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Abenque Pierre - La Prudencia en Aristoteles

Abenque Pierre - La Prudencia en Aristoteles

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LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita

copyright. bajo las sanciones establecidas en las leyes. la reproducción total o parcial
tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

F 263352

y no cualquier otro. «prudencia». en otro sentido.. esa i e a La Harpe. dejando nuestra investigación sin. . 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces.351. 13). Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. aunque sólo sea el del buen juicio.. de esta co. contrarios entre s{. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». sección 2 (trad. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas. más en general. No es ca­ perado. VV. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. que lo racional n.o es una virtud heroica. para preferir el «bien del hombre».5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético. finalmente. I. Quizá. CJocp ia). pp. de la desmesura y el desprecio. 7.350-1. La prudencia es. La prudencia n. 127 ss. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido. del espíritu público. nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. una virtud metafísicamente fundada. pero también: un niño sensato (sage). 5. falta coraje. cansada de los prestigios. necesariamente más larga. Se dice: un automovilista prudente.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. la Ética a Nicómaco y /bid.. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. primer Lugar contra sí mismo. « . La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. q¿¡e es el objeto de la prudencia. y en. ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. y por largo tiempo. que sólo se ar­ cia». La prudencia fue víctima primero del . pem muy diferente. en gran medida. fr. 332-333. quien hizo la teoría correspondiente. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. Olímpica. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. que el bien. la de los griegos. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. que lo inteligible no es de este mundo y que. Kant. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. debía quedar asociada a su declive. pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles.7 que el hombre. Pero n.).0 8. s ttzrde del rnoralismo.la Desmesura. de entrada indistintas. 31 de marzo de 1775. busca un. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones. 9. 1. Pero. incluso las más sutiles. sino preservado. pero cómplices. vv. puede ser el enemigo de lo mejor..8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. si era aún la de Aristóteles. A111ígona. aunque sólo sea por educación. Carta de VoiLar 6. si se presenta en él. ciadas y que hay palabras. de Delbos. En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas. del «héroe» y el «alma bella». de «sabiduría» (sapientia. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. Sófocles. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que. Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. fue. La Segunda parte. más interés que el puramente historico. a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia. también y más que ningu­ na otra. y que es necesario distinguir de la noción vecina.

Le probflm�e de f'etre chez Ariswte.�­ tóteles. pp. 1� Los múltiples aspectos de este debate. físico y moral. 291-292. 14. 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. 146-147).s (pruden. con el último grao exegeta de Ma¡. cuántas sugerencias. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. de Aristóteles mismo.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. . l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas. len inhaltlich» (F. lógico. se puede admitir. t::ssai . siendo la primer. PUF. Sclzuhl. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. 69-72.l"fiphiqllc' ( 1962).-M.-en-Provence. l>:uís. pp. de cronología y. el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. y por muc as mtís. Schuhl. Besan9on.mr la problémati· que ariswtéficiemle. 13. éste sin duda ha utilizado <<notas». 1958. 156-182. expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M.inaban «sobre los posibles». Le dominareur etles possibles. quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10.: El proble111a del ser en Ari. 15. por lo tanto. en especial sobre la no­ ción de xO. 1987').� en su conjunto más antigua que la segunda. Por esta deuda. 1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética. IW10. 1962 (hay trad. Taurus. LXXX (1975). .ObSCUra quaestiO. l. Revue philo. los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. Schuhl. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. Belles Lettres. «. al contrario. . tratándose de Anstó­ � teles. 1964. si bien este estudio se basta a sí mismo. Schuhl. principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio.-M. Pero. cast. Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos. cia) después de Aristóteles. pp. de auten­ ticidad. París. París. 17). .. pp. . PUF. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». y también una deuda: se podrá comprobar que. «De !'instan! propice». zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. 11 Además. P. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. y. Dirlmeier.iiv appcllant» (Cicerón.-M. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. en Vand�uvres (Ginebra). en el caso de la tercera. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. Aristoteles. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas. _ 1 1. pues. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). en París. Magna Moralia. 1: IX. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco. P. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. 12 Finalmente. «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé. 12. contentionem quam neel ovvar<. 34). P. El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. así como sus resonancias siempre actuales. Madrid.:na M01·a/ia. Morale. Aubenque. De játo. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes. se separan de ella. Que estas investigaciones.L(}Ó�.

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa. que son cambiantes como sus objetos.. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación. E1tÍ. yv&ot� i] cpgóvr¡ot�.AA.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». Así. . 298b 23.M11oa�wu ú. recuerda en el libro M de la Meta­ física. f. Aristóteles. l. emplea la palabra phrónesis para designar. PLATÓN. sin referirse esta vez a sus predecesores.' � exei. 2. Met. fr. bn<JtY)f. &XA. III. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. el saber in­ Ideas. donde Aristóte­ les retoma claramente. fiel al uso platónico. SóFOCLES. 590.w0uL cpQÓVIl­ oet. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles. De Coelo. Fedón. pues dice él.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. 1078b 15.OLaoem xat cpgovEi:v. 4. M. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. 68b evrp. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis. Pearson § 1 . que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe».2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física..a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV.oeL xaeaew� l>vcev!. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable.

1140b 26. 7.4 En estos cuatro textos. . Ét.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son. 2.. que era antes asimilada a la sophía. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<. que. Nic. Magna Moralia. 1141a24.rónesis trata de lo contin­ gente. para ser intelectual.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux. el llegar a un rango que ya no es el primero..6 sino de una virtud.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>. JtQÓ\. inmutable· como su objeto. !bid. 1139a 12. una virtud dianoética. phrónesis. Estos «Cuerpos» son los astros. 1 1 40b 2 1 . 1103a 6.13 En fin. 7. en efecto. VI. 5. "tE yv&crtv xai. VI. 16. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que. Metafísica. vrrr. 19.1143b 20). J8. 13. �Qóvq.¡. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico». es obvio que no lo es: «existen. 982b 4. 1 J40b 26. los Cuerpos de los que está formado el Universo». «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx. pues.3. A. 2. en efecto. 5. ignora lo que nace y perece. 5. Vl. en los Tópicos. OME¡. 2.5 Sin embargo. filosófico. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. apuntan a la satisfacción de una necesidad. no obstante. 16 es variable según los individuos y las circunstancias. 12. !.óv). en efecto. 14. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto. OU¡.ocro�lav cpQÓVllQ'LV. aunque. para atenemos a los más manifiestos. Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A. la phró­ nesis. 13. cree posible alcanzar. 15 la ph.» 19 Ahora bien. 114lb 5. sino que es para ella misma su propio fin. 8. 6.óv). 18. el de sophía: la prueba de ello es que. 1. 2. 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. 1tEQL 1:0 VI.. a diferencia de su maestro. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. Ya no se trata de una ciencia. 34. nacidas de la necesidad.ov. 14 es. 4. 7. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). VI. 13. Ffsica. 5.). 14.. 3. si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. no duda en calificarla de phrónesis. aquella que no tiene otro fin. arquitectónica. bajo otro nombre. (VI. 10.. 247b ll. 1141a 20.. 20.wv x. Nic.'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡. 6.at émcrrij¡. Nic. l366b 20). 7.3 Finahnente.oyLO'tLY.. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia. 1 J4la 34. no sea aquí no sólo una ciencia. demasiado humano. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid. 114la25. 1140b27.. no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime. a las artes. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. l. I.t. 15. al comienzo de la Metafísica. Ét. Jl41b 11. otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo.1139a 1 (cf. 9. en el seno mismo de la física. &eeri¡ OtavoLa�: Ret.�ÉQOV'ta Éauwt\. A.7. el saber desinte­ resado y libre. 8.física. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. 114lb 8. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. "rilv xa1:a �LA. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. Aristóteles introduce. 2. 163b 9. constantemente asociados a émo-d¡ ¡.ttCic. Mew. Cf. 9. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. 7. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. J7. ciertamente. por la otra conocemos las cosas contingentes.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana. el saber verdadero.10 Lo más extraño es que la Vll. yáQ e<ntv yrmíoewc. 5.' pero en el interior de la diánoia. en una palabra. VI. de lo suprasensible. Esta vutud es. Vl.t. que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica. Tópicos..T] o a yv<i:JCJL\. Jl40b 36. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón. 139a 12. la exigencia científica de estabilidad. 5. 982b 28. que no tiene otro fin que él mismo.

objeto de la contemplactón. Platón.22 Esta primera crisis se situaría.18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. Entonces se consuma eJ divorc o.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. no es lo mtsmo en el. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. Desde esta perspecuva. poco interesados en el coteJO crítico de los textos. 24. pienso. conocido corno fases de una evolución. Robinson 23. las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. /bid. M etaftstca y etJca se separan . ciertamente. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios. Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. parecen no haber advertido. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . Cf. Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría. por no decir opuestas. no ha renunctado. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. /bid. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr». Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. Aristóteles «será toda § 2. 1955). es decir. edición de la traducción inglesa de R. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. ( 1948). . sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro. de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22. p. sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta. sm embargo. cual Dios. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. el hom­ � W. trascendencia de lo divino: respecto a Dios. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». segun 1a . La tesis de Jaeger es.24 Si en la Ética a Eudemo. capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. percibida no en sí misma. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung. cuya mor sigue siendo «teónoma)). lleno de conse­ cuencias. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». la siguiente. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano. CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. n. lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. a condición. 21... 83. aportaba una p. . pero sin referencta alguna a la norma trascendente... /bid. Aristoteles. en resumen. p.0 l. 85. entre el Protré ptico y la Ética� Euderno. 533de: «No es. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � . las relaciones de la teoría y la práctica. 85. República. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra. entre la razón teórica y la razón práctJCa. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». al menos aparente. Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. donde designa la contemplación. LA TBSIS DE W. teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25.21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. según Jaeger. nueva edición sin cambios. VJl. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. Ci­ vez más de las preocupaciones .

Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). según el testimonio de Cicerón. considerada como unidad de la teoría y de la práctica. p. a una caída de la filosofía en el empirismo. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"».QE't1)).3' La falta de sentido teórico del Liceo. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. más exacto.26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. 1924. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. an­ tes de Platón. se podría decir «dramática». 1928. Mind. A. Aristóteles. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. 28. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. vo'Ü� o buotT)¡. de la prudencia pequeñoburguesa. la justificación del oportunismo o. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. en la teología de un Dios lejano-. Desgraciadamente.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto. algunos años más tarde. 31. P.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. 16. moral in. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. entre la metafísica y la ética. en un divorcio en­ -o. el fundamento de la vida política misma. 461. Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. según su propia interpretación. a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. el prime­ ro estaba representado por Parménides. al ideal práctico. relegada al rango de ideal lejano. pp. 29. P. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación. la acción recta a la contemplación de las Ideas. 440. en particu­ lar el de la Idea del Bien. 27. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. T ayl or. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. su indiferencia respecto de la especulación. 250. una «degradación de la mística en política>>. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. partidario de la vida activa. el segundo.. 3. De hecho. 32. . E.\IIA 21 motivación. al menos provisional. hab(an obligado a Aristóteles a este retorno. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. Acl Att. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. El término.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. el «humanismo». separando de nuevo la teoría y la práctica. para ha­ 26. iban a dar una victoria. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. Antes de Platón. 11. 451. y la vida propiamente «ética». Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». On the Origin. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. pp. y Dicearco. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. por los sofistas. partidario de la vida contemplati­ va. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. disociando la vida «contemplativa». más precisamente. Anaxágoras y Pitágoras. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico.­ sight). 390-421. P. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco».t'Y]. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción. al hacer del conocimiento de las Ideas. 192-l98. Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. 30.27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. en la que se asistirá. sección de Hist oria de la Filosoffa. conforme a la inter­ del platonismo.

crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. símbolos tradicionales del ideal contemplativo.c. p. 9. r. 37. y. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa.. sobre todo. Pero. p. 7. La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio.. de la prudencia. l. 34. On 1he Origin.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica.. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. "ttJ. ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). según Jaeger. Eud. si bien es nece­ � 36. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. CjJLAOOO(jllCI. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». realizar su propia tarea. se mencione la sabicluría». 1216a 11-16. S rates. § 3. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . CRÍTICA A LA TESIS DE W. 35. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero. pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales. Enc?ntramos. ll98b desde la p. y es Pericles. 437. Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. Jaeger . 5. de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. mientras que el segundo. 1140b 7 (para Pericles). liberada de preocupaciones sub33. utilitaria incluso. 4. del mismo modo la prudencia. no habría �isto más que supervivencia en el elogio. la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. Protréptico.22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras.33 Por el contrario.39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. como a otros análisis aristotélicos de W.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana.35 acción eficaz que de teoría. del ideal contemplativo. 6 ss. al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí.?Óvr¡mc. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. l<Ctt . Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. . Llega in­ un� norma.38 Con este comentario el autor W. sino recordar la estricta alternas. nes que permitirán a la sabiduría. Magna M01·a/ia. al regir las partes inferiores del alma. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o. (132. 39 38. cf. n . p. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. y el autor insiste. 1215b 6-14. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría. V. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. Él. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal. 34. Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. 11 Walzer. 5b W (1. . la curva va de la contemplación a la acc1ón. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. vtda contemplativa. l.) (Anaxágoras y Pitágora�). es cierto. 8). el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente. On the Origin. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que.UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. 49. siendo excluido en adelante todo contenido teórico . por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. al hilo de una del phrónimos. 34. fr. l. 1215b 2 (Anaxágoras). de Magna Moralia no haría. El aristotelismo de de la vida contemplativa.f. más aún que Aristóteles. . Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. Magna Moralia. una tesi� de este género en la Jbid. Nic. Carta a Meneceo de Epicuro: .JAEGER sariO reconocerle. 440. . Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. ll97b 28-30. Ét.

lsnardi. K. Heinze (Aristóteles. cit. 2. Schubl. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. pp. Es el momento en que la libertad del hombre libre. 3 1 . 425. del platonismo. fr. pp. M. De hecho. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. aun cuando conserve ciertas apariencias. 47. Política. como él dice. 42. 14la 6). pp.. É picure et ses dieux.. 43. 1955). se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. cit. En . 44. . en La Pa­ rola del Passato (1956). 129-131). pretensiones unitarias de la filosofía precedente. Por el contrario. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis. M . Leipzig. Marx. Sobre la evolución de la noción de autarquía. p. Phi/. la reseña de P. respectivamente.41 en que el ideal de autarquía. A. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. fr. Rev. Esta atmósfera de retraimiento o. VJ. como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. a la historia de las ideas. no reconoce 40. fr.or medida. en mel). «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>.46 Esta distinción. 1). distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica. 48. 4 H y el comentario de Tsnardi. 46. cf. Por lo demás. 1946. que se confundía con la sabiduría. y otra práctica. cf. Isnardi. Wesen und W erden eines Lebensideals. De hecho. en Espeusipo. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. 1904) y. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o. pp. pp. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo. por ejemplo en Dicearco. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. El filósofo. p. la «tranqwlidad del alma». de Molitor (CEuvres phi/os. a falta de mejor solución. de &J. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. 45. trad. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. y nuestras notas en Le probleme de /'etre. se transforma. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos. indisolublemente teóricas y prácticas. l . que consagra la ruptura de la teoría y de la acción.. p. do puramente especulativo las doctrinas.-M. 109 ss. Cf. pp. otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates.42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. 7. en libertad interior. 424-425. 401-433. 4 1 . TU. J. 11. como se ha dicho. Heidelberg.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. TóFr. la «liberación de los tormentos»48 picos. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». aunque sea provisional. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. op.45 Pero según otro fragmento más explícito. 6 H.47 De hecho. (1958). en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». la investigación de las fuentes y la propia interpretación. que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. del ideal de vida política es por lo menos paradójico.. 500-501 y 504. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón. X. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro. art. Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf.44 Así. capítulo 1).:urtlu. otra cosa que un tema de escuela. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo».OQlltLX�v t<ilv ovtwv. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». 'OQu:rmd¡v xut 8E<.. Festugiere.

53. Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral. Le dominateur et 982bc. esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. la contemplación astral. Aristóteles. aún.52 La ciencia buscada. 7.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. 986d. se basta a sí misma. 57.rónesis. supra. una función activa. go. en especial el De plzilosophia. en adelante comprendida en el sentido de prudencia. Así pues. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico. aquello que hace del hombre un sabio. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos. no es la forma más elevada del saber. Sería vano. 77 H. les possibles. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. p.55 pues merece. y los temas místicos del Epínomis. 52. Pero 56. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia. de la misma manera y por las mismas razones. ahora bien. se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. la única que vuelve al hombre sabio. es decir. una c1erta 49. cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. cap. que no �esu�» (97?d). dado el 974b. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. 977ab. 50. Epfnonus 51. Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. 973ab. 2.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». ello. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. Primera parte.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. Más aún. 59. 43. cap. el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. (cf. en una .� Finalmente.tral. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. P . soc1edad ya extraña a la filosofía. ceSIVO. Cf. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. le parecía que Ar . esta es la naturaleza de los astros». más bien. por todo un aspecto Mác. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. sino más bien los propios astros. Scbuhl. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55. 60. favorecw de su 'filosof1a.57 Si nos atenemos al uso del término ph. no es sólo el ho W. es precisamente la «política». no es otra qu. Vl. il!{ra).r6nesis. . en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. que presume de no ocuparse de los asuntos humanos. . en efecto. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle».54 Más adelante. carácter problemático de su reconslrucción (cf. 977a. Fr. y la prudencia aristotéUca. Crantor y . esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. Con Polemón. 17). Ya desde el prólogo. Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste. será finalmente la ciencia del número. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación. J § l . 58. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. p. 982e. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. la phrónesis. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. 1 14la 2 0 ss. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud. en lo su­ . . y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. Le probleme de L'étre. no ha sido a n descubierta.-M.26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. Crates. un nuevo rebrote del ideal contemplativo. 54.53 No obstante.no sólo era característico del joven Aristóteles. istóteles mismo.

FesJugi�re. 63.:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. Rev. como del Liceo después de Tcofr:t slo. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. Oxford. no se puede explicar. 1934. Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. que está en el origen de estas reconstrucciones. Merlan. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English.62 la de Walzer63 o la de Ross. «On a lost dialogue of Aristotle». pp. como hemos visto. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. Jaeger. El Protréptico sería. VI.. Xll. Phil. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. 1870 (vol. . no uno. Arisroreli s fragmenta selecta. no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. Florencia. Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. apanarse de la especulación. y por ello como más o menos recientes. 1955 (trad. Wehrli) y. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles. 64. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. Arisroteles.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. cap. y se puede prever que sus con62. sino que mantiene ambas. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. A partir de la signifi­ cación platónica del término. llct�didcs Póntico. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. Desde Bywater. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. pp. la herencia de l a sabidurra socd1ica.. más tarde. como t.. Jaeger. como bastaría para probarlo el libro X. Aristotelis. como hace Jaeger. la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo). 18863. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. pp. y debe buscar en su propio nivel una norma que. Berkeley-Los . 1957. 61. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas. 122 ss.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. 55-69. ni siquiera de un primado de la vida política. fragmellla. 76-89. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. 1952). P. en este punto como en otros. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). vol. 65. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. Arisrorefis dialogorum fragmema. Así pues. Angeles.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. Jou rnal o f Philology (1869). Teubncr. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. que serán las de la época helenística. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. 65 ss. Ar istóteles no opone la una a la otra. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. por reacción. From Platonism ro Neoplatonism. 66. pues. (1956). de la salvación del II W. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. fr. A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. 67. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. sin embargo.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles. no deja de ser intelectual o «dianoética».

res ( 1 958). istotle avoids Cf. S. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. Ahora bien. pp. VI-XJI. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-.74 una ética. 75. /bi Hermes. sino la posición de la ftlosofía en general». Cap. Gadamer plantea una ley general. 62.ará admitir que Ar a e l. p. Gadamer. JO. op. 9.. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin. t. 9-1 O. p. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . 31 9-320. n. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. S. !bid. ha obligado a los defen­ Por mác. cit. cit. � trata de una «Obra popular» (L Düring. l. 1366b 20) y en los Tópicos (V. p.c. y en ninguna otra parte del resto de las obras. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e. n. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». p. 34. como sostiene Jaeger. cuan­ é Según Düring (p. etc. 6. p. en especial 74..). 155. ibid. nada permite pensar que sea así. habrfa sido escrito hacia e l 350. 8-9. por medio de argumentos que se enraiz. la d 145. op.. en co�tcsta este punto de vista. Pistelli (I. 2.. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. 20. de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. 10. fragmentos 27 y 29 D). cos. 70. Düring. 5-36. d. quedaría pendiente de probar. Aris­ totle:r Protrepticus. Düring. strict terminology in thc Protl"epticus».77 Antes hemos citado textos. J. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. 68. Revue Philosophique de Lou­ 68. p. que no ve razones para excluir estos r f m 72. p. aun cuando se admita que Aristóteles. 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz.. op. 17. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa. cit. pp.76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo. 73. 316-320. 6. DUring. Düring. 191. 1960. op. 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. pp. 29). p. tmchtung der arisrorelischen Ethik». esp. t reacción parezca excesiva. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas. p. epistéme. 36. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. pp.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. 195-196. parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. retomando Lodos los elementos del debate. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. cuando no trata esso.72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. t:repticus">>. Düring. cf.71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146. 14. l96l.. 3). Bast. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. p. An Auempt 01 Reconstruction. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía.ta doctrina con la<. Dliring. p. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles. Ahora bien. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas».70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico.. 36. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. V. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. vain 71. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y. Mansion.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente. iscusión de JV. sophía. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia».da de la filosofía . Pistclli) sean postaristotéli­ . textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9).. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. 77. Pero. sino sólo en «convergencia de probabilidades». VI. refiriéndose incluso a teo­ rías banales. 27-60. 69. (cf. cit. incluso las «esotéricas» de Aristóteles. que no son necesariamente las suyas. LXUJ ( 1928). no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. l45a 30.

1217b 21. singularmente en la Ética. injustamente despreciado por los platónicos.. o en las obras esotéricas. o bien lo ha criticado expresamente. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. A. 82 y 97. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. . l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. Eud. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas.. exac­ tamente como en el Protréptico. Vn. se de una retractación de Aristóteles (cf. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. p. conviene matizar. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931). a quienes Aristóteles considera. S. en las Éticas. 983a 3). por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. . . uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. sucede lo contrar io. El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. si no bao 79. es decir.82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. Ét. o al menos contra un cieno platonismo. restaura el honor. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . 8. por lo demás. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. 1096b 17.BA Aristóteles nos indica. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. caracteriza al prudente . Considerar lo que está bien para cada género de ser.1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. 190). 7. siguiera empleando el término en u sentido platónico. p. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. Nic. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . es para medir mejor l a aberr. 1 1 4 1 a 25. como ya se ha dicho (R. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso. no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. 81.79 Sin embargo. . 8.. Ét. igual que Platón. Le wvbleme de l'érre.. designando el conocimiento por excelencia. 1 140a 25b. L2lSb 2. 83). rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco. sino preplatónicas. p. S. I. como virtud d el a inteligencia (A.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. 4. Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. 13. 4. Más aún. eso es lo que especies de animales . Para el autor de la 82. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. a. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. Eud . Mansion. .oywuxou UQE"ClÍ). . VL S. I IS2b 15-16. Walzer. .80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. pero no por prudentes». que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. 23. 2. I. cpQÓVTJOLs. 12. como el conocimien­ Pericles. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. no platónicas. Pues. y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. Nicómaco. 222. Ét. l o s textos citados más arriba. en la época en que escribía. . . 78. 1216a 19. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente . pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. por lo demás. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. en realidad. saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8).oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). que Anaxágoras era un phrónimos. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. 83. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. en especial elde Gorgias. por más original. 27b. cf. una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado. Esta corrección no contradice. Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. que.18 Parece como si Aristóteles. Anaxágoras. Nic. LIS3a 21. 80. Por por con f esión unánime. sino populares. De hecho. como ya lo hemos hecho en otra parte. el platónico. en especiaJ·pp. pues. l. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo. Cf. que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. considerado más esencial trata de ello ex prof esso.

Die Entdeckung des Geistes. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. aquello a lo que se opone. en particular trágica. sea cual sea su de­ 87. pues. y ella sola. en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. admitir que la idea de la prudencia. 19553. que designa la verdadera unidad de cálculo. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. No se puede dudar aqu. .34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya.ov fPQOVLj. por ello. recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto. el sent1do «platomco». 348d. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. . sin embargo. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). Hirschberger.85 En el �roblema que nos ocupa. En el otro extremo de la can·era de Platón. sJgrufica. Más aún. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica. pia 86. pues.ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. J. pero más cercana a tra acción. que. la dialéctica o la política. que sobre el término mismo de phrónesis). infra. por el contrario. pp. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. hay que comenzar. de su títlllo. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. esp. Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. 99b). en todo el Filebo. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). Por ella. Leyes. vór¡ o�c. a ejemplos o a citas tomados de poetas. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. sobre el hombre. Phi/ologus-Supplement. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. incluso en este caso. tanto co el Filebo como en el Me11ón. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. menos pura que la episté me. entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. 5?cd):_ se puede. . Platón miürá reconocer las «fuentes». Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. En este sis). phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. ov'Y)atc. Asf. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón.a mfeoor (cf. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. 1931. Onians. pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . cf. Habría que matizar. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. Igualmente. 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. nominación. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. el mundo y los dioses que la antropología. a pesar idea de sabiduría. Pero. a propós it o en est os textos de Pl�tó . Quizá. Cf. también Repú­ blica 1. Sobre la phrónesis en los pri­ re . The Origins o f Europecu¡ Thouglu. Snell. en este punto como en otros. XXV (1933). . . d. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. sobre todo en las Eticas. la interpretación. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b).í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero. R. este estudio trata más bien de la . pero con la reserva de que phróness. a su vez. por el contrario. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo. no es temerario suponer que. pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. hace falta contar también con esta palabra poética. este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . Cf. B. Tercera parte. . 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡). �7b.Et E1tl01:�j. Cambridge. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación.t11 � YJ_YEfAWV. . pero no lo entienden en e l mismo se ntido. la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. 492a).. en csle terreno. 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. l-200 (pero. Fil _dun es dec1r. 490a. la oposición de Aristóteles y ele Platón. (a uxili ar del movimiento).

si bien. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ . pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética». santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». o bien. diario obligado entre el fin y los medios.ión peyorativa. horizontal. . Ollé­ chen zur nikomachischen l:. a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria.. 47- 56).89 Se podría considerar. 1881. Se habla de «hiato . si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. el método genético. Deman. que es el libro VI de la Ética a Nicómaco. si se puede decir.s V . de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. y por despreciar el texto esencial. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. 19!2 (sobre phrónesis. se ha terminado por olvidar lo que había de otros. de asis­ ario. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. tico. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. 1949). para realizar la «juntura». se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». se ha Aristóteles y sus Éticas.-H.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. Más aún. «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. más que transición y paso entre extremos.• ed. . lntroduction a la prudence (Sunw teológica.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas.. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. 5 ss. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico. el Protré ptico. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. como saber de lo particular. con 89. se podría decir. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. tendía sin querer a mudarse en interpretac. Berlín. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. Noble. la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote.!hik. L. H.-D. Jaeger. intangibles. de la Revue des Jeunes. 48-52). Sin embargo. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. en este punto como en muchos ta fúica. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. 201 -202). siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad. Éd. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. q. pp. hace gala. esencialmente de la Etica a Nicómaco y. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. por las estructuras. A la compren­ sión. . no viendo en todos lados 88. tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. pues. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. lla llae. Kapp88 y W. pp. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas. Así. finalmente. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. p. en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. 1. En esta perspectiva. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. cación piadosa. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. uniformes. por reacción a la tradición de la exégesis. más en ge­ neral.

que critica la respuesta de Jaeger. Jena. no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada. lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. en tanto que «práctica». J. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. es decir. R. . Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica. de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . no por ello es menos un conocimiento. . en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. en Inglaterra. pp. . Ross. sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular. es la determinación del fin. en Alemania.w Pero. «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». entre la teoría y la práctica y. tal como hemos visto. 1874). que uno de los momentos. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía. 1905). y tomar los propios deseos por realidades. siendo ésta depen­ diente. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo. equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo.91 para recordar que. Jaeger. 95. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. en Francia. imperativa. es decir.38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. ? pender la virtud del saber y. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles.-A. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. Gauthier. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. Walter. se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . R. Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. no duda en traducir phrónesis por sabiduría. sobre todo. L(l mora/e d'Aristote.-A. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. en realidad.sta problemática era. queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . pero srn criticar la cuestión misma. con­ trariamen e a una tradición venerable. el de la eficacia. si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. pero. R. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. 9 1 . Sin 92. Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. para determinar inmediatamente la acctón recta. en caso afirmativo. E . aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. Robin. la cual. entre la ciencia y la prudencia. Gauthier. Zeller y Jaeger. Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». No obstante. mren­ . finalmente. incluye el deseo y la virtud.-A. Ciertamen­ te. cuya paternidad atribuye a J . en tanto que «intelectual».92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. de qué saber. no es de ninguna ayuda para la acción moral. !bid. Tambt n era la de R. la inteligencia del bie? no basta . Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. 95 y 94. Gauthter. la de W. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». 93. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. a prever. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. periencia. un saber teórico de los principios de la acción. p. Walter. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin».-A. precisamente porque es sólo teórica. Pues. es decir. Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular.

a través de ella. más cercano que él a esa prudencia reverencial. que es denominado azar cuando somos afectados por él. puesto que somos hombres. el cual ya no llega. pues. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. ¿Será. secundariamente. más griego quizá que su f ' maestro. es cierto. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. en los límites de lo humano? La respuesta. verdadero mensaje trágico de Grecia. no son platónicos. Se puede uno extrañar. al menos en su totalidad. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre. nos dice. Aristóteles nos orienta. sin embargo. lo contingente. Pero. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. sin embargo. y que renace en el hombre aristotélico. de vivimos es contingente? ¿Será. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV. en los tratados éticos. . La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. pues. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. ciertas variaciones extrañas de su sentido. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. disipar las últimas sombras. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. El problema de la prudencia y. en un mundo dividido.

Estobeo. SVF. en . bay aquí.tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. 2. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. lll.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. 38). 43. y también se omite el 'X. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. IX. Ill.Qtt&v xai. JI. m. Su instinto de conoci­ miento era insaciable. 153. 268. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad. De natura deorum. «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. 59. 153.. El rasgo expresado por estas tJ·es úl. Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in. .. Así como las definiciones estoicas de la borioso o. 4.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡.ventione.. el contrario. 11.l.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. SVF. 53. Math. 59. SVF III. &:l.cpov (SVF. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida .Ob oVbe'tÉQmv (cf. Andrónico. I. II. parece. . El nacimiento de la tragedia § l. por ico (Adv.tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. pues lo que aprendían. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. Ale jandro de Afrodisía. cf. 283. Jll. si se quiere. Ecl. una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al. querían también vivirlo. 15. 262). 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). ill. NIETZSCHE. sin embargo. 262).

a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7. 13. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia. Tricot. hay dos especies de disposición. 6. a. S(Ul phrónimos. en este sen­ t ido Dirlmeier. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. sino el bien y el mal para el hombre. 2. Pero esto es mera apariencia.que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer. l.r¡8oü.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid.. VI. n. 47.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente. De libero arbitrio. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes».. Si la prudencia no es una ciencia ni un arte.L. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f. 1 140a 24-b 6. mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues.. Cf. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4. esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo. 8. Aristóteles no parte del género para descender. Líber 83 Qua.r¡8lj J. 61. 6. Pero esta definición es aún demasiado amplia. 1 nimos. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar. nolr¡cn<. 1 1 40b 5). tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. Bywater.8 La existencia del prudente. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles. 1 140a 3 1 .óyor. la prudencia no es un arte. .estionum. cf. puede (A..clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte). que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia.la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría.4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación. Ross. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio).óyov aJ. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � . pues la prudencia tiende a la acción...t.lE"tcl A. has­ ta la cosa a definir. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�).r¡6oiJ. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae. sin embargo. Cf. 1 144b 28) es discutible. una aplicación del célebre método platónico de división. (cf. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. 4. Pues. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir .A. 3. 5. Se comprende. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber. que citamos más ade­ I J . o el Bien y el Mal absolutos. obedece al esquema clásico de l. puede en rigor ser denominado &J. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. ¿será un arte? No. 1 140b 20) y e�LV aA. Su punto de partida no es una esencia. Pero esto probaría como máximo que es una virtud. La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre»..6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección. aquí no se trata de la rectitud de la acción. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. 13). sino ele la exactitud del crite­ rio. la prudencia no es una ciencia. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét.: Apelt va hasta sustituir aA.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral. Vl. cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia. sed contra). en realidad.r¡ 8oü. l l40a 24. del arte.. en sentido contrario. 5. l 1 06b 36). q. pues.r¡6i¡. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum». 5.. diferentes.: así pues. está claro que sólo el A. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál.40a 24. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente). que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y. Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl. en su formulación.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica. y el hacer. mediante divisiones sucesivas. Se parte del uso común.r¡8ij por &. JtOLr¡nxi¡). Todo el mundo reconoce al regla verdadera. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. y el arte a la producción. 4. Nic. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. que trata de lo contingente. tt. precede a la determinación de la esencia de la prudencia. expresión de la experiencia moral popular. de la virtud moral y de la sabiduría. la leyenda y la literatura.óyou áJ. el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje. lante. que trata de Jo necesario. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales.. Gauth ier.7 Se podría reconocer en este planteamiento. 7. y no la e. J .r¡ 8i)r.44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. supra la defi nición de la virtud (ll. JtQéi�L<. etc.IHU ). q.

