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El bajo Delta bonaerense como región frutícola

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EL BAJO DELTA BONAERENSE

Actividad Frutícola: cultivo del ciruelo
Marta E. MIGLIORE 1999

Estudio de caso sobre la actividad frutícola en las secciones isleñas de San Fernando y Tigre del Bajo Delta Bonaerense durante la década de los años 90.

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 SISTEMA FRUTÍCOLA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES. ESTUDIO DE CASO: EL BAJO DELTA BONAERENSE COMO REGIÓN FRUTÍCOLA

Introducción El sistema agroalimentario está constituido por fases que se articulan, interactuando y modificándose mutuamente. La sucesión de fases dentro del sistema da lugar a un proceso en el que las distintas etapas se van interrelacionando, readaptándose continuamente a los cambios que se producen en alguna de las otras. Las cuatro Fases que se distinguen en la configuración del sistema agroalimentario son: agraria(I), de transformación industrial(II), de distribución y comercialización(III) y del consumo(IV). (Posada, 1996 a). El agro argentino atraviesa por uno de los períodos más difíciles de los últimos tiempos. Altos costos de producción, dificultades crediticias, impositivas y arancelarias (entre otras) le imponen a la actividad escollos difíciles de resolver en la búsqueda de rentabilidad. Dentro de este cuadro, el subsistema frutícola, no sólo no presenta mejores condiciones, sino que dentro del modelo de la Argentina agroexportadora encuentra mayores dificultades para colocar su producción. Constantemente se suman al mercado nuevas regiones productoras y las ya existentes mejoran sus condiciones de producción. La introducción de nuevas tecnologías (a nivel de producción, almacenamiento, acondicionamiento y transporte) han permitido superar barreras en el comercio internacional. La utilización de estas tecnologías aumenta las diferencias entre las grandes empresas agrarias y los pequeños propietarios que se encuentran en inferioridad de condiciones. Frente a este panorama, un sector que no puede acceder a nuevas tecnologías de proceso o de organización, se muestra cada vez más alejado de la competencia equilibrada y se sumerge en un proceso difícil de revertir. Esta situación es común a todos los productores frutícolas del país y sus efectos se sienten con mayor o menor intensidad, acorde a las características del sistema de producción imperante. Aquellas áreas que por su volumen de producción o por sus condiciones de acceso al mercado constituyen áreas marginales, son las más afectadas, insertas con productos primarios 2

(sin valor agregado) de manera más débil y estructural en el mercado nacional y son las que necesitan de políticas de reconversión o renovación más urgentes y accesibles. En esta caracterización puede identificarse a las secciones 1º, 2º y 3º del Bajo Delta Bonaerense (Mapa 1). Los productores que han optado por mantenerse en la fruticultura (básicamente los de la segunda sección en San Fernando), se enfrentaron y aún lo hacen, a problemas de tipo estructural (superficie insuficiente de los predios, alto costo del transporte, inercia en las especies cultivadas, bajos precios por unidad) y de tipo coyuntural (políticas económicas variadas, procesos de comercialización e intercambio desigual). Aún frente a estas limitaciones, han subsistido, recurriendo a actividades complementarias. La falta de competitividad en cantidad y en calidad (con respecto a la producción de otras regiones del país) los obliga a abordar nuevas opciones productivas o a especializarse en una de las ya existentes. En los últimos años (década de los `90) y fomentado desde las autoridades municipales, los pequeños productores del área correspondiente a San Fernando están reconvirtiendo sus plantaciones a ciruelo y mejorando sus viejos montes de frutales. El análisis de estas alternativas dentro del sistema agroalimentario, son las que motivan el presente trabajo. Para esto, se describe brevemente el sistema frutícola de la Provincia de Buenos Aires y a continuación se profundizan las características de la Fase Agraria (I), en el área indicada, en relación con la Fase de distribución y comercialización (III) y la de consumo (IV).

