 1143a 28.. 203. entre la discusión y la intuición. VI. la captación inmediata de los principios de la demostración. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. VI. Magna Moralia.n¡ 9-10). A la vez hombre de pensamiento y de acción. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues. 327-328. Cf. 5. Mientras que sición a su aspecto intuitivo. Dirl­ distinguida de la meier. n. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. que emplea los /. 6Lávmo.. ·202.) que lo demostTable ni sobre su principio. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. 33. 27. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. une la minucia y la inspiración. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición. cf. Nic. y OQE�LS Otavorp:txJí. II.20' ahora bien. 1226b 25. lugar oportuno. Vl. Cf.: asimila ÓQEXtL?Ú><. 35. tenga m. Et. 204. l l96b 16. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. 4. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf. lO. 1 143a 25b 6. expresado por términos de vo'Ü<.. Cf. 195.2M Si se entiende por vo'Üt.at�<. 5 1 ! d. La diánoi sigo misma (T eeteto. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión.. Las decisiones bruscas (tu el. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<. anima. 6.a. 201. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia.

que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar. a la significación popular de estos términos. haciendo (yvW¡. vou¡. VI. supra. 137. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia. 151. la virtud moral).). Ét. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar. más allá de la Academia y del propio Platón. voi. 12.óyo'U.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma.). como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos. igen de la re­ 213.Ei eivm re (ln:c�. Cf. 12. 6. 212. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad.ta parecía referirse a debates internos de la Academia. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal. en una especie de apéndice. Ahora bien. Segl'n la expresión de J.207 Pero. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. en el sentido corr iente del término (es de­ cir. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A..: (ito x. Eud. Tricot (en VI. J 142b 2-6. <pQÓV'YJ O"L�..a<.0. p. reducido a sus demostraciones. Ahora bien. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. 21 O. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV. Cf. VI. p. Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s.t'Y) ). esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio». La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. particular. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero. Cf. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje. 209. 1. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. antes que al sabio o al filósofo. VI.óy�)». pue.óyo¡. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. 508. En relación con el estudio de la phrónesis. 1143b 9-lO: (iu) Y. como veremos.t'Y)) "tÉXVJ]..la. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos. lO y J I ..l�). en 206.. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes. l250a 30-39. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios. El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad. que. ¡¡tv oMd�).'Y). 1248a 27: A. 298 y 302). exactamente como para la phrónesis. vr.s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas».. pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores».208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud. 4.oyrxó¡. r no está aislada 1:11 AriStóteles. 14. 207. 1 143b 6 ss.213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡. . n. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza. En realidad. Cf. 208.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. 89b 10-15). largo tiempo alabadas por la sabiduría popular. por lo tanto.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. es meritoria. pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. Platón. 2 1 1 . y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios. cf.ZC. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla.. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular. 413d. es decir. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. Vli.. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos.óyov 8 UQXYJ o'Ü A. l a tra­ dición aportaba al segundo. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante.a.at <iQx� 'X<tt téA. Evoo'UA.211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría..16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. ya sea Ulises o Pericles. 976bc. Finalmente. se pierde de vista su valor moral. pp.at qYuOLxa (ioY.l�. La filosofía es laboriosa.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡.

El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando. siendo hombre. 1 143a 2 1 -22.t. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv). sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que. lo sensible bajo lo inteligible. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar. que puede ser violencia. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración. alidades físicas 217. Por -rwv ytyvoJ.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�). por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. Ahora El hombre de (Euyv<Í. de reconocer sus límites. la de necedad a la de inocencia (cf. inocente. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas.l:L'X. (EXELV yv<Í. siendo sensible y singular uno mismo.tl') yv<Í>¡.i¡ ). 215. 1 143a 20. VI.oüs 6Qei¡. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. Cf. pues. viviendo en un mundo impreciso. cuando este juicio es recto. <JUyyv<Í.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo. 22l. El hombre del juicio.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. V. l84. óQei] 6'lí . es decir. es. «La prueba es -dice Aristóteles. queriendo ser rigurosa. 219. no imponerle la justicia demasiado radical de los números. el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero. una determinación intelectual y un predicado moral.r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero. En el Cratilo. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica.»221 República yv<Í. 165. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles.t. 220. etc.t. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. 223.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia.e. ' H M ouyy<Í>¡. lo que es lo mismo.r¡. no son objeto de la mívecns. e'IJa-ÚV€1:0�). es. !bi d. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. 219 ahora bien.). 222. ni sobre nada de lo que deviene.tivwv hay que entender las re que. cf.T}.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien.t. 216. Cl·atilo. &eLvós. necio. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X. pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat. de comprender. y ya en griego eúr'¡9f)<. 218. cuyo origen está en Pintón. 4 1 1 ad. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». Más aún. Cf. En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental. no se libra de su deber de juzgar.2'6 más aún. p. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. n.) e inversamente. en tanto que físicas. Al rigor de la ciencia. como una especie de la phrónesis. sobre un Saber trascen­ dente.t. L § 2. 214 y en la Filebo. ni siquiera la del físico.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual. lntelectualismo todavía. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal. Tiene. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular.>¡. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral. lo equitativo opone la indulgencia del juicio. 476d. 1 143a 4-6.r¡v). Sobre esta oposición. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. cap.» 223 Así. tener pen­ samientos humanos. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)».>¡.. 19b.>¡. siendo mortal.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. a lo geométrico.>¡.: malignus. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab). Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable. 1 143a 8-10. es decir.). el mismo dominio que la prudencia (es decir. 1 1 . Así.>JA. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles. Segunda parte.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español. la indulgencia (<JUyyv<Í. 1 143a 2-4.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í.

Platón. quizá involuntariamente. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». pero humano también por su atención al hombre. 6. pp. B. a diferencia de yv<Í>¡. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens..224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. T eeteto. tiene una «significación puramente teórica» (p.tYJ. 38. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. Aristóteles hace revivir.tYJ. p. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. yvwat�. en que se resume los lfmites. Filolao. y a en la filosofía presocrática. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. fr. 177. cf. remite a He­ ráclito. 3 1 SS. de formación más reciente. n. Al devolverle su sentido arcaico. 1 93d).t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡. . humano por sus límites. fr. sino por sus límites. la vieja sabiduría griega de 224. 1 ) apunta que.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. está nal le había reconocido siempre un valor moral. cf. 56. ibid. que Aristóteles no yvw<YL(_.. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica.

X. Hüffmeicr. Nic. ARISTÓTELES. Él. pp. Die Entdeckung des .. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. cpQOYtLtcLV. 464-465. ci)cpQWV.. etc.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. o<. Hermes. Philosophische Untersuchungen.-. B. al verbo cpgovEí:V. pp.Ocpgwv.taxaváv. l. �tov &eávatov o:rccii&e. lll Pí1ica.l. q>i. 89 (1961). vouc.. Sin duda.. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie. 109. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif. etc. 7. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. sobre todo. Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta. Berlín. 1924. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. como hemos apuntado. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica.M:t 'ljruxá.el ¡.1 10. sino en la phrónesis de la tradición. PíNDARO. cpQÓVL�tO<. 1 177b 33. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos).:at &Oavati. 'E<p' ocrov tv&éxe-. vv. a completar ahora con F. 29.¡:rtQaxtov <'ivt:A.M�. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum». y.ew. tav &' E¡.La.

Berliner philologischer W ocltenschrift. pp.del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. pp. Se encontrarán algunas indicaciones en M. Así. nota cap. tesis doctoral. Diels). Die etische T ermirwlogie bei Homer. 79-125. 396-406. r. 16. pp. pp. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. B. Bollack. l009b 12. se ha podido observar7 que. The Origin o f European Thought about the Body. 426-429. 1935. 38 (1943).E. la 7. Munich. TIT. 2.l. § 10 (a propósito de Empédocles).. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. p. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. entendido inicialmente equilibrio. • • que otros términos. pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. pp. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. Pero Festugicre pone en duda con r.). 49 (1929). El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. 223-242. 427a 21-29. G. J. m. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. función m p. cf. 163. A. p. 8. «Noiís. Festugiere.. en especial <pQÉves. Diels. 19553. B. 1914 (esp. y la sensación. pp.. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. p. 40 (1945). 396 /bid.4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. Ylll).5 Dicho esto. 23-43). 396. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. Time and Fate. Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. cit. La phrónesis es un pensamiento. Metaft sica. T. Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. 34). 1 O. tesis doctoral. De anima. Kumsemüller. como lodos los substantivos en -me.tZ. que no eran precisamente «empiristas». cpQÓVY)OL�. R.. <pQÓVllOLS no designa una cualidad. 5..ón este «primitivismo» de Homero (art.10 6. Museum. de estos términos (por ejemplo. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». Class.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides. von Fritz. lo (Die Entdeckung. cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». pp. 8uJA. por oposición a voetv. 18 ( 1929). Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. cf. cf. aun cuando límite.G. que hacían de cpgovei:v.. atQEhJOL�. 3. Cambridge. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». the Mind. 19). vou�. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS.). 9. los términos <pQOVeLV. Teofrasto. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B. Loew.. Tubinga. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. el pensamiento empír ico. p. Hof fmann. n. (resumido por Onians. deux . 54-57).). \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz. Jounwl o f Hel/enic Swdies. esta vez en sentido positivo. un pensamiento intelectual in­ cluso. Siguiendo Metafísica. en el poema de Parménides. K. L Webster. Según Onians. <pQOvetv. .. 5. l009b 12 ss. y 113 ss. Odi­ sea. 56 (1953). etc. Hamburgo. Aspek l e homerischer P s ychologie. Empédo­ cles. 77 (1957). sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. E. han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. Onians. 401403). para la interpretación de este fragmento cf. 3. 149-154. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. art. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. Que hayan tenido primero un significado concreto. es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo. o al menos cómo. tesis doctoral. 108. hay que preguntarse por qué. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. mientras Geistes. p. Kiel. 103 ss.actos o cualidades de pensamienro. Se admitía generalmente: el diafragma. cpQÓVY)OL�.Ó�). . <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». cit. <<Sur Class. Philology. PlambOck. varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. por lo que concierne a <pQOVei:v. y también del pensamiento. «Das Lehrgedicht des Parmenides». juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón. from the Beginnings to Pannenides>>. pecie de olfato sensible. en último término J. Conviene en efecto subrayar que. de Parménides (fr. Rhein. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. 8uJA. que designa el diafragma o Jos pulmones. pp. derivado de <pQéve�. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. 1951 (sobre <pQÉVES. etc. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. 244). intelectual y práctica. 1959 (sobre cpeovetv. Anaxágoras. y. O. Philology. voü�. que <pQÉves significa siem pre pulmones. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. pp. 4. 401. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. por extensión.Ó�. Fesrugiere. en breve. Sin embargo. the World.

Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots. 614b �8.. anim. Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. 77 ermlichtnis der Antike. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico. 1 1. R. 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv).les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. Fr. 1. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). Diels. El coro . apodera de los atridas (Electra. 70 (1957). o más bien 'tO q. 106). 12. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc.. Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. Gen. Pero cuand .tm. corno veremos. 'tOV 'E�tJteboY. p. Philos. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. Gotinga. 981b 25 ss. 196'1 . lOOOb 3 ss.. fr. cf. JO ss. 30. . cf. 9?e en el leng�aje de tual.lÓaÍ.E. 56-71) y de Homero (llí ada. En la jerarquía de las func10n� . 7. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . XXffi. quieran o no. r. no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? . En un fragmento restituido a Heráclito por K. fr. 1 14la 27. VI. 13. sino que el pensamiento es el mismo para todos. . de la cual Aristóteles . Todo lo más Heráclito.tov_. sino el sujeto dotado de phrónesis. en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. 9.•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis. mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil). Hist. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. pp. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos.qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15. B. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. 698). 404a 29-30). sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que.. 9 en do mclut d10. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. Reinhardt. el Estagirita no dudará e� pre1a. phrónesis. . al tiempo que poco después Anaxágoras. ca.se. 6eóv. a 753 2. pp.wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡). 5. si bien en oro a:n. Hermes. 68-71). De anima. Pero si nos remitimos al contexto. 1058). el fr. Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq.m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. al . 29. que él es el que reúne. en Empédocles: cf. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. Cf.180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. 488b 15. absoluto (sentido platónico). phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. espec que esis. fragments de Parménide». divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�.J-ei: ye xa� Ó. 980b 22. Metafísica. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. 1 . Leipzig. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. 4. por debajo de la experiencia (EI. es el de los médicos hipocráticos). memoria» (en . «como si -comenta Aristóteles. 1 074b 22 ss. extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. p. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis._. Nic.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa.asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. en un lógos que les sobre­ pasa. De anima. anim. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta). . A. 1. 1 ss. Rev. en lugar de captar lo que reúne ("to l.). que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv.. 1960. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. ca.13. 1. 1935. 2. Ramnoux. [)(. ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. 1\.to�) que los otros seres. 1. ( 1 942) pp. 110. 16). Según O. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. puesto qu�.los delirantes (n. que no quiere decir que todos los hombres piensen. 16. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. inación (<pavtaota) Y !a.. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal. 1. Diels.G. s cogmuvas la 17. 64 y la traducción del pasaje por C.5 Por el contrario. mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. 2. 25.. ill.¡góvq. 1 1 6.vEL &' Metaftsica. 10.uvóv).avm). 1\. Él. v. 618a 14. y evidentemente muy por debajO .

179.L�L� (fr.. la des­ ('ÜÓQL�).. 74) y Heráclito hada del owq. en este sentido. cf. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro. Fr.22 fórmula que. en no intentar rivalizar con los dioses.tla (República. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. Nápoles. será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia. 45. FaJe. Demócrito dice que es «grande. Aristóteles. 14. 42. p. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. 81-1 O l.). 388. el gobierno aristocrático.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. fueron cristalizando progresivamente en la noción.eovesla). cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill. 1 1 1 7 b 25). M. supra.:r) ). la deonto­ logía. 270 ss. Cf. de Vries. en todo caso. Deflatibus. pero limi ado t y consciente de sus límites.24 actitud del hombre en relación a sí mismo. donde C. Ét.23 sino de un modo más general en 60. Weitlich. de phrónesis: la phrónesis es el saber. Cratilo. p. Sobre esta noción en Aristóteles. pp. un gobierno de reputación «moderada». te en Tucídides (cf. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. 26. entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ. Kollman�. 160bc. p.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis.. cf. cf. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. estos temas. 7.).. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar. Hybris. caps. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico. Mnemosyne. 20. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique». PP· 18�. 5). a propósito de la epilepsia: De morbo sacro. que. 23. D1els?. q. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. l .govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. 24. IV. 64-86. 25. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H .2' No está prohibido. Pohlenz. En el ámbito político oroq. 12-34. l J ( 1943). Die Griechische Tragodie l. «Sophro­ syne». pp. . sición médica entre meier. 69 ss. 13. 1947. Fraenkel. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. 2 0 . p. cap. Es lo el uso de la vida. cap. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»). M. Diels. 1 1 ' Littré. Got inga. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. cit. vida pública. 35 (Hüffmeister. J. 386. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. 5. Pohleoz.go<rÚVl'f ha acabado por designar. Platón. y una calificación moral. especialmen­ La liberté grecque. 1 12. si es verdad que ya un pleonasmo y. La li�erté : grecque. pp. Stark.Lvw8m).a. Vlli. Fedro. La «modera­ ción». pues. tlrt. De vicm (llegt 5uxít'Y)!.owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. el estudio de R. Hüffmeister. también en tanto que atributo del hombre. Así. los demá s hombres y los dioses. 19. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen. . y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. de moderación. en un sentido amplio. G. VI. de entrada bastante vaga. 17. 10-374. 27. del Grande. 59 (1941). 64. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». Utrecht. !bid. teSts doctoral. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J.t.. 64). Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf. p. J. vida privada..'8 Se comprende. si bien es etimológica. que se sabe y se quiere humano. 13-14 (cf.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA. 430e). 1941 (en holandés). Hybns. 1 140b 12. 372. 253d. es el pensamiento. pensar como conviene tal.govetv la agEtrt f. en medio de las desgracias. M. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). o. 53 y o. tesis doctoral. 1922). Sobre este término. Hüff­ cf. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. orocpQOOÚVTJ OCJ)t.. 21. 22. WienerStudien. que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración. tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY). Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre. pero huma­ no. Nic. Es una determinación intelec­ tual. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. Gotinga (Jahrbuch plrilos. F.. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. 411e. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre.27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-. pp. A.EL "ti)v cpQÓVTJOLV. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ.

se podría decir. 193. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites.aLm en Aristóteles. totélica de los «monsttuos». declaro que a mis ojos no hay mi. en lo más duro de sus peleas.Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto. xat &cpeooúvr¡ (De victu. 32. prudencia (q¡Qov�o€L). . 562 (ávouc. (cltl. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. 117-1 18. el régimen de la inteligencia.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr.). el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse. suele desig­ nar. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<.o�). !bid. Electra.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. 1269 (buoóouA. 35.vve-coc.óOVALO. por el contrario.V).io. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles. explicados por una proliferación no controlada por la (República. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. opuesto al Estado sano según Platón <<forma». en su defecto. lbíd. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara. Anrígona. 119). cap. Electra. o en el sentido afectivo de disposiciones. rechazo del compromiso. 33. 429 (&. Diels). de modo general.V � ¡. más opti­ hablar sin faltas. 890 (cpQOVOUOO. Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. fr. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. Sófocles.y yo a otros». a pesar de mi juventud. reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. tÚ yó. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. n. 31. en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas..). La pruden­ cia es. tomado absolutamente. Anttgona. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). puesto que la realidad no inclina en este sentido.tóvo�) .da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡. en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia). Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo.Q e[Qrp.Ú¡. pero.m OLJtAÜ». que pueden ser buenas o malas.29 En tico.eúeoflm xaA. actuar como es debido (�o·uA. 372e) y. Simplemente. fr. trad. Cf. <l)Qóvr¡crtc. supra.31 28. Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien. en un sentido indisolublemente intelectual. pp. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. cf. Pero phroneín. Cf.tm). Hemón. el discernimiento correcto de lo conveniente..184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. instruido por la experiencia. la cura. l056. 36.éyeLV Uf.o). 398. 1026 (MouA. o.t<UQO. 557. id.m ta: 28 el viaje fa­ vorable. afectivo y moral.trJ). '\jmxfjc. Ciertamente. 1242 (MovA. A. la teorfa aris­ 30. 707-709. «la razón y la sinrazón del alma>>. ábrelo: no encontrarás en él más que vacío». de saber.). y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos. 725. el coro. avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. su presunción. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros..LO. el pensamiento sano. comienz. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón.34 Antígona misma es más sensata. 2. pues raramente el ojo perspicaz bí. .). y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf. 29.trJ) innata. de Mazon. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es.wc. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�). phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas. . 754-755 (<pQEvwv xevóc. 1054 (ÚVOL<l).. 34. también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. etc. En otro lugar expresa su concepción.30 Todos estos temas. 35.

venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque. sino. 294-295.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. Al final de la tragedia.. Edipo Rey. puede ser generalizado en la literatura trágica. Medea. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos). La yvW¡. limitándose.tTt -cÉA.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . Cf. seguido inmediatamente por el coro. la paciencia y la seriedad de la experiencia. .186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». 42. que se aprende con la edad y por la experiencia. En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión.v9ávcLV)». simbolizada aquí por Creon­ te. como hemos visto. el rebelde puede tener también buenas razones). este uso de soph6s. no 40.. 2. la tragedia lo llamaba phrone!n. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. VI.37 Así. apela a la muerte de sus deseos. pero todavía incapaz de situar su lugar exacto. se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo. la bwnríf. y parece que 38. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. 1074b 32).ún ). ese «gran descubridor de enigmas».4' que. 3 16-317. que no sólo están vacías. habría que inclinarse ante ellos. preocuparse de las consecuencias previsibles. 782. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto. que se detienen ante las puertas de la muerte. haber traspasado los po­ deres del hombre. el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol. /bid. Nauck).ax. que reconoce que lo racional (aquí. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. /bid. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles. a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. El presente espera actos. . 1347-1353.� 1ttQWa&� ex. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-.. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica. 9. si hubiera hombres que tienen ciencia. aunque inconsciente). de­ (n:o. el juicio -esa de la suerte. heredero suyo. fr. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. l l42a 3-6). las «gentes fuera de lo común». 71 9-723. pero también dejar a los dioses lo imprevisible. Nic. al de­ negar la sepultura a su adversario muerto. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda. sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo. al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡.'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux.I. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. Creonte. 37. sino que son peligrosas.39 Hacer lo mejor en cada momento. A.cyóvt:wv xo. El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !». 9. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro.to. consciente de la enormidad de su crimen. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles.A. 39.i:6o. !bid.42 Ciertamente. Ciertamente. 1334-1335.. para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre. �l. lo que constituye su «desmesura».6L6á. citado por Ar istóteles (Ét. E l crimen de Creonte. 787.t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. que no saca conclusiones precipitadas. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. es cruelmente desprov isto. Hemón opone.eoem aocpoú�)». Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>.' aVrlQ).Ov 'tO ¡. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber.T] A.

