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166

-
INTERACCION: Interacción social
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-------
-
L
INTERACCION
l. INTERACCIÓN SOCIAL
II. INTERACCIÓN SIMBÓLICA
III. DRAMATISMO
IV. INTERCAMBIO SOCIAL
V. INTERACCIÓN y PERSONALIDAD
VI. ANÁLISIS DEL PROCESO DE INTERACCIÓN
1
INTERACCION SOCIAL
Talcott Parsons
Guy E. Swanson
Kenneth Burke
Peter M. BZau
P:7illiam C. Schutz
Roberc F. Bales
Resulta casi puramente tautológico decir que los
fenómenos humanos ({sociales)} son casos de ·interacción
entre dos o más seres humanos concebidos como ({per-
sonas)}, ({organismos)} «yoS)} o ({actores». Puede llegar a
considerarse, pot tanto, que 10 que significa e implica
el concepto de interacción y su contexto teórico no es
sino algo perteneciente al más simple sentido común.
No obstante, no es así. Este conjunto teórico ha tenido
una historia muy larga y complicada y las lineas que
señalan su lugar en las ciencias sociales modernas, que
es 10 que nos ocupa, han ido apareciendo solo de ma-
neta gradual.
Si se reflexiona sobre ello, no debe resultarnos muy
sorprendente. Después de todo, la ciencia no es mero
sentido común; sus nociones teóricas y marcos de re-
ferencia más elementales se desarrollan a través de
complicados procesos intelectuales que entrañan no
solo interpretaciones de lo observado, sino también
una conceptualización teórica y, en parte, filosófica.
ha resultado quizá especialmente arduo
e caso de la aCCIÓn SOCIal ya que '"elLem.a
está tan cerca de la experiencia inmediata que aislar de
la matriz del sentido común un esquema cientifica-
mente utilizable resulta particularmente dificil. En
cualquier caso, para limitados objetivos de este
artículo nos parece conveniente comenzar con un bos'"
quejo de los antecedentes históricos del problema.
La primitiva historia del concepto
Desde cierto punto de vista, la filosofía moderna
(<comenzó con mal pie)} en cuanto al esclarecimiento de
la naturaleza de la interacción humana mientras que,
desde otro punto de vista, parece que, indirectamenre:,
esto resultó fructífero a la larga. En cualquier caso,
creo que existe un acuerdo general en que, de todos los
puntos de que partió la filosofia moderna, el más per-
tinente para nuestro estudio es el del problema del
conocimiento.
El esquema cartesiano. La primera formulación
importante de este problema fue la del Discours de la
méthode de Descartes. Esta obra se considera con toda
justicia como la carta filosófica básica de la ciencia
moderna, ya que fue la que planteó con mayor claridad
el problema de la base filosófica del conocimiento em-
pirico del mundo exterior. No obstante, la claridad se
logró al precio de supuestos y predilecciones que resul-
taron restrictivos en dos direcciones, siendo ambas
esenciales para nuestro problema.
La primera fue el tratamiento del (¡mundo externOl}
significativo como mundo físt"co. era natural ya
que, entre otras cosas, la ciencia le} momento, que
acababa de lograr sorprendentes avances, era funda-
mentahnente la ciencia fIsica. En consecuencia, el ob-
jeto de conocimiento concebido por Descartes no '<co-
_ .. -..... _---- ---
--;-- --------- nacía» ni «actuaba) (ya que los objetos físicos no
actúan). Su formulación excluía el interés por la acción
mutua de entidades que fueran tanto objeto como sujeto
al mismo tiempo y) debido a ello, por la distinción
analítica entre estos aspectos de los actores sociales.
La segunda, el ver el problema como solo un proble-
ma de conocimiento. Posiblemente para facilitarlo fue
por lo que Descartes trató a su sujeto como da-
do--p. ej., en su famoso cogito ergo sum-en vez de
analizarlo como una identidad estructurada. A este
respecto, el cartesianismo no se aventuró más allá de
afirmar la existencia del «pensador» y el hecho de su
relación cognoscitiva con los objetos del mundo ex-
terno.
Por supuesto, podemos ahora afirmar, casi al nivel
del sentido común, que Descartes se ocupó de un caso
límite efe acción social. En primer lugar, excluyó el
«in ter» de nuestra fórmula de la interacción, suponien-
do que no habia ninguna «acción» en uno de los lados
de la relación; es decir, que el objeto solo podía ser
conocido y que el «ser conocido» no· representaba en
absoluto un estímulo para que el objeto interviniese y
posiblemente cambiase la relación con el conocedor.
En segundo lugar, excluyó el análisis de la compleja
naturaleza de la (<entidad que» conoce, que forma parte
del sistema relacional básico de la relá.ción entre sujeto
y objeto. Hoy en dia afirmaríamos que la cognición
empírica es una actividad o «función» de las personas,
que exige para comprenderla el análisis de las estruc-
turas y procesos de las personalidades en virtud de
los cuales una variedad de factores se organizan de
manera que facilitan la «consecución del conocimien-
tO» como un resultado-meta de los sistemas de per-
sonalidad. Además, al reconocer la complejidad de las
unidades que constituyen los dos extremos de la re-
--- lación-se compliéa"'a coneeptUáliZáclOfi del m"Btte'Ío
relacional entre ambas. Descartes consideró la rela-
ción simplemente como un flujo de «informacióm) del
objeto al sujeto--resultando el consiguiente «entendi-
miento» o conocimiento-sin especificar apenas en
qué medida y de qué modo exige ese entendimiento
unos procesos distintos al de simple entrada de in-
formación.
Diferenciación del objeto cartesiano. El
ma cartesiano puede considerarse como el punto pri-
mario de referencia para un proceso de diferenciación.
Como se trata de un esquema relacional, su diferencia-
ción afecta necesariamente a todos sus componentes:
. no solo el sujeto y el objeto, sino también el carácter de
la relación entre ambos. Dado que nos ocupamos de la
ciencia, resulta más fácil entender la diferenciación en
cuanto al objeto, lo que significa dar el primer paso de
alejamiento de la predilección más puramente fisicalis-
ta de Descartes.
El objeto humano pasó a ser considerado no simple-
mente como «conocedor», sino también como un orga-
nismo fisico que se «comportaba» (empleando un
término posterior) en un medio ambiente y actuaba
movido por deseos o necesidades-o, como las llamó
Hobbes, «pasiones>}-que explicaban su acción. Esta
diferenciación que apareció incluso en. el propio siglo
de Descartes, el XVII, especialmente en los escritos de
Hobbes y Locke, marcó el comienzo del utilitarismo,
creó la base teórica de la economía y de una de las
principales ramas de la psicología, y tuvo importantes
repercusiones sobre el derecho, la ciencia política y la
sociología.
INTERACCION: Interacción social
-
La diferenciacion utilitarista. El modelo cartesiano se
mantenía en cuanto a suponer dadas las necesidades
del individuo. Aunque se suponía también que dichas
necesidades eran múltiples, no se trataba el problema
de cómo esraban estructuradas y organizadas. No obs-
tante, la preocupación analítica ya no se limitaba al
conocimiento del mundo externo, sino que incluía la
manipulación «(racional» del n1ismo mediante activida-
des dirigidas a un fin u objetivo. Primitivamente, el
científico social moderno se concibe, pues, como un
observador de objetos que son) al mismo tiempo, acto-
res que intentan satisfacer sus necesidades por medio
de la acción. Además, solo en un caso límite restringe
el observador su observación 3. individuos aislados; por
lo general, observa una pluralidad interactuante. El
intercambio económico, por medio del trueque o de los
sistemas de mercado más elaborados, se convirtió en
prototipo de dicha interacción, pero los hombres del
estado de naturaleza de Hobbes, que buscan «destruir-
se o subyugarse unos a otros), se consideraban también
corno interactuantes en este sentido. Está claro que el
intentar satisfacer necesidades o destruir a los demás
entraña un tipo de acción no atribuible, p. ej., a los
cuerpos celestes. Tales necesidades o pasiones se dis-
tinguen fácilmente de las actividades-término muy
utilizado posteriormente por Alfred Marshall-desti-
nadas a satisfacerlas. Adquieren aqui gran importancia
los problemas relativos a la naturaleza de los sistemas
de interacción generados por ía acción concebida den-
tro de este marco, y a las condiciones en las que pue-
den {(funcionar») tales sistemas. La naturaleza y el sig-
nificado del {(propio interés\;, en el sentido clásico
moderno, y la base del orden normativo en los sistemas
sociales se hacen muy problemáticos dentro de este
marco de referencia. __
Así, el marco «utilitarista» de referencl"al'pñ"ilU"co¡jd¡,.c,-,dd."'."iir¡--------
se que ha surgido de la formulación cartesiana, me-
diante la inclusión en el esquema de una especie de
objetos que no son físicos y que mantienen interacción
en un sentido en que no lo hacen los conocedores ni los
objetos fisicos. Aunque es¡a concepción surge de la
diferenciación en el lado del objeto del esquema carte-
siano, plantea implícitamente la cuestión de la posición
del observador. Está muy claro que el conocimiento de
la situación, de las necesidades y actividades de los
demás en el sistema de interacción, se convierte en si
mismo en un factor de satisfacción de necesidades. El
actor utilitarista, considerado como observador, es un
{(conocedor» cartesiano, pero también mucho más. In-
troducir este elemento adicional en la totalidad del
esquema presenta problemas de gran importancia.