I-Sistema Frutícola de la Provincia de Buenos Aires 1- Áreas de Producción En la provincia de Buenos Aires es posible distinguir dos áreas de producción frutícola: 1) Zona Litoral: abarca San Pedro, Zárate, Baradero, Ramallo y San Nicolás. 2) Zona Mediterránea: abarca Mercedes, San Andrés de Giles y Luján. Además de estas dos zonas se presentan áreas marginales, ya sea por su producción cuantitativa o por sus condiciones de acceso al mercado. En esta categoría, por las dos razones 3

expuestas, se halla la región del Bajo Delta Bonaerense que constituye tradicional actividad frutícola del Delta. 2- Destino de la Producción de Frutas en general

un relicto de la

Se presenta en general un espectro de variedad (tanto en calidad como en volumen) orientado mayoritariamente a mercados poco exigentes y sin una oferta continuada. Este último factor está además, a merced de las condiciones climáticas. Brasil, considerado un mercado "no exigente", era el principal destino de las exportaciones. Esta situación varió con el ingreso de otros abastecedores (Chile principalmente) y se agravó a partir de enero de 1999 con la crisis brasileña. El hecho de que, para algunas economías regionales, sea el único nicho de sus productos, torna la situación muy grave. Es el caso de la Prov. de Buenos Aires, dado que sólo el 20% de sus exportaciones frutícolas apunta a otros mercados. Para el mes de marzo de 1999, los precios habían bajado en un 50% con respecto a 1997 (Diario La Nación, 6/3/99). En el mercado interno, la caída del poder adquisitivo de la población se reflejó en una reducción de la demanda y consecuentes variaciones de precios. Los principales problemas que afronta el sector frutícola en la actualidad son: Elevados costos de producción y comercialización: incluye servicios como fletes, energía eléctrica, mano de obra en caso de ser necesaria, créditos, seguros, peajes, asesoramiento y también insumos. Bajos precios para el productor: se debe tener en cuenta que el Precio de la Fruta en Origen es el único ingreso genuino del productor frutícola. Esto está en relación directa con el escaso dinamismo de la demanda interna y la falta de controles sobre la cadena de comercialización (productor-flete-distribución-consumidor). Es importante recordar que los pequeños y medianos productores no están en condiciones de agregar "valor" a su producción (acondicionamiento, marca, etc). Competencia con otros países productores: el afianzamiento y expansión de países como Chile y el mismo Brasil en el mercado, produjo serias dificultades a los productores locales cuyos elevados costos de producción no les permiten competir en precio. 4

Elevado nivel de endeudamiento y descapitalización de los productores: se traduce en una baja tasa de reemplazo y adopción de tecnología. Escasa modernización de prácticas de comercialización: las relaciones comerciales entre la producción, distribución y comercialización mantienen prácticas tradicionales (en consignación o a acopiadores), que no benefician al productor. Escasa modernización de las prácticas agrícolas: las nuevas variedades se adoptan muy lentamente, lo mismo que los sistemas de poda, de cultivo y de control sanitario. Escasos cambios en las actividades de post-cosecha, como pueden ser la preclasificación de frutas que eleva la productividad del empaque y una baja tasa de innovación tecnológica en el proceso. En conclusión, se presenta como una necesidad imperiosa el cambio tecnológico, no sólo en las innovaciones técnicas, sino básicamente en las organizativas. Éstas últimas pueden incluso representar menores erogaciones y beneficios importantes si se aplican a las actividades post-cosecha y de comercialización. Esto modificaría la actual articulación entre las fases que según la información recogida está dominada por la Fase de distribución y comercialización. El otro factor decisivo es la calidad. En este caso se debe tener presente que los problemas de calidad no se refieren solamente a características del producto en sí, sino también a la regularidad en los plazos de entrega (Fanfani, R. et alii, 1992). En el caso de la fruticultura, en relación a la Fase mencionada en el párrafo anterior, es fundamental buscar la regularidad y la continuidad en el ingreso de frutas al mercado, ya sea para consumo en fresco o para industrialización. La fase de transformación e industrialización en el sistema frutícola puede estar representada, aún cuando la producción se destine al consumo en fresco. En este caso correspondería a la tarea de acondicionamiento (lavado, acomodado y embalado), lo que agregaría valor al producto original. En este aspecto el principal problema radica en la subutilización del factor trabajo (caracterizado por la estacionalidad) y se manifiesta en mayor medida en los pequeños productores. 5

