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Cuento_Matemático

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09/06/2013

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“ESFERU” Un cuento matemático PRESENTACIÓN

Este cuento ha sido creado y escrito por los alumnos de 4º de Educación Secundaria Obligatoria, del IES Aljada de Puente Tocinos (Murcia), durante el curso escolar 2012-13, como complemento al trabajo que se desarrolla en el área de Matemáticas. La idea surgió, en clase de matemáticas, después de haber leído y realizado una serie de actividades sobre dos libros: “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” y “Cuentos del cero”, con el objetivo de potenciar la competencia básica en comunicación lingüística, dentro del Programa de Fomento de la Lectura, que se lleva a cabo en el Plan de Mejora del Instituto, para los cursos de ESO. El profesor propuso la idea: escribir un relato o cuento relacionado con las matemáticas e inventado por los propios alumnos de la clase. Los alumnos aceptaron rápidamente y presentaron varias ideas que se debatieron hasta obtener el “hilo conductor final”. Después, se repartió el trabajo, por grupos de 4 personas, para hacer los diferentes capítulos del cuento. Finalizada la creación y redacción del relato, el Departamento de Educación Plástica del Centro, nos ayudó, junto a otros alumnos de 4º ESO, a realizar el diseño gráfico y la presentación final del cuento.
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CAPÍTULO 1.- “¡Atrévete a jugar!”
Fer andaba nervioso por el pasillo del instituto hacia la clase en la que tenía que recoger sus notas del curso. Aunque sabía que había vuelto a suspender las matemáticas tenía una vaga esperanza de que esa vez fuera diferente. Cuando lo llamaron porque le tocaba, entró, recogió el sobre y salió disparado al patio, buscando más intimidad para mirar sus notas. Casi todo era un “siete”, salvo dos “ochos”, un “cinco” en Tecnología y un “sobresaliente” en Religión, y cómo no, un insuficiente, “cuatro” en matemáticas. Siempre se quedaba a punto de aprobar, pero no lo conseguía por culpa de los dichosos problemas de razonamiento. Él entendía la teoría y los ejercicios en los que tan solo tenía que resolver una serie de operaciones. Pero los problemas se le resistían como una mosca en una telaraña. Después de la fiesta que habían organizado para celebrar el final de la ESO, se pasó varios días cabizbajo en su habitación, muy decepcionado consigo mismo. Por no saber resolver unos problemas, había suspendido las matemáticas. Al tercer o cuarto día, sus padres le dijeron que habían programado unas pequeñas vacaciones familiares en el campo, pues habían visto un gran caserón con piscina, para alquilar por un precio relativamente barato. La familia hizo las maletas con ganas de disfrutar. El viaje en coche fue largo y cansado y tuvo mucho tiempo para pensar en su nota de mates, y en que no quería pasar a bachillerato con ninguna asignatura pendiente. Cuando por fin llegaron a aquella enorme casa de campo, ya había comenzado a anochecer y pasó de salir, como sus hermanas, Susana (la mayor) y Sofía (la pequeña), porque estaba muy cansado y quería deshacer las maletas. La casa era antigua y rústica, con paredes de ladrillos de piedra gris, con enormes balcones repartidos en tres plantas. Tenía cinco habitaciones y tres baños, así que cada uno tendría su habitación sin que nadie compartiera e incluso sobrarían; aunque eso no afectaba a Fer porque era el único chico y siempre le tocaba solo. También tenía una piscina de obra, y un caminito que conectaba con un río. En la tercera planta había un desván donde los dueños dijeron que, tal vez, podría entrar algún ratón, pero que no se preocuparan que, si eso ocurría, sólo tendrían que poner un poco de queso en una trampa enorme que nunca fallaba. Por eso, su madre le encargó que colocara el queso en la trampa y de paso barriera un poco el polvo del desván.
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Después de dejar la maleta en su habitación, con paso lento, fue a realizar el dichoso trabajo. El desván era prácticamente del tamaño de un piso de soltero, lleno de polvo y de algunos trastos viejos. Tras poner el queso en el sitio correspondiente, empezó a barrer con aburrimiento, porque lo que estaba haciendo no era lo que había esperado para unas perfectas vacaciones. A los diez minutos, el hastío lo había vencido y se sentó en uno de los cofres que había golpeado con la escoba para quitarle el polvo. Y desde ese sitio vio algo en el fondo de la habitación, de colores vivos, que destacaba entre los matices de tonos marrones del cuarto. Se acercó despacio y quitó el trapo que tapaba el resto del objeto. Era una caja tan grande que necesitaba los dos brazos para abarcarla, con todos los colores posibles impresos en la tapa donde estaba el nombre: “ESFERU”. Pensó que el Universo se quería reír de él. ¿Cómo era posible que en una casa de tropecientos años encontrara un juego sobre su peor pesadilla: las matemáticas? Aunque se enfadó, también le divirtió un poco. Así que sopló el polvo y abrió la tapa para curiosear. Sacó un tablero de grandes dimensiones, con muchas casillas. Había un dado del tamaño de una taza de té y un muñeco que le recordaba mucho al Action Man y que parecía un superhéroe; bueno, más o menos. Sus ropas eran las de un superhéroe, sí, con su capa, el bigote y, en su pecho, un “5” y un “3” acostado dentro de un triángulo, algo así: SM. También tenía pecas y llevaba gafas, lo que le daba cierto aire de empollón. En el reverso de la tapa, pudo leer que el nombre del muñeco era “Súper Matemático”(SM) y unas breves instrucciones: “Para empezar, tirar el dado”. “¡Atrévete a jugar!”
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Fer tiró el dado y, de repente, sorprendido, se vio en un torbellino brillante que lo tragó y lo transportaba al interior del juego. Y es que lo que no leyó fue la letra pequeña que decía “Tú serás la ficha, que irá de casilla en casilla”.

