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Celeste Smith Pasiones Ocultas

Escritoras Excomulgadas

Argumento

¿Qué pasaría si toda tu vida tranquila y estructurada tuviese un giro inesperado? ¿Si todos tus valores morales y tus principios fueran dejados de lado únicamente por una persona?

Samantha es una chica de nivel económico alto, proveniente de una familia con estatus social elevado y una reputación intachable. Toda su vida ha estado

guiada por normas y su futuro casi decidido por su familia y todo este tiempo ha

creído que es eso lo que de verdad desea en su vida

hasta que llega él.

Con su espíritu algo rebelde, envolvente y decidido, hará que Samantha deje de lado absolutamente todo por seguirlo y por cumplir con sus fantasías; hará que se rebele contra los estereotipos y todo lo que su familia ha establecido y por sobre todas las cosas, hará que en su cuerpo y su mente despierte el deseo profundo y oscuro que hasta el momento ha permanecido oculto llevándola a disfrutar de todos los placeres jamás antes conocidos.

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Capítulo 1

La ciudad de Ocean Beach, se ubica en la zona Sur del país; es un sitio

caracterizado por sus extensas playas de arenas blancas, rodeadas por grandes acantilados que constituyen lo más llamativo y exótico, del lugar para los turistas que deciden visitarlo. Ocean, se encuentra dentro de la categoría de ciudades privilegiadas, es un lugar de alojamiento principalmente para personas de clase social alta manteniéndose de esa manera a lo largo de la historia, puesto que la mayoría de las familias residentes poseen sus raíces ahí conservando las mismas reglas que marcaban a los estratos sociales hace ya muchos años atrás.

Al ser uno de los principales centros turísticos del país, cuenta con los

mejores establecimientos de hospedaje, restaurantes prestigiosos y cientos de comercios con las mejores marcas de vestimenta a los cuales acceden muchas personas por la calidad de sus productos y la excelente atención brindada. El clima es predominantemente caluroso debido a la posición geográfica de la ciudad, resultando los meses de invierno, agradables y algo templados. Las playas y avenidas siempre se encuentran colmadas de personas y la seguridad del lugar es muy estricta con el claro objetivo de mantener una convivencia pacífica.

La casa donde vivo, se encuentra situada sobre uno de los grandes acantilados que rodea las playas, dentro de un pequeño barrio privado donde han crecido mis padres y mis abuelos. La gran estructura ha tenido muchas modificaciones desde ese tiempo a hoy, siendo en la actualidad un sitio sofisticado y moderno que ocupa varias hectáreas y posee una posición privilegiada.

Mi padre, Francisco Flesher, es un importante empresario gastronómico y

posee una cadena de restaurantes internacional; es un hombre bastante ocupado que pasa bastante tiempo fuera de casa debido a sus negocios y quizá por esa razón

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no tengo demasiada comunicación con él. Mi madre, Rose Erning es una mujer muy sofisticada, presidente del club de tenis de la comunidad, y organizadora de eventos en Ocean Beach; finalmente se encuentra mi hermana Susan, tiene 30 años y es abogada pero no vive con nosotros, sino con su esposo en Europa razón por la cuál la vemos muy poco, solo cuando viene de visita durante las vacaciones.

Mi nombre es Samantha, pero todos me llaman simplemente “Sam”, tengo 17 años y soy una chica delgada puesto que cuido mucho mi físico y soy bastante adicta a los ejercicios. Mi cabello es rubio y ondulado, el mismo cae por mi espalda hasta mi cintura e intento llevarlo siempre largo; mis ojos son grandes, color verde oscuro y según muchos algo distantes aunque lo cierto es que soy bastante distraída. En cuanto a mi personalidad, es algo cambiante, depende del día y de mi estado de ánimo; pero puedo decir que conservo ciertos aspectos en todas las situaciones de la vida: soy directa y espontánea, me gusta decir lo que pienso aunque no soy el tipo de chica extrovertida sino por el contrario muy tímida, sobre todo con aquellos a quienes no conozco o no tengo demasiada confianza. No tolero las traiciones ni las mentiras en mi grupo de amigos y en caso de que pase algo de eso, prefiero alejarme y seguir con lo mío sin perjudicar a nadie.

Nos encontramos al comienzo de las vacaciones, el año escolar finalmente había terminado y como de costumbre había obtenido buenas calificaciones de modo que podía disfrutar de un merecido descanso. Siempre fui buena estudiante, me gustaba poder mantener la reputación de mi familia, de mi misma y hacer que mis padres se sintieran orgullosos de mi y este año no había sido la excepción.

Esa mañana aunque no tenía clases puse el despertador temprano, y me levanté para poder acudir al gimnasio con mis amigas a quienes conocía desde que era pequeña lo cual las ubicaba en el lugar de mis “Mejores Amigas” quienes sabían todo a cerca de mi y con quienes pasaba la mayor parte del tiempo. Ximena, es la más tímida de ellas, de estatura media, cabello rubio y ojos claros los cuales siempre parecen tener miedo; y Lucía, alta, morena y muy delgada, la más extrovertida y la que le aporta la energía necesaria al grupo cuando estamos un

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poco cansadas. Solíamos pasar largas tarde de compras en las tiendas, nos gustaba vernos bien, sobre todo a mí porque tenía novio, y me gustaba que sus ojos estuviesen en mí y no en otras; Douglas Adams… presidente del Consejo estudiantil, proviene de una familia muy adinerada y de buena posición social; un chico exigente no solo consigo mismo sino con todo lo que lo rodea, y eso me incluye a mí y aunque hacía casi un año que estábamos juntos no terminaba de acostumbrarme a muchas de sus manías, pero lo quería y suponía que con eso tenía que bastar.

Me puse vestimenta adecuada para hacer gimnasia, recogí mi cabello en una coleta y el chofer me llevó hasta el lugar dónde mis amigas me estaban esperando; tras saludarlas, entramos en el gimnasio y nos dispusimos a comenzar nuestra rutina en las bicicletas estáticas.

—Esta noche iré a cenar a su casa —dije tomando un poco de agua de la pequeña botella que tenía a mi lado.

—Esa Mansión es todo un espectáculo, he escuchado que los cocineros son italianos —comentó Lucía.

—Así es, la última vez que fui cocinaron una gran variedad de platos italianos… ellos son tan sofisticados que a veces me siento un poco incómoda, aunque sigo preguntándome por qué su hijo mayor nunca cena con ellos —añadí pensativa.

—Ni siquiera se presenta en las fiestas sociales, quizá simplemente no le gusten —comentó Ximena. La familia Adams tenía dos hijos, Douglas era el menor, pero el mayor cuyo nombre era Alexander si no me equivocaba, muy pocas veces estaba presente, y ni siquiera recordaba haberlo visto.

—Sus padres siempre especifican que es porque se encuentra sumido en el estudio y ayudando a su padre en la empresa —dije pensando en los comentarios

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que se escuchaban por ahí, como era de esperarse en este ambiente todos siempre se enteraban de todo.

—Pero miren quién ha llegado… —dijo Lucía sacándonos de nuestra conversación, giré el rostro hacia la puerta para ver a la chica que aparecía; vestía con muy poca clase, siendo ella era entendible, Sheila Hamilton, una “nueva rica” como la llamaban en el ambiente, puesto que su familia había heredado una fortuna relativamente grande que le permitía incorporarse a la sociedad aunque para todos seguía siendo una chica normal tratando de adaptarse a un sitio que no era para ella.

—No entiendo cómo no le da vergüenza aparecer en este lugar —dijo Ximena riendo por lo bajo; prefería no meterme en esos asuntos, si bien tenía cierta posición en el ambiente, no era de las que andaban desprestigiando a las personas por ser diferentes, mientras no se metieran en mi vida por mi estaba bien lo que quisieran hacer.

Por la tarde opté por una falda color crema y una camisa blanca con el cabello recogido correctamente, como iría a cenar con los Adams prefería verme más presentable de lo normal. Douglas, como siempre, se veía inmaculado y perfecto con su cabello castaño peinado hacia atrás y sus ojos brillantes y risueños; subí en su auto, luego de que abriera a puerta del mismo como todo un caballero y subió por el otro lado; se acercó, depositando un suave beso en mis labios y sonrió levemente.

—Creí que demorarías —dijo algo sorprendido.

—Se que odias esperar, traté de hacer todo rápido —dije sintiéndome algo satisfecha por no haber hecho que esperase mucho tiempo. Me observó detenidamente durante unos minutos y suspiré, Douglas no me miraba para decirme si estaba linda o no, lo hacía para saber si todo estaba en orden, si no había nada fuera de lugar en mi y eso me molestaba mucho; había aprendido a adaptarme a sus exigencias pero en muchas ocasiones eso me dañaba, claro que nunca se lo

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decía, él era un chico de mucho nivel y yo como su novia, se suponía hiciera lo mejor para él y por la relación.

—No traes pendientes ni collar, es un detalle importante en una chica —me dijo tras sus minutos de exploración haciéndome sentir más una mercadería del puerto que una chica.

—Me apresuré y los olvidé… —dije a modo de disculpas.

—No te preocupes, ve por ellos y no demores que no quiero llegar tarde, a mis padres no les gusta esperar —dijo sin más; juro que por momento solo quería salir corriendo lo más lejos posible de él pero trataba de mantener siempre la compostura.

Aunque lo peor eran los momentos en los que nos encontrábamos a solas; él había sido mi primer hombre y no hacía demasiado tiempo atrás, de modo que era muy nueva en lo que a eso refería y él lograba incomodarme todo el tiempo dejando muy claro que yo debía aprender todo, y lo cierto era que no me gustaba, pero mis amigas decían que eso cambiaría con el tiempo, que si me sentía de esa manera era porque se trataba de las primeras veces, así que solo me tocaba esperar a ver si al menos ese ámbito de mi vida con él mejoraba.

Una vez en su casa y luego de que sus padres nos recibieran, nos ubicamos en el amplio comedor; se trataba de una gran sala decorada al estilo antiguo, en tonos color oscuro y madera caoba; sobre las paredes habían grandes obras de arte, la mayoría representaban imágenes también antiguas lo que me llevó a pensar que quizá la señora Adams tenía una pequeña obsesión con los siglos anteriores, la casa bien podría pasar por un museo.

—La semana entrante se realizará el evento de yates en el puerto, ¿Asistirán tus padres? —preguntó el Señor Adams y levanté mi vista del plato de pastas.

—Así es, mi padre suele esperar con ansias ese día —dije sonriendo dando paso a una conversación sobre barcos que verdaderamente me aburría pero al

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menos no dejó que la cena fuese incómoda o que no hubieran temas de los cuales hablar.

Pasado un largo rato, la puerta principal sonó y apareció él en la sala…Alexander Adams, el hermano de Douglas, a quién definitivamente no recordaba haber visto porque de ser así estaba segura de que mi mente lo hubiese registrado muy bien. En primer lugar porque era muy diferente a Douglas, llevaba una remera negra y pantalones del mismo color, ropa informal pero que dejaba claro que el chico tenía espalda ancha y músculos bien definidos; su cabello era negro y espeso, lo llevaba corto pero algo desordenado, quizá por el viento, quizá porque le gustaba, no lo sabía pero le quedaba demasiado bien. Tenía ojos azules y una mirada penetrante que hizo que desviara mí vista algo avergonzada por estar mirándolo de esa manera, ¿Qué rayos sucedía conmigo? Debía comportarme correctamente si no quería morir de la vergüenza.

Llevaba una mochila negra colgada en su espalda y los auriculares sobre los hombros con la música tan alta que se escuchaba desde donde me encontraba sentada y esos labios… ya, era suficiente, enfoqué la vista en la comida y la mantuve ahí hasta que logré volver a la normalidad.

—Buenas… —dijo sin mucho preámbulo tomando una manzana de la mesa y dándole un mordisco a lo cual su hermano lo miró con una expresión que dejaba claro cuánto le desagradaba su actitud.

—Cariño, ¿Por qué no te sientas a cenar? —preguntó su madre.

—Estoy cansado y ya cené con los chicos —respondió él dando un beso en la frente de ella y saliendo de la sala sin decir más nada.

—Disculpa a mi hermano, no tiene modales… —dijo Douglas molesto y eso bastó para que su humor cambiara el resto de la cena y hasta mientras me llevaba a casa en el auto.

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—Me avergüenza que sea mi hermano —soltó camino a casa en su auto; no me parecía que el chico hubiese hecho algo demasiado grave pero no quise decir mucho.

—¿No se llevan bien? —pregunté como si eso no tuviese respuesta obvia.

—Somos totalmente opuestos, el vive una vida que yo jamás llevaría, nunca está en casa, tiene malas juntas y solo le interesa divertirse, es una vergüenza para la familia —dijo con un humor algo más alterado, por lo cual mantuve mi boca cerrada el resto del camino pensando en que mi deseo de correr de él y de todo cada vez era mayor, preguntándome si verdaderamente era esta la vida que quería, una vida de superficialidad donde debía ser siempre “la chica perfecta”

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Capítulo 2

El día del evento de Yates había llegado finalmente, mi padre se veía emocionado y creo que era el único día del año que estaba así, ya que por lo general lo poco que lo veía solo me mostraba a un hombre cansado y bastante serio pero ¿qué iba a saber yo? Si a penas teníamos un diálogo que se enfocaba únicamente en lo que yo necesitaba y no me refiero necesariamente a afecto sino a dinero. Mi madre tenía un diseñador a su lado para que le mostrase los trajes de última moda específicamente para ese evento mientras que yo me dirigí a mi habitación a decidir qué usaría y para alejarme un poco del tumulto de ropa en la sala principal. Finalmente opté por un vestido color blanco, corto pero discreto, como me gustaba vestir a mí y solo con algunos detalles en plateado; era bonito y se adecuaba a mi sutil manera de vestir, había que tener estilo pero no parecer prostituta. Dejé mi cabello recogido en esta ocasión porque el calor fuera era insoportable y me era más cómodo de esa manera.

El club de yates, el cuál coincidía con el campo de tenis de Ocean, se ubicaba en el puerto de la ciudad, era una estructura enorme con extensos campos verdes y una bajada de piedra hacia el mismo puerto donde se ubicaban los yates y dónde se realizaba la competencia todos los años. Se encontraba presente toda la gente de la alta sociedad y aunque desde pequeña concurría a este tipo de eventos no terminaba de acostumbrarme a que todos me observasen como si hubiese salido de una cajita de muñecas Barbies, me resultaba sofocante.

—Parece que la familia Adams vino completa esta vez —comentó Ximena mientras estábamos en el jardín conversando.

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—No tenía idea lo bueno que esta… —dijo Lucía mirando de arriba abajo a Alexander quién se encontraba hablando con otro chico a unos metros y por su expresión pude percibir que no se encontraba demasiado a gusto en ese lugar.

—¡Samantha! ¿Dónde rayos has estado? Te busqué por el club entero —dijo Douglas sobresaltándome al aparecer junto a mí y de muy mal humor; intenté poner mi mejor cara delante de las chicas y me alejé un poco con él quién me hizo seña para que lo siguiera hasta el camino que bajaba hacia el puerto.

—¿Te encuentras bien? —le pregunté con un poco de nervios a sus palabras, verdaderamente no me gustaba pelear, quería pasar al menos esta tarde tranquila.

—A veces eres una inútil Sam, habíamos quedado en encontrarnos en un sitio específico y pareces tonta, te olvidas de todo —me respondió de mala gana y casi gritando.

—Lo siento… —dije bajando la vista y conteniendo mis ganas de mandarlo al carajo.

—No se les debe gritar a las mujeres, idiota —escuché la voz de Alexander quién iba pasando junto a nosotros con el chico con el cuál hablaba; no se detuvo, solo dijo esas palabras mirando mal a Douglas y continuó su camino sin más. Mis mejillas enrojecieron, no podía creer que su propio hermano le hubiese avisado que me estaba tratando mal, y a demás… nada menos que su hermano, a quién me había comido con los ojos la noche de la cena, ¿podía ser mi vida peor? Claro que no. Sentí las lagrima en picando en mis ojos y respiré hondo para contenerlas, lo único que me faltaba era largarme a llorar en medio de la maldita alta sociedad, mis padres me matarían, debería controlarme.

—Ni siquiera se te ocurra llorar, solo me harás pasar vergüenza —me dijo de mala manera y se marchó de ahí dejándome sola.

Me dirigí al baño lo más rápido posible para evitar una escena llorosa delante de todos y agradecí que el mismo estuviese vacío; mojé un poco mi rostro y

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me miré en el gran espejo, ¿Sería tonta de verdad? Me lo repetía tantas veces que al final me hacía cuestionarme si estaba siendo buena novia con él o si mi distracción estaba empeorando cada día más; las lágrimas se deslizaron por mis mejillas y no me percaté de que alguien se encontraba parada a mi lado; las sequé rápidamente y comencé a acomodarme cabello como si nada hubiese pasado.

—No

deberías

dejar

que

te

tratara

mirándome a través del espejo.

de

esa

manera

—me

dijo

Sheila

—No sé de qué hablas… —respondí haciéndome la desentendida.

—De “eso” que tienes por novio —agregó de manera irónica refiriéndose a Douglas.

—Lamento tu envidia, Douglas y yo estamos mejor que nunca —le dije en defensa a sus palabras y ella rió por lo bajo para luego mirarme con sus ojos castaños.

—¿Envidia? ¿Por un tipo que te trata como basura y porque debes comportarte como la señorita perfecta todo el tiempo? Al menos yo tengo gente a la que le importa si me siento mal y no debo andar fingiendo, no soy superficial —me dijo e inevitablemente me largué a llorar sentándome en una de las bancas que había en el baño.

—Es verdad… —dije en medio de las lagrimas y el desconsuelo.

—Lo siento, no quise ser tan dura, solo no logro entender cómo haces para poder soportar todo esto —me dijo ya con una expresión más comprensiva.

—No lo sé, estoy cansada de todo esto y ni siquiera sé por qué estoy contándote esto a ti…

—Tranquila, si me lo dices a mi es porque las personas que te rodean están tan ocupadas acomodando sus vestidos que no tienen un minuto para darse cuenta

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de que estas mal… no soy tan desagradable como crees Sam —dijo observándome

y alcanzándome un pañuelo que tomé.

—Lo sé, la gente habla mierdas… lo siento —me disculpé con ella y por primera vez en el día me sentí al menos escuchada.

Esos días no lo había pasado muy bien había estado algo distante, todo lo

acontecido me había hecho pensar en lo atrapada que estaba y lo peor era que nadie se daba cuenta de ello. Todo seguía como siempre a mi alrededor, nada cambiaba,

y solo debía simular que me encontraba bien o quizá aunque no lo hiciera nadie se

daría cuenta de que me sentía perdida, ni siquiera mi madre, quién se encontraba entre sus decoraciones y organizaciones, ni ella se daba cuenta de que no estaba bien y llegó un momento en que simplemente dejé de pensar en querer que alguien me preguntara si necesitaba algo o si me encontraba bien. Y para completar mi bendito estrés, esa noche tenía cena en casa de Douglas de nuevo, podía mentir y decir que me sentía mal, pero mi madre insistía en que concurriera, puesto que el chico parecía ser un muy buen partido para mi; claro que ella ignoraba que me trataba como si fuese su juguete descartable.

