LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

Directora: VICTORIA CAMPS

CRÍTICA/FILOSOFÍA

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES
con un apéndice sotrre

LA PRUDENCIA EN KANT

GRIJALBO MONDADOR! BARCELONA

CRÍTICA

' .

PRÓLOGO
«Todos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes

y a los vicios despiertan en el espíritu más bien sentimienlos confu­
sos que ideas claras.» A pesar de esta severidad de Malebranche 1 respecto a un vocabulario moral que habia florecido durante toda la Antigüedad y la Edad Media, la filosofía contemporánea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVII de la transparencia de la existencia humana a las «ideas claras», ha reencontrado el camino para una teoría de las virtudes.2 Pero si la moral perma­ nece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la pruden­ cia, que siempre ha sido materia de «consejos», sea hoy de aquellas que más admiran los hombres y celebran los filósofos. Vanam.ente se la buscará en el índice de un moderno Tratado de las virtudes.
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copyright. bajo las sanciones establecidas en las leyes. la reproducción total o parcial
tratamiento infom1ático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o de esta obm por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el

de

los titulares del

las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree más expeditivo el método

Y un autor que no debería ser me1ws sensible a La permanencia de

de arrinconar la prudencia que explicar

al lec­

préstamo públicos.

TíiUlo original:

tor moderno que es algo más (y mejor) de lo que él cree.3 Cierta­ . mente, desde la época en que la Prudencia 110 inspiraba sólo a los teólogos y losfilósofos, sino también a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todavía la asociaba a La gran­ deza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta de-

LA PRUDENCE CHEZ AR!STOTE

Traducción castellana de M." JOSÉ TORRES GÓMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creación de Enrie Satué

© 1963: Presses Universitaires de France, París © 1999 de la traducción castellana para España y América:

ISBN: 84-7423-914-1 Depósito legal: B. 585-1999 lmpreso en España

CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Aragó, 385, 08013 Barcelona

1999.- NOVAGRÁFIK, S. L., Puigcerda, 127, 08019 Barcelona

l. N. de Malebranche, Traité de mora/e, J, 2. 2, ed. Joly, p. 15. 2 . Cf. especialmente: N . Hartmann. Ethik, 1 926; V. Jankéltvitch, Traité des vertus, París, 1949; O. F. Bollnow, Wesen wul Wandel der T ugenden, Frankfua1, 1958, y la bibliogmfía dada por este último autor, p. 203. -. 3. R.-A. Gauthier, La mora/e d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la Etica a fÍiic6maco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. «Donde está ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podéis» (Carac­ teres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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de la desmesura y el desprecio. aunque sólo sea el del buen juicio. Fundamentación de Ú1 metafísica de las coswmbres. también y más que ningu­ na otra. Olímpica. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradición griega parecería alejarnos de ella para siempre. Y si llegáramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene raíces muy anteriores dida de nuestros esfuerzos. a aquello que nosotros creemos que es el Bien en sí. esto significaría que La exaltación de esta virtud no es extraña a una cierta cosmovisión que. para preferir el «bien del hombre». La prudencia fue víctima primero del . ciadas y que hay palabras. de Delbos. esa i e a La Harpe.7 que el hombre. y por largo tiempo. más en general. falta coraje. que el superhombre es Lo que más se parece a lo inhumano. que lo inteligible no es de este mundo y que. todo se ha dicho ya sobre la prudencia. 31 de marzo de 1775. La Tercera parte se esforzará por poner de relieve una «fuen­ 0. necesariamente más larga. pro­ pondrá una interpretación de la phrónesis en el sentido de «pruden­ te>> cuyo descubrimiento iluminará (pensamos) la interpretación global. Las variaciones del juicio sobre la pruden­ cia tienen sin duda causas diferentes de las semánticas.o es una virtud heroica. En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los términos de las mismas.la Desmesura.. A111ígona.0 8. La prudencia es. más interés que el puramente historico. nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las for­ mas. de esta co. cansada de los prestigios. 127 ss. y no cualquier otro. La prudencia n. una virtud metafísicamente fundada. incluso las más sutiles. 9. VV. 1. fue. « . dejando nuestra investigación sin. de entrada indistintas. del espíritu público. Quizá. y en. Pero en Aristóteles pbrónesis no significa sólo «prudencia». pero a veces hace cosa extraña entre todas las cosas. Aristóteles emplea la palabra cpeóvr¡CJtr. «prudencia». nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qué fue Aristóteles. de «sabiduría» (sapientia. vv. que sólo se ar­ cia». s ttzrde del rnoralismo. fr. hace falta añadir que no siempre se las comprende cuando son pronun­ ticulan después de bastantes siglos. La Segunda parte. La pruden­ cia podía ser quizá una «virtud estúpida» para un siglo que creía no poder cumplir con la vocación del hombre más que superando sus límites y que quería realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. Sófocles. que lo racional n. sino preservado. Pero n. esta virtud tenga todavía su oportunidad en una época que.8 LA Pf�UDENCIA EN ARfSTÓTELES PRÓLOGO 9 valuación no es culpa de la prudencia. Pero. pero también: un niño sensato (sage). que el bien. debía quedar asociada a su declive. en otro sentido. puede ser el enemigo de lo mejor. Se dice: un automovilista prudente. I.351.. No es ca­ perado. Carta de VoiLar 6. Ligada a ciertas cosmovi­ racionalismo y má siones.6 La prudencia ha sido víctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofía y. finalmente. primer Lugar contra sí mismo. contrarios entre s{.5 o que Kant La desterrara de la moralidad porque su impera­ tivo no era sino hipotético.o basta con decir que las lecciones de la filosofía son eternas. es sólo en forma de sucedáneos y a la me­ si se entiende por tal una virtud sobrehumana. pem muy diferente.350-1. y se distingue mal a veces de la sofía Las variaciones palabra presentan un problema a la vez filológico y filosófi­ a Aristóteles. en gran medida.). pp. pero cómplices. madre impúdica del Desprecio» (Píndaro. El mundo redescubre hoy lo que Los griegos sospechaban hace más de dos mil años: que las «grandes palabras» provocan las «grandes desgracias». del «héroe» y el «alma bella». la de los griegos.o siempre es ra­ zonable y que la tentación de lo absoluto (que ellos llamaban VÓQt�) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. q¿¡e es el objeto de la prudencia. busca un.. si se presenta en él. 13). CJocp ia). ¿Hace falta recordar que nos han llegado tres éticas bajo el nombre de Aristóteles: la Ética a Eudemo. aunque sólo sea por educación. 5.. la Ética a Nicómaco y /bid. sección 2 (trad. 7. La verdad es que no se puede disociar la teoría ética de La prudencia de las doctrinas me­ tafísicas de Aristóteles. quien hizo la teoría correspondiente. lo cual no impide que la sabiduría (sagesse) sea alabada aún por losfilósofos. Kant. . y que es necesario distinguir de la noción vecina. 8 no es aquello que debe ser su­ sual que fuera considerada una «Virtud estúpida» en el Siglo de las Luces. si era aún la de Aristóteles. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es con­ tingente y el porvenir incierto. 332-333. Querríamos intentar encontrar el lazo de unión entre la exalta­ ción ética de la prudencia y La cosmovisión que supone en aquel que fuera su primer teorizado1: En un cierto sentido.9 Para designar lo que la tradición latina denominará prudentia.

1963) de la «La prudencia en Kant» apareció en la Revue de Métaphysique er de Magna Morafia ha prevalecido durante largo tiempo. el problema de la prudencia remite a un debate famoso y oscuro que los antiguos denom. no tiene paralelo en ésa t (lo cual no quiere decir que ignore por lo demás el concepto aristotélico de phrónesis). Sclzuhl.-M. pues. 14 sino también de es­ tudios que él dirige en su seminario de «Investigaciones sobre el Pensamiento Antiguo». los conceptos de autenticidad e inautenticidad son muy relativos: si la obra pa­ quizá muy antiguas. Y el NOTA A LA TERCERA EDICIÓN FRANCESA de lon o oitud desigual que estudian el destino de la phrónes.inaban «sobre los posibles». expresamos nuestro vivo reconocimiento a P-M. 1958. Schuhl. b) la tesis de la inauteotic dad de primero en las Actas del Vll Congreso (Aix. l>:uís.10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES PRÓLOGO 11 los Magna Moralia? Estas tres éticas no pueden ser puestas en el quizá irresolubles. pp. en el cual tuvinws el privilegio de participar durante años. t::ssai . París. en Vand�uvres (Ginebra). de cronología y. hemos de seí"ialar desde el principio otro vínculo. . 146-147). quam 1T:E{}l OVVaUV11 phiJOSOphi \'OClllll»: «illam . contentionem quam neel ovvar<. pero teniendo en cuenta las otras dos cada vez que la clarifi­ can o. en el caso de la tercera. lógico. 12 Finalmente. Le probflm�e de f'etre chez Ariswte.l"fiphiqllc' ( 1962). Sólo se trata ex professo de la prudencia en el libro VI de la Ética a Ni­ cómaco (sobre las virtudes dianoéticas) y en un capítulo de Magna Moralia (1. 1962 (hay trad. . así como sus resonancias siempre actuales. 14. al contrario. P. Pero. Dirlmeier. LXXX (1975). Aubenque. físico y moral. cast. 1� Los múltiples aspectos de este debate. que ésta es <<ein Werk des Arislotclcs selbst. Séanos pennitido igual­ mente agradecer aquí a las dos instituciones que han facilitado la redacción y la publicación de esta obra: la Fundación Hardt para Centro Nacional de 1nvestigaciones Científicas. Que estas investigaciones.. 17). siendo la primer. Schuhl.ObSCUra quaestiO. se separan de ella. Revue philo. Morale. Magna Moralia. 1987'). P. ga a confesar expresamente aquí cuántos estímulos hemos encontra­ do en ellas. cia) después de Aristóteles.-en-Provence. éste sin duda ha utilizado <<notas». 12 de marzo de 1962 el Estudio de la Antigüedad Clásica. 1: IX. y por muc as mtís. con el último grao exegeta de Ma¡. 1964. Belles Lettres. De játo. «. Esta tercera edición ha sido aumentada con dos nuevos apéndices 10. 13. París. Aristoteles. de auten­ ticidad. «La phrónesis en los estotcos» aparec10 Asociación Guillaume Budé.mr la problémati· que ariswtéficiemle. 156-182. en especial sobre la no­ ción de xO. P. l$ no estén aún publicadas en su totalidad nos oblimismo nivel: su número y sus interferencias plantean problemas. Taurus. _ 1 1. 12.�­ tóteles.-M.-M. y también una deuda: se podrá comprobar que. por lo tanto. qu_1e�1 � desde hace tantos años es nuestro maestro y se encuentra de mu/t¡­ p/es maneras en el origen de este trabajo. pp. Madrid. si bien este estudio se basta a sí mismo. 34). principalmente para el capítulo 1 de la Segunda parte de nuestro estudio. l. de Aristóteles mismo. len inhaltlich» (F. más allá de la doc­ trina propia de Aristóteles. Le dominareur etles possibles. pp. zuru mindes­ rece haber sido rcdacwda por un discfpulo tardío. . . Besan9on. IW10.� en su conjunto más antigua que la segunda. El libro Vl de la Ética a Nicómacn es uno de los libros denominados «comunes» a ésta y a la Ética a Eudemo. Schuhl. pp. PUF.L(}Ó�. PUF. en París. 69-72. 15. «De !'instan! propice». Por esta deuda. evidememente está en conexión con la inter­ pretación de la Metafísica que henws propuesto en otra obra. se puede admitir. 291-292.:na M01·a/ia. cuántas sugerencias. han sido objeto no sólo de una reciente obra de P. Admitiremos provisionalmente lo siguiente: a) la Elica a Eudemo y l a Ética a Nicómaco son dos versiones de u n curso de Aristóteles sobre la ética.s (pruden. tratándose de Anstó­ � teles. 11 Además. Pero no tenemos tantos textos sobre la prudenci� como para no poder abarcarlos todos:10 tomaremos como base la Etica a Nicó­ maco.iiv appcllant» (Cicerón. y. . Agradecemos a los editores el habemos autorizado a reproducir estos textos.: El proble111a del ser en Ari.

PRIMERA PARTE EL PROBLEMA .

2.. yv&ot� i] cpgóvr¡ot�. Así. que el entendimiento (Otávota) «conoce y sabe». 298b 23.OLaoem xat cpgovEi:v.M11oa�wu ú. sino por «reposo y deten­ y que «es por retorno del alma a la paz después de la ción». Met. habiendo reconocido con Heráclito que lo sen­ sible está en perpetuo movimiento. E1tÍ. si se quiere que baya ciencia y saber de alguna cosa. SóFOCLES. III. M. 68b evrp. que son cambiantes como sus objetos. 590. sin referirse esta vez a sus predecesores. por oposición a la opinión mutable del ser inmutable.' En cubrir la verdad de que «Sin la existencia de naturalezas inmóviles el De Coelo. la tesis de la incompatibilidad del saber y del movimiento: saca de ahí la consecuencia de que no es por génesis.AA..' � exei. LOS TEXTOS En varios pasajes de su obra. Fedón. &XA. 1078b 15. que para salvar un tal saber admítió Platón la teoría de las o a la sensación.llJ -rtvo�· xaL cpgóvr¡ou. donde Aristóte­ les retoma claramente. l. Aristóteles. alaba a los eleatas por haber sido los primeros en des­ no puede haber conocimiento o saber». emplea la palabra phrónesis para designar. recuerda en el libro M de la Meta­ física.2 Una fórmula análoga se vuelve a encontrar en la Física. bien hace falta admitiJ la exis­ tencia de cosas diferentes de las sensibles. el saber in­ Ideas. f. fr. Pearson § 1 .oeL xaeaew� l>vcev!. .a C[iQOVei:v XQ� 6Vll'tftV cp'ÚOLV. PLATÓN. fiel al uso platónico. bn<JtY)f.w0uL cpQÓVIl­ oet. De Coelo. 4. pues dice él.

no es ni siquiera la vir­ tud de lo sublime. 4. 8.4 En estos cuatro textos. demasiado humano. 7.. Ya no se trata de una ciencia. en estos textos la phrónesis de­ signa un tipo de saber conforme al ideal platónico de la ciencia.» 19 Ahora bien. la phrónesis de la Ética a Nicómaco no es reconocida más que a los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los «bienes hu­ manos» (av8Qwmva aya8á). arquitectónica. ciertamente. 1140b 26.. en efecto. 114la25. cree posible alcanzar. 7. 14 es. 9. 1103a 6.. 9. en efecto. que parecía asimilada a la más elevada de las ciencias en otro contexto. al comienzo de la Metafísica. 18.. 982b 4. Nic.�ÉQOV'ta Éauwt\. Esta vutud es.T] o a yv<i:JCJL\.). Aristóteles introduce. que.óv). 12.oyLO'tLY.óv).rónesis trata de lo contin­ gente. 1tEQL 1:0 VI. Ét. el llegar a un rango que ya no es el primero. A. 1140b 1: ovx av eb¡ 1] q¡góvqot� emO't�l-llJ. la exigencia científica de estabilidad. Mew.. no sea aquí no sólo una ciencia. 114lb 8. 20. el saber desinte­ resado y libre. J7. Vl.9 no resultará extraño que la primera sea de­ nominada científica (É1tLO''tT]�tovtx. el de sophía: la prueba de ello es que. 8. 1 J97b 8: 'H bt <pQÓVTJUL<.física.16 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES EL PROBLEMA 17 agitación que le es natural que un sujeto se haga sabio y conoce­ dor>>. no obstante. Ét. pues. 2. Cf.t(j)ÉQOV UVÜQÓ:l1t(l). 16.3. es obvio que no lo es: «existen. Aris­ tóteles recurre a una asociación de palabras análoga para recordar que los ejercicios dialécticos no carecen de utilidad «para el co­ nocimiento y el saber filosófico». otros seres mucho más divinos que el hom­ bre: por ejemplo. de lo suprasensible. yáQ e<ntv yrmíoewc. 3. 14.17 Así como la sabiduría es presentada en otro lugar como una forma de saber que sobrepasa la condición humana.6 sino de una virtud. para caracterizar ésta y mostrar que es la ciencia pri­ mera. 19. nacidas de la necesidad. l. JtQÓ\. en el seno mismo de la física.t. ignora lo que nace y perece. Jl40b 36.at émcrrij¡. constantemente asociados a émo-d¡ ¡.wv x. 163b 9. 1 J40b 26.t. 139a 12. 16 es variable según los individuos y las circunstancias. que era antes asimilada a la sophía. el saber verdadero. 2.7. en una palabra. Vl. es aquí opuesta a ésta: la sabiduría trata de lo necesario. «Es absurdo pensar que la prudencia sea la forma más elevada del saber. 1 J4la 34. 7. VI. 5. Si esta es deno­ minada por Aristóteles calculadora (A. 13. 5. 5. 14. aquella que no tiene otro fin. 7. Nic. 6. J8. �Qóvq. que no tiene otro fin que él mismo. &eeri¡ OtavoLa�: Ret. Aristóteles se sir­ ve de los términos �Qovei:v y �QÓVllGL\. Ffsica.ocro�lav cpQÓVllQ'LV. "tE yv&crtv xai. apuntan a la satisfacción de una necesidad. A.¡.1143b 20). VI. en efecto. Magna Moralia. 114lb 5. l366b 20). si es verdad que el hombre no es aquello que hay de más excelente en el Universo. Tópicos. sino ni siquiera la virtud de lo que hay de científico en el alma razonable: la phrónesis designa. 1. en los Tópicos. que en nada se diferencia de lo que Aristóteles describe ampliamente aJ comienzo de la Melaflsica.ov. a las artes. VI. 'AQE1:'� 1:i'j� 6wvolet�: ibid. la virtud de la parte calculadora u opinadora del aJma. la phró­ nesis. (VI. por la otra conocemos las cosas contingentes. OME¡. 1140b27.13 En fin. vrrr. I.. 34. 10. no duda en calificarla de phrónesis.3 Finahnente. una subdivisión en el interior de la parte racional del alma: por una de sus partes consideramos las cosas que no pueden ser de modo distinto a como son.1139a 1 (cf. sino que es para ella misma su propio fin.'2 y que saben por ello reconocer «lo que les es beneficioso» ('ta ou¡.20 Se habrá reconocido en esta concepcióp de una virtud que. Estos «Cuerpos» son los astros. 7. Jl41b 11. 1 1 40b 2 1 . 247b ll. 6. en esta modesta réplica a escala huma- 1 l. los Cuerpos de los que está formado el Universo».ttCic. 5.5 Sin embargo. phrónesis. para ser intelectual. Nic.10 Lo más extraño es que la Vll. "rilv xa1:a �LA. 18 la phrónesis debe a su carácter humano. inmutable· como su objeto. 1141a 20.Óv)8 o incluso opi­ nculora (Oosaoux.. VI.. 13. una virtud dianoética. bajo otro nombre. en la Ética a Nicómaco la misma palabra phrónesis designa una realidad completamente distinta. aunque. 1141a24. 1139a 12. !. 982b 28.11 Otra variación no menos sorprendente: así como la phrónesis servía para oponer. Metafísica. OU¡. a diferencia de su maestro. . 2. para designar la forma más elevada del sa­ ber: la ciencia de lo inmutable. 2. 15. 2. 15 la ph..' pero en el interior de la diánoia. evoca menos los mé1itos de la contemplación que los del saber oportuno y eficaz. 5. !bid. para atenemos a los más manifiestos. filosófico. 'Ageri¡ owvorp:tx�: Él. 13. 5. Aristóteles no otorga a este saber el mismo contenido que Platón.

Este uso todavía �)atónico correspondería a la fase «teoló!rica» del pensamiento de Aristóteles.y de la actividad de los hombres: Corresponde a la filología moderna plantear un problema cuy�s cornentm·istas antiguos y medievales. en el horizonte de la existencia indicando la dirección última». segun 1a . Pero si Aris­ tóteles renuncia a las Ideas. que no estaban todavía disociadas en la phrónesis)). a condición.18 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 19 na de una sabiduría más que humana. 21. poco interesados en el coteJO crítico de los textos. /bid. La teoo logía especulativa se prolonga en una mor�l «tcó��rna». pero sin referencta alguna a la norma trascendente. 83. por no decir opuestas. . ciertamente. el hom­ � W. nueva edición sin cambios. /bid. que ha diferenciado con precisión uno de los dos sentidos de la palabra. al menos aparente. parecen no haber advertido. no ha renunctado. en el uso de un concepto (ilosófico que atañe a lo esencial: la naturaleza del saber humano.. pienso. p. cual Dios. sin que explicación alguna justifique la coe �is­ tencia de estos dos sentidos o la transición de uno a otro. hbro VI de la bre no debe contar más que con sus solas fuerzas para organizar La vida en la tierra.25 para ver en ella una especie e se�ttdo moral. teniendo en cuenta eventualmente las correcciones apo11adas por el autor a la segunda 25. /bid. Aristoteles. y lo que nosotros tornamos por tesis contradictorias debería ser re­ . Aristóteles «será toda § 2. iban a proporcionar el alimento esencial de las hipótesis genéticas de Jaeger: Aristóteles no habría podido contradecirse al mismo tiempo. Grundlegung einer Geschichte selner E111wicklung.22 Esta primera crisis se situaría. Pero el abandono por parte de Aristóteles de la teoría de las Ideas provocó una primera sacudida en el universo mor l del p a�o­ . Jaeger iba a aplicar brillantemente a la noción de phrónesis en su libro de 1923 sobre Aristóteles. donde designa la contemplación. a la � aportaba su principio y su norma a la rectitud de la � � � . de que se desprendiera una cierta continuidad de estas variaciones. 533de: «No es. cuya mor sigue siendo «teónoma)). la siguiente. Platón. M etaftstca y etJca se separan . VJl. de la noción platónica de phrónesis tal como se encuenLra desarro­ 22. la acción no tiene ya nada más que esperar de la teoría. ( 1948). trascendencia de lo divino: respecto a Dios. percibida no en sí misma. Ci­ vez más de las preocupaciones . conocido corno fases de una evolución. Dios p� rmanece c�mo principio regulador de la acción humana. Aristóteles parte llada principalmente en el Filebo. Por esta reconso·ucción Jaeger tenía el mérito no sólo de orde­ nar textos dispersos y aparentemente contJ·adictorios. La tesis de Jaeger es. Lamos esw obra según la edición alemana (1923. ni lo que puede todavía tener de problemaoco el empleo del mismo término phrónesis en dos acepciones tan diferentes. objeto de la contemplactón. el Dios trascendente se aleja cada «Solamente a lo lejos emerge el polo inmóvil. 24.24 Si en la Ética a Eudemo. Son estos principios metodológicos los que � Ética a Nicómaco: Dios está en lo sucesivo oculto o mudo. 85. 85. no es lo mtsmo en el. Cf. LA TBSIS DE W. no debe ocultarnos lo que hubie­ ra podido tener de sorprendente para los oyentes y �s lectores de Aristóteles.21 hay pocos eJemplos en la histo­ ria de la lilosofía de una desenvoltura tal. según Jaeger. sino como componente de la vida buena y fundamento de la acción recta. Robinson 23. Desde esta perspecuva. sm embargo.. de la contemplación: «Aristóteles quita a la plzrón� sis todo significado teórico». aportaba una p. República. las variaciones de sentido de una palabra dejaban de ser signos de in­ coherencia para pasar a ser testigos de una génesis. el momento d� discutir sobre una p alabra cuando tenemos tantas cuestiones tan importantes a dcballr». edición de la traducción inglesa de R.0 l. . entre el Protré ptico y la Ética� Euderno. lo que la tradición latina transmitirá al Occidente cristiano bajo el nombre de prudencia Pero esta traducción tradicional. es decir. 1955). valdna tarnbten com� n?rma moral absoluta de la misma manera que en Platón el conoctmtento ' � de lo inteligibl acción. Entonces se consuma eJ divorc o. CualqUiera que haya podido ser la indiferencia de los auto�es antiguos respec­ to de las fijaciones etimológicas. la rela­ ción del hombre con el mundo y coo Dios.. n. entre la razón teórica y la razón práctJCa. nismo: «La unidad del ser y del valor se hunde. lleno de conse­ cuencias. en resumen.. JAEGER su vida platónico)>Y No obstante. las relaciones de la teoría y la práctica. Si bien las contra­ dicciones de Aristóteles apenas habían influido en los comentadores. p. capaz de orientar la acción hacia aquello que �s mmedtata­ mente útil y bueno para el hombre.

pp. 250. Pero es Platón quien propone la verdadera síntesis de estos dos ideales. pp. partidario de la vida activa. 3. según el testimonio de Cicerón.. entre la metafísica y la ética. la justificación del oportunismo o. 192-l98. 32. en una metafísica del divorcio y de la esci­ sión. T ayl or. de la prudencia pequeñoburguesa.27 Sin saberlo estaba ilustrando a propósi­ to de Aristóteles las duras palabras de Péguy sobre la evolución de la filosofía griega. iban a dar una victoria. Acl Att. para ha­ 26. sección de Hist oria de la Filosoffa. P. 11. para retomar un término que Jaeger había empleado a propósito de Isócrates. su indiferencia respecto de la especulación. que olvida lo que el concepto socrático cer de él un sinónimo de oocpta. al hacer del conocimiento de las Ideas. Antes de Platón. Jaeger autorizaba con ello el resumen que Taylor iba a dar de su interpretación de Aristóteles: la de «un pla­ tónico que pierde su alma». an­ tes de Platón. Cicerón sólo podrá asimilar más tarde la fllosofía griega a la sustancia de la cultura romana «des­ preciando el profundo respeto que le inspiraban Platón y Aristóteles y adoptando el ideal de vida política de Dicearco». en un artículo sobre el origen y el trucción de la evolución del sentido de la phrónesis. Desgraciadamente. Citamos este articulo de acuerdo con la segunda edición de la traduc­ ción i nglesa de R. «Critica! Notice on Jaeger's "Aristoteles"». hab(an obligado a Aristóteles a este retorno. . Sócrates el primero le habría dado una coloración teórica haciendo de él una especie de intuición moral (sittliche Einsicht. algunos años más tarde. Platón subordina hasta tal punto la práctica a la teoría. Jaeger no iba a estar a la altura de su pro­ pia interpretación. Jaeger ya no veía en la virtud popular más que una caída desde las cotas en las que el discí­ pulo no había sabido mantenerse como en el Protréptico y la Ética a Eudemo. habría tenido un sentido esencialmente ético y práctico. el fundamento de la vida política misma.3' La falta de sentido teórico del Liceo. por los sofistas. 27. A. separando de nuevo la teoría y la práctica. al ideal práctico.32 En este marco general la posteridad iba a ver la simple reacción del «buen sentido» o del «empirismo» de Aristóteles frente a los «excesos» del idealismo platónico. El procedimiento socrático era un primer intento de conciliación que tendia a fundar el ideal práctico sobre una base retlexiva. disociando la vida «contemplativa». relegada al rango de ideal lejano. bien pronto se­ guidas del rechazo escéptico de toda teoría. y Dicearco. Ro bin son (On the Origin and Cycle ofthe Philosophic Ideal ofLije). el «humanismo». en la teología de un Dios lejano-. el prime­ ro estaba representado por Parménides.26 Olvi­ dando las motivaciones trágicas que. «Über Ursprung und Kreislauf des philosoplüschen Lebensidcals». 1928. moral in. Actas de la Academia Prusiana de las Ciencias. considerada como unidad de la teoría y de la práctica.t'Y]. 451.20 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLE. Aristóteles conde phr6nesis comportaba todavía con referencia a la acción. en la que se asistirá. es una perspectiva de este género la que Jaeger iba a ciclo del ideal filosófico de la vida. a una caída de la filosofía en el empirismo. más precisamente. el segundo. 390-421. E. 30. en particu­ lar el de la Idea del Bien. en un divorcio en­ -o. P. una «degradación de la mística en política>>. se podría decir «dramática». 440. P. la acción recta a la contemplación de las Ideas. al menos provisional. más exacto. Algunas páginas después ya no veía en la teoría de la pntdencia de la Ética a Nic6maco más que un retorno a Jo que Platón denominaba la «virtud popular» (O'Y]f!OOLa 0. cuando todavía prolongaba la gran tradición especulativa sofía de la caída se encontraba reconducido. 16. para ser tre el conocimiento metafísico y las normas inmediatas de la acción. publicado con ocasión de la segunda edición de su traducción de Aristóteles.30 a una polémica decisiv¡1 entre Teofrasto.28 Allí mostraba que toda la filodesarrollar.QE't1)). Jaeger planteaba el problema en el único marco en el cual podía desarrollar sus verdaderas dimensiones: el de las relaciones entre la teología y la moral. Anaxágoras y Pitágoras. 1924. Sugería que una ética de la prudencia debía tener sus raíces en un aleja­ miento progresivo de las preocupaciones teológicas -o. 28. vo'Ü� o buotT)¡. 461.­ sight). 31. inaugura una «disolución progresiva» 29 de la síntesis platónica. De hecho. p. según su propia interpretación. y la vida propiamente «ética». a una de las teorías en que sofía griega se caracterizaba por la oscilación entre un ideal de vida contemplativa y un ideal de ·vida política. disolución que será consumada en la escuela peri­ patética. 29. Jaeger procede a una nueva recons­ pretación tradicional. Lo que podría haber sido entendido como una filo­ W. On the Origin. Mind. Aristóteles. partidario de la vida contemplati­ va.\IIA 21 motivación. conforme a la inter­ del platonismo. El término.

f. según Jaeger. Platón le otorgan una inflexión pro­ �c adquirido. Eud.) (Anaxágoras y Pitágora�). La sepa­ probar que no es auténtico y que nació en el medio aristotélico entre el elogio de la vida activa y el de la vida de ocio. p. como a otros análisis aristotélicos de W. mientras que el segundo. por oposición a monio postaristotélico sobre la evolución del concepto. Enc?ntramos. restablece una relación de subordinación en­ tigación política. tratado del cual Jaeger cree poder cuanto menos bajo el escolarcado de Teofrasto. del ideal contemplativo. § 3.. . de Magna Moralia no haría. l. al separar la denegada a filósofos como Anaxágoras o Tales: éstos son en ade­ lante aocpoí.c. ll98b desde la p.JAEGER sariO reconocerle. CjJLAOOO(jllCI. que desestimado defmitivamente en provecho de la vida activa. en contradicción directa más que «la inLUición moral práctica». Esta reconstrucción es criticable en varios puntos. el que ilustra en adelante e� personaje Finalmente. 39 38. más aún que Aristóteles. r.33 Por el contrario. Protréptico. liberada de preocupaciones sub33. Él. Pero.UOrtEQOV WtÚQXEL Cjl(. On the Origin. haciendo de la contemplación cluso a «asombrarse de que. El aristotelismo de de la vida contemplativa. si bien es nece­ � 36.34 Hace falta por ello otro término para desig­ conte�plación de la acción. 35. 9. 34. Aristóteles especia­ con el Protréptico y la Ética a Euderno. al regir las partes inferiores del alma. 8). Carta a Meneceo de Epicuro: . ll41b 2 (sobre Anaxágoras y Tales). realizar su propia tarea. Jaeger . Magna M01·a/ia. pero de una manera tal que parece situa­ la concurrencta de los dos ideales. "ttJ. sobre la vo­ la especulación desinteresada que representa la sabidurfa. 34.36 aportaría un testi­ ración de la sophía y de la phrónesis es considerada en él como algo cación práctica. Es c1erto que éste mantiene la superioridad de derecho da en adelante más allá de la condición humana. de la misma manera que el intendente tre la prudencia y la sabiduría. 6 ss. al hilo de una del phrónimos.22 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 23 ca a Eudemo: la prueba es que Anaxágoras y Pitácroras. (132. 5. de la prudencia. V. . 4.. cf.38 Con este comentario el autor W. 11 Walzer. nes que permitirán a la sabiduría. 1215b 2 (Anaxágoras). Jaeger nar la contemplación y el ideal contemplativo. 1216a 11-16. S rates. sino recordar la estricta alternas. mterpretación abusiva de la doctrina desarrollada en la Ética a Ni­ todav¡a presenta Anstóteles. en la Ética a N_icómaco asistimo� a una «descomposición de la concepción pla­ tómca de la phr6nes1s en sus elementos de origen»: ya no significa yendo más allá del pensamiento de su maestro. 5b W (1. fr. l. y. y es Pericles. símbolos tradicionales del ideal contemplativo. siendo aquélla en relación a ésta l�s epíg�nos no podrá mantener por largo tiempo esle ideal dema­ Siado leJano y se conformará con virtudes menos elevadas de la vida política. . CRÍTICA A LA TESIS DE W. 34. p. prototipo del político más deseoso de cpQÓVL�OS es cóma�o. Llega in­ un� norma. . Magna Moralia. y la habría La doctrina aristotélica de la prudencia representaría un mo­ �ro el 1deal contemplativo. Si de los sófico de la vida que caracterizaría una especie de alternancia mento en una historia más general: la de la evolución del ideal Jilo­ funda hac1a la. n . On 1he Origin. Ét. allí donde se trata de moral y de inves­ continuación. 7. ll97b 28-30. el mérito de haber dado un nuevo impulso a la investigación N es� . siendo excluido en adelante todo contenido teórico . 37. no rechazando mucho más que su maes­ argumento de Teofrasto contra Dicearco: el primero. Parecería que Platón pone fin a pre �ocráticos a los sofistas. 437. la calidad de liza en este sentido el término sophfa: así. la curva va de la contemplación a la acc1ón. crea las condicio­ se ocupa de los asuntos del jefe para proporcionarle los momentos como el intendente al jefe. Nic. una tesi� de este género en la Jbid. esta síntesis se encuentra de nuevo disociada por Anstóteles. 49.?Óvr¡mc. habrían IJecado a cree mcluso poder adelantar que Magna M01·a/ia retomaría un afirm�r la primacía de la prudencia sobre la sabiduría.31 Inmediatamente a de reposo que corresponden a su vocación Liberal. 440. no habría �isto más que supervivencia en el elogio. l<Ctt . vtda contemplativa. se mencione la sabicluría». l. son citadoseen estas obras serva este sentido «teórico» de phrónesis en el Protréptico y la Éti ­ como ejemplos úpicos de phr6nesis. del mismo modo la prudencia. 1215b 6-14. p. y el autor insiste. 1140b 7 (para Pericles). utilitaria incluso.35 acción eficaz que de teoría..39 ortodoxia aristotélica frente a discípulos demasiado celosos que. es cierto. sobre todo.

en La Pa­ rola del Passato (1956). pp. de Molitor (CEuvres phi/os. X. TU. . p. 11.. en mel). A. que buscaba hasta ese momento satisfacerse por mediación de la ciudad. de «abs­ tracción»43 es característ ica de las filosofías helenísticas. que consagra la ruptura de la teoría y de la acción. pp.-M. pp. 14la 6).OQlltLX�v t<ilv ovtwv. trad. que mantiene el principio de las ambiciones políticas del platonismo. aunque sea provisional. M.47 De hecho. por ejemplo en Dicearco.. se encuentra confmado en la teolia pura des­ de el momento en que la «práctica>> deja de depender de él para de­ pender de un amo extranjero. 47. 7. a falta de mejor solución. Liberté er Civilisation chez les Gr('(w. En el momento en que la disolución de la ciudad griega se consuma y el ciudadano de Atenas se convierte. se han descrito a menudo las consecuencias espirituales de la desaparición de la ciudad griega en términos que contradicen el análisis puramente lüerarío de Jaeger. op. Aristóteles mantenía todavía que la virtud del hombre público y la del hombre privado coinciden:40 pero ésta se vuelve inútil en una sociedad que ya no es­ pera del hombre privado una participación en los asuntos públicos. art.24 LA PRU DENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 25 tras objeciones serán de tres órdenes: concernirán. en donde el término debía tener el �e haber sentido general de «inteligencia». 43. 1955). cit. respectivamente. VJ. 45. la investigación de las fuentes y la propia interpretación. Rev. por Max Pohlcnz (Griechische Freiheit. 425.45 Pero según otro fragmento más explícito. Cf.. De hecho. 500-501 y 504. 'OQu:rmd¡v xut 8E<. que se confundía con la sabiduría. 4 H y el comentario de Tsnardi. capítulo 1).42 en que la es­ peculación pura se vuelve refugio y sucedáneo de una acción frena­ da. La ruptura del marco de la ciudad en beneficio de conjuntos más amplios arruina dicha unidad. en Espeusipo. 48. distinguía dos tipos de inteligencia: una teórica. p. Pero no se puede pensar que" haya sucedido sin ningún lipo de transición a las I Acerca del primer punto. la reseña de P. se ha podido mostrar recientemente que estos temas helenísticos estaban ya en germen en la filosofía de la anti­ gua Academia. 1904) y. GomperL (Die Lebensauff assung der griechischen Philosophie uml das Ideal der inneren Freiheit. Wesen und W erden eines Lebensideals. aun cuando conserve ciertas apariencias. M . É picure et ses dieux. «ciencia de las causas primeras y del ser inteligible>>. Leipzig. fr.46 Esta distinción. do puramente especulativo las doctrinas. Festugiere. «Teoria e prassi nel pensiero dell'Academia antica». otra vía que la de la ascesis generadora de ataraxia. del ideal de vida política es por lo menos paradójico. En . De hecho. 373-374 (reproducida en Étucles Platoniciennes. 6 H. el esquema que hace de la doctrina aristotélica de la prudencia una etapa hacia el triunfo. Esta atmósfera de retraimiento o. 401-433. Sobre la evolución de la noción de autarquía. como si este resur­ gimiento del ideal contemplativo representara una misteriosa «alter­ nancia>>. cf. Dif erencias acerca de lafiloso f í a de la naturaleza en Demócrito yE picuro. cit. en libertad interior. El había escrito un ITEQL cpgovi¡cmws. Isnardi. Schubl. Por lo demás. y nuestras notas en Le probleme de /'etre. (1958).. Es el momento en que la libertad del hombre libre. cf. pp. se transforma.or medida. 1). fr. p. pp. 424-425. se encuentra sobre todo una predicación de la imperturbabilidad o. como se ha dicho. Si la unidad de la v ·ida privada y la vida pública cm·acterizaba la edad de oro de la Grecia clásica. no reconoce 40. 4 1 . fr. es conocido por haber prolongado en un sentí- conservado dos fragmentos suyos en torno a la phrónesis.:urtlu. como él dice. que en la República de Platón simbolizaba la unidad de la teoría y la práctica. lsnardi. 129-131). 46. Heinze (Aristóteles. K. 3 1 . en sujeto de un imperio cuyo gobierno y leyes ya no es­ tán sometidas a su deliberación. puesto que la definia como «la facultad de definir · y de contemplar los seres». Política. a la historia de las ideas. Por el contrario. no podía ser plató­ nica: Jenócrates habría tomado conciencia del carácter «anacrónico» de la unidad entonces afirmada por Platón.. pretensiones unitarias de la filosofía precedente. de &J. l . y otra práctica. 42. 1946.44 Así. tenemos la suerte cuanto a Jenócrates. 2. Esta evolución ha sido presentada como restlitado de una lógica interna por H. Heidelberg. que hasta ese momento se confundía con el ejercicio de los derechos cívicos. J. pp. indisolublemente teóricas y prácticas. no se ve cómo el elogio de la vida política podría ser. TóFr. 44. otTOS frag­ mentos nos lo muestran preocupado ante todo por la «salud del indi­ viduo». Festugiere insiste sobre el papel determinante en esta evolución de las condicio­ nes soc iales y políticas (cf. otra cosa que un tema de escuela. la «tranqwlidad del alma». del platonismo. 109 ss.41 en que el ideal de autarquía. Phi/. El filósofo. Marx. la «liberación de los tormentos»48 picos.

Se descubriría f á cilmente que designa la contemplación. que designa aqtú la forma más elevada del sab er es de­ cir. la única que vuelve al hombre sabio. 59. oponer al ideal de vida contemplativa un ideal de vida política 55.52 La ciencia buscada. 50. cap. 58. (cf. pero una contcmplación que ya no es la norma de la acción recta5(1 y. Crates. como se puede ver en el pseudoplatónico Axioquos. 77 H. descubriendo en el escenario del orden ccl�ste la fuente de una felicidad eterna. 973ab. y la prudencia aristotéUca. Ya se sabe la impresión proflmda que ejercieron sobre el joven Aris­ qu� e�contraban en el Epí nomis su expresión más acabada. 977ab. no ha sido a n descubierta. Fr. por Es cie�o que el auto� del E pínomis nos dice una vez que aquel que la po­ sca será «Un sab1o y un buen c1udadano. go. en un contexto en el cual se trata de mostrar que la ph. por lo que encuentra en tal mundo un modo de co­ atraída por otro mundo que no es simplemente la reduplicación inte­ mando toda su teología dándole su sentido. Con Polemón. en el momento mismo en � (cpQÓvr¡<JL�) divino. no se puede imagi­ nar contraste más sotprendente entre la inteligencia contemplativa del Epí nomis. no es otra qu. Jaeger es quien m{lS ha contribuido a poner de manifiesto el parentesco entre las obras de juventud de Aristóteles. 982e. Vl. les possibles. il!{ra). cuya contemplación permitir á a la inteligencia humana participar en el Intelecto solationes. que mandará y obedecerá en la ciudad con sabidur ía y nocimiento menos destacado y que se convie1te en virtud.no sólo era característico del joven Aristóteles. 54. ello. en una . en adelante comprendida en el sentido de prudencia. esta es la naturaleza de los astros». en efecto. más bien. Scbuhl. por todo un aspecto Mác. P . Es precisamente porque la contemplación se ve ligible de éste. sino que continuaba ani­ los astros se encuentra expresamente invocada en el libro VI de la Éti­ ca a Nic6maco. proporciona su marco de com­ prensión a aquélla. 986d. es decir. 7. y que «ninguno de los saberes que tie­ nen por objeto nuestros asuntos humanos merece llevar este nom­ brc». 2. una función activa. de la misma manera y por las mismas razones. carácter problemático de su reconslrucción (cf. Será la época de la fuga mundi ya predicada en la misma época por las pequeñas escuelas socráticas. 43.� Finalmente. sena mteresante estudtar el uso de la palabra phr6nesis en este diálo­ tóteles las doctrinas de la teología astral.54 Más adelante. Pero 56. ahora bien.55 pues merece. Ya desde el prólogo.tral. Pero sería un error limitar aquí la confronta­ ción a un rasgo de vocabulario y sacar como conclusión la oposición total del aristotelismo a los temas de la teología a c. en lo su­ . esta ciencia que es al mismo tiempo el más elevado de los bienes. istóteles mismo.26 o LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 49 EL PROBLEMA 27 tenstJcos del estOlCI smo y del epicureísmo. se basta a sí misma. Así pues. supra. Primera parte. 52. 1 14la 2 0 ss. 977a. la phró­ neszs se opone al arte de la legislación. sino más bien los propios astros.rónesis. aquello que hace del hombre un sabio. dado el 974b. ceSIVO. J § l . 60. le parecía que Ar . que presume de no ocuparse de los asuntos humanos.51 El autor no oculta que «la cosa más impor­ tante a descubrir». Crantor y . se trata de un Lema platónico tradicional que el _ replle su1 conv1CC10n y que se desvía del [croa que aquí interesa. p. no es la forma más elevada del saber. 17). será finalmente la ciencia del número. «sobre el cual ya nos hemos extendido en detalle». Le probleme de L'étre. 53. es precisamente la «política». Más aún. cap. ciencia divina de la cual el Cielo es a la vez la fuente y el objeto. Reservamos aqui el caso del Prozré ptico. que no �esu�» (97?d). no es sólo el ho W. La continuación del diálogo nos enseña que este b1cn busca o es una ciencia.53 No obstante. favorecw de su 'filosof1a.60 Esto tendería a ¡>robar que la idea ar istotélica de prudencia está tan poco opuesta al ideal contemplativo de la religión astral que ésta. . . esta calificación «aque­ llo que actúa siernpre siguiendo los mismos principios. Sería vano.r6nesis. Cf. la Academ1a renunciará definitivamente a ejercer. un nuevo rebrote del ideal contemplativo.-M. la contemplación astral. 57. soc1edad ya extraña a la filosofía. la phrónesis. una c1erta 49. p. Epfnonus 51. aún.58 Hemos tratado de mostrar en otra obra 59 que el tema astral --despojado de sus aspectos místicos. el autor del Epí nomis descr ibirá en térmi­ nos de iniciación y de éxtasis el descubrimiento progresivo del orden admirable del Cielo. y los temas místicos del Epínomis. la divinidad de � � �bre de manera de guiarse por normas que carecen de solidez. será también el comienzo de la literatura de con­ ��bién por la �u�arquía del sabio: temas que serán pronto carac­ la contemplación el que será denominado phr6nimos.57 Si nos atenemos al uso del término ph. Aristóteles. . en especial el De plzilosophia. Le dominateur et 982bc.

Se debería desconfiar lambién de la a cc ión colectiva. Jaeger. Desde Bywater. 66. ha sacado la consecuencia de una presunta evolución de la doctrina de la phr6nesis cuyas etapas serían: el Protréptico. como hace Jaeger. Berkeley-Los . Este esquema plantea dos series de problemas: ¿qué valor tiene la reconstrucción del Protréptico y qué conclusiones se pueden sacar en cuanto a la evolución de las con­ cepciones éticas de Aristóteles? ¿Conviene buscar en la noción pla­ t6nica de la phr6nesis la fuente a par t ir de la cual se habría consti­ tuido. pp. V de la edición de la Academia de Ber­ lin). Phil.66 No habría ninguna razón para detenerse en_ este tema si un estudio re­ ciente de M. 18863. Desde el punto de vista de la his­ toria de las ideas. 55-69. Aristotelis. como del Liceo después de Tcofr:t slo. por reacción. Wehrli) y.. la vocación contemplativa y la exigencia práctica. pp. ya se trate de la t basada casi enteramente de Rose. 1952). sino que mantiene ambas.. La prudencia no será nunca para Aristóteles más que el susti­ tuto imperfecto de una sabidur ía más que humana. La prudencia re­ presenta menos una disociación entre la teoría y la práctica y la revancha de la práctica sobre la teoría61 que una ruptura en el inte­ rior de la teoría misma. fr. a la cual se reducirá iniltvidll\1 "VIIIIII'IIh'. 63. 65 ss. Teubncr. 1870 (vol. llct�didcs Póntico. hasta tal punto que no se dudaba en atribuir al Estagi ria t pasajes cada vez más amplios del filósofo neoplatónico. 1934. la doctrina aristotélica de la prudencia? La reconstrucción del Protréptico de Aristóteles. Pero estos son problemas de interpretación interna del aristotelismo para la resolución de los cuales no basta el recurso a informaciones de orden psicológico y sociológico aporta­ das por la historia de las ideas. más tarde. 67.62 la de Walzer63 o la de Ross. 61. y se puede prever que sus con62. From Platonism ro Neoplatonism. como t. Florencia. Angeles. 65. � lllltlll rHIIIO di! l:h lcyc� generales. Arisrorefis dialogorum fragmema. Arisroteles. de la salvación del II W. como hemos visto. la teoría aris­ totélica de la prudencia ni las variaciones de esta teoría en el marco de una lucha entre dos «ideales filosóficos de la vida» y una victo­ ria alterna de uno y otro. como bastaría para probarlo el libro X. Pues en ningún momento de la carrera de Aristóteles se puede hablar de un ideal de la prudencia. Ar istóteles no es el precursor de la moral cívi­ ca. Jaeger. en este punto como en otros. Así pues. Jaeger interpreta las doctrinas de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco como más o menos alejadas del platonismo. Arisroreli s fragmenta selecta. tlt·�pltt'� 11t' progre­ de Plnlón y Aristóteles. A partir de la signifi­ cación platónica del término. apanarse de la especulación. FesJugi�re.-64 esá sobre el Protréptico del neoplatónico Jámblico. ni siquiera de un primado de la vida política. Ar istóteles no opone la una a la otra. la herencia de l a sabidurra socd1ica. para no ocuparse más que de la «dieta>> del par lindltl' (rl. Se podría objetar a Aristóteles accesoriamente que a l revancha de la práctica no es necesariamen1e la de la polít ica. sin embargo. P. Pero ésta no encuentra ya en aquélla su mo­ delo y su guía. no deja de ser intelectual o «dianoética». que está en el origen de estas reconstrucciones.. cap. el reflejo del platonismo del joven Aristóteles. Incluso si los epígonos lo han comprendido así. Oxford. que será más tarde la de los romanos (y de la cual Jaeger nos dice que habr ía sido tomada por Cicerón de Dicearco). «On a lost dialogue of Aristotle». . y por ello como más o menos recientes. Estudiando los cinco primeros fragmentos reunidos por Rose y conservados por Walzer y Ross. tal como se la encontraría todavía en el Protréptico. vol. la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco (Magna Moralia prolongar ía la misma curva pero más allá de la enseñanza de Aristóteles mismo).:"lm­ poco lo es de las morales del repliegue sobre sí y de la salvación in­ ter ior. pp. (1956). fragmellla. ingtesa eo The W'orks o f Aristot/e trans/ared into English. 1957. sino dos tipos 1•ltl1t ltt llvu lu vitlu polhka y la vida propiamente moral. no se puede explicar. Rabinowitz67 no nos hubiese recordado las reglas de la prudencia critica. no uno. pues. Aristotle's Protrepticus and the Sources ofits Reconstruction. 1955 (trad. no conoce otro ideal que el de la vida de la inteligencia y el placer del estudio. Jou rnal o f Philology (1869). y debe buscar en su propio nivel una norma que. Rabinowitz descarta casi enteramente la atribución a Aristóteles. 64. Rev. A la vhht l'Oitlcmplativa hay que oponer. 76-89.65 parecía ya admitido mblico había plagiado ampliamente la obra del mismo nombre que Já que esc1ibió Aristóteles.28 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 29 que se confundiría con un pretendido ideal de la prudencia. El Protréptico sería. E s un rasgo común de las doctrinas helenísti­ cas y también de la antigua Academia después de Jeoócrates. VI. y sigue tomando de él la imagen para pintar los temas extendidos por la nueva religión astral. el pr pblema nunca se ha plan­ teado de este modo para Aristóteles: la Etica a Nic6maco misma. que serán las de la época helenística. Xll. Merlan. pero menos eo provecho de la actividad po­ HII\:a que de la asccsis moral. 122 ss.

.. Ahora bien. 8-9. Bast. 34. en especial 74. !bid. cos. iscusión de JV. si es que se quiere hacer del Protréptico el pun­ to de partida de una evolución doctrinal. p. esp. pp. J. cit. incluso las «esotéricas» de Aristóteles. Düring. Lo que no toma sobre sí la responsabilidad del concepto no Sobre todo. De hecho -y se trata de una cir­ cunstancia significativa. que esa sores de la tesis Lradicional a reconocer que la atribución a Aristóteles pJUebas. p.7� T mente los pasajes correspondientes de Aristóteles. aun cuando se admita que Aristóteles. Revue Philosophique de Lou­ 68. n. nada permite pensar que sea así. res ( 1 958). JO. op. 31 9-320. Gadamer ha subrayado desde hace tiempo que el género protréptico en cuanto tal excluye toda discusión propiamente doctrinal: tratándo­ se de incitar al no ftlósofo a la filosofía. op. 10. el término no es em­ pleado en el sentido aristotélico de prudencia más que en los tratados éticos. 9. no es dudoso que la noción de phró­ de ellas ex prof nesis no es ni podía ser el centro de la argumentación del Protrép­ odo induce a creer que Jámblico habría transcrito exacta­ tico. p.c. la d 145. habrfa sido escrito hacia e l 350. 191. Düring. istotle avoids Cf. que impide utilizar las variaciones del sen­ tido de phrónesis como criterio cronológico-. LXUJ ( 1928). VI-XJI. Gadamer. 5-36. d. 70. cit. p.an en ciertas pers­ otra que la notio conwumis de la filosofía. que sería pruden­ te tener en cuenta cada vez que se estudia la presunta evolución de un concepto en Aristóteles. 62.. strict terminology in thc Protl"epticus». l96l. sino la posición de la ftlosofía en general».. quedaría pendiente de probar. pp. vain 71. e l Prot rptico do Aristóteles era «un miembro activo de la Academia». 2. 14. pp. 9-1 O.. 17) del Pmtré pertenecía At : bastaría para dtstmgtur este escrito Laoto de las discusiones escolásticas de la Acade­ y para manifestar que itos esotéricos' mia como de las intrincadas investigaciones del Aristóteles de los escr se eña de la obra de Tabinowitz. � trata de una «Obra popular» (L Düring. 195-196. n i siquiera el esbozo de debe ser medido por el rasero del concepto». p. p. 73. 69. 6. tmchtung der arisrorelischen Ethik». S. ha soste­ nido la atribución a Aristóteles de un amplio fragmento del Protrépti­ itiendo a la vez que éste haya podido modificar co ele Jámblico. (cf. que los atribuía a Porfirio (Aristoreles. y según la cual éste emplea palabras convencionales en su sentido tradicional. Ahora bien. n. 6. /bi Hermes. p. 36. p. en co�tcsta este punto de vista. op. p. t reacción parezca excesiva. que no ve razones para excluir estos r f m 72. 36.ará admitir que Ar a e l. Cap.74 una ética.77 Antes hemos citado textos. Hay que reconocer al género protréptico «eine tbeoretische Anspruchslosigkeit>> la ausencia de toda pretensión teórica. como habría sido el caso si Aristóteles hubiera defendido sus propias posiciones frente a las posiciones comunes de la escuela platónica. etc. 1366b 20) y en los Tópicos (V. An Auempt 01 Reconstruction. ibid. l45a 30. sophía.da de la filosofía ..72 «No se debe buscar en él una posición fi­ losófica. retomando Lodos los elementos del debate. l36b 121 b 31) la definición de la phr6nesis . op. VI. S. cit. 1960. Pero esta concepción «bien definida» no es prico istó�eles El «estilo sostenido» (l. 191 (a propósito de phrónesis ): «Ar Se encontrará en la Retórica (1. pues sólo con esta condición se podría poner en paralelo e.).. 29). ha obligado a los defen­ Por mác. epistéme. cuando no trata esso. p. Aris­ totle:r Protrepticus. parece dtstJngutr sophfa y phrónesis (35.71 no tenía razón alguna para no emplear una palabra cuyo uso había sido consagrado por su maestro. sino sólo en «convergencia de probabilidades». refiriéndose incluso a teo­ rías banales. por medio de argumentos que se enraiz. textos de las cita istóteles vuelve aquí al sentido popular de phr6nesis 1 �9).76 re­ servando para investigaciones «esotéricas» la concreción terminoló­ gica que permitiría distinguir la phrónesis de las nociones próximas de noús. «Der aristmelische Protreptikos und die entwicklungsgeschichtliche Be­ 76. 77. p. DUring. escribiendo todavía en la atmósfe­ ra del pensamiento platónico.119 adm en algunos pasajes la terminología y el estilo de su modelo. como sostiene Jaeger. 3). 316-320. que Aristóteles quiso darnos con él una doctrina de la phró11esis. V. t:repticus">>. 155. Düring. alegando que el Protrifptico defiende «una idea bien de­ fin. Pistelli (I. 27-60.70 Esta última consideración bastaría para ponernos en guardia con­ tra una utilización sistemática de los «fragmentos» del Protréptico para el estudio de la evolución de un término aristotélico. cf. Mansion. Dliring. pp. 75. 5) Plato in the Mid-jourth Cent ur pectl\·as ftlosóficas totalmente precisas».. fragmentos 27 y 29 D). 20. l.30 N ARISTÓTELES LA PRUDENCIA E EL PROBLEMA 31 clusiones relativas a los otros fragmentos no serían menos negativas. cuan­ é Según Düring (p. Pero. 17. es evidentemente inoportuno desplegar las disensiones de los filósofos. cit. Mansion («Contemplalion and Action in Ar y. s tomadas de Jámblico a Aristóteles. 68.73 Y Gadamer concluye: «Un protréptico no e s una ética. t. tal como reinaba en los círculos a los que Arisrotle and istotlc's "Pro­ 146. Düring. y en ninguna otra parte del resto de las obras. i siquiera se puede decir con certeza que los pasajes en los que Jámblico . de la Ética a Eudemo y la Ética a Nic6maco. Pistclli) sean postaristotéli­ . Gadamer plantea una ley general. que no son necesariamente las suyas. que éste utilizaba el término sin pensar en darle una significación técnica precisa.68 Má<i recien­ de amplios fragmentos del Protréptico de Jámblico no se basa en temente.ta doctrina con la<.

El sentido de «cono­ cimiento filosófico» que se encuentra en el Protréptico o en la Me­ taf ú·ica no ha sido nunca el sentido corriente de phrónesis: no se el contrario. 83. 78. S. 983a 3). A través d el a rehabilitación d e l sentido popular d e phrónimos se opera aquí. 1 140a 25b. . que. . por más original. 2. Aristóteles vuelve al punto de vista d e Gorgias y reconoce una cierta grandeza a la tigura del político cuyo triunfo se te tanto sobre el uso.1ci6n que l e había hecho d ecir otras veces. Aristóteles permanece fiel al sentido filo­ encuentran ejemplos de éste más que en la literatura platónica. . VL S. Llegamos a denominar prudentes algunas por ser sabios. o en las obras esotéricas. saben a l menos discer­ nir « l o que es bueno para e l los mismos y para el hombre en genera l » (1 140b 8). en especial elde Gorgias. se encuentra e l sentido p l atónico de cpQove'i: v. .80 las indicaciones tan oportunas de Gadamer. a quienes Aristóteles considera. por lo demás. 7. l a Metaflsica ya no conoce este concepto» (Aristóteles. Sería falso creer cuando no trata de él ex prof esso. en realidad. injustamente despreciado por los platónicos. exactamente como hoy día tal filósofo recurre de buena gana al sentido prefilosófico de los términos. 12. I. en especiaJ·pp. «grandes mentiro­ sos»Y Este antiplatonismo. En lo que concierne al seña decisiva) de la parte inf erior de La inteligencia (A. S. como el conocimien­ Pericles.BA Aristóteles nos indica. 22): si insis· cuando to ftl osófico en general. cf. . Nicómaco. uso a lo largo de todo el libro VI de la Ética a Nicómaco: «Lo que. Aristóteles se cuida de referirse a este trar otros ejemplos en su obra. Pues. es para medir mejor l a aberr. Ét. «Autour des "Éthiques" attribuées a Aristote>>. rpQÓVTJOLS en un sentido totalmente aristotélico. L2lSb 2. designando el conocimiento por excelencia. de qué lado conviene buscar las fuentes de su doctrina de la prudencia: sus f uentes no son cultas. y que reservaría el sentido culto para los análisis más «Científicos» de las que Aristóteles emplea el término phrónesis en su sentido vulgar Éticas. LIS3a 21. en las Éticas incluso allí donde no se hace mención expresa de él. que Anaxágoras era un phrónimos. es decir.. siguiera empleando el término en u sentido platónico. No se entiende qué l l evó a Jacger a escribir: «Así como e l Protréptico concibe la p. una ver­ d adera «rehabilitación de los hombres de EsadO>> t contra Pintón. Nic. Considerar lo que está bien para cada género de ser. 8. Ét. 13. . por lo demás. siguiend o el ejempl o de los p l atónicos. I. 27b. caracteriza al prudente . 83).82 Ésta encuentra un campo de aplicación privilegiado en moral. Anaxágoras. si no bao 79. debe m:1s al insúnto que a la ciencia. o bien lo ha criticado expresamente. no podía en­ contrar mejor ilustración que la rehabilitación llevada a cabo por Aristóteles del sentido vulgar de phrónesis. conviene matizar. . pero no por prudentes». . Aristóteles retoma el sentido popular del térnúno. 190). sino preplatónicas. 4. el platónico. 8. exac­ tamente como en el Protréptico. cpQÓVTJOLs. Revue néo·sco· /astique de Philosophie (1931).18 Parece como si Aristóteles. una constante de la actitud aristotélica: hemos citado algu­ nos ejemplo en otro lado. Le wvbleme de l'érre. a. en las Éticas. 82 y 97. 4. como virtud d el a inteligencia (A.32 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 33 de la Meta física. como ya se ha dicho (R. Esta voluntad de retorno a las fuentes más allá de Ét . l. cuando en realidad ha renunciado a él en el terre­ no ético. como ya lo hemos hecho en otra parte. 1 1 4 1 a 25. p. sino populares. Nic. p. Esta corrección no contradice. Eud. . Ét. 80. no quizá sin alguna afectación de simplicidad y de arcaísmo.oywuxóv no t iene este sen­ tido restrictivo más que en l a Ética a Nicómaco). que prueban que phrónesis es en ellos sinónimo de una especie de vacilación tenninológica de la cual podemos encon­ sophía o epistéme. terreno donde se podría establecer una con­ frontación elocuente entre las críticas a menudo amargas que Aris­ tóteles dirige a la doctrina platónica del Bien y el recurso compla­ ciente a los proverbios o a las citas de los poetas gnómicos y trágicos. 1096b 17.oywuxou UQE"ClÍ). Walzer. Mansion. pues. A. o al menos contra un cieno platonismo. no platónicas.. Para el autor de la 82. Magn(l M ora/i(l und aristotelische Ethik. el proverbio citado con ironía por Aristóteles en la MewfTsic(l (A. 81. 23. 1216a 19. Eud . I IS2b 15-16. Por por con f esión unánime. 222. singularmente en la Ética. l o s textos citados más arriba... Vn. Más aún. p.79 Sin embargo. Todos nosotros pensamos que Pericles y sus semejantes son hombres prudentes . por las divagaciones «dialécticas y vacías»81 de los platónicos �s. Cf. en el contexto más técnico de la Ética a Nicómaco. que aparenta descubrir más filosofía en La sabiduría popular que en la filosofía de los filósofos. sucede lo contrar io. en la época en que escribía. un sentido que los filósofos habían rechazado desde hacía tiempo como vulgar. restaura el honor. De hecho. eso es lo que especies de animales . 1217b 21. se de una retractación de Aristóteles (cf. el sentido popular tiene razón reservando este cali ficativo a hombres como contemplado nunca la Idea d e l Bien. la indicación de Gadamer: cuando no sófico banal. pero no (la única cosa que ejemp l o de Anaxágoras y de Tales ( y e l ejemplo semejante de Pericles) parece tratar­ 84. igual que Platón. considerado más esencial trata de ello ex prof esso. Tales y sus semejantes pasan llamamos ser prudente .

Habría que distinguir dos casos: l ) Los textos donde Platón opone su pro­ concepc1ón de la phrónesis-contemplación a la phr6nesis . también Repú­ blica 1. 1931. no fuera más que un ac­ _ ctdente en la h1stona del concepto. como una espe­ cie p de c1a calcu lado�a. Fil _dun es dec1r.a mfeoor (cf. Igualmente. la cos­ pre­ tende enlazar con una tradición que el platonismo habría roto. 492a). Hipias Mayor 281cd (donde se encuentra ya. phrónesis designa la sabiduría que trata de lo �mutable. Aquí como en otros terrenos en especial Jos de la retórica.85 En el �roblema que nos ocupa. hace falta contar también con esta palabra poética. . recordar que las crft1cas que Alistóteles dirige al platonis­ �o están a menudo prefiguradas en ciertos textos de Platón y que este. sea cual sea su de­ 87. poco compatible cou la acepción de contem­ plación de lo inmutable»: la ph rónesis sería c¡JoQac. Cf. a su vez.Et E1tl01:�j. el sent1do «platomco». pp.t11 � YJ_YEfAWV. planza» (eur¡{:)r¡ aw<pQoauvr¡v. Asf. Aristóteles ! � ya hemos esbozado la historia del término87 y no volveremos a ella de momento. Phi/ologus-Supplement. pero que parece anunciar el sentido aristoté­ m que es la interpretación. . en particular trágica. per­ La investigación de las fuentes no dispensa de la tarea esencial ? lico. En este sis). pues. la oposición de Aristóteles y ele Platón. pia 86. que oculta quizá en sus sentencias más verdad mología o la teología sabia de los fi lósofos. esp.ll6 Sobre ésta debemos llevar a cabo nuestra investigación: 85.. . . 490a. l-200 (pero. Platón miürá reconocer las «fuentes». . 68e) de aquellos que creen renunciar a ciertos place­ res pru-a conservar los otros. «la opinión recta no es menos útil que la cien­ Cia» (97c) y que. hay que comenzar. el mundo y los dioses que la antropología. . entre otras fuentes de la moral de Aristóteles. Habría que matizar. Aristóteles nos pone sobre el camino de una investi­ gación más limitada. que enseña a te­ ner por verdadero el dicho de Hesíodo según el cual la mitad es a menudo más que el todo). este estudio trata más bien de la . 2) Los textos en que Platón toma él mismo la phrónesis en el sentido (Gor gias. a pesar idea de sabiduría. 5?cd):_ se puede. la discusión de » de una sabiduría de segundo rango. Die Entdeckung des Geistes. se podrían poner de relieve aquellos pasa­ JeS en 9ue Plató� a a phrónesis un sentido que no es. que. pues <<no es un modo correcto de intecambio r en relación a la virtud i�Hercambiar así los placeres unos conra t otros . Quizá.ov fPQOVLj. a ejemplos o a citas tomados de poetas. Platón deno­ mma phrónesis a esta sabiduría demasiado elevada cuya insuficiencia práctica de­ muestra (Menón. pero no en el sentido en el que lo entendía el uso popular. en boca de caz y que vuelve potente al que lo posee 490bd Calicles pltrónesis y ph rón imos designan la sa g acidad el saber inmediatamente efi­ le ser�ir de guía a la acción poütica (OUK av Etl] ev Jtolu:nx� JtQ<i!. que designa la verdadera unidad de cálculo.34 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 35 Ética a Nicómaco t ?do sucede como sí e! uso platónico de phrónesis. ­ es un buen ejemplo de la ambigüedad ya sentida del término: Sócrates y Ca­ licles convienen en que el hombre más «prudente es al mismo tiempo el mejor. Por ella. pero con la reserva de que phróness. que sobre el término mismo de phrónesis). Leyes. aquello a lo que se opone. la interpretación. a cual a veces sac 1 ca su propia intuición. ya está presente Fi/eho reconocerá que la cien­ . XXV (1933). sobre el hombre. infra. En el otro extremo de la can·era de Platón. en todo el Filebo. J. admitir que la idea de la prudencia.í que se percibiría q�e é sta estaba extendida mucho antes de Aristóteles. Hirschberger.t<Íl"tEQOV �EA"tLOO. la phrónesis platónica no anunciaría la prudencia aristotélica más que porque evoca la phrónesis de la tradíción. a propós it o en est os textos de Pl�tó . Sobre la phrónesis en los pri­ re . No se puede dudar aqu. incluso en este caso. pues. no es necesario ser un sabio para gobernar las ciudades Cia de las Ideas C?9b). c << de ru �1 meros diá l ogos de Platón. (intelección del moví­ mento) o cpoQ<ic. Tercera parte. Onians. 19553. 99b). no hay aqu1 más que una moneda que valga y a cambio de la cual todo esto haya _ de ser camb1ado: el pensam1ento (phrónesi s)» (69a). 348d. por el contrario. ov'Y)atc. el Sócrates del Fedón se burla de la «estúpida tem­ ic ión. «Die Phronesis in der Philosopbie Pla­ tons vor dem Staate>>. Se pod�ía evidentemente pregu�tru· acerca de la realidad de esta pre­ tensión. . del ejemplo clásico de Tales y de Anaxágoras la oposi i6n de sopltía y de phróne­ . la dialéctica o la política. pero no lo entienden en e l mismo se ntido. este mundo ensible s en el que tenemos que vivir y sobre el cual debe ejercerse nues­ ! sentido. de su títlllo. Más aún. B. (a uxili ar del movimiento). d. vór¡ o�c. The Origins o f Europecu¡ Thouglu. no es temerario suponer que. �7b. en csle terreno. sin embargo. menos pura que la episté me. y que no es posible guiarse en un mundo inexacto más q �e con técnicas impuras Pero. Los numerosos esclitos que han suscitado las pocas páginas de W. sobre todo en las Eticas. R. El Sócrates del Men611 llega a decir que la ciencia no pue­ e no nos es de ninguna ayuda cuando se trata de reencontrar el cami no para volver a casa (62b). Entonces de la trad 690e (donde ph ón sis designa el sentido de la mesura. por ello. Pero. por el contrario. 693e (donde phr6nesis es acercado a <:rW<pQOO"Úvr¡). en este punto como en otros. cf. sJgrufica. Se puede citar también la etimología fantasiosa del Cratilo. Queriendo resituar a Platón juega con el término phrón sis. de una sab1 ebo 59c) pero necesaria. Cambridge. y ella sola. Jaeger sobre la phr6nesis nos han enseñado finalmente poco sobre el senti­ do filosófico de la doctrina de la pmdencia. el defie1de a veces un relalivismo más cercru1o al ar istoleljsmo q ue a la doctrina del � Gorgws o de la Repríblica. nominación. tanto co el Filebo como en el Me11ón. pero más cercana a tra acción. Cf. Snell. Sobre el problema general de las relaciones entre teoría y práctica. i en vez de designar en � _ ellos la prudenc1a. conserva de la herencia de sus predecesores los sofistas más de lo que deja entrever. pero guizá más fecunda: si se refiere tan a me­ nudo.

esencialmente de la Etica a Nicómaco y. más dispuesto a poner de relieve las contradic­ ciones de una doctrina que su coherencia. suponiendo que una especialización Y es que Ética a Nicómaco en la historia de la ética ar istotélica y. Del primer tipo son algunas interpreta­ ciones de inspiración tomista. a fuerza de ver en el aristotelismo una simple diferentes momentos en la historia de una noción o de un problema: tematicidad. uniformes. Sin embargo. para realizar la «juntura». El reconocimiento de tal rela­ textos ar istotélicos. el trabajo filológico de reconstrucción de las fuentes y de la evolución. 48-52). «llenar el hueco»: es el «interme­ Pero se confía en la pmdencia. tico. Noble. se ha acabado por poner el acento únicamente en tex­ del autor hubiera permitido discernir una «cumbre». .!hik. finalmente. 201 -202). en­ 1� concien� ia moral o sindéresis. pues. el método genético. santo Tomás ha comprendido mejor a Aristóteles que algunos la prudencia. que multiplica las conexiones con otras partes del sistema. Esta es la desventura que le ha acaecido a la phrónesis. más en ge­ neral.s V . Jaeger.89 Se podría considerar. no ha conseguido jamás relacionar una me­ excesiva no les haya impedido estudiar a la vez la Metajlsica de tafísica que creía «sistemática» y una ética que. Ollé­ chen zur nikomachischen l:. permite aplicar los prin­ de sus discípulos. allí donde el punto de vista Se nos permit irá. con 89. 1949). El resultado es que la tradición o bien ha proyectado sobre la prudencia el estilo intelectualista que se atribuía a la Me­ vés de la noción de prudencia. . no parece haber tenido hasta ahora ningún efecto práctico. siempre más preocupado por el proceso que cipios de la moralidad.. 1. y por despreciar el texto esencial.36 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES EL PROBLEMA 37 Aristóteles en su contexto histórico. L. las circunstancias variables que forman la trama de nuestra vida». se ha terminado por olvidar lo que había de otros. por reacción a la tradición de la exégesis. Se habla de «hiato .• ed. más atento a la inestabili­ transición entre el idealismo de los unos y el empirismo de los otros. Más aún. la Ética a Eudemo o Magna Mora­ tia. el Protré ptico. hace gala. doctrinas metaf ísicas de Aristóteles. Kapp88 y W.ión peyorativa. no llegando a pensarla en los marcos aristotélicos de la al contr ciencia. de la Revue des Jeunes. la doctr ina aris­ lismo de los epígonos. condenándola a no ser sino una especie de «aptitud» que dirige de modo inmediato la acción. 47- 56). 19!2 (sobre phrónesis. p. insistiendo en el carácer t «intelectual» de esta virtud. si ha tenido por efecto despertar de su somnolencia una larga tradición de paráfrasis banal y de amplifi­ dirección que deja de lado lo esencial. tendía sin querer a mudarse en interpretac. y multiplicar las investigaciones sobre las fuentes y sobre la evolución. lla llae. no viendo en todos lados 88. y la movilidad dad de un pensamiento que a su intención unitaria. H. a la variabilidad indefinida de las cucunstanc1as huidiza de los actos múltiples y dispares. Berlín. 5 ss. por las estructuras. Deman. ha contribuido a orientar la interpretación en una Brevemente podríamos resumir así nuestro planteamiento: a par­ r iamente. si bien. etapa entre el prearistotelismo del joven Aristóteles y el postar istote­ específico en el aristotelismo mismo. se ha Aristóteles y sus Éticas. pp. pp. enLTe las intenciones mora­ les y las acciones morales». la Ética a Eudemo •·cvelaría una inspiJ·ación más «religiosa» y más «platónica» (Essai sur la morale d'Arisrote. se insistir á en la idea de que totélica de la prudencia no figura ya desde entonces más que como entre las filosofías de la teoría y las de la experiencia y la acción. se podría decir. ha desviado la prudencia hacia un empirismo sin principios. engarzados todos ellos en tre las leyes morales rígidas.' Laprune ya había sci'lalado In diferencia de acento enrre las dos Éticas. término medio en el silogismo prác­ Kapp ha abierto el camino con su tesis sobre Da erhiiltnis der eudemis­ .. si se puede decir. 8 (una segunda edición de este opúsculo ha sido elaborada por T. A la compren­ sión. Éd. como saber de lo particular. acceso­ el conjunto de la especulación de Aristóteles por el del lugar de la sustituido el problema de la interpretación de la ética aristotélica en tir de los trabajos de filólogos como E. volver a una ipterpretación interna de los tos marginales. o bien. tal como· están definidos por sobre las cuales se ha de ejercer la acción. diario obligado entre el fin y los medios. de la ética arislotél:ica en la historia de la ética. desgaiTada entre la contemplación de la cual se de sprende y la práctica hacia la cual se encamina. q. especialmente a tra­ la mayoría de los intérpretes. de asis­ ario. En esta perspectiva.-D. 1881. más que transición y paso entre extremos. . lntroduction a la prudence (Sunw teológica. pero poniendo estos textos en relación con lo que constituye su marco natural: las ción y de la necesidad de estudiarla parece evidente. de la Ética a Eudemo y de Magna Moralia. pero no había sacado de ello una con­ clusión «genética».-H. cación piadosa. que es el libro VI de la Ética a Nicómaco. intangibles. Así. horizontal. se ha preferido la comprensión vertical de el resultado es que. en este punto como en muchos ta fúica.

sino una «facultad racional deliberativa o práct ica» («ein beratschla­ gendes oder praktisches Vernunftvermogen» ). que uno de los momentos. Concluye crrtr­ cando la atribución a Aristóteles «de una especie de empirismo mo­ � � ral que consistida en conferir a la virtud y al deseo la determinación del fin». Es dar demasiada importancia a este voluminoso panfleto (Die Lehre von der praktischen Vemunft in der griechischen Philosophie. Esta problemática tenía como ventaja to­ mar por punto de apoyo una posición clara: l a teoría socrática de la virtud-ciencia y el desarrollo que Platón le había dado haciendo de la ciencia de la Idea l a norma y el motor de la acción recta. equivald r í a a hipostasiar el problema más que a resolverlo. f 1 do hacia el empüismo o que había permanecido mtelectuabsta. en caso afirmativo. Walter. L(l mora/e d'Aristote. pero. si el conocimiento de lo singular es requer ido para asegurar. Intelectualismo o empirismo moral: es en esta alternativa donde se introduce el debate siempre renaciente sobre el sentido último de la prudencia aristotélica. !bid. sobre todo. Walter era discípulo) y la de Trendelenburg. E . la inteligencia del bie? no basta . es nec�sano «el plus terminación intelectual del fin. Zeller y Jaeger. Walter con­ sagra 573 páginas a demostrar que la razón práctica de Aristóteles (que él asimila a la phrónesis) no es una ciencia práctica.92 Aristó­ teles no habría corregido el intelectualismo socrático más que en un punto secundario: después de todo. entre la ciencia y la prudencia.-A. 1905). R. no duda en traducir phrónesis por sabiduría. y también que Aristóteles habría puesto mucho cuidado en oponer la prudencia a la sabidur ía.w Pero. 93.38 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES EL PROBLEMA 39 toda serenidad. Jaeger. pero srn criticar la cuestión misma. en Inglaterra. Una nueva reac­ ción contra esta concepción no se ha hecho esperar. en realidad.-A. un saber teórico de los principios de la acción. de su propensión menor o mayor a la teoría o a la práctica inmediatamente apoyada en la ex­ . no tiene ningún sentido y no �ue e llevar a nada. Robin. Depen­ diendo de la distancia en la que se lo situaba en relación a este pun­ to de partida absoluto. Gauthier. entre la teoría y la práctica y. la de W. «como si la inclinación de la virtud fuera una especie de su­ cedáneo que remplazaría el conocimiento y lo haría inúti1». moderna de prudencia es incapaz de traducJr las mlphcactOnes mt�­ . no es de ninguna ayuda para la acción moral. no tanto de la «deducción» que desciende del principio a la aplicación. p. y si el «hiato» puede ser llenado de otra forma que no sea una decisión que la inteligencia no llega nunca a iluminar del todo. en el interior d� su fun­ ción total indisolublemente teórica y práctica. a prever. . Gauthter. J.sta problemática era. 9 1 . para determinar inmediatamente la acctón recta. Tambt n era la de R. Ross. R. 95. R. con­ trariamen e a una tradición venerable. Jena. Pues. es decir. pp. cuya cólera se explicaría mal si sólo se viera en esto un episodio de la querella entre la escuela de Kuno Fischer (del cual J. tras no se haya cuestionado por qué Anstoteles habna hecho de­ 90. En esta interpreta­ ción «Optimista» faltaba explicar que el objeto propio de la pmden­ cia sería lo contingente. es la determinación del fin. incluye el deseo y la virtud. y tomar los propios deseos por realidades. ? pender la virtud del saber y.-A. el «fundamento intelectual de la moral en Aristóte­ les». Se comprende que estas dificultades hayan suscitado la reacción de los intérpretes modernos: J. cuya paternidad atribuye a J . Aristóteles se limitaría así a comple­ del deseo». lectuales que conserva en Aristóteles la phrónesis. Ciertamen­ te. Walter. . es decir. 95 y 94. Gautllier se ha rebelado recientemente contra la interpretación antiintelectua­ lista. en tanto que «práctica». queda abierta la cuestión de saber si en Aristóteles es posible un conocimiento de lo singular. Sin 92. tal como hemos visto. Gauthier. mren­ . Estos autores insisten en el «hiato» entre lo universal y lo particular. 1874). se juzgába que Aristó ele� había ev�luciona­ . queriendo sin duda poner de m esto qu� la no�ión . la cual. en Francia. periencia. si la prudencia es un conocimiento de tipo especial requerido por su ca­ rácter práctico. cuanto de un «empirismo» que se esfuerza por orientar­ se mal que bien en el seno de lo particular mismo. precisamente porque es sólo teórica.93 pero de un deseo que permanece subordrnado a la de­ tar y reforzar el intelectualismo socrático haciendo descender la in­ teligencia hasta las mediaciones afectivas y prácticas que Sócrates había despreciado. aquello que ningún saber llegará jamás a penetrar y. el de la eficacia. a su pro­ pio nivel la rectitud de la acción. finalmente. en Alemania.-A. no por ello es menos un conocimiento. es decir. No obstante. y no sólo de los medios: la elección de los medios no es más Es el título de una obra de Gillet (Friburgo. en tanto que «intelectual».91 para recordar que. es el planteamiento mismo � � del problema el que hay que poner en cuestión: hablar del empiris­ mo o del intelectualismo de Aristóteles. siendo ésta depen­ diente. . de qué saber. imperativa. que critica la respuesta de Jaeger.

de que no se haya percibido antes una filiación tan manifiesta. sin embargo. en los tratados éticos. en un mundo dividido. . que es denominado azar cuando somos afectados por él. ciertas variaciones extrañas de su sentido. más griego quizá que su f ' maestro. nos dice. es más bien sabiduría del hombre y para el hombre.40 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES embargo. pues se trata de la estructura de la acción humana en general y. disipar las últimas sombras. al menos en su totalidad. El problema de la prudencia y. se había acabado por olvidar que era ante todo un Griego. Pero. La tragedia griega estaba llena de intenogantes de este en un mundo en el que reina el Azar? ¿Qué puede esperar de un fu­ turo que le es ocultado? ¿Cómo permanecer. a dirigir el espectáculo de un Dios demasiado lejano. Se puede uno extrañar. ¿Será. y que renace en el hombre aristotélico. verdadero mensaje trágico de Grecia. sin embargo. incansable­ género: ¿qué le está permitido conocer al hombre? ¿Qué debe hacer mente repetida por los coros de la tragedia. pues. no podía ser resuelto mientras no se hiciera de él un problema metafísico. Aristóteles nos orienta. del cual Platón había creído desterrar los últimos escrúpulos. el cual ya no llega. la respue�ta a esta cuestión no se ha de buscar. puesto que somos hombres. de vivimos es contingente? ¿Será. es cierto. porque el hombre no es un dios que debe contentarse con una sabiduría apropiada a su con­ la sabiduría de los dioses impotente o muda porque el mundo don­ SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACIÓN dición? Estos problemas no eran nuevos y. secundariamente. del ser del hom­ bre y del ser del mundo sobre el cual eJ hombre ha de actuar: no se puede hablar de la prudencia sin preguntarse por qué el hombre tiene que ser prudente antes que sabio o simplemente virtuoso. en los límites de lo humano? La respuesta. a través de ella. en el camino correcto: la prudencia no tiene por objeto. más cercano que él a esa prudencia reverencial. no son platónicos. pues. por haber enfoca­ do siempre a Aristóteles a la sombra de Platón. lo contingente. se resume en una pala­ bra: <pQOVELV.

