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TENTACIONES NARRATIVAS
9 jóvenes cronistas cuya única regla es contarlo todo y con estilo

Editado por Javier García Wong Kit

Diseño de carátula y foto de portada Arnold Camus Mas http://arnoldcamus.com/

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PRESENTACIÓN “La tentación de escribir” JAVIER GARCÍA WONG KIT HISTORIAS DE MÚSICA, “Un criollo en el olvido” 7 ÁNGELA TORRECILLA AMPUERO “Invasión del pop coreano” VANNYA LUQUE BUSTILLOS DE RELIGIÓN, “El sanjuditas de todos” JOSSIE PÉREZ SALDAÑA “Sumisa solo ante Alláh” JULISSA R. GOÑAS DE GUERRA, “Héroe en el recuerdo” ÍTALO ARANIBAR CASTILLO “Asesino por obligación” VALERIA GÓMEZ GUERRERO
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Y DE MUJERES “La superhéroe de los besos rojos” JOHANNA BERNUY SIANCAS 79

“Educar, un dulce y amargo placer” 91 NATHALY CAMPOBLANCO VELAZCO “Mamita, nunca me rendí” DHOMY REÁTEGUI SAAVEDRA 103

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La tentación de escribir
El periodismo suele deambular entre las urgencias cotidianas de los editores y la escasez del tiempo para la reflexión de los reporteros. Escribimos páginas condenadas al aburrimiento y el olvido, empujados por la obligación y el desgano. Pero hay ocasiones en que el periodismo es un ejercicio de exploración sin límites donde autores y lectores se sienten seducidos por las historias, confidencias, luchas épicas y personales que resultan igualmente heroicas. Leer estas crónicas es una tentación difícil de resistir una vez que se aborda el tren de las palabras. Vencer la pereza, salirse de los esquemas y perderse en los laberintos de la escritura es una misión –y no una tarea– para la que pocos están hechos. “Tentaciones narrativas” es un tour lleno de sorpresas guiado por nueve jóvenes periodistas que se han aventurado en el oficio del cronista sin mayores reglas que contarlo todo, con verdad y estilo. La realidad puede traernos experiencias intensas y difíciles de olvidar. Reunir datos, luchar con las palabras y amasar la información es parte de un oficio que solo algunos convertirán en un impulso de vida más allá de las profesiones, los sueldos y los horarios.

Javier García Wong Kit
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[HISTORIAS DE MÚSICA]

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Un criollo en el olvido
Alfredo Trigo y sus recuerdos de jarana Por Ana Gabriela Torrecilla A las seis de la tarde, Alfredo Trigo –acriollado hombre de cabellos blancos y semblante entristecido que a mediados de los cincuentas solía ser alborozado jaranero– reposa sobre su frígida cama acompañado por el sol que empieza a ensombrecer su habitación.

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Con la mirada firme hacia la ventana, como si estuviese contemplando por última vez la fascinación de su público al oírlo en “El Chalán” o “La Choza Náutica”, siente oír los aplausos en su jardín vacío y el fervor con el que el público aclama su nombre. Sonríe con breve emoción cuando se ve a sí mismo cantando “Un Suspiro”, uno de sus valses favoritos: “Un suspiro de mi pecho a ti, te di en prueba de cariño, por el amor que te tengo a ti, hoy te adoro cual un niño...”. Hace sesenta años, en la época de oro de la canción criolla, Alfredo Trigo era figura habitual de las emisoras radiales y los programas televisivos, hasta que a fines de los noventa abandona la jarana de guitarra y cajón. Había empezado desde muy niño, cuando estudiaba en el Puericultorio Perez Aranibar, formando parte del coro de la iglesia. Trigo cuenta que no le gustaba asistir a los ensayos, pues él ya se sabía la segunda voz. Entonces se escapaba al patio a jugar bolitas. Cuando las monjas lo encontraban, lo reprendían y lo devolvían al auditorio. Sus profesoras se sorprendían porque no hallaban ni un solo error en su interpretación, así que lo dejaban salir a jugar en paz.
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En su pequeña y rústica casa en La Molina, donde sobre cada mesa pueden verse diferentes premios y trofeos musicales, vive don Alfredo y doña Irma, su esposa. Es una típica morada de ancianos. Consta de un solo piso, pues ninguno puede subir escaleras. De tez blanca y ojos hundidos, este hombre modesto fue un leal trabajador de la Peruvian Corporation, la compañía de ferrocarriles que operó en el Perú hasta los años noventa. Allí, el criollo pasaba los días como un ejemplar secretario. Pero en las noches, Alfredo y sus tres hermanos, quienes desde pequeños habían integrado el coro de la iglesia “Santo Domingo”, en el Cercado de Lima (donde descubrieron su talento como intérpretes), se dedicaban a los ritmos del Perú. Al principio no tuvieron mucho éxito y su hermano mayor decidió dejar la música. Entonces, Alfredo emprendió su triunfante camino artístico junto a su hermana Zoila, una morena impetuosa y de voz rigorosa. Primero asistieron a una audición llamada “La Corneta”. Ahí se hicieron muy populares, llegando a ser reconocidos como el mejor dúo mixto. “Los Hermanos Trigo” se hicieron famosos gra-

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bando canciones como “En esta habitación”, “Serenata de amor” y “Me quedo contigo”. Los premios no se hicieron esperar. En casa de Alfredo, sobre una mesa y un tapete, destaca un trofeo otorgado por la Coca-Cola, no sólo por su tamaño, sino por la forma abstracta que representa un cajón. +++ Ya nadie los recuerda pero Los Hermanos Trigo eran muy requeridos en los ambientes criollos, en restaurantes como “Parral 54”, “Valeriano”, “La Choza Criolla”, “Las Morillas” y en peñas como “Los Pepes”. Incluso en canales de televisión, en programas como “Danzas y Canciones del Perú”, que conducía Tania Libertad, y “Grandes del Criollismo”, de Augusto Polo Campos. “Yo no era un artista”, asegura Alfredo, “porque el artista vive del arte y yo siempre tuve un trabajo. Me considero un aficionado, un apasionado por la música criolla”. Para él saltar a la fama fue fácil por la gran promoción que se hacía en la radio y televisión. “En el canal 9, por ejemplo, todos los sábados, había un programa llamado “Lo mejor de la semana”, conducido por Guido Monteverde. Ahí ganábamos todos los sábados seguiditos”, mani10

fiesta el criollo con la voz muy ronca por su maltratada garganta, debido a la enfermedad a la que se enfrenta: fibrosis pulmonar. “Los Hermanos Trigo” fueron nominados en el Teatro Municipal como “Lo mejor del año” en 1983, fueron requeridos para comerciales de televisión por la marca Backus y los llamaron para cantar en el festival de Ancón, donde se reunían las familias más adineradas de la época. Sin duda estaban en el centro del escenario artístico, pero en aquella época, dicha atmósfera se caracterizaba por ser un ambiente bohemio. La mayoría de los músicos eran alcohólicos y mujeriegos. El alcohol y el libertinaje eran moneda corriente, junto a la reciente llegada de drogas como la cocaína y la marihuana.

“Yo no era un artista”, asegura Alfredo, “porque el artista vive del arte y yo siempre tuve un trabajo...”
“El ambiente artístico era malo, feo y yo no quería eso para mi familia”, dice un Alfredo tambaleante en su silla de ruedas. El dúo siempre conservó una buena imagen, jamás se vieron involucrados

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en escándalos de la farándula ni se dejaron seducir por las tentaciones. “Nunca involucré a mi esposa ni a mis hijos, los tenía muy al margen”, dice Alfredo, quien le echa la culpa a esas malas noches, y al excesivo humo del cigarro, el tener la enfermedad que hoy padece. Doña Irma, casada hace 70 años con el intérprete, asegura no haber estado nunca de acuerdo con la carrera artística de su esposo pues, mientras él se subía a un escenario para emocionar al público con su voz, ella se dedicaba a la casa y a la crianza de sus hijos. “No me gustaba que sepan de mí, de mis hijos. El papá de Alfredo tampoco quiso que sus hijos se dedicaran a la música. Él fue un exitoso empresario y, al no convencer a Alfredo ni a Zoila que se alejaran del ambiente, se separó de ellos”, cuenta doña Irma, quien aún conserva su cabello largo y ondeado, como en la foto que se tomó después de dar a luz a su primogénito. “Yo jamás me separaría de mi esposo, sabía cómo era él, y él siempre fue un hombre correcto y dedicado a su familia, por eso siempre mantuvo su trabajo y la música a la par”. +++
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Con el tiempo, el cultivo de la música criolla se fue perdiendo pero “Los Hermanos Trigo” seguían siendo conocidos. Cantaban en el programa del canal 7, “Mediodía Criollo”, conducido por Cecilia Barraza, y cuando la Peruvian Corporation quebró, el gobierno de Alan García les otorgó las Palmas Magisteriales. Además, recibieron reconocimientos como maestros de la música criolla en colegios nacionales como el Rosa de América, Santiago Antúnez de Mayolo y José Antonio Encinas. “Me acuerdo que formé un coro en uno de los colegios donde enseñaba música criolla y lo llevé al canal 7. Tenía a cuatro jovencitos en el cajón, las guitarras y las voces. Ese día nos aplaudieron más”, cuenta Alfredo dejando un gran silencio al terminar como esperando volver a oír aquellas palmas. Una mañana, hace 7 años, muy temprano como de costumbre, Alfredo se disponía a abrir la cochera para sacar su auto y dirigirse a dictar clases de música al Rosa de América. La noche anterior, doña Irma se había quedado hasta tarde barriendo el garaje, pues el otoño hacia que la cochera se llenara de hojas. Pero olvidó colocar la escoba en su sitio. Alfredo no se percató de ello y tropezó con ella, fracturándose la cadera.

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No volvió a ser él mismo. “Sufría mucho de dolor de caderas, pero jamás pensé quedarme inválido. Esa caída fue la caída de todo para mí, de mi carrera profesional y artística… Aún recuerdo ese día. Lo único que puedo agradecer es que fui yo quien tropecé y no mi esposa”, narra Alfredo con voz melancólica. “Los Hermanos Trigo” se desintegraron. Zoila se dedicó a la vida hogareña mientras que Alfredo, al no poder caminar y con el pronóstico de la fibrosis pulmonar, se alejó completamente del medio artístico. Se conformó con vivir con una pensión de 400 soles, pero siempre al lado de su fiel esposa. “Si no fuese por mis hijos, no sé qué sería de nosotros ahora”, dice Alfredo, como pidiendo una ayuda para los criollos que aportaron tanto a la cultura del país y que hoy están olvidados. La Sociedad Nacional de Intérpretes y Ejecutantes de la Música, protectores de la música criolla, donan parte de su sueldo para repartirlo entre varios intérpretes mayores. Alfredo solo recibió una sola vez dinero de esta sociedad. Después nunca más supo de ellos. “Le estoy muy agradecido a la música criolla, puedo decir que con mi voz compré mi casa e hice profesionales a mis tres hijos. Mi trabajo pagaba muy poco, fue la música criolla la que me permi14

tió ahorrar para comprarme el carrito que siempre quise, la casa que se merece mi esposa y la educación que les corresponde a mis hijos, no me quejo…”, aclara el criollo. Alfredo cuenta que todavía lo llaman para presentarse en programas de música criolla, pero él prefiere que conteste su esposa, e invente cualquier excusa como: “Se encuentra de viaje”, “no está en este momento”, “ya no vive acá”. “Por nada en este mundo dejaría que me vean así, parezco derrotado de una guerra”, dice mientras le sobreviene un ataque de tos. Rápidamente, doña Irma se acerca con un vaso de agua tibia para aquella voz que engalanaba los escenarios. “Y aunque me olviden, yo jamás los olvidaré”, dice cuando se acaba la tarde.

ÁNGELA TORRECILLA AMPUERO
Tengo 21 años, estoy casada y tengo una hija perfecta. Amo escribir, más cuando estoy atribulada, pero siempre acompañada de buena música. Actualmente me dedico a las Comunicaciones y a mi familia, mis dos grandiosas pasiones.

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Invasión del pop coreano
Un concurso, un viaje y la más grande experiencia Por Vannya Luque Bustillos El boom de la música coreana a nivel mundial está en su apogeo. Diversos artistas representantes de este género han causado impacto con su peculiar ritmo y estética. Millares de fans que sueñan con conocer a sus idols favoritos y a los que poco les interesa gastar mucho dinero con tal de tener algo de ellos, guardando la esperanza de viajar algún día a Corea del Sur, el país que al-

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berga este contagioso mundo del K-Pop (también conocido como Hallyu). Faltando diez minutos para las 11 am, llegué al Centro Comercial Arenales para encontrarme con Jorge, o simplemente Koko, integrante del grupo Fighting Souls, quienes hacen covers de K-Pop y que fueron los ganadores del 3º Concurso K-Pop Latinoamérica 2012, lo que les permitió participar en el K-pop World Festival en Corea. Seguidor de la movida coreana, hace unos meses volvió de Corea del Sur, donde tuvo la asombrosa experiencia de cantar con su grupo junto a los máximos exponentes de Hallyu. Conocía a Koko pero solo de vista, esta sería la primera vez que hablaríamos directamente. Entre las idas y venidas en los pasadizos, subidas y bajadas de escaleras, lo encontré caminando de un lado para el otro, buscándome. Con un Bubble tea en la mano derecha y en el hombro izquierdo una mochila roja, fuimos en busca de un lugar donde conversar sobre su viaje. –Comencé escuchando música japonesa y encontré de casualidad canciones de K-pop en Youtube. Me llamaron la atención y fui buscando más del tema. En ese tiempo la información era muy reducida, así que poco a poco me fui enganchando.