Sin mucha emoción, esa noche me vestí algo informal, de jeans y camisa oscura, aunque como siempre, manteniendo mi estilo y porque dentro de todo era lo poco que me gustaba y me animaba.

Una vez en su casa, me llevé la sorpresa de que no solo no cenaríamos nosotros cuatro, sino que a demás estaba Alexander y varias personas más, los cuales según entendí eran parientes de la familia, y lo cuál generaba más presión para mi porque debía simular estar feliz por la cena y por mi relación con Douglas. La conversación se basaba en viajes y cultura, y agradecí no ser el centro de atención mientras comíamos, eso me hizo relajarme un poco más y me dispuse solo

a escuchar lo que hablaban.

—¿No participaste en el evento de yates? —le preguntó un hombre de gafas

a Alex, quién se encontraba sentado en la mesa frente a mi lugar.

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—No me interesan los yates; solo pensar en vestirme de marinerito y subir a uno de esos me resulta repugnante, preferiría que un tiburón me comiera la pierna —respondió con una gran tranquilidad y me mordí el labio para no reírme.

—Alexander, estamos cenando… no seas desagradable —lo regañó su madre como si se tratase de un niño chico cuando en realidad tenía 25 años, dos más que su hermano.

—Está bien Elena, al chico no tiene por qué agradarle todo —le dijo el hombre de gafas a la madre de Alex y volviendo su mirada de nuevo a él— ¿Qué tipo de actividad te gusta? —volvió a intentar.

—El sexo —respondió sin mucha vuelta y casi me atraganto con el bocado que tenía en mi boca; todos los presentes dirigieron su mirada a él como si hubiese confesado que asesinó al presidente; inmediatamente Elena, puso punto final a la conversación y cambió de tema hablando del clima.

Mantuve la vista fija en el plato; Douglas estaría echando humo por la cabeza con el comportamiento de su hermano y yo trataba de contener la sonrisa y la risa que sentía ganas de expulsar; levanté mi vista y sin pensarlo me encontré con la suya, juro que nunca había visto ojos tan azules, ni una mirada tan penetrante que parecía envolver todo a su paso incluyéndome, me sonrió levemente y desvié la vista avergonzada y color morado fuerte.

Luego de la cena, Douglas me condujo a la terraza de la gran casa, la misma daba al jardín, dónde nos detuvimos a disfrutar del aire fresco de la noche, totalmente despejada; era uno de los sitios de la mansión que más me gustaba.

—Se acerca mi cumpleaños, he estado organizando todo con tiempo, será una fiesta exclusiva y desde ya quiero avisarte que debes verte perfecta, nada de vestimenta informal si es que no quieres que mire a otras —dijo mirándome de arriba abajo, ya me parecía raro que no me hubiese criticado antes lo que llevaba puesto esa noche.

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—Es la vestimenta que me gusta… ¿el que vista así es razón suficiente para que mires a otras? —respondí ya molesta y sin aguantarme.

—¡Cállate Sam, no es mi culpa que estés perdiendo el estilo ni que cada día que pase estés más tonta! —me gritó alterado, ya era suficiente para mi, me giré para irme pero me tomó el brazo con algo de presión— ¿A dónde crees que vas? — dijo casi burlándose de mi.

—¿Otra vez Douglas? ¿De verdad tienes que tratar así a tu novia? —dijo Alex apareciendo en las puertas de la terraza.

—No te metas en cosas que no te incumben Alex, es mi novia y hago lo que quiero —le respondió mal.

—Exacto, es tu novia no tu perro… y estoy seguro que no le gusta que la trates así —le dijo tranquilamente, algo que por lo visto lo caracterizaba y se marchó de ahí. Douglas me soltó alterado y yo mantuve mi boca cerrada solo por si acaso; a los pocos minutos y luego de tranquilizarse me abrazó.

—Lo siento, vayamos un rato a mi habitación a conversar —dijo y asentí suspirando y deseando que todo esto pasara de una buena vez.

Ni bien cerró la puerta de la misa se acercó a mí besándome de una manera posesiva y casi a la fuerza; me sorprendió pero le respondí correspondiendo sus labios los cuales me besaban de forma prácticamente desesperada. No quería esto, sabía que luego me quitaría la ropa y debería estar con él y no quería, no de esta forma, las pocas veces anteriores habían sido horribles y estaba segura de que este no sería la excepción.

—Douglas no quiero… —dije alejándome de sus labios y de él pero volvió a acercarse haciendo caso omiso a lo que yo quería. Sus manos aferraron mis caderas presionándome contra su duro y excitado cuerpo, haciéndome sentir que yo era su pertenencia y que podía hacer conmigo lo que quisiera y a pesar de que hacía

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fuerza me tenía aprisionada contra la pared. Lo empujé con fuerza alejándome y su mano cayó en mi rostro dándome una cachetada en pocos segundos.

—Mira lo que me haces hacer… esto es tu culpa —dijo con la respiración acelerada; mientras yo miraba el piso y apoyaba mi mano en la mejilla que ahora ardía. A penas podía razonar lo que había pasado y mi único impulso fue salir

corriendo de ahí; caminé casi corriendo hacia la salida trasera, por la cocina y lejos

de

mi

cualquier persona que pudiese cruzarse conmigo mientras las lágrimas caían por

rostro sin poder contenerlas.

No podía llegar a casa en este estado, ni siquiera sabía dónde quería estar, pero estaba segura de que sería muy lejos de ese infeliz; me sentía en mi punto límite, estaba cansada de tolerar todo esto, cansada de comportarme como la señorita perfecta cuando en realidad estaba sufriendo por dentro; me dolían los

tratos de Douglas y que nadie se diera cuenta de que a veces prefería simplemente

no estar.

Un auto negro salió del estacionamiento de la casa, por el camino que conducía hacia los grandes portones de salida; había estado recostada a la pared de la casa durante un largo rato, sumida en mis pensamientos y liberando la angustia contenida y cuando abrieron la ventanilla del vehículo vi a Alex observándome confundido.

—¿Estas llorando? —preguntó.

—No… no, solo es alergia —mentí descaradamente sabiendo lo mala que era en eso— ¿Podrías… sacarme de aquí? —pregunté con la última pizca de coraje que me quedaba por esa noche y desesperada por alejarme de ahí.

—¿Qué demonios te pasó en el rostro? —preguntó preocupado; me abracé y bajé la vista sin decir nada, no quería hablar de lo sucedido, solo necesitaba salir de ahí, tras unos segundos sin respuesta habló—. Sube…

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Hasta que no estuvimos fuera de la propiedad no me sentí segura y tranquila.

—Gracias… —susurré tratando de mirarlo a los ojos.

—Ese cobarde tiene mucha suerte de que no me lo haya cruzado, no puedo creer hasta dónde es capaz de llegar —dijo, claramente no había tenido que decirle mucho porque las cosas estaban a la vista.

—No sabía… que podía llegar a esto, no puedo llegar así a mi casa —dije nerviosa.

—Bueno, dime a dónde quieres que te lleve —preguntó mirando su reloj, seguramente tendría cosas que hacer y yo lo estaba entreteniendo, después de todo a él no tenía por qué importarle lo que me sucedía, no éramos nada, y cuñados tampoco ya. Se acercó un poco para tomar un encendedor y automáticamente me cubrí sin pensarlo como si fuese a golpearme—. Tranquila… no te haré daño —dijo volviendo a su lugar; definitivamente eso me había dejado sobresaltada y sensible.

—Lamento molestar, puedo caminar desde aquí —dije antes de seguir pasando más vergüenza de la que ya sentía.

—Una chica como tú caminando por la zona baja de la ciudad… no creo que sea muy seguro, si no tienes donde ir puedo llevarte conmigo al apartamento — me dijo, directo y decidido… algo que yo jamás sería, y ni siquiera sabía por qué estaba ofreciéndome su ayuda pero no tenía otra opción más que aceptarla.

El apartamento se encontraba en la zona céntrica de la ciudad, ubicado específicamente frente a la playa y en uno de los pisos más altos; me condujo por el mismo, el cuál era amplio y confortable, hacia una de las habitaciones donde me indicó que podía dormir y antes de retirarse me avisó que cualquier cosa le avisara. Así que esa noche intenté no pensar, necesitaba dormir un poco, cerrar los ojos y olvidar todo lo que estaba sucediendo y fue exactamente lo que hice dejándome

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llevar por un profundo sueño donde las cosas no eran tan malas como en la realidad.

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Capítulo 3

Desperté algo sobresaltada tratando de ubicarme en tiempo y espacio, hasta que me di cuenta de dónde me encontraba y de lo que había sucedido anoche; me levanté de la cómoda cama y salí hacia la gran sala dónde Alex se encontraba junto a un ventanal que cubría la pared entera y daba vista a la playa, con una taza de café en sus manos y esa forma de mirar que podía desequilibrar los pensamientos de cualquier persona.

—Lo siento, debí irme antes pero me quedé dormida —me disculpé con él.

—No te preocupes, tómate tu tiempo, no debo salir por el momento —dijo haciéndome seña para que lo siguiera; caminé tras él hasta una mesa ubicada junto al ventanal donde me senté y acercó una taza con café a mi.

—Gracias… —dije tomando la taza caliente entre mis manos y bebiendo un poco de la misma, nada mal para una extraña mañana en casa de una persona a la que apenas si conocía, a veces me preguntaba en qué rayos estaba pesando al aceptar venir, pero llegaba a la conclusión de que cualquier sitio era mejor que estar en mi casa o cerca de Douglas.

—Deberías dejar a ese idiota después de lo que hizo —dijo de la nada al cabo de unos minutos y lo miré algo sorprendida por su franqueza.

—No es tan sencillo simplemente alejarse… —respondí tímidamente.

—Lo sé, sobre todo para personas como ustedes que se manejan por lo que los demás dicen para mantener la reputación, motivo por el cual viven frustrados — me dijo haciendo que se me formase un nudo en la garganta, ¿tenía que ser tan directo conmigo?

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—Es más difícil para mi siendo mujer y menor de edad, mis padres prácticamente controlan mi vida, no creas que todo esto me gusta, si pudiese simplemente cambiaría todo por un poco de tranquilidad… pero estoy atrapada — confesé sorprendiéndome de mi sinceridad ante un extraño.

—Quizá tengas razón en algunas cuestiones, pero aún así, no debes dejar que nadie te maltrate —finalizó.

No tuve problemas con mis padres al llegar a casa puesto que se creyeron que había pasado la noche en casa de una de las chicas, si llegaban a enterarse de que mi noche había sido en casa de un chico aunque sin hacer nada que para ellos pudiese resultar amoral, simplemente me encerrarían en un convento de monjas. Ignoré los mil mensajes de texto que tenía mi celular de mis amigas preguntándome a qué se debía mi desaparición, y las mil llamadas de Douglas con mensajes pidiéndome perdón por lo sucedido y prometiéndome que todo cambiaría.

Durante la tarde encendí el ordenador y recorrí un poco mi Facebook, tenía una solicitud de amistad pendiente, Sheila… sonreí al mirar su foto con un sombrero mexicano y la acepté; al cabo de unos minutos apareció en el Chat invitándome a la mañana siguiente a tomar un café; aunque quería decirle que no tenía ni las más mínimas ganas en salir terminé aceptando, quizá estar un poco fuera de casa y lejos de las personas que frecuentaba me hiciera bien, y después de todo ella había sido la única en darse cuenta de que no me sentía bien.

Así que por la mañana siguiente nos encontramos en un café junto a la costa, era un sitio abierto y para aprovechar el sol y el fresco aire de la mañana nos ubicamos en la terraza del mismo donde pedimos café.

—No quiero sermones… —advertí antes de comenzar a hablar sobre lo sucedido.

—De acuerdo, lo que tú digas, cuéntame por qué tienes esa cara —me dijo levantando las manos unos segundos en señal de paz.

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—Solo intento no pensar en el trato de Douglas… —comencé a decirle y proseguí con el resto de la historia mientras ella me escuchaba con grandes ojos de sorpresa y consternación.

—Ese infeliz…. Deberían golpearlo hasta que no pueda levantarse —dijo con rabia— ¿Dónde pasaste la noche si no fue en casa de tus amigas? —preguntó con curiosidad.

—Con Alex… mi ex cuñado —dije algo avergonzada.

—¡¿Qué?! ¿Tenías ánimos para tener sexo con tu ex cuñado? —me dijo reprimiendo una sonrisa.

—¿Qué? No… no, solo dormí en la habitación de huéspedes, no estuve con él, ¿cómo se te ocurre? —pregunté con las mejillas color morado fuerte y mordiendo mi labio con nervios.

—Bueno, es extraño que una chica solo “duerma” en su casa, teniendo en cuenta su reputación en el ambiente en el que se mueve —dijo riendo por lo bajo.

—¿Su reputación? Creí que era de los chicos que no se metían en temas de reputación —dije bebiendo un poco del café con crema que había pedido, ¡por Dios! Podría beber miles de estos.

—No me refiero a una reputación exactamente buena, verás… le gustan las chicas y todos lo saben, y es más del tipo “fiestas y sexo casual y sin compromiso”, detesta a las chicas como… tú, sin ofender, pero he escuchado que las considera “princesitas” sin cerebro… —me dijo tratando de restarle importancia al asunto; sabía que éramos muy distintos, que yo ni en mis más lejanos sueños sería su tipo de chica y que lo de su apartamento solo había sido un buen gesto por alguien que se veía como un trapo.

Volver a casa no fue una idea demasiado buena, ya que ni bien entré se encontraban mis padres en la sala principal y… Douglas, quién me sonrió y me

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saludó como si nada hubiese pasado y yo no tenía idea dónde diablos esconderme o qué decir al respecto. Tomó mi mano y me hizo sentar junto a él como si yo fuese su jodida pertenencia, como siempre me había tratado y los miré a todos intentado comprender de qué iba esta reunión.

—Samantha, Douglas ha venido de visita, como no estabas le hemos dicho que esperase un rato y de paso tuvimos tiempo a conversar con él —dijo mi madre con una gran sonrisa de “yo apruebo a este chico”.

—Ha… —dije sin saber qué más acotar al respecto.

—La semana próxima debemos viajar a un congreso en Europa y acompañaré a tu padre, así que nos ha parecido buena idea que te quedes en casa de los Adams, he hablado con Elena esta mañana y me ha dicho que no hay problemas, sabes cuánto te aprecia —dijo ella haciendo que mi humor quedase enterrado bajo tierra. Nunca creí que la amistad entre mi madre y la madre de mi “no-novio” resultase un problema, pero ahora estaba segura de que lo era… ¿quedarme en casa de Douglas? Era un boleto a mi tortura…

—¿No puedo acompañarlos? Me gusta Europa —dije en un intento poco exitoso de que no me dejaran con el enemigo.

—Sammy, seguro tus padres estarán muy ocupados en el Congreso, es mejor que los dejes hacer sus cosas y además cariño, estaremos más tiempo juntos —dijo él mirándome de una manera que yo conocía bien y que dejaba claro que debía cerrar la boca.

Tras la horrible conversación y después de despachar a Douglas me encerré en mi habitación caminando de un lado a otro sin saber qué hacer, no podía quedarme cruzada de brazos y en vista de la dedisión de mis padres estaba tomada debía entonces buscar la manera de que esos días no fuesen una tortura para mi. Luego de un largo rato de pensar y sin querer llegar a ese extremo, decidí pedirle ayuda a la única persona que podría hacer algo en esos casos… estaría en su casa

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después de todo y bien podría mandarme a freír papas por molestarlo, pero nuevamente era el único que podía ayudarme, sobre todo después de saber cómo pensaba de Douglas.

Tomé mi móvil y busqué entre mis contactos su nombre, me había dado su número ayer por alguna emergencia y esta era sin dudas una de esas; suspiré y escribí con un poco de dificultad:

“Hola, lamento molestar, ¿podríamos encontrarnos en una hora en el café “Salinas”? necesito pedirte un gran favor… Sam”

Creí que no respondería, pero pasados unos diez minutos mi móvil sonó indicando un mensaje de texto el cuál miré de inmediato.

“He… claro, ahí nos vemos”

Seguían sonándome tan frías sus palabras, pero ni siquiera sabía por qué lo pensaba, después de todo no teníamos ningún tipo de vínculo, no podía esperar que el tipo me escribiese con corazones y caritas sonrientes. Tomé mi abrigo y mi cartera y salí antes de que mis padres se dieran cuenta de que me estaba yendo a las 7 de la tarde sin decir a dónde; era tanta mi adrenalina que cuando llegué al lugar agradecí que aún no estuviese y pasé al tocador a acomodar un poco mi cabello que parecía más un nido de pájaros que un cabello, ¿en qué momento había olvidado acomodarlo? Estos días habían sido de verdad toda una locura.

Tomé asiento en una de las mesas y pedí un vaso con agua pues si seguía bebiendo café terminaría colgada de la lámpara del local; al cabo de unos minutos él entró en el sitio y a demás de que se veía perfecto como siempre, noté como la mitad de las mujeres se lo comían con la mirada, nada raro para tratarse de él. Me saludó y tomó asiento frente a mí observándome y esperando a que hablara.

—Si no me ayudas… él va a hacerme daño y sé que esto no es tu problema, que no soy del tipo de chicas que te agradan pero… no tengo a nadie más —dije reprimiendo las lagrimas que amenazaban con salir.

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—No llores… no me gusta ver a una chica llorar, voy a ayudarte, ¿qué

necesitas? —dijo con un poco de preocupación en su rostro, le conté lo que sucedía

y lo que mis padres habían determinado, que debería quedarme en su casa o más

bien la casa de sus padres durante unos días y que tenía miedo; finalmente él suspiró un poco exasperado— No dejaré que te toque, no te preocupes —dijo y suspiré aliviada, de alguna manera este extraño se había convertido en mi salvador esos últimos días generándome cierta seguridad con sus palabras y muy en mi interior eso me agradaba mucho.

Primera noche en la casa de los Adams, Elena había mandado a preparar una cena puesto que no era yo su única invitada sino que a demás irían unos amigos de la familia a cenar; en cierto sentido el estar entre mucha gente me hacía sentir más tranquila, lo que quería era evitar estar a solas con Douglas pero durante la noche y esperando a que la cena estuviese servida me llevó hasta la terraza para hablar conmigo… mi mente solo hizo un planeo general del lugar por si debía salir corriendo en caso de que hiciera algo que me dañara; no me gustaba tenerlo cerca, no quería hablar con él ni mirarlo y lamentablemente no me quedaban muchas opciones.

—Me gusta que estés aquí Sam, te he notado extraña estos días, por favor… olvidemos lo que ha sucedido y vuelve a ser la misma de siempre —dijo con un tono tranquilo pero que denotaba que no me lo estaba pidiendo sino ordenando.