l l4la 917. 44. etc. 48. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. 10.).>QOO"ÚVYJ. V. V o rsokratiker. j t. esp. «Contrefavon de la sagesse». F. 16lb. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. 189 de Aristóteles. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet. que es limitado. sin duda. Cf. 172 SS. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. Solón. que es la sabiduría popular. 49. 61 (33) Sandys (= Peones. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov). xmgov oga. 36 (1940). conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). 7b 13). Piaron gegen Sokrates. según parece. 1 .188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. L'ironie ou la bonne conscience. Moreau. «Sagesse». la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. niás que esto. 7. 47. IV. 13. 89-90. Ravaisson. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�. Pililos. oa-w.yána)».. (1961). a propósito de Cármides.>QEVÍ. 2. J.).. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa. 7). de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O. debes saber \ 1 <Jú>q. 164c ss. la preo­ cupación cauta por el azar. nota publicada por P. 8992 (cf. lt(l�Oelav. Platone. 1 . § 92-107. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles. VI. 1 . ama la prudencia (q. 46.>QÓVf)<JLV &. pp.46 43. xgatEi:v). Stefanini. ocautóv. 1. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. Pitaco. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>). 45. Jankélévitch. Bí as.) al ideal dorio del héroe. es decir. cit. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. p. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. E. Platón. p. pp. Diels. Horneffer. Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. Moreau. 1049. 1 0 y 13. Memorabilia. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. 290. por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). ·a pesar del contrasentido que O. Tim. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc. nos recuerda. de la sabidu­ ría de los límites. fr. de la templanza.yav). p. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite.4S En tantes del espúitu griego. Hens. 6. Introducción. En la lista debida a Demetrio de Falera. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica. etc. Diehl). cuyo común denominador era. 133bd. no eran nuevas. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos.• ed. Rev. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. y algo bien diferente: conoce tu alcance. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. que es que eres mortal y no un dios. y segtín otra fuente en Solón (fr. Schuhl. por el contrario. y art.. 3 (Cleóbulo. hasta Sócrates e incluso Platón. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. L. dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m).gwmv). de maest ría. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. La construcrion de l'idéalisme platonicien. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>.-M.5° Platón no dice otra que hace Platón. . Nic.45 a menudo retomado por los ancianos del coro. Cf. m. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. Burdeos. Dirlmeier. Cf. Archiv für Religionswissenscha J. Jenofonte. 2. en buena parte legenda­ rias. yvroflL aatnóv. 4. esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. en Les sciences et la sagesse. Estobeo. Fr. domina el placer ({¡oovf¡c. Cf. Quitón.47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. Cármides. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco. que ha sido conservada por Estobeo. a rehuir la desmesura>>).44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. Antí gona. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. de la prudencia. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. 25-26. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav).eo. en el Cármides. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L). 1 . del conocimi ento de sí mismo. Alcibía­ des. pp. p.. F. 193-201. 1. 50. 42). fr.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ. 1909l. 1950.

f. un verso de Sófocles (fr. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav. tener pensamientos humanos. Lieja.aA. T raquinitUUlS. 7. pp. 821 a. el.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X. su alcance. y no de un juez insensi­ ble». E. �éAl:LO'tE 0v111:Ó.54 En la Retórica. des­ de la Antigüedad. 53. Cármides. Pascal. «Nichts menschUches ist mir fremd>>. sino conocer la propia invcncibilidad (cf. . que prutc¡ . EpÍ FIOIIUS. objeto no sólo de cr íticas. Pues desconocen. Hem1es.. L'lime du monde de Platon aux sroiciens. VI. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. la tonalidad restrictiva de la fórmula. Áyax. Para interpretar el sentido. (111 tv siecle. fr. 77. que tendían sea a exagerar. ll. 2 1 . l l 77b 26-31). sino también de inter­ pretaciones divergentes. . . Platón. se puede comparar con Píndaro. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». Cf.rrmicas. En este sentido. w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo. Es la fórmula. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. Aristoteles. To yÓ. fr. fr. La liberté grecque. J. Moreau. fr. Dérenne. Eurípides. V. Nauck.ss Fórmulas como 5 1 . 427 ss . E. 590. 531. 164de: <P r¡ ¡. Bacantes. citada dos veces por Aristóteles. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. 18. Es verdad que la prudencia griega. aunque en otro sentido. Retórica.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos.ti. . preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio.ov q>QOVcLV. 206-209. «Menanders Urwort der Humanitat». 54. 1. Cf. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos. Pearson (x. los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. 316) (EL 6VrJ1:0<. 346. 799. Terenc io. 1394b 24-25 (Epicarmo. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. 57.. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. quizá estoica. pp. En el libro X de la Ética a Nic6maco. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). Koerte. ya que es hombre. cuyo detalle es controvertido. Cf. p. Coloquios. en particular de los astros.53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. &v6Q<. 353. Le Dieu CosJTÚque. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible.58 A la inversa. 27). 760-761. Jaeger. p. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar.Hl't<Í cpf]OLV xai. 475. 58. Leyes. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). Cf.. 1040. sino positivo. la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. Alcestes. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. cf. sea a atenuar. vrr. esta filiación.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas. toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido. no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo. también fr. . n. Kant. Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. Bickel. pp. Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios». 13r.ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. fr. 20. p. 24). Pohlenz. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in. en la Crítica de lc1 razón práctica. 20: . 99. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. Antífanes. qJQÓVEl). «Co­ nozcamos nuestro alcance». 112-113: Festugiere. Fr. la signifi. Diels). y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. xai. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). 1. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». 72. 289. 1 1 0 .cación literal de la ex56. Rheinisches Mu­ seum. 1 1 1 1 52. cf. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste.. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . 395. Nauck. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov). 78 (1943). . Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal.(Í yQa�ti. Domseiff. 186-191. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir. donde será desterra­ do todo pudor. Pearson). Heautontimoroumenos. 988ab. 168. 55. sino pien­ sa todo lo que es humano». Esta revolución. tanto una como otra. Flor.51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. pp. Kock (Estobeo. Cf.1 1 1 . 91 (1942). Sobre (111 6va1:Ó.en un sentido no ya restrictivo. 59.Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. 1930.ra). y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas. del mundo y de los dioses. ey<Í>.

eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto. 1 L77b 33. por ello. mediante el pen­ samiento. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. cima del cual se eleva el clito. sino el de toda filosofía. Hüffmeier. vv. Igualmente. Es cierto. Ciertamente.6avatt�e�v). v. de una manera apropiada al hombre. cit.. Parménides. pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente.á. fr. PlembOck. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. 3-4.-.Ómva <JlQOVELV. p. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. VII. 6. sino «estar en disposición benevolente».esis 8vrp. entonces toda la Sin embargo. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó.67 Y si Sócrates. Cf. todos los filósofos se propusieron. vv. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. el comienzo del poema de Parménides. y 1 1 3 ss. 30. Aristóte­ naturales. v. 61.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». 1. . sino a toda la filosofía en general. Se ve. 66. Cf. desde ese mo­ mento. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. A Dem6ni cos. más sofista en esto que filósofo.. enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. el phronefn es moralmente neutro. X.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. 14 W. ¿Llamaremos phrón. J-4. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que . en todo caso. Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. fr. <pQÓvr¡ot�. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. tal corno los dioses deben poseerlo.a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. es decir. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que.U el término que se especializ ará en este sentido. si bien por vías diversas. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. 9. xa. Cf. 1. de una cierta manera. Asf es como. a filósofo. 4.60 a sí. 60. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. a «inmortaJizamos humanamente».vOgcómva <pgovei:v. es un Jugar común en los presocráticos. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv).63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». Sobre este uso en los Hipocráticos. art. Cf. Diels. por en­ 64. Nauck: el orgullo. El desprecio del pensamiento vulgar. pp. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. igual el hombre que el mundo o los dioses. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. Diels. Phronetn significa: estar dispuesto.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe. inhumanamente.-[sócrates. por ejemplo. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. 65. sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. En el Ética a Nicómaco. 2. por el contrario.aL. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. fr. 707). fr. si Aristóteles toma prestada la tradición. a la primera actitud. elevarse por encima de los pensamientos mortales. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre».61 y se puede pensar sobrehumanamente. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &. que el tér­ mino phrónesis. es decir. Desde Parménides. les parte de la 60. 216). cit. fr. etc. 14 R. 30).. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei. 1 . 67. 739. cf. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. F. § 32. La oposi­ 8vrp:a O av0g<. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. heredando av9g<. Diels.at. Séneca. 7. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición).192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión. 4). G. Así Empédocles. &. 103 ss. op. Empédocles. también el Ps. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. <Uaeá. q¡lA. en varias fórmulas que hemos citado. Cuestiones 62. 82. es decir. y el acusativo n.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. «pero la humana en los trágicos.

Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). 1 177b 26).T)) la posesión de l a filosofía.V Oeo� Ü¡. q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. XIII.a Dios poseerla.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo.tOQO'tO�. 6). no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios». 247a. no constitutivo. X. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención.formation de la pemée grecque. esp. . a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr. pp. será el tema de uno de los esbozos dra­ .75 y. es su principio regulador. «Adela» (véase p.ional de la 1ilosofía. P ..• cd. 1 89. parece». Apología. Introducción. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie.wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. el «pecado original» de la hybris. Hay. por consiguiente. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. cit. la naturaleza del hombre es esclavan que. por lo demás. xatá xeeinrov � 3 1 7). La filosofía.a). A. A. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. 20d. Revue Pllilosophique de Louvain. ciertameme. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». T .. que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. 2 (Sobre las 71. Plotino l. sentido limitativo de (fr. cf. y . S1 .wm� f :k([>..b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr. 2. Philosophy o fAr istotle. pp. Ét. 2.71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. pp.toí. Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo. según Si­ � móntdes. de «busca(")>. Ir. Ciertamente. J. D. 76. Se ha pod1do. tender a imitar a Dios. Allan. según l a expre­ sión de Aristóteles. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». Ale­ �Ux al. corrige. !J. Diels). Pero.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. p. pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles). 68. Para la posteridad de este pasaje. está tamb1én en el origen del método experimental. cf. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru. a en Platón (Fedro. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. (cf.. no es sin dudas ni sin reservas. Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov. v.-M.trJV. grados en la servidumbre y Aristóteles dir... y no sólo a sf mismo. es decir. repitámoslo una vez más. . es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. la más divi­ na de todas. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. Ión. pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. De tantas ma­ ner a. 122-123. 1t(I)A8Ü¡. Plotino por retomada será y 29e) Timeo.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. 22b SS. 213214. 89. 69. Meta f ísica. n. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. principalmente.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. 983a 3-10. 74. 444-472. por cuanto «meafísico>>. pp. 34. a la mversa. . sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. 72. es capaz». 1285a 20). y que corresponde sólo -o. eeteto 176c. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid. ovxé'tt 0Vr)'t0\. pp. . Aristóteles añade: ecp' como sea posible. Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y.. «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. pero invitaba a todos los hombres. de pesar a istóteles. p. 1833.ÓAL<Jta.vf] crocpí. Si tomamos en serio esta restricción. Platón justifica con ello V.l en otra pane fondo común. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. Mansion. A. Schuhl.74 Ciertamente.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza.LXW'tEQOL . 983a 2. 1. 48). tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. contrariamente al viej? prccept?. Diels). 111. sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. 317). Essai Sttr la . 3 1 6- . y en el que se nos invita a «inmortalizamos». Cf. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. 70. D1els). que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. 73. puesto que XIV. Berlín Metafísica.tUL lose Sclwld. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno. t de servidumbre. p. VIrtudes). 982b 28-983a l. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. cf.. 87-88. 4-5. 1 12. 7. citado ames. tona. en el célebre pasaje que hemos citado antes. en efecto. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. t d'apres Aristo­ Cf. 14. «los poetas son grandes mentirosos». 274. Nic. la Ó¡. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. passim. Demócrito era sin duda más modesto. significa que debemos tender a la inmortalidad. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid. 75. 77. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. 5 1 ( 1953). 1 ) .

