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Repaso de La Escuela Del Ministerio Teocratico (Julio-Agosto 2013)

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Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático para Julio-Agosto 2013.

1. ¿Qué importante lección aprendemos del relato en que el rey Herodes dejó que la gente lo alabara? (Hech. 12:21-23.) [1 de jul.,w08 15/5 pág. 32 párr. 7.] Herodes aceptó enseguida la gloria que solo debía darse a Dios. ¡Qué diferente del rechazo inmediato y enfático que manifestaron Pablo y Bernabé ante la excesiva muestra de alabanza y honra! No debemos desear gloria por ningún logro que alcancemos en nuestro servicio a Jehová. 2. ¿Cómo pueden seguir los jóvenes cristianos el ejemplo de Timoteo? (Hech. 16:1, 2.) [8 de jul., w08 15/5 pág. 32 párr. 10.] Los jóvenes cristianos deben esforzarse arduamente en su servicio a Dios y pedir su ayuda a fin de ganarse un buen nombre. 3. Tras haber escuchado a Apolos “hablar con denuedo” en la sinagoga de Éfeso, ¿qué decidieron hacer Áquila y Priscila? (Hech. 18:24-26.) [15 de jul., w10 15/6 pág. 11 párr. 4.] Cuando Áquila y Priscila —un matrimonio cristiano— oyeron la valiente exposición que hizo Apolos en la sinagoga, decidieron llevárselo consigo para darle explicaciones más profundas (Hechos 18:24-26). Era lo más amoroso que podían hacer. No cabe duda de que abordaron la conversación con tacto y con deseos de ayudarle, y que hicieron todo lo posible para que no se sintiera criticado. Al fin y al cabo, lo que le faltaba era conocer mejor los comienzos de la congregación primitiva. Y seguro que él agradeció que le aclararan aquellos detalles esenciales. Así, con esta nueva información, “ayudó mucho” a sus hermanos de Acaya y dio un poderoso testimonio (Hech. 18:27, 28). 4. ¿En qué precedente bíblico nos basamos los testigos de Jehová para acudir a un tribunal cuando es necesario defender nuestro derecho de predicar? (Hech. 25:10-12.) [22 de jul., bt pág. 198 párr. 6.] Comprendiendo que los deseos de Festo de ganarse las simpatías de los judíos lo colocaban en peligro de muerte, Pablo invocó su derecho como ciudadano romano diciéndole: “Estoy de pie delante del tribunal de César, do nde debo ser juzgado. No he hecho ningún mal a los judíos, como tú también estás descubriendo bastante bien. [...] ¡Apelo a César!”. Por lo general, una vez hecha esta reclamación, no había vuelta atrás. Así lo admitió el propio gobernador: “A César has apelado; a César irás” (Hech. 25:10-12). Al exigir la revisión del caso en un foro más alto, el apóstol sentó un precedente para todos los cristianos. Si la autoridad “dicta injusticias en nombre de la ley” y ataca las buenas nuevas, nosotros las defendemos valiéndonos de los medios legales a nuestro alcance (Sal. 94:20, Nueva Biblia Española). 5. ¿Qué maneras de predicar encontró Pablo aun estando preso en Roma, y cómo han seguido su ejemplo muchos cristianos de hoy? (Hech. 28:17, 23, 30, 31.) [29 de jul., bt págs.215, 216 párrs. 19-23.] Lucas cierra su relato con una nota positiva y cálida: “[Pablo] permaneció dos años enteros en su propia casa alquilada, y recibía amablemente a todos los que venían a él, predicándoles el reino de Dios y enseñando las cosas respecto al Señor Jesucristo con la mayor franqueza de expresión, sin estorbo” (Hech. 28:30, 31). Un extraordinario ejemplo de hospitalidad, fe y celo cristiano. Entre las personas a las que recibió amablemente estuvo Onésimo, esclavo fugitivo procedente de Colosas a quien ayudó a abrazar el cristianismo. Él, a cambio, se convirtió en su “fiel y amado hermano”. De hecho, el apóstol lo llama “mi hijo, para quien llegué a ser padre” (Col. 4:9; File. 10 -12). ¡Cuánto ánimo tuvo que haber recibido de Onésimo durante esta etapa de reclusión!

