LUCHAS Y TRANSFORMACIONES SOCIALES EN SALTA

Alejandra Cebrelli y Víctor Arancibia (Editores)

Luchas y transformaciones sociales en Salta / edición literaria a cargo de Víctor Arancibia y Alejandra Cebrelli. - 1a ed. - Salta : Centro Promocional de Investigaciones en Historia y Antropología - CEPIHA, 2011. 300 p. ; 21x17 cm.

ISBN 978-987-1602-04-9

1. Historia Regional. 2. Estudios Sociales. 3. Procesos Sociales. I. Arancibia, Víctor Hugo, ed. lit. II. Cebrelli, Alejandra, ed. lit. CDD 982.42

Fecha de catalogación: 27/12/2011

INDICE

Prólogo Capítulo I: Neocolonialismo, hambre y agronegocios de la soja transgénica (Salta, Argentina) - Sonia Álvarez Leguizamón. Capítulo II: Defensa del lugar, luchas clasificatorias y producción de ausencias. Reflexiones a partir de movilizaciones étnico-identitarias relacionadas a las la lucha por el territorio en la Provincia de Salta - Mónica Flores Klarik, Marcela Álvarez y Norma Naharro Capítulo III: La constitución del sujeto indígena en el Chaco Salteño. Disputas simbólicas y estrategias de comunicación en torno al desarrollo - Fernando Bustamante Capítulo IV: Cuando la intimidad es colectica. Narrativas del yo e identidades emergentes - Alejandra Cebrelli Capítulo V: Visiones, discursos y prácticas durante el proceso de ordenamiento territorial de los bosques nativos en Salta Lucas Seghezzo, José N. Volante, José Paruelo, Daniel J. Somma, E. Catalina Buliubasich, Héctor Rodríguez, Sandra Gagnon y Marc Hufty Capítulo VI: Representaciones y Documentalismo. Acerca de las estrategias para visibilizar la protesta social - Víctor Arancibia Capítulo VII: Como una cadena que nunca se corta. Horizontes de pasado entramados de poder y visiones subalternas Andrea Villagrán Epílogo: Tejiendo Redes Curriculum de los Referatos

PRÓLOGO Luchas y transformaciones sociales en Salta es el resultado de un Proyecto de Investigación de Ciencia y Técnica Orientado (PICTO N° 1836828) desarrollado entre los años 2009 y 2011, en el marco de un convenio entre la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT) y la Universidad Nacional de Salta (UNSa). El equipo estuvo compuesto por la Dra. Sonia Álvarez Leguizamón como Investigadora Responsable y Directora, la Dra. Alejandra Cebrelli como Investigadora del Grupo Responsable y un Equipo de Colaboradores compuesto por el Mg. Víctor Arancibia, la Lic. Mónica Flores Klarik, el Lic. Javier Yudi y la Lic. Norma Naharro desde el inicio del trayecto. Luego se incorporó la Lic. Marcela Álvarez, el Lic. Fernando Bustamante, Leda Kantor y la Lic. Andrea Villagrán1. La investigación tenía como objetivos principales indagar los modos en que las relaciones sociales en Salta se han transformado en últimos años del siglo XX y la primera década del siguiente, dando cuenta de las modificaciones y pervivencias de las condiciones de reproducción de la vida de los sectores subalternos y de las formas de resignificación de las identidades de los sujetos involucrados. Con tal fin, fue importante el análisis de los discursos y de las representaciones que legitimaron la reconversión de las relaciones sociales en el marco de las luchas y movilizaciones que se dieron en el gozne de la crisis del neoliberalismo en Argentina y de la implementación de nuevas políticas de desarrollo. Para ello resultó clave la descripción de las modalidades de resistencia y de luchas en los procesos de construcción de identidades. Asimismo, tanto la lectura contrastiva entre las formas de registro documental y la cobertura periodística de estos conflictos que realizaron los medios de comunicación posibilitaron la aprehensión de los regímenes de visibilidad de los objetos considerados. A lo largo de la investigación, se analizaron las formas de gobierno y dominación durante el período de la gubernamentalidad neoliberal en Salta, estableciendo vinculaciones con Argentina y América Latina. Esto permitió dar cuenta de los modos de producción
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Es importante destacar que, durante la implementación del citado PICTO, la mayor parte de los miembros del mencionado equipo avanzaron notablemente en sus estudios de doctorado y están actualmente en la etapa de elaboración final de la tesis (Mg. Víctor Arancibia, Mg. Pedro Ibarra, Lic. Mónica Flores Klarik, Lic. Javier Judi) o, como en el caso de Andrea Villagrán, obtuvieron el título máximo. Por su parte, el Lic. Fernando Bustamante obtuvo una Beca Erasmus, gracias a la cual está cursando el doctorado en España.

y reproducción de la pobreza y la desigualdad y su impacto en las luchas y movilizaciones sociales en esta zona del país, sin obliterar las matrices históricas en las que se sostienen estos procesos. Paralelamente, se dio particular relevancia a las estrategias comunicacionales y retóricas utilizadas para tomar la voz por los líderes de las organizaciones campesinas, de comunidades originales y por los dirigentes gremiales. El recorte puso de manifiesto no sólo las estrategias de empoderamiento, lucha y visibilidad creciente legibles en los medios de comunicación tradicionales sino también en las nuevas propuestas generadas por los propios grupos y/o por la apertura de los espacios mediáticos a través de la sanción e implementación de la Ley Nº 26522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, todo lo cual quiebra más de un siglo de silenciamiento por parte de la sociedad y del Estado Argentino. El estudio permitió periodizar, si bien de manera parcial y a modo de muestreo, el evidente incremento de la participación en el mercado discursivo periodístico de las voces de los hombres y de las mujeres que lideran los movimientos sociales en la provincia. En ese sentido, resultó fundamental dar cuenta de las luchas clasificatorias en tanto estrategia de defensa de los lugares materiales y simbólicos que llevaron adelante los grupos subalternizados locales. De este modo, se comprobó la tensión entre la lucha por el territorio, la construcción por las identidades de los pueblos originarios y el requerimiento de los Estados (nacional y provincial). El análisis demostró que, en muchos casos, las características culturales a las cuales se adscriben algunas comunidades en movilización y conflicto se amoldan al repertorio de temas y clasificaciones que se proponen desde las instituciones gubernamentales como estrategia para obtener tanto la visibilidad como el derecho a la palabra y el acceso a los bienes materiales y simbólicos que dan sentido a sus luchas. De allí la importancia de contextualizarlas en el marco de las políticas agroeconómicas, en particular las relacionadas con el desmonte y la sojización que tuvo particular relevancia en Salta durante el periodo señalado. Al analizar el impacto negativo en la vida cotidiana de los diferentes grupos sociales estudiados, se consideró también el de los programas sociales de tipo asistencial, implementados a modo de paliativo desde el estado nacional, tales como “Jefas y Jefes de Hogar Desocupados”, el “Plan Familia por la Inclusión Social” y la “Asignación Universal por Hijo”, todo lo cual permitió comprobar sus beneficios parciales: la cobertura de las necesidades básicas de los grupos marginalizados y la inclusión de los mismos en los sistemas educativos y de salud.

Cabe destacar el intenso trabajo en territorio realizado por los diversos investigadores: entrevistas en profundidad a funcionarios, técnicos y beneficiarios de los citados planes como así también a los responsables de la implementación de las políticas públicas aquí consideradas. En ese sentido, el equipo en su conjunto, mediante diversas estrategias y en diferentes instancias de reunión, convocó al diálogo, al debate y a la discusión a dirigentes sectoriales y gremiales, líderes de movimientos sociales, gauchos y miembros de comunidades indígenas. A la vez, se relevó un abundante material textual –construido a partir de la prensa local y de referencia nacional, de la publicidad turística, de la documentación emanada de organismos oficiales, fundaciones y ONG’s, de registros fotográficos, documentales y fílmicos. Este corpus permitió estudiar las categorías nativas vinculadas con la construcción de alteridades que realizan los grupos dominantes y demostrar la pervivencia en ellas de viejas categorías coloniales y neocoloniales, tales como las de ‘indio’, ‘coya’, ‘gaucho’, ‘mestizo’, entre otras. El libro es el resultado final de este rico proceso de indagación. Aquí se han seleccionado algunas de las producciones de las y los investigadores del proyecto más las de otros académicos con intereses afines que participaron de talleres de discusión instrumentados desde el PICTO. Los trabajos son un muestreo de las problemáticas abordadas, de las categorías analíticas utilizadas, de las metodologías con que se trabajaron y de los resultados, siempre parciales y perfectibles, a los que finalmente se arribó. El primer capítulo se titula ‘Neocolonialismo, hambre y agronegocios de la soja transgénica (Salta, Argentina)’ y es de Sonia Álvarez Leguizamón. Allí se realiza un recorrido histórico de los cambios producidos por las reformas del estado, las transformaciones en el capitalismo global y las políticas neoliberales. Se analizan los discursos vinculados a las políticas de desarrollo en el marco de las políticas neoliberales locales, nacionales y globales. Se pone especial atención a la expansión de los agronegocios vinculados a la soja transgénicas y a las consecuencias de su implementación en las regiones del norte argentino, particularmente en la provincia de Salta. ‘Defensa del lugar, luchas clasificatorias y producción de ausencias. Reflexiones a partir de movilizaciones étnico-identitarias relacionadas a las la lucha por el territorio en la Provincia de Salta’ es el aporte de Mónica Flores Klarik, Marcela Álvarez y Norma Naharro. En este capítulo se analizan las diversas estrategias de defensa del territorio por parte de grupos subalternizados; asimismo, se establece

un contraste entre las formas de dominación y los modos de resistencia que se producen en diferentes lugares de la provincia de Salta a partir de casos vinculados a las luchas por la titularidad de las tierras. El tercer capítulo, de autoría de Fernando Bustamante, se titula ‘La constitución del sujeto indígena en el Chaco Salteño. Disputas simbólicas y estrategias de comunicación en torno al desarrollo’. En el mismo, se analiza la complejidad y heterogeneidad del Chaco Salteño focalizando la atención en las organizaciones indígenas que resistieron a los modelos vigentes en el marco de las luchas y reivindicaciones territoriales. Puntualmente se da cuenta de las estrategias de comunicación de las mencionadas organizaciones y del uso que se hicieron de los medios locales y regionales a los efectos de instalar una forma de representación diferente a las que plantea la hegemonía. ‘Cuando la intimidad es colectica. Narrativas del yo e identidades emergentes’ de Alejandra Cebrelli aborda la producción discursiva de mujeres aborígenes en las que relatan su vida mediante la estrategia de la biografía. La visibilización de la voz individual permite leer las luchas reivindicatorias de sus comunidades de origen. El trabajo da cuenta de los enclaves enunciativos en los que se entrecruzan las identidades de género, de etnia, de pertenencia social y la localización territorial. La inclusión de las voces de mujeres en los espacios mediáticos posibilita una resignificación de representaciones nodales, sobre todo las que se vinculación con los constructos de nación y de ciudadanía. ‘Visiones, discursos y prácticas durante el proceso de ordenamiento territorial de los bosques nativos en Salta’ de Lucas Seghezzo, José N. Volante, José Paruelo, Daniel J. Somma, E. Catalina Buliubasich, Héctor Rodríguez, Sandra Gagnon y Marc Hufty da cuenta de los procesos de cambios a partir de la expansión de la agricultura y los intentos de regulación a partir de la Ley de Bosques a nivel nacional y la de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos en Salta. A lo largo de este capítulo se realiza un análisis de los procesos y los conflictos de intereses que acompañaron el desarrollo de las implementaciones de las mencionadas leyes. El capítulo sexto titulado ‘Representaciones y Documentalismo. Acerca de las estrategias para visibilizar la protesta social’ de Víctor Arancibia es un análisis del documental Mosconi. Crónica de saque, rebelión y muerte del periodista Héctor Alí. En el trabajo se analizan las estrategias constructivas del documental, los procesos históricos a los que hace referencia y los modos en que el film va construyendo una historia de la protesta social. Se hace un relevamiento de las

formas en que la imagen audiovisual puede confrontar las formas de percepción y de representación instaladas desde las hegemonías con las que se producen desde los grupos subalternizados en la sociedad. El último capítulo del libro se titula ‘Como una cadena que nunca se corta. Horizontes de pasado entramados de poder y visiones subalternas’, de Andrea Villagrán. En el trabajo se analizan los relatos de los ‘gauchos’ de los diferentes fortines de la provincia y se historizan las narrativas vinculadas a la construcción de la ‘salteñidad’. Se apela para ello al relevamiento de las categorías nativas con que se definen los gauchos, las narrativas oficiales y las relaciones entre ‘patrones y peones’ que se encontraron en las entrevistas realizadas entre los años 2006 y 2010 en diferentes localidades de la provincia de Salta. En síntesis, cada uno de los capítulos que componen este libro da cuenta, desde el análisis de un objeto particular de los objetivos propuestos al comienzo del Proyecto en que se entraman y al cual dan sentido. Luchas y transformaciones sociales en Salta resulta así un análisis de cómo se han modificado las relaciones sociales en los últimos años, de su impacto en la vida de los sectores subalternos y de los modos en que se resignifican las identidades de los sujetos involucrados. A la vez, registra, analiza y devuelve el espesor histórico tanto a los discursos y representaciones de los grupos hegemónicos locales como a los de los sectores menos favorecidos, poniendo en evidencia las estrategias utilizadas en la lucha por la toma de la palabra y por el poder de la representación. La tarea de investigación, tal como aquí se plantea, tiene un cariz cultural y político a la vez pues se intenta colaborar, desde las trincheras de la academia, en el combate contra el pensamiento consagrado y nunca reflexivo, contra las frases hechas que circulan como verdades irrefutables y no son cuestionadas pues operan ideológicamente sin ser vistas. La lucha por el poder de la representación aporta, de este modo, no sólo banderas a los movimientos sociales de los más débiles sino también herramientas para la instrumentación de estrategias aptas para asegurarles voz pero también un tratamiento equitativo y un lugar digno en el mundo. Así considerada, la investigación académica se transforma en una tarea ardua y necesaria ya que la reconfiguración de representaciones tiene su correlato en las modificaciones de las prácticas sociales de modo tal de construir, poco a poco, una sociedad más justa para todos.

Alejandra Cebrelli y Víctor Arancibia

CAPÍTULO I NEOCOLONIALISMO Y HAMBRE. Los agronegocios de la soja transgénica (Salta, Argentina) Sonia Alvarez Leguizamón2

Resumen El trabajo analiza los cambios producidos por las reformas del estado, las transformaciones en el capitalismo global y las políticas neoliberales que se espacializan y materializan en forma diferenciada según los espacios sociales. En el norte Salteño se produjo una profunda modificación de las relaciones sociales vinculadas con la extracción de petróleo a partir de la re-estructuración de YPF, por la expansión de la frontera agraria producida por la explotación intensiva de soja y de recursos forestales. Estas transformaciones, a su vez, se han legitimado con nuevos discursos y representaciones sobre la prosperidad, el crecimiento económico, es decir, lo que se entiende por “desarrollo”, vinculado con renovados estilos de concebir la “sustentabilidad”, el crecimiento y el bienestar. Se analiza el desarrollo como un sistema discursivo que si bien es diferenciado, construye y justifica formas diversas de desigualdad, a partir de la promoción de actividades económicas y políticas que se basan en el mito de que el aumento de la producción y extracción de recursos naturales beneficiaría a la población automáticamente, produciendo un derrame, en oposición con aquellas formas de prosperidad que no ponen el énfasis en los factores económicos como prioritarios sino el estar bien en un equilibrio con los recursos y entre las personas. Paralelamente, se investiga sobre la gubernamentalidad neoliberal del desarrollo actual de los agronegocios, tiene lugar a partir de la imposición de formas de gubernamentalidad que faciliten la expropiación de riquezas diversas, oponiéndose a toda forma de
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Doctora en Antropología Social y Cultural, Master en Sociología del Desarrollo, Licenciada en Trabajo Social, Profesora de Antropología Urbana y de Problemáticas Regionales en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, Argentina. Sus áreas de especialización e investigación incluyen temáticas sobre políticas sociales y su historia en Argentina, teoría e historia de los procesos de producción de la pobreza y el desarrollo en América Latina; particularmente en la actualidad: el análisis del discursivo del Desarrollo Humano debatiendo acerca de la biopolítica como parte de la gubernamentalidad neoliberal y la construcción/producción de la desigualdad y la pobreza. Ha realizado numerosas publicaciones a nivel nacional e internacional entre las que se destacan: Trabajo y producción de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe: estructuras, discursos y actores (comp.) (CLACSO, 2005); Neoliberal and Neo-Colonial Governmentality, social policies and Strategies against poverty (from the North,), alternatives from the South (The case of South America and the Caribbean) en prensa; entre otras.

control nacional, comunitario o societal sobre los recursos y riquezas locales y descalificando a los sectores que se oponen o presentan formas alternativas. Se sostiene, entonces, que la expansión de los agronegocios de la soja transgénica en América Latina y en especial en Salta, es un caso paradigmático de esta nueva gubernamentalidad transnacional colonial actuando en este territorio. Para ello se analizan los discursos y las representaciones hegemónicas locales que legitiman estas transformaciones que resultan de los modelos de desarrollo recientemente reconvertidos e implementados en la región. Se buscó articular una mirada global -de las fuerzas que impulsan estas transformaciones, como las políticas de los organismos “promotores de desarrollo”, la transnacionalización del capital, la producción primaria destinada a la alimentación animal y a los biocombustibles como la soja transgénica-, con las transformaciones locales y discursos y representaciones sobre la prosperidad, el crecimiento económico, vinculado con renovados estilos de concebir la “sustentabilidad” de parte de los sectores de poder. Palabras claves Neocolonialismo, gubernamentalidad neoliberal, agronegocios, reproducción de la pobreza Planteos previos
“Hambre, exclusión y devastación, los pilares del modelo de la soja 3” "El hambre se parece al hombre que el hambre mata. El hombre se parece al árbol que el hombre mata. Los árboles tienen brazos y las personas, ramas. Cuerpos escuálidos, resecos: árboles hechos de huesos y gentes hechas de nudos y raíces que se retuercen al sol. Ni los árboles ni las personas tienen edad. Todos han nacido hace miles de años, quién sabe cuántos, y están de pie, inexplicablemente de pie, bajo el cielo que los desampara. (Galeano)

Este trabajo tiene como objetivo analizar la relación entre nuevas formas de expansión del capitalismo y del neocolonialismo o neocolonialidad glo/cal. Me interesa observar la relación entre formas de producción de la pobreza y los llamados agronegocios4 particularmente la expansión de la soja transgénica en la provincia de
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Programa de vigilancia social de las empresas transnacionales del sector agronegocios, Reporte n° 05, Informe de investigación sobre las operaciones de Monsanto en Argentina, http://www.foco.org.ar/oet-documentacion%20y%20base%20de%20datos/oetreportes/Reporte.05.%20Monsanto.pdf

Salta. Abordo aquí este caso de gubernamentalidad neoliberal neo colonial actual, a partir del análisis de datos secundarios, de fuentes periodísticas y de la web5, mostrando además las prácticas políticas locales que lo han hecho posible. Me detengo particularmente en un síntoma doloroso de estos procesos: las muertes por hambre de niños de etnia Wichí denominados con la categoría clasificatoria de “indios” 6 en la zona de expansión, que se denomina zona de transición entre las Yungas y el Chaco Seco de la provincia de Salta, también llamado “eje productivo”, al este de la ruta 34 (ver mapas en otros artículos de este libro). Analizo estos eventos no desde una perspectiva empírica que describa diferentes indicadores de desnutrición y salud, sino como paradigmas de las formas de dominación neo coloniales del presente. Los abordo como acontecimientos que develan el racismo neocolonial persistente de las explicaciones sobre la desnutrición y el hambre en los discursos gubernamentales locales de largo tiempo (durante el siglo XX y parte del XXI), que los explican como producto de sus hábitos culturales considerados inferiores, atrasados, arcaicos, no modernos, a partir de un racismo indio particular neo evolucionista, higienista y neo Lamarkiano. Observo cómo, en el largo tiempo, las respuestas gubernamentales y no gubernamentales no actúan sobre los procesos coyunturales e históricos estructurales que

