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Stgo

HISTORIA DEL SANTO JOB

  • 1 i Había en el país de Us un hom-

^ * bre llamado Job; era un varón per-

fecto que temía a Dios y se alejaba del mal.

2 Tuvo siete hijos y tres hijas.

3

Tenía mu-

chos servidores y poseía siete mil ovejas,

tres mil camellos, quinientas yuntas de bue- yes y quinientas burras. Este hombre era el

más famoso entre todos los hijos de orien-

te. 4 Sus hijos acostumbraban a celebrar banquetes por tumo, en casa de cada uno

INTRODUCCIÓN

El poema de Job encabeza los libros de sabiduría de la Biblia: es el que toca en forma más profunda los grandes interrogantes de la condición humana. Las desventuras de Job, que, después de colmado por la existencia, se ve reducido a la más extrema miseria, no son más que un pretexto para llevarnos a reflexionar sobre lo insatisfactoria que es la vida del hombre en la tierra. El sufrimiento y la muerte son manifestaciones de unn mal más profundo, que es a la vez malestar y mala conciencia del hombre consciente de su destino. No por casualidad Job es presentado como un hombre del país de Us, que no pertenece al pueblo de Dios y no ha entrado en la esperanza de los profetas. A Job le basta contemplar la naturaleza para creer en Dios y su Providencia, pero a éste Dios no lo ha visto ni El le dirigió su Palabra. Job se siente y se reconoce obra de Dios, pero se da cuenta que solamente un diálogo con su Creador le permitiría ubicarse en el lugar que le corresponde y, por más que busque esta apertura, no la encuentra. Las denuncias de Job son una manera de clamar a Dios con toda la fuerza de una esperanza insa- tisfecha y, al final, Dios tendrá que manifestarse.

EL LIBRO DE JOB

El punto de partida del libro de Job es un cuento popular que encontramos en las primeras páginas y en la última (1,1-2,13 y 42,10-17): la historia del santo hombre Job. Yavé lo había puesto a prueba, quitándole todo, y a pesar de eso se había mantenido firme, confiado en Dios, que siempre premia al justo. Y al final, Dios le había devuelto todo. Por supuesto que esta moraleja era un poco simple. Entonces un autor, del que no conocemos el nombre, desarrolló este ejemplo de Job en los diálogos de los capítulos 3-41. Ahí Job grita su escándalo frente a la condición humana, y sus tres amigos le oponen las respuestas de los sabios de su tiempo.

job 2

de ellos, e invitaban también a sus tres her-

comer y beber con ellos. 5 Una vez terminados los días de esos banquetes, Job

manas a

los mandaba a llamar para purificarlos; se

levantaba muy temprano y ofrecía sacrifi- cios por cada uno de ellos. Pues decía:

«Puede que mis hijos hayan pecado y ofen- dido a Dios en su corazón.» Así hacía Job.

R 22,19

6 Un día,

cuando los hijos de Dios vinie-

»° n i2'22 ro n a presentarse ante Yavé, apareció

tam-

*ps'" bien entre ellos Satán. 7 Yavé dijo a Satán: «¿De dónde vienes?» Satán respondió: «Vengo de la tierra, don- de anduve dando mis vueltas.» 8 Yavé dijo a Satán: «¿No te has fijado en mi servidor

Job? No hay nadie como él en la tierra. Es un hombre bueno y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.» 9 Satán respon- dió: «¿Acaso Job teme a Dios sin interés?

io ¿No lo has rodeado de

un cerco de pro-

tección a él, a su familia y a todo cuanto tie- ne? Has bendecido el trabajo de sus manos

y sus rebaños hormiguean por el país.
1

1 Pero extiende tu mano y toca sus perte- nencias. Verás si no te maldice en tu pro- pia cara.»

  • 12 Entonces dijo Yavé a Satán: «Te doy

poder sobre todo cuanto tiene, pero a él no

lo toques.» Y Satán se retiró de la presen- cia de Yavé.

  • 13 CJn día los hijos y las hijas de Job es-

taban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor. 1 4 Vino un mensajero y le dijo a Job: «Tus bueyes estaban arando y

las burras pastando cerca de ellos. 1 5 De re- pente aparecieron los sábeos y se los lleva- ron y a los servidores los pasaron a cuchi- llo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

  • 16 Todavía estaba hablando cuando llegó

otro que dijo: «Cayó del cielo fuego de Dios

y quemó completamente a las ovejas y sus pastores. Sólo escapé yo para anunciárte-

lo.» 1

7

Aún no terminaba de hablar cuando

650

entró un tercero, diciendo: «Los caldeos, di- vididos en tres grupos, se lanzaron sobre tus camellos, se los llevaron, dieron muerte a espada a tus mozos y sólo yo he escapa- do para anunciártelo.»

  • 18 Estaba éste contando lo sucedido cuando un último lo interrumpió, diciendo:

«Tus hijos e hijas estaban comiendo y be- biendo vino en casa del mayor de ellos. 1 9 De repente sopló un fuerte viento del de- sierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; ésta se derrumbó sobre los jóvenes y han muerto todos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

2° Entonces

Job se levantó y rasgó su

manto. Luego se cortó el pelo al rape, se

tiró al suelo y, echado en tierra, 21 empezó a decir:

«Desnudo salí del seno

de

mi

madre, sai 49,18

desnudo allá volveré. Yavé me lo dio, Yavé 1 Tiín 5 ^?

me lo ha quitado ¡que su nombre sea bendito!» 22 En todo esto no pecó Job ni dijo nada insensato en contra de Dios.

1 Otro día en que vinieron los hijos de ™ Dios a presentarse ante Yavé, se pre-

p

sentó también con ellos Satán.

  • 2 Yavé dijo a Satán: «¿De dónde vienes?»

Satán respondió: «De recorrer la tierra y pa- searme por ella.» 3 Yavé dijo a Satán: «¿Te

has fijado en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra; es un hombre bueno y honrado que teme a Dios y se aparta del mal. Aún sigue firme en su perfección y en vano me has incitado contra él para arrui- narlo.»

  • 4 Respondió Satán: «Piel por piel. Todo lo que el hombre posee lo da por su vida, s Pero extiende tu mano y toca sus huesos

y su carne; verás si no te maldice en tu pro- pia cara.» 6 Yavé dijo: «Ahí lo tienes en tus Lc 22 31 manos, pero respeta su vida.»

  • 7 Salió Satán de la presencia de Yavé e hi-

rió a Job con una llaga incurable desde la

O Job vive en tierra extranjera y pagana (üs estaría al sur de Palestina) en un tiempo antiguo. Tiene une situación muy envidiable: es un jefe de nómadas, algo como Abraham, a quien nada le falta. Sin embargo, no es más que un peón en la política mundial, mejor dicho, en la política celestial. Dios tiene su consejo con los hijos de Dios, es decir, con los ángeles, y debe fijarse en consideraciones que a Job se le escapan. En el caso presente, Yavé es desafiado por Sa- tán, es decir, el Adversario, el espíritu que promueve el mal, y a pesar suyo tiene que probar a Job para defender su pro- pio honor.

Así, pues, de entrada se pone al hombre en su verdadero lugar. No es el centro del mundo ni puede exigirle a Dios

que detenga por él la marcha de los acontecimientos. Job no se permite ninguna palabra insensata contra Dios. Aunque no conozca la razón de sus desgracias, comprende que sus intereses personales no se identifican necesaria- mente con los de Dios. Job toma la actitud que al fin lo sal- vará y que, de inmediato, procura la gloria de Dios; en efec- to, frente al espíritu del mal, que siempre acusa a los cre- yentes de ser interesados y de esperar premios, Job de- muestra que Dios sabe despertar en sus fieles un amor to- talmente desinteresado.

Se notará la intervención de la esposa de Job: Maldice a Dios y muere. Los que acusan a Dios por el mal existente no solucionan los problemas y cierran el paso a la esperanza.

65i

job

3

punta de los pies hasta la coronilla de la

13,46 para rascarse y fue a sentarse en medio de

Dios y muérete!» icPero él le dijo: «Hablas

cabeza. 8 Job tomó entonces un pedazo de teja

como una tonta cualquiera. Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿por qué no aceptare- mos también lo malo?»

las cenizas. 9 Entonces

su esposa

le dijo:

En

todo

esto

no

pecó

Job

con

sus

«¿Todavía perseveras en tu fe? ¡Maldice a

palabras.

 

EMPIEZAN EMPIEZAN LOS LOS POEMAS DE JOB

+

dad de

11 Tres amigos de Job: Elifaz de Teman, Bil- Suaj y Sofar de Naamat se enteraron de to-

das las desgracias que le habían ocurrido y vinieron cada uno de su país. Acordaron juntos ir a visitarlo y consolarlo. 12 Lo miraron de lejos y no lo recono- cieron. Entonces se pusieron a llorar a gritos; ras- garon sus vestidos y se echaron polvo sobre la ca- beza. 13 Luego permanecieron sentados en tierra junto a él siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que su dolor era muy grande.

Maldito el día en que nací

O

i Después de esto, Job tomó la pala-

** bra para maldecir

miento, 2 diciendo:

el día

de

su

naci-

3

«¡Maldito el día en que nací y la noche

20,14 en

que

se

dijo:

Ha

sido

concebido

un

hombre!

4

Conviértase ese día en tinieblas, y Dios

5

Lo cubran tinieblas y sombras, se

ex-

no se acuerde de él desde allá arriba, ni res- plandezca sobre él un rayo de luz.

tienda sobre él la oscuridad, y haya ese día un eclipse total.

6

Que esa noche siga siempre en su os- curidad. Que no sea considerado entre los

días del año, cuando se cuenten los meses.

7

Que sea triste aquella noche, impene-

8

m2¡

Que la maldigan los que odian la luz del

'•Ú4 día, y que son capaces de llamar al Diablo.

trable a los gritos de alegría.

9 Que

no

se

vean

las estrellas de

su

au-

rora; espere en vano la luz, y no vea el des- pertar de la mañana,

10

por no haberme cerrado la puerta del vientre de mi madre y no haber ocultado a nais ojos el dolor.

11

¿Por qué no morí al salir del seno y no

expiré cuando salía del vientre?

 

12

¿Por qué hubo dos rodillas para aco-

germe y dos pechos para darme de

ma-

mar? 1 3 ¿O por qué no fui como un aborto

que

se esconde, como los pequeños que nun- ca vieron la luz?

14

Pues ahora estaría acostado tranquila- mente y dormiría mi sueño para descansar, 1 5 con los reyes y con los ministros del

país que se mandaron hacer solitarios mau- soleos,

16

o con los príncipes que tienen oro en

cantidades, y repletan de plata sus casas.

17

Allí cesan de moverse los malvados y descansan los que se hallan agotados.

18

Incluso

los

prisioneros

son

dejados

tranquilos y ya

no

se

oyen

los gritos

del

vigilante.

i 9 Allí

no

se

distingue

el pequeño

del

grande, y el esclavo se ve libre de

su

amo.

20 ¿Para qué

dar

la luz a

un

desdichado,

la vida a los que tienen amargada el alma,

+ Como lo notamos en la Introducción, empieza aquí el diálogo sobre el sufrimiento, apartándose de la figura popu- lar de Job, que, en el capítulo 2, se conformaba con acep- tar sin discusión la voluntad de Dios.

Maldito el día en que nací. Estos primeros versos repiten las palabras que se le escaparon al profeta Jeremías (ver 20,14) en un momento de desesperación; así, pues, no nos debemos extrañar cuando a veces los amigos de Dios di- cen cosas semejantes, ni juzgar a algunos que intentan sui- cidarse, empujados por la desesperación.