) . 1%b. y oocpta. le proporciona las reglas idas y (I. Reptíblictr. Et.-A. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. p. ibid. n. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf. Por el contrario.16 o por mo. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. que ha es­ . el conocimiento de lo inteligible. p. <<Der Grossgesinnte. activa (Ou¡. .46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. justicia. en todo caso. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. probablemente de origen popular. Wesen und Wcmdel der T � 15. Leyes. sólo que. mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje .. 3. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. l. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. 15-16).. En la tradición latina. 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. presente en el 2 y 58. . va­ 9. 25. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. es dec1r. ObJettva.a o cpgóvr¡at�). ino pmdentia Es Cicerón el que. y según los principio¡. Nic. 1323a 27 ss. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. Banquere. una empresa sistemática en Hacker. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). p. conforme al sentido popular de la palabra. Schwartz.r¡nxóv).tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. Die Erhik der Grieclren. p. 2. racional (Aoytxóv). se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. Robín. c:r.. R. SVF. l a unicidad absoluta de la vir­ tud. ro. Pero é Sible . de la Magnanimité. 1951. 72-75). la templanza. Nic. pp.. quizá Einteilung.ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik. 427e. en este sentido N. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. 52-53. el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s.. o. en (1. la justicia (Otxmo<J'Úvr¡).� En los d?s casos. VJJ (1931). Stuttgart. 7. 14. ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia. y fficiis minisrrorwn. nota siguiente). Berlín. para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. Anstotelcs» (/ ugenden. no ha estu­ . toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales)..� que.¡. J.. Eud. 3. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. d e Jar de sorprenderse . el valor (avogeí. 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. al sistema. .. 'fl· Jaeger.r. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. De la virtud ética. al menos a aquellos de De hecho. 1220b 38-122Jb 9. y la justicia. comun..ido frecuentemente subrayado. 153). Ném. <Aristótele. en la cual algunos han quer ica. la teona de las vtrtudes. 52. . con Aristón. a lo Leyes. ya sugerida por Platón (cf. Cf. banal.lma. Bollnow. 27). Ethik. y que designa cpQÓVllcrt. or 1 1. Éticas de Aristóteles). 14 Aristóteles. o s l nusmo n CIIS. qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. cf. IV. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. E. 97-105. cf. se contenta con una en umeración e'?pírica. De officiis. Plotino distingue cpQÓVTJOt<. 62. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. de exposición.¡. 13. L. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo. pp. 1863).. todos los demás hablan de aoq¡ta). es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. �a se trate de una clasilicación subjetiva u . en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. 68. Tan sólo Cicerón.a-. 1 15). sobre una división pre­ tudes cardina/es. Rose. 439d ss. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. ibid. tablecidO él mrsmo. 1. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. pp. la pr estando subordinada a la segunda que. 6). 7-9). Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . al igual que ellos que no afinnarán. Cf.. lo cual evoca la idea de previsión. Gauthier. � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0. 3. 1334a 22. 1. 1 107a 28-1 J 08b JO. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. 1).11 que re­ . apunta a la exhaustividad. . al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. F. en las ptico. A una descnpc16n de estos tipos. de saber eficaz). aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia».9 nos daremos cuenta de que descansa.txóv). Más tarde.und Anordmmgsprim:. es decir.. ill. 10 la cuarta virtud. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco. que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. al a ido ver el retrato idealizado. 1 . través de él 24. Protré Política. templanza). 262-263: L 201. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina.a) y la sabiduría (aocpí.oyttó¡. Vfl. es decir. también Plutarco.11 En cuanto a los estoicos. 5. fV. 55 ss. 235). y es. y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. una galería de retratos. bu . de las cosas que se han de atri­ realizar. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). . sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. Das En otra parte. de las cuatro virtudes. 10. 6-9. lor. fr. Cf. Die A11tike. l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. más teór e atiene a esta distinción (cf. .16. � . Il. 1-Jartmann. qJQÓVTJOL!. Et. recurre al térm finalmente. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. siendo más general. 43. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡).

El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. o incluso el retrato i. Lovaina. no tienen nombre (av(OVUf. por ejemplo. 3. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. si el filósofo jtlZga el lenguaje. Además.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. 24.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-. que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones. no tengan nada en común con los pri­ meros. son generalmente utilizados a la vez. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». o Aquiles o Áyax. el de Jos caracteres. 19. sino mediante el recurso a la descripción. lo corrige y. 7. para ser más exacto. E.. Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. Allendy. Rev. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. . nuestro 17. 1 1 9b 23 (trad. Burnet. al menos de su yo ideal. Joachim en sus Comentarios R. 18.48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. 13. del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. Aristote et les problemes de méthode. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco. Este méto­ do. por otra parte. fr. 1220b 38-. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. 317. entonces. De hecho. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos». no en los traba jos de guerra. sin embargo. 20. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». que es inductivo. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. 23. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico. los dos métodos. l l9b 22. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana.. apriorístico y deductivo. Il. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. 1947. Eud. Owen. Tricot). guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. continúa Aris­ tóteles. nos preguntaremos qué elemento era común a todos».. lo sup]e. hay que düigi.teva. Ét. sino en el hecho de dar y adquirir dinero». cpaLvó­ ¡. por lo general. pp. más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. si se m ira bien. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada.teva. (ad loe. como en el caso de la pmdencia. Nic. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. se constatará que. dos géneros de magnanimidad. Así. ou le complexe de trahison. II. 36. determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori. eventualmente. ll. cf. Aristote TV. 21. más esencial.). que implica cada vez una virtud (Et.18 Con ello.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. 1961. 97b 15 SS. 17 del hombre griego. en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud.23 Puede pasar. 22. a la vez fenomenológica y axiológica. y considerar qué elementos tienen en común. si se quiere. pp. en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva». 1\6évm ta cpmvó¡. L. de J. Pero entonces. 83-103. Cf. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana. tanto los f. por A1istóteles mis­ mo. G. de la cosa misma. su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada.. si Alcibíades era "magnánimo".ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. Pero.deal de Axistóteles. Aristóteles comienza. p. Phil.eyó�tsva como los hechos de observación.122\a 12). si se quiere. tales como Lisandro o Sócrates. 300- Retórica. como. 1.20 Volvemos a encontrar aquí. hará falta distinguir dos especies o.

sino el prudente. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. la erudita tesis de Dirlmeier. .34 el portador vtv1ente de a norma. 4. Sobre la noción y sus orígenes platónicos. ÓQÍ. en efecto.29 No retendremos de esta definí25. 298-304.25 T ambién distingue. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. como ya hemos visto. Metafí 32. "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. l. Aquí. 34. de ÓQ6Ó� A. Primera parte. No es siquiera necesario justificar la traducción de A.31 o de lo que. Cf . 33. sino que designaba la regla que servía de norma. 6. a pesar de todos los atenuantes.·.illV�) Aóy<¡) xat wc. Nic. 1097b 9 ss. n� es en familiaridad especial con lo trascendente. pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio. y cap. siguiente. cf. contrariamente a los manusc1itos. EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. Así corrige Dirlmeier �at <be. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. . 5. cualquiera que sea. supra.). en un justo medio . 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). liv ó q¡góvt�Loc.óyo�. pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. to medio es la reala recta. si no es el recurso al JUtcto . ibid.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece.. Pannénides. 3 1 . Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. U . .26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. 147- 148. In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. No podernos contentarnos.. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud. l 106b 36). Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. Pero querríamos mostrar aquí que la definición. 28. leyendo entonces: «. el recurso al retrato no es un sucedáneo. . equivalía a la noción.33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. de la esencia de la prudencia presupone. parece.óyo� por «regla recta». Ciertamente. que está determinado por la regla recta.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional. 981a 18 ss. frecuente tanto en Aristóteles como en Platón. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente.. virtud consiste en actuar según el justo med10. Cf. 29. No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . . la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. Cf.oeu:: (ll. Pero el prudente. en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe. no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas). Cf. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. sino una exigencia de la cosa misma. el que es presentado aquí como la recta ratio. Ét. ya para el Parménides de Platón. Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual. en xnt4>. Ú>QLO¡. ..td�). 1 . No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia. pp. cf.lÍ. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. que A. 26. sino de derecho. sino que es la regla recta misma.UÍvr¡. por 30. sica. la posesión de la �1aestría . . pp. 133d-e. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. es decir. por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. . es decir. y la prudencia sobre lo contingente.la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es). . absolutamente.�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc. La . sobre la participación en un orden general. desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. § 1 . 27. A. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante .28 y que. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección.

en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century.las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. 1. en una inspiración muy diferente de la de la Ética. T eetetb. Dirlmeier de ét. 39. es suscitado una abundante literatura. Aristoteles-Stu­ dien. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. pues.J7 Pero. § 2. sin duda escandaloso para un platónico. cuya importancia ha subrayado W.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1. se decide es el valor.L'YJ V).a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre. 7. 1 16a 18). el Saber encarnado. S. Finalmente. del «gran hombre>>. el heredero del filósofo-rey platónico.ya0Ó<. se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito. para subrayar la «exactitud>> de su arte.. X. 1960. 87. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». son los primeros en la ciudad.. 292c.): . saca de él la Norma trascendente de toda acción. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. es. e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. 22-55. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado. «Los jefes son aquellos que saben». El Protré ptico. l098a 26. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. 16-20. 39. a la retórka. anovOaioL. pp. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. 732a. la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar. 13 W (Jámblico. Cf. Jaeger. 964b.. Magna Moralia. 54. art. Cf. W . en cada especialidad). «el bien». LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. p. Jaeger. 3 P). 582d. Político. fr.A. el papel del filósofo en la República: -xó. ¿De dónde le viene. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. 24 P). pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. Düring. o los hombres que sobresalen. tra Primera parte). como se ha dicho. pero eso era.w<.52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley.¡ou� emtv kO. .36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco.imos es presentado como norma: S?bre este punto. «el representante terrestre de la Idea». pp. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente. Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. 950c. vó¡. Jaeger (Aristóteles. Nic. Stark.. fr. del político en el Político (309d). R. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. ID. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que.. l. cf. I. que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». Estos textos.). R. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. Düring. cf. 55. «la naturaleza». &.. Monan.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. 7. Desdt entonces resulta secun­ valon>. 730d. 253). p. 56 ss. nues­ pretación que de ellos daba w. El phrónimos sería. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>. Zwei aristot�lische Friihschr�fien. Fr. Vl. 5a W (Jámblico.¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. pues no es menos «exacto». del «hombre eminente>>. 170a.AA. Nic. Protréptico. qtúen creía cierto. su primacía? · ma. 52 R.. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. 65.' cada vez por qué el phrón. Walzer. 13 W. 9. o el hombre de valor. Arístoteles. 1 . 300c.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<. pp. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. en Autour d'Arístote. (pQóvq. p. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf. Pistelli). ll6a 14 ss. 13. 185-219). J.("Ú!OLV. 1094b 1 1 -27. 37. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41. Revue Philosophique de Louvain. 258b. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. . proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas. 13 W. Nic. Ét. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco. Ét. p. Wilpert. 38.. el (fr. anodkti:o<. 77-78 y 87. lJ02a 23. etc. a su sola experiencia. Mansion. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf. no ya con el saber del geómetra. 81-97). no es la regla recta. preguntmse 35. 36. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. era él quien representaba la universalidad viviente.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas. 54. pero falta una cosa. PisteUi). pp. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. y los textos citados por F. 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT. p. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf. 23 y 27. ll07a 29. 236.tma xQlveL.. cit. I. II. Político.Ael Protréptico han 40. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad. entonces." hA. Cf.

no está ni en la ley ni en el legislador.CtLÓl:CttOV (Polftico. pero también el inconve­ niente. Cf. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. 49.t(! por ÓQ¡.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡. no es más condenable que la ciencia. V. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. 51. 1 137b 25. Gorgias. nos dice. 15. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada. 14. más generalmente. el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. V. ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles. 294b. Nic. l l37b 17. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí. 45. 297ub). que de­ Política. al que Aristóteles recurre para 42. que ignora los casos patticulares. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna.tGi:). !bid. 27 P (dada la cerca­ . al menos. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia. a definir todo. Finalmente. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. 50. que hace lo que puede. ni mucho menos a ningún supersabio. según Platón. nuncian el carácter absoluto (émA.. en el del Hombre Justo. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. que son singulares. O más bien la ley. contra la ciencia. fr.51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce». Nic. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. De una manera general la virtud moral consiste.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico.do también..44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». Ét. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley. 43. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. 295c. Polftico. pero su espíritu es opuesto. 47.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli.Í>v e01:tV. ni. PoUtico. ánA. en Aristóteles la justicia abstracta.uuo�». Polftico. de tratar sobre lo general. No es. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). que corri­ Protréptico. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. a las circunstancias de la acción. de derecho.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. l l37b 29.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!.oúv.48 expresión en sí misma de un orden matemático. pues. ó xav<. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. 1 286a 9. 508a. de las relaciones entre Jos hombres.w�) de la ley. pero ignaro. La metáfora del piloto que guía Platón. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley. 13 W 55.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. que son generales. Polftico. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas. por las mismas razones. l l37b 12. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a).. To ¡. Por el contrario. 46. al erudito. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia». no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. 294c. 44.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. 48. ya l o hemos visto. con tr.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres. el de la distribución de bienes y. cient(fica.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. Cf. el jefe. 52. tov yÓ. 296c-297a. Compárese Platón. en Platón. en el personaje del Rey y.49 Por el contrario. en Aristóteles. sino en la naturaleza de la cosa. 14.

r¡m�). 44. 22. El bate. «el virtuoso» (Gauthier). de ardor en el com­ anouoat:o¡. da de ellos una confirmación dero. en especial. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. tal como es concebida dente que permite medirla. «the good man» (Ross). coinciden.r i pides Herakles . No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. Aristóteles so. De una manera general. 1962.¡mvó. 1. . sino que es él núsmo la medida del valor.óxaf. En este sentido. simplemente. Eu. cluso en el más alto grado. Cf.u::vov &ya8óv y &ya86v émA. M. sie kennt keine Menschen ausser ihm. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. 41-66. Für die agmí. 6. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. cuya volun- calidad de su juicio. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. El objeto de la voluntad (�oúA. Epicteto en el retrato que hace del cínico. Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». más allá del intelectua­ dal. ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o. «el hombre de b.55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas. en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm.w� xQtveL rtcQL a{n. I. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es.. pues. Coloquios. de ascesis. istjugendfrisch uod jugendstark». 1 178a 18. . 9. La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot). Wilamowitz. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo». 16.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. es cierto. la tr adición de lengua alemana. 36. sondem nur Knechte und Bosewichter. Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein .w� inspira confianza por sus trabajos. Mientras que la sabiduría.. 41-43. Stuttgart. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. Der T-lerakles der Sage. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed. ".. si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. esp. p. Mannesk. lU. pp. II. wird der Sieg dein seio. 1-107.GYv ó anouomo¡. Schuhl. II. . dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. y entonces ya no hay . el mismo spou­ de estas mate1ias.. pp. aquel al que se puede tomar en serio. Griechische Etltik. esp. Ét. Les StoiCiens. que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. 1 06. con la vida de placer. Wilamowitz-Motlendorf.o:. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. publicado por P. .». Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf.. En este punto Aristóteles parece volver. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A. pero en un sentido totalmente distinto. bist du geboren. si se sabe 53. y.. p. aus gottlichem Samen entsprossen . 102-103. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»). 805. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. W.-M. das diesen Glauben im Herzen hat. Paideia. se pregunta. él es para sí mismo desde Platón. Nic. Schwarz. Jaeger. como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud. Eitel. . el pasaje ele las pp. Por el contrario. Cf. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. en él. 127.ien>> (Voilquin). cf. Also spricht sie: "Du bist gut geboren . 1951. al ideal arcaico del héroe. l. Ya no es el hombre de bien ad hominem.. al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. de tensión. por ejemplo.raft und Ehre. 57. Aristóteles en el libro II. pp. . y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual. no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<. .aco.aA.54 sin embargo. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len». París. . 8. ' 55. IV. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. etc. que se un­ bueno. 54. Bréhier. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. Wenn du dich nicht fürchtest. la decisión del spoudafos. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). Si estas determina­ q. J099a 22. X. . Ein Volk.os es invocado en otra parte como criterio únjco. la prudencia. por la tradición cínica y estoica. de dominio de sí.

como su­ cede tambrén en la moral contemporánea. según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . los que han juzgado sus acciones buenas. l l l3a 29 ss. ffi. X. 14. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. VIro (Ad Qumt. p. Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano. pues e�los son para sí mismos la ley». cr. 1 176a 17.té'tQOV wv. 5. 61. Mencionemos solamente que. como el placer puro en Platón. los que se han considerado a sí mismos buenos. por su carácter rntrrnseco. etvat). 60. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). 63.no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal. 13. SI fuera necesano. cf. de H. es la virtud 1� que es P?r .). pp.62 como al absolutismo platónico del Bien. R. hacer se pcttente a todo lector no preve111do.. Albert. 160d. 152a. l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. en la Ética a Ntc6nwco. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. XIV. 401 ). 5. Cf. entre el hombre servil y el hombre libre.. 101Ob 5). .58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio». pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». que .. ampharra. 5. la eJOstencta del valeroso. estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas . es decir. 6. de la t. que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. esp. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta.el valeroso al virtuoso. 59. eeteto. los hombres de distinción. J l l3a 25. 184-185. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón.. 1960.56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas. Cf. � �istótelcs asimila . estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. Nietzsche. París. Leyes. J. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. W istórica de tal alu­ sión cf.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . 4. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta. de primer orden.63 y que fa �omparac10n del . sobre la improbabilidad h Philosopilie. 716c. es decir.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. 1833. p. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. 62. En un pasaje de la Política (IIl.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor. vulgar y populachero. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas. que hoy . supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. no puede estar sometido al _ . 1176a 28). T 58..) enLrc los monales». 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . a través de él se encuentran tr�labl �. xat EAE'1!0ÉQLO!:. X. . aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma. 1284a 10 ss. como si él fuera su regla y medida». . fr.. fr. 303 J . . y la del enfermo.Bw¡. 57. 37). Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo. L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡. por el contrario. 1 176a 5-24. que se precipita hacia aquello que le per judica. IV. Weil. sen � rnutll Cttarlos todos . trata de supe­ rar. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. y no a la inversa. para tale cer leyes � h?�bres. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�. pp.61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. sobre los griegos. (N. 5.64 Está claro que traducir en . yc.59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior. trad. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras. . 111. los poderosos. en el mismo sentido ó téi. 1 ). s1. Aristote et l'hístoire. mezquino. es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble». quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . como buen conocedor que era de la Antigüedad.) es pora sr mismo su propia ley». que. Pues incluso si de he­ defi n tda cho. 64. cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. El spoudafos. q�e no se etine. * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. 5.. (X. nos ruce. Contra es mvocad a en la Metafísica (G.tétQov éx&otcp .

que parece seguir en esto a W. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud». míticos o históricos. se verá que. si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. Rose. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. El spoudaios sería. 2. Fr. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. 1360b 19-20. se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla. 70. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro. es decir. Ross. Y. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. o más del Pórtico»). 9. En la Ética a Nicómaco. Es cierto que en 1934. De hecho. Panecio (Antikes Fiihrerwm. Rose. 92. incluidos los comentadores b1zan1:. en o que _ concierne a Aristóteles. pp. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia.61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. p. Dirlmeier. P . pues. Nauck. 68.as). y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. si bien es verdad que. 1099b 3. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). Jaeger. la realización más auténtica del h_om­ bre griego. a propósito de la def mición de la virtud 1. La equivocación de Dirl­ meier. no sm afectaciOn. es � phrónimos.66 pero. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. Mas bten. la que define la verdadera nobleza. sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. 312. Finalmente. 67.69 Más tarde. del hombre sin más. 1.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. como escri­ be pomposamente Dirlmeier. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». Cf. cf.60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . a propósiLo de J099a 23. en consecuencia. fr. Si se comparan las fórmulas. 4. universal del valor. pues. 66.67 En una obra de juventud. Fr . 5. Ross. op.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario.at. _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os.. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax. 4-5. y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad. menos paradigmas en el senti­ do estrictó. en sus orígenes). Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». 345. si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos. no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. 284. (U.7° sin embargo. � te válido. 65. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». y en e l F.1nos». sin duda. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes.óyo�. 71. 94. como había sostenido Eurípides.dad. Rer6rica l. Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. esp. . a «lo que se dice» y «lo que se hace». ofrecidos a la ad­ miración de los griegos. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten. al dermmbarse los valores trascendentes. que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. 6). el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí. 69. 142-144. Política. onou&aí. Dicho _esto. el ÓQ86� A.wv). y Sócrates a Alcibíades.

. pero -añade Aristó­ teles. 3.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-. VU. fr. El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica.QlvsL x. en resumen.72 En la definición de la virtud. y no del ethos. la prudencia. sino el t� smo �ue JU. sino que es norma en sí misma.a virtud: Pitágoras. como todo el contexto. 75. nos remite al personaje del prudente. os). . además.73 Así pues. es cierto. 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes». experiencia. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual. Al10ra bien. ahora bten. .62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. la ciencia de las cosas más elevadas. individualiza. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . y a la sabiduría de las Ideas. x. 13. 5b y 1 1 W. como flm­ damento de la regla ética. <ruvt<JLS o yvw¡. como en el caso de las otras virtu­ des. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. inaugura. además Ét. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente. 1. incluso entendida como virtud in­ telectual.a. VI. a la determinación de la esencia de la prudencia. 5. No sól� es . La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. ayaeo.ga.oos a yLyvwo xeL. penmte discermr factlmeote. poseen la sabiduría. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible. • .o-cos M x.t') . Por lo demás. Nic. § 3. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. sino OLávOLa. un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente. "Ex. 5. • . 73. se lo tome en su senado popular o emd1to. (281 e). destgna una cualidad intelectual. Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce. l215b 6. no significa que ya no haya nom1a. 1 . J094b 27). que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. pero no renuncia al intelectualismo.a. la prudencia de los prudentes. aunque sea bajo una f orma nue­ va. relativiza la inteligencia. A la intelección de los inteligibles le sustituye. . 76. su . la inteligencia de los inteligentes. y es en ello que se es buen juez..aA. En conclusión. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. Nic. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. Eud. lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . es decir. Aristóteles particulariza. de los estoicos.74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. el análisis topológico debe preceder aquí. A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios.. que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo. frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias.L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. � es el reflejo de lo inteligible. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). individualizada en la persona del pl�rommos. el ter­ . pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). to» mc�uso s no se juicio. Ét. � pers1gu � . EL TIPO ' 72. S1 la mtebgencta. Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . . Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. Parménides y Anaxágoras. La «regl� r�cta» se encuentra. l l 40b 7.t. puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. que ' aquí no se denomina voi3s. J2l6a J l . aquello según lo cual se juzga. sino por la rectitud de su JUICIO. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. ejemplo. que no es el sabio platónico. y no por cualquiera). 4. mino phrónitnos. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal. . lo que se podría llamar un intelectualismo existencial.� t1ene . en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. (T. Protréptico.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. ya no • . sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales.

nos dice. 87. El carácter desinteresado de la sabiduría. al final de su vida. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. Fr. pp. 484cd.. no está lejos de consi­ derar a <. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». Port."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. si no por su elocuencia al menos por su huida. anim. fr. /bid. en realidad. 5 1 7d.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría. 490a. al mismo tiempo que su carácter divino. 85. n. difícil y divino». se sustraerá. 86. pero. 88. de manera que su saber puede ser «admirable.8Jl sin la cual. En la nimos que al fondo del problema.35 Ar istóteles. y Protré plico. A 2.87 Pero. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82. VI. Anlidosis. T. Düring. l l 4 l b 3-8.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. Gorgias. Vil. Cf. supra. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. que no es inmediatamente práctica. p.imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles. hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. ha sido afinnado siempre por Aristóteles. Croiset. indiferencia. 83. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. por el contrario. Metafísica. Rose ( 12. /bid. Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. Sobre esta tradición cf..del hombre cualquiera. para los hombres. y la sublimidad. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. I.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. 1259a 6-20. sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. a la acusación de impie­ dad explicando. Rose. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. más que cualquier otro. 644b 22-645a 5. la independencia. 484e. es «inútil». 667. según dice una tradición quizá sospechosa. hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos. 486b. un representante de la prudencia. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. la ciencia a la ignorancia. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. 9). Ibid. según el punto de vista desde el cual se las considere. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara. Primera parte. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». 80. . Panatenaico. ¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. Éticas. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula». ridículo. 174a. desde el punto de vista éti­ co. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition.lTJ). 79. de A. modificada. de un modo general. 78. es decir. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales.. Walzer). Cf. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles. mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista.. que no es la si rvienta de fines ajenos. trad. nos hadamos condenar in­ justamente. Política.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). frente a la especulación inútil de los filósofos. 86. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. l. 5. 7-8. 84. 1 140b 10. 7. 184. la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. 34. 58. 34!-342. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos. 81. Repzíblica. sino que es su propio fin. 982b 20-983 a 1 1 . de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. 262. T eeteto. 1 1. 5. fr. 77.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

1 1 52a 1 1-14. cf. Nic. 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural.vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. el pudor (atóc. 1 1 40b 1 1. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. pero no que no se trate de un . Crarilo. Il. p. y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. y menos oscuras. 12. 164a. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. So fista. 5. 219a. 533d. empleado en otro sentido). 130. Vl. pues. combinar los medios más eticaces. del carácter c�eo�).LO�. 5. 1 144b 31-32). Política. 1143b 1 1 . no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. jugando con la etimología al estilo de Platón. VTI. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. Nic. 1 1. l 142a 13-17. fr. el intelecto. 3-6. 9. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. desprecian el páthos y el ethos). Ét. sino de la reanudación. VI. más rico en disponibilidad que en contenido. sino también de la con­ ducta del hombre. profundo porque no deducido. que las de la herencia. 129. a lo más impersonal. Emdeckung des Geisres.). T eeteto. o por ser virtuoso. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt. 111. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos). la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual. es decir.123 La prudencia es. X. VII. La expresión es de origen l1omérico (B. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. cf. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et.127 Este último rasgo nos permitirá. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. cuya guía son. I. 1 1 W. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. República. 126.�v nos dice Aristóteles.. Ét. Cf. pero si es perverso. sobre todo. como atestigua el Protréptico. . 13. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche. VII. 4 l l e. 1 197a 17: btc:x•. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. n. Banquete. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez.ú�) y. 34. VI. 1). 32. 9. como se puede ver.. 1 144a 30. «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa. 254a. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. 10.14. es una capacidad digna de elogio. según Aristóteles. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1. 13. La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines. y si los hijos no se parecen a sus padres. (n:áeo. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. Vl. se acercan entre sí y se oponen a aque124. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo.y que.128 Pero la ha­ es noble. 1 144a 23. 52. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). hac iendo de las virtudes ciencias. de la cual -.es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. l. cf. En Aristóteles. 1 144a26. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. sin embargo. 1. 131. 1 1 . 127. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. VI. Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones..vó�). 2. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. Mttgna Moralia. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. VI. Sobre la metáfora del «ojo del alma». Cf. l. Que un saber así sea incomunicable. 1 1 14b 7. en la paciencia y el trabajo. Snell. Cf. dado un fin. La pmdencia es ese saber singular. para acabar. del placer y de la pena.cntv. 125. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes.72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. 5 1 8c. sin embargo.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. Pistelli (donde phr6nesis es. 13. l l43b 14.

se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente.136 de «favor divino». 1 179b 23. el del nacimiento. o. y e y bueno. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético. la habilidad del virtuoso. /bid. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. Nic. La educación moral debe reconocer sus límites. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. . la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. por tanto. 13. cf. Sin embargo. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. X. nacen igualmente aptos para la virtud. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant. es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. Para Kant.tá completa y no . sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra. pues. ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. los consejos de la prudencia. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales.tyaOóv). al valor. pero no serán la regla recta. 133. eilqnita). Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». Ét. 126). Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. aunque se sea hijo de Pericles. Aquí. una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. pues. excepción hecha de los «monstruos». La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral. 1 144a 27. es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza. como Aristóteles. m Pero este análisis se complica por el hecho de que. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres.) por la inten­ ción del bien. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. sólo analogfa. etc. 1 144b 5 ss. una vez más. 135. . es decir. VI. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra.. por lo tanto. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. Rodier piensa sin duda en r. si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. 10. 1 179b 27-29. �ta eúqnita no es una excepción. por tanto.. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral.137 Si la coerción es accesible a todos y si. trad. Kant. sino como lo bueno a lo indiferente. pues. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn.l•ene virtud .. sería una «Suerte» no serlo. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. pp. 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. l l79b 8. porque una y otra son imperativos hipotéticos y. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres..74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. 2). 136. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite. a su antropologfa. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. 7. 1 1 14b 6. No hay. 132. Nic. ajenos a la moralidad. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. fr. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier. 137. 1 179b 22. El phr6nimos. Ar istóteles describe un tipo prestigioso.lOV eivaL �l� ovta l.132 Un poco después. para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. segunda sección. X. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. p. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. de Delbos. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:. ID. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. Por el contrario. 127-129 y la merafl 132-133). más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia. moral. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. 10. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. es decir.

e. ll. en su descripción de las virtudes morales. l !09a 28. lo que es. 2. incluso no sería en absoluto. 1 109b 16. que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. cuando y donde hace falta. l . si el mundo fuera distinto De hecho. l l04b 26. 1 Jl9b 17. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. República. 6. Como atestigua. n. . más aún. m. como un último dique. la habj!idad y la rectitud. PLATóN.�<. del fin y de los medios. la eficacia y el rigor. si las circunstancias fueran otras. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. o aquello que debe ser. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. justo. ÓQtl. la inspiración y el trabajo. sino ambos a 2. de la teoría y de la práctica. el bien natural y la experiencia adquirida.ett<.2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es. alli donde no hay ninguna posibilidad l. Ni «alma bella» ni Maquiavelo. etc. el buen sentido y la singularidad. bre del interior y del exterior. pero que puede aplicarse a toda Est<.. y. eveQyeí.»' Mediante esta fórmula. la Antí gona de Sófocles. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales. Allf donde estas situa­ ciones no se dan. liberal. de la conciencia y de la acción.. sino también con lo que hace falta. 2..76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo. por ejemplo. 9. 1 107a 17. la virtud no sería del que es. el sentido teórico y la habilidad práctica. 'H e.at xat wv e<n:Lv. 379b § l. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta. 138. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. O más bien estas son oposiciones modernas. la lucidez precavida y el heroísmo. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. lV. en general. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. Ét. l 122b 1 . 1:ett'<. El personaje de Pericles no la vez. Nic. 15. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos.

