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Lucio Anneo Séneca- De_la_brevedad_de_la_vida

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Lucio Anneo Séneca: De la brevedad de la vida
spartakku

A Paulino

I
La mayor parte de los mortales se queja, ¡oh Paulino!, de la malignidad de la naturaleza porque nos engendra para un tiempo corto y porque este espacio de tiempo que se nos concede corre tan veloz y rápidamente que, con la excepción de muy pocos, a los demás se les quita la vida cuando se están preparando para ella. No es tan sólo la turba o el vulgo imprudente quien gime por este mal común, como dicen, sino que también este sentimiento ha suscitado las quejas de ilustres varones. De aquí aquella exclamación del mayor de los médicos: la vida es corta, el arte largo; de aquí el pleito de Aristóteles con la naturaleza que nos exige lo que de ninguna manera conviene a un varón sabio: que la naturaleza condescendió tanto con los animales que prolongó su vida por cinco o diez siglos, y al hombre nacido para tantas y tan grandes cosas le puso un término que está mucho más acá. No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Bastante larga es la vida que se nos da y en ella se pueden llevar a cabo grandes cosas, si toda ella se empleara bien; pero si se disipa en el lujo y en la negligencia, si no se gasta en nada bueno, cuando por f in nos aprieta la última necesidad, nos damos cuenta de que se ha ido una vida que ni siquiera habíamos entendido que estaba pasando. Así es: no recibimos una vida corta, sino que somos nosotros los que la hacemos breve; ni somos pobres de vida, sino pródigos. Así como las riquezas, por muy copiosas y regias que sean, si llegan a un mal dueño, al momento se disipan, y aunque sean pequeñas, si se entregan a un buen guardián, se acrecientan con el uso, así nuestra vida se abre espaciosamente al que la dispone bien.

II
¿Por qué te quejas de la naturaleza? Ella se ha portado bien; la vida, si sabes usarla, es larga. Pero al uno lo domina una insaciable avaricia; al otro, una trabajosa diligencia en tareas inútiles; uno se entrega al vino, otro con la ociosidad se entorpece; a éste le f atiga una ambición siempre pendiente del juicio ajeno, a aquél una despeñada codicia de comerciar que con el af án del lucro lo lleva por todas las tierras y por todos los mares; a algunos los atormenta la inclinación a la guerra y siempre están atentos a los peligros ajenos y angustiados por los propios; haya quien la ingrata veneración a los superiores los consume en una servidumbre voluntaria; a muchos los detuvo o la envidia de la f ortuna ajena o la queja de la propia; a muchos, que no van detrás de nada cierto, una ligereza vaga, inconstante y displicente les lleva de continuo a nuevas determinaciones; a algunos no les agrada ningún curso de los que puedan dar a su vida y los encuentran los hados marchitos y bostezando, de modo que no es posible dudar de la verdad de lo que, a modo de un oráculo, dejó dicho el mayor de los poetas: Tan sólo vivimos una pequeña parte de nuestra vida. Porque todo el espacio restante es tiempo y no vida. Les aprietan y rodean los vicios por todas partes y no les dejan ni levantarse, ni elevar los ojos a la contemplación de la verdad, sino que los tienen sumergidos y atados a sus deseos. Nunca pueden volver a ellos mismos y si alguna vez les llega algún f ortuito descanso, aun entonces andan f luctuando, como en alta mar aún hay oleaje aunque haya pasado la tormenta, y nunca su ocio está libre de

cuántos dedicaste a ti mismo. llama a cuentas a tu edad. desde los más modestos a los más encumbrados: uno reclama def ensa. ¿Piensas que hablo de aquellos cuyos males están a la vista? Mira más bien a esos otros a cuya f elicidad acuden tantos: se ahogan en sus propios bienes. cuando quizá ese día que concedéis a un hombre o a un negocio sea el último vuestro. lo perdéis como si tuvierais de él plenitud y abundancia. otro se la presta. la causa de todo esto? Estáis viviendo como si siempre hubiereis de vivir. aunque con rostro insolente. la alegría necia. sin embargo. ni observáis cuánto tiempo ha pasado ya. comprenderás que mueres prematuramente. te miró alguna vez a ti. el cliente. ¿Qué prendas tienes de que vivirás tanto? ¿Quién te consentirá que las cosas vayan como tú las dispones? ¿No te avergüenza reservarte para ti los restos de tu vida y destinar a hacerte una buena mente tan sólo aquel tiempo que no puedes emplear en ninguna otra cosa? ¡Qué olvido más necio de la mortalidad dif erir hasta los cincuenta o los sesenta años los buenos consejos y querer empezar la vida allí donde pocos llegaron! . otro aboga. los paseos por la ciudad para deberes de cortesía. pues. III Aunque todos los ingenios que en todos los tiempos resplandecieron se consagraran únicamente a esto. cuántos destinaste a lo que te habías propuesto. la elocuencia y el diario af án de manif estar ingenio! ¡Cuántos palidecen por sus continuas voluptuosidades! ¡A cuántos la turba de clientes que los rodea no les dejó ninguna libertad! Recórrelos f inalmente a todos. cuándo se mantuvo tu ánimo intrépido. en cambio. añade el tiempo que se pasó en la ociosidad y verás cómo tienes menos años de los que cuentas. la estúpida indignación de algunos. la amiga. No tienes. cuántos te fueron arrebatando la vida sin que tú supieras lo que perdías. como en alta mar aún hay oleaje aunque haya pasado la tormenta. ¡Qué pesadas son a muchos las riquezas! ¡A cuántos les ha costado la sangre. quienquiera que tú seas. Inf órmate de aquellos cuyos nombres se aprenden de memoria y verás que se les conoce por estas señales: éste reverencia a aquél y aquél a éste y nadie es de sí mismo. Oirás decir a muchos: A los cincuenta años me retiraré. Son tacaños en guardar su patrimonio y cuando se llega a la pérdida del tiempo son pródigos de lo único en que estaría justif icada la avaricia. Trae a la memoria si tuviste algún día firme determinación. el rey. pues bien. nunca se sorprenderían bastante de esta niebla de las mentes de los hombres. y nunca su ocio está libre de sus deseos. si nunca tiene tiempo para sí mismo? Y. Después. sino que ellos mismos introducen a los que han de ser poseedores de ella. cuántas obras hiciste en tan largo tiempo. como si f uerais inmortales. pues. ¿Cuál es. Añade las enfermedades que contrajimos por culpa nuestra. Cuenta cuánto de este tiempo te quitó el acreedor. puesto que estás oprimido por cien o más años. nunca os viene la idea de nuestra f ragilidad. la ávida codicia. pues. la blanda conversación y cuán poco te quedó de lo que era tuyo. no era porque quisieras estar con otro. cuando tú las hacías. las peleas con tu mujer. ¿Cómo se atreve nadie a quejarse de la soberbia de otro. a los sesenta años dejaré mis cargos. Por eso me agrada reprender a alguno de la turba de los ancianos: Vemos que ya has llegado a lo último de la vida. sino porque no podías estar contigo mismo. No consienten que sus campos sean ocupados por nadie y si se promueve una pequeña discusión sobre los linderos. que cargar sobre nadie estas of iciosidades. No se encuentra a nadie que quiera repartir su dinero y todos distribuyen entre muchos su propia vida. Lo teméis todo: como mortales que sois. dio oídos a tus palabras.f luctuando. lo deseáis todo. las riñas con los esclavos. cuántos te quitó el dolor vano. éste. que se quejan del desdén de los superiores porque no tuvieron tiempo de recibirlos cuando quisieron verlos. recurren a las piedras y a las armas: tras esto no sólo dejan que los demás entren en su vida. cuándo tu rostro permaneció en su estado propio. uno está en peligro. te recibió a su lado. tú nunca te dignas mirarte u oírte a ti mismo. otro juzga y el uno se consume por el otro.