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El primer grupo que escuchó fue DBSK, una agrupación compuesta por cinco chicos talentosos que cantan baladas románticas y canciones con coreografías complicadas. Entre reuniones y pequeños eventos que se realizaban dentro del círculo del K-pop, que eran reducidos para ese entonces, conoció a Yomi y Mineli, seguidoras del Hallyu desde el 2004. Se hicieron amigos y luego Kenyi, quien también conocía a Yomi, se unió al grupo. –Recuerdo que Yomi y Mineli eran fanáticas de DBSK y a mí también me gustaba su música. Fue hablando de este grupo que nos hicimos más cercanos. Decidieron juntarse para cantar canciones de algunos grupos que les parecían interesantes. Todo empezó por diversión pero, poco a poco, se dieron cuenta de que tenían potencial para hacerlo más en serio. –Si hubiera sido por mí, solo habría sacado las letras de las canciones para aprendérmelas –dice Koko mientras hace memoria del tiempo en que Fighting Souls se iba conformando como proyecto–. Yomi y Mine conocían más de canto y nos dirigían para poder hacerlo mejor. +++
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La primera presentación del grupo no fue de las mejores. Los micrófonos no funcionaban tan bien. Tuvieron que cantar sin ellos para un auditorio con personas que esperaban un espectáculo digno del grupo al que iban a representar. A pesar de que para el año 2009 la movida Hallyu no era tan popular entre la adolescencia limeña, la poca gente que había era muy exigente con los covers de canto y baile. –Recuerdo haberle pedido a la organizadora de la proyección de JYJ que nos haga un espacio para cantar. Nos dijo que ya y listo, pero las expectativas eran muy altas y estábamos nerviosos. De hecho como toda primera vez nos equivocamos pero nos divertimos. Esa presentación no sería la última. Esporádicamente les sugerían a los organizadores de los eventos de K-Pop que conocían cantar alguna que otra canción, –“al inicio era difícil encontrar lugares donde presentarnos, ya sea porque no nos conocían o por el equipo de sonido”– pero nunca dejaron de intentarlo. Con fallas y trabas en el camino fueron ganándose un espacio entre los fans del K-Pop. Pronto, la noticia de un concurso realizado en aquel año, 2011, por la Embajada de Corea en
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Argentina que apoyaba la movida de la cultura coreana en Latinoamérica, llegó a oídos del grupo. Para participar tenían que mandar un video por Internet interpretando una canción o coreografía de algún artista coreano. Desafortunadamente los plazos para concursar ya habían acabado. –Pensé que, bueno, si el concurso se había realizado en el 2010 y 2011 era lo más probable que el próximo año se volvería a llevar a cabo. Para el año siguiente, aún sin saber si habría fecha del concurso empezaron a prepararse. –Nos preparamos mucho, pero a las finales cambiamos de canción porque no nos salía del todo bien. Era la balada de 4men “Baby baby”. Decidieron cambiar de canción faltando dos semanas para que acabe el concurso. La balada romántica era de un grupo llamado B.o.M., “Without you”, no era una canción conocida como otras, pero apostaron por ella. Era una melodía suave, en donde cada uno podía lucir sus talentos individuales. Esperaron alrededor de dos meses para saber si es que fueron seleccionados o no.

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En el transcurso de la espera, era una constante ver la web oficial para verificar los resultados, hasta que el día llegó. Fighting Souls viajaría a Argentina a concursar. Koko cogió el teléfono para llamar a Yomi pero ella no contestó. Entonces decidió llamar a Mineli. Bromeó con ella por un instante y le dijo que no habían pasado. Era mentira. La voz apenada de Mineli le decía que por lo menos habían hecho el intento. –Es mentira, sí pasamos. Ambos se emocionaron. A la par, Yomi y Kenyi, se quedaron impresionados con la noticia, sinceramente no creían que iban a pasar el casting. ¿Quién no se sentiría afortunado de recibir tal noticia si la mayoría de los costos los pagaría los organizadores del concurso? (Muy aparte del tentador premio de viajar a Corea). Para sorpresa de ellos, la gente les demostró su apoyo al igual que sus padres, por supuesto. Tuvieron que hacer un par de trámites, pasaportes y permisos antes de viajar. +++ El concurso se realizaría en Buenos Aires en la Sala Pablo Neruda del Teatro Paseo La Plaza.
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Más de 500 personas, en su mayoría fans argentinas, disfrutaban del espectáculo y coreaban las canciones que interpretaba cada uno de los finalistas. En esta oportunidad, a diferencia de los dos años pasados, solo habría un ganador de las dos categorías. –Habían grupos tan buenos como nosotros, cualquiera podía ganar. El turno de Fighting Souls llegó. “No me sentía nervioso, solo quería cantar y ya. Nos sentíamos ganadores con el solo hecho de estar ahí en ese momento”, me dice Koko. Con la pista de fondo de “Without you” y las personas que levantaban sus manos al ritmo de la balada, transcurrió su presentación. Las palabras de Koko al recordar ese día fluyen solas, un tanto apenado por recordar a los amigos que hizo allá y que no puede visitar tan fácilmente, pero feliz de poder contarme lo sensacional que es subirse a un escenario y recibir el apoyo de personas que nunca has conocido pero que disfrutan tu talento. –Nos dijeron que, según el jurado, basado en los videos de audición, éramos los favoritos.
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Ganar no estaba en sus planes. Ellos fueron a hacer lo que les gustaba: cantar. Crearon su propia coreografía, añadieron armonías a su canción y una intro a capela que ningún otro concursante hizo. Mineli, Yomi y Kenyi lloraron como nunca lo habían hecho en su vida. Koko solo atinaba a sonreír y abrazar a sus amigos. –Creo que el que lloró más fue Kenyi porque no lo creía. Tuvo que sacrificar cosas importantes para él, como sus estudios, debido a los ensayos y el tiempo que les dedicaba a ellos. Eran los ganadores. Entre tantos concursantes de Brasil, Bolivia, Chile y Argentina, solo ellos cuatro tendrían la oportunidad de participar en el KPop World Festival en Changwon, Corea del Sur. +++ Corea es una ciudad moderna, limpia y ordenada. Llena de altos edificios, afiches y letreros por todas partes. –Al momento en que el avión iba descendiendo, veíamos desde lejos unas islas, eran hermosas y el mar inmenso –comenta Yomi entusiasmada, como si estuviera viviendo de nuevo aquel momento.

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De Perú a Brasil, de Brasil a Qatar y de Qatar a Corea, 36 horas de vuelo intensas. Entre cambios de aviones y el jet lag, llegaron a su destino final. Ni bien bajaron del avión en el Aeropuerto Internacional de Incheon, un par de cámaras de la conocida cadena de televisión KBS, llegaron a entrevistarlos. –Nosotros no sabíamos que íbamos a ser entrevistados tan rápido. No nos habíamos cambiado ni mucho menos arreglado para las cámaras. Y todos hablaban en coreano.

“La primera presentación del grupo no fue de las mejores. Los micrófonos no funcionaban tan bien. Tuvieron que cantar sin ellos…”
Su traductor, Martin Lee, con el cual habían viajado, sería el que los guiaría. Ellos estaban sorprendidos de ver a la gente en el aeropuerto tomándoles fotos. Era un momento épico. Día uno. Apenas pisaron Corea, lo único que querían era descansar un poco. Tenían la sensación de que los iban a “explotar”. El primer desti24

no era el edificio principal de la KBS, los organizadores del evento. Todos los ganadores del concurso en sus respectivos países (Indonesia, Turquía, Republica Checa, China, Japón, Estados Unidos, México, Francia, Rusia, Kazajistán, etc.) se encontraban ahí, escuchando un discurso en donde se les agradecía su estadía y les explicaban el cronograma de los próximos cinco días. Se prepararon para una presentación piloto en frente del director de la cadena de televisión. Muy exhaustos y abrumados, pero con muchas ganas de dar una buena impresión, cogieron sus cosas y fueron en busca de sus trajes para presentarse a pesar que ya era casi las 11 pm en Corea. No sabían que más tarde estarían hospedados en un lujoso hotel situado en Gangnam-gu, el distrito más caro de Corea. +++ Día dos. El cronograma decía que les tocaba visitar "Cube Entertaiment", una de las famosas industrias de música coreana que tenía entre sus filas a artistas como 4minute, B2ST, BTOB, A Pink, BAP y G.NA, muy populares en el país.

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Era un edificio moderno, de tres pisos pero por dentro parecía albergar muchos más. En las afueras había afiches colgados de esquina a esquina con los rostros de todos sus artistas. Tuvieron la suerte de conversar con uno de ellos directamente. –G.NA (Gina Choi) es una persona muy cálida y humilde, nos dio consejos acerca del canto y practicamos algunos ejercicios que ella había aprendido a lo largo de su carrera. Al día siguiente, junto a los demás participantes bailarían el más grande hit que Corea del Sur exportaba en esos momentos: el “Gangnam Style” de PSY. El famoso baile del caballo. –Teníamos las cámaras grabándonos todo el día, nunca me había sentido tan acosado –dice Koko. En esa misma sala de ensayo tuvieron que practicar la canción que tenían preparada para el festival. –Era complicado ensayar ahí, se escuchaban mil voces porque no había nada que separe los ambientes. Con ropa de deporte y despeinados, les avisaron que en el edificio se encontraba Miss A, el grupo más famoso de la cadena musical de mujeres que
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tenía JYP y B.A.P, grupo rudo del K-pop, el cual había debutado hacía un año. Vendrían a visitarlos en cinco minutos. –Lo peor de todo fue conocerlos así… No estaba vestido adecuadamente para la ocasión. De todas maneras fue un momento maravilloso. +++ Día 4 y 5. Llegaron a Changwon luego de seis horas de viaje en bus desde Seúl. Bajo la lluvia, y con unos trajes impermeables, pasearon por todo el distrito. Flores de todos los colores adornaban la ciudad, árboles, todo muy natural y lleno de verde. Disfrutaron del poco tiempo libre mientras se preparaban mentalmente para la locura del día siguiente: El Kpop World Festival. Desde las diez de la mañana ensayaron duro y parejo tanto en las actuaciones grupales y como en su número en solitario. Prepararon una canción diferente a la de Argentina, esta vez por un pedido de los organizadores. La canción sugerida fue “Dream high”, el soundtrack del exitoso drama coreano del mismo nombre. Nunca pensaron en tener a solo unos pasos a varios artistas que solo veían por internet cruzándose en los baños, compartiendo camerinos cerca-

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nos e intercambiando palabras con ellos. Era algo que hace un año no imaginaban. –Mientras iba al baño después de habernos presentado, Bang Yong Guk de B.A.P salía de él. Me lo crucé y lo saludé, le pedí una foto y amablemente aceptó. Fue una de las mejores experiencias de Kenyi y Koko. –Una de las integrantes del grupo Secret me pidió que le ayudará a subir el cierre de su vestido, no lo podía creer, fue muy curioso. En ese momento Yomi volvía del baño y los chicos estaban por otro lado –dice Mineli muy sonriente. –Nos encontramos con Lee Hong Ki de FT Island, ¡no lo podía creer! Luego junto con Mine vimos a Jonghun, integrante del mismo grupo. Saqué un papel y le pedí un autógrafo. Le di un lapicero de Tarantallegra pero luego lo perdimos. Al rato uno de los señores de seguridad se me acercó y me entrego la hoja y el lapicero. En ella estaban las firmas de tres chicos de FT Island. Anécdotas como esta fueron algunas de las que vivieron los chicos de Fighting Souls, pero lo más grande que les pudo pasar fue ver cantar en vivo a TVXQ y conseguir sus autógrafos, grupo por el cual ellos empezaron a cantar. Era el momento
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que habían estado esperando pues por cuestiones de horario habían perdido la oportunidad de verlos antes. –En la tarde, mientras estábamos en maquillaje, ellos estaban en ensayo general en el escenario y no nos dejaban salir a verlos. Teníamos que cumplir nuestro cronograma. La presentación de Fighting Souls fue aplaudida por miles de fanáticas coreanas que admiraron su talento. Todos coreaban la canción de Dream High y, al ritmo de la música, movían los lightsticks (luces brillantes) haciendo que se viera desde el escenario un mar de colores. –En realidad es muy dura la vida de un Idol. Recuerdo que nuestro día comenzaba a la siete de la mañana y volvíamos al hotel a las 12 de la noche o más. No podíamos llegar a dormir aún por la diferencia de horario. Siempre había algo que hacer y cuando pensábamos que ya habíamos terminado aparecía otra cosa: practicar, ir a algún sitio, entrevistas, grabaciones. Ganar el concurso pasó a segundo plano. Tener la oportunidad de conocer a tantos artistas y compartir una experiencia de vida como ellos fue lo mejor. Teniendo en cuenta también que fueron
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persistentes en lo que querían, sin rendirse y demostrando a los demás que si desean algo hay que luchar hasta conseguirlo. El sueño se cumplió sin pensarlo, como cuando juntan sus voces y cantan solo porque los hace felices.

VANNYA LUQUE BUSTILLOS
18 años. Estudiante de Comunicaciones y aspirante a publicista. Amante de los animales y del chocolate. Me gusta la moda, cien por ciento makeup lover.

