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¿PREMIO O CASTIGO?

Por Juan Fernando Perdomo *


POLÍTICA ANALÍTICA
La Política envía mensajes, en Todo y de Todo, de manera permanente.

Y aunque dicen que en Política lo que parece, es, no creo que sea así de fácil.

Por ejemplo: La remoción del cargo de un alto funcionario o su reubicación,


dependiendo de la relación con el jefe o el puesto que ocupa en la estructura, será
premio o castigo aunque, se maneja generalmente para que parezca… ¡Como
premio! Así se evitan enemigos.

Es que entre especulaciones y verdades a medias, se le dice:


-Este nuevo reto que tienes es fundamental para el Presidente o Gobernador.
-En esa área manejarás mucho dinero del que se requiere control.
-En ese encargo serás el Líder de un proyecto prioritario para el jefe.
Y otros argumentos de los que, realmente, sólo el jefe sabe el porqué lo hizo.

Muchas veces las remociones toman el carácter de renuncia, y ahí, la más socorrida
es “por motivos de salud”, seguida por otras como “por así convenir a sus intereses”;
“Se retira de la vida pública”; “Tiene que atender sus negocios”,.. Hasta las menos
gratas:”Para no entorpecer las investigaciones sobre su caso”.

Hay veces en que “los jubilan” y, a los pocos meses aparecen en otro puesto o nivel
de gobierno o en otro partido político. En ese momento ya no tiene tanta importancia
para la opinión pública el saber porqué salió de su anterior encargo.

El jefe llama a su subalterno y le expone que, por sus méritos, va a trasladarlo a un


puesto más importante en donde le es más útil al Estado, al País, o a él, aunque no
sea cierto, o que se la va a jugar por México en una contienda.

En otras ocasiones puede acordarse una salida digna, si el mandamás le tiene algo
de afecto al sujeto, o le conviene no terminar con esa relación por lo que el
“renunciado” representa, y no desea conflictos con él o con su grupo.

Bien, pues ya sea por premio, por salud, por jubilación o por darle una salida digna,
elegir el momento es importante. Lograr que se minimicen las especulaciones.
Las dos más comunes son:

1.- Hacer TODOS los cambios de un jalón.


En estos casos, hay tantos ajustes, que se diluye la salida de un elemento, con los
comentarios que se realizan de todos los demás en movimiento. En este caso, la
negociación del jefe con el susodicho es crucial para evitar tener enemigos.

2.- Aprovechar la época electoral.


Casi todos los ciudadanos creemos que un jefe manda a “sus mejores hombres a
competir en una elección”.
La pregunta obligada es: Si manda a sus mejores hombres, ¿Con quienes va a
gobernar? ¡Ah, pero para presidentes y gobernadores, gobernar también es tener
bajo su control a los presidentes municipales o al legislativo, ya sea federal o local!
Eso les da margen de maniobra para hacer lo que quieran. ¡Si! Lo bueno o lo malo.

¿Cómo te explicas que alguien deje un super puesto de Secretario o Subsecretario,


para arriesgarse a contender y/o perder sus privilegios por una Diputación?

Bueno, hay condiciones especiales: A veces sirve para tener fuero y evitar ser
sancionado por las tropelías realizadas desde el encargo; o para protegerle las
espaldas al jefe, una vez que termine su gestión.

Ahí está lo oscuro, pues la opinión pública no tiene elementos para asegurar:
a. Si es más importante ganar la elección que gobernar eficazmente;
b. Si esa opción es la que más deseaba la persona removida de su cargo;
c. Si el o la candidata tiene posibilidades reales de ganar;
d. Si se le brindará todo el apoyo en su campaña;
e. Si se le ofreció o cobró algo a cambio de aceptar el reto;…

Y hay personas que conocen a fondo la historia de quien se removió, y lo


comentarán, pero en un país donde todos sabemos y todos especulamos
políticamente, decimos: Yo creo que fue premio, o yo creo que fue castigo.

La verdad, la única verdad, la sabe el jefe. La gran mayoría de las veces el


subordinado se queda con la idea de lo que su jefe le dijo o le rogó que hiciera por
el bien de su estado o su país. Porque “eres la persona idónea para cubrir este
espacio”; Porque “desde ahí me vas a ayudar mejor”; Porque “necesito que me
cubras” o “así tendrás el camino más sólido para ocupar mi lugar”,…

Y, al final de la contienda, se ven los amores o compromisos del jefe: Si ganó el


removido y es del equipo, puede que se le asigne una tarea trascendente en el
grupo legislativo; si su salida fue para deshacerse del personaje, pasará
desapercibido entre 50, 100 o 500 legisladores. Ya dependerá de la persona.

Cuando pierde, hay alternativas: Si hay cariño, le regresarán a un puesto digno para
mostrar que el jefe es solidario con su gente; pero si no, ya no escucharemos más
de él y se perderá en el olvido hasta que haya cambio de jefe y negocie su capital
político con él, quien generalmente, no confía en recomendaciones de su antecesor.

Analiza los cambios en los gabinetes de Presidentes y Gobernadores de los últimos


sexenios y ya, desde esta óptica, podrás confirmar estas hipótesis.

Porque es ahí, pasado el proceso, que sabemos si los que dejaron un cargo de
Secretario, Sub-secretario, Director general,… tuvieron su premio o su castigo,
aunque muchas veces el castigo se vuelva, sin querer, un premio inmerecido.

*Juan Fernando Perdomo es egresado del TEC DE MONTERREY.


Servidor público, empresario y Político (jperdomo@infosel.net.mx)
www.perdomo-blog.blogspot.com

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