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Conforme Nivaldo Hespanhol (2007 citado por Soares Campos: 2011) los agronegocios son el “conjunto de segmentos productivos que se articularan directa o indirectamente con la agricultura moderna” en todas sus actividades y ramas, a diferencia de la denominación tradicional de agro industria que estaba circunscripta a estas dos actividades. Ahora se entiende a la agricultura desde una perspectiva sistémica como formando parte de un sistema más complejo del que participan industrias proveedoras de insumos, (implementos, máquinas, transporte, almacenaje) y distintos servicios de asistencia técnicas, (financieros, de logística, contable, etc.). (Soares Campos: 2011) así como la acción del estado y sectores de poder asociados o facilitadores. La Argentina en 1996, durante el gobierno de Carlos Menem, aprueba la siembra comercial de semillas transgénicas y a partir de allí se inicia el proceso de expansión de la soja y la conformación de los llamamos “pool de soja”, asociaciones de sectores de capital que materializan su producción. 5 Las fuentes alternativas a la prensa hegemónica que circulan en el ciberespacio, a veces muestran el carácter de resistencia, dada la desinformación y tergiversación de los medios de comunicación privados, en oposición a la libre circulación de información que aparece en los sitios administrados por organizaciones sociales diversas. Es interesante destacar, tanto desde el punto de vista metodológico como teórico, la relevancia de estas fuentes que nos muestran posicionamientos no subsumidos por el discurso oficial, sin que sus voces hayan sido apropiadas o resignificadas (Venna Das: 1989, 284). Estas fuentes superan, en cierto sentido, la historia oral clásica donde el investigador interpela al sujeto individual en una relación cara a cara. 6 La categoría clasificatoria de indio en el siglo XX y también durante el XIX, en Salta, antes de las luchas indígenas de finales de 1980, se asocian a los pueblos originarios de las zonas de los ecosistemas denominado chaqueño, de yungas, selva subtropical (para algunos denominados también Selva Tucumano Boliviana o Parque Chaqueño) mientras que los pueblos originarios andinos son clasificados por las voces autorizadas y el sentido común, con el nombre de coyas que remite a poblaciones que habitan valles de altura, puna y pre puna andina, a diferencia de los gauchos cuya clasificación se asocia con poblaciones que habitan valles o planicies vinculados al pastaje de ganado mayor.

producen el hambre, se despliegan renovados dispositivos biopolíticos “civilizatorios”. La muerte por hambre, se podría erradicar -según estos discursos- a partir de de la educación. Es en las propias víctimas en las que se corporiza el problema de la falta de medios de subsistencia. Se naturaliza una visión del mundo que reafirma la superioridad del que diagnostica por sobre “la cultura” del otro, en este caso “el indio”, que "deja morir": argumentación que justifica los dispositivos de intervención social disciplinatorios para "educarlos" e "integrarlos". La muerte por hambre en esta zona no es nueva, pero se ha visto agudizada por los procesos intensos de expropiación brutal de medios de subsistencia básicos para la vida que brindaba el bosque y el agua. Considero, como Josué de Castro (1951,1965) que las zonas de hambre endémico son una muestra de las relaciones de expropiación de riqueza y de medios de subsistencia neocoloniales persistentes y brutales. Primero describo someramente los procesos de expansión del capitalismo por medio de la soja en la provincia de Salta, basada en estudios y datos de múltiples investigaciones e informes realizados sobre el tema. Asimismo contextualizo la temática en el ámbito internacional, dado que el caso del norte argentino es representativo de las paradojas entre, por un lado, la promoción de parte de organismos promotores del “desarrollo humano” de los derechos básicos a la vida y a la alimentación así como los discursos “solidarios/humanitarios” ante el creciente hambre en el mundo y, por otro, el fomento de actividades agrícolas vinculadas a los agronegocios y aumento de la productividad, junto con la promoción de cultivos para biocombustibles que generan aumento de la producción de pobreza y muerte por hambre. El análisis de los sujetos involucrados, los procesos de acumulación originaria, de transferencia de riquezas, de expropiación de medios de subsistencia dan cuenta de un “desarrollo” particular del capitalismo local transnacionalizado. Estos dispositivos, sus discursos prácticos y las consecuencias que están teniendo para la población afectada, nos permite mirar, a partir del recorte de este caso, la actualidad de procesos de neocolonialismo o de “colonialidad del poder”. Analizo, discursivamente, las declaratorias gubernamentales y de otros actores acerca de los casos recientes de muerte por hambre, en la zona de expansión de la soja, en el norte argentino como un evento crítico (Vena Das; 1996) 7, mostrando el renovado
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Un evento crítico o acontecimiento, tiene una serie de características para Vena Daas (1996), su temporalidad (forma parte de un proceso en el que se sucede una cadena de acontecimientos), es un referente ineludible y posee una cualidad arrolladora puesto que pone en cuestión una serie de tematizaciones que provocan posicionamientos, inaugurando formas de acción y resignificando

neocolonialismo de las elites de principios de este siglo. La expansión del capitalismo neocolonial de los agronegocios de la soja está produciendo procesos de etnocidio8 junto a formas renovadas de ecocidio9, lo que permite explicar la dinámica de la dominación local y global fuertemente entrelazada y multideterminada, que podríamos ejemplificar con la metáfora de una arborescencia neo colonial 10. En el caso de Salta, el Gobierno Provincial ha sido promotor activo de políticas facilitadoras de esta expansión y de los intereses empresariales y, al mismo tiempo, ha actuado reprimiendo las luchas por la tierra de las comunidades indígenas afectadas, como se puede observar en algunos de los trabajos de este libro. En último término, a partir de un análisis histórico discursivo de declaratorias gubernamentales a lo largo del siglo XX, basada en investigación de archivo y con el apoyo de viñetas de investigación periodísticas11, muestro el linaje de largo tiempo que posee este racismo indio acerca de las explicaciones sobre pobreza y de la desnutrición. Este discurso remite a explicaciones provenientes de
sistemas categoriales y códigos morales. Los eventos tocan no solo cuestiones de derechos y accesos, sino también manifiestan la violencia estatal y de otros tipos que no solo atraviesan la intimidad de las personas, sino que tienen como resultado zanjar, de diversa forma, lo que podríamos decir que se ha reproblematizado o se comienza a problematizar. Los derechos reclamados por la comunidad o los intereses y valores que están siendo concretados y que ponen en cuestión una cierta cultura política enfrentada con otra y de lo que significa la dignidad de las personas o el límite moral que pueden soportar, es para ella parte constitutiva de la cultura. Estos objetos de la cultura pueden incluir: derecho a la naturaleza (derechos sobre la foresta, al uso de la tierra) y también productos de la imaginación: folklore, por un lado y por el otro el derecho de instituir la memoria en la forma de una comunidad histórica y el derecho a vivir bajo la ley que regula la vida personal de sus miembros. 8 La idea de etnocidio es un concepto desarrollado por el campo de saber de la antropología, vinculado con el etnocentrismo. Según Abramavoff el etnocidio es la anulación de la diferencia, “es querer hacer del “otro” un igual a mí. El pensamiento “etnocida funcional así: hacer del indio, del negro, del gitano, del asiático otro de sí, transformándolo en un indio civilizado…. Negar la diferencia, ignorando su identidad, es la clave para ponerlo mejor a mi servicio, y cuando esto no es posible, debo suprimirlo físicamente, en la medida que se torna peligroso y amenaza mi supervivencia. Si no puedo convertirlo en un “otro previsible” en un “otro que se parece a mi” y deje de ser peligroso debo eliminarlo directa o indirectamente. Esto es el genocidio” (Abramovoff: 2004, 159-160). 9 El neologismo ecocidio se define como deterioro y destrucción del medio ambiente y de los recursos naturales como consecuencia de la acción directa o indirecta del hombre sobre los ecosistemas. 10 La estructura arborescente del colonialismo interno, para Rivera Cusicanqui, se manifiesta a partir de ejemplos elocuentes de la estigmatización de las conductas de mimesis cultural, como el caso de la vestimenta de la chola paceña y también en los habitus coloniales de las elite que continua funcionando a través del eje invisible de las "dos repúblicas" -la una de los súbditos, la otra de los soberanos- (Rivera Cusicanqui: 2004). Para ella, también la estructura arborescente del colonialismo interno se articula con los centros de poder del hemisferio norte, “llámense universidades, fundaciones u organismos internacionales”. Afirma que “la estructura ramificada del colonialismo interno-externo tiene centros y subcentros, nodos y subnodos” (2010, 63). 11 Las viñetas del Diario El Intransigente de la Provincia de Salta que se reproducen aquí, han sido cedidas por Alejandro Morandini (2008) en su investigación “Compilación, análisis y sistematización de los artículos periodísticos escritos por Manuel J Castilla entre setiembre de 1939 y diciembre de 1960” (Beca de investigación para escritores del Fondo Nacional de las Artes: 2008).

distintos campos de saber-poder (sobre todo médico) que forman parte de lo que se puede denominar un habitus colonial (Rivera Cusicanqui; 2004, 2001)12 de las elites gubernamentales salteñas de “larga duración”, que coloca a las causas de la muerte por desnutrición en las propias víctimas, culturalizando la pobreza, obliterando los procesos de expropiación de medios de subsistencia y de acumulación de capital, así como las resistencias y luchas de las víctimas para evitarlas. Entendemos por gubernamentalidad neoliberal (Foucault: 2006 [1977-1978] y 2007 [1978-1979]) al saber/poder, a las prácticas, relaciones sociales, dispositivos de intervención, disciplinamiento y regulaciones, que incluyen distintas escalas y niveles (tanto macro, meso como micropolítico) y que tienen por objeto conducir la conducta de los hombres en el campo de relaciones de poder particulares vinculados sobre todo a una nueva lógica de gobierno. En el caso de América Latina y particularmente de la Argentina, la gubernamentalidad neoliberal es imperial y neo colonial y juegan un papel fundamental, no sólo EEUU sino también las regulaciones y disciplinamientos promovidos por los organismos llamados de desarrollo, como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos, presionan por transformaciones macro políticas, denominadas técnicamente como “reforma o ajuste estructural”, exigiendo como condicionalidad de los préstamos, desregular las economías locales y permitir la “libre circulación del capital” supranacional, la privatización de los servicios públicos básicos y los recursos naturales no renovables, todo lo cual facilita la extracción y expropiación de riqueza y ahorro nacional local y su transferencia a los países centrales y a las empresas transnacionales, sobre todo al capital financiero internacional. En esta misma línea, para Ferguson y Gupta (2002), la gubernamentalidad neoliberal transnacional sería una forma de gobierno aplicada a nivel global que incluye las nuevas estrategias de disciplina y regulación como las de la OECD o los programas de ajuste estructural implementados por el FMI. Estas artes de gobierno se materializan en renovadas formas de neocolonialismo dependiente, entre burguesías locales transnacionalizadas y entre países centrales y periféricos. Se comienzan a desarrollar programas focopolíticos en el marco del discurso del Desarrollo Humano (DH) que avanzan desde los Organismos supranacionales de desarrollo hasta el nivel local (Álvarez Leguizamón: 2009) aunque se producen nuevas formas de
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Según Silvia Rivera Cusicanqui (2004) se podría hablar, de una estructura del habitus republicano colonial haciendo referencia al concepto Bourdieusiano de habitus, que continua funcionando, en el caso de Bolivia que estudia, a través del eje invisible de las "dos repúblicas" que resultó encubierto y disfrazado por la retórica del reconocimiento jurídico de la igualdad del indio.

interdependencia de lo supranacional sobre lo nacional y lo local –las que se deben entender desde una topografía no vertical sino complementaria como plantean Ferguson y Gupta (2002)-. Al caso particular de estudio y a estas formas de arte o gubernamentalidad neoliberal, Susana Murillo (2010) las denomina “limpieza de tierras”. Se refiere al proceso iniciado en los noventa en el que los agronegocios, entre otros procesos, están ligados a la apropiación de bienes naturales que están expulsando trabajadores, indígenas y pequeños productores de tierra, a pesar de las leyes que protegen la posesión de tierras de las comunidades originarias. La definición del colonialismo interno según Pablo González Casanova (1975, 2006)13. “está originalmente ligada a fenómenos de conquista, en que las poblaciones de nativos no son exterminadas y forman parte, primero, del Estado colonizador y, después, del Estado que adquiere una independencia formal (….). Los pueblos, minorías o naciones colonizados por el Estado-nación sufren condiciones semejantes a las que los caracterizan en el colonialismo y el neocolonialismo a nivel internacional: habitan en un territorio sin gobierno propio; se encuentran en situación de desigualdad frente a las elites de las etnias dominantes y de las clases que las integran; su administración y responsabilidad jurídico-política conciernen a las etnias dominantes, a las burguesías y oligarquías del gobierno central o a los aliados y subordinados del mismo (…); los derechos de sus habitantes y su situación económica, política, social y cultural son regulados e impuestos por el gobierno central; en general, los colonizados en el interior de un Estado-nación pertenecen a una “raza” distinta a la que domina en el gobierno nacional, que es considerada “inferior” (…)14. Ya en un artículo de 1963 había analizado el concepto a nivel interno e internacional, que luego amplió en 1969 en ensayos sobre Sociología de la explotación (González Casanova, 1975). En esos, trabajos se precisaron los vínculos entre clases, imperialismo, colonialismo y colonialismo interno. También se relacionó éstos
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El despliegue de la idea de colonialismo interno se encuentra desarrollada en un artículo de Pablo González Casanova que formaba parte de su libro Sociología de la Explotación (1975) y que en esta nueva versión publicada por CLACSO, ha revisitado (González Casanova: 2006). 14 En su trabajo La democracia en México sostuvo la tesis de que en el interior de dicho país se daban relaciones sociales de tipo colonial. “Rechazando que el colonialismo sólo debe contemplarse a escala internacional”, este también “se da en el interior de una misma nación, en la medida en que hay en ella una heterogeneidad étnica, en que se ligan determinadas etnias con los grupos y clases dominantes, y otras con los dominados” (González Casanova; 1975 citado por G. C. en 2006).

aspectos con las diferencias regionales en la explotación de los trabajadores y con las transferencias de excedente de las regiones dominadas a las dominantes. Según G.C., “el planteamiento correspondió a esfuerzos semejantes que fueron precedidos por C. Wright Mills (1963, citado por G.C.: 2006), quien de hecho fue el primero en usar la expresión colonialismo interno”. A la violencia física se añadió la violencia verbal, lógica e histórica que hace sufrir a “los más pobres entre los pobres” (González Casanova: 2006). Otra tradición latinoamericana de la comprensión del neocolonialismo es la de Silvia Rivera Cusicanqui (1997, 2003, 2010) quien toma la idea de González Casanova pero le imprime otras características como la expropiación de subjetividades, el habitus neocolonial o la estructura arborescente del colonialismo interno 15. Desarrolla la primera idea basándose en la introducción al libro Los condenados de la tierra, de Franz Fanon (1961) escrita por Jean Paul Sartre. Esta también es tomada por el peruano Aníbal Quijano en su concepción de colonialidad del poder, pero desde otro lugar, a partir de incorporación de la noción de Foucault de control y disciplinamiento sobre el cuerpo de los sujetos y sus subjetividades, aunque no lo diga taxativamente. Sartre plantea que el colonialismo descripto por Fanon no se refiere sólo a la sobreexplotación, a la desnutrición, sino también a la expropiación de la humanidad del colonizado, poniendo en cuestión el humanismo occidental y su presunción de universal. “Hace siglos […] que en nombre de una pretendida ‘aventura espiritual’ se ahoga a casi toda la humanidad” (Fanon: 1961). “Ustedes, tan liberales, tan humanos, que llevan al preciosismo el amor por la cultura, parecen olvidar que tienen colonias y que allí se asesina en su nombre […] La violencia colonial no se propone sólo como finalidad mantener en actitud respetuosa a los hombres sometidos, trata de deshumanizarlos. Nada será ahorrado para liquidar sus tradiciones, para substituir sus lenguas, para destruir su cultura” (Sartre en Fanon: 1961). Sin entrar en la complejidad de las discusiones y coincidencias en el marco de los llamados estudios de-coloniales o de colonialidad del poder tomemos la idea de colonialidad de Quijano (2000a y
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Esta tradición la explicita en el estudio introductorio que comparte con la historiadora Rossana Barragán, sobre los estudios de la subalternidad de la India, denominado “Debates post coloniales. Una introducción a su estudio” (Rivera Cusicanqui y Barragán: 1997) con los que también dialoga. Según ella, en su mirada influyen también los estudios de la historia social argentina de origen marxista neo-gramsciana de Garavaglia, Tandetert y Assadourian, quienes realizan estudios de las formas de dominación en la ciudad minera de Potosí, probando, entre otras cuestiones, las formas de articulación entre estilos de dominación coloniales y capitalistas, a través del mercado interior de larga duración. También reconoce entre sus influencias al historiador peruano Alberto Flores Galindo y al sociólogo boliviano René Zavaleta, vinculando este último aporte “a las formas de insurrección campesino-indígena y las formas particulares que asumen el capitalismo y la opresión oligárquica en los siglos XIX y XX” en Bolivia.

2000b) para quien éste es uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder capitalista. Colonialidad es “un concepto diferente de, aunque vinculado al Colonialismo. Se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal”. Estas formas de dominación se asientan en una violencia epistémico y social (colonialidad del saber), la que impone una visión particular de modernidad eurocéntrica. Según Quijano su concepto es diferente al del colonialismo interno por que incluye relaciones de dominación supranacionales, aunque creo que el de neo colonialismo también lo hace en el contexto de las relaciones de dominación que en ese momento se denominaban centro-periferia16. La expansión del capitalismo por medio de la soja en el Norte Argentino

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Se diferencia del concepto de colonialismo interno que sería el poder racista/etnicista que opera dentro de un Estado-Nación. Según Quijano esta colonialidad “se origina y mundializa a partir de América. Con la constitución de América (Latina) en el mismo momento y en el mismo movimiento histórico, el emergente poder capitalista se hace mundial, sus centros hegemónicos se localizan en las zonas situadas sobre el Atlántico—que después se identificarán como Europa—y como ejes centrales de su nuevo patrón de dominación se establecen también la colonialidad y la modernidad. En breve, con América (Latina) el capitalismo se hace mundial, eurocentrado y la colonialidad y la modernidad se instalan asociadas como los ejes constitutivos de su específico patrón de poder hasta hoy.” (Quijano: 2000b)

Para darse una idea de la dimensión de la expansión de la soja en Sud América tomemos sólo algunos datos. Las proyecciones para el futuro realizadas por WWF ( por sus siglas en ingles World Wide Fund for Nature, Fondo Mundial para la Naturaleza) de zonas deforestadas y áreas afectadas por las plantaciones de monocultivos de soja en Sud América son las siguientes: en Brasil, se llegarán a deforestar entre 70 y 100 millones de hectáreas entre Chaco, Mata Atlántica y bosques tropicales; en Argentina se llegarán a deforestar 25 millones de hectáreas entre pampa húmeda, yunga y chaco; en Paraguay se llegarán a deforestar 3,5 millones de hectáreas entre pantanal, mata atlántica y chaco; en Bolivia proyectan deforestar 1 millón 200 mil hectáreas en bosques tropicales y chaco. (Elizabeth Bravo: 2007). El Informe del Defensor del Pueblo de la Nación (IDPN: 2009) sobre la deforestación en la zona de estudio afirma que “el avance de la frontera agropecuaria se concentra en la zona de transición entre las Yungas17 y el Chaco Seco -el llamado “eje productivo”- debido a que existen buenos suelos y baja pendiente (igual o menor a 5º). El reciente incremento de las precipitaciones en todo el noroeste de Argentina incentivó la expansión agrícola hacia estas zonas que tradicionalmente eran consideradas bosques marginales. Junto con el paquete tecnológico de la soja transgénica se ha producido el avance de la producción agrícola en tierras que antes eran de propietarios ausentistas o tierras fiscales, debido a su poca riqueza para la agricultura intensiva. Entendemos que el neocolonialismo actual de los cultivos de soja transgénica permite visualizar con claridad las formas de operar del capitalismo que mantiene muchos de los estilos que ya tenía en la etapa del llamado desarrollo desigual o dependiente. En un trabajo anterior (Álvarez Leguizamón: 2005), planteaba que un renovado modelo agroexportador globalizado –parafraseando a las nociones dependentistas-, está siendo promovido como las “mejores” políticas de “desarrollo nacional”, las que sin embargo concentran cada vez más la riqueza y producen pobreza y expropiación de medios de subsistencia. La soja es un caso testigo y puede ser considerada como uno de los productos agrícolas de más rentabilidad actual 18. La
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En las Yungas o Selva Tucumano-Boliviana más del 90% de la superficie original ubicada en áreas planas de suelo profundo de esta selva ha desaparecido al ser reemplazada por cultivos de caña de azúcar entre las décadas del 30 y 50, y actualmente por plantaciones de soja (Brown y Malizia: 2004, citado por IDPN: 2009) 18 El valor de la producción de cereales y oleaginosas para la campaña 2007/08 fue de 70.845 millones de pesos o 19.147 millones de dólares. Las exportaciones de aceites de soja y girasol, pellets de soja y harina de trigo totalizaron unos 11.602 millones de dólares en lo que va de la campaña 2009. Las empresas de venta de granos transnacionales como Dreifus, Bunge, Pérez Companc están entre las que más producen y concentran la riqueza. En Federico Bernal, “La renta sojera” publicado en el Diario "Página 12". Buenos Aires, domingo 12 de julio de 2009, Suplemento Cash en www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-3954-2009-07-12.html

riqueza producida se concentra en los productores y en la multinacional que monopoliza la venta de la semilla Monsanto 19. La producción de soja ha adquirido una extensión similar a la del algodón, el cacao, la caña de azúcar del siglo XIX y XX. Es una típica forma de un nuevo “enclave” –como planteaban los teóricos dependentistas para el caso de la estructura de la hacienda– que, al igual que antes, está produciendo efectos depredadores que afectan el medio ambiente. Sin embargo, dicha depredación adquiere nuevas formas mucho más destructoras que las anteriores. No sólo se produce una intensa deforestación, cambio climático, pérdida de biodiversidad, sino que la aplicación de la biotecnología transgénica está generando efectos devastadores sobre la napa terrestre y sobre las vidas humanas. En las fotos del artista Julio Pantoja “Las madres del monte” 20, tomadas en el Chaco Salteño, se puede ver la intensa deforestación en imágenes que muestran los procesos de destrucción y despojo producidos. “En el período 2002-2006, en Salta, dejaron de existir 414.934 hectáreas de bosque, más del doble del registrado entre 1998-2002, y cuyo índice de desmonte supera el promedio mundial, según datos de la Secretaría de Ambiente de Nación. En el país, en el mismo lapso, dejaron de existir 1.108.669 hectáreas de bosques, 277 mil hectáreas por año, que equivalen a 760 por día, 32 hectáreas por hora”. La misma Secretaría remarca que la deforestación se produce para destinar esas superficies a la agricultura, principalmente al cultivo de soja.” Desmontes, desalojos violentos y éxodo rural son algunas consecuencias del mayor cultivo del país, que abarca 17 millones de hectáreas. El uso de los agrotóxicos y las consecuencias en la salud también son aliados del cultivo transgénico.21 (Aranda, 2011)
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Para mayor información sobre los efectos negativos de Monsanto ver el documental “El mundo según Monsanto” que denuncia los efectos que provocan los productos agroquímicos y las semillas de soja transgénica que comercializa la empresa más grande del mundo del sector. En síntesis, expone la cara más oscura de la lógica económica neoliberal, a través de la realidad agrícola de América del Norte y del Sur, especialmente de Argentina. Monsanto es el primer semillero de soja, maíz, algodón y productor de agroquímicos del mundo. Quien dice semilla, dice Monsanto, pero también dice alimentos. Esta es la empresa norteamericana que maneja el mercado mundial de la soja. Es la misma empresa que fabricó PCB y ocultó, durante 50 años, que ese aceite era cancerígeno. Es la empresa que produce y que patentó las semillas de soja genéticamente modificadas, para resistir agroquímicos y tempestades, etc.” Dirección del documental, MarieMonique Robin, Portal Libertario OACA http://www.portaloaca.com y el video http://www.youtube.com/watch?v=LdIkq6ecQGw 20 http://www.juliopantoja.com.ar/madres_monte.html 21 “La propia Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Salta (actual Secretaría de Política Ambiental) reconocía en 2006 -en el auge de los desmontes- que los departamentos más afectados por la deforestación son: Anta, Orán, Rosario de la Frontera, San Martín y General Güemes, todos en la zona de transición entre la Selva Tucumano-Boliviana o Yunga y el Chaco Seco, totalizando en los últimos 8 años una pérdida de 600.000 hectáreas de selva pedemontana y bosque chaqueño, con un alarmante incremento en la velocidad de la misma. Sólo en Anta, San