¿Para qué dar vida al desesperado, al que se le esconde su camino? Por qué nacen niños lisiados y ciegos, o desti- nados a una muerte atroz? Pero sería un error pensar sola- mente en aquéllos o incluso fijarse en esas centenas de mi- llones de hombres que hoy viven marginados y sin esperan- zas. Porque, en los mismos países donde no falta nada, el hombre, asfixiado por una civilización materialista, se deses-

pera en medio de su abundancia: es allí donde las parejas jóvenes no quieren tener familia. En realidad, Job pregunta sobre el valor de la vida: ¿Vale la pena vivir? ¿No sería mejor no haber existido?

Los hombres de siglos pasados vivían llevados por la ener- gía incontenible de la vida. Vivían y se sacrificaban para que viviera su pueblo. Nuestros padres trabajaban y procreaban sin preguntar el porqué. Pero cuando el hombre llega a la madurez de la reflexión critica, necesita una respuesta a esta pregunta: ¿Por qué vivir si la vida al final no llega a ninguna parte?

En la historia de Adán, Dios maldice la tierra por culpa del hombre, o más bien, muestra cómo el pecado desfigura la existencia y cómo es amarga la muerte sin esperanza de resucitar. En Ap 9,6 se habla nuevamente de los que anhe- lan la muerte sin obtener que venga, aludiendo a ios peca- dores que sufren sin arrepentirse.

job 5

  • 21 a los que desean la muerte que no lle- ga y la buscan más que un tesoro;
    22

los que saltan de júbilo ante el sepul- cro y se alegran cuando llegan a la tumba?
2

3 ¿Para qué dar la vida a un hombre que no encontrará su camino, ya que Dios lo tie- ne encerrado? 2< * Son los suspiros mi alimento, y se derraman como el agua mis lamentos,
25

porque si algo temo, eso me ocurre, y lo que me atemoriza me sucede.

  • 26 No hay para mí tranquilidad ni calma, mis tormentos no me dejan descansar.»

Ningún hombre es bueno ante Dios

A

i Elifaz de Teman tomó la palabra y dijo:

  • 2 «¿Te molesta si te hablamos? Pero,

¿cómo guardar silencio?

  • 3 Mira, tú dabas lección a mucha gente,

les dabas fuerza a los que tenían débiles sus

manos. 4 Con tu palabra sostenías a aquel que vacilaba, robustecías las piernas de los

endebles;

  • 5 y ahora que te llega a ti la hora, ¿te im- pacientas?; ahora que te toca a ti, ¿estás tan conmovido?

  • 6 ¿No te daba confianza tu piedad? ¿No te sentías seguro por tu buena conducta?»

  • 7 Recuerda, pues, ¿cuál es el inocente que haya perecido, dónde se ha visto que los buenos hayan sido exterminados? s Mi experiencia me dice que los que cul- tivan la maldad y siembran la pena, cose- chan ambas cosas.

  • 9 Dios los hace perecer con el aliento de su boca y los aniquila con el soplo de sus narices. 10 Aplasta los rugidos del león, los aulli- dos del leopardo, como los dientes de los leones chicos. '> El león se muere porque no encuentra presa, y los cachorros de la leona se dispersan.

Elifaz es un creyente. Frente al dolor de Job, repite lo

que decía la voz popular en aquel entonces:

— Dios hace justicia en la presente vida, premiando a los justos con salud y bienes materiales. — Si tú estás enfermo y abandonado, es que pecaste. Elifaz no se equivoca al recordar cómo las desgracias caen sobre los malos y la Providencia de Dios se manifiesta a menudo en favor de sus amigos. Esto, que cualquiera pue- de comprobar, la Biblia lo afirma expresamente. Los profe- tas no vacilaron en decir y repetir a Israel que sus apuros eran la consecuencia de sus pecados. El Deuteronomio lo afirma también (Deut 30,15-20) y el libro de los Jueces pre- tende demostrarlo con hechos históricos (Jueces 2,11-19). Esto, sin embargo, no se verifica siempre.

  • 652 653

12

Ahora bien, me comunicaron una no- vedad, en secreto, y mis oídos escucharon

algo. 13 En el momento en que se tienen pe-

sadillas, cuando una pesadez se apodera de los hombres,

14

sentí un escalofrío de susto y mis hue- sos temblaron de miedo.

Gen 15,2

15

ün

soplo se deslizó sobre

mi cara y se

me pararon los pelos de la piel.

i 6 Alguien está ...

no distingo su cara, pero

veo una figura ante mis ojos. Hay silencio ...

luego escucho hablar en voz

17

baja:

¿Hay algún hombre que se encuentre

bueno delante de Dios?

1 a ¿Será

puro al-

1R ' 9 '3

gún mortal a los ojos de su Hacedor?

Ni siquiera en sus servidores Dios confía,

él, que descubre fallas en sus mismos

 

9 A

él,

que

hace

cosas grandes e

insondables,

maravillas innumerables.

 

i"A

él,

que

derrama

la

lluvia

sobre

la

tierra

y envía las aguas a los campos.

 

11

Ensalza a los humildes

 

1 s 2.7

y alivia a los afligidos,

 

12

por ellos desbarata

los planes

de

los

astutos,

cuyas manos no logran sus proyectos.

13

Atrapa a los sabios en su

astucia,

1 Co 3,19

y

las

decisiones

de

los

sagaces

no

aciertan.

14

En pleno día tropiezan con tinieblas,

y van

a tientas como si fuera

de

noche.

15

Así salva Dios al arruinado cuando lo persiguen

y

libra

al

pobre

de

las

manos

del

poderoso.

16

Así el débil renace a la esperanza,

y la injusticia tiene que callar.

Heb 12 5

17 pichos o

el hombre a quien Dios

corrige!

 

Ap 3,19

No desprecies, pues, la lección del Omnipotente,

ie pues él es el que hiere y el que venda

la herida,

el que llaga y hace la curación con su mano.

19

Seis veces te librará de la angustia.

 

y a la séptima el mal no te alcanzará.

¿Se encontrará sabor en

la

clara

del

huevo?

  • 7 Así no

me dan

ganas de

nada,

estoy hastiado de mi pan.

  • 8 ¡Ojalá se escuchara mi ruego

y Dios me concediera lo que espero,

  • 9 aceptara aplastarme, y soltara su mano

y me acabara!

  • 10 Al menos tendría consuelo

y gozo

en

medio de mi terrible

susto,

Is 38,12

porque no habría maldecido la decisión del Santo.

  • 11 ¿Con qué fuerza esperaré aún?

¿Me dejarán acaso prolongar mi vida?

  • 12 ¿Acaso resistiré como la roca?

¿Es mi carne de bronce?

  • 13 Ya no encuentro en mí fuerza que me salve

y toda ayuda se ha ido lejos de mí.

  • 15 Mis hermanos me han fallado como un arroyo,

igual que el cauce de torrentes que pasan. j e r 15.18

  • 16 Eran cubiertos por el hielo,

y sobre ellos se amontonaba la nieve,

  • 17 pero llega el verano y se evaporan,

en cuanto hace calor se desecan en su lecho.

ángeles. 19

¿Qué decir de

los que viven

en

casas

20 Durante el hambre, te salvará de

la

muerte;

y en la guerra, del golpe de la espada. 21 Estarás protegido de la lengua malvada,

  • 18 En busca de ellos las caravanas

alargan su camino,

avanzan en el desierto y se pierden.

sin miedo

a la destrucción

cuando

ésta

llegue.

  • 19 Los viajeros de Teman miran a ver si los hallan,

de barro y que tienen sus cimientos en la tierra?

20

22 Te reirás de la sequía y del hambre,

24 Sabrás

que tu tienda está protegida

  • 20 y esperan en ellos las caravanas de Sabá,

Los aplasta como polilla, de la noche

y no temerás a los animales de la tierra.

pero al llegar quedan confundidos.

a la mañana quedan hechos polvo, desapa-

23 Harás un pacto con las fieras del campo,

  • 21 Así son ahora ustedes para mí.

recen para siempre.

y las bestias salvajes no te atacarán.

Pero ¿por qué me miran recelosos y les entra miedo?

  • 21 Nada los puede salvar, y desaparecen

 

y nada te faltará cuando la revises.

 
  • 22 ¿Les he dicho acaso: «Denme algo,

para

siempre. No es

la sabiduría

la

que

25 Verás multiplicarse tu descendencia,

regálenme algo de su fortuna,

atrae la muerte, 2 sino

que

la

ira

de

Dios

y tus renuevos como

la hierba

de la tierra.

 
  • 23 o líbrenme de una mano enemiga

mata

al

necio, y

su

furor

al insensato.

26 Llegarás a la tumba cargado de años

y rescátenme de manos de algún opresor?

 

como se recogen a su tiempo las gavillas.

  • 24 Instruyanme y callaré.

 

27 Todo

esto

lo

hemos

comprobado

y

así

es.

Háganme ver en qué me he equivocado.

  • 5 3 Yo mismo he visto al insensato echar raíces y luego he maldecido su casa:

«¡Que a sus hijos nadie los socorra!

4 ¡Que

se

los

condene

y

nadie

los

defienda!

  • 5 ¡Que el hambriento devore su cosecha

y se la lleve para esconderla!»

Se les arrebatarán sus bienes

y los sedientos tomarán su fortuna.

6 Porque

la

maldad

no

se

afirma

en

el

suelo,

la tierra se niega a producir la opresión.

i El hombre engendra su propio castigo y los temerarios atraen sobre sí la

desgracia.

  • 1 Uama, pues, si quieres; ¿quién te

responderá?

¿A cuál de los Santos te dirigirás?

  • 8 Yo, por mi parte, a Dios recurriré y a él expondré mi causa.

Elifaz pretende hablar a consecuencia de una revelación de Dios, como la que tenían en sueños muchos profetas. Se- guramente dice la verdad: Ningún hombre será bueno ante Dios, ¿puede ser algún mortal puro ante él? El hombre se queja de que la vida no tiene sentido, pero ¿no será su pe- cado el que no le permite ver el sentido?

¿Dónde se ha visto que los buenos hayan sido extermi-

nados? (v. 7). El hombre de fe comprende que Dios «derri- ba a los poderosos y enaltece a los humildes», pero la ex- periencia diaria parece a menudo contraria. Según el Evan- gelio, la riqueza puede ser un signo de reprobación. Elifaz habla con tanta seguridad porque no ha padecido en carne propia ni se fija suficientemente en los que sufren.

¡Escucha tú y aprovecha!»

¿Qué e s el hombre

para que te

fijes

en

1 Jo b tomó

él?

  • 6 2 «Si fuera posible pesar mi aflicción

la palabra y dijo:

y poner mis males sobre una balanza,

3 pesaría má s

que la arena

de

los

mares,

y por eso me faltan las palabras. •» Pues las flechas del Omnipotente están en mí, mi espíritu bebe su veneno,

y los terrores de Dios están alineados contra mí.

  • 25 ¡Da gusto escuchar una sana

corrección!

Pero, ¿a qué vienen sus críticas?

  • 26 ¿Acaso me reprocharán por mis palabras,

dichos de desesperación que se lleva el viento?

  • 27 Mas ustedes disponen de mí como de un indefenso

y traicionan a su propio amigo.

  • 28 Pero vuelvan a mí, que no les hablaré mentiras.