Diferenciación idealisra del sujeto. Como hemos seña-
lado, Descartes dejó sin analizar la estructura de su
sujeto: el «(yO), que piensa y que, por tanto, existe se
supone dado. En términos rnuy generales, el movi-
miento idealista fue un intento de analizar el contenido
de esta entidad dada. Especiahnente ·con Kant, adoptó
como punto primordial el contenido del conocimiento.
A diferencia del empirismo inglés, consideró el cono-
cimiento modelado y organizado de acuerdo con los
esquemas kantianos de intuición y con las categorías
del entendimiento, y no derivable de las propiedades
«(intrínsecas») del propio mundo de los objetos, tal como
llegan al sujeto en forma de «impresiones de los senti-
dos» o--en términos de Locke-de
Como Descartes, los idealistas fijaban su atención
en la comprensión científica del. m.undo físico. Ahora
-
168
INTERACCION: Interacción social
bien, ,de forma muy «relativizada»--en un sentido
. ,,,pedal-porque la estructura principal del conoci-
miento empírico se atribuía no solo a la {(naturaleza)
de los objetos conocidos, sino también a las «catego-
tíaM en función de las cuales se los conoce. Estas
categorías no se podían ubicar en los objetos de la
cogpición, ·Qi se tratar básicamente como pro-
piedades variantes de las personalidades de los ·cono-
cedores. En tétminos más n10demos, constituían un
matco c,ú!tura.l. de referencia que regía en parte todo
el sistema. de acción, en la medida en que este de-
pendía del conocimiento empírico. Esto planteaba un
problema paralelo al utilitarista relativo a los actores
que no s'on 8019 conocedores.
Es justo decir que tal diferenciación del sujeto car-
tesiano, paralela a la diferenciación utilitarista del ob-
jeto cartesiano, fue 'una de las principales consecuen-
cias del análjsis de Kant. Así, la ({razón pura) concernía,
esencia4nente, a ,la base epistemológica de la ciencia
física, riljentras que la «razón práctica) se vinculaba a
las otras preocup.aciones, especialmente las no cognos-
citivas, de los «actores) humanos. El utilitarismo trata-
ba las necesidades solo como dadas y analizaba las
actividades principalmente proyectando un conocedor
racional cartesiano en el papel del actor; de ahí la fór-
mula del interés propio racional. Kant consideró las
necesidades prácticas, que creía predominantemente
morales, como algo esencialmente dado, y descartó las
posibilidades de resolver intelectualmente los proble-
filáS sub} aeestes. En esto se aproximó al punto de vista
de que el imperatIVo moral es algo existencialmente
dado.
El hegelianismo. El movuniento hegeliano intentó
fusionar el componente cultural de la epistemología
empírica de Kant, especialmente las «categorías», con la
esfera de la razón práctica
l
desarrollando por tanto una
metafísica idealista unificada, construida sobre el con-
cepto clave del «espíritu objetivo) (objektiver Geist).
Concibió, pues, toda la historia como el «despliegue)
del espíritu universal, siendo la acción humana esen-
cialmente una expresión o realización del contenido
<ddeab del espíritu.
La tendencia primaria de, la fase cartesiana de este
amplio desarrollo intelecIual fue quizá la de extraer el
máximo posible de la naturaleza intrínseca de los obje-
tos: la concepción de la «mente) como una tabula rasa,
que es solo un recipiente de impresiones sensoriales,
llevó esto a sus últimós extremos. Por contraste, el
idealismo tendía a atribuir el máxiino posible a la acti-
vidad creadora de la mente. Por un lado, esto res;altaba
la imp.ortancia de la acción de los agentes humanos
individuales c.omo alg.o distinto de las circunstancias de
sus situaciones. Pero, por otro, el problema de un -sis-
tema cultural que trascendiese (en el estricto sentido
kantiano) al actor individual, adquiría necesariamente
una gran prominencia.
El marxismo. A medida que el masivo desarrollo de
la ec.onomia y, posteriormente, de la psicología, las
llevaba a transf.ormarse en ciencias sólidas, creando en
el siglo XIX una vigorosa tradición intelectual que ins-
titucionalizó positivamente el reconocimiento de la di-
ferenciación de necesidades y actividades dentro de los
objetos humanos de las observaciones científicas, la
concepción de un del espíritu o
_______ de ser satisfactoria. Exigía una dife-
renciación paralela-aJ.a utilitarista entre las actividades
y las necesidades. Tal formulación teórica surgió más
claramente c.on las concepciones de Marx, quien esta-
bleció un mundo de factores ('materiales» frente a los
factores ('ideales" de la escuela hegeliana. El famoso
aforismo de "poner a Hegel cabeza abajo" indica clara-
mente, en mi .opinión, que, en lineas generales, Marx
deseaba permanecer dentro de la línea idealísta. La
categoría marxista de «material» no es, por tanto, idén-
tica' en modo alguno a la «física) que aparecía en Des-
cartes e incluso en Kant. Se refería sobre todo a los
aspectos de la situación humana que condicionan la
consecución de objetivos O metas humanas. El viejo
problema de la primacía, que es inherente al empleo de
la conceptualización dicót.oma, se centró, en este caso,
en si la primacía se encontraba en el terreno «ideab o
en las condiciones necesarias para, su realización prác-
tica. El materialismo de Marx consistia fundamental-
mente en enfrentar a los (utópic.os>} con la necesidad de
mostr.arse «realistas) al tomar en cuenta tales condicio- '(
nes. Impor'ta destacar que su sistema no fue
simplemente un «despliegue del espíritu), sino un sis-
tema social; en nuestr.os términos, un sistema de inte-
racción, aunque inadecuadamente analizado.
Etapa moderna
Existen dos fronteras que limit¡tn el aspecto de "ac-
ción" de la condición humana: la biológica, concebida
en términos de herencia y de medío ambiente, y la
cultural, concebida como un sistema de orden simbó-
lisru»ente definjdo) COP primacía llQpnativa, y !!L 'lue
los seres humanos están obligados a ajustarse so pena de
sanciones en este mundo o en el otro. Las dos tenden-
cias principales de pensamient.o social se han visto
presionadas hacia un reduccionismo basado en uno de
eS1;Os dos límites o fr.onteras. En general, la utilitarista
ha derivado hacia la biología, mientras que la kantiana
se ha "hegelianizado»... si puede considerarse a Hegel
como el extremo rdativo del reducci.onismo idealista.
Al mism.o tiempo, consideraciones parecidas a las que
dieron lugar a la rebelión marxista contra el hegelianis-
mo han estimulado, dentro de ambas tradiciones, mo-
vimientos que han llevado claridad y definición con-
ceptual a un punto equidistante de estos dos extremos.
