P. 1
LA CUALIFICACION DE LA MANO DE OBRA.pdf

LA CUALIFICACION DE LA MANO DE OBRA.pdf

|Views: 2|Likes:
Publicado pormarabad.1006181

More info:

Published by: marabad.1006181 on Jun 18, 2013
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/21/2015

pdf

text

original

La cualificación de la mano de obra y su efecto en la productividad relativa: Algunas comparaciones internacionales

*
Geoff Mason, Brigid O’Leary y Michela Vecchi
National Institute of Economic and Social Research. Londres

Introducción
Hoy en día, los políticos de todo el mundo ponen el énfasis con frecuencia en la importancia de mejorar la cualificación de la mano de obra como forma de incrementar la productividad. En este contexto, puede resultar sorprendente que aún exista tanta controversia acerca de cómo valorar la escala y naturaleza de la contribución del capital humano a las diferencias en los niveles de productividad y tasas de crecimiento entre países, pero ése es sin duda el caso. En primer lugar, algunos estudios sobre las causas de las diferencias de productividad entre países ni siquiera aprecian que las diferencias en las capacidades laborales entre países tengan la menor influencia. En segundo lugar, incluso si se tienen en cuenta los estudios en que sí se reconoce un papel positivo a la cualificación laboral, existen indicios convincentes de que aumentar ésta pocas veces supone un medio suficiente en sí para mejorar los resultados en materia de productividad. Lo que resulta importante es la forma en que se combina la cualificación de la mano de obra con otros inputs de la producción. Adicionalmente, hay que tener en cuenta una serie de mecanismos diversos que hacen que la cualificación laboral pueda contribuir de forma indirecta a la productividad. Las estimaciones contables del crecimiento destacan típicamente el papel limitado del capital humano a la hora de explicar las diferencias de los resultados entre países. Por ejemplo, Jorgenson, Ho y Stiroh (2005) concluyeron que la contribución del aumento de la calidad de la mano de obra al crecimiento medio de la productividad en EE.UU., Reino Unido, Alemania y Francia entre 1980 y 2001 fue considerablemente inferior a las contribuciones combinadas del crecimiento en Tecnologías de la Comunicación y
* Título original: “Workforce Skills and Relative Productivity Performance: International Comparisons”. Traducción: Gonzalo Plaza.

de la Información (TIC) y en capital al margen de las TIC, a ambos lados del Atlántico. El análisis de regresión multivariable es más adecuado para detectar un impacto positivo y significativo del capital humano en los niveles relativos de productividad, como ocurre, por ejemplo, en el renombrado estudio cruzado de Mankiw, Romer y Weil (1992), sobre un amplio número de países desarrollados y en desarrollo. No obstante, los resultados del panel de datos de Islam (2003) sugieren que el crecimiento del capital humano no ejerce efectos significativos sobre las diferencias en las velocidades de crecimiento de la productividad entre los distintos países. En su amplia evaluación de la investigación desarrollada sobre el impacto del capital humano en los resultados macroeconómicos, Sianesi y van Reenen (2003) destacaran las muchas cuestiones metodológicas que siguen pendientes de resolver en este campo, como la medición de la cualificación o capacidades laborales, y la forma apropiada de crear modelos de los distintos canales de influencia de la cualificación laboral en la productividad. En este trabajo, estudiamos un cierto número de explicaciones posibles de las dificultades para identificar vínculos entre el capital humano y los resultados de la productividad a escala nacional. Se ha estructurado el artículo de la manera siguiente: en el próximo apartado se comentan las recientes comparaciones de los niveles de productividad relativa entre EE.UU. y los principales países europeos. En los apartados siguientes, se considera, por este orden, el efecto de los problemas para medir la cualificación laboral; la complementariedad entre la mano de obra cualificada y otros inputs de la producción; la contribución de la mano de obra cualificada a los resultados de la productividad por medio de la transferencia del conocimiento y la innovación; y los desajustes entre la oferta y la demanda de trabajo cualificado. En el último apartado se hace un resumen rápido de las principales conclusiones alcanzadas.
COMPETITIVIDAD Y CAPITAL HUMANO

1

Posibles causas de las diferencias de productividad de la mano de obra por países
Las estimaciones convencionales de los niveles de productividad media de la mano de obra (ALP, por Average Labour Productivity) colocan a EE.UU. por delante de los grandes países europeos en producción por trabajador, pero por detrás de algunos de éstos en producción por hora de trabajador (Cuadro 1, columnas 1-6). La diferencia entre estas dos medidas refleja que los empleados estadounidenses trabajan una media superior de horas al año en comparación con cuatro de los cinco países europeos del Cuadro 1; véase Nota (b). Como se puede observar en el Cuadro 1, esta conclusión se basa en tres series distintas de estimaciones de la ALP, todos ellos sensibles a las opciones metodológicas adoptadas en los procedimientos de estimación, así como en los de recopilación de las series de datos nacionales sobre los que se basan. En los últimos años, algunos investigadores, como Belorgey, Lecat y Maury (2006), han desarrollado estimaciones alternativas de los llamados niveles de productividad horaria “estructural”, que tienen en cuenta la evidencia econométrica que indica que los niveles de ALP están negativamente correlacionados con el número de horas trabajadas por trabajador y las tasas de empleo. Mientras que el efecto de las “horas” se atribuye habitualmente a

