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Ay CMAN) Tol £ A DD oO Philippe Ariés Historia de la muerte en Occidente Desde la Edad Media hasta nuestros dias TRADUCCION DE F. CARBAJO Y R. PERRIN PHILIPPE ARIES HISTORIA DE LA MUERTE EN OCCIDENTE DE LA EDAD MEDIA HASTA NUESTROS DIAS TRADUCCION DEL FRANCES DE FRANCISCO CARBAJO Y RICHARD PERRIN BARCELONA 2000 | EL ACANTILADO TiTULO ORIGINAL Essais sur U’bistoire de la mort en Occident du Moyen Age a nos jours Publicado por ACANTILADO Quaderns Crema, $.A.U. Muntaner, 462 - 08006 Barcelona Tel. 934 144 906 - Fax 934 147 107 correo@acantilado.es www.acantilado.es © 1975 by Editions du Seuil © de la traduccién: 2000 by Francisco Carbajo y Richard Perrin © de esta edicién: 2000 by Quaderns Crema S.A.U. Derechos exclusivos de edicién en lengua castellana: Quaderns Crema, $.A.U. ISBN: 978-84-95359-17-9 DEPOSITO LEGAL: B. 10295-2011 AIGUADEVIDRE Grafica victor IGUAL Preimpreston ROMANYA-VALLS — Inpresién y encuadernacién SEGUNDA REIMPRESION marzo de 2011 PRIMERA EDICION mayo de 2000 Bajo las sanciones establecidas por las leyes, quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacién por escrito de los titulares del copyright, Ja reproduccién total 0 parcial de esta obra por cualquier medio 0 procedimiento mecénico 0 electrénico, actual 0 futuro—incluyendo las fotocopias y la difusion a través de Internet—y la distribucién de ejemplares de esta edicién mediante alquiler o préstamo piblicos. INDICE Prefacio PRIMERA PARTE LAS ACTITUDES FRENTE A LA MUERTE La muerte domesticada La propia muerte La muerte del otro La muerte vedada Conclusi6n SEGUNDA PARTE ITINERARIOS 1966-1975 Riqueza y pobreza frente a la muerte en la Edad Media (1974) Huizinga y los temas macabros (1973) El tema de la muerte en Le chemin de paradis de Maurras (1972) Los milagros de los muertos (1974) Del sentimiento moderno de la familia en los testamentos y las tumbas (1969) Contribucién al estudio del culto a los muer- tos en la época contemporanea (1966) 23 43 63 83 99 TO5 131 153 165 "77 193 La vida y la muerte entre los franceses de hoy (1972) La muerte invertida. El cambio en las actitudes frente a la muerte en las sociedades occiden- tales (1967) El enfermo, la familia y el médico (1975) «Time for dying» (1969) «The dying patient» (1973) Inconsciente colectivo e ideas claras (1975) 213 223 269 285 289 299 A la memoria de mi hermano Georges A nuestros muertos, desterrados al olvido PREFACIO HISTORIA DE UN LIBRO QUE NO ACABA NUNCA Parece sin duda insélito publicar las conclusiones de un libro antes del libro mismo. A ello me condenan, no obs- tante, las trampas de una doble vida en la que el histo- tiador debe acomodarse a otras obligaciones. Las cuatro conferencias de la Johns Hopkins Univer- sity, admirablemente traducidas por Patricia Ranum, es- taban destinadas al ptiblico americano. Cuando aparecie- ron en inglés, en 1974, yo crefa llegar al fin y poner punto final a una obra sobre las actitudes frente a la muerte, que venia preparando desde tiempo atrds, cuya redaccién es- taba ya muy avanzada y cuyo plan de conjunto estaba ter- minado, Pero, jay!, eso era hacer el cuento de la lechera y olvidar los constrefiimientos de una carrera que se habia vuelto de pronto mas absorbente. Hay que reconocerlo: el dia del punto final todavia no ha llegado. Y, sin embargo, el tema que yo habia abordado, hace ya una quincena de afios, entre la indiferencia general, genera ahora opiniones, invade libros y publicaciones periddicas, emisiones de radio y de televisién. De ahi que no me haya resistido a la tentacién de participar en el debate sin esperar ya mas tiempo. Por ello presento al publico francés las tesis que sostendré en breve con mas argumentos, pero que no se veran modificadas. 