que ya que no podía tenerlo. de que alguna vez viviría para sí. Llevado por las necesidades de la guerra a Macedonia. dueño de sí y más elevado que los otros. Pompeyos y Crasos. f also aunque dulce. a quien los Dioses f avorecieron más que a ningún otro. dudosos amigos los otros. Egipto. en la que prometía que su descanso no carecería de dignidad ni estaría en desacuerdo con su antigua gloria. Éste era el deseo de un hombre que podía realizar los deseos de todos los demás. Cepión. Pero a f e mía que jamás un sabio llegaría hasta darse un nombre tan bajo. el ansia de este tiempo deseadísimo me impulsa. derramó sangre por tierra y por mar. he encontrado estas palabras: Pero estas cosas son mucho más bellas cuando se hacen que cuando se prometen. entre ellos Paulo (Julo) y aquella mujer tan de temer mientras estuviera unida con Antonio. alabado por él no sin razón aunque sin medida! ¡Qué llorosas palabras escribe en una carta a Ático. alabándolo. Añade después otras cosas en las que deplora la edad pasada. Amputaba estas úlceras juntamente con los miembros en que estaban. Me estoy en mi Tusculano medio libre. siempre tendría una libertad íntegra y sólida. El divino Augusto. jamás dejó de desearse un descanso y de pedir que le descargasen del peso de la República. Sicilia. nunca sería medio libre. Le parecía cosa tan grande el reposo. pues aunque nada de f uera la sacuda o la conmueva. sosteniéndola en vilo para que no cayera. Con este consuelo. ¿Quién podrá estar sobre aquel que está sobre la f ortuna? . siempre se rompía por alguna parte. ni tranquilo en los momentos prósperos. del Éuf rates y del Danubio. pref iriéndolo a todos sus bienes. su hija y tantos jóvenes nobles unidos tanto por el adulterio como por el juramento aterrorizaron su edad ya avanzada. dirigió a sus ejércitos. si pueden hacerlo con seguridad. pensaba que sería gratísimo el día en que se desnudara de su grandeza. Lépido. y por último arrastrado con ella. Obligado a decidir por las armas sus dif erencias primero con los ciudadanos. se af ilaban contra él en la misma Roma los puñales de Murena. Sin embargo. por último con los parientes. nacían otras. En una carta que envió al Senado. Egnacio y otros. mientras lleva las f ronteras romanas más allá del Rhin. lo tomaba por anticipado con el pensamiento. los unos enemigos manif iestos. a la guerra con los extraños. como un cuerpo con demasiada sangre.IV Verás cómo de los hombres más poderosos y elevados caen voces deseando el ocio. aún el hijo trataba de rehacer en España sus quebrantados ejércitos! Me preguntas —dice— qué hago aquí. a recibir deleite de la dulzura de las palabras. Cicerón. cuando vencido ya Pompeyo padre. se queja de la presente y desespera de la f utura. Y así deseaba el descanso con cuya esperanza y pensamiento aguantaba sus trabajos. ya que la alegría de la realidad se demora aún. Mientras pacif ica a los Alpes y doma a los enemigos que se habían introducido en medio de la paz y del imperio. V M. después con los colegas. dando traspiés con la República. toda su conversación volvía siempre a lo mismo de esperar un descanso. Cuando apenas si había escapado de estas asechanzas. Siria y Asia y a casi todas las riberas del mar. suelto. entretenía sus trabajos. ni suf rido en los adversos. Clodios. Mientras tanto desean bajar de su cumbre. Sabía por experiencia cuánto sudor signif icaban aquellos bienes que resplandecían por todas las tierras y cuántas preocupaciones secretas ocultaban. quien hacía la f ortuna de los hombres y de los pueblos. cansados ya de matar romanos. la misma f ortuna por sí misma cae. ¡cuántas veces no detestó aquel consulado suyo. debatiéndose entre los Catilinas. Quien estaba viendo cómo todo dependía de él únicamente. Medio libre dice Cicerón que es.