Ob oVbe'tÉQmv (cf. Las definiciones más completas son dadas por Estobeo. 262). Ill..cpov (SVF. demasiado técnico para haber pod ido correr 1 . Su instinto de conoci­ miento era insaciable. 43.Qtt&v xai. lll. pues lo que aprendían.l. El nacimiento de la tragedia § l. 283. m.tv thv :ltOll')'téOv 'XCtL OV :JtOLTJ'téov xat OV�Il'. II. parece.timas palabras (probablemente una adición de origen peripatético) desaparece en los orros testimonios. NIETZSCHE. De natura deorum. si se quiere. 53. 153. querían también vivirlo. IX. 2. 15. el contrario. bay aquí. Estobeo. cpeVX'tWV xai oM!!tÉQWV. Jll. Math. en . una confusión con la definición estoica de la awcpQo<JÚvr¡ : btw"Cij�tl')V al.'tÉQWV l EJUO"tlÍ¡. 38). 268. 262). Así como las definiciones estoicas de la borioso o. El rasgo expresado por estas tJ·es úl.2 Ja definición que da Aristóteles en el libro VI de la Ética a Nicómaco presenta un carácter demasiado la­ aristotélica de la prudencia. SVF.. &:l. JI.. «rerum expetendarum fugiendarumque scientia>> (De o jficiis. 11. SVF III. .tl')V ayq8fuv 'K<XL xetxfuv 'KOL o·uottéQUW <P"ÚOéL nolmxou l. DEFINICIÓN Y EXISTENCIA La tradición moral de Occidente no ha retenido la definición phrónesis como «Ciencia de las cosas a hacer y no hacer>> o «ciencia de los bienes y los males así como de lo indiferene» t 1 se impondrán fácilmente a la posteridad. 274) precisa: btLO"tlÍ!-tll'V &yaflú>V 'tE %<XL 'X(XXWV 'X(XL áOLCXC(JÓQWV). 59. Ale jandro de Afrodisía. ill.ventione. Ecl. Andrónico. . por ico (Adv. EL HOMBRE DE LA PRUDENCIA El deseo inmoderado de saber es an t bárbaro en sí como el odio del mismo que los griegos dominaron por su sentido de la vida . Las volvemos a encontrar en Cicerón: «rerum bonarum et malarum neutra­ rumque scientia>> (De in. SVF. 4: C(JQÓVIl <JLV O'ELvaL emO't'l'¡¡. 4. cf. y también se omite el 'X. I. 59. la definición que nos conserva Sexto Empír SVF. 153. sin embargo.

la prudencia de esta otra virlud intelectual que es la sabiduría. 8. Pero esto es mera apariencia. Se parte del uso común. del arte. Santo Tomás dará una definición escue­ ta de la prudencia. Se comprende. expresión de la experiencia moral popular..40a 24. JtOLr¡nxi¡). 5. diferentes.3 precisará que el dominio de la primera no es el Bien y el Mal en g·e­ neral. ya que se podría aplicar a cualquier virtud i nelectual: t para dist inguir . pues la prudencia tiende a la acción. etc. o el Bien y el Mal absolutos. Ross. cuyas de­ terminaciones posibles se trataría de analizar.. Tl)v qJQÓVr]<JLV e�LV e1v<lL f. por lo demás la definición del arte en l 140a 21: e. JtEQL ta av8goomva ayaea rcgax:nxi)v (VI. Cf.t. Gauth ier. JtQéi�L<.r¡8lj J. Aristóteles no parte del género para descender. Por eliminaciones sucesivas se llega a la definición buscada que. a.44 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 45 la misma fortuna. Tricot. sin embargo.5 se recuerda que con­ cierne a lo contingente. .8 La existencia del prudente.que designa un cierto tipo de hombres que todos sabemos reconocer. en realidad. 6. Hay dos actitudes fundamentales en el hombre: el saber. has­ ta la cosa a definir.. a lo cual bay que añadir las líneas 6 y 7. hay dos especies de disposición. 47. 1 140a 24-b 6.6 la prudencia es una disposición práctica que concierne a la regla de elección.estionum. cf. De libero arbitrio. ¿será un arte? No. habría que añadir otra dife­ rencia específica: dado que la virtud moral es una disposición (prác­ tica) que concierne a la elección la regla de elección. que trata de Jo necesario. 1 140b 20) y e�LV aA. lante. 3. Esta manera de proceder podría aparecer como un procedimien- 4. tt. Para dis­ tinguirla de las otras virtudes morales. l.r¡6i¡.óyov aJ. Todo el mundo reconoce al regla verdadera. supra la defi nición de la virtud (ll.Ul"tCt AÓyou rtgaxnxi'¡v JtEQL •a av0QÓ>JtW (rya8a xat xaxá (ibid. y el hacer. y no la e. q. aquí no se trata de la rectitud de la acción. que procede menos por determinaciones positivas que por exclusión progresiva de lo que no es la prudencia.r¡8oü. Líber 83 Qua.óyou áJ. 2. Pero esto probaría como máximo que es una virtud.. tal como está atestiguada por el lenguaje de los hombres. Al dis­ tinguir la phrónes[s de la ciencia. En el terreno del hacer en sentido amplio (para el cual no existe énni­ t no griego propio). 6. porque la prudencia es una disposición práctica acompañada de � � .: así pues. 1 140a 3 1 . y el arte a la producción. que trata de lo contingente. pero veremos que esta simplificación (sugerida sin embargo por Ét. 5. cuyos modelos nos son ofrecidos por la historia.óyor. sino un nombre -phró­ (JtQOULQE"tLX�). sino ele la exactitud del crite­ rio. l 1 06b 36).A. Su punto de partida no es una esencia. Bywater.r¡8ij por &. práctica o poé­ tica: la disposición práctica concierne a la intención o práctica acompañada de regla verdadera concerniente a lo que es Siguiendo un método familiar a Aristóteles.a división del géne­ ro en especies mediante la diferencia específica. Pues.4 se constata que se denomina phrónimos al hombre capaz de deliberación. que cons­ tituyen la conclusión de lo precedente).r¡6oiJ. precede a la determinación de la esencia de la prudencia. sed contra).7 Se podría reconocer en este planteamiento.clns-rm) que sea una disposición (lo que la diferencia de la ciencia) práctica (lo que la diferencia del arte). Si la prudencia no es una ciencia ni un arte. 61. Nic. que citamos más ade­ I J . Pero esta definición es aún demasiado amplia. l l40a 24.r¡ 8oü. 5.. incluso si la persona no sabe definir la phrónesis. 1 1 40b 5). se Agustín («cognitio rerum appetendarum et fugiendarum». puede (A. en su formulación. la prudencia no es un arte. en sentido contrario. (cf. S(Ul phrónimos. mediante divisiones sucesivas. 1 144b 28) es discutible. incluso si se admite que el &Ar¡8i'j de 1 140b 5 puede ser debido a una negligencia de Aristóteles mismo. ésta tiene por norma el Bien absoluto o e] bien humano. en este sen­ t ido Dirlmeier. Vl. que podemos distinguir de otros personajes emparenta­ dos y.lE"tcl A. 1 nimos... de la virtud moral y de la sabiduría. VI. 4. Ponemos esta segunda fórmula junto a la primera en lo que concierne a la función del epíteto ál. obedece al esquema clásico de l. la leyenda y la literatura. la prudencia no es una ciencia.IHU )... La prudencia está definida allí como «disposición bueno y malo para el hombre». esta definición es presentada como el resultado de un razonamiento a la vez inductivo y deductivo.. 7. pues. nolr¡cn<. Cf.r¡ 8i)r. una aplicación del célebre método platónico de división. n. Hemos resumido a qtú el desa!Tollo que desemboca en la definición de la prudencia (Vl. 4. que la investi­ gación sobre la definición de la prudencia se abra con esta frase: «La mejor manera de captar qué es la prudencia consiste en considerar cuáles son los hombres que llamamos prudentes». el filósofo 110 hará sino delimitar científicamente una unj­ dad semántica que le es entregada tal cual por el lenguaje.L. sino el bien y el mal para el hombre. puede en rigor ser denominado &J. inspirdda esta vez en Ar istóteles: <<recta ratio agibilium>> (II a II ae.: Apelt va hasta sustituir aA. q. J . 13. está claro que sólo el A. 13). mientras que la ciencia atañe a lo necesario: así pues.

ltl tcorla ele las cuatro virtudes (sabiduría o pmdencia. ill. l a unicidad absoluta de la vir­ tud. .. y según los principio¡. pp. � .9 nos daremos cuenta de que descansa. Nic. A una descnpc16n de estos tipos. 55 ss. De officiis. se remonta el análisis aristotél ico de las virtudes éticas en los libros ID tos alcanzan una perfección ]iterada que ha contribuido a acentuar su carácter típico: es el caso de la célebre descripción del magnáni­ nía del conjunto. 439d ss. lor. Il. . 72-75). � diado las VIrtudes más que unas en referencia a otras y en un sentido bastante laxo: y es que el ámbito de las vinudes es imprevisible e insistematizable» (0. y oocpta. 1 . Rose.¡. no ha estu­ .¡. Protré Política.a o cpgóvr¡at�)..r. probablemente de origen popular. 52. Wesen und Wcmdel der T � 15. 25.. R. el modelo jamás igualado de toda étic:1 descriptiva. Cf. que escribe al respecto sobre las virtudes éticas: «No es po- 12. IV. Plotino distingue cpQÓVTJOt<. que debe por lo demás hacer coincidir la prudemia de la tradición estoica con la sapientia de las traducciones la­ tinas de la Biblia). l a fortaleza trata de lo que se ha de soportar. con Aristón. toman prestada la lista de las cuatro virtudes cardinales (que san Ambrosio llama vimaes principales). ro. es responsable de la armo­ �� en sus articulaciones naturales. 'fl· Jaeger. Plotino retomará bajo el nombre de «virtudes políúcas» la lista . 1220b 38-122Jb 9. 6). <<quae est rcrum expctendarum fugiendarumque scientia». nota siguiente). comun. p. al sistema. 153). 7-9). una galería de retratos. <<Der Grossgesinnte. sobre una división pre­ tudes cardina/es. Algunos de estos retra­ lectual orientada inmediatamente a la acción (los estoicos. el conocimiento de lo inteligible. fundándola sobre la división platónica de las partes del a. Ném. de las cuatro virtudes. Et. lo cual evoca la idea de previsión. en relación a las pasiones y las acciones» (Ariscoce. de saber eficaz). De la virtud ética. tambi6n en este sentido (contracción de providencia. inspirándose sin duda en (un buen ejemplo de esta con­ textos de Posidonio y de Panecio (cf. 6-9. de la Magnanimité. Pero é Sible . Tan sólo Cicerón. Cf. ibid. VJJ (1931). 427e. 1. 1863). 43. 1951.. Schwartz. F. 1). una empresa sistemática en Hacker. como ya lo hace en otro ámbito a propósito de la lista de las categorfas. no se hará clásica más que con los cstc1icos (cuando por el contrario. L. El alma comprende tres partes: apetitiva (bn9u¡. que ha es­ . Die Erhik der Grieclren. c:r. 7. Éticas de Aristóteles). en todo caso. a cada una de las cuales corresponden las tres virtudes de la templanza (awcpgo­ a'Úvr¡). mtle a una sene de Pe�·sonajes erigidos en tipos por el lenguaje . Eud. pp. 3. y que designa cpQÓVllcrt. Stuttgart.txóv).ip der mo­ ralischen Tugendreihe in der Nikomakischen Erhik.. pp.) .� que. Si nos remontamos a la clasificación platónica de las virtudes. que organizan la econo­ mía del mundo inteligible. p. Ethik. cf. 1. ignoran evidentemente el concepto platónico de oocpta). Berlín. presente en el 2 y 58. y la justicia.. Bollnow. SVF. j]iciis de Cicerón que san Ambrosio (De o De o toda la Edad Media latina. el carácter no sistemático de la descripción aris­ totélica de las virtudes ha s. Sobre el t que se remontarla al siglo VI (aunque no se pueda invocar a Pínda­ igen de esta lisa. d e Jar de sorprenderse . . apunta a la exhaustividad. activa (Ou¡. 2.. ya sugerida por Platón (cf. para traducir la cpQÓvr¡a� estoica. Robín emprende la tarea de suplir esta laguna (cf. justicia. 68. Reptíblictr.tevov imera bajo la influencia de Aristóteles. el valor (avogeí. 1%b. se contenta con una en umeración e'?pírica. es decir. 13. la teona de las vtrtudes.. en las ptico. ObJettva.16. 14.r¡nxóv). de las cosas que se han de atri­ realizar. ino pmdentia Es Cicerón el que. través de él 24. la templanza. pero llamará cpQÓVtlO�� a la virtud del l. p. 1334a 22.a) y la sabiduría (aocpí. qJQÓVTJOL!. 14 Aristóteles. .11 que re­ . J. si no es­ tuviera relativamente aislado en la historia de la especulación sobre las virtudes. en este sentido N. En la tradición latina. . �a se trate de una clasilicación subjetiva u . y es.-A.16 o por mo. <Aristótele. Gauthier. parttendo de una totalidad a dividir cpgóvr¡ms por la aocpí. Et. va­ 9.oyttó¡. Anstotelcs» (/ ugenden. n. banal. la justicia (Otxmo<J'Úvr¡). todos los demás hablan de aoq¡ta). 15-16). y en las partes antigua� de la b 33-36 y 15. bu . 1323a 27 ss.. qu� es <<rerum divinarum ct humanarum scientia» (De offi­ s�!'ieutia. 3. más teór e atiene a esta distinción (cf. racional (Aoytxóv). en (1. 235). or 1 1. . cf. conforme al sentido popular de la palabra. fV. es dec1r. 10 la cuarta virtud. recurre al térm finalmente. también Plutarco. en la cual algunos han quer ica. templanza). 631b (sólo este último texto habla de CPQÓVTJOu. Por el contrario.und Anordmmgsprim:. a lo Leyes. sea para deplorarlo 13 o para alabarlo. Die A11tike. p. designa una virtud inte­ sn/)idurfa. Das En otra parte. la pr estando subordinada a la segunda que. fundándola esta vez sobre una división damentales --con la diferencia de que sustituirán definitivamente la via de las partes del alma. 52-53. tablecidO él mrsmo. E.. 1 15). 443c-444a) se csfucrta por dis­ tinguir la prudemia. Nic. o s l nusmo n CIIS.ido frecuentemente subrayado.lma. es decir. o.. sapientia y prudentia serán a menudo confund empleadas una en lugar de otra en las listas de virtudes fusión lo proporciona san Ambrosio. 1-Jartmann. Cf.� En los d?s casos. ibid. 10. y fficiis minisrrorwn. 27). fr. Banquere. Más tarde. sólo que. 62. L'idéal de la grandeur dm1s la philosophie pai"tmne et la chéologie chrétiemre. Aus der Nikomachischen Ethik des �/. Leyes.a-. Robín. siendo más general. le proporciona las reglas idas y (I. 1 107a 28-1 J 08b JO. al a ido ver el retrato idealizado. 3. Vfl. quizá Einteilung.11 En cuanto a los estoicos. 262-263: L 201. 97-105.46 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA JNTERPRETACJÓN 47 to de investigación. conservarán la misma clasificación de las cuatro virtudes fun­ de sus objetos: la prudencia trata de las actividades que se han de de las cosas por desear. . al igual que ellos que no afinnarán. 5.. es ignorada por las la que Platón llama indiferentemente crocpta o. al constatar hasta qué pumo Aristóteles no e�taba preoc�pado en absoluto por clasificarlas con rigor. al menos a aquellos de De hecho. aquellas incluso que serán a partir de san Ambrosio las vir­ la definición de cada una de las virtudes. los estoicos sustituirán la y IV de la Ética a Nicómaco. de exposición. l.

Tricot). hay que düigi. si Alcibíades era "magnánimo". Es cierto que Aristóteles no se mantiene por lar­ go tiempo en este plano lógico de la definición de la esencia y que la justifica después. el capítulo sobre la liberalidad comienza con estas palabras: «Esta virtud parece ser el justo medio en los a suntos de di11ero». que permite determinar empíricamente el contenido del núcleo sistemático... L. 23. hará falta distinguir dos especies o. se constatará que. ou le complexe de trahison. 36. 1\6évm ta cpmvó¡. no tengan nada en común con los pri­ meros. 18. E.. Aristóteles se erige tanto en el iniciador de un gé­ nero literario. una es­ pecie de método de variaciones eidéticas. como en el caso de la pmdencia. nuestro 17. Además. G. 17 del hombre griego.ta) en el len­ tos teóricos de su análisis (la teoría del justo medio. 97b 15 SS. 21. 22. nos preguntaremos qué elemento era común a todos». Lovaina. su exposición con un esbozo de definición de la virtud estudiada. Es característico de Aristóteles designar con la misma palabra. apriorístico y deductivo. o Aquiles o Áyax. II. Aristote TV. l l9b 22. el pro­ cedimiento del «retrato» no está utilizado por él mismo. 24. ni en el dominio en el que se distingue el hombre moderado. no por una clasificación a priori de los ámbitos de la actividad humana.48 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 49 el contrario caricaturizado. por lo general. para ser más exacto. que será ilustrado por su discí­ pulo TeofTasto. 1947. Joachim en sus Comentarios R. son generalmente utilizados a la vez. continúa Aris­ tóteles. sin embargo.teva. Aristóteles comienza. que implica cada vez una virtud (Et. Il.122\a 12). sino en el hecho de dar y adquirir dinero». El método de los tipos no es finalmente más que un su­ cedáneo allí donde la esencia no puede ser alcanzada por el método lógico de división del género según sus diferencias. Este texto pone en evidencia a la vez el mecanismo de esta inducción semántica y sus límites: puede pasar que las palabras sean ambiguas y que el filósofo sea lle­ vado a hacer distinciones (aquí entre la intolerancia de Aquiles y la impasibilidad de Sócrates) que escapan al vulgo. 1 1 9b 23 (trad. en el primer representante de una ética «fenomenológica y descriptiva». determinado aquí por la diferencia especí­ fica que constituye la relación patticular a un cierto domjnio de la actividad hum: ma. Actas del II Simpo­ sio Aristotélico.). en el cual toma precisamente el ejemplo de una virtud. tanto los f. que otro grupo de hombres llamados «magnánimos». el de Jos caracteres. Nic. entonces. más esencial. no en los traba jos de guerra. por otra parte. no tienen nombre (av(OVUf. a falta de un conoci­ núento exhaustivo de la totalidad a dividir: e] dominio indefinido de la acción humana.20 Volvemos a encontrar aquí. que son necesariamente azarosas en su ocunencia. si se quiere. o incluso el retrato i. lo corrige y.teva. que es inductivo. p. éste para verificar y guiar las intuiciones de aquélla. Hay virtudes y vicios que Aristóteles menciona en nombre de presupues­ ¡_ 1 fbid. sino un uso lin­ güístico -considerado él mismo como un modo de manifestación de las cosas mismas-.22 Presentó la teoría al respecto en un pa­ saje de los Analfticos segundos.eyó�tsva como los hechos de observación. 3. Allendy. sino como vía de acceso a la determinación de la esencia de la virtud conside­ rada. Sobre la definición de las pasiones en el libro ll de la rut iculo �<Sw· la définition aristotélicienne de la colere». del hombre liberal y de los jui­ cios de valor que se hacen sobre él: «El hombre liberal es el objeto de nuestros elogios. pero con la precisión de que el punto de partida no es aquí un dato de experiencia. ll. Pero entonces. pp. Cf. como. eventualmente. dos géneros de magnanimidad. Este méto­ do. 20. si se m ira bien. por A1istóteles mis­ mo. 300- Retórica. los dos métodos. si el filósofo jtlZga el lenguaje. de J. tales como Lisandro o Sócrates.18 Con ello.24 es porque tiene otras fuentes de investigación y otros criterios que le vienen de una aproximación más inmediata. Eud. 83-103. pp.deal de Axistóteles. Pero. 19.'9 lo que evoca el carác­ ter genérico de la virtud. sino mediante el recurso a la descripción.21 es habitual en Aristóteles cuando se trata de definir virtudes y pasiones. si se quiere. Así. al menos de su yo ideal. Phil. la de la magnanimidad: «Si hemos de buscar la esencia de la magnanimidad. y considerar qué elementos tienen en común. cpaLvó­ ¡. 7. en la descripción de las virtudes éticas en los libros III y IV de la Ética a Nicómaco.23 Puede pasar. Owen. De hecho. Aristote et les problemes de méthode.. Rev. Ét. 13. fr. lo sup]e. de la cosa misma.r la atención a algu­ nos hombres magnátlimos que conocemos como tales. a la vez fenomenológica y axiológica. ni tampoco en las de­ cisiones de justicia. Burnet. . guaje corr iente y dos vicios simé� Ticos) y que. más que en el fundador de un sistema de i 1losofía moral. 317. 1. por ejemplo. 1961. cf. 1220b 38-. (ad loe. que no ha sido puesto más que en apat·iencia como definición a priori.

de la esencia de la prudencia presupone. del cual no siempre se ha subrayado suficientemente el �arácter e�or itante . Pannénides. . Cf. sobre la participación en un orden general. cf. Sobre la noción y sus orígenes platónicos. 5. en un justo medio .illV�) Aóy<¡) xat wc. Leemos Ú>QW�Vl] y no Ú>QlOJ. . si no es el recurso al JUtcto . "Ecmv <'iQa fl clQE't� gSL� 1tQO<lLQE"UY. Cf . 1 106a 36-b 7 (pasa como con la ración de alimenros que fija el maestro de g imnasia y que no es la m isma para Milón que para el atleta debutante). . § 1 .33 no es sólo el intérpret� e la regla recta. el recurso al retrato no es un sucedáneo. y cap. 33. sino el prudente.oeu:: (ll. como ya hemos visto. la posesión de la �1aestría .. No pasaría nada si el hombre prudente extra­ jera su autoridad de la sabiduría o de la ciencia.. empleada ción de la virtud más que el papel asignado al phrónimos. la autoridad de la cual la inviste Aristóteles ¿no es arbitraria? He aquí un hombre que. contrariamente a los manusc1itos. y el cnteno del JUS­ nos da ningún medio para reconocerla. Primera parte. 4. 50 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES En el caso de la definición de la prudencia. Nic. . Ú>QLO¡. In polémica sobre el tema en el comentario de Gauthier-Jolif. Así corrige Dirlmeier �at <be.óyo� no significa en Aristóteles la facultad racional.28 y que. l. de las cuales él no sería más que el instrumento: pues es el universal lo que se expre­ saría por su voz. pp. sino de derecho.óyo� por «regla recta». Pero querríamos mostrar aquí que la definición.31 o de lo que. por la regla con aytda � de la cual el hombre prudente lo determinaría» (ad loe. Ar istóteles recurre a LA INTERPRETACIÓN 51 � una cüvisión subjetiva de las partes del alma según el ejemplo pla­ tónico: la prudencia es la virtud de la parte calculadora del alma intelectual. el que es presentado aquí como la recta ratio. Cf.UÍvr¡. El comentario de Dirlmeier no justifica en absoluto esta corrección. . 28. . Aquí. 34. que A. 981a 18 ss. se mueve al nivel de lo particular y fija a cada uno el justo medio que responde a su p�i­ cularidad. 147- 148. la sabiduría trata sobre lo que no nace ni perece. absolutamente.29 No retendremos de esta definí25. desde el momento en que se ha mostrado de manera decisi­ va. 3 1 . no sólo de hecho (como es el caso de Jas virtudes éticas).la recra rmio: pues no es la prudencia (que en realidad no sabemos lo que es). en efecto. pp. que está determinado por la regla recta. No podernos contentarnos. y la prudencia sobre lo contingente. 27.34 el portador vtv1ente de a norma. l 106b 36). frecuente tanto en Aristóteles como en Platón. 1097b 9 ss. la prudencia de la sabiduría por una disti nción de sus objetos. con deter­ minar la prudencia como una especificación de la virtud en general. en el interior de las virtudes cüanoé­ ticas. A. EV de �LWÓtTJtL OVO<l ttj itQÓ� ��de. ya para el Parménides de Platón. sino una exigencia de la cosa misma. pero la ciencia del Bien en sí o de M�dianía en sí no serviría para determinarlo más de lo que la ctenc1a de la Salud en SI 1� 1� sirve al médico cuando se trata de curar a Sócrates o a CaliaS. 1 . cuanto tal ni un sabio n i un erudito: no estando dotado de nmguna 1¡ ¡. Ciertamente. U . ÓQÍ. n� es en familiaridad especial con lo trascendente.�0 El prudente sabe lo que es bueno para nosotros (nQoc.óyo�. en sí permitir ía al maestro de carne y hueso ejercer su domm10 so­ bre el esclavo «sensible». por 30.). siguiente. de ÓQ6Ó� A.lÍ. sino que designaba la regla que servía de norma. es decir. 6. sino que es la regla recta misma. Platón en el Político había concedido una pn­ � � macía de este <Yénero al Hombre sobre la Ley.·. Pero el prudente. Pero ¿qué es la regla recta? Aristóteles no b del hombre prudente. pero de acuerdo con el comentario de As¡>asio. a pesar de todos los atenuantes. sica..25 T ambién distingue. leyendo entonces: «. pero el hombre in­ vestido del po r real rechazaba tan poco la universalidad que. 26. virtud consiste en actuar según el justo med10. Ét. cualquiera que sea.. ibid. La . equivalía a la noción. la existencia del hombre prudente y la descripción de esta existencia. . 29. la erudita tesis de Dirlmeier. 133d-e. cf.32 Pero si la superioridad del prudente no reposa sobre un saber. to medio es la reala recta. Metafí 32. . 298-304. por la simple razón de que la existencia del hombre prudente ya está implícita en la definición general de la virtud. No basta con decir con santo Tomás que la prudencia es . es decir. No es siquiera necesario justificar la traducción de A. Pero esta traduCCión supondría precisamente lo que está en cuestión: la existencia de una regla tTascen­ dcnte al hombre prudente. Cf. en xnt4>.td�). parece. Para convencerse es suficiente remitirse a la ddinición general de la virtud propuesta por Aristóteles en el libro Il de la Ética a Nicómaco: «La virtud es una disposición que consiste en el justo medio relativo a nosotros. liv ó q¡góvt�Loc. el cual está determinado por l a regla recta tal como la determinaría el hombre prudente»Y No es este el lugar donde comentar esta definición tan densa. . supra.26 Tendremos que volver luego a esta impor­ tante distinción. que recoge todos los elementos de l a doctrina aristotélica de la virtud.

pero falta una cosa.("Ú!OLV. Pero es necesar io observar que esta era ya una idea platónica (cf.35 porque tienen la ciencia de las pri­ meras cosas.36 pero habría perdido entretanto esta ciencia de las Ideas que era el único fundamento de su realeza: ¡páljdo heredero o más bien heredero abusivo! Un texto del Pro­ tréptíco... II. Vl. aunque Ar istóteles no pronuncie el término phrónimos a este respecto. 1960. cf. Pistelli). Cf. Nic. Nic. del «gran hombre>>. PisteUi). 1 . o el hombre de valor. del «hombre eminente>>. 37. el phrónimos designa aquí al hombre de la contempla­ ción o al menos a aquel que. saca de él la Norma trascendente de toda acción. En la Ética a Nicó­ maco el juicio ético será comparado..AA. «el bien». pero eso era. sin duda escandaloso para un platónico. art. 23 y 27. 3 P). Stark. Político. El phrónimos sería. fr. 16-20. a la retórka. Düring. LA NORMA sino con el saber hacer del carpintero. 253). pues no es menos «exacto». y los textos citados por F. ID. Jaeger. pp. 7. Mansion. 258b. Ét. S. 300c. vó¡. pp. Magna Moralia. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d' Aristote>>.. 1094b 1 1 -27. &.Ael Protréptico han 40. 54. Düring. «el representante terrestre de la Idea». cuya importancia ha subrayado W.imos es presentado como norma: S?bre este punto. Estos textos. 170a. ll6a 14 ss. El ejemplo del carpintero debía por otra parte ser banal (cf." hA. 55. por más que se ponga en duda legítimamente la exactitud de sus aplicaciones (D. 13 W. el Saber encarnado. Revue Philosophique de Louvain.40 y la exactitud matemática le será denegada expresamente en provecho de un acercamiento. 730d.): . Cf. entonces. pp. ll07a 29. Protréptico. «Los jefes son aquellos que saben». 13 W (Jámblico. I. El Protré ptico. si bien se asiste ya en este texto a una personificación de la norma. pero va­ ciándolas poco a poco de su contenido. anovOaioL. las fórmulas importa discernir las justificaciones que de ellas se dan. Se admite hoy día que el Protréptico ignoraba la tesis de las 41.A. p. el (fr. e n l a que lo inteligible e s la única Norma y donde la autoridad del phrónímos es invocada por lo que representa y no por Lo que es: el phrónimos remite a una phrónesis trascendente. ¿De dónde le viene. I. 38. R. Fr... Cf.) erigido en norma absoluta y autónoma una constan­ te del pensamiento de Aristóteles (1. su primacía? · ma. 1 16a 18). que es la única que nos importa aqtú: estas expresiones designan de una manera u otra lo divino "Protrepticus"». p. no es la regla recta. 732a. 294a: 1:0 6'<iQL01:0'V O'Ó -cous. Político.ya0Ó<. . en Aristotle and Plato irz the Mid-fourth Century. 7. preguntmse 35. del político en el Político (309d). § 2. fr. 9. 52 R. pp. 5a W (Jámblico.. Finalmente.. 36. 236. comparar los pasajes en que Una primera respuesta a esta pregunta consistiría en mostrar que Aristóteles conserva la matriz de las fórmulas platónicas. proporcionada aquí el eslabón intermedio: «¿Qué criterio para juzgar el valor de una cosa podría ser más exacto que el phró­ Ideas (P. en una inspiración muy diferente de la de la Ética. cit. pues. 54. o los hombres que sobresalen. comparaba y� la norma moral a la regla del carpintero texto ya citado de T ó picos. Jaeger (Aristóteles. p. Desdt entonces resulta secun­ valon>.: es pref erible lo que esco­ gería el hombre prudente. no ya con el saber del geómetra. Jaeger. W . 964b. 299) y que Aristóteles la presenta en los Tópicos corno un «lugar común>> (liT. . Zwei aristot�lische Friihschr�fien.39 Pero allí donde no hay más Ideas el phrónimos se encuentra re­ mitido a sus solas fuerzas. �e «la mejor alma» en las Leyes: 659a. son los primeros en la ciudad. sino que la sigue: conforme al sentido platónico deJ término. se decide es el valor. Walzer. el papel del filósofo en la República: -xó. para subrayar la «exactitud>> de su arte. en cada especialidad). cf.J7 Pero. «Aristotle in the (xavwv) o qué norma (-co 0etov) (cf. T eetetb.. 185-219). (pQóvq. X. Pero a través de la constancia de ct'VOQU tO'V ¡. etc. 77-78 y 87. Aristoteles-Stu­ dien. se ha querido ver en la teoría del sujeto mo­ dario dudar del carácter «matemático>> de un saber tal (l.38 Permanecemos aquí en la perspectiva de una moral teóno- r a r (cpQÓV��w<.tma xQlveL. 81-97). 292c. Pero el prudente de Aristóteles no tiene ninguna connivencia con los principios. 1.L'YJ V). la evo­ lución del platonismo al aristotelismo y del Protréptico a la Etica a Nicómaco oo se puede negar. el tex­ to del Protré ptico guarda una resonancia muy platónica: el phró­ (xm. 13. p. es suscitado una abundante literatura. l.las Ideas son sustittúdas por expresiones como <<lo verdadero>>. «Contemplation and Aclion in Aristolle's "ProtTepticus"». 582d. 39. «la naturaleza». J. lJ02a 23. anodkti:o<.). el heredero del filósofo-rey platónico. Nic. 950c. nues­ pretación que de ellos daba w.' cada vez por qué el phrón. y lo contrario el no nimos no es aquí privilegiado más que por la exactitud de su saber. que anuncia la fórmula de la Ética a Nicómaco.w<. p. 13 W. 87. qtúen creía cierto. era él quien representaba la universalidad viviente. 22-55. Wilpert. siguiendo la ciencia lo:n:urt� f. Dirlmeier de ét. como se ha dicho. R. 24 P).¡ou� emtv kO.¡eta cpQOVlÍOero� �aOLAVXÓV. l098a 26. habiendo contemplado el orden de la Naturaleza y de la V erdad. en Autour d'Arístote. pero no nos parece que ponga en cuestión la inter­ poder discernir en ellos el proyecto de constituir una moral more geometrico (cf.41 Igualmente sería instructivo para nuestro propósito. tra Primera parte).a 'tTJV nimos? Pues aquello por Lo que este hombre. 65.52 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACfÓN 53 oposición a la generalidad abstracta y rígida de la ley. 39. es. Arístoteles. 56 ss. Ét. a su sola experiencia. Monan.

52. 48. el de la distribución de bienes y. su marcha fijilndose en las realidades in­ mutables se vuelve a encontrar en el nía al texto del ge ÓQ¡. 294b. que hace lo que puede. 44. De una manera general la virtud moral consiste. nuncian el carácter absoluto (émA. ve unida su suerte a la de la ley: pues la justicia tiene necesidad de ser corregida por la vir­ lud de la equidad. ni.43 es la coarta­ da de la ignorancia o al menos el sucedáneo de un saber no dispo­ nible por el momento. el jefe.44 El jefe es aquel que no necesita de la ley «porque pone su propia ciencia como ley». Gorgias.Q aoQLotou aÓQLO'tO� xai. 14. La metáfora del piloto que guía Platón. 47.CtLÓl:CttOV (Polftico. 46. cuya inexactitud misma permite abrazar adecuadamente los contornos de la piedra. O más bien la ley. ya l o hemos visto. en el personaje del Rey y.48 expresión en sí misma de un orden matemático.do también. de derecho. en el del Hombre Justo.47 a la manera de la regla de plomo de los lesbios. 45. y declaran su preferencia por la Ley viviente y personalizada que se encarna. no está ni en la ley ni en el legislador. 13 W 55. puesto que era en sí mis­ ma perfecta determinación. fr. Nic. El jefe platónico no se dispensaba de la ley más que porque llevaba en él mismo la ciencia de un orden más alto que toda ley. nos dice. 51.uuo�». ánA. Compárese Platón. que son generales. para Aristóteles la c ienc ia comparte con la ley el privilegio. como sucede cuando el médico sale de viaje y deja detrás de sí prescripciones escritas. también las acciones» (Platón) y a la infinidad de casos d(: especie (Aris­ Aristóteles.tEta VO'Ü xat 'téXV"l� C)L)!. que son singulares.54 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA lNTERPRETACIÓN 55 Platón y Aristóteles denuncian uno después de otro la generalidad inhumana de la ley. Cf.w�) de la ley.. por las mismas razones. Ét. a definir todo.51 tenía los ojos fijos sobre la Idea de Bieo.oúv. Así como en Platón la cien­ cia debía llegar. ni mucho menos a ningún supersabio.. No es. l l37b 17. Aristóteles extrae de una misma situa­ ción la consecuencia inversa: si la indeterminación es ontológica. l l37b 29. al menos. de las relaciones entre Jos hombres.50 Si en Platón la ley era un sustituto de la infali­ bil idad de la ciencia. en Aristóteles la equidad es un correctivo de la falibilidad de la Ley. que ignora los casos patticulares. no puede depender más que de una regla elJa misma indeterminada. en Platón. pero su espíritu es opuesto. en Aristóteles la justicia abstracta. cual piloto que «fija su atención sobre el bien del navío y de aquellos a los que él conduce».t(! por ÓQ¡. V. contra la ciencia. Polftico. en Aristóteles. PoUtico. Aristóteles no confía en deducir jamás l o particular de lo general: «La f alta. pero ignaro. 508a. To ¡. iba distribuyendo en torno a él una «justicia perfecta penetrada de razón y de ciencia». no vemos la necesidad de la conjelllra de Vitelli.. Así como Platón no parece haber puesto en duda que un saber suficientemen­ te trascendente pudiera llegar a abarcar la totalidad de los casos par­ ticulares. que corri­ Protréptico. al erudito. tov yÓ. al que Aristóteles recurre para 42. Cf. 295c.49 Por el contrario. l l37b 12. que sólo puede cons­ tituirse haciendo abstracción de los casos particulares. en el del exilio de la Norma trascendente? Se habrá reconocido el paralelismo de esta problemática con la de la prudencia. 297ub). el hombre equitativo deberá poseer la virtud de la prudencia en el más alto grado para aplicarla a su propio dominio. según Platón. Tf¡v •éxvr¡v vó�wv mxeexó!A-evo� (297a). Nic. no es más condenable que la ciencia.45 su disponibilidad infinita con relación a estos casos particulares n)ani­ f iesta la f ecundidad de su saber. 296c-297a. 50.tGi:). un hiato que afecta a la realidad misma y que ninguna ciencia humana podrá jamás sobrepasar. Platón opone la ley a la ciencia: la ley es comparada a un hombre seguro de sí. pero también el inconve­ niente. 1 286a 9. de tratar sobre lo general. 1 137b 25. 43. pues. Aristóteles reconoce en su hábito un obstáculo on­ tológico. !bid. 49. 27 P (dada la cerca­ . cient(fica. con tr.Í>v e01:tV. opuesta a «la diversidad de los hombres y de tóteles). que de­ Política. 15. sino en la naturaleza de la cosa. V. más generalmente. Polftico. Desde entonces todo lo que Aris­ tóteles puede decir contra la ley es váli. al menos desde que se trata de aplicar las proposicioi1es de la ciencia. 14.52 Pero ¿so­ bre qué tendría fijos los ojos el hombre de la equidad en el mo­ mento del hundimiento o. a las circunstancias de la acción. ó xav<. Polftico. en aplicar la regla determinada por el hombre 'tij <p'ÚoeL wii 1tQáy¡. Por el contrario. La letra de las fórmulas es la misma42 en los dos filósofos. Finalmente.46 Allí donde Platón veía un fallo psicológico debido a la ignorancia de los hombres. o más bien la articulación de la una con la otra: si la prudencia es la virtud intelectual que permite en cada momento definir la norma. 294c. gv cotTegir los fallos inevitables de la ley.

raft und Ehre. sie kennt keine Menschen ausser ihm. Eitel. . Mannesk. 1 06.r¡m�). no puede remitir a la existencia del pru� dneQ ?<. es cierto. . ".. Ein Volk. . 44. W.r i pides Herakles . cluso en el más alto grado. con la vida de placer. 1. dentro de la obra de Wilamowitz citada en la nota precedente. él es para sí mismo desde Platón. II. añadía: «Seine Kraft wird er einsteUen in den Dienst des Allgemeinen. no teniendo esencia en re­ dente como fundamento de todo valor. es llevada a subrayar los orí­ genes aristocráticos de la moral griega y los restos que sobreviven de la Adelsethik en la moral clásica (cf. el mismo spou­ de estas mate1ias. Mientras que la sabiduría. p. cuya volun- calidad de su juicio. .os es invocado en otra parte como criterio únjco. Sobre esta forma de interiorización del ideal arcaico cf. 102-103. Dirlmeier exagera quizá la resonancia «heroica>> de la expresión tradu­ ciéndola por «der votlendete Repriisentant edlen Lebens». Wilamowitz. Nic. 54. el pasaje ele las pp. da de ellos una confirmación dero. si es verdad que el valeroso es buen juez lación a la cual definirse. Les StoiCiens. esp.. París.. símbolo de la lucha contra estos enemigos interiores que son las pasiones. Schuhl. coinciden. 1-107. En este punto Aristóteles parece volver. das diesen Glauben im Herzen hat. es el reflejo en el alma del sabio de un orden trascen­ su propio criterio. M.w� inspira confianza por sus trabajos. J099a 22. y también por la comparación que Aristóteles mismo hace del hombre virtuoso con el ven�dor de Jos Juegos Olímpicos (1099a 3-7). bist du geboren. etc. No es casual que en Aristóteles el personaje que sirve de lismo de Sócrates y de Platón. . y entonces el mal desaparece) o Un bien aparente (en cuyo bien absoluto)? Aristóteles responde mediante esta afirmación sor- caso el bien es lo que parece tal a cada cual.u::vov &ya8óv y &ya86v émA. para fina­ lizar la obra póstuma de Ed. Ét. En este sentido.54 sin embargo. 1 178a 18. n i den Dienst der gesittung und des Rechts»).GYv ó anouomo¡. al igual que el placer verda­ recer demasiado difíciles al auditorio. la tr adición de lengua alemana. Stuttgart. aus gottlichem Samen entsprossen . por la tradición cínica y estoica.óxaf. si se sabe 53. Por el contrario. y nuest r a Introducción a los «Coloquios» de Epicteto en E. . que insistirá más bien sobre los valores de esfue1-l0. wird der Sieg dein seio. pero en un sentido totalmente distinto. .55 quien tiene los ojos fijos sobre las ideas. cf. 6. Der T-lerakles der Sage. Ya no es el hombre de bien ad hominem. Wenn du dich nicht fürchtest. X. Mühe und Arbeit wird dein Lebeo sein . Also spricht sie: "Du bist gut geboren . La mayoría de los traductores especifican de modo abusivo el sentido del término traduciendo onov6ai� por «el hombre virtuoso» (Tricot).aco. Griechische Etltik. ¿es un bien real (en cuyo caso todo lo que es querido es pone menos por su saber que por sus éxitos o. IV. al ideal arcaico del héroe. de ascesis. propondremos llamarlo el valer o­ medida desde el primer Libro de la Ética a Nicóm.o:. pues. II. más allá del intelectua­ dal. sino nosotros quienes te­ nemos los ojos fijos sobre el hombre de bien.. Paideia. 8. de dominio de sí. 1962. se pregunta. ( 1 099a 13) por «Frelmd des Ed­ len».ien>> (Voilquin). 41-43. que se un­ bueno. Aristóteles en el libro II. Cf. 57. Si estas determina­ q. en este sentido «volun­ tarista» serán valorados los «trabajos>> de Hércules. .. «the good man» (Ross). tal como es concebida dente que permite medirla. y después la de actividad seria: el spoudaíos es el hombre que seguridad. en especial. pp. Aristóteles so. publicado por P. de tensión. sino que es él núsmo la medida del valor. 1951. «el virtuoso» (Gauthier). El objeto de la voluntad (�oúA. Epicteto en el retrato que hace del cínico. de ardor en el com­ anouoat:o¡. 36. lU. Cf. son actividades que tienen su fin en sí mismas) puilieran pa­ quietante: siendo el prudente el criterio último. Este ideal del spoudaios será interiorizado igualmente. la prudencia. 22. su criterio sea a menudo designado bajo el nombre de «celo».. aquello que en todo momento permite ilistinguir La ver­ térmjno evoca de entrada la idea de diligencia. y ló son in­ Pero si se recurre aquí al spoudaíos para aportar una confirmación a una argumentación ya persuasiva en sí misma. y si Aristóteles piensa dad y la apar iencia es. aquel al lado del cual se respira ciones son progresivamente interiorizadas. l. y. . De una manera general. istjugendfrisch uod jugendstark». simplemente. Gigon traduce m{IS sobria­ mente por <<der EdJe>>. sondem nur Knechte und Bosewichter. Eu. en él.56 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 57 prudente: «La rectitud de las virtudes morales depende de la pru­ A esta cuestión Aristóteles parece aportar a veces una respuesta in­ denc1a»Y Pero ¿de qué depende la rectitud del juicio del prudente? entender bien. pp.w� xQtveL rtcQL a{n. prendente: el bien real es aquel que aparece como tal a la voluntad del hombre valeroso. pp. 9. el valor del spoudatos no vie­ menos al tomarlo como ejemplo en la fuerza del spoudaíos que en la ne medido por niJ1gún Valor trascendente. Für die agmí. esta traducción viene pre­ parada por aquella que da más arriba de q¡�A. Coloquios. 41-66.: «Las acciones virtuosas son bellas y buenas. 39-43 sobre la «dorische Weltanschauung>> que se des­ prende de la figura paradigmática de Heracles: «Die Heraklessage spr icht zu dem do­ rischen Mann: nur fíir ihn ist sie das Evangelium. I.aA.».. Jaeger. El bate. 16. 805. por ejemplo. ' 55. Wilamowitz-Motlendorf. «el hombre de b. la decisión del spoudafos. esp. Schwarz.¡mvó. 127. y entonces ya no hay . aquel al que se puede tomar en serio.-M. por in­ fluencia de Wilamowitz y más lejaoamente de Nietzsche. El personaje aparece en su papel de criterio y fundamento de la acaba de mostrar que la vida de la virtud se confunde. Bréhier. p. como si los argumentos teó­ ricos que acaba de proponer (la virtud.

).tétQov éx&otcp . 1960. T 58. ioridad no� parece muy relativo: aquel que toma por criterio la super _ frsrca del hombre «sano» o la social del hombre «libre». Así como hay que distinguir entre la sensación del hombre sano. R. que . vulgar y populachero. mezquino. los que han juzgado sus acciones buenas. Aristote et l'hístoire. s1. 1 l66a 12 (Eotxe yaQ . París. cr. si ya no hay como para Platón una Medida trascendente que per­ mita juzgarlos. X. Mencionemos solamente que. Cf. como el placer puro en Platón. Nietzsche. . la eJOstencta del valeroso. 6. las resonancias inquietantes de tos tex­ � orden común: «No se pueden estable­ . en la que el e jemplo del héroe o del santo precede y funda la definición intelectual del valor.. 5. 5. es «el represen­ tante perfecto de todo lo que es noble».56 Si estas palabras hacen pensar en la famosa fórmula de Protágoras sobre el hombre medida de todas las cosas. . 303 J . Contra es mvocad a en la Metafísica (G. quien la diferencia entre el juicio del hombre sano y el del enfermo . según el cual Aristóte les ha­ b�ía escrno �n su JUVentud uo Político en dos libros: De re publica y De proestaute . como si él fuera su regla y medida».. Leyes. J. de H. ampharra. pues e�los son para sí mismos la ley».. entre el hombre servil y el hombre libre. W istórica de tal alu­ sión cf. 1 ). 111. 716c. yc. Aristóteles no se re­ fiere sólo a la superioridad de una close. 184-185. 1 176a 5-24. 62. que hoy . * L� expresión francesa «hoJUJete homme» tiene unas connota ciones más am­ plias. L�s otro� textos sobre el spoudafos van en el mismo sentido y . cuando en rea!Jdad los placeres vergonzosos no son pla­ ceres más que para las almas corruptas . fr. 61. l l l3a 29 ss.58 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 59 tad es menos iluminada (pues ¿qué podría iluminarla?) que ilumina­ dora: «Pues el valeroso juzga cada cosa rectamente y en cada cosa le aparece lo verdadero . 101Ob 5). como su­ cede tambrén en la moral contemporánea. (X. pp. 160d. sobre la improbabilidad h Philosopilie. es la virtud 1� que es P?r . VIro (Ad Qumt. 152a. Cf. del mis­ mo modo hay que distinguir entre el hombre valeroso y el hombre de mala calidad ( p<XUA0�). xat EAE'1!0ÉQLO!:. 59. q ue juzga amargo lo amargo y dulce lo dulce. 64.�aleros? y del sano es invocada otra vez para jus­ tificar a rmaclOn segun la cual el valeroso es el criterio del pla­ cer autenttc�.. de primer orden. 14.. sino a la del gran hombre que «cual un dios tos que acabamos de citar. 13. estableciendo esta tasación por oposición a todo lo que era bajo. 5. .té'tQOV wv. trata de supe­ rar.63 y que fa �omparac10n del . fr. 37). 60. de la t. (N. el contexto muestra que tienen una significación totalmente distinta.Bw¡. 1833. y la del enfermo. Es lo que Platón opone a Protágoras: cf. IV. ffi. y sin duda el valeroso se distingue prin­ cipalmente porque ve lo verdadero en todas las cosas.57 al menos permanece el hecho de que son los hom­ bres de valor los que juzgan el valor mjsrno. XIV. pp.) enLrc los monales». l 128a 31: «El hombre distinguido y libre ( ó xaeteL¡. por su carácter rntrrnseco. 1284a 10 ss. 401 ). para tale cer leyes � h?�bres. 4.� &oeti) xat ó cr:rtouocuo. cf. Weil.. etvat). Aristóteles no hace aquí nin­ guna concesión al relativismo.58 Aristóteles es tan consciente de lo arbitrario de esta posición que él mismo sugiere en el mismo texto un «Criterio».) es pora sr mismo su propia ley». a través de él se encuentran tr�labl �. que mcluyen también un grado alto de cultura espiritual. que se precipita hacia aquello que le per judica.no por la calidad de aquel que lo juzga � 1� ? ? como tal. en la Ética a Ntc6nwco. La permanencia de este t�ma en A�1stoteles está atestiguada por Cicerón. que. el spoudafos interviene en numerosas ocasiones en lo xav<i:>v xat ¡.. esp. en el mismo sentido ó téi. eeteto. Pues incluso si de he­ defi n tda cho. en el que Hegel quería ver una alusión a Alejandro (Geschichte der erke. aquellos que son superiores por su situación y su elevación de alma. y no a la inversa.61 Al relativismo que se P� tÍa denominar la problemática del criterio. es decir. q�e no se etine. Albert. ¿qué ideal e vida se oculta bajo este vocablo ambiguo? Dtrl �et �r h � respondrdo a esta cuestión de una manera abrupta. no puede estar sometido al _ .59 ( entre el hombre conseguido60 y el hom­ bre inferior. &m tEQ hu �a�jsta de Protágoras. 5. J l l3a 25. 1176a 28). SI fuera necesano. por el contrario. los hombres de distinción. sen � rnutll Cttarlos todos . En un pasaje de la Política (IIl. como buen conocedor que era de la Antigüedad. los que se han considerado a sí mismos buenos. cuya huella sub­ siste sorprendentemente en el «postsocrático» que era Aristóteles: «Son los buenos. p. � �istótelcs asimila .el valeroso al virtuoso. Pero ¿qué es lo que Aristóteles entendía justamente por spou­ daws? A falta de una definición abstracta e intelectualmente con­ • 56. los poderosos.64 Está claro que traducir en . 57. X. supo ver bien el origen «aristocrático» de los conceptos morales en los griegos. sobre los griegos. es decir. hacer se pcttente a todo lector no preve111do. Lo que quiere decir es que todos los hombres no son valerosos y. Es desde lo alto de este sentimiento de la distancia como se arrogaron el derecho de crear valores y determinarlos» (Genealogía de la moral. . 5.62 como al absolutismo platónico del Bien. estos pasaJes spoudafos por «hombre virtuoso» o por «hombre hon­ r�do> * es presuponer resuelta una dific �ltad que no puede dejar de . pero que es necesariamente inmanen­ te: el de la salud. p. El spoudafos. nos ruce. . 63. Anstoteles está tenta dode sustituir un nuevo absolutismo. 1 176a 17. trad.

Rose. universal del valor. no sm afectaciOn. a las opiniones y 1� �ostumbres populares. Dicho _esto.dad. 2. Y no la «tesoro paradigmático de las tradiciones de su pueblo». si bien no se abandonan las opiniones tradicionales y la eugéneia sigue siendo mencionada como bien ex­ terior entre las condiciones de la felici. onou&aí. 65. él prefería Lisandro por encima de Aquiles o Ayax.as). Dirlmeier. Y. 69. en las defmi­ ciones que _da de su «virtud».67 En una obra de juventud. y Sócrates a Alcibíades. 284. no había dudado en explicar que la nobleza no pertenece por naturaleza al hombre bueno. menos paradigmas en el senti­ do estrictó. 1099b 3. Sobre el buen nacimiento (lleQt euyeveí.66 pero. estos da­ tos de la conciencia popular son interpretados y situados según las perspectivas de un sistema más vasto cuya premisa más constante es esta vez el análisis de la naturaleza humana. Jaeger. � te válido.65 � Sin duda habría mucho que decir sobre l a última parte de este comentario. si bien es verdad que. al dermmbarse los valores trascendentes. 142-144.1nos». 70. en sus orígenes).7° sin embargo. op. Poh­ los lenz creía deber «Salvar» de la acusación de cosmopolitismo al menos a uno de � estoicos. cf. Panecio (Antikes Fiihrerwm. el ÓQ86� A. Y Dirlmeier continúa: «En cuanto a la cuestJOn de sa­ ber cómo las tradiciones helénicas contienen algo de universalmen­ interior de los límites que son los de la conciencia griega. 4. 1360b 19-20. 312.at. 71. a «lo que se dice» y «lo que se hace». de todo punto de apoyo en un mundo entre­ gado al azar y donde ya no subsisten. Mas bten. ofrecidos a la ad­ miración de los griegos. y en conjunto la cuestión quedará estancada ahí asta el _ final de la Antigüedad. es � phrónimos. como había sostenido Eurípides. En la Ética a Nicómaco. esp. Cf. 345. se verá que. 6). que parece subestimar la aportación del cosmopoUtismo estoico (poco «griego». pues. en la Ética a Nicómaco la reacción antiplatónica de Aristóteles Le 11e­ va. la que define la verdadera nobleza. 68. 67. pues. en consecuencia.61l sino a aquel que es el fruto de antepasados «valerosos» (ex nétA. P . De hecho. Los héroes de la mitolo­ gía o de la historia griega son. (U. Aristóteles no tiene todavía suficiente distancia como para plantearla. es decir. que tipos o incluso simplemente ejemplos destinados a ilustrar una teoría moral elaborada por otras vías. más que estos pálidos sustitutos ele la trascendencia que son la autoridad de la tradición o l a «excelencia de la raza». p. en un libro desafortunado no sólo por su Lítulo. Si se relee el pasaje de los Ana­ líticos segundos que hemos citado antes. aboca al f tlósofo a la obligación crítica de escoger a los que de entre ellos ilustran su ideal moral. Aristóteles se nutre del ticularidad étnica o histórica de los griegos. fr. Finalmente. Aristóteles no se ha sustraído a esta exigencia. 94. por una pendiente que ya hemos descrito en ?tra parte a recha­ �_ zar la autoridad de los «sabios» para volver. la realización más auténtica del h_om­ bre griego.71 es necesario precisar que la multipli­ cidad misma de los héroes. La equivocación de Dirl­ meier. de manera que es la «excelencia de l a raza>> (aQeui yévO'US). a propósito de la def mición de la virtud 1. ¿no es ir demasiado leJOS en el senttdo de � una interpretación «arca izante»? Ciertamente. opuesto a la no h�marudad _ del bárbaro. A�istótele� no parece haber puesto en cuestión los prejuicios de la soc1edad gn�ga � n tor.60 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 61 i!!idas en «norma última» las «tradiciones más nobles de su pue­ er blo> . se constata que se trata de una misma problemática: encontrar la regla. o más del Pórtico»). _ no a la superioridad de Jos griegos sobre los barb �os. y no el culto de la par­ especialmente en su análisis de las virtudes. 5. es sin duda haber creí­ do que el abandono de la teoría de las Ideas privaba a Aristóteles de todo criterio objetivo. 1. 66. como escri­ be pomposamente Dirlmeier. El spoudaios sería. Ross. Rer6rica l.wv). si comparamos la definición general de la virtud en el libro l l con los textos que acabamos de citar sobre el spoudaíos. el abandono por parte de Anstoteles de la Norma trascendente del platonismo le obliga a buscar en el seno de la humanidad la norma de su propia excelencia. Fr. vemos en ellos que el hombre-criterio toma aquí otro nombre: el de virtud individual. Rose. míticos o históricos. Nauck.. a propósiLo de J099a 23. 4-5. que parece seguir en esto a W. «Cícero De Officüs u� das Lebensid «helemzac•ón Panaitios». .69 Más tarde. Si se comparan las fórmulas. del hombre sin más. sobre el Fiihrerideal de Panec1o como cit. Es cierto que en 1934. 9. y en e l F. sin duda. se sabe que acentúa las instituciones de su tiempo Intentando fundar sobre la naturaleza la distinción entre amo y esclavo. 92. Política. no pare­ ce que Aristóteles haya renunciado a toda determinación intelectual y. puesto que ya no hay ser inteligible del cual serían la en­ carnación. Fr .óyo�. en o que _ concierne a Aristóteles. incluidos los comentadores b1zan1:. pp. Ross.

. y no del ethos. que no es el sabio platónico. Ét. A la intelección de los inteligibles le sustituye. inaugura. 13. el ter­ ..73 Así pues. VI. Si Aristóteles abandona la trascen­ dencia de lo inteligible. . pero -añade Aristó­ teles. J094b 27).ga. Aristóteles particulariza. pues­ to que no bay prudencia sin prudente (cu�do: por lo que sabemos . y a la sabiduría de las Ideas. 3 («Se busca ser honrado por los hombres pru en­ tes».t. no significa que ya no haya nom1a. ahora bten. sino por la rectitud de su JUICIO. (T. sólo aquello que está exento de pena es mvocado por los adv�rsanos del pla l l53a 32 (Aristóteles corrige el argumento precedente. Aristóteles recuerda una vez que no se Juzga bten mas que de lo que se conoce.a virtud: Pitágoras. su . nos remite al personaje del prudente. sino OLávOLa. la inteligencia de los inteligentes. sobre este punto ya hemos apuntado que Aristóteles cita como tipo de prudente al personaje de Pericles. Parménides y Anaxágoras. <ruvt<JLS o yvw¡. Protréptico. la ciencia de las cosas más elevadas. to» mc�uso s no se juicio. . VU. se lo tome en su senado popular o emd1to.oos a yLyvwo xeL. J2l6a J l . ya no • . incluso entendida como virtud in­ telectual. pero sm poner en duda el valor normativo del prudente). relativiza la inteligencia.72 En la definición de la virtud. l l 40b 7. La «regl� r�cta» se encuentra. en­ tendida ella misma como ciencia de las ideas o de los números. Por lo demás. pero se trata to­ davía de uo fundamento intelectual.. os). a la determinación de la esencia de la prudencia. el análisis topológico debe preceder aquí. un «conocurue � : � tr·< �ta de un conocimiento de lo trascendente. fr. aunque sea bajo una f orma nue­ va. Al10ra bien.a. "Ex.76 se ve bien por qué niega a este tipo de hombres la cualidad de prudentes: ciertamente. 5. que la deter­ minación en cuest ión es una determinación de esencia int�lectual. frente al empirismo de la tradición popular y simultáneamente fren­ te a la filosofía platónica de las esencias. individualiza.62 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 63 bien el criterio vivo de tal regla. como en el caso de las otras virtu­ des. sino que es norma en sí misma. Aristóteles noyu�de h�?er temdo �1as que una intención muy partic�llar que 11 � st cacto� del térmmo. destgna una cualidad intelectual. A difer�octa ?�l tenm?o spoudaios. no es para sustituirla por la trascendencia ilusoria de algo irradonal.t') .L 1:ou'twv eo-cLv �L-dj<. sino por la inmanencia cr ítica de la inte­ ligencia. 1 153a 2 7 (el hecho de que el pr�_�dente _ c er ). 5. � pers1gu � . ayaeo. la prudencia de los prudentes.aA. . y más aún -ya que se trata de una virtud ftmdamental implí­ cita en la definición general de la virtud-. y no por cualquiera). l215b 6. Nic. 4. Aris­ tóteles habría podido designar con el vocablo spoudaios a �qu�l cuya existencia permite determinar la regla recta. además Ét. 5b y 1 1 W. mino phrónitnos. S1 la mtebgencta. en resumen. no ha roto por ello con un cierto intelectuaüsmo socrático. Al espec�ficar �1 spoudatos como phrónimos. 76. � es el reflejo de lo inteligible. de los estoicos. . Que Aristóteles haga de la phrónesis en btro lugar una virtud no impide que esta virtud sea algo más qu� ética: es una viJtud de la inteligencia. puede haber una sab1duna sm que haya sab� Pero el prudente no es invocado como ju�z más q�e porqu. que ' aquí no se denomina voi3s. Nic. Estos dos personajes están ya asociados en el Hipias menor de Platón . que se refiere origioalment� a una cualtdad ft�tca. 1. • . ejemplo. sino que añade al e jemplo de Anaxágoras el de Tales. ya que este termJno pa­ rece designar el título genédco de dicho privilegio. es cierto.QlvsL x. como todo el contexto..� t1ene . x. en un contexto en el que el sentido práctic o de estos sabios era ya puesto en duda. como flm­ damento de la regla ética.a. aquello según lo cual se juzga. El prudente sHve de criterio porque está dotado de una inteligencia c�ftica. individualizada en la persona del pl�rommos. 1 . § 3. No sól� es . que nos invita con ello a una reserva dentro de la admiración 74. lo que se podría llamar un intelectualismo existencial. • . poseen la sabiduría. En conclusión. Eud. penmte discermr factlmeote. y es en ello que se es buen juez. (281 e). lo cual parece dar a la pntdencia un fundamento ex1stenct� . experiencia. si �is�óteles ha rechazado la subordinación platónica de la viJtud a la ctencta. el phrónimos (y no el spoudafos) es invocado en otros mo­ mentos como criterio: Ét. pero no renuncia al intelectualismo. no �s tanto la prudencia cuanto el prudente el que es la recta ratzo.75 Si· en la Etica a Nicómaco Aristóteles no vuelve sobre los per­ sonajes de Parménides y de Pitágor as. 75. 3. EL TIPO ' 72. La sustitución del spoudafos tradicional por el phrónimos. 73. además.74 renegando expresamente de los ejemplos que da otras ve­ ces de la mis�. sino el t� smo �ue JU. es decir. que el hombre-medida es invocado aqlJ! no po� la ex�elenc1� de. la prudencia.o-cos M x.

¿No había su­ brayado Platón el ridículo del filósofo que vuelve a la caverna. Estas adver­ tencia<> son hoy banales y lo eran ya para Aristóteles. Gorgias. anim. la ciencia a la ignorancia. 7-8.86 Y se sabe que el propio Aristóteles. 1259a 6-20. trad. Cf. Vil.82 La única diferencia es que Calicles nos invitaba a preferir. que hace al hombre «extraño a todas las cosas que hay que conocer para hacer­ se un hombre de provecho y considerado». 262. es decir. 77. que no es la si rvienta de fines ajenos.64 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 65 que debemos tenerles. desde el punto de vista éti­ co. hizo fortuna aplicando su saber meteorológico a la especulación sobre los olivos.88 Esta mención de Per icles es única en las nente de la sabiduría. indiferencia. l. un representante de la prudencia.lLXOU� xat -rou� n:oÁLtLXOÚ�). en realidad.87 Pero. y parece ver en eJias dos virtudes complementarias. Primera parte. 7... hay que añadir que esta retractación afecta más al sentido que hay que dar al término phr6- rigen la ciudad. si no por su elocuencia al menos por su huida.ignoran completamente lo que puede ser útil para ellos mismos y. y Protré plico. frente a la especulación inútil de los filósofos. como una inferioridad para nosotros: la exaltación es también desinterés. de los administradores de hacien­ das y de ciudades ('t01J� otxovof. 174a. Rose. 87. 85. es «inútil». ridículo. Política. supra. a la acusación de impie­ dad explicando. Cf. Aristóteles no está lejos de darle razón en un cierto plano a la diatriba de Calicles contra el filósofo. nos hadamos condenar in­ justamente. pp. 84. de las cuales no duda que puedan coexisti r en el mismo hombre. 34!-342. 490a. para los hombres. de modo que es di­ fícil saber de entrada en qué Perícles podía parecer a Aristóteles. fr. 80. /bid. 79. 184. lsócrates oponía en la misma dirección el buen sentido (M�a) a la ciencia (bctO"t�f. Croiset. al final de su vida. según el punto de vista desde el cual se las considere. Anlidosis. 486b. 644b 22-645a 5. 5. sino que es su propio fin. 5.8Jl sin la cual. 58. VI. I. 78. n. no sacrifica la sabiduría a la prudencia. Aristóteles ya no opone la virtud a la no virtud. no es recurriendo a sí mismo como Aristóteles da la ilustración típica de esta virtud. fr. l l 4 l b 3-8. /bid. la independencia."�'� del pensador genial incapaz de doblar una colcha?80 ¿No había opuesto las burlas de la esclava tracia a la distracción sublime de pasajes era muy distinta de la de Aristóteles en el nuestro: se trata­ Tales cayendo en un pozo? 81 Pero la intención de Platón en estos ba de oponer la superioridad del filósofo a la incomprensión de los hombres. que no es inmediatamente práctica. al mismo tiempo que su carácter divino. 5 1 7d. por el contrario. su experiencia de las costumbres (f)8wv) es nula».imismo que los sabios en cuanto tales <dgnoran las leyes que VI. según dice una tradición quizá sospechosa. 9). nos dice. 83. difícil y divino». 86. Rose ( 12.78 Esta inutilidad era reivindicada en otra parte como la garantía de la superioddad de la sabiduría.71 Si la lógica y la cronología nos autorizan a ver aquí una retractación de Aristóteles. y la sublimidad. T eeteto. 1 1.. incapaces de defendernos ante el primer acusador que llegara. Sobre esta tradición cf. de un modo general. 982b 20-983 a 1 1 . . Pero lo que en otra parte era proclamado sí aparece. 1 140b 10. no está lejos de consi­ derar a <. Fr.del hombre cualquiera. 34. Pero la invocación de Pericles parece menos el hecho de una predilección particular de Ar istóteles que la alusión clásica a un personaje ya ti- 82.lTJ).. Éticas. Düring. pero. Port. 86. Ibid.35 Ar istóteles. 484cd. El carácter desinteresado de la sabiduría. Walzer). sino la virtud más que humana del filósofo a la virtud mínima -pero excelente a su manera. 484e. la cual no nos pem1ite orien tamos en esta vida (Contra los so­ fistas. Aristóteles no discute aquí el carácter emi­ como una superioridad en Política nos cuenta cómo el propio Tales. 667. la expedencia de los «políticos»83 o de aquel que él deno­ minaba phrónimos. más que cualquier otro. ignoran la manera en que hay que hablar a Los otros en los asuntos privados y públicos. mientras que para Aristóteles Jos hombres tienen razón desde su punto de vista. Panatenaico. Metafísica. modificada. p. sino en el personaje de Pericles y de la gente de su clase. Aristotle in tire Ancient Biogmphical Tradition. si puede ocurrirle al filósofo que tenga que hacer prueba de su prudencia. de A. de manera que su saber puede ser «admirable. queriendo enseñar a sus compatriotas de qué era capaz la filosofía. que no quería proporcionar a los atenienses la ocasión de «cometer un nue­ vo crimen conb·a la filosofía». 81. A 2. Repzíblica. se sustraerá. T. En la nimos que al fondo del problema. 88. nada saben de los placeres ni de las pasiones» y que «para decirlo en una palabra. ha sido afinnado siempre por Aristóteles.

66

LA PRUDENCLA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

67

pificado por la tradición.89 No es la pr imera vez, por lo demás, que el personaje de Pericles y, a u·avés de él, del político era ocasión de un debate ético. En el Gorgias el Sócrates de Platón no había abonado sus crít icas contra los más célebres hombres de Estado ate­ nienses: Temístocles, Cimón, Milcíades y Peticles, estos hombres que se habían preocupado de «engrandecer la ciudad» antes que de hacer justos a los ciudadanos.90 «Han llenado la ciudad de puertos, de arsenales, de muros y otras inutilidades», pero no se han preocu­ pado «ni de la templanza ni de la justicia»:91 cierto, son «hábiles», e incluso más hábiles que los de hoy;92 pero hay que creer que, para Sócrates, la habilidad no constituía la virtud del hombre de Estado puesto que negaba a Per icles la calidad de «buen político»,93 para atribuírsela paradójican1ente a él mismo, e incluso a él en exclusi­ va.'¡.¡ Ciertamente Platón se había mostrado eo otra parte más justo respecto a Pericles: en el Fedro le alababa por haber sabido unir la especulación, aprendida de Anaxágoras, con la palabra y la acción.?� Pero en el Menón el elogio era ambiguo: si Sócrates recordaba que Pericles había sido incapaz de hacer justos a sus propios hijos % era para mostrar que la virtud no se enseña, y que en particular la vir­
r a y el delirio poético que con la ciencia, no podía ser más que el

adivinos, «dicen la verdad a menudo sin saber en absoluto de qué hablan».95 Ciertamente, al ojvel de la ciudad empírica, el político Pe­ r ieles es sin duda un mal necesado, a la manera de los artesanos cuya actividad es indispensable para satisfacer necesidades huma­ nas.99 Pero Platón soñará con otra ciudad y con una virtud más alta para sus líderes. Invocando a Pericles en una obra de ética, en el mismo lugar en el que antaño había citado a Anaxágoras o Tales, Aristóteles no podía menos que afirmar, de una manera que debió parecer provocadora, su oposición al platonismo clásico: se ha habla­ do de una rehabilitación aristotélica de los hombres de Estado; 100 digamos más bien que, en una perspectiva muy diferente de Jo que será más tarde el maquiavelismo, el político simbolizado por Pericles se encuentra erigido en modelo de una virtud de la cual Aristóteles no dice que sea una virtud solamente política, y que se encuentra desde ese momento propuesta a la imitación tanto del hombre pri­ vado como del hombre público. Al conceder un lugar a Pericles en la galería de los retratos éticos, Aristóteles reintegra la experiencia propiamente política en la experiencia moral de la humanidad. Pero hay políticos y políticos, y el caso de Pericles estaría todavía por interpretar, así como la idea que Aristóteles se bacía del buen político. La mayor tentación para el intérprete moderno es sustituir

tud del político, por estar emparentada más con la opinión verdade­ fruto de un «favor divino», donde la inteligencia

(voü�)

no tiene

parte alguna,97 y gracias a la cual los políticos, como los profetas y

estos personajes lejanos por referencias más actuales. R.-A. Gau­

thier, que condena a aquellos que «Se obstinan todavía» en traducir

phrónesis por «prudencia», y que sostiene, como ya se sabe, que se
89. Se podría estudiar desde este punlo de vista el primer discurso de Pe(icles en 1\tcídides (!, 140-144): Pericles, «el primero de los atenienses, gracias a su capa­ cidad eminente para la palabra como para la acción» (139, 4), parece a la vez preo­ cupado por el detalle (xafJ' EX<l<Tt<l) y por el CO n j untO {tO SÚ�lit<lV) ( 145); el COn· junto es la salvaguardia de un Estado de derecho; el «detaUe» es el reconocimiento de la ocasión favorable (X<lLQÓS) que en la guerra no esper a (142. 1). 90. Gorgias, comparar 518e y 5 1 6b. 9 1 . !bid. 518e. 92. 5 17c. 93. 5 1 6cd. 94. «Creo ser uno de los raros a1enienses, por no decir el único, que cultiva el verdadero arte político, y el único hoy en día que pone este arte en práctica» (52 l e).
.

ha de traducir por «sabiduría», cree poder justificar esta traducción mediante una explicación terminológica de la cual no se da cuenta puede· muy bien pasar ante nuestros ojos por el tipo del sabio, phró­ nimos: ¿no hemos tenido recientemente un "comité de sabios" que no era un comité de filósofos, sino un comité de hombres políticos, y el tipo del sabio, no es, a los ojos de todos los franceses, Gandbi antes que Einstein o Bergson?». 101 A la inversa, W. Jaeger, contra quien va dirigida por l o demás la interpretación de R.-A. Gautbier, no había dudado en evocar la Realpolitik: estudiando la evolución suficientemente que es a su manera una interpretación: «Pericles

Fedro, 269e-270a. Menón, 94ab; Protágoras, 319e-320a; Aristóteles, ReuJrica, D, 15, 1390b 32. 97. Menón, 94ab (sobre Pericles), 97b (sobre este pasaje, en el que la opinión verdadea r es opuesta a la cpQÓVTJO'�S. cf. Primera parte, p. 34, n. 85), 99b-I00a.
95. 96.

99.

98.

99cd. Sobre la comparación entre poHticos y artesanos, cf. Gorgias, 5 1 7de. 100. Cf. supra (p. 33, n. 84) la cita de Walzer. 101. En Gauthier-Jolif, en Ét. Nic . p. 463.
.

68

LA PRUDENCIA El"l ARISTÓTEL.ES

LA INTERPRETACIÓN

69

de la política aristotélica hacia el realismo y el empirismo, resalta­ ba el papel que habría podido tener «la larga amistad con un polí­ 2 tico realista como Hermias de Atarnea»,10 que habría así constituido el tipo de político según Aristóteles. ¿Gandhi o Bismarck? No avan­ zaremos mucho afirmando que Perides no fue ni el uno ni el otro. Y, puesto que la histori a sería aqu.i de poca ayuda para la interpre­ tación de un pensamiento en el que la estilización típica no juega más papel que la verdad histórica, quedan por examinar los raros pasajes de la Ética donde Aristóteles describe al político, y que pue­ den servir para defender e ilustrar al phrónimos. De entrada hay que subrayar que Aristóteles, en el pasaje en que cita a Pericles, no le confiere la denominación de phrónimos más que en la medida en que posee un cierto saber: «Pensamos que los hombres de este tipo son prudentes por cuanto son capaces de con­

El prudente conoce lo que es bueno para él mismo, en el caso de la prudencia privada, y para los hombres en general, en el caso de La prudencia polít ica, lo cual es ciertamente una particularización de la Idea platónica del Bien, pero no una particularización arbitraria, abandonada a la concepción que cada uno se haría del bien: Aristó­ teles nos previene un poco antes que lo que él llama «bueno y ven­ ta joso por sí mismo» no significa «bueno y ventajoso parcialmente (xa'ta �téQoc;), como aquello que es bueno para la salud y el vigor del cuerpo, sino absolutamente, como lo que es bueno para vivir

(ngoc; 'tO d í �iív)» . 106

sentido, sino pura y silnplemente

(JteQÍ. u), que apuntan a un cierto fin

Y, si bien existen prudencias particulares

prudentes el buen mayordomo y el buen político, pues ellos se pro­

(,;ÉA.oc; 'tL), 107 no es en este (oA.wc;) que serán denominados

ponen por fin la vida feliz de la comunidad que dirigen; 108 ahora eliz (ya se trate de la c.iudad o de la casa, ya del indi­ bien, la vida f

siderar (ÜEWQetv) lo que es bueno para ellos mismos y para los
hombres».103 El pmdente ve reconocido aquí para sí un cierto tipo de superioridad intelectual; habría que decü·, transcribiendo exacta­ mente a Aristóteles, teórico, acordándonos de que

viduo) es la totalidad que trasciende tos ñnes partieulares.11)9 El pru­ dente no es, pues, el puro empírico, que vive al día, sin principios y sin perspectivas, sino el hombre de amplia mirada, el heredero del O"UVOJt'ttxóc; platónico; pero lo que ve es una totalidad concreta -el bien total de la comunidad o del individuo-, y no aquella Totalidad abstracta y, según Aristóteles, ilTeal que era el mundo pla­ tónico de las Ideas. Ciertamente en el resto del libro VI de la Ética a Nicómaco, donde se trata de oponer la prudencia a la ciencia y a la intuición de los inteligibles
106. 1 140a 26-28. Lo contrario de xata t.téQ� no es expresado aquí. Pero esta expresión es opuesta corriemememe a émA.<i'>� o a xa66M>'U (cf. Bonitz, Índice, ' 455b 60 ss.) 107. 1 1 40a 29. 108. Adoptamos. para las líneas 1 140b 7 - 1 1 , la intepretación de Greeowood frente a la de Bumet, que quería ver eo el jefe de familia y el de Estado ejemplos de pntdencia particular. 109. Dejamos aquí de lado la cuestión de saber en qué marco el individuo al­ canza me jor la vida buena ('to dí �fív): en él mismo, en la f amilia o en la ciudad. Respondiendo: <<en la ciudad» (Política, I, 2, 1252b 30) Aristóteles otorgará cierta prioridad a la política sobre la ética y a la prudencia política sobre la prudencia privada. Pero el problema no está aquí: la prudencia políti ca, como la prudencia eco­ nómica, no se cilan más que como ejemplos de la prudencia en general. Solamente después (8, 1 141b 23) Aristóteles mostraní que, en su más elevada realización, la prudencia coincide con la política, dada la naturaleza «política» del hombre. 1 10. Cf., sobre todo, 9, 1 142a 24-25.

8ewget:v tiene el

sentido de ver, sin que esta visión sea necesariamente de tipo con­ templativo. Que Aristóteles nos haya prevenido antes que el objeto de esta capacidad no pueda ser lo necesario, sjoo lo contingente, que este saber, por lo tanto, no pueda ser denorrúnado ni ciencia ni si­ qujera arte, t().l no cambia nada el hecho de que Ar istóteles continúe viendo en la virtud del político una virtud intelectual: nota que al­ canza todo su sentido si recordamos que Platón la describía en el

(voüc;), 110 Aristóteles

insistirá más bien en el hecho

Menón como una especie de adivinación que no tiene necesidad al­
guna de la ayuda de la inteligencia. Hay que admitir, pues, que Aris­ tóteles reconoce la existencia, al lado de la ciencia y del arte, de otro tipo de conocimiento, que se podría denominar opinión, si re­ cordamos los pasajes en que hace de la prudencia la virtud de la parte opinadora del alma.'05 Más aún, Aristóteles no contesta que este conocimiento sea, a su manera, un conocirniento de lo generaL
102. W. Jaeger, Arisroreles, p. 303. 103. Él. Nic., VI, 5, 1 140b 8. 104. /bid., l l40a 31-b4. b 26; cf. VJ, 2, 1 139a 12. Platón, en el Menón, invocaba ya la opi­ 105. 1 1 40 nión recta como guía de la acción política; pero esta opinión dependía de la adivi­ nación ciega más que del saber.

70

LA PRUDE..'IC I IA EN ARJSTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

71

de que el prudente conoce

también

lo particular,111 pero este «tam­

oscuro 1 16 más que en la meilida en que no se ha reconocido el ca­ rácter intermediario de la

bién» significa primeramente que no se le discuta un cierto conoci­ mjento de lo universal.112 Más aún, en las últimas páginas de la

Éti­

experiencia ar istotélica, que se sitúa a me­

dio camino entre la sensación y la ciencia}17 La experiencia es ya conocimiento: supone una adición de lo particular y está, pues, en la vía de lo universal. Lo que se les reprocha a los sofistas es que, reclamando tener un saber demasiado general y vacío, acopian lo particular sin poseer esa mínima perspectiva de conjunto que cons­ tituye Jo esencial de la experiencia: son como esas gentes sin expe­ riencia musical que llegan a distinguir si una obra es buena o mala, pero sin saber por qué. 1 18 Las colecciones de leyes o de ordenanzas médicas, que son yuxtaposiciones de casos particulares, no son de ninguna ayuda para el que está falto de experiencia,119 pues le f alta­ rá la inteligencia y el discemimiento necesarios parajuzgarlos}20 Lo que Aristóteles denomjnaba en otra parte «la prudencia legislativa» (q;góvr¡at� vo�to(knxr) ),121 y que es una parte de la política, aque­ se encuentra, pues, a similada aquí a la

ca a Nicómaco,

cuya meta parece ser la de reintroducir y justificar

la obra política de Aristóteles, éste parece reunirse con Platón en su crítica de los políticos «empíricos». Después de haber recordado esta verdad de experiencia (desconocida por los teóricos de la vir­ tud-ciencia), según la cual los discursos edificantes no bastan para volver virtuosos a los hombres, Aristóteles viene a constatar -con la intención, parece, de deplorarlo- el divorcio entre la práctica po­ lítica y las teorías políticas: por un lado, teóricos ineficaces, como los sofistas: por otro, políticos «de los cuales se podría pensar que actúan por una especie de capacidad (bvvá�-tet) y por experiencia más que por razonamiento

(EJ.UtELQLQ

�-tñM.ov

ba es que no se les ve jamás escribir o discurr i r sobre tales materias (Jo cual serfa, sin embargo, una tarea quizá más honorable que pro­ nunciar discursos de pretorio o de asamblea), ni tampoco, por otra parte, vemos jamás que hayan convertido en hombres de Estado a sus propios hijos o a ciertos amigos».113 En esto, la política se dis­ tingue -parece que a disgusto- de «otras ciencias y capacidades» que, como la medicina o la pintura, pueden ser enseñadas y trans­ mitidas}14 Detrás de esta descripción de la política dificultad la polémica platónica de

i} cSwvolq):

la prue­

lla misma cuyo desarrollo anuncia Aristóteles en una obra ulterior,122

experiencia. Pero la empei­ ría de Aristóteles evoca otra cosa distinta del «empirismo» de los
modernos: si se entiende por tal una acción más que un saber, más aún, una acción sin principios y sin perspectivas, que muere y re­ nace al son de las circunstancias, estamos en las antípodas de la experiencia aristotélica, que no se opone menos a la práctica ten­ ia que a la ciencia «inútil» de los tativa e inmediatamente utilitar principios. La experiencia no es la repetición indefinida de lo par­ ticular; pero entra ya en el elemento de la permanencia: es ese sa-

de hecho,

a la

que se le reprocha l a falta de perspectivas teóricas, se reconocerá sin

Men6n

y

Protágoras

contra Jos

políticos que, como Pericles, se han mostrado incapaces de transmi­ tir su habilidad a sus descendientes. Pero la política tal como la concibe Aristóteles no será tan dife­ rente de esta política de hecho. Deberá ser un equilibrio entre la ciencia y la familiaridad

1 16.

Así para Rodier (en

(O'Uvi}8ELCt)

con los negocios. Sin embar­

la polftica <<empírica» en el pasaje precedente era un lugar común que Arbtótelc:. no tomaba enteramente en serio. 1 17. Cf.

Ér. Nic

. •

X, p. 145), que no ha visto que la crítica de

go, este equilibrio no podrá ser mantenido más que por mediación tido, la

de lo que Aristóteles llama precisamente, y esta vez en el buen sen­

Meta fí sica, A, 1 , donde la Elll't€tQia es distinguida claramente de la

ato011m<;. Gracías a la memoria. el hombre (a diferencia de los animales) accede a

ex perienci a (EJ.UtELQLCt),

sin la cual la f amiliaridad es inac­

cesible y la ciencia impoteote.11s Este texto no ha podido parecer

"t€XVll Oti.t tilt; EllJTElQÍ.a¡; "tOl<; avOQ<Ímot<; (981a 2). Según Alejandro. la experien­

la experiencia y, por medio de ella. al arte y a la ciencia : CmOÓaÍ.VEl O'ErrtOtlÍIIll

X<.tl

cia es ya un «conocimiento general» (yvG>m<; xuOoA.tXlÍ). aunque no sea todavía un co» de la

conocimiento de lo general (4, 20 ss.). Sobre el car .ícter ya de alguna manera «teóri­ 1 1 1. 1 12. 1 1 3. 1 14. 1 15. Cf., sobre lodo, 8, 1 141 b 15. 1 14 1 b 14: o'Üo' e<rdv 'tÍ <pQÓVl']O'L<; "tW'V X, 10, 1 J 8 1 a 1-6. 1 1 80b 32-34. l l8la 10. 1 1 8. 1 1 9. 120. 121. 122.

.'ir�a aristotélica, cf. R. Stark, Ari.rtoteles-Studíen, pp. 4-l 9. em ¡ )(

xaf:lóA.ou J.lÓ'VO'V.

Et. N1c., X,
1 181b 2

SS.,

10, l l 8 l a 22. 5
SS.

1 1 8 L a 18, b 8. VI, 8 , 1 1 4 1 b 24

SS.

X,

10, 1 18 1 b 12 ss.

72 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA TNTERPREfACIÓN 73 ber vivido más que aprendido. 1 104b 8-12 (sobre el papel del placer y del dolor en la educación): Magna Mora/ia. sin embargo. 219a. 3-6. Cf. 125. pero no por ser inteligente o poseer tal o cual cualidad natural. 9. que las de la herencia. . En Aristóteles. Cf. Se sabe que el libro IJ de la Retórica está consagrado a un estudio del párhos y del ethos en tanto que este conocimiento es requisito para la eficacia del discurso. 164a. a lo más impersonal.cntv. 10. I. 1 144a 30. del placer y de la pena. T eeteto. Nic. 4 l l e. 1 179b 2-26 (]os discursos racionales no bastan para trans­ formar el étlzos). VII. So fista. VI. 129. pero si es perverso. 111.). combinar los medios más eticaces. como la experiencia (y no es casual si tanto la una como la otra son atribuidas a los políticos como Peri­ cles. hac iendo de las virtudes ciencias. Al hijo le toca recomenzar la tarea del padre y volverse viejo a su vez. cf. Si la ciencia se dirige a aquello que hay de menos humano en el hom­ bre.saber: la incomunicabilidad de la experiencia no es más que el re­ verso de su singularidad irreemplazable. 533d.ú�) y. sin embargo. empleado en otro sentido).vetoL yáQ ümv ot <pQÓVt¡. 1 1 W. l 142a 13-17. la tem­ (aw<pQOO'ÚVT]). no es más que hipocresía»_129 La habilidad se parece a ese «ojo del alma» del que hablaba Platón 130. y menos oscuras. sobre todo. VTI. (n:áeo. el intelecto. o por ser virtuoso. VII. n. es una capacidad digna de elogio. l.LO�.127 Este último rasgo nos permitirá. cuya guía son. para acabar. y sí se transmite por las vías universalizables del lógos. República. Si bien es posible dedi­ carse a las matemáticas de joven. en la paciencia y el trabajo. como se puede ver. cf. se acercan entre sí y se oponen a aque124.vó�). a e te nivel en que el Lógos mismo debe hablar el lenguaje de la pasión nive1. Aristóteles afirma a la vez que no se puede ser virtuoso sin prudencia ni prudente sin virtud moral (Vl. 1 1 14b 7. Il. Que hace falta ser viejo para ser phrónimos debía ser un luga•· común que se remontaba sin duda a los coros de la tragedia. l l43b 14. Crarilo. 32. 1 144a 23. VI. 12. si quiere ser oído por ellos y elevarlos a su bilidad en cuanto tal es indiferente a la cualidad del fin: «Si el fin 123. 1). Política. a un nivel más vital se sitúa la experien­ cia: a este nivel en el que las facultades intelectual.14. el pudor (atóc. p. 6 &'enawo� áeeti'l�· 128. 1 1 40b 1 1.es son responsa­ bles no sólo de la lógica de su contenido. Cf. sino también de la con­ ducta del hombre. fr. Ét. Banquete. 1 1 . más rico en disponibilidad que en contenido. más enriquecedor para el sujeto que rico en ob­ jetos claramente definibles. 1. 13. es a aquéllos y no a éstos a quienes se Les ha de dirigir el reproche. Que un saber así sea incomunicable. l. como lo muestra el ejem­ plo de Pericles y de sus hijos. X. que reconocemos a aquellos de quienes decimos que «tienen experien­ cia>>. y si los hijos no se parecen a sus padres. 131. Vl. pero no que no se trate de un . 1 1 52a 1 1-14. Hay ahí una apariencia de círculo vicioso sobre el cual nos explicaremos más adelante. 13. 5 1 8c. Snell. profundo porque no deducido. 13. pues son necesarias mediaciones menos transparentes que las de los discursos educativos. 5. 1 144a26. desprecian el páthos y el ethos). del carácter c�eo�). 34. según Aristóteles. VI. Ét. de la cual -. singularidad que atañe a cada uno reconquistar para sí mismo. cf. 127.. 126. sino de la reanudación. que unen en una síntesis cada vez única la capacidad de pers­ pectivas de conjunto con el sentido de lo particular). «el ojo del alma» designa una facultad más judicativa que contemplativa. distinguir el pru­ denre de otro personaje con el que se podría confundir la compara­ ción del político y del mayordomo: el personaje deJ hábil (&et. La relación entre la prudencia del padre y la del hijo no es del orden de la transmisión. 2. Mttgna Moralia. 1 1. 1329a 15: 'H OE <pQÓVTJOL� ev nQeoóu-tÉQOLt.y que. en cambio hace falta tiempo para acceder a la prudencia: 121 este tiempo no se puede forzar ni siquiera prever. Vl. 1 197a 17: btc:x•. jugando con la etimología al estilo de Platón.123 La prudencia es. La expresión es de origen l1omérico (B.�v nos dice Aristóteles. pues.128 Pero la ha­ es noble. como atestigua el Protréptico. Hace falta re­ tomar en adelante lo que Platón oponía a los hombres de Estado: la prudencia es aquello que no se transmite de padres a hijos. dado un fin. sólo ve el bien si es puesto del buen lado por la virtud moral. sino aquellas virtudes morales que tendrá la planza misión de guiar: 125 el valor. 9. Pistelli (donde phr6nesis es. 1 144b 31-32). Sobre la metáfora del «ojo del alma». 1 182a 15-23 (sobre el error de aquellos que... y cuya adquisición supone no sólo cualidades naturales. Emdeckung des Geisres.'31 La prudencia llas que se apoyan sobre demostraciones. prueba que se trata de un saber en­ raizado en la existencia de cada uno. 1143b 1 1 . La habilidad es la capacidad de reaUzar fácilmente los fines. que es l a salvación de la prudencia (o<i>touaa cpQÓV'l10W)_ I 26 Por eso se alaba a alguien por ser prudente. 130. 254a. VI. es decir. donde las opiniones de las gen­ tes con experienci� los ancianos y prudentes. La pmdencia es ese saber singular. 5. 52. Nic.