  • 29 Vuelvan, puesto que en mí no hay falsedad,

vuelvan, que no he dejado de ser justo.

  • 30 ¿Hay acaso falsedad en mis discursos?

¿No sé todavía distinguir el mal del bien?»

  • 5 ¿Rebuzna acaso un burro

7

1 No

más que

un servicio militar

es la vida del hombre

 

junto a la hierba verde?

sobre la tierra,

  • 6 ¿Muge un buey junto al forraje?

y sus

días son

los de un jornalero.

¿Se come sin sal lo desabrido?

2 Se parece al esclavo que suspira por la sombra,

O

Job está amargado contra todos esos amigos que le

dicen palabras, pero no le dan la paz. Ahora, suplica a Dios que lo haga morir antes de que, por el exceso del mal, lle- gue a rebelarse contra él (6,8-10).

En 6,15-30, Job subraya el abismo que separa al que su- fre del que lo viene a consolar. ¿No lo comprobamos mu- chas veces al lado de un enfermo? Las palabras de consue- lo a menudo son un disfraz: el que consuela al afligido quie- re disimular su propio desconcierto ante el dolor del otro y su incapacidad para darle un alivio eficaz. El enfermo, sin embargo, no se deja engañar y se siente más aislado al ver que ya no le dicen la verdad.

En el capítulo 7, Job se dirige a Dios ausente. No olvide- mos que, según el libro, Job es de un pueblo pagano y no conoce a Dios Padre. Piensa que, tal vez, Dics es celoso, y que se fija en el hombre para castigarlo en el acto; mejor sería escapar a la mirada de un observador así.

Sin embargo, esta queja de Job contra Dios nos recuer- da los roces entre seres que se aman y, porque se aman, se muestran exigentes uno respecto al otro.

¿Qué es el hombre para que te fijes tanto en él? Job sue- ña con un Dios lleno de cariño para su criatura. Y también, si Dios está vigilando en cada momento a su criatura pre- dilecta, ¿no sería porque no puede vivir sin el hombre?

job 9

o al jornalero que espera su salario.

  • 3 Así a mí me han tocado meses de decepción,

y fueron mi parte noches de dolor.

  • 4 Al acostarme digo: «¿Cuándo llegará el día?»

Al levantarme: «¿Cuándo será de noche?»

Dt 28 67

is 38,12

v

hasta el crepúsculo me mis inquietudes,

abruman

s Mi

carne mi piel se

está

cubierta

de

gusanos

ha arrugado y se

deshace,

6 mis dias han

corrido má s

rápidos

y costras,

que la lanzadera, y se pararon cuando ya no hubo hilo.

? Recuerda que mi vida

es un soplo,

y que

a Los

mis ojos

no verán

má s

ojos

que

me

miraban

la

felicidad.

ya

no

me

verán,

y ante tu propia vista dejaré de existir.

sab 2,1

stgo 4,14

Eci 1.2

9 Así como

la nube

se disipa y pasa,

así

el que

baja

donde los muertos no sube más.

io No volverá a

y

los

lugares en

su casa que estuvo no

lo verán jamás.

11

Por eso no callará mi boca,

sino que expresaré mis angustias

y me quejaré a la medida de mi amargura.

12

¿Soy acaso el Mar o el Monstruo marino,

para que pongas guardia a mi alrededor?

13

Si digo: «Mi cama me consolará,

y mi descanso aliviará mi llanto,

i* entonces tú me asustas con sueños y me aterrorizas con visiones.

15

Preferiría ser sofocado:

la muerte antes que estos delores.

16

Mira que desfallezco, no viviré para

siempre.

¡Déjame! Ves que mis días son un soplo.

17

18

¿Qué es el hombre

para que te fijes

y pongas en él tu mirada,

tanto en

él

para que lo vigiles cada mañana

y lo pongas

a prueba a cada instante?

19

¿Cuándo apartarás de mí tus ojos

y me darás tiempo de tragar mi saliva?

  • 20 Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti,

guardián de los hombres? 2i ¿Por qué me has tomado como blanco de tus golpes? ¿En qué te molesto? ¿Por qué no olvidas mi falta y no dejas pasar mi pecado?

  • 22 Porque pronto me voy a acostar en el polvo,

y cuando me busques, ya no existiré.»

¿Acaso Dios tuerce el derecho?

8

1 Entonces Bildad de Suaj dijo:

2 «¿Hasta cuándo hablarás así

y soltarás tus palabras como viento huracanado?

3

¿Acaso Dios tuerce el derecho

654

y el Altísimo ha faltado a la justicia?

4

Si tus hijos pecaron contra él,

él ya los entregó en manos de su maldad.

Pero si recurres a Dios e imploras al Omnipotente,

5

si vuelves a ser puro y sincero, desde ahora él cuidará de ti

6

y te irá bien todo, porque serás justo.

Tu antiguo estado parecerá bien poco, tan feliz será el nuevo.

7

s Pregunta a la generación pasada y medita en la experiencia de tus padres.

9

Nosotros

somos

de

ayer, no

sabemos

nada,

pues en la tierra pasamos como una sombra. io Pero ellos te enseñarán y te hablarán, expresarán para ti su pensamiento.

ii ¿Acaso crece el papiro fuera del pantano y el junco donde no hay aguas?

12

Aún

en

su

verdor,

antes

de

que

lo

corten,

se seca má s pronto que cualquier hierba.

13

Esta es

la suerte

de

los que

olvidan

a

Dios,

así perecen las esperanzas del impío.

i" Su confianza se vacía como el bolsillo y su seguridad es una tela de araña.

15

Si se apoya

en

ella, no lo aguanta,

se agarra a ella, y no resiste.

16

Lo habían regado de madrugada

y por encima del muro salían sus ramas.

i? Sus raíces entrelazadas en las rocas; ahí vivía en casa de piedra.

i8 Pero lo han

quitado de su lugar

y lo niega su propio sitio: «Nunca te he visto.»

19

Véanlo cómo se pudre en el camino,

mientras que en el suelo brotan otros.

20

No, Dios no desprecia al hombre íntegro,

ni tampoco toma de la mano a los malvados.

21

Tu boca

aún se llenará

de risa

y tus labios de alegría.

22

Tus enemigos se avergonzarán

y la carpa de los malos desaparecerá.»

Yo no puedo discutirte. Sin embargo ...

Q

x Job

tomó la palabra y dijo:

2

«En verdad, yo sé que es así. ¿Cómo puede un hombre justificarse ante Dios?

3

Si quisiere discutir con él, no podría res-

ponderle ni una entre mil veces.

4

Su corazón es sabio y su fuerza es enor-

O Job se desconcierta frente a un Dios inaccesible. La grandeza del Crador, que se manifiesta en sus obras, no lo consuela cuando sufre sin ser escuchado. La desgracia de un solo justo desfigura el universo.

Pero otra vez Job no cuestiona solamente el mal, sino la misma situación creada por la existencia del hombre con su libertad. Ei Dios que nos hizo personas libres debe ser tam- bién Persona; y mientras no nos dirige la palabra, su silen- cio puede (¿debe?) ser interpretado como una negativa a dialogar y una muestra de agresividad a nuestro respecto.

Pero, ¿realmente soy bueno? /Y/ yo mismo lo sé. Job nos hace recordar esos procesos famosos en los cuales militan-

tes acusados injustamente por su propio partido llegan a re- conocer «espontáneamente» su culpabilidad. Asimismo, muchas veces basta que nos toque una desgracia para sen- timos pecadores. Este sentimiento de culpabilidad no hace sino una sola cosa con otro sentimiento opuesto de agresi- vidad, esta vez: Dios es injusto al dejar que suframos. Resig- nación sin alegría y agresividad contra Dios son dos caras de una misma verdad: la condición humana es inaceptable mientras Dios dispone de una persona que no lo puede encontrar. Tú me hiciste el favor de darme la vida. Job no puede ne- gar que Dios se preocupa de sus criaturas, y recuerda las maravillas que Dios realiza en la madre embarazada. Pero

655

me. ¿Quién le ha opuesto resistencia y ha salido triunfante?

5

El traslada los montes

sin que se

den

is

cuenta y los sacude en su furor.

1313 6 ^' remuev e I a tierra de su sitio y la es-

sai 114,7 tremece hasta sus cimientos.

7

Si él no quiere, no aparece el sol, y si él

las tapa, no lucen las estrellas.

8

El solo extendió los cielos y abatió las furias del mar.

9

El dispone la Osa y Orion, las Pléyades

y las Cámaras del sur,

is40 22

' 0nac e cosas grandiosas que superan el

44>4 entendimiento, él, que obra

incontables

maravillas.

1 Si pasa junto a mí, yo no lo desliza, no lo advierto.

12

1

veo. Si se

Si se apodera de una presa, ¿quién se lo impedirá? ¿Quién podrá decirle: qué es lo que haces?

13

Dios no disimula su rabia cuando se

enoja; bajo él quedan postrados los mons-

truos de antaño y se hallan humillados a sus pies los monstruos que sembraban el desorden.

14

¡Cuánto menos podría yo discutirle y

Rom 9,20 presentar razones frente a él!

15

Yo, que no soy atendido cuando, aun

teniendo razón, me presento a mi juez para pedirle clemencia.

16

Y si él acude a mi llamado, ¿podré es-

tar seguro que me atenderá?

17

El, que me aplasta sólo por un pelo y que multiplica sin razón mis heridas,

18

que no me deja ni respirar con tantas

amarguras que me hace tragar.

19

¿Recurriré a la fuerza? El es más forzu- do, y si le meto pleito, ¿quién le hará la

citación?

20

Si pienso estar en la razón, mi boca

puede condenarme, y si me encuentro ino- cente, ella me declarará culpable.

Pero, ¿realmente soy bueno? ¡Ni yo mismo lo sé! ¡Desconfío de mi existencia!

22

Pues todo es igual, por eso he dicho:

vida tanto al bueno como al malo.

21

Ecl 9 ' 2 le quita la

23

Si una calamidad trae repentinamente la muerte, se ríe de la desesperación de los inocentes.

24

En una nación dominada por un tira-

job 10

no, él

venda los

ojos

de los jueces, pues si ,, M ,

no es él, ¿quién será entonces?

25

Mis

días han

sido má s

rápidos que un

correo,

se me fueron sin conocer la felicidad,

26

se han deslizado lo mismo que canoas de junco,

como

el

águila

que

se

lanza

sobre

la

presa.

27

A pesar de que digo: «Voy a olvidar mis quejas,

cambiaré de semblante y me pondré

alegre»,

28

tengo miedo de que me hagas sufrir

porque sé que tú me condenas.

29

Y si soy culpable,

¿para qué cansarme en vano?

30

Aunque me lave con nieve

is i,u

y limpie mis manos con jabón,

3i tú me hundes en las inmundicias, y mis propias ropas tienen horror de mí.

32

El no es un hombre como yo, para responderle,

para comparecer juntos en juicio.

33

No hay arbitro entre nosotros

que tenga poder sobre los dos,

34

y aparte de mí su vara

para que su terror no me espante más.

35

Puesto que es así, yo conmigo hablaré

sin tenerle miedo.

Como un león me persigue

1 ¡Mi alma está hastiada de la vida!,

por lo que daré libre curso a mi queja, hablaré de mi amargura.

Quiero decirle a Dios: Mo me condenes; dime por qué me has demandado.

3

¿Acaso te conviene mostrarte duro, des-

2

preciar la obra de tus manos y favorecer el plan de los malvados?

4

¿Tienes tú ojos humanos? ¿Ves como 1 un hombre?

isj

0s s 11

'*

5

¿Son tus días como los del hombre, tus años como los años de un mortal?

6

¿Para qué andas rebuscando mi falta, indagando mi pecado,

7

aunque sabes muy bien que yo no soy

culpable y que nadie puede librarme de tu mano?

8

Tus manos me han modelado, me han

formado, y luego, enojado, ¿me quieres sai 139,13 destruir?

9

Acuérdate que me amasaste como el

barro y que me harás volver al polvo.

¿No me derramaste como leche y me hiciste cuajar como el queso?

11

De piel y de carne me cubriste y de

10

huesos y nervios me tejiste,

esas atenciones solamente abren el camino a sus exigen-

cias: los regalos que nos vienen de la gente de arriba des- piertan nuestra agresividad más que nuestra gratitud: veo que tenías secretas intenciones.

Después de sus años de despreocupación, el hombre des- cubre el peso de su responsabilidad, y es entonces cuando la ausencia voluntaria de su Creador exaspera sus inquietu- des y prepara su rebeldía.

job 12

  • 12 me hiciste el favor de darme la vida y

te inclinabas hacia mí para cuidar mi res- piro.

  • 13 Pero veo que tenías secretas intencio-

nes y sé que en tu pensamiento está 14 vi- gilarme cuando peco y no disculparme ni una falta. is Si soy culpable, ¡desgraciado de mí!, y si soy inocente, no me atreveré a levantar la cabeza; estoy rojo de vergüenza, embria- gado de aflicción.

6

  • i Estoy agotado, pero como un león me persigues, te gusta triunfar sobre mí;
    7

    • 1 Redoblas tus ataques y tu furor aumen-

ta en contra mía, tus tropas de refresco me

asaltan sin tregua.

  • 18 ¿Por qué me sacaste del seno materno?

Habría

muerto

y ningún

ojo me habría

visto.

  • 19 Sería como si no hubiese existido nunca

y me habrían llevado del vientre materno

al sepulcro.

 
  • 20 ¿No son bien poca cosa los días de mi existencia?

Apártate de mí, que goce un poco de alegría,

  • 21 antes de que me vaya, para no volver más,

a la región de tinieblas y de sombra,

  • 22 tierra de oscuridad y desorden,

donde la misma claridad se parece a la noche oscura.»

656

  • 12 Así el insensato se hace cuerdo

como se amansa el pollino salvaje.

  • 13 Que si tu corazón es recto

y tiendes tus manos hacia él,

ii si alejas la maldad que hay en tus manos y no dejas que la injusticia habite en tus tiendas,

  • 15 entonces levantarás tu frente limpia,

te sentirás firme y sin temor. i8 Se te olvidarán tus penas y su recuerdo será como de aguas que pasaron. i? La vida amanecerá para ti más resplandeciente is 58,8 que el mediodía,

y la oscuridad se volverá mañana.

i» Vivirás seguro, lleno de esperanza,

serás protegido y te acostarás tranquilo.

  • 19 Cuando te acuestes, no te molestarán

y muchos te vendrán a adular. 20 En cambio, los malvados desfallecen, y les falla todo refugio en que confiaban; su única esperanza es la muerte.»

¿Acaso quieren defender a Dios

con mentiras?

 
 

4

" J

i Jo b tomó la palabra y dijo:

+

l

£á

2 «Todos deben pensar

como ustedes y con ustedes morirá la sabiduría.

3

Pero yo no tengo menos experiencia:

¿quién no sabe todo lo que han dicho?

  • 11 Al oyente le corresponde criticar,

igual que al paladar saborear lo que come.

  • 12 ¿No se halla entre ancianos la sabiduría

y la inteligencia donde hay muchos años?

 

4

Pero he pasado a ser objeto de risa

 

Discurso de Sofar

n i Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2 Al hablador, ¿no se le contestará?

para mi amigo, yo que clamo a Dios y no me responde. ¡Motivo de risa es el hombre intachable!

Por hablar mucho, ¿tendrás tú la razón?

5

«Desprecio al desdichado»,

 
  • 3 Tu palabrería, ¿hará guardar silencio a los demás?

así juzga el satisfecho; «un golpe más a quien vacila».

 

¿Acaso te burlarás sin que nadie responda?

6

Las casas de los salteadores

están

en paz,

  • 4 Tú has dicho: «Es pura mi conducta

y viven seguros los que enojan a Dios,

y soy irreprochable a los ojos de Dios.

los

que tienen

su

Dios

en

su

propia

fuerza.

  • 5 ¡Ojalá hablara Dios,

7

Pero pregunta a las bestias

 

ojalá te viniera a contestar

y

a

las aves

del cielo

para

que te instruyan,

Mt 6,26

  • 6 y te revelara los secretos de la Sabiduría, que desconciertan a los más entendidos!;

a los reptiles de la tierra te enseñarán y los peces del mar te lo darán a conocer.

"co'il comprenderías, entonces,

9

¿Quién no sabe entre las criaturas

 

que él te pide cuenta de tu falta.

que todo esto lo hizo la mano

de Dios?

 
  • 7 ¿Pretendes asemejarte a Dios

io El, que tiene en

su mano

viviente

 

y llegar a la perfección del Omnipotente?

el soplo de todo

 

Núm 16,22

  • 8 Es más alta que los cielos, ¿qué harás?

y el espíritu de todo ser humano.

 

Ef 3,18 Más profunda que el infierno,

  • 13 En él están la sabiduría y el poder,

 

Ba 3,29

¿cómo la conocerás?

a él pertenecen el consejo y la inteligencia.

 

is 11.2

  • 9 Su amplitud es más extensa que la tierra,

  • 14 Si él destruye, nadie puede reconstruir;

 

y más ancha que el mar.

si tiene encerrado a alguien, no se puede

abrir;

io Si él quiere pasar, ¿quién le cerrará

el paso?

si retiene las aguas, viene la sequía;

Y si toma algo, ¿quién lo hará devolver?

is si las deja correr, devastan la tierra.

11

Porque él conoce a ios malhechores,

i8 Son suyas la fuerza y la prudencia,

descubre

la maldad

y la mantiene

a

su vista.

en

su mano

el

que yerra y el que lo hace

errar.

-t- Sofar siguió repitiendo los argumentos de ios sabios:

si sufres, eres culpable; corrígete y sanarás. Job entonces sigue acusando a Dios. Enumera algunas de las injusticias que comprobamos diariamente. Después, en 12,14-25, hace resaltar que el poder de Dios se mani-

fiesta más que todo por su acción devastadora. Vuelca la suerte de los poderosos, desvirtúa la sabiduría de los sabios, impide que el hombre tenga éxito y no deja que duren sus empresas. Job llega a decir que, en medio de un universo perfecto, la historia de los hombres no tiene sentido ni razón.

657

] 7A los ministros los hace andar descalzos, y vuelve locos a los gobernantes.

IB El suelta a los reyes de sus

cadenas,

lo mismo que si quiere se las impone.

  • 19 Hace andar descalzos a los sacerdotes

y derriba a los poderosos.

  • 20 impone el silencio a los hombres sinceros

y a los ancianos priva del recto juicio.

  • 21 Extiende el desprecio sobre los nobles

y a los fuertes se les caen sus

armas.

  • 22 Quita sus tinieblas a las profundidades

y saca a la luz la sombra.

  • 23 Engrandece a las naciones o las destruye,

ensancha a los pueblos o los suprime,

  • 24 desanima a los jefes del país,

y los hace vagar por desiertos sin caminos;

  • 25 caminan a tientas en tinieblas

y se tambalean como un ebrio.

1

3 ' ^'' toc *° esto '° nan vist0 mis

• •*** ojos, y mis oídos lo han escu- chado y entendido.
2

Todo lo que ustedes saben, yo también

lo sé, en nada me ganan ustedes.

3

Pero yo quisiera hablarle al Todopode- roso y echárselo en cara a Dios.
4

Ustedes no son más que charlatanes,

todos ustedes son médicos que no sirven

para nada.

  • 5 ¡Quién pudiera obligarlos a guardar si- lencio!, eso sería el único acto sabio de

ustedes.

  • 6 Oigan, por favor, mi acusación y fíjense en la defensa que pronuncian mis labios.

  • 7 ¿Acaso quieren defender a Dios con ar- gumentos falsos y por él van a decir men- tiras?

  • 8 ¿Así van ustedes a ponerse de su parte y a hacer su defensa?

    • 9 ¿No sería bueno que él los examinase

primero? Pues no lo engañarán a él como

se engaña a un hombre;

i° los castigaría a ustedes severamente si favorecieran a alguien en secreto.

job 14

tencias de ceniza y sus argumentos son de barro.

  • 13 ¡Cállense, ahora voy a hablar yo, y que

me pase cualquier cosa!

14

Agarro mi carne con mis dientes y pon-

go mi vida en las palmas de mis manos.

  • 15 No importa que me quite la vida con

tal de que en su presencia pueda justificar

mi conducta.

  • 16 Y esto será para mí un triunfo, pues

ningún impío se atrevería a comparecer

ante él.

1 7 ¡Oigan bien lo que les digo, pongan

atención a mis explicaciones!

is Voy a defender mi causa porque estoy seguro que tengo la razón.

1 9

¿Quién quiere pleitear conmigo? ¡In-

mediatamente aceptaría quedarme callado

y morir!

20

Concédeme solamente dos cosas para

que no me esconda de ti:

2

i Saca tu mano que tienes puesta sobre

mí y no me asustes más con tu terror.

22

En seguida, comienza el juicio y yo res- ponderé, o mejor, yo hablaré y tú me

contestarás.

23

¿Cuántas faltas y pecados tengo? ¿Cuál ha sido mi transgresión o mi ofensa?

¿Por qué me vuelves la cara y me tra- tas como a un enemigo tuyo?

25

¿Quieres asustar a una hoja que arras-

24

tra el viento o perseguir a una paja seca?

26

¡Tú, que dictas contra mí amargas sen-

tencias y que me achacas los pecados de

la juventud,

27

que colocas cadenas en mis pies o que

vigilas todos mis pasos observando las hue- llas de mis pies!

El hombre nacido de mujer tiene corta vida

ii ¿Ya no temen ustedes su Majestad ni

 

\A

'El hombre nacido de mujer

les asusta el terror que inspira?

\>

*•*

tiene corta vida y abundantes

12

Los refranes de ustedes son como sen-

tormentos.

Frente a las injusticias de la vida, la sabiduría humana

no tiene una respuesta adecuada. Job acusa entonces a es- tos sabios que pretenden justificar a Dios olvidando la rea- lidad (13-1-16). ¿Acaso quieren defender a Dios con argu- mentos falsos? Mejor callar y reconocer nuestra ignorancia.

Esta osadía será para mí un triunfo. Job prefiere acusar a Dios y exigirle un juicio. Aunque se dé cuenta de que tal actitud es una blasfemia, está tan convencido de que Dios es justo, que lo quiere obligar a salir de su silencio. Ya que por la discusión no se saca nada en limpio, Job intenta otro camino: provocar a Dios. Quizá Dios lo hará perecer por su osadía, pero, por lo menos, Job habrá tenido una respuesta y sabrá por qué muere (13,13-20).

En realidad Job sabe que Dios no lo condenará por ha-

berse presentado ante él: pues un impío no se atrevería a comparecer ante él.