tmim. fr. fr. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV. v. Plotino. 8 1 . pero sólo «tanto como pueden». Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza. tradicional en su forma. en un nivel inferior. son sino Límites del hombre y. ill. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar.83 Pero esta restxiccíón. República. etc. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja. en toda la lilosoffa griega.. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). 645. 8. lo divino y lo sublunar. una imitación del acto divino.a 1:0 �uva.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. 6-7. Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps. Po­ sidonio.196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp. tcp' 4> 9' ócr tr¡. incluso si no es más que infinitesimal. U. es radical. Empédocles. límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. Platón. X. l ll7b 15-16. su acción y su trabajo.teQÍ. sublunares de la inmortalidad. E<J'tLV ecpr¡¡. . ecp. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. 2. ll. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía. xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. casi de la misma forma. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino».tfj'tL. cf. xa. 3. €cpá1t'te'tat). en cuanto está permitido sin sacrilegio). La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. Amonio dará... cf.• En todos estos casos. de entrada. y ible. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal. que se da por verdadera. es decir. CS decir.. 1máQXEL)». De anima II. 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). Nic.. 11. 2. Aristóteles lo reencuentra. El filósofo. que está toda entera presente en Dios. 500cd. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV). A. a quien él habla dedicado un himno. Pero. 8. que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. toma un sentido específicamente aristotélico. sabe que la separación entre Dios y el hombre. circunscrito a un círculo más esttecho. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. Epicteto.tov dneiv. IV. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n. 1 s� Busse). dice al Metafísica. 1imeo.OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. J 1 78b 26-27.80 Igualmente. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. pero que podría indisponer a los dioses. Gen. en su nivel propio. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. . 383c.rf. pero siempre presente: escrúpulo residual. 7. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente.óv. v. . Meta!f sica. ooov E:v iwi. .a. 6E]ILtÓV. vv. ooov Of. Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. !bid. 12. . que expresa la distancia infinita. más generalmente. entre otras definiciones de la filosofía.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible». la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad. Srrom. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. m. xaTa 1:0 �uvcrt6v. pero ineli­ minable. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. y creerlo seria desmesura.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material. lo necesario. VI. en Clemente de Alejandría. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está.82 78. 501bc. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. Así. pero. choca de frente con Jos límites de.79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. 82. OQúlQEV). 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad. . X.78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional. EV€<J'tLV»). Rose) a su amigo Hermías.!OLWJ. 83. 12. 14. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. pero no basta quererlo para superarlo. que separa al hombre de Dios.oi:p>). [. Ét.. o bien el. 613a: T eereto. Ciertamente estos límites son imprecisos. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. desde el final del siglo v. a su cumplimiento»). ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). 415b 5. Jsago�?en. 982a 9.v a9avaoí. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible... como mayor razón. n.ll'JOÉ .8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. Cf. en especial políticos. . 415a 29. .. . 4. 00� ecpLX'tÓV. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. Lo mejor. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI. . el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada. esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr. 00<. cosmológica­ mente circunscrito. 0 razones de «prudencia». Coloquios. del mismo modo que. 4.. 1 . Leyes. 79.

en la distancia que la separaba de este ideal. es decir lograda. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. esp. es decir. 185-188. este «dios mortal». para que pudiera ser calificada moralmente. es decir. Así pues. es decir. el progreso en el límite. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. devuelto a las tareas reales. Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. sino que juega astutamente con la contingencia. sin embargo.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. 87. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. pp. con la metafísica de Aristóteles. y haciendo lo mismo consigo mismo. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. que no puede realizar sin más por sí mismo. La acción sobre el azar. 506-507. iotelectualismo. está presente en toda la obra de Aristóteles. Lo infinito en lo finito. Fr.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. al menos inmediatamente. Cf. el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. 85. el azru· amenazador en indeterminación propicia. el tema de la «prudencia». En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. Le probleme de l'etre. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. passim. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. si el éxito no era sinónimo de acción buena. utilizán­ dola contm ella misma. sin embargo. . Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. es decir. def�ctuosa sin dud�. 497 ss . para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. la a similación a Dios en la absoluta separación. ni del mundo mismo. ésta no puede aplicarse. improvisada y sin principios. vtctona so­ bre el azar. Si fue moderno. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. 93. . acción en y sobre el mun­ do. que no es un accidente ni de nuestro saber. 6-8. aquélla y. de ambiciones desmesuradas. y el A péndice de la presente obra. Walzcr. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. pues. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. Rose. del desvío. la moral de más que por L. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. 61. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. que dto a este problema y que denominó prudencia. Deplora. guiado además por la sabiduría. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. de la aproximación. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. de un modo más general. p. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido. no ción de un solo Motor. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. No volveremos sobre la solución. y que. azar. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo. Le probl?!me de /'erre. 78-79. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. intelectualismo de los no 84. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). lOe. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. por lo demás. pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. es decir. no debía ser.

Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. la senta -al mismo tiempo que la reserva. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. tiende sin cesar a ella. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. en su acción. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. 272). esa intuición de la trascendencia y del cimiento. Por lo demás. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. es una idea. hace de él el centro de su ética. 1 1 . Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. . o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa. no habría nada que hacer. �� hombre de Dios. que haría Ja acción inútil. 1953. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. 205). 173). 1 O 1. que Dios está más allá de las categorías éticas. A medio camino entre un saber absoluto. Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. Si todo estu­ viera claro. O· como d1ce tamb•én. en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. 184). y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. que hada la acción imposible.a seerla» (p. inacabado. del saber. La metafísica nos enseña. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. y una percepción caó­ lica. avant la lettre. O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. dios y. Entregado a sus solas fuerzas por . aunque sea también anacrónica. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. se la en­ cuentra a veces. pero solamente lo posible. pero las circunstancias son lo que pueden ser. y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. un ideal antes que . Die Tragodie des Humanismus. . y a dejar el resto a los dioses. estoica. 281) (la c�r:-•va es nuestra). <da sab1duría diVIruza al hombre. 228). Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida. Más adecuada quizá. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. no se haría nada si no se su­ piera. el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. lo que hay que hacer. que el mundo sublunar es contingente. un D10s demas1ado leJano.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. en 1� co�dición en que está el hombre. parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e.a a los límites de la existencia � ser deseado. en su búsqueda. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. 170). una realidad . Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente.1 17). se le encierra por toda� partes en los límites (p. es decir. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. Sin embargo. y el azar residual de la acción. que contrasta con las la­ te. Heidelberg. Weinstock. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. . . en contra de su voluntad.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica. cf. en cierto modo.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
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a la oo<pta. en la tra­ dición postaristotélica. y que era en Aristóteles lo contingente. 43. gr. 288-289). que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ. ni la atribu­ 1 5.es i'm:Lm� fJ. p. 5. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. IIL. dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia».. 1 1 . como en Aristóteles. Philologus. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. sino la única forma concebible de moralidad. IT. traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles).. Esta traducción. 262).• ed. la pru?encia Así. sino sólo para una. No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. objeto de la sabidur ía. ill. Memor. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. 2. la phrónesis parece designar aquí. la unidad de la teoría y de la práctica. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. hay algunos textos que pockían hacer suponer. Cicerón (De o fficiis. De o fficiis. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios». a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. estoica se traduce generalmente por «prudencia». 9. l. De virtute morali. de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. ni la distinción entre un bien absoluto. también Epicuro. que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. que se remonta a Cicerón.. Ciertamente. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. la polémica Teofrasto-Dicearco). más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. Tratándose de los estoicos. Estas conclusiones parecerán negativas. o de una simple referencia al uso popular (cf. VIl[). 5bs. Bréhier. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. Jenofonte. Pero sólo prueban en todo caso que. enim in graeco scriptum est. . Chrysippe.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. Wachsmuth). no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. objeto de la prudencia..1 6. 4). el mundo divino y el mundo sublunar. 236). non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. l.YJ.ÓYtm:o¡. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». 153) previene que hay que . 132). dé Phi/. como Plutarco. que fuera coincidencia con el Lógos universal. no había lugar para dos virtudes intelectuales. Cicerón. 19.. como otras docttínas aristotélicas. Véase la nota al comienzo de la obra. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. p. y un bien para el hombre. del saber y de la virtud. Ét. o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. etc. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. Se tratará aquí. De hecho. Locutiones Genesis. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<. Carta a Meneceo. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico.). sin duda la más importante. APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. «La cobérence de la morale stoi"cienne».LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». pp. En rea­ Lidad. 1930) remite con razón a Panecio.

228 y 230 nota. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta. que es la política. al parecer.2 Nos parece. sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». 5. al menos de la antropología. A partir de aquí. sería in­ verosímil que. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H.icado por Jaesche. otro interés. 82 (1973). París. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. 1966. Hill. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción. �· rificarlo. la totalidad de los preceptos morales. 1 1 3-128. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original. sin em­ bargo. bajo ciertas condiciones. en 1800. en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría. el estudio lógico de G. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. Cf. sin embargo. en lo sucesivo. (A para la l. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. 429-450. 3. Finalmente. 158. Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). pp. 1 1 . la atención de los intérpretes. sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia. pp. pero no vale nada para la práctica (1793). 1963'. Londres.1 La razón de esta discreción es evidente. si no de la mo­ ral."). Publicadas por Rink en 1803. al menos indirectamente. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. que." y B para la 2. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». El estudio de estas conductas dependerá entonces. según el imperativo de la moralidad. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. l . por otra parte. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». por lo demás extensamen­ te. Como. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. el imperativo categórico. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. pp. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral». 2. Por una parte. más precisamente -según el título de la obra de 1798.de una Antropología en sentido pragmático. la habilidad y la prudencia. Se tr ata. es decir. 4. traducidas al francés por A. para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. J . Distinguiremos más precisamente. para el ser razonable pero finito que somos. 1947. en el Curso de lógica publ. sea porque pudiera establecerse legítimamente. y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. y Thomas E. p.. por ser moralmente neutras. a nuestro jui­ cio. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. 237-252. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia».LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. 56 (1966). . mediante algunas explicaciones complementarias. Crítica de la razón práctica. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico. Philosophical Revíew. no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. Patzi g. 200. <<The Hypo­ thetical lmperative». pp. Kant-Studien. una conexión positiva.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto.