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[HISTORIAS DE RELIGIÓN]

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El Sanjuditas de los 28
El santo de todos que resucita cada mes. Por Jossie Pérez Saldaña –A un sol el ramito de rosas casera. A sol la velita, lleva, lleva. No importa si son rosas, margaritas o crisantemos, si están marchitas o no. Es 28, tampoco importa si es enero, mayo o noviembre (a excepción del 28 de octubre, día central de la festividad). Es 28 en la Iglesia de San
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Francisco y los miles de fieles de San Judas Tadeo intentan abrirse paso para llegar al templo. La avenida Abancay, jirón Ancash y Lampa albergan vendedores de velas, flores, botellas y las clásicas estampitas de todos los santos: la imagen del venerado con la divina oración en la parte de atrás. Desde las tres de la tarde empieza el desfile multicolor y la pelea por quién vende más se combina con el irritante concierto de bocinas de los autos. La gente va y viene, viene y va. Todos en fila india hacia distintas direcciones, apresurados, el que camina lento gana... Gana empujones, pisotones y una que otra caricia ajena en regiones no permitidas. Los gritos, llantos de bebes, carcajadas, pitos y el chirrido de llantas se combinan y pierden. –Calcio, calcio, cinco por un sol. Una chillante voz se destaca entre el barullo. Anuncia la presencia de un tradicional personaje que evoca al inolvidable pregonero con su “revolución caliente, para rechinar los dientes...”. Sus principales clientes son los niños, como el pequeño que a jalones lleva a quien pareciese ser su madre hacia el vendedor de huevitos de codorniz. – ¿Ají? – No, es para él, gracias.
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La bolsita en una mano y el mondadientes en la otra, apenas y puede llevarse los huevitos a la boca, pero él está contento. Un aroma, mezcla de sahumerio y flores frescas se siente apenas se cruza el portón de puntiagudas rejas negras como lanzas. Pequeños puestos de comercio religioso atienden a los feligreses en el patio de la Iglesia. Señoras ya mayores charlan con sus ‘caseritas’. Aprovechan este día para ofrecer todo el pack ‘sanjuditas’ que consiste en cuadros, imágenes, estampitas, amuletos, cadenas, velas rojiverdes. ¿Los precios? Entre 50 y 70 soles. – ¿Y por separado? –Claro que sí, casera. A 35 el cuadrito mediano, cinco la cadenita, a un sol la velita. Todo está bendecido –aclaran. – ¿Y las estampitas? –A cincuenta, llévate. Las palomas son un atractivo del lugar, que lo convierte en un parque o una plazuela más, formando una mancha grisácea sobre la Iglesia. Es común encontrar improvisados vendedores ofre34

ciendo bolsitas de maíz que sirven de alimento para las cuantiosas inquilinas emplumadas que acoge la iglesia. Muchas familias, pequeñas o numerosas, acuden con el único objetivo de inmortalizar su paso por la Basílica aprovechando el precioso fondo barroco. – Sonrían, sonrían… Ya. Otra por si acaso. Los flashes enceguecen a cualquiera que pase por el encuadre del fotógrafo y dan la sensación de estar en alguna alfombra roja. Fotos en la pileta, fotos a las palomas, fotos a los monumentos. Una hilera de fieles, que inicia en la puerta principal del templo, salta a la vista. Más de 300 personas a las que se suma, minuto a minuto, un devoto de sanjuditas, “el santo de las causas imposibles”, forman un ciempiés humano. Como en las colas de los cines los días martes. Ellos acuden mensualmente a conversar con su santo, a pedirle por el bienestar de sus familiares y de sí mismos, es por ello que traen consigo sus ofrendas. Ramos de rosas, víveres o velitas. Otros traen sus imágenes para bendecirlas. Algunos prefieren dejar sus donativos en el altar. Están los que agradecen los milagros ya realiza35

dos compartiendo algo de su bendición con sus hermanos devotos. Como Pedro, un niño de 11 años, que tiene en los brazos una bolsa amarilla muy grande para su talla (1.40 de estatura). En su interior guarda centenares de ‘velitas misioneras’. Las distribuye a los fieles del ciempiés humano. Luce cansado, recién va por la mitad de la extensa fila pero no se amilana ante el exorbitante número de asistentes. Termina de entregar sus velitas y se va, era la misión encomendada por su madre. Luisa y Mariela tienen otra forma de agradecer. Ellas se ponen de pie en la puerta principal y, con una sonrisa en el rostro, ofrecen petipanes. Los feligreses las miran, dudosos. Piensan que son parte del staff comercializador que merodea a los concurrentes. Un niño de ocho años, de mirada traviesa y cabello largo, extiende su mano y extrae dos petipanes. La acción fue divisada por todos e inmediatamente los bocadillos desaparecieron en segundos. El milagro del hambre. Al interior del templo la escena es majestuosa. La suntuosidad se ve reflejada en sus ornamentaciones eclesiásticas. La iluminación a cargo de las ostentosas lámparas que cuelgan del techo estilo mudéjar. En los extremos laterales, 21 altares de
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santos populosos esperando a sus fieles visitantes, entre ellos: La cruz de Chalpon, La Virgen de Chapi, y, claro, San Francisco de Asís. “Señor, no soy digno de que entres a mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. La multitud que está escuchando la misa recita esta frase con fervor. Mientras en los pasillos laterales, un grupo de personas pasea tal cual estuvieran en un centro comercial, observando uno a uno los anaqueles con apariencia de santos, dejando en ellos, la primera moneda que se encuentre en el bolsillo, con suerte es de color blanco aluminio, o de bordes azul acero. La gran mayoría de veces es pequeña y de color amarillo latón. En el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, muack (pulgar e índice derecho en los labios), amén. Siguiente módulo sagrado. “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo…”. Unos rezan arrodillados, redimiendo sus placeres pecaminosos, malas palabras, malas acciones y peores pensamientos. Otros cantan, conversan. Los niños más pequeños se entretienen mirando, a través de las rendijas del suelo, los huesos de las catacumbas de la Basílica; serie de criptas que se emplearon hasta principios del siglo XIX, como mausoleo para más de 25,000 personas, (actualmente es un museo).

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Pero solo una persona duerme. Una señora de cabello corto y encanecido, con los brazos en sus delgadas piernas, los dedos entrelazados, ojos cerrados y labios caídos. Resalta. Sostiene un abrigo celeste que roza con el suelo. Viste de color rojo, de pies a cabeza, y los lentes de medida, a forma de medalla, se destaca entre el gentío. Es la única que quizás por el arrullador cántico de la Eucaristía viajó a otra dimensión.

“Ellos acuden mensualmente a conversar con su santo, a pedirle por el bienestar de sus familiares y de sí mismos…”
Afuera, en el patio, la cola continúa, y se extiende aún más. Rostros que reflejan la fe viva de un pueblo que apuesta por este santo. El de los imposibles. Creen en él de manera incondicional. Ingresan uno a uno a su altar, dejan las flores en la parte baja, los víveres con los encargados asignados a mantener el orden respectivo a lo largo de la celebración. Tocan los pies sagrados, se santiguan y le ceden el lugar al que sigue en la fila. La acción seguida es pararse frente a sanjuditas. Orar con la vista fija en él, en su majestuoso altar ubicado al lado de la puerta principal. En los ojos
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de los fieles, hay un brillo característico, el de la fe cristiana. La escena es la de un concierto celestial. La misa continúa y ellos siguen ahí, en silencio con la mirada prendida en la faz del apóstol, recitando sus pedidos hacia sus adentros, con la convicción de que este les cumplirá. San Judas Tadeo, fue uno de los doce apóstoles. Hermano de Santiago el menor. Se le llama “Tadeo” para diferenciarlo de Judas Iscariote, el traidor. Es conocido como “patrón de las cosas imposibles”. Como obtener un empleo, o sanarse de alguna enfermedad. Es por ello que posee una inagotable cantidad de adeptos que asisten fielmente a cada celebración realizada en su honor, a rezar y, sobre todo, agradecer las peticiones milagrosamente atendidas. La misa ha terminado, sin embargo no hay movimiento masivo alguno. El público permanece en sus asientos, mientras finaliza el break del sacerdote, para la ceremonia siguiente. Algunos salen, muchos ingresan. Se quedan inmóviles al lado de alguna de las largas bancas, esperando a que se desocupen, al menos un pequeño espacio, pero la espera es en vano. Desde las cinco de la tarde hasta las 11 de la noche, el templo alberga a miles de personas, creando la ilusión de misa perenne.

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La familia Ponce, conformada por Diana, Andrés y sus hijas Ariana y Carolina llegan a la iglesia. Este mes ellos decidieron retribuir lo divinamente concedido, (que mantienen en secreto) con los niños. Andrés carga una caja beige de apariencia pesada, el rostro denota el esfuerzo y la agitada respiración. Suelta la caja en el suelo con alivio. Carolina la abre y junto a su hermana, reparten galletas y jugos entre los pequeños que juegan con las palomitas. Diez minutos después las envolturas se trasladan con el aire fresco de un lado a otro. La caja, vacía, termina como contenedor de los víveres ofrecidos. Y la familia se une al concierto. Pedrito ya había terminado de repartir sus velitas. Ahora es el turno de su hermano mayor: Alejandro. Él comparte galletas con todos en la fila, también con la bolsa amarilla en el brazo izquierdo. Estos hermanos se encargan del ciempiés humano, mientras la madre, promotora de la costumbre en sus hijos, reparte afiches dentro de la iglesia con la imagen de sanjuditas por delante y por detrás la divina oración con una dedicatoria: Recuerdo de tu devoto: Johan Marcelo Rodríguez Gómez. Probablemente sea su esposo, o su hermano. Solo ella conoce el milagro, sus hijos lo ignoran, pero se sienten inmensamente agradecidos y es por
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ello que acompañan a su madre en su aventura de cada 28. El día cierra habiendo superado los diez mil visitantes al divino altar de lo imposible. Los pequeños puestos de comercio religioso apagan sus luces. El vendedor de huevitos de codorniz retorna a su hogar, y los devotos se acuestan sintiendo la paz en su interior. Solo las palomas se quedan y la tranquilidad vuelve a la Basílica de San Francisco.

JOSSIE PÉREZ SALDAÑA
Tiene 18 años y no puede dormir si no hay música. En el colegio era muy buena en Matemáticas sin embargo estudia Ciencias de la Comunicación. Si un libro le gusta, no lo suelta hasta leer la última oración. Si le preguntan: ¿En qué te quieres especializar? Responderá “no sé” sin pensarlo. Solo sabe que le gusta escribir y que está aprendiendo a hacerlo.

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Sumisa solo ante Alláh
Ser mujer, ser trabajadora, ser madre, ser musulmana. Por Julissa R. Goñas Melissa Peralta es una joven sonriente de 23 años que trabaja en un centro comercial. Nos conocimos en el trabajo, teniendo una hilarante conversación con nuestros demás compañeros sobre si comer chancho o comer pavo en Año Nuevo. Ella nos comentó:
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–Soy musulmana, los musulmanes no comemos chancho ni celebramos fechas así. Desde entonces, cada vez que podía, ella me hablaba de su manera de vivir y de qué se trata su religión, que siempre me ha parecido interesante. Melissa es casada, tiene una traviesa niña de cuatro años y es musulmana desde los 12 años. Su padre es católico y su madre, mormona. Solo un tío lejano de ella es musulmán, pero no fue él quien la encaminó a la religión. Le pregunté por qué el islam, por qué no el cristianismo o los mormones, a lo que me respondió: “Antes de volverme musulmana, mi tío me dijo que conociera las demás religiones y entonces él me ayudaría a conocer el islam. Pero ya conocía las de mis padres y la cristiana y mi fe se inclinó por el islam”. Ella sola se halló ahí, en la mezquita, con los demás hermanos de esa comunidad que la hicieron sentir como en casa. Como ella dice: “Me volví musulmana porque sí, porque me gustó y me sentí cómoda aquí”. +++

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El islam es una religión monoteísta, creen en un solo Dios, sin ningún hijo. Para sus seguidores, los musulmanes, solo Alláh (Dios) debe ser adorado. Ellos se rigen bajo las enseñanzas del Corán, la palabra de Dios que le fue entregada al Profeta Muhammad. El Corán menciona que tanto el hombre como la mujer tienen los mismos derechos. Pero a las mujeres se les exige mayor obediencia y modestia. Melissa, en su caso, debe esquivar ciertas normas en su vestimenta o algunas comidas. No hay más de 700 musulmanes en Perú y la mayoría son mujeres. Sin embargo, no todas pueden asumir al cien por ciento esta religión o “forma de vida”, ya que al ser observadas con su vestimenta la gente las critica y las juzga. +++ La abaya es una especie de manto, un vestido largo que cubre desde el cuello hasta los pies. Tiene mangas largas, no tiene forma y esto hace que la mujer que se lo ponga oculte todo atributo que tenga. El hijab es un velo para cubrir el cabello. La abaya y el hijab son la vestimenta obligatoria que debe usar una musulmana como muestra de modestia.

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Su cabello, así como cualquier otro atributo, solo puede ser visto por su esposo o sus familiares cercanos. Esto se debe a que, para el islam, la mujer ha nacido para conquistar al hombre con cada parte de su cuerpo, desde su sonrisa y mirada, hasta sus piernas largas y delgadas. La mujer musulmana tiene que ser modesta para protegerse del acoso. Melissa no usa la abaya ni el hijab como su ropa diaria, normalmente, los usa solo cuando va a la mezquita y, en algunas ocasiones cuando sale de paseo. Me citó en Magdalena, entre la Av. Ejército y Av. Brasil, exactamente, debajo de la virgen. Resulta irónico por el hecho de que ella no cree en la Virgen María. En mi camino hacia el encuentro subió una joven al bus. Le calculaba dieciocho años, tenía puestos unos audífonos fucsias. La joven atrajo mi atención porque, en su asiento, procedió a amarrarse el cabello haciéndose una cola y luego se puso una manta sobre la cabeza. Capturó miradas de los pasajeros por segundos, pero yo la observé más tiempo, estaba segura que se dirigía al mismo lugar que yo, la mezquita. Bajé en el paradero y caminé a mi destino. Ella no bajó.

