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Gisela Espinosa Damián y Ana Lau Jaiven - Un fantasma recorre el siglo

Gisela Espinosa Damián y Ana Lau Jaiven - Un fantasma recorre el siglo

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Un fantasma recorre el sigl

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Luchas feministas en México 1910-2010

Gisela Espinosa « Da m i a n ela espinosa Ana Lau Jaiven

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UN FANTASMA RKCORRE EL SIGLO LUCHAS FEMINISTAS EN MÉXICO 1910-2010

Gisela Espinosa Damián Ana Uiujaiven

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UN FANTASMA RECORRÍ-, EL SIGLO LUCHAS FEMINISTAS EN MÉXICO 1010-2010

ISBN:971M07-7V57-I40

IA ESPINOSA D«mN \ ANA L \ U

MARTO.V EVA KCXJIA ISIAS

Omuracullura, cuerpo, violencia y diversidad se Emergencia y mstviidencia del iirorcmiiiisni

Cuerpo y jxilíiica: latatall»|x>r dcspenali/iir al abono

IRMA SMAXDO CON/ÁIXZ Y MAKIA GUAI>AI.UK H I I A U * E I JYS

Lis lesbianas organizadas
CLORIA CUSfAW PÉKFI.

el género y la clase
CISFLA FÍPINOSA DAMIÁN

Movimientos de mujeres indígenas: re pensando los dere
ROSAI.VA AÍDA HKKNANUI/ r.wiiuf)

El ainbicnLilisniu feminista

ANFIHPÍUI

363

MlKCEOES BARQUFT

481

INTRODUCCIÓN

A lo largo del siglo, las demandas y propuestas leinhiisias abanan mi amplio espectro, según el momento liisiórico y el contexto. I'ii l.i agenda secular del movimiento surgen batallas |«>r el derecho al m í o Icmcnino y acceso a la educación y al mercado de trabajo: por recibir salario igual por Irabajo igual; poique no baya un "techo de cristal* que impida a las mujeres ocupar targos directivo* |K>rque no se les ini|>oiig;i pareja o matrimonio. sino que estas uniones resuden de un acto voluntario y libre; por el dciet lio a divorciarse; porque se distribuya con equidad el trabajo domestico y las tarcas de la crianza; por eliminar la inequidad que implica la doble jornada femenina; porque se imparta educación sexual y las mujeres puedan deci­ dir libremente sobre su maternidad, incluyendo la posibilidad de interrum­ pir el embarazo; por el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y dis­ frutar su sexualidad reconociendo la diversidad sexual del ser humano; por

: respete su ».K"I|' Lis, violeuta.das o violadas; poique se l-l iILSJKH'i» |níbl ico v «n las decisiones y cargos que III-I. .s .1.1. . ll..>MK i.ir ios. sociales :cnuómii:os

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.Jlli.l.l.
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1 |M|H'I«!«.- 1 l..s mujeres y se expresa> en poliü•genero; |H.I 'rli'CS|x:io¡a sus derechos humanos; lisos y ..Islll mbres que discriminan a las iniije.spa.ac I r * lidio y la difusión de los prolilcmas. ..MiiNlcnllílléaas; porqu, laautononií;i ten ¡tonal ...<!.«< i incluya tan.bien el plan, i) personal:

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igualdad s.» ial) sea posible desplegar las capacidades y la creal ■'"'C■''•« sin ««.napisa ni opresión alguna. Los inoviinienios leminisias mexicanos no sólo lian ieni< irtiir y icronstruir un discurso y una fuerza política para lograi vaduiismo de derecha y de izquierda para dc.oitstruir un dis, profundamente ai i aigadi. en la cultura de todos los grupos soc

a.l.i íesiiliaii aincnauíiitcs para el patrón colonial ni.ilg .man mei anisn;.:s Je rioininacióii y exclusión u. os y .le «lase- ((¿iiijanu. 2006: 51-77). .pie afectan

a. ion se lundvn con aquéllos y operan en todo el las relaciones de genero dentro de los grupos súb­ eles de género con las lie clase y las cínicas, naitirai y la interioridad de lo femenino. cien años las léininisus han venido luchando por aciones al tiempo que aclaran una y mil veces que contra losratones—aunque la autonomía y los de-

recluís .1 los <|ii<- aspinin desmantelen el poder patriarcal—. que no so nata (le que «-ll;is manden a los hombres, qm: no promueven el atarlo, que no acarician y el goce personal al que aspiran no tiene por qué castigarse o culpabilizarsc si hay responsabilidad sobre los propios acios y si se respeta la integridad física y psicológica de la* personas que por su edad o posición social se hallan cu desventaja. Kn cada espacio y momento histórico se ha tenido que desmontar la idea de que el feminismo es un peligro soi ial y demostrar que su espíritu transgresor y subversivo, que sus demandas y pro­ puestas, contienen un |micncial justiciero y lilwrtario. ¿Por qué tan prolonDcscstahili/ai el oiden social y sinibólico de gcucio. revolucionar las relaciones y cuestionar al |K>der sexista no es cualquier cosa, pues los pro-

y relaciones di- |*>der también lonsiiuidas en la larga ilinación del tii-in

aquellos que linean su poder en la -sulxiidinación de las mujeres leiuen al feminismo y cultivan el miedo en torno a el. I.as fuerzas patriarcales. conseíladinas y dominantes se atrincheran y atemorizan a la gente con-

nipulacioncs con elfinde conservar la supremacía y el capital simbólico y mnlrhnldc lo masculino; tratan ili: impedir que LIK nurjeres desplieguen sus |Hiiencialidadcs. se apropien de su vida, de sus decisiones, de sus cuei pos v de sus mentes; se asustan < ■ infunden miedo a otros cuando ellas naian de zafarse del modelo de la mujer dornéstica. abnegada y obediente; reac­ cionan si ellas se atreven a gozar su sexualidad, si intentan participar en espacios públicos o si politizan y sarán a la luz los malestares peí simales o los problemas del ámbito privado. El miedo es aliado del poder —afirma Gonzalbo—, estructura relacio­ nes sociales,justifícala violencia, busca chivos expiatorios, convierte amena­ zas imaginarias en fuente de males imaginados o reales, impulsa reacciones

-lucra de lugar" (Gon/allm. 20011 <J-31). Ysí. las feministas se hallan "fueía di- lugar", fuera de la feminidad qur garantiza un ordenfamiliar,comiinilaiio. gremial, social, económico, cultural y político apoyado en el sometímiento, la discriminación o la exclusión de las mujeres. Desde una |msinr.i disidente, actuandoronirreverencia y transgrediendo el sentido común o escapando del comportamiento esperado, lasfeministasdesafian a la socie­ dad, modifican la cultura y. a pulso, abren camino a una forma de vida más libre y descable para ellas, para lodos. Asi como Marx y Kngels descubren <|iie el ataque al fantasma del corcvolucioiiario, en el México del siglo xxi. pese a las estrategias del miedo. el |H:nsamiento y el movimiento feministas son ya reconocidos como una fuei/a cultural, política y social. Persiste el rechazo y hay fueras y grupos que militan en su contra, pero hoy. a diferencia de hace cien años y gra< ¡as revolucionan silenciosamente la cultura, las formas de pensar y de actuar; que se va modificando lentamente el orden simbólico y social que naturaliza y icproducc a las mujeres como sienas. como menores de edad o como seres no |M-nsantcse interiores. liara- casi tres décadas, ya se reconocía que los movimientos feminis­ tas habían propiciado una de las revoluciones más profundas del siglo xx mexicano (Monsiváis, 1983: n-v): hoy, tal afirmación se nutre de nuevos argumentos y evidencias: las organizaciones, las voces, ku experiencias y expresiones feministas se han multiplicado y diversificado, sus activistas se cuentan |xn miles y sus acciones surgen en todos los espacios; así, aunque

educativas, las agrupaciones políticas, las dependencias públicas y los Hie­

de una revolución que costó un millón de vidas para lograr derechos sociamás pobreza y sus efectos recaen sobre mujeres y varones, pero diversos es­ tudios afirman que hay una feminización de la pobre/a, que las mujeres ur-

II.III.I-. v i III.IU-, II.IIKI|.III ñus por menos, que la iniciación deposita en «Mas

inii-v.iMi's|>iiiN.iliil¡il:uli's y micas, pero no mayores recursos para satisfacer
lis i ir. I-MII.IIIIW |«iMin:ili-.\ y liimiliares. <]»e crece el número de madres de

I.

lia y <li- |i.v.-mii:iN <|i«- si: aventuran a buscar empleo fuera «le su lugar

ili- ni ij-.iii MU ipn- se n S|KICII sus derechos sociales y laborales.

v v.nones casi se igualan en las generaciones rc< icnics. |>eu> miles de ,nln téstenles y jóvenes, mujeres y varones, son rechazados en las instituciones educativas y qucc'in sin |>osibilidad de continuar sus estudios. Problemas mortalidad materna son una realidad lacerante porque el derecho a la salud y los programas y metas internacionales signados por el gobierno mexicano no se cumplen. Si bien hoy se reconoce públicamente que se ejerce violencia hacia las mujeres y se legisla para erradicarla, resolveí con pin/as el problema es remoto c insuficiente en un contexto de creciente violencia social y de Rsiado. El derecho de las mujeres a votar y ser votadas abrió el espacio para su participación en |K>lítica fot nial, pero es una con­ quista ensombrecida porque en nuestro país sigue siendo un pendiente el voto libre y el respeto al sufragio de la ciudadanía; además, la ineqtúdad y los obstáculos para que las mujeres participen en política es cosa de todos los días. No sólo eso: el reconocimiento tle la pluralidad étnica y cultural

ni n i 11 hogar >' lii escuela, ni en <:l trabajo y los espacios donde se lonu'ii Lis di-i isinnes públicas, ni en lomo al cuerpo, la sexualidad y la maternidad se ha ganado la batalla comí a la subordinación y la desigualdad di: género. soi ¡al, ¿mica y política; en algunos aspeaos, las injusticias y los retos son
tan grandes o más que en IÍCIIIIHIS de la Revolución y no es fácil responder

si la situación de las mujeres es mejor que hace cien años. En este marco de desigualdades y contrastes, el discuiso oficial sobre la equidad de género se concreta a paso de tortuga y con frc< uencia parece encubrir un vacio e incluso contener riñes comí ai ios al sentido snliwrsiro y justiciero que impli­ can los conceptos. Es evidente que existe una larga lista de asignaturas pen­ dientes para los movimientos feministas. |>or lo cual es importante poner

las luchas de I.LS mujeres siguen ocupando un lugar marginal. Presentar la historia como un lodo unificado es una trampa que impide comprender su complejidad y, en esas generalidades, algo es notorio:

en la I lisinria (Monnviu. ¡MKX>: 15-IG).

abajo,revisarlo licclio desde un ángulo distinto. escudriñar fuentes incx ploradas,recuperarvoces y expendidas excluidas, dcsciiliiir de qué ma )• lioii¿onics de liiiuru, se expresan en lórmas específicas de emprender ] construir los movimientos feminisias, de <|ué modo estos se conireíandes c interlocutores tanto en el espacio privado, donde tejen MIS lelai ii s peí

andados en jerarquía di

La variedad de contextos sociales, procesos, coyunturas y actores |>olíticos que inciden en el discurso feminista va de la mano con la diveisidad de pertenencias |mlí!icas, sociales, étnicas, culturales y de clase de los movi­ mientos feministas que surgen entre 1910 y 2UI0. t i movimiento revolucio­ nario de 1010 erra condiciones para que algunos núcleos de mujeres se re­ únan y formulen malestares y demandas propias: en tiempos de revolución los horizontes se amplían,radicalesy moderadas emergen desde entonces; en los posrevolucionarios años veinte y durante ,:l cardenismo, la lucha por el sufragio femenino se convirtió en punto «le convergencia de lómenles feministas con orígenes sociales diferentes, largas agendas y disensos an-

Oirás coyunturas también incidieron en el feminismo mexicano: el movimicnlti esiudiamil popular de 196B no sólo desafió al autoritarismo del sistema político mexicano, sino abrió paso a la comracultura y a la crítica ncofeminista, al autoritarismo y la moralina familiar y social opresivas para las mujeres; en los años setenta y ochenta, cuando la utopía socialista se disemina en los movimientos populares, surgen también movimientos fe­ ministas que redimensionan sus reivindicaciones de clase con la critica y la propuesta de género.

<|IK' «1 triunfo haya sido escamoteado—, incide en la ciudadauización del leiuinisin». que hasta entonces había discurrirlo en los espacios de la políti­ ca informal. Y mas adelante, en 1991. cuando el Ejército Zapatista de Migra­ ción Nacional renueva las esperanzas de un cambio radical y profundo, no tanto pot las ai mas (ira que aparen- sino, sobre todo. |ior el discurso social y tli' género renovado, alternativo y altcnniindista con <|nc se da a conocer. .ihi también surgen mujeres insumisas <|ue amalgaman sus reivindicaciones de género con las étnicas y de dase, enriqueciendo también el movimiento

¡i muchas resistencias y al ritmo lento y zigzagueante que implica procesar y <rcar nuevas ideas i: ideales ru esta escala social. I loy. cuando se viven dvamálica mente los electos de casi tres decadas de neolilwralismo y de apuestas electorales que sólo con honrosas excepciones han respondido a las demandas sociales, en el marco de una fragmentación
de la izquierda social y llevando a cuestas diez años de KOIIÍI-I un li-dii al eu-

calH-zado |x>r un partido político de derecha (Act ii'm N.H i.ni.il). al/a la voz

mo, sino también las difereí

actual, cuando el inoviiniento se construye en los es|Mi'ios utbanos. rurales c indígenas de la subaliernidad; en las universidades, los medio* de comu­ nicación. la administración pública, el |x>der legislativo, los paitidos y las organizaciones |x>h't¡cas; en torno a problemas de violencia, territoriales. ambientales, agrarios, productivos, étnicos, sindicales, culturales, políticos, sexuales, de salud, etcétera: dispeiso en cientos de miles de hogares, pero también como fuerza construida |xir colectividades, en los movimientos so­ ciales. conlraliegcmouicos y conlraciikuralvs. 1.a diversidad de venientes y «-uto no es cualidad exclusna del n t ú e - . también es rasgo evidente

Reconocer la heterogeneidad del movimiento y la multiplicidad de iden­ tidades y perspectivas políticas de las mujeres que luchan por sus liliertades y derechos, obliga a reconocer a ese feminismo diverso, ajeno a totla visión hoinogencizante. unilineal o unidimensional ya la pretcnsión de que pueda sujetarse auna sola estrategia. Desde los tiempos de la Revolución y hasta la fecha, las diferencias políticas en el interior del movimiento han originado

con el mismo capital sintlxilico ni con los remisos malcrióles e intelectuales Entre las cosas <|iic unen y separan .se Italia el contenido de la agenda feminista y la loi ma <:n que se jerarquizan sus demandas y propuestas; la ai liciilación de ésias con reivindicaciones étnicas y de ríase: la alian» con

o lucha de clases. Incita de género o lucha indígena, derechos individuales o derechos colectivos, etcétera. luz de nuestras realidades, pues mientras el feminismo europeo y el norte­ americano surgen en sociedades |H>stindusttiales donde los derechos polí-

to de problemas sociales. Hoy. en lugar de mejorar la calidad de vida ele la m.iyoii.i de la pulsa­ ción. se arrastran los rezagos y pendientes sociales de la Kemltu ion y del

ilisariollisum, los efectos de la "década perdida" de los ochenta. los "errores del !K" V «Icl ticoliberalismo. Hoy, en la peor crisis socioeconómica y [xiliiic a de la pisrcvolución. con tan pocas luces |Kira salir del han anco, se elevan las ya millonarias cifras di- di-.semítico y pobreza, las de los que rnigran al pragmatismo de una izquierda desvinculada de los movimientos y aspira­ ciones sociales: aterra el imperio de la dcliciiciicia organizada, indigna la violencia institucional y los 10 mil murrios del "E-siado fallido" calderonista. La mayoría de las mujeres mexicanas viven o sobreviven en este mundo, y desde el aquí y ahora que les tocó vivir muestran la imposibilidad (le res-

Álvarc7.yi>agniun.2002).

Los vínculos con el poder y con gobernantes ron vocación o actitud pro­ gresista, populista o reformista generan grandes expectativas de cambio. |w:ro también desacuerdos dentro del feminismo. La relación «on quienes cuentan con el a|H>yo |»>pulai o han llegado a cargos de representación o de gobierno gracias a luchas sociales ha atraído a ciertos grupos feministas y a mujeres emblemáticas del movimiento que se pro|M>urii aprovechar la aper­ tura política para incidir en los gobiernos y los programas públicos desde una perspectiva léminista: mientras otras agrupaciones o compañeras Icininistas consideran que hay que mantenerse fuera del poder y los gobiernos
para conservar la autonomía del movimiento. La diferencia en las [H>MUI as

y en las prácticas concretas lia sido fuente de-tensiones y rupturas.

1 >i relación con las agencias e instituciones <|uc financian actividades y proyectosfeministastambién ha sido, desde los años ochenta del siglo xx. recursos llegan 'etiquetados** y por esa vía condicionan, dibujan o desdibujan las prioridades de la agenda Éemiuista.

pureza espiritual (González e Infame, '.¡(Mil). Punios irreconciliables entre el feminismo y la alta jerarquía de la Iglesia, emir el feminismo y los grupos y partidos políiicos conservado!es o los que |M)r (emor al poder cclcsial o por ganar sus favores se alian con el. Kn el marco de esta confrontación histórica, larelaciónde grupos feministas ion las pastorales que simpatizan alianzas. El desarrollo de un leminisnio popular, la configuración de un fe­ minismo indígena e incluso del amliienialisnio feminista encuentran apoyo no sólo en su propio trabajo o en las organizaciones mixtas de la izquierda social, sino también en las comunidades eclesialcs de base de las pastorales influidas por la teología de la liberación que pugnan por la dignidad del ser humano, mujer o varón, y que han contribuido a crear una cultura de res­ peto, justicia y equidad entre mujeres y hombres. El límite de estas alianzas se halla justo ahí donde las mujeres tocan las reivindicaciones relativas a la sexualidad, el cuerpo, la maternidad. Las discordancias feministas en torno

a |arelación con la Iglesia también lian sido morivo de Turnes polémicas cu Los pumos de tensión o tic conflicto no han impedido que el movimien­ to feminista crezca y se multiplique, ni que se enriquezcan mutuamente sus distintas vertientes, va sea porque la experiencia acumulada transita y se lan venientes con distintas identidades y estrategias. El siglo leminista que abordamos muestra al movimiento como un proceso social cuyo discurso y proyecto resultan de un constante, dialéctico y tenso juego creativo del pensamiento y la ac< ion dt: las mujeres, y no de un proyecto acabado que se

¡«tintasfoim;i$ de emprender, comprender y escribir las luchas fcinii D>|ieramosque la lectura de este libro contribuya a deMiiistilicar < isnia del feminismo y a desactivar las estrategias del miedo conir.i m míenlo l i g n a r i o y justo; quisiéramos i|ue apuntale las coincidencia: (iiciiriar los logros del inovimicnio, que atraiga voluntades para an «1.1 laiga lucha por olías vidas |H>sibles para mujeres y varones.

na I.,iíesS. plien (.ds). ('„,; Imlmiade lo¡ usos del malo. F.l Colegio <le (.ouzález ¡tiiiz. Eilgar, y Gabriela Infante Hoyos (20(11). "Perfiles del con(eoords.), Encuetittmydesetieuetitnn m la salwí repiodutirim. Políticas fn'ibti Marx. Carlos, y Federico Engels (1971). "Maniliesut del Patudo Comunis­ ta". en Marx, Carlos, y Federico Engel», Obras escogidas. r. i. Progreso, Moscú. Monsiváis, Carlos (1983). "¡No queremos 10 de maro, queremos revolución!" Sobre el nuevo feminismo", en In Cullwa en México. núm. 1088, 13 de (2009), "Dccuando los símbolos no dejaban cr el genero (Las mu­ jeres y la Revojución Mexicana)", prólogo a C no, Gabriela, Mary Kay Vaughan y Jocelyn Olcolt (romps.), Género. ¡¡oda y política en el México posmoluciunario. Fondo de Cultura Económica, México. síuijauo. Aníbal (2006), "El 'movimiento indígena' y las cuestiones pendien­ te. en América. I-atina", cu Argumentos. Estudios rrílirm Je In sociedad, Nueva Época, año 19, núm. 50.

Rubin. Caylc (I99fi), "El tráfico «le mujeres: notas sobre la economía poliii< a del sexo", en Lamas, Marta (comp.). Elgéntw: la caminuáón cultural

PRIMERA l'ARTE REVOLUCIÓN, SUFRAGISMO Y DERECHOS

FEMINISMO YREVOI.UCIÓN
Maillia Evatoxl,aIslas'

la especificiiLul en la pal licipaciúu y el compromiso de las mujeres cM.ihlcv... una (i|)iilof¡ía para explicarlos: <:llasfueronpiopagandistas. nilcriiiei.is. sol (latinas, soldados y feminista.'.; sus arriones las rcdiiucnsionan romo sujetos sociales en el proceso revolucionario. Parlicndo de o l a tipología, me centraré t-n destarar el activismo de las propagandistas y las soldados en la medida en que con sus conductas transgredieron los es|>acios sociales <|uc les ron espondian eti unto géncio. Las mujeres inciirsinnaron en ámbitos exclusivos de ¡os hombres: la política v la guerra. Luego del triunfo constituí ionalisia y en

la coyuntura del < arrancismo. la luclia feminista renació cobrando mayores luios. Entre 1915 y 1919. las feministas formaron organizaciones que pugnahan por sus derechos, editaron la revista La Mujer Mnitirna e hicieron posible la celebración de dos congresos feministas en Mcrida. Yucatán, en 1916.

I . U I K C H ' A C W m S T A S EN El. MAftFBISAlO

l i n ,;.. del I,.

.■ .•]<■< I.M.II del 2(i de junio de 1910. la oix.sición a Díaz fue

in.iv .ibiei I.I: I:

ainii recle, ciouisia encabezada poi FraiK is< o I. Made-

|Niii..sK.v..lu.i..n.ui.is(l'..i lilla. \>Mr. 71). l a s mujeres parlicipaion I I , , . inicio (pie se fundó a mediados de I9IHI. en la ciudad de Puebla, fue el club "Josefa Ortiz de üomíngiici". presidido |>or la obrera Peira Uyva. Éste

Primera Junta Hevoluciruiaiia de Puebla fue diiigida por Guadalupe N.tiváez, > el Comité Revolucionario Maderista, lundado en la villa de Calquiní, Campci lie. el 10 de septiembre fie 1910. en cuya acta de asamblea se infor­ ma sobre las actividades llevadas a ralw por sus integrantes, "se pmiione en lorma confidencial hacer labor de acopio de armas para estai prciiarados hacer propaganda en lasfiniascercanas: se menciona a Sara García Sabido
(tesorera del Comité) y Añila Caceras" <»UM>NV. Exp. Sari García Sabido).

Previamente, en junio de 1910, se había integrado en la capital del país el Club I lijas de Cuaiihicmoc bajo la dirección de Dolores Jiménez y Muro. Adela Elodi.i Arce Arciniega (secretaria) y Julia Nava de Ruisánclicz («ical) (AHSDNV. F.xp. Julia Nava). Como la mayoría de los clubes, el objetivo

campaña de oposición al gobierno de Díaz (Portilla. 1995: '1.M,'1fi!>). Sus integra mes hicieron trabajo prosel ¡lista entre los volantes de los sectores po pillares: escribieron y distribuyeron volantes y todo lipo de propaganda sub­ versiva. U organización procuró que todas sus agremiadas recibiei au clases de primeros auxilios para estar preparadas ante el movimiento .n nenio que

se «nía gestando. I .as principales integrantes del club eran periodistas. esciimias y prolésoras de clase media que desde los inicios del siglo xx busmaiiiíeM.use. Dolores Jiménez y Muro. Juana Belén Gutiérrez ele Mendoza, Sara ts'el» Ramírez. F.lisa Acuña Rosseti (vocal de la Confederación de CluIKS Liltc-ralcs Ponciauo Arriaga en la Ciudad de México, en 1903) y María Andrea VillaiTeal González, son algunas de las más destacadas precursoras (Lau y Ramos. 1993: 23-25). Menos conocidas. Guadalupe Rojo vda. de Alvarado. Josefa Aijoiía de Pindó. Cicscencia C a r a . Gu Iota Bravo, Mercedes Anide. María de los Angeles Méndez vda. de Jiménez. Elodia Campira­
no (AIISIKV, Exp. personales). Algunas de ellas denunciaron los. nmenes

y arbitrariedades <|i.e cometía el gobierno porfirisla v se convinieron en defensoras fie los trabajadores; editaron y/o colaboraron en publicaciones o|K>sitoras i .uno Vápei.Juan Paniulno, Fíat IMX, La OmrgUma. La Cuilloima. IM vat drjuam. ULhn.hM Hogar. Algunas también fueron militantes del

clusión de Madero en San l.uis Potosí, el dcsticn.i <lr . . . i , . hKi.m

s 1 .1

fiaude electoral: hacía un llamado a los trabajadme* p.n.i i|ne se .ilili.n.in al Partido Nacional Antirieeleccionista (PNA) ycoiivocaba al pueblo a levan tarse en armas. 1.a autora de la protesta, Elodia Arce, señala t|iie después de vencer las dificultades económicas y recorrer varias ii|M>gralías lngió im primilla y repartirla por todos los rumbos de la capital y sus alrededores. tarea, esta última, que realizaron las integrantes del club. Mercedes Anide se refiero a la protesta señalando que como "madres, esposas, hermanas e bijas buscaban que la opinión pública supiera que en la oposición estaban también las mujeres haciendo prosclitismo como los hombres" (Martínez Garza, l'Jo-l: 20). Los chilles fueron la (orina organizativa que desarrollaron las mujeres para llevar a cabo acciones políticas y tareas de guerra. En este sentido, el club fue el espacio político de reunión para discutir, manifestar descontento, expresar ideas, conspirar y hacer proselitismo.

Puebla fue el escenario de la epopeya del 18 de noviembre, v las mujeres
poblanas, inrdiaiue losi lulHrs. intervinieron en la plaucación de la¡IISUITCC-

v el compromiso de Carmen con el

viinionio de oposición, influyeron

IKII :i o,iie fuera ella el enlace ende los maderistas en el exilio y los < o m ligio-

inlí.im.H «Mi sobre lo» .«-.unos de la rebelión; en Monterrey se reunió con

li.ilu.in n i

" I " l'l I<V.IIII.IIII»'IIII> .limado estaba piogiamadn para el 20

■I

ii. inl>i. .1.-

i . l . n c i i . l I'I.IIKIIS.MI l.uis Potosí, bandcia de lucha del

• ••• que la lamilia .Serdán se encalan de guardaí <ou isafidelidadleal con I» que se guardaban los secretos de familia" (Mendiela. 1071. lili» F.l que Carmen hubiera realizado el disparo ha sido cuestionado: sin embargo, su compromiso ron ia Rcmliu ion es un hecho insoslayable. "Carmen no sólo se anticipa sino que se entuba a la < ansa (...] Paradójicamente. a pesar de haber sido la más expuesta en los halcones, la a/otca, los patios, los corredo­ res y la puerta abierta a Cabrera no murió y apenas si fue herida" (Mendiela. 1971:20!». Las mueries de Aquiles y Máximo Serdán. la exhibirión pública del cadáver del primero en un intento por intimidar al pueblo y la represión

|ij¡¡iin»r¡u/os organizaron la Primera Junta Revolucionaria de Puebla <:1 25 di- diciembre de 1910 («ex;). Kn el liisiiiuio de Clases Especiales, domi­ cilio di- las profesorasNarvaez, sesionaron y distribuyeron tareas: continuar la campaña de propaganda, que incluyó la distribución amplia del Plan de San laiis en pueblos, rancherías y ciudades del estado de Puebla y en la Ciu­ dad de México: conseguir recursos para la compra di: armas y parque que entregaban en los campamentos de guerra; trasmitir mensajes y realizar lateas de espionaje y, principalmente, de reclutamiento. I .as mujeres integrantes de las clubes realizaron el conjunto de tareas de guerra mencionadas. Mercedes A. de Arvide. socia del club I lijas de Cuati-

Al año siguiente, en 1911, |>ocos lueron los clubes femeniles que se forron: sin embargo, las mujeres que i aron parle en aquel movimiento

istiaron capacidad no sólo para coordinar las tatv-is de propaganda: ellas

Cunten Scxdíin. En o u Juntar"» lg"»

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lo relwlde se conoció romo el "Complot de Tacubaya*. Algunas mujeres se encargaron de la compra <le material de guerra, de curación y banderas
destinadas a los diversos gi II|MIS revolucionarios. Sin embargo, c! pretendi­

do movimiento rebelde lúe descubierto la noche del 27 de marzo de 1911 y sus principales dirigentes arrestados (Soto. 1991): 39). Jiménez y Muro fue redactor» yfilmantedel Plan Poiitieo Social proclamado por los estados de < ¡tierrero. Miclioacáu. Tlaxcala, Campeche, Puebla y el Distrito fedéi-.il. emitid» en la Siena de Guerrero el 18 de mar/» de lili I. F.l Plan era el insimúlenlo que avalaba el levantamiento armado de la conspiración de Tatubaya. En dicho documento se desconocía al gobierno porlirista en vitlud del fraude electoral, reconociendo como presidente provisional v jefe supivmo de la Revolución a Francisco I. Madero; resulta interesante porque contiene no sólo el aspecto político del "sufragio electivo v no M-elccción" del Plan de San Luis, sino laminen |H>rque plantea demandas sociales que

M I I / . I . pioneer a la población indígena

dad. jornadas de trabajo de ocho horas. romo asalariada sabia del alio |«rrccntaondiciones de desigualdad aun cuando icr ser" las simal» en el hogar (Maclas, 3 S de Paz de Ciudad Juárez, el 21 de mayo de I maderisnm. La correspondencia que las muje-

s-

in.ilii|ili..,. < • incluía tamo felicitaciones como llamados do alerta por la
Icl país (AI:N, Fondo: Francisco I. Madero).

,lili.il MIII.I

< ;iiail-.ilii|><- Niirvárü, Paulina Maraver e Ignacia Vázquez organizaron ,-| Clul) Carmen Scidín, encargado de los preparamos para recibir al can,|i<U<i Mailri» en Puebla el 13 de julio de 1911. Cada M-niaiia ediíalian y diMriln.ian en Uirma gratuita una hoja di: propaganda: Soberanía ¡M¡nirUi, desuñada a ¡iiliií-mar sobic las condiciones políticas del país, y especialmen­ te- invitaban a la población a volar en las próximas elecciones. I J campaña propagaiuli.stica fue relevante en la contienda electoral. Cuadaluih- Narváez. como un numeroso grupo de mujeres en el maderismo, creía que en
en la elección de los gobernantes (MMIW, Cii.id.diipo Narvácz Uautista de

Vilchis). t i ti di- iiovieiiiliii- di- lilll. Fiancisco I. Madero fue electo presidente
conslilucion.il de México. Los CIUIH-S femeniles que lo apoyaron continuaron

su tarta ptuselitisia cutí mucha-. dificultades debido a los levantamientos qui­ se gestaron en contra de Madero: los zapatistas en el sur en el mismo noviem entre los caudillos se manilcstó tainliii'-n entre las mujeres. rauliua Maraver e Iguaria Vázquez se unicnin al zapalismo: también lo tiic inon Juana II. F.sta última idcóloga fue agente confidencial del líder suriano. partici|>ó en ;.-. tedacción del prólogo del Plan de Avala proclamado por Emiliano Zapata el ÜS de noviembre de l'Jl 1 —según refiere Cildardo Magaña—. El no po­ ner en marcha un programa social desaló los levantamientos: sin embargo, Francisco I. Madero luchó "por preservar el orden legal y contener la marca revolucionaria" hasta el uioniruiu di- su asesinato y el del vicepresidente José María Pino Suárcz el Ti de lebrero de lilis (Salmerón, 2009: 101).

Pl golpe militar de Víctor ción Mexicana, encabe/ai Ejército Constiiticionalist:

22). Kl despliegue de las campañas de propaganda realizadas |HH mujeres y hombres <lc los disímil» grupos revolucionarios — zapalistas, villisias. conslilucionali.sias— es fiiii<l:iiiit:in:il para el triunfo de sus programas. Los clubes femeniles suigidos en el uuiilei isino se reorganizaron: Hijas <le Cuauhtémoc cambió a Hijas de la Resolución. <lii ¡¡¡ido |KII rClixlia Arce Aniniega; la Primera Juma Revolucionaria de Puebla fue la Segunda Juma K.'v.lnc ¡onai ¡a de Puebla-Másenla. con Guadalupe Narváez al fieme: y en .1. „ „ , . „ , , . . . <;.,a.lala¡ara. |alisc<>:Juana Hilen Giitic.uc/ di Mendoza

11.11/ ilt |ii...tiue,(ii / i'ii |u< liii.in. ():i\acn; el club Plan de Guadalupe, oí­

rme. l-.llas rsiiu icion presentes en el sepe-lio. que congregó a muy pocos !>ido a la |>cisec lición que desplegó el gobierno hucriista contra los inadede marzo de 1913. en una nutrida manifestación en el panteón francés la Ciudad de México se fundó el Club Lealtad. La piofcsoí a María Arias mal lo presidió, y en él participaron Dolores Sotomayor, Eulalia Guziii, Adelaida Manii e Inés Malvare. t i club aglutinó un buen número de >fcsura.s. estudiantes normalistas y empleadas de gobierno que, bajo la

domicilios (le María Arias. Dolores Sotomayor y Adelaida Mami también se
verificaban sesiones serretas para distribuir ureas (AHSONV, Exps. Kulalia

Cuzmán. Adelaida Mann, Inés Malvácz). Como iiiicgraiuesdc los clubes, las mujeres realizaron servidos de espio­ naje. conc entraban información sobre acciones (le guerra de los enemigos, intercambiaban corrcs|H>ndenc¡a y transportaban |>erircchos de guerra. Colsa Magno os< i ilw al respecio: "Salí en comisión al puerlo de Veían uz el 1) de mayo de 1914 donde debía entiesar documentación escrita en género

mujeres dirigentes. como a María Arias, que fue cesada cu su trabajo docenle y después encarcelada. La propaganda sulneisiva de manufactura femenina que salía tic las imprentas — manifiestos, excitativas, proclamas, libelos— luc incautada en más de una ocasión, razón por la cual María Arias mandó imprimir, con la ayuda de correligionarios de la Casa del Obrero Mundial, una protesta surgida de su pluma en la que condena la muerte de Madero c invita a obreros y cam­
pesinos a lomar las armas (AHSIMV, Cxp. Ana María Rosoli Cordero). Klodia

Arce, del club Hijas de la Revolución, escribe otra protesta contra Huerta |>or el crimen de Belisario Domínguez, la disolución (lo las Cámaras y la dcicución
y encarcelamiento de los diputados renovadores (ÜHSDNV, Exp. F.lodia Arce).

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ino facilitaion las actividades proselitisias, el reclutamiento voluntario y la ayuda a la población civil, con la intención de lograr .su adhesión y simpatía ron Vcnusiiano C:irran7a. El carrancismo emprendió la campaña |>olíiira
ubicadas en diversos estados del ¡KIÍS y ili|xi»liinies de la Oliiin.i «Vun.il eficaces para el triunfo del carrancisiiio. Cu.ulaliipc N.IIV.IIV • I■ ■ ij•.<■ • l.i < Mi

profesoras se subió al tren can amista nasbil.iiiilov-.1 W i

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|ior algunos de los centros cscolun-s más ÍIII|MIII:IIIUS ile los Estados Uni­

dos*. El traslado de las profesoras se sumó a las misiono < s|Ki:iales de pro clima de simpatía 1 adh-sión .1 Canan7H (Boi^/n < A - E4w«--¡¿». 1015: 03-70) lleimila Galindo viajó a La Habana. Cuba, e iraparlió varias conferencias sobre lo que se conoció como la "doctrina Carranza", que pone ei acento en el nacionalismo y la libertad del país para decidir sobre la legislación que

Frente al modelo tic la soldadera grabado en el imaginario colectivo, surgió I singularidad de las mujeres que tomaron las armas y se entregaron a la tare masculina de la guerra: las soldados. Ellas disputaron a los hombres la ei rlusividad del espacio más masculino, el militar, al que ingresaron, paiadój cameme. como hombres (I -in y Ramos. 1993:3.1,38). Algunos ejemplos so los de las soldados juana ( t a n » V.í/qucv, Rosa Padilla Cainacho, Valentín Ramírez Avitia, María de la I.11/ Espinosa Barrera. Amelia/o Robles Áv

La mayoría de las soldados lomó las ai mas a partir di-1913 para combatir a Victoriano Huerta. Se trata de mujeres mestizas c indígena* pertenecientes al medio rural que difícilmente sabían leer y escribir. Lasrazonespor las que se iinicmr. a uno ti otro grupo rebelde estuvieron determinadas en gran parte por la región de donde eran originarias, el parentesco y el sis­ tema de lealtades, el compromiso y solidaridad con MIS comunidades; algu­ nas de ellas señalan que peleaban porque hubiera justicia. En el zapatismo, dice Ros. K. King (1<W8), no se trataba de un ejercito sino de "un pueblo

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/). Mu IIII.I-. i|in- l.isionsiiuicionalisias — luego caí rancistas—

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I.i-. .IIIII.IS p.ii.i di lindel la legalidad del gobierno personificado

. ii \ i ■■•■-.ii.iiii» < .11 I.III/.I. I.i itupimisación de los ejércitos rebeldes y los

Las mujeres que lomaron las armas y se enrolaron en los ejércitos revo­ lucionarios como soldados transgredieíou conductas en tanto genero, no sólo provocaron una nipiura del orden familiar, sino que mollificaron el sistema desigual y restrictivo (privado-público) que rige las relaciones cuite los géneros, al menos din .inte- el periodo de lucha armada.6

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-ai las propuestas do "igualdad" soste-

IIÍII.IN desde IÍILIII s ilil Mfiln xix por mujeres <lr clase media ilustradas ionio

Murgiiia de Avclcyia y tmili.i Tardo Bazán, entre oirás. Sus plaiiieamienios fueron vinillos en dislimos escritos a manera di- cjctcicio intelectual y publicado» en revistas femeninas de la época como Lu Mujer, La) Hijas del Análiuac, FJ álbum de la muja. El coma de las Señora*. Violetal d' Anáhuac, lu Mujer Mexicana. Kntie 1910 y 1014. Lis inquietudes lemiiiisias unieron i|uc esperar mejo­ res tieiti|>os. ya <|uu el compromiso político de las revolucionarias se centró cu las demandas de justicia social que lieueliiiaran a mujeres y hombres. Entre 1915 y 191'J se empieza a delinear un proveí lo feminista inserto en el constitucionalismo a naves de la conformación de organizaciones, la edi­ ción de la revista La Mu/er Moderna —dirigida |HII I Icrmila Galindo— y la celebración de dos congresos feministas en Méi ida, Yucatán. U llegada en 1910 de Salvador Alvarado como gobernador militar a Yucatán favoreció la puesta en mai cha de proyectos sociales y la actividad fenavios. en especial con la problemática de las mujeres, desde los inicios de su gobierno expresó su preocupación por mejorar su educación: él {tensaba que al impartir una sólida preparación escolar las mujeres evitarían la (oial dc|iendcncia del hombre. Promulgó leyes feministas Iludientes a legitimar

ljigualdad<-nin-:iiiil>"'.M-v.>s ".'Mv.n.uhi IIK- •■! iiiiii'niltr kisrevolucionarios dial para ayuda. a I.»del.il.-s v..,.,i ...y" <M... las. 2002:'08).
se lial)ía desarrollado en la

A partir ele la segunda IIIII.HI .1.1 -\y)» \i\

península un ¡nri|>ii'ii!<- movimiento 'imiiiisia i uyas participantes —la ma­ yoría profesoras de primaria ■. cui ahi/adas \wr la maestra y |>ociisa Rila Celina Gutiérrez, crearon la asociación. revista y escuela feminista Sicmprr.vim. Rila Celina fue IIÍICCUH.I del liisiiuuo Literario di: Niñas desde 1830

hasta 190*2. Del gru|M> de diseipulas lóruiado \»>t Rila Celina surgió un conjunto de activistas de ideas lilierales que participaron en ligas leministas como Rosa l ó n c . Kusebia Pérez, Susana fveíancouri y Mircya Rosado: ellas fueron tainliién colaboradoras de Ltvia Carrillo Puerto, quien encabe­ zó la Liga Rila Celina Gutiérrez (Luir,),formadaen la Ciudad de México en 1010 (Pcnichc y Martín. '2007: 32.37). El asunto de la educación fue prioritario para Alv ar ailo, quien esta­ bleció alrededor tic 000 escuelas rurales y una escuela especial para niños

fcn el primero fue determinante la pi esencia del pedagogo José de la Luz Mena, impulsor de la escuela racionalista inspirada en las ideas del anar­ quista y educador español José de Ferrer y Guardia: dicha corriente había ro Mundial y fue llevada a Yucatán por uno de sus militantes, José Domin­ go Ramírez Garrido, posteriormente Jefe del Departamento de Educación en Metida. Mena demostró sel uno de los educadores más interesados en difundir los preceptos de dicha corriente educativa basaiki en el trabajo y la ex|x-i ¡mentación, lustaolecicndo la primera Escuela Racionalista en Cliuminópolis.'J Como pal te del espíritu innovador, racional y ciemílico de las nuevas corrientes educativas, se estableció también una escuela Monicssori

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a cargo de lafeministaElena Torres (Macías, 2002: 91). El lema educativo fue central en los congresos leninistas, como se verá más adelante. Salvador Alvarado promulgó algunos decretos, circulares y leyes ten­

saban más que el interés por modificar la propia condición de las mujeres. El traslado de Vcnustiano Carranza a Veracruz llevó a las propagandis­ tas del constitucionalismo a continuar las tareas de prosclitismo tanto en A partir de 1915 algunas de ollas, como Mamila fialiiido. Elena Torres. Elvia Canillo Puerto. Rosa Torre y Átala Apodaca. entre otras. oiE.iniíaion elidios feministas en distintos estados de la República Mexicana.'" I lermila
Galindo fue una de las más destacadas exponentes del "lémiiiisiiHi IÍIM-I.II"

en el periodo revolucionario; sus aportaciones tanto en la tribuna cuino en

inios oslados del país en dos ijcres ;i organizarse y luchar por MIS derechos y apoyar al c ai raiicismo. La a in iría en Yucatán y coniiníia en Campeche y Tallasen. IXK recursos ecomicos fueron aportados | » i el gobierno de (jirraiiza.15 Del conjunto de -icios promulgados poi el Primer Jefe (luíanle su estancia en Veraei uz, la i del Divorcio de diciembre dr 1014 (ue no sólo aplaudida sino de-rendida r Hci mila en varios loros ya <|uc consideraba qu<: siipniíntilKació» era el ncipio del reclamo de los derechos civiles dr las mujeres. 1 .aura < hellan.i lala la |>os¡l>ilida<l de que la tcniinisia haya incidid» n i su l,.i rellana, 2001: 116). I.i.mn

L»Mi|ikM<.i.iKM

U, Mujer Moderna bajo la dirección de H n m i l a Colindo. puhli< ación nien
sual que circuló limante cuatro años hasta septiembre de 1919 (Sáenz ROTO,

1955: 49). Con el mismo nombre de La Mujer Moderna, la precursora mari­ nista y después maderista María Andrea Villarreal publicó en San Amonio. Tcxas. en 1909. un periódicoradicaldedicado a "la propaganda <le ideas que faciliten la evolución de la mujer" (I.au y Ramos, 1993: 192) Hermila Cal indo trabajó intensamente para encomiar los espacios que |H:I uiiiician canalizar el potencial de inteligent:

i* Orcllaiu (2001) y Maillu Rocha (2007). lonikos.tfentc UMujuMnUtne (líllV).y IjurjOiclla i>nlrrrrw:ia> en Metida. Motul, Prosita» y Kspila. 1-uMn

eterizó su liderazgo dcniro del constitucionalismo. Sólo ciñen núnie1

han sido localizados; sus páginas muestran, por un lado, su compro-

azgo de Canaliza, al triunfar la lucha arn<ada. para llevar a cabo la* otro lado, el interés de la propia publicación, "dedicada a defender lererlios ríe la mujer mexicana, su emancipación y engrandecer sus :is iiiisieiies, no sólo en el hogar sino en sus deberes con la Patria" (Ijt ■i WmlniM, l!M.rKi: :i). Hermila (¡alindo sostenía que la participación

• le las asiduas i<.lalior.id.,ras ilc la revista. Salomé Carranza (1916). II escrito "Semilla que leí nuda" se refiere a la conferencia que dictó nila (¡alindo en Tlacotalpan. Vcrai ruz. el 12 de abril de 1915. en la

sociedad fósela Murillo Un Mujer Mnlcina. 1915a: 2). t u otro articulo surgido de su pítima ;' liiulado "1.a emancipación de la mujer", plantea la necesidad de librar a las mojetes de la tutela clerical e instruirlas en la escuela laica, además de exigir el dei echo ciudadano a "tomar parle acti­ va en el movimiento político |mr ser miembro integrante de la Patria" (Ro­ cha. 1941: 241). Para Salomé Carranza, la "emancipación social" significa el derecho ciudadano a participar en el devenir histórico del país.141 Alego de una disertación en lomo a los distintos argumentos que los encmi gos fiel feminismo han esgrimido para mantener a la mujer siihonlinada actuación de las mujeres mexicanas en las distintas ramas del salier; ejem-

plilita < ■ > • > lumínas y 1111111'»» singulares su presencia histórica a través (Id liriii"" (Hoclia, I'.HII: !M7.¡Mft). Imbuida del espíritu secular, también veía en la escuela laica unaformade combatir el fanatismo y conseguir la cmanri|»c¡ón. Al respeto escribe:

dudarlo, csú (a base tic nuestra emancipación. Allí bulle. allí se agita ese atri­ buto nuestro, bello y grandioso, contra el dcspeebu de los ictrogrados, de la iglesia y de sus santos (Roclis, 19SW: 2«-¡H'l>.

ciedades (embustas c|ue se fueron formando en distintos !ti|i.iics ilel \>.n; —Lucía Unsianianie preside la as>M:iación Dolores Cernea /apaia en San
Juan Bautista. Tabasco. y en Motnl. Yucatán, se lorinú la asuciai ion |HM-I.I

Orliz de Domínguez—, reseñas de las giras propagandísticas di: I leí mil.i y los distintos puntos de deslino de la revista.'' Los artículos también il.m

Kii Mcrida. Yucatán, se HIVJITMI a cabo dos congresos feministas en 1916. Al­

gunas investigadoras, como Macías. Peníchc y Urellana, coinciden en señalar <|ue amlios se celebraron por iniciativa del golx-mador Salvador Alvarado. como también se registra en los "Anales di: isa memorable Asamblea" sin em­ bargo. estas explicaciones no coinciden en lo que se refiere a las rarones de <l¡clia iniciativa ni a la forma en que transcurrieron los debates en los congresos. Mientras que Macías atribuye un peso fundamental a Alvarado en la organi­ zación y desarrollo de los congresos, Orel lana señala a I Icrmila Calindo como el |>crsonaje central que influyó tanto en Cananza como en Alvarado para que iln líos congresos se llcváiau a cal». Piedad Peniche dice que la finalidad de los congresos proimn idos por Alvarado era, además «ir conocer la condi-

se u l t i m a r í a n las disi osioiics (1916. Prmcr Congrao Feminista. 1973: 32). liran dos los Irmas que más preocupaban a Alvarado: el primero se refiere al proceso de secularización de la educación de las mujeres para tibiarlas del "fanatismo religioso" v al papel que < orrcs|xmde a la escuela tanto a nivel primario como vocacional en la preparación 'para la vida intensa del progreso": el segundo traía de la ciudadanía política de las mujeres. La convocatoria iba dirigida a "todas las mujeres honradas de Yucatán que posean cuando mcnoslos conocimientos primal ios" (1916. himer <jm grao Feminista, 1975: 32). La asistencia (ue en su mayoría de pr.riesor.is yncatecas; 700 congresistas paniciparon en el primer congreso, realizado en enero, y 250 en el segundo, celebrado eu diciembre de lililí. I -a comisión OÍ-

I'ucrio y Rosa Torre abordaron el asumo del sufragio femenino, reclamo que en la siguiente década llevaron hasia elfinal(Peniche y Mariin, 2UU7: SI). paules: de avanzada, moderadas y conservadoras. listas posiurassc manifes­ taron desde la presentación fuera de programa de la ponencia de Hermila
Calindo "La mujer en el |K>Ivenir"." leída por el Si. César González, desig­

nado por el director del Departamento de Educación Pública estatal José Domingo Kaiuíiez Garrido, quien en i?picscntación de Alvaradu inauguró el Congreso y participó durante los cuatro días del evento en calidad de

placer femenino, que l:is mujeres deberían sci educadas en el conocimiento de su cuerpo, y <|uc achia regir una sola moral para ambos sexos, Hermila contravenía el discurso dominante que naturalizaba la desigualdad. Kn los códigos morales (Carroño, 1979) la ignorancia en las cuestiones sexuales se consideraba inocencia; el recato y el pudor eran virtudes apreciabas en las mujeres buenas, llamadas a la maternidad, mientras que las mujeres ma­ las eran las vendedor;,* de caricias y placo, destinadas a la prostitución. Krente a la postura conservadora que recibió la |K»iencia como un atentado a las "buenas costumbres", alzó la voz Candila Gil de Carrillo señalando que el trabajo era moral. Hermila sabia que su ponencia, dedicada al general Alvarado, provocaría disgusto: alfinalde la dedicatoria lo adviene ron eslas palabras: "[según dijo San Gregorio] la verdad debe deciise aunque sea origen de escándalo" (1916. ¡Mmer Omgmo Feminista. 197S: 195).

| m hlii'iliiK*1'- <»■ ''< <'|HMH sostenían rcspecio a la separación de los sexos y

l.i .is¡nnac ion «le tareas y espai ios diferenciados. "Había que evitar virilizar a l,i niiijei <»ni'> pretende el fcinií.isino" (Airando, 1991: 76,77). Las tareas ilmiiésticas son competencia exclusiva de las mujeres y tienen un valor que «pera reconocimiento: al misino iicm|>o insiste en pto|)orcioiiar a las muje­
res estudios técnicos como los secretariales. los cuales ampliai ían las ¡KKÍIIÍIÍ-

dades de indujo en el espacio público.

ilela Rnmhiciánseñala con desilusión que no se bullirían al

I.nln

■•*•

lució» dos problemas fundamentales: la educación I.K Í O I U I I M J y el m m ! ■ ■

menino. Si bien ambos fueron delendidos de manera inlrliurnlc. al luial Mimpusieron las iiosiuras moderada y conseivadora. Respecto al prime! inua. María Oilia Marías di: Trujillo señaló que "la enseñanza racionalista se basa en la observación inmediata del niño y se rige por la curiosidad del ediii an­
do". Ksia novedosa propuesta HITO el apoyo de Rosa Torre, Fidelia González

y Carmela (iosgaya. Respecto al voto femenino, aunque la posición avanza­ da, representada por 31 mujeres sufragistas. lo demandó a nivel municipal como un primer paso, se trataba de un grupo minoritario y el Congreso cu su conjunto no avaló di. lia petición (Pcniche y Martín. 2007:34). Frente al argumento de <|ii<: no se drlna otorgar el voto a las mujeres porque les falla de pri:par.i<:ióu y un movimiento colectivo que lo demandara, la congresista Francisca Aseanio, que representaba a la corriente vanguardista, rcs|>oudc con estas lúcidas palabras: "No es necesaria la cxpmrm ¡a previa para en­ trar a las luchas sufragistas, porque nunca la experiencia puede ser previa y porque la práctica, precisamente, se adqtiierc en la ludia' (¡VIO. himn f>.» K i»w/™¡»ií/«. Ií)7.r.:97). I\n el Segundo (ingreso Feminista. Hcrmila Calindo preparó un nuevo ii.ili.ijii1'1 pai.i deli-uder sus planteaniienios del Primer Congreso, lo que le
.i .11., ,le |MC.|I.I(;.HI,II.I del ;inioi libre. El que la propia Hermila se calilicara ■ •• "iini|i-i di- mi tiempo. soy. |»>i ende iconoclasta", habla de una |H>SIII-

St hopenhaucr). también menciona a la feminista Emilia Pardo Bazán. Hermila lamenta que la crítica a su primer trabajo al que se relierc como "la monogialía sobre la mujer", no surgiera del examen de sus ideas sino de la lectiua de algunos párrafos del mismo y que, como ella señaló, habían sido transcritos literalmente de las obras en las que a|x>yó su reflexión, mis­ mas que deseaba compartir con sus compañeras congresistas en lo que consideiaba la tiesta de a|>eriura del primer congreso: lamenta no haber podi­ do asistir, va que de propia voz hubiera aclarado lo que provocó la confusión en torno a su texto (Lau y Ramos. 1«J<J3: 250.251). En el segundo trabajo —leído por Elena lories— se shncii/.i el pen­ samiento feminista de Hcrmila.™ Ella propine además de la "igualdad de

(LmyRjiíH»

¡Iiisiiación" cune hombres y mujeres los mismos derechos y pn:i ilativas en uxlos los planos. L i tesis igualitarista de Hcrmila se l>asa en el pro|>ós¡io de lograr "un alio ideal de libertad y progreso que. poniendo a la mujer al nivel del hombre, la comprenda no sólo numinalincnie en la misma ilustración y justicia, sino que le otorgue los mismos derechos y las mismas prerrogativas que se conceden al sexo fiicnc" (Lau y Ramos, 1993:25fi). Hcrmila Calindo veía en la revolución constiiiicionalista la posibilidad de lograr medidas reivindicativas en beneficio de las mujeres. Ella se asume como mujei, feminista y revolucionaria. y i:l hecho de contar con el a|K>yo «le algunos correligionarios tumo Salvador Alvarado, José. Doniiiign Ramírez Garrido. Félix K Palavicini y Venustiano Carranza la alentó en su proyecto

trabajo "1.a mujeirael porvenir" "I-i piolécia del lívaiigilio.M- li.i niiupli do. I J>s lirnipr» han llegado. Bieuaveiitiiiadi» los que lian hambre y sed .1, justicia poique ellos serán hartos".-1 Las batallas a las (pie convoca llermila con su pluma son en contra de los prejuicios, los dualismos y la gazmoñería que ha mantenido a la sociedad, especialmente a las mujeres, en una con­ dición de ignorancia, encierro y subordinación injusta. Las propuestas de llcrmila .siempre apelan a la estricta justicia. En torno al sufragio fcinrninn. la profesora María Martínez hizo las si-

Dichas declaraciones son «co del gi u|K> <lc pitifcsoras que < rspcian/as de cambio en la educación de las inujcirs ya que <■<. segundo li abajo una puntual argumentación en lorno al mism la ciudadanía política, demanda <|iii' i oiisid< ra impostergable.. . I b señala lo siguiente:

I .as Ic/esse aplicar. pul igual a hombre» | id. obedece las diíjmsicinnes gubernativa

Je ninguna de las que goza el

Al parecer, los argumentos esgrimidos por I leí mila nu eran válidos en un uiiindo que estaba regido por los hombres, quienes, como señala MicheHe fVrrni. históricamente poseían la autoridad de la palabra escrita. De los tres .santuarios masculinos cerrados a las mujeres: el religioso, el militar y el político — continúa Micliellc Pcrrot—, "el más resistente desde la ciudad griega a la Revolución Francesa y hasta nuestros días ha sido y es el político'

(|)ul>y y IViim. I1WI: H,9,l*>). De modo que proponer la inclusión de las mujeres n i l.i vida política del país como ciudadanas activas significaba no solo un desafío, sino atentar comía el orden social establecido. Fu nombre de la ciencia, diversas teorías señalaban el lugar que correspondía a la mu­ jer en la .sociedad, y al destacar los atributos de feminidad Ir ¿signaban un lugar especial como madre: violentar el pa|>cl que coi respondía a la mujer desempeñar sólo en la esfei a privada significaba romper el equilibrio en la relación que delie prevalecer entre los sexos.

acerca del pa|x-l que aspiraban desempeñar en la «x¡edad.

En e¡ Congreso Constituyente reunido en Qucréiaro en 1916 |iara redactar

3° y 123', respectivamente. F.n el primero se estableció la educación laica, y en el segundo se dispuso el salario mínimo igual para hombres y mujeres.

una ¡ornada diaria de ocho horas (le trabajo, protección a ia maternidad y la prohibición de nalwjos insalubres y peligrosos para las mujeres y los menores de l(í anos (Rocha. 1991: 19A.I99). Sin embargo. las dos iniciativas

n i autoridad pública. 1.a negación del sufragio basada en el ai guíñenlo de incapacidad de las mujeres pata el ejercicio ciudadano no era válida. El artículo 34° se redactó con el genérico de ciudadanos, y Hermila Calindo. en un acto de desafío a la ley, lanzó su candidatura para diputada por el 5* distrito de la Ciudad de México en 1918: aun sabiendo que <•' Colegio Elec­ toral no la reconoce. ía. buscaba hacer pública la exigencia del snfi agio. El

los derechos y obligaciones personales de los cansones deben establecerse sobre una base de igualdad entre ¿si<» y «o en el imperio <|ue. como res­ to de la mamu romana. se ha otorgado al marido" (Canaliza. l'Jl": 7). U nueva legislación establecía I-II el capitulo del inaiiimonio la igualdad di: derechos y la autoridad de aiulms cónyuges cu el hogar, quienes de mutuo acuerdo debían dcridií sobre la educación y administración de los bienes

tiniicuto del marido (Ciri.ni/a. l'Jl": Ü3>. I.i edad mínima requerida para casara: —de 12 años rn las mujeres y I I en los hombres— se incrementó a 14 y 16. respectivamente. La mayoría de edad pan ambos sexos se adquiría casa paterna hasta cumplir 30 años. Henuila Galindo vio con agrado la promulgación de la ley del divorcio ile diciembre de lilll. Kn el li abajo que elalKiró para el .Segundo Congreso. ella serefierea dicha ley ionio benéfica; pai ticulai iza cu las mujeres de clase media que por su educación y costumbres se descin|»'ñ.ui en el hogar y qui­ se convierten en victimas del marido cuando el matrimonio fracasa, ya que además de no estar preparadas para trabajar la Iglesia condena la ruptura

o matrimonio. Hcrmila Calindo plantea -líbalo lo c|ue en realidad se propicia son id ( U n y Ramos, IM3: 261). Además, se pronuncia partidaria de
lujcics |>.Mlicipcn n i la elección del consone v no dejarla silo al

i- l.is padics. t u la ley de 1(114, iiKor|H>i-.«da al capítulo vi de la Ley i. -iones l'.uiiilian-s. además de la disolución del vínculo, se abría la id |>:n.i ellos d<-contraer un nuevo matrimonio; para la mujer sólo 01) días dr la disolución del primero v transcurridos das años de la

emanci|K«.ión di- la im:|ei.'' Se cuestiona la condición de isla en los espa­ cios privado y público: ."i spi cío del pi inicio si sostiene la tesis del frniinismu lilieral solne la "dignificación de la mujer". abonando a las discusiones el tema de la sexualidad, el aniiclei icalisino y la prostitución, y revolucio­ nando las ideas decimonónicas; respecto del segundo, se explícita la parti­ cipación |Hilíiica de las mujeres en dicha década en lanío ciudadanas y la exigencia del sufragio femenino. Reconociendo que hubo algunos avances

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la incorporación a partidos políticos y a puestos públicos di* |Kider en loí

A pesar de que lis mexicanas esiuviiiuii CXI luidas ib- I.I |mliiii .1
dllrame la largo tiempo. IHIIK) « a n a s en las <|in lnii|;iiri>n • 1111

<•! Cslado. los Estados Unidos y sus congéneres medianil n d i s *H i; lablccidas con los hombres del p o d e y con las organizaciones civ.n sus homologas 1101 ((americanas, asunto que no ha sido del todo esli

1 latMjm como k» ilc CibrMí Cano (2007I.Jorrl)11 Oicou (S

(Jas. Se ha argumentado a favor y cu contra de las el sufragio, pero aún se carece de información acerca de la mecánica di: MUS actividades y de la lucha que llevaron a cabo incdianic las oigani/acioncs <|iie conformaron a partir de finales de la Revolución. mandó i-I vino paia las mii¡cu~. cu todo el mundo. Este movimiento por la

il.mi.i \ |HH li. i.u

Ir su imegiai ¡úu a la vida pública, al tiempo que exigía

. .iiiiliHi'.in i-| ni den degenero ini|M:ranic. La ciudadanía' es un proceso dina-

lili v i|in .-. Masiuc Miilyut'iix alinna < { ■ ■ < ■ las explicaciones genei izadas de la . iml.iilaiii.i |jt< sii|«iuni una comprensión del régimen de género que impera i n una ileici minada sociedad, lo que permite analiza* los mecaiiÍMiios |HH los rúales las mujeres lian estado marginadas, excluidas y suboidiiiailas denuo de estados y formas de sociedad civil espn íncos (Mulyiicux. 2003:258j. Este artículo analiza el ejercicio d<: la ciudadanía de las mexicanas en su búsqueda por el sufiagio a través de una de las agí upaciones que fundaron, de las reuniones a las que asistieron y la manera en que se luchó para con­ seguir ese derecho. Me pregunto cuál fue el significado que tuvo la organi­ zación de éstas mujeres, cómo se insertaron en el juego político del México posievolucionario. cuál fue su p;l|>;l y qué le podían ofrecer al naciente Es­ tado. o viceversa, qué les brindaba la relación con el Estado y con susgoliernatiies. Considero que conformar!)!. 31 tipos para no quedar marginadas de la acción política y por medio de éjlos poder integrara- a los cambios que se perfilaban en el país y en los que ellas querían inicivenh |>ain coiiseguii de­ rechos políticos; bascaban legitimar su lucha e impacial en los legisladores para ampliar sus derechos (Ulcott, 2005: 59). Al mis I» ni|»>. las reunió

Analim al Consejo Feminista Mexicano, su organización, su trayectoria y .vi |>art¡cipación, a partir de las conferencias que tuvieron lugar entre 1919 y )92f>. «ni el lili de dar cuerna de la lucha que llevaron a cabo las mexicanas. Me apoyo en los ejemplares de las dos revistas que editó el Consejo: IJI Muja y La Vida, y en la hemerogralía y documentación de archivo que las men­ ciona. No existe mucha bibliogiafia sobre el tema, estoy consciente de que algunas cuestiones ya han sido tratadas y me refiero a su» autoras cuando las alxirdo. Creo, no obstante, que propongo nuevas líneas de investigación que amplían el conocimiento de esta etapa.

Una parte importante de estas sufragistas fueron mujeres instruidas relacionadas con el mundo educativo: maestras, educadoras, periodistas v algunas profesionistas que reunían las condiciones de clase y capital social.* preparación cultural e independencia económica necesarias para poder ¡uicgrai:se en el mundo público, no obstante, sufrían las limitaciones y la marginación derivadas de su condición femenina. El sufragio para las mexicanas fue reconocido tardíamente, ya que los varones encontraban indas las razones posibles para negar una y otra vez

■■v>- ■!•

I

!'•■ " « a l a l a m i t a d i l c k i | K i l i k i c i ó n . A l m i s m o t i e m p o q u e s e

ii mm .iv.m/.iil.is
IÍVÍI i-

nv lonsiivadoras y ello demoro la discusión legisla-

i» :il siili':i|iin. I'nr uno lado, el discurso <|iic cuarliolamn esas

•iiiiji'iis no MI-III|IIC ii|Kiyi> .il sufragio universal. ya que la iiormaiiviikid ele

dicciones o concentrar su lucha en oíros espacios, donde el ejercicio cívico de los di-rechos era considerado priorilario v más viable, romo ki educación, elualujn. cuetera.

I .os ioiisiiiiiy<-nii-s mexicanos de 1917 no aceptaron relormar los artículos :SÍ>'■■' y :lti
lu

pala que votaran las mujeres, con el argumento de que no ha­

bía habido un movimiento que lo demandara. A pesar de esta derrota, las

giéndolo." Tendrían que enfrentarse a los hombres Inertes —caciques y caudillos—'■ y a las organizaciones laborales que dilataban las propuestas que ellas impulsaban, aunado a la constante inestabilidad política que obs­ taculizó la reorganización de la economía y retrasó las reformas que las ■nasas demandaban, incrementando las tensiones sociales. La fundación del Consejo Feminista Mexicano en 1919 se enmarca como una respiesla de algunas mujeres ame la |H>ca atención que se les brindaba, y en su seno se manifestó la ideología de los círculos intelectuales con las que ellas mandirigido a integrar las herencias indígena e hispana fundidas en un solo concepto que sirviese como símbolo de identidad (Matute. 2002: 168). kn [>arti:, dicho nacionalismo provenia de tensiones con los hsiados Unidos. pem también, de una amplia trayectoria lie identificación cultural feme-

nuevos ciudadanos que se estaban gestando o tiuuu I m i / . i •!<■ n.di.iju < n tamo obreras." No obstante la exclusión legal, algunas iiinjru". i m p n n ilición la tarca de demandar derechos para su sexo, para rilo I nm,

11 Las nlujcif* « leUitiHijiim |>iiiif.ipjliiintlr IIMI Áh-jíi> Obiegúu. Felipe tonillo Pumo y Pluuico tliu tjlks. " Bethcll ViÓUO); Muulc (l»W>).

variopintas agrupaciones y trataron de incorporarse a la vicia pública de El Consejo Nacional de Mujeres se fundé el 10 de agosto de 1919.'* Es­ taba integrado por mujeres provenientes de varios estados de la república —Guanajuaio. Miclioacán, Vcracru7 y Yucatán— que habían intervenido en la Revolución y que <|iierían continuar en la lucha, trabajar por el bien­ estar de su propio sexo y del país en general, y abrir canales de partici­ pación para mejorar la condición de las mexicanas en todos los ámbitos. Habían militado en el magonismo, habían sido anarquistas, socialistas y

..,; cutre ]V>\ y 1922 se editaron, con diliculiad. seis números. A partir de IMJS cambió de nombre a 1.a Vulii, "Revista mensua1 Mustrada. destinada a la propaganda «mural, estudio y solución <le los intereses de la mujer"; de ésta aparecieron ocho númeíos entre lebrero y septiembre de ese año, y en con un discurso de corle socialista y sindicalista dirigido a las trabajado-

cercanía de las elecciones presidenciales de diciembre tic 1920. el discurso
Al ¡ICHTO tiempo de establecido el Consejo surge el primer dcsa. nenio

con su presidenta, |uan;i Belén Gutierre! de Mendoza,14 a «piien se acu­ só de utilizar el membrete de la organización en trabajos |>cisonalcs sin también halier nombrado como serietai ia general a su hija Julia Mendoza. v como vocal a su otra bija, latina Mendoza vda. de Orozco. además de halwr legisirado los estatuios a su nombre y darlos a < onoect a la prensa.21 Estas acciones llevaron a que el .SI de oenibre de I9IÍ) las inconrornies la desconocieran a ella, a sus bijas y a los estatutos. Se renombre, al Kni|>.> come) "Consejo Feminista Mexicano'

n el lin de '

i amplitud

yqu. : pudieran tenc r . a b i t l a e n c l m ujei es de iiHla-

En n
Com i,é Ejecutivo VrlrarKodi presid.ni. l.l.^.|.a..<. Elem. Torres.» Kv,Cl„,a Leu. « W - e

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"1Mliriclpetiód ico .Ufe. orno ¿rgan.>de¡ Couejo. W»

a p:oWcm« poliiim». NOCIDÍ Coilcs.

se efectuaron las reuniones—, María del Refugio García,33 María Teresa Sánclu:7. y Kstcla Carrasco.2* 1.a agrupación buscaba mejorar las condiciono de las trabajadoras, a las que consideraba su centro de atención y principales liencficiarias. por lo que se planteó abrir <I[K iones laborales para ellas. Establecieron la Casa del Niún dr la trabajadora (Rendón, 1990: 29-52)," un taller de costura, una ■■«'liria nociuiua para trabajadoras en Tacubaya. una academia comercial giaiuiw y una escuela en Ixtacalco. I I piiiu.iauia clt-l Consejo iucoi |Mir.ilw la emancipación polilica como
|IKI|HIIU:UI esiahliii i nexos con organización!* feministas de diversos paí­

ses. Ku MI inlorme de actividades de 1SKS. Elena Ierres atiranta que el Consejo bahía logrado desarrollar muy pocas actividades de propaganda y «'■lo contaba con un local para trabajar. Confiaba en que con la elección del nuevo Comité se pudiciau establecer

\ deméntales trabajos del hox«» <JUC

En su <liscurso explícala que "hu.scabaii librarlas (a las obreras] de las tentaciones de la pobre/a mediante el trabajo y el estudio". También agrade­ cía a los "amigos de la mujer",8' quienes habían contribuido a la apertura del taller donando máquinas de coser, como Adolfo de la Huerta. ex |iiv.siiliniic ¡merino, y el general José Domingo Kamírc7 Garrido, ferviente feminista c inspector general de pol¡ii:i <lt: la Ciudad de México, para quien Elena trabajaba como sc< reuria del servicio seci elo (Taibo II y Vizcaíno 11184: 80). Torres sostenía qiu- sei ía por medio del feminismo como lograrían alcanzar susfines:"El feminismo va a iranslbrmar el mundo social, por eso no tie­ ne fronteras. El feminismo significa el triunfo del derecho sobre la furr/a, dando por resultado la igualdad de clases".3* Con ello |H>nía en claro la es­ trecha relación que el gru|H> mantenía entre el feminismo y la izquierda al considerar a amitos como motores pal .1 el • aiuliiu dmide las mujeres serían
las promotoras de la pa/. I'"i su p.me.Julia N.iv.i .1. |;MÍS.UI. h. /. <ln..1

de la revistay redactóla de losediimjales, .IMJ;HI:II>:I .(ii. .1 prvu de i|ne el

niinus, comprendemos '

emancipación social. económica y poliiii a . " El programa era ambicioso y rompí<-nili.1 asuntos considerados urgcnics para las mujeres. y al mismo iiem|xi mosiiaba los cambios que esperaban que los iieni|>os posrcwiluri»narios trajeran. Ellas encaraban el problema del reconocimiento de la so­ ciedad a sus demandas: cuál debería ser la estrategia y cómo avanzar en la lucha por mejoras para las mujeres serían ciieslioncs que se plumearían en las subscciicnií-sreunionesque organizaron. Creían que el solo hecho de ser mujeres c.onirai restaría los vicios de la sociedad: esgrimían los valores de la feminidad es|«rando ser las portadoras de las virtudesque ello conlle­ vaba. Blandían un feminismo igualitario" que buscaba emparejar a liom-

|,i,s y inujcies, y consideraban <|ut- «as transformaciones se propiciarían a través d<: la lucha de clases. Un feminismo "rojo* como el que enarlmlaban tendría consecuencias en un inomemo de icacomodo de las i-lases políti­
cas que no estaban de acuerdo con favorecer esic IÍ|MI de pensamientos y

ac< iones que. creían. desestahilizarían al país puesto que no eran un "ideal mexicano" (Taibo II, 1986: «5-7] y Carr.1996). De allí que poco a poco "lo roía," se moderaría. Al carecer de derechos se las excluía de los programas de gobierno y se las apártala <ie la vida pública, por ello pensaban que con su sola enu­ meración. los cambios serian posibles, tágriiiiii estas demandas implicaba trastocar la normatividad de género que se les estaba imponiendo, de ahí que la respuesta no llegó a ser la que ellas espetaban. F.l Consejo se identificaba como una asociación feminista que conside que le correspondía en la sociedad. Sus inieinliros iiiipoiii.iu un «i >

de promoción, un espacio de acción no sólo privado, sino también público Utilizaron el discurso de la maternidad afinde justilicar la pariicjuación <lc las mujeres en el ámbito público (Schell. 2006: 115). Ser puede pensar que internarían dalle vuelta al discurso admitiendo que de momento no les preocupaba la

En la lucha a veces hay que separarse del objetivo principal para ir ob­ teniendo pequeños logros, y las sufragistas enmascaraban la demanda por

el sufragio mediana anuncios del lenguaje, cosa que a final de cuernas haría más difícil y lardado obtenerlo. Estas mujeres participan cu la confor­ mación de partidos y agrupaciones —algunas de ellas efímeras—. durante csia década y mediados de la siguiente. Aparecen escribiendo. educando y organizando reuniones en donde discutían los |iunlos que más les impoi ta­ llan y querían transformar. Para ello había que luchar y hacerse visibles, las

horizontes y no restringieron sus miras. Mena lórrcs. María del Refugio "Cuca" García y Estela U n rasco, compartían nexos ideológicos con algunos militantes socialistas;' sindicalistas que las llevarían a participaren la funda­ ción del Partido Comunista Mexicano el '¿1 de uoviemliK- de 1919.% Varias luenm mencionan que «I Consejo se unió al n:n," no obstante, también se dice que Torres bacía propaganda pro Obrcgón "aunque cubierta con el antifa? de su Icmiiiismo" (Spenscí y Orti/, 2006: 35R-390). Yen efecto, la decidida campaña desarrollada |x>r Obn-gón empujó a varios elemeiios d<rl ii.M a unírsele mando proclamó el plan de Agua Prieta en mareo de 1920. I'.lena Turres fue una de ellas: se integró al Ministerio dt: Educación, donde hizo propaganda (Vasconcelos, 2007: 56) y negociófinanciamientopara las

participando en actividades que promovían el comunismo, presentándose ■ o oradora en mítines y reuniones donde se la llegó a apodar la 'émula

libo II. I98Í: 5í: S>l»..r. 1972:2SS.ÍTÍ: Oonuln GIVÍIKW

,U- Mis I'.IIIIIIIIIIN 1 "!-!! tierra a/teca". Por su parle. Refugio García y Estela

I j inlliiciK i» que Turres tenia en el Consejo decayó cuando 1:11 mar­ zo di- IH22 se renovó el Comité Ejecutivo y resultó elccia María Reniería rom» seo ciaría general." En febrero de 1ÍI2S, el cargo lo ocupó I m. Vera.1'* La incursión de estas mujeres en la poliiica lii/o posible su inte­ gración con el Kstado > permitió el desarrollo del llamado "feminismo intemacionalista"" característico de los años veinte, el cual haría que es­ tas mujeres se vinculasen con norteamericanas y latinoamericanas. En las

de sufragio, la trata de blancas, la incorporación femenina a la educación superior, el connol de la natalidad, la educación sexual, el matrimonio y

Smh*rtal.(¡<m).

latinoamericanas y norteamericanas; el lema (Ir la adquisición de dere­ chos lúe una comíame, de allí que se buscara oliu:ni:r <:l recomx imicnto de los diversos gobiernos para alcanzar el sufragio. Las integramos del lacionalcs para validar sus as :a y política (Millcr, 19M0: 10-

l<."....l I.
v... A

"I .s..i. \ .

.i.. Iex.is" (Mesa Redonda 1'aliAuicricana de

I.-V.I.M I.UI.I:I.I.I desde I<»l(» pan. olicccr piotección a lo» le-

IIII>Í-IIIIK ipir huían <l<- la revolución." Trabajaban por los derechos de

I.IN mujeres en ambos lados de !a t'iijinci.i: pretendían mostrar que las iniijeies estaban en contra de la violencia y ellas eran quienes ptntegei í.m y conseí varían la herencia intelectual de la civilización "americana". Entre sus objetivos estaban el "promover las relaciones entre las mujeres de las repúblicas americanas, y desarrollar y conservar el mutuo conocimiento, inteligencia y verdadeta amistad entre las mujeres y pueblos de las «pú­ blicas americanas".15 Lsta organización se presentaba con una (adiada fe­ minista moderada cuya misión consistía en el cuidado de la paz y de los valores de la civili/ación.11' Su directora y fundadora. K'lorencc Oriswold,'"

ik>s fronterizos i'i»i l»s Kstados Unidos, que se llevó a cabo en noviembre de 1919: ahí se eligió una mesa directiva y se discutió acerca de <|uiénes asistirían a la convención que tendría l-.igar en San Antonio Tcxas un mes después- No hay noticias sobre la asistencia mexicana, pero sabemos que Mrs. Griswold y algunas mujeres de la Mesa Redonda fueron a su vez invi­ tadas por la Cámara de Comercio de la Ciudad de México en 1921. donde María Tapia de Obregón puso a su disposición un carro de ferrocarril y las invitó a tomar el te al Castillo de Cliapulteptc.48 I a» intercambios con esta otganizaí ion prevalecieron por un largo tiempo: por su intermedio se invitó a las mujeres del Consejo a participar en Baltiinore en 1922, > ellas asistieron en 192» al Primer Congreso Feminista realizado en l.i Ciudad de México.'1'

Esto significa que tuvieron que- aceptar el giadualisiu» cu lus para las mujeres: primero habría que educar y capacitarlas. |>u. encaminarlas en la senda del sufragio.