135. �ta eúqnita no es una excepción. pues. A menudo se ha puesto de relieve el cú·culo vicioso que impli­ carían estas fórmulas. X. F1mdamemació11 de sica de las costumbres. 127-129 y la merafl 132-133). es interpretado a continuación por Kant como una indeterminación ontológica. y ser ya pmdente para volverse tal por la virtud. Rodier piensa sin duda en r. La participación inmediata en la moralidad es decir en la elaboración espontánea de la regla recta no está reservada en vida ' ' a reprenderlo? 135 Así pues. los consejos de la prudencia. 1 1 14b 6. sino de lo que e� preciso para obtenerlo» (p. como Aristóteles. se dirá de la vit1ud moral que es la virtud natural del prudente y de la prudencia que es la habilidad del virtuoso. _ en él m1smo las condiciones fundamentales de la felicidaJ y de la muulada. por tanto. sino como lo bueno a lo indiferente. moral. pp. 1 179b 23. más que proporcionar la receta universal que per­ m s que a un pequeño número de elegidos: los otros vivirán quizá baJO la regla recta. nacen igualmente aptos para la virtud. No hay.. 10. Aristóteles retoma el problema desde otro punto de vista. 1 144a 27. Kant. y e y bueno. Pero la doctrina de la universalidad del Logos es extraña a la cosmología de Aristóteles y. esta misma intención en cuanto intención del bien depende de la virtud intelectual de la prudencia. 132. «No se trata aquí de que el fin sea razonable s indif los medios. o. p.137 Si la coerción es accesible a todos y si. 36 (aMvm:ov <pQÓvt(. a su antropologfa. advierte que la habilidad atañe a la elección de erente a los fines. ya que tienen en ellos una par­ celé! del Logos divino. un Estado policial dad de discursos éticos? Y a la inversa. Ét. Por el contrario. la virtud se­ guirla estando subordinada a un azar fundamental. sino conexión entre la prudencia y la virtud moral : la pn. Aquí. Precisamente porque es un único y mismo personaje el que es a la vez virtuoso y prudente. l l79b 8. Para Kant. 13.tá completa y no . si la intención del bien en cuanto tal intención depende de la virtud bien organizado puede inculcar a todos los ciudadanos las «buenas costumbres>>. Serfa interesante comparar la distinción aristotélica y la dis­ tinción kantiana entre la habilidad y la prudencia (para Kant. Nic. sólo analogfa.lOV eivaL �l� ovta l. Está claro que Aristóteles no nos enseña 132. ID. encarnada exclusi­ vamente por el prudente. El phr6nimos. aunque se sea hijo de Pericles.. 133. Vol­ vemos a encomrar por este ángulo la verdad según la cual no hay virtud moral sin prudencia ni prudencia sin viJtud moral. /bid. 1 179b 27-29. . pues. para Aristóteles la prudencia se opone a la habilidad. por lo tanto. excepción hecha de los «monstruos». m Pero este análisis se complica por el hecho de que. al valor. Ar istóteles describe un tipo prestigioso. la habilidad del virtuoso. pues. . 126). sigue planteado el mismo problema: aunque no hubiera más que un solo monstruo sobre la úerra.. lo que en ambos era presentado con indiferencia moral con respecto al valor de los fines. Pero sólo hay círculo vicioso si se busca una génesis allí donde Aristóteles descubre una concomitancia en la uni­ dad de un mismo sujeto. insiste por el contrario en las dificultades morales desperadas cuales sean las s Sin embargo. que es la única que permi­ te a la virtud natural convertirse en virtud moral.l­ dencia es mediadora entre la virtud natural y la virtud moral. a veces sobre la disponibilidad cuasi universal para la virtud. 10. es decir.•l-1 Pero ¿acaso éstas tienen necesi­ mitiría imitarlo: no se vuelve uno fácilmente un segundo Pericles. Todo el contexto contradice la interpretación optimista de Rodier.136 de «favor divino». 7. una vez más. imperativos hipoté­ ticos asertóricos. Sin embargo. el del nacimiento. que no son otros que los de la imprevisibilidad de los con ello ni a volvemos prudentes ni virtuosos. VI. la prudencia guía la elección de los medios con relación a lo que es el fin efectivo de todos los hombres. 1 179b 22. eilqnita). segunda sección.132 Un poco después. trad. sigue siendo en Aristóteles el heredero de una � 134. etc. según la cual esta parte de «divino» seria concedida a todos los hombres. 136. pues haría falta ser ya virtuoso para volverse tal por la prudencia. es decir. La educación moral debe reconocer sus límites.. una «posibilidad»: la habilidad regula la elección de los medios con relación a todo fin po­ sible. ajenos a la moralidad. mostrando que la prudencia es a la habilidad lo que la virtud moral es a la virtud na­ tural: la prudencia es una especie de reanudación ética de la habili­ dad. ean por la doctrina de la t iaciones de Aristóteles. a excepcióo de los «rn�ostruos»: <<Todo hombre cuya natumleza e:. no sólo como lo determinado a lo indeterminado. Nic. como la virtud (susceptible de elogio) a la naturaleza moralmente neutra. por tanto.) por la inten­ ción del bien. sería una «Suerte» no serlo.74 LA PRUDENCJA EN ARISTÓTELES LA �ERPRETACIÓN 75 es. X.tyaOóv). de Delbos. en la base de la vida moral se da una parte irreductible de «suerte» o «fortuna». fr. 1 144b 5 ss. la felicidad: las reglas de la habilidad son im­ pcrJtivos hipotéticos problemáticos. pero no serán la regla recta. que insiste a veces en el pequei\o número de las almas var bien nacidas. Los estoicos serán los primeros en enseñar que todos los hombres. cf. 137. Los discursos éticos no tienen eficacia más que sobre las almas bien nacidas. 2). del mismo modo que la virtud moral es una regeneración de las disposiciones naturales (a la templanza. la distinción entre habilidad y prudencia no es de ca­ rácter ético. porque una y otra son imperativos hipotéticos y. 1099b 19 (cuan­ do el texto al que remite.l•ene virtud . es la condición normal de todos los hom­ bres» (en Et. ¿cómo «el hombre que vive según la pasión» podrá prestar atención a los discw·sos que tienden destinos individuales. pero la virtud moral es mediadora entre la habilidad y la prudencia.

el bien natural y la experiencia adquirida. si las circunstancias fueran otras. l l04b 26. el sentido teórico y la habilidad práctica. de la conciencia y de la acción. por ejemplo. la habj!idad y la rectitud. 15.e. n. sino también por la referen­ cia a un cierto tipo de situación. pero que puede aplicarse a toda Est<. que comienzan a aparecer en la época de Aristóteles 138 y a las cuales intenta oponer. como un último dique. bre del interior y del exterior. del fin y de los medios. la lucidez precavida y el heroísmo. PLATóN. Ni «alma bella» ni Maquiavelo. justo. de la teoría y de la práctica. Como atestigua. la inspiración y el trabajo. Ét. 1 109b 16. 1 Jl9b 17. alli donde no hay ninguna posibilidad l. 'H e. lV. LA CONTINGENCIA I «Una disposición se define por sus actos o por sus ob jetos. 2. sino ambos a 2..2 La materia de la acción es aquí tan poco extraña a la defi­ nición de la moralidad que la virtud no puede ser definida sin su objeto: El acto virtuoso no sería lo que es.. la virtud no sería del que es. eveQyeí. l !09a 28. etc. lo que es.»' Mediante esta fórmula. que no se define sólo por un cierto tipo de disposición subjetiva. cuando y donde hace falta. El phr6ninws de Aristóteles reúne rasgos cuya asociación hemos olvidado: el saber y la inco­ municabilidad. . 1 107a 17. l .�<. 1:ett'<. sino también con lo que hace falta. Aristóte­ les manifiesta la doble cara de la virtud. si el mundo fuera distinto De hecho. Pero este privilegio sigue siendo el de la intelectualidad. República. COSMOLOGÍA DE LA PRUDENCIA Dios no es la causa de todo. más aún. la Antí gona de Sófocles. que encontramos a mitad del desarrollo sobre las virtudes morales. es indisolublemente el hom­ simboliza ni el idealismo político ni el oportmlismo. Nic. 138. incluso si no es intelectualmente definible ni transmisible por discursos racionales. 379b § l.76 LA PRUDENOA El'\ ARISTÓTELES tradición aristocrática que concede aJ alma «bien nacida» un privi­ legio incomunkable al vulgo. 6. 2. el buen sentido y la singularidad.at xat wv e<n:Lv. incluso no sería en absoluto. la unidad todavía no disociada del prudente de la u·adición. ÓQtl. O más bien estas son oposiciones modernas. El personaje de Pericles no la vez. l 122b 1 . la eficacia y el rigor. en su descripción de las virtudes morales. y. Aristóteles se cuida de indicar cada vez las situaciones que dan al hombre la ocasión de ser valeroso. Ser virtuoso no es sólo actuar como hace falta.. m. liberal. en general.ett<. ll. 9. Allf donde estas situa­ ciones no se dan. o aquello que debe ser.

Pero. en i 3. 8. VI. V.io según la esencia. 1 3.wc. xaL cp8oQá) no es más que una especie del cambio en general. l l4 1 a 19. comienzo del capítulo precedente. cf. 1 143b 20.78 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA fNTERPRETACIÓN 79 de que se den. una cierta indetermi­ nación. 1 . de una ontología de J. el dominio de lo contingente. Si la defi­ nición de este horizonte se ha de buscar en alguna parte. p. Z. Cf. l l78b 9-18. del mismo modo que el camb. infra. ! l . 127). puesto que es ella la que aprecia y juzga las situaciones. 7. VI.a contingencia cuyos Li­ neamientos importa recordar. 5. insertarse en el orden del mundo para modificarlo. Sin embargo. 1 O. 'tO evbsxó�-tevov aA.wc. X. 12. y sería conceder a la virtnd un valor que no tiene5 el querer atribuírsela a seres que. 1 10. 73. de las «excelencias» intelectuales. puesto que esta virtud no es una virtud particular. sería evi­ dentemente en la definición del objeto de la viitud de la prudencia. Pero esta función de la prudencia no es posible más que en un horizonte m� ís universal. etc. l l39b 19 SS. I. 1 . tampoco hay razón alguna para que estas virtudes florezcan. 1042b 8.á (cf p. 1 1 4 l a 1 . que para él parece ser totalmente obvio.10 La teoría de la prudencia es. que es aquel por el cual una situación en general es posi­ ble. VI. más profund amente. 8.tLa. sino la virtud rectora que determina la tarea de las otras virtudes. del cual trata en este mismo libro VI bajo el títuJo de las . al dominio de lo que puede ser de otra manera. a propó­ sito de la prudencia. La virtud forma parte de las cosas d ignas de elogio. 4.. l l40b 27.. es un poco más explícito a pro­ pósito del arte.. 145. �Eta A. Aristóteles no desarrolla apenas este tema. pues.6 Es por ello que la prudencia se distingue tan claramente de la sabiduría. Vl. 6. VI. n.A. puesto que ofrece esta latitud. 6. pues no viven en un mundo en el que se haya de firmar contratos. no tienen evidente­ mente nada que hacer con ella. 4. 7. la cual debió parecer escandalosa a los platónicos y parecerá todavía difícil a P1otino:3 los dioses no son ni justos ni va­ lerosos.14 Apenas hace falta subrayar que. el nacimiento y la destrucción (yévsmc. 1 140a 1). En primer lugar. la disposición a actuar (:rtQUX't�xf¡) acompañada de regla se denomina prudencia. suponer que éste. 14. 13. l76a ) y aquella de Aristóteles según la cual Dios no es virtuoso. siendo lo que son y viviendo allí donde viven. A este horizonte Aristóteles le da un nombre.9 versa sobre las realidades más inmutables e ignora el mundo del devenir. 7. cf. es. Cf. 200b 32. un horizonte de la virtud humana en general. 2 (Sobr e las virtudes). 1: l ¡. Sobre esta dislinción. no de los bienes trascendentes./c/. 7. DI. pues. ni liberales. como hay un tipo de situación propia a cada virtud particular. en el sentido en que lo son las otras. Enéadas. Metafí sica. de alguna forma. VI. Actuar y producir es. pero eso no es más que una especie de «lo que puede ser de otra manera».1 1 . lo contingente es denomi­ nado «aquello que puede ser o no ser». pues.óyou JtOLfl'tL'x:r¡) se denomina arte (tÉXVYJ). 1032a 15. To\) o' EV0€XOW�VOtJ 6.11 Ahora bien. H.«virtudes». donde Plotino se e sfuerza por conc ­ liar la tesis de Platón según la cual la virtud vuelve al hombre semejante a Dios (Tee­ teto. y dedicarse a un arte es consi­ derar la manera de traer al ser una de esas cosas que pueden ser o no ser (n nl>v evbsxo�-tÉVú)V xuL elvm xat �i¡ stvm) y cuyo prin­ cipio reside en el productor y no en la cosa producida. Aristóteles sacará de ello la consecuencia que se sigue ri­ gurosamente. en tanto que es una cienCia.). 2.4 Los dioses no viven en el mundo de la relación. VI. ni templados. n. veamos cómo la Ética a Nicómaco justifica esta intru­ sión de consideraciones de entrada extrañas a la ética. El objeto de la acción y el objeto de la producción petienecen. es decir. 12 A decir verdad. 4. antes de remitir a otros textos aristotélicos. SXSLV. si la disposición a producir acom­ pañada de regla (este. 5. Fí sica. para Aristóteles como para el pen9. con una insistencia que no parece que los intérpretes de su pensamiento hayan tenido siempre muy en cuenta: la prudencia se mueve en. 1 14lb 9 . exetv ecrn "tL xai JCOLlltOV xat JtQWHÓV (Vl. comporta un cierto juego. Aristóteles parece haber llegado a este resultado mediante un análisis de las condiciones de la acción (JtQéisLS) y de la producción (:rWLl]mc.7 versa sobre lo necesario 8 y. 5. una cierta incompleción. distribuir sumas de dinero o moderar deseos. l l 40b 5. la cual. V LETRAS . pues. solidaria de una cosmología y. de aquello que puede ser de fonna distinta a como es. afrontar peligros. «El arte concierne siempre a un devenir. 3. aquello por lo cual el hombre es un ser de sitnacióo que no pue­ de vivi r los principios más que en el modo del acontecimiento y de lo singular. 1 140a 10-14.A. La prudencia no es sin duda una virtud situada. 8. btmve-¡. . de la aventura y de las necesidades. 1 J 4la 16. Hay. tanto que es la más alta de las ciencias. F �63352 ��8 F I LOS O F \ .»13 Este texto suscita dos comentm·ios. es decir.

Aristóteles parece distinguir aquellas cuyo prin­ cipio reside en el productor -son los nuevos. corresponde a nuestro concepto de contingencia opuesto al de necesidad. Igual­ mente. 6). 222b 16. 13. . Nauck. 640a 28-29.). al dis ociar el ser en potencia y el ser en acto. las cosas con­ tingentes] a los seres naturales que tienen en ellos mismos su princip io». 9Sa 24-b 1) entre la causa y el efecto. 5. que las empresas humanas tienen una cierta afi nidad. Suma teológica.2' pues esto probaría más una concunencia entre el azar y el arte. por ejemplo.. tiene menos por objeto la naturaleza que los faJios o el carácter inacabado de la naturaleza. pp.. invocando los textos en los que Aristóteles nos dice que la salud es indiferente­ mente el fruto de un azar o del arte. l362a 2-S. 4. En cambio. a. 17. a propósito del análisis de la deliberación en el li­ bro Hl. otras veces lo contigente e s opuesto a lo neces:1rio en el interior del mundo del devenir. de una manera voluntarian1ente velada. I. ef. probablemente que el arte es el fruto de la inspiración. y el comentario de Simplicio (en Ffsica. que debe ser entendida. la praxis. la vertibilitas in nihil de la entes la posibilidad de una que hablarán los cr is­ tianos. los parece que eso sea propiamente hablando e. es decir. no hay duda de que es aquí más inoportuno que nunca aplas­ tar esta ligera insinuación de Aristóteles bajo comentarios demasia­ do sabios. t iene aquí el sen­ tido Jato de «cambio». Así pues. es clara. e introducir así el tiempo. no es fortuito: tal como hemos mostrado en otra . no hace . 1 140a 14: «El ane no concierne ni a las cosas que existen o cambian necesariamente ni tampoco !entre las cosas que permanecen. . 199. en el segundo. Flsica. cuyo feliz resultado sería rei­ vindicado por ambos. los movimientos que por su circularidad son una imitación de la inmovilidad. la definición del ser natural: «aquello que tiene en sí mismo un principio de movimiento y reposo». y 468 ss.e xat wxr¡ téxvrrv) constituye el fr agmento 6. del arte: «En cierta manera. si es verdad que el agente tiene en él mismo su propio principio y que en esto está emparentado con el ser natural. puesto que.. La cita de Agatón ('tÉXVll lVXf!V gcneg!. xí. es interesante apuntar que Aristóteles recurre una vez más a la sabiduría de los poetas para recordar. introduciendo así una cierta artificialidad. en Fí sica. l. como lo dice también Aga­ tón: ex nihilo ni el poder-no-ser nada.80 LA PRUDENClA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 81 sanúento griego en general. hace salir al ser de sí mis­ a. 2 1 . la posibilidad del obstáculo (cf. reconociendo entonces que puede haber movimientos necesarios (cf. en el interior de las El arte ama el azar y el azar ama el arle». Así pues. VI. 13. nu1s que aplicar a l a acción moral nociones primitivamente elaboradas para explicar la actividad productora» (p. es decir. Pero este desplazamiento de sentido. el domi­ nio del arte es el mismo que el del azar. 1.vr¡ou. con el azar. el movimiento es fundamento de la contingencia en sentido estricto. 16. es decir. 19. Más aún. de la aventur «movimientos necesarios» designa los movimientos de los a stros.l dominio de la naturale­ agibilia? No za.w No es importante artef acta- y aquellas cuyo saber lo que Agatón quería decir con eso. es el comienzo de la indetenninación. No se habrá explicado nada. 27-328.. 20. 2: «Omnis creatura est ver­ tibilis in nihil». la expresión designa las cosas en movimiento con relación a las cosas en reposo. Nos parece que Aristóteles no siempre distingue claramente estos dos sentidos: a veces lo contingente es opuesto a lo eterno. nilv E� &váy?<. 1 140a 1 7 ss. . santo Tomás. Part. El movimiento. de la simple movilidad a la contingencia en el sentido estricto. 16 Si la situación de los objetos de producción. y sólo éstos. es de­ cir. el caso de la acción no difiere f undamentalmente del de la producción:'9 una y otra no son posibles más que en el hori­ zonte de la contingencia. . Cf. 197a S.'' ¿dónde situar los objetos de la acción. principio reside en la cosa producida misma. p. pos1. cf. en otros parte (Le probleme de l'eu·e. Cf. Pero se puede decir que a nivel del mundo sublunar hay una identidad entre movili­ dad y contingencia. siendo esa indetermi­ nación precisamente la que permite a Aristóteles poner los procesos naturales en el dominio del «poder ser de otra manera>>. Anal. R. 1 .18 Desde este lS. 12. 18. estarnos autorizados a aplicar a la prudencia lo que Aristóteles dice. que subraya. que es «estático» (Fí sica. Gauthier en su comentario: «Aristóteles . 4 1 8 ss. quizá incluso una cierta complicidad. para concluir. En el pri­ mer sentido. pero la nota vale también para el libro VI). Hay que decir aquí que esta expresión puede tener dos sentidos: significa de entrada que una cosa puede volverse distinta de Jo que es. su ac­ ción en el mundo implica su propia sustitución en lugar de los agen­ tes naturales. sino de lo inde­ gente es más vasto que el del arte.r¡� .l5 sino que se trata sólo de la posibilidad de que esta esencia se disuelva en los elementos de la cual salió. Lo que Aristóteles llama mo. sino como una cierta propiedad negativa que afecta a los procesos naturales. que una afinidad recíproca. 192b 13-14. El segundo comentario es que el dominio de lo contin­ cosas contingentes. Le probleme de l'en·e. pero significa también que la cosa que es lo que es podrfa ser actualmente diferente de lo que es.-A. pues. lll. si el arte es productor de terminado. La acción inmanente. II. q. Veremos en el capítulo siguiente las consecuencias de esta asimilación. 11. U. anim. TV. losf actibilia. más que el resultado de reglas concer­ tadas. Cf. no los saca de la nada. 433). no como una re­ gión del ser. Retórica. S. por ejemplo. el poder-ser no designa la posibilidad de un surgimiento vuelta a la punto de vista. 327. que son los seres na­ turales. yLvo�tévrov de la línea 1 140a 14).

De natura deorum II. 1 l l2a 32-33. el ejemplo de la estrategia o de la na­ vegación. El arte no es. como lo será para Bacon. nuestra obra Le probleme de l etr e. Pero. parte VI: «Conociendo la fuerza y las acciones del fuego. Cf. 5. 6. no tendrá jamás la exactitud que tiene la de la ciencia.82 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 83 textos Aristóteles. más aún. Cf. su papel es ayudar a la naturaleza «Y llenar sus lagunas» (-c. donde la complejidad de los casos siempre singulares escapa a la generalidad de las «listas de prescripciones». 50. 24. 11. infra). p. Mewfí sica. 3. En la Ét. DescartcB. La filosofía aristotélica de la contin­ gencia explica que el arte no haya unido su sue¡te a los progresos de la ciencia. la naturaleza del mun­ do sublunar estará siempre separada de ella misma y sus lagunas no serán jamás abolidas del todo. l-1 1 P. ll2b 4-7. Ét. fr. además. Ahora bien. cf. acercándonos a los árnbitos de aplicación de la prudencia. .tettov. fr. Protré ptico. 6. 98la 3-5. del agua. añadido a la naturaleza. 426. 498-499. l l . la ciencia es una explicación total y no puede desarrollarse más que suprimiendo la contingencia. nos pem1iten comprender mejor su pensamiento: el de la medicina. 44). los podríamos emplear del mismo modo para todos los usos que nos son propios y así volvernos dueños y poseedores de la Naturaleza». Cf. de una manera general. De fato. nos enseña que el azar debe difuminarse poco a poco ante los progresos del arte. para la acción humana. Discurso del método. sino e. cf. Ét. 198a 5-6. pp. Los comentarios precedentes no impiden que el azar y el arte sean --conforme a la Tipartición t platónica. !!B'ta A. XIT-XTIT. y tanto uno como otro no son más que aproximaciones a la naturaleza. Nic. sólo tiene sitio y sentido en la me­ dida en que la ciencia no explica ni puede explicar todas las cosas. A. De philosophia. 1032a 12-13. Sobre la interpretación de esta doctrina en Aristóteles. 8. el arte y eJ azar no tanto delimita tres dominios diferentes cuanto distingue las tres especies de causas por las cuales la naturaleza inacabada del mundo sublunar tiende más o menos felizmente a sus fines. 1 1 W. acompa­ ñada de regla. 3. 1071 b 35. 16.24 Por el contrario. fr. 11. sino a la ciencia. Leyes. sino para acabarla en ella misma. \\ . para un g�iego. 2. el hecho de que haya en el mundo hechos de azar inexplicables e im­ previsibles es una invitación siempre renovada a la iniciativa del hombre. sería inútil llamar al médico: la universalidad de la explicación cien­ tífica sería la justificación de la pereza humana. 28. el arte y el azar.causas eficientes distintas: el rute humano utiliza el azar para suplantarlo. ' . Metafísica. de la cual Aristóteles nos recuerda que trata sobre lo que no puede ser de otra manera. l l W. l247a 5-7.26 no para humanizarla. J070a 6-7 (donde la túxr¡ es dis­ tinguida del CtU'tÓ¡. no habría ningún sitio para el rute ni. de la cual vere­ mos que es sólo «deliberativa». por ejemplo. Z. de los astros..2' Lo que Aristóteles quiere decir aquí es que. 49. . y que no prospere más que en una atmósfera de azar. de los cielos y de todos los otros cuerpos que nos rodean . A. IX. n. cf. lll. Pero esta racionalidad. 2 1 W (Cicerón. Cicéron. conforme al optimismo racionalista ele los sofis­ ta'>. Si estuviera científi­ camente establecido que el enfetmo debe morir o que debe curarse. Vlll.l hombre insinuándose en las lagu­ nas de la naturaleza. la frase de Aga­ tón no signif ica en el pensamiento de Aristóteles que el arte sea una actividad adivinatoria y sin principios: va. sino a sus fracasos. 27.a JtUQUAeutÓ�teva rijs. cf. Ffsica. y así el arte no tendrá fin.óyou. el arte no progresa en el mismo sentido que la explicación cien­ tífica: desaparecería más bien a medida que ésta progresara. «El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término» (Fí sica. en el cual estaría establecido que nada puede ser de otra manera a como es. Meta fí sica. Aristóteles invoca aquí ejemplos que. l. 5. pp.. retomada por Atistóte­ les. inversamente. Pistelü). cpvoews avan/. cf. que compo1tan una gran parte de azru}8 y donde ninguna 26. 23. 1-2. Esta asimilación de la •éxvr¡ y del voüs era por otra parte conforme al modelo platónico (cf..27 de la naturaleza. l . Aristóteles añade la necesidad y reemplaza el arte por la inteligencia (para esta última sustitu­ ci6n cf. Pero Aristóteles se asegura de que no progresará siempre. l258b 35-36.25 Esta última concepción no tiene sen­ tido sino porque la ciencia moderna se contenta con seguir en la natmaleza las series causales múltiples.. Así. VI. cuya misma pluralidad deja una parte a la contingencia y así un campo a la actividad humana. consecuencia de la necesidad universal. en un mundo perfectamente transparente a la ciencia. . por el contrario. Sobre el argumelllo perezoso. 1 99a 1 5 -J7). X.r¡goiiv) (Protréptico. para naturalizarla. 888e-889a). 7. El arte muere a base de ciencia e. es decir. 108-109). Nic. Política.l2 Pero en el libro VI de la Ética a Nicómaco la intención de Aristóteles no es oponer el arte al empirismo vacilante y azaroso. Eud. de manera que la tiipartición de la naturaleza. otro nombre de la contingencia.. 1 139b 20. Por otra parte. 6. y. 25. A. el hombre 22. lll. nuestra obra Le probleme de l'étre. 28-29 (véase infra. Para comprender este sendero del pensamiento hace falta liberarse de la mentalidad moderna que tiende a ver en la técnica una aplicación de la ciencia. pues siempre se encontrarán obstáculos ineductibles que se resumen en la indeter­ minación de la materia.

. de la noción pr imitiva y más amplia con la que el Estagirita se había contentado anteriorrnente». ¿no descansa sobre una concepción errónea del azar? Aristóteles se lo pregunta. VTT. 1. Sobre Mr¡/..ov (lo cual daría exactamente la fórmula que será retenida por los estoicos). 30. 1094a 25. y es por ello que. Pero. 1247a 14. 48. sugiriendo una teoría según la cual «es necesario des­ erutar completamente el azru· y decir que nada acontece por azar. pues sería indigno de los dioses proporcionar sus favores a los hombres más malvados. 11. es pro­ ducida por la naturaleza. M &. a causa de sus propias cualidades.34 Queda tan sólo que la buena fortuna. 1247a 3 1 . A. t'Ú:rtq:¡: Ét. etc.tOV�<Í>1:EQOV (11. 12.31 y que. �0}t€L ELVUL attla J. p. y que se ha sustituido por W. 34.a tanto una concep­ ción mística del azar como su negación en nombre de una concerción «determinista>> de la naturaleza. Eud. es que en realidad existe otra causa pero no la vemos. Pero la continuación del pasaje precisará en qué sentido hay que entenderlo: esta causa oculta al entendimiento hu­ mano que se denomina impropiamente azar es ciertamente una cau­ sa natural -y en este sentido es verdad decir que los hombres afor­ tunado� lo son por naturaleza-. 35.36 Aristóteles acaricia aquí la hipótesis según la cual el azar sería un nombre dado a nuestra ignorancia de las causas verdaderas y.v8gro:n. morales e intelectuales. Demócrito. pues la buena fortuna es algo irracional y no puede ser explicádo. Pero parece que se debe­ ría leer &1\r¡A.A. Por lo demás. el análisis erudito de la Física hace alusión en varios momentos a esta noción.. pues cuando decimos que el azar es una causa. 29.oyov. y el azar (t'ÚX'Y}) es lo opuesto». cf. 1247b 28. si bien parece extraña al Aristóteles de la Física.o. 14. l247b 4-8. n. 2. cb. por otro lado. 1247b 8. COmO si Se trata­ ra de una cierta naturaleza». -cvxr¡. porque sería algo divino y demoníaco en un grado superior». 1. se reencontr. Nic. <<la naturaleza es la causa de aquello que es siempre uniforme o de lo que acontece con más frecuencia. Se advertirá la analogía de la fórmula que define aquí el azar con las que hemos citado anterionnente. &. ne­ cesariamente de carácter tan sólo aproximado en este ámbito. que defmian el azar ahla M11A.30 Pero éstos no serían aquí de gran ayuda.t0). 196b 5-7). l247a 28. el libro VI de la Ética a Nic6maco continúa refiriéndose a esta noción primitiva que es al mismo tiempo la noción popular y religiosa del azar. Aecio. [(.• ed. 2.84 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 85 ciencia dispensa al hombre del arte de captar mediante una intuición madurada por La experiencia. l. 119.33 Tampoco puede ser por n En el fragmento que precede hemos asimilado. l L 17b 21.. Si saliéramos del marco. lntroductíon iJ la Physique ari stotélícierme.. de la una protección divina que compensaría sus defectos naturales. que no tiene ningún sentido. 4. 1 1. En el examen prelim inar de las opiniones.t w.3R pero esta naturaleza no se ha de 33. para esta idea. 3 1 . azar y contingencia. Pero el sentido es bastante distinto de un contexto al otro: se pasa de la idea de una Causa escondida en tanto que trascendente. . 1 104a 1 . fr. ! ! O l a 27.v8grorclvq:¡ A. 37. cuando se de­ fine el azar. Ét. 4-6.mí casi tal cual en los es­ toicos. TI.. Los manuscr itos dan avá. «pues esto sería -dice. J 107b 14. La primera parte de la fónnula. 38. 29. para algunos. 89. Parece establecido que el análisis erudito de la Física representa una «elaboración re­ lativamente tardía . Diels. No puede ser. no la había tenido él mismo siempre por despreciable. que no es el suyo. La fórmula autori7 . in(m. pero oculta a la razón humana.oy�Of!<fl (SVF. el terreno o la ocasión favorables.otra cuestión». 313. eetóv n o\íoa xat <lalJ.29 tendríamos que recordar los análisis de la Física sobre el azar.a) y se pregunta sí el hombre afortunado es tal por na­ turaleza o de otra manera. Mansion. 7. atribuye ya la fórmula a Anax. aunque rechaza debatir este problema en un marco se presiente que su simpatía va hacia esta doctrina cuando escribe la Ética.32 1) Una doctrina así. 965-973). desde en­ tonces. «el azar es una causa. o el viento imprevisible que llevará el navío a buen puerto. En la La ética se contenta con consideraciones en forma de esbozo. se hace de él una causa impenetrable al razonamiento humano (at-dav (fAO"{OV UV8QWJtlVI{> AO"{W¡.tEV . &l)r¡A.o. Aristóteles recuerda que.37 Ética a Eudemo. Ética a Eudemo estudia minuciosamente el concepto de buena f or­ tuna (ctn:uxí. pero cada vez única. 7. si no viene ni del mérito de los hombres ni de la protección de los dioses.o. p. 32. tal como nos in­ vitaba el contexto. ya clásica sin duda en t iempos de Aristóteles. 1094b 20 ss.35 Mas esta objeción. In. . responde.�goras y a Demócrito. a la de una ignorancia de las causas que debe desaparecer ante los progresos del saber. 36. Física.lvu 1\wvol<..oyov. cf.

vov ( l 248a 29). sino el don inicial constitu­ tivo de nuestro sino.39 azar. que no es sino un «instrumento del intelecto»:' A la in­ versa.. 3 ss. y se puede decir que en un sentido mueve todas las cosas lo que hay de divino en nosotros».86 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA iNTERPRETACIÓN 87 entender en el sentido de los físicos: es la buena o mala naturaleza. a 39. qu ien. encuentran por azar (arco-¡. .43 40. De Trinitate. 8. p. 1 ' 1 145a 26. ¿Tendríamos necesidad de elocuencia. hasta el infinito. 1 178b 9 . El pensamiento. no para re­ compensar nuestros méritos o suplirlos. y son hombres cuyo poder de razonar (Aóyos. las virtudes intelectuales y morales. XIV. este texto insiste sobre las con­ diciones objetivas de la virtud.42 Tales hombres.1 8 (cf. La respuesta es clara: en el alma como en el universo es Dios quien mueve todas las cosas.. en ambos casos. Pues el Principio parece actuar con tanta m<: 1s fuerza cuanto más se relaja el poder de razonar>>. tienen éxito sin reflexión (af. pero nos pare­ ce que altera completamente el sent ido). . 1 2 W. La cuestión es saber cuál es el principio del movimiento en el alma. La consecuencia que saca de eUo Aristóteles es que los hombres afortunados no deben su fortuna a su inteligencia ni. y con ello de la obligación de la viltud. El texto sobre la lsla de los Bienaventurados se ha de acercar. . Nic.ÚYcegov agetí'jc. 41. y en particular la virtud de la prudencia. ef. fr. más particularmente. como y cuando es necesario -lo cual es la definición misma de la intención virtuo­ sa-. 9.). sino que están tada al Hortensia de Cicerón. por medio de la deliberación. en tanto que Jos otros no tienen sino el razonamiento. . Ar istóteles va incluso más lejos: la Divinidad no se contenta con damos la existencia para de jamos lue­ go a nuestra libre disposición. que son igualmente limitaciones. si allf no hay tribunales? ¿De valor. si no hay peligros que afrontar? ¿De justicia. se trata de mostrar que Dios -<> el hombre inspirado. Se puede apreciar la alta idea que Aristóteles se hace aquí del Este carácter de remedio último que Aristóteles atribuye aquí a la pruden­ cia y a las virtudes morales vuelve a salir en una f ábula que san Agustín toma pres­ nuestra ignorancia a la Causa de las causas. L200b 14. 1248a 29-33. «aunque poco dota­ dos para el razonamiento. X. Magna Morolia. no son más que un sustituto. Nic. . según toda verosimilitud. <<la única cosa que hace loable la vida de los dioses>> (resumimos así a san Agustín. que no es una consecuencia. . y no se piensa después de haber pensado en pensar. Eud. en Protréptico. si no hay deseos que dominar? ¿De prudencia. .tloov tí'jc. en este sentido. Ésta les permite ver el futuro y el presente. pues. si no es el azar? Pues entonces todo ocurrirá por azar. mientras que el de la condiciones subjetivas. es decir. sino la fuente de nuestros méritos y deméritos. La buena fortuna la virtud. lo hace sobre sus Ét. BeA. no es el principio del pensamiento ni la deliberación el de la deli­ beración . 'H yó. VIL.uyxávoumv) los atributos de los prudentes y Jos sabios. no hay que creer que esto es en última instancia el resultado de una libre deliberación. 43. Ciertamente. 42. Cuando queremos lo que es necesario. La virtud nace de l a finitud y desaparece con Él. a su capacidad de deliberación: «Sea cual sea el lado hacia el que se inclinen. si no hay propiedad? ¿De tem­ planza. supra. Ét. hay que corregir esta primera afirmación precisando que la Divinidad no inspira directamente más que a los hombres que ella misma ha elegido: los otros son abando­ nados a las mediaciones laboriosas del razonamiento y de la deli­ (E'lrtuxta) y la buena cuna (euq. o al menos de aquello que representa: es el nombre dado por habitados por el dios». que es un don de los dioses. cita también esta fábula. el buen o mal nacimiento. Dios. ellos no tienen éste. pero. lo cual Aristóteles demuestra por reduc­ ción aJ absurdo de la manera siguiente: «No se delibera después de una deliberación previa que presupone a su vez una deliberación. que las resume todas. P. Sobre este tema de que Dios es «mejor que la virtud» (tLI. ¿Cuál puede ser entonces el principio. aquella que mueve todas las cosas sin ser movida ella misma. ella. los bienes que los hombres afortunados reciben inmediatamente de los dioses. un remedio último para aquellos que tratan de reencontrar. 1248a 18-27. CtQet í'jc. sino que la mueve en cada uno de sus instantes..) está relaja­ do . es el Azar fundamental al que está suspen­ dida nuestra existencia. 78).40 Así. sino que existe un punto de partida (CtQX� ). Dios es el Primer Motor de nuestra alma y del Universo.JUta. Jámbli­ co.U. es decir. 12. por Dios. TX.oyoL ovtr::�) y deliberar no les sirve de nada.escapa de estas condiciones. 4. . pues tienen en sí un principio que es mejor que el intelecto y la deliberación. al Principio que se funda en sí mismo. si existe un plincipio que no comporta más principio que él mismo . 53. si es cietto que en un sentido todo está regido por el azar. rr.Q UQEti¡ TO'Ú voü ogyo. euyÉVELCl) hacen inútil el ejercicio del intelecto (VO'Ü�) e incluSO de beración. y sobre todo la aptitud para una adivinación rápida . evidentememe. 1248a 34-b l. si no hay que escoger entre bienes y males? Sólo quedaría la contemplación. la tomó a su vez del Prorréptico de Aristóteles: supongamos que somos transportados a la lsla de los Bie­ naventurados.

47 Pero lo in­ definido y lo indeterminado no designan nunca en él.óyou ó' CtQXTJ oú A. ineficaz. 48. sus6tuyendo a Dios. 1246b 37. Ollé-Laprune. el correlato de nuestra igno­ rancia (que es expresada por a&r¡A. «el ojo del alma». ya lo hemos visto. Pero este sentido. incluso cuando son virtuosas. Pues ya aparece. pues tiene necesidad de intermediarios? Pero. puesto que hay algo más elevado que la ciencia.88 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 89 A menudo se ha puesto de relieve la coloración mística de estos pasajes.51 Ciertamente. sino. Jaeger. ni por lo de- 44. 85-93. la marca de su ausencia y como su sustituto. Annles publicados por la Facultad de Letras de Toulouse. como hace con los hombres «aforlllnados>)? Y si no lo hace. En resumen.. que no sería requerida como remedio último más que en los hombres ciegos para el Destino que los conduce. Pero sólo ella permite comprender que Aristóteles. y que no siempre lo con­ siguen. Pero la incertidumbre más grave se encuentra en la concepción de la rela­ ción entre la moción divina y la deliberación humana. Pero a continuación Aristóteles parece distinguir dos categor ías de hombres: los que deliberan y los que no pueden deliberar49 pero es­ tán habitados por el ruos. Cf. 50. ¿por qué Dios. On the Origin and Cycle. al lado de la noción reUgiosa de azar -Fuerza oculta que dirige todo-. p. en Nomo.46 Sin duda. en cuanto tal. pero. y allí donde está presente debe tener un sentido.está impulsada por Dios. L. r. y lo puede hacer.44 la cual parece estar en contradicción con el humanismo profesado en el libro VI de la Ética a Nicómaco.oc. 47. Essai sur fa mora/e d'Aristote. L247a 3 1 .A. la agita­ ción irrisoria de los hombres que tratan de suplir por sus propias fuerzas la inspiración ausente del dios. más valdría ser guiado por Dios y no tener que ser pru­ dente ni virtuoso. del gé­ nero de causas de las que no puede haber ciencia. 1248a 27-28: A. asi­ milado a la contingencia. Jaeger ve en ella la marca del carácter todavía plato­ nizante de la Ética a Eudemo. puesto que la <<genética>> de esta consideración.wv). que es Dios. la deliberación no está pre­ sente universalmente en el hombre.óyo.á tL XQ&LltOV. W. es la causa oculta del universo: la acción y la deliberación de los hombres. parece. otra concepción que une el azar no a la trascendencia insondable de la Divinidad. 49. 443. . 46.-M. no podría prescindir de ella. Sobre esta noción. antes que ser dóciles e inútiles agentes suyos? Ciertamente. ¿cuál puede ser? Si la delibera­ ción es una apariencia. Como parece decir Aristóteles en 1247a 12. La prudencia no es aún la facultad de prever. enton­ ces. Aquí el azar domina todo. ¿no es cierto que deja permanecer la deliberación. P.o el signo de que Dios no puede mover inmediatamente todas las cosas. no pueden oponerse a él. más que provocarla? En otras pala­ bras. pp. Schuhl. no le queda al hom­ bre más que contar con él mismo. que «mueve todo». a falta de buena fortuna. aA. 5. una concepción de este género no está desarrolla­ da expresamente en el capítulo en cuestión de la Ética a Eudemo. allf donde la inspiración está ausente. 1953. p. ¿por qué su moción se ejerce a veces directamente y · a veces mediatamente? Esta mediación misma. soli­ citar la iniciativa productiva de los hombres y autorizar la eficacia de sus deliberaciones.45 Un poco más adelante Aristóteles precisa que el evento del azar es el que se deriva de causas que son indefi­ nidas e indeterminadas (cmetgwv xat áogtm. Toda delibe­ ración --comienza por decir Ar istóteles. sino a los fallos de su acción. Pero la concepción del azar sugerida por este texto no está tan clara ni exenta de dificultades como lo parece de entrada. lo cual parecería significar que el sentimiento de libertad que la acompaña es ilusorio y que la deliberación es. 1 1 . .48 sino propiedades ob jetivas de las cosas: desde entonces hay que admitir que lo que es indeter­ minado para nosotros lo es también en sí. si todo está impulsado por Dios. es decir para Dios.). ¿no es acao. por su determinación misma. puesLo que no sólo se triunfa por la buena fortuna. cf. el sen­ tido general del texto permite entender que Aristóteles toma partido ampliamente por la imposibilidad de una ciencia del azar. 45. aunque ve en la deliberación un modo de determinación menos elevado que la ins­ piración. El azar es.no le niega toda eficacia propia. Si bien Ollé-Laprune no saca ninguna consecuencia más en la ftlosofía griega en general. ni mucho menos concurrir con él. Alli el azar. es decir.50 sino por la prudencia y la virtud. La prudencia estaría aquí tan poco ligada al azar como a su condición. 28. estos intermediarios ¿no vivirán su propia vida. Oú Ó'Úvavtm (J248a 34). opuesto en este texto a la naturaleza como lo ex­ cepcional a lo uniforme. cuya teoría del azar evocaría l a <<doctrina platónka tardía de la fortuna divina». 1247b 12-13. «Acl�la». al contrario. 5 1 .

que atañe a los seres dotados o no de capactdad de escoger (en este último caso se denomina atrtÓ!im:ov).Aw<. sino una inde­ tenninación propicia a la acción humana.�.90 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 91 ausencia de buena fortuna DO significa mala fortuna. como «para servir de sede». este último motivo. por lo demás. cuando en realidad fue por otro motivo. al menos asignables: en este sent ido el azar pertenece al dominio de l o indeter­ minado. 197a 30. El azar no es. el único real. cit. En este caso. y de una finalidad ima­ ginaria tal como podría ser reconstruida retrospectivamente a partir del resultado. Esa es la idea banal del azar (11. esp. 57. es de­ cir. 53. . 197b 1 ss. 'H . o rtQtil. el azar. 52. sino como efecto.. J97a 36-b 13..<ll t� &. no de dos series causales. de la fort\lna).rt� teoría del azar en el libro l l de l a Física parece sin relación con el problema de la contingencia55 -la expresión ev?>EX. en tanto que encuentro de una serie real y de un fin no perseguido efectiva­ mente. Artslóte­ lc1> no se atiene siempre a ella. un mundo donde no todo es deducible.3� Desde este punto de vista. más en geneml.6!\oawv. pues la multitud de accidentes posibles de una cosa es infinita». pues en ella el mundo es abordado como el lugar en el que se instituye la relación del hombre y Jo di­ vino. La meta de Aristóteles es aquí aportar una teoría del azar _ que se integre en el marco de su teoría general de a causal 1dad. 196b-197a 5. de un azar que no sería posible más que sobre un fondo de indetenninacióD objetiva.52 no ve en ella� más . -v xai ol. no es en la Física donde serán desarrolladas tales perspectivas. 56. 6. pero. aparece como un hecho excepcional 56 y sin causas. 54. Pero en el seno de la misma argumentación se trasluce otra ma­ nera de concebir el azar: la que lo considera no como causa. en efecto. la que aparece paulatinamente en otra línea de pensamiento de la que sería índice el libro VI de la Ética a Nicó­ maco. sobre el carácter incierto.Eu:. de contingencia. EXEL'V no se encuentra. 196b 13-15. o el encuentro de una serie causal real. S. A. cf.no se deja reconducir a la esencia. _ _ Desde este punto de vista. sino de una relación de cau­ salidad cualquiera y de un interés humano. 197b 17) o por su semeJaoz� con una finaltdad h�m�na _ nctón (asr el caballo que parece encontrar su salvación en la hutda. 11. El punto de partida parece ser el rechazo por Aristóteles de l a 55. Es conocido el célebre e jemplo del hombre que va al mercado y encuentra por azar a su deudor:53 todo sucede como si hubiera ido al mercado a recuperar su dinero. son indetenni­ nadas:58 «La causa por sí es determinada. ÉO'tiv ooou. xat � túxr¡ aÓQLatov. no añade ni quita nada de hecho a la realidad del proceso natural. dotada de cierla finalidad. más que una ilusión retrospectiva.no aporta ninguna indicación suplementaria que permita determinar el carácter de necesidad o de contingencia de la actividad salida de esta causa». ni en el libro ll ni en el resto de la Física. el azar DO hace más que sobreañadir una intención. 197a 19-20.). pero e l efecto no es por a�ar más que por su relación con un interés humano (así e l trípode que cae sobre sus ptes. siendo causas por accidente.. es para Aristóteles el encuentro. 59. al menos. en efecto. 196b 27-29. Desde este punto de vista.w-rov. más que en un mundo donde el accidente --es decir.: 'H �u�v yaQ n!xr¡ xcxL ÁW X. 58. m1sma. en este sentido. . pues. que llevarían a fundar la acción sobre la contin­ gencia.úy. no dotado de elección (rtQOCXLQEOl. en una noción más es­ tricta de azar. 0. 3) Es esta tercera concepción del azar. el sujeto es un ser inani­ mado o. avéLyx11 neQt -ra rtQaxta el:vm U¡v n!xtlv.r¡ to'Ü aoQí. op. donde la infinidad de accidentes posibles de una cosa hace imprevisibles las combinaciones que pueden resul­ tar de ellos. es entonces causa por accidente de un efecto que no era entrevisto como Lal. Mansion. 2) Sin embargo. av�LoatvcL. aquello que acontece.no aparece menos en el caso de lo que Aristóteles llama autó¡.. la � t"ÚX'l.59 El azar no ap<:u·ece.y parecería incluso comportar una interpretación de­ tenninista. Física.awu etvaL l>oxei: (5. de una nota nueva -la de una causa que desemboca e n un fi n que no se había per seguido. Se notará que esta proyección de una finalidad humana o.tatov nos parece de poca importancia y. la proyección de una finalidad humana sobre una relación causal que es de por sí com­ plelamente extraña a dicha finalidacl.57 pues sus causas. a una cosa. siendo imaginaria. que una denominación extrínseca que no afecta a 1� teona El azar. xcxi tO EirtuxfiOCXL av ÚrtCÍQ. TI. 197a 8. 197a 9-10).tEvov áA.o. Se ve que esta concepción del azar no introduce falla alguna en el encadenamiento causal. pero que Aristóteles retoma por su cuenta en la definición científica que da de ella ( 1 97 a 32-35). p. el cobro de la deuda. La dtst � entre t'ÚXYl y au-ró¡. de un interés humano --constitutivo del azar. 2 1 : cúot' e:rt:ell>� &óQLata ta oiítros ahLa. Cf.Ó¡. 5. Se podría decir que esta línea de pensamiento es menos físi­ ca que teológico-antropológica. la causa por accidente es indeterminada. 314: «La adjunción. si Aristóteles reconoce las 1mpilcacJOnes antropológicas tradicionales de la noción de TÚxY1. 197b 15). por otra parte.

Ét. 63. 1. I J OOa 4. Ét. Andrónu¡c 100). 1921\ pp. declarar feliz a aquel que «sufre las peores torturas y los peores sufrimientos». Beómó-tr¡s. que hacen de la virtud felicidad a la sabiduría o a la virtud. y esto en un doble sentido: primero. la belleza física: no se es. 1 1 . Solón sostenía que no se puede decir de un hombre que es feliz mé 1S que una vez muerto. está sometido a las vicisitudes del azar. 73. J. De hecho. . pues. porque la virtud necesita una materia para e jercerse y.. 44).·36. pero para él todas las circunstancias valen. 2. Vernedius. 5. 7. 60. es deci r. Die Philosophie der Griechen. § siguiente./. . Nic. Cf. 1 LO l a 8. 5. 2. pero tam­ _ bJen la rntegndad del cuerpo y la prosperidad de nuestros proyectos. a la cual Aristóteles no se adhiere en absoluto.92 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA TNTERPRETACIÓN 93 noción ya tradicional de Providencia. Es nece­ sario introducir en la definición de la felicidad los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. I. si se es de baja extracción. 8. 62.72 Ciert. un «mundo».C19 como lo prueba el ejemplo ele Príamo cayendo en los mayores sufrimien­ tos en la época de su vejez. Retórica. Cf. A veces se ha pretendido que Aristóteles admitía tal noción. tales bienes no se adquieren por el ejercicio o el mérito: dependen de la buena fortuna (cutvxla. en efecto.74 sil 't��EL0�). 67. 388-389. 66. 65. 1098 b 12 ss. Pero. II. 71. (Coloqwos. 69.ov . W..: 'l. xax o:n:a8etv xat at-uxerv ta ¡. 1177b 25. I IOOa 8-9. X. cf. Eud. 1. n. lO. I. T6 ¡. Phronesis. 68.).73 La felicidad debe pues.67 do. en es­ los dioses se cuidan de los asuntos humanos. que corresponden a la concien­ cia popular de lo trágico de la vida y que retoman tema<. 60. 1 1 OOa 1 8 ss). Sófocles' Áyax. más bien se presenta esta alusión bajo una forma hipotética: si hay una Providencia. Cf.61 No sólo se trata aquí. En su comentario ad loe. a<paves 'IÍJ. ser sustraída ya en su concepto a la inestabilidad deJ azar. VV. ( 1 1 . l J OOa 10.o� la condición necesaria pero no suficiente de la felicidad. que asimilaba la pecial los del libro 1 de la Ética a Nic6maco. II. como ya hemos visto. Es este un lugar común de la traaedia (Esquilo' Agamenón. 1 1 . una feliz progenie. 9. 1528-30. 8. ll. condiciones que no dependen de nosotros: amigos. t eunga. no puede haber felicidad total sin una plen itud de vida (�í. «el buen nacimiento.70 Sólo puede llamarse feliz la vida sustraída finalmente a las incertidum­ bres de un futuro que está oculto para nosotros/' cuando la vida es transfonnada en destino por la muerte. como se admite co� eJ león de Nemea y la hidra de Lerna).. pero sin ella no hay felicidad posible. Es un predicado tradicional del azar el ser &óÉ6atov (Física. 9. Eurípides. como apuntan Zeller62 y Dirlmeier. Ciertamente ésta no basta para definir la felicidad (cu6a.. Edipo rey. 74. en un segundo senti­ lo cual supone sin duda una duración óptima. 1 099b 2 ss. . Ni c.66 pero. el del mundo y los hombres abandonados por avata � _ los dwses a los capnchos del azar. estas advertencias de la prudencia popular contradicen a sus ojos el que es uno de los pre­ dicados esenciales de la felicidad: la estabilidad. 197a 30). 36 ss. Sófocles. 1 096a 1). en tanto vive. . p. 1. . 9.63 de una alusión a creencias populares que Aristóteles no tomaría necesariamente por suyas. los sabios.60 Pero el pasaje que se invoca gene­ ralmente en este sentido tiene una significación muy diferente: «Si múnmente (<b� 6oxd).tLV (l. Hércules fue afortunado al encontrar lo cual el bombre feliz seda semejante a un camaleón o a una casa Sobre la ocasión. J. del todo feliz si se tiene un as­ pecto desgraciado.tÉywm (I. 1214b 1 1-17. desarrolla­ dos por los poetas y los rágicos t (el del sabio siempre expuesto a los · es de la suerte . si se vive solo y sin hijos». 1360b 18. «Traditional and Personal Elements in Aristotle's Re- 16. Ér. será quizá razonable pensar que ponen su complacencia en la parte mejor del hombre y la que tiene más afi­ nidad con ellos (la cual no podría ser otra que el intelecto)..64 Sin embargo. 928. 1.1. I. al cual <<nadie califica de feliz». o el cuadro de la injusticia triun­ fante). 70. Aristóteles incl uso se pregunta si el hombre muerto no cominúa estando afectado por los sufrimientos de sus descendientes ( 1 1 . un cierto poder político65 y también ocasiones que no son ofrecidas a todos (así. Este tema será retomado por Epicteto � ligiom}. los sabios deben ser felices. 3. 6. . dinero.mente estas af mnaciones. y que recompensan generosamente a los hombres que cuidan y honran más esta parte». Son numerosos los textos. 1 1. 17. l lOla 16. p. 1420. 1418- 72.. ¿son felices? Se sabe que sobre este punto ca­ pital Aristóteles discrepa de la tradición socrática. X. 64. V (1 960). 597. .qwvla). 10. l l Ola 18). al menos si se sabe utilizarlas. l l79a 24 ss.68 En este sentido. 1098a 1 8 . 1 099b l.. 6. no son referidas por Aristóteles más que en desarrollos apo­ réticos y a beneficio de inventario. I IOOa 13).yla: también es sos­ que los griegos resumen con el érmino tener una tesis paradójica.tÉ/. 6.

o el buen zapatero que hace los mejores zapatos posibles con el cuero que se le ha confiado». «la liberación mediante una actitud interior de todo aquello que los griegos se han puesto de acuerdo en designar como desgracia»/9 no 75. 81. nuestra obra Le piVbleme de /'erre. adji11. l. l097b 8. aportarán y serán las únicas que podrán aportar una respuesta perentoria a la objeción clásica del in­ fortunio del sabio: el sabio es por definición feliz. la incertidumbre. a1rta(>xÉ<Ttat0<. Séneca. la esclavitud. nada es imposible pura él. sino también los males exteriores: las enfermedades. de Hyppolite. ut liberté grecque. Cf. . el nuevo estoicismo har á de las circunstancias.. 219. De Providentia. el más autárquico. que culmina la universal «realeza» del sabio. se puede siempre hacer de la necesidad virtud. como el buen general que utiliza en la guerra las fuerzas de las que dispone de la manera má'> eficaz. rrad.7� Esta vez se pueden reconocer aquí temas que pueden ser califica­ dos de socráticos: el tema. monuit» (ibid. los vanos lamentos o la espem angustiada-. 1 177b 1. E. Ét. no es un menor o mayor rigor en el de­ do. p. 79. l. Se puede comparar aquí el de­ sarrollo aparentemente poco consistente de Aristóteles con el rigor en este punto de la moral estoica. sin duda -este tema será largamente desa­ rrollado en el libro X-. en un se­ gundo movimiento.76 ¿Qué podemos decir sobre esto? De entrada. 1. el sa­ bio es entre todos los hombres el que más se parece a Dios. Goldschmidt. 212. cf. p. Et. asustado por las consecuencias radicales del socratismo. la ignorancia. la más elevada de todas. la fal­ ta de convicción con las que lo hace. que eran sin duda ya tra­ dicionales en las escuela s filosóficas. Pero lo que más llama la atención no es que Aristóteles desarrolle estos lemas. 1 179a 3.. 77. lugar de la beteronomía y marca de mi impotencia. el mundo se disuelve en la trans­ parencia y la disponibilidad: no hay nada ininteligible para el sabio. Le systeme stoicien et f'idée de temps. como ya se ha dicho. 29): «No hay más que un medio de asegurar la libertad: estar dispuesto a morir>>.R2 Así pues. se hubiera queda­ do a medio camino en sus deducciones. 12. 84. La intuición fundamental de Aristóteles es la de la separación. el hombre imJta a Dios. 5. la pobreza. Bréhier. que no se resigna a tener por indiferentes los bienes exteriores y los bienes del cuerpo. no la acción virtuosa. la contemplación. cf.»i!t' La prudencia de Solón pa­ recerá poco sabia a los sabios del estoicismo. como si. 22.. si la felicidad reside en la virtud. VTI. fr. De jinibus. en el ejercicio mismo de las virtudes morales.. como si hubiera que esperar a que alcanzara el último día de su vida.83 Este tono es extraño a Aristóteles.) los golpes de la suerte. 1 1 . así como la exclusión de estas últimas de la def mición de la f elicidad. 82. 1 1 OOb 6-7. sino un divorcio radical en la visión del mun­ (eúxóA. «Y no se que más se basta a sí mismo.).. las viol encias. el tema cínico de los «trabajos» que son otras tantas ocasiones para el hombre de afirmar su excelencia. V. 164. J245b 15.. es decir. X.15 Ahora bien.85 Es el Cicerón. Nic. esp. 111. 6. 14. en especial. !bid. 7. 80. l l 00b 3 1 .r. 78. soportar con resignación puede nada contra mi f elicidad: ésta es alcanzada en el instante de tendrá necesidad de ningún espacio de tiempo para juzgar final­ mente si alguien ha sido feliz o no. Así.wc. 1 . de la autarquía. que el sabio es de todos los hombres aquel sólo los males interiores -el error. La distinción de las cosas que dependen de nosotros y de aquellas que no dependen de nosotros. Eud.77 pero también que. X. Cf. l l 01a 2 ss. los insultos o las calumnias. «file unus e scptem sapicntibus non sapienter . Fenometwlogía del espírilll. En realidad. CL también M. procedente de Antítenes. p. pero sin poder alcanzarlo jamás. si se remüe a la Providencia. que vale por una eternidad de f elicidad. es más bien la timidez. 83.� Ciertamente sarrollo de un tema. heredera de l a tradición socrática. que es. p. 124.• ed. 1 1 . 9. 2.94 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 95 que amenaza ruina. 85. 7. si se ha liberado de una vez por todas del miedo a la muerte. Chrysippe et /'ancien stoii:isme. A partir de este momento. Hegel. o sacar partido de ellos para «llevar a cabo siempre con los recursos disponibles Jas mejores acciones posibles. lo que opone Ar istóteles a los socráticos. el único «due­ ño absoluto». LV. una ocasión siempre abierta al ejercicio de la virtud. ef. c. si la virtud depende de nosotros y todo el resto es indiferente. no hay otras más estables que las actividades virtuosas y. el dicho de Diógenes citado por Epicteto (Coloquios. n. 1 . pp. _ el ttempo. la distancia inconmensurable entre el hombre y Dios. Pero sería vano tacharlo de pusilanimidad pequeñoburguesa. Solamente con esta condición será realizada la ambi­ ción de todas las morales postsocráticas. TV. hasta entonces tenidas por indiferentes. una materia virtutis.s' Más aún.. entre las actividades del hombre. I IOOb 12-18. 76. Cf. el dolor. 305 ss. Pohlenz. 1 177b 2 1 .

J 177b 33. 1 175a 3-4. estas me­ diaciones no están a disposición del hombre. 1245b 14-19. Nic. 1 179a 24. de la cual Aristóteles no se habría librado completamente. esclavos ( J 334a 20-21).o�. a\n:aQ'Aém:a. 30.. 96.cado ocrov EVOÉX. Si este rasgo no ha llamado tanto la atención de los comentadores es porque este punto trágico tiene en Aristóteles un carácter residual. parecía qu'erer evitarle. 25. hay que pasar por mediaciones que no dependen de nosotros. 93. sica. o quizá sólo fuera una concesión puramente formal a esta mentalidad. pero esta autarquía no lo dispensa. como la contem­ plación de sí mismo. supone más mediaciones aún. como ya admitía Platón.. los textos en que Aristóteles insiste sobre la autarquía del hombre moral y aquellos donde reconoce su depen­ dencia son menos contradictorios que complemenarios.37 el más feliz. Y si la contemplación es «más conti­ nua que cualquier otra acción». Sobre la oxoAl'J. como creían los socráticos. 9.o del mundo en cuanto a sus condiciones de existencia. Eud. 7. La virtud depende relativos y no absolutos. analí­ tica.menalidad t popular. cf. 7. X.¡.. 4. como ya hemos visto. Nic. cf.00 El sabio es autárquico. Nlc:. sea cual sea nuestro mé­ rito. es decir. J 178b 33 ss... Ahora bien. una fortuna para distr ibuir. de manera que se ha podido ver en él la pervivencia de una prudencia popular -nada en demasía. por superlativos de la virtud. Níc. 91. 90.. por e jemplo. X. «para nosotros el bien im­ plica una relación al otro». por así decirlo. le está «oculto». OeocpLAém:aw�. Nic. X. no hay que retar a los dioses proclamando demasiado fuerte la autarquía y la «inmortalidad» del hombre-..91 El sabio se inmortaliza «tanto como es posible». 7. de tener amigos. A. condenados a esta hetcronomía. infra. y que dependería en efecto de nosotros en el supuesto de que la tu­ viéramos. porque de­ pende en una proporción iiTeductible del azar. también Ét.97 Pero. Forman parte de un mundo que no está quizá predispuesto a proporcionárselas y que. Nic.óv). ecp' un sucedáneo de inmortalidad. e incluso al contemplativo -que son menos dos personajes distintos que el mis­ mo personaje en dos niveles diferentes de excelencia-.95 sin contar con que la vida contemplativa supone la posibilidad del descanso. y que la indeterminación del mundo le da una plasticidad a la cual nosotros siempre podremos dar forma? Pero no cualquier cosa puede producir cualquier cosa en el mundo hiperdiversi fi. l l77b 4-26. 7. Pero.. Mewjf 95. 1213a 7. ll. en realidad. 15.98 Lo trágico en Ar istóteles es ciertamente 97. VIl. 1 5 (cf. X.a. 11. cf. No se puede ser valeroso en la paz.• afectado por la fatiga.96 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 97 más autárquico.93 esta continuidad no es nunca total en el hombre. Ét. contratos que firmar. euoaqwvém. Metcifisica. y este mundo no depende de nosotros. Nic. los otros sus condiciones de existencia. Ét. Hay un punto trágico en la vida moral. si se quiere considerar como «modos de hablar» todo lo que en un filósofo va en el sentido de la. 1212b 33- tar el entido profundo del enraizamiento de este pensamiento en la tradición y la continuación eventualmente original de este fondo de pensamiento tradicional. VTI.cmx . límites de hecho de la autarqtúa del sabio en Se cometería el mismo error con un filósofo como Kant si se pasaran por ra- Véase. X. y la reserva de Ét. Sobre este problema cf. 12.o�. podemos no alcanzar la felicidad a la que tenemos derecho. sin embargo. 7. a esta dependencia respecto del «azan> que Aristóteles.88 Pero estas ex­ presiones se han de tomar por lo que son. uc In que se ven privados los 9. 107Sa 8-9. 1245b 18-19. e. que sólo puede alcanzar 88. 89. X. 9. X. se puede llegar a malinterpre­ Ovva. la d iscusión tan problemática de Aristóteles sobre los Ét. Ét. al menos en el desarrollo de su episodios futuros. 1334a 1 1-h 'i. Eud. pp. Magna Moralia. 7.89 Para Aristóteles esta «posibilidad» no llega a atribuirle perfecciones que son atributos exclusivos de Dios. l072b 16. pues si «Dios e para sí mismo su propio bien». liberal en la pobreza. El mismo . el hombre moral se contentará con la virtud ética que. X. 1 177b J. problema se plantearla a propósito de la religión de Descartes. Ma�na Mom/ia. 94... 98.. 1 177a 21-22. VJI. Es una «Suerte» tener una guerra por hacer.96 A falta de éste. La f elicidad se basta a sí misma.86 el más querido de los dioses. 12. Ét. 205-209).EtaL. El sabio. 1050h 22. 92. ¿Se dirá entonces que para el sabio todo es pretexto para manifestar su valor. Una ciera i crítica alto sus declaraciones de fidelidad a la piedad y la moralidad populares. He aquí al virtuoso Aristóteles. T eeteto. Política. de manera que. IX. justo en la soledad. t Unos defi­ nen la esencia de la felicidad. no se asimila a Dios más que «en la medida en que es posible» (x. que consiste en que la unión de la bondad y la virtud no es. Ét. como en el caso de Dios. 15. 86. Ét.. sino siempre sintética. 9. 87.. 1 179a 3 1 . 176ab.92 es decir. 1 177b 22. X.

. 75. dice.A. Tercer¡¡ parte. 106. i¡ifra. la poesía de Hesío cia que distan la es pues : mente entera a trágico. I I O i a 20). que ptohtbta al hombre dtvmrzar al hombre. En el De philosophia ya en las Leyes. • relación problemática. 165-167 ) no sólo es anacrón 4) donar Si por una pru1e sería demasiado «discordante» «aban :n:en:r¡QWJ. en un hlósofo determmado. aQE't� v). pero «como los hombres pueden serlo». 1099b 23. que separa al _ _ hombre de la f eltctdad. pero nunca suprimible. de una sarrollada por Platón en el Timeo y. (Él. En un pasaje al menos Aristóteles parece concedérse­ los ltberalmente al hombre: la felicidad. mora/e /a sur (Es. p�ro en un sentido ontológico. Artslóteles llega a confiar en la naturaleza y en un Dios regulador. de una reserva por lo demás profunda respecto al mundo. virtud y la felicidad Aris­ la entre a Laprune sobre si al instituir una relación analític d'Jirisrote. pero no lo elimin mejor lo aet.Livmc. Ntc. 9.102 Así pues. «debe ser accesible a la multitud. el cual. 103. 1 OO. 32. o mcluso la felicidad del hombre de la feti­ cidad sin más. pp. nQoc. pues puede pertenecer a todos los que no son anormalmen­ t� ineptos para la virtud ("roí:� J. !bid. sobre todo. parece que toda la especulación teológ ­ indife la de iento de Aristóteles esté dominada por el doble sentim cono­ él «peor» para rencia de Dios respecto a un mundo que sería impotencia para go­ su a to respec . 1 177b 26. todo el m��do es apto para a �irtud y la felicidad. No es nue­ va.oo y que incluso Si el hombre puede sobrepasarse. por cuanto consiste en la dtstancta stempr� acortada. 137. de más noble».. como s tomara al �ie d� la letra la advertencia que sus predeceso­ res habun desalendLdo. menos Jo por y. tes y hacer prosperar nacidos. la felicidad del hombre. Pero. 102. está por encima de la con­ . .LiJ st ponen de su parte algo de estudio y cuidado». de­ la obra de Aristóteles. para _ ser �trtuoso. 7. el inacce lo mode su de zos esfuer os absoluto. 10. Aunque tratados de biología un monstruo en el mundo -y sabemos por los que el hombre no que hay muchos-. sería más responder de otro a pudier cuestión no tuviera que plantearse o que se ble a casi todos accesi modo que no fuera el pío deseo de ver la virtud 1 así a condición ser y casi siempre recoropensada.a sí mismo. 1. T. no puede hacerlo más que «en tanto es posible».. Este último tema criticaba la idea. altura de su bondad de los hombres y que su potencia estuviese a la ísica ica y metaf Ahora bien. salvo alguna ex­ cepcton. 154-170. La traged ia griega no decía otra restringe lo teles Aristó is. mismo. A. es al juego del azar Jo que hay de más grande y so todavía que la hermo decir. antes de a los malvados. de :n:áv'te ativo superl del o relativ ativo superl posible del bien absoluto. a veces ��q� inal. esto bastaría para establecer ido a un Azar funda­ es dueño de su propia vida y que está somet infelices mal­ mental. p. . 1 1 . 05 Pero sólo podría ocuparse del destino de que el Dios de Aristóteles condescendiese a . Nic. y que hace que los hombres puedan ser ciertamente _ fehces.Í>:rcous. y aparece en todos los predecesores de Aristóteles' 101 como la e p.r�s ón. Teogn de o do ella. 1099b 18-20. Ét. esp. dtcton fl XClt' aveQwn:ov.wi ito mér de noción la suprime tóteles no que vuelven esta reservas las ce descono ica. Tal parece ser el sentido de la reserva !lOXOQÍ. Cf. Metajfsica.99 la felicidad verda­ d�r� la de la conte'"?plació� autár9.. pp. es decir. de la ant igua prudencia griega. .oí. A pesar del opturusmo de algunos comentadores. separa ot :n:oA. Nic. 99.. tanto más podrá afectar a los inocen cosa y. al hombre y a lo divino. en todo caso en Aris­ tóteles esta fórmula banal está cargada de implicaciones ti osóficas. c. Hemos subr ayado anteriormente esta últ1ma fórmula. 10. cer que ignorar106 es muy antiguo en bernarlo en todos sus detalles. el término de nuestr sible. aunque sea ior infer mundo al de Providencia que se extien 104. Ét.98 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA �BRPRETACJÓN 99 r�sidua . •ro Uama menos la atención el universalismo de Aristóteles que la excepción ! XQELTtWV � � � Í no hubiera más que que él mismo se empeña en ponerle. � cionalista �a estado a lo largo de la historia de la filosofía en el origen de muchos _ contrasenudos� pon1endo a c�eota de la «prudencia» mundana lo que era quizá el hecho.uica. agen La larga discusión de Ollé­ cual estamos separados por los «azares» de este mundo. 1074b 27. Cf. pero esta confianza siempre está matizada por una reserva. 1 O l . srn lo cual no se comprendería la aporía que � renace SJn ces�r sobre la buena fortuna que es requer ida a la vez _ pru:a las condtctones de ejercicio de la virtud y para su recompensa. si puede crear monstruos.. elicidad como «recompensa de 105. 1.1o. de :n:oA:ú -co btt <be.. humana.. tijs. In cita de Rodier. X.ov .OtJS l'i' &vflQ<. Hemos visto que hacía falta una buena natmaleza. La fórmula de la línea J099b 17 sobre la f i�) no parece significar erra cosa que un ideal del la virtud» (?ieA. un buen nacimiento.. n.

Z. que remjte a Meteoro/ 1.i¡ lÍ l:OÜ CxOQlO'tOU qnJOl�. 1256b 2 1 . Gen. la detenninación ser que. G. engendrando entonces mons­ trUos. 291b 14. 11. J039b 29. y también l . . I . la contingencia y el desorden crezcan con la complejidad y que esta complejidad misma s superiores a la región se manifieste «cuando se pasa de las esfera sublunar y de los elementos simples a los cuerpos compuestos». anim. ll. 429 ss.1u Alejandro expresará bastante bien esta extenuación del po­ der informador de la Naturaleza a medida que se desciende a las 107.100 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 101 to quizá a recibir su ley.) Teofrasto se preocupará expresamente de lo que denominará «la impotencia» (áo9éveta ) del Primer Motor (Metafísica. 1 16. 43. Parr.. 6. X. los textos citados en Le prob/eme de l"étre. administrando lo mejor posible los recursos de que dispone. anim. pp. 170. «Aristoúe on ultimate Principies from "Nature and Reality"».108 No es que el Dios de Ar istóteles no esté pre­ ocupado por el orden: como la Naturaleza. 2. que hace de lo particular un límite inaccesible a las determinaciones de la ley. pero será el mundo. Cf. p. 110 Pero esta última metáfora expre­ sa tanto Jos límites de la acción de Dios sobre el mundo como la extensión de su bondad.a>U� �-t. 6. más refractaria a á La materia que supone. es en Aristóteles el origen del tema cosmolóoico de la comingencia. con el pretexto ele explicar el movi­ 1 18. la coincidencia del poder de Dios con su querer. No es la ausen­ cia de ley. ur. l. sino el pr incipio de la explicación mate­ mática de los movimientos celestes. diciendo que a este nivel «el no ser está mezclado con los entes»116 y como «disperso entre ellos».. 1 10. y por ello el problema de La limitació n de la Providencia no se planteará a los estoicos de la época clásica. . pero imposible de con el concurso de seres intennedios -«ayudas» o «demonios». 'Ev toi:� ouoLv tO J. 641b 18. 5. The Philosophy o fAristotle. Estos «demonios>> y el papel que les es as1gnaclo parecen tomados de la astrología persa. 1 . 1 7 1 . Cf. 27). 1 1 � Al menos tienen el mérito de P_ 1 15. 349. J. en Aristotle al!(/ Plato in the Midj ourth Cenlury.117 Sin duda no hace falta tomar al pie de la letra estas fórmulas. 1 14. Esta contingencia aristotélica no es funda ental �onstitutiva. la materia es. 7. siendo potencia indeterminada de los contrarios. Dio quiere lo mejor. también. con Eudoxo. IV . 1 17. y no puede hacer todo lo que quiere.. jfsica. "Ecmv o€ 1:0 ¡ti¡ ov EYXEX. Allan.. Schuhl. Études de philosopllie grecque. Es. pues. puesto que la identidad de Dios y del mundo autoriza la perfecta raCionali dad ele éste y. 744 b 16-17. concierne a la materia. lOlOa 3: 'Ev toi:� alOÜT)l:Ot� n:o>J. (Sobre la equivalencia en Jos textos de este género en­ tre las expresiones «la Naturaleza» y «Dios».11 1 La dualidad de Dios y de un mundo que no ha creado implica que. pp. 273. 661b 24.-M. como hemos intentado mostrar en otra parte. 1 . Rodier. 12. ed. Ar miento y la predicación. podr íamos decir una vez más.113 reque­ rida como condición de posibilidad del movimiento. olític:a. Bruns.. Se comprende. 1 1 1. Metafísica.Qa¡tévov tot� oúow (De anima. y el comentario de este pasaje por P.emL ). tanto más hay en ella de indeterminación y mnbigüedad».. 4. Le domiiUUeur et les possibles. 984d-985a. 1 1 ) De manera general véanse las pp. como lo será la contingencia del mundo para los cris t1anos. actuando al nivel del mundo. Bruns. 5b 14). 45. l.lll ov n:aQeon:Q. (ibid. 23-26 y 29..Iévov n:oo�. y a Part.. I. para no conservar. arist. no hace nada en vano 169 y se podría decir también de éJ lo que Aristóteles dice de la Naturale za que actua como un buen mayordomo. anim. 11. p. Meta 1 13. etc. 10. introducen el no ser en el ser. 1 5 1 SS. regiones inferiores del mundo.. 1032a 22.lev 1:0\ito itOLEtv. 658a 9.. siguiendo las justas expresiones de Rodier. Le probleme de l'€tre. Düring. que e s general. 13. 1 12. aquél esté sometido a las condiciones de éste. 1 1. encargados de mediar al nivel de lo particular los designios genera­ les de la Divinidad. que Aris­ lóteles sin duda no habría aceptado. Epfnomis. . 1. 1 . n:o!J..114 Se po­ drfa expresar la misma idea diciendo que la contingencia concierne a la impotencia de la forma para dominar l a materia. Parr. pp. 388-389. p. . que Aristóteles rechaza en este punto. 170-175.• . 1255b 2-3: 'H M q>ÚOL� �oú/. la cual está menos dotada de un poder propio de resistencia que de una indeter­ � � minación que hace que su causalidad exuberante corra el riesgo de desarrollarse fuera de todo control. istóteles rechaza las teorfas que. pues «cuanto más una cosa contiene materias o potencias diversas. 4. el cual no está dispues­ . 903b. El Dios estoico tampoco creará el mundo. Esta distancia.. 687a 16. nuestra obra Le probleme de l'etre. residual. 109. de su realización en lo particular. y cuanto más se aleja este movimiento de la inmutabilidad divina. 15. pero hace lo que pue­ de. D. cf. 283b 13.que separa l a ley. No se puede dudar de que el tema teológico de un Dios lejano. la cual. 8. De Coelo. cf. f.112 está siempre en potencia de ser otra cosa que lo que es. Le probleme de l'étre.. ' llenar nunca por completo. Sobre la crítica de esta teoría en el De philosophia. 1.Q). en Suppl. . De Coelo. sobre todo. n. esp. si se quiere.Hn . 108. cuyo poder decrece en la misma medida de su alejruniento respecto de las cosas. Leyes. anim. 271a 33. etc. cf. pp. p. Cf. Ahora bien.evtoL ou ouva1:cn. Polftic:a. sino la distancia -ínfima.

ma mstanc1a. El sabio es una parte del mundo del cual sigue el orden. 274. 120 la un ��undo perf accwn moral no puede ser acción sobre el mundo: puesto que el . SVF. Si en los estoicos la indiferencia a las circunstancias se justificará. sino sólo en una imitación del orden que reina en éstas. es porque la naruraleza no es estoicos. cf. El conocimiento ele este orden. puesto que éste no es racional más que en sus partes superiores. que Alejandro denomina el azar.: ' XOX.at a.l(l) 1 (. vano querer cam­ _ biarlo. n. Études de philoso­ bus.• ed. Scott) (pero el texto está aquí muy al­ pp. l J 1 LA INTERPRETACJÓN 103 acuerdo con la armonía universal. Breh1er. Cicerón. 1 (Dión Cr isipo. el hombre de Ar istóteles no sa­ bría fingir indiferencia respecto de un mundo cuya indeterminación es la forma propiamente aristotélica del ma]. 121 El sabio no actúa pues. 37. pues depende también. Pero la vida segt 1n la sabiduría no es inmediatamente accesible al hombre por una ascesis interior. •• u • . 86· . las cuales no son. parva negligunt (De natura deorum. As1. Vil. Cf. la rea­ �mndo� es porque están er lidad cosm1ca es una reahdad de esencia moral que contiene en eJJa la suprema sabiduría y la suprema f elicidad» . S V F 11. en una asimilación al mundo en su conjunto. De Stoic. que no se ha de buscar en la física. 66· .. csto1�a ha pod1do ser desv1ada por mfluencias aristotélicas).óyov (Política. 1 1 83). según la . Or... 124 pero.. . 28. cf . cit. 1 181). De Stoic.oA.. . hace posibles las iniciativas humanas con vistas al bien. Sobre la coincidencia e11 los estoicos entre na la tes1s · . s e ref cuando se ven pres1onados por las objeciones. un principio de desorden. Bruns. �eñala de una manera más general que «los estoicos teman una razon .. 122 sino en la teología. 35. . p. . 1 7 1 . 273-274. de Dios. en última instancia. también las notas de Rodier.. p . de la Naturaleza. Los obs­ táculos a la sabiduría no están en las circunstancias. 35. él es una obra de arte. sobre todo. Una nueva �omp�acióo con el estoicismo nos permitirá estimar las consecuencias eticas de esta metafísica de la contingencia. 1 178). tTJV <p'ÚOW 1tQáTIOUOL Cu' op. Pero a� que sen�l� que estos testimonios provienen de autor e s hostiles _ en rel c1ó� al �toJc�mo (la ult1ma cila de Filodemo muestra todo lo más que no ha c':: � � � � • • • 122.Q 1tUQÓ. 156-157. por la creencia en la Providencia y la convicción correla­ tiva de que todo lo real es racional..r¡ . . puede impedir que se pierdan sonidos 0 gra­ nos de Lngo (Plutarco.. es al mismo tiempo apertura a la acción razonable del hombre. Chrys1ppe et l anc1en stoidsme. uo terado). 213. como es el de los estoicos.. . Es sobre todo Cicerón qlllen. parecen a veces li"mitar el poder de la Providencia. por el contrario. ni en apariencia ni en el fondo. repugn. comparable a una gran casa en la cual ninguna adminisp c¡ unta SI no e s � � uactón. 9. sino que lo «sigue». . E>. ll. 7. 156. pres1onados por la necesidad de justificar la · · ex1s1enc.ov011 J·t<:X).t. 90) pero esta tes1s va contra la inwición fundamental del estoicismo. Sin duda no hay que co1ceder aquí una importancia demasiado grande a � . permanece siendo la expresión más elevada del Logos. Bréhier remi1e a SVF' fl � 328. 36. 38 . . pues. constatando la indiferencia de Crisipo a toda re­ for�Ja social. . es decir. 22. Alejandro. Según Filodemo (col. 28 Y 8. indeterminación. lloAA.1 02 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES manifestar que la contingencia aristotélica. dominio que no puede ser ad­ quir ido más que por una acción técnica sobre el mundo. Fllodemo �nade: «Aun concediendo a Dios la omnipotencia. de las circuns­ tancias exteriores. si pueden. 13. en el sentido más profundo del térnúno. atribuirá a los estoicos la � mcunsrancJUs (ta ovva�tÓJ. también los hombres actúan por el razonamiento con­ tra la naturaleza.t tOV A. 7 que <<no p�ede saber o lodo» (col. en sus condiciones de realización. Metafí sica. es lo que Ar istó­ teles denomina sabiduría. enteramente racionales. 124. ibid. citado por Rodier. t�undo es racJ?�al. El ideal moral de Aristóteles no puede consistir. 1 1 que una m�potencw de la forma. su «oportunidad» a la acción moral: si la con­ tingencia es la fuente del mal. Esta disociación habría parecido absurda a los estoicos. Sobre las relaciones de la física y de la ética en los ectamente ordenado. l332b 6-7). �or más perfeca t que ésta sea. repugn. . 1. 121. Dejini 123.a . S V F. . sobre el mundo. lli. El reino de la sabiduría exige. o enu·e la necesidad física y la necesidad lógica (la cual a su vez se co plue grecque. pone su vida privada d � � 1 19. Así. para no buscar la realización de la justicia en el suadidos de que existe ya abora. ens1po se · · e1 un1verso .123 Pero aquí se opera una inversión que va a proporcionar su dominio y. t?v �aew� yov (Plutarco. y por ello signo de la in1portan­ cia de la razón universal. l051a 17-21. apoyán�ose en fuentes que provienen del estoicismo medio (donde la doctrina . Crisipo excusaría a Dios por la razón d� ian' . 29). en la tesis seg!Ín la cual el enla d � Magna di curam. �20. 1tW� � �m. como pensaban los estoicos. m. que nos hacen depender de las circunstancias y de las cuales olvidamos que dependen de nosotros. sino en las pa­ siones. Scott. cf. En � es men�s una realidad positiva. �unde con la belleza moral). • co�up1endtdo la Leona del mal como naeax.a del mal. en últi­ . . consiente a los decretos de una Providencia que. incluso b�jo las apariencias inevitables del mal. p p . ll.a '(Ó. turaleza Y r azón. sena absurdo y. 15. como el mundo cuya armonfa reproduce en sí mismo. lo� mgu ?1entos por los que los est01cos. cual el mal nusmo forma parte del orden universal· yLyvetal x. un dominio previo de las circunstancias.Eva) hace que Dios no pueda hacer todo (o'Ü návt ovva ta L)>> .