Tras un espacio de tiempo indeterminado, cayó al suelo, miró a su alrededor y descubrió que ya no estaba el desván. Extrañado, sintió que estaba dentro del juego, vio las casillas y un gran dado a su lado. Intentó explorar y cuando fue a pisar la casilla siguiente, apareció SM y se lo impidió. - ¿Quién eres?, ¿estoy soñando? - No, mira a tu alrededor, ¿dónde crees que estás? - Parece que esté en el juego, pero no es posible. Fer se armó de valor y tiró el dado, que le llevó a la primera casilla donde le esperaba un problema.

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CAPÍTULO 2: “Estadística y fútbol”
El chico abrió los ojos, que había tenido cerrados todo el tiempo, y se encontró en medio de un campo de fútbol. No tenía ni idea de cómo había llegado allí, ¿estaría soñando? Hacía sólo unos segundos estaba en el desván jugando a un juego de mesa y ahora… ¿Dónde demonios estaba? Confuso, miró a su alrededor y contempló las gradas a rebosar de gente, lo que le hizo pensar que habría un partido importante ese día. Estaba tan sorprendido que no se daba cuenta de que un hombre le estaba pidiendo a gritos que saliera del campo. Después de oírlo cinco veces, reaccionó y se levantó del césped para encaminarse hacia las gradas. Pero su mayor sorpresa vino cuando miró al cielo. No había. Lo que vio fue un techo de tablones de madera idéntico al de su desván, solo que esta vez el techo parecía no tener fin. Entonces recordó que en el tablero había un campo de fútbol en miniatura y, al recordar esto, se quedó paralizado por la idea tan disparatada que se le había pasado por la cabeza. - ¿No estaré dentro del…? - Sí, te has dado cuenta. Se giró para ver quién había dicho esas palabras y, vaya por dios, el hombre que estaba detrás de él era la viva imagen del Súper Matemático. - Efectivamente, estás dentro del juego. - ¿Quién eres tú? O mejor… ¿cómo he llegado a parar aquí?
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- Soy el Súper Matemático y en cuanto a cómo has llegado aquí,… deberías saber que no puedes jugar desde fuera, debes jugar desde dentro. Así es más divertido, ¿no? - Ya, ya. Sí, muy divertido, pero… ¿cómo salgo de aquí? - Vale, tranquilo. Debes superar todas las pruebas, son cinco en total. En cada una de ellas deberás ayudar a una persona en apuros, usando las matemáticas. - Has dicho…¿matemáticas? ¡Me quedaré aquí para siempre! Soy malísimo en mates, no sé casi nada. - Para eso estoy yo aquí. Si te topas con un problema que no eres capaz de resolver, vendré a echarte una mano. - Está bien, aunque todavía no me convences del todo. - ¿Tienes otra opción? - Parece que no. Pero antes de que terminara la frase, aquel superhéroe ya había desaparecido. - Muy bien, ahora lo que tengo que hacer es buscar a esa persona en apuros. Espero que sea fácil encontrarla. La gente de las gradas estaba cada vez más impaciente e histérica y Fer no sabía por qué. “Señoras