VlAjF ALEXIKANjFJtO: Bti.TIMORE 1*J22

lililí /'' Imitaiou .: las Uiin>anici:ranas a participar en la 1* Conferencia ':ni. ií. ana id- la Mnji i i|tti si- llevaría a cabo en r>allimon. Marylaml. Ii-I ".MI al :**liU- aln il «Ir Hl*».'"1 p;nriH ¡nada |K)r la "I .iga Nacional de Mujeres

i ..un. i \- SIHIL

i i< .1. México, Canadá <• islas cotanas. A |>csar de que el su-

l,.,,.i,, luí- el KIII.I |'i iiii'i|i:il de la conferencia, <:n las conclusiones aparec.ie-

El tema principal de la conferencia giró en lorno a lo que podían hacer las americanas en faroi de la amistad internacional, asunto di: gran inipoi-

inexicanas compaiaran su condición v se dieian cuenta de lormas de luí lia que después pondrían en práctica, l/js grupos organizados de norteameri­ canas se dchatían entre sí por ver cuál de ellas trabajaría con las latinoame­ ricanas para aportarles no sólo ideología, sino una agenda con estrategias para alcanzar sus metas. F.stlier Site Wamslcy opina que las iiorieameiica ñas, a pesar de que alaliakm las actividades de lasfeministaslatinas, ten­ dían a vrilas cuino atrasadas. |x«-o rduiailat. y esclarecidas en la causa de guías de las mujeres de I.. ii-gimí (W.uiisley. ÍWB: 20).

Los lemas que se almrdaion serian los mismos que se I I alai •:■■> < ■ > l.is siguíenles reuniones de esa década: el bienestar de los niños, la «luí ai ion. la mujer en la industria, prevención del tráfico con mujeres, «lado civil y dere­ chos poh'lM os. Como la mayoría de la delegación mexicana asistió represen­ tando al Departamento de Educación Pública, hablaron .sobre educación,45 desayunos escolares,v' bibliotecas, maestros misioneros y combate al anal­ fabetismo, y di- la labor que había emprendido la Secretaria de Educación Pública a cargo de José Vasconcelos.

Si bien las delegadas re|Kii taron condiciones más o menos favorables en sus países, en la plenai ia encabezada |xn Carric Chapman Can ésta adujo que los países de la América Hispana no .se encontraban preparados |ura el su­ fragio femenino, |K>r lo que sugirió que se lórmara un "Comité Internacional Femenino" que procurara el progreso de la mujer, "haciémlola concierne de tmios sus dt-lx-rcs". ya que "mejorando la condición de la mujer y del niño en sus diversos aspectos sociales, el voto vendrá inevitablemente y a su licmi»". 58

Esic coinentai io mostró una aciiiiul |K>I demás condescendiente hacia las lati­ nas. a quintes no consideraban preparadas para alcau/ar derechos políticos. y recomendaban que el sufragio debía ser otorgado gradualmente. Por último, el Comité de b Liga Panamericana quedó constituido por una presidenta honoraria, Carric Cliapinan Can. y una efectiva, Maud Wood Park.w Algunas latinoamericanas fueron designadas viccpresideiuas: Esiher Neira «le Cairo de Panamá, Elena Torres de México y Bei tha Linz de Brasil.611 A instancias del Congreso se estableció, el "Centro Femenino de Infor­
mación" afinde dar a conocer lo que las mujeres latinas |KHI¡JTI ofrecer

desde su hogar y con el objetivo de conformar una Liga Internacional de

sea el más alto I-X|H>IICMC de la solidaridad universal.'*

F.lísa Acuña y Rósete y María del Refugio González, cutre oirás, organÍ7aron en la Ciudad de México,financiadasotra vez por el gobierno, el Pi imer Congreso Feminista «le la Liga Panamericana de Mujeres del 20 al 30 de­ ntare de lllüS. para |mguar por derechos civilo y sociales. La mayoría de las delegadas eran piofcsionisias provenientes de casi todos los estados de la

república, de Cuba y ele Estados Unidos y de organismos ¡iMernarionales.1" clin, F.lvia Carrillo Puerto, de Yuratáu. y quien destararía por sus osadas intervenciones, Sulla Carrasco, María Rentería de Me/a, representando al Consejo Feminista, y Amóntela Rivas Mercado de Blair <|uien, ¡unto con Klcna Landázuri, fungieron como traductoras. Sarah A. Iluck afirma que asistieron 174 delegadas, de las cuales la mayoría vivía en la Ciudad de Méxiesiadounidcnses (Iluck. XOOla: 43). De estas, varias habían estado presentes en Italtimnie y otras tamas participarían en 1925 en el Primer Congreso lililí nat ionaldc Mujeres de la Ra/a. lo que significa que las feministas eran un gni|X> compacto que asistía a discutir las cuestiones de las mujeres en cada oportunidad que se les presentaba. Los lemas se dividieron en cuatro grupos: económicos, políticos, socia­ les c internacionales. Desde el primer día emergió un conflicto que estaría a las cuestiones relativas a la sexualidad y al amor libre que proponían las yin atecas. UJS exposiciones sobre el nina aceptaban controlar la natalidad oportuno para tcnei hijos .sanos y robustos. Por el otro lado, las yucatecas, apoyadas por algunas delegadas, desarrollaron sus razonamientos desde la niños con el fin de que un los .sorprendida la ignorancia. Para ello propu­ sieron analiza* dciallailamcnie el problema de la coeducación almgandn "pniqltc desapaic/c.ui el sexo, ileliicnilose juntar desde pequeños a los ni-

la que levantó mayor discrepancia ciurc las delegadas lu

imisse considcr.ilia a la natalidad como una fundón biológica ineludible: cando*!- la idea di- que las mujeres «rían capaces de participar en el ámbito |Hil)lic<>. Con respecto ni conirol naial. tlvia Carrillo Puerto05 arruínenlo que el Collares» protegía al burgués, quien sí tenia el dcreclio de controlar su natalidad sin que nadie se opusiera, en cambio, las mujeres pobres con fueron agrámenle rebatidas en la discusión y el asunto se rechazó. Si bien la convención parecía manifestarse en conir.1 de lestringir la familia de las clases proletaiias, la solución que finalmente se propuso fue la alMiiicncia sexual. I :< mayoría de las delegadas argüyó que el país no estaba preparado ¡>ara respaldar todavía estas propuestas.

visión en dos grupos claramente diferenciados, como lo a|iuiuó el perk>sta del dLirio El Vnivtnat. uno integrad» |wr mujeres |x:rlcnccicn(cs a orii.iz.ldonis obreras o a ligas de resistencia femenina.';, que "ocupaf II¡I]II las

quicnlas de la Convención" y que querían discutir con libertad, lomando el 'rnpo <|ue hiera n o esarío con tal <lc llegar a resultados prácticos. Mientras
ie <:l otro grupo- formado IHII maestras de escuela, las delegaciones del

ingleso Feminista Mcxúano y de la Liga Panamericana, organizadora |iiruiii:ii i i. le las asociaciones norteamericanas, pedía evpouei de ma'Iiiiri-n solo quino: minutos. 1 * Al verse restringí-

■ ■ Mipi-iliii.il v

liiuii.il su presencia y MI |Kil:iln a. 1.a amena/a ile las yucatccAs de abandonar l.is Msimirs ilm nsoli.iili. y si- les permitió continuar dcliatiendo sobre cueslinue» 1:111 coiitrowisialcs. .uno el coniiol de la natalidad y la sexualidad. Oti.. tema que causó divisiones fue el <lcl sufragio femenino: por un lado, se habló de la influencia morali/ailoia que las mujeres ejercían .11 la sociedad al mostrarse limpias en su trabajo, capan-s de convencer a el alcoholismo masculino, y por ello se insistía en que este (actor moializador debía (le ser ejercido en el Congreso legislativo/' 7 Este argumento lite rebatido por Klvia Carrillo Puei lo. quien se declaró a favor del voto feme­ nino |>eto en contra de la participación di- las mujeres en la administración pública. Para ella las mujeres debían de prepararse, y añadía: "que siendo como es la mujer, por naturaleza más preparada para el bogar, solan.cn-

Hsta i <nin|K -ÍÍMI 1:111 (.errada del papel de las mujeres fin- objetada |mr Elena

quienes comentaron que en Kstados Unidos no se consideraba a las mujeres como incapaces de |Kiriic¡par en política. Estas posturas con respecto al voto persistirían hasta I9M. No obstante lo expresado |K>r Klvia, la delegación yucaieca se pronunció porque las mujeres tuvieran los misinos del Celios que Otro tema que resultó |K>léuu<:o fue el del divorcio, expuesto por Sofía Villa de Bucmello. quien consideraba inmoral y sumamente perjudicial jura la mujer y |>JI a la institución del matrimonio la libertad m u que cuentan los hombres y de la que carecen las mi>|eres, ya que esto ¡K-I niiu'a que las cosas no fueran parejas. Kilo hizo que solicitase una reforma social y legal. Lis resoluciones que se miaron el último día buscaban igualar la con-

Es difícil saber si estas mujeres estaban realmente MHIWIII id.is .le que lo que decían era \i idad o si para algunos lemas solaincnic <M.II».III iuqili

mentando una láctica (Tuñón. 200Ü: 9-58)™ que les |xim¡iicia al( aii/ai lo su entorno las desmarcaba de la mala prensa que cargaban por asumirse leministas y atreverse a pedir mayor participación en el ámbito público. Acen­ tuar algunas diferencias paia exigir la igualdad se les presentaba (Cano. 1990: 306) como camino viable para alcanzar sus metas. Relacionaban su mi ((uno cuidadoras del hogar y de la moralidad paia aigiimcntar que el sufragio femenino serviría para apuntalar y consolidar al Estado pnsreralu-

cnHOnulffiuj.VIririiij

18 de julio de 1925, con el

mas sociales, económicos, educamos. de derecho civil, de derechos políticos, llénales. internacionales. problemas morales, el divorcio como problema mo­ cil. derechos de los niños y derechos de la mujer. Como se |niede observar, las temáticas eran múltiples c ¡iiicm.-ihan aban-: !a mayor parte del espectro de vida y problemática de las mujeres, de allí que se convocan a toda señora
o SCI'IIII ¡la <im- mvici a huí-lía voluntad paia tomar parte en este Congreso.

Se inclinan las liases generales para la participación y se dalia a conocer el

:li> con el Píogrami del Connicj.

rigidez di- las instrucciones. Se inconformaron y los reclamos lograron la modificación de muchos |>umos. Lejos estaban de prevor que el Congreso enfrentaría en su imcrior problemas que acabarían con la oigani/ación <lc muchos grupos y asociaciones, y abrirían la posibilidad de plamcar raomendaciones en favor de las mujeres, muí lias de las cuales serían la bandera

María Canales, t i m a Arizmcndi,<|iiien fungia i

\c< 1n.111.1 I;I n al ij-.ti.il un

Ll Liga, no asistió Desde la inauguración se ilrluu-.ii.ni

reuniones anteriores- dos |>osiuras que se dcsi ubi irían i n m n n i
"las izquierdas radicales y la.s derechas moderadas", MIÍMII.US que a |

de sus iniegrames serian renombradas tomó rlas de allá enfrente". ■ ■ listas, y el grupo "nosotras". Esto <la cuenta (Ir las pugnas y los desai

ÍM:II .MIS derechos. Decía que el

ii|ik;¡<> r interesante: "en México.

la igualdad, exaltaba los valores de la libertad ¡

alcanzar )■ si: juzgaba que procurar el desenvolvimiento di: las capacidades (emeninas en beneficio de la sociedad resultaba aniinaiural, por lo lamo v | feminismo será indiscutible c inatacable, si no se empeña en dejar de ser reineiiino: o en otras palabras, si quisiera crear, no remedos ik: hombres, sino mujeres superiores".'* El 15 de julio, al malograrse el Congreso, el mismo diaiio manifestaba que ello significaba una derruía para el feminismo y i|uc la reunión había fallado debido a que las mujeres habían querido rivalizar con los hombres, |Wi lo que "el Congreso fue |...| una caricatura ilc cualquier Cámara de Diputados, más o mciuis superficial y escandalosa"/'-1

el caso del diretloi de una escuela ile|xi)dienie de la Univ<:rsidad qm: t eso a 8 profesoras universitarias con el pretexto de que "probado estaba la infel'ei su pane, María del Refugio García, a quien se señalaba como la líder lil­ las izquierdas —y que había asistido a todas las reuniones desde 1919— se refirió a la educación de los indígenas y a la lalior realizada por Vasconce­ los. También estaban Antonia Ursña. delegada de salubridad,'" María Luisa Ross, representante cultural de México en F.spaña y que venía por Carmen

Burgos. Elvia Canillo Puerto, Fidelia Brindis, Florimla La/os León. M.u 1.1
Sandoval de Zarco, Rosa Narváez y Adela Formoso, delegada di- la IIII|IH'M.I

de señoritas "Hayden Becilioven". Tollas ellas mujeres imporianics en MIS joras para su género. Las discusiones más álgidas se volvieron a dar alrededor de lemas como la moral, la decencia, la higiene doméstica, la maternidad y oíros que nlos liaban una attiuid condescendiente hacia las mujeres pobres: las jerarquías eran claramente patentes entre los bloques formados de derechas e izquier­ das. es decir. burguesas y obreristas. Los derechos políticos no aparecei ian en los débales sin» liasia elfinal.De ahí que las diferencias de opinión surgieran a cada momento, como las suscitadas el 9 de julio entre María del Refugio Gaitía y Sofía Villa de Buentello acerca de si los problemas socia­ les eran producid de la moral del man imonio o del problema económico. O las del 12 de julio, en donde se propuso pedir al presidente Calles que cesaia a los elementos reaccionarios que aún quedaban en la administra­ ción pública, especialmente f u el ramo educativo."' I j controversia resultó mu) ¡ntcicsamu ya que incluyó aspectos como el cu-do religioso v político de las profesoras y de las empleadas públicas, moiivando que las delcgailas <•piuai.ui sobre lo que significaba la separación de personas en razón de sus

h colaban y las IHISIIII.IV se lucían mis divcrgenics, la desintegración estaba

¡molíanles la prensa se burlara de las mujeres, alegando que si ellas no esta-

¡ligo 12 de julio la presidenta Sofía Villa de Buentello, sin e.slar el programa, declaró clausurado el Congreso. Las delegadas de a ello eligieron una nueva mesa directiva e iniciaron la discusión erechos políticos de las mujeres. Kl congreso resolvió que para

r < ur y Cliina. irmai a ilclMir cu el C. de mujcics'. en FJ (/nrume/. 12 de julio

y IIIIII:II <li- vil país, debi:i otorgárseles el derecho a volar y a ser designadas

|i.n.i ■« upar aquellos puestos de la administración pública que (estuviesen! en consonancia con sus actividades y su condición de mujer".1" Proponían i|iie tenias las organizaciones femeninas capacitaran a las mujeres para que pudieran hacer buen uso de sus derechos. La lica discusión que se dio al­ rededor de los derechos |>olm<:os muestra cómo las delegadas entendían la cuesiión de la diferencia de los sexos: Kosaura Sansoirs aducía que en México no había voto universal por causa del analfabetismo y que no había partidos políticos de principios, por lo cual sería bueno también restringir que se les dieran deiechos políticos a las mujeres. |Mi.i M- las cximu-ia di­

que también había que otorgárselos a las uiu|cres. La piensa criticaba la búsqueda de igualdad entre: hombres v mujeres. arguyendo que el liininisuio debía precx uparse por liberar a las mujeres de la tutela del liombie en «:i de uiasculinizailas y "esforzarse en ../udarl.i a desenvolver sus facultades sobre el plano de su propia feminidad. O en otras empeñarse en fuijar marimachos".5' Estos juicios son los esgrimidos pan descalificar a las mujeres que han buscado participar en el ámbito público en igualdad de condiciones que los varones. 1.1 difiiencia entre los géneros se hace más notoria cuando las mujeres transgreden la not matividad vigente. Cada bloque manejaba a sus huestes en las votaciones y los puntos de acuerdo difícilmente se alcanzaban; había rotes hasta por quiénes fungi­ rían como presidentas de dcbai'-s y en varias ocasiones, para presionar, al-

en voz de francisca I.. de Caras, respondían que "la mujer lime criterio propio y no es maniquí de los hombres"."5 Lis oradoras exhortaban a ayudar a las mujeres pobres, a las indígenas y .1 los niños. K.spcraban moralizar a la sociedad mediante laformaciónde comités femeninos y de sociedades de beneficencia. Demandaban educa­ ción física, moral e intelectual pata todos. Se habló incluso de socializar la riqueza, lema que provocó múltiples controversias. Una cuestión que tam­ bién cansí) recelo fue la propuesta de las cnlrcuiistas de enviar un mensaje de adhesión al presídeme Calles por su política obrera, agraria e internacio­ nal. 8 * Se discutió en torno de la religión y ile la política, mostrando de qué lado estaba catla una de las congresistas y qué pensaba. También se aroidó protestar poi los asesinatos de mujeres y niños manoquírs: enviar una feli­ citación al gobierno chino |HH el esfuerzo de arrojar el capital extranjero de su leí ruin ¡n v n i ha/ai l.i im isiiin de Ksiados Unidos a Santo Domingo. I .a
I .1.1 MII.i | ui ii- ilr I.ISSI-N es los ;M líenlos aprol>ados fueron de

El Consejo Feminista Mexicano Im- un organismo que permitió a las mu jeres que lo conformaron participar en la política mexicana dr la primera

"-tJiuicmrM^udacilici-riiicnelCnií.Kirto" en üt.'niínwi. Iiiitr riliml'' rrar».
^'Mainjcci^yCliinairnwsadclMircnclOnj'ii'wnli- MIIJIJIV.Í-I! IJtl>tn"tvil. 12de

«Ir l.i década de los años vciiuc. Sus integrantes fueron mujeres con lis y extendidas icdcsMuíales que pericntrcían a una parle di- la élite .1 (<in la que compartían una culiuia mental, puntos de vista y pers­ as de lo que el |>aís necesitaba. Su participación y las relaciones que aron permitieron que el gru|x> actuara al lado de mujeres interesadas nseguir no sólo derechos como el sufragio. sino también reconocio en lamo ciudadanas con plenos derechos. o premisas miusnan el pensainieuio femenino de aquella época y su

para que las mujeres pudieran votar. La manera en que durante este periodo las mujeres circularon dirimo del país y cu <:l extranjero, nos |H-rmiic conocer su manera de pensar con respecto al sufragio y a la ciudadanía. Las discusiones en las que intei vi­ nieron muestran el nivel de conciencia que fueron adquiriendo a través de las reuniones en que participaron. Durante estos años fueron práciimuchas de las fundadoras del Consejo aparecen lidcraudo las facciones que se conformaron y seguirán apareciendo en los años venideros. Llama la atención la necesidad de vincularse con las norteamericanas y formar un frente común. El panamericanismo, en ese sentido, les permitió res­ guardarse de la exclusión de la ciudadanía y bajo su amparo pudieron niaiiiiilnai en la búsqueda de sus demandas y en la reafíruiación de su

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F.L F R E N T E Ú N I C O PRO DERECHOS DK LA MUJER DURANTE ELCARDENISMO1

i:¡ón acería de b ludia de l:i mujer. asi como su canarklad ele movilización En el primer congreso, celebrado en octubre de líl.tl con la presencia del delegadas, se desarrolló una agí ¡a polémica cmrc anillas cómeme» en mi­ no a la posible conformación de grupos autónomo1, de mujcies. Desde los temas de las ponencias presentadas las difcrcncxis entre las mu­ jeres comunistas y ]ienerristas (del ofical Partido Nacional Rorolucioiíai ¡o. mu) fueran evidentes, ya e|iic mientras las primeras presentaron traliajos acerca de la situación de las mujeres obreras y campesinas con propuestas concretas de resolución, las segundas sometieron a discusión principalmen­ te los lemas relativos al sufragio Temenino y a la necesidad de coniar con una organización exclusiva ile mujeres. Ksie último planteamiento fue

Lie propone Li licenci.iíla y drlcgada ehiapaneca Ro­ bólo ;ipo>-n h dirrrtiva de la asamblea y una* tuaiiMs jiirenralto-a ¡a profesora revolucionaria micltoarana «fertra Gardunu, 1» «ñora Micltcl y la maynría dr hs na labor de convencimiento dr las mujeres demro de
■*r\u!.i<lí*s ame el conglonu-rado social (fci ¿AMIVTW/

„„Oobjel,V„s;

■ I trabajador. w> resuelve los pnihlrinas <lc la mujer. Necesitamos aso-

:

II.I Mii lii-l. .II|-IIIIU-III:II>¡III que "el elemento 'bombie' un puede

ii MI.IIM- III luí ni.i .■IJ-.IIIM de la ¡u'i'ión de la mujer en favor de sus pfjs-

r. IIIIMII'S" \ i|iii- ■

-xiste la ríase femenil, lo que hay .son dos bandos:

s- (/■;/ i W i v / / . .1 de octubre de I9SI). i-, ililnnii I.IS i II el <imi>reso llegaron a su máxima expresión y ■'Ja ili.1 «■ iinlvr aicinágnum de gritos y de mociones yaclaraeipii ii.iilii- i'iiiii'iide: la directiva liare i-sfuer/os por dominar aquel mar .|..nl.i de pasiones" (£wrYííor. 7 <le octubre de 1931) y ademes de la iil.nl l'iilil» .1 detienen a 15 comunistas acusadas de lámar gritos sqb-

versivos •-■■ coima del gobici no. Finalmente, el congreso aprobó la creación ilc la Gmledciación Femenil Mexicana, pero con una modificación sustan­ cial que nos habla cié la correlación de fuerzas dentro del movimiento. La iniciativa igüedo redactada en los siguiente, términos:

Humánenle. comisión que, siendo u

I11.11L1 en votación nominal, tenia la

función de implciiieiii?! las conclusionesfinales,mantener el rumano mi; las distintas agrupaciones femeninas y organizar el siguiente congreso. En esta ocasióny bajo la acusación de fraude en la votación, las penen istas aban­ donaron el congreso y existieron de lacio dos Comisiones Permanentes. Durante los trabajos del Congreso contra la Prostitución que se realizó en la Ciudad de México en junio de 1934, quedó constatado que las mujeres comunistas tenían un lugar ganado en el movimiento de mujeres. En esa ocasión, recuerda Adelina Zendejas. se planteaba "que se tratara muy bien a las señoras, que se les dieran horarios de servicios, ncéieía. Allí irrumpi­ mos francamente las mujeres de izquierda" y de mu-va cuenta las penerristas akmdonaron el local conformando un doble congreso. F.n este contexto, las dos Comisiones Permanentes convocaron al lercer Congreso Nacional de Obri-nu y Caui|>csinas, ipie se realizó en septiembre (le 1934 con más de 200 delegadas de anillos grupos. I ..i discusión más agria

prepararía el cuarto congreso, pero, iras difíciles discusiones, esta voz * . logró establecer una nueva y distinta instancia de dirección. 1.a (.'omisión Permanente del lercci congreso adquirió, por primera i n , un carácter mix­ to i! quedar formada por mujeres peiicrristas y comunistas. Esta nueva fórmula de creación de Comisiones Mixtas, inaugurada para el movimiento de mujeres en 1031. respondía cxpi «saínente a la necesidad de equilibrar las corrientes existentes en el congreso y a la necesidad pro­ gramática de hacer colaborar a las diferenua fucrcas en las instancias or­ ganizativas y de dilección del movimiento; necesidad que el cardeuisnio

IHTÍIMIO precedente y el tipo de relaciones establecidas entre los dos g

> s priiK ipiles del mismo: las IUII|<MS comunistas y las mujeres penen ist

le toque del misil

(I92t)-I!>3'¿) y su campaña presidencial, el impórtame papel que. desde I; óptica estatal, jugarían las mujeres como promotoras sociales y agentes de desarrollo nacional. Con este carácter las incorporó a los comités de luch; antialcohólica y al proveció de la educación socialista. En esta última ¡ni cultiva, no sólo a|ieló a ellas como miembros del magisterio, donde dicrr sea de pa»o contaban desde el obregonismo con una importante presenck

educativa desde el hogar. De esta manirá se recomendaba que "a la mujer mexicana de hogar humilde, del campo y del taller, debe interesarle la educación socialista (ya que] si «Ha «s 'a responsable del futuro di- sus hijos ;va a darles una coneepriem ¡a)' la técnicaresuelventodas las dudas y los problemas?" (Luna.l93(>: 15) y el contenido mismo del proyecto socializante de la educación aseve­ raba <]uc ésta tenia como objetivo "integrar a la mujer a la vida nacional (y que) desde la escuela se empezaría a lograr la igualdad entre hombres y mujeres" (LI-I ner 1973:98). L*. mujeres del tm avalaron esta ¡dea y. si bien l...s.:u.,u i .imiile

a lareformaeducativa asocios relacionados ton la situación especili, .1 de

el socialismo como mejor ¡c pareciera"TT:crnri.l97!l: ,H2) pmv,,... la violen

.ración de las Clases Medias que agrupaban en sus bases a muchas mujeres Las acciones dt: estos gru|H» motivaron la rápida respuesta di: las mu jede apoyo a la reforma educativa. A raíz de estas, Luis I. Rodríguez, a la sazón presidente del Bloque Nacional Revolucionario de la Cámara y secretario innicular de Cárdenas, declaró "que la mujer no e.slá totalmente con el bando de la reacción ni con el grupo manejado por el clero y los enemigos de la «evolución" (FJ Unumei. 11 de septiembre de 1931). y las mujeres invitaron al presidente electo Cárdenas a inaugurar el Congreso Nacional Femenino que tendría lugar en noviembre de 1934. F.u este congreso, si bien el eje aglutinador fue la defensa de la edu­ cación socialista y el combate a las prácticas fanáticas de las mujeres del pueblo, resalta el hecho de que estuvieran presentes ya varias demandas ile corte popular y democrático con énliisis en la mujer, así como la inicia­ tiva de formar un "frente único" del magisterio y pugnar por los derechos

femeninos. Cabe destacar lo anterior en la medida cu <|uc nos muestra que las mujeres del partido oficial compartían ya una gian identificación con la política de masas cardenista. tina disposición a conformarorganismos frenlisias y un claro interés |xir incidir y modificar aspectos de- la condición de

mismo IHTI iodo y hasta mediados de 1935. Tara estas, acordes con la |>osi-

Í ¡un del Partido Comunista de México (roí), lamo la educación socialista «iinii el Plan Sexenal mi eran más que "maniobras para distraer a las masas de sus verdaderos problemas", por lo que Ixs (alineaban de medidas "fascisfil). Aún en 1935. año de K i andes conflictos sindicales y de la pugna CallesCárdenas, el WJI actuó bajo la consigna de "ni con Cárdenas ni con Calles; con las masas i aidenistas" y. ante la iniciativa del i'Nit de otorgar elrotoa la mujer en los plebiscitos internos del partido, declaraba:

anquí) para elegir los funrínnari en miembros de esr parlido l. .I iún del pan ido de nuestros explt as demandas económicas y políiic

Sin embargo, a pariír de 193:*» y a raíz de la realización del Vil Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde se decidió combatir al fascismo y conformar frentes amplios en cada país con base en alianzas con los gobiernos democráticos. el rat adopta las directrices del congreso y nio-

personalidades femeninas que habían luchado cu bandos contrarios y que no arc|H.lball íntegros h» pululado» del l'ai tirio (la Voz de Mtxtio. 7 de septiem­ bre de 19.15). Con csie viraje radical las mi

- y preparar el congreso del que saldría la organización minaría de I: íes: el Kmilc Único Pro-Derechos de la Mujer (ricnM). al tiempo qu iban legitimáis? dentro de sus propii» iuMiluios |M>líliios. Esta íiltini

congreso del que saldría el

la mujer fTuñói!. 1984a).
Kl Fíente Único Pro Derechos de la Mujer (FICPOM) surgió el 28 de agos­

to de 1933 a partir de una serie de consullas entre mujeres de distintos sectores soi ¡ales y opciones poliiicas. La prensa de la é|>oca rc|ioria que, «uno buen fieme amplio, a la constitución del tumki "asistían mujeres rcpi «ornando a los diversos sectoics de la sociedad, y asi pudimos wr sentada t humad. XII <(c agosto de IM5) y que "en el igreso se encontraban re­

unidas comunistas, Icminislas de i/quierda y de derecha, simples HlK.-i.iles, católicas y del sector íemenino de! r-NK, callistas y cardenistas" (El Maclittt,

empleadas, obreras, maestras y mujeres poln es organizadas en comités. 4 000 mujeres en la capital y 2 000 en provincia, y que la filial uiexicam la Unión de Mujeres Americanas k»u], siendo una de las 56 orga.wa nes existentes i i i América latina y cuyo Consejo Consultivo Intern.icii residía en Nueva York, contaba emir sus tilas a la Liga Orientadora d Mujer (dirigida por t'lvij Carrillo Puerto), a la Liga Nacional Fcininisl su vez con Ifi organizaciones en provincia) y al Frcnir í'nico de Mu¡< Mexicanas (en el que destacaba F.lvia Trueba) (Excilsior, 2 de abril de I! mUnwmal. I d - mayo de 11137).

DEMANDAS. FSTRUCrURA VMOV La plataforma |Mililica del Furo», planteaba:

i mujer; 4.- |ior lajornada de 8 hutas; 5.- poi eI SequíoSocial a c

mercados; 7.- por la rebaja de la renta de las e.isas-habitación; *.• por la igualdad social y polilira de los indígenas y campesinos: !».- contra todos k» monopolios sean uc nacionales o extranjeros: 10.- por la liberación de México de la opre­ sión imperial. particularmente del imperialismo yanqui: 11.* por la lucha abierta

■ Si bien este programa incoipotaba I I H K I I . I M I I l.i-, .1. IH.UI.I.I. .1. I... . 1 , .

timos organismos femeninos regiouali w v M I mi i.di s. IIUHI.IIII n.il

.i.

representaba la adopción <lcl programa drl l i i m e \tnpln. p..i (I.MI. .1. I.i.
mujeres. Asi. en octubre de 1935 «I FUH>U se piimim. iali.. ...m.., I ».i

sión italiana a Etiopia y, en el marco nacional, anuida .1." HHI» MI apoyo .<■

recién creado Comité Nacional de Defensa Proletaria ¡u uiln-inln en masa a sus mítines y colalKuando tanto en la movilización ii.uioii.il mino n i l.i preparación de la decretada huelga general.
De hedió, de las 19 tlemandas del programa del FHPDM, solamente seis

estaban referidas a buscar el mejoramiento de los ámbitos lalioralcs y tle sa­ lud de las mujeres. mientras que el resto pueden calificarse exclusivamente como demandas democráticas: contra el ini|>erialisiuo. contra el fascismo, contra la carestía, por el reparto agrario, el Seguro Social y la jornada de <M lio horas; y únicamente la demanda del derecho al voto se puede conside­ rar especílica de y para las mujeres.
Durante 1936, el FUWM despliega una gran actividad en torno a las

múltiples demandas de su programa y vive la etapa de su mayor crecimiento.

in uxlii el país surgenfilialesdonde "se ¡muquirán campesinas. obreras le lodos los sindícalos, pequeñas comen ¡antes, mecanógrafa.», despachaloras y telegrafistas, intelectuales, periodistas, profesionistas y sobre iodo, ii.iislr.iN rurales que tienen un |>apel muy impórtame como organizadoras" K.ix.i>ii.l!i7!>: HM). Aunque rvias lililíes asumían el programa político general del Furo».
• i I.IIMII v Inflaban arraigo ¡Kipular mientras demandaban solucio-IIIN de las mujeres de su región. Así, por ejemplo, ii ■ . i |.i..l,l. III.IS

. iili.il di I ii II.M ■ n Vnai ni/. Milii'iíalxi a Cárdenas ayuda para lograr el
■i i'i de l.e. nnuisiilili\ y en especial del carbón; y el FUPDM de

que colalKiiaban con el sindícalo m I . (unía Reguladora de Piecios.

convenido en dirigentes por el ic-spcio y el reconocimiento a su razón y a su lógka (...I Había mucha» maestras rurales. de origen campesino, que eran las dirigentes de las Ligas Agrarias en los estados. Los núcleos de las Ligas estaban en las cabeceras municipales vejkialcs pero radiaban alrededor, y luovili/aríón quería decir que la I .iga movía no sólo a las mujeres que eslabau en lisias, sino

ar. Que lo que interesaba er OM.de la<aw |...] (Tunó». IfWHa). la rapacidad de lamo que frenie amplio.

tanda. Adelina Zendcjas recuerda: . Había mujeres del sector obrero, mujeres de organizaciones campesi: n;is, que estallan afiliadas al PMt o al r<*:, pero que a ti vez eran activistas del ruiuM (...| Nosotras, todas, formábamos parte de las c<ini¡siones feme; niles sindicales o políticas. Vo, |Xir ejemplo, era dirígeme del .Sindicato de
Maestros y a la vez diligente en niveles medios del FUPDM. Por ejemplo, a

mí nie mandaba el Sindicato de Maestros a una acción sindical, me iba yo a meter con las mujeres: el periódico me maliciaba a reporscar, me iba yo a meter i o n las mujeres |...| (Timón, 1984a). Debido al imporiaiite número de maestras comunistas que participaban en él. la mayoría en el Frente la deieni.ilia indiscutiblemente el «:«. Sin embargo, la presencia de mujeres agí upadas en organizaciones católicas ) logias masónicas no resultaba desdeñable. Ksias. que en su gran mayoría biilo a que. como dice Adelina Zcmlejjs: T.l programa de luí lia era iiinv concreto y Un amplio que importaba a todas: ;quicn iba .1 estar en n.iuia de la luí lia por abaratar la mía. emitía la instalación de MI vino- nii-iluo asiste riciales que le dieran atención a la maternidad. contra el pi ¡ni ¡pió <!■ a trabajo igual s^il.it io igual!' fso importaba a todas: católicas, protestantes. comunistas" (Tiuión. 1981a).

era compartida por mujeres penerristas y comunistas, en su funcionamien­ to cotidiano ésta reproducía el carácterflexibleque tenía el mismo Krente. Existía una mesa directiva, que más bien era una coordinadora, presidi­ da por la secretaria general del nipnM. Refugio García, quien era fundado Zendcjas: muy resillada por los generales revolucionarios. Mújfca. Treviño. Hgucroa. I.evva y Cárdenas la respetaban inuclio. Fr.i una mujer de intuición y claridad extraordinaria. Era una gran organizadora. Llega al Frente Onko |K)r derecho propio y porque el pariido (re»i) no podía acudir a ninguna otra mujer que tuviera la autoridad y el prestigio de ella, a pesar de que en el grupo que había-

que unificara a indas, «lámeme Refugio García (García, 1476:22). Kl hecho de que Cuca García detentara el principal puesto directivo del FUruu, antes que referimos di? manera inmediata a la hegemonía co­ munista nos habla de la necesidad de riue lina mtijc. de amplio consen» dirigiera la organización unitaria. Como condición indispensable para la supervivencia y crecimiento del Frente, la misma Cuca García < ornaba con la existencia <lc un grti|>o de dirección no formal que asumía el iraliajo or­ ganizativo y mu: funcionaba como puente natural con los grupos de base. Adelina /.endejas recuerda:

lias: Graciela Ainadui, rx-mv. Rosa Rmilia Aparicio. Consuelo Uianga (topo­ sa de Valentín Campa) y Esther Chapa, roí. Margarita lozano Garza, muy católica perú también progresóla: Soledad Orozco, nn; Laura Metdiú. ex P.M y muy inasona igual <|iie Muía Eliaina Rocha: Matilde Rodríguez Cabo. (Timón. l'JMa). Este tipo de estructura organizativa y de funcionamiento interno permi­ te comprender tanto la coexistencia dentro del Frente de distintas concep­ ciones acerca de la situación y lucha de las mujeres como, por esta misma coexistencia, el auge en la organización y movilización logrado por el mPDM durante el periodo.
Como parte de las actividades desarrolladas por el FIIPUM durante 1936,

destaca la creación, en enero de ese año, del Consejo Nacional del Sufragio

Kiiiiiiiiiio)' el festejo del D de Mar/o, Día Inicruacional de la Mujer. Asinm,,■•>. iliii.uifir este año, lasfilialesdel FUPDM y las organizaciones sectoriales

y ngioiíalcs «le mujeres siguieron trabajando en l o m o a los problemas más «•millos i:n cada región, logrando conjuntar las demandas de carácter gene,;,l .mi las <:.\|>ccificain<'ntc femeninas. Este tipo de trabajo atrajo el interés de la gestión estatal y del misino IVN, lo que se expresó en diversas declara­ ciones y en Lis medidas de reorganización partidaria que el partirlo oliiial implemento, desde 1935. para atender al trabajo de y para las mujeres. Con relación a las declaraciones, destacan aquellas en las que el Comi­ té Fjer.ulivo Nacional delromse refería a la demanda del sufragio en los

intervendrá con su cooperación intensa en los prtiblc masili-l p.uV. |«n> c.s-i será en el ful uro, un rumio que las actividades edui ai iuiiales del es» pn>
cuian acercar hasta el limite de lo más posible" (,\(;N. Kondn I.á/aio ( :iide

acerca de la problemática de la miijei: "La imijei mexicana cu la ludia MI (10 0UO ejemplares). Por MI parte, el llamado Sector Femenil del tsx cambió su denomina­ ción por el de Acción femenina y este cambio significó que "|..J el PNK incorporó en su Comité Ejecutivo la Secretaria de Acción Femenina y se crcaion secretarias de acción femenina en cada siib-couiiic del partido" (AGN. Fondo ü i/aro Cárdenas, expediente 544.61/fó). Kl ?NB también proque en muchos casm mini idicron con las. Guales del FIJPUM en provincia.

tal como lo mucstiaii lus casos Cuerrcro, Veijcruz y Yucatán, entre otros.

Kl ViUtl. I|l IINIMI (•NMI.l'CIIAnElASMUJtüFS La estrecha relai ion de l.is uiincics Hii,;aui/.ailas con el régimen cardenista.
que llegó a l i a m c| I |H.I|M.UII.I de IMC M- .isiimieta romo el suyo propio,

tuvo una rc|wii iisiiiu dublé en la luí b.i v oig.iui/ación de aquéllas. Por un lado, esta relación posibilito ■|MI- l.e. iuii|eies del nini*i se vincularan a la

parolen». colonos y otros sectores, ron !o i|nc incorporaron a sus lilas :i mi
I I I I T U M » grupos de mujei es del pueblo; p a c por 01 ro lado, esta misma reía

i iiiii |MII la que el Lstado se comprometió fáctiiuiiicnte a dar cauce, legal a I demanda del sufi.i^io femenino. logió desviar la ateni ion del movimieiio

u del ric
nlo de mujeres logró un espectacular
u' en el FUFDM se agrupaban más de

10.1979: 94. Ma< ías.1982: 142). y rini-

>, declarando que: "Fu el tiem|K>

laminen el Consejo Nacional del Sufragio Fenien

milite, Kaas campañas electorales son un claro c concreta del Frente Amplio, ya que muestran el distintas fuerzas y sectores sociales podían comproi procesos. Asi, "en el comité directivo de la campa estaban presentes representantes de las más ciu ni politiras. El presidente vel secretario'eran miembn tua" (Aíiymj, 30 de septiembre de 1937)

KsUi coyuntura sigiiilir» para el movimiento di: mujeres [aune en un ámbito nuevo ele lucha que implicaba profundizar y afinar las alianzas con sectores y grupos dominantes a nivel nacional. Soledad Orozco recuerda que las mujeres sufrían

de escupitajos" (Garcia.l9"(>: 42).

ras del Estado en (invenciones internas" (Kaaún.197!!: I Mi. |M I,. I;,N ,.„,,, res la rechazaron. La prensa de la é|HK:a se convinió en una dir l.is n ¡huuas mis importantes, junto con los mítines y manifestaciones, desde donde las mujeres y sus aliados rechazaban la modalidad impuesta del voto rcsi riel ivn. Por fin. el 27 de aKo>to de 1937 lograron una respuesta concreta a su (lemán-

Tras estas declaraciones numerosos grupos políticos, sindicales y de mujeres, tamo a nivel nacional como internacional, saludaron la medida
de Ordenas y manifestaron su júbilo por el supuesto logro del VOTO. El 23 de

diciembre de 1937 declararon en desplegado público: "Ante la nación mexirana, las mujeres organizadas declaramos, pictóricas de gozo y conocedoras n i el cs< cnai in de la política y en el transcurso de unas cuantas lloras, pasas ; , sei < iudadanas- (Ríos, s/f: 160).

Queda claro que la postura gillK.Tiiamcm.il pretendía dar cauce al desmas. a partir de este momento, demostraron su disposición a colaborar con el Estado en cuanta acción |X>litica emprendiera éste: la solidaridad con la República Española, la lucha ani ¡fascista y |K>r la paz. la expropiación |K'trotarea de organizar a ta.s mujeres en las distintas instancias sectoriales. De esta forma, a raíz de la propuesta de modificar ion constitucional que le daría el voto a las mujeres, sectores importantes de éstas se convirtieron en términos prácticos, en propagandistas del proyecto político del réepincr ven sus aliadas. Sin embargo. "los días; los meses pasaban, sin que la Cama ■ a Baja hiciera la declaratoria de rigor, autorizando a la mujer para figura como ele-cloras y < andidatas a los puestos de elección popular. Parecía i|u las promesas tenían un cauce: el papcleol...]' (Ríos, s/f: I7J). Efcciivamcnn los trámiics necesarios en torno al decreto de ley que otorgaba ciudadani a la mujer se concluyeron, pero su publicación en el Diario Oficial, con que las mujeres jHKlrían ejercer su derecho alroto,se pospuso consiant

las mujeres íbamos a volar por monseñor Luis Ma. Martínez, que era el ob |HI de la c|mca. I a verdad fue ésta. t.os hombres decían, vienen las inujci y nos van a hacer a un lado a dos o tres o cuatro, y además, ya con la lucí política de ellas, pues nos van a pegar muy duro y ya noramosa pm hacer de las nuestras y máxime que conocían la calidad de las mujeres c
integrábamos el HIPDM, porque todas, desde el aína de casa, eramos mt

IÜXIII).

que rsiiilm lomando la da echa conira ¿I" (Tuñón. 1984a), y Concha Michcl señala: "CJiulcnas sabía que la.s mujeres estaban muy controladas \x>r el cle­
ro y decía: si liciten el «no. entonces nos ganan poique van a ICIMT mayoría,

por eso no lo dio" (Timón. 1981c).

TtNOEHCIAS V CnMMFNTES nEI. MOVIMIENTO Aunque el movimiento de mujeres intuía las razones de la tardanza de la publicación del decreto, en este periodo de es|wra vivió una intensa lucha político-ideológica en su seno. Si durante la etapa de crecimiento acelerado del iuiT)!.i podíamos ubicar un sector de mujeres que planteaba un feminis­ mo moderado o conservador y otro que sostenía la tesis de un feminismo avanzado o socialista, a partir de la iniciativa presidencial de otorgar el voto a la mujer identificamos un reajuste en la composición de esias (tier/as.

A panir de: 1937. dentro del IVPOM y del movimirniofemeninoexistía

un sector rute llamaba a centrar la lucha de las mujeres en la detnanda del Milu. niiiMilii.íiiriula un medio indispensable para pugnar por el resto de l.iv demandas plasmadas en su programa; y otro. i|uc cuestionaba la función v iln .11 i.i ilil mío /<«■ wy que pretendía seguir construyendo un amplio mo-

La propuesta comal que «laboran es. «monees, construir una sociedad sin clases en la que se rccu|x:r<- d <:<|uil¡hno natural eliminando el patriar­ cado \ logrando que las actividades de los distintos sexos se organicen ton Base en un carácter diferencial y complementario. Con estas ideas básicas. el grupo de mujeres aglutinado en tomo a Juana Gutiérrez de Mendoza y a Concha Michcl enfrenta y discute, cu sus pumos nodales, la posición de la mayoría de las mujeres di-I rtiproi con respecto a la lucha femenina y se opo­ nen a la simple consideración de la mujer, en tanto que trabajadora, como pai te de la clase explotada:

Así, rechazan beligerantcmc-nlc la practica soviética de incorporar in­ discriminada e ¡ndilcrenciadaiuc-uic a la mujer al trabajo productivo y a que ésta incorporación aparezca, precisamente, como logro «I»: la lilwración femenina. Se oponen también a la concesión de la revolución por "priori­ dades", pues sostienen que "hay que ciucndrí que un problema social con

ro no se puede resolver |x>r partes. es decir, no « ai al mismo tiempo que las reivindicaciones del ini. r de subsistencias, las reivindica! iones de la mujer inanidad" (Michel.1938: 84): y son contrarias a la pone la liberación de la mujer al triunfo de la revoindo en cambio la necesidad de itnpletnentarla cu

(I.II.I I,. MMilnii/.n MNJ.II" ( M i i I M I . I W H : <J|), proponen su organización au-

II'IIIIIIII.I. y.i i|iie sostienen <|tie la mujer es a la lucha contra el patriarcado, lo

que la clase trabajadora es a la lucha anticapitalista. Sin embargo, asumen también como piopia la lucha contra el sistema de explotación social, plantirando la necesidad de que la lucha de las mujcics se articule con la del Como recuerda Concha Michel. el punto central de discusión entre ellas V las mujeres comunistas y penen-islas residía precisamente en el doble ca tai ter de la lucha de las mujeres, que tendría que dcsaiTollarse atendiende República Femenina y del Instituto Kevolui ionario Femenino eran < onside tadas como "feministas que luchaban contra el hombre", tsias "(estaban acercando a mujeres inteligentes del KM. como Consuelo Uranga, que er la mujer de Campa y que fue ella la que Ibrmó a sus hijas y la que lo liiz1 lodo |Hirque Campa diario estaba preso: a Cuca García que era muy intt ligóme y que se acercó a Doña Juana y le concedió toda la razón. laieg
|iorque vio que allí no trataban a las mujeres como debían, las UIÜÍUIIKI

sexualmentc y en consignas" (limón, 1984c). Sin embargo, resulta claro que tanto por la historia de la lucha de I
mujeres en el país —que había contado siempre ron el a|»iyo ile km |HIIÍI¡C

avanzados de cada época— como por la coyuntura colineta de li is líenles ai

en el movimiento amplio de niujrics. AAlin.i /inil.|.is m uenl.i el lepmli queklSinétodosde lucha piopuc.MoS|>oi laMlllljeieMlelliiMllilln|Hiiwir.ilia:
,n la mayoría de las mujeres A-I HIH>M:

Mujo es cpie estaba en Ducarcli l í > • allí imiini i jincha, la esposa <ic Koscnd Satazar (Sara Oodincí) y su Mirgra. Nosotras haliiamos recorrido inda la repí

lar. la p.i/. la iiidcprnn'ciicia de la palria [. .1 que li>gi.imo> si no hubiéramos lenklo el a|xr «participar cu (Timón, 1984a). .Vdcliiia Zcndcjas opina que "Juana C.uiicrifz de Mendoza acalm sien­ do anarquista, idcmilicaln el totalitarismo nazi ion el comunismo" (l'ttñón. 1984a) a lo que Concha Michcl responde. 'No eramos anarquistas [...1 | (pero) la lucha de la mujer es por la vida, no |>or la política o la economía,
:

capitalista o socialista. I -as mujeres que están en el poder, que tienen pues- | v los importantes, luchan como si fueran hombres, no luchan ni hacen nada I por la mujer L..)" (Tuñón. 1984c). A pesar de las diferencias, que hicieron que estetfnipono tuviera una
presencia sostenida en el FIIPUM, Concha Michcl y sus seguidoras desairo-

liaron un traliajii |KII¡IÍ<O amplio con mujeres <!<• sectores populares y es-

| M I ¡aluicnlc campesinas. con quienes ¡mentaron implcmciuar su peculiar concepción feminista. Este trabajo concreto con mujeres campesinas lo rea­ lizaron básicamente a través de la Secretaria de Acción femenil de la Confederación Campesina Mexicana (mi), cuya titular entre líflfi y 1939 lúe

NUH'A fStWCWKMJÜX nT. IA UK'.IIA rnFMAMUAS t)f. I.UMIIjrRFS
I o-. pi iini-iiiN un-M-V del añii d<- I0ÍH constituyen una etapa esencial para la

*

M.II.II. I.

<i,..s d< I!, días .1 gobierno llevó a cabo dos de las meili-

d.iMu.is

>.

i del sexenio. medidas <|ue Ir olieron tamo profundizar

1'sta.s dos medidas fueron la expropiación petrolera, consumada el 18 de marzo de l«3o. y la translormación del I-NK en nui,rcrilicada el 30 del mismo mes y ano. Si bien estas dos medidas responden a procesos Rene" nidos por el régimen desde líl.'H. cada una di: ellas da cuenta de la máxi­ ma expresión lograda por el cardenismo: la vinculación i un las masas y el comiol vertical de las mismas. Si con la expropiación |ic!rolcra la política nacionalista popular del gobierno lúe llevada a sus últimas consecuencias, con la implantación de un partido dominante corporativo, el régimen logró un control político centralizado |Mir el que mantenía relaciones directa» y

laucamente, respondían y le daban contenido a l.i |Kilii¡< a del légiiucn. Es decir, i|uc si bien cada una concretaba un aspecto de la misma ¡Mistura gu­
bernamental, al mismo tiempo se condicionaban: la expropiación |K-Imiera

colocó a las masas populares en una posición de a|>oyo incondicional al proyecto estatal, tanto como éste le dio lórma institucional al a|Biyo |H>|IIII.II a

través del ruM. I -as mujerer no estuvieron al margen de i-sie dublé pío. eso.

Si para ella;, el pació |H>Hl¡co establecido cun el Ksiado lo pauló la iniciativa
■(residencial de otorgarles los derechos |KIIÍIÍCOS. las dos medidas funda­

mentales de \9M no hicieron más que profundizar este parlo. Así. por ejemplo, con motivo de la campaña nacional recaudadora de fondos para el pago de la indemnización petrolera, las mujeres crearon el Comité Femenino Pro-Redención de la Kconomía Nacional que. presidido por Amalia Solórzano de Cárdenas, desarrolló una jornada de lies días du­ rante la cual

semillas, pollos, planta

ESÍIIK

ck'in conjunta de los problemas en materias sociales y políticas a efecto de­ que se eliminen pata siempre la injusticia tradicional de relegar a temimos inferiores a la mitad del componente humano y con él a la pane más noblc v estimable de nuestra sociedad" <H Macli/U. f> de telurio de 11*38)- F.sta propuesta fue recibida |H>r las mujeres en un momento en el que dominaba la desilusión motivada |»>i la no publicación del du icio de ciudadanía |>ani la mujer, por lo que la invitación de Cárdenas a imoi |toi arse al nuevo onanis­ mo |Kilítico les pro|M>rcionó la conlian7a de que. una vez perteneciendo al pai tillo oficial, se les otorgaría linalmenie el voló.
La decisión no fue fácil en el FI'PDU debido a las distintas tendencias

que lo conformaban, pero, a pesar.de que algunos sectores se abstuvie­ ron, el movimiento de mujeres pasó a ser parte del nuevo partido. Kn este sentido, la Conlérencia de Unificación Femenina, convocada a efecto ile

discutir la propuesta |>ri-s¡<l«-nci:il. declaró que: "La unificación comen/.,. da es do suma imponencia. F.n la unificación dcnlro del nuevo partido y en la unión con las obrcias y las maestras que ya están en él representa­ das, está la solución de (nuesirasl necesidades" (El Marhtle. I« de febrero de I9S8).

político. Allí, ellas no dejaron de exigir demandas cspccílicas y el derecho a decidir su estructura y representantes dentro del partido. Ciertamente la posición de las mujeres en la formación <\c\ n»i fue un elemento que alte­ rne. si liien se hallaban involucradas en y con el proyecto estatal, no podían considerarse aliadas incondicionales de éste ni de sus distintas instancias. Sin embargo, a decir de Adelina Zciidcjas. "la (orina de controlar a las mujeres fue incorporarlas a cada sector" (Tuiión. 1981a). Liectivamcnte. el nuevo instituto político tuvo que aceptai de alguna manera la presencia be­ ligerante de las mujeres en su seno, pero también logró que al alio siguiente, en 1939. en el marco de ¡a delinición más precisa de las se< dones femeniles de los sectores del partido, se impusieran dirigentes sectoriales que no con­ taban con el apoyo del conjunto de las mujeres. Adelina Zcndcjas dice que,

Las mujeres se dividieron más por los líderes varones que por ellas mismas. Kntonecs. si la responsable era ohrera todo lo conseguía para lasolmras. igual las

nacional. cu el que el lardcuismo se preocupó principalmente |xn darle continuidad al modelo económico diseñado durante su régimen. En esta coyunuiia las mujeres, que desde muy distintas óptii as li:il>iai¡ vivido un claro proceso de radiralidad politira. se manifestaron .ihiei lamente y fueron in­ corporadas al discurso de las diferentes campanas olee torales. No es difícil suponer (|ue. por su trayectoria, las mujeres afiliadas al mu con |>revia par­ ticipación en el rurc>M. estallan dispuestas a reforjar v a apovar al raudiilaio
además de IIHIKI efectivamente npicMiiiadn las |ieii< itims leiucuilfs en el

cuerpo estatal era esposo de una di-las lijjin.^ |

iiiiu-iiiewk-liiunriiiiie

Por su pane, la discusión interna en el partido oficial en torno a los can­ didatos fue muy álgida y. tras de ser cancelada la alternativa electoral "a la irqnierda de Cárdenas" y postulado el "candidato de la conciliación y la concordia". Manuel Ávila Camacho, éste se abocó a contrarrestar la gran in-

fluencia (|iic la campaña política <lcl candidato del Partido Revolucionario
de Unificación Nacional (PRUN). General Juan Almazan, estaba logrando a

nivel nacional. Hay que destacar que. si bien las mujeres del ivufinalmentese alinea­ ron en torno al candidato oficial y en este sentid» avalaron el pa|wl que Manuel Avila Camacho le asignaba a la mujer en el hogar, también trataron ■lo imprimirle a su plan de gobierno lineas de acción a favor de las mujeres. Esto nos muestra que. para l!)40, las mujeres mantenían aún cierto grado de organicidad a pesar <lc que la situación interna del PRM (pautada |HII el alinamiento de su control corporativo) y del roí (pautada por las purgas en MI seno) hizo cada «•/. más difícil i:l que pudieran sostener una lucha Ejemplo de esto fue la Asamblea Femenina del w. convocada |KH el ieroiHKidasliiiliadoi.lv i V...IÍV.USÍ
■ >»..«-,

iCm a (¿arria y Margal ita Robles de Mendoza. , los,.„..osa.M.ipars.-mostró el deterioro vivido

,.,H-,-,-S. María Ríos Cárdenas (s/f: 210) recuerda: "Se

.... Inv..| di» mujeres |»leaion en la escena por la posesión verbal de un
¡amo. El sentido iimiúii terminó con una movida exhibición de IKJX'. 1.a

Asamblea se clausuló con la designación de mujeres que, en la inavoría (le­ los casos, no habían tenido una presencia constante en las movilizaciones de los años piveedenics. En diciembre de ese mismo año, como corolario del proceso de desgaste y de subordinación viudo, las mujeres del PRM hacen llegar un mensaje al presidente Manuel Ávila Camacho y a su esposa, en el que daña conocer "la buena disposición en que se hallaban para el cumplimiento de los postila­ dos de amor y ayuda al necesitado, sin distineión de idtrologias y categorías retomando algunas de las demandas que habían inovili/adn a decenas de miles de mujeres diñante el |>eriodo (por la cieción de guanlcí ¡as y con­ tra la carestía de la vida, entre oirás), peni encaii/ánilolas \xn lo\ ranales marcados |K>r el mu. inaugurarían como su tana p.im ipal las labores de

i|ci< s

mtilsUiN. por su parte, (miaron de mantener y de so:

;iH> li'iiiciiino partidario en el contexto de su deterioro inter <i « i mayo de 1939 habían manifestado su malestar por la ai.tii tu del partido, diciendo que ■[...] y si de m cu cuando reco

lo riesgosas que dominantes. Sin embargo, como dice Concha Michci —y con su pena 10 quiero terminar este trabajo—: "Nuestra lucha tuvo resultados en I ciencia y allí no la destruye nadie. Ksta lucha seguirá [...]" (Tuñón, I!

c.vK a todas /<u sectores sociales ddpais, «¡mío: l'iesidcutcs, rondo: Lázaro Cardonas, Exp. 544.61/86.26 de jimio, México. Dcpariüincnto del Trabajo (1938). Informe de las Inburn iraliuulas por la Co­ misión Investigadora de la situarían de tas mujeres r lo> menom trabajadores. México. /•7 MndieUM <le sep'icmbrc de 1935. 1 di- cuero de 1938. 5 de febrero de 1938. 19 de l'ebni.) de 1938, I de mayo de 1938. IB de mar/o de 1917. El Universal. 3 de octubre de 1931. 8 de octubre de 1931. II «le septiembre de 1934,29 de agosto de 1935.7 de marzo di- 1937.1 de mayo de 1937, lil Uniamal Gráfico. 3 de octubre de 1931. Fxcélvior. 7 de octubre de 1931.2 de abril de 1936 García F'.on». Margarita (1976). "Adelina Zendejas: la lucha de las mujeres mexicanas", en Fcm. i.úm I. México. Gutiérrez. de Mendoza. Juana (1936). República lememua, México. Iji Voz de México, 7 de septiembre de 1935 I .eincr, Victoria (1979). "La Educación Socialista', en Hilaria de la Revolu­ ción Mexicana, perirxlo 1934-mO, i. 17. F.l Colegio de México. México. I Jina Arroyo. Antonio (1936). La mujer en la ludia social. Talleres Gráficos de la Nación. México. Manas. Auna (1982). Agoinst MI Odds: The Feminisl Movemenl iu México lo 1940. Greenwood Tres», l/mdrcs. Michcl, Concha (1938), líos antagonismos fundamentales. Iz(|uicida de la Ca­ marade Diputados. México. Manon. Ward (1962), Woman Sufírage in México. Universidad de Klm ida. (¡aincsvillc. Mujeres, 30 de septiembre de 1937. México", en Cuadernas Agrarias, núm. 9. México. Ríos Cárdenas, María (s/f), La mujer mexicana es inuladnua. HUaini mu fivi nomia de una nouela de costumbres. México.

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KL DKKECHO DE LAS MUJKRKS A l . S U F R A G I O

de la Revuluci-'n Mexicana (IHM). y ion esto «■ imtiiiun.n.t

Inlegí artas al |Xirii<lo. las mujcn-s «leí l-nuie peiiliei.in ; mandas quedaron |Mistiigadas poique lücron alistad.iwiini" los ser lores < 'ampesinn. obrero, militar y popular, y no romo A pesar del descalabro, las mujeres organizadas, ahora oficial, disciplinadamente se sumaron a la designación de M. macho como presidente, ai epiando el papel que éste lesasign hogar, aunque sin alMiulonai su petición de derechos políticos pai las mujeres. Kue así como, a partir de los años ruarenla. el inovimi lucha por obtener derechos políticos, en lugar di- consolidar su fuerz; bases y oV reforzar la movilización social, se apoyó en las autoridad* cipalme;uc en lafiguradel presidente de la República, a la espeta éstas hicieran suya la demanda del voto. Además, modificaron su <

incluyendo cu su» argumentos en pro de la obtención del voto su papel de esposas y madres, afirmando que t i tener dcicchos políticos les ayudaría para preparar a sus hijos para ser mejores ciudadanos. En un telegrama enviado al presídeme yfirmadopor diversos grupos de mujeres, como Amalia Castillo Ledón. representando a la Comisión I mera
merirana de Mujeres (CJM),2 Esthcr Chapa9 por el Tañido Comunista, Estela

Jiménez Escinda ]X>r el m i . Es|ier.in¿a Zanlbiano por el Ateneo Mexicano de Mu jen-s y miielias más. se ve claramente este cambio de actitud:

pai a inlnrmaríc sobre asuntos que atañen su mcjoinmicntn colectivo y la apli­ car 1 A 1 1 de sus opacidades en papel de hiervas vivas nuestro |Kiís.

rs que en esta é|>oca impusieron su presencia fueron las de la la burguesía, que luchaban por modificar los espacios púhlii intención de modificar el sistema patriarcal. Esta actitud fue

tuya. (¡manir la jHrúdeiKÓ ílr Miguel Alemán *• em integrándote a lot grupul de mujer» one lio art-jHai

cu el exterior. En México, además de presidir el A I C I U I I Mexicano de Mu

jeres —que se dedicaba exclusivamente a realizar reuniones ilc IÍJH> . ulm

ral—, trabajó durante esa época en dos proyectos ¡inporianirs: el primero consistía en crear un Departamento Autónomo tic la Mujer («-vi. 1941). y el otro en organizar el Servicio Civil Femenino de Defensa (*r>ei, 1912). En el primer proyecto proponía la creación de una dependencia exclusiva de mujeres, no para segregarías ni colocarlas en un plano de inferioridad, sino para que se ocupara de los asninos relacionados con ellas rumo, por ejemplo, mejorar su capacitación para convertirlas en elementos útiles para

ir proyectos d<: ley relativos a ellas, a los niños y a la fami. míenlo nunra sí llegó a crear, pero el segundo proyecto. d .•I Si-rv¡r.¡» < :ivil Ki-Miciiino de Defensa, si. Kran (iempos <lc

na pal? mulliiudes. prin :omcn/ónil93Ü.ciiam

aia rcj;ii ION destinos IH'IMÍCOJ. o faril drdtx ii tnie. quien stbr gobcruat un IKV

ar. puede gobernar un grupo de familias. que es lo que lonsiiiuyr la sociedad. I que liemos unklo nuestro esfuerzo en la tarea común, grandiosa, de abril la

fyi jos v.iloii-i tradicionales de las mujeres y la importancia que cenia el no

europeo y plantear un feminismo a Milu con las i II.IIHI.UI. ^ ili Lis

1.1<

de Latinoamérica: es decir, que fueran trabajadoras. « i VH ialt s, al>ii<-n.ul.iv a|ioyadoi'.-is, desinteresadas, sensibles, diligentes y con una ética)' una moral inquebrantables. l a impresión <|iic daba a los que estaban a MI abededor era:

iii'iihnl. Mi mamá si- disparaba en aquel grupo de mujeres feministas |iorquc
1-H.i .uul.ilti muy KII;I|KI. muy ; < ■ i<-t>l»rl». Cuando rila esiuw» en las Naciones

I >IIKI:I>. •!■■«- luí l;i |n imi'i» «•/ 11 ni rila, unía un alterón <lc pables que revi.

Kscr oliociiüieino so conoció el 27 de julio de ese año. cuando las mi ¡eres le organizaron un miliu que se celebró en la Arena México. El loe; i-Malüi lleno -según la prensa lialiía alrededor de cinco mil mujeres-, huh lumias de música y cantantes que xeliiaron en honor al candidato: él y í lluvia defloresy.serpentinas. Convocaron al acio la Alianza Nacional Fem nina y las comisionesfemenilesdel partido oheial y de las centrales obrer y campesinas. Kn ese mitin el candidato comenzaba y terminaba su discur con la idea de progreso. |x>r lo lanío la incorporación de las mujeres a
5

PJIJ saber mlt tobir ella. viaje Timón (2010).

coherente con ello c igualar a hombres y mujeres, pues el modelo de mo­ dernidad asi lo exigía. El candidato destacaba, además, la participación de que ¡as mujeres "tienen características propiamente femeninas' que no se pertlerían al otorgarles derechos cívicos sino que. por el contrario, enalte­ cerían los ámbitos políticos. A este respecto les |>cdía, como una especie de garantía para asegurar ia reproducción tle la familia, que no dejaran de ser en el hogar"(...] la madre incomparable, la esposa abnegada y hacendosa.

en riesgo su pa|iel en el hogar, porque se entendía que acliinnisiiai un mu nicipiu era como organizar una casa más grande.

preparada para lodo |>orque dentro de la economía del hogar es la que dis­ tribuye el salario del marido y lleva la |»>líüca de unidad tle la lamilla y del respeto de todos los integrantes de ella. Y no otra cosa viene siendo la cosa pública dentro de los ayuntamientos donde se tiene que vigilar los dineros del pueblo" (Artcn, l'JIfi). Había un ambiente de efervescencia, de declaraciones de igualdad a nivel internacional y la Comisión Imeraincricana de Mujeres presionaba en ese sentido. El candidato para el nuevo periodo presidencial aceptaba otorgar el derecho alratoa nivel de municipio pero, a pesar de lodo esto, nuestros diputados eran producto del ambiente conservador de esos años y declaraban: "[...J I os representantes del pueblo opinan que no ha llegado todavía el momento oportuno para concederle el voto a lamujer mexicana y

que primeramente liny (pie preocuparse de liberar en el campo ce onómico a nuestras mujeres afinde que con <:sa preparación puedan desarrollar efi. camínente actividades en el urden político" (Excclsior, 28 de agosto de 1915). las mujeres era ile lipo electoral. es decir, la duda sobre su com|>uriainieiito en las elecciones: los políticas no podían prntr, controlar ;■ manipular con i-lii :K¡:I i-I aii'iimar iKililico femenil dado que se trataba de más de la mitad ile l.i imlil.ii imi. ipii-1.11 ei ia do preparación política)' de la educación cívica

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A lo largo del .sexenio alemanista nos encontramos riindaiiinn.il
con dos posiciones entre los grupos feministas en rotación con el MIII.I K I,,.

I'or un lado, las mujeres que le estaban agradecidas al presidente pur lial»i reformado el articulo 115 y que. por lo genital, cían inujeics cercanas a la esfera del podo; y |wr olio, las antiguas dirigentes del tvnm, <|ue MUÍ una m más crítica le seguían solicitando la reforma al 34 constitucional iiiene. el derecho alralofcdetal. id (Knhles de Mendo/a. 1939). pero la más persistente fue Estlier . <|iiit II declaió que cada año duiamc 22 aiios, al empezar las .sesiones in-iesn envialia una carta ruinada por muchas mujeres, solicitando i Im al vino a nivel federal (Cabree. I«í>9). 'leñemos una lechada el

t i Comité Cooidinador Kc.nci.ino para la d< tensa de la rain, i~ se di. ¡ge H. Omisión IVrnianenlc una vez mis con « i.I i anticipación a la apernnade

a luí de K.licilal se incluya en la
I.UO.M di le; de la Modil.r ación del Articule. 34 Consitiw.winl en los térniin os cu quefue api robada |M>r lili.

•s y |H>: , la, legish Cámara de Ui|imadus. pul 1.1 11. Cámara (Ir ilii.al • Senado..
nperhe. f.uauajii,al». Jalisc. ..Mo.ua.Qum 1 Tauuulipas. Tlaxcala, Veracru*. Zacatecas Miclioacá y II. ToinI.UHI.. queOniapas y P u c h a n concedido c, votoi la iniljej ,, U 3f„»r,o<.o lo c a l consideramos uitc se han ruiii|>IH que marca d ^ U Í é k f - * . *1 de la Kc| Ii-I.il linñn lamas «... o adiciona, la Carta Mag.ía y que sócamete íalta 1 que el cumpla con diclm aiticulo 135 haciendo la Vilaiah.i 1
en .-

los años 1 l!K!»y .,1 l..« te,,,I.MIOS

non el i argo de Ocupadas del I >cpariamento del Distrito i i námlrz en Milpa Alia, y Guadalupe Ramírez en XochiIOÍmesesunosnombramientosimpoilantcx MaríaLava-

n.igistiada del Tribunal Supciior. Dolores Meditan como mal Fiscal de la Federación, y Elvira Vargas como jefa de ódico £1 Nacional, órgano de ditusión del gobiei no meximujeres en csia época se mov¡IÍ7aron y se hicici on presen::corle político, religioso.culunal. de revolucionarias, de no abogadas y médicas, de empresarias. de comerciantes y
labia también mujeres integradas a los punidos [HIIÍIÍCOS,

Para l'J50 la situación de las mujeres mexicanas, según un iníoime pre­ sentado por Castillo Led.pii en la \ ' I I Asamblea de la (¿misión liiiciaiuigado derechos civiles iguales a ambos gema os. las umjcics leuian deu< lio
hijos; igual capacidad de patria pulcsiad y tutélale: |XKIKIII optai a lodos

los cargos públicos y había, en ese momento, varias en el l'odei Juilii ial y en secretan:!* de Kstado. Con respecto al ámbito laboral, la Consiunciiiii había establecido el principio de "igual salario por igual ualiajo": en esos años las mujeres se incoi poraban al desarrollo industrial de México y tam­ bién estaban presentes en las prolé.sioues (sobre todo medicina y leyes). en el comercio, en la burocracia, en la banca y en el trabajo agrícola: en una mujer como ministro ante otro gobierno; eu ese entonces había una con el cargo de ministra plenipotenciaria y 18 vicecónsules; México había nombrado delegadas en varias conferencias iiucramcricanas y mundiales: en puestos públicas impuriantes estaban: María Lavalle Urbina. magistra"Hov Cobiri IK> del Diurno Federal.

da del Tribunal Superior de Justicia de la Nación; Guadalupe Ramírez, dril-goda en Xochimilco; Cudelia Gómez, jefa de la Oficina Investigadora di-l Trabajo de ia Mujer; Ls|x:ranza Oilín Carrillo, j i l a de la Sección Femeiiil de la Confederación Nacional Campesina, y Guadalupe Ceniceros di- /av.ilii.i, diici lora de la F^cucla Normal para Maestros de la Candad de Mivii .1.1'.n i iianio a derechos políticos, las mexicanas sólo disfrutaban dd

Minante los primen» años di- la década de los cincuenta los grupos femeniles c tuzaron a liaccr intentos |HII aglutinarse en un solo orga­ nismo. porque era la única manera de obtener más fuerza. Uno de los primeros en intentarlo lúe la Alianza Nacional Femenina - q u e había or­ ganizado la reunión con Alemán en la Arena México—, pero no tuvo eco ( M M I . 1947b). Con este mismofin.a mediados de I9.r>0 se constituyó el Consejo de Mujeres di: México y un año después, en IHÍil. la Confedera­ ción lie Mujeres de México. Ninguno cuajó, y es ipie era necesario rinc se conjuntaran dos factores, por un lado, una ligitra < arisináiira con una pcisonalidad Inerte que pudiera reunir a iodos los quipos dispci?a>s y de 11152. cuando Amalia Castillo l.edón lumia la Alian/» de Mujeres de México (AUM) eon el a|myo no sólo del prcsidi-uu- saliente. Miguel Ale­ mán. sino también del candidato para «I siguií-iin- pi-midn piesiileuiial:

Vashingio»- luc Marín l.ivallc L'rbina9 quien organizó iodo, t n una caria

te con el secretario del rrcsidcntc v con el «'ñor Ruiz Conincs? Querría tam­ bién saber además de lo que hayas hablado con csus rx.rw1i.1s. si ic. has puesto en contacto con las jefes «le algunas niras orirauiíacinnes femeninas y si has [Chillo ya un arreglo deüiiiiivo con las secretarias de Acción Femenil de la CTM

pienso llegai a México en lus |>i inicios días de enero peí o quisiera, por si to, conocer lus actividades antes de llegar allá y ames [anihicn que le mar Campeche pues recuerdo que líi me dijiste que pasaría» allá l.i Nuche Iti

acia constitutiva, ei a una asociación civil formada por diversos grupos ya existentes que actuaría a nivel nar :.)nal. Su presidenta cía Amalia Castillo Ledón y su vicepresidenta Maiía Lavnlle Urliina. El objetivo ciuiial de esta asociación era la elevación social, cultural, política y económica de las mujeres de México y sus familias. Kn el programa, que se dio a conocer en junio de 1U52 y que fue redactad» pot la Comisión Técnica de la Alian/a

primal ¡a y cune IM4 y 1017 iliriniú la camaina (le ilhbelúación de su esculo Más larde ser magituada del TríhuiMl Superior de Justici a a pailir de 1947. F . s m w » siempre detrás de Amalia Canillo Ledon y lúe succdiendola en Ua caicos que ocupaba: en la Comisión Inteenlie ainha* parece que no íuc fácil: en ej aitluio de Amalia Castillo Ledón ha)- carias dii ipda* a ella, siemuic para solicilarir trabajoso paia que organizara alguna aciivirfarl > ■ en las

-integrada por Paula Alegría, Espeíanza Balmaccda y de Josefc y Kranisca Acosta—, se establecía un programa de u abajo muy ambicioso y que ibarcaba muchas a$|>ecios; piir ejemplo, sólo en el aspecto juiídico. que :s el que nos iniere.sa en este trabajo, incluía la investigación y el estudio le problemas tales como derechos políticos y civiles, ciencias penales, lelislai ii'm del trabajo y segura social, códigos de prolección a las madres, a IIS minores y a la familia, y un estudio comparativo de los ordenamientos
ni KIÍKIS vigente» en las diversas entidades federativas. Los problemas es-

ii rilii IIS : ■ H S I I K I I en el área jurídica serían: derecho al voto, matrimonio

mas legales o de reloi mas a las codificaciones existentes, con el objeto de mejui.li' la situación jm ídira de las mujeres ir.:xir.inas (Ptogmmn ih ID Alúmw.... 1952).

la asociación porque, al contar con el apoyo incoudirion,.! del gobierno, es claro que era él quien se ocuparía de ese aspecto. Tara entonces, el 'movimiento de masas' —por llamailo de alguna ma­ nera- , había desaparecido por cúmplelo \ el problema se había ~|ier$onalizado". Amalia Castillo Ledón era en esos momentos una mujer —la mujer—, cionó. ella reivindicáis la idea de que elevar la condición social de las muje­ res redundaría en hacerlas mi jore.s madres, esposas y amas de casa |«ro al parecer no reflexionó sobre el hecho de que si unas mamas mujeres acce­ dían ya a niveles supriores, esto no significaba que como gni|>o hubieran alcanzado una posición mejor en la sociedad. Se observa que su feminismo no es un feminismo con conciencia de género sino más bien, y en consonan cia con esa ciKxa, un feminismo llamado libei al. Hay que recordar que cst<

H « 3 A H RtCTA FINtl. CON ADOLFO RUIZ CoRflNtS En 1952, cuando Ruiz G u l i n e s es elegido candidato :i la presidencia por el punido olicial —<•! Tañido Revolucionario lnsiiiucion.il (fui)—. el lema riel sufragio Icmeniíio resurjo con Tuerza: las condiciones eslalun dadas para que ias mujeres accedieran a este derecho y en ese momento aparecen

fue nombrado candidato a la presidencia. ellas ik- ÚIIIHrii.iioM- ■ ! ■ ■ -

■ l.i 1.1

n-a de organizarse |)ara apo\.ulo vsolii iiarle. erm<•.m as i osas. I.i ii>iiuhl.id de asamblea di- muieres primas paia li.-u ede la petición formal a Ruiz Omines:

ijer fájaletasenaguas y<lile lo que me acabas de decir". Al entrar nos dijo ldidato:-Awr.aquieslu > enmpañeritas, me da mucho gusto poder saluda .Jleniaii algo que comuíturarme, algo que hablar conmigo!'' Vle dije: "Mil ed, <mied cree juste ■«. >n Ailoito. que las mujeres no. tengamos derecbo;

OIITIS casis, les consiguió las sillas, los autobuses para u asladarse y hasta la

gasolina V.u realidad. de acuerdo i:»n las hieiucs < (insultadas. se puede suponer (|uc al gobierno le interesaba otorgar rl dtacclio a voto a las mujeres

Andradc del Rosa!, recuerda de ese iiiiiin que en el momento en i|uc Ruiz Cortines les ofreció el derrelio al voto: "(...) Ir aplaudimos a lahiar v le gri­ tamos: repítalo don Adollb, repítalo, le guiábamos miles de sutes. Y el lo Por otro lado estaba el grupo de Amalia Castillo l.edón, (|iie en esos momentos era la presidenta de la Comisión liiieraineri, ana <le Mujeres y a principios de 1952 vino a México para "(...) trabajar en I; ili. a, iún ilc

como el señor Rui/ Cortines" i > » t . I9.V2). la.ire ene.,, v n.ai /.. ,le ese aíio. Amalia Castillo l.edón sostuvo una entrevista <»u Kui/ (..Mines:

I..J

no por igualdad o un seniido ele justicia, sino porque desde su hogar ¡IVII-

darían a los hombrea, resolverían con abnegación, n alujo, fuerza espiritual y moral, problemáticas tales como la cdueai ion )• la asistencia social. F.ia manifiesto c|ii<: "I.LS inquietudes de las iiiujcivs" eran 'las inquietudes de los otros"; asi. participarían en campañas de alfalMlización. contra la i ai eslía de la vjda. por el incremento de la producción y la resolución de proble­ mas como el de habitación, alimentación, vestido, medicinas, esparcimiento )• rehabilitación física, es derit, lodo lo que solucionaban cotidianamente las madres, las esposas y las amas de casa mexicanas. Obviamente, aquellas las actividades |H>líticas que el partido oficial les había reservado, pues las

mujeres eran vistas como una totalidad. sin distinguirlas de acuerdo ron sus I as mujeres sólo eran importante, en tanto que alentaban a sus i oropañeros i n el vivir diario y |K>r su papel materno. Su relevancia radicaba, entonces, en ser madres y esposas abnegadasy morales, cualidades que eran para Rui* (áii tiues las "femeninas" por excelencia. Para él era invisible la partk ipación de las mujeres en las buhas obreras y rani|xsinas. jamás se rcfeiía, por ejem­ plo. a la |Kirlii ipai ion femenina durante el periodo cardeuisia. F.l ámbito |K>. limo m de ios varones, ellas sólo ayudarían, el estaln dispuesto a otorgarles el dcu-rlm a voto para relnr/ai las labores más tradicionales. porque se I/ata* bi de qur las mujeres paiuripaian en la vida nacional, pero a través de tina "política femenina" encauzada por el pariido oficial. El pi ¡mero de diciembre de l'J52. Adolfo Kuiz Coi tines tomó protesta como presidente de México. I ¿i piensa relató con lujo de detalle el acto, en el que pronunció un discurso donde delineó la política a seguir durante su manvoto Electivamente, unos días después envió la iniciativa al Congreso. El tra­ mite siguió su curso y a pesar de algunas dabas puestas funilameiualnienw l>or los legisladores panisias para ewor|>ecei el proceso —pirque. igual q * en 1«J«. no querían que í lraíse llevara el méi no ils < onverih a las mujerc mexú anas en ciudadanas— [Ihuru, ile loi flétela.... WM). la iniciativa presi dcntial fue aceptada y en octubre de 1953 se publicalia en el Diario Oficial ron lo cual las mujeres mexicanas obtenían finalmente el derecho a volar ser «nadas en cargos de elección popular. Al concederles el derecho al voto, atendía a la iiicoiiiórmidad de l¡ niujeics sin aleí lar al sistema, pues ellas segttii ían bajo el control político peíleiui ¡entes al áuibúo'domésiico, ellas solucionarían los problemas liat tai ¡onales, alimenticios, recreativos y de salud, pues continuaba considera dulas i orno primeras responsables de la familia. (porgarles el sufragio le permitía ganar popularidad no sólo entre ! mujeres, sino entre el pueblo en general, ya que había prometido solución los asuntos no resuellos eñ regímenes anteriores y éste era uno de ellos. F otro lado, esto distracríaVde alguna manera la atención del pueblo sol el encarecimiento del costo de la vida que se estaba registrando en e

de las mujen-s para poder manipularlas fácilmiulc: la> ronsidnaba ¡KIIO-

ttuilrs y poco inteligentes 1:011 relación al inundo de la |H)lílica. Este aspeeafiliados. Para 1954. de los 3.5 uiiHom.s de niiliíantr.s. 35 poi cíenlo eran mujeres, o sea un poro más de la terrera parle de los priislas eran mujeres (Pellicci de Rrody y Reyna. 1078: 111). Enralesentido es itnponaiue menc ¡onar que en las elecciones de ISI29 a 1352 los votos masculinos fueron de 75.30 por cíenlo (Conzálr/ Casanova: 1983). En Ixs elecciones de l'J52 el lópt-7 Main» oliiuvo !>0.5(¡ pin cienio del loial de los votos. I .o anterior hace |>eiisai que ■¡(•(¡iiiaiueuie para Kiii/. (j>rime.s|)csó esie aspecio cuando
al sistema políiico HHMÍIano h- niliimi ( ninrdei elroioa las mujeres |«ra

consolidarse plriíainruir

rs mexicanas alcanzaron la plenitud do sus as i liando el discurso sobre sus funciones islas i •mío el de la piensa, los voceros oficia. <sidi:ue y los sectores sociales con presen. is n.tilii ¡.mal. Kl logro no respondió a una i di-cisión del gobierno que se llevó a cabo

rupación Nacional Kenu-iiil Retoliii ¡011.11 i.. Í»\IT.R) (lomp.) (I9M). ÍVir.

auparían fuUlim <lr la mujn r„ Mr\ir,.. S,g¡„ w. u ,ci KI. México.