“La deforestación de la provincia se concentra actualmente en el departamento San Martín y, en forma creciente, en el departamento Rivadavia. Allí es donde se encuentran los principales remanentes del bosque tropical seco del Chaco Salteño. En 2007 fue autorizada la deforestación de una superficie de tierras sin precedentes en aquellos departamentos, poniendo en gravísimo riesgo la integridad ecológica de una región que, a más de sus (mal entendidos) valores ambientales, es el territorio de ocupación tradicional y actual de más de 200 comunidades indígenas. En los departamentos de Anta, San Martín y Rivadavia, habitan más de 23 mil indígenas cazadores-recolectores. Hasta la fecha – y tras décadas de reclamos – sólo han logrado legalizar en forma efectiva sus derechos de propiedad sobre tierras que, en conjunto, constituyen menos del 5% de la superficie afectada por los desmontes propuestos en los últimos tres años y tres meses. A ello se suma la situación de numerosas familias criollas que habitan la región bajo un régimen de tenencia precaria.” (Leake y Economo: 2008) Estas transformaciones generan fuertes procesos de etnocidio dado que la ocupación del territorio expulsa, desaloja o acorrala a poblaciones que vivían de los recursos del monte, a través de la llamada acumulación originaria constante, es decir la expropiación de medios de subsistencia para la vida sobre todo la tierra, el agua y los recursos naturales, con un sistema de explotación de la tierra con propietarios ausentistas y legitimadas con dispositivos neocoloniales. Se expropian medios de subsistencia y de reproducción material y cultural de la vida a grupos de población aborigen y campesina, con la anuencia de los sectores de poder gubernamental y bajo discursos prácticos necoloniales que naturalizan y justifican el discurso desarrollista productivista22 que lo sustenta. La explotación de la soja transgénica combina: la robótica (tractores con GPS comandados por una persona que puede hacer todo el trabajo agrícola en diez hectáreas) y la biotecnología aplicada
Martín y Orán -los municipios con mayor cantidad de desmontes entre 2000 y 2005- la deforestación es el 80% del total de la superficie perdida de bosques en toda la Provincia de Salta”. (IEDPN: 2009) 22 Según Naharro, Alvarez y Flores Klarik (2009) el saber práctico productivista es aquel que tiende a legitimar la apropiación de la tierra, concibiendo a la misma como suelo o sustrato físico, continente de recursos o variables de interés a desarrollar. Tiene que ver con una valoración de su potencialidad y eficacia productiva, en donde la concepción de región se utiliza como instrumento simbólico asociado al progreso y al desarrollo. La misma está sustentada en el éxito del capitalismo, en donde el mercado es el que determina lo que se produce. A los actores que esgrimen este discurso les interesa, en la zona, acceder a aquellas tierras de bajo precio, consideradas con aptitud productiva para determinados paquetes tecnológicos como el de los agronegocios de la soja. Se suele resaltar los aportes que este modelo hace a la generación de riqueza de la zona, el progreso y desarrollo regional apelando a la idea de la creación de puestos de trabajo, desarrollo de vías de comunicación y servicios. También se argumenta que éste modelo permite incorporar nuevas superficies, antes improductivas, reactualizando el imaginario civilizatorio del desierto.

a las semillas transgénicas y a los herbicidas como el glifosato 23 que está produciendo también malformaciones y otras enfermedades a poblaciones cercanas a los cultivos. Los procesos de expansión de la frontera agrícola con la soja transgénica, tanto como la reconversión de la existente en la llamada pampa húmeda y el creciente monocultivo tienen efectos de diferente tipo. Entre otros se puede señalar, el empobrecimiento del suelo dado que no se realiza en la mayoría de los casos barbecho; la pérdida de la seguridad alimentaria por la tendencia al monocultivo y a la expropiación de medios de subsistencia básicos como el agua y la tierra a indígenas y campesinos, precarización de los pocos empleos que genera como la estiva, migración forzosa a las ciudades medianas cercanas, empobrecimiento en los asentamientos de esas periferias urbanas, entre otros aspectos. Todo el circuito productivo está altamente concentrado e implica altísimas transferencias de excedentes monetarios y energéticos. En un análisis realizado por Elizabeth Bravo (2007), se puede observar que -para Argentina- la alta concentración del circuito productivo y de la renta de este agronegocio. Tres empresas controlan gran parte del mercado de semillas: Nidera (de Holanda) y dos empresas argentinas. Con los agrotóxicos, antes de la roya24 de la soja, la empresa que más ganancias tenía con la venta de agrotóxicos era Syngenta, cuando aparece la roya de la soja, las ganancias de Bayer suben convirtiéndose en la primera transnacional de agrotóxicos a nivel mundial, en término de ventas; hay que recordar que Bayer es la empresa que produce el fungicida que combate la roya. Entre las empresas involucradas en el procesamiento y la venta del grano de soja, hay cuatro que dominan este mercado en el Cono Sur: ADM, Cargill, Bunge 25 y Louis Dreyfus.
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El glifosato (N-fosfonometilglicina) es un herbicida no selectivo de amplio espectro, desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos. Es un herbicida total, absorbido por las hojas y no por las raíces, además de otras aplicaciones se asperja a tocones o se aplica con avionetas que arrasan los cultivos. El glifosato es el principio activo del herbicida Roundup (nombre comercial de la Multinacional Monsanto quien la ha patentado). Muchas investigaciones en el mundo y en América Latina han probado sus efectos nocivos sobre la salud humana. 24 La roya de la soja es una enfermedad de la planta causada por dos especies de hongos del género Phakopsora las que fueron separadas taxonómicamente recién en 1992 Phakopsora pachyrhizi, originaria de Asia, y Phakopsora meibomiae, originaria de Sudamérica. Ambas especies poseen estructuras morfológicas muy semejantes y causan en las plantas, una sintomatología similar. 25 Dice Raúl Padilla, presidente de Bunge "Nos posicionaremos como líder en el creciente mercado de fertilizantes en la Argentina. Podremos fabricar localmente tanto productos a base de nitrógeno como de fosfato, con lo cual ampliaremos nuestro portafolio". “Bunge es uno de los principales procesadores locales de soja, con una capacidad que supera las 25.000 toneladas diarias, siendo uno de los mayores exportadores de oleaginosas y subproductos. La compañía, además, ya vendió y distribuyo productos líquidos y sólidos con un volumen anual de 500.000 toneladas. La empresa Bunge es una de las que más factura en el mundo con ventas por u$s 4,1 mil millones.(En Los 10 empresarios de 2009 http://www.bungeargentina.com/sp/no_medios_detalle.asp? pre_id=1023 y datos del 2009 de la Revista Fortune en

En la Argentina juntas controlan el 78% de las exportaciones de trigo, el 79% de maíz, el 71% de harina de soja, el 95% de aceite de soja, y el 97% del aceite de girasol. En lo que respecta a la comercialización, las empresas como Cargill, Tufed y La Plata Cereales, exportaron el 75% de la soja en grano en el año 2003. El almacenamiento de los granos también está a cargo de estas empresas. Aproximadamente, entre el 8 y el 10% de la producción sojera nacional se produce en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy, Catamarca, aproximadamente 2,8-3 millones de toneladas de granos26. Considero que el modelo de exportación de los agronegocios y de biocombustibles son también formas de expropiación energética. Los alimentos como la soja o el maíz en forma de “commoditties” 27, producen expropiación energética de nutrientes que se reconvierten en combustible como el girasol o el maíz (bioetanol) o sirven para consumo animal que luego se transfiere al consumo humano (caso de China). La manera en que el glifosato actúa sobre la muerte de las napas terrestres potencia la expropiación de energía que se traslada fuera y que provoca localmente desertificación creciente y pérdida de energías nutrientes para la vida de las poblaciones de la zona. La zona de expansión de los agronegocios y de la soja en Salta En el área de estudio, zona de transición entre las Yungas y el Chaco Seco en la Provincia de Salta, se asentaron a principios de siglo familias campesinas gauchas ganaderas, de prácticas silvopastoriles que hacen uso de la trashumancia. También se encontraban medianos establecimientos fruti-hortícolas que abastecía de trabajo a la población por su requerimiento de tareas manuales. Es a fines de los ‘70 que la región recibe a los nuevos actores empresarios, con perfil corporativo de grandes capitalistas que compran tierras o las reciben del gobierno provincial en base a tratados sospechosos. El promedio de poco más de 100 has de las explotaciones agrícolas tradicionales cambia a más de 1.000 has, con los primeros grandes
http://www.bungeargentina.com/sp/no_medios_detalle.asp?pre_id=981) 26 Fuente: “Expansión de los agronegocios en el Noroeste argentino: Deforestación legalizada y resistencia de las comunidades” CAPOMA, Julio del 2009. 27 “Los "commoditties" tienen la particularidad de tener un precio mundial de transacción. Este valor, a diferencia de lo que el sentido común pudiese motivarnos a pensar, no se fija en las naciones productoras de estos bienes, sino en tres centros financieros principales ubicados en dos países: el mercado de Londres (Reino Unido), y los mercados de Nueva York y de Chicago, en Estados Unidos. Tanto la “city” londinense como la neoyorquina manejan todo tipo de transacciones de bienes, instrumentos financieros, acciones, monedas, metales preciosos. Chicago es un referente mundial del precio de los bienes agrícolas. Además, el comercio internacional de estos "commoditties" no lo realizan sus propios productores.” En Pablo Ramos “El lobo detrás del disfraz de cordero. Las trampas que esconde el TLC”, APAS (Agencia periodística de América del Sur), 23|04|2006, http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=1739

desmontes de los nuevos propietarios. Ya en el año 1989, más del 70% de la superficie cultivada de esa región, aún rodeada en ese tiempo de grandes zonas boscosas, está en manos de empresas extra provinciales y extranjeros (Delgado: 2007). En los años ‘90, el proceso de monocultivo mecanizado (con la soja transgénica) crece exponencialmente con una dinámica focalizada en este territorio. El impacto económico sobre las exportaciones en la provincia es significativo (en el 2001 el 12% y en el 2002 creció un 13%28) En la etapa de la transición democrática entre dictaduras del 73 y 76 hubo un proyecto de entrega de tierras que nunca se concretó. Delgado (2007:136) describe como el gobierno militar de facto de 1976-83, “anuló la documentación que legitimaba la propiedad ancestral de las tierras indígenas del Departamento de San Martín; secuestró, torturó y asesinó a militantes, dirigentes representativos de la movilización social de base, dando fuerza a los grandes terratenientes tradicionales y a los nuevos poderosos inversores que se apropiaron de las tierras”. Según testimonios de un indígena Wichí, de Embarcación29 “en la época militar se anularon los papeles y las tierras que el Gobernador Ragone 30 ya tenía listos para entregarnos. Se asentó la Gendarmería en Embarcación y metió presos a varios paisanos31 torturándolos malamente, venían en helicópteros metiéndonos tiros los milicos, así perdimos toda seguridad a la tierra” (2007, 136). Otro testimonio de origen Wichí de Gral. Mosconi dice “En el año 1978, vinieron los empresarios de León y Chibán S.A., que dicen tener papeles de dueños, a echarnos de 3.000 has que siempre habitamos; está nuestro cementerio de los “antiguos” (sus ancestros) acá. No les permitimos que nos echen, nos “pedaceaban” (destruían) las casas de madera con topadoras y a la noche las volvíamos a armar. No les contestábamos en castellano cuando venían con Juez y Policía y no les firmábamos nada. Hasta hoy seguimos luchando ya que no nos reconocen como dueños, pero esta es nuestra historia y cultura desde esta tierra, esa es la verdad” (en Oscar Delgado: 2007, 136). En las últimas décadas, que coinciden con la expansión el neoliberalismo a nivel local, nacional y global el norte Argentino ha experimentado fuerte transformaciones vinculada con la privatización de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) y con la expansión capitalista de la frontera agropecuaria vinculada con la reconversión tecnológica de la agroindustria, la profundización de un modelo
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Datos de INDEP, 2009. Departamento de San Martín. 30 Gobernador de la Provincia de Salta, desaparecido/asesinado pocos meses antes del Golpe Militar de 1976. 31 Voz nativa que usan los indígenas para referirse a otros indígenas.

extractivo de los recursos naturales en manos de corporaciones multinacionales asociados con dueños de latifundios y cierta burguesía local, la desregulación de las relaciones entre el capital y el trabajo y de la libre circulación del capital. Esto ha sido denominado para casos similares en el Brasil como la triple alianza entre los agronegocios, el latifundio y el estado (Soares Campos: 2011). Como contracara, se ha producido el retraimiento de la participación del estado en políticas sociales llamadas universales (como salud y educación pública) de gran importancia en la Argentina pero con un leve desarrollo en la zona generalizándose subsidios focalizados para pobres. La zona es una de las más pobres del país. La situación de marginación y exclusión de las comunidades asentadas en éste espacio es ancestral y se ha intensificado con la República. Luego de la llamada Conquista del Chaco 32 donde se logra su reducción, según las palabras utilizadas por los informes gubernamentales, la situación social de estas poblaciones ha sido deplorable, siendo obligadas a ser mano de obra semiservil para los ingenios de la zona, como el de San Marín del Tabacal y el de Ledesma de la provincia de Jujuy, bajo diferentes formas de coacción y coerción física. La situación social, en los años de la expansión neoliberal, se ha caracterizado por fuertes conflictos y luchas sociales que tuvieron su máxima expresión luego de la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), empresa nacional que tenía a cargo su producción. Las ciudades de Campamento Vespucio, General Mosconi y Tartagal estaban directamente ligadas a las refinerías, asentamientos de obreros y actividades comerciales. Los piquetes más importantes se suceden a partir de 1997 sobre todo en Gral. Mosconi (1997- 1999, 2000 y 2001). Ex trabajadores desocupados 33 de YPF junto a otros grupos que venían viendo deteriorado o expropiados sus medios de subsistencia (trabajo remunerado,
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En la Argentina, a fines del siglo XIX y principios del XX la república llevó adelante la “ocupación militar”, en realidad una guerra de exterminio, que se llamó con el eufemismo de la “Conquista del Chaco” (región entre los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y Salado) que se encontraba hasta entonces en poder de pueblos indígenas. La primera expedición militar se realizó en 1870 y luego, en 1917, se logró finalmente exterminar toda resistencia tanto por medio de la muerte como por distintas formas de sujeción como los fueron las misiones religiosas. Se encontraban allí guaycurúes: mocovíes, tobas y mataco-mataguayos: wichís, chorotes y chulupíes y también tapietes, chanes y chiriguanos. Muchos de estas etnias han sobrevivido en el presente a pesar de las variadas formas de explotación que vinieron después de la “conquista” como el trabajo forzado en Ingenios, construcción de ferrocarriles, etc. 33 “No existen datos del crecimiento del desempleo anual para el departamento de General San Martín, al que pertenecen Tartagal y General Mosconi, sin embargo entre el Censo Nacional de Población de 1991, realizado en vísperas de la privatización, y las del siguiente censo, de 2001, muestran un crecimiento de una tasa de 6,2% de desempleo, al 33,7%, lo que implica un aumento de más del 540% de la desocupación. Comparada con la media provincial –que pasa del 6% al 29,2%–, la tasa de General San Martín se ubica 4,5 puntos por encima.” (Benclowicz: 2004/2005).