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Encontré a Melissa acompañada de su hija Penélope. He trabajado con Melissa por casi cuatro meses, siempre la vi con el polo gris y manga corta de la empresa y un mandil negro que se ajusta a la cintura. Verla con la abaya y el hijab, ambos de color morado y con detalles en dorado, fue muy sorprendente. Su pequeña Penny solo llevaba el hijab de color blanco que tapaba sus largos y oscuros risos. Vestía una chompa verde y unos jeans. “Comprar una abaya es caro, las niñas crecen muy rápido, además a esta edad corren, saltan, se ensucian. No es útil la abaya para ella”, respondió Melissa a mi duda. En Magdalena hacía frío, yo no había llevado chompa, en esos momentos deseaba vestir como Melissa, además la abaya se veía cómoda. “Hasta puedo ir al mercado con pijama abajo y nadie lo nota”, me cuenta entre risas. “Aquí no queremos terroristas, vuelve a tu país” o “pobrecita, esa chica no estudia” son comentarios que Melissa y sus amigas musulmanas reciben por usar la abaya y el velo en distintos sitios de Lima. Las críticas fuera de lugar siempre llegan por usar esa vestimenta. Con tono de cólera en su voz me comenta “he tenido que tomarme el tiempo de responderles, tra46

tar con gente ignorante. Suelo gritarles: “Estoy en mi país, tarado”, a ver si así me dejan de molestar, es que no respetan”. Otra cosa que le molesta es que murmuren: “Pobrecita, a esas mujeres sus esposos no las dejan hacer nada, les pegan”. El esposo de Melissa, Ysmael, tuvo que volverse musulmán para poder casarse con ella. Sin embargo, él no sigue todas las reglas que el Corán les exige. “Él es un católico más. Si supieras que me peleaba con él porque antes no quería que me vistiera así, pero a mí me gusta e igual lo hago”. +++ Entre más anécdotas, bromas, risas y “upas” de Penny, llegamos a la mezquita. Penny es una pequeña inquieta y risueña, a primera vista pareciera que es muy consentida, pero Melissa me comentó que trata de darle toda su atención el poco tiempo que pasa con ella, ya que por el trabajo no le puede brindar el tiempo que una niña de cuatro años necesita. De fuera, la mezquita no parecía una iglesia, parecía una vieja casona. Era color verde agua, no era muy grande ni muy pequeña. En la entrada había un señor que saludó a Melissa con un “Salam Aleikum, Tasneem”, ella respondió igual: “Salam Aleikum”. Esta frase en árabe es como un
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saludo que utilizan los musulmanes, su traducción más cercana es “Que la paz sea contigo”. En la mezquita conocen a Melissa como Tasneem, su nombre en árabe (en el Corán se menciona a Tasneem como la fuente del paraíso donde solo beberán los justos). A la pequeña Penny la conocen como Jalima (al igual que el nombre Penélope, Halima significa perseverancia en árabe). Todos estaban felices de verlas ya que, por el trabajo, Melissa no había podido asistir a la mezquita por lo menos en dos meses. Cuando entramos, Melissa me pidió que entrara a la sala sin saludar a nadie y que de frente tomara asiento. Penny se quitó el hijab y corrió al amplio campo que había en el lugar para jugar con sus amiguitos. “Ya vengo, mami”, dijo emocionada alejándose de nosotras.

“No hay más de 700 musulmanes en Perú y la mayoría son mujeres. Sin embargo, no todas pueden asumir al cien por ciento esta religión…”
El Sheij –quien vendría a ser su sacerdote– estaba dando una charla, al lado estaba el traductor. El Sheij hablaba en árabe, no domina el español.
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“Ninguno de los dos te mirará a los ojos”, me dice Melissa. Y era verdad, ni el Sheij ni el traductor miraban a los ojos a ninguna de las damas presentes como manera de respeto. Entre esas damas estaba la joven de los audífonos fucsias que vi en el bus, no me había equivocado, estaba sentada con una libreta, apuntaba lo que se comentaba en la charla. Como llegamos tarde a la charla solo tuvimos tiempo de escuchar algunas preguntas. La más resaltante la hizo un señor, parecía extranjero por su acento. ¿Puede un hombre musulmán casarse con una mujer de otra religión y viceversa? El Sheij respondió en su idioma, el traductor nos dio el mensaje: “Un musulmán tiene permitido casarse con una mujer cristiana o judía, ya que él puede educar a los hijos con la religión musulmana. Mas no viceversa”. Ahí quedó la respuesta. Yo me quedé con la duda así que pregunté por qué no viceversa. “El musulmán respeta la religión de la mujer, el judío o el cristiano, no. Es el hombre quien tiene que educar a la mujer. Normalmente, cuando sucede dicho caso, el marido choca con la religión de la mujer”, fue la respuesta.
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Otra pregunta que hice fue si es que la mujer tiene justificación de no usar la abaya, por ejemplo en el trabajo, ya que el Corán es estricto con ese tema y el Sheij había mencionado que “las mujeres que no cumplen, están erradas”. Me respondieron con lo siguiente: “Qué clase de seguidores de Alláh seríamos si no practicáramos la misericordia y la compasión. De hecho, si en su trabajo es necesario, pues que lo hagan. Pero también las mujeres están obligadas a buscar otro trabajo donde sí se le permita”. Luego de un par de preguntas más, la charla terminó y procedieron a hacer la oración, los hombres entraron a una sala con las puertas abiertas, las mujeres a una sala con las puertas cerradas, ambos sin zapatos. Las mujeres podían escuchar la guía del Sheij desde donde ellas se encontraban. Melissa no entró para hacerme compañía. Melissa me dio un recorrido por toda la mezquita. Una amplia casona con un gran jardín. Me mostró una sala donde están los niños, ahí les van enseñando más sobre la religión del islam, es como un salón de clase con algunas palabras en árabe, los números e imágenes en las paredes. También me presentó a sus amigas, entre ellas estaba la señora Sussy, quien me brindó algunos
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datos más sólidos sobre la religión, sobre la abaya y el hijab. La misma señora me comentó que en el Perú sólo hay una mezquita real, las otras dos son musalas. –A parte de Magdalena, San Isidro tiene una musala, pero también se les puede llamar mezquitas. +++ Antes de irme le pregunté si no sentía que llevaba una doble vida, a lo que ella me respondió: “Siento que llevo una vida frustrada, quiero vestirme así, quiero trabajar yendo vestida y hacer otras cosas, pero aquí no puedo sin ser vista como bicho raro”. A los dos días volví a ver a Melissa en el trabajo, con el uniforme gris, mostrando el cabello. “¡Salam Aleikum, Tasneem!”. “Hola, Juli”, me respondió riendo de nuevo. Quien la viera, no pensaría que ella cree llevar una vida “frustrada”. Tiene una hija a la cual mantener, no arriesgará su trabajo por algo que puede manejar. A pesar de que no debe tomar bebidas alcohólicas, Tasneem lo hace moderadamente. Solo baila en público en reuniones y a veces no lleva la abaya para evitar llamar la atención o ser molestada.
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El Corán dice que las musulmanas deben ser modestas y todo está en la intención. Melissa es como cualquier otra persona, con sus problemas y frustraciones, pero, a pesar de eso, siempre sonreirá a todo cliente que vaya a su caja, sea hombre o mujer, y no temerá verlo a los ojos. Ella solo es sumisa ante Alláh.

JULISSA R. GOÑAS
Moldeada al estilo de los noventas. Amo las peras y el invierno. No tan tierna como mis cachetes me hacen ver. Loca por proteger y encontrarles hogar a los animales. Suelo reír 25 horas al día. No tengo religión, tengo amor. Abrazo el sarcasmo para no ser tan cruel. Soy un pompón rosa que juega a vivir ¿Jugamos?

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[HISTORIAS DE GUERRA]

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Héroe en el recuerdo
Un guardia de seguridad peruano se convierte en soldado en Irak. Por Ítalo Aranibar Castillo Es raro saber que nadie en su familia lo considere un héroe, aunque lo fue para todos sus conocidos en un momento. William Castillo fue uno de los integrantes del primer grupo de peruanos que viajaron a Irak en época de guerra en ese país.

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Hace siete años era solo un guardia de seguridad que rotaba en diferentes establecimientos importantes de Lima, con un terno azul marino, camisa blanca, corbata perfectamente ajustada y zapatos negros relucientes, contratado por la agencia Seguritas Forza en la cual llevaba aproximadamente un año laborando. Su sueldo no le era del todo suficiente para la nueva familia que había formado con su esposa y su pequeña hija recién nacida, aparte de contribuir en la casa de sus padres donde la situación financiera no era buena por el despido de su padre. Además, le pasaba mantención a su primer hijo pequeño que vivía en Loreto con su ex esposa. Lo observo mientras bebe un vaso de agua sentados en el comedor de mi casa y noto cómo me observa al tomar notas de todo lo que me cuenta. No quiere hablar mucho de su vida privada cuando le pregunto por sus hijos y se lanza a contarme voluntariamente como empezó su aventura peligrosa para evitar preguntas incómodas. Todo comenzó con rumores de parte de sus compañeros de seguridad en agosto el 2005, cuando le comentaron que irían a una convocatoria dirigida a peruanos para apoyar al gobierno de Estados Unidos en la guerra contra Irak, en la ciudad de Bagdad, con un sueldo de mil dólares mensuales.

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Necesitaban hombres capacitados, con experiencia en el ejército y como guardias de seguridad en alguna agencia seria, por lo que William encajaba perfectamente, ya que sirvió en el Ejército Peruano por tres años y llevaba trabajando como guardia de seguridad más de un año. Sé arriesgó y decidió ir a la primera reunión en el Hotel Sheraton, con una camisa casual, un jean y un par de zapatillas. Defion, empresa militar privada que recluta y entrena a personal de seguridad, de logística, administrativos y otros servicios profesionales para ofrecerlos en todo el mundo –creada a causa de la guerra en Irak– contactó a todos los aspirantes interesados dentro de los cuales estaba William. Organizaban reuniones, que fueron cada vez más frecuentes, en hoteles cinco estrellas dirigidas por militares y directivos de Defion, por lo cual tuvo que abandonar el trabajo y embarcarse en este proceso que no era nada seguro. Le ocultó a toda su familia lo que venía haciendo, ya que las reuniones debían secretas. Les informaron que se les pagarían cien dólares por los días asistidos como remuneración por su tiempo invertido.

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–Todo era muy organizado, lo cual me hacía seguir yendo, aunque siempre tenía un poco de desconfianza. La última reunión fue llevada cerca de la Universidad Nacional Agraria, en La Molina, a la cual llegaron solo 250 peruanos, los cuales no solo vieron la posibilidad de ganar un sueldo en dólares sino tal vez obtener la preciada visa americana que no le dieron. Esa era la meta de William: tener oportunidad de darle una mejor vida a su familia, un mejor trabajo, mejor paga…, todo lo que siempre soñó. Le inventó a su esposa que saldría de viaje a Trujillo por un trabajo de seguridad, cuando en realidad tenía que integrarse a un grupo de entrenamiento militar de 20 días pactado en la última reunión. De pronto su rostro se torna alegre, aunque siempre sereno, al decirme que fue trasladado a un lugar desconocido para los aspirantes. Todos subieron a un bus al cual le cerraron todas ventanas con cortinas oscuras y realizaron muchas vueltas por todo Lima para distraerlos. Después de tres horas, llegaron a un campamento militar, una base muy parecida a las del Ejército Peruano, con cuarteles listos para ser habitados.
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Un campo de entrenamiento recién terminado de equipar, tanques, soldados que transportaban armas. –Sentí que volvía a mi juventud, todo me hizo sentir como si fuera mi primer día de reclutamiento, como años atrás. Realizaban toda la rutina que le ordenaban como cuando era el más joven en el ejército, pero de una manera más minuciosa. –Utilicé un fusil M-16 y una pistola glock, aprendí técnicas nuevas de primeros auxilios, me levantaba todos días a las tres o cuatro de la madrugada para realizar ejercicios de hostigamiento. Hice muchos amigos y me sorprendió ver a Benedicto Jiménez (ex jefe de Inteligencia que ayudó a capturar al terrorista Abimael Guzmán) dándonos charlas en vivo de ideología terrorista. A los 250 peruanos les dieron 500 dólares por el tiempo que permanecieron internados y 100 dólares más para sus pasajes de regreso. Al llegar a su casa le comentó a su mujer que tendría que viajar a Irak. Al principio ella no le creyó hasta que le explicó todo con más detalle. –Ella me dijo que no era justo, que era un inconsciente y un egoísta. Yo intentaba explicarle todo lo bueno que podría traernos.
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Lloró y le rogó que no se fuera, pero William le dijo que no tenía mucho tiempo, debía hacer sus maletas porque su vuelo salía en la noche, era una decisión tomada y no había marcha atrás. Fue un momento muy duro para él, dejar a su hija recién nacida y saber que era posible perderse sus primeros pasos, sus primeras palabras, ya que su viaje no tenía una fecha exacta de regreso. Luego de las noticias del atentado de las Torres Gemelas en Estados Unidos, el mundo pensaba que se vendría algo peor. George W. Bush mandó tropas en el 2003 a invadir Irak y asesinar a Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda. Todo dio un giro inesperado cuando se supo las verdaderas intenciones de Bush por quedarse con el petróleo iraquí y el incierto futuro de una población que aún vive en la inseguridad. +++ William tomó un taxi con las maletas hechas y llegó a casa de sus padres. Ni siquiera se tomó el tiempo para pensar cómo les explicaría que se iría a la guerra. Su madre, molesta, le dijo que lo quería vivo al regresar, todos lloraron y se abrazaron sin poder creerlo del todo.