las consecuencias de la “fatiga” (por tener menos vacaciones y también por trabajar más horas al día), el efecto de la tasa de empleo surge de excluir a los trabajadores menos productivos (por ejemplo, los más jóvenes o los de más edad) del empleo en países como Francia, Alemania, Italia y España, que tienen tasas de empleo mucho más bajas que EE.UU.: véase Cuadro 1, Nota (a). Una vez realizados los ajustes correspondientes para tener en cuenta los efectos de los rendimientos decrecientes en horas trabajadas y tasas de empleo, las estimaciones resultantes de los niveles de la ALP “estructural” muestran que EE.UU. se sitúa por delante de los cinco países europeos estudiados en productividad horaria (Cuadro 1, columnas 7-9), así como en ALP por trabajador: véase Bourlès y Cette (2005). Resulta, por lo tanto, de considerable interés valorar el papel de la cualificación laboral a la hora de contribuir a mantener el liderazgo de EE.UU. en productividad respecto a las principales economías de Europa Occidental. Para valorar la contribución de diferentes inputs de la producción, como el capital físico y el capital humano, a la productividad relativa de la mano de obra por sector y/o a escala nacional, el punto de partida común suelen ser los niveles de productividad equivalentes de la contabilización del crecimiento. Este método lo estableció por primera vez de forma rigurosa Solow (1957) y se ha empleado ampliamente desde entonces en los estudios de la productividad, especialmente por Jorgenson y sus

Cuadro 1. Productividad relativa de la mano de obra en Francia, Alemania, Italia, España, Reino Unido y EE.UU., 2002 (índice de referencia: EE.UU.=100)
Productividad laboral media por trabajador, 2002 Fuente de los datos (a) OCDE GGDC Eurostat Productividad laboral media por hora, 2002 OCDE GGDC Eurostat Productividad “estructural” por hora, 2002 (b) OCDE GGDC Eurostat

Francia Alemania Italia España Reino Unido EE.UU.

95 79 88 79 78 100

85 81 85 71 75 100

90 74 83 74 79 100

113 93 94 74 79 100

107 105 99 74 86 100

107 92 92 74 84 100

98 81 81 68 77 100

92 92 85 68 84 100

92 80 79 68 82 100

Notas: (a) Para obtener más detalles sobre estos tres juegos de estimaciones basados en los datos de la OCDE, GGDC (Gröningen Growth and Development Centre) y Eurostat, véase Bourlès y Cette (2005), Cuadro 1. (b) Nos remitimos al texto del artículo para la argumentación de los ajustes por horas trabajadas por empleado y tasas de empleo en que se apoyan estas estimaciones. La media estimada de horas trabajadas al año por empleado en 2002 fue: Francia, 1.437; Alemania, 1.443; Italia, 1.599; España, 1.813; Reino Unido, 1.692, y EE.UU., 1.800. La tasa de empleo en porcentaje de la población de entre 15 y 64 años de edad en 2002 fue: Francia, 62%; Alemania, 65%; Italia, 56%; España, 60%; Reino Unido, 73% y EE.UU., 72%. Fuente: Bourlès y Cette (2005).

2

ANÁLISIS Y OPINIÓN

colaboradores: véase, por ejemplo, Jorgenson, Ho y Stiroh (2005). El soporte teórico de este enfoque es el modelo neoclásico de crecimiento, con las suposiciones subyacentes de que todos los mercados son competitivos, y que todos los factores del proceso de producción se pagan a su valor marginal, cuya suma supone el total de ganancias de la realización de esas actividades. Además, la medición de la producción por medio del valor añadido requiere del supuesto de que los inputs materiales se pueden separar de los demás inputs de la función productiva. Con estos supuestos, en un modelo contable de crecimiento de dos factores (capital y mano de obra), es posible descomponer las diferencias entre países respecto de los niveles relativos de ALP en tres componentes: 1) La proporción explicada por las diferencias relativas en la intensidad de capital físico empleado. 2) La proporción explicada por las diferencias relativas en la calidad del trabajo (cualificación laboral) 3) Un componente de productividad multifactorial residual (PMR) que engloba, entre otras, las diferencias entre países en la eficiencia de utilización de los inputs de producción existentes. Esta metodología se ha aplicado recientemente en una serie de comparaciones bilaterales de productividad entre el Reino Unido y EE.UU., Francia y Alemania (Mason et alii [2008]). Este estudio demuestra que los stocks de capital físico por hora trabajada suponían la mayor parte del diferencial apreciado en la ALP en sectores de mercado entre el Reino Unido y EE.UU., el Reino Unido y Francia, y el Reino Unido y Alemania. La PMR significa una proporción importante del diferencial de productividad entre el Reino Unido y EE.UU., mientras que tiene una influencia menor en la comparación entre el Reino Unido y Francia, y un papel negativo a la hora de explicar la diferencia de productividad entre el Reino Unido y Alemania 1. A la inversa, las diferencias entre países de la cualificación de la mano de obra daban cuenta de una proporción relativamente pequeña del diferencial de ALP en las tres comparaciones bilaterales (Cuadro 2).
1

Cuadro 2. Descomposición de los niveles relativos de productividad del trabajo en el total de sectores de mercado (a), en el Reino Unido, EE.UU., Francia y Alemania, 2002
EE.UU. Francia Alemania

Niveles relativos de ALP (valor añadido por hora trabajada) – Índice de referencia: Reino Unido=100 Contribuciones estimadas al diferencial de ALP (puntos porcentuales): Capital físico Cualificación de la mano de obra PMR

133

123

110

15 2 17

14 2 7

22 2 -15

Nota: (a): “sectores de mercado” se entiende aquí como excluyendo la Administración Pública, enseñanza y salud, así como el sector inmobiliario y las viviendas (NACE 70 en la clasificación industrial europea) dado que, a efectos de la contabilidad nacional, esta última categoría incluye la renta imputada a las casas ocupadas por sus propietarios. Fuente: Mason et alii (2008).

