"Los hijos de Sánchez" de Hall Bartlett.

Ha sido rodada en 1978 en base al libro homónimo del antropólogo norteamericano Oscar Lewis. El papel protagónico fue reservado para el mexicano americano Anthony Quinn y sirvió para que Lucía Méndez logre ser reconocida como una de las figuras sobresalientes de México. Destaca también la actuación de Dolores del Río. En cierta medida, "Los hijos de Sánchez" es una transcripción del libro de Lewis quien aportó en el estudio de la denominada "cultura de la pobreza". Provisto de una grabadora Lewis logró convivir con los Sánchez por varios meses desarrollando la metodología cualitativa. La cinta "Los hijos de Sánchez" -al igual que la obra- es una historia de vida de una familia de estrato bajo en una barriada de la ciudad de México. En realidad, Lewis y posteriormente Bartlett reconstruyen la vida de una familia cuya cabeza es Jesús Sánchez (Anthony Quinn). Sus hijos Roberto, Consuelo, Roberto y Marta comparten grandes dolores y pequeñas alegrías en un desbaratado cuarto en el que viven prácticamente en promiscuidad porque comparten ese misérrimo espacio con otras cinco familias. Sánchez dice: "En los treinta años que llevo en ciudad de México, la vida de los pobres ha cambiado muy poco, muy poco". Oscar Lewis analiza una familia pobre de la ciudad de México: Se ofrece al lector una visión desde adentro de la vida familiar, y de lo que significa crecer en un hogar de una sola habitación, en uno de los barrios bajos ubicados en el centro de una ciudad latinoamericana que atraviesa por un proceso de rápido cambio social y económico. Sus hijos, por su parte, tienen distintas aspiraciones. Manuel es el mayor y es un verdadero botarate, flojo y mujeriego. Consuelo es la arribista que sueña en mejorar su condición social pero valiéndose del atractivo físico y la hipocresía. Roberto es el chulo del barrio, metiéndose en reyertas y durmiendo las más de las veces en la comisaría y, finalmente, Marta es la más retraída y resignada a su destino. Los vástagos de Jesús Sánchez afincado en la metrópoli mexicana son una de las grandes preocupaciones del campesino -aparte de los retoños de su mujer- cuyo único sosiego es el día del trabajador. La sobre vivencia es la nota constante y amarga

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