—No estoy extraña —respondí mirando hacia el jardín y tratando de que mis nervios no me traicionaran.

—Lo estás y esto me está aburriendo —dijo molesto y alterándome del todo

a mi; ya había comenzado a hiperventilar cuando mi salvador apareció en escena y

sentí un gran peso menos encima; se paró al costado de Douglas y habló mirando hacia el jardín como si le estuviese comentando sobre el clima y la linda luna que

había en el cielo.

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—Escucha idiota, seré concreto contigo… llegas a poner una mano encima de ella y me encargaré no solo de dejarte un ojo morado sino de hundir completamente tu reputación haciéndole saber a todos lo cobarde que eres y lo que has hecho… ¿entendido? —dijo… buena jugada la de él, Douglas moriría si alguien se entraba de lo que en verdad era, para él lo más importante era mantener su reputación y su buena imagen frente a los demás.

—No deberías meterte en esto… —dijo él molesto pero con una clara expresión de miedo.

—No te escuché Douglas… ¿entendido? —dijo Alex como si su hermano jamás hubiese hablado.

—Si, entendido —dijo finalmente él a regañadientes y casi gruñendo la respuesta.

—Bien, así me gusta —respondió Alex con una sonrisa de satisfacción.

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Capítulo 4

Esa noche esperé a que todos estuviesen dormidos para recién salir de la habitación, temía encontrarme con Douglas y por ese motivo trataba de

mantenerme oculta. El reloj marcaba las dos de la mañana, y la casa se encontraba

en un silencio total; me puse una de mis batas de dormir oscura y bajé las escaleras

con cuidado de no hacer ruidos, puesto que la habitación donde me estaba quedando se encontraba en la segunda planta y cerca de la de ese maldito que quería evitar a toda costa. Una vez en la cocina, abrí el refrigerador y tomé la jarra con jugo sirviéndome un vaso; luego cerré con el pie y pegué un salto hacia atrás al ver a Alex entrando por la puerta.

—Vas a matarme del susto —le dije sin pensarlo mucho mientras los latidos

de mi corazón sonaban de forma incesante; pero me alegraba de que fuera él y no

Douglas el que estaba parado frente a mi.

—Lo siento, no quise asustarte, acabo de llegar y por lo general todos duermen aquí a esta hora —dijo con una sonrisa divertida, como si le diera gracia asustarme como lo había hecho.

—¿Noche aburrida? —pregunté sentándome en una de las bancas de la cocina, y bebiendo un poco de mi jugo.

—Un poco, estábamos fuera del club y comenzó a llover, la diversión se

termina así, de modo que decidí volver temprano —dijo tomando asiento frente a

mi y dándole un mordisco a la manzana que había en una fuente… miré sus labios

mientras lo hacía y sin darme cuenta pensé en ellos sobre los míos, debía controlar

mis pensamientos.

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—¿La lluvia te pone de mal humor? —pregunté sonriendo un poco; no era muy buena sacando conversación, pero no quería que me catalogase como la chica rara que no hablaba y le pedía ayuda para protegerse de su hermano.

—Si estoy haciendo algo y me es interrumpido, cualquier cosa me pone de mal humor —respondió.

—A mi me gusta la lluvia, me da sueño —comenté como si a él le importase

un carajo lo que provocaba la lluvia en mi; él sonrió por lo bajo y luego de darle otro mordisco a esa bendita manzana me miró.

—¿Mi hermano te ha molestado?

—No… debe estar entretenido con algo, o con alguien, no sé, no me interesa tampoco —dije porque verdaderamente así era, no quería saber nada con él, y me daba lo mismo, cuanto más entretenido estuviese mejor para mi.

—Mejor así, a no ser que quiera que le rompa los dientes de una piña —dijo tranquilamente, a veces tenía comentarios que me daban un poco de susto, pero era lindo escuchar que quería defenderme de alguna manera, o quizá eran simples fantasías mías y siempre actuaba de esa manera.

—¿Siempre se han llevado mal? —pregunté con curiosidad y esperando que

no le pareciera una entrometida, pero por lo que había estado viendo y escuchando se detestaban.

—Si, Douglas no tolera que las personas no se adapten a las reglas, siempre actuó para quedar bien con los demás y mantener su reputación y me odia porque

mi padre repartió la herencia —dijo.

—¿Y eso que tiene de malo? son sus únicos dos hijos —dije sin entender mucho la idea.

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—No… Ernesto no es mi padre… digamos que mi madre se enamoró en su juventud de un empresario que la dejó embarazada… y preferiría no hablar más del tema —dijo algo incómodo y no quise preguntar más, a penas si nos conocíamos y yo ya andaba hurgando en su vida privada, aunque sin dudas no me esperaba una confesión de ese tipo, siempre creí que Douglas y él pertenecían al mismo padre. De modo que rápidamente cambiamos de tema y continuamos hablando sobre cosas banales, aunque interesantes porque el reloj avanzaba y ninguno de los dos se iba a dormir, ni tenía intenciones de hacerlo; era agradable hablar con él sobre todo.

—¿Puedo saber por qué no tienes novia? —le pregunté con un poco de vergüenza, pero era algo que hacía un tiempo me daba curiosidad, era un chico claramente atractivo, de seguro no le faltaban mujeres.

—No estoy interesado en ningún tipo de compromisos, me gustan las mujeres pero solo para sexo y lo dejo claro para evitar confusiones en cada momento —dijo de forma directa y como si estuviese hablando del clima; desvié la vista un poco avergonzada, ¿por qué era tan seguro para hablar y yo a penas si lograba articular oraciones?

—¿Y si alguna se enamora? —seguí con mi maldita curiosidad.

—Pues, que se le pase, me gusta dejar las cosas claras y ninguna está obligada a nada, respeto a cada persona pero soy decidido en lo que quiero —dijo finalmente, y vaya que lo era— ¿Qué hay de ti? No vas a decirme que solo has estado con el tonto de mi hermano —dijo medio riendo y bajé la vista.

—Bueno, si… fue mi primer novio, y mi primer hombre también, supongo que no fue una buena elección pero ya ha pasado —dije queriendo que la tierra me tragara viva por haber confesado eso.

—No todos son como él, recién tienes 17 años, seguro encontrarás a alguien que se adecue a lo que quieres —me dijo, creo que para animarme. Asentí

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levemente y preferí cambiar de tema antes de terminar confesando cosas de las cuales me arrepentiría luego.

Tres días transcurrieron y como mis padres aún no habían regresado y Alex se iba con su grupo de amigos a la casa que tenían en la playa como solía hacer todos los años, y según me había contado, le pedí que me llevara, que no molestaría pero que no me dejara aquí con Douglas que ya había intentado solucionar las cosas conmigo y yo lo único que quería era escapar de él. De modo que tras planteárselo a sus padres y en vista de que irían varias chicas también, y luego de darme mil recomendaciones me permitieron viajar.

La gran casa pertenecía a la familia y era ya tradición que todos los años y durante una semana él fuera ahí con su grupo de amigos, entre los cuales se contaban alrededor de 12 personas y a demás Sheila, pues me había dicho que la llevara para no sentirme tan sola; después de todo ellos eran todos mayores que yo. El lugar era excelente, y se ubicaba frente a la extensa playa, con una vista que de seguro solo tendrían los costosos hoteles, pero no era extraño para una familia con un nivel económico tan alto como el suyo.

Me gustaba estar ahí, me gustaba estar cerca de él y más de lo que me imaginaba, aunque no sabía hasta que punto eso era algo bueno pues temía estar involucrándome con la persona equivocada y sin que me diera motivos para que eso sucediera.

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Capítulo 5

Debía admitir que ese lugar era increíble, las veces que había viajado a la playa lo hacía con mis padres y era demasiado aburrido para ser verdad; los mismos solían ser demasiado protectores conmigo y no me dejaban viajar sola, claro que ahora que no estaban en el país las cosas eran diferentes, aunque temía que Elena, la madre de Alex, les contara de esto y ahí sí que tendría problemas con ellos.

Esos dos días desde que llegamos me las había pasado tomando sol en la playa junto con Sheila, con quién aunque pareciera irónico me llevaba muy bien desde que había descubierto que era una chica agradable y que yo la había juzgado muy mal desde el principio. Aún así era bueno que ella se mostrara tan amable conmigo a pesar de que antes la había tratado muy mal.

Era ya de tarde, me encontraba sentada sobre la arena, llevaba unos shorts cortos y la parte de arriba del traje de baño color negro; Sheila había ido a bañarse, de modo que aproveché para mirar la puesta de sol y relajar mi mente durante un rato; no solía hacerlo pero en ese sitio todo era más tranquilo y aunque no había hablado mucho con Alex, el tenerlo cerca me hacía bien.

—¿Qué haces sola aquí? —preguntó justamente él, como si lo hubiese llamado con la mente; llevaba solo unas bermudas y tuve que concentrarme en mirar sus ojos para no recorrerlo con la mirada y quedar como la más desubicada.

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—Miraba la playa… —dije como si no se hubiese dado cuenta, los nervios siempre solían jugarme una mala pasada.

—¿No quieres caminar un rato? —preguntó y le levanté más que rápido… ok, definitivamente iba a tener que comenzar a controlar mis impulsos cerca de él, ¿se daría cuenta cuánto me gustaba? Esperaba que no porque de lo contrario no sabría dónde meterme.

Así que caminamos durante un rato por la arena mientras conversábamos del día, de los planes de fiestas que tenían los chicos para ese fin de semana, y de mil cosas más, porque con él podía pasarme horas hablando que no me aburriría, cada vez que lo escuchaba solo me concentraba en eso y lo demás dejaba de tener sentido para mi y esas sensaciones me asustaban un poco, sobre todo el pensar en las consecuencias que podía tener por involucrarme sentimentalmente con un chico como él, al que solo le importaba el sexo y las mujeres. Un faro que se encontraba a unos metros llamó mi atención alejándome de mis demás pensamientos.

—¿Está abandonado? —pregunté con curiosidad.

—Así es… solía venir aquí cada verano. Entremos, desde arriba se ve genial —dijo con una sonrisa divertida y lo seguí.

Entramos en la gran estructura de piedra, la misma tenía escaleras que daban a la sala de control arriba; el sitio olía a mar y estaba casi oscuro puesto que el día ya estaba terminando y grandes nubes oscuras cubrían el cielo anunciando una de esas tormentas de verano que tanto frecuentaba la zona. Y cuando finalmente llegamos arriba, tal como él dijo, la vista era increíble, se observaba el revuelto océano rodeado por grandes rocas y el aire corría frío y fuerte despejando mi mente de todo pensamiento, era sin dudas un sitio increíble. Me senté sobre el borde de la torre mirando hacia dentro y él se acercó a mi empujándome hacia atrás pero sujetándome con sus brazos.

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—¡Alex no! Bájame… —grité riendo y sintiendo como la adrenalina corría por mi cuerpo al poder mirar hacia abajo.

—Confía en mi, no voy a soltarte —dijo mientras me sostenía y bastaron sus palabras para que confiara en él, tiré un poco más mi cabeza hacia atrás para tener una panorámica entera del lugar patas arriba, era genial, pero ya me estaba mareando de modo que me sujeté de sus brazos tomando impulso para volver a dónde estaba y me bajó del borde.

—Te odio… me dio miedo —le dije en broma y tratando de que mi corazón latiera con normalidad.

—Un poco de adrenalina es buena para el organismo —me respondió bromeando también y pasando su mano por mi cabello para acomodarlo, iba a desviar la vista tímidamente como de costumbre pero esta vez la sostuve en la suya, azul, oscura y jodidamente sexy y una vez que lo hice no pude apartar mis ojos de él; despacio descendí mi mirada a sus labios y a ese pequeño lunar que tenía debajo de ellos. Levanté mi mano pasándola suavemente por su mejilla mientras él me observaba con detenimiento; realmente era incapaz de razonar lo que estaba haciendo, jamás en mi vida había sido así de impulsiva pero él despertaba sensaciones en mi que ni siquiera conocía, era como si mi cuerpo se manejara solo y mi mente quedara por atrás mirando.

Y para continuar con mis extrañas acciones, no pude contenerme más y acerqué mis labios a los de él dudando unos segundos mientras casi los rozaba, y decidiéndome por fin a pegarlos a los suyos con miedo a que se alejara pero no lo hizo. Por el contrario los suyos respondieron de la misma manera, abriendo los míos con su lengua y fundiéndonos en un intenso beso, un beso como jamás pensé que me darían. Mi espiración se disparó y sus manos aferraron mi cintura estrechándome contra su cuerpo mientras hacía el beso más profundo y si que sabía besar, si hubiese sabido habría intentado esto mucho antes.

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—Lo siento… me pasé, soy un idiota —dijo a los segundos apartándose de

 

mi

y casi lo jalo de nuevo pero me contuve porque su arrepentimiento era evidente

y no quería que lo nuestro cambiara, si él se alejaba de mi por esto me daría un

ataque, así que hice lo que no quería hacer.

 

—No te preocupes, fue una tontería, hagamos de cuenta que no pasó nada —dije de inmediato en un intento desesperado por hacer que todo volviera a la normalidad.

 
 

—Es lo mejor Sam… lo siento —me dijo finalmente.

 

El

camino de nuevo a la casa fue un poco extraño; notaba cierta tensión

 

entre ambos que él se encargó de quitar hablándome de cualquier cosa, pero aun así, lo había besado y yo no estaba arrepentida de eso, pero si debía olvidarlo. Si debía hacer que las cosas siguieran como siempre solo para que no se alejara entonces lo haría.

 

A

la noche siguiente los chicos organizaron la fiesta de la que tanto

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hablaban, y no entendí por qué tanto bullicio hasta que comprobé que a la misma concurrían muchas más personas de las que habían viajado, puesto que era una fiesta abierta en la casa de playa; así que ya temprano en la noche, el lugar contaba con música, alcohol en demasía y mucha gente en traje de baño. No había vuelto a

hablar del tema con Alex en todo el día, solo habíamos cruzado alguna que otra

palabra como si nada hubiese ocurrido… como le había dicho que hiciéramos y a él eso le salía muy bien. Llevaba un vestido de playa corto esa noche y debajo el traje

de

baño, no podía arreglarme demasiado en zona de playa pero era cómodo vestir

así y todos los presentes parecían estar más preocupados en que no se les

terminaran los tragos que en la vestimenta que levaban.

 

Me encontraba sentada en la amplia terraza de la casa tomando cerveza con Sheila y disfrutando del aire de la noche.

 

—Y pensar que hace un tiempo atrás te detestaba —me dijo riendo.

 
 

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—Y sin embargo fuiste la única persona que me escuchó cuando estuve mal… es que la gente habla mierdas —dije suspirando y me miró sorprendida.

—¿Samantha Flesher acaba de decir la palabra “mierda”? —me dijo riendo y en broma, era cierto que yo era “la señorita perfecta” y no solía insultar ni maldecir pero creo que con tanto tiempo con ellos ya eso se estaba perdiendo.

—¿Me veo como una niña caprichosa y perfecta? —le pregunté.

—Bueno… te ves como una princesita inocente con uñas color rosa, pero estoy más que segura que a muchos de aquí les vuela la cabeza eso —me dijo.

Pasado un rato iba entrando hacia la cocina cuando un chico se me acercó algo borracho diciéndome un par de incoherencias que no entendí porque estaba ocupada tratando de quitármelo de encima; entonces una mano lo tomó de la ropa jalándolo lejos de mi como si se tratara de un paquete.

—Camina antes que te mate —le dijo Alex con una tranquilidad que me dio miedo, ¿él nunca se alteraba? El chico lo miró levantando las manos en señal de paz y se marchó de ahí; él giró y me miró— ¿Estás bien?

—Si… no me hizo nada, gracias —dije acomodando mi cabello un poco incómoda por tenerlo frente a mi después de lo sucedido.

—No ando de buen humor y que se te acerquen así me pone peor, voy a subir un rato a mi habitación, ¿vienes? —preguntó y lo miré como si me estuviese invitando a matar a alguien, mil veces había conversado con él en su habitación, ¿por qué me daba tanto nervio ahora?

—De acuerdo… —dije porque de ninguna manera le diría que no, no tenía ganas de ver cómo entraban y salían chicas de su habitación, prefería mantenerlo conversando conmigo.

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Así que subimos al último piso, dónde se encontraba su habitación; la misma era amplia, tenía un pequeño balcón que daba a la playa y a penas si estaba alumbrada con una tenue luz que provenía de la lámpara. Se sentó recostándose contra el respaldo de la misma y yo me senté frente a él a una distancia considerable como para que ninguno de los dos nos sintiéramos incómodos.

—¿Cómo estás pasando? —quiso saber y sonreí levemente.

—Muy bien, gracias por traerme contigo… no tenías por qué hacerlo —le

dije.

—No me agradezcas, quería traerte —dijo con esa mirada que podía derretir témpanos de hielo; y lo miré durante unos segundos, sintiendo como las ganas de besarlo de nuevo crecían dentro de mi, apoderándose de mis sentidos y haciéndome mover por impulso contra sus labios pero sin tocarlo—. No estás haciéndome fácil esto… —susurró contra mis labios y no esperó ni medio segundo para besarme deliciosamente durante un largo rato logrando que no solo mi temperatura aumentara sino también descontrolando todos mis pensamientos.

—No debería hacer esto… —dijo buscando mis ojos.

—dije aunque ni lo sentía, me encantaba besarlo, podría

pasarme horas con sus labios en los míos; sonrió de medio lado y me miró detenidamente.

—Lo siento

—Lindo vestido… aunque te verías mejor si él —dijo mirándome con esa oscura mirada y despertando mi deseo por él y extrañamente no sentí vergüenza, al contrario, mis siguientes palabras fueron sin pensar y con mi reciente forma impulsiva de hablar.

—¿Qué esperas para quitármelo? —dije sin vueltas mientras sus ojos seguían fijos en los míos.

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Capítulo 6

Me observó durante unos segundos como procesando las palabras, no esperaba que yo respondiera algo así, me conocía como la chica tímida; y lo era. Ni siquiera entendía cómo podía comportarme así delante de él, y en un momento así; pero a pesar de que sentía vergüenza el deseo no dejaba que pudiese razonar que en realidad quizá él me veía como una loca desesperada, ¿importaba? Estaba loca por él aunque eso tuviese consecuencias y aunque luego de esta noche todo se arruinara entre nosotros, no me iría, no lo detendría tampoco porque quería esto quizá como nunca había querido algo.

—Párate… —me dijo finalmente y luego de unos minutos que se me hicieron eternos y con un tono de voz tranquilo pero con esa mirada que dejaba claro lo que quería. Hice lo que me pidió y me paré al costado de la cama, él se levantó de donde se encontraba y caminó hasta llegar detrás de mi, dado que los botones de mi vestido estaban ahí— ¿De verdad quieres que lo saque? —susurró contra mi oído y su respiración en mi piel me estremeció por completo acelerando mi respiración.