1 14. a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. tam­ ica. 293-303. Los estoicos. 5 1 7-5l8). Cf. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. 124. pues. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad.8 El imperativo no in­ terviene.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. fr. está tomada de la tabla de los juicios. 70). ca. de contaminar el concepto de ésta. Se advertir ios de Leibniz. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. trad. p. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. más que para llenar. tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). La distinción de ico y de lo hipotético. 175-177. Crítica de la razón práctica. Wiesbaden.214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. prudentia). t. la voluntad humana». márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. fr. pp. que son las inclinaciones sensibles. A decir verdad. y factor de heteronomia. el imperativo es hipotético. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. En realidad. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. D a práctica». el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. Esto no impide que el intérprete. En el segundo caso. escolio ll. . no puede haber imperativo hipotético. p. en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. m. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. de tal o cual ser razonable. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. Dicho de otra manera. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. 8. p. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. y únicamente en él. vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. 1 958. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. cf. trad. Pero. Solamente después de estas explicaciones generales. «Explicación>>). Budé. cf. por lo tanto. nota). de teorema lV. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. J 969. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. ahora bien. la razón se constituye en razón práctica. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. pp. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. p. donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). Pero inme- pp. (Esto hace inútil la explicación de H. parte l. libro l. Furulame11taci6n. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. Fundamentación de La meta Delbos. es decir. cit. § 1. sino sobre el principio racional de la pelfección. sin relación a nn fin distinto de ella misma. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . el imperativo es categórico. Por el contrario.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». J. tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. el imperativo sería superfluo. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. Por su capacidad según representación de leyes. Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. pp. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. W den. op. Paton. de manera que. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. 7. Crítica de la razón práct ialéctica. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. 146-151). de Platón a Wolff inclusive. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. no son una de ellas más que en apariencia. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . 220. es decir. 124. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. según pr de determinar la voluntad. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. que el Kant muestra incluso. por ejemplo. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. p.) Dicho de otra manera. de Delbos. Fundamerrtación. con ello. o intentar llenar. si es representada como buena en sí. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. París. allí donde no hay interés. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant.

Kant habla de esos «conceptos usurpados. En sentido amplio. lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. B 828). depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. f elicidad. a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. y. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. 9. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. 1 28 trad. B 828). por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. B 1 17). nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. A decir verdad. ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. de hecho. de Delbos modificada. Desde el punto de vista de la moralidad. En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . Pues. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. al menos lógica. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. fr. no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera».10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. laj elicidcui. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. . capítulo II. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. La habilidad ordena. donde Kant . a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. por una parte. . como. � No pasa lo mismo con l a prudencia. si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. por lo tanto. pues. W nónimo de Glückseligkeit. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. con miras a un fin «posible». esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. n? llega neces�riam�nte y. Que este hecho sea no sólo constatable. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». negativamente. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. 133). 126). Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. nos dice que «en la doctr ina de la prudencia. por ejemplo. P. sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. la cual es. una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». que. 126). no es este punto el que interesa a Kant. es susceptible de ser realizado. incipio problemáticamente práctic�». aquella que no es ni superflua ni quimérica.216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. A 800. d�s­ rino. . 131). sin embargo. nos dice Kant. górico.9 Retengamos. cuyos imperativos no son proble­ máticos. Un poco antes. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. Metodología trascendental. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. ». es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. que Kant denomina la «finitud» del hombre. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. es un «principio apodícticamente práctico}> (p. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. sino asertór icos. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. 127). ni en querer lo imposible: la acción hábil es. A 84. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . por _ otra. para un ser razonable y finito. a saber. el tercero el del imperativo de la moralidad. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. 126). se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. Pues aquí la razón no llene 1 1 .

se han 19.19 15. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota).• sección. aunque sin privilegiar­ la. a las costumbres)». que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. además del texto de Fundamemación. 178 de la cd. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. . dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia.. . entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. fr. a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. eiscbedcl (1. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. V. <<Hablando con propiedad. concierne pertinente." versión: «Las prescripciones pragmáticas.17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. 133).• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. y la moral idad) (trad. por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia.14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. 12. 18. 64. que emplea la expresión Erhikorheologie para go. pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. como veremos. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones». de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. nota). Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». . pp. xm y xvJ-xvu. Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. Los malentendidos polémicos. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular.13 En realidad la Fundamentación ya proponian. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad. mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. de una técnica. cf. p. es decir. 0 de la prudencia. trad. La felicidad no es tanto una idea de la razón. Wies­ P. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant. o reglas de la prudencia . pero desatendido en la segunda. 132.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. baden. fr. de todas � la _ (entre la hab•hdad. declarados por lo demás asertóricos. es decir. esa terminología.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. trad. que son «proposiciones prácticas». es decir. 129. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». Cf. 1 . no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y. No modifica el contenido mismo de la doctrina. y llega hoy. (referentes a la fe­ i referentes al arte). «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. (p. Se podría dudar que los imperativos.i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes.12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». de A. en una nota de la primer a la Crftica del juicio. 1957). aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). sino que subraya sus intenciones y quizá también. última nota de la 1. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. p. 13. en el caso de la prudencia. como 1. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. XIII). siempre posible en el caso de la habilidad. vol. 16. . desde el punto de vista del valor. 1 7 8 W. la Crítica de la razón práctica. )>> (p. l. La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. para ser práctica y no teórica. W Fundamentación. 178 w. entre las pres­ orschriften). en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. § 86). un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. p. también p. Kant.la tradición hací . en la relación que instituyen entre los medios y el fin. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. Werke in sechs Btinden. Pero hay que recordar que. las del arte y la habilidad en general. hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid. o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. 2. la prudencia Cf. Philonenko' p. de la cual -no lo olvidemos. fr. 106). es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. Crítica de/juicio. que «presupone».16 En el fondo. de Delbos modificada. 14. ocupa el segundo r ango» gar.

. Cf. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. es decir. y no la identifica como Klugheit. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. de Delbos modificada. 27-33. En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. laudabile. es verdad. salud). 1 1 97b 8. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. «regla verdadera». Para un comentario de estos textos. 5). de su sección de la Fundamentación. Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad. K. al de l)..220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. Recordemos aquí solamente. 1. . 87). Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I.ición. 43.. el dominio de sí. Kant und die Erhik d er Grieclum. 34. Kant. 2 1 . la virtud. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. . cf. Reich.. a pesar de su utilidad para el hombre. Breslau. aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». De hecho. De o jficiis. lll. <(I"Crum cidente.20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres. Von Arnim. pp. pues. VI. lo cual hace de él una virtud intelectual). bajo la misma denominación de prudencia. en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. para las necesidades de nuestro propósito. que co­ De o fficiis.n K. 26. más verosím ilmente. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. 1793. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . vuelve a tomar. Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes. consideración. Por lo demás.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». nüchterne Uberlegung>>). una adición de la segunda ed. 1 1 40b 20. explica en (B 414 = A 409). sapientia). Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. Kl. no más que los de la fortuna {poder. valor. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. un habinJs (hexis) práctico (acompañado.. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». 22. . «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» . siguiendo aquí a Cicerón. Nic. no pueden. prudencia. el valor y la templanza (cap. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento). el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. p. Ét. Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. 4. será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. p. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve. . 7. 153. l l4lb 5. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. iiberserv von Christian Garve. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. pues. b) no asegura sabidur ía. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. ración. que es para sí misma su propio fin.25 lo cual Selbstbeherrschung. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. fr. Magna Mora/ia. de sólo la rectitud del fin. Tubinga. . la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. capítulos 3-5. v6asc su¡ml. l . Stoicorum veterumfragmt'llf(/. en particular. a propósito de la «Sabi­ durla divina». Kl. transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. VI. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. cit. natura. 5. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl. de una buena voluntad .a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis.. pueden volverse extremadamente malas>>. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. 23. 25. prudencia. 14). hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. 262-283. Pero todavía falta saber de cuál. r iqueza. Nic. 24. Trad. 89. si la justicia no es citada aquf. -negativa. sino también la de los medios.22 del hombre en general y. lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. I!H'i.el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. . última nota de la primera sección. Reich (op. Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793).2• no tiene reparo. El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia.de la argumentación de Cicerón o. término que traduce el griego phrónesis. ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». la justicia. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza.

Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). 30. Más moralidad. supra. ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. tampoco hay vtrtud moral e . trad. fr. p. Sin embargo. Thomasius. no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. . cf. por consiguiente. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco. Halle. . s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. estas dos diferencias no hacen más que una. plo. l como una especie de esta última. es una capacidad digna de elog¡. y la de necesidad moral por la de obligación. VII. pp. a la tmltilidad práctica. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. que llamó «pragmatología>>. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. de la moralidad. 23 y 87-88. 1945. 'lgos. 34.30 En cuanto a la obligación (obligatio. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. pp. En realidad. y la prudencia y la virtud moral de otra. que la prudencia es una virtud moral (Vl. Añadm tmnb1en. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. ecttva sm prudencia. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. como más tarde Kant. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. al menos indirectarnente. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. C. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. sino necesruio. Por ejem­ Pedagogí a. tú e·u s'\'lV)» (VI. pp. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). Magna Moralia. V er dindlichkeit). en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». 26-28. 1 1. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. da�? un fin. hasta el punto de no aparecer f . podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. 29. a ? mos la fehci t fonna. Tubinga. El endemonismo aristotélico. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. _1!40a d. 1894. de los I l52a 1 1-14).ttud. los medios propios para pr �cura 26-28). no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. 1964. Borinsk i.o. Wolff. 13. es la habilidad del virtuoso. más lejos. pem la prudencia con27. 1. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual. . 5. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). combinar los medios más eficaces (VI. de la sabiduría (sophía).f moral. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. Si no h�y �rudencia sin virtud . La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. Cf. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. Hildesbein. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. e� d�crr. 73-75. de Philonenko. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). «pru·ci�> (�ata �QO�).2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. que procura una necesariam pero s. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble. reimp. sino de Baltasar Gracián. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. Aristóte­ les.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. Cf. M . según Anstó­ teles. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. 150-159 y 199. para Aristóteles. No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. 1 1 97b 8. 13. l l44a 23). prudencia mundana (cf. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. Wundt. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. Pero ya en 1764. 1688). 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es. K.