»13 Este texto suscita dos comentm·ios. exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. del mismo modo que el camb. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». es decir. btmve-¡. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. Actuar y producir es. cf. F �63352 ��8 F I LOS O F \ .A. V. antes de remitir a otros textos aristotélicos. en el sentido en que lo son las otras. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos. es decir. para Aristóteles como para el pen9. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. VI. n. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. suponer que éste. l l78b 9-18. 2. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6. pues. comienzo del capítulo precedente. La prudencia no es sin duda una virtud situada.10 La teoría de la prudencia es. comporta un cierto juego. 4. puesto que esta virtud no es una virtud particular. l l 40b 5. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las . pues.«virtudes». 1 3. de las «excelencias» intelectuales. 6. en tanto que es una cienCia. 12. que para él parece ser totalmente obvio.. 1 O. p. pues.A. X.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría. 1042b 8.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen.14 Apenas hace falta subrayar que. 4. 1: l ¡. DI. de alguna forma. 4. en i 3. distribuir sumas de dinero o moderar deseos.1 1 . cf. tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. V LETRAS . más profund amente. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. 7.tLa. Vl. I. Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte.á (cf p. el nacimiento y la destrucción (yévsmc. una cierta indetermi­ nación. 7. Hay. Cf. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. 127). la cual. siendo lo que son y viviendo allí donde viven. solidaria de una cosmología y. 1 10. H. 1 140a 1). 8. 8./c/. ni templados. n. 1 . 7. puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. el dominio de lo contingente. 14. una cierta incompleción. Metafí sica..óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. A este horizonte Aristóteles le da un nombre. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. VI.. a propó­ sito de la prudencia. �Eta A. infra. 'tO evbsxó�-tevov aA. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que. 5. 8. 1032a 15. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia. l l40b 27. 200b 32. un horizonte de la virtud humana en general. 5. «El arte concierne siempre a un devenir. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte. 5. . de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. VI. donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. 12 A decir verdad. VI. 3. 73. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. de la aventura y de las necesidades. 1 14lb 9 . l l4 1 a 19. 1 140a 10-14.11 Ahora bien. 1 J 4la 16. 7. puesto que ofrece esta latitud.wc. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble. afrontar peligros. 145.io según la esencia. tanto que es la más alta de las ciencias. pues. 1 .wc. VI. Fí sica. 1 143b 20. etc. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos. 1 1 4 l a 1 . 13. Z. 2 (Sobr e las virtudes). con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en. Sobre esta dislinción. SXSLV. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. En primer lugar. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera». Pero. Enéadas. es. al dominio de lo que puede ser de otra manera. Aristóteles no desarrolla apenas este tema. Cf. VI. de una ontología de J. ni liberales.). ! l .9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir.7 versa sobre lo necesario 8 y. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. no de los bienes trascendentes. l l39b 19 SS. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia. 6. Sin embargo.

Gauthier en su comentario: «Aristóteles . 1 .vr¡ou. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. más que el resultado de reglas concer­ tadas. que subraya. VI. que una afinidad recíproca. 12. de una manera voluntarian1ente velada. e introducir así el tiempo. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. Flsica.. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. la posibilidad del obstáculo (cf. la praxis. reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. S. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. quizá incluso una cierta complicidad. No se habrá explicado nada. La acción inmanente. . es clara.2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. 27-328. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. II. si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. 640a 28-29. Así pues. y 468 ss. 192b 13-14. 4 1 8 ss. xí. ef. Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. Cf. que debe ser entendida. lll. . 16 Si la situación de los objetos de producción. no los saca de la nada. en el segundo. hace salir al ser de sí mis­ a.w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso. por ejemplo. introduciendo así una cierta artificialidad. los parece que eso sea propiamente hablando e. El movimiento. l362a 2-S. Cf. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. 222b 16. . 2 1 .e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. nilv E� &váy?<. es decir. U. la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo.. por ejemplo. 1. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». santo Tomás. Lo que Aristóteles llama mo. para concluir.). Igual­ mente. Así pues. no hace . Pero este desplazamiento de sentido. 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. 433). corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. Cf. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales. 5. siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte. cf.. que es «estático» (Fí sica. que son los seres na­ turales. puesto que. R. Retórica. y sólo éstos. es de­ cir. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p. 16. pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es. Part. 19. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. con el azar. principio reside en la cosa producida misma. I. Más aún. q. pp.18 Desde este lS. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14). pues. 17. 13. 1 140a 1 7 ss. es decir.r¡� . a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl.-A. p. es el comienzo de la indetenninación. 199.l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió. los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. Anal. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil». 13. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. 6). TV. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. losf actibilia. si el arte es productor de terminado.l dominio de la naturale­ agibilia? No za. a. Nauck. 4. Le probleme de l'en·e. . En cambio. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. 327. probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada. 11. del arte: «En cierta manera. en Fí sica. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. no como una re­ gión del ser. Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. 18. pero la nota vale también para el libro VI). En el pri­ mer sentido. pos1.. al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. 197a S. es decir. anim. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». 20. l. Suma teológica.

Así. . 98la 3-5. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡. añadido a la naturaleza. 23. y que no prospere más que en una atmósfera de azar. . l258b 35-36. De fato.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. fr. . sino a la ciencia. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia.. sino e. retomada por Atistóte­ les. lll. 16. De natura deorum II. 25. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». Ffsica. 28-29 (véase infra. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. Política. Vlll. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. sino para acabarla en ella misma. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. Ét. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. 1 l l2a 32-33. sino a sus fracasos. 6. Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf. Cicéron. cf. de una manera general. más aún. no habría ningún sitio para el rute ni. como lo será para Bacon. 498-499. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. n. otro nombre de la contingencia. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. pp.tettov. 1 1 W. X. 27. !!B'ta A. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. nuestra obra Le probleme de l etr e. cpvoews avan/. Ahora bien. fr. de manera que la tiipartición de la naturaleza.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso.24 Por el contrario. Mewfí sica. A. 1-2. 49. Meta fí sica. Ét. Eud. 44). lll.. 11.. 1 139b 20. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples. Pero esta racionalidad. Cf. De philosophia. Cf. 2. el arte y el azar. para la acción humana. y. l . 888e-889a). 50. ' . Sobre el argumelllo perezoso. l l . sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. el hombre 22. para un g�iego. Nic. En la Ét. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. 5. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. ll2b 4-7. l l W. por el contrario. 11. pp. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean . 1 99a 1 5 -J7). El arte no es.. 426. l-1 1 P.27 de la naturaleza. 6. Pistelü). Por otra parte. Nic. 3. 1071 b 35. A. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. 108-109). acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. XIT-XTIT.r¡goiiv) (Protréptico. \\ . Discurso del método. del agua. Metafísica. 5. de los astros. 6.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza. inversamente. l247a 5-7.óyou. 7. cf. 1032a 12-13. p. cf. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo. Z.. l. la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana. 24. Pero.2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. para naturalizarla. Cf. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. 8. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. 28. 198a 5-6. El arte muere a base de ciencia e. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. acompa­ ñada de regla. A. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. 3. es decir. DescartcB. por ejemplo. además. y así el arte no tendrá fin. fr. cf. VI. IX.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. Aristóteles invoca aquí ejemplos que. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. consecuencia de la necesidad universal. los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza». nuestra obra Le probleme de l'étre. infra).26 no para humanizarla. cf. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es. Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. Leyes. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia. Protré ptico. 2 1 W (Cicerón.

ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos). para esta idea. Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí. J 107b 14.84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia. el terreno o la ocasión favorables. por otro lado. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior». y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto». pues cuando decimos que el azar es una causa.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado. &l)r¡A.mí casi tal cual en los es­ toicos. Demócrito... Si saliéramos del marco. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente».A. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. 35. VTT. l247b 4-8. cuando se de­ fine el azar. y es por ello que. p. La primera parte de la fónnula. y que se ha sustituido por W. l247a 28. 3 1 .o.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar. TI.v8gro:n. «pues esto sería -dice. Diels. para algunos.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda. In.34 Queda tan sólo que la buena fortuna. 1.• ed. Los manuscr itos dan avá. ! ! O l a 27. fr.lvu 1\wvol<. cb. 34. 7. A. p. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética. 965-973).tOV�<Í>1:EQOV (11. 7. 14.otra cuestión». 11. l L 17b 21. eetóv n o\íoa xat <lalJ. se reencontr. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente. que no es el suyo. &. in(m. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera. Por lo demás.oyov. Nic. 12..oy�Of!<fl (SVF. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. 1247a 3 1 . pero oculta a la razón humana. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». azar y contingencia. 48. morales e intelectuales. 1094a 25. 2. lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme. En el examen prelim inar de las opiniones. . sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar. cf. 1094b 20 ss.35 Mas esta objeción. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física.tEV . 4-6. 1247b 8. es que en realidad existe otra causa pero no la vemos. Aecio.31 y que. n. .t0). atribuye ya la fórmula a Anax.oyov.37 Ética a Eudemo. [(. Eud. Sobre Mr¡/. Pero. t'Ú:rtq:¡: Ét. 1. es pro­ ducida por la naturaleza. 119. 1 104a 1 .36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y. tal como nos in­ vitaba el contexto... que defmian el azar ahla M11A. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo.o. Ét. etc. a causa de sus propias cualidades. ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. 36. si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses.o. 29. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. 2. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡. 1247b 28. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia.v8grorclvq:¡ A. 196b 5-7). cf. Física. pero cada vez única. 32. . 30. desde en­ tonces. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-.t w. Mansion. l.32 1) Una doctrina así.. M &. que no tiene ningún sentido. no la había tenido él mismo siempre por despreciable.�goras y a Demócrito. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados. 1 1. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente. 4. 29. «el azar es una causa. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . 89. Aristóteles recuerda que. 37. -cvxr¡. 313. �0}t€L ELVUL attla J. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A.3R pero esta naturaleza no se ha de 33. responde. La fórmula autori7 . 1247a 14. No puede ser. pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo. 38.

y en particular la virtud de la prudencia. El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. 1248a 34-b l. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. ¿Cuál puede ser entonces el principio. según toda verosimilitud. no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. y no se piensa después de haber pensado en pensar.ÚYcegov agetí'jc. sino que existe un punto de partida (CtQX� ). más particularmente. L200b 14.U. no son más que un sustituto.JUta. es decir. . . si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia.. en este sentido. 1248a 18-27. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. Ciertamente.43 40. . P. 1248a 29-33. XIV. en ambos casos. 1 2 W. X. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . rr. VIL. 12. Ét. 1 178b 9 . se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado. La buena fortuna la virtud.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. si allf no hay tribunales? ¿De valor. Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo. La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. tienen éxito sin reflexión (af. BeA. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. al Principio que se funda en sí mismo. ef. en Protréptico. si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. . pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido). 42. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. Magna Morolia. Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición.39 azar. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. y con ello de la obligación de la viltud. De Trinitate. . es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. 3 ss. El pensamiento. .oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada. lo hace sobre sus Ét.40 Así. Nic. fr. pues. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él. ellos no tienen éste. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos.).. . «aunque poco dota­ dos para el razonamiento. 53. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . Ésta les permite ver el futuro y el presente. 1 ' 1 145a 26. evidentememe.vov ( l 248a 29). encuentran por azar (arco-¡. p. mientras que el de la condiciones subjetivas. que no es una consecuencia. 41. sino que están tada al Hortensia de Cicerón. que las resume todas. 43. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas. por Dios. supra. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. es decir. como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados. que es un don de los dioses. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa. que son igualmente limitaciones.42 Tales hombres.1 8 (cf. 78). cita también esta fábula. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. qu ien. Nic. . pero. las virtudes intelectuales y morales. Dios. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud. CtQet í'jc. Eud.escapa de estas condiciones.tloov tí'jc. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. 9. ella. el buen o mal nacimiento. a 39. 8. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros». sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino. 4. TX. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. Cuando queremos lo que es necesario. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. hasta el infinito. si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación.86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza..uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. por medio de la deliberación. 'H yó. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. sino que la mueve en cada uno de sus instantes. Jámbli­ co.) está relaja­ do . si no hay propiedad? ¿De tem­ planza.

enton­ ces.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. sus6tuyendo a Dios. El azar es. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero. antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente. 5 1 . que es Dios. 1248a 27-28: A. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo. Pero este sentido. P. puesto que hay algo más elevado que la ciencia.). pp. 443. 28. 50.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes. sino a los fallos de su acción. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. ni mucho menos concurrir con él. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. ¿no es acao. 85-93. Pues ya aparece.está impulsada por Dios. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna. Essai sur fa mora/e d'Aristote. W. p. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. L247a 3 1 .50 sino por la prudencia y la virtud. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». Ollé-Laprune. 46. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. y allí donde está presente debe tener un sentido. L. 5. al contrario. ineficaz.46 Sin duda. más que provocarla? En otras pala­ bras. 1246b 37. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. 47. que «mueve todo». en cuanto tal. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). On the Origin and Cycle. ya lo hemos visto. Alli el azar. soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones. por su determinación misma. a falta de buena fortuna. En resumen. aA.no le niega toda eficacia propia. Sobre esta noción.51 Ciertamente. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. en Nomo. y lo puede hacer. 1247b 12-13. . no pueden oponerse a él. Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada.óyo.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas.47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él. 48. Cf. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. asi­ milado a la contingencia. pero. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso. «el ojo del alma». otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. «Acl�la». sino. Jaeger. cf.á tL XQ&LltOV. la marca de su ausencia y como su sustituto. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. si todo está impulsado por Dios. allf donde la inspiración está ausente.wv). la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. . 1953. Aquí el azar domina todo.-M. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A.48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. incluso cuando son virtuosas. y que no siempre lo con­ siguen.. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. no podría prescindir de ella. r. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. Schuhl. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. ni por lo de- 44. del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. 45. La prudencia no es aún la facultad de prever.oc.A. 1 1 . puesto que la <<genética>> de esta consideración. como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace. 49. es decir para Dios.óyou ó' CtQXTJ oú A. p. ¿por qué Dios. es decir. parece. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo.

197a 19-20. m1sma. esp. el azar DO hace más que sobreañadir una intención. en efecto. 197b 15). 52. 0. op. en una noción más es­ tricta de azar. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. 196b 27-29.o. ÉO'tiv ooou. sino como efecto. el cobro de la deuda. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. Esa es la idea banal del azar (11. de un interés humano --constitutivo del azar. _ _ Desde este punto de vista. un mundo donde no todo es deducible. La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa».w-rov.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista.<ll t� &. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. 197b 1 ss. Mansion. cit. 3) Es esta tercera concepción del azar. o rtQtil. más que una ilusión retrospectiva. av�LoatvcL. . 196b 13-15. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl. 56.52 no ve en ella� más . no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas. es para Aristóteles el encuentro. 11. Cf. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella. ni en el libro ll ni en el resto de la Física. 197a 8. 59. el único real. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente. pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada.r¡ to'Ü aoQí.Aw<. que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco.rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX. 197a 30. El azar no es. 'H . sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa..tatov nos parece de poca importancia y. . Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica.. siendo imaginaria. no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural.6!\oawv. siendo causas por accidente. S. 53. EXEL'V no se encuentra. cuando en realidad fue por otro motivo. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. por lo demás.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o. este último motivo. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. el sujeto es un ser inani­ mado o. p. 196b-197a 5. más que en un mundo donde el accidente --es decir. la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl. -v xai ol. 2) Sin embargo.no se deja reconducir a la esencia. a una cosa. más en geneml. o el encuentro de una serie causal real. pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa..57 pues sus causas. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv. que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov).: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido. la causa por accidente es indeterminada. En este caso.úy. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva. 57. de contingencia. aquello que acontece. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar.. pero.no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡.Eu:.awu etvaL l>oxei: (5. cf. el azar. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). como «para servir de sede». por otra parte. xat � túxr¡ aÓQLatov. 54. la � t"ÚX'l. 58. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. J97a 36-b 13. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita». Física. en efecto. 5. no de dos series causales. pues. en este sentido. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. A.tEvov áA. dotada de cierla finalidad. sobre el carácter incierto.Ó¡.). de la fort\lna). 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda. 197a 9-10).3� Desde este punto de vista. 6. Desde este punto de vista. es de­ cir.59 El azar no ap<:u·ece. TI. al menos.�. 314: «La adjunción. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado.

. es deci r. condiciones que no dependen de nosotros: amigos. 8. y esto en un doble sentido: primero.·36. ll. «el buen nacimiento. I. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto. 60.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. 388-389.. 1 099b l. 68.: 'l. los sabios deben ser felices.tLV (l. J. . una feliz progenie. 1418- 72. 9./. l l79a 24 ss. n.o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. ..68 En este sentido. Vernedius. . como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna). Eurípides. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. 1. Nic. Edipo rey. W. (Coloqwos.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. 2. Son numerosos los textos. que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco.67 do. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. un «mundo». Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. 1921\ pp. 65. 10. los sabios. 62. desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . I IOOa 13). En su comentario ad loe. cf. 1. 9. Ér.64 Sin embargo. 1214b 1 1-17.C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez.66 pero. Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». pero sin ella no hay felicidad posible. ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. . Cf.73 La felicidad debe pues. Cf.yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica.tÉywm (I. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. II.. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . Sófocles. 71. 8. A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. 6. I. Phronesis.. Ét. 6. en tanto vive. 64. 5.72 Ciert. está sometido a las vicisitudes del azar. Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. 1098 b 12 ss. 1177b 25. 66. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. 44). será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto). 1098a 1 8 . Retórica. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. pero para él todas las circunstancias valen. Pero. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. pues. X. 928. 6. V (1 960).70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. VV. Ét. p. p. 7. 2. al cual <<nadie califica de feliz». a<paves 'IÍJ. I. 1 096a 1). ( 1 1 . J. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado. 597. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario. I IOOa 8-9. 1.mente estas af mnaciones. Cf. 1 1 . en efecto. . 1.).tÉ/. 63. 3. 1 099b 2 ss. . declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». 74. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla. Eud. X.ov . dinero. o el cuadro de la injusticia triun­ fante). t eunga. 69. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos. l lOla 16. 73. 9. Ni c. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. § siguiente.. 1 1 OOa 1 8 ss). Beómó-tr¡s.qwvla). II. la belleza física: no se es. 1528-30. lO. 1 1 . si se vive solo y sin hijos». 197a 30). xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. Die Philosophie der Griechen. De hecho. Sófocles' Áyax. 70. .60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd). T6 ¡.1. Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. 67. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16.. Andrónu¡c 100). 1420. 60. al menos si se sabe utilizarlas. como ya hemos visto. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y. 1 1. 1360b 18. si se es de baja extracción. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. 1 LO l a 8. l l Ola 18). I J OOa 4. 5.74 sil 't��EL0�). 36 ss. 17. l J OOa 10.61 No sólo se trata aquí.

1. E. l097b 8. l. 1 1 OOb 6-7. de la autarquía. 82. c. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. 1 1 . 164. los vanos lamentos o la espem angustiada-. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. Así. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida. TV. 7. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. fr.. De jinibus.r. _ el ttempo. 1 . pp. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75. 6.R2 Así pues.. como si. Cf.76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. I IOOb 12-18.. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros. si la felicidad reside en la virtud. nuestra obra Le piVbleme de /'erre. De Providentia.). 2. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud. 111. no la acción virtuosa. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error.• ed. 22. en el ejercicio mismo de las virtudes morales. Hegel. adji11. 1 177b 2 1 . LV. X. el nuevo estoicismo har á de las circunstancias. pero sin poder alcanzarlo jamás. cf. hasta entonces tenidas por indiferentes. esp. entre las actividades del hombre. en un se­ gundo movimiento. 76. monuit» (ibid. heredera de l a tradición socrática. . sino también los males exteriores: las enfermedades. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. lo que opone Ar istóteles a los socráticos. l. «Y no se que más se basta a sí mismo. 14. Pohlenz. 12. 1 . !bid. p. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. la esclavitud. que culmina la universal «realeza» del sabio.. nada es imposible pura él. p. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>. n.� Ciertamente sarrollo de un tema. la más elevada de todas. la incertidumbre. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. es más bien la timidez. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. el dolor. ef. la ignorancia. Ét. l l 00b 3 1 .s' Más aún. l l 01a 2 ss. CL también M. VTI.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. V. de Hyppolite. 305 ss. la pobreza. cf. 78. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. 77. X. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. 219. los insultos o las calumnias. así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad.. no es un menor o mayor rigor en el de­ do. 1 179a 3. Fenometwlogía del espírilll. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . Chrysippe et /'ancien stoii:isme. ut liberté grecque. Séneca. A partir de este momento. En realidad.. J245b 15. que vale por una eternidad de f elicidad. en especial. p. procedente de Antítenes. 81.15 Ahora bien. Et.) los golpes de la suerte.83 Este tono es extraño a Aristóteles. 5. 124. 84. el más autárquico. una materia virtutis. 80. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia. como ya se ha dicho. Cf. 85.77 pero también que. si se remüe a la Providencia. Bréhier. la contemplación. 79.wc. Eud. la fal­ ta de convicción con las que lo hace. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. 1 1 . rrad.85 Es el Cicerón. Nic.. el único «due­ ño absoluto». Cf. Goldschmidt. 9. 1 177b 1. 7. p. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. el hombre imJta a Dios. 83. a1rta(>xÉ<Ttat0<. Le systeme stoicien et f'idée de temps. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas. o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. es decir. o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». que es. las viol encias. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. 212.

9. 7. 7. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét.92 es decir. OeocpLAém:aw�. 205-209). IX. Nic. La virtud depende relativos y no absolutos. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. cf.EtaL. 11. Metcifisica.. a\n:aQ'Aém:a. El sabio. 7.. Sobre la oxoAl'J.86 el más querido de los dioses. Política. VTI. 1 175a 3-4. X. e. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer. 12.. de la cual Aristóteles no se habría librado completamente. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. sica.37 el más feliz. 1 177b 22. pero esta autarquía no lo dispensa. le está «oculto».. l072b 16. T eeteto. que sólo puede alcanzar 88.óv). el hombre moral se contentará con la virtud ética que. X. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. Sobre este problema cf.97 Pero. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles.. justo en la soledad..¡. Ét. Hay un punto trágico en la vida moral. supone más mediaciones aún.. 1 5 (cf. como ya hemos visto.. 1 177a 21-22. límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase. 1245b 14-19. Ét. de tener amigos. Eud. 98.00 El sabio es autárquico. sea cual sea nuestro mé­ rito. 86. Pero. A. El mismo . problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. 15. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. como la contem­ plación de sí mismo. X. cf.96 A falta de éste. J 178b 33 ss. 25. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad. 96. No se puede ser valeroso en la paz. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». Nic. 1 177b J. Eud. 1050h 22. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que. parecía qu'erer evitarle. 1213a 7. una fortuna para distr ibuir.cmx .96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico. Ét. 94.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. 7. Ma�na Mom/ia. 12. Níc. por e jemplo. de manera que.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. Mewjf 95. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. 9. los otros sus condiciones de existencia. 1334a 1 1-h 'i. como ya admitía Platón. Ét. 7. cf. 1 179a 24. He aquí al virtuoso Aristóteles. como creían los socráticos. 30. sin embargo. Nic. pp. 1245b 18-19. sino siempre sintética. X.91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». y este mundo no depende de nosotros.menalidad t popular. X. X. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. 90. al menos en el desarrollo de su episodios futuros.• afectado por la fatiga. l l77b 4-26.o�. 89. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos. por superlativos de la virtud. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. Nic. 9. 87. condenados a esta hetcronomía. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción».. por así decirlo. 93. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. uc In que se ven privados los 9. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual.a.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro».o�.93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. 176ab. Nlc:. en realidad. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. liberal en la pobreza. X. 92. X. 1 179a 3 1 . Ahora bien. 107Sa 8-9. VIl. ll. analí­ tica. contratos que firmar. Ét. esclavos ( J 334a 20-21). La f elicidad se basta a sí misma.cado ocrov EVOÉX. Ét. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-. VJI.. 91. J 177b 33. 7.. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios. 4.. X.. Magna Moralia. infra. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. euoaqwvém. 15. como en el caso de Dios. también Ét. y la reserva de Ét. Nic. ecp' un sucedáneo de inmortalidad. es decir.

LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado».. 75. 1 177b 26. al hombre y a lo divino. pero «como los hombres pueden serlo». Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. 1 OO.uica. de la ant igua prudencia griega. . La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho. de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. Teogn de o do ella. In cita de Rodier. Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. Metajfsica. p�ro en un sentido ontológico. 10. separa ot :n:oA.OtJS l'i' &vflQ<. menos Jo por y. 1099b 23. !bid. pp. a veces ��q� inal. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más. Nic. Pero. 9. mora/e /a sur (Es. antes de a los malvados. . que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre.A. Cf. no puede hacerlo más que «en tanto es posible»... esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. esp. 154-170. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. tijs.r�s ón. X.oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse.1o. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. nQoc. pero nunca suprimible. de :n:oA:ú -co btt <be. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo. para _ ser �trtuoso. 106. • relación problemática. y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces. (Él. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico.wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. humana.. pero no lo elimin mejor lo aet. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. 1. 1099b 18-20. aQE't� v). en un hlósofo determmado. el cual. Tercer¡¡ parte.oí. n. tes y hacer prosperar nacidos. . 102. A pesar del opturusmo de algunos comentadores. Ét. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . salvo alguna ex­ cepcton. elicidad como «recompensa de 105. I I O i a 20).Í>:rcous. srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. dtcton fl XClt' aveQwn:ov. pero esta confianza siempre está matizada por una reserva. el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto.Livmc. Este último tema criticaba la idea. si puede crear monstruos. 137. p. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. i¡ifra. de más noble». de­ la obra de Aristóteles. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien. el término de nuestr sible. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9. c. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. 1 O l . la felicidad del hombre. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. Ntc. 10. «debe ser accesible a la multitud. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. A. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada.. mismo. . sobre todo. está por encima de la con­ . dice. En el De philosophia ya en las Leyes. T. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad.. es decir. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. Nic. No es nue­ va. 99. 1.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua . 1074b 27. 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . 32. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. 7. •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. pp.102 Así pues. Ét. Cf.a sí mismo.ov . y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p. un buen nacimiento... 103. 1 1 .

cf. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos». 1 . 429 ss. Z. etc. para no conservar. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. 1 7 1 . 1 12. Études de philosopllie grecque. sobre todo. anim.evtoL ou ouva1:cn. No es la ausen­ cia de ley. la materia es. la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. . Parr. que e s general. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. actuando al nivel del mundo. 6. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX. engendrando entonces mons­ trUos. ... y a Part. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. residual. ' llenar nunca por completo. cf. 388-389. I . como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. 1 . que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. 1 1 ) De manera general véanse las pp. sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes.que separa l a ley.Hn . la coincidencia del poder de Dios con su querer. siguiendo las justas expresiones de Rodier. l. 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. p. Gen. pp.lll ov n:aQeon:Q. 661b 24.. 984d-985a. Se comprende. G. p. p. 1. (ibid. 10.-M. esp.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. etc. J039b 29.. 273. 658a 9. y también l . pp. que Aristóteles rechaza en este punto. 1 1.lev 1:0\ito itOLEtv. el cual no está dispues­ . 641b 18. IV . 1. 8. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano. de su realización en lo particular. . 13. pues. 1 . siendo potencia indeterminada de los contrarios. 744 b 16-17. 283b 13. Es. que remjte a Meteoro/ 1. p. 45. Esta distancia. n. pp. The Philosophy o fAristotle.114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. 1 5 1 SS. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad.. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado. Dio quiere lo mejor. 12. nuestra obra Le probleme de l'etre. 903b.11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. Cf. ur. 108. aquél esté sometido a las condiciones de éste. Ar miento y la predicación. 43. 15. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. Leyes. 170-175. 4. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J.Q). I. pero hace lo que pue­ de. 1 16. ed. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. Bruns..113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. Le probleme de l'étre. 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. 1 14. 1256b 2 1 .• . ll. X. tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad». 11. 4. 109. la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». 2. Parr. Meta 1 13. 5. 7. 1 1 1. 170.. . y el comentario de este pasaje por P. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas. Polftic:a. . la cual. istóteles rechaza las teorfas que.108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury. Ahora bien. anim.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y. Düring. D. Metafísica. pp. regiones inferiores del mundo. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�.. Allan. pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». 6.117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas. Bruns.emL ).Qa¡tévov tot� oúow (De anima. concierne a la materia. n:o!J. Schuhl. olític:a. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. 23-26 y 29. arist. pero será el mundo. en Suppl.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad.. Rodier. Epfnomis. De Coelo. 291b 14. 349. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. 1032a 22.Iévov n:oo�. con Eudoxo. Le domiiUUeur et les possibles. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone. sino la distancia -ínfima. anim. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios». cf. la detenninación ser que. si se quiere. introducen el no ser en el ser. J. El Dios estoico tampoco creará el mundo. 27). 1 17... y no puede hacer todo lo que quiere. 1 10. Le probleme de l'€tre. 271a 33. f. Cf.. 'Ev toi:� ouoLv tO J. como hemos intentado mostrar en otra parte. más refractaria a á La materia que supone. podr íamos decir una vez más. anim. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"».. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. 5b 14). jfsica.a>U� �-t. Cf.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley. también. 687a 16. 11. l. De Coelo.

es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. sobre todo. Études de philoso­ bus. turaleza Y r azón. S V F 11. como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza. cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. Según Filodemo (col. Metafí sica... 13. En � es men�s una realidad positiva. indeterminación. que no se ha de buscar en la física. Vil. citado por Rodier.. uo terado). 1 178). l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122.l(l) 1 (. apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . . dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. de Dios. 273-274. cit. 9. su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . De Stoic. Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. m. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque. Scott. 156.. Alejandro. •• u • . un principio de desorden.r¡ . El ideal moral de Aristóteles no puede consistir. ni en apariencia ni en el fondo. sino que lo «sigue». SVF. que Alejandro denomina el azar. Dejini 123. parva negligunt (De natura deorum. . S V F. ma mstanc1a. hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien.Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> . E>. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. El reino de la sabiduría exige. enteramente racionales. en el sentido más profundo del térnúno.. por el contrario.óyov (Política. l051a 17-21. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas). �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon . en últi­ . vano querer cam­ _ biarlo. de las circuns­ tancias exteriores. .a .ov011 J·t<:X). Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias.. Bruns. las cuales no son. s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. t�undo es racJ?�al. • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . 124. repugn. repugn. sobre el mundo. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. ens1po se · · e1 un1verso . . . permanece siendo la expresión más elevada del Logos. l332b 6-7). sena absurdo y. también las notas de Rodier. 22. sino en las pa­ siones. �20. puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. Es sobre todo Cicerón qlllen. 29). que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. �unde con la belleza moral).Q 1tUQÓ. ibid. parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. pone su vida privada d � � 1 19. 121. 28 Y 8. es porque la naruraleza no es estoicos. . �or más perfeca t que ésta sea. cf. 1tW� � �m. él es una obra de arte. 1 181). según la . cf . por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional. tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op.. sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. 1. 66· . es decir. 274. 122 sino en la teología. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme. 86· . 28. p p .a del mal.. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado.t tOV A. 156-157. Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. 38 . en una asimilación al mundo en su conjunto. El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. como pensaban los estoicos. t?v �aew� yov (Plutarco. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. 7. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . Or. 1 1 que una m�potencw de la forma.. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. El conocimiento ele este orden. Cicerón. en última instancia. 36. 121 El sabio no actúa pues. 15. Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. . si pueden. 37. en sus condiciones de realización. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc. Cf.123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. pues.t. 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. Así. de la Naturaleza. lloAA. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . 35.• ed. 35.oA. cf. 1 7 1 . . As1. ll. ll. Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. lli. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. Breh1er. constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. 1 1 83). n. . De Stoic. 1 (Dión Cr isipo.: ' XOX. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. 213.. pues depende también. 124 pero. .at a. un dominio previo de las circunstancias. .a '(Ó. . p . y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. como es el de los estoicos. consiente a los decretos de una Providencia que. p.

p. de las del antiguo estoicismo.tlmc. . a falta de otras mejores.-M. Schuhl.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. Sin duda. estaríamos menos impulsados que Rodier. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias. que para Aristóteles. solo. 8. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op. Alejandro. es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. Cf. Philologus [1930). hacerlo humanamente.. Nic. o. al menos si el hombre quiere. Vil. 45. no remiten a ella. nos parece. no se remontaría más allá de Panecto (cf. Ja cual. cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales.. P . 1). muestra que la azar esp. U. que hacían de la phró11esis una c•enc.a de! �1en Y del mal . sino también el mundo. cf. p. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. es también lo mismo ser sabio y prudente. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. cit. 274: «El determinismo de la razón .. 128. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. 11 problema . 231. d ígrotc. A Gnlh. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. sino la incompleción del mundo.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. 5. a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica. Lo. que del libro ll de la Fr sica. «Das . no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. pp. W. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. pero ella es también el reme­ djo. ÉV bE toic. 126. etc. a ponerla a • de la moral más que al primero.tEV totc. SittlichschOne bei Panaitios>>. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. yevó¡.r . 15). y el comentario de P. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. Ciertamen­ te. xm:óg9w�-ta. Níc. (cf. '1 tOtJ xaOrpwvto.. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. puesto que no es más que una parte. estar �·odeado de amt�os q�e . en su envoltura celeste. p. Esta �elit�ICtón. SVF. por la simple razón de que mngún • � . 1 19601.. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta. La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. 10 SS. p. Sin embargo. Bréhier. Schuhl. E sperando poder realizar inme- 125. el hombre quiere lo mejor (Et. Vll. es decir. contrariamente a los estoicos. Se comprende. 11. tomando el relevo de una Providencia fallida. 264) una definición de la phró�I�SIS como . 10. 1 : 6. 9.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. pero. 9r¡QlÓ"tfj. e incluso la de desorden mórbido. En lo que concierne a la contingencia.. del bien. en nosotros. n� es sólo su propia imperfección. y el de la acción simplemente conveniente. Rodier. el de los deberes o xa0i¡xovw. pp. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. 1 149a 4-20).P. m. 1 . op.ltv tó €<p' 1)� tv (171. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles. EXtOt. 62. soledad. 365-376. la pobreza. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra. pues. Lo saber humano llecrará o . no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. cixoAaota. el cual no está ordenado más que en general o. lo que es lo mismo. a causa de su contingencia. ya que el mundo es Dios. el mundo. y siempre es posible enderezarla. Cf. dicho de otra manera.. P�1�1ppson. p. 1 16. Le dominateur el les possíb/es.12 s La contingencia es el mal. como ya se ha dicho. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia. Coloqui os. &v �). ma que .. en la medida en que éstas son todavía moldeables. para el estoico. cit. n.tatOV. supra. es un reme­ en las cosas exteriores y. ai. 43. Phi/.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es. ser rico que pobre. 129. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. encontramos en Estob�o (Ec/. «búsqueda de lo conveniente». ?· 60 : . no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. aunque sí le está permitido.. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. Er. separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. Rev. la . 170. �an dtferente = 127. entonces querríamos la enfermedad. Epicteto. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS.. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. 4 ss.-M. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. más que al «hombre medio».104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser. El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. Sin embargo. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia.

al mismo de la contingencia es a veces amarga. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. sino que se opone a ella. provisional. 52 R. Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». hacer. sino comprometiéndonos en él. un diletante. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia. La vida moral no se confunde. l. tiene l a experiencia del azar . que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. es el hombre. Cf. pero sin duda indefinidamente provisional. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia). Pero.¡uov) está. Ffsica. 131 Pero no era esta. es decir. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. siempre aplazado. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. antes de ser y para ser una moral del ser. 1 3 1 . Fllopón (ad loe. que es moral en sus fines como en sus medios. en uno y otro caso.l trabajo con el que es a menudo comparada. testimonio de lo cunl es el arte. Ciertamente. 5 W. smo que son a menudo dejadas al azar». para Aristó­ teles. En un señalado hombre. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. al menos en un pasaje. puesto que se trata. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. TGrv yó. el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica.133 La excelencia ('tí. la sensibilidad aristotélica. 1 99b 26. Simplemente. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es.téü. la carga de la libertad del hombre. fr.132 Así pues. Sin embargo. Y 9ue todas su� acciones. y esta ausencia de destino es la garantía y. nos corresponde ordenar el mundo. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. Merleau-Ponty' «L'héros. curiosa y sin duda i nvolunariamente. 4. al menos por condición. y la prudencia. del una casa (otxta). _ . Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. 38. a parte sub jecti. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. ni la victoria todavía tan lejana.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. 111 s1qwera Prometeo. 133.Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal. para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. porque no saben lo que hacen. en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. A. 1075a 19-22. l'homrne>>..AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. U. si no por vocación.. Tal es la tarea.1·. 1 �4. � tiempo.. que están solos en el mundo». 132. la adaptación de los medios a los fines. le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia. y que no se volvería inútil más que el día. pp. pues. simplemente» (M. una moral del mundo acabado. Los santos del cristianismo. puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente.. el mundo sublunar. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. pero también de los fines a los medios. el m11sta Siempre dehbera más o menos. no negándolo en provecho de otro mundo. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». En este sentido. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. ni con la contemplación ni con la voluntad recta. 1mentras que «los esclavos y las fieras». La moral de Aristó­ teles es. nada es seguro. Así considerado. pactando con él en caso ne­ cesario. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. y no podía 130. Aristóteles parece inquieun decadente. donde los hombres libres serían los astros. mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones. 8. 1946. (qJQÓ'V'r]Ot¡. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. o al menos la mayor parte. incluso si esta exaltación . compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable. 10. Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. simbolizan las partes in­ feriores del universo. del desorden y del fracaso . Parfs. por­ unida a la contingencia. sino al mundo. son reguladas (tetaxtaL). 3 2 1 . 5-6 P). en proporción inversa a su habilidad). 379-380). ni . que es indiferente a sus fines. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. 1253b 33-1254a 1 ). 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. .ro¡. en Sens et non-sen. Segt ín .106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. como e. es decir.