4 ss. 1 149a 4-20). el hombre quiere lo mejor (Et. Schuhl. dependa del hombre el cambiar no sólo sus deseos. supra. en general es pre f en�le estar sano que enfermo. a hablar del «determinismo de la naturaleza>>. Pero lo preferible se deduciría del bien si para nosotTOS. W. el de los deberes o xa0i¡xovw.. del bien. 45. p. 15).ltv tó €<p' 1)� tv (171. Bréhier.r . la pobreza. y siempre es posible enderezarla. 129. no remiten a ella. Schuhl. el mundo.. piensa sobre todo en el desarrollo sobre el azar ·touto bt Év ¡. P . ÉV bE toic.tlmc. Lo. 9. cit.. Pero estas máximas de la conveniencia no conciernen. Níc. pero. En lo que concierne a la contingencia. más que al «hombre medio». La lntuición de una impotencia de la de/la víta co11templativa. ?· 60 : . muestra que la azar esp. entonces querríamos la enfermedad. m. A Gnlh. estaríamos menos impulsados que Rodier.­ f erible (1CQOTJYI!ÉVOV) no es..a de! �1en Y del mal . Er. nos parece.-M. Rev. «lo que depende de nosotros»: De anima citado más arriba. y el de la acción simplemente conveniente. Phi/. y el comentario de P. como ya se ha dicho. d ígrotc. es decir. Ciertamen­ te. Sin embargo. contrariamente a los estoicos. La sa­ biduría de lo inmutable no nos es de ninguna ayuda en un mundo donde todo nace y perece. n� es sólo su propia imperfección. 11. al menos si el hombre quiere. 10 SS. Epicteto.. op. el cual res1de sólo en la recti poseyéramos el saber absoluto que nos pcm1iliera coincidí� con los designios de la Providencia.tevov ri)v t'ÚXllV btoill<JEV xai to autÓ¡. por la simple razón de que mngún • � . 365-376. Rodier. e incluso la de desorden mórbido. 43. taot � para Aristóteles como para toda la tradición socrática. 1 .12 s La contingencia es el mal. Se comprende.tatOV. ya que el mundo es Dios. As1 como el sabio estoico es una parte del mundo. 1 : 6. ser rico que pobre. en el pasaje de su dio para la contingencia que dejaría subsistir el determinismo de la naturaleza>>. �an dtferente = 127. no puede coincidir con el todo más que en ntención 129 : Completamente distinta es la relación que Anstóteles ms�1tuye entre la sabiduría y la prudencia. lo que es lo mismo. Lo saber humano llecrará o . cf. 5. 127 in­ capaz de captar en su unidad el pr incipio de la :abiduría.-M. La phrónesis no parece ya ligada en los estoicos a este segundo aspecto op.P. 234-235) y podría relacionarse con una influencia ar istotélica. 8. sino también el mundo. 1 19601. encontramos en Estob�o (Ec/. p. no se remontaría más allá de Panecto (cf. es también lo mismo ser sabio y prudente. P�1�1ppson. a falta de otras mejores. a ponerla a • de la moral más que al primero. Ja cual. en nosotros. 10.tEV totc. «búsqueda de lo conveniente». &v �). cit. E sperando poder realizar inme- 125. al desvelar el vínculo que l �d de la voluntad. xm:óg9w�-ta. 264) una definición de la phró�I�SIS como . pp. ma que . separa de la sabiduría al hombre ar istotélico. a admitir una indeterminación más fun­ damental que vuelve tanto más radical la responsabilidad del hombre. p. si supiéramos que este es el des1gnto de la Prov1dencta une la concepción aristotélica de la prudencia y la visión aristotéli­ ca del mundo. Nic. en restaurar en la economía de la moral la apreciación de las circunstancias. EXtOt. en su envoltura celeste. (cf. para el estoico. 9r¡QlÓ"tfj. o. aunque sí le está permitido. hacerlo humanamente. Esta �elit�ICtón. lo cual lo autoriza todavía Providencia lleva a Aristóteles.. que del libro ll de la Fr sica. Coloqui os. SVF.una v1s1on confusa de alQUna manera dispersa. que hacían de la phró11esis una c•enc. Al menos no tiene para nosotros más que el valor de ejemplo un poco lejano. es que Aristóteles cuenta con el deseo razonable para acabar de ordenar el mundo. estar �·odeado de amt�os q�e . 1 16. yevó¡.. U. 128. este segundo nivel consiste participación de las regiones inferiores del ser al no ser provoca a la vez el � jamás a llenar la distancia entre una y otra.. puesto que se trata de poner en práctica un único saber. 1 147b 9) (nosouus añadiríamos: salvo la exce�ión de la bestialidad. ai. y si no está invitado a cambiar sus deseos antes que el orden del mundo. p. Vll. Vil. Cf. que para Aristóteles. 11 problema . 274: «El determinismo de la razón . dicho de otra manera. '1 tOtJ xaOrpwvto. soledad. 231. Sin duda. cuenw del simple entrecruzamiento de las series causales. cixoAaota. pues. Philologus [1930). Alejandro. El hombre de Aristóteles no puede volverse indiferente a las circunstancias. 62. En una cosmología unitaria como es la del estoicis­ mo. sino la incompleción del mundo. el cual no está ordenado más que en general o. pero ella es también el reme­ djo. n. Para justificar el «determinismo de la r azón» Rodier recuerda que. los estoicos distinguirán dos niveles en la moral: el de la acción recta.. la djstinción de dos virtudes intelectuales igualmente rectoras dencia. la . no tendría ningún sentido: si es lo mismo ser físico y teólogo. etc. solo. de las del antiguo estoicismo. que para Aristóteles separa al hombre de la sab1duna y reqmere que actúe según las reglas de la prudencia.128 La moral de lo preferible no es más que un correcti­ vo a nuestra ignorancia. p. SittlichschOne bei Panaitios>>. 170. pp. 126. es un reme­ en las cosas exteriores y. Cf. no es requerida más que por la imperfec­ ción de nuestra naturaleza. «Das . . 1). puesto que no es más que una parte.126 Podría parecer que estas consideraciones nos alejan de la pru­ en reintroducir diferenciaciones entre cosas indiferentes. a causa de su contingencia. Sin embargo. en la medida en que éstas son todavía moldeables. Le dominateur el les possíb/es.. tomando el relevo de una Providencia fallida.104 LA PRUDENCIA E N ARISTÓTELES LA I"NTERPRETAC1ÓN 105 todo lo que puede ser.

Q <hQtO¡Aévrov xut tetantévrov bttot�¡Af) ¡. U. 1075a 19-22. una moral del mundo acabado. en proporción inversa a su habilidad). puesto que se trata. que es moral en sus fines como en sus medios. que no delibera (queda sobrentendido que cuando es perfecto. Simplemente intentaban creer que su combate estaba ya ganado en el cielo o en la historia. TGrv yó. Ciertamente. Experimenta mejor que nunca la contingencia del futuro y la libertad del hombre. 5-6 P). Cf. Pero Aristóteles escribe esta frase en sentido irreal.téü. fr. sino comprometiéndonos en él. 1 3 1 . Estamos habituados hoy a valorar la indeterminación y la ambigüedad del mundo. Sin embargo. los esclavos son «libres» en el sentido moderno del térnlino. Segt ín . 1mentras que «los esclavos y las fieras». le queda la tentación de pensar la acción moral de acuerdo con el mode­ de insinuarse en la contingencia. 52 R. si no por vocación. ni la victoria todavía tan lejana. Parfs. o al menos la mayor parte. 3 2 1 . Aquí no se puede hacer más que reproducir esta descripción del héroe conemporáneo t en la cual e s traslucen. pero sin duda indefinidamente provisional. que el hombre debe asumir en el mundo tal como es.. a parte sub jecti. en que la razón y el trabajo del hombre hubieran dom inado enteramente el azar. Y 9ue todas su� acciones. no negándolo en provecho de otro mundo. En un señalado hombre.AÓV eotLV � ttOV ' evuvnrov (Prmréptico. ni los otros hombres tan traidores a me­ nudo. simbolizan las partes in­ feriores del universo. . l'homrne>>. reflejo de un ción del artista que tiene primero que lzacer. sino al mundo. para Aristó­ teles. el mundo sublunar. testimonio de lo cunl es el arte. al mismo de la contingencia es a veces amarga. el universo es comparado con que «SOn menos propensos a actu�u· por azar (o -n fhuxe n:me'Lv)». Pero. cuyas «accio­ n�s raramente están ordenadas al bien del conjunto (ds tú xmvóv). l 1 LA INTERPRETACIÓN 107 serlo. la adaptación de los medios a los fines. compor\a el doble discernimiento de lo posible y de lo deseable. l. del lado de la ciencia' 1:�-1 la única que puede volver necesaria la acción. Igualmente el arte humano y la consecuente división entre el trabajo 9\!rvil y la actividad libre se volverfan inúriles el dfa en que «los telares funcionaran solos» (Po/frica. t Lemas «arislolélicos»: «El héroe de los contemporáneos no es un escéptico. � tiempo. pero también de los fines a los medios. 111 s1qwera Prometeo. 2) l a deliberación traiciona una "VI>ELU i: cpgovf]or. Nunca los hombres han verificado mejor que el curso de las cosas es sinuoso que se pide mucho a la aud acia.130 Aunque Aristóteles dis­ tingue claramente la habilidad técnica. en uno y otro caso.. y la prudencia. la met< del hombre es «acabar con una palabra precisa el discurso confuso del mundo. en Sens et non-sen. curiosa y sin duda i nvolunariamente. del una casa (otxta). ni con la contemplación ni con la voluntad recta. 1946. El héroe de Jos contemporáneos no es Luc1fer. es decir. A. siempre aplazado. 10. smo que son a menudo dejadas al azar». Los santos del cristianismo. puesto que tal libertad implicaría duda y setía el signo de un conocimiento deficiente. está permitido pensar que Dios no es «li­ bre». es el hombre.. la carga de la libertad del hombre.133 La excelencia ('tí. sino que se opone a ella. Ffsica. La «libertad» del hombre no está pasaje del libro A ele la Metafí sica. m Se podría pensar que estos temas son extrañamente «modernos». por­ unida a la contingencia. La moral de Aristó­ teles es. donde Aristóteles disocia las ideas definalidad y deliberación: el motor (está permit ido pensar que Aristóteles piensa ya en el Pri­ mer Motor) no tiene necesidad de deliberar paro actuar con vistas a un fin. pp. 1 �4. como e. La vida moral no se confunde. �os ho�n re� de hoy no tienen este recurso. Así considerado. y de racionalizar no solamente al lo de la actividad técnica. El sabio estoico se considerará él mismo como una obra de arte. porque no saben lo que hacen. son reguladas (tetaxtaL). mientras que la libertad del hombre griego y su perfección se miden por la mayor o menor determinación de sus ac­ ciones.. Tal es la tarea. 1 99b 26. es empleado aquí en el sentido platónico de ciencia).¡uov) está. antes de ser y para ser una moral del ser. Simplemente. y esta ausencia de destino es la garantía y.106 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES diatamente en nosotros mismos el orden que vemos en el cielo. la sensibilidad aristotélica. los héroes de pasadas revoluciones no han hecho otra cosa. para vivir en un mundo en el que pueda ser verdaderamente hombre. Merleau-Ponty' «L'héros. al menos en un pasaje. 132. del desorden y del fracaso .l trabajo con el que es a menudo comparada. 133. que es indiferente a sus fines. 5 W. 1253b 33-1254a 1 ). y no podía 130.1·. tiene l a experiencia del azar . que están solos en el mundo». Aristóteles parece inquieun decadente. 4. y que no se volvería inútil más que el día.ro¡. Está en una época en la que los deberes y las tareas son oscuras. ni . incluso si esta exaltación . nada es seguro.132 Así pues. sirviéndonos de él para llevarlo a su plenitud. simplemente» (M. pues. En este sentido. 8. nos corresponde ordenar el mundo. pactando con él en caso ne­ cesario. 131 Pero no era esta. El prudente de Aristóteles está más bien en la situa­ lado del orden. provisional. es decir. hacer. al menos por condición. un diletante. Fllopón (ad loe. el m11sta Siempre dehbera más o menos. 38. (qJQÓ'V'r]Ot¡. 379-380). donde los hombres libres serían los astros. _ .

puesto que comporta la 142. aunque no tengamos sobre eUo testimonios ciertos.141 y Aristóteles en todo caso se expresa claramente al respecto diciendo que es contraria a la naturaleza del hombre. pp. se llegaría a «absurdos» (<horro. como su nombre indica. !bid. es decir. gentia. 14-18. 9. pues. Oüte Pov!. no sólo una oece�idad.. 1334a 15).. pp. más aJJá de las paradojas eruditas de la filoso­ fía platónica y posplatónica. por consiguiente. pp.. 1. quizá también porque los antiguos no Uegaron jamás a va­ lorar la act ividad laboriosa de los hombres. 28.108 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES tarse por las consecuencias morales de una filosofía de la necesidad. 137. en su lenguaje. La imposibilidad traduce aquí más bien una istóte­ incompatibiljdad con la experiencia: pues «vemos -dice Ar les. en Ét. 139. No por azar la tradición ulterior denominará argumento perezoso (clQ')'O<. Sehuhl. 18b 26. X. Le dominateur et les possibles. es la petfecta determinación de los movimientos astrales la que denota la inteligencia más eleva­ da. ignava ratio) una argumenta�ión de la cual Aristóteles proporciona aquí el esquema.137 Pero nos parece que la constatación de experiencia.. cf. O. 138. Pues si se admitiera que. De imerpretatione. D. 15. la cita de la nota siguiente). Nic. /ntroduction ii la Physique aristoté l.) llS y a consecuencia s «imposibles» (aÓ'Úva. p. dili virtutibus et vitiis. 1177b 4: ÚO'X. 1885. Epfnomis. A. pp. p. más propensos que nosotros a la indulgencia respecto a Ét. i 140. respecto el «cambio de signo» que conoció en esta época la idea de libenad. si?o �na nec7sidad moral. la vutud de la deliberación y. SS. que se trate de una• invención ulo/. 19a 7.143 Aiistóteles estaba demasiado atado a la teología astral para re­ chazar enteramente esta manera de ver.. la imposibilidad no puede ser aqui de or­ den lógico. sino la actividad (eQyov) en general (cf. aunque no sea este el único argumento. la pereza (sobre los orígenes modemos de la valoración de la aplicación en el traba­ 136.139 Así pues. Primera parte.óyo<. VIl..q�e hay un principio de los futuribles (clQXiJ . aunque tímidamente. al contrario. la posibilidad ética abierta al hombre por la contin­ gencia. 6.. dice. De ato.100. no sería ya a una imposibi­ lidad «física». se opone a n:ml.. Nic. sino a un absurdo moral a lo que conduce la tesis ne­ cesitarista. una es verdadera desde toda la eternidad y la otra falsa.Ó. P. habría vuelto al final de su vida a un punto de vista más cercano al semimiento popular de la libenad. donde muestra que es necesario hacer una excepción al principio de contradicción en el caso de las proposiciones singulares relativas al futuro. mien­ tras que la amable fantasía de las acciones humanas sería signo de inteligencia y de vida.<i>v EOO!!Évwv) que reside tanto en la deliberación como en la acción». 17.. Pero el texto del De interpretatione (que se suele considerar tar­ L'évolution de la psichologie d'Aristote. SchuhJ señala al permite transformar en «promoción» la «pretendida decadencia» en la necesidad d í o. 20). megúr ica: el argumento. 731). 982d. Jahrbücher f f . considerada como un medio con vistas al descanso (cf. p. según la cual «quien hace siempre la misma cosa de la misma manera está desprovisto de alma>>. Es el célebre pasaje del tratado De interpretatione. la tradi­ ción moral popular. dentemente una vida inactiva. a hacer de ella un vicio. 41) mostraría que Aristóteles. No creemos. y donde JtQ<lY!l·Ctteúeoflm designa .. y que (op. Y se la condena en parte en nombre de la moral.f!YOV 143. aquí como en otros lugares. 26-27.eúeoOat Mm <'iv oi'Jte ngay�tateúw6cu donde Mo� señala un zapatero néq¡vxev)?».-M. E t .. tiende más bien a denunciar las consecuencias moralmente desastrosas de la tesis meg{lrica sobre la necesidad de Jos futuribles. una actJv¡dad sena y mentona (cf.OAOÍJ�AE8a tva ax.W�AEV.a). F. 136 ahora bien. Mansion. 15. Sin embargo. En este sent ido. Nic. y que consiste en mostrar que el fatalismo conduce a la inacción. Wesen und Wandel der T ugenden. . Nuyens. incluso si «imita» a su mane­ ra la inmutabilidad de Dios. cit. Ét. sin embargo. Nic. y son. cf. 135. Así. 1 176b 29. Fleiss.ál. el recurso al «dato inme­ diato»'38 se duplica con una discreta protesta moral. Véase todo el comentario de este pasaje según esta obra. de dos proposiciones contradictorias relativas al futuro. n.). la vida de ocio no es evi­ EQyov de la contemplación. Aristóteles no Uega. Política. icios del tratado pseudoaristoté­ La pereza no figura tampoco en el catálogo de los v lico De tengan una función y una actividad a ejercer. . el autor del Epínomis lucha contra la opinión de la muchedumbre. klasSISche P Supplementband 14.ELv). y sobre todo Cicerón. Bollnow. 98.. contrariamente a Gercke («Cbrysippea>>. es posible ilu­ minarla mediante una ilistinción semántica que Aristóteles toma 141. Según la expresión de P. haya sido jamás considerada como dig­ na de elogio. Introd. jo. 50 ss. conlleva una consecuencia de la lógica más rigurosa. Aristóteles rewmaba.140 1 t LA fNTERPRETACIÓN 109 Ahora bien.. Gauthier-Jolif. cuando Aristó­ t en virtud de este razonamiento (sobre la teles escribe un poco anes: necesidad de los futuribles) «no se tendría ya necesidad de deliberar y de tomarse ese trabajo». 7.. 957 (Orígenes.142 Exaltando. donde n:Qay�c::reúw6m r .xn. la phrónesis.-M. X. y que el hombre en cambio sea por na­ turaleza inactivo ( . 42-43). puesto que. después de haber compartido el entusiasmo de los neófitos y de la teología astral. La denominación del argumento parece ser de hecho de origen estoico. Por ello su posición sobre este problema puede parecer ambigua. Cf. no parece que la pereza. quizá porque su contrario no es tal virtud particular. SVF. 19a 7. LO. en realidad. p. 1097b 28: «¿Ser ía posible que un carpintero o Comra Celsum.oA. pp. A. 6. n.

y no implican ningún mérito en el que las posee. IIO!b 13). 130-131 y 156. Esta última calificación es reservada.146 la phróne­ tÍ. Pero Aristóteles capta claramente que la sabiduría es meritoria más que en la medi­ da en que no es una ciencia. que se haya de encontrar la sophla. 23. 1 123b 17-20). 1. VI.147 Pero. Magna Moralia. ÓtL cpQÓ'Vl!-lOS). _ mundo oscuro y difícil. e s decir. Pero. 1. y si la prudencia es inf erior a la sabiduría (puesto que trata sobre las cosas infedores. 13. Los latinos no estarán mal inspirados cuando traduzcan por prudentia. la virtud de la prudencia no puede ser llevada al absoluto y atribuida. su excelencia propiamente humana. en relación al sophós. pp. 1 103a 8. puesto que la virtud es lo que hay de mejor ( 1 197b 5-1 0).LQEtLX1) 'X. sino morol. es la virtud intelectual propiamente humana la que permite al hombre comportarse según el bien reaveneración. y por ello siempre tendrá que deliberar y que escoger. Sobre el sentido filosófico de esta distinción . erudito (sophós)? En elación al phrónimos. Nic. De divini­ Sobre esta parado j a.. pero este último texto tendía a mostmr que la phróne­ sis. es también la previsión que preserva al indi�i uo de peligr s.at 1tQClXtLX'i) t<ilv eq¡' �¡. Pero.1�� en don­ de el hombre realiza su debía comportar en s u uso corriente una UQEti¡. pp. 11. Magna Moralia se limita a justificar de la manera siguiente que la sabiduría sea una virtud: si la prudencia es una virtud. digna de elogio. 1 1 97a 14). !.tta.l44 pero no de mente. ll. 983a 6).LS 'tLS nQOO. 34. es decir. 1. . J I . Ét. como el mundo de los hombres es lo que es. ó 6' ÉJtalVOS sis de Aristóteles y de la tradición popular: la prudencia es el susti­ tuto propiamente humano de una Providencia f alible.f.--ci'j s. cuya incompleción es una mv1tactón a lo que ? es una «disposición a escoger y actuar concerniente a lo que está eo nuestro poder hacer o no hacer». Nic. 147. 4. Aris­ t6teles no haya llegado jamás a «domjnar enteramente el difícil tema de las virtudes &g�:. la demostración será más difícil: en Magna Mora/ia la sophí a no es nunca mencionada entre los btmvetá. Vl. . 209). aunque Aristóteles no lo diga jamás expresa­ o que por encim a de los referencia al mérito «monll»: ahora bien. lor absoluto (cf. -�---- - . como escribe Dirlmeier (en Magna Moralia. y en Ér. Cicerón.. cf. al mismo tiempo que del voü� (Magna Morala i . a la vida contemplativa. que explica que la vida tMe. IT. 34. pp. dispensándonos de escoger. es preferible que el hombre sea prudente y no lo contrario. . Él. Repúf>/ica. es precisamente en el hacer o el actuar. en­ tonces está claro que la sabidur ía es una virtud.. 1 145a 26). 187-188). al Él. como todas las virtudes. 1220a 6. la prudencia no es ciertamente lo más elevado que se pueda concebir. É.v €LT) e!. Nic. lo es.ewv 6e tas enmveoas agetas Myo�tev). 12. en la Ét. A. no se han de alabar en la med ida en que son cualidades inte­ lectuales. Este texto está en contradicción con Magna Moralia. virtud de la deliberación.14s La sabiduría es digna de Dios. Nic. l. lizable en el mundo tal como es. 7. Él.cnvetot yáQ ELOLV 144. Aristóteles intentará. y no en la inmutabilidad. ahora bien. Pero.m (Magna Moralia. 22. Eud. xai 'tO'V ao<pov xata Ti¡v i!l. 2. ésta tiende a establecer que la so phfo e s una virtud (enmvoüt-tEv be..ti:v ovtwv xal. Saber nos alejaría de actuar. Ollé-Laprune. nEQi xetQw yáQ e<rtLV. 'H qJQÓVIlOLS lJ. Ét. porque realiza en el mundo sublunar un poco del Bien que la divinidad había sido impotente para introducir. se tratar ía de una distinción tradicional. IV. 1219b 8-1 3. 149. La prudencia será La virtud de Jos hombres obligados a eliberar en un . 1 197a 16-18: ''Eonv b' 1j qJQÓVl]O� UQEnÍ IÍ>S hcmvettm . 1. 2. cr. 292a 10-b 24. 11. OL q¡QÓVL�lm. cf. Eud. Essai. mostrar su valor no sólo intelectual... ll97b 7). I. Magna Moralia. extrañamente común a las plantas y a Dios.UOV. Es de entrada la previsión que busca penetrar un futuro incierto. también infra. apoyándose en la tradición popular.. 1.. Esta «contradicción>> tendería a confirmar que. ¿qué mérito tendría ser inteligente (phróni111os) o sabio.1 10 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 111 prestada de la tradición. de la cual participa. 148. De natura deorum.. está sometido a la contingencia. 1tQéil. por el contrario. Yi1tud del mundo. Nic. efectiva­ Msetev av. Magna Mora/ia.tta (entre los cuales bien parece. 145. cf.. cf. cf. o quizá a causa de ello. si no fuera más que esto. por Aristóteles a todo lo que es divino o al menos digno de . en tanto que am­ biguo. sería solamente habll1dad: es tamb1en 1 185 b 10 (oú6ets � � pero a la cual Aristóteles atribuye un sentido preciso: la alabanza (br. dice este últi mo texto. 60.l<atvetá (de los cuales forma parte la virtud) están los tit. 49. 58. 1.m xaL �t'i) 1tQéil. 1. y de un mundo que no es divino en aquella región que es la nues­ tra. no quedaría nada por hacer. 1. 7. .CLLVO�) expresa un valor relativo Dirlmeier (en Magna Moralia. De Cf. btmve1:Óv. pero el hombre no acabará nunca de conocer un mundo cambiante e impre­ visible. La prudencia. Pero es olvidar que hay «alguna cosa mejor que la virtud» r dianoéticas».trr E. es.. oúx em<rtiJt. ni siquiera eminentemente. sin em­ Dios. De legibus. 5. 207-208. p. 1tQÓS tl nws exew. de la cual Cicerón nos recuerda que se trata de una contracción de providentia. I. vegetativa se parezca.tv· tÜ>V i!l. mente. l l 4 J a 20. l. Y bargo. Según (f3d:tiov tij� áQetijs. la veneración (tt¡J:ÍI) un va­ menos exteriormente. 146. si el mundo fuera perfecto. 1 197a 2429). también (tq> . I I O l b 11 ss. Metaflsica. Parece que el término <'xQet'fÍ virtud. J l 83b 20-27. mal se ve lo que l a rusti ngue de la ciencia. La prudencia no. a un Dios que no sería Dios si tuviera que «deliberar».149 se puede denominar su libe1tad: la prudencia. Coelo. Sobre la dis tinción entre t<i e:rtawetá y t<i tit. 11. 1200b 14. dir á en Magna Moralia. Vll. de la cual nos dice la trad ición que per­ tenece principalmente a Dios. 34. Más valdría que el hombre no tuviera que ser prudente y que le bastara con ser sabio: en este sen­ tido. 12. ahora bien. se podría objetar a Aristóteles. así como la sophftt.

Así como la moral estoica nos invitará a escapar al tiempo que pasa.Jtud: «de la manera que hace falta y de la manera que no hace falta y cuando hace falta (ws oei: xat wc.150 Lo eterno es lo que es objeto de y padecer «cuando hace falta. como. 1 3. la prudencia trata de los seres sometidos al cam­ bio ("ta EV flE't<XÓoA.157 Igualmente. Eq>' otc. Le systeme stoi'cien et /'idée de temps. /bid. IV. las figuras geométricas.ov X<XLQOV oxonti:v). Ét. Si la moral no tiene nada de ciencia exacta... en los casos en que y en relación a aquello que hace falta. 205- 155. del cual Aristóteles no nos da el nomb r (Él. familiar por lo demás a la sabiduría de las naciones.153 Criticando a aquellos que.wc. 1 197a 34-35.156 Una de ellas consiste en hacer demasiado pronto o demasiado tarde lo que habría que haber hecho más tarde o más pronto. objeto propio de la pru­ dencia. Sin duda Aristóteles responde de antemano a una crítica que asimilaría su teoría del justo medio a un «oportunismo» demasiado fácil o a una casuística demasiado sensible a lo que hay de atenuante en las «Cir­ cunstancias». ll. 1 1 97a 38-b l .155 Si no hay más que una manera de hacer el bien. como es también el caso para el arte médico y el de la navegación».fj ov•a). dice Aristóteles. su do­ minio «no tiene nada de estable (oúoev ÉotllXOc. útil en cier­ tas circunstancias ( oü-cwc.154 Un poco más adelante. 97b 23. al invitarnos a realizar nuestra excelencia en el mundo. Nic. o más bien puede legislar en general. 152 la moral aristotélica. 9. 1 . UQETti e. vws. pp. Aristóteles les reprocha que ha­ blan de una manera absoluta (ánA. 1 106b 35). 1222a 3). la <'má6na de Sócrates mismo era por lo demás legendaria (cf. oú OEL xat O'tE)». p. 154. V. Goldschmidt . y que no son loables o criticables más que en la medida en que son voluntruias. o-ó i!vexa xat <Í>c. y definiendo la vi1tud por el justo medio. xui. que es el «número» del movimiento. que hace que el tiempo sea pro­ picio y la acción buena: es el X<XLQÓS. 1. ll.cQoc. Ét. m. l l09b 3 1 . de uso oportuno: hay un tiempo para la cólera ( 1 1 06b 18. explicita esta noción diciendo que consiste en actuar Así como la sabiduría trata sobre lo eterno (1:0 atowv. EL MOMENTO OPORTUNO ('XaLQÓs. útil para uno. exa)». OJtEQ ea-ti. no puede desconocer que este mundo dura y cambia en el tiempo. post. pero no lo hay para el adulterio (6.. el tiem­ po oportuno. y a buscar en la rec­ titud del instante virtuoso el equivalente de la eternidad. •ss conviene tener en cuenta las cir­ cunstancias en las que el acto se produce. 157. (Il.ac. oüc. Física. Pero la idea debfa ser corriente en todos los círculos salidos del socratismo (cf. 1 107a 16).). ¿A qué apunta aquí Aristótel es? Séneca atri­ buye a Stilpon la paternidad del término <'máOew. óet:. .. actos que nunca querríamos en absoluto 153.:e xai. hay muchas de no hacerlo.Üac. en vistas al fin que hace falta y de la mane­ ra que hace falta».. esp. 5. igualmente si :fuéramos prisioneros de un tirano que tie­ ne a su merced seres que nos son queridos. lugar de vanos lamentos y de vanas esperanzas. Ar istóteles precisa un poco más adelante que no todas las acciones ni todas las pa siones son susceptibles de justo medio ni. 1 197b 8.). recordando que la virtud moral tiene por ma­ teria afecciones (náf)r¡) y acciones (rtQá1. Así como en una tempes­ tad se lanza por la borda una carga de la que nadie se desharía a sangre fría. pero no lo será mañana. Cf. 34. en las escuelas socr áticas que inspirarán más tarde el estoicismo. sino en otorgarle un lugar en la definición del acto moral. OQLO"tOV.1 12 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 113 § 2. pero no en otras (exeí. 152. Como nos lo dice un poeta. J 1 06b 21 -23). 'tLVUS xat �Qe¡. ll. por ejemplo. e 156. y supra. Eud. Nic. excesivas. 49). 1 104a 8-9. 1 104b 24-26. pero «es a los actores mismos a los que atañe tener en cuenta la oportunidad ('ta nQos . 'tCt &eL woet'Ú'tWS OV't<X). 1 1 . defecto y justo medio. por de­ fUlÍción y en todo tiempo. Pues hay acciones y pasiones que son. en las cuales puede haber exceso. 151.. ti¡ e. 1 19b 17). Anal. haríamos «voluntaria­ mente». To 6' (he &1>i: xai.) demostración. n. Los griegos tiene un nombre para designar esta coincidencia de la acción humana y del tiempo. 2. La otiginalidad de Aristóteles no consiste ciertamente en retomar esta noción de origen popular. 210. que son siempre lo que son. no son taJes que no cambien jamás: «Esto es útil hoy. 15. 4. 2. 5. Magna Moralia..eLc. 150. ul No se ha subrayado suticientemente que estos elementos introducen en la economía de la moral aristotélica la dimensión de la temporalidad. en el juicio que darnos sobre las ac­ ciones de los otros. de­ finen las virtudes como estados de impasibilidad y de reposo (<bta8eí. ¡técrov -.). por consiguiente.) y que no añaden a su defini­ ción de la vi.)» . 158. l l09a 28) y para el deseo (lll. xat . Pero las cosas útiles. 11. pero no para el otro. la ocasión favorable.

smo «quae essent in re publica rerum inclinationes et momenla lemporum. Saber aprovechar el knirós es una de las condiciones de la acción militar o polftica. l l l Oa 4 ss. J. Mikkola. 162..) del conterudo. I. en términos aris­ las circunstancia totélicos. es un lugar común de la medicina hipocrát os d :m iado generales y la necesidad de adapar t la terapéu­ amdad de los �recept � . por una técnica fundada sobre la explotación de las circuns­ tanci�: no basta con decir una cosa.o.). 3. que había escrito un DeQt toii xaLQO'O (cf naso. 203. hay que decirla convenientemente (Isócrarcs. V.. .159.159 De manera inesperada para nosotros. Toda intervención médica. no es nunca más que un mal menor. lo presenta como «responsable» de sus actos a pesar de las circunstancias). sobre el discurso hablado nex•blc (Sobre los sofistas. _ segun las reacciOnes unprevistas del auditorio. extraño a la consideración de los fines. Lo que llama la atención desde el principio en estos textos so­ bre el kairós es el aparente amoralismo que se desprende de ellos: no por el hecho de que Aristóteles absuelva necesariamente a aquel que comete una acción vergonzosa para evitar un mal mayor (al con­ trario. Dics. Para el empleo de la palabra en estos dos ámbitos. Antisrhene. Fedro. pues no se da sólo en casos extremos. citado por Aristóteles. Silhoué. 1-3. 326a. pp. 327e (esperar el kairós que. por eJemplo. preocupados sobre todo por 1:1 verosimilitud (Elxo. Por otra parte. el kairós.. sacrificando siempre tal parte del Bien a tal otra. por ejemplo.. 14. 1 104a 5) en u� pasaJe destmad? a introducir la teoría de la justa medida cuyo origen médico es ev1dcnte (cf. il!(ra. permitirá al filósofo tomar el poder). cf. 163 (Éxoúowv) no hay que considerar­ lo en sí mismo. El ejemplo. sino en su contexto. La moral parece remitirse a una cuestión de táctica. según el cual Teofrasstado» («Op­ is tótel�s estudiando no sólo la «mejor forma de E 1? fue m�s lej?s que Ar tlmus re1puhl1cae status»). 1 6 1 . y a�n Platón. � le reste» («La prudencia en un peligro es funesta: 1 en ofrecer una mitac:! para con­ oison d'Or. Awour de Piaron. cf. 151. -xata tov xmQóv éo-nv (01. . 164. /bid. Platón retoma esta idea. y se comprobará entonces que «la voluntad» debe siempre pactar con algún impedimento sin desa­ parecer por ello. modernos. 1312b 25. 1 1 . XatQOÚ. T. Souilhé. servar el resto») (Corneillc. _ de los mdiv1duos uca a la vanab1hdad captando en cada caso t y de las circunsancias. Bourgcy.7 (a propósito de li. La impronta de la noción de ka rós en el v?Cabul:rrio médico está atestiguada por Aristóteles ( 1 104a 9. 1 104a 9). pp. de la elecci6n 101 no es el Bien absoluto. 45. 1vma fortuna. pp. ? .) y por lsócrates. Rob1n. sino porque se abstiene de condenarlo de un modo sal que diga: tal acto es intrínsecamente malo. en el ardor de una polémica todavía 163. No hay (salvo excepciones. Al introducir en la moral la noción de kair6s.i'¡. Hay que subrayar el carácter jurídico de los análisis en Jll. Aristóteles parecía reducir el problema moral a un proble�a técnico. L. Cf. pero en un nuevo sentido. 1910. pp. Untersteioer. exactamente análogo a los que se plantean cotidiana­ mente al médico o al piloto. 275d e pp. en el Fedro. 1314b 16. Contra los sofistas. 223. _75. En el primero de estos dominios la importancia del kairós ha sido subra­ . _ 9. 18-27. Cicerón. La lengua francesa clásica hablará aquí de prudenci «Et c'est toujous pmdencc en un péril funeste 1 D'offTir une moitié pour conserver . § 44. r ��c. De la di ica la 195�. era natural que. p. La acción mala será entonces aquella que a: 159. alectique. Sustituyen la técnica ra­ ci?n�lista de los �étores sicilianos. :rcQá. Alcidamas sacará Panegmco. Festugicre. ica y retórica había sido invocado por Gorgias El paralelismo entre las técnicas méd (Helena. Es este un problema técnico de adaptación recíproca de me­ dios y fines. sino el bien rela­ tivo a la situación. quibus esset moclerandum. pp. CLXtV-CLXVII. pp. cf. lsokrates. 19-20. 32 ss. Sobre los lugares en el hombre. es decir. A. La 1101ion platonic:ien­ Ér. JO ss. y el comentario de J. V. Es el juez 162 y antes absoluto. Platón. Süss. 7. bien que. Observation el expérience cflez les mé­ lle d uuerme i­ decills de la collection hippocratique.. M. cf.160 El objeto de la voluntad o. 5. al momento presente. 16. Kesters. l l LOa 14). Dionisia de Halicar­ yada por Gorgias. Erhos. pp. l l06b 3. 1. 6 ss. To M tél. ingir la libertad y Aristóteles no invoca las circunstancias para restr la responsabilidad. 201 ss. dtatre. Carta VI/. sino siempre: «el fin de la acción es relativo a s». Teofrasto escribirá Jo� nOALtLxa nQó. W. 4. toda iniciati­ va en la navegación comporta un peligro: la única cuestión es saber si este peligro es menor que el que corría el enfermo o el navío en caso de no hacer nada. 215 ss. del hombre pri­ sionero de un tirano no es una excepción. cf. 13. _. Sobre la anligua medicina. Jnrroducc•ón al Fedro.. L. 272a). Littré. 1 0. 270b). Cf. Fedro. E. y Jos numerosos textos citados por Joachim de pp. § 2. T 160. y 239 ss. Sobre el ka�rós en los rétores. 2). sino para ampliar el concepto: para juzgar hasta qué punto un acto es voluntario se vuelve contra sus intenciones. Platón. como el adulterio) regla univer­ borada sob�e t o �tes de él por la doble tradición de los rétores y de los médtcos. cap. que había sido ela­ «triunfante».ew. 1 1 . utcumquc res postularct». De compositione verborum. Polílica. de ello la co�secuencia �adical mostrando la superioridad del discurso improvisado. la acción buena será la acción poniendo el acento menos sobre la defrnición del bien que sobre la realización de lo mejor posible. '! En realidad. Helsinki H. _ el agente quien ha de apreciar cada vez La relación entre la cualidad de la intención y los inconvenientes o los riesgos que su realización implica. 1 so fisli. l l . Leipzig. De finibus.).114 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 115 por sí mismos. arl loc. 154-156. 1. sino que ilustra una ver­ dad general concerniente a la naturaleza humana. 2. en donde trata de determinar en qué casos tiene el hombre la total responsabilidad de sus actos. por una �. cf..

37) que del momeolo favorable Cf. entre otras cosas. útiJ en la relación. las cuales.)m)>> y «no desperdiciar las ocasiones (en M twv xmgoov �-�-� 6w¡. Dionisio nos dice. nga. Ét. contra el so­ cratismo difuso que iba a expansionarse algunos años más tarde en el estoicismo..168 pues. w. EOtLV ó XCllQÓ�.116 LA PRUDENOA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 117 mal apagada. también.. 1 . La acción moral no es más que un caso particular de la acción conseguida. Antidosis. Pero. 1. oLóv 't' em. que el Bien no es una Idea común a una multiplicidad: oux áv EL'Y} xoLvóv tL xa8ó/. Una acción fallida no es una acción. y Ar istóteles. 4. lo E'Ó:rtgayta. sino que es. . (otmta) en el lugar. escapan a la ciencia. verb. en especial en f unción del lugar. como sus predecesores. 1 7 J . la ocasión (xmgóc.Ttl'Xfí'ó E(>yov el: vm) (Contra los sofistas. Isócrares no dice otra cosa cuando ase­ glU'a que lo que es d ifícil en el arte oratoria no es «adquirir los principios (1:&v �li:v lbewv . pero que exige un alma dotada de penetración y audacia ('IJIUX. 1096a 27-28. una <<estocástica». una E!-t3tELQta (Gorgias. 8.óym). Aristóteles en las dos Éticas a Eudemo y a Nicóma­ co desarrolla a propósito del kairós una idea que está en relación con la precedente. y que t ienden a probar que la retór ica Do es UD arte. la medida justa favorable Aristóteles no fue hasta el final de esta reducción. bien po­ drían ser de Gorgias. cf. Süss acer­ ca estos dos pasajes (Ethos. que de­ signa el género de vida. <'>Et n. la virtud en La cualidad.Étgwv) en la cantidad.IÚ'túlv éit. La distinción entre la <pQÓV'Y}OL¡. y. 16s y que.. por la razón esencial de que no reside sólo en la voluntad. De comp. U.a. si la intención puede ser in­ di ferente al resultado. Política. M�CILt. en su diversidad infinita. Nic.ó..A. quiere desprender... hay tantos sent idos del bien como categorías del ser: así. por tanto. sino en la acción. al insistir sobre la consideración del kairós.) en el tiempo. y la ÓcLVÓtf]c. frente a Platón. VII.TI &l]QUtÓc. En realidad.. sino a la opinión (ouo' oA.) y naturalmente apta para el comercio entre los hombes» r (463a).167 165. por opo­ sición a un saber aprendido de memoria. el bien significa Dios y la inteligencia en la categoría de la esencia. 107a 5-12. como uno se familiariza con las circunstancias (xmgoL). que la moralidad no puede alimentarse de la impo­ tencia y el fracaso. Los hipocráticos no se preo­ cupaban menos del tiempo favorable (cf.taQ'tEi:V)». I. 3t€QL OLCIÍ:n¡t. Tópicos. Ahora bien. emo'ttíl-ta<. con la im­ posibilidad de proporcionar una determinación racional de este kairós.(VO'ó 'tQ�Ó'IÍ (Fedro. como dice Platón en tm sentido injustamente peyorativo. no se expresaría más que en una categoría. sin el discernimiento del cual no puede haber acción buena.. 8. 17. Tratado de los aires. la permanencia af ortiori no puede ser una acción moral Aristóteles recuerda sim­ plemente. una <he". no puede sustraerse a la exigencia de toda praxis.Lc. que podría ser una deJinición de Gorgias de la retórica. yaQ án:ávr.Vll. 7. las aguas y los lugares. no sería posible alcanzar una «pre­ sentación general y metódica» de la cuestión. si se entiende por tal un conjunto de regla� universalmente válidas. por consiguiente. Pero. de la noción tan huidiza de kairós: kairós es el bien según el momento. 'XCIL oosa<. 184: los paidotribas deben vigilar por que sus discípulos 1:&v ?tCILQWV eyyv'téQúl 'tULt. si no es un arte es porque es más que un arte.. si lo fuera. Eud. Pero está claro que. !096a 24-27. una especie de adivinación. p. Ét. o más bien el momento en tanto que lo percibimos como bueno.. 169. 167. moxamtxi]¡. contra un cierto platonismo y. 1 5 . el autor de la Ética insistiera sobre un aspecto que el platonismo clásico había descuidado aparentemente.goeAéo(. E:rtLO'ttl fl. que el kairós no se da a la ciencia.áo'tq> twv 3tQUYf. 1 70. la cual insis­ te sobre la fineza del tacto a ejercer en la captación de los imponderables. Ujv bt�mtí�-tllV) a partir de los cuales pronunciamos y componemos nues­ tros discusos».. S e podrá apreciar e l paralelismo con la noción médica de 6Lm. para éste. r sino «escoger los que convienen a cada tema (ecp' b<. Los argumentos (A. . «el pr ime­ ro que se propuso escr ibir sobre este tema». sobre todo. !bid. &XA.170 Esta enumeración nos proporcio­ na de entrada una determinación. en efecto... 16-17). refiere involuntaria­ mente la razón de esta carencia. a los cuales hace alusión el Fedro (260e). T(i) �tEV yó. 1. ser una (f.is: no es por los conocimientos generales. Sócrates no piensa así cuando en el Gor­ gias define la retórica como <<práctica extraña al arte. Usener-Radermacher. sino por la opinión.171 Pero más aÓtoU<.. 12J7b 33. 166 Isócrates desarrollará el mismo tema en el Antidos. 260e). Se puede ver la razón profunda que hace que la retórica no sea una 'tÉX.wc. la acción debe contar con la imprevisibilidad del mundo. xat avOQEÍat. bastaría para asegurarnos que Ahora bien.li<. 20) y concluye a partir de su analogía que tienen un origen común. Se traa t de mostrar. que es realizar su propio fin.o1J xat 8v. parece. pues hace falta <<un alma audaz y perspicaz>> ('IJIUX�S av6QtX'ijt.Q etMvaL 3tEQLAa6etv . I. dirigiendo este reproche principalmente a Gorgias. ni mucho menos una técnica de aplicación. 45. 463b). OUX. Pero aquí Aristóteles choca. . 166. Dioni­ sia de Halicarnaso se quejará más tarde de que ningún filósofo ni ningún retórico haya jamás podido decir nada útil sobre el kairós. yÉVúlVWL. Eud. una cierta estructura de la acción humana que permanece idéntica sean cuales sean los fines de esta acción.w· en:l. sin duda siguiendo a Gorgias. oó�).169 el maestro y el alumno en las cate­ gorías del actuar y del padecer. É t. 168. 16-17 y 13. 1217b 32 ss.úl'V 'tOOV 3tQUY!-tÚ'túlV 6wcpeúyoi!Ot 'tCt<.

4. Ét. 181. de la ocasión y de la medida». 8. 176 nos permite discernir ni captar infaliblemente el kairós.179 e incluso de una manera general. si ninguna ciencia. Pero. Se podría acercar estos pasajes a aquel en que Aristóteles. 'XUL aA. I. 183. etc. sino vir­ tudes: así. 4. pero uno puede pre­ guntarse si. . cf. «la templanza no es igual en la mujer que en el hombre.airós: ni e l estudio ni siquiera el Metaftsica.. Eud. ni la justicia.óyou) . l248a 3-4. Nic. en ambos casos.av 'tÚX. no hay ni siquiera una ciencia única del bien en el inte­ rior ele una misma categoría. Es la (:)ei:a f. insis­ te Aristóteles. ni siquiera ningún arte -pues el arte mismo procede por juicios universales-. Ér. 179. de buena fortuna (ef. no hay ciencia del Bien en general. Men6n. M. 178.rruxta)? Ciertamen­ razonamientO» te. 1078b 28. Ou ouvax�¡.174 Ahora bien. 85-89.183 Aristóteles saca de ahí la consecuencia extrema de la imprevisibilidad del k. más vale enumerar las virtudes. la virtud del esclavo no es la del maestro. 1247b 23-24. Polftica. 173. o una sucesión de azares felices. 182. Más at 1n. 13. y esto «sin razonamiento» (é-téQa titegov XULQOV 8EWQE'L): la gimnasia o la medicina en el terreno de la salud. l. A. 177.oyOL). 72 a. 172. l247b 2 5. 174. «estando enteramente desprovistos de sentido y de (x. Cf. de modo que no se puede hablar científicamente de la ocasión o de la medida. Mera ftsica. 'Af. que dar tales definiciones». 1 096a 32-34. en este caso. como pensaba Sócrates». 180. m e incluso «contrariamente a todas las enseñanzas de la ciencia y a todo razonamiento correcto» (:n:aga :n:ácra� ta� emot��a� xai. incomparables: más que a los dis- (<'ive·u A. J. las situacio­ nes éticas son siempre singulares. sino también el tiempo oportuno.'8(' ¿Se podrá hablar. (l248b 7). Ér. es im­ posible hablar en general: la ciencia debe fragmentarse en tantas partes como comporta su objeto. Eud. pero entonces se ba de remarcar que esta expresión tiene dos sen­ tidos: a veces designa un azar. 175. 'tOU� AO)'LO�OU� tOU� OQ901J�).172 Así pues. nos dice. pp. Invocando no sólo las lecciones de la experiencia médica. sino sólo de sus diferentes dominios de aplicación.oyOL O' cl(. 1247b 22. cuando conviene y como conviene». 981 a 5-7. como se recordará.WOLV ÜcpQOVe� Ovtec. Aristóteles no va más lejos aquí. exhibiendo un «enjam­ bre de virtudes». 181 otras veces se trata de una rectitud permanente del impulso (ÓQ�f]). «es abusar decir en términos generales que la virtud consiste en una buena disposi­ ción del alma o en la rectitud de la conducta o en alguna cosa pare­ cida. 1260a 15-18. pues incluso en el interior de la medicina o del arte mil itar hay tantas ocasiones como situaciones particulares. I. es decir. «por e jemplo. que ciertos hombres «desean lo que convie­ ne. Finalmente.UpÓtEQOL ( l 248b 6). ni tampoco el valor.. es decir. y en­ tonces hay que convenir en que se trata de una buena naturaleza (cucptií:a). no se lle­ gará a una diversidad irreductible a toda ciencia. como hace Gorgias.LOLQCt del Men6n (99e). 176. en general. vrr. l2l7b 37-41. de un favor divino.118 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 1 19 interesante todavía para nuestro propósito es el comentario que dan las dos Éticas de la enumeración precedente: puesto que no hay Idea común del bien.. a fuerza de fragmentar así la noción de kairós.. en­ cuentro fortuito o azar de los dioses. pues «Se trat a de ciencias diferentes que estudian ocasio­ nes diferentes» cursos generales habrá que dirigirse a una facultad distinta de la inteligencia dianoética para determinar cada vez no sólo la acción conveniente. por Gorgias fTentc a la ambición socrática de investigar las definiciones comunes}73 A la cuestión de Sócrates ¿Qué es la virtud? Menón responde. 14. al fragmentarla así se puede preguntar si sigue siendo todavía ciencia. pero una «fortuna» tal es esencialmente precaria y discontinua. ex. el razonamiento no tiene nada que ver con el asunto. ¿cómo explicar que ciertos hombres lo alcancen. categorías según las cuales se expresa.isten tantas ciencias del bien como géneros del bien. la estrategia en el terreno de las acciones de guerra. y Lo alcancen más que otros? A esta cuestión Aristóte­ les estuvo tentado de dar una respuesta irracionalista en el capítulo de la Ética a Eudemo sobre la buena fortuna que ya hemos analiza­ do: 177 vemos. a partir de ahí.. en la Politica. Aristóteles finge ignorar la enseñan­ za socrática subrayando a su vez que no existe una virtud. pero. sino también el sentido profun­ do que tenían los rétores de la condición humana. Aristóteles enla­ za muy conscientemente con una corriente de pensamiento que Platón había despreciado injustamente.175 Ya se trate de la virtud o de la ocasión. a propósito de la virtud. 1248b 3.t�2 Pero. toma claramente partido.

1mb1én para D1os. (Dióg. . Aristóteles había escrito en su juventud una obra Sobre la oración. la fatalidad también.r¡ de la tra­ gedta se seculanza y se humaniza al abrirse a la deliberación. Se t1a1a a tran.. V. el futuro no depende del hombre. Phil. Había escrito un fiEQL evtuxtac.» (Anal. suplir esa f igual que en el arte el trabajo suple a menudo al genio? En el mismo texto. 45. Antidosis. 184. en especial. también es confiado a sí mismo. mismo tte�po vuelve S� eX!stencJa precaria y amenazada. volverá a este predominio de la TÚXll sin captar bien sus re­ sonancias tnígicas. sino el de la ac­ CIOO hun�ana J�Ostble. prin­ Cipio de los �ovuruentos �e� alma. el Dios de Aristóteles se volverá más y más lejano: ciertamente si184. Epicuro.eúeo0m). 85. Parece que Teofrasto haya subordinado la felicidad al azar. Aristóteles nos dice que la deliberación no es su propio princi­ pio. X.el ttempo: 191 P�ro poco a poco. sombríos de la tragedia. antes de est �diar �ómo la prudencia humana responde. Diógenes Laercio. pero para él el tiempo 00 puede ser opor­ tuno porque D• s no Llene nunca nad � �ue le sea útil. la noción de kairós. 186 En la Ética a Eudemo muestra que el hombre habitado por el dios no tiene necesidad de deliberar (f3ouA.. 1•erb. béwv).rJ . la ocasión favorable. Lacre. Cf. El kairó s es el momento en el qu� el curso del tiempo. Kgeinwv . Este misticismo de la predestinación. oux eat� XQÓVoc.'90 pero. a falta de téc­ nica aprendida. t. 1. a la vez a los peligros y a las so­ licitudes de la 'tUX. 1248a 25. libera al hombre. ) oewc. alta..st. ( 1248a 32). el kat:os des1gna «los lugares del cuerpo donde una herida es efi­ I arahza al advcrsano» (P. La afir­ mación de un Azar fundamental lleva a la misma consecuencia pe­ simista que la de la Necesidad universal. Por el contrar totélica de la phr6nesis.os mov1mtentos del alma escapan en su detalle a la deemunac1?n divm. Cf. pacial. podemos señalar algo a propósito del kairós. 187.úiV xat oocpwv. 12. tanto para bien como para mal del hombre.nos paree� presente en n eJemplo c1tado por Aristóteles en los Ana/Ílicospri­ � mems. puesto que tiene en él un principio superior al intelecto y a la deliberación. La wx. (1962).� ahf d� � 1 �2. Mientras que Gorgias e lsócrates contaban con el ejercicio. Si el kairós ha aca�ado po� significar.?� ya no es el tt. pero traduciendo siempre el carácter azaroso de n�estra experiencia del tiempo. Cf. La contingencia del mundo nos entrega a la arbitrariedad del decreto clivino: no somos salvados por nuestras obras. caz Y p �� siendo el Pri. 187 y que así alcanza sin esfuerzo la ra­ pidez aclivinatoria de los prudentes y l. De Jinibus. en adelante sm uso para Dios. Schuhl.. el kai­ . Rev. lsócrates.-M. tal como hemos visto. 48b 35).' l. en tanto que la segunda comporta una necesidad inflexi­ ble>>. «De l'instant propice». siguiendo a Teofrasto.�mpo de la acción divina decisiva. 1248a 35 (estos dos ténninos están aún mal di­ ferenciados). fistas.m�r Motor de todas las cosas y.os sabios. este sentimiento de la vanidad de las iniciativas humanas.192 Pero en este mundo donde todo «puede 190. sino sólo el favor duradero de los dioses . por lo que se ve. �ero. en �omer o. asto.ót. guiada por la prudencia. quizá porque comprendió mal la doctrina aris­ io Teofr 186. de esta concepción religiosa del . Dionisio de Halicarnaso. puesto que. 36. Cicerón. insuficientemente dirigido. si la Prov1denc1a puede fallar..m 188. !91. 133-34): «Más dócilmente la leyenda de los dioses que estar esclavizado a la s valdría todavía eguir icos. tampoco lo esclaviza al destino. a la mversa. fr. 18-21. al mismo tiempo que la noc1on de Dtos s� racwnah�a y se vuelve incompatible con la idea d. 52.spOSICIÓn temporal de un sentido originariamente es­ . en ambos casos. una vez el impulso es im­ preso o. Carta a Meneceo (ap. �iels. 188 Pero una argumen­ tación tal ¿acaso puede ser invertida? AIH donde falta la inspiración. pues la primera nos propone la esperanza de aplacar a los dio­ fatalidad de los fís ses mediante las plegarias. Pa�e�e que el kairós haya tenido en su origen una significación r�llgJOsa que rc�itiría a las iniciativas arbitrarias de un Dios que <<JU��a» con . En este sentido el «�ar» 9ue Ari. se seculariza y se humaniza. sino que somos los juguetes del destino.oi:í voií xat �ovJ.. pues la ocas16� ex1ste. Heráclito. al ¿no puede la deliberación. el . parece dudar Y vacilar. Un. «La ?Cas16� no es �1 tiempo portuno (ó xatQÓc. sug. y que tiene su principio en Dios. L� que hemos llamado. pero al. El Aristóteles de la Élica a Eudemo parece recorrer el camino inverso del que Epicuro le reprochará más t a los estoicos haber seguido:185 no renuncia a la necesidad «na­ arde tural» de los físicos para recaer bajo el yugo de la Fatalidad religiosa. ��d1ante la bue�a de!Jb erac1ón. Pero Aristóteles no se limitará a esto. Pero no se ve huella de ella aquí.. � la 1mpote nc1a de DIOs: tiene una doble cara: incapaz de proteger al hom?re c�ntra los acciden tes. 189. <I>QOVL!-!. pr.. 28. Si el hombre es entre­ gado a sí mismo. pero lejana. vestigio kat�os. � .e �es reconoce en el mundo. De comp.120 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA INTERPRETACIÓN 121 ejercicio 184 nos permiten alcanzarlo con seguridad.. 47)..endo. 1248a 19-29. 5. que se inscribe en la trama demasiado laxa de u11a Providencia razonable. recuerda los temas mác. Cf. y que tiene por coro­ J�no la Imprevlstb!l�dad �el futuro. 11.. se comprende que haya podido stgmficar.'89 Pero.a. Con/T'(I los so 185. V. la evbaqwvia a la etrtvxta.e un comportanuento capnchoso. el instante «fatal» donde el destino se doblega ante la desgracia.

Pith. p. was der Augenblick gebeut»).. 5 .w� f3ouA.. sea su pnncJpto. 84.et XOQU<páv (sobre el kairós en Píndaro. 195. Nic. 122-127. 12. Ét. importa. (las acciones pasadas) Paneg. a apa1 la vez azarosa y eficaz. intemporales. kairós. el tiempo comporta la consecuencia «física» de ser destructor. �oao9. O. mmos «�U?JetJVOS» lo que hemos tratado de desgajar antes en térmi­ nos «ObJetivos». . XatQO.. 433. la de la vejez. más en particular. La teoría de la contingencia y la de la acción recta no son má� qu� el anverso y el reverso de una misma doctrina· . como �n otras partes. Hemos mostrado h�sta aquí que la prudencia sólo tenía razón de se1 en un rn�mdo contmgente. le temps. 26. ó' Ent n:lim. la mcompleción del mundo es el nacimiento del hombre. 196. 3. nos per­ mjtirá entonces hacer el bien en el momento. · . �e los la mdeter:n1'?acwn futur ibles es lo que hace que el hombr� . . la herida tnorutl se llama XCllQlO. 5.aL). El lazo idea moral) por lsócrates. sobre sus relaciones con el lwi­ El prudente. ida cuando son empleados a Pero hay remedios que agravan la her destiempo. de anahzar ahora en sus relaciones con la prud encia que la gllla. re�ultará extraño que volvamo s a encontrar aquí en tér­ . ctura de la acción en ge�eral.t. pero lampoco el hecho del solo favor divino. 52-53.. 1 2 1 .l93 es decir. es decir. texto� citados en Le probleme de 1'etre. el (cpQÓV��lot) que velan esperundo «el dfa y la hora» o. netV"tó. Citado por Aris­ p. Sobre el kairós bíblico. 111. Vl. Pew sm la contmgenc1a sería también inútil. Trabajos. 74-75: La vida humana comporta cuatro virtudes. Nic.. pp.r). n. Y. el au:xiJjar benévolo (cruveQyo� áya8ó�) de la acción humana. l .. cf. q>QOVEÍ:V y XUlQÓ. de los griegos. Pindar iibersetz.r¡y� (1/í tóteles. mientras que noso­ tros vivimos y morimos en el tiempo.. 1098b 24. es decir. hace salir a los seres de ellos mismos. exige una disponibilidad inventiva y multif onne y no la espera unívoca del momento decisivo. V. Gen. . si la enfocamos de d una perspecttva no ya cósnuca. 1 J42b 31.. NeuchateJ. 9: "tO ó' ev XUlQG.122 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES ser y no ser» el instante de la pérdida puede ser también el de la salud.19J Pero ffsica­ mente desvalorado como degradación de la eternidad. Lt1 forma:ione poetiCll di Pindaro. p. Jankélévitch.. a tiempo. es objeto. la contingencia �o� .· • . les impide coincidir consigo mismos. 785a 14-16).. (Mt 25. Unters­ ición muy dis­ teiner. Hay médicos que matan a sus enfermos porque sus pres­ cripciones son generales. Si él es la herida. en virtud misma de su estructura contingente. pues es. comenta: «die precisa: «das moralische Denken. si es imprevisible. P tt V.•�s Todavía hay que captar las «OCa­ siones» que nos ofrece. VJ. está echen. considerar la estru <.' Esta última prec isión es impo rtante. 1951 ). La importancia de captar el hm. 7. "tWV EO CpQOVOÚV"tWV tlitóv eanv. 221a 32-b 3. . y entre Física.J "tCll igualmente atestiguado (pero esta vez fuera de toda las vírgenes prudentes 33. sino hum ana. índaro.ece COI�o �ropuesta a la a�tividad. das erfas sL. VU1. (Dornseiff. pp. 1 140a 3 1 . 1. de deliberar bien (xaA. Pero el sentido de esta relación es aquí totalmente distinto: el tiempo cf. . como se dice expresamente en Marcos 13. Ahora bien . de una rehabilitación antropológica.. rx.áooeoOal. 694: �<QCl ó líe xatQ� . c�mo ya hemos visto. los hombres. § l. 45). 1::> . la de la Cf. q>Qovti:v . Sm la contmaencJa la acción de los hombres sena 1m' . 194. la de la edad madur. antes de estudiar las con­ ltclO nes de la acc1ón �oral. IV.'>Cn». a la v�z permitida y requerida por la contingenc � � �� que s� llata . Cf. ev xmgcp? Pfndaro sugería ya un nombre: <pQOVEi:v. y finalmente una cuarta que consiste en «captar lo que conviene en el instante presente». 10. cf. Ex. . el cual será al m ismo tiempo el úllimo. en Aristóteles. no es irreversible e ignora la unicidad de la oca­ sión. 7 1 ). 193. Lcipzig. Neméadas. ANTROPOLOGÍA DE LA PRUDENCIA LA DELLBERAClÓN ((30ÚAf:UOL�) juventud. : Ét. M. 1921. especialm ente en el libro m de la Éttca a Ntcomaco (donde estudia los requisitos de la acción vutuo1.'96 ada.t und rechte Erkenmnis des Zcitgemtis.. Cullrnann. E.v clQtcrto. Le Je-ne-sais-quoi et le presque-rien. No . Es esta a ·/ del hombre. de . "tO naQxei�evov erliilllerl. XCl"tCtXQlÍOaaoa� . E1hik der Gri kairós para la vida humana es un lugar común de la poesía. es el hombre capaz de deli­ berar (�O'UAeU"tLxo�) y. Hesíodo. anim. 1-13) o del servidor prudente {Mt 24. Mesina. él es también el remedio. 78: cpu/. Porque es «estático». Christ et rós griego.o agut. t947. Schwartz. � �or ello Anstóteles. pues la deli­ beración <Bo'UAEUO'L�) en cuanto tal no es una noción ética sino en�uentr� su empleo sobre todo en los ámb itos técnico y' polit i��� P� r. ¿Qué «sentido» que no sea una ciencia. pos ¡) t i e. cf. vengativo. En otra trad tinta se podría encontrar el lazo entre phr6nesis y kairós en l a parábola evangélica de .

v tij CtV(lA'ÚOEL 1tQ<inov ELvat ÉV tli yEvéoEL ( 1 1 12b 23�4). Ul. 10. Por el contra­ es el análisis regresivo de Jos medios a partir del fin. los :n:ga.ot� M :n:wc. 1362a J 8.Ero� av V. inmediatamente a continuación Aristóteles nos pro­ pone una elucidación casi matemática de l a deliberación. somos envtados de nuevo a una ontología de los de la deliberación: allí donde espe�ába­ agibilia. 1 1 12b 22-25. deliberamos tanto más cuanto más ignoramos. pues sabemos por la ductible de azar. 11. 1 1 12a 32-33.EL otov ev CTtQOtll­ . IT. Cf.•• Esta descripción se refiere al método de gar los medios de realizar un fin previamente planteado. 1226a 28. 1247a 5-7). 36. 14. 11 1 . la deliberación se habrá de colocar bajo esta última rúbrica. lll. sino sólo sobre aquellas que dependen de nosotros mar y precisar lo que ya presentíamos. precisa Aristóteles. si está menos estudiada. 9. /bid. un lacedemomo no deliberará sobre la Constitución de los escitas. asuntos de tos indios: Ét.. subr�yando la afinida � � de la análisis. que nos remite una vez más a l a doctrina de la contingencia. Pues nunca se delibera sobre el fin: Ill. 5. 7. 1 1 1 2b 8-9. simplemente de la acción). los aconte­ cimientos sometidos a un azar fundamental (como las sequías o las lluvias o el descubrimiento de un tesoro).8 Sin embargo. que engloba las dos primeras causas de Platón (aunque Aristóteles no se pronuncia aquí sobre la cuestión de saber rio la actividad inteligente de los hombres trata..6 Este análisis. 3. 1 1 12a 31. cf. y no sólo una duda provisional debida a nuestra ignorancia. 10. el análisis de la deliberación no va a hace� más que confir­ las cosas. Esta consiste en investi­ frecuentemente (wc. tal como 6. Reiórica. tO Ot' av8eóm:ou). secuencia de la separación de sus respecttvos ambttos. o Ev ni E'ÜQÉOEL EOXOtÓV EOtLV. Aristóteles no descnbe en absoluto lo que describirán ampliamente los modernos. al menos sobre un ámbito presentado aqm como intermedio entre la necesidad y el azar: el de las cosas que suceden 2. tO rtQ<irrov al:nov. 1 142a 3 1 . uváy'XrJ. Sólo se preocupa del tado es incierto (aol}A.. recuérdese que esto fue escnto antes de la expedición de Alejandro). la cual. ' xuoEQVIlt yLq. To eoxatov f. o del fin supuestamente conse­ guido. Ér. ÉI. esta teoría podrá parecer decepcionante a quien �s­ pere aquí una psicología de la deliberación. €.). es quizá porque es menos estudiable.. 5. 5. 1 1 12b 14.J lo cual excluye los inmutables o eternos (como �1 �rden (ta. Bastará entonces para actuar con invertir el orden del anáUsis: lo que viene en último lugar en el orden del análisis será lo primero en el orden de la gé­ nesis. Nic. engloba «todo lo que es obra d� l h? mbre» :n:av . porque la primera se encuentra estudiada con menos precisión que la segunda (�nov OLTJ'XQL­ ÓW'tat)». Y lo que . . Habría que añadir que no deliberamos sobre �que­ 'Ev OL� tÉX� eatL noU� �tÉVtOb xat níxrt E'VUltÓ. 5. VI. a la inversa. tt. se propone ofrecernos una teoría de la deliberación.. Eud.2 Sobre este punto. 1 � 12b 18-20: . J l.. del mundo o las verdades matemáticas). ya describía Homero: los estados de alma del hombre dellberando.9rom. .10 Así pues.QX. L226a 29. igual que en matemáticas se procede a la construcción de una figura: se parte de la figura supuestamente construida. anool}aE"taL) y comportan inde­ terminación (aOLÓQLO'tOV). t'ÚXTJ Y voüc. que es por otra parte la que la tradición ha conservado de este pasa je. llos acontecimientos humanos en los cuales no participamos (asr.ú). (c mo dirá Aristóteles en el libro VI.-ti to noA. Yl. y nosotros no deliberamos sobre tos . No se delibera sobre toda� ecp' T)�t'i:v). � t'ÚXTJ y de la l:ÉXVTJ). l l40a 3 1 . y la deliberación sobre lo con­ tingente no es entonces más que el margen que nos separa del conocimiento de lo necesario: así.5 Aristóteles extraerá de esta dlVIS!ÓO cu�tnpar­ Ética a Eudemo que el arte de l a navegación es una d e esas actividades que comporta una parte irre­ \ ? búsqueda Ctl}tr¡atc. SI no sobre el azar en qué la cpúm� puede ser conducida a la uváy'X ). 10. cf.9 tita de las causas un corolario que había ignorado Platón: la mcom­ patibilidad entre la ioici�tiva humana y la �ienci� d� las cosas ' co�­ . La c1enc1a trata de lo necesario. «deliberamos más sobre la na­ vegación que sobre la gimnasia.v hd. 1 J l2b 3-6. .·x-tá. Eud. nos permite reconocer en la deliberación una cons­ tante de la relación del hombre con el mundo. xat LXll (VTT. cf. aquellos cuyo movtmtento es eterno (los fenómenos astronómicos) y.4 Si nos referimos a la división platónica de las causa s: <p'ÚCJL�. Resumimos 1 J 12a 21-29. 4. 5. 5. 8. y se pregunta cuáles son sus condiciones. La deli­ beración es una especie de la investigación aquella que trata sobre las cosas humanas. En realidad.. es decir. 6. pero de tal manera que su resul­ objeto mos un análisis psicológico de la acción humana. Ciertamente. Nic..7 Pero. l. Cf. 10.124 LA PRUDENCIA EN ARIS1'ÓTELES LA tNTERPRETACJÓN 125 sa.

pp.. pw l ll.. 1027a 22-27. pero también puede su­ _ cede¡ que maten al enfermo. Es aqm donde encuentra su uso la deliberación. smo de su plunú1dad. Meta/fsica. Prefacio. por accidente. Cf. por e Jemplo «en las cuestiones de medicina 0 en � f m puede ser realizado por diversos medios. De 111). ll. que deb� recordar que vive en un mundo donde siempre es f�ct1 le el acc1dente y no es. 1s Lo matan. El análisis matemático supone. y la «deliberación» que precede a la soluc10n no será smo la med1da de nuestra ignorancia o.llliO análi método tal a s llamamo y s. la causalidad instrumental del medio no es gar. Greek Mathematics. En primer lugar. u.16 pero esto no es excusa para el mé­ ? � � ? � De hecho. id. el remedio o la operación qmru gtca son medios con vistas a la salud. 17. n condició su es e u q lo mos preguma nos y lo que era buscado. y se trata de encontrarla. c?rre el nesgo de vivir su propia vida y pasar de largo 0 ir m � l� de lo que se esperaba de ella. y _ « el accrdente no hay ciencia». que pueden ocac. la c. Hultsch). J 6. es cierto. para ei cual el hombre es un Jta�LOltÓQoc. Ahora bien. En el primer caso no � � � � los asuntos de dinero>. _ con el análiSIS matemáu�o) encuentra a menudo su aplicación en los asuntos humanos. que restablece el «orden natural>> de los antecedentes y hat•t• 1 \ 11\IIIIIUr (Colecci6n matemática. 634. y por dos razones. tiene también su propia causa­ . Greek Marhemazics. puesto que se trata de � i 15. 360). la cual. puesto que el fin está dado (curarse � _ o ennquecerse). • . 110 tO"o sep��os los dos ténmnos por una coma. _ de ?uestra_d cultad para actualizar nuestro saber. 1 o SS. _ . sera ��tonccs ObJe�o de cwnc�a. Papo IIP \Ohre Com('IIIII Proclo. (contrariamente a la edición Mazon. Descartes admirará estas «largas cadenas de razones» que se pueden recorrer en ambos sen­ tidos. constituye una solución a contrario lol> con· . post. también este método a Euclides e incluso a Platón (cf.ionalmente obstacuUzar la causalidad sino una causalidad supuesta. un mismo fin puede ser realizado por diversos medios diferentes. 14 en segundo lugar. 2. lbid. Heath. Matlll tlltll/1'.""t z O'UbEV EQXetCIL). 1. 401. Pues en el análi de reboll".� in cos.1usa y. �edio no es sólo medio para un fin. . está bien precisada por el coro de Amígona (v. o qul· 111"11\'n¡. enteramente transparente a su ctencm.18 Aquí. de la causa un efecto no simultáneo. Cf. una especie de homogeneidad operatoria. EsJa re�ación dialéctica que hace nacer la apo .:úotv)>>. e impiden en general hacer silogismos que deduzcan. U. 12. Nic. Así. la dJ ficultad vendrá del hecho de que hay varios _ . a falta de ser dominada o simplemente pre­ _ vt�ta.•J•nri­ conocido ya sido haber parece método el hecho. Heath. por lu p1l. Ét. aJ menos. la acción humana se desarrolla en un tiempo irreversible. 5. puesto que consiste eo deducir el antecedente (conocido) del consecuente (des­ conocido y sólo supuesto) para poder hacer a continuación la de­ mostración verdadera en sentido inverso. entre la causa y el efecto pueden interponerse acontecirnicnlos del medio. Pero esto no es posible. dado _ el fin. li ad efic1ente. no hay mas que un med1o de realizarlo. 168. pp. á:rtogoc. «El análisis es l a vía que parte de l a cosa bus de ella hasta alguna cllsn que ivan der se e u q ncias consecue para llegar medinnte las s suponcmu' 1l. 400-401 Aristotle. . en tanto que no veri­ ficada por la experiencia. med1o� para reaJ_1zarlo: entonces la perplejidad surgirá no de la _ ausencia de v1a. <'11 el tiempo. para ser apli­ cable.126 LA PRUDENCIA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 127 era ya practicado por los matemát icos de la época de Aristóteles y que será sistematizado más tarde en una célebre página de Papo. pues. en stc as?.ce antecedente de ésta. l l l2b J. 18. Ul. no tenemos más que enfadarnos con nosotros nús­ _ mos St no la encontrari}os: el buen matemático no delibera como 1 oc �� � el buen gramático. A istóteles distingue dos casos: aquel en el que.·ntcs inverso. una «reversibilidad incondicional» 13 entre el antecedente y el consecuente. Sólo podría asimilar enteramente la relación entre medio y fin a la de las proposjciones matemáticas entre sí si se pudiera deducir ad libitum el fin del medio o el medio del lin. T. y esto por dos razones: en pr imer lu­ dtc�. considerada como dada. y leemos: Jtavt:01tÓQ� & ' "' e. rl a. p. Anal. 1 1 12b 4.• l026b 4.. la relac10n entre eJ fin 7 los medios es recíproca y necesaria. 12 Pero la cuestión es saber hasta qué punto vale la analogfa para la de­ liberación.. no de la ausencia de vías 19. principio primeros los de e las c a la ·�o » e� t•l ¡uun «síntesis La f. Cf.. Pero éstas suponen un universo homogéneo que se pueda de­ ducir por completo a partir de cualquiera de sus partes. t.ulo i s ya fue admitida como resultado de una símesis. Allí donde la so­ lución es untca. w (ávéutaA. TI. 271-272. y aquel en el que el hay más que � na solución. en efecto. 12. En segundo lugar. la causalidad del medio puede sobrepasar la finalidad buscada: e l cada. imprevisibles. 7 Pero se puede preguntar si es c caso pnv1leg¡ad? (que lleva en el texto de Aristóteles a la comparación . hasta que alcanzamos alguna cosa ya conocida sis. Pero. E. smo de la pluralidad de las vías que se abren 19 pero de as cuales ninguna es tal que estemos seguros de su éx to. T 14. 95a 24-b l. p. 13. vn. Euclides.

Ciertamente. no al pasado ('t<Ü'V yeye­ vr¡ �-LévúYV).A. Cf. Se notará que aquí la deliberación concierne al miembro de la Asamblea del pueblo. cuando se tra­ ta de juzgar un mjembro de la Asamblea (�X'XA'Y) OLao-oí�).26 Si existen tres géneros oratorios.a. no se ha concedido a esta clasificación la importancia que merece. remite a la institución de la �ouA. lo cual es una nueva manera de presuponer la contingencia de los futuribles: si el futuro estuviera escrito. «el máximo de efecto con el mínimo de gasto» (cf. Aquí la matemática -al menos Ia matemática griega. finalmente. Schrecker). la palabra deliberativa de los hombres enmudecería ante los decretos del destino. El hombre se ve reducido a conjeturas. al menos en el Consejo de los hombres de experiencia. De rerum origirzalione radicali. del OU!-L20. 1358b 13-20.ei. Evocando la práctica homérica. es que hay tres actitudes del hombre respecto al tiempo. y solamente comparando conjeturas deberá buscar entre los medios posibles cuál es «el más rápido y el mejor». 79. encargado de preparar mediante una deliberación previa las decisiones de la Asamblea del pueblo: el Consejo deli­ bera (�ouA. Cuando el oyente no es sólo espectador (BeWQO�). Sería una equivocación ver en ello más de lo que hay y deducir a partir de ella una estructura casi matemática de la acción. la preocupa­ ción cauta por el . los qJQÓ'VL¡A. XX.�. Et. Aristóteles quería simplemente recordar que no hay decisión (3tQOO.A. 1 1 J3a 7..óvt<. 2 1 . según el auditorio al que se dirige. y no del Consejo: Aristóteles tiene en cuenta con eUo la evolución que.23 Más instructiva es la alusión que hace un poco más adelante Aristóteles a los orígenes políticos de la noción. fbid.. Retórica. la eficacia de la deliberación humana. en la democracia ateniense. la descripción de tal «deliberación consigo mismo» en la Odisea. Es Leibniz quien por vez primer a encontrad en las matemáticas el mode­ lo que le permita interpretar la deliberación y la elección: las matemáticas permiten.ÓouA. Esta interiorización comienza en Homero. que emplea a menudo la expre­ sión �ouA. i11jra.22 Finalmen­ te. 1.-. -. había visto deslizarse el poder deliberativo de la �OUA� a la e�x/. 1. el pueblo escoge o al menos ratifica. El racioci­ nio retrospectivo sobre el pasado se llama género judicial.. Distingue allí tres géneros del discurso. en efecto.e'Úetm).24 La palabra �o'Ú­ A. Ar istóteles elabora su teoría del discurso deliberativo sin interrogarse sobre sus justifica­ ciones. lll. es decir. Cf.wta [ytyvwem] bucr xon:oumv ( l l l2b 17). 5-30. sino al futuro (t<úv ¡A. que designa en Homero el Consejo de Ancianos.128 LA PRUDE NCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRET ACIÓN 129 saber o más bien de prever. y primero tres categor fas de auditorios. Aquí todavía percibimos la ambivalencia de la experiencia aris­ totélica del tiempo.20 la efi­ cacia respectiva de los medios posibles y también los riesgos de causalidad adyacente y parásita que comportan.ov). es porque está 26. Si deliberamos sobre el futuro. p.. Pero es evidente que no perdería el tiempo en elaborar esta teoría si admitiera que nuestras deliberaciones son vanas y que el futuro sería lo que debe ser aun cuando no deliberáramos sobre él. no «científico».(¡>. Aristóteles hace la teoría de esta palabra deliberante en su Retó­ rica. 1358a 36-b 8.OL.e'ÚEL'V tal como se practicaba. objetos del género epidíctico. r. Pero tam­ bién nos recuerda. 24. La teoría del discurso deliberativo implica. vv. óouA. y en la democracia ateniense el Consejo de los Quinientos. sino juez (XQLt��). que Aristóteles es el primero en emplear en un sentido téc­ nico. VIl.futuro suscita el género deliberativo. Nic. Cf. sino de opinión. 1094b 25-27. 22. y no es en absoluto evidente. que la deliberación consigo mismo no es sino la forma interiorizada 25 de la deliberación en común. por lo tanto. aunque no sea más que por la elección que hace del térmjno �o'ÚA. ¡)qota �al xáA. 27.euov. 23. determinar por aproximación un optimum. 3. 1 3 1 . no de ciencia.21 Con el pretexto de que depende de un tratado de retórica y. 5. si no en la Asamblea del pue­ blo. 3. Gerhardt. entonces el discurso será denominado deliberativo (O'U¡A..r¡aí. obtener según la «ley de determinación máxima». 25. y su juicio se refiere.LQWL�) sin deliberación previa. la actitud expectante y no crítica respecto del presente favorece el panegírico y la invectiva. que ignoraba los problemas de optimum-21 no será de ninguna ayuda. la comparación de la deliberación con el análisis matemático no tiene otra finalidad que manifestar el carácter regresivo de la bús­ queda de los medios a partir del fin. tentación contra la cual Aristóteles nos pone suficientemente en guardia en otra parte. óux �tlvoc. Decir que la deliberación trata sobre el futuro es admitir. 303. l .evew Su¡.e"U"tLXÓ�).eum�.�. pues.------ . es decir. que el futuro pue­ da ser objeto de deliberación. tal como son revelados por la palabra inspirada de Los adivinos.

130

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

131

perfección . Pero nuestra deliberación no es simplemente la búsque­ un futuro que atañería conocer sólo a los dioses y a los adivinos, cunstancias de un combate en el que no participan. La delibera­ al igual que los estrategas evalúan desde sus aposentos las cir­

oculto, y el hecho de tener que deliberar es, en lo absoluto, una im­

da laboriosa de un saber que desconocemos; no se limita a suponer

si mística a su transformar el mundo será convertida en adhesión c� racionalidad oculta.31 Entre ambas, el mundo de Aristótel �s es am­ biguo, como la sociedad en la que vive: �o todo es po�tb e, per� todo no es imposible; el mundo no es m totalmente ra��onaJ m . totalmente irracional. La deliberación traduce esta amb1guedad: a

ción consiste en combinar medios eficaces relacionados con fmes tener respecto del futuro una actitud no sólo teórica, sino deciso­ ria, si no es sólo un

realizables. Es porque el futuro está abierto. Si el hombre puede

OewQÜ� -co'Ü 1 taQÓv-co�,28 sino un 'XQI:ti]<; -coov ¡.t.EA.Aóv-cwv, es porque él mismo es un principio de los futuribles, UQXiJ -coov eoof.l.Évwv.29 Así, el análisis de Aristóteles manifiesta el
contaba con la ciencia para conocer la realidad en sus menores de­ de asamblea, donde la palabra no es sino el disfraz de la incompe­ tencia o, todo lo más, el sustituto abusivo de la competencia.30 cual sólo depende de nosotros el asentimiento que damos a nues­ ante las circunstancias, ante los tempora, junto con e.l corolario de de que las concepciones del mundo refle jan en este punto la reali­ dad social, aunque sea con un cierto retraso. La sociedad de Platón parece ciertamente desequilibrada, pero todo parece todavía posible para la acción humana fundada en la ciencia. En la época helenís­ tica la impotencia política de Grecia favorecerá una oosmología del destino y una religión de la Providencia, donde l.a imposibilidad de
Retórica, 1358b 3-4, 6, 17-18. En el Protré ptico Ar istóteles privilegiaba to­ davía la actitud espectadora: los que van a Olimpia no para panicipar en los juegos,
28. 58 R. pp. 53-54 P). Sobre los avatares de esta metáfora de la «panegiria» de

medio camino entre la ciencia y la adivinación azarosa,32 es del or­ den de la opinión/3 es decir, de un s�ber aproximativ? com� �o es , su objeto. Fundada en un saber tal, runguna dehberac10n sera. mfa­ es pos1ble Y que lible El hombre de buen consejo enuncia aquello »,34 pero no posibiHdad aqu Uo que no lo es, capta el «punto de la . desde y, �se m�men­ puede hacer que este «posible» sea necesan?

ca del sistema democrático, es decir, deliberativo. Una filosofía que

vínculo profundo entre una filosofía de la contingencia y la prácti­

terminaciones no podía tener más que desprecio por un régimen

to la acción más «deliberada» comportará s1empre el nesgo, mclu­ s infinitesimal, del fracaso. Pero lo que justifica humanamente la deliberación, a pesar de su falibilidad insuprimible, es que �na ac­ _ na más ica» (tal como la soñaba Platon) est � ción ideal y «Científ . es mediaciOn las � cuenta, en tenerlas no de abandonada aún, a falta

Igualmente, en la época posterior, una filosofía del destino, para la tras representaciones, no podrá más que enseñar la indiferencia

rebeldes de la materia y la imprevisibilidad (relatlYa, en sur�a) del tiempo. Se puede ver que lo que entendemos en �u:stros d1as por el vocablo prudencia no es tan extraño a lo que Aristoteles esperaba en efecto del buen �O'UAE'U'tL'XÓ<;. . . La democracia deliberativa y antes la mstltUclón patnarcal del
. .

una cierta propensión a la abstención política. No se puede dudar

Consejo de Ancianos nos proporcionan el modelo de una cond�c­ . ta individual prudente: en Homero no es el ardoroso Aqmles, smo el prudente Ulises quien delibera a men� do «en su corazón» . De . sus orígenes políticos el concepto de �ovA.eum� conserva sus JUS-

(Der W ille zur Macht, ed. Kroner, P ; 247); . . . 32. La buena deliberación (eu6ouA.ta.) no es c1enc1a (pues no se de�bera �o-

31.

