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El espacio público: “La ciudad y sus transformaciones sociales”

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FLACSO- Sede República Argentina Diplomatura: Antropología Social y Política

Seminario: Antropología Urbana

Seminario: Antropología Urbana

Profesor: Dr. Daniel Míguez

MONOGRAFÍA

El espacio público: “La ciudad y sus transformaciones sociales”

Autora: Susana Morales.

Susana Morales

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FLACSO- Sede República Argentina Diplomatura: Antropología Social y Política

Seminario: Antropología Urbana

Profesora en Ciencias Jurídicas, Sociales y Políticas.
E-Mail: susmorales@gmail.com

ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN.............................................................................................................. 3 1.1 Problema....................................................................................................................... 4 1.2 Hipótesis ....................................................................................................................... 4 2. DESARROLLO.................................................................................................................. 4 CAPÍTULO I ...................................................................................................................... 5 1.1. Los cambios en la ciudad ........................................................................................ 5 1.2. La sociedad civil en la ciudad.................................................................................. 7 1.2.1. Tipología de las organizaciones de la Sociedad Civil ...................................... 7 1.2.2. Modalidades de la Sociedad civil ..................................................................... 9 1.3. La desaparición del espacio público...................................................................... 11 1.3.1. Entre lo público y lo privado .......................................................................... 11 1.3.2. El espacio urbano............................................................................................ 13 CAPÍTULO II................................................................................................................... 14 2.1. El contexto socio-político argentino...................................................................... 14 2.1.1. Casos: Construcción de espacios cerrados ..................................................... 16 2.2. “El otro” que irrumpe la ciudad............................................................................. 18 2.2.1. El mito: inseguridad y violencia en la calle.................................................... 18 3. CONCLUSIÓN ................................................................................................................ 19 BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................................. 21 ANEXO I.............................................................................................................................. 23 ANEXO II ............................................................................................................................ 24 ANEXO III ........................................................................................................................... 25

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1. INTRODUCCIÓN
La ciudad es objeto de estudio de distintas disciplinas que intentan explicar sus transformaciones y de esta manera poder definir sus cambios funcionales y simbólicos. Dentro de lo urbano se ha estudiado a la ciudad en sus múltiples manifestaciones empíricas y con relación a ella se han examinado muchos aspectos: como la distribución de las actividades económicas, la localización de las clases sociales, la calidad de los equipamientos colectivos, la organización de la vida social en el barrio, los transportes urbanos, los problemas de contaminación ambiental, la participación ciudadana, la movilidad residencial, la renovación urbana, las políticas del gobierno local, entre otros. (M Castells, 1983) Las ciudades actuales vienen siendo protagonistas y escenarios de situaciones y procesos que han sido claves en la constitución de la modernidad, y que en la contemporaneidad son visualizados como críticos y tensionales para la experiencia social. Esta monografía procura focalizar las nuevas formas de “ver la ciudad” - considerando algunos procesos históricos y socio-culturales-, haciendo referencias a determinados principios de estructuración de las mismas: como lo social, cultural, urbano, rural. En base a estas problemáticas, contribuir a la reflexión de presupuestos teóricos-metodológicos vinculados a la definición de la “cuestión urbana y clásica” y de la “nueva cuestión urbana” (siguiendo a Donzelot; 1999). Una reflexión efectuada mediante el análisis de “ casos” como Buenos Aires y Salta, seleccionados a los fines de entender a través del trabajo el ámbito urbano no sólo desde el área de la investigación sino también desde el político y el de la gestión pública y privada.

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Esta temática se aborda mediante la instrumentación de conceptos adquiridos en los diferentes Seminarios de la Diplomatura en Antropología Social y Política1, como también de la utilización de sus fuentes bibliográficas. Se aborda la relación de los habitantes con la ciudad tanto desde la teoría como desde la práctica teniendo en cuenta las manifestaciones sociales (intervenciones urbanas) como un eje transversal de todo proceso social. La ciudad actúa como soporte de las intervenciones urbanas, en este sentido, resulta imprescindible indagar la actualidad de la ciudad, dar cuenta del contexto sociopolítico actual en el que surgen estas intervenciones para comprender por qué se producen estos fenómenos de “manifestar en la calle”. Esto permitirá vislumbrar por qué las intervenciones urbanas buscan manifestarse en las calles de la ciudad legitimando a la ciudad como un escenario de poder. La ciudad no solo está contaminada con afiches publicitarios, con su ruido visual, sino que también cruzan sus calles sujetos sociales que se muestran al mundo globalizado denunciando la vulneración de sus Derechos.

1.1 Problema
La reapropiación que realizan los sujetos de sectores populares, vinculados a reivindicaciones sociales y políticas sobre el espacio público de la ciudad tiene significaciones simbólicas que pretenden ser explícitas en un contexto político general. Entendiendo la acción social en el estricto sentido weberiano, ¿qué objetivos bastarán para entender la acción “marcha”, “movilización””desplazamientos a barrios cerrados” de grupos de personas con fines políticos y no políticos?

1.2 Hipótesis
Las intervenciones urbanas es una forma de constatar que el hombre tiene la necesidad de encontrarse y mostrarse solidario con el “otro”, manifestando sus intereses de “hacer la ciudad”.

2. DESARROLLO

Métodos y Técnicas de observación, Teoría en Antropológicas social, Antropología del desarrollo y las políticas sociales, Antropología Política, Antropología Visual, Pueblos Originarios, Antropologías de las creencias.

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CAPÍTULO I
1.1. Los cambios en la ciudad
"Emerge una forma social y espacial: la ciudad informacional. No es la ciudad de las tecnologías de la información profetizada por los futurólogos. Ni es la tecnópolis totalitaria denunciada por la nostalgia del tiempo pasado. Es la ciudad de nuestra sociedad, como la ciudad industrial fue la forma urbana de la sociedad que estamos dejando. Es una ciudad hecha de nuestro potencial de productividad y de nuestra capacidad de destrucción, de nuestras proezas tecnológicas y de nuestras miserias sociales, de nuestros sueños y de nuestras pesadillas. La ciudad informacional es nuestra circunstancia." 2