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Le pregunto si no se sentía un desconsiderado al no haber comunicado esto a nadie de su familia con anticipación y me dijo que para él era el mejor modo de poder seguir adelante. –Yo había tomado la decisión, no había marcha atrás. Después de todo lo que hice, nadie me iba a hacer cambiar de parecer. Ese mismo día los nuevos soldados peruanos con destino a Bagdad, no pudieron realizar el viaje. La prensa los esperaba en el aeropuerto y los llevaron a un colegio situado en Breña donde pasaron la noche y pudieron regresar en la mañana a ver a sus familias por un momento. William regresó a casa y pasó todo el día con su mujer y su hija. La nueva despedida fue más tranquila que la anterior. A la suegra de William, que lo detestaba, le dolía más ver a su hija sufrir. Al verla llorar le dijo algo que él nunca podrá sacar de su mente: –Hija, no despidas llorando a tu marido, solo a los muertos se les despide llorando. En Irak murieron 73 mil soldados pero William pudo regresar con vida. De camino al aeropuerto, uno de sus compañeros que tomó el bus minutos después que él, le co60

mentó que su mujer lo había estado buscando, así que decidió llamarla. Veo como en el rostro de William se va formando una sonrisa e imagino que aún sigue enamorado de su esposa. Antes de abordar el avión, Matías Brivio, conductor de espectáculos, fue a grabar a los soldados, lo que, por alguna extraña razón, hizo que sus ánimos fueran como el de combatientes alegres por llegar a su destino. Un enorme avión verde oscuro lo esperaba. En él, aeromozas rumanas lo invitaban abordar. Realizaron tres paradas: una en Bahamas, otra en Ámsterdam y por último en Bagdad. Al llegar a su destino se encontró con un aeropuerto cercado con alambres de púas, hombres con imagen de asesinos en serie y un calor insoportable de 40 grados centígrados. Los peruanos trataban de mantener el ánimo positivo y alegre para luchar. William sonríe y dice que los demás los miraban con asombro porque no se explicaban la felicidad que tenían de estar en la guerra. Todos subieron a un camión blindado con destino al Palacio de Sadam Husein, donde se encontraba el centro de investigación y la base militar de los Estados Unidos. Dos helicópteros los protegían formando círculos en el cielo, vigilando que llegaran a su destino.
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–El fuerte estadounidense está conformado por tres círculos –me explica mirándome fijamente–. El primer círculo por soldados americanos de ascendencia latina. Me aclara que todos se comunican en inglés y algo de español por el gran número de latinos. El segundo círculo por extranjeros latinos y africanos y el tercer círculo, que es el centro de la base, por peruanos en su mayoría. Bajaron de los autos y fueron a tomar un baño. Al salir de las duchas, un joven americano que los saludaba, les comenzó a tomar fotos. Un peruano fue a avisar a uno de los capitanes de la Triplekanope (versión americana de Defion) que golpeó al muchacho y lo llevaron a interrogar por posible traidor. Me cuenta que esto dejo en shock a todos por la forma en que trataron al joven. Pero en cuanto se instalaron todo se hizo más fácil. La comida estaba basada en frutas, verduras, pescados y comida chatarra importada de EE.UU. (como KFC, que tenía una sucursal en Irak). La casa y la infraestructura de las viviendas embellecían todo Bagdad, enchapadas de oro puro, con pinturas enormes y una decoración deslumbrante.

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La interrogante de William era: ¿Por qué casi un círculo completo solo para peruanos? Entonces le informaron que era por la mano barata de Perú y por los excelentes antecedentes en cuanto a la lucha contra el terrorismo. Tampoco entendía cómo, después de un mes de estar ahí, les traían a soldados chilenos, sabiendo que por la historia no hay mucha afinidad entre ambos. Al poco tiempo los trasladaron a cuartos más alejados en los que se enteró que penaban. Los soldados preferían estar despiertos, mientras por radio seguían las peleas entre soldados peruanos y chilenos con insultos e interrumpiéndose el sueños haciendo sonidos desagradables. +++ Le pregunto a William cómo logró salir de ahí y me cuenta que, en sus ratos libres, jugaban fútbol en las piscinas vacías del palacio. Así fue que se lastimó el hombro. Al menos esa fue la versión oficial que dieron. William hace una pausa en su relato, me mira y me dice: “te voy a contar la verdad, ocurrió un accidente”.

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De pronto sentía que me había transportado hasta Bagdad, con la presión, el miedo y el calor. Aparte de resguardar la seguridad del primer círculo –o “Green Zone”, como también se le conocía– William se encargaba de revisar a cada uno de los trabajadores para ver si es que portaban bombas o algo parecido, una misión que odiaba porque sentía que llegaría el día en el que todos se vuelvan en contra de él y terminen matándolo. Así que un día se quedó en la puerta de ingreso del primer círculo y en ese momento un misil fue lanzado por los seguidores de Sadam, cayendo muy cerca de él. William salió volando pro los cielos, desligándose los músculos del hombro. Quedó incapacitado para combatir, por lo que lo enviaron de regreso a casa.

“Al llegar a su destino se encontró con un aeropuerto cercado con alambres de púas, hombres con imagen de asesinos en serie y un calor insoportable de 40 grados centígrados…”
Al volver, luego de tres meses, tampoco le avisó a nadie, aunque toda su familia ya lo estaba espe64

rando. Llegó una tarde que yo recuerdo bien porque estuve presente. Lo vi con uniforme y un polo blanco, más bronceado que lo común y el espíritu tranquilo de siempre, como si viniera de compras. Todos lo abrazaron y recuerdo que mi abuela lloró de felicidad mientras los demás se abalanzaban para ver qué cosas había traído. Le preguntamos por su viaje y la razón de su regreso. En ese momento no nos pudo enseñar nada porque al ser trasladado aprovechó en vender todas sus cosas y traer más dinero para su hogar. Recuerdo que mi madre, siempre tan preocupada y exagerada, me ordenó que no me le acerque mucho porque podría haber regresado infectado con radiación. Vi la comida en bolsas especiales que tenía un olor no muy agradable. Pudo recolectar poco más de 5 mil dólares en promedio y muchos recuerdos que aún no termina de compartir. Aún se pone a pensar qué pudo haber hechos para permanecer más tiempo ahí, ya que hubiera querido traer más dinero para su familia. Hoy sigue trabajando como guardia de seguridad y presiento que está más feliz que nunca. Solo tiene contacto con un par de amigos peruanos que regresaron tiempo después que él, incluida la per65

sona que le dio la información que le permitió vivir esta experiencia que marcó su vida.

ÍTALO ARANIBAR CASTILLO
Melómano sin dudas, la música es y será la única droga en mi vida. La juventud es uno de mis más preciados tesoros. No me divierto más que haciendo planes a futuro con mis seres queridos. Soy un casi comunicador con la ambición de ser padre de familia. 66

Asesino por obligación
La muerte un amigo y un asesinato. Por Valeria Gómez Guerrero La mañana que me obligaron a asesinarte fue el viernes más frío de mi vida militar. Sentado en la oscuridad de mi camarote, recordaba como fui enseñándote a andar y a dar la mano a los demás. Aún pienso por qué mamá dejó que me quedara, tal vez no te hubiera conocido, de repente no te hubiera asesinado. Hoy solo puedo pedir a Dios que me perdone, él sabe que no lo hice intencio67

nalmente porque yo te quería, Tota. Aunque tu asesinato no fue lo único que me marcó. Tan solo tenía 17 años y ya debía volverme un hombre. Era un orgullo para las madres moyobambinas acompañar a sus hijos a sacar la Libreta Militar y mi caso no sería la excepción. Mi mamá se levantó muy temprano a planchar mi camisa y yo, con mucha valentía, tenía en mente que iba a ser seleccionado para hacer el servicio militar obligatorio que en ese entonces era mal visto, pero que hacía hinchar el pecho a todo padre. Camino al ejército iba encontrándome con muchos compañeros del colegio con los que hacía unos meses había compartido la ansiada fiesta de promoción. Alberto, mi fiel amigo, mi hermano, le hablaba a su madre al oído para que yo no pudiera escuchar su temor por presentarse al ejército. No era de su agrado la idea de servir y en la chacota, durante clases, inventaba las mil excusas que diría para librarse de ese castigo. Lástima que no pudo realizar ninguna de ellas. Cuando nos llamaron a entrar, mi viejita me dio la bendición. Sacaba conejos de sus dedos mientras movía los ojos de lado a lado de la misma forma que lo hizo cuando se enteró que no llegaría a dormir a casa. En el ejército te decían el mismo día si te quedabas o no, sin darte tiempo para
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avisarle a tu familia, por esta razón las mamás iban acompañando a sus hijos, así no se quedaban con la duda de sus paraderos o pensando que fueron asesinados. No me sentí mal por ser seleccionado para servir, en el fondo tenía mucha curiosidad por conocer lo que hacía un militar en entrenamiento, pero lo que me desencajó fue ver cómo se empañaron los ojos de Albertito diciéndole a su madre que la extrañaría. Desde ese momento sentí que era mi deber cuidarlo por ser más grande que él, los dos estaríamos para apoyarnos, los dos estaríamos para cuidarnos y no lo cumplí. Dos meses después de aquella tarde de marzo llegarías a mi vida, Tota. +++ En sus intentos de formar hombres duros, nos bautizaron tirándonos caca de chancho. Por más que apestara a mierda esos desgraciados nos hicieron abrir la boca para que pudiéramos saborear un poco de ella, para luego obligarnos a tomar sus orines con la excusa de que así pasaría el mal sabor. Aún recuerdo con rabia a esos idiotas para al final reírme porque gracias a eso los de mi pabellón se hicieron más patas.

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Sin embargo, la risa no duró mucho, la mañana siguiente tocaba levantarse temprano para hacer ejercicios, la forma más letal de acabar con mis brazos. No recuerdo exactamente el nombre pero consistía en colgarte de una baranda y pegar tu pecho a ella para luego subir y bajar, pero no rápido, sino lentamente; la forma más dolorosa de morir. Después de eso mis brazos dejaban de existir por dos días pero luego me fui acostumbrando. Para Alberto estas cosas no eran fáciles, lo veía con la misma mirada perdida de mi madre pensando en la suya y yo solo podía hacerle bromas. –Oe, cabeza de cactus. –Ya vas a empezar, ya –me respondía. –Qué fea te han dejado la mitra cojudo –le decía riendo, mientras él empezaba a darme manotazos para empezar la batalla de almohadas como si fuéramos dos niños. Las risas eran interminables, pero siempre había uno que otro que jodía para que nos callemos. Cuando tocó por fin la clase de disparo, luego de 20 días, Soto (un negro entre tantos guambrillos) no se pegó el rifle al pecho y se rompió el omóplato, dejando colgar su brazo y caer el arma.

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Al ver esto, mi fiel amigo ya no podía más y se echó a llorar en la frialdad de su camarote. Veía como caían cada una de esas lágrimas reprimidas durante tanto tiempo, quedándome sin chistes y hablando con sinceridad. Mi hermanito me decía: “Extraño a mi mamá, quiero ir a mi casa, estar con ella. No aguanto estar aquí”. Lo único que podía ofrecerle era cuidarlo a él y a su viejita, la única compañera que tenía tras el abandono de su padre. Aún cumplo mi promesa Tota, lo sabes muy bien, pero no sé si él puede verlo desde donde está. +++ Dos meses después del claustro militar, como lo llamaba mi hermanito, tuvieron un rapto de humanidad con nosotros. Nos regalaron un cachorrito a cada uno. A él le tocó un machito y a mí una hembrita, serían como nuestros hijos, les daríamos de comer, los cuidaríamos y veríamos por su formación. Alberto estaba contento, una gran sonrisa me mostraba todos sus dientes. Después del almuerzo le llevábamos algunos restos de comida en un papel periódico que encontrábamos en las mesas

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del comedor. Nos esperaban ansiosos, rascando sus patitas desesperadas en nuestras piernas. Tres días después nos llevaron a nuestra primera ronda. Mi hermano no fue llamado a ir, pero yo no corrí con la misma suerte. Nos introdujeron en la selva, nos dieron el arma y cada uno vio por sí mismo. No disparé a nadie Tota, por primera vez tenía miedo, mis balas estaban completas y de mi arma no se escuchó ningún ruido. Al llegar al cuartel, un soplón dijo que no me vio disparar y al revisar mi arma el suboficial se dio cuenta de que mis balas estaban completas. Esa noche me masacraron, entre varios suboficiales me tiraron al piso con tres puñetes limpios en la cara. Me patearon por todo el cuerpo por mi cobardía. No era digno de un militar. Pero para ellos era menos digno actuar como mujercita chismosa. Por eso al soplón que me acusó lo mandaron al silo. Y tras esa paliza tú fuiste mi consuelo, Tota. Tras quince días de relajo y mucho entrenamiento, anunciaron que salíamos por segunda vez a ronda y ese sábado en el que el sol ardía en la cara, Alberto sí estaba en la lista. No quería mostrar su miedo, pero yo podía sentirlo en el temblor de su arma. Era mi deber no permitir que lo dañaran, pues el más débil de los dos era él.
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Sentados en el carro-carga que nos llevaría a la selva, el suboficial a cargo nos decía: “Si tienen algo que decirle a sus compañero háganlo ahora, si tienen que pedir perdón este es el momento, o tal vez decirle que los quieren y que se cuiden porque esta puede ser la última vez que lo verán”. Y no dije ni una palabra. Esa tarde disparé demasiado, por el temor de que me golpearan otra vez, además por cuidar a mi hermano. Las caras de los demás se iban perdiendo entre los árboles para luego perderse la de Alberto. Voltee para decirle que ya debíamos ir hacia el carro-carga para dar retirada y ya no estaba. Gritaba su nombre con el nudo atracado en mi garganta, corría por todos lados y no lo hallé. Tumbai, un compañero del pabellón, me llevó hacia el carro. Buscaba a Alberto entre los demás y no estaba. Llegamos al cuartel y seguía preguntando, iba de un lado a otro como los ojos de mi madre hasta que llegó la noticia. Estaba muerto. Enfurecido, boté las lágrimas que él fue aguantando día tras día en el encierro. Sus palabras eran como piedras que golpeaban mi corazón. Murió como carnada, porque eso éramos, la carnada que enviaban para saber si los narcoterro-

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ristas estaban ahí. No pudo volver a ver a su madre y no pude cumplir mi promesa. Ahora solo me quedabas tú, Tota. +++ La rabia se apoderó de mi cuerpo. En las posteriores salidas a rondar ya no disparaba por temor sino por venganza, la muerte de mi hermano fue el factor desencadenante de mis ganas de querer acabar con esas personas que acabaron con él. Aunque no sabía la cara de su asesino, en un momento llegué a pensar que fui yo cuando disparaba por disparar y aún tengo la duda.