toda la vida se ha de aprender a morir. Pero este espacio que. la razón puede dilatarlo. que pareciendo muy f elices a los demás. maldiciendo de su vida inquieta desde sus principios. sino que todo lo rechaza como ya harto. pues en toda su amplitud f ue para ellos. porque ni cogéis. Tarde. más pulcramente: aunque me nombres a los avaros. Pues una vez que se desahogaban en palabras. nada estuvo bajo otro. y muchos de ellos salieron de esta vida conf esando que aún no lo habían aprendido. para que estos otros pretendan saberlo. de los caídos en la glotonería o en la lujuria la mancha es vergonzosa. ni detenéis la más veloz de todas las cosas. cuánto le ocupan los pleitos ajenos y los propios. De las otras artes por todas partes se encuentran muchos prof esores y en algunas de ellas se han visto niños que tan bien las han aprendido que hasta pudieran enseñarlas. En verdad que vuestra vida. y no preveía el resultado de un asunto que ni podía hacerse ni ya era libre de dejarlo una vez comenzado. pecan todos más virilmente. cuando andaba rodeado de una gran muchedumbre de toda Italia. En cambio. se consagraron hasta la muerte únicamente a saber vivir. en tener miedo. Muchos y muy grandes hombres. Se discute si se mató a sí mismo. se cuenta que. en poner a otros asechanzas. Los demás. porque éstos son los más torpemente entretenidos. aunque los seduzca una vana imagen de la gloria. VII Cuento entre los primeros a aquellos que sólo se dedican al vino y al placer. aunque pase de los mil años. ni las artes liberales. por f uerza huirá muy de prisa. que no hay tiempo que no devoren estos vicios. sino que dejáis que se vaya como cosa superf lua y recobrable. Es inútil recordar a otros muchos. se quejaba de que no había tenido un día de vacación si desde niño f ue sedicioso y pesado en el f oro. se contraerá a un espacio muy estrecho. pero ninguno que f uese inoportuna. a los que promueven odios y guerras injustas. ni nada encontró este guardián estrechísimo que mereciera ser . en cumplir con los otros y en ser cumplimentados. Nada hubo en ella inculto y ocioso. después de haber dejado todos los impedimentos. Créeme que es de hombre grande y colocado por encima de los errores humanos no dejar que se les vaya nada de su tiempo y por esto su vida es muy larga. sin embargo. porque un ánimo dividido no recibe nada prof undamente. pues. aunque por naturaleza corre. recaían sus af ectos en las mismas costumbres. Porque se atrevió. yerran. se ha de aprender a vivir durante toda la vida. y. cuánto los banquetes. lo que aún es quizá más de admirar. ¿Hasta dónde no había de llegar una ambición tan prematura? Era bien claro que aquella tan precoz audacia había de parar en grande mal privado y público. pero con estas quejas ni cambiaron a los demás ni a sí mismos. ninguna ciencia es tan dif ícil como la de la vida. dudan algunos que su muerte f uera voluntaria. dijo que únicamente a él ni siquiera de niño le habían tocado nunca unas vacaciones. f íjate en el que emplean en calcular. ni retenéis. El hombre ocupado de nada se ocupa menos que de vivir. dieron ellos mismos verídico testimonio de sí maldiciendo de toda su vida. renunciando a las riquezas. recomendar los reos a los jueces e interponer en el f oro su inf luencia tan ef icazmente que consta que violentó algunos juicios. a los cargos y a los placeres. Finalmente todos convienen en que ningún asunto puede ser bien llevado por ningún hombre ocupado. estando aún bajo tutor y vestido de pretexta. hombre agrio y vehemente.VI De Livio Druso. que con sus leyes nuevas promovió la sedición de los Gracos. pues murió de repente de una herida en la ingle. Examina todo el tiempo de estos tales. que para ellos ya son un deber: verás cómo no los dejan ni respirar sus cosas buenas o malas. ni la elocuencia.

de los que tanto estimó que por suerte le tocara organizarlos. los engaña porque es incorporal y no se ve con los ojos y por eso se piensa que es vilísima y de ningún valor. Pero mira a estos mismos. Unos y otros ponen la mira en el negocio para que se pide el tiempo. abrazando las rodillas de los médicos y dispuestos a gastar todo cuanto tienen para seguir viviendo. pues para encarecer el amor que tienen a los que aman mucho. a los que abruma una gran f elicidad. Pero ellos mismos ignoran que se lo quitan. cuando se les acerca el peligro de la muerte. Así. nadie te los devolverá. Nadie estima el tiempo. Porque ¿qué placer hay que pueda traerle una nueva hora? Lo conoce todo y de todo ha gustado hasta la saciedad. Lo dan neciamente. pues se lo quitan a ellos mismos sin que se acrezca a los otros. Se le puede añadir algo. ¿Cuántos días te quitó aquel reo? ¿Cuántos aquel candidato? ¿Cuántos aquella vieja cansada de enterrar herederos? ¿Cuántos aquel otro que se f ingía enf ermo para irritar la avaricia de los que querían coger la herencia? ¿Cuántos el amigo poderoso que te tiene no por amistad. ¿Por qué no puedes? Todos estos que se te allegan. porque tiene canas y arrugas. y dice: ¿Cuándo se acabará de sentenciar este pleito? Todos precipitan su vida y están trabajados por el deseo del f uturo y el tedio del presente. ¿Es que acaso piensas que ha navegado mucho aquel que en la misma salida del puerto una f uerte tempestad lo llevó de un lado a otro y por los contrarios vientos enf urecidos estuvo dando vueltas por los mismos sitios? No navegó mucho. hay que guardar con más cuidado lo que no se sabe cuándo ha de f altar. es seguro. VIII Me suelo maravillar cuando veo que algunos piden tiempo y que los que se lo han de dar son f acilísimos en concedérselo. les suelen decir que están prontos a darles parte de sus años. Lo demás lo ordenará la veleidosa f ortuna como quiera. Y no pienses que ellos ignoran que el tiempo es cosa preciosa. Con el mayor gusto reciben los hombres retribuciones anuales y por ellas alquilan sus trabajos. sino que padeció mucho. . Nadie restituirá los años. lo usan pródigamente como si f uera cosa gratuita. pues. pudiéramos proponerle el de los que le quedan. no vivió mucho. se pide y se da como si f uera nada. Y si como podemos traer a la memoria de cada uno el número de los años que se le han pasado. Y así le f ue bastante. sino que duró mucho. ni desea el mañana ni lo teme. desea dejarlas y dice: ¿Cuándo pasará este año? Tiene el otro a su cargo los juegos. El que consiguió las haces que tanto había deseado. y dice: ¿Cuándo me escaparé de ellos? Por todo el f oro es empujado un tal abogado y un gran concurso lo llena todo. Pero el que emplea todo su tiempo en su propia utilidad y ordena cada uno de sus días como si f uera a ser el último. por eso les es más tolerable la pérdida y este daño oculto. aunque sea poco. no hará ruido. ¡cómo temblarían los que viesen que le quedan pocos y con qué parquedad los administrarían! Es f ácil administrar lo que.permutado por su tiempo. ha vivido mucho. exclamar a voces entre la turba de sus clientes o en la tramitación de sus pleitos o en otras miserias honrosas: No puedo vivir. aún más allá de donde se le puede oír. y añadírselo como algo de comida a quien está harto y lleno. pero ni aquéllos ni éstos en el tiempo mismo. no has de pensar que alguien. pero no quitarle nada. Tan grande es en ellos la contradicción de los sentimientos. Ciertamente oirás a muchos de éstos. en cambio era necesario que les f altase a aquellos de cuya vida el pueblo se llevó una gran parte. Y no pienses que ellos alguna vez no han comprendido su daño. sino por ostentación? Te digo que cuentes y repases los días de tu vida: verás cuán pocos han sido y como de desecho los que han quedado para ti. la vida ya está en seguro. Se juega con la cosa más preciosa de todas. Proseguirá la edad el camino que comenzó sin volver atrás ni detenerse. sus servicios y su diligencia. te apartan de ti. si temen la pena capital. que ni la apetece ni la toma.

quita el presente prometiendo el f uturo. Tal como se lanzó el primer día. nada ha sido provisto. también huirá. pues no se dieron cuenta de que día a día se iba acercando. ¿A dónde pones la mira? ¿Hasta dónde te extiendes? Todo lo que está por venir es incierto: vive ya desde ahora. la vida va aprisa. lo que hicimos. que era un f ilósof o no de los que ponen cátedras. de aquellos. ¿Cómo dudar de que el mejor día es también el primero que escapa a los míseros mortales. ni se detendrá. lo que es y lo que será. ¡a costa de la vida ordenan su vida! Trazan sus planes para un plazo largo. como el que bebe a toda prisa de un torrente rápido que no siempre ha de correr. cuando la dilación es la mayor pérdida de vida. que no hacen f alta grandes cavilaciones. . digo. Dispones de lo que está en manos de la f ortuna y sueltas lo que está en las tuyas. a la que llegan desapercibidos e inermes. dudoso. ¿Por qué te paras? Si no lo ocupas. ¿Qué sucederá? Que tú estás entretenido. que se jactan de prudentes? Se af anan trabajosamente en ver cómo podrían vivir mejor. el tiempo huye. Pasará calladamente.ni te advertirá de su velocidad. He aquí que clama el mayor de los poetas y como inspirado por boca divina canta este saludable verso: El mejor día de la vida es el primero que escapa a los míseros mortales. El mayor impedimento de la vida es la esperanza que. sino con grandes encuentros. Lo que hacemos es breve. cierto. Y aunque lo ocupes. sino de los verdaderos y antiguos. para reprobar a los hombres su error hay que enseñarlos y no simplemente compadecerlos. ¿Cómo es que tú. se me ocurrirían muchos argumentos con los que hacer evidente que la vida de los ocupados es brevísima. a los entretenidos? Sus ánimos todavía pueriles los agobia la vejez. y así han de competir la celeridad con que el tiempo pasa y la velocidad con que se emplee. Acostumbraba decir Fabiano. ahuyentando su armada no con pequeñas heridas. Porque sobre esto la f ortuna perdió sus derechos y no puede volver atrás al capricho de nadie. ¿Por qué vacilas?. que contra las pasiones se ha de luchar con f uerza y no con sutileza. También para reprobar la vacilación interminable hermosamente habla el poeta no de la mejor edad. En tres partes se divide la vida: lo que f ue. de repente y sin pensarlo cayeron en ella. que hacemos al mismo paso los dormidos y los despiertos. no se prorrogará ni por mandato del rey ni por f avor del pueblo. nunca se desviará. en tan apresurada huida del tiempo. Sin embargo. conf iado y lento. pierde el hoy. sino del mejor día. esto es. y entre tanto se presentará la muerte. pues hay que aplastarlas y no pellizcarlas. lo que hemos de hacer. has de entregarte. dice. te prometes meses y años en larga serie a la medida de tu deseo? El poeta te habla de un solo día y de un día que huye. quieras o no. seguirá corriendo. Así como una conversación o una lectura o un pensamiento más intenso engañan a los que van de camino y antes se dan cuenta de haber llegado que de irse acercando al f inal del viaje. por pender del mañana. IX ¿Puede haber nada más necio que el sentimiento de los hombres. X Si quisiera dividir en partes y probar lo que vengo diciendo. así también este continuo y velocísimo viaje de la vida. no aparece a los atareados sino al f inal. ella suprime siempre el día de hoy. a la que.

nada f ue vacío. No creas que llamo únicamente así a quienes hay que soltarles los perros para echarlos de la basílica. si no hay debajo algo que lo recoja y guarde. que es tan breve que no se le puede atrapar y aun éste. Pero los que desarrollaron su vida f uera de todo negocio. Dicen a gritos que han sido unos necios porque no han vivido y que si ahora escaparan de esta enf ermedad. se va por los ánimos rotos y agujereados. o f ue desdeñoso con soberbia. cuyo movimiento siempre inquieto nunca permanece en el mismo lugar. o engañó insidiosamente. pues. se hacen patentes al ser recordados. XII Tal vez me preguntes a qué hombres llamo entretenidos. Es propio de una mente segura y tranquila descubrir por todas las partes de su propia vida: los ánimos de los atolondrados. Pero ésta es la parte de nuestro tiempo sagrada e irrenunciable. f uera ya de todos los eventos humanos. no entregaron nada a la f ortuna. porque los vicios. va enterrándose en un hoyo. porque siempre está en curso. pues. Así. aun los que con algún halago de deleite presente se introducían subrepticiamente. y así. o no se dominó en la victoria.Esto lo pierden los entretenidos. pero todos los del pasado se presentan tan pronto como se lo mandas y se dejan a tu capricho ser inspeccionados y detenidos. ni se atreven a recordarlo. su posesión es perpetua y libre de recelos. estuvo a rédito. antes de que llegue ya deja de ser. corre y se precipita. no como si se salieran de la vida. pues no les queda vagar para mirar al pasado y. por así decirlo. nadie puede perturbarla. momento a momento. de mala gana vuelven el ánimo al tiempo mal empleado. por mucho líquido que eches. Nadie sino quien todo lo hizo bajo su propia censura que nunca se engaña. f ingen que tienen menos años: se lisonjean con la mentira y tan gustosamente se engañan como si a la vez engañasen también a los hados. nada se perdió por prodigalidad. exenta del imperio de la f ortuna. si lo tienen. Pero en cuanto que alguna f laqueza les advierte de su mortalidad. ¿cómo no ha de resultarles espaciosa? No cedieron nada de ella. Viejos decrépitos mendigan con sus deseos la añadidura de unos cuantos años. No son presentes los días sino uno a uno. y cada uno de éstos. nada pereció por negligencia. habían de vivir en el ocio. les es desagradable recordar cosas de las que se tienen que arrepentir. Y así. como si estuvieran bajo el yugo. o arrebató con avaricia o repartió con prodigalidad. Por pequeña que sea. ni llevársela. Su vida. ni la disiparon aquí y allá. el sabio no vacilará en ir a la muerte con paso f irme. por f uerza ha de temer estos recuerdos. ni consiente que se le detenga. XI ¿Quieres f inalmente saber lo poco que viven? Pues mira lo mucho que desean vivir. pero para todo esto no tienen tiempo los f rívolamente ocupados. los ocupados no tienen más que el tiempo presente. pues si no hay donde haga asiento. Es tan breve el tiempo presente. como el universo y las estrellas. pues andan distraídos en muchas cosas. o a los que ves cómo los apretuja hermosamente la turba de . sino como si de ella los sacaran a la f uerza. abunda suf icientemente. que a algunos hasta les parece que no existe. mueren como aterrorizados. el que deseó ambiciosamente muchas cosas. así tampoco importa cuánto tiempo se dé. no pueden volverse y mirar. sin que la af lijan la pobreza o el miedo o las enf ermedades. se les escapa. entonces piensan cuán en vano prepararon lo que habían de gozar y cómo cayó en el vacío todo su trabajo. así como nada aprovecha. se vuelve gustosamente a mirar el pasado. cuando viniere su último día. toda entera.