y señores, estamos teniendo algunos problemas con los posibles resultados. Así que, por favor, tengan paciencia.” Eso fue lo que dijo el comentarista. Y, al oírlo, Fer supo dónde estaba la persona a la que debía buscar. Subió hasta la cabina y allí pudo ver a un hombre muy aturullado, yendo de un lado para otro, rascándose la nuca, intentando pensar. - ¿Ocurre algo, señor? El comentarista dio un respingo e inmediatamente exclamó: - ¡Ayúdame, por favor! - Está bien, señor, dígame, ¿cuál es el problema?

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- Te explico: las semifinales están a punto de empezar y, por alguna extraña razón, los espectadores quieren saber qué equipo es más probable que gane. Es más, quieren cuantificar esa probabilidad. El hombre hizo una pausa para ver si el chico le seguía y continuó. - Pero, ¡no sé cómo hacerlo!, ya que no tengo los resultados de los partidos que han ganado los equipos. Además, tampoco sabría qué hacer después. No tenía previsto algo así. - Yo tengo los resultados. - ¿Pero qué…? ¡Súper Matemático! ¿Ya vienes a ayudarme? Era Súper Matemático, que había surgido de la nada, otra vez. - ¿Quieres que te ayude ya? - Necesitamos los resultados para hacer la tabla - dijo el chico. - ¿Qué tabla? ¿No decías que no sabías nada de matemáticas? - Bueno,… pero es que eso es elemental, fue lo primero que vimos en el primer trimestre. - Vale, pero sólo te daré los datos, después te las apañas tú solito. - Me parece bien. - Jugaron los equipos A, B C y D. Los ganadores, en una liga de 12 partidos fueron los siguientes: B , C , C , B , D , D , B , A , C , B , D , A Fer realizó una tabla que resumía los datos y los representó gráficamente para que se vieran mejor:

Equipos A B C D

Nº de veces que ganan 2 4 3 3

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- Ya está. El Equipo B tiene más victorias y, por lo tanto, es mejor que los otros equipos. Además, la probabilidad de que gane es 4/12 (un 33 %), algo mayor que la de C y D, que es 3/12 (un 25 %) El hombre no podía estar más feliz. La gente ya se tranquilizaría y dejaría de abuchearle. - Muchas gracias, me has sacado de un gran apuro. - ¿Pero a qué espera? Vaya y dígales a todos el resultado posible. Entonces, el comentarista fue corriendo a ponerse los cascos y el micrófono delante. Mientras, el chico buscaba con la mirada y… ni rastro de Súper Matemático. Había desaparecido. - ¡Ah! Se me había olvidado decirte una cosa. - ¡Aaahhhhh! - Fer se sobresaltó al ver al Súper Matemático de nuevo. - ¡No me pegues esos sustos! - Sólo era para advertirte. Cada prueba se llevará a cabo en un lugar diferente y, cada vez, serás un personaje distinto. En esta prueba estabas en un campo de fútbol y se suponía que eras una persona del público, pero en la prueba siguiente no será igual. - “Vale, lo tendré en cuen...” Pero no pudo acabar la frase, porque Súper Matemático había vuelto a desaparecer.