"■

«:i ÍAicliivo l'ariiuilar Amalia Cabillo I ¿don* -MITO, In/uime que nruUd

TaUr. r/rriiuida ni la riiiilml ir San Antonio Vrxas. el 11 de abril de 19.16,

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SEGUNDA PARTE: CON IR ACU LLURA, CUERPO, VIOLENCIA Y DIVERSIDAD SEXUAL

KMKRGENCIA Y TRASCENDENCIA DEL NEOFKMINISMO

después de !:■ Sct>n'"l-i <;>«

i-ducatión superior y al urbajo remunerado. Iiasi.i l.i venia y iniiuniali/a A islas se sumó la irrupción <li: lus jóvenes en diversos lugares del mundo como sujetos del cambio soda!. El apoyo ipic miles de dios dieron al iriun16 de la Revolución cubana y el repudio por la reanudación de la guerra cfc Vieiuaiii fue un ta< 101 ideológicamente ¡mpoilame para ese cambio d<: nicnlalklad. El -Che" murió en 19671- inició así la cía del gu.vaí ¡sino. Poco a poco se esiaba gestando lo que se conoce como d "Mayo frailees", donde cumvrgieron cstudianics con obreros en roiura de la guciu de Vietiiam y ücl imperialismo. I.ajuventud se |K)lilizó. n t r ó en la inopia, hulw (|iik'nes

jlarou el lima Ai/>/»>de "amor y paz'y con ello el panoiama cambió nosaineme. En l'JGfl asesinaron a Manin Luthcr K¡ng. (uvo lugar la jvera de Praga", se levantaron las universidades francesas y alemanas. ■gua! i|uc sus compañeros varones, algunas mujeres jóvenes también icali/aron y coiicientiianm esgrimiendo como bandera la liberalizaía del cuerpo femenino acoiupañaria el nuevo pa|>el que las mujeres ,11011 a demandaren la sociedad, mareando una diferencia eualiíaiiva
S|KIinal discursode los movimieniosque fueron suantecedente. En

lugares del inimdii su iniciaron rampañas para legislar sobre i l divor-

en Europa, diherc de aquel que emabc/aion las sufragistas de linea del i\ y mediados del \.\. cuyo objetivo residía en alcanzar la igualdad «on los ombres por medio del derecho al voló. F.sie nuevo feminismo ira más allá I imanar desplazar la desigualdad que sufren las mujeres en busca de una isla equidad cmrc los géneros, colocando al cuer|m leineniuo y sus maníPara analizar los cambios y transforma) iones experimentados |IOI este lovimtcnto y sus integrantes díñame su primera época. es preciso echar 1:1110 de los estudios, cnsivos y notas periódisiicas <|uc se lian almi ado a svestigar su ac<ionai y qiie permiten incorporar a la discusión 1 ursi¡»< es tales como el significado de las movilizaciones femiiiiiias. las aimiia

ii|i.u i

N de los estudios teóricos >' académicos. Si liicu puede

»' mi h.iy siilicieiite material para evaluar las actividades de estas .¡I»- .11 l.ii .11 (|tie el feminismo ha mostrado sus transformaciones
IIIB'IIÍI.I en l.i sociedad trazando una cartografía que lo ubica.

i tu iones tróficas y su praxis |x>líiica. dentro de los movimientos litante y/o descriptivo, pero recientemente lian empezado a apa is que profundizan en cómo han procedido estos movimientos y i su camino ideológico y de lucha, situándolos jumo a los movi-

resquelirajai viejos paladial investigaciones que , iclacio:lan el quclucc tica y el llamado "n-j ibajo haciai fuera" con jurídicas. psicológicais o nía. i. inadas con el objetivo de píame; ;u cómo el 1 leiuinisnio ile un nuevo orden ¡ hacer y concebir a laimlítkaco ncl objeto, a aparición del activismo femenino y sus formas colectivas de identidad; el omproiniso con la categorización y definición de su praxis para poder exaniuar los distintos movimientos de mujeres y su relación con el feminismo; as diversas ]K>sturas que lia sostenido a lo larjjo del tiempo y la crítica del «aso del esrncialismo al pluralismo de los discursos —es decir, la diferen¡a como actitud liberadora—,1' y, por último, el análisis del vinculo entre

i MI ri'HM.i.s VMU|FRFS: ILOS

lu v MIS iiiMiuiciones no eran capaces de
IIMI.IM.KIM a la vez en un ¡noceso de Iran-

unliiiai ii'm y pi-nponian subvenir las cos­ ió rsiudiamil mexicano de l'JÜH. al igual . propició que el descórnenlo femenino

de un ini|Kiriaiur crecimiento de la izquierda IIK-XK ana. <ie donde algunas de,

las inilitanics pi nvnu'.iii (Timón. ISW7.05). Si bien la parlicipai ion numérica

•s; engrosaban la.sfilasen las manifestaciones. daban a|Kiyn y f
como I» igadisias. pero el |KKI<:I de la palabra y «le la dio us

muy ¡Miras, porque en realidad estaban n«;ir>;iii:i<LiN.:" I'M<- Vin

rumíenlo* influyó para que algunas mujcies repensaran su pa|>el dentro <lcl hogar, laralley la universidad: su escasa preparación para hablar cu públi­ co y para hacer ¡«olícita Us empujó a reunirse para convciliisc CU protago­ nista». I J S diferencias <le género en el uso de los espacios público y privado impulsó a algunas a apropiarse de ellos en sus movilizaciones y sobre todo a darse cuenta de que su rol en el cs|>ac¡o privado no trascendía al público, no se reconocía ni se le dalia la iiiqiortancia que tenía. Ademas, las ¡ilaciones intci personales provocaron cambios en las relaciones de gcucni. que incluían un amplio espedí» de percepciones y prácticas sexuales diferentes Este des­ pertar sexual a la larga se pudo enlazar con la |X)líiica y permitió que algunas

participación femenina en el ámbito público. CIKHUIM .i|>.ini

solamente el grii|X> de la Unión Nacional de Mujeres Mcxic; estaba activo: constttuiíio cu IÍM»4. trabajaba para "organizar v 1 1 1

cipios dio como resultado que no hubiera convergencia cune el naciente
neoleminismo y la UNMM ya que éstas, al igual que el uununismo Ínter-

nacional, considcralian al feminismo como divisiouisia, |>cqucñobiirgu¿$ y no vinculado a las mujeres trabajadoras. Estaba también, desde 1969,
UDHA! (Comunicación e Intercambio |iaia el Desarrollo Humano en

América Latina. A.C.). asociación civil sinfinesde lucro, fundada por Bcisic Hollams parafluelas mujeres contaran con espacios de investigación. documentación y crecimiento.» l a coyuntura política, aunada a la recomposición de fuenas llevada a cabo por el gobierno de Luis F.clicverría Álvarcz a partir de 1*170. propició mi clima de apertura basado en cambios en las orientaciones políticas ) ■ económicas, en donde se proponía una mayor liberalización. Para desmarcaise de su antecesor recurrió a lo que se conoció como "apenura democrática", la cual buscaba abrir canales de expresión en sectores que el sistema iisualmcnic no integraba. de tal manera que se pudieran manilcsiar en coi i ¡entes ile opinión. F.n la práctica, esta apertura se tradujo en una mayor libci tad dr expresión de la prensa, en una critica social presar sus demandas. Se estimuló una impoitame participación sindical —siempre que no liubiera O|iosiciónfrontalcon i:l Estado— y se puso primeros gni|Mis que consiiiuveron lo que se ha dado en llamai la "nueva ola del movimien'o leimniMa inrxitann" y que adquirieron su i azón de ser en respuesta a la pretendida apertura del sistema, el cual, ¿opuestamente,

■sinnisias. |KTÍnd¡Mas. que examinaban de entrada su vida personal en ni ei nii'iiie a su sexualidad, relacionando el «pació privado ron aqueue ie|Mi(iie en el nivel de lo público. Hicieron suya la consigna "l/> mal es |Hilíiico", que llevaba implícita la idea de que las mujeres estaban

„,n, i.-.iliMciii.'ln MIIMIIIIÍIKKI.IS y explotadas y que sólo a través <l

I,, (•■ni ¡•ni ia de MI SÍIIKII ion común podrían cambiar las «truc
;,s

,i|n mu.ni- I Mas hiiiinisuis mexicanas, algunas do las cuales | iiijiiis <lr mr.is pains del mundo, abrevaron en ellas.

¡„|K

leudas pnilnminainn cmre estos grupos: el feminismo social»!

viinicnto Feminista Mexicano (MFM). Se cugani/amn a partir dr pupos de

rao en sus varías manifestaciones. presentes en la pareja, el ualxijo. la i asa. I.i mecánica <le organización i;iió alrededor di: |>cqucnos j(ru|M>s ipuaparecían ydes.ipiieci.in. se fiisiijuabaii unos con oimsy se uie/clahau enire filos di- una manera tiulogámú a. La identidad rolcciiva de las militante» se consuuyó a pailir de procesos de aprendizaje, (rcación de solidaridades. seniiinientos ele peí icnencia, incluso negociaciones y conflictos. Al iieui|>o que la identidad reminista empezaba a gestáis, los quipos se encerraban ilcntro de sus propias provectos, aislándose de temas sociales y blandiendo la bandera de una autonomía que las alejaría de otros movimientos sociales

puipios grupos de mujeres, en donde ellas tengan una primera experiencia «le análisis de su realidad en un contexto lo menos opresivo |X»iblc" (Lo­ zano v Con/.ílis. 1'lHli: IV). Ksta actitud las distanció de lo que acontecía

/ v./.wi I i IIIH I.I

.1.- I.i

¡ii .ii|iií". liim.ido |Kir Rosario Castellanos.

Culüuu rn Mntiwde la n:vista \I>M/«.'(Ai ovedo. 1(17(1). una larga crónica de!

o * o. California: "Viio/ro suniu ala n\ rMmpaitn lugu. iCrimra dt un mimóla mita tn'.ir iinijem)". en donde hacia un recítenlo (le lo sucedido v planteaba tenias que el movimiento de liberación estadounidense estaba esgtimiendo, como la explotación d<: las mujeres en el trabajo. la Oiinilia, el salario al (ralu : ■ jo ilomenii o ; la dobk jornada. laroaiginacióndel ámbito público, en espe­ cial de la tmlíiica y la asimetría en lasrelacionesentre los sexos. Algunas jóvenes, sin una idea precisa de cómo organizarse pata abordar la inquietud que sentían, vieron en el artículo de Acevcdo una oportunidad para reunirse a disentir la condición de las mexicanas desdi: la propia opre­ sión l'siud ¡antes. amas «le rasa, profesionistas, secretarias, maestras, fueron Cini isie in.iii ii de iilertncia deseaban itinwnlm un mmiimimloA partir <le iiisiiiu v qui- venia de lucra, peto |K>niendo énfasis en las especificidades de I.i n.iliil.iil ile mu MÍO país. La idea era colocar en primera linea de) couociuto público la cuestión de la igualdad sexual y la urgente necesidad de nlni i las relaciones de genero. T a i a sii|Ki ar el aislamiento, la inseguridad, la competencia y crear una
11 mi ÍI-III ia del valor propio y capacidad pam organizarse, se vio como ncee*

siria la experiencia del pequeño gru|»," 13 es decir, reuniones de un número opresión y subordinación. Ksic pro«:Mi les |K:I inilió confn mar que su expe­ riencia no era únicn y <|iic además cía política, lo que conllevaba a diseñar estrategias para su su|>erac¡óii. dialogar-, aprender a confiar en sí niistii.js y a analizar sus experiencias y percepciones como vía para ti-ansfoimai las en conciencia política. Buscaban demostrar que aquello que se consideraba individual era. de hecho, común a la mayoría: los problemas tienen causas so­ ciales y. por lo tanto, soluciones políticas. De ahí aparecía el lema 'lo personal es político' que s<: adoptó para la lucha.

la maternidad, la doble jomada de u abajo. I (Incriminación y la exclusión por relaciones problema que enfrentaron fue de disnersin

.y-apien haciendo <■• 1 "Día de la Madre': con ello no sólo saldrían a la calle sino que mostrarían la existencia del grupo, dando a conocer su declaración de principios: oposición a los manejos publicitarios y cuestionamiento de: los mecanismos patrian ales que marginan y subordinan a las mujeres. Con este ario. que ellas denominaron 'político cultural* y que sufrió algunos altibajos cnsupiT:|>aractón.nac¡óelMAscl9demayodc 1971 (Acordó. W77: 12-13). tste episodio le» permitió no sólo consumirse, sino continuar estudian­ do y |>reparándose eu las leniálii as que el feminismo internacional estalla discutiendo. Un hecho que también ayudó a integrar más mujeres al grupo
fue la visita de Siisan Sontag" a la Facultad de Ciencias Políticas de la IMAM.

invitada a hablar sobro feminismo. A la .salida de la «inferencia se recalaron dalos de las asistentes interesadas en incorporarse. Hubo una reunión en la que algunas se sumaron. Se planteó la línea a seguir, la manera en (pie traba­ jarían: panii de las experiencias personales para identificar constantes de la opresión «le las mujeres (hostigamiento sexual, discriminación en el trabajo, violencia, etcétera). Una vez conscientes de la existencia de la opresión, se pasaba al análisis y discusión del problema en una perspectiva social, para Ni un- y (¡i ii|»> Sur de acuerdo con la zona en la que habitaban, lacos a lecti­ vos v amistoso». Aiiilms s<- oiganizaron en |xx|ticños gru|X>s y se dedicaron a Si- dedicaron a la promoción: impartieron conferencias en varios esta­ dos de la república, publicaron artículos donde explicaban la condición fe­ menina y a|K>yarou huelgas de obreras textiles, principalmente en el estado de Morclos. Ksic ¡merranihio de ideas y de visiones del mundo permitió a las Icmiuistas coníirmar la necesidad de constituir un movimiento capaz de alcmyar a tollos los olíalos soi iales afinde que las mujeres se vieran refle­ jadas en él. A pesar del trabajo realizado, las pugnas dentro de los gi npos se intensificaban; las discusiones eran desgastantes en virtud del rechazo hacia" las lormas tradicionales de funcionamiento y estructura y las diferenciasentre las inicgiantes se ahondaron sin ixidcrse resolver. No se hablaba de las cuestiones de lidcra/go, ni de ¡as diferencias de clase social, pero era evi­ dente que había fuciles conflictos internos. En septiembre de 1972 se llevó
a C.IIKI nn ciclo de conferencias titulado Imagm y müidaii dr la mujnyi don­

de se plantearon los puntos de vista que el incipiente movimiento feminis­ ta había alcanzado y es|>craba conseguir. I Js temáticas expuestas giraban ■i lesile antes— en torno al sexismo. al feminismo y la liberación de

la mujer y la lucha social. A lin iTe procurar limar as|>crezas e integrar más umjeies, se llevó a cabo una convivencia en la que las feministas con mayor prestancia aliordaron temas como el trabajo, el cuerpo y la necesidad de un movimiento de liberación femenina en el país. F.l problema de no |K>ner li­ mites. organizar, convertise o ser tildadas de autoritarias, empañó los objeti-

litulo: Iwwgm j mhiad di la au>rr. Mííico. Sep/Diiuia. 1975.

w s q u c buscaban alcanzar. I .as conclusiones apiiuiaroii n i lies venientes: la opresión que sufren las niuj< r<s y MIS consecuencias. las estrategias posibles de lucha y los compromisos y acciones concretas que podían cumplir (Lau. íyfiT: U5-97).

futra paca darse a conocer. Por ello, debían ser rapaces de plantear alterna­ tivas no sólo de luí lia por reivindicaciones cs|>ccífiras. sino impaelar al me­ nos en el imaginario siinlinlicn pan» conseguir, en un primer ilionienio, que sus ideas si- couocieían. A la luz. de lo que hoy se planu-a en el feíuinisiuo ■ » ■

xon ellas; | «>rs„lalH ) ,|H-,i.Kl,s 1 i,

estructura formal y estatuios. Funcionaba con jerarquías: presidenta, secre­ taria y tesorera, y por lo tanto no se propuso como grupo de autoconcicnria. Su objetivo giraba alrededor del estudio del porque de la desigualdad jurídica, social y familiar de la mujer y casi desde el inicio lucharon por |>ara difundir las ideas v teorías feministas. deseaban integral más mujeres al grupo y ampliar sus miras a utins sitios de la república, rosa que |K>r la escasa comunicación, poco dinero y razones de trabajo, no se pudo concre-

ir. Su lalior, al igual que la de todos los grupos (|ue ya oslaban y los q lu . irgii ian después, se concentró en la impariición de conferencias a lo largo i-I país :i liu di- apoyar la loimai ion de grupos. los cuales desaparecieron

iralwjó medíanle el vsqiicnu1

para ipiicnes v ¡iit<-j»ialian ; ■ paiai-l pulilko intensado. t n i i (¡iupo analicióu de la mujri en general. Con estas actividades se consiguió revitaliraral..

1 .a Organi/ai ióu de las Naciones Unidas (ONL) proclamó 1975 como el Año
I I I K I II:I< ioual di- la Mujri (AIM). cuyo lema. "Igualdad, Desarrollo y Paz".

glnliali/alia el plan de acción mundial que lodos los países miembros se iiiiiipioiiKiían a cumplir. La Ciudad de México consiguió sc> la sede y la (jiniiieiii ia se verilicó entre el 19 de junio y <l 2 de julio de 197-i. Ames del evento ■ * ■ prograin;

cesas. ¡(altanas y portuguesas.10 cu las que las mexicanas tuvieron la oportu­ nidad «le intercambiar experiencias y de compartir pumos de vista.'"

dirigir sus esfuerzos a organizar un Contracongicsc para boicotear al *IM, resolución que elfeminismointernacional también haliia tomado, mani­ festándose en contra y denunciando la manipulación que se estaba dando. Años después, para 1080. la situación cambiaría y a partir de entonces las

feministas participarán en las siguientes ronferew ¡as memos s» ausencia provocó que <|uedanui fuera de lo nales y las actividades paralelas <|»e organizaron no tuv Sin emliarxo. un gru|K> del MAS colaboró con el gobi rl Desarrollo (<:n)f)Fi(), el nial l'uní ionó liasia l'J76 ce ■ lo y difundiendo informal ion refereme a las mujeres. <

ealbado en el Coniracougreso provocó conKl desgaste ,».■ el hatajo r a <le militantes. Un Kni|X. pri|iirño se sepa. ,ó y lo, mó el Movimiento IVminisia Mexicano. de efímera duración. Olro i en 11175 sin que hubiera diferencias ideólogicas de fondo. I..rmó el Coloríivo La Revuelta para producir un órgano de difusión rapaz de ronciemi/ar a niavor minino de mujeres. Asi nació, en septicnibi. de l'.l7f>. el priniei Himno r del |»riódiro hi Rnnutiu. la primera o. Aparecieron nueve ejemplares hasta julio é l a S o ' i ^ S u a Í x I u

leí Chopo. Conscientes de la ini|Hinancia iles de expresión en revistas y peí ¡odíeos; lenta, el colectivo consiguió publicar dtt-

ron escribiendo aru'aikis en oirás publicaciones y editaron un compendio de lo aparecido en «I diario.'8* Gracia» :i esta lalmr de divulgación se comenzaron a conocer las publi­ cación!» sobre el lema, lo cual propició que se fin iiiarau algunos pc<|iiciios grupos en distintas ciudades del país. La relación enire los grupos, que debió favorecer un análisis exhaustivo afinde establecer una estrategia común de lucha para movilizarse e inipaclar a la opinión pública, no pudo ser puesta en marcha por las intermina­ bles discusiones y debates donde los lemas se cuestionaban «d infimium. Los asuntos acerca de cómo trabajar y cómofijaipim idades ocuparon demasía-

[el aborto, al une tiene

a

U

/Imilla. Rt/InUna, l

ñtta ik dttbliUt» srrUHn tic IJ «M-inferl vrielF.Mado. En el docu as se pronuiHialu \wr I* Miprrsiúii ilr nula unción penal pira <

as se organi/aba I» Coalición, y abríanla por ella, se constituyó ule l.i diililc mililancia y lo que significaba pertenecer aun partido
i mi i;i II|KI IcininiMa. Promiían del Partido Revolucionario de los

\r\ ln:i). IIIMII- donde csiudialwn abiertamente la problemática
•ii '•.V.IH.IIÍ/ÜIMII I.I npiesHin li-nieiiiiia. relacionándola con la lucha ii M. .ni ■.I.IH.I.IIII.U M- .1 rila l.uiahlanm relación ton militantes del

II i \ i'

"" l'.'" • < al iniiiiiisiii" se ilición a la tarca de lunero-

Mine- trniadas iban desde la historia de las mujen-s hast debatían dentro del nioviinienio. Si bien durante este tiempo ap otras |)iiblicaciones. la maniría tuvieron escasa difusión y duración. Destaca

Aun<|ue los grupos no permanecieronfijosy las militantes circulaban entre ellos, abandonaban la inilitaucia y/o volvían o se rcliralun definitiva-

nieiiK-', el trabajo realizado durante estos años por quienes persistieron en su empeño sentó las bases de lo que en el lüturo reivindicarían las feminis­ tas. F.l favo del MIÜ resulta ilustrativo ya que fue el (jru|X> que más activiCuando dejó de existir dejó unatestela de iniciativas que fueron las paulas uV propuestas importantes.

mismo, impulsó % lnri.de>ió el trabajo de los grupos, especialmenii- del MUÍ, al tiempo que empezó aformarseotro perlil de feministas: las acáKl trabajo hacia fuera había tenido \HHA repercusión, |HH lo que mililames del ni M M- (linón a la tau-a de poner en acción los principios por tes que luchaban. Conformaron el Centro de Apoyo a la Mujer Violada (t.v uwe) para que brindara asesoría legal, avuda psicológica y medica a las víctimas. Asimismo, se propusieron influir para que se modificaran las leyes

denominaron el Centro |>arj Mujcns, donde ademas de lugar de reunión del grupo «- manienia un tallet de iniciación al feminismo. En ese mismo local

establecieron el Colectivo «le Acción Solidan;! con la Empleada Doméstica (c«s£t>> (lamas. 1992:5D3). m activos el Colectivo Cinc Mujer. Lwlia Feminista y el Grupo Autónomo ile Mujeres Universi­
taria* (<UHII). En 1977 aparece l.esbos. el primer grupo di- lesbianas fe-

ininistas. y Miijcn-s para el Diálogo. gru|K) relacionado con la Iglesia. En IÍI7Í1 se constituyó el Frente Nacional por la Liberaiion y los Derechosde la Mujer (Fnalidm). segundo intento — fallido— por consolidarse como /osde indas las urbanizaciones ]x>liii<as partidarias, sindicales, feministas y sociales i)uc liuscaban la obtención de los plenos derechos de las mujeres teniendo < orno nieta MI plena liberación en los planos económico, político, I. Maternidad voluntaria," 2. Guarderías. 3. Campaña contra la violencia sexual cu todas sus loruias: hostigamiento, insulto, violación, tepresión a los homosexuales. etcétera: I. Problemas de las trabajadoras discriminadas de la Ley Federal del Trabajo: empleadas del llorar. inai|iiila<loias. costureras a domicilio, pequeño comercio, banca, clrcicra." F-sta segunda tentativa apoyada en premisas compartidas. tani|ioco dio los h utos esperados. La diversidad de corrientes, de clases sociales e incluso de opciones sexuales t|ue aparecieron en el Fíente, la negativa para nego­ ciar entre ellas, la aversión a las jerarquías y la no concordancia con una plataforma común hizo que las pugnas se volvieran interminables, que los desacuerdos allotaran y que no se alcanzaran consensos. Pero, hay que re conocer que la formación de este organismo empujó a varias mujeres a dai

de ,|,HMiii.iii.iliv. ...ii i< 111:1111.is claramentefeministas.Abordaron (curas ,.,1,11 p.11.1 esos enm* el aborto (COMÍ ir mujer*. 1975197», de Rosa Martlw 1.1 ii.unl.v).. I ir.ibajodomestico (l'irioien laaxim. 1977.de Bcairiz Mira y ' " ' " 'lei\«nrl. H1B2. de Ángeles Necocchea), la violación (Rompiendo díileiuii). I!l7!t. ilr Rosa Maulla Fernández) y la prostitución (M> n por gusto, 1980. de Mari Carmen de l.ar.i v María Eugenia lames). En 1981 Sonia Friiz
presentó /Jprimera t « . docimienin lílmico sobre el Primer Encuclillo Na-

difusión lucra de los circuitos universitarios y políticos, pero apoyaron la .-ansa leininisia en los espacios donde se pudieron presentar.

ruban las formas verticales de 11 abajo —de la misma manera epu lo ha< r.m I-I sus. el H U Í y La Revuelta— y la lalia de organizai ion. Decían <|iie el desgaste di: los otros grupos feministas se debía a la falta de estriu tura \ al hecho de que no podían sobrellevar los problemas cotidianos.1' De ahí que el grupo se abocó a crear círculos de estudio c investigación. No tur hasta 1978 cuando decidieron integral se al Fnalidni y buscaron un nombre que hiciera sentir que había mujeres con una visión feminista y marxista que pugnalian por un cambio social.

For esta misma época se runfiírinñ un gru|K> numeroso de mujeres: d Crii|H> Autónomo de Mujeres Universitarias (CMttl). que reunió estudiantes
de distintas facultades de la UNAM, y que <n 1U70 participó en el Fnalidm.

Entre sus integrantes había mujeres con militancia política en partidos de izquierda.*7 areptalun la doble tiiililaueia y estaban determinadas a hacer trabajo hacia afuera. A pesar de su número, que excedía a cualquier grupo feminista, descuidaron su trabajo en la universidad en que las llevó a ¡»rdcr adeptas. t i fin de la primera década de vida del nuevo lemi len(¡a de una gran variedad de corrientes coincida esgrimía y que a pesar de ello se presentaban irreconci

dar a conocer la praxis feminista en diversos espa­ dantes al sector público, a ;:iiin en universidades y muios espet iali/ados. w a la ion de proyectos pioductivos financiados por fundaa la incorporación en la escena política de mujeres ares populares, campesinas, trabajadoras, sindicalistas y de los movi-

rKS-3*^
ilaRcgK>i!.i]<lcMuj«o<

que imprimió demandas de género ;i las «Ir mujeres.41 En esta etapa ir vertientes del movimientofeministaestaban vigentes; las feministas hist ricas, de las que liemos hablado, las |K>pularcs y las sociales; estas última integradas en Organizaciones No Gubernamentales. mica causada ¡>or la baja del precio del petróleo, el proteccionismo hac

fue el trabajo que venía desarrollando CIWIAI aunado al de grupos pnwt-

n'K-nus de la Comunidades Celcsialcs de Base (Ohs) y de In Iglesia católica progiesista, que convocaron al Primer Encuentro Nacional de Mujeres de a t o r e s Hopulairs en Mévico en I9K0'- Asi. el movimiento ..mpli.. de une dará influencia de sus propuestas. Esta nueva conliguracion uiosiró que las feministas debían rceulócar sus prioridades y rcfs11111.1111.1r su campo

tito social popular adaptando sus ejes de lucha

liliraf (luMn. 1997: filj. Ktd dr MuciciAn Ptipular. E

a las necesidades de estas mujeres —comra la carestía, contra la violencia hacia las mujeres por la educación de los hijos etcétera—, dejando de lado, por el momento, la lucha por el aborto. "Se comenzó a elaborar y reclaboiar un lenguaje sobre la condición de la mujer y sobre los propios problemas. Este lenguaje incluía una perspectiva feminista y una popular: el genero y la clase' (Lamas. Martínez. Tarrea y Tuñtin. 1994:26). naturaleza: el sismo de 19(15." que propició el establecimiento fie un nexo más estrecho entre feminismo y mujeres trabajadoras. I J>S sismos sacaron a relucii las contradicciones del desarrollo urbano de la capital —y |K>r tanto las terribles condiciones de trnlnjo a que estaban sometidas muchas trabaque el estilo de trabajo de las feministas |>opiilares se incrementara. Otro eje de acción se constituyó a partir de un movimiento que intenta­ ba la democratización del país y que se gestó a partit de la coyuntura eleclotal de 1(188.''' 1.a exigencia «le transparencia. de ma\or pai tiup.irión política de los grii|H>s de oposición, de la reactivación del p;ijM-l del Estado y su le­ gitimación y (le la recuperación de la economía |ropul.n. fueron demandas que aglutinaron a una mayoría de mexicanos cansados de la hegemonía ilc un partido fínico. Kstc movimiento despertó el activismo feminista, que

puesta consistió en accione! ! colectivas que llevaron a la creación de n agenda política con reivindtcaciones de género, donde empezaron a inc potar, además de las fieman das propias, la defensa de los derechos liun

k» punidus qiic «míormaron el

nos.15 ANÍ, se formaron varios frentes que defendían la lucha por la demo­ cracia y que pretendían negociar demandas de mujeres con los partidos políticos < • incluso con el Ksiado. Las feministas, ames aisladas y ajenas al accionar de la política, extendieron su praxis a demandas sociales y de géne­ ro. "La necesidad de mujeres organizadas en torno a demandas de género ik dotarse de un pcrli! |Hilítit:o mis claro y de trazar pautas pata la partici­ pación en esta búsqueda democrática, explica el surgimiento de varios or­ ganismos frentistas" (Tiiñón, 1990:15), que definieron como ejes de lucha: vida, demandas que el mo\ imiento liabiarenidocuarbolando de.sde sus ini­ cios. Asi surgieron tíos grandes organizaciones femeninas eolit sionadoi as: la -Cooidinadnra Benita Caleana" que agru|x> 33 organizaciones femeniles urbanas, sindicales, de ONO y de partidos políticos, y "Mujeies en Lucha por la Democracia", integrado ]K>r feministas, académicas universitarias y

<le Mujeres poi la Dcmuí rafia.

mo transformándose y uniéndose a los movimientos por la democratizan del país, al tiempo que se da una reorganización de los grupos y de las ricutes feministas. El campo de acción de las feministas se ensancha, su luencia simbólica |>ermea conciencias y acciones de innumerables per­ as y porfinsus propuestas se conocen, aunque también se las despoja de ucnido. La plataforma de acción de Deijing (1995) permitiría que las rundas de género se difundieran al recomendarse la creación ,de meca mos estratégicos para eliminar todas las formas de discriminación.

u fue alio. Uc 500 d.|Hiud<«, liubn 61

Es |K>r eso que encontramos a las feministas históricas («upadas, ya sea la política, y al movimiento popular de mujeres Halando también de incidir en la política y de transformar su vida cotidiana. Al mismo tieni|>o se di. funde un movimiento que encat>czan las mujeres campesinas c indígenas, que a raíz del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN) en 1991 dieron a conocer la I ..y Revolucionaria de las Mujeres, en

la que develan su subordinación y Halan de hacer oír su vw reivindicando demandas específicas de genero, como el derecho a elegir libremente pare­ ja, ejercer cargos públicos o decidir sobre su sexualidad. E¡ hacer encajar etnia, clase y género deiitio de su piaxis polilií tas politieas, a partir de su participación en partidos político:

ellas lograron superar las diténiícias y establecer alianzas coyiuiiuiales para participar. Una victoria obtenida de las acciones del movimiento fue la aprobación, el 12 de julio de 1990, de las reformas al Código Civil en lo relativo a delitos sexuales. A Hnalcs del año un suceso contravenido provino del estado de Chiapas, donde se permitió el alx>i lo | » r razones de planificación familiar y en caso de embarazo imprudeucial. La reforma (linó un lapso muy corto, pues tuvo que cancelarse debido al escándalo que causó." En esta década el movimiento feminista inicia su institucionaliución,47 se incorpora de lleno a la academia, participa en la política formal por me-

>r<«iw:iinicÍjdcd«|vnalÍMi

¿¡o de coiisulim fas a organismos guliernamcntalcs o comisiones de trabajo aiti luncionarias y militantes |K>líi¡cas; proliferan también las organizacio­ nes no gubernamentales, a las cuales se integran feministas <|u<- desarrollan uabajos l,c protuorión, producción y salvaguarda de los derechos humanos je las mujeres. Surge un fenómeno singular que caracteriza el activismo feminista: aquellas que. estando en el movimiento, se integran en los orga­ nismos gubernamentales y de la sociedad civil que (ralMJau con variedad de tópicos —como la salud sexual y reproductiva: (Tarrcs. 2001) aquellas que se incor|M>ran a militar en los partidos |xilíticos y las académicas y que se convienen en asesoras y transmisoras de las ideasfeministas.Además, se empieza a crear una clientela feminista compuesta pin -jóvenes mujeres v algunos iKMihrrs que ingresan a laborar en las instituciones y organismos gubernamentales que están convencidos de que impulsan la pcrs|>eciiva di­

urno una clara política alirmativa. se constituye en 1&I8 el Programa para la Participación Equitativa de la Mujer en el Distrito Federal, como i estilla­ do del Plan de Igualdad de 0|>oriunidades para las Mujeres expedido por el Gobierno del Distrito Federal.'19 Al mismo tiempo, en cada una de las 16

delegaciones que componen al Distrito Federal se abren Unidades Delega. c.ionalcs del Ininujercs. Será hasta 19ÍW cuando el Froinujc.- se transforme en el Instituto de la Mujer del Disiriio Federal (Ininujercs »r). Se trahajn promoviendo los derechos de las mujeres y se busca la toma di- conciencia de las usuarias a partir de "líneas estratégicas que tienen el cometido de trabajar sobre los factores i|iie mantienen a las mujeres en una posición de desventaja: la violencia hacia las mujeres; la falla de salud integral; | a falla de organización para reivindicar los intereses de género: la falla de recursos económicos propios: la falla de apovo para la atención y cuidado de las hijas c hijos, debido al rol de madre y ama de casa' (Fumigo. 2003: ÜO). Esta manera de «|>crar |X-nnilió que este organismo ganara terreno en la ciudad capital i: incidiera en las condit iones de vida de las usuaiias. —generalmente de sectores económicos bajos—, mediante los servicios

Fiir decreto presidencial, en 2001 se creé) el Inst iluto Nacional de las Mu­ jeres. organismo que tiene por objetivo "identificar, sistematizar y evaluar. en el ámbito nacional y ame los foros iuiei nacionales, las ai ciones ) eslraAmbas instancias están desvinculadas y no mantienen nexos entre sí, no obstante las dos nabajaii con perspectiva de genero y buscan transversalizw sus arciones: podríamos aventurar que establecen una especie de competen' cia, aunque la local es operativa y la nacional sólo normativa. Las feministas se han integrado a la |K>lítica, para lo cual han desarrolla­ do diversas estrategias. Una de ellas fue la formación, en 1009. de una agru­ pación política nacional. Diwrvi. que pretendía incluir en las plataformas de los partidos una agenda feminista capaz de negociar leyes y políticas pú­ blicas que garantizasen igualdad de >rato v oportunidades para las mujeres. Oe esta organización se derivó en el 2000 "México Posible", primer partido con orientación feminista, avalado por ]>crsonalidades de la sociedad civil y

M

lninujm^lVw;iVbnw^Lofcra2«)tM«IJ.KI¿xico.lniiiujcio.iii«»> ile 20O2, |>.40.

femenina a i r a » de la equidad en la participación y en la repnsentaiividad. Las comisiones de Equidad y Género del Congreso de la Unión y de la Asamblea de Reprímanles son logros con clara influenciafeminista.A partir de IU98 se conformó el Parlamento de Mujeres dr México, compuesto por legisladoras de los diferentes partidos y como una instancia legislativa gWativas que contribuyan a «liinii de género y promover políticas y ac U aplicación de leyes y programas I educación, nabajo, cultura, aliineu

ciera haberse desplegado ei sidencia de la derecha.-" su actividad se ha visto obstaculizada a causa de la rio ¡a Iglesia católica— hacia las reivindicaciones feministas. Este retroceso es palpable en lodos los ámbitos de lucha: la violencia comra las inujcns se ha exacerbado." las políticas de salud reproductiva se han detenido, y proliferan los grupos que van en contra de los alcances para las mujeres. Asimis-

Li república, f I (¿uo de Ciudad J I I Í I M y del Estado de

cambiar el discurso de la equidad por uno más tradicional y contrario a los presupuestos que las feministas han venido esgrimiendo. Kn este sentido, la labor de reiroalimcniación feminista lia recaído so. luí- las m;eanizai iones de la sociedad civil, la academia y las llamadas femi. nulas ¡iiile|>cii<lieiiies" que son quicnirs, mediante la difusión intermíteme di- las irivinilit.il '■■•iii-s. intentan paliar los discursos de la oposición. Ksias

i iiiilriili .I.II.III l<iM|iii-lniM'aii iuriiliren la salud reproductiva mediante la

fundanicntalisi.is ih- l.i <l. 1 1 < h.i lodo ello hace qur. jumo con su trabajo, tengan que pcrmanei ci alertas aun: las provocaciones de que son objeto. Desde 200'!. las feministas llevan a cabo estrategas para impulsar sus pro' puestas mediante ■ enmones amplias de reflexión en las que participan mu
¡eres académicas y de las ONC.'S, quienes se juntan para discutir y concertai

acuerdos en problcmátit as que afectan a las mujeres, buscando posicionar sus pumos de vista en el debate nacional para ¡niin-porar el enfoque de género en la agenda política. Asimismo, han intentado sensibilizar a dipu­ tadas. senadoras y gobernadoras a partir de cni neutros5'' que buscan ínterson la reforma del Estado, la elaboración <ic presupuestos con coloque de

radas por la gobernadora pcrrrditu

la disposición que existe |x>r establecer puentes para abrir un diálogo CJIIO

prnniía plantear reivindicaciones consensuadas que deriven en propuestas en beneficio para las mujeres. Una evaluación de esets décadas nos lleva a pensar que los problemas y los lemas planteados siguen vigentes. La praxis feminista ha tenido sus bemoles y la* lácticas elegidas no siempre lian sido las ademadas para posiciiKiarsc en el escenario público y establecer un diálogo con el Estado y con h sociedad en general. Si bien el di.* urso feminista lia logrado incidir en alguno» organismos estatales, se lo ha retomado y cooptado para explotarlo a su antojo y conveniencia. El reto para las lémir.isias debiera a i comri lirsr en una fuei/a política capa¿ de ser interloeiuoia y plantear poliiú.is públicas en beneficio de las mujeres. Ofrecer alternativas y permear con sus tienen que enlremar.

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Heredero ele la tradición gubernamental española. desdi- uu-iliailin ih-l -a glo XIX México se esfomi por separar el Filado »t«- la Iglesia «amlii .1. I..i generación librr.il. que v-gúii Carlos Miinsiv:ii« !•• impune a la n.i. imi un
a la tana de formular leves que plasmen esa uue\.i YÍMIIII. hiinriejiduN

las reglamentaciones de la época se cnconliaban ideas sobre el 1

ni de l.i

mujer, su vulnerabilidad bi lógica constitutiva y otros aspectos relaciona­ dos con la diferí-liria sexual. Fernanda Núñei encuentra en el último iciei» del siglo xix una "proliferación de ailículos. tesis y ensayos médicos sobre el aborto" cu México (2008:135), muchos de ellos producto de la influencia del positivismo francés y de las cqriicnjes higienistas. Para esta historiadora ese es el momento en «pie: los médicos cobran conciencia de su papel en la sociedad y de su gran ascendióme. en las familias, |K>r lo cual sus publicacio­ nes tienen <|ue ver no sólo con la obstetricia V la medicina legal sino también con la moral. Los documentos que estudia Ntiiir?. muestran un claro interés de los médicos ante el dilema de los distintos ti[Kis de aliono. los espontá­ neos y los provocados"

Hay que recordar que en 1871 se promulga lo que Edu:ir<lo tarraza califica como el "primer código penal netamente liberal" (200.1:21). En este código, llamado Código Juárez. |>or primera vc¿ el abono se clasifica en un apartado distinto al del homicidio y, para el Distrito y Territorios Federales, se ronsidera necesario cuando de no efectuarse con a peligro de muerte U mujer (art. 570). no se castiga cuando el aborto es imprudcncial o culposo (an. 572), y «I aborto intencional tiene atenuantes por cuestione;, de honor: que la mujer no tenga mala fama, que hay» logrado ocultar su embaí a/o y Barraza señala que el CódigoJuáiez dominó |x>i muchos años la legis­ lación |M'iial niivicana hasta que fue sustituido |k>i el (iódigo Penal |wra el Distrito y Territorios Federales de 1931. Pese a que la Constituí ion de 1821 establecía el federalismo y, por lo tanto, que cada estado redactara sus leyes

punible el abono cuando el embaí a/o fuera resultado de una violación (an. 333). Ksta exculpación de responsabilidad ¡«nal introdujo una importante variable de ética laica (De la Barreda I W I M I ) . producto de la influencia de juristas de tendencia socialista sobre el Código Penal de 11)31. ■ "

del siglo sx en 11)10. en la esfera política de México campeaban los valo­ res socialistas. A lo largo de los años veinte y hasta mitad de los treinta hubo violentos enfrcntaniientos por la prohibición de la existencia legal de la Iglesia y la guerra cristera desemliocó en un "acuerdo de caballeros' que permitía la existencia de conventos, monasterios ) escuelas religiosas mientras no se exhibieran públicamente. Sin embargo, el discurso reli­ gioso estaba prohibido en la esfera pública. Eso permitió la introducción

de las |x>nciKu» del Primer Congreso Higiénico IVdagogico de 1882 hasla diwrsas íes» <l Medicina. CiriiRiayOliucliici» (Meiwxal, 1869: Othm y Tapia. 1881; (lima. 1885: Mcn don. 1887; Marra. 1898). asi como artículos ntiHIkado» en la Caería Medica del M M * (Soriano. 1867: Ak-oria. 188% Montano. 1916: Ripiaos» de los Heve». 1925). de la íxucl Nacional de Medicina (Crui. 1897) y efe lá taciillad de Medicina de Fuella (llúnei. IS8S

nenalización cuando el embarazo fuera producto de una violación. Piro amo la mayoría de los abonos no se llevaban a calió por las razones acep­ tada* (por violación, cuando el abono se hubiera causado por impruden­ cia y cuando se realizara para salvar la vida de la mujer) sino por una más u» embarazo), esas causales de no penalización no resolvían una práctica clandestina y riesgosa. Esta situación hizo que, cinco años después de <|ue se expidiera el Códi­ go Penal de 1931, durante la Convención de Unilicarión Penal (1936), la doc­ tora Ofelia Domínguez Navarro propusiera que se derogara la legislación penalizados (Cano. 1990). Kl texto, titulado "Kl aborto por causa.» sociales y económicas', tomaba como eje la injusticia social y concluía que el abono era un problema cuya reglamentación compelía a la salubridad pública y no y la llevaron a otros foros. Por ejemplo, la doctora Matilde Kodi ígucv Cabo ilegal ante el Frente S<x ¡alista de Alwgados. y repitió la argumentación de Domínguez Navarro: liay que despenali/ar. 'z- La reivindicación salió del debate político en la medida en que el Frente ¿tínico Pro Derechos de la Mujei se concentraba en la consecución del sumédicas. H u í » que espetar al resurgimiento léminista de los años setenta.'' ruando el activismo de los grupos que se unieron en la Coalición de Mujeres Feministas se articuló en torno al reclamo del derecho sobre el propio cuer­ po (Lau. 1987; González. 2001; I -unas. 2001). Tres demandas concentraron los reclamos: a favor de la maternidad voluntaria, contra la violencia sexual y por el res|>eio a la libertad sexual. En 1976. las feministas acudieron a la sede de la Cámara de Diputados de Donceles con el proyecto de ley sobre "Maiernidad Voluntaria". Como ningún partido de izquierda tenía registro legal, se entregó al representante delreí.mismo que velozmente lo despa­ chó al congelador.

Ese mismo año el Consejo Nacional de Población había convocado a un
Grupo Inici disciplinario para el estudio del Abono (CÍA), compuesto por

más de 80 especialistas, demógrafos, economistas, psicólogos, médicos, abo­ gados, antropólogos, filósofos, un saccrdoie católico, un pastor protestante y un rabino judío. Kl c u culminó sus trabajos en la ciudad de Qucrélaro con la recomendación de suprimir toda sanción penal cuando el abono fuera voluntario y expedir llorínas técnicas sanitarias pertinentes para ofre­ cer el .servicio. Luis Echeverría hizo caso omiso <!e tal pronunciamiento y además ordenó que no se diera a conocer. Lasfeministascontinuaron su lucha: organizaron las Jornadas Nacio­
nales sobre AIHMIO. dieron conferencias y realizaron marchas.' En 1979 se

crea el Frente Nacional de Lucha por la Liberación y los Derechos de las
Mujeres OTNALIUM), que se suma al proceso de lucha por la dcspcualizacióii

del aborto. A pesar de sus diferencias, la Coalición de Mujeres rcininisias y
el IR\UD>< reforman conjuntamente el proveció de lev que las organiza-

(iones feministas habían presentado en 1976; el siguiente año lo llevan a la fracción parlamentaria del Partido Comunista (que había ganado su regis­ tro en la reforma política) para que isla lo presentara, |icio manteniendo el nombre de -Maternidad Voluntaria* (González:. 2001; Lamas. ÜÜ01). Esto' desató una feroz, campaña de la derecha, con carteles con las lotos de le* dipuiados y el lema "Estos son los asesinos-. En 19t)¡). durante el gobierno de De la Madrid, la Procuraduría General de la Kcpñblica, la Puntuado™ de Justicia del OF y el Instituto Nacional de Ciencias Penales proponen una reforma al Código Penal en materia de aborto, que es frenada por el escán­ dalo que organi/a la Iglesia católica (Tai rís ti al., 1901). En 1989. durante el gobierno de Salinas de Cortari. unos agentes judi­ ciales llegan a una clínica donde se practican aliónos clandcsiínaiiicnie, deiieueu a algunas mujeres que acaban de abonar y al (manual medico y víctimas decide denunciar y se genera una reacción social de indignación. El 5 de abril las feministas publican un desplegado en Esalsior. Lajtmaday El Día, lirmado por una pluralidad de mujeres: funcionarías gubernamenta­ les. artistas e iiitcleciualcs, |inlíticas del mu y delraí,yfeministasde variado

signo. Kl desplegado genera una ola de adhesiones externas y el Secretario de Salud invita a algunas de las firmantes a tina minian que termina en un mero acto ritual, donde se confirma el desinterés total del gobierno por abordar seriamente el problema. En diciembre de 19ÍI0, la prensa nacional da a conocer que el Congreso de Chiapas. con mayoría priista, amplia las razones por las que el abono no lia de ser punible: si lo solicita una pareja con elfinde planificación Además del apoyo de intelectuales y científicos de primer nivel hay prontindel Trabajo. I j Iglesia católica reacciona con una manilesiacióu de protesta
ycondena a las feministas <IIH- "proiuovicion la ley". El Congreso local "con­

gela- la nueva ley y la mi na pai a dictamen a la Comisión Nacional de Dere­ chos Humanos, presidida por Jorge Carpiío. quien se niega a dii taminai la,

Como respuesta :i lo <x tu i ido en (Chiapas. el 8 de enero de l'Jíll la (!o«>r jindicalcs, femeninas, etc.. fundan el Frente Nacional por la Maternidad Voluntaria y la Despcnalización del Aliono. Fl 13 «le enero, el Partido de la Revolución Democrática (r»n) loma ¡xn unanimidad una resolución fa­ vorable a la dcspenali/atión <lel aliono. El 15 de enero se realiza el primer acto público del Frente Nacional por la Maternidad Voluntaría y la Dcs|>c
nalización del Abono (FXHVD.I): una marcha de protesta |Mir la sus|K¡isión

de las reformas chiapanecas, con la consigna 'Yo be alionado". Las mujeres que llegan hasta la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y derechos reproductivos, incluyendo el aborto, como derechos humanos de
El resto del año hubo mucha movilización: en mayo, el FMIVDA hace un

plantón en la sede de la representación del gobierno de Chiapas en el OF. En ¡unió se lleva a cabo el Primer Foro Nacional por la Maternidad Voluntaria
en Chiapas, organizado por el Frente Chiapancco y el FNMVUA. con el apoyo

de Católicas por el Derecho a Decidir. El Foro concluyó con lafirmade un

documento que se dio a conocer como Poeta Federal de Chiapas. En agosto se realizó una jornada por la maternidad voluntaria que induró una con leren­ da de prensa en la sede de la representación di- Chiapas en el nr y un acto en el monumento a la Madre en la Ciudad de México, donde se colocó justo debajo de la placa con la leyenda: "A !a que nos amó aún antes de conocer. nos*, otra placa feminista que dice: "Porque su maternidad lite voluntaria". Por otro lado, Carlos Salinas de Cortari reforma el articulo 130 de la Constitución, que impedía la existencia jurídica de las iglesias. 1.a medida. argumentada como "moderna", establece la lil>criad de creencias y da a las iglesias la |K>sibilidad de ó]ierar abicriamcme. Un grupo de intelectuales. previendo los conflictos por venir, publica un llamamiento donde sefiala una serie de cuestiones que también la Iglesia católica debería resiietar, entre las cuales se encontraba el derecho a decidir sobre el propio cuerpo.5 Poco después, algunas feministas, preocupadas por las consecuencias previsibles de esa relot ma constitucional, deciden formar un gi upo de indal disciitso arcaico y amat illista del Vaticano y susaliados nac ionales. y nace
el Crtt|K> de Información en Reproducción Elegida (UBI:). 0 Para contar con

IK-rsonalidad jurídica, se constituyen legalmeiite como una asociación sin­
fines de lucro en abril de I9UH. CIKI: funciona como esa "minoría cuusiíu

tente" de la que habla Sci^e Moscovia (19RI)7 en Píinli^ia «V las tunónos

*Sus«Ajemos estaban alimentarios por tres ideas: I) Intiodurir un nuevo diu uiso v>tac atoro. Retomando rl icñalaiiiieniu de Saúl AlintLy (1ÍI71) de lene: ohjflñw radical** uero

nHaai. Moscovia señala que las Cuentes de influencia desencadenan pro­ cesos cognitivos que lienen efectos transformadores sobre el proceder de los demás miembros del grupo social, y que el estilo de comportamiento adoptado |K>r las partes al defender su punto de vista es más decisivo que su pertenencia a una mayoría. Moscovia subraya la im|xirtancia de una con­ estí enjuego simplemente un intciramhio de in intercambio de inlliK-ncia y otras cucsi como el piestigio. abre un horizonte nuevo para compre ¡¡AfHoa? Desde esa concepción, owt armó una red <lc a

implicados principios dcmociáiicosfundamentales: la libertad de condén­ ela, el laicismo y <:l derecho a la no intervención del Estado en cuestione;, de la intimidad y pi ivar ¡a. También se relacionó i:on organización» hermanas Ea-Améiica latina. En los encuentros feministas laiinoamcricaiios y del Ca-

S

,junto con el fui lalccimicuio de los lazos políticos de solidaridad regió­ se había planteado la conmemoración de lechas para anicular arciones

de manera conjunta. Así. en IODO, durante el V Encuentro en Argentina, se fijó el día 28 de septiembre como "Día por el Derecho al Atarlo de las Mu­ jeres de América Latina y el Carilie". siguiendo el esquema del 2fl de mayo. Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.10 El '>8 de mayo de W9S, cerca de Ü O organizaciones en la Ciudad de México se constituyeron

ilr Mujer» por lia Dcrnhol Repfoa7ku;t

en la Red por la salud de las mujeres del Distrito Federal. I creada la Coordinación Regional de la "Campaña 28 de septiembre |x>r Li despenalizat ion del aborto en América I fitina y el Caribe". Bajo los lemas "l.as mujeres deciden, la sociedad i espeta y el Estado garantiza"" y "Anticonceptivos para no abortar. Almrto legal para no morir", la Campaña 28 de septiembre ha sido sostenida y alentada por sirte redes regionales de mujeres y organizaciones de 21 naciones. I j coordinación de la Campaña es rotativa, y cuando le correspondió a México, la organización que se hizo
cargo fue CHE (de 1B91 a 1SW7). Desde dicha coordinación «IRÉ organizó,

en 1007, el Primer Kntiii-ntrn Latinoamericano de Periodistas sobre Dere­ chos Sexuales y Reproductivos. Otro elemento que aprovecharon las feministas fueron las con lerendas internacionales de Naciones Unidas, la de Población y Desarrollo (El Cairo, 1991) y la de la Mujer (Beijing. 1995), que representaron un escenario deci­ sivo para legitimar la discusión pública sobre el aixtrto. El Piograma de Ac­ ción de Cairo pictendíaque se reconocida la giavedad del aborto realizado en condiciones ilegales. Esta pequeña declaración, que abanó «llámente un desarrollo integral dirigido a erradicar bis desigualdades y que aborda cuestiones de salud, alimentación, educación, protección de derechos y qbUi, gaciones de los países, lúe magnificad» |xn el Vaticano como la im|H>sicióñ de una política criminal de aborto legal. La campaña desplegada por el Vaticano en los medios de comunicación fue intensa y terrorífica.12 Tero alfinallodos los paístx lograron un consenso, excepto [rail ¿.Malla. Asi, El Vaticano perdía esa l>aialla: en el párrafo 8.25 del Programa de Acción <lc la Conferencia In'ci nacional de Población y Desarrollo (El Cairo 94) quedaba

consignado que el aborto inseguro es un grave problema de .salud pública, » que donde es legal delic ser asequible y seguro. Entre los rcsnluti»» de irsta Conferencia se planteaba la necesidad de •Considerar la posibilidad de revisar las leyes que prevén medidas punitivas contra las mujeres que han tenido abortos ilegales". Así, en 1995. cu vísperas He la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, el Secretario de Salud, Juan Ramón de la Fuente, declaró que el debate del aborto no estaba cerrado, que era un serio pinlilema de salud pública y que debía ser revisa do por el conjunto de la sociedad. El escándalo un se lii/o esperar. Norbcrto Rivera, arzobispo primado de México, declaró "equivocada" y "errónea" la tendencia del gobierno mejicano de querer abrir una discusión en torno a a los mexicanos". La (leí echa impulsó declaraciones apocalípticas y marchas alaHasílica. Tara la Conferencia de Beijing, la jerarquía católica decidió pelear con sus propias mujeres e impulsó la creación de varias organizaciones Icmcni,1.15 que comulgaban (liieial y mentó™ amenté) con ella. Éstas se enfrenta ron ,i las feministas en la Carpa de o » , en I luaiiuu. I'cm pese a lodi» los es­ fuerzos del Vaticano, la Plataforma de Acción de la IV Conleicncia Mundial sobre la Mujri (Heijing) leaHrinó el contenido de El Cairo. Especialmente

"Los abortos realizados en condiciones de riesgo ponen en peligro la vida He muchas mujeres, lo cual representa un problema de salud púbika grave. La

en salud, incluyendo métodos seguros y efectivos de planificación familiar y

Además, la Plataforma de Acción agregó la recomendación de que los piíses revisar tn las leyes que penalizan a las mujeres cuando se someten a aliónos ilegales (párrafo 106 K). rendas de Naciones Unidas resultó muy |H>siiiu> |xirquc se obligó a los go­ biernos nacionales a tomar posiciones respecto de demandas ua< ionalineuic

acalladas, como el abono. Y la influencia de las Conferencias lia sido muy amplia: en 1999 los países integrantes de la (:EPAL so comprometieron a for­ mular programas específicos para la salud de las mujeres, en el marco de los acuerdos de Cairo y Kcijing, y hasta la fecha se revisa el cumplimiento de las resoluciones establecidas en dicho.-, acuerdos por pane de los gobiernos. Para l'J'Jfi, el discuno público sobre el al>orto en México había cambia­ do. La Red por la salud de las mujeres del DF estaba activa y organizaba ac­ tos públicos para el 28 de majo (Día Mundial por la salud de las mujeres) y el ÜS de septiembre (Día Latinoamericano por la des|>cnal¡zación del almilo), CIKE hacía publicaciones y talleres pata médicos, abogados, periodistas

y legisladores. Otras organizaciones ciudadanas difundían discursos desde diversas perspectivas sobre el derecho a decidir en materia de sexualidad y reproducción. Es de icsaltar que en una culttua donde la cúpula consola­ dora del catolicismo pesa tanto, la labor crítica de Católicas por el Derecho a Decidir ha sido especialmente útil. Ku )W7 las plataformas del ron y del Partido del Trabajo (IT) incluyen la drspciializacióu del aborto como uno de los elementos de la "maternidad voluntaria'. Además, en ma)0 de tsc uno el candidato del r-Ru al gobierno del w. Cuauhiéinoc Cárdenas, y las ¡niegrantes do la Red por la Salud de la» Mujeres tlel Di. una de las coi nenies más activas del movimiento feminista. mexicano, sostienen una reunión donde Cárdenas lii nía la realización de una consulta pública sobre la reforma de las lijes sobre el aborto en raso lie resultar electo. Cárdenas gana la gul>ernaiuni del Distrito Federal con cuarenta y dos |K»r ciento del voto, lo que le da al mu una fuerte mayoría
en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ÍLIIF). Por primera ve/, se da

un contexto político tan favorecedor a un cambio en Ir. legislación.

Con la llegada de (ordenas, las organi/ la 'Campaña de Acc lesoalajusiicb.par.n ñor reformas en cinco áreas: derechos i l
is Mujeres" (C.*JM) para propr

del urna del abono y promueve un diálogo entre los legisladores delreny algunos del Tañido Kcvolucionario Institucional (mi), de cara a presentar una propuesta do ley orientada a modernizar el Código Penal del nf. La ¡dea n a incluir las excepciones que ya existían en otras entidades federati­ vas: malformaciones del producto y salud de la mujer. Los legisladores de la AI IX tenían la responsabilidad de ixdactar un nuevo Código Penal para el Distrito Federal, pues el vigente había sido redactado en 1931 y. aunque fue reformado muchas veces, las cláusulasreferentesal abono habían per­ manecido intactas. Por ello, la legislación sobre el abono pal a el r>F era más restrictiva que la di- las otras treinta y un entidades federativas." La tarea debía culminar duiame el periodo de lies aíios de dicha legislatura, que

; medios de

rante la reforma del código penal y, con elfinde no aléctar la discusión, los legisladores de la AI w ni siquiera tocaron la propuesta feminista. Preocupado por la negativa de los partidos a enfrentai el problema,
cute encarga una encuesta de opinión a ABCW. compañía previamente

contratada por el P H . Se elige la misma emptx;sa con elfinde disminuir la posibilidad de que ese partido cuestionara la valide/, de los resultados que. reformas, el Ptu> contaría con el apoyo del 71 por ciento en el caso de mal-

formaciones fetales y (¡S por ciento en el caso di: riesgo para la salud de la mujer (ciut/ARCOH, 1909). Sin embargo, elreí)no quiso acicatear la ira de un enemigo político u n podcioso como la Iglesia católica m e l a n t e s de una elección presidencial en la que tenía puestas grandes esperanzas de ganar. Por eso no cumplió su promesa de organizar una consulta pública sobre el aborto, optó |K>r el silencio, y lasfeministasasistieron consternadas a una nueva postergación de! debate público en ionio al abono. Pero una serie de circunstancias convirtieron al año 2000 en el año del dclwte sobre abot lo. Lo primero fue el caso Paulina.14 una adolescente de trece años violada en Mes ¡cali. Raja California, quien dos horas después del madre y su hermano. El acia consigna que había sido desdorada y que pre­ sentaba himen desgarrado por la violencia. Paulina queda embancada y so­ licita, con el apoyo de MI madre, el abono legal al que tenia derecho. Treinta y citano días después de la comisión del delito, el Ministerio Público gira medio meses después de la violación Paulina ingresa al Hospital Oncral de Mcxicali, donde se Ir mantuvo durante toda una semana mientras la admilina recibió la visita de dos mujeres que pretendían ser tepre.seiitantcs.defc Sistema pata el Desarrollo Integral de la tamilia (i«r). y que le mostraron « grotescofilmde Pro-Vida "El grito silencioso", haciéndola concentrante des­ pués .-n una imagen de Caisio. Posteriormente, el Procurador General del F.siado de Baja Calilbrnia llevó a Paulina y a su madre a visitar a un sacerdo­ te, quien les explicó que el abollo es un pecado y constituye un motivo de excomunión. Pero Paulina y su madre siguieron insistiendo en su derecho al aborto legal. Minutos antes de la intervención programada, el director del hospital llamó aparte a la madre de Paulina y exageró los supuestos riesgos del aborto, diciéndole que su hija podía morir a causa de la intervención y que ella seria rcs|K>nsab!c de su muerte. Esio la atemorizó hasta el punto de desistir a que se le practicara el aborto a Paulina.

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bles. Voy por panes. Un mes después <lc las elecciones presidenciales, la urde del .1 de agosto de 2000, los legisladores del PAN del estado de Guanajua. to aprobaron16 una inédita enmienda al código penal, orientada a castigar el aborto en casos de violación, con penas y iniilvis para la mujer y la persona (|ue practican el aborto, a <|uien también se le suspendería la licencia para la piáctica médica mientras estuviese en prisión. Dicha reforma debía entrar en vigor el I de octubre, <-n cuanto la suscribiera el gol>eruador del otario, quien tenía diez días para tomar la decisión a pai til de la fecha en la que la le­ do la sociedad guanajuatcnse. el gnbci nador interino de Ctiauajiiato comisio29 de agosto anunció su veto a la reforma de ley. También en agosto de 2000 el aborto fue tema central en «I DK Una vez (|uc se celebraron las elecciones presidenciales de julio del 2000, las fomíra interina del Distrito Federal. Rosario Roble». Ésta convocó a una sesión
extraordinaria de la AIJIF para incor|K>rar al código |ienal las causales de

fetal y el riesgo para la salud de la mujer. F.l i m que hahia evitado el tcJttt durante la carrera por la presidencia, aceptó entonces promover la reforma y la mayoría peircdista en la A I W legisló a lavor el IR de agosto. Esta refor­ ma, conocida como la Ley Robles, significó tres ampliaciones 1) de |>eligrc de muerte se pasó a grave riesgo a la salud de la mujer: 2) se estableció c aborto por malformaciones del producto: y 3) se planteó la invalidez de tu embarazo por una inseminación artificial no consentida. Además, se est: bleció en el código de procedimientos penales <|uc el Ministerio Públic sería el encargado de autorizar el aliono (liando éste fuera legal. Como era de esperarse, el aizobis|K> de México y otros dirigentes de Iglesia católica hicieron declaraciones públicas en el sentido de que lod; las personas que estuviesen implicadas en la promoción del aborto seríí

excomulgada» (le manera sumaria. Toen después, el '¿S de septiembre del mismo año, 17 diputados del PAN y cinco del Verde Ecologista interpusieron
un

juicio de incunstitucionalidad comía la llamada L*y Roliles. La Suprema Coru- de Justicia de la Nación resolvió que no existía tal

¡ncoiisiiunáonalidad con una votación de 7 a 4, un año y cuatro meses des­ pués, |K>r lo que la relórma fue ratificada. A partir de ese momento lamo la Procuraduría General de Justicia del Dr como la Secretaria de Salud del vt emitieron diversas normas para regular los procedimientos, servicios y obligaciones «le los servidores públicos rcsptrcic a la realización «le un

I J visión estratégica giadualista estaba dando frutos. |>cro había que avanzar más. F.n dicicmbie de 2003, la Asamblea U-gislativa mió nuevas propuesta para la "des|>enalizacióir del aborto eu un arrancóte que más bien parecía una provocación. ¿P01 qué el 1*1. que jamás se había interesa­ do en despenalizar el abono en los congresos donde contaba con mayoría. ¡guaba proponiendo la dcspeiializaciñn justo donde era una minoría!' Si el gBUi aceptaba la propuesta, tendría que pagai el costo político. por ser la su üdiiud evasiva con el tema. La iniciativa de ley del mi tenía serias fallas jurídicas y contradicciones de fondo (como mantener el castigo para los médicos que realizaian la interrupción) Las organizaciones ciudadanas trabajamos para «pie el mu hiciera oirá propuesta, que constaba «le una combinación «le elementos que iban desde incrementar el castigo |iara quien hiciera abortar a una mujer siníti consen­ timiento hasta regular la objeción <le conciencia de los médicos, de manera (al que aunque se reconociera el derecho individual del méduo,'sc garanti­ zara el sei vicio a la mujer que solicita un aborto legal. También se propuso modificar la Ley de Salud, señalando que las instituciones públicas de salud
«ICIH.UI, en un plazo no mayor «le 5 días y de manera gratuita, realizar la

interrupción legal ilel embarazo. Pero la rcibrma más importante, y que l«só totalmente desapercibida, fue «pie se eliminó el carácter dé delito del , abono que se realiza en ciertas causales legales. Antes, la lev decía que no

se castigaría el delilo del abono si concurrían donas circunstancias: grave riesgo a la salud (le la mujer, violación, inseminación artificial n» consenti­ da, malformaciones graves del producto e imprudencia de la mujer. La nueva reforma anulaba la condición de delito al abono en el Distrito Federal cuando su realización se sustentara en alguna de las causas mencionadas. Tan técnica fue esta modificación de los términos jurídicos ("se mluyth responsabilidad penal en el delilo de aborto")" que hasta los panistas, en­ cantados con el reconocimiento a la objeción de conciencia, volaron a favor de la ley el 26 de diciembre de 2003. U ley entró en vigor, sin que la derecha planteara una acción de ineonstiiurionalidad. el 27 de enero de 2004. Con estas reformas y tcglameniacioncs, la Candad de México se convirtió en la entidad federativa con las leyes más avanzadas, donde de ser un delito que no se castiga en ciertas circunMancias, el aborto deja de .ser delito en esas Sin embargo, muchas mujeres ilcscowx ian la legislación y recurrían a los abortos ilegales y riesgosos. I'na investigación realizada |ior Population Council mostró que. en México, IS por ciento de los abortos 'clandestinos' de una violación (1 jira ti «l, 2003). Una encuesta hecha por la empresa.* Ulises Bellrán & Asociados (un*. 2003) en zonas de bajo nivel económjoj. señaló que 74 por ciento de los entrevistados desconocía que el abono puf
violación en México es legal. I'or eso, en marzo de 2001 GIRE echó a andar

la campaña "El abono por violación es legal*. El objetivo de la campaña era evitar abortos clandestinos en los casos permitidos por la ley, inlormar a mujeres de niveles socioeconómicos medio y bajo sobre el derecho a un aborto legal por violación y acompañarlas a ejercer su derecho en caso deLa campaña arrancó con el apoyo de tres instancias del gobierno citadino: el Instituto de las Mujeres del M. la Procuraduría General de Justi­ cia del ur y la Secretaría de Salud del m: Pronto se sumaron la Dirección
de Salud Reproductiva de la UNAU. el Instituto Nacional de Perinatologia,

la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y dos asociaciones

ciudadanas: Católicas por «I Derecho a Decidir y Equidad de Género, Ciu­ dadanía, Trabajo y familia. Se hicieron más di- dos millones de folíelos,
i|iie se repartieron en instancias de gobierno: pojor. SSFDF y en locales de
instituciones educativas, como las |>r<:|Miatorias de la UNAM. en la UAM. el

IPN y el Colegio de Bachilleres. Adornas, en el Metro, a donde tonauren sectores socioeconómicos medio y bajo, se colocaron dovelas en los vagones y módulos de atención en las estaciones. También SÍ: colocaron carteles con el lema "El aliono por violación es legal" en agencias del w. baños de murltlcgacioncsde Inmujcrcs r>F. r.!ft£abrió una linea telefónica, con atención personalizada de 9 a I o horas de lunes a viernes, más una contcstadora qui­ na —reafirmar la existencia de la Interrupción Legal del Embarazo—. sícumplió ampliamente y do¿ límenlo las actitudes de los ministci ios públicos La despenaliíat ion del aborto estuvo píeseme durante las campañas

£n la competida elección presidencial e! margen de difcicnc ia entre Cal­
derón (I-AN) y l.<i|K-/ Obrador (nu>) lúe de O.fiA'X (según el dato oficial).

La sombra del fiaude se extendió y la negativa de Calderón a hacer un re­ cuento de los votos llevó al país a una brutal polarización, En ese mateo, el 23 de noviembre de '2006, nuevamente un diputado del nu presentó en la Aiut una iniciativa de reforma para aespenalizar el abono. Cinco días des­ pués dos diputados del Partido Alternativa Scx ¡aldcinckrau (Alternativa). iniciativa de reforma sobre el mismo lema. Ambas propuestas tucron turna­ das a las Comisiones Unidas de Administración y Procuración di- Jusiii ia, de Salud y Asistencia Social, para su estudio y dictamen. Desde que inició el |>cri<xlo de sesiones en la AUW el 15 de marzo de 2007. hubo un gran debate público sobre el tema. Organizaciones conservadoras y progresistas, así como expertos jurídicos y médicos, fueron invitados a partici­
par en foros organizados por la ALDÍ. La iniciativa delralproponía la comple­

ta despcualizacióii del aborto mediante la abolición de penas para las mujeres que procuraran o consintieran un almrlo y regulaba la interrupción dentro

<lc las primeras 12 semanas de gestación, pero tenía varias deficiencias;'* ni camino, la iniciativa de socialdcmócrata. que tambiénfijabael plazo de 12 semanas para desiH-nalizar el aborto, conservaba las cxcluyciucs de rcs|x>n.vtbiliilad |wnal y la regulación de la objeción de conciencia. El 19 de abril de 2007, ambas iniciativas liicron dictaminadas por tres Comisiones de la \i.nr: Administración y Pioeiiración de Justicia. Salud, y Equidad de Género. Después de un arduo trabajo <le análisis y discusión para conciliar las dos iniciativas y lomando en cuenta el precedente de la Suprema Corle en la materia, las Comisiones Unidas aprobaron, por mayoría de votos de sus integrantes, el dictamen que planteaba la des|>cnali/ación del

Iqjal dd cmharaio (Artículo 16 Iw S iMtJ. V«sc.

Hese a las grandes presiones de los grupos conservadores y la jecar<|iiía católica que pedían un referendum y argumentaban que la vicia del pro­ ducto de la concepción debía prevalecer sobre los derechos humanos de las mujeres, el 24 de abril de 2007, el pleno de la AUW aprolió las reformas por mayoría de 46 votos a favor (reo. IT. Convergencia, Alternativa,reíy del
Partido Nuera Alianza), 19 en contra (HAN y PVFM) y tina abstención (rtu).

La ley fue publicada el 20 de abril de 2007 en la Caceta Oficial del Distrito Federal y entró en vigoi al día siguiente. Inmediatamente, los hospitalis de la Secretara de Salud del Distrito Federal cuipezaion a dar el servicio. F.l entonces secretario de Salud. I)r Manuel Mondiagón y Kalb. puso un ejemplo de compromiso con el tema y se dedicó a visitar los hospitales para delectar los problemas que pudieían surgir. Al mismo tiempo, el grupo ProVida empezó a convencer/atemorizar a los médicos para que se declararan olijetores de conciencia. I j s miñó­ se dejaron sentir. No obstante que se habían actualizado los Lincamientos de Operación de los Servicios de Salud relacionados con la interrupción legal del emlxuazo en el Distriti Federal,'* que establecen icglas pre< isa> paia la prestación de los servil ios médicos de interrupción legal del eniba.razo, las presiones fundamcuuilistas lograron que en algunos hospitales el

El 24 y 25 de mayo de 2007, la Comisión Nacional de los D< rechos I lunianus (CMIH) y la Procuraduría General de la República (PCK) interpusieron,

icspcciivamcme. una acción de inconstitucionalidad. La argumentación era mas ideológica que jurídica y hacía gala de un total desconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, consideradas exclusivamente como euies reproductores. Como es de imaginar, el proceso de deliberación de la Suprema Corte estuvo acompañado de expresiones a favor y en contra. Mientras la jerarquía

standartcs que representaban a la Virgen di; Guadalupe cargando 11110$ feos y exclamando "¡Ya ine mataron a un hijo! ¿Meraila matar más?', en una le las audiencias públicas un sacerdote dominico, colaborador d i Católicas K>rel Derecho a Decidir, hablaba a favor de la dcMpenahzación. Mientras los Iwgados católicos amenaralian con la debacle moral, Jesús Zamora Piercc, xpresidente de la Academia Mexicana de Derecho Penal, argumentaba pij. Jiramente por qué el aliono no puede ser considerado delito. Mientras las ner/as conservadoras hacían |iercgrinacioncs, los intelectuales y los cien¡neos del país manifestaban su apoyo a la des|)eiial¡zación con inserciones Después < ■ro meses de internadeliberación y agüitados del: rtedejustiicia r<:solvieron que la despenalizaric >n del aborto ei iunpaneaguaspaijnodo el país, p, ustitm iona1. Esto represen!) •to derecho, a decidir de lasmujeres quedó priot i/ado sobre un

La ilespcmilización puso a la Ciudad de México a la vanguardia del trá? (amiento penal en relación al aborto, con argumentos que impactan pro­ fundamente al imaginario colectivo y con una experiencia de organización ciudadana y alianzas |>ol¡ticas que puede ser llevada a otras latitudes. Hubo varios elementos que confluyeron para la despenalizacióu: el talante liberal de los habitantes de la Ciudad de México; los cambios normativos anterio­ res a las leyes del Distrito Federal en esta materia: los tratados internacio­ nales ratificados |>or México, que protegen derechos de las mujeres; y las recomendaciones de los Comités de Derechos Humanos realizadas al go-

Iiicrno mexicano en esa malcría." Sin duda fue fundamental la labor do las organizaciones feministas y de derechos humanos, asi romo de iniclc<ma­ les, científicos, anisias, jóvenes, académicos, analistas ]K>l¡licos y periodistas que se pronunciaron a favor de este derecho di- las mujeres y que presiona­ ron por una reforma congruente con el Rulado laico. Fue notable- el trabajo comprometido y de gran impacto de los integrantes del Colegio de Bioética. Por otra parte, si bien lueron elreíy Alternativa quienes propusieron la reforma, lo que consiguió MI aprobación fue el compromiso de la mayoría uerredista junto con el consentimiento de Marcelo Ebrard, jefe de gobie del Df, pues habría jHKlido ejercer su derecho de veto.

Kor su parte, la derecha no iba a quedarse con los bi a/os cruzados anu­ a l nrsolución, que indudablemente abría las puertas a los congresos Incales |>aia que realizaran despenalizacioncs similares en Im estados. A|>enas dos
meses después del Tallo de la STJN en Sonora, donde gobernaba el na. un

congreso <le mayoría priista reformó la Cunsiiiución estatal para "prote­ ger la. vida desde el móntenlo de la concepción hasta la muerte natural". Es indiscutible que tuda protección a la vida es loable y necesaria, ¡>ero se trata-de un valor que acepta exce|M-¡oucs <la legítima delensa, el aborto. la eutanasia, ia guerra, etc.) y no una argucia jurídica contra el derecho a interrumpir un embarazo. F.n esta reforma y las que siguieron, dicha "pro-

Jm por d EMailu mclkaim al Gamite en dk-iciiitxc de 2000 y riinK-tu ■ ■ • ■ KHK¡. .-x^m tk» en 2002 y en ajono <\r 2UUC. respeetiv^iiieiitc.