con qué diligencia ciñen la túnica de sus criados. cuyos dedos al medir un verso están siempre haciendo son. la habilidad con que serán trinchadas las aves en pedazos no muy grandes. si no se compusieron todos en sus rizos! ¿Quién hay de éstos que no pref iera una perturbación en la República antes que en su cabellera. son molestos a sí mismos. sino baldío negocio. si queda alguno f uera de su sitio. oír y aprender cánticos. están siempre tarareando? No tienen éstos ocio. sólo para esto ingenioso. como si no les f uera lícito dejarlas. cómo les preocupa la manera en que saldrá el jabalí de manos del cocinero. ¿Llamas tú ocioso al que con cuidadosa solicitud limpia vasos de Corinto. trayendo de acá y de allá pelos a la f rente? ¡Cómo se irritan si el barbero f ue un poco negligente. que cuando son llamados a cosas serias y aun tristes. que no está más preocupado de la compostura de su cabeza que de su salud. Anda ahora y piensa que los cómicos mienten mucho cuando reprueban la molicie. . Con estas cosas se adquiere f ama de esplendidez y de magnif icencia y hasta tal punto siguen a estos hombres sus males en todos los sucesos de su vida. pues veo con qué solicitud ponen en orden la plata. que ni beben ni comen sin ambición. Hay para quienes el mismo ocio es trajín: en su quinta o en su lecho. si les cortó el pelo virilmente! ¡Cómo se encienden si cayó un pelo de su tocado. volviendo a componer la cabellera lacia y. Ni tampoco has de contar entre los verdaderamente ociosos a los que se hacen llevar de aquí para allá en silla o en litera y acuden a la hora en punto a todas sus gestiones. pero de otras muchas simulan que las han olvidado. a los que la manía de algunos convirtió en preciosos. y pasa la mayor parte del día en pulir láminas enmohecidas? ¿O al que se sienta en donde se engrasan en el gimnasio los mancebos (porque para vergüenza nuestra ni nuestros vicios son romanos) a contemplar sus luchas? ¿O al que está clasif icando por edades y colores a sus ganados? ¿O al que da banquetes a los atletas que últimamente han vencido? ¿Qué? ¿Llamas ociosos a los que se pasan muchas horas con el barbero mientras les corta el pelo que tal vez les creciera la noche pasada. cuando es escasa. cuándo han de nadar y cuándo han de cenar. He oído decir que uno de estos reblandecidos por las delicias —si es que puede llamarse delicia a apartarse de la vida y de las costumbres de los hombres—. al ser sacado en brazos del baño y depositado en su silla. sino una desidiosa ocupación. de éstos no puede decirse que lleven una vida ociosa. que no pref iera ser acicalado más bien que honrado? ¿Llamas tú ociosos a los que andan siempre ocupados con el peine y el espejo? Pues ¿qué de todos esos que están trabajando en componer. y a los que otro les avisa cuándo han de lavarse.sus amigos o los desprecia la de los enemigos. hasta tal punto se dejan llevar de la languidez de su ánimo delicado que no pueden saber por sí mismos si es que acaso tienen apetito. les parece de hombre bajo y despreciable saber lo que hacen. aunque estén apartados de todos. deliberando sobre cada uno de sus cabellos. A f e mía que son más las cosas que omiten que las que f ingen y la enorme abundancia de vicios increíbles creció tanto en este siglo. que ya podemos argüir a las comedias de negligencia. o a aquellos a quienes los deberes de la cortesía saca de sus casas para ir tropezando por las puertas ajenas. Ciertos vicios los deleitan como si f ueran pruebas de su f elicidad. el cuidado con que inf elices esclavos limpien los esputos de los borrachos. la presteza con que los esclavos depilados correrán a servir a una señal. que tal vez críe postema. Olvidan realmente muchas cosas. o a quienes atrae la lanza del pretor con la esperanza de un lucro inf ame. A f e mía que no he de poner entre los tiempos de ocio los banquetes de estos hombres. en medio de la soledad. que tuercen con quiebros de blandas melodías la voz cuyo recto curso la naturaleza hizo tan bueno y tan sencillo. preguntó: ¿Estoy ya sentado? ¿Piensas tú que este que no sabía si estaba sentado ha de saber si vive o ve o está ocioso? No me es nada f ácil af irmar si lo compadezco más porque no lo supiera o porque f ingiera no haberlo sabido.

sobre ejemplos de trabajos civiles. se entregó para que lo matara al último de los esclavos.sólo para esto ingenioso. y que el rey Boco envió f lecheros que los matasen? Permítase esto también. aunque no tiendan a la verdadera gloria. Curio Dentato el primero que llevó elef antes. ¡Oh. más tarde. por la permutación de letras que hizo la gente. ¿Se despedazan? Es poco: ¡que sean aplastados por la ingente mole de estos animales! Mejor sería dejar esto en el olvido. a las naves que llevan las provisiones por el T íber se las llama codicarias. nos deleitan con su graciosa vanidad. En estos días oí a uno que contaba lo que había hecho antes que ningún otro cada uno de los caudillos romanos: Duilio f ue el primero que venció en una batalla naval. sin embargo. si una y otra son del mismo autor y otras cosas de este estilo que. pensó que era un espectáculo memorable hacer morir a los hombres de una manera nueva. transf iriéndose a sí mismo el nombre de la ciudad que tomó. cuando derrama tanta sangre en presencia del pueblo romano. mejor aún. Ocioso es aquel que tiene conciencia de su ocio. Pero volviendo al punto de que me aparté. tanta muchedumbre de hombres miserables. Fue achaque de los griegos averiguar el número de remeros que tuvo Ulises. cuando concierta luchas entre animales tan dispares. Perdonemos también a los que investigan quién f ue el primer romano que se subió a una nave. en su triunf o. al que muy poco después se había de ver obligado a hacerle derramar todavía más. de eximia bondad entre los principales de la antigüedad. si las dices. llamado por esto Caudex o código. También es pertinente recordar que Valerio Corvino f ue el primero que venció a Messana o Messina y el primero que. y has de darle otro nombre. pero saber que Pompeyo f uera el primero que echó en el circo dieciocho elef antes para combatir como en una batalla con hombres delincuentes. pues antes se presentaban atados unos a otros. de donde a las tablillas públicas se les llama códices. no pareces más sabio. Y siquiera estas cosas. que ya podemos argüir a las comedias de negligencia. no sea que al saberlo algún poderoso quiera emular cosas tan inhumanas. pues. en nada ayudan a tu conciencia íntima y. éste un ocioso. sino más molesto. Pero este semivivo que para entender cuál es la posición de su cuerpo necesita que otro se la indique. si las callas. y todavía ahora por una antigua costumbre. aunque tales conocimientos nada aprovechen. Fue éste Claudio. porque los antiguos llamaban caudex a la trabazón de muchas tablas. se le llamó Messala. qué grande ceguera pone a los entendimientos humanos la grande f elicidad! Se cree que está sobre la naturaleza de las cosas cuando echa a las f ieras. Porque nadie duda que con mucho trabajo nada hacen los que se entretienen en inútiles estudios literarios. viendo por f in entonces la vana jactancia de su sobrenombre. engañado por la perf idia de los alejandrinos. está muerto. de los que ya hay muchos entre los romanos. si f ue escrita la Ilíada antes que la Odisea. He aquí que esta vana af ición de aprender cosas inútiles ha invadido también a los romanos. Pero él mismo. como dice la f ama. está enf ermo. ¿cómo puede ser dueño de algún tiempo? XIII Sería largo ir siguiendo uno a uno a los que consumieron su vida en el juego del ajedrez o de la pelota o en el cuidado de cocer al sol su cuerpo. ¡Que exista alguien tan muerto por los deleites que tenga que saber por otro si está o no sentado! No es. nacidas bajo otros cielos. he de manif estar en la misma materia la vana diligencia de algunos: . versan. ¿Permitirás también a alguien preocuparse de averiguar que f ue L. Sila quien primero echó sueltos los leones en el circo. f ue llamado Messana y poco a poco. ¿conduce por ventura a algo bueno? El varón principal de la ciudad. ¿Pelean? Es poco. No son ociosos aquellos cuyos deleites los traen af anados.

que no serán ellos los que te impidan que tomes tanto cuanto . a Demócrito. como si no f uera más inhumano engañar que no recibir! ¡Cuántos medio dormidos y pesados por la cráppla del día anterior. a Pitágoras. XV Ninguno de éstos te obligará a morir. costosa. ¿qué errores disminuirán con estas cosas? ¿Qué deseos enf rentan? ¿A quién harán más f uerte. cuando han ido repartiendo sus interesados saludos por las casas más diversas. y a los demás varones eminentes en las buenas artes. Si no somos muy ingratos. todos pueden ser encontrados de noche y de día por todos los mortales. atestado de clientes. ¿a cuántos habrán podido ver en una ciudad tan inmensa y agitada por diversos deseos? ¡Cuántos serán los que por el sueño. sino que te prestará los suyos. Saber esto ¿acaso aprovecha más que averiguar si el monte Aventino está f uera del circuito. al susurrarles mil veces su nombre abriendo apenas los labios. descansar con Epicuro.éste mismo contaba que Metelo. a él añaden todos los tiempos: todos los años que han pasado los hacen suyos. Ninguno de éstos dejará de recibirlos. mucho es el tiempo en que podremos espaciarnos. dudar con Carneades. pero nunca cuando se adquiría nuevo campo en las provincias. responderán con un insolentísimo bostezo¡ Debemos decir que están dedicados a verdaderos deberes los que diariamente quieren tener como a sus más f amiliares a Z enón. Puesto que la naturaleza nos permite andar en compañía de todas las edades. que Sila f ue el último de los romanos que extendió el circuito de la ciudad. ninguno dejará ir la que venga a él sin que sea más f eliz y le ame más. y si con grandeza de ánimo queremos salir de las estrecheces de la f laqueza humana. por una de estas dos causas: o porque se retiró allí la plebe o porque consultando Remo en aquel lugar los agüeros no halló f avorables las aves. y otras innumerables cosas que o están llenas de mentiras o son semejantes a las mentiras? Pues aunque concedas que hablan de buena f e y que escriben con pruebas. más liberal? Solía decir nuestro Fabiano que dudaba si era mejor no ocuparse en estudio alguno que enredarse en éstos. se les escapen con una f ingida prisa! ¡Cuántos los que habrán evitado salir por el atrio. cuando han enloquecido del todo. a todos somos admitidos. más justo. ningún siglo nos está vedado. f ue el único de los romanos que llevó cautivos ciento veinte elef antes delante de su carro triunf al. ninguno consentirá que se vaya con las manos vacías. Con el trabajo ajeno somos llevados a las cosas hermosísimas sacadas por ellos de las tinieblas a la luz. Te llevarás de ellos lo que quieras. que son eternas. después de triunf ar en Sicilia de los vencidos cartagineses. o la lujuria o la descortesía no los habrán recibido ¡Cuántos los que después de haberlos atormentado con una larga espera. que nos son comunes con los mejores? Estos que corren a cumplir sus deberes de cortesía. XIV Sólo aquellos son ociosos que se dedican a la sabiduría y sólo ellos son los que viven. Podemos disputar con Sócrates. nos es f orzoso reconocer que aquellos clarísimos f undadores de las sagradas doctrinas nacieron para nosotros. ¿por qué no entregarnos con toda el alma desde este breve y caduco tránsito del tiempo a aquellas cosas que son inmensas. ninguno te hará perder tus años. ni su veneración. y habrán huido por secretas puertas f alsas. porque no es sólo su propio tiempo el que emplean bien. vencer la naturaleza humana con los estoicos. que los antiguos acostumbraban ensanchar. sino cuando se ganaba en Italia. ni su amistad. nos prepararon la vida. a Aristóteles y Teof rasto. superarla con los cínicos. y diariamente han andado de una casa a otra sin pasar de largo por ninguna puerta abierta. como este mismo af irmaba. a aquellos inf elices que rompieron su sueño por guardar el ajeno. mortal. todos te enseñarán. que se inquietan a sí y a los otros. ninguna conversación suya te será peligrosa.