Freud y la teoría de la personalidad. Por el lado
utilitarista, el desarrollo de la ciencia biológica en la
segunda mitad del siglo XIX y el florecimiento de dis-
tintas variedades del «darvinismo sociah> plantearon
agudamente el problema de cómo podían tratarSe los
componentes esenciales de la acción social humana de
un modo que fuese realista acerca de la continuidad
entre la «naturaleza humana) y el mundo orgánico. La
figura individual más importante fue la de Freud que,
como médic.o, comenzó con una c.oncepción del ser
humano como organism.o per.o que, c.omo psiquiatra, se
preocupó fundamentalmente del comportamiento de la
persona y no del estado interno de sus órgan.os. Ade-
más, el método clinico desarrollado por Freud dio gran
énfasis a las emociones, a los deseos y a los objetivos,
en vez de a las cuestiones cogn.oscitivas.
Freud comenzó c.omo un «instintivista), en el cono-
cido· sentido hereditarista, pero aunque nunca dejó de
resaltar la importancia de las necesidades instintivas,
desarrolló el concepto de instinto desde la idea más
convencio.nal de un patrón hereditario de comporta-
miento, por estimulas ambientales, a la de
t:ttt llstema m.otivaCional generalizmto que entraña-una
relación compleja entre la energía instintiva básica y los
mecanismos de su especificación de objetivos y su con-
trol. El núcleo erótico, el foco del "principio del placer')
se 'convirtió en un complejo sistema que no era en
absoluto dado y que estaba integrado de un modo muy
complicado (o mal integrado, en muchos casos) con los
c011lp1nleIltes no innintivos de la peISillIa1idad. .....--
pronto, Freud llegó a la conclusión de
que la expresión de las necesidades instintivas estaba
regulada por las normas morales de la sociedad-las
cuales entraban con frecuencia en conflicto, aunque no
siempre de una forma sencilla, con dichas necesidades
instintivas-y de que esas normas se 'introyectaban en
la propia personalidad, convirtiéndose en componentes
de su estructura. La formulación fInal de su concep-
ción cristalizó en la famosa idea del superyó. Posterior-
mente, esta modalidad básica de conceptualización se
amplió al medio ambiente social, concebido muy en el
sentido cartesiano-durkheimiano. El famoso «(principio
de la realidad» llegó a centrarse en las (relaciones obje-
tales», con las que Freud se refería a las relaciones con
todas las demás personas-especialmente con los pa-
dres-consideradas como agentes de socialización. Pero
ante tales objetos humanos no solo se daba una {(adap-
tación» en el senrido válido para los objetos físicos;
también se introyectaban-o, como solemos decir hoy,
se interiorizaban-para formar parte de la estructura
de la personalidad, especialmente del yo, en el sentido
que da Freud a este término.
De este modo, Freud llevó las propiedades distinti-
vas del ambiente social-en cuanto distinto del fisi-
co-de la acción del individuo, al primer plano de la
consideración analítica, en dos conexiones, la de los
estándares y la de los aspectos más empíri-
cos del mundo de los objetos sociales. De hecho, puede
demostrarse que incluso el ello, el tercero de los sub-
sistemas estructura:les primarios de la personalidad,
según Freud, no es puramente «instintivo», sino que se
encuentra organizado alrededor de los "precipitados de
los objetos perdidos»), especialmente de los más desta-
cados en las primeras fases de la experiencia de socia-
lizaciÓJl. de una p<:rrona (Parsons 1958)
DurkheiIn y el contenido de la cultura. Mien-
tras Freud, desde un punto de arranque biológico,
llegó al reconocimiento de las propiedades distintivas
de los sistemas sociales, Durkheim comenzó con la
convicción de que eran esenciales distinciones claras
entre los sistemas sociales y personales; según su famo'-
sa frase, la sociedad era una realidad sui generis. No
obstante, para basar esta teoría tuvo que escapar de las
garras- del utilitarismo. Lo hizo volviendo al marco de
referencia cartesiano, incluida la primada cognoscitiva.
Su diferencia básica con Descartes reside en que se
preocupó de explorar la categoria distintiva que deno-
minó hechos sociales, los hechos del medio social del
actor de referencia, pero reconoció asimismo la clara
necesidad de considerar al actor como algo más que un
«pensador». Además, como el medio correspondiente
era social, en la medida en que incluia una pluralidad
de actores individuales todos ellos eran unidades del
mismo carácter que el actor de referencia, y se consi-
deraban como -interacruantes con este.
Partiendo de esta base, Durkheim coincidió-' con
Freud en tres puntos esenciales. El primero era la
posición inicial de Durkheim, su análisis de la calidad
distintiva del mundo de los objetos sociales; si
Damos este análisis con el de Freud, podremos afirmar
no solo su calidad distintiva frente al mundo físico en
INTERACCION: Interacción social
su sentido más estricto, sino también frente al orgáni-
co. El segundo punto era la idea de que un aspecto
esencial del medio social es que impone exigencias
normativas al individuo y le sanciona según las satisfa-
ga o no. El tercero, la que la estructura
de este medio social, especialmente suuiCc'Coii'mñllp'l!O;rnrle!tnnL:lOer-------
normativo, llega a quedar interiorizada en la persona-
lidad del individuo. De lo contrario no se podria com-
prender la autoridad moral de la «(sociedad» como agen-
te de control de la acción individual, como agente
constrictivo según la expresión de Durkheim. Aunque
no' desarrolló una teoría técnica de la personalidad del
individuo como sistema, está claro que la estructura de
su esquema teórico se articu12 directamente con el tipo
de teoria de la personalidad elaborado por Freud, y
que incluso exige tal articulación para completarlo.
El tratamiento de Durkhcim de los componentes
normativos de los sistemas sociales fue sin embargo
mucho más lejos que el de Freud, en una dirección que
le aproximaba a Kant. Su primaria preocupación por
el sistema social (mientras que en Freud era solo resi-
dual o secundaria), lo hacía consciente de que los com-
ponentes normativos forman parte de un sistema cul-
tural y, en este sentido, trascienden al individuo.
Desarrolló este tema especialmente en su concepción
de las «(representaciones colectivas», que expuso con
más amplitud en su análi'sis de la religión en Les formes
élémentaires de la vz·e religieuse, le systeme totémz·que -en
Australie (1912). Dejó muy claro, a diferencia de
Freud, que los sistemas de «representaciones»---que no
constituían ya una modalidad cartesiana de expre-
sión-eran básicamente simbólicos, dando así un paso
muy importante hacia la concepción del contenido de
la cultura como algo compuesto de sistemas simbólicos
codificados, y hacia una comprensión general de su
articulación tanto con los sistemas sociales como con
las personalidades individuales.
Durkheim y Marx. Aunque este último aspecto de la
obra de Durkheim le puso en contacto directo con el
movimiento idealista, no era más idealista que Marx.
Es interesante compararlos a ester-espee .. t9>-· ..
presenta, por supuesto, una reacción especialmente
notable contra el extremo hegeliano y, de hecho, su
concepción de los sistemas sociales se aproxima más a
la de Durkheim de lo que se ha solido creer. No obs-
tante, puede decirse que Marx. se mostró muy ambiguo
acerca de los componentes normativos del orden social.
Esta ambigüedad se debió a que su esquema estaba
incompletamente diferenciado en dos aspectos princi-
pales. Ante todo, el aspecto ideológico-evaluativo no
estaba claramente diferenciado del científico. Así, p. ej.,
en relación con el «capitalismo»), la condena moral de su
estructura normativa tendía a infravalorar su impor-
tancia empírica en un sentido analítico, sugiriendo que
se limitaba a encubrir intereses explotadores. En se-
gundo lugar, el pensamiento marxista compartía con
las teorías hegelianas y con otras teorias posidealistas
un compromiso con el historicismo. Esta postura' nega-
ba la posibilidad, para el campo sociocultural, de una
teoria analítica generalizada. La teoría de Marx es una
teoría del desarrollo de una sucesión de sistemas so-
cioeconómicos particulares enlazados dinámicamente,
no una teoría analítica de la sociedad en general. Marx
no emplea la teoría económica de Ricardo como una
teoría económica en sentido general, sino como la teo-
ría del proceso capitalista dentro de un sistema eco-
nómico histórico.