está determinada no por leyes. como hemos visto. p. Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. bacía de la prudencia. Ahora bien. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma.l4 la Introducción damental de la heteronomfa..32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. a saber. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764. sino por la r epresentación de leyes. Parfs. consecuentemente. como las lo tanto. sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. 99: Introducción a la tra­ 33. p. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. 175).» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. p. p. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». /bid.. 1905. p. original. tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad». La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. Decimos: «tiende a mostrar». puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil. p. tal como lo hemos definido» (Delbos. a pesar de las aparien­ cias.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). no dependen. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica). Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». especie de la habilidad. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. 98.lidad» (Delbos. sea a recaer en La posición de Aristóteles. 23. La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. Así pues.224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. fundar la obligación. Pero el mismo argumento era.. XI. . porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. sino de la filosofía teórica. Pero para comprender perf ectamente este punto. Crftica del juicio. 34. El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. des­ y la necesidad legal. si decido construir un puente. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad».f. se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas.)(. dar en el sent 3 1 . lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. que estructura la sistematización wolffiana. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad. prefigura sin duda alguna. e Kant. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. como los me­ canismos de la natur aleza. desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. entre la necesidad problemática 1764. La distinción. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. uno de los componentes de la moralidad. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. 171). 35. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. s. 96. Esta distinción. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. Ed. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. 133). voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). de la filosoffa práctica. Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. 36. pues. por más que esté depurado el concepto de perfección). como apunta Delbos.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico. o. Por no haber hecho esta distin­ ción. como las de la habilidad. Pero. pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra. Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). p. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división.. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. XII. como se dice aquí. p. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. Paós. no valen más que para una voluntad heterónoma y. que tenía al menos el mérito de la claridad. 11 1 !bi d.

Philosophia civilis. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. XV. 41.de una «geometría práctica». en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior). depende en su totalidad. p.. Es así como Wolff. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. mostrará que. Es lo que dice. Ed.. al rango de «corolario». sino porque es plconástico-. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra».Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora.un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. Kant no vuelve. 176-177. tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. F. 46."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio. que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. nota. § 3. de Delbos. al menos en alemán. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. Sin embargo. de la cosmología y de la teología naturales.• versión). 1. 176. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. así pues. 45. es verdad. a decir verdad. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales. Cf. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. . Cf. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. pues. 39. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica. ponitur etiam naturalis obligatio». p. una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. del conjunto de l a metafísica. lmroducción a la CrítiCll deljuicio.¡ es decir. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien. 38. . la entrada progresiva en práctica tenía. 42. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. § 4."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». de la teoría. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura.f)-. Siempre en el ámbito técnico. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. aunque dudaba. t.'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica». los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. de la psicología. trad. 176. 40. 43. 1.1739). puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. Novum Organum. 46. al menos en cuanto a sus principios. !bid. No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza. fin o medio en la pr áctica». el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. p. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. fT." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. desde el comienzo de la modernidad. capítulo 1. también. pues. pp.tifica pertractata (1738.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. p. Esta descripción puede parecer caricaturesca. p. Hay que distinguir. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. pp. Frtndamentación.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber.. 177. sacando las consecuencias de esta evolución. incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. proposiciones analiticas. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza». si se puede decir. /bid. no sólo de derecho. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. En una época en la que la téclll­ ca se eleva.'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. 173. La tentación era grande. 44. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. Bacon. es decir. 133. entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. sino de hecho.. advenencia 11.. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia. p. minada. su propio modo de empleo. debido a la contingencia insuprimible de su objeto. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. después de haber desmontado sus mecanismos. Weischedel. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico». 174. . tal como el de las conducas t humanas.

L. es decir. «la teor ía general de la felicidad». a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». p. VI. una autodeterminación de la voluntad. 52. que es. !bid. xrv. Crfrica de la razón prácuca. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto». La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. q.. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. sed contra). a. cf. puesto que su ob . 22. capfrulo l. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y.1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». 47. Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . a la falsa mediación entre teoría y práctica.r má� � � Es cierto que. hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. toda existencia: pensar la moral como arte. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>. 49. . y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». P. pragmát1c leyes las razón.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). de una meta denominada «bien». fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. ll ac. es decir. como ya hemos visto.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. Braun. 53. Histoire de l'histoire de la philosophie. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . 48. la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. República. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. nota. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. 58. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia.53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. si se . 50.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-. 129. .'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. es decir como técnica. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. con la teoría. Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720).ar los fines terminadas a priori. 49. � o apa­ nombre de pragmática. T. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura». una contracción de prov i � � � tc. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . 1. 1J a.51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad.. 129. Cf. j o formalism o to de allá más prevenir. Más tarde Kant negará el tít�lo . . 1 1 1 . todo esto. U. De diVImtate. canon ya en la Critica de la razón pura. B 828. Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. del Critica 37. 1. como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met .combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p. nota). Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. Delbos. que son productos as. Introducci juicio. . primera parte. y. es también. la economía doméstica. De 7iGtura d. en la primera vcrstón. Kant oponía a las leyes morales. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. como recuerda ens. I. en el límite. gica. ss. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. tica. Crítica de la razón pura. ón.eorum. las den�rninru:parte. en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. pero que no jeto es «hacemos alcan7. A 800. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. p. cap. 51. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. capftulo 3. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán. es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. Delbos. cf. que Kant. n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. «que no con­ heteronomía. y más particularmente «bien del hombre». si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad. 2. Christian Wolff. § libro 1. sino de la precaución t��ada con vts. 1973. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. designa paralelamente con el 47. en la vesión r publicada. Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s. . «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. París. el arte de las relaciones con el prójimo. 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. la economía política. pnmera Xl11 pp.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios.

también XXIV. 7. es verdad. 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. 1-13. como en Aristóteles. Delbos. e. que es <<klug genug. propio su o mism sí rico. de «lo que el hombre . 426). ma­ attvo categónco mtsroo. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». Ni c. como hemos visto. . . 45). des sean desarrolladas en él faculta las ble. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. al menos el hombre empl­ hombr El noma. con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. . así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. Mt XXV ..fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. as1 todo de demás lo por como o. 1 1. � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física). ltmtte ctertos con y iones que. 141. Nic. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia. son en alemán «die klugen Jungfrauen». en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». Es así como istóteles (Ét. tr. en realidad. � . cf. Por lo demás. la noción de pragsuger ignora todavía. rebelde «pragmático» y precavido. phrórumoi (a las que a veces.� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . fr. a ésta que el ámbito de la moral. la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. Antropología. en cambto: �en­ o imient conoc el . mt �mo > La an­ él de hacer debe . En el Egmont de Goethe. S. tomo IV. habla. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. en boca de un polít ico. naturaleza hace del hombre. en especial de sus cursos de pedagogía. mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas». cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). . . SS. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. (Pedag ad moralid la cia. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal. 58. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace.�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». p. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. Apéndice 1). en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. es evidentemente un cumplido. que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. al menos en Mt X. se ha hecho «vírgenes sabias». fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. . quiere necesariamente que todas . 57. de � on l"�c•. la de la metafísica de las costumbres. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. curiosamente. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. VI. p. agmahco. P . Y las vírgenes prudentes.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht.�.0 acto. aunque el tema haya podido . trad. Cf.230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. si es verdad lidades del hombre. Pero esto resulta.. el equivalente del griego phróni­ mos. es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . Aqui «pragmático» se opone a «fisio . pp. lo cual. pero a una in teli­ gencia práct ica. 59. . de las reglas demasiado rectas y rígidas. no es para a �or ello. que msean s. 1178a S-8. puede 0 debe hacer de sí mismo» . de Foucault modi'li 56. Klug es. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. tal co� . el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. nichr kJug zu sein» (4. 89 Y 109). Kant aunque se perdter lizarse. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. bre. hombre la habilid cada. cuando. sino para cumplir la ley moral. La serpiente es Uarnada «klug». cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. edición de Hamburgo.56 . Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. X. pruden la ad. Ar tipo de político «pragmáti co». bajo ciertas condic � id_ ? 54.

y niega esta cualidad a hombres como Tales. cr. p. este desliz viene. . en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. como en las lecciones de Ped agogía. Parménides. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo). 66.. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. 63-76. igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. 5. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger).w�). si se puede decir. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. Delbos. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido. por negligencia o por pereza. nota de V.61 En todo caso. Nic. Existe.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. !bid. 47). Nic. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. Pues no se ve cidad. de l ejos. nota 79. Para phrónimos. sino la de la especie humana entera. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. 127. Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens.la moralidad. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. En el pasaje de la Fundamenwci6n. p. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed. pero no basta para justificar este desliz.. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. 189. éste está atestiguado tanto en la Antropología. pero también la habilidad política o cosmopolita.232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . más aún. entre éstos. Pitágoras. p.64 Pero. 64. nota de la p. n. nota. La Antropologfa recuerda. Delbos a la p.. en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá. p. 65. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»). lo que dar a los otros a cultivar en ellos. W eischedel. 5. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit).. Delbos. no contravengan a la ley moral. siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». refiriéndose en esto al uso popular. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres. de Philonenko. supra. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. VI. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. e incluso. el W eltbíirger. supra. p. Vl. sino el ciu­ dadano en general. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. . Hemos mencionado que. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. 1 140b 7 ss. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico. 129.60 Dicho de otra forma. pues. de una cultura de la prudencia. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. sin duda. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. ed. las pp. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. es decir. puede convertirse en un deber al menos indirecto». Ahora bien. 163). Fundamentación. p. l 1) no sign ifica 63. . pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi.para esta cultura pragmática requiere. 196. 60. pues. «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. p. sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). En todo caso.62 ¿Por qué esta mediación 61. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. trod. es decir. Pedagogfa. fr.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. como dicen sus biógrafos.). cf. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. 1 1 40b 7-11). P . 128. 62.61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». incluso si su fin no es la destinación del individuo. una explicación. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. que la «disposición pragmática». así como inevitable. Prefacio. por otra parte.67 No es sorprendente.65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano. 178. 67.