9 HISTORIA DE LA MUERTE EN OCCIDENTE El origen de este librito es fortuito. Orest Ranum, profesor en la Johns Hopkins University, bien conocido de los «diecisietistas» franceses por sus estudios sobre Richelieu y sobre Paris, habia solicitado al autor, ya leja- no, del Temps de l’Histoire, una exposicién sobre historia y conciencia nacional, tema favorito de sus investigacio- nes por aquel entonces. Yo le respondi proponiéndole, en su lugar, el Gnico tema que podia tratar—hasta tal punto me absorbia por entero—. El acepté. Ese fue al mismo tiempo el origen de un libro y de una amistad. Pero la preparacién de esas conferencias no fue un episodio al margen de mi trabajo. Me obligé a hacer un esfuerzo de sintesis, a poner de relieve las lineas maes- tras, los grandes volimenes de una estructura cuya lenta pero impaciente edificacién a lo largo de los afios me ve- laba su unidad y coherencia. Fue al final de esas cuatro conferencias cuando adquiri por vez primera una visién de conjunto de lo que sentia y de lo que queria decir." Puede resultar sorprendente que hiciera falta tanto tiempo para llegar hasta aqui: nada menos que quince afios de investigacién y de meditacién sobre las actitudes frente a la muerte en nuestras culturas cristianas occi- dentales. La lentitud de mi progresién no hay que atri- buirla sdlo a los obstaculos materiales, a la falta de tiem- po y a los desfallecimientos ante la inmensidad de la tarea. Existe otra razon, mas profunda, que obedece a la naturaleza metafisica de la muerte: el campo de mi in- * Ed. original, Western Attitudes toward Death: From the Midd- le Ages to the Present, Baltimore y Londres, The Johns Hopkins Uni- versity Press, 1974. 10 PREFACIO vestigacién retrocedia cuando creia alcanzar sus limites, de modo que yo me veia cada vez mas alejado de mi pun- to de partida, en una direccién y en otra. Esto es algo que merece una explicacion. Mi primer designio era modesto y bien delimitado. Yo salia de un largo estudio sobre el sentimiento de fa- milia, que me habia hecho darme cuenta de que ese sen- timiento que se decia muy antiguo y mas bien amenaza- do por la modernidad era, en realidad, reciente y estaba ligado a una etapa decisiva de esa modernidad. Me pre- gunté, pues, si no convendria generalizar, si no habria- mos conservado todavia, en el siglo x1x y a principios del xx, el habito de atribuir origenes lejanos a fenédme- nos colectivos y mentales en realidad muy nuevos, lo que supondria reconocer a esa época de progreso cientifico la capacidad de crear mitos. Tuve entonces la idea de estudiar las costumbres fu- nerarias contempordneas, para ver si su historia confir- maba mi hipotesis. Yo me habia interesado ya por las actitudes frente a la muerte en mi Histoire des populations francaises. Por otra parte, estaba sorprendido por la importancia, en la sen- sibilidad contemporanea—la de los afios 1950-1960—, de la visita al cementerio, de la piedad por los muertos, de la veneracién de las tumbas. Me impresionaban, cada nuevo noviembre, las corrientes migratorias que condu- cian a los cementerios, tanto de las ciudades como del campo, a multitud de peregrinos. Me pregunté de donde venia esa piedad. ¢De la noche de los tiempos? ¢Era la continuidad ininterrumpida de las religiones funerarias de la Antigiiedad pagana? Algo en el estilo me sugeria que IL HISTORIA DE LA MUERTE EN OCCIDENTE esa continuidad no era cierta y que valia la pena asegu- rarse de ello. Tal fue el punto de partida de una aventu- ra cuyos riesgos no sospechaba. No imaginaba hasta dénde habia de conducirme. Una vez planteado el problema en esos términos, orienté mi investigacién hacia la historia de los grandes cementerios urbanos: la destruccién de los Innocents, la creacién del Pére-Lachaise, las controversias sobre el desplazamiento de los cementerios a finales del siglo XVIIL... Para comprender el sentido de esas controversias y de los sentimientos que expresaban, habia que situarlos en una serie. Disponia de un terminus ad quem: las ob- servaciones que habia podido hacer yo mismo sobre la peregrinacién actual al cementerio. Pero debia recons- tituir un ferminus a quo: cémo se enterraba antes de las grandes decisiones que determinan, atin hoy, el espiritu de nuestra legislacién sobre los cementerios. Un rapido estudio me hizo descubrir las antiguas practicas funera- rias, tan diferentes de las nuestras: la exigitidad y el ano- nimato de las sepulturas, el hacinamiento de los cuer- pos, la reutilizacion de las fosas, el amontonamiento de los huesos en los osarios..., signos todos ellos que inter- preté como signos de indiferencia en relacién a los cuer- pos. Podia desde ese momento dar una respuesta al pro- blema planteado: sin duda, los cultos funerarios de la Antigiiedad, incluso si quedaban algunos vestigios de ellos en el folclore, habian desaparecido. El cristianis- mo se habia desembarazado de los cuerpos abandonan- dolos a la Iglesia, donde eran olvidados. Sélo a finales del siglo xvii1, una sensibilidad nueva dejé de tolerar la 12