Esta actitud temeraria de Job frente a Dios viene a corre- gir la imagen demasiado difundida de un creyente que acep- ta resignado sin tratar de comprender. Job no se postra ante Dios como un siervo, sino que, por ser una criatura libre, es consciente de su dignidad a los ojos de su Hacedor. Job no se conforma con la muerte presente y pide explicaciones; y la continuación de la Biblia nos dirá que Dios quiere dar a los hombres eso precisamente que Job exige.

O Job presenta a través de su causa personal la condi- ción del hombre, y lo hace en forma muy parecida al Ecla- siastés. Subraya del hombre que:

job 15

658

659

job 17

  • 2 Como la flor, brota y se marchita, y pasa

2i Si

son

honrados

sus

hijos,

él

no

lo

sabe;

  • 25 ¡Es que alzaba su mano contra Dios

 

y me

arroja en manos de los malvados.

como sombra, sin detenerse. Se deshace como leña carcomida,

  • 5 Pues sus días ya están contados, de ti El árbol tiene una esperanza: pues, si es Aunque sus raíces se hayan envejecido al contacto del agua rebrota y echa ra-

si son despreciados, él no se da cuenta.

  • 22 Sólo puede afligirse por su propia carne

y se atrevía a retar al Omnipotente!

  • 26 Corría contra él, con el cuello tendido,

12

Yo vivía tranquilo

cuando comenzó a sacudirme,

 

y lamentarse por su alma.»

 

protegiéndose con escudo macizo,

 

me tocó por el cuello y me hizo pedazos.

3 como vestido que se come la polilla,

  • 27 pues tenía el rostro hundido en su gordura

13

Me ha puesto como blanco de sus tiros,

¿y sobre un ser así abres tus ojos y lo ci-

Otro discurso de Elifaz

 

y sus lomos cubiertos de grasa,

 

que me cercan completamente;

tas a juicio frente a ti? 4 ¿Quién podrá sa-

  • 28 habitaba ciudades destruidas,

traspasa mis entrañas sin piedad

14

Me llena de agujeros

car lo puro de lo impuro? Nadie.

i Elifaz de Teman tomó la palabra y dijo:

 

casas donde ya nadie vive

porque están a punto de convertirse en ruinas.

y derrama por el suelo mi hiél.

2 «¿Responde un sabio con varios razonamientos,

 
  • 29 No se enriquecerá y su fortuna no durará;

y se lanza contra mí como un guerrero.

 

solo depende el número de sus meses, y tú

  • 3 y se hincha con puro viento

la sombra de su follaje

 

15

Me he puesto un saco como traje,

Eci6,i2 | e has puesto un límite que no se puede

defendiéndose con palabras inútiles

 

no se extenderá sobre la tierra.

y he hundido mi frente en el polvo.

y con discursos de que no se saca provecho?

 
  • 30 Una llama quemará sus brotes

16

Mi cara está colorada por el llanto

pasar.

  • 4 ¡Tú, incluso, destruyes la piedad,

 

y el viento barrerá su flor.

 

y mis párpados, ojerosos.

e Aparta de él tu mirada y déjalo hasta que termine su trabajo diario como un jornalero.

ya no se puede meditar ante Dios! s Tus faltas te dictan tus discursos

  • 31 No te confíes

en

su

talla,

sabemos que es vanidad.

que y mi oración

eso

i

? Y

mis ha sido pura.

en

manos

no

hay

violencia

7

cortado, aún pueden salirle renuevos, que

y te pones a hablar como los astutos;

 
  • 32 Su renuevo se marchitará antes de tiempo,

y su ramo no reverdecerá;

i

8 ¡Tierra, no tapes

mi

sangre

y que mi grito llegue a todas partes!

seguirán brotando.

  • 6 tu propia boca te condena, no yo, tus propios labios te acusan.

 
  • 33 como

la viña dejará

caer sus racimos

malos,

  • 19 Ahora todavía, mi testigo está en los cielos,

8

en la tierra, y su tronco muera en el suelo,
9

"i ¿Eres tú

el primer hombre que ha

¿Se te dio a luz antes que las colinas?

s ¿Sabes acaso los secretos de Dios?

¿Eres dueño de toda la sabiduría?

nacido?

 

dejará caer

como

el olivo su

flor.

  • 34 Porque la raza del impío es estéril,

y el fuego quema la tienda del soborno.

  • 35 Quien

concibe

del

mal

y

da

a

luz

injusticia,

el que habla por mí está en las alturas.

  • 20 Mi clamor ha llegado hasta Dios

y mis lágrimas corren ante él.

  • 21 ¡Si hubiera un arbitro entre un hombre y Dios,

ECI 3,21 maje como una planta nueva.

  • 9 ¿Qué sabes

tú,

que

nosotros no

sepamos?

abortará el fruto de su seno.»

 

como entre el hombre y su prójimo!

¿Qué comprendes,

 
  • 22 Pues son

pocos

los años

que

me

quedan,

 

¿Dónde está mi esperanza?

 

y pronto me iré por el camino sin regreso.

 

io pero el hombre que muere, queda iner- te. Cuando un hombre expira, ¿dónde está?

  • 11 Las aguas del mar podrán desaparecer

o los ríos podrán agotarse y secarse;

  • 12 el hombre, en cambio, no se levantará

de su tumba. Se gastarán los cielos antes que despierte, antes que se levante de su sueño.

  • 13 ¡Ojalá tú me escondieras en el lugar de

que nosotros no comprendamos? io También entre nosotros hay ancianos,

y hasta nacidos antes que tu padre. ii ¡Así que no te bastan los consuelos de y las palabras que se te dicen con cariño!

  • 12 ¿Por qué te arrebata tu furor

y por qué brillan tus ojos,

  • 13 cuando te enojas contra Dios,

con palabras que no salen del corazón? i* ¿Qué es el nombre y cómo sería puro?

¿Cómo puede ser justo un nacido de mujer?

hombre

Dios

1

fi

' ^ 0 ^

res P onc 'i ó diciendo:

O JL w 2 «¡He oído muchas cosas

como éstas!,

¡pesados consoladores son todos ustedes!

  • 3 ¿No se acabarán tus palabras vanas?

¿Quién te ha enojado para que respondas así?

  • 4 Yo también podría hablar como ustedes si estuvieran en mi lugar.

Multiplicaría las palabras

y movería la cabeza por ustedes,

  • 5 los reanimaría con discursos bonitos

n i Mi respiración va disminuyendo,

y mis días se van apagando

y ya

no

me

queda

má s que el sepulcro.

  • 2 el blanco de las burlas

¿No soy acaso

y no pasan mis ojos noches de amargura?

  • 3 Coloca tú mismo mi fianza al lado tuyo, ya que nadie quiere tocarme la mano.

  • 4 Pero, si ninguna mano

se levanta

en

mi

es que tú mismo los volviste ciegos,

favor,

los muertos y me ocultaras allí hasta que cese tu ira, fijando una fecha en que vuel-

vas a acordarte de mí!

  • 15 Me llamarías y te respondería; reclama-

  • 15 Si Dios no confía

ni en

sus

santos,

y hasta los cielos no son puros a sus

ojos,

hablando con toda libertad.

  • 6 Pero cuando hablo, no se suaviza mi dolor,

  • 5 como quien reparte a sus amigos

mientras que sus hijos pasan hambre.

 
  • 16 ¡cuánto menos ese ser

 

y si callo, tampoco se aparta

de mí.

 
  • 6 Ahora

soy

el

comentario

de

todo

el

mundo,

1 4 Esperaría que pasara el tiempo de mi

abominable y corrompido,

 
  • 7 Pues ahora, el envidioso ha agotado mis fuerzas

y soy como uno a quien le escupen la cara.

servicio militar hasta que llegara la hora del

el hombre, que bebe la maldad como el agua!

y su bando se apodera de mí.

  • 7 Mis ojos

se

cierran de

pena

relevo.

rías la obra de tus manos.

1 7 Te lo explicaré si me escuchas,

te contaré lo que he visto,

  • 18 lo que enseñan los sabios,

 
  • 8 Se levanta contra mí como acusador,

mi calumniador me acusa a la cara.

 

y mis miembros se desploman como la sombra, s Los hombres correctos se asombran al verme,

los buenos se indignan: «Miren al pecador».

toda la verdad que aprendieron

de

sus

padres,

 
  • 9 Su furor encontró a quien desgarrar y me persigue,

 
  • 9 El justo

se

siente

más

firme

en

su

camino,

i6 Si dejaras de contar mis pasos,

  • 19 en

  • 17 mi delito quedaría sellado en un saco

y blanquearías mi pecado.

el tiempo que

se

les dio este

país,

rechinando contra mí sus dientes.

me rodean como espadas

y abren contra

mí su

boca.

 

el hombre de manos limpias redobla su energía.

y tener en cuenta mi pecado,

antes que pasara ningún extranjero.

  • 20 El malvado vive toda su vida atormentado,

y mientras se prolongan los años del

opresor,

10

Los ojos de mis enemigos

   

10

Pero vuelvan ustedes y acerqúense todos.

¿Así que no hay ni un sabio entre todos ustedes?

11

Mis días han pasado, mis planes han fracasado;

  • 18 Más fácilmente caerá el monte

  • 21 gritos espantosos le resuenan

 

en

los

oídos.

Han golpeado

mis

mejillas, se

burlan

de

mí,

las ansias de mi corazón

y la roca se cambiará de lugar,

  • 22 En plena paz sueña con asesinos,

 

todos juntos me acosan.

 

12

me

asaltan de noche como de día

  • 19 las aguas desgastarán las piedras

desespera salir de las tinieblas

 

11

Dios me entrega a los injustos

y no

me

dejan

dormir.

y la lluvia cubrirá la tierra,

  • 20 Lo atacas, y se va para siempre,

y se ve cayendo bajo

la espada,

 

antes que vuelva a vivir el humano que muere,

  • 23 tirado en el suelo como pasto de los buitres.

 

O En 14,13-17 Job menciona el lugar de los muertos,

 

pues tú le quitas toda esperanza.

  • 24 Sabe que se acerca el día sin luz,

ansiedad y angustia lo vienen a asaltar

 

en que los judíos pensaban tener, después de la muerte, una apariencia de vida, pero más como reclusos lejos de Yavé

su convicción de que las desgracias están destinadas al malvado. Nótese el pasaje 16,8-17,7, que recuerda a Isaías 53 y

cediera sobrevivir en un lugar que no fuera junto a él, el

Aquí encontramos otra vez la imagen de Dios misteriosa-

Los versículos 17,8-10 se deben comprender como una

bien hecho!

desfiguras su rostro y lo despides.

como un rey pronto al asalto.

 

que como hombres, que viven y alaban a Dios (ver Isaías

también a los salmos que evocan la Pasión de Cristo. El

su vida es corta;

Aquí vemos uno de los resultados de la educación que

38,18-19). Cuando algún hombre ha sido despertado por Dios a la comprensión de su propio vaior como persona li- bre, ya no acepta desaparecer para siempre. Y si Dios le con-

hombre que sufre, lo sepa o no, comparte la Pasión de Cris- to; en él sigue el enfrentamiento del pecado con la justicia de Dios. Dios parece despiadado al perseguir a su criatura,

— sus sufrimientos son numerosos; — la gracia de su juventud prepara la caída del adulto; — está mezclado de impurezas, es decir, algo misterioso que echa a perder todo lo que emprende; — al contemplar la vida desearía vivir siempre, pero no se le concede. El pensamiento de la muerte amarga sus días más felices.