18b 26. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136. klasSISche P Supplementband 14. 1885. jo.OAOÍJ�AE8a tva ax. al contrario. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». por consiguiente. gentia. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. Según la expresión de P. 19a 7.oA. Introd. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. Nic.. no sólo una oece�idad..-M. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos..141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre. y sobre todo Cicerón. Mansion. y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa .ál.-M.. en su lenguaje. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. 15. /ntroduction ii la Physique aristoté l. Epfnomis. 20). es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da. y son. pp. 731). P. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. la cita de la nota siguiente). VIl. De imerpretatione. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. SVF. LO. Wesen und Wandel der T ugenden. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico. 19a 7.Ó. Nuyens. p. p. habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. la tradi­ ción moral popular.óyo<. Le dominateur et les possibles. A. pp. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia. la phrónesis. quizá porque su contrario no es tal virtud particular. p. 6. 1 176b 29. megúr ica: el argumento. cf. dice. y que (op..142 Exaltando.xn. De ato. dili virtutibus et vitiis. Gauthier-Jolif.. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa. 1334a 15).137 Pero nos parece que la constatación de experiencia. aunque tímidamente. Así. Aristóteles rewmaba. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. pp.. la vutud de la deliberación y.).143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver.) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. 136 ahora bien. 137. Pues si se admitiera que. 28. SS. es decir.. No creemos.. considerada como un medio con vistas al descanso (cf.. 15. Sehuhl. 50 ss. 6.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?».. Oüte Pov!. 42-43). 135. no parece que la pereza. en Ét. en realidad. cf.W�AEV.ELv). sino la actividad (eQyov) en general (cf. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema. puesto que comporta la 142. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. se opone a n:ml.108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. a hacer de ella un vicio. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. A. Jahrbücher f f . D. . Cf. 7. F. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa. pp. pp. 17. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción».140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien. pues. Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. cit. el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. .100. 26-27. n. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. Bollnow. X. Nic. 138. Sin embargo. Y se la condena en parte en nombre de la moral. X. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum.q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . si?o �na nec7sidad moral.. 9. que se trate de una• invención ulo/. aunque no sea este el único argumento.. como su nombre indica. Primera parte. 1177b 4: ÚO'X. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>.139 Así pues. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica. Política. sin embargo. Ét. Aristóteles no Uega. 139. dentemente una vida inactiva. la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione. i 140. n. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. 982d. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo». más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét.a). p. Nic. 14-18. y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . 41) mostraría que Aristóteles. !bid. E t . O.f!YOV 143. una actJv¡dad sena y mentona (cf. donde n:Qay�c::reúw6m r . En este sent ido. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida. 1. se llegaría a «absurdos» (<horro. Nic. 98. 957 (Orígenes. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o.. Fleiss. aquí como en otros lugares. puesto que.

1.--ci'j s.147 Pero. Nic. IT. 12. VI. como el mundo de los hombres es lo que es. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. Vl. 58. cf. Nic. La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . lo es.CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. 23. ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio. 22.146 la phróne­ tÍ. Vll.tta (entre los cuales bien parece. 11. . Ét. 1 123b 17-20). Según (f3d:tiov tij� áQetijs. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. p. pp. lizable en el mundo tal como es. IIO!b 13). en la Ét. 207-208. 146. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . 60. 34.. 1. al Él. 292a 10-b 24.. ll97b 7). dir á en Magna Moralia. Él. en tanto que am­ biguo. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer». si el mundo fuera perfecto. I. efectiva­ Msetev av. es precisamente en el hacer o el actuar. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente.m xaL �t'i) 1tQéil. su excelencia propiamente humana. 2. 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . también (tq> . 7. 34. ahora bien. Nic. 147. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. 1 1 97a 14). pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. como todas las virtudes. l. J I . y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición.1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. btmve1:Óv. I. sino morol. 148. virtud de la deliberación. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be. Essai. De natura deorum. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. así como la sophftt. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. oúx em<rtiJt. sin em­ Dios. l. 1. Metaflsica. 1. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir. 1 145a 26).. si no fuera más que esto. que se haya de encontrar la sophla. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l.m (Magna Moralia. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit. aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. también infra. 11. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. I I O l b 11 ss. extrañamente común a las plantas y a Dios. lor absoluto (cf.. Nic. Eud. ni siquiera eminentemente. Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. mostrar su valor no sólo intelectual. 1219b 8-1 3. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra. 983a 6).. en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud. 49. -�---- - . Saber nos alejaría de actuar.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit. 187-188).LS 'tLS nQOO. cf. 7. se podría objetar a Aristóteles. Él.l44 pero no de mente. Pero. como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia.f. vegetativa se parezca.UOV. 1200b 14. dispensándonos de escoger. l l 4 J a 20. 130-131 y 156. A.14s La sabiduría es digna de Dios. 5.tv· tÜ>V i!l. . ahora bien. Sobre el sentido filosófico de esta distinción . ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible. Yi1tud del mundo. mente. 12. _ mundo oscuro y difícil. es. Pero. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . nEQi xetQw yáQ e<rtLV. Ollé-Laprune. 1. e s decir.tta. se tratar ía de una distinción tradicional. Magna Mora/ia.ti:v ovtwv xal. Esta última calificación es reservada. 'H qJQÓVIlOLS lJ. 11. Pero. cf.. 145. digna de elogio. 2. De Cf. IV. 1. y en Ér. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. 1tQÓS tl nws exew. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario. que explica que la vida tMe. 1. 1 103a 8. . De divini­ Sobre esta parado j a. 209). Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas». Magna Moralia. de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. y no implican ningún mérito en el que las posee. a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar». cr. Coelo.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. o quizá a causa de ello. apoyándose en la tradición popular.trr E. 4. La prudencia. por el contrario. 1 197a 2429). no quedaría nada por hacer. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. ll. La prudencia no. dice este últi mo texto. pp. 1tQéil. OL q¡QÓVL�lm.cnvetot yáQ ELOLV 144. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá. y no en la inmutabilidad. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. Eud. !. . 149.v €LT) e!. es decir. cf. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger.. cf. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. Magna Moralia.149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia.. Cicerón. en relación al sophós. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. 1220a 6. está sometido a la contingencia. 1. De legibus.. pp. 13. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s.. 34. É. de la cual participa. Aristóteles intentará. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. Ét. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). Y bargo. J l 83b 20-27. Nic. erudito (sophós)? En elación al phrónimos.LQEtLX1) 'X. Repúf>/ica.. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0). a la vida contemplativa.

154 Un poco más adelante. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo.157 Igualmente. el tiem­ po oportuno.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc. 34. útil para uno. Anal. 9. 4. l l09a 28) y para el deseo (lll. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. en los casos en que y en relación a aquello que hace falta.155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. 1 19b 17).150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación». 1 197a 34-35. dice Aristóteles.wc.cQoc.Üac.. de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18. o más bien puede legislar en general.).). 5. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. Eq>' otc..1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2.. Como nos lo dice un poeta. Ét.) demostración.. •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. e 156.)» . la ocasión favorable. OJtEQ ea-ti.. OQLO"tOV.). xat . 1222a 3).ov X<XLQOV oxonti:v). 1 3. ¡técrov -. 97b 23. Si la moral no tiene nada de ciencia exacta. excesivas. 205- 155. oú OEL xat O'tE)». .. /bid. recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1. vws. Nic. xui. por de­ fUlÍción y en todo tiempo.fj ov•a). la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf. 1 . sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. Pero las cosas útiles. haríamos «voluntaria­ mente». post. 158. J 1 06b 21 -23). actos que nunca querríamos en absoluto 153. 1 104b 24-26. y supra. 2. 152. 150.156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. 1 107a 16). del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc. pp. pero no lo hay para el adulterio (6. 15. V. Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. 1 104a 8-9. l l09b 3 1 . 157. 5. por ejemplo. 152 la moral aristotélica. la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA. Pues hay acciones y pasiones que son.. como. familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones. ll. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. Goldschmidt .eLc. IV. To 6' (he &1>i: xai. esp. 1. 2. La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular.153 Criticando a aquellos que. pero no lo será mañana. 49). y definiendo la vi1tud por el justo medio. m. 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). que es el «número» del movimiento. defecto y justo medio. y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. por consiguiente. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. o-ó i!vexa xat <Í>c. igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos. Eud. ti¡ e. pero no en otras (exeí. que son siempre lo que son. 151. (Il. objeto propio de la pru­ dencia. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. exa)».) y que no añaden a su defini­ ción de la vi. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. las figuras geométricas. ll. 154. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. 1 1 97a 38-b l . ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad. ll. n.:e xai. Magna Moralia. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos . EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. Cf. hay muchas de no hacerlo. Nic. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS. 1 1 . pero no para el otro. en las cuales puede haber exceso. oüc. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta». 'tLVUS xat �Qe¡. 11. p. ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew. óet:. 210. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí. Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa. Ét. Física. 1 197b 8.ac. 1 106b 35). UQETti e.

Fedro. 16. 1 104a 9). Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique.ew. 1. utcumquc res postularct».i'¡. Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. Silhoué.. I. il!(ra. . 1314b 16. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). l l l Oa 4 ss.7 (a propósito de li. 203.160 El objeto de la voluntad o. Awour de Piaron. Sobre la anligua medicina. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. L. 13. Es el juez 162 y antes absoluto. pp. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. l l . no es nunca más que un mal menor. cap. XatQOÚ. pp. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. Alcidamas sacará Panegmco. 18-27. Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. 1.159 De manera inesperada para nosotros.). Toda intervención médica.) del conterudo. por una �. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. 1312b 25.. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs.114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. pero en un nuevo sentido. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. Mikkola. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. 1 0. 5. Por otra parte. Bourgcy. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. arl loc. Carta VI/. pues no se da sólo en casos extremos. pp. La 1101ion platonic:ien­ Ér. al momento presente. Souilhé. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. extraño a la consideración de los fines. 270b). En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . 1 so fisli. W. 1 1 . quibus esset moclerandum. T 160. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. 6 ss. cf. y a�n Platón. 201 ss.. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. ? . Platón. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . 1 1 . r ��c. 32 ss. modernos. 2. 154-156. 4. V. _. -xata tov xmQóv éo-nv (01. cf. Littré. 164. E. _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. Platón. el kairós. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. sino el bien rela­ tivo a la situación. cf.). 1 6 1 . A.. 7. que había sido ela­ «triunfante». sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. _75. alectique. § 2. Erhos. en el Fedro. en el ardor de una polémica todavía 163. como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. lsokrates. De compositione verborum. No hay (salvo excepciones. Al introducir en la moral la noción de kair6s. por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa.. cf. l l06b 3. Antisrhene. por eJemplo. 45. 215 ss.) y por lsócrates. Fedro. . M. era natural que. 14. Sobre los lugares en el hombre. bien que. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». es decir. JO ss. § 44. 275d e pp. De la di ica la 195�. smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. 2). pp. :rcQá. '! En realidad. To M tél. cf. Sobre el ka�rós en los rétores. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio.. Contra los sofistas. Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. 1910. permitirá al filósofo tomar el poder). De finibus. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. Festugicre. servar el resto») (Corneillc. Platón retoma esta idea. T. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). /bid. 272a). 162. en términos aris­ las circunstancia totélicos. pp. Cf. Süss. p. 223. sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. citado por Aristóteles. 327e (esperar el kairós que. 19-20. Cf. cf. y 239 ss. Jnrroducc•ón al Fedro. exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. La acción mala será entonces aquella que a: 159. pp. El ejemplo. 326a. sino en su contexto. por ejemplo.159. 1vma fortuna. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. Kesters. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9.. pp. Untersteioer. 1-3. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. 151. Dics. CLXtV-CLXVII. dtatre. Rob1n. J. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico. l l LOa 14). 3. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. Cicerón. y el comentario de J. Leipzig. L. _ 9. V. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad.o. Polílica. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. Helsinki H. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos.

la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas. . por consiguiente. 167. y Ar istóteles. frente a Platón. como sus predecesores.Vll..169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer. hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. Eud. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte. contra un cierto platonismo y. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión.) en el tiempo. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. 168. las cuales. 169. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. yÉVúlVWL. una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción.TI &l]QUtÓc. 16-17 y 13. r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. Dionisio nos dice. T(i) �tEV yó.óym). no se expresaría más que en una categoría. sino que es..A. si no es un arte es porque es más que un arte. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv . por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. una <he". 3t€QL OLCIÍ:n¡t. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós. De comp. Pero. É t. la virtud en La cualidad. 'XCIL oosa<. Tratado de los aires. pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX.taQ'tEi:V)». entre otras cosas. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. bien po­ drían ser de Gorgias. EOtLV ó XCllQÓ�. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. en su diversidad infinita. sino a la opinión (ouo' oA.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. 166.Lc.. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. oó�). y.. que el kairós no se da a la ciencia. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf. sino en la acción. Los argumentos (A. en efecto. w.. sobre todo. 463b). cf. Antidosis..ó. 8. ni mucho menos una técnica de aplicación. 1. oLóv 't' em. 1 70. también. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). 1 7 J . la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. U. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. 12J7b 33. refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia.. La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida.áo'tq> twv 3tQUYf. Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX. el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente. una E!-t3tELQta (Gorgias.. (otmta) en el lugar. Pero. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos».Étgwv) en la cantidad. parece. 1096a 27-28. ser una (f. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. 7. 16s y que. <'>Et n. que es realizar su propio fin. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. si lo fuera. yaQ án:ávr. 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. sino por la opinión. escapan a la ciencia. bastaría para asegurarnos que Ahora bien.o1J xat 8v. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. I. las aguas y los lugares. !096a 24-27. que de­ signa el género de vida. una <<estocástica». Pero está claro que. no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis. p. I. la ocasión (xmgóc.a. 260e).Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. .li<.)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. VII..Q etMvaL 3tEQLAa6etv . para éste. verb.. «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema». sin duda siguiendo a Gorgias. Nic.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a). Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós..IÚ'túlv éit.goeAéo(. 1 . Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente.w· en:l. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL).. Política.168 pues. M�CILt.167 165. emo'ttíl-ta<. en especial en f unción del lugar. Una acción fallida no es una acción. . el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia. 1. 16-17). Usener-Radermacher. En realidad. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡.is: no es por los conocimientos generales. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. OUX. Eud.wc. E:rtLO'ttl fl. 17. Tópicos. 37) que del momeolo favorable Cf.. moxamtxi]¡. Pero aquí Aristóteles choca.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<. 1217b 32 ss.171 Pero más aÓtoU<. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. !bid. 8. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro. Se traa t de mostrar. 45. Ahora bien. lo E'Ó:rtgayta. útiJ en la relación. y la ÓcLVÓtf]c. Ét.. Ét. quiere desprender. por tanto. nga. 107a 5-12. &XA. 4. que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena. una especie de adivinación. 1 5 . xat avOQEÍat. al insistir sobre la consideración del kairós.116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada.

cf. 173. cuando conviene y como conviene». Ér. en este caso. sino vir­ tudes: así. I. 'Af. de la ocasión y de la medida». como se recordará. toma claramente partido. 72 a. J. la virtud del esclavo no es la del maestro. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós. pp.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien. (l248b 7). a propósito de la virtud. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud.t�2 Pero. Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. 180. como hace Gorgias. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. Polftica. Mera ftsica. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. vrr. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. Es la (:)ei:a f. 4. Eud. 1 096a 32-34. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida. «por e jemplo. en general. sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación. o una sucesión de azares felices. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua.. 981 a 5-7. Pero.179 e incluso de una manera general. 1247b 22.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. Ét. l247b 2 5. 1248b 3.óyou) . sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. Aristóteles no va más lejos aquí. a partir de ahí. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). pero uno puede pre­ guntarse si. 177. 178. insis­ te Aristóteles.174 Ahora bien. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia. 182. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. ex. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente. 183. l. ni la justicia.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec. 181. en la Politica.172 Así pues. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós. Cf. 1260a 15-18. 179. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. 172. 'XUL aA. pero. Ér. las situacio­ nes éticas son siempre singulares. 175. ni tampoco el valor. «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. de buena fortuna (ef. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne. 1078b 28.oyOL O' cl(. l248a 3-4. 176. más vale enumerar las virtudes. 85-89. es decir.av 'tÚX. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te. 14. si ninguna ciencia. 1247b 23-24.'8(' ¿Se podrá hablar. l2l7b 37-41. que dar tales definiciones». es decir. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. I.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica.LOLQCt del Men6n (99e). 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�). pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. categorías según las cuales se expresa. 174. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. nos dice. en ambos casos. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre. Finalmente. pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. 8. como pensaba Sócrates».. A.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. Men6n. Nic. de un favor divino. no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». no hay ciencia del Bien en general. 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]). sino también el tiempo oportuno.oyOL). Ou ouvax�¡.. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen.UpÓtEQOL ( l 248b 6). por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. etc. Eud... 13. . 4. M. Más at 1n.

sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble.os sabios. sombríos de la tragedia. sino sólo el favor duradero de los dioses . pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. <I>QOVL!-!. Pero Aristóteles no se limitará a esto. libera al hombre. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal. 1248a 25. suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. ) oewc. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. 52. el . sug.'90 pero.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad.e �es reconoce en el mundo.. en especial. 11. Por el contrar totélica de la phr6nesis. «De l'instant propice». caz Y p �� siendo el Pri. puesto que. 45. Phil. Dionisio de Halicarnaso. 18-21.. 1. Kgeinwv . El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo.endo. fr.. 85. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. Rev.. 189. pacial. por lo que se ve. Schuhl. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. insuficientemente dirigido. siguiendo a Teofrasto. Cf. la ocasión favorable. 1•erb. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio.» (Anal. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. 1248a 19-29.el ttempo: 191 P�ro poco a poco. a falta de téc­ nica aprendida. De Jinibus. también es confiado a sí mismo.. la fatalidad también.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . tanto para bien como para mal del hombre. la evbaqwvia a la etrtvxta. X. pero lejana. En este sentido el «�ar» 9ue Ari. (Dióg. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. alta.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. sino que somos los juguetes del destino. béwv). Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar. y que tiene su principio en Dios. Cf. tampoco lo esclaviza al destino. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. 12. Epicuro. Si el kairós ha aca�ado po� significar... se seculariza y se humaniza. ( 1248a 32). 48b 35). La wx. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. Había escrito un fiEQL evtuxtac.�mpo de la acción divina decisiva. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias.m�r Motor de todas las cosas y. 184. la noción de kairós. V.?� ya no es el tt.-M. una vez el impulso es im­ preso o. Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración. Un. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa. Se t1a1a a tran. pero al. Pero no se ve huella de ella aquí. Cicerón. Carta a Meneceo (ap.st. fistas. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. L� que hemos llamado. Diógenes Laercio.� ahf d� � 1 �2. al ¿no puede la deliberación. lsócrates. 47).eúeo0m).' l. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con .. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas. 28. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes.oi:í voií xat �ovJ.1mb1én para D1os. pr. pues la ocas16� ex1ste. el kai­ . a la mversa. Heráclito.'89 Pero.e un comportanuento capnchoso. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados).a. V.ót. se comprende que haya podido stgmficar. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación. Cf. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. �iels. parece dudar Y vacilar.. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras.rJ . !91. Antidosis. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. 187. Cf. De comp. en �omer o. si la Prov1denc1a puede fallar. oux eat� XQÓVoc. en ambos casos.m 188. t. �ero.. Lacre. recuerda los temas mác. � . el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P. 5.192 Pero en este mundo donde todo «puede 190.úiV xat oocpwv. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia. el futuro no depende del hombre. guiada por la prudencia. (1962). . 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. asto. en adelante sm uso para Dios. Con/T'(I los so 185. vestigio kat�os. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX. de esta concepción religiosa del .. Este misticismo de la predestinación. podemos señalar algo a propósito del kairós. tal como hemos visto.nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. 36.

52-53.· • . si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. No . netV"tó. E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía. p. 45). cf. Pindar iibersetz. 7.. mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. hace salir a los seres de ellos mismos. das erfas sL. 785a 14-16). la contingencia �o� . (Dornseiff. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. Y. de los griegos. 1951 ). a apa1 la vez azarosa y eficaz. el cual será al m ismo tiempo el úllimo. 1098b 24. Gen. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1. Pith. 194. 122-127. les impide coincidir consigo mismos.ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. l . Hesíodo.r¡y� (1/í tóteles. la herida tnorutl se llama XCllQlO. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv. 1 2 1 .r). Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro. 5 . Cullrnann. 9: "tO ó' ev XUlQG. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia.t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis. la de la edad madur. 193. si es imprevisible. Ahora bien . de una rehabilitación antropológica. sino hum ana. y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». índaro.. El lazo idea moral) por lsócrates.. La importancia de captar el hm. como se dice expresamente en Marcos 13. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo. "tO naQxei�evov erliilllerl. le temps. como �n otras partes.'96 ada. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. sea su pnncJpto.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. pos ¡) t i e. 7 1 ). anim. pues es. pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r.•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. 433. . pp. q>Qovti:v . IV. Si él es la herida.. Mesina. V. antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral. intemporales. la de la Cf. (las acciones pasadas) Paneg. el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . 3.áooeoOal. de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. 84. el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana. Ét. nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento. 5. 10. VU1. está echen. Sobre el kairós bíblico. Cf. Neméadas. sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. 12. Christ et rós griego.aL)...122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud. cf. cf. 78: cpu/.' Esta última prec isión es impo rtante. . p. es objeto. 1. él es también el remedio.. La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . · . comenta: «die precisa: «das moralische Denken. E. pp. texto� citados en Le probleme de 1'etre. P tt V. c�mo ya hemos visto. Citado por Aris­ p. NeuchateJ. t947. �oao9. � �or ello Anstóteles. . exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. considerar la estru <. vengativo. pero lampoco el hecho del solo favor divino. 221a 32-b 3. Vl. was der Augenblick gebeut»).w� f3ouA. 26.v clQtcrto. 195..J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. de .t. 694: �<QCl ó líe xatQ� . M.'>Cn». y entre Física. en Aristóteles. Unters­ ición muy dis­ teiner. ctura de la acción en ge�eral. la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. 1 140a 3 1 . O. Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' . 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . XatQO.. de deliberar bien (xaA. Nic. . Es esta a ·/ del hombre. VJ. ó' Ent n:lim. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud.19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. importa. 196. Porque es «estático». . los hombres. Nic. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Trabajos. (Mt 25. . en virtud misma de su estructura contingente. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de . a tiempo. § l. rx. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o.. kairós. Lcipzig. Ex. es decir. Schwartz. es decir. 111. n. : Ét. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. Jankélévitch. 1 J42b 31.o agut... Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. más en particular. 1::> . re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . 1921. la de la vejez.l93 es decir.

uváy'XrJ. l l40a 3 1 . No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr. En realidad. 1 J l2b 3-6. inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación.EL otov ev CTtQOtll­ . el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas. l. Eud. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas. 36.QX. es quizá porque es menos estudiable. 11 1 . 5. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. t'ÚXTJ Y voüc. 1 1 12b 22-25. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A. 9. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ).ot� M :n:wc. o del fin supuestamente conse­ guido. pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. 1 1 1 2b 8-9. 5.v hd. VI. . . Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc.. precisa Aristóteles. 1 142a 3 1 . 3.2 Sobre este punto.. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia..Ero� av V. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. a la inversa.. Ciertamente. Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. €. Ul. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. 10. To eoxatov f. Resumimos 1 J 12a 21-29. tt.-ti to noA. y se pregunta cuáles son sus condiciones.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa. ' xuoEQVIlt yLq.. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av . o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV. y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así. 1 1 12a 31.10 Así pues. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo. 8. 1 1 12a 32-33. 5. cf. los :n:ga. 1 1 12b 14. es decir. del mundo o las verdades matemáticas). si está menos estudiada. cf. IT. simplemente de la acción). y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. 1226a 28. un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas. ÉI. 4. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. 10. secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos. Y lo que . asuntos de tos indios: Ét. tal como 6. deliberamos tanto más cuanto más ignoramos. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro).5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. cf. Nic. /bid. 10. 1362a J 8. y nosotros no deliberamos sobre tos . los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro). Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill. 5.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�.v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4).·x-tá. Cf. Reiórica. Cf.. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata. 6. porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica. sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos.9rom. ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando. Yl. 14.. 5. � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). . subr�yando la afinida � � de la análisis. L226a 29. 1247a 5-7).). J l. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV). tO Ot' av8eóm:ou).7 Pero.. 11.•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. Nic.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ . 10. xat LXll (VTT. 5. La c1enc1a trata de lo necesario. Ér.J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación. (c mo dirá Aristóteles en el libro VI. 1 � 12b 18-20: . Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin.6 Este análisis. lll. 7. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y. tO rtQ<irrov al:nov.ú).8 Sin embargo. pues sabemos por la ductible de azar. Eud. la cual.

ce antecedente de ésta. Cf.1usa y. �edio no es sólo medio para un fin. TI. Ul. Cf. p. En primer lugar. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud. 17. Matlll tlltll/1'.18 Aquí. Euclides. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . y por dos razones. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). E.� in cos. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. J 6.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. Greek Mathematics. 14 en segundo lugar. en stc as?. Pero esto no es posible. 168. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes.• l026b 4. 12. no de la ausencia de vías 19.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. . pues. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio. la c. está bien precisada por el coro de Amígona (v. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o. 360). Prefacio. l l l2b J. 634. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan. es cierto. Allí donde la so­ lución es untca. 1. rl a.. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. 1027a 22-27. Pues en el análi de reboll". la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. por accidente. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. dado _ el fin. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>. T 14.. para ser apli­ cable. 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. o qul· 111"11\'n¡. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo. y _ « el accrdente no hay ciencia». la cual. la causalidad instrumental del medio no es gar. U.""t z O'UbEV EQXetCIL). sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. id. considerada como dada. constituye una solución a contrario lol> con· . Heath.. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. aJ menos. post. • . (contrariamente a la edición Mazon. _ . 271-272. u. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. 1 o SS.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. Pero. . no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. Cf. enteramente transparente a su ctencm. pw l ll. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. smo de su plunú1dad. 401. 1 1 12b 4. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. que pueden ocac. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. Meta/fsica. Ahora bien. lbid. Nic. 1s Lo matan. Hultsch). 12. w (ávéutaA. <'11 el tiempo. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo .16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. de la causa un efecto no simultáneo. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . Así.. por lu p1l. vn. a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta. El análisis matemático supone. De 111). puesto que se trata de � i 15. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. Heath. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. en efecto. 400-401 Aristotle. imprevisibles. y aquel en el que el hay más que � na solución. Greek Marhemazics. en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber.. p. li ad efic1ente. hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis. tiene también su propia causa­ . med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a.:úotv)>>. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. T. 95a 24-b l. pp. 13. no hay mas que un med1o de realizarlo. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente.llliO análi método tal a s llamamo y s. ll. Ét. Anal. 5. á:rtogoc. una especie de homogeneidad operatoria. En segundo lugar. pp. t. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. y se trata de encontrarla. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. 2. 18.·ntcs inverso. la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible.

