P. 1
Conformación Del Estado Argentino

Conformación Del Estado Argentino

|Views: 36|Likes:
Publicado porFlavia Puñi
material trabajado con los alumnos en escuelas media, sobre esta etapa de la historia Argentina
material trabajado con los alumnos en escuelas media, sobre esta etapa de la historia Argentina

More info:

Categories:Types, School Work
Published by: Flavia Puñi on May 17, 2013
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOCX, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

10/08/2013

pdf

text

original

“Conformación y Consolidación del Estado Argentino”

Introducción: Contexto Internacional En el siglo XVIII los Borbones asumieron el reino de España, era una rama de la dinastía que también reinaba en Francia. Estos se propusieron organizar la relación con sus colonias americanas, ya que advirtieron que la metrópoli había desaprovechado una gran parte de los recursos coloniales debido a un inadecuado sistema de gobierno y de explotación económica. Las Reformas tuvieron como objetivos liberalizar el comercio colonial, fomentar la economía americana y aumentar los ingresos de la corona. Reformas Económicas: dentro de estas se pueden destacar;  En 1731 se creó el Navío de registro, que se sumó al sistema de flotas y galeones, y tenía por objetivo agilizar el tráfico marítimo con América;  En 1778 se estableció el Reglamento de Libre Comercio, que transformó las bases del comercio colonial ya que: eliminó la exclusividad de puertos únicos en España y las colonias, al habilitar varios puertos para realizar el libre comercio. Aunque el monopolio comercial continuaba, ya que no se permitía actividad comercial entre las colonias y otros países; dado que el objetivo era mejorar el comercio metropolitano y acabar con el contrabando.  Se buscó fomentar una relación complementaria entre la metrópoli y las colonias, ya que la intención era fomentar el desarrollo de la agricultura y la ganadería en la colonia, para desarrollar la industria en la metrópoli. El objetivo era que la colonia provea de materias primas para la economía española, lo que llevó al desarrollo especializado en cada región, atendiendo a sus producciones naturales: Por ejemplo azúcar en Cuba, cueros en el Río de la Plata, cacao en Venezuela. Estas reformas permitieron el aumento de ingresos del Estado español, debido a una mayor presión de la metrópoli sobre sus colonias para el pago de impuestos. Reformas Políticas y Económicas: El éxito de las reformas económicas dependía de consolidar un Estado colonial fuerte y centralizado para: 1º) debilitar las fuerzas promotoras de conflicto representados por criollos, indígenas, mestizos y negros; y 2º) defender sus territorios coloniales de las intromisiones territoriales y económicas de otras potencias europeas. Para ello se creó:  Régimen de intendencias, el objetivo era centralizar las decisiones administrativas y otorgar mayor poder a la corona, para ello el rey elegía a los intendentes residentes de América.

 Nuevos Virreinatos: el de Nueva Granada y el del Río de la Plata, el objetivo era la defensa de los dominios coloniales, ante los avances militares y comerciales de otras potencias que competían con España.
El Virreinato del Río de la Plata se creó en 1776 para frenar los avances territoriales y económicos de Portugal, y poner límite a los intereses ingleses que buscaban establecer asentamientos comerciales en las costas del Río de la Plata y en el Atlántico Sur (actuales Malvinas y Patagonia).

Las consecuencias del contexto internacional en las colonias del Río de la Plata: A partir de la Revolución iniciada en Francia, entre 1792 y 1815, el continente europeo se vio inmerso en una serie de guerras, tanto fuera como dentro su territorio. Las victorias o derrotas de estas guerras, además de producir cambios en la situación política de Europa, modificaba el cuadro del dominio colonial europeo sobre América. El avance territorial llevado adelante por Napoleón en la última etapa de la Revolución Francesa, llevó al enfrentamiento directo a Francia e Inglaterra, afectando a sus posibles aliadas, en este caso Portugal de Inglaterra y España de

Francia. El objetivo de ambas potencias era eliminar al otro por representar una competencia económica y comercial, y de esta manera conseguir el predominio comercial en los mercados europeos y el control de los mercados coloniales ultramarinos. Dentro de este contexto de enfrentamientos y avance francés, España entra en la contienda al principio enfrentada con Inglaterra (que utiliza el bloqueo naval como forma de perjudicar el comercio entre España y sus colonias); y más tarde con Francia, cuando ésta invade el territorio español. Las consecuencias para las colonias del Río de la Plata de esta situación internacional, fue que España debió “Flexibilizar el Monopolio Comercial”, lo que provocó entre otras cosas: el desarrollo del comercio con otros países como Norteamérica e Inglaterra; el desarrollo de un sector de comerciantes no ligados al monopolio comercial, que pueden vender y comprar productos directamente; el cuestionamiento del vínculo colonial con España, ya que se dan cuenta que subsisten sin depender de la metrópoli; y finalmente los intelectuales y comerciantes porteños critican abiertamente el monopolio sosteniendo las ideas del Librecambio. Mientras en las colonias se genera esta reacción al sistema colonial, Inglaterra atraviesa una crisis del sistema capitalista, ya que debido a la revolución industrial que experimentó el país, se produjo un excedente de mercaderías, junto con la pérdida de su colonia en Norteamérica, que logró su independencia en 1776. Esta situación obligó a Inglaterra a buscar nuevos mercados para colocar dichas mercaderías y proveerse de materias primas. Lo que trajo consecuencias para las colonias españolas, como las invasiones inglesas realizadas en dos oportunidades. “Las dos incursiones llevadas adelante por las fuerzas británicas en 1806 y 1807 las que introducen bruscamente al Río de la Plata en el conflicto mundial. No son por cierto inesperadas: hace ya una década que la metrópoli ha preparado un plan de resistencia para esa eventualidad. Aún así, encuentran al Río de la Plata mal preparado para la defensa.”1 Por lo que la resistencia a ambas invasiones estuvo a cargo de las Milicias Urbanas, que era un ejército irregular integrado mayormente por criollos. Las consecuencias directas de estas invasiones fue: la Militarización de la sociedad criolla, así como la confirmación de que España no estaba en condiciones de defender a sus colonias; y en el plano económico, la posibilidad que los comerciantes criollos experimenten las ventajas del libre comercio con Inglaterra. Pero la situación en las colonias se agravó en 1808 con la invasión francesa de España, la que provocó la destitución del rey Carlos IV, que abdicó a favor de José
1

HALPERIN DONGHI, Tulio, Historia Argentina. De la revolución de la Independencia a la Confederación rosista, Bs. As., Paidós, 2000 (3º edición), p.23.

Bonaparte (hermano de Napoleón), y el posterior encarcelamiento de aquel y su hijo Fernando VII heredero al trono. Esta situación política provocó una crisis de la monarquía española tanto en la metrópoli como en las colonias; ya que no existía poder legítimo central al cual obedecer. La invasión napoleónica de la península Ibérica, fue sólo la chispa que desencadenó el movimiento revolucionario independentista. Las verdaderas causas radican en el ejemplo de los Estados Unidos, separados de Inglaterra, y en la difusión entre los hispanoamericanos de los ideales de libertad y autogobierno procedentes de Francia. La ausencia de la monarquía española, llevó a que en la metrópoli se formaran Juntas, en las ciudades más importantes de España, que gobernaban en representación del monarca prisionero. Mientras que, en las colonias llevó al cuestionamiento directo del virrey, depositario del poder político metropolitano. La legitimidad del gobierno local es puesta en duda, y se cuestiona abiertamente, por lo que surgen tres posturas en cuanto a lo que debía hacerse, frente a la ausencia de un rey en la metrópoli:  Monárquica: estos impulsaban la restauración de la monarquía española y de los vínculos coloniales. Estaba integrada por españoles, comerciantes monopolistas y funcionarios de la corona que temían por su posición socioeconómica con la desaparición del dominio español.  Moderada: estos desconocían a las autoridades españolas locales, como el virrey Cisneros, pero optaban por crear una junta de gobierno integrada por criollos que gobiernen en nombre de Fernando VII. Estaba integrada por militares criollos, funcionarios y comerciantes criollos de segunda línea.  Separatistas: los integrantes de esta posición sostenían la separación total del dominio español, y proponían la confiscación de los bienes españoles, así como la instauración de una democracia y de una constitución inspirada en la Revolución francesa. Estaba compuesta en su mayoría por miembros de profesiones liberales –como abogados-, criollos que veían imposible su ascenso social por el monopolio ejercido por españoles en la función pública y el ámbito comercial. Estas posiciones se desarrollaron en el seno del cabildo abierto, convocado el 22 de mayo de 1810, pero a pesar de que todas esgrimían argumentos favorables a sus propuestas, la que triunfó fue la moderada. La razón para que suceda esto, es que la separatista representaba una postura muy extremista -por las influencias de ideales de la revolución francesa como participación política de sectores populares y eliminación de privilegios de los sectores altos- causando temor entre los criollos que cuestionaban el vínculo colonial. A partir de entonces, en Buenos Aires, y en la mayoría de las capitales virreinales, las autoridades españolas fueron depuestas y se instalaron juntas de gobierno

siguiendo el modelo de las de España. Los criollos del Río de la Plata jugaron un papel fundamental en la declaración de la revolución, ya que España por las políticas monopólicas no les permitía el desarrollo comercial, y porque los españoles se hacían con los puestos políticos más importantes en las colonias. El 25 de mayo de 1810, quedó formada la Primera Junta –mayoritariamente integrada por comerciantes y abogados criollos- que se convirtió en el acto político por el cual caducó la dominación española en el Río de la Plata. Mientras que la primera tarea de la Junta fue expandir su autoridad por el resto del Virreinato, “pronto comprendió que se hacía indispensable llevar los objetivos revolucionarios a otros pueblos, así como también asegurar su propia supervivencia, ante la certeza de que la corona española no se quedaría de brazos cruzados”2; para ello se envió una proclama a las ciudades del interior informándoles de los acontecimientos e invitándolos a enviar representantes –diputados- para organizar políticamente el territorio. Entre 1811 y 1815 la situación política cambiaría las relaciones entre los pueblos del Interior y Buenos Aires, ya que los sucesivos gobiernos tuvieron que enfrentar focos de resistencias al nuevo poder político. El principal foco estaba en el Alto Perú, de donde partieron tropas realistas que defendían el dominio español, luego del enfrentamiento Buenos Aires fue derrotada y el Alto Perú aseguró el dominio español en ese territorio. Mientras que los otros focos de resistencia eran Paraguay, que tras el enfrentamiento con los patriotas revolucionarios, instaló un gobierno autónomo del de Buenos Aires; y el de Montevideo, en donde los españoles resistieron los cambios revolucionarios, hasta que la población rural terminó con el dominio español en 1814. A pesar de todos los esfuerzos de los criollos por independizarse de España, sólo en 1816 lograron declarar formalmente la independencia política. La revolución sólo fue una declaración formal, dado que el lazo colonial se sostenía al gobernar los criollos en nombre de Fernando VII. Aquella venía impulsándose desde 1813, por un grupo de políticos radicalizados que pretendían profundizar los cambios revolucionarios. Por ello se convocó a una Asamblea General Constituyente, conocida como la Asamblea del año 13, cuyos objetivos principales eran declarar la independencia de España para las provincias del Río de la Plata y dictar una constitución. Aunque la Asamblea no logró declarar la independencia, promovió una serie de medidas políticas y sociales revolucionarias, como la abolición de los privilegios y de los tributos y trabajos forzados de los indígenas, la libertad de los esclavos nacidos desde ese momento y también el reemplazo del Triunvirato por un poder ejecutivo unipersonal, el Directorio.
2

Ante el regreso de Fernando VII al trono, por la expulsión de los franceses de la península en 1815, la Revolución en el Río de la Plata parecía peligrar, ya que era muy probable una expedición española de reconquista de América. Por lo cual, era indispensable discutir la independencia de las Provincias Unidas lo antes posible. A tal efecto se convocó a un nuevo congreso para afrontar la situación. El 9 de julio de 1816, se reunió el Congreso Constituyente de las Provincias Unidas en Tucumán, los congresistas que representaban a los pueblos del antiguo Virreinato del Río de la Plata que estaban libres de españoles declararon la independencia de España para todos los pueblos de América del Sur. Pero como estaban rodeados de realistas en Chile y en Perú, la suerte de la independencia dependía de la derrota de los españoles en esos territorios. Es por eso que el general San Martín organizó los ejércitos que liberarían a esos territorios del yugo español. Luego de cruzar la cordillera liberó a Chile, que declaró la independencia en 1818, y más tarde emprendió la liberación de Perú, que se declaró independiente en 1821. La Revolución de Mayo, en 1810, fue el primer paso en el camino que llevó a transformar al Virreinato del Río de la Plata en un país independiente. Las Provincias Unidas del Río de la Plata –que ocupaban un territorio reducido si lo comparamos con el país actual- fueron el núcleo a partir del cual comenzó a organizarse nuestro país. Durante los primeros años de vida independiente hubo diferentes intentos de organización, cuyo paso inicial fue establecer un gobierno central. Sin embargo, esos intentos fracasaron por la presencia de fuertes obstáculos: cada región –Buenos Aires, el Litoral y el Interior- y cada grupo social defendían sus intereses particulares. Entre 1810 y 1820, fracasaron los sucesivos intentos de Buenos Aires de imponer un gobierno central debido a la oposición de las provincias interiores. Los primeros gobiernos patrios:  25 de Mayo de 1810 a 1811 Primera Junta de Gobierno  1811 Junta Grande (se suman diputados del Interior)  1811/1812 Primer Triunvirato (más eficaz en la toma de decisiones)  1812/1814 Segundo Triunvirato (convoca a asamblea general de 1813)  1813 Asamblea General Constituyente  1814/1819 Directorio  1816 Congreso Constituyente de las Provincias Unidas en Tucumán.  1819 Sanción de Constitución centralista, a favor de Bs. As., provoca reacción del Interior.  1820 Disolución del gobierno Central, Buenos Aires se conforma como provincia autónoma. La situación económica:

PIGNA, Felipe, Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación del presente, Ed. Norma, Bs.As., 2004, p. 247.

Durante la etapa colonial, el Virreinato del Río de la Plata tuvo un desarrollo económico desigual: las regiones del centro y noroeste estuvieron densamente pobladas y su circuito económico se vinculó al desarrollo minero de Potosí, en el Alto Perú. En tanto, el Litoral contó con una población escasa y la actividad económica se relacionó con el comercio y el contrabando. A su vez, cada región tendió a especializar su producción para el intercambio con otras. Cuyo producía vino y aguardiente; Paraguay, yerba mate; Tucumán, mulas y carretas. De modo que se organizó un verdadero circuito comercial interregional. Al mismo tiempo, cada una de esas zonas cultivó maíz, hortalizas, cereales y verduras para el autoabastecimiento. La política económica de la revolución, basada en una apertura comercial que fue pensada como temporal y gradual, pero que en los hechos fue brutal y permanente, fue provocando en el interior del país daños irreparables. Era imposible, por ejemplo, revivir el lucrativo tráfico de mulas que se realizaba entre el litoral y el Perú o restablecer el comercio con el Alto Perú, que resultaban fundamentales para las provincias del centro y del norte. La administración de la Aduana permitía a Buenos Aires manejar recursos en una cantidad que ninguna otra zona del país podía igualar. La Aduana era la principal fuente de ingresos de todo el país y un arma política muy importante. Los gobernantes de la capital decidían qué productos entraban o salían del país. Podían así impedir a cualquier provincia desarrollar su industria, su ganadería o su agricultura, con el simple trámite de bloquear la entrada de alguna maquinaria o producto que consideraran que podría poner en peligro la economía porteña. Por otra parte, todas las provincias contribuían a aumentar la riqueza y el poder de la ciudad puerto mediante el pago de derechos aduaneros. Al producirse la Revolución de Mayo, el Virreinato del Río de la Plata estaba muy lejos de ser una unidad política y, mucho menos, una unidad económica. El proceso que culminó con la independencia acentuó estas diferencias y se fue creando un concepto de nacionalidad limitado a sentirse perteneciente a una ciudad y sus alrededores y no a un país. Se era tucumano, jujeño o correntino, pero la “argentinidad”, salvo en la zona rioplatense, no existió hasta varias décadas después. En un primer momento, en las ciudades, la elite criolla fue la principal beneficiaria de la emancipación política: consiguió el desplazamiento de los españoles de los cargos burocráticos y del comercio, la creación de gobiernos republicanos independientes y, para los nativos del virreinato, el incremento de oportunidades de ocupar puestos gubernamentales y políticos. La caída de un sistema colonial basado en una metrópoli que lo ejercía a través de ciudades que constituían sus centros políticos y administrativos permitió, a partir de 1810, el surgimiento de otro sistema de poder, con bases en el campo, y trasladó

gran parte del poder de los grupos urbanos a los hacendados y los caudillos. La revolución produjo un cambio importante al terminar con un sistema en el que el origen de nacimiento había reglado la diferenciación social y los sectores urbanos dejaron de monopolizar la riqueza. De este modo, las elites urbanas perdieron parte de las bases materiales que les otorgaban poder, en favor de un incremento del poder de los sectores rurales. Las diferencias regionales se presentaban principalmente en el campo económico. Buenos Aires y el Litoral competían por la exportación de productos ganaderos, como carne salada y cueros, y por la importación de todo tipo de productos. A ambos, el libre comercio les era necesario y funcional. Las diferencias entre las dos regiones surgirán por las disputas en torno al monopolio del puerto y de la Aduana, que ejercía Buenos Aires. Mientras, las “provincias interiores”, por el contrario, carecían de productos exportables pero tenían una precaria industria abastecedora del mercado interno (textil, azucarera, vitivinícola), que se veía muy perjudicada por la importación de los mismos productos. Por lo tanto, reclamaban medidas proteccionistas; pero, lamentablemente, no estaban unidas en estos reclamos, porque también habían heredado de la colonización española el localismo y el predominio de los intereses particulares. En busca de un nuevo orden: Desde los comienzos de la Revolución, las provincias habían desconfiado del centralismo de Buenos Aires e intentaron ganar la mayor autonomía posible. Estos intentos se concretaron al desaparecer las viejas intendencias coloniales con el surgimiento de provincias autónomas con sus gobernadores o caudillos. Así se fue consolidando un movimiento contrario al centralismo porteño que se llamó federalismo, cuyos líderes eran Artigas de la Banda Oriental, Ramírez de Entre Ríos y López de Santa Fe. En 1819, la sanción de una Constitución centralista que favorecía los intereses de Buenos Aires, provocó la reacción de los jefes provinciales de Santa Fe y de Entre Ríos. Las fuerzas militares del Litoral avanzaron sobre la ciudad de Buenos Aires y el 1º de febrero de 1820 derrotaron –batalla de Cepeda- al ejército del gobierno central. Los vencedores disolvieron el congreso de representantes de las provincias, y suprimieron el cargo de Director Supremo, dejando al nuevo país sin autoridades centrales. Así, las provincias se convirtieron en entidades casi independientes que formaros sucesivas alianzas mediante pactos. Incluso Buenos Aires comenzó a actuar como provincia autónoma y eligió un gobernador, renunciando a la conducción de todo el país.

En 1820 se cerró un primer ciclo de la revolución. Durante diez años, la realidad demostró a todos los grupos sociales y políticos que la organización de un gobierno central no era suficiente para constituir el nuevo país y organizar un nuevo Estado. Luego de la disolución del gobierno central, las grandes unidades administrativas del interior del país –las intendencias de Litoral, Córdoba, Tucumán y Cuyoterminaron de desintegrarse y constituyeron unidades más pequeñas independientes entre sí. Las nuevas provincias que comenzaron a organizarse después de 1820, no ocupaban los mismos territorios que hoy en día. Algunas de las nuevas provincias establecieron constituciones, reglamentos o leyes fundamentales para establecer un orden en su interior. La provincia de Buenos Aires: Desde fines de 1820, Martín Rodríguez fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires. A diferencia de otras provincias, no sancionó una constitución, sino que la Legislatura dictó leyes que organizaban sus instituciones y que otorgaban el sufragio universal a los varones mayores de 25 años. Mientras que las provincias del interior se debatían en constantes problemas financieros –fruto de las escasas posibilidades de conexión comercial con los mercados externos y de las constantes guerras-, Buenos Aires vivió en la década de 1820 una época de prosperidad, llamada “la feliz experiencia”. Durante este tiempo se experimento una expansión de la frontera agraria hacia el sur de la provincia; donde las tierras conquistadas a los aborígenes a través de expediciones militares, consolidaron la economía pastoril, permitiendo que se enriquecieran grupos de familias propietarias de estancias y saladeros, cuyas fortunas se basaban en la exportación de cueros, carne salada y sebo. También desde las reformas, impulsadas por el ministro de gobierno Bernardino Rivadavia, se comenzó a repartir la tierra pública recién incorporada en las fronteras, mediante un sistema de arriendo de largo plazo y de bajo alquiler, que fue llamado enfiteusis. De acuerdo con este sistema, la tierra continuaba perteneciendo al Estado y servía de respaldo a la deuda pública. Por otra parte las diferentes provincias autónomas firmaron una serie de tratados y pactos, que expresaban los propósitos de reunir un congreso con representantes de todas las provincias, dictar una constitución y sancionar jurídicamente la unidad política del nuevo país. El avance portugués sobre la Banda Oriental, y la posible amenaza de invadir Buenos Aires, llevó a acelerar la reunión de un congreso constituyente. En diciembre de 1824 comenzó a sesionar en Buenos Aires, y las resoluciones adoptadas estaban vinculadas al conflicto con el Brasil. En enero de 1825, el congreso sancionó la Ley Fundamental, que expresaba la voluntad unánime de mantener unidas las provincias y asegurar su independencia; encomendaban en forma provisional al gobierno de Buenos Aires el manejo de las relaciones

exteriores, y al mismo tiempo afirmaban el principio de las autonomías provinciales, dado que el gobierno de las provincias continuaba a cargo de sus propias instituciones hasta la aceptación de la nueva constitución. Los problemas para el Congreso comenzaron poco después, y se plantearon en tres frentes: en el exterior (con el Brasil), en el seno de la provincia de Buenos Aires, y entre esta provincia y las del resto del país. Entre 1824 y 1828 se desarrollo la guerra con Brasil, por la invasión de aquel país sobre la Banda Oriental. Esta guerra tuvo consecuencias políticas importantes que aceleraron las posturas centralistas en el congreso. En primer lugar se creyó conveniente centralizar el Poder Ejecutivo en una sola persona, un presidente, (en este caso Rivadavia). En segundo lugar, se sancionó la Ley de Capitalización de Buenos Aires, como forma de garantizar una sede desde donde ejercer el poder; provocando que todas las dependencias y rentas de la ciudad pasaran a pertenecer a la nación, se dividía a la ciudad en dos entidades políticas separadas. Esta ley fue recibida con enorme controversia y provocó la fractura de los diputados en el Congreso. Los porteños quedaron divididos en dos polos: los porteños unitarios, que apoyaban estas leyes y al presidente Rivadavia, y los porteños federales, que pensaban que la ley provocaba la desaparición de la provincia de Buenos Aires y la pérdida de sus privilegios económicos (en particular de las rentas de la Aduana) que pasaban a pertenecer a toda la nación. De esta manera, los unitarios no lograron contar con el apoyo de los terratenientes y comerciantes poderosos de Buenos Aires, a quienes la Ley de Capitalización les parecía la muerte de la provincia. En 1826 el Congreso sancionó una Constitución republicana en la que se adoptaba la forma de gobierno unitaria. Si bien se reconocía el derecho de las provincias a su autonomía, el Poder Ejecutivo Nacional designaba a los gobernadores, que eran considerados sus delegados. Esta cláusula irritó a la mayoría de las provincias, que rechazaron la Constitución, e hizo evidente que el gobierno nacional no controlaba la situación en el interior. Sin el control del interior, que rechazaba la obra del Congreso, y sin el apoyo de Buenos Aires, cuyas clases resistían la perdida de su capital y la división de la provincia, el presidente Rivadavia renunció a mediados de 1827. Poco después el congreso se disolvió, dando fin a una nueva tentativa de organización institucional. Los enfrentamientos entre Unitarios y Federales: Entre 1820 y 1852, diversos grupos sociales con proyectos políticos diferentes se enfrentaron en los intentos por constituir un Estado en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La diferencia entre los proyectos enfrentados surgía –en primer lugar- de la forma de organización política que proponían para el nuevo Estado: unos el centralismo y otros el federalismo. Por esto, es conveniente precisar en qué consistía, jurídicamente, esa diferencia. La organización política de un estado puede adoptar, básicamente, dos formas: el centralismo o el federalismo. En el centralismo –también llamado unidad de régimen o unitarios-, todos los niveles de gobierno están subordinados al poder central. Además, un régimen centralista generalmente unifica la legislación y la administración en todo el país más allá de particularidades regionales o diversidades culturales. El federalismo, en cambio, se basa en la asociación voluntaria –o federación- de Estados o poderes regionales, que delegan algunas de sus atribuciones para constituir el Estado o poder central. Para comprender mejor este período de la historia argentina, debe descartarse la antinomia entre porteños centralistas o unitarios y provinciales federales. Federales y unitarios los hubo tanto e las provincias interiores como en Buenos Aires. Pero es común confundirlos, ya que las provincias interiores mostraron un fuerte localismo en defensa de sus intereses, que entraban en colisión con los intereses de Buenos Aires. Por lo que comenzaron a declararse federales cuando advirtieron que la centralización política fortalecía los privilegios de la ciudad puerto de Buenos Aires. Mientras la forma unitaria de gobierno fue sostenida no sólo por grupos porteños sino también por los grupos sociales del interior cuyos ingresos dependían de actividades económicas relacionadas con el puerto de Buenos Aires. Los gobiernos provinciales que se declararon federales expresaron su voluntad de constituir el país; ya que era un instrumento adecuado para terminar con los privilegios de Buenos Aires. Una constitución federal podía respetar la autonomía provincial de Buenos Aires y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de todas las provincias a participar en la distribución de los ingresos del puerto de Buenos Aires, a través de un Estado central. Mientras que en Buenos Aires, la defensa de la autonomía provincial se transformó en una justificación para no ceder la ciudad y el puerto de Buenos Aires a un Estado central. Por esta razón, a partir de 1828, el autonomismo de Buenos Aires se fue identificando cada vez más con Juan Manuel de Rosas, representante de los intereses de los hacendados y terratenientes de la provincia. Desde su gobierno evitó nuevos intentos de constitución de un Estado central; mientras las provincias federales (del Litoral y del Interior) siguieron reclamando al gobierno federal de Buenos Aires la libre navegación de los ríos y aranceles de aduana que protegieran sus industrias locales.

BIBLIOGRAFÍA:  PRIVITELLIO, LUCHILO, CATTARUZZA, (y otros); Historia de la Argentina contemporánea. Desde la construcción del mercado, el Estado y la nación hasta nuestros días; Ed. Santillana, Bs.As., 2004.  ALONSO, ELISALDE, VÁZQUEZ, Historia. Argentina y el mundo contemporáneo, Ed. Aique, Capital Federal, 1996.  HALPERIN DONGHI Tulio, Historia Argentina. De la revolución de independencia a la confederación rosista, Ed. Paidós, Bs.As., 2000 (3º edición).  PIGNA Felipe, Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación del presente, Ed. Norma, Bs.As., 2004.  PAURA Vilma, Ciencias Sociales y Formación ética y ciudadana 8 (tercer ciclo EGB), Ed. Longseller, Bs.As., 2002.  ALONSO, ELISALDE, VÁZQUEZ, Historia moderna y América colonial, ed. Aique, Bs.As., Argentina.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->