Cf. Nietzsche: «El estoicismo es la transfiguración moral de la esclavirud»

W,

sino por el espectáculo

(evexa ti'¡� eéa<;), éstos son

los verdaderos filósofos

(fr.

12

genres de vie, pp. 21-52. 29. De interpretatione, 9, J9a 7. Cf. p. 92. 30. Platón, Gorgias, 456ac, 458e-459c. Para una defensa de Gorgias, cf. Le probleme de l'etre, parte 1, cap. m.

8-9) a Epicteto (Coloquios, U, 14, 23 ss.), cf. R. Joly, Le theme philosophique des

Pitágoras (Jámblico, Vida de Picágoras, 58-59, Deubner; Cicerón, T uscuúmas, V, 3,

bre aquello que se sabe) ni adivinació� in�ediata pues la deliberac16n es calculadora y procede lentamente: Et. Nrc., VI, 9, 1 142a 34b 6. . e (pa� la 33. �Ó�a y �OÚAE'lHJL<; tratan ambas sobre lo contmgent . t �LOn especia­ cf. Anal. Post., 1, 33, 89a 2-3). La �oi1A.Et1CJL<; sería, pues, una «onena Ciertamente la (L.-M. Régis, L'opinion selon Aristote, p. lizada>> de la Ét. Nic. dist pero es porque la pnmera, que es una ingue la eu6ouf...la y la . ra), comporta una recbtud cf. inf �oúA.euoL<;, simple la virtud (a diferencia de , 6-l�. . (óQSÓu¡<;) que es extraña al concepto de la segunda (VI, 10, 1 142b 34. La expresión es del cardenal de Retz, otro gran teórico de la acc1ón pollllca

(eumox.la),

OO�a,

Ml;a

M!;a,

17?).

debe (debemos esta aclaración a P.-M. Schuhl). Entre los lugares de los q�e el orador . Y proveerse, Aristóteles menciona e1� l,ugar �eñalado a�uel que es relativo a lo poSible a lo imposible, JttQL OtJV{I.'tOU 'X.(tL aouvatotl (Retonca, l, 3, 1359a 1 5).

132

LA PRUDENCIA

EN

ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

133

tifi.caciones relativas. Más valdría, como dice Aristóteles siguiendo a Homero,35 que «Uno solo mandara». El diálogo incierto de los hombres deliberantes, incluso si son

es necesario ser erudito, basta con ser «cultivado»; 42 después, s i es imposible que cada uno juzgue sobre todas las cosas,43 el pueblo en asamblea reúne las competencias particulares y, en relación con la asamblea, tiene un juicio suficiente,4" de manera que, «Si cada uno en particular es peor juez que aquellos que saben, el pueblo reunido es mejor o al menos no es peor».45 Así, el pluralismo de la delibe­ ración no es para Aristóteles un mal menor, un remedio, con rela­ ción a la autoridad monárquica de la ciencía.46 Pero este pluralismo, por la cr ítica recíproca que instituye de las opiniones, vale más que lo arbitrario de las decisiones del tirano, cuya figura acecha al mo­ narca como el perfil de su sombra.
42. m, 11, t282a 5-7: ó.:rtootbo�u\v ()e t6 xgtveLv oüMv lÍttov 1:0�� :n:e:rt«LOE'UJAÉvm; ií <Oí:S etoómv. Sobre este punto Aristóteles da una vez más la

(pQÓVL!!OL,36 no tiene nada que

ganar si se compara con el monólogo seguro del hombre compe­ tente, del sophós. Pero, además de que nada se parece tanto a la ciencia como la falsa ciencia, la ciencia no es de ninguna ayuda allf donde la realidad sobre la cual conviene actuar no está sufi­ cientemente determinada para ser conocida científicamente. La de­ mocracia es, ciertamente, un régimen mediocre,37 el peor de los mejores gobiernos y el mejor de los peores, decía ya Platón,3R pero esta mediocridad misma, que la aleja de los grandes designios como de las grandes aberraciones,39 es el reflejo del mundo en que vivimos. Siendo las cosas .lo que son y el hombre lo que es, conviene bus­ car en todo, no lo me jor absolutamente, sino lo mejor posible dadas las circunstancias .4° Ciertamente, corresponde por derecho al espe­ cialista juzgar y escoger,41 y, se puede suponer, sin deliberación pre­ via. Pero, para justificar la atribución al pueblo del poder delibera­ tivo, a Aristóteles no le faltan argumentos: primero, para juzgar no
35.

razón a Gorgias frente a Platón (cf. Le probleme de l'etre, pp. 261 -264 y 282 ss.) Es verdad que Aristóteles no habla aquí de cultura general, sino de una cultura particular propia de cierto dominio (cf. 1282a 4: ó :rtEJtaLOCU¡.t.Évo; :rtEQL Tijv tix;vr¡v). Sobre la capacidad «crítica» del hombre «cultivado>>, cf. Part. anün., 1, 1, 639a l-12.

43.

XwQL;

o'

exacrto; :rtEQL tó XQlVELV

(m;A.i¡c; EOtLV (Política, Tll, 1 1,

Jlíada, II, 204; Metafísica, A, 10, 1076a 4. En la Polftica Aristóteles no se

pronuncia clarameute sobre este punto. No parece poner en duda que un hombre om­ nisciente que uniese en él mismo la universalidad de la ley y el sentido de lo par­ ticular debería gobernar. Pero un hombre tal, añade, no se puede encontrar, pues un solo hombre no puede saberlo todo (f. lll, 16, 1287a 24-25), ni siquiera abarcar con la mirada muchas cosas (IIT, 16, J287b 8). '36. Como es el caso en la aristocracia, que es el gobierno del crn:ou6ci¡;Ot o de los btuwxt>r; (Política, ID, 10). 37. MEtQL<O<éttr¡v M t�v OT)¡.t.OXQ<ltÍ.av (Política, IV, 2, 1289b 4). istóteles, Polftica, IV, 2, J289b 6-9 (Aristó­ 38. Platón, Político, 303 a. Cf. Ar teles cita a Platón y corrige: no se puede hablar del «mejor» de los peores gobiernos, sino sólo del «menos malo», �nov q¡aút.:r1v). 39. La degradadción del m e jor gobierno (la realeza) sení, a la inversa, el peor de los malos gobiernos, pues la caída será más pronunciada (Polfrica, IV, 2, 1289a 38) y, además, las cond iciones de la tiranía (concentración de poderes, ausencia de control popular, etc.) se encontrarán ya reunidas (sobre el tirano, del que los griegos hacen uno de los paradigmas tradicionales del mal, cf. Política, IV, 10, t295a 1-24; Jenofonte, Hierón o De la tiranta, y el comentario de L. Strauss, De la tiranía, trad. fr., París, 1954). 40. Cf. la distinción entre la mejor constitución ó.:n:A.w� y la mejor constitución ex twv 'Ú:n:oxEL¡.t.Évwv (Polilica, IV, J , 1 288b 25-26). 4 1 . Política, m, 1 1 , 128Jb 40- 1282a 4, y 1282a 8 : t6 éA.écrem OQ0<tl; 1:WV

sentido de asuntos concernientes al conjunto de los ciudadanos y de asuntos que es­ capan a todo dominio «técnico» particular. Ahora bien, sabemos que del xoLvóv, a di.ferencia del x«6óA.ou, no bay ciencia (cf. Le po r bleme de l'etre, pp. 210-211). 45. . ..ébtavte� Oi:: <JUVEA8ÓvtES ií (3et.:dov; ií ou XELQOU� (Polftica, m. 1 1 , iba otra l282a 17). Cf. 1281a 39b 10; 1282a 34-4]. Aristóteles había dado más arr razón de pura oportunidad: excluir al pueblo del gobierno es llenar el Estado de ene­

44. llávtes ¡.t.ev y<lQ exoum <ruveA.flóvtE� txavi¡v ato6Tt<JLV (ibid., 1281 b 34-35). Lo que Aristóteles no dice aquí es que el pueblo delibera sobre los asuntos comunes (cf. IV, 14, 1297b 4 1 : co f3ouA.euó¡.t.evov :n:egL tU>v xowwv), en el doble

128lb 38).

etMTWV egyov EOtÍ.v.

migos; por ello es preferible dejar al pueblo participar en las deliberaciones (A.et:n:etm O� toií f3ovAEÚE<JflaL rWL XQlVel.V f.letÉXELV au·wú;, 128lb 30-31), lo que ha hecho Solón. Más adelante, finalmente, da un argumento más esencial: una obra debe ser juzgada, más que por su autor, por aquel que la utiliza; así, el intendente juzg� me­ jor sobre la casa que el arquitecto, y el invitado juzga mejor la carne que el cocmero. Contrariamente a Platón, que utilizaba un argumento análogo para subordinar las téc­ nicas de fabricación a las técnicas de uso y, finalmente, a la ciencia del Bien (cf., por ejemp.lo, Eutidemo, 290c), el argumento e Aristóteles parece it�pl ca c ue el uso es . � ¡, . asunto no de «técnica>> sino de opinión: to.gya yLyvcuaxovm lWL OL JA.Tt EXOvtE; n¡v «tecno­ la contra Antigüedad la desde más uada dicho tixv r¡v (1282a 19). No se ha ios». La tendencia «exrrañamente antisocrática>> (diría­ cra ia>> y en favor de los «usuar mos más bien antiplatónica) y «francamente democrática» de este pasaje ha sido subrayada por O. Gigon, Aristote/es. Politik und Staat der Athener, Zurich, 1955, In­ troducción, p. 34. Sobre la organización del poder «deliberativo>>, cf. Política, IV, 14.

!

46.

Cf.

Política, JTI, 15, 1286a 20, 26.

134

LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES

LA INTERPRETACIÓN

135

Igualmente, este diálogo del alma consigo misma que es la de­ liberación, si b e1 traiciona una confusión digna de un espíritu ver­ � dad�ramente diVIno, vale más que las inspiraci ones azarosas de la pasión. Nada se parece tanto a la autoridad como la arbitrariedad mhumano como l o sobrehumano. La deliberación representa la vía humana,47 es decir medi.a, la de un hombre sí no totalmente sabio � n o totalmente ignorante, en un mundo que no es ni totalmente racio na) ni totalmente absurdo, y que, sin embargo, conviene ordenar usando las deficientes mediaciones que nos ofrece. La deliberación es, pues, la condición sin la cual la acción hu­ mana no puede ser una acción buena, es decir, virtuosa. Pero Aris­ tóteles se d a cuenta de que la deliberación, cuyo concepto está Pues la deliberación no trata del tio, sino de los medios no sobre el bien, sino s o r � lo útil, 48 y la deliberación en cuanto t puede ser puesta al servtcto del mal.49 Por ello Aristóteles introduce en el cor­ tomado de la práctica p olitica, n o basta para considerar la virtud.

!

liberación,56 de manera que la euóo·uJ,.la es definida finalmente como «rectitud relativa a l o út il, que trata a la vez del f m a alcanzar y de la manera y el tiempo».57 Se ve que Aristóteles n o acietta a dis­ tinguir claramente las condiciones de la acción técnicamente ef icaz y las de la acción moralmente buena, la definición de l o útil y La del gua gtiega: a menudo se ha subrayado la doble connotación, utilita­ Aristóteles mismo señala el equívoco del término 6g8ótt¡<;,58 que bien. Es verdad que la ambigüedad es imputable primero a la len­

la duración optima, n i demasiado larga n i demasiado corta, de l a de­

�u a

la inspiración como La improvisación; nada se pm·ece tanto a

1�

ria y moral, de expresiones COmO aya8Ó<;, et Í , EV JtQÚtt€LV, etc., y

puede designar tanto la rectitud del fin como la perspicacia, moral­ mente neutra, del juicio.

Es cierto -y esta última consideración sería un testim onio de ello- que en época de Aiistóteles ya se es plenamente consciente del equívoco de .los términos y de la necesidad de superarlo. Ya el

Epínomis 59 se negaba a considerar como sabiduría (aocpí.a) 60 las
cualidades intelectuales -buena memoria, facilidad para aprender, vivacidad de espíritu-61 que Platón había convertido en virtudes.62

tej o de las virtudes intelectuales que acompañan a la prudencia la rectitud (6g8ótr¡<;),51 más particulannente una rectitud del entendi­

noción de EUÓO'UAÍ.a,50 cuyo concepto implica la idea de una cierta

miento (6Q8Ótl') <; tij<; 6LavoÍ<l<;).52 Pero aquí todavía Aristóteles n o llega a desarrollar las mplicaci ones políticas d e la noción que, en el _ lengua Je popular, destgna más la habiJjdad y la sangre f ría en la

Hay que distinguir, dice el Epí nomis, entre lo natural (<p'ÚOL<;) y la sabiduría (oocpla) o, como di rá Aristóteles, entre la virtud natural (ageti] cpuoLx� ) y la virtud moral.63 De hecho, si se recuerda con razón que el término

agn�

n o tiene en su origen un sentido estric­

tamente moral, sino que designa la excelencia en sentido lato,64 esta consideración comienza a perder valor en época de Aristóteles. En efecto, parece que en la lengua de la época de Aristóteles la «virtud» en el sentido mo56. 1 J42b 26-27. 57. 'OQÜÓt'llS T¡ M'tCt 'tO wqn\Atf.tOV, olí Óei ML (iJ� O't€ ( 1 142b 27-28). 58. 'H ógOÓ't'l'JS n:A.eov xw� ( l l42b 17). 59. 976bc. 60. Se sabe que el término oocpós significó primero la habilidad técnica (tal como lo recuerda Aristóteles, Ét. Nic., VI, 7, l l 4 l a 9 ss.). En este sentido Píndaro, por ejemplo, habla de un nmr¡n)s oocpós. 6 1 . MvlÍJ.lTJ, eu¡.táC:kta, áyxí.vota. Esta última «virtud)> es estudiada rápida­ mente por Aristóteles, Ét. Níc., VI, lO, l l42b 5, y sobre todo en el marco «lógico» de los Anal. post., L, 34. 62. Cf. l os lextos citados por Gaulhier, p. 508. 63. Cf. supra, pp. 73-74. 64. Cf. B. Sncll, Die Entdecf..:lmg des Geistes, pp. 223-225 y 236-237.

descripción de la �::uóo·uJ,.í.a aUnea sin distinción el carácter moral del fin 54 y el discernimiento del medio más conveniente,55 e incluso
47. H�r�os visto íli_Jtes que la divinidad no deliberaba. Pero el animal tampoco . delibera: la umca excepcrón es el hombre (Hist. anim.., l 1, 488b 24). 48. llQOXtli"tm •@ O'U¡.t6ouA.súovn oxon6� 10 ou¡.tcpégov �ouA.e-6-ovtm oú JtEQt TOií tÉAO'U�, aU(l :rt€QL twv :rtQO� ,;o 1éA.o� (Retórica I, 6, 1362a 17-

elección de los medios 53 que la rectitud de la intención. Por ello en la

UQ8t�,

empleado de modo absoluto, designa ya

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49. Ét. Nic., VI, 10, 1 142b 18-20. 50. lbid., VI, JO. 5 1 . 'OgGóu¡s tí.� eanv tí eMo A.ta �ouA.ijs ( 1 142b 16). 52. 1 142b 12. 53. Cf. los textos citados por Gauthier en su Comentario, pp. 509-5 10. 54. . La es &.ya0oií (l l42b 22), lo que permite denegarla . al mcontmeme (axean¡�) y al perverso (cpaüA.os). 55. 1 142b 2 1 -26.

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cú�ou!-.ta,

-csuxnx�

68 Pero.69 La ambigüedad del término EvoouA. . IT. 15 («Utrum pn1dentia insit no­ bis a natur a»). aQení. 3. en particular de la pruden­ cia (cf. 1 106b 36. en un contexto totalmente distinto.) parece confinnar que la cues­ tión EstL<mÍf. el arte e incluso la ciencia son vírtudes dianoéticas. Aristóteles dice simplemente clQE'tlÍ (Él. 3. 141a 6). sin mucha convicción. y la prudencia la de los medios. Vl. Xl.l para la realización de un fin. 6.67 Se comprende entonces que la noción de virtud dianoética sea una . 70. T ó picos. 6. 5. no del fin. 121 b 31 ss.G. 518) a la doctrina cons­ tante de Aristóteles (que está claramente expresada en VI. Un texto de los Tó¡Ji cos (IV. por oposición a lo que es natural y no nos es imputable.o�: la prudencia es la apcrcepción verdadera. Eurípides. 1 144a 36). Desde este último punto de vista debemos considerarla aquí. q. '1 6 («Utrum prudentia possit amitti per oblivionem»). supra. P . Por un lado. a falta de una teoría del pe­ cado: el medio de distinguir la acción mala de la acción propia­ mente virtuosa. es decir. 1 139b 16. Eud. Agé­ silas. 40-51 . en este sentido. Il. y estas mismas cualidades en cuanto que ordenadas a la realización del bien. no se libera del todo de las implicaciones éticas del término CtQe't�. LXXVITI (1965).. aunque no proponga una cosa que busca confusamente y que ningún griego podía encontrar nunca. Jenofoote... Jenócrates parece haber sostenido el pr imer punto de vista (cf. puesto que es lo propio del hombre prudente deliberar bien.E. y se esfuerza por especificar las cualidades in­ telectuales moralmente neutras. 9. En otros términos. Cf. que es definida en el libro l l de la Ética a Nicómaco como una €sL� :JtQO<XLQcux. mucha tinta. LA ELECCIÓN (:JtQO<XlQEOL�) interviene en dos niveles en la eco­ La noción de :JtQOatQCOL� nomía de la ética aristotélica. Oigamos sólo que no nos parece necesario corregir ·ti tÉM>c. 721. «La prudence aristotélicienne pone-t-elle sur la fin ou sur les moyens?». Suma Teológi­ ca.65 por opo­ sis de Aristóteles sobre las condiciones de la prudencia y las virtu­ des intelectuales conexas son menos una contribución a la ética que hermenéutica de la existencia humana. 1 140b 4).136 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 137 derno.7° pero al cual Aristóteles se esfuerza por dar. Pero conviene ahora proseguir este análisis de la acción por lo que Aristóteles considera como su segundo momento: la elección. loable (btawe'tÓ�). Evágoras.la: «Una rectitud re­ lativa a lo que es úti. es decir. Ét. 72. pp.. 10.ta.lll � <¡JQÓvr¡mc. que debía evocar para el oyente no prevenido la cualidad del hombre avisado. 68. p. n.. cuando define la virtud mor al. no hace sino expresar una dificultad más general: 71 los análi- § 2.�. 144. por otro lado.l<pÉgov n:QÓ� tL tÉloc. i\ áQEtlÍ debía ser clásica en los círculos de l a Acade­ mia. 1144a 7-9: la virtud moral asegura la rectitud del tin. en tanto que unida a la virtud moral. 71. o incluso lo que es adquírido al precio del trabajo y el esfuer­ zo. incluso si l a pru­ dencia.�. rt39a 23. de una sición a lo que es moralmente neutro. 13. 2. como la ciencia6ó o la habili­ dad. el de un análisis general de la estructura de la acción: aquf la proaíresis aparece con su sig­ nificación de elección posterior a la deliberación. 66. Así Aristóteles declara expresamente que no hay phrónesis sin virtud moral (VI. 2. &Qe't'YÍ parece sinónimo de virtud moral.1'}0�� ÚltÓAl'J'IjiL� eo-d. 1 106b 36). 4 («Ulrurn prudentia sit virtus»). Una primera vez interviene en la de­ finición de la virtud moral. no puede ser extraña a la cualidad del fin). en segundo lugar. La dificultad ha sido bien vista por santo Tomás. p.v. Esta ambigüedad y esta dificultad son no tanto destacadas cuanto reafir­ madas por la definición que Aristóteles da infine de la eu6ovA. 1227b 5-11. en tanto que actuación en y los fundamentos de una teoría general de La acción. «un fin de­ terminado>> (que está atestiguado por la mayoría de los manuscritos) por tó .. i} 'KO. Nic. del buen estratega. Así. el sentido artificial de «deliberación con miras al bien». ál-.. R. 47a.noción bastar­ da que nunca fue claramente elaborada por Aristóteles. nos parece que el antecedente de oó es tó o-u�t<pÉQOV y no 1:éA. el de una excelencia extraña en cuanto tal a la imputabilidad moral. que ya no son virtudes dianoéticas sino en tanto que están asociadas de alguna manera a la virtud moral. Aristóteles a partir de la Ética a Eudemo sostendrá el segundo. Aubenque. I JO. Ética. Ét. 3. Vl. Fenicias. 1 142b 32-33). que no son vírtudes. Esta f r ase ha hecho correr 65. por e jemplo. lsócr. TI. una disposición que con­ Cf. e importa por ello saber a qué cierne a la intención.'tet to 01!f. 746. Cf. lo cual no es en absoluto contrario (a pesar de Gauthier. Eud. Nic. caracterizada por el justo medio (Ét. Cf. Es característico que esta determinación no aparez­ ca tampoco en la definición de las virtudes intelectuales. 46. 1220b 34-35).lles. sino de lo que es útil para el fm.n Aparece también en el libro m de la misma elección lleva su deliberación. oú i) <pQÓVl'JOtc. TI. Jo que es meritorio.. Desde este punto de vista Aristóteles es incompa­ rable. Tia. Ilae. éste intenta restablecer el sentido antiguo del término sobre el mundo. VI. 69.. 13. 67. utilidad de la cual la prudencia es la apercepción verdadera» (ÓQ0Ót'Y}c. Esta definición es recordada en el libro VI.

neomgeaw. 'H &t :n:goatgeoLs. a're � . 1 1 . tr. pero no lo puede hacer por la pasión. . para evitar las confusiones que nuestros predece­ sores no siempre han eludido.. y del que estudiada en ellos antes que la l a sede de la imputabilidad: se opone a l a constricción y es el fun­ dam nto de los actos q�e se hacen plenamente de grado (Éxo'Úota).14 Un poco más adelante Ar istóteles precisa todavía más la significación de esta regla introduciendo l a distinción. 1 139a 33-b 5 · 1 3 l l44a 20 y también. «por la intención juzgamos la cualidad moral de alguien. . 3. única meta que puede dar un sentido a sus ac­ ciones particulares. 80. 1 1 1 1 b 27).gí. cuya intención es acentuadamente maligna: la incontinen­ istóteles.gwtv.n Un ejemplo extraído de otra parte de ob1·a de Aristóteles bastará para confirmar este sentido.73 Pero proalresis designa también la responsa­ bilidad que se desprende de éstas con relación al juicio del otro: €x t·fís ngometaews x. Asf. que lo juzgamos no por lo que hace. que expresa nuestra intención o. 2.a). también los otros 21 pasajes reunidos por Ross (Ari.co. Ren•e Phil. 76. podría ser un añadido poster ior. por el cont�ario. término JtQOatQEnxf] no piensa en absoluto en el don e se tra�a de distinguir al incontinente (<lxeatf]s). l.tje. al estudiar las relaciones entre la sofística JtQoatgeaeL : 79 intención de verdad.vo¡. virtud moral como ESLS esLS JtQOatQE'tLXfJ proafresis no es diferente en el libro Vil de la Ética a Nicómaco. ilosofía. que se hará clásica con el estoicismo. que rompe el encadenamiento de las 1deas. (Ét. de sentidos. Ross no enc�tra fuera del libro m de la Ética a Nic6maco (habría que añadir: y del libro II de la Etica a Eudemo) más que 4 pasajes donde el término tiene el segundo sentido que vamos a desarrollar ahora. y sobre la acrasia el estudio de R. esta dualidad de contextos. Cf. 200.QWl-S es �o'ÚAt'UOLS. que no tenemos ningún xata t�v ngoaí. puesto que la JtQOaÍ. . reconoce que una y otra se mueven en el mismo ám­ y la f bro r de la Metafí sica. pero este pas. 280. mérito en poseer. Ét. p. es contraria a la intención.71 El sentido del. 80 (1955). y el malvado � Quiere decir que la virtud es una disposición que expresa una de­ libertad. U. el que constituye nuestro valor o nuestro demérito. a pesar de Ross. in­ mejor dicho. porque se pueden cometer actos malos bajo constricción. fr. . es atestiguado por numerosos pasajes de Aristóteles. los dos pasajes de la Ética a Eudemo y de la Etica a Nicómaco donde se trata ex prof esso l a proafresis. nosotros sólo modificamos el orden. l l45a 4). l'fOtle. donde proaíresis designa normal­ mente la capacidad que tiene cada ser razonable de fijar una meta -rou Bwu tñ bit�. m. naga cia (axgaaí. nuestro mérito: el adjetivo JtQOat­ QctLXÓS designa la diferencia específica que separa la virtud moral. r. P?ro precisa que �itieren en la intención «vital» que las anima. el comentario de Robin en su Aristore. Si. Cuando Aristóteles define la análisis sobre la elección deliberada. tención de provecho.os. nuestra disposición interior. de pro­ blemáticas y.80 que es consecutiva a una delibera75. !bid. En el li­ 1� JtQOaÍ..1 38 L/\ PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN quiere libremente (ngomgchat b' 139 imo análisis (que es el Pero antes de retomar el hilo de este últ de los capítulos 4-6 del libro UJ de la Ética. Es característico de una cicna falla de coordinación en­ tre análisis. en el sentido de intención. Nic. que conoce y quiere el bien. Este sentido del término (xuxó�). 2. dice Ar . que compromete nuestra que nos es imputable. sino por el fin por el cual lo hace (-co "tivos EVcxa ngánet)».o téA. a Nic6ma.. p. 79. n. p.16 Es porque l a virtud (así como s u contrario. sin embargo complementarios. Y[). es decir -precisa Aristóteles-. que se ha de colocar entre las éxo'Úota. cuando en realidad la persona no los 73. entre l a intención (ngoalgwts) y el acto (Égyov): «Distribuimos alabanzas y crí ticas considerando la intención más que los actos (ds t�v JtQoateemv f:3AéJtOVtc� ¡LÜAAOV ij cLS ta Égya) . m1entras que la maldad es conforme a la intención cisión cuyo principio somos nosotros. nuestra responsabilidad. 261-80. 8. 't(Í)V :n:eos. Cf. el análisis ar istotélico de la prudencia no saca partido del análisis (sin duda cronológicamente posterior) de la elección. porque no concierne a nuestra proaíresis. 78. l228a 2-4. Incluso se po­ dría decir que es el más frecuente fuera del análisis del libro III. cf. n. el compromiso íntimo de nuestro ser. Ét.¡. 74. l �s umcos que son objeto de alabanza y de crítica. pues. � . pp. l228a 12-15. l214b 7-J l . finalmente.QEOLS.. importa subrayar. «L'acrasie selon Aristote». 77. vemos aparecer una significación completamente distinta: la de la elección de medios. Nic. Cf. que es hoy el del libro m. 1 1 5 1 a 7. e l vicio) e s una o1Jbc�)». Robütson. l228a 8. Sobre 1tQOULQ€CJLs. (crxonós) a su vida. Eud..15 La proaíresis es. que es su condición). por un lado. l228a 10-12. 3). de Aristóteles que el libro VI de la Ética a Nicómaco no conozca apenas más que la proaíresis-inrencióo (2. Es el caso de la Ética a Eudemo.. 1228a 1 : «Es la virtud l a que hace que e l fin de la proaíresis sea recto». 1 004b 24-25. por el otro. el sentido de «elección» no ap seguramente más que en l l39b 6. de la virtud natural. 265. 2. consideramos.ev noi:ós "tLS.

J I .L�). «técnico» en la estructura de la acción en general. OLavor¡ttx'lj. que estos medios no dependan de algo imposible 83 y. se podría decir. La principal diferencia con la Ética a Nicómaco es que la proaíresi s se opo­ ne en est e punto no sólo a la �oú/.90 Pues ya en la Ética a Euderno se encuentra el doble senido t de «intención» y de «elección de medios».. Ét. lli. eo efecto. 'A/. Todo esto es lo que Aristóteles quiere resuruü· en la definición concisa que da de la proaíresis como BouA. Walzer. . 1O.84 Ahora bien. l l llb 27-28. 82.Ls. Aristote. sino el hacer negocios o correr riesgos con miras a la felici­ dad». y la elección de los medios queda sobrentendida por la voluntad del fin. el deseo (al:gwt�) que sucede a la de­ liberación. Los intérpretes modernos no han dejado.82 pues no se LA INTERPRETACIÓN 141 ción./. y deseado. 1 1 13a 10-12. sino quizá más claramente todavía� sobre el hecho de que no se escoge el fin. II. 5. 200 (trad.86 la nota de Rackham en Ét. empero quizá con la preocupación. puesto que el fin está dado o más bien querido.. se vuelve posible cia deliberante.a. El único ejemplo mediante el cual Aristóteles ilustra su análisis del libro III es característico a este respecto: queremos salud y escogemos (Bou/. Ross.r¡oLs.91 Los ejemplos que ofrece Aristóteles aquí confirman enteramente el carácter mo­ ralmente neutro del concepto: «No se escoge el gozar de buena sa­ lud. l227b 29-30. sino el pasear o sentarse con miras a la salud.rtud>> (p. en este sentido.!el concepto de ltQO<xtQems...gue trata más bien sobre el fin ( 1226a 17). 1 1 I3a 1 1 . sino de la voluntad deseante. voiis. de la Ética a Eudenw a la sche Ethik. Ét. concepto que a veces tiene un carácter ético y otras moralmente neutro. Cf. 1226a 9. y que no es ya solamente la manifestación de la inteligen­ poner en marcha la deliberación.81 Ciertamente.aco 88. 280). sino los inedios. meditado o supuesto. 86. 92. pues aquí Robin. 5. deseado no por sí mismo. sino como medio para alcanzar un fin. 5.. fr. sino a la M!.88 Pero no sacan de ahí to­ das las consecuencias. i] oge1. p. l l 13a l0-11. pp. que sean escogidos entre aquellas cosas que dependen de nosotros. sino por la eficacia de los medios. en la diseJtación ex pro f esso sobre la proaíresis más acentuada que en la Ética a Nicó­ maco. a la cualidad de este fin. pero desde un punto de vista que no nos interesa directa· so si editores celosos. Ét. Sin caer en los excesos de la Schichtenmutlyse.éVOV (Ill. 1226a 8: OMEt� yag 'tÉAO� ou8ev JtQOClLQEL't<U. 2.' &gá ')'E (JtQOULQEtOV) tO 3tQ06EoO'UAEU!J. 84. que parece decir que Aristóteles emprende la tarea de explicar en E!. Cf.cu·nxi¡ ÓQE!. Así Ross.na tó. Importa. 90. sin embargo. 1 1 12a 15). Pero la Ética a Eudemo en el capítulo 1 O de su libro U no insiste menos que la Ética a Nicórnaco. Nic. TU. 2. lll. Me­ diante la proaíresis lo posible.L¡. ltQOc. de conservar el primero de estos dos sent idos. la proaíresis conserva un aspecto volitivo. 265. &. 1226b 17. más precisamente. 1 1 1 1 b 2 1 .ó�-tc8a) tener buena (JtQOatQO'Ú�-tE8a) los medios de conseguirJo. y la M!. puesto que no es la posición del fin. . 1 3 1 . 91.140 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES (ÓQE!. 1 y de III. 198). 4. II. sobre la eficacia de los medios destinados a realizar este fin. por Jo demás poco convincentes. Esta «evolución>> !.<i)v eq>' � �-t'lv. «deseo deliberativo de las cosas que dependen de nosotros». sino el mo­ mento de la habilidad.. 85. sin la cual perdería toda razón de ser. Eud. 1227a 9-10. 5. Pero el acento se pone esta vez no sobre la cua­ lidad del fin. in fra).87 bajo la condición de un fin ya puesto y del cual no libro II en el concepto de JtQO<xtQE<JL<. más aún. 5. Lo que llama la atención aquí es la ausencia de toda referencia pero no lo constituye) y. inclu­ 8 1 . Aristotle. sino. es necesario reconocer. La proaíresis es enton­ ces el momento de la decisión. esta elección es un deseo quieren los medios más que porque se quiere el fin. p. La elección se encuentra aquí desposeída de toda responsabilidad moral.. Se advertirá que esta defi­ nición está más elaborada que la que todavía se encuentra en VI. 1 Ll3a 2-5. sino un momento..89 No es posible contentarse con la constata­ ción de una evolución de este concepto. 4.d aristoteli· mente aquí: el al comienzo de III.. Ya no es el lugar de la imputabilidad. de la que se dice . Eud. No expresa un pri!lcipio moralmente califi­ cable. (cf. Cf. la cual interviene para es responsable. creyeron deber añadir (en especial de las relaciones entre la nQo<xLQEOL<. Nic.1 54. La buena elección no se mide por la recti­ tud de la intención. «ya encontrado en el la definición de la vi. o incluso Aristóteles mismo. pero también para ponerle f m. tJJto8Écrew�. tO té"Aos.92 Este último ejemplo podría prestarse a discusión. en general.a. 1 1 . 4. Ética a Nicómaco ha sido estudiada por R. que la disertación del libro m sobre la elección es totalmente independiente de la del libro II sobre la v irtud.85 al fm (cuyo objeto está ciertamente presupuesto por la elección. 83. 4) transiciones. sino que elige solamente 89. oo se escoge ser feliz. 87.. 10. hemos visto que esta determinación del me­ jor medio posible era obra de la deliberación. 1 139b 4-5: OQ€%tLXOs. Magna Moralia un. JO. de subrayar este equívoco del término proaíresis. J l l lb el libro m de la É tica a Nicóm. 1949\ p.

¿por qué no juzgarlo sobre su voluntad �n relac•ón • . 1 1 . Cf. . sobre aquello que Aristóteles llama su Pero entonces. Nic. 1 1 . IJ. El capítulo 4 parte del principio de que la elección forma parte de los ac­ tos voluntarios (Tj :rrgoaÍ. Eud. n. ID' o'li ta 7tQO<. 1227b 27.oyWf!Ó<. En el análisis que sigue a la deliberación. 1228a 7). Por Jo demás. Cf.142 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 143 es común a todos Jos hombres-. Dota 't�V &Qe-ri]v av OQ90V ELrl tO 'tÉAO�. 1 1 1 1 b 9): el objeto de la elección (rtQOatQE'tÓv) es lo voluntario (ÉxoúoLOv) previamente de)jberado (1tQ06E6ovA. ói¡ Éxoúowv � <pa. en efecto. 10. 1 176a 3 1 -32.. de que se juzga a un hombre por su proaíresis 103 y que. la deliberación y la voluntad (�01JAlJOLt. . l l l lb 6). pero el problema técnico de la determinación de los medios toma la delantera sobre el problema ético de la responsabilidad. desde ese mo­ mento. La elección de los me102. que forma un todo (capítulos 4-6). 95. 74. Aristóteles va a mostrarse rnás preocupado en los capítulos 4-6 por establecer la diferencia específica de la elección (su estructura de­ liberativa) que por su pertenencia al g¿nero de lo voluntario.i.. 1227b 24-25. ll. 1 O l .10s Aristóteles mismo es tan consciente de eUo que. 1 1 . para enlazar su análisis de la responsabilidad moral con el de la elección de los medios.QEOu. El texto paralelo de la Ética a Nicómaco tiene una estructura bastante similar e igualmente ambigua.. Después de trata sobre los medios y no sobre el fin. TCl n'/-. Aristóteles p�ecisa un p o más adelan e . In fuerte expresión de Et. que son más o menos morales. no puede ser denominada en cuanto tal virtuosa o Vi­ ciosa. 104. VI. recurre a un subterfugio que contradice su doctrina más constante. Nic. . tomada aquí como en la no es el fin lo moralmente calificable -la búsqueda de la felicidad extremis que el medio es medio con miras a un fin. lidad del fin que el propio enfoque de este mismo f m..95 de la gimnasia. X. 105. cr.Ú>Ot' aváyx-r¡ 't�V tS "CLXLQV ÉXO'ÚOWV Etva� xal ti¡V CtQEt'�V (Él. los medios. 104 El encadena­ miento de ideas es aquí poco natural y.�)S (n. 26. 1226b 19-20. bajo qué condiciones un acto puede ser deno­ serto (quizá a posteriori) en un estudio general que trata sobre la Ética a Nicómaco por condición de la elección. 103. Dicho esto..:u. perfectamente ininteligible.). 1228a 2. probablemente tradicional. 1227a 19-20b. p. ll. sino por los motivos de su propósito. 100...")() y que dé de ella la explicación siguiente: juzgamos a un hombre no por lo que hace. La fuente de la confusión proviene de lo que significa proaíresis en cada uno de estos dos campos y de que estos dos significados son objeto in fine de una síntesis imper­ fecta y poco coherente. 1227b 38. ov�A.Ev­ �vov) ( l l l2a 1 4. Cf. 2. .. Ésalcpvr¡. en definitiva. Ét.97 lo cual es total­ m nte extraño a la cuestión de saber si la guerra emprendida es justa o no. Pero no se puede decir que el análi­ sis intermedio de la elección y de sus condiciones haya aportado ningún argumento en favor de esta tesis. 99. 96. El contexto parece señalar. 1 139b 5: la rcgoalgEm� es el hombre (T¡ tOtCL'Útr¡ CtQXlJ av9QOJ1t0�). por eJ contrar io. Cf. que la virtud es responsable de la rect1tud del fin. se encuentra in­ responsabilidad de nuestros actos. que Aristóteles tiene presente la eficacia de los medios y no su cualidad.) es aquí aún amb1gun 111·\lg­ na sea el valor intrínseco del fin. Los capítulos 1 a 3 del libro l l i plantean. 6. 1 )1/11 l4).. que parece estar casi olvidado. l227a 13. este uhnun ter­ mino debe ser entendido en el sentido de cálculo (cf. Cier­ tamente el an{uisis sobre la elección. Pero el acento no se pone aquí sobre una nota de este género. Es t á claro que el tém1ino rectitud (OQ9Ó'tl')<. es Jo que Aristóteles reconoce al distinguir la r� ·<�•ttHI II�•e procede de la virtud y aquella que procede del lógos (1227b 34-35). sea la adapación t de los medios al fin (el . 97.•l put·de muy bien no ser recto). 98.9-> los ejemplos que vienen todavía de un modo natural a la mente de Aristóteles están sacados del arte médico. si no se reconoce que hay dos problemáticas que inter­ fieren: la problemática moral de la responsabilidad y la problemá­ tica técnica del fin y los medios. 138. � � � j3oUAlJOLS? Es proaíresis extraño que la elección de los medios sea más reveladora de la cua­ haber desarrollado por extenso el tema según el cual la minado voluntario (éxoúoLOv). tenida por la responsable de la rectitud99 e . Aristóteles recuerda in 93.96 o del arte de la guerra: así se delibera sobre la elección de Jos enemigos. 94. es decir. 1228a 3-4.101 al fin. el vicio y la virtud son cosas voluntarias.�3 sino los medios escogidos.1 S). Eud. lo cual deJana suponer que la elección. Desde ese momento resulta sorprendente que al final de este análisis el autor de la Ética a Eudemo haga recaer la imputabilidad sobre la proaíresis en el texto que hemos citado antes. 39-40: escogernos evE�ti uvo. . y el capítulo 7 establece que la vir­ tud y el vicio son voluntarios.102 y esto con el único propósito de justificar la tesis. 1227b 35-36).vetat. pero que Jo voluntario tiene más extensión que la elección (pues hay actos voluntarios que tienen lugar sin deliberación previa. Ét.

Arist. 1 140a 32-33). es banal (cf. Gadamer. El primer sentido prevalecerá en los estoicos. hier wenig brauchbar ist>>. la expresión atQeio0aL n:QÓ en el sentido de <<preferir a». 357b. 7. Kuhn. p. 108. Rept íb/ica. 106. 32). El primer sen­ Aristóteles en los análisis de lo voluntario en el libro llT (7. la voluntad» 109 es condenarse a esperar de los textos aristotélicos Jo Ética tt Niccímoco. 1). puesto que se esfuet7. Arista­ te. «los actos de las virtudes tra­ tan de los medios». como le sucede a Aristóteles en los capftulos 3-5 del libro lll de la 1j UQE't�. Nic. «lo que depende de nosotrOS». sobre la incontinencia o acrasia (en el que Aristóteles examina minuciosamente la tesis so­ crática: de 1 1 1. L a importancia y la vigen­ gencia del mundo y para quienes «lO que dependa de nosotros» excluye la acción sobre el mundo y se ütnita al cia de estos problemas se ponen de manifiesto en las dos disertaciones que Alejan­ dro consagró a los eq¡' i¡¡. Aristóteles retorna conscientemente al sentido eti­ (.. tesis doctoral. República. 1 1 14b 23-24: «Es nuestra cua­ lidad la que nos hace elegir tal o tal fin>> (Tq> n:mot tLVE. La contradicción entre estos textos ha sido señalada por Gauthier (ad loe.l 'Wc�cn sei. Él. Doctrina que se cncuenrra rambién en Aristóteles. 10. 1 2 1 : <<ES i�t vicl darlíber verhandelt worden. depende de nosotros (ecp' � ¡¡í:v). m. 1444a 20-22. La psicológico de la libertad (condición de la responsabilidad tido es platónico (Gorgias. Es asombroso el contrasemido de Joachim (p. Basilea. Tucídides. 187-201 . Platón.1 1 . l225a 19.q> nQii!. LU. 33a 172. que niegan la contin­ de las representaciones.· 15. 1 1 13b 7. Eud. pero todo lo contingente no es voluntario (por ejemplo. R.144 LA PRUDE 'CIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETAOÓN 145 dios. C. dass diese Zweiteilung wic in11111:1 'u auch cho que tienen los «panisanos de la libertad moral» a rem itirse a Aristóteles. se condena a perder de vista la problemá­ tica moral. p. Estas consideraciones no tienen por finalidad denunciar una vez más las «contradicciones» de Aristóteles. el plural a la situación del hombre en general en el mundo. ponsabilidad. 212-213). I-3. No hay nada que concluir del hecho de que el sujeto de la menor de este silogismo sea ai •<ilv CtQttG>v tvéQyEtat.IIJ Este retorno. El segundo sentido. At M tG>v UQe-tWV evÉQyEt(ll JtEQL tuii'ta ( 1 1 13b 5). pre­ proaíresis como elección y no en la cualidad del fin. 1 1 14b 29). 16a 175. Volwuary action and Choice. precede entendido en el sentido temporal. 265. la AristóteLes.. Tal como hacen E. 25. Aristóteles (o el redactor) insistía sobre la finalidad de los medios para hacer de la proaíresis la sede de la virtud.O téA. pp. 508c. 1226a 28-33): el singular se refiere a una experiencia psicológica individual. Kuhn (art. ob der Stagirite "Deterrninist" oder ''Indeterminisl" t'. Kullmann. lo contingente moral). esto es.. A estos textos hay que añadir Ét. 187198). ria no sólo al sentido común.1 1 1 Lo que se encuentra es una nueva contlibución a una ontología y a una antropología de la acción . E sta dualidad de problemáticas se manifiesta igualmente en la ambigüe­ dad de la expresión tÜ. «Der Begr i ff der Prohairesis in der Nikomachischen Ethik>>. 123. 136) muestra c¡ue la proaíresis. se encuentra en cam­ bio en los análisis de la deliberación (111. 27b.. 172. aunque se defiende (p. 1 1 12a 17: «La decisión de hacer precede a todo lo demás>>. tfpicameote aristotélico. l l l lb 30-32.o. 106 la virtud es voluntaria o.a por dar un poco antes (pp. Tcl JtQó. que interpretan así lll. De hecho. l . según dice. sino discernir su propia doctrina de la proaíresis como elección deliber ativa.108 y parece no haber sido imaginada aquí sino para las disertación sobre la proaíresis con la del mológico del término.. L. que cuenta con la noción de «elección preferencial>> para evaluar el dere­ Ética a Ética a Eudemo utili za más explícitamente eq¡' aútqi (Il. Robin. 139-154). Aqui.éA� (b 4). cit. 29: 8. 1 1 13b6. queda manifiesto que no es en tantO eficaz que la deci sión depende del ui­ j cio moral y que. 27. 398b) y se encuentra todavía en Ar istotle. al insistir sobre la eficacia. Cf. otras lo posible. 13.. Cf. 1 1 14a 18. Ross.O 1 12. sino a otras afirmaciones del propio necesidades de la causa: enlazar. Pero no saca la cons ecuencia de ello. Nic6maco. t. y en el análisis psicológico de Vll.tiv (Supp/. el cual sugiere. 9. al describir la Lo que no se encuentra es una doctrina de la libertad y de la res­ Eudemo. como dice aquí Aristóteles. . ahora bien. 169. 195-I96ad l l l lb 29-30) una interpretación unitaria de la pmafresis como <<decisión eficaz». pues. Abordar la no­ ción de pues hace referencia a otra cosa. 4. 8) y máS bien tcp' TJf. 1 . II. M. l l .n:go hégwv atQc"tÓV). p. aunque sea arbitrariamente. 4. complacientemente subra- bwúowv. También desde el punto de vis­ ta de la Willens f reiheit. p. proafresis (como intención proaíresis en La perspectiva del problema de la «libertad de que no se encuentra en ellos 1 1 0 y a despreciar lo que sí se encuentra. cit. 1 1 13a 10-1 1) y corresponde al hbexó�tEvov aút. en el aná l isis jurídico Nadie es perverso voluntariamente). Sin embargo. que designa unas veces lo voluntario (opuesto a lo Ét. T.ll V e n e( segundO ortiori contingente.n:eom­ Qc"tÓv es «aquello que es escogido con prefúencia a otra cosa» del mejor medio. 1 1 3 .m del análisis de la prudencia e n el libro VI (5. 100) y de Gauthier (pp. Walzer estudia la evolución de la noción de ¡nvafresis (Magna Mora/ia. también H. En realidad este concepto no «muestra» nada semejante. pp. l228a 1. 5. VI. H. lll. tmóvbE tL0t\tE6a) 109. Kullmann. que el . la conclusión de E. «no pue­ de hacer el papel>> que Aristóteles parecía asignar a la constitutiva de la persona). pp. Beilriige zum aristolelischen Begriff der Prohairesis. los af uso hechos del azar). 36. V. 1943. unas veces al fenómeno dad cosmológica de la contingencia (condición de la potencia técnica). t<p' T]�ttv.11n En la Ética a así pues. De una manera más sut il.. Der Begriff der Prohairesis mag zeigen.. entendida como elección de los medios. 1 1 O. Nic. op. 1 1 12a 3 1 . involuntario). Es evidente que la rela­ ción entre estas dos clases de E(p' ��i:v es de especie y de género: lo voluntario es en el primer sentidO (ll. dice. y otras a la reali­ (opuesto a lo imposible o a lo necesario) y se refiere. Pero esta tesis es aparentemente contra­ fiere decir que la virtud se manifiesta en La eLección de los medios. 1 12 Se podrá advertir que. Festschrift H. es voluntaria. pues el sujeto de la conclusión es 107. Ehat T.

Política. La primera sigue una filiación que conduce de Sócrates al estoicismo pasando por Plat6n y la Aca­ demia.. s1no la de dchbcrac1ón (Aspasio. J227a 13)..ov). donde la amistad es defi­ nida 1tQOUÍ. y que será más tarde la del estoicismo. aun cuando no nos acordemos y. no se presta a ningún equívoco. una preferencia 114 y.. al sentido etimológico y popular del término y su promoción al rango de concepto técnico de la filosofía es un procedimiento caro a Aristóteles. . o-úbEic:. JO.t. 14. al uso popular más allá de una terminología erudita que. 1298b 27). si se imcrpreta que la deliberación precede a la elección. cit. 1 14. ávalnos (617e).115 parece que se haya pasado de al1í demasiado pronto a la idea de una elección absoluta. Se encuentra en Cicerón la expresión: «in diligencio genere vi­ Z Panatlr. 1 1 . Ar istóteles. pero que nos parecen suficientes. nos encontramos en presencia de dos series que se encuentran. por ejemplo. V emos allí cómo las almas es­ cogen (atQoiivtat. X. la interpreta en un sentido humanista: el mito liberatía al hombre de sus «demo­ nios» 120 y. los demonios y todo antes que darse la culpa a sí mismo». ef. el hecho de aceptar un mal me- 8. 2. no está claro lo que deliberación. 1004b 24-25). un doble filo. Contra 1imarco. 6): toü 1t<lQÓV­ tuye una razón para atribuir el mismo sentido temporal al TCQO. 1 4 1 : 48. óv tae» (De offi ciis. donde neo. . Ar istó­ eraría el sentido más primitivo ele elección deliberativa y teles recup preferencial que encuentra en el uso popular y del cual es el primero (y también el último en la Antigüedad) en formular la temía.QEOlS �í. Si consideramos en su conjunto la historia del término proaíre­ (oal¡. JtQOCli. qllA.:t'¡ Oouc:. no dice Otra cosa). 617d-62Jb.de JtQOatQe-tóv: debería preceder a la elección (la acción quizás. cierto que Aristóteles llama al RQOCllQ&l:ÓV una pre­ gitls. vosotros mismos quienes escogeréis vuestro demonio». ellas mismas han querido deliberadamente y de la cual son en adelante responsables. 23.. significan originariamente una elección relativa. JtQ06e6ou4u�tÉVov. no la idea de deliberación pre­ . . r. 143c). W.. y como ya hemos visto. ll. Esquinio. JtQOULQEttm �í. En fin. pero se emplea más bien en este último sentido: atgsto9at. 74 (se adver­ e s aleja de la 1 l7.ovw nQOULQEia9cu. 116. sino que es la elección de la vida misma. Cr. . es decir. Jaeger. en su Paideia.117 Entre otros significados del mito. cómo esta elección se vuelve en seguida irreversible. I 26b 6-8). olvidan que han escogido y se aprestan a vivir como un destino ex pro f esso. y es en este sentido (Par­ mémdes. los textos de Tucídides y de Platón citados en la nota precedente y lambién lsócratcs.Q toü 0'\Jtfív 1tQO<XÍ. J l8. del cual ya hemos visto un ejemplo a propósito del con­ cepto mismo de phr6nesis.146 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 147 yado.. tO� xw()úvou tov ¡tÉU. toü n:f. en efecto. 617 de: «No es un demonio el que detenninará vuestra suerte.Aio6at). 65 (�LOi: . no es empleado �ás que una vez por Platón. Cf. Cf. La expresión se encuentra en Demóstenes. pues. 1 17-1 1 8 (en una guerra hay que saber escoger los aliados y los enemigos. "tO'Ü �tou . sugerida por Platón. Si bien e¡. El re�urso de la ctimolo �ía tiene como objeto aclarar. calli11g).) su vida entre muchas otras que les son propues­ tas. profe­ sión: cf. sería la de la antigua Academia. tirá que esta concepción del oficio como elección puramente humana concepción cristiana del oficio como vocación. 33. que invoca sin razón a Joachim loe. también Platón.t iene un sentido temporal.ta). 3 1 ss. Con este sentido puede relacionarse el ele oficio. Ét. l. 4. 120. la segunda va directamente del uso popular a la elucidación aristotélica y. Para apoyar estas al'irmaciones no podemos apm1ar aquí más que algunos indi­ cios. Menandro. al presentarlo libre respecto de sus decisiones. no podemos atribuir a Dios 11� o al azar "9 la responsabilidad de lo que somos. 1 20).ou TOÜ amoü (cf. elección de un género de vida que com­ promete toda nuestra existencia: en este sentido. tiempo la gran tarea filo- sis. Platón expresaba a su manera la paradoja según la cual el hombre es responsable de su naturaleza. por lo tanto.-Platón. autoriza­ ría su perfectibilidad. Cf. nQoalQtOLc. C!LQWL<. 413a.<. 619b: aquel que ha escogido ser un tirano se da cuenta de su error e Cf.. sin poder confundirse.Qeo�c:. pero esta no es la cuestión aquí). como ocurre con otros conceptos aristotélicos. no consti­ 336b. Antidosis. en Aristóteles. 56. RepiÍblica. 9. habiendo bebido el agua del Leteo. E>eoc:. «incrimina al azar (tÚJ(TJ). 10. ex. del sentido de elección-intención. que era el de la Academia. rsócrates. El substantivo rq:1o�lQE<JL<. La significación de este mito te­ nía. 1280b 38: i¡ yó. Gor­ 115. Fedro. Aquí todavía. IV. o simula volver. el pasaje paralelo de la Ética a Eudemo en. Antidosis.trr¡ ) una vida que. Dicho de otro modo. Con este senl1do se puede relacionar el sentido político de elección: tLvac:. Ps.ov €. que citamos más adelante. 111. cómo las almas. Política. de lo que es al nacer: nuestra naturaleza la hemos escogido nosotros. 493 (�í. vra. 70. sois 1 19. la elección ya no es interior a la vida. tenemos la convicción de que Aristóteles re­ torna. justificando al mismo. Eud. Monostichoi. que el propio Ar istóteles emplea por hábito cuando no trata el tema nor.. que­ dará sin descendencia en la historia de la filosofía. Beruf. sin embargo. 1 16 Este deslizamiento de sentido parece en­ contrar su expresión y su cristalización en un célebre mito platónico: el de Er en el libro X de la República. Definiciones. el ejemplo dado por el gramático Herodiano (VI. Si los términos nQOaLQELO­ Bm y nQOCÜQWLc. y aunque la prueba sea más difícil de aportar. en particular. en Aristóteles (Meta fí sica.Qeto9m (Aristóteles. 245b).

129. Pero esta irreversibili­ dad. 966 (lo que es ')(Qtcl JtQO<XlQEOLV es opuesto a lo que viene de la necesidaq. de la que Dios se encuentra así exonerado.. . 128.123 no sería una astucia de Dios.121 Pero el mito platónico no insiste menos en la irreversibilidad de la elección.148 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 149 sófica de la educación. 130. por ejemplo. pp. a la decisión razonable. 127. rv. Walzer. tOO'Y 'K<XtCt ltQOCtLQilOL'Y OVtWV aut¡p). eucp'lita. n. empírica. al menos de derecho. el sentimiento de una aristotélica de la contingencia y a su corolar cierta connivencia entre el tiempo y la actividad humana. sino lo que escogemos tera en un tiempo mítico. Como proclama solemne­ mente el heraldo: Platón ilustra con ello de una forma particularmente llamativa una relación que ya había sido percibida por la conciencia popular y que explica la evolución ulterior del concepto. TCQOCtlQEL06CtL. pp. mientras que en Platón el verbo ExA. 1 1 14a 32-b 5. Cf.. para expresarla. Cf. una cierta libertad inicial que. Pero e l análisis propiamente aristotélico de la proaíresis se sitúa fuera de esta filiación. Si bien ad­ mitía en la moralidad una parte irreductible de naturaleza. del destino o del azar). la virtud es para Aristóteles asunto de costumbre: 130 somos. de nuestras buenas y malas disposiciones. prefería una doctrina que pusiera a cargo de potencias oscuras lo que sería demasiado injusto imputar a la humanidad. Eud. Ét.xA. 1179b 7-16.EOtl . A la racionalidad finalmente desoladora del universo moral socrático y de u n cie110 platonismo. contrariamente a la prescripción platónica. p. Magna Moralia. 126. ducción de Souilhé. Ul.126 la idea de Ab. 122. De la noción de proaíresís se guardará cada vez menos la idea de elección prefe­ rencial. y la Intro­ . 23. Lo cierto es. l. y hace falta entonces preguntarse si la puesta en escena que preside la virgen Láquesis. tO. 499e-500a). R. eA. J I 121. 7. Paideia. pero es evidente que es más fácil hacer buen uso de un buen natural. acaba por volverse destino para el hombre: así eJ vicio­ so se hunde cada vez más en su vicio y el virtuoso lleva a cabo cada vez más «maquinalmente» actos virtuosos. sobre la eóqruta y la eutvxla los textos que ya hemos citado. de un compromiso libre (y por ello moralmente calificable) de la voluntad. rv. 192). que enderezar uno malo. JU. X.f. que nO SOn ni buenOS ni malos. En el antiguo estoicismo ya no es perceptible más que el sentido de «decisión libre». Pero. Nic. donde la parte de la naturaleza y de la responsabilidad person al está dosificada cuidadosamente: somos correspon­ sables. en él como en Platón.v. en todo caso. 2 1 6 (el sabio alcanza por definición lo que depende de su voluntad.ye­ aem. significado tan diferente de los estoicos deberán recurrir a otros verbos: neoáyet. y donde nada escapa a la responsabilidad del hombre. donde todo es transpa­ rente. Gritón (52c). 103-104. 3. 617c. 1. para no retener más que la idea de una disposición íntima (y no necesariamente consciente). Nic. N. ouvalttOL.127 En Epicteto.o¡. l . precisamente porque es una propiedad del tiempo humano y no pref erencia ha desaparecido de tal modo que. SVF.éyeoOaL servía para explicitar la noción de <XÍQEOL� (Gorgias. Tal es el sentido de arQEOl� en la Apología de Sócrates (39a). 7. 8. II. La Libertad se encuentra concentrada toda en­ libertad efectiva. del cual estamos separados por el Olvido. sugerida por el mito platónico. . r 123. L. que el mito asocia la idea de elección a la de responsabilidad. y de ltQOCtlQELOÜCtL en las Memorables de Jenofonte. 18-20. Il. más preocupado por descargar su responsabilidad que capaz de fundar la libertad efec­ tiva del hombre. puesto que marca sólo una preferencia en el interior de los abLÓqlOQ<X. de quien no hay que olvidar que es «hija de la Necesidad». finalmente. f. Según la traducción de J. «la falta es de quien elige».tÓVOlb e!. 617d. 5 ss. dejar esta parte al azar. no lo que esco­ gemos ser de una vez por todas.tÉVO'U. 124. 1099b 18. sin darnos la obras y en el tiempo.LQEOLS acabará por designar la «persona moral». 3. m que parece volver imposible toda conversión. 1 1 14b 12. Se recordará tan sólo que el rtQor¡y¡revov estoico es totalmente extraño a la vinud. -c(i)v M 'KCtXÚÍV futúxwOaL). m. la cual supone una alternativa y una deliberación previas. T.124 hacer en cada instante. Cf. al menos en esta vida: el mito nos atribuye la respon­ sabilidad. En este sentido. �V ayaea.128 sede de la voluntad ra­ zonable y libre que es para sí misma su propio fin.. 1. Ét. porque es asunto nues­ tro hacer un buen o mal uso de nuestr a naturaleza. 10. que en griego clásico no tenían un (tOL� é'yXQCttéat ¡. Cf. que habla de <<mythische Vorbcstimmlheit der Peson».eyó�teOa (SVF. 125. Coloquios. Zcnón. 129 Ar istó­ teles prefería. de una elección inicial e irreversible que nos hace responsables para siempre de lo que somos. la definic ión del ltQOTJYI.la. en es­ pecial Ét. 5. no podía más que ser contraria a l a idea io. 2. de moldear nuestro destino pór nuestras rt(>OaLQEto0m. Souilhé. el término rtQOO. suscitando un encadenamiento cada vez más irreversible. U.125 Esta evolución alcanza­ rá su culminación con el estoicismo. 5. más aún que de naturaleza. La idea. 5.lÉVOv en Zenón: b' ábuiqJOQOV <ÓV> e-xA. Es cierto que se da. 1215a 8-15. 9.

De vita beata. bastante conjetural en ausencia de test Mora/ia. Cf. cap.w�. 136. Así. Se da cuenta una vez más de que el s.1 1 04b 13. . O'ÓX Ú7tAW\. Cf. 1.132 Pero ni el virtuoso está al abrigo de rr g -pro ficientes. La virtud es lo que de más estable hay en el hombre. fl. 139. un 6u11os. una de las tentaciones de Aristóteles mis­ mo (cf. il.lta. no tiene nada de absoluto : sig­ nifica solamente la verdad humana de que cada vez se hace más difícil para el vicioso el co e i rse 131 y más fácil para el virtuoso el g para la cual no hay buenos y malos absolutamente. 10..f. pero qu� no con­ cierne a la estructura inmanente de la acción.Ita. m 4. �oÚAll m�.. 6. �OÚATJO't. ya Platón. . 134. 132. l220a 39. 1 104a 33. si se toma al pie de la letra. l l l3a 15). cf.¡> oatJ. en lo cual hay que ver de nuevo. agna dad. y parece unir el progreso moral con la suposición mítica de la inmmtalidad del alma. no un pasaje dialéctico que no apunta a nmguna esc�ela de­ terminada (Burnet. ni total­ u Janus bifrons. 111. l lOOb 1 2 SS.l38 �É/.). 11. btt9u).de R. el cam­ po queda libre para que Aristóteles retome de nuevo el análisis de . 1 172a 19-26. Walzer. 119. uva Oó�av ( 1 1 1 1 b.137 Este sentido ri mitivo de proaíresis nos indica que no se trata de una elecci ón absoluta. 139 pero escogemos lo �ÉA'tLO'tOV bt ouva:twv. como ya hemos visto. algunos de estos distinguo parecen referirse a precisiones terminológicas que desconocemos (así. se encuentra humanizado en Aristóteles. XXIV).1 1 15a 3. Ét. Así. es saber si se trata de un b1en real o aparente ( l l l3a 16 ss. La ética de Aristóteles es quizá la única ética griega paJa la cual no hay sólo buenos y malos. en mejor. no lo bien. Él:Égou :JtQO htgou. no se en­ cuentra en el texto de las Éticas. inf ra. 2. 1226b 7-8). 'H8o. 1 103a 17. :n:go ktégou (Ét.c. fl.s de que <<el hombre es prin­ cipio y generador de sus acciones. donde estudia minuciosamente de Aristóteles sobre es las relaciones de la proaíresis con una serie de conceptos emparentados (éxoúcrwv.150 LA PRUDENCIA EN AR!STÓTELES LA INTERPRETACIÓN 151 refleja ni ngún desi nio trascendente. Sobre la doctrina «platónica» de la proafresis y las discusiones provo­ cadas por este concepto en la antigua Academia.. Su¡. óge�L. una �oúA. . 6. puesto que la elecc1ón es a la vez voluntad de lo mejor y disceroimiento de lo posible (cf. Eud.. Nic. 7.139. drama cósmico de Platón que. Pero hemos encontrado una expresión equivalente Em:tV. 2.13J ignificado derivado que debía prevalecer en los círculos de la Academia. <H yaQ JtQOUlQf:OtS UlQeO'I. 1 .léV � : . sean hace 137.:nu'tov.. p. Sólo el estoicismo medio introducirá la noción de lo que Séneca denomina pro· ficientes (De tranquillitate animi. nota siguiente). 216. 227).' ETEQO\J 138. Esta expresión que se desprende del texto. . Según perfectibi lidad para el hombre que la sucesión de reencarna­ � t m sóficos que el Pero para Aristóteles el carácter ( Elo�) no es más que un conjunto de hábitos mente irrevocables si son malos. como lo es de sus hijos» { 1 1 13b 17-18). y el cpaüA.llOtS o una cierta forma de opinión. o al menos si la elección es siempre s p (ÉÜ'Yl) 135 nunca totalmente aseg rados si son buenos.. no superlativa. Pero está claro que no se puede fijar el momento exacto a panir del cual un hábito vicioso se irreversible. Magna Moralia. n. Se transformará en dogma en los estoicos (cf. la única luntad..o hac1a el mal. Nic. y ahora que se han vuelto así. 1.). cf. este mejor des i na un su g perlativo Desde este pri mer punto de vista la elección se opone a la vo­ que queremos el para su perfectibilidad. Oé. 1 1 14b 3 1 .140 Lo que Aristóteles expresa claramente al absolu tamente bueno. Ét. 1 . comparativa. 1 1 85b 38. ya no les es posible no serlo» ( 1 114a 19-22. 131. � ... uvOgwJTC. .. 653ac). Eud. 131. 10. sino lo mejor posible. cf. 1 179b 24-26. no conci­ be otra tos 1 33 ni el vicioso es definitivamente incapaz de conversión. sino de una preferencia. En la Él. pp. 133. la reconstrucción -a decir ver­ imonios directos.. Leyes. X. Si se objeta que ciertos hombres están sometidos a la tiranía de las pasiones. el dicho de Heráclito. pero evidentemente sólo en tanto pueden serlo los asuntos humanos (Él. y que la precarie­ dad misma de nuestra existencia moral no sea hace que una perspectiva consoladora sea siempre en Aristóteles la r ir elección de lo mejor.. 140. g ficado eti­ mológico del término no es menos susceptible de desarroUos filo­ ciones.os es una de las constantes del pensamiento griego y. y eso es lo que hace que lo voluntariamente. la contingencia. la proaíresis. En la t. 123). J. el posibles desf allecimien­ Una vez excluida la idea de una elección existencial que nos une para siempre a una cierta cualidad de nuestra persona moral. El hombre vinuoso es aquel que encuentra su placer en los actos vinuo­ sos: Ét. ó. 1. Aristóteles recuerda la doctrina socrática según la cual la voluntad se dirige por defwición al bien (Ill. Cf. § 2)... Diels).f.. 1. 135. La dicotomía del cr:n:ouoato. Oó�a. SVF. en 1226a 15-17. donde Aristóteles defiende la te�. sino una alusión a las discusiones de la Acadenu�. si no tan sólo hom­ bres en camino hacia el bien serlo.tóc. Hemos tenido ya oca­ sión de destacm· otros rasgos comunes al estoicismo medio y a Aristóteles. La existencia de discusiones ya clásicas sobre la cuest1on pa­ a por el carácter un poco escolástico de la problemática uad io rece en todo caso atest t tema. La elección es una actividad cont apartida de una af mación descorazonadora.IO>V (fr. La consecuencia es que la educación moral debe ser primero una educación de la afec­ tividad (cf. J l . El único problema. LO. .). ¿por qué se dice que la Oó�a trata más del fin que de los medios?). Aristóteles hace alusión a los que hacen de la proaíresis una bttOUJ. Ar istóteles responde que ellos mismos son responsables de su relajamiento: «Al principio les era posible no volverse tales.. es decir. 136 más aún. y todo el pasaje precedente desde 1 1 14a 2). Ni c. Eud. Nic.. «el carácter es para cada hombre su destino».. TI. r. 10-12). ém:A. más que otro nombre relativo y no absoluto.

anim. bía desarrollado más de una vez. IT... Así se puede desear (�oúM:a9aL) que tal atleta se lleve la victoria. Eud. lil. Nic.ttw EX T.ov. a propósito de la elección de la «mejoD> vida. 4. porque todavía no está mediatizada. la preocupación por los medios queda en el la elección. A veces parece que esta mejor elección (x.) y la segunda de los medios (1tQOS mortales.r¡OLS puede quedarse en simple deseo piadoso y. lo que juzgamos que está en nuestro poder (hp' 153 decir que la voluntad puede tomar por objeto cosas que sabe que son imposibles.. n.143 La elección.••• La �oúA. 39. Recherches de Philosophie. Ét. pero A ristote». Él.. 618d: el alma deberá proceder a pide más virtud que discernimiento... 1 1 1 1 b 26) al fin que a fin son esencialmente relativos. no del bombre. ames (JA<lAI.natov. es decir. 4.Lota.. Lo lógico (pues qui­ zá no sea contradictorio en sí mismo querer ser el dueño del mundo). Por el contrario.Qatlan] <XlQWL�. por una especie de vicisitud. 1225b 33-35. no puede ejercerse sobre lo imposible.) (V. es decir. y los medios. En seguida y sobre todo. 1226a 14. Eud.. posición de ..145 Se comprende así que la elección. Ciertamente se d ispone» (y no «la naturaleza realiza el me jor de los posibles». No pensamos nosotros (Ét. La voluntad no es más que voluntad.. incluso si Ét. poder (oúvaoOm) del hombre en elec­ general. la voluntad es fácil. 1 1 ). sobre todo (¡. De entrada Aristóteles tiene en cuenta el hecho de que esta terminología todavía no es familiar a sus auditores. 619 ab: e ú6m�wvéatat<>s).uif.Ulva). como lo hace GaUlhier (p. ouA. 1226a 7-17. 10. no puede desinteresarse de la realización del fin.EL JtetVlaxoü atQetaflat. 143. la mejor combinación posible teniendo en cuenta las cir­ cunstancias y los obstáculos tal como podemos conocerlos o prever­ los. podemos desear ser dueños del universo o incluso in­ sobre todo del fin (tO.os).152 LA PRUDENCIA EN ARlSTÓTELES LA INTERPRETACIÓN general.oy• OctfiEVOv. más orientada que la voluntad a las condiciones de realización. al mediatizar la voluntad. los conceptos de me· dios y de menos activamente los medios.o óuvcnóv. el P. En las Leyes. por el contrario.) (687a trata aquí de la naturaleza. 16) al fin.e y tam­ parece considerar que una síntesis tal del fin y los medios es difícil bién voluntad de realizarlo con los medios adecuados. 10. «La causalité chez pp. sin embargo. En el mito de Er. Pero este menos es en realidad un más. porque la elección restringe la voluntad a la consideración de los posibles. y Platón la ha­ puesto por vez primera por Aristóteles sobre el medio más aún que no es esa la materia de la elección. 1225b 34. o simplemente de otros hombres}44 Aristóteles expresa aún más claramente el principio de esta dis­ tinción entre la voluntad y la elección diciendo que la primera trata platónico: así. oblicuamente Ét.. de­ masiado fácil. literalmenrc: «La naturaleza saca el me jor partido de los posibles de que 'H M cpÚOLS be lÜ>V EVI>EX.Ó¡AEvov.(lJV <'lt1Vatwv &. Aristóteles . La tarea de la ción es determinar por la deliberación y elegir por la decisión el me­ jor partido a tomar. elección que rece insinuar que las vidas que son propuestas a las almas son mixtas (cf. tienda a excluir del querer mismo el vano deseo de lo imposible. Es lo que Aristóteles precisa al dec ir que la elección tiene por ámbito lo posible para nosotros. Ét. 744b 16). II. Pero Aristóteles tiene expresamente en mente analogías humanas: la naruraleza actúa a la manera de un hombre prudente (xa9ámQ av9Qwnos cpQÓVL�o. Esta distinción del fin y los medios no era nueva. no se puede querer el fin sin querer más o los medios. y puede ser quimérica. y del individuo que yo soy. 618c.. como traduce. y p. I. 742e). si se nos per­ mite una expresión que Aristóteles quizá no rechazaría. 4.ou::t tO que la relación que instituye entre medios y fin nunca está entera­ mente segura de verificarse). sino lo no hay que entender con ello lo posible posible. Pero lo que es nuevo es el acento. el ámbito de lo factible en (puesto que es materia de deliberación) y también precaria (puesto en Part. que es también la vida más feliz (cf. siendo guiada por la in­ tención de lo mejor. como el del fin en el hor izonte de la elección. 141. 6 1 8 d) para d iscernir la me jor combinación posible. tov �EA. Oubarle.oyLl. rv. l l l lb 20. y todas ellas comportan ventajas e inconvenientes. Eud. 10. 195). Hay me­ nos. animal. no se pueden escoger los medios sin querer el fin del cual son medios. horizonte de la voluntad. cf. exija más que ella el dis­ cernimiento de la posibilidad y que. 10. parecía oscilar en· tre una interpretación absoluta y relativa de e. 2. 619a) consiste en escoger la vida justa. voluntad del fin realizabl. puesto que la elec­ ción. al he­ �UJ'XEQClVVÚJ. ll. Nic.. lll. sino del óuva:tóv marca aquí los lúnites. 38. en el deseo hay a la vez más y menos que en la voluntad. tt. Platón invita al legislador a «limitarse a lo po· sible» y a rechazar los proyectos irrealizables (JAatatas �ovbí<mc. Eud.éA. pues el resultado no depende de 144. en otra parte es comparada a un buen intendente (Gen. y cuando Ar istóteles le asigna como objeto lo .. La elección es la captación simultá nea del fin y de los medios. 1 1 1 1 b 23-26. cho de que Aristóteles aporte una ligera restricción a esta dicotomía: la voluntad apun­ mucha importancia. 6.. humanamente no de la inteligibilidad. por �él. del azar. mientras que la elección. 10. Platón. quedando claro que siempre se quiere el bien. Pero a veces tambi én Platón pa· que haya motivo para dar ta Nic. Queda que la voluntad es posición del fin. 142.�te superlativo. 1225b 36-38). la hace pasar del estadio de la in­ tención veleidosa al querer eficaz y transformador. 142 deseo T¡�í:v). ll. en particular. Así.. n. 6 1 8c.oc. 1).. l l l l b 26-27. 687a 16: e jemplo.A. 145. de manera que un cálculo (aval. frente a la vida del placer. lo que excluye los otros posibles cuya realización depende evidente­ mente de Dios. m. 11.OJAÉVWV n.

A. sobre todo en sus tratados éti­ cos. Les idées morales. . el hombre puede hacer lo que no le gusta (tomar una medicina) con vistas a lo que quiere (la salud). 148. Vfl. pero muchos quieren enriquecerse. 687a 12-14. sino también por la conveniencia de los medios: «Existen dos ámbitos donde se produce el cimiento correcto del fin (crxonós) y de la meta de nuestras acciones buen acLuar: uno reside en el estable­ y el otro en el descubrimiento de los medios que conducen al fin a Nicómaco retoma el tema platónico de la su­ sacuerdo o. el deseo sería vacío y vano. arnesgar su vida. que fin y medios estén en de­ bordinación de las técnicas pan ilustrar la superioridad del fin que queremos por sí mismo sobre el que no �s puesto más � ue como medio con vistas a un fin más elevado. -co 'téA. 687a 8-18. 153. aniesgan su vida. 54a ss. por el contrario. 10.147 Una idea así no es extraña a Aristóteles. 14R sm esta ordenación al fin. Lo que hacemos lo hacemos con vtstas a un bien.¡. al menos para quien actúa se­ gún el intelecto (voüs) y no a la aventura (rtQOcrtuxóv). cuando actúa injustamente es decrr.) no parecía despertar ninguna dificultad. pero se ha puesto un fin malo. Filebo. -eo -céA. Kevi]v 'X. a la vez ontológica y axio­ lógica. 1. contra las explicaciones mecanicistas. sociales et politiques de Platon.Qettei:a8m. en última instancia. Política. 962bc. volviendo bueno lo desagradable. La voluntad del fin es la que da su sentido al medio. Platón insistía en la subordinación del medio al f m Y ponía en guard ia contra la tentación de aislar el medio y conve irlo en momento independiente. téxvmc. etc.1>� elección de los medios. Y que la admi­ . . igual importancia a la voluntad del fin y la 146.tmc. 133lb 26-38. en otros casos se yerra sobre el fin y alta. nistración de los medios debe estar subordmada a la ctencta del fin. y no es cual ilustra mediante una comparación sacada del mundo del arte: inteligente porque tiene manos. del f i n supremo. cf. dejando ver un juien las artes y en las ciencias. 152. 154.mc. Aristóteles se preocupa. es posible. se hac� dano � . . que es más fácil explíca� el órgano por la función. Por ello uno de los te­ mas más constantes de la pedagogía platónica consiste en recordar que el medio es siempre medio con vistas a un fin. adaptación que no está dada inmediatamente.. que la functón por el órgano: porque el hombre es inteligente tiene manos. r:r es más fácil dar una flauta a alguien que ya sabe tocar que enseñar a tocar al que posee una flauta.149 En los tratados de biología recuerda. lo cual es ya una innovación respecto del platonismo. de las técnicas de fabr icación a las· técnicas de uso. Plató� se proponía demostrar que el hombre puede hacer lo que le gusta sm acer por ello lo qu� _ a St quiere (así. nadie quiere navegar. . es dectr. que es la Idea del Bien. pero que en la acción no se dé con el medio de con­ seguirlo.Q taü-ca xat (n:Qoc. Gorgias.)» . Al comienzo de la Ética del modo ('tQÓnoc.tcpwvei:v).150 lo OLetcpwvei:v &. Leyes. .152 Dicho esto. 13. xat <JU¡.151 Aquí se encuentra sin duda un eco del tema platórúco de la subordinación.�/.oc. es decir.) de realización a partir del fin a realizar ({)l(. sino en el olvido del fin y la complacencia en los medios. !bid. Así como para Platón la deducción insiste más bien en la dependencia inversa: el fin no es nada si no se sino que se impone al hombre como una tarea difícil. 151.os). IV. sino a� uello con vistas a lo cual lo hacemos.153 Aristóteles plantea por vez ptimera el problema de La disonancia posible entre el fin y los medios y subraya al mismo tiempo que la calidad de una acción se miele no sólo por la rectitud de la intención (como creía Pla­ tón). el medio por el fin. erigidos en momento separado.etc.ot. de acuerdo (evMxHm yó. Cf. otras veces se da con los medios apropiados. como pasa en medicina . 467cd. . 149. mismo.at €maní ¡. pues puede suceder que el fin sea bueno. finalmente. 290bc.. en efecto. etc. x. 'tetü"tet a¡.o n:óc. sostiene frente a AnaxágoraS. Ar istóteles realiza por los medios apropiados. tomarse molestias.. dominar estos dos ámbitos.146 Nadie qtúere tomar medicinas. Por ello hace f medios (oer 6' ev -eme. cuando en realidad quiere el bten. P. Y por eso navegan. anim. 147. es decir. -eo 'téA. xat -cae. pues. pero todo el mundo desea estar sano.ai ¡tawtav ( 1094a 21). y lo que queremos no es lo que hacemos. Part. el fin y los Se concede. ciertamente. de un problema que había olvidado Platón: el de la adaptación de Los medios a los fines.o (pues la voluntad qme­ re siempre el bien). 468bc. 150. Lachieze-Rey. El mal no consiste en apuntar a un fin mal. los medios a la vez. l.A. así. daba que el medio no es nada sin su ordenación al fin. J094a6b 7. XII. Pero Aristóteles va aún más lejos. n:Qál. su bten) y que.cpó-ceQet X. Platón recor­ ? a la inversa. Eutidemo.154 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 155 sobre el fin.

158. Por lo eox�. EQYOV �mtv. que habría olvidado que la teoría del justo medio no vale sino para las virtudes ? 159.¡ev yó. moralmente indiferente. que se ejercen en el mismo ámbito. a excepción de los monstruos? Serfa una democratización bien rad ical (aunque comporta una excepción inquietante) de la doctrina aristoeráti· ca del o:n:ouoaros. q>\ÍOLV M Y. «es todo un trabajo ser virtuoso»).160 158. a&txot.. 1 1 14a 13-14). Si la voluntad quiere el mal.159 y en eUo no hay mérito alguno. Esto aparte. Sobre esta tesis socrática. Si la habilidad no es por sí misma una 155. Eud U.ó. Sobre arc la importancia y la dificultad de la ejecución. Pero hace la crítica del contemplativo que no es más que contemplativo y se abstiene de arriesgar lo absoluto del fin en la conlingencia de los medios. es decir.157 parece pensar en el va­ lor moral del fin.t6. obra de un redactor o de un copista ce­ �orales (cf. 1 1 13a 24). Ciertamente el bien que que­ remos es aquel que nos aparece como tal.155 Y de una manera general insiste en la dificultad de la realización. ¿Hace falta concluir que todo X. 158 Aristóteles no hace todavía la crítica del «alma bella» que se espanta de la impureza de los medios. que la meta sea mala y los medios correctos». 1227a 29-30). también (xat llQyov tcrtt 157. 'tO &e cru¡. Eud. Cuando escribe que «es posible que la meta sea correcta y los medios mal escogidos y.enóv EO'tl TÓ. 10. Habla de la voluntad en tanto que voluntad (�OÚATJOL�) con un cierto desprecio. infine que la pru­ 1221a 12). Ét. 1099b 19). y la excesiva ingenuidad no está lejos de ser un vicio.. l l . y añade esta sentencia en forma de proverbio: «La ojo que nos permita juzgar sanamente y escoger el bien verdadero» ( 1 1 14b 5-8). 12. !0. . como pensaba Pla­ tón. es contra naturam. eúq¡vta. sino ser torpe. 6.vat 'tÚXT). mayor que la dé la concepción. ov&atov e!vm. 1 3 3 1 b 19-21 ). Se ve en todo caso por estas variaciones que Ari stóteles nunca puso en claro del todo el irritante problema de la (:n:em¡QW!Jévm¡. virtud. 1 109a 24 el mundo es 01tou&ato¡. orde�ados segtín el exceso y el defecto. loso.. de proyectar sobre ciertos textos de Ar istóteles la problemática moral que nace de la constatación de una contradicción entre el fin y los medios: ¿la rectitud del fin justifica que se Uegue a él por medios intrínseca­ mente perversos? De hecho. para un lector moderno. m.. parece que Ar istóteles no baya presen­ tido semejante problema. 9. la adición es inge­ . niosa y expresa b1en el senudo de la doctrina aristotélica de la prudencia. que Platón parece haber ignora­ do? Sería grande la tentación. 5.v) en la elección de los me­ dios no es ser maquiavélico. truos n. 11. Hablando del hombre hundido en sus vicios escribe: «No basta con querer para dejar de ser injusto o para volverse justo». 7: «Perseguir un fin no es objeto de una elección perso­ nal (oÜx aÜ8CXLQETOS). cf. No está permitido ser torpe cuando el fin es bueno. Volvemos a encontrar la dimensión moral desde otro ángulo: si la acción es acción técnica ante de ser acción moral..ov A.Ub ·wo (Ét. lll. Se comprende así que la prudencia sea la virtud de la deli­ beración más que de la contemplación. 1 1 13a 15 Eud.taQtávet. 156. 1 220 34) y no se aplica a la prudencia. El problema planteado aquí no es un problema moral. la voluntad del bien real (lll. corregido por el palabra es asunto de deseo. El medio es. atenúa el alcance de la tesis reservando La perversidad a una minoría de mons­ 01tOuOa arte y la prudencia. sino que exige que se haya nacido. y de la elección más que de la voluntad: es la virtud del riesgo y la decisión. Cf. Nic.tEv TOÜ aya9oii EO'tLV. Nic. Ét. 1tUQÓ. 160. 1t:aQa cpúow. en cuanto tal. debe ser técnicamente conseguida. ss. Esta nota es c iertamente apócrifa. Oú yÓ. 10.)». son ambiguos) en el valor moral de los medios. Vil.. Es que la voluntad quiere por definición el bien.Q xaA.A. cometer una falta moral.• xaxoü (Ét. wv rt<XtÍOt:'tat xal É<Ytat &lxcuo. 6. pero no (si bien Jos términos que emplea. con un . ll. (Política. en el límite. Ét. 1227a 18·32. a los cuales recha­ zaría condescender una sabiduría demasiado lejana. "tOLUÜ'ta vo�om. aA. Oú !'TJV Mv ye �o\ÍA. la tesis que Ar istóteles expone (sin apun­ tarse a ella) en Ét. que encontramos en la Ética a Eudemo. En la tabla de virtudes y de v icios correspondientes. 11. Pero en otro sitio todavía atribuye sólo al tos. 1227b 20. 10.éy ttv Pero sabemos que el azar puede ser 162). . sino un problema técnico.• 'H f3o\ÍATJot. ogeó� y 6La¡. si se quiere que sea moralmente buena. Aristóteles tenía quizá otra razón para transferir a la elección de los medios una parte de la responsabilidad moral que las tradiciones filosóficas provenientes del socratismo situaban o situarán exclusi­ vamente en la intención.) (T. desinteresarse de la realización del fin es.....156 LA PRUDENClA EN ARJSTÓTELES LA rNTERPRETAClÓN 157 cio de valor inverso al juicio platónico. cf. a la inversa.taQtáveLv. pero está en la naturaleza de las cosas que el bien aparente coincida con el bien real (puesto que la naturaleza «no hace nada en vano»).tp:at. leemos dencia es un medio entre la hipocresía (navovQyta) y la necedad (e\nj9Eta) (U. notfjoat �ta>. 3.A. Aristóteles contesta menos esta tesis que su consecuencia (la irresponsabilidad de todos) con un argumento que examinaremos más adelante (p. l l79a 35b 4. Nic ITI. Nc i . que le aparece como bien.1S6 ¿Cómo entender esta dificultad. Ét. qn)oe� ¡. Aristóteles tan sólo observa que puede estar bien o mal adap­ tado al fin: hacer una falta (6La¡.Q demás. y el acontecimiento asunto de azar (To ¡. Ignorar las condiciones téc­ nicas de la acción moral. por asf decirlo. es ciertamente condición suya.