3- Patrones de Calidad En la determinación de la calidad, deben considerarse los intereses de tres sectores: productores, comerciantes y consumidores. Los productores valoran esencialmente la productividad y el aspecto externo de los frutos, así como su resistencia al manipuleo. Los comerciantes, el calibre (tamaño), color y forma de los frutos; la resistencia al manipuleo y presentación. Los consumidores prestan especial atención al color, aroma, sabor y, en los últimos tiempos, al valor nutritivo. Esto apoya la noción de que la calidad es un concepto mutable según el segmento social que se analice (Posada, 1996) y de que es absolutamente relativo según la escala de valores de cada evaluador/consumidor.(V. Estruch Guitart, 1994 en Posada, 1996). Los parámetros de calidad más aceptados (según las fuentes consultadas) son: calibre, color, forma y dureza y resistencia al manipuleo. 4-Producción de Ciruelas de la Provincia de Buenos Airesi La producción proveniente de Buenos Aires no es desequilibrante a nivel nacional. Participa con el 12,4% aproximadamente del total de la producción nacional comercializada y, si se tienen en cuenta las importaciones en dichos volúmenes, el porcentaje desciende al 11,5. Los precios por kg. de las ciruelas provenientes de la provincia son los más bajos, comparados con las otras provincias productoras (Mendoza, Río Negro, San Juan) y también con respecto a los países cuya producción ingresa al Mercado Central de Buenos Aires (Chile, España, Italia). Con respecto a la producción local, los valores son inferiores hasta en un 30%, pero para diferentes variedades, ya que de las provincias mencionadas, sólo coincide con Buenos Aires en la producción de tres variedades (Linda Rosa, Santa Rosa y Rosa Grande) la provincia de Mendoza. Las variedades mas producidas en Buenos Aires (Tricerri, Pizzurno, Remolacha y Reina Claudia), no son producidas por las otras regiones, lo que indica que los bajos precios por kg. no se deben a la competencia directa con frutas de la misma variedad. La razón debe buscarse entonces en factores de producción y de calidad (en cuanto a la selección de variedades por parte de los compradores). 6

La comercialización de algunas variedades (D'Agen, Linda Rosa, entre otras) es ínfima en relación con la de las otras provincias: inferior al 10% con respecto a Río Negro (segunda productora) e inferior al 1% con respecto a Mendoza (primera productora). En cuanto a los precios y su elasticidad, es importante acotar que Buenos Aires no posee variedades para ingresar al mercado en meses con escasa oferta. El aporte de su producción es coincidente con el de las otras provincias productoras.

II-El Bajo Delta Como Región Frutícola 1- El Escenario Regional El Bajo Delta presenta islas de relieve cóncavo, rodeado de un albardón perimetral que sufre inundaciones breves y representa el 20% de su superficie. El interior de las islas es una depresión poco profunda y pantanosa (la maciega) que cubre el restante 80%, lo que indica el escaso terreno disponible para las actividades agropecuarias. Este sector está expuesto a las crecidas del Paraná y a las causadas por la influencia de las mareas del estuario del Plata (régimen fluvio-marítimo). Caracterizar una región, ya sea desde el punto de vista económico, demográfico o ambiental, plantea múltiples alternativas e interrogantes. Una caracterización económica tiene en cuenta los "sistemas de producción predominantes" (Cascardo et al, 1991: 96 en Posada,1995). La Región Deltaica no encaja en un único tipo de área agrícola o económica. Se encuentra a medias entre un área de agricultura intensiva (pero no cumple con algunos requisitos como alta calidad y reconocimiento del mercado) y una con actividades rurales asociadas al turismo (pesca, turismo de fin de semana). Para integrar la primera (típica de la fruticultura), debe mejorar su baja rentabilidad y para reconvertirse totalmente al turismo, debe mejorar su infraestructura de servicios (transportes, comunicaciones, hotelería). Esto enfatiza su condición de área marginal dentro de la Región Pampeana. 2- Evolución de las Actividades Productivas