su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza.. me parece. . en cada caso par70. se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. pp. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc.. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales. siendo i11Condicional. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. las «ventajas» que. que la prudencia. pues. al menos nombrar tres. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. a la fines» (p. xm.. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. 69. En segundo lugar.74 V olvemos a encontrar aquí. En tercer lugar. 159. ed. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). /bid. . sino sabiduría. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit). p. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. p. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. en definiti­ va. Se pue­ den.. con las me:jores intenciones. 74. por el contrario. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit).&) No será de extrañar. 132. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. tica del juicio. !bid. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. pro­ blema morale). si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones.inder. V orli. no sólo más eficaces. !bid. la política no es prudencia. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. Zum Ewigen Frieden. 159. Por una parte. cf. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. 72. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. la política. 159. Cri tración o el gobiemo de sí mismo. Kant esperaba de su docttina del deber. a saber. 158. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. al mismo t iempo que el reino de la moralidad. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. la acción política. aplicación inmediata de la ley moral. excluida de la moralidad. Más exactamente. de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). fácilmente. Bthik und Politik. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). p. en Kant. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. cual define como «el arte . K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. Por otra parte. donde el r iesgo es provocar. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. En el primer caso. 68. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). o de lo que Kant denomina una política moral. incluso en este caso.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant.234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana. p. En primer lugar. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. 71. no técnico. /bid. . Sobre todo en la Pedagogía. como vere­ mos. 73. de la prudencia como arte de asegurar. 157. Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. p. que la verdadera política es una política moral. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. aunque no sean su razón de ser. to a la paz perpetua». la desgracia de los demás. p. es decir.

como al sujeto moral en general. 40. ni siquiera en el terreno político. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. imposible. 81. incluso en sus comienzos. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger. por sus consecuencias. p. comprendido el del error en la previ­ sión. p. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf. el que en política lleva al ten·or. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. parte 1. Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. con sus corolarios. Mediante la célebre fórmula Debes. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. Kant excluye por detinición los medios inmorales. p. incluso imprevis ibles. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. Kant no llega. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular. Conflicto de f 80. sino el moralismo. Que la Revolución francesa. la verdad sea dicha. loso fía. V orlander). Vorllinder. 1919. las consecuencias. los únicos que son moralmente compatibles con este fin. Crftica de fa razón práctica. de sus actos). historia. sobre todo en el ámbito político.17 es decir. 203). después de todo. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. «yo podría con raz. pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). de dañar al otro. en Kant. Traándose t de moral política. cf. que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. ed. el viejo Kant. jamás h a convencido a nadie. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. La paz perpetua. 108. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). p. § 6. pereat mundus. si por el contrar humanidad y.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. de conducir a la violencia. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. dicho de otro modo. 82. 76.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. pp. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». 74.236 APÉ. como dice Sartre.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». luego puedes.de la prudencia un estatuto positivo. Kleinere Schriften. habrá omitido prever. «mit allem Vermogen».76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. p. 160 y 161. 78. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). por ejemplo. es perfectamente clara y no se presta a interpretación. dicho de otra forma. donde su asesino le encontrará. Sobre el lugar común. Este argumento. Pero. de la. asf.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias. Lecciones sobrefi 83. de pasada. ad jinem). es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. como Hegel concederá. Vorlander. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. Sobre este último punto. El ejemplo de la Revolución francesa.80 Sin embargo. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. y. 151. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. segunda sección. por responsable de las consecuencias de sus actos que. por lo demás. por distracción. «más de una flor inocente». 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. pues las consecuencias son infi­ nüas. imprevisibles en su totalidad). 79. § 8. 84. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). con todas las fuer­ zas o por todos los medios. ne­ gligencia o simplemente estupidez. como dice al menos una vez kant. El formalismo de la ley moral. una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede.7s Así. no soy responsable de las consecuencias. desde ese momento. aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». . contiene el riesgo. que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). Ciertamente. p. cuando en realidad éste exige ser cumplido. La paz perpetua.84 Contar con la acultades ( 1798). 77.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. Vorliinder. capí­ tulo 1. y que un procedj.

Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad.lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin».88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. 88. Lo que está aquí en juego no es. La Típica proporciona. sin embargo. la cohe­ rencia del sistema kantiano. 86. 14. Por otro lado. en especial Metaj(sica de las costumbres. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. perf ectamente unívoco. G. «La typique du jugement pralique pur». 56-87. . era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. La prudencia aristotélica. . y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. escapa a toda interpretación. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. contra ella misma. no es abordado de ninguna manera. parte II. pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. Tubinga. Nic.la justicia. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . sino su verdad. p. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. De hecho. virtud intelectual. 1962. VorUinder. 159.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. F. aquella familiaridad con las cosas que. En un único pasaje. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística. Introducción. Yorlander. Ahora bien. Cf. aunque sea pro­ visionalmente. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. se volviera contra la defLOición de esta última.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . que hace que. 160-161.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua. Archives de Phi/osophie. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. sino construcción del objeto. §§ 301-302. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. Cf. un arte difícil.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. Y. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. Cf.final de la Introducción. de realizabilidad óptima de la ley moral.EN KANT 239 Providencia. 1 19. añadamos. Yorliinder).. ella debe ordenar. pp. P . 162-163. Crftica de la raz6n práctica. priva a Kant podido sacar partido. Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. no será jamás tematizada por Kant. sin alterar el concepto de esta última. en el seno de la filosof ía práctica. sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». una prag­ mática con una práctica. la condición de su utilidad para el hombre. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». rechazo que no pragmático. más que en la extensión y la potencia. Marty. 89. entre la intención y las consecuencias. sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. istóteles muestra 87. Gadamer. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines. al . que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. entre libertad y natura­ leza.86 Desgracia­ damente. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu. o todavía «aplicar a una acción Pp. . Al círculo hermenéutico. Wahr heit und Merhode. de este añadido a su doctrina. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. un saber tal. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza. 90. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. Con los tiempos modemos. añade: «pero acordándose de la prudencia. se habrá podido observar que en esta problemática. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética».90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. pues. Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . sino de su utilidad para los hombres. 9 1 . pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. El saber ya no es comprensión del ser.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica. Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. no sólo en su filosofía política. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». § XVU 85. el cual se confunde con su proyecto. como en Jos Antiguos. pp. l l37b 29. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. Después de haber dicho que incluso en po. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. El problema habr ía sido articular. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. Ét. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. permite orientarse entre ellas. gracias a la fom1a de la ley natural. para Aristóteles. 19 ( 1 955). H. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. como parece hacer aquí Kant finalmente. de jándolas ser como son.91 Así. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano.

1963. es decir. 2). Mag­ na Moralia. 1 . IX comprende Ét. Ross. Apell. Berlín. 2. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. Oxford University Press. Politik und praktische l'llilo· sophie. 1 960. la sugerente obra de W. bajo la dirección de J. y el vol. Teubner. D. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. Hennis. XIX. cf. de Susemihl y de Rackharn. ed. Eud. 1884. 1956 ss.. Stock. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. reimpresión 1957. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. en especial las pp. al contra­ rio. col. con más lucidez que los otros. 92. 1958). por G. Teubner. 1912. Smith y W. a completar por XXIJ. D. El r rente a nuestro mundo moderno. Loeb. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. Magna Moralia. por F. Akademie Verlag. de Gmyer. Ét. por W. 1908-1952 (el vol. col. Por su concepto de una razón práctica. 53-54. es decir. 1880. pero no será nunca una filosofía práctica. (han aparecido el vol. de la Academia de Berlin. so de reedición. Rackham. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee.92 la idea de un saber prudente.0 ed. Magna Moralia: Susemihl. ed. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera. 23 vo­ lúmenes. Commentaria in Aristotelem grcteca. Gru­ mach. Eud. Kant no hace sino sacar. VIII. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. Nü. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines.. Berlín. .:. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». XX. Gigon.. 3. Pseudo-Aristóteles. consecuencia del progreso científico. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. incluso los más morales. científicamente determinable y técnicamente construible o. ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad. 1883. por F.• ed. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. 1935. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. Loeb.. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. un mundo en rigor «imprudente>>. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. Dirlmeier. y De vi11utibus et vitiis por J.l). 1 831-1870. Londres. Bywater. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. Bur­ net. por O. 1956.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. en los vols. Citamos según la edición Bywatcr. Ética a Eudemo: Susemihl. Oxford Classical Texts. Nic. Armstrong. 12 vols. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa. VI. Nic. J. Ét. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. donde la proliferación de medios. Leipzig (Teubner). 1 894. Neuwied-Berlfn. XIX-XX. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. A. Dirlmeier. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. bajo la dirección de E. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias. 1935. en el gris indiferente de los fenómenos. de la Academia de Berlín. Ross. Solomon). 1900. 1960 ss.. Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. de O. 5 vols.

Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. D. Florencia. 1995). Vrin. por L. 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Centro de Estu­ dios Constitucionales. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. Retórica. 1947. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. Jaeger (Col. Nauwelaerts. Texts). Ét. Cruchon. Susemihl. Bocea. l.-hist. Madrid. Madrid. Gigon (con importante introducción). Oxford.. Grundprobleme der antiken Philosophie. Gauthier y J. Madrid. Madrid. 1897. pp.. Spiazzi. 1 953. en Archives de Philosophie. trad. traducción de J. Reconstruction. también hoy la traducción francesa de J. D. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. Payot. colección Budé. Walzcr. W. 1959. 1958. phil. Cambridge. 19 1 . Universidades de Francia 1939. Festugiere. Madrid. Irn­ misch Leipzig (Teubner). Milán-Roma. Kl. 1928. París. París.. Roma. 1930. A. A completar hoy por l . Souilhé y G. 1961. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900).• ed.. W. Rev. Comentanos parciales: libros 1 y II por J. Vrin. por Dirlmeier. Texts). 1958-1959. por L. ibid. edición de W.. edición R. Ross (Col. Düring. 3 vols. VII. 1958 (cf. 1 985�. edición de F. París. supra). W. 131. edición y rraducción de H. 1930. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). 0. Jolif. Marguer itte. Copenhague.. Tomás de Aquino. Turín-Roma. París. Fragmentos: edición Rose. ed. París-Lovaina. Franke. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. 1 886. introducción y notas de Julián Marías. Tricot. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. 1856 (La mora/e d'Arí szote. «Les trois vies». pr. Artemis-Ver1ag. Dufour. Gredos. Ét. por G. Vlll. Oxford. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. 1957. Magna MOI'alia. in­ troducción de Emilio Lledó. pp. 98-104). Edizioni di Stor ia e Letteratura. París. 1957. París. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. 1949. X. Robinson. hay que añadir: Joachim. París. 1955. ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. col. Jaeger.. t. A. Instituto de Estudios Po­ Líticos. Tricot. H. ed. para el resto. Oxford. 19872). Nic. Par ís. 2.. de la Revuc des Jeunes. Carteron. en Acta Congressus Madvigimri. ID). t. Berna. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. 1960. muy insuficiente. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. d. fr. d. por R. 2. Aristotle 's Protreptic:us. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. Ross (Col. Ro­ dier.174. Madrid. Gote­ borg. por J. 1948. D. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. edición y traducción de J. 1909.. Gr illi. 1985.. -. traducción alemana de O. cf. n. Grenwood. Oxford. Gigon. 1958. edición y traducción de M.-A. libros f y Il. libros 1 y U. París.• �d. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. Aubonnet.-Y. Gauthier-Jolif. G. introducción y notas de Julián Marías. 4. . Marictti. 2 vols.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. Stzb. Éd. Ética Eudemia. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. 1955. Tricol.. M. 1936Física. Hist. 1909. Ollé-Laprune. Rees. Nic.. 1882. Texts). Libené et civilisation chez les Crees. Leipzig (Teubner). Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). Vrin. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). revisada por O. 1989). París. supra).. 1934. de M . Nic. An Attempt at. 1995). Dirlmeier (1 956). 1959. R. 2 vols. Grcdos. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas.. Gredos. 1960 (reseña de H. Zwich. París. A. Wiss. Política.. Grcdos.. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. Philos. Vrin. de Barlhélemy Saint-Rilaire. traducción del Organon de J. VI. J. Tricot. Oxford. Ak. traducción y notas de Julio Palli Bonet.

