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Espejo “En mis diversos peregrinajes he tratado diversos personajes y he acontecido eventos singulares; viajé con un alemán que

buscaba encontrar al regicida de un reino sureño y con un inglés que buscaba escribir la biografía de cada artista en el mundo. Pero no hay ninguno tan señero como aquél que viví durante seis días en una expedición, aquella expedición que me confinó a esta silla. Éramos parte de un equipo privilegiado de cierta casa de estudios, al menos lo suficiente como para obtener permiso de explorar las grutas de Yahlawh, nativas de las montañas que nos nutren. Estas grutas habían sido estudiadas ya en gran detalle; no faltaba alguien cuyo tío había descubierto una nueva puerta, un nuevo grabado, un nuevo artefacto (si bien esto es verdad; una de sus peculiaridades es la demasía de encuentros arqueológicos). Las preparaciones fueron mínimas; el lugar ya estaba preparado para una rápida entrada y salida, nada fuera de lo común. Sólo unos estudiantes más hincando en las viejas y (suficientemente) interesantes (como para ser monótonas) grutas. El viaje comenzó como cualquier otro: todo yendo de acuerdo al plan propuesto. Entramos durante la noche bajo cierta prisa de escapar de ésta, y decidimos llegar a las primeras galerías para descansar. Algunos de mis compañeros decidieron distraerse con las formaciones rocosas que nos rodeaban; otros, con la idea de lo que pudiesen descubrir; yo, por otra parte, no podía dormir. Me aquejaban pesadillas que me mantenían en un perpetuo temor del sueño, por lo que decidí explorar un poco más antes de que despertaran. Las galerías están llenas de pequeños recovecos y corredores que llevan a más galerías; la gruta nunca ha sido explorada en su totalidad (pero sí lo suficiente como para que los expertos puedan predecir el resto de sus contenidos). Yo me adentré en una abertura que parece dar a un río subterráneo, el cual decidí seguir durante unos minutos, que se convirtieron en un par de horas. Casi me regresé cuando algo me llamó la atención: unos pictogramas en un pedestal frente a un manantial curioso. Estos pictogramas parecían describir algún tipo de rito (creí ver al ideograma de tiempo repetirse, así como ciertos seres en las mismas posiciones). Mi ambición y curiosidad me ganaron mientras me acerqué a aquella construcción.

con una pendiente pronunciada al acercarse al agua. algunos guijarros se negaron a mantenerse en su posición y me llevaron al agua. Mis experiencias siguientes compartían al hombre. Mis compañeros me despertaron a la mañana siguiente. Obviamente corrí. Le lancé la daga a la cabeza y comencé a correr como los mil demonios cuando la puerta (que no estaba antes) me cerró el paso. pero creo recordar piedras colapsando y yo cayendo varios niveles.El manantial era algo grande. Lo que sigue no me es muy grato recordar. las paredes oyen. Me hundí con una velocidad alarmantemente lenta (qué manera tan apropiada de morir). Estaba vestido como mameluco. y no puedo dejar de pensar que ellas también son puertas para quien sabe abrirlas. La única diferencia consistía en un hombre. yo nunca había peleado. El hombre me lanzó una segunda daga y me retó a duelo. pero reluciente. pero al ver bien era el hombre multiplicado por mil. Mi mente apenas registró el proceso cuando me desmayé de nuevo. me encontraba a mi madre. como aquél. mi mente estaba sorprendentemente clara. lo cual me dejó percatarme de que la corriente me estaba llevando por medio de diferentes túneles debajo del manantial a otra sala. Lo curioso del manantial se debía a unas chimeneas subacuáticas. a solas con el hombre. . Un hombre de piel oscura como una sombra. pero blandía un cuchillo de obsidiana. El hombre se me acercaba lentamente y podía sentir sus ojos negros arañar el interior de mi cabeza. escudriñando mi cerebro. Desde aquí todo me es borroso. Añoraba aquellas pesadillas al ver al hombre. Mientras me acerqué a la orilla para tomar una muestra. del tamaño de un salón regular. Me encontraba en el baño. diferente pero igual a la primera. a mis hermanos. éstas le daban un color singular (que anoté como rosa-grisáceo pero recuerdo verdoso) y sus emanaciones rompían la plácida superficie del agua. Me caí de bruces en la segunda sala. en el observatorio.

se reportan indicios de la presencia de un hombre oscuro en su antiguo hogar.Me desperté finalmente en la camilla de la enfermería hace ya varios años. No obstante. donde decide (contra la voluntad de sus estudiantes) desparecer en la galería.D. No he visto a aquel hombre de nuevo. Eli . pero he encontrado a varios viajeros que dicen ser perseguidos por él.” Este manuscrito es la última pieza escrita por el recocido lingüista Abraham Yusuf antes de su último viaje a las grutas. - A.