Cuestiones sobre la medición de la cualificación laboral
Al ser un activo intangible, es especialmente difícil medir el capital humano. Es típico emplear mediciones sustitutivas de la cualificación laboral, tales como el nivel educativo, la ocupación profesional y el salario. Las mediciones del capital humano basadas en la enseñanza más habituales se dividen entre inputs educativos (por ejemplo, matriculaciones, años de escolaridad, e indicadores de calidad de la enseñanza tales como el número de alumnos por clase) y resultados de la enseñanza (por ejemplo, títulos oficiales e indicadores de la calidad de la enseñanza como resultados de exámenes, o niveles de alfabetización). Los debates al respecto suelen verse lastrados por el empleo de términos como “logros” (un concepto para medir el resultado) para referirse a mediciones de inputs tales como los años completos de escolarización, que mide más bien la asistencia y no un logro. Las medidas del resultado educativo, como las titulaciones oficiales, tienen la ventaja de aprehender algo de lo que realmente se ha aprendido durante el período de enseñanza, y significan algo más que la mera asistencia a clase. Sin embargo, presentan también la clara desventaja de ignorar los conocimientos adquiridos en el puesto de trabajo, que no dan lugar a certificados oficiales.
COMPETITIVIDAD Y CAPITAL HUMANO

La contribución negativa de la PMR en la comparación entre el Reino Unido y Alemania hace pensar que, mientras Alemania disfruta respecto al Reino Unido de las ventajas acumuladas de los stocks de capital y (en mucha menor parte) de la cualificación laboral, el Reino Unido se beneficia de un empleo más eficiente de su maquinaria y mano de obra especializada. Sin embargo, el Reino Unido todavía paga un precio en términos de menor ALP por haber acumulado unos niveles relativamente bajos de capital físico y cualificación laboral a lo largo de los años.

3

Un planteamiento posible ante las dificultades de medir la cualificación laboral en distintos países, consiste en poner especial cuidado al construir las series de datos con el fin de evitar interrupciones abruptas y cambios no plausibles en la medida de los niveles de cualificación laboral a lo largo de períodos muy cortos, que tienden a reflejar sólo cambios en los métodos de recogida de datos. De la Fuente y Doménech (2006) se propusieron lograrlo recopilando la información tanto de publicaciones nacionales como internacionales, así como de fuentes inéditas con el fin de conseguir perfiles educativos nacionales específicos y bien fundamentados de la población adulta en 21 países de la OCDE. Las informaciones sobre los niveles alcanzados se utilizan a continuación para estimar la población de 25 o más años de edad que empezó, pero no necesariamente completó, cada uno de los cinco niveles distintos de enseñanza. Los resultados, obtenidos por análisis de regresión multivariable, muestran un impacto fuerte y positivo de los años de escolarización sobre la productividad, con correlación positiva entre las mediciones de los contenidos de las informaciones de diferentes conjuntos de datos y el tamaño e importancia de los coeficientes correspondientes a la variable de escolarización. Estas conclusiones confirman un trabajo anterior de Krueger y Lindahl (2001) en el que se demostraba que los errores de medición eran la razón fundamental por la que muchos estudios anteriores habían concluido que el incremento del nivel educativo tenía poco o ningún efecto sobre el crecimiento. Otra aproximación a los problemas de la medición de la cualificación laboral, la de Jorgenson, Ho y Stiroh (2005) y Mason et alii (2008), consiste en emplear los datos sobre resultados educativos (titulaciones oficiales) combinados con los datos de salarios relativos con los que se intenta conocer las diferencias en las productividades relativas entre los grupos de distinta cualificación. Como la productividad individual resulta tanto de habilidades laborales sin certificar, como de logros educativos demostrables mediante titulación, este enfoque debería, en principio, ayudar a superar los reparos que se le ponen a las mediciones de la cualificación laboral basadas exclusivamente en titulaciones formales. Otro problema que surge al efectuar comparaciones internacionales de cualificaciones deriva del hecho de que a menudo no existe una equivalencia clara entre las distintas categorías de titulaciones, como los A levels en el Reino Unido, el Baccalauréat en Francia y las graduaciones preuniversitarias en EE.UU. Por ello, en Mason et alii (2008) se adopta un enfoque alternativo basado en la existencia

de titulación universitaria (área en que los datos son más comparables), para luego recurrir a ratios de salarios medios de no licenciados respecto a salarios medios de licenciados en cada país como indicadores de las diferencias de calidad del trabajo entre las respectivas categorías de cualificación de los no licenciados. Ello evita tener que clasificar estudios secundarios y universitarios no comparables, pertenecientes a sistemas educativos diferentes, en categorías tales como “cualificación intermedia” y “baja”. Este enfoque de la medición de la calidad de la mano de obra representa, en principio, una mejora considerable en la utilización de datos educativos de ingreso o de resultados sin ponderar como indicadores aproximados de la cualificación laboral. Sin embargo, se basa en dos hipótesis clave: 1) la existencia de una considerable similitud entre países en lo que respecta a la productividad de los titulados; y 2) que los diferenciales de salarios medios entre las distintas categorías de cualificación reflejan diferencias en los niveles de productividad media de personas pertenecientes a una misma categoría de cualificación. Por lo que se refiere a 1), puede argumentarse que los titulados muestran mucha más movilidad geográfica transnacional que los de los otros grupos de cualificación, y las titulaciones superiores extranjeras son de aceptación general entre los empleadores en EE.UU. y en Europa Occidental. Sin embargo, respecto a la hipótesis 2), los salarios de los empleados pueden desde luego desviarse de sus productos marginales debido a la imperfección de las condiciones del mercado laboral y al funcionamiento de las instituciones de dicho mercado de trabajo en cada país, tales como los procedimientos de negociación colectiva y la legislación sobre salario mínimo. A pesar de esta desventaja, las mediciones de la calidad relativa del trabajo basadas en el nivel salarial que toman como referencia los salarios medios de los titulados, consiguen, hasta cierto punto, captar las variaciones relativas del producto marginal entre las distintas categorías de no licenciados de cada país. No obstante, como se ha mostrado en el epígrafe anterior, cuando Mason et alii (2008) emplean esta medición mejorada de la calidad de la mano de obra a efectos de contabilizar el crecimiento, no aportan gran cosa a la hora de explicar las diferencias de la ALP entre países. El motivo principal parece ser que, en el marco de la contabilización del crecimiento, las distintas contribuciones de cada insumo productivo se evalúan de forma separada, in-