INTERACCION: Interacción social
Durkheim no se dejó atrapar por estas dificulta-
des. Como buen cartesiano, dio por supuesto que si los
hechos sociales eran hechos, la metodología general
de la ciencia, incluyendo la teoría analítica general,
era aplicable a los mismos. Y al ocuparse del proble-
ma de los factores <ddeales» desde un punto de vista
prehegeliano y de corte kantiano no se preocupó del
supuesto dilema de si ({en último extremo» lo que
determinaba la acción hU.mana eran los factores idea-
les o los materiales.
Max Weber y el acto!' individual. Si Durkheim
evitó el dilema ideal-material, Max Weber, arrancando
desde puntos de referencia pertenecientes a la tradición
idealista alemana, se abrió paso a través del mismo,
convergiendo directamente con la posición de Durk-
heim. Su referencia fundarnental era a 'los ({motivos
de los individuos»; solo mediante una comprensión
(Verstehen) de los significados de los motivos corres-
pondientes a individuos reales y típicos podían servir
los motivos para explica,. modalidades empíricas de
actuación, en relación, por supuesto, con las condi-
ciones de la situación de la acción. Tales motivos no
eraD en absoluto lo mismo que las necesidades con-
sideradas por los utilitaristas,· precisamente porque,
en yez de darse por supuesta, su estructura era un
asunto de gran intet=é.s. De hecho, los sistemas de
significado cultural consti[uian un elemento primor-
dial para Weber, tal como se ve claramente por sus
esrudios de sociología de la religión.
Al mismo tiempo, la posición de Weber no es en
absoluto un idealismo hegeliano o un «gestaltismo)} pos-
hegeliano, al estilo de Dihb.ey. En estos últimos casos,
la relación principal de un complejo de significados
(Sz"nnzusammenhang) con la realidad material es sim-
plemente l. de un «despliegue». Weber, por su parte,
efectuó la deCIsiva aportacion de romper la rígida alter-
nativa de utilizar o bien los sistemas ideales o los mate-
riales como algo empíricamente cerrado, abriendo una
vía para analizar las complejas interdependencias entre
unos y otros. Así es como Weber llegó a ser eminente
a la vez como «sociólogo de la cultura)} (p. ej., de la
religión) y como sociólogo de los fenómenos políticos y
económicos (especialmente de los primeros), siendo su
análisis del significado social de la ley el principal en-
lace entre ambos campos (cf. Parsons 1965). De este
modo, consiguió resaltar la completa realidad de los
intereses «materiales» de hs personas y de los grupos,
evitando la defectuosa suposición del modelo marxista
de que estos mtereses con stituyen un sistema cerrado
que solo puede alterarse nlediante una transformación
revolucionaria total. En lo que se refiere al actor indi-
vidual, Weber, en vez de tener que llegar a una con-
cepción de interiorización-como hicieron los utilita-
ristas, al igual que Freud y Durkheim-la dio por
supuesta, basándose en su posición teórica general.
Esta orientación solo puede detallarse mediante un
análisis sistemático de la interacción. Deben analizarse
los sistemas sociales unidad por unidad como mante-
nedores de intercambios entre sí, intercambios que
constituyen actuaciones o sanciones según qué uni-
dad el o el (Ireceptor)}-constituya el
punto de más que ninguna otra
figura surgida predominantemente de la tradición idea-
lista, puso las bases y mostró el empleo del esquema
más generalizado hacia el que habían ido confluyendo
las escuelas de pensamiento que estamos estudiando.
Las 'relaciones de la autoridad establecida con el uso
del poder, y' de la propiedad con los mercados y el
intercambio fueron los focos principales de la amplia
gama de sus estudios empíricos. Por supuesto, el poder
y los recursos. económicos constituyen sanciones y re-
cursos especialmente destacados en los sistemas de
interacción más diferenciados, y la obra de Weber nos
puede servir de base para analizarlos en función de un
sistema social, en vez de en términos puramente eco-
nómicos o politicos.
Un paradigma de interacción social. De los mo-
vimientos citados ha surgido el bosquejo general de las
concepciones acruales de la interacción. Se centra en
un sistema social generado y compuesto por la interac-
ción de unidades que pueden ser «organismos con un
comportamiento)}, personalidades o diversos niveles de
colectividad. No obstante, las unidades actuantes se
encuentran siempre involucradas en sistemas cultura-
les que expresan, simbolizan, orderian y controlan las
orientaciones humanas por medio de sistemas de signi-
ficados estructurados, compuestos tanto de códigos de
significados Goma de combinaciones específicas de
símbolos en contextos concretos. Un sistema de inte-
racción exige como mínimo cuatro aspectos o com-
ponentes analiticamente distinguibles: (1) un conjunto
que mantienen interilcción unaLcQn
ottas; (2) un conjunto de reglas o de ottos factores
de (,codificación», cuyos términos estructuran tanto las
orientaciones de las unidades como la propia interac-
ción; (3) un sistema O proceso ordenado o modelado
de la propia interacción, y (4) un medio en el que
opere el sistema y con el que se produzcan intercam-
bios sistemáticos. Puede verse que los diversos movi-
mientos intelectuales revisados destacaron algún ele-
mento o aportaron una combinación de componentes
en este paradigma, pero que en su totalidad, solo
surgió este en una etapa final.
El pragmatismo y la naturaleza, del yo. Antes
de intentar una exposición, más completa del paradig-
ma, debemos atención a otros dos movimien-
tos, que contribuyeron menos a su delineación general
que los ya vistos, pero que no por ello han dejado de
ejercer bastante influencia en él. El primero es funaa-
mentalmente norteamericano y puede considerarse
como un aspecto del movimiento· pragmatista. En cier-
to sentido, James y Peirce hicieron caso omiso de la
rigidez estructurada del pensamiento europeo de su
época para dar un enfoque totalmente nuevo a todo el
sistema del yo y el objeto. Especialmente a la vista de
las tendencias «cientifistas» del pensamiento norteame-
ricano, el pragmatismo planteó cuestiones sobre el yo
de particular importancia. James introdujo un pluralis-
mo claramente no-cartesiano en el concepto; aparte del
yo que piensa existe un yo, un mí y otras formas o
facetas posibles.
Interacción simbólica: Cooley y Mead. Una rama del
movimiento pragmatista llevó a cabo una aportación
especial a la teorja de la interacción social. Se trata de
la rama representada por Charles Hartan Cooley y
George Herbert Mead, que llegó a transformarse en
una clase especial de psicología social. Fue Cooley el
primt!!o que se LOlli6 en Sédó el carat:-rer auténtiéafñei!-
te indeterminado del yo como estructura independien-
te de los demás. Esto llevó a la idea de que el yo se
desarrollaba en la interacción con los otros. Tal como
dijo Mead, para Cooley el (,arra» pertenecía al mismo
campo que el yo y, como este, era inmediatamente
dado (Mead 1930).
Ahora bien: Cooley, a pesar de algunas brillantes
ideas acerca de las características del yo (como la no-
ción del (!yo-espejo») se adhirió a una concepción semi-
idealista y subjetivista de la que, aunque IlO era
ya individualista a la manera cartesiana o utilitarista,
solo logró una visión truncada de los sistemas de inte:"
racción. Mead, en cambio, dio el paso fundamental de
tratar al individuo como sujeto y objeto al mismo tiem-
po y en el mismo sistema interpersonal. Además, fue
mucho más cIaro que Cooley en su demostración de
que la personalidad del individuo surge del proceso
que denominamos ahora de socialización, precisamente
por la acción mutua de estos aspectos subjetivos y
objetivos. No se trata (como dirían los idealistas) de un
proceso de ({despliegue» del espíritu individual o colec-
tivo, sino que incluye vitaJmente la interiorización de
los objetos.
Otra aportación muy destacada de Mead es su idea
del otro generalizado. A través de la interacción simbó-
lica, el individuo aprende a utilizar y desarrollar códi-
gos generalizados que pueden interrelacionar una con-
cepción del otro concreto con categorías y colectivida-
des generalizadas. Esta es la base, en el proceso de
socialización, de la interiorización de los sistemas cul-
turales y sociales, que a su vez pueden llegar a diferen-
ciarse unos de ·otros. Mead avanzó mucho más que
Cooley en cuanto a introducir en la sociologia y en la
___ social de investigacjÓn
técnicos en lugar de apoyarse únicamente en la intui-
ción interpretativa.