CAPÍTULO 3: “El triángulo estable”
Tras superar la primera prueba, Fer tiró el dado y apareció en un nuevo lugar. Ahora se encontraba rodeado de grúas, vigas, obreros,…Totalmente desorientado no sabía qué hacer. En ese momento un hombre vestido con un mono azul y un casco blanco se acercó a él. El hombre, un tanto apurado, le pidió ayuda para resolver un grave problema en la estructura de la obra. Le planteó el siguiente problema: “Hemos sido contratados por ARMOASA, una empresa de construcción, para construir la estructura metálica de un centro comercial. Hemos comenzado a levantar las paredes iniciales, pero se quedan muy inestables
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y se balancean de un lado para otro formando la figura nº 1. Tenemos que hacer algo para sujetar bien los lados verticales, para formar la figura nº2”

Figura nº 1

Figura nº 2

A continuación, Fer comenzó a plantearse una solución. Tras unos minutos pensando creyó hallarla. Avisó al hombre y le propuso que utilizase hormigón para rellenar los huecos y conseguir una estructura más estable. El hombre le respondió que no era posible, ya que debido a su peso se hundiría y además la obra conllevaría un gran presupuesto. Fer, desesperado, le pidió ayuda al Súper Matemático. Entonces pronunció: - ¡¡ Súper Matemático, heeelp meee!! Y, de pronto, apareció. Ansioso, le planteó el problema al SM y este le aconsejó que formara otras figuras geométricas dentro de la misma. Se le ocurrieron varias soluciones, entre las cuales hizo las siguientes:

El chico enseñó sus nuevas soluciones al hombre. Este quedó asombrado y pensando que servirían. Las construyeron, pero todas seguían siendo inestables, aunque más resistentes que la inicial figura nº 1. Fer, sin saber qué hacer y a punto de darse por vencido, recordó una de las más importantes figuras geométricas nombradas y trabajadas en clase de matemáticas: ”EL TRIÁNGULO”, la figura más sencilla e indeformable que se pueda utilizar tanto en problemas matemáticos como en la vida cotidiana.
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Finalmente, le planteó al hombre la solución definitiva en la que bastaba con añadir a cada rectángulo una o varias barras dispuestas de manera que siempre formen triángulos. La estructura quedaba así:

El hombre le dijo que la solución era correcta y que las paredes no se balanceaban. Había superado la prueba.