Dios dispensó a Israel durante siglos. Por medio de las pa- labras proféticas los israelitas adquirieron el sentido de su responsabilidad y, luego, descubrieron que eran personas. Mientras sus antepasados, bien fueran Jacob o Moisés, aceptaban su destino mortal, ellos buscaban desesperada- mente una Buena Mueva.

hombre siempre anhelaría alcanzarlo; Esperaría que pase mi tiempo de servicio, entonces me llamarías y te respondería.

mente inclinado sobre el hombre. En los capítulos 15-18, cada uno prosigue sin escuchar al otro: Job expresa su desesperación y sus amigos repiten

al llevarla hasta la humillación total; en realidad, está extir- pando las raíces de nuestro orgullo.

respuesta irónica de Job a sus amigos: ustedes dicen que, al ver la desgracia del malo, los justos alaban la justicia de Dios; entonces, al verme asi humillado, ¡alégrense y digan:

Gír, 4,10

Job 19

  • 13 Mas, ¿qué espero?,

pues entre los muertos está mi casa. En las tinieblas he tenido mi cama,

  • 14 al sepulcro le dije: «Tú eres mi padre»,

  • 15 y a los gusanos: «Mi madre y mis hermanos».

¿Dónde está mi esperanza? ¿Quién divisará para mí la felicidad?

  • 16 ¿Acaso bajará conmigo al infierno

y nos hundiremos juntos en el polvo?»

A

O

i Bilbad de Suaj tomó la palabra y les dijo:

X O

2 «¿Hasta cuándo retendrán sus palabras?

Escúchenme y podremos contestar a Job.

3

¿Aceptaremos pasar

 

por animales sin entendimiento y que nos consideren como bestias?

¡Oh, tú que en tu enojo te destrozas! ¿Crees que por tu causa

4

vendrá la desolación sobre el país

y se desplazarán las rocas de su lugar? Sí, la luz del malvado se apaga

5

y no brilla la llama de su fuego.

6

Se oscurece la luz en su tienda

y su lámpara encima de él se apaga.

7

Sus pasos vigorosos se acortan,

y sus propios designios lo hacen tropezar. e Corría, cuando sus pies se prendieron en la red.

Caminaba sobre mallas,

 

9

y por el talón

lo apresa

el lazo,

el garrote le cae encima. io Escondida en la tierra está la cuerda para atarlo, una trampa lo espera en el camino. ii Por todas partes lo estremecen terrores que lo persiguen paso a paso.

12

Está

hambriento

en

medio

de

sus

riquezas,

la desgracia está de pie a su lado,

13

la lepra devora su piel,

 

una fiebre mortal consume sus miembros,

 

14

lo arrancan de su carpa en que se sentía seguro

y lo llevan al Rey de los terrores;

 

15

su tienda ya no

es

suya

y

la puedes

tomar,

se esparce azufre sobre su lugar.

 

16

Sus raíces abajo se secan

 

y sus ramas arriba se marchitan.

 

17

Hasta su recuerdo ha desaparecido de la tierra,

y su nombre ya no se pronuncia en todo el territorio,

 
 

is Lo

echan de la luz a las tinieblas,

 

10

expulsan del mundo.

 

19

Para él, ni descendencia ni posterioridad en su pueblo,

 

ni sobrevivientes por donde pasó.

 

20

Los de occidente y los de oriente

se espantan y se asombran de su destino:

 

21

No son más que eso las moradas del injusto;

ése es el destino de aquel

que no reconoció a Dios.»

1

Q

LtJ

' ^°' 5

res P on< üó:

2 «¿Hasta cuándo me causarán dolor

y me acorralarán con sus discursos?

660

  • 3 Ya me han insultado diez veces,

¿y no se avergüenzan de maltratarme asP

  • 4 ¡Aunque de hecho hubiera errado,

conmigo estaría mi error!

  • 5 Si quieren triunfar de mí y reprocharme por mi humillación,

  • 6 sepan que es Dios quien me peijudicó

y me envolvió con su red.

  • 7 Si grito: ¡Violencia!, no me responde;

y por más que llamo, no me hace justicia.

  • 8 Ha cortado mi camino para que no pase, ha puesto tinieblas sobre mis senderos,

  • 9 me ha desvestido de mi gloria,

me ha quitado de la cabeza mi corona. Como un árbol, corta mis ramas una tras otra, io así voy desapareciendo

hasta que me arranca de raíz.

ii Se enciende su enojo conmigo y me trata como su enemigo.

12 Sus bandas llegaron a la vez, se abrieron camino hasta mí y acamparon a mi alrededor.

En mi propia carne veré a Dios

+

13 Mis

hermanos se apartan de mi

lado, mis conocidos tratan de alejarse.

14

Ya no tengo parientes ni familiares, me

olvidaron los allegados a mi casa. isMis sirvientes me tienen por extraño, me miran como un desconocido.

16

Si llamo a mi criado, no me hace caso

aunque se lo suplique.

17

Mi aliento le cae

mal a mi

mujer,

mis

propios hijos me encuentran hediondo.

18

Hasta los niños me desprecian, y ha-

cen burla de mí si me levanto.

19

Todos mis íntimos quedan horroriza-

dos al verme, los que yo más amaba se han

vuelto contra mí.

20

Bajo mi piel, mi carne se deshace, de- jando ver mis huesos desnudos, como dientes.

2i Apiádense de mí, ustedes mis amigos,

que es la mano de Dios la que me hirió.

22

¿Por qué me persiguen tan cruelmen- te como Dios y no quedan satisfechos con sai 27,

mi carne?

2 3 ¡Ojalá que mis palabras se escribieran y se grabaran en el bronce,

24 y

con

un

punzón

de hierro

o

estilete

para siempre en la piedra se esculpieran! Lev

25

Bien sé yo que mi Defensor vive y que él hablará el último, de pie sobre la tierra.

R

,

  • 2 5

+ Job está entre Dios y los hombres, abandonado de to- dos. El presente poema habla en 19,13-22 de la suerte del anciano y del enfermo que se siente inútil, ia condición de la mujer o del hombre caído, rechazado por la sociedad y objeto de repulsión para sus familiares. Ellos no pueden

nada por él y no lo aman bastante para soportarlo. Job re- presenta a todos los marginados. Pero, de repente, se lee una palabra decisiva en este ca- pítulo, ubicado en el centro del libro. Job se vuelve hacia Dios en un acto de te. Contrastando con sus palabras de de-

661

26

y en

Yo me pondré de pie dentro de mi piel mi propia carne veré a Dios.

27

Mi corazón desfallece esperándolo; yo

lo contemplaré, yo mismo. El es a quien veré y no a otro.

  • 28 ustedes que tratan de condenarme y

buscan pretextos contra mí,

29

teman que la espada los hiera a uste-

des mismos cuando la cólera de Dios cas- tigue las culpas, y ustedes sabrán entonces

que hay al fin justicia.»

Sofar: El malo perecerá

  • 2 Q ] Sofar de Naamat tomó la palabra

y dijo:

  • 2 «Mis reflexiones me llevan a contestar a consecuencia de lo que siento.
    3

Al oír una lección que me ofende, mis pensamientos me inspiran una respuesta.

  • 4 ¿No sabes tú que desde siempre, des- de que fue puesto el hombre sobre la tierra,

  • 5 la alegría del malvado es breve y el gozo del perverso dura sólo un instante?
    6

Aunque se elevara hasta los cielos y to- que las nubes con la cabeza,

  • 7 como un fantasma desaparece para siempre; los que lo veían dicen: «¿Dónde está?»

    • 8 Se va como un sueño, se vuela y ya no

lo hallan, huye como una visión nocturna.

  • 9 El que lo observa ya no lo ve, y tampo- co lo divisa el lugar donde vivía.

    • 10 Sus huesos rebosaban de vigor juve- nil: su vigor ahora está junto a él en el polvo.

      • 1 1 Si

el

mal

era

dulce a

su

boca,

si

lo

ocultó bajo su lengua,

12

13

go,

y

se

vuelve

14

gó, Dios las hace

15

16

si allí lo conservó y lo retuvo y lo guar- dó en medio del paladar,

su comida se corrompe en el estóma-

veneno

en

su

salir de su vientre.

interior.

Tiene que vomitar las riquezas que tra-

Chupaba veneno de áspides: una len- gua de víbora lo mata.

Ya no verá los arroyos de aceite fres-

job 21

co, los torrentes de miel y de mantequilla. 17 Devuelve su ganancia sin tragarla, y no

puede gozar el fruto de su negocio.

18 Porque despojó por la fuerza a los po-

bres y robó

su

casa

en vez de construirla,

sus hijos pagarán a los pobres, y sus pro- pias manos devolverán sus riquezas.

19 Porque su vientre se mostró insacia- ble, nadie podía resistir a su apetito, 20 ni es- capar de su comida.

Por eso

no dura

su bienestar. 21 En ple-

na riqueza, sufre desgracia.

miseria y cae sobre

él la

  • 22 Cuando está llenándose el vientre,

Dios desencadena sobre él su ira y hace llo-

ver sus flechas sobre él.

  • 23 Si logra huir del arma de hierro, lo tras-

pasa el arco de bronce.

  • 24 una flecha le sale de la espalda y un rayo de su hígado.

Lo invade el miedo, 25 | a s tinieblas están reservadas para él.

CIn fuego que no encendió el hombre lo

devora y consume cuanto queda en su

tienda.

  • 26 Aguas desbordadas se llevan su casa,

empujadas por la cólera de Dios.

  • 27 Los cielos revelan su falta y la tierra se levanta contra él.

    • 28 Esta es la herencia que el malvado re-

cibe de Dios, tal es la parte que le fijó.»

^

1

1 Job tomó

la palabra y dijo:

£á X

2 «Escuchen, escuchen mis razones,

hasta aquí nada más sus palabras de consuelo.

  • 3 Déjenme hablar,

 

y cuando haya terminado, tú te podrás burlar.

  • 4 ¿Acaso pleiteo contra un hombre?

Entonces, ¿cómo no me pondría nervioso?

s Préstenme atención y quedarán espantados

y se pondrán la mano en la boca,

  • 6 que yo mismo, al recordar estos hechos, me horrorizo y me dan escalofríos.

Job: Los malos lo pasan bien

7 ¿Por qué siguen viviendo los mal-

vados, prolongan sus días y se van hacien-

do fuertes?

JC 12,1

Mal 3,15

saliente afirma en forma categórica: Yo sé que mi detensor

vive y en mi propia carne veré a Dios.

La misma justicia de Dios exige que él hable después de todos los habladores. Dios a menudo espera que hayan muerto sus servidores para justificarlos; pero al fin se levan- tará el Defensor: entonces ellos también lo verán y lo escucharán. Así, porque Job no acepta disimular las injusticias de la

vida presente, y mejor que sus amigos siente las contradic- ciones del hombre, alcanza de repente la verdad: tiene que

haber un juicio después de la muerte, y Dios debe resucitar a sus servidores. Es difícil para un cristiano leer estas afirmaciones sin re- conocer en ellas el anhelo de todos los que creyeron en la justicia. Más que todo, se expresa aquí la esperanza de Cris- to cuando va solo a la muerte y deposita su causa en las manos del Padre.

• Aqui también reconocemos la queja de Jeremías 12.1, y los planteamientos del salmo 73, En el Antiguo Testamen-

job 22

8

Su descendencia se afirma ante ellos y

sus vastagos crecen ante su vista.

9

Nada perturba la paz de sus hogares, la

vara de Dios no cae sobre ellos.

10

Sus toros cubren y fecundan y sus va-

cas paren y no abortan.