-

lección" aparece como un eufemismo dirigido a ini|«dir el abono legal lal como existe cu el r>r. O sea, la "proicxción de la vida" que va "liasia la muerte natural" no eslá enfocada a protegerraímemea las embarazadas <|ue desean tener sus criaturas (mediante seguros de desempleo. apoyos en atención medica, etc.) como tampoco a proteger a las personas de los acci. denles de trabajo, de tránsito, etc. A partir de octubre de 2008 y hasta la entrega de este ensayo son ya diecisiete los estados que han seguido esos pasos en lo que parece querer ser un "blindaje" en contra de la dcs|>enal¡zac¡ón.:< Aunque las reformas son responsabilidad de los diputados que las votaron y de los goberna­ dores que no las vetaron''' quienes han provocado no solo un escándalo político sino una fuerte movilización dentro de su propio partido son los diputados y gobernadores priistas por traicionar su vieja tradición liberal. conciencias, dentro v fueía del rtti. Hubo, también, actos dignos, como el de Natividad González Paras, gobernador priista. que usó su facultad de velo para impedirla cu Nue\o l-eón. Por otra pane, flcanii Bcnavcnic, una joven que viene del n.ivismo. diputada por el rm y el Verde en San dios I lumanos y kquidad de Genero del Gongreso de', estado de San Luis Potosí, justo después de que la anterior legislatura había votado la refor­ ma, convenció a sus correligionarios priistas y a los diputados del PKO, PT

y Conciencia Popular (el partido local) de la importancia de interponer ¿a el Kstado laico y preservar lo* Derechos I lumanos (Ir las mujeres. Y la dipucada priista Dalia Pérez Castañeda. en Veracruz. se negó a suscribir Algo novedoso es que las ciudadanas que se sienten afectadas negativa­ mente- por la» reformas lian recurrido a instrumentos jurídicos nacionales e internacionales: 050 mujeres de distintos estallos se han amparado contra |7b en Sonora, 27 en Quintana Roo. 57 en Guanajuato. 271 en Otirango y 103 en Puebla). todas «lias cu edad reproductiva, demandaron a sus ex­ udas ante la Comisión Inieramcriraiia de Derechos Humanos (aun) en Washington por afectación a sus derechos humanos argumentando que las reformas contravienen la Convención ^iiericana «le Derechos Humanos. que garantiza 'existencia digna para clcgii el proyecto de vida, vida digna c integridad iH-ramal poi afectación del d a echo a la salud, vida privada relacionada con las libertades de coiiciemia y pensamiento e igual pro­ tección ant«: la ley sin discriminación alguna". Actualmente, la i IOM está

Además, el impacto de la oleada reaccionaria rebasó las fronteras de México y llegó a la reunión del Consejo de la Internacional Socialista (is) en República Dominicana. Un giupo defeministasasistió a la reunión del Consejo de la is para denunciar que el ini. partido integrante de dicha asociación. está aprobando leyes que atenían contra los derechos sexuales y reproductivos de las muerc's.soJusio después del llamado de atención de

aJe U Comisión <lr [a Mujer de la Inlcrnac-onal Soculiua. hirn un llaniidortvordaiMio b

la Internacional Socialista la presidenta del nt¡, Beatriz. Paredes, publicó en un artículo editorial su postura a favorrielderecho a decidir de las mujeres (/./ Unnasat, 30 noviembre, 2009). del mundo, de la justicia social, de la salud pública y de la et|iiidad entre mujeres y hombres. Por eso los partidos |K>lílicos timen posiciones públicas al respecto, |>or mas i|ue algunos de sus integrantes dilicraii de ellas. Tal es el taso del PAN, partido que consistentemente defiende el dogma católico, aunque muchos de sus militantes jóvenes estén por la despenalización. El rm, que se precia de ser socialdiinócrata y de pertenecer a la Internacional Socialista, tiene gobernadores y diputados que hov impulsan o se Minian a estas reformas de claro lulo clerical. Si bien ningún presidente de partido puede imponer un mandato autoritario sobre los gobernadores y diputados locales, si pueril: establecer definiciones básicas de la línea política partida­ ria. Por eso la libia y laixlía toma de posición pública de Beatriz Paredes fue 1.a Supi mía Coi le dejusticia de la Nación se deberá pronunciar ante las acciones de ¡iicousiiiucimialidad que han provocado estas reformas (ade­ más de ia del Congreso |X>tos¡no. está la de la Comisión de Derechos [IUÍmanos de Baja California y la riel municipio de Oriangato en üuanajuaiO)a Ksto no exime de un indispensable ilebate público sobre la dcspcnalizacióii' del aborto y sobre qué sigttilica "proteger la vida desde el momento de la concepción". Indudablemente, la vida es un valor que del»: ser protejido siempre y desde su inicio. Pero, aunque la vida es un valor a defender, dicha "protección" no debería consistir en piohibicinnes. sino en otorgar a las mujeres todo tipo de garantías para que llcvc-n a cabo la gestación: aten* ción médica, alimentación adecuada, etc. I J S legislaciones avanzadas en el mundo aceptanrieteiminadas excepciones: la legítima defensa (personal y nacional), el abono, el suicidio asistido y la eutanasia. Es por ello que una valoración en abstracto de la ini|xu lamia de la vida no se contrapone a que una mujer interrumpa el proceso de ¡Testación. Defender el valor de la vida y otorgarle a las mujeres las garantías para que decidan si continúan con una gestación y en tal caso brindarles las condiciones para que lo hagan de la mejor manera, es una realidad en sociedades democráticas que tienen despenali/ado el aborto.

Sin embargo, en nuestro país la influencia católica sefiltraen el accio­ nar de los funcionarios públicos. Por ejemplo, el secretario de Salud fede ral, José Ángel Córdova Villalolios, lia prohibido a los hospitales federales ubicados en la Ciudad de México aceptar la normatividad de la d< spon.v litación del aboi lo. A pesar de que se encuentran obligados |K>r la ley. los médicos en hospitales federales ubicados cu el DF no realizan la interrup­ ción legal del embarazo. O I H decidido el lincamiento de Córdova Villa­
lobos, iam|>oco las clínicas y hospitales del Seguro Social y del ISSSTF. de la Ciudad de México dan ese servicio a sus aseguradas, que ¡MII ello acuden

las mujeres que solicitan métodos de planificación fam escuelas de medicina de las universidades católicas I H

ce hay alma desde el

por esa cerrazón es que el aborto, una cuestión privada que atañe a la pro­ pia conciencia, se ha paitidi/ado. Decidir sobre el propio destino es una demanda irreversible, que Roma no lograra frenar. Richard Haré (l"K2), unfilósofoinglés (pie trabajó sobre las valoraciones morales desde la racio­
nalidad, hizo una definición que se ajusta bien a los OU¡S|MK católicos: fana­

tismo. Ilaic describe al fanatismo como la actitud de quienes persiguen la afirmación ce los propios principios morales dejando que éstos prevalezcan sobre los intereses reales de las personas de carne y hueso, y señala que las

- Sii-cl Vaticano y sus seguidores insisten en afirmar sus principios mo­ rales por encima de la salud y la vida de millones de mujeres. Por suerte.

las adundes de los curas y monjas de organizaciones de base están lejos de csia postura. Sin negar que el abono es un «indicio «ruco, subrayan que csie tipo de dilemas, cuando conciernen a los derechos de la perso­ na que está llamada a resolverlos, deben de ser dejados a su autodetermi­ nación. Además, varios sacerdotes jesuítas y dominicos, así como algunas monjas, comparten la sabiduría de quien fuera obis|>o auxiliar cinériln de Madrid, monseñor Allwrto Iniísta. Esto sacerdote deslindó lo moral de lo jurídico al decir que su conciencia rechazaba el aliono, pero no rechazaba la posibilidad de que la ley no lo considérala un delito. Variasfigurascató­ licas comparten esa postura y distinguen cutre el carácter moral del aliono Mientras la cruzada vaticana |K>r la "Vida" e.-tá provocando dramas personales, las feministas buscan formas novedosas de contrarrestar los obstáculos, l-i discriminación dt ¡actn que viven las mujeres que residen en las entidades federativas donde no hay inu-rruprion legal del emba­ razo. ha impulsado a un grupo de jóvenes feministas de la m t . Balance

creencias, peto a partir de su propio discernimiento. Lo que no pueden hacer los funcionarios de un gobierno qui: se precie de sei democrático, el intentar prohibir u obstaculizar leves que sólo afectan a quienes se acogen; ellas. Tal es el caso del divorcio y del aborto: a nadie afecta en sus.dcrecho que el vecino se divorcie o la vecina abone.

Sin embargo. esevidente que en México es necesario abrir el debate. Su­ puestamente. los legisladores tienen la responsabilidad de organizar su labor (Hendiendo principios, socializando ideas, creando opinión política y propi­ ciando un aprendizaje cívico, |«rosi no haydel»ie público. ¿quí posibilidad existe de ampliar horizontes o cambiar perspectivas? ;De qué sime que tino o dos partidos arrasen con "Icvaiuadedos". de espaldas a la sociedad, si no hay verdadera deliberación y real interés de ir al fondo de los problemas? Tara luchar comía la hipocresía y la doble moral urge discutir públi­ camente. Hace muchos años, a principios de los nóvenla, hulm varios pro­ gramas en la televisión sobre la des|>cnali/ación del aliono. Cuando la je­ rarquía de la Iglesia católica se dio cuerna de que iba perdiendo el debate. presionó a los glandes empresarios católicos, que amenazaron ion retino la publicidad de sus producios si se continuaba transmitiendo esa polémica. El chantaje tuvo efecto y la censura se dio. Hoy. ante las acciones roncería das de la derecha, que si: llevan a cabo sin debate público, de espaldas a la sociedad, es imprescindible ventilar i aillo las posturas legislativas romo las discusiones poliiii as. Debatir abiertamente vuelve más dilíi il la imposición

lemas aliona a la dcMnfbrniaciói yalfanatí ■ 1,0.
:

A pesa estas deplorables reacciones. la lesp. ■aliz cióncnclmseso*

tiene en el imaginario ciudadan j del país orno insi nbolo, por la volnn tad de aba ir la mortalidad materna causada por el alwrtu inseguro y |MII el esfuerzo para coniiarreslar la injusticia cuando es ilegal. Además de ser i que mplira esta práctica te reconocimiento a la libertad

rcprodiicti ■ a de las mujeres y di sus derechos fu idan cútales a la vida, la salud y el d esarrollo de sus provectos de vida, gu rda oncordancia con el 10. que re l>et.i adiv •isidad ideológica y reconoce 1 libertad de concicnc a de las p. rsona .Fin alíñeme, estas rclórmas sonco igruciucs con la opit ón de la s < jcicdj dmc xicana respecto a la despenaliz ción del aborto, com> lo rctlcjai dive cnlosprin ipales diarios del pac ncuesias aparecidas

*

La apropiación <lo la ley pin pane di- la sociedad, i mujeres que se benefician con la prestación de dichos tacer notar Al cierre de esle artículo, a . son casi 10 mil mujeres las que lian ara/os en as clínicas del Gobierno del

«si

res años de rolada (impido Icgalmen-

D F . M Dalo elocuente: 89 declara se católica. Ahora bien, al margen de las dificuliaues a este tipo de servicio, la cada wv meju nción por pane de

alud del Gobierno del r>f y ccr su derecho a elegir, implican un s¡gm

ásión de las inuje-

,1c

aravillosa vitalidad

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M O V I M I E N T O S C O N T R A l.A V I O L E N C I A H A C I A LAS MUJERES

Irma Saucedo Gomóla' María Guadalupe Huoaa Elias2 Dedicado a la memoria de Healriz Cariño TnijiUo'

Vivimos en un mundo viólenlo. Estas palabras pudrían ser siiniirnlcs paca descartar «I estudio sobre la violencia que se e j e n r contra las. mujeres en la mayoría de las sociedad, s. Si añadimos a <:.sto la coloquial frase "los hom­ bres son violemos". si-gui a m a n e eiirouiraríamos que el círculo se cierra y hay poco que pniliimlizai cu el lema de la violencia de género mientras (os hombres y el sistema no cambien. ;_ .lili círculo c e n a d o es lo que existe en la actualidad alrededor lUlileltaie y elaboración teórica sobre la violencia de genero, esa que se dirige- comía las mujeres simplemente por el hecho d e ser mujeres. Esto es así porque quizá re­ abrir el debate significaría preguntamos sobre el as|KCto vielimizante y látalisla que se ha construido alrededor de este lema lanío en los espacios de acción y deliate Iciiiiiiisia. como en los de investigación y elaboración teórica. La consu urcióu de grandes masas de sujetos marginados en la moderni­ dad, como ciudadanos menores de edad, no puede ni debe pasar desa|>crcibida en el análisis de la violencia hacia las mujeres. Sobre todo en un contexto

mundial de validación de lodas las formas de violencia youui|)CieiKÍa gcopo. liika por el control de recursos.1 Zygmtini Dauman (2008) plantea que la imposibilidad de los Estados-nación para enfrentar la violencia es un feuómeno global <|ue se alimenta del miedo y debe comprender*- dentro de los procesos de transformación del sistema de producción y las características de la globali/ación. Ai hablar de violencia contra las mujen-s en el siglo XXI. y ante el contexto de violencia aparentemente mi onirolablc que experimenta México, tenemos que preguntan»» sobre los efectos que tiene en el imaginario .social la idea de un "listado protector" para garamiur el orden; una sociedad que paradójicael propio Estado renca un mundo viólenlo al perpetuar y profundizar las dilerendas sociales y al incapacitarse para garantizar justicia a la |K>blación que ha sufrido algún tipo de violencia. tes ha sido uno de los temas cerníales del feminismo y probablemente el que le ha dado su luei /a al unirse a los movimientos sociales. que han demandado la garantía de los derechos humanos en la segunda untad del siglo xx. Esto no ha sido casual, los cambios económicos ocurridos en la segulidí mitad del siglo pasado en México "empujamn" a las mujeres al rralujo ásala; liado, y al gobierno mcxican.i. preocupado por la soluepoblación (ríe), a irriplemcmar el progiama más exitoso de control de la natalidad que se liara visto en el planeta. En ese contexto, el impacto que los discursos feminislas tuvieron durante la derada de los setenta fue muy significativo y propinó que las mujeres mexicanas tuvieran < atla \ti más información para reconocerse tomo ciudadanas y sujetas de derecho. Utroelcmento ha sido la aim-s impensable penetración que han tenido la alejadas de los mensajes de la modernidad y las noticias, con el impacto que la violencia tiene en todas las arenas de la vida. Batimán plantea que "en un

planeta atravesado en lóelas las direcciones por 'autopistas <lc la información'. nada de lo que ocurra «ni alguna paite puede, al menos poicncialmenie. pernianccci en un 'afuera inlekrtiial" (Bauman. 2008: I»). Algunos ualiajosque exploran el efecto que la televisión ha tenido en comunidades rurales de nues­ tro país muestra que las mujeres cmpic/an a reconocer que "ya no tienen que En un siglo el país lia vivido iransforinanones importantes al transitar, aunque sea de manera inestable c inacabada, hacia un modelo formal de de­ mocracia que permite la competencia y alternancia |>olítica. I'aralclamcuic. existe la n:alidad de un país donde la violencia estiuciur.il y el "terrorismo de Estado" son ]mte di- la cotidianidail. Un |>:iís donde más de la mitad de MI población vive en polmv.i, donde la estructura nunómka no tiene rapcidad para crear trabajos para los jóvenes, donde la "crisis" económica lleva casi SO años y la violencia sigue siendo la manera mas electiva de "resolver" todo ti|H> de situaciones de conflicto. Una violencia que amenaza a lodos y que. desde la percepción de la mayoría de la población, un tiene posibilidades de disminuir

te", un sistema putiimn "efectivo" y suficientes < árceles pata inaiiiencí a los delincuentes aisladas de la sociedad. Como plantea Norbcrt Elias (2001), el pmrcso civilizatorio exigió de lo' seres ¡mínanos la autorregulación de sus "instintos" para poder funcionar en sociedad: y la construcción de un Kstado "fuei it: y protector" para que se hiciera cargo di: la rontlictividad y violencia en el espacio público a través de sus instituciones. El proceso de construcción de la modernidad, por tanto, le otorgó al Kstado. a naves del sistema punitivo, la capacidad de clasificar, uioniíorear y controlar las almas y los ruernos de las y los ciudadanos. Este iiioiiitorro tuvo su fuerza, como plantea Foucault (1983). en la clasificación de los seres humanos en dicotomías que separan al loco del cuerdo, al sano del enfer­ mo. y por supuesto al buen ciudadano del delincuente, los seres marginales e infrahumanos que "contaminan" nuestra sociedad. Podemos decir que la imagen del |x>brc- en sociedades como la mexi­ cana es la de un sujeto con problemas de coni|>ortamiento, generalmente

y criminalizado para ser controlado en las cárceles cada vez más numerosas de las grandes ciudades, tazón por la cual la marginalidad en México eslá constituida por masas de jóvenes desocupados y criminalizados. En este contenió, la pregunta sobre cómo el discurso y práctica feminis­ ta contra la violencia hacia las mujeres se inscribe en el mundo globalizado de hoy, requiere examinar también cómo se consti uyc el orden social en el mundo glohalizado de principios del siglo xxt y las tendencias presentes en

la que nos llevó el ejecutivo federal en México, argumentando que esta era necesaria para acabar con el crimen organizado, comienza a mostrar los li­ mites de un Estado que, hasta hace poco, se considérala rapaz de contener

ción aparecí- romo algo nuevo para la sociedad mexicana en su conjunto, un lo es para quienes desde hace anroximailauícnie cincuenta años liaii venido insistiendo en que el Estado mexkano ha sido "ciego y sordo" a la situación de violencia e inseguridad que experimentan las mujeres mexica­ nas lamo en el espacio público como en el privado. Kl movimientofeminista,al evidenciar las grandes lagunas e inelicienciasdcl Estado Mexicano ante la violencia cometida contra las mujeres, ha contribuido a mostrar que la violencia que aqueja a la sociedad mexicana eslá relacionada lamo con patrones culturales como con la corrupción ins­ idiado prom

i«or. AF». Mrxira. ""rus íluets killed 23000 ncm.rjlio<..coin/s/»íp,l(KMH/wiHil/in<:itk(

En esi<- contexto, la evidencia que el movimientofeministah do en medio siglo de debate sobre la ciudadanía de las mujeres y a vivir una vida sin violencia, puede ser de utilidad para quienes México menos violento, pon|iie permitirá idenlilicar los límites cursos que anualmente imanan conveneer de que el pinhlcmi "maldad de los sujetos", con el objetivo de criminalizar a nuevos b población en una espiral sin fin que permite al Estado contir enciendo la violencia a través de sus instituciones.

La violencia contra las mujeres lia sido algo naturalizado en la historia de las relaciones humanas, y tanto en México como en la mayoría de los países.

subordinada de las mujeres en la sociedad mexicana. Un referente fundamental en la difusión de las ideas feministas fue el traliajo realizado |ior ¡as pioueíasdel feminismo que inciirsionaion en el |x riixlismo, desde Rosario Castellanos en la década de los sesenta basta diversas publicaciones feministas que circularon a partir de la publicación de la revista fin,4 y hasta la consolidación de la primera agencia noticiosa de mujeres (uM « ) en la década de los noventa (Hernández. 2009). De acuerdo con <sia autora, desde mediados de los setenta y gracias a que d movimiento feminista empezó a tomar fuerza, mujeres como Esperanza Bi ¡10, Marta Lamas, Elena Urrutia. Mai día Acerolo y Anilú Elias, empezaron a escribir en la pitusa sobre el tema de violencia contra las mujeres, y con el apoyo del periódico Uno más Uno 'lograron insertar una columna para hacer referencia a temas como la violencia, la sexualidad femenina, el alxirio y otros temas muy relacionados a la vitla de las mujeres" (Hernández. 2009:1 !•!). I a

mujeres se ha dado cicsilc mediados de la década de luí setenta. cuando el movimienio feminista mexicano elidió la violencia contra las mujeres como u le los lemas a los que buscaba dar difusión (Saucedo. 1999: 25). La desnaturalización de la violencia contra las mujeres no podría ha. ber ocurrido sin el antecédeme de la emergencia del neoleminisnio en el ámbito mundial y en México. Para nuestro país, tanto los procesos de lucha contra el partido hegemónico (rol) romo la realización de la primera Confciciicia Internacional sobre la Mujer realizada en la Ciudad de México en

erales de luch del inov inieiiio remii sta siempre liar gir.ie los temas asociados a a violencia cjntra las mujei. s. Sin ni ticin|>o más o menos significativo. a pesar de que e haK.rtoyalavi (1 la,'ióñ"-7l no, 2(1112: 403). Para 1971. el ,il de Mujeres MMMl planteaba entre sus principales «■miv la violencia. ncluyem . cu ésta últina los dos trm s que siguiinnsv.il e años d 1 moviminm feminista: 1) la ludia ion y la conde lización i la poblaciói Mihir su líbica vcau> temática de lasimijeirs). oleadas, aur, cuando en esa poca mo linternas . mayor nofundizació n (Bedregal. Sa .cedo yRiqmT. 1991: SI). En el ámbito de la airión política, en 1974 el Movimiento Nacional de Mujeres organizó confeiencías en todas las delegaciones del Distrito Fede­ ral con la intención de sensibilizar a la población sobre la problemática de las mujeres. Durante la etapa anterior a la Primera Conferencia de Nacio­ nes Unidas sobre las Mujeres, el movimiento feminista promueve mis la con el lema de la violencia. Es el momento en el cual los grupos de mujeres organizadas y los gru|M>s feministas toman el espacio público y mediante movilizaciones hacen demandas al l i t a d o para que garantice los derechos de sus ciudadanas. Para enero de 1970. el Movimiento Nacional de Mujeres y el Movimiento Feminista Mexicano decidicion cieai la Coalición de Mujeres Feministas,

MZ

la cual idcnlUicó. entre los lemas que unieron los esfuerzos de los gru|Kis propuesta para una maternidad libre y voluntaria), la violación y la protec­ ción de las mujeres golpeadas (Lau. 1986). De acuerdo con algunas autoras (Hcdrcgal, Saucedo y Riquer. 1991; Saucedo, 1999). esta ¿pora se caraca-rizó por un intenso debate dentro del movimiento feminista en lomo al aborto y la violencia .sexual comía las mu­ jeres por considera: los temas de mayor importancia v con más posibilidades de impacto político que el tema de mujeres maltratadas. Los diálogos entre las integrantes de los distintos grupos de mujeres yfeministasmostraron en

medida; la violencia en coima de las mujeres como eje de n.ilujo. Es también en este periodo que se crean los primeros j¡ru|ms especiali zados eh la atención a la violencia contra las mujeres. Así. de la iieeesid.ul <le a|Kiyo a mujeres violadas surge en 1979, promovido por un gni|>o iiiunei-oso
de activistas, el Centro de Apoyo a Mujeres Violadas (CAMVAC), en el Distrito

Federal. Este grupo Fue detonante para iniciar un proceso de rellexión y análisis que conllevan liaría el diseño de demandas al Estado e ideniihran la violeuria liada las mujeres como un problema que requiere apoyo y poli-

pareja, fue que surgieron de grupos ilc mujeres que, habiendo promovido el debate? público sobre el lema desde el movimiento feminista. tlccidieron crear centros de apoyo para las mujeres que se encontraran en este lipo de La preocupación por la violencia comía las mujeres y el surgimiento de los gni|ios de apoyo fueron el resultado de discusiones y análisis en pe­ queños grupos de reflexión feminista sobre la condición de las mujeres y sus problemáticas especificas. Debido a que las feministas identificaban la violencia hacia la mujer como un asunto derivado de su condición subnrdinada en la sociedad, ésta se constituyó en tema cenital del debate, difusión
y elaboración de demandas (i JCVEMC. 1987).

Haciafinalesde la década de los setenta, en 1979. las organizaciones Icministas iniciaron un acercamiento con los partidos políticos de izquierda paraformarel Frente Nacional pío Liberación y Derechos de las Mujeres
(FNALIDM), <l cual incluyó en su plan de acción el hostigamiento y la vio­

lencia sexual contra las mujeres. De acuerdo con Dedreg.il, Saucedo y Riquer (1991). los principales as|Wctos que caracte-i izaron esta etapa fueron: justicia, formación de nuevos gru|xis de mujeres, y difusión y sensibilización sobre el tema a las miijnc* de los sectores más pobres de la sociedad. A principios de la década siguiente, en el Prima Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en Colombia en I9fil.sc declaró el 25 de noviembre como Dia Internacional de la eliminación de la Violencia comra la Mujer. La mayoría de las mujeres de los países allí asistentes toma­ ron como consigna desan ollar acciones tendientes a visibilizar y prevenir este lipo de violencia en sus países. Es importante destacar que la discusión en este encuentro se centró en la violencia sexual (violación), dejando de lado el tema de kf.violencia doméstica contra las mujeres, el cual incluiría tanto el maltrato físico y sexual por parte de la pareja como el abuso sexual Además del impulso a la difusión de la temática resudado del encuen­ tro feminista, en la década de los ochenta se pueden identificar varios factores que influyeron paia lograr una mayor visibilización e impacto del movimiento feminista mexicano en la difusión y atención al problema de la violencia contra las mujeres. Por un lado, inició el proceso de instiiucio-

ante la formalización de organismos no
gubernamentales (ONC'S) y de una gran cantidad de organizaciones de

mujeres dentro de comunidades marginadas o de bajos recursos, las cuales desarrollaron nuevas formas de comunicación con dichas comunidades y lograron experiencias exitosas gracias a su metodología de 11 abajo -que retomó elementos de la educación popular- y a una relación prolongada y directa con la comunidad (González e Hila, 1902). Por otro lado, debi­ do a los sismos de 1985. se incrementó la participación de las mujeres en sectores populares urbanos, y esto hizo <|tie temas como el de la violencia hacia las mujeres fueran tratados más frecuentemente como un obstáculo para el proceso organizativo de las mujeres (.Saucedo 1999: 81). Eu un es­ tudio sobre las mujeres de San Miguel Tcotongo. Espinosa señala que en el Movimiento Urbano Popular la lucha contra la violencia hacia las mujeres

fenclidas |KM nosotras" (2110": 62). En su texto, descí ¡1H- los mecanismos utilizados por las mujeres para crear "redes ik: Militlai ¡dad" para enfrenta*

ronn-d Les mujeies en el movimiento feminista mexicano. Duranie el Ojiarlo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Carílx- realizado en Taxco en 1986, se debatieron la conccptualúación di: la violación, las reformas a Us normas legales, la operatividad de los "cení ros de apoyo" v el impulso a nivel latinoamericano de éstos. Al respecto, las feministas ahí reunidas declaramu: "El patriarcado liare aparecer el problema de la violencia y la violación! mujeres [...]" (Fischer, ti ai. 1987: 76). Cabe desiaeai que es en ese momento cuando las feministas pro|x>ncu cambiar la palabra "víctima" por sobreviviente de violación, pues a su decir, la primera 'estigmatiza y aisla a la mujer que ha sido violentada" (Rschci, d al.. 1987: 76). Hacia finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, los grupos feministas co

trabajo n i violencia, lo que trajo consigo la formación de asociaciones civi­ les con personalidad jurídica, la búsqueda de recursos propios a través de donaciones de organismos intci nacionales y la exploración de mecanismos de sistematización de casos y especializaron en la intervención a mujeres en situación de violencia. Gran pane del debate en este periodo giró en lomo a los lemas de ciudadania y sobre la respuesta que debería tener el Estado mexicano ame la violencia contra las mujeres en el espacio público y privado. Las acciones se centraron en la necesidad de elaborar propuestas di:reformasal Código Pena! mexicano ¡lara que se tipificaran los actos violemos contra las mujeres como delitos susceptibles de sel manijados |)or el sistema de procuración de justicia; lema fundamental de la democracia, ya que planteaba al Estado mexicano su Tallo al no perseguir los actos violentos contra las mujeres y, de fació las excluía del pacto social y de su eslalus de ciudadanía flor primera vez. el movimiento Iciiiiuisia logró que la violencia liana situación se dio deiuio de un contexto particular que inclinó el trabajo y la amplia difusión del lema en los grupos de mujrn-.-.. el iiatainiento por |>arte de los organismos internacionales y la necesidad de legitimación de Salinas de Goriari. quien desde su campaña intentó incluir en su discurso, demandas de dilcrenies scciores. cune los cuales un grupo privilegiado nu­ cí de las mujeres (Lamas. 1088). lino de los primeros actos de gobierno del presidente en turno fue la propuesta de modificación del Código Penal para aumentar el castigo por violación. de reconocimiento de ciudadanía y protección a grii|>os iradicionalmciiic excluidos, como lo eran las mujeres. En 19H7 el Movimiento Nacional de
Mujeres (MNH), (pie discutía la necesidad de que el Estado absorbiera el

costo de la atención a las mujeres, entabló negociaciones con el entonces Departamento del üistiiio Federal paia financiar a los grupos feminisias con elfinde que se instalaran módulos de atención en el Distrito Fcdcial. El resultado final de estas negociaciones propició lafirmade un convenio. en 1988. y la instalación del primer centro subsidiado |K>r el Ksiado mexica­ no para la atención a casos de violencia sexual, el Centro de Orientación y Apoyo a Personas Violadas (Coa|K-vi).

El trabajorealizadopor csic cc-iuio, además do alnii el camino |>ara la creación de oíros ceñiros especializados en la Ciudad de México, abrió espa­ cios para que algunasfeministasempezaran a ocupar cargos públicos en el gobierno del Distrito Federal. Fl trabajo realizado por Coapevi mostró que públicos era prácticamente imposible, por lo que se crearon las Agencias Especializadas en Delitos Sexuales y. posteriormente, el Centro de Terapia
de Apoyo a Mujeres Violadas (CÍA).

dado que el entonce* procurado! de justiciareconocióque el lema de la violencia doméstica implicaba un costo social muy alto por la cantidad de mujeres y menores alectados. se diseñó un proyecto es|>ecilico que llevó a la
creación del Centro de Atención a la Violencia Iniralamiliar (CAVÍ) (Hcdrc-

gal. Saucedo y Riqucr. IMI).

dada la gran demanda potencial que existía para ese t¡|n> de >ci vicio». I lasla ese momento, el tema de la violencia doméstica había quedado marginado del discurso (éminista. sin embargo, el (reciente stirgimienic

lo» golpe* recibidos: 13 poi cu

jcres participaban activamente en organizaciones civil» y mantenían car. gos de liderazgo o dirección, no necesariamente estaban exentas de recibir violencia por parte de sus parejas erótico-afcciivas. El maltrato por parie de la pareja se volvió un tenia central del debate dentro del movimiento urbano popular y lloró a la elaboración de programas específicos de capa. citación para atender la problemática. En 1987 el Programa Je Mujeres de Servicio, Desarrollo y Paz (Sedcpat) abrió el primer curso de capacitación para promotoras legales, |K>s«:rioimente identilicado como "Programa tic 1.a década de los ochenta se percibió como de logros debido a la clectiy para insertar el tenia de violencia sexual y ile género dentro del sistema de justicia en el país. El trabajo realizado durante esos años llevó a que el movimiento feminista. aun sin proponérselo, participara en la creación de espacios "sensibilizados" para la atención de casos de violencia sexual y do república. I -a creación de estos espacios se debió sobre lodo a las demanda! c titoi del Estado y las institución^ de inipai lición (le justicia. Hacia mediadosrielos noventa, la acción feminista -que había sid< tan olicaz como demanda tic un movimiento autónomo- empieza a reí quebrajarse a medida que va tomando espacios de dirección de servicie de atención desde el Estado mexicano. Para algunas de las adoras de est proceso está todavía pendiente la valoración de hacia dónde derivan I: relaciones de las ong feministas con el Estado y "hoy por hoy lo que pm de afirmarse es que el feminismo institucional lia deslizado hacia la si ciedad |wlíiica, concesiones, problemáticas e intereses del moviinieiiu (Kiquei, Ü005). Afinalesde la década, con un latgo proceso di> promoción, las femin: tas comenzaron a ocupar cargos dentro de los diversos gobiernos donde movimiento tenía algún nivel de influencia. I .os resultados de este proce han sido |>oco evaluados y las experiencias no han sido del lodo favorablí al menos para el movimiento, ya quefinalmentelos puestos <|ttc se v abriendo tienen como limítame las presiones que los partidos y sus milit; cias ejercen sobre los titulares de cualquier Estada

A principios de los noventa se da un proceso en el cual empiezan a des­ dibujarse o desaparecer los grupos feministas <|iic iniciaron la discusión en e > tema y son asimiladas muchas de sus dirígeme* a las insiiluciones del Estado (Bedregal. Saucedo y Riquer, 1991); hay también una diwrsificación del movimiento por su inserción en diferentes espacios y ámhiios de traba­ jo: y la difusión masiva de las causas ele la violencia hacia las mujeres con contenidos y propuestas generales, simplificadas y popularizadas que restan H impacto que se pretendía desde el feminismo. Esto propició que el Esta­ do mexicano pudiera "apropiarse" del discurso y prácticas feministas para presentarse corno un Estado "preocupado" \*>t aicnder el problema de la violencia contra las mujeres.'" Fu cieno sentido, el interés del movimiento por iinpariar en las actua­ ciones del Estado terminó apareciendo sin respuestas pro|H>sitivas y, final­ mente, dejando el camim abierto para las inestabilidades características de

miento feminista nacional c internacional, la inclusión de la violencia contra te mujeres dentro «leí debate de salud pública y, por supuesto, la obligación jfK tienen los servicios de salud de atacar las causas que originan malestar y enfermedad a las mujeres que lian sufrido algún tipo de violencia. Es en este periodo en el cual el tema de la violencia domestica aparece como un raí las relaciones de poder desde los espacios más privados de la estructura­ ción social (Saucedo, 2002).

En síntesis, haciendo una valoración más optimista del final tlt: la de­ cada y los primeros años de los noventa, pocli íainos decir <|uc las organi­ zaciones no gut>cruamcntales y feministas uv.inz.iron en la difusión de la problemática, consolidaron modelos de atención para la violencia sexual y domestica y lograron iui|Kirtantcs cambios legislativos que mostraron tas posibilidades de interlocución con el Estado y di: influir en la elaboración de políticas públicas en el ámbito de la salud. Kn la siguiente década, cuando en las elecciones del 2000 ganó por pri­ mera vez un partido opositor, se pensó <|iu- la alternancia atildaría a mcjoi ai la situación de precariedad con la i|ue funciona el estado d<: dcu-i lio en México: sin embargo, las mujeres <u situación di: violencia lian comproliado enfatuado que una atención adecuada a la problemática de la violencia de género requiere un lipo de personal es|>ec¡al¡zado en temas relacionados ron la condición de la mujer, pero la realidad muestra que debido al cambio eos k»> pioresioiíalesque brindan a la mujer una interven, ion especializada. Quizá lo importante en este momento sea reconocer que el impacto del movimiento leminista hartafinalesdel siglo xx encontró su límite en cuanto al lipo de « • ategias que desarrolló para inipai tai en el Estado tnexicano.y del feminismo, en tanto movimiento civil y/o autónomo, para relacionarse y actual con otros movimientos sociales o sujetos matinales o marginados de la sociedad mexicana. Parafinalizareste apartado, revisaremos las estrategias discursivas y de acción del feminismo, porque tal como lo evidencia el urina más reciente asociado a la violencia hacia las mujeres, los feminicidios. quizá lidiamos. ira las mujeres. 1.a serie de asesinatos cometidos desde mediados de los no­ venta contra mujeres jóvenes en Ciudad Juárez, que de manera sistemática evidencia la negligencia y corrupción por parte de los servidores públicos en el sistema de procuración de justicia, permitió a las feministas mostrar cómo el sistema y la cultura crean en conjunto los feminicidios. debido a que la misoginia se convierte en corrupción, encubrimiento e impunidad en los casos de asesinatos de mujeres.

2Í7

Como plantea Ravclo (2008), < < l concepto lemicidio fue utilizado OIÍRÍ-

nalmcntc por Radford y Russel cu el Tribunal Internacional contra la vio­ lencia en l'J76, y para su definición el conccpiu misoginia fue fundamental, pues permitió <|iic se estableciera un significado político al hecho de matar a las mujeres en oposición a "la creencia generalizada de que el asesino de una mujer es una bestia <|ue carece de humanidad" (Kavclo. 2008:252). Pos­ teriormente el concepto es retomado por I -ig «i de (2005, i nada |x>r Ravclo). quien relbrinula la definición original habida en el concepto de misoginia para enfatizar aspectos de la exclusión social, los crímenes de Estado y la
impunidad. Para Kavclo. "el femiuicidio pasa a formar parte del di.w I I I M I

jurídico y de las políticas sociales que implican lo públic o v lo privad"" (K.< «.lo, 2008: 252).

cntramn en una complicidad criminal. La verdadera historia de esta auociAlgo muy parecido sucede en las manifestaciones de violencia que han sido poco abordadas desde el feminismo mexicano: la trata de personas y el abuso sexual de niñas y niños. Kl caso de Lydia Cacho ilustra el callejón sin salida con el que se topan las ilentincias más macabras de la violencia con­ tra las mujeres, niñas y niños cuando se encuentran involucrados personajes "prominentes" de la pólí-.ica, que indican una clara colusión entre delincuen­ cia, sistema de procuración de justicia y narcoviolcncia (Orcsscr, 2010).

México es un país de pederastas y de |x>líticos que los amparan |...) un país donde las redes de pedófilos encuentran autoridades que las lejen. Más didos por sus padres y comprados |K>r |>cdcrastas. Circuios concéntricos oe complicidad evidenciados en las 16 menciones cu su libro a Emilio Gainltoa Patrón, ex coordinador parlamentario delroí.Las 27 menciones a Miguel Ángel Yünis. actual candidato del PAN a la gulwrnatura de Vcracruz (Dresser. 2010)

El deban- alrededor de la construcción de la violencia hacia las mujeres como un problema de procuración de justicia no se puede desarrollar México, el sistema de procuración de justicia es piobabltinenie la estructura más frágil, coutiadictoria y peligrosa del Estado mexicano. porque ret|iiicre de modificaciones estructurales que. al parecer, aún no están preparadas para realizar las fuer/as |xilítii as en el país.

deba integrarse a la tendencia de pedir un sistema punitivo mas efectivo y la construcción de más cárceles. Quizá, para el caso de la violencia inter­ personal y eu las unidades domésticas no quede más que interpelar a los sujetos marginales del pais para picguuiar si electivamente la violencia es rara el caso de México, la fantasía de que la violencia puede ser contenida con la intcrveni ion del sistema de procuración de justicia, el eneara-lamienn nando. a |>csar de que lia sido ampliamente demostrado que las leyes y el sisee la comisión de actos delictivos (I ¿pido, 2001). F.sla fantasía es la que alimenta la idea de que obteniendo más leyes y má programas de intervención judicial se podrá disminuir la violencia hacia la niujere». El imaginario de que se requiere de soluciones rápidas pira cnfreni?

un

problema social coino la violencia oV génerorefuerza,en última instancia.

¡d poder normativo <|ue, a través del sistema punitivo, inscrilK en los cuerpos de hombres y mujeres la reproducción de un orden social que cada vez más produce malestar y enfermedad. Como se llévela en csie apañado, el supuesto sobre el Estado procurador de justicia y mediador de los conflictos entre las mujeres y el patriarcado es el que ha prevalecido desde la década de los setenta en el discurso feminis­ ta. sin embargo, si analizamos la electividad de la procuración de justicia eu nuestro país, elfeminismotendría <|tte preguntarse si continúa apostando por un discurso que excluye de ciudadanía a las mujeres y en la mayoría de lusca*» reviciimiza a aquellas personas que pretenden la justicia inscrita en códigos y leyes.

medios de comunicación y la com icntización de la sociedad; [Kira ello, se proponen analizar la problemática en el campo conceptual y reflexionar desde la pcispectiía jurídica. "F.s decir, no Instaba con denunciar que la 'lel­ es sexista', había que demostrarlo" (loto. JOIJÜ: 405). Fue la Coalición de Mujeres Feministas la que inició el cuesiionamiento y denuncia sobre los discursos jurídicos dominantes, planteando que estos constituyen un elemento fundamental para la construcción de la democra­ cia. Por primera vez se develó a la sociedad la corrupción en la investigación de las conductas ilícitas contra las mujeres, se mostró el doble maltrato que sufren las victimas en las instancias encargadas de procuración y adminis­ tración de justicia y la impunidad de los violado] es sexuales. jeres estaban centradas en la denuncia v sensibilización a la sociedad en general, pero particularmente a las mujeres. F.n este contexto, en 1070, la Coalición de Mujeres Feministas convocó a la Primerajornada de Denuncia y Movilización contra la violación. Como recuerda Mircya Tolo. "Presiona­ mos a través de marchas, manifestaciones, reuniones, proyectos de rclbrma y adiciones a los Códigos Penal y de Procedimientos Penales del OF para que la sociedad y las instituciones asumieran la existencia de la violación como una de las fot mas de violencia más desagradables y silenciadas que se ejer­ cen contra la mujer (...]'(Toto, 2(102: 405).

<U: articulación entre un discurso alia nativo y el discurso jurídico domi­ nante; csiasdos propuestas (alternativo y dominante) conllevaron algunos el terreno jurídico, a quienes se les denominó "reformistas", y las que des­ confiaban del derecho o -revolucionarias" (Tolo. 2002:105). Ks importante destacar que estas dos posturas continúan siendo un eje de discusión dentro del ámbito jurídico ( I j i r a u í i . 1994). La década de los óchenla fue una etapa en la mal las feministas se plan­ tearon coneietiiizar sobre la importancia de incluir propuestas concretas en el ámbito legislativo en lo que ¡especia a la violencia contra las mujeres. de manera cspeu'fica subir la violación sexual y teniendo como marro de referencia dos roiifciciicias internacionales sobre la mujer (Copenhage en 1980 y Nairobi en 1981). Las problemáticas que «aue el lema se colocaron

hijos si los hubiere. y pago del tratainic-uo psii oicrapéuiic. a la victima); «•(¡las especificas para la comprobación del cuerpo del delito n i el que h imputación de la olendida fuere elemento suficiente acompañado de priie» has; y la automación judicial para interrumpir el embaí a/o en los casos de También se promovieron relórmas y adiciones al código penal del Dis­ trito Federal en materia de violación que incrementaban la penalidad jiara el victimario y parcialmente la icpatación del daño, usías reformas enlralácilitar la comprobación del cuerpo del delito, se le dio |«.-so espedí ico a la imputación de la ofendida, se cambió la denominación de delitos sexuales, se reglamentó el abaso sexual y se tipificó el hostigamiento sexual. Al final de la decida se crearon cuatro agencias del Ministerio Público especializa­ das en delitos sexuales. Para 1990 se logró la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la nueva definición de delitos sexuales bajo el título de "Delitos en contra de la integridad psicoscxual de la persona', y en 1996 se aprobó la primera Ley de Violencia Familiar en el Distrito Federal. F.sios avances en el Distrito Fe-

dcral |>erm¡ticron al movimientofeministaexpandir las propuestas a oíros estados de la república. Kl tema tic violencia doméstica cobró relevancia en la esfera pública y en el espacio de procuración de justicia: en 1996 en la Ciudad de México. se promulgó la Ley de Asistencia y Prevención di: la Violencia litliafamiMat y las telórmas penales y civiles que tipifican la violencia intrafainiliar como causal de divorcio y como delito. A pesar de lo anterior, las leyes sobre violencia sexual y doméstica lian mostrado los límites que las democracias occidentales tienen para compren­ der y actuar sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres. Por ejemplo.

corresponden a las instancias de representación asi como a las entidades ile administración pública, y describe un proceso mínimo de manejo de i isos

da ionio de "amigable i:oiii|x>sii:¡nn", que generalmente es enieuilida |nn l.e. tnridades, de pinpiciat "conciliación entre la pareja". El imaginario sin i.il de mantenimiento del orden, razón de ser del sistema punitivo, actúa en Ins espacios de atención a mujeres para "salvar la unidad familiar". Además, la ley asume que los conllictos, tensiones y violencia que sur gen en el espacio doméstico c íntimo de una pareja es un problema de "co­ municación" que puede ser resuelto a naves de la negociación discursiva so es que el sujeto que interviene cu la "negociación" de los hechos violentos es un poder público, generalmente masculino, que sustituye a la mujer para "manejar" la resolución del conllicto y violencia instaurada en la re lación. El análisis del precepto legal nos muestra cómo una ley aparentemente diseñada para manejar casos de violencia contra las mujeres, termina siendo una herramienta más del poder para mantener y estabilizar las relaciones de pareja y la procreación ante la transformación de las actitudes y coin|»riamienlos de las mujeres en una sociedad permeada por el concepto de derechos "democráticos, humanos v civiles".

Derivada de las luchas de las mujeres y sil capacidad de ailimray con el Kstadn. cu la década que está |»n concluir su lian promulgado un número considerable de leyes tendióme.s a regular la equidad y la violencia de gene­ ro en micsiro país (aunque queda pendiente todavía someterlas a un lino análisis desde la perspectiva jurídico feminista): Ley pata la Protección de los Derechos de Niñas. Niños y Adolescentes (2000): I A.y Federal para Preve­ nir y Rliminar la Discriminación (2(103); Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (2006); Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida
Libic de Violencia (UMMVIV) (2007). Ksta úliima es la más significativa,

pues contempla el concepto <ie violencia basado en gcncio, tutela los I¡|KW

de violencia hacia las mujeres y promueve la homologación de las normas en encuentran armonizadas con la norma de canina general). Más recientemente se promulgó el Keglamcnin de la Ley de Acceso de las Mujer» a una Vida Lilia- de Violencia (2008). que es un instrumento la Ley puta Prevenir v Sancionar la Tiala de Personas (2007). ríalos anteriou-.s. algunas leiuinistas seguimos planteando la necesidad de icllcxionar sobre las jwsihilidades y límites de intervención a la violen­ cia contra las mujeres en el sistema de pincuración de justicia en México, ya que consideramos que la discusión sobre acceso a la justicia para las muje­ res que se encuentran en situación de violencia debe ser un debate que reliase el análisis de leyes y normativas esiiecíficas y que tienda a integrar lodos los niveles que intcrariúan en el ámbito de procuración de justicia mexicano. desde los aspectos teóricos hasta las subjetividad» de las y los o|>cradorcs del sistema, porque son estos actores quienes, de fació, se constituyen en los guardianes que deciden si las mujeres entran, y bajo qué condiciones, al largo proceso de búsqueda de justicia en el sistema (Saucedo y Htiatai/; 2010). A tíñales ile la primera década del siglo xxi, la realidad muestra que existe poca o nula posibilidad de que las víctimas de violencia de genero tengan una intervención éiica en una denuncia penal (y en otras materias judiciales); los servicios funcionan con recursos insuficientes para pr<iveer atención en condiciones mínimas de decoro, lo hacen ron personal no es­ pecializado e incapaz de aplicar las normas internacionalcs-y nacionales ya

cusientes (sobre todo en provincia y en comunidad! s rurales e indigente,) y en muchos rasos las y los servidores públicos enfrentan graves problemas de síndrome de ¿uní oul, razón por la cual praciican las diligencias con insensi­ bilidad hacia las víctimas (Huacuz: 2009; Saucedo y lluacui: 2010). I .os grupos especializados en el tema de violencia de género enlatizan que continúa pendiente para las víctimas la respuesta del Estado para ga­ rantizar sus derechos humanos, por ello, la teoría y práctica feministas sigue exigiendo el diseño de una política estatal integral respaldada con remisos públicos adecuados para que los actos de violencia se prevengan, inw-sti(¡uen, sancionen y reparen en forma apropiada, así como el cstablccimciiuo de condiciones para que las mujeres que tengan que acudir al sistema de rios/as (nu-cinii: 2007). y mayor capacidad de investigación independiente en el tema de violencia

violencia de género, también es importante reconocer qu elaboración y aplicación de leyes que regulen las relaciones de co entre las personas sin reproducir los diferenciales de poder, y reconocer que las leyes relacionadas con la violencia de genero pueden representar una
"tecnología" más del |KMICI patriarcal.

El feminismo actual coniiin/a a reconocer que para el caso especifico de México, aun cuando se aprobara la mejor ley, ésta sería infructuosa de­ bido a las deficiencias del Estado de derecho y el sistema de procuración de justicia. El sistema punitivo en las sociedades modera:» es |wrte de las tecnologías de disciplinatnicnlo y control que uncu el discurso jurídico y médico con el poder del Estado. Al respccui. en el siguiente apañado pre­ sentamos algunas reflexiones feministas sobre la violencia contra las mu­ jeres en los espacios de salud, otro ámbito en donde el discurso feminista sobre la violencia contra las mujeres ha tenido eco.

CONSTRUCCIÓN DEL FENÓMINO oe LA VIOLENCIA D I vtstuo

COMO PKOULt-MA DE SAUIU PÚBLICA I .os grupos ilc mujeres, primeros cu prnvet-r atención cs|X-cializada a perso­ nas <|ne sufren violencia, realizaron por años acciones de apoyo psicológico y medico, campañas de sensibilización, creación de centros de apoyo r in.

Saucedo y Riquei, 1991). Durante el periodo 1995-2005 se desarrolló en México un trabajo siste­ mático alrededor de la relación violencia-salud y si- lograron avances con­ veniros c*|icf ¡aligados de apoyo: se realizaron investigaciones y se promovió la creación de redes especificas y atención en espacios de salud (Saucedo. 1999 y Salas. 1999). • límenlo elaborado |x>, M i i Hciso (1994) |>aia el Banco Mundial, Violnitt Agnimí W'omrn. Tlw llulilen llaillli ISunlen i La violencia contra las mujeres. La carga oculta en la salud). Este documento, como muciios oíros que se. lian elaborado desde entonces, son parte de una estrategia del discurso y ac-

Dc.vlc entonces, en diferentes ámbitos discursivos de elaboración teórica c investigación, se ha puesto énlásis en el aporte de la experiencia feminista para conceptuar la relación violencia-salud. Rn « t e i ani|m se ii.i insistido en los posibles efectos perversos de un accicaniicnio al problema en el ám­ bito de la salud pública. Heise (2001) plantea, por ejemplo, que la pandemia del viii y la consiguiente "preocupación" para comprender las sexualidades y prácticas sexuales, en ausencia de un análisis de género, además de poner en i iesgo a las mujeres muestra que los acercamientos de salud pública son El proceso de transmutar la discusión del ámbito jurídico al de salud pública se enmarcó en una estrategia feminista que búscala llevar a los or­ ganismos internacional!* el debate sobre cómo y |xir qué la subordinación de las mujeres représenla un problema de equidad, desarrollo y salud pú-

Mica. Un proceso no «xcnio di- complicaciones y contradicción.-, debido a que esio significaba, entre oirás cosas, emrar en el complejo y álgido debate sobre la relación población-desarrollo en Latinoamérica y México. El reconot ¡miento de la violencia domestica como problema de salud pú­ blica presentó el mismo riesgo que su inclusión en el debate sobre derechos y ciudadanía, porque dado el oiilcn sexista de la sociedad es muy factible quereteproceso construya a las mujeres como víctimas. Más aún, siguiendo a Hc'ise: "una mayor atención a la prevalen, ¡a de la violencia, en especial la sexual (en el ámbito de la salud), también corre el riesgo de fomentar noció nes populares de la sexualidad como un impulso biológico, y de la sexuali­ dad del varón como 'inherentemente predatoria" (Hcisc 2001:2S7). Algunas dr las pi oblcmáticas en el espurio disuii sivo sobre población v políticas de salud, los análisis previos a la Conferencia de El Cairo, gii aban alrededor del dominio que hasta entonces tenía la demografía r la (-pide miología sobre la cniu cplualización y aplicación de |mhücas públicas en salud, la presión de Estados Unidos en las lonfcreni ¡as sobre pohlai iém. desde la primera, realizada en Koma en 1954. hasta I» de Méxiio. en l<>* I. se (entró en "mostrar" a los guíñenlos de los países, que una de las p im u pales causas de la desigualdad v pobreza en el mundo leuíuii que w i con los índices de fecundidad de los países en "vías de desarrollo" (Saucedo y Lerner. 1994). Sin embargo, esia postura, ampliamente debatida en las miiícicncias internacionales, predominó hasta principios de la década de los nóvenla. construyendo «I cuerpo de las mujeres como el < anum de iniei vein ion de las políticas de salud y desarrollo. Así, previo a la (Vinieren, la de I I < :,iiro. las feministas y el movimiento de mujeres en el mundo y en México, a través de sus múltiples redes, formaron parte de un dcluic internacional donde lo que estaba enjuego era la icconccptualbación de la relación dcsarrollo-desigualdad-pobrei2.!2 En la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, realizada cu F.l Cairo en 1994. donde el movimiento feminista logró tener una presen­ cia impórtame, representantes de 179 naciones aprobaron acucados sobre

vida de las mujeres pobres y las familias, y preservar los reí planeta para las finuras generaciones. De los acuerdos de esta conferencia surge la popularidad del concepto ¡alud rcproduiliva, ampliamente utilizado actualmente en el ámbito latino­ americano para debatir aspectos relacionados con la .salud de las mujeres. La violencia doméstica y su relación con la salud reproductiva se presen­ taron como una oportunidad para iniciar la exploración sobre la relación violencia domestica-salud en México (Saucedo l'J'JS). Lo que sigue siendo parte de la disputa discursiva en este espacio es, precisamente, el debate so­ bre la diferencia entre lo que aporta un enfoque feminista desde las ciencias sociales y el enlbque nadirional ile la'salud pública. vaplicación de este campo han sido sustanciales.13 t i largo procero de cons­ trucción discursiva de la violencia de género como problema de ciudadanía y de salud, muestra cómo en el centro de toda política pública en los hilos discursivos del |>oder que enlazan el nivel inicn

Toda acción social puede tener, bajo ciertas circunstancias, un efecto no deseado. Este es el caso de la lucha feminista en coufa de la violencia mujer viciimizado que vuelve a raía; dentro de la estabilización del sis­ tema de género en la sociedad mexicana. Si bien la acción feminista ha ganado espacios en las instancias de elaboración de políticas públicas y de­ servicios del Estado mexicano, el debate sobre ciudadanía y justicia que construyó el movimiento ha equiparado las demandas del leminismo con

los «flores más conservadores de la sociedad en los albores del .siglo xxi; ambos piden más "penas y mano dura" contra los hombres que cometen delitos. nado espacios para que mujeres feministas ocuparan puestos de dirección límite; debido al cambio consume de personal y presiones de la miliiaucia de los punidos <|ue reclama su cuota de poder a (ravés de puestos en los servie ios del Estado. Como generalmente los servicios relacionados con la condición de la mujer o de atención a la violencia MUÍ los más marginales

Así. encomiamos que en el año 2000 empezaba a ser obvio que la larga lucha cu contra de la violencia hacia las mujeres, inaugurada por el femi nisiuo. pasaba a ser botín de partidos políticos y grupos de poder tlciilru de estos. Peor aún. que el discurso sobre derechos v ciudadanía se iba convirlieudo. de a poco, en un eslogan conservador que demanda al Estado más eenarío muy problemático para el movimiento feminista y sus posibilidades de a|Hii lar (impuestas de cambio radical para la sociedad mexicana.

MUJMES V JÓVENES UN IHPASSF P A R A IA BFUtrSIOM

Adasio popular

Tara Loic Wacquant (2001), el paisaje mundial en las postrimerías del siglo xxi presenta nuevas formas de desigualdad y marginalidad urbana en todas las sociedades postindustriales y ha producido la modernización de la mise­ ria debido al ascenso de un nuevo régimen de desigualdad y marginalidad. La característica más llamativa de este "paisaje" es el simultáneo floreci­ miento de la opulencia, la indigencia, la abundancia y la iniseí ia; panorama contrario al imaginario social de |>osguerra que postulaba que el desarrollo económico capitalista conllevaría la disminución de la desigualdad y tiacría

la «labilidad política di: los países. El achicamiento y desarticulación del EsI.KI» de bienestar son dos de las causas del deterioro y la indigencia sociales

visibles en las metrópolis de las sociedades avadadas. Para este autor, en las sociedades postindustrialcs está surgiendo una combinación de mecanismos de economía canclaría, con el reforzamicnio de un Estado represor pata defender a los que todavía pueden considerarse afortunados en el nuevo orden mundial. No es casual por unto que cual­ quiera que esté atento a las noiic ¡as. cada vez más re|ntii¡vas y similares en el mundo, M: sienta tocado |>or la idea de *a!dea global" qué los analistas de los signos dr la nueva m.uginalidad son reconocibles paia cualquiera: peisonas sin hogar, mendigos en los transportes públicos, auge de laseconomías callejeras, el abatimiento yrabiade los jóvenes que no pueden obtener trabajos ¡entables, y la aiuaiguia de los antiguos ti abajadores a los que la Como planu a VVacquaiu. ¡m.io con las fuerzas del iw-n adn. cada vez mis los lisiados son grandes productores y modeladores de desigualdad y margí-

recae sobre los residentes de isos barrios y suma su |>eso al prc)un 10 contra Vei las distintas maneras en que la desigualdad y la segregación, así como el desempleo y el alundono estala: se inscriben en el espacio urbano, permite valutaria reacción que están adoptando los lisiados. Pero sobre lodo, muestra cómo la nueva maiginación no |Hiede ser entendida como proceso social si no se loman en cuenta iodos los campos en los cuales se imbrica la tenden­ cia que la «invierte en lo que Wacquant identifica como nuevo régimen de pobreza en las sociedades iiosi-industriales. No queda más que preguntar­ nos con Wacquant si no se estará creando un liabitm a nivel mundial en rela­ ción con la pobreza, que |>errnile la emergencia de una "ecología del miedo" y la instauración de un Estado que utiliza medidas de i¡|x> panóptico y justifi­ ca la <:riminali7ación de los pobres que ayudó a crear.

social presupone proyecciones de Liniasías de las clases medias o de personas conservadoras acerca de la naturaliza de las "clases iieligmsas" y los delin­ cuentes, los locos o los nifmiKK. Por esta ra/ón, cualquier reflexión ahedr dor de la violencia dclxr ieconocer la existencia de estas zonas oscutas. donde el imaginario social descarga susfantasíasy miedos. Las [amasias y miedos son los que alimentan la idea de que deman­ dando y obteniendo más leves y más programa.s de iiiiervent ion judicial se pudra disminuir la violencia hacia la* mujeres. Quizá paia el feminismo del siglo xxi sea necesario volver a reflexionar sobre las alianzas necesarias con otros grupos marginales para, por lin. demostrar que la lucha en comía de

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LAS LESBIANAS O R G A N I Z A D A S

Cloñn Cmraga Pha>

uisinu para dar visibilidad .> la pai(ú ¡pación .1. I.i> IKIIJ. ■-, m I.. ..« ,.,l.nl

raímente se hacereferenciaa las diferencias i-laicas o de clase de las adoras sociales, |K>rcciera que hay dimensiones, como la de ser lesbiana, que no sólo

>■ (le . morales o ral ve/, de la distancia que el feminismo lomó re lidad y de la vida ¡mima como ohjeio de esmdio. para or de la realidad social en su coujunio. No lo sé, la verdad c no están. Sólo Norma Mogiovcjo (2000), una autora peí México desdefinales(le los años 80, ha publicado un le miento lesbico en México, a pesar de los internos que <!
1

IWmon dr la Facultad de Pucolo^ía dr la uxcu.

Universitario de Estudios de Genero (IIIF.G) de la « K M , pretendimos de».

rrollar para que las protagonistas emprendiesen esa lana. Kn ese sentido. el desafio de escribir un texto sobre trayectorias del movimiento lésbicn en México resulta una tarea por demás complicada, donde hay mucho que leer entre lineas y adivinar lo que se está queriendo decir u ocultar. F.l movimiento feminista señala que las mujeres lianformadoparle de la historia de la humanidad, entonces yo me pregunto ¿las lesbianas no? ¿cuándo fue que en México se animaron a mostrar las primeras expresio­ nes léshicas y cuáles fueron MIS consecuencias? l'na pregunta inútil tal vez. Ni pn-sencia de expresiones sexuales alternativas asi como de expresiones de género diversas es evidente en las distintas aproximaciones históricas que sobre las mujeres se han hecho. Se podría decir que las mujer» "diferentes" han estado piestilles y activas en la construcción de la sociedad que hoy tene­ mos. Quienes de ellas tuvieron prácticas sexuales Icsbicas y cuándo, desde esta señalar dado que existe un sileucianiiento sobre el lema. a<lemás de la |Hn»ia censura, va que la gran mayoría se mantiene en el anonimato bajo el temor de ser "di-scubiertas". I'ara colmo, la iiiliniuacióii que las lesbianas v los grupos de lesláana-s han producido —venciendo los obstáculos |xira publicar—. se en­
cuentra dispersa o pot/j ac cesible - Así. i ccoi IOZCO < |iie este escrito está cent radb

en la información ai cesible y eu mi propia experiencia, consciente ¡ncliLSO de que dejaré fticia algunas <le las referencias con las que lie perdido contacto.

ol.ésbicoCay'cncIniiuii

su persecución durante el nazismo, por la ini|>osic¡ón de modelos loncos
cli

los países comunistas y por los principio.'. fundanienialistas de algunas

religiones. El movimiento contemporáneo resurge la lucha desde el norte de Europa y la costa oeste de Estados Unidos en los años 50, |>cro realmen­ te el parieaguas que globali/ó esta lucha fue el surgimiento tic una nueva perspectiva de izquierda que dio lugar a la lucha por los derechos civiles, los movimientos nacionalistas que rompieron el colonialismo, los movimien­ tos estudiantiles, el movimiento ecologista, el movimiento feminista y las criticas a la familia, a la sexualidad y sobre la condición de las mujeres. La liberación gay y el feminismo lesbit o irrumpieron dando lugar a Ibnnaciones organizativas de lesbianas y guys en c;is¡ todo el mundo. Distintas publi­ caciones dan cuenta de ello y hoy las listas de discusión e información o de contacto circulan fluidamente a través de Internet por lodo el mundo. IVro si bien hov existen grupos y organizaciones de lesbianas y gays en todo el inundo, sus expresiones y objetivos son muy diversos, los contextos ■ ulttuales que les sustentan v orientan signilic.ni de dislimas manetas su condición y dan lugai a distintas formas .le organización. Al misino hcm|X>.

obseivando su recorrido se idcuulican distintos tactores que van determi­ nando los giros y desafíos que se van platitMitdo. algunas veces (orno pai te de la orquesta global: otras, cu respuesta a su condición |tttticular. Afoi lu­ nadamente, los estudios sobre las distintas expresiones de genero y sobre la sexualidad se han ido incrementando y cada vez más las universidades y los centros de ¡r..cstigat ion colocan a éstos en el centro de sus análisis. I A crónica del movimiento léshico en México exige comprender algunas de las características necesariamente relacionadas con el ser sexo-diverso, el que se aparta de la versión hegemónka de la sexualidad-repioductiva. Uno

co gay se orientaron precisamente a la búsqueda de su ivionociniienio, a str visible en una sociedad que no sólo los rechaza sino que los lia negado. Si bien a lo largo de l:i historia podemos ideniilicar a mujeres y hombres que con sus actitudes y manifestaciones enfrentaron al mundo con su diferencia sexual, las primeras acciones públicas a favor de la diversidad sexual con una

de 1968. El Frente de Ulxración Homosexual1 .le México (n.n. 1971) d,-. mandaba el cese de la d i * i iminación legal v social liai ia \u\ homosexuales. educación sexual que incluyera la homosexualidad, la despatologi/ación de la h< sexualidad, y el cese de la |M:rxn:uc¡ón policiaca y los despidos laborales. Destaca entre sus iiiu-graiuYs Saucy fSidcnas. iiiilitanic del |«rtido comunista, escritora v directora de teatro, la puniría caía púlilica del

discusión que hasta entonces no exis' 'a. Para eiiioni es. ella va luhia apareKn 1977 si funda I .esbos. el primer gruix» de lesbianas leminisias litloi ado por Van María Casiro. I .esbos era un grupo que se manejaba en el clósei. en la clandestinidad. Realmente era un grujió de reflexión en torno al paMuchas de sus integrantes habían participado en ¡¡nums feministas y esa experiencia había significado en algunos casos el aislamiento, debido pro­ bablemente a un proceso de autorepresión dada su diferente orientación respecto de la mavoría y una velada censura por parte de ésta. Cuestionó la hctcioscxiialidad y \.. monogamia. Lesbos partía del hecho fundamental de que el Icshiaiiisiiiii no »• reduce a la relación de carácter sensual, sino

al papel tradicional <lc la mujer (Foiu, 1977). Planteaban que (lo ninguna manera pretendían transid mar a la sociedad n i homosexual, ni pensaban que fuera la única forma de relación social; veían a la homosexualidad y al lesbianismo 1:0111» una <>|K ion dentro de las relaciones humanas (Con/álcz. 2001). A |>esar de sus inu-nuw no lograron ingresar a la Coalición de Mujeres que agrupaba a las mujeres feministas: sólo algunas de ellas participaron de manera individual en las actividades de la Coalición a favor de los derechos de las mujeres, lejos de cualquier mención de la condición lésbica. La nirccsidatl de un activismo abierto y público entre algunas de las ni legrantes de Lesbos generó el rompimiento y posiblemente su disolución. 1.1 cei a las demás de salir del cióse!. A iniciativa de cuatro mujeres, con Van María Castro y I.11/ María Medina al frente, en I!I7K nació el (irnpo de I .cshianns Feministas Socialistas t likal.. ih —siglas de "Movimiento de mujeres g rcras que abren camino \ esp.n

procuraba oilai la ¡elación ile ¡Hidet <|tte se establece en la |Mteja iradi

y solidarizara' con las mayorías oprimidas y los gi tipos maiginados. va que como parte de la clase trabajadora luchaba en contra de un enemigo común:
el capital, que se manifiesta como |HKIIT burgués, |XKler masculino s jiodcr

heterosexual (Oikalwih, 1978). Como scí.alaWi con su nombre, este gnniu |Hclendía Ibrmar un grupo de guerreras, para.lp que impusieron grados, ri­ tos de iniciación y tarcas diferenciales: en susfilaslograron aglutinar a varias decenas de lesbianas que participaban activamente tanto en su formación como en múltiples actividades de denuncia y protesta que coiiiribuian a la sustentación de nuevas iniciativas, como la Marcha del Orgullo y la Semana Cultural, pero con reclamos e inconformidades. I .as crcclcmesdiscusioiiesen torno a la organización y lasdisiimas)>crs pectivas que fueron emergiendo aunado a la «risjs económica de 1982, mer­ mó sus ñlas, algunas emigraron y hubo que reorganizarse para mantener la wrc contestaría. Ksia condición generó una nueva ruptura, y las tres líderes

se dividieron o lomaron dislimos caminos: Yan María formó lesbianas So­ cialistas. Luz Mat i.i partió a Vcracruz para formar Fortaleza de la Luna, dejando a Patriajimcncz como nueva líder de Oikabcih. Lesbianas .Socialistas tuvo una vida efímera, que concluyó con un Seminario Maixisn Leninisu de Lesbianas Feministas que todavía hoy aparece (Kaskmalnicntc: Fortaleza óc la Luna se convirtió en un proyecto de vivienda en comuna que persiste; y

/ación mixta con fuertes vínculos con el l'ai lido Revolucionario de los Tra. layadores (r«r) ,| 0 orientación noskista. v Oikalietli. mas radical, de corte separatista, exi lusivainenicde lesbianas.que seautodelinia comosocialista y leminista y levantaba fuertes ciicslioiíamiciuos a las posiciones misógi ñas, al clasismo y al hcicroscxismo. Las lesbianas del grupo Umhda (1978!

para mujeres en el interior de su organización, instituyendo así. los jueve
El FHAK, que como se dijo se formó en 1<>7B, se presentaba como ti

grupo de homosexuales y lesbianas conscientes y orgullosos de su o indició sexual, que decidían organizarse amparados en los derechos de rcuniói asociación, libertad de expresión c información, de acuerdo con los prii social, política, cultural y económica, acabar con los mitos y mentiras acen de la homosexualidad y vincularse con las luchas de las mujeres y otros op: inidos (FIUK, s/f).

nones de conducía de una sexualidad mitificada que reproduce todas las injusticias (|uc se ejercen en contra de la mujer, los homosexuales, los odre­ ros, los ancianos y los niños, los minusválidos físicos y psíquicos, las diforen íes ranas y einias, asi como contra los reos que. en las sociedades opresivas. sufren de las mas variadas Coimas de explotación que ejerce una minoría privilegiada (Lambda. s/l). Su loco se centró en la lucha rotura la opresión y lepresión contra lesbianas y gays. La mayoría de sus niiliíames provenían o formaban parle de una nulitancia partidaria, principalmente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (r»T): al mismo tieiii|H). participaban en
las actividad^ del movimiento feminista A IK-S.II di- ser un grii|K> grande.

se ¡mei" como un grupo - dc cíóseí". pero pronto alcanzó una Rían estruc­ tura oiganizativa que involucró a lodos en laicas especificas. No obstante,

expuesto por las tres organizaciones en I'JÍW (Blasius y Pliclan. I9ÍI7). ri.™ coordinada fueron en 197». con motivo de la conmcmoiacióii de los diez años de la matanza de Tlaielolco y la celebración del aniversario de la Revolución Cubana, y que sirvieron de impulso para organizar en l'J~9 la primera Marcha del Orgullo (en contraposición del mandato a la vergüen­ za) y unirse así al movimiento internacional lésbico gay en lavor de sus dere­ chos, con la conmemoración de la revuelta de Slonewall. librada en Nueva

York en 106'J, y mostrarse públicamente en un lucrie desafío a la moral social imperante y en rechazo a su invisibilidad y cstigmaiuacinn (Careaga, 2002b). Con el lema "estamos en indas parles" buscaban precisamente el rctonoiiiiuciiin de su diversidad y de su contribución a la construcción de esta sociedad. Es más, en los primeros años de celebración del orgullo no sólo llegaron a alcanzar una participación masiva de personas lesbianas y gays, sino que incluso consiguieron que se les unieran en la marcha sindiraIOS, partidos políticos y el movimiento feminista, lo que dejaroíel carácter

Las organizaciones constituidasen esa década estaban formadas princi­ palmente por personas voluntarias que organizaban grupos de rellexión y discusión en lomo a la realidad social y a su propia condición, y que. como a sus derechos, mediante manifestaciones y enlrcntamientos ton grupos y organizaciones cojvtervadoras. l.as reseñas de la época dejan ver la capaci­ dad de convocatoria y de organización que tenían para hacer frente a las situaciones de discriminación y persecución de que eran objeto, así como para resolver las diferencias entre las per-tonalidades y oiganizaciones y actuar sonora y dicazmente de manera conjunta ante las vejaciones o dis­ criminaciones que enfrentaban. bico gay. Kn las resoluciones de la Conferencia Nacional Constitutiva del
Krente Nacional por la Liberación y los Derechos de las Mujeres (FUALIOM),

s propios cuerpos y |x» el lilirc ejercicio de la sexualidad". Sin embargo,
solir.iiiid dr dos grupos mixtos de homosexuales (Lambda v FHAR) para

gresa. al Frente provocó la amenaza de salida de algunas mujeres, como Unión Nacional de Mujeres Mexicanas— existen dilcrcntcs versiones, par<»bi adh. :pli.:itados el;aramente— (Jiménez e Hinojos.!, 2000). Aunque nosexuales pudo haberle costado al frente la no sociedad algún otro g. upo o sector, esta no dejaba de ser importante e» t lioinúfota. de la nial no quedaban excluidas ni

E'™Zt'uES
(González. 2001).

sexual, quienes

™s!nb*"Z, Illid'uiihd »',!!'.'