autoempleo, tierra y agua) como desempleados urbanos, organizaciones indígenas víctimas de desalojos, deforestación, cercamiento de tierras, imposibilidad de acceso al agua y zonas sagradas de la zona34, tomaron las rutas e incendiaron las instituciones públicas de las ciudades aledañas. El manejo político de los piquetes implicó fuerte represión y muerte de piqueteros 35. Además el desempleo masivo de los ex empleados de YPF tuvo un efecto de cascada sobre otros sectores sociales que generaban ingresos directos o indirectos, ya sea en el comercio o en los servicios (Aguilar, María Angela y Vázquez, Estela: 1998). A pesar de haber tenido los trabajadores de YPF un importante bienestar, los departamentos donde se localizaban las ciudades asociadas a la extracción de petróleo son unos de los que más indicadores de pobreza tienen en la provincia de Salta, antes de la privatización. El estado provincial se ha caracterizado, en este último periodo, por políticas de coerción sobre los conflictos y luchas sociales aplicando brutalmente la violencia sobre los reclamos de las poblaciones afectadas y criminalizando la protesta de distinta manera. El caso de la represión al movimiento piquetero del norte de la provincia y de las luchas indígenas, durante el gobierno de Juan Carlos (JC) Romero (1995-2007 por tres períodos) y del actual gobernador Urtubey (2007-2015 por dos períodos) son un ejemplo. En el caso de JC Romero en su gestión se actúa de forma extremadamente violenta durante los piquetes. Otra estrategia para neutralizar el conflicto en constante negociación con las organizaciones sociales fue el otorgamiento de los denominados “programas trabajar” y, más tarde, en la gran crisis del 2001, los “programa jefes y jefas de hogar desocupados” que denominamos focopolíticas36 para los más pobres de entre los pobres
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Durante las represiones policiales y de Gendarmería Nacional fueron asesinados los trabajadores: Aníbal Verón, Orlando Justiniano, Matías Gómez en el año 2000 y Carlos Santillán y Oscar Barrios en el 2001 y fueron heridos con armas de fuego más de 200 pobladores, En “Criminalización y represión NOA”, Observatorio Petróleo Sur http://opsur.wordpress.com/2010/05/21/repudio-contra-la-brutal-represion-policial-ordenada-porel-gobierno-de-urtubey-en-salta/, acceso el 21/05/2010. Para más información sobre los sucesos ver “Violencia policial y saqueos en Salta tras la disolución de un piquete. La represión terminó con un hombre muerto”. www.pagina12.com.ar/.../00-11-11/na03fo01.jpg 35 A diferencia de otros que realizaron los empresarios sojeros años más tarde en ocasión de un aumento de retenciones a los granos quienes, por oposición, recibieron el apoyo de policías provinciales de parte del gobierno. 36 El arte de gobierno de la focopolítica se diferencia de los denominados regímenes de bienestar, última etapa de las políticas de la vida o biopolítica a las que se refería Foucault. Entiendo a la focopolítica (Álvarez Leguizamón: 2008) como una forma particular de lo que Foucault denomina gubernamentalidad neoliberal (1981 [1978]), 2006 [1977-1978]); 2007 [1978-1979]) dirigida al gobierno de la pobreza creciente, que se viene constituyendo además en una nueva práctica del derecho político supranacional y un nuevo humanitarismo, bajo la fuerte influencia de los organismos supra nacionales que dicen promover el desarrollo de la vida pero lo hacen a niveles mínimos básicos cercanos a la desnutrición y a la muerte por hambre. Se retorna a la idea más

y, como contracara, se transfirieron ingentes recursos público a clases y fracciones vinculadas con el circuito de los agronegocios, sobre todo de la soja. Las llamadas políticas de foto consisten en ínfimos subsidios a la desocupación, que ya se venía instrumentando pero no de manera masiva. Los denominados programas de transferencia condicionado como el “Jefes y Jefas de hogar desocupados” en Argentina y otros tanto en América Latina, están basados en la creencia de la reproducción intergeneracional de la pobreza debida a la falta de capital humano (educación para el trabajo), por lo que los subsidios se otorgan condicionados a una contraprestación disciplinar sobre la escolarización de los hijos. La pobreza es una cuestión ya no debida a los valores subjetivos de cada uno como creían la Economía del Bienestar (Álvarez Leguizamón: 2005) sino que se hace cuerpo en la máquina del pobre “improductivo” por medio de la categoría practica de capital humano (Álvarez Leguizamón: 2011; Foucault: 2007 [19781979]). Estos programas fueron arrancados por los piqueteros al gobierno nacional (Svampa y Pereira: 2003), luego de una importante pueblada, realizada en la ciudad de Jujuy, por desocupados y empleados públicos. El gobierno nacional para neutralizar el conflicto -que había adquirido fuerza inusitada-, decide aumentar cuantitativamente los “programas” llamados “trabajar” para lograr el levantamiento de los cortes de ruta37. El denominado Jefes y Jefas de Hogar desocupados que se instrumenta en el 2001 requería una contraprestación por trabajo de veinte horas semanales por un monto de 150$ (50 U$A) al comienzo y acreditar la pertenecía al territorio. La condición y efecto de terrritorialización que los programas producen es uno de los factores que, considero, evitaron la diáspora de trabajadores desocupados hacia otros territorios y los mantienen, mayoritariamente, en el espacio de esas ciudades, a diferencia de lo
extrema del liberalismo, la que se opone a cualquier actuación de la sociedad sobre sí misma con el objeto de alcanzar cierto bien común por medio de la acción estatal y la regulación de los vínculos entre el capital y el trabajo. Se desregula (se re-mercantiliza en cierto sentido) la relación entre el capital y el trabajo y entre el estado y la población o el ciudadano (desjuridizando los derechos sociales). Concomitantemente se regulan los vínculos entre el mercado y la “sociedad civil” a fin de re-mercantilizar la protección social de sectores con capacidad de pago y entre el estado y la sociedad civil para tutelar a las poblaciones pobres, por medio de relaciones neo-filántropicas, neo benéficas o autogestionarias. El capital humano es promovido por esta lógica y aplicado a las políticas “contra la pobreza” se traduce en la creencia y práctica de que el pobre es una maquina, es un empresario de sí mismo y por lo tanto debe autogestionarse, empoderarse, participar, etc., una serie de categorías prácticas que trasladan al pobre (entendido genéricamente) la resolución individual, familiar o vecinal de su problema (a través de las llamadas redes o capital social). 37 Según Svampa y Pereyra (2003, 34), “los “programas” se consolidan como el eje principal – aunque no exclusivo– que sintetizaría la demanda por trabajo y su justificación en relación con la crisis de las economías locales (...). El caso jujeño –cruzado transversalmente por una larga historia de confrontación con las autoridades políticas provinciales– contribuyó a reafirmar una tendencia (que se mostraría con una mayor claridad años más tarde), a trasladar la administración de planes de los municipios a las organizaciones sociales y políticas” piqueteras

sucedido en Bolivia, por ejemplo. Este hecho, a su vez, tiene un efecto sinérgico ya que el movimiento de desocupados, que más tarde adquiere la identidad de piquetero, se fortalece en esos territorios adquiriendo, al principio, un consenso masivo de la población local. Muchas de estas transformaciones no resultan comprensibles exclusivamente desde los esquemas economicistas clásicos o desde un análisis marxista de la producción de población excedente y medios de subsistencia. La forma que adquieren los nuevos patrones llevan inscriptos esquemas de reproducción de la diferencia, la desigualdad y la pobreza que tienen raíces profundas en la historia de la integración económica de la región a los mercados nacionales y/o mundiales, así como un racismo anti indígena anclado en relaciones sociales neocoloniales de larga data. El proceso de agriculturización en el NOA llevado adelante en estos últimos 40 años, impulsado por el cultivo de porotos primero y luego de soja, es responsable de casi la mitad de la expansión de la frontera agropecuaria a nivel nacional y se concentra principalmente en las provincias de Salta y Santiago del Estero (Slutzky: 2005) 38. Junto a ello y debido a las características del paquete tecnológico de la soja y a la triple alianza de los intereses del capital y los nuevos ramas de apropiación de renta, en la zona se produjo según Van Dam (2007, 8) un proceso creciente de concentración de la tierra, expulsión de los pequeños productores y disminución del empleo rural. Además Salta es una de las provincias con mayores índices de concentración de la propiedad; el 3,1% de los establecimientos agropecuarios, de más de 5000 ha, tiene el 63% de las tierras en producción principalmente con soja, poroto, maíz, caña de azúcar, tabaco y ganadería extensiva (Censo Nacional Agropecuario –CNA- de 2002). Según este mismo censo en los departamentos afectados viven 500 comunidades indígenas y casi trece mil criollos rurales, los que tienen una relación muy estrecha con el monte y sus recursos39.
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Con la ley de promoción de biocombustibles aprobada en 2006 por el gobierno nacional, se da continuidad y se agudiza el modelo de los agronegocios. En agosto de 2007, el gobierno salteño firma un convenio con el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) para instalar plantas de experimentación de biodiesel a base de Jatropha Curcas. A fines de 2008 el Ingenio El Tabacal inaugura su planta y refinería de bioetanol, mientras que Ledesma SAAI (Ingenio dedicado hasta entonces a la producción de azúcar y papel) moderniza y amplía sus instalaciones del mismo agrocombustible y las dos empresas empiezan a funcionar asociadas en algunos rubros. A fines de diciembre de 2008 se firma un convenio entre el gobierno salteño y la empresa Interamericana de Biocombustibles, donde ésta se compromete a brindar asistencia técnica a productores que inicien el cultivo de Jatropha Curcas en el Chaco Salteño con superficies mínimas de cultivo de 500 ha. En enero de 2009 Ledesma presenta públicamente su plan de producción de biocombustibles con respaldo del gobierno jujeño, proclamando una primera expansión de 4.000 ha de caña de azúcar con ese fin y sin poner límites de crecimiento. 39 Obtienen del monte elementos para construir sus viviendas, forraje para alimentar sus animales, materias primas para la producción de artesanías, plantas para preparar remedios tradicionales,

Es en los años ‘90, que el proceso de monocultivo mecanizado (con la soja transgénica) crece exponencialmente con una dinámica focalizada. Las ciudades de las Lajitas Metán y Tartagal ven establecerse en la segunda mitad de los ‘90, oficinas, centros de insumos y silos agrícolas, montados por las corporaciones, Monsanto, Bunge y Dreyfus; que promueven los beneficios de la biotecnología agrícola. En 1996, comienzan los desalojos violentos de pobladores indígenas y criollos que habitan en bosques fiscales y pequeños campos de cultivo de autosubsistencia. Juan Carlos Romero, ex gobernador y actual Senador nacional, es desde sus inicios, colaborador y cómplice del devastador “negocio sojero”; es así que cuando se libera el cultivo de soja en el año 1996, el gobierno promueve el cultivo como una nueva gran oportunidad de negocios. Romero se ha ganado el mote de Ecocida, puesto que autorizo el desmonte de medio millón de hectáreas en el curso del 2007, mientras se discutía la ley de bosques40. En un estudio de COPAMA-DDHH41 (2009) afirma que, para los empresarios, esta tecnología no sólo cuenta con la “ventaja de reducir la necesidad de mano de obra y laboreo de la tierra”, sino que vuelve disponibles los territorios sin explotar de la zona del chaco salteño, cuyo valor de venta comparado con tierras de la zona pampeana es mucho menor. Esto se ve claramente reflejado en el crecimiento de la superficie total bajo cultivo; en el NOA que creció un 48% entre 1988/2002, frente al 5,2 % del resto del país. En los que hace a la estructura de clases, instituciones y grupos sociales que forman parte de este sistema de negocios se puede observar la estructura arborescente del neo colonialismo, por un lado las multinacionales asociadas a todo el circuito productivo y, por otro, propietarios latifundistas locales socios de los primeros, técnicos particulares y el estado (a través de políticos y profesionales) que acompañan y promueven esta forma de gubernamentalidad neoliberal neocolonial. El discurso productivista es el que prima en los funcionarios y empresarios el que permite naturalizar este modo particular de expropiación de medios de subsistencia y deforestación masiva. Walter Bielecki Ingeniero Agrónomo, asesor privado de 20.000 has. en la zona informó como factor positivo de la actividad que ingresan 465 millones de dólares al NOA (Salta, Santiago del Estero, Tucumán y Jujuy) por este cultivo. El productor Miguel Francisco Medina, que
proteínas a través de la caza, y un ambiente donde desarrollan desde hace generaciones su vida y su cultura. (IEDPN: 2009) 40 Para un mayor detalle de esta expansión y del rol que jugó Romero en el ecocidio ver Miguel Bonasso, diario Critica, Buenos Aries, 6 de Marzo del 2008 41 Centro de Acción Popular Olga Márquez de Aredez en defensa de los Derechos Humanos

cuenta con 6.000 hectáreas en Rosario de la Frontera, comentó como positivo y dando importancia a este desarrollo que considera “exitoso” que "se han agregado tierras de desmonte al sistema productivo" (…) "El desmonte cuesta unos 450 dólares por hectárea, incluye topado y acordonado con máquinas, destroncado a mano, quemado del cordón y pasada de rastra niveladora”. El desmonte, hasta hace poco, "era muy rentable para hacer agricultura, especialmente soja". Varios "pools" de siembra 42 pagaron alquileres de hasta 150 -160 dólares la hectárea. Según datos extraoficiales la tasa de desmonte para hacer agricultura (la mayoría de las veces soja y algo de maíz) es de un cinco por ciento anual43 . La expansión de los monocultivos en Salta fue acompañada por una intensa campaña de promoción sostenida por el ex gobernador Juan Carlos Romero y por el actual Juan Manuel Urtubey y por sectores de poder entre los que se encuentra la Unión Industrial de Salta la que, junto con el gobierno provincial, desarrollan eventos y actos gubernamentales para legitimar y promover el avance de la deforestación y la imposición de un sistema de agricultura intensiva a gran escala. El discurso del desarrollo productivista sigue pregonando la creencia del derrame, como justificativo de la depredación y concentración de la riqueza. Como ejemplo de la importancia y “beneficios” del mito del derrame que el discurso naturalizador proclama veamos que dicen los empresarios y técnicos que este modelo de “desarrollo” genera en la zona. “Este movimiento de dinero trae como consecuencia un derrame en las actividades de servicios, tales como el del almacenaje” (…) "Bunge cuenta con plantas en Las Lajitas, Mollinedo, Piquete Cavado y Macapillo. También se sabe que se están planeando inversiones de otras empresas que ya están incursionando en la zona, tales como Aceitera General Deheza, Cargill y Luis Dreyfus" (…) “Por otra parte, el
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Pool de siembra es la denominación que recibe en la Argentina un sistema de producción agraria caracterizado por el papel determinante jugado por el capital financiero y la organización de un sistema empresarial transitorio que asume el control de la producción agropecuaria, mediante el arrendamiento de grandes extensiones de tierra, y la contratación de equipos de siembra, fumigación, cosecha y transporte, con el fin de generar economías de escala y altos rendimientos. Al finalizar la cosecha y realizarse el producto, las ganancias son distribuidas. Legalmente son fideicomisos agropecuarios. La palabra inglesa pool -en este uso, significa "vaca" o "colecta", es decir, se trata de un fondo que reúne el aporte en dinero de varios inversores, para con ese dinero proceder a contratar los bienes y servicios necesarios para realizar una cosecha agraria, y luego distribuir la ganancia entre los miembros del pool. El sistema desempeña un papel dominante en la producción de soja en la que la Argentina se ha vuelto tercer productor mundial en el mercado de venta del producto en bruto (semillas y porotos), y primero en el mercado de aceites de soja. 43 El crecimiento del NOA. Agro: luces y sombras de un fenómeno que va más allá de la Pampa Húmeda. La Nación - Suplemento El Campo, Nota publicada el día: 28/2/2005

desarrollo también se observa en las carreteras que, hace algunos años atrás, eran casi inexistentes o muy malas. Una recorrida por Salta permitió visualizar la repavimentación de 200 kilómetros, 100 que van desde Joaquín V. González hasta Apolinario Saravia (ruta 30) y otros 100 que conectan "Las Lajitas con Lumbreras" (Ruta 5).” "Se observa un esfuerzo por mejorar los caminos". “En ocasiones los "forasteros" como es el caso de Santos Uribelarrea (padre e hijo) vinieron hasta Juana Azurduy, desde la pampa húmeda (desde el sur, como aquí dicen) para quedarse. Producen cerca de 10.000 hectáreas y han construido casas y otras instalaciones que permiten pensar que no son "aves de paso". "Eso es indudablemente muy bueno para esta provincia (cursivas nuestras)” 44 dijo Walter Bielicki, asesor privado de unas 20.000 hectáreas de la zona”45. "La soja se ha transformado actualmente en el único cultivo extensivo rentable en la zona", afirma Maggipinto técnico sojero. Según un informe del INTA, en los últimos 5 años la producción de soja se incrementó en 31 por ciento en todo el NOA. Santiago del Estero produce en unas 735.000 hectáreas; Salta, 455.000; Tucumán, 253.000; Catamarca 40.000”46. El rendimiento medio oscila entre los 23 y los 24 quintales, aunque en algunos sitios ese nivel puede duplicarse. En las imágenes superpuestas satelitales del INTA puede observarse a simple vista que la mayoría de los lotes agrícolas de la provincia está en límite de la intensidad de uso. Esto es: no se están realizando las rotaciones agronómicas recomendadas por los expertos en siembra directa, sistema que ocupa casi la totalidad de la superficie cultivada. El presidente de la Unión, Industrial salteña Guillermo Jakúlica, es el administrador encargado general del Ingenio El Tabacal y vocero público de la vinculación de los agronegocios sojeros y azucareros y también minero. En mayo 2009, dijo por un canal de televisión salteño que el Estado debía acelerar los recursos para poner en funciones el ramal ferroviario C 14 del “Belgrano Cargas”, “debido a que el desarrollo de la región se potenciará con la salida al pacífico de la producción minera en crecimiento y la producción de granos”. Este ramal fue levantado durante la gestión del Presidente Carlos Menem (1989-1999) junto a la mayoría de los ferrocarriles argentinos, el ramal se encuentra privatizado en manos de representantes del
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“El crecimiento del NOA”, Diario La Nación, 10 de Julio del 2011, www.lanacion.com.ar/682647el-crecimiento-del-noa. 45 “El crecimiento del NOA” idem anterior. 46 “El crecimiento del NOA” idem anterior.

gremio de camioneros. Jakúlica personalmente condujo represiones con fuerzas de seguridad privada contra comunidades indígenas guaraníes y enfrentamientos violentos a obreros de El Tabacal que reclamaban y reclaman justicia en sus salarios reclamos, y actitud que se mantiene hasta el día de la fecha47. El racismo neocolonial y las muerte por hambre, el caso de la soja En este apartado desarrollamos brevemente la situación de acoso, violencia y racismo que viven las comunidades indígenas debidas a la expansión de la soja, luego abordamos los acontecimientos de muertes por hambre de niños de comunidades Wichís, sobre todo el discurso gubernamental y finalmente mostramos como, estas representaciones son una constante, a lo largo del siglo XX, de un neocolonialismo racista indígena de la gubernamentalidad salteña. Según Leda Kantor, la defensa de los intereses de los agronegocios de la soja generó un cuadro de violencia sistemática en contra de las poblaciones rurales e indígenas que se traduce en desalojos, detenciones, persecuciones y amenazas a quienes se resisten. La presión para que abandonen sus tierras tiene que ver con diferentes tipos de hostigamientos que van desde la contaminación intencional de fuentes de agua hasta el robo o matanza de animales. El uso intensivo de agroquímicos y las fumigaciones en cultivos de soja muchas veces terminan contaminando a población de zonas aledañas, a sus cultivos, animales y fuentes de agua (Kantor: 2007). El Programa de Vigilancia Social de las empresas transnacionales del sector agronegocios de la Argentina afirma que este sistema produce violación de diferentes derechos llamados humanos según normas de RSE de la ONU 48 y junto a ello violación de la soberanía nacional, la soberanía alimentaria, pérdida de la biodiversidad, pueblos originarios desplazados, concentración de la tierra (extranjerización). Este informe caracteriza a esta forma de producción como un “Modelo de agricultura sin agricultores”. Señala
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“SALTA: Tensión en el Ingenio Tabacal, empresa norteamericana desalojaría a obreros utilizando la violencia”, COPENOA, en http://www.copenoa.com.ar/SALTA-Tension-en-elIngenio.html, 5 de Septiembre del 2008. Ver también “Pueblos Originarios en defensa del Territorio, Movimiento por la Madre Tierra, informe sobre algunos de los reclamos indígenas, casos de violación a los derechos territoriales”, en http://www.argentina.attac.org/documentos/12.19.htm 48 Programa de vigilancia social de las empresas transnacionales del sector agronegocios, Reporte n° 05, “Informe de investigación sobre las operaciones de Monsanto en Argentina”, en http://www.foco.org.ar/oet-documentacion%20y%20base%20de%20datos/oetreportes/Reporte.05.%20Monsanto.pdf

que Argentina se “posiciona como el tercer productor mundial de soja transgénica después de Brasil y Estados Unidos. Ese año 2004 49, la soja batió nuevos records de cosechas. También se informa que “se conoció la muerte de por lo menos catorce indígenas por desnutrición en el norte del país”. Paradójicamente, son estas provincias norteñas las que en los últimos diez años percibieron un mayor avance del monocultivo de la soja. “Hambre, exclusión y devastación, los pilares del modelo de la soja”. Algunos testimonios de indígenas muestran como la creciente expansión de la frontera agrícola está dejando sin medios de subsistencia básicos a estas comunidades, al mismo tiempo que se dificulta el acceso a agua y a otros medios para la vida como los recursos del bosque, donde se puede visualizar que el ecocidio está directamente unido al genocidio. “Si perdemos la tierra, no vamos a tener para buscar animalitos, para buscar miel, para hacer artesanías. Si perdemos la tierra nos vamos a morir de hambre. Defendemos la tierra porque es lo que nos da vida. Si tenés la tierra, sos libre de ir al río, de ir al campo. Nadie te va a perseguir y controlar”. No nos dan los títulos de la tierra “ por interés. Quizás en el subsuelo haya petróleo o minerales. Hay interés, por eso el gobierno no quiere entregar los títulos….les interesa para la agricultura... Pero no le interesa lo que hay, como el algarrobo o la planta medicinal. Tampoco le interesa la fauna, la naturaleza, nada. Le interesa vender la tierra y listo.... 50. “Uno de los problemas es el agua. El río Caraparí se secó y la gente tiene que ir a cavar pozos grandes. También el alambrado; las empresas alambran todo. Ellos compran y creen que son dueños, pero dueño es el que vive en la tierra, los habitantes originarios. Cuando alambran desmontan. Les vamos a agarrar las topadoras, si escuchamos que siguen desmontando. La Secretaría de Recursos Naturales de la Provincia de Salta da 250 guías (permisos para extraer madera por cuotas) por cada dirigente para repartir a las comunidades. La gente, en vez de usar las guías para sacar madera, las vende. Se están desmontando unas 13 mil hectáreas y
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Este informe fue realizado antes del lockout patronal de productores sojeros que hemos vivido recientemente en la Argentina, en ocasión de un decreto presidencial que aumentaba las retenciones y las hacía móviles. 50 Entrevista realizada por Emilse Caneda (2008) a Rogelio Segundo, representante del cacique de su comunidad, La Curvita, en el departamento Rivadavia, tesorero de la Asociación Lhaka Honhat (nuestra tierra), y miembro de la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina (ONPIA). La Asociación Lhaka Honhat es la organización indígena más importante de Argentina, reúne a 46 comunidades, en su mayoría wichí, y está reclamando la titulación de los lotes fiscales 55 y 14, ubicados en la cuenca del río Pilcomayo ante la Comisión 1nteramericana de Derechos Humanos