“No disparé a nadie Tota, por primera vez tenía miedo, mis balas estaban completas y de mi arma no se escuchó ningún ruido…”
Un viernes en la mañana, el suboficial mandó a todos al patio llevando consigo a sus perros. Pensé que nos enseñarían a entrenarlos o que querían ver cómo los habíamos amaestrados, pero no. El día conspiraba con el suboficial, el cielo gris con las nubes negras preparándose a estallar. Entonces agarró a su perro del cuello y mientras es74

te se quejaba el hombre sacó un cuchillo mientras nos decía: “Aquí no formamos hombres, formamos máquinas asesinas” y abrió con el cuchillo el pecho de su perro, cayendo las chispas de sangre, obligándonos a todos a hacer lo mismo. Cuando el suboficial me dio su cuchillo, te cogí del cuello y te asesiné, Tota. Vi como ibas desvaneciéndote, bañándote en sangre para luego ahogarme en mis propias lágrimas. Me sentí la peor basura, eras lo único que me quedaba y no tuve más que asesinarte, envuelto en mi furia, envuelto en mi pena. Te miraba y veía el rostro de Alberto, me volvía loco. Ya en mi camarote la lluvia se hacía sentir y decidí marcharme, la culpa no me dejaba en paz, recordar tu barriga abierta viendo tus órganos era desagradable. Mis manos manchadas de sangre que, por más que las lavara, no iban a salir de mi mente. Yo te quería y te maté. +++ Ahora más tranquilo, decido hablarte después de tener una charla con Joel, un futuro servidor de la patria, que se enrolará al ejército igual que yo. Mi vida ha cambiado, me vine a Lima con ganas de dejar todo atrás. Sigo viendo por la mamá de mi hermano, acabada por los años y la pena.

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Quién diría que después de servir que hoy me encontraría trabajando en un fast food, rodeado de tanta gente joven de la misma edad de Alberto, que no vivió lo mismo que nosotros pero tiene el temor de hacerlo. Ellos crecieron tranquilos, jugando con sus familias, mientras Alberto y yo veíamos como iban desapareciendo los niños para ser reclutados y adiestrados al antojo de los narcoterroristas. Tienen ilusiones, sueños, metas por alcanzar como nosotros las teníamos en Moyobamba, sin embargo la vida nos jugó mal. Aún tengo la duda, sabes, no sé si en un error también asesiné a Alberto, por eso pido todos los días perdón a Dios porque no lo hice intencionalmente, era por cuidarme, cuidarlo y sé que él sabrá entenderme. Todos los días a las tres de la tarde voy a su encuentro. Ver a Joel es como sentir a mi hermanito. Cada conversación con él me hace sentir que estoy viendo a Alberto, revivo los recuerdos de esas mañanas del colegio donde reíamos y simplemente vivíamos. Muchas veces le he cambiado el nombre y siempre pregunta por qué lo hago, no tengo el valor para contarle mi historia pero silenciosamente le agradezco que me regale el estar cerca otra vez de mi
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hermano. Pareciera que la vida se arrepintiera de haberme dañado tanto y quisiera devolverme con él lo que me quitó de Alberto. No lo estoy usando, solo lo estoy aprovechando para volver a vivir momentos que añoro. Sumergido entre risas y voces, viajo en el tiempo regresando al colegio, reviviendo los recuerdos de esas mañanas con mi hermano cuando inventaba excusas para no servir. Nadie es reemplazable en esta vida, pero Joel es lo más parecido que tengo a mi mejor amigo.

VALERIA GÓMEZ GUERRERO
Quiere ser periodista. Extremadamente observadora, no le gusta la bulla pero tampoco estar sola. Llora todo lo que espera pero ríe todo lo que vendrá.

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[HISTORIAS DE MUJERES]

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La superhéroe de los besos rojos
#FairyTalesNoMore, 59 lecciones para solteras Por Johanna Bernuy Siancas No todos los días una administradora decide abrir un blog para hablar de amor y de la soltería de una manera divertida y termina siendo un boom en el Perú. María José Osorio se levanta en su depa en Arequipa y probablemente se le cruza un “qué diablos ha sucedido” por la mente. ¿De verdad está pasando todo esto?

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Hace poco más de un año mientras estaba en casa de una prima, una de sus amigas me preguntó si había leído el blog de una tal Soltera Codiciada. “No, ni idea de quién es”, respondí con honestidad. “¡Tienes que leerla! Escribe demasiado paja”. Entonces, apenas llegué a mi casa busqué el bendito blog y, diablos, descubrí que escribía como los dioses. Si uno piensa que es imposible leer algo que te haga reír y reflexionar al mismo tiempo pues try again, my friend. Era como leer a un psicólogo que había decidido convertirse en comediante hablando sobre las venturas y desventuras de las solteras. Trece meses después –y muchas risas y exclamaciones de “me ha pasado exactamente lo mismo” y “tienes demasiada razón, Soltera”– contacté a María José. Le mandé un tuit pidiéndole que accediera a darme una entrevista y no pasó ni una hora cuando ya me había respondido. “Escríbeme, Johanna”. Sabía que su agenda debía estar llena, ella misma me lo dijo. Pero aun así aceptó contestar a mis preguntas y me invitó al primer conversatorio que tendría en Crisol, una librería en San Isidro.

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Llegué diez minutos antes de la hora pactada y ya algunas chicas estaban sentadas conversando entre ellas: “¡Me enteré hoy a las cinco de la tarde y vine corriendo!”, “¡es que va a estar buenazo!”. Son jóvenes de veinte años en promedio. Me siento al medio de la primera fila. A las siete en punto ya todas las sillas están ocupadas. Hace calor y las expectativas están muy altas: Todas quieren comprobar si la Soltera Codiciada es tan divertida como en sus textos. Durante todo el 2012, María José publicó 59 “lecciones”. Cada post fue una especie de clase que buscaba instruir a las solteras en distintos temas: Pasó desde el “Diccionario de la Soltería” (lección 19) hasta “Cómo olvidar a tu ex” (lección 57). Y todas y cada una de las lecciones tuvieron ese toque de ironía y sarcasmo que la ha caracterizado y que ha gustado tanto. La mayoría de los blogs o páginas dedicadas a tocar temas relacionados con la soltería (incluyendo los amigos y los dramas emocionales que todas las chicas crean en su mente por ser un poco neuróticas), no han llegado a pegar tanto como Soltera Codiciada. Podríamos divagar entre los títulos parecidos de “Busco Novia” de Renato Cisneros o “No Busco Novio” de Esther Vargas, libros que están basa81

dos en los blogs personales de los autores, que dicho sea de paso son periodistas. Pero aquí la cosa es un poco distinta: Nuestra Soltera es administradora, nada que ver con el oficio antes mencionado. Un buen día se le dio la gana de escribir y lo hizo. Quizás sea simpleza lo que le da el toque de sinceridad y picardía que tanto encanta. María José cuenta, a través de Solty –apodo de Soltera Codiciada– y al más puro estilo de una chica que está harta de ver a su amiga caer en las mismas desgracias, la realidad que muchas nos negamos a ver. “Son historias de todos los días, nos pasan a todas y si a eso le agregas un toque de humor, pues termina siendo al final del día como una conversación entre amigas”. El blog, adornado con besos rojos, es casi una invitación a la verdad, notoria como un colorete, que ni una misma se atreve a encarar. +++ Casi a las 7:20 pm conectan los micrófonos y le dan el pase a Martín López de Romaña, un joven escritor y amigo personal de María José. Como ella, también tiene un blog, “El blog exagerado de

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Martín Romaña”, y un libro publicado en el 2011, “El descubrimiento del ruido”. Rubio, de lentes y de apariencia juvenil: Prácticamente un geek extraído de Glee. El calor aumenta y la mayoría de los asistentes utiliza cualquier cosa que tenga a la mano como abanico. Una que otra risa nerviosa deja saber que por lo menos la mitad de la audiencia está produciendo saliva extra al ver a Martín. Minutos después presentan a María José. Viste de manera sencilla: Una blusa blanca ceñida y un pantalón negro sin mucho detalle. Tiene un lunar que le da un toque de picardía a su sonrisa. Lleva el cabello suelto y está ligeramente maquillada, como quien se prepara para pasar una noche conversando con amigos. Y esa es la impresión que nos da. Nuestra protagonista sonríe y abre su botella de agua mientras escucha cómo su acompañante le echa flores: Qué linda, qué joven, qué bien escribe, de nuevo qué joven. Ella sigue sonriendo, como si todavía estuviera aprendiendo cómo manejar la atención y la fama. Y es totalmente comprensible: Hace un año y medio nadie la conocía, pero hoy Soltera Codiciada es un éxito rotundo. Y fue en una discoteca de Lima que se percató de eso.
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Más ebria que sobria, mientras hacía la cola para el baño, le preguntó a una chica si había leído el blog. “¡Amo ese blog! ¡Es mi favorito!”. Esa respuesta la sumió en un pequeño shock. Fue la primera vez que supo que el blog estaba pegando, pero probablemente nunca imaginó que llegaría a ser lo que hoy es. En el conversatorio la ronda de preguntas empieza. “¿Por qué me dijo que era su prima si en realidad era su flaca?”. “Bastardo”, responde ella. “Ningún hombre que quiere algo serio contigo empieza mintiéndote”. Todas nos reímos y al mismo tiempo nos maldecimos por no haber entendido eso antes, casi como si estuviéramos leyendo uno de sus post. En cada publicación Solty ha repartido cachetadas, una cuestión de “a quién le caiga el guante, que se lo chante”. Y, la verdad, al hablar de los típicos errores femeninos y de las piedras con las que las mujeres suelen tropezar más de una vez, fueron más de mil las mejillas que recibieron esas cachetadas cibernéticas. Dicen que lo bueno con el tiempo se pone mejor y esto se puso más que bueno. Cuando el blog estaba cumpliendo un año, María José anunció mediante un mensaje en su fan page de Facebook

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que el 12 de febrero se realizaría la presentación de su libro. ¿Libro? ¿Cómo? ¡¿Qué?! La lucecita del “Must Have” se prendió en la mente de cada fanática suya y comenzaron a marcar los días del calendario hasta que llegara la fecha del esperado lanzamiento. +++ “Santillana me cayó”, dice María José cuando Martín, nuestro geek cuerazo, le pregunta por el libro. ¿Cómo empezó? ¿Qué sentiste? La audiencia se pregunta si esta vez recibirán una respuesta llena de seriedad pero eso no sucede. Y nos encanta. “Fue de locos”, continúa Osorio. Una sonrisa aparece en su rostro y observarla mientras nos cuenta cómo sucedió todo es como contemplar a una niña que, emocionada, explica cómo consiguió la muñeca de sus sueños. Cuando los de la Editorial Santillana le mandaron un mensaje a la fan page de Soltera Codiciada y le dijeron que deseaban conversar con ella casi se desmaya. ¿Santillana quería hablar con ella? ¿La editorial que ha publicado a Bryce Echenique, Vargas Llosa y Benedetti? Ya, esto era serio.
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Cuando se concretó la reunión, le hicieron algunas preguntas. “Me sometieron al peor interrogatorio de mi vida, el FBI debería pedirles consejos sobre cómo interrogar a alguien”. Todos reímos. Al terminar la reunión con Santillana, María José, aún en estado de shock, salió a fumar un cigarro y a llamar a una amiga. “Me han dicho para escribir un libro”, le decía una y otra vez. Estaba viviendo en carne propia uno de esos momentos que uno no siempre llega a experimentar: momento de máxima alegría en el que te das cuenta que algo que creías imposible se empieza a hacer realidad.

“El blog, adornado con besos rojos, es casi una invitación a la verdad, notoria como un colorete, que ni una misma se atreve a encarar…”
“Perdió la calidad de sueño y empezó a ser un trabajo”, confiesa María José. Desde el momento en que nuestra Soltera Codiciada asimiló la noticia de la publicación de su libro ese se convirtió en su principal trabajo: Si iba a escribir un libro, iba a escribirlo bien y se iba a dedicar a la chamba al cien por ciento.
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Y así fue. El libro fue lanzado hace dos meses y las mujeres le dieron a María José la oportunidad de ingresar por segunda vez a sus vidas, esta vez mediante un medio distinto, e hicieron que en pocas semanas se convirtiera en uno de los más vendidos, siendo superado solo por “90 años de aprismo” de Alan García. El mejor orador del Perú casi es vencido por los besos rojos de María José. ¿Qué se sentirá que medio Perú te encuentre más interesante que al ex presidente? Bacán, creo. El conversatorio está terminando y todas parecen dispuestas a quedarse a dormir en la librería con tal de pasar un tiempo más con la autora revelación del momento. “¿Mantendrías una relación sadomasoquista como la de 50 sombras de Grey?”. Miguel suelta la pregunta recalcando que la encuentra bastante original. María José abre un poco más los ojos y ríe. “No soy de aguantarle muchas estupideces a nadie”. La última carcajada de la noche es liberada. +++ La cola para la firma de libros se forma tan rápido que pareciera que les fueran a regalar algo de comer. Pero no, son solo las ansias de saludar y estar cerquita de la blogger que en este último
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año ha hecho reír y llorar a gran parte de las mujeres del país. Flacas, gorditas, altas, bajas, morenas y rubias: todas en fila esperando su turno. No sé cómo llegué a estar segunda en la cola, probablemente fue un reflejo, pero el asunto es que estoy ahí y que no tendré que esperar mucho para intercambiar unas palabras con ella. Cuando termina de firmarle el libro a la chica que está primera en la fila, me acerco y la saludo. “Soy Johanna”, le aclaro, se debe acordar de los mails que nos hemos estado mandando durante estas dos semanas ¿no? María José abre los ojos y sonríe: “¡Johanna! ¡Qué bueno que viniste!”. Me saluda como si fuéramos amigas desde hace tiempo y siento que en cualquier momento puede empezar a preguntarme por mi mamá, por el trabajo y los estudios. Así de cálida es. Para mi sorpresa, me pide que la espere, para poder conversar con mayor tranquilidad. Se toma fotos con cada chica que se le acerca, tenga o no el libro, y no son pocas. Cuando ya son más de veinte las firmas repartidas empiezo a preguntarme si le dolerá sonreír tanto.