Durante 1.. Segunda C:....f.-..-...-ia Xa del inciso -Del P. iui.. Periodo del Fie:.., ;-:CO::;.; I :
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;::,;;:,;: I :.;;;;;Í:

chos puntos relacionados con la sexualidad — i... luyendo las di ni. -das diformal; esto se d.-l.ió a que después de un largo y arduo debate, a la hora de res Mexicanas y los Comités Femeniles de la Tendencia Democrática— no se manifestaron. La participación de las mujeres de los partidos dio .... giro al trabajo y las discusiones en el interior del Fieme y de la Coalición de Mujeres, llevan do incluso a fuertes pugnas y escisiones. Sin embargo, sería difícil separar la influencia que |MII I... lado tuvieron los partidos y por otro el movimiento feminista en la .eflexión en torno a la sexualidad de los grupos de conciencia. La i/.i|.iit-rda en ese momento apuntaba a debates que giraban principalsumo: "buscábamos la ruptura ( independencia y autonomía, lo <|

Sin embargo fue esto mismo lo cinc generó los mayores nudos y rupturas* (Ávila, 2000). Pero darla la confluencia de perspectivas. se realizaron distintas csirj. tegias |>ara conformar la alianza cmrc feminista» y lesbianas. Nancy Cárdc-

[lisciilian acerca de los modelos de |>are¡a y de telar ion. i 'encerrona" entre léiuintstas y lesbianas en la tasa de ui M.iblcció un vínculo más claro. profundizaron en las div [le las "gamuzas" cni|x-¿aion a cuestionar su heicroscxua

que amlms moviuiicnlosse cnri<|uecicran. Llevó a las feministas a cuestión; «r sobre: la orientación sexual y sobre su propia sexualidad, y llevó a algún lesbianas a almnar.se como feministas (Espinosa, 2000), sin dejar de « n i cierta incomodidad al reconocer la posibilidad de haber sido utilizadas. Parafinalesde los setenta y principios de los ochenta, los movimienii feminista y lesbico gay < onlluyen en la reivindicación de sus derechos y < facción de sus necesidades. Confluencia i|uc se refleja en una amplia \a

Pero el Distrito Federal no es todo, las org.iiiuacioiu.-s de lesionas en los estados también han ido apareciendo. Según Yan María Castro, en 1980 surgió La Comuna, un proyecto comunitario rural de lesbianas uiorclcnscs que se desarrolló en Ocote|>ec, Morolos, y <|ne logró reunir a decenas de mujeres en sus actividades de lin de semana. La Comuna fue un proyecto de subsistencia en que todas sus integrantes participaban. A partir de la división del trabajo, garantizaron una contribución comprometida para <•! sostenimiento del proyecto.

vas lésbii .LS: Yelmal (DB1), un grti|K> de lesbianas universitarias de Acallan. muy crítico y Icniinista. F.ste gni|H> puso en jaque las concepciones de la­ milla. de pareja e incluso al movimiento feminista en sus actitudes ante la juventud v su csl. uciura misma de poden. Las Muías (WS-I). "un grupo de lesbianas feínuiisiascon gran trabajo, que impulsaron el desarrollo de talleres sobre sexualidad y sobre cuerpo: centraban su discusión en el erotismo y el placer- (Jiménez. 200Ü). promovían la reflexión en torno a la lcsbofoIria imernaliz ida. y en estas actividades incluyeron a las lesbianas de otros grupos. Su (Maso estuvo manado por su paninpación en la organización del Primer Encuentro Lésbico-Femiiiista de América I .atina y el Caribe. Un

Cuarto Creciente, A.C. (1985), que desde su nombre, cu asociación íntima

idcraion las lesbianas, donde se impartían talleres y de discusión. Fundado por Virginia Sánchez NavaMina esotérica. ecologista y espiritualista proveyó al va pers|icci¡va. Pero su activismo no se quedó ahí, ella

Jo di: dos voces del náhuatl: Pailadmlla. mujer que ma.Murba a otra y Tunuüi, Miergía). el gru|H> en activo de mayor antigüedad en el país. Es un grupo le mujeres lesbianas, fundado en 198o cu Cuadalajara. Jalisco —una de

cas como punta de icelxrg para hacer visibles otras demandas sociales. Ks el grupo ron mayor antigüedad en el ¡>aís que se mantiene vigente y fue el organizador del Primer Encuentro Nacional de I z-sbianas Feministas e in­ tegrante del Comité Organizador del Primer Encuentro Lésbic o-Feminista de América latina y el Carite. En el desarrollo de su trabajo lia establecido relación con entidades académicas y feministas, y logado colocara- como objetivos. Kue la primera organización Icsbita que se afilió a la Asociación Internacional de Lesbianas y Ciys —hoy además bisexuales, trans e iutersex— (nr.A) e impulso la celebiación de su X I I I Conlcrcncia Mundial en Cpiiadalajaia en 1991, misma que no se logró instalar, a pesar del esfuerzo invertido, ante la intolerancia del gobierno de ese estado; no obstante, ira-

También en 1986, a iniciativa fio Nancy Cárdenas, surge el Grupo de Madres Lesbianas (Oíuníale), donde las principales reflexiones se centra­ ban en turno a larelacióncon los hijos, misinos que eran prodiKm de ma­ trimonios heterosexuales previos. La nueva cxpci ¡ene ia planteaba condicio­ nes no pensadas anteriormente. Mediante el testimonio, se abordaban los conflictos y se buscaban soluciones. El gru|K> estaba conformado por tina que muí lias veces dificultaba la comprensión de la problemática, F.stc gui­ po prácticamente desapareció después del F.ucuenlro I .ésbico-Feminisi» de

un Encuentro tle Madies Lesbianas, que se retoma el provecto y hov i muí mía con su trabajo de grupo de apoyo, pero ¡ucor|H>rando cada ve/ más la vertiente política, que su misma presencia implica. En esta misma década, la formaluación masiva de los griiius en <>w.. sexualidad, los orientaban hacia la salud. Incluso aunque atirician tálleles

sedimento" .le algunas compañeras exigiera la confesión del Icshiaiiisnui. F.l intercambio con las lesbianas llevó a nuevos cnfrciitainieiiios sobre el espacio, la intimidad, el respeto, la tolerancia. "Estábamos inmersas en un cúmulo de mentiras, silencios y [.. | se habían establecido nuevas formas de

.Seria necesario revisar lo qué pasó con la Coordinadora de (oupos Au­ tónomos Feministas, ya que no me parece coincidencia ¡a evidencia de su
composición lesbica y feminista: en ella se aglutinaron (19R2) CAML. Lamb­
ía, CIUHAL, Oikabeth, Mujeres del Chopo. MNU.Lucha Feminista, Colecti­

vo Feminista. La Revuelta. VenSenanos de Moielia. Colectivo Feminista de Colima, Mujeres de Culiacán. Calmad de Monterrey. Esta iniciativa, a pesar di: halxr celebrado cuatro encuentros, no tuvo mayores éxitos. A partir tlel segundo se forma la Red Nacional de Mujeres (1982) que es quien auspicia

ncs que internaban apuñar a la discusión los problemas que afretaban al falla ele espado otorgado al tema del lesbiauismn y a la ausencia de hete­ rosexuales en sus actividades. El tema del lesbianismo, no abordado en su profundidad en el seno de los grupos feministas (algunos de los cuales te­ nían lesbianas entre sus integrantes), fue visualizado |K>r muchas personas embargo, no se puede concluir que la presencia de las lesbianas haya sido el aspecto que incidió negativamente en el desarrollo del movimiento. Fue­ ron las diferencias de clase, gcnciacionales. de estado civil y la orientación sexual lo que constituyeron los nopiezos del leminisnuí (González, 2001).

para la extorsión, tamo por pane de los propietarios, quienes cobraban a sus clientes el set vicio ilícito que les prestaban, como de la policía, que frecuentemente las asaltaba. Además, las condiciones económicas y la apa-

se convirtieron en profesionales asalariados que d e l u d í a n de los recursos que obtenían para la realización de su trabajo. Aun cuando se mantuvieron algunos gru|K>s de rcllcxión. las posibilidades de coordinación colectiva se

en la que la pluralidad, y la relevancia de lo privado cobran importancia. Surgen un sinfín de nuevos gru|K>$ orientados en mucho a la lucha contra
el SIDA, pero el disiaticiainienlo de éstos con la lucha lésbicn gay y la crítica

de activistas del movimiento a las estrategias de esta nueva veniente, gene­ ra cnfrcntamienios entre los distintos liderazgos y muestra abiertamente las intolerancias internas. I .os recursos internacionales para el combate al sitv

Así. las acciones cenitales del movimiento a lo largo de la década *

expresiones múltiples y rada vez fueron alcanzando mayor respeto de la población. Para mediados dir los óchenla su aparii ion pública se reducía al mes de junio, golpeados de nuevo, ahora por el esligma que les cargaba la enfermedad mortal, estigma que no sólo las condénala con el dedo fla­ mígero, sino quefomentabaque surgieran nuevos temores c inccrtidiunbres entre los hombre» gay» y dejaba solas a las mujeres lesbianas (Careaga. 2002b). Ks prolrablemeiuc aqui donde se marca una profunda división que aún continúa: mientras en la década anterior, a pesar de las pai ticularida des y diferencias, lesbianas y gays caminaron juntos en la construcción del movimiento, es el indujo en la ludia contra el suu lo que aparta a unas y otros, para trabajar cada quien ion sus iguales v. aparentemente, ron obje­ tivos muy distintos: las lesbianas, a pesar di: la falta de apoyos económicos. dieron continuidad a sus proyectos y (orinaron nut-vos grupos y espacios

Aun asi. la Marcha del Oigullo se siguió celebrando puntualmente rada tiiuyó un apone ¡mporciiue pata la propia consuno ion. Así también, c: propio y legitimo, constituyó una de las conquistas imponantcs de los ospaciudad. Si bien la fuer/a y consistencia de los logros alcanzados impidieron que se revinieran, fueron apareciendo cada vez más lugares comeiciales de reunión, donde podían encontrarse sin temor a la persecución |K>liciaca. 1 .as posibilidades de ser descubiertos en la escuela, en la casa o la extorsión |io!ici:.l en los parques, en el trabajo, en las aceras, seguía siendo aún parle amigar que rodeó a la lucha contra el siru. Para finales de los ochenta, los espacios de rellcxión cían prácticamente inexistentes, se reducían a reunio­ nes caseras, entre amigas o amigos. Después del Encuentro Feminista de Chapingo en 1989. eu la Asamblea Feminista del Distrito Federal (10 de febrero de 1990) se aprobó el docu­ mento "Para qué una Coordinadora Feminista en el Distrito Federal" en el que se señalan tres principios que la guían: "la Coordinadora se consiiiuye reconociendo tres principios feministas que con el paso de los años han mostrado su fuerza en coincidencias que permiten unirnos: la maternidad

libre y voluntaria, contra la violencia hacia las mujeres, y pin- la libre opción .sexual", principios <|tt< muchas mujeres tradujeron en ejes <lc lucha. cionales de Naciones Unidas sobre la mujer, iniciamos la última década de ese siglo con el pleno reconocimiento de la orientación sexual como una lamiera del movimientofeminista.Sin cmluigo, el proceso de especializabandera de lucha sin mucho contenido. La sexualidad como tal quedó de nuevo a cargo de los grupos de lesbianas. No es extraño que hasta hace poco ningún grupo heterosexual asumicín a la sexualidad como el objeto central de MI tralwjo. Aun así la sexualidad lite abriéndose paso Los logros alcan­ zados a nivel internacional en el débale sobre la sexualidad di: las mujeres v el claro reconocimiento de la necesidad de scparai los derechos sexuales y reproductivos nos colocó ante una nueva etapa. Terminamos el siglo con ini­ ciativas múltiples para la delimYüiii de estrategias para su impulso. Al inicio de los años noventa, en I W I surge una nueva campaña políti.

t|iie se identifican con los derechos de las mujeres, v presentan diiv. can­ didaturas con una plataforma común a la que se unen poco a |HM:O oirás mujeres. Éste constituye un hecho importante pava el movimiento lésbico en cuanto que lleva al cuesiionainienio de la carencia de espacios abiertas de reflexión en la Ciudad de México y promueve la creación de un nuevo gni|K> de lesbianas. El Clóset de Sor Juana, en 1992. alrededor de la campaña política de Curia, durante la cual le plantean un conjunto de necesidades. Terminada la camp nía, y no habiendo consegui­ do el escaño, se juntan pata identificar alternativas a fin de enfrentar las condicione» cotidianas. Una demanda parece ser central: la necesidad de un espacio abierto, público, donde las lesbianas puedan acudir libremente a encontrase con otras lesbianas, participa! en grti|H>s de rcllcxión, desa­ rrollar actividades culturales y diseñar estrategias políticas. Se inició en un restaurante que facilitaba su espacio un día por semana. Un año después. con la coniribuciójn de sus integrantes, se decide ahí ir un espacio propio, se renta una casa e inicia sus actividades con el espacio abierto todos los días.

armenio <lc redes, proporcionando ayuda, información y olios servicios, tales i orno material de lectura, video y materiales de investigación para es­ tudiantes y profesionales interesados en entender la temática de la diversi­ dad sexual. Además de MIS objetivos de promoción y defensa de los derechos de las mujeres lesbianas, promueve la organización de las mismas; desde El Clóscí han surgido y se ha apoyado a organizaciones como Nueva Genera­ ción de Jóvenes Lesbianas. Tasexma. Mujeres Mayores de Tremía. Lesbian­ a-inda y la Cafetería I j s Virreynas. Kl Cióse! de Sorjuana ha desarrollado •ambién una intensa aclividad internacional, ha ocupado el Seii etariado de la Mujer de l ú a ' en dos ocasiones, ha organizado la reunió» del Consejo

es hoy la seueíaiia geneial de IMM. El Clóset de Sor Juana ha participado en varias sesiones y conferencias internacionales de las Naciones Unidas, la

consiste sólo en la producción de la revista. ¡tas por el cambio social progresista desde la perspectivafeminista,en cuamo lesbolcminisia, v para combatir todas las desde los deret líos humanos, una cultura fcminisia para las mujeres de to­ das las orientaciones .sexuales, mediante actividades de empodci amiento y medios alternativos de comunicación, para combatir la lesbofobia v miso­ ginia existente en la sociedad mexicana, para lo cual produce y difunde la revista de Cultura Lésbica feminista LtSVO'í apoya la creación de otros me­ dios de comunicación impresos, audiovisuales y multimedia, con carácter

abierto y esircdalizado hacia el movimiento amplio de mujeres feministas y lesbianas: organizar actividades de información y documentación, con­ vivencias culturales, conferencias y capacitación; incentiva la creación de nuevos grupos de mujeres, feministas y lesbianas; y realiza trabajo conjunto
con otras organizaciones que laboren contra indo IÍ¡K> de discriminación.

IsSVOZ ha jugado también un pa|>el central en la oi^anizacióu anual de la Marclia Lésbica. de I:LS identidades sexuales diversas de mujeres y hombres con la finalidad de promover la auloaccptación. en un ambiente de respeto, integración y reco­ nocimiento del derecho a la diferencia \ apuntando al desarrollo de sujetos sociales y políticos. Se. idcuiilica como un grupo de mujeres gay que busca ámbito de la diversidad sexual, a través de la difusión, educación. Investi­ gación y la creación artística. Tilo Vasconcelos las invita a participar en su programa de Uailio "Media Noche en Itabilonia" con la sección "De mujer a mujer: f i egúmalc a Pantaleona Libáis", dedicada a las mujeres que aman a otras mujeres, que se transmitió durante dos artos y medio por Radio Edu­ cación (hllp://musasdeuicialgay.blogspoi c omt Nueva Generación de jóvenes Lesbianas es un gru|M> de lesbiana» de entre 18 y 25 aítos. Surge en l«9(¡ ame la necesidad de tener un espacio de reflexión e información para jóvenes lesbianas y evitar la discriminación. Afirman que como jóvenes tienen el derecho a la información y a encontrar un espacio agradable en donde compartir lo que experimentan. Se reúnen rada quince días para desarrollar talleres y grujios de reflexión sobre su condición. Recientemente se ha constituido como Asociación Civil con el nombre de Fundación Género Diverso, conformada por profesionistas, ac­ tivistas y mujeres compiometidas con la delensa de los derechos humanos saldeldONel.com/cvenlos/ngjl.shlinl). En agosto de 1990 se conforma Mujeres Mayores de 30. un griqro de amigas adultas, maduras, deseosas de «Mitrar en contacto y establecer puenles de información con quienes le hagan referencia a sus propias necesida­ des Deciden reunirse de manera cotidiana para reflexionar y organizar ac­ tividades colectivas. Este grupo busca, de manera autodidacta, que se ton*

conciencia <lc la csiigmatización de: que ha sido objeto, no sólo por tratarse cuestiones <lc edad. Se reúnen cada dos semanas, con lo cual promueven el fortalecimiento de la identidad individual y como colectivo. Por este medio se favorece el proceso de salida del dosel de numerosas mujeres mayores, se fortalecen los lazos de amistad y de solidaridad y al misino tiempo se llevan a cabo acciones paia lograr la igualdad en la sociedad. Consideran que es imporianu: contar con una comunidad de personas con situaciones aliues. miento no es sinónimo de decadencia, sino de plenitud (hiip://aundis.com/ nota/77Gü.asp|. La década de los nóvenla ofreció también lluevas pcisperiivas al inovi-

rellcxiones en torno a la pluralidad,fotoliúo que se iclorniulara el trabajo cu el combate ni sirv\ y si- ampliara su perspectiva ofreciendo servicios a otros scrioics de la población; asimismo surgieron nuevos grupos v articulaciones. papel mu> ini|mi lame. Ks en esia década < uando se constituye el mayor núU.BI, que desde diferentes miíadas y ejes je lucha emprenden una nueva tarea: favorecer la expresión y la reflexión, y la conquista de sus derechos. Durante los anos nóvenla la visibilidad y el reconocimiento social de la diversidad sexual, es|>ec¡altncnte hacia le gay y la lesbiaudad, es evidente. Día a día se conquistan espacios, incluso la propia familia, lugar sanalizado o por lo menos empieza a buscar salidas para el mejor desarrollo de jóvenes con inquietudes respeto de su sexualidad. La lucha de los años noventa parte de esta premisa para luchar por el reconocimiento y la protección legal; rompe con la clandestinidad para buscar la institucionalizado!! de la condición ica:, lo que da lugar a nuevos debates y posiciones. Algunas pos­ turas retoman la bandera revolucionaria para cuestionar el matrimonio y la familia tradicional y en defensa de las demandas de clase; en otras, la con­ quista de derechos no parte del cucstionamiento al orden establecido, sino de dar pasos para alcanza! la equiparación con el mundo heterosexual.

La ((¡Malicia con el movimiento feminista es evidente. En el interior del inoviiiiicnlo U'.BI pareciera que la confianza para la representación está rola, y la definición He prioridades ame la amplia gama de intereses y nixesidades dificulta las posibilidades de acciones concertadas y de construcción de consensos. Esta gran variedad no reprcseiitaiía el problema central si no
fuera |MII<|UC SUS deliniciones y |XK¡cionamieiUOS no estuvieran determina­

dos por la lucha de |>odcr. 1.a conquista en 1<IU" de un escaño en la Cunara de Diputados por Pauia Jiincnei. una de las líderes históricas, si bien Mero mención como agíanme en el delito de |iei versión de menores del Código Penal, no logró constituirse en mi pai leaguas que eniuadcrara <lr nueve. al movimiento; por el connaiio. aportó un elemento más para la disputa y la
descalificación entre sus integrantes. Kl uso |H>I¡IÍ< o electoral de posiciones

seudoprogrcsisias fue evidente. U reedición (le |X>stiiras misóginas —con sus excepciones— v ln carencia de orientación política en el movimiento.

modelai gente, que i tras allá de las ( Imputas por y entre losliilcitugosmiiquistó el inores. la propucsle*o en 1TO a la Man ha del Orgullo hasta el Zócalo ta de Pai.riaji méiif/. 1 í fueru del mecimiento y de su presencia masiva en para dat cuei na de 1; todos 1», cios. Ese año. la nunli.i ese año. sorprendí ó a propios y extrasión global del inovilmentei internacional, dio muestracíe una expresión u IIIII lio más amplia,

de sus múltiples forin:isycjcsdeorga nización.Secsticchó el vínculo con las
is también como un la herramienta poexpresiones artísiicas. identificando!; lítica; más allá de las querellas y cuesiionainientos entre las personalidades. estas expresiones han perdido presencia y han levantado fuertes cticstionaLa fuerza mostrada en esta marcha abrió la puerta para la negociación con la máxima autoridad del nuevo gobierno de la Ciudad de México, quien ame la denuncia de una nueva razia, ordenó el respeto de las expresiones de la diversidad sexual, condición que en general prevalece hasta el día de

hov, rompiendo con la clandestinidad de los es|>acios de recreación ir.Br y promoviendo su legalidad. Se abrió asi In posibilidad de una interlocución directa tanto con el Jefe de Gobierno —para la apertura de servicios < s|xAsamblea Legislativa. Es en esta época cuando el moviinieniu ir.FT. en Irania expresión de su diversidad, instaura una peregrinación anual a la Basílica de Guadalu|x: —bajo la conducción del reverendo Juigc Sosa Morato de la Iglesaa de la Comunidad Metropolitana y con el a|H>yo de Patria Jiménez—, en la que los gru|K>s creyentes del movimiento reclaman su derecbo a ser reconocidos v respetados pot la Iglesia católica. fue también al linal de la década cuan du pot lin se logra que las instituciones sociale» recoiuxcan al mnvimú un.
IJUHT como interlocutor legitimo y cada día se abren mas CS|MCÍOS en l.e.

instituciones académicas y de investigación para dar lugar a la rellexióu \ Aun asi. o tal vez por eso mismo, al verse colorados en otra condición.

bablcmeme. ante la incapacidad de declinar el interés por la imposición de una lu-gemonia y la amplia expresión que el movimiento había logrado en las más recientes marchas del orgullo, las intención)* por aplastar algu­ nos liderazgos y nuevos intereses vinculados con los apoyos económicos de los negocios y del gobierno, han llevado a (racimar los espacios de expre­ sión. No solamente a violentar y combatir la. expresión ix>lilica del movi­ miento en la Marcha, sino también a echar abajo los quince anos de irab.iHi con la búsqueda de la cancelación de la Semana Cultural. En esta última década, el trabajo de El Clóset de Sor Juana y cute, como dos de los grupos mis visibles que trabajan alrededor de la sexualidad, fo­ mentaron además, la formación de iniciativasjóveno como Nueva Genera­ ción y la Red de Jóvenes a favor de los Derechos .Sexuales y Reproductivos. Así también se crearon nuevas iniciativas como Dcmysex — Democracia y Sexualidad, una red que aglutina gtupos de ja mayoría de los estados del

país— y la apertura de asociaciones de profesionales <|uc trabajan en ionio a la sexualidad y que han ampliado su |>erspectiva; se crearon también los espacios académicos del nito y El Colegio de México, en los que abiertamente se han instalado áreas de estudio y seminarios de investigación sobre No quiero dejar de reconocer el lugar que en esta época tuvieron los medios radiofónicos y televisivos para mantener el tema en el debate; entre
éstos se encuentra el Canal 11, Radio Educación y el IMIK —aunque no han

sido los únicos, pero las iniciativas han sido resultado del trabajo individual

y de El Hábito, también como un espacio nuestro. Peto las iniciativas no han parado, en este nuevo siglo aparecen nuevos l¡ni|K». Producciones y Milagros, que 0|:era desde inicios de la dé< ada de l!W0. pero seformalizaen 2005. es un colectivo de mujeres de distintas profesiones e ¡Hicieses. Trabajan en la promoción v defensa de los Dere­ chos Humanos de las mujeres, en especial de las lesbianas, principalmente Kllasconcilx.il lo Indico > el arle como Iwses liindaiiicmales para el naliajo

los momentos más importantes de la lucha feminista y lésbica. dad de reconocerse como mujeres lesbianas, de reivindicar su identidad desno sólo las une el género ni la orientación sexual, sino también el deseo de construir una sociedad mejor, donde puedan desarrollarse plenamente sin los obstáculos que implican la discriminación y la lesbofobia; se plantean ción de combatir la ignorancia, raí; del recha/o. Buscan además contribuir con laformaciónde una Ked Universitaria y desde ahí involucrarse con las iniciativas internacionales similares. Las integrantes del CLU fueron activas participantes del proceso de construcción de la pro|mcsia del matrimonio entre personas del mismo sexo para la Ciudad de México (liitp://gluuam. blogspot.com).

Por supuesto. se escucha cada vci más el surgimiento de agrupaciones lésbicas en !os estados. así comí) el incremento de su presencia y |»rtit:ipación en las marchas del orgullo, en distintas ciudades del país, como Zaratetas. Monterrey, Cuadalajara, Cuernavaca y Aguascalirntcs. |M>r mencionar algunas de las más visibles. Al mismo (ieni|x> podemos ver <|ue a través de este recorrido se lian desarrollado otras agrupaciones en las que si bien en su objetivo inicial o central no se plantean la lucha por los derechos de lesbianas, sus lineas de Trabajo los incluyen; muchas de éstas también están dirigidas por lesbianas. Asi, aunque parecieran no cotiMiiuirse como gru­ pos de lesbianas, han destacado también por su trabajo en este ámbito. Es el caso del timiA!.. de Cuernavaca. que incluso constituyó la sede del aichivo histói ico Nnncy Cárdenas, o Genero, Ética y Salud Sexual de Monterrey; su
dirigencia ocupa hoy la representación alterna lésbica de México para II^OA

v ha coiitt ¡buido al impulso de la presencia activa <le la Iglesia de la Comuni­ dad Metropolitana, con varios encuentros binacionales. F.ste grupo vincula a varias de las organizaciones léshii as de los estados: [talancc Promoción para el Desarrollo y Juveniiiil. con un intenso trabajo en la promoción y educación .sexual, promueve !.i articulación entre movimientos sociales con la incot|H)iación |Krmaiu:nie de lesbianas, su dhcclora es boy la ivpreseiitaute lésl,;.a de México i-n IH.A. De cre.ii ¡ó» más reciente. Acciona, lunila-

Cabc mencionar la Huida comunicación e información que se da en el cilwrespai ¡o. Cada día las listas de contacto van apareciendo, dando res­ puesta al aislamiento al que las lesbianas estaban antes conlinadas, para abrirles una pléyade de oportunidades de intercambio c información. Muy difícil sería intentar clasificar estas redes. Menciono solamente a Lesbianas mexicanas, que modero y que se encarga de distribuir información sobre interés, asi como de establecer vínculos con el movimiento feminista. Sin embargo, quiero destacar a Mujeres Acules como una lista electrónica pe­ culiar. En efecto, inició como una lista de contacto, que hoy reúne a más de 700 mujeres lesbianas. A diferencia de la mayoría de este tipo tic iniciativas. las Mujeres Azules han decidido salir del espacio rilwrnético y ocasional-

grupos Icsbicos. como en ol interior de la alianza lésbico gay. la situación prevaleciente exige un detallado análisis que permita ver las particulari­ dades participantes, pues hoy la ludia léshíca está penetrada por distintos

ir protagonismo |Kiliik

as perspectivas para orientar el trabajo, como feminista, como autónoma, ocal, nacional o internacional, enfrentan desafíos por demás complejos. Ideinás, esto si- <la ron pocos espacios par» la reflexión conjunta y mucho

la nueva vertiente de algunos grupos feministas para el trabajo con algunas lesbianas, ha despertado nuevas interrogantes y desconfianzas, concretando su apoyo solo a la adhesión a algunos de los más importantes logros.

frágil siistcntabilida'l y poco orientadas al trabajo de liase. También existen francas posibilidades de ocupar escaños y puestos políticos, asi como una clara interlocución con las autoridades de la ciudad. Al misino tiempo, se enfrenta una derechización de la política nacional, con acciones de gobier­ no contradictorias y un paulatino fortalecimiento de la expresión pública

derecho a la propia identidad, posibilitando el registro civil de las personas transgénero. Per», a pesar de los liderazgns y el trabajo consistente de las lesInanns. no lian logrado romper los csiigmas. aunque algunas veces parecen «lados: la misoginia en el interior del movimiento ijíarr y la li<imofot)ia en Cracias a'los logros en la Ciudad de México, hoy el país se anuncia al inundo como el primero de la región latinoamericana que conquista el ma­ trimonio pata las parejas del misino sexo, con derecho a adopí km. I'odria

se involucran cada ve/, más en el trabajo conjunto, dando lugar a nuevas formas de trabajo colectivo. A pesar de: que los espacios públicos de la década anterior se han limi­ tado en las televisoras oficiales y en algunas radiodifusoras que eian sede uupoiiaiiic para la discusión v el debate sobre la condición uajr, hoy las transmisiones por Internet constituyen altenativas de difusión. Afortuna' damente. y tal vez por eso mismo, otras manifestaciones culturales han estado siempre presentes. La actividad |Kilttica no |iodria llevarse a cabo. como señalé anteriormente, sin la contribución de una vertiente cultural. I.ns marchas, las protestas y la Semana Cultural han estado acompañadas |K>r la presencia d i muchas artistas, de las que mencionaré algunas que radican en la Ciudad de México: se ha enriquecido con las múltiples repre­ sentaciones plásticas y los diseños de Beatriz González; la fotografía c ins-

lalaciones de Roimi F.nciso y IIK videos de Guadalupe Oliera y Alejaudra Novoa lian sido ¡ni)»! [ames contribuciones. La puerta que abrió Nancy Cárdenas con su producción teatral ha continuado con la presencia de es­ critoras como Rosa María Rolliel. Reyna llar reí a, Elena Madrigal. Odctte Alonso y María Elena Olivera. Ku los espacios artísticos se han incorporado liguras como Leticia Armijo.Jesusa Rodrigue*. Liliana Felipe. Chávela Vargas. Ana Francis Mor. Gabriela Serraldc, Ana Oonircnis y Rene Prudencio.

L as lesbianas v los giupos Icshiros han estado presentes en los encuentros leinhmias latinomei icanos. > ahora también del Caribe, desde su origen en

rata la discusión en la agenda de los encuentros. Sin embargo, a |K-sar de que la presencia y discusión siempre han estado présenles, no si: ha dado un pioceso de mayor protitndización y compiotniso. La agenda de los en­ cuentros en muchas ocasiones res])onde a la urgencia de los pi obtenías de la región, así como a la urgencia de posicionamicnto respecto de la agenda internacional, en la que la discusión sobre el hcteíosexismo o la condición de las lesbianas ilificiliiicnic ocupa un lugar privilegiado en la región. Aun asi. considero que es en estos espacios donde se idenlilica más claiatncntc a las feministas aliadas, quienes casi permanentemente participan en las discusiones o levantan el tema en sus presentaciones. Notoriamente, en el recién celebrado XI Encuentro Feminista Lalinomcricano y del Caí ibe. en la Ciudad de México, la presentación pública de las lesbianas abarrotó el escenario. Muchas mujeres que tradirionalmciue venían trabajando en or­ ganizaciones leiniuistas sin involucrarse en la lucha por los derechos de las lesbianas dieron el paso y se unieron.

En distintos momentos Ive mencionado el I Encuentro L< shico Feminista Utinomcricano y no quiero concluir «iu hacer una mención más detallada Jrl mismo. Estí primer encuentro se organizó gracias a la idea de una orga­ nización holandesa que estaba intciraada en a]>oyar la consirucciói: de una Red de Lesbianas, para lo que ofrecieron íin.inciamiemo. Lo cual coincidió ron la organización del IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del O.i rilie en 1987, ahí se estableció la posibilidad de hacer el I Encuentro Lésbico Feminista de la región. Distintos factor»» intervinieron para que la organi­ zación y la idealización del Encuentro se convirtiera en una |x-sadilla |>ara el movimiento lésbico mexit ano. A finales de la década de líWtO. se rvc ordará. cienti- y el Seminario Mat xista eran los úni<os; Patlatonalti acababa de surgir en f-uadalajara y los distintos proyectos y |>er$pecin-.i.s que sustentaban eran evidentes. I J desarticulación de los gni|>os anteriores había sido producto de las diferencias entre las lítleies o con las Ikkr.-s; el movimiento nunca an-

conwé amplio que garantizara la iralización del mismo y una participación Estas condiciones no solo dili< tillaron de manera iinpoiiante el de­ sarrollo de la organización del encuen.ro. sino que profundizaron las heridas y las divisiones entre las lesbianas. Se evidenciaron los estilos de trabajo y los mecanismos para el ejercicio de |«idcr. Mogrovejo (2000) hace un detallado recuento del proceso a través de las entrevistas a mu­ chas de las acunas principales. Sin embargo, su publicación levantó la ira de varias de ellas. La |K)lat ización y los criterios excluyenies marcaron el pioceso. El I Encuentro inició con una gran desorganización: después de echar a la mayoría de las compañeras, no había quien asumiera las tareas tic la comisiones. Se trató de involucrar a todas las participantes, pero las visitantes no se sentían obligadas a asumir la organización. No existía un programa claro y se fue improvisando. Es decir, la organización no se cumplió, ya que las energías se centraron en la disputa. Incluso, la insta­ lación <le la Red, que era uno de los objetivos del Encuentro, sorprendió a las mexicanas, ya que no habían tenido tiempo siquiera para conocer la

una organización extranjera que la financiaba, levantó oíros muchos prui ¡ios, típicos de la realidad mexicana, contra una supuesta intervención o imposición. Alfinal,el Encuentro. en lugar de fortalecer al movimiento lo dividió aún mis, sembró la desconfianza entre las participamos e impidió que la región lograra una articulación. Los encuentros lésbico leminislas de la región se siguen rcali¿ando. con cierta regularidad y aún con muchas disputas. Pero,resultadodel proceso

dad y sus repercusiones, eu la lucha una ilara agenda política que deje v ha construido. Tal ve/ el desgaste et

este tipo de movimientos, están marcados un suio pin las posiciones politicas c ideológicas sino por Lis formas de manejo de! |K>der. los espacios de los grupos, si bien constituyen un lugar in'.i>oriauic para la reflexión y el desarrollo de habilidades políticas y estratégicas para enfrentar la dis­ criminación. son también espacios en donde se conforman redes sociales último vínculo puede constituirse en un attactivo in<|mi tante para las que inician, al mismo tiempo que es una amenaza importante pata el iraliajo |K)lílico. ya que al establecimiento de la relación amorosa necesariamen­ te tienden a buscar espacios propios de convivencia y a "desaparecer" del grupo, por lo menos durante un buen lapso (Careaga, 200-1). Además, por supuesto que ponen enriesgola estabilidad no solo del trabajo político sino de la continuidad y la sobrevivencia misma del grupo, cuando son las líderes las involucradas y enfrentan diferencias o rupturas y no logran separar los objetivos y sus rutas. F.n varias de las rupturas de estos grupos

I j s organizaciones lésbU as han a-nido una presencia y unafluidezconsume i k> largo de la lucha u a r de nuestro país. I as lesbianas, a pesar de las ca­ restías. se lian constituido en una vertiente cnural de la lucha que desde los ramos en nuestra sociedad |>ara dar la cara e impulsar una fuerza (¡ue abra las posibilidades para la defensa y la protección de sus dene líos. La condición Iónica, como |iai le <lel movimiento feminista, ha destacado la condición de la

gran desgaste. No obstante haber alcanzado.logros importantes. la liiclr.i por combatir los estigmas y la discriminación que como mujeres y «uno les bianas enfrentan es todavía larga. A pesar de los avances, de las articulado nes y de la férrea lucha liln ada. la reedición que. psrece hoy pouciM- en lx>ga ile estas Ibrmas de descrédito y sometimiento aún tiene vigencia y exige una reorganización estratégica que posibilite la tonst i iicc.ión de una lucra colectiva que lleve a una confrontación más clara con los obstáculos que no se ha logrado vencer. Pero este desafío mi es fácil ni será posible sin la cons trucción de espacios para la reflexión conjunta fuera de la reproducción de las formas de hacer política laudadas por el protagonismo y la búsqued?

de beneficios personales <|uc, desafortunadamente. aún caracterizan el traba­ jo político en nuestro país, al formar pane de nuestra estructura. Los avances con quienes es posible construir consnisos son evidentes. más allá (le buscar enderezar la ruta de quienes han trazado otras o de debatir ion quienes IH> tienen interés en el trabajo con lesbianas, una ruta y una agenda propias con alian/as consistentes podrían alentar micros bríos y esperanzas. I -a necesaria articulación para construir una fuer/a política impórtame exige, además del intercambio de experiencias con organizaciones similares de oíros países, como se ha dado en los mejores montemos del movimiento lésbico. la construcción de alianzas no sólo con las organizaciones semejan-

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TERCERA PARTE: CLASE. ETNIA YAMBIENTALISMO

». protagonistas y loi mas en que «•

amas de casa de barrios urbano populares, articulan a sus proyectos sociales La emergencia del feminismo |>opular está asociada a la < onlluencia de tres profesos: por un lado, el lin del "milagro mexicano" v el largo periodo de crisis económica que inicia a fines de los años sesenta y que ni la bonama que trajo el altó de precios petroleros «le 1970 a 11)81 logró revertir; poi el contrario, al inicial los años ochenta, el relativo éxito del dcsarrollismo de la imsguerra se hundía f u sus propias contradicciones, se desplomaban los indicadores de bienestar y crecía la polarización social; México entraba así. dramat¡caiu?mc, a su "década |>erdida". Por otro lado, el creciente malestar

ca, cu pane ;il autoritarismo político—, que se expresa en oposición poli. lira y movilización swi.il, marcando asi el principio del fin de la "dictadura perfecta" —como Vargas Llosa llamó al sistema político mexicano—, cuya capacirlad de control social se resquebraja desde aquel año emblemático y sobre todo en los setenta, al mismo ritmo en que los movimientos popn. lares de masas enarbolan reivindicaciones socioeconómicas y dan fuertes luchas por la independencia política y por la democracia fuera de los apara­ tos corpoiaüvos y < lirntelarcs tli-1 partido de Estado, el Revolucionario Inslitucioual (m). Una nueva izquierda sindical. cum|K:siiia. urbano popular y i-sttuliantil. klentificada en k> popular como pueblo trabajador, explotado y
MibaUernu. obliga al K.M.I.I.I .< una "apertura democrática" y a una rehírala

política, aunque muy piorno quedó claro que las pequt úas concesiones eran miemos popúlales, y que ruando se pierde el consenso. queda la represión v la violencia para mantener el dominio social y el poder |H>lítico. Por úlii un», el romano de mujeres de los movimientos populares con tenias y pn>.

populares, sí diseminó sus criticas al patriarcado y sus propuestas libertarias en diversos espacios. La nueva izquierda social, radica! en su confrontación

Al comenzar los aíios ochenta, tlesde los movimientos populares alzan la voz tralMJadoras. obreras, empleadas, campesinas y amas de casa de barrios urbanos pobres: mujeres que comparten con sus organizaciones mixtas un proyecto de cambio radical y que empiezan a anicular la crítica al sisicparticipación social y de su vida cotidiana. JILSIO cuando las agru|iacioncs

feministas que surgieron en los años setenta se I de redujo y dispersión,2 las mujeres de los uinviiti fuerza social mas dinámica del feminismo mexica y construyen un discurso fresco que articula a si una perspectiva de género, con lo cual redimensinuan el proyecto político de los movimientos populares y evidencian el carácter plural del movimien­ to leininista. aunque en uno y otro espado su presencia, más que reconoci­ miento. generó resistencia y tensiones. Tese a la trascendencia política, cultural y social de los procesos que dan villa al feminismo popular, la mayoría de los análisis e historias del movi-

mandas prácticas de género, nefando así su carácter feminista v la dinicnUmas liaec del movimiento feminista de los ochenta (11)92: 551). dice que ios movimientos de mujeres de sectores populares, cuya previuia política

G!) laminen deja fuera del movimiento leiniíjisia los procesos de iuii|cies
de SCCIOKS populares analizados por Lamas, a los que ideniitit a sólo como

parle del movimiento amplio de mujeres. Uari.ra (20IK: l.Vfi") consideía a las mujeres de sei toics |K>pulares como objeto de ateiu ion de un ■feminis­ mo asistencialista" que gracias a ello perdió la radicalitlad de las leniinistas "de hueso < (llorado". De Karhicri (19tK>: M) ve en los organismos civiles que apny.uou los movimientos ele mujeres, un "feminismo de base |xipular" que dio la ludia codo a codo con mujeres pobres, pero éstas quedan reducidas al papel de "base po|mlar"de las oirás. I.au (1987: 12) señala que el feminismo

"es el conjunto <lc ideas que tienden a explicar la situación de la mujer en
la sociedad para de ahí IHIS< ar los instrumentos para modincarla", pero a la

hora de analizar al feminismo mexicano deja lucra de el a los movimientos de mujeres pese a t|uc encajan |>crfc-c(ameiite cu su concepto. Para González (2001: 20-22), el movimienio feminista se preocupa por modilicar las rela­ ciones de poder cntie los géneros y por su|>erar la desigualdad entre varones y mujeres, y son movilizaciones de mujeres la.s que tienen un protagonismo

Kecii|ierai la experiencia del feminismo popular es relevante para sacar a la luz una de las historias invisibles del feminismo y de los movimientos |X>pulares. bajo la idea de que en las orillas está el retino, justo |K>rc|ue ahí se condensan todas las exclusiones y problemas que obligan a locar fon­ do y radicalizar los proyectos políticos de anilws movimientos. No sólo poi eso: los problemas conceptuales y políticos que trajo consigo el feminismo popular son vigentes, también anota hay mujeres que, recomiéndose en lo popular como parte del pueblo explotado, discriminado y subalterno, están dando batallas con un contenido feminista, y se reeditan las resisten-

En el texto se impone el proceso de construcción del feminismo impu­ tar, y se pro|>nne desplazar la visión unilincal y cxcluycntc del movimiento feminista por una noción plural c incluyente que acepte la diversidad de sus vertientes y protagonistas, la heterogeneidad de contextos, puntos de partida, rutas, medios, agendas y modos de articular las luchas feministas con otras dimensiones de la opresión y de la desigualdad sorial, condición para construir el movimiento con más a[>eiitira y potencial el alcance de sus luchas. Para documentar los eventos y procesos del leminismo popular —so­ bre todo en la primera mitad de los ochenta— recurrí a las escasas fuentes

procesos populares. No me ubico en el pa|>el del nanador neutro, me re CVU07C0 como paite de los procesos que analizo: no aspiro a generar una verdad única ni concueido con el relativismo cultural: ex|iongo un conocí.

co>(|iieadinitrnljposiliilklad(l(-<>iiic\i'iiK'>ll.iiiM>ljswliilaiidMlniljniiliiÍL.i y conversaciones compartidas en 'a epistemología (.. .| es pieriamente en la po lilica y en la rp^'.emologia de las pncepcioiies pan ¡ales. diHMle se cnciientia la

Reconocer la diversidad y los contextos sin caer en el relativismo cultu­ al que ncepu cualquier postura política en nombre de la diferencia, ituplia precisar - c o m o Moiiflc (1993:21)- que el feminismo es un movimiento inancipador y de izquierda, pues se propone dccomiruir las múltiples for-

liona las relaciones de poder que las someten y apunta a construir relacio­ nes más igualitarias y libres, en el entendido de que las mujeres no sólo cínicas, generacionales, religiosas, etcétera; multiplicidad de posiciones que posibilita la construcción de múltiples dimensiones idcntiiarias, de luchas cniancipatorius y de alianzas con otros actores sociales. Desde esta perspectiva, ni en el plano conceptual ni en el político el proyecto leminisla puede construirse como un gueto de mujeres, sino articular sus aspira­ ciones a luchas lil>criar¡a$ más amplias. Desde allí se analiza el feminismo popular.

El Primer Encuentro N.n ionai de Muji-ii".. realuarf» en la Ciudad tle Méxignni7ación y accione* masivas femeninas en los .sectores populares. El <¡\M mujeres) v el entusiasmo que despertó, sino sobre todo cu las cualidades políticas de las asistentes.-'' Sindicalistas, colonas (pobladoras de colonias urbanas |>obres) y <ani|>c$jnas, pariíci|>cs de movimientos popúlales, de

organizaciones políticas mixtas poco ideiuificablcs a primera vista,' de con­ vergencias políticas de masas. sectoriales o nacionales; estructuras políticas independientes del aparato c»i|>orai¡vo oficial c innuenciadas claramente por la izquierda.' El enciicnim duró tres días, en los que trabajadoras, cotonas y campe-

"parlicípación política <le la mujer"; en su mayoría se «ido sus problemas (Espinosa y Paz Paredes. 198S).

piocesos de organizarmii y luchas: fogueadas en batallas por la 114' salario o la vivienda; confrontadas con el coiporativismo y m u la lm cia estatal: con caciques, terratenientes y empresarios: experiencias r duda las habían enfrentado a la difícil tarca «le «1 iiuijeirs <■» «I ■ popular y en la esléra pnlíiira v Mxial. Vivencias iieisonalcs ..ilni.n lares v |i«>i «Has mismas rmpezamn a salir a Unte v a politizarse. F.u colectiwi se descubrieron subordinadas en todos los espaci- -¡

■vapular. la Cotifxmm. la Oigauñjcion (mis

■ I Grupo Hf l/fpiirrrl^ RcmliKKmana Etpana-

or lj Befen» dd Salario. Onlra la il Comn la RrrmMión. el fació de l.rrn.ftunpniímPopular (Moguel.

su currpo y su sexualidad; en el hogar; en ceñiros «le trabajo y sindicatos; en comunidades rurales y urbanas; en organizaciones sociales, gremiales y subordinación de género en c! espacio laboral, social y público, pero tam­ bién salió a relucir el marhismo de los compañeros con los que compartían | a lucha social, el hogar, la recámara y la cocina. Un discurso lemiuisca y cuajado cambio. El chispazo se había producido, pero fallaba un largo trecho para Entre los acuerdos más importante* de aquella reunión estuvo el or­ ganizar encuentros sectoriales: de n abajadoras, cotonas y campesinas. pot scparailo. con el fin de ampliar la icllexión desde la base y ari ¡bar a otro enciieniro nacional de mujeres más representativo. Desde el primer momento se pensó conjugar la luchas de clases con sus incipientes reivindicar iones de género. pera también desde el primer momento, la posibilidad de analizar

es desmantelara sus incipientes colectivos y acciones. I-a "problemática de » mujer" neutralizaba el tema. Tampoco se utilizaba el concepto "género" su uso se extendió .1finesde la déracla y sobre todo <-u los noventa) ni se ha>laba de demandas feministas, sino de problemas Me mujeres", demandas de mujeres" y movimientos "de mujeres".

•ntro. en un proceso que cobró cada vez mayor fuerza ) amplitud, 1 decenas de irrunkmes con sindicalistas, colonas y campesinas, tiy pronto se adentraron en la reflexión critica de sus problemas

de género. A la par que se multiplicaban los procesos locales protagonizólos por la -comisión", el ■comité-, el "grii|>o" de mujeres, de la unión vecinal, de la comunidad cani|>es¡na o del sindicato, también se impulsaron reuniones regionales o settoi jales y formas di: organización y coordinación." Pese a la intensidad y carácter masivo del proceso, el acuerdo de hacer un segundo encuentro nacional quedó sepultado por el número y dispersión de los pro­ cesos locales, |»r su complejidad, diversidad y carácter incipiente, |HII proble­ mas económicos y logísticos, y por ¡a <i|>oskióii o reticencia que sus procesos despertaron en los movimientos populares. Las promotoras de las primeras reuniones y discusiones sobre "la pro­ blemática de la mujer" que involucraron a colonas, campesinas o trabaja doras, fueron militantes de izquierda insertasen movimientos sociales. Va­ rias feministas se engancharon paulatinamente al proceso popular, pero el ncofeminisnio organizado se manimo al margen de los emergentes movi-

adelante. iioro en el primer luslro de los ochenta, en pleno auge organiza. livo di- los movimientos <lc mujeres, olios organismos de la sociedad civil (ose) se vincularon al proceso y fueron construyendo su propio discurso En la primera mitad de los ochenta mucha* militantes del Pai üdo Revo­ lucionario de los Trabajadores (no), la Organización de l/quicida Revolu­ cionaría-Línea de Masas (om-ui), el Movimiento Revolucionario del Pueblo
(MSP), el Partido Comunista Mexicano (FUI), el gni|K> Marxistas reminis-

las (que más adelante se convertiría en el Colectivo Revolución Integral.
CKI) y UIHIAU iniciaron proyectos comunes —no sólo alianzas—. ¡ñipen-

sahlcs rime sus partidos \ organizaciones de origen. Aun mando rondaba feminismo dio prioridad al desarrollo de los movimientos de mujeies, rom. piendo asi el sectarismo de la izquierda de los ochenta.
el |,;I|KI de los movimientos populares en la construcción de los movimien-

linas políticas se convirtieron en eje ariirulailoi de las redes de mujeres. Asi. las mujeies de las coordinadoras sindicales, de la (Jonaump. del n * * y de
la CNPA." dieron luz a la Coordinadora de Mujeres hatajadoras (1981).

.1 la Regional de Mujeres de la Couamup (1983). al Foio de la Muja (del
FNC.R) (1981) y a la Coordinadora de Mujeres ele la I:SM (1980); al misino

tiempo, los conflictos de la izquierda marcaron los procesos femeninos, por
ejemplo, las diferencias internas del Conainup y de la CNPA se tradujeron en

división I I I la Regional de Mujeres de la Conamup y en la disolución de la
Coordinadora de Mujeres de la CNPA (Espinosa. 199»). Las tendencias uni­

tarias dentro de rada sector (asalai iadas, campesinas y colonas) avanzaron
a distinto ritmo, IHTO en todos los casos tuvieron tras de sí una dinámica

efervescente de los procesos locales.

Violencia (Onv-AC). el Equino tic Mujeies en Arrión Solidaria (m«), el ü:upo de Mutación

Las campesinas tuvieron mayores dificultades para oryanitarM-, por la dispersión y lejanía de las comunidades, la concentración de las ose en las urbes, la escasez de recursos para movilizarse y la Tuerza del patriarcado apoyaban, prepararon el segundo encuentro nacional de mujeres -(pie nun­ ca se llevó a «alio-, icalizando reuniones regionales en el norte, el centro y el sur-sureste del país." Este lento proceso arribó, en 1986, al Encuentro Na­ cional de Mujeres Campesinas; pese a los problemas del movimiento campe­ sino mixto, los procesos regionales de mujeres rurales tuvieron continuidad. En la segunda mitad de la década. Ia> ese. vinculadas a ellas ereaion la Red Nacional de l'totnotoras y Asesoras Rurales, que hasta hoy es un espario de formación c intercambio de experiencias de (/abajo con mujeres del i ini|n. desde una perspectiva lc.miui.sia.

feminista (ires encuentros nacionales de mujeres, en 1983. 1985 y 1987. y 1.1 criación de la Regional de Mujeres de la Conainup. que agni|>6 a muje­ res de más de 40 colonias populares del Valle de México de 1983 hasta los primeros años noventa), y construyeron un discurso cada vez más explícita. mente feminista. En Monterrey. Torreón, Durangn. Nayarit y Guanajuato también se desarrollaron movimientos de mujeres del Mur que empezaron a articular la lucha por la vivienda con reivindicaciones de contenido leminista. También en este raso, la lal>or de las ose fue de primer orden para

res populares y <:n varias regiones del país, muy pocas redes de coordinación lograron mantenerse en el mediano plazo: en su mayoría fueron «limeras y, excepto la Regional de Mujeres de la Conanuip. que logró una estructura amplia y dui adera los procesos se desarrollaron con manir luc>7a en espaKl temliloidel 19 de septiembre de 1980 marcó el inri io di- olio ciclo |x>utico y organizativo de los movimientos de mujeres, en ri que destacan, por un lado, el Sindicato de Costureras 19 de Septiembre, y por otro, los grupos de mujeres .le organizaciones de vecinos y damnificados que surgieron lue­ go del sismo. En la coyuntura, la sociedad civil se organizó y desbordo los las maneras di: actuar de la izquierda. Kl feminismo reorganizado en a|>oyo a las daminifteadas y al gremio de costureras que laboraba en una de las zonas más afectadas, puso todas sus energías para imprimir una |>er$|>eci¡va feminista a las nacientes organizaciones y ludias. En el caso de las dainuilicadas. una vez más hubo reticencia de las organizaciones mixtas al trabajo especifico con mujeres y al feminismo. pero esta vez fue más débil; además, la necesidad de unas y la respuesta so­ lidaria de otras facilitó la relación y el desarrollo de procesos organizativos que fueron incorporando propuestas de equidad de género. Así surgieron movimientos de mujeres en la Coordinadora Única de Damnificados, la Unión de Vecinos y Damnilicados y la Unión Popular Nueva Tcnochtitlan,

K» el caso de las costureras, gremio consumid mujeres, fueron feministas <|iiict>es se solidarizaron con (rilas." difundie­ ron su injusta situación y su indefensión laboral, apoyaron decisivamente la creación del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre y, más que aseso­ rar, dirigieron la vida sindical hasta que. en medio de fuertes pugnas entre los dos grujios feministas que más incidencia tenían en el Sindicato, un

el sindicalismo feminista, la imbricación eu provectos de cambio social más amplios, asi como la necesidad de icpensar la relación entre asesoras y tra­ bajadoras. Con relación a ello. Coopcr (2(M«: I0.V1U7) señala que si la es tiatirgia del feminismo es empixlerar a las sindicalistas hav que retomar a Freiré, pues la educación para la liberación (que conduce al empoderamiento) delxi ía orientarse a que las sindicalistas se vuelvan sujetos de su propio destino. Y en ello —dice- es crucial "nombrar nosotras mismas nucstio

vitalicio'

Carlos Jonguitiid. secretario general del Sindicato Nacional <

Trabajadores de la Kducicióti. que fue destituid» en ese IIICA ¡míenlo;. A ra

de ello, en el Primer Encuclillo Nacional de Maestros Dirigentes Sindical realizado en julio ''e 1989, se reconoció la importancia de las maestras < el gremio y su escasa injerencia en la dirección y en la vida sindical. DatK continuidad a csic proceso, en 199» se realizó la Primera Jornada sob: Mujer, Trabajo y Educación, donde las maestras tocaron por "primera ve Nacional de Mujeres Tiabajadoi as (no existía memoria del Primer Kuciie tro de Mujeres Trabajadoras de 1981). del que surgieron propuestas cu;

lúlad que fueron cobrando las dicciones de 1988 que. como veremos más adelante, desplazaron el foco de atención de la izquierda y del feminismo militante. Sería hasta seis años después que se impulsara un II Encuentro y tres reuniones regionales preparatorias: en 1993 en Sonora y Yucatán, en 1995 eu la Ciudad de México, año en que también se realizaría el II Encuen­ tro Nacional de Mujeres Trabajadoras, al cpie asistieron 509 mujeres de 19 estados y del Distrito Kcdcral; 89 organizaciones nacionales y -I extranjeras (Conzalcz nal. 1995). Las temáticas del Encuentro: genero, («líticas de em­ pleo y desempleo; productividad y calidad desde una |X is|x.t'liva sindical; mexicanas: derechos de las trabajadoras; valor comparable (Oouzález. el«/., 1995), muestran la amplitud de la reflexión y la inilu icación analítica y po-

lormación sindical v sus demandas dentro de los sindicatos y de la sociedad (Fondo. 1998).

ios de pequeños grupos roinuniíai ios. muchos de e'.ln» articulados en redes ambientalistas, artesanalcs, productivas. <le comercialización, para el ahorro y préstamo. |>or la salud reproductiva, contra la violencia. |w>r los deiechos de las mujeres, etcétera. La temática de las redes es un indicador de las aspi­ ración^ sociales desde donde se articulan las reivindicaciones dr género. I)e los movimientos de mujeres campesinas, que durante lustros subsumieion las identidades "(rucas en "lo campesino*, se desdoblaría —luego del alza­ miento zapalista de 1994 — un amplio movimiento de mujeres indígenas cu­ yas ivivindicacibnes de género se han articulado a la agenda del movimien­ to indígena mixto que tanta Itierza logró a raíz del 94. La configuración de un feminismo indígena requieie su pnipio análisis, por el momento baste decir que el feminismo popular en el espacio rural, lúe una de sus raíces. Una ve* más. ose. que promueven una pers|>cci¡va de género, entre las que destaca la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales, han tenido un pa|>cl relevante .i-n ambos procesos.

A lo largo de la década de los óchenla, ruando <:ol>ra furria y los ciinicmos del feminismo popular, los movimientos de mi licaron coi»cpios lomados del discurso feminista y del discí opresión y explotación de la mujer; doble jornada; mujer, c< trabajo y vida sindical; mujer, tenencia de la liirra y loniuuicl

en los sectores |K>pulares recuperó problemas especílii pcixpeclivas de cambio que no sólo ¡mentaban niodilica s <H:lieiua, la peí tenencia de los movimiento ial organizada —embrión y esqueleto del leí

as de "dividir al movimiento" o achacándoles una ideología no burguesa. De todas formas se multiplicaron los procesos as acciones feministas en los sectores populares. |»ero coló­

se reafirmaron como movimientos de miijen M> claros rasgos y contenidos Icmiuisias.

Las reflexiones permitieron visualizar problemas comunes en el mundo privado y en el espacio social y desde ahí construyeron nuevas identidades políticas con un contenido crinen de género: la desigualdad y opresión en el seno familiar se visualizó como un campo de malestar general: campesi­ nas. trabajadoras y rolnnas se descubrieron como trabajadoras domésticas en sus hogares, sin pago ni reconocimiento, como mujeres que descono­ cían sus cuerpos y no tenían decisión sobre ellos ni sobre su sexualidad, su maternidad o sus vidas: el papel de madres, esposas y amas de casa resultó ser un gian campo de identidad cuajado de problemas. Del mundo laboral surgieron desigualdades salariales, incumplimiento de la ir; en los pocos apartados específicos jiara mujeres, acoso y hostigamiento sexual, carencia de guarderías. En el w r las mujeres descubrieron i|ue eran "la columna vertebral del movimiento pero (pie en la cabeza sólo había varones". En lodos los sectores se reconocieron excluidas de los órganos de dirección donde, pese al discurso dcmocraiüador de la izquierda, csialxiu sulxirriiua-

creciente de sus procesos organizativos, sus ¡usianí ias de mujeres no cían iiitiniM'iilas |Ku sus agrupaciones mixtas, lo nial dilirultaha su participa­ ción y la incorporación de reivindicaciones de género en las plataformas Había rlcnirtiun i miles. |>ero lo popular tampoco eia homogéneo.

tenía distintas connoiacioncsen los mundos rural y urbano, en i ada espacio laboral, en rada legión y en cada organización social, gremial o política; la "problemática de la mujer" adquiría tamas pccnli.n idjdcs y se articulaba a tan variadas condiciones, que clilii ilnniilc se sostenía la posibilidad de una

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(2001), éste no es la mera profusión de posiciones diversas. sino el recono­ cimiento de la legitimidad de las diversas posturas y su derecho a afirmarse en un terreno común, aplicando criterios de igualdad y reconocimiento de

tenia, especialmente la dcspcnalización del almrto. mientras que los movi­ mientos ile mujeres es|>craban que el feminismo se comprometiera con sus demanilas de clase. F.l posicionauíienlo de unas y olías se expresó en leu. siones y conllictos. Aquéllos visualizaban a éste como un lodo homogéneo. «oleario a las luchas de genero. |>cro poco comprometido con un cambio so­ cial. I'cro así como los movimientos de mujeres eran heterogéneos, entre las feministas había diferencias grupalesy hasta personales. Coexistían cuando inicia/ los arios setenta, v el emeigenle lcmiiiisuio civil, cuyas n-dcs. discui-

Cionamup asumiera sus demandas. "■ o allí se estaba dotande de una carga genérica a las demandas del MI r y al disem so socialista que compartían con sus organizaciones mixtas. Este dcsciiciicnuo se manifestó en l'JB-l, cuando en masivo un acto que en años anteriores sólo convocaba a un puñado de feministas: sin embargo, en viv de que las culonas apoyaran las demandas Lis feministas no sólo encontraron reticencias a sus demandas, sino a El deslinde obedecía, como dijimos antes, a la idea de que el feminismo no compartía una perspectiva de cambio social radical e incluyeme; m í o tam­ bién a un prejuicio, a la idea de que centraba sus baterías contra los hom­ bres, a favor del libci linaje sexual, el lesbianismo y el abono: y finalmente o por principio, a que sus compañeros de vida o de clase descalificaban a los movimientos de mujeres |mi' "divisionistas", aduciendo que debilitaban las alianzas de clase y la ludia contra el capitalismo. En poco tiempo, el des-

linde también provino tic las feministas, pues no comprendían cuál podría ser la subversión de colectivos de mujeres que no compartían sus reivindica­ ciones y que. en lugar de cuestionar el rol tradicional de madres y amas de casa, parecían reafirmarlo con algunas acciones, como sus luchas por subsi­ dios al consumo y al abasto popular, la autogestión di: comedores colectivos y molinos de nixtamal y la atención a la salud. Pese a los dcscncucntros y criticas uiuiuas, los ejes de reí lesión divulga­ dos por el feminismo histórico y el a|H>yo formativo que el feminismo civil lio del feminismo popular; asi mismo, las ex|icr¡cii< ¡as y discursos de este pciiiiilicion ariiiul.il —no sólo en el plano \cibal o ideológico sino en la piáctica — una iK-rspocliva social y de dase al discuiso IcininiMa. Si bien

emauci|iaiorias, construcción conjunta en torno a ellos y políticas de alianid y solidaridad. Llegaron a realizar actos comunes el 8 de mai zo (Oía Inter­ nacional de la Mujer), el 10 de mayo (Día de la Madre) y el 25 de noviembre (Día Contra la Violencia Hacia las Mujeres). Ahí estuvieron juntas |>cro no revueltas, con fricciones y marcando conllicñvamenie las dilérencias. Kl feminismo civil de las oso se convirtió'eíi un frágil y complejo puente ile relación entre ambos polos, tanto |>or la naturaleza del discurso feminis­ ta que estaba constriñiendo como ]>or su cercanía personal y grupal con los movimientos de mujeres. Veste intento, que apuntó a la consii unión de una nueva dimensión del feminismo y de su papel social, no satisfizo nial leminismo d i "hueso colorado" ni a los movimientos de mujeres. En los ochenta. las ose estaban entre la espada y la pared, pues muchas feministas sintieron \\m era inadmisible el sacrificio ideológico exigido por un trabajo popular

que. para colmo, no fortalct ía la lucha |K>r sus demandas históricas; y po, otro lado, pese a que los grupos populares recibían el apoyo de las ose. tenían recelos y las veían como parle de un movimiento feminisla homogé­ neo con el que no compartían un piwecto político de más largo alcance; además, a mediados de la década, la disputa por recursos hilanderos17 y el y alianzas "de género" o "de clase", tensaron aún más sus relaciones.

Un tasgo iwculiai del feminismo en el MUÍ- fue que. a diferencia del neofeminisnto, no rechazaron de inicio el |>arx'l tradicional di: las mujeres, más bien fue la ¡inposihilidad y sufriiniento para cumplirlo lo que propició su par­ ticipación social y desató procesos colectivos que inipaciaron sus relaciones de genero en todos los espacios. I-a politización de lo privado, que las siiliordiua y las excluye del ámbito público, operó a la vez como motor de sus pioccsos y se convirtió en una de las vías de su construcción como sujetas sociales, con vw y ieivindic.it iones propias.

Ti atar do cumplir colectivamente sustareascomo madres. eí|>osas y amas de cas», las condujo a romper el aislamiento y a sulwci lir la tradición en un tenso proceso: no era lo mismo hacer milagros individuales i el gasto familiar que montar un dcsayimador y una cocina popular o un cen­ tro de salud; no era lo mismo cuidar lujos en la casa que organizar una ■lineado enfrentar individualmente la violencia inlralamiliar que organi­ zarse para la defensa contra ella. La desnaturalización de la subordinación ydc la desigualdad, la ludia por abrir espacios y tiempos paia si. por ganar libertad «Ir movimiento, por apropiarse de decisiones sobre su cuerpo y su maternidad... Pan« Í.MI uadkionalts. pero va no lo cían. Se puede |H-rmaiifcer. cambiando.

que vencer la oposición y violencia de marirlos, padres, lujos, suegras, ma­ dres; y a medida que avanzaba su proceso, también uivietoii que convencer
o enfrentar a los "cantaradas". Demandar torúbonos (IKIIIOS canjeables |>or

lunilla) o desayunos escolares, recursos para la salud o la vivienda; defen­ derse de la violencia, del hostigamiento sexual; pugnar por salarios iguales. por ser parle de la dirección del sindicato, de la unión vecinal, de la orga­ nización campesina: exigir reconocimiento de la "«omisión", la "cartera". el "grupo", la "regional", la "««Hiidinadora" de mujeres, en los movimientos |x>pulares: cuestionar por qué el punto "mujeres" siempre era el último del orden del día. Todo ello implicó «leconstruir una arraigada identidad y for­ ma de ser mujer, dclinir otra imagen de sí mismas y transformar el concepto tradicional de lo femenino subordinado en el mundo popular, en la clase, en la organización mixta, en la casa, en la cania y en la cocina. La partici-

pación social ilc las mujeres populares obligó a muchos núcleos familiares a «definir jerarquías y funciones <lc sus miembros, compartiendo con más equidad el trabajo doméstico y la vida pública, aunque en otros casos obligó :i las mujeres a asumir dobles, triples y hasta cuádruples JOI nadas; la do­ méstica, la salarial, la participación social en el movimiento popular y cu el

yugales temporales o definitivas de muchas dirigentes, jiem la mararia de "las bases" trató de negociar su participación social con la pareja, pues no era fácil lograr la sulisistciic:ia en un mundo popular ajotado por la crisis citinó-

discurso claramente feminista construido en cientos de lallcus. encuentros v reuniones donde, avivadas por organismos civiles, discutieron una gran diversidad de lemas y problemas de los que surgieron propuestas -a ve­ ces difíciles de llevar a la práctica, pues las mujeres se movían en varios espa­ cios y antagonizaban con diversos sujetos. De esta divcisidad de |K>s¡ciones eligía laminen una dm rsidad de negiKlaciones v posibilidades <le eanilao. F.l laiánei tnuliifacéiko de su problemática dio i ¡rigen a una multipliciiLKl de luchas v de resuluuos. no siempie colieieuies. satistanorios o articulados. De todas lórmas. este proceso hcteiogcnco lomiiiiiioiió MI vida y sus relaciones de género en lodos los espacios: la familia, las organizaciones sociales y gremiales, las comunidades, la relación con instancias estatales. Al igual que las neofeminiMas. esias mujeres convinieron lo personal en político, y politizaron parle de sus asninos pi ¡vados, redelinicndo con ello los espacios de lo público y lo privado y la relación entre ambas esferas. Pro­ fundizaron el concepto de democracia, cuestionaron la visión reduccionista de la izquierda al ineorporarpaulatinaniciitc los problemas de género a los procesos de cambio social, tornaron plural al movimiento feminista y am­ pliaron los espacios y dimensiones de lo político v la política. Todo ello alionó el terreno para que. en la segunda mitad de los ochen­ ta. varios núcleos |X>pulares femeninos acuñaran el concepto feminis­ mo popular, que articulaba las luchas de clase ron la lucha por transformar positivamente las relaciones de opresión y sulmrdinarión que pesan sobre las mujeres. Lo "popular" destacaba no tanto su origen, sino la idea de que

d cambio social se liaría ¡unto con el pueblo y no sólo por > • |>ara las mujrn Poro el reconocimiento dt: su identidadfeministase dio en medio de tcnsi nes: la Regional de Mujeres de la Conamup preparó su participación en |V Encuentro feminista Latinoamericano y del Caribe (a reali/aise en Tí co. Guerrero, en 1987), mediante la dinámica "El juicio", i|iir supone a< sación y defensa para identificar coincidencias y diferencias El feminisn fue colocado en el "haut|uillo de los acusados* y llovieron las acusación mientras la defensa eia casi nula. Las integrantes de los organismos civil comprometidos con los procesos |xipulares femeninos del Valle de Méxi se inolcstaion profundamente. Paradójicamente, éste fue un momento < feminismo popular \ ,i las ose. a asumirse como feministas i »n un punce propio y no sólo como "grupos de a|>oyo". Todo ello a la ve/ (pie las telaci Quienes asumieron explícitamente el concepto constituyeron el coi III |HH

:n I9B7. la presencia masiva de mujeres de sectores populares "fue inici prcada por in<|Hiri.iuies sectores feminisias como una perdida de identidad • como un menoscabo de la radiealidad del proyecto feminista" (i'uñoii, 1997: 75). Mientras unas percibían que la dimensión clasista tendía a des-

vil mar la lucha de genero, oirás aplaudían la gran penetración lograda por la perspectiva feminista en las ludias del continente. Estas divergencias se expresaron en la realización virtual de dos enrueniros y en el hecho de que las ose. ligadas a procesos populares se convirtieron en vértice y receptáculo du las criticas de unas y otras, pues si el feminismo popular las colocaba en el "banquillo de los acusados", muchas neofeministas las nombraban "populáricas", en tono peyorativo y para marcar diferencias cntiT los feminismos. Vargas (1994: 51-52), refiriéndose a aquel momento, señala que dentro del movimiento se fue produciendo una lógica de exclusión:
IJIS feministas eramos diferentes a los hombres, |>ero también a otras

mujeres que no privilegiaban la propuesta ilc géueío. El criterio de igualdad, sin mediaciones, condujo a creer que los procesos debían ser más o menos homogéneos, desconociendo así la «iK-afickind y pluralidad contendidas en las distintas vertientes del movimiento social de mujeres. De modo que, a pesar (lo las profundas rupturas con la lógica |>oliiira imperante y de la críti(:i < enera a las visiones totalizantes y vanguardistas de los partidos |KII¡IÍCOS.

Afinesde los ochenta confluyeron procesos que rebasan la dinámica de los feminismos, |>ero inciden decisivamente en ellos. Si en el 82 se "agudizó la crisis", en el 88 se hablaba ya de la "década perdida". Para entonces las rece­ tas neoliberales sumaron nuevos estragos a la vieja "deuda social": el ajuste estructural cerró espacios de negociación, redujo empleos y partidas para el desarrollo, de modo que la lucha por reducir la explotación y ampliar los derechos sociales si: redujo a la simple defensa del empleo, la tierra, la vivienda... el nuevo combate era casi por seguir siendo explotados. No sólo el neoliberalismo exigía alternativas inéditas, el derrumbe del bloque socialista colapso un horizonte político de cambio radical revolu­ cionario, y la izquierda política empezó a buscar nuevos cauces. En 1988, la disidencia csixmtánca y la organizada confluyeron en un espacio ciudadano hasta entonces desdeñado, pues cu un régimen de partido fie Estado, el

grueso de los movimientos populares promovían el alKtcncionismo electoral. Por primera vez en la posrcvolución, la lucha rcivindicativa se locó con la lucha ciudadana. Durante décadas, estas venientes corrieron ]Hir distin­ tos cauces, en tiempo, coyuntura, estructura orgánica, base social c inter­ locutores; pero hay en ellas un origen común: la injusticia económica y su correlato, el autoritarismo político; y un ideal democrático compartido qui­ las hace poicncialmcmc convergentes (Bartra, 1992: 35). En el 88 la crisis económica y social se desdobló en crisis política y la lucha social devino insurrección ciudadana. La políticaformal,empezó a ser el espacio articulador de la política. Si años anas la politbación se expresó en una creciente movilización social y en una radicalbación de las perspectivas del cambio. en 1988. la fractura del rftl y la salida de la corriente democrática encala:zaila por Ciiaiihlémoc Cárdenas, dio la pauta para a|H«iar al sufragio como vehículo del cambio. Vel fraude electoral no pudo negar la convicción im­ putar de que el voto mayoritario fue de oposición. El 88 no sólo expresó la
(«rdiila tic consenso y control |HIIÍIÍCO del partido de Estado, sino los límites

de la democracia directa y el desgaste del discurso radical de- la izquierda.

La acción de las diversas vertientes feministas había discurrido prinvos movimientos sociales: les era desconocida la política formal, el sal)er y la práctica de gobernar o ser gobernado, las normas del Estado. Sería necesario dar un salto cualitativo: vincular la acción social con la políti­ ca; articular la política informal con la formal, la democracia directa con la democracia electoral. Aun cuando la definición formal de ciudadanía resulta estrecha para analizar los medios y los modos de participación > roiis;rucción del ciudadano, sin este referente institucional, la partici­ pación social y política puede apuntar a la democratización de diversos espacios y a la creación de sujetos sociales, pero no necesariamente ; ■ la construcción del ciudadano. Y si desde un inicio, para extirpar las trampas de la política formal se exigió una reforma de Estado, de inicio también, hubo que jugar ron sus reglas, cuestionar la centralidad de la clase, poner en duda la revolu­ ción y el socialismo; locar el desencanto y la tragedia de la vía imaginada para el cambio, abrir paso a la pluralidad de actores, a la discusión so-

y se propuso negociar frente al poder las demandas de las mujeres. K.l 11 de noviembre del mismo año. más de treinta ose que trabajaban con (Muyeron la Coordinadora Benita Caleana, <|uctíeliniótres ejes de lucha: por la demociacin. colilla la violencia lutria la» mujeres y por el derechos la vida. En 19'JO. luego del VI Encuentro Nacional Feminista realizado en Cliapingo. Estado de Míxico, se constituyó la Coordinadora Feminista del Distrito Federal, i|iie desde una perspectiva de (¡enero se propuso contri-

cnicia) se añadirían innovaciones: en 1991. Mujeres |mr la üemocracia —<|iie aglutinaba a osr, mujeres de partido y de organizaciones socia­ les— decidió impulsar diez candidaturas feministas para ocupar puestos

de representación popular; para entonces, todos los partidos tuvieron i|uc |>osicionarse ante las "cuotas" exigidas por las mujeres en las candi­ daturas a cargos de elección popular De entonces hasta aliora. en cada coyuntura circuirá! resurgen propuestas para <|ue los partidos políticos asuman la agenda feminista, candidaturas femeninas o definitivamente

transfoi marión de los antiguos movimientos sociales, los rasgos que i ai ai terizan al feminismo popular, como la articulación de una perspectiva de género a proyectos de cambio social más amplios, se repetirían en nuevas 1.a experiencia de los feu nismos no caería en el vacío: la "perspectiva de género" <|uc empegaron a adoptar partidos políticos, órgano legislalieos y políticas públicas, rec aperaba el pensamiento y la expericncia del feminismo histórico, del fem nisino civil y del feminismo popular González (2003: 58-78) destaca el h echo de que al rRD llegaron mujeres leí signa de Inrhar por la equida 1 ile género. Antes de que el Partido Nacional llegara al ejecutivo federal, prácticamente todas las em ligadas de progí amas para mujeres i nían su raíz en alguna de las veriiin N lililí nistas a las que hemos hecho referencia.
MIIP.

militantes de movimientos siiciales y de grupos de izquierda, coi la con-

I.ECCIONFSYREIOS En las últimas dos décadas, las cx|x-ricncias que dan continuidad al femi­ nismo popular se multiplican y dispersan pero no sólo enfrentan los retos de la política formal, sino nuevos escenarios y coyunturas políticas: la radlcalización del neoliberalismo económico que significó lafirmadel Tratado de Libre Comercio de América del Norte; el abandono <lc rcsponsabilidades sociales por parte del Estado; la ruptura de los pactos de la Revolución expresados en los artículos sociales de la cana magna; la emergencia de identidades y movimientos étnicos; el arribo de la oposición al gobierno de la ciudad más grande de México y MI fortalecimiento en diversas entida­ des, a la vez que el desencanto por la actuación de la izquierda partidaria; el gobierno federal del PAN; el resquebrajamiento del Estado laico y el ascenso de una ola conservadora que afecta especialmente a las mujeres; el impe­ rio del narcotráfico; el crecimiento de la desigualdad social, el desempleo, la pobreza: la migración; movimiento social de enormes dimensiones en

que otroia pusieran en su comunidad, en su ciudad, en su sindicato o en su organización social. •-— A treinta aiios de los primeros movimientos de mujeres, $u fragmenta­ ción y discontinuidad no niega el crecimiento de su proceso organizativo ñi el cambio que en la vida cotidiana y las mentalidades lia propiciado aquello que un día llegó a llamarse feminismo popular y que hoy -quizá olvidado el nombre- se expresa en cientos de procesos protagonizados por mujen-s del pueblo trabajador, explotado, discriminado, excluido y subalterno, que pugnan por articular a sus agendas sociales sus reivindicaciones feministas: los retos son tan pandes que de pronto parece que treinta años no es nada, que el avance fuera efímero o insignificante. Por ejemplo, la agenda sindical mixta sigue ignorando las demandas bá­ sicas de las trabajadoras: pago igual a trabajo igual, no a la segregación ocupacional, rechazo al hostigamiento sexual, capac ilación, y representación proporcional de las mujeres en los comités ejecutivos <Coo|>er, 2002: 99). Las aspiraciones del feminismo sindical —dice Coopcr—. sólo se alcanzarán en alianza con las fucuas sindicales mixtas que pugnan por autonomía] libertad, ]>cro a la vez tendrán que deslttrdar los marcos sexistas que esta

mismas corrientes lian impuesto sobre las mujeres trabajadoras. Feminismo y sindicalismo son aún dos piezas difíciles de anicular. También en oíros espacios el saldo parece pobre, por ejemplo, pese a la maduración de los pro­ cesos y discursos de las mujeres rurales (ecologistas, artesanas, aliorradoras, paneras y promotoras de salud, etcétera.), en las convergencias campesinas y en las coyunturas políticas más relevantes —como la protagonizada por El Campo no Aguama Más en 2003, o la Campaña Sin Maíz no Hay País—, las mujeres y las reivindicaciones de género siguen siendo secundarlas o poco articuladas a las estructuras de dirección y a las agendas del movimiento

vida rural son ya asunto de mujeres. Los procesos y problemas vividos |X>r el feminismo |wpular se reeditan en nuevos tiempo* y contextos sociales. Hoy, el ncoliberalismo económico y el ncoconsorvadui ismo político les: unos y otros están a la defensiva en lodos los planos y se necesitan repen­ sar las estrategias para contener simultáneamente las políticas empobrecey derechos «le las mujeres. Dice Haraway (2005) <|uc no hay otro momento eu la liistoiia en que liub'-se mas necesidad de unidad política para afron­ tar con eficacia las denominaciones de raza, género, sexo y clase, y (|uc la dolorosa fragmentación de las feministas refuerza la dominación sobre las mujeres -a veces, incluso, entre las nropias mujeres. El feminismo mexicano no ha escapado a ello, y resulta absurdo desdeñar las coincidencias y desperlivo de exclusión o jerarquía. Habrá que aprender a construir lo común en homogeneizarla, sino para buscar en lo es|>ecíf¡ro los puntos de contacto y los elementos que, sin ser idénticos al proyecto propio, sean legítimos, justos y emancipadores para las mujeres y los grupos oprimidos. El feminismo popular en sus nuevas expresiones, todos los feminismos, las izquierdas, están obligados a repensar lasformasde construir una fuerza contrahegémonica que reconozca la legitimidad del "otro"; a reconocer la diferencia en un marco de igualdad; a construir una fuerza social que luche contra las desigualdades de género y contra todo lo que oprime, explota,

excluye, discrimina, subordina, sojuzga. I .os retos son tan grandes. el liorizonte al <|ue se aspira eslá tan lejos, que de pronto se antoja una quimera. l o único que queda claro <-s que justo |Mir éso. hoy más que nunca articu­ lar las reivindicaciones feministas a otras agendas eniancipatorias y a otros actores sociales no sólotiigue siendo válido, sino indispensable para logra, una democracia radical, que construya simultáneamente la equidad de ge­ nero y la equidad social.

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M O V I M I E N T O S DE MUJERES I N D Í G E N A S : R E - P E N S A N D O I.OS D E R E C H O S D E S D E LA DIVERSIDAD

En este capitulo me propongo compartir algunas reflexiones surgidas de la experiencia mexicana en (orno a cómo repensar los derechos de las muje­ res desde una pcispeciiva no cmocéiurica <|ue considere el contexto cultu­ ral de nuestras luchas feministas, a la VCÍ que rellcxiono solire h importancia de desiirollar una perspectiva de genero en la promoción de las políikas de reconocimiento cultural de colectivos humanos. Estas reilexiones surgen de varios años de investigación sobre procesos organizativos de mujeres indí­ genas y de mi experiencia como activista feminista preocupada poi construir alianzas políticas con el movimiento indígena. I-a iniensilicación de los flujos migratorios del sur al norte y el surgi­ miento de importantes movimientos indígenas en las América*. han pues­ to durante las últimas décadas sohre la mesa del debate el tema de los derechos culturales y políticos de estos colectivos humanos y ha venido a cuestionar la visión universalista y liberal de la ciudadanía. La demanda del reconocimiento cultural de dichos colectivos y las reformas del Estado para reconocer el carácter multicultural de las naciones, ha re-abierto vie­ jos debates antropológicos en torno al relativismo cultural y el universalis­ mo conceptual.