Todo esto contribuía a la psicología social, en la
medida en que se señalaba y analizaba la estrecha rela-
ción entre la personalidad y el sistema social indicando
(de un modo conexo con el de Freud, pero distinto)
que la personalidad no es algo que pueda llegar a ser
comprendido independientemente de su articulación
con la interacción social, incluida su participación ge-
nética. Además, y especialmente en Mead, que era una
especie de «(behaviorista» sim.bólico, había una mayor
consciencia que en Fre"ud de la continuidad evolutiva
de los fenómenos entre los niveles humanos de la ac-
ción y los de la vida orgánica más en general. Mead
también superó a Freud en que comenzó la exploración
de los procesos auténticamente, simbólicos y en que
levantó un puente entre la teoría del comportamiento
y la lingüística. Ciertamente, se daba una convergencia
impresionante entre esta versión de la teoría de la «(in-
teracción simbólica» y las ideas tanto de Freud cómo
de Durkheim acerca de la interiorización de los objet"os
sociales.
La tradición existencialista. El pensamiento ale-
mán o, más ampliamente, el pensamiento europeo ·con-
tinental, ha encerrado durante un considerable periodo
de tiempo una rama que se ha destacado recientemente
en el análisis de la interacción de un modo que se
combina de manera básica, aunque todavia relativa-
mente poco clara, con la tradición norteamericana de la
psicología social. Quizá su origen se deba remontar a la
fase kantiana del desarrollo del idealismo. La esfera de
la «(razón práctica» de Kant estaba específicamente sin
estructurar en cualquier sentido comparable a la es-
tructuración del mundo fenoménico o fisico. Se trataba
del mundo de la voluntad, de la individualidad y de
---lo q"ne-cabe considerar significados
organizados. Para nosotros tiene quizá una importan..,.
cia especial el hecho de que esta tradición exper.imen-
tÓ grandes dificultades para llevar a cabo la crucial
INTERACCION: Interacción social
discriminación entre los polos de referencia biológi-
co-ambiental y cultural-cosmológico de los sistemas
de acción. Ha tendido a fusionar los dos hablando de
las necesidades humanas (mlás profundas» de motiva-
ciones.
En la primera etapa, el intérprete de la tradición
kantiana que más avanzó en este camino fue posible-
mente Schelling. Posteriormente surgen otras orienta-
ciones más o menos claramente «existencialistas», pero
las de Kierkegaard y Nietzsche parecen las más desta-
cadas. La fase más moderna y de mayor orientación
sociológica está evidentemeo[e caracterizada por un
continuo que abarca tres posiciones distintas.
En un extremo se encuentra Weber, que analiza
conscientemente la interdependencia de los «significa-
dos queridos» y de la situación, la interacción y las
sanciones, preocupándose mucho menos por el «desti-
no» o «(suerte» de las fantasías y esperanzas subjetivas
que por la naturaleza de sistemas de. interacción
generados por las complejas mc,dalidades de su realiza-
ción (y por el fracaso en conseguirla).
En el punto medio se puede colocar quizá a Georg
Simmel, que ha producido UD importante impacto en
las ciencias sociales estadounidenses. Sirnmel intentó
restringir la determinación (,fenoménica» a las (,formas»
de la interacción, y consagró su inmenso talento innii-
tivo a la comprensión interpretativa .de los significados
que infunden los actores individuares y,....,lee&s-'yg·.,., .. o .. ''-'ld'''":-______ _
acción en la interacción, creando de ese modo, en un.
sentido muy amplio y general, el marco determinativo
de dicha interacción. Es significativo que la influencia
de Simmel se iniciara en Estados Unidos a través de la
Universidad de Chicago, en donde enseñaba Mead.
Las «(formas de relación sociah) de Sirnmel no eran
tanto categorías explicatorias como un marco de refe-
rencia para ensayos interpretativos (véase Naege-
le 1958).
El tercer movimiento, el más alejado de Weber, se
basa filosóficamente en la tradición fenomenológica de
Husserl y, en parte, de Heidegger, y tiene importantes
afiliaciones con el existencialismo. De forma menos
inmediata está también ligado con el historicismo pos-
hegeliano que fue el mayor defecto critico de Weber.
Se centra fundamentalmente en las experiencias y sen-
timientos más Íntimos del individuo y, desde ese punto
de arranque, se remonta a una crítica relativizadora de
las estructuras más convencionales y más supuesta-
mente «(superficiales» de la vida social. Al menos ciertos
elementos del movimiento ponen tal acento sobre el
individualismo que se. acercan a la anarquia filosófica,
lo que va claramente en contra del tradicional énfasis
sociológico en los cimientos del orden básico en la vida
social. .
Erving Goffman es quiz:i. el autor más destacado de
la sociología estadounidense actual influido tanto por el
interaccionismo simbólico de Mead como por el punto
de vista fenomenológico. La linea de pensamiento más
distintivo en Goffman está constituida por un gran
é.nfasis en las discrepancias entre la imagen de sí mismo
que ofrece el actor a los demás en el proceso de inte-
racción y sus actitudes y preocupaciones privadas sub-
yacentes (Goffman 1956).
Enfoques empíricos. A gue-
rra mundial se ha producido en Estado:'s"üñ
r
.
importante movimiento en favor del estudio empírico
de la interacción, especiaJmente con las investigaciones
sobre pequeños grupos. Se pueden mencionar tres as-
172
INTERACCION: Interacción social
pectos del mismo. La denominada tradición de la «di-
námica de grupo'> fue fundada por el psicólogo social
Kurt Lewin (1939-1947; Lewin et al. 1944; Benne
et al. 1950). Ha sido relativamente ecléctica, poniendo
el mayor acento en la maleabilidad de los objetivos hu-
manos a través de la interacción. Esta importancia con-
cedida al medio o ambiente se ha asociado con una
fuerte orientación a la «acción)}, es decir, a cambiar el
comportamiento en direcciones que se juzgan con ve-
nienres mediante las experiencias de participación en
grupos.
El segundo movimiento ha sido el del estudio expe-
rimest8:1 y de laboratorio, de la interacción en pequeños
grupos, llevado a cii1!o por Bales y sus colaboradores
(cf. Bales 1950) quienes se han centrado en los métodos
técnicos, analíticos y de observ.ación y teóricamente
han destacado el concepto de sistema social a este ni-
vel, así como el de sistemas mayores; en este sentido,
puede decirse que pertenecen a la tradición de la teoría
de la acción.
El tercer tipo de trabajo es el de Homans, quien
arrancó del estudio de la organización informal de la
industria llevado a cabo por Elton Mayo y sus cola-
boradores (cf. Homans 1950). En su última obra,
Homans (1961) ha intentado, dentro de lo que hemos
denominado ampliamente marco utilitarista, derivar o
extraer las principales características de 10 que llama
«comportamiento social demental>), de la psicología
experimental del tipo de la de Skinner, y de deter-
minados postulados de la teoría del intercambio eco-
nómico.
La interacción y el sistema social
El resto de este artículo intentará delinear sistemáti-
camente tanro los componentes. de un sistema de
interacción como algunos aspectos destacados del pro-
pio proceso de interacción. Intentaré demostrar que los
puntos principales en que se apoyan las teorías históri-
cas anteriormente reseñadas se·encuentran comprendi-
dos en un esquema más generalizado y más amplio en
cuanto a la teoría. Este esquema más amplio es una
«teoría de la acción», en el sentido en que la ha venido
utilizando desde hace mucho tiempo el autor y tam-
bién, en esencia, otros muchos, aunque su terminología
pueda ser diferente.