Recursos Naturales no controla a los tractores que sacan de día y de noche. Nosotros solos no podemos controlar. Cuando ya no haya más monte, vamos a tener que ir a trabajar a las fincas… Si no hay para comer, no importa, porque la tierra beneficia más. Si tenemos la tierra, no nos pueden molestar. Ellos tienen la tierra, y nadie los puede molestar. No le mezquinamos todo, sino sólo el pedacito que necesitamos. Nosotros vamos a seguir luchando, y si no nos quieren dar la tierra, más vale que nos fumiguen a todos los indios 51. “Antes no teníamos necesidad de pozos, porque pasaba el río Itiyuro y podíamos hacer represas. El río se secó, o le cambiaron el curso. Las empresas desmontaron y alisaron para poder sembrar, y entonces taparon las aguadas, las cañadas y los lugares donde se acumulaba el agua de lluvia para usar durante la sequía. Taparon con tierra y sembraron. Tenemos este problema del agua y el gobierno municipal no nos ayuda a poner pozos. Desmontan miles de hectáreas. Por el desmonte y el alambrado nos estamos quedando sin lugar. Las fincas y las empresas alambran todo. –¿El desmonte y el alambrado afectan la caza y la recolección en el monte? J.V.: Sí, mucho; «montear» ahora es difícil. Además, fumigan los campos con los aviones, sobre los animales. Ya no tenemos nuestra comida tradicional: se mueren las abejas, las corzuelas, el quirquincho y la iguana. También fumigan sobre la gente, y hay enfermedades. Antes éramos más de 27 familias; la gente fue falleciendo... Luchamos contra el Gobierno. Se cortan rutas... Se hacen pedidos... No vamos a bajar los brazos... Yo me pregunto: ¿no sabe el Gobierno Nacional o se hace el que no sabe? El Presidente de la Nación está sabiendo perfectamente bien el tema de los indígenas.”52 Las comunidades aborígenes de misiones ubicadas a la vera de la Ruta 86, en el municipio de Tartagal, desarrollan una serie de estrategias de resistencia contra los desmontes que se producen en los campos colindantes, entre otras el desalambrado. En diciembre del 200453 cortaron esta ruta, y en Julio del 2005, los Wichís de Tonono, levantaron seis kilómetros de alambrada que cerraban su
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Antonio Cavana es dirigente de la comunidad de Tonono, compuesta por setenta familias. Está sobre la Ruta Provincial 86,. Entrevista realizada por Emilse Caneda (2008). 52 Juan Vega tiene 45 años y es cacique de la Comunidad Sopfwayuk, ubicada sobre la Ruta provincial 86, en el Departamento de San Martín. Dicha comunidad está compuesta por 27 familias. 53 El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) envió una carta documento por la que hace uso de la opción de expropiación de 2.500 hectáreas situadas junto a la misión Lapacho Mocho, sobre la ruta 86 en jurisdicción del municipio de Tartagal, como resultado de los reclamos aborígenes. El Tribuno (Salta), 29 de diciembre de 2004, “Expropiarán 2.500 hectáreas junto a Lapacho Mocho”, La comunidad aborigen mantenía cortada la ruta 86 pidiendo soluciones. Las tierras representan una fracción de la propiedad de la firma Los Cordobeses que estaban reservadas por ley nacional para este fin, con el objetivo de ser entregadas luego a la comunidad aborigen que vive en la zona.

tierras echaron al capataz, armaron un campamento como medida de protesta para evitar la expropiación y recuperaron el lugar. 54 La desmontadora se vincula con una empresa privada que comenzaba el alambrado de 5600 hectáreas ubicadas alrededor de la cuenca del río Itiyuro, una zona donde conviven unas seis comunidades Wichís integradas por unas dos mil personas y que posee pozos de agua que ancestralmente sirvieron de asentamiento de otras comunidades. El capataz los denunció por privación ilegítima de la libertad. Ellos afirman que la ocupación como acción directa es una respuesta a la inacción del Poder Judicial. John Palmer, antropólogo que trabaja en esas comunidades, informó que el año pasado, cuando otras dos compañías encabezaron proyectos de desmonte semejantes, sobre terrenos de diez mil hectáreas cada uno, las comunidades acudieron a la Justicia antes de iniciar una acción. “La respuesta fue absolutamente positiva: la Justicia ordenó paralizar la obra, pero esa decisión nunca se llevó a la práctica.” Por esa razón, la reacción esta vez fue distinta. “Acá se está diciendo que ocuparon las tierras, como si fuera un corte de rutas, pero en realidad no ocuparon nada, están al lado de su pozo de agua en un terreno que les pertenece”, “rechazan el ingreso de extraños a las tierras que ellos usan tradicionalmente”55. El Secretario de Gobierno de ese momento, Raúl Medina, manifestó que los aborígenes que protestan por los desmontes no aceptan “que se trata de tierras privadas, cuyos proyectos productivos fueron oportunamente aprobados por la Provincia y, además, son constantemente monitoreados por la Secretaría de Medio Ambiente.” En esa circunstancia, una representación de la iglesia anglicana56 y ASOCIANA, una ONg que trabaja en el lugar, presentaron un documento al gobernador Romero en el que los aborígenes fijan su postura y piden “que cesen los desmontes, ya que atenta contra su modo peculiar de vida”. En septiembre del 2006 continuó la protesta indígena57, en la finca Caraguatá Sur, en cercanías de Tartagal, quemaron elementos de trabajo ya que comenzaban también desmontes. El Ministro que viajó a la zona
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Foto de Copenoa, en Reclamo y resistencia indígena en Salta, http://www.copenoa.com.ar/Reclamo-y-resistencia-indigena-en.html 55 Entrevista realizada en el articulo “Una comunidad wichi resiste desmonte y alambrado de su tierra,” Página 12, Argentina, 6-6-05, en http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-520242005-06-06.html 56 En El Tribuno, “Tartagal, Expropiarán 2.500 hectáreas junto a Lapacho Mocho. La comunidad aborigen mantenía cortada la ruta 86 pidiendo soluciones”, 29 de diciembre de 2004. Desde la época de la última dictadura militar (1973-1984) autoridades gubernamentales provinciales realizan denuncias sobre la injerencia Inglesa en la zona, a través de la Iglesia Anglicana, como “promotores” de la resistencia indígena, siendo que sólo acompañan sus luchas. 57 “Aborígenes bajo la lupa: Preocupación del Gobierno Salteño” Por Radio Salta - Friday, Sep. 29, 2006 at 4:08 AM. http://argentina.indymedia.org/news/2006/09/446244.php

informó: que “un solo cacique juntó gente que no era de la zona para iniciar una acción directa donde se nos informó que tenían armas y que el objetivo era tomar la finca citada” (cursivas nuestras). Medina afirmó que en esa protesta hubo “indicios de que la misma fue promovida por personas vinculadas al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)”. “Si al organismo nacional realmente le interesan los indígenas no debería promover hechos de violencia y enfrentamientos”, de esta manera debilita y descalifica a la institución nacional gubernamental como “incitación a la protesta” y de apoyo “externo”. “No creo en las coincidencias, creemos que hay un intento por desestabilizar la región para presionar con una protesta el tratamiento de la Ley de Suspensión de Desalojos de Comunidades Indígenas en Diputados que no aporta una solución de fondo”, (…) “este tipo de accionar está buscando tener alguna víctima” (cursivas añadidas). La seriedad de estas declaraciones además de visibilizar la lucha interna entre el gobierno nacional y provincial, muestra una vieja estrategia de los sectores de derecha para neutralizar el conflicto social criminalizando a las víctimas e inculpando a intelectuales y organizaciones de apoyo gubernamentales o de base de incitar a la violencia y de esa manera justificar la represión. El gobierno provincial criminaliza la protesta, llegando al extremo de denunciarlos por posesión de armas. Leda Kantor (2007), muestra a través del relato de las luchas indígenas que el gobierno provincial continuamente los reprimió, en algunos casos judicializó la lucha y en otros coopto a algunos dirigentes para debilitarla. En una instancia de encuentro entre los caciques y el gobierno para una eventual negociación se produjo una fuerte represión a mujeres, ancianos y niños. Un anciano fue internado y luego falleció. Este entramado de relaciones sociales y omisiones devela la estructura arborescente del colonialismo interno y los distintos actores involucrados. En ocasión de un litigio entre aborígenes y la venta de tierras que eran una reserva forestal de la Provincia, llamado el caso Olmedo58 para ser entregadas para la explotación de
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Olmedo tiene 110 mil hectáreas, tres aviones y es el mayor productor sojero individual con tierra propia factura más de u$s 50 millones solo con el poroto de soja que vende a las exportadora (Alfredo Olmedo, verdadero rey de la soja, en Fortuna web, 12/3/2010 en http://fortunaweb.com.ar/alfredo-olmedo-el-verdadero-rey-de-la-soja/). Parte de esas hectáreas fueron cedidas por la Provincia de lo que era antes una reserva denominada Salta Forestal. Las empresas formadas por Olmedo y otros socios no pagaron el canon que les correspondía. En estos momentos el gobierno provincial está tratando de cobrarlo. El Ministro de Hacienda actual informó que “el monto que corresponde pagar a esta empresa es de $1.305.000 por año en concepto de canon. Antes de esta renegociación, las empresas involucradas no pagaban nada de canon hasta el año 21 de concesión de las tierras, cuando se debía comenzar a pagar un canon anual de 50 mil dólares”. (Olmedo debe renegociar el contrato de Salta Forestal, en Nuevo Diario de Salta, Viernes, 23 de Octubre de 2009. 07:41hs. En http://www.informatesalta.com.ar/noticia.asp?q=10217)

soja a grupos privados, el Diario El Tribuno, de propiedad del gobernador, hizo un suplemento cuya tapa decía “Civilización o Barbarie”. La foto de tapa era una familia Wichí adelante en primer plano y atrás un rancho, haciendo referencia a que eso es la “barbarie”, la que se opone al “desarrollo” de la expansión de la soja. Hambre y discursos humanitaristas. Una de las consecuencias más dolorosas del impacto que está produciendo esta forma de expansión particular del capitalismo son muertes por hambre de niños pertenecientes a comunidades indígenas, acontecimiento o evento crítico que visibiliza el habitus colonial de los gobernantes y técnicos. La relación entre zonas de alta concentración de la riqueza y muertes por hambre no sólo ocurre en este espacio. En estos últimos años, la prensa está dando a conocer muertes por hambre en países sudamericanos que, paradojalmente, muestran un importante crecimiento de la riqueza medida en términos de su producto bruto (como lo son el caso de México, Colombia y Argentina). El habitus neocolonial del presente visibiliza la contradicción entre el reconocimiento de la “igualdad multicultural” y la creencia de superioridad de la cultura dominante. Junto a la retórica de la igualdad del “indio” o las llamadas “poblaciones originarias” del presente, encontramos discursos internacionales y nacionales vinculados a la “multiculturalidad globalizada” que dicen promover el respeto a las alteridades anteriores (Álvarez Leguizamón, Sonia y Sacchi, Mónica: 2000) pero que promueve la desigualdad y nuevas maneras de racismo. Debido a la creciente pobreza y hambre en el mundo, contracara del discurso del crecimiento y del desarrollo que dice ser “sustentable” que mantiene viejas formas de reproducción persistente de la pobreza, pero con nuevas formas de expropiación de medios de subsistencia y sujeción neocolonial, los OID (Organismos internacionales de desarrollo) han renovado discursos neo filantrópicos y humanizadores vinculados con el “derecho a la alimentación” eufemismo para expresar el derecho a no morir por falta de alimentos. La creciente concentración de la riqueza y el aumento del rango de desigualdad en Sudamérica viene acompañado de su contracara, la pobreza en términos de acceso a medios de subsistencia y titularidades (Cimadamore y Cattani: 2008; Álvarez Leguizamón: 2007) junto a la suba persistente del precio de los alimentos básicos para el consumo a nivel mundial59. La suba del precio de los alimentos
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Según datos del 2008 brindados por el BM (Banco Mundial), los precios de los productos alimenticios registraron un alza del 83 por ciento en los últimos tres años, y se prevé que la tendencia continúe hasta el 2015. En el caso del trigo, el aumento fue del 181 por ciento. Se

afecta, sobre todo, a los países pobres y a los pobres de esos países. Se sabe que la incidencia de los alimentos en las canastas de consumo básico de los pobres es fundamental, lo que torna aún más seria la cuestión. El caso de la Argentina es uno de los tantos ejemplos de esta macabra paradoja (altos índices de crecimiento, acumulación y centralización del capital/ pobreza, exclusión y muerte por hambre). Durante los años 2007 y 2008 se han producido muertes por hambre en el Norte argentino, en las provincias del Chaco, Formosa y Salta60, en su mayoría de población aborigen. Esto ha sido considerado como un “desastre humanitario”. El Defensor del Pueblo de la nación Argentina, presentó a fines de agosto del 2008, una demanda contra el Estado nacional y el gobierno de la provincia del Chaco, en la que consta que las comunidades indígenas, se encuentran “al borde de la muerte, en una situación de exterminio silencioso sistemático e inexorable”, haciendo énfasis en una realidad cuidadosamente ocultada en todo el país. Solicitó que se adoptaran medidas necesarias que “detengan el exterminio” de los pueblos originarios en esa provincia. Posteriormente la Corte Suprema de Justicia falló contra el Estado Nacional y el gobierno del Chaco a favor de las comunidades aborígenes, diciendo que el Estado nacional y el gobierno chaqueño deberán proveer de alimentos y agua potable a las comunidades aborígenes de esa provincia61. Luego de tres siglos de la vigencia de la idea de derecho a la reproducción de la vida -que tiene su primer expresión en Occidente en las Leyes de Pobres inglesa y luego la declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa- y ante el incremento del hambre en el mundo luego de casi tres siglos de la
considera que los principales factores que generan el incremento de los precios: son el fomento en el uso de biocombusitbles, el cambio en las costumbres alimenticias, las extensas sequías como las que se han dado en Australia y el elevado precio del petróleo. (En “Biocombustible impulsa hambre y deforestación” EL MUNDO | 13.04.2008, http://www.dw-world.de/dw/article/0,,3263978,00.html). La directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PAM), Josette Sheeran, advirtió que la subida del precio de los alimentos de base equivale a un “tsunami silencioso”. El director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, afirmo ó que “si los alimentos continúan siendo tan caros como hasta ahora la población de una gran cantidad de países podría verse ante consecuencias terribles” en la reunión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington "Cientos de miles de personas morirán de hambre, miles de niños sufrirán los efectos de una alimentación deficiente". Ver http://medios.batiburrillo.net/2008/04/22/reunionde-expertos-para-frenar-la-subida-de-precios-en-los-alimentos.html. 60 “Víctimas del hambre en Salta”, 23 de Agosto de 2007; en http://wichiwet.org//index.php? option=com_content&task=view&id=22&Itemid=2 61 Publicado en http://marcialcandioti.wordpress.com/2007/12/05/hambre-desnutricion-fallo-de-lacorte-suprema-de-justicia-contra-el-estado-nacional-y-el-gobierno-del-chaco-a-favor-de-lascomunidades-aborigenes/, diciembre 5 del 2007. Sin embargo las muertes por hambre continuaron en esa provincia, a pesar del pedido del Defensor del Pueblo, ver “El hambre en el Chaco, http://www.nuevoencuentro.com/modules.php?name=News&file=article&sid=2081, 10 de agosto del 2008.

misma, se producen una serie de declaraciones y acuerdos “humanitarios” de ciertos OID. En el Documento Final de la Cumbre Mundial sobre Alimentación, realizada en noviembre de 1996 en Roma por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se adoptó por consenso el "derecho de todos a tener acceso a alimentos adecuados y el derecho fundamental de todos a no pasar hambre". El hecho de que se deba inventar el derecho a no pasar hambre es un síntoma de las contradicciones de la democracia, el capitalismo y los mitos del desarrollo. Luego de más de tres siglos de la declaración de igualdad de los ciudadanos y de otros tantos de capitalismo y de la creencia en que el desarrollo basado en el “crecimiento económico” traerá bienestar a las personas, miles de personas mueren por hambre. En el momento de la firma del documento, la delegación de la administración Clinton, en declaración oficial que quedó a manera de "reserva oficial", es decir, de "no compromiso", señaló que "Estados Unidos cree que este es un objetivo o una aspiración para ser realizada de forma progresiva pero que no plantea ninguna obligación internacional ni reduce las responsabilidades de los gobiernos nacionales hacia sus ciudadanos". La reserva oficial de USA muestra el desinterés y el no compromiso del imperio neocolonial americano por el hambre en el mundo, ni siquiera desde su lado humanitarista. Sin contar que estas declaratorias son de tal nivel de generalidad que no comprometen a los estados miembros. Por otra parte, el Consejo de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha proclamado el derecho a la alimentación a través de las llamadas “directrices voluntarias internacionalmente aceptadas” para la realización progresiva de la concreción de este derecho (noviembre de 2004) aprobadas por todos los gobiernos (FAO: 2005, cursivas añadidas). Se dice que son “pioneras”, ya que establecen una definición internacionalmente aceptada del derecho a la alimentación, así como medidas prácticas para materializarlo pero, al mismo tiempo, está mostrando que miles de personas mueren por hambre. Por otra parte, la FAO “asume la responsabilidad internacional de monitorear e identificar los países y regiones donde existen situaciones críticas de escasez de alimentos”, identificando tres niveles de escasez: perspectivas desfavorables para las cosechas, déficit de suministro de alimentos en el mercado o problemas de distribución de excedentes locales y/o exportables. Es interesante señalar que el caso de muertes por hambre en el norte argentino no se adecua a ninguna de estas causales aunque vinculadas a la escasez de alimentos. Paradojalmente aumenta la producción agrícola, las cosechas son

cada vez más favorables así como los excedentes exportables y el hambre aumenta. Por otra parte, las preocupaciones “humanitarias” por el hambre en el mundo rápidamente se asocian con intereses utilitarios vinculados a la lógica de la rentabilidad, de la expansión del capital y a factores políticos contradiciendo su intención “humanitaria”. El hambre es visto como una amenaza a la “gobernabilidad”, para que los intereses del gran capital no se vean opacados por protestas sociales. Para Dominique Strauss-Kahn, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, el hambre "no es sólo es una cuestión humanitaria y económica, sino también un tema que atañe a la democracia”62. El discurso humanitarista de estos organismos que se alarma con el hambre y la suba del precio de alimentos, considera que las personas bien nutridas son una inversión de alta “rentabilidad”63, y por otro lado, se sigue insistiendo en inversiones agrícolas de alta productividad como solución 64, siendo que estas son las que lo producen. Ese mismo año, en marzo del 2004, se produce un hecho fundamental para las modificaciones de los problemas que reproducen la pobreza y el hambre. Junto a la declaración de los derechos a la alimentación de la FAO, Estados Unidos de Norte América anuncia su política de convertir alimentos en combustible a partir de la producción de etanol y biodiesel. La relación entre la cantidad de alimentos que se necesitan para producirlos y resolver en parte los problemas que ocasiona la suba en los precios del petróleo a los monopolios automotrices es alarmante, dado los efectos que tendrá en la oferta de bienes básicos para la alimentación, como el azúcar, el trigo, el maíz, las oleaginosas y la propia soja. Se requieren 320 millones de toneladas de maíz para producir 35 000 millones de galones de etanol. Dice Fidel Castro “Aplíquese esta receta a los países del Tercer Mundo y verán cuántas
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Dominique Strauss-Kahn alerto que “Si los alimentos continúan siendo tan caros como hasta ahora la población de una gran cantidad de países podría verse ante consecuencias terribles”. "Cientos de miles de personas morirán de hambre, miles de niños sufrirán los efectos de una alimentación deficiente". En “Biocombustible impulsa hambre y deforestación”, Diario EL MUNDO | 13.04.2008, http://www.dw-world.de/dw/article/0,,3263978,00.html 63 La FAO plantea que “una persona bien nutrida puede aprovechar mejor las oportunidades económicas. Invertir en la erradicación del hambre es también una inversión en bienestar económico, con una alta rentabilidad, y en una mejora de la sanidad y la educación” (cursivas nuestras), en “Resumen sobre el Comité de seguridad alimentaría de la FAO, Federación internacional de productores agropecuarios, Roma, 30 de octubre - 4 de noviembre de 2006, http://www.ifap.org/es/publications/er-fao-cfs-11-06.html 64 Dice la FAO “La segunda lección es que el crecimiento agrícola es fundamental para la reducción del hambre en los países en vías de desarrollo donde tres cuartas partes de los pobres viven en zonas rurales. Aumentar la productividad de la agricultura estimula la demanda de productos no agrícolas en las zonas rurales y el incremento de los ingresos de origen no agrícola” (FAO op. cit.)