—Quiero… —respondí entrecortadamente y sentí la sonrisa en sus labios; sus manos deslizaron despacio el cierre de mi vestido y el simple roce contra mi piel me provocó un escalofrío; luego deslizó sus manos por mis brazos suavemente erizando mi piel al instante. Por la ventana corría una brisa fresca con olor a océano, la cual se mezclaba con las sensaciones que él estaba generando en mi piel y cerré los ojos durante unos segundos solo para dejarme llevar por ello.

Se movió quedando frente a mi y sus ojos buscaron los míos, ¿podía existir mirada más perfecta? Solo mirarlo hacía que mi mente quedara libre de cualquier tipo de pensamientos; con un hábil y rápido movimiento deslizó los tirantes de mi

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vestido y el mismo cayó al piso dejándome en ropa interior delante de él y agradecía que al menos llevaba un conjunto que me gustaba y que no tenía ningún corazoncito rosa o alguna de esas cosas con las cuales saldría corriendo antes de permitir que me viera. Se apartó de mi sentándose en la cama nuevamente y comenzó a recorrerme con sus ojos muy despacio, desde mis pies hasta mis ojos nuevamente.

Me excitaba tener sus ojos en mi, pero mi vergüenza fue un poco mayor y me abracé cubriéndome un poco y sintiéndome una idiota; por unos segundos recordé todas las veces que Douglas buscaba defectos en mi y me los decía, ¿qué tal que yo no le gustara a él? ¿O que hiciera lo mismo? Porque con el idiota de Douglas podía tolerarlo pero por Alex estaba sintiendo cosas fuertes e imposibles de controlar y el estar así me hacía sentir mucho más sensible de lo normal.

—¿Qué sucede? No debes ocultar tu cuerpo, eres hermosa —me dijo mientras yo desviaba la vista unos segundos y luego volvía a mirar sus ojos, ¿cómo sus palabras tenían tanto efecto en mi? Le creía pero, aunque dejé mis brazos a un lado, temía no ser suficiente para él, quién seguro sabía de todo y yo apenas si tenía experiencia— Ven…

—Alex… yo… no tengo casi experiencia con nada —dije más como una advertencia para que no esperara mucho de mi y no terminara luego decepcionándose, realmente esto me estaba haciendo sentir incómoda; pero me miró algo confundido y enarcó una ceja.

—A mi eso no me afecta ni me cambia en nada —dijo y sentí un peso menos encima, de verdad no creía que me dijera algo así; se levantó acercándose a mi y besando despacio mi cuello—. Puedo enseñarte lo que sea necesario si así lo deseas —dijo acelerando de nuevo mi respiración con sus palabras y con sus cálidos labios sobre mi cuello los cuales se volvieron algo más intensos recorriéndolo suavemente, pasando su lengua a medida que depositaba cortos besos en mi.

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Se apartó de mi solo unos segundos para que me sentara en su cama y se

colocó sentado detrás de mi con una pierna a cada lado; sus labios volvieron a besar

mi cuello mientras sus manos acariciaban mi espalda generándome mil sensaciones

con su contacto; mis ojos comenzaron a pesar y dejé que se cerraran entregándome al placer que comenzaba a sentir mientras sus manos desprendían mi sostén y lo quitaban por lo que al fin pude sentir su piel en la mía sin interferencias.

Tomó mis pechos acariciándolos y presionándolos suavemente, trazando círculos en la zona más sensible y suspiré sin poder controlarme, mi mente solo buscaba y esperaba sentir más de eso, que me tocara más, buscaba el placer de sus caricias como nunca antes. A los pocos minutos deslizó una de sus manos entre medio de ellos pasando por mi abdomen y llegando finalmente a mi sexo dónde tocó sobre la fina tela de las bragas e intensificando su toque, lo que generó una descarga de excitación a través de mi cuerpo y moví mis caderas buscando un poco más.

Sentí su respiración más acelerada en mi oído y su mano finalmente se metió dentro de mi ropa interior para poder tocarme, estimulándome despacio, haciéndome retorcer de placer y queriendo cada vez más de él; tiré mi cabeza hacia atrás apoyándola en su hombro, envuelta en sus acciones y esperando un poco más mientras me movía acompañando sus movimientos, sus dedos moviéndose en círculos alrededor de mi haciéndome explotar en mil sensaciones que atravesaron

mi cuerpo y llenaron mis sentidos durante esos segundos extremos en los que me

dejé ir.

Mis músculos se aflojaron luego de la liberación y se movió de la cama levantándose y desprendiendo su pantalón mientras yo lo observaba aún estremecida por lo acontecido; mi cuerpo lo reclamaba, quería tenerlo en mi con urgencia y él se veía jodidamente sexy, podría mirarlo así para siempre, también debía admitir que mi nivel de excitación en ese momento era máximo a pesar de que había tenido un orgasmo hacía minutos atrás. Tras colocarse protección volvió

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a la cama y abrió mis piernas metiéndose en medio de ellas y sobre mi para besarme intensamente y despertando de nuevo mi fuego interior.

—Si algo te molesta solo me dices que me detenga y lo hago, ¿si? —dijo contra mis labios pero esperando a que asintiera con la cabeza antes de entrar en mi despacio por lo que mis músculos se contrajeron; sentía un poco de dolor, y me era inevitable recordar al infeliz con el que había estado esas pocas veces pero que habían bastado para que odiara el sexo por el dolor—. Aflójate cariño… o va a doler más —susurró rozando mis labios y sus palabras lograron que me relajara dejando que mis músculos y mi cuerpo se aflojara y permitiendo adaptarme a él para que finalmente estuviese dentro de mi.

Entonces se movió afuera muy despacio y volvió a entrar en mi estremeciendo mi cuerpo por completo y el pequeño dolor simplemente desapareció, sustituido por el placer que comenzaba a apoderarse de cada parte de mi y de cada una de mis terminaciones nerviosas; al principio lo hizo suave y luego tomó ya un ritmo más constante. Mis manos se aferraron a su espalda con fuerza a medida que el placer aumentaba también; sentía fuego en mi, sus labios besaban los míos con pasión, sus manos sujetaban mis caderas con fuerza mientras entraba y salía de mi una y otra vez hasta que volví a sentir como me llevaba con él en el intenso éxtasis dando paso a una nueva liberación en la que esta vez me acompañó

él estrechándome más contra su cuerpo y hundiéndose con más fuerza en mi.

Lo último que recuerdo en mi fase de somnolencia fue que me envolvió en sus brazos cubriéndome con una de las mantas en su cama y luego cerré mis ojos dejándome ir en un profundo y placentero sueño junto al hombre con el que quería estar y no permitiría que esa noche mi mente pensara en los problemas en los que estaba metida por haberme enamorado completamente de él.

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Capítulo 7

Cuando abrí los ojos me costó reaccionar y enfocarme en el sitio dónde me encontraba, porque claramente no estaba en mi cama, sino en la de él y entre sus brazos; mi cabeza estaba apoyada en su pecho y sinceramente no quería moverme de ahí por varios motivos: primero porque me sentía súper cómoda, y segundo y principalmente porque ahora sí que sentía vergüenza por lo sucedido anoche. ¿Habría estado mal? Seguro no le había gustado, él tenía mucha experiencia con todo y yo era un completo desastre; no era como las chicas que él solía frecuentar y eso me hacía querer desaparecer. Lo peor es que era uno de esos momentos en los que no quería moverme ni un poquito para que no se diera cuenta de que estaba despierta pero sentía la pierna acalambrada y en algún momento tendría que moverme; sobre todo porque su mano acarició mi espalda y me di cuenta de que estaba despierto.

Finalmente y porque no aguanté más quedarme quieta me moví apenas un poco con la esperanza de que no lo notara, aunque era un comportamientos estúpido de mi parte; así que tomé coraje e intenté comportarme de manera normal, apoyé mi barbilla en su pecho y miré esos hermosos ojos azules.

—Buenos días —me dijo.

—Hola… —respondí con un poco de vergüenza.

—¿Cómo te sientes? —me preguntó

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—Bien… —dije sintiendo ya mis mejillas algo sonrojadas.

—¿Duele algo? —dijo y quise que la tierra me tragara, ¿cómo se suponía que sabía eso? Bueno… tonta pregunta la mía, claro que lo sabía, era yo la que no tenía idea de nada de esto a no ser lo que me había sucedido con el idiota de Douglas meses atrás.

—Algo… —contesté con más vergüenza que antes.

—¿Sucede algo? —preguntó con un poco de curiosidad, ¡claro que sí! Seguro para él todo lo de anoche había sido como una actividad habitual mientras que yo me sentía literalmente en las nubes por haber estado con el hombre del que me había enamorado y no debía… pero no podía decirle nada de eso, a no ser saber por lo menos qué pensaba él de lo acontecido.

—¿Anoche… pasaste bien? Quiero decir… a pesar de mi poca experiencia en estas cosas… —dije con un poco de torpeza y algo entreverada al hablar, ¡Dios! Como me odiaba cuando sucedían estas cosas.

—¿Te preocupa saber cómo pasé yo? —dijo con una expresión divertida, ¡genial! Ahora se estaba riendo de mí, no respondí porque era quedarme callada o salir corriendo y estaba desnuda… moriría de la vergüenza así que simplemente mantuve la boca cerrada—. Eres hermosa, y el que no tengas experiencia en realidad me hace sentirte más mía, a demás eres muy sensible y receptiva y eso me encanta —dijo derritiéndome como un caramelo al sol, ¿de verdad me había dicho eso? Era más de lo que podía esperar y querer, ¿ser sensible era algo bueno? Pues si él lo decía entonces así sería, ignoraba lo que sucedería después de todo esto, pero de momento prefería quedarme con las buenas sensaciones que había tenido y con este fuerte sentimiento que no debería dejar que saliera de mi cabeza o podría verdaderamente arruinar las cosas con él.

Esa tarde salí a la playa con Sheila, quién ya me había hecho unas mil preguntas sobre dónde y con quién había pasado la noche y cuando se lo dije no

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paró de preguntarme cada mínimo detalle, que por supuesto no le di del todo, solo lo elemental y lo que se le podía contar a una amiga.

—¿Te trató bien?— quiso saber mientras daba casi saltos por la arena, a veces no entendía cómo podía tener tanta energía. Era increíble, yo jamás podría estar así todo el día.

—Muy bien… pero no quiero pensar demasiado, ya sabes, él tiene un estilo de vida libre y yo… no quiero involucrarme —más de lo que estoy… me falto agregar.

—En eso tienes razón, si él se pusiera un poco más serio contigo sería genial pero hay que tener presente que no es así y tampoco sería bueno que te lastimara, soy tu amiga… sabes que solo fue sexo —me dijo con sinceridad como siempre me había dicho las cosas, y yo lo sabía aunque mi mente se negara a pensarlo, lo sabía.

—Lo sé, sé que no debo involucrarme, a demás no quiero que la amistad que tenemos se termine, o al menos el vínculo que teníamos —dije pensando en que si él cambiaba eso me daría un ataque.

—No creo que eso cambie, recuerda que él es bueno haciendo de cuenta que nada pasó, de lo contrario no hablaría con la mitad de las chicas que están en su grupo —dijo ella riendo. No quería pensar en Alex con otras chicas, no era algo que me agradara, de modo que prefería dejar esa realidad muy dentro de mi mente, en algún rinconcito oscuro donde no molestara.

Esa noche y como ya quedaban pocos días en la playa, se organizó otra de las grandes fiestas; habían pasado dos días en los cuales las cosas con él habían seguido su curso normal, no hubo comentarios al respecto y su trato para conmigo seguía siendo el de siempre, pero tampoco hubo besos y mucho menos sexo. ¿De verdad le habría gustado estar conmigo? Porque quizá estuviera evitándome y yo no podía quedar como la desesperada en ir tras él a pedirle que me tocara o que me quitara la ropa… ¿por qué rayos estaba pensando en esto? Hasta hace unos días ni

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siquiera me gustaba el sexo, definitivamente mis hormonas no andaban bien y al ver cuántas chicas al estilo barbie-rubia andaban a su alrededor me estaba desquiciando, más aún porque no podía decirle nada.

Para esa noche y en vista de que hacía calor, llevaba unos shorts cortos y una musculosa color blanco, había sujetado mi cabello en una coleta para que no me molestara y así pensaba quedarme. Estando en ambiente de playa no se necesitaba mucho glamour. Iba saliendo de la habitación hacia la terraza cuando me encontré con él en el pasillo; llevaba un vaso con un trago y un cigarrillo en la otra, por lo que podía ver no andaba muy sano hoy.

Se recostó contra la pared dándole una calada al mismo y me recorrió con la vista de una forma que hizo que mis pensamientos se alteraran y me puse nerviosa.

—Hola… —dije en vista de que no me había dicho palabra.

—¿Dormimos juntos? Porque no me has saludado —me dijo en broma y con una media sonrisa; él sabía lo nerviosa que me ponía y lo peor era que le gustaba verme así. Me acerqué a paso torpe e intentando no tropezar con la alfombra y quedar de cara en el piso y ni bien estuve cerca sus ojos descendieron a mis labios.

—No te he visto en todo el día —fue lo único que me salió, ¿podía ser más tonta? Seguro que no, debía remediar esta situación de una vez si no quería que el pobre saliera corriendo de mi por ser hueca, mi idea era quitar la imagen de “chica- rosa-perfecta” que todos tenían de mi. De modo que me acerqué más a él hasta que nuestros rostros quedaron a escasos centímetros, sentía mi corazón latir con fuerza y él ni parecía alterado.

—¿Buscas algo en especial? —dijo jugando conmigo, ¿podía hacerme las cosas más complicadas? A mi mente le estaba por dar un colapso nervioso.

—Un poco más de ti… —respondí y su media sonrisa me hizo sentir mucho mejor con mi respuesta, creo haber respondido bien, aunque había sido de forma

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impulsiva y sin pensarlo mucho. Quizá ese era mi problema, que pensaba demasiado las cosas.

Tomó el trago de su vaso de un solo sorbo y lo dejó sobre una mesita cercana para luego tomarme de la cintura y pegarme a su cuerpo; su mano presionó

mis caderas contra las suyas y no pude evitar gemir suavemente.

—Bueno, yo quiero arrancarte la ropa… creo que podemos hacer algo con todo eso —dijo con sus labios pegados a los míos y acelerando más mi respiración.

Tomó mi mano y me condujo por el pasillo hasta su habitación, donde entramos y cerró la puerta tras de él; luego se acercó besándome de nuevo con pasión, de una forma más posesiva, no como la primera vez sino más duro, y más caliente también y no puedo explicar cuánto me gustaba eso.

Bastaban solo unos besos de esa manera para que mi deseo despertara y todo

mi alrededor careciera de sentido porque los mismos estaban concentrados

únicamente en él y en lo que me hacía sentir. Y todo parecía ir bien hasta que, en

cierto momento, se apartó de mi observándome con esa oscura mirada encendida, ¡por favor! No podía calentarme de esa manera, mis instintos estaban fuera de sí y si no se acercaba de nuevo a besarme juro que lo mataría.

—¿Qué…? —pregunté cuando vi que suspiró sentándose en la cama.

—El alcohol y yo no somos buenos juntos, hace que me descontrole y no quiero tratarte mal o ser demasiado rudo contigo —me dijo mientras yo lo miraba tratando de procesar la información, ¿qué significaba que podía ser rudo conmigo?— Y tú… me vuelves loco, no me es sencillo mantenerme dentro de los límites —dijo finalmente, ok… estaba jodidamente confundida ahora y me importaba poco el control que no pudiera mantener.

—No me importa… —dije antes de que la timidez me ganara.

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—Importa si… no me conoces del todo Sam —dijo con seriedad, ¿estaba molesto? ¿Por qué me costaba tanto entenderlo? No podía dejar que esta situación extraña se interpusiera entre nosotros, no esa noche. En un día volveríamos a la ciudad y no sabía si podría verlo de nuevo o si ya nunca más pasaría esto. De modo que me senté a su lado y lo besé nuevamente con todas las ganas del mundo—. Te lo advertí… —dijo rozando mis labios.

—Te deseo, no te detengas —dije sacando palabras de no sé donde porque claramente solo me salían estando en esas situaciones pero era la verdad, poco me importaba que no se controlara, cualquier cosa era excitante con él.

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Capítulo 8

Bastaron esas palabras para que sus labios volviera a buscar los míos besándome y esta vez sin detenerse, sus besos solían ser siempre pasionales pero esta vez se volvieron más intensos haciendo que el calor se extendiera por cada parte de mi cuerpo y respondiera a él de inmediato. Necesitaba más cercanía con él, y mis impulsos parecían querer llevarme más rápido de lo que podía pensar, era como estar mirando desde el fondo de mi mente a una mujer que nunca antes había visto llena de ansias y con fuego en su piel.

Me quitó la ropa esta vez sin mucho cuidado, intenté quitarle algo a él pero negó con su cabeza para que no lo hiciera y aunque me pareció algo extraño no dije nada y dejé que continuara con sus manos en mí deshaciéndose hasta de la última prenda; recién luego de estar completamente desnuda y en su cama se levantó quitándose él mismo lo demás mientras me recorría con una ardiente mirada, centímetro a centímetro. estremeciéndome y haciendo que lo deseara más. Una vez listo se colocó entre mis piernas y volvió a besarme sujetando mis manos a ambos lados de mi cabeza y entrando en mi con fuerza; grité por la sorpresa y también porque sentía dolor pero ese dolor se mezclaba con el placer de tenerlo dentro de mi, de sentir sus labios en mi cuello los cuales intensificaron sus besos y mis pechos se excitaron más.

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Juntó mis manos sobre mi cabeza sujetándolas y con la otra tomó mi rostro pasando su lengua por mis labios mientras comenzaba a moverse lentamente pero duro; era inevitable no sentir placer. El dolor se sustituyó únicamente por esas sensaciones que comenzaban a consumirme de a poco, elevando mi mente, haciendo que mis pensamientos se mezclaran dentro de mi, centrándome solo en la fricción de nuestros cuerpos, en la fuerza de sus manos sujetándome, en su agitada respiración dejando claro que esto le gustaba tanto como a mi y no se trataba de algo delicado sino por el contrario de algo totalmente diferente, ya que la primera vez había sido mucho más suave, pero no podía explicar lo que sentía en ese momento porque todo se iba poniendo cada vez más intenso.

Su mano descendió de mi rostro a mi cuello donde presionó solo un poco mientras su velocidad aumentaba y a la vez me tenía inmovilizada bajo él y simplemente me dejé ir. No soporte más el torbellino de éxtasis que me envolvió liberándome en un orgasmo que aflojó cada músculo de mi cuerpo al igual que el de él.

Tras unos minutos se colocó de lado y me miró con una expresión algo preocupada, ¿había hecho algo mal? ¿No le habría gustado algo? Porque de lo contrario no tenía idea por qué se veía así y tampoco me gustaba, no después de esto, momento en el que me sentía demasiado sensible para ser verdad. Lo observé con un poco de curiosidad en mi mirada, esperando a ver qué era lo que me diría y un poco nerviosa también.