1

Pror«ora involigadnra Titular 'C dd Centro de ImTsügafioiwí ytaudiosSupciio-

Kn uno de los extremos de csi<: debate se encuentran sectores que, a partir de una concepción de la cultura como una entidad homogénea de valores y costumbres compartidas, al margen de las relaciones de poder, plantean la necesidad de suspender cualquier juicio de valor con respecto a otra cultura, y a nivel político muchas veces idealizan las practicas c instial ideal rousKouiiMno del Rúen Sufwi/f que occidente signe buscando cu sus ex colonias). Kn el otro extremo se encuentran los sectores que desde el liberalismo niegan el derecho a una cultura propia -en el caso de América Latina, los derechos autonómicos .le los pueblos indígenas- y justifican la republicanos y de un discurso igualitario de la ciudadanía, asumidos como valores universales. Estas visiones polarizadas, una cscncialista y la otra ctnoccntrica, dejan a los y las indígenas, en el caso que nos ocupa, con pocas opciones para construir su futuro y repensar sus relaciones con los F-siados-nación. Sin embargo, existen otras visiones que desde la practica |H>lítica y desde la resistencia cotidiana están tratando de salir de esta en­ crucijada y están proponiendo maneras más creativas de repensar las iden­ tidades étnicas y genéricas y de «instruir una política del reconocimiento cultural que considere la diversidad dentro de la di 1 rsidad. a la w/.-qutt. Si consideramos el feminismo como las teorías y prácticas políticas que 'analizan las desigualdades entre hombres y mujeres y se proponen trans­ formarlas, los movimientos de mujeres indígenas a los que hace referencia este trabajo pueden ser analizados como la génesis de un nuevo Icminismo indígena. A iicsai de que un impórtame sector de las mujeres indígenas organizacn el centro de su agenda políiica las demandas feministas, la mayoría de ellas no se autodefim-n romo tales. Para un importante sector de las muje­ res indígenas el feminismo sigue estando vinculado a las mujeres urbanas de clase media y lo consideran como un movimiento que divide las luchas de los pueblos indígenas. Es importante reconocer que estas preconccpcioncs han empezado a cambiar y algunos grupos de mujeres indígenas en México y Guatemala se lian empezado a autodcfinir como feministas (Hernández

Castillo. 2008). Hay, sin embargo, todavía un largo camino que recorrer para construir puentes entre las organizaciones feministas y los movimien­ tos de mujeres indígenas en América Latina. liste capitulo se propone hacer un llamado a escuchar lasracescríticas de las mujeres indígenas y contrihuir a la construcción de alianzas políti­ cas. Desde perspectivas locales, nacionales c internacionales, las prácticas y los discursosrielas mujeres indígenas organizadas han venido a < uesa evidenciar las limitaciones de una agenda política basada en visiones
IÜMI ale» de la igualdad y en perspectivas unlversalizantes de los derechos

de las mujeres. que están luchando por relaciones más justas entre hombres y mujeres des­ de definiciones de la persona «pie trascienden el individualismo occiden­ tal, desde concciicinncs de una vida digna que van más allá del derecho a la propiedad y desde innccptualizacioncs di- equidad que incluyen no sólo naturaleza. Kstas perspectivas alternativas de los dcicchos de. las mujeres que reivindican la cosmovisión indígena como un espacio «le resistencia. de mujeres indígenas que tiene su cara más visible en una instancia de co­ ordinación internacional llamadafcnlaceContinental de Mujeres Indíge­ nas. En este sentido podríamos hablar de una forma de cosmopolitismo (concepto que se refiere a la organización transnacional desde atajo) que está conriontando tanto los localismos glolulizados. como los glolwlismos localizados (ver De Soussa Santos 1997). F.n este capítulo presentaré un breve resumen de los procese* organiza­ tivos que dieron origen al movimiento de mujeres indígenas en México, des­ cribiendo las diversas genealogías políticas que influycnuí en lafonsirucción de una agenda de género culturalnicntc situada. Posteriormente, desarrolla­ re una aproximación a la globalización desde abajo que se está dando entre las mujeres indígenas organizadas dei continente, mostrando que a pcsir del poder económico y |x>lítico que subyace detrás de las definiciones liberales y unlversalizantes de los derechos de las mujeres, estos discursos y prácticas han

l a década de los setenta del siglo pasado representa un parte aguas en la historia de losfeminismoslatinoamericanos. l a Naciones Imidas legitima­ ron a nivel internacional las demandas feministas al designar 1975 como c! Año Internacional de las Mujeres y realizar la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en la Ciudad de México. Durante esta década, muchos países de América Latina vieron surgir importantes movimientos feministas que contribuyeron a crear un "clima cultural" que desnaturalizaba la opresión y la violencia contra las mujeres, pero México fue uno de los |xxo.s países en ( I continente en donde s<- de­ sarrolló un feminismo ruial o un feminismo civil centrado en el trabajo en zona;, rurales. Se trataba de un movimiento maynriiariameoie constituido por mujeres mestizas di- origen urbano que habían opiado |K>r desarrollar sus proyectos <le vida en regiones míales y por priorizar sus diálogos ion espacios específicos de reflexión sobre las piobliináiicas y necesidades de las mujeres. Fue durante los movimientos campesinos de los años setenta que activis­ tas feministas empezaron a desarrollar proyectos productivos en zonas rura­ les promoviendo los piocesos de "concientización" enire las mujeres indíge­ nas. Yo misma fui parte de una generación que desarrolló su feminismo en diálogo con las mujeres indígenas y campesinas del país. Muchas di: nosotras veníamos de una mililancia de izquierda vinculada a las luchas de liberación nacional en Ccutroamérica y con un trabajo entre sectores rurales y urbanos populares en México. A |«rtir de nucsiras experiencias de trabajo con mujeres indígenas y campesinas, nos vimosforzadasa i agendas polílicas y a reflexionar so

gias de trabajo consideraran las desigualdades ¿micas y de clase que mar­ can la vida de las mujeres indígenas. I-as tensiones entre quienes priorizaban en la agenda Icminísta la lucha por la despcnalbación del abono y quienes pugnaban por construir una agendafeministaque centrara sus estrategias en la transformación de las desigualdades de género y clase, ha marrado la historia del feminismo mexi­ cano y lia sido uno de los múltiples retos a superar para poder construir un Desde la formación de la Coalición de Mujeres Feministas en 1976. y posteriormente con la creación del Frente Nacional por la Liberación y los Derechos de la Mujeres (Fnalidm) en 1971», la de.spenalizat ion del aliono y la lucha contra la violencia doméstica fueron las demandas aglutinadoras del feminismo hegemónico en México, Kstc feminismo, fundamentalmente ur­ bano, leonado desde la academia y construido desde el centro del pais. ha sido hegemónico. no en el sentido de lograr legitimar su visión del mundo en les. cuyas voces lian sido poco escuchadas en ios grande; eventos feministas internacionales, cuyas prácticas políticas se han desarrollado al margen de las agencias de financiamiCHto internacional y cuya historia aún está por escribirse.5 desde la academia (ver Bat ira. 20(12: Lamas, 1992; Lamas el al.. 1995; U u , 2002) seguían utilizando el tcrnii.-.o de feminismos populares pata referir­ se a los organismos no gubernamentales que desde la década de los óchen­ la apoyaron los procesos organizativos de las mujeres |K>bres urbanas y rurales, y no a las mismas mujeres de los sectores populares que desarrolla­ ron su propia crítica a las desigualdades de género. En muchas ocasiones estas mujeres son representadas como mujeres pasivas, que deberían de ser "concieniizadas" |K>r las feministas, y cuyas movilizaciones respondían ex-

vincukuc.Hi d rciniímmacivil. tomo las de Alcjuidra Miwila. 1991. y EspiíKiu y SíiKhn.

Spwd. Slcpími y llnninda Caltilki. 2(100).

elusivamente a dcmandu-t prácticas.1 Gisela Espinosa, quien ha sido partí. cipanic y icsiigo en las construcción de este feminismo desde abajo, señala al respecto que "el apelativo feminismo popular no debiera aplicarse a las organizaciones civiles, pues fueron las mujeres de barrios urbanos pobres quienes acuñaron el nombre y asumieron esa identidad" y propone ditéintegrantes son generalmente profesionales de clase media que trabajan con sectores populares, y acotar el término de feminismo popular para procesos protagonizados y encabezados por mujeres de sectores imputares, quienes construyen instancias propias pero también participan en orga­ nizaciones mixtas y conjugan la lucha por transformar las desigualdades genéricas y reposicionar favorablemente a las mujeres con otro tipo de de­ mandas" (Espinosa, 2000:87). Es durante la década de los ochenta, época de efervescencia política dentro del movimiento amplio de mujeres, que hubo eventos nacionales en los que algunas minVirs indígenas y .:aiii|>cs¡iias conlluyeron con estas mu. ¡eres de los sectores popúlales, como fue en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres de I080. Este evento es considerado como un parle aguas en la historia del feminismo popular y fue convocado por grupos cercanos a la
teología de la liberación y asociaciones civiles feministas como UDIIM.-((>I*-

Al evento asistieron unas quinientas mujeres de sectores urbanos y rurales, y uno de sus objetivos fue discutir el papel y los problemas de las mujeres en los movimientos populares. Según el testimonio de una de las organizadoras, se contó con la asistencia campesinas indígenas de Veracruz, Chiapas, Mi-

miniHiio mexicano parecen icpruducii uní irudencia Uuuntr iu-s¡emAnici en la lítr-ranira sobre movimientos sociales a establecer .tipología! que iniplíduiueiiic jerarquizan dichos

'citMHL es una de las organitaciones feministas mas antiguas con uabajo de base en rutgacion de malcríales feministas. Con el tiempo rr-oricnla su uabajo con secloies popu-

chrncán, Morelos: de la Organización Campesina Emiliano Zapata (ocrz.) y de la Unión Campesina Emiliano /apaia (ven.) (Espinosa. 2006). Para el raso chiapaneco. fin: en el contexto del movimiento campesino de la derada de los óchenla «pie las activistas de izquierda y las mujeres in­ dígenas de distintas regiones del estado confluyeron en encuentros, talleres y congresos y, al margen de las agendas oficiales de dichos encuentros, que se centraban fundamentalmente en los problemas de agrarios, cimiezaron a compartir ex|X'rícncias y a reflexionar sobre sus propias vidas. I .as desigual­ dades dentro de la familia, la eomunidad y la organización, empezaron a .«•> tema de conversación en los espacios extraoficiales de los encuentros canide pastoral vinculadas a la teología de la liberación y las académicas < : < > m prometidas, no sólo fungimos como testigos o acompañantes, sino que fui mus construyendo nuestra propia agenda léminista ampliando las críticas a la desigualdad del "sistema capitalista" con reflexiones en torno a la exclu Un evento iui[H>nanie que marcó esta confluencia entre un feminismo civil en construcción y un movimiento de mujeres indígenas, fue el Primer Encuclillo de Mujeres Indígenas y Campesinas de C.liiapas, realizado en ile la Universidad Autónoma de Chiapas (línacli) y «le la Organización diMédicos Indígenas del Estado de Chiapas (oMitcii). Sonia Toledo y Anua María Garza, promotoras y cronistas de este evento, narran !a manera en que las metodologías de la educación popular fueron utilizadas para ir ex­ plorando con las nuijnxs indígenas sus propias concepciones sobre el cuer­ po, la sexualidad y los sufrimientos de las mujeres (Caria y Toledo. 2004). Con estas formas de trabajo, nos dicen, "se buscaba construir relaciones distintas a aquellas que se daban en organizaciones tradieionalmcmc do­ minadas i>or hombres. A pesar de que heredamos y recreamos la distin­ ción entre asesores y asesorados y que se generaron también tensiones y conflicios especílicos, los encuentros de este tipo |>crnm¡cron crear nuevas dinámicas de reflexión y convivencia. Se valoró el trabajo y la participación política de las mujeres: se puso el acento en la expresión de los afectos y en la autovaloración personal" (Garza y Toledo, 2004: 213). A pesar de las desigualdades estructurales que separaban a las mujeres profesionistas de

316

las mujeres indígenas, estos diálogos marearon los procesos organizativos y agendas políticas de ambos sectores. Diversas asociaciones civiles feministas que optaron por phorizar el irabajo organizativo y asistcncial coa mujeres indígenas y campesinas fueron producto de estos diálogos. Vo me formé como feminista en el marco de una de estas experiencias: el Grupo de Mujeres de San Cristóbal las Casas A.C.. fundado en 1989 y renombrado cómo Colcm desde 1994, que surgid a partir de una serie de violaciones en contra de mujeres integrantes de or­ ganizaciones no gubernamentales que tuvieron lugar durante 1988 y 1980. Organizadas inicialmente como un frente amplio en contra de la violencia sexual y doméstica, con el tiempo nos fuimos consolidando «orno asocia­ ción civil y nuestro trabajo se amplió a través de áreas educativas, legales y de salud, que incluían talleres para promover la conciencia de género.4 Experiencias similares se desarrollaron n i oirás regiones indígenas del país, como fue el caso de la organización feminista Coinaleuin A.C., funda­ da m 1987, cuyas integrantes impulsaron el desarrollo con pcrsueriiva de género ion indígenas y campesinas de Morelos. Puebla, Sonora y Chiapas;7
del Centro de Investigación y Acción paia la Mujer (CIAM), luntlado en 1989

en apoyo a los procesos organizativos de mujeres indígenas de los Altos ele Chiapas y de las refugiadas guatemalteca*;" Mujeres por el Diálogo, con

'Para um historia de «la mgan¡7»c¡4n vci Frryermulh y Femando. 1995.

"cmi fue fundada en 1989 por Clona Sierra. Begoña de ARullin (abogada), filar Jaime mala. El objetivo inicial fue trabajar ron L a s mujeres desarraigada* por moliro de los con­ de que a través de una investigación nailinnativa. desarnvltaian su conrieiKia e identidad de género, asumieran MIS derechos de mujeres refugiadas y tos dcfcndieían ante el Alto
Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACM:R) y ante sus prupias wganiraciO'

nes de refugiados o desarraigados y ante los países de refugio. Trabajaron principalmcnie con mujeres organiradas en los movimienros populares, refugiadas en México, Nicaragua.

trabajo en Vcracruz y Oaxaca, y ele ¡as asesoras del Kquip» de Mujeres en Acción Solidaria, trabajando con las mujeres purcpcclias de Mk hoacán.' A estas organizaciones pioneras han seguido muchas otras que han es­ tablecido diálogos constructivos con las mujeres indígenas. Un ejemplo im­ portante de estos diálogos es el traliajo de K' inal Antzclik con las mujeres
de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CNMI) y el de muchas

otras organizaciones feministas integrantes de la Red Nacional de Asesoras y Promotoras Rurales (Derrio Palomo. 2008: Mejía, 2008).

De lo que estoy clara es He cuando yo hago un cambio en mi conciencia, es a partir de <|itc )0 me doy cuenta, a los 13 o H años, de que algo anda mal en relación al ser miijcr. yo descubrí que había injusticias hacia las mujeres. Porque

igual en ese momento yo descubrí que algo estaba mal en cttfln ib- las mujcie>) que nuestra siltiación o que la vida que estábamos llevando no era justa, no era t" mejor y por esa razón me quedé con esa inquietud de trabajar directamente con mujeres, yo deseaba encontrartermas,espacios, lugares, algo que tuviera que ver con nuestros derechos ¿por qué las mujeres no teníamos derecho a la educación? . Todo eso me estaba sucediendo a mí, ¿por qué no tenia acta de nacimiento? ,;por y i é no podía yo salir a la calle, sin que me acosarán o persiguieran? ;por qué se

ringla. (Agradezco a Mercedes Olivera esta inforr.ución). Esias experiencias a la ver tuvic-

t» Agrícolas y Campesinos (racuc) A la Organitat H'l Equipo de Mujeres en Acción Solidaria fue fundado en febrero c ejes de trabajo en temas rumo la salud y la educación popular con sccroi Ciudad Ac México y con mujeres indígenas de divenas partes del paú.

uic impedían tantas cosas? ¿por qué m ¡ padre decía que las mujeres no debían salir a la calle? Todas esas eran mis inquietudes cu esos momentos, cu los años 75, 79, en esa época era difícil encontrar espacios propios de mujeres [...] A partir de que yo decido buscar oíros espacios que me permitan abordar directamente la problemática de las mujeres, empiezo a trabajar libremente, abiertamente sobre los derechos de las mujeres [...1 Entonces encuentro que hay organizaciones in* dependientes, asociaciones civiles, cnlcctw» que trabajan con mujeres, que hay

Icuiinismo indígena, para mi, parte de un principio; las mujeres somos, desarro­ llamos. revolucionamos. con el objetivo de construir nos como una persona inde pendiente que se forma en comunidad, que pueda dar a los otros sin olvidarse de sí misma. Los principiosfilosóficosque yo recuperaría de mi cultura son la equidad, b^complensraiiaricdad entre lumbres y mujeres, entre mujeres y muje­ res. Y entre hombre y hombres. Actualmente esa famosa complementariedad de la cultura maya no existe, solo quedo en la historia, y afirmar lo contrario resulta una agresión. Ahora hay una total desigualdad, pero la complemcntaricdad y la equidad se pueden construir. Recuperaría también la doble mirada, la idea del cabawil, el que al mismo tiempo puede ver adelante y puede ver atrás, puede ver hacia un lado y hacia el otro, mira negro y mira Manco. Recuperar este referente pensando en las mujeres implica reconocerme con todo lo triste y terrible que puede ser mi realidad de mujer y

guei(2001)

a mí. que hay ladinas c indígenas. que hay negras, que hay urbanas y campesinas (Testimonio de Alma López. mujer quichí, Conséjala de la Alcaldía de QuC7alle-

Mana y Alma no están solas en sus búsquedas de una nueva conciencia y ilc nuevos espcios organizativos; muchas mujeres indígenas como ellas han empezado a levantar sus voces en los espacios públicos, ya no sólo para demandar los derechos culturales y políticos de sus pueblos y comunidades, sino para señalar que la construcción de una sociedad más justa debe ini­ ciarse desde el interior misino de la familia. Algunas, como Alma, han opia­ do |KM aiiiodcfuiiise romo feministas; otras tienen más rcscivas 1:011 el us<> |K>lítico del termino por el rechazo que produce entre las organizaciones indígenas a las que muchas de ellas pertenecer.. Sin embargo, autodefinicu dosc o no como feministas. un sector minoritario (pero muy importante) de las mujeres indígenas en América latina lia ludio de los derechos de las mujeres, una de las demandas primordiales de sus organizaciones. Los diálogos con los feminismos rurales antes descritos y los procesos 01 ganizativos detonados por los movimientos campesinos han sido la génesis de un movimiento amplio de mujeres indígenas que se han empezado a apropiar y a resignirkar las demandas de dcrctlios promovida.* |xir el feminismo. A partir de la dccatla de los noventa hemos visto surgir en distintas re­ giones del país movimientos de mujeres indígenas que csiín dando la ludia en diversos fiemes Las mujeres indígenas organizadas han unido sus voces el racismo que mana la inserción de los pueblos indios en el pniyecui na­ cional. A la vez, estas mujeres están luchando en sus organizaciones y comu­ nidades por cambiar aquellos elementos de la "tradición" que las excluyen y las oprimen (Ver Sierra y Hernández Castillo 200D). Muchas de estas campesinas indígenas empezaron planteando la necesi­ dad de que se les reconociera "su dignidad como mujeres", reivindicando el término de "dignidad personal" como un concepto central para confrontar la violencia domestica y demandar relaciones más equitativas entre hombres "Duartr rUmian. 2002. •

y mujeres. En algunos ele estos casos el discurso y las demandas en lomo a la "dignidad de la mujer" se iniciaron en diálogo con religiosas vinculadas a la teología de la liberación. Durante la decada de los ochenta. cu la mayoría de las regiones indíge­ nas de México la Iglesia Católica desarrolló una línea de pastoral llamada "Promoción de la Mujer", que consistía fundamentalmente en campañas de alfabetización y formación de catequistas mujeres. Kn algunas zonas se pro­ movió también la lónnación de cooperativas artcsanalcs y cajas de almrro. La reflexión en tomo a las desigualdades entre hombres y mujeres no lardó mucho tiempo en traspasar los limites ele los encuentros de religiosas. En el caso de Chispas. Oaxaca y Guerrero es afinesde la década de los ochenta que la "Promoción de la Mujci" se ve sustituida por un trabajo de reflexión más profundo sobre las distintas desigualdades que marcan la vida de las mujer». indígenas. A diferencia de la rcllexión promovida por grupos feministas rurales, en e! encuentro entre religiosas y mujeres indígenas no sólo se discutían las desigualdades de género, sino que se compartían cx|K.-i ienrias y Ibnnas distintas de vivir y concebir la espiritualidad. Una de la religiosas que participó activamente en ¡a promoción de estas pers|>cciivas en torno a la "dignidad de la mujer" señala al respecto: Todas como mujeres queríamos seguir a Jesús, pero queríamos seguirlo desde nuestro "ser mujei". y compartiendo con las mujeres analfabetas de diferentes cintas íbamos descubriendo que las mujeres sentimos a Dios de manera muy diferente. Eso también era una amenaza para la estructura de la Iglesia católi­ ca [...]! AS mujeres indígenas son a veces misreligiosasque nosotras y expresan

ro de religiosas católicas con mujeres indígenas la iniproca. LJS agentes de pastoral han promovido los es-

i del indujo de la pastoral de la mujer y d impacto de U teología os organiíálitv*. ser Hcrnándcr Castillo 2004.

patios parlicipativns de reflexión y la apropiación del Evangelio desde la realidad cotidiana de los pueblos indios, y a M I vez las mujeres indígenas han traído a este encuentro sus experiencias, su cosmovisión y sus formas de espiritualidad. Estos diálogos han influido no sólo en la ronlbrmación de espacios n-gionalcs y nacionales de organización para mujeres indígenas. como la Coordinadora Diocesana de Mujeres (Codiniuj), sino que han desestabilizado las visiones hcgeuiónicas de la Iglixia Católica con r e s f r i o a los pueblos indígenas y con respecto a las mujeres. Con el tiempo, estas demandas de dignidad lian sido sustituidas por discursos y demandas en torno a los derechos de las mujeres, y en algunos rasos |x)i la rcivindií ación de un feminismo indígena que ve la ludia contra Un análisis de las demandas de estas mujeres y de sus estrategias de lu­ cha apunta hacia el surgimiento de un nuevo ii|>n de feminismo indígena. que aunque coincide en algunos puntos con las demandas de sectores de lo económico y cultural en el que las mujeres indígenas han construido sus identidades de género, maira las formas cs|K-cíficas que toman sus lu­ chas, sus concepciones sobre la "dignidad de la mujer" y sus maneras de plantear alianzas política... las identidades étnicas, clasistas v de género han determinado las estrategias de lucha de estas mujeres, que han optado |>or incorporarse a las luchas más amplias de sus pueblos, piro a la vez han creado espacios específicos de reflexión sobre sus experiencias de exclusión como mujeres y como indígenas. Un láctor catalizador en los procesos organizativos de las mujeres indí­ genas en México fue la aparición pública en 1991 del Ejercito Zapatista de
Liberación Nacional (FZIM). A partir de esa fecha se empezó a construir a

nivel nacional un movimiento de mujeres indígenas de diversas regiones del país que empezaron a levantar sus voces no sólo para apoyar las demandas di: sus compañeros o para representar los intereses de sus comunidades, sino para exigir el respeto a sus derechos cspccílicos como mujeres. Para­ lelamente a su participación en la lucha por la tierra y por la democracia, un amplio sector de las mujeres indígenas empezó a exigir que la construc­ ción de relaciones mis democráticas se dé también dentro de la familia, la comunidad y la organización. El surgimiento de este nuevo movimiento

La migración, la experiencia organizativa, los grupos religiosos, las Or­ ganizaciones Nofítilrcrnamenialusfeministas e incluso los programas ele desarrollo oficiales, han inlluirlo en la manera en que los hombres y mujeres indígenas han reestructurado sus relaciones denirn <lc la unidad doméstica y han replanteado sus estrategias de lucha. Pero fue a partir de la aparición pública en 1994 del oxn con su Ley Revolucionaria de Mujeres" que las campesinas indígenas empezaron a visibilizarsc en los espacios públicos no sólo a¡M>yando las demandas de sus compañntis o representando los intereses de sus comunidades, sino exi­ giendo el respeto a sus derechos específicos como mujeres. Bajo la inllucnt ¡a del zapatismo surge por primera vez en México un mo­ vimiento de dimensiones nacionales —aún incipiente y lleno de contradice io­ nes— en el que se articulan los distintos esfmizos locales por inroqxnui las demandas de género a la agenda política cid movimiento indígena. En 1997, I I I el marco del F.ncuentro Nacional de Mujeres Indígenas "Construyendo nuestra Historia", al que asistienlii más de 700 iniuVrm de diferentes luga­ res del país, se constituyó la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas
(ONW). Se trata de un esgiacio de organización a nivel nauon.il que agru­

pa alrededor de 20 pueblos indios, con presencia en los estados de Chiapas, Michoacan, Morolos, Distrito Fcdetal, Guerrero, Hidalgo, Jalisco. Estado de México, Puebla, Querétaro, San l-uis Potosí, Sonora, Vcracniz y Oaxaca.H En sit folleto de presentación señalan entre su.-, objetivos:

M

Una Imloriatlel Congraui Nacional de Mujer» Indígena

«mar proyectos regionales produetii

Desde su creación en 1'JtKi. el Congreso Nacional Indígena contó con la participación acliva de las mujeres en sus dilcrcnics mesas de trabajo, y desde entonces varias de las dirigcnias más a< livas pugnaron por la crea­ ción de mesas especificas para mujeres. Nuevamente, como lia sucedido en la historia de la izquierda latinoamericana, el fantasma del divisionismo se rnai bolo para ni-gar el derecho a un espacio propio. Finalmente en la re­ unión del (M celebrada en Nurio, Michoacáii. en niara) del 2001. con la presencia de la comandancia zapalista, se logí ó negociai la < ivación de una mi-sa de mujeres. A pesar del compromiso por parle de la dirigencia del CNI. a la hora de la discusión muchos líderes indígenas demandaron que este espacto se abricia a la participación de los hombres. Las mujeres indígenas, en las voces de mujeres purepechas, inixes, ¿apotecas y chocholtecas, espu­ taron ton paciencia a sus compañeros hombres que no se trataba de una iniciativa para dividir al CNI. sino de una estrategia de trabajo para crear un clima de confianza en el que las mujeres indígenas, mayoriiarianicnte monolingües, pudieran expresar su sentir. Un dirigente purepecha canceló de tajo esta discusión, arrebatando el micrófono a la coordinadora de la mesa, exigiendo a los asistentes que empezaran a discutir las cosas "real­ mente serias". La mesa terminó siendo "mayoriíai ¡ameme" de mujeres. Este incidente aparentemente sin importancia, nos muestra la difícil lucha que las mujeres indígenas están teniendo que dar en el propio CNI para demo­ cratizar las relaciones internas. En esta mesa también se puso en evidencia el estilo distinto de dis-

referirse a sus problemas cotidianos, a las formas específicas en que viven el racismo y la exclusión, mientras que los hombres tendían a hacer más pronunciamientos políticos. Desafortunadamente. en vez de tratar de re­ lacionar los problemas expuestos por las mujeres con las demandas conienidas en la iniciativa de Ley de la Cocopa, lema central del encuentro, el moderador las instaba a presentar 'propuestas concretas para promover la iniciativa de ley". Sin embargo, las mujeres indígenas aprovecharon esta mesa de trabajo para cx|>oner que una manera de fortalecer el CNI es de­ mocratizándolo. permitiendo la participación activa de las mujeres en la dirección del movimiento y trabajando para desarrollar una perspectiva de género en esa organización (en esos términos lo plantearon). Los tres años ile trabajo interno y consolidación orgauuativa transcurridos desde
la formación de la CNHI, se vieron reflejados en el nivel del debate en la

Mesa de Mujeres de Nurío. y en los argumentos con los que las mujeres defendieron su espacio. Aunque aún es difícil hablar de la existencia ríe un movimiento nacio­ nal de mujeres indígenas consolidado, y mucho menos de un feminismo indígena nacional, las mujeres /.apalisias conjuntamente con las integrantes sexismo y la explota; ion económica, pueden y delien ser luchas complemen­ tarias y simultáneas. Hl feminismo académico en México está siendo cuestionado en su etnoccur-snio y tiene frente a sí la tarea de replantear el concepto de genero clnia y la clase para entender los procesos identitarios del México multicul­ tural. I .os aportes de las mujeres indígenas, cuyas voces podemos encontrar en los documentos emanados de sus encuentros, talleres y congresos, en las ponencias y entrevistas de varias ellas publicadas en revistas feministas y en la prensa nacional,1'1 nos hablan de la necesidad de construir un feminismo de la diversidad más incluyeme. Está en nosotras que sepamos escuchar los

Ver también Síncliei Néiior. 20M.

RRPUNTUMDO LOS UF.RECHOS HUMANOS DF IAS MUIFUES: L \ CIOKAUZACIÓN OESUT ARAJO

Las experiencias de las mujeres indígenas de México no son aisladas en la últi­ ma década hemos visio angir a iodo lo largo del continente americano proce­ las demandas políticas y culturales de sus pueblos con sus propias demandas de género. Es en estos espacios que se están replanteando las conccptualizaciones sobre los derechos de las mujeres a partir de perspectivas más holísticas de las relaciones entre hombres y mujeres y cnue los seres humanos y la naturaleza."' F.n 1992. la conmemoración del V Centenario de la Invasión de Améi iy compartieran experiencias en torno a sus exclusiones y luchas dentro de los movimientos indígenas de sus países. Desde 1995 muchas de estas mu­ jeres han optado por construir sus propias instancias independientes (le­ los espacios de los movimientos indígenas nacionales y de los movimientos feministas de sus países y a raíz de los Encuentros Continentales de Mujeres Indígenas (el primero en Quilo, Ecuadoi; el segundo en México (1997). el tercero en Panamá (2000): la Cumbre tic Mujeres Indígenas de las Amcricas. (2002) en Oaxaca, México; y el cuarto en Perú (2005), ampliándose la participación a mujeres de grupos indígenas «le otros continentes. Es en este contexto que se forma el Enlace Continental de Mujeres Indígenas, en el que confluyen indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá. En el marco de este movimiento continental se han encontrado y se están complementado dos universos de sentido: por un lado las demandas planteadas en términos de derechos de las mujeres, y por otro las plateadas en términos de la cosmovisión como una perspectiva más integradora de los sujetos sociales con su entorno. Al igual que los to|xxs de dharma de la cultura hindú y de humma de la cultura islámica analizados por lloavenuira de Sousa Santos (1997: 49-50), que establecen una relación entre la parte

febriH 20W; Giupo de Mujer» Maru KjqU'. 2 <

(el individuo) y el IIHIU (el cosmos), las perspectivas de equidad y equilibro

vinculadas a la justicia KM ¡al para las mujeres que reivindica un sector del movimiento continental de mujeres indígenas, hablan de una construcción kical que está confrontando y otras veces complementando el discurso glo­ bal de ION derechos de las mujeres. En muchas ocasión» estos discursos han sido calificados de cscncialistas y deslegilimados |x>r académicos y ai:iivisr:is no indígenas, sin explorar las posibilidades que pueden tener para pueblos cuyas culturas e identida­ des han .sido negadas por los procesos de colonización. Algunas académicas feministas han sido especialmente críticas ante este discurso por la mane­ ra en que algunos hombres de movimientos indígenas latinoamericanos se han valido del concepto de complemcmaricdad para hacer una representa­ ción idealizada de sus culturas y sociedades negando las relaciones de poder entre los géneros. Sin embargo, desde otra perspectiva, las mujeres indíge­ nas están reivindicando el concepto de complcmcmariedad para criticar y cuestionar la manera en que los hombres indígenas están reproduciendo

El einocenirisino di- la academia y del activismo feminista ha dificultado el diálogo con los sectores de las mujeres indígenas 0"e reivindican la cosmovisión. Se ha explorado muy poco el potencial emancípalo™ que tiene para ellas la espiritualidad indígena y hasta qué punto apunta hacia una manera diferente de entender los derechos de las mujeres en el marco de los derechos de sus pueblos. A pesar de las resistencias y rechazos de los feminismos hegemonía» a estas perspectivas culturalmcnte situadas, sus propuestas empiezan a tener un lugar importante en el movimiento continental de mujeres indígenas. Por ejemplo, estas nuevas voces jugaron un papel central en la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de América, realizada en la ciudad de Oaxaca en 2002. Desde los documentos preparatorios se ¡icrliio el rechazo al concepto de fe­ minismo y la reivindicación de los conceptos de complementaricdad y duali­ dad como fundamentales para entender las relaciones entre los géneros: En este documento no se visualizará una inclinación feminista, ya que para el puehln indígena la cosmovisióu valora a cada ser y la dualidad cobra una gran

días y se sufren grandes desequilibrios y desigualdades sociales, Kn un mundo lan cambíame ton un modelo basado en culturas occidentales ha sido difícil mantener intacta la cultura de los pueblos indígenas (Memoria de la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de América 2003:126). Este deslinde explícito con el feminismo parte de una perspectiva <lcl mismo como radical y separatista, estereotipo que subyacc cu muchas de las perspectivas que mujeres de movimientos populares tienen del misino y t|uc desafortunadamente muchas feministas se han encargado de rrpm ducir. La cerrazón a entender la génesis de estas propuestas |K>líiiras y
epistemológicas no occidentales y la imposición de una agenda ICIUÍIIÍM.I

en el lechazo que muchas mujeres indígenas tienen a! CIIIU«|

Ir I n m

en occidente sería de equidad—, de respeto y de armonía, en la que ta

I

para la mujer, sino un elemento facilitador. Solamente así se podra estar bien cspiriiualmcntc con d propio ser humano, con la tierra, el cielo y los elementos de la naturaleza que n n s ,lai> oxígeno I...J Por lo que para nosotras hablar de enfoque de género supone remitirse al concepto de dualidad manejado desde la cosmovistón indígena, según el cual todo en d universo serigeen términos de plementan: el uno no puede estar sin el otro. Si hubiera diez dias con solo sol moriríamos, no lograríamos soportarlo. Todo se rige en términos de Dualidad. indudablemente, d hombre y la mujer (Estela, mujer indígena de la Asociación Política de Mujeres Mayas. Moloj. Mayib' Ixoquib', Guatemala. Citado en Calixta Gabriel ¡¡004).

Fs evidente que desde estas perspectivas el concepto de complementaríedad no es ya una excusa para evitar hablar del poder y la violencia en las relaciones de género, sino al contrario: se convierte en una herramienta genas y plantear la necesidad de repensar la cultura desde la equidad de Cada uno de los principios y valores que reivindican las mujeres indíge­ nas como parle de sti cosmovisión y como fundamentales para la construc­ ción de una vida más justa para las mujeres, descentran discursos de |>odcr que han querido legitimar tanto el ncoliberalisnio como las estructuras pa­ triarcales de dominación: Frente al individualismo feroz que promueve el capitalismo glolulizador, las mujeres indígenas reivindican el valor de 'Lo comunitario; entendiéndosetorno, en una condición de respeto r igualdad, nadie es superior a nadie.' Frente a los efectos depredado»-:, del desai rollismo neoliberal, reivindican 'Fl equilibrio: que es H:lar |>or la vida y permanencia de todos los seres en el

librin y la rectitud en nuestia vida." Fíente a la violencia y la dominación de los más fuertes sobre los más débiles, en los que se basa la concepción liberal de la sobrevivencia de los más aptos, ellas proponen ~F.Iiw/jrfa que pane de la concepción indígena de que nuestros mayores son de mayor respeto, actitud que se extiende a todos los demás seres de la naturaleza. La Tierra es vista como Madre y Maestra identificada como mujer que concibe el sustento de lodos los seres, es el trato igualitario con los otros seres en las mismas condi­ ciones." Ante la sti|>er¡oridad de lo masculino frente a lo femenino que rei­ vindican las ideologías patriarcales, ellas proponen: ~lj¡¡ dualidad o dualismo. en el que lo femenino y lo masculino en una misma deidad son dos fuerzas energéticas en uno mismo, que |>crmiicn el equilibrio en la visión y la acción, es la integridad en todo lo que nos conduce a la complcmcntariedad. Ver al Supremo como dual, padre y madre, es cuando podemos actuar con equidad de género, esta actitud es básica en la erradicación del machismo". Frente a la fragmentación del proceso productivo que promueve el desarrollo maqui­ lados ante la segmentación de la fuerza de trabajo, frente a la fragmentación

de los imaginarios colectivos y larenunciaa análisis sistétnicos que nos permi­ tan ver los vínculos cnirc las distintas luchas, ellas proponen: 'La aiatrialait que es la totalidad, el equilibrio cósmico, lo completo, representado en cuatro puntos cardinales, la unidad y la totalidad del universo. Ver hacia atrás y hacia delante, ver por los lados es cuando es posible luchar por la unidad, fuerza ra|>az de transformar las desigualdades que sufren nuestros pueblos por las |K>IÍticas neoliberales y globalizantes" (Memoria de la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de América, op. ci't 132) Kecuperar sus teorizaciones y reconocer su potencial emancipatorio no debe implicar una idealiza< ion de las culturas indígenas contemporáneas: tantcs que hay que recuperar y operativi¿ar, y lio intentan en ningún mo­ mento insinuar que esa es ya la cultura en las que se enmarcan sus vidas cotidianas. Por el contrario, ellas mismas reconocen que *F.n la anualidad existen grandes diferencias en la situación de la mujer con relación a la del hombre, pero esto no significa que siempre fue así. En este caso existe la posibilidad de retomar las raíces y recti|>crar el espacio que le corresponde a la mujer basado en la cosinovisión indígena'. Dcscalilicaí estas propuestas porque no parten de nuestra pers|>eciiva de igualdad o porque „o retoman nuestra preocupación por los derechos sexuales y reproductivos, o no de la misma manera en que los pensamos en las regiones urbanas y mestizas, es reproducir los mecanismos de silent iamiemo y exclusión de los movimientos políticos marcados por las perspec-

primer paso |>ara establecer tliálogos intercultularcs sobre nuestras distin­ tas concepciones de los derechos de las mujeres y construir alianzas políti­ cas a partir de lo que compartimos, pero reconociendo nuestras diferentes visiones del mundo.

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EL A M B I E N T A L I S M O FEMINISTA

l tilda Salatar Ramirn', Rtbaa Solazar Ramim? j Loma Paz Panda'

1.a inclusión di- nuestro a|mnc en mi Hhrn cuyo pro|>ósito es hacer un re­ cuento de cien añas de la lucha Icminista en México, no* alíenla a pensar que hay un feminismoambientalistaen nuesimpaís. La inseguridad aceña de la cxisiencia di: un "ismo' de esia naturaleza se funda en la escasa im­ portancia pública que aún tiene la relación cnire los problemas ambientales y los rcteridos a las desigualdades de género y la discriminación hacia las La lucha ambientalista ha peniicado poco al feminismo "tradicional". cuyas reivindicaciones se lian centrado en los derechos sexuales y reproduc­ tivos, la participación política femenina y el combate a la violencia c o i m a las mujeres, entre otras. Por su parte, al movimiento ambiental le resulta poco claro por qué debería enarbolar la cnadicación de las desigualdades de género entre sus principales demandas. ;■'■■ No obstante, puede encontrarse una prolífita literatura nacional e in­ ternacional al rcs|>ccto, hay iniciativas institucionales cuyo propósito espe­ cífico es incorporar el enfoque de género en las políticas ambientales y los institutos de las mujeres con mayor frecuencia abren el apartado de "medio ambiente" en sus programas hacia la igualdad de género. Existe una Retí

'•.'•Direcinia de Mujtr y Medí., Ambiratt. A.C. ? Red Intt.-iurwn jl .le Gínno y O.incrcio. fumufecalen MCKKO. .'InirMigadoij Mixi^lJ en «I Instituto de Etfiídin» p i n d Uesirrollo Rural "Map". A.C.

:c con quince años de vida y hay un sinnúmero de imjcrcs cuyo quehacer cotidiano comliina el u n sustcntahlc de los recursos naturales con la promoción del lidcrazgo femónino hacia la igualdad. Surge entonces la pregunta acerca de los factores (pie resultan esencia­ les para hablar de un feminismo ambientalista. Una primera característica
|KHlría ser el desarrollo de un plantean)icnio |H>IÍIÍCO ideológico encamina­

do a influir en la sociedad con elfinde promover cambios en la realidad o en ciertos aspectos de ésta. Se requiere, para ello, de una fuera capa¿ de impulsarlos o al menos de llamar la atención pública y.finalmente,es nece­ saria la presencia de un sujeto social que sustente I lados y que esté dispuesto a generar una inovili/jei En otras palabras, la existencia de un movimicnl

Di; acuerdo con estas premisas, el feminismo ambientalista estaria ca­ racterizado |mi la promoción de un discurso critico y un c.njunio de pro­ puestas que buscan iransfoi mal siiiiuliáiii amenté la relación de la suciedad con la naturaleza y la desigualdad entic mujeres y hombres en el uso, acceso y control de los recursos naturales, con una intcrrclación entre ambos olí: jeiiwis. En el recuento que se presenta en los siguientes apartados, no todas las experiencias se ajustan csiriciamenie a estas características, sin embargo, se han incluido porque su desarrollo histórico, su acción cotidiana y las movi­ lizaciones sociales que han protagonizado sí han comí ¡huido a la construc­ ción de un feminismo ambientalista en México. Se lia retomado la historia de la Red de Género y Medio Ambiente (Kgcma) por varias razones: mu­
chas de SILS imcgraiiK'ssoii pioneras en la articulación de los temas arabien-

articularsc con los movimientos feministas y ambientalistas y,finalmente,su trayectoria ha sido documentada en diversos escritos a los que las autoras, dos de ellas integrantes de la Rgema, tienen acceso. La historia quedaría incompleta si se omitieran las relcrencias a las actividades y movimientos realizadas por agrupaciones de mujeres o grupos mixtos que reivindican

el cuidado de la naturaleza, promueven la equidad de género o ambas. No ¡c traía de un recuento exhaustivo, tiene sólo un carácter enunciativo para rrspaklar lo que se ha llamad» "ccologismo femenino"; se toman dos casos para ilustrar esta con ¡cinc. Se finaliza con un apartado en el que se expo­ nen algunas conclusiones, así como las perspectivas, retos y dilemas que

Los antecedentes del feminismo .iiuliieulal en México datan de 1902, cuan­ do los temas ambientales en todo el intuido tuvieron un fuerte.impulso a raí/ de la realización de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio A ni bienio y Desarrollo (caiuMti) en Rio de Janeiro, Brasil. I J laminen llamada Cumbre de la fierra constituye un hito en maleíia ambiental, poique logró posicionar el rnnivpin de susientabilidad, destacando la importancia de inte grar < ritci ios amliieiitales a las políticas económicas y del desarrollo y detener. < im ello, el acelerado deterioro de los recursos naturales y la hiodiwiskiad. Como en el resto del inundo, los movimientos ambientales mexicanos vieron una oportunidad para colocar sus demandas en el plano nacional e iiitci nacional. detonando la realización de múltiples reuniones, la redac­ ción de documentos y la lbrmul.ii.inn <le propuestas. En México, mfc He un centenar de organizaciones sociales y civiles conformaron el "Foro <lc la Sociedad Civil hacia Rio 92" (Foromcx). coalición que convocó no sólo a los ambientalistas sino que logro sumar a organizaciones sociales y civiles ligadas al movimiento urbano popular, el desarrollo rural y comunitario. sindicalistas y trabajadores/as, redes de resistencia al modele económico y el libre comercio y también a algunas feministas de varios estados del país. Fueron estas últimas quienes en una reunión nacional del foromcx deci­ dieron instalar una "Mesa de Mujer y Medio Ambiente* animadas por el contacto con algunas activistas participantes en el "Congreso Mundial de las Mujeres por un Planeta Sano", realizada en Miaini en 1991. Es decir, el impulso de un feminismo ambientalista mexicano "vino de afuera", repli­ cando la confluencia de activistas ambientales y del movimiento de mujeres de rara a un evento internacional. {.'

Braidtiui (2004), en unrecuentosobre la confluencia de los temas de mujeres, género y medio ambiente, identifica el Congreso de Miami y el
proceso de la CMUMA» romo el momento rn el que coinciden el interés de

las feministas por "integrar a las mujeres al desarrollo" con los movimientos ecologistas protagonizados por mujeres, sobre todo los renombrados ChiTanto a nivel mundial como en México, hay antecedentes de movimien­ tos, de «ludios y de políticas internacionales sobre mujeres y medio am­ biente mucho antes de esta lecha,* pero es entonces cuando la articulación adquiere presencia sistemática, sobre lodo a raíz del éxito de las propuestas ■leí Congreso de Miami y la Conferencia Global "Raíces del Futuro' plas­ madas en la "Agenda 21 Acción de las Mujeres". La i-strategia consistió en la inclusión de un apartado csnccíNco sobre Mujer y Medio Ambiente, fi­ nalmente concretado en el Capítulo 24 "Medidas mundiales a favor de la mujer para lograr un desarrollo sostcnible y equitativo" de la Agenda 21,* a la w que se promovió la "transversalización" (cuando aún este término no era tan común) de las propuestas tendientes a visibili/ar las necesidades y la partk.¡|iación de las mujeres en diversos apartados «le este documento. I_is promotoras de la Mesa Mujer y Medio Ambiente del Foromex toma­ ron como eje de discusión justamente la "Agenda 21 Acción de las Mujeres". tilo cxpliía por qué la temática debatida en este espacio y posteriormente en el "Encuentro Mujer y Medio Ambiente' fue coincideuic con la promovi­ da por las feministas ambientales a nivel internacional. Es interesante mencionar los contenidos temáticos y las características de las asistentes al "Encuentro Mujer y Medio Ambiente" i?alizado en mayo de 1992, ya que constituye el primer evento sobre Mujer y Medio Ambiente del

fiar el Programa «le Narionei Unida* para el Mcd» Ambiente (rwiiu). un programa que acrecentara la participación «le las mujeres en la administración del ¿mínente. Se lo veía

en tomo al lema afinaksde los 80 (Ver Braidoiii, «HH y Vilque», 2001). 1 La "Agenda 21" fue el documento iciultanle «le la «.SUMAD celebrada en Fio «leJaneiro

Además di: la información general sobre los temas que se abordarían en junio de I9!)2 en la Conferencia sobre Medio Ambiemc y Desarrollo y el Foro Global en Kin de Janeiro, en el Encuentro se discutió un documento que planteaba la pregunta ¿l'or qué mujer, medio ambiente y desarrollo?.6 Otros trinas que se debatieron fueron, por ejemplo, la deuda y el comercio. analizando los llamados swafB, que proponían canjear "deuda por naturali­ za' mediante mecanismos de mercado en los que los paisrs desarrollados o del norte proponían realizar transferencias monetarias a los países del sur para conservar la hiodiversidad y los recursos naturales. La llamada "deuda ecnlógka" cobró fuerza porque traía al terreno ambiental el rechazo a la deuda externa vinculada a las políticas de ajuste aplicadas en la mayoría di­ tos países en desarrollo. Kstos planteamientos tendían un puente entre las demandas ambientales y las reivindicaciones de los movimientos de muje­ res de rechazo a la reducción de los presupuestos para las políticas sociales. con fueiie» repercusiones en lasjornailas domésticas y cxtradnmésliías dé­ las mujeres en tareas de salud, alimentación y educación. Otro eje de discusión del Encuentro fue el referido a los derechos de las mujeres, las polílir s de población y >alud. Se respaldaron los cuestiuiiamientos a la violencia contra las mujeres, la adhesión a los acuerdos internacionales contra la discriminación femenina, la reivindicación del concepto de salud integral, el rechazo a la planificación familiar forzosa, «I derecho al aborto seguro, el acceso a las guarderías y la participación de los hombres en la planificación familiar. Estos planicamientos no tenían

irte» llunicdcITallcr Espacio Verde. A. el trabajo domnltco a la iiioviñAnrical

medio ambiente consumía uno de los principales tenias de débale debido al surgimiento de un neo-maltusianismo que planteaba c|ue la explosión demográfica era la principal causa del deterioro ambiental y. por cndCi el control natal resultaba indispensable para superar la crisis ambiental. Rite tema cobró tanta repercusión y rechazo que las mujeres concurrentes a Tienda Femea". reunión en la que se dio cita el movimiento feminista. ambiental en el Foro (Jlobal de Río. redactaron un Tratado Alternativo al que llamaron "Población y Medio Ambiente". Un grupo de mujeres de América Latina y el Caribe consideraron que e.stc tratado no expresaba sus principales intereses, pues excluía las demandas de las mujeres del "sur", y promovieron la redacción de otro Tratado que se llamó "Mujeres y Me­ dio Ambiente*. F.n México, estas dos visiones no resultaban coniraiiu.estas, peí o > que alguna otorgaron al tema de mujeres, n tedio ambiciue y población que no necesaKilés pi­mcipal de la: s activisi.is.mucho mas ligado i iamente constituía el in

a los tcm las del desarrollo comiiidiario y otros de corte; iiiiliieniaLcoiiiosc veiániás; adelante.
Otro s asninos abord; ídos en el Encuenn.i > del 92 lio cron el de "Mujei y <>bre io< Consum o' colocado — s feministas de Estados Unidos

. de Mi­xico se ligó al rec lia/oa la firma del Ttay turopa. que en el casi
lado de Libre Comercio de Ai. lírica del Ncirte (rúas ) y MIS posibles re­ percusiones en los patrones de consumo. I < i>s precios de los alimentos y el dcspla./amiento de los; produi les; se añadió un apartado de "Mujer y Trabajo" — aus.ente en la agenda iiUernacional—. reivindicando ÍI tenues in salarial coi i lientos por ligar el derecho:¡ laborales y la gualdad medio ambiente con tentas desalud ambiental en los i: spacios de trabajo. Elrechazoa la guerra y la propuesta de destinar el presupuesto militar a te­ mas ambientales y para el financiamienio de las necesidades de las mujeres también fueron inducidos desde el exterior. Se tocaron, además, los temas de biotecnología y biodiversidad, manifestando el rechazo a la manipula­ ción genética y al uso de la biodiversidad por las empresas transnacionalcs. La presencia de militantes del movimiento urbano popular dio fuer­ os relacionados con los asentamientos humanos, la dúos y la presencia de las mujeres en la ges-

La composición de las asistentes al Encuentro refleja la confluencia de tres tipos de organizaciones con diferentes espacios de actuación. Al­ gunas participantes provenían del movimiento ambiental con actividades en los estados o con presencia nacional, como el Taller Kspacio Verde de MorcliK, el Comité de Defensa Ecológica, el Cemro de Estudios Sociales y Ecológicos de Miclioacán, Pto Conservación San Jeiónimo. del Distrito Federal y el Pacto de Grupos Ecologistas que constituía el principal agrupatnicnio de organizaciones ecologistas a nivel nacional. Otras, provenían de organizaciones feministas o de mujeres como la Unión Nacional de
Mujeres, CIDII.M. Cuernavaca y México, Mujer a Mujer; algunas más, como

el Equi|>o Pocilio, el Grupo de Esludios Ambientales, stülrvc. Desarrollo. Ambiente y Sociedad y el Consejo Mexicano de Uicnest.ir Social, desple­ gaban actividades ligadas a organizaciones sociales y comunidades rura­ les y urbanas. Participaron también integrantes del movimiento urbano popular, como la Unión de Colonos, lnquilinos y Solicitantes de Vivienda de Veranil/, la Unión Popular Revolucionaria Kmiliann /apata, la Unión Popular Nueva Tcnochliilán y algunas intcgr.inics del Krente Auténtico del Tiabajo y de la Red Mexicana ele Anión frente al ubre Comercio ligadas al movimiento sindical. El Grupo Anünuclear de Madres Vcracruzanas es qui­ zás el único c|uc de manera explícita expresaba la lucha ambiental de tas mujeres, lo que propició la inclusión del tema "Mujer y energía uucleai". con la petición de transformar la planta nuclear de laguna Verde en una gasoeléctrica. La presencia del Programa de Naciones Unidas para el De­ sarrollo (FNun) y el apoyofinancierode Oxfam para la realización del Encuentro también muestran el peso de los organismos internacionales

Otras demandas regionales ilustran los temas ambientales abordados, por ejemplo, las peticiones |>or detener las fugas y aminorar los riesgos de
agua contaminada por la Ciudad Industrial de CIVAC en Morolos, la denun­

cia de la contaminación de la fábrica Colgate en la Colonia Irrigación en el Distrito Federal y el problema del uso de pesticidas y herbicidas en los monocultivos de aguate en Michoacán. Una frase contenida en las memorias de ese Encuentro resume con cla­ ridad el estado de la discusión: '[...I debemos buscar una nueva forma de

La convergencia del movimiento ambiental surgida al calor de la Cumbre de Río no logró sii|X!rar el reflujo natural que sucede a estos eventos mun­ diales y el Koromcx se fracturó a los pocos meses. Un pequeño núcleo del "espacio de mujeres y medio ambiente" se conformó como un grupo de estudio con activistas del ambicntalismo y el feminismo, quienes se dieron a la tan-a de revisar la bibliografía sobre el tema, con particular entusiasmo por los planteamientos del eco-feminismo de Vandana Sluva y María Mies. Shiva. además, era una connotada activista con presencia importante en los loros de las Naciones Unidas, con el respaldo de la "Organiza! ion Mundial
de Mujeres. Medio Ambiente y Desarrollo" (WFDO por sus siglas en inglés) y

la Red del Tercer Mundo. El grupo combinaba la lee tura y la discusión de textos con el segui­ miento a algunas expet iencias comunitarias, como un proyecto de acopio de desechos sólidos y venia de material de reciclaje en Tcjalpa, Morclos; actividades de salud ligadas al uso de betbolaria y técnicas alternativas; y la organización de mujeres tic zonas pesqueras con problema* ambientales, KII 1995. la articulación género y medio ambiente recibió un impulso nuevamente acicateado por un evento inuinacional, en esta ocasión la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Iteijing. China En abril de
1995. el Programa Universiiario de Estudios de Género (FUEC) y el Centro Regional de Investigaciones Muliidiscipliiiarías (otra), ambos de la UNAM,

realizaron la Reunión Latinoamericana de Investigación sobre Medio Am­ biente desde una Perspectiva de Cénero. Ello propició una relación de las integrantes del "Espacio Mujer y Medio Ambiente" con académicas mexi­ canas y de otros países de América latina. Simultáneamente, se formó el
Comité Nacional de ONOS Mexicanas hacia IVcijing 95 y la integración de un

grupo de "Mujer. Habitat y Medio Ambiente' (López, 2000).

El Espacio Mujer y Medio Ambiente, con apoyo de la Fundación MacArtliur. lanzó ese año una iniciativa para la realización de 20 talleres regionales, estatales y uno nacional en el que confluyeron más de 300 mu­ jeres de 80 organizaciones social» de 18 estados. El propósito de los talle­ res era investigar las preocupaciones de las mujeres "de base" relacionadas con el medio ambiente. El resultado fue sistematizado en una serie de cuadernos a los que se llamó " l a Agenda Verde de las Mujeres" en la que se identificaron los problemas y las acciones ambientales propuestas por las participantes, con la idea de presentarlas en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer c incidir en sus resultados. El proceso de la Agenda Ver­ de propició fasalianzasentic el espacio Mujer y Medio Ambiente y una vein­ tena de organizacionesy personas con arraigo en las comunidades, muchas de ellas pertenecientes a la Red de Promotoras y Asesoras Rurales y otras organizaciones y activistas con intervenciones sobre tollo en el espacio

El perfil de los grupos comunitarios convocados y los tenias aborda­ dos, respondieron a una visión bástame ahicria de lo que s<: consideraron

Salwt herbolaria, medicina alternativa y tradicional, -alud rcpioduciiva. Hátilal: derecho al suelo, el crédito para vivienda y los servicios, destaran­ do el uso de tecnologías alternativas como estufas de bajo consunto de leña, cultivos en los solares, letrinas secas, manejo de dcseclios y compostaje. Capaálaáán: en tecnologías de bajo impacto ambiental, educación am­ biental. alfabetización, rescate de conocimientos tradicionales, habilidades y lengua indígena. Proyectos pndudúmr. telendos al abasto comunitario, molinos de nixta­ mal. viveros, producción y comercialización de cacao, clalmración de cho­ colates, cría de animales, apicultura, |>csca, kaách¿, pan, hortalizas orgáni­ cas. producción de papel y artesanías con el uso defibrasy procesamiento de producios alimenticios, grana cochinilla, piscicultura, Cuidad», fnservanin y mltmraaón amUenlat rescate de acuiferos, rescate de biodiversidad, reforestación y construcción de cercas vivas, elaluración de córanoslas, abonos orgánicos, ceñiros de acopios, defensa del agua.

Umnlhaiión y gcuimur. para obtención de servicios, rcubicación de empresas contaminantes, cumplimiento de la ley y regulación ele prácticas con­ taminantes. contaminación del Lago de Chápala, oposición a instalaciones de Pemex. Organización mmuniuma y porliápaaón ¡nlúiar. en el ámbito local y en Ins espacios de representación popular (Declaración de Mujeres de Organiza. ciones Sociales y Civiles), democratización del municipio, participación ile las mujeres en las decisiones y políticas ambientales. Los problemas y las propuestas surgidos de los talleres se agruparon en bloques temáticos, entre los que destacaron la contaminación, sobrc-cxpln. lación y escasez del agua: el manejo de descritos sólidos; la degradación de los bosques y la erosión de los suelos; la contaminación producida por activi­ dades económicas como las petroleras y la aplicación de agroquimicos. Del lado de las acciones se propusieron las relacionadas con la promoción de proyectos productivos; el saneamiento ambiental v larecuperaciónde suc­ ios. cuerpos de agua y áreas verdes: la ado|«.ión de tecnologías alternativas y técnicas tradú ionaU-s de cultivo: y las gestiones, denuncias y movilizaciones fíente a los agentes económicos contaminantes. La relación de esta agenda ambiental con las -'csigualdades de género se circunscribió a plantear la falca de partici|iarión de las inujeies en los espacios de representación popular y la propuesta de promover la partici­ pación Femenina en los ámbitos de decisión de las políticas ambientales. Fue notable que los problemas ambientales puestos en la mesa de discusión se referían más a los impactos "alfinalde la tubería" (desechos, contami­ nación, degradación de suelos) que al acceso de las mujeres a los recursos naturales. Aspectos centrales como el desigual acceso de las mujeres a la tenencia de la tierra, al uso y control del agtia o de los bosques, tuvieron poca relevancia. También es interesante subiuy-.ir que las acciones privile­ giaron el espacio comunitario o el trabajo en las organizaciones o proyectos, aunque en algunas regiones se resaltó la necesidad de desplegar acciones políticas de movilización, plantones, marchas y denuncias. La sistematización y publicación de los resultados y su presentación en un Encuentro Nacional realizado en una lecha posterior al evento interna­ cional en Beijing, dio peso a las propuestas nacionales y abrió la posibilidad

de conlinuar kw esfuerzos tic organización tic las mujeres en (orno a los le­ mas ambientales. El equipo coordinador7 de la Agenda Vcrtlc decidió consúwirse en una coalición que se bautizó con el nombre de Red de Genero y Medio Ambiente (Rgcma).

De LA INCIDENCIA EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

AL rOXIALiUMIENIO UtL SUJtIO SOCIAL

para la generación de políticas públicas e instituciones promotoras di- l.i equidad de género, promovidas por el movimiento feminista internacional: en México, se creó la Comisión Nacional de la Mujer como el organismo través del Programa Nacional de la Mujer. En el lema ambiental. el apartad,. K del Capítulo IV de la Plataforma de Acción surgida de la IV Conferencia. retomó el tema de la articulación género v medio ambiente. Do este modo, la Agenda Verde en el plano nat ional, y la Sección K tic la Plataforma tle Acción de Bcijing cu el ámbito inici nacional, plantearon a las integrantes de la Rgcma la posibilidad tle incidir en las polit¡i as públicas. Al mismo tiempo, la relación con activistas internacionales que iniciaron un Tuerte cuestionamicnto académico y político al "ecofcminismo", contribuyó
a que integrantes de la Rgcma, junto ton académicas de la UNAM. el Colegio

tle Postgi atinadas, el cttiM y la Fundación MacArtliur, impulsaran el diplo­ mado Problemáticas Ambientales desde una Perspectiva de Género, que se

;

El Equipo Coordinador de la Agenda Verde citaba conformado por.ltt »¡guíenles orga-

en Morefcu: cautn, de Puebla; SUMC de Hidalgo; Campe-úno. de TlajrnQa: IMJW-VZII. de

Jalbcn: CAU, de Cnlinu; Viva Natural. tic Mkbuatin: Kinal Anuselik. tle Chupai; IwtoNi.

realizó durante 1996-1997. Esto propició el crecimiento de la Kgcma, que se configuró como un espacio con una diversidad de integrantes. £1 estudio sistemático de los distintos enfoques y de los temas involucra­ dos en la articulación género y medio ambiente proveyó a las integrantes de la Rgcma de fundamentos conceptuales y metodológicos para su acción Se consideró el enroque de género no como un añadido o componen­ te de la susieniabilidad sino como una visión critica de este concepto. Al colocar como cerníales las preguntas de <|iiién usa qué recursos y por qué dichos recursos son utilizados de una manera u de otra, autoras como Mar­ garita Vclízquez. Verónica Vázquez y muchas otras'J no sólo contribuyeron a develar una visión instrumental del desarrollo sustcniahlc. sino a mostrar que las relaciones de las mujeres y los hombres con los recursos naturales son construidas socialmcnte y oslan mediadas por los roles y estereotipos de género. De la revisión crítica al enfoque del ecoléminisino y el de mujeres y

En este espacio académico se subrayó la importancia de analizar I ma en que la división sexual del trabajo y los roles de género inlluyt la relación y percepción diferenciada de las mujeres y los hombres ce

«(iva de gf ncro". durante 2000 2001. <h coniullar a Rico (1998). VcMrnuei (2003), Vinju» (2003

espacio ilc estudio obligado para comprender cabalmente los mecanismos formales e informales de loma de decisiones ambientales; la forma cu que el acceso diferenciado a los recursos naturales —incluyendo los derechos de propiedad de la tierra— propician y reproducen las desigualdades entre las mujeres y los hombres; y la importancia de observar el peso di: las mujeres y los hombres en los csjucios de decisión, incluyendo las relativas al medio Atientas del crecimiento de la Kgema, incluyendo la integración de un ambiente, propiciando incluso el cambio de nombre de esta agrupación.1" La Rgcnia adoptó una Ibi ina de funcionamiento muy flexible e informal que permitió la coexistencia de difcienies estrategias y formas de interven­ ción que a la larga se fueron complementando. Un núcleo —localizado en el centro del país— se al>ocó a la incidencia en políticas públicas, en tanto qui­ las oiganizacioncs con trabnjo comunitario y regional siguieron profundi­ zando en sus metodologías, estrategias y proyectos con mujeres de base. Las ac.idémii as contribuyeron a aliñar los manos teóricos de vinculación entre los temas y a aceicar los debates de las corrientes internacionales a México. así como a documentar estudios de raso y sistematizar sus aportes. Durante los últimos anos de la décaila del < J Ü y los primeros del nuevo muy acertada para colocar las propuestas de incorporación del cnloi|ue de género en las políticas públicas: se logró la creación dt: una dirección de ge­ nero en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Scmarnat), »: diseñó un programa especial sobre el tema tonfiuaiiríamicnioetiqueta­ do y se consiguió que la plaza se concursata públicamente para garantizar que una persona conocedora del tema fuera la titular de la nuera dirección. A la vez, se redactó un "addentlum" al Programa Nacional de la Mujer para subsanar la carencia del tema ambiental cu el principal instrumento de la Comisión Nacional de la Mujer (que luego se transformó en el actual Insti­ tuto Nacional de las Mujeres)."

d» porriInmuno NKKHUI de lu Mujer» (Pliego, 2U02).

Las organizaciones de la Rgcma S Í fueron especializando en lemas, sectores o ecosistemas específicos: en algunos casos ligados a las pollinas públicas; en oíros, a través de las investigaciones académicas; y las mas, en la acción comunitaria. Algunos ejemplos son la ¡ncor|x>racióii del en­ foque de género en el manejo forestal, las áreas naturales protegidas, los ecosistemas marinos y costeros, las zonas áridas, la pese a, la producción de alimentos y el manejo de semillas, la educación ambiental y el manejo del agua, entre otros. En 2006, la realización en México del IV Foro Mundial del Agua da una nuera oportunidad a la Rgcma para renovar su activismo y replicar la estra­ tegia ensayada durante los años 110. En esta ocasión se propone diseñar la "Agenda Azul de las Mujeres* per», a diferencia de la etapa anterior, cuenta con relaciones mucho más sólidas en el plano nacional e internacional, tiene mayor capacidad conceptual y experiencia de campo para vinculai los temas ambientales y las reivindicaciones hacia la igualdad de género. l-t Red también lia desarrollado habilidades para transforma! la demanda social en propuestas de política pública En este caso, los resultados de los talleres realizados con mujeres —y hombres— de las comunidades rurales y urbanas son sistematizados en dilereutes ti|K» de documentos, adccuarjdf en formato y lenguaje a los distintos interlocutores: tomadores y lomndoctfc de decisiones, integrantes de organizaciones académicas y de la sociedad civil, y las participantes en los eventos. Además, se diseña una estrategia de presentación pública del "documento político" de la Agenda Azul y se realizan eventos convocando a funcionarios/as públicos/as, iegisladores/
as y agencias internacionales. Algunas integrantes de la KGMA replican

la estrategia presentando las demandas y propuestas relacionadas con el agua y el género en sus resiieáivo* estados. La alianza de la Rgema con la Dirección de Gcneru.dc la Scmarnat, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y otras organizaciones internacionales permite la visibilidad pública de la Agenda Azul; con ello, la Rgema se coloca definitivamente como un referente importante en la articulación género y medio ambien­ te a nivel nacional. Pero estas múltiples estrategias no marchan libres de dificultades y, de hecho, plantean dilemas que-siguen siendo motivo de debate en este co­ lectivo. Uno serefierea la nulidad de las estrategias de incidencia "desde

obstáculosreflujode la movilización social, dificultades para integrar fren­ tes o coaliciones, escasa participación comunitaria y abulia social, represión y criminalizado!) de la ludia, dispersión de las agendas y mujeres ocupadas en múltiples jornadas para enfrentar la Taita de empleo y la sobrevivencia en un contexto de pobreza, con poco tiempo para la acción política y social.

VIAS ECOIOUSTAS UF PEIATI.ÁN, DOS C A S O S IIJSS1KVTIVOS I .-is mujeres de zonas rurales y urbanas ligadas a la Kgcnia no son. por muclio, las únicas partici|Mntes en un ambientalismo popular y femenino. Muchos movimientos están poco documentados, permanecen anónimos o la presen­ cia femenina está desdibujada en las organizaciones mixtas a las <|ue pene. Con toda cci te/a, un miníelo no dcspicciable de inujcics fueron p.u te del movimiento ambientalista de los años seienta conformado por grupos y aso­ ciaciones m bañas preocupadas por el deterioro de los recursos naturales y la preservación de un ambiente limpio, con ac< iones en la Ciudad de México.1? Kn 1983, |HJI ejemplo, en las orillas rurales del Distrito Federal, liubtt. comiiucios/as de Xochimilco. Milpa Alta. Tlalpan y Coimeras que se mo­ vilizaron en defensa de sus bosques y contra la empresa papelera de Loreto y K ñ i Pobre; mientras en Chápala, Jalisco, y en Páucuaro, Michoacán, los pescadores se organizan y protestan contra la contaminación de sus lagos, fuente de vida y trabajo de cientos di: familiasrilwrcñas.Kn ese atio. nace en Oaxaca la Organización en Delensa de los Recursos Naturales y el De­ sarrollo Social de la Sierra Juárez A.C. y destacan las movilizaciones del Comité de Defensa Popular de Chihuahua que, al igual que los purépechas de Santa Fe de La laguna y los ejidatarios guerrereuses de Coyuca de Ca­ talán y La Montaña, pelean contra ganaderos y talamonics defendiendo sus

''Sobrcviw.cia. Asociación Ecológica Coyoaün. FJ Óramelo. Alianza Rcologisia Mexi­ cana. Pequeño» Propietario* del Ajusco. Ajoriacion Ecológica dr Tlalpan. Crupo Popo, Grupo de Estudio* Ambirniales. Red Ecologista. Xoeliicalli. Amigos de la Tierra. Amigos

desechos de casa y traspatio para la composta, cultivar hongos comestibles, verduras, frutales y plantas diversas en vi solar; y la sss Mauhuaíülianuj Afo. ittyolefiieauamjih:ai icsanas nahuascu la misma región,<|iieademásde pro­ yectos productivos, tienen un hotel ecológico; las alfareras de Amatcnango del Valle, Veracruz; ios comités de agua con participación de mujeres en Chiapas o las cafetaleras de Oaxaca iniegrantes de la « r e o f niñón, 200S). Estas organización!», i011 mayor presencia pública n cuyas experiencias han sido documentadas por activistas y académicas, se suman a un sinnúmero de grupos femeninos que anónimamente ensayan la adopción de ecotecnias, el manejo de desechos, el rescate de suelos, ríos, arroyos y lagos, los

res. y |xir<|ue son representativos de experiencias ecologistas de mujeres (li­ base. Uno es el protagoniítado por la Organización de Mujeres Kcologistas
de la Sierra de l'etailán (OMFSIO en Guerrero y el otro es la orgaui/acinn de

las mujeres mazahuas cu el Estado di: México.
las socias dr la OMESP viven en comunidades serranas muy pobres que

apenas hace tres años tuvieron acceso a la luz eléctrica. En el pasado, la silvicultura fue relevante, igual que en las sierras de otras municipios de la Costa Grande, pero las compañías madereras deforestarou la ¿ona sin dejar beneficios a las comunidades. F.n I9ÍIB se gista un movimiento cjidal promovido por la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Peutlán y Coyuca de Catalán (ocesr) que bloquea los caminos y logra que la trasiiacional Boiu Caaadt, depredadora del bosque, suspenda sus opciaciones y se cancelen los permisos de explotación forestal en Pctatlán, clausu­ rándose también iodos los aserraderos. Los líderes ecologistas son pereeguidos, asesinados o encarcelados." Las es|wsa\ madres, hijas y compañeras de los ecologistas participan muy act ivamente en esta lucha, como lodos los

Felipe Arreaga. Todo! reciben pienik» ecológicos.

ñus y Recursos Naturales del Pueblo Mazalma". Tras un año de lucha, en septiembre de 2004, más de 300 indígenas se congregan en las instalado. ues de berros, la pi.mta potabilizadora mis grande del mundo. Armadas simbólicamente con herramientas de labran» y fusiles de madera, forman el Ejército Zapatisia de Mujeres Mazahuas en Defensa del Agua. Mientras el Sistema Cutzamala. con MU km. de canales, túneles y enormes plantas de iMunbco, trasvasa desde sus territorios -180 millones de metros cúbicos al área metropolitana de México, las comunidades no cuentan con agua nojumo con las marchas a la Ciudad de México, los plantones, manifestafrente del movimiento y armadas con fusiles de madera y con sus hijos a la espalda, lograron atraer la atención de medios de comunicación y de la opinión pública del Distrito Federal y de todo el país. Su ari ion decidida linalmenie obligó al gobierno federal ha establecer una mesa de negocia-

Desafortunadamente, los términos de la negociación y los recursos des­ tinados por la Comisión Nacional del Agua en 20tM para aliviar las afec­ taciones, dividieran al Frente. De allí, un grupo conformó el Movimiento Ma/ahua, encabezado |>or la comandanta Victoria Martínez y el represenlame legal Santiago Pérez Alvarado. quienes desde entonces han realizad» movilizaciones para mantener vigente el Plan de Desarrollo Sustentadle. Cada año realizan campañas de reforestación a la que suman a activistas y organizaciones ambientalistas del Valle de México. Ambas experiencias son encabezadas por mujeres y las dos organizacio­ nes cnarholan demandas ambientales como el eje central tle su lucha, pero mientras las ma/ahuas logran su visibilidad pública y se posicionan como par­ le de los movimientos ambientales, las ecologistas de Petatlán mantienen un discreto prestigio local y regional <|ue trasciende la sierra giacias a su vincu­ lación con organizaciones no gubernamentales y ambientalistas nacionales e internacionales que apoyan y documentan sus esfuerzos. Ninguna de las dos experiencias reivindica explícitamente demandas de género, pero el fuerte liderazgo femenino contribuye a cambiar los es­ tereotipos de las mujeres rurales. Difícilmente podrían calificarse como

genero y ambiente, en la apropiación de las reivindicaciones ambientalistas y de género | » r pane de los grupos de base y en la sii|xrac¡ón de las tesistencias a la palabra feminismo.
IJIS avances logrados en el tema son equiparables a los dilemas, reíos

y obstáculos que actualmente se enfrentan. El avance más im[K>rianic es haber colocado en la esfera pública dos ámbitos de problemas que comparten varias características: a) son de reciente incorporación en la agenda internacional y nacional como asuntos que requieren la atención pública; b) son concebidos como teínas transversales que ameritan un tratamiento integral: y c) han requerido del impulso de los movimientos sociales para ser reconocidos como problemas públicos. También en estas características residen sus principales retos. 1.a articulación del enfoque de género con el medio ambiente dio lugar a la ampliación y a una mayor precisión del conocimiento de la relación susientabilidad trascendiendo los enfoques conservacionistas y enlalizó los aspectos sociales incluyendo las relaciones de pode:. Desde una perspectiva ai ailéuúca, la integración del enfoque de género proyecta una nueva lu/ so­ bre los factores socioeconómicos y culturales que explican la forma en que las mujeres y los hombres perciben a la naturaleza, se relacionan con ella y. cómo y para qué usan los recursos naturales. Con la integración de ambos campos ile conocimiento, de acción y do políticas se ha podido mostrar qui­ los objetivos de uso sustcntable de los recursos naturales y los de equidad de genero no sólo no son excluycnlcs sino que favorecen la generación de sinergias y apuntan a las transformaciones sociales necesarias para avanzar hacia sociedades más justas y ecológicamente viables. En el plano de las políticas públicas, la firma de compromisos inter­ nacionales |Mjr parte del gobierno mexicano para la transversalización del enfoque de género es un logro di ¡os movimientos feministas en el ámbito na­ cional y. principalmente, internacional. Desde hace ya varias déiadas, las in­ tegrantes de los organismos no gubernamentales, las investigadoras y las funcionadas públicas, comenzaron el trabajo de integración del enfoque de género en los temas ambientales, construyendo propuestas conceptuales y metodológicas que constituyen hitos para impulsar nuevos enfoques y vi­ siones sobre el desarrollo.

Por su pane, las mujeres —organizadas y no organizadas— que dcspliesobre lodo en el medio rural, lo hacen en condiciones <lc desigualdad y sin un reconocimiento de sus apones al cnnocimienio de la biodiversidad y a su conservación. Son pocas las agrupaciones de mujeres—en el ámbito rural y urbano— que se reivindican a si mismas como protagonistas del desarrollo sustcmablc del país, que se plantean de manera explícita la protección del ambiente entre sus motivaciones y objetivos y que se sientan partícipes de A pisar de que la historia de los movimientos feministas y de mujeres y de los movimientos ecologistas o ambientalistas es ya larga y su incidencia en algunas instituciones» notable, su presencia política es limitada. 1.adesigual­ dad de género y el deterioro ambiental si: siguen tratando y calificando como tenias o problemas "nuevos"; con mayor razón aún se adjudica este calificativo a la conexión de las relaciones de género con el medio ambiente y la susienlabilidad. 1.a creciente preocupación de amplios sectores de la |>ol>lac¡óii por los problemas ambientales en Mcxiio y en el mundo, indica que no se trata de algo reciente; no obstante, las demandas ambientales y por la igualdad de­ genero no logran generar movilización social suficiente para < olocar estos temas en la agenda de los principales problemas nacionales o internacionales o, cuando lo hacen, son rápidamente desplazados por otros, sobre todo de Es curioso constatar cómo, a |>esar de que hay una percepción social de la gravedad de los problemas ambientales y de las desigualdades sociales y de género, así como de la conexión entre ambos, estos asuntos siguen siendo accesorios en los programas de lucha de organizaciones campesinas, sindi­ cales, de los movimientos urbanos o de resistencia al modelo económico, e incluso entre los feministas y ambientalistas. Persisten los mecanismos sociales, económicos y culturales que reprodu­ cen los roles tradicionales de hombres y mujeres aun dentro de las organiza­ ciones que luchan |>or transformaciones sociales. Éste es uno de los princi­ pales retos que enfrenta el ambicntalismo feminista: las profundas barreras culturales que aún es necesario stitwrar en las sociedades de comienzos del

¿En qué medida los planeamientos feministas y e c o l o g í a s tienen sen­ cido para las vidas cotidianas de mujeres y hombres, de las lonas rurales y urbanas, más afectados por el deterioro ambiental y por la discriminación de genero? La crisis del agua y el cambio climático ¿están incorporados como pro­ blemas en las organizaciones sociales? ¿Se perciben diferencias entre muje­ res y hombres en los impactos de ambos problemas? ¿Qué ámbitos y foros se deben priori/ar para tener mayor incidencia social sobre género y medio ambiente? ¿Cómo se puede tener mayor incidencia en los foros internacionales sobre medio ambiente para la inclusión de la persiHTiiva de género? ¿Qué ¿Cuáles son los mecanismos más efectivos para promover las demandas de las mujeres y para su inclusión en las políticas públicas ambientales?

Difaui, Patricia (2003), Céuemynudmamliienle, Universidad de Guadalajara, Cuadalajara. Braidotti, Rosi (2001), "Mujeres, medio ambiente y desarrollo sustcniablc", en V. Vázquez, Minutas tdfuturo: hacia la construcción de ¡ociedades sustenlabia con equidad degenero, rute / a u u / Cf / loRC / CSDI. México.

Cobo. Rosario, Lorcna Paz Paredes (2007). Modelo organitativo it las mujera que luchan por la defensa del medio ambiente, la seguridad alimentaria y el ahorro. Luov.isr cinco años deludía. Instituto Maya / Inclesol, México. Congreso Mundial de Mujeres por un Planeta Sano Agenda 21, Reporte Olicial (Síntesis) (1991). Mimco, Miami. Foro Mexicano para Río 21 (1992), Encuentro Nacional, mayo 8 y 9 de 1992, Mimco, México. López, triné (2000), Historia de la Red de Mujer y Medio Ambiente. Mimco,

pedagogía del oprimido de Paulo Krcirc, crítico del capitalismo e impulsor de una propuesta educativa para la liberación revolucionaria. El feminismo ci­ vil resignifica y articula elementos de estos procesos en un discurso propio, enriquecido con conceptos que surgen al calor de su actividad, rcordenado según los problemas y sujetos con quienes trabaja. En este sentido, el femi­ nismo civil no es la continuidad o simple extensión del feminismo histórico ni del feminismo popular ni de la pirdagngía riel oprimido, sino que repre­ senta la creación di' un discurso y una práctica que conjugan una visión .social y |>r<lagúg¡<:a de izquierda con una perspectiva feminista. Las vertientes del feminismo que se articulan en el feminismo civil no sólo coinciden en algunas reivindicaciones, sino en el sentido profundo de sus acciones, pues todas se proponen deronsiruir los mecanismos de subor­ dinación. injusticia, discriminación o exclusión que tx-sau sobre las mujeres; cuestionan las relaciones de poder que las someten y apuntan a construir relaciones más igualitarias y libres en el plano social y de genero (MoufTc, 1993: 21, Espinosa. 200!): líl). El feminismo civil asume que las mujeres no sólo sufren exclusiones de genero, sino que éstas se cruzan con otras de cía-

i i;is, de luchas cmancipaiorias y de alianzas con nu os actores sociales.