personas dejarán de consumir maíz entre las masas hambrientas de nuestro planeta. O algo peor: présteseles financiamiento a los países pobres para producir etanol del maíz o de cualquier otro tipo de alimento y no quedará un árbol para defender la humanidad del cambio climático. Otros países del mundo rico tienen programado usar no sólo maíz, sino también trigo, semillas de girasol, de colza y otros alimentos para dedicarlos a la producción de combustible”65. Para Josué de Castro (1951), los bolsones de muerte por hambre son una muestra de cómo opera las relaciones de dominación local en su vínculo con la Geopolítica mundial sobre todo a partir de relaciones neocoloniales capitalistas y las formas en que se produce la dominación social a nivel local. Él estaba poniendo en cuestión las visiones evolucionistas, desarrollistas y neo-Malthusianas de la pobreza y el hambre66. En el libro Siete palmos de terra e um caixao, ensaio sobre o nordeste do Brasil, uma area explosiva (1965b), en el capítulo denominado a “reinvençao dos mortos”, explica entre otras cosas como, para los campesinos nordestinos la muerte no cuenta, lo que cuenta es la vida, puesto que la vida no les pertenece 67. La larga experiencia de más de cuatro siglos de un régimen agrario de tipo “feudal escravocrata” productor de azúcar y la resistencia invencible de este régimen a ceder a cualquier exigencia o reivindicación de los campesinos para mejorar un poco sus trágicas condiciones de vida, “acavarom por dar a esta gente o sentimento da inutilidadade de cualquer esforco para sair do atgoleriro da sua miséria”. Los problemas alimentarios derivan, en última instancias de las relaciones

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“Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo”, en Digital Gramma internacional. Marzo 28 del 2007, en http://www.cuba.cu/gobierno/reflexiones/2007/esp/f280307e.html 66 El neomaltusianismo fue y es promovido por los pensadores de las teorías del desarrollo ortodoxo y por instituciones “promotoras de desarrollo y progreso” de los EEUU como “La Alianza para el Progreso”. Ésta tenía como uno de sus mandatos más importantes, el desarrollo de tecnologías de control de la natalidad, durante los 60’, para disminuir el crecimiento de la población. A su vez, la Three Lateral Commission, propiciada por David Rockefeller, preocupada por diseñar escenarios futuros del desarrollo del capitalismo global, siguió la línea de la Alianza para el Progreso, de años anteriores, con una visión de la reproducción de la pobreza también Neo- Malthusiana, recomendando el control de la natalidad de las poblaciones, junto al control sobre las fuerzas productivas de los países pobres, para parar su crecimiento y su capacidad de producción, ante la creencia de que si estos crecían (al mismo ritmo que lo hacían los países más ricos), los recursos energéticos y naturales se agotarían. Esta posición se tradujo en la teoría del crecimiento cero incluida en el Repote Meadows de 1972, difundido por el Club de Roma (Matozzo de Romualdi, L.: 1999). 67 “De ella nada tiran, además del sufrimiento, del trabajo e esfaltante e da eternan incerteza do amanha: da amenca constante da seca, da policia, da fome e da doencia”. Para ellos su muerte es una cosa cierta, segura y garantizada. “Um direito que ninguem lhes tira: o seu direito de escapar um idia pela porta da morte, do cerco da miseria e das injusticas da vida. Tudo o mais é incerto, improvável ou impossível”.

de dominación heredadas del colonialismo (Ricardo Abramovoy: 1996, De Castro: 1951)68. El acontecimiento La zona del caso de estudio también se caracterizó por reclutamiento de mano de obra semi-servil, como el caso de las poblaciones del nordeste brasileño que estudia De Castro, para los ingenios como el San Martín del Tabacal y el Ledesma, a partir del primer cuarto del siglo XX, además del trabajo en las haciendas o fincas azucareras. Inclusive, muchas de las misiones religiosas que se asentaron en esta fecha fueron promovidas por los dueños de los ingenios para controlar la mano de obra indígena para la cosecha del azúcar. En Octubre del 2008 la agencia Copenoa69 da a conocer como noticia que “Mueren dos niños aborígenes luego de pasar tres días sin comer en una finca en Tartagal”. "Los niños de entre un mes y dos años fallecieron por desnutrición en la finca Nuevo Horizonte, ubicada en el paraje Caraguata distante a 80 kilómetros de la ciudad de Tartagal, al norte de la provincia de Salta. Los pequeños no habían ingerido alimentos y tomado agua durante tres días". "Las denigrantes condiciones de esclavitud a los que son sometidos los aborígenes en las fincas rurales de la zona del departamento San Martín, se cobraron estas pequeñas vidas" se informa. El noticiero Video Tar, dice que “los nenes, uno de 23 meses y otro de sólo un mes, desde hace tres días no ingerirían ningún tipo de alimentos ni líquidos afectados por una infección". "Murieron como perritos" afirmó personal del Hospital de Tartagal. Los niños eran hijos de un trabajador que estaba viviendo bajo un plástico mientras trabajaban en negro en esa finca70. En febrero de 2011 de nuevo las muertes por hambre en la zona vuelven a ser noticia periodística, esta vez son siete niños los muertos por desnutrición. Todos pertenecían a la etnia Wichí y todos fallecieron a causa del estado de desnutrición en que se encontraban y debido a diarrea estival como causa desencadenante.
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Josué de Castro, en la Geografía del Hambre (1951) estudia los regímenes alimentarios de cada región brasileña a partir de las posibilidades ofrecidas por los suelos el clima, la vegetación, pero también por la manera que se organiza la apropiación de la tierra y las relaciones con el trabajo. Josué de Castro además, como dependendista, debate la nominación de subdesarrollo a nuestros países y explica estos procesos y el hambre que producen, en base a las relaciones de explotación a nivel internacional y nacional, además de la concentración de la riqueza creciente 69 Colectivo Periodístico del NOA, Noticia del martes 7 de octubre del 2008. http://www.copenoa.com.ar/SALTA-Mueren-dos-ninos-aborigenes.html. 70 En Elena Luz González Bazán “La muerte blanca en Salta (Parte I)” en Argenpress.info, Prensa Argentina para todo el Mundo, 15/10/2008, http://www.argenpress.info/2008/10/la-muerte-blancaen-salta-parte-i.html

El actual Gobernador de la Provincia de Salta. Juan Manuel Urtubey, ante el acontecimiento afirmó que las muertes de estos niños "son un problema cultural, no sanitario ni social, porque los aborígenes no concurren al hospital (añadidos nuestros)”, es decir los Wichís dejarían morir a sus niños. “El eje de la cuestión es fortalecer en términos sanitarios y culturales la inclusión. Yo no transfiero nuestra responsabilidad pero debemos advertir que allí (en el tema cultural) está el verdadero problema”71. Es decir no se trata de un problema social, debido al despojo, la deforestación, la concentración de la tierra, la apropiación de altas rentas por sectores de poder sino que es meramente un problema de la cultura de estas poblaciones y de intervenciones sanitarias. El verdadero problema, según el gobernador, está en sus propias víctimas. Estas representaciones de los gobernantes salteños sobre la desnutrición de indígenas son persistentes a lo largo del siglo XX, como veremos más adelante. Es un habitus neocolonial de “larga duración” basado en un fuerte racismo indio por parte de las elites gobernantes. Estas prácticas fundamentan las coerciones vinculadas al trabajo y la represión de las protestas, que se despliegan a través de variados dispositivos y tecnologías disciplinatorias sobre las poblaciones percibidas como pertenecientes a “culturas” consideradas directa o indirectamente “incivilizadas”. Las declaraciones de JC Romero, el ex gobernador durante el periodo 1995-2007 en estas circunstancias también reproduce esta visión culturalista y paternalista de las causas de muerte por hambre. Para él, no se puede dejar librada a la "intuición" de los padres la posibilidad de alimentar a sus hijos; el gobierno es el que debe ir a dárselos en la boca. El problema, entonces, es considerado sólo sanitario obliterando la expansión del capitalismo de la soja del que es cómplice directo72.
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En Según Urtubey, los aborígenes desnutridos no van al hospital “por una cuestión cultural”, 902-11, http://www.lapoliticaonline.com/noticias/val/71200-6/segun-urtubey-los-aborigenesdesnutridos-no-van-al-hospital-%E2%80%9Cpor-una-cuestion-cultural.html 72 “Priorizar alimentos y orientar estrategias nutricionales es tarea del Estado. Dejarlo librado a la buena voluntad o a la intuición de los intendentes, los padres o tutores es la opción equivocada, cuyos resultados hoy se perciben en las comunidades del norte. Tampoco se puede confundir mortalidad infantil con desnutrición infantil. Son cosas claramente diferentes. Para enfrentar la desnutrición es necesario que actúen con energía los agentes sanitarios, tal como lo hacían hasta hace tres años, llegando a los hogares con todos los recursos para detectar de manera temprana las falencias nutricionales de un niño….. Salta es una provincia pobre. Nadie puede asombrarse por ello. Contra la pobreza, la marginación y la exclusión no podemos pelear solos. Lo dijimos hace quince años y lo repetimos ahora. Se necesita un gobierno nacional que entienda que el desarrollo y la inversión en las zonas postergadas es la puerta por la que saldrán de la pobreza miles de familias. Pero con la desnutrición es otra cosa: se trata de un problema de gestión. No se puede estar cambiando planes probadamente exitosos por recetas foráneas y es contraproducente buscar réditos políticos en cada acción.” En Romina Chávez Díaz “Las mentiras de Juan Carlos Romero y la “desnutrición cultural” de Urtubey” , artículo que reproduce un texto de la página web del ex Gobernador que yo no se encuentra colgado titulado “Contra la pobreza, la marginación y la

Este discurso, se ve justificado por otros actores políticos que toman posición en el acontecimiento. Un candidato a Diputado provincial por el Frente Grande, partido que apoyaba la reelección del gobernador Urtubey en ese entonces, para las elecciones realizadas en abril del 2011, afirma en un diálogo de Facebook con la autora de este artículo lo siguiente73: “¿Qué se hace en el fondo con los Wichís? Una, sería no desmontar, ahora, si los desmontes siguen y tienen un consenso de todo el senado y 57 de 60 diputados, habría que pensar alternativas. ¿Se los integra? ¿Se les da comida en forma permanente, en el marco de una cultura recolectora? Uno podría decir: cambiar el consenso, ganar elecciones y poner diputados conservacionistas. Si uno lo piensa, es probable que nuestra sociedad nunca apoye estas medidas con un consenso suficiente. No conozco sociedad en el mundo que haya optado por no crecer ”. Se observa cómo este acontecimiento visibiliza la visión productivista y evolucionista de la expansión del capitalismo sojero por encima de la vida de las personas. Parte de las explicaciones culturalistas de las causas de la pobreza y el hambre se sostienen en la creencia de que el alcoholismo las provoca; ésta es también una tematización persistente en el habitus neocolonial de las elites salteñas, como veremos en el apartado siguiente. Una técnica que participó de este debate abona la visión culturalista del Gobernador y además pone el énfasis en el alcoholismo y la vagancia para argumentar los “factores culturales” temática también persistente en el habitus neocolonial de larga duración. “El problema de la desnutrición aborigen, sí que es consecuencia de lo cultural , lo vi cuando estuve en Rivadavia Banda Norte y Sur. El aborigen recibe el subsidio y al rato está comprando alcohol etílico para preparar las bebidas que consumen las 24 hs. de los 365 días del año . Fui testigo de entrega de leche y alimentos no perecederos por parte de la Municipalidad y del Hospital. Todo lo que reciben lo "Venden"!!!!!!. Ello no quita que no se haga foco en las muertes de los niños, porque es terrible que esto suceda, pero no toda la culpa la tiene es Estado. El aborigen vive y piensa de una manera, es muy difícil negociar con ellos, no son personas para nada "tontas", saben bien lo que quieren, lo que hacen y la consecuencia de sus actos (…). Existe muchísima gente que percibe subsidios por parte del Estado sin prestar
exclusión no podemos pelear solos”, Salta 21, 23-2-11 http://www.salta21.com/Las-mentiras-deJuan-Carlos-Romero.html 73 Estos diálogos tuvieron lugar entre el 15 y el 20 de febrero del 2011 y figuran en http://es.scribd.com/doc/50675172/muerte-por-hambre-de-los-whichies-dialogo-en-face-bookneocolonialismo-Inicio

contraprestación alguna y ello hace que se fomente el hábito de la "vagancia" y de la idea de que "todo le sea otorgado fácilmente". A éstos percibidores de la ayuda social los debieran poner al frente de los comedores ya que son sus hijos los que concurren a las escuelas. (…) Al eje del problema hay que atacarlo de raíz, educando a las comunidades para que tomen consciencia de que la ayuda que reciben es para satisfacer sus NBI y no para desviarla en otra cosa" (Luciana Ruiz, cursivas nuestras) Las explicaciones y soluciones gubernamentales remiten al saber practico médico/sanitario el que, como veremos esta preñado de un racismo indio neocolonial. Otro aspecto persistente en este habitus colonial es un racismo indio Neo Lamarkiano que explica las causas de la pobreza no sólo en la cultura sino también en el ambiente. Pero paradojalmente no es en la depredación ecocida del llamado actualmente medio ambiente donde se pone el énfasis (posición política de las organizaciones y movimientos verdes conservacionistas) sino en el lugar puntual donde viven las comunidades. Es una mirada infinitesimal del ambiente. Antes era la especialización llamada “medicina social” o también expresada como “causas indirectas” de la enfermedad la que daba explicaciones de este tipo, ahora será la Epidemiología Social. Un médico que practica este saber afirma que su cultura es “deleznable”, arcaica y debe ser modificada a partir de la “planificación”, la “prevención” y la profesionalización de lo que ahora se denomina “recurso humano” o “capital humano”, a partir de la creencia de la “naturaleza social” de la enfermedad. Lo social no se entiende como las relaciones sociales que producen la exclusión y expropiación de medios de subsistencia, de renta y de excedentes. Remite sólo a los estilos de vida de las poblaciones. Dice un médico sanitarista salteño en este dialogo y a propósito de las muertes por hambre recientes. “Yo estuve recorriendo durante 3 años consecutivos las comunidades originarias y hay que estar y compartir sus ideas por lo que el Dr. Urtubey no está muy lejos de la verdad . Las comunidades originarias poseen una cultura ancestral que para el hombre contemporáneo resulta hasta deleznable, son personas geográfica, social y culturalmente aisladas de la sociedad moderna.(…) Son dos los patrones que rigen la existencia física del ser humano, el "genético y/o hereditario" y el "cultural y/o ambiental", ambos conformando una "unidad": la persona humana, original e irrepetible. (…). Creo que en la actividad sanitaria al "problema" hay que conocerlo muy bien para de este modo poder "planificar" una actividad sobre la que

se instalan "programas" coherentes, factibles y viables (…) y acá no debemos nunca olvidar la "capacitación" del recurso humano "suficiente" para la acción, que lleva su tiempo.” (…) El tema en discusión necesariamente compromete a la Salud Pública, ciencia y arte de PREVER y PREVENIR acontecimientos que atañen a la salud de una población con el desarrollo de un abanico de actividades para asegurar un nivel de vida adecuado de cada individuo. La epidemiología social, uno de los pilares fundamentales, proclama la "naturaleza social" de la enfermedad desarrollando sus acciones dentro de ese marco. Por lo tanto significa tener en cuenta factores biológicos, sociales, económicos, culturales y políticos, todo en un momento y lugar determinados, así toda enfermedad tiene su historia..(Felipe Adolfo Calvet)74 Un medio de prensa alternativo deja oír las voces de dirigentes obreros e indígenas de la zona que interpelan este discurso oficial, afirmando que es un “problema indígena” asociado a la expropiación de las tierras y los medios de subsistencia, mostrando cómo se los criminaliza, incluyendo las circunstancias cuando cortan las rutas por las luchas obreras piqueteras. Se informa en esta noticia que las muertes por desnutrición, el año 2010 habían duplicado las de 2011, pero no adquiririeron la repercusión nacional e internacional por qué no era un año electoral, según el medio de prensa. Las voces de las poblaciones sojuzgadas y su lucha siguen presentes en los medios sobre todo en los alternativos. El diario de mayor tirada de la Provincia es de propiedad del ex gobernador J. C. Romero. Eduardo Paliza, dirigente obrero e indígena de la zona manifiesta:

“La otra vez fuimos noticia porque cortamos la ruta, por los pozos petroleros, pero ¿quién se va a acercar ahora por los niños que mueren de hambre, hermano? El niño no habla, no te puede decir tengo hambre, y son sólo los papás los que los están mirando y los tienen en los brazos hasta que se mueren” “La radio y la tele, que están acá a la vuelta nomás, dicen que ‘es un problema cultural’. Mentira. ‘Es un problema indígena’, “Cortan el hilo por lo más delgado. Si nosotros tuviéramos todas las tierras, el río, el pescado, las frutas, las plantas….., no se le pide a nadie nada. Cómo va a hacer una madre con sus hijos, si no le puede dar la fruta, ni el pescado? Acá en el norte hay mucha riqueza en la tierra, ¿pero cómo llegar si está todo alambrado y no podés pasar porque te meten tiro o te mandan a la policía?” “El departamento de San Martín empieza en Embarcación y termina en Bolivia. Son cien kilómetros de ruta.
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Jefe del Programa Medical Service ver www.xing.com/profile/FelipeAdolfo_Calvet

Al este están las sojeras, todos los días los aviones están tirando cagada y veneno, matando a los pueblos indígenas todos los días. Al oeste, están las petroleras, que envenenan todo, los ríos, la tierra, y matan a los animales, y eso nadie lo dice”. (Eduardo Paliza75, dirigente obrero e indígena de la zona). Octorina Zamora76 dirigente indígena Wichí, de la comunidad de Honhat Le Les de Embarcación señala “el continuo acorralamiento que sufren las comunidades indígenas, por la deforestación y el despojo vinculado a “patrones” transnacionales que no tienen cara visible, mostrando además la fragilidad del ecosistema agravado por la deforestación. La invisibilidad de los patrones en este nuevo modelo de agronegocio es persistente en las denuncias indígenas, a diferencia de la presencia en la estructura de la hacienda o la finca. “Los pobres, los indígenas, no tenemos acceso al trabajo digno, no podemos contar con los medios económicos para dar de comer a nuestros hijos. Les dan prioridad a la soja y nos despojan de nuestro territorio, de nuestro hábitat . Uno de los mayores culpables de todo esto es el tema de los despojos, el desmonte, hay muchos pueblos acorralados por vastos territorios de gente que ni siquiera son del lugar. Hay muchos patrones que nosotros ni conocemos”. “Las 17 comunidades indígenas (Wichí, Guaraní y Quom) que viven en Embarcación y se quedaron sin territorios, también sufren inundaciones cada vez que llueve.” “Encima, Embarcación está en una zona de transición entre las sierras de yungas y el Chaco salteño árido, el único pulmón ecológico que tenemos77”.
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Eduardo Paliza trabajó en la ex estatal Yacimiento Petrolíferos Fiscales (Y.P.F) es dirigente originario y conformó la (UTD Vespucio) “Unión de Trabajadores Desocupados de Vespucio”, es Técnico en Minería, vive en la localidad de Campamento Vespucio. Esta localidad del norte de la Provincia de Salta 60 km de la frontera con Bolivia, adquiere el adjetivo de Campamento dado que su fundación está vinculada con los primeros pozos petroleros encontrados en la zona. Foto en Eduardo Paliza “Patrones peor que en la época de la esclavitud”, COPENOA 29 de mayo del 2009, http://www.copenoa.com.ar/Eduardo-Paliza.html 76 “Comunidades wichi advirtieron sobre el "peligro inminente" de alud”, Diario El Tribuno 20 de Julio del 2011. 77 Octorina se está refiriendo a la situación de vulnerabilidad que sufren esos territorios desde el punto de vista ecológico. Según el informe del Defensor del Pueblo “existe consenso de que los desmontes masivos producidos en zonas donde existe un fuerte contraste de relieve -como es el caso de la región salteña en donde se pasa de un ambiente de montaña (Yungas) a una llanura deprimida (Chaco Seco)- están vinculados al aumento de los riesgos de erosión y movimientos en masa en el primer ambiente, y de flujos torrenciales e inundaciones en las áreas planas. Sin la vegetación propia del lugar, la estructura de las laderas se vuelve cada vez más inestable. Esto, provoca que haya poca retención y se acelere el escurrimiento superficial. Con poca retención y excesivo escurrimiento, las crecidas no se regulan y el agua fluye a gran velocidad arrastrando las partículas del suelo, destruyendo puentes y caminos, aislando comunidades y cambiando la dinámica propia de los sistemas naturales (IEDPN, 2009: 31 y 32). “Los suelos de textura fina, presentes en el Parque Chaqueño en esta zona, son fácilmente erosionables ante los procesos de desmonte. La ausencia de cobertura vegetal continua los expone a la energía calórica, lo que disminuye la disponibilidad hídrica para las plantas por la evaporación y produce la pérdida de la estructura del suelo por la volatilización del nitrógeno y el carbono: literalmente “se quema” la

