Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

1

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Ediciones Cordelería Ilustrada © de los textos: Marcos Callau, 2013 © del logotipo editorial: Mario Martínez Medrano -7 años© del diseño de la colección: Ernesto Jartillo, 2012 © de la ilustración de la página 16, Elena Martín Pérez, 2013. Editores: Víctor Manuel Guíu Aguilar, David Giménez Alonso y Sergio Grao Palos Director Colección: Ernesto Jartillo CORDELERÍA ILUSTRADA Carretera de Samper S/N 44530 Híjar –Teruelhttp://cordeleriailustrada.blogspot.com Publicación nº 8 Impreso en: CopyCenter Utebo Nota de la Editorial: La propiedad de los textos, ilustraciones y “pensamientos” son de sus autores primero, y del mundo mundial después (aunque no sabemos muy bien si en ese orden estricto). El Cordelero cuesta menos comprado que fotocopiado. Así somos los Cordeleros Ilustrados… de la Ilustración

2

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

3

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Zahorí de sonrisas Brújulas que buscan sonrisas perdidas (Albert Espinosa) Ante mis ojos la solución se reconstruye esta mañana de domingo, centro comercial abandonado y avenida vacía bajo un sol de justicia que no calienta pero abriga contra el cierzo. Los pinares que rodean estas calles sin alma que fueron bosque, las sombras que cobijan los aledaños de mi conciencia, incluso ese lago artificial en mitad del asfalto, parecen hoy carecer de importancia, ser invisibles, no existir. Para mí, todo es desierto. Las farolas son imposiciones, sin noche. Los semáforos, sin tráfico, son irreales y los pasos de cebra sin peatón son un insulto para el fugitivo. Todo desaparece, ni rastro de humanidad. 4

A Lucía

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Nubes de arena borran el paisaje como si, lejos de ti, no hubiera mundo que sustentara mi gravedad. Rebusco en mi cartera. En tu fotografía eres bella, eres joven, me amas y sonríes. Solo soy un zahorí buscando agua en un mar de dunas sin certeza y playas de dudas. Mis ojos se recuerdan en tu mirada. Apuntan a una sola dirección. Son brújulas que buscan sonrisas perdidas en esta ciudad que te recuerda y sin ti se divierte: Un parque de atracciones olvidado. Farolas (The lamplighter’s serenade) Entre la niebla apareces y te presentas como una mujer misteriosa, vestida de seda, callejones y perfume. Y la primera prenda que quisiera arrancarte, 5

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

maldita ciudad sagrada, es la totalidad de tus farolas. Despojarte de ellas y dejarte desnuda, en la oscuridad. Talar el tupido bosque de señales siempre ardientes iluminando un camino, que es erróneo por tu piel, ofreciendo sus fríos brazos que acogen al solitario, al insomne, al asesino; yo quisiera, mi amada ciudad cruel talar tus falsos brazos de amanecer. Creando efectos de luz entre las ramas de los árboles, las farolas dibujan con sombras chinescas retorcidas funciones de una vida que suicida cada madrugada, en una pequeña plaza de estilo francés. Son, viejas y modernas candilejas, el apoyo del borracho que encuentra su reflejo en un charco del asfalto, el soporte del bailarín enamorado que, bajo la lluvia, ejecuta un perfecto paso de baile o la senda marcada y alejada del río 6

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

cuando en las ciudades ya se ha fugado el sol. Por eso yo os rechazo, cuentas de rosario hacia el destino. Porque solo aspiro al nómada eterno, al tren que descarrila o al auto que derrapa lejos del fin y siempre, en la perfecta esfera detenida, busca el hogar, sin luz que ilumine el camino. Alcantarillas Se desató la tormenta y el desatino pronunció tu lengua. Llovieron lágrimas sin lluvia y probamos el amargo sabor de la decepción. Tu bofetada fue una caricia, mis besos, una herida. Y todos aquellos peces ruedan ahora por las aceras, cercando los bordillos, anegando las esquinas, torrentes al desconsuelo mezclados en un solo y sucio arroyo que desembocará en el sumidero de los sábados rotos. 7

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Alcantarillas. A las 4 de la mañana una alcantarilla es la musaraña nadando en el fondo de un Dry Martini, el reptil que late en tus entrañas y te invita a cruzar ciertos puentes oscuros; es la ceniza, es el polvo, es la carroña, que cubren las mejores alfombras en las grandes mansiones de los hombres más poderosos. Las alcantarillas son pequeñas tazas de té donde se bebe el whiskey de contrabando en un local clandestino. Son una tapadera, algo así como una máscara en un baile de ménades de cualquier discoteca de barrio. Una alcantarilla, a las 4 de la mañana, es absurda y es mentira. Mírame a los ojos, mi ciudad amante. Voy a desenmascararte. Quiero destapar todas tus alcantarillas, desnudar tus intenciones, para que estas calles de la farsa 8