Hubo más personas que se beneficiaron del ejemplo del apóstol, como podemos ver en la explicación que él mismo dio a la congregación de Filipos: “Mis asuntos han resultado para el adelantamiento de las buenas nuevas más b ien que de lo contrario, de modo que mis cadenas se han hecho públicas en asociación con Cristo entre toda la guardia pretoriana y entre todos los demás; y la mayoría de los hermanos en el Señor, sintiendo confianza a causa de mis cadenas de prisión, están mostrando tanto más ánimo para hablar sin temor la palabra de Dios” (Fili. 1:12 -14). Además, Pablo aprovechó su reclusión en Roma para escribir importantes cartas que hoy forman parte de las Escrituras Griegas Cristianas. Es digno de mención que en una de ellas, la epístola a los Efesios, recurre a la armadura romana para ilustrar las protecciones espirituales con las que contamos los siervos de Dios (Efe. 6:11-17). Nada tendría de raro que le hubiera venido esa idea fijándose en el soldado que lo custodiaba (Hech. 28:16). ¿Lección? Seamos observadores y encontraremos delante de nosotros los elementos necesarios para elaborar buenas comparaciones y ejemplos. Cuando llegó el día de su liberación —de la que no habla Hechos—, Pablo había estado privado de libertad unos cuatro años: dos en Cesarea y dos en la capital del imperio (Hech. 23:35; 24:27). En ningún momento perdió su buena actitud, sino que hizo cuanto pudo en el servicio a Dios. Y lo mismo han hecho muchos siervos de Jehová de tiempos modernos. Aunque se les haya recluido injustamente por defender su fe, han mantenido el gozo y no han dejado de predicar. Tomemos como ejemplo a Adolfo, quien estuvo encarcelado en España por motivo de su neutralidad cristiana. Un oficial del ejército llegó a decirle: “Nos has maravillado. Te hemos estado haciendo la vida imposible, y cuanto más dura te la hacíamos, tanto más reflejabas una sonrisa y tenías una palabra amable”. 6. ¿Por qué dice la Biblia que los actos homosexuales son contranaturales y obscenos? (Rom. 1:26, 27.) [5 de ag., g 1/12 pág. 28 párr. 7.] Porque se trata de actos que Dios no tenía pensados para los seres humanos. Las uniones homosexuales no pueden producir hijos. La Biblia incluso compara las relaciones homosexuales con las relaciones que tuvieron los ángeles rebeldes —conocidos más tarde como demonios— con las mujeres antes del Diluvio de los días de Noé (Génesis 6:4; 19:4, 5; Judas 6, 7). Dios considera ambos tipos de unión antinaturales. 7. ¿Cómo era posible que “el rescate pagado por Cristo Jesús” en el año 33 de nuestra era se aplicara a “los pecados que habían ocurrido” antes de la muerte de Cristo? (Rom. 3:24, 25.) [5 de ag., w08 15/6 pág. 29 párr. 6.] La primera profecía mesiánica, registrada en Génesis 3:15, se cumplió en el año 33 de nuestra era, cuando se dio muerte a Jesucristo en un madero de tormento (Gál. 3:13, 16). No obstante, en el momento en que Jehová pronunció aquella profecía, para él era como si ya se hubiera pagado el precio del rescate, pues nada puede impedir que lleve a cabo lo que se propone. Por lo tanto, basándose en el futuro sacrificio de Jesucristo, Jehová pudo perdonar los pecados de los descendientes de Adán que tenían fe en dicha promesa. El rescate también hace posible la resurrección de personas de tiempos precristianos (Hech. 24:15). 8. ¿Qué medio nos ofrece Jehová en su gran amor cuando la angustia nos impide saber exactamente qué decir en oración? (Rom. 8:26, 27.) [12 de ag., w08 15/6 pág. 30 párr. 10.] Cuando afrontamos situaciones tan desconcertantes que no sabemos qué pedir en oración, “el espíritu mismo aboga por nosotros”, y Jehová, el “Oidor de la oración”, acepta algunas oraciones pertinentes registradas en su Palabra como si las hubiéramos hecho nosotros (Sal. 65:2).

9. ¿Qué implica la expresión “sigan la senda de la hospitalidad”? (Rom. 12:13.) [19 de ag., w09 15/10 págs. 5, 6 párrs. 12, 13.] El amor por nuestros hermanos nos impulsará a “compart[ir] con los santos según las necesidades de estos” y de acuerdo con nuestras posibilidades. Aun si nuestros recursos son escasos, hacemos bien en compartirlos. Pablo dijo lo siguiente sobre los cristianos de Macedonia: “Durante una gran prueba, bajo aflicción, su abundancia de gozo y su profunda pobreza hicieron abundar las riquezas de su generosidad. Porque según lo que verdaderamente podían hacer —sí, yo testifico, más allá de lo que verdaderamente podían hacer — fue esto, mientras espontáneamente siguieron rogándonos con fuerte súplica por el privilegio de dar bondadosamente y de tener participación en el ministerio destinado para los santos [de Judea]” (2 Cor. 8:2-4). Aunque eran pobres, aquellos cristianos eran muy generosos. Consideraban un privilegio compartir lo que tenían con sus hermanos necesitados de Judea. La frase “sigan la senda de la hospitalidad” vierte una expresión griega que transmite la idea de tomar la iniciativa. La Epístola a los Romanos, de C. E. B. Cranfield, traduce así dicha expresión: “Buscad las oportunidades [...] para ser hospitalarios”. Una manera de seguir este consejo sería invitando a alguien a comer, lo cual es una hermosa muestra de amor. Pero si estamos atentos, encontraremos muchas otras oportunidades de ser hospitalarios. Por ejemplo, si no tenemos los medios o las energías para ofrecer a alguien una comida, ¿podríamos invitarlo a tomar una taza de café o de té, o un refresco? Eso también es hospitalidad. 10. ¿De qué manera obedecemos la exhortación: “Vístanse del Señor Jesucristo”, que escribió el apóstol Pablo? (Rom. 13:14.) [26 de ag., w05 1/1 págs. 11, 12 párrs. 20-22.] Pablo escribió a la congregación de Roma: “Vístanse del Señor Jesucristo, y no estén haciendo planes con anticipación para los deseos de la carne” (Romanos 13:14). Los cristianos se visten de Jesús, como si de una prenda se tratara. Procuran imitar sus cualidades y acciones hasta el grado de convertirse en un reflejo —aunque imperfecto— de su Amo (1 Tesalonicenses 1:6). Lograremos ‘vestirnos del Señor Jesucristo’ si nos familiarizamos con su vida y nos esforzamos por vivir como él, imitando su humildad, su amor a la justicia, su odio hacia la impiedad, su amor por sus hermanos, su renuncia a formar parte del mundo y su aguante paciente ante el sufrimiento. No hacemos “planes con anticipación para los deseos de la carne”, es decir, no nos centramos en alcanzar objetivos que satisfagan los deseos carnales. Más bien, antes de tomar una decisión o abordar un problema, cada uno de nosotros se pregunta: “¿Qué haría Cristo? ¿Cómo le gustaría que reaccionara?”. También podemos imitar a Jesús “predicando las buenas nuevas” con empeño (Mateo 4:23; 1 Corintios 15:58). Esta es otra forma en la que los cristianos seguimos el modelo que puso Cristo. El siguiente artículo analiza este tema.

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