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A fines del siglo pasado, con la gran inmigración, se produce el crecimiento de la población del Delta en forma paralela al de la región pampeana, pero presenta sin embargo, características diferentes. Ya se observan caminos divergentes y se arraiga con mayor fuerza una situación de enclave. Los distintos estudios realizados sobre el temaii coinciden en este fenómeno: mientras la pampa se convierte en agroexpotadora, "El Delta no se constituye en un área productora de bienes para la exportación.... continuó generando productos primarios para la vecina Ciudad de Buenos Aires, en constante crecimiento" (Galafassi,1998: 7) El proceso de poblamiento se extiende hasta la tercera década del presente siglo, para luego comenzar el período de emigración que afectó a la región en su conjunto, disminuyendo la cantidad de habitantes en forma continua hasta 1980(Gráfico I). En este período (anterior a la emigración), denominado de la Fruticultura, fue predominante la producción de frutales, básicamente en explotaciones familiares que sólo recurrían a mano de obra extrafamiliar en los períodos de actividades intensivas. Si bien geográficamente inmersos en la Pampa, la evolución de estos productores siguió un camino cada vez más alejado del observable en el resto de la región. En este caso, el concepto de "marginalidad" que se usa para definir, generalmente, problemáticas de índole social sirve también para caracterizar a la región, cuya actividad no logra insertarse en el sistema económico dominante, quedando "afuera" del modelo agroexportador que predomina en la economía pampeana (Girbal Blacha, 1995). Esta marginalidad se observa en el análisis de todos los elementos que componen la fase y también en la articulación entre ésta y las fases III (Distribución y Comercialización) y IV (Consumo) del Sistema Agroalimentario.iii De este período quedan algunas características, cuyas improntas espaciales siguen condicionando la actividad productiva. Es así, como las pequeñas superficies de las explotaciones, constituyen hoy una limitación difícil de salvar. Los viejos montes de frutales que aún subsisten, implican una inversión de considerable magnitud en el caso de intentar una reactivación o una reconversión. Esta inversión, para la mayoría de los pequeños productores, está fuera de alcance. Otra de las características tiene que ver con la importancia de la tradición 8

en las prácticas agrícolas, que inciden directamente en las decisiones adoptadas por el productor en el manejo de su explotación. Este factor o "capital humano" (Posada, 1995) condiciona significativamente la situación de producción. Si a esto se suma que el pequeño productor, dadas sus características, tiende a evitar las alternativas de mayor riesgo (CEPAL, 1998), el panorama para un cambio de sistema, en la región Deltaica, no puede presentarse más complejo. La falta de competitividad de la región como productora frutícola (que determinó su reemplazo como proveedora del Gran Buenos Aires, por regiones como Cuyo y el Alto Valle) es un tema que ha sido desarrollado en numerosos trabajosiv, por lo tanto, sólo se enumeran a continuación los principales factores que la provocan. Superficie reducida de las explotaciones. Producción heterogénea (infinidad de variedades frutales que no alcanzan a pesar en cantidad, ni en calidad). Tecnologías básicas (no favorecen el aumento de productividad). Problemas fitosanitarios (en desmedro de la calidad de los frutos). Altos costos de transporte y/o flete. Existencia de acopiadores en relación asimétrica de fuerzas, con respecto al pequeño productor. Destino de la producción (sólo para consumo en fresco). Bajos precios por unidad. Estos factores siguen constituyendo un obstáculo en la actualidad y, en función de hacer rentable la actividad, se busca (entre otras alternativas) la especialización hacia el cultivo del ciruelo. 3- Los Pequeños Productores: La Fase Agraria y la alternativa del Ciruelo Características Si se analizan las características estructurales, la tendencia hacia el incremento del tamaño medio de la unidad de producción agraria (Posada, 1996 a) vigente en el área pampeana, 9

no se verifica para las explotaciones frutícolasv. En éstas persiste la unidad de producción familiar. Según datos del CNA de 1988, para la zona de los partidos de Tigre y San Fernando que conforman el Bajo Delta, el 72% de las explotaciones posee menos de 50 ha. vi Se considera pequeños productores frutícolas a aquellos cuyas explotaciones no superan las 30 ha. El promedio de superficie en la Segunda Sección (San Fernando) ronda las 20 ha, es mayor en la Tercera (también San Fernando, donde tiene mayor difusión la actividad forestal) y mucho menor en la Primera (Tigre, donde predominan las actividades recreativas) no alcanzando las 15 ha promedio. La escasa superficie determinó la búsqueda de alternativas económicas complementarias, como apicultura, cultivo de mimbre y floricultura. La combinación más frecuente es la de explotación forestal y frutales en aproximadamente el 65% de las explotaciones. La mano de obra isleña es típicamente familiar, sin capacitación técnica, en contraposición a las explotaciones agropecuarias pampeanas. Éstas últimas han sufrido desde fines de los '50 un proceso de tecnificación y mecanización, caracterizado por una creciente productividad de la fuerza de trabajo y cambios en su composición (Tort, Bearzotti y Neiman, 1991). Asociados a estos cambios se han producido otros, que involucran a la estructura familiar y que han afectado seriamente a las explotaciones isleñas. Estas transformaciones pueden resumirse en la tendencia a profundizar y difundir las formas de producción capitalista en el sector agrario (op cit). Frente a este fenómeno la explotación familiar aparece como una organización de tipo precapitalista o no capitalista, donde el propietario de la tierra aporta todos los medios de producción, incluida la fuerza de trabajo. Las transformaciones sufridas por el sector fueron lo suficientemente importantes para determinar el éxodo de mano de obra, en principio asalariada y luego familiar. Este éxodo es provocado por la falta de ocupación y/o la imposibilidad de acceder a comprar más tierras para ser trabajadas (op cit) y en particular por la partida de los más jóvenes en busca de mejores oportunidades, o como consecuencia de haber salido de las islas para continuar sus estudios. El proceso de emigración trajo también, como corolario, el envejecimiento relativo de la población, 10