El concepto de interacción es el paso de primer orden
más allá del propio concepto de acción para formular
el concepto de- sisu:w.a social. Al hablar de' acción,
damos por supuestas unas motivaciones significativas y
un encaminamiento a una meta u objetivo. Los moti-
vos, las metas y demás elementos se expresan en, y
debe por tanto interpretarse que incorporan, una forma
simbólica a nivel cultural. Existen infraestructuras de
todos los sistemas de acción que no están estructuradas
simbólicamente, pero no existe ningún sistema de ac-
ción, en el sentido a que noS referimos, que no impli-
que una simbolización cultural; por supuesto, primor-
dialmente a través del lenguaje.
El concepto de interacción diádica es muy con ve-
. ente para clarificar ciertos aspectos fundamentales de
los fenómenos de interacción en general. Pero, como se
trata de un caso límite hay que ser prudentes acerca de
las deducciones generales que de él se obtengan. Esto
es cierto en el mismo sentido en que, aunque el orga-
nismo uniceL .. .lar sirve para estudiar ciertos aspectos
básicos de tOua la vida orgánica, por sí solo no puede
proporcionar pruebas adecuadas para una teoria de la
evolución orgánica.
Los puntos fundamentales de referencia para anali-
zar la interacción son dos: (1) que cada actor es tanto
un agente de actuación como un objeto de orientación
para sí mismo y para los demás; y (2) que, como agente
actuante, se orienta hacia sí mismo y hacia los otros, y
como objeto tiene significado-'para sí mismo y para los
otros en todos los aspectos o modalidades primarios. El
actor un conocedor y objeto de conocimiento, un
de medios instrumentales y un medio él mis-
mo, vmculado emocionalmente a los demás y objeto de
viD9tlasiÓll, 8valY3Qor y eaj@to de.araluación, \IR .in-
térprete de símbolos y él mismo un simbolo.
De estas premisas se deriva la proposición funda-
mental de la doble contingencia de la interacción. No
solo es, al igual que para las unidades aisladas de com-
portamiento, sean animales o humanas, UD resultado
meta contingente a la cognición y manipulación de los
objetos del medio ambiente lograda por los actores,
sino que como los objetos más importantes que parti-
cipan en la interacción también actú::m., es asimismo
contingente a su acción o intervención en el transcurso
de los acontecimientos. La teoría de los juegos consti-
tuye quizá el análisis más perfeccionado de las impli-
caciones de esa doble contingencia. Por supuesto, el
factor de contingencia se multiplica con cada adición al
número de unidades interactuantes (para mis propias
formulaciones anteriores, véase Parsons y Shils 1951).
La doble contingencia y las contingencias más com-
plejas tienen un conjunto crucial de consecuencias. Por
un lado, y tal como analizó desracadamente Hobbes, en
un sistema de interacción las posibilidades de inestabi-
lidad superan CaD mucho aquellas a las que están ex-
puestas los actores aislados en relación con medios o
ambientes que contengan solo no actores-p. ej., obje-
tos fisicos--como objetos signíficativos. Por otro lado,
si la autonooúa poseída por cada unidad actuante, en
relación con su medio, se encuentra -integrada con la de
los otros con los que interactúa, el sistema de interac-
ción en su conjunto puede ganar mucha autonomía o
libertad de acción. Además, en ciertas condiciones, esta
mayor autonomía del sistema Ruede ser compartida
por las unidades del mismo. En tal situación, una uni-
dad del sistema ('organizado)} de interacción tiene mayor
libertad para actuar autónomamente que una unidad
con las mismas pero aislada en la relación
con yt; medio físico, al estilo de Robinson Crusoe. Esta
erlr ase analítica del «mdividualismo institucioñiiiZa-
que Durkheim demostró claramente que no era
sino una consecuencia de la división del trabajo, según
él la entendia.
Condiciones de integración. La condición por sí
sola ,más importante de la integración de un sistema de
interacción es una base compartida de orden normativo.
Como debe operar de modo que controle las potencia-
lidades perrurbadoras (para el sistema de referencia) de
la autonomía de las unidades, así como para guiar la
acción autónoma por canales que, mediante un refuer-
zo mutuo, aumenten la capacidad de autonomía tanto
del sistema considerado globalmente como de sus uni-
dades miembros, tal·base"de ord'en ·debe' ser ·normativa·.
Debe guiar la acción estableciendo algunas distinciones
entre las lineas de actuación deseables y no deseables,
que puedan servir para estabilizar la interacción en
estos fundamentales. Otro tema distinto es el
de si el 'sistema estabilizado es «estático)} o «dinámica-
mente cambiante» en uno o más sentidos. Puede decir-
se que la teoría de los juegos ha demostrado que un
sistema complejo de interacción sin reglas, pero en el
que se supone que cada unidad está solamente «bus-
, cando racionalmente su propio interés»,' no pued-e ser
estable en el sentido indicado. Se trata de un punto
---esenciir pára compreñder el puesto dé ta naciónaHCftJ({;)
en el comportamiento social.
El concepto de una base compartida de orden nor-
mativo es básicamente el mismo que el de una cultura
común o un -{(sistema simbólico». El prototipo de dicho
orden es el lenguaje. Un lenguaje entraña un código,
que consiste en las normas generalizadas que defmen
el habla o escritura ((correctas), como base de la utili-
zación de símbolos para formular y transmitir mensa-
jes. Aunque existe una considerable_ desviación de
orden secundario, el hecho masivo es que todos los que
hablan un lenguaje «respetan)} las normas del"códi-
go-«se conforman) a ellas, si se prefiere decirlo asi-so
pena de no ser comprendidos.
Cierto que el lenguaje no es un constituyente rior-
mativo primario de los sistemas sociales en el sentido
válido para la ley en los sistemas complejos, pero sí un
constituyente normativo primario de sistemas cultura-
les diferenciados. No obstante, el punto que deseo seña-
lar aquí es que toda cultura representa un control nor-
mativo, o a una {(guía» de la acción. Este es un sentido
en el que la díada constituye claramente un caso límite
de interacción. Por muy aislada que esté una diada en
otros aspectos, no puede' nunca generar la cultura
común ramificada que posibilita una interacción signi-
ficativa y estable. Una diada presupone siempre una
cultura compartida en un sistema más amplio. Ade-
más, dicha cultura es siempre producto, de un
{(histórico» que supera con mucho la duración de -una
relación diádica concreta.
Tal como señaló claramente Durkheim, para los ac-
tores en interacción esta cultura normativa común tiene
un doble significado. Por un lado, constituye para cada
actor una parte' esencial de la situación o medio en el
que desarrolla su acción. Su existencia y las formas en
--- accioa&& de los mjembros del
hechos sociales que el actor debe tener en cuenta. Estos
heChos incluyen las probabilidades de imposición de
sanciones contingentes a la acción en relación las
normas: recompensas para la conformidad y sanciones
negativas para la no conformidad. Por otro lado, la
culmra normativa en los casos paradigmáticos, se
rioriza en las personalidades de los actores individua-o
les-y se institucionaliza en las celectividades-pasan-
do de este modo a controlar la acción, en parte, por
autoridad moral. En la misma medida, la conformidad
es voluntaria, por lo que entran en juego las sanciones
internas.
El fenómeno de que las normas culturales sean
interiorizadas por las personas y se institucionalicen
en las colectividades constituye un caso de 'interpene-
tración de los, subsistemas de acción, en este caso el
sistema social, el sistema cultural y la personalidad.
Dado que esto.s subsistemas seo, deffuen analíticamep.-
te, y no concretamente, es ,comprerisible que
tera . !=oncreta de cualqtiíe'r fut:litir
o zonas .. que requiera:n, espe-
cialmente intinla :con 'parte S!e.,.úno _,o ',de' ,,'o.t,r9S·
subsistemas. Laproposi,ión críti9aes P'1rtantoque
la ,cultura
par'te' 1'os ÍI).te-
INTERACCION: Interacción social
racción social. En consecuencia, el sistema social y la
cultura deben integrarse de modos específicos en el
área de su interpenetración.