de Letras de Argel). Ro­ binson. R. E.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. publicado por W. 4..-hist. Mét. Weidmann. que aristotélicienne... 120-127. Gadamer. 1938. H. Hambmgo. pp. Payot. 1955. 1946. E. PUF. J. Aristote. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. Wiss.. des Lettres. La m01·ale antique." ed.. XII.rt. Demos.. <<Aristotle in the "Protrepticus"». Taurus.. Robín. Payot.te der Philosophie. París. Weiss. . 497 ss. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. Heidelberg. The Philosophy o f Aristotle. XVlli. pp. Mesnard. ibid. L'opinion selon Aristote. Apelt. Berlín. 2: ed. pp. H. Gauthier. Nauwelaerts. Hamebn. David Ross. D. pp.. 1958. Le bonheur chez Aristote. 0. 1882.. Rev. B.. 205. Die Entdeckung des Geistes. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». traducción francesa RobiJ1.1911. V orlesungen über die Geschich. Ethik der alten Griechen. 2. París.ilosophie der Griech. 1959. Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. 255 ss. 1923. 5. Aristotle. Ph. Claassen. Stzb... E.: E l problema del ser en Aristóteles.. Wundt. Ando. París. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. LI.. R.-A. 1923. pp. Aristoteles. La morale d'Aristote. París. Vrin. Griechische Freiheit. París.• ed.. L. (<The Practica! Syllogism. Philos. 917-940 (a completar por Dirlmeier. Rodier. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan.. en Autour d'Aristote. Das Ethische in Aristoteles' T o pik. Schrnidt. 1926. 1881. ampliada.. traducción alemana de P.-M. P . D. 1953. 1952. Arnim.. Antenore. 1. Mélanges A. Argel. 1923. 1961. de Wellmann. Nik... 325-342.. 1958. «L' Anthopologie d' Aristote». E. d. M. 1923. Leip­ zig. 1934. d. traduc­ ción francesa de C. -. 2. Eranos. París.. Die Ph.. Le probteme de l'etre chez Aristote.." ed. 1833. Bruselas. 81-97. Clarendon. Snell. Ratisbona. 1942.. . reproducido en Études de Philosophie Grecque. XLIV. R. Zelle. Ethik der Griechen. 1955. Le dominateur et les possibles. tomo lli. en Autour d'Aristote.-M. Royale de Belgi­ que. t. F. Mor. 1956. · 1956. prefacio de sir Amim. d. Ravaisson. von. 1925. Die drei aristotelischen Ethiken. París. Kl.. des Lettres. 3. Meiner. J. Mor.r. Wittrnann. Wiener Ak. Berlín. 1924.. Oxford University Press. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition. 1955. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason». L. Dür ing. Riondato. Rev. Richter. Essai sur la problemati­ Wiss. 1913. Hamburgo. L. R. Padua.). XIV. 1912." ed.." ed. de JI. 1955. 153-162.en. París-Ottawa. PUF. Lovaina-París. 1897. pp.-Hist.rís. 22 (1961). reimpresión. Kioto. Teubner. París. Hegel. 1946." ed. L. pp. 1920. Schwartz. Stzb.. Mansion. Weil. vol." ed. Allan. 1944. L. 1955.. traducción inglesa de R. H... nueva ed. trad.. 245 Joly. La mora/e d'Aristote. Madrid. 52 (1954). B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O. 1960. Mémoires de 1'Ac. Londres. Mansion.. 1.. Ética a Nicómaco. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele.. Lefevre. Pohlenz. 3. 1955. 139-171. 3. Régis. 1962.. 1948. 1955. F. QueUe und Meyer. Takatura. Par ís. J. Mélanges A. 2 vols. H. 1958. 2. 1948. d. Aubenque. K!. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate.». Stuttga. cast. Essai sur la métaphysique d'Aristote. Leipzig. 1951. de la Ética a Nicórnaco. PUF. ... Wiener Al<. Geschichte der griechischen Ethik. 1928.ilos." ed. Basilea. tesis doctoral. 1957. 1942 (Curso de la Fac.roblems in Aristotle's "Protrepticus"». Glockner (JubiJaumsausgabe). en W erke. 5. G. Die Ethik des Aristoteles. -. Léonard. Jaeger. París. 2. Essai sur la morale d'Aristote. 1935. pp. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles.. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. 2. 1987). D. (La liberté grecque). G. pp.. Ollé-Laprune.. M. Research. PUF. 6. 207.enomen. Phii. Eth. 202.. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. Lovaina-Pa. W. Berlín. 1837. «P. «La m01·ale d' Aristote». Oxford. P. ll. CJ. von... and Ph. !. 1923. pp. 1 .. 1960.. París. t. M. Mét. 1908. Nauwelaerts. xm-xxrv.. Cl. 1962 (h ay trad. Stuttgart. Scbuhl. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. 2 vols. París. fr. Wilpert. P. W. 7-36.. Eudemische Ethik wui Metaphysik.

H. B. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum. París. N. 5 1-84. Espasa-Calpe. 2.. Traktat über dir Klugheit. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen. 8). La ?a­ rola del Passato. 2. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. A. J. Kosel. «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». VI. V. Jena. Mu­ nich. pbrónesis. 1928. pp. Tubinga. 1 9 1 8 . 4 vols. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec.. Loeb. 389-396). 1994)." ed..fondement intellectu.. BAC. de V. Ga­ damer). Isnardi. Munich. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. 1 . «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». ed. 21 6-236.achischen Ethik.: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia.Ba silea. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. Staate. Monan. 1958. fr. N. Pfeiffer. H. Fundamentación de la m. 1951 . M. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. 1903. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. Die Lehre van der praktischen V sophie. 7). tesis en . 69 (1948). q.. 1932. 1961. Fragmente der V lín. XI). Michelakis.. vol. Goteborg. Se las encontrará en su lugar. Hermes. 25. 6 (1938).. Jankélévitch. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. Stark. 51 ( 1956). J. Rabinowitz. lastique de Philoso icus"». Delbos." ed. 360-380. de W.. D.. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). Mansion. Madrid. García Morente. 1943. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. pp. tesis en Friburgo (Suiza). 1). . 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. 89 (1961). Delagrave. W. 1960. O. B. pp.M. Du. El. 1959. W esen und W andel der T ugenden. publicado con el tí­ tulo La prudence. 185-219. 1946). pp. 56-75. 1954 (Zetemata. tesis. Mnemosyne. S. 80-107.. Aristoteles-Studien. rrunkfurt. M. XVI. 58 (1960). b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp. 1957). Noble. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. de la Revue des Jeunes. Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. en Moralia. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». Magna Moralia und aristotelische Ethik. Kapp. 1958 (hay traducción castellana de M... Leipzig. de H. Tomás de Aquino. «De la virtud ética». F. 42-61. 373-374. Ullstein. American Journal o f Philosophy. tesis. 1905. de Th. istoteles und Platon». 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia.1924. Revue Néo-sco­ phie. Deman. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. l. Mohr. Oxford.. Kuhn. Suma teolóeica. trad. E. E. Wcidmnnn. Berkeley-Los Ángeles.246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». von. 1937. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote». Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. 1949. París. Walz. R. col.. 33 (193J).. Berlín. Cleisionnis. AJmqvist & Wiksell. BerDiels.. 138-164. Kant.• ed. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. de. Friburgo de Brisgovia. Philos. «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. en Mansion. Gillet. F. orsokratiker. I-1.. Plutarco. Kranz. Mattei. 1943. Leipzig. Pieper. Philologus-Supplement. Bollnow. Madrid..eta j!sica de las costumbres. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. 47-56.. Rev. XVU». D. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». R. 1949 (de inspiración tomista). 1925. Olmsted. U a U ae. 63 (1 928). 9.er. . E) Sobre Hirschberger. R." ed.. nueva ed. -. pp.. Friburgo. Hüf fmeister. en las notas. Beck.a ed. Milán.. E. Kullmann. Stoicorum veterum fragmenta. Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin. G. pp. de Louvain. 179-194. en Umanesimo e scienza politi ca. PUF. «Theorie und Praxis bei Ar pp. cap. 1876.. 2. Hermes.. reimp. G. ernunft in der griechischen Philo­ Walter.el de la morale d'apres Aristote. 1912. pp. J. J.

II.ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. 3. . La historia de las ideas . La norma . 43 43 52 63 dencia y habilidad. 2. Definición y existencia . Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . - Prudencia y experiencia. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. El hombre de la prudencia l. 63. lll. Jaeger I. 2. Las fuentes La interpretación . Los textos . La contingencia l. La tesis de W. El tipo. 68. El e jemplo de Pericles. 2. 15 18 23 24 29 35 TI. pru­ Cosmología de la prudencia l. Jaeger Crítica a la tesis de W. 3.

APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. 3. La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. La elección Los dos significados de proaír esis.E l juicio como cua­ lidad moral. LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2.Tco­ óa aristotélica de la elección. 134.L. (nQOOÍ. 3. . de Barcelona 2. . . . 164. 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. . 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites. . Deliberación y análisi 128. . 3. mortalidad en el límite. (yv<.El problema del fJ n y los medios. 170. c6maco . 159. publicada por CRÍTICA. 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4.QWLS) . se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik. am- Ill.250 l. bivalencia de este tema . . . línlltes y equilibrio. S. s. . . Deliberación y democracia. El tema de la «impotencia» de Dios. 2. 177.La in­ Unidad de la noción de phrónesis.La buena deliberación (EMouJ. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) .Í>f. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. Apéndice 2.. La prudencia en Kant Apéndice l . 1 5 1 .El humanismo y lo trágico.ta). 145. 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l.ll}) . . 193. 205 210 212 241 Bibliografía . 184. 137. Ética a Eudemo Fí sica . 124. . 198. intención y clcccióo.

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