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Pero la verdad es que María José ha aprendido a querer a todas esas solteras que la siguen. Sabe que sin ellas nada de esto tendría sentido, no habría blog, no habría libro... nada. Siente un especial cariño por todas ellas: desde la fan entusiasmada que pidió el libro como regalo de cumpleaños hasta la que le dijo, en un comentario, que el blog la había inspirado a abrir un centro de ayuda para mujeres que sufren de abuso psicológico. Una heroína. “Es la última pregunta que tengo para ti”, le digo. Todas las firmas han sido repartidas y ella, aunque debe estar agotada, sigue sonriendo mientras saco la grabadora. “¿Qué es lo que viene ahora?”. “Viene, espero, mi segundo libro. Espero que tenga lo mejor del estilo que uso ahora pero también un episodio nuevo”. Sabe que la historia no ha terminado. Y si bien, como ella misma lo dijo, le debe mucho a Soltera Codiciada, aún hay más facetas de ella que no se han visto. “Algo más María José y no tan Soltera Codiciada”. ¿Qué cosas nuevas vienen para esta blogger que ahora es mucho más que eso? María José se ha paseado por varios medios promocionando el libro y hablando del boom que fue el blog; ha hecho presentaciones y ahora también un conversatorio. Ya tiene claro cómo se hacen las cosas pero, sobre todo, sabe que si debe de ser, será. Sin forzamien89

tos, sin presiones. Ella nunca hizo nada para que el blog fuera un éxito. Nada salvo tocar, con peculiar estilo, temas que a todas nos atraen. Pero el éxito, la fama, las fans... todas esas cosas llegaron solas. El futuro aún no está muy definido, Osorio me dice que probablemente pueda haber una serie basada en el blog: “Pero esa es una primicia que no puedo confirmar”, finaliza picaronamente. Lo que se espera es que los éxitos sigan, la fanaticada crezca y que María José continúe sacándole sonrisas y una que otra reflexión a todas las mujeres que en estos meses la han convertido en una especie de superhéroe que, mandando besos rojos, rescata a las mujeres de ellas mismas y nos canta una que otra verdad que hace tiempo necesitábamos escuchar.

JOHANNA BERNUY SIANCAS
Estudiante de Comunicaciones nacida en el 93. Cantante de ducha y blogger medio anónima; aficionada al cine y amante de las pastas. Escritora por ratos, freak permanente. www.deliriosdeunaexagerada.blogspot.com

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Educar, un dulce y amargo placer
Una maestra enseña con ternura en una zona peligrosa de Lima. Por Nathaly Campoblanco Velazco Una maestra que irradia ternura ha dedicado casi 30 años de su vida a la Educación Inicial en una de las zonas más peligrosas de Barrios Altos. Todo puede faltar en ese colegio, lo que nunca fal91

tará es el ingenio y la voluntad para sacar adelante a esos niños que tanto lo necesitan. Jr. Antonio Miró Quesada. Una calle estrecha que promete ser la dirección de un pequeño centro educativo inicial del Estado. Pienso que podría encontrar un jardín lleno de flores y arbustos justo frente a la puerta del colegio, creando una armonía con la risa de los pequeños niños. Pero ahora que estoy en el lugar solo encuentro basura por todos lados y el hedor me impacta bruscamente regresándome a la realidad. Conforme avanzo los olores son más profundos. Una mixtura putrefacta de naranjas viene directamente del cajón convertido ingeniosamente en carretilla, donde preparan jugos pese a estar rodeado por inoportunas moscas y lamentables perros. Camino un poco más y capto una mezcla de madera con polvo. Se siente claramente el olor a viejo. Es una ferretería amplia pero olvidada. Los utensilios que se muestran en el aparador ya han perdido su color original para ser una mezcla amarillenta de lo que alguna vez fueron desarmadores de mango rojo. Al otro extremo de la acera hay un grupo de hombres. Grandes, gordos, muestran sin temor o ver92

güenza su abultada barriga, mientras hablan y toman cerveza en un vaso de plástico. Continúo caminando, no me permito observarlos por más tiempo. Son intimidantes. Lo único que aún puedo percibir de ellos son sus voces que resuenan en el ambiente, todas con una tonalidad rasposa. “Ese conchasu”, es lo último que distingo de su conversación. Sonidos que se mezclan en un caos visual, donde el color predominante es el plomo. Calles, paredes, basura, todo parece estar manchado por una capa de polvo y suciedad. Al caminar lo más rápido que me permiten las piernas lo único que pienso es en nunca regresar. Me cuesta creer que una persona totalmente ajena a esta realidad esté dispuesta a hacer este recorrido de lunes a viernes ya casi 30 años de su vida. Me encuentro solo a unos pasos de un portón blanco, un blanco tan limpio que contrasta con el resto de la cuadra, como si no encajara en esa realidad. Mientras me acerco noto ciertas figuras. Una de ellas, la que más me gustó, es una muñequita de extremidades regordetas y cachetes sumamente rosados. Sobre esta dice: “I.E.I # 26 NIÑO JESUS DE ATOCHE”.

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Pese a no tener el jardín lleno de flores y arbustos, el pequeño colegio logra transmitir un ambiente cálido dentro de tanto caos. Con esta sensación me apresuro a tocar ese portón metálico. +++ Al ingresar al colegio, gracias a una amable portera de rostro cansado, una explosión de colores captura mis sentidos. Pese a que aún estoy en la puerta puedo observar que todo es un corredor medianamente largo, un lado está pintado de blanco con franjas naranjas y está decorado con dibujos, del mismo estilo que los del portón, también hay cartelitos de corrospún pegados, que enseñan la importancia de una lonchera saludable. En el otro extremo hay tres puertas. Son los salones de tres, cuatro y cinco añitos. Llegué temprano, aproximadamente una hora antes de lo pactado. Ingresé y tuve que esperar en una banquita que se encontraba justo frente al salón de cinco años. Ahí se encontraba la razón por la cual había llegado a este pequeño y colorido lugar: Nora María Velazco Peralta, una profesora que ha dedicado 29 años de su vida a este lugar, a esta zona, a estos niños. El tiempo pasa lento. Solo escucho el murmullo de los niños. El ambiente que se siente es acogedor, me trasporta a mi infancia y me viene a la mente
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la imagen borrosa de mi primera profesora de inicial, logro recordarla físicamente, una morena de sonrisa amigable y cabellos recogidos. Pero por más que busco en mis recuerdos no logro encontrar el nombre de aquella persona que me enseñó a comer siempre con un individual en la mesa. Un timbre me saca de este estado de concentración para informarme que ya es hora de la entrevista. Ese timbre marcaba la hora de recreo. El único momento en el que podía atenderme la profesora Nora. A los pocos minutos de haber sonado el timbre las puertas de los tres salones que tenía en frente se abrieron y dejaron salir a los pequeños estudiantes. Como si hubiera sido una botella a presión los niños salían disparados, corriendo a toda velocidad hacia el patio. Y ahí estaba ella. Detrás de esa pequeña multitud de niños, aún se encontraba en el salón arreglando y recogiendo algunos papeles. Al finalizar salió a mi encuentro. Era pequeña. Podría decir que no pasaba del metro cincuenta. Me ve y me saluda con una gran sonrisa. Pese a ser una mujer de 58 años su rostro es tierno y no refleja las huellas de la edad, su cabello es corto, de un color marrón castaño, con algunas canas rebeldes que se niegan a tomar el pigmento del tinte.

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Llevaba puesto un mandil celeste, con bobos en los bordes, el cual lograba ocultar con sutileza su buzo azul marino y los rollitos de la edad que espontáneamente se pegan a su polo. Manteniendo aun esa amabilidad en el rostro me invita a entrar al aula con un cálido: “pasa, disculpa la demora, es que hoy están más hiperactivos que de costumbre”, y con su dócil mano hace un gesto para que ingrese al aula. +++ Dentro parece otro mundo. Todos los objetos son tres veces más pequeños de lo normal. Las sillas, las mesas, los estantes. Me siento en una silla que fue diseñada para un niño de cinco años, estoy incómoda. Nora, acostumbrada, se sienta con gran normalidad y agilidad. Al verla tan feliz, tan cómoda en ese ambiente, la conversación fluyó. Le cuento que me llamó la atención la infraestructura del colegio pues es como un gran pasadizo. Ella me cuenta que antes había sido una panadería que el Estado les había transferido. Pese a esto, utilizando el ingenio, pudieron crear un ambiente acogedor donde poder enseñarle a los niños. Ingenio que siempre está presente pues gran parte de los juegos y utensilios que hay en el salón
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son hechos por ella, que recicla y le da una nueva utilidad a diversos objetos, no en vano ha pasado casi 30 años, ella sabe como arreglárselas para que no existan impedimentos a la hora de enseñar. La falta de dinero siempre ha sido una constante en sus años de trabajo. Padres de familia que no dan dinero pero que exigen lo mejor para sus hijos. Así aprendió a resolver diversos problemas con creatividad. Se pone de pie y me muestra su rincón de juegos, una gran variedad de objetos, unos más interesantes que otro. Como esas pequeñas maracas hechas con royos de papel higiénico, los cuales ha forrado y barnizado para darle un toque de elegancia a tan curioso objeto. Y cómo olvidar sus títeres. Improvisadas bolsas de papel que juegan a ser muñecos con amplias bocas, pero lo que más llamó mi atención fue su pequeño teatro. Era lindo, rectangular, con pequeñas cortinas improvisadas, hechas con retazos de telas, a los costados. Cuando lo voltea veo que es una caja de televisor forrada, pintada y decorada para que parezca lo más realista posible.

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+++ Al verla junto a su pequeño teatro observo que su mirada se ha perdido, como si buscara en sus recuerdos un fragmento del pasado. Después de observarla por unos segundo le pregunto por qué decidió quedarse en esta institución si hay tantas necesidades y dificultadas para trabajar. Ella se sienta nuevamente en la pequeña silla y me dice la razón: Porque aquí podía ayudar. Pese a que existen diversas necesidades materiales eso nunca significó un problema para ella. “Poder enseñarles a escribir, y a la vez enseñarles a bailar, es una libertad que me permito, me siento feliz dando todo de mí a estos niños, no importa si entrego más de lo que llegue a recibir, esta simple interacción con los niños me da felicidad y es lo que busco”. Pero Nora me cuenta que los años no pasan en vano y las verdaderas restricciones empiezan a aparecer. Ya no es la misma joven de cabello largo y negro que vino con la ilusión de poder ayudar y darlo todo en el proceso. Ahora los huesos, la vista, los reflejos empiezas a fallarle. Se da cuenta que ya no es la misma. Pero que incluso la edad no es un
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impedimento, pues aunque los años le impiden ser saltarina, estos mismos años le han otorgado la experiencia para poder dirigir y adaptar su metodología de trabajo. “Después de todo, estar rodeada de tanta vitalidad te llena de energía para seguir adelante”. +++ Al hablar de sus alumnos su rostro se llena de alegría y sonrisas que hiciera parecer que no hay necesidades o dificultades. Sin embargo, también hay casos impactantes que aun después de tantos años la desconciertan. Me cuenta el caso de José. Un niño de cinco años que le dio una respuesta que nunca podrá olvidar. Era una clase normal. Profesiones. La pregunta venía por sí sola. ¿A qué se dedican sus padres? Las respuestas eran variadas pero comunes. Obrero, guachimán, vendedor, albañil, pintor, ratero, cantante. Al escuchar “ratero” se sorprendió y más aún al ver al pequeño tan cómodo y familiarizado con el término y que después acota que cuando crezca quiere ser ratero como su papá. “Nunca me había pasado algo como esto, quizás pese a todos los años que tengas en la docencia

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nunca estarás preparado para la brutal honestidad de un niño”. Respuestas como estas te hacen reflexionar sobre el entorno y el ambiente en el cual crecen estos niños, no importa lo mucho que te esfuerces tratando de inculcarles valores o hábitos positivos si en sus casas los padres no refuerzan lo enseñado en clase, dice Nora. Los padres, son los que deben terminar de guiar al niño. Pero como hay casos lamentables también hay ejemplos que valen la pena mencionar. Como la historia de Jasón. Aun recuerda su nombre. Se ríe y dice entre sonrisas “memoria de maestra”.

“…gran parte de los juegos y utensilios que hay en el salón son hechos por ella, que recicla y le da una nueva utilidad a diversos objetos…”
Jasón fue su alumno hace 18 años. Dice que era un pequeño romántico. Enamoraba a todas las auxiliares. Su madre, una mujer empeñosa y preocupada por la educación de su hijo, siempre estaba pendiente de sus avances y logros. Ella se fue a buscar suerte a Argentina y se llevó al pequeño Jasón a los seis años.
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Nora me cuenta, mientras se acomoda su corto cabello, que hace dos años lo volvió a ver. La fue a visitar al colegio, ella caminaba por el pasillo y no lo reconoció, pero él se acercó con una flor y la saludó con un: “señorita Nora, qué viejita que estás”. Al verlo directamente recordó con claridad su rostro de pequeño y lo abrazó. Desde ese día la visita cada mes para hablar. Me cuenta entusiasmada que Jasón trabaja como supervisor en Metro y siempre que puede le lleva una flor. Al hablar de sus alumnos sus expresiones se relajan, se nota claramente que disfruta hablar de ellos. Y lo hace con una intensidad propia de una personada apasionada. Después de escuchar esas historias y conocer una realidad ajena me doy cuenta lo difícil que puede llegar a ser esta profesión. Ella me dice que no siempre se puede ayudar a todos los niños. Y los años le han enseñado a superar esas decepciones. Me cuenta sobre la primera promoción que sacó adelante, se había encariñado tanto con esos niños que después de la fiesta lloró. Se preguntaba qué sería de esos niños, que pasará con los que no pueda terminar de formar.
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Pero que con los años aprendió la diferencia entre ser una maestra y ser la salvadora del mundo. Después de 29 años de servicio es una mujer que desborda experiencia. Le pregunto si quisiera continuar por este camino. Pese a las limitaciones, la veo tan llena de vida y alegría en ese pequeño salón de clases. Pero su respuesta fue sincera. “Quisiera continuar con ellos, aún tengo mucho por hacer por estos niños, ya conozco la realidad de esta zona y me he ganado el respeto de muchos, pero ha llegado un momento en el que necesito alimentarme bien para poder continuar y el dinero no me alcanza”. Me dice que cuando puede toma pastillas de calcio y complejo B y que en esos días se siente liviana y salta como si fuera joven. Como si no hubieran pasado los años y disfruta con los niños un día más de clase.