desees. por el contrario. XVI Los que tienen una vida muy breve y acongojada son los que se olvidan del pasado. sino aborrecibles. porque la envidia siempre versa sobre lo cercano y admiramos con más sencillez lo que está lejano. qué f eliz vejez tendrá quien se puso bajo la protección de éstos! Tendrá con quienes deliberar de las cosas grandes y pequeñas. cuando llegan a lo último. f ingiendo que Júpiter. en verdad. serás adoptado no sólo en el apellido. de quien sea alabado sin adulación. querrían saltar por los días intermedios. que con sus f ábulas alimentaron los errores de los hombres. porque pasan de una cosa a otra y no pueden detenerse en un mismo deseo. todo cuanto la ambición impuso con sus decretos o construyó con sus trabajos. se abrasan en el ocio sin saber cómo emplearlo o desecharlo. a cuya semejanza pueda f ormarse. muy espaciosa la vida del sabio. Las honras y las memorias. ninguna edad podrá borrarlos. Se harán tanto mayores cuanto entre más los repartas. enviciado en el deleite carnal. Acostumbramos a decir que no estuvo en nuestro poder elegir a nuestros padres que son dados a los hombres por la suerte. duplicó la noche. ¿Es presente? Lo emplea. que no hay nada que no demuela y destruya una larga vejez. y. ¿Ha de venir? Lo dispone. la siguiente y todas las que vengan detrás aumentarán la veneración. de convertirla en inmortalidad. que cuando se decretó un combate de gladiadores o cuando se espera el día de cualquier otro espectáculo o deleite. pues. Y no creas que se prueba que llevaron larga vida con el argumento de que a veces invocaron a la muerte. Pero el tiempo que aman es breve y se hace más breve y precipitado por su culpa. a la que no encierran los mismos conf ines que a la de los demás. a quienes consulte cada día acerca de sí. ninguna disminuirlos. El sólo está exento de las leyes del género humano: todos los siglos le sirven como a un dios. quienes dirán la verdad sin af renta. Tampoco es argumento para que pienses que vivieron mucho que f recuentemente se les hagan muy largos los días y se quejen de que vayan despacio las horas que f altan para que llegue la f ijada para la cena. Hay f amilias de nobilísimos ingenios: elige a cuál quieres incorporarte. Y así tienden a alguna ocupación y les es pesado todo el tiempo que media entre una y otra. Para ellos siempre es larga la dilación de toda cosa que esperan. pronto se viene abajo. Es. . Esta f usión en uno de todos los tiempos hace larga su vida. ¿Qué otra cosa es que encender nuestros vicios hacer autores de ellos a los Dioses y dar a la enf ermedad con el ejemplo de la divinidad una disculpable licencia? ¿Cómo a éstos no les han de parecer cortísimas las noches que compran tan caro? Pierden el día esperando la noche y pierden la noche por miedo al día. pero está en nuestro albedrío nacer a nosotros mismos. comprenden tarde los desdichados que estuvieron ocupados mucho tiempo en no hacer nada. ¿Algún tiempo ha pasado? Con el recuerdo lo recoge. En cambio no puede perjudicar a los que consagró la sabiduría. Sólo éste es el medio de extender la vida mortal. que no tienen que ser custodiados sórdida ni malignamente. descuidan el presente y temen el f uturo. ¡qué cortas les parecen las noches a estos que las pasan en brazos de las meretrices o en la embriaguez! De aquí la locura de los poetas. Los atormenta la imprudencia con af ectos encontrados que les hacen incurrir en lo mismo que temen: con f recuencia desean la muerte porque la temen. más aún. No son largos los días para ellos. pues si alguna vez los dejan sus ocupaciones. ¡Qué f elicidad está reservada. Ellos te encaminarán a la eternidad y te elevarán a aquel lugar de que nadie será derribado. de igual modo. sino para gozar de sus mismos bienes.

XVII Sus mismos deleites son temerosos y desasosegados con varios recelos y cuando más gozan les asalta este congojoso pensamiento: Esto ¿cuánto durará? De este af ecto nació el llorar los reyes su poderío y sin que la grandeza de su f ortuna los alegrase. unas privadas y otras públicas que . XVIII Sepárate. sin embargo. a otros en la huida y consumiendo en muy poco tiempo a los que pensaba que no habían de llegar a los cien años. y acógete por f in a puerto más tranquilo sin esperar a que a él te arroje la vejez. ¿Se da prisa Quincio en salir de la dictadura? Se le saca del arado. había de enf rentarlos con el hado perdiendo a unos en el mar. ¿Deja de ser juez? Es cuestor. tan grande que no podía contarse y había que calcularlo por la medida de las tierras que ocupaba. vencedor de Antíoco. si hasta sus mismos gozos están llenos de miedo! Porque no se apoyan en causas sólidas. A nadie deleita lo que amenaza ruina. pues. Piensa por cuántas aguas has navegado. sino que nacen de la misma vanidad que los perturba. son tan poco verdaderos? Los mayores bienes son los que más preocupan y a ninguna f ortuna puede uno conf iarse tan poco como a la que es la más buena. para conservarnos en la f elicidad necesitamos de otra f elicidad y hay que hacer votos por los votos que tuvieron f eliz éxito. ¿Dejó Mario la milicia? Ocupa el consulado. se le hubiera puesto al igual de Júpiter. ¿Nos atormentan nuestras propias honras? Más tiempo se llevan las ajenas. del vulgo. aún no preparado para esta empresa. cuando estos otros en que se levantan sobrepujando el ser de hombres. queridísimo Paulino. Todo lo que viene f ortuitamente es inestable. una esperanza despierta otra. cuántas tormentas has padecido. por eso necesariamente ha de ser no tan sólo brevísima. No se busca el f in de las desgracias. si él no lo hubiese impedido. a otros en la tierra. a otros en el combate. Consiguen trabajosamente lo que quieren y angustiosamente poseen lo que han conseguido. Pero este mismo que lloraba. sino también desgraciada la vida de esos que adquieren con gran trabajo lo que han de poseer con otro aún mayor. ¡Qué. más ambición. Nunca f altarán motivos de preocupación o f elices o desgraciados: a través de ellos pasará apretada la vida. les puso terror el f in que alguna vez había de venir. las guerras civiles traerán agitado a este salvador y después de haberse f astidiado de joven con honores iguales a los de la divinidad. ¿Envejeció en la administración mercenaria de los bienes ajenos? Hállase embarazado con los propios. ¿Nos despojamos de la molestia de acusar? Aspiramos a la de juzgar. Irá Escipión a combatir con los cartagineses. y está más propenso a la caída quien subió más alto. Sustituyen con nuevas ocupaciones las antiguas. siempre será un deseo. vencedor de Aníbal. de viejo le seducirá la ambición de un orgulloso destierro. El ocio nunca existirá. el insolentísimo rey de los persas lloró pensando que dentro de cien años ninguno de estos jóvenes sobreviviría. la ambición. ¿Dejamos de trabajar como candidatos? Empezamos como intercesores. Cuando por grandes espacios de los campos desplegaba su ejército. ¿Pues cómo piensas que han de ser los tiempos que ellos mismos reconocen que son desgraciados. honra de su consulado. f iador del de su hermano. entre tanto no tienen ninguna cuenta del tiempo que nunca más ha de volver. sino que se cambia su materia.