^

Al comenzar la década de los ochenta, la promoción de organizaciones sociales y procesos libertarios, por la democracia y la justicia social, era ta­ rea de agrupaciones de izquierda, sin remuneración alguna ni relación labo-

trabajaron con movimientos de mujeres —que más adelante darían vida al feminismo popular— aparecieron como instituciones, configuralegal, financianiiemo, administración, salarios pata sus integrantes y, en mayor o menor medida, con infraestructura y equipo. En este sentido, el feminismo civil nació institucionalizado, con las virtudes y costos que ello singnifica. como veremos más adelante. Esta vertientefeministase configura en la "década perdida", cuando el ajuste estructural recortó drásticamente el gasto público, convirtió en asistencial la vieja política social, redujo el fomento productivo, diofinal proteccionismo y la regulación de los mercados, esfum

tralidad las reivindicaciones del feminismo históricoyse intenta incidir, dcstlc una perspectiva de equidad de género. en las agencias yrecursospúblicos, legislaciones y ámenlos internacionales; lodo ello al tiempo en que continua. con menor relevancia que ames, el apoyo a mujeres de movimientos sociales.

LOS PRIMEROS PASOS Al comenzar los ochenta, apenas un puñado <lt: asociaciones civiles estaba vinculada a los movimientos populares de cuyo seno surgió el feminismo
popular:' el Rquijxt Pncl>lr>, Mujeres Para el Diálogo. Scpac. Cencvs y CILHIAL,*

cutre otros, cían un apoyo impórtame en procesosformamos,organizancencía de izquierda esraba innovando las formas de hacer política, fueron colorando (-ti el centro la voz del oprimido para apuntalar la lilwración (le­ los pueblos. Las organizaciones y partidos políticos los veían ionio "grupos de apoyo" y no como competidores tioljuios. pues no hacían proselilistno Kl Primer Encuentro Nacional de Mujeres de i'JtW, convocado por ero. HAI. y olios grupos de educación popular, vendría a ditiami/iir la actividad y creación de AC comprometidas con mujeres de sectores populares. Al even­ to asistieron cientos de activistas del movimiento sindical, urbano popular y campesino, que muy pronto promovieron un amplio e intenso proceso de reflexión y otganización en cada sector, construyendo asi los llamados movimienuis de mujeres, en los que se fue articulando una perspectiva crítica

nicarión. Al calor de los procesos populares profundizaron cuestiones que al inicio no visualizaron, como los problemas de las mujeres en el espacio laboral y sindical, en las ciudades y en el movimiento urbano popular; en las comunidades y organizaciones rurales. En los talleres, las o*-, intentaban partir He los intereses o problemas de las asistentes, recuperar su experien­ cia y desde ahí cuestionar y propiciar la toma de conciencia' de proble­ mas sociales y de genero, con el Tin de lograr una praxis transformadora.8 Un elemento clavo consistía en propiciar >|uc todas las participes hablaran, bajo la idea de que romper el silencio permite elaborar problemas, adquirir confianza y emprender acciones colectivas (Kspinnsa y Paz Paredes. 1988). Otro principio era no quedarse cu la reflexión sino tratar de llegar a accio­ nes practicas, pequeñas o grandes, individuales o colectivas. Del feminismo histórico se lomaron ejes de reflexión, pero sus discur­ sos no se repitieron sin más, los organismos civiles trataron de recuperar la voz de las mujeres de sectores populares y su propia perspectiva. Algunos materiales muy utilizado-, (como el libro Cuerpn de mujery la Oiiptia wirfedc
CIDHAI., el manual para formación de promotoras de tris, materiales para

trabajado! as de CFM, el manual de alfabetización de EU«) se elaboraron a partir de la experiencia con los grupos. £1 feminismo popular enfocaba más sus problemas en la comunidad, el centro de trabajo, la oiganizactóq,, etcétera; las *r. introdujeron la reflexión sobre problemas de mujeres en el ámbito privado: la familia y el hogar, las relaciones de pareja, la sexualidad, entre otros. Se iba construyendo un discurso crítico y alternativo que articuló lo público y lo privado, creación y aprendizaje conjunto de las *r. y los mo-

pues al inicio, la inmadurez di- los proyectos impedía sopesar coincidencias y diferencias. Las acciones unitarias velaban la heterogeneidad de los organismos ci­ viles; sus diferencias radicaban no (amo en el qué y con quien sino en el cómo y para qué: mientras unas si- proponían crear colectivos de mujeres que incorporaran una perspectiva feminista en sus propios movimientos sociales, otras pretendían incorporarlas a su propio provecto político femi­ nista. Como había tensiones entre el feminismo |>opular y las ove, la ¡dea de crear una organización autónoma de mujeres ganó terreno al grado que varias confundieron su práctica institucional con la de un grupo político feminista. Los ceñiros dr trabajo también fueron espacios del movimiento, y no era fácil armonizar la horizontalidad que supone el movimiento con la estructura jerárquica de un centro de trabajo (Riqucr, 2005). 1 .a identidad política del feminismo civil se construía entre la novedad y la turbulencia del leminisiun popular, la confusión sobre la naturaleza de sus vínculos con los movimientos de mujeres, con la izquierda y con d feminismo, y el desarrollo de saberes especilicos y metodologías de trabajo. 1.a identidad política y feminista de las o\<. ni.i logrando cierta estabilidad hacia el final de la década:

liados de los ochenta sólo emiu. se reconocía feminista. Laura Vilntegrame de EUAS recuerda que en I98G: "Nos reunimos tms, APIS

u. para plantear el objetivo de cada grupo, y yo digo [...]: 'la organi-

I* Commnp (19W-IM5) »llegó i a

de discursos lo que permilu que siempre estuvo préseme el "otro", la altcridad que permite procesos de diferenciación e identificación. Feminismo civil y feminismo popular abrevaron de los discursos del feminismo histórico y de los movimientos sociales, pero también fueron producto de su propio, complejo, fructífero y conllictivo diálogo. Las convergencias y momentos de apoyo y comprensión mutua, las divergencias y desencuentros, fueron pane de su difícil proceso de construcción porque, como dice Martínez de la Escalera (2002). sólo en la relación con el "otro", es posible construir la identidad propia; así, pi*e a la incomprensión y al conllicto permanente, o quizá gracias a ello, unas y otras fueron indispensables para afirmar sus identidades, pues la tensión y la resistencia son inherentes a la construcí ion del "yo". Quizá los diálogos entre las vertientes feministas, que en aquel ninniento alcanzaron un climax, hubieran permitido la maduración de un feminis­ mo diverso, sin embargo, los debates quedaron en segundo plano, pues a prosocialista que se desarrollaron luego delfiBmexicano, se volcaron, inayoritariamente, a la lucha electoral y los derechos ciudadanos como vía para el cambio deseado. Kn la política formal también se reencontraron las iemi-

Al tiempo en que el feminismo civil se vinculaba a la política formal, se abrieron espacios para participar en dos importantes reuniones internacio­ nales: la IV Conferencia Internacional Sobre la Población y el Desarrollo, en El Cairo, 1991; y el Koro de la Mujer, en Beijing, 1995. La participación y seguimiento a las plataformas de acción de El Cairo y Beijing, detona­ ron un amplio proceso de discusión y articulación del feminismo civil en tomo a salud materna y maternidad voluntaria, educación, trabajo y proyectes productivos, violencia y derechos de las mujeres. I J convocatoria a discu­ tir y coordinarse hecha por conocidas feministas como Cecilia Loria (de ecu), Maruja González (de uiAS-Michoacán), Patricia Mercado (entonen de Equidad de Céiu-ro, Ciudadanía. Trabajo y Familia), Gloria Careaga (de

En este proceso de alrededor de quince anos, muchas organizaciones civiles quedaron al margen de las convergencias, pero siguieron trabajando con sectores populares o en colaboración con organizaciones mixtas; mu­ chas mis surgieron ron una postura abiertamente feminista. Las agencias financieras vertieron cuantiosos recursos, lo que permitió la movilización y articulación de ose feministas de la mayoría de los Citados y de oíros países, sin embargo, poco a poco, estos se orientaron casi exclusivamente a salud reproductiva, lo cual hizo inviable el proyecto integral ron que se inició este

cuando llegaba al gobierno federal y |K>r segunda vez el conservador l*ai tido Acción Nacional, que trataría de echar airas importantes conquistas de

Los procesos icgionalrs y estatales de ONC, feministas han sido decisivos en la construcción del feminismo civil; el seguimiento a cada uno ivlwsa nues­ tras posibilidades, pues ya en los noventa, prácticamente en lodos los cga¿ dos del |wís se estaba desarrollando e! feminismo civil. Aquí se revisan algunas experiencias que muestran sus peculiaridades y coincidencias, y que permiten identificarlos como una veniente especilica del movimiento feminista.
a10 (CIDHAI.-C) fue pionera: creada en 1969, difundió

lista mediante su centro de documentación y su perió­ dico María, liberación del ¡rutilo, para mujeres de ct». !1 En 1977, la Diócesis de Oieniavaca, encabezada por el arzobispo Sergio Méndez Arceo, canalizó
a CIDHM. la petición de un grupo de mujeres que querían informarse sobre

métodos de control natal. Así surgió e! trabajo en la recién poblada colonia Satélite, donde se reflexionó sobre sexualidad durante más de un año. Por

sor de una iglesia con compromiso social y:dc h pedagogía de Freiré.

Casas fue aliada fundamental en el impulso de aquellos procesos (Espinosa. 2006Í). dujo muchos encuentros en los que empezaron a aparecer "problemas de

(.. .1 mujeres del reniro <ic la República, católicas de las cu

enorme ¡mporiancia coi

paitiripauón auna de las mujeres en la reproducción de una ideología queje 2U2-203). A principios de los ochenta, Mujeres para el Diálogo y la Pastora! de la lujer realizaron tareas de alfabetización y rcüexión sobre problemas sodas y de las mujeres. Así se inició el trabajo que, ya en los años nóvenla, daría tgar a la Coordinadora Diocesana de Mujeres (Codimuj).12 cuya inserción n la estructura organizativa de la Iglesia no anuló su orientación feminista.

sureste en 1980, y ese mismo año se realizó el Primer F.ncncmro de Mujeres Indígenas y Campesinas de Chiapas. La violencia, loa límites a su participa­ ción política, el trabajo, la remuneración y la educación cían los lemas mas debatidos (Gara, 2002: 126). Ana Car/a. leticia Pons Donáis, Fernanda Paz, Sonia Toledo, Marcela Lagardc, Mercedes Olivera. Aída Hernández. Graciela Freyermuth y Xó­ chitl Leyva, entre otras, contribuyeron desde la academia a un proceso de rcllexión o participaron en proyectos conjuntos de investigación-acción con integrantes de las primeros organismos civilc*. volcados a la acción, a la pro­ moción, la capacitación, la asesoría o el servido. Casos exccixionalcs, como Mercedes Olivera y Marcela Lagardc. siempre tuvieron (xMiuras feministas, pero la mayoría fue asumiendo una perspectiva de género desde la resisten­ cia. "No llegamos como feministas, el trato con las mujeres indígenas nos sensibilizó a ciertos problemas, y el contacto ron mujeres o con teorías fe­ ministas nos fue dando una base teórica, una perspectiva especial, siempre relacionada a las mujeres indígenas campesinas." (Espinosa, 200fi(). En 1989, el Taller Antzetik se constituyó en el Crupo de Mujeres de San Cristóbal (c:usc). 1.a violación de una mujer condujo a adoptar posturas
más críticas de género." El OMSC logró <|uc se errara una Fiscalía Especia?

lizada en Delitos contra la Mujer durante el gobierno del p> iisia Patrocinio. González (en cuya administración se cometieron crímenes homofóbicos nunca aclarados); la medica y la abogada de la Fiscalía eran integrantes del
CMSC pero la labor de la Fiscalía quedó anulada por las disputas y los cactos

de poder entre fracciones priistas. El Grupo "perdió un espacio valioso de

aria, Capacitación y en Kinal Amzciik AC, que dio prioridad al apoyo a arte-sanas indígenas <|ue trabajan en cooperativa. Mercedes Olivera (2001: 355-385) reconocí: que en un contexto de (pus rra de baja intensidad, como el de Chiapas, uno de losretosmás difíciles es "mandar oliedccicndo", y que hacer efectivo el lema del UIK implica deconsiruir identidades culturales stil>ordinadas que hallan en la memoria histórica asideros de resistencia y rebeldía, pero que son presas de un habiim donde la ol>cdicn< ¡a y la sumisión son pane de la cultura. Llama a la acade­ mia a realizar investigación pai licipaliva. que involucie a los actores sociales en la reflexión critica y no sólo los ubique como informantes; también liare un llamado a los organismos civiles que trabajan por el respeto a los dere­ chos humanos, la igualdad de género y el desarrollo, para no reproducir o

»¡riones de la Comandancia General de Comité Clandestino Revolucionario bajar con mujeres zapatiitas y hurgo fueron sitadas sin que las indígena.-. las
civiles se quedaran calladas ame medidas del CG-OII que- las o * , considera­

ron verticales, injustas o arbitrarias; el argumento para silenciar los malesta­ res fue "no hacerle el juego a la derecha" (Espinosa, 2006d). Pese a la complejidad y dificultades, afinesde 1998 se logró otra convor-

Ln medio de la guerra contraiiisiin(cnle y para analizar le do con las mujeres en Kosovo. Iriu y Afganistán. en 98 y 99 las ow: fot alamos el Fcuiinariu. que era un seminario feminista de análisis Hílico. Participaba-

«ron y om«,ron a mujer» » p * ¡ « . . pero >l cal» de un tiempo I »fcminta»comen-

si MacArthur y Ford nos ¡nipu5»:ron 'iar nuestra agenda; además. no que»n -proyecto.» paraguas". Eso concentró i y lo* recursos. También las universidades empezaron a genio. narfínanciaroicntos.Todo eso afectó a las OKC. sobre todo a las pequeñas, a las de los estados, Hay que andar arañando el rinancianiienlo en condiciones de desventaja. Una gran falacia que manejan las agencias y que nos somete a mucha presión es la "sustenlabilidad de los procesos'; en tres, cuatro años quieren que los proyectos operen sin apoyo de las OKC. Es muy corto el tiempo pata formar promotores de la comunidad, más aún en contextos indígenas, donde la escolaridad es baja. Quitan los recursos pero para entonces la vida de inuclu (Espinosa. 20060. En < laxara, otro estado con gran presencia indígena y graves problemas de pobre/a y <:a<:i<|tiismo, el feminismo civil se vinculó a la lucha cam|>es¡ronstruyó una estructura orgaiii/aliva territorial; surgieron uniones de coiiinniílarlcs. uniones de productores, organi/ai iones territoriales en defetua de k>s recursos naturales y de la cultura indígena. Paralelamente, ingenieras, biólogas. sociólogas, anlro|)ólogas. comunicólogas y pedagogas. trabajaban con mujeres de esas organizaciones en comisiones de salud, cultura, edu­ cación, medio ambiente o de mujeres. Kn 1983 se realizó el Primer Encuentro <lc Mujeres Campesinas de Oaxaca. Llegaron mujeres de cin y representantes de organizaciones sociales regionales y mujeres de comunidades convocadas por maestros y maestras. Con apoyo del Equipo Pueblo se realizaron varios Encuentros, al menos uno por año basta los primeros años noventa. Las reflexiones fueron muy ricas, con métodos de educación popular se discutían temas de salud, pro­ ducción, educación y organización de las mujeres. No se tenían posiciones fem¡nistas,',J pero con diálogo se fue construyendo un discurso y demandas

las causas feministas, eslar presentes en los medios de comunicación y tener interlocución con instituciones de gobierno para incidir en sus |K>l(t¡cax. 1 -a intensidad de estas urcas dejó leccionesrelevantes,pero también alejó a muchas ONC del trabajo con mujeres di- sectores populares. El feminismo cii/it oaxaqucño se ha unificado en torno a procesos sociopolíticos relevantes: cuando inició la administración dejóse Mural (1908), varias AC C integrantes de organizaciones políticas conformaron el Movi­ miento Amplio de Mujeres (MAM) para demandar la creación del Instituto de las Mujeres, incidir en las instancias de procuración de justicia y denun­ ciar la violencia hacia las mujeres. Se logró la creación del Instituto de las Mujeres ele Oaxaca, pero el MAM desapareció luego de que una compañera lo utilizara para hacer declaraciones |>olíi¡cas no consensuadas y proselilismo personal. Más tarde, las organizaciones civiles se rcarlicularon para presentar un diagnóstico y propuestas de reforma a la Ley para la Preven­ ción y Atención de la Violencia hacia las Mujeres. De ahí surgió el Colectivo

agrupación elaboró una Agenda Legislativa para la Kquidad de Género en Oaxaca'-"0 y logró comprometer en lomo a ella a todas las fuer/as políticas que contendían por la guliernatura del estado en 2004. Hasta el Ü00U, clX^lectivo presenta públicamente un informe anual sobre violencia feminiciila. y es la voz feminista de denuncia y demanda en el estado de Oaxaca. También en la rebelión de 2006. cuando surge la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. el feminismo civil participó activamente. Y en 2007, junto con el Espacio Feminista de la Ciudad de México, realizó el Encuentro de Mujeres en Resistencia de México, Centro y Sudamérira. |..-1 fuimos construyendo una alianza entre feministas chilangas y oaxaqucñu basada cu la rnnfianu, en los acuerdos y el compromiso con la agenda htttó-

» a U interrupción legal del emhaj afea con enfoque de género, ciud a Comisión Esatal de Derechos I

ron temas de liderazgo y ciudadanía. Kl trabajo empezó en los municipio, de Cuquín y Zapoliüán de Vadillo; luego se extendió a los municipios de Tolimán, San Gabriel, Amacueca, Villa Guerrero y Atoyac, todos cu el sur de Jalisco. Pero el trabajo no se desarrolla sólo en el plano local, sus vínculos con redes potencian su acción y la proyectan en espacios más amplios: Participamos en la Red Género y Economía, en la de Asesoras y Promotoras Rurales, en la de Educación Popular con Mujeres y en Milenio Feminista. Tra­ bajar apoyándonos en redes es valioso, en 1908 cwiro. el ireso. isturc y Mi. leu ir» participamos en el proyecto "Voces Unidas", que buscaba promover una ley para prevenir y sancionar la violencia hacia las mujeres. Un aspecto muy interesante es que se tenía una propuesta de Ley y se |>resentó bajo lafigurace Iniciativa Popular, huc un proceso en el que participaron campesinas, colonas. gente de la iglesia y organismos civiles y reunimos más de 40 milfirmasque respaldaban la ley. Se estableció diálogo con los legisladores para que modifí.

También inciden en csfcr.is giuVrnaiiieiiules. Kn 2006. |K>r ejemplo, ca­ pacitaron a léemeos fie la Secretaría de Desarrollo Rural que trabajan^cu el piogiaiua Alian/a para el Campo y promueven la integración de Coascjg¡ de Desarrollo Rural Sustcntablc en los municipios de jalisco. Allí se manefm los presupuestos municipales. "Abarcamos 50 de los 121 municipios y traía­ mos de sensibilizar sobre la ¡miKirtanria de que hay-a mujeres y que los conse­ jos adopten una perspectiva de genero en el desarrollo local, que las mujeres hagan MIS diagnósticos y propuestas" (tspnou. 2000W. awico también es parte del consejo ciudadano del Instituto de las Mujeres de Jalisco, pero en esta ins­ tancia —señala Ángulo— no tiene ninguna función ni trascendencia. Pese a que su actividad encaja plenamente en el man» legal y social de
una asociación civil, en 2005 CAMPO empezó a sufrir hostigamiento ixilítico:

En ese año tuvimos presencia en los mcdiui con el ñn de que no se penalice a las embarazadas o a los médicos cuaudu peligra la vida de las mujeres y busincendiaron nuestras oficinas y el Ayuntamiento de Cuadalajara comenzó a

de México, pioneros en el análisis de la salud reproductiva. 'Comenzamos en cero, a picar piedra. No había mujeres feministas ni organización popu­ lar en l-a Paz.' (Espinosa. 2006e). Centro Mujeres intentaba incidir en políticas públicas, pero comenzó a prestar algunos servicios con elfinde atraer a mujeres y jóvenes, y también para legitimarse ante instituciones públicas que no concedían ningún re­ conocimiento a las oxc. Asesoría psicológica y consulta médica fueron sus primeros ejes de acción. Más adelante promovió talleres de educación sexual en algunas secundarias, y estableció contacto con el sindicato de enfermeras de la Secretaría de Salud, a quienes dirigió el primer diplomado tic liderazgo en género. Con apoyo de reconocidas feministas, como Graciela Hierro, Ce­ cilia Loria y Patricia Mercado, iniciaron la reflexión y discusión sobre salud reproductiva y población. Afinesde los noventa, el Centro promovió una ley comía la violencia ha­ cia las mujeres que contó con participación comunitaria. Se propuso incluir en el código de pioccdimieiuos penales el delito de violencia doméstica que no estaba tipificado. No hulio buena respuesta, los políticos y los jueces se pi ajumaban: '¿quiénes son esas mujeres que quieren reformar el código |>enal? Era la utopía absoluta — dice Jasís— |>ero fue eso lo que realmente prendió la mecha." Centro Mujeres organi/ó un debate público sobre, ej te, U'oncl Cota Montano, entonces candidato a la gubci natura del estado
por el PHD-FI; tomó la propuesta para su campaña. Al segundo diplomado

organizado por el Centro llegaron como sesenta mujeres, entre ellas había mandos medios de las anas de educación, salud y desarrollo social, que más adelante ocuparían cargos importantes en la administración pública o cu el poder legislativo estatal. Esta circunstancia creó una mejor cobertura para impulsar el proyecto contra la violencia. O m r o Mujeres era parte del con­ sejo consultivo del recién creado Instituto Sudraliforniano de la Mujer. Kl
proyecto contó con el respaldo de dirigentes del FNMPF, de Diversa Asocia­

ción Política Nacional y de Milenio Feminista; algunas emprimarías locales también se sumaron a la iniciativa.

Pero resultó que el ntn jamás presentó la propuesta al pleno. Estibamos encabronadfsiinas. Finalmente, fue un diputado del PAN el que presentó la pro-

bajaba cui en Michoacin. Puebla y Guanajuaio. en proyectos de empresas sociales y participación ciudadana de las mujeres. Varias de las integrantes de Milenio Feminista también eran parte de la Red Nacional de Promo­ toras y Asesoras Rurales, que desde su formación, en 1987, trabaja con un enroque de género, etnia y clase, y que integra a profesionales, promotoras y académicas rurales (Castañeda. 2010b). A estas convergencias también se incorporaron organi/aciones de Aguascalicntcs que venían del Centro de Capacitación para el Desarrollo Comunitario AC (Cccadcc). En Zacatecas participaron mujeres del Frente Popular de Zacatecas, de los partidos del Trabajo y de la Revolución Democrática. F.n Qucrciaro, el Colectivo Femi­ nista F . 1 1 1 '.iirium ilc Mujeres, integrado por universitarias, ha sido el núcleo mas dinámico del feminismo civil (Castañeda. 2010a). La característica general de estas organi/aciones, a excepción de las no acmaluii (orno red: Dcijing dio el motivo de luchar juntas. "|...] En c! Centro del país Milenio Feminista se estructuró con base en la cx|>eriencia y el trabajo de Maruja González y Cecilia Loria, que venían del trabajo con
CFII. tenían presencia cnnio ai ailéiun us y un trabajo con una base social

amplia; Milenio hereda esa furnia de construir: trabajo de base y decisiones compartidas" (Castañeda. 2010a). : "En 1U90 se realizó el primer taller nacional sobre derechos sexuales y reproductivos, del que surgiría un proyecto de advoauj (negociación y gestión política) centrado precisamente en esos temas" (Espinosa, 2006a). El seguimiento del programa de acción de El Cairo y del foro de Beijing articularon a las ow; feministas, aunque ciertamente, los recursos finan­ cieros inclinaron su trabajo hacia salud y derechos reproductivos, dejando reuniones de El Cairo y lleijing. Oíros problemas contaron con menos apo­ yo pero lograron abordarse, como emptlderamicnio, |K>brcza, ciudadanía y medio ambiente. F.n 1998. |Hir ejemplo, un conjunto de organismos civi­ les feministas de las diferentes redes dio seguimiento a los recursos y accio­ nes del Banco Mundial y del Banco Interamcricano de Desarrollo en torno a pobreza y salud reproductiva. En el nuevo siglo, la reducción de ñnanciamienios no sólo dificulta la continuidad del trabajo, sino que pone eii riesgo la sobrevivencia de muchas

que la decisión lirial no fue la que querían las compañera*. En A|niascalienus se capacitó a todas las instituciones sobre la atención a la violencia. Cccadcc organizo un diplomado sobre atención a la violencia, pero no se reflejó en

de las mujeres; n bien aliren espacios de interlocución y de presión sobre relevantes temas feministas, como la dcspenalización del aborto, presu­ puestos de mujeres, legalización de uniones de personas del misino sexo, legislación contra la violencia, salud y derechos reproductivos, dereclios

alianzas con funcionarios públicos y gobernantes. con legisladores, con.par: tidos políticos, con las <r.tn, con moviniieuios sociales. Algunas ONU pionc.
ras desaparecieron, pero otras como (.fv.. APIS, F.MAS, Covac y Sipaui, sé'

consolidaron; de los noventa para acá surgieron muchas ,\c feministas: el Crupo de Información en Reptodurción Elegida: Equidad de Genero,
Ciudadanía, Ti abajo y Familia; Católicas por el Derecho a Decidir (CDD);

Afluentes (s.c); Fundar. Centro de Análisis en Investigación; Modemmujer: el Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad, entre otras. Algunas innovan estrategias de acción, como el Consorcio, que tiende puentes entre las organizaciones de mujeres y el poder legislativo para favorecer los derechos de las mujeres; o cun, que al asumii públicamen­ te su identidad católica y feminista, resulta un contrapeso clave ante las posiciones conservadoras y cada vez más beligerantes de la alta jerarquía

Del feminismo civil del UF también han surgido liguras públicas, líderes políticas, periodistas, funcionarías, legisladoras. Convocantes y partícipes de Milenio Kcmista y del rKurr, impulsaron, con ose de otras entidades, el En-

instituciones públicas, como el ciMyr de Oaxaca — originalmente vincula­ do al mr—, o Sadcc de Chiapas — cuyo equipo surgió de un programa del Instituto Nacional Indigenista—. En varias entidades, el trabajo tic las ose se volcó a procesos urbanos o rururbanos, en cambio en otras, la relación con mujeres campesinas e indígenas tuvo un papel central en el discurso y Durante los años ochenta, cu varios estados el femini il construye su discurso feminista inicial en contacto con el feminismo popular, tomanjo del feminismo histórico ejes de rcllcxión que en «ai y el neofeminismo operaron peí inancntcmentc como un "otro". I'renie al cual emergió unfeminismo(¡vil con identidad propia: autónomo frente al aparato estatal, institucionalizó su trabajo social y de género mediante el financiamicnio de sus actividades, desarrolló una intensa labor educativa cuyo xignificado trascendió el plano metodológico para situarse en una específica Encuentro Feminista condujo a las ose. a adoptar cxplú ¡lamente una ider.I AS luchas ciudadanas y |KH la democracia que suceden a la coyuntura. electoral de 1988. asi como las conferencias mundiales de E' Cairo y dejjcd» jing, aceleraron los procesos organiza! ¡vos y atrajeron la energía del feminis­ mo civil hacia la política institucional, los partidos políticos, las estructuras de gobierno, los espacios legislativos y de procuración de justicia y los foros internacionales; todo ello al tiempo que. para el conjunto, perdía rcntralidad la relación con el feminismo popular, y se reconfiguraba su discuiso, su agenda feminista y su relación con instituciones públicas y agencias financie­ ras. Aun así, la raíz popular y pedagógica de su identidad sigue viva y algu­ nas coyunturas le vuelven a dar gran fuer/a. como el movimiento de mujeres indígenas que sigue al alzamiento zapalista de 1994 o la rebelión popular de Oaxaca en 200G, en ambos casos, el feminismo civil se vuelca al movimiento y apoya los procesos de mujeres desde un perspectiva feminista. En varios lugares, una academia comprometida participa en los proce­ sos del feminismo civil. Pero la academia no es un imiw^rso homogéneo: así como hay quienes abrazan la agenda del feminismo histórico desde los años setenta y hasta hoy, también hay disidencia, sobre todo de quienes trabajan

latinoamericanas. Al tiempo cu que [unas] concentran poder y saber, toda vez que se convierten en 'las expertas' en género, en detrimento de la militanr.ia libre y voluntaria que exige el movimiento" (Riquer, 2005). Pero, ame el avance de la derecha mundial, hay voces léministas que valoran positiva. "Para quienes nos opusimos a la celebración del Año Internacional de la Mujer [de 1«J75|, resulta raro interpretar lo ocurrido en China como un triunfo feminista. En aquel entonces, la Primera Conferencia de la Mujer nos pareció el epítome de la cooptación y rechazamos la iniciativa de la ovu porque la considerábamos una manipulación; hoy. cuando el avana dt la deraJia nos hace revalorar muchas cosas, las propuestas de la ONU cobran un sentido distinto' (Marta Lamas citada por Kiqucr. 2005). En su perspectiva [de Lamas|, Naciones Unidas aparece, para algunas feministas, como una aliada frente a los ncofundaincntalismosy la posición del Vaticano, respecto de las mujeres y la presencia de sectores de la derecha en los gobiernos laünoamericanos (Riquer. 2005).'"

diversifica su con más presencia pública, pisto cuando se destaca la imriortancia de la lla­ mada sociedad civil y crece la izquierda parlamentaria, el feminismo civil se convierte en sujeto social indispensable: instituciones públicas, partidos po<

en juego?, x pregunta Franco. U ► l i c ó reconocer que el nénrro es un

político institucionales nacionales, regionales y globales. El trabajo de base no sólo importa |x>r ello, sino porque las mujeres de clases subalternas padecen, mis que nunca los electos del neoliberalisnio luchas contra la desigualdad socioeconómica y la discriminación étnica. El feminismo civil tiene una larga experiencia en ello y la puede potenciar. Incidir desde la sociedad civil cu política pública y en acuerdos globa­ les exige autonomía, crítica y beligerancia, pero a la vez diplomacia, 'dere­ cho ilc: piíapoite", trato cotidiano con luncionarios y políticos, equilibrio difícil de sostener y que puede comprometer la autonomía y la agenda del movimiento. Evitar que las agencias financieras impongan su agenda es un desafío difícil di: resolver cuando la competencia por escasos recursos dificulta las acciones unitarias. La escasez de linanriamicui» se vive como soga al cuello, pero a la vez, los pocos o muchos pesos que llegan al femi­ nismo civil, convierten a esta veniente en la que más posibilidades, tiempo y recursos tiene para hacei, moverse y expresar públicamente sus posturas, al grado de parecer la voz del feminismo. Pero no es así. no icprcscnua. iodo el movimiento, faltan voces y punios ilf vista que están fuera de sgj
Negociar con el ¡HMIIT. gi-siionar y asesorar, ha obligado a desarrollar

capacidades y conocimientos nuevos, pero no bastan: la perspectiva de gé­ nero por la que unto ha pugnado el feminismo civil requiere diagnósti­ cos específicos de iniquidad, análisis de los |x>rqués y diseño de acciones institucionales concreías y viables que, apunten a erradicarla. Sin sociedad civil que analice y vigile, la "|>crspcciiya de género" puede ser un discurso expropiado y vario. Hoy, el feminismo civil también enfrenta a un conservadurismo radica­ lizado por el Partido Acción Nacional, fortalecido |x>r el antiguo partido de Estado (el Revolucionario Institucional,reí)y las relaciones de ambos con el Vaticano. Al comenzar el nuevo siglo, mientras se debilitaban las dos re­ des más amplias del feminismo civil de los años noventa (Milenio Feminista
y el F.N.WPP). la derecha afinaba su estrategia para revertir los avances que. en

el plano cultural, en programas oficiales, presupuestos y leyes, habían logra-

Castañeda Pérez, Manha (2010a), entrevista a Marina Patricia Aguilar, integrantr de la Comisión Coordinadora de la red tic organismos civiles Por un Milenio Feminista. . (2010b). entrevista a Guadalupe Carmnna, integrante del Grupo de Apoyo a la Kduración de las Mujeres de Oaxaca. Oaxaca. (2010c), entrevista a Mercedes Olivera, prolcsora investigadora de la Universidad Autónoma de Chiapas e integrante del Centro de Investi­ gación y Acción para las Mujeres. Espinosa Damián. Gisela (1993), "feminismo y movimientos de mujeres: encuentros y descmiicniros'. en HmiHa El Cotidiano, núm. !>3, D A » , , (2006a). cMrevisiaaMarüiaPamciaAguilar.intcgrantcdc la Comisión Coordinadora de la red de organismos civiles Por un Milenio Feminista. (20061)). entrevista a Lourdes Ángulo Sala/ar. coordinadora del Cen­ tro de A|K>yo al Movimiento Popular de Occidente (Jalisco) e integrante tic la Comisión Coordinadora de la red de organismos civiles Por un _ _ (2000c). entrevista a Bárbara Cadenas. medirá y ex integrante de OMitfli (Organización de Médicos Indígenas tic! Kstado de Cliiapas). (200fid), entrevista a Gerardo Goiuak.-*, integrante de diversos orgam& (200fie), entrevista a Mónicajasís, directora de Casa Mujeres de La Paz. BCS, y de la Comisión Coordinadora de la red de organismos civi­ les Por un Milenio Feminista. (20060, entrevista a Gloria Sayavedra, ex integrante del Foro Nacio­ nal de Mujeres y Políticas de Población, médica que trabajó en diversos organismos civiles de Cliiapas. _ _ (2009). Cuatro vntimla HH frmnismo en Ateneo. Diversidad dr mías j
m í a rfc camirua, UAM-X, México.

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la sociedad,' cuyo desarrollo entre los años de 1970 y hasla comienzos d«H nuevu siglo tuvo alus y bajas. <lcpx.ridH.-ndo de la capacidad ile anicula<:i6n entre sccion-s feministas y de mujeres de diversos sc< lores sociales y con oíros miembros de la sociedad organizada, así como de las oportunidades ofrecidas por los tiempos políticos. De ahí que se pueda afirmar que la institucionalización como demanda y experiencia ha estado presente un el IIK>.

\ ¡miento feminista desde hace muchos años. La ¡nstiiurionalización de las propuestas discursivas y prácticas destinadas a combatir la subordinación debida a las injustas relaciones de género en cL espacio gubernamental re­ sulta de un largo proceso que entre los años 2001 y '2000 ci ¡stalizó en la for­ mación de los institutos de las mujeres y la elaboración de políticas públicas con |>crs|>cciiva de género en la federación, en los estados y en e! Distrito Federal. Pese a estos logros, hay que precisar que la institucionalizado!) del provéelo movimiento feminista en el espacio público político es lenta, en parte porque: a) organiza la redefinición de identidades colectivas subor­ dinadas de la mitad de la población, no reconocida como sujeto amonolenguajes y códigos de movilización difícilmente comprensibles p a r a d resto de la sociedad y e) pata ser escuchado tanto por el F.stado romo put la sociedad debe traducir sus proyectos en un lenguaje comprensible, al tiempo que crea un espacio propio en el sistema político. 1.a lucha por la instilucionalización implica entonces una capacidad sostenida de trabajo y producción social y cultural de sus integrantes cuyas conquistas parciales lidad depende de procesos y actores sociopolítieos externos que muchas

SOBRE FJ. APORTE, IOS oisrjinsos Y I.AS nucí ICAS FEMINISTAS

Durante la segunda milad del siglo xx, México se caracterizó por la pre­ sencia de una serie <lc movilizaciones sociales de numerosos adores curas luchas no solo se orientaron a derrumbar el autoritarismo prevaleciente para democratizar la sociedad y la política sino también, y sobre todo, por el igual derecho a ser tomados cu encina. La movilización de las feministas, cuyos renovados discursos y prácti­ cas se generalizaron primero en un amplio csiic-ciro de la población de en ellos respuestas a los conflictos que enfrentan en una sociedad moder­ na que también los discrimina, contribuyó a destrabar un sistema de do­ minación que mostrab? sus límites y a ofrecer soluciones y nuevos códigos

Ello fue posible porque desde los arios setenta hasta comienzos del siglo xxi las feministas y diversos sectores de mujer», no sin desencuentros enrrí ellas, compartieron un proyecto |»ra nominar, comprender y superarJai Así. pese a sus diferencias de clase, einia, generación, opción sexual o por adherirse a distintas [«Muras ideológicas, religiosas o partidarias lograron establecer demandas comunes y generalizar un discurso cuyos sentidos y significados poco a poco se hacen comprensibles al resto de los actores so­ ciales y políticos. Fie discurso contribuyó a la ampliación de un sujeto colectivo visible a lo largo y ancho de país con fuertes redes internacionales y formado por grupos, organizaciones, programas de estudio y otras figuras organizativas cuya capacidad de producción cultural derivó en soluciones prácticas a los diversos problemas derivadas de las reglas de la sexualidad y el parentesco, reglas que lijan las relaciones entre los seres humanos y subordinan a las mujeres. El discurso (éminisia logra demostrar que si bien hay diferencias sexuales que son irreductibles porque se inscriben en la naturaleza y la bio­ logía, ello no justifica la injusticia contenida en la cultura y la sociedad, que

Los acuerdos, la experiencia en un esfuerzo colectivo y la participación en Bcijing entre personas muy diferentes produjeron un gran entusiasmo <|ue resultó en la continuación del trabajo al regreso de Deijing. El objetivo era aterrizar una agenda consensuada alrededor de los acuerdos de Bcijing que priorizara la integración de las mujeres en igualdail de condiciones en el desarrollo nacional por medio de leyes, nuevos organismos y políticas pú­ blicas dedicadas a las mujeres, que serían puestas en marcha |ior la adminis­ tración pública. En I99C se c r e a d Programa Nacional de la Mujer (Pronam), cuya coordinat ion también asumió Dulce María Sauri. En esta iniciativa partiri|iaron feminisias de trayectorias destacadas en las organizaciones civiles y
en los ¡nítidos políticos, además de algunas representantes del PAN.6

Esta experiencia señala dos áspenos que lacilitaron la unión entre mujetes con distintas posturas en la creación de la agenda de género. En pri­ mer lugar hubo consenso en que la idea fuei za que organizaría los acuerdos entre los distintos sectores sería lograr el reconocimiento de las mujeres romo ciudadanas en su diferencia. Centrarse en la ciudadanía ubicó el de­ bate y la negociación en la vida públicainstituí ional, evitando asuntos que, como el almrtn. causaban divisiones. Se trató de dat respuesta al icclaino generalizado |X>r la democratización del sistema político, incluyendo a las mujeres en el pleno ejercicio de sus derechos, v consolidar públicanieuicda legitimidad lograda por medio de la perspectiva de género. También influ­ yó, de manera central, la creación de nuevas modalidades de negociación y conccnación de intereses entre las mujeres, basada en el concepto feminista de nffidamtnto1 para lograr objetivos ventajosos más allá de las diferencias

'Entfrm¡no».n.i.»iii¿ii,

Fue en esta coyuntura cuando se présenlo la oportunidad de gcncralizar Ixi propuestas para democratizar las relaciones de género y contribuir a la construcción de la democracia política que afinesde siglo y después de muchos años apareció como una posibilidad viable. La ruptura y descomí»sición interna de una élite aue durante mas de 70 años gobernó el país, la presencia de una sociedad movilizada y la aplicación de una reforma políti­ ca que, por primera vez en la historia, ofreció reglas electorales confiables y la posibilidad di: integrar el pluralismo en el sistema político, se conjunta­ ron para hacer |>osible esta aspiración.

El mon.cnk

la movilización de la sociedad civil |HII ((instruir un sistema político-efií mocrálico, plural donde se respetaran los resultados electr: ales favorecí^ la aceptación de las demandas de genero. Así. entre 1995 y 2000 diversos partidos político* comienzan a incorporar la equidad de género sea por­ que lo consideraron como un valor legítimo de la cultura democrática, sea porque las mujeres conforman más de la mitad del electorado y era conve­ niente tenerlas como apoyo en los futuros comicios. En este contexto, el movimiento feminista y de mujeres, formado por nu trabajaron por encomiar soluciones universales a la subordinación de género proponiendo instituciones y |>olíf ¡cas públicas con perspectiva de género, in­ gresó en el siglo xxi con un programa de trabajo, metas consensuadas y alia­ dos de la sociedad civil y de los partidos pnlñictn a la lucha por la democracia que se jugó en esa coyuntura electoral. 1.a energía puesta en la movilización por la democracia no tuvo sin em­ bargo las resultadas esperados. En primer lugar, Ernesto Zedillo, presidente de la República, terminaba su mandato (1991-2000) dejando pendiente a

se complicó si se considera que en ese momento al Iraca») de sus aliados naturales (rao y otros partidos de izquierda) se suma la crisis interna del mi, derivada de uní; derrota que le significó perder su condición licgcmónica. En ese partido militaban algunas de las feministas de trayectoria con las que habían realizado alianzas estratégicas en torno a los asuntos de género. Finalmente, la derrota del nti contribuyó a la creciente autonomía polilica y financiera de los gobiernos estatales respecto al ejecuti­ vo federal, que hasia ese entonces comiólo a los gobernadores por medio del poder que tenía sobre el partido único. Las tensiones y conflictos entre los poderes federales y estatales tendieron a particularizar el uso del poder y el manejo de la |»olíi¡ca estatal en manos de los gobernadores, dada la ausencia de instituciones que vincularan la federación con los estados en una perspectiva nacional.'' Esa desarticulación se transforma cu el telón de fondo de las ¡elaciones entre los institutos estatales y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujcres). Kt! suma, el contexto no fue favorable para plasmar, a nivel nacional, las bases, en los que a veces se invinieron vidas completas. Por el contra­ rio, el sistema político se abrió a las militantes pauistas —un sector quejo. pagó lus coalos de la movilización léminista y de mujeres y que muy lar. de se interesó |H>r las demandas di: las niujei es, mismas que reelaboró desde su ideología conservadora—. En suma, gracias a las circunstancias, las |>anistas tuvieron acceso a las nuevas autoridades políticas y a las instituciones controladas ahora por el gobierno que recién se formaba.10 Ello luí- posible |K>rquc el concepto de genero sefiltróen la sociedad y favoreció la comprensión de la sulmrdinación de las mujeres permitiendo, después de la reunión de Bcijing, su incorporación en las plataformas clec-

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visiones sobre el significado de la perspectiva de género entre las actrices y actores involucrados un el proceso de insiitucionalización, los cuales se evidenciaron cuando se trató de priorizar los temas en la agenda pública Más allá de estas dificultades, hay que reconocer que una de las virtu­ des del proceso de institucionalizado!) fue que la igualdad de género se constituyó en el valor que organizó la estructura, la agenda y las activida­ des del Inmujeres. La igualdad, como lo señala Niillips (1996), se expresa en acciones que buscan superar la subordinación de la mujer en un siste­ ma externo que la ha segregado históricamente. Así, en la arena ixjlítica. la igualdad ordena la lucha de las mujeres contra la discriminación, sin redituable porque permite captar alianus, sobre lodo en un país hetero­ géneo como México, cuya historia está manada por la lucha contra las desigualdades. En este marco, el discurso de Inmujeres se propuso transformar la instilucionalidad vigente de los organismos estatales y reorientar las políticas públicas por medio de una perspectiva de género, que al dar preeminencia a la igualdad entre los sexos se acomodó, en principio sin grandes cooNicios, a la ideología de diversos actores de la escrita política nacional, Decimos en principio porque, en la práctica, integrar desde esta postura Tremó desafíos difíciles de solucionar pues la misión de los instituios no sólo altera el orden estatal que- regula las actividades de la sociedad por medio de jerarquías legales, burocráticas o administrativas, sino también el universo simbólico en que se asienta. La institucionalizacióu de la pers­ pectiva de género fue y es un proceso que se esfuerza por cubrir todas las políiii as públicas del país en las que se redefinen valores, prácticas y proce­ dimientos administrativos. Las políticas públicas en este sentido son inter­ sectoriales y en su formulación participan quienes las elaboran y quienes las demandan. Así, la instiiucionalizacíón depende, en última instancia, de la apropiación que funcionarios y sociedad civil hagan de esta perspec­ tiva y del valor que se otorgue a la equidad y a la mujer en la sociedad y en el sistema político.

Como se observa en el cuadro 1, ames de 2000, durame el régimen priista, se crearon 10 instancias estatales gracias a la iniciativa de dirigentes de ese partido que apoyaron a sectoresfeministasdesde los años ochenta. Después de esa fecha arranca la fundación del Testo de los institutos que con el tiempo adquirieron un estatus similar dentro del marco de Inmujercs.

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necesidad de buscar legitimidad en la sociedad y en el gobierno; además encon­ traron problemas de coordinación alrededor de un provecto común, derivados, sobre todo, de conflictos político-partidarios que con frecuencia produjeron ro­ ces y entorpecieron la entrada en vigor de un provecto de carácter nacional. les respecto al ejecuti­ vo federal contribuyó a que las directoras de los institutos estatales tendieran a adaptar sus metas a la correlación de fuerais local. Pero su comportamicn10 también estuvo influenciado por las buenas o malas relaciones con otros institutos, |>or los vínculos con las organizaciones de mujeres, por su acceso a financiainicntos e incluso por las interpretaciones y lecturas particulares sobre las metas de la agenda nacional para las mujeres. En la práctica, la ma­ yoría de los institutos hizo lo que pudo con ION recursos humanos y materia­ les que consiguió movilizar en contextos regionales donde las priorélailcs de la élite política no fueron necesariamente los derechos de las mujeres.

repitió el patrón conservador. En efecto, su decisión no derivó del recotín. rimiemo de la importancia del movimiento de mujeres n de la perspectiva de genero, sino lo creó para agradecer el apoyo de las mujeres |>or haberle dado la mayoría electoral. La ubicación de los insumios de la mujer en la estructura de la admi­ nistración pública estatal también fue distinta. F.n algunos estados depen­ dieron directamente de la Secretaría General de Gobierno; en otros del Ejecutivo estatal, de la Secretaría de Desarrollo Social, de la Secretaría de Plancark'm y Desarrollo, (le la Subsecretaría de Atención al Ciudadano, de la Secretaría de Finanzas o de la Secretaría de Salud. Todo esto indicaba que las plataformas desde las cuales se planteó institucionalizar la perspectiva de genero en los estados poseían una gran diversidad en cuanto a su reco­ nocimiento, capacidad de acción e influencia y posibilidades dt- desarrollo institucional. Si se considera que los institutos estatales fueron la base para generalizar las políticas públicas con perspectiva de género. <-s preciso de­ tenerse en su propio proceso de institucionaliza! ion pues ello fai ilitó o dilicultó las posibilidades para oblcnei recursos humanos y materiales tanto

organizaciones civiles o con la propia administración pública del estado aU que pertenecen.

OoSTÁCULOS * L A COORDINACIÓN Dt fNA rERSrECriVA Dt crjifttO lir. CARÁCÍf R NACIONAL Las formas de inserción en la burocracia pública, la dependencia de distin­ tos poderes y el contexto político de cada estado influyeron en la posibilidad de poner en marcha políticas con perspectiva de género de carácter nacio­ nal. Si bien la desarticulación entre el ejecutivo federal y los gobernatlores contribuyó e influyó en algunos desencuentros entre los instituios estatales y una instancia federal como Inmujeres, la mayor parte de éstos provienen de la lórma que adquiere la institucionalización estatal o se expresan en el comportamiento de las directoras ante la entrada en vigor de políticas pú­ blicas con pers|>cctiva de género. Un análisis cuidadoso señala las dihcul-

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3. Adscripción partidaria. Las posibilidades de concertar una agenda y entre ellas c Inimijercs. no solo se redujeron por la división administrativa federal-estatal, sino también por la competencia entre partidos políticos, cambiante según las coyunturas electorales estatales o locales desarrolladas Uno de los problemas centrales derivó del pluralismo partidario que se instalaba, así como de la aplicación de una reforma de descentralización administrativa que otorgó mayor autonomía económica y política a los g<>bienios estatales. Ello derivó en un dcscncucntro entre las funcional ias do­ los instituios pues en numerosos estadosgobernaron partidos advérsanos del HAN, que controlaba al gobierno Icdcral y además interfirió en las po­ sibles alianzas que hubieran podido construirse entre distintos institutos estatales para realizar una política común debido a que sus partidos eran De este modo, por un lado, hubo dificultades políticas para articu­ lar agendas o acciones comunes iniciadas por Inmujercs, y por otro, fue tos promovidos por institutos estatales dirigido.- |Kir funcionarías de par­ tidos políticos distintos al federal. El cuadro 2 muestra la coincidencia del partido del gobernador y el de la directora de los institutos en los distintos Desgraciadamente, este hecho, que se convirtió en un problema para la conformación de proyectos comunes, no se expresó ni se debatió con transparencia, de modo que los intereses de las mujeres en muchos casos fueron desplazados por las animadversiones partidarias presentes entre los distintos institutos. Esto es así porque, por ley, son los gobernadores quienes nombran a la directora del instituto estatal, la cual normalmente pertenece Aunque frecuentemente la dependencia que genera el nombramien­ to de las directoras de los institutos por el poder ejecutivo estatal favore­ ce sus actividades locales, al mismo tiempo obstaculiza la fluidez de las relaciones con el Inmujercs. cuya dirección también es nombrada por el presidente de la República y |«>i lo tanto asume un carácter partidario. De este modo, la función de Inmujercs, cuando hubo problemas entre los

CUADRO 3

Distribuáón IU algunos nomos JrdcraUs m los alados por partido político

■Se consideraron los 31 «lado* mis f I gobierno del Dimito Federal.

Aunque es claro que Inmujcres pudo financiar sólo a la mitad de las entidades lederativas con este fondo y no se tiene información sobre el linanciamiemo de otros ¡novenos, también es evidente que los criterios C|IK: dcliiiicron la disti ibución de los recursos fueron de corle partidario. Así,. embargo, sólo 25% de los instituios de sus estados recibió eslos fondos. Su-"" cedió algo similar ron el r-m Kilos golx:rnaban 18.7% de los estallos y sólo la mitad di los institutos de esos estados n-cibió a|>oyo. En cambio el PAN gobernó 27.8% de los estados y lodos ellos recibieron a|ioyo; en d caso de 3.5% de los gobernadores elegidos en alianzas del PAN con otros partidos, sólo la mitad recibió a|>oyo. 4. Ideología laica y religiosa. Muy relacionada con la división partidaria y, pese a no haber una coincidencia toial —hay funcionarías que se adscribían a alguna religión en forma personal—, el predominio de una concepción religiosa entre las funcionarías del PAN <U ese momento produjo conllicios —la mayor parte de las veces soterrados— alrededor del contenido de la no­ ción de genero y la orientación de las políticas públicas de equidad de gene­ ro, con aquellas que no eran religiosas y/o que siéndolo a nivel |>crsonal se adherían al laicismo estatal. El problema no es banal, no sólo si se considera que la mayoría de los militantes del PAN son católicos, sino también ]>orquc

con respecto al ccmro, que compartían una visión laica de la vida pública, permitió que en Oaxaca se hiciera una alianza que probablemente no ha­ b r á sido posible si la Presidencia tic la República c Inmiijcrcs no hubieran estado en manos <lc un adversario como el PAN. vinculado desde su origen con la iglesia católica. Otros institutos como el del Distrito Federal. gnlx:mado por elrai>,que además tuvo mayoría parlamentaria, en lugar de conducir sus esfuerzos a incorporar la |KTspcctiva de género en las instituciones de gobierno, las orientó a fomenta! la igualdad de oportunidades y el ejercicio de los dere­ chos de las mujeres a través de la participación ciudadana en los ámbitos sociales y económicos locales. En los hechos. Andrés Manuel Ló|>ez Obrador —entontes jele de go­ bierno (2000-2005)— y su equipo evitaron confnmiaciones con la iglesia ca­ tólica. Las metas de su pcrkxlo se concentraron en programas de desarrollo social liaría los sectores populares para paliar la enorme desigualdad socio­ económica y al mismo tiempo fortalecer MI electorado. Si bien hubo una icprescniación ini|Mirtante de mujeres en los cargos de decisión del gobierno perredista también se presentó una cierta confusión ion la perspectiva de género, ya que ésta se mezcló con los programas rcdistiibuiivos hacíalo» gru|K>s vulnerables de mujeres. Así. el Instituto de las Mujcies del Distrito. Federal careció de un recurso básico: el apoyo y la voluntad política de las autoridades, que era clave para estimular un plan sistemático para transverlíüca-s públicas. De este modo, el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal acomodó MI agenda a los programas <le la Secretaría de Desarrollo Social, cuya prioridad fue lH-ncficiar a los sectores de bajos recursos. Este giro obli­ gó a generar |>olíii<:as públicas que vincularon los derechos de las mujeres con los programas sociales. Así, el derecho a una vida justa se vinculó con programas de prevención de la violencia de génetu', el derecho al trabajo a la generación de empleos, cajas de ahorro y préstamo, formación de microempresarias y mujeres emprendedoras. También desarrolló importantes programas destinados a promover el derecho a la salud entre las mujeres y fomentar la apropiación de la ciudadanía |>or medio del fortalecimiento del lidetazgo en las organizaciones sociales del Distrito Federal. Ello fue posi­ ble gracias a la puesta en marcha de una red de institutos en las dieciséis

Si bien hay acuerdos y consensos iniernacionales, nacionales y locales sobre la importancia para adoptar la perspectiva de genero en las institu­ ciones y las distimas políticas públicas, es preciso reconocer la presencia de Tuertes disputas alrededor de las concesiones sobre el género. Kntre las diversas propuestas de los feminismos, las consignas que producen mayon-s controversias se encuentran en las ideas de que lo privarlo es público —o de que lo |x'rsonal es político—. que apuntan a la publicitación de temas vinculados con la sexualidad, la maternidad, las relaciones homosexuales y años y que están resguardados por instituciones dedicadas a ello. 1.a puesta en duda de nociones que cuestionan el orden institucional que somete y disciplina a las mujeres y estigmatiza a aquellos que se apartan de la normatividad vigente amenaza la organización social y política basada en el discurso liegcmóniro. Por ello, aunque la perspectiva de género ne­ gociarla con sectores ajenos al movimiento en el momento de proponer la creación de los instituios neutraliza la propuesta feminista, también genera discrepancias que |x:nnane<:en latentes. Se trata de conflictos que a comien­ zos del sexenio no se expresaron con claridad en el debate político nacional. l.i presencia de sectores y grupos muy consentidores, que en forma encubierta o pública presionaran o participaron en el debate a través de funcionarios que ocuparon altos cargos públicos y que trataron di: imponer una visión inspirada en la doctrina católica sobre la sexualidad, la familia o el rol de la mujer adquirió relevancia institucional si se considera que se desarrolló en el marco de la Constitución que reconoce el Fstado laico. .Su discurso en apoyo a la jerarquía eclesiástica se opuso a programas de salud reproductiva como la anticonccpción de emergencia, el reconocimiento de la diversidad sexual, las propuestas vinculadas con la eutanasia, las socieda­ des de convivencia, la clonación terapéutica y la política anticonceptiva en general. La reacción turo como objetivo impedir la aprobación tic leyes y programas vinculados con esos lemas que las feministas y actores de la vida pública habían promovido en el sector salud, que se modernizaba. Lo novedoso de este debate es que se realizó desde la plataforma gubcrte lo había hecho el PAN. Ello, de algún modo, rompió con el acuerdo implí-

a las alianzas tejidas con miembros de l:i comunidad polílica. que cu este |wriodo también se movilizaban por la instauración de un sisicnia democrá­ tico en el país. La apuesta consistió en crear instancias estatales que promo­ vieran políticas públicas desuñadas a atender las desigualdades de genero y a reconocer y estimular la participación de las mujeres et: los espacios públiinstitutos de las mujeres. La creación de institutos a nivel estatal y nacional se logró en condiciones internacionales y nacionales extraordinarias que permitieron el apoyo de actores sociales y políticos hasta entonces ajenos a las cuestiones de género. l.i institucionalizado!! si: avizorócnionccscomo un valioso recurso para estabilizar en el tiempo y a nivel nacional políticas destinadas a beneficiar a las mujeres, alejándolas de los conflictos, competencias o confrontaciones coyunturales que hasta ese momento habían en I rentado propuestas simila­ res emanadas del movimiento a un gran costo. Luego del triunfo del P.UÍ. y |K-se a que sus principios ideológicos no aceptan el proyecto léminista, el presidente Vicente Fox estimuló la creación de los institutos en nombre En términos políticos, las feministas y íl movimiento de mujeres lograra! sus nielas, si se considera que la creación de los institutos fue parte dc¿u| demandas. Sin embargo, hay que reconocer que ese logro también abrlü oportunidades para que ciertos sectores de las élites del rAN, autoridades y funcionarios estatales o partidarios, encontraran un nuevo espacio y recur­ sos en todo el país para legitimar sus políticas públicas ante el electorado femenino y avanzar en sus carretas personales. El clima político generado por el avance democrático evitó una conlronDe ahí que a comienzos del sexenio hubo sectores del feminismo que se incorporaron en los institutos gracias a.s'.: ex|>eriencia profesional y |xilíüca y a que apostaron a un ptoyecto común que permitiría avanzar en la ma­ terialización de un proyecto que sentían propio. Tal como se ha reseñado, pronto surgieron grietas originadas tanto por la fragilidad organizacional de los institutos como en las posturas |>olítico-pariidarias divergentes, pero sobre todo por las interpretaciones encontradas sobre la noción de genero. Ks posible pensar entonces que, aunque la creación de los institutos es un

los instituios. El caso ejemplar en este «-mido fue el de la Ciudad de México, cuya población urbana, moderna y cun una cuhura política abierta, donde las mujeres y lasfeministasalcanzan un protagonismo importante, facilitó la aceptación y aprobación de la sociedad de convivencia en 2006 y la despe nalización del aborto si se lleva a cal» ames de las 12 semanas de gestación, que entró en vigor el 2<1 de abril del 2007. La aprol>ación de estas leyes y su reglamentación respectiva se dio en un momento especial, a Tines del sexenio de Vicente Fox y a comienzos de la presidencia de Felipe Calderón. Además, se suscribieron durante el ]>eriodo en que Alejandro F.ncinas susti. luyó como jefe de gobierno de la Ciudad de México a Andrés Manuel 1 Ó|K-7 Obrador, quién contendió en las elecciones presidenciales. Piobablcmcntc (tic la sensibilidad a estas demandas del jefe de gobierno sustituto lo que facilitó la aprobación de esas leyes. Se trata de logros de gran importancia para ¡as mujeres pues valora su diferencia sexual y al misino i¡em|K> se apun­ ta a la autodeterminación sobre sus cuerpos y la maternidad. Así, el cuerpo de las n-ujeres adquiere olio significado al sacarlo de su función ciega en la reproducción y transformar la maternidad en una decisión. l a sociedad de convivencia benefició a lesbianas, homosexuales y a personas que han opta­ do por oirás identidades sexuales. Estas medidas constituyeron un avance radical con respecto a la cultura de género hcgntnóniea y en relación cojvla construcción de una democracia tolerante y resjietuosa de las dileiencias. Por ello, si bien una gran parte de los institutos instaló agendas de gé­ nero conseí vadoras, hubo excepciones que incluyeron el valor de la diferen­ cia. Estos casos expresan, a nivel sociológico, el peso del contexto s.x:¡al y político en la dirección que adquiere la agenda valonea vinculada al genero. Ello también se confirma si se considera que hubo estados, en general eneagociada de las agendas sea porque sus directoras eran feministas, o porque incluyeron feministas en su gestión administrativa o a través de asesorías. Después de 2000 el movimiento feminista se desdibujó como actor en la vida pública, en |iartc por su integración al sistema político institucional y en parte por un descuido de su organización interna. Hubo sin embargo un gran aprendizaje sobre el rodaje de la administración pública y los partido! políticos, cuya lógica de acción es indispensable manejar para ingresar a

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UAllALUiututb

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lación en el feminismo latinoamericano el libro Feminúmm aimptua, galas fiara una adtura UnáenáosammU dijertnlt (1993). Algunos de los punios vertebrales de Cómplices, expresados claramente a k) largo del libro, eran, precisamente: a) reconocer los diferentes femi­ nismos, cxplicitando las diferencias con nombres y apellidas y b) realizar un debate urgente sobre cuál era y dónde estaba la potencial fuerza del feminismo para catla uno <lr esos feminismos y sobre la autonomía, aspec­ tos que se perdían cada vez más frente a lama invitación a la mesura y a las buenas maneras en función de negociar con y en los espacios de poder del patriarcado, todo lo cual iba cercenando la imaginación política, la libertad y la radie aliilad del feminismo latinoamericano, así como generando repieTenemos diferentes feminismos. Esta afirmación hoy tan compartida por todas nosotras y que da cuenta de una realidad contiene un desafio y una rrs|K>nsabilidad: explicitar cuáles son estas diferencias.

linio* con la capacidad y la legitimidad de ser cortstn: lenguaje, paradigmas y utopías (Pisano. 1996:5). Y también: Es difícil hacer una reflexión sobre políticas feminist; interior del movimiento ya no podemos hablar de un remes historias, biografías y experiencias —individ indicaciones de la leona, la crltka y la práctica feminista se han irsidad de posiciones políticas, de imaginarios de cambio, de lóricas, de sentidos dcTquchaccr. que no sólo marcan múltiples lictom» políticas, <inó.í|oc además están hablando de distintas

y sociabilidad desde la experiencia de ser mujeres, colocando y negociando desde el "plano inclinado"1 con el Estado y el colectivo de varones las mira. jas que nunca oslan dispuestos a ceder, a menos que favorezca sus propios En esle contexto surgimos las Cómplices, como propuesta política y fi. procesos distintos, pero con la idea central de reconocer que existen dis­ tintos feminismos, explicitar las diferencias, autonombraruns y sobretodo, apostar a la construcción de un espacio feminista desde la autonomía y t, radicalidad, un ejercicio de instalación de un disciu so distinto, hecho desde la diferencia política explicitada. Para Cómplices, este gesto de autonomía, de auloordenamicnto se hizo en función de que no nos siguieran marcando el camino desde espacios filosóficos y políticos que no nos convocan porque traicionan nuestras ne­ cesidades de construcción y de cambio. Nace como demarcación, como un una propuesta filosófica que apela a hacer del feminismo andado una acu­ mulación ile sabiduría que tenga real capacidad de incculivaí cambios. Kn otras palabras no nos unimos en oposición a, nos leímos en un dc&tfftt y desde él marcamos nuestra autonomía, desmañándonos de quiciies.iigi

en la tierra con el libro Feminismos complica, gatos para una cuitara Undmricíúmmlr rlifrmilc, donde están las principales ideas fuer™ que luego se desarrollarán en haceres políticos y en la elaboración de la reflexión crítica, hechos a contramano de la amnesia y absolutamente fuera de los cantos de sirena del poder y del reconocimiento fácil venido di- los espacios de papá y/o de sus hijas predilectas.

101 para mirar y pedir ¡xuaUtat y

DE LA IMPOSICIÓN DE l!N FEMINISMO PARA LA DEMOCRACIA NEOUBTRAL

A IA COKSIHVCUON DE LAS IDFAS FUERZA P A R A UN rfUINISMO RADICAL La década de 1990 estuvo marcada por nn;i apuesta central, impulsada des­ de espacios de poder y agazapada tras un anuente ejercicio de diversidad, pluralidad y democracia. Esta apuesta fue la dr desmontar los sueños, los mecanismos autónomos de articulación, y la de hegemonizar todos los es­ pacios, uida la creación/producción y toda la capacidad subversiva del feminisino como apuesta político-filosófica <|tie le permita tanto avanzar en transformaciones radicales que aleñaran la macrocultura como inventar nuevos caminos para ser mujer en el inundo. Esa "impronta de la derrota" se genera en la década de 1U80 y se instala —al parecer para quedarse por mucho tiempo, disfrazada de política oficial de las mujeres— cu la decada de 1990. No me voy a detener a detallar esta impronta, está más que documentada en los textos y libros publicados por las autónomas en la segunda mitad de los años nóvenla y en la primera de esta década.6 Pero creo que es importante mencionar los elementas más significativos «le la misma para comprender el proceso de la radicalidad fe­ minista que rcprescnianm las Cómplices y que seguimos representando en tanto corriente de pensamiento delimitada, estos son: — El control y la definición de las políticas del movimiento feminista cen­ tralizado en las jefas de unas p<x as instituciones poderosas, con muchos recursos económicos, dado su mono|Hilio en el conocimiento y su relación con las agenciasfinancieras.Las instituciones con una metodología de tra­ bajo con mujeres de los sectores populares semejante a la de los parridos |H)liticos.7 es decir, centrada en la cantidad de organizaciones populares de

no lilla una hiaoriografia iclkxiv-i mucho mis amplia y detallada ilesdr la radkalidad te-

' KcCT.idcm.ri rl conocido como "Grupo de las cinco". c«o es Comunicación (ntereamFcniipo de Mujeres e:i AcriAn Solidariafcws).Giupo dr Educación pan Mujeres (ctu) y Acción Popular de lnlq{ncinn Social (*ru). vari» de cuyas líderes crin militantes y

sociales. Esto creó grandes desniveles entre las grupalidadcs c instituciones de mujeres. Gracias al acceso a mayores recursos ahora determinadas insii(uciones elegidas por lasfinancierasse transformaban en lo que llamaron "instituciones paraguas', o sea aquellas que podían decidir a nombre de las otras y arrastrar hacia sus políticas a las que quedaban fuera del deda/o. ras instituciones elegidas por el poder pon en asesoras de las agencias de fi»s proyectos que otras instituciones y grupos similares presentaban, lo que rompió toda relación ética entre las feministas.
10

Esajcrarquización que, desde la cooperación al desai rollo, ya había sido instalada hacia el lin de los años ochenta, al iniciar la década de los nownta empieza a manejar su poder imponiendo desde esas jerarquías y a lodo el movimiento una serie di: estrategias, agendas, métodos de trabajo y larcas inconsultas, relacionadas todas con políticas públicas, con cuotas de partici­ pación, con interlocución, negociación y presión política (que poco después cmpc/.ó hasta a nombrarse en ingles lnttbyy ndmriuy). desplegándolas como las tareas evidentes e ineludibles para lodo el movimiento. 1.a nueva estiatcgia delinida por las jerarquías y las agencias se vendía como una iiicludijite responsabilidad proveniente del triunfo que estarían obtenido las mujena frente al Estado y al poder. La decisión la tomaban unas pocas en alguna pai te invisible para el conjunto y se la comunicaban al resto, enmarcada en discursos de unidad que aseguraban la aprobación, sin discusión, de la estra­ tegia predefinida."

Ahora bien, este proceso de rcdcfinkión local del papel y del quehacer del movimiento fcminis'a. que construye sus condiciones de posibilidad en la década de 1U80 y se impone en los años noventa, ya con (oda su fuena antes y después de Beijing —como proyecto hegemónico continental, ser­ vil al patriarcado neoliberal posterior a las dictaduras y a su proyecto de democracias representativas y movimientos sociales suavizados y desorien­ tados—, se daba en México de: una manera que llamaría 'sorda*. Esto es, no sin críticas, manifestaciones di: desagrado y oposiciones puntuales, pero sin que llegaran a transformarse en la expresión clara de una alternativa política difcicnu:, ya que las grandes instituciones y las feministas históricas que tomaban las decisiones a nombre de todas tenían una estructura de au­ todefensa monolítica y las visiones de otro I» feminis (s) se daban y venían desde espacios o mujeres que ya habían sido cercadas y puestas en lugares marginales enrelacióncon las decisiones. Cerco que se hace práctica ya en los años óchenla."

Si bien el proceso de esos años nos había dejado claro, lamo a chilenas como a mexicanas, que había diferentes feminismos, diferentes horizontes de futuro y diferentes lecturas de la macroculiura patriarcal, Pisano había dado un paso más. I labia entendido que esas diferencias no cían necesaria­ mente complementarias, que el discurso de la complcincnuridad/unidad de esa diversidad, salo encubría los procesos por los cuales las fuerzas liegemónicas transforman la diferencia en desigualdad jerárquica dejando a las mujeresy a sus proyectos más potentes atrapados en los 'corles conllicto" patriarcales. El tópico de la diversidad funciona como un mecanismo discursivo de cooptación/ deslcgitiinización. Como dicen Pisano y Franulic (2009: 216):

ira, intenta atrapa, las enervas r.anüo la desigualdad dfrxxlrr

A parür de un contacto que hice con Margarita Pisano en Brasil, y luego con su asistencia a una actividad del Centro de Investigación y Capacitación
de la Mujer (CICAM) en México," iniciamos un diálogo, descubriéndonos

en malestares y búsquedas semejantes. Kmpczamos un proceso de reflexión conjunta, primero en un intercambio epistolar y luego, en México, en un feminario (que no seminario, que viene de semen) de reflexión con estos
lemascomo contenido, organizado por CICAM. Hacia mediados de 1993 nos

constituimos en ambos países en la colectiva Cómplices17 y decidimos cscri-

17

Desde Chile, GKHAIÍCCS lá conformaron: Marg

potabilidad individual y colectiva que esto conlleva. Se trata de construir una ética y una práctica política de auiocnriquecimiento y auiorrcconocimiento colectivo e individual <|uc vaya rompiendo el mundo de las idénticas, el miedo a salimos de ese colectivo y que permita construir una genealogía 1.a autonomía cómplice pro|x>nc un hacer político con capacidad de apelar a la totalidad de la transformación cultural. La macrociiltura |>atriarcal se construye en "lo íuiiinn, lo privado y lo público* y no se impone solo por la fuerza ni se ordena sólo a través de sus instituciones, sino a través de símbolos y valores que generan ideas de lo que es vivir (Pisano, 1995: 7-1"). De allí que no se puede hacer iHtlítica transformadora sin visualizar la rapa­ cidad de reciclaje y de absorción que vacía los deseos y voluntades de cambio cu pro de las que juega el sistema completo. Kl sistema no es perfectible, sus aparentes resquicios son sólo los resquicios |X>r donde la macroculrura pe­ netra y deshace las propuestas de cambio. El léminisnio es id cnei [H> crítico, i misil uido por nosotras las feministas, que mayores hilos tiene para entendei esta totalidad. Hacer |Hisil>le un cambio civilizan» io es trastocar el pa­ pel simplemente reproductor que nos ha asignado el sistema. La propuesta feminista necesita ser una propuesta rivilizaloria: su primera (anta, ames de llenarnos de acciones, es instalar en el imaginario la necesidad de construir y tener otro horizonte, otra utopía de existencia social. La política feminista sólo puede ser un proceso de desprendimiento de este sistema simbólico valórico —empezando por salirse de la feminidad patriarcal— desarrollado a la vez en lo íntimo, lo privado y lo público.

AUTONOMÍA, msireRENCiAs MUNDIAIÍS v FJÍOJENTROS CONIÍNI:.STAI.ES

La presentación de estas ¡deas y posiciones en el encuentro de F.l Salvador genera una gran molestia y enojo en la tecnocracia de género, que busca primero evitar el debate, negándose a que se discuta en todas las mesas con lema político, y luego, descalificarnos de bulto con motes como "utópicas* y "esencialistas", "dtvisionislas del movimiento". A mí y a Rosa Rojas nos alodebates y llegan incluso a cortar el sonido cuando Rosa leía las conclusiones

tada. Marcará la pirámide del poder jerárquico di- una manera radical y la hará no silo a nivel nacional sino a nivel internacional. La ¡iistitucionalidad feminista del primer mundo, articulando»: ron sus gobiernos y con la anuencia cómplice y colonizada de la tecnocracia del ge­ nero de nuestros países, se reparte sus áreas de influencia y sus ex colonias con el discurso <lc "impulsar la participación". Filados Unidos, con su eje central i.«!u. elige a su patio trasero: América latina: Eur»|ia a sus ex co­ lonias: África y Asia. Esa tríada de feministas del primer inundo, feministas colonizadas del sur y gobiernos, decide también qué temas le correspon­ derán a cada una de nuestras regiones: temas que |K>r lo demás ya estaban medio instalados en el hacer institucional de nuestras regiones. A América l-itiiu se le asigna participación política y violencia contra la mujer, dos temas vertebrales para adecuar, con base en el Consenso de Washington," al movimiento leniinisia a los diseños neolilicralcs de nuestras incipientes Pero los dineros y el uso que se hai á di- ellos y el modo en que se rcpai ■ leu será el elemento que estructurará con mayor fuerza esta jerarquía, des­
de las agencias distribuidoras de dinero, en particular la L-SÍID. se decidirá

a quienes dárselo y cómo deben manejarlo. Para esto deciden cuales son hrs ciones "paraguxs" y les dan la tarea de redisti ibuii el dinero en lo que tiene que ver con informes y pasajes. A inicios de 1995, la embajada üefeudosUnidos llama a una reunión en el Teatro de la Ciudad de México a todas las organizaciones de mujeres que quieran participar en el proceso hacia Hcijing. l-.ii el escenario estaban la representante de la cmbajada/usAiu y Gina Vargas en "representación"

tomado la molestia de conseguir una traductora; fue Vargas quien, al darse cuenta de qtie no hablaba español, hizo de intérprete simultánea. I /> que en

desde rl piimrr inundo con los encuentros fcininisl» ver el intitulo "Los cmucnlix» femi­ nistas. Lilith y el iodo poder UKO". Xinvua Sedo-gal. <www.nianuiitelal.roiii/cieaiivk]Jidfrminis<VarlicukM/fe:n_ft)0X_ximcn4_pucg.htiu>.

haccres políticos, sus logros y sus límites, lo cual potenciarla al movimiento, y que alfinal,algunas académicas podrían darle la forma técnica de ¡nlbr. me. Teníamos recursos, más de un año para hacerlo y una oportunidad inédita. I a comisión para el informe nunca mis sereunióy un ticni|K> después supimos que un gni|H> de académicas de El Colegio de México, la Facultad La­
tinoamericana de Ciencias Sociales y la IINAM ya lo estaban haciendo. ¿Quién

las nombró, donde se decidió? En las altas esferas de la iusüiw ionalidad. A partir de allí empezaron a llegar muchos encucstadores —varones casi todos— a los grupo». recatando información sobre nuestros puntos de vista, nuestros haccres, etcétera. Se había terminado de transformarnos en oléelos ríe estudio. Una vez realizado el informe, sus realizadoras lomaron el métotlo de consulta popular priista. Lo mandaron a algunos grupos pidiendo "apoi tes por escrito". No sé cuantos apones llegaron, pero sí sé que las expertas fueron nuevamente las encargadas de decidir el valor que podían tener diclios apor­ tes y de incorpot ai los o no según sus ci ¡leí ios. Las cómplices mexicanas decidimos no participar en esa distorsionante vorágine hacia la < timbre de Naciones Unidas, sino seguir nuestro piopio y autónomo proceso de icflexinn <:<m nuestros propios tiempos y ritmos y. ha­ n-flexión sobre un tema que consideramos no sólo estratégicamente importanie sino alisol mámente necesario frente a lo que sucedía en el feminismo: el La ética del sistema está implícita en su ntotlo de pensarse, de mirarse, de representarse en el mundo. La conciencia de nuevos requerimientos y lógicas de bienestar apunta con claridad a nuevas formas de representarse el mundo y la vida en él. Por eso al feminismo le es urgente pensar la ética, dar un nuevo salto que nos haga transitar del pensar los "cortes conflicto", temáticos y sectoriales, instalados |Kir el patriarcado, hacia la búsqueda de mujer. El salto de un enfoque estrictamente rclacional —en el que se búa el hoy tan manoseado concepto de género—a otro que cuestione el concepto de civilización y su práctica.

i

No sólo fue una exitosa experimentación de hacer teoría seria y prohutda desde fuera de la especialidad academia y del monopolio de las institu­ ciones legitimadas para la producción teórica, sino que "Alcanzó el punto mis elevado del pensamiento latinomeritano de las G>mpl¡ccs" dirá Francesca Cargallo (2004) y "un referente obligado en el debate ideológico de la década, que ya no será sólo ideológico sino también ético", dirá quince años después Andrea Kramilic, la joven feminista radical "del afuera" (Pisano y Franiilic, 2009: 369), Con este planteamiento ético, político y filosófico de la diversidad como él ira y no como avasallamiento, las autónomas (buenas organizan el Vil Encuentro Feminista Latinoamericano y del Carilie. Desde el inicio lo plan­ tean como un espacio para la explanación y el debate de las concesiones ideológicas y filosóficas que definen las estrategias y rigen las acciones, para lo cual diseñan una metodología que lo ]>ei mita: plenarias de ex|H»ición de ideas y estrategias |)<>r las mañanas, con ponencias realizadas por algu­ nas de las más representativas de las distintas tendencias y, por las tardes, reuniones por afinidades político ideológicas para que cada comente- proEn la medida en que el debate durante la etapa de organización —entro claro el enfoque de las autónomas para el encuentro, la iii.stiiucionalidad va sintiéndose interpelada y desarrolla un Ixiicot al encuentro, haciendo una fuerte campaña de desinformación por iodo el continente, con rumores y : supuesta exclusión, sectarismo y prohibiciones de partiiraliajaran en OMO. con cartas de peticiones de cambio de cuando el cambio de sede no se logra, llegan a solicitar y

en el centro los problemas medulares que nos venían separando por años, se escucharon lasrocesde "las otras", se rompieron las mesuras.