4

ANÁLISIS Y OPINIÓN

dependientemente de las potenciales complementariedades entre capital físico y capital humano (por ejemplo, los aspectos en que la mano de obra de elevada formación es un requisito previo a la hora de seleccionar, instalar, manejar y perfeccionar los medios de capital físico). Las técnicas de análisis multivariable proporcionan los medios para tener en cuenta esa complementariedad; sin embargo, está claro que se necesita una mejor comprensión de los mecanismos por los que la cualificación laboral pudiera contribuir indirectamente a las diferencias de productividad relativa. En lo que sigue, consideraremos algunos de los posibles canales de influencia de la cualificación laboral bajo dos aspectos principales: complementariedad entre la cualificación y el capital, y transferencia del conocimiento, e innovación.

Complementariedad de capital y cualificación laboral. Cambio tecnológico y cualificación laboral
A partir de Griliches (1969), se le ha prestado mucha atención a la hipótesis de la “complementariedad capital-cualificación laboral” (CCL), que predice que capital y cualificación laboral son más complementarios entre sí como inputs productivos que el capital físico y la mano de obra no especializada. Se sugiere que la CCL está relacionada (pero es independiente de ella), con la noción del cambio tecnológico inducido por la cualificación laboral (CTCL), es decir, que la mano de obra cualificada es más complementaria que la no especializada de la introducción y/o empleo eficaz de nuevas tecnologías. Las publicaciones sobre CCL y CTCL están dominadas por la experiencia de las últimas décadas y por lo tanto gozan de una cierta perspectiva histórica. Por ejemplo, Goldin y Katz (1998) aportan pruebas de que CCL y CTCL estaban activas en EE.UU. entre 1909 y 1940, cuando los productores se orientaron hacia procesos de producción continua y en lotes, necesitando mayor empleo de electricidad. Caselli (1999) destaca que, mientras algunas revoluciones tecnológicas como la electrificación y las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) han sido, por su propia naturaleza, dependientes de la cualificación laboral, otras, como el desarrollo de las tecnologías de producción en cadena, eran más complementarias de la mano de obra no especializada. Desde luego, las tecnologías asociadas a un descenso en la cualificación laboral, tienden a ser introducidas más rápidamente que las que dependen de la ma-

no de obra especializada, precisamente porque en estas últimas los nuevos conocimientos requeridos son más costosos y requieren más tiempo para su desarrollo. Estimaciones recientes de las velocidades de crecimiento de la ALP en distintos países muestran que, tras un período largo de crecimiento relativamente bajo de la productividad, EE.UU. se ha beneficiado considerablemente de la acumulación de las inversiones en las TIC. Entre 1995 y 2004, EE.UU. registró un crecimiento medio anual del 3,1% en toda la economía, frente al 2,7% en el Reino Unido, 2,0% en Francia y 1,6% en Alemania (Mason et alii [2008]). Basándose en análisis a escala industrial, Jorgenson et alii (2006) sugieren que el crecimiento relativamente rápido de la ALP en EE.UU. durante este período presentó la forma de dos “oleadas de productividad” distintas. La primera oleada, entre 1995 y 2000, fue originada principalmente por las TIC de capital y el crecimiento de la productividad de todos los factores (PTF; Total Factor Productivity) en las empresas TIC, mientras que la segunda oleada en 20002004 fue más atribuible a la ampliación del capital en empresas no TIC y al crecimiento de la PTF en las empresas que utilizan las TIC. Por contraste, el Reino Unido, Francia y Alemania han tendido a ir a la zaga de EE.UU. en lo relativo a las aplicaciones productivas de las TIC fuera de las empresas productoras de TIC, así como en el incremento de la ALP (O’Mahony y Van Ark [2003]). ¿Hasta qué punto pueden estos contrastes entre países respecto al empleo de las TIC, con sus repercusiones sobre la productividad relativa, estar vinculados a las diferencias en la dotación de cualificaciones laborales que podrían ser complementarias de las TIC? En el Cuadro 3 se muestran las principales diferencias en los niveles de cualificación y en la distribución del empleo entre las titulaciones oficiales entre los cuatro países mencionados. En el período 1995-2004, EE.UU. estaba muy por delante de los tres países europeos en cuanto a la participación de los titulados universitarios en el empleo, reflejando el sistema de enseñanza superior masivo bien establecido en EE.UU. durante las décadas precedentes. El Reino Unido vio aumentar la participación de titulados en el empleo durante este período (proceso que se inició a finales de la década de 1980), pero sigue todavía muy por detrás de EE.UU. en cuanto a la intensidad de la presencia de titulados superiores en el empleo. Tanto Francia como Alemania tienen proporciones de titulados relativamente pequeñas comparadas con EE.UU., aunque, en el caso alemán, esto queCOMPETITIVIDAD Y CAPITAL HUMANO