—Te gusta todo esto —dijo y no como pregunta sino como afirmación; lo miré consternada y confundida.

—¿No debería gustarme? —pregunté sin entender.

—No, al contrario solo que creí que eras un poco más… frágil —dijo, ¿frágil? Y ahí estaba otra vez su visión de mi como princesita-barbie que tanto odiaba.

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—Bueno, no voy a romperme… —dije sintiéndome una idiota por haber dicho eso—. Quiero decir, no soy de cristal —me corregí sin mucho éxito.

—Eso veo… —dijo pensativo, ¿qué rayos pasaba? Sentía que había algo que no me estaba diciendo o quizá yo era demasiado pensativa. Sea como sea, el sexo con él era genial, fuera como fuera, lento o duro, daba igual me encantaba, y si eso estaba mal pues mala suerte.

Luego de un largo rato regresé a la realidad y tomé una ducha en mi habitación; cuando salí Sheila, quién se estaba peinando, me miró expectante y no pude evitar reírme.

—Tu ropa tiene perfume de hombre —me dijo y sonreí.

—Yo… si, es que me encontré con Alex en el pasillo —confesé con las mejillas sonrojadas.

—Y terminó entre tus piernas imagino —dijo riendo y luego me miró un poco más de cerca— ¿Qué te pasó en las manos? Tienes las muñecas rojas —me dijo y me miré algo sobresaltada, no me había dado cuenta de que me había sujetado con demasiada presión, tampoco era que se notara demasiado, así que traté de disimular antes de morir de la vergüenza.

—Nada… ¿vamos abajo con los demás? —dije y aunque no pareció muy convencida asintió y bajamos a la fiesta hablando ya de otras cosas.

Alex estaba con sus amigos y con un grupo de barbies alrededor de él, sé que no debería afectarme a estas alturas pero cada vez que veía a esas chicas con grandes escotes provocándolo me daban ganas de arrancarles los ojos; y a él parecía no molestarle estar rodeado por ellas. Suspiré y traté de no pensar ni mirar qué hacía; sé que mi mente esperaba que él estuviese conmigo y que solo tuviese ojos para mi, pero eso era algo que no sucedería y yo tenía que aceptarlo de una buena vez si no quería salir lastimada; solo era sexo… como tenía con otras seguramente y no me vería jamás como yo quería que me viera.

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Mientras trataba de seguir el hilo de la conversación que tenía Sheila con otra de las chicas sobre vestidos de no se qué, miraba de reojo hacia donde él estaba con una rubia que prácticamente le estaba bailando de forma sensual; ¿a él no le importaba? ¿No pensaba que quizá eso podía dañarme de alguna manera? Claro que no lo pensaba, porque asumía que yo solo quería acostarme con él y como me había dejado las cosas claras desde un principio no le importaba si me molestaba. Y yo estaba jodidamente enamorada de él y sin posibilidad de volver atrás para evitar sentir esas cosas; era frustrante y molesto sentirme así; reprimí las lágrimas que amenazaban con salir de mi y me enfoqué en la conversación unos minutos.

—Yo le dije que color negro no me gustaba, que no estábamos en un velatorio —decía la chica refiriéndose a un vestido que le habían regalado.

—Pero el negro es lindo en algunas ocasiones, aunque claro que siempre depende puede tener detalles, ¿a ti te gusta Sam? —me dijo Sheila.

—¿Qué cosa? —dije distraída y me miró con cara de “¿es broma?”

—¿Qué sucede? —dijo.

—Nada, solo tengo algo de sueño —mentí.

—Pero si recién son las 12 de la noche —dijo la otra chica.

—Ya sabías cómo eran las cosas Sam… no dejes que te afecte —me dijo Sheila dándose cuenta de lo que me ocurría y porque el idiota de Alexander tenía tomada a la chica de la cintura mientras ella le decía vaya a saber uno que carajo al oído. Tenía que pensar en otra cosa o me daría un ataque, de modo que la siguiente media hora me esforcé al máximo por pensar en que nada a mi alrededor existía más que la conversación sobre vestidos negros y las fiestas a las que las chicas concurrían. Y justo cuando estaba a punto de lograr mi objetivo mi celular vibró con un mensaje de texto de él:

“¿Qué te sucede? Te noto algo seria. Lo siento si hice algo que no te gustara”

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¿Era una jodida broma? Casi doy el celular contra el piso, pero me controlé y le respondí:

“¿Qué cosa sientes, haber tenido sexo duro, el estar casi apretando a una chica o los problemas que tienes con el compromiso con una sola persona?”

Lo envié y me arrepentí de inmediato, estaba enojada solo así me salía escribir estas cosas, es que esto de verdad estaba afectándome. A los minutos llegó otro:

“Ese tipo de sexo es el que más me gusta, no estoy apretando a nadie solo era una amiga y tampoco tengo problemas con el compromiso con una persona solo no me interesa, ¿qué quieres de mi?”

Mierda…

“No se notaba, solo les faltaba estar sin ropa y tienes problemas si, ¿qué quiero? Quiero mucho pero por lo que veo tendré que conformarme con lo que me das…”

Respuesta casi inmediata:

“¿No te basta con el sexo?”

De verdad esto me estaba desquiciando; suspiré y escribí:

“Quizá puedas buscarlo con alguna de tus amigas… no soy un juguete.”

Pasaron unos minutos y no respondió, había metido la pata hasta el fondo, yo sabía que Alex no quería nada serio, él siempre lo había dejado claro y sin embargo tenía que ser así de impulsiva y decirle todo por celular, porque frente a él no me animaba; a veces de verdad creía que era un entero desastre y si ahora él se enojaba y no quería hablarme más ¿qué iba a hacer?

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Pasó un rato y entonces sentí su perfume inconfundible a mi lado, levanté la vista algo nerviosa y lo miré unos segundos… esos azules ojos en los cuales podía perderme, pero se veía algo molesto y eso me preocupó más.

—Creo que necesitamos aclarar unas cosas —me dijo bajo haciéndome seña para que lo siguiera. Me levanté con las piernas algo temblorosas de los nervios y con un nudo del tamaño de un dinosaurio en el estómago y lo seguí hasta uno de los extremos de la amplia terraza donde no había mucha gente.

Una vez ahí me animé a mirarlo de nuevo y traté de articular alguna palabra coherente.

—¿Qué…? —se suponía que debía ser algo coherente pero en el estado en el que estaba y después de mis malditos impulsos con el celular ya no sabía ni dónde meterme y él no parecía estar de muy buen humor… que la suerte me acompañara.

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Capítulo 9

Continuaba mirándolo con claras ganas de salir corriendo de dónde estaba y esconderme bajo mi cama, ¿cómo se me ocurría decirle todas esas cosas por mensaje de texto que luego no podría afrontar en persona? Su mirada me decía que estaba molesto por lo que había escrito pero también tenía que entender que esto se me estaba complicando, ¿qué rayos iba a hacer con todo lo que sentía por él?

—He sido sincero desde el comienzo contigo, ¿no? —dijo sacándome de mis pensamientos y sin darme tiempo a prepararme para la cruel verdad que me tocaba escuchar, verdad que sabía pero que mi mente se negaba a aceptar.

—Ajam… —dije haciéndome la tonta y con los nervios de punta, él suspiró exasperado, sabía que estaba haciendo de cuenta que todo estaba perfecto cuando en realidad le había hecho una escena de celos por sms.

Sam, y siento que estoy

haciéndote daño con esto… no soy del tipo dulce con amor y cursilerías, al contrario, y nunca me planteé tampoco cambiarlo —dijo con total sinceridad y estrujando mi alma; era más duro escucharlo de su boca que pensarlo.

—Yo no soy el

chico que tú esperas que sea

—Lo sé… —respondí con un nudo en la garganta y desviando la vista para no enfrentar sus ojos.

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—Nunca me importó lastimar a nadie, pero no quiero hacerte esto a ti… no es justo, eres una buena chica —dijo suspirando, carajo… iba a cortar nuestro-sexo- recién-empieza y ya nunca más podría besarlo o sentirlo, eso me generaba un gran vacío en el estómago como si estuviesen arrancándome algo. No podía dejar que él se alejara, no quería que lo hiciera. Todo había cambiado para mi desde que él apareció; me había hecho sentir diferente, libre y yo misma, no podía simplemente dejar esto; me odié por haber dicho lo que dije.

Y entonces me acerqué y lo besé, con el único fin de que no siguiera hablando, de que no dijera esas palabras que tanto temía de “es mejor que ya no nos veamos” porque sabía que me romperían el corazón; quizá no podía cambiarlo, él era de esa manera, pero me había enamorado y aunque no podía decírselo tampoco podía dejar de sentirlo. Correspondió mi beso al principio algo dudoso pero luego envolviéndome con sus grandes brazos y estrechándome contra él, si tan solo supiera cuánto me gustaba estar entre sus brazos y que me hiciera sentir segura… y si eso terminaba no sabría dónde refugiarme.

—¿Qué voy a hacer contigo? —susurró contra mi pelo suspirando.

—Solo… lo que has estado haciendo —dije con el fin de que entendiera que no quería que esto terminara.

—Si veo que esto está dañándote me alejaré Sam… de verdad lo digo, ¿de acuerdo? —dijo y asentí aliviada de que no se le ocurriera dejar de estar conmigo ya mismo.

—Está bien —mentí descaradamente, me mordería la lengua antes de volver a hablar o al menos eso creí que podría hacer.

*****

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Había pasado ya una semana desde que volvimos a la ciudad, mis padres ya estaban de regreso por lo que ya no estaba quedándome en casa de los Adams, sino en la mía, y eso implicaba el no ver a Alex. Hacía ya una semana también que no sabía mucho de él, a no ser por algún que otro mensaje que me mandaba para saber cómo me encontraba. Pero él no era de los tipos demostrativos o que estuviese todo el tiempo al pendiente de mi como me gustaría que hiciera, así que simplemente me aguantaba las ganas que tenía de verlo.

Era viernes, por la tarde recibí el llamado de Sheila invitándome a un club que solía frecuentar donde dejo muy claro que “Alex seguro va a estar ahí”; y bastó esa frase para que aceptara ir con ella a pesar de que él ni siquiera me había invitado y dudaba mucho que le gustara que lo vigilaran. Pero solo iría a divertirme un rato con mi amiga, o al menos eso quería hacerme creer a mí misma.

De modo que esa misma tarde llegó con todas sus cosas y se instaló en mi habitación con ropa, accesorios y música que puso en mi reproductor un poco alta mientras nos aprontábamos para salir. A veces la admiraba, ella siempre tenía tanta energía, todo el tiempo andaba saltando de un lado a otro y con una sonrisa en su rostro. Además era una chica extrovertida, algo que yo jamás sería pues mi timidez siempre me ganaba y no me permitía actuar de la manera que me gustaría, o como quizá a Alex le gustaría, aunque él nunca se había quejado de mi forma de ser.

—Esta noche nos divertiremos a lo grande, además es uno de los mejores sitios de la costa, el taxi vendrá por nosotras en 2 horas, tenemos tiempo de aprontarnos —dijo mientras caminaba de un lado a otro en busca de vestidos y tuve que reírme.

—Oye, ¿tú nunca te cansas? —le pregunté y sonrió ampliamente.

—Soy muy joven para eso, ¡levanta tu trasero de la cama y ponte a elegir un vestido! —me dijo con énfasis y reímos las dos.

—Ya… ya lo hago —le dije poniéndome manos a la obra.

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Finalmente opté por uno corto color negro, discreto pero sensual, o al menos

eso decía Sheila quién me había insistido mucho para que lo usara, y al final accedí

a hacerlo. Dejé mi cabello suelto con una simple horquilla para que no se

desparramara y a la hora exacta el taxi pasó por nosotras tras las mil recomendaciones de cuidado de mi madre quién no estaba muy acostumbrada a verme salir pero tampoco sabía que iría a un sitio poco conocido y lejos del ámbito en el que nos movíamos.

El lugar se encontraba en la zona céntrica, las calles estaban atestadas de personas jóvenes que salían en busca de diversión; no solían andar por estos sitios sino más bien iba al club privado del barrio pero esto era otra cosa, muchas más

me gustaba estar ahí. El club era enorme, y

estaba repleto de personas bailando y tomando mientras se movían al compás de la música que sonaba alta por los parlantes y a penas si podía oír lo que Sheila me estaba diciendo. Nos dirigimos a la barra dónde pidió dos tragos y me pasó un vaso. Iba a decirle que prefería quizá algún refresco pero me miró con cara de “bebe de una vez y relájate”, así que decidí hacer eso mismo, pasarla bien. Total, unos tragos no me harían mal ¿o si? Mucho menos cuando giré mi rostro y vi a Alex en uno de los extremos con su grupo de amigos, ni siquiera sabía que yo estaba ahí, pero la chica que estaba casi pegada a él bailando lo tenía muy entretenido.

luces, más gente, más movimiento

Suspiré estresada y me bebí el trago que tenía en la mano de un solo sorbo mientras Sheila me miraba con grandes ojos de sorpresa.

—Tranquila, solo está bailando con alguien, sabes que él es así —me dijo con el fin de tranquilizarme aunque yo ya estaba que echaba humo por la cabeza.

—¿Bailando? Están teniendo sexo con ropa —dije enojada y soltó la risa.

—No seas tan exagerada Sam, solo bailan. Quiero que te relajes y la pases bien. Deja de preocuparte por esas cosas —me dijo e intenté hacerle caso, razón por

la cual me bebí otro trago más, suficiente para que mi mente comenzara a afectarse

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un poco por el alcohol y me sentía en un estado de alegría leve que me permitió al menos divertirme e ir a la pista a bailar con Sheila.

Me encontraba perdida en el ritmo de la música cuando un chico se acercó a mi y me hizo seña para que bailara con él. Iba a negarme pero miré nuevamente hacia dónde estaba él, quién seguía bailando con la chica, y esta vez nuestras miradas se cruzaron aunque no hizo ningún ademán por soltarla, así que por rabia acepté y me acerqué al castaño bailando con él y dejando que me aferrara un poco contra su cuerpo con el único fin de molestar a Alex.

Algo que conseguí, porque mientras el tipo bailaba entusiasmado creyendo que yo tenía algún tipo de interés en él, Alex no me quitó los ojos de encima con una mirada que me hizo saber lo molesto que estaba conmigo.

—¿Cómo te llamas? —preguntó el chico.

—Sam… —dije sin mucha importancia porque tenía mi atención en él, quién ya había soltado a la chica y estaba bebiendo un trago recostado en la barra con sus amigos.

—¿Vienes sola aquí? —quiso saber.

—No —¿no podía simplemente bailar y no preguntar nada? No tenía interés en responderle nada ni en bailar con él, solo quería molestar a Alex.

A los pocos minutos se acercó a dónde estaba y sin mucho preámbulo me jaló del brazo llevándome con él entre la gente, dejando al tipo petrificado y sin entender nada, mirándonos, y cuando ya estuvimos alejados me volvió a jalar contra él para comenzar a bailar.

Oh si… él estaba claramente enojado… batalla ganada.

—Me lo haces por gusto —dijo molesto y me hice la tonta.

—¿Qué cosa? ¿Bailar? —pregunté inocentemente.

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—Ya Sam, está bien… buena jugada —dijo finalmente.

—Yo no puedo bailar pero tú puedes refregarte contra quién sea y quién sabe cuántas cosas más en la sala VIP —le solté ya en reproche y gracias al coraje que el alcohol me daba.

—Estoy molesto, no he tocado a nadie desde que me acuesto contigo y a demás estoy muy enojado por lo que acabas de hacerme, no te conviene presionarme —dijo contra mi oído y me estremecí. ¿De verdad no había estado con nadie más? ¿Eso significaba algo? O quizá era mi simple desesperación por pensar que yo era diferente para él.

—¿No sabías por cuál decidirte? —dije en tono irónico y quise morderme la lengua, no volvería a tomar estando así, era un hecho. Tomó mi muñeca con algo de presión y me llevó con él entre las personas, no tenía idea a dónde íbamos hasta que subimos una pequeña escalera la cuál al final tenía una puerta que decía VIP… Dios mío… no quería saber lo que pasaría ahí dentro, por lo general no se iba a conversar un rato solamente.

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Capítulo 10

Un hombre con cara de gorila vestido de negro cuidaba la entrada; ni bien vio a Alex lo saludó con un asentimiento y abrió la puerta negra. Estaba segura que Alex frecuentaba mucho la sala VIP con sus “amigas” y pensar en eso me molestaba pero no quise darle mucha vueltas al asunto porque ya tenía bastante con que lidiar tratándose de él y lo molesto que se veía. Menos mal que los tragos que había tomado me mantenían en ese estado de tranquilidad porque de lo contrario estaría muriendo de nervios, aunque tenía que admitir que estar con él y no verlo con otra en ese momento era todo lo que quería.

Dentro se trataba de una amplia sala como la de abajo, claro que a menor escala; música alta, barra, luces en tonalidades más rojas y opacas dándole una vista algo más íntima ya desde que se entraba. Habían sofás de cuero negro con mesas en varios de los extremos y personas bailando, conversando o prácticamente perdidos y muy bien entretenidos en lo suyo; claro que había mucha menos gente porque no todos entraban ahí y al final de la sala había un pasillo que daba vaya a saber uno a dónde, pero tratándose de ese tipo de salas estaba segura de que conducía a un lugar algo más privado.

Su mano aún no había soltado mi muñeca y ya me estaba doliendo un poco de modo que tiré para zafarme, total, no me iría a ningún lado; me dirigió una muy

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molesta mirada pero me liberó y cuando iba a decirme algo un chico se acercó a nosotros. Lo conocía de vista; era amigo de Alex, había estado en la playa con nosotros y a demás siempre andaba en su grupo. Creo que se llamaba… ¿Marcos… Matteo…? No lo recordaba con exactitud. Era alto, castaño y con grandes ojos celestes aunque no de los de mi tipo. Bueno debía admitir que mi tipo últimamente solo era Alex y bastantes problemas estaba teniendo ya con eso como para complicarme más la vida mirando ojos de otros.

—¿Dónde andabas? Tengo una chica muy interesada en ti —le dijo a Alex con un gesto de complicidad y juro que lo odié desde ese mismo momento ¿Qué no veía que estaba conmigo? Sin dudas era de los tipos a los cuales no les importaba un carajo nada, como a Alex… tal para cual, no sé qué estaba esperando de todo esto si no cambiaría.

—Estoy algo ocupado —dijo él serio pero con tranquilidad; de verdad estaba enojado, ¿a dónde nos llevaría esto? El chico me observó unos segundos como si recién se percatara de mi existencia junto a su amigo.