CAPÍTULO 4: “Trigonometría para medir los montes”
De nuevo tiró el dado y apareció vestido como un típico mexicano: botas marrones altas, pantalón y camisa blanca, en el hombro llevaba colgado una manta a rayas, en la cabeza un gran sombrero y un bigote rizado. Se encontraba en un pueblo de Jalisco, México. Empezó a caminar por el centro del pueblo, sin saber a dónde ir. Tras un rato caminando bajo el sol ardiente, decidió sentarse a descansar. Entonces, un anciano se acercó a él y le preguntó: - ¿Te encuentras bien? - Sí, gracias, pero tengo un poco de sed. - Aquí cerca hay una plaza con una fuente. Si quieres te puedo acompañar. Se dirigieron a la fuente y de camino establecieron una conversación: - No parece haber mucha gente en este pueblo. ¿No se aburre por aquí? – Preguntó, Fer, con cierta duda. - Hijo mío no tengo tiempo para aburrirme. Llevo muchos años intentando conseguir un colgante de mis antepasados que quedó en la cima del Cerro Negro. - ¿Por qué no lo ha cogido todavía? - Porque cuelga sobre el cuello de un ciervo y cada vez que lo intento coger, sale huyendo.
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Fer pensó que el anciano era la persona que tenía que ayudar y le dijo: - Le voy a contar lo que me trae por aquí. Creo que tiene que ver con usted. Todo empezó el día que recogí las notas del verano. Quedé sorprendido al ver que me esperaban unas “magníficas” vacaciones, gracias a mis queridas amigas las matemáticas. -Pero…¿qué tiene que ver todo eso con que estés aquí? - dijo el anciano, interrumpiéndole. - Espere, todo a su tiempo. Me fui de vacaciones a una casa de campo con mi familia. Allí vi un juego que me llamó la atención y al comenzar a jugar con él, yo era la ficha. Y en cada prueba, tenía que ayudar a una persona. Ahora, el juego me transportó a este lugar. ¡Y en esta prueba, esa persona es usted! Después de mucho tiempo, llegaron a la fuente y bebió con avaricia. - Tranquilo, tranquilo… que si me vas a ayudar te quiero vivo – dijo el anciano, a carcajadas. - ¿Cuándo empezamos a buscar el ciervo? - preguntó Fer. - Lo antes posible, pero yo ya no tengo más ideas. ¿Tú propones algo? - Lléveme a la base del Cerro Negro y ya pensaremos algo. Tras el largo camino, Fer se empezó a preocupar y antes de desesperarse, se detuvo, respiró hondo y llamó a S M.
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- ¡Súper Matemático, HELP MEEEE! Apareció SM de la nada y ya estaban en la base del Cerro Negro. - SM, ¿ahora, por qué no nos subes a la cima directamente? - Sería demasiado fácil para ti, recuerda que es un juego matemático y que tú deberás coger el ciervo con la cuerda mágica que te voy a dar. Eso sí, antes debes calcular la longitud de la cuerda, que es la misma que la distancia que hay desde donde estás, hasta la cima. - Pero, ¿cómo lo hago? si no sé nada. SM le dio un pergamino con los datos:

Altitud montaña: 4.453 m Distancia entre Fer y la base de la montaña: 800 m Altura Fer: 1’73 m Altura sobre el nivel del mar del lugar: 2.000 m

Fer hizo un croquis en el suelo con un palo y empezó a realizar cálculos:

4.453 – 1’73 – 2.000 = 2.451’27 X = 2.451’27 + 800 X = 3.251’27 m. de cuerda

- ¡SM, ya lo he terminado! - ¿Estás seguro?, ¿lo has comprobado? - Aah… no. Yo doy por supuesto que está bien, y que no voy a tener ningún problema a la hora de coger el colgante.
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- No estés tan seguro, mejor compruébalo. ¿No te das cuenta de la barbaridad que has cometido? Si te equivocas, no podrás salir del juego y tendrás que quedarte aquí para siempre. - No me gustaría equivocarme. Lo comprobaré con el teorema de Pitágoras. - Está bien, tómate tu tiempo.

x² = a² + b² x² = 2.451'27 2 + 800 2 x = 6.648.724'6 x = 2.578’5 m.
Al comprobar el resultado se desconcertó, porque no le daba lo mismo que el anterior. - Ahora, ¿estás seguro de que tus cálculos anteriores estaban bien? - No, pero estoy un poco confuso, no sé cómo seguir. - Tranquilo Fer, ¿te acuerdas de aquel día, cuando saliste con tus compañeros al patio y calculaste la altura del árbol? - Sí… ¡Aah! Claro, utilizamos la trigonometría. goniómetro, para medir el ángulo. Pero necesito el

SM le dio el medidor de ángulos y Fer midió la inclinación desde donde estaba, hasta el punto más alto de la montaña. - Son 72º. Y se dispuso otra vez a realizar operaciones, con la esperanza de que esta vez no se equivocara.