5

da compensado en cierta medida por una participación muy grande en el empleo de trabajadores con cualificaciones de nivel intermedio (oficiales y técnicos). Una extensa serie de publicaciones ha destacado, desde antiguo, el papel de los trabajadores con estudios superiores o elevada cualificación a la hora de facilitar la adopción de las nuevas tecnologías en general: véase Nelson y Phelps (1966); Bartel y Lichtenberg (1987). Estudios más recientes se han centrado en el papel de la cualificación laboral para facilitar la utilización eficaz de las TICs –por ejemplo, Brynjolfsson, Hitt y Yang (2002)– y en la complementariedad, a lo largo de varias décadas, entre las TIC y la mano de obra con formación requerida para realizar tareas no rutinarias: véase Autor, Levy y Murnane (2003). Sin embargo, Chun (2003) sugiere que, aunque la adopción de las TIC está positivamente corraelacionada con los trabajadores de elevada cualificación, una vez plenamente implementadas las nuevas tecnologías, las empresas pueden sustituir a los trabajadores de elevada formación por otros menos cualificados y con salarios más bajos. Según este punto de vista, por lo tanto, la demanda de trabajadores de elevada formación relacionada con las TIC puede ser un fenómeno limitado en el tiempo. Este enfoque cuenta con el apoyo de Ruiz-Arranz (2004), que sugiere que, a medida que los equipamientos TIC se vuelven más sencillos para los usuarios, se hacen más accesibles a los trabajadores de menor formación. Para valorar el alcance y la naturaleza de la complementariedad del capital y la cualificación laboral en los distintos países, Mason, O’Leary y Vecchi (2007) estiman unas ecuaciones de distribución de salarios para los distintos grupos de cualificación, incluyendo ratios de capital-producción como variables independientes, y utilizando una serie de datos para cuatro países, referidos a 26 sectores manufactureros y de servicios en el período 1979-2000. Para todo ese período hallaron que, en el Reino Unido y Francia, las inversiones en TIC fueron muy complementarias de la parte de los salarios de los trabajadores cualificados, mientras que tendieron a sustituir a los trabajadores de menor cualificación. Por contraste, en Alemania no hay pruebas de la complementariedad entre el capital en TIC y la distribución de los salarios de los trabajadores más cualificados. Se requiere más investigación para comprender este resultado en el caso alemán, pero puede que refleje el suministro relativamente elevado de trabajadores con nivel de oficial con respecto a la demanda anterior a la difusión de las TIC.

Cuadro 3. Distribución del empleo por niveles de cualificación en la economía (sectores de mercado), 1995-2004
EE.UU. 1995 2000 2004

Grado superior Licenciados Diplomados Estudios universitarios, pero sin titulación Secundaria No terminó la secundaria TOTAL

5 15 7 22 35 16 100

5 16 7 21 34 16 100

6 17 8 21 33 15 100

Reino Unido

1995

2000

2004

Grado superior Licenciados (primer nivel) Formación profesional niveles 3-4 (oficiales y técnicos) Formación profesional niveles 1-2 Sin titulación TOTAL

2 10 36 35 18 100

3 12 37 35 13 100

3 13 37 35 12 100

Francia

1995

2000

2004

Grado superior (Bac+5) Licenciaturas (Bac+3-4) Bac+2 (técnicos medios) Bachilleres CAP, BEP (formación profesional) Titulaciones inferiores o sin titulación TOTAL

3 9 13 12 29 34 100

3 11 14 14 29 28 100

4 11 14 16 27 27 100

Alemania

1995

2000

2004

Grado superior (Hochschulen) Licenciaturas (Fachhochschulen) Especialistas, Meister, Techniker Sin formación o con formación baja TOTAL

5 4 69 22 100

5 5 65 25 100

7 5 64 24 100

Fuente: Mason et alii (2008) con datos de UK Labour Force Survey, US Current Population Survey, Enquête-Emploi de Francia y Mikrozensus de Alemania.

En EE.UU., Mason, O’Leary y Vecchi (2007) hallan un grado similar al del Reino Unido y Francia de sustitución de trabajadores sin formación por TIC, pero las TIC parecen ser más complementarias con los grupos intermedios en EE.UU. (por ejemplo, diplomados y estudiantes universitarios sin título) que con los titulados superiores. Utilizando el mismo grupo de datos, Mason et alii (2008) muestran

6

ANÁLISIS Y OPINIÓN

que la demanda de titulados superiores relacionada con las TIC en EE.UU. fue relativamente mayor en la primera mitad del período 1979-2000, reduciéndose luego al crecer la demanda de trabajadores de cualificaciones intermedias durante la década de 1990. Tomados conjuntamente, estos resultados sugieren que el resurgimiento de la productividad en EE.UU. a finales de los noventa puede haber reflejado en parte, en primer lugar, la temprana adopción de las TIC facilitada por la disponibilidad de trabajadores con estudios superiores y, en segundo lugar, la delantera estadounidense en la utilización eficaz de las TIC como resultado de su adopción temprana. A medida que el proceso de mejoras en su utilización fue desarrollándose, la complementariedad capital-cualificación laboral en las TIC parece haberse desplazado hacia trabajadores con formación universitaria por debajo de los titulados con carreras de al menos cuatro años. Estos diversos escenarios en cada país ilustran hasta qué punto los efectos de la formación sobre la productividad relativa pueden cambiar a lo largo del tiempo, a la par que reflejan asimismo las diferencias en las instituciones y en la educación de cada país. Las escalas de tiempo largas que se requieren para que determinadas diferencias de formación afecten a los resultados, también se deducen al considerar los efectos de la cualificación laboral sobre la innovación, tema del que nos ocupamos a continuación.