—Ya veo… ¿necesitas ayuda? —le dijo sin apartar sus ojos de mi y me paralicé, ¿qué demonios había querido decir con eso? ¡Por el amor de Dios! ¿Él de verdad había querido decir que… pretendía ayudarlo conmigo haciendo qué cosa…? Aggg! Ya era suficiente para mi, le dirigí una de mis peores miradas y solo obtuve una media sonrisa divertida del desgraciado cuyo nombre ignoraba y me daba enteramente lo mismo saberlo.

—Si, la necesito… mantente alejado si no quieres problemas —le dijo y liberé el aire aliviada de que a Alex no se le ocurrieran esas horribles y perversas cosas involucrándome. El chico se rió por lo bajo y tras hacerle un gesto el cuál no entendí pero estaba segura de que entre ellos se entendía, le habló.

—Tranquilo, mantendré mi atractivo cuerpo lejos de tus chicas —dijo riendo y se marchó mientras Alex negaba con la cabeza algo exasperado, ¿qué clase de amigos eran esos? No quería ni imaginarme lo que podían hacer con chicas de las

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fáciles y dispuestas a todo, era un verdadero asco; le dirigí una mirada para saber si continuaba enojado conmigo comprobando que así era pero ya estaba perdiendo la paciencia.

—¿Seguirás así por mucho tiempo? Porque me estoy aburriendo —le solté… maldito alcohol y mi manía de decir las cosas solo en este estado para luego arrepentirme de lo dicho. Me observó con una mirada fría y penetrante que me dio vuelta la cabeza y desvié la mirada algo incómoda hacia otro lado para luego obligarme a mi misma a mirarlo de nuevo.

—Así que te estás aburriendo… —dijo pensativo pero con esa seriedad que ya me estaba preocupando—. Sígueme… —ordenó tomando mi mano esta vez y jalando de mi para que caminara porque me había quedado parada como una idiota tratando de descifrar sus palabras.

Caminamos hasta ese pasillo que había visto anteriormente, el que conducía quizá a Narnia… ok, era una tontería lo que acababa de pensar, pero una persona con un poco de alcohol encima y nervios era capaz de pensar cualquier cosa. Menos mal que nadie estaba dentro de mi mente.

Tal como había pensado el lugar estaba dividido en varios compartimientos con una cortina la cuál en alguno de ellos estaba cerrada y no quería saber qué estarían haciendo dentro; pero no se trataba de un sitio con cama o cosas extrañas, era simplemente un lugar con un sofá y una mesa como en la sala anterior solo que con una cortina que cerraba para mayor privacidad. Estaba demás decir lo que se iba a hacer ahí. La música se escucha alta en todos lados como si nos encontráramos en la pista principal y la luz ahí era mucho más opaca por no decir oscura pero estaba bien para mi, porque ya con el ambiente y el hombre que tenía al lado, mi sistema específicamente sexual se despertó. Cerró la cortina y giró mirándome aún enojado, ¿cuándo se le pasaría? No esperó ni a decir una palabra y caminó contra mi hasta recostarme contra la pared del lugar, reacción que bastó para disparar mi respiración.

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—Detesto que se te acerquen ¿puedes entender eso? —dijo contra mis labios y cerré los ojos unos segundos, ¿cómo lograba calentarme estando así de enojado? Creo que iba a desfallecer ahí mismo.

—Estabas con otra… —dije algo desafiante aunque no estaba segura de que eso fuese buena idea y sus manos presionaron mis caderas contra la suya con más fuerza generándome un estremecimiento que se extendió por todo mi cuerpo.

—Estoy contigo ahora y no de buen humor —fue su respuesta, a veces me daban ganas de golpearlo de verdad que si, sobre todo cuando evadía las cosas de esa manera pero estaba ya demasiado excitada como para ponerme a discutir más y no tenía ganas de eso.

Lo besé antes de que esas palabras pudiesen seguir, temía que termináramos peleando y se fuera o me dijera cosas que no quería oír. Aunque punto a mi favor el ponerlo celoso, me gustaba saber que eso le molestaba. De alguna manera y aunque no lo dijera yo sabía que le importaba, quizá no con sentimentalismo de por medio pero le importaba.

Mis manos acariciaron su cabello mientras nuestros labios se devoraban de una forma que dejaba claro cuánto nos deseábamos. Mordí su labio suavemente y me presionó más contra su duro cuerpo para luego dirigir sus manos al borde de mi vestido acariciándome de esa manera que me hacía sentir en las nubes, y comenzó a subirlas debajo del mismo y despacio.

¿Tenía pensando hacerlo ahí dentro? ¿Qué tal que alguien entrara? Eran preguntas tontas para las cuales tenía respuesta, definitivamente él tenía pensado hacerlo ahí y nadie entraría, por algo estaban las cortinas. Se suponía que no lo harían.

Con un rápido movimiento me giró de espaldas a él por lo que me sostuve del respaldo del sofá un poco inclinada y ya sintiendo fuego en cada parte de mi cuerpo. Lo quería sentir en mí. Parecía mentira que hacía unas semanas detestaba

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el sexo y desde que él había aparecido en mi vida me había convertido en una persona que solo esperaba esos encuentros para poder sentir el placer que solo él sabía brindarme y de esa forma que parecía hasta practicada. Pero no era momento de pensar en su experiencia y mucho menos en lo que le había hecho a otras, ahora estaba conmigo y solo conmigo.

Sentí sus manos en mi espalda, las cuales se deslizaron suave y eróticamente

a lo largo de la misma hasta llegar a mi trasero donde se detuvieron tocándome y

generando que oleadas de placer recorrieran mi ya deseoso cuerpo. Su mano tocó debajo de mi vestido y sobre mis bragas para luego correrlas un poco de tal manera que sus dedos pudieran hundirse en mi humedad; mis manos apretaron el respaldo del sofá con fuerza gimiendo suavemente en medio de mi desbocada respiración. Los movió en mi y mis caderas acompañaron sus movimientos mientras se pegaba más a mi; quería más, que no se detuviera y cuando retiró su mano me sentí algo molesta pero mi escondido razonamiento me hizo pensar en que no eran sus dedos

lo que quería en mi y seguro que él tampoco.

Y a los pocos segundos sus manos sujetaron mi cadera con fuerza mientras entraba en mi sin cuidado haciendo que cada una de mis terminaciones se

estremeciera; no bien lo hizo comenzó a moverse con un ritmo suave pero saliendo

y entrando duro, por lo que me sujeté mejor al sofá ya que no le veía ninguna

intención de tener cuidado conmigo esa noche y no me importaba, me gustaba esto, me gustaba a un nivel extremo y como nunca creí antes.

Se detuvo en un momento y su mano tomó mi cuello jalándome contra él de modo que mi espalda se pegó a su torso y sus labios quedaron en mi oído estando aún dentro de mí.

—¿Más…? —preguntó contra el mismo y gemí en respuesta de forma audible, ¡por Dios! Claro que quería más, no me gustaba que se detuviera pero sabía que lo hacía únicamente para torturarme un poco—. Pídelo… —dijo como orden, ¿de verdad me estaba haciendo esto? ¿Cómo se le ocurría jugar en un

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momento así? Solo aumentaba mis ansias, estaba dentro de mi y sin moverse y a demás me tenía sujetada de esa manera que me estaba volviendo loca.

—Más… —dije casi suplicante para que ya continuara con lo que había comenzado; volvió a recostarme contra el sofá para continuar moviéndose en mi esta vez con más fuerza y más rápido y no pasó demasiado tiempo para que cada músculo de mi cuerpo se contrajera dando paso a una gran cantidad de exquisitas sensaciones para luego aflojarme por completo por lo que me sujeté para no caer de rodillas ahí mismo.

Salió de mí y me tomó en sus brazos sentándome en el sofá y haciendo lo mismo al lado mío mientras nuestras respiraciones volvían a normalizarse y yo intentaba recomponerme de todo lo que había sucedido.

—¿Te encuentras bien? —preguntó mirándome, se veía tan atractivo algo despeinado, con algunos botones de su camisa desprendidos y una leve sonrisa de satisfacción en su rostro, lo cual me hizo pensar que el enojo ya se le había pasado o al menos eso parecía.

—Si… ¿sigues enojado? —pregunté con cuidado mirando expectante su reacción y suspiró.

—No… —respondió sin mucha palabra más, ¿eso quería decir que ya se le había pasado? ¿O quizá solo era por ese momento? ¿Qué pasaría con nosotros? Ya ni sabía qué decirle, no tenía idea qué éramos o qué esperaba ahora que sucediera, todo esto era realmente confuso.

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Capítulo 11

Ya era tarde, ni siquiera sabía dónde se había metido Sheila, y a demás había estado muy bien entretenida con Alex, pero era hora de marcharme y aunque no quisiera hacerlo porque temía que ni bien me fuera él terminara con otra chica, tampoco podía estar pegada a él como una loca obsesiva, aunque podría hacerlo encantada, pero no creía que él se sintiera a gusto con eso.

Cuando salimos de la VIP, volvimos a la pista principal del club, a pesar de ser casi las 5 de la mañana, el lugar seguía lleno de personas, de modo que tendría que comenzar a buscar a mi enérgica amiga a ver dónde estaba metida para poder irnos a casa. Ignoraba que escuchara el celular pero de todas maneras probé a enviarle un mensaje para avisarle que me encontraba junto a la barra con Alex.

“Dónde quiera que te encuentres… camina hacia la barra en el extremo final que te espero, debemos irnos.”

—Creo que es mejor que vaya a buscarla o vaya saliendo— le dije a Alex luego de unos minutos sin respuesta de ella.

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—¿A dónde? ¿estás loca? No vas a irte sola — me dijo con su típico tono de “yo controlo todo”, aunque debía admitir que me gustaba que me cuidara de todas las formas posibles.

—Es tarde, no puedo llegar a casa de día porque mi padre se levanta temprano y va a regañarme —confesé no muy orgullosa de lo niña que había sonado con eso, pero ¡vamos! No tenía 21 años, tenía solo 17, mis padres a penas si me dejaban salir.

—Entonces directamente no llegues, vente conmigo —dijo con esa mirada que podía hacerme saltar de una ventana si se lo proponía.

—Me encantaría pero no puedo… ni sabes el lío en el que puedo meterme si no llego a casa —dije muy a mi pesar; moría de ganas de irme con él pero no volverían a dejarme salir nunca más y si no podía verlo de nuevo me volvería loca. Él suspiró ya dejando de insistir.

—De acuerdo, entonces deja que te lleve. Vine en el auto. No quiero que andes sola —dijo en un tono ya definitivo mientras Sheila aparecía en escena sonriente y con… Marcos-Matteo, o algo de eso, a su lado, ¿qué rayos hacía mi amiga con ese tipo que me había mirado en la VIP como si fuese comida?

—Lo siento Sam, estaba… bailando —me dijo en un tono de disculpa pero con una sonrisa que dejaba entrever que no solo había estado bailando; suspiré y no le dije nada, ya se encargaría ella de contarme los detalles una vez que estuviésemos en casa.

De modo que los 4 nos fuimos en el auto de Alex; iba delante con él mientras que los chicos se ubicaron detrás e iban muy entretenidos en lo suyo; el auto de Alex olía rico y claro, era porque se trataba de ese perfume que él usaba y que alteraba mis sentidos. La radio estaba prendida y un hombre hablaba sobre las diferentes opciones de diversión por las que habían optado las personas esa noche para salir con música suave de fondo.

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—Marcos, mi auto no es un burdel, cálmate —le dijo Alex y sentí las risas desde la parte trasera.

—Envidioso, eso porque te toca conducir —le dijo él en tono de broma.

El resto del viaje se centró en conversaciones más que nada de ellos tres, porque yo estaba algo zombi debido al sueño, a los tragos y a lo sucedido con él dentro de la sala. Eran motivos más que suficientes para que mi único deseo fuese llegar y meterme en la cama a dormir como un oso. Primero dejamos a Marcos en uno de los tantos edificios centrales, luego ya nos dirigimos a casa y Sheila me dijo que esperaría fuera del vehículo para que pudiese despedirme de Alex.

Lo miré ya con una sensación de angustia por tener que separarme de él, ignoraba cuando volvería a verlo. No éramos nada. Él tenía su vida y cosas que hacer y yo solo tenia que adivinar cuando sería nuestro próximo encuentro; el cuál prefería no fuera en un club para no tener que verlo con otras chicas.

—Gracias por traernos… —comencé diciendo.

—No es nada, es bueno saber que llegas sana y salva —me dijo apagando el radio y dirigiendo sus azules ojos de nuevo a mi.

—Estem… ¿qué…? ¿Cuándo nos vamos a ver? Digo… si es lo que quieres — dije entreverada y sintiéndome una tonta por olvidar cómo formular palabras y oraciones con coherencia. Ni siquiera sabía si él quería verme de nuevo o qué haríamos y era algo que me generaba incesantes nervios y ansiedad.

—Te escribo cuando tenga un tiempo libre, ¿de acuerdo? —dijo con tranquilidad y mi estómago se estrujó, ¿quería decir eso que no quería verme? Porque generalmente esas cosas se decían y luego ya la gente no volvía a reunirse, ¡era tan sofocante esta situación!

—De acuerdo… —dije no muy conforme pero sin opciones de decir otra cosa; me dio un beso en los labios y bajé del auto en un estado de molestia y ganas

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de tirarle una piedra a la ventanilla para gritarle que odiaba no importarle como necesitaba. Él se había convertido en mi adicción, quería verlo todo el tiempo y estar con él, y él… simplemente se comportaba como si solo fuera sexo… de acuerdo, lo era para él y me había dejado las cosas claras en la playa pero mi maldita mente se negaba a procesarlo y aceptar la situación.

*****

Tal como pensaba, era ya jueves por la noche y ni una sola noticia de él durante la semana, menos mal que mis padres no notaban la ansiedad con la que vivía últimamente. Lo extrañaba, esa era la verdad y detestaba pensar que él no, mientras yo vivía en la incertidumbre de saber qué demonios pasaría cuando lo viera. Incluso cuando salía a la calle o de compras me imaginaba poder encontrarlo por casualidad en alguno de esos sitios y que se alegrara de verme y nada… él no estaba, ¿me estaría obsesionando? No creí que fuera a ese extremo porque tampoco era un loca que lo perseguía ni nada de eso, pero verdaderamente mis sentimientos estaban descontrolados, intentaba entender cómo era posible que me cuidara tan bien cuando estábamos juntos y, de un momento a otro, simplemente tendía a desaparecer sin más.

Ese viernes por la mañana me levanté a las 6:30… una locura, pero estaba nerviosa, sobre todo porque si no obtenía al menos un mensaje, esa noche lo buscaría en el club y le haría una gran escena… ok no haría eso pero deseaba hacerlo y hasta había elegido el discurso de loca celosa que podría llegar a decirle para hacerlo sentir mal.

Me levanté y tras tomar una rápida taza con café salí al jardín, si bien era verano a las 7 de la mañana hacía bastante fresco, aunque era ese el aire que necesitaba en mi rostro para poder calmar mi ansiedad un poco. Los empleados

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que trabajaban en ese enorme lugar que mi madre se obsesionaba con cuidar perfectamente, me miraban algo extrañados y no era para menos: nunca salía a los jardines traseros, mucho menos a patear piedritas mientras suspiraba pensando en si debía escribirle un mensaje o quedarme quieta.

Con todos los nervios, y luego de pensarlo varios minutos, tomé el celular y escribí con los dedos algo temblorosos:

“Buenos días. ¿Sabes quién soy aún?”

Y presioné “enviar” arrepintiéndome luego y dando un salto por el jardín mientras una de las empleadas me miraba algo preocupada. Parecía una loca, le dirigí una sonrisa para que se quedara tranquila de que no estaba convulsionando y esperé a que el celular sonara… pero nada, 5 minutos… diez minutos, ¡¿es que no pensaba responderme?! ¡Qué ganas de tirar el pequeño aparato contra la pared! Y entonces el maldito vibró…

“¿Una chica rubia, con unos hermosos ojos verdes y una boca que me vuelve loco? He estado trabajando en la empresa con mi padre, ¿almorzamos hoy?”

Di un grito emocionada y saltando, obteniendo la atención de los empleados de nuevo y avergonzándome por mis estúpidos comportamientos. Respondí más que rápido.

“Claro, ¿dónde?”

Contestación esta vez casi inmediata…

“Paso por ti al mediodía, que pases bien.”

Ya como una loca corrí escaleras arriba para poder elegir qué iba a ponerme ese día… mi mente había ignorado todo lo demás ahora que sabía que iba a verlo, y dejé de lado hasta las molestias por las cuales había pasado esa semana aunque sabía que las cosas no podían seguir así, ya se me ocurriría qué hacer o cómo

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preguntarle qué rayos éramos, pero ahora lo importante… la vestimenta. Finalmente opté por un vestido azul, puesto que el día ya se estaba presentando caluroso, pero aún así quería verme bien; era raro aunque sabía que en cierto sentido él me lastimaba con todo lo que hacía. De todas maneras, en ese tiempo y desde que él había aparecido en mi vida, me había hecho sentir viva, no como antes que realizaba todo en automático. Ahora hacía las cosas que quería y con sentimientos de por medio, los cuales aunque no pudiese expresar, estaban ahí y cada día eran más fuertes.

VESTIMENTA!

Le dije a mi madre que saldría con Sheila para no alterar las cosas, no aún, ya que no quería tener que explicarle a ella que Alex era solo un amigo con el cual tenía sexo porque él detestaba los compromisos, era mujeriego y yo me había enamorado como una tonta a pesar de que me advirtió todo desde un comienzo… si le decía eso a mi madre probablemente terminaría con una ataque cardíaco, así que de momento prefería guardarme eso para mi y mentir un poco.

Salí de la casa al mediodía y su auto negro ya se encontraba en la entrada de mi casa tras los grandes portones que la cercaban. Me dirigí al mismo y abrí la puerta del asiento del copiloto entrando y encontrándome con él… perfecto y jodidamente atractivo como siempre; vestía formal pues venía de la empresa, no habían dudas de eso.

—¿Cómo estás? —dijo con una leve sonrisa dándome un beso en la mejilla antes de poner en marcha el auto.

—Bien… creí que no escribirías más —dije son poder evitarlo, ¿por qué me empeñaba en joder todos los momentos así? Debería traer cinta pato conmigo para pegármela en la boca. Rió por lo bajo como si mis palabras le causaran algo de gracia y luego me miró unos segundos poniendo mi mundo patas arriba.

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—Iba a hacerlo, solo he estado ocupado —respondió, ¿de verdad iba a hacerlo? Definitivamente durante este almuerzo tendría que comenzar a aclarar las cosas con él.

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Capítulo 12

El viaje fue corto. La ciudad, a esas horas y con la buena temperatura que hacía, estaba llena de personas almorzando y disfrutando también de las playas; no era raro ver el sitio repleto de turistas pues solía elegirlo para pasar unas buenas vacaciones. El aire que entraba por la ventanilla era cálido pero no desagradable, o quizá era que me encontraba junto a él y estoy segura de que cualquier cosa me hubiese parecido agradable, ¿cómo no se daba cuenta del efecto que tenía en mi? Y yo detestaba que mi mente reaccionara de esa manera cada vez que lo tenía cerca.