sen72º = 0'95

0'95 =

2.451'27 x

x=

2.451'27 ! 2.580 m. de cuerda 0'95

* El seno de un ángulo es la relación entre la longitud del cateto opuesto y la de la hipotenusa.
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- SM, ¿está bien? - ¡Muy bien Fer!, has conseguido hacerlo tú sólo y no has necesitado ayuda de nadie. - Pero ¿por qué no me sale exactamente lo mismo que con el método de Pitágoras? Los dos resultados se diferencian en 1’5 metros. - Porque has aproximado con los decimales. Es normal, además no te has desviado mucho… El margen de error cometido es de un 0’07 % - ¡Entonces está bien! Tengo que acostumbrarme a analizar las soluciones de los problemas. Finalmente, SM le entregó la cuerda mágica, esta se desplegó hasta la cima y atrapó al ciervo sin violencia. Una vez que el anciano tuvo el colgante en la mano, dijo, entre incrédulo y eufórico: - Muchas gracias hijo, nunca lo podría haber logrado sin ti. Fer intentó despedirse pero desapareció.

CAPÍTULO 5: “El álgebra en una confitería”
El dado lo trasladaría a otro escenario. Ya se había acostumbrado a estos cambios. Estaba tan entretenido y tan ansioso por resolver el nuevo problema que, poco a poco, iba renunciando a la idea de abandonar ese dichoso juego. Esta vez se encontraba en París, ciudad del amor, y no había duda de que fuera otra, pues estaba justo delante de la Torre Eiffel. Se quedó inmóvil por unos segundos. Era tan bello el paisaje que estaba apreciando, que por un momento olvidó la razón por la que estaba allí: ayudar a alguien que lo necesitara en un problema relacionado con las matemáticas. Miró a su alrededor, pero no observó nada extraño, todo era tan normal, como si nadie lo necesitara en aquel momento. Decidió esperar, quizás el problema llegaría un poco más tarde. Tampoco había señales de Súper Matemático, algo que era más raro aún. Confuso, no paraba de pensar qué era lo que tenía que hacer y, de darle tantas vueltas a la cabeza, se le había olvidado que llevaba varias horas sin comer. Un fuerte sonido salió
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de su barriga. Esto empeoró las cosas, pues él solía decir que con hambre no se puede pensar. Al ver que nada cambiaba y que Súper Matemático seguía desaparecido, decidió ir a buscar algo para comer. Miró de reojo a su alrededor y así fue como vio una confitería justo detrás de él. Se dirigió hacia ella y antes de abrir la puerta, metió las manos en los bolsillos y se dio cuenta de que no tenía ni un céntimo. Desilusionado, dio media vuelta para volver al lugar del que había venido, pero justo antes de dar el primer paso, escuchó a una mujer afligida hablando por teléfono. Por lo que se entendía, necesitaba ayuda. A Fer se le abrieron los ojos, pues ya llevaba horas en París y cada vez los sonidos que salían de su barriga eran más fuertes. Esperó hasta que aquella mujer terminara su conversación por teléfono y entonces se acercó y le preguntó cuál era el motivo por el que se encontraba nerviosa. Ella no le hizo caso, pues Fer era un niño. Entonces, apareció SM. - ¿Dónde andabas? Llevo horas esperándote - dijo Fer, un poco disgustado. - ¿Acaso pensaste que te iba ayudar desde el principio? Estás muy equivocado, mi pequeño Fer. Recuerda que a medida que avances en las pruebas, los problemas se hacen más difíciles. - Pero es que a mí no me has dicho nada de eso. Pensaba que estarías ayudándome y no lo has hecho.
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- Bueno, da igual, eso ahora no importa. Tenías que encontrar la persona que necesitara tu ayuda y por lo que veo lo has conseguido. Súper Matemático se dirigió a la mujer afligida. Él le explicó que Fer tenía los conocimientos para resolver su problema y que no perdía nada por contárselo. - Mira, esta confitería es muy conocida por los sabrosos croissants que vende. Yo me llamo Marie y soy la encargada de repartir los pedidos. Mi jefe me dio esta caja con 35 croissants y me dijo que tenía que entregarlos a tres clientes, de la siguiente forma: Al primero tengo que darle la mitad; al segundo, la tercera parte; y al último, la novena parte. No sé cómo efectuar la partición, pues los resultados no son exactos. La mitad de 35 es 17 y medio, y la tercera y novena parte también dan resultados inexactos. Como verás, no puedo partir en dos un croissant. Necesito ayuda urgentemente. Al terminar de oír estas palabras, Fer recordó sus clases de álgebra en el instituto. Después de unos minutos… - ¡Exacto! Ya sé cómo ayudarte, Marie. Hazte la idea de que yo compraré un croissant más y lo pondré en la caja junto a los otros. Ahora no habrá 35 croissants, sino 36. Partimos de esta cantidad, ¿de acuerdo? La mitad de 36 es 18; la tercera parte es 12 y la novena 4. No te quejarás, pues las cuentas son exactas y salen mayores cantidades. Y así plantearon el reparto. - Como ves, si sumamos 18, 12 y 4 obtenemos 34 croissants, más uno que es el mío serían 35 y hasta 36 sobra otro, que creo yo que me lo merezco por haber resuelto tu problema. Marie estaba contenta con la solución, le dio el croissant a Fer y rápidamente se fue a llevar los pedidos, pues estaba llegando tarde. En un santiamén, se comió, gustosamente, su croissant. En ese momento apareció de nuevo Súper Matemático. - Felicidades, Fer, otra prueba superada. - Muchas graci…. Fer no pudo acabar sus palabras, pues en un abrir y cerrar de ojos se encontraba ya en otra prueba.
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CAPÍTULO 6: “El dado que se hizo esfera”
El chico logró llegar a la última casilla. Por fin estaba a un paso de acabar el juego. Emitió un gran suspiro, estaba preparado para realizar la prueba final. Con gran ilusión, se dirigió a SM: - Estoy listo, vamos a por la última. - No vamos a ninguna parte, porque la última prueba será aquí, en el tablero. - ¿Cómo que aquí, en el tablero? - Sí, ¿no ves algo extraño en el dado? - Me he dado cuenta de que ya no tiene forma de cubo sino que se está convirtiendo, poco a poco, en una esfera. - Pues aquí viene tu último problema, tu puerta a la salida del juego. ¿Por qué crees que el dado se ha transformado? - Esa pregunta es imposible de contestar, todo es muy raro. ¡Nunca conseguiré salir de aquí! - No es tan difícil, tranquilízate, y usa la lógica. Fer se puso a darle vueltas a la cabeza y a pensar cómo había podido ocurrir ese hecho. Al principio, pensó que todo había sido por arte de magia, pero llegó a la conclusión de que era imposible, mas no sabía qué otra cosa había podido suceder. SM le dijo: - Te voy a dar una ayuda extra. - ¿Como un comodín? - Más o menos, es algo que no te esperas, pero que te va a cambiar la vida. Súbitamente, apareció como un portal delante de su cara y de allí salió un hombre alto, moreno y con cara de tener la vida resuelta. - ¿Quién es este? - Pues soy tú. - ¿Cómo? No lo entiendo. Explícamelo, SM.