El paradigma diádico de la interacción es asimismo
un case limite especial en lo que se refiere al modo en
que un sistema de interacción cons..ti¡yye una colectivi-
173
dad. Merece la pena resaltar este punte. __
de la diada como caso tipico en vez de como caso limite
tiende a perpetuar el punto de vista utilitarista de la
interacción ya infravalorar tanto la solidaridad como el
papel de la cultura normat.iva en favor' de las {(necesi-
dades» de los individuos, o de cualquier otra versión de
los (<intereses)) individuales. Cualquier relación diádica
dada, al igual que cualquier «individuo» determinado,
debe verse en el contexto de un sistema social más
amplio, interpenetrándose con una cultura compartida,
también más amplia.
El pluralismo de papeles y la personalidad. La
relativa estabilidad de un nivel significativo de integra-
ción a lo largo del tiempo implica tanto la existencia de
una cultura normativa común como la de unos criterios
bastante definidos de estatus de pertenencia a la colec-
tividad. Los miembres de ·.esta comparten un nivel de
solidaridad que no resulta aplicable a las relaciones
entre los miembros y los no miembros. La solidaridad
exige cierta cualidad especial y nivel de confianza
mutua y lealtad al interés colectivo, que presupone en
ocasiones el sacrificio de los intereses de las unidades.
En principio, una colectividad es capaz de una {(acción
concertada», en el sentido de emprender una acción
colectiva para alcanzar objetivos delmidos, en el proce-
so social, como de la colectividad, y de resistirse a las
fuerzas centrifugas que podrían reducir los compromi-
sos colectivos de los actores miembros al simple interés
propio. De hecho, la posibilidad de tal acción suminis-
tra la base primordial para trazar las fronteras entre un
sistema social y su medio ambiente, que se compone de
los otros sistemas sociales y de otroS tipos de sistemas.
Los sistemas de interacCión diádica pueden consti-
tuir colectividades y mostrarse solidarios en un grado
notable, pero no pasan de ser subsistemas de sistemas
sociales más extensos. Una razón"Cte- ello;:;::e::s::;la';:f.nfe;:;c::;e;;s:;:i-;;-______ _
dad de una cultura común; así, p. ej., la interacción que
resulta posible sin contar con un idioma común es de
heCho sumamente limitada. U na segunda razón se re-
fiere a la relación del sistema de interacción con las
personalidades de sus miembros. Una díada, como
heche;> empírico, no constituye nunca una sociedad in-
dependiente; un miembro de tma díada nunca mantie-
ne interacción solo con el otro miembro o componente
de la misma. Por tanto, toda su personalidad, en la
medida en que participa 'en una interacción social,
nunca lo hace en una interacción diádica única. Así,
aunque el matrimonio sea una relación diádica espe-
cialmente importante, en todas las sociedades conoci-
das las parejas casadas suelen tener hijos, y el papel de
esposo es diferente del de padre; además, la familia
núcleo constituye-siempre una colectividad más inclu-
siva) en la que cada' miembro desempeña diversos pa-
peles.
. El fenómeno del pluralismo de papeles o roles consti-
tuye una, característica fundamerital de todas las
humanas, tanto más importante cuanto más
rl;iferenciada est'é la sociedad. En consecuencia" his es-
interactivas _ de ,individuos diferentes:, aunque- se
sqlapa:n, e 'no son idénticas. Cualquier
individuo dado pal't!cipa en un número cOnSi,derable
174
INTERACCION: Interacción social
de sistemas específicos de ,interacción, de los cuales los
más importantes y duraderos son las colectividades
estables a las que pertenece. Por tanto, la .unidad de
pertenencia a una colectividad no es el ,individuo en
general, sino la persona en el desempeño de un papel.
De esto se derivan dos consecuencias. La primera es
que, paralela a la interpenetración elltre los sistemas
culturales y sociales anteriormente señalada, debe
haber una interpenetración entre los sistemas sociales
y las Concretamente, al igual que la
'cultura,·-normativa se interioriza en, las personalidades .y
se institucionaliza, debe haber expectativas institucio-
nalizadas acerca de cada papel concreto en cada colec-
tividad particular, que son también interiorizadas en la
personalidad de quien lo desempeña. Desde luego, ti-
picamente, las expectativas interiorizadas de reciproci-
dad se transforman en diversos grados en alienación y
propensiones a la desviación.
En segundo lugar, sin embargo, las especificaciones
de la cultura normativa para las diferentes colectivida-
des en las que participa el individuo y las expectativas
acerca del comportamiento en los diversos papeles in-
dividuales deben integrarse unas con otras a nivel de la
personalidad. La correspondencia paralela de las es-
tructuras específicas de personalidades particulares y
los requisitos de comportamiento de los papeles social-
mente organizados se ve impedida por la diferenciación
pluralista de las subcolec!Ívidades en el sistema social
y por las participaciones en varios papeles por parte de
los individuos. La razón sociológica de ello, que se
combina con la razón genética, con la psicológica y con
otros tipos de razones, es que' no existen dos personas
que tengan la mis'ma combinación de participaciones en
papeles, circunstancia muy acentuada en sociedades
en que una elevada proporción de las participaciones en
papeles no son adscriptivas y, por tanto, el desem-
peño de determinados papeles es en cierto sentido una
elección voluntaria. (La afirmación de tal correspon-
dencia entre las bases del sistema social y la integración
de la personalidad ha sido una de las mayores falacias
de muchas teorías de la «cultura y la personalidad,) y
del «carácter nacional».)
Aquí .DOS encontramos de nuevo con el análisis de
Durkheim de las relaciones dobles entre el actor y la
cultura normativa. Desde la perspectiva del sistema
social las personalicnn:tes de sus miembros son al mismo
tiempo, en aspectos diferentes, tanto parte del sistema
social, a través de la interpenetración, como parte de su
medio ambz··ente. La zona de interpenetración es la de las
expectativas acerca del desempeño del papel, ya que se
encuentran institucionalizadas en el sistema social e
interiorizadas en las personalidades individuales. Aquí
resulta particularm,ente importante que, cuando los
papeles que están asociados se encuentran diferencia-
dos, las expectativas no son de actuaciones idénticas de
quienes los desempeñan, sino diferentes, aunque comple-
mentarias. Así p. ej., se supone que el marido y la
mujer, en sus papeles difere-rtciados en la familia, no
actúan de forma' igual, SL.'"lO diferente, desempeñando
cada uno de ellos un papel sexual distinto. Las diferen-
cias entre los papeles, al igual que su solidaridad co-
mún, se encuentran legitirnizadas por los valores com-
partidos entre ellos.
El organisIllO y el medio. La personalidad del
individuo, como un sistema de acción analíticamente
defmido, constituye un parámetro de gran importan-
cia, ligado al organismo vivo, encontrándose ambos,
según nuestra terminología, adscritos el uno al otro.
Sin embargo, deben distinguirse analiticamente, debi-
do a que la estructura y los mecanismos del organismo
son fisicos, mientras que los de la personalidad son
psicoculturales y aprendidos. Lo mismo que en el caso
de la personalidad y el sistema social, no puede existir
una correspondencia paralela en,re las propiedades de
un organismo y el contenido de cultura normativa y
expectativas de papeles sociales eJ¿ll'!"'pSr-
soin!liaiid. En ciertos contextos esto es algo bien sabi-
do: asi, ningún experto afirma que en ningún sentido,
salvo el ('programado», haya una estructura anatómica
o fisiológica específica que distinga a los que hablan un
lenguaje determinado de los que hablan otro ..
El organismo constituye el enlace entre los sistemas
de acción y el mundo físico. Toda acción concreta es,
en cierto aspecto, e11<comportamiento de organismos)),
pero solo en ese aspecto. Así, toda comunicación, lin-
güística involucra los órganos del habla, el aparato
auditivo y el cerebro (o los'mecanismos equivalentes,
como en el caso de la lectura y de la escritura). Como
los organismos se encuentran siempre ubicados en lu-
gar,es· concretos en momentos determinados, todos "los
sistemas sociales tienen un aspecto ecológico; es decir,
existe una ubicación, un movimiento y una distribu-
ción de los organismos y de las actividades en el espa-
cio. Está claro que el propio cuerpo de un individuo y
los cuerpos de los demás son objetos decisivos de orien-.
tación para él en una amplia variedad de formas.