Cualificación laboral, difusión del conocimiento, e innovación
Pueden surgir externalidades relacionadas con la cualificación laboral si las decisiones del sector privado de invertir en el desarrollo de ésta producen beneficios a otros individuos o empleadores distintos de los que han decidido la inversión. Por ejemplo, la presencia de trabajadores especializados en los centros de trabajo puede ayudar a incrementar la productividad de los trabajadores no especializados. Al mismo tiempo, la cualificación de alto nivel puede ser un complemento estratégico de la I+D, al surgir externalidades de la combinación de las inversiones en cualificación laboral por los trabajadores y en I+D por parte de los empleadores. Las investigaciones sobre innovación han identificado una serie de mecanismos por los que las externalidades referentes a la cualificación laboral, o efectos de difusión (spillover effects), pueden afectar a la productividad. Los

ejemplos incluyen la transferencia de conocimientos entre empresas, sectores y países por medio de la colaboración en I+D, la resolución de problemas técnicos por trabajadores especializados implicados en cadenas de suministro (Lundvall [1992]), y la movilidad de ingenieros con altas cualificaciones y científicos entre empresas (Mason, Beltramo y Paul [2004]). Además, para que las empresas de cada país identifiquen y utilicen de forma eficaz el conocimiento, ideas y tecnologías disponibles gracias a la difusión, se requiere “capacidad de absorción”, que puede desarrollarse mediante las propias inversiones en I+D de las organizaciones –véase Cohen y Levinthal (1989)– y, más generalmente, a través del desarrollo o adquisición de elevados niveles de mano de obra cualificada. Así, por ejemplo, Benhabib y Spiegel (1994) han hallado que las existencias de capital humano se asocian positivamente con la capacidad individual de cada país para acortar la diferencia entre el propio país y la nación líder del mundo en términos de productividad. Eaton y Kortum (1996) han encontrado que la difusión interior de la tecnología aumenta con el capital humano del país. Xu (2000) aporta pruebas de que el motivo por el que los países relativamente ricos se benefician más que los más pobres a la hora de acoger filiales de multinacionales de EE.UU. tal vez sea el tener los países ricos anfitriones un umbral más alto en el nivel de capital humano. Los estudios sobre la capacidad de absorción que iniciaron Cohen y Levinthal (1989) ponen especial énfasis en “las dos caras de la I+D”, es decir, el doble papel de la I+D en tanto que generadora de innovación y facilitadora de la asimilación de las innovaciones generadas en cualquier otro lugar. En un reciente análisis sectorial de varios países entre 1974 y 1990, Griffith, Redding y van Reenen (2004) han estudiado el impacto de la capacidad de absorción sobre el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), expresado como función de: i) la intensidad de I+D; ii) una medida del “diferencial en PTF”, definido en términos de la diferencia en los niveles de PTF entre los distintos países y el país líder, que se asume mide el alcance posible de la transferencia de tecnología; iii) el capital humano definido en términos de porcentaje de la población que ha recibido enseñanza superior; y iv) la interacción entre la medición del diferencial de la PTF y la intensidad de I+D y el capital humano, respectivamente. Los resultados muestran que el crecimiento de la PTF está correlacionado positivamente con el tamaño
COMPETITIVIDAD Y CAPITAL HUMANO

7

del diferencial de PTF, de forma consecuente con los estudios realizados sobre convergencia. Aun más importante, el coeficiente de la interacción diferencial de la PTF / intensidad de I+D es positivo, dando pie a adoptar una hipótesis clave sobre la capacidad de absorción, en concreto, que cuanto más atrás se encuentre un país respecto al líder en PTF en un sector industrial concreto, mayor resulta la contribución de la I+D al crecimiento de la PTF. Los coeficientes de la interacción del capital humano e intensidad de I+D / capital humano son también positivos y significativos, aunque no tan elevados en términos absolutos como los que se refieren a la capacidad de absorción. Griffith, Redding y van Reenen (2004) concluyen por lo tanto que la I+D y la cualificación de la mano de obra ayudan ambas a estimular el crecimiento de la productividad a través de sus efectos sobre la innovación y la capacidad de absorción.

Cuadro 4. Proporción de mano de obra en empleos con salario bajo en EE.UU., el Reino Unido, Francia y Alemania, por niveles de cualificación (a)
% de mano de obra en empleos con salario bajo (b)

EE.UU. (2001) Enseñanza superior (licenciados, diplomados, algunas enseñanzas universitarias sin titulación) Enseñanza secundaria Reino Unido (2005) Titulados universitarios NVQ Level 3 (A levels, oficialías o equivalentes) Francia (2002) Enseñanza superior (Bac + 2 o superior) Baccalauréat Alemania (2003) 4 12 5 20 6 25

Desajustes entre oferta y demanda de cualificación laboral
A pesar de los numerosos efectos positivos del capital humano sobre la productividad relativa tratados en los dos apartados anteriores, existen asimismo muchas formas en las que puede aumentar la cualificación laboral sin producir ningún efecto positivo en la productividad. Por ejemplo, esto puede suceder cuando la capacitación en cuestión no se ajusta a las necesidades de la empresa, o cuando las medidas vicarias de la cualificación, como pueden ser las titulaciones oficiales, producen una impresión exagerada de la calidad de la formación respecto a la que realmente se necesita en los puestos de trabajo. Estos temas han surgido con mucha fuerza en el Reino Unido, siguiendo la rápida transición desde la enseñanza superior de elites hacia la de masas entre mediados de la década de 1980 y la de 1990. En el año 2000, los titulados representaban el 15% de la mano de obra total del Reino Unido, cuando diez años antes suponían menos del 10%2. Una consecuencia de este desarrollo han sido las crecientes quejas sobre la “infrautilización” de la capacidad de algunos titulados, que sólo encuentran trabajo en empleos de menor nivel. Otra han sido las quejas de algunos empleadores de que una parte de los nuevos titulados no tiene el nivel de cualificación laboral que se aso2