e"U"tLXÓ�).. XX. que designa en Homero el Consejo de Ancianos. del OU!-L20. -. 25.a. 5-30. 1. que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. si no en la Asamblea del pue­ blo. por lo tanto. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�). tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial.ei. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda. Schrecker). Nic. los qJQÓ'VL¡A. Cf. 22. la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. i11jra. Cf.futuro suscita el género deliberativo. 3. r. pues. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo.eum�. vv. sino juez (XQLt��).. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos.evew Su¡. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA. Si deliberamos sobre el futuro. y no es en absoluto evidente. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir. fbid. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. el pueblo escoge o al menos ratifica. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO. Retórica.ÓouA. es decir. objetos del género epidíctico. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV). Cf. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones. ¡)qota �al xáA. 2 1 .. es decir. y su juicio se refiere. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea. Distingue allí tres géneros del discurso. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA.LQWL�) sin deliberación previa.26 Si existen tres géneros oratorios. Gerhardt.r¡aí. entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A.. y primero tres categor fas de auditorios. Pero tam­ bién nos recuerda. 79. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común. sino al futuro (t<úv ¡A. 5. 303.�. Evocando la práctica homérica.A. La teoría del discurso deliberativo implica. no de ciencia. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA.24 La palabra �o'Ú­ A. 1. en efecto. y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo.------ .. Esta interiorización comienza en Homero. no «científico». que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica. 3. Et. 1358a 36-b 8.23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. remite a la institución de la �ouA. y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor».ov).A. es porque está 26. óouA. lll.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. VIl.e'Úetm). la preocupa­ ción cauta por el .21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y. finalmente.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17).20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. la eficacia de la deliberación humana. De rerum origirzalione radicali. 1 1 J3a 7.-. la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino.e'ÚEL'V tal como se practicaba. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo. 24. p. Ciertamente. 1 3 1 . óux �tlvoc. obtener según la «ley de determinación máxima». «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. 27. 1094b 25-27. en la democracia ateniense. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que.euov. 1358b 13-20. El hombre se ve reducido a conjeturas. según el auditorio al que se dirige. Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él.óvt<. sino de opinión.OL. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). l .�.22 Finalmen­ te. 23.(¡>. determinar por aproximación un optimum.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

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49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

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cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

que no son vírtudes. . LXXVITI (1965). 72. 6.. i} 'KO. 2. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». lsócr.lles. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó . 71. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»). 69.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una . Ét. 5. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c.. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). supra.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar. Agé­ silas. VI. en particular de la pruden­ cia (cf. n. Ét. 746. por e jemplo. q..69 La ambigüedad del término EvoouA. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien. R. en tanto que unida a la virtud moral. I JO. 66.G. Cf. 13. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable. en este sentido. Jo que es meritorio. y la prudencia la de los medios. Cf. 1 140b 4). Eud. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf. p. TI. 47a. en segundo lugar.noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación. 1 139b 16..l para la realización de un fin. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. 3. ál-. Jenofoote. Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. P . aQení. Cf. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. Xl. 721. 46. cuando define la virtud mor al. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. Así. 1 144a 36). 40-51 . Eurípides. Ilae. Il. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). Vl.�. el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral. Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. 3.l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc.. Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí. 1 106b 36. i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. 121 b 31 ss. es decir. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo. rt39a 23. no del fin. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral. TI. IT.. 67. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. Vl. mucha tinta.68 Pero. una disposición que con­ Cf. como la ciencia6ó o la habili­ dad. 141a 6). 13. Esta definición es recordada en el libro VI.�. 144. pp. 1227b 5-11. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás.lll � <¡JQÓvr¡mc. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. Eud. 1 106b 36).. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. Evágoras.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. p. del buen estratega. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. Suma Teológi­ ca.v. 6. Por un lado. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA.'tet to 01!f. 9.E.65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. Nic.. caracterizada por el justo medio (Ét.. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. 10. 1 142b 32-33). 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo. sin mucha convicción. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. 3. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. es decir. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. 2. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable. 1220b 34-35). oú i) <pQÓVl'JOtc. no puede ser extraña a la cualidad del fin).ta. Fenicias. Esta f r ase ha hecho correr 65. Ética. loable (btawe'tÓ�). no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. en un contexto totalmente distinto. sino de lo que es útil para el fm. 70. de una sición a lo que es moralmente neutro. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. Nic. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV.136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno. por otro lado.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI. Aubenque. aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA.la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti. e importa por ello saber a qué cierne a la intención. En otros términos. Tia. 68. T ó picos. incluso si l a pru­ dencia. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien».

l228a 2-4. que es su condición). por un lado. 80 (1955). 'H &t :n:goatgeoLs. nuestra responsabilidad. Ét. que expresa nuestra intención o. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también.vo¡...o téA. Sobre 1tQOULQ€CJLs.gwtv.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido. (crxonós) a su vida. neomgeaw. 78. Si. 3).QEOLS.14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. esta dualidad de contextos. cf. 2..¡. de sentidos. l228a 10-12. !bid. p. que compromete nuestra que nos es imputable. 265. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s). podría ser un añadido poster ior. Es el caso de la Ética a Eudemo. l l45a 4). porque no concierne a nuestra proaíresis. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. dice Ar .16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. 1 1 1 1 b 27). l228a 12-15. «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. a pesar de Ross. que es hoy el del libro m.co. Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. que rompe el encadenamiento de las 1deas. de pro­ blemáticas y. l214b 7-J l . única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. l. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción.. Este sentido del término (xuxó�). 200. .. 280. ilosofía.1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. pero este pas. y sobre la acrasia el estudio de R. de la virtud natural. in­ mejor dicho.80 que es consecutiva a una delibera75. que lo juzgamos no por lo que hace. para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido.ev noi:ós "tLS. en el sentido de intención. nuestra disposición interior. a're � .os. l'fOtle. Cf. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. � . al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad. Y[). pero no lo puede hacer por la pasión. también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari. consideramos. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima. 80. . que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. n. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. l228a 8. Nic. que se hará clásica con el estoicismo. 2.tje. 2. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. 8. es decir -precisa Aristóteles-. 't(Í)V :n:eos. 261-80. p. 77. naga cia (axgaaí. «L'acrasie selon Aristote». pp. p. Robütson. el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección.15 La proaíresis es. mérito en poseer. 79. 74. importa subrayar. e l vicio) e s una o1Jbc�)». donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. m.71 El sentido del. de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2. puesto que la JtQOaÍ. por el otro. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)».a).gí. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto». U. Eud. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota).QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. En el li­ 1� JtQOaÍ. reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica. finalmente. nosotros sólo modificamos el orden. es contraria a la intención. entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . Cf. 3. por el cont�ario. a Nic6ma. Ét. r. Nic. el compromiso íntimo de nuestro ser. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles. n. cuando en realidad la persona no los 73. pues. 76. Ren•e Phil. 1 004b 24-25. es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros. fr. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora. tr. el comentario de Robin en su Aristore. 1 1 . el que constituye nuestro valor o nuestro demérito. Cf. Asf. que se ha de colocar entre las éxo'Úota. tención de provecho. (Ét. .73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x. que conoce y quiere el bien.. y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. 1 1 5 1 a 7. . sin embargo complementarios.

y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin. deseado no por sí mismo.92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. l l 13a l0-11. el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. pero también para ponerle f m. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. 5. i] oge1. Ét. 90. de subrayar este equívoco del término proaíresis. Aristotle. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación. Cf. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI. Los intérpretes modernos no han dejado. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse. por Jo demás poco convincentes. oo se escoge ser feliz. sino el pasear o sentarse con miras a la salud. 91.J I . (cf. . 1 1 . l227b 29-30. 2.. la cual interviene para es responsable. 87. &. sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad». II. Así Ross. Esta «evolución>> !. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin. 5. la proaíresis conserva un aspecto volitivo.89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. tO té"Aos. 1 1 12a 15). II. 84. 1 1 I3a 1 1 . La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral. 200 (trad. sino. eo efecto. sino los inedios.Ls. 82. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. sin la cual perdería toda razón de ser. «ya encontrado en el la definición de la vi.r¡oLs. La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. Nic. 4) transiciones. fr./. p. 5. «técnico» en la estructura de la acción en general. 1O. Walzer. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro.L�). 4. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. Aristote.d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III. 1227a 9-10..éVOV (Ill. es necesario reconocer.81 Ciertamente. Importa. sino de la voluntad deseante. p.<i)v eq>' � �-t'lv. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos. ltQOc. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<. Ya no es el lugar de la imputabilidad.aco 88. 1949\ p. 1 3 1 . que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. Eud. meditado o supuesto.84 Ahora bien. de conservar el primero de estos dos sent idos.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención.85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección.1 54. Cf. 1226a 9. Ét.a. Me­ diante la proaíresis lo posible. 280)..gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). 86. puesto que el fin está dado o más bien querido. y deseado. se podría decir. in fra). l l llb 27-28. OLavor¡ttx'lj.cu·nxi¡ ÓQE!. 83. 1 y de III. 198). Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R. Magna Moralia un. 5. Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco.. JO. Ross. . Cf. tJJto8Écrew�. puesto que no es la posición del fin. Ét. lll. 10. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. sino un momento.a. sino como medio para alcanzar un fin.87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. y la M!. pp. empero quizá con la preocupación. o incluso Aristóteles mismo. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik. 4.' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J.91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. a la cualidad de este fin. 5.L¡. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias. 265. 1 Ll3a 2-5.. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros». más precisamente. Nic..!el concepto de ltQO<xtQems. TU. 1 1 1 1 b 2 1 . voiis. sino por la eficacia de los medios. inclu­ 8 1 . más aún. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin. 4. lli.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios».. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. 1 1 13a 10-12.rtud>> (p. Eud. en este sentido.ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo. 1226b 17. de la que se dice . se vuelve posible cia deliberante. 92. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin. pues aquí Robin.na tó. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. sin embargo. 2. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. sino a la M!. 'A/. en general. sino que elige solamente 89.. sino el mo­ mento de la habilidad. 85.86 la nota de Rackham en Ét...

si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. Nic. ID' o'li ta 7tQO<. tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin. el vicio y la virtud son cosas voluntarias.). Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario. 103. . 1227b 24-25. In fuerte expresión de Et.. Dicho esto. que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad..102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. TCl n'/-. Ét.97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no. pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). sea la adapación t de los medios al fin (el . y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios. Cf.. por eJ contrar io. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y. 138. l227a 13. 1227b 27. Cf. . 98. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. 1227b 35-36).�)S (n. que son más o menos morales. ¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . ói¡ Éxoúowv � <pa. 1226b 19-20. desde ese mo­ mento. cr. 104.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. 95.vetat.101 al fin. Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e .95 de la gimnasia. 1228a 2. lo cual deJana suponer que la elección. es decir. 1 1 . 6. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes. ll. tenida por la responsable de la rectitud99 e ..96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua. Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante. 1227b 38. para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios. Eud.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA. 100. En el análisis que sigue a la deliberación. perfectamente ininteligible. .10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección.1 S). p. . 1 176a 3 1 -32. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. sino por los motivos de su propósito. los medios. 1228a 3-4.Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos. 1227a 19-20b. que forma un todo (capítulos 4-6). 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�). sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. 105. 1 1 . 1 )1/11 l4). Aristóteles recuerda in 93. VI. que parece estar casi olvidado.oyWf!Ó<. 1 1 . La elección de los me102. en definitiva. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35). Cf. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. l l l lb 6). IJ. este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m.. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. ov�A. ll. Cf.")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. 99. en efecto. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente. . 1228a 7). 97. 74. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<.. Ét. Eud. pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa..•l put·de muy bien no ser recto). 96.:u. 26.i.. 39-40: escogernos evE�ti uvo. X.QEOu. 94. Ésalcpvr¡. n. El contexto parece señalar. probablemente tradicional. Por Jo demás. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ.. que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. 10. Nic. 1 O l . 2.�3 sino los medios escogidos.Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4.

pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. complacientemente subra- bwúowv. p. Él. 33a 172. De una manera más sut il. . Eud. II. 1 1 3 . es banal (cf. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. l . lll. como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7. 13. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . V. Robin. aunque sea arbitrariamente. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. ria no sólo al sentido común. 108. C. Arist. 4. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111. 187-201 . 212-213). los af uso hechos del azar). unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. Kullmann. según dice.o. 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante.. l l l lb 30-32. VI. 1 1 12a 3 1 . «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. Rept íb/ica. t<p' T]�ttv. 32). t. 1 1 O. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. De hecho. 16a 175. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit.tiv (Supp/..a por dar un poco antes (pp. también H. esto es. 4. 169. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. p. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. otras lo posible. Cf. El segundo sentido.. 172. Tcl JtQó. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa.. 1 12 Se podrá advertir que.q> nQii!. p. 106 la virtud es voluntaria o.1 1 . Kuhn (art. pues el sujeto de la conclusión es 107. puesto que se esfuet7. el cual sugiere.éA� (b 4). A estos textos hay que añadir Ét. 139-154). es voluntaria. Platón. tfpicameote aristotélico. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. que interpretan así lll. Pero no saca la cons ecuencia de ello. 136) muestra c¡ue la proaíresis. que niegan la contin­ de las representaciones. M. como dice aquí Aristóteles.11n En la Ética a así pues. 5. involuntario). hier wenig brauchbar ist>>. tmóvbE tL0t\tE6a) 109.. Kullmann. 123. 1943. Tucídides. Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. 8) y máS bien tcp' TJf. T. LU. «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona). ahora bien. 508c. op. Kuhn. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». República. Sin embargo. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. 1 1 14b 29). I-3. entendida como elección de los medios. dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. 1444a 20-22. pp. precede entendido en el sentido temporal. 27b. 1 1 13b 7. No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat. Festschrift H. 1). Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud.. que el . 29: 8. Nic.· 15. 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle. y en el análisis psicológico de Vll. sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. cit.O 1 12.m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. l228a 1.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden.ll V e n e( segundO ortiori contingente. Nic6maco. L. 100) y de Gauthier (pp. At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5). 357b. Nic. 187198). 9. p. Gadamer. 106.n:go hégwv atQc"tÓV). pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. H. la AristóteLes. 265. Basilea. Tal como hacen E. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. Volwuary action and Choice. 25. 36. la conclusión de E. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente). 1 1 14a 18. 1 140a 32-33). Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). pp. Arista­ te. ponsabilidad. Aqui. Ross.. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe. E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ.108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. lo contingente moral). aunque se defiende (p. l225a 19. tesis doctoral. R. cit. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. 10. Ehat T. 27. al insistir sobre la eficacia. pues. Cf. dice.O téA. 1 . 7. Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. el plural a la situación del hombre en general en el mundo.l 'Wc�cn sei.IIJ Este retorno.. 1 1 13b6. la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». l l . m. «lo que depende de nosotrOS». y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. pp.

Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía. por lo tanto. es decir. Ét. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr.QEOlS �í.-Platón.. por ejemplo. Antidosis. . justificando al mismo. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis. Gor­ 115. 1298b 27). nQoalQtOLc. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República.ov). 1 4 1 : 48. no está claro lo que deliberación.115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta. 1 1 . en particular. y que será más tarde la del estoicismo. l. J227a 13). 413a. en efecto. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. que citamos más adelante. Beruf. o simula volver. sugerida por Platón. 1 14. IV. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. Definiciones. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7. Política.117 Entre otros significados del mito. Monostichoi.. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. no la idea de deliberación pre­ . en Aristóteles.ou TOÜ amoü (cf. 1004b 24-25). óv tae» (De offi ciis. calli11g). pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. al uso popular más allá de una terminología erudita que. 4.. pero esta no es la cuestión aquí). al presentarlo libre respecto de sus decisiones. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. 1 20). En fin. La expresión se encuentra en Demóstenes. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf. Antidosis. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran. ll. La significación de este mito te­ nía. y como ya hemos visto. 116.. I 26b 6-8). en su Paideia. como ocurre con otros conceptos aristotélicos.Aio6at). tO� xw()úvou tov ¡tÉU. en Aristóteles (Meta fí sica. no consti­ 336b. Eud. olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. una preferencia 114 y. 56. X. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. Si bien e¡. JtQOCli.t. 1280b 38: i¡ yó. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. 9. 23. 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos.:t'¡ Oouc:. cit. donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. que invoca sin razón a Joachim loe. JtQOULQEttm �í. Aquí todavía. r. ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. sin poder confundirse. del sentido de elección-intención.ta). V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat. cómo las almas.ov €. y es en este sentido (Par­ mémdes. Menandro. y aunque la prueba sea más difícil de aportar. sería la de la antigua Academia.ovw nQOULQEia9cu.) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. "tO'Ü �tou . los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs. también Platón. la elección ya no es interior a la vida.. no dice Otra cosa). Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. pero que nos parecen suficientes. o-úbEic:. rsócrates. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. Contra 1imarco. 65 (�LOi: . JO. pues. 493 (�í. 111. 143c). no es empleado �ás que una vez por Platón. Cf. sin embargo.. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. Esquinio. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. E>eoc:. qllA. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo». vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio». C!LQWL<. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte. El substantivo rq:1o�lQE<JL<.. 70. donde neo.Qeo�c:. tiempo la gran tarea filo- sis. toü n:f. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. ex. Cf. sino que es la elección de la vida misma. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor. significan originariamente una elección relativa. 33. Cr. RepiÍblica. habiendo bebido el agua del Leteo. ávalnos (617e). profe­ sión: cf. vra. 120. 2. Cf. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. 10.<.Qeto9m (Aristóteles. aun cuando no nos acordemos y. autoriza­ ría su perfectibilidad. 617d-62Jb. Dicho de otro modo.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. Ps. .. Ar istóteles.t iene un sentido temporal. si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. Política. ef. Jaeger. 14. 3 1 ss. Fedro.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado. . «incrimina al azar (tÚJ(TJ). 245b). al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. no se presta a ningún equívoco. el hecho de aceptar un mal me- 8.trr¡ ) una vida que. JtQ06e6ou4u�tÉVov. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia. W. . J l8. sois 1 19. un doble filo. que era el de la Academia. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en.

Il.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. por ejemplo. 129 Ar istó­ teles prefería. precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin.LQEOLS acabará por designar la «persona moral». 10. n. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva. en todo caso. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. no podía más que ser contraria a l a idea io. 124. la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos.. Cf. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. más aún que de naturaleza.v. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. Souilhé. 129. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). 1179b 7-16.123 no sería una astucia de Dios. 1.tÓVOlb e!. del destino o del azar).tÉVO'U. A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. Magna Moralia. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. 1215a 8-15. 9. Pero.o¡. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. contrariamente a la prescripción platónica.126 la idea de Ab. 5. de nuestras buenas y malas disposiciones. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq.la. en él como en Platón. finalmente. 5. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. la definic ión del ltQOTJYI. Coloquios. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. «la falta es de quien elige». mientras que en Platón el verbo ExA. del cual estamos separados por el Olvido. Pero esta irreversibili­ dad. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico. TCQOCtlQEL06CtL. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. Nic. de la que Dios se encuentra así exonerado.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación.EOtl . más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. r 123. Cf. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). �V ayaea. 1 1 14a 32-b 5.xA. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. Nic. en es­ pecial Ét. SVF. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson». 5 ss. Eud. a la decisión razonable. donde todo es transpa­ rente. 128.124 hacer en cada instante. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad». Cf. 18-20. 103-104. Ét.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. Es cierto que se da..121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección. l . Según la traducción de J. que enderezar uno malo.ye­ aem. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad. 1. rv. Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. II. 3. eA. 192). y la Intro­ . f. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. R. 617d. J I 121. 2. U. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). 7. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad. empírica.f.eyó�teOa (SVF. l. m. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. 1099b 18. 122. La idea. al menos de derecho. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. 127. En este sentido. N. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. 3. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. 125. una cierta libertad inicial que. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto. que nO SOn ni buenOS ni malos. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. JU. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). Zcnón. 7. En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre». Walzer. 499e-500a). sin darnos la obras y en el tiempo. rv. sugerida por el mito platónico. X. 23. . la cual supone una alternativa y una deliberación previas. pp. 1 1 14b 12. T. tO. Ét. 617c. el término rtQOO. 5. pp. p. Gritón (52c). 126..éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. 130. m que parece volver imposible toda conversión. para expresarla. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. . L. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. ducción de Souilhé. ouvalttOL. Ul. dejar esta parte al azar. eucp'lita. Lo cierto es. Cf.127 En Epicteto. 8. Paideia.

Oó�a. la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos. Eud. ó. 140. . Se transformará en dogma en los estoicos (cf. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. 123). óge�L.. La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema. cf. 139. Cf. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma. la proaíresis. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�.tóc. no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. 1 . La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. J.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. la contingencia. 1 . puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral. Eud. ni total­ u Janus bifrons. es decir. 1 1 14b 3 1 . 1. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf.l38 �É/. en mejor. �OÚATJO't. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora. 136. ém:A. il.139. cf.. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. XXIV). . ya Platón. 10-12).¡> oatJ. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss. 11. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. si se toma al pie de la letra. Diels). 227). 1226b 7-8).f. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). § 2). 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. 1 179b 24-26. 1. «el carácter es para cada hombre su destino». el dicho de Heráclito. 216.llOtS o una cierta forma de opinión. 6. 10. cap. 10. l220a 39. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét.. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. 119. J l . TI. 134. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia.140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. r. m 4. n.os es una de las constantes del pensamiento griego y.' ETEQO\J 138.).. Nic. 2. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él. l lOOb 1 2 SS. Esta expresión que se desprende del texto. algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. sean hace 137.1 1 15a 3.). . 1 104a 33. 1. 136 más aún. fl.lta..IO>V (fr. SVF. 2. . pp.. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet. cf. como ya hemos visto. donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. y el cpaüA.c. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo.). En la t. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I. ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?).Ita. 131. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . agna dad.f. Se da cuenta una vez más de que el s. 653ac). X. l l l3a 15). � . :n:go ktégou (Ét. 131. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos. 1 103a 17. Ét. De vita beata. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor. 1. Cf. uvOgwJTC. Su¡. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill. . Él:Égou :JtQO htgou. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones. 111. donde Aristóteles defiende la te�.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes... un 6u11os. Ét. no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. se encuentra humanizado en Aristóteles. en lo cual hay que ver de nuevo. uva Oó�av ( 1 1 1 1 b. 1 1 85b 38. Oé.1 1 04b 13. una �oúA. En la Él. Así. Así. sino de una preferencia.... no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. La dicotomía del cr:n:ouoato.. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2).o hac1a el mal..léV � : . y eso es lo que hace que lo voluntariamente. nota siguiente). inf ra. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre.de R. p. más que otro nombre relativo y no absoluto. Ni c. Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos. btt9u). 1 172a 19-26.137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta. Cf. 7. El único problema.. 'H8o. no lo bien. no superlativa. 135.. sino lo mejor posible. Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. 133. Nic.:nu'tov. Eud. Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ. . 6. Walzer.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. y ahora que se han vuelto así. LO..w�. Leyes. Nic. drama cósmico de Platón que. O'ÓX Ú7tAW\. en 1226a 15-17. fl... 132. Magna Moralia. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia. �oÚAll m�. la única luntad. comparativa.

al he­ �UJ'XEQClVVÚJ..) (V. n.. y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo . es decir. Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites. como el del fin en el hor izonte de la elección. cf. 1226a 7-17. 742e). Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros.. tt. ames (JA<lAI.. pues el resultado no depende de 144. en particular.145 Se comprende así que la elección... 6 1 8c. Pero lo que es nuevo es el acento. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible.143 La elección. 744b 16). más orientada que la voluntad a las condiciones de realización. sino lo no hay que entender con ello lo posible posible. 141. horizonte de la voluntad. A veces parece que esta mejor elección (x. como lo hace GaUlhier (p. Eud. posición de . no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. 143. No pensamos nosotros (Ét. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic.ttw EX T. Ét. y los medios. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general.••• La �oúA. En las Leyes. lll. la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. Oubarle. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. no puede ejercerse sobre lo imposible. no se puede querer el fin sin querer más o los medios.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y. 16) al fin. porque todavía no está mediatizada. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. animal. y del individuo que yo soy.os). 142. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. 10.oc. 4. la preocupación por los medios queda en el la elección. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO. Pero este menos es en realidad un más. 1). 11..�te superlativo. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento. no puede desinteresarse de la realización del fin.Ulva). que es también la vida más feliz (cf. 687a 16: e jemplo.Ó¡AEvov. 39. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX. 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos.. 10. 1225b 36-38). Queda que la voluntad es posición del fin. Hay me­ nos. 1225b 33-35.uif. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles. Esta distinción del fin y los medios no era nueva. Por el contrario. tov �EA. II. no del bombre.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o. voluntad del fin realizabl. Nic.. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados.oyLl.natov. 618c. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. Así.A.Qatlan] <XlQWL�. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección. «La causalité chez pp.152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general. como traduce. quedando claro que siempre se quiere el bien. ll. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles. de manera que un cálculo (aval. m. humanamente no de la inteligibilidad. por una especie de vicisitud. La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. Él.éA. oblicuamente Ét. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. 4. 10. 1 1 1 1 b 23-26. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes. si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. 1225b 34.) (687a trata aquí de la naturaleza. Eud. por �él. Aristóteles . en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen. l l l l b 26-27. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. 38. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia.OJAÉVWV n. La voluntad no es más que voluntad. 6. 10. del azar. ll.. anim. puesto que la elec­ ción. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. 1226a 14. 4. Recherches de Philosophie.. de­ masiado fácil. bía desarrollado más de una vez.. frente a la vida del placer.. Eud. rv. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así. lil. pero A ristote». l l l lb 20.oy• OctfiEVOv. sin embargo. el P. sobre todo (¡.. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios. ouA.. Platón. por el contrario. IT. Ét.. I. n. 145. 1 1 ).EL JtetVlaxoü atQetaflat. Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria. En seguida y sobre todo. la voluntad es fácil.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s). 619a) consiste en escoger la vida justa. incluso si Ét.. 142 deseo T¡�í:v). al mediatizar la voluntad. 195). Nic. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). y p. 2.o óuvcnóv. y puede ser quimérica.(lJV <'lt1Vatwv &. mientras que la elección. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor.Lota.ov. 10. es decir. En el mito de Er. Eud.

arnesgar su vida. que es la Idea del Bien. tomarse molestias. 1. a la vez ontológica y axio­ lógica.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin. pues. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud).o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien). Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil. .�/. es decir. x. -co 'téA. 152. 10. daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin. adaptación que no está dada inmediatamente. se hac� dano � . pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo.1>� elección de los medios. es decir. en efecto. Y que la admi­ .¡. P.146 Nadie qtúere tomar medicinas. 150. el medio por el fin.149 En los tratados de biología recuerda. que es más fácil explíca� el órgano por la función. otras veces se da con los medios apropiados. pues puede suceder que el fin sea bueno. anim. Y por eso navegan. Platón recor­ ? a la inversa. 149.mc. erigidos en momento separado.oc. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. cuando en realidad quiere el bten. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos.Qettei:a8m. . 154. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). el deseo sería vacío y vano. Part. 14R sm esta ordenación al fin. finalmente. etc. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. 687a 12-14. 13. Aristóteles se preocupa. sociales et politiques de Platon. 153. en última instancia. mismo. del f i n supremo. Cf.. 133lb 26-38.Q taü-ca xat (n:Qoc. 54a ss. 148. téxvmc.152 Dicho esto. 147. l. Filebo. Eutidemo. es dectr. 468bc. Kevi]v 'X. contra las explicaciones mecanicistas. xat <JU¡. igual importancia a la voluntad del fin y la 146.)» . Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien. Pero Aristóteles va aún más lejos. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. IV. como pasa en medicina . xat -cae. . volviendo bueno lo desagradable. . pero todo el mundo desea estar sano. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios.os). Lachieze-Rey. su bten) y que. 290bc. dominar estos dos ámbitos. etc.o n:óc. Les idées morales. y lo que queremos no es lo que hacemos.) no parecía despertar ninguna dificultad. cf. sobre todo en sus tratados éti­ cos. Vfl.A. n:Qál. los medios a la vez. Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente. Leyes.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines.tcpwvei:v).ai ¡tawtav ( 1094a 21). aniesgan su vida. pero se ha puesto un fin malo.ot.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). 687a 8-18. Ar istóteles realiza por los medios apropiados.cpó-ceQet X. 962bc. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. de acuerdo (evMxHm yó. XII. !bid. Gorgias. -eo 'téA. 'tetü"tet a¡. 467cd. J094a6b 7. Política.A. . cuando actúa injustamente es decrr. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta. nadie quiere navegar. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio. es posible. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. 151.. .150 lo OLetcpwvei:v &. pero muchos quieren enriquecerse.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación. el fin y los Se concede. Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc. en otros casos se yerra sobre el fin y alta.. -eo -céA. por el contrario.etc. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme.tmc.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles. sostiene frente a AnaxágoraS. ciertamente.at €maní ¡. así.

1227b 20. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»). Nc i .taQtávet. en cuanto tal.t6. Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y. y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8). !0. lll. Sobre esta tesis socrática. ll. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. como pensaba Pla­ tón. 1 1 13a 24).ó. 1227a 18·32. son ambiguos) en el valor moral de los medios. por asf decirlo.160 158.• xaxoü (Ét. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. 1tUQÓ.v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. truos n. . 10.)». l l79a 35b 4. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162). Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p. El problema planteado aquí no es un problema moral.. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes. qn)oe� ¡. 6. en el límite.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización.Q demás. 156. virtud. que se ejercen en el mismo ámbito. sino que exige que se haya nacido. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡.. es decir. niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención.. debe ser técnicamente conseguida. loso. y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio. y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. «es todo un trabajo ser virtuoso»). que la meta sea mala y los medios correctos». cometer una falta moral. m.• 'H f3o\ÍATJot. que le aparece como bien.. Eud U. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. 1 1 14a 13-14). Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. ogeó� y 6La¡.. ¿Hace falta concluir que todo X. ss. sino ser torpe. cf.. con un . que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. que encontramos en la Ética a Eudemo. moralmente indiferente. 'tO &e cru¡. Por lo eox�. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. Nic. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS). Nic ITI.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. 160. l l . si se quiere que sea moralmente buena. 11. Ét.159 y en eUo no hay mérito alguno. cf. (Política. EQYOV �mtv. aA.. orde�ados segtín el exceso y el defecto. 158.Q xaA.. mayor que la dé la concepción.ov A. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. 3. 10. Vil.156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico.enóv EO'tl TÓ. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral. corregido por el palabra es asunto de deseo. 12.Ub ·wo (Ét.taQtáveLv.. . también (xat llQyov tcrtt 157. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡. Si la habilidad no es por sí misma una 155. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios. a la inversa. Oú yÓ.vat 'tÚXT). Es que la voluntad quiere por definición el bien. 6. la voluntad del bien real (lll. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. 1099b 19). a&txot. a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. para un lector moderno. "tOLUÜ'ta vo�om. es contra naturam. infine que la pru­ 1221a 12). 1 1 13a 15 Eud. Si la voluntad quiere el mal. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho.A. eúq¡vta. Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal. El medio es. 5. Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución.. Esto aparte. 1227a 29-30). q>\ÍOLV M Y. Ét. notfjoat �ta>. parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. desinteresarse de la realización del fin es. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. 1t:aQa cpúow. Esta nota es c iertamente apócrifa. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. es ciertamente condición suya. pero no (si bien Jos términos que emplea. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U. Nic. wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo. Eud. la adición es inge­ .¡ev yó. Ét. 11. 9. sino un problema técnico.) (T. Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. ov&atov e!vm. Ét. 10.tp:at. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral. Cf. 1 3 3 1 b 19-21 ).A.

ni de la acción.. que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado). La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia.aA. Ahora bien. Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I. JI. escoger cada vez lo menos mal rela vos. 7. J . 162. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar. a poner en tos medios L<><!o el del mal. La . monstruos. D.. o es buena y quiere el bien. a . _ . srOLe.tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. l 143a 35-b 5. m. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. guiada por la elección del bien. es cierto. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego. T odos Jos hombres mal. en Aulour d'Ari Cf. Por el contrario. sobre todo Vil. 20-23. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos. sino en la impotencia de t � � _ los med1os. En fin. El mal no esa en el fm.164 En otros textos.JIIl (�oúf. que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden.. n. z. Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. queriendo el bien en general. «Tbe practica! syUogis111». Se trata de textos. Ni�. sino por su elección. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). por el contrario. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. 1 1 14b 18 ss. sino entre ambos: la elección razonable que. td. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. o quiere el mal y no es responsable de él-. que seamos hombres naturalmente constituidos o. ¿que f�era del fin. pues. pero que el valeroso (cmou6atov). pero. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. 12. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. Et. en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza).. 1 J47a lll. puede querer mal el bien y. m1smo �n el que absuelve a los hombres. nos parece. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. VI. la elección y la acción del hombre. pp. que es ru� rsalmente bueno. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos.de Aristóteles. 6-7. _164. �lanentc todo el resto (1:a � queda. Vlll. pp. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética. Cf. p.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é . Cf. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <. 15.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. 176-178. _. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida.:s.-A. deliberación y de la elección. emos visto que eI análisis de la. haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. sino. 5. Bréhier).. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. el texto de m. El momento pro­ piamente ético no se sitúa. JMt. 1 162b 35-36). 7. 325-340. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en.o� qNOLxóv). smo porque lo quieren. 2. 144.63.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. De motu ammal. en efecto.. 13. The ['lulosophy o fAristotle. _165.ÓqJÉALJlO)» (Ét. Pero. que es otro nombre del azar.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente.163 disociación que no babóa sido posible .eo(:kXL . 1:a x. la templanza es una virtud). 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado. Nic. smo los med10s? Asf. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. morale d'Aristore. disculpando a la voluntad. el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad.ci). J: AUau. sólo a trata virtud der. R. . mas que pot una revelacwn. Gauthier. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. cuyos límites marcan. J 144a 3 1 -36. por�u� el bi�n no es inmediato. 106). la voluntad no es responsa­ ble del mal.. el cual no se deja reducir tan fácilmente. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza). 434a 16-25.u:v "tt/. al contrario. pnnc. De anm sica. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado. entre estos dos azares.. hay lugar para la deliberación. será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. donde Aristótelo. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. pes � � 161. después de haber dado . 31-37 y 79. admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. pp. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos.