Ante el acontecimiento, que tuvo repercusión internacional 78, el gobernador respondió de diversas maneras. Pidió a la ONU colaboración para modificar la alimentación de los pueblos indígenas; puso en marcha un plan de emergencia con la intención de “detener” la “seguidilla de muertes”79 a cargo de Susana Canela, trabajadora social y especialista en políticas públicas, quien considera que la cuestión es sobre todo “educativa” y no sólo un problema de escasez de alimentos, interpelando de esta manera la situación de expropiación de medios de subsistencia en que viven. Pone el énfasis en los dispositivos pedagógicos más que culturales y sanitarios, aunque también los incluye. “La problemática que se vive no tiene que ver solamente con un problema de acceso a los alimentos, sino con un proceso educativo, con el acceso a la salud, con condiciones dignas de vida. Todo eso hace que una persona y una familia pueda cambiar su situación de vulnerabilidad y superar problemáticas tan específicas como esta”80. La ciudad más importante del área es Tartagal, la que vivió en estos últimos tiempos una serie de procesos que pueden ser considerados paradigmáticos de la “gran transformación neoliberal”, vinculada a las privatizaciones petroleras, la expansión de los agronegocios, la deforestación, el creciente empobrecimiento de las poblaciones rurales y su migración a las zonas periurbanas. Al mismo tiempo es escenario de luchas sociales tanto de obreros industriales piqueteros, como de organizaciones indígenas. Dos hechos catastróficos producidos en los últimos años dan cuenta de lo que está sucediendo, el aluvión del río Seco que se llevo gran parte de
materia orgánica (Dirección de Bosques 2003 citado IEDPN, 2009:33) 78 La BBC ha difundido primero las noticias de “Muertes de Hambre en Salta “ ocurridas en febrero del 2011 y luego realizó un video sobre el tema que se encuentra en el artículo de Vladimir Hernández, Una mirada al corazón del hambre en Argentina, BBC Mundo, Argentina, Martes, 26 de abril de 2011, en http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/04/110404_argentina_salta_desnutricion_vh.shtml 79 “La atención primaria de la salud es la llegada de los agentes sanitarios al territorio, muchos de la propia comunidad”, “Teníamos el centro de salud, enfermera, los médicos iban al lugar, pero la provincia ahora está teniendo un déficit de médicos en la parte pública”, pero “si las actividades que venimos haciendo no son suficientes, hay que buscar estrategias nuevas e integrales. Si detectamos desnutridos, nos apoya muchísimo el Ministerio de Desarrollo Humano [de la Nación], que tiene todos los planes alimentarios con dietas especiales. Vamos a tener once nutricionistas repartidos por las comunidades, así que vamos a trabajar fuerte en éste tema”, serán diez grupos de especialistas, universitarios e indígenas que trabajarán “comunidad por comunidad. Unas cuarenta personas se incluirían para trabajar en todo el territorio desde Pichanal hasta Pocitos”. En Periovista, el Medio de los Medios “La isla de los wichí”, publicada el Viernes 18 de Febrero, 2011 a las 12:44 am, http://periovista.com.ar/2011/02/la-isla-delos-wichi/ 80 Declaraciones de Susana Canela, en Periovista, el Medio de los Medios “La isla de los wichí”, Viernes 18 de Febrero, 2011 http://periovista.com.ar/2011/02/la-isla-de-los-wichi/

viviendas de la ciudad y el brote de dengue en el año 2008 y 2009. Está probada la relación entre deforestación, aparición de enfermedades endémicas (muchas de las cuales son comunes en la zona, como la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas) y de catástrofes naturales, ambos problemas sufridos en la región 81. A pesar de este hecho comprobado científicamente, las enfermedades (a veces llamadas endémicas) de este tipo, son interpretadas por los médicos como problemas de sus pautas culturales haciendo caso omiso de estos factores. Las representaciones racistas de la pobreza y la desnutrición en Salta: la inveterada cuestión del “indio” El comentario del Gobernador Urtubey acerca del acontecimiento de las muertes por hambre en la zona de expansión de la soja en relación a que la desnutrición es un problema cultural, es una idea persistente de las elites gubernamentales salteñas, todo a lo largo del siglo XX y parte de este. Esta afirmación, además de invisibilizar las razones socio económicas y ambientales que imposibilitan a las personas acceder a recursos y servicios del bosque para la subsistencia básica, es racista puesto que parte del supuesto de que hay personas cuya cultura es inferior. Este saber hacer se fundamenta bajo diferentes discursos racistas a lo largo del siglo XX, el higienismo o la medicina social, la eugenesia, la epidemiología y la moderna pedagogía del "desarrollo social" de las políticas de "inclusión social" que el gobernador actual cree, son la solución. Si bien durante este período se producen importantes transformaciones sociales y políticas, y el contexto socio histórico se modifica a veces substancialmente, el pensamiento gubernamental y de las elites sobre las causas de la pobreza y el hambre, mantiene imperturbable el racismo indio, subsumido en distintos discursos prácticos. En otro trabajo analizo el contexto de estas transformaciones vinculadas sobre todo a los dispositivos de intervención sobre la pobreza (Álvarez Leguizamón: 2002) pero en este caso no me detengo en ello.

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“Según el Informe Geo Argentina, los factores básicos de riesgo ambiental para la salud relacionados con la deforestación, son el aumento de las catástrofes naturales y de los animales transmisores de enfermedades (vectores). En este sentido, la Organización Mundial de la Salud señala a la deforestación como un factor más que -junto al desarrollo agrícola, los embalses y los planes de regadío- puede desencadenar brotes de enfermedades parasitarias u otras de carácter infeccioso favoreciendo la difusión de los mosquitos propagadores del paludismo o de los moluscos de agua dulce que difunden la esquistosomiasis. Entre otras enfermedades afectadas por los cambios ambientales se hallan la filariasis linfática, la fiebre dengue, la leishmaniasis, la enfermedad de Chagas y la meningitis bacteriana (Informe sobre las Enfermedades Infecciosas, Eliminar Obstáculos al Desarrollo Sustentable citado en IEDPN: 2009)

Para los mitos de la modernidad, tanto como para el desarrollo y el capitalismo imperial globalizado, la construcción de la pobreza como problema, parafraseando a Foucault (1981 [1966], 9-10), es la historia del “otro”. Aquel que es a la vez interior y extraño a una cultura. Por ello debe excluirse, conjurarse y distinguirse pero que a través de ciertas identidades es nombrado y clasificado. Forma parte de la historia del orden de las cosas, de su naturalización 82. En este sentido, la pobreza es la alteridad de los poderosos, es la alteridad de las utopías de la “modernidad” y del “desarrollo”. Cuando la pobreza se asocia a la “cuestión del indio” es una alteridad neo colonial radical vinculada al inveterado racismo “indio”. Entiendo que la cuestión del indiotrata de una forma particular de afrontar problemas entre la desigualdad social y étnica y su problematización. No es lo mismo que la llamada “cuestión social” que intenta resolver el hiato o la aporía entre la desigualdad social y la igualdad jurídica del ciudadano, según el pensamiento francés. La “cuestión” o el “problema del “indio” atraviesa los tiempos coloniales, republicanos y el presente de la democracia neoliberal. Usamos aquí la idea de cuestión del indio también como formando parte de un racismo anti indígena, que es el núcleo duro del discurso civilizatorio latinoamericano. Si bien abreva de las reflexiones de Maritategui sobre la cuestión del indio como problematización de las elites , plantea que no es necesario que estén a la vista las luchas sociales indígenas o que haya discusiones y dispositivos explícitos de blanqueamiento o dominación, el indio aparece soterrado en un racismo a veces visible y otras que sale a la luz en eventos críticos como este que develan los rangos de las diferencias de derechos, de identidades y de tipos de ciudadanía. Es lo que Manrique (1999), desde otro lugar, denomina el racismo antí-indígena 83. En cada
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“La historia de la locura sería la historia del “otro” –de lo que, para una cultura, es a la vez interior y extraño y debe, por ello, excluirse (por conjurar un peligro interior), encerrándolo (para reducir la alteridad); la historia del orden de las cosas sería la historia de lo mismo- de aquello que, para una cultura, es a la vez disperso y aparente y debe, por ello, distinguirse mediante señales y recogerse en identidades. Y si soñamos que la enfermedad es, a la vez, el desorden, la peligrosa alteridad en el cuerpo humano que llega hasta el corazón mismo de la vida, pero también un fenómeno natural, que tiene sus regularidades, sus semejanzas y sus tipos, veremos qué lugar podría ocupar una arqueología de la mirada médica” (Foucault (1981 [1966]:9-10) 83 Según Manrique, “existe consenso en torno a que el racismo anti-indígena es uno de los componentes fundamentales de la dominación social instaurada por las repúblicas oligárquicas. El racismo cumple una función decisiva en la legitimación de las exclusiones, pues «naturaliza» las desigualdades sociales, consagrando un orden en el cual cada uno tiene un lugar inmutable, en tanto éste no aparece fundado en un origen social sino anclado en la naturaleza. Como toda creación humana, el racismo tiene una historia que puede ser reconstruida. En la dinámica social, el racismo es, ante todo, una ideología y, como tal, sirve para consagrar un status quo determinado, de manera que va cambiando de acuerdo a cómo cambian las relaciones socioeconómicas y las correlaciones de poder establecidas. No existe pues un racismo. Como toda construcción histórica, éste asume diversas formas de acuerdo al contexto social en que se genera. Su historia no puede desvincularse de la historia social.” (Manrique,1999)

espacio social, la cuestión del indio adquiere formas particulares y contextualizadas en un presente histórico que le da inteligibilidad y condiciones de posibilidad. El rol fundamental del estado en estos acontecimientos está enmarcado para Rivera Cusicanqui “en una situación colonial más amplia y estructurante, donde la matriz cultural e ideológica de Occidente se instala en el Estado y desde allí nombra, enumera, oprime y jerarquiza los diversos pueblos y culturas nativas (…) en base a su (relativa) condición humana. Estos "otros", semi-humanos, a los que marginaliza por sus diferencias, han sido en realidad, heredados como súbditos de una república nacida del derecho de conquista. La práctica de la opresión colonial se reproduce así, aún en los espacios más avanzados de la modernidad ilustrada y en los nuevos mecanismos de mediación populista injertados en el Estado” (Rivera Cusicanqui: 2004b). Seguidamente veremos de manera muy sucinta como, a lo largo del siglo XX en los discursos gubernamentales en Salta, aparecen persistentemente explicaciones de las causas de la pobreza y el hambre, nombrando y representándose a la pobreza en su homologación con lo indio, mostrando así, su linaje genético con las recientes declaraciones de gobernadores ante las muerte por hambre, producidas en las zonas de expansión de la soja. Es sobre todo el saber médico el que lo legitima vinculado con intensiones de modificar “hábitos” que se consideran la causa de la pobreza, la desnutrición o la muerte por hambre. A mediados de siglo, se desarrolla el saber-práctico de la medicina social que, podríamos decir, forma parte de la biopolítica higienista de esa época84. Este campo de saber se aplica a las denominadas culturas nativas (eufemismo para lo indio) y sus condiciones de vida. Preocupación, además vinculada a un corrimiento que producen las elites locales de la representación de las elites del centro sobre todo porteñas, donde Salta junto con otras provincias del Norte Argentino, es vista como un espacio social periférico, vinculado a la gran clasificación argentina entre capital e interior (bárbaro, criollo, mestizo), pero también por ser un espacio geográfico donde se cree se encuentra el atraso, la pobreza, las enfermedades degenerativas debido, todo ello, a la existencia de poblaciones llamadas, de diferente manera por las voces autorizadas: nativas, autóctonas, criollas, indias, rurales , etc. La representación de debilidad de la población rural y de las poblaciones “nativas” se vinculaba –sobre todo, durante la primera mitad del siglo XX, aunque sigue metamorfoseada hasta el presente como hemos visto-,
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La biopolítica a través del higienismo, tiene entre sus objetivos fundamentales aumentar la productividad del trabajo, lograr el disciplinamiento de la clase obrera y dar solución a los abusos de la caridad por medio del “derecho” a la asistencia estatal y a la profilaxis social

principalmente a enfermedades endémicas y a pautas culturales que se cree tiene esa población “rural” (en términos genéricos) como el alcoholismo y la tradición de mascar coca -propia de la zona andina-, las cuales se creían eran una traba para la denominada profilaxis social, para el desarrollo y para la civilidad. Los factores “sociales de la enfermedad” serían la miseria, la ignorancia, la vivienda insalubre, la alimentación inadecuada , que hacen referencia a “hábitos culturales”. Se jerarquizan así acciones que promueven “estudios sistemáticos” de diagnóstico que ayuden a generar políticas de salud pública para enfrentar estas cuestiones que son problematizadas y, por lo tanto, hay que atacarlas. Las problematizaciones sociales las entendemos, tanto bajo la influencia de Focuault como de Lenoir y Bourdeiu, en el sentido que son temáticas que irrumpen en variados campos de saber poder experto (sobre todo en el médico), para diagnosticar e intervenir con dispositivos diferentes, desde la violencia y la represión, al integracionsimo compulsivo, o el indigenismos miserabilista 85. El caso que abordamos aparece reiteradamente en el largo tiempo en lo que en Salta se denominaba cuestiones de “orden social” en los informes gubernamentales de hasta la década de los 60’ o también el “problema del indio”, como lo muestra una viñeta periodística. Para el higienismo neo-Lamarckiano, que se desarrolla en la primera mitad del siglo XX (Ley Stepan, Nancy: 1991 y Ramacciotti, Karina Inés: 2004), el alcoholismo era un veneno racial y una tara propia de las clases que las elites consideraban inferiores, por lo que debía ser erradicado. Encontramos que en los médicos higienistas salteños, sobre todo entre los gobernadores, el consumo de coca también se asimilaba a un veneno racial (Álvarez Leguizamón: 2004), seguramente lo sería también para un gran grupo de sus colegas. A partir de la década del 30’ observamos preocupaciones asociados a la especialidad de la llamada “medicina social”, la que pone especial atención en los “factores indirectos”, llamados “sociales” de las enfermedades. En la transformación de mediados de siglo del partido peronista este campo de saber se gubernametnaliza e institucionaliza. Luego en los 60’, junto a la medicina “social”, toma importancia la especialidad denominada “patologías regionales” o “del subdesarrollo”.

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Me remito aquí al hecho de que ciertos problemas no se convierten en problematizaciones sociales automáticamente. Hay un proceso social por el cual una cuestión se incorpora en la agenda pública. Este implica la acción de muchos actores que presionan para que sea puesta y considerada como tal. En este campo de fuerzas, las ciencias sociales juegan un rol fundamental en la pretensión de universalización y de objetividad del tratamiento de esos problemas. (Bourdieu: 1989, 38; Lenoir: 1993).

El diario La Provincia de Salta, en 1924 86 en un artículo titulado “El problema del alcoholismo en el Norte. Actitud del Departamento Nacional de Higiene. Clara visión de nuestro gobernante” reproduce una serie de medidas de Gregorio Araoz Alfaro quien era en ese entonces Director del Departamento Nacional de Higiene de la Nación, durante la Presidencia de Mariano Torcuato de Alvear, un radical anti Yrigoyenista. El artículo pone énfasis en que el alcoholismo es un veneno racial y además un “vicio”, “propio de las poblaciones nativas del norte”. La relación entre alcoholismo subsumido en enfermedades “nerviosas y mentales” gana una dimensión sanitaria y racista. Aráoz Alfaro manifiesta que en estas provincias “la embriaguez (es) brutal casi cotidiana” (cursivas nuestras). La noticia cuyo título ya es sugerente, al asumir que el alcoholismo es un “problema” viene a apoyar además las medidas tomadas por “nuestros gobernantes”, en ese entonces el gobernador de Salta el médico Dr. Adolfo Güemes. Las políticas consistían en un plan para combatir el alcoholismo considerada “terrible endemia que llena anualmente a las cárceles, hospitales y manicomios de un gran número de hombres”. El fundamento del Director Nacional de Higiene es aplaudido por el diario local y calificado como una “clara visión”, puesto que para Adolfo Güemes, el alcoholismo sería el origen del incremento de enfermedades nerviosas mentales, afirmando que esta la “causa primera y capital”. “Cuanto más estudio los problemas sanitarios nuestros, especialmente de las provincias del norte y territorios nacionales, más me convenzo que es uno de los problemas más primordiales que tenemos que resolver, (…) sin ello no podremos abordar con fruto la profilaxis de la Tuberculosis ni las endemias de la zona subtropical . Y esto sin contar con que el alcoholismo, por sí solo, es le origen de múltiples afecciones viscerales, el factor principal de las enfermedades nerviosa y mentales, de la locura, del crimen y de la degeneración de la raza”, esto tiene lugar sobre todo “en muchas provincias y territorios donde predomina la población de origen autóctono que por muchas razones debemos proteger y salir no solo del alcoholismo una lenta y crónica sino a la embriaguez brutal casi cotidiana”… “..”Es sabido que Salta es una de las provincias más castigadas por el horrible vicio” (Araoz Alfaro, Director del
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Diario La Provincia el 2 de Junio de 1924 en (Álvarez Leguizamón y Queiroz Coutinho: 2004)

Departamento Nacional de Higiene de la Nación Argentina, 1924). Gregorio Aráoz Alfaro publicó en la serie sobre Salubridad pública y previsión social87 donde tematiza ¿cuáles son las causas de la mortalidad infantil? Según el ministros serían: a) causas médicas (debilidad congénita, los vicios de conformación y afecciones del recién nacido -falta casi constante de asistencia pre-natal-, afecciones del aparato digestivo o de la nutrición, afecciones del aparato respiratorio, en especial bronquitis, bronconeumonías, congestiones pulmonares, neumonía) y b) causas sociales (ignorancia, mala situación económica) (cursivas nuestras). Vemos aquí la cadena de homologías morales, racio-genéticas, sociales y culturales hechos cuerpo en las propias poblaciones que padecen necesidades de alimentación o acceso a la salud. En una viñeta de junio de 1943 del Intransigente se da cuenta de una resolución tomada por el Ministro del Interior de la Nación, seguramente a sugerencia del funcionario Araoz Alfaro, que no podrán venderse bebidas fermentadas a los “aborígenes”, aduciendo “la conveniencia de adoptar esta medida, teniendo en cuenta los estragos que el alcoholismo causa entre las razas indígenas (cursivas nuestras)”. El Estado provincial a mediados del siglo XX, paulatinamente se va ocupando de generar instituciones especializadas que se constituyen como públicas, entre otras, cobran importancias las temáticas de medicina social que comienzan a llamarse indistintamente como higiene social o Asistencia Social. Durante la gestión del gobernador del Dr. Ernesto M. Araóz, en 1943 ya se planteaban esta concepción de medicina social asociada a la prevención y a la higiene social. Dice el gobernador en su mensaje a la Asamblea Legislativa: “La evolución de la medicina moderna y los múltiples adelantos científicos han modificado substancialmente antiguas concepciones relacionadas con la salud pública y su conservación, agregando así una nueva rama a estas ciencias: la medicina preventiva é higiene social, vale decir, que el arte de curar se va orientando no ya tan solo a combatir las enfermedades sino a prevenir su aparición.” (Aráoz: 1943, 51, cursivas añadidas). Habiendo pasado casi veinte años a la gobernación de Adolfo Güemes, en la década de 40’, el consumo alcohólico era entendido por el interventor de Salta Fassio, siendo Perón Ministro de Trabajo,
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No. 57, editada en Washington : Unión Panamericana, 1930,

como causa de la “mortalidad infantil, los porcentajes elevados de inútiles al servicio militar, la producción inusitada de locos, dementes, idiotas, el acrecentamiento de los inválidos, el aumento de los delincuentes, la muerte prematura con la consiguiente destrucción de los hogares, y la plétora de enfermos; en fin, una disminución progresiva de la potencialidad racial y el valor humano” (Fassio: 1944. 105 cursivas añadidas). Esta cadena de homologías y atributos que se les asigna a las consecuencias del alcoholismo que va de la mortalidad infantil, hasta la locura, demencia, idiotas, inválidos “plétora de enfermos”, hasta la delincuencia, junto a la disminución de la “potencialidad racial”, muestra la idea eugenésica de que el alcohol es un veneno racial y la explicación de la desnutrición como una cuestión individual y cultural y para nada social. Es decir, producto de la falta de medios de subsistencia básicos para la vida, cualquiera sean ellos: tierra, agua, salario, acceso a alimentos o titularidades (derechos garantidos) para tener una vida digna y saludable. En una viñeta de la época se puede observar lo que se llama “el problema del indio” en Salta donde está presente la amenaza del “malón”, la lógica instrumental del uso de la “energía” para el trabajo para los Ingenios y el ferrocarril (“se abusa de ellos en toda forma, tareas abrumadoras, pésimo rancho por los que se les puede descontar 1, 20 por día”) y las políticas paternalistas de tutela que se proponen. El articulista cree que hay que desarrollar compasión católica en vez de la “repulsión que inspiran”, “son como hijos menores a los cuales deberíamos tenderles una mano”. La ciudadanía se entiende proletarizada y con pantalones “entre los matacos… los hay que forman su hogar dentro de la habitual familia proletaria” porque “vestidos con pantalones” hasta “tienen hijos argentinos vale decir ciudadanos” (cursivas añadidas). La foto que acompaña el texto muestra la exotización que busca el fotógrafo. Fassio era médico y había realizado un informe sobre las provincias del norte a pedido de Perón antes de ser nombrado interventor (entre el 15/08/44 y el 6/12/45) y había impulsado la política que Perón llevaba a cabo desde la Secretaría de Trabajo y

Previsión. Para el gobernador Fassio (1944, 13) la vivienda es otra problematización social que, según él, ha sido omitida por los “oligarcas palaciegos” y manifiesta que en su programa “construiremos, derribaremos las chozas malsanas, tanto en la ciudad como en la montaña y en la selva. Si es preciso destruiremos con el fuego las parvas que sirven de “hogares” llevados a los ingenios y quebrachales. ¡Levantaremos, pues las casas humanas a que tienen derechos nuestros semejantes! (cursivas añadidas)”. Es interesante destacar la referencia indirecta al antecedente de incendio de chozas en el norte argentino, realizadas por el Dr. Salvador Mazza 88, como se muestra en la película “Casas de fuego” por lo que no se trata de una metáfora. Más allá de las humanitarias intenciones de Mazza y Fassio, la quema de las viviendas de poblaciones en el Norte Argentino, en las provincias de Salta y Jujuy, es de una violencia inusitada. Fassio al mismo tiempo que denuncia a la oligarquía local, opina que “las viviendas malsanas, paupérrimas, que tanto abundan en nuestras provincias tendrán que merecer un estudio especial. Alguna vez habremos de ocuparnos seriamente de elevar el nivel humano de la raza autóctona que debemos cuidar como elemento proverbial89 para el trabajo y evitar, en toda forma, que se pierda definitivamente” (1943, 20). En su discurso se puede ver no sólo el racismo indio y los dispositivos integracionistas para convertirlos en mano de obra, sino lo que Rivera Cusicanqui (2006) llama miserabilismo, en el sentido que si bien critican la situación social de ciertas poblaciones y señalan como causas del problema a las relaciones sociales de dominación, por otro, sus descripciones y representaciones están llena de adjetivos que denostan y miserabilizan a campesinos e indígenas, obliterando sus resistencias y luchas a la situación de dominación local. Entre otras formas de resistencia en la viñeta del diario El Intransigente de agosto de 1942, se da cuenta de un “Malón de hambre” que terminó con represión y muerte de “indios”. Si bien denuncia la situación de la “explotación inhumana” basada en los “privilegios políticos” los miserabiliza al afirmar que “no paran mientes en esclavizar a estas pobres criaturas (cursivas añadidas).
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Salvador Mazza es el descubridor, junto con el brasileño Carlos Chagas, de la relación entre la vinchuca y la enfermedad denominada otripanosomiasis americana. Es una enfermedad generalmente crónica, causada por el Trypanosoma cruzi. El reservorio natural lo constituyen muchos animales pero en la zona sobre todo la vinchuca, que anida en los techos de las viviendas de barro y paja típicos de la zona, el cual transmite el parásito cuando defeca sobre la picadura que él mismo ha realizado para alimentarse. El insecto que transmite esta enfermedad puede infectarse si pica a una persona que tenga la infección, y así adquirir la capacidad de seguir propagando este parásito. Salvador Mazza se instaló en Jujuy y allí fundo la Misión de Estudios de Patología Regional Argentina (MEPRA) en 1928. 89 Aquí la acepción de proverbial se refiere al hecho de ser algo muy notorio, conocido de siempre, consabido de todos.