Parece deducirse que el organismo debería incluirse
en el medio físico de los sistemas de acción y, por
tanto, de los sistemas sociales. A la luz de nuestras
tradiciones de pensamiento, el medio fisico es clara-
mente el menos problemático de los medios de los
, sistemas de interacción. No obstante, las viejas dificul-
tades' acerca del sentido en que deberla incluirse en el
concepto de sistema social el individuo en su totalidad
(incluidos sus aspectos orgánicos) puede resolverse con
la misma lógica que se,ha empleado para relacionar los
sistemas sociales eón los sistemas de acción culturales
y psicológicos.
Primero, hay una categoría de objetos que son solo
físicos, tanto si son objetos «naturales» como si son
artefactos. No pueden mantener una interacción, ni
la,.!Dmtienen, en 108 sisKfilas sociales- humanos ("CtIn:s-
tituyendo los animales un caso marginal). En este
sentido, los organismos humanos no son solo fisicos,
sino que se interpenetran con los otros 'sistemas de
acción. Son objetos del medio y también, mediante
la interpenetración, partes del sistema de acción (y de
interacción).
No obstante, esta relación dual con la interacción no
se aplica igualmente a todos los aspectos del organismo
humano. El concepto de «organismo con un comporta-
miento» designa los componentes del organismo para
los que es más importante la interpenetración con la
personalidad, el sistema social y la cultura. Algunos
autores (p. ej., H. A. Murray) han empleado el concep-
to de (<organismo vegetativo)) para designar aspectos
que, como la mayoría de los procesos y mecanismos
metabólicos, participan mínimamente en la acción. N o
obstante, no debe suponerse que la línea es, empírica-
mente ,fija.; los fenómenos de la acción pueden pasar
(mediante el estrés o la psicoterapia, p. ej.) a involucrar
de manera bastante directa procesos orgánicos que nor-
malmente están aislados de los mismos.
Ciertamente, la participación del organismo en la
<_.,
----------
interacción comprende todas las modalidades de orien-
tación y de objetos. El organismo tiene quizá una im-
portancia especial como instrumento, pero el concepto
de Freud de un narcisismo primario considera acerta-
damente el amor del niño por su propio cuerpo como
un auténtico caso de amor. De fonna parecida, en todo
subsistema de la orientación de los actores existe un
aspecto orgánico que se interpenetra con los aspectos
no orgánicos. Se han llevado a cabo' considerables in-
vestigaciones, p. ej., acerca de las (,bases) orgánicas de
las emociones, comenzando con la conocida obra de
Cannon (191 S).
La interacción como proceso
Podemos concluir con un breve bosquejo de la inte-
racción como proceso. Ante todo, suponemos que cua-
lesquiera que sean las etapas intermedias en la evolu-
ción desde el simple comportamiento animal a la
interacción social humana, la segunda se apoya funda-
mentalmente en niveles simbólico-culturales, aunque
tiene ciertamente diversas bases (fsubcuIturales». El
proceso de la acción puede analizarse, pues, e'n dos
fases: lo que ocurre dentro de cada unidad actuant:e
(sea una persona que desempeña un papel o una
colectividad) y lo que ocurre entre tales unidades.
Parece ser que la terminología generahnente aceptada
denomina al primer proceso (fdecisióo», y al segundo .
(fcomunicación».
En los procesos de decisión, la información comuni-
cada a la unidad decisora (este es el caso de la interac-
ción, pero la infonnación ambiental puede ser también
relevante) se «(procesa» a la luz de las «(disposiciones»,
objetivos, sentimientos, etc., de la unidad. Entonces'se
lleva a cabo un acto..:t.o.9,ue consiste -normalmente
- comúnTcaCión a otras unidades del sistema. El que la
comunicación sea o no verbal, constituye una cuestión
sin precisar, ya que puede consistir, p. ej., en un gesto
del tipo que Mead analizó con rauta claridad. Esta
comunicación se convierte entonces en una «(entrada»
para las unidades receptoras, incluyendo el promulga-
dor, que puede encontrarse, según una frase muy usada
en este tipo de situación, «(aterrado ante lo que acaba
de decir».
Cada salida de comunicación representa atravesar
una frontera, al igual que su recepción como entrada.
Su significado debe interpretarse e introducirse -en un
proceso combinatorio, junto con otras entradas y con
aspectos de las estructuras y procesos internos de la
unidad, tanto si esta es una personalidad como si es
una colectividad. Este proceso interpretativo y combi-
natorio constituye una «(decisión», de la que emerge una
nueva salida de comunicaci6n.
La «(salida» debe pasar también por un proceso
consta de un número indefinido de etapas antes que
la comunicación llegue a la unidad, unidades o catego-
rías de unidades que constituyen su objetivo. En una
gran variedad de formas, este proceso implica medios
de comunicación, que' exponen la comunicación a 'una
serie de influencias; tales como modificaciones, distor-
siones o mantenimiento de su «(mensaje» mediante me-
didas especiales. Por supuesto, tales mfluencias son el
resultado de decisiones adoptadas por las unidades por
las que pasa -la comunicaéión.
Medios generaliz'ados de interacción. De los
muchos aspectos del proceso de comunicación en .. la
interacción, se puede elegir uno para comentarlo.:.de
Interacción social
----------------
manera especial: el papel de los medios generalizados.
Varias veces he señalado ya al lenguaje como el proto-
tipo de medio. A nivel cultural se trata claramente de
la matriz fundamental de todo el sistema de medios.
No obstante, los sistemas sociales a gran escala contie-
nen medios más especializados (o, si se prefiere, den-
guajes) especializados), tales como el dinero, el poder y
la influencia (véase Parson., 1963a; 1963b). Tales me-
dios, como el lenguaje, controlan el comportamiento en
los procesos de interacción. Sin embargo, lo hacen por
medios simbólicos, es decir, presentando- a· un actor no
un objeto intrínsecamente importante, tal como un
objeto alimenticio, sino con UTIa «representación» sim-
bólica de dicho objeto. Los simbolos pueden despertar
la expectativa de que se sirva una comida; y por tanto
preparan al receptor de la cOITlUnicación para la expe-
riencia de una satisfacción alimenticia y, dentro de
ciertos límites, llegan incluso 2. sustituir a esa experien-
cia. A este respecto, el funcionamiento del dinero cons-
tiruye el ejemplo mejor comprendido de un medio del
sistema social. Tal como han dicho los economistas
clásicos, no tiene ningún «valor de uso», sino solo «valor
de cambio». La posesión de dinero concreta simbólica-
mente las expectativas de, acceder a objetos satisfacto-
rios, de utilidad, pero el dinero en sí no es uno de tales
objetos.
I75
En la interacción humana existen diversos medios·
parecidos. El «placer erótico» de que habló Freud cons-
tiruye claramente uno de ellos, al igual que los fenóme-
nos a que se refieren los términos de «afecto» y «acep-
tación social», y lo que W. 1. Thomasdenominó
«deseos) de respuesta y reconocimiento. La demostra-
ción de que las personas necesitan profundamente di-
chos medios a un nivel psicológico =stiruye una prue-
ba excelente de los fenómenos de in;;t¡'¡e'Tr;;lO"'r"¡'7zir a"C!l'Ió"¡;-¡ -------
anteriormente analizados, y, en sentido más general, de
la interpenetración.
[A. L. c.] T ALCOTT PARSONS
[Ti'enen reladón dz·recta con este trabajo GRUPOS, ar-
. tículo sobre ESTUDIO DE LOS GRUPOS; INTEGRACIÓN;
NORM.AS; SISTEMAS, ANÁLISIS DE. Tambz"in ofrecen
,z·nformación de'interés LENGUAJE, artículo sobre LEN-
GUAJE Y CULTURA; PERSONALIDAD; Sí MISMO, CON-
CEPTO DE; SOCIALIZACIÓN; UTILITARISMO; Y las
biografías de CANNON; COOLEY; DESCARTES; DURK-
HEIM; FREUO: HEGEL; HOBBEs; HUSSERL; JAMES;
KANT; LEWIN; LOCKE; MARSHALL; MARX; MAYo;
MEAD; PEIRCE; SIMMEL; THOMAS; WEBER, MAX.]
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