que llevaría muy mal. experimenta lo que harás en el ocio.tú convertiste en tuyas. XIX ¡Acógete a ocupaciones más tranquilas. el amor y la práctica de las virtudes. T ú administras ciertamente las rentas de todo el orbe con tanto desinterés como si f ueran ajenas. mueve en sus órbitas a las estrellas y después tantas otras cosas llenas de maravillas? ¿Quieres tú. expuestos como estaban a las piedras. y piensa que tanto como cultivaste los estudios liberales desde tus más tiernos años no f ue para que se te conf iasen muchos millares de f anegas de trigo. el olvido de los deseos. de un ministerio. cosas más grandes y más altas se esperaban de ti. Te esperan en este género de vida muchas buenas artes. loco. mientras la sangre está caliente. qué es lo que sostiene en medio a las cosas más pesadas de este mundo. encontrarás trabajos mayores que los que hasta ahora denodadamente has hecho. La mayor parte de tu vida y ciertamente la mejor la has dado a la República. de que responda al peso y a la medida. cuál su gusto. mantiene arriba las más ligeras. extranjero e inf elizmente altanero. pero todavía más la de los que no trabajan en sus . ni se calma con la equidad. contemplar con la mente estas cosas? Ahora. No te llamo a un reposo perezoso e inactivo. más seguras. has de encaminarte a las cosas mejores. la ciencia de vivir y de morir. No f altarán hombres de escrupulosa exactitud y de amor al trabajo. en aquellos pocos días que se pasaron desde la muerte de Calígula. a solas contigo. bastantes muestras has dado de tu virtud en pruebas trabajosas e inquietas. ni se doblega a súplicas. levanta el f uego a lo alto. Hace muy poco tiempo. ¿En qué estado de ánimo estarían aquellos que tenían a su cargo el trigo público. honoríf ico ciertamente. Consigues que te quieran en un of icio en que es dif ícil evitar el odio. con tanta diligencia como si f ueran propias. al hierro. Retira este vigor de tu ánimo. en pleno vigor. que es mejor llevar la cuenta de la propia vida que la del trigo público. de que no lo vicie o recaliente la humedad. Porque ciertas enf ermedades hay de curarlas ignorándolo los enf ermos: para muchos f ue la causa de su muerte conocer su enf ermedad. créeme. al f uego y a Calígula? Con sumo disimulo ocultaban mal tan grande. y un prof undo descanso. sin embargo. que le sobreviviese el pueblo romano. mayores! ¿Piensas tú que es igual ocupación cuidarte de que el trigo se deposite en los graneros sin disminución por el f raude o la negligencia de los que lo portean. ni a que sumerjas lo que hay en ti de vivacidad de carácter en el sueño y en los placeres gratos a la turba. que el acercarte a aprender estas cosas sagradas y sublimes: cuál es la substancia de Dios. se presenta el último mal para los sitiados la escasez de alimentos: a punto estuvo que la muerte. qué suerte espera a tu alma. son más aptos para llevar carga los lentos jumentos que los nobles caballos. si es que los muertos tienen algún sentimiento. No es esto aquietarse. y con sobrada razón. el hambre y la ruina de todas las cosas que sigue al hambre no acompañase a esta caricatura de rey. cuál su condición. mientras él hace puentes con las naves y juega con las f uerzas del Imperio. con la misma religiosidad que si f ueran públicas. Miserable es la condición de todos los hombres atareados. cuya generosa ligereza ¿quién la entorpeció jamás con grave peso? Piensa además cuánta preocupación es para ti ponerte a tan gran cuidado: con el vientre humano te has de haber: un pueblo hambriento ni soporta razones. quedaron abastecimientos para siete u ocho días. cuál su f orma. a los que te entregues en el reposo y en la tranquilidad. latente en las entrañas. muy capaz de las mayores cosas. toma algo de tu tiempo también para ti. en dónde nos coloca la naturaleza cuando nos desata de los cuerpos. pero poco apto para la vida bienaventurada.

sin ningún provecho del ánimo. su vida es sin f ruto. pues. después de haber alcanzado la dignidad que ambicionaban a costa de mil indignidades. haciéndose mutuamente desgraciados. Si quieren éstos saber cuán breve es su vida. antes que subieran a la cumbre de su ambición. les f altó la vida en medio de grandes y agotadores esf uerzos. andan al paso ajeno. Hubo un viejo. por morir tomando cuentas. pues. que a los noventa años f ue jubilado. mientras que el uno al otro le rompe el descanso. cuando vieres con cuánta f recuencia toman la pretexta. de su of icio de procurador por Calígula. más les dura el deseo que la f acultad de trabajar. sin gusto. pero más dif ícilmente consiguen los hombres el reposo de sí mismos que de la ley. de puntual diligencia. les viene el triste pensamiento de que todo lo que han trabajado ha sido para el epitaf io de su sepulcro. como si f uera juventud. más cansado de vivir que de trabajar. desperdician todos sus años. la vida los dejó en sus primeras luchas. Turanio. sin que él lo pidiera.ocupaciones. Paco Ríos: Durruti en la Revolución española (1998) [Documental] Cecilia: Gracias a la Vida (1970) Slavoj Z izek: En def ensa de la intolerancia Chavela Vargas: Corridos de la Revolución (1970) . se ríe su impaciente heredero. ni cita al senador llegando a los sesenta. Pero a f e mía que los f unerales de éstos. vergüenza para aquel otro que. sino que duermen el sueño ajeno. la dedicación de obras públicas. como si f ueran de niños. que son las cosas más libres de todas. XX Así. a otros. no tengas envidia. toda la casa el descanso de su anciano dueño y no cesó el llanto hasta que f ue restituido a su trabajo. Para que a un año se le dé su nombre. y se les manda lo que amen y lo que odien. y mandó que lo pusieran en el lecho y que toda su f amilia lo llorase como a muerto. cayó en medio de sus mismas of iciosidades. para nuevas esperanzas. La ley exime de la milicia a los cincuenta años. cuán célebre es su nombre en el f oro. ¿Es que acaso agrada tanto morir ocupado? Éste mismo es el estado de ánimo de muchos hombres. algunos disponen aún aquellas cosas que están más allá de la vida: grandiosos mausoleos. mientras disponían de su última vejez. Lloraba. of rendas f únebres y suntuosos f unerales. vergüenza para ese otro de quien. habían de hacerse con hachas y cirios. luchan con la f laqueza de su cuerpo y lo que juzgan que tiene la vejez de más pesado es que los aparta del trabajo. no tienen más que pensar en qué parte ha sido suya. nadie deja de alargar sus esperanzas. llamado S. estas cosas se consiguen con daño de la propia vida. No puedo pasar por alto un ejemplo que se me ocurre. A algunos. a otros. Y mientras que son llevados y llevan a otros. Nadie tiene a la vista a la muerte. Vergüenza para aquel a quien dejó la vida mientras en juicio pleiteaba por litigantes desconocidos buscando el aplauso de un auditorio ignorante.

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