. hay lugar para la deliberación. Bréhier).. _. y la reflexión correlativa sobre la esencia y Ja _ S1gruficacwn del pecado.. La úlrima p�labra de esta filosofla del mal que restaura lo lrágico de las cosas en el momento daño unos a otros (Enéadas. pero que el valeroso (cmou6atov). la ética conoce otra limitación: la realización de nuestros proyectos se pierde en la indeterminación de la materia. será dicha por PloLino: no es aunque quie­ ran el btcn. ausente por lo demás tanto para Aris­ � ? tóteles como para el mundo griego. «Tbe practica! syUogis111».tpatmente e� eJ hbro U l de la Etica a Nicómaco. Ni�. 1 162b 35-36). La . en el nivel de la voluntad (pues su cualidad depende de nuestra naturaleza). disculpando a la voluntad. la conclusión expresa la de­ CJSion de llevar a cabo ese acto.aA.158 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA ACIÓN ll\'TERPRET 159 y entonces se puede presumir que no es responsable de ello en abso­ luto. Nic. 13. ¿que f�era del fin. por lo que los hombres hacen el mal y se hacen qu1eren e b_ 1en. Cf. 15. Jo quieren por medios que no son necesana ment� el refleJO de este. p. sino por su elección. al contrario. 1 J47a lll. es cierto. n. Pero. el cual no se deja reducir tan fácilmente. pp. cuyos límites marcan. la elección y la acción del hombre. m. 325-340. _164.de Aristóteles. El momento pro­ piamente ético no se sitúa. 'Xhl� que he­ Es lo que permite finalmente dar un sentido aceptable a los ll mos citado.. ni de la acción. 20-23. pp. el texto de m. _ . estaba cen­ H_ �1 trado en l a relación del fin y los medios. «Este silogismo de la ac­ i 4_ ss. puede querer mal el bien y. decide lo mejor posible en cada momento y deja el resto al azar. nos parece. a menudo � 1� acción humana según otro esquema: el de la re­ c?ment�dos desde la Edad Media. 7.161 La moral de Aristóteles es la única moral griega coherente.165 Se reconoce en esta presentación sis Y a fC-S?I" d� la objeción sacada de la eócpu1a. �lanentc todo el resto (1:a � queda. deliberación y de la elección. que es ru� rsalmente bueno.63.. emos visto que eI análisis de la. que presentan el proceso de la ac­ Cl n a � o la forma de u� silogismo «prácLico»: la mayor expresa un pnnctpto general (por eJemplo. por�u� el bi�n no es inmediato. J: AUau. sino entre ambos: la elección razonable que. el mal es responsable de la mala ca­ lidad de la voluntad. 176-178. porque sitúa el bien y el mal no en lo absoluto de la voluntad (corno será el caso de los estoicos.163 disociación que no babóa sido posible . 1:a x. 6-7. Gauthier. la de la existencia de una v?luntad l!�rvertida. sino.ÓqJÉALJlO)» (Ét. Es esLa posibilidad la que parece sugerir Aristóteles cuando c<m�taw: <<To­ ' es noble dos los hombres o la mayor parte de ellos quieren seguramente lo I.JIIl (�oúf. pero. 7. Se trata de textos. pero de los cuales atañe a1 filósofo más que _ al htstonad�r eplorar que estén aún mal separados de las nociones _ t&:rucas de �XIto y fracas�. The ['lulosophy o fAristotle. monstruos. la voluntad no es responsa­ ble del mal. JI.. también el texto dnnck M' dKc que la ' put•llt• lllmpren­ íM � de los medios (supra. que «el fin está dado por la natura­ l�za <•o ¡. Vlll. R. admite l"ttlt1' <�lttl\ hipóte- 4. Ahora bien. Se ha discutido que este sea punto de vista definitivo -y se ha estado tenlado de añadir: el mas pro�ndo. que seamos hombres naturalmente constituidos o. sobre todo Vil.. pero escogen lo que es provechoso (1tQOUIQP1 110w M 1:a <.:s. guiada por la elección del bien. donde Aristótelo. 2. 144. J 144a 3 1 -36. En l a pers­ pectiva de Aristóteles y de los griegos. después de haber dado . que los co�dena a la mulllplJcJdad y hace posible su desorden. o quiere el mal y no es responsable de él-.eo(:kXL . 263352 FILOSOFI" Y L E TR A é . pp. T odos Jos hombres mal. z. queriendo el bien en general. o es buena y quiere el bien. 5. pes � � 161. 31-37 y 79. 106). Et. Así la moralidad nos parece suspendida una vez más en su fun­ damento de un Azar fundamental que hace que seamos bien o mal nacidos.-A. Por el contrario.. 1 1 14b 18 ss. la templanza es una virtud). 434a 16-25. srOLe. sino en la elección de los med no � menos voluntario en la virtud». _165. De motu ammal. a . sino en la impotencia de t � � _ los med1os. Aris­ tót� es analtza lacwn entre wuversal y particular. 162. donde Aristóteles puede retomar por su cuenta la viejo idea "Ttttl la cual la proaíresis es la sede de la imputabilidad. pnnc. � cuya diversidad misma es un pr incipio de �L1tÚ). Cf. por el contrario. JMt.164 En otros textos. m1smo �n el que absuelve a los hombres. el azar originario que nos hace ser lo que somos y el azar residual que hace que nuestras acciones no sean nunca del todo lo que queremos. D. escoger cada vez lo menos mal rela vos. . l 143a 35-b 5. El mal no esa en el fm. mas que pot una revelacwn. Pues si el hombre no quiere jamás el mal en cuanto tal. la me­ �a�or (esto es un acto d e templanza).u:v "tt/. sólo a trata virtud der. smo porque lo quieren. a poner en tos medios L<><!o el del mal. pues. que es otro nombre del azar.ci). que ig­ ios: 162 bien y noran también el pecado). De anm sica. cuyo éxito o fracaso depende en última instancia del azar.l 111u�ltar que somos corresponsables (auvaium) de nuestras acciones. ismo de la producción>> (Metaft crón» no carece de analogfa con el <<silog 1. smo los med10s? Asf. morale d'Aristore. VI. J . haciendo volunta­ � ? nor subsume el concepto de tal acto particular bajo el sujeto de l a bueno. Pero ni la patología ni la teratología han per­ tenecido jamás al dominio de la ética.o� qNOLxóv). entre estos dos azares. en Aulour d'Ari Cf. el optimismo socráLico del «nadie es malo voluntariamente» conduce. Pero Aristóteles es el primero en extraer la consecuencia: no se juzga a un hombre por su voluntad -pues. td. En fin. en efecto.1 c'll' ll1111lino el sentido nuevo de elección de los medios. 12.

9. pero no lo son más que por pro­ babilidad de la mayor. la con­ clusión es inmediata: por el contrario. Autour d'Aristote.·acta del acto te1minal de la decisión. . p. mientras que todos los análisis de la elección deliberativa insisten en el parentesco de la deliberación con La opinión. la expresión silo­ gística del proceso de la acción podr ía hacer creer que la acción es cient(ficamente determinable. en Ét. en Autour d'Aristote.. depende del resultado. propiamente aristotélico de «elección de medios». 169. descansa sobre una hipótesis cronológica de la cual se ba rnostrado ya que era in­ sostenible: 172 los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco son en realidad libros de la Ética a Eudemo cambiados de lugar. p. para volver al sentido etimológico y. 121. de los caales admite que son posteriores. Teconocer en el análisis de la acción en términos de fu1 y medios una aportación más original­ mente aristotélica. Por ou. la descripción de la acción en términos de causalidad formal queda suficientemente cerca del platonismo 173 como para que se pueda.. 166. del alma racional. 177 y 189."' Pero esta interpretación. el silogismo práctico es sólo la reconstrucción abs­ u. entonces esta acción tendrá un «valor inma1032b 6 ss. Desde este punto de vista. pp. se encuentra ya en Platón (Fedro.·a parte. art. las dos premisas. es presentada como la viLtud de la parte opinativa. por el contrario. la elección va precedida de una larga deliberación. fruto de una elaboración ulterior. en realidad. en el libro ID de la Ética a Nic6maco (y ya en parte en el libro II de la Ética a Eudemo). mientras que la causalidad eficiente se ejerce. en todo caso. cit. p. apuntaba: �<En la primera pragmática (libro lli). [bid. 173. id. pertenecía a un fondo de pensamiento socrático y platónico del cual Aristóteles se liberó. es decir. cuya conclusión sólo viene representada por la menor del silogismo práctico. 331). 168 mientras que la relación del medio al fin es exu·ínseca y accidental. En el mismo sentido. que pertenece a un estadio ulterior de la elaboración de la ética. que caracteriza el paso de la ciencia al arte. I. pero deja de lado el momen­ to esencial que es la deliberación.'67 en el hecho de que el silogismo expresa en térmi­ nos de causaJjdadf ormal lo que el análisis de la deliberación y de La elección describe en términos de e ficiencia de los medios: diferencia que no es sólo de expresión. porque. y que no tiene nada de silogismo. lo universal es inmanente a lo particular. Cf. que caracte­ riza las exposiciones del libro VI de la Ética a Nicómaco y. la prudencia. p. del libro U de la Ética a Eudemo. Gauthier-Jolif. anim. p. ciertamente. 177. Tlze Philosophy o f Aristorle. 268a27ld. Si el valor de la ac­ ción resjde en su ordenación a un tln.). 1034a 30. l.. a la inversa. reconocer la universalidad de la ley en la particularidad de las ac­ ciones singulares. 210. !68. ()ó!.169 En este sentido.o que debe ser la verdadera moral. Nic. 167. donde el imperativo aporta la moción y el juicio el punto de aplica­ ción. en me­ nor grado.. Gauthier. como se ha advertido. AJlan privilegia el vocabulario de lo uni­ versal y lo particular. silogismos dialécticos. sobre todo. citado por Al11n. y no científica. de una «am­ pliación» 170 del concepto de elección cuando se pasa del libro III a los libros VI y VII de la Ética a Nic6maco. E. 210.. 172. p.160 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELE S LA INTERPRETACIÓN 161 ano de los rasgos que caracterizan la elección: el encuentro y la mu­ tua fecundación de un imperativo (mayor) y de un jtticio (menor)..'66 Una diferencia no menos importante consiste. cit. Pero no sacaba de esta observación con­ secuencias para la cronología. si por el contrario «damos preferencia a una acción porque es un caso particular de un pr incipio bueno que queremos realizar en la medida en que sea po­ sible en nuestra vida». pues. hemos mostrado antes que el concepto de proaíresis entendido como sede de la imputabilidad. Allan señala que la idea de una aplicación de lo müversal a lo particular. y que la vútud del deliberativo. nente». el problema de saber cuál de las dos doctri­ nas es la más aristotélica. En el silogismo práctico. Pero. Pare. p. hay que J. es el único conforme con las exigencias de una ética digna de este nombre. 170. 22-30. una vez establecidas. op. En fin. Pero se ven también las diferencias entre las dos doctrinas. anteriores al libro III. dice. la proaíresis es la reflexión razonable sobre la posibilidad de un fin a realizar. Jbid..a. ibid. ahora bien. Kullmann. un minucioso análisis. Pero en el caso del arte (Aristóteles toma como ejemplo la medicina) este silog ismo debe ir precedido por una deliberación o análisis encargado de determinar la menor. que no se discute aquí. pues la causalidad for­ mal se conoce. Allan. 36. 1. 1 l. En la segunda (libro VI) es presentada como una parte integrante en el ámbito de las virtudes éticas fundadas sobre la phrónesis». lA morale d'Aristote. sugeLida por lo demás por presupuestos filosóficos sobre l. 338. 171. 177. p. 639b 1 8 ss. Allan puede hablar de un progreso y. Se plantea. de un principio extraño a la moralidad.. sino de fondo. Cf. Gauthier-Jolif. Hay. tal sería la tarea de toda moral. Por lo demás.

. conocemos ya el nombre: la contingencia. ¿en el combate sin esperanza o en la huida que planea el futu­ ro? La distancia es infinita entre pr incipios demasiado generales.162 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 163 señalar que las dos fórmulas se vuelven a encontrar en el libro VI. Importa poco que esta «Segunda navegación» designe y todo el caprtulo 9. y a veces corno capacidad de escoger jui­ ciosamente los medios. un orden que es impotente para do­ minar enteramente el caos. 176. 858a. U. lo universal se aplique necesaria­ mente a él. 442 («Punto de partida exento de dolor»). 9. ¿en la aventura o en la absten­ ción?. 1409-141 O (a propós•to del sacnfi�10 de lfigenia). qJcwt. «lo mejor y lo necesa­ rio». Aris­ ficientemente flexible como para decidir estos dolorosos casos en Jos que hay que sacrificar el Bien absoluto a lo mejor posible. m. y Aristót�les no puede hacer otra . que apelar a la expenencia Irreemplazable del hom re de arte: el piloto avisado sabe que el mejor medio de con�e­ guir el fin no es segujr todo recto. una vez reconocido lo particular. VI. anim. 75d. 10. que conclusión. le parece más humilde. La vieja idea griega de los límites no se deja reducir matemáticamente. 1 1 . un caos que tiende hacia el orden. / jigenia en Aulide. Es un medio contra el caos y el orden. . La disancia t es igual­ ginaLidad de Aristóteles se sitúa más bien en la intuición. 672b 23. Aristóteles redescubre que todo el Bien no -o al menos posible «con». ni decidir que lo que ha sido reconocido como valeroso debe ser llevado a cabo.. 13. menor mal y a dos tercios de feücidad»). En el Protréprico el lilósofo es comparado con el p1loto que se conduce según el orden de las realidades inmutables (Jám lico• X. ninguna «contradicción» entre las dos descripciones de la acción por Aristóteles. la navegación a remo o el hecho de navegar en zigzag. 177 175. es decir. en general. dejaba fuera de ésta el momento esencial: el establecimiento de la menor. entre lo «mejor» y lo «necesario». como dice Aristóteles. una mente infinita entre la eficacia real del medio y la realización espera­ da del fin. Es este infinito el que Aristóteles pide a la prudencia que diversidad inaccesible al pensamiento racional. entre la determinación y el infinito. 1 144a 7-9. sino ¿dónde está el vaLor hic et nunc? ¿Está en la arrogancia o en la sangre fría?. cosa una vez más. 717a 15. No hay. . su materia ya no es un simple receptáculo moldeable a vo174.rptttov t<iYv xaxwv 1 109a 34-35). Platón. Pues aunque. 1 142a 14 aÓQLOl:OV. a un mundo que nunca acoge de modo fácil el orden. ocupar todo el campo de lo posible. de una matemática su­ � se mediatiza en la elección «consecuente» de lo mejor. /. IX. tructura del mundo. 177. 12. 1070 («Me res•gno al f:sq (Ét.. fr. creemos que la ori­ exigencia correlativa de una deliberación seguida de una elección.13u D. pues. Lo difícil no es saber si hay que ser valeroso. Ttr!'eo. pues en ambos casos se rata � de un remedio secundario. Para el esquema universal-particular. v. 55. Esta idea no era nueva: la tragedia ponía en escena situaciones límite donde se trataba de «conciliar>> en el dolor y el desgarramiento. 48a. Part. Para el esquema fln-medios. nA. como más tarde Leibniz.' 1 1 la determinación y. el discer­ nimiento de lo particular.. pero no la existencia de lo particular. . el análisis de la elección nos remite una vez más a la es­ llene por mediaciones laboriosas y azarosas. Sobre esta opos ición. 13 W). En este debate dudoso entre la forma Y la materia.en este mundo y que. Vl."6 Est Bien en sí que nos prometfa Platón a veces.m el hombre puede y debe tomar el relevo de un Dios impote�te. llevar siempre lo mejor hasta los límites extremos de lo necesario.oüv -ca €"-áx_Lota A. mlo. entre Dios y el mun­ do o. que afecta a una materia siempre más O menos reticente a Así. 9. 1. 8. cf. 4. vv. yor ello la voluntad «antecedente» del Bien no es más que «platóruca» moral de Ar istóteles en un sentido intelectualista. a la que hay que venerar más que a Platón.. sino. Eurípides. tan extraña a Platón. Ka•a 'tov l)e'Ú'tEQOV. 1 1 4 l h 15.eyes Las Suplicantes. es necesario reconocer primero el part icular: lo que se de­ duce silogísticamente es la propiedad de lo particular de ser deseable. La presentación silogística del proceso de la acción. la prudencia de la sabiduría. cf. Hay entre estas dos metáforas <<cibernéticas» toda la dtstru1c1a que separa � . de una disonancia posible entre el fin y los medios. 9. que permitía interpretar más fácilmente la Incluso si la tradición ha insistido más. IV. . como dice el proverbio. Pero no es culpa de Aristóteles si la verdad. Nic. 685a 18. aun cuando hubiera podido tentar a Aristóteles. «adoptar como segunda navegac10n e menor ma ».174 quema universal-particular. 27 P. recordando siempre que este campo tiene límites infranqueables para el hombre.. El mundo sublunar de Aristóteles ya no es una copia. conscientemente. por­ que el mundo es limitado. Por ello las «Soluciones» de la tragedia son siempre cojas: cf. cf. anim. este Gen. Pero de este infinito. donde la phrónesis es descrita a veces como capacidad de aplicar lo universal a lo particular. y en la es una cosa totalmente distinta de un razonamiento seguido de una � idea no era quizá tan exaltada como la ascensión al es posible si n tóteles no dispone. etc. b . en el es­ Juntad por el Demiurgo.

2. por l�s mtérpretes rec�entes de estos textos (S. IV. . 56 � ss.). rruco de «dtsposlctón moral».Q bmwmxw� <'igxwv ó On'>�. Sobe r el carácter arquitectónico de la sabiduría cf. 441 y passim. sino sólo ltqucllo e� 1� stas a cu�l la pru?enc�a gobierna (ou yó. Mansion.� � d� la E_ti�a a Nicómaco Ar istóteles mantiene que no hay La sabiduría del Protréptico es una bn. sin hacer violencia al lenguaje. El acento se pone primero en la imposibilidad de atribuir a la ciencia un valor moral por ella misma. �es. l l39a 23.o �1. Característica a este respecto es la crítica de la moral socrática que encontramos en el libro VII de la Ética a Eudemo.·al.t'Y)) t pues. Menwrables. bre el papel rector de la dialéctica)..184 Y tal era ya el sentido de la doctrina socrática de la virtud-ciencia. 507e-508a. miente involuntariamente (VI. Eutidemo. stn dtspostc�ón mo �leccton .. D.'sJ 178. 13. pero estos dos caracteres aparecen reunidos en la fiJosofía (cf. 29. Mon�n. t'tiJ. J025a 6-13. f. sabtduna teónca.óyov xai< )�avol u� (111. esp. 290bc. si la pmdencia es una virtud. . 1 . beraewn que del corolano moral de la elección. El carácte_r ya práctico de la sabiduría del Protréptico ha sido fuertemente su­ � OtJ EVEXa 'l'j <pQO'Vl'j<H� elt�'WttE�) (Vfl. 2. �O'IJMUtL%rJ . prectsa que tampoco hay elección sin . el cual aparece así como todo lo contrario de una ins­ ne�a cada vez más le jana. la prudencia rige inmediatamente la ac­ ció� humana:.. Re­ brayado -reacc1onan?o quizá excesivamente en contra de las ideas de W . dice simpleme nte que 111 l"il't l•ion va acompañada razonamiento y pensamiento. pues entonces se distinguiría mal de la vt�tud et:tca. Hipias me­ nor. cte �do que. Platón. este carácter intelectual de la prudencia viene suficientemente subrayado por la importancia que Anstóteles :oncede al momento de la deliberación en la preparación . 185 ss. 15. lll. no se podr ía hacer un mal uso de la prudencia sin incurrir en contradicción: eJ lenguaje da testimonio de ello. de la ciencia. 1246b 6. ni mucho menos el de virtud-ciencia. más preocupado del análisis 16cnÍI'O etc• 111 tlt'li­ . de la elecc10n. Sin embargo. .164 Y LA PRUDENCJA EN ARJSTÓTELES LA INTERPRETACiÓN 165 § 3. 182. IV. Pues Platón nunca dijo otra cosa de la sabiduría. Ciertamente en el Político (259e260b) Platón distinguía dos especies de conocimiento: judicativo ('XQL"ttxóv. Decir que la proaíresis es un deseo deliberativo' . En la (aq:>QÓvwc. vr. tl39b 4-5.179 Por otra parte. so­ VII. opuesta a la . Aristotle and Plato in rhe midJvurth Centur y. cf. D . mtelecto y sm pensamiento. 184. como se cree a La originalidad de Aristóteles oo consise. 47bc. que es meritmia. IV. 2 . 1 14la 21-25). .. todo el capítulo 13. «La connrussance morale dans le "Protreptrique" d'Aristotc». «Contemplatioo ancl Act ion 21 P). El libro m. 373-376) según la cual aquel que miente de modo voluntar io es superior al que bre tal sea qJQOV�Jl<Í:ltlOQO�. en la afirmación del carácter práctico de la prudencia. pp. >1. pero aquí destaca el sent ido propiamente :IIINtol�lico de «elección deliberada». VI. 20. la célebre paradoja socrática (Jenofonte. 126a 32b 2). Nic. Combate entonces Ética a Nicómaco Aris­ de Tópicos. como parece atestiguar el Protrép­ tlC0.axt�xT¡ cpQÓVY]crt� (fr. que evoca una virtud. Lo que es nuevo eo él no es un interés inédito por la acción -ni Sócrates ni Platón habían sido puros especulativos-. 37. 1249b 13-15). por op?sición a la sabiduría. Jacgcr­ . que es especulativa. Gorgias. En la Etica a Eu demo lo divino ya no es quien manda. Nic. que «rema pero no gobterna». 011entras que Aristóteles insiste siempre en su ? � en el ÓQest. pues el buen sentido popular disocia con razón la virtud. pues no se puede decir que un hom­ del mismo modo que la pntdencia no es un arte. denominada sophía o phr6nesis. consecuencia de una ruptura consumada por vez primera en el ámbito de la teoría. Mer afisica. la arquitectura). veces. la prudencia no puede ser calificada s lo d� ?ispos ción práctica.185 El sentido de esta crítica es claro: muest:t·a que no se puede dar el sentido de ciencia a la f rónesis. �bt.. incluso si es de una ma­ estatuto de vrrtud dianoética. no por ello es una ciencia. pp. pues se puede hacer de la ciencia un mal uso. sería una especie de sabiduría práctica. 1 1 1 l¡¡j 6). la sabidur ía. 7imeo. phrónesis. Una crítica tal parecería alcanzar al intelectualismo moral en su mismo principio . Platón. Por el contrario. PRUDENCIA JUlCJO (')'VW¡.) de la 111 vue Plulosopluque de Louvain (1960). la Reptíblica. J. S. sino el descubrimiento de una escisión en el interior de la razón y el reconocimiento de esta escisión como con­ dición de un nuevo intelectualismo práctico. 8.'s' y si piración arbitraria. 5. 180. por ejemplo. por ejemplo. ÓQEXtLxós vuü. 5. 4 W.' 1 8 1 . la aritmética) e imperativo (bt:n<XMLXÓV. peta A. Por lo demás.. � �3. pues muestra que no se púede hacer un uso insensato A menudo se presenta la doctrina aristotélica de la prudencia di­ . l J 13a l l. aveu voü xal Otavola.178 no es extraña a la acción que dirige. n9. vr. l a cual. La originalidad de Aristó­ teles consiste en realidad en una nueva concepción de las relaciones entre teoría y práctica. que no Jo es: así pues.'80 viene a ser decir que es un deseo intelectual ÓQESL? Otavor¡tLxf¡J o un intelecto deseante. tóteles muestra 185. 1 1 39a �3. 2. Et. era ya indisolublemente teórica y práctica. Pet:o estas oposiciones son demasiado simples y no bastan para caractenzar el verdadero pensamiento de Ar istóteles. Cf. como parece baber dicho Sócrates (cf. por una parte. nstotle's "ProtTeptricus">.. �em�s visto que en el libro VI proa{resis conservab a el sentido :wadé­ . ni por lo demás en la de su carácter intelectual.

134a 4. ( 1 246b 35-36). trata sobre lo contingente. Aquí. 10. 5. de la Ética ¿Cuál es. que es objeto de demostración � f3ov�euecr9m. lo que una gana en exactitud lo pierde su objeto en proximidad y famili �a . de grados en una jerar­ quía que culmina en la intuición del Bien. Cf.·r¡!lovut v). 1246b 19-23. pero no hay nmgun . Aóyou ¡. tienen poca importancia para nuestro propósito. es decir. Tópicos.L�): Ér.. J26a 8 13. Nic. VI. recuerda Aristóteles. que son.Lév é<rtLV CtQE"Ó]. Reptíblica. . Esta doctrina es conocida y no tenemos necesidad de insistir en ella.Lt. Consiste en presentar la prudencia como siendo la virtud d. Repúblico. VI. Pl�tón. 6. 2. 189.L. ovx. . . que le había sido sugerida sin ma siado alusivo. sino de una de sus partes: ague186. el acento ya no será puesto . VI. las va­ � ? r iaciones terminológicas de Aristóteles. 192 VI. 8.. no se delibera sobre lo necesario. cuando no razonable ' 1�1 mientras que Platón y el prop1o Ar ex prof esso. '88 Así.. Aristóteles no dis­ lla que. Pasaje paralelo (y más desarrollado) vocabulario platónico viene acompañada aquí. con un retorno complacientemente subrayado al uso populru·. la noción popular de PC?denc�a se en­ _ cuentra de nuevo unida a una intuición propiamente a nstot eltca: la de la división del mundo en dos regiones y la de la división correlativa del alma razonable en dos partes. von Arnim. ya sea esta acción moral o solamente técnica. en:tOtfÍ¡. interesante es el uso que hace Aristóteles de la expres10n AO"(LO­ dencia no ex1ste sm vtrtud moral y se distingue de la habilidad pero será incapaz de presentar la relación de la pmdencia y la mor idad como otra cosa que una relación extrínseca y accidental. sino sólo del conocimiento cientí fico. 138a 34b 2. pues. El �asgo más . � ¡. Nic.e"tó Magna Moralia I.166 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 167 c?nclusión no es aquella que se esperaría: «La prudencia es una vtrtud y no una ciencia. es decir. 'tl'X. Ollim.oyl�eo6o. 5. sin embargo. Aristóteles estará tentado de calcar el análisis de la acción prudentemente conducida del de la acción téc­ nica�ente c�nseg�i contentándose con añadir in fine que la pru­ escisión paralela en el interior no sólo del alma cognitiva. este «Otro género» de conocimiento al que Aristó­ Otávow. teles asimila la prudencia? Si nos atenemos al texto. pues la prudencia es e la misma una virtud (prueba de que no es sólo inteligencia) (VI. 1 J40b 22). 129a 1 1 ss: 5. 7. 136 1 1 . 34. 19 8. se habían servido del mismo término para designar el alma razonable en su conjunto. 2. Pero Aristóteles no embargo por el uso popular de phrónesis.. 1208a 10. :mora (a:n:obeL!. Ét. q¡goviJoew� 6' ovx é<rtLv. 2. 2.Lóvov). sobre la neutrahdad moral de la ciencia. V . 1 140b 25-28.189 Pero se trataba enton­ a Eudemo. pero tambié n virtud moral.en el interior del alma razonable. 14. en a Nicómaco con asimilar el saber prudencial al que es requerido para Aristóteles es la escisión del mundo real mismo la que determina una explorar el dominio de la acción en general. IV. sino sobre su inaptitud para conocer lo pruticular y lo contingente. V . más que de una di visión en el interior de los objetos reales: la realidad verdadera se encontraba concentrada toda entera en el objeto de la forma más elevada de co­ minio de las sombras o en el ámbito de la nocimiento. p. VIl. 9. había efectuado ya distinciones -vo'Ü� Y � c�te que una virtud pueda ser intelectual.. Port. Ét. debería ser. IV. Vl. 439d y l o s textos citados por Joacbim. 1 1 39a 12-14. 5.ÓV � tratan de ello para designar la parte calculadora y de . pues. 13. La ruptura con el do. 1. es sinónimo de bien. 191 Ét Nic. Magna Moralta. que habría cierto mérito en poseer un saber que compottara de algún modo una deontología de su propio uso. para Aristóteles. particularmente numerosas aquí.. Eudemische Ethik und Meraphystk..liberativa del alma . 147b 32.. Puesto que el sentido general de esta dtv1s16n esta claro. Se dirá que Platón. De­ Cir que la prudenc1a es una virtud del alma razonable es decir que ella «no es sólo una disposición acompañada de regla» (oM' lll. _ : ? 193. 1 1 4 l b 4 ss. como pasa a menu­ (&Qe'ti)). S1gn1fica que deba ser por ello mismo una ciencia.190 .186 Así pues. 1 I39a 12.Ll'J. en Ét.187 no del alma razonable. 644b 22-64)a 4. a diferencia de la ces más bien de momentos del conocimiento. en un pasaje célebre de la República. un saber moral por él mismo. que Aristóteles ex­ presa por edio de uo genitivo: 1:ÉXV11. Y entre estas dos partes del alma ya no existe la jerarquía que establecía Platón. En este último sentido la relación de la virtud y de la inteligencia es una relación sintética. en VI. 19·1 188.::.Q EOll. alló yévo� allo yv<. 5. 12. sino de la razón. a de la prudencia>>. a decir verdad de­ ciencia o del arte moralmente neutros. Ya a contentarse en la Ética desarrollajamás explícitamente tal idea. �ai. H.¡. 'Ageti¡ yá. solamente mtelectual ( l l 40b 28). ó. 13. 1 139a 5-12. sino otro género de conocimiento». que alcanzará esta vez más a Platón que a Sócrates. Por el contrru"Io.'9?. Eud. Aristóteles. y el resto quedaba sólo figurado en grados dentro d�l do­ copia. � <<hay una vutud del arte. ¡. Nic. 1stoteles. l. 190. Se advertirá aquí todavía la ambigü edad de este término en Aristóteles: excelencia moralmente oemra. En la crítica del intelectualismo. a diferencia de la parte científica (Emm. 11.Í>OEW� 187. 1 196b 15-33. el do­ minio propio de la acción. lo que Aristóteles discute no es el car ácter moral de todo cono­ cimiento. 475e-480a. sólo dice que esto no .

203. Vl. A la vez hombre de pensamiento y de acción. 38ce). lO. Mientras que sición a su aspecto intuitivo.. Las demás ex­ presiones que emplea Aristóteles no t ienen nada que deba sorpren­ der: es normal oponer a la facultad científica la facultad opinati­ va Que la prudencia esté vinculada a la captación de lo contingente no implica que sea intuitiva o discursiva. 1 1 03a 3-7. cuya conclusión es la dóxa. que no es sino la brusca eclosión de aquélla. pp. Magna Moralia. 6Lávmo. a es el diálogo interior del alma con­ 197. Ét.. La enumeración más completa de las virtudes dianoéticn. 27. Cf. Así pues.. cf. parece que la p1udencia pueda ser la una y la otra a la vez. Ét. y a pesar de una tentación que podría ser suscitada aquí por el vocabulario platónico. Nic. que corresponde a la elección querer y a la acción poner en obra inmediatamente?202 Así pues. tenga m. 433b 3. 194. 197 una especialización tal no aparece en Aristóteles. 2. 204. VI.LQEtL?<. 196. Ill. JO. VI. no tanto las demostraciones de los matemáticos cuanto los cálculos del hombre avisado. logismós. pero deliberar lentamente» (VI. VI. la prudencia y la sabiduría se encuentran igualmente alejadas de ella. ocasión favorable y..Ó<. medio apropiado. 5. como hemos visto. voii. 189e. Cf. I IORh w encuentra en 10. En revancha. 1 142b 4). o por designaba en Platón el aspecto discursivo del conocimiento racional. 1142b 6-15. tanto el arte como la ciencia: llamándolas dianoéticas Aristóteles quiere simplemente expresar que estas virtudes conciemen menos al carácter (�8o<. y mediante una simple señal de vocabula­ tio. cf. Ét.) son voluntadas (bt-OVOLCl). La diánoi sigo misma (T eeteto. 1 1 40b 34 SS.�:u : uxóv) 195 o incluso electiva (JtQOo. 6.205 habrá que atribuir una intuición tal al hombre prudente. cf. l ll3a 2 (condenación de l a poúAEUOt<.168 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 169 que entendía por lógos. Dirl­ distinguida de la meier. vór¡ OL<. 1 I39b 16. 1226b 25. ·202. l. 327-328.. I. 1 J40b 26. l098a 5. Et. 4.óyo<.at�<. no está prohibido discernir una crítica discreta dirigida a Platón: por lo demás. Filebo. Sobre esta expresión. la opinión. 13.. Puesto que esas no son más que determinaciones secundarias que conciernen al modo de apre­ hensión del objeto. phrónimos a quien el vulgo atribuye espontáneamente la capacidad de 200. l l l l b btá. si no es en la captación un f de lo particular. 35. l l96b 16. lO. el eco de polémicas internas de la Academia. no hay que ver ninguna inconsecuencia en el hecho de que Aristóteles a veces opon­ ga la prudencia a la intuición203 y a veces las acerque.. 2.20' ahora bien.200 Aristóteles conoce y condena el personaje que nunca acaba de deli­ (6o�amLxóv). n. República. heredero en esto de Jos héroes de la tra­ d ición. 3. anima. Si la pru­ dencia parece requerir los lentos procedimientos de la deliberación. III. donde Útavoei:oOaL de­ signa el ejercicio del pensamiento en general). 1 143a 25b 6. 263e. lugar oportuno. la captación inmediata de «las cosas últimas y particulares». sino que afirma o niega 198.196 puesto que. I. Pero si se entiende por vo'Üt. Aiistóteles no parece enfadado por recordar que es al al pensamiento en general. 195. 33. 1143a 28. Sofista. donde se produce según Alistóteles la escisión esencial. VI. no se puede concluir nada del uso del término berar: es necesario que la deliberación. med iante el cual Aristóteles designa el ca­ rácter intelectual de la prudencia.� 199. '98 diánoia suele designar la actividad del pensamiento en general.2M Si se entiende por vo'Üt.n¡ 9-10). el phrónimos une en él la lentitud de la ret1exión y la inme­ diatez de la intuición. 1 196b 27. ¿en dónde se detendría. Cf. expresado por términos de vo'Ü<. VI. donde la y de la Oól.194 deliberativa <Bou/. y OQE�LS Otavorp:txJí. 12. si bien por razones diferentes: l a sabiduría porque está hecha de demostraciones. 4. Nic. sino entre el pensamiento de lo necesario y el pensamiento de lo contingente. une la minucia y la inspiración. <irtagov). 6. Eud. el proverbio: «Hay que ejecutar rápido lo que ha sido deliberado. Aristóteles da a técnico: así en VI. la cual no sólo duda. 1 1 12a 16. entre la discusión y la intuición. según los diferentes momentos de su operación. la prudencia porque no trata ni sobre 6Lavor¡ ttx. y &távma de manera equivalente casi siempre. 35.. la captación inmediata de los principios de la demostración. el espíritu de previsión y el espúitu de decisión.. no es entre la diánoia y el noús... Resumimos aquí este último pasaje. la de­ liberación y la elección tienen como rasgo común lo contingente. II. .Óv). 5.: asimila ÓQEXtL?Ú><. cf.a. 5 1 ! d. VI. Sólo en estos pasajes. pero no resultan de una elección deliberada (xata :rtQOUÍQEOLv O' oií) (III. De 1 O. 7. Las decisiones bruscas (tu el. 201. 205.. Cf. Aquí todavía. No se extrañará que las virtudes dianoéticas 199 engloben en Aristóteles el voüs tanto como la prudencia. 1 139a 33 y 1 J39b 4-5 (qu. l l 39a l . de una manera general. 1. que emplea los /.) que lo demostTable ni sobre su principio. por opo­ vo'Ü<. Magna M01·alia.vOLa es btáVOLU un sentido que parecen ser emonÍf.. como todas las cosas. ITT.

151. Otra dificultad que ya hemos encontrado viene del hecho de que. Finalmente.. no puede ni contar con los caprichos de la na­ turaleza ni siquiera esperar los años necesarios. Evoo'UA. cualidades cercanas que difieren de la primera en que son ave'U A. es decir. más allá de la Academia y del propio Platón. 212. insistiendo en la inteligencia del ser viejo para ser prudente) ni mucho menos enderezar..). pues los términos primeros como los úJtimos son del dominio de la intui­ ción y no del razonamiento (}.óy�)». Vli.�) y del juicio parece que Aristóteles rompe con las sutilidades académi­ cas para volver. que no parece obedecer a ningún principio de clasificación y no tener otro interés que propor­ cionar.. Ahora bien.la. 1. si el pensa­ miento griego nunca llegará a alcanzar la solución del pr imero. La vivacidad de espíritu es definida en los Analíticos segundos como una especie de la euotOXLU. VI.213 Pero en el breve análisis de la inteligencia (oúvccrt.a. reducido a sus demostraciones.: (ito x.16 ignora el comienzo y el fin de las cosas.. exactamente como para la phrónesis. a la significación popular de estos términos.210 Después vienen otras dos «virtudes»: la inteligencia (oúvem�) y el juicio (yv<Í>¡. ¡¡tv oMd�). se pierde de vista su valor moral. 976bc.ta parecía referirse a debates internos de la Academia. n. vr. p. 1 143b 6 ss. en el sentido corr iente del término (es de­ cir.l�). Esta desvalorización del lógos en provecho del 11011s. un análisis semántico de nocio­ nes íntimamente unidas con phrónesis en el uso popular. ya sea Ulises o Pericles. 12.170 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA INTERPRETACIÓN 171 intuición (voi. largo tiempo alabadas por la sabiduría popular.Ei eivm re (ln:c�. Cf.0. en una especie de apéndice.ZC. Pero también se podría decir que la filosofía se adquiere y que. antes que al sabio o al filósofo. 1248a 27: A. UAAÚ tt X!)I'L'ttOV. Se en­ cuentran definiciones análogas en las De finiciones pseudoplatónicas.). y en el tratado pseudoaristotélico Sobre las virtudes y los vicios. El problema ya no es el de las relaciones entre la naturaleza y la moralidad. En relación con el estudio de la phrónesis. 14. VI.a<. es meritoria. 207. esta enumeración era ya tradicional: se encuentran listas análogas en numerosos pasajes de Platón. en 206. Es Jenócrates quien est<trá en el or ducción de las virtudes intelectuales a las cinco que retiene Aristóteles al comienzo del libro VI.t'Y) ). Eud. haciendo (yvW¡.l�.oyrxó¡. VI. 89b 10-15). vou¡.'Y). y de excluir aquellas que no debe­ rían pretender esta digrudad. Segl'n la expresión de J. J 142b 2-6.208 de una naturaleza que no se puede forzar (hay que está claro que la virtud..207 Pero. aquí se encuentra con una dificultad que acaba por hacer problemática la significación éti­ cro<pí. Cf. l250a 30-39. 21 O..óyov 8 UQXYJ o'Ü A. Ahora bien. En realidad. 6. l a tra­ dición aportaba al segundo. p.209 Hemos encontrado ya una de ellas: la buena delibera­ ción o cu6o'UA.óyo'U.t'Y)) "tÉXVJ].s es lo propio del sabio tener una denwstración sobre ciertas cosas». pue. 298 y 302). por considerar el azar del nacimiento como un azar irreductible. que designa la captación inme­ diata de lo singular tanto como la de lo univesal. Cf. las nun1erosas referencias citadas por Gauthier-Jolif. mientras que la inteli­ gencia del phrónimos es fulgurante. 137. una dirección de pen­ samiento que es lamentable que Aristóteles sólo haya explorado tímidamente. la virtud moral). como resulta siempre que Aristóteles se deja llevar y mag­ nifica la valoración popular del phrónimos. que. 2 1 1 . 1143b 9-lO: (iu) Y. supra. mientras que nadie es sabio por naturaleza (q>'\ÍOEL oo<pO¡.. se adivina que él le presta dinerO>> (L 34. <pQÓV'YJ O"L�. 208. Ét. igen de la re­ 213. 209.. En primer lugar llama la atención el carácter empírico de esta enumeración. 508. había creído dar sus cartas de nobleza a estas virtudes. . pero que no se pueden considerar «virtudes intelectuales menores». mien­ tras que la prudencia y los predjcados que evoca parecen ser dones de la naturaleza. r no está aislada 1:11 AriStóteles. y el sen­ tido generalmente peyorativo del término ?. como ocu1re cuando «al observar a alguien que habla con un hombre r ico. pp. sino el de la re­ lación entre la moralidad y la inteligencia.211 Un pasaje del Epínomis2'2 parece ser el testimonio de la tentativa de reducir estas virtudes a no ser sino componentes de la sabiduría. cu­ yos miembros se complacían en estas distinciones de conceptos un tanto pedantes.at qYuOLxa (ioY. como veremos.. 413d. particular. 1 143a 35b 2: <<La intuición trata sobre Jos extremos en los dos sentidos. La filosofía es laboriosa. que Aristóteles acerca y distingue a la vez de dos ca del personaje. Cf. que actúan inmeiliatamente y sin cálculo previo: la justeza de La intuición (eucr-coxla. cf. voi. 1 141 a 1-3: «La sabidurfa no trata sobre los princi1Jios. Aristóteles examina un cierto número de cualidades que no figuran en la lista de las cinco grandes virtudes dianoéticas (emcrní !J. Tricot (en VI. la que consiste en «poner instantáneamente el dedo sobre el término medio». lO y J I . Platón. 12.) y la vivacidad de espfritu (ayxtvma. por lo tanto. 4.at <iQx� 'X<tt téA. hemos tenido ya l a ocasión de reconocer que el carácter escolástico de la discusión sobre la phrónimos.óyo¡.

p. ella misma entendida como sa­ nada más que tener indulgencia para ciertas cosas. alidades físicas 217.oüs 6Qei¡. <<El juicio es la deter­ minación correcta de lo que es equitativo (but::Lxé�)». 219. 19b. «La prueba es -dice Aristóteles. no tiene ninguna connivencia con los principios y no puede guare­ cerse detrás de ninguna demostración.>JA. por una excepción nota­ ble a una ley semántica probablemente universal. 1 1 . cuando este juicio es recto. lntelectualismo todavía. 219 ahora bien. que puede ser violencia. 215. 216.l:L'X. óQei] 6'lí . etc. lo equitativo opone la indulgencia del juicio.217 Se ve que la zar mucho el sentido de las palabras: la inteligencia equitativo. puesto que hace falta «inteligencia» para comprender y juzgar.e.). y difiere sólo por el he­ que ésta es crítica. viviendo en un mundo impreciso. Cf. cuyo origen está en Pintón.>¡.>!l'YJ era asimilada a la rv<Í. 214 y en la Filebo.» 223 Así. Cl·atilo.t. Y es justamente este reconocimiento ele los límites de la ciencia el que constituye su valor propiamente moral. es decir.>Jl'r}: el juego de palabras es intraducible al español.»221 República yv<Í.i¡ ). pero ex­ presa bien el deslizamiento de sentido que. sobre un Saber trascen­ dente.172 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA lNTERPRETAClÓN 173 y la equidad no es de elJas virtudes especulativas: en el biduría teórica. el mismo dominio que la prudencia (es decir. Segunda parte. 223. y es recto cuando se ciñe a Jo verdadero. siendo sensible y singular uno mismo. de comprender. lo que deviene en cho de (ErtL't(l'X. En ella se encuentran reunidos por un lazo que parece esta vez intrínseco y no ya accidental. L § 2. 220. 1 143a 4-6. (EXELV yv<Í. 22l. El hombre del juicio sabe que la ciencia puede volverse inhumana cuando. que no es más que otro nombre para el hombre de la prudencia. e'IJa-ÚV€1:0�).222 asocia un matiz de moralidad a un término que significa la inteligencia. la indulgencia (<JUyyv<Í. n. Cf.tivwv hay que entender las re que. l84. la la aúveoL� aparecía mos más que es indulgente (auyyvw!lOv�xóv). !bi d. 1 143a 2-4.tl'J écrtt X QLttxit -roü é:n:tetx. no imponerle la justicia demasiado radical de los números. 1 143a 2 1 -22. ouv�évcu es asimilado a ÉnLcrtao0cn (412ab). necio.: malignus. Tener juicio no es subsumir lo particular bajo lo universal.tl') yv<Í>¡.t.T}. Al rigor de la ciencia. hemos visto220 que lo equitativo era el sustituto humano de una jus­ ticia demasiado geométrica y por ello demasiado rígida. como una especie de la phrónesis.ov) no se confunde con el hombre de ciencia. En el Cratilo. sabe que lo verda­ dero en los asuntos humanos no se confunde con lo demostrable. es. ni siquiera la del físico. sino más bien la capacidad de analizar y de resolver las situaciones concretas. 1 143a 8-10. mientras que la prudencia es normativa Finalmente queda la yv<Í. «La indul­ gencia -concluye Aristóteles.2 1 8 tanto que depend� de nosotros). 165. es. la de necedad a la de inocencia (cf. el saber no coincide con la moralidad a condición de limitar sus pretensiones o. V.>¡. tener pen­ samientos humanos.r¡ : ésta designa el juicio en el sentido en que se dice de alguien que tiene juicio bien.. 1 143a 20.r¡. cf. en tanto que físicas. 4 1 1 ad. ' H M ouyy<Í>¡.>¡. <JUyyv<Í. Se conoce esta ley que tiende a asociar la idea de inteligencia a la de mal­ dad (ex. lo sensible bajo lo inteligible. Ahora El hombre de (Euyv<Í. Sobre esta oposición. 476d. a lo geométrico. Por -rwv ytyvoJ. pretende imponer sus determinaciones a un mundo que quizá no esté hecho para aco­ gerlas. Pero esta coinci­ dencia de lo verdadero y de lo equitativo no es en sí misma posible más que con una condición: que lo verdadero no sea ya asimilado a lo demostrable. es decir.r¡) trata a la vez e indisolublemen­ te de lo equitativo y de lo verdadero. &eLvós. «ella no trata sobre los seres eternos e inmóviles. 222.es el juicio que decide sobre lo emm:i¡¡.t. El hombre del juicio. siendo hombre.) e inversamente. penetrar con una razón más «razonable» que «racional>> lo sensible y lo singular. cap. lo que es lo mismo. no son objeto de la mívecns. una determinación intelectual y un predicado moral.t. pues. sino sólo sobre las cosas que son ocasión de perplejidad o materia de deliberación». Más aún. Así.que el hombre justo es aquel del cual deci- 214. puesto que es por oposición a ellos que lo equitativo ha sido definido. pero intelectua- OÚVWL� no designa la inteligencia del teólogo.2'6 más aún. no juzgar las cosas mortales a la luz de lo inmortal. siendo mortal. ni sobre nada de lo que deviene. inocente. la capacidad del hombre inteligente (<JUV€1:Ó�. 218. Tiene. tener juicio buen juicio no es sólo una cualidad intelectual. de reconocer sus límites. no se libra de su deber de juzgar.r¡v).t. queriendo ser rigurosa.215 Pero a Aristóteles no le importa mostrar que sería for­ (aúvwL�). posee una extensión que no permite asimilarla a una ciencia particular.). y ya en griego eúr'¡9f)<. VI. o incluso de aquel que comprende (auvu�vat.>¡.

el CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA viejo fondo de sabiduría gnómica y trágica que lo habita: en phró­ nesis continúa resonando la llamada a un «pensamiento humano». Al devolverle su sentido arcaico.224 y la prudencia gnómica es TERCERA PARTE Y presente en el término mismo de phrónesis. &vElQ<Í:lmva cpgovetv. humano por sus límites. p. 1 ) apunta que. Platón. 177. fr. fr. Aristóteles hace revivir.174 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES lismo que escapa a la presunción del saber: la yv<Í:lf.t't'J no es lo que más tarde se entenderá por za de antemano. ibid. quizá involuntariamente. pero humano también por su atención al hombre. 1 93d). está nal le había reconocido siempre un valor moral. cf. remite a He­ ráclito. Filolao. 3 1 SS.. cuyo vértigo ella recha­ A este «Saber» humano. 6. el pensamiento griego tradicio­ evoca aquí más que in fine y como lamentándolo.tYJ. 56. Sobre Jos sentidos de yv<Í>¡. esta vieja palabra que Platón había conservado cambiando su sentido. todo lo contrar io de una sabiduría gnóstica. en que se resume los lfmites. y a en la filosofía presocrática. pp. n. de formación más reciente. B. a diferencia de yv<Í>¡. . cf. Pero la idea de que el saber es moral no por su alcance. T eeteto. sino por sus límites.. que Aristóteles no yvw<YL(_. tiene una «significación puramente teórica» (p. 38.tYJ. Snell (Die Ausdrücke fiir den Begriff des Wissens. la vieja sabiduría griega de 224. yvwat�.

1 177b 33. como hemos apuntado. vouc. No podemos referir aquí la historia del término phr6nesis en toda la literatura preplatónica.1 10. ci)cpQWV. Philosophische Untersuchungen. Hermes. l. al verbo cpgovEí:V. sino en la phrónesis de la tradición. que retorna a las «fuentes» más allá de las construcciones demasiado eruditas del platonismo. �tov &eávatov o:rccii&e. y..La.. 5 L- 94 (numerosas referencias a los presocráticos).Ocpgwv. Se encontrarán algunas indicaciones en Gauthier-Jolif. Nic.M�. etc. a completar ahora con F. y que con él penetra en la ética aristotélica algo de la atmósfera de pensamiento en la cual se había ido consti­ tuyendo su significación. 1924. a la cual se refiere Aristóteles expresamente. 'E<p' ocrov tv&éxe-. Creemos haber mostrado suficientemente que el verdadero ori­ gen del concepto aristotélico de prudencia no se había de buscar en la phrónesis platónica. ARISTÓTELES.1 Estos términos forman No existe un estudio general sobre esta cuestión. 29. Berlín. tav &' E¡.M:t 'ljruxá.¡:rtQaxtov <'ivt:A. cpQÓVL�tO<.ew. Hüffmeicr.l. B. etc. pp. Él.-. mucho menos la de los numerosos términos de la misma raíz: �QÓVTJ (. Nos limitaremos a algunas indicaciones que conciernen a cpQÓVTJOL<.. Snell ha abordado a menudo te­ mas vecinos (Die Ausdriickefür den Begriff des Wissens in der vorplatonischen Phi­ losophie. vv. q>i. hay que subrayar en Aristóteles un cierto arcaísmo afectado. sobre todo. «Phronesis in den Schriften des Corpus hippocraticum». X. Pero sigue siendo verdad que el término no ha sido escogido al azar entre muchos otros de sentido próximo -oo�ta. lll Pí1ica.el ¡.. 464-465. cpQOYtLtcLV. 109.:at &Oavati. 89 (1961).taxaváv. o<. PíNDARO. 7. pp. Sin duda. Die Entdeckung des .

). y también del pensamiento. <<Sur Class. Museum. se trataría de los pul­ «NÓ� and voeiv in the Homeric Poems». en el poema de Parménides. cpQÓVY)OL�. 49 (1929). 8uJA. Empédo­ cles. T. 401403). Class. La phrónesis es un pensamiento. vou�. TIT. pero es a él a quien hay que remonlarse para encontrar el p r imer t es­ existen numerosos estudios sobre este tema: R. cf.G. pp. es manifies­ to que proyectan sobre estos pensadores antiguos un vocabulario que no es el suyo. Jounwl o f Hel/enic Swdies. voetv and their derivatives in Presocratic Philosophy. pp. en especial <pQÉves. 1 O. pp. por oposición a voetv. the Mind. Se encontrarán algunas indicaciones en M. 23-43). the World. aun cuando límite. 396 /bid. entendido inicialmente equilibrio.ón este «primitivismo» de Homero (art. Onians sostiene que Homero no conoció más que la signifi cación concreta y B.. <<Sorne Psychological TemlS in Greck Tragedy». E. 16. Philology. Un cierto número de ellas no compo1ta ni cpQovetv ni <pQÓVTJOLS. que no eran precisamente «empiristas». 54-57). 5. § 10 (a propósito de Empédocles). <pQOvetv.5 Dicho esto. 1935.3 No se pue­ de tampoco ver una particularidad de <pQoveí:v en el hecho de que este verbo no expresa sólo una función intelectual. 77 (1957). Sin embargo. Kiel. De anima. Tubinga. 1959 (sobre cpeovetv.. y. el pensamiento empír ico. 4. Die etische T ermirwlogie bei Homer. aquí se trata de citas de Empédocles (fr.tZ. The Origin o f European Thought about the Body. 8. tesis doctoral. cit. atQEhJOL�. <pQÓVllOLS no designa una cualidad. 18 ( 1929).Ó�). en breve.. que designa el diafragma o Jos pulmones. etc. Esto es tanto más notable cuanto que voetv designaba en el origen una es­ mones considerados como órganos de la expresión. han conservado basta Aristóteles esta unidad de significaciones diversas. pp. 427a 21-29. o al menos cómo. Onians. qJQOVeí:v designa la ob­ servación. que hacían de cpgovei:v. n. Según Onians. la 7. Sobre la evolución de los sentidos de voeh. Siguiendo Metafísica. J. pero limitado tanto en su ámbito como en sus pretensiones. Odi­ sea. pp. los términos <pQOVeLV. por extensión. Fesrugiere.. mientras Geistes. m.l. Loew. sino «un estado emotivo y una tendencia a la acción.. El término no se encuentra en Homero (que sólo conoce qJQÓVL\. Hof fmann. von Fritz.). pero la alusión a Parménides y Anaxágoras. varias de ellas comportan el empleo de cpQovei:v en un contexto en el que esta función parece ser inestable y depender del estado del cuerpo o de las circunstan­ cias. 3. r. 5. pp. 3. El rasgo genérico de esta evolución -o más bien de esta ausencia de evolución. G. 396-406. 223-242. Este rasgo se deriva de diversas comparaciones. de Parménides (fr. por lo que concierne a <pQOVei:v. Hamburgo. p. • • que otros términos. «Noiís. . se ha podido observar7 que. esta vez en sentido positivo. 40 (1945). PlambOck. pero sin poner el acento especialmenle en phrónesis. cuya signi­ esté lejos de ser la única que se encuentra en Homero. 56 (1953). A. en último término J. L Webster.178 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 179 parte de los que expresan -ya desde la lüeratura homérica. Se admitía generalmente: el diafragma..10 6. 103 ss. Diels. una disposición inte­ rior mucho más compleja y matizada que el simple hecho de pensar o de conocer». 426-429. O. \ timonio semántico sobre términos de la misma raíz. «Das Lehrgedicht des Parmenides». función m p. cuya ambigüedad era similar en el origen (por e jemplo. intelectual y práctica. y 113 ss. Teofrasto. 19). juzgado erróneo por un Aristóteles que evoca aquí a Platón. 9. 1951 (sobre <pQÉVES. nota cap. Ar istóteles da varias citas para justificar cual muestra claramente que el interés de Aristóteles es algo más que terminológico. para la interpretación de este fragmento cf. Snell resalta a propósito de ello que nuestra distinción moderna de lo abs­ sensu. Die Flerkunft der platonischen Kardinalmgenden. cpQÓVY)OL�. Cambridge. Así. o de ficación de entrada material no está menos asegurada. Rhein. p. pecie de olfato sensible. Demócrito e incluso a Homero haber confundido la inteligencia. p. Munich. l009b 12 ss. 149-154. se especializaron rápidamente en el ámbito intelectual o afectivo. Pero Festugicre pone en duda con r. 2.E. Festugiere. 38 (1943). permite suponer que este repro­ che de Aristóteles se dirige menos a su teoría general del conoci­ miento que al uso. . Philology. pp. pp. Etfassen Gegenwiirti gen lnnesein. 34). 244). Kumsemüller. tesis doctoral. 163. Ylll).. como lodos los substantivos en -me. Time and Fate. Conviene en efecto subrayar que. l009b 12. 108. voü�.1 no bastar ía para distin­ guirlos de términos vecinos ('\jJux�. un pensamiento intelectual in­ cluso. Anaxágoras. K. art. pp. Aspek l e homerischer P s ychologie. hay que preguntarse por qué. 19553. B. lo (Die Entdeckung.actos o cualidades de pensamienro. cit. 401. que ya está especializado en el sentido de pensamiento racional. cf. etc. R. 8uJA.8 Cuando más tarde Aristóteles y Teofrasto9 reprochen a Parménides. que <pQÉves significa siem pre pulmones.del término phrónesis nos pare­ ce residir en que a la idea de un acto o de una función 6 intelectuales ha sido asociada a menudo la idea de en un sentido negativo.. Bollack. de estos términos (por ejemplo. derivado de <pQéve�. De tracto y l que el órgano nunca es considerado como inerte. Metaft sica. Que hayan tenido primero un significado concreto. sino como portador de su f unción o concreto es anacrónica aquí: lo que hay de <<primitivo» en Homero es su propósito. tesis doctoral. p. (resumido por Onians. cf.4 pues esta distinción de lo intelectual y lo afectivo es una constante del pensamiento homérico. y la sensación. Diels). cuyo vocabulario psicoló­ gico distingue no tanto «facultades» cuanto actitudes del «hombre todo entero». 79-125. deux . sino la acción de <pQOVEÍ:V isma. p. 1914 (esp. 396. B. Berliner philologischer W ocltenschrift.Ó�. from the Beginnings to Pannenides>>.).

s cogmuvas la 17. 1.los delirantes (n. ulterio ón tradici la toda ampliamente por . mtelec médicos tiende a designar no sólo una func10n o facultad 14 410b 4-6: <ruj. ill. 16. VI. 698). Heráclito parece retomar el lenguaje de los mismos que él critica: se creen <pQÓVq. Diels. el fr. 13. Diels. 1 1. memoria» (en ." Sin duda Heráclito quiere manifestar con ello que los mortales participan. cf. «se deja vivir como si tuviera su inteligencia propia (t()ta cpQÓVlJOL�)». Y vór¡o de no térmi el l Aristóteles empleará de modo natura �un� de <pQÓVlJots. 404a 29-30). Phro­ nefn y phrónesis no se emplean casi a propósito de la inteligencia o del conocimiento divinos. el Estagirita no dudará e� pre1a. 5. y evidentemente muy por debajO . Metafísica. fragments de Parménide». no sería de Heráclito sino una paráfrasis errónea del fr.5 Por el contrario.aQacpeovoi3vta�) pensaran (cpeovoüvta�) todavfa. corno veremos. en el más antiguo testimonio que poseemos del término phrónesis. mem�­ plrr6nesis viene inmediatamente después de la ima� Lil). 2. anim. por debajo de la experiencia (EI. Leipzig..avm). Según O. 614b �8. . 6eóv. En un fragmento restituido a Heráclito por K. R. d natural eo la conducta prác­ precisión y la limpieza en las imágenes y una pulcritu Metaj'(sica. 1\. 29. p.wv (Diels-Kranz consideraban este pasaje como un comentario de Hipólito. 10. «como si -comenta Aristóteles. anim. 1 1 3 �uvóv eO"tL :n:<iOL 1:0 qlQOveiv). quieran o no. ( 1 942) pp. 488b 15. sino que es ante todo el pensa­ miento sarw (sentido que. 9 en do mclut d10. Gotinga. ru lo que se denva de Odto el e conoc no mismo Dios dad la divini ' esta él.J-ei: ye xa� Ó. La <<Crítica>> de este último pasaje por Aristóteles es particularmente interesan­ te: reprocha a Homero que dijera que un guerrero delirante bajo el efecto de las heridas «yacía teniendo en mente otros pensamientos» (xei:a9m allocpQovéovta). 30. pp..180 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 181 Si ahora consideramos no ya la función. que él es el que reúne. . 196'1 ._..asimilar Dios al Noü� dos inaugurará un pensamiento y un vocabulano que serán acepta pasa­ un en � mente Cierta r.to�) que los otros seres. pues 16 facul�ad t?davía no gene­ ria: memo la que requiere otra condición ralizadora que se limita a la previsión de las Situaciones que afec­ tan a los intereses de la vida biológica. JO ss.tm. 105 (:n:e<pQÓVflxev se vuelve a encontrar. y que la falta más grave del hombre es oponer su pobre indi­ vidualidad a lo universal que hay en él.3 Pero 'la tentativa de Heráclito para retirar la phrónesis al hombre individual y atribuirla sólo al lógos debía contradecir tan­ to al uso común que con razón (igual que más tarde la concepción platónica de una phrónesis contemplativa) quedaría sin continuidad. p. Gigon (Untersuchungen zu Heraklit. sino el sujeto dotado de phrónesis. Reinhardt. 25. 12 Pero en el momento mismo en que les deniega el pensamiento personal. fr.se. extraña q�� �­ E que o (puest co niegue a Dios. o más bien 'tO q. 1 074b 22 ss. mientras que sólo el Fuego es <pQÓVL�lOV. absoluto (sentido platónico). fr. Philos. 1. no está semejante sólo conoce lo semejante y el <? . 106). vemos que este sujeto es por excelencia el hombre. Él. Aquí hay no sólo un testimonio interesante sobre la concepción «disconlinuista» que se hacía Aristóteles de las relaciones entre lo normal y lo patológico. 1 ss. Una tentativa análoga d e dar uo alcance cósmico a la p/m}nesis t sentido.13. 9. 1. 68-71). 1058). B.¡góvq. 2. sólo que no pensaran las mismas cosas» que tos sanos (1009b 30-31. El coro . espec que esis. se puede percibir que de­ la docles Empé phrónesis. sino que el pensamiento es el mismo para todos.qlQOVÉ<Ttll"fOV UV<ll 15. Pero si nos remitimos al contexto. divino cto Intele del acto el se esfuerce en describir por su cuenta el no L�. Nic.. r. puesto qu�.. en lugar de captar lo que reúne ("to l. en Empédocles: cf. sino también sobre el sentido de q¡Qovei:v: no es sólo el pensamiento estable. apodera de los atridas (Electra. v. Aristóteles reprochará a Empédocles el haber hecho a ue lo ya menos sabio (<pQÓVt¡.m�tQ del arte y de la c•enc1a (Metaftstque débilmente>>. [)(. 1 1 6. al tiempo que poco después Anaxágoras. XXffi. 1. 4. Cf. Gen. De anima. 980b 22. 56-71) y de Homero (llí ada. 1 14la 27. Hist. 9?e en el leng�aje de tual. phrónesis.vEL &' Metaftsica. . ca. Rev. en la que «�O p:m1c1pa ��s ria (�Aov�ur¡). ísica que parece no deber nada a la tenrunolog¡a p�a­ je de la Metaf Dtos tónica. pp. que no quiere decir que todos los hombres piensen. se queja de que en­ tre la multitud (ot noUot) cada uno. 981b 25 ss. A. 1\. De anima. si bien en oro a:n. 1960. inación (<pavtaota) Y !a. 618a 14. es el de los médicos hipocráticos). 7. 12. (reproducido en V se dice del Fuego que es <pQÓvq. 16).G. tica que se encuentra en los entes dotados de a la locura que se pájaros los de sis phróne la oponfa Electra de Hayduck). 'tOV 'E�tJteboY. 64 y la traducción del pasaje por C. cf. Hermes.•7 Estas consideraciones nos llevan a la segunda particularidad im­ los portante del uso de phronefn y phrónesis. de la cual Aristóteles . 110. al . en un lógos que les sobre­ pasa. Es sin duda en este sentido en el que hay que entender el fr.. Fr. designa el conoctmtento empm �t­ u del tos lemen los de � pédoc. Todo lo más Heráclito. que atribuye a todos tos hombres el <pQoverv. 1935. st b10lOg de obras sus en te ialmen tarse en varias ocasiones. 1 . phr6n de s dotado están no ciertos animales como la abeja no designa una inteligencia práctica y en absoluto inventiva. ca. 77 ermlichtnis der Antike. lOOOb 3 ss.uvóv). . Metafísi o de Alejandro: «La phr6neSIS es la ComenLari 12.les tampoco concebía otro posible) D10s a ar deneg o extran es verso Aristóteles quiere decir aquí que o un conocimiento del cual el hombre mismo es capaz.tov_. a 753 2.). 1.E. En la jerarquía de las func10n� .lÓaÍ.. 70 (1957). Pero cuand . Ramnoux.

Lvw8m). A. 13-14 (cf. y de un hombre cons­ ciente de su condición de hombre. 81-1 O l. Weitlich.a.:r) ). PP· 18�. p.'9 Pero no es sólo la enfermedad la que destruye la phrónesis. 1 12. En el ámbito político oroq. cap. que. Cf. Gotinga (Jahrbuch plrilos. 59 (1941). en este sentido. La «modera­ ción». sentido amplio de «Sabio reservado» (cf. 69 ss. pp. M. tomar al pie de la letra el juego de palabras de Platón y Aristóte­ l e� sobre la orocpQOO'ÚVY).). sición médica entre meier. vida privada. q. de entrada bastante vaga. 1922). te en Tucídides (cf. pp. Deflatibus. 64. Ét. Hybris. 27. !bid. D1els?.23 sino de un modo más general en 60. fueron cristalizando progresivamente en la noción. la des­ ('ÜÓQL�). l J ( 1943). pero huma­ no. Diels. J.. 270 ss. 430e). M. la deonto­ logía. 74) y Heráclito hada del owq. estos temas. el gobierno aristocrático. . vida pública. 24. 411e. pp. de Vries. Aristóteles. 64-86. en todo caso. Demócrito dice que es «grande. La li�erté : grecque. Got inga. será entendido cada vez más como templanza que salvaguarda la prudencia. De vicm (llegt 5uxít'Y)!. o. Existen varios estudios generales sobre esta noc1ón: J. donde C. orocpQOOÚVTJ OCJ)t. . l .. Se advertirá que Aristóteles retoma por su cuenta la opo­ simple H . en no intentar rivalizar con los dioses.owoveiv): cJ cpQovetv tendrá la tendencia progresiva a sig- 18. Nápoles. no sólo en el uso de los placeres del cuerpo -lo cual no es más que un sentido derivado y singularmen­ te restringido de (cpQOVElV á 0EL)». Cratilo. Fedro. «Sophro­ syne». VI. que la phrónesis compone gra­ dos y que la medicina se preocupe de las causas de su alteración y de las condiciones eventuales de su restauración.. 372. a propósito de la epilepsia: De morbo sacro. 179. podría haber sido tomada también del repertorio de la parenética médica popular. Pohleoz. Estos dos términos han acabado por evocar la idea mis­ medida. y evidentemente también las indigestiones y las borracheras:20 la phrónesis tiene por condición un cierto equili­ brio orgánico. Vlli. al ralentizar la circu­ lación reguladora de la sangre. 42. el «pudor»-2s mediante la cual los griegos nos invitan en toda ocasión a evitar el exceso (ÚrtEQ6oJ. 21. pero limi ado t y consciente de sus límites. 17. deja al espíritu perderse en el mun­ do fantástico del sueño. Hybns. 2 0 . caps.t. Es una determinación intelec­ tual. 1 1 ' Littré.EL "ti)v cpQÓVTJOLV.L�L� (fr. el estudio de R. G. 14. también en tanto que atributo del hombre. 53 y o. en medio de las desgracias. si es verdad que ya un pleonasmo y. Así. los demá s hombres y los dioses. del Grande. p. 1 140b 12. 1 1 1 7 b 25). Die Griechische Tragodie l. 5). 19.go<rÚVl'f ha acabado por designar. cit.182 sino el ejercicio LA PRUDENCiA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 183 normal de esta función o de esta facultad. 20.. 7. Fr. pues hay algún mérito en limitar el deseo natural de conocer.27 Pero cpQOVcl"V a Oct es orocpgo<TÚVTJ-. si bien es etimológica. p. Sobre esta noción en Aristóteles. 12-34. 23. 13. pp.eovesla). Sobre este término. un gobierno de reputación «moderada». que están unidas a la circulación del aire en las venas y al estado del cerebro. y a conocernos a nosotros mismos para ser conscien­ tes de la medida exacta de nuestros límites y de la distancia que nos separa de Dios. Pohlenz. pensar como conviene tal. WienerStudien. Kollman�. FaJe. cap. en limitar al hombre y sus intereses un pen­ samiento al que inspira o acecha en cada instante la tentación de lo sobrehumano. supra. cf. y una calificación moral. cho de «justo medio en relación a los placeres• (ill. que se sabe y se quiere humano. es una de esas palabras propiamente intraduci­ atow�. de phrónesis: la phrónesis es el saber. Stark. entre las causas de perturbación hay que añadir el sueño. El término phrónesis depende a la vez de la psicolo­ gía y de lo que podríamos llamar. Hüff­ cf.). cf. Fraenkel. es el pensamiento.tla (República. IV. Mnemosyne.'8 Se comprende. 253d..2' No está prohibido. Utrecht. por lo que el mejor medio para conservarla será se­ guir ciertas reglas de régimen. 26. teSts doctoral. 1947. especialmen­ La liberté grecque. 10-374. ser dueño de los propios sentidos y pensamientos. Aristóteles en la Ética a Nicómano no conoce más que este sentido estre­ tmgedia (cf. 25. 22.. Es lo el uso de la vida. bles -junto a mesura que resulta de un examen de la literatura hipocrática: es sólo pensar.. p.26 el deseo de tener más del premio correspondiente (rtA. VI («Die Bedcutung der aló<Í>� in der aristotelische� Ethik»).govei:v y ltagacpQOVEtv (que no es on 10. pues. Platón. 160bc. cf. p. Por un proceso semántico del que ya hemos visto _ que las principales mediaciones se ordenaban alrededor d� la� tdeas de límite y de equilibrio.22 fórmula que. 64). M. sino pensar cpQOVEi:v no sanamente. Acabamos de evocar el vínculo de unión entre ma de cpQÓ'Vl'JOL� y oroq>QOÚVTJ. F.. tesis doctoral. oro<¡JQOO'\ÍVl'f es opuesta a lí6QLS). difusos en la conc1enc•a y la literatura griegas. «!:rocpQOOUVl'f en grec classique». 1941 (en holandés). en un sentido amplio. 45.govetv la agEtrt f. Hüffmeister. Pero se encuentru en él todavfa el era una de las p alabras clave de la Aristote/es-Srudien.24 actitud del hombre en relación a sí mismo. de moderación. Quae f uerit vocis awq¡eoavvt¡ vts ac natura. 386. 388. 5. !:roq>QOOÚVl'f C4rmides. por oposición a los verbos que expresan un modo de pensamiento patológico (3taQacpQovetv) o delirante (¡. tlrt. Al hacer de ella una de las cuatro virtudes «cardinales» Platón restringía ya la owcpQOO'ÚVl'f a la re­ gulación de la bn8u¡. Nic. J. 35 (Hüffmeister.

en el ámbito político el «Estado hinchado de humores>>. el discernimiento correcto de lo conveniente.LO. 754-755 (<pQEvwv xevóc. <l)Qóvr¡crtc.33 Pero este exclusivismo es ya un mal signo: «Aquel que se imagina ser el único sensato (cpQovei:v 1 phrónesis no es la tmidad extrín­ ¡. por el contrario. rechazo del compromiso. pero.29 En tico. 890 (cpQOVOUOO. lbíd.trJ). pocos verbos hay tan usuales en los trágicos como phroneln. 33. . 398. Electra.éyeLV Uf.. y pocas cosas hay en la vida que la agudeza de un golpe de entra en conflicto con la Cf.tóvo�) . su pretensión de saber lo que es bueno en sí y de estar en connivencia con lo absoluto. fr. 2. a pesar de mi juventud.Qtrj-cw� \ t-úxr¡: istóteles. huida ante las responsabilidades de la acción o inclu­ so del juicio. sino la unidad interior neín: de una capacidad que se vuelve valor al limitarse. Hemón. quizá en todos los sentidos en que los hipocráticos entendían óí. totélica de los «monsttuos». prudencia (q¡Qov�o€L). su presunción. Por la misma época Demócrito elabora la primera tcorfa de la phr6nesis: «Del pensamiento sano (EK -coil cpgovetv) nacen estos tres f r utos: deliberar bien. . 35. o en el sentido afectivo de disposiciones.io. sabe que las verdades humanas son difíciles no sólo para nosotros. a salir de sí mismo para caer en lo monstruoso y lo patológico. supra. 557. el régimen de la inteligencia. 1242 (MovA.Ú¡.30 Todos estos temas. cap.V). Pero phroneín.vve-coc. explicados por una proliferación no controlada por la (República. opuesto al Estado sano según Platón <<forma». Cf. 562 (ávouc. pues reconoce el carácter relativo del seca de una capacidad y de un valor (como si bastaJa orientar la in­ hacia e] bien para tener prudencia). 36.o�). Sófocles. que pueden ser buenas o malas..óOVALO. declaro que a mis ojos no hay mi. id. el pensamiento sano. de modo general. Si hasta tal punto verdad que el hombre tiene una tendencia natural el fondo lo que está en juego es. cf. su rechazo de las circunstancias y de las contin­ gencias humanas. trad. suele desig­ nar. Al igual que se pasa de la idea de organismo a la idea de salud por la idea de coro es particularmente sensible a lo que hay de razonable y de igualmente verosímil en los discursos antagonistas: «Se ha hablado bien en ambos sentidos. 725. 35. y los hombres divergen cuando se trata de darles un contenido: los héroes trágicos. 1026 (MouA.. 429 (&. también en el uso corriente se pasa de la descripción de la inteligencia a la prescripción de la virtud. 119).). en su defecto. reivindican para sí el monopolio del phronefn 32 y se acusan recfprocamente de locura. Diels). 34.184 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 185 nificar «pensar sanamente y como es debido». 29. 1269 (buoóouA. es bueno también aprender alguna cosa de quien os aporta buenas razones phrónesis todavía es en ésta bastante rara. encuentran su expresión más acabada en la tra­ gedia.eúeoflm xaA. concluye pruden­ temente tras haber oído los argumentos contradictorios de Creonte y de Hemón. A. Anttgona.34 Antígona misma es más sensata. phronem y phrónesis se emplean a menudo en el sentido intelectual de inteligen­ cia.-vt>EQxEtr¡) no pennita alcanzar» (fr. Ciertamente. 372e) y. o. instruido por la experiencia.31 28. Al igual que en me­ dicina se ha pasado insensiblemente del sentido fisiológico al sen­ tido normativo. sobre las relaciones de la phrónesis y de la mista que la de los trágicos y Ar «Los hombres se han hecho una imagen del azar destinada a enmascarar su azar propia irreflexión (tlií:r¡� a6ouAí:r¡�). se podría decir.. tomado absolutamente. también se hace de la inteligencia una virtud si se espera en primer lugar que sea inteligencia de sus propios límites. Sobre xaL rtQÓttE�v & t>E'l)» (fr. comienz.tm).m ta: 28 el viaje fa­ vorable. tÚ yó. la deliberación recta que culmina en la palabra o la acción oportunas. actuar como es debido (�o·uA.da por encima del hombre que posea en todo la ciencia (bncrtf] ¡. fr. afectivo y moral. '\jmxfjc. Electra. pp. En otro lugar expresa su concepción. el coro. . n.t<UQO. el horizonte en el que el organismo se expande al limitarse.trJ) innata. de saber. 117-1 18.o). en un sentido indisolublemente intelectual.aLm en Aristóteles. (cltl. 31. en el hombre alcanza su forma de hombre en el lfmite. sino en sí: lo que perderá Creonte es su seguridad. que pertenecen al viejo fondo de la sabidu­ ría gtiega popular. algún «Parecías sensata a unos -dice a Ismene. en lo más duro de sus peleas. etc. la cura. de Mazon. e] estudio de sus fuen­ tes extrafilosóficas muestra que la teligencia Es cierto que estas nociones son vagas. «la razón y la sinrazón del alma>>. 1054 (ÚVOL<l). !bid.). la teorfa aris­ 30.). pues raramente el ojo perspicaz bí.3s El phro­ \ 1 1 régi­ men. como ya decía el tratado hipocrá­ juicio (yv<.V � ¡.wc.m OLJtAÜ». ábrelo: no encontrarás en él más que vacío».Q e[Qrp.36 Pero esta prudencia no es pusilanimidad. 193. La pruden­ cia es. Cf. 707-709. Anrígona.y yo a otros». Simplemente. Más que todos los análisis filosóficos del texto de Aristóteles. avanza el sentimiento del coro al advertir: «Si existe en mí. l056. xat &cpeooúvr¡ (De victu. 1050-1051 (�ti¡ cpeovetv). puesto que la realidad no inclina en este sentido. 32. más opti­ hablar sin faltas.).

se exaltaría al rango de viitud y de la cual Edipo. heredero suyo. al cual la natu­ bería dar a sus hijos un saber que vaya más allá de lo ordinario \ (¡. a la violencia de los discursos «cien­ tíficos» opone las lentas mediaciones de la deliberación. no es haber preferido su ciudad a sus inclinaciones (pues ello nunca constituyó un crimen para los griegos). no 40. No hay que cometer nunca impiedad hacia los dioses. seguido inmediatamente por el coro. habría que inclinarse ante ellos. 787. limitándose. 71 9-723. 9.v9ávcLV)». 1347-1353. puede ser generalizado en la literatura trágica.39 Hacer lo mejor en cada momento.tTt -cÉA. si hubiera hombres que tienen ciencia. para expresar una idea vecina: «Nunca el hombre. Pero de este cpQovetv que literalmente no aporta intereses porque pretende penetrar los secretos del Destino y de la Fortuna.T] A. Ciertamente.37 Así. Cf. 39. preocuparse de las consecuencias previsibles. descon­ fiar de las «grandes palabraS>>. las «gentes fuera de lo común». !bid.'Yl · Eurípides recurrirá al término aocpó� raleza ha provisto de sentidos (O<nL� UQ't:LqJQOOV n:écpux. Este saber vano y eventualmene t peligroso es denominado por Sófocles.eoem aocpoú�)». lo que constituye su «desmesura». venga de donde venga) pue­ de no ser razonable (porque. 1334-1335. En otro pasaje de Eurfpides (Filocteto. se puede pensar que Tiresias apela a una phrónesis más elevada. consciente de la enormidad de su crimen. Nauck). La yvW¡.186 LA PRUDENCIA E:>� ARISTóTELES d í LA FUENTE TRÁGICA 187 (ni'>v A. la bwnríf. que se revela inhumana cuando pretende imponer sus con­ clusiones al hombre: a todo esto. Nic. que no sólo están vacías. sino que son peligrosas.A. aunque inconsciente).42 Ciertamente.to. fr. e l adagio que cita Aristóteles para justificar que su Dios no conoce el mu ndo: «Hay cosas que es mejor no ver que ver>> (Metafísica.es el sustituto de una ciencia inalc<mza­ ble. E l crimen de Creonte. opuesto aquí a un término de la f ami lía de phróne­ sis. en el caso particular -pero es que todos los casos son particulares-.38 Y el coro no dirá otra cosa cuando exponga como conclusión un poco más tarde la lección de la tragedia: «La pru­ dencia (1:0 cpQovei:v) es con mucho la primera condición de la feli­ cidad.ún ). es un saber que des­ confía de sus propios maleficios y se remite constantemente a la con­ ciencia de sus límites necesarios. 782.� 1ttQWa&� ex. este uso de soph6s. A. que se detienen ante las puertas de la muerte. como hemos visto. /bid. Medea.. y no es sino con los años que aprenden la prudencia>>.40 Aquí es el término cpQovctv el que designa ese saber del que es un eufemismo decir que es inútil . ese «gran descubridor de enigmas». haber traspasado los po­ deres del hombre. es cruelmente desprov isto. . El Edipo de Sófocles se sacará los ojos por haber querido saber demasiado y no haber comprendido con suficiente rapidez la advertencia del adivino Tiresias: «¡Ay! ¡Ay! ¡Qué terrible es saber ( cpQovetv) cuando el saber no sirve de nada a aquel que lo posee !». el rebelde puede tener también buenas razones).' aVrlQ). 294-295.t'Y) que Aristóteles colocará en el cortejo de las virtudes que acompañan la prudencia. VI. dando lugar al más bello himno que haya sido jamás escrito en alabanza a la prudencia. pero también dejar a los dioses lo imprevisible.. Creonte.6L6á. apela a la muerte de sus deseos. �l. 42.4' que. 2. Los orgullosos ven sus grandes palabras pagadas con los gnmtlcs golpes phr6nesis no es todavía el saber socrático del no saber (sin duda. no rivalizar con los dioses en la posesión de una sabiduría sobrehu­ mana. la paciencia y la seriedad de la experiencia. l l42a 3-6). de­ (n:o. que sabe que hay en este mundo problemas in·eso­ lubles. al de­ negar la sepultura a su adversario muerto. Al final de la tragedia. 1074b 32). citado por Ar istóteles (Ét. la tragedia lo llamaba phrone!n. 9. ..cyóvt:wv xo. La falta de Creonte es haber querido sustituir a los dioses en la resolu­ ción de un problema humanamente irresoluble. que no saca conclusiones precipitadas. el juicio -esa de la suerte. Edipo Rey.I. a lo cual el corifeo responde sin amenidad: «Esto es el futuro. Hemón opone. un Creonte mal arrepentido se gana la última réplica del coro. que se aprende con la edad y por la experiencia. El presente espera actos.. que reconoce que lo racional (aquí. y se contenta por ello con el compromiso y deja a los dioses la verdadera solución. D�jemos el futuro a aquellos a quie­ nes contempla». defender la in­ tegridad del Estado contra la rebelión.ax. /bid.i:6o.Ov 'tO ¡. simbolizada aquí por Creon­ te. 3 16-317. cuando se pretende aplicarlas sin mediación a una realidad humana que no está quizá predestinada a plegarse a ellas. sino que oscila entre discursos verosímiles antes de escoger el menor mal en la conciencia de la incertidumbre y el riesgo. Pero ¿dónde están? ¿Y qué es lo que hay que saber? A la presunción del saber. Poco a poco se desprenden las líneas fundamentales de una «prudencia». pero todavía incapaz de situar su lugar exacto. y parece que 38. sino. 37. el pltroneln es opuesto a la ambición de estar entre los :n:tQLcrcrol.