Titulados (Hochschule o Fachhochschule) Oficialías

4 18

Notas: (a) Se refiere a todos los empleados (a jornada completa o parcial) en cada país salvo en Alemania, donde solamente están incluidos los empleados a jornada completa cubiertos por el sistema de la seguridad social, y en Francia, donde se excluyen los aprendices. (b) Se define empleo con salario bajo, como aquel cuya remuneración bruta por hora es inferior a dos tercios de la remuneración bruta horaria media de cada país. Fuente: Obtenido a partir de información de los trabajos preparados para el proyecto de la Russell Sage Foundation sobre el empleo con salario bajo en EE.UU. y Europa Occidental por John Schmitt; Geoff Mason, Ken Mayhew y Matthew Osborne; Philippe Askénazy, Eve Caroli y Jérôme Gautié; y Gerhard Bosch y Thorsten Kalina.

cia tradicionalmente con los titulados. Estas preocupaciones pueden ser exageradas, y valoraciones detalladas del mercado laboral de los titulados del Reino Unido sugieren que el aumento en el número de titulados ha tenido también algún efecto positivo sobre el suministro de capacidad laboral y la productividad 3. No obstante, sigue abierta la cuestión de que el aumento en la oferta de determinadas titulaciones, que se manifiesta como aumento de la cualificación laboral medida, puede contribuir o no positivamente a los resultados de la productividad. Una forma de valorar esto en una comparación internacional es considerar hasta qué punto los titulados universitarios, y desde luego otros trabajadores cualificados, ocupan empleos relativamente poco pagados, lo que im3

Estimación extraída de la encuesta UK Labour Force Survey, al igual que el Cuadro 3.

Véase Mason (2002); Elias y Purcell (2004).

8

ANÁLISIS Y OPINIÓN

plica que también su productividad es relativamente baja. Para ello nos basamos en estudios del mercado laboral a escala nacional que han adoptado una definición estándar de “salario bajo”, en concreto, remuneraciones horarias brutas inferiores a dos tercios de la remuneración bruta media de cada país. En el Cuadro 4 se observa cómo, en años recientes, solamente 4% a 6% de los titulados o de los que tienen estudios superiores en EE.UU., Reino Unido, Francia y Alemania perciben un “salario bajo” de acuerdo con esta definición. Sin embargo, la proporción de empleados con salario bajo es muy superior entre los bachilleres en EE.UU. (25%) que entre los que han recibido formación profesional a nivel de oficialía o cualificaciones equivalentes en el Reino Unido (20%) y Alemania (18%). Se trata de proporciones nada despreciables de trabajadores con titulaciones oficiales que perciben salario bajo y, asumiendo que las remuneraciones relativas guardan cierta relación con la productividad relativa en cada país, los resultados sirven de recordatorio de que los esfuerzos por aumentar la cualificación aumentando el número de trabajadores con titulación oficial pueden no siempre contribuir positivamente a la productividad.

Orientación bibliográfica
Autor, D., F. Levy, y R. Murnane (2003): “The Skill Content of Recent Technological Change: An Empirical Explanation”, en Quarterly Journal of Economics, Vol. 118 (4), páginas 1279-1333. Bartel, A. P., y F. R. Lichtenberg (1987): “The Comparative Advantage of Educated Workers in Implementing New Technology”, en Review of Economics and Statistics. Vol. 69 (1), febrero, págs. 1-11. Belorgey, N., R. Lecat, y T.-P. Maury (2006): “Determinants of Productivity per Employee: An Empirical Estimation Using Panel Data”, en Economics Letters, Vol. 91 (2), mayo, págs. 153-157. Benhabib, J., y M. Spiegel (1994): “The Role of Human Capital in Economic Development: Evidence from Aggregate Cross-Country Data”, en Journal of Monetary Economics, Vol. 34 (2), octubre, págs. 143-173. Bourlès, R., y G. Cette (2005): A Comparison of Structural Productivity Levels in the Major Industrialised Countries, Banque de France, Notes d’Etudes et Recherches, NER-R#133, París, octubre. Versión on line: www.banque-france.fr/gb/publications/telechar/ner/ner133.pdf Brynjolfsson, E., L. M. Hitt y S. Yang (2002): Intangible Assets: Computers and Organizational Capital, Brookings Papers on Economic Activity: Macroeconomics, Vol. 2002, No. 1, marzo, págs. 137-181. Versión on line: http://digital.mit.edu/research/papers/138_Erik_ Intangible_Assets.pdf Caselli, F. (1999): “Technological Revolutions”, en The American Economic Review, Vol. 89 (1), marzo, págs. 78-102. Chun, H. (2003): “Information Technology and the Demand for Educated Workers: Disentangling the Impacts of Adoption versus Use”, en The Review of Economics and Statistics, Vol. 85 (1), noviembre, págs. 1-8. Cohen, W. M., y D. A. Levinthal (1989): “Innovation and Learning: The Two faces of R&D”, en Economic Journal, Vol. 99 (307), págs. 569-596. De la Fuente, A. y R. Doménech (2006): “Human Capital in Growth Regressions: How Much Difference Does Data Quality Make?”, en Journal of the European Economic Association, Vol. 4 (1), marzo, págs. 1-36. Versión on line: http://pareto.uab.es/wp/2000/44600.pdf Eaton, J., y S. Kortum (1996): “Trade in Ideas: Productivity and Patenting in the OECD”, en Journal of International Economics, Vol. 40 (3/4), mayo, págs. 251-278. Elias, P., y K. Purcell (2004): “Is Mass Higher Education Working? Evidence from the Labour Market Experiences of Recent Graduates”, en National Institute Economic Review, No. 190, octubre, págs. 60-74. Goldin, C., y L. F. Katz (1998): “The Origins of Technology-Skill Complementarity”, en Quarterly Journal of Economics, Vol. 113 (3), agosto, págs. 693-732. Griffith, R., Redding, S. y van Reenen, J. (2004): Mapping the Two Faces of R&D: Productivity Growth in a Panel of OECD Industries Review of Economics and Statistics, 86(4): 883 - 895. Griliches, Z. (1969): “Capital-Skill Complementarity”, en Review of Economics and Statistics, Vol. 51 (4), noviembre, págs. 465-468. Islam, N. (2003): “Productivity Dynamics in a Large Sample of Countries: A Panel Study”, en The Review of Income and Wealth, Vol. 49 (2), junio, págs. 247-272. Jorgenson, D. M., M. Ho, y K. J. Stiroh (2005): Productivity, Volume 3: Information Technology and the American Growth Resurgence, MIT Press, Cambridge, MA.