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

se impregnen solo con el hedor que desprenderá la única verdad. Semáforos Enigmática, como los rostros en las lápidas, fría, marmórea, abandonada. Tus ojos, en las sombras del portal, extienden un paisaje inaccesible, inútil, el cruce desierto ante un semáforo en verde. Semáforos. Quisiera hoy desabrochar todos tus semáforos. Dejarlos, primero, en ámbar intermitente y en tu parpadeo, perderme. Arrancarte los cables y callar tu luz, verde, roja, ámbar. Semáforos en silencio por toda la ciudad como postes inútiles que ya no guían 9

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

hasta tu guarida. Cruces desiertos, sombras despiertas que no saben dónde marchar y semáforos dormidos, fundidos en negro. Enigmáticos, tus ojos, entre las sombras de un portal me sitúan ante la encrucijada que ya no rigen los semáforos. Cubo de la basura Llevas el vestido roto, tatuadas las huellas sobre la piel, sucias las rodillas, las piernas, los brazos. Saliendo del cuarto trastero donde me enseñaste la diferencia entre el amor y el sexo, mugre o verdad, eres una recapitulación de noches en ceniza. Ya es muy tarde. Ha pasado el camión de la basura y la ciudad desnuda hiede a morgue de besos malogrados en cubos de desesperación. 10

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

El camión ha desaparecido y otra noche más, he llegado tarde. Lo único que me queda, ahora, son los cubos vacíos de la basura, como ramos de flores artificiales o racimos con uvas de plástico, sin mosto, sin vino, sin fuego; son los restos, como manjares, que regalas y dejas morder. Verdes, bocas abiertas de aliento marchito, los cubos de la basura son la última oportunidad para aquellos hombres que lo han perdido todo, el triste espectáculo de la realidad, el vómito de un centro comercial, el hogar para más de una noche o el destino, para siempre. A patadas liberaré las calles de estos cubos vacíos de sentido. Sacaré la basura de sus casas y todo lo que me quede, entonces, será el pulcro asfalto, limpio y brillante, 11

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

como ese recuerdo de amanecer que, hace ya muchas calles, renuncié caminar. Aspersores Verano, cinco y media de la mañana. Con las manos en los bolsillos atravieso una plaza dormida donde ya despiertan, absurdos, los aspersores. Abren sus ojos y sacian la sed del césped limitado a las caprichosas formas que diseñan los hombres. Abiertos sus ojos, miran pero no ven y vomitan sobre un bulto sospechoso que, entre cartones y sediento, plácidamente sigue durmiendo. Un fruto de hormigón, de asfalto y de hiel, exprimido a las cinco y media de la mañana, un zumo de piel vagabunda y un reguero de engaño bajo mis nómadas botas. Yo me detengo ante esta lluvia sucia y artificial. Cierro los ojos y deseo una ciudad sin aspersores saciando la sed de jardines limitados. 12

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Sin límite, amanecerá y el día atravesará ojos como un tren interminable. Seguramente, este calor de julio despertará sedientos y quemará cartones-almohada. Esta plaza cerrará sus ojos pero yo seguiré soñando con jardines sin límite para estos versos sin estrofa, desde el vaho roto de los cristales. El páramo La nívea albura del amanecer es inexistente por quimérica. Los sueños se fugan del calendario cimbrean en el vaho del recuerdo y mueren. Despierto y ya mis sábanas son losa, presagio a un centímetro de mí, fría piedra que debo acarrear, consecuencia de un pretérito propio y humano. Abro la puerta. No existe mi ciudad. Los lazos rotos con el natural instinto no se pueden remendar. 13

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Solo quiero unas sandalias y un libro donde pueda leer Walt Whitman, como una señal y caminar. Pero, abierta la puerta, ya ante mí un páramo desértico se expande aun más allá de la propia vida. Inalcanzable inerte impulso es avanzar. ¿Qué significa esta figuración? ¿Cuántas armas hemos disparado contra el paraíso? ¿En qué paisaje inerme convertimos el planeta y su historia? He abierto la puerta al amanecer y ante mis ojos se expande el páramo que grita sin lengua, la calavera que arde sin voz, el vasto desierto agonizante, esta ciudad, mi humanidad; este silencio.

14

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

Agradecimientos: En primer lugar, quisiera agradecer al mestizo, Víctor Guíu, que esta ciudad desnuda se haya podido vestir de gala para pertenecer al universo cordelero. Gracias a mi amigo Raúl Garcés, sin cuya influencia nunca me hubiera dedicado a llenar de palabras mis espacios en blanco. A Lucía, por enseñarme a escribir en folios sin límites. A Pily, mi madre y a mi tío Antonio Gracias al vino, al jazz, a la voz de Frank Sinatra, al cine negro, a los paseos por Jaca y a los cócteles bien preparados del Café literario el Ateneo.

15

Marcos Callau: “La Ciudad Desnuda”

16

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful