Escribir; Es desahogar en cada letra aquella angustia que gobierna el corazón.

Es librarse un segundo de las penas que nos siegan, y se roban la ilusión. Es desenterrar un sentimiento oculto, infringir el silencio, revivir la felicidad. Es rendir insoslayable culto a la alegría, y a la libertad. Es darse cuenta del poder de la palabra, y apreciar lo literal de la oración. Es saber que cada frase es una obra, es un sentido, es un todo, es perfecta erudición. Escribir es olvidarse en el sentido del ayer, es conquistar los presentes horizontes que en momentáneas proyecciones se muestran, y que en sus promesas desvanece confinando una desilusión. Es saber que nada remplaza lo romántico de una carta, que nada cambia la ilusión de una canción, que nada exalta al amor mejor que la poesía y que el escritor sin ellas es; tan solo monotonía. Es subir al cielo sin tener alas, navegar por los océanos sin tener embarcación, es ir a lo profundo de la tierra sin complicación, y volar al universo sin temor a una sanción. Es hundirse en el yo y procurar el ello, como quien desea ver por ello el pensar y el primero de los deseos. Es gritarle al odio la no permanencia, aprisionar la libertad de las tristezas y comprender cada proceso y el porqué. Es reposar en los paisajes del pasado, sentir que el presente envuelve la esperanza del futuro y nos ahoga en la tormenta de la eternidad. Es creer en uno sin creer en todos, es creer en todos sin dejar de creer en uno, es creer en uno y creer en todos, escribir eso es el todo. No conoce los límites, no se rinde, no cambia, no se vende, todo lo comprende y moriría antes de cambiar letra alguna y dejar de procurar su unidad.

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