1 1 Dejan correr a sus niños como ovejas;

sus hijos brincan de contento.

i s512

1 2 Cantan

al son

Am es al son

de la flauta

del

arpa

y

se

divierten.

de

la

cítara,

1 3 Acaban sus días

tranquilamente y des-

cienden en paz al lugar de los muertos.

14

Sin embargo, ellos decían: «Apártate,

Dios, de nosotros, no queremos conocer

tus caminos. 1 5 ¿Qué es el Todopoderoso

para que le sirvamos y qué ganamos si le

suplicamos?»

1 6 Y tienen

a

su

alcance la felicidad,

sin

que Dios esté presente en sus proyectos.

17

¿Será verdad que se apaga la lámpara

de los malvados y cae sobre ellos la des-

jer 25,io gracia

y que

Dios, en su ira, los destruye?

1 8 ¿Los vemos acaso como paja ante el

viento, como pelusa que arrebata un tor-

saii,4 bellino?

19

No basta que Dios los castigue en sus

^20 5 hijos. ¡Que castigue

a! malo

en

su

propia

w 24.16 persona, para que aprenda!

2 0 Que vea su ruina con sus propios ojos

EZ ia,4 y sienta los efectos

de la cólera del Todo-

poderoso. 2 1 ¿Qué le importa su familia

después de su muerte, cuando el número

de sus meses se haya cumplido?

2 2 Pero, ¿a Dios le van a dar lecciones

de

sabiduría; a

cielo?

él que juzga

a

los seres

del

23

Hay quien

muere

en

lo mejor

de

su

vida,

cuando

vivía

muy

feliz

y tranquilo,

2 4 ya que había engordado por todas par-

tes

y

era

huesos.

sustanciosa

la

medula

de

sus

2 s Y hay quien muere con amargura en

el alma, sin haber gustado la felicidad.

2 6 Juntos, luego, se acuestan

en el polvo

y los cubren los gusanos.

27

Yo conozco sus razones

y sé lo que piensan d e mí.

% "

28

Se dicen: ¿dónde está la casa del poderoso

662

y dónde la tienda que habitaban los malvados?

29

Pero, ¿no han preguntado a los que viajan?

¿No saben

30

Que de

lo que dejaron escrito?

la desgracia el malo e s preservado,

sai 73,5

y no lo alcanza el día de la cólera.

3i ¿Quién le echa en cara su conducta

y le da su merecido?

32

Cuando lo llevan al cementerio,

su estatua mira de sobre la tumba,

33

los terrones del valle son suaves

y todo el pueblo desfila tras él.

34 ¿Para qué, pues, me dan vanos

Í-C 16,22

consuelos?

¡Pura falsedad lo que me contestan!»

Eiifaz: Seguramente t e aprovechabas

de tus hermanos

*y*y • Eiifaz de Teman tomó la palabra y dijo:

CáCá 2 «¿Puede el hombre ser útil a Dios?

¡Sólo a sí mismo es útil el sabio!

3

¿Qué interés tiene el Omnipotente

en que seas justo?

O

4

O. iqué

9 a n a

Él si

tu conducta e s perfecta?

¿Acaso te corrige por tu piedad

y por eso te meterá pleito?

5

¿No será más bien por tu gran maldad

y por tus faltas sin número?

6

Seguramente cobrabas sin razón

a tus hermanos,

les exigías su ropa e iban desnudos,

i no dabas agua al sediento,

y negabas el pan al hambriento.

s ¿Hay un poderoso?, hace suyo el país

y lo pone en manos de sus criaturas.

2 4

DI

Ez 18,12

']S

M125,4

n 58 7

s Por cierto, despedías a las viudas

con las manos vacías

y te aprovechabas de los huérfanos.

10

Por eso te rodean los lazos

y de improvisto te sorprende el terror.

11

La luz se ha oscurecido y ya no ves,

y te sumergen aguas desbordadas.

¿No está Dios en lo alto de los cielos? £d 5 ' 1

12

Mira la cabeza de las estrellas; ¡qué lejanas!

13

Por esto te dijiste: «¿Qué sabe Dios?

¿Juzga acaso detrás de las nubes?

14

Las nubes

hacen d e cortina, y así que no ve;

sólo se pasea por el contorno de los cielos.»

15

¿Quieres seguir el antiguo camino

que anduvieron los hombres perversos?

i* Ellos fueron eliminados antes de tiempo,

cuando un río inundó sus habitaciones.

1 7 Los que decían a Dios:

18

«¡Apártate de nosotros!

¿Qué puede hacernos el Omnipotente?»

El hacía que nada faltara en sus casas,

pero esos malos no lo tomaban en cuenta.

19

Los justos lo ven y se alegran,

y el inocente se burla d e ellos.

to, el justo se escandaliza déla prosperidad de los malos por-

que le parece una negación de la justicia de Dios. ¿Será ver-

dad, como escuchamos a veces, que !a muerte es la última

justicia?

O

Los discursos de Eiifaz se repiten: si Job sufre, es por-

que ha pecado. Tiene que haber oprimido a su prójimo a

pesar de su reputación de integridad. Mótese, sin embargo,

en boca de Eiifaz la lista de pecados que Job podría haber

cometido: siempre se trata de haber oprimido al débil o ha-

ber omitido socorrerlo. Jesús no dirá cosas nuevas cuando

en Mateo 25,40 condena al suplicio eterno a quienes no die-

ron pan y agua al que le faltaba.

El comentario de 29-30 está en Is 2,6-22.

663

20

«¡Cómo ha quedado en nada su riqueza!

¡El fuego devoró su hacienda!»

21

Reconcilíate, pues, con Dios y haz las paces;

y te resultará bien.

22

Escucha de su boca sus preceptos

y guarda sus palabras en tu corazón.

23

Si vuelves al Omnipotente con humildad,

si alejas de tu tienda la injusticia,

Mt 6,19

24

entonces estimarás el oro como polvo,

y como guijarros los ríos dorados,

25

pues el Omnipotente será tu oro,

y para ti, será plata a montones.

26

Hallarás en el Omnipotente tus delicias

y alzarás tu rostro hacia Dios.

27

Lo invocarás y él te escuchará

para que puedas cumplir tus mandas.

28

Lo que decidas te saldrá bien

y sobre tus caminos brillará la luz.

is 57,11

29

Porque él rebaja lo que es alto

y salva al que baja los ojos;

30

él, que libera al inocente,

a ti también te salvará si tus manos son puras.»

*yi

O £nJ

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 «Hoy aún vuelvo a mi queja.

¿Cómo callar mis gemidos?

3

¡Quién me diera saber dónde hablar a Dios

y llegar hasta su casa!

4

Expondría ante él mi caso

y rebosarían mis quejas.

5

Por lo menos conocería su respuesta

y trataría d e comprender lo que él dijera.

6

¿Acaso necesitaría gran fuerza

para disputar conmigo?

7

No, no tendría más que escucharme.

Reconocería que su demandante

es un hombre recto

y yo para siempre me libraría de mi juez.

8

Pero si voy hacia oriente, no está allí;

hacia occidente, no lo descubro;

9

si lo busco al norte, no lo encuentro;

si vuelvo al mediodía, no lo veo.

10

Mas él me conoce,

sea que ande o que me pare,

y si me prueba en el crisol, saldré puro.

11

Mis pies han pisado sus huellas,

he seguido su camino sin desviarme;

12

no me aparté del precepto que declaró,

sino que puse en mi corazón sus palabras.

13

Pero él así decidió, ¿quién se lo impedirá?

Lo que le dio ganas lo hará,

14

pues siempre cumple su propio decreto;

y tiene proyectadas muchas cosas parecidas.

job 24

is Por eso, estoy horrorizado ante él,

y cuando reflexiono, le tengo miedo.

16

Dios me ha hecho perder el valor

y el Omnipotente me ha espantado

17

porque no callaba al caer las tinieblas

y la oscuridad que envolvió mi rostro.

¿Por qué Dios no se entera?

+

JA

' ¿Por qué el Todopoderoso no

" ™ se entera de lo que sucede y sus

fieles no comprueban su justicia?

2

Los malvados cambian los linderos, ro-

ban el rebaño y su pastor.

3

Se roban el burro de los huérfanos, to-

man

en prenda el buey de la viuda.

9

Se arranca al huérfano del pecho ma-

m 19,14

m 2417

terno, se toma en

prenda el hijo del pobre. Am 2,6

4

Los mendigos tienen que apartarse del

camino, todos los pobres del país han de

esconderse.

5

Como los burros salvajes en el desier-

to, salen a buscar su alimento

6

porque, trabajando todo el día, no tie-

nen pan para sus hijos.

Salen de noche a segar el campo y a ven-

dimiar la viña del malvado.

«24,12

7

Pasan la noche desnudos, sin tener qué

ponerse, sin un abrigo contra el frío.

8

Están empapados por la lluvia de las

montañas, sin tener dónde guarecerse se

sujetan a las rocas.

10

Andan desnudos, sin ropa, y sienten

hambre mientras llevan las gavillas.

11

Con sed mueven el molino para expri-

mir el aceite y pisan la uva de los lagares.

12

En la ciudad, gimen los moribundos,

y los heridos piden socorro. Pero Dios no

atiende a sus súplicas.

• 14 De madrugada s e levanta el asesino

para matar al pobre indigente.

15 Luego el adúltero espera el anochecer,

dice: «Ahora nadie me verá»,

y pone un pañuelo sobre su rostro.

O Job vuelve a lo que ya dijo: hay algo que atormenta a

Es verdad que, según dice Job, el pobre se esconde. Poco

al hombre religioso: saber que Dios lo mira constantemen- 1- se concientiza sobre las víctimas de la guerra o de las tra-

te, y no poder encontrarlo nunca. Es lo que se comentó en

n

el capítulo 7: Job personifica al hombre que no conoce a a

Cristo y no ha probado qué bueno es el Señor para los que

e

lo sirven con amor. En muchos ateos de hoy existe la mis-

ma rebeldía: no aceptan la ¡dea de un Dios que los vigile úni-

camente para castigar sus faltas.

i-

¡-

gedfc» del trabajo. Cada país oculta sus pobres y la gente

acomodada vive en tal forma separada (barrios distintos, di-

versiones distintas, etc.), que nunca los encuentran a su lado

y los ignoran. Pero eso no sería nada si Dios no parrciera

olvidar al pobre.

Se notará este párrafo que parece estar aquí fuera de

lugar. El Dios de la luz deja que haya en la tierra zonal oa-

curas en que actúan los hijos de las tinieblas,

+ Una terrible acusación contra Dios, que sigue callan- 1-

do cuando ante su mirada están los oprimidos. Pocos pro- '-

fetas han expresado con más fuerza el horror de la maldad d

humana. Esta maldad resalta del solo hecho que viven hom- 1- El párrafo 24,18-23 viene a continuación de 27,23.

bres en situación infrahumana.

job 27

i6 Llegada la noche sale el ladrón

y asalta las casas que notó

en

el

día

y perfora sus muros en la oscuridad.

'3 Esos

son

rebeldes a la luz,

que no conocieron sus caminos,

ni volvieron por sus senderos,

i? y al salir

25

Si

no

es

el

sol

los

asusta.

así, ¿quién

me

desmentirá

y rebatirá mis palabras?»

<0

O

R

««•J

' Bildad de Suaj tomó

la palabra y dijo:

2 «En Dios hay poder y terrible fuerza.

El impone su paz en las alturas.

3

¿Se pueden acaso contar sus tropas?

