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DEPRESIÓN ADOLESCENTES Y DESESPERANZA APRENDIDA

DEPRESIÓN ADOLESCENTES Y DESESPERANZA APRENDIDA

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DEPRESIÓN ADOLESCENTE La sensación generalizada de tristeza, irritabilidad y de poca autoestima caracteriza a quien sufre depresión.

Entre 3 y 10% de los adolescentes están deprimidos; el problema es más frecuente entre las mujeres (Nolen-Hoeksema y Girgus, 1994). La investigación revela que la tristeza, cólera e irritación dominan a menudo la vida de los adolescentes deprimidos. Están convencidos de que sus parientes, sus amigos y compañeros de clase no son afables con ellos (Cole y Jordan, 1995). Desean estar solos mucho más tiempo que los no deprimidos (Larson et al, 1990). Su vida no es satisfactoria ni agradable, sino vacía y sin alegría. Algunas veces la depresión es desencadenada por un suceso que produce menos reforzamientos positivos. A menudo la depresión empieza con una situación cuyo resultado el adolescente se siente incapaz de controlar. Los adolescentes admiten que la sensación de desesperanza se relaciona específicamente con cada situación. En la desesperanza aprendía, el adolescente y el adulto la generalizan y creen que siempre están a merced de los sucesos externos, incapaces de controlar su destino. A menudo la depresión proviene de esas sensaciones de desesperanza (Peterson, Maier y Seligman, 1993). Experiencia como las anteriores no causa depresión entre todos los adolescentes. Algunos parecen ser más vulnerables y eso ha orillado a los investigadores a buscar factores biológicos. Los estudios con gemelo e hijos adoptivos indican que la herencia es un factor muy importante. Los neurotransmisores parecen intervenir en el mecanismo bioquímico causante (Sevy, Mendlewicz y Mendelbaum, 1995). Algunos adolescentes deprimidos muestran niveles reducidos de norepinefrina y de serotonina, neurotransmisores que contribuyen a regular los centros que permiten sentir placer. Algunos adolescentes se sienten deprimidos porque los niveles bajos de neurotransmisores dificultan sentir felicidad, alegría y otras emociones placenteras (Peterson, 1996). Es indispensable tratar la depresión, pues de lo contrario, el adolescente estará propenso a problemas más serios. Se aplican dos métodos generales (Kazdin, 1990). Uno consiste en administrar antidepresivos que corrigen el desequilibrio en los neurotransmisores. Otro método es la psicoterapia. Hay muchas modalidades, pero las más eficaces enseñan habilidades sociales y la manera de reestructurar su interpretación de los acontecimientos para que reconozca las situaciones donde puede controlar su vida (Hollo, Thase y Markowitz, 2002). La edad de aparición de la depresión está disminuyendo, de tal forma que muchos individuos experimentarán sus primeros episodios de depresión durante la adolescencia. La prevalencia general varía desde 0,4% a 8,3% y es mayor en adolescentes que en niños.

Se estima que la prevalencia de depresión mayor es aproximadamente del 0.5% para la edad preescolar, sube al 2% en la edad escolar y se incrementa sustancialmente en la edad adolescente, pudiendo llegar incluso hasta un 5%. En la preadolescencia la depresión mayor afecta a niños y niñas en la misma proporción, con un incremento progresivo con la edad. Al llegar la pubertad el riesgo se incrementa en las niñas, de tal manera que en la adolescencia tardía, las chicas tienen de 2 a 3 veces más posibilidades de estar afectadas que los chicos. Hay múltiples factores que están asociados con la aparición, duración y recurrencia de trastornos del humor en la adolescencia. Señalamos factores biológicos, socioculturales y psicológicos que interaccionan para aumentar el riesgo de desarrollar depresión. Factores biológicos: los niños que tienen un padre o ambos padres deprimidos tienen dos y cuatro veces más probabilidad de desarrollar un trastorno depresivo, respectivamente. No existen sin embargo anormalidades o polimorfismos genéticos establecidos que proporcionen un riesgo mayor para el desarrollo de depresión mayor en niños, adolescentes o adultos. Aunque se han elaborado diversas hipótesis no existen alteraciones neuroendocrinas específicas asociadas a la depresión infanto-juvenil, si bien algunos estudios sugieren disrregulaciones del metabolismo de la GH, que podrían en el futuro convertirse en marcadores de rasgo del trastorno depresivo. Factores socioculturales: factores familiares que se asocian con depresión incluyen depresión parental, conflicto o divorcio y muerte precoz de un padre. Factores psicológicos: Los adolescentes con depresión exhiben frecuentemente baja autoestima, alta autocrítica, distorsiones cognitivas significativas, sentimientos de ausencia de control sobre los acontecimientos negativos, desesperanza y déficit en las habilidades sociales, comparados con los niños no deprimidos. El modelo de “distorsión-cognitiva” de la depresión mantiene que los adolescentes con distorsiones cognitivas, como una imagen negativa de sí mismo, del mundo y del futuro, es decir, y con estilos negativos para interpretar y afrontar el estrés, tienen alto riesgo de desarrollar síntomas depresivos cuando se exponen a acontecimientos estresantes. El modelo de “desesperanza aprendida”, se caracteriza por el desarrollo de actitudes pasivas ante situaciones a las que no se ve salida, lo que conduce a un estado penetrante de desesperanza aprendida que predispone a la depresión.

Tratamiento. Casi todos los ensayos de tratamiento publicados en los adolescentes referidos clínicamente con depresión mayor se han centrado en los tratamientos psicofarmacológicos.