L\ U C S Q U E O A DE OTRAS FORMAS DE IIACER UNA POLÍTICA

Fuera de las agendas sc< curiales del hbbj, de la presión al poder, de la com. pulsión a la cumbres de uxla índole y lema la larca es ir construyendo las nuevas piejjuntas que permiían ejeratar haceres con capacidad de apelar a la totalidad de la cultura y no sólo a los dolores de las mujeres, que ai (¡rulen privado y lo público. Un proceso que a la vez sea dcsconstrucción de la femini­ dad patriarcal y construcción de ejercicios de otras alici nativas culturales. Articulados a nuestros propios nucieses personales, a nuestras propias planteando, entre 1904 y el Tin de la década y del siglo, se locó y trabajó un proceso de critica creativa a las lógicas del sistema y se lo hizo de muy dife­ rentes maneras e instrumentos y con una enorme cxpeí ¡mentación método: lógica. Con la coordinación de quien esto escribe, que a su vez realizabiej diseño general del trabajo, y partiendo siempre desde un cuerpo que busca contactar con su capacidad creativa rebelde, nos lanzamos, no a hacer mas y más cosas, sino a tratar de hacerlas de otro modo, un modo nuevo; un modo que vaya rompiendo las dicotomías que paralizan nuestra capacidad de creación de mundo, un modo que nos |>crm¡ta leernos mis completas y en relación más completa con el entorno social-natural. Cuestionando te­ mas como la dicotomía pan ¡anal, la estética, los circuitos de la violencia, la auloi representación, el cuerpo y la creación, el deseo, la mirada, la memo­ ria, la misoginia en la historia del arte.8* nos largamos a escribir, hacer dise­ ño, armar revistas, bailar, lilmar, hacer teatro y títeres, armar libros, hacer discos multimedia, a leer y rellexionar en colectivo, a buscar nuestras aneestras teóricas y descubrir en cuáles nos encontrábamos, entre otras cosas, y lo

una de las expresiones insoslayables de una propuesta de trabajo político feminista que se para en otro lado, que entiende que el sistema no son sólo leyes, discriminaciones e instituciones sino fundamentalmente el sistema de símbolos que crean el .sentido de nosotras mismas. Los lemas que atraviesan los 19 números de la revista hablan también de ese acercamiento que a|>cla a la totalidad de la crítica y la transformación cultural. Entre todos los reali­ zados, el número paradigmático de estas búsquedas es sin duda el 13, dedi­ cado a una rellexión feminista sobre la dicotomía entre ¿lira y estética. Tero La (joma no fue sólo un sujeto de la cx|>criinciiiación creativa de un feminismo, fue a la vez un sujeto político de la autonomía. A través de ella se difundieron temas, artículos y reflexiones que ayudaron a construir :n ella escribieron mujeres de varios países del :nto de critica que potenció las voces y el pensar de importantes líderes del pensamiento feminista radical, la Ornea no sólo KM o y presentó temas relacionados con la crítica y con el análisis del sistema y su cultura sino que locó paralelamente lemas políticos de contingencia. icflejó el malesiai dentro del movimiento, denunció la apropiación y el va­ ciamiento. presentó las rellexiones y las experiencias cotidianas del hacei

le negaban MIS págiua.s a las peinadora» y aculantes <le la autonomía. Con su distribución cu muchos países del continente llevó, difundió y dio a conocer mucha de la producción teórica y la práctica que desde la radicalidad se realizaba en muchas partes. La Coma Feminista jugaln un papel (an político que la institucionalidad del género intentaba invisibilizarla y minimizarla.'*8 ÍJI Coma Feminista

ir «n las técnicas multimedia para trabajar. cs|>cc¡almcntc para el tema de memoria. Pensamos que estas serían buenos medios para expresar ideas «nsaciones y un camino para nombrarlas. Además de que resultaron insimulemos vertebrales y de gran riqueza ira la expresión de las mujeres en los diferentes talleres que hicimos, a >sotras nos sirvió para dos cosas. Una fue hacer publicaciones «lectrónis do costo más económico, algunas sólo como libros y otras más cumples como el multimedia Mujrry miuny otra fue, en ia%, el extender La Coma la red con el nombre de Ciraltviaatifcmnula.org. liste no sólo fue el primer io de contenidos feministas y mullimcdia sino un referente de gran impac­ ciones coyuíuurafcniiiiisino institucional, entre otros muchos temas; se hizo una galería de tas hasta música. El relamo bajo costo de su mantenimiento permitió que este espacio se mantuviera con nuestros propios recursos co el espacio

que cerrar La Ornea por falla de recursos. El ouo eje de trabajo en la búsqueda de liaccr una |Hiliiica radical femi­ nista estuvo en la decisión de desarrollar y mantener un espacio donde las mujeres pudieran trabajar lo que es ser mujer en el sistema patriarcal. Para esto se diseñaron tallnes con un concepto de aiitoconcicncia y creatividad. donde se volcaron lodos los elementos temáticos, conceptuales y metodoló­ gicos que se han mencionado arriba.
Se trataba de talleres donde no se enseñaba (cu su sentido CIÍNÍCO), sino

donde a través de procesos que unieran reflexión, creación, expresión, in-

nifonrucion igual a frentón. Ubtcamotcl poder i había pérdidal entre el proyecto individual y d colee tño.

De estos talleres salió una colección de pequeñas esculturas de sus cuer­ pos realmente extraordinarias. De mujeres que nunca habían esculpido ni expresiva y estítica. Kntrc la producción de estos talleres también hay un grti|M> <le videos, algunos de los cuales son verdaderamente potentes y de calidad visual. Con la misma metodología se realizaron muchos talleres de menor dura­ ción (dos o ties días) como los de autobiografía, une por un lado buscaban visualizar armella imagen que cada mujer quien: proyectar, su fantasía del deber sei mujer, que frecuentemente no responde honestamente a lo que somos, y por otro, hacer un trabajo fuei a de los "cortes conflicto" de edad, juntando en el trabajo generaciones muy diferentes. De la misma maneta. se enfocaron los talleres de cuer|K> y los de grupalidatlcs «le mujeres, q u t í t . trabajaban a través de títeres. En todos se hacía a la ve/ lectura y rcllcxión de textos teóricos, expre­ sión manual, introspección con explicitación verbal, trabajo individual con trabajo colectivo, etcétera, y siempre se terminaba presentando, o sea insta­ lando en la tierra, presentando a las demás lo hecho. Mujeres que apenas escribían, hicieron, imprimieron y encuadernaron sus propios pequeños libros con tirajes de 20 a 50 unidades. Mujeres de la tercera edad hicieron danza e iniciaron procesos de reconciliación con la vejez. I .a relación grupal entre mujeres se trabajaba a pariir de historias de grupos que se presenta­ ban con títeres que ellas mismas fabricaban, esas historias se reflexionaban y con base en esa reflexión iban rehaciendo los guiones. Todo este trabajo, realizado entre WJ5 y 2000. fue enormemente rico y además único, ya que los talleres que ofreció la autonomía radical desde el

de cambio que las mujeres necesitan y lo ha reemplazado por un trabajo y un enfoque destinado a los cambios que necesita la propia macroculiura patriarcal. Por ello cuando afirmamos que los diversos feminismos no son com­ plementarios no estamos afirmando un consirucio abstracto. Hay un feminismo. hegemónico y lleno de recursos y ofertas, que ha traicionado al cambio y ha traicionado los incipientes procesos de las mismas mujeres, devolviéndolas, ahora potenciadas, a "la competición sexual donde lo que en definitiva se afirma es la masculinidad" (Fraiiulic, 2010).

E l . OC-AIC PARADOJA V K K I B I I I I 1 A I )

prácticas de la autonomía radical feminista sin referirse, aunque sea de ma­
nera muy .sucinta, a esa paradoja de la autonomía que fue el CICAM.

Una de las tantas distorsiones que hizo la insiitucionalitlad sobre el pen­ samiento y los haccres de la autonomía está en aquel discurso que instala en el imaginario la idea de que las autónomas rechazan, por principicviodo. tipo, (orina y itosibilidad de buscar o recibir recursos, lo que se dcniuniluuí "¡tnti oenegenismo de las autónomas'. Distorsión que traía de ocultar, «lilnf otras muchas prácticas, las siguientes: El manejo del dinero, pedido y recibido sinrevisióny sin principios, consti­ tuido en uno de los principales tactores a través de los cuales laredde agencias para el desarrollo fue definiendo las políticas del movimiento, imponiendo sus miradas y MIS políucas, las temáticas y las formas de trabajo de su interés, posi­ ble sólo gracias a la aceptación de esas imposiciones por parte de las dirigentes de las instituciones en función de aumentar su poder e influencia. 1.a generación de la pirámide jerárquica en el movimiento, centrajb^'la en las instituciones privilegiadas por el dinero de los donadores y en las mu­ jeres que, transformadas en operadoras de esas agencias, vienen cumplien­ do el papel de asesoras, evaluadoras c intermediarias de estas. Mismas que se transformaron y ejercen sin consulta alguna y de espaldas al movimiento (en lo oscurito), el papel de representantes, diseñadoras y tomadoras de decisiones de lodo el movimiento. r, .

Impulsar la rcllexión y la crítica que generen procesos dr profundizackm del pensar autónomo. De cae eje salieron los varios remitíanos nacionales c internacionales que se hicieron con autónomas y mujeres que se acercaban a la autonomía y que resultaron de lama importancia para la difusión de nues­ tro pensar, lo cual hubiera sido imposible de hacer sin esos recursos. Hacer un trabajo de búsqueda y exiM-rimentación creativa en función de romper la profunda sensación que atraviesa a las mujeres de no ser pro­ ductoras de cultura, hacerlo lucra de los "cortes conf licio" patriarcales, por tanto fuera de las definiciones idcntiiarias y hacerlo integrando lo intimo. lo privado y lo público. Con estas ideas se lucro» diseñando los talleres, sus contenidos y sus imi.Klologías.M
Por ello durante muchos años el CICAM lúe la única instituí ion cuyo

trabajo estaba totalmente fuera y ajeno a las |K>líticas de la igualdad, del tobbj, de la inserción en el sistema, y fue uno de los únicos espacios donde las mujeres no llegaban para mostrar su cuirículo de experta en algún as­ pecto del género, o para escuchar lo que planeaban las especialistas, sino un espacio para experimentar poi sí mismas y en primera persona qué es
ser mujer y como hacer otra política. Kn otras palabras, el <:K.ÍM SÍ era una

institución pero que no estaba en el proceso de institucionali/ación del femutismo (sintetizado más arriba), sino por el contrario, trataba de aportar. al Ibrtalecimícnio de un movimiento autónomo radical. Ahora bien, esto no significa que no se plantearan problemas y que la demarcación entre institución y movimiento fuera absolutamente clara. En
la medida en las integrantes del CICMI constituían también, primero, las

Cómplices y luego la con ¡ente autónoma, en la medida en que una o dos de ellas teníamos un salario de la institución, en la medida en que yo era
la líder más visible de la autonomía y a la ve7 coordinadora del CIOAM y en la

medida que se daba el proceso de la corriente autónoma y sus conflictos (primero el alejamiento de Amalia Fischer de las Cómplices y más tarde el de Francesca Cargallo) y sus desarrollos y avalares (conflictos con b au­ tonomía ni-ni, que fueron muy fuertes y muy centrados en atacar a la voz

14

Documento par-j reunión del <*|IIÍDO del cic/tu. diciembre de 1991. artd¡w> penoiul

autonomía, la insolencia y la radica I id ad en tiempos de la moderación y en medio de la ¡nsliiucionalizarión teciiocratizada. Creo que mucha de la ética y la mirada política de esta insiiiiiaón no ins­ titucionalizada se encuentra en esta cana enviada el 17 de marzo de 1999 a la Fundación Hcinrich Bocll (iins),w agencia alemana que nos lir

eiones. pero no ea neutro políikamenic. El dinero lo dan ka que lo ikutarj lu sol k ¡tan los que no lo deiicn. La relación solicitante dador es una relación de poder que permite condkioiiar a quien lo solicita según los intereses y ob-

cecsita. Por lo tanto el poseedor del dinero tiene la posibilidad is miradas y prioridades. £1 dador de dinero hace relaciones y p a» al que no tiene el diucru. La exñicmia de desposeídos de tos

lis instrumentos exigieron. fue prrriwi

a) *Ya no financiar proyectos lino programa* para que los proyectos se con­
formen en redes y no se queden aislados", para e.uo imponen al CÍCAM que se

integre a una red (política y administrativa) con lo» otros proyectos que la H K Si hubiéramos querido formar redes ron quien» hoy ustedes nos exigen, U> Ittbríamos hecho por decisión politic? nuestra y en pknio ejercicio de nuestra au­ tonomía. ¿Por que ustedes tienen que imponemos d integrarnos en redes con quienes ustedes quieran y decidan? Somos lo suficientemente maduras y con la sufitiento experiencia, conocimicnio y posicionamicnto político sobre nuestras realidades para formar las redes que nosotras decidamos. Las mujeres del Sur no necesitan nuevos pjpas que lc> digan cómo y um quien deben relacionarse El "impulso* de redes, como |>olítica de las agencia* del primer inundo para hacer más encientes su» propias políticas y objetivos, hu impuesto cómo, con

puesto lideratosl élites y lian terminado con la experimentación de los gi tipos locales y pequeño* que ya no ¡Hieden uahajar ni acceder a recursos si no es in­ termediado* y amparados por estos grandes podca-s. Así, el Norte ha elegido. y construido sus interlocutores haciendo*- más poderoso e influyeme en la h) "Promover el enfoque regional y la relación Sur-Sur" es el otro objetivo para "reptanifícarnos". El feminismo laúnoainericano ha tenido siempre enfoques regionales y relaciones regionales, éstas no lian sido, no son ni serán, producto de las "promociones" de alguna financiera. LAS modos de la relación sur-sur es quienes, desde/buce muclw. venimos decidiendo cómo, con quien y en torno a qué nos relacionamos. Nosotras hemos creado nuestras propias redes y con quien no lo hemos Itecbo es por nuestros propios ci iteríos de relación política
y no porque alguna agencia financiera nos lo haya impulsado. Ul CICAU tiene

muchas relaciones Sur-Sur y ha experimentado muchas formas alternativas de redes. Por ejemplo La Coma tminúta (impresa y en su versión en Internet: <http://crcativicladfcminisia.org>) ha sido un importante instrumento de re­ flexión colectiva, de relación y de coordinación regional y como este tenemos

Seguramente bajo el lema de 'pensar glohalmtiue. pero actuar regionalmente" ustedes ya deben haber pensado en un diálogo y una acción conjunta con las mujeres de las minorías a las que nos referimos para enfrentar esos problemas; podemos dialogar sobre estas miradas, pero ustedes lo realizaran de

Pensamos que Cooperación Internacional no es que los desposeídos de lo que yo tengo y doy se adapten a mi y a mis necesidades. ¿Fl Panklo Verde va aliora a prestarse a ejercer el juego de podet que antes criticaba: aceptas mi» reglas o

(Cabe recordar que uno de los objetivos Iniciales de Fraucn An-sliltung rnmoHnanciera feminista era —precisamente— facilitar a las mujeres del sur esta Que esto este sucediendo refleja simplemente cómo el pragmatismo político se adecúa al poder y cómo se ha pervertido lafilosofade la coo|>eración interna­ cional que originalmente pretendía retomar al Tercer Mundo un poco de la riqueza extraída de nuestros países por el colonialismo y ncocolonialisnio de 5. F.I análisis de los condicionamientos que nns nos pretende imponer, de acuer-.. do con sus últimos correos ctcctrnnico». nos lleva a penar que el dinero dado ■ ■ '' asi rompe nuestra |>rárt¡ca de la autonomía y los términos del proyecto origi­ nal acordado con la Fraucn An-stirtung. Por lo tanto, la asamblea de socias de I3CAM. hace saber a uss que acordó continuat nuearo proyecto, a las condiciones que ahora pretenden imponer. No vamos a incorporarnos a ninguna red ni haremos ningún relacionamii "sur-sur" (ni "norte-sur") que no haya sido decidido por nuestros propios

Fischer, Amalia (2005), 'l-os complejos caminos de la autonomía", en h'ouvt. lia Questúms Feminista, vol. 24. núm. 2, versión cs|>cc¡al en castellano, Fem-c-libros. Franulic. Andrea (2010), "El feminismo radical de la diferencia", en <linp:// es.scrilxl.com/dc«/28768457/EIFein¡nismo-Rad¡cal-dcU-D¡fcr<mcia-l Gargalln, Franccsca (2004), Idtas feministas en Amerita Latina, edición elec­ trónica Fcni-e-libro». Ediciones La Correa Feminista. Pisauo, Margarita (1995), Deseos de cambio o ¿d cambio de los deseas?. Editorial Ak! y Aoia, Santiago de Chile. (1996). Un cierto desparpajo. Ediciones Número Crítico. Santiago de Chile. _ . (2001). IX triunfo de la masculiniJad, Surada Ediciones, Santiago de Chile. y Andrea Franulic (2009). Vna historui fuera de la historia, biografía política de Margarita Pisano. F.dicionrs Revoluciona! ias. Chile. , ti aL (2009), Feminismos cómplices. 16 años despuá. E/linones La Co­ rrea Feminista, México/O.uatcmala/Chile. IM Cormí Feminista. "Chulpas. reílexioucs desde el k-minismo, voces desde Im mujeres; niim 8. México, febrero de 199-1. IM Correa FemmMa, 'Feminismo, utopia y ¡Miedad'. núm. 9, México, ahí ¡I-junio. de 199-1. IM Correa Feminista. \Cuáldesarrollo, cuál política, cuátjeimnismo?; uúms. 10 y 11, México, abril-junio de 1994. La Correa Feminista, "Desamslrujendo el texto de la guerra', núm. 12, México, primavera de 1995. La Correa FeminiíUi, 'Ética y estética", núm. 13, México, verano de 1995. La Correa Feminista, "Oadelos margena: ¿Que onda con esta democracia!", núm. 14, México, invierno de 1996. IM Correa Feminista, 'Representación, uutorrepmaitación", núm. 15, México, otoño de 1996. IM Coma Feminista, 'Reflexiones hacia el Vil Encuentro Feminista', núnis. 16 y 17, México, primavera de 1997. IM Coma Feminista, 'Geografías de la sexualidad y el lesbianismo", núm. 18, México, invierno de 1997.

sor Juana Inés de la Cruz, o Christinc <tc Pisan habían tenido, en muy difemujeres ejemplares radica precisamente en su capacidad para identificar cómo era la cultura asignada a las mujeres de la burguesía lo <|iic las retenía en el mundo de la incapacidad y la minusvalía, atenidas y al servicio del otro, tal como quedó plasmado en la novela romántica por excelencia de Rousseau, Emilio (1702). de la <|ue tanto podemos identilicar su vigencia contemporánea. A diferencia de un feminismo escncialista cuyos prinripios radican en la glorificación de la feminidad sustentada por la diferencia —y aún opo­ sición— sexual, el feminismo liberal instala la demanda |K>r la educación
como una de sus primeras reivindicaciones: si participar en lo |KJIÍIÍCI> a la-

par de los varones es la meta, la educación es la forma de alcanzarlo. Cu un rastreo cronológico de las demandas feministas liberales, la educación emerge como la comíanle, paralela al derecho a la propiedad, a la participaDe esta misma manera, el feminismo en México —en sentido lato— identifica eon la misma < l.n idad la necesidad de incorporar a las mujeres a la educación formal, y así se dan las primeras evidencias de un esfuerzo que.: lomará prácticamente todo el siglo XX en nuestro país.

educación ha sido objeto de muy diversos alxirdajes, que comprenden, por ejemplo, la relación cronológica de su paulatina incorporación en el sistema formal de educación o el análisis de su participación enino gestoras, promo­ toras y protagonistas de la educación, su elección de áreas de conocimiento. inserción laboral y desempeño profesional, entre otras, hasta la considera­ ción sobre las modificaciones recíprocas entre los comportamientos socio-: demográficos y su relación ton los niveles educativos de las mujeres. Pero una mirada especialmente importante para las feministas es aquélla que da' cuenta del sentido de la educación |>ara y por las mujeres. En este sentido. Adrienne Rich (1983: 278-267) reflexiona acerca de la experiencia en la educación de las mujeres y de ella como docente en el sistema educativo. En el marco de esta rellcxión sugiere que ha sido precipropia historia lo que nos ha dejado invisihilizadas como mujeres. Plantea

Lt NUtVA OLA DCL IEMINISMO La primera mitad del siglo xx mexicano nos señala una época de cuicrgcncia y consolidación de los derechos de las mujeres: primero, los derechos sociales producto de l;i Revolución; máN larde, la consecución de los dere­ chos políticos. Podemos encontrar antecedentes relevantes de la inserción de las mujeres en la educación desde iinales del siglo xix, |>ero es entre 1960 y 1982 que se dio en México el |icriodo más dinámico de la expansión y diferenciación de la educación sti|>erior. En 20 años aumentó casi 10 veces la matrícula: la masculina se incrementó en 59%, mientras que la femenina lo hizo en 13<>% (Cardad, 2001: 1.18-H I). 1 Rn « l e contexto incide el femiSi bien la entrada de la nueva ola del feminismo (Lau. 1987) en la aca­ demia puede ser idenliñeada con claridad como rcsuliado del movimiento, como el "brazo académico del movimiento feminista" (Cardad. 2001: 108), las integrantes del reducido movimiento de los años setenta del siglo pasado en México procedían en su mayoría «le la izquierda universitaria y se desem|Kñaban en ese medio. Para 1905 ya tenemos la presencia de los esludios de la mujer en las universidades norteamericanas, donde 'se inician cursos y compendios con una pasión y vitalidad difícilmente igualadas en los anales de las relórmas unidenses como uno de los logros alcanzados por los movimientos sociales que trastocaron el escenario político desde la segunda mitad de la década de los sesenta. Fueron producto de las luchas de la época contra el autori­ tarismo (el movimientos hippie y el movimiento por los derechos civiles) y se constituyeron en una de las conquistas obtenidas particularmente por el movimiento estudiantil y el de las mujeres, de carácter internacional. ' La AiocijriiMt KM iofl.il de Un¡ver>kladcs c Itiililutiono dr Edutaciiín Supc:»r (A.WIU) «eñala ()IK en 1970 la poblaciónfemeninarepicienulu110% de la mairicii

%aOWEB/Pf>«Sradn/Cu>droi$SOPo>gra.lo%20KSVI$ADOS%20ÍOOI¡.2007Kls»' C35.2O07IAI).

(pie: no lograron un pleno reconocimiento institucional. Como dice Marcela Barquct (2002:9): Cuando hablamos de los esludios de genero ingresamos a un terreno de con­ troversia y de disputa. I lay varios elementos en esa controversia. pero se puedep. distinguir dos grandes campos. Uno de ellos está vinuilado al conjunto de cate­ gorías que forman el Corpus teórico del género, como una forma de abordar analíticamente la diferencia sexual. F.l otro campo se reñere al plano social. y explicativa de un tipo de desigualdad especifica. Se refiere a una práctica política y discursiva que ptovoca. por lo lamo, F.l feminismo de nuera ola en México, como en algunos otros países de América Latina, Europa y Estados Unidos, aparece no como uu movimiento por reivindicaciones de condiciones materiales de las mujeres, sino por dos registros paralelos. Por un lado, la crítica a la condición subordinada de las mujcies y la demanda de inclusión y reconocimiento: por orro lado, la la crítica a las pretensiones unlversalizantes de la modernidad ilustrada, al androceulri.sino en la ciencia y en la forma de altnrdar el conocimiento. Por lo lauto, es lógico que no se lograra esa aceptación inmediata ni mu­ cho mimos incondicionalmcnie. I .a radtealidad d i su procedencia, a partir de un movimiento incipiente y reducido en número, pero tremendamente namiento teórico y epistemológico que no era —ni es— fácil de digerir para la academia tradicional, parcializada en disciplinas. Influyeron tanto la debilidad teórica de las propuestas feministas en su etapa inicial de ludia y denuncia como la incomprensión de las autoridades académicas y buro­ cráticas (Barquet, 1995; Uarlra. 1999: 229). La coexistencia de la lucha fe­ minista y la academia ortodoxa fue desde un principio sujeto de suspicacia Los objetivos intelectuales de estos estudios se orientaron hacia la crea­ ción de un cuer|K> de conocimiento que diera una información sistemática, comprensiva y correcta en torno a las mujeres y la construcción social del

mayor pane de los testimonios coinciden en que el curso de Foppa fue el pri­ mero de este tipo (Barquct, 1905:1; Rarlra. 1995:1; Carcaga, 2002:93). Blan­ co, a al. (1089:35) apuntan que tras la desaparición de Alaíde, por cuenta del gobierno guatemalteco, la asignatura dejó de impartirse hasta 1981. Entre los primeros cursos está también el seminario, llamado "Antro|iología de la mujer", que Marcela Lagardc impartió en la Universidad de Puebla en 19761977; Kli líartra, por su parle, ofreció en 1976 el curso "Ideología y (órmarión
social" en la Escuela Nacional de Antropología c Historia (¿NAII).

KII lo que convenciunalinentc se lia dado en llamar la segunda ola del feminismo, a partir di: los años sesenta del siglo pasado el rasgo distintivo y su compromiso material con el cambio social, que ha jugado un papel fundamental en minar las fronteras académicas tradicionales entre lo per­ sonal y lo político (Barquín, 2002: 17), sobre iodo a partir de nuevos teinasy orientaciones disciplina! ¡as. Con efectos sobre la vida privada, la academia, los medios y la política, el feminismo histórico tuvo .su principal influencia en la transfoi ¡nación de las ideas, de las prácticas y de la culiuia cotidiana, sin llegar nunca a movilizar grandes números de personas. En 1975, coii la reali/aiión en la Ciudad de México de la Primera Canestimula el pequeño |x:n> efervescente movimiento feminista, detonando múltiples actividades que le imprimen vigor a la posibilidad e intenciona­ lidad de colorar el tema de las mujeres, sus condiciones de vida y su posi­ ción relativa frente a los varones, en La mesa de la discusión internacional. Además, el Año Intuí nacional de la Mujer "tuvo gran impacto en el ámbito latinoamericano, ya que por primera voz los gobiernos debieron informar a la comunidad i.Hernacional y a sus gobernados/as sobre el estado de la educación, el trabajo y la salud de la población femenina" (De Rarbieri. 1977. citada en I áu y Cruz, 2005:2SI), impulsando con esto los argumentos más claros que mostraban la necesidad de investigar y difundir el conoci­ miento acerca de las condiciones de vida de las mujeres. Kl Primer Simpmio Mexieano-Centnameriaiim de la Investigación tabre la Mu­ jer en 1977 es el primer acontecimiento explícitamente académico para tra­ tar temas concretos como fuerza de trabajo, organización social, ideología y educación de íis mujeres: reunió a alrededor de cuatrocientos cincuenta

y organización social, 198B es un año crucial para la ciudadanización y la |K>litizac¡on de las mismas organizaciones, que ahora influyen la partici­ pación política y la democracia en su discurso y en sus actividades. Estas Cormas organizativas, metodologías de trabajo de base y eventos políticos del contexto nacional se vieron reflejadas en la academia feminista como objetos de estudio y se volvieron temas de investigación en los estudios de los años noventa. I J S demandas del movimiento, que paradójicamente no han movilizaacadémica. En una de las primeras evaluaciones propias, en el marco del seminario Pm/xcliini y Prioridades de los l'.vudioi ¡obre la Mujer en México en 1983, que antecede a la ■ reación del Programa Interdisciplinario de Estu­ dios de la Mujer (ntii) en ese año, se señalan tres hnores que influyeron para detonar la investigación sobre la mujer en Latinoamérica: aj los movi­ mientos de mujeres, ya fueran feministas o vinculados a procesos políticos específicos, b) los debates internacionales sobre el crecimiento de: la pobla­ ción y c:l papel de las mujeres en el Tercer Mundo y c) la inllucncia de la teoría de la dependencia y su énfasis en la terciar ¡¿ación y la marginalidad tomofenómenosen los que las mujeres ocupaban un lugar tan importan­ te como subordinado (Umitia, 2002: 24). Por su parte, Cardad, Goldsmilk y Panida-Amptidia (2002:248) añaden como factores coadyuvantes las polí­ ticas de los organismos internacionales promotores de la equidad, así como los cambias en las políticas estatales hacia la educación superior, paralelos a la crisis de identidad de las ciencias sociales, lo que favoreció el trabajo interdisciplinario, campo propicio para los estudios de las mujeres. En este mismo seminario de 1'JoS se propusieron líneas de acción para la academia: difusión, fortalecimiento de vínculos con los programas de intervención social, el necesario desarrollo de métodos y teorías propias, así como una mayor relación con los problemas regionales (Umitia, 2002: 26, 31). El movimiento feminista y la academia fueron objeto de análisis, criticando su falta de acercamiento recíproco: el estudio de movimientos

Viotata (CAMVM:). Acción Popular de Integración Social (*ns). Equipo de Mujeres en Ac­ ción Solidaria (uus). Crupo uc Educación Popular con Mujcrrt (r.ui) y Mujeres en Acción

Kn los años ochenta aparecen los linanciamientos del exterior. De acuerdo con la experiencia, uno de los Tactores que han permitido lograr continuidad en el tralajo académico sobre mujer y género, garantizando la renovación de cuadros en el país, ha sido el apoyofinancierosistemático desde 1978 de algunas agencia-, internacionales. Se han impulsado diversas convocatorias <|ue contaron con el apoyo de las fundaciones norteamerica­ nas como la Kord y la MacArthur (Cardad, 2001: 128). que toman preemi­ nencia sobre las fundaciones europeas, sobre todo después de la caída del socialismo en la Europa del Este, cuando los recursos se dirigen a esa zona geográfica. Sin embargo, si bien estos ('mandamientoscumplieron un papel mas o iniciativas de investigación sobre las mujeres, también provocaron problemas de rivalidades entre organizacionese instituciones y convinieron a buena partir de ellas en maquiladoras de los lemas impuestos desde fuera,

titucionalización del movimiento feminista, en México todavía se vive una ela|« de gran elcnescencia y un preámbulo a la creación de los urimeii» programas formalmente establecidos. Entic las primeras evidencias, aunque de carácter aislado, encomiamos en 1080 el Taller de Investigaciones
Sociales i y n de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (CNEP) Aia-

traiade la carrera de Sociología (Blanco, elaL, ¡9fv9: 35). Yes apenas en este año que se encuentra, en uno de los ensayos del número H de la Rtviiiafem, el registro del pa|wl principal que la noción de genero tiene en la investiga­
ción social (Gutiérrez, 2002: 203). Simultáneamente, la IJNESAO promueve

la pertinencia de los estudios de la mujer y la educación no sexista, que coincide con la constatación de la importancia de la mujer en el desarrollo (Batquct. l'JUS: 1), recomendación que sin embargo se hizo casi veinte años después de que los temas sobre la mujer ya habían penetrado en los centros de enseñanza superioi (Blanco, a ai. l'J8<t: 13). Cuando en México se establece el Programa de Integración de la Mujer al Desarrollo, del Consejo Nacional de Población, entre sus objetivos estu­ vo proiwrcionar un acervo de documentación a las interesadas en el tema y generar bibliografía sobre este campo de estudio (Cardad, Coldsinith y

con los lemas centrales de trabajo, educación y salud (Urrutia. 2002: 22). "Un grupo de investigadoras participaron activamente en la organización y desarrollo delftimirSimpario [...] asi como en los Simposios de Estudios de u¡
Mujer en México realizados con una periodicidad anual durante el IKTÍCMIO

1981-1983.' (Cardaci, 2004:184). A inicios de la derada de 1980 la formalizaron de los estudios de la mu­ jer adquiere carta de naturalización en México. En 1982 se crea, en la mu, el Programad!' la Mujer, que poco después, en 1984, se convertiría en el Área de Investigación Mujer. Identidad y Poder (Rartra. 1995:1). Con la |>abbra muyrv buscaba poner de manifiesto d carácter feímnisu de las actividades que se planeaban realizar. La insistencia de la expresión ntudioi déla isu/rrcn los programas dótenles y la negativa a reemplazada por euudát degénem era considerada |wi las imegiaiilrs del Área rnmn una decisión que les otorgaba una identidad política muy fiara Entre 1981 y KNtt esta situación no fue aceptada gó(Cardari. 2004: 218). También en 1982 se realiza el Segundo Simposio de Estudios e Inwstigoxionn sobre la Mujer en Mrxiro, con las mismas instituciones convocantes del prime­ ro más la Universidad Autónoma de Baja California Sin. donde se llevó a cabo el suceso. Sus temas lucran: salud y trabajo, salud mental, educación y cultura, trabajo y empleo (l)rrniia, 2002:22-23). Surge simultáneamente un programa feminista de radio, cuyo precursor había sido el de Alaídc Poppa cerca de diez años antes (Tarrcs. 2007: 129). Kn 1983 tiene lugar el {Tercer Simposio de Estudios e Investigaciones sobre la Mujer en México]) que se lleva a cato en Giianajualo. organizado por el Consejo Nacional de Población (Cutiano), el Programa Nacional de Integración de la Mujer al Desarrollo (Pronam), el Centro de Estudios Eco­ nómicos y Sociales del Tercer Mundo (Ccesicm), el Fondo de Población de
las Naciones Unidas para Asuntos de Población ( U N H * ) y la Universidad

de üuanajuato. Kn él se discutieron lemas sobre educación, irabajo. salud e ideología y sociedad (Blanco, el al., 1989:68; Urrutia, 2002:23). De la misma manera, el Seminario l'erspetlivas y Prioridades de los Estudiot sóbrela Mujer en México, que se llevó a cato en Oaxicpcc, Morclos, en 1983 y

A partir de su creación, en el PIKM inician una serie de cursos, seminarios y talleres. que siguieron desarrollándose en la modalidad de investí. (¡ación para ser publicada poco después en volúmenes multitcmaticos. De esta manera se llenaba un vacío tanto en la olería de un espacio para la formación como en la producción académica, que hasta entonces se nutria de textos provenientes del extranjero. Los recursos económicos de la Fun­ dación Ford se dedicaron exclusivamente al Programa <U FhuinaamUnto a la hveitígación j Tais ie Moruna y ¡Morado que se sostuvo durante más de veinte años y que permitió incorporar colateralmentc en el Pl EM a muchas académicas que habían participado en estas actividades, en buena medida integrantes también del movimiento feminista, que se vieron beneficiadas con el apoyo a sus propias investigaciones, o bien, que se convirtieron en asesoras de los proyectosfinanciados:la formación de académicas —muy |>ocos hombres— en estudios tic la mujer y de género a naves de este pro­ grama representó un éxito innegable. El Primer Curso de Especializacióii en Estudios (le la Mujer inicia en 1991. Kn su quima promoción cambió sti nombre a F.specializaí ion en Us­ tión conceptual del m i l . Tras un lapso de tres anos, durante los cuales no se pudo ofrecer el programa docente por carecer del n<onocimicn|o_ oficial, en 2003 se reabre la convocatoria con la acreditación,finalmente,de la Maestría en Estudios de C.éncro. Kl Pltsi ofrece un curso de verano a partir de 1989, que convoca a nacio­ nales y extranjeras/os. F.sta modalidad docente —hoy en día con veintiún años continuos de experiencia— representó un cauce académico a las ne­ cesidades de preparación del movimiento, favoreciendo el intercambio de redes y socializando la experiencia de sus integrantes: además, amplió su alcance a toda la República cuando los estudios de la mujer y de genero es­ taban todavía en su mayor parte centralizados en el Distrito Federal, lo que coadyuvó a la legitimación del tema en las universidades de los estados. Después de 198.1 se suspendieron lasreunionesnacionales, que en su momento permitieron aglutinar a investigadoras e instituciones aliñes. Sin embargo, algunas instituciones comenzaron a realrar coloquios anuales de investigación en los que se discutían es|>ecialmente estudios desarrollados con linanciamiciuo y/o asesorías de los programas ya fundados.

Doctorado en Ciencias Sociales. En 1998 el Consejo Académico de la IIAM

aprobó el plan de estudios de la Ks|>ec¡alización y Maestría en Estudios de la Mujer (Lau y Cruz, 2005:238). Sobre los temas de investigación, explican Lau y Cruz: (...| los proyectos y trabajos, tanto del profesorado que imparte los cursos como del alumnado que asisie, se estructuran con base en dos grandes lineas de investigación que son: "los procesos de constitución de los genetos: lamilla, cullufa. historia y trabajo*, donde se incluyen los temas de feminismo: pensa­ miento y acción, creación artística y cultura, trabajo y reproducción, género y medio amhienie, y mujeres y migración. entre olruv tu la otra linca, "relaciodctfencroen los procesos de salud-enfermedad, cultura y reproduce ion, cuer­ pos y sexualidades, y géneros V violencia (Lau y Crtu. 200.1: 2 « 244).
Como antecedentes del programa que más tarde se fundaría en la IINAM,

aparece en 1970 una campana contra la violencia en la que se denunciaron las violaciones y el hostigamiento sexual que ocurría en los diversos campus fie la institución y cuya importancia radicó en su trascendencia del pequeño círculo de feministas para orientar a las mujeres sobre este tipo de hechos (Cardad, 2004: 289). Acontecimientos como éste marcarán una de lascaracierísticas mis problemáticas de los programas de estudio de la mujer en la medida que mezclaran —era inevitable, la coherencia io obligaba— el compromiso académico con un referente de insubordinación y activismo, muy propio de los compromisos del feminismo.
Kn 1981 el C.AMU organizó en la Facultad de Psicología una actividad.

académica que se denominó Primer Fom Universitario de la Mujer en Morir», en el que participaron estudiantes y académicas de distintas disciplinas. Como
conclusiones, se planteó la necesidad de crear en la UNAM un espacio acadé­

mico en el cual se promovieran y apoyaian los estudios de la mujer. Esta pro-: con su apoyo se integró un grupo de dieciocho académicas que elaboraron
el proyecto para la creación de un Centro de Estudios de la Mujer (CMI),

en el cual participaron algunas académicas que apoyarían la fundación del' Programa Universitario de Estudios de Genero (rute) más adelante. El

Cristóbal di- las Casas. Por otra parte, después de los sismos de 1985 en la Ciudad de México, el feminismo se vuelca hacia los sectores populares, es. pcrílicaiiicrHc a las niñeras del que más adelante sería el Sindicato de Cos­ tureras 19 de Septiembre. Asimismo, V inicia el proceso de: oentpiwaón y de ¡nsliuicionalbación del feminismo' (Bartra, 1999: 218). y de vincula­
ción con otros sectores, como lo fue el estudiantil, cuando el CAMII reitera

en 1986 la necesidad de crear un programa míe contribuyera a legitimar los
esuidios <lc genero en la UN*M (Cardad. 2004: 117-148). En I98f> se preci­

ta el IV Encuentro Ftminiita Ijümoamrricamy átl Oirik. <|iic se llevaría a cabo en 1987 en Taxco. Guerrero. Ahí se expresaron las diferencias (|uc existían en mujeres de los sectores populares en el evento, otras expresaron la necesi­ dad de un encuentro cerrado que permitiera entablar una discusión pro­ funda sobre los nudos teóricos y sobre la experiencia del quehacer político feminista (Tai res. 2007: 133). Son años de acercamiento del movimiento y No hay duda de que laformación,en 19R7 en la Ciudad de México, de la Sociedad de Estudios sobre la Mujer Liiinoainericana (Semilla) marca

el al.. 1989: II). Al año siguiente la realización del seminal ¡o U Dorenáa Unñmiiíañt iobre la Protíratática Femenina, en el Centro de Investigaciones
y Servicios Educativos de la IINAM, da cuenta de una situación donde pre­

valecían los esfuerzos individuales y aún dispersas en la docencia —a pe­ sar de que se habían impartido por lo menos sesenta y dos cursos—, una difusión creciente «leí tema, pero aunada a la ausencia de reconocimiento institucional, una investigación todavía incipiente y la limitada existencia textos extranjeros (Barquel. 1995: 2). Integraban el grupo Semilla Merce­ des Dlanco, Mercedes Gañeras, Volanda Corona, Mary Coldsmith, Martlia Jiiditlt Sánchez. Florinda Riquer y María Luisa Tarrés (Cardad, 2004:159). Participaron profesoras de seis instituciones de educación superior del área metropolitana de la Ciudad de México: la rmr Acallan e Izlacala, la IMM Xochimilco c l/.tapalapa, El Colegio de México, el Instituto Politécnico Na­
cional (IPN). la tuAit y la Universidad Iberoamericana. Se detectaron aire-

las Américas-Distrito Federal, el Taller <lc la Mujer <lc la IIAM-Azcaimlzalco y
el Centro de Esludios de la Mujer de la Facultad de Psicología de la UNAM. El Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAK se inau­

gura formalmente en 1992, sucediendo a lo ya iniciado desde la década de 1980 en la Facultad de Psicología, con el CEM (Rarira. 1995: I). El rute. fundado por un grupo de académicas, entre quienes sobresalen Graciela Hierro como directora, así como Lorenia Parada y Gloria Careaga, se cons­ tituye como instancia dependiente de la Coordinación de Humanidades de Desde el primer momento se buscó identificar y establecer contacto con
el personal académico de la UNAM que trabajaba sobre la condición fcnic-

namiemo, se había ubicado a 122 personas que laboraban distribuidas en fueron invitados a inscribir sus trabajos cu un coloquio de investigación, ac­ tividad que se siguió desarrollando anualmente. (Cardaci. 2004:298-21)9). También en 1992 se establece, fuera de la academia, pero cercano en términos de intereses temáticos, el Grupo dt: Información en Reproducción Elegida (cinr). asociación civil dedicada a la defensa de los derechos sexua­ les y leproductivos, por iniciativa de cinco antiguas luchadoras del femi­ nismo. "Simultáneamente, en el país se extendía de manera i m a n a n t e la aparición de diversas organizaciones. En centros académicos de varios esta dos se ¡mplementaron programas de estudios de genero, en otros lugares se abrieron Casas de la Mujer, servicios de consulta sobre sexualidad, grupos de apoyo a trabajadoras f...l" (Tarrés, 2007: 140-141). .Siguiendo con el recuento de la fundación de los principales programas de los que hemos hablado, en 1993 en la Universidad Iberoamericana se creó el Programa Institucional de Investigaciones sobre Relaciones de Gé­ nero: la Universidad de las Américasdel Distrito Federal inició una Maestría en Psicología (con orientación de género); dio comienzo el Programa de Estudios de Género en la Facultad de Filosofía de la Universidad Mirhoacana de San Nicolás de Hidalgo y en la Universidad de Guadalajara también se crearon estudios de género (Barlra, 1995:2); a estas iniciativas siguieron tres programas semejantes en la Universidad de Guadalajara y se empie­ za! on a organizar redes de estudios, como la Red Nacional de Estudios e

nacional de las mujeres y de las feministas, pues sintetiza los compromisos de

A finales de los años noventa se identifican 39 grupos académicos en este cani|X> de estudios en el país. Formalmente institucionalizados son 19, y seis más en vias (le insüuicionalización; la gran mayoría se inserta en uni­ versidades públicas y su distribución geográfica es ya muy amplia. El resto se constituyen como líneas, tenias o asignaturas. Asimismo, para el año 2000 ya se habían establecido nuevos |K>sgrados reconocidos. 0 Para estos años, cua­ tro instituciones/habrán desai rollado e impartido de manera continua pro­ gramas docentes interdisciplinai ios a nivel posgrado: El Colegio de México el Curso de Espccialización en Estudios de Género, la tiAM-Xochimilco la Especialbación v Maestría en Estudios de la Mujer y el Arca de concentra­ ción "Mujeres y Relaciones de Género" del doctorado en ciencias sociales, el Colegio ile l'osgrailuados en Ciencias Agrícolas la Espe< iali/ación Genero y Mujer Rural de la Maestría de Estudios Rurales y la Universidad Pedagógica Nacional la Especialidad en Género y Educación. D e l » notarse que otras iniciativas <|tie no ofrecen grados académicos lian tenido un impacto igual­ mente ¡ni|>ortamc. en cuanto a la difusión y legitimación de las relaciones de genero como ámbito de conocimiento y práctica laboral: me refiero, |>or

analizar con mayor rigor el perlil de ios programas. En 1997 se realiza en la Universidad de Puebla un encuentro preparatorio del Primer Coloquio Nacional de Cenirfs y Programan de Eiiudiot hrmmisltii en Instilucionn de Eilucación Superior, que tendría lugar en 1999. Y aunque ninguno de los veinti­ cinco centros y programas institucionalizados o en vías de consolidación (c como feminista, se

<i: 253 2 H 2M-J59: JO

Volviendo atrás en el tiempo, en las conclusiones de la limera Conferencia Mundial de la Mujer Ac Naciones Unidas se planteó que establecer mecanis­ mos jniciilisciplinarios y nmltiscctoriales dentro del gobierno podría ser una medida transitoria electiva con elfinde acelerar el logro de la igual­ dad de oportunidades para la mujer y para su total integración en la vida nacional (Riquer. 2005:13.25). Fl Movimiento <lc Liberación de ¡a Mujer se la que inició la Década Internacional de la Mujer (Barlra. 1995: I) y con la que los estudios de genero fuñón ganando tuerza, visibilidad y legitimidad debido al a poro de las políticas |M>i la igualdad de oportunidades lomen-' tadas por la ONU y las redes internacionales (Cardaci, Goldsmith y Parada, 2002: 250). 1.a ONU. al decretar el Año Internacional de la Mujer, da lugar a diversas manifestaciones sociales, políticas y académicas ele las mujeres de lodo el mundo (Blanco, ti «/.. 1989: 13). mientras que en México el Movi­ miento de Liberación de la Mujer en la capital del pais tenía una voz propia y su auténtica presencia llamaba !a atención para sentar las bases de la nueva conciencia feminista en el país. "La mayoría de sus integrantes lian estado: en la lucha durante casi treinta años en diversos espacios" (Barlra, ]999: 211-210). Esta dinámica se ve reflejada años después en nuestro país a nivel interno con la creación de programas gubernamentales producto de las demandas de mujeres de su momento: en 19% se crea el Programa Nacional de la Mu­ jer. en 1997 la Comisión de Kquidad y (.leñero en el Congreso, en 1998 la Comisión Nacional de la Mujer sustituye al Programa Nacional y en 2000 se aprueba la Ley que crea el Instituto Nacional de las Mujeres. Estos espacios no sólo fueron acciones de impacto nacional, producto de acuerdos interna­ cionales, sino también fueron una respuesta a las mujeres organizadas, aciívistas, de partidos políticos y académicas, que de alguna manera —y a pesar de los continuos desencuentros o criticas más o menos autónomas— fueron-' y son el símenlo y reservorio de personal de las agencias gubernamentales. En términos del espacio estrictamente académico, si bien la década de 1980 significó una época de relativo crecimiento y difusión de los estudios de las mujeres —que habían comenzado de manera informal desde los se- •

ción del aliono, lucha cumra la violencia hacia las mujeres y la libre (i|x-jón res, como bandera del movimiento, entra en la academia y |>crmanccc hasta el momento como el lema que más ampliamente convoca a mujeres de todas las orientaciones políticas y académicas. ladespenalizacióndel aborto per­ siste como tema del activismo combativo, mientras la libre opción sexual encuciilra cabida y a|>oyo cu gru|x>s específicos del movimiento, pero ninguna de estas dos área* de preocupación mantiene una presencia y un posicionamicnto público igualahlc al <|ue el lema de la violencia ha mantenido. El vínculo con el movimiento feminista se sostuvo en la medida que el liraw araümim dedicó buena pane de sus actividades en un apoyo recipro­ co con las organizaciones de mujeres que entonces se iban constituyendo. Apoyó y estudió también al propio movimiento: es decir, éste, así como la relación que tamo organizaciones como la academia extienden hacia el mo­ vimiento obrero y popular, se convienen en sujeto de estudio. De acuerdo con De Barbiei i (1981), los temas originales l>ordaron alre­ dedor de las condiciones de vida de las mujeres. Muy a tono con las deman­ das y denuncias del movimiento feminista, más adelante abordaron pro­ blemas relacionados con lo político y ton la política pública. Ks interésame visualizar cómo los tema» de aiciiciuu han vanado a lo largo de los «ño»,.' Con académicas entre quienes predominaban las disciplinas de antropo­ logía. filosofía, historia, psicología y sociología cni|iezamos con la preocu­ pación por el patriaicado pasando por la coikcptualización sexo-género y la discusión sobre naturaleza-cultura y público-privado en las ciencias socialcs: por el lado de la psicología, la historia y la literatura se atiende: la visibilidad de las mujeres, sin dcscuidaí temas consolidados como fueron trabajo, educación, salud, familia, migración y fecundidad. Más adelante, se

se enfrentaban a la concepción esencialista del ser muja. La posmodernidad incorpora a la rcllcxión variantes teóricas que enfocan a las mujeres como

y Carcho (2ÍKM) pan una buena icvúion del impa» [o del feminismo en Lu diu-i|ilinas y uu prinndadej intvsligaliva».

losfinanciainientosextranjeros que llegaban a las universidades para pro. mover el estudio de lemas politicamente convenientes a las transformacio­ nes sociales del momento, las tesis o proyectos de investigación financiados, la autorización pública del tema araí/de un discurso internacional legitima­ dor, la difusión académica <lc una cultura en transformación, cutre otros. Sin embargo, su condición parcial de gueto, las continuas evaluaciones con parámetros ajenos y la inevitable burorratización también hicieron que los programas y los centros de estudio de la mujer —y de género, posterior­ mente-perdier camino de neutralización a partir del i icepto de spicro. Kn palabras de Scott

algo más pernicioso atci

En una evaluación crítica que propone Tarro (2003) sobre los programas específicamente abocados a los estudios de mujeres o género, comparándolos con otras unidades académicas iiitiliiiemáiicas, encuentra resultados desfa­ vorables a los primeros en términos de niveles académicos, producción y ca­ pacidades teóricas, dr investigación y de inserción institucional. Pero esto no debe asómbranlos, puesto que las unidades de mujeres/género se fundaron a contracorriente de los parámetros institucionales —muchas veces acep­ tadas irremediablemente en las universidades por el discurso y el financiamicnlo de procedencia internacional— y transitaron por largos |>cr¡odos <le dificultades institucionales, de reconocimiento externo pero hostigamiento

dcramiento, propiu de esa IV Cortferenáa Mundial de Ut Mujer de Naciones Unidas. Sin embargo, la Red de Ceñiros <lc Estudio de la Mujer, (¡enero y Feminismo de la Región Ceniro ile México, recientemente consumida, señala aún la falla de de legitimación pública, asi como la necesidad de vín­ culos estrechos que fortalezcan el reconocimiento reciproco entre centros y programas, pero solwe lodo de una difusión del conocimiento que alcance nuevos ámbitos sociales y producida por la academia feminista. En el interior de los espacios educativos, la ludia feminista ha transitado por un camino que intenta democratizar las prácticas pedagógicas, los pro­ cesas institucionales internos y las estructuras universitarias. Por ejemplo.
desde sus orígenes en 1979 el OAMII señala las desventajas que pesan sobre

las mujeres universitarias (Cano, 2007: 59). el PIE-M imana en repetidas oca­

siones un juicio justo de reconocimiento de su programa docente (Uremia, 2002), en la UAM-Xochimilco e! Área Mujer. Identidad y Poder establece liderazgos rotativos (Cardan, 2004:278); si- intenta conseguir equidad en el tratamiento de evaluaciones y asignaciones de fondos y recursos diversos y irvideneiar prácticas inequitativas |>or pane del Consejo Nacional de Cien­ cia y Tecnología (llarira. en Castro y Bonilla. 2008), con investigaciones que denunciaban el sexismn y la discriminación en puestos y reconocimientos, por ejemplo, del Sistema Nacional de Investigadores (Bláique/. y Gómez, 2003; Bustos, 2003). Por el lado de las políticas gubernamentales, el Institu­
to Nacional de las Mujeres establece desde 2001 con la ANUILS un programa

ile reuniones abocadas a legitimar y promover los estudios de las mujeres y las relaciones de genero en las instituciones de educación superior en el país, así como para apoyar la presencia de mujeri-s en los puestos de direc­ ción y promover |a transvcr.salidad de! genero en el currículo de las distintas ofertas educativas. A lo largo dr.unas cuantas décadas— a|ienas cuatro— de estudios de las mujeres y las relaciones de genero en el marco de la nueva ola del feminismo en México el balance es ambiguo. Se lia conseguido poner en la mesa de la discusión académica un cúmulo de temas y enfoques que lian transforma­ do el panorama del conocimiento, sobre todo en las ciencias sociales y las humanidades. Pero también hemos transitado por este camino sin superar la controversia, por un lado, entre el deseo crítico con voluntad de integra­ ción y, por otro, él deseo de la insiilucíonali/ación, pretendiendo mantener

Klretosustantivo del feminismo académico pareciera ser la expectatj. va de continuar en el camino de la solidez y la profundización teórica, sin perder el pa|>cl fundamental de crítica social y transgresión epistemológica que aportó y prometió desde sus orígenes. Hoy día. sin embargo, la dis­ tancia de los estudios de género respecto al movimiento feminista, aunado a la neutralización del enfoque académico por los términos de excelencia lijados desde fuera, y la eliminación de las tensiones por la vía de la iustitucionalidail. parece ser lo que prevalece. Kl movimiento parece reclamar una estrategia de |»líl¡< a de la identidad homogénea, mientras la sociedad se complcjiza y se evidencian diferencias políticas, temáticas y regionales, cnmo y la subordinación, tuvo su aval y su retírente cu el conocimiento pata sustentar sus argumentos, pero en el proceso ha perdido banderas, discurso, agudeza crítica y sobre lodo que a pesar (l<: los grandes avances de las mujesolidiv necesaria para transitar ron éxito por medio de sus propias rutasen articulación con la academia.

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legio de México, México.

limonios asequible de sus palabras y experiencias lian permiiido hacernos hoy un rclraco nada vez más claro de su pensamiento, propósitos y pmpucslas y es un hecho que a pesar de actuar en lus márgenes mediáticos abrió el camino de lo que hoy llamamos periodismo y comunicación feministas Este escrito intenta abrir la reflexión y una |wstcrior investigación de fondo sobre tres caminos de comunicación emprendidos por las mujeres mexicanas: la difusión de las ideas feministas, la comunicación desde la mihunda politira y/o feminista y la información como |>criodi$(as, que resca­ tan la problemática femenina. Desde el siglo xix numerosas mujeres lograron espacios para difundir sus pensamientos y explicar su condición de mujeres subordinadas, violen­ tadas y confinadas por siglos al silencio. Hacia los años setenta las feministas inauguraron, desde sus propias trincheras, nuevas formas de comunicación que fueron consideradas como un gucto por su divorcio con !a llamada gran prensa. La ixxiodista femi­ nista Heriría Hiriarl (IÜ92: 191-1994) escribió: "si rompimos el silencio loy diversificar la información y dejar atrás el lenguaje críptico y lo* temas recurrentes". 1 lay que salir del guein. insistió. La propuesta era acercarse a 'oirás y a otros, que lal vez no sean fcmiimius convencidas, pero que tienen algo que aportar". A partir de los años setenta la crítica feminista identificó claramente que los man mtdia dUtorsionalMn la realidad de las mujeres. ¿Qué hemos hecho para trasmitir el pensamiento, lafilosofíay el sentido político del feminis­ mo? En este texto se busca develar la relación entre el discurso feminista, los medios de comunicación industriales* y aquellos creados para la causa. Mi pregunta gira alrededor de cómo se impidió o propició la difusión del feminismo en el marco de las tensiones y dificultades en que vivimos las 1.a comunicóloga asturiana María Isabel Menéndcz, a quien encomie en las ya emblcmáiicas sesiones de "Comunicación y género" del Instituto
1

1 JOÍ medios hccltas por los hombres para sus rntrrnr*, llamados urin llios hecho las mujeres torco'tínica forma de dterr k» que querernos.

dir y hacer una reflexión histórica sobre los haceros y las demandas de las mujeres como un acto consciente. La agenda mediática feminista apareció más claramente en la historia reciente de México en la época del cardenismo (1934-1940), considerada la de la consolidación de los prontos de la Revolución Mexicana, Kstc goliicnio de tintes socialistas propició el naci­ miento de nuevos aires para las mujeres.* abriendo algunos espacios para ellas en los diarios de entonces, como B Univtrwl (1916), XmxAaón (1939) yUS'aamil (1930), dirigido por Basilio Vadillo. En los medios industriales donde la noticia se convirtió en mercancía, muchas periodistas, con MIS crónicas y reliexiones. acompañaron los promasculino. donde tuvieron que abrirse camino para poder escribir. Coi frecuencia fueron una voz y muchas palabras dentro de un engranaje di ideas y luchas ideológicas y |x>líi¡cas en pos de la justicia social.6 Su sola presencia, su manifiesta decisión de escribir sobre lo que veían mera plana de un periódico, un informativo, un (liar revista partidaria y otros medios: lograron crear "un es a los ojos del público en general" (Pitman, 1999:93). A libros, canas iJC-raonaleSrCrónicas íntimas, diarios, reflexiones, escritos ÜKÜvv. duales, algunas crónicas de viajes y ensayos literarios escritos por mujeres.7 ' Muchas periodistas de las décadas de 1930 y 1960 habían cursado su ca­ rrera en la Universidad Femenina, fundada por Adela Formoso de Ohrcgón Santacilia. considerada una militante feminista.8 Uis- nuevas profesionistas mostrarían empuje y capacidad: ello se muestra en las páginas de los diarios

en el cual aborda la violencia «mira las mujeres desde lo que hoy cor.oceAdclina Zcndcjas fue una periodista militante que peleó por el voto remenino, se integró al Frente Único pro Derechos de la Mujer (1935-1938) y fue la primera reportera de la revista Tiempo (1942), que dirigía Martín Luis Guzmán; inauguró en el diario El Día una columna que se publicó durante 15 años, denominada "Ellas y la vida", en la cualfirmababajo el seudóni­ mo de Yolia." No obstante, fue Novatada, fundado por Ignacio Herrerías y Rómulo O'Farril, el que dio el mayor número de espacios a las mujeres, fundamentalmente en el vespertino Diario de la Tarde. Kmre 1958 y 1982 circuló ampliamente la revista Mujem: Fjfn inn Femeni n/i, dirigida |»r Marcelina Cálmelo Arce, quien fue una de las primeras digita­ das en el Congreso de la Unión. En esta revista aparecieron aru'culos con una clara mirada feminista. La revista Afu/rm es un documento de las acciones de las mujeres de la época. En sus paginas aparecieron, durante 24 años, los logros que se iban adquiriendo y las demandas que esgrimían las mujeres en sus organizar iones, asi como las incursi s en la política. Informó sobre las demandas espei.ilii as en espacios sociales. La revista fue una escuela de periodistas con mirada femenina y política. Ahí escribieron mujeres políti­ cas y periodistas feministas." En 1969 se editó la revista La Mujer de Hoy. que dirigió la periodista Cris­ tina Pacheco, quien afirmaba que "entonces estábamos desorientadas"." Fue en esa revista donde se hizo campaña, afinalesde la década de 1970, contra la epístola de Melchor Ocampo. El espacio laboral en los diarios, en la televisión y en laradioen 1950 era totalmente masculino. Las periodistas de esta época parecían especí­ menes raros por haberse decidido por esa profesión; para trabajar pidieron ser incluidas en las páginas de información general. Su labor implicó una verdadera lucha: tuvieron que llenarse de entereza y constancia.16 "Sobrcclli ver la tesis de Josefina Hernández,riladarn la bibliografía. 14 1 j rolorrion completa puede consultarte en las inualacionej de la Unión Nacional de Mujern Mexicana, «pie Adelina Zcudrjas Ir» heredó.

barífonijarparle de la plantilla laboral de los periódicos y las agencia» iiifoiinativas. Yo me

farisaica por naturaleza. Las periodistas han logrado imponer un discurso capaz de |H>ner en evidencia la violación a los derechos humanos de mujeres y hombres.

LA RUPTURA DTL SU JNCK>

En la década de 1970 nací» ron gracias a las militantes del nuevo lemüiismo, la difusión y la comunicación feminista. con todas las dificultades y errores pacios para hablar de y para mujeres, sino <|iie implica practicar una nueva forma de hacer periodismo con base en una nuera relación entre los sexos y una forma distinta de concebir el mundo; implica ir a las otras y a los otros. abrirse camino en los ma« media, documentar con las mejores anuas del pe­ riodismo tradicional las realidades de las mujeres, experimentar y ampliar el círculo conii'uiriio y atreverse a despedazar el lenguaje críptico. En 11108, México se cimbró al remontar las luchas sindicales y campe­ sinas reivindicativas de los aiios 1950. I ais jóvenes de la época pusieron el acento en el tema de la democracia, las l¡lx:i lacles civiles y el reconocimiento del valor di: la educación universitaria y las rcsixmsabilidadcs del Estado. Nuestro ambiente se llenó de un aire limpio y iciiovado, potente, clarifica­ dor del sentido de la vida: éstos jóvenes se opusieron a las confrontaciones armadas, levantaron la bandera de "hacer el amor y no la guerra", dando paso a lo que se llamó liberación sexual. De ese contexto venimos las feministas de la nueva ola. Tara entonces, la Modernidad había conseguido cuatro grandes cambios en la vida di: las mujeres: su ingreso masivo a las aulas, de párvulos a la universidad; las re­ laciones familiares M- ¡mpaciaron con la aparición de la pildora anticon­ ceptiva; masivamente las mujeres ingresaron a los centros de trabajo, como mano de obra barata, se instalaron en las fábricas, en" los cam|x» de culti­ vo de exportación, en los sindicatos y. por último, en 19.13 habían conse-

En 1968 surgió un cambio que influyó en la conciencia de las personas de manera profunda. Las y los jóvenes abrieron nuevas ventanas de libertad.

de la violencia contra las mujeres, el Matriarcado y la sulrardinación romo fuente de la discriminación femenina. Y denodadamente criar la rosiumAme los preparativos del Año Internacional de la Mujer, en 1974 se abrió en Canal 13 un programa de Mujeres, llamado "A inedia tarde" y dirigi­ do |>or Bcrtha Maldouado (La Chaneca). Mientras que dentro del movimien­ to feminista surgió, en 1975. d primer |>criódico transgresor, La Ramdta, editado por un grupo escisión del MLM para difundir la ideología feminista. La difusión y el debate incidieron en la aparición de numerosos repor­ tajes sobre la lilieración de la mujer, al mismo licm|H> que fue fuente de muchas diatribas, mentiras y distorsiones, desde los editoriales de los \a roñes. Animadas por el nuevo movimiento, las periodista.*, que a finales de los años sesenta habían ocupado crecientemente puestos de reporteras en los diarios y en los recién nacidos noticiarios de radio y televisión enlazaron del movimiento. Aparecieron columnas y reflexiones. < orno las de F_sper.ni/.a Brito de Maní, colaboradora del diario Mnj_«W«. quien incursinnó en re­ vistas femeninas tradicionales; apareció la columna tic Isalicl Custodio. "Eva Disidente" en Exrrhior. entre otras manifestaciones |icriod¡siic»s. Kn la década que i datamos" se abrieron las redan iones de los diarios para las mujeres eg-csadas de las escuelas de |icriodismo tanto de la l miCarlos Scpticn García. Las mujeres que en los periódicos habían vivido con­ finadas a las páginas de sociales, con excepciones memorables, escribían crónicas de bautizos y matrimonios; asaltaron las páginas de información general, incursionaron en las pantallas de televisión18 y alistaron los cam­ bios y propuestas del movimiento. Sin embargo, ellas fueron también las au­ toras de las crónicas incisivas que ridiculizaron la manifestación feminista contra la realización del concurso Señorita México en el Auditorio Nacional

de Rila Ganen al lulo dejacoho Zabluri'ovsky.

que recién nacían y las políticas del gobierno, de Luis Echeverría a Ernesto Zedillo. Asimismo, se constituyo en escuela para muchas nuevas |icriodistas. A su lado nacieron otras publicaciones especializadas en genero y algunas menos especializadas, con impactos muy diversos. De la iniciativa de Alaídc Foppa se desencadenó un largo y apasionante proceso surgido entre las mi­ litantes feministas y muchas profesionales de la comunicación. Del programa "A media tarde", en Canal 13 (1974-1975) apareció «asi in­ mediatamente "El Oficio de Ser Mujer", que conducía Ana Luisa Liguori. y en 1982, la "Barra mujeres" con cinco programas, uno cada día, conducidos por: Martha de la Lama. Ijiura (Vámiz. Patricia Beriimcn, Mercedes Tovar y Nadia Piamontc y realizados |X>i mujeres roniunic.iclor.is con |K-nsacnicnto leminista. Hubo lainbién.iniciaiivas en los estados" como el suplemento fe nicnil de £1 Siglo de Ibmón, en la región de La Laguna. Había nacido el |>criodismo y la comunicaciónfeministapara ocupar los espacios que no quiso abrir la llamada prensa industrial, pero <:l divorcio |iersistia. Paralelamente surgieron en las emisoras colímales y universitarias los n. En esos espacios se difundieron las primeras historias y biografías de nuestras anecstras. las construcciones cultuiales transgresora-s de las mujeres y los hallazgos sobre la condición social de las mujeres; hubo páginas históricas de situaciones bien documentadas y probadas, elementos sustantivos del buen periodismo. En el mundo, tras la primera Conferencia Mundial de la Mujer, a inicia­ tiva de la periodista hindú Anita Annan y como una propuesta cu la Década de la Mujer de Naciones Unidas (1975-1985), nació Womcni Fratuir Service (un, Servicio Periodístico de Mujeres), la primera agencia internacional de noticias y reportajes que cubriría temas de desarrollo desde una perspectiva
de género. Creada en 1978 por la UNESCO, se propuso como meta lograr

que las notas y los análisis' realizados por mujeres llegaran a los principales medios y por lo tanto influyeran en las políticas relacionadas con las muje­

ril cu diciembre de 2000).

sobre periodismo no sexista, que duró (res meses y que IUVO una nutrida par­

ticipación y una buena recepción. Como puede apreciarse, estas arciones y las publicaciones feminista.* en diarios y medios de circulación masiva abrie­ ron o hicieron necesaria una nueva «apa. En ambos espacios se formaron comunicadoras y se analizó cómo llegar a lodos los medios. Igualmente des­ encadenaron otras muchas iniciativas.

PERIODISTAS AI FSF.VTF.

I-I i-vidcntc necesidad del movimiento feminista de crear sus propios me­ dios tic difusión ante el rechazo de sus discursos y debates en los medios ma­ sivos de comunicación, hizo surgir nuevamente dos caminos: escribir desde y para el movimiento o llegar a las oirás y a los otros lectores, al público «n general. Mientras se iba aclarando esta disyuntiva, una callada y sistemática trans­ formación sexual asaltó los espacios laborales del periodismo industrial, decenas de mujeres llegaron a las redacciones de los diarios rom» nunca en sesenta años de |Kwrevolución. Esta situación provocó respuestas espec­ taculares peto todavía insufu ¡entes y maltrechas. I'or ejemplo, en 1982. a

duró cuatro años; en el diario urwmásuno se publicó la página feminista Traspatio"2'' durante unos cuantos meses en 1981, ahí se analiza! >an temas <*;! feminismo y se planteaba la idea de transformar el lenguaje y los enfo­ ques informativos. En 1984. cuando el feminismo se expandió hacia los sectores populares (Espinosa. 1993) y asomaba un nuevo agotamiento del sistema político, nació el diario La Jomada, con el objetivo de dar voz a quienes no la tie­ nen. El diario, producto de una ruptura entre directivos del unomásuno, se construyó con la aportación económica y creativa de cientos de personas. En su campaña de construcción se comprometió con las mujeres a abrir

1

"Mujeres «i el Mundo* y Traspaiio'-c publicaban al mismo tiempo.

Un gni|>o <lcfeministas,muchas ex integrantes de la Revista fm, imagi­ naron y delinearon una publicación feminista dentro del diario /ji/omadn," miento crítico de la C|KM a desde una iierspcctiva feminista. A iniciativa de Marta Lamas,5» el 8 de marzo de 1987 nació el suplemento periodístico Doy ixisicriormcntc entre las impulsoras y las periodistas del diario, tuvo un sinuoso camino: durante varios meses hubo encuentros y dcscnciicntros. Alfinal,la decisión fue crear un suplemento o sección especial y periódica, mensual, donde pudieran convivir el pensamiento y lafilosofíafeminista con la edición de trabajos periodísticos de actualidad. La coordinación que­ dó a cargo, en principio, de las feministas y las periodistas. Posteriormente su factura se dejó en manos de las periodistas. La «miaja fue que quienes tomaron la iniciativa en sus manos profesalian el mismo compromiso y una militancia feminista. Vale la |>ena rescatar fragmentos de su primera nota

y a veces violenta injusticia, aunrjne no se sepa explicar (...| DttbUJomada está dispuesta a intentar explicar por qué la vida ce la mujer en este momento im­ plica trabajar una doble jornada: ganar un salario, pero también mantener el

protagonizados por las mujeres en una etapa de grandes debaecs sobre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia, de reconocimien­ to o desprecio al feminismo institucional, de movilizaciones c iniciativas del movimiento feminista mexicano, análisis de la realidad frente a la ideología, ensayo y error en el lenguaje no sexista, encuentro y desencuentro de las DobleJornada puso en práctica lo que la crítica feminista había analiza­ do: orientar positivamente la investigación periodística, pura y rasa, sobre \í condición social de las mujeres. En sus páginas hubo crónicas, artículos, re|K>rtajcs y columnas informativas, pero también análisis. Recogió la Instoría de las luchas de nuestras antepasadas. Publicó una centena de páginas soure el ingreso de las mujeres a los esparios públicos, políticos y sociales y pudo conectar las demandasfeministasal acontecer nacional en una etapa de grandes definiciones políticas en México. Dabie jornada y sus más de 150 ediciones, que aparecieron rada mes. fueitm un hito irrepetible en la época moderna, por sus contenidos y sus alcances. Desencadenó olías muchas iniciativas en el país, como la Mujer Actual (1988-2002). editada por Candelaria Rodríguez Sosa en £/ Observado, de la Ironteía sur de Chispas; Mujeralia. suplemento de la revista Brecha en Torreón. Coahuila, misma míe fue emulada en Guerrero, Veracruz, Oaxaea y Tabasco, durante sus primeros de tres años de existencia Las periodistas que participaban en ¡MUJomada discutieron, en las re­ uniones de edición y redacción del suplemento, sobre cómo ir a sus iguales. las periodistas, regadas por todo el país, quienes se preguntaban cómo po­ ner en práctica la antigua demanda del movimiento feminista de romper con eficacia el cerco iniórmativo de los medios sobre la condición de las mu­ jeres. Se trataba de tomar la palabra en los tiuus inedia. Fue así como se vivió una década paradigmática de la historia cotidiana de un nuevo periodismo. Se intcnió salir del propio gueto y discutir todos los temas, desde el lenguaje de las noticias sin sexismo hasta el método de investigación, Kn enero de 1988, a partir de DobleJomada surgió la iniciativa para crear Comunicación
c Información para la Mujer, Asociación Civil (CIMAC), organización no gu­

bernamental cuyo fin era difundir exclusivamente la información feminista en la prensa (radio, televisión, prensa escrita y nuevos medios surgidos de las tecnologías de la comunicación).

níarestringiday la negativa a promover y reamar los derechos sexuales y reproductivos son la mejor y aterradora revelación de que en la última déca­ da del siglo xx vivimos ilusionadas por la ansiada transformación de la con­ dición femenina y elfinde la opresión, como se creyó palmariamente." para desarrollar el vínculo entre el movimiento feminista y las trabajado­ ras de los medios de comunicación de masas. De la misma manera como tomó la palabra sor Juana Inés de la Cruz, como lo hicieron las Violaus M Anáhtuu. como lo intentaron las mujeres de la posrevolución mexicana, las feministas de los años setenta, la expansión a los sectores populares de los años ochenta y la generación de los años noventa, habría que ir a una larga aventura tuyos resultados tendrán que evaluare lauto en el cambio de con­ ciencia de ciemos de profesionales de la comunicación como en el impacto de creación de una ciudadanía feminista y en los conocimientos para las millones de lectoras y espectadoras. Si en los años setenta parecía que nuestro* contenidos subversivos y transgresores estaban muy distantes del mundo revolucionado y globali/ado de los medios de c< nutación, hoy estamos en presencia de una impre­ sionante expansión de la palabra en el ciberespacio. De la nueva estrategia abreva el movimiento de mujeres y las periodistas: "La etpci icncia me sirvió para crecer", dice Soledad Jarqtiín Edgar,54 y "int: |>ermilió cmpodcrai me y tomar decisiones", dice Dora Villalobos,"' ambas fundadoras de la Red Nacional de Periodistas. Kn estas décadas se han generado experiencias im­ portantes como las redi* de comunicadoras, a la vc¿ que se discute como perfeccionar algunas alternativas coiminicacionales. Existe la prem iipaeión

" Premio Nacional He Periodiimo 2007. en su categoría "Noticia", por su trabajo "Viode los bares de Ca>lantx, Coahuila. por un piquete de toldados en julio dr 2006. publicado
H

Periodista de Criilmiliua. niihuahua. y reportera de Cimacnolicias. que rreibio rl

ríe decenas de publicaciones, programas de radio y páginas periodísticas de­ dicadas a mujeres, que nacían en varios estados dd país gracias al impulso de las y los integrantes de la Red.
El equipo de reporteras de CIMAC. cubría cuanto acontecimiento era po-

siWe; desde su servicio informativo se abrió a la prensa nacional e interna­
cional el ominoso CUNO de las asesinadas en Ciudad Juárez y puede afirmarse

que desde ahí se instaló en la opinión pública el delate de los derechos sexuales y reproductivos, la preocupación múltiple por la muerte materna
y el devenir de los grupos de mujeres. Parcialmente, CIMAC logró impactar

profundamente a decenas «le periodistas que en la actualidad han desarro­ llado medios, posturas y ronociinienlos donde la huella del emblemático li­ bro IU ABC it un periodismo no Sexista (1990. frm¡m\s) se fue profundizando.
Kn 1995 CIUAC convocó a periodistas de Ccniroamérica y El Caribe para

la formación de una red; en 200.1 llamó a la construcción de otra red, en este caso para Norteamérica: México, Estados Unidos y Canadá; en 2005 se convocó a la construcción de la Red Internacional de Periodistas con Visión Ks asi como su p? imeía década tic vida lúe de crecimiento ex|H>ncucial. lo cual fue posible iwrquc crecía en lodos los espacios el iiiterés por desa­ rrollar instituciones y |M>lílkas públicas con perspectiva de genera, porque maduraba en la academia el sostén científico. I .os moniíoreos a la prensa
internacional, impulsados IM>I las más vanadas organizaciones de mujeres

preocupadas por la "invisibilidad de las mujeres en los medios de comuni­ cación masiva", demostráis una llagramc discriminación de genero, a la vez que crecía, también exponencialmcnte, la política paralela: centrada en la convicción de que la única o más adecuada forma de ltaccr un periodis­ mo no sexista es que las mujeres bagan sus propios mcdio\. La estrategia

que hizo impostergable relacionar o acercar más a las periodistas con las instituciones oficiales, con organismos iiidc|wndienics y con organizaciones no gubernamentales de mujeres. H u í » que enfrentar la insensibilidad histórica de editores y periodis­ tas con visiones empresariales, así como las limitaciones económicas que turo el equipo impulsor para crear instrumentos suficientemente acabados que incidieran en la conciencia de los periodistas sensibilizados. Se produ-

ron las instituciones; vigilan las políticas públicas y, en sus lugares de origen, realizan debates, conferencias, talleres, nuevos agrupamicntos y redes." F.l impulso de la iniciativa mexicana es muy luerte, las noticias elabora­ das por las fundadoras y nuevas integrantes de la Red Nacional o por pe­ riodistas influenciadas por esta propuesta son infinitas, abarcadoras y están dclinitivaineiiic en el aire. Esto es posible gracias a que el feminismo entró en la academia y se hacen políticas públicas; a que nacieron instituciones oficiales para mujeres; a que se han creado los I nstiluios de la Mujer en todo el país y a que las |>eriodistas aprenden de los innumerables debates. Hay materia informativa suficiente. Probablemente la iniciativa de crear una institución para promover la información feminista en todos los medios de comunicación ha sido teproducida geométrica e ititernacionalmenlc. En 2007 se constituyó la agencia de noticias Ameropras en Madrid, t'spaña —asesorada por ciMur:— y Artemi­ sa, en Buenos Aires, Argentina. l-i Red Internacional lia podido promover la discusión del feminismo entre periodistas de una veintena de países; ha a las federaciones, sindicatos y uniones de peí iodistas tradicionales. Las integrantes de las rede* h.m avanzado en la elaboración de het ra­ ímenlas feministas para la investigación periodística; han surgido decenas ro con analistas y mujeres políticas. La comunicación entre las impulsoras de la iniciativa y las periodistas desarrolladas ha ¡do generando un cuerpo de conocimientos y estrategias que se aplican en el diario hacer y también en las aulas universitarias, donde se forman las futuras |>eriodistas. Para ello ha sido fundamental el desarrollo de.las nuevas tecnologías de la comunica­ ción, en las que participan millones de mujeres e instituciones con perspec­ tiva de genero. Se consiguió el vínculo estrado: el movimiento feminista confía en los medios de las periodistas feministas y las periodistas han iden­ tificado en las feministas una fuente informativa. No obstante esta descripción exitosa y por momentos apabullante, la influencia o incidencia en los muí media es muy relativa, ya que los mono-

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