Desde este punto de vista. citado por Al11n.'66 Una diferencia no menos importante consiste. ibid. un minucioso análisis. art. tal sería la tarea de toda moral... entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. del alma racional. lA morale d'Aristote.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor). I. 22-30. Jbid. 177 y 189. En fin. Allan. fruto de una elaboración ulterior. lo universal es inmanente a lo particular. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar. Gauthier. hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. Hay. op. la elección va precedida de una larga deliberación. en Ét. !68. del libro U de la Ética a Eudemo. anim. a la inversa. sino de fondo. el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica."' Pero esta interpretación. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln. en realidad. en Autour d'Aristote. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y.·acta del acto te1minal de la decisión. p. cit. nente». donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción.a. que no se discute aquí. . p.). 210. 338. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. mientras que la causalidad eficiente se ejerce. por el contrario. 177. Gauthier-Jolif. 268a27ld. 177. 639b 1 8 ss. 331). Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. Tlze Philosophy o f Aristorle. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». 170. p. E. 9. se encuentra ya en Platón (Fedro. Por lo demás. una vez establecidas. es presentada como la viLtud de la parte opinativa... En el silogismo práctico.. pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación.169 En este sentido. las dos premisas. de los caales admite que son posteriores. dice. en me­ nor grado. silogismos dialécticos. en todo caso. depende del resultado. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. 210. Pero. la prudencia. cit. sobre todo. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda. Gauthier-Jolif. reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares. 167. 169. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. p. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. como se ha advertido. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética. de un principio extraño a la moralidad. hay que J. En el mismo sentido. y que la vútud del deliberativo. Allan puede hablar de un progreso y. propiamente aristotélico de «elección de medios». [bid. 171. 36. p. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor.. p. pues la causalidad for­ mal se conoce. Kullmann. 1 l. ahora bien. y que no tiene nada de silogismo. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. p.o que debe ser la verdadera moral.·a parte.. Autour d'Aristote. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. l. ciertamente. id. 166. apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). Nic. 172. la con­ clusión es inmediata: por el contrario. es decir. 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. 121. para volver al sentido etimológico y. 173. pues. Por ou. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. ()ó!. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. y no científica. 1. pp. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo). Cf. p.. Se plantea. anteriores al libro III. Cf. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. Pare. porque. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. 1034a 30.

una vez reconocido lo particular. Part. el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios.rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). /. . v. que conclusión. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular.. anim. cf. 48a."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento. IV. Vl. cf. . ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles.. le parece más humilde. ¿en la aventura o en la absten­ ción?. 442 («Punto de partida exento de dolor»). entre lo «mejor» y lo «necesario». 13 W). Ttr!'eo. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ».174 quema universal-particular. este Gen.. que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. 177 175. 1. U. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección. Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible. Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. Para el esquema fln-medios. 55.' 1 1 la determinación y. b . 1 142a 14 aÓQLOl:OV. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9.oüv -ca €"-áx_Lota A. 176.. 4. 75d. 1 144a 7-9. Pues aunque. ocupar todo el campo de lo posible. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. el discer­ nimiento de lo particular. Es un medio contra el caos y el orden. menor mal y a dos tercios de feücidad»). a la que hay que venerar más que a Platón. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. 717a 15. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. entre la determinación y el infinito. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. . sino. En este debate dudoso entre la forma Y la materia.eyes Las Suplicantes. Nic. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. Sobre esta opos ición. 13. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét. y Aristót�les no puede hacer otra . tan extraña a Platón. conscientemente. pues. 858a. cf. m. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. VI. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. 27 P. tructura del mundo. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. anim. mlo. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. . / jigenia en Aulide. 1 1 . La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. IX. 12. cosa una vez más. . No hay. en general. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre. Para el esquema universal-particular. su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174. de una disonancia posible entre el fin y los medios. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. 10. 177. como dice el proverbio. es decir. vv. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. 9. 672b 23. «lo mejor y lo necesa­ rio». pero no la existencia de lo particular. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . nA.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI. Platón. la prudencia de la sabiduría. 9. qJcwt. entre Dios y el mun­ do o. en el es­ Juntad por el Demiurgo.en este mundo y que.. Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?.13u D. 8. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. 1 1 4 l h 15. por­ que el mundo es limitado. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. etc. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. La presentación silogística del proceso de la acción. fr. 9. conocemos ya el nombre: la contingencia. que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más. Pero de este infinito. un caos que tiende hacia el orden. 685a 18.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. como más tarde Leibniz. ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo. lo universal se aplique necesaria­ mente a él. Eurípides. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales. como dice Aristóteles. En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X.

Sin embargo. por ejemplo. era ya indisolublemente teórica y práctica. IV. pp. Por lo demás. l a cual. Nic. 290bc. >1. sería una especie de sabiduría práctica. esp. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. J025a 6-13.Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. lll. 37. 20. 1 1 1 l¡¡j 6). stn dtspostc�ón mo �leccton . En la (aq:>QÓvwc. J.óyov xai< )�avol u� (111. 507e-508a. 13. por una parte.' 1 8 1 . Por el contrario. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0.. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. en la afirmación del carácter práctico de la prudencia. ni por lo demás en la de su carácter intelectual.'s' y si piración arbitraria. �O'IJMUtL%rJ . nstotle's "ProtTeptricus">.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. que «rema pero no gobterna». 29. dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento.164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3. Mansion. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . aveu voü xal Otavola. Mon�n. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. 1 . tl39b 4-5. Platón. Menwrables.). 1249b 13-15). la arquitectura). sin hacer violencia al lenguaje. consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría.. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca. no por ello es una ciencia.179 Por otra parte. �es. Platón. si la pmdencia es una virtud. cte �do que. l l39a 23. vr. l J 13a l l. Jacgcr­ . pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. Hipias me­ nor. rruco de «dtsposlctón moral». tóteles muestra 185. 185 ss. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. El libro m. 47bc. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación .t'Y)) t pues. todo el capítulo 13. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. vr. denominada sophía o phr6nesis. � �3.'sJ 178. Eutidemo. phrónesis.184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. 1246b 6. D . que es meritmia. opuesta a la . «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. bre el papel rector de la dialéctica). so­ VII. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W .'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante. Cf. Gorgias. 8.. pp. 2 . la Reptíblica. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio . cf. 56 � ss. Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y. de la elecc10n. 15.178 no es extraña a la acción que dirige. el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. Et.·al. 180. IV. más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ . En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda. ni mucho menos el de virtud-ciencia.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . n9. �bt. Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo. 5. Mer afisica. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. sabtduna teónca. El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma.. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica. por op?sición a la sabiduría. 184. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. 2. pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada». .. de la ciencia. 1 14la 21-25). prectsa que tampoco hay elección sin . beraewn que del corolano moral de la elección. «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). ÓQEXtLxós vuü. Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . S..axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr. t'tiJ. 4 W. que es especulativa.o �1. como parece baber dicho Sócrates (cf. . VI. como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. mtelecto y sm pensamiento. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. . 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. miente involuntariamente (VI. peta A. IV.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. veces.. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. 2. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. Nic. . 7imeo. 5. que no Jo es: así pues. 182. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:. 441 y passim. que evoca una virtud. f. 1 1 39a �3. la sabidur ía. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. D. por ejemplo. pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. 2. 126a 32b 2).

interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. es decir. sin embargo. �ai.186 Así pues. 191 Ét Nic. trata sobre lo contingente.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . ó.L�): Ér. 11. 13. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética.. de la Ética ¿Cuál es. 6. 9. Pl�tón. V .190 . un saber moral por él mismo.187 no del alma razonable. alló yévo� allo yv<. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. Se dirá que Platón. Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí. � <<hay una vutud del arte.. en Ét. el acento ya no será puesto . S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia. Eudemische Ethik und Meraphystk. Nic. Port. Eud. es decir. 1 J40b 22). sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente. 192 VI. . 1208a 10. sino sólo del conocimiento cientí fico. J26a 8 13. Aóyou ¡. 1. VIl. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento. VI. a diferencia de la parte científica (Emm. 5.oyl�eo6o. 439d y l o s textos citados por Joacbim.. El �asgo más .. Por el contrru"Io. sobre la neutrahdad moral de la ciencia.Q EOll. Nic.en el interior del alma razonable.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. Nic. 190. como pasa a menu­ (&Qe'ti)). en un pasaje célebre de la República. particularmente numerosas aquí. p. 8.Ll'J. Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. � ¡. 1 1 39a 12-14. 475e-480a. sino de una de sus partes: ague186. 5. pero tambié n virtud moral. 10. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. 1 139a 5-12. Cf. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow.'9?. sino otro género de conocimiento». ovx. no se delibera sobre lo necesario.Lt. von Arnim. Tópicos.::. es sinónimo de bien. 34. Aristóteles no dis­ lla que. y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. para Aristóteles. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. . 1 I39a 12. 136 1 1 . el do­ minio propio de la acción. las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. a de la prudencia>>. Aristóteles. ( 1 246b 35-36). Magna Moralta. más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. IV. VI.Lóvov). sólo dice que esto no . pero no hay nmgun . :mora (a:n:obeL!. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. Vl. solamente mtelectual ( l l 40b 28).¡. 5. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. tienen poca importancia para nuestro propósito. pues. . en VI. Ollim. 14. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. recuerda Aristóteles.e"tó Magna Moralia I. 1 140b 25-28. se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. En la crítica del intelectualismo.liberativa del alma . Ét. 2.. en:tOtfÍ¡. La ruptura con el do. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general. '88 Así.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. VI. 13. 1stoteles. V . l. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. 138a 34b 2. 'Ageti¡ yá. 2. IV. 644b 22-64)a 4.·r¡!lovut v). sino de la razón. 1 196b 15-33. 134a 4. Aquí. que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. pues. Ét. 'tl'X.. 1246b 19-23. Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. 12. Repúblico. 19 8.. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. 5. ¡. la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes. 1 1 4 l b 4 ss. debería ser. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . 129a 1 1 ss: 5. _ : ? 193. 147b 32. 189. Reptíblica. H. 7. que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. 2. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. 2. 19·1 188.Í>OEW� 187. que son. de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien.L. Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. ya sea esta acción moral o solamente técnica. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual..

203.Óv). la opinión.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos.. logismós. VI... Aquí todavía. 1 142b 4). heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición.: asimila ÓQEXtL?Ú><. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III..n¡ 9-10). Filebo. Magna M01·alia. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente. VI. por opo­ vo'Ü<.. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. Cf. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. Sólo en estos pasajes. I IORh w encuentra en 10. 35. sino que afirma o niega 198.. A la vez hombre de pensamiento y de acción. la cual no sólo duda. cf. 1 I39b 16. donde la y de la Oól.. Mientras que sición a su aspecto intuitivo.2M Si se entiende por vo'Üt.. y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. el eco de polémicas internas de la Academia. lugar oportuno. entre la discusión y la intuición. 12. II. 196. medio apropiado. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás. 2.. Nic. 33. Ét. 13. VI. 6. VI. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia. no es entre la diánoia y el noús. 1 196b 27. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. 5. Pero si se entiende por vo'Üt. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación. cf. JO. 327-328. 3. y &távma de manera equivalente casi siempre.. lO. . 1 J40b 26. 1226b 25. cf. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque. ¿en dónde se detendría. l l96b 16. Sofista. III. Ill. 1142b 6-15. l l l l b btá. Vl. 6Lávmo. lO. 201. l098a 5. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. 1 1 40b 34 SS. Ét. pero deliberar lentamente» (VI. Cf. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. 4. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. I. De 1 O. Cf. ·202. Sobre esta expresión. 27. 194.. 1 1 12a 16. 1143a 28. Et.. Eud. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<. y OQE�LS Otavorp:txJí. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. Cf. expresado por términos de vo'Ü<. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella.. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). n. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general. vór¡ OL<. 195. ocasión favorable y.a. 5 1 ! d. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión. VI. 1 143a 25b 6. según los diferentes momentos de su operación. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. que emplea los /. 205. voii. 204. anima. 1 1 03a 3-7. ITT. Magna Moralia.LQEtL?<. l l 39a l . 2. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia. pp. <irtagov). 1. 38ce). tenga m. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). 35. 263e.20' ahora bien. Dirl­ distinguida de la meier. cuya conclusión es la dóxa. l. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. como hemos visto. de una manera general. a es el diálogo interior del alma con­ 197. 433b 3. Las decisiones bruscas (tu el. Aristóteles da a técnico: así en VI. En revancha. República. 189e.at�<.194 deliberativa <Bou/. o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. 6.Ó<. como todas las cosas. el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición. Ét.) que lo demostTable ni sobre su principio. cf.196 puesto que. Nic.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf. si no es en la captación un f de lo particular. une la minucia y la inspiración. 5. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. Así pues. I. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. 7.) son voluntadas (bt-OVOLCl). VI. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. La diánoi sigo misma (T eeteto.� 199. Resumimos aquí este último pasaje. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. 4. la captación inmediata de los principios de la demostración. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<.óyo<.

12.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante. Platón.ZC. Ahora bien.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón.at qYuOLxa (ioY. vou¡.0. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla. igen de la re­ 213. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico.207 Pero. r no está aislada 1:11 AriStóteles. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡. VI. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes.a. Cf. p. es meritoria.ta parecía referirse a debates internos de la Academia. 508. Evoo'UA. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje. 298 y 302). En realidad. <pQÓV'YJ O"L�. a la significación popular de estos términos. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero. pue.: (ito x. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif.). 1143b 9-lO: (iu) Y.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA.at <iQx� 'X<tt téA..213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV. . y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios. l a tra­ dición aportaba al segundo. Eud.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma. que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar.. y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad. La filosofía es laboriosa. antes que al sabio o al filósofo. La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. exactamente como para la phrónesis. 207.. particular. la virtud moral).oyrxó¡. pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores». más allá de la Academia y del propio Platón. VI. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?. En relación con el estudio de la phrónesis.'Y).l�.t'Y) ). pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}. 976bc. 4. haciendo (yvW¡. 1. ¡¡tv oMd�). 1248a 27: A..l�). 151. por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. p.óyov 8 UQXYJ o'Ü A. Cf. Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. 413d. es decir. 212. voi. 14.. Finalmente. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. lO y J I . 21 O. ya sea Ulises o Pericles. El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad. 6. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos. pp. vr. en 206. Segl'n la expresión de J.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi.208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud.. mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza. en una especie de apéndice.. supra. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. que. en el sentido corr iente del término (es de­ cir. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes. se pierde de vista su valor moral. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que.. l250a 30-39. Ahora bien. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. Ét. 12. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas.a<. cf. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI. Cf.la. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios.óyo'U. 2 1 1 . J 142b 2-6.s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas». 1 143b 6 ss.Ei eivm re (ln:c�. Cf.. por lo tanto. n. 137. 209. 89b 10-15). sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia.211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría.). la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio».óyo¡. 208. VI. Tricot (en VI. Vli. reducido a sus demostraciones. como veremos.óy�)». como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos.t'Y)) "tÉXVJ].

216. 22l. 223. 222. Al rigor de la ciencia. 220.. y ya en griego eúr'¡9f)<. 214 y en la Filebo. Cf. p. sobre un Saber trascen­ dente. Más aún.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español. Cf. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. la de necedad a la de inocencia (cf. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular. siendo mortal. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. !bi d.tivwv hay que entender las re que.). que puede ser violencia. de comprender. lo sensible bajo lo inteligible. Por -rwv ytyvoJ. cuando este juicio es recto. óQei] 6'lí . etc. 219 ahora bien. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. 215. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual.»221 República yv<Í.222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia. «La prueba es -dice Aristóteles.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. 1 143a 2-4. una determinación intelectual y un predicado moral.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien. 1 143a 4-6.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. ni siquiera la del físico. e'IJa-ÚV€1:0�). 1 143a 2 1 -22. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles. no imponerle la justicia demasiado radical de los números.2'6 más aún.t. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab). ' H M ouyy<Í>¡. lo equitativo opone la indulgencia del juicio. tener pen­ samientos humanos. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. VI. y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica. El hombre del juicio.) e inversamente.r¡v).i¡ ). es decir. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable.e. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas. es decir. 1 143a 20. 19b.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. pues. En el Cratilo.t. L § 2. la indulgencia (<JUyyv<Í.tl') yv<Í>¡. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv).r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero.l:L'X. Así. 476d.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡. cuyo origen está en Pintón. 218.>¡. &eLvós. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X. sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. V. necio. cf. lo que es lo mismo. no son objeto de la mívecns.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. 1 1 . 4 1 1 ad. pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que. queriendo ser rigurosa. l84. es.). que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia. pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo. Tiene. 1 143a 8-10. el mismo dominio que la prudencia (es decir.>JA. 165.t. no se libra de su deber de juzgar. siendo sensible y singular uno mismo. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. cap. a lo geométrico.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214.>¡. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración.T}.oüs 6Qei¡. es. ni sobre nada de lo que deviene.: malignus. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)». el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o.» 223 Así.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo. viviendo en un mundo impreciso. <JUyyv<Í.>¡. lntelectualismo todavía. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero. de reconocer sus límites. Segunda parte. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar. n. en tanto que físicas. inocente.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�). En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental.t.t. siendo hombre. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles. 219. Cl·atilo. (EXELV yv<Í. alidades físicas 217. Ahora El hombre de (Euyv<Í. como una especie de la phrónesis. El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable. Sobre esta oposición.r¡. posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular.>¡. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat.

quizá involuntariamente. está nal le había reconocido siempre un valor moral. T eeteto. pp. 38. Aristóteles hace revivir. ibid. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica. humano por sus límites. de formación más reciente. tiene una «significación puramente teórica» (p.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf. el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». n.. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens. cf. 1 93d). Al devolverle su sentido arcaico. 1 ) apunta que. cf. en que se resume los lfmites. la vieja sabiduría griega de 224. fr. a diferencia de yv<Í>¡. 3 1 SS.t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano.tYJ. fr. . pero humano también por su atención al hombre. p. 177. Platón. sino por sus límites.tYJ. B. 56. que Aristóteles no yvw<YL(_. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡.. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. 6. yvwat�. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. remite a He­ ráclito. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. y a en la filosofía presocrática. Filolao.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis.

mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. ARISTÓTELES. Berlín.¡:rtQaxtov <'ivt:A. sobre todo. Philosophische Untersuchungen. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif.. sino en la phrónesis de la tradición.:at &Oavati.ew.taxaváv. al verbo cpgovEí:V.1 10. a completar ahora con F.La. B.el ¡. etc. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum».-. y. cpQÓVL�tO<. 1 177b 33.M:t 'ljruxá. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo. Hermes... pp. etc.M�. 109. Sin duda. 464-465. 29. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica. 89 (1961). 7. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<. 'E<p' ocrov tv&éxe-. vv. X. Nic. Die Entdeckung des . 1924. Él. tav &' E¡. vouc. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie. l.Ocpgwv. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. �tov &eávatov o:rccii&e. o<. como hemos apuntado. lll Pí1ica. pp. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos). Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta. ci)cpQWV. PíNDARO.l. Hüffmeicr. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. cpQOYtLtcLV. q>i..

pp. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. que hacían de cpgovei:v. Diels).). varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. de estos términos (por ejemplo. Ylll). Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. p. pecie de olfato sensible. es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo. tesis doctoral. La phrónesis es un pensamiento. 56 (1953). Tubinga. p. por lo que concierne a <pQOVei:v. Festugiere. juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón. intelectual y práctica. 223-242. en último término J. o al menos cómo. pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. J.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. Fesrugiere. 244). n. Hamburgo. para la interpretación de este fragmento cf. l009b 12 ss.E. pp. Onians. Kiel. 79-125. Philology. cf. esta vez en sentido positivo. pp. 108. Así. L Webster. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. y la sensación. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción. 4. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. aun cuando límite. Pero Festugicre pone en duda con r. en especial <pQÉves. Time and Fate. from the Beginnings to Pannenides>>. Siguiendo Metafísica. Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia..l. y 113 ss.G. 77 (1957). Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. m. . p. 5. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. 1 O. Se encontrarán algunas indicaciones en M. K. 8uJA. el pensamiento empír ico. aquí se trata de citas de Empédocles (fr. 1951 (sobre <pQÉVES.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. 3. Se admitía generalmente: el diafragma.5 Dicho esto.. en el poema de Parménides. permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. Teofrasto. 3. derivado de <pQéve�. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. 8. tesis doctoral. etc. von Fritz. 40 (1945).Ó�). E. cpQÓVY)OL�. Berliner philologischer W ocltenschrift.Ó�. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B. se ha podido observar7 que. Cambridge. etc. 19). la 7. 401. <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». 16.. 8uJA. Odi­ sea. 38 (1943). como lodos los substantivos en -me. Loew. cpQÓVY)OL�. pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. 401403). l009b 12. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. <pQOvetv. «Das Lehrgedicht des Parmenides». Museum. lo (Die Entdeckung. • • que otros términos. hay que preguntarse por qué.. «Noiís. pp. 396-406. Hof fmann.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides. que designa el diafragma o Jos pulmones. 103 ss. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». Diels. Según Onians. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz. Aspek l e homerischer P s ychologie. en breve. 396 /bid. R. <<Sur Class. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». entendido inicialmente equilibrio. O. Philology.ón este «primitivismo» de Homero (art. Empédo­ cles. 149-154.del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo. p. Anaxágoras. por oposición a voetv.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. 5. cit. Rhein. pp. y también del pensamiento. cf. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. 9. Bollack. que no eran precisamente «empiristas». han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas.actos o cualidades de pensamienro.tZ. pp. de Parménides (fr. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. Sin embargo. función m p. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». voü�.. y. sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. pp. Die etische T ermirwlogie bei Homer.. 49 (1929). A. Que hayan tenido primero un significado concreto. un pensamiento intelectual in­ cluso. pp. los términos <pQOVeLV. 1959 (sobre cpeovetv. 2. p. De anima.. § 10 (a propósito de Empédocles).10 6. B. 19553. B. TIT. the Mind. por extensión. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R.).4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. 1935. pp.). sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. que <pQÉves significa siem pre pulmones. Class. r. The Origin o f European Thought about the Body. 163. T. 1914 (esp. G.. tesis doctoral. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. 396. Munich. cit. <pQÓVllOLS no designa una cualidad. nota cap. 18 ( 1929). vou�. Metaft sica. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones. Conviene en efecto subrayar que. the World. (resumido por Onians. 54-57). Jounwl o f Hel/enic Swdies. 427a 21-29. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. deux . Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. PlambOck. 426-429. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. . Kumsemüller. mientras Geistes. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. cf. 23-43). 34). art. atQEhJOL�.

1. cf. De anima. Diels. sino que el pensamiento es el mismo para todos. 106). 1 1 6.13. 13. en Empédocles: cf. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él. . ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él. fr. vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. Philos.wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . s cogmuvas la 17. 1 . a 753 2.. 7. absoluto (sentido platónico). Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa. v. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido. 70 (1957). fragments de Parménide». 'tOV 'E�tJteboY. lOOOb 3 ss. 1 074b 22 ss. Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. anim. cf. Todo lo más Heráclito. B. y evidentemente muy por debajO .los delirantes (n. 16. Hist. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck).avm). al . fr. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. phrónesis. es el de los médicos hipocráticos). que no quiere decir que todos los hombres piensen.tov_. en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. p. 1.lÓaÍ.m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>.qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15.. 614b �8. r. 12." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. 1. .. 1960.asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r. A. XXffi. no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? . Gotinga. corno veremos. 1\. el fr. En un fragmento restituido a Heráclito por K. 488b 15. en un lógos que les sobre­ pasa. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. 9. . sino el sujeto dotado de phrónesis. 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�. Cf. 68-71). 2. 10. de la cual Aristóteles .. Metafísica.¡góvq. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡. ( 1 942) pp. 698). 618a 14.5 Por el contrario. phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. [)(.G. que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. Reinhardt. ca. VI. Según O.180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. En la jerarquía de las func10n� . el Estagirita no dudará e� pre1a. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». pp. que él es el que reúne. Gen. 2. 64 y la traducción del pasaje por C. extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. JO ss. . 1058). Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico.tm. 16). 981b 25 ss. no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos. Hermes. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar.to�) que los otros seres. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta).uvóv). El coro . apodera de los atridas (Electra.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. o más bien 'tO q. 1 ss. 9 en do mclut d10. «como si -comenta Aristóteles. 1 1.. 4. ca. 1. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis. R.se. Fr. p. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. 404a 29-30).).. 110. Pero cuand .•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis. si bien en oro a:n. Rev. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal.E. ill. pp. 29. al tiempo que poco después Anaxágoras. 1 14la 27. 1935. 980b 22. quieran o no. mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil). 25.. Leipzig. en lugar de captar lo que reúne ("to l. inación (<pavtaota) Y !a. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. De anima.les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz. 1\. memoria» (en . mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. anim. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡). puesto qu�. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable.J-ei: ye xa� Ó. Él. Pero si nos remitimos al contexto. ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. 1.vEL &' Metaftsica. Ramnoux. 196'1 . sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. 5. 77 ermlichtnis der Antike. Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots. 30. 6eóv. por debajo de la experiencia (EI. Diels. 56-71) y de Homero (llí ada._. 9?e en el leng�aje de tual. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. Nic. espec que esis.

no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». «!:rocpQOOUVl'f en grec classique». en no intentar rivalizar con los dioses. pp. 2 0 . 411e. la des­ ('ÜÓQL�). también en tanto que atributo del hombre. PP· 18�. un gobierno de reputación «moderada». sición médica entre meier. Nic. M. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. 23. La «modera­ ción». pero huma­ no. VI. Got inga. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. D1els?. pp. que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. el estudio de R. de Vries. Weitlich. IV. Gotinga (Jahrbuch plrilos. p.2' No está prohibido. vida pública.owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18.. Diels. 21. el gobierno aristocrático. a propósito de la epilepsia: De morbo sacro.eovesla). 253d. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. la deonto­ logía. 27. La li�erté : grecque. fueron cristalizando progresivamente en la noción. A.t. Es lo el uso de la vida.. Aristóteles.L�L� (fr. 372. 74) y Heráclito hada del owq.tla (República. de phrónesis: la phrónesis es el saber. Mnemosyne. Platón. tesis doctoral. De vicm (llegt 5uxít'Y)!.govetv la agEtrt f.). entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. !bid. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf.24 actitud del hombre en relación a sí mismo.. Deflatibus. 160bc. p. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen. Hüff­ cf. M. Sobre esta noción en Aristóteles. 35 (Hüffmeister. cit. sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración. 5). q. 53 y o. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. 1922). Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien. oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). Vlli. cap. que.23 sino de un modo más general en 60. «Sophro­ syne». pues. cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill.EL "ti)v cpQÓVTJOLV. teSts doctoral.). Cf. 24. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer. Hüffmeister. tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY). Die Griechische Tragodie l. los demá s hombres y los dioses. p. 1947. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. WienerStudien. J. cf. G. si es verdad que ya un pleonasmo y. que se sabe y se quiere humano. es el pensamiento. pensar como conviene tal. Ét. tlrt. 10-374. especialmen­ La liberté grecque. pero limi ado t y consciente de sus límites. 14. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. o. .26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA. l J ( 1943).'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis.go<rÚVl'f ha acabado por designar. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio. 45. 59 (1941). Kollman�. 12-34. 179. 20. 1941 (en holandés). M. Stark. 17. 1 1 ' Littré. te en Tucídides (cf.. 64-86. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ. 388. Pohleoz.a. 69 ss. cf. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. . si bien es etimológica. 270 ss. 64). vida privada. Es una determinación intelec­ tual. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. 7.:r) ).27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-.govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. orocpQOOÚVTJ OCJ)t. En el ámbito político oroq. F. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . Pohlenz. caps. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. estos temas. en un sentido amplio. 81-1 O l. del Grande. Hybns. Cratilo. Fr.. Nápoles. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar. de entrada bastante vaga.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. cf. Así. 13-14 (cf. en medio de las desgracias. l . cap. 13. supra. y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. 5. Hybris.Lvw8m). de moderación. FaJe. 22. 26. Utrecht. Fedro. 64. J.22 fórmula que. 1 12. 1 140b 12. y una calificación moral. 1 1 1 7 b 25). p. será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia. donde C. 25. 386. pp.. 430e). en este sentido.. en todo caso. Fraenkel. 19. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»).. p.'8 Se comprende. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico. Sobre este término. 42. pp. Demócrito dice que es «grande.

Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. 34. Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien.éyeLV Uf. . en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. actuar como es debido (�o·uA. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>.). por el contrario.m ta: 28 el viaje fa­ vorable. de saber. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. instruido por la experiencia.tóvo�) .Q e[Qrp. en su defecto.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr. 1026 (MouA.34 Antígona misma es más sensata. A. Diels). 33. 707-709. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. 29. y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos.tm). también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles. pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. la cura. su presunción. Simplemente.29 En tico.io. lbíd. tomado absolutamente.óOVALO. prudencia (q¡Qov�o€L). de modo general.wc. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. En otro lugar expresa su concepción. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<. 32. '\jmxfjc.30 Todos estos temas. pero. avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí. el coro. Ciertamente. más opti­ hablar sin faltas. 725. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia). Electra.trJ) innata. Anrígona.t<UQO.. suele desig­ nar. la teorfa aris­ 30. La pruden­ cia es.y yo a otros».trJ).. 557. a pesar de mi juventud. Hemón. 193. 35. comienz. 31. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas. !bid.).V). Cf. supra. su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto.aLm en Aristóteles. 754-755 (<pQEvwv xevóc. reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. o en el sentido afectivo de disposiciones. fr. 562 (ávouc. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. <l)Qóvr¡crtc. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. l056. cf.31 28.o). la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas. id. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. Electra. el discernimiento correcto de lo conveniente. 36.da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡. pp. trad. 119). es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara. 2. ábrelo: no encontrarás en él más que vacío».).. xat &cpeooúvr¡ (De victu. declaro que a mis ojos no hay mi. rechazo del compromiso.m OLJtAÜ». Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. Sófocles. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón.o�). sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros. que pueden ser buenas o malas. (cltl. Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo. 372e) y. Cf. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. .eúeoflm xaA. opuesto al Estado sano según Platón <<forma». se podría decir. pues raramente el ojo perspicaz bí.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. 398. el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse. tÚ yó. afectivo y moral. el pensamiento sano. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. puesto que la realidad no inclina en este sentido. de Mazon. 1242 (MovA. . su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. 1269 (buoóouA. cap. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). o. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�).). encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia. 890 (cpQOVOUOO. Anttgona. el régimen de la inteligencia. Pero phroneín. explicados por una proliferación no controlada por la (República. «la razón y la sinrazón del alma>>. en un sentido indisolublemente intelectual. en lo más duro de sus peleas.V � ¡.Ú¡.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. 1054 (ÚVOL<l). etc. totélica de los «monsttuos».vve-coc.LO. 429 (&. n. phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia. y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf.. 117-1 18.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. fr. 35.