Educación: El adolescente y sus padres deben ser educados de que la depresión es una condición biológica y que no está bajo el control del adolescente, así como de la importancia de la nutrición, el sueño y el ejercicio Apoyo y tranquilidad. La anergia, el desinterés, en combinación con los sentimientos de desesperanza, conducen a evitar responsabilidades sociales y académicas, lo cual conduce al empeoramiento de la depresión, así como al desarrollo de trastornos comórbidos como la fobia al colegio. Los adolescentes con depresión deben ser estimulados para participar en sus actividades normales de la vida diaria. Se les debe enseñar habilidades efectivas de resolución de Problemas. Intervenciones en el colegio. Las modificaciones de las actividades relacionadas en el colegio se deberían dirigir para ayudar al adolescente a experimentar éxito e incluir reducción temporal de la carga de trabajo y disminución del número de horas en el colegio. Psicoterapia. Las intervenciones psicológicas son una parte integral del tratamiento de la depresión en los adolescentes. Terapia del comportamiento cognitivo. Se usa la terapia del comportamiento cognitiva a causa del papel de la distorsión cognitiva en el establecimiento de la depresión y su objetivo es reemplazar las distorsiones cognitivas con creencias más saludables. Es de uso limitado en adolescentes, ya que ellos aún no han desarrollado las habilidades cognitivas necesarias para participar en esta forma de tratamiento. Psicoterapia individual. Ayuda al paciente a desarrollar habilidades de resolución de problemas interpersonales. Terapia de grupo. La terapia de grupo promueve el desarrollo de habilidades sociales y es útil para reducir el aislamiento social del adolescente deprimido. Intervenciones familiares. Las intervenciones familiares son parte integral del tratamiento de la depresión en adolescente. La terapia familiar del comportamiento sistémico es una combinación de aproximación de 2 tratamientos que han sido usados efectivamente en las familias disfuncionales de los adolescentes. El médico debería determinar el nivel premórbido del funcionamiento familiar, el impacto que la depresión del adolescente ha tenido en la familia y cómo han respondido los miembros de la familia a este factor estresante.

El modelo de “desesperanza aprendida” de la depresión Una de las teorías cognitivas sobre depresión más conocida, la desesperanza aprendida, es la expresada por Martin Seligman, quien constató, que en la vida de sus pacientes con depresión había experiencias negativas y dolorosas que

comúnmente aceptaban. Por ello, decidió investigar sobre el problema. Sus experimentos proveen valiosos discernimientos acerca de la depresión. Seligman expuso a quienes servían de modelos para la investigación a situaciones perjudiciales (como un ruido y muy molesto), más allá de su control. Dichos sujetos trataron de escapar de la molesta situación, pero las circunstancias no se los permitían. Siguieron intentándolo, pero sus esfuerzos eran en vano. Seligman y su equipo de la Universidad de Pennsylvani (Seligman, 1981) descubrieron en 1967, mientras estudiaban una teoría particular de aprendizaje en perros, un fenómeno que denominaron “learned helplessness”. El paradigma experimental conlleva dos fases: durante la primera el perro sufre una repetida estimulación aversiva, pero se le impide cualquier respuesta que pueda aliviar o evitar tal estimulación. Durante la segunda fase se despoja al animal de collar que le impide moverse y huir del estímulo punitivo, de tal manera que se le permite desplazarse y evitarlo. Curiosamente, en contra de lo que haría un animal sin ataduras no sometido a estímulos previos, el perro acepta pasivamente la experiencia traumática, de manera que parece haber perdido las reacciones adaptativas que le permitirían escapar de la experiencia aversiva. Sin que puedan extrapolarse al hombre los resultados obtenidos en esta experiencia, es indudable que la pasividad, la falta de agresividad, la inhibición social, la pérdida de apetito y peso, etc., que se observan en estos animales, son aspectos que recuerdan los aspectos psicopatológicos de la depresión humana. La desesperanza aprendía describe un estado caracterizado por la ausencia de conductas adaptativas porque no se reconoce la relación entre unas determinadas respuestas (adaptativas) y un alivio de los estímulos aversivos. Aunque este fenómeno ha sido poco estudiado experimental en el caso del hombre, se ha sugerido que en la depresión humana se recoge una historia existencial caracterizada por un relativo fracaso sistemático en ejercer control sobre los reforzadores ambientales, lo que lleva a una situación permanente de frustración. Para Seligman la depresión sobreviene cuando el sujeto se percibe a sí mismos como perdiendo todo control sobre tales circunstancias externas reforzadoras, lo cual le lleva a las vivencias de inseguridad, pasividad y desesperanza, que son características de la depresión. En este sentido, la falta de agresividad observada frecuentemente en muchos depresivos podría interpretarse como un síntoma derivado de las vivencias de impotencia y desesperanza. Como puede observarse, este modelo conductual implica aspectos cognitivos, sociológicos y existenciales, aunque desde un modelo de estrés- vulnerabilidad esta teoría implique cuestiones neuroquímicas (Turpin y Lader, 1986). Referencias: Kail, Robert., Cavanaugh, C. (2006). Desarrollo humano: una perspectiva del ciclo vital. México. Learning Editores. pp. 360-363.

Vallejo, Rubiola, J. (2006).Introducción psiquiatría. España. Elsevier. Pp. 500.

a

la

psicopatología

y

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Galdó, Muñoz, G. (2008). Atención al adolescente. Universidad de Cantabria. España. Pp.277-287.

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