La revolución tecnológica, está transformando las dimensiones esenciales de la vida humana en dos variables fundamentales, la del tiempo y la del espacio. Con el avance
mundial de la globalización y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información se han producido, en los últimos veinte años, grandes cambios en todos los ámbitos de la vida humana; la vida en la ciudad no escapa a estas transformaciones que estimulan cambios funcionales y simbólicos. Una manera de vivir el tiempo y el espacio a través de innovaciones culturales que repercuten en la apropiación del espacio público urbano son por ejemplo las OSC (organización de la sociedad civil). El avance del capitalismo neoliberal con sus reglas del mercado – que se adueña de todos los espacios- produce transformaciones al espacio público a través de la reestructuración económica mundial del capitalismo. La oferta y la demanda dan protagonismo al mercado y la ciudad se ve invadida por consumidores de productos publicitados por ejemplo: Turismo (Salta “la linda”), Cambia la arquitectura y la planificación de las ciudades, que son construidas a imagen y semejanza de un ideal mundial impuesto por las grandes potencias, por ejemplo se incorporan los mismos negocios, las mismas publicidades, las megalibrerías y complejos hoteleros. Como afirma el sociólogo Néstor García Canclini, la globalización produce un efecto desterritorializador sobre las empresas, capitales, bienes, comunicaciones y migrantes, lo que trae como consecuencia la sensación de no pertenencia y de ser de ningún lugar. En la actualidad, suele reemplazarse el término “ciudad” por el de “megalópolis”, para aludir a los grandes cambios urbanos que se han producido. Siguiendo los lineamientos teóricos de García Canclini el concepto de megalópolis no se define únicamente por el aumento demográfico de la población, posee además, tres características esenciales: la ciudad como un espacio para la existencia de relaciones sociales múltiples, como lugar de construcción de identidades colectivas a
CASTELLS, Manuel. La ciudad informacional. Tecnologías de la información, estructuración económica y el proceso urbano-regional. p. 19.
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partir de su diversidad y heterogeneidad, y como intermediaria entre las esferas de lo público y lo privado. Estas características ya se encontraban en las ciudades anteriores, pero la gran diferencia radica en el uso de los espacios públicos. Vivir en una megalópolis acrecienta la inseguridad, el no contacto y la preeminencia de los “no lugares”. En este sentido, Juan José Sebreli se opone al pensamiento de García Canclini en referencia a la existencia de múltiples relaciones sociales que caracterizan a las megalópolis: “las cualidades de la ciudad –la posibilidad de encontrarse con lo desconocido, de interactuar en múltiples situaciones- se diluyen porque cada uno habita como en una aldea aislada, en medio de la turbulencia urbana. De este modo, nadie se siente responsable de la ciudad en su totalidad” (2003: 283). Según García Canclini, las megalópolis se caracterizan por su crecimiento desmedido, su multiculturalidad y por la planificación de transformaciones urbanas y de cambios físicos. Poseen una estructura física que las caracteriza, entre cuyas partes se destacan la preeminencia de avenidas, caminos y vías ferroviarias, que “juegan el doble y paradójico rol de integrar y segregar la totalidad del espacio ciudadano” (Arrese, 1995: 70). La globalización las transforma en conjuntos de productos elaborados en serie, bajo un modelo universal, sin embargo, existen tácticas locales que rompen con la hegemonía urbanística. Roland Robertson denomina “glocalización” a este proceso, término que sugiere que lo global no puede deshacerse de lo local, del mismo modo que lo local no puede evadir la globalidad (Sebreli, 2003: 291). Este proceso también es denominado hibridación cultural habida cuenta de la mezcla y contagio que se produce entre las zonas urbanas, locales, con procesos nacionales y transnacionales (García Canclini 2005: 260). Toda cultura local está atravesada por flujos globales, por lo que se manifiesta una tendencia a la universalización de valores simbólicos y sociales, pero estos flujos pueden ser resignificados localmente. Si bien los procesos globalizadores tienden a eliminar las identidades particulares de cada nación, la localización genera movimientos que, a través de múltiples prácticas, se apropian de los productos mundiales para expresar su cultura y sus formas de pensar respecto de la situación imperante. Lo nuevo está, y está surgiendo en las intervenciones urbanas. Éstas son apariciones y manifestaciones que se producen en algún lugar de la ciudad y se exponen a ser vistas por el espectador – ciudadano que circula diariamente. Modifican la cotidianeidad de la ciudad es decir provocan irrupciones deliberadas en el espacio público.

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1.2. La sociedad civil en la ciudad
El concepto de Sociedad Civil ha evolucionado desde John Locke que incluía en ella al Estado, Adam Smith que básicamente la asociaba al mercado, Hegel que la concebía como el espacio social situado entre la familia y el Estado y Marx que entendía que “la sociedad civil abarca todo intercambio material de los individuos, en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas”. Inclusive para Antonio Gramsci, existían dos realidades que abarcaban las relaciones económicas, la Sociedad Política y la Sociedad Civil, esta última constituida por las instituciones que reúnen a los individuos y están destinadas a producir un consenso: la escuela, los medios de comunicación masiva, las instituciones religiosas, entre otras, es decir que la Sociedad Civil se situaba entre el Príncipe y el mercader, entre el Estado y el mercado. Hoy el concepto de Sociedad Civil puede entenderse desde una visión acotada, relacionada a dos ejes básicos: El primero es excluyente y determina que la Sociedad Civil es todo aquello que no es Estado (sector público) ni mercado (sector privado con fines de lucro). El segundo eje es inclusivo en la medida en que forman parte del “tercer sector” todos los miembros de la Sociedad Civil que participan de organizaciones sociales sin fines de lucro. Al definir de esta manera el tercer sector como la Sociedad Civil organizada, se incluye a aquellas organizaciones sociales que no forman parte ni del Estado ni del sector privado, ni tampoco a los partidos políticos.

1.2.1. Tipología de las organizaciones de la Sociedad Civil
Organización Territorial • Organizaciones de Apoyo u ONG’s • Movimientos piqueteros Organización Temática • Movimientos "Flash" • Movimientos reivindicativos de derechos • Movimientos de calidad de vida

La constitución de modos de protesta distintos como “piqueteros” o “movimientos de desocupados” marca una manera de hacer público el conflicto social y de mostrar la realidad de los sectores postergados. En muchos casos, su forma de protesta es percibida (mediatizada) por gran parte de los sectores urbanos como incompatible con sus propios intereses. Si bien su estrategia se dispone en base a organizaciones de tipo horizontal, la mayoría de los casos se relacionan con el Estado Nacional o Provincial.