42 Ciertamente.6L6á. A.ún ). 294-295. como hemos visto.39 Hacer lo mejor en cada momento. �l. . Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles. E l crimen de Creonte. 71 9-723. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. el rebelde puede tener también buenas razones). 37. sino. Ciertamente. Al final de la tragedia.� 1ttQWa&� ex. si hubiera hombres que tienen ciencia. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. ese «gran descubridor de enigmas». limitándose.A. que no sólo están vacías.I.. puede ser generalizado en la literatura trágica. Hemón opone. este uso de soph6s. consciente de la enormidad de su crimen. defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión. 3 16-317. que no saca conclusiones precipitadas..ax. haber traspasado los po­ deres del hombre. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto.tTt -cÉA. Edipo Rey. de­ (n:o.' aVrlQ). y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios.cyóvt:wv xo. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-. y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>. es cruelmente desprov isto.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. apela a la muerte de sus deseos. aunque inconsciente). sino que son peligrosas. un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. Nauck).. 42. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. Creonte. a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. 782. 1347-1353. preocuparse de las consecuencias previsibles. 9. heredero suyo. para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre.37 Así.Ov 'tO ¡. las «gentes fuera de lo común». habría que inclinarse ante ellos. Medea. .i:6o. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>. que se detienen ante las puertas de la muerte. 2. que se aprende con la edad y por la experiencia. La yvW¡. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos).t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica. lo que constituye su «desmesura».T] A. citado por Ar istóteles (Ét. simbolizada aquí por Creon­ te. pero también dejar a los dioses lo imprevisible. el juicio -esa de la suerte. !bid. 1334-1335.v9ávcLV)». pero todavía incapaz de situar su lugar exacto. que reconoce que lo racional (aquí. 1074b 32). sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo.186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A. 787. En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil .4' que. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles. El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !».'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux. la bwnríf.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda. la paciencia y la seriedad de la experiencia. seguido inmediatamente por el coro. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. l l42a 3-6). la tragedia lo llamaba phrone!n. /bid. no 40. Nic. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber. el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol. VI. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». y parece que 38.eoem aocpoú�)». se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. El presente espera actos.. al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación. /bid. 9.to. 39. venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». al de­ negar la sepultura a su adversario muerto. fr. Cf.

xmgov oga. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. Quitón. en el Cármides. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. a rehuir la desmesura>>). 1 . etc. fr.>QOO"ÚVYJ. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. Estobeo. Dirlmeier. niás que esto.). Moreau. 290. 8992 (cf. pp. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. F. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v.yav).5° Platón no dice otra que hace Platón. 45. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». Antí gona. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. l l4la 917. 189 de Aristóteles. por el contrario. El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco. Diels. Ravaisson. V. IV. 1 0 y 13. de la prudencia. Burdeos. Diehl). 1 . que es que eres mortal y no un dios. dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). . 7b 13). domina el placer ({¡oovf¡c.eo. 1950. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. En la lista debida a Demetrio de Falera. Archiv für Religionswissenscha J. no eran nuevas. Rev. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. 13. Cf. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. 1. que es la sabiduría popular. V o rsokratiker. de la sabidu­ ría de los límites.) al ideal dorio del héroe. j t. etc.-M. Piaron gegen Sokrates. Cf. 1 . F. en buena parte legenda­ rias. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente. nota publicada por P. Cármides. esp. nos recuerda. 42). Tim. de la templanza. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�. ama la prudencia (q. 133bd. 61 (33) Sandys (= Peones. Cf. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite..47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. debes saber \ 1 <Jú>q. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>). p. L'ironie ou la bonne conscience. y art. Solón. yvroflL aatnóv.• ed. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. 46. lt(l�Oelav.). 193-201. Bí as. 1909l.. 1.46 43. m. cuyo común denominador era. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. Pililos. Platón. E. «Sagesse».>QÓVf)<JLV &. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>. en Les sciences et la sagesse. 7. por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). ocautóv. del conocimi ento de sí mismo. 2.gwmv). simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles.. sin duda. de maest ría.188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav). Nic. 16lb. fr. 50.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. Schuhl. Moreau. p. Horneffer. encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica.4S En tantes del espúitu griego. Cf. La construcrion de l'idéalisme platonicien. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. 4. 164c ss.. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov). p. a propósito de Cármides. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. es decir. cit. 89-90. 36 (1940). Fr.yána)». Jenofonte. 3 (Cleóbulo. (1961). conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). oa-w. xgatEi:v). Alcibía­ des. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. 172 SS. que ha sido conservada por Estobeo. L. y algo bien diferente: conoce tu alcance. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. 6. 7). la preo­ cupación cauta por el azar. J. Memorabilia. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L). 48. Pitaco. ·a pesar del contrasentido que O. p. Hens. 10. hasta Sócrates e incluso Platón. 49. pp. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet.45 a menudo retomado por los ancianos del coro. Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa. y segtín otra fuente en Solón (fr.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. 1049. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. que es limitado. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc. 25-26. 2. Platone.>QEVÍ. según parece. § 92-107. Jankélévitch. «Contrefavon de la sagesse». esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres. 47. pp. 1 . Introducción. Stefanini. 44. VI.

Cf. ya que es hombre. Áyax. 531. 99. cf.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. Pohlenz. Es verdad que la prudencia griega. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in. Platón. 168. 346. . 59. que prutc¡ . la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. citada dos veces por Aristóteles. p. Rheinisches Mu­ seum.54 En la Retórica. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. 988ab. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). Cf. E.ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). fr. 58. Es la fórmula. 27). pp.1 1 1 . toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido. 91 (1942). pp. y no de un juez insensi­ ble». vrr.. qJQÓVEl). OU'X aeáva"ta 'tOV eva. Lieja. Pascal. Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV.51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . cf.. también fr.Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. 475. 1930. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. Retórica. Pearson). 18. pp. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. fr. 164de: <P r¡ ¡. 78 (1943). la signifi. Nauck. y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. Antífanes. 427 ss . Moreau. el. los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. tener pensamientos humanos. 353. . 1 1 1 1 52. f. 760-761. Fr. w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo. p. y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas. Aristoteles.aA. co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega. 24). Terenc io. 316) (EL 6VrJ1:0<. To yÓ. Bacantes. «Co­ nozcamos nuestro alcance». cuyo detalle es controvertido. convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir. 590. T raquinitUUlS. sino también de inter­ pretaciones divergentes. 206-209. Pues desconocen. Hem1es. 112-113: Festugiere. En este sentido. 2 1 . En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. ll.. Cármides. Coloquios. 53. Flor. sino positivo. �éAl:LO'tE 0v111:Ó. 13r. su alcance.. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. esta filiación. tanto una como otra. Dérenne. Diels). Cf. en la Crítica de lc1 razón práctica. 395. Kant. . Jaeger.cación literal de la ex56. fr. Heautontimoroumenos. Pearson (x. 186-191. VI. &v6Q<. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav. J. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». Koerte. . 289. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. ey<Í>. 72. 7. Sobre (111 6va1:Ó. Esta revolución. 1. 1394b 24-25 (Epicarmo. Alcestes. Leyes. Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios». Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. aunque en otro sentido. 57. Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. objeto no sólo de cr íticas. 1.rrmicas. Le Dieu CosJTÚque. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov). no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo. E. donde será desterra­ do todo pudor. 55. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio. EpÍ FIOIIUS. del mundo y de los dioses. l l 77b 26-31). pp. 54. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar. 799. 1040.(Í yQa�ti. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). Domseiff. n. sino conocer la propia invcncibilidad (cf. preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X.Hl't<Í cpf]OLV xai. 821 a. V. sea a atenuar. . L'lime du monde de Platon aux sroiciens. 1 1 0 . des­ de la Antigüedad. La liberté grecque. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos.ra). Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas.ov q>QOVcLV. Bickel. fr.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. Eurípides. 77. Para interpretar el sentido.en un sentido no ya restrictivo.58 A la inversa. Nauck. 20: .53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. «Menanders Urwort der Humanitat». 20. Cf. en particular de los astros. En el libro X de la Ética a Nic6maco.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. se puede comparar con Píndaro. Cf. «Nichts menschUches ist mir fremd>>. un verso de Sófocles (fr. Kock (Estobeo. . sino pien­ sa todo lo que es humano». Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». que tendían sea a exagerar. xai.ss Fórmulas como 5 1 . fr. p. (111 tv siecle.ti. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). la tonalidad restrictiva de la fórmula. quizá estoica. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte.

a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. 2. es decir. art. Diels. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría. <Uaeá. Así Empédocles. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. Cf.. Cuestiones 62. sino el de toda filosofía. Diels.esis 8vrp. sino «estar en disposición benevolente». vv. fr. que el tér­ mino phrónesis. &. Se ve. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). Cf. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo. de una cierta manera. más sofista en esto que filósofo. 4. v. les parte de la 60. de una manera apropiada al hombre. El desprecio del pensamiento vulgar.Ómva <JlQOVELV. mediante el pen­ samiento. 66. cit. y 1 1 3 ss. 1 L77b 33. Ciertamente. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. a «inmortaJizamos humanamente». Parménides. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. 30). enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que.192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. op.. 7.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. X.á. En el Ética a Nicómaco. 739. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto. fr. y el acusativo n. desde ese mo­ mento. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &. Desde Parménides.-. a la primera actitud. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. A Dem6ni cos. si Aristóteles toma prestada la tradición. Phronetn significa: estar dispuesto. F. 61.67 Y si Sócrates. inhumanamente. Cf.. Es cierto.at. Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. por el contrario. VII. 707). Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que .63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». fr. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que. <pQÓvr¡ot�. cf. sino a toda la filosofía en general. 1. J-4.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma. a filósofo.61 y se puede pensar sobrehumanamente. 1 . Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó. Aristóte­ naturales. 4). Nauck: el orgullo. «pero la humana en los trágicos. 103 ss. etc. 9.-[sócrates. 14 W. Diels. liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. 216).60 a sí.aL. heredando av9g<. Igualmente.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe. PlembOck. ¿Llamaremos phrón. 30. por ello. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición). igual el hombre que el mundo o los dioses. en la reserva y el senti­ miento de la distancia. también el Ps. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. el comienzo del poema de Parménides. por ejemplo. en varias fórmulas que hemos citado. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. Cf.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto. entonces toda la Sin embargo. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano. es un Jugar común en los presocráticos. el phronefn es moralmente neutro. fr. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. 14 R. 1. es decir. 3-4. . 6. xa. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. Empédocles. 82. p. en todo caso. 67. fr. Séneca. 60. Sobre este uso en los Hipocráticos.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas». vv. v. La oposi­ 8vrp:a O av0g<. tal corno los dioses deben poseerlo. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. cima del cual se eleva el clito.vOgcómva <pgovei:v.U el término que se especializ ará en este sentido. q¡lA. pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. G. 65. Asf es como. por en­ 64. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei.6avatt�e�v). Hüffmeier. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». pp. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. § 32. es decir. si bien por vías diversas. elevarse por encima de los pensamientos mortales. todos los filósofos se propusieron. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. cit.

tOQO'tO�. De tantas ma­ ner a. T . no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad. xatá xeeinrov � 3 1 7). sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. .71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic. cf. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. Revue Pllilosophique de Louvain. VIrtudes). q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. 5 1 ( 1953). Nic.. 75. 2... pp.b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr. no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios».• cd. ovxé'tt 0Vr)'t0\. (cf. 48). que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. J. Diels). 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. 274. Platón justifica con ello V. A. Schuhl. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. 3 1 6- . pero invitaba a todos los hombres.wm� f :k([>. P . 4-5. 2 (Sobre las 71. Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo. «Adela» (véase p. 22b SS. Ét.a Dios poseerla. la Ó¡. p. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. y en el que se nos invita a «inmortalizamos». Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. no es sin dudas ni sin reservas. Apología. 1833. pp. contrariamente al viej? prccept?. está tamb1én en el origen del método experimental.ÓAL<Jta. 77. significa que debemos tender a la inmortalidad. 74. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. 1. 213214. 6). a la mversa. 1 89. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. Ión. pues «no es admisible que la divinidad sea celosa». y . p. S1 . 68.vf] crocpí. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. 1285a 20). Se ha pod1do. 73. sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. en el célebre pasaje que hemos citado antes. pp. !J. Essai Sttr la . Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid.-M.. y que corresponde sólo -o.ional de la 1ilosofía. 122-123. 111. 34. Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. el «pecado original» de la hybris. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. Allan. de pesar a istóteles. de «busca(")>. Para la posteridad de este pasaje.a). Ir. es su principio regulador. parece». Ale­ �Ux al. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. . no constitutivo. tender a imitar a Dios. n. «los poetas son grandes mentirosos». t d'apres Aristo­ Cf.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo. Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. la más divi­ na de todas. Diels).T)) la posesión de l a filosofía. 1 ) . cit. eeteto 176c. 89. tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. 983a 3-10. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». según Si­ � móntdes. 7. puesto que XIV. citado ames. passim. Demócrito era sin duda más modesto. Hay. y no sólo a sf mismo. «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. por cuanto «meafísico>>. 2.wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. 317). 1t(I)A8Ü¡. en efecto. v. Mansion.trJV. pp. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. Berlín Metafísica. A. es capaz». 982b 28-983a l. por lo demás.LXW'tEQOL . t de servidumbre.. . XIII. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid. 444-472. D1els).formation de la pemée grecque. 1 177b 26). X. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). según l a expre­ sión de Aristóteles. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno. a en Platón (Fedro. 87-88.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que.. repitámoslo una vez más. 1 12. 14. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru. o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». ciertameme. 70. 72. Introducción. por consiguiente. Aristóteles añade: ecp' como sea posible.V Oeo� Ü¡. como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. Philosophy o fAr istotle.74 Ciertamente. corrige. Plotino l. 76. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. sentido limitativo de (fr. 69. 20d. D.tUL lose Sclwld. Meta f ísica. La filosofía. la naturaleza del hombre es esclavan que. esp.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. será el tema de uno de los esbozos dra­ . cf. pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr. Cf. Ciertamente.toí. principalmente.l en otra pane fondo común. Si tomamos en serio esta restricción.. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. p. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. Pero.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza.. 983a 2. pp. que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti. tona. es decir. . m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles). 247a. cf. Plotino por retomada será y 29e) Timeo. grados en la servidumbre y Aristóteles dir. A.75 y. a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr.

Empédocles. .rf.óv. incluso si no es más que infinitesimal. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . Meta!f sica. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV). Nic. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. en Clemente de Alejandría. que separa al hombre de Dios.. 6E]ILtÓV. ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). «según lo que hay en nosotros de inmortalidad. Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. 12. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible». Gen. circunscrito a un círculo más esttecho. v. 4. límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. xa. VI. pero siempre presente: escrúpulo residual. 83. xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. Coloquios.. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI.. Aristóteles lo reencuentra. 1 . tmim. pero ineli­ minable. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV. lo divino y lo sublunar. a su cumplimiento»).. en cuanto está permitido sin sacrilegio). A. que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. vv. el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible.80 Igualmente. n. su acción y su trabajo. toma un sentido específicamente aristotélico. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. y creerlo seria desmesura. pero. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. ooov E:v iwi.a 1:0 �uva. en un nivel inferior. . EV€<J'tLV»).v a9avaoí. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo.83 Pero esta restxiccíón. 00<. X.!OLWJ. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. 8 1 . Ét. en su nivel propio. OQúlQEV). que se da por verdadera. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. !bid. tradicional en su forma.8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. €cpá1t'te'tat). . 645. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n. Srrom. es decir. pero no basta quererlo para superarlo. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». casi de la misma forma. . pero que podría indisponer a los dioses.tov dneiv. fr. República. 500cd. Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps..oi:p>).. de entrada. El filósofo. .196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». Ciertamente estos límites son imprecisos. Leyes.78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional.tfj'tL. 82. Pero. Lo mejor. más generalmente. 8. 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). 11. dice al Metafísica. J 1 78b 26-27. es radical. 415b 5.ll'JOÉ . 12. Platón. 501bc. De anima II. Rose) a su amigo Hermías. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). 613a: T eereto. son sino Límites del hombre y. Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. . 0 razones de «prudencia». 4. sublunares de la inmortalidad. en especial políticos.79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . 415a 29. a quien él habla dedicado un himno. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp. 3. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. fr. Cf. ill. 1máQXEL)». que expresa la distancia infinita. CS decir. cf. 982a 9. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza. X. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. 14. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible.82 78. del mismo modo que. ooov Of. [. choca de frente con Jos límites de. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. pero sólo «tanto como pueden». 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad. ecp. 2. 2.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac. Plotino. desde el final del siglo v. Epicteto. .:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. ll. xaTa 1:0 �uvcrt6v. IV. U.teQÍ. y ible.. etc. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental. lo necesario. La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar.. que está toda entera presente en Dios.OLOLV &xo'ÚeLv) (fr.a. Po­ sidonio.. una imitación del acto divino. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. . exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad. 383c. 1 s� Busse). E<J'tLV ecpr¡¡.. 79. Amonio dará. 8. entre otras definiciones de la filosofía. como mayor razón. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja. v. 7.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material. 6-7. tcp' 4> 9' ócr tr¡. Jsago�?en. sabe que la separación entre Dios y el hombre. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. l ll7b 15-16. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y. m. cosmológica­ mente circunscrito. en toda la lilosoffa griega. Así. cf. esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr. 1imeo.• En todos estos casos. . . 00� ecpLX'tÓV. o bien el.

lOe. 78-79. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. 497 ss . sino que juega astutamente con la contingencia. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. y haciendo lo mismo consigo mismo. passim. para que pudiera ser calificada moralmente. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. improvisada y sin principios. si el éxito no era sinónimo de acción buena. 61. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. 85. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. que no puede realizar sin más por sí mismo. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. aquélla y. y que. guiado además por la sabiduría. ni del mundo mismo. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. Deplora. Lo infinito en lo finito. el progreso en el límite. sin embargo. vtctona so­ bre el azar. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. 93. . que dto a este problema y que denominó prudencia. y el A péndice de la presente obra. sin embargo. . Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. def�ctuosa sin dud�. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). no debía ser. Cf. de un modo más general. al menos inmediatamente. de ambiciones desmesuradas. No volveremos sobre la solución. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. el azru· amenazador en indeterminación propicia. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. es decir. Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. 185-188. pues. por lo demás. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. este «dios mortal». El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. 506-507. es decir lograda. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . ésta no puede aplicarse. utilizán­ dola contm ella misma. está presente en toda la obra de Aristóteles. La acción sobre el azar. es decir. Walzcr. pp.en la distancia que la separaba de este ideal. humanizándolo ya que no puede divinizarlo. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. iotelectualismo. Así pues. es decir. sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes. el tema de la «prudencia». pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». devuelto a las tareas reales. no ción de un solo Motor. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». con la metafísica de Aristóteles. 6-8. que no es un accidente ni de nuestro saber. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. acción en y sobre el mun­ do. esp. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. es decir. En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. Rose. es decir. 87. intelectualismo de los no 84. Si fue moderno. Fr. de la aproximación. Le probleme de l'etre. Le probl?!me de /'erre. del desvío. p. la a similación a Dios en la absoluta separación. azar. la moral de más que por L.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia.

que el mundo sublunar es contingente. en su búsqueda. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. que hada la acción imposible. 1 1 . pero solamente lo posible. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. en contra de su voluntad. . no se haría nada si no se su­ piera. sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. se la en­ cuentra a veces.a seerla» (p. 205). . �� hombre de Dios. no habría nada que hacer. inacabado. del saber. que Dios está más allá de las categorías éticas.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. Más adecuada quizá. que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. 272). Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. que contrasta con las la­ te. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. La metafísica nos enseña. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida. 170). O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. lo que hay que hacer. Sin embargo. 173). un D10s demas1ado leJano. esa intuición de la trascendencia y del cimiento. y el azar residual de la acción. es decir. 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. avant la lettre.ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica. . y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. y una percepción caó­ lica. hace de él el centro de su ética. . 184). Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. Weinstock.1 17). pero tender a ella es ya cornen r a po­ . pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. la senta -al mismo tiempo que la reserva. que haría Ja acción inútil. una realidad . Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. A medio camino entre un saber absoluto. Heidelberg. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. 1953. Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. Por lo demás. cf. aunque sea también anacrónica. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. Si todo estu­ viera claro. se le encierra por toda� partes en los límites (p. en su acción. Jamas plenamente realtzado sobre la tierra. 228). Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. <da sab1duría diVIruza al hombre. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. en cierto modo. y a dejar el resto a los dioses. tiende sin cesar a ella. Die Tragodie des Humanismus. un ideal antes que . en 1� co�dición en que está el hombre. estoica. pero las circunstancias son lo que pueden ser. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . es una idea. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. Entregado a sus solas fuerzas por . en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano.a a los límites de la existencia � ser deseado. 1 O 1.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p. O· como d1ce tamb•én. 281) (la c�r:-•va es nuestra). Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. dios y.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

153) previene que hay que .ÓYtm:o¡. 5bs. Bréhier.. enim in graeco scriptum est. Cicerón. objeto de la prudencia. Chrysippe. el mundo divino y el mundo sublunar. no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. la unidad de la teoría y de la práctica. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<. «La cobérence de la morale stoi"cienne». como otras docttínas aristotélicas.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». Cicerón (De o fficiis. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. Tratándose de los estoicos. Philologus. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo. Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ.LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. Ciertamente. estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente.• ed. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. ill. y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. o de una simple referencia al uso popular (cf. Estas conclusiones parecerán negativas. En rea­ Lidad. que fuera coincidencia con el Lógos universal. Memor. Jenofonte.. l. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. también Epicuro. y que era en Aristóteles lo contingente. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. 5.es i'm:Lm� fJ. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. y un bien para el hombre. en la tra­ dición postaristotélica. sino la única forma concebible de moralidad. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. Locutiones Genesis. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico. IT.YJ. más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios». una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. ni la distinción entre un bien absoluto. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. IIL. que se remonta a Cicerón. 288-289). o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. 1930) remite con razón a Panecio. a la oo<pta. como Plutarco.. 262). 1 1 . 9. como en Aristóteles. hay algunos textos que pockían hacer suponer. De virtute morali. Se tratará aquí. no había lugar para dos virtudes intelectuales. dé Phi/. 4). APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. Esta traducción. sino sólo para una. l. la polémica Teofrasto-Dicearco). pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). p. 132). que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. Wachsmuth). Pero sólo prueban en todo caso que..). non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. Carta a Meneceo. 236). objeto de la sabidur ía. de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. 43. del saber y de la virtud. ni la atribu­ 1 5. 2.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. VIl[). dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia». De o fficiis. . p. De hecho. la phrónesis parece designar aquí.1 6. que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. 19. sin duda la más importante. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. Véase la nota al comienzo de la obra. Ét. gr.. estoica se traduce generalmente por «prudencia». la pru?encia Así. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. pp. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. etc. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa».

en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría. para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. pp. en el Curso de lógica publ. para el ser razonable pero finito que somos. Londres. una conexión positiva. sea porque pudiera establecerse legítimamente. traducidas al francés por A. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. sin embargo. mediante algunas explicaciones complementarias. al menos de la antropología. la totalidad de los preceptos morales. Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. Distinguiremos más precisamente. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. según el imperativo de la moralidad. la atención de los intérpretes. Publicadas por Rink en 1803.2 Nos parece. Philosophical Revíew. que. es decir. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. �· rificarlo. 5. en lo sucesivo. 1 1 . a nuestro jui­ cio." y B para la 2.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. Hill. pp. París. 3.1 La razón de esta discreción es evidente. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción. J . bajo ciertas condiciones. y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia». más precisamente -según el título de la obra de 1798."). otro interés.icado por Jaesche. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. 2. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. 200. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. 237-252. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. Finalmente. Kant-Studien..de una Antropología en sentido pragmático. por otra parte. el estudio lógico de G. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. (A para la l. l . por lo demás extensamen­ te. al parecer. nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. pero no vale nada para la práctica (1793). 56 (1966). Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». A partir de aquí. Patzi g. Cf. 1966. Como. p. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. 4. el imperativo categórico. 429-450. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta. en 1800. sin em­ bargo. pp. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. 228 y 230 nota. Por una parte. por ser moralmente neutras. sería in­ verosímil que. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral». . El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. 158. al menos indirectamente. si no de la mo­ ral. Se tr ata. <<The Hypo­ thetical lmperative».LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. 1963'. que es la política. 1 1 3-128. y Thomas E. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». 82 (1973). no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. la habilidad y la prudencia. El estudio de estas conductas dependerá entonces. Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». Crítica de la razón práctica. 1947. no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas. pp. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico.

ahora bien. que el Kant muestra incluso. cf. pues. Budé. no son una de ellas más que en apariencia. la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. Pero. En el segundo caso. t. sin relación a nn fin distinto de ella misma. Dicho de otra manera. p. 220. Wiesbaden. según pr de determinar la voluntad. tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. Esto no impide que el intérprete. ca. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. A decir verdad. Por el contrario. de manera que. de teorema lV. § 1. el imperativo es hipotético. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. 1 958. el imperativo es categórico. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. Cf.) Dicho de otra manera. Pero inme- pp. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. 1 14. con ello. trad. París. prudentia). donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. 175-177. La distinción de ico y de lo hipotético. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). Paton. trad. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. 124. de Platón a Wolff inclusive. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. Por su capacidad según representación de leyes.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. libro l. En realidad. Furulame11taci6n. 293-303. que son las inclinaciones sensibles. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. 8. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. J 969. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. el imperativo sería superfluo. la voluntad humana». la razón se constituye en razón práctica. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. 146-151). es decir. fr. es decir. .8 El imperativo no in­ terviene. Fundamentación de La meta Delbos. y factor de heteronomia. no puede haber imperativo hipotético. para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. 7. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. «Explicación>>). de Delbos. m. op. p. tam­ ica. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. nota). p. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. sino sobre el principio racional de la pelfección. pp.214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. 70). p. si es representada como buena en sí. a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. pp. Crítica de la razón práctica. escolio ll. D a práctica». de tal o cual ser razonable. de contaminar el concepto de ésta. fr. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. 124. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. Se advertir ios de Leibniz. y únicamente en él. cit. W den. (Esto hace inútil la explicación de H. o intentar llenar. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». parte l. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. cf. más que para llenar. p. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. por ejemplo. allí donde no hay interés. Los estoicos. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. Fundamerrtación. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. Solamente después de estas explicaciones generales. por lo tanto. 5 1 7-5l8). J. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. pp. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . está tomada de la tabla de los juicios. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. Crítica de la razón práct ialéctica.

por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. 126). negativamente. que Kant denomina la «finitud» del hombre. donde Kant . la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . Pues aquí la razón no llene 1 1 . sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. . que. A decir verdad. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. por una parte. En sentido amplio. se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. n? llega neces�riam�nte y. V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. por _ otra. A 84. es susceptible de ser realizado. con miras a un fin «posible». incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. ». W nónimo de Glückseligkeit. nos dice que «en la doctr ina de la prudencia." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. P. 131). fr. B 1 17).216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera». Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. d�s­ rino. Que este hecho sea no sólo constatable. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». f elicidad. y. pues. no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad.10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. sino asertór icos. A 800. ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. nos dice Kant. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. Metodología trascendental. en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. górico. nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. Un poco antes. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. no es este punto el que interesa a Kant. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. ni en querer lo imposible: la acción hábil es. para un ser razonable y finito. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. es un «principio apodícticamente práctico}> (p. 133). al menos lógica. 1 28 trad. estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. por lo tanto. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. 126). Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. Kant habla de esos «conceptos usurpados. 127). esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. de Delbos modificada. a saber. el tercero el del imperativo de la moralidad. incipio problemáticamente práctic�». la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. � No pasa lo mismo con l a prudencia. a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. . si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. B 828). 126). capítulo II. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. laj elicidcui. Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. 9. B 828). � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico. por ejemplo. la cual es. sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. . Desde el punto de vista de la moralidad. de hecho.9 Retengamos. sin embargo. una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. Pues. es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. La habilidad ordena. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». aquella que no es ni superflua ni quimérica. cuyos imperativos no son proble­ máticos. como.

«imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. p. Crítica de/juicio. pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. 12. eiscbedcl (1. puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad." versión: «Las prescripciones pragmáticas. W Fundamentación. como 1. declarados por lo demás asertóricos.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin.• sección. ocupa el segundo r ango» gar. no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y. 178 de la cd. es decir. . en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. 129. p. Wies­ P. un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. en la relación que instituyen entre los medios y el fin. de una técnica. 133). trad. que emplea la expresión Erhikorheologie para go. fr.13 En realidad la Fundamentación ya proponian. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes.19 15.• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. Werke in sechs Btinden.14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. las del arte y la habilidad en general. entre las pres­ orschriften).i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. Se podría dudar que los imperativos. Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). y llega hoy. se han 19. (referentes a la fe­ i referentes al arte). también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. de A. entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. 0 de la prudencia. <<Hablando con propiedad. esa terminología. cf. siempre posible en el caso de la habilidad. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. No modifica el contenido mismo de la doctrina. Los malentendidos polémicos. que son «proposiciones prácticas». de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. 16. 1 . § 86). hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». para ser práctica y no teórica. )>> (p. es decir. 13. 106). . V. en una nota de la primer a la Crftica del juicio. vol. concierne pertinente. por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia. dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. baden. o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. sino que subraya sus intenciones y quizá también.17 Con la Introducción a la Crítica del juicio.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. xm y xvJ-xvu. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid.la tradición hací . la Crítica de la razón práctica. 64. también p. p. Pero hay que recordar que.12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. además del texto de Fundamemación. a las costumbres)». que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. 132. Philonenko' p. trad. 1 7 8 W. es decir. . no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. 1957). mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones». a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. y la moral idad) (trad. que «presupone». Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. 2. La felicidad no es tanto una idea de la razón. aunque sin privilegiar­ la. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos». fr.16 En el fondo. (p.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. de la cual -no lo olvidemos. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. como veremos. pero desatendido en la segunda. la prudencia Cf. última nota de la 1. La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente. pp. 178 w. fr. 18. en el caso de la prudencia. desde el punto de vista del valor. XIII). Cf. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. o reglas de la prudencia . de Delbos modificada. l. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. Kant. nota). de todas � la _ (entre la hab•hdad. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. .. aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad). 14. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant.

natura. 22. l .25 lo cual Selbstbeherrschung. al de l). de sólo la rectitud del fin. Pero todavía falta saber de cuál. Kant. 26.ición. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia. Nic.a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. pues. Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres... 25. no más que los de la fortuna {poder. 24. b) no asegura sabidur ía. . «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» . prudencia. VI.. Nic. Por lo demás. 1 1 40b 20. a pesar de su utilidad para el hombre. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. 1 1 97b 8. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. . interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». sapientia). VI. Reich (op. p. iiberserv von Christian Garve. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. fr. 2 1 . bajo la misma denominación de prudencia. Breslau. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. lll. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl. un habinJs (hexis) práctico (acompañado. 262-283. última nota de la primera sección. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. cit. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad. Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793). v6asc su¡ml. término que traduce el griego phrónesis. Von Arnim. <(I"Crum cidente. la virtud. prudencia.. lo cual hace de él una virtud intelectual). K. en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. consideración. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento). Magna Mora/ia. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. . l l4lb 5. 23. 1793. la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. Kl.. 43. transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría. que co­ De o fficiis. que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. que es para sí misma su propio fin. I!H'i. capítulos 3-5. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve.el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. Para un comentario de estos textos.n K. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». pues. si la justicia no es citada aquf. nüchterne Uberlegung>>). para las necesidades de nuestro propósito. pp. p. pueden volverse extremadamente malas>>. -negativa. 5). explica en (B 414 = A 409). al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. . el dominio de sí. es verdad. Kant und die Erhik d er Grieclum. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich. . 87). ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. De hecho. Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. 7. 27-33. de una buena voluntad . . la justicia. Ét. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio. siguiendo aquí a Cicerón.20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. 1. ración. más verosím ilmente. aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». salud). r iqueza. en particular. 4. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. cf. sino también la de los medios. el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». laudabile. 14). es decir. Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. De o jficiis. «regla verdadera». será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. Stoicorum veterumfragmt'llf(/. 89.de la argumentación de Cicerón o. vuelve a tomar.. 153. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. una adición de la segunda ed. de Delbos modificada. Kl. Tubinga. 5. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado».220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. a propósito de la «Sabi­ durla divina». Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes. Reich. Recordemos aquí solamente. no pueden. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . y no la identifica como Klugheit. valor. Cf.22 del hombre en general y. de su sección de la Fundamentación. Trad. 34. el valor y la templanza (cap.2• no tiene reparo.

en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es. sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. _1!40a d. 30. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. fr. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble. para Aristóteles. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco.o. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. supra. 34. pp. más lejos. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit). traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. 1945. a ? mos la fehci t fonna. combinar los medios más eficaces (VI. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. Aristóte­ les. El endemonismo aristotélico. trad. 5. l l44a 23). La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. 1894. da�? un fin. C. VII. que procura una necesariam pero s. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. Wundt. sino de Baltasar Gracián. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. 13. La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. 1. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual. tampoco hay vtrtud moral e . Cf. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung. no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r. Por ejem­ Pedagogí a. Hildesbein. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. reimp. Si no h�y �rudencia sin virtud . 13. cf.ttud. 'lgos. a la tmltilidad práctica. El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. Borinsk i. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. Sin embargo. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. es una capacidad digna de elog¡. 1964. Thomasius. Wolff. . y la prudencia y la virtud moral de otra. según Anstó­ teles. 1 1. estas dos diferencias no hacen más que una. Magna Moralia. es la habilidad del virtuoso. satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. V er dindlichkeit). Pero ya en 1764. K. 1688).f moral. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. 29. Añadm tmnb1en. pp. como más tarde Kant. 23 y 87-88. . En realidad. Más moralidad. No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. plo. 26-28. . Cf. ecttva sm prudencia. al menos indirectarnente. 150-159 y 199. de Philonenko. podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. que la prudencia es una virtud moral (Vl. M . p. Tubinga. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . pp. Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. de la sabiduría (sophía). 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». 1 1 97b 8. la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). l como una especie de esta última. sino necesruio. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). Halle. los medios propios para pr �cura 26-28). de la moralidad. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. e� d�crr. y la de necesidad moral por la de obligación. pem la prudencia con27. tú e·u s'\'lV)» (VI. hasta el punto de no aparecer f . La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie».2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. 73-75. prudencia mundana (cf. por consiguiente. «pru·ci�> (�ata �QO�). de los I l52a 1 1-14). s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre. que llamó «pragmatología>>.30 En cuanto a la obligación (obligatio.

Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad. sino por la r epresentación de leyes. Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. como apunta Delbos. uno de los componentes de la moralidad. p. sino de la filosofía teórica. consecuentemente. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. Pero el mismo argumento era.. p. p. si decido construir un puente. como las de la habilidad. sea a recaer en La posición de Aristóteles. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. p. p. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera. los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. p. .l4 la Introducción damental de la heteronomfa. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad». 23. entre la necesidad problemática 1764. desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. especie de la habilidad. La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica.. /bid. que estructura la sistematización wolffiana. no dependen. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección.13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico. 175). Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. dar en el sent 3 1 . 133). Pero. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos.. Decimos: «tiende a mostrar». que tenía al menos el mérito de la claridad. como se dice aquí. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. 35. no valen más que para una voluntad heterónoma y. como las lo tanto. sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). prefigura sin duda alguna. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. o. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». por más que esté depurado el concepto de perfección). pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra.lidad» (Delbos. fundar la obligación. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. Ahora bien. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. a saber. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. 34.)(. s. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma. 1905. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. Ed. original.. Esta distinción. 96. XII. des­ y la necesidad legal.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». La distinción. pues. Crftica del juicio. Pero para comprender perf ectamente este punto. Parfs. porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764.32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. de la filosoffa práctica. Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. XI.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. p. 11 1 !bi d. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. Por no haber hecho esta distin­ ción. 98. como hemos visto. bacía de la prudencia. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). 36. que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. 99: Introducción a la tra­ 33. 171). Así pues. p. a pesar de las aparien­ cias. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil.224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. como los me­ canismos de la natur aleza.está determinada no por leyes.f. tal como lo hemos definido» (Delbos. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica). e Kant. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad». Paós.

tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. trad. 41. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. del conjunto de l a metafísica. de Delbos. 46.• versión). . t. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. 176. de la psicología.'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. pp. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. Esta descripción puede parecer caricaturesca. 1. p. Siempre en el ámbito técnico. una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza». que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior). Cf. si se puede decir. 176-177. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. 38. la entrada progresiva en práctica tenía. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. p. Cf. 40. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica. al menos en alemán. depende en su totalidad. sino de hecho. debido a la contingencia insuprimible de su objeto. XV. La tentación era grande. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. Es así como Wolff. ponitur etiam naturalis obligatio». en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-.. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura. después de haber desmontado sus mecanismos.¡ es decir. a decir verdad. p. Sin embargo.de una «geometría práctica».1739). es absurdo hablar -no porque sea contradictorio.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. pues.'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. Ed. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. 45. así pues. nota. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada. sino porque es plconástico-. proposiciones analiticas. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. es decir. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología. 176. /bid. aunque dudaba. Weischedel.f)-. § 3. mostrará que. entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. 39. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra».un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. Frtndamentación. . de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica».Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora. al menos en cuanto a sus principios. . En una época en la que la téclll­ ca se eleva. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien. Novum Organum. 177. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. su propio modo de empleo. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. sacando las consecuencias de esta evolución. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. desde el comienzo de la modernidad. incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1.tifica pertractata (1738." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. pp. advenencia 11. es verdad. de la cosmología y de la teología naturales. 44. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. 173.. Bacon. Hay que distinguir. no sólo de derecho. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. 174. capítulo 1. pues. 133. p. fT. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. !bid. 42. en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico».. también. 1. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales. Kant no vuelve. p. p. 43. 46. de la teoría. F. § 4. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. fin o medio en la pr áctica». Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza». Es lo que dice. minada. tal como el de las conducas t humanas.. Philosophia civilis.. al rango de «corolario».44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber.

que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán. A 800. las den�rninru:parte.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. . «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto».228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). de una meta denominada «bien». capftulo 3. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. Braun. Introducci juicio. con la teoría. la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. gica. Delbos. París. que Kant. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. la economía política. «la teor ía general de la felicidad». para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. a la falsa mediación entre teoría y práctica. hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. capfrulo l. !bid. cf. 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. a. § libro 1. si se .. ón. Christian Wolff.ar los fines terminadas a priori. 49. De diVImtate. U. como recuerda ens. P. 22.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». 129. La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia. una contracción de prov i � � � tc. es decir. ."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. Crítica de la razón pura. p. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. xrv. 58. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . una autodeterminación de la voluntad. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. pero que no jeto es «hacemos alcan7. � o apa­ nombre de pragmática. j o formalism o to de allá más prevenir. en el límite. el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. que son productos as.. 49. es también. cap. «que no con­ heteronomía. cf. y más particularmente «bien del hombre». Crfrica de la razón prácuca. puesto que su ob . 50. De 7iGtura d. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff. República. si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad. Más tarde Kant negará el tít�lo . es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. 52. es decir. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. en la primera vcrstón.eorum. p. designa paralelamente con el 47. nota). como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met . L. todo esto. del Critica 37. I. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. en la vesión r publicada. ll ac. sino de la precaución t��ada con vts. 1. 1. canon ya en la Critica de la razón pura. Delbos. Histoire de l'histoire de la philosophie. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. q.r má� � � Es cierto que. la economía doméstica.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. pragmát1c leyes las razón. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad.51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad. y. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>.53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. primera parte. . sed contra). 1 1 1 . o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p. 2. 53. es decir como técnica.1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». 1973. Kant oponía a las leyes morales. 48. 1J a. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. T. 129. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. B 828. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . tica. nota. como ya hemos visto. ss. 47. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura».48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. VI. que es. Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720). Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s. . el arte de las relaciones con el prójimo. . pnmera Xl11 pp. toda existencia: pensar la moral como arte. 51. Cf. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible.

Delbos.. Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. como hemos visto. nichr kJug zu sein» (4.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. (Pedag ad moralid la cia. Nic. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . 141. el equivalente del griego phróni­ mos. Ni c. en especial de sus cursos de pedagogía.�. as1 todo de demás lo por como o. constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. trad. cuando. bajo ciertas condic � id_ ? 54. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia. bre. Es así como istóteles (Ét.. de Foucault modi'li 56. curiosamente. propio su o mism sí rico. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. agmahco. . la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. que msean s. 7. en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. se ha hecho «vírgenes sabias».fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física). 59. fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. rebelde «pragmático» y precavido. pero a una in teli­ gencia práct ica. La serpiente es Uarnada «klug». sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. hombre la habilid cada. pp. . tomo IV. Ar tipo de político «pragmáti co». al menos el hombre empl­ hombr El noma.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. Klug es. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil».� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . la noción de pragsuger ignora todavía. son en alemán «die klugen Jungfrauen». quiere necesariamente que todas . 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. la de la metafísica de las costumbres. es evidentemente un cumplido.0 acto. SS.230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. Por lo demás. puede 0 debe hacer de sí mismo» . es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello. cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. 57. Y las vírgenes prudentes. 426). . P . Antropología. con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. S. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. 1-13. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas».�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». Kant aunque se perdter lizarse. en cambto: �en­ o imient conoc el . en boca de un polít ico. . Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. tr. sino para cumplir la ley moral. no es para a �or ello. 1178a S-8. . puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta. 1 1. Aqui «pragmático» se opone a «fisio . El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. phrórumoi (a las que a veces. des sean desarrolladas en él faculta las ble. ma­ attvo categónco mtsroo. . aunque el tema haya podido . Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. habla. al menos en Mt X. que es <<klug genug. naturaleza hace del hombre. cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. tal co� . en realidad. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. lo cual. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. p. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica.56 . es verdad. de «lo que el hombre . se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. Mt XXV . e. que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. cf. en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal. 89 Y 109). 45). . si es verdad lidades del hombre. ltmtte ctertos con y iones que. Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. como en Aristóteles. fr. así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. a ésta que el ámbito de la moral. edición de Hamburgo. en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». Cf. del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. En el Egmont de Goethe. mt �mo > La an­ él de hacer debe . X. � . de � on l"�c•. pruden la ad. p. Apéndice 1). 58. VI. también XXIV. de las reglas demasiado rectas y rígidas. Pero esto resulta.

y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines».232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . e incluso. Nic. por otra parte. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. p. si se puede decir. p. de una cultura de la prudencia.60 Dicho de otra forma. Pues no se ve cidad. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. sino la de la especie humana entera. Vl. cf. Pitágoras. Existe. 63-76. 67. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. sino el ciu­ dadano en general. incluso si su fin no es la destinación del individuo. Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. como en las lecciones de Ped agogía.. entre éstos. Fundamentación. es decir. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). no contravengan a la ley moral. 60. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. fr.. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. n. nota 79. 66. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. trod. Parménides. por negligencia o por pereza. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»). p. p. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío. Delbos. Para phrónimos. VI. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. Ahora bien. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. pero también la habilidad política o cosmopolita. .61 En todo caso. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. pero no basta para justificar este desliz. nota de V.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. 127. pues. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger). como dicen sus biógrafos. En el pasaje de la Fundamenwci6n.w�). este desliz viene. Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens. 47). es decir. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed. 196. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee. «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)».65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido. 189. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). 1 140b 7 ss. igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. éste está atestiguado tanto en la Antropología.67 No es sorprendente. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano. . nota de la p.. l 1) no sign ifica 63.la moralidad. el W eltbíirger. Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf. 128. en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá. 129. 5. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad. Pedagogfa. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres. Delbos. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos.para esta cultura pragmática requiere. 178. así como inevitable. que la «disposición pragmática». W eischedel. Prefacio. pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi. una explicación. cr. sin duda.. puede convertirse en un deber al menos indirecto». allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. . de l ejos. 62. La Antropologfa recuerda. p.61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». 163). las pp. En todo caso. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. 5. 64. 1 1 40b 7-11). p. y niega esta cualidad a hombres como Tales. !bid. de Philonenko. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. más aún. refiriéndose en esto al uso popular. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico. nota.62 ¿Por qué esta mediación 61. supra.64 Pero. Nic.). 65. ed. p. más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es. pues. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. Hemos mencionado que. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo). P . supra. Delbos a la p. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido.

xm. p. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias.. 159.. 158. sino sabiduría. o de lo que Kant denomina una política moral. cf. 159. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. 73. 157. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). Kant esperaba de su docttina del deber. aplicación inmediata de la ley moral. p. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». tica del juicio. no sólo más eficaces. no técnico. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. Zum Ewigen Frieden. al mismo t iempo que el reino de la moralidad. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político.&) No será de extrañar. En segundo lugar.. . ed. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. en definiti­ va. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit).7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. pro­ blema morale).234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. la desgracia de los demás. se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. En primer lugar. V orli. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). por el contrario. la acción política. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). con las me:jores intenciones. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. !bid. 69. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. pp. /bid. 72. p. cual define como «el arte . donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. 132. 159. que la prudencia. 71.inder. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza. la política no es prudencia. pues. que la verdadera política es una política moral.74 V olvemos a encontrar aquí. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. aunque no sean su razón de ser. siendo i11Condicional. En el primer caso. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. de la prudencia como arte de asegurar. la política. Bthik und Politik. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). en Kant. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. to a la paz perpetua». las «ventajas» que. como vere­ mos. incluso en este caso. a la fines» (p. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. Sobre todo en la Pedagogía. /bid. Más exactamente. !bid. Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. Se pue­ den. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales. a saber. .. p. 68. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios. En tercer lugar. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. Cri tración o el gobiemo de sí mismo. 74. de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106). reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. es decir. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. me parece. p. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc. excluida de la moralidad. fácilmente. donde el r iesgo es provocar. al menos nombrar tres. p. Por otra parte. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. Por una parte. en cada caso par70. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás. .

es perfectamente clara y no se presta a interpretación. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo. comprendido el del error en la previ­ sión. p. las consecuencias. ed. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. luego puedes. como Hegel concederá. Lecciones sobrefi 83. p. incluso en sus comienzos. cuando en realidad éste exige ser cumplido. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. ne­ gligencia o simplemente estupidez. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. ad jinem).7s Así. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). y. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. Conflicto de f 80. sino el moralismo. que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. contiene el riesgo. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. Kleinere Schriften. Este argumento. pues las consecuencias son infi­ nüas. p. Sobre el lugar común. que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. La paz perpetua. puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. 108. pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. dicho de otro modo. asf. Crftica de fa razón práctica. por distracción. jamás h a convencido a nadie. por lo demás. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». . Que la Revolución francesa. desde ese momento. imprevisibles en su totalidad). loso fía. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables. de conducir a la violencia. la verdad sea dicha. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. Kant excluye por detinición los medios inmorales. 79.80 Sin embargo.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. 1919.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. si por el contrar humanidad y. «mit allem Vermogen». a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>. sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. Vorlander. 78. después de todo. la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger. no soy responsable de las consecuencias. § 6. Traándose t de moral política. 82.84 Contar con la acultades ( 1798). § 8. 77.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. el viejo Kant. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral.17 es decir. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular. Ciertamente.236 APÉ. Pero. 40. incluso imprevis ibles. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». «yo podría con raz. por responsable de las consecuencias de sus actos que. Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). los únicos que son moralmente compatibles con este fin. 76. Sobre este último punto. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. de pasada. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). como al sujeto moral en general. 74. «más de una flor inocente». una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. imposible. de sus actos). ni siquiera en el terreno político.76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. p. aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». sobre todo en el ámbito político. pereat mundus. Kant no llega. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). El formalismo de la ley moral. 203). por ejemplo. p. habrá omitido prever. segunda sección. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes. como dice Sartre.de la prudencia un estatuto positivo. de la. 84. con sus corolarios. dicho de otra forma. cf. en Kant. por sus consecuencias. y que un procedj. Vorliinder. La paz perpetua. V orlander). el que en política lleva al ten·or. historia. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. con todas las fuer­ zas o por todos los medios. como dice al menos una vez kant. 160 y 161. p. 81. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. Mediante la célebre fórmula Debes. pp. donde su asesino le encontrará. de dañar al otro.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. Vorllinder.ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. capí­ tulo 1. 151. parte 1. El ejemplo de la Revolución francesa.

90. entre la intención y las consecuencias. ella debe ordenar. F. pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. parte II. Cf. añadamos. como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. virtud intelectual. más que en la extensión y la potencia. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. Cf. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. sin alterar el concepto de esta última.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . .88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. añade: «pero acordándose de la prudencia. sin embargo. El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. pp. no será jamás tematizada por Kant. priva a Kant podido sacar partido. Cf. como parece hacer aquí Kant finalmente. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística. en el seno de la filosof ía práctica. La Típica proporciona. Nic. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. contra ella misma. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. Marty. rechazo que no pragmático. sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». 9 1 .icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua. En un único pasaje. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. como en Jos Antiguos. H. 56-87. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo. 19 ( 1 955). en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. 1 19. el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu.86 Desgracia­ damente. pp.final de la Introducción. sino construcción del objeto. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. Después de haber dicho que incluso en po. §§ 301-302.91 Así. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. una prag­ mática con una práctica. de realizabilidad óptima de la ley moral. no sólo en su filosofía política. Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. Por otro lado. la condición de su utilidad para el hombre. y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». entre libertad y natura­ leza. sino de su utilidad para los hombres. Ahora bien. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. Yorlander. Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de .EN KANT 239 Providencia. . Introducción. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». l l37b 29. 88. de jándolas ser como son. un arte difícil. 160-161. al . 14. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. G. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano. sino su verdad. Archives de Phi/osophie. «La typique du jugement pralique pur». 86. De hecho. Tubinga. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. 162-163. Al círculo hermenéutico. Ét. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. escapa a toda interpretación. El problema habr ía sido articular. 159. donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. istóteles muestra 87. o todavía «aplicar a una acción Pp. El saber ya no es comprensión del ser. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación.. Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. VorUinder. 1962. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica. para Aristóteles. que hace que. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines.lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». no es abordado de ninguna manera. en especial Metaj(sica de las costumbres. Yorliinder). p. se volviera contra la defLOición de esta última. aunque sea pro­ visionalmente. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. 89. aquella familiaridad con las cosas que.la justicia. se habrá podido observar que en esta problemática. gracias a la fom1a de la ley natural. era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. el cual se confunde con su proyecto. . Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. permite orientarse entre ellas. Y. la cohe­ rencia del sistema kantiano. Gadamer. <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». perf ectamente unívoco. Crftica de la raz6n práctica. § XVU 85.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. de este añadido a su doctrina. un saber tal. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. Lo que está aquí en juego no es. pues. Wahr heit und Merhode. P . Con los tiempos modemos. pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. La prudencia aristotélica.

0 ed. Bur­ net. 1 960. Akademie Verlag. por F. 1935. de la Academia de Berlin. consecuencia del progreso científico. col.92 la idea de un saber prudente. Nic. reimpresión 1957. XIX-XX. por W. Eud. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. Loeb. Ross. . Neuwied-Berlfn. bajo la dirección de J. Nü. Kant no hace sino sacar. Politik und praktische l'llilo· sophie. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. J. y el vol. de la Academia de Berlín. parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. 1935. Magna Moralia. Bywater. Teubner. Nic. Berlín. en los vols.• ed. Mag­ na Moralia. en el gris indiferente de los fenómenos. es decir. 1880. Stock. Dirlmeier. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias.. ed. Citamos según la edición Bywatcr. de O. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. 12 vols.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. col. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa. Ét. 1912. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». Por su concepto de una razón práctica. ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad. por F. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. (han aparecido el vol. y De vi11utibus et vitiis por J.. de Susemihl y de Rackharn. Oxford University Press. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. Teubner.. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica.. El r rente a nuestro mundo moderno. de Gmyer. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. Eud. 1883. Oxford Classical Texts. bajo la dirección de E. Ét. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro. 92. 1900. incluso los más morales. Ética a Eudemo: Susemihl. Magna Moralia: Susemihl. Ross. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. VI. 23 vo­ lúmenes. A. Dirlmeier. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. 1958). De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. Solomon). [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera.:. científicamente determinable y técnicamente construible o. 1960 ss. nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. D. Gigon. IX comprende Ét. donde la proliferación de medios. Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. XIX. VIII. 1 831-1870. 1 . Londres. Gru­ mach. 3. ed. Apell. por G. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. XX. 1 894.l). Leipzig (Teubner). Loeb. Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. Armstrong. por O. Pseudo-Aristóteles. 1908-1952 (el vol. Smith y W. 1956. Rackham. un mundo en rigor «imprudente>>. 1884. en especial las pp. 1956 ss. 53-54. Commentaria in Aristotelem grcteca. 2). e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines. al contra­ rio. la sugerente obra de W. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. es decir. 2. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. a completar por XXIJ. so de reedición. 1963. D. cf. 5 vols. pero no será nunca una filosofía práctica.. con más lucidez que los otros. Hennis. Berlín.

A. Instituto de Estudios Po­ Líticos. Madrid. Vrin. trad. Universidades de Francia 1939. Centro de Estu­ dios Constitucionales. n. A. Oxford. Ética Eudemia. Ross (Col. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. in­ troducción de Emilio Lledó. 2. traducción del Organon de J. 19 1 . M. París. 0. 1958-1959. Payot. París. Bocea. París. Texts).• �d. G. revisada por O. pp. 1985. 98-104). 1961. Oxford. Stzb. Turín-Roma. Tricot. 1960. 19872). 1 985�. edición de W. 1897. Tricot.. D. H. París. Grcdos. Fragmentos: edición Rose. 2. traducción alemana de O. Oxford. Grundprobleme der antiken Philosophie. Ollé-Laprune. Susemihl. 1955. J. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. hay que añadir: Joachim. Magna MOI'alia. pp. Berna. traducción de J. Festugiere.. Grcdos. Franke. Düring. libros 1 y U. Gigon (con importante introducción). Reconstruction. Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. Aristotle 's Protreptic:us. por G. Madrid. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. 1936Física. W. ID). Edizioni di Stor ia e Letteratura. Tricol. por Dirlmeier. Wiss. Gote­ borg. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907).. por L. París. Ro­ dier. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. 1930.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. fr. Marguer itte. t.. Éd. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. 1 886. Ét. para el resto. 1955. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. de M . Rees. 1958. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). Florencia. Libené et civilisation chez les Crees. Cambridge. París. París. Marictti. Kl. libros f y Il. Retórica. edición R. Gigon. introducción y notas de Julián Marías. de Barlhélemy Saint-Rilaire. Rev. Jaeger (Col. Texts). por L... Spiazzi. X. Artemis-Ver1ag. Irn­ misch Leipzig (Teubner). de la Revuc des Jeunes. 4. W. Roma. 1909. Milán-Roma. Gredos. en Archives de Philosophie.. 3 vols. colección Budé. «Les trois vies». A. 1957.. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. .. París-Lovaina. edición y traducción de J.. Copenhague. Jolif. Política. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. supra). Ét. t.. Hist. 1934. Comentanos parciales: libros 1 y II por J. 1957. D.• ed. Madrid. Ross (Col.174. 1958 (cf. 1959. pr. 1989). Gr illi. VI. París. traducción y notas de Julio Palli Bonet. Philos. phil. edición de F. -. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). por J. 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. A completar hoy por l . Dufour. Oxford. 1 953. 1930. Ak. 1958. Robinson. Cruchon. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. 1948. edición y traducción de M.. l. ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. 1959. Madrid. Nic. Nic. d. Souilhé y G. en Acta Congressus Madvigimri. Jaeger. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals. Texts). Dirlmeier (1 956). 1882. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. 131. Oxford. Gauthier y J. supra). también hoy la traducción francesa de J.-Y. 1947. 1995). Zwich. 1995). Walzcr. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). introducción y notas de Julián Marías. Vlll. París. Tomás de Aquino. Vrin. Madrid. edición y rraducción de H. D.. 2 vols. París. 1949. An Attempt at. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. 1909. Par ís. ed. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). Grenwood. cf. Carteron. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora. Gauthier-Jolif. Nauwelaerts. Nic.. ed. Vrin. Tricot. Gredos. Madrid. Vrin. d. col. ibid. 2 vols. muy insuficiente. por R. R.-hist. Leipzig (Teubner).. W. 1856 (La mora/e d'Arí szote. VII. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. 1960 (reseña de H. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. Aubonnet. 1928..-A.

ll.. Payot. Wiss. Gadamer. Die drei aristotelischen Ethiken.te der Philosophie. Heidelberg.. Bruselas. R..-hist. trad. París. Rev.-A... Schwartz. 120-127. Ethik der Griechen. R. pp. París. Hambmgo.. pp. Essai sur la problemati­ Wiss. Dür ing. 1955. Griechische Freiheit. 1 . Ética a Nicómaco. 1960. Kioto. P . Rodier. M. XIV. Le dominateur et les possibles. 1962 (h ay trad. traducción alemana de P. 1960.. Mor. Padua. Lefevre. traducción francesa RobiJ1. Research.en.rís. traducción inglesa de R. 5. 1923. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». Die Entdeckung des Geistes.. XII. Londres. · 1956. de Letras de Argel). Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. nueva ed. 1897. Richter. Takatura. (<The Practica! Syllogism. 1923. CJ.. reimpresión. Das Ethische in Aristoteles' T o pik. 1958. Berlín.." ed. Mét. von. ibid. Pohlenz.. «P. 3. Nauwelaerts. Wilpert. Schrnidt. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition... W. Scbuhl. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. Aristotle. Antenore. prefacio de sir Amim. 205. 1959. J. tesis doctoral...-M. 1948. pp. París. P.." ed. Léonard. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele.. La m01·ale antique. L.1911. París. 1948. <<Aristotle in the "Protrepticus"». QueUe und Meyer. L. París. 1953. La mora/e d'Aristote. Nauwelaerts. Die Ph... -. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. 3.. Ro­ binson. traduc­ ción francesa de C. G. ampliada. David Ross.. París. Mesnard. 1926. Wittrnann.). 1955. d. 1920. Basilea. Le bonheur chez Aristote. en W erke. M. LI. Teubner." ed. 1957. 1952. de la Ética a Nicórnaco. 2. 1923. W. R. Clarendon. París. Weiss. Berlín. Stuttga. XVlli. Madrid.. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason». 1946. Payot. París. 2.-Hist. Oxford University Press. Ando. Phii. 1934. 22 (1961). Hegel. Mansion. Weidmann. 153-162. Essai sur la métaphysique d'Aristote. Eranos. J. E. Par ís. Taurus. París-Ottawa. fr.. publicado por W. xm-xxrv. Allan. Aristoteles. des Lettres. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles. Ollé-Laprune. 1912. 1. V orlesungen über die Geschich... 325-342. 245 Joly. Gauthier. Mét. pp. Claassen. L. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O. D. Vrin.. Apelt. reproducido en Études de Philosophie Grecque. 1946. Aubenque. 1955. Arnim. 1881. 1958." ed. 1942. 81-97. H. 1923.».. 1958. pp. F. H. 1955. Royale de Belgi­ que.. tomo lli. 1962. d. . b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. F. 2. 7-36. Lovaina-Pa. Stuttgart. Philos. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. Die Ethik des Aristoteles. en Autour d'Aristote." ed. Ph. 1955. Glockner (JubiJaumsausgabe). PUF. 1987). 1928. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate.r. H. en Autour d'Aristote. t.. PUF. Régis. Cl. pp. 0. -. 497 ss. PUF. Mélanges A. 1923. E. Stzb.. R. Lovaina-París.. Ethik der alten Griechen.... 139-171. «La m01·ale d' Aristote». vol." ed. . L'opinion selon Aristote. 1833.enomen.rt. 6. 52 (1954). Robín.: E l problema del ser en Aristóteles. Stzb.-M. Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. 202. pp. Le probteme de l'etre chez Aristote. París. pp. 1956. P. D. París.. 2: ed. E... d.. Wiener Al<. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. Eudemische Ethik wui Metaphysik. Kl.. Eth. 1938.ilos. 2 vols. Mélanges A. t. 1837. que aristotélicienne. 1913." ed. 4. Oxford. !.. 5. Wiener Ak. 1924. Ratisbona. 1961. d. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. K!. D. Mor. Essai sur la morale d'Aristote. von. Berlín.. pp. Wundt. PUF. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique. E. Mansion. 255 ss. 917-940 (a completar por Dirlmeier. Snell.• ed. 3.roblems in Aristotle's "Protrepticus"».ilosophie der Griech. The Philosophy o f Aristotle.. . de JI. 1955. H.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. Meiner. des Lettres.. Demos. Hamburgo.. Geschichte der griechischen Ethik. 1882. L. «L' Anthopologie d' Aristote». J. Ravaisson.. 1951. Argel. Aristote. 207. Leipzig.. de Wellmann. pp. Leip­ zig. La morale d'Aristote. XLIV. 1935. L. Hamebn. 1. 1955. Mémoires de 1'Ac. G.. Weil. Zelle. Riondato. 2 vols. 2. and Ph. M. 1944. (La liberté grecque). cast. Rev. 1925.. B. Nik. 1908. 1942 (Curso de la Fac. París. Jaeger.. 2.

1954 (Zetemata. Wcidmnnn. 33 (193J). Kullmann. lastique de Philoso icus"». AJmqvist & Wiksell. col. Mattei. Friburgo.fondement intellectu. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. Ullstein. A. M. 2.. Walz. BerDiels. García Morente. en las notas. XVI. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote». Madrid. vol. 1912. Rabinowitz. . American Journal o f Philosophy. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». XVU». 1958 (hay traducción castellana de M. en Umanesimo e scienza politi ca. Berlín. H.. «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». 1 9 1 8 .246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». E. Stark.. Mohr. PUF.. 185-219. Kant. 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. 1949 (de inspiración tomista). I-1. Friburgo de Brisgovia. de Louvain.. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. ed. Pfeiffer. 9. de Th. 1903. Olmsted. Delbos. H. París..Ba silea.. Plutarco. Hermes. Stoicorum veterum fragmenta. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. tesis en Friburgo (Suiza). 2. BAC. J. Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Beck. N. 1958. Philologus-Supplement. 1951 . rrunkfurt. q. 8). V. Aristoteles-Studien. E. Hüf fmeister. F. Mansion. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. publicado con el tí­ tulo La prudence. nueva ed. 1949. 47-56. París. J. VI. B. W. 389-396). 4 vols. Kosel. G. Magna Moralia und aristotelische Ethik. 5 1-84." ed. l." ed. La ?a­ rola del Passato. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. tesis. E) Sobre Hirschberger. Monan. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». Philos. de V. Berkeley-Los Ángeles. Rev. F.. cap. «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. Leipzig. Traktat über dir Klugheit.achischen Ethik. Hermes.er. pp. Oxford. 138-164. pp..el de la morale d'apres Aristote.. 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). R. Noble. 1994). Milán. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. reimp. pp. 1960. 69 (1948).. B. pp. XI). Fundamentación de la m. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia. Se las encontrará en su lugar. W esen und W andel der T ugenden. 1 . O. Isnardi.a ed. Bollnow.: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia. Fragmente der V lín. istoteles und Platon».eta j!sica de las costumbres. Pieper. 2. Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. 1946). «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». -. 1932. Goteborg. U a U ae. «Theorie und Praxis bei Ar pp. Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. 42-61. en Mansion. Michelakis." ed. Kranz.. pp. tesis. 360-380. orsokratiker. Tubinga. Mu­ nich. Leipzig. 1959. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum. en Moralia. 1876. pp. «De la virtud ética».. Kuhn.. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. 51 ( 1956). Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin. von. Mnemosyne. 21 6-236.. de. Espasa-Calpe. S. pp.. R. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen. 7). Munich. 1905. 1937. Gillet. trad. R. N. Cleisionnis. 89 (1961). Deman. Tomás de Aquino. 1925.. Delagrave. Die Lehre van der praktischen V sophie. Revue Néo-sco­ phie. E. 1928. . 58 (1960). de la Revue des Jeunes. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. pbrónesis. 373-374. Loeb. J. 1961.. 179-194. de H. 6 (1938). 1). 56-75. Madrid.. Du... Jankélévitch.. D. Jena. Staate.M. 80-107. 1957). Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik..1924. Ga­ damer). Kapp. tesis en . M. El. D. 25.• ed.. 1943. b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp. Suma teolóeica. J. 63 (1 928). ernunft in der griechischen Philo­ Walter. fr. 1943. de W. G.

43 43 52 63 dencia y habilidad.ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. El hombre de la prudencia l. 2. El e jemplo de Pericles. El tipo. lll. 3. 3. La norma . pru­ Cosmología de la prudencia l. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . La historia de las ideas . 63. 2. La tesis de W. Los textos . - Prudencia y experiencia. . Las fuentes La interpretación . 68. Definición y existencia . II. La contingencia l. Jaeger Crítica a la tesis de W. 15 18 23 24 29 35 TI. Jaeger I. 2.

ll}) . 198. 193.El humanismo y lo trágico. (nQOOÍ.Í>f. publicada por CRÍTICA.. LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2. de Barcelona 2. 170. La prudencia en Kant Apéndice l . .250 l.ta). 184. . 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4. c6maco .El problema del fJ n y los medios. 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. Apéndice 2. (yv<. 2. .E l juicio como cua­ lidad moral.La in­ Unidad de la noción de phrónesis. .La buena deliberación (EMouJ. 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos. mortalidad en el límite. línlltes y equilibrio. s. APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. El tema de la «impotencia» de Dios. 134. am- Ill. bivalencia de este tema . 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l. . . 164. . . Ética a Eudemo Fí sica . 177. S. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) .Tco­ óa aristotélica de la elección. intención y clcccióo. . La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. 205 210 212 241 Bibliografía . 3. . 137. 145. 124. . Deliberación y análisi 128.QWLS) . 159. se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik. 1 5 1 . Deliberación y democracia. . 3. La elección Los dos significados de proaír esis. 3. .L.

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