¿Quién no ha de temer sus asaltos? "• ¿Cómo puede un hombre justificarse ante Dios? ¿Cómo será puro el que nació de mujer?

5

Si ni la luna es clara,

ni las estrellas son

puras

a

sus

ojos,

6

¡cuánto menos el hombre, este gusano,

el hijo del hombre, este granillo!

+

26

CtSJ

s Las sombras tiemblan debajo de la tierra,

las aguas y sus habitantes se estremecen.

6

El reino

de la muerte

no

le está

oculto,

el lugar de los muertos está descubierto ante él.

~i El extiende el norte sobre el vacio,

suspende la tierra sobre la nada, e Encierra la lluvia en los nubarrones y la nube no se rasga con el peso,

s El

cubre la cara

de

la luna

llena

y le da por velo sus nubes,

io encierra las aguas

en

el cerco

del

horizonte,

que

es el límite

de

la luz con

las tinieblas.

11

Las columnas del cielo se tambalean

y se llenan de miedo cuando amenaza.

12

Con su poder dividió el

mar

y con su inteligencia aplastó a Rahab.

13

Su soplo ha despejado los cielos,

su mano traspasó la Serpiente antigua.

1 4 Esto

sólo es

lo que percibimos de sus

obras,

y bien poco lo comprendemos.

¿Quién entonces podrá comprender su trueno poderoso?»

O 1 Jo b respondió con estas palabras:

2

«¡Qué bien sabes ayudar al débil y socorrer al inválido!

3

¡Qué buenos consejos das al ignorante,

qué profundo conocimiento has demostrado!

4

¿A quién has dirigido tus palabras y de quién era el espíritu que ha salido de ti?»

5

* T

«

I

1 Job continuó

su discurso y agregó:

z ¡Por la vida de Dios que me niega justicia,

por el Omnipotente que me llenó de amargura,

3

mientras esté mi espíritu en mí

664

y el aliento de Dios en mis narices.

4

no diré falsedad ni mentira!

5

Lejos de mí darles la razón:

mantendré mi inocencia hasta el último momento.

6

Me aferraré a mi justicia y

no la aflojaré,

pues en mi conciencia no me avergüenzo de mi pasado.

7

Tenga mi enemigo la suerte del malvado,

y mi adversario la del injusto.

8

Porque, ¿cuál es la esperanza del malvado,

cuando suplica y eleva su alma a Dios?

9

¿Escuchará Dios sus gritos

cuando le llegue la desgracia?

10

¿Acaso se complace el malo en el Omnipotente,

o lo invoca en todo momento?

11

Miren

que

les

enseño

el

proceder

de

Dios

y no les oculto sus pensamientos.

12

Y si todos ustedes lo han visto,

¿para qué, pues, esos vanos discursos?

13

Esta es la suerte del malvado,

que le reserva Dios, y la herencia que del Omnipotente

reciben los violentos:

4 por numerosos que sean sus hijos, los espera la espada; sus descendientes no tendrán para saciarse.

1

15

Los sobrevivientes serán muertos por la peste

y sus viudas no les llorarán.

16

Aunque junte plata como polvo,

y amontone vestidos,

17

él los prepara, pero los vestirá el justo,

un hombre sin maldad heredará su plata.

is La casa que edificó no vale má s que un nido, es como cabana que construye un guardia.

19

Se acuesta rico, pero por última vez;

pues al abrir los ojos no le queda nada.

20

En pleno día lo asaltan los terrores

y por la noche lo arrebata el torbellino.

21

El viento lo levanta y se

lo lleva,

y lo arranca de su lugar,

22

le tiran piedras sin compasión

y debe huir de la mano

que lo golpea.

23

Baten palmas contra él

y lo silban en todas partes.

0

4

.

£á^

18 Huye

ve ' o z

antes de

que

llegue el

evita el camino de las cumbres,

19

sus bienes son malditos en el país;

día,

un calor sofocante evapora sus aguas y quema lo que queda de su trigo.

20

El seno que

lo formó

se olvida de

él.

Su nombre no se recuerda más. Así como se corta un árbol, así es cortada la maldad.

O Bildad nos ofrece una nueva presentación de la es- plendidez del mundo. La gente de ese tiempo tenía ideas to- davía muy primitivas sobre el origen del mundo. Se confor- maban con las leyendas de los pueblos vecinos, cananeos, caldeos, que mostraban al universo organizado por los dio- ses después de haber destruido a los monstruos del caos. Los judíos, durante algún tiempo, dijeron cosas bien pare- cidas; se conformaban con borrar de las leyendas lo que re- cordaba a los dioses paganos y hablaban de una primera

victoria de Yavé en los principios del universo. Ver también

Is51,9.

Con posterioridad a esos poemas, fue escrito el primer ca- pítulo del Génesis, en que se purifica la noción de Dios Crea- dor. Dios hizo todo, desde el comienzo, y por su sola palabra.

El párrafo 26,1 -4 viene al final del cap. 26. O Job constata irónicamente: Todo esto, ¿qué tiene que ver con el objeto de la discusión?

+

665

,

  • 21 Pues maltrataba a la mujer sin hijos

y no atendía a la viuda.

  • 22 Hay un o que con su fuerza agarra a los poderosos,

que si se levanta, nadie podrá escaparse.

  • 23 Dios permitió que progresara seguro,

pero vigilaba sus caminos. 2 4 Se encumbró por un instante, pero ya no existe, se ha marchitado como espiga cortada.

Los mineros alaban la sabiduría de Dios

R 10,22

OQ

+ Cá\)

2

1 La plata tiene

u n

] U g

su

mina y el oro

ar

donde se purifica.

El hierro se extrae de la tierra, una pie-

«8,9 dra fundida se hace cobre.

3

Se descubre el secreto de las tinieblas,

se busca hasta el último extremo la piedra oscura y opaca.

4

Los hombres de la lámpara abren ga- lerías de gran profundidad y se suspenden

y balancean lejos de los humanos.

5

La tierra, de donde sale el pan, está en- vuelta en sus entrañas por el fuego,

6

allí donde las piedras son zafiros y con- tienen polvo de oro.

7

El ave de rapiña no conoce ese sende-

ro ni el ojo del buitre lo ha advertido;

8

las bestias feroces no han pisado por ese camino ni el león jamás lo ha atra-

vesado.

9

El hombre aplica su mano al pedernal, y estremece los cimientos de las montañas.

in Abre canales en las rocas, su ojo bus- ca todo lo que sea precioso.

11

Explora, las fuentes que brotan de la

tierra y saca a la luz lo que estaba es-

EC1723

condido,

12

pero la sabiduría, ¿de dónde viene?

Ba 3J5 ¿Dónde se hallará la inteligencia?

13

Ignora el hombre su camino, no lo en- cuentra en la tierra de los vivos.

14

El abismo dice: No está en mí. Y res- ponde el mar: Dentro de mí tampoco se

halla.

job 29

15

No se puede dar por ella oro fino, ni

plata, i 6 ni valorarla con oro

comprarla por

de Ofir, ni con el ágata preciosa ni el zafiro.

17

No se comparan con ella ni el oro ni

el cristal, ni se la cambia por un vaso de oro puro.

18

Corales y cristales ni se nombren. Conseguir la sabiduría vale más que extraer perlas. 19 No la iguala el topacio de Etiopía, ni con el oro más puro se valora.

20

Entonces la sabiduría, ¿de dónde

sale?, ¿dónde se hallará la inteligencia?

' Ha estado oculta a los ojos de todo ser viviente y aun a las aves del cielo.

22

El infierno y la muerte confiesan: No

2

la conocemos más que de oídas.

23

Sólo Dios conoce su camino, sólo él sabe dónde está.

24

Cuando miraba hasta el último extre-

mo de la tierra y veía todo lo que existe de-

bajo de los cielos;

25

cuando dio su peso a los vientos y fijó

a las aguas su medida;

26

cuando impuso leyes a la lluvia y un

camino al fragor del trueno;

27

entonces la vio y le puso precio, la exa-

ls 4012

minó y conoció sus secretos. Ba 3,32

28

Entonces dijo al hombre: «Mira, el te- mor del Señor es la sabiduría; y huir del mal es la inteligencia».

El que me oía me llamaba dichoso

*

2 Q

"

^

' Job prosiguió su poema y dijo:

2 «¡Quién me hiciera volver a los

meses de antaño, a los días en que Dios

me protegía,

3

cuando hacía brillar su lámpara sobre

mi

cabeza, y su

luz

me

guiaba en las

tinieblas! 4 ¡Ah, si pudiese volver a ver los días de mi otoño, cuando rodeaba Dios mi tienda,

+ Este poema viene como un intermedio y un tiempo de

descanso, después de la discusión de Job con sus amigos. Los mineros, «hombres de la lámpara», saben buscar en el interior de los cerros las riquezas escondidas: oro, plata y piedras preciosas. Pero ¿quién buscará la sabiduría de Dios? Algo semejante se encuentra en Baruc 3,15-30.

En los capítulos 29-31 Job presenta su defensa y asu-

me el papel del justo envidiado y calumniado. Mientras el hombre tiene suerte, es estimado, pero si cae en la desgra- cia, de repente todos lo miran con otros ojos. Es que un ins- tinto secreto impulsa a la gente a designar un chivo expia- torio en cualquier situación crítica, y, del mismo modo, los mueve a denunciar con seguridad las faltas del que cayó.

La defensa de Job es la que paradójicamente muestra las fallas de su integridad. Llevaba mi rectitud como un manto.

Job se alegraba de hacer el bien. El era un «justo» y que tenía conciencia de serlo, y daba gracias a Dios que lo ha- bía hecho bueno.

Pero todo esto no era más que la justicia del fariseo. Muy respetuoso de un Dios lejano, Job había edificado solo su vida, sus virtudes y la buena imagen que tenía de sí mismo. Y su perfección, al final, no existía a los ojos de Dios por- que, sin decirlo, rivalizaba con El.

El libro de Job nos enseña cuan necesaria era para no- sotros la venida del Hijo de Dios. Por una parte, mientras Dios no se presenta a rostro descubierto, el hombre no pue- de sino dudar de él y tenerle rencor. Por otra, mientras el hombre se siente el único responsable de su propia perfec- ción, no puede ser ni sentir como hijo de Dios ni entrar al Reino de la gracia.

job 30

s cuando el Todopoderoso estaba aún conmigo y me rodeaban mis hijos,

cuando mis pies se bañaban en leche y corrían de la roca arroyos de aceite!

7

Si yo salía a la puerta que domina la ciudad y me sentaba en la plaza,

8

6

los jóvenes al verme se retiraban y los Lev 19,32 ancianos se ponían de pie,

9

los notables interrumpían su conversa- ción y ponían la mano en su boca.

, 0

La voz de los jefes

se apagaba, la len-

gua se les pegaba al paladar.

Me escuchaban en silencio y esperan-

21

do mi parecer. 22 Después que

había habla-

do, nadie replicaba.

23

Me escuchaban como se oye a la llu-

via y abrían sus labios como para recibir el esperado aguacero. ot 32,2 24 Si les sonreía, no se atrevían a creerlo, y recibían gratos cualquier señal de be- nevolencia.

25

Les trazaba el camino e iba al frente

de ellos como un rey en medio de sus tro-

pas, y yo a mi gusto los llevaba a todas partes. n Todo el que me oía me llamaba dicho- so y quien me veía se declaraba en mi favor.

12

Pues yo libraba al pobre que gemía y al huérfano que no tenía apoyo: