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Comentario Linton

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Hugo Martín Jiménez E.T.S.I.

Industriales

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Hugo Martín Jiménez E.T.S.I. Industriales
El ensayo que se va a analizar fue escrito por el antropólogo estadounidense Ralph Linton y publicado en el libro de Georges Devereux,etnógrafo húngaro, Culture and mental disorders en 1956, de ahí el gran número de referencias que veremos en el texto a artículos de este autor. En este comentario se intentará comparar el enfoque de cultura que nos da el autor con el que defendió Alfred Louis Kroeber en su ensayo El concepto de cultura en la ciencia. Linton propondrá una visión moderna del concepto de cultura, observado desde el prisma del individuo pero siempre tratándola con carácter suprapersonal. Para ello analizará como se relacionan cultura y sociedad y sociedad e individuo. Posteriormente analizará como se organizan los contenidos de la cultura y las influencias que los determinan en función de el grado de penetración de este contenido en la sociedad y las forma en que estas influencias llegan a los individuos. Finalmente intentará verter un poco de luz sobre los periodos en los que realmente estas influencias son determinantes y la importancia del paso del tiempo en la comprensión de los distintos elementos. Linton inicia su ensayo con un análisis del concepto de <<cultura>> . Para el autor,el concepto de ha sido definido habitualmente como la “suma total del éxito humano”. Esta definición, no será la que él use, puesto que su intención no es reflejar las “cosas buenas de la vida” sino analizar el concepto desde un enfoque más técnico, científico. Esta visión choca con la idea de Kroeber que consideraba necesario un enfoque histórico del tema y que debería ser tratado desde una perspectiva muy amplia por la multiplicidad de las manifestaciones culturales y su carácter perpetuo e intemporal. Para Linton, este enfoque del concepto está anticuado y sería inútil para cualquier antropólogo debido a la multiplicidad de tipos de culturas, cada una con sus características propias, por lo que considera necesario separar e identificar distintos tipos. Así, al utilizar el concepto de <<cultura>> en singular, nos referiríamos a las características comunes a muchas culturas, lo que podría considerarse para el autor como una característica propia de <<cultura>>. Cada sociedad posee una cultura propia, un estilo de vida, se trata de un “grupo organizado de ideas, hábitos y respuestas emocionales condicionadas”, compartidas por los miembros de ésta. A pesar de diferir en los motivos, Linton, cómo Kroeber, cree que, a pesar de su indudable relación, es un error confundir los conceptos de sociedad y cultura, puesto que la primera no sería más que un grupo de individuos colectivizado sin la última. Para poder desarrollar esta cultura, las sociedades deben estar unidas el tiempo suficiente, de forma a poder crear técnicas de trabajo en colectividad y convivencia. No basta con compartir aficiones e intereses, y las reacciones emocionales referentes a estos aspectos, para obtener la unión necesaria para poder hablar de sociedad. Se necesita tiempo, de forma a compartir hábitos

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y costumbres, para que aparezca dicha cultura indispensable para la organización del grupo de individuos y la formación de dicha sociedad. Mientras que para Kroeber los fenómenos culturales tenían un origen psicosomático, Linton considera que la sociedad es la gente, en su carácter somático, mientras que las culturas existen en un nivel psicológico y conductista, y que ambas comparten la habilidad de perpetuarse. Este hecho sería debido a la retroalimentación entre el individuo y su sociedad. La sociedad tiende a crear modelos de individuos a su estilo que aprenderán de la cultura de su sociedad, siendo esto para el autor una prueba indudable de la importancia de los mecanismos de aprendizaje en las relaciones de cultura y personalidad que fueron parte básica de su bibliografía. Para poder asociar el individuo a la sociedad y poder tratarla de forma <<supraindividual>> Linton utiliza los conceptos de <<estatus>> y de <<rol>>. Hemos de comentar que Linton no habla de una estratificación social, sino nuestra posición, en lo referente a las relaciones de derechos y deberes, ante una determinada situación en un momento concreto y con unas condiciones de contorno específicas. A este estatus le va asociado un rol, es decir ciertos aspectos conductistas a los que el individuo se ve socialmente obligado por su posición. Así la estructuración de las sociedades sería un aspecto cultural de estas puesto que se basan en relaciones de deberes y derechos entre los distintas posiciones de forma acorde a su rol. Este tipo de relaciones implican para el autor que la cultura tiene contenido y organización y que éstos están presentes en todo momento. Su contenido no sería otro que las ideas y comportamientos de los miembros de la sociedad. Esto lleva al ensayista a cuestionarse cómo se construye el concepto de cultura. Este será otro aspecto en el que el estudio de Linton y Kroeber difieran claramente; mientras que el primero considera necesario pasar por el individuo para analizar el concepto de cultura, el segundo intenta un estudio de los conceptos borrando el concepto de individuo ya que considera que sólo complicaría su análisis. Puesto que no hay identidades iguales en ningún lugar, ni dos comportamientos son idénticos, incluso, abstrayendo mas el concepto, nadie es el mismo individuo en dos instantes diferentes de su vida, existirán un gran abanico de situaciones distintas. Sin embargo, su variedad es finita, lo que permitirá al individuo buscar semejanzas a partir de sus experiencias y conocimientos, y a partir de la comparación de su conducta y la de otros individuos ante situaciones similares, elegir aquella que le parezca la más adecuada ante su situación. Así, las reacciones de los individuos de una sociedad variarán ante una tesitura concreta, pero lo hará con variaciones leves dentro de un rango definido y finito. Este rango, ya que la cultura pasa por sus miembros, es lo que el autor llama “modelo real de la cultura”. Es decir un esquema teórico, de una realidad compleja, simplificado a un arquetipo que variará dentro de un rango finito y, algo muy distinto a un concepto ideal y cerrado de <<cultura>>. Para Linton, al analizar los distintos

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comportamientos observados en una sociedad ante una situación concreta, se describirá un cuadro que es un ”modelo de configuración de la cultura”, es decir un ejemplo particular de esta referencia con sus variaciones particulares encuadradas en dicho rango. La suma de todos estos modelos de configuración será lo que el autor entienda por <<cultura>> de una <<sociedad>> y representan los distintos modos en que la conducta varía ante situaciones que consideramos similares. Es decir que se obtendría un “modelo real de la conducta” consistente en un rango finito que incluye las variedad de conductas observadas. Aquellas que no se recogen en este intervalo se pueden considerar asociales, irreales e ineficientes, las que si se encuentran dentro de este rango finito, solo por el hecho de pertenecer a él, pasan a ser sociales y verosímiles. Extrapolando el concepto, Linton definirá un “modelo configurado de la cultura” que depende de como la conducta variará dentro del rango, alrededor de una conducta mas correcta que aparecerá con mayor frecuencia. Esto es denominado por el autor como el “modo del rango de variaciones en el punto de máxima frecuencia”. Para el autor esto no implica que los individuos sean intercambiables ante una situación, como si todos analizaran y respondieran de forma similar, y por lo tanto correcta, puesto que el rango es finito, ante una situación concreta. Al contrario, el individuo se ajustará al estatus que tenga en su sociedad en cada una de las tesituras que se le presenten. Toda cultura incluye modelos, ideas y valores propios a todos los miembros de la sociedad, ejemplo de ello sería el lenguaje. Sin embargo se añaden otros que son comunes sólo para parte de los individuos de la sociedad, independientemente del grado de importancia que tenga dentro del bienestar de la comunidad. Esto lleva al autor a clasificar el contenido las distintas cultura en función del grado de conocimiento de sus distintos elementos por los miembros de la sociedad. En esta clasificación Linton distingue tres categorías. Primero estarían las ideas, hábitos y respuestas condicionadas emocionalmente comunes a todos los miembros cuerdos, adultos de la sociedad. Estos son llamado “universales”, para una sociedad concreta, como por ejemplo el lenguaje, las costumbres y la forma de alojarse o relacionarse … Luego, en segundo lugar, los elementos compartidos por los miembros de cierto estatus social pero no por todos los miembros. Estos los denomina “especialidades”, como podrían ser los oficios, y pueden tener una gran relevancia en el bienestar de dicha sociedad por lo que casi todos los individuos tienen una idea general de dichas especialidades. Este vago conocimiento afectará a su conducta en caso de notar variaciones en el modelo pero jamas serían capaces de desarrollarlo por si mismos sin pertenecer a ese estatus. Por último estarían las características culturales conocidas por ciertos individuos y estatus y que son totalmente desconocidos para la mayoría de individuos y estatus.