La caracterización que hace Fassio de las poblaciones pobres, muestra una fuerte representación racista eugenésica que vincula los vicios, que según él estos poseen, a una condición racial particular y, por otro, la complementa con una idea moralizante de sus hábitos de vida, junto a una fuerte sensación de amenaza de esos “males”, bajo la creencia que estos son portadores de enfermedades que se “expanden” por la provincia90. Aparece la “mortalidad infantil” y la “infancia desvalida” como una problematización social y preocupación persistente en todos los gobernadores, cualquiera sea su partido político, su posición de clase, su linaje. Dice “En los hogares campesinos, tanto en la montaña como en el Valle y la Selva se vive en medio del dolor y la miseria ” (….). Para el gobernante la mortalidad infantil está directamente asociada con el alcoholismo y con la tasa de ilegitimidad de los hijos. “Las endemias comarcanas señalan índices que consternan. El ciento cuarenta por mil de los niños de cero a once meses, mueren en esta provincia según las estadísticas oficiales” (…) “hijos de padres alcoholistas, coqueros, desnutridos, enfermos, vencidos moral y físicamente , nos dicen las respuesta del problema. Agréguese a ello, que la tasa de ilegitimidad de los hijos señala para Salta el 433,13 por mil de los nacimientos en el último trienio y, y se tendrá la sensación dolorosa del cuadro social de la provincia”. (Fassio: 1944 cursivas añadidas). La práctica de mascar coca en Salta está muy generalizada desde hace mucho tiempo en todas las clases sociales, así como la cultura de tomar vino. Sin embargo, las clases altas nunca han sido objeto de dispositivos gubernamentales para “cambiar” sus hábitos de vida y menos aún se los ha considerado racialmente inferiores por ello. Cornejo fue el primer gobernador del partido Justicialista (19461949) que lideraba Perón, durante su primera presidencia, quien habría jugado en rol fundamental en la transformación de la beneficencia a la Salud Pública, interviniendo la Sociedad de Beneficencia y abonado la idea del derecho a la salud pública y gratuita, conteste con la política de Juan Domingo Perón y de Eva Perón. Para él también los problemas de la pobreza tienen un componente étnico, racial y moral. Considera Cornejo que los
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Dice el interventor “lo salarios exiguos, sin relación con el esfuerzo, una alimentación unilateral, una vivienda precaria sin el más elemental abrigo a las inclemencia del tiempo y los vicios arraigados, coca y alcohol, que en simbiosis marcan secuelas imborrables en el sistema nervioso. La migración de grandes masas de obreros que todos los años acuden a los centros fabriles en busca de trabajo (Ingenios azucareros, Minas, etc.) y que son alojados en el más franco hacinamiento, contrayendo enfermedades que posteriormente siembran en sus lugares de orígenes vírgenes e indefensos. Todos estos factores influyen en forma continuada, trayéndonos como resultado, la gran mortalidad infantil, los porcentajes elevados de inútiles al servicio militar, la producción inusitada e locos, dementes, idiotas, el acrecentamiento de los inválidos, el aumento de los delincuentes, la muerte prematura con la consiguiente destrucción de los hogares, y la plétora de enfermos; en fin, una disminución progresiva de la potencialidad racial y el valor humano” (Fassio: 1944, 105).

indígenas son semisalvajes. Da cuenta de una visión Neo-Lamarkiana de las influencias del ambiente sobre los hábitos culturales a pesar de que ya estas ideas habían perdido credibilidad por los descubrimientos de Mendel. Su discurso si bien está fuertemente influenciado por las ideas higienistas del momento, como por ejemplo la creencia en que la ilegitimidad de las uniones maritales son la causa de la mortalidad infantil al igual que para Fassio, en su discurso aparece una nueva categoría práctica que substituye la de venenos raciales (de la etapa de predominio de higienismo eugenésico) los factores “indirectos de la enfermedad”. Estos factores se denominan “médico sociales”, vinculados con el estudio de ciertos hábitos culturales, como el de mascar coca, y que pasan a denominarse más tarde como “patologías regionales”, o “vicios” que según él dejarían secuelas en el sistema nervioso y, cómo todo “mal”, deberían ser extirpados. Esta mirada racista neo-Lamarckiana se basa en la creencia de una relación estrecha entre geografía y medio ambiente, etnicidad y moral, vistas como las causas de los problemas de salubridad, lo que explica y tipologiza personas y espacios que producen diversas “patologías regionales”. Según las palabras del gobernador Lucio Cornejo: “Salta es, posiblemente, la provincia donde la salud pública necesitaba una acción más pronta y vigorosa. Esta afirmación resulta comprensible si se reflexiona acerca de todos los problemas de orden geográfico, étnico y moral que configuran sus condiciones de salubridad. Existencia de múltiples zonas distintas unas de otras, con la consiguiente multiplicación de las patologías regionales91; largas fronteras internacionales, que exigen constante vigilancia dada la posibilidad (...) de avance de peligrosas epidemias; población indígena en estado semisalvaje, con todas las secuelas que se derivan del estado de miseria y abandono en que hasta hoy vivieron (…);; debilidad orgánica general, originada por la endemia palúdica, el alcoholismo y cocaísmo, las diferencias de alimentación, etc.; pronunciada mortalidad infantil, favorecida por el problema moral de la ilegitimidad, que afecta a más del 40 por ciento de los nacimientos producidos en la provincia ”. Todo ello produce: mortalidad infantil, locos, discapacitados, inválidos, delincuentes y disminución progresiva del “potencial racial ” (Cornejo, 1948: 143, cursivas añadidas).
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La idea de patologías regionales tiene su origen en el desarrollo de un campo de saber médico denominado topografías médicas. Esta disciplina se desarrolla en Europa en el siglo XVIII y se incluyen allí, desde aspectos meteorológicos a un complejo conjunto de acontecimientos naturales: cualidades del suelo, climas, estaciones, lluvia, sequedad, centros pestilentes. Esta corriente es promovida por Sydenham, dando origen a un higienismo que prestará una singular atención al medio natural y su posible relación con los problemas patológicos. (Urteaga, Luis: 1980).

Durante su gobernación se crea la Asistencia Social, intervienen la Sociedad de Beneficencia e institucionaliza la Salud Pública a partir del traspaso de los hospitales que estaban en manos de las damas de la Beneficencia. Una de las funciones del área de la Asistencia Social promueve estudios de las “poblaciones”, para intervenir socialmente por medio de la acción que se comienza a denominar social o de asistencia social, para “los más necesitados e ignorados”, y con una visión claramente racista y eugenésica, dirigida según el gobernador a aquellos grupos “con mayores posibilidades étnicos sociales de mejoramiento” (Cornejo: 1948, 304; cursivas añadidas). La Asistencia Social nace en Salta entonces fuertemente vinculada al racismo indio. Se observa aquí también la idea eugenésica de la posibilidad de regeneración de la “raza”. El miserabilismo se puede observar en la forma que el discurso oficial oblitera las luchas indígenas. En 1945 durante su gobierno se produce el llamado Malón de la Paz. Indígenas de las provincias de Salta y Jujuy van a Buenos Aires, parte a pie y otros a caballo, luego de una nota solicitando al entonces Consejo Agrario Nacional que se restituyesen las tierras al dominio de las comunidades aborígenes, conforme la ley 880 de 1930. Cuando llegan a Buenos Aires son recibidos por Perón y por representantes de la Cámara de Diputados prometiéndoles que se realizaría la expropiación, Perón ordena que se los hospede en la Casa de los Inmigrantes pero, el 27 de Agosto fuerzas de la Prefectura y la Policía Federal los desalojan con violencia y se los obliga a embarcarse en un tren por orden del gobierno sin que se cumplan ninguno de sus reclamos. Las preocupaciones de los médicos higienistas y más tardes sanitaristas salteños fueron, además de las condiciones de vida o los factores “indirectos de la enfermedad”, las enfermedades en sí y en conjunto: la tuberculosis, la desnutrición, el paludismo, el bocio, la lehismaniasis; todas ellas subsumidos en la década del ´60 y para el médico salteño Arturo Oñativia92 y otros que trabajaban junto a él, bajo el nombre de “patologías regionales” 93. Para Oñativia, bajo la clasificación de “patologías regionales” coexisten conjuntamente “el escaso poder adquisitivo para la compra de alimentos por las poblaciones y la persistencia de malos hábitos alimentarios ” (cursivas añadidas), “índices de analfabetismo y deserción escolar”, “un panorama de viviendas escasas, antihigiénicas y con hacinamiento”;
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Médico salteño fue Ministro de Salud Pública durante la presidencia del radical Illia (19631966), promulgó la ley 17259 de "Obligatoriedad del uso de la sal enriquecida con yodo como profilaxis del bocio endémico" que lo disminuyo (también llamado cretinismo).. (María Elena Storani, Biografía del Dr. Arturo Oñativia , en en http://www.cancerteam.com.ar/invi023.html) 93 Las referencias a las patologías regionales y a la producción del Dr. Oñativia se basa en el artículo Álvarez Leguizamón y Llao (2005).

“despoblación crónica y sostenida” “un estado de saneamiento ambiental de significativo deterioro…(etc.)” 94, sin olvidar que, igualmente se ve al “cáncer de tiroides como patología regional”95.

Algunas reflexiones finales Las formas de gobierno de la vida que hemos visto en este estudio de caso muestran que la expansión del capitalismo, a través del paquete tecnológico de la soja transgénica, es ecocida y etnocida. Se comprueban casi todos los elementos de un neocolonialismo que, por un lado, recuerda las economías de enclave descriptas por los teóricos de la dependencia y por otro es paradigmático de las estrategias de expansión del capitalismo transnacionalizado. El neocolonialismo produce procesos de acumulación originaria constante sobre poblaciones campesinas e indígenas cuyas subjetividades son minorizadas y representadas como arcaicas e incivilizadas. Por otra parte, la gran mayoría de los actores del ciclo productivo y de las exportaciones son empresas locales asociadas con multinacionales o directamente monopolios multinacionales, llamados “pool de siembra”. La alta renta que produce se concentra en un grupo reducido de empresas que transfieren sus divisas al extranjero (salvo un porcentaje de retenciones a las exportaciones que se ha visto modificado estos últimos años). Por otra parte, estas políticas y los sectores privados que se benefician son apoyados por técnicos, organizaciones gremiales de propietarios y por las políticas gubernamentales que además ha reprimido la resistencia indígena con mecanismos de fuerte violencia y prácticas neocoloniales de discriminación. Las poblaciones indígenas y campesinas de la zona, víctimas directas de estos procesos se resisten tenazmente con varias estrategias: judiciales, piquetes, desalambradas, denuncias, al mismo tiempo que están siendo acorraladas, despojadas, reprimidas violentamente y privadas de los recursos del bosque y de sus tierras. El caso analizado muestra que los factores de producción de pobreza tienen que ver, no sólo, con relaciones sociales de explotación y dominación locales, sino con procesos macro sociales de distinta índole pero confluyentes vinculados con: la lógica de la expansión del capital a nivel internacional (estilos de “desarrollo” basadas en capital intensivo y destrucción de medios de subsistencia de los cuales los agronegocios son un ejemplo paradigmático), junto con políticas gubernamentales nacionales y locales de “desarrollo
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Oñativia, A.; Estado Actual de la Desnutrición en la Región del Noroeste Argentino , Publicaciones del Instituto de Endocrinología y Nutrición, Salta. Nº 2, Pg. 3; 1974. 95 Oñativia, A.; El Cáncer de la Tiroides en un Región con Bocio Endémico” Publicaciones del Instituto de Endocrinología y Nutrición, Salta. Serie “Monografías Médicas” Nº1, Pg. 7,1970.

productivista” que lo fomentan (en forma directa o indirecta), donde juega un rol fundamental la complicidad de los gobiernos locales y sus fuerzas de seguridad para con los intereses empresariales. Junto a ello, los discursos prácticos y los habitus neocoloniales de larga data, siguen naturalizando formas de expropiación salvaje a partir de renovados estilos de un racismo indígena que va desde el integracionismo, la represión lisa y llana, la cooptación, la descalificación y la muerte. El carácter transnacional del circuito productivo de la soja, actúa en un territorio acotado a partir de procesos de expropiación de riqueza que es acumulada por elites locales y grupos financieros transnacionales, con el apoyo y la promoción activa de las elites gubernamentales provinciales vinculadas a los latifundios, la agro industria y los servicios lo que, en conjunto, constituye el sistema de los “agro negocios”. Concomitantemente estos grupos han legitimado esta expansión a partir de la actualización de un discurso práctico neocolonial que remite al corazón del racismo “indígena” latinoamericano. Por otra parte, el análisis del acontecimiento crítico de las muertes por hambre y su vínculo genético con las ideas de nuestros gobernantes durante el siglo XX, muestra el posicionamiento de los funcionarios gubernamentales en un claro habitus neocolonial de larga duración que explica y problematiza la pobreza y la desnutrición inveterada de esta provincia, a partir de ciertos hábitos culturales de las poblaciones pobres/indias/rurales que se considera deben ser modificados. La pobreza y las bajas expectativas de vida son producto de viejas relaciones de dominación basadas en la semiservidumbre y la hacienda, la súper explotación del trabajo, el despojo de las tierras, el acorralamiento por la expansión de la frontera agrícola y la acumulación originaria constante. Estas formas de dominación se anclan en un inveterado racismo indio que mantiene persistente las mismas tematizaciones aunque cambien los saberes y las políticas hacia estas poblaciones. Los dispositivos disciplinarios de modelación de los comportamientos como la “educación” (eufemismo neocolonial para “civilizar”) sanitaria que pueden parecer no violentos, ejercen una violencia extrema sobre el cuerpo y la “cultura” de las poblaciones en las que inscribe el “núcleo del problema”. Estos pueden ser considerados como regímenes de representación, como lo señala Cristina Rojas (2004). Serían los lugares de encuentro entre lenguajes del pasado y del futuro (creo también del presente), en los cuales las identidades se construyen pero donde también se origina, simboliza y maneja la violencia, tales como los lenguajes de “civilización” y “barbarie” (Rojas: 1994 citado

por Escobar: 1998, 33) o los de “desarrollo” y “subdesarrollo” (Escobar: 1998) o los de culturas inferiores y superiores. Para Santiago Castro Gómez (2002, 148) el intento de crear perfiles de subjetividades estatalmente coordinados conlleva al fenómeno que denomina “la invención del otro”, temática por otra parte inveterada de la antropología social. Al hablar de invención, no se refiere solamente al modo en que un cierto grupo de personas se representa mentalmente a otra, sino que apunta, más bien a los dispositivos de saber poder a partir de los cuales esas representaciones son construidas. “Antes que como el ocultamiento de una identidad cultural preexistente, el problema del “otro” debe ser teóricamente abordado desde la perspectiva del proceso de producción material y simbólica en el que se vieron involucradas las sociedades occidentales a partir del siglo XVI. La FAO, el Banco Mundial, el FMI, los gobiernos nacionales y locales han favorecido el desarrollo de modelos de producción agrícola intensivas, vinculados a los llamados “agronegocios”, al mismo tiempo que realizan declaraciones humanitarias sobre el derecho a no tener hambre, siendo que las primeras son uno de los factores de su perpetuación y aumento debido a la deforestación, pérdida de biodiversidad, de recursos para la subsistencia, contaminación por el uso de agroquímicos, cambio climático desfavorable para las poblaciones más débiles y expulsión de sus tierras y recursos del bosque. Los hábitos, usos y costumbres considerados tradicionales de la población pobre salteña, en cuanto a vivienda, alimentación y cuidado de la salud eran concebidos, desde una mirada cientificista racista, como una traba para el desarrollo y para la Salud Pública. Esta representación se puede visualizar en los diagnósticos de la época, que intentaban tipologizar racialmente a la población. Las clasificaciones se establecían, según la posesión de atributos o elementos “indirectos” que se consideraba incidían sobre la salud como: mala vivienda, miseria, falta de educación y poca adecuación de los “patrones culturales locales” a los estándares de progreso y civilización. Para los gobernadores la pobreza y la desnutrición se deben a hábitos culturales, o a la cultura, o las formas de vida (según el caso) que se consideran venenos raciales, factores indirectos de la enfermedad o patologías regionales homologados a cuestiones étnicas, raciales y morales. En lo que respecta a los saberes en que se funda el racismo indio que hemos analizado en la última parte, constatamos que el higienismo es neo evolucionista, lo que se denomina “darwinismo social”. Se cree que estas poblaciones están en una etapa de

desarrollo atrasado o tradicional, situación que se vinculaba a su cultura. La idea de “regeneración racial” usada por los médicos higienistas salteños y su preocupación por las enfermedades endémicas, cuya causa se veía en los factores ambientales y raciales, permite entender la violencia de sus políticas sobre las poblaciones que eran y son tomadas como objeto de intervención por ser focos portadores de “venenos raciales”, o de patologías regionales o de hábitos culturales que hay que erradicar. La representación de la cultura indígena se asocia a condiciones de vida salvaje. Estas tratan de modificarse por medio de la intervención de la denominada medicina social, la profilaxis, la epidemiología. De allí que el campo de las enfermedades llamadas sociales se convirtió en formas de saber y hacer política, bajo la creencia de las elites de su superioridad y de la inferioridad cultural de los grupos más pobres, cuyos estilos de vida, se cree, son la causa de su propia pobreza y de las enfermedades o “males” que padecen. Lo que se consideraba como debilidad de la población rural (desnutrición, bocio, tuberculosis, por ejemplo) se vincula y vinculaba principalmente a enfermedades endémicas y a pautas culturales como el alcoholismo y la tradición de mascar coca - propia de la zona andina trabas para la denominada profilaxis social, como ahora lo son “las pautas culturales”. En la actualidad no se habla ya de la palabra salvaje pero si de su cultura, del alcoholismo, la vagancia, la falta de educación, de modernidad, etc. De allí se justifica un tutelaje moderno que desarrolla dispositivos educativos de “desarrollo integral” o “humano” para modificar sus estilos de vida. De esa manera se cree se acabaría con la desnutrición o la muerte por hambre. Como colofón tomemos al glifosato como paradigmático, tanto de esta forma de expansión del capitalismo transnacional y local que tiene lugar a través