Finalmente entramos a un restaurante que se encontraba frente a la playa donde nos atendió una chica más o menos de mi edad, vestía uniforme pero se comía con los ojos a MI Alex aunque él solo la miró como si se tratara de una persona desconocida y sin mucho preámbulo.

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—La mesa de siempre —dijo serio y de manera formal, la chica sonrío ampliamente pero él no cambió su semblante, ¿lo haría por gusto? Porque sin dudas tenía la capacidad de poner nervioso a quién fuera.

—En seguida, síganme por favor… —dijo ella más que amable y caminamos hasta la terraza del lugar donde habían varias mesas con una espectacular vista a la playa y resguardadas por un amplio techo que daba sombra y el aire se sentía fresco y agradable— ¿Qué puedo ofrecerles? —preguntó la chica una vez que nos hubiésemos sentado.

—Lo de siempre, creo que ya lo sabes —dijo él de forma seca y lo miré algo confusa, ¿por qué tenía que tratarla así? Bueno tampoco era que hubiese sido desagradable solo demasiado frío pero creo que eso era algo que lo caracterizaba, tal vez yo era demasiado sensible, pero si me hablase de esa manera me sentiría realmente mal; la chica asintió y se marchó de ahí moviendo sus caderas como si él fuese a mirarla.

—Veo que vienes seguido por aquí —le dije.

—Así es, la mayoría de las veces almuerzo aquí con mi padre o con algún amigo —dijo él bebiendo un poco de agua de la copa que nos habían dejado.

—Entiendo… —dije sin saber muy bien qué decirle, todo se hacía raro cuando estaba frente a mi, sobre todo porque no estábamos en el lugar habitual dónde sabía que algún beso de él calmaría mi ansiedad y no frente a él por almorzar donde se suponía que debíamos conversar de algo. Tenía el tema de conversación, pero me sentía tan cobarde que no me salían las palabras, ¿qué se supone que le dijera? “Alex te amo, y detesto que desaparezcas así o que no quieras estar conmigo como yo quiero”… definitivamente antes que camión me pasara por encima a decirle eso.

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—¿Qué fue el mensaje de esta mañana? ¿Por qué crees que no me acuerdo de ti? —dijo de la nada y casi me ahogo con el sorbo de agua que acababa de tomar.

—No se… es que no eres de esos chicos… creí que me habías olvidado — dije sintiéndome una idiota, “No eres de esos…” ¿en qué demonios estaba pensando? Moví mis manos, algo nerviosa sobre mi regazo esperando su respuesta.

—¿De esos? Explícate mejor —me dijo con esa maldita tranquilidad que siempre lograba conservar y haciéndome las cosas más difíciles.

La chica volvió con la bandeja y nuestro almuerzo salvándome al menos por unos minutos de tener que responderle; colocó sobre la mesa el plato con ensalada y carne, bebida y luego tras darle una sonrisa de nuevo a Alex se marchó del lugar. Su mirada se posó nuevamente en mi a la espera de que respondiera lo que me había preguntado; bueno ya… era momento al menos de ser capaz de hablarle o todo esto seguiría igual por siempre.

—De… los que escriben seguido, recuerdan a las chicas y las extrañan, de esos —le dije un poco entreverada pero la idea general creo que se había entendido. Me observó unos segundos con una expresión neutra, nunca lograba descifrar lo que estaba sintiendo o pensando, me miraba de la misma manera cuando hablábamos del clima que cuando le decía algo importante, era exasperante y molesto que lo hiciera. Bebió otro poco de agua y sus ojos no se apartaron de los míos, ¿no iba a responderme?

—Yo te extraño, de lo contrario no estaría almorzando contigo —me dijo… juro que a veces sentía que me estaba tomando el pelo; sentía sensaciones y emociones. Si me extrañaba como decía, ¿por qué rayos no lo demostraba?

—Ignoraba que tuvieses esa capacidad —le dije y se rió por lo bajo.

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—Yo también lo ignoraba, pero ya ves… no te olvido —dijo finalmente. Si, genial, él me extrañaba pero no solucionábamos nada con eso y esta vez no quería irme sin al menos saber qué esperar de todo esto.

Me llevé un poco de ensalada fresca a la boca mientras pensaba cómo seguir la conversación. Todo esto generaba un esfuerzo mucho mayor de mi parte porque él no parecía querer hablar del tema; creo que le daba lo mismo.

—Que boca más rica tienes… las cosas que podría hacerle —dijo con sus ojos puestos en mis labios y haciendo que mis mejillas enrojecieran al instante; y ahí estaba de vuelta descontrolándome por completo y haciéndome olvidar de mi línea de pensamientos para poder hablar.

—No… —comencé y me detuve porque me había puesto nerviosa con esas palabras—. Tenemos que hablar Alex… —dije finalmente y mirando su leve sonrisa por mi estado. Sabía que esto le divertía al extremo.

—De acuerdo, ¿de qué quieres hablar? —dijo finalmente; suspiré ya algo molesta por sus malditos intentos de evadir el tema.

—De nosotros, de esto que tenemos que ni siquiera sé qué es… —dije y menos mal que no había gente en la terraza porque no me di cuenta de que había hablado alto.

—No entiendo por qué te empeñas en descifrar cosas, no hay nada de qué hablar Sam. Esto es lo que es. Tenemos sexo, la pasamos bien y ya… ¿qué más quieres? —dijo algo molesto también, demonios… esto no terminaría bien.

—Tú puedes estar con quién quieras además de mi pero si yo bailo con alguien te molestas, ¿cómo son las cosas? Porque si va a ser así, entonces buscaré alguien con quién entretenerme mientras tu no estás disponible para mi —dije de forma impulsiva, ya no iba a detenerme y era claro que no iba a buscarme a nadie más pero quería llevarlo al límite a ver qué sucedía, aunque era consciente de que posiblemente todo se fuera al demonio.

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Suspiró ya alterado y se pasó la mano por el cabello recostándose al respaldo de la silla y mirándome, ¿qué haría si separaba y se iba? Tenía que dejar de pensar ya mismo, las cosas estaban dichas ahora no podía volver atrás, debía ser fuerte y seguir hasta el final de la conversación.

—Buen punto, señorita Flesher —dijo pensativo y terminó con mi paciencia.

—¡Deja de jugar Alexander! Necesito que te pongas serio con esto. No la estoy pasando bien —le grité ya al borde de los nervios. ¿Es que él no entendía nada?, mientras la pasaba bien y hacía lo que quería, yo lloraba en casa porque lo extrañaba, porque él no me recordaba y por ser su simple juguetito.

Enarcó una ceja mirándome con cautela.

—Tranquilízate, ¿quieres? —me dijo con seriedad y sentí ganas de tirarle el vaso que tenía delante.

—No… no lo haré. Tú no entiendes nada. Andas por ahí haciendo quién sabe qué cosa mientras yo la paso mal en casa. No puedo con esto Alex. No puedo compartirte con todas las mujeres que se te crucen. No es justo… me tratas como un juguete y eso me está doliendo —confesé tratando de contener las lágrimas que llegaban a mis ojos.

—No eres mi juguete. No es mi intención que lo veas así —dijo algo más calmado y seguramente porque se dio cuenta de que en cualquier momento lloraría como una loca.

—Eso me haces sentir, y ya no se qué hacer… debería alejarme de ti pero no puedo hacerlo —seguí con mis confesiones. Era ahora o nunca y ya no importaba lo que sucediera.

—No quiero que te alejes… yo…. Puedo intentarlo si quieres —dijo algo confundido él, creo que era la primera vez que lo veía así.

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—¿Intentar qué? —dije.

—Estar contigo… solo contigo, si es lo que quieres. No te prometo que vaya

a salir todo bien. No soy de los que tienen una relación con alguien Sam, pero

puedo intentarlo. No quiero lastimarte. Te lo he dicho ya y tampoco quiero que te alejes. Me gusta estar contigo —me dijo; sentí que un gran peso menos encima, como si pudiera volver a respirar. Creo que hasta el aire se volvió más liviano. Esas palabras hubiesen sido para grabar, dudaba mucho que él se las hubiera dicho en su vida a alguien.

—Me basta con que lo intentes… —le dije.

—Solo tú me haces estas cosas —dijo medio riendo—. Come que se te enfriará la comida —agregó finalmente.

Ignoraba qué saldría de todo esto. Él jamás había tenido una relación que le durase, estaba acostumbrado a las mujeres y al sexo casual; además tenía una forma de ser algo particular con la cual me sentía algo reprimida… pero era el hombre que amaba. Me había cuidado y ayudado en varias ocasiones. Me había hecho sentir hermosa y también especial.

Con él me había vuelto a sentir viva, ¿cómo no iba a dejar que probara? Aunque había grandes posibilidades de que todo saliera mal y como siempre la lastimada sería yo. Aún así, quería encaminarme hacia la incertidumbre. No importaba mientras él estuviese a mi lado. Sabía que no sería sencillo estar con él por muchos motivos pero aún así estaría preparada para tratar de sobrellevarlos de

la mejor manera.

Claro que no creí que los problemas comenzaran tan pronto…

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Capítulo 13

Como ahora estábamos algo así como “juntos”, puesto que tampoco en algún momento le pusimos nombre a lo que tratábamos de tener, al viernes siguiente, aunque tuve que esperar toda la semana sin verlo puesto que se encontraba trabajando, al fin íbamos a encontrarnos. Me había llegado un mensaje de texto avisándome que me recogería a las 20:00 para que fuésemos a su apartamento, algo que claramente me puso nerviosa. En todo este tiempo no habíamos vuelto a estar juntos sexualmente y ya mi mente se mostraba algo molesta por la falta de él.

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Me sentía una zorra con esos pensamientos, pero tampoco estaba mal desear

 

a

mi “casi-novio” ¿o si? No quería que él se diera cuenta que aún seguía siendo la

chica insegura y con mil preguntas. Tenía el prejuicio marcado en la frente y sentía

que solo las mujeres más extrovertidas y fáciles se sentían de esa manera, y yo no era una de ellas; pero pensar en él tocándome me generaba un estremecimiento que recorría todo mi cuerpo.

 

—Es raro ver a Alex tan al pendiente de alguien, supongo que lograste llegar

a

donde nadie había llegado con él —dijo Sheila mientras revisaba su cuenta de

Facebook; nos encontrábamos en mi habitación mientras yo revolvía mi armario en busca de algo para ponerme esta noche y sin poder llegar a una adecuada decisión. Ignoraba sus gustos y quería verme bien… muy bien.

—Aún no se qué pasará, pero debo decir que es el único hombre que me hace sentir viva —confesé casi metida dentro de las estanterías mientras buscaba algo.

—Escucha esto… “Raro ¿no? Gracias a ti me siento así…” —dijo y me giré para mirarla confundida—. Eso dice en su muro, estoy segura que lo escribió por ti —dijo ella con una sonrisa divertida; ni siquiera tenía el Face de Alex, pero era agradable escuchar algo así, ¿sería para mi? Quizá era por otra cosa. No tenía por qué estar escribiendo exclusivamente cosas para mi.

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—Tal vez solo lo puso por ponerlo —dije y me miró con cara de “cállate” así que sonreí y seguí revolviendo la ropa.

 

—¿Qué te pondrás? —preguntó ya apagando el ordenador y mirándome.

—No lo sé. Esto es frustrante. Además ya no solo se trata de elegir ropa sino también de ocuparme de la interior. No puedo simplemente ponerme algo liso y sin sentido —dije sofocada y largó la risa.

 

—Por lo que te durará la ropa puesta, elige cualquier cosa. Sabes vestir bien

y

no creo que él esté muy interesado en ver tu ropa toda la noche, Sam —me dijo.

 

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Quizá tenía razón, pero de igual manera los nervios me hacían ponerme perfeccionista al extremo.

Como la noche estaba fresca, opté por una blusa clara con algunos detalles y una falda negra, algo cómodo pero no por eso informal. No solía vestir informal y era más bien de vestidos de cualquier tipo, pero si salía así probablemente moriría de frío. Como era de esperar, estaba en la puerta de mi casa, esperando en su auto a la hora indicada. A veces me asombraba lo puntual que era en esas ocasiones. Pero mejor para mi, puesto que no me gustaba esperar.

Caminé hasta el vehículo despacio por los tacos de mis sandalias y tratando de no darme de cara contra el piso porque querría desaparecer de la vergüenza, ¿por qué pensaba en estas cosas que podían pasarme solo cuando lo iba a ver a él? Seguro se debía a que él siempre estaba perfecto e inmaculado y yo me sentía una simple mortal nerviosa con temor a cometer el ridículo en cualquier momento; sabía que eran temores tontos, pero aún así los tenía.

Ni bien subí al mismo, me giré y lo miré con una sonrisa. Como de costumbre se veía jodidamente atractivo; llevaba unos jeans oscuros y una camisa más clara con algunos botones desprendidos… creo que comenzaría a hiper ventilar; me miró con esa intensa mirada y luego esbozó una sonrisa.

—¿Cómo te encuentras? —me preguntó con su habitual tranquilidad tras darme un corto beso en los labios.

—Bien… —dije aún perdida en el beso de hacía unos segundos.

—Me alegra saberlo, no has cenado ¿verdad? —preguntó poniendo en marcha el auto.

—¿Has cocinado? —pregunté algo sorprendida y en broma.

—Sé cocinar, ¿tengo cara de inútil? —preguntó haciéndose el ofendido y me

reí.

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—No, no he dicho eso, pero creí que alguna empleada cocinaba por ti —le dije teniendo en cuenta que su familia las tenía.

—Si, pero solo a veces. Otras una buena amiga me enseña algunas recetas — me dijo y sentí la maldita punzada de celos en mi estómago.

—¿Una amiga? —pregunté sin poder contenerme.

—Así es, trabajó en casa durante unos cuántos años porque mi padre era su tutor en la Universidad y como venía del exterior le dieron alojamiento en la casa mientras terminaba sus estudios. Así que ella, como pago, además de estudiar, ayudaba en la cocina y es muy buena aunque ya hace mucho no trabaja en casa. Viene al apartamento de vez en cuando —me dijo tranquilamente como si me estuviese hablando del clima; pero no tenía nada de malo, debía ser alguna anciana de esas que cocinan riquísimo, con recetas de sus ancestros o cosas raras.

—¿Cómo una nana o abuela? —pregunté con una leve sonrisa y se rió por lo

bajo.

—Bueno, no exactamente. Tiene 33 años, es joven aún —dijo y tragué alterándome un poco. No quería ni pensar lo que era esa mujer. Seguro se conservaba bien o de lo contrario él no hubiese hecho ese comentario; tampoco era demasiado grande con respecto a Alex.

El resto del camino no dijimos mucho. El edificio de Alex se encontraba en la zona central de la ciudad donde el tráfico era mayor y la gente caminaba por todos lados debido que era viernes y la mayoría salía de su trabajo o buscaba sitios para cenar y divertirse. Me gustaba el movimiento los fines de semana en la ciudad. Tal vez porque la zona en la cual vivía era mucho más tranquila y residencial por lo que reinaba la tranquilidad.

Bajamos del vehículo y cruzamos la calle para poder llegar a la vereda dónde se encontraba el edificio y justo antes de entrar escuché una voz femenina.

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—Alexander… —dijo mientras el sonido de sus tacones resonaba en la acera. Me giré al mismo tiempo que él para verla y se me secó la boca. Alta, largas piernas que mostraba pues llevaba puesto un corto traje bordó; era esbelta, cabello castaño y liso, el cuál caía por sus hombros, y ojos verdes… muy atractiva lo cuál ya me puso inquieta, ¿quién era y qué quería con mi Alex?

—Clarah… no puedo creerlo. Venía hablando de ti. Creo que te llamé mentalmente —dijo él con una sonrisa dedicada a ella que me perturbó totalmente; sobre todo porque ella se la devolvió y lo saludó con un suave abrazo… ok, genial, esta era la maldita cocinera y no una anciana de pelo blanco.

—Que bueno verte, estaba pensando visitarte la próxima semana, pero ya sabes, estoy en la empresa y acabo de salir… mucho trabajo —dijo ella con su mano en el brazo de él.

—Clarah… ella es Samantha —dijo presentándome al fin y menos mal que no demoró porque sentía un humo blanco salir de mi cabeza. La mujer me miró con una pequeña sonrisa, la cual me pareció falsa pero nunca se sabía si recién la conocía.

—Un gusto Samantha, ¿tu nueva chica? —le dijo a Alex y quise arrancar sus ojos y hacerlos al escabeche. Él sonrió por lo bajo.

—Así es… —respondió, al menos no lo negó.

—Bueno, en ese caso, es un gran gusto. Ya debo irme, espero que se diviertan están noche y cariño… nos vemos la próxima semana sin falta —le dijo a él guiñando su ojo y luego marchándose de ahí con una ágil movimiento de cadera.

—¿Entramos? —me preguntó él como si nada hubiese sucedido. Suspiré y asentí sin decir nada. De acuerdo, quizá yo era demasiado insegura, ¿pero cómo se suponía que debía actuar cuando se cruzaban personas que prácticamente parecían haber salido de una revista de moda y lo abrazaban? Me sentía de piedra, y

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tampoco era que me considerase horrible a mi misma, pero en esas ocasiones sencillamente me sentía desubicada y pequeña.

No hablé mientras esperábamos el ascensor; una vez dentro las puertas se cerraron y él me miró.

—¿Qué sucede? —me dijo y desvié la vista.

—Nada… —mentí descaradamente.

—Me doy cuenta cuando me estás mintiendo y no me gusta que lo hagas. Habla de una vez —reiteró ya con menos paciencia. ¿Qué iba a decirle? Tu “ex cocinera reprime, no era razonable decir eso. Tampoco era razonable sentir tantos celos, él no había hecho nada malo, solo había sido un saludo. Pero me jugaba lo que fuera a que había dormido con ella en algún momento.

—¿Te has acostado con ella? —pregunté y quise morderme la lengua. Él enarcó una ceja y me miró unos segundos.

—¿Para qué quieres saber eso?

—Porque si… dime… —le pedí insistente.

—Bueno… si, en realidad fue la primer mujer en mi vida. Pero es pasado Sam, solo fue algo sexual, como todo lo que siempre he tenido —dijo… jodida mierda, entonces mi sensación no estaba del todo mal. Era una mujer atractiva y para peor la primera con la que había estado, ¿cómo rayos tenía que sentirme con eso?—. Contigo es diferente Sam… de lo contrario no estaría intentando darte lo que me pides —dijo acercándose a mi.

De acuerdo, él tenía razón. Quizá yo debía centrarme más en lo que teníamos y no tanto en lo que había hecho en su pasado, después de todo él estaba conmigo; aunque se me haría difícil poder acostumbrarme a que la mayoría de las mujeres o lo desearan o hubiesen tenido algo con él.

