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El Origen Del Capitalismo

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Published by: Jesús Aurelio Estela Suárez on May 24, 2013
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El Origen del capitalismo.

Con el fin del imperio romano Europa se convirtió en un conjunto de reinos feudales. “A pesar de la rigidez introducida a causa de la servidumbre en el sistema feudal, la organización política posromana de Europa continuó contrastando con la de los imperios hidráulicos… No existía un sistema nacional de recaudar impuestos, de librar batallas, de construir caminos y canales, o de administrar justicia. Las unidades básicas de producción eran las casas señoriales independientes, de autoabastecimiento y de agricultura dependiente de las lluvias. No existía una vía económica mediante la cual los príncipes y reyes más poderosos pudieran interrumpir o facilitar las actividades productivas que tenían lugar en cada pequeño señorío separado. A diferencia de los déspotas hidráulicos, los reyes medievales de Europa no podían proveer ni retener el agua de los campos… Como dice Wittfogel, “las operaciones dispersas de la agricultura dependiente de las precipitaciones no involucraba el establecimiento de pautas nacionales de cooperación, como ocurría con la agricultura hidráulica”. Así, la aristocracia feudal pudo resistir todo intento por establecer sistemas de gobierno auténticamente nacionales”. Durante el período medieval europeo, a diferencia de lo que ocurrió en los imperios hidráulicos, la población triplicó en apenas 500 años. Se intensificó la producción y pronto surgieron nuevos inventos, como el arado de surco profundo, y gracias a la repartición del poder, “todas las familias campesinas tenían acceso a la herrería del señor”. Además, el feudalismo nunca estuvo en contra del comercio; “los señores feudales siempre habían estimulado el crecimiento de ciudades y el desarrollo de artesanos y comerciantes radicados en municipios. La pregunta que hay que hacerse es “por qué las ciudades y los mercados tardaron más de quinientos años en subvertir el orden feudal”, para dar origen al capitalismo y el productivismo. Para que esto ocurriera Europa tuvo que esperar, por una parte, un crecimiento poblacional que presionara el traslado de la población desde el campo hacia las ciudades, y por otra, la peste negra (1348), que puso en jaque a todo el sistema feudal de la época, esto porque la mortalidad tremenda de la peste (mató entre una cuarta y la mitad de la población europea) estaba directamente relacionada con los pésimos niveles de nutrición: los niveles de producción habían alcanzado con creces un límite ecológico y se hacía inminente un cambio de sistema. La caída del sistema feudal no se explica únicamente por una crisis ecológica sino que intervienen factores igualmente importantes, como la existencia de una burguesía, de comerciantes, banqueros, que se sumaban a las fuerzas antifeudales: integrantes de la sociedad que en los imperios hidráulicos no existían o estaban totalmente controlados. A pesar de la peste negra, el sistema feudal no se reestableció porque intentó seguir maximizando sus beneficios sin reparar socialmente ni económicamente nada (al contrario de lo que ocurría en los imperios cuando al reparar el sistema hidráulico todo volvía a ser como antes); así, “se lo reemplazó por un sistema basado en la tecnología científica, la producción de máquinas, el capitalismo y la democracia parlamentaria”. Harris da una explicación de porqué los estados despóticos orientales o antiguos no pudieron ni podían llegar al estado moderno que conocemos hoy, en una sociedad plenamente capitalista. “A pesar de estos grandiosos experimentos (y grandes inventos) cabe dudar, razonablemente, que China hubiera desarrollado un modo de producción industrial sin la amenaza y el estímulo del ejemplo europeo. En China, el avance tecnológico sobre los competidores nunca se convirtió en el factor clave para elevar los beneficios y acumular capital. La clave variable de la vida comercial china era el apoyo de la burocracia agroadministrativa: el “buró de saqueo interno” de Marx. Sin las apropiadas relaciones imperiales, los beneficios podían disiparse en manos de funcionarios corruptos. Éstos podían suspender arbitrariamente los permisos comerciales, y los negocios que demostraban ser demasiado lucrativos se encontraban en constrante peligro de ser absorbidos por el gobierno. Por contraste, en la Europa posmedieval, la industria privada y el comercio acompañaron, o incluso precedieron, el surgimiento de las monarquías parlamentarias europeas. El poder de los reyes y comerciantes europeos emergió de un sustrato común de restricciones y limitaciones feudales, y tanto reyes como comerciantes compitieron por el control de la economía política posfeudal”. “Cuando los reyes europeos pretendían tener mandatos divinos y autoridad absoluta, la burguesía de Francia y de Inglaterra los rechazaban. Tarde o temprano, los aspirantes europeos a faraones o a incas renunciaban a sus derechos a representar al cielo o terminaban sus días en la guillotina”. “Los empresarios europeos fueron las primeras personas de la historia del mundo que pudieron dedicarse a sus negocios sin preocuparse de que algún “buró de saqueo interno” quisiera frustrar sus pretensiones“. De todos modos Harris no es un defensor enceguecido del capitalismo y hace una crítica feroz e irónica al comparar al “gran hombre” benefactor de la antigüedad con el “gran hombre” empresario, que no retribuye los esfuerzos con festines sino apenas con alimento para no morirse de hambre.

Su capacidad de mantener los niveles de vida depende del resultado de una carrera entre el progreso tecnológico y el inexorable deterioro de las condiciones de producción.La conclusión que hace con respecto a los tiempos modernos capitalistas y su teoría de intensificación de producción y crisis ecológica: “Así. la tecnología está a punto de perder esa carrera”. En las actuales circunstancias. . un sistema sometido a una perpetua intensificación sólo puede sobrevivir si está igualmente sometido a un perpetuo cambio tecnológico.

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