NATHALY CAMPOBLANCO VELAZCO
Amante del arte en todas sus expresiones. Disfruta de caminar bajo la lluvia y pintar en días nublados.

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Mamita, nunca me rendí
Una lucha sin tregua contra el cáncer de mama Por Dhomy Reátegui Saavedra Mamita linda, ya han pasado 24 años desde que te fuiste y aún siento tu presencia, sé que estás a mi lado. Cada noche se me hace difícil dormir. Los recuerdos de todo lo que me pasó y me está pasando me invaden el alma, una lágrima sale y recorre mis mejillas pálidas por el frío de la no-

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che. No podía creer que lo que te pasó a ti, lo heredé yo. Unos me decían que todavía estaba a tiempo, bueno realmente lo estaba. Otros me miraban con unos ojos de pena, lástima; como queriendo decirme “pobrecita, ni te imaginas el trauma que vas a vivir”. Bueno, ellos también tenían razón. Pero al igual que tú, que luchaste durante cinco años y que a pesar de los dolores y moretones en tus piernas no te diste por vencida; no me rendí y seguí luchando por mi vida. +++ Año 2009, un día como cualquier otro, me levanté temprano, con las seis campanadas del reloj y los irritantes cacareos de las gallinas de mi cuñado, y empecé con mi aseo personal. Me bañé, me puse un sastre plomo con una blusita blanca, recién lavadita. Pero cuando me echaba desodorante, me vi en el espejo y me di cuenta que en el seno tenía una bolita por debajo del pezón que se hundía cada vez que levantaba el brazo, haciéndose un hueco profundo. No sabía exactamente qué era, nunca me dolió, es por eso que no me preocupé mucho porque el año
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anterior, en uno de esos exámenes rutinarios de la Liga Contra el Cáncer que programa la Universidad Mayor de San Marcos para sus asistentes sociales, me dijeron que eran unas fibras quísticas. Me perfumé y, con aquellos aromas de Avon que me regalan las quisquillosas de mis hermanas, me fui a trabajar. Con la preocupación en la mente no me podía concentrar, así que le pregunté a una amiga encargada de los exámenes de la Liga Contra el Cáncer: “Paulita, no sé qué tengo. Me he visto en el espejo y me he dado cuenta que tengo una bolita que se hunde y me forma un hueco en el seno izquierdo. No creo que sean quistes”. Ella me respondió: “Amiga, no te preocupes seguro es eso, pero de todas maneras anda con tus análisis a la sede principal para quitarte esa duda de encima”. Le hice caso. +++ Fui a la clínica ONCOCAR encargada de estos exámenes y me hice una mamografía para que me saquen de dudas. Según las investigaciones, la mamografía es la técnica más precisa para detectar el cáncer de mama en estadio precoz, ayuda a definir ciertos trastornos benignos y es la clave

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para disminuir la mortalidad por cáncer de mama. Así que debía funcionar. Una semana después, estando con el doctor, le expliqué lo mismo que a Paulita. Me examinó, revisó mi historial médico, el resultado de mis exámenes y me dijo: “Señora Nélida Marchan Cruz, su tía murió por cáncer de mama, su mamá falleció con Leucemia. Ya pues, con todos estos antecedentes, qué le vamos a hacer pues, le tocó. Usted tiene cáncer de mama”. Me quedé pasmada, aturdida, alejada del presente. No podía creer lo que el médico me había dicho. Hasta donde sé, el cáncer de mama es el tipo de cáncer más frecuente en la mujer, le siguen el de colon, pulmón, útero y ovarios. Es el cáncer más temido debido a su elevada frecuencia, la incidencia está creciendo ya que una de cada nueve mujeres desarrolla un cáncer de mama a lo largo de su vida, y porque todavía la comunidad científica no sabe cómo prevenirlo y el tratamiento, a menudo incluye la pérdida de la mamas. Inmediatamente regresaron a mí los recuerdos de tu enfermedad. ¿Te acuerdas cuando hacíamos cualquier cosa para que no te dieras cuenta de tu salud? Mamita, tu olfato de madre nunca te falló. Sabías que algo malo estaba pasando contigo. Recuerdo que en esos años se acostumbraba dar este
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tipo de noticias a los parientes cercanos y no a los pacientes como ahora. Pero tu genio y astucia pudo más que el doctor. ¡Te hiciste pasar por una prima!, ya que no te los querían dar. Un plan B no estaba de más. Ahí fue que te enteraste de tu enfermedad, caíste en una depresión inmensa, pero solo los primeros días. En fin, a mí se me bajó la presión, casi me desmayo pero no podía desvanecerme, aún tenía preguntas que hacer. +++ Llegué a la casa y mi hermana me esperaba angustiada: “¿Qué pasó Nélida? ¿Qué te dijo el doctor?”. No me pude contener. Mamita, tú siempre me enseñaste a ser fuerte, a no caer tan fácil, que nadie se dé cuenta de mi dolor, sobrellevarlo sola, pero no puede. Con mi hermana no. “Me detectaron cáncer de mama Elida”. Lloramos amargamente, solas las dos, junto a tu retrato, como si fuéramos unas niñas, como el día que partiste de nuestro lado. Pero puedes estar orgullosa de mí, mamá… ¡Fue la única y última vez que me vieron llorar!
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Serían 33 radioterapias y cuatro quimioterapias, añadiendo tres pastillas diarias para apaciguar los efectos de estos tratamientos, durante tres años. Mi enfermedad fue detectada en primer grado, eso me favorecía ya que el cáncer detectado a tiempo te puede salvar la vida. Me aferré a esa idea. Me sentí mal, tenía miedo. Pero ahí entraste tú en mi corazón de nuevo, mami, para darme la fuerza que necesitaba. Tú te tuviste que llenar la boca de ocho pastillas diarias para poder sobrellevar tu enfermedad que se encontraba en estado terminal. Aquella maldita enfermedad que te arrancó de mis brazos. Me operaron en el Hospital de Neoplásicas del INEN para extirparme el ganglio afectado. La operación duró unas cuatro horas, las más largas de mi vida; solo recuerdo que, con miedo y nervios, entré al quirófano a las 10 de la mañana y salí a las dos de la tarde. Sabía que en el pasillo estaba mi hermana, esperándome junto a mis demás hermanos. Puedes sentirte bien mamita, nunca me dejaron sola. +++ La situación se hacía más difícil. Con dos meses de vacaciones forzadas y cinco de licencia en la
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Universidad Mayor de San Marcos, donde trabajo, empecé mi terapia en la clínica ONCOCAR. Las radioterapias eran todos los días. Me colocaban un chalequito celeste descartable, me echaba en una camilla larga y helada; arriba se veía una plancha con bastantes luces rojas, lo que me indicaba que empezaba el proceso. Me quitaba el chalequito, en ese instante la camilla sube hasta encontrarme cara a cara con la plancha. En ese momento las enfermeras salen corriendo como si estuvieran huyendo de algo, me sentía algo excluida. En cuestión de segundos, el tratamiento culminaba con la señal de una luz parpadeante que indicaba la finalización del trabajo. Tenía un cansancio extremo, al llegar a casa sentía en mis pies hormiguitas alborotadas. Las quimioterapias eran más fáciles de lo que se piensan. Entraba a eso de las siete y salía a las 11, muy cansada y con cambios de humor muy fuertes. En la sala se sentía un ambiente frío, como si nadie estuviera ahí. Las enfermeras eran muy distantes, escapaban de mí. No podía comer cualquier cosa. Tenía que evitar la carne de res, de chancho, nada de comida con preservantes. Pero eso no fue todo. Aquellos grandes placeres de la vida los tenía que echar al
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olvido. Siempre fui fanática de tus postres mamita hermosa, sobre todo de tus alfajores, mi peor adicción. No tienes ni idea de lo frustrante que es no poder comer ni un solo alfajor. No sabes cómo cuesta verlos y no probarlos. Se me hace agua la boca. Pero esto recién comenzaba y tenía que acatar al pie de la letra las indicaciones del doctor para poder sobrevivir. Mi alimentación se basaba en trigo, maicenas y ensaladas. Mi trauma fue la caída del cabello. Me peinaba y en el peine se veían los grandes mechones de cabello que se desprendían debido a las quimioterapias, cuando me bañaba también se me soltaban grandes cantidades de cabello. Entraba en pánico al ver eso. Me generó un trastorno tan grande que no salía de casa porque tenía la idea de que el viento se llevaría mi cabello o lo que quedaba de él. Tú sabes más que nadie cómo lo cuidaba, pero no podía seguir así. No me imaginaba seguir todos los días viendo caer mis cabellos. Fui a una peluquería cerca de la casa y decidí quitármelo todo: “Quiero que me cortes el cabello, no puntas, no rebajar: todo”. Alfonso, el peluquero, me miró con asombro e intentó convencerme de no hacerlo. “En mi opinión, te caería mejor
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unos retoques en las puntas para resaltar tu cara”. Pero yo me aferré a una idea y no daría mi brazo a torcer. Y así fue. Solo quedaron los pequeños cañoncitos blancos. Con el pasar de los meses, con las quimioterapias y radioterapias, terminaron cayéndose también. Esto dio paso a un nuevo hobbie, un nuevo gustito que surgió de la necesidad de ocultar mi calvicie. Me compré todo tipo de gorritos, de distintos colores, entre azules y verdes, de rayas y con florcitas. +++ A pesar del cansancio y dolores que tenía, no me rendí. La sonrisa más hermosa y risueña estaba en mi rostro. Además ya se acercaban mis 50 años y no me quería quedar sin mi parranda. Mis hermanos se encargaron de todo. Fue una fiesta de rompe y raja, me trajeron serenata, bailamos hasta las últimas consecuencias y tomé mi rico vinito, claro que siempre con moderación, mamita, no te asustes. Todos celebraban conmigo. El simple hecho de vivir y estar de pie, a pesar de todo, ya me hacía heroína de todos mis ahijados. Nunca tuve hijos pero ellos sí que hacían un buen papel de ellos.

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Una de ellas, Dhomy, me regaló una peluca color café, lacio y corto; como mi cabello natural. Y fue con esa peluca que me presenté en mi fiesta. Todos te recordaron, me compararon contigo, y no te puedo negar; se me hinchaba el pecho de orgullo. “Se nota que eres hija de tu madre, tienes mucho coraje, cholita, igual que ella”, me decía Mariella, mi prima. Tres meses después, todo dio fruto. Noté cambios en mí. Ya no me cansaba como antes, podía caminar sin tener que parar cada segundo. Cargaba la bolsa del mercado con mucha más facilidad. Me crecieron las uñas. Oh, por Dios… ¡Me creció el cabello! ¡Me creció el cabello! ¿Puedes creerlo, mamita? Todo es felicidad, lo que más extrañaba regresó y para no irse más.

“Mi enfermedad fue detectada en primer grado, eso me favorecía ya que el cáncer detectado a tiempo te puede salvar la vida…”
Yo estaba en la cima más alta. Y nadie me pararía. Poco a poco volví a hacer mis actividades. Regresé a trabajar a la universidad como asistenta
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social el primero de marzo del 2011. Mi última quimioterapia fue en diciembre del 2010. Al inicio tenía miedo de las burlas o las miradas así que me presenté con peluca. Pero igual fue en vano porque mi cabello crecía rápidamente. No pude con mi genio y cuando ya tenía una buena porción de cabello me lo pinté. Siempre me gustaron esas cosillas, mamita, verme bien y presentable pero, tranquila, aunque lo hice a espaldas del doctor, tomé precauciones y lo hice sin amoniaco. El calor humano es lo mejor. Abrazos fuertes, sonrisas de oreja a oreja y un par de lagrimitas por ahí me recibieron. Sabía que había hecho algo increíble. Luché. +++ Ya han pasado cinco años desde que me detectaron el cáncer. Hago mis chequeos religiosamente cada tres meses. Tomo mis pastillas, como sano, hago ejercicio. Mi vida es mejor ahora. Tu cuerpo no está caliente, pero tu voz y amor retumba mis oídos y mi alma, sé que estás aquí. ¡Gracias por no abandonarme! Logré dominarte maldito cáncer, conmigo no pudiste. Te llevaste a mi mamita pero a mí no. No
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podíamos dejar que me lleve, ¿verdad mamita? Sabes lo fregado que es ser la cabeza de la familia, me hice responsable de ella cuando te fuiste y lo seguiré haciendo. El viejito es más jodido ahora, anda con sus achaques, ya sabes como es mi papá de quisquilloso. Te amo y te amaré. Seguiré visitándote y llevándote rosas a tu nueva casa, en Camposanto. Tengo presenté en mi mente tus últimas palabras: “Apóyense entre ustedes y no permitan que nada ni nadie arruine sus sueños”. Puede estar usted orgullosa, Doña Eda Cruz de Marchan, ha criado a una hija digna de su apellido.

DHOMY REÁTEGUI SAAVEDRA
No le gustan las mentiras. Ama a los animales, sobre todo a los perros y gatos. Es muy tímida al conocer a nuevas personas, pero le gusta entablar amistades aunque le cueste un poco. Enamorada de la vida, de Gustavo Adolfo Bécquer y de César Vallejo. Romántica hasta los huesos. ¿Su mayor sueño? Ser una profesional completa, exitosa y reconocida.

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