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Buscó mis labios presionándose contra mi cuerpo y me recosté contra la pared del ascensor mientras el mismo ascendía suavemente. No fue un beso corto y dulce sino más bien uno intenso y caliente al cuál mis labios respondieron de la misma manera. Sus manos descendieron a mis caderas apretándome más contra su duro cuerpo y acelerando mi respiración de un minuto a otro; bastaba para que mis hormonas despertaran y estaba segura que lo hacía por gusto.

—Creo que la cena deberá esperar… —susurró en mi oído besando mi cuello con suavidad y deslizando sus manos a mi trasero. Gemí al sentir su erección contra mi cuerpo y me aferré a su espalda con más fuerza mientras me dejaba llevar por sus besos y la sensación de su lengua en mi cuello. Mordió despacio el lóbulo de mi oreja y se apartó de mi dejándome sofocada y caliente como el infierno. Las puertas del ascensor se abrieron y nos cruzamos con una pareja mientras íbamos saliendo que me miraron conteniendo la risa por mi acelerada respiración… ¡que vergüenza! Lo miré de reojo y pude ver su divertida sonrisa por la situación mientras nos acercábamos a la puerta de su apartamento donde seguramente cenaríamos a mitad de la noche.

Capítulo 14

Y tal como esperaba, ni bien entramos a su apartamento y mientras él se veía tranquilo como si recién acabase de despertar, yo estaba aún sofocada, con la respiración acelerada y con un fuerte deseo por tenerlo cerca de mi. Él lo sabía y era por eso que le gustaba hacerme esperar, porque sabía cuánto lo deseaba, porque

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conocía en detalle a las mujeres y la forma de volverlas locas y lo disfrutaba, ¿cuánto más sabría? Porque yo era claro que poco y nada, pero tampoco me molestaba dejar que me enseñara lo que quisiera; aún así me sentía un poco reprimida y tímida estando con él pero, sobre todas las cosas, la ansiedad comenzaba a consumirme al no saber qué haría conmigo ahora.

Se giró mirándome con esos oscuros y encendidos ojos que podían derretir cualquier cosa y sonrió de medio lado a una distancia considerable de mi.

—¿Por qué no jugamos un rato? A no ser que ya quieras cenar… —dijo con un tono de voz bajo y envolvente. ¿Cenar? A él quería cenarlo, me importaba muy poco la comida y aunque esa invitación a jugar vaya a saber uno lo que significaba, mis impulsos empujaban la razón dejándola a un lado y liberando mis instintos más oscuros y sexuales.

—No quiero cenar… —respondí algo nerviosa pero con todas las intenciones de que comprendiera a qué me refería; su respuesta fue una sonrisa sensual de medio lado y estiró su mano para que la tomara llevándome con él a su habitación.

Nunca había estado dentro de la misma, ya que la única vez que me había quedado aquí fue cuando tuve problemas con Douglas, su hermano, y él amablemente me había ofrecido alojamiento durante esa noche. Y pensar que ahora estábamos “juntos”, qué irónica era la vida. Si hubiese sabido que todo esto pasaría ni siquiera hubiera gastando lágrimas en vano cada vez que el otro idiota me hacía sentir mal… pero no era momento de pensar en eso ahora, tenía algo más interesante que hacer.

La habitación de Alex estaba también decorada en tonos blancos y negros. Era enorme, con todo lo que uno podía imaginarse y mucho más y un gran ventanal al océano, por lo cual afirmé que le gustaba la playa o al menos mirar hacia el mar, de lo contrario su apartamento no sería así, tan luminoso y lleno de ventanales. Claro que ahora era de noche, por lo que apenas si se veía hacia fuera y

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una tenue luz amarilla baja alumbraba la habitación, un sitio íntimo y perfecto para esta ocasión. Caminó hasta un sofá de cuero negro que se encontraba en uno de los extremos del lugar y tomó asiento. Tomó un cigarrillo de la mesa que se encontraba junto a él y lo encendió dándole una larga calada mientras me miraba.

Yo me encontraba parada a unos metros sin saber qué demonios hacer. Era más sencillo cuando simplemente me besaba y hacía conmigo lo que quería, pero como no habíamos estado demasiadas veces juntos sino alguna que otra, aún no sabía muy bien cómo proceder o las cosas que podían llegar a gustarle y eso me generaba más nervios. Nervios de hacer las cosas mal, de no ser suficiente para poder satisfacerlo, porque de qué él lo haría conmigo no había dudas. Lograba efecto en mi tan solo con una mirada, así que cuando ponía sus grandes manos sobre mí, mi mundo ardía.

—Quítate la ropa para mi… —dijo y mi boca se secó… por todos los jodidos santos, y me mordía la lengua por blasfemar así pero no se me ocurría otra cosa que decir mentalmente con su pedido. ¿Quitarme la ropa yo? Y con su vista clavada en mi… esto iba a ser complicado. Pero no quería quedar como una tonta. Quería gustarle y hacer las cosas bien, más teniendo en cuenta la gran cantidad de mujeres sexys, como por ejemplo Clarah, que andaban tras él… no podía darles ventajas.

Mis temblorosas manos se dirigieron a los botones de mi camisa y los desprendí de forma torpe, ¿no habían manuales que enseñaran a sacarme la ropa de forma sensual? Porque estaba segura de que esto era de todo menos sensual. Esperaba que se riera de mi o algo, pero solo continuó con esa expresión tan neutra que ni siquiera sabía qué rayos estaba pensando, solo le dió otra calada a su cigarro mientras yo terminaba de desprenderme el último botón de mi camisa y me la quitaba dejándola caer al piso.

Había elegido ropa interior roja, esperaba no parecer una prostituta o algo de eso y mientras mi mente me torturaba con mil inseguridades, bajé el cierre de mi falda y dejé que la misma se deslizara por mis piernas hasta el piso quedando únicamente de zapatos y ropa interior frente a él. No había estado tan mal ¿o si?

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Estábamos de acuerdo en que no era una experta de la sensualidad y de cómo ser sexy pero al menos me podía quitar la ropa sin tropezar y eso ya era un adelanto.

—Toda… la ropa, Sam —me dijo recorriéndome suavemente con la mirada y encendiendo cada centímetro de piel por el cuál sus ojos pasaban. Tragué y desprendí mi sostén para mi gran suerte con un solo movimiento dejando que este cayera al piso también y luego finalmente, y con un poco de vergüenza, me quité las bragas dejándolas a un lado con el pie.

Genial… ahora solo estaba de zapatos frente a él, su penetrante mirada continuó en mi cuerpo, juro que sentía como si estuviese acariciándome con sus ojos, ¿cómo demonios lograba eso sin tocarme?

Luego de un rato que me pareció una eternidad se levantó del sofá con su cigarrillo en la mano y tomó la corbata que tenía sobre una de las sillas de paso hacia mi, ¿qué rayos…? Se acercó a mi despacio, casi sin hacer ruido, pues lo único que se escuchaba en esa habitación era mi acelerada respiración, y sus ojos quemándome de una forma que era incapaz de explicar. Se acercó hasta casi quedar pegado a mi y sus labios besaron mi cuello con suavidad pero fue un beso corto, solo para generarme más calor del que ya estaba sintiendo. Nunca había estado con alguien que fumara pero juro que hasta el olor del cigarrillo en él era jodidamente sensual.

Su mano tomó mi barbilla con un poco de fuerza para besarme de una forma posesiva, de esas que podían excitarme en menos de un segundo mientras sostenía el cigarro con sus dedos y podía sentir el leve calor en mi mejilla pero sin que llegara a ser demasiado caliente, sino a penas tibio. Me soltó dejándome casi sin aliento y caminó a mi alrededor hasta situarse detrás de mi de modo que la tela de su remera rozaba mi piel enviándome una extraña excitación por todo el cuerpo.

—Dame

tus

manos…

—susurró

contra

mi

oído

haciéndome

gemir

suavemente por su cercanía y puse mis manos detrás en mi espalda.

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Con un movimiento muy ágil, las sujetó con la corbata y tiró de la misma de forma que ambas quedaron aprisionadas en mi espalda. Mierda… me había atado las manos, ¿esto era algo bueno? Nunca pensé que lo haría y nunca creí que esto aumentara tanto mis ganas de tenerlo entre mis piernas. Me mordí el labio esperando con ansiedad lo que haría ahora conmigo. Caminó de nuevo hasta la mesa donde se encontraba el sofá y tomó asiento apagando su cigarrillo y, en el camino, quitándose la camisa por lo que pude ver ese perfecto y marcado físico que tantas ganas tenía de tocar… aunque atada de manos dudaba mucho poder hacerlo.

Me hizo seña de que me acercara con la mano y caminé hacia él sin quitar mis ojos de los suyos, azules y oscuros. Una vez ahí, me tomó la cintura haciendo que me sentara sobre él con una pierna a cada lado y me besó, abriendo mis labios con su hábil lengua, encontrando la mía para fundirnos en un pasional e intenso beso que me hizo suspirar. Al cabo de unos minutos de besarnos y en vista de que no me tocaba un solo pelo comencé a ponerme un poquito molesta, ¿por qué no me tocaba? ¿Estaba esperando que hiciera algo? Mis caderas se movieron impulsivamente sobre él buscando que hiciera algo más que besarme y sentí la sonrisa en sus labios… lo estaba haciendo por gusto solo para desesperarme más de lo que estaba.

Finalmente luego de unos segundos su mano se dirigió a mi entrepierna mientras nos besábamos y metió su dedo dentro de mí por lo que gemí entre sus labios y acompañé sus movimientos con mis caderas mientras movía su dedo dentro y fuera de mi haciendo que perdiera la última gota de paciencia que me quedaba esa noche.

—Alex… —dije con la respiración entrecortada y suplicante.

—¿Estoy siendo malo contigo? —dijo casi en un susurro y con ese divertido tono que me hacía saber que era justamente lo que quería hacer. Para peor quería tocarlo y no podía pero tampoco quería que me desatara. Era una sensación extraña de inmovilidad, algo diferente y excitante… demasiado excitante.

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Su mano libre acarició mis senos, presionando con sus dedos mis pezones, haciendo que los mismos se excitaran al simple contacto y enviándome descargas de placer que recorrieron todo mi cuerpo. Ya no aguantaba más, necesitaba que me hiciera suya de una vez por todas. Eran demasiadas sensaciones juntas y solo lo quería dentro de mí.

—Ya… por favor… —pedí mirándolo y mordiendo mi labio para reprimir un gemido al notar su dedo aumentar la velocidad y justo cuando estaba a punto de explotar en mil sensaciones retiró su mano de mí dejándome en el límite y con ganas de matarlo.

Me movió un poco más atrás en sus piernas para poder desprenderse el pantalón y colocarse la protección adecuada de forma rápida, como él se caracterizaba, y luego tomó mi cintura levantándome un poco de modo que su erecto miembro entrara en mí con suavidad y estremeciéndome por completo.

—Muévete… —me dijo y fue al instante que mis caderas comenzaron un suave vaivén sobre él con una intensa necesidad de sentirlo. Mi mente quedó en blanco. Solo podía experimentar esas sensaciones que recorrían cada parte de mi cuerpo, que me obligaban a emitir sonidos sin importar si eran altos o no, pero que me llevaban a un oscuro mundo de placeres del que no quería salir.

Sus manos acariciaron cada parte de mi cuerpo mientras ambos nos entregábamos a nuestras ansias. Solo se escuchaban nuestras respiraciones. Sus labios sobre mi piel besándome, mordiendo suavemente para aumentar el placer. En un momento sujetó con fuerza mis caderas moviéndome más rápido, más duro, para poder llegar los dos a una liberación total y completamente exquisita y dejar luego que los músculos se relajaran y las respiraciones volvieran a la normalidad.

Recién ahí, luego de unos minutos, me quitó la corbata que aprisionaba mis manos y las suyas masajearon suavemente mis muñecas. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba bastante apretada pero había valido la pena, de eso no había dudas.

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Capítulo 15

Volví a casa muy tarde, algo que no estuvo del todo bien, pues ni bien llegué, cuando el reloj marcaba las 5 de la mañana, mi madre estaba sentada en el

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sofá esperándome con una expresión que me dejaba muy claro que no estaba contenta por mi regreso a altas horas de la noche. Me detuve y la miré sin decir ni una palabra. Para peor, ni siquiera me había peinado porque no creí que alguien podría verme y con todo lo que había pasado en el apartamento de Alex, mi cabello debía parecerse más a un nido de pájaros que al pelo de una chica.

Se levantó del sofá y se acercó a mí a paso lento. Sin decir ni una sola palabra me dió una bofetada que hizo que mi rostro girase y mis ojos se llenaron de lágrimas, pero me aguanté y no largué ni una sola.

—¿En qué rayos te has convertido? No vas a decirme que vienes de la casa de una amiga a estas horas de la madrugada —me dijo muy enojada. Mantuve mi vista fija en el piso, ¿qué iba a decirle? ¿Qué había estado teniendo sexo con un hombre? Aunque de seguro ya lo sabía, de lo contrario no me hubiese golpeado así. Aunque no tenía ningún derecho, nunca se había preocupado por mí y ahora venía con estas cosas, solo ahora porque quería que su nena perfecta no se saliera de los límites morales establecidos. Me hubiese gustado tener el suficiente valor para gritarle en la cara que yo no sería la chica perfecta, que me importaba muy poco lo que ella pensaba y que quería seguir haciendo mi vida de la forma en la que la hacía, pero no pude decir palabra alguna… era cobarde, lo admitía, quizá porque estaba acostumbrada a que ellos impusieran sobre mi todo lo que querían y a obedecer sin ninguna objeción—. Vete a tu habitación, mañana hablaré con tu padre —me dijo y se marchó de ahí, bien… ahora si estaba en problemas.

Pasé el resto de la noche tratando de pegar un ojo sin ningún tipo de éxito, ¿cómo hacerlo? Si por un lado me sentía demasiado bien por estar con Alex y por el otro lado preocupada por lo que mis padres pudiesen querer hacer conmigo, porque estaba claro que no se quedarían con los brazos cruzados de ninguna maldita manera, más aún conociéndolos. Eran las 6 de la mañana mientras yo seguía dando vueltas en la cama y no lo soporté más, tomé mi celular y marqué su número. Después de todo no tenía nada que perder y quizá hasta me sentiría mejor hablando con él. Aunque teniendo en cuenta la hora y que no habíamos dormido nada, era

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probable que me mandara al demonio, pero aún así lo llamé. El celular sonó unas 5 veces antes de que escuchara del otro lado su somnolienta voz y tuve que sonreír, de seguro se vería adorable durmiendo… esperaba estuviese durmiendo solo.

—Hola…

—Soy yo… lamento la hora, es que… tuve un problema con mi madre — dije esperando que le importara un poco lo que me sucedía.

—¿Qué sucedió? —preguntó.

—Llegué a casa y me estaba esperando, dice que hablará con mi padre y la verdad es que no se cuál será la decisión que tomen, los conozco y temo que sean algo… drásticos —le dije con algo de temor.

—Bueno, supongo que solo resta esperar. Entiendo que se metan tanto en tu vida pues eres menor aún, pero tranquila, quizá no sea para tanto —dijo… ok, definitivamente él no entendía nada de nada. Pero no podía culparlo, era hombre y hacía lo que se le antojaba, no como yo, a quién controlaban de todas las maneras posibles. La conversación no fue mucho más que eso y quizá hubiese sido mejor no llamarlo, aunque con lo que sucedió al día siguiente agradecí al menos poder avisarle del dramatismo de mis padres.

Decidieron que lo mejor para mi sería pasar una temporada con mi tía abuela en un pequeño pueblo ubicado a unos 500 km de la ciudad. Lloré, traté por todos los medios de decirles que no podían hacerme eso, que yo tenía mi vida aquí, pero no hubo manera de convencerlos y cuando decidían algo era imposible hacerlos cambiar de opinión. Así que me encontraba jodidamente hundida. Lo peor fue que no me dejaron salir de casa mientras solucionaban el tema del viaje, de modo que solo pude hablar con Sheila para que avisara a Alex lo que sucedía y aún así tampoco podía solucionar nada.

No podía creer que una vez en la vida que las cosas parecían ir relativamente bien para mí, algo malo pasara. Mis padres estaban empecinados en arruinar mi

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vida y el hecho de que yo pasara unos 4 meses en casa de esa vieja loca, implicaba algo que no podía dejar repensar: perdería a Alex, no había dudas de ello. Él no era de los tipos enamorados que esperaban a una chica en problemas, de esos que podían jurar amor eterno o que irían a salvarme; él solo era un hombre que se acostaba conmigo, alguien de quién yo me había enamorado pero que no podía pedir más de lo que me daba y eso implicaba que él no se metiera en líos, pues de ninguna manera querría tener problemas con mis padres. Era de los que se alejaba de los problemas y aunque eso me doliera debía admitirlo y aceptarlo… mi vida era una mierda.

Así que ahí estaba yo, con un destino oscuro, dirigiéndome a la casa de una mujer que vivía con sus gatos y que concurría a la iglesia la mayoría de los días. Estaba más que segura que trataría de convertirme en monja para que nunca más deseara a un hombre en mi vida o peor aún… trataría de hacerme un lavado cerebral con la clara intención de que me olvidara de Alex, algo que yo sabía no podría hacer. Más frustrada me sentí porque cuando esa tarde en la que me iba él me llamó al celular, mi madre no tuvo mejor idea que quitármelo de las manos y atender, dejándole claro que no quería que me volviera a llamar y que si lo hacía lo denunciaría… ahora si no había vuelta atrás y ahora si los odiaría de por vida.

—Los odio… —murmuré cuando llegamos en el auto a la casa de mi tía.

—Ahora dices eso, pero esto será lo mejor para ti. Te estabas saliendo de los límites, eres una niña y debes hacer las cosas de manera correcta —dijo mi padre pero ni siquiera lo miré.

—Hacemos esto por tu bien. Esa gente con la que te estabas mezclando no sirve, no es para ti. Debes mantener una buena reputación y de eso se encargará tu tía —dijo mi madre. No respondí, porque si lo hacía largaría las lágrimas de nuevo y ya ni siquiera ganas de eso tenía. Así que bajé del auto y con toda la frustración del mundo me adentré en un mundo de música religiosa, de tías severas que solo halaban de castidad y de noches solitarias y tortuosas en las que solo él llenaba mi

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Escritoras Excomulgadas mente… él que de seguro estaba viviendo su vida y ya se habría
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mente… él que de seguro estaba viviendo su vida y ya se habría olvidado de mí
para siempre.
Fin
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©Titulo Pasiones Ocultas

© 2013 Celeste Smith.

©Diseño de Portada: Celeste Smith.

©2013 Celeste Smith.

Edición: Mokona.

Derechos Exclusivos: Celeste Smith.

Derechos en Ebook: El Club de las Excomulgadas

Distribución Gratuita

Todos los Derechos Reservados

Mayo 2013. -

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