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En los últimos años, el movimiento piquetero ha perdido su hegemonía como principal actor de la protesta social. Esto puede entenderse, en parte, porque muchos movimientos se han reconvertido productivamente en su base en cooperativas de vivienda u otros tipos de organizaciones vinculadas a la economía social. Otros se han integrando a los gobiernos, gestionando políticas o agencias públicas como por ejemplo: la Federación de Tierra y Vivienda FTV, Barrios de pie, Libres del Sur, Movimiento Evita, entre otros. Las organizaciones de base que irrumpen en la ciudad; tienen como objetivo prioritario la resolución de problemas de orden local; pueden visualizarse en espacios territoriales, donde predominan diferentes estratos sociales pero en todos los casos el objetivo es lograr mejoras en cada localidad. Estas organizaciones tienen un entramado de relaciones muy cotidiano con el gobierno municipal y generalmente aparecen bajo la denominación de uniones o juntas vecinales. Muchas de estas instituciones están formadas por ex militantes políticos que no siempre logran marcar diferencias claras entre el espacio de lo gubernamental y el social. Las organizaciones de apoyo (que generalmente son las consideradas como ONG´s) son instituciones voluntarias formadas principalmente por profesionales que tienen por objetivo prestar apoyo económico, asistencia técnica o capacitación a otras instituciones o a la comunidad. En los últimos años, estas actividades han sido acompañadas por el Estado y se puede hablar en muchos casos de co-gestión, las fundaciones que promueven la defensa del ecosistema es uno de los ejemplos. Esto es así porque las entidades responden más a una lógica institucional general que a un problema territorial. El ejemplo más extendido en la Argentina es el de Cáritas, una institución que tiene una importante presencia territorial en cada parroquia pero el objetivo final es el de reducir los niveles de pobreza e indigencia, a través de la participación activa en las políticas sociales. Esta participación se extiende a una gran cantidad de organizaciones en todo el país, así lo evidencian el Plan Manos a la Obra y el Plan de Emergencia Alimentaria. Otro tipo de acción colectiva, muy característica de la actualidad son los denominados movimientos flash de corta duración y en muchos casos monotemáticos: falta de pavimento, polución contaminante, falta de espacios verdes o seguridad. En general, estas acciones parten de iniciativas puntuales y específicas. En muchos casos su organización es débil y se desestructura con el paso del tiempo. Por ejemplo, si en una manzana los vecinos se ponen de acuerdo en que se necesita la instalación de un semáforo, posiblemente todos se movilicen para lograrlo, buscando tener presencia de los medios de comunicación. Si finalmente el gobierno atiende la demanda, el movimiento se desarma instantáneamente. Si en un primer momento, estos movimientos pueden surgir como "flash", en otra instancia pueden "reinventarse" hacia organizaciones de mayor

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perdurabilidad con objetivos y motivos de subsistencia más elaborados que en un principio y llegar a conformarse movimientos reivindicativos. Tal es el caso de los movimientos en contra de la inseguridad o de diferentes personas que luchan contra crímenes impunes, que han creado organizaciones no gubernamentales o fundaciones. Los movimientos de calidad de vida se vinculan a cuestiones que están fuera de la obtención de "bienes económicos". Así, por ejemplo, los movimientos ecologistas y de consumidores son un ejemplo de dicho ámbito. En cuanto el primer movimiento se observa una revalorización de la temática como así también una jerarquización en la agenda pública. Por otra parte, tiene mayor capacidad de articular con otras protestas ambientales de diverso tipo, en capacidad de comunicación y con organizaciones de nivel nacional, provincial y nacional: asambleas de Gualeguaychú, minas de Concordia, Colón, Esquel, Catamarca, Salta y protestas rurales ante el avance masivo de la plantación de soja. La temática ambiental se transforma día a día en una preocupación creciente, fundamentalmente lo efectos globales del consumo, sobre todo de las sociedades desarrolladas, pero que afecta principalmente a los países subdesarrollados (cambio climático, inundaciones, contaminación ambiental). Las organizaciones de la Sociedad Civil han crecido significativamente en número (se calcula que existen 70.000 en nuestro país), como así también con cierta presencia en los medios de comunicación y en la opinión pública. Estos ámbitos podrían considerarse espacios de recuperación de la acción política, aunque se caracterizan por su diversidad y la canalización de demandas hacia por fuera de los canales tradicionales y la emergencia de nuevos temas vinculados a la vida cotidiana y al ámbito local. El crecimiento de las organizaciones de la Sociedad Civil en nuestro país se entiende, en parte, por su acción colectiva agregadora de intereses y también por la conformación de una subjetividad que busca superar la resignación de muchos sectores que “no tienen voz”. Por ello es de suma importancia buscar la participación como pilar de un desarrollo consensuado y sustentable.

1.2.2. Modalidades de la Sociedad civil
Para Gramsci, sociedad civil es un concepto, complejo y sofisticado, con lo cual se puede entender la realidad contemporánea. Pero es también un proyecto político, amplio e igualmente sofisticado, con el cual se puede intervenir e intentar transformar la realidad. La sociedad civil hace oposición al capitalismo para que se delineen estrategias de convivencia en el mercado, es a través de ella que se combate al neoliberalismo y se busca diseñar una estrategia

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a favor de otro tipo de globalización. Muchos gobiernos hablan de sociedad civil para legitimar programas de ajuste macroeconómico tanto cuanto para practicar las mismas políticas de siempre. La sociedad civil se articula dialécticamente en el Estado y con el Estado, sea éste entendido como “expresión jurídica de una comunidad políticamente organizada”, como “condensación política de las luchas de clase” o como aparato de gobierno e intervención. Marco Aurelio Nogueira3 considera que la sociedad civil gramsciana, es de perfil comunista y democrático denominándola como político-estatal, porque en ella la política dirige y por lo tanto la lucha social y lucha institucional caminan juntas, articulándose a partir de una estrategia de poder y hegemonía. La fórmula de Gramsci es, SP + SC = Estado, es decir, “en la noción general de Estado entran elementos que deben ser remitidos a la noción de sociedad civil (en ese sentido, sería posible decir que Estado = sociedad política + sociedad civil, esto es, hegemonía acorazada de coerción)”4. Para Gramsci el concepto de sociedad civil es entendido; “en el sentido de hegemonía política y cultural de un grupo social sobre toda la sociedad, como contenido ético del Estado”5. Sus personajes son actores del campo estatal en sentido amplio, que se dedican a organizar hegemonías y a conquistar al Estado. Es un Estado social radicalizado, democrático y participativo, que se coloca como eje de la vida colectiva y parámetro general de los diversos intereses sociales. Esta idea de sociedad civil, sin embargo, no es hoy hegemónica porque no es capaz de dirigir. A ella se contraponen otras dos ideas, la primera de ellas es la sociedad civil liberal. En ella, el mercado comanda: la lucha social se hace en términos competitivos y radicalmente privados, sin mayores interferencias públicas o estatales. Su expresión podría estar en una fórmula contrapuesta a la de Gramsci: SC + Mercado ≠ Estado, o sea, el Estado se muestra como el otro lado tanto del mercado y de la sociedad civil como de eventuales alianzas o combinaciones entre el mercado y la sociedad civil. El Estado que corresponde a esta sociedad civil es el Estado reducido a las

funciones de guardián de la ley y de la seguridad, más liberal y representativo que democrático y participativo.
Entre estas dos ideas, se inserta una tercera la:”sociedad civil social”, la política está presente, pero no siempre comanda: la lucha social muchas veces excluye la lucha institucional y choca con ella, imposibilita o dificulta el delineamiento y la viabilización de estrategias de poder y

3 La sociedad civil como campo de luchas, como recurso gerencial y como espacio ético en Revista CLAD Nº 25-2003Caracas. 4 Antonio Gramsci, Cadernos do cárcere. Carlos Nelson Coutinho y Luiz Sérgio Henriques (eds.), Río de Janeiro, Editora Civilização Brasileira, 2000, Vol. 3, p. 41 (Cuaderno 13, §17).

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Ídem, p. 225 (Cuaderno 6, § 24).

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hegemonía. En cuanto a la fórmula será: SC - SP ≠ Estado y ≠ Mercado, o SC - SP = ni Estado,
ni Mercado, es decir, la sociedad civil es vista como un campo alternativo a todos los demás ámbitos. Se resiste a dejarse “diluir” en lo institucional, entendido sobre todo como sistema político y partidario, ya que se concibe como mayor que él e inmune a sus desvíos y degradaciones típicos. (“De espaldas al Estado, lejos del Parlamento”). En esta sociedad civil hay lugar para la cuestión de la hegemonía, sus personajes son actores que operan en la frontera entre el Estado y el mercado: los nuevos movimientos sociales, fuertemente concentrados en la vocalización de metas no “materiales” (étnicas, religiosas, culturales, de género). Es un Estado territorialmente desenraizado y categóricamente volcado hacia la protección de los derechos de ciudadanía -concebidos como viables en un terreno supranacional-, pero también capacitado para imponer límites y restricciones al mercado. Estas tres ideas de sociedad civil caben en la realidad contemporánea, ellas aclaran esta realidad e intentan al mismo tiempo direccionarla: traen consigo sus correspondientes proyectos políticos e ideas de Estado. En buena medida, oscilamos y vivimos prensados entre estas tres ideas, sintiendo los efectos y los reflejos de ellas. Es importante observar que muchos de los movimientos o acciones que se vinculan al llamado “tercer sector” -hoy muy numerosos, diversificados e ideológicamente plurales- transitan sin mayores tensiones y con bastante desenvoltura por estas tres modalidades de sociedad civil. Las principales repercusiones que cada una de estas ideas tienen en el plano más inmediatamente político están representadas mediante un diagrama en los Anexos I, II y III, en los cuales se explican las formas de tratar el problema de las tensiones entre lucha social y lucha institucional.

1.3. La desaparición del espacio público
1.3.1. Entre lo público y lo privado
Lo público hace referencias a lo urbano, los espacios comunes que comparten los ciudadanos. Lo privado refiere los espacios propios de la vida de cada individuo y se presenta hoy a un hombre como recluido en su espacio privado, temeroso de las amenazas del afuera (asaltos, robos, secuestros, etc.) Hannah Arendt explica que el nacimiento de la ciudad trajo consigo la primera diferenciación entre la vida privada y la pública; anteriormente el hombre sólo disponía de la primera pero al aparecer la comunidad y la ciudad-estado, recibe una segunda vida, su bios politikos (2005: 39).

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Comienza a diferenciarse lo que le pertenece, dentro de su esfera privada, y lo que tiene que consensuar y discutir junto con los otros ciudadanos, en el ámbito de lo público. El bios politikos está constituido, según Aristóteles, por la acción (praxis) y el discurso (lexis). Para Arendt, los filósofos griegos planteaban que la necesidad es característica de la vida privada, mientras que la libertad es propia de la esfera política. Por esta razón, la fuerza y la violencia sólo son aceptables en el ámbito privado como medios para dominar la necesidad. “Ser político, vivir en una polis, significaba que todo se decía por medio de las palabras, de la persuasión, y no con la fuerza y la violencia” (Arendt, 2005: 40). A partir de que el hombre recibió su bios politikos, toda su existencia quedó atravesada por dos órdenes que diferencian lo que es suyo (idion) de lo que es comunal (koinon). “El significado más elemental de las dos esferas indica que hay cosas que requieren ocultarse y otras que necesitan exhibirse públicamente para que puedan existir” (Arendt, 2005: 78). Con el término “público” se remite a dos significados: por un lado, es todo aquello que se ve y oye en el espacio urbano; todo lo que aparece en la esfera pública debe ser considerado apropiado ya que “lo inapropiado se convierte automáticamente en asunto privado” (Arendt, 2005: 60-61). En segundo lugar, es todo lo que atañe a cada uno de los actores sociales en cuanto es común a todos los pertenecientes a la comunidad. El ser humano vive oscilando entre la esfera pública y la privada; su vida no puede quedar reducida a una de las dos. El avance del individualismo y de sus formas de vida sostenidas produce un enriquecimiento de la esfera privada en detrimento de la pública, sin que se advierta que esto, como plantea Arendt, es una privación. La privación que ocasiona vivir sólo en la esfera privada proviene de la ausencia de los otros y de la carencia de significado de sus acciones en relación a éstos. Con la sociedad de masas y el individualismo imperante en ella, se pierde la posibilidad de formar grupos, relacionarse con otros y distinguirse, a la vez, de ellos. Un primer intento por lograr la desaparición del espacio público se manifiesta en la Carta de Atenas producida por los cursos de Sociología de la Vida Urbana de la Universidad de Estrasburgo. “La calle es peligrosa, nociva, multifuncional, tierra de todos y de nadie, debe desaparecer, dice la Carta” (Lefebvre, 1973: 7). La división de la ciudad de acuerdo a las cuatro funciones, trabajar, habitar, comprar y aprender y divertirse, pretende ordenar y estructurar la vida de los sujetos. Sin embargo, atenta, en realidad, contra ella. En la ciudad de fines del siglo veinte, la relación entre la esfera pública y la privada quedó disuelta en detrimento de la primera. El espacio público como lugar de expresión política y de manifestación democrática, como ágora, busca ser eliminado.

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Bajo la regulación de los políticos, las normativas sobre el espacio público estaban orientadas por el interés general de los ciudadanos. La ciudad de los negocios, que se basa en criterios de rentabilidad, deja hoy de lado las necesidades de los actores sociales. La privatización de los espacios públicos desdeña cualquier uso que los ciudadanos deseen hacer de los mismos.

1.3.2. El espacio urbano
Jesús Martín Barbero afirma que existen nuevas configuraciones comunicacionales, producto de innovadoras formas de sociabilidad y de la expansión abismal de las ciudades. Este esquema de ciudad se basa en los flujos de información; las funciones se reducen a la circulación y ya no son necesarios las plazas y los múltiples centros de encuentro que prevalecían con anterioridad. Existen tres maneras de experimentar los cambios radicales que viven las ciudades determinadas por los flujos: la des-espacialización, el des-centramiento y la des-urbanización. El espacio urbano sólo cuenta por su valor inmobiliario y su utilidad como espacio de circulación, esto constituye la des-espacialización; la memoria es arrasada por el flujo tecnológico; el hombre es víctima de la inseguridad que le produce estar alienado tecnológicamente y perder el sentido simbólico de los procesos identitarios. ¿Cómo viven los ciudadanos la ciudad actual? La mayoría de los sucesos que ocurren diariamente en la urbe son transmitidos mediaticamente, “se construye la ciudad a partir de los medios”. Esta visión fragmentada es la que predomina actualmente producto de las restricciones implícitas sobre el espacio. Los medios y la tecnología muestran y construyen la ciudad que está al alcance de nuestras manos. El des-centramiento remite a la desaparición paulatina de los centros en las megalópolis actuales. Sólo prevalece el control panóptico proveniente de los grandes centros de poder. Toda la organización de la urbe se aboca a construir enlaces y convertir la ciudad en un mero mecanismo de circulación en detrimento de “la intensidad del encuentro y la aglomeración de muchedumbres que posibilita la plaza” (Barbero, 1994: 38). La des-urbanización se produce cuando se restringen las actividades de los ciudadanos en el espacio urbano. Se diagrama la ciudad de manera de limitar sus múltiples estructuras a lo meramente funcional. Manuel Castells plantea la existencia de una ciudad global producto de los procesos económicos característicos de la expansión mundial del capitalismo. Afirma que el espacio y el tiempo son modificados por la inserción de las nuevas tecnologías, lo que genera una nueva forma urbana denominada ‘ciudad informacional’, cuya característica principal es el dominio del espacio de los flujos.

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Esta postura plantea que hay un desplazamiento del lugar por el tiempo, “lo que fue éste lugar ayer cambia de acuerdo a lo que es el mundo hoy, el ‘aquí’ no es más y todo es ahora’” (Sebreli, 2003: 291). A partir del avance de las nuevas tecnologías, los espacios están sufriendo modificaciones. Este proceso es descripto por Castells como un pasaje de la teoría social de los espacios a la teoría espacial de los flujos. La primera consistía en una sobrevaloración del espacio como sostén de las prácticas sociales que comparten un tiempo; la segunda refiere a que la nueva sociedad está compuesta por flujos que expresan nuestra vida política, económica, simbólica. La sociedad está conformada por flujos de capital, de información, de tecnología, de interacción, de símbolos. El espacio de los flujos se constituye entonces en soporte material de las prácticas sociales y se compone de tres capas materiales: un circuito de impulsos electrónicos, nodos y ejes, y la organización espacial de las elites dominantes que dirigen la articulación de los espacios. “El espacio de los flujos no es la única lógica espacial de nuestras sociedades. Sin embargo, es la lógica espacial dominante porque es la lógica espacial de los intereses / funciones dominantes de nuestra sociedad” (Castells, 2003: 31). Si bien con el avance de las tecnologías de la información y de la comunicación se produjo una reclusión de los individuos en sus hogares, esto no significa la desaparición de la ciudad. Los lugares que existían seguirán presentes aunque se produzca una mayor circulación social debido a la flexibilidad de los espacios y horarios laborales; si bien los lugares no desaparecen, su organización y su significado se ven transformados por la red de flujos.

CAPÍTULO II
2.1. El contexto socio-político argentino
La ciudad es el escenario donde todo confluye y, a su vez, donde surgen las segregaciones sociales. En el espacio urbano quedan expuestas las distancias sociales. Una rápida visita a las ciudades de Buenos Aires y de Salta permite observar las diferencias entre los barrios ricos y los pobres; el espacio está fragmentado. Éste es el producto de la globalización que, como afirma Jordi Borja, no intenta dominar ni explotar al otro sino que su acción es mucho peor: lo ignora y de esta manera, busca matarlo. La ciudad es siempre un lugar de cruce social. Los hombres se entremezclan, se pierden y, sin embargo, los cuerpos y las miradas producen tajantes cortes entre los ciudadanos que la ciudad hace

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habitar. “Irrumpen” en la escena urbana los sectores excluidos y vuelve a actualizarse el miedo y la inseguridad. El ciudadano “medio” que sólo utiliza al espacio urbano como espacio obligado de circulación, trata de esquivar las marchas, piquetes y desfiles religiosos (festividades Bolivianas) que entorpecen el normal desarrollo del tránsito. Estos nuevos escenarios (intervenciones urbanas) que no son anunciadas por los medios de comunicación sorprenden al transeúnte; son rápidas y precisas y, por la manera en que están realizadas (coloridos, música), atrapan la atención de todos. Durante la última dictadura militar argentina (1976 – 1983) la fragmentación y la exclusión comenzaron a pisar fuerte ya que el brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente de Buenos Aires en aquel momento, intentó proyectar lo que se dio a llamar la “ciudad blanca” erradicando las villas y focos de menores ingresos. Lo mismo se repitió en las provincias del norte del País, entre ellas Salta, la “limpieza de la ciudad” consistía en donar pinturas de color celeste para aquellos propietarios cuyas paredes de sus tapias, muros, frentes estuvieran pintadas con grafittis o anuncios revolucionarios. “La acción violenta y represiva hacia el uso deliberado del espacio público se restringió en el sentido de prohibir el uso del mismo naciendo una disciplina de conducta urbana, (Lacarrieu, 2005: 373). Los usos urbanos fueron mermando por parte de los políticos, teniendo ahora gran convocatoria las “apariciones en los medios de comunicación, TV o Internet”. “’Aparecer en público’ es hoy ser visto por mucha gente dispersa ante el televisor familiar o leyendo el diario en su casa” (García Canclini, 2005: 264). Las apropiaciones de los espacios urbanos estratégicos a partir de la crisis de finales del 2001 incentivaron la presencia y participación de movimientos sociales manifestando en las calles. Los habitantes urbanos empezaron a organizar asambleas barriales. Como afirma Sassen6, al perderse el espacio cívico, el espacio urbano se vuelve funcional a lo político, que puede definirse de dos maneras: lo político hegemónico, las áreas del gobierno, y lo político alternativo o contrahegemónico que trata de hacerse visible y apropiarse de lo que pertenece a todos. Se intentó quitarle a la ciudad la vida pública que es su constituyente, se trató de destruirla y de que quedara reducida a lo meramente funcional. Quisieron aniquilar la forma urbana. Aquellos con mayores posibilidades económicas activaron estrategias para salvaguardar su seguridad y tranquilidad, y se recluyeron en barrios privados, huyendo de la ciudad. El objetivo era asociarse de acuerdo al estatus económico, cubriéndose los ojos con el mito de la homogeneidad social. La idea
Esta idea fue extraída del ciclo de conferencias denominado Primer Encuentro de Pensamiento Urbano realizado en Agosto de 2005 en el Centro Cultural San Martín.
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era evacuar el conflicto, aunque sólo sea de manera ficticia; pero lo ficticio es anormal: lugares sin calles ni plazas abiertas ni intercambio social no pueden perdurar eternamente encapsulados. El Estado, al dejar de regular los espacios urbanos, no pierde su capacidad de regulación sino que re-regulariza7 y cede la administración de ciertos lugares públicos a manos privadas. Las inversiones extranjeras, que tenían vía libre en la Argentina aprovecharon la oportunidad. Esto pronunció las desigualdades territoriales, una parte de la urbe recibe grandes inversiones en tanto que la otra queda relegada ya que no resultan atractivas al inversor. El Estado es el intermediario que facilita las inversiones privadas en la ciudad. De esta manera el Estado también sería un responsable directo de las fragmentaciones urbanas ya que él es en definitiva el que permite y avala los lugares en donde los capitales extranjeros quieren asentarse.

2.1.1. Casos: Construcción de espacios cerrados
Si bien se intentó construir y desarrollar a las ciudades, lo más protegidas y salvaguardadas posibles, la obsesión por el miedo urbano se incrementa a pasos agigantados. La definición de miedo está íntimamente vinculada a la de identidad. Ésta no es esencial ni determinada sino que es el producto de constantes luchas y negociaciones; es intersubjetiva, se necesita de “otro” para adquirirla. Las identidades se transforman, están en una construcción continua. El miedo es una construcción social, como tantas otras, es un significante que tiende a llenarse y adquirir un significado de acuerdo con la situación y el momento en que se fije el sentido. Es así que el significante “miedo” puede adquirir diferentes sentidos según el contexto y de acuerdo con los grupos sociales que lo utilicen. La década neoliberal conllevó una fuerte crisis en todas las instituciones públicas, incluida la justicia. Uno de los términos constitutivos de la modernidad es justamente la puesta en marcha del terror, que fue construyendo, a lo largo del tiempo, un discurso hegemónico en cuanto a la inseguridad de la urbe. Por otra parte, si bien los porcentajes de delincuencia aumentaron, los medios masivos magnificaron el problema acrecentando el miedo y la paranoia. Esto conlleva, entre otras cosas, a la tenencia ilegal de armas, al crecimiento de la suburbazación hacia barrios cerrados, la seguridad privada permanente, las cámaras de seguridad, en definitiva, controles constantes, en todo lugar. Al realizar un estudio comparativo entre la presencia de barrios cerrados en la Provincia de salta y Buenos Aires, las características y diferencias fueron:

El término re-regulación es una resignificación del utilizado por Guillermo Mastrini y Mariano Mestman en su texto “¿Desregulación o re-regulación?: de la derrota de las políticas a las políticas de la derrota”

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En Salta la elección de vivir en espacios cerrados, es diametralmente opuesta a la de Buenos Aires. En Salta no surgieron por una cuestión de seguridad, nadie pensó al instalar el primer barrio cerrado y los que siguieron que se estaban aislando o levantando cercos de protección de la propiedad ante el riesgo de robos o agresiones. En Buenos Aires los barrios cerrados hoy ya son inseguros dado la cantidad de hechos delictivos anunciados por los medios de comunicación. La idea en Salta fue aprovechar los amplios espacios (cerros, paisajes de lagos), sobre todo por parte de la creciente clase media alta con fuerte poder adquisitivo proveniente del área de los servicios, el comercio y el sector agropecuario en procura de canalizar sus inversiones en una casa confortable para habitar. Otra diferencia con los barrios cerrados de Buenos Aires es la falta de preponderancia del club house o de canchas. Si bien la norma local contempla ámbitos para el deporte, éstos se incorporan en forma paulatina porque quienes apuestan a estos espacios no lo hacen pensando en ese servicio complementario. Algunos clubes tienen instalaciones deportivas y caballerizas. Para explicitar la construcción de los barrios cerrados en Buenos Aires, Mónica Lacarrieu afirma que “la estetización de la diversidad y del miedo sólo es posible mediante operaciones urbanas que, simultáneamente avanzan sobre espacios locales del centro de la ciudad, en fuertes procesos de gentrificación o sobre zonas de periferia mediante la implantación de barrios cerrados o ciudades pueblo” (2005: 376). Es así que los ciudadanos pertenecientes a las clases altas y medias altas optan por movimientos centrípetos alojándose en las modernas “torres jardín”, o buscan alejarse de la urbe mediante movimientos centrífugos y se recluyen en barrios privados en las afueras de la ciudad. En este sentido, la gentrificación es la sobre valoración de ciertos lugares estratégicos de la ciudad para vivir, en tanto que su opuesto, la suburbanización, produce un alejamiento –que a veces suele ser definitivo – de la ciudad. Los procesos de suburbanización y gentrificación se multiplicaron en la década del noventa y coexisten. A diferencia de la tendencia histórica, en la que eran los sectores populares los que se suburbanizaban, en nuestros días son las clases altas y medias altas las que toman parte en este proceso, beneficiadas por las ventajas de rapidez que otorga el automóvil y la construcción de múltiples autopistas para un traslado que disminuye tiempos. Las ventajas de la gentrificación son el fácil acceso al centro de la ciudad por su cercanía a la vez que el valor simbólico que representa vivir en una torre bien ubicada. “Son las elites quienes se apropian de las nuevas centralidades y, en ese contexto, es el espacio público el que se desarticula y se rompe” (Tella, 2005: 66).

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Puede definirse a las torres jardín como torres habitacionales separadas de la línea municipal que poseen parques lindantes con el espacio público. Las ventajas para sus habitantes van mucho más allá del simple alojamiento. Estas torres poseen estacionamiento subterráneo, cámaras y personal de seguridad las veinticuatro horas, parrillas, jardines, juegos para niños, piscina, entre otros beneficios. El problema es que la torre y, por ende, sus habitantes no logran constituir parte del contexto urbano. Es como si se tratara de mundos separados. Sus habitantes se recluyen dentro de la torre que les brinda la posibilidad de realizar múltiples actividades sin tener que salir de ella y, cuando obligatoriamente deben realizarse acciones afuera del complejo, el automóvil es el conector que los traslada del lugar de origen al lugar del objetivo sin, siquiera, pisar la calle. Nadie la transita, ni la juega, ni la vive. Y no sólo eso, sino que los habitantes de este tipo de torres se mantienen indiferentes a la calle, no la viven ni les importa vivirla porque allí se aloja el “otro” del cual quieren evitar todo contacto. La gran desventaja de este proceso es entonces la reducción del uso del espacio público. La suburbanización, el proceso opuesto, también acarrea fragmentación y exclusión. Estas diferencias no sólo residen en la forma en la que se vive actualmente en los barrios cerrados sino que, a diferencia de las torres jardín, la mayoría de los servicios quedan integrados al complejo habitacional por lo que amas de casa y niños pueden vivir allí sin necesidad de salir. El aislamiento que se produce en estos complejos urbanos es prácticamente total. Las últimas innovaciones sobre los barrios privados aglutinan la mayoría de servicios y funciones que el hombre necesita agregándole a los servicios “básicos”, el trabajo, la cultura y el consumo.

2.2. “El otro” que irrumpe la ciudad
2.2.1. El mito: inseguridad y violencia en la calle
¿Quién es ese otro que incomoda y genera temor en la ciudad? El otro es el poseedor del peligro y su reconocimiento como tal desatan la paranoia constante de los ciudadanos al transitar en la ciudad. Ejemplos de ese otro son: los marginales, los inmigrantes y los piqueteros. ¿Por qué se genera este temor? Siempre necesitamos de otro al cual depositarle el miedo y, a la vez, la culpa. De esta manera, no nos hacernos cargo de que, parte de estas incongruencias, son responsabilidad nuestra. Los procesos neoliberales acarrean una profundización de la brecha social que lleva al Estado a intentar normalizar las diferencias.

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La violencia urbana es el emergente de la aplicación indiscriminada de un modelo económico neoliberal que difunde, a nivel global, un feroz dispositivo de inclusión-exclusión del mercado de trabajo, en donde el Estado asume el papel de un oscuro carcelero o una fuerza represiva que demarca a secas, en el plano físico y también simbólico, quiénes deben quedar dentro y quiénes fuera del modelo. Esta violencia que produce miedo se materializa en la vida urbana mediante relatos y representaciones. Los medios, representantes de grandes multinacionales, producen relatos que, implícitamente, buscan difundir el pánico y difamar a ciertas personas de acuerdo a ciertos atributos físicos que funcionan como indicios del “otro” peligroso. Lo que se produce, sin embargo, no es la exclusión de ese “otro” sino la reclusión de todos aquellos que creen en el relato del peligro. En vez de incentivar la diversidad de cuerpos y pluralidad de voces en la ciudad se produce su evitación. Lo que se busca, en definitiva, es la reducción de los espacios en la ciudad, que el transitar ya no se haga más por placer sino como una obligación, se busca “territorializar lo peligroso, lo temido, lo desconocido, lo diferente” (Segura, 2005: 122). Cuando esto ocurre, ya es tarde, la violencia que las esferas hegemónicas dan a llamar legítima, se ha naturalizado y será más difícil revertir sus significados.

El Estado y el capital privado buscan disminuir los usos del espacio público, ya que éste es precisamente el único en el cual los ciudadanos pueden encontrarse y enfrentarse a los poderes hegemónicos tanto públicos como privados. La propiedad específica de la ciudad es ser “fermento, cargado de actividades sospechosas, de delincuencias; es hogar de agitación” (Lefebvre, 1973: 99).

3. CONCLUSIÓN
La ciudad es el espacio de interacción social por excelencia donde coexisten diversos signos y símbolos que la sociedad tiene muchas maneras de leer y de interpretar. Allí repercuten, directa e indirectamente, todas las transformaciones que atañen a la sociedad: desde los cambios políticos, económicos e históricos, hasta las modificaciones generadas por el avance de las nuevas tecnologías. Como se ha planteado anteriormente, la ciudad es víctima de la progresiva desaparición del espacio público. Si bien estos acontecimientos modifican las apropiaciones que los ciudadanos realizan de la urbe, éstas no son aniquiladas por completo.

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El eje que estructura la sociedad es el conflicto, que permite lograr el equilibrio necesario para que continúe funcionando normalmente. La continuidad social se asegura mediante la reproducción de ciertas acciones en el espacio público, que son legítimamente aceptadas, y la supresión de otras que son calificadas de desestabilizadoras del orden. La sociedad y la ciudad se encuentran en continua relación y transformación, allí los actores sociales adquieren importancia y visibilidad. Las producciones simbólicas de los diferentes sujetos pueden asemejarse, diferenciarse o contraponerse, pero la ciudad sigue siendo el escenario donde se materializan. Es un espacio para la manifestación de los conflictos de clase y de las contradicciones al interior de cada una de las mismas; es el lugar privilegiado en donde se puede observar, en forma concreta, la sociedad y las luchas simbólicas que atraviesan su conformación. Las medidas neoliberales de la década del noventa en la Argentina produjeron un pronunciamiento de la fragmentación de espacio urbano y la sociedad. El Estado dejó de regular los asuntos económicos, permitiendo una apertura que admitió al mercado como su principal actor y decidor. De esta manera, la economía se desregularizó, se privatizaron la mayoría de las empresas de servicios públicos y se produjo un considerable aumento de la deuda pública. La hipótesis planteada en este trabajo es: “Las intervenciones urbanas es una forma de constatar que el hombre tiene la necesidad de encontrarse y mostrarse solidario con el “otro”, manifestando sus intereses de “hacer la ciudad”, queda demostrada con los planteamientos teóricos de algunos autores sobre el uso del espacio urbano. Las intervenciones de grupos que manifiestan en las calles y el panorama que refleja la ciudad con sus construcciones. Se potencia a su vez la idea acerca de que el country otorga a sus habitantes todos los beneficios y servicios necesarios como para no precisar salir de él. Y desde una perspectiva diferente, cómo en otras ciudades el aislamiento tiene otros motivos.

La ciudad funciona como espacio para el surgimiento y desarrollo de una variedad de identidades urbanas y de relaciones entre las mismas. Sus espacios, comunican. Los monumentos, las plazas y los lugares históricos tienen una significación ya instituida que influye sobre el actuar de los ciudadanos. Los sujetos urbanos, en sus acciones, a su vez, comunican. Sus cuerpos, su transitar, su mirada y sus gestos resignifican los sentidos de los lugares. La protesta, entre otras intervenciones, enlazadas en la expresión política de la diferencia, utiliza también la urbe como medio de expresión y comunicación.
A partir de un breve recorrido por la evolución teórica del concepto de la sociedad civil, el presente trabajo se centró en el análisis del espacio público y sus transformaciones sociales, donde la

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intervención de las instituciones estatales y organizaciones de la sociedad civil, señalan el

estado de situación actual de este universo organizacional.

BIBLIOGRAFÍA
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Arantes, Antonio Augusto. 1999. “Desigualdad y diferencia: Cultura y Ciudadanía en tiempos de globalización” en: La dinámica global/local. Cultura y comunicación: nuevos desafíos. Rubens Bayardo y Mónica Lacarrieu (comps.). Buenos Aires, Ediciones CICCUS La Crujía. Arendt, Hannah. 2005. La condición humana. Barcelona, Paidós. Barbero, Jesús Martín. 1999. “Globalización comunicacional y descentramiento cultural” en: La dinámica global/local. Cultura y comunicación: nuevos desafíos. Rubens Bayardo y Mónica Lacarrieu (comps.). Buenos Aires, Ediciones CICCUS La Crujía. Barbero, Jesús Martín. 1994. "Mediaciones urbanas y nuevos escenarios de comunicación" en Sociedad N° 5, Buenos Aires.

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Castells, Manuel. 2003. “El espacio de los flujos” en La ciudad de la globalización. Antología. Cátedra de Sociología. Facultad de Arquitectura. Universidad de la República. Uruguay. En: http://www.farq.edu.uy/publicaciones/archivos%20pdf/sociol/la%20ciudad%20de%20la%2 0globalizacion.pdf García Canclini, Néstor. 2005. La producción simbólica. Teoría y método en sociología del arte. México, Siglo Veintiuno Editores. García Canclini, Néstor. 1997. Ideología, cultura y poder. Cursos y conferencias segunda época. Buenos Aires, Oficina de publicaciones del CBC. Universidad de Buenos Aires. García Canclini, Néstor. 2005. Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Buenos Aires, Piados. Antonio Gramsci, Cadernos do cárcere. Carlos Nelson Coutinho y Luiz Sérgio Henriques (eds.), Río de Janeiro, Editora Civilização Brasileira, 2000, Vol. 3, p. 41 (Cuaderno 13, §17). Lacarrieu, Mónica. 1996. “Suave contrapunto entre tradición y modernidad” en: Ciudades. Estudios socioculturales sobre el espacio urbano (I). Claudio Lobeto y Diana Weshler. Madrid, Ediciones nuevos tiempos. Nogueira, Marco Aurelio. “La sociedad civil como campo de luchas, como recurso gerencial y como espacio ético”. Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 25. (Feb. 2003). Caracas. Segura, Ramiro. 2005. “Los ‘otros’ en el espacio urbano. Miedo y construcción del ‘otro peligroso’ en el espacio urbano” en: Vivir en la ciudad. Espacios urbanos en disputa. Rosario, Laborde Editor. Sennet, Richard. 1994. Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid, Alianza Editorial. Waqcuant, Loïc, 2001, parias Urbanos. Marginalidad en la Ciudad a comienzos del Milenio. Buenos Aires: Manantial.

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ANEXO I

SISTEMA CAPITALISTA

GOBIERNOS

Punto “óptimo” de unificación

Fragmentación societal

La sociedad civil político-estatal (gramsciana) sugiere una formación en líneas convergentes: fuego concentrado en el corazón del sistema, mayor capacidad de procesar y unificar demandas, mayores oportunidades de interferir en la vida colectiva como un todo. En su dinámica “óptima”, esta sociedad civil produce incentivos básicamente organizacionales e integradores: unificación, politización, fortalecimiento del interés público y democrático. Desde este punto de vista, la sociedad civil político-estatal es el campo por excelencia del “buen gobierno” (del gobierno socialmente vinculado) y de la contestación política. En ella se pueden articular movimientos que apuntan tanto a la construcción de hegemonías como al control y el direccionamiento de los gobiernos, la regulación pública y el delineamiento de soluciones positivas para los problemas sociales.
Fuente: Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 25. (Feb. 2003). Caracas.

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ANEXO II
SISTEMA CAPITALISTA

GOBIERNOS

Fragmentación societal

La sociedad civil liberal, a su vez, sugiere una formación en líneas paralelas: las energías sociales corren de lado a lado, pero no se alimentan recíprocamente. Hieren a los gobiernos en un número mayor de puntos, pero no llegan propiamente a acorralarlos. Incluso, muchas veces son manipuladas por ellos. La dispersión de los movimientos ayuda a que apenas rodeen e irriten al Estado. La dinámica general no es anti-sistémica. En su dinámica “óptima”, esta sociedad civil produce incentivos básicamente competitivos: re-fragmentación, encerramiento corporativo de los intereses, despolitización. Desde este punto de vista, la sociedad civil liberal es el campo por excelencia de la oposición y de la concurrencia. En ella tienden a articularse movimientos dirigidos a valorizar intereses particulares, atender demandas, fiscalizar gobiernos, des-construir y des-responsabilizar el Estado, reducir o desactivar dispositivos de regulación, y avanzar sobre los fondos públicos.
Fuente: Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 25. (Feb. 2003). Caracas.

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ANEXO III

SISTEMA CAPITALISTA

GOBIERNOS

Fragmentación societal

La sociedad civil social, por fin, también sugiere una formación en líneas paralelas, expresión de una cierta anarquía o de falta de mayor coordinación: las acciones se hacen casi siempre en red, sin prever regularidades o jerarquías organizacionales. Pero el blanco aquí es el sistema, más que los gobiernos propiamente dichos, que no llegan a ser demasiado molestados. Se trataría más bien de dar curso a la configuración de una sociedad civil mundial que de derrumbar gobiernos o luchar por la elección de gobiernos alternativos. La dispersión de los movimientos hace que la abierta contestación al sistema no se llegue a completar o a recibir un tratamiento políticamente más productivo. De cualquier modo, al menos en buena parte de las acciones, la expectativa es que la activación de la sociedad civil mundial promueva una especie de encapsulamiento de los diversos gobiernos, forzándolos a una actuación socialmente más responsable. En su dinámica “óptima”, esta sociedad civil produce incentivos básicamente libertarios y movilizadores: movilización permanente, autonomía, adquisición de derechos. Desde este punto de vista, es un campo de contestación al sistema, pero no al gobierno del sistema. En ella se pueden articular acciones dirigidas a crear éticas alternativas, organizar redes y foros de resistencia, activar la ciudadanía mundial, presionar e acorralar gobiernos, postular nuevos modelos de políticas públicas, mayor justicia social o mejor distribución de la renta (entre grupos y entre naciones)
Fuente: Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 25. (Feb. 2003). Caracas.

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