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Pero SM se había ido. Se quedó solo con aquel hombre que afirmaba ser él. - Bueno, pues explícamelo tú. - Otra vez: soy tú, soy Fernando Martínez, nací en el 97 y mi comida preferida son los espaguetis a la carbonara. - ¿Cómo sabes eso? - Porque soy tú y represento lo que tú serás: profesor de matemáticas. Fer estupefacto y le dijo: quedó

- No sé qué está pasando exactamente, pero si eres mi comodín, ¡ayúdame! - Vale, vale... tranquilo, te ayudaré. Mira el dado y observa cómo está y recuerda su evolución. Y eso hizo. Recordó que al principio era un cubo de 6 caras y poco a poco había ido cambiando, se le habían ido quitando las esquinas y cada vez tenía más caras hasta convertirse en la esfera que era ahora. - ¡Claro! Como tenía más caras, había más de 6 números y al lanzar el dado…. ¡Ya notaba yo que los números que salían habían ido creciendo! Ya lo entiendo, pero no sé por qué ha sucedido todavía. - Piensa en la cantidad de veces que te equivocabas al hacer los problemas, ¿qué hacías? - Pues lo borraba todo y volvía a empezar. - Piensa en eso. - ¿Qué piense en qué? ¿En mis errores en los problemas? ¿En todo lo que tenía que borrar?
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- Solo te digo que pienses, y que intentes encontrar algo en común con eso. - Pues no sé. Borraba mucho y me tenía que comprar gomas, de esas “Milán”, de forma cúbicas y a medida que iba borrando más y más, se desgastaban las esquinas y empezaba a redondearse poco a poco. ¿Es eso? - ¡Exacto! - Ya sé cómo explicarlo. Apareció SM y Fer le contó, emocionado: - Ya sé cómo sucedió lo del dado que se convirtió en esfera. Fue porque al lanzarlo se fue desgastando por las esquinas y fue cambiando. Cada vez se convertía en un poliedro con más caras y por eso los números eran cada vez mayores y avanzaba más rápido por las casillas del tablero. Por ello, el juego se hizo más corto de lo que parecía al principio. - ¡Muy bien! Viste como no era tan difícil, solo tenías que pensar un poco. El problema que yo tenía a tu edad era que no usaba la lógica y me frustraba pensando que no lo iba a conseguir. - Ya lo sé. Ahora lo veo más claro. - Entonces, ¿te has dado cuenta de que no es que no sepas? - Sí, sólo falta tranquilizarse y pensar con claridad. Para resolver problemas hay que comprenderlos bien, pensar un plan, parecido a otros que se hayan hecho antes. Y debo acostumbrarme a que después de resolverlos, tengo que analizar la solución. De repente, Fernando Martínez desapareció en un ¡POOM! - ¿Has visto Fer? Es sencillo. Así que vuelve ya a casa, muchacho, y aprueba esas dichosas matemáticas – dijo SM - Pero, ¿cómo? - Cierra los ojos un momento. Fer lo hizo y oyó un pequeño “adiós”. Cuando de nuevo abrió los ojos para despedirse, vio que lo que tenía delante era la escoba con la que estaba barriendo el polvoriento desván. Parecía que había pasado un siglo. Miró abajo y vio el tablero en el suelo, con el muñeco de SM y el dado-cubo a su lado. Cogió el muñeco SM y le dijo, con cariño, como si lo oyera:
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- Adiós, SM, has sido mi gran héroe, me has salvado. Fer pegó un salto. En el marco de la puerta no estaba ahora Fernando Martínez. Era su hermana Sofía que le llamaba para cenar, mirándole, extrañada, interrogándole: - ¿Qué haces, Fer? - Nada. Pensaba en voz alta. Durante las siguientes semanas, disfrutó de las vacaciones al máximo, aunque también practicó matemáticas con sus ejercicios de repaso. Al final del verano, cruzó el pasillo del instituto hacia la clase donde debía hacer la recuperación, con paso decidido y muy seguro de sí mismo. El lunes siguiente era el primero en la puerta de su centro. Cuando lo abrieron, llegó corriendo y buscó su nombre en las listas de resultados. Ponía: “Fernando Martínez Abellán: 7”

Este cuento ha sido realizado por: Jennifer Mejía Vásquez Melanie Plaza Perrot María Rodríguez Calatayud Gloria Sánchez Bernal Jéssica Alves Brasil Juan Antonio Ayala Latorre Svitlana Basarab Aarón Cortés Martínez Ghizlane El marzzouki Paola Guzmán Roca Mª Ángeles Mesa Martínez José Nicolás Sánchez Marisol Sánchez Martínez Ana Belén Valverde Guirao

Fernando Aguirre Rodríguez de Guzmán (profesor). Maquetación: Amparo Garrido Campoy (profesora) Dibujos: Antonio Hernández García. IES Aljada, Puente Tocinos. Mayo de 2013
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