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Las llamará “alternativas” y son aquellas actitudes radicalmente distintas ante tesituras similares o distintas técnicas para alcanzar el mismo objetivo. Esta última categoría es para el autor un buen indicativo del grado de desarrollo de la sociedad debido a que cuanto mayor sea éste mayor debería ser el número de alternativas. Profundizando en su clasificación, Linton vería una cuarta categoría consistente en las peculiaridades propias a cada individuo, ya pertenezca a una sociedad avanzada o no. La variedad de estas peculiaridades sería enorme, además estaría muy condicionada por las causas propias de cada particularidad. Esta categoría justificaría para el autor el uso de un enfoque técnico, puesto que de no ser así se habría pasado por alto puesto que estas particularidades no pertenecen a todos los miembros. En todas estas categorías interviene el individuo por lo que se desprende que el individuo interactúa con la cultura y viceversa, ya que, a la vez la que es un ser cultural, la modifica y crea constantemente. Para demostrar éste punto, pone el acento sobre la niñez temprana y los valores y pautas que rigen la socialización, analizando cómo la cultura y la conducta socialmente aceptada del entorno modifican la formación y el crecimiento de los infantes. Linton considera necesario clasificar este tipo de influencias de función de cómo llegan al individuo. Existen tres tipos de influencia: primero lo que otras personas hacen al individuo, es decir las técnicas empleadas para su cuidado, educación y formación; segundo, lo que otras personas enseñan al individuo, es decir las bases de su instrucción;y por ultimo la conducta que observa el individuo en otras personas, que es considerada por el autor la gran olvidada por lo que enfatiza más en ella. Destaca la importancia de observar el tono emocional del adulto y de tener en cuenta que las comparaciones que hace el niño por naturaleza respecto del trato que recibe, y el que observa que reciben los demás, resultan clave para su desarrollo y entender las relaciones entre padres e hijos en una cultura. Las influencias culturales tienen mayor poder en los primeros años de vida del individuo, en cómo afectan al desarrollo de nuestra personalidad y nuestro concepto de la ética, pero resulta difícil cuantificar el número de años que perdurará esta ascendencia. Analizando distintas investigaciones sobre el tema, Linton considera que las primeras experiencias infantiles respecto a los hábitos no son tan cruciales como se creía en lo referente a aspectos técnicos no afectivos. Es decir que la actitud que tenemos en nuestra conducta, nuestro tono emocional, será mucho mas determinante en el desarrollo de la personalidad del individuo, sujeto a ese impulso de comparación con su entorno, que la técnica empleada para ello. Prueba de la importancia de las comparaciones en la infancia para la formación de nuestra personalidad, sería un experimento de Devereux citado por Linton donde se concluye que el carácter oscuro y resentido desarrollado por un individuo de una tribu destetado mucho antes que el resto de sus compañeros. Para el autor la

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influencia de estos factores culturales será predominante en la formación de los rasgos básicos de nuestra personalidad durante cierta etapa del crecimiento que llama “periodo crítico del desarrollo”. Esta fase coincide con la llamada fase fálica (pregenital) del desarrollo de la libido y acaba con la entrada en el período de latencia del complejo de Edipo, de hecho la segunda fase crucial también coincidiría con el momento en el que revive y reaparece el complejo durante la pubertad. Para apoyar su punto de vista cita vuelve a citar un estudio de Devereux, sobre la personalidad básica. Éste considera que para entenderlas, es inútil analizarlas desde el prisma de las técnicas de cuidado del niño y que si nos centramos en los primeros años de vida nos olvidaremos las etapas cruciales de Edipo. La importancia de estas etapas radica en que, para Devereux, la forma de resolver el complejo determinará el concepto de la cultura y de entender las relaciones sociales no sólo como fuentes de alimentación del ego narcisista para el individuo. Además, con la madurez y el tiempo, incrementa el rango de las influencias culturales del niño ya que este acumula conocimiento y es capaz de extrapolar sus propias experiencias. Esto le permitirá moldear y estructurar su propio modelo de cultura y valorar estas experiencias en su justa medida. Este enfoque refuta la idea de la época de que las técnicas aplicadas en la etapa inicial sean realmente cruciales para el desarrollo de la personalidad, excepto en casos puntuales más radicales. Incluso en estos casos, donde el desarrollo del niño estaría muy influenciado por la técnica empleada en los primeros años o por su adaptación a las expectativas del entorno, el individuo no sería consciente de la relevancia de tal influencia hasta épocas posteriores cuando cambie su forma de ver el entorno, no como elemento de control, sino como personas. A pesar de esto Devereux considera que estos elementos técnicos carecen de relevancia en el estudio de la personalidad si no se enfocan partiendo de la mayor importancia de las etapas de Edipo. Linton se pregunta si las experiencias que siguen al inicio del desarrollo de la personalidad son consecuentes con este estado inicial, es decir si existe continuidad en la formación la personalidad y si este desarrollo se acopla perfectamente a su condición inicial o lo hace de forma independiente. Esto no implica que algunos tipos de influencia no puedan permanecer de por vida, pero están muy determinados por el entorno. Si éste es culturalmente estable, las influencias tenderán a reforzar y perfeccionar ciertos modelos de conducta; mientras que si es mas inestable y cambiante, las influencias serán también mas diversas y variables, apareciendo nuevos modelos y desorganizando el anterior debido a la comparación de las distintas influencias a lo largo del desarrollo. Así los cambios en los modelos culturales llevaran a modelos individuales y viceversa, observándose de nuevo la inequívoca relación reciproca entre cultura e individuo que existe para el autor. Prueba de ello sería la aceptación o rechazo de nuevos modelos culturales. El autor concluye su ensayo incidiendo que será con la madurez cuando el individuo será libre y capaz de

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decidir con propiedad sobre estos nuevos modelos culturales. Como para la formación de una sociedad, el paso del tiempo volverá a ser un factor fundamental en la formación de la personalidad.

Observamos que, en su análisis, Linton difiere mucho del ensayo realizado por Kroeber y, aunque coincidan en ciertas conclusiones, suelen diferir en sus planteamientos. Estas diferencias empiezan con el tipo de enfoque utilizado para el estudio, científico para el primero e histórico para el segundo. Luego comprobamos cómo mientras que Kroeber elimina el factor humano del estudio puesto que, para el, una individualidad no es nada si lo comparamos con la evolución de una corriente cultura y se centra en estudiar las interrelaciones de los fenómenos culturales; Linton, cómo Kluckhohn propone que lo importante del estudio no serían las interrelaciones entre fenómenos sino entre individuos y cómo se ve afectada la personalidad de estos por distintos factores entre los que se encontraría la cultura. Por otra parte, Linton no ve necesario en su estudio distinguir distintos niveles de cultura, como parecía obsesionar a Kroeber; sí que clasifica los distintos contenidos de los elementos que estudia pero moderadamente sin buscar interrelaciones o causalidades entre los distintos grupos, ni distinguiendo distintos niveles entre ellos. Finalmente también observamos claras diferencias entre los estilos de los dos autores. Linton es mucho mas sintético, enuncia su teoría como si fuese un principio matemático, sin embargo, sorprendentemente, ésta es menos profunda y fundamentada que la de Kroeber, parece falta de descendencia intelectual y más axiomática, como si la consistencia no fuera su principal objetivo. La de Kroeber, a pesar de ser más farragosa, es una teoría mas cerrada, que intenta atar todos los cabos y no dejar nada sujeto a debate.

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