Valoración final
No es en modo alguno sencillo valorar la escala y naturaleza de la contribución del capital humano a las diferencias entre países en los niveles de productividad y tasas de crecimiento. Este repaso de la literatura científica relevante y sus conclusiones sugiere que existen muchos efectos positivos del capital humano sobre la productividad relativa en cada país. Sin embargo, estos efectos solamente emergen de forma clara cuando se realizan esfuerzos para mejorar la medición de la cualificación laboral y para identificar los principales canales de influencia, por los que la cualificación laboral puede llegar a afectar al desempeño productivo, de forma indirecta así como directamente (por ejemplo, por medio de la complementariedad de la cualificación laboral con otros inputs productivos, y de la contribución de los trabajadores muy especializados a los procesos de generación e intercambio del conocimiento y de la innovación). Al mismo tiempo, parece que el aumento en la cualificación laboral puede no tener ningún efecto en la productividad relativa, si dicha cualificación no corresponde adecuadamente a las necesidades de los empleadores ni se utiliza de forma eficaz en el seno de las empresas.

COMPETITIVIDAD Y CAPITAL HUMANO

9

Jorgenson, D. M., M. Ho, J. Samuels, y K. J. Stiroh (2006): “The Industry Origins of the American Productivity Resurgence”, en EU KLEMS 2003, Productivity in the European Union: A Comparative Industry Approach, Comisión Europea, Bruselas. Versión on line: http://post.economics. harvard.edu/faculty/jorgenson/files/IndustryOriginsAmericanProd Resurg_07_0613.pdf Krueger, A., y M. Lindahl (2001): “Education for Growth: Why and For Whom?”, en Journal of Economic Literature, Vol. 39 (4), diciembre, págs. 1.101-1.136. Lundvall, B.-A. (ed.) (1992): National Systems of Innovation: Towards a Theory of Innovation and Interactive Learning, Pinter Publishers, Londres. Mankiw, N. G., D. Romer, y D. Weil (1992): “A Contribution to the Empirics of Economic Growth”, en Quarterly Journal of Economics, Vol. 107 (2), mayo, págs. 407-437. Mason, G. (2002): “High Skills Utilisation Under Mass Higher Education: Graduate Employment in Service Industries in Britain”, en Journal of Education and Work, Vol. 15 (4), diciembre, págs. 427-456. Mason, G., J.-P. Beltramo, y J.-J. Paul (2004): “External Knowledge Sourcing in Different National Settings: A Comparison of Electronics Establishments in Britain and France”, en Research Policy, Vol. 33 (1), enero, págs. 53-72. Mason, G., B. O’Leary, M. O’Mahony, y K. Robinson, K. (2008): CrossCountry Productivity Performance at Sector Level: The UK compared with the US, France and Germany, Department for Business, Enterprise and Regulatory Reform (BERR), BERR Occasional Paper No. 1, Londres, febrero. Versión on line: http://www.berr.gov.uk/files/ file44507.pdf

Mason, G., B. O’Leary, y M. Vecchi (2007): Cross-Country Analysis of Productivity and Skills at Sector Level, Sector Skill Development Agency (SSDA), Research Report No. 23, Londres. Versión on line: http://wpeg.group.shef.ac.uk/papers2007/91Vecchi.pdf Nelson, R. R., y E. S. Phelps (1966): “Investments in Humans, Technology Diffusion and Economic Growth”, en American Economic Review, Vol. 56 (2), págs. 69-75. Versión on line: http://cowles.econ.yale. edu/P/cp/p02a/p0236.pdf O’Mahony, M., y B. van Ark (eds.) (2003): EU Productivity and Competitiveness: A Sectoral Perspective. Can Europe Resume the Catching-up Process?, Comisión Europea, Luxemburgo. Ruiz-Arranz, M. (2004): Wage Inequality in the US: Capital-Skill Complementarity vs. Skill-Biased Technical Change, Fondo Monetario Internacional, Washington, DC, mimeografiado, mayo. Sianesi, B., y J. van Reenen. (2003): “The Returns to Education: Macroeconomics”, en Journal of Economic Surveys, Vol. 17 (2), abril, págs. 157-200. Solow, R. M. (1957): “Technical Change and the Aggregate Production Function”, en Review of Economics and Statistics, Vol. 39 (3), agosto, págs. 312-320. Xu, B. (2000): “Multinational Enterprises, Technology Diffusion and Host Country Productivity Growth”, en Journal of Development Economics, Vol. 62 (2), agosto, págs. 477-493.

10

ANÁLISIS Y OPINIÓN

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->