con su consecuente efecto sobre la estructura de la población activa y el desarrollo de las actividades agropecuarias. La caracterización de las explotaciones familiares (en general) incluye situaciones extremas, desde formas "campesinas"vii autosuficientes hasta unidades involucradas en la economía de mercado típica del capitalismo. La unidad familiar isleña, mediante su trabajo, atiende a las necesidades de reproducción de sus integrantes y, también, a la producción social de bienes para intercambio. Además de las actividades orientadas al mercado, la familia también se reparte la ejecución de tareas destinadas a la subsistencia (huerta, cría de aves y otros animales para consumo). El estilo administrativo tiene relación directa con la productividad y la utilización de los recursos. En el caso de los productores frutícolas isleños se puede considerar una subutilización de los recursos (especialmente del suelo y los montes de frutales) y rendimientos bajos, pero estables a través de los distintos ciclos agrícolas. Se puede argumentar que, en este caso, los factores culturales y de historia productiva tienen un peso predominante en la toma de decisiones. En cuanto al nivel de capitalización, la limitada capacidad de inversión de capital, provoca un bajo acceso a la tecnología. Las difíciles características ambientales de un área de delta implican, además de la maquinaria y tecnología habituales para cualquier explotación frutícola, una inversión en sistemas para control de inundaciones, preparación y sistematización del terreno. Los productores de la zona, en general, no están en condiciones financieras de incorporar innovaciones mecánicas. La demanda de insumos es mínima, orientada a productos tradicionales (como agroquímicos anticuados para el control de enfermedades). Es común la posesión de un tractor por explotación, con una edad promedio de entre 15/20 años, en buenas condiciones de uso. Las herramientas agrícolas son de laboreo básico. Se puede concluir que el nivel de capitalización es bajo y se encuentra estancado, no pudiéndose definir una tendencia. En cuanto a la compra de maquinaria (para realizar tareas de control de inundaciones) la región presenta una característica particular. Si bien los pequeños productores no tienen acceso a la compra, ni a los servicios de contratistas (como sucede en el caso del agro 11

pampeano), cuentan con un servicio de similares características brindado por organismos oficiales (exCorfodelta, Municipalidad de San Fernando). Estos organismos ponen a disposición de los productores máquinas retroexcavadoras para zanjeos y movimientos de suelos, por cuyo servicio deben abonar costos mínimos, si se tiene en cuenta los servicios de particulares. En la definición de la orientación productiva entran en juego numerosas variables. Algunas son factores estructurales como superficie de la tierra y/o especies plantadas, otras tienen que ver con los recursos humanos (mano de obra, estilo de gestión, tradiciones) y, por supuesto, la coyuntura político-económica en la que se desarrolla el ciclo agrícola. En cuanto a las especies plantadas en los montes frutales, pareciera que no existen preferencias por algún tipo de variedad en especial, si bien predominan en la Segunda Sección las combinaciones naranjo-ciruelo. El promedio de superficie de los montes de frutales es, en esta zona, de 4 ha aproximadamente (alrededor del 20% de la superficie total de la explotación), el 20% de lo que se estima mínimo en una explotación frutícola. Se puede inferir que la tradición y el estilo de gestión (que puede caracterizarse de inactivoviii) son los factores de más peso en la determinación de la orientación productiva. Esto es observable claramente en el caso de los cítricos, donde se mantienen viejas plantaciones cuyos productos no están acordes al tipo exigido por el mercado. Los requerimientos comerciales del mercado, hacen que la actual producción de cítricos de la región, no tenga más salida que la venta directa al turismo en bolsas de 5 ó 6 kg., o para la elaboración de esencias y fruta abrillantada, cuya elaboración no se realiza en el lugar. La escasa producciónix, resultado de superficies reducidas, actividades económicas diversas y viejas plantaciones de frutales; sumada a los problemas de calidad de esa escasa cantidad, han obligado a los productores que permanecen en la fruticultura (incluso como actividad parcial) a buscar nuevas orientaciones. En esa dirección es que se fomenta, desde las autoridades municipales de San Fernando y desde los grupos de Cambio Rural, la reconversión de los viejos montes de frutales (con numerosas especies) hacia la especialización del cultivo del ciruelo. Los montes de ciruelos preexistentes, presentan una falta de homogeneidad en cuanto a las variedades, pero aún así, no requerirían de una reconversión total, sino sólo mejoramiento 12

(una reconversión total lleva no menos de 5 años). Teniendo en cuenta las posibilidades ambientales y las características de las explotaciones, el cultivo de ciruelos se presenta como la mejor opción para acceder al mercado en términos competitivos; aunque se mantiene el problema de la escasa superficie implantada, lo que significa escasa oferta total. El promedio de superficie en los montes de ciruelo de la Segunda Sección ronda las 2,5 ha. En la búsqueda de competitividad deben atacarse dos factores: la tecnología agrícola aplicada en la fase primaria y el acondicionamiento post-cosecha, que incide directamente en el aspecto y presentación de las frutas. En cuanto a la tecnología aplicada y a la situación frente al cambio tecnológico, se relaciona directamente con el nivel de capitalización y la importancia de los factores culturales (historia y tradiciones personales y regionales). Se manifiesta en la región una trayectoria de tipo tradicional, sin cambios en relación con los insumos y prácticas utilizadas. Así, por ej., el uso de algunos agroquímicos totalmente superados en las prácticas agrícolas modernas, la escasa

mecanización, la resistencia a la adopción de nuevos métodos y especies, permiten calificar el "nivel de uso de tecnología de base como de carácter primario" (Belvedere, 1995: 20). De la misma manera, el uso del suelo se presenta menos intensivo (menor cantidad de plantas por unidad de superficie) que en las restantes regiones productoras de frutas. Es necesario incorporar adelantos en tratamientos fitosanitarios, sobre todo con respecto a las enfermedades (como cancrosis y escaldadura del borde de hoja del ciruelo) que se asocian inevitablemente a la región y contribuyen al desprestigio de la producción. Una alternativa es utilizar variedades resistentes o tolerantes a las enfermedades, como "Remolacha común" y "Abundancia temprana", entre otras. En conclusión, la fase I (agraria) del sistema se presenta con características que confirman en el aspecto productivo, la marginalidad del aspecto geográfico. Si bien son importantes los procesos de cambio inducidos por organismos como Cambio Rural y las autoridades municipales (de reconversión y especialización frutícola), son ínfimos en función de

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los resultados (estos procesos no se han difundido más allá de las explotaciones involucradas en los proyectos). 4- El Acondicionamiento: Etapa de Transformación En el sistema frutícola, la fase de transformación (fase II) para la producción destinada al consumo en fresco está constituida por el acondicionamiento de la fruta (clasificado, lavado, acomodado y embalado). En esta etapa es donde se detectan las mayores deficiencias y, contradictoriamente, las de más fácil resolución. Como se ha mencionado con anterioridad, estas deficiencias responden a problemas de organización, donde el factor trabajo y disponibilidad de mano de obra tienen el mayor peso. Dado que esta fase es inexistente y/o insignificante en la región, la producción se destina totalmente al consumo en fresco y las frutas que no reúnen las condiciones para la venta se descartan o se destinan al consumo doméstico, perdiendo así la posibilidad de venta a industrias de transformación. 5- Comercialización De acuerdo a los datos obtenidos, el 70% de la producción frutícola de la región (en valores promedio) se comercializa a través del Puerto de Frutos de Tigre (PFT). El resto se reparte entre la venta directa y otros mercados regionales como Campana y Escobar. En cuanto a la ciruela, (específicamente) se comercializa mayoritariamente (un 65%) por el PFT, pero se dirige un 15% al Mercado Central de Buenos Aires (MCBA) y el restante porcentaje se reparte de la misma manera que la producción general de frutas. El PFT tiene una importancia histórica para la región, ya que se ha constituido en la salida natural de los productos regionales. En tal sentido, es reconocido como “mercado” por el MCBA y otros mercados locales (Béccar, San Fernando, Caseros). Teniendo en cuenta las modalidades de comercialización registradas en el MCBA y la información recogida acerca del funcionamiento del PFT, se puede concluir que la comercialización de las frutas de la región se realiza a través de acopiadores y consignatarios, inmediatamente después de la cosecha. Esto es consecuencia de la falta de infraestructura adecuada para el almacenamiento por parte de los productores. Estos intermediarios (con o sin 14

puestos permanentes en el PFT) son quienes definitivamente comercializan la fruta, vendiéndola al MCBA o a minoristas. Los requerimientos de calidad de super e hipermercados hacen que la fruta de la región no los tenga como destino final. Durante todo el proceso de venta y reventa, las frutas son embaladas y cambiadas de empaque varias veces, lo que contribuye a su deterioro y posterior devaluación, ya que la calidad se ve notoriamente disminuida por el exceso de manipuleo. Actúan además como factores negativos: el uso de cajones usados, con frutas de diferentes tamaños y distinto grado de maduración. También se debe tener en cuenta que los productores isleños reciben una liquidación anual por la totalidad de sus envíos a un precio promedio. Esto no sólo no permite discriminar los meses de mayores ingresos, sino que tampoco permite visualizar los envíos cuya calidad redituó en mejores precios. Se recorta con fuerza la figura del acopiador y/o consignatario como agente decisivo en el proceso de comercialización-distribución. Esta figura, por las características de la producción isleña y las características de accesibilidad-inaccesibilidad al mercado de los productores isleños, no sólo mantiene su peso a través de las diferentes etapas evolutivas de la historia regional, sino que pareciera ser la alternativa más viable en las actuales condiciones. Sólo un aumento de la productividad, o la asociación de productores, harían rentable otras formas de comercialización. En tanto que sólo una mejora de la calidad de la producción, les permitiría el ingreso al circuito de super e hipermercados. El tema de la calidad es el enlace determinante con la última fase del sistema: el Consumo (fase IV). 6- El Sector del Consumo La región se encuentra en relación directa con el bolsón de consumo del Gran Buenos Aires, que si bien alcanzó un techo en la expansión de su demanda, presenta importantes zonas con sus necesidades alimentarias básicas insatisfechas. Por lo tanto, de orientar las estrategias de producción local hacia dicho mercado, debieran adoptarse dos estrategias

diferenciadas. Una en relación con la cantidad, ya que es indispensable un aumento de la producción si la región pretende tener peso en el mercado y competir en precios en el segmento 15

social que presenta deficiencias alimentarias. La otra tiene que ver con la calidad y la búsqueda de un reconocimiento en ese sentido. Ya se han indicado los parámetros de calidad a considerar en la comercialización de frutas. Frente a esos indicadores, las frutas del Delta en general, presentan deficiencias. Las más marcadas son: la irregularidad de tamaño y su aspecto sanitario (en relación con las enfermedades que las atacan). En el caso de las ciruelas, las variedades desarrolladas en el proyecto de reconversión (Capri y Remolacha) presentan buen aspecto y tamaño, pero aún así deben librar una batalla en el mercado para disipar la tradicional imagen de los frutos del Delta. Además, la época de entrada al mercado le permitiría cubrir la pre-temporada y la posttemporada. Esta diferenciación haría posible la identificación de la producción por parte de los consumidores y contribuiría a su revaloración como productos regionales. Se trata de una propuesta productiva en la que puede desarrollarse una política de Denominación de Origen, asociando la calidad con el lugar de origen (con características especiales e insustituibles) y/o con los métodos productivos que se han seguido para obtenerlo (Posada, 1996 b). Esta alternativa (de calidad estática) es una de las más viables para la región en función de las condiciones que presenta la fase agraria. Permitiría a los pequeños productores, sin grandes cambios estructurales, ser reconocidos en el mercado. Su implementación presenta, sin embargo, un inconveniente: la necesidad de desarrollar una activa política de comercialización (marketing). Aún así, el sistema de comercialización de la región (dominado por acopiadores y consignatarios) debería modificarse para que los productores tengan acceso directo al mercado. En esta dirección, sólo la agrupación (en distintas formas asociativas) les permitiría mejorar su posición en el proceso de intercambio, a la par que permitiría la implementación de una "política de marca"x. En este aspecto, se reitera a nivel local la situación planteada a nivel nacional: la ineficiencia o ausencia del estado en lo referente a las normas de calidad. A través de la Dirección de Islas, el Municipio de San Fernando ofrece capacitación a los productores en el 16

marco del Programa Frutihortícola (sobre métodos de poda, uso de agroquímicos y técnicas de comercialización). Conclusiones La situación de los pequeños productores frutícolas isleños está condicionada por distintos factores, que requieren soluciones específicas. Los factores estructurales que limitan su actividad sólo pueden solucionarse a través de la asociación de productores, que les permita hacer frente a la baja producción individual (consecuente de sus escasas superficies). Esto les permitiría a su vez, romper la dependencia histórica que mantienen con el sistema de comercialización, basado en la venta a acopiadores. En este caso el problema no es sólo organizacional, involucra prácticas muy arraigadas, modos de vida y aspectos productivos. Estos últimos requieren de mayor atención técnica. La producción de frutas de la región está desvalorizada en el sector del consumo, a consecuencia de no reunir los patrones de calidad vigentes. Esto, no desconocido por el productor, plantea dos interrogantes: *¿porqué se mantienen en la actividad? *¿porqué (si deciden mantenerse en la actividad) no implementan prácticas que les permitan competir, acorde a las exigencias actuales del mercado? La respuesta al primero de los interrogantes se remite a cuestiones sociológicas, de tradiciones e historias familiares, que no son el objetivo de este trabajo. En cuanto al segundo, se observan dificultades reales, provocadas por la situación geográfica y los medios de producción disponibles. También es necesario incorporar el concepto de la racionalidad económica de los productores, en el que, la cuestión de la calidad puede ser vivida como un objetivo o como un problema. La investigación permite concluir que, en la mayoría de los casos, la calidad es vista sólo como un problema, cuya solución no figura entre los objetivos del productor. Por otra parte, no se observan estrategias de orientación de la producción hacia las industrias de transformación. En las condiciones actuales, la fase agraria muestra una marcada dependencia de la fase de distribución y comercialización, por las especiales características del área. De resolver 17

este problema, los productores se enfrentarían a los requerimientos del sector del consumo. Tanto en un caso como en el otro, se hace imprescindible el rol del estado para acercar a los

productores capacitación, asesoramiento y facilidades para acceder a tecnología e insumos, que de otro modo le resultarían inalcanzables. Los organismos técnicos y de investigación que tienen injerencia en el área (INTA y Corfodelta) y el Gobierno Municipal muestran iniciativas en este sentido, que si bien importantes, son aún insuficientes. Este proceso de reactivación, aunque mínimo, es percibido como tal por los pobladores de la Segunda Sección y, aún cuando poco significativo en números, es importante como cambio de política con respecto al área.

Anexo Gráfico 1

Mapa 1

18

Bibliografía
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19

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i ii iii

Datos de SAGyPA y Ministerio de Economía de la Prov. de Buenos Aires Cfr. Galafassi, 1994 y 1998; Cobelo et alii, 1992-1995; Magne, 1986; entre otros. El análisis de los elementos que componen y caracterizan las distintas fases, se fundamenta en datos obtenidos a

partir de entrevistas con: el Director de Islas del Municipio de San Fernando, técnicos del INTA EEA Delta del Paraná y de Corfodelta; así como de la bibliografía específica.
iv

Cfr Galafasi, 1994 y 1998; Cobelo et alii, 1992-1995; CFI, 1995, 1994, 1988 y 1987: Rosato, 1988; INTA EEA

Delta del Paraná, 1973 y Latinoconsult, 1972, entre otros.
v

En cambio, esta sí ha sido una tendencia marcada en el caso de las explotaciones que se han volcado a la ac tividad

forestal.
vi

El valor modal estaría dado por las explotaciones de no más de 20 ha. La expresión "campesina" no tiene, en nuestro país, la significación que le corresponde en el resto de América

vii

Latina. En la bibliografía consultada se la utiliza como sinónimo de "familiar" o "pequeño productor".
viii

Según Bennett, el estilo administrativo inactivo se caracteriza por una "subutilización" de los recursos. Los

rendimientos son bajos, pero el desgaste de los recursos es mínimo. Bennett, 1982 en Barlett, 1991: 373.
ix

No se han encontrado datos confiables de producción, ni de rendimiento por hectárea. Todas las fuentes

consultadas consignan solamente las hectáreas cultivadas. El Director de Islas de San Fernando estima la producción entre 40 y 50 ton para la región.
x

Política de marca: distintivo de calidad de una marca colectiva que atestigua o garantiza determinadas

características y cualidades en un producto, distinguiéndose de otros productos similares por sus condiciones particulares de elaboración o por su origen. (Laso Sanz, 1991: 269, en Posada, 1996 b).

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