Solón. que es limitado. ocautóv. la conciencia de nuestra finitud: es la en él mismo el poder de la reflexión. exhortaciones que cristalizarán poco a poco en los dos términos de idéntica familia cpgóvrtmc. Ravaisson. sólo esto conviene al sensato (a<Ú<pQOVt)>>. Cf. Memorabilia. Rev. Un buen ejemplo del entrelazamiento de estos temas nos lo proporcionan las listas. por la cual los hombres poco se superan unos a otros? No es posible son­ dear la voluntad de los dioses con la ayuda del espíritu humano (f3Qoteq <pQevL). El precepto sobre l a phrónesis se vuelve a encontrar en Pftaco.• ed. oa-w. Wilamowitz oponía estos conse­ jos jonios de la pmdencia (8VI']la <pQovet v. avevEl' •EAt�wvtá6wv (Peones. yvroflL aatnóv. En otro lugar Píndaro subraya la ceguera del espíritu humano si no es iluminado por las Musas: l"U<pkaL yaQ avóQrov <pQeve�. 2. A pesar de todas las interpretaciones modernas (�gotéq q. por el contrario. [puesto que éste) ha salido de una madre mortal». esp.43 y se adecuarán mejor que los términos de la familia de phrónesis a la tarea de evocar la idea de una pretensión desmesmada. Fr. Pero sigue valiendo el que los términos sophós. Schuhl. la urudad de temas que volvemos a encontrar asociados en las habilidad técnica no difiere tanto de uno de los sentidos de phrónimos. E.45 a menudo retomado por los ancianos del coro. OOJ<¡JQOOÚT]V <pQÓVf)atV. que es la sabiduría popular. etc. 133bd. IV. Introducción. Estobeo. pp. j t. 49. 42). Piaron gegen Sokrates. Dirlmeier. 72a: «Hacer lo que es propio y conocerse a sí mismo. la preo­ cupación cauta por el azar. 1 . Jankélévitch. en buena parte legenda­ rias. Cf. de la templanza. nota publicada por P. 25-26.>QOO"ÚVYJ. dirige tus oraciones a la Fo11una (tÚXU cvxw8m). Bí as. Pililos. de la prudencia. hasta Sócrates e incluso Platón. y algo bien diferente: conoce tu alcance. Platón. Sócrates era el primero en desconfiar del conocimiento de sí mismo. p. 1 . V. F. sin duda.gwmv). Jenofonte. según parece.. cuyo sentido primero de La inspiración de estas fórmulas es sin duda convergente y mani­ fiesta en su fuente.5° Platón no dice otra que hace Platón. (1961).eo. 50. 1 . cit. conoce el momento oportuno (xmgov yv&8L). que es que eres mortal y no un dios.46 43. Moreau. J. La construcrion de l'idéalisme platonicien. Alcibía­ des. 6. 164c ss. Antí gona. 193-201. y a través de los cuales aparece uno de los rasgos más cons­ esta fórmula ha podido ver una intención antisocrát ica en la crítica realidad. Horneffer. a propósito de Cármides. no eran nuevas. 47.yána)». lt(l�Oelav. y segtín otra fuente en Solón (fr. en Les sciences et la sagesse. ama la prudencia (q. Esta evolución es evocada por Aristóteles núsmo: Ét. fr. 16lb. Moreau. 13. 290.-M. Burdeos. y el mencionado personaje de la tra­ geilia estaba ya fundado sobre la opinión de que este era un lugar común (JtáyxüLvov).>QÓVf)<JLV &. domina el placer ({¡oovf¡c. Formaban parte de un conjunto de temas estrechamente relaciona­ dos entre sí. que ha sido conservada por Estobeo. 48. 4. 3 (Cleóbulo. simbolizado por Heracles (Euripid es' Herakles. 1 3 ((:)egáJteve evoeóe�a. 46.49 a menos que se esperara de él el reconocimiento de lo que es apropiado a nuestra cond ición mortaJ.188 la oposición de la LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES sophía y de la phrónesis sea una invención propia LA FUENTE TRÁGlCA sophía. 44. xgatEi:v). 10. § 92-107.44 que han creído reconocer la invitación hecha al hombre de descubrir cado otra cosa.) al ideal dorio del héroe. Platone. Cf. 1 0 y 13. conócete a ti mismo (yv&8L oautóv). del conocimi ento de sí mismo. L'ironie ou la bonne conscience. cuyo común denominador era. Pitaco. F. En la lista debida a Demetrio de Falera. esta fórmula nunca ha sigrufi­ Estas exhortaciones a la reserva en el saber y la invitación para­ lela a la moderación en los placeres.). Archiv für Religionswissenscha J.47 El «conócete a ti mismo» no nos invi­ ta a encontrar en nosotros mismos el fundamento de todas las cosas. Tim. 1. 1950. la idea de fórmula más elevada de la prudencia griega. Quitón. l l4la 917. Ya Píndaro oponía las ambiciones de la sabidu­ ría (oocpla) a la debilidad del espüitu humano Éticas aristotélicas: la exaltación de la medida. Cármides. Hens. de la sabidu­ ría de los límites. 189 de Aristóteles. «Contrefavon de la sagesse».4S En tantes del espúitu griego. . VI. Cf.>QEVÍ. pp. p. Sólo una grave equivocación sobre el sentido de límite.. pp. 89-90. de ninguna cosa demasiado (t-trt Mv O. V o rsokratiker. 1049. m. fr. Stefanini. «Sagesse». 1909l. p. p. Diels. la importancia concedida a] kairós: No se debe w1o extrañar de encontrar en este contexto la fórmula délfi­ ca: yvwet. 89: «La fórmula délfica invita al hombre a no olvidar su condición. 9 («La sa­ biduría socrática desconfía del conocimiento de sí>>). xmgov oga. 1. 7b 13). L. nos recuerda. mjentras que los primeros se adaptarán más bien a un matiz de humildad. etc. de preceptos atribuidos por la tradición a los Siete Sa­ bios de Grecia. debes saber \ 1 <Jú>q. y art. a rehuir la desmesura>>). encontrarnos mezcladas algunas exhor­ taciones como esta: «La medida es la mejor de las cosas (t-té'tgov cosa al interpretar la fórmula délfica. de maest ría. 36 (1940). niás que esto. Puech): «¿Qué esperas tú de la ciencia (aocptav).. 1 . Actas del V Congreso de Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa. 2. 45.). 8992 (cf.yav). es decir. 7. evocarán cada vez más la idea de su­ perioridad. ·a pesar del contrasentido que O. 61 (33) Sandys (= Peones.. 7). Nic. Diehl). en el Cármides. 172 SS.

Heautontimoroumenos.cación literal de la ex56. Kock (Estobeo. 99.1 1 1 . n. sea a atenuar. ll. Alcestes. la tonalidad restrictiva de la fórmula. f. 58. Lieja. Cármides. Pearson (x. Moreau. donde será desterra­ do todo pudor. (111 tv siecle. Coloquios. Platón. y no de un juez insensi­ ble». 27). �éAl:LO'tE 0v111:Ó. Aristóteles se pre­ gunta si la vida contemplativa no es «demasiado elevada para la condición humana» (XQEí:t'tOJV il xat' av8Qwnov). p. pp.56 Esta exhortación tradicional parece haber sido. 55. 186-191. L'lime du monde de Platon aux sroiciens. que la rebajaría al rango de un vulgar «consejo». .51 Habrá que esperar una visión radicalmente nueva del hombre. tener pensamientos humanos. &v6Q<. y al mortal tener pensa­ mientos mortales». objeto no sólo de cr íticas. 164de: <P r¡ ¡. 1.190 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGJCA 191 ya entonces se cometía acerca de ella. Diels). 91 (1942). Mazon traduce: «(Veo que) tienes el corazón de una mortal. Cf. 57. su alcance.. citada dos veces por Aristóteles. se puede comparar con Píndaro. 821 a. sino conocer la propia invcncibilidad (cf. Rheinisches Mu­ seum. alahurd al cris­ tianismo por «haber puesto los límites de la humildad (es decir. Terenc io.59 En realidad ninguna de las dos interpretaciones es exacta. 353.57 Se comprende que éstos ha­ yan protestado contra el abuso de este precepto para prohibir en es­ pecial las especulaciones astronómicas. 473 (Ovrrti¡v <pQOVOiioav 6vrp:a xoiJx ayv<Íl¡lOva). 799.. cf. fr. Cf. Diógencs el Cíni­ será el primero en hacer profesión de avat&eLa. 18. 1. Pascal. Bacantes.58 A la inversa. no llegará a su cumplimiento más que con el estoicismo. Flor. Cf. l l 77b 26-31). preparando así el «Nil humani a me alienum puto» de Terencio.. fr. pp. 1 1 1 1 52. pero que parece asegurado en sus lí­ neas principales. Les procés d'impiété intentés aux philosoplzes a Arhi mes v et. como una invitación a la me­ sura (OOJq>QOO'ÚVT)). y cita en apoyo de este escrúpulo el viejo adagio que aconseja «al hombre. 53. Es verdad que la prudencia griega. Pearson). 20: . Aristoteles. 289. Nauck. Para interpretar el sentido. En Epicteto coMccrse a sí mismo ya no es conocer los propios límites. EpÍ FIOIIUS. cuyo detalle es controvertido.. 1 1 0 . 988ab. vrr. En este sentido. Esta revolución.(Í yQa�ti. Koerte. Ya hemos citado en el epígrafe de la primera parte. proporcionando su último argumento al oscurantismo y s-irviendo de pTetexto a los pro­ cesos de impiedad contra los fllósofos. . E. Pero ya Platón condena el acercamiento entre la fórmula délfica y el Mr¡ &ev ayav. un verso de Sófocles (fr. Sobre este punto la acusación contra Sócrates había sido preparada por Aristófanes en lAs nubes. 316) (EL 6VrJ1:0<. En reacción contra la valoración tradicional del at6wc. fr. p. se advertirá en germen en este verso el paralelismo entre phr6nesis y yv<Ó�l)). que prutc¡ . pp. quizá estoica.ra). 346. OU'X aeáva"ta 'tOV eva. Aristóteles cita una fórmula análoga que se atribuye generalmente a Epicarmo: Svata XQiJ 1:ov eva'tÓV. Cf. y donde se vuelve a encontrar el término phrone'in.rrmicas. sino pien­ sa todo lo que es humano». en la Crítica de lc1 razón práctica. Pohlenz. Áyax. J. tanto una como otra. cf. que hará posible una apoteosis del hombre que habría parecido a Las generaciones precedentes el colmo de la impiedad (cw€octa). 206-209. Le Dieu CosJTÚque. 1930. 760-761. Es el cr istianismo el que volverá a encomrar. la fórmula ha tenido sin duda efectos nefastos. que tendían sea a exagerar. 54.ov q>QOVcLV. La ré­ vélarion d'Hermes Trismegiste. «Co­ nozcamos nuestro alcance». qJQÓVEl). está muy alejada del olvido de sí y d<'l don de sí de los cristianos. «Nichts menschUches ist mir fremd>>. V. Sobre (111 6va1:Ó. Es la fórmula. que aparece en El Sueño de Escpiñ i n : {<Deum te igitur scito csse>> (Cicerón De republica. esta filiación. del mundo y de los dioses. En el libro X de la Ética a Nic6maco. toda reserva/2 para que el sentido de la fórmula dél­ t ica sea invertido. elvcu O'WqJQOO'ÚVf]V 1:0 YLYV<Í>OXELV Éau1:óv . convirtiéndose en el primer santo y seña del humanismo: «No te ocupes de lo incognoscible. 72. y hayan sacado pretexto de ello para prohibir a Jos hombres el estu­ dio de las cosas divinas. . p. Sólo entonces el «Debes saber que tú eres un hombre» se convertirá en «Debes saber que tú eres un dios».53 Los escrúpulos de la vieja prudencia griega han encontrado otra expresión en una fórmula a menudo repetida por los poetas. . 20.en un sentido no ya restrictivo. Hem1es.ti. La liberté grecque. Bickel. Parece que algunos hayan querido hacer significar a la fór­ mula: «No tomes por objeto de pensamiento las cosas inmortales». xai. . w ul hom­ bre contra sí mismo en iruerés suyo.Hl't<Í cpf]OLV xai.Í>3tLVQ (PQOVeL V av6Qw:n:ov Ovta (xaL] SVT]l:cl TÓV Ovq \ÓV (X.aA. Retórica. 590. Jaeger. sino también de inter­ pretaciones divergentes. del conurlmiemo de sí mismo) a la presunción y al amor propio.Q rvwHL (¡(l1J1:0V xal 1: 0 LO><pQÓVEL e<nl �LEV l:(lÚl:OV � -¡. Nauck. «Menanders Urwort der Humanitat». 168. Fr. también fr. los cuales desconocen de t:rndo sus lí­ mites» (la cursiva es nuest. 78 (1943). el. Cf. Domseiff. E. la fórmula será reinterpretada a partir de Menandro -parece. 59. en particular de los astros. 24).54 En la Retórica. 395. 531. 77. Kant. 13r. des­ de la Antigüedad. fr. f)va'tObOl :1tQÉJu:L. aunque en otro sentido. Pues desconocen. sino positivo. To yÓ. pp. la signifi. Leyes. Dérenne. 7. El fragmemo de Menandro es el primero de los Monostiquios que le son atribuidos. Antífanes. . 2 1 .ov cpQovei:v 'tov 9vrp:ov av9Q<Íl:n:ms toa). VI. T raquinitUUlS. ey<Í>. ya que es hombre. fr. Eurípides. 475. 1394b 24-25 (Epicarmo. 112-113: Festugiere. 1040.ss Fórmulas como 5 1 . 427 ss . co esta expresan un Jugar común que aparece muchas veces en la lite­ ratura griega.

el phronefn es moralmente neutro. etc. cf. pues se pueden pensar las cosas divinas humanamente. Empédocles. 4.at. 65. desde ese mo­ mento. Cf. fr. 103 ss. Pero esta pretensión ¿no es la definición misma de la recubre la oposición de ambos dominios del conocimiento. en un texto de juventud que nos transmite Séneca. 739. heredando av9g<. nos invita a no e cuchar estos consejos pusilánimes y. avOgcómva <pQOVELV no significa: «pensar cosas que conciernen al hombre». A Dem6ni cos. 1 . vv. como una contradictio &8ávata cpgovei:v debía aparecer al mismo tiempo in ad jecto.. después de haber dudado entre las dos posibilidades mientras que 63. nos invita solamente a liberarnos de las trabas del «pensa­ miento mortal» y a elevamos mediante la contemplación a un saber de tipo divino. eserva r (verec1mdia) con la cual debemos abordar las discusiones so­ bre la nawraleza de los dioses (De philosophia. que se­ rían las cosas humanas y las cosas divinas. por en­ 64. Es cierto. si bien por vías diversas. 1. es decir. inhumanamente. 707). liberado de las particularidades y de las servidumbres humanas. fr. Sobre este uso en los Hipocráticos. mediante el pen­ samiento. J-4. 14 R.63 se fijó rápidamente en el entido de <<pensamiento sabiduría inscrita en el conveniente». 9. entonces toda la Sin embargo. Cuestiones 62. a veces adoptan el tono de la humildad para implorar a los dioses que les eleven hasta e1los. 30. <pgovei:v debió ser comprendido muy pronto como un pleona smo. fr. y 1 1 3 ss. En el Ética a Nicómaco. p. rechaza expresamente el texto del libro X de la tanto como es posible» phrónesis de la &. Cf. Diels. el comienzo del poema de Parménides. Séneca. que el matiz de desmesura está latente en este verso bta <pQovetv). Phronefn seguido del acusativo nunca ha significado: pensar alguna cosa. 3-4.60 a sí. G. fr. hay un paralelismo entre las expresio­ nes "Ü6QL�? Responder a esta cuestión no sería «absolver» o «condenar» sólo a Aristóteles desde el punto de vista de la moral popular grie­ ga. y el acusativo n. en todo caso.vOgcómva <pgovei:v. Phronetn significa: estar dispuesto.. 66. art.64 El con­ texto pone en evidencia que Aristóteles no piensa en la inmortalidad del alma. a filósofo. sino el de toda filosofía. 6. Diels. sino «estar en disposición benevolente». 14 W. Hüffmeier. es un Jugar común en los presocráticos. El desprecio del pensamiento vulgar. v. Este uso se encuentra ya en Homero {por ejemplo. xa. como si el acusativo expresara un complemento de ob­ jeto cualquiera. vemos que el término evoca las más de las veces el pensamiento mesurado y cuerdo y que.-. 30).a <pQOVELV y a0áva·ca <pQOV€LV62 y que. De ahí el sentido de orgullo que se encuentra igualmeme en Eur ípides (fr. �Qtnn:á­ razón pretende ser más fuerte que Dios» (Suplicantes. 2.65 para llegar a un sa­ ber absoluto. abierto a la vez a la des­ mesura y a la prudencia. cit.Ómva <JlQOVELV. Parménides. <pQÓvr¡ot�. sino a toda la filosofía en general.U el término que se especializ ará en este sentido. Pues no sólo es el proyecto de Aristóteles. <Uaeá. 61.a cpgovei:v no significa evidentemente: «pensar cosas afectuosas».61 y se puede pensar sobrehumanamente. 7. cima del cual se eleva el clito. de una manera apropiada al hombre. por ello. les parte de la 60. pp. Herá­ pesar de la aparente modestia de lo que . en la reserva y el senti­ miento de la distancia. tal corno los dioses deben poseerlo. de los lo que es la definición misma de la UOQL�. F. q¡lA. Se ve. 82. que nos invita a la vez a a8ávaTa ()lQOVIlLV y a 9vrp:a qJQOVEi:V (manifestando con ello que no ha compren­ dido el sentido de esta oposición). v. igual el hombre que el mundo o los dioses.á. Cf. también el Ps.-[sócrates.192 LA PRUDENCIA EN ARISTóTELES LA FUENTE TRÁGICA 193 presión. de saberse hijo de un padre noble) y Sófocles (Antlgona. que el tér­ mino phrónesis.66 Pero lo más corriente es que disimulen mal su orgullo de haberse elevado por sus propias fuerzas hasta cimas desde las cuales pueden despreciar al vulgo y sentirse a la al­ tura de los dioses. &. 67. a la primera actitud. elevarse por encima de los pensamientos mortales. cit. «pero la humana en los trágicos. ¿Llamaremos phrón. 216). Nauck: el orgullo. es decir. Así Empédocles. Jivalizar con los dioses por la posesión de la sabiduría. Igualmente. 4). VII. Asf es como. por ejemplo. Desde Parménides.. fr. a «inmortaJizamos humanamente». Pero es sobre todo <pQÓvt)Jl. es decir. más sofista en esto que filósofo. Diels. en varias fórmulas que hemos citado. 1 L77b 33. Aristóte­ naturales. vv. si Aristóteles toma prestada la tradición. op. todos los filósofos se propusieron. 60. de una cierta manera.6avatt�e�v).esis 8vrp. La oposi­ 8vrp:a O av0g<. sino «pen­ sar ción entre que se abren al pensamiento bumano.Ómva <pQOVELV y a0ávata <pQOVELV no (tcp' ooov tvMxe. Cf. X. PlembOck. por el contrario. Pero si nos remitimos al uso de <pgovet:v 8vr¡ta o avOgcómva �QO"tWV oó.67 Y si Sócrates. 1.eutro que le sigue especifica el modo en que el pensamiento está dispuesto. § 32. su desprecio por los f3Qotot eLMte� oMév (fr. .aL. enraizando así en el viejo precepto las concep­ ciones ulteriores de la prudencia? Se objetará sin duda que. Ciertamente. de Eur ípides: �ll' � <p(>Óvt)at� tou 0eoü �tei�ov o0évetv �r¡tei.

sino una esperan­ za y una tarea: la iíoQL� no se ha de emprender o. pp. sin duda más de lo que lo hiciera Platón a la adver� tencia de la «prudencia>> popular: «Con razón se podr í estimar no humana (oux av8Qw:n:Í. la naturaleza del hombre es esclavan que.ional de la 1ilosofía. ovxé'tt 0Vr)'t0\.T)) la posesión de l a filosofía. 70. cit. por lo demás. es en este caso precisamente cuando deberían ejerci­ tarse. tender a imitar a Dios. . 7. t d'apres Aristo­ Cf.vf] crocpí. es capaz». cf. Schuhl. . según Si­ � móntdes.wm� f :k([>. p. está tamb1én en el origen del método experimental. t de servidumbre. X. 89. 122-123.75 y. Pero que esta ciencia buscada sea un día poseída por el hombre no es algo asegurado. no duda en celebrar su pro­ pia apoteosis en Si los poetas no hablan por hablar y si los celos son connaturales a la divinidad.. 1285a 20). que es en verdad una schuld­ Oll"? Jugar: eyci> ()'·ú�ti.b1en esta «pru encia» será más tarde reivindicada por el agnosticismo de nunca más que opinión (Mxo�) (fr. T . Ale­ �Ux al. sentido limitativo de (fr. esp. 1.tUL lose Sclwld. 5 1 ( 1953). .• cd. Plotino l. 2. Para la posteridad de este pasaje. m:íucos de Holdcrlin sobre La muerte de Empé docles). subrayar la «prudencia» de ciertos presocrátic os como Jcnófa­ nes. Cf. v. sin que estemos seguros de llegar a ello enteramente: la inmortalidad de la que habla Aristóteles (y que no es. 'í\vbQCI 6 ' J!Illdro comprende a la mversa: «es md1gno del hombre no buscar la ciencia de la que a Hegel (V orlesungen über Geschiclue der Phi/osophie. de «busca(")>. puesto que XIV. 75. Allan. Aristóteles no toma en serio esta ame­ naza. Pero esta comparación misma hace suponer un o /bid. 6). Meta f ísica.LXW'tEQOL . 1833. D1els). en efecto.73 debía ser el comienzo de su poema Sobr e la naturaleza.. parece». Philosophy o fAr istotle. 22b SS. «Les premi!'!res éta­ ? á rbao� que l�s b r �on de una naturaleza más esclava (óouA. 983a 2. cf. Hay. !J. Plotino la absoluta gene­ en el Timeo la constitución del mundo por el Demiurgo.. 247a. Diels). tanto de las que hablo» no será los escépt1cos. como Jo había comprendido una interpretación demasiado pusilánime del viejo precepto. D. . corrige. 317). Demócrito era sin duda más modesto. Plotino por retomada será y 29e) Timeo. 73.a). por cuanto «meafísico>>. Essai Sttr la . o el médico-filósofo Alcmeón de Cro­ pes de la philosophie biologique». 1 177b 26). q¡úaet) que los gnegos ( Pollltca. no es sin dudas ni sin reservas. pero sería presunción cree�: que esta búsqueda humana prefigura nuestra asi­ milación a lo divino: el saber divino sirve de ideal a nuestra bús­ queda. 1 ) . 4-5. la in­ mortalidad del alma) 77 comporta grados y quizá una infinidad de s más digno de las cosa iru. será el tema de uno de los esbozos dra­ . (cf.71 Aristóteles no dice otra cosa cuando desarrolla aJ comienzo de la metafísica el concepto tradic. A. 14. 1t(I)A8Ü¡. no constitutivo. de pesar a istóteles. cf. passim.. y . VIrtudes). pues «no es admisible que la divinidad sea celosa».. 3 1 6- .trJV. De tantas ma­ ner a. 2 (Sobre las 71.toí. pp. «L'immortalité de l'áme et de l'intellec te». 48). 68. pp. ciertameme. 72.formation de la pemée grecque. pa"? quien el saber humano no e s más que «conjetura» ('tEXfLixLQecrOut) (fr. Introducción. Platón justifica con ello V.ÓAL<Jta. pero invitaba a todos los hombres. J. el hombre debe buscar la sabiduría y no dejarse limitar en su búsqueda por una res­ tricción previa de su campo. para quien el saber «Sobre los dioses y todas las cosas OOOV h6éX€'taL. 74.V Oeo� Ü¡. S1 . Se comprende que este contrasentido haya seducido mcrtiJ¡. 20d. A. en el momento ele retomar éste por su cuenta presta atención. es decir. contrariamente al viej? prccept?. en el célebre pasaje que hemos citado antes. A. no temiendo proponer a sus esfuerzos «la asimilación con Dios».. y que corresponde sólo -o. citado ames. Ir. que retoma en otra parte la misma idea por su cuenta: «El hombre. «Adela» (véase p. n. Si tomamos en serio esta restricción. que se comunica y se extiende sin perderse Hegel (op. eeteto 176c. 1 12. a la mversa. Pero. Mansion. pp. Se ha pod1do. Aristóteles añade: ecp' como sea posible. Ión.. según l a expre­ sión de Aristóteles.68 y se reirá del saber «divino»69 de los poetas y de los adi­ vinos. 1 89. Ar de Dios al es evidentemente extraña que comenta aquf Aristóteles a través de Plotino. 274. No se ha prestado suficiente atención al hecho de que. Revue Pllilosophique de Louvain. p. Diels). y no sólo a sf mismo. 69. Apología. principalmente. 213214. Pero mantiene que la ciencia buscada es la más elevada y. a no «poner sus placeres en las cosas mortales>> (fr.wv !A:lJ �'Ú �rJ'tELV ri¡v xae' a\nov E 2. 983a 3-10. 982b 28-983a l.74 Ciertamente. la Ó¡. tona. repitámoslo una vez más. 87-88. La filosofía. el «pecado original» de la hybris. 111. 77. 444-472. sólo Dios puede disfrutar de este privilegio y sería indig­ no del hombre no contentarse con buscar el saber que le es propio. Ét. 1 1 3 ) (esta «falla» de Empédocles. Pero Aristótel xat' Civ6Qwnov.70 Platón revivirá por su cuenta las más elevadas ambiciones del filósofo.a Dios poseerla.. La idea de que Dios no es celoso se encuentr 4. Revue d'Histoire des Sciences ( 1 952). P .tOQO'tO�.194 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 195 se envanecerá de no tener más que un saber humano (av8Qw:n:Í. la más divi­ na de todas. Esta idea de «destello>> rosidad del Uno. Nic. significa que debemos tender a la inmortalidad. pp. Berlín Metafísica. 34. a en Platón (Fedro.76 Si Aristóteles supera el viejo escrú­ pulo. tiene el derecho y el deber de considerarse como es Espfr es no dice nada asf (sobre el elevadas» (ibid. xatá xeeinrov � 3 1 7).-M. «los poetas son grandes mentirosos». Ciertamente. es su principio regulador. XIII. y en el que se nos invita a «inmortalizamos».l en otra pane fondo común. por consiguiente. p. 76. 2. grados en la servidumbre y Aristóteles dir.

el alcance de una afirmación demasiado ra­ dical o demasiado osada.oi:p>). esta: «la asi­ milación a Dios en cuanto es posible al hombre» (In Porphyr. pero sólo «en la medida en que una cierta semejanza con el acto de Dios está presente en ellos (ecp. €cpá1t'te'tat). Pero la metafísica nos prohíbe admitir lo que el corazón del hombre desea. Aristóteles lo reencuentra. en toda la lilosoffa griega. 731b 32-33 (los vivos participan en la eternidad. pero sólo «tanto como pueden». 1 . fr. pero que podría indisponer a los dioses. Empédocles.tfj'tL. 83. 6E]ILtÓV. Ciertamente estos límites son imprecisos. CS decir. etc. ooov Of. la sucesión de las generaciones permite a los seres vivos «participar en lo eterno y lo divino». en su nivel propio.a 1:0 �uva. Se le reprochaba oficialmente haber inmortalizado (MavaT��ELV.. casi de la misma forma.. ill. «en la medida en que es dado al hombre participar en la inmortalidad»). límites que son esta vez más «técnicos» que religiosos o incluso éticos. en Clemente de Alejandría. E<J'tLV ecpr¡¡. . Así.v a9avaoí. xa. 12. 415b 5. 415a 29. 12. lo necesario.tov dneiv. Gen. xae' OV EVbÉX_E'tOL 'tQÓ1tOV). entre otras definiciones de la filosofía.teQÍ. Cada vez el filósofo añade: «tanto como es posible». X. Plotino. X. l ll7b 15-16. Po­ sidonio. en cuanto está permitido sin sacrilegio). en especial políticos. Q(JOV 'tO'Ü 'tÉAOU<. . Epicteto. El filósofo. Coloquios. estas acusaciones de impiedad no eran más que pretextos desti­ nados a enmascarar otros motivos de queja. sublunares de la inmortalidad.. dice al Metafísica. a quien él habla dedicado un himno. 2. . que reza a la Musa para que le haga oú su canto «en cuan­ to esté pem1itido a lOS OÍdOS mo1tales escucharlO» (WV 9ÉIW. 00� ecpLX'tÓV. Srrom. los hombres pueden acer­ carse a la felicidad. 14. o bien el. La expresión de este «escrúpulo» se vuelve a encontrar. en el momento mismo en que piensa haber conjurado el anti­ guo escrúpulo. 7 13e-714a (el político debe gobernar d i­ vinamente. como mayor razón. vv. xa9' ooov otóv 'tE a'Ü. su acción y su trabajo. 8 1 . incluso si no es más que infinitesimal. 129 (la meta del hombre es «una vida en la que se contempla la realidad y el orden del universo y en la que se concurre en cuanto es posible. lo divino y lo sublunar.. Rose) a su amigo Hermías. IV.tá 'tL 't'ij� 'tOLa'Ú'tTJ� tVEQyetac. . sabe que la separación entre Dios y el hombre. U. 501bc. 7. EV€<J'tLV»). más generalmente. que separa al hombre de Dios. cf.8' El hombre encuentra su placer en el acto que es siem­ pre. es radical. . en un nivel inferior. pero siempre presente: escrúpulo residual. cf.79 ('to 1)5éw� tVEQYEtV . del mismo modo que. Sobre los dos sentidos que recibe la expresión en el Ps. desde el final del siglo v.. Se sabe que Aristóteles escapará a un proceso de impiedad al final de su vida mediante la fuga. del mundo en que vivimos: la filosof ía no es más que una de las aproximaciones humanas y.196 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA PUENTE TRÁGICA 197 grados. es «aquel que lo sabe todo tanto como Pero estos limites de la filosofía no es posible (w� evotxe'taL)». es decir.óv. Contentarse con su condición sería para el hombre pereza. . Pero organizar lo humano y lo sublunar es una 80. toma un sentido específicamente aristotélico. 1máQXEL)».a. que ex­ presa por razones que no son sólo de oportunidad social o de con­ fonnismo religioso los comienzo de Ja � &úvavtat. pero. Cf. xaTa 1:0 �uvcrt6v. pero no basta quererlo para superarlo. circunscrito a un círculo más esttecho. choca de frente con Jos límites de. Amonio dará. aunque habría hecho bien en desconfiar de ella. a su cumplimiento»). 982a 9. !bid. Pero.-Dionisio el Areopagita (posi­ bilidad material.. que está toda entera presente en Dios. . pero ineli­ minable.rf. tradicional en su forma. son sino Límites del hombre y. exactamente de la manera en que el hombre «moderno>> <<toca madera» para atenuar. que expresa la distancia infinita. y siempre le es posible al hombre desplazarlos cada vez más lejos mediante su conocimiento. 6-7. VI. 4. Lo mejor. fr.. 9: oú nAéov t1e �QOT8Í11 ¡. Haría falta evidentemente un estudio especial sobre cada uno de estos tilósoi'Os para discernir en qué medida estas n.:stricciones no son más que maneras de hablar tradicionales o limitac iones filosólicalllcntc asumidas. 500cd. pero no por ello tiene un sentido menos preciso en Aristóteles. tmim. siempre que se habla de una asimilación del hom­ bre a Dios. todos la encuentran en la medida en que les es pos VI. Jsago�?en. una imitación del acto divino. 4. y ible. v. cosmológica­ mente circunscrito. 645. v. A. 00<. J 1 78b 26-27. 8. 11. 2.• En todos estos casos. m. OQúlQEV). 82. y creerlo seria desmesura.82 78. 176c (en todos los textos platónicos se trata del hombre vir­ tuoso que se hace semejante a Dios en cuanto es posible. ooov E:v iwi. que se da por verdadera. ecp. 29 (el hombre se eleva por encima de la naturaleza «tanto como sus fuerzas se lo perm iten»). de entrada. que Dios mismo es impotente para colmarla y que lo humanamente posible está. Nic.. [. Platón. 0 razones de «prudencia». Meta!f sica.83 Pero esta restxiccíón. 613a: T eereto. así como el acto de Dios es para sí mismo su propio fin. 1 s� Busse).!OLWJ.ll'JOÉ .. 1imeo. el acto humano no alcanza su fin más que en la medida en que es posible límites de la filosofía.78 Este escrúpulo de la prudencia puede que sea t tadicional. De anima II. n. República. 8. . ll. tcp' 4> 9' ócr tr¡. 383c. Ét. . Leyes. 1 («Todos los hombres tienden hacia la contemplación . . ooov �uvatov &v0Q<Í>1tq>). 79. por una especie de restricción que no debe ser sólo mental.. que es lo que quiere el hombre y hacia lo cual tiende el mundo. 90bc (nada falta al hombre sabio para volverse in­ mortal. «según lo que hay en nosotros de inmortalidad.80 Igualmente. 3.OLOLV &xo'ÚeLv) (fr. la restricción de la «prudencia» está bien lejos de no ser más que una manera de hablar tradicional: Aristóteles no quería sjn duda con e!Jo alejar la susceptibilidad de la Némesis y apenas debía te­ mer una posible acusación de impiedad.

Lo infinito en lo finito. el hombre está invitado a llevar a cabo en el interior de su condi­ ción mortal lo que él sabe. para esclarecer la inspiración profunda de aquélla mediante la elu­ cidación de una de sus consecuencias «éticas>> más significativas. 87. La acción sobre el azar. aquélla y. La filosofía sería sistemática si la estructura del mundo fuera totalmente necesaria. 85. no ción de un solo Motor. vtctona so­ bre el azar. es decir. pero siempre guiado por el horizonte de Jo trascenden­ te. y el A péndice de la presente obra. Lo sería si la metafísica de Aristóteles fuera de hecho lo que largo tiempo se ha creído que era: un sistema total del ser que reproduciría según una jerarquía sin fisuras la coherencia de un mundo unificado por l a mo- �el . Walzcr. encon­ u·ando en sus propios recursos el sustituto propiamente humano de una imposible eternidad. este «dios mortal». in­ mortalizándose pero sólo <<tanto como es posible». pues en el m­ terior del intelectualismo es por donde pasa la separación entre la iotelioencia de los inteligentes y la intelección de lo inteligible: allí dond a Nicómaco. del pensamiento teoría de la phrónesis no ocupa más que algunas páginas de la Ética «humano». no debía ser. se podría dudar entre las determinaciones que la tradición nos ha enseñado a disociar quizá demasiado rápido. 78-79. lOe. de la aproximación. pero defectuosa como el mundo en que tenía que eJercerse. Si fue moderno. Se puede lamentar que ral y que haya pensado la praxis sobre el modelo de la Aristóteles haya confundido a menudo acción técnica y acción mo­ aplica lo trascendente a la ma­ nera en que el filósofo platónico aplicaba a lo sensible el orden de las Ideas. aunque la No hemos tenido otra ambición que enlazar ésta con ( \ poíesis. Hemos visto que la oposición intelectualismo y del empirismo era aquí inadecuada. la imitación de una trascendencia inimitable son las perspectivas aparentemente contra­ dictorias que Aristóteles propone al hombre. guiado además por la sabiduría. Fr. no era ni un accesorio ni un accidente en la obra de Ar istóteles. utilizán­ dola contm ella misma. p. que no es un accidente ni de nuestro saber. es decir. esp. es decir. es decir lograda. Deplora. sin embargo. pero intelectualismo del juicio más que de la ciencia. de ambiciones desmesuradas. está presente en toda la obra de Aristóteles. fue­ sen cuales fuesen sus imperfecciones y sus omisiones. es decir.198 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES LA FUENTE TRÁGICA 199 tarea de suficiente magnitud para el hombre. el azru· amenazador en indeterminación propicia. convirtiendo la imprevisibilidad en abertu­ ra. Así pues. el progreso en el límite. ni del mundo mismo. al menos inmediatamente. devuelto a las tareas reales. 61. sin embargo. y que. . Al menos se le ha de reconocer el haber recordado que la acción mo­ ral era de entrada acción técnica. Pero Aristóteles choca con la experien­ cia de la contingencia. No volveremos sobre la solución. azar. pero que su filosofía efectiva se insta­ laba -y el hombre con ella. humanizándolo ya que no puede divinizarlo.84 Hemos intentado mostrar en otra obrass cómo Aristóteles resolvía por los hechos esta paradoja: el hombre es el ser de la mediación. el tema de la «prudencia». Creemos haber demostrado que la teoría moral de la prudencia. iotelectualismo. Ollé­ Laprune en su Essai sur la mora/e d'Aristote (1881). En otro lugar86 hemos mostrado que este era sin duda el ideal del filósofo. con la metafísica de Aristóteles. si bien no podía estar científicamente determinada -puesto que «del azar no hay dencia»-. l�ací� falta primero que la acción fuese acabada. 93. El Estagirita reencuentra así la antigua inquietud griega ante la imprevisibilidad del futuro y la precariedad de las cosas humanas.en la distancia que la separaba de este ideal. Si hubiera que cru·acterizar esta ética de la prudencia. sino que juega astutamente con la contingencia. si el éxito no era sinónimo de acción buena. insinuando en este mundo un Bien que no es de este mundo. para que pudiera ser calificada moralmente. 185-188. más me convenzo de que el defecto en cierta manera único de esta adEsta idea de límite no nos parece haber sido desprendida de Aristóteles -y sólo a propósho de la teoría de la fclicidnd- 86. por la contemplación lejana de lo divino: libera­ do de vanas esperanzas. pp. Le probleme de l'etre. Le probl?!me de /'erre. es decir. ésta no puede aplicarse. acción en y sobre el mun­ do. pues. lo fue por haber sabido dominar el azar de otro modo que no fuera a través de las oraciones. la moral de más que por L. 506-507. l o que considera una limitación: «Cuanto más examino la idea que Aristóteles se hacía de la felicidad. intelectualismo de los no 84. def�ctuosa sin dud�. la a similación a Dios en la absoluta separación. Cf. passim. que no puede realizar sin más por sí mismo. de un modo más general. que dto a este problema y que denominó prudencia. . del desvío. improvisada y sin principios. Aristóte­ límites� y les recurre a la primera. Rose. 6-8. por lo demás. y haciendo lo mismo consigo mismo. 497 ss . sino aquello por lo que hay en el mundo ac­ cidentes.

<da sab1duría diVIruza al hombre. Más adecuada quizá. Heidelberg. y la grandeza del hombre consis­ chorismos que mentaciones del coro de la tragedia y con una cierta resignación so­ crática y. pero no se puede pretender encontrarla totalmente. y una percepción caó­ lica. Sin embargo. Pero Aristóteles exalta al hombre sin divinizarlo.1 17). Jamas plenamente realtzado sobre la tierra.la oportunidad y el riesgo de la acción humana. La noc•ón de 1deal le lleva a un acercamiento entre el e�oo � de Aristóteles y la Idea kantiana (pp. Hacer de Aristóteles un trágico sería desconocer esta confianza en el hombre. Si todo estu­ viera claro. . o más bien que la· ética se constituye en la distan­ son la razón profunda de su prudencia especulativa. acordándose sin cesar de que no es más que un hombre. que haría Ja acción inútil. al prolongar mediante la prudencia la acción de una Providencia que faUa. un D10s demas1ado leJano. y a dejar el resto a los dioses. se la en­ cuentra a veces. sería la oposición entre el humanismo y lo trágic0. pero añade un poco más adelante: «La vida c�ntempl�tiva es rara. no habría nada que hacer. no se haría nada si no se su­ piera. pero que se mantiene a distancia como para no ser po­ seído. 228). 1 O 1. que Dios está más allá de las categorías éticas. pero sabe que la éti­ ca no es lo que hay de más elevado. 173). Por lo demás. que contrasta con las la­ te. que hada la acción imposible. lo que hay que hacer. �� hombre de Dios. es una idea. Entregado a sus solas fuerzas por .ss Hacer de Aristóteles un ilustrado sería desconocer lo que hay en él de religiosidad auténtica. . se le encierra por toda� partes en los límites (p.a a los límites de la existencia � ser deseado. y todavía queda por hacer Jo que no se puede saber. en su búsqueda. cf. en su acción. Pero los límjtes de la metafísica son el comienzo de la ética. la senta -al mismo tiempo que la reserva. Ollé-Laprune ex plicita así su interpretación: < <Puesto que las con­ diCIOnes puestas al hombre son lo que son. estoica. el hombre está expuesto en la región del mundo en que habi­ prudencia aristotélica repre­ verecundia. pero tender a ella es ya cornen r a po­ . 217-218): <<Para ambos [Aristóleles y Kant] e so­ berano bien. La metafísica nos enseña. 170). que hace que los resultados no sean jamás del todo previsibles. 272). inacabado. 184). Pero no podemos adherirnos a su in­ terpretación estrechamente «humanista>> de Aristótel es (pp. Sobre estas categorías aplicadas a la Antigüedad. 1953. aunque sea también anacrónica. en cierto modo. hace de él el centro de su ética. tiende sin cesar a ella. que el mundo sublunar es contingente. . pes r eguido sin cesar antes que poseído» (p.a seerla» (p.200 LA PRUDEJ�ClA EN ARISTÓTElES LA FUENTE TRÁGICA 201 racionalismo triunfante. Es la primera y la úl­ rer todo lo posible. . dios y. que es suficientemente visible como para cia q�1e separa ta a un azar que no puede dominar enteramente. 205). el buscar la fclic1dad «en los limites de la existencia presente» actual>> (p.� la experiencia propiamente humana de lo que Ollé-Laprune denomina un poco pero aquí mismo» (p. Se pretende que encuentre aquf l antes el «cielo»? 88. y con los materiales de los que no se es dueño cada uno hace lo que puede>> (p. y el azar residual de la acción. pero las circunstancias son lo que pueden ser. O más bien la vida del hombre se mueve entre dos azares: el Azar fundamental del namirable c�ncepció 1 es el estar restringid. parece más sensible a la significación positiva de esta i d ea· él resume así el pensamiento de Aristóteles: «Se pretende que el hombre sea casi u1 . Weinstock. un ideal antes que . una realidad . Die Tragodie des Humanismus. O· como d1ce tamb•én. 1 1 . 281) (la c�r:-•va es nuestra). A medio camino entre un saber absoluto. la felicidad en su plenirud es un ideal: se su c�elo» �e la e�s�e?cia presente. es decir. que hace que la buena naturaleza no esté igualmente re­ partida. Pero el azar del nacimiento es el azar residual de la acción divina. del saber. pero solamente lo posible. Pero esta búsqueda del infinito en la tinitud ¿acaso no e. en 1� co�dición en que está el hombre. en empujar lo más posible los limites de lo imprevisible y de lo inhumano. en contra de su voluntad. tima palabra de ese humanismo trágico que invita al hombre a que­ \ (p. esa intuición de la trascendencia y del cimiento. avant la lettre.

APÉNDICES \ .

APÉNDICE 1 SOBRE LA AMISTAD EN ARISTÓTELES 1
'Q f)eo� OU "tOLOÍhO� 0�0� 08L00<ll q>tf..O'Ü.

Ét. Eud., vn, L2, 1245b 14
No tenemos la intención de recordar aquí los análisis clásicos de la Éti­ Eudemo y de la Ética a Nic6maco, sino de poner de relieve ciertas paradojas sobre la amistad, reconocidas como tales por el propio Aristóte­ les, y cuya so.lución no puede ser buscada, nos parece, más que en una re­ tlex.ión más general sobre la antrópología aristotélica. Se sabe que Aristóteles completa su análisis teórico mediante una es­ pecie de casuística de la �mistad, donde se analizan toda clase de conflic­ tos entre deberes: por ejemplo, ¿se debe uno a un amigo antes que a un hombre virtuoso? ¿Hay que permanecer fiel a un amigo que nos decepcio­ na, sea porque ha cambiado, sea porque nos hayamos equivocado al juz­ garlo? {IX, 2 y 3).2 No podemos dejar de sospechar que Aristóteles hab(a conocido desgarramientos de este género: la búsqueda del Bien, nos dice, se vuelve difícil por el becho de que «son amigos nuestros Jos que han in­ troducido la doctrina de las Ideas»; pero «Si los amigos y la verdad nos son igualmente queridos, es a la verdad a la que hay que dar la preferencia»
ca a el V1ll Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa (Tou!ouse, 1956) y publicada en las A ctas del Congreso (L'lwrmne et son prochain, PUF, París, 1956,
nos parece que ilumina las teorías de la ética y de la metafísica aristotélica y confir­ ma con ello ciertos análisjs de la presente obra.
,

l.

Reproducimos aquí con algunas adiciones una comunicación presentada ante

pp. 25 1-254). Este texto no aborda más que un aspecto de la teoría de la amistad, pero
tad en Aristóteles, cf. f malrnente A. J.

losophi e grecque d'Aristote a Panétius, París, 1961, pp. 37-63 y 180-181. 2. Salvo ind icación en contra, las referencias remiten a la Ética a Nicómaco.

Sobre el problema general de la amis­ V oelke Les rapport� avec autrui dans la phi­

206

APÉNDICES

SOBRE

LA

AMISTAD EN ARISTÓTELES

207

La amistad humana encierra, pues, en su definición una imperfección que se podría llamar esencial. Pero ¿exjsten amistades que no sean las humanas? Cua�do delimita la extensión del concepto al comienzo del li­ bro VIU de la Etica a Nicómaco, Aristóteles comienza por eliminar todas las formas no humanas de amistad, entre otras aquella Amistad o, al contrario aquella Discordia «físicas» de las cuales Empédocles y Demócrito había hecho la causa que constituye las cosas. No mucho más se extenderá Aris­ tót�les en la amistad entre animales, fonna derivada y analógica de una am1stad que se encuentra «sobre todo en los hombres». Humana en su ori­ jeto: no puede, como hemos visto, d �e�, la amistad lo es también en su ob i­ _ ngirse a Dios, pero tampoco a objetos inanimados, a animales o a esclavos (1 16lb 1); el sentido de este último rasgo se ilumina cuando Aristóteles aña-

amtstad pef ecta se destruye a sí misma. r

(J 096a 13). Amicus Plalo, magis amiga veritas: si Aristóteles fue el filóso­ fo de la amistad, es también aquel que, primero en su vida, reconoció con alguna solemnidad sus Límites. Se podría pensar que este género de conflictos conciernen a amistades imperfectas o fundadas sobre algún malentendido. Pero un análisis más aten­ to mostrará que la contradicción no está ausente de la esencia misma de la amis ad. Aristóteles, retomando la tesis de Empédocles según la cual Jo semeJanl'e ama lo semejante ( 1 155b 7), ha caracterizado más precisamente . la a!Dlstad como una igualdad entre amigos (1 157b 36). O, al menos si to­ lera una cierta des gualdad, es a condición de compensarla con la prop rción: «En todas las anlJStades en las que interviene un elemento de superioridad hay q �e amar según la .ley de la proporción; por ejemplo, es necesario que el meJor sea amado más de lo que él ama» ( 1 158b 23). Pero si la superiori­ dad de uno de los dos tém1inos es tal que ya no hay común medida entre Jos dos, la amistad se hace imposible: es lo que se produciría con un «ser com­ pletamente separado de nosotros, por ejemplo Dios» ( 1 159a 5).3 La dificul­ tad tendría un interés teórico si se limitara a constatar la tra scendencia de Dios; pe•o afecta a la esencia misma de la amistad, si es verdad que la amis­ : tad con�lS�e en «querer el bien del amigo». Pues ¿podríamos entonces sin c?ntradJcc•ón «querer p a nuestros amigos el mayor de los bienes, por � eJemplo, que se vuelvan diOses»? (1 159a 6). Es el destino trágico de la amis­ tad esear para el amigo un bien tanto mayor cuanto más pura es la amistad y, sm embargo, no poder subsistir m� ís que si «el amigo sigue siendo tal com? era»: ni Dios, ni sabio siquiera, sino simplemente hombre. La Mlis­ tad t•ende a �gota rse en la trascendencia misma que desea; en el límite, la .

¿

de que «la amistad no puede dirigirse al esclavo en cuanto esclavo, sino so­ lamente en cuanto hombre» (1 16lb 5-6). En cuanto experiencia y valor propiamente humanos, ¿tiene la amistad todavía un sentido para Dios y, sobre todo, para el sabio? Lo propio del s en efecto «bastarse a sí mismo» ( 1 176b 5), ser en el grado más ele­ sabio e vado autárquico (1 L77b 1), en lo cual se diferencia del hombre justo que «tiene necesidad de gente respecto de la cual manifestar su justicia>> (l l77a 30). ¿Habrá, pues, que hacer del sabio un solitario? Tal sería en efecto el resultado lógico de los análisis sobre La sabiduría, pero a Aristóteles le re­ pugna esta consecuencia y multiplica los argumentos para evitarla. No hace falta recordar, tal como hace, que el hombre es un «ser politice» ( 1 169b 18); pues el sabio «ya no vive en tanto que hombre, sino en tanto que hay en él algo de divino» ( 1 l77b 27), y ya se sabe que los dioses pueden prescindir de las ciudades (Polüica, I, 2, 1253a 27). Pero la argumentación de Aristó­ teles se vuelve más sutil: la felicidad no existe más que en acto; manifies­ ta, pues, por sí misma un exceso que tiende a extenderse sobre los demás ( 1 169b 29). En fm, si la existencia (que, precisa Aristóteles, se confunde con la conciencia de la existencia) es un bien por s.í misma, el placer que sacamos de ella será multiplicado por la parte que tendremos, gracias a la comunicación, en la conciencia que nuestro aruigo tenga de su propia exis­ tencia ( 1 170b l 0). Finalmente, tal como insisten Magna Moralia y la Ética a Eudemo, la aporía sobre las anústades del sabio se basa en una falsa analogía entre la spirar (Magna Mora­ autarqufa divina y aquella a la que el hombre puede a tia, rr, 15, 12 12b 34). No se puede a partir de Dios inferir al hombre ni a partir del hombre a Dios. Se puede decir ciertamente que la felicidad de Dios, como la del sabio, es una felicidad en acto, y no una felicidad de inacción y sueño. «De ahí se sigue,_se dirá, que Dios contemplará alguna cosa, pues es esa la ocupación más noble y apropiada. Pero entonces, ¿qué contemplará? Pues, si contempla un objeto exterior, deberá ser algo mejor que él mismo. Pero es absurdo pensar que pueda haber algo mejor que Dios. Se contem­ plará, pues, a sí mismo» (Magna Moralia, 1 2 1 2b 39). Se reconoce aquí, introducido a propósito de una discusión sobre la amistad, el tema del Pen­ samiento que se piensa a sí mismo. Pero esta consecuencia es juzgada aqui «absurda», al menos si se pretende sacar de ella un argumento para el hom­ bre, pues «el hombre que pasara su tiempo examinándose a sí mismo sería ul:L!kfl>�)» (ibid., l213a 5)." tachado de insensibilidad (<Í>r; &vmo0rp:cp b una critica de la teoría del pensamiento menos una alusión a dicha crtica que quedarfa aquí . Jaeger saca de aqui un argumento de más contra la autenticidad de sin respuesta. W je traicionaría la incapacidad Magna M01·alia, al revés que H. von Amim: este pasa
merosos comentarios. Se

\

4.

je de Este pasa

Magna Moralia (II, 15, l212b 33-12J3a 7) ha suscitado nu­

ha

visto, en efecto,

El sabio es, sin embargo, llamado por Aristóteles EleocptA.úncn;()c:; (fír. Nic., X, 9 1 179a 24, 30). Pero el contexto muestra que Aristóteles expone aq11( 1111 p;wo � de VISta popular, que no hace enteramente suyo (cf. supra, pp. 91-93 y ()<, %).

3.

que se piensa a sí mismo, o al

í

,

208
La condición

APÉNDICES

SOBRE LA ANUSTAD EN AJUSTÓTELES

209

hwnana, en efecto, es tal que el conocimiento de sí es iluso­ rio, y se vuelve autocomplacencia si no pasa por la mediación del otro: «No podemos contemplarnos a nosotros mismos a partir de nosotros mismos . . . Así como, cuando queremos contemplar nuestro rostro, lo hacemos mirán­ donos en un espejo, igualmente, cuando queremos conocemos a nosotros mismos, nos conocemos viéndonos en un antigo. Pues el amigo, decimos, es otro yo» (ibid., 1213a LS-24). El pasaje paralelo de la Ética a Eudemo concluirá con el sentido profundo de este análisis: «Del hecho de que Dios es tal que no tiene necesidad de amigos concluimos que pasa lo mismo con el hombre semejante a Dios. Pero entonces, si se sigue este razonamiento, habrá que decir que el valeroso (03totH3aí:o�) ni siquiera piensa; pues no es en el pensamiento donde reside la perfección de Dios: Dios es super ior a un pensamiento que fuera pensamiento de otra cosa -a menos que se piense a sí mismo-; la causa es que, para nosotros, el bien implica una re/.ación al otro, mientras que Dios es para sí mismo su propio bien (aLl:LOv &' ou �¡.tL 'V ¡.tev TO (>-() xae· ihcQOV, exd.v<¡> M. a:trto¡;; avwii TO EV eo·tiv)» (VII, 12, l245b 14-19).
de su autor para defender a Aristóteles cootra el reproche que le habría sido dirigido desde el interior mismo de .su escuela (On the Origin. and Cycle, p. 448, n. 1 , 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa aotigüedad de 1a obra, ve en ella, por el contrruio, la crítica avant La

rionnente (Magna M01·alia, pp.

men en los círculos de la Academ ia.

y

que Aristóteles no adoptaría más que poste­

lettre de una doctrina ya en ger­ É t.
Eud.) es exacta, no hay

467-470). Pero si nuestra interpretación (confirmada

por Jo demás por el texto que citamos más abajo de la contradicción 11inguna entre Magna

Moralia, U, 15, y la doctrina bien conocida de

iculiza» aquí (según la expresión de P. Merlan, Studies in por Magna Moralia «rid Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que

Meta f í sica, A, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece)

se piensa a

sí mismo, sino el modo de pensamiento antropomór­
en ())

Lo que es autarquía en Dios sería enfermedad, autismo, «esquizofrenia»

fico que pretendería proponer el ejemplo divino a la imitación inmediata del hombre.
ser.

Estos textos arrojan, según parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teología y la ant ro­ pología. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razón de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imi­ tación activa de lo divino. Pero Jos medios de realizar estos fines son evi­ dentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intención y del acto. Esta unidad, esta «autosuficiencia», or iginaria s de la esencia d ivina, el hombre sólo puede alcanzarlas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediación. Así, es necesario que el hombre tenga antigos, ya que no puede conocerse y reali­ zar su propio bien má� que a través de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sust ituto impe1fecto de la autarquía divina, igual que el pen­ samiento d iscursivo es un sustituto de la contemplación de sí ntismo (Dios, en este sentido, no «piensa>>) y que la virtud es un sustituto de una sabidu­ ría más que humana (pues «Dios es mejor que la virtud», Magna Moralia, 1200b 14, cf. Ét. Nic., VII, 1, 1 145a 26). Pero hablar de sust itutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitución mediante la cual el hombre, como Aristóteles lo dice de su arte, «imita y acaba>> lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. Así desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relación a Dios, la amis­ tad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones d ivinas: al susti­ tuir la contingencia del tfncuentro por la inteligibilidad de la elección refle­ xionada, ésta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta él. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvío, lo que en Dios es unidad subsis­ ente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la gran­ t deza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cómo, en Aristóteles, una teología de la trascendencia se degrada, pero también encuentra su acabamiento, en una antropología de la mediación.

hom· por

bre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede cesariamente inadecuada de uo atributo positivo de Dios. M. Merlan cita oportunamente a propósito Jos versos de Clemens Brentano samiento de sí mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. . . . . . ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco «romántica» de Aristóteles, esta ó¡.w�ó·ut¡;. (Magna Moralia, 1212b 34) representaría para el hombre

una inversión audaz (que anuncia la teología negativa) transmutada en expr.;si1�n ne­

venscher M!isik, lil), que asocian también el tema de l a insensibilidad y

(op. l'it., p. 90) (Nachklii11gr• 111'1'1/w­
l'l
{j(•l pen­

una caíd:t \'11 In illi11Ht1Uno.

�X tll\l Ot!O'il

Estas conclusiones parecerán negativas. como otras docttínas aristotélicas. gr. y la tradición me<lieval no volverá a encontrar En el universo estoico.es i'm:Lm� fJ. Pues éste vcfa en la moral del ?Ga0fí%ov no una sabiduría de segunda. IIL. estoica se traduce generalmente por «prudencia». la phrónesis parece designar aquí.. objeto de la prudencia. Cicerón (De o fficiis.• ed. sino la única forma concebible de moralidad. no hace falta asombrarse de ello: la prudencia aristotélica. traicionan un conocimiento de las obras esotéricas de Atistóteles). Locutiones Genesis. y ciertos intérpretes no han dudado en compararlas (cf. sino sólo para una. enim in graeco scriptum est. una supervivencia de la oposición entre la sabiduría Y. infiere paradójicamente la superioridad de la vida práctica sobre la vida contemplativa. ni la división del alma razonable en una parte la prudencia aristotélica se encuentra aquí: ni la oposición de la <pQÓVl'jOL<. Jenofonte. podría hacer creer en una filiación entre la phrónesis aristotélica y la phrónesis estoica. Bréhier. la oposición entre la prudencia y la sabiduría no tiene posteridad ninguna en los siglos inmediatamente poste­ riores (se puede asegurar que los primeros textos que hacen clara alusión a ella. o bien de un prés­ tamo a la terminología (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. 288-289). estaba vinculada a la distinción entre lo necesario y lo contingente. como en Aristóteles.'rJ wv JtOLTp:éov ?Gat oiJ JtOLYJ'tÉov ?Gat o1J6e'tÉQWV � emO't�fJ. . ni la distinción entre un bien absoluto. Philologus. «La cobérence de la morale stoi"cienne». VIl[). Ét. que se encuentra en un texto de Estobeo (Eglo gae. De o fficiis.YJ.1 6. p.LA ·�PHRÓNESIS» EN LOS ESTOICOS 211 Sin embargo. etc. 1 1 . el mundo divino y el mundo sublunar. a la oo<pta. 2.. Ciertamente. de manera que el descubrimiento de lo conveniente no habría podido ser opuesto por él a una sabiduría que fuera ciencia del bien absoluto (en sentido contrario: Rodier. De virtute morali. Cicerón. l. Chrysippe.). dé Phi/. Pero estos autores no justifican esta distinción mediante argumentos de inspira­ ción auténticamente ruisotélica: t así. 5bs. Ninguno de los rasgos específicos de que es para Aristóteles del orden de la oósa. la unidad de la teoría y de la práctica. Pero sólo prueban en todo caso que. 19. y un bien para el hombre. Véase la nota al comienzo de la obra. de la cual la pruden­ cia sería la virtud propia. del saber y de la virtud.. 153) previene que hay que . ni la atribu­ 1 5. que es la úni­ ca que según él es EnW"OÍtJ. Cicerón asimila generalmente el prudens y el sapiens (el'. pero este rasgo gcueral y común traiciona todo lo más una común paternidad socrá­ tica (cf. 4). Tratándose de los estoicos. también Epicuro. animado en todas sus partes por un mismo l6gos. non oo<p<Í>­ 'tO'tO�» (Locutiones in Heptateuchum I. y nos recuer­ da con eUo nuestros deberes sociales. De hecho. las diferencias entre la doctrina ruístotélica y l a s definiciones estoicas de la phrónesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. 5. y que era en Aristóteles lo contingente. IT. hay algunos textos que pockían hacer suponer.ÓYtm:o¡. o de una simple referencia al uso popular (cf. la pru?encia Así. que Philippson («Das Sittlicb­ scbt>ne bei Panaitios».. 9. la polémica Teofrasto-Dicearco). dt�trn�lUr entre la prudentia «quac est rerum expetendarum fugiendarumque scJentta» y la sapientia «quac est rerum divinarum et humanarum scientia». 43. como Plutarco. no había lugar para dos virtudes intelectuales. 262). la phr6nesis -una de las cuatro virtudes «cardinales». que se remonta a Cicerón. Wachsmuth). Y san Agustín lamentará que se califique de sapientissimus a la serpiente del Génesis: «<pQOVLtJ. sustituto humano de una sabi­ duría demasiado elevada para nuestro mundo. 132). objeto de la sabidur ía. * <<científica» y una parte «opinativa» o «deliberativa». No se ha de ver tampoco una intluencia aristotélica en la def inición de la phr6nesis como -coii ?Ga0�%0V'tO� cUQEOL<. a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudenti a. pp. Memor. en la tra­ dición postaristotélica. Según una definición que se remonta sin duda a Crisipo.'YJ &yaewv xal %0%WV %0L OUOEtÉQWV (SVF. 236). que fuera coincidencia con el Lógos universal. APÉNDICE 2 LA PHRÓNESIS EN LOS ESTOICOS* La <pQÓVllOL<. 1930) remite con razón a Panecio. Carta a Meneceo. puesto que la sapíentía nos reve­ la una relación de comunidad enlTe Jos hombres y los dioses. En rea­ Lidad. Se tratará aquí. sin duda la más importante. Esta traducción. más que tardíamente el sentido aristotélico de una prudenria que en la lista fficiis de san de las virtudes cardinales que acreditó definitivamente el De o Ambrosio no era otro que la phrónesis estoica. ción a la prudencia de un campo distinto del de la sabiduría. ill. l.. p.

p. Kant no habla de reglas «técnicas» o «práctico-técnicas» (que corresponden a «imperativos hipo­ téticos» de los escritos ét icos) más que para mostrar que no dependen propiamente de la filosofía práctica. 228 y 230 nota. los imperativos hipotéticos y sobre todo las proposiciones que los expresan deben tener un estatuto. que es la política. 1966. Citamos las tres Crfticas según la paginación de la edición original. la totalidad de los preceptos morales. incluso si una y otra deben ser subordinadas a la «cultura moral». 82 (1973). a nuestro jui­ cio. 2. pp. Crítica de la razón práctica. en el Curso de lógica publ. al menos indirectamente. París. 429-450. J . sin embargo. . Finalmente.icado por Jaesche. sino que son simplemente «conse­ cuencias de proposiciones teóricas». por ser moralmente neutras. Londres. no dependen de lo que hay que entender en sentido estricto por fLlosofía prác­ tica. bajo ciertas condiciones. pp. en lo sucesivo. el estudio lógico de G. Cf. traducidas al francés por A. Philosophical Revíew.LA PRUDENCIA EN KANT 213 APÉNDICE 3 LA PRUDENCIA EN KANT * La doctrina kantiana de los imperativos hipotéticos sólo ha merecido superficialmente. l . nos han sido legados pot las fl1osofías anteriores. 1 1 3-128. ni tao siquiera la mayo­ ría de las veces. Philonenko bajo el tirulo Ré flexions sur l'Éducation. sea porque pudiera establecerse legítimamente. El reproche dirigido explícitamente por Kant a los epicúreos de haber confundido «moralidad» y «prudencia)) s valdría. del Apén­ dice a la Introducción titulado «De la diferencia entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico». más precisamente -según el título de la obra de 1798. el hecho de que este estatuto parezca ambiguo obliga al deber suplementario de claVéase la nota al comienzo de la obra. Por una parte. El estudio de estas conductas dependerá entonces. por lo demás extensamen­ te. Publicadas por Rink en 1803. si no de la mo­ ral. en el opúsculo Sobre el lugar común: esto puede ser bueno en teoría.2 Nos parece. 5. incluso si debe ser purificado de toda contaminación en su es­ tablecimiento y formulación. sea porque hubiera un conflicto entre el uno y las otras. (A para la l. 237-252.1 La razón de esta discreción es evidente. para el ser razonable pero finito que somos. la habilidad y la prudencia. según el imperativo de la moralidad. y Kant no reniega d e esta tarea: el estatuto lógico y epistemoló­ gico de las proposiciones técnico-práct icas es examinado sobre todo en las lecciones de Lógica/ en la Introducción a la Crítica del juicio y. 4.. no interfiriera de un modo u otro con los im­ perativos más ordinariamente determinantes de la habilidad y de la pruden­ cia. <<The Hypo­ thetical lmperative». Pero ante todo el hombre en su vida concreta no se determina sólo. 56 (1966). 1947. Pero el estudio de los imperativos hipotéticos presenta. que. �· rificarlo. Como. al menos de la antropología. «Die logischen Formen praktiscber Satze in Kants Ethik». Distinguiremos más precisamente. es decir. En los escritos consagrados a la filosofía práctica. no son por ello menos dignas de ser Jegitimamente desarrolladas."). 1 1 . el imperativo categórico. Y en la Introducción a la Crítica del juicio (en la pr imera redacción tanto como en la segunda). para mostrar en qué no son imperativos de la moralidad. otro interés.4 Kant se preocupe de la cultura «escolástica» de la habilidad y de la cultura «pr ágmática» de la prudencia. al parecer. en 1800. sino según los impe­ rativos «técnicos» de la habilidad y los imperativos «pragmáticos» de la prudencia. mediante algunas explicaciones complementarias. donde se trata de dividir el «sistema de la filo­ sofía» en filosofía teórica y filosofía práctica. no extrañará que en sus lecciones de Pedagogía. Kant es consciente de ser el primer filósofo en reconocer el carácter «categórico» del mandamiento mediante el cual se expresa para el hombre la ley moral. 1963'. por otra parte. Se tr ata. confirma la regla según la cual no se ha de hablar de imperativos hipotéticos más que para destacar por oposición la especificidad del imperativo categórico. Kant sólo habla de los imperativos hipotéticos. la terminología de la primera y de la segunda redacción de esta Introducción. sería in­ verosímil que. y por lo tanto «corolarios de la filo­ sofía teórica». Kant-Studien. A partir de aquí. una conexión positiva. pp. sin em­ bargo. que el estudio de los imperativos hipotéticos presenta un doble interés. 3. 200. la atención de los intérpretes. pero no vale nada para la práctica (1793). y en particular bajo la especie de los «consejos de la prudencia»." y B para la 2. Patzi g. Pa­ ton en su libro sobre The Categorial lmperative. 158. es legítimo subsumir bajo el gé­ nero de los imperativos hipotéticos. El desarrollo atento consagrado a los imperativos hipotéticos por H. Veremos que esta cuestión se planteará inevitablemente a Kant a propósito de un tipo de acción que se encuentra precisamente en el punto de encuentro entre el arte y la moral. sea cual fuere su justificación aparentemente divergent e en las diversas doctri­ nas. pp. Hill. y Thomas E.de una Antropología en sentido pragmático.

p. Furulame11taci6n. 1 14. § 1. por ejemplo. Crítica de la razón práctica. que el Kant muestra incluso. A decir verdad. en cuanto éstos son contemplados desde el punto de vista de la relación . tal como la expone la segunda sección física de las coslumbres (1785). el imperativo hipotético es indigno de una voluntad santa a la vez porque es un imperativo y por­ á que la <<teología>> kantiana excluye ya por ello la idea que es hipotético. op. de tal o cual ser razonable. y factor de heteronomia. pp. incluso cuan­ ecta no está nunca distr rf do no son morales y que. prudentia). la determinación de la voluntad por la razón toma la forma de una obligación. nuestro estudio «Kant et l'épicurisme>>. es decir. Los estoicos. Wiesbaden. Paton. tam­ ica. Si la acción que ordena el imperativo no es buena más que como medio para alguna ou-a cosa. 220. W den. p. 124. Cf. Crítica de la razón prácti­ es una «regla para un ser en el que la razón no es el único ca. La expresión de esta obligación se denomina imperativo. no puede haber imperativo hipotético. si es representada como buena en sí. Para la crítica kantiana de la moral epicúrea. la Lógica da una definición puramente «lógica» del imperativo que uo tiene en cuen­ ivo hay ta el género de seres en los cuales se encuentra: «Bajo el nombre de imperat que entender toda proposición que expresa una acción libre posible mediante la cual erke in sechs Biin· un cierto fin debe ser realizado>> (l"in de la lmroducción en Kant. según pr de determinar la voluntad. Actas del Vlll Congreso de la Asociación G. la voluntad humana». J 969. de un Dios <<mecánico>> y «calculador» como lo era el D . el imperativo significa que las acciones que manda son «necesarias objetivamente>>. sino sobre el principio racional de la pelfección. es decir. Fundamerrtación. cf. nota). parte l. no tiene necesidad de que se le imponga la ne­ cesidad de los mismos mediante imperativos. el imperativo es categórico. tanto más cuanto que el lector podría estar tentado de con­ ciliada en tal o cual punto con la filosofía práctica de Kant y. no son una de ellas más que en apariencia. puesto que sitúa la moralidad no en ínseca de la voluntad. la cual pre­ supone que una voluntad pe aída de sus fines. La distinción de ico y de lo hipotético.7 Se com­ ivo válido para la voluntad divina y en prende por ello que no hay «imperat general para una volunta santa». el imperativo es hipotético. si está bién «De los móviles de la razón pur permitido <Ulticipar sobre el amílisis de Kant. 175-177.6 A partir de ahí se pue­ de pensar que. pero estas acciones no son por ello menos «subjetivamente contingentes»: si no lo fueran. en el pasaje citado de la Crítica de la razón prácti concepto de perfección enfocado en su «significación práctica» implica el de la fe­ licidad (p. D a práctica». libro l. la razón se constituye en razón práctica. que Kant parece a veces presentar como una ex­ cepción. con ello. escolio ll. el hecho de que una voluntad santa no sea dependiente de inclinaciones excluye que sea determinada por «intere­ ses>> (cf. 70). Esta última observación vale en particular para la doctrina kantiana de la prudencia (Klagheit. m. Pero hay que distinguir aquel caso en el que la razón determina ella sola la voluntad y aquel en el que las representaciones racionales entran en con­ currencia con otros móviJes. o intentar llenar. Por el contrario. Kant sitúa de hecho la especulación ética de Occidente en su propio «System der Sittlichkeit». sino en la elección correcta de los medios con la bondad intr t (cf. p. Fundamentación de La meta Delbos. el imperativo sería superfluo. de contaminar el concepto de ésta. el ser razonable es el único que actúa i ncipios. en el de la Fundamentación de la mew marco de un análisis general de los imperativos. 293-303. Dicho de otra manera. t. 36: el imperativo ' principio determinante de la voluntad» (pane r. la santidad se define en Kant por la coincidencia entre la voluntad y la ley moral (cf. la distancia entre lo que la razón reconoce objetivamente como necesario y las disposiciones subjetivas de la voluntad. Por su capacidad según representación de leyes. (Esto hace inútil la explicación de H. p. Pero inme- pp. que expresa la oposición entre lo incondi­ lo categór cionado y lo condicionado. aun empírico de la f si la elección de la perfección como principio determü1ante de la voluntad deja in­ tactos los rasgos de la moralidad. a través de la doctrina de los imperativos hipotéticos. J. y únicamente en él. márgenes en los que deberá ser firmemen­ te mantenida. o más exactamente la localiza en los márgenes de su pro­ pia definición de la moralidad. 146-151). p. está tomada de la tabla de los juicios. Mientras que todo en la na­ turaleza actúa de acuerdo con leyes. pp. no se ve de entrada lo que dispensa una voluntad santa (de la cual la voluntad divina no es más que un caso particular) de es­ tar sometida a los imperativos hipotéticos. cf. trad. cit. fr. no resulta por ello menos que este principio es un principio material. más que para llenar. el cual ordena precisamente bajo la condición de un interés. fr.8 El imperativo no in­ terviene. 7. allí donde no hay interés. Se advertir ios de Leibniz. un ser razonable pero fi­ nito puede siempre desobedecer a un imperativo. tenga fundamentos suficientes para establecer a propósito de la misma una comparación más sutil que la que Kant se con­ tenta de instituir en general. Kant agmdcce a los estoicos haber fundado la moral no sobre el principio elicidad. sin relación a nn fin distinto de ella misma. tratándo­ se de doctrinas históricamente asignables y a veces reconocibles por la terminología empleada. donde la crítica parece apuntar a la vez a Wolff y los estoicos). pues. ahora bien. de manera que. Budé. de teorema lV. 8. En realidad. 5 1 7-5l8). 1 958. 124. . trad. Pero. vistas a un fin exterior a la volunad física de las costumbres. de Platón a Wolff inclusive. que son las inclinaciones sensibles. el texto de la Fun­ sica de las costumbres introduce la distinción en­ damentación de la metafí tre imperativos hipotéticos e imperativo categórico. París.) Dicho de otra manera. por lo tanto.214 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 215 contra el conjw1to de la tradición moral de Occidente. Esto no impide que el intérprete. «Explicación>>). para una voluntad en la que el querer y la ley coincidirían sin disociación posible. Los imperativos son «fórmulas que expresan la rela­ ción de leyes objetjvas del querer en general con la imperfección subjeliva 6. ca. Crítica de la razón práct ialéctica. En el segundo caso. de Delbos. Solamente después de estas explicaciones generales. pp.

que va a llevarle a una tripartición de los imperativos. lo cual incluye tanto la acción técnica como la acción moral. en �l segun­ el imperativo será «un pr do un «principio asertóricamente práctico». fr.216 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 217 diatamente después Kant introduce el punto de vista de la modalidad. no es este punto el que interesa a Kant. como. no se puede discernir ninguna unidad racional: haría f alta ser omnisciente para dominar lo que no es sino una tota­ lidad empír ica cuya unidad. Desde el punto de vista de la moralidad. l a felicidad: la prudencia es «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra propia felici­ dad (zum eigenen Wohlsein)». f elicidad. por lo tanto. 9. la expresión «bienestar» nos parece aquí demasiado débil . la cual es. ». sino sólo de lo que hay que hacer para alcanzarlo» (p. los dos ejemplos de «habilidad» que da Kant (las prescripciones que debe seguir un médico para curar a su enfermo y aque­ llas que debe seguir el envenenador para mata:lo) tienden a es�ablecer que _ la habilidad en cuanto tal es perfectamente mdtferente a la cua1Jdad del hn: «No se trata de que el tin sea razonable y bueno. depende de una facticidad fundamental que impide atribuir a los imperativos de la pru­ dencia una modalidad que no sea la asertór ica. «que declara la acción objetivamente necesana en ella m1sma». El fin con vistas al cual ordena un imperativo hipotético puede ser posible o real: en el primer caso. sino asertór icos. Al comienzo de la De<lucción trascendental (Crítica de la razón pura. La hab1hdad no consJste ru en hacer que suceda lo que de todas maneras tendr ía que suceder según las leyes de la naturaleza. Kant habla de esos «conceptos usurpados. El �rimer �aso es el de los imperativos de habilidad. a pesar del deseo de todo hombre de llegar a ser feliz. Pues «el concepto de la felicidad es un concep­ to tan indeterminado que. por lo demás «usurpada>> si se pretende elevar­ la al concepto. sino también demos­ trable a partir de la «esencia>> del hombre. nadie puede decir nunca en términos precisos y coherentes lo que ver­ daderamente desea y quiere» (p. que el fin con relación a1 cual ordena la habilidad es un fin que es y permanece contingente para la voluntad: incluso cuando ha sido escogido. No hay contradac­ ción entre este texto y el del «Canon de la razón pura» (A 800. al menos lógica. nos dice Kant. 131). B 828). es un «principio apodícticamente práctico}> (p. La habilidad ordena. 126). P. górico. para un ser razonable y finito. su carácter asertórico no confiere a la prudencia ningún privilegio por referencia a la habilidad. que. a pesar de circular tolerados por casi todo el mundo. que nos elevaría de lo inde­ terminado a lo determinado. sin embargo. por una parte. Kant se ceñía a dar un sentido más riguroso a la «posibilidad» del f rn: es una meta «posible» para una voluntad «todo lo que no es posible más �u� yor l�s fuerzas de un ser razonable» (p. esta imbricación en el hombre de la razón y de la sensibilidad. con miras a un fin «posible». si se puede comprender que un ser a la vez razonable y sensible busque necesariamente la felicidad. sirve para unificar todos los fines que nos proponen nuestras incLinaciones en uno solo. 126). y.9 Retengamos. pero era pasar de una posJblhdad lo­ gica (la única que estamos discutiendo en la distinción de modalidades) a una posibilidad real: es lo que. sin duda porque la cuestJón de saber m es realizable o no depende de la teoría y no de la práctica. � y eslrechamente ligada a un sentimiento físico." no es más que la de un «ideal de la imaginación» (p. incipio problemáticamente práctic�». cuyos imperativos no son proble­ máticos. puesto que la felicidad no es otra cosa que la unidad requerida por la razón de las in­ clinaciones de la sensibilidad. 127). se trata de un fin que pemlane­ ce indiferente tanto a la esencia de la voluntad como a su situación natural. 1 28 trad. La razón es que en la multiplicidad infinita de los elementos empíricos que pueden contr ibuir a procurarnos el sentimiento subjetivo de felicidad. es susceptible de ser realizado. por ejemplo. W nónimo de Glückseligkeit. . no basta para elevar el imperativo de la pru­ dencia al nivel de la apodicticidad. una regla que no tiene sentido más que para una voluntad heterónoma y. sino el hecho de que el imperativo de la pmdencia sigue siendo un imperativo hipotético. capítulo II. En cuanto a1 1mperat1v� cate­ . n? llega neces�riam�nte y. 133). 126). V olvemos a encontrar así en un enfoque distinto la idea de que el fm de la habilidad es moralmente neutro. . . estar sometido tanto a la ley de la razón cuanto a las inclinaciones de la sensibilidad. Que este hecho sea no sólo constatable. el segundo caso e l de los Imperativos de la prudencia. ¿Qué hay que decir sobre ello? Estaríamos tentados de traducir «posible» por «cualquiera». de Delbos modificada. pero se añade la idea de que los intereses de la natu:aleza uro�na no se encuentran más implicados que los de la razón en los wperauvos In­ definidamente multiplicables de la habilidad. ohlsein es aquí prácticamente si­ 10. A 84. que Kant denomina la «finitud» del hombre. ni en querer lo imposible: la acción hábil es. Pues aquí la razón no llene 1 1 . Metodología trascendental. donde Kant . aquella que no es ni superflua ni quimérica. pues. d�s­ rino. la coordinación de los me­ _ dios para consegu irla constituye toda la tarea de la razón». B 828). a saber. A decir verdad. incapaz de satisfacer los requisitos previamente definidos de la mo­ ralidad. de la cual se sigue según una «necesidad natural» (p. negativamente. Pues. � No pasa lo mismo con l a prudencia. Ahora si el f bien consideramos aquí la relación entre la voluntad y el mandato de la ra­ zón omo una relación práctica. Pero Kant no se �ompromete de verdad en un análisis de este género. En sentido amplio. Un poco antes. en el sentido de que apuntan a un fin que es el fin real de todos los hombres. de hecho. nos dice que «en la doctr ina de la prudencia.10 Que todos los hombres busquen la felicidad es un hecho. laj elicidcui. A 800. el tercero el del imperativo de la moralidad. Más bien el paso de la habilidad a la pntdencia no puede ni siquiera ser consi­ derado como una progresión. B 1 17). es práctico «Lodo lo que es posible mediante libertad» (Crüica de la razón pura. por _ otra.

en la relación que instituyen entre los medios y el fin. 14.16 En el fondo. la prudencia Cf. o reglas de la prudencia .• versión: «T das las reglas técnico-prácticas (es decir. es decir." versión: «Las prescripciones pragmáticas. merecen en exclusiva el nom­ bre de leyes. Una crítica más irá más tarde a sí mismo. eiscbedcl (1. fr. 0 de la prudencia. Kant. de la cual ya no es más que un caso particular: la prudencia es reducida al mugo de un arte. es decir. de la cual -no lo olvidemos. última nota de la 1. en una nota de la primer a la Crftica del juicio. y aquellas que otro uso más que «regulado!)} (ibid. por una división dicotómica entre proposiciones t í ción a la Cr incipios prácticos. Nos pen:'itimos sustituir el lénnino latino moralis por su equivalente grie­ _ Jemplo de Kant. es lo que el hombre adquiere en último lu­ 1 conocido. . fr. aquellas que son «técnico-prácticas» y consti­ cripciones (V tuyen reglas (tanto de la pmdencia como de la habilidad).14 Más característico todavía es el hecho de que la versión publicada (1790) de la Introducción a la Crítica del jui­ cio renuncie a la expresión misma de imperativo y oponga. las del arte y la habilidad en general.): la unidad de los fines en uno solo es apuntado. trad. pp. 64. que son «proposiciones prácticas». . p. que emplea la expresión Erhikorheologie para go. conviene hablar de «con­ sejos» más que de «mandatos». hasta sentir como pleonasmo la expresión de «imperativo categórico». Pero la evolución de la terminología kantiana entre la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y la Crítica del juicio no se limita a al­ gunas rectificaciones semánticas.13 En realidad la Fundamentación ya proponian.12 Se estaría tentado de encontrar «problemáticos» estos «consejos de la prudencia». en el caso de la prudencia. lo cual lamenta no haber hecho en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres. siempre posible en el caso de la habilidad. además del texto de Fundamemación. 129. concierne pertinente.i un imperativo que no manda más que «bajo condición» y no expresa la necesidad de una ley no fuera bastante im­ perativo para merecer este tftulo. Más bien la noción misma de imperativo evoca la idea de una necesidad que. ocupa el segundo r ango» gar. 106). pues el ideal que representa está «fundado únicamente sobre principios empíricoS» (Fundamemación. Kant apuntaba no a la relación ente medios y el fin. que asocia espontáneamente a la noción de imperativo las de necesidad e incondicionalidad.. y llega hoy. desde el punto de vista del valor. No modifica el contenido mismo de la doctrina. entre principios «técnico-prácticos» y «ético-pnícticos» en el opúsculo Sobre el lugar 17. puesto que Kant se la dirig de una manera general a la utilización del vocabulario de la modalidad para distinguir entre sí los imperativos. a los del segundo género pragmátcos erentes a la libre conducta en licidad) y los del tercer género morales (ref general. entre las pres­ orschriften). p. 1 7 8 W. Wies­ P. 18. 178 w. p. xm y xvJ-xvu. l. (p. La felicidad no es tanto una idea de la razón.218 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 219 Esto explica que los imperativos de la prudencia no posean ni la precisión analítica de las reglas de la habilidad ni la claridad apodfctica del imperati­ vo categórico: por ello. que se haría dominante en las obras ulteriores: «Se podría denominar a los imperativos del primer género técnicos (es decir. la duda ya no es posible: la prudencia es puesta enteramente del lado de la habilidad. aunque sin privilegiar­ la. vol. Los malentendidos polémicos. de A. también la Pedagogía (cursos impartidos por Kant entre 1776 y 1787): neras. Tampoco sor­ a redacción de la Introducción prende que Kant. confonne al e <<teología moral» (Crftica deljuicio. ordenando por ellas mismas «sin referencia previa a fines e intenciones». que «presupone». . cf. sienta como una contradictio in adjecro la expresión de «imperativo problemático» y proponga por ello denominar «imperativos técnicos».la tradición hací . Philonenko' p.• sección. 178 de la cd. como 1. W Fundamentación. 13. 16. y la moral idad) (trad. un lugar intermedio en­ a una virtud tre la habilidad y la moralidad. 133). Se vuelve a enconu·ar la distinción común ( 1793). de una técnica. (referentes a la fe­ i referentes al arte). «imperativos del arte» a las reglas de la habilidad. <<Hablando con propiedad. dicotomía que tiene por función excluir de la «filo­ y pr sofía práctica» todo Jo que no depende de la ley moraL En la Fundamen­ tación se podía todavía estar tentado de atribuir a la prudencia. Pero hay que recordar que. también p. 132. Este punlo está fuertemente subrayado en la primera versión nota). V. no pare­ ce menos irreconciliable con la idea de simple posibilidad. 12. trad. § 86). en las dos versiones de la lntroduc­ ica del juicio. esa terminología. como veremos. . nota). para ser práctica y no teórica. a las costumbres)».17 Con la Introducción a la Crítica del juicio. es decir. Se podría dudar que los imperativos. Crítica de/juicio. la evolución del vocabulario kantiano no está le­ jos de dar la razón al uso popular. fr. Werke in sechs Btinden. la Crítica de la razón práctica. bajo la in­ fluencia difusa del kantismo. )>> (p. 1957). Cf. sino que subraya sus intenciones y quizá también. XIII).19 15.18 cuyas reglas no se distinguen de las otras reglas técnicas más que por la circunstancia más bien agravan­ te de la indeterminación de su fin. declarados por lo demás asertóricos. 2. de Delbos modificada. no son «ético-prácticas» (moralisch-praktisch) 1' y. sino al modo de existencia del fin: siempre dado en el caso de la prudencia. Son en efecto problemáti­ cos en su contenido. mediante su distinción entre imperati­ r los vos problemáticos y asertóricos. de todas � la _ (entre la hab•hdad. baden. o­ de asumir también bajo las reglas técnicas>} (p. se han 19. pero desatendido en la segunda. 1 . dependan de distinciones modales que salen de la tabla de los juicios teóricos. La tripartición de los imperativos en la Fun­ damentación es sustituida claramente.

. dos conceptos aparentemente vecinos oposición a una sabiduría contemplativa. término que traduce el griego phrónesis. al menos mar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al con­ Este es el lugar de interrumpir el análisis de los textos de Kant para to­ puesta bastante diferente. en el primer parágrafo de la primera figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales. Trad. Hemos dicho que este concepto había sido tomado de la tradición. por pero distintos de la prudencia corren a través de la tradición moral de Oc­ latina es el concepto estoico. 34. r iqueza. 262-283. 87). . Los dones de la naturaleza (talentos del espíritu. cit.220 APÉNDICES LA PRUDENClA EN KANT 221 cepto de prudencia. Y cita: absolutamente» cualidades -denominadas comúnmente virtudes. 1. De hecho. Ciceros Abharullwzg über die menschlichen P flichten in drei Büchem . sino también la de los medios. para darle una res­ 1 del en aquellos usos donde designa una sabiduría orientada hacia la acción. prudencia. más verosím ilmente. Para un comentario de estos textos. 7. sino la virtud dianoética de Ar istóteles. -negativa. Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera sección de la Fundamentación de La metafísica de las cosnJmbres.20 Esta prudenci� confundida a como el que designa «la ciencia de las cosas a desear y a evitar». l . será posible pensar que la Klugheit-prudencia de Kant no es la virtud denci a-phró esi s estoico-ciceroniana como simple cualidad de la inteligenci� '!_ «nlichteme Uberlegung>>. el valor y la templanza (cap. En un contexto totalmente dis­ estas virtudes. y no la identifica como Klugheit. acompañado de Anmerkungen zu Cíceros Buch von den P flichten. más habitualmente denominada nocía la obra de Cicerón por la traducción y el comentar io que había hecho cualidades del temperamento). «la bondad y la justicia son cualidades mor ales» . Reich gue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una cienci� sino una disposición. Kant cita este comentario de Garve en el opúsculo Sobre el lugar común (1793). Kant und die Ethik der Grie­ mostrar que sólo una buena voluntad puede ser tenida por buena «en el mun- 20. que es la unión en Dios de la bondad y de la justicia. pues. salud). lo que dice Kant expresamente en el § 86 de la Crftica del juicio.de la argumentación de Cicerón o. 25. De o jficiis. que es para sí misma su propio fin. La respuesta de Cicerón era: lo ho­ nestum (I. lo cual hace de él una virtud intelectual). que co­ De o fficiis. la justicia. bajo la misma denominación de prudencia. que la prudencia aristotélica se distin­ tinto. 1 1 97b 8. el muestra que se trata de tres virtudes cardinales que Cicerón enumera como «partes» del honestum: templanza. 14). la capacidad de reflexión sobria» («Massigung. las cuales «sin los principios cuales los «Antiguos» daban un «valor incondicionado». Kant. es porque no se puede hacer de ella un mal uso. . donde se trataba de saber lo que es «naturalmente (p. hará su aparición mucho más tarde en la filosofía de lengua latina. en particular. en retomar por su cuenta Ja pr imera parte Christian Garve.el de una oposición más decidida a la noción de sabiduría cual. la defi nición más completa de lu pmden­ cia en Ét. la cual pretende de los resultados del estudio de Klaus Reich. 27-33. b) no asegura sabidur ía. nüchterne Uberlegung>>). pp. interpreta la pru­ ilustra Kant mediante el ejemplo del «dominio de sí» de un criminal. de sólo la rectitud del fin. no pueden. fr. es verdad. sapientia). siguiendo aquí a Cicerón. el dominio de sí. es decir. consideración. 5. el problema planteado por Cicerón en el libro do e incluso fuera del mundo» digno de elogio». 23. VI. l l4lb 5. no más que los de la fortuna {poder. Lo importante para nuestro propósito es que Kant. ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena.. valor. capítulos 3-5. natura. Von Arnim. y porque para Kant en­ tra de una manera u otra en la definición de la buena voluntad. 4. de su sección de la Fundamentación..22 del hombre en general y. cf. . ración. 3 1 ) plantea la hipótesis de que. Pero en el segundo párrafo Kant rechaza igualmente tener por «buenas modelo estoico Panecio. <(I"Crum cidente. 1 1 40b 20. VI.. vuelve a tomar..25 lo cual Selbstbeherrschung. Klugheit es la traducción ale­ mana del latín prudentia. p. Por lo demás. Nic.. El pr imero que está atestiguado en la literatura filosófica de lengua sophí a o en latín sapientia. explica en (B 414 = A 409). si la justicia no es citada aquf.11 De una manera general «la prudencia trata de lo que es útil al hombre». iiberserv von Christian Garve. 153. Kl. el de una elucidación de las virtudes dianoéticas y -en el interior de (sophía. La prueba negativa nos es aportada por uno No hay duda de que es a esta última tradición a la que Kant toma pres­ chetl. 22. de una buena voluntad . . . 1793. para las necesidades de nuestro propósito. Ét. la virtud. un habinJs (hexis) práctico (acompañado. Así tantemente planteada por Kant como noción vecina a la noción de habili- Esta hipótesis es confirmada por el hecho de que la prudencia es cons­ tado su concepto de prudencia.. es la que cristiano por el De o fficiis de san Ambrosio. 43.quel que la posee: el hombre cardinal de los estoicos. v6asc su¡ml. al de l). Reich (op.2• no tiene reparo. «regla verdadera». K. p. pueden volverse extremadamente malas>>. Pero todavía falta saber de cuál. Reich. pues. Kant und die Erhik d er Grieclum. Tubinga. Recordemos aquí solamente.ición. 26. 89. Nic. a pesar de su utilidad para el hombre. a propósito de la «Sabi­ durla divina».a las «La mode­ hay que situar el concepto aristotélico de phrónesis. 24. 2 1 . 5). Kl.n K. de Delbos modificada. prudencia. Magna Mora/ia. laudabile. aquel que Cicerón define en el De officiis expetendarum fugiendarumque scientia». una adición de la segunda ed. I!H'i. en que está ordenada al bien e) se distingue de la prudente es aquel que sabe reconocer «lo que le es provechoso». lll. Cf. Breslau. última nota de la primera sección. con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia. Stoicorum veterumfragmt'llf(/. transmitida al Occidente menudo desgraciadamente con el concepto platónico de sabiduría.

. Si no h�y �rudencia sin virtud . 1964. 90: «La prudencia es la facultad que consiste en saber utilizar su habilidad teniendo en cuenta al hombre». tú e·u s'\'lV)» (VI. de los I l52a 1 1-14). al hacer de la felicidad el fin natural y por ello legítimo del hombre.ttud. pero SI es ral del fin: «Si el f perverso. sino sobre todo tras las atenuaciones y las correc­ ciones que la escuela de Wolff había creído aportar. 1945. según Anstó­ teles. _1!40a d. La cuestión se planteaba en efecto para Aristóteles. es la habilidad del virtuoso. podía permitirse inte­ t de los medios en 1_� definición grar el momento técnico de la elección coneca Aristóteles en relac10n al ende­ de d originalida la aún. da�? un fin. Por ejem­ Pedagogí a. Cf. infra) procede de Gracián a través de Tbomasius. ecttva sm prudencia. Magna Moralia. 150-159 y 199.222 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 223 maln:�nte m�s que dad (Geschicklichkeit). 34. trad. VII. sino necesruio. 'lgos. No hay duda de que el concepto kantiano de Weltklugheit. de la tradición aristotélica y el p�nto decJSJ�o _en el cual se separa de ella. p. 23 y 87-88. cf. prudencia mundana (cf. 73-75. 1 1 97b 8. Balthasar Gracian wul die Hojlitera­ tur in Deurschland. Era precisamente este parentesco el que va a conducir a Kant a la conclusión opuesta: la ruptura pasará en adelante entre la habilidad y la prudencia por un lado y la mora­ lidad por otro. servaba suficiente parentesco con la habilidad como para que se pudiera ver en ella una especie de asunción moral de esta última. más lejos. que procura una necesariam pero s. traducido al francés en 1687 con el título de L'homme de cour. y la de necesidad moral por la de obligación. pp. de la sabiduría (sophía). Añadm tmnb1en. y que la Antropolo­ gía de Kant se inscribe eo la tradición de esta filosofía para ciudadanos del mundo 28. es una capacidad digna de elog¡. 29. Hildesbein. 1. 5. reimp. fr. Nuestra buena voluntad nent sigue siendo platónka. satisfacciones más inmediata habilidad abandonada a sí núsma. Kant mostmba que esta doble innovación no servía para nada. combinar los medios más eficaces (VI. . l como una especie de esta última. Wolff. Wundt. que llamó «pragmatología>>. . 1894. Tubinga.2ll Los intermediarios debjeron ser aquí Wolff y. Aristóte­ les. no se puede suponer que haya tenido de ella un conocimiento directo. cuyo Oráculo numual y arte de pntdencia ( 1647). Thomasius no toma directamente el concepto de pru­ delltia de la tradición aristotélica. plo. e� d�crr. tampoco hay vtrtud moral e . 1 1. había creído esca­ par a este riesgo sust ituyendo la noción de felicidad por la de peifección. en la conocida en Alemania con el nombre de «Hofphilosophie». a ? mos la fehci t fonna. M . por consiguiente. especialmente en su lntroductio ad philoso­ phiam aulicam (Leipzig. al menos indirectarnente. sino de Baltasar Gracián. Halle. pem la prudencia con27. 26-28. La prudencia se distingue de la habilidad p�r dos ra tal no cuant� en prude�cJa L Kant or negado será no cuales el primero p : � apunta a un fin detenninado. no es más que hipocresía (panourgía)» ( 1 144a 26. l l44a 27-36): �a pruden­ cia es una habilidad virtuosa. Fundamentación de la metafí sica de las costwnbres en el parágrafo titulado «Clasi­ Esta crítica será retomada expresamente al final de la segunda sección de . Pero ya en 1764. y hace falta ya virtud para distingui ente parciales. dicho de ora _ Pero ]a segunda diferencia entre la prudencia y la habtltdad es. Sin embargo. 30. que la habilidad en cuanto tal es indiferente a la �ualidad �o­ m es noble. pp. Cf. estas dos diferencias no hacen más que una. era una cuestton tradiciOna pregun­ Ntcómaco a Ética la de en el aristotelismo -ya desde el libro VI tarse en qué la prudencia (phrónesis) se diferencia de la habilidad (deinótes). s�no que es la facultad _ � de discenúr «lo que es bueno para VIVIr bien (n:go. «pru·ci�> (�ata �QO�). C. La habilidad (deinótes) era ya defimda_por Anstoteles como la capacidad de realizar con facilidad los tilles. supra. pp. En realidad. Borinsk i. Pero esta advertencia puede ser presentada de otro modo: la polémi­ ca de Kant contra la doctrina tadicional r de la prudencia contiene in nuce la totalidad de su filosofía práct ica. Thomasius fue el pr imero en desarrollar en Alemania una doctrina de la prudencia. y la prudencia y la virtud moral de otra. fue comentado por él en un curso de alemán el mismo año 1687 (donde tra­ dujo prudentia por Klugheit).30 En cuanto a la obligación (obligatio. de la moralidad. en �arttcular me­ la de tacwn Fundamen la de secctón seg1mda la de capítulo 13. y el pasaje tafísica de Las costumbres permite discernir tranquilamente lo que �ant toma. que la prudencia es una virtud moral (Vl. Más moralidad. 13. Aun admirando la perfecta comprensión que Kant manifiesta de la doc­ trina aristotélica de la prudencia. Die Deutsche Schuhl­ philosophie im Zeitalter der Aujkliirung.o. consciente del peligro de utilitarismo que comporta todo eudemonismo. en su Estudio sobre la evidencia de los principios de la teología nalural y de la moral. V er dindlichkeit). la ficación de todos los pr incipios de la moralidad que pueden resultar del concepto fun- Cf. como más tarde Kant. 13. hasta el punto de no aparecer f .f moral. Thomasius. 1688). para Aristóteles. la de monismo platónico consistía en reconocer en ese momento técnico un compo­ e no sólo lícito. A pesar de las fórmulas que remiten literalmente a Aristóteles. los medios propios para pr �cura 26-28). no está alú para guiar en cada paso las elecciOnes que d�bemos hacer p�a conseguir lo �ej�r.19 Pero lo notable es que Kant reencuentre la doc­ trina originariamente aristotélica de la prudencia 110 sólo tras las simplifi­ caciones de Thomasius. a la tmltilidad práctica. desde el �o�ento en que la defurición de la prudencia insistía sobre su as�e?to «UtÜit�no» para oponerlo al desinterés y. pues no hay felicidad r la felic�dad verdadera de las sin vi. l l44a 23). ¿Por qué Kant desecha la prudencia fuera de la moralidad? Responder a esta cuestión sería reescribir la filosofía práctica de Kant entera­ mente. K. su La comparación entre el libro VJ de la Etica a Nicómaco. istóteles la ruptura pasa entre la ha?Ihdad Ya se puede ver que para Ar de una parte. El endemonismo aristotélico. de Philonenko. El concepto de petfección es indeterminado y no permite conocer lo que debe ser bus­ cado como perfecto. nuestra virtud moral sigue siendo impotente si la_ pru­ dencia virtud intelectual.

f.» pero hasta el momento presente se ha hecho de ella un «mal uso». pues esto depende menos del contexto in­ mediato que del movimiento general de la obra. El pasaje de la segunda sección sobre los imperativos es desconcenamemente descr iptivo y neu­ tro. s.. Así pues. 34.. que confirmará la argumentación cr ítica de la tercera. p. bacía de la prudencia. 171). p.224 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 225 es un concepto ambiguo. La fórmula «yo debo» (ich sol/) puede en efec­ to significar o bien que yo debo hacer algo (como medio) si quiero otra cosa como fin. como hemos visto. p. Ciertamente unos y otros son pr incipios prácticos. dar en el sent 3 1 . p. Pero el mismo argumento era. Parfs. entre la necesidad problemática 1764. La verdadera obligación no resulta de la adaptación de los medios a un fin (pues sola­ mente un fin puede ser obügatorio). como las lo tanto. al hacer de la acción moral un medio con respecto a un fin y. p. por más que esté depurado el concepto de perfección). Se advertirá que Kant retoma casi en los mismos términos l a argumentación de l a obra de 1764 en el § del fmal de la segunda sección de la Ful!damellfación. lA phi/osophie pratique d ducción de la Fundamentación. si decido construir un puente. Esta distinción.está determinada no por leyes. se remonta a la distinción aristotélica entre ciencias teóricas y ciencias prácticas. no hay m¡ ís que dos clases de conceptos que puedan fundar según pr incipios la posibilidad de su objeto: los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad. Por no haber hecho esta distin­ ción.'' Pero la necesidad problemática no es una verdadera necesidad. tiene por adquirido que sólo el imperativo categórico puede ser reconocido como «el imperativo de la moralidad».. 23. 96. Decir que en la práctica todo está determinado por conceptos es decir de otro modo lo que ya decían la Fundamentación de 1764.32 Sólo la necesidad del fin o necesidad legal puede. no valen más que para una voluntad heterónoma y. Esta distinción es por lo demás completamente «habitual». sino de la subsunción de una acción particular bajo la regla general de las acciones buenas. sino por la r epresentación de leyes. mi acción estará determinada en cada paso por la representación de las leyes de la mecánica y de la resistencia de los materiales. 175). . uno de los componentes de la moralidad. titulado «La heteronomía de la voluntad corno fuente de todos los principios ilegítimos de lll rnora. XI. El sallen expresa en el primer caso la necesi­ dad de los medios (necessitas problematica).l4 la Introducción damental de la heteronomfa. o bien que yo debo hacer alguna cosa (como fin) aun cuando no quisiera otra cosa. puesto que no hace sino indicar los medios para alcanzar un fin que es por sí mismo contingente: se trata todo lo más de directivas (Anweisungen) para un comportamiento hábil.lidad» (Delbos.)(. 36. Pero sobre todo es interesante advertir que esta distinción está. p. si se entiende por «prácticá­ mente posible (o necesario) todo lo que es representado como posible (o ne­ cesar io) por una voluntad».13 la distinción ulterior entre los imperativos hipotéticos y el categórico. 99: Introducción a la tra­ 33. Esto no im­ pide que la ley cuya representación determina la acción de un ser razonable pueda ser una ley de la naturaleza. Crftica del juicio. Paós. 1905. des­ y la necesidad legal. en e l segundo caso la ne­ cesidad de un fin (necessitas Legalis). hace falta tener en mente los argumentos todavía «populares» de la primera sección. sea a recaer en La posición de Aristóteles. Así como en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres el análisis de Kant tendía a mostrar que los consejos de la prudencia. que se eleva del requisito «popular» de la buena voluntad (primera sección) al reconocimiento de la «autonomía de la 32. sino de la filosofía teórica. voluntad» como «principio supremo de la moralidad» (tercera sección). como apunta Delbos. desde tinada a constreñir al racionalismo wolffiano sea a adoptar avant la Lettre el punto de vista kantiano (pero entonces hay que renunciar a situ¡u· el princi­ pio de la moralidad en un objeto de la voluntad. como se dice aquí. pues. 35. especie de la habilidad. p. original. por la metafísica d e las costumbres al cornienzo del pasaje sobre los imperati­ vos. como la filosofía contiene por definición los principios del conocimiento de las co­ sas por conceptos. Pero. consecuentemente. /bid.. 98. Se ve inmediatamente que este caso no se ha de confundir con aquel en el que la acción está deter- por ella misma. 11 1 !bi d. es finalmente al nivel de los conceptos que se ha de situar la división. utilizado para negar al concepto igualmente «indetemú nado» de felicidad l a capacidad de fundar «un i mperativo que pueda man­ ido estricto del término» (p. de la filosoffa práctica. que estructura la sistematización wolffiana. o. tal como lo hemos definido» (Delbos. Pero la cuestión es saber �i el concepto que da su regla a la causaüdad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o un concepto de la libertad. fundar la obligación. p. 133). Ed. a pesar de las aparien­ cias. ya presente desde a la Crítica del juicio está preocupada por mostrar que las prescripciones de la pmdencia. a saber. La primera sección de esta Introducción (tanto en la primera versión como en la versión publicada) precisa en qué sentido la filosof ía se divide en una filosofía teórica y una filosoffa práctica. que tenía al menos el mérito de la claridad. XII. que la acción de los seres razonables -la única que merece la denominación de práctica. como los me­ canismos de la natur aleza. incapaz de ser denominada buena reglas de la habilidad. La distinción. Pero para comprender perf ectamente este punto. no dependen. los predecesores de Kant colocaron en el ámbito de La ftlosofia prác­ tica tanto los principios técnicos como los pr indpios morales. como las de la habilidad. si se entiende por práctico «lo que es posible por la libertad». Ahora bien. e Kant. prefigura sin duda alguna. Decimos: «tiende a mostrar». porque no se ba visto que ltna división tal deba estar fundada sobre una dicotomía a nivel de los principios.

p. 43. . al menos en alemán. que son las únicas que en el caso de la práctica pueden rei­ vindicar el título de leyes. § 1 14: «Posita hominis rerumque essentia atque natura. Esta descripción puede parecer caricaturesca.'1 La geometría práctica no es más que la práctica de la geometría aplicada a la resolución de problemas. 1. advenencia 11. sino porque es plconástico-. XV. Frtndamentación. al rango de «corolario». del conjunto de l a metafísica. Philosophia civilis. Cf. el fracaso del artillero que falla su blanco) son debidos a una insuficiencia de la teoría. que jamás pudiemn realizarse en el caso de los de la prudencia: el ideal que hiciera de dichos impemtivos. § 4. Christian Wol ff Philosophia prac­ tica rmiversalis methodo scien. de una «física práctica» e in­ cluso de una «psicologJa práctica». p. una concepción que domina la filosoffa de la modernidad desde Bacon y Descartes. fin o medio en la pr áctica». en orden a utilizarlos para sus fines: «Lo que era principio. Las primeras no son más que simples «COrolarios de la ciencia de la naturaJeza».." versión de la Introducción a la Crírica deljuicio. su propio modo de empleo.'2 igualmente se podría imaginar que una psicología suficientemente científica podiía hacer al hoi� ­ bre señor y dueño de su propia naturaleza. p. . también. es decir.. puede imaginarse la transmutación decisiva que ha­ r í a de la prudencia -arte aún incierto según Aristóteles. Al comienzo del opúsculo Sobre el lugar común. 40. 46."' Kant no hace nada menos que vaciar la filosofía práctica de todo 37. p. pp.226 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 227 cep� o de la libertad. mostrará que. la concepción técnica y operativa deJ saber científico. en efecto -y la �filosofía de las luces parecía haber sucumbido a ella-.f)-. 1. 176. pues. exactamente como la resolución de un problema de mecánica no es más que la pura y simple aplicación de los teoremas de esta ciencia. Cf. Bacon.un «arte de vivir» en adelante determinado científicamente. Es lo que dice. depende en su totalidad. debido a la contingencia insuprimible de su objeto. Siempre en el ámbito técnico.37 Tal como precisaba la pr imera redacción de l a Introducción. declaraba sin ambages que «la filosofía práctica universal saca sus dogmas de la on­ tología. Si la técnica no e s más que una ciencia aplicada. esperar del progreso del saber científico la solución de los proble­ mas morales. al menos en cuanto a sus principios. La tentación era grande. Ed. pp.1739). entre las reglas técnico­ práctica s (las reglas de l a habilidad y de la prudencia) y las prescripciones ético-prácticas. a decir verdad. Kant no vuelve.¡ es decir. a la cual debe ser subordinada en ade­ lante la filosofía práctica toda entcra». 176. incluso de simple (<escoljo»•J de la ciencia. es absurdo hablar -no porque sea contradictorio. desde el comienzo de la modernidad. 133. es verdad. Novum Organum. tendia a hacer inevita­ blemente de la filosofía práctica una pura y simple aplicación de la teoría. En una época en la que la téclll­ ca se eleva. minada. los pretendidos fr acasos de la práctica (por ejemplo. 44. !bid. Así como la ffsica nos hace señores y poseedores de la natu­ raleza -de una naturaleza. una rela­ '9 Kant comparte el optimismo tecnológico que quería que la ciencia permitiera al hombre hacerse <<como dueño y señor de la nat�raleza».. Introducción a la Crítica deljuicio ( 1. se trata de «aplicaciones de un conocimiento teórico». sino inmediatamente a leyes que son las leyes de la moralidad. proposiciones analiticas. Sin embargo.Ja Se advert irá aqui que Kant reelabora. de la psicología. ponitur etiam naturalis obligatio». 41. Pero pone en guardia contra la ex- el campo del saber científico de ámbitos hasta entonces considerados como contingentes. 45. No hay siquiera lugar pam permitir la autonomía de sus reglas de aplicación como parte «práctica» de la ciencia: la ciencia contiene ya por ella misma las indicaciones Arzweisungen. nota. t.de una «geometría práctica». Weischedel. 176-177.• versión). . § 3. pues. es la que corresponde a una evolución aparentemente irresistible. 38. 174. fT. en cuanto éste da lugar no ya a reglas (que son la apli­ cación de una ley que les es anterior). 177.tifica pertractata (1738."5 Para luchar contra lo que él llama «Un malentendido lleno de inconve­ nientes». p. Así se realizar ía el ideal que Kant tenía ya por reali zado u·atándose de los imperativos de la ha­ bilidad. por el solo con­ tensión de este postulado a La totalidad de La práctica. Hay que distinguir. después de haber desmontado sus mecanismos. así pues.. Así como en Aristóteles la filo ofía tiva autonomía con relación a la filosofía teórica. /bid. el célebre pasaje sobre la revolución copemicana del Prefacio de la segunda edición de la Crítica de la razón pura. efecto o causa en la teoría se vuelve regla. capítulo 1. para caracterizar las relaciones de la teoría y de la práctica en el orden técnico. trad. 39. de la teoría. de la cosmología y de la teología naturales. según la cual la cien­ cia de la naturaleza se vuelve inmediatamente «operativa» o «práctica» des­ de el momento en que el hombre toma a su cargo los procesos naturales. 42. si se puede decir. 173. p. sacando las consecuencias de esta evolución. 46. no sólo de derecho. aunque dudaba. tal como el de las conducas t humanas. F. sino de hecho. y a la cual KanL será el primero en ofrecer resistencia. la entrada progresiva en práctica tenía. excluyendo todo móvil sacado de la naturaleza.44 resultantes ele la pura y simple puesta en acción de un saber. el cual procuraría a cada uno una f elicidad cuyo concepto y condiciones óptimas de producción habrían sido determinadas unívoca y definitivamente por la ciencia.. lmroducción a la CrítiCll deljuicio. ya la Crítica de la razón pr ácrica pri­ mer a parte. Es así como Wolff. tercer aforismo sobre la interp eta r ción de la naturaleza y el reino del hombre. sobre el postulado de la unidad de teoría y prác­ tica que caracteriza. previamente preparada por la razón para responder a su proyecto (Entwur. de Delbos.

Christian Wolff. sino de la precaución t��ada con vts. a. en la primera vcrstón. Crítica de la razón pura. Introducci juicio. que es. la economía política. Kant oponía a las leyes morales. es también. es en la lógica de los tiempos modernos hacer de ella el sub� producto de una ciencia ella misma tecnificada. y más particularmente «bien del hombre». 48. puesto que su ob . tica. Vemünftige Gedanken von der Menschen Tun und Lassen Es la definición que da Tomás de Aquino de la prudencia (Summa teol6- (1720).ar los fines terminadas a priori. que parecía ofrecer una técnica que está de hecho completamente decanta­ ficidad y. ón. las den�rninru:parte. . en lo que con­ cierne a la historia pragmát ica de la filosofía. que son productos as. para oponerlo a la práctica en sentido estr icto. 2. la dietética (tanto del alma como del cuerpo) �· para acabar. Esta actitud CI­ ción era parte del significado del latín prude11s. de una meta denominada «bien». p.1 «prescnp­ mismo 'de «leyes» a lo que él llama «leyes pragmáticas». a la prudencia se le sigue reconociendo un estatuto particular. pragma­ « ustona una de noc10n la a e igualment refiere se genera1» . sed contra). gica. Pero Kant saca Ja consecuencia radical de esta constatación: consider ar la moral como un arte. pnmera Xl11 pp. es decir. A 800. 51.áticos» a los imperativos de la prudencia al refiere se que «aquello como ico» defm de modo más si�ple «pragmát del propio sentido el que parece «Me añade: nota una en Pero . si Kant expulsa la prudencia fuera de la moralidad.. París. � o apa­ nombre de pragmática. cf. cuando enseña al mundo de hoy cómo puede cuidar de sus intereses mejor. para la cual conviene sus los peligros posibles más que esperar el acontec:tmtento par� . 1 1 1 . con la teoría. nota). Un campo virgen se abre entonces a la filosofía prácti­ ca: el de los principios a prior i que hacen posible."9 que no sería más que la culminación de una r n teórica ya constituida según otros principios. Es todo esto lo que está en juego y se hace progresivamente evidente en el rechazo kantiano de una doctrina moral de la prudencia. 1973.51 El primero la polí­ de ca» «pragmáti n iluminador: evoca una concepció usos 'es el dico. Cf. una autodeterminación de la voluntad. La definición más elab?rada de este térmi� cc ó a la rece. a la falsa concepción prudente de una razón prác­ tica como «recta ratio agibilium». 50 s» dad de las leyes empírica ostumbres. canon ya en la Critica de la razón pura. ai comienzo del capítulo sobre «El e la de la razón pura». ss. § libro 1. cf. desde el punto de vista mismo más adecuados para llegar a la felicidad -o frontación con Ja doctrina tradicional de la prudencia. pragmát1c leyes las razón. hacer perder a la moral toda especi­ �a del lado de la teorfa. I. 129. primera parte. República. capftulo 3. Aun cuando los consejos de la prudencia no dependan de la filosof ía práctica. L. Delbos. Más tarde Kant negará el tít�lo . pero que no jeto es «hacemos alcan7. «Una historia está compuesta pragmáticamente cuando enseña la pruden­ cia. . q. la de práctico uso ai n razón pura y pertenece son de­ que son ciertamente leyes de nuestra conducta libre. U. de la Inu·od� � � �nnctpiOS de Crítica del juicio. 50. ll ac. Delbos. 49. Histoire de l'histoire de la philosophie. . el arte de las relaciones con el prójimo. «que no con­ heteronomía. 1J a. como recuerda ens. para «hacer­ su autonomía hay que comenzar por liberarla de todo compromiso con la técnica. prudencia la de ina doctr la «en ocurre la uni­ más que un uso regulador>> y «no podría servir más que para realizar . capfrulo l. 1. Braun. «la teor ía general de la felicidad». B 828.'7 es relegado al orden de la filosofía teórica. n�ega a hacer de ella como los Antiguos una virtud o un componente de la virtud. tiene en resumen más que reglas de la habilidad>>. es decir como técnica. 49. como ya hemos visto. en la vesión r publicada. fuera de todo cálculo de Se advertirá el papel crucial que tiene en esta argumentación la con­ desde Descartes y Bacon. 47.53 y es el único sentido que ha quedado d cerón. una contracción de prov i � � � tc. p. que Kant. 58. a la falsa mediación entre teoría y práctica. Esta noción está ampliamente atestiguada en el siglo XVUI alemán.48 es no sólo presuponer que uno se dmge a la voluntad heterónoma. 52. en el límite. cap. toda existencia: pensar la moral como arte. y. de concepto solo el por da determina no pero una acción libre. no llega hasta tener esta cualidad por ficticia o despreciable. donde Kant denorojna «pragmátiCOS» a Jos Pero hbertad. designa paralelamente con el 47. Para devolver a la práctica de aquellos que mantienen esta teoría.r má� � � Es cierto que. . 22. Que las reglas téc­ nicas de la habilidad sean un corolario de la ciencia era un lugar común como en Wolff. del Critica 37. Crfrica de la razón prácuca. ciones» (Vorschriften) o «reglas>>. y mostraba que es eso lo que sentidos» los por que nos son recomendados la razón «no puede tener donde ». 129. j o formalism o to de allá más prevenir.eorum. P.combatir preca�­ y prevlSlón de efectos mediante la aplicación de la ley. qu veremos (ya polftico nte � �ste fiere a un uso jurídico o más exactame as pragmattc llaman «Se cual el según ión) significac de carece préstamo no estados las sanciones que no se derivan propiamente del derech� de los _ btenes tas como leyes necesarias. es decir. De diVImtate. Aquí visto Kant Llama «pra!!ID. T. xrv. hay que oponer la concepctón de una razón que sea práctica inmediatamente y por ella mis­ ma. como hemos e las c sica d í f a En la Fundamentación de la met . nota. todo esto. ..51 Kant l de estos tica» es decir de una historia orientada a la utilidad. el de combinar los medios n?� más perfectos en nuestro estado»-.228 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 229 l o que era tradicionalmente su contenido: el arte de la política (que llama aquí Staatsklugheit). 53. o al menos tan bien como el mundo anterior a él» (p. VI. la economía doméstica. 1. !bid. bienestar» y se re­ término pragmático puede ser determinado de modo muy exacto». si se . De 7iGtura d.

también XXIV. son en alemán «die klugen Jungfrauen».56 .� Por ello Delbos tiene razon en escnb son relativos sus p es­ a los que . ltmtte ctertos con y iones que. ológic antrop conocimiento es un deber para aquel que �s como la puesta en práctica de este saber. pero a una in teli­ gencia práct ica. como hemos visto. mostraban 1� Fun ame 1tacw:t lo o capaz de ello. Mt XXV . 45). Aqui «pragmático» se opone a «fisio . lo cual. de las reglas demasiado rectas y rígidas. en especial de sus cursos de pedagogía. cuando conv iene sabe limitarse a sf misma o incluso limitar sus mani f estaciones. la de la metafísica de las costumbres. con lo que todos los principios prácticos distintos de los morales son remitidos bajo el nombre de «técnicos» del lado de la teoría. en realidad. Esta permanencia se explica sin duda por la persistencia de una doctrina tradicional de las virtudes que en tiempos de Kant estaba menos olvidada que hoy en día. sería una voluntad heteró en est� mundo para rea­ está no fin. bajo ciertas condic � id_ ? 54. de � on l"�c•. � . a ésta que el ámbito de la moral. ma­ attvo categónco mtsroo. 7. y si la Klugheit retenida por la terminología filosó­ fica evoca más bien el elemento intelectual de la prudencia.230 APÉNDICES LA PRUDENCIA EN KANT 231 en el uso corriente del francés prudent. . Por lo demás. bre. como en Aristóteles. la versión pu­ blicada de la Introducción ignora el concepto de «pragmático»: en adelan­ te no subsiste más que la dicotomía entre pr incipios técnico-prácticos (bajo los cuales son subsumidas las reglas de la prudencia) y principios ético­ prácticos. fr. que nunca había reaparezca en e tttulo de la Kant. Esta desaparición de lo pragmático como género autónomo tra­ duce. la noción de pragsuger ignora todavía. 57. fmes los «Si ticos: hipoté tivos impera los emb�o es post le sm nte. del tmper naturales no es tal que un hom­ talentos s propio los r cuJtiva sin xima de dejar «pues. Es así como istóteles (Ét. aunque el tema haya podido . 16: «Seid klug wie d ie Schlan­ gen und ohne Falsch wie die Tauben» (citado por Kant en Zwn Ewigen Frieden. S. puede 0 debe hacer de sí mismo» . agmahco. Delbos. mátic� la consideractón del <<punto Tanto más destacable es el hecho de que estado ausente de los :ursos de de vista pragmático». . � � � � � � de «la » de la prudencia es una de las tres tareas !!mátic a La cul tura «pra en el llar desarro debe que física). en tanto que ser razona­ bre pueda querer erigirla en ley universal. el equivalente del griego phróni­ mos. ya desde la traducción de la Biblia por Lutero. . en la espera del Señor su virtud principal es la previsión y la precaución. se po­ dría traducir f amiliarmente por: «CS lo bastante astuto como para hacer el imbécil». si es verdad lidades del hombre. cf. 426). de Foucault modi'li 56. Klug es. en boca de un polít ico.0 acto. . Pero es necesario subrayar que el término alemán ldug se prestaba a la conjun­ ción de estos sentidos: klug se refiere en efecto a la inteligencia. e. es evidentemente un cumplido. pp. La serpiente es Uarnada «klug». � soluta a � cripciones no pueden justificarse autonzados. el duque de Alba dice de su adves r ario Orangc. Kant aunque se perdter lizarse. sin duda por la simple razón de que esta obra menos «popular» que la Fundamemación de la meta f í sica de las coswmbres se mantiene en los límites de una filosofía práctica. SS.fl fórmula rcsumtría bastante b1en hacer de él mismo»: en otra tradición esta apunta. pruden la ad.� Incluso si en alemán esta pruden­ cia se llama V orsicht. VI. Cf. sino para cumplir la ley moral. mt �mo > La an­ él de hacer debe . edición de Hamburgo. en una nota al pasaJe sobre Lr sibles». es po­ toda suerte de para a s dad stdo ha le e � porque le son útiles y porqu . hombre la habilid cada. tr. Pero esto resulta. as1 todo de demás lo por como o. que es <<klug genug. nichr kJug zu sein» (4.58 Pero vittua las de e posibl da acaba la realización más sirve. Y las vírgenes prudentes. . no es para a �or ello. quiere necesariamente que todas . 141. tal co� . En el Egmont de Goethe. El vts el punto de t pr � desde el punto de vista fisiológico o desde a la expl?ractón de 1� qu� la conocimiento fisiológico del hombre tiende pragmáttco. trad.�. El opúscuJo Sobre el lugar común ( 1 793) irla. tomo IV. Apéndice 1). puesto que una v�luntad que ya se sabe que para Kant nada de es� aunque fuera la esenc1 a del hon:­ tendiera a la realización de una esencta.�5 La Crítica de la razón práctica ignora el concepto de <<pragmático». .. ser ststemáttcamente �tada puede a) pologí (antro re nocimiento del homb . p. p. la Klugheit es consciente de sus propios lfmites: desconfía de estas teorías que Kant denominaría «especula ti­ vas». 59. 1178a S-8. P . naturaleza hace del hombre. 58. curiosamente. Este sentido tampoco estaba ausente del griego plrrtinimo. así como la lmelligenz (que es la cualidad de los «intelectuales») es a menudo arrogante. cuando.. des sean desarrolladas en él faculta las ble. se ha hecho «vírgenes sabias». Ni c. rebelde «pragmático» y precavido. Antropología. habla. . al menos en Mt X. 1 1. la preocupación de Kant por llegar a una separa­ ción clara entre filosofía teórica y filosofía práctica. 1 1 40b 7) cita como ejemplo de «prudente» a Pericles. ión tica» (por posición a la educac educación prác ogfa. Antropologfa en sent o pragma­ úJtima obra publicada por Kant en 1798: lógico»: «Una doctrtoa del co­ tico. al menos el hombre empl­ hombr El noma. de «lo que el hombre . Así como en la primera redacción de la Introducción a la Crítica del juicio Kant sigue llamando «pragmáticas» a las reglas de la prudencia y «técnicas» a las de la habilidad. que msean s. phrórumoi (a las que a veces. Nic. Ar tipo de político «pragmáti co». se ve que la constelación semántica constituida en tomo al latín prudentia sobrevive de alguna manera en su transposición al alemán. X. es verdad. cercana a la habilidad cautelosa y la astucia (por oposición a «inte­ ligente» que en alemán moderno cualifica más bien la inteligencia teórica). constl la que bien más os Digam s? tropología ¿comporta debere conoctmtento. (Pedag ad moralid la cia. en cambto: �en­ o imient conoc el . 1-13. ser de libre act:Jvtdad cuanto en e hombr el que lo de de a la exploración «Lo que el hom re puede Y d�be hace. propio su o mism sí rico. 89 Y 109).

. si se puede decir. en una nota al pie de este pia felicidad (zum eigenen W se podrfa llamar un deber pedagógico. cr. nota de la p. l rales y las inclinaciones que se pueden encontrar en uno mismo?>>. que merecen más bien el título de sabios (sophoi) (Ét. Pitágoras. . pero también la habilidad política o cosmopolita. pues el ciudadano que querían fonnar las (ibúi.64 Pero. La Antropologfa recuerda.la moralidad. Existe. más que un aspecto particu lar del arte de «hacer converger todos sus fines hacia su propio provecho». si el imperativo categórico nunca debe degradarse en un imperativo hipotético. ed. de l ejos. Ahora bien. siempre y cuando no esté en oposición con la ley moral. nota. sea por los medios ordenados (tanto en el caso de la prudencia como en el de la habilidad). . por negligencia o por pereza. que la versión publicada de la misma introducción no destinada a formar en cada hombre un ciudadano. sea por los fines propuestos (en el caso de l a habili­ dad). en una práctica refinada de la sociabilidad explica quizá. es porque el arte de utilizar a los demás hombres para los propios fines no es.67 No es sorprendente.para esta cultura pragmática requiere. es decir. pues. éste está atestiguado tanto en la Antropología. 64. p. como ciudadano del mundo (Weltbiirger)» (Antropo/ogío.. pennite al hombre «adaptarse a la sociedad humana»). y niega esta cualidad a hombres como Tales. puesto que se trata de desarrollar mediante la adquisición de la experiencia de los hombres texto. Nic. Fundamentación. 82 (cultura de la prudencia es «lo Que la amropologfa en cuanto «pragmáúca» compone un «conocimiento del hombre que se denomina cívilizacióm>. 196. m ientras que la cultura de la habili­ dad desarrolla las capacidades del individuo). 1 1 40b 7-11). Pedagogfa. 128. lo que dar a los otros a cultivar en ellos. refiriéndose en esto al uso popular.61 Digamos aquf tan sólo que la «antropología desde un pun­ to de vista pragmático» se inscribe en el designio pedagógico de una cultura «pragmática». Nic. que la «disposición pragmática». 5. pero no basta para justificar este desliz. 189. donde el punto de vista pragmático consiste en captar al hombre como «ciudadano del mundo» (Weltbürger). Hemos mencionado que. Delbos. p.232 APÉNDlCES LA PRUDENCIA EN KANT 233 c1uso sean comprendidos en la realización de nuestros deberes: el desarro­ llo de la habilidad forma parte del perfeccionamiento de nuesrra naturaleza ordenado por la ley moral . W eischedel. una explicación. p. el W eltbíirger.. Parménides. pues. trod. Pues no se ve cidad. no contravengan a la ley moral. Delbos a la p. p. p. incluso si su fin no es la destinación del individuo.).62 ¿Por qué esta mediación 61. 127. Pero la causa era que la administración de la casa y el gobierno de la ciudad pueden servir de paradigmas para la adminis- Ed.65 Kant explicaba que la prudencia tiene otro sentido.para formular correcta­ mente imperativos hipotéticos. La elección del medio retenido -la experiencia de los hombres. 5. 62. las de­ finiciones sucesivas que Kant da de la prudencia se orientan progresiva­ mente en este sentido. que es cultivar en nosotros -y ayu­ y la prudencia. 89 («Por la cultura de la prudencia el hombre es fonnado como ciudadano [Bilrger]»). n. Para phrónimos. 60. nuestra aptitud me­ nor o mayor -según nuestros dones naturales. este desliz viene. sin duda. Viene preparado sin duda por las implicaciones políticas que contenían las nociones griega y latina de phrónimos y de pntdens. fr. cita al «buen mayordomo>) y al «buen po11ti­ co» para ilustrar la prudencia en general (oA. las pp. 163). «la habilidad en la elección de los medios que nos conducen a nuestra pro­ ohlsein)». Aristóteles cita como ejemplo de phró11imos a Pericles. P . sino el ciu­ dadano en general. VI. 67. por otra parte. l 1) no sign ifica 63. En todo caso. 1 140b 7 ss. Vl. supra. allí donde se trataba aparentemente de una pedago­ gía de la felicidad individual? o no sé si se puede responder de una manera enteramenle racional a Y esta cuestión. Si privilegiaba el primero de estos sentidos. sigue s iendo distinta de la «disposición moral» una ampliación del punto de vista de Kant. 63-76. 66. En el pasaje de la Fundamenwci6n. de una cultura de la prudencia. En Aristóteles se podía ya discernir una tendencia a idenúficar la pruden­ cia privada y la prudencia política: así. es decir. La primera versión de la Intro­ ducción a la Crítica del juicio intentaba uniftcar los dos sentidos en una rnkión: «¿Qué es la prudencia. para el hombre nuestra capacidad para satisfacer nuestra propensión a la felicidad.61 En todo caso. cf. e incluso. reflexiones sobre Pedagogfa no era el ciudadano de un Estado detenninado. «la prudencia en sentido más estricto» se confundía con la prudencia privada. p.w�). !bid. supra.. sino la de la especie humana entera. 65. como en las lecciones de Ped agogía. así como inevitable. nota de V.66 Se ad­ vertirá aquí que la reducción de uno de los sentidos de la prudencia al otro se hace en el sentido inverso al que proponían la Fundamentación: la ha­ bilidad en usarse a sí mismo (prudencia privada) no es más que un caso particular del uso de los hombres en general (prudencia mundana}. que es el de pru­ dencia mundana (Weltklugheit). p. como dicen sus biógrafos. y significa entonces «la habilidad de un hombre para actuar sobre sus semejantes con el objeto de utilizarlos para sus fines». de Philonenko. 129. en Las que la cultura pragmática está de entrada por qué la exper iencia de los (otros) hombres sea necesariamen­ te requerida para mi f elicidad personal. y no sólo una prudencia parcial (xata !léQOS) (Ét. Prefacio. y esto bajo la condición negativa única de que estos imperativos. sería conLrario al imperativo categórico dejar que en nosotros languideciera. 178. nota 79. Que Kant haya encontrado su feli­ que lo posee.60 Dicho de otra forma. 47). Las implicaciones poUticas de la noción de Klugheit han podido ser acentuadas en alemán por el uso que Tbomasius había hecho de la noción bajo el influjo de Gmcián (cf. . Delbos. puede convertirse en un deber al menos indirecto». igualmente la búsqueda de la felicidad es le­ gítima. entre éstos. más aún. sino la habilidad de utilizar para los sola def s disposiciones natu­ a propios fines a hombres libres.

.234 APÉND1CES LA PRUDENCIA EN KANT 235 retenga más que la prudencia mundana. Bthik und Politik. En primer lugar. excluida de la moralidad. Los argumentos mediante los cuales Kant justifica su tesis en el caso particular del estable­ cimiento de la paz perpetua podrían ser generalizados. p.7° La respuesta de Kant a la cues­ tión que él se plantea a sí mismo es la que se podía esperar: el problema político es un problema moral. por el contrario. la desgracia de los demás. tica del juicio. Kleinere Schriften zur Geschichtsphilosophie. de la prudencia como arte de asegurar. con las me:jores intenciones. Por una parte. no sólo más eficaces. no técnico. siendo i11Condicional. En tercer lugar. se trataría de un problema técnico (Kuns­ taujgabe. aquélla choca con la resistencia de los otros hombres. en el segundo de Lln problema moral (sittliche Auf gabe. 158. problema technicum) que depende de la prudencia política (Sta­ atsklugheit). es decir. 132. reivindique al menos un lugar en el ámbito al cual el sentido común la aso­ cia por lo general. incluso si apunta a la instaLU-ación del orden moral. que la prudencia. o si su exigencia debe ser derivada inmediatamente de la ley moral. de saber utilizar a Jos hombres para nuestros propios 97 y 104-106).. En el primer caso. se encuentra en una situación diferente de la acción moral individual. 159. La ley moral exige de cada uno una obediencia absoluta. que la verdadera política es una política moral. Sobre todo en la Pedagogía. en Kant. K ant se pregunta en este texto si la paz pe1petua debe ser buscada como medio para la con1¡ecución de la prosperidad y la felici­ dad de los pueblos. fácilmente. !bid. la acción política. la política no es prudencia. el sujeto del derecho (aquí cada uno de los estados) no le debeóa obediencia más que en cuanto éste considerara este estado de derecho como corres­ pondiente a su interés. Por otra parte. ¿Por qué se plantea el pro­ blema aquí con una aguc.. un principio político fund ado sobre «las tortuosas sendas de una doctrina in­ moral de la prudencia>>72 sería suf tcientemente oscuro como para favorecer las interpretaciones y autorizar así toda suerte de escapatorias y disfraces.. aunque no sean su razón de ser. este desinterés por los efectos secundarios de mi acción parece implicar un correctivo en el orden político. pues. en cada caso par70. el resultado que se puede esperar de una so1ucióJ1 científicamente elaborada sería «incierto»/1 dada la complejidad y quizá incluso la infinidad de elementos empíricos que pue­ den actuar entre la solución presentada y su realización. pues si ésta choca en su realización con obstáculos nattu·ales. cual define como «el arte . p. to a la paz perpetua». . puesto que la prudencia es defini­ da en ella como «habilidad para ejercer una influencia sobre los hombres y sobre su voluntad)). Una analogía tal entre politica y prudencia está para Kant tanto más excluida cuanto que él mismo se esforzará en mostrar. si uno de los sentidos de la incondicionali­ dad del imperativo categórico es que ordena actuar de tal o cual manera. /bid. V orli. donde el r iesgo es provocar. me parece. o de lo que Kant denomina una política moral. 69. dependiente de la sabiduría política (Staatsweisheit). ed. un principio político inmediatamente fundado sobre el deber escapá a toda «sofística» (Sophisterei):13 «está claro para todo el mun­ do. si el problema político fuera plan­ teado como un problema técnico. Kant esperaba de su docttina del deber. p. hace imposible toda combinación artificial (Künstlei) y conduce direc­ tamente al fin». donde asimj)a Klugheit y W elt klugheit. Si el sujeto moral debe ser indiferente a las consecuencias que pue­ de tener para él mismo el cumplimiento del deber. sino más aptos para evitar consecuencias negativas a los demás. 157. las «ventajas» que. si el derecho (el derecho internacional que se trata de instituir) reposara sobre el interés (aquí el interés de Jos estados en renunciar recíprocamente a la violencia). p. la poHtica es si n jor puesta a prueba la incompatibilidad duda el lugar donde puede ser me afirmada por Kant entre moralidad y prudencia. cf. p. 71. no tiene ningún derecho a desinteresarse de lo que puede pasarle al otro por este hecho. en definiti­ va.&) No será de extrañar. sino sabiduría. . pp. aplicación inmediata de la ley moral. cualquiera que pueda ser la intención: así como la imprudencia y la f alta de tacto son aquí manifiestamente f altas morales. la mayor felicidad (o la menor desgracia) colectiva. . xm. 72. !bid. no presupone ni un conocimiento general (que sería de hecho inalcanzable) de la naturaleza ni. aplicadas a la solución de un problema po­ lítico. p.inder. Cri tración o el gobiemo de sí mismo. Se pue­ den. cua­ lesquiera que puedan ser las consecuencias. al menos nombrar tres. 73.(¡$ Y es este sentido el que prevalecerá en los otros escritos de Kant. En segundo lugar. Kant fue lo suficientemente consciente de este problema como para consagrarle el primero de los apéndices de su obra La paz perpetua ( 1795). /bid. Zum Ewigen Frieden. apéndice titulado «Sobre la discrepancia entre la moral y la política respechay analogía entre la experiencia económi co­ política y la experiencia moral. a la fines» (p.74 V olvemos a encontrar aquí. como vere­ mos. pro­ blema morale). se estaría tentado de pensar que la prudencia como «habilidad para ejercer una int1uencia sobre los hombres» podría encontrar aquí la ocasión de poner su técnica al servicio de la moralidad. 68. al mismo t iempo que el reino de la moralidad. a saber. su solución exigiría un conocimiento profundo de la natumleza. 74. 159. la política. incluso en este caso. se estaría entado t de concebir entre la intención moral y su realizadón politica una función legítimamente media­ dora de la prudencia como elección de los medios. 159.ieza part icular? Se pueden encontrar en ello dos ra­ zones. Más exactamente.

loso fía. 151. Es uno de los argumentos que usa Kant en su célebre discusión con Ben­ jamin Constan! Sobre un pretendido derecho a mentir por humanidad (1797): si digo la verdad (aquí. parte 1. 40. el que en política lleva al ten·or. imprevisibles en su totalidad). ad jinem).17 es decir. «no puedo intercambiar el deber (en tanto que liquidum) por la regla de la prudencia que permite no tener que aspirar a lo irrealizable (Untunliche) (pues es éste un illíquidum por pura hlpótesis)» (Sobre el lugar común. historia. jamás h a convencido a nadie.7s Así. luego puedes. pp. cuando en realidad éste exige ser cumplido. Kant no llega. p. 82. 78. una deliberación sobre los medios y el cálculo de las consecuen­ cias (el cual es. La razón más aparente es que la prudencia queda ligada para él a la bús­ queda de un «provecho». imposible. que a falta de certeza hay grados en la probabilidad y que. Que la Revolución francesa. como dice Sartre. Kant ha excluido de modo consecuente la posibilidad de conflicto de deberes. pero nadie le dispensaba de plantear el caso en el que el cumplimiento incondicional de mi deber supone el riesgo. si por el contrar humanidad y.81 Pero también po­ dría ser que la idea moral aplastara en su camino. por distracción. p. 84.13 Pero sería fácil objetar que todas las consecuencias no son igualmente imprevisibles. p. ed. Vorlander. habrá omitido prever. § 8.84 Contar con la acultades ( 1798). aquello en lo que consiste el deber se presenta a cada uno por sí mismo». puesto que se sospecha que la delibera­ ción sobre los medios retarda y hace finalmente «condicional» el cumpli­ miento del deber. como Hegel concederá. es necesario que en una situación límite el sujeto moral asuma algunos riesgos. 1919.76 a la satisfacción de una inclinación de la sensibi­ lidad. desde ese momento. pues la probabilidad de la consecuencia es bas­ tante desigual en Jos dos casos. de conducir a la violencia. persiste en justificar el adagio Fíat justitia. con todas las fuer­ zas o por todos los medios. en Kant. las consecuencias. por ejemplo. cf.miento tal es decididamente extraño a la moralidad. después de todo. a reconocerle a su doctrina --declarada aquí «inmoral>>.'9 estaba al1í para recordarle que no es precisamente la prudencia. Kant excluye por detinición los medios inmorales. segunda sección. 76. Sobre este último punto. es perfectamente clara y no se presta a interpretación. V orlander). la capacidad tr adicionalmente reconocida a la prudencia de escoger. Traándose t de moral política. y. la verdad sea dicha. dicho de otro modo. 81. el viejo Kant. lo que se debe hacer según la presuposición de la hcteronomía de la voluntad es difícil y ellige el conocimienro del mundo.s2 Kant respondería aquí sin duda alguna mediante el argumento de la im­ previsibilidad de las consecuencias. Kleinere Schriften. el hombre perseguido ha salido entretanto a la calle. por sus consecuencias. «más de una flor inocente». Kant nos prohf be su­ bordinar el cumplimiento del deber a especulaciones sobre su realizabilidad: mien­ tras no se me demuestre que el cumplim iento del deber es imposible (y tal demos­ tración no podrá nunca darse de modo científico). de sus actos). dicho de otra forma. ne­ gligencia o simplemente estupidez. y que un procedj. Vorllinder. Mediante la célebre fórmula Debes. pues las consecuencias son infi­ nüas. Conflicto de f 80. donde su asesino le encontrará. de dañar al otro. «mit allem Vermogen». p. 108. Pero la noción de irrealizable o imposible debe­ ísica (cuya invocación sería en efec­ ría diferenciarse: no sólo se da la imposibilidad f to pereza). Sobre el lugar común. sobre todo en el ámbito político. de pasada. incluso imprevis ibles. p. En este sentido la reflexión sobre la esencia del político llevará a Max We­ ber a oponer a la ética de la intención (Gesilmungsethik) una ética de la responsabi­ lidad (Verantwommgsethik) (Politik als Beruf. como dice al menos una vez kant. Ciertamente. por responsable de las consecuencias de sus actos que. Pero. en un pasaje que no es de su mejor cosecha. «yo podría con raz. incluso en sus comienzos. abandonar a la madre enferma para luchar contra el opre­ sor?). 74. 'IDICES LA PRUDENCIA EN KANT 237 ticular.236 APÉ. 160 y 161. 203). pereat mundus.80 Sin embargo. p. no soy responsable de las consecuencias. El formalismo de la ley moral. 64: «Lo que se debe hacer según el principio de autonomía de la voluntad puede ser discernido muy fácilmeme y sin dudar por el entendimiento más ordinario. La paz perpetua. El ejemplo de la Revolución francesa. sino el moralismo. la conciencia moral popular continuará teniendo al politico. .ón ser acusado de ser el autor de su muene» (Kleine Schriften. una capa­ cidad tal queda en él sin empleo. entre los medios más propios para realizar un fin supuestamente moral. haciendo significar arbitrariamente a mundus «los malos de este mundo» y comentando: «El mundo no perecerá por el solo hecho de que haya algunos malos menos». pecara contra la prudencia era precisamente una de las tesis de Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790). que son la categoricidad del imperativo y el desinterés tanto por los medios como por 75. en la que Kant reconocía justamente la primera tentativa de una moralización de la política. de la. 77. los únicos que son moralmente compatibles con este fin. comprendido el del error en la previ­ sión. contiene el riesgo. Crftica de fa razón práctica. que pueden producir secundariamente consecuencias que no se pueden querer legítimamente?78 Kant presintió aparentemente que este último punto era el más débil de su doctrina. Este argumento. el caso en el que la falta de habilidad y la imprudencia pueden ser culpables.de la prudencia un estatuto positivo. como al sujeto moral en general. imposibilidades cuyo desconocimiento sería ligereza y finalmente imprudencia. ni siquiera en el terreno político. § 6. Pero ¿qué pasa con los medios moralmene t neutros. Vorliinder. 79. por lo demás. desde el momento en que asume las responsabilidades correspondientes (es ahf donde Max Weber verá lo trágico del oficio de político: el hombre político es res­ ponsable de las consecuencias. sino también imposibilidades que se podrían llamar de conveniencia (¿se puede. La paz perpetua. Lecciones sobrefi 83. asf. respondiendo al criminal que el hombre que persigue se encuentra io miento por en mi casa). con sus corolarios. capí­ tulo 1.

Ét. Al círculo hermenéutico.86 Desgracia­ damente. En un único pasaje. pero no se trata más que de una mediación La paz lógica entre enunciados. sino la organización de un dato obligado a plegarse a sus condiciones. Cf. desde el momento en qne se preocupa no sólo de su propia rectitud. porque temía que el análisis de las condiciones de realizabilidad y. de este añadido a su doctrina. no sólo en su filosofía política. un arte difícil. parte II. 89. 1962. era la ulli­ dad de una cierta teoría y de la práctica. el ejemplo de Aristóteles habría podido mosu·arle que la ley. Tubinga. 56-87. que encuentra su solu- o no cae bajo la regla». <<Aunque la política sea por eUa misma y «Primera división de la ética». ella debe ordenar. sino de su utilidad para los hombres. La Típica proporciona.89 Pero esta casuística no tiene otra razón de ser que permi­ tirnos reconocer «Si tal acción posible en la sensibilidad es el caso que cae de toda mediación efectiva entre teoría y práctica.final de la Introducción. al . gracias a la fom1a de la ley natural. 159. Lo que está aquí en juego no es.icltr halbieren) ni imaginar la solución intermedia que sería un derecho pragmáticamen­ te condicionado (a medio camino entre el derecho y el interés)» (La paz perpetua.91 Así. Yorliinder). 1 19. De hecho. añade: «pero acordándose de la prudencia.a7 tiende a integrar en sus enunciados la posibilidad de su propia excepción. entre la intención y las consecuencias. virtud intelectual. 162-163. Aquf no se puede cortar la pera en dos (man kan n. la cohe­ rencia del sistema kantiano.la justicia. Con los tiempos modemos. se volviera contra la defLOición de esta última.lítica sóLo el pr incipio moral «Conduce directamente al fin». Kant es el primer filósofo que piensa en su radicalidad la revolución cien­ tífica que ha marcado la llegada de los tiempos modernos. que hace que. sin embargo. 14. para Aristóteles. escapa a toda interpretación. Kant ciertamente se dio cuenta en var ias ocasiones de la posibilidad de una casuística. Introducción. y no de una mediación real entre la moralidad y la y Jos medios. 19 ( 1 955). pp. sino sólo de su subsw1ción posi­ ble o no bajo una regla general. pero tanto más apto para el dominio técnico del mundo.85 no dispensa al hom­ bre de hacer todo lo que depende de él para que las consecuencias no contradigan la intención y que la moralidad no se vuelva. permite orientarse entre ellas. Es lo que Kant dice expresamente a propósito de la política. se habrá podido observar que en esta problemática. «La typique du jugement pralique pur». Se trata del capítulo donde Ar la necesidad de la equidad para «Corregi r>> la rigidez de . añadamos. de realizabilidad óptima de la ley moral. el rechazo de una doctrina logra compensar el reconocimiento de su valor naturaleza. Archives de Phi/osophie. quien no consentirá nunca a ver en ello un problema. Después de haber dicho que incluso en po. que manda no hacer llegar este fin precipitadamente y con violencia. 86. no será jamás tematizada por Kant. sino construcción del objeto.. H. 9 1 . . el enraizamiento de la práctica en un saber lo suficientemente consciente de sus limites como para buscar en la finura de espíritu. como parece hacer aquí Kant finalmente.90 no se trata de las condiciones de efectuación de la máxima. o todavía «aplicar a una acción Pp. perf ectamente unívoco. era sin duda demasiado tarde en 1795 como para que Kant hubiera moral de la prudencia. aunque sea pro­ visionalmente. Esta tarea habría parecido sin duda imposible a Kant. P . como en Jos Antiguos. rechazo que no pragmático. Y. Gadamer.238 APÉNDICES LA PRUDENCIA . El problema de la armonía o la de sarmonía posible entre el fin perpetua. metodoló­ gicamente privado de toda dimensión ontológica o axiológica. La prudencia aristotélica. entre libertad y natura­ leza. Cf. en especial Metaj(sica de las costumbres. §§ 301-302. en especial a propósito del pasaje de Aristóteles citado en la nota pre­ cedente. El saber ya no es comprensión del ser. G. pp. Crftica de la raz6n práctica. Cf. Igualmente el rechazo de esta doctrina se confundía para Kanl con el rechazo de esta mediación. 160-161. una prag­ mática con una práctica. Nic. Kant parece hacer un lugar a nuestra ob jeción. el cual se confunde con su proyecto. contra ella misma. Wahr heit und Merhode. la unión de la política con la moral no es en absoluto un arte.88 Kant opone la linealidad inflexible del deber que. pues «de aquello que es indeterminado la r egla correspond iente también es indetem1inada». sino alcanzarlo incansable­ mente y teniendo en cuenta las circunstancias f avorables». 88. 90. . un saber tal. El problema habr ía sido articular. Y esta verdad no puede medir­ se fuera de las condiciones históricas de aparición del sistema kant iano. la ley deba autorizar su propia interpretabilidad en función de circunstancias que. pues. en el seno de la filosof ía práctica.EN KANT 239 Providencia. Por otro lado. sino su verdad. desde el momento en que un conflicto surge entre ambas . sacado del apéndice al proyecto para la ción de principio en la «Típica del juicio práctico puro». como la regla de plomo de los lesbios que se adapta a las sinuosidades de la piedra. Marty. donde el pro­ blema se plantea con una especial claridad. no es de ninguna ayuda desde el momento en que se trata de di­ rig ir la vida humana. sino ambién t y sobre todo en su filosofía práctica toda entera. una mediación entre la ley moral universal y la máxima de las acciones particulares. p. priva a Kant podido sacar partido. Yorlander. la experiencia sobre la cual reposa ya no es. pues ésta rompe el nudo que aquélla no puede desanudar. . más que en la extensión y la potencia. § XVU 85. la condición de su utilidad para el hombre. de jándolas ser como son. l l37b 29. aquella familiaridad con las cosas que. que ignora tanto el ser de las cosas como sus fines. sin alterar el concepto de esta última. y a pesar de in concreto lo que es dicho en la regla de una manera universal (in abstracto)». VorUinder. Ahora bien. istóteles muestra 87. no es abordado de ninguna manera. F.

1 960. Citamos según la edición Bywatcr.0 ed. D. Rackham. 1882-1 909 (se encontrarán Jos comentarios sobre Ét. 1884. a completar por XXIJ. de la Academia de Berlín. la filoso­ fía de la ciencia moderna bien puede ser una ftlosofía operativa. consecuencia del progreso científico. Armstrong. reimpresión 1957. 92. 1956 ss. Para el libro VI sólo existe el comentario de Eustrato. Teubner. Kant supo escapar al dilema del determinismo y del decisionismo. donde la proliferación de medios. . parece contrario al nuevo ideal de la objetividad científica. D. por F. [ BIBLIOGRAFÍA TExros Obras Completas Aristotelis Opera. Especialmente en su escrito De nostri temporis studiorwn ratione ( 1 /O!. cf. Berlín. Berlín.l). Gigon. 1935. Smith y W. 12 vols. de O. en especial las pp. XIX. Aristoteles W erke in deutscher Übersetzung. al contra­ rio. Magna Moralia. la sugerente obra de W. la consecuencia de esta «revolución»: la teor ía puede tener sus corolarios «técnicos». Éticas Principales ediciones (además de la de la Academia de Berlín) Ética a Nicó maco: Susemibl. 2. El r rente a nuestro mundo moderno. 1912. pero no se podrá nunca deducir de ella una práctica. 1 894. 1883. 1958). Apell. Pseudo-Aristóteles.. 1956. (han aparecido el vol. Pero no se puede pedir a su razón práctica mác:. Ross. Commentaria in Aristotelem grcteca. La neutralidad axiológica del nuevo saber científico corría el riesgo de no dejar para la acción humana otra alternativa que ser un fenómeno entre otros. VIII. de la Academia de Berlin. 23 vo­ lúmenes. de Susemihl y de Rackharn. que re­ duce el sujeto a no ser más que la pura y simple condición de posibilidad de esta objetividad. de Gmyer. 1963. Dirlmeier.92 la idea de un saber prudente. Solomon). ser un islote de indeterminación y de arbitrariedad. de lo que puede dar: si nos dice a cada paso Jo que no hay que hacer. en ningún caso nos proporciona el saber imposi­ ble que. de un saber que hace virtuoso y feliz a aquel que Jo posee. e incierta jicamente cada vez más dif la realización adecuada de los fines.. ed. un mundo en rigor «imprudente>>. Neuwied-Berlfn. Ét. ed. 5 vols. Loeb.. pero no será nunca una filosofía práctica. Politik und praktische l'llilo· sophie. Nic. 1908-1952 (el vol. 2). nos penuitiría discernir la ocasión propicia o el peligro amenazante y adecuar proporcionalmente a iesgo de la moral kantiana es el mismo inhe­ ellos nuestros esfuerzos. 1935. por G. Sobre la actualidad de este texto para la reconstitución de una «filosoffa pn íctic11» en el sentido aristotélico. científicamente determinable y técnicamente construible o. incluso los más morales. A. 1 831-1870. Kant no hace sino sacar. Eud. col. Akademie Verlag. Nü. y De vi11utibus et vitiis por J. Nic. Ética a Eudemo: Susemihl. Oxford Classical Texts. por O. De virtutibus et vitiis: según las ediciones de la ÉL. 1960 ss. J. Bur­ net. en el gris indiferente de los fenómenos. y el vol. Ross. Eud. es decir. Bywater. y la paráfrasis atr ibuida a Heliodoro..:. Teubner. bajo la dirección de J. IX comprende Ét. Oxford University Press. 1880. Ét. 1900.• ed. por F. XIX-XX. Dirlmeier. bajo la dirección de E. VI. 3. Stock. hace paradó­ ícil la previsión de las consecuencias.. Londres. por W. Loeb. Por su concepto de una razón práctica. XX. de una indeterminación de la voluntad por una racionalidad que no es sin embargo la de lá ob jetividad científica.240 APÉNDICES algunas protestas de las cuales la más notable es la de Vico. Mag­ na Moralia. Magna Moralia: Susemihl. Leipzig (Teubner). so de reedición. en los vols. Gru­ mach. Hennis. 1 . con más lucidez que los otros. en cur­ The W orks o fAristotle translated into English. col. 53-54. es decir.

Kl.. Vrin. 1930. pr. París. Comentar ios Comentarios griegos: Véase supra en Obras Completas. Política. Vrin. 1932-1938 (hay traducción castellana de Quintín Racionero. París. 19 1 . Oxford. 1957. Stzb.. n. Tricot. edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Retórica. G. Oxford. Oxford. ibid.. Gigon. Fragmentos: edición Rose. Hist. Rev. 1957. introducción y notas de Julián Marías. de M . traducción y notas de Julio Palli Bonet. Cambridge. traducción alemana de O. 1961.. 2. ? Otros textos de Aristóteles Hemos utilizado además de las Aristotelis Opera citadas más arriba: Meta física. Jl problema della Vita contemplativa nel Mondo greco-romano. Magna MOI'alia. Para la Ética a Eudenw y Magna M01·alia (Éthique a Eudeme y Grande Mora/e) sólo existe la traducción. X.242 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 243 Ediciones parciales: Ét. 1882. Berna. supra). Comentanos parciales: libros 1 y II por J. Aristotle 's Protreptic:us. t. 1856 (La mora/e d'Arí szote. -. París. ID). Susemihl. Grundprobleme der antiken Philosophie. 1 985�. M. 1909. Festugiere. traducción de J. edición y traducción de M. 1947. París. 98-104).-A. l.. W. Oxford. por L. 1 886. Instituto de Estudios Po­ Líticos. Milán-Roma. Madrid. Ética Eudemia. 19872). Nic. 1995). Madrid. Walzcr.. Copenhague.-Y.• ed. W. traducción inglesa (según el modelo del Aristoteles del mismo autor) por R. por J. 1955. 0. París. Düring. París. Payot. por L. 1934. Dufour. 1960. edición de W. Reconstruction.174. ed. Grenwood. de Barlhélemy Saint-Rilaire. W. Texts). 4. R. 1960 (reseña de H. Ross (Col. París. An Attempt at. Jaeger. 1909. Tricol. H. Rees. J. Spiazzi. VII. Ross (Col. Edizioni di Stor ia e Letteratura. pp. texto alerm1n reproducido en Scripta Minora... Texts). introducción y notas de Julián Marías. 1930. Tricot. Cruchon. 2. Carteron.• �d. Universidades de Francia 1939. Nic. Ética a Eudenw: en la edición ele la Ética Nicomáquea. Aubonnet. Turín-Roma. Par ís. Lerevre (Les grands problemes de la plrilosophie anti­ que). Gr illi. Tomás de Aquino. Philos. por Dirlmeier. 19�5 (re­ producción de un curso de 1902-1907). en Acta Congressus Madvigimri. 1958. Oxford. París. Grcdos. 1948. libro VI por Greenwood y libro X por Rodier (cf. Nauwelaerts. fr. Organon: Tópicos y Ref utaciones s o f ísticas. D. Ak. libros f y Il. Robinson. Jaeger (Col.-hist. «Les trois vies». 1962 (tra­ ducción castellana: edición bilingüe y traducción de Julián Marías y María Araujo. Éd. edición R. Madrid. también hoy la traducción francesa de J. . de la Revuc des Jeunes. d. Dirlmeier (1 956). Ro­ dier. cf.. phil. t. colección Budé. París. 1 953. 1949. Roma. París.... Irn­ misch Leipzig (Teubner). París-Lovaina. Traducciones francesas Ética a Nícómaco: Éthique ¿¡ Niconwque. Gigon (con importante introducción). Centro de Estu­ dios Constitucionales. 1928. en Archives de Philosophie. Souilhé y G. Bocea. col. in­ troducción de Emilio Lledó. hay que añadir: Joachim. Vrin. para el resto. Zwich. muy insuficiente. Artemis-Ver1ag. por R. 1936Física. edición y traducción de J. Ollé-Laprune. 1926 (hay traducción castellana de Guillermo Rodríguez de Echandía. 1989). Gredos.. In decem libros Ethicorum Aristotelis ad Nicomacum ex­ positio. traducción del Organon de J. Ét. Marguer itte. Florencia.. Proceedings o f the Second Imenwtional Congress o f Classical Studies. Texts). 1958-1959. Leipzig (Teubner). Traducciones castellanas Ética a Nicómaco. ESTUDIOS A) Sobre la moral griega en general Bumel (1900). Ét. 2 vols. A completar hoy por l . libros 1 y U. A. 1953 (hay traducción castellana de Va­ lentín García Yebra. supra). Vrin. Jolif. 131. Franke. 1985. 3 vols. edición y rraducción de H. 1958 (cf. 1961 (Acta Uníversitatis Gothoburgensis). 1958. Madrid. Marictti. Grcdos.. ed. A. Wiss. Libené et civilisation chez les Crees. Madrid. pp. Nic. revisada por O. trad. 1897. 1995). d.. por G. VI. Gauthier-Jolif. Comentar ios modernos Ética a Nic6maco: Ademá s de las ediciones y traducciones ya citadas de (Guillaume Budé). Tricot. D. Vlll. Gredos. 2 vols. Gote­ borg. 1955. D. Gauthier y J. 1959. edición de F. Madrid. 1959. A. Über Ursprung und Kreislau f des philosophischen Lebensideals.

traduc­ ción francesa de C. ll. Scbuhl..». Essai sur la problemati­ Wiss.. Mélanges A. M. xm-xxrv. 5. Apelt. reimpresión. Mét. Ph. tomo lli. 2. b) hasta 1959 en Gauthier y Jolif. V orlesungen über die Geschich. Die Ph. 1955. 1948. PUF. Teubner. Hamebn. Berlín." ed. R. 1. 1913. 1955.. 120-127. XIV... Rev. E. Le theme philosophique des genres de vie dans l'Antiquité classi­ que. Stzb. Aristotle's Theory o f Practica/ Cognition.. 1924. Mansion. .. Introducción al libro X de la Ética a Nicómaco. Arnim. París. 2 vols. M. 1 . 1960. Lovaina-Pa. 2. París. traducción inglesa de R. 1962. P. París. C) Sobre las relaciones entre la moral y la metafísica en Aristóteles Schaerer. Ratisbona. «Aristotle's Account of the Origin of Moral Principies». 3. Die Entdeckung des Geistes.enomen. París-Ottawa. Ollé-Laprune. Padua. 2: ed. Payot. David Ross. von. B) Sobre la moral de Aristóteles en general Se encontrará una bibliografía casi completa: a) basta 1912 en O. Research. 7-36. Wiener Ak. 2. 22 (1961). Gauthier. Aubenque. 1882. 1953. 1962 (h ay trad. Kausalitiit und Zuf all bei Aristoteles. E. G. Leip­ zig. Stzb. Lefevre. Vrin. reproducido en Études de Philosophie Grecque.. vol. -. 1957.. 1958.. G. J. Gadamer.. R.• ed. 1955.1911. en Autour d'Aristote. Kioto. 81-97. E. Régis.. 1955. 139-171. L'homme aruique et la structure du monde intérieur d'Home- r e a Socrate. París. traducción francesa RobiJ1. M. Actes du X I Congres lnternational de Philosophie. París. que aristotélicienne. Zelle. Lovaina-París. París. La m01·ale antique.-M. «La m01·ale d' Aristote». Essai sur la morale d'Aristote.. Ética a Nicómaco. Bruselas. pp. Berlín. Wiener Al<. 2. H. 1881. B. H. L. Wittrnann. PUF.. Le bonheur chez Aristote.ilos...: E l problema del ser en Aristóteles. CJ. cast. traducción alemana de P. 1946. Ro­ binson. L. 1951. XII. 1928. LI. Stuttgart. 207. Mét. 1837. R.. (La liberté grecque). de JI. 5.-hist. Ethik der Griechen. Dür ing..-Hist. QueUe und Meyer. · 1956. «Der aristotebsche Protreptikos und die entwicklungs-ge- 2. Le probteme de l'etre chez Aristote. Glockner (JubiJaumsausgabe). 1897.. 1934." ed. tesis doctoral. 1960. Eranos. 1942.. fr. XVlli. Phii. Wiss. 1987). 1926.. <<Aristotle in the "Protrepticus"».. París. L. Antenore.. pp. (<The Practica! Syllogism... 1923. . Le dominateur et les possibles.. Taurus. Clarendon. Mansion. des Lettres. 202. D. Par ís. Die Ethik des Aristoteles. E. Aristotle.. PUF. 205.te der Philosophie. 1912. Nik. Schrnidt.ilosophie der Griech.rís. The Philosophy o f Aristotle. Hambmgo. J. 1956.. publicado por W. 1923. d. Aristoteles. des Lettres. Riondato. 1923. 1923. pp. D. trad." ed. Payot. de Letras de Argel). 3. 1833.. pp." ed. nueva ed. ibid. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung. Basilea. 1935. Oxford.. 1959. Wundt. Die drei aristotelischen Ethiken. París.. Robín. Oxford University Press. 153-162. D. J.. «L' Anthopologie d' Aristote».. «P. Kl. París. Madrid. d.. de Wellmann. Eth. 1923.). Snell." ed. 0. d. H. Storia e Metafisica nel Pensiero di Aristotele. 1961. Heidelberg. 1955. La morale d'Aristote. D) Sobre phrónesis y temas relacionados Allan. Berlín. 325-342.-M. XLIV. Stuttga. !. Nauwelaerts. Mor. W. 1955. Aristote.roblems in Aristotle's "Protrepticus"». en W erke. . Richter.r. Londres. 4. pp. 52 (1954). Royale de Belgi­ que.rt. de la Ética a Nicórnaco. Weil. pp. pp.. Ravaisson.. La mora/e d'Aristote. Hegel. 1946. Philos. Takatura. R.. F. L.. Leipzig. Argel.. Claassen. 1952. Das Ethische in Aristoteles' T o pik.. 1942 (Curso de la Fac. 245 Joly. «Some Remarks on Aristotle's Doctrine of Practica! Reason». PUF. d. and Ph. Weidmann. 1920. Weiss. Léonard." ed. Mor.244 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BIDLIOGRAFÍA Ross. Geschichte der griechischen Ethik.. Rev.. 3.. L. Jaeger. París. 1944. Nauwelaerts. en Autour d'Aristote. 1908. 1955. t. t. 1958. Hamburgo. 2. Pohlenz. 6. Schwartz. Meiner. 1938. Mesnard. L'opinion selon Aristote. Allan.. Griechische Freiheit. Eudemische Ethik wui Metaphysik. 2 vols. P . Mémoires de 1'Ac. 255 ss. W.. Wilpert.-A. 1948. von. 1958. pp. Rodier. pp. ampliada.. 1925.. Cl.. 497 ss. París. Mélanges A. Essai sur la métaphysique d'Aristote. 917-940 (a completar por Dirlmeier. H." ed. Demos. pp. K!. P. F. Ethik der alten Griechen. -. Ando.. 1.en. prefacio de sir Amim. Mémoires de l' Académie Royale de Belgique.

2... «De la virtud ética». Walz. de la Revue des Jeunes. BAC. F. XI). Leipzig. nueva ed. Delagrave. Fragmente der V lín. 1937. pp. XVU». 25. 1949. tesis. «Sapienza e Prudenza nel pensiero político italiano dail' Umanesimo al sec. Suma teolóeica. N. 9. «Teoría e Prassi nel Pensiero dell' Academica Antica». B.. 80-107. Staate. Wcidmnnn. Noble.. 33 (193J).. 8). phrónimos y prudenria en el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de la Iglesia (pp. B.. Die Lehre van der praktischen V sophie. E. Berkeley-Los Ángeles. 1912. 1957). Le je-ne-sais-quoi et le presque-rien. Deman. 56-75. 69 (1948). . 51 ( 1956). col. M. pbrónesis.. en Mansion. Se encontrará en esta última obra: a) indicaciones sobre phrónesis. Aristotle's Theory o f Practica/ Principies. Tomás de Aquino. Die Phronesis in der Philosophie Platos vor dem. H. BerDiels.M. 1943. Kant. pp. pp. 1961. 1960 (Studia graeca et latina Gothoburgensia. de H. 42-61. 1905. Rev.. D. 1 9 1 8 . reimp. Jena. J. b) una bibliografía sobre la prudencia en santo Tomás (pp. Friburgo. Madrid. Philos. 1994). American Journal o f Philosophy. tesis. 1958 (hay traducción castellana de M.. Loeb. Revue Néo-sco­ phie. Delbos. M. Kranz. «Contemplation and Action in Aristotle's "Protrept sium Aristotelicum. Milán. en Die Gegenwart der Griechen im neueren Denken (Festschrift H. Jankélévitch. Mnemosyne. Rabinowitz. 1).: Para aligerar esta bibliografía no hemos mencionado las obras citadas en nuestro estuctio que sólo tienen una relación indirecta con Aris­ tóteles o con el problema de la prudencia. 63 (1 928). F. Beitriige zum aristotelischen Begriff der Proairesis. Kosel. Isnardi. istoteles und Platon». 2. Stoicorum veterum fragmenta.. 47-56.. 1929 (Neue Philologische Untersuchungen. ernunft in der griechischen Philo­ Walter. Monan. R. I-1. 389-396). E. 1960. ed.. VI. Munich. AJmqvist & Wiksell. rrunkfurt. Cleisionnis. Oxford. Traktat über dir Klugheit. 1932.. O.. de. Pieper. Das V erhi:iltnis der eudemischen zur nikom. tesis en . «The "Moral Sense" Aspect of Aristotle's Ethical Theory». Se las encontrará en su lugar.. Magna Moralia und aristotelische Ethik. en Moralia. 1954 (Zetemata.er. Gillet. Berlín. Fundamentación de la m. París. 1951 . de V. Hüf fmeister. tesis en Friburgo (Suiza). Du. Friburgo de Brisgovia.a ed. J. Tubinga. Hermes. 1959.. trad. Plutarco. cap.fondement intellectu. «Autour des Éthiques attribuées a Aristote». «Der B egriff der Prohairesis in der Nikomacbiscben Ethilo>. Madrid. Stark.. en Umanesimo e scienza politi ca. Die Klugheit in der Ethik van Aristoteles und Thomas van Aqttin. 1876. 1949 (de inspiración tomista).achischen Ethik. París. 1943. Philologus-Supplement.eta j!sica de las costumbres. Mu­ nich." ed. Aristotle's Protrepticus and the Sources o f its Recons­ truction. J. Kapp. 524-527) (bay traducción castellana de José Martorell y Damián Byrne. Philologische Untersuchungen zur Entwicklung der aristotelischen Ethik. .1924. pp. García Morente. 373-374.. Beck. E) Sobre Hirschberger. -. Pfeiffer. en las notas.. 7). 1957 (Publications de la Faculté de Lettres de Paris). Aristotle and Plato in the Mid-Fourth Century (Papers o f the Sympo­ Atenas. Michelakis. prudencia en la tradición pre y postarislotélic·a Amim. Goteborg. Mattei.Ba silea. 1928." ed. Mansion. 1957 (University of California Publi­ cations in Classical Philology. Aristoteles-Studien.. pp. 58 (1960). V. «Theorie und Praxis bei Ar pp. 89 (1961). pp.246 LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES BffiLIOGRAFÍA 247 schichtliche Betrachtung der aristotelischen Ethik». PUF. 1946). vol. G. G. Bollnow. 360-380. l. Kullmann. «Phronesis in den Schrifteo des Corpus Hippocraticum». Ga­ damer). 21 6-236.. H. J. q.. E. Kuhn. W esen und W andel der T ugenden. Espasa-Calpe. W. de Louvain. 1903. fr. orsokratiker. lastique de Philoso icus"».el de la morale d'apres Aristote. U a U ae. Mohr. El. R. publicado con el tí­ tulo La prudence. Hermes.• ed. La ?a­ rola del Passato. A. 4 vols. XVI. S. R. 185-219. von. 179-194. D. de Th. «La connaissance morale dans le "Protreptique" d'Aristote». 5 1-84. 2. Ullstein. Olmsted. N. 1 ." ed.. pp.. 138-164. 6 (1938). Leipzig. 1925. de W. 1958.

ÍNDICE Prólogo PRJMERA PARTE 7 EL PROBLEMA l. Las fuentes La interpretación . 2. SEGUNDA PARTE LA INTERPRETACI ÓN l. 3. lll. 15 18 23 24 29 35 TI. . El tipo. 3. - Prudencia y experiencia. 68. Los textos . El hombre de la prudencia l. La historia de las ideas . II. 2. Jaeger I. La contingencia l. Jaeger Crítica a la tesis de W. 43 43 52 63 dencia y habilidad. La norma . El e jemplo de Pericles. pru­ Cosmología de la prudencia l. 63. 2. Definición y existencia . Prudencia y contingencia Del azar divino a los fracasos de la Provi- 77 77 77 �� M . La tesis de W.

ta). 170.QWLS) . . . 137 el día 22 de diciembre de J 998 ' Conjeturas sobre la relación de los dos sentidos.250 l.La in­ Unidad de la noción de phrónesis. . . (nQOOÍ. 1 5 1 . am- Ill. 124. Apéndice 2. publicada por CRÍTICA. . 3. 205 210 212 241 Bibliografía . . 164. . . La elección Los dos significados de proaír esis.Tco­ óa aristotélica de la elección.L. 198. La prudencia en Kant Apéndice l . 2.El problema del fJ n y los medios. línlltes y equilibrio. Prudenci a y 1ibertad El momento oportuno (XaLQÓS) . 137. 177. c6maco . 84 90 91 99 1 06 Azar y vida humana según la Ética a Ni- 4. Deliberación y democracia. APÉNDICES Sobre la amislCid en Aristóteles La «phr6nesis» en los estoicos Apéndice 3. 164 TERCERA PARTE Y CONCLUSIÓN LA FUENTE TRÁGICA 'AvOQwmva <pQovei:v o la sabiduóa de los límites. bivalencia de este tema . . intención y clcccióo. . mortalidad en el límite. .. 3. S.E l juicio como cua­ lidad moral.El humanismo y lo trágico. Prudencia y juicio Ruptura en el universo de la teoría. Ética a Eudemo Fí sica .Í>f. 145. (yv<. 1 12 123 123 Antropologfa de la prudencia l. Deliberación y análisi 128. 193. 134.La buena deliberación (EMouJ. . 159. La deliberación (�O'ÚAc'UO"LS) - &ta obra. 184. LA PRUDENCIA EN ARISTÓTELES 2. se acabó de imprimir en los talleres de Novagrilfik. El tema de la «impotencia» de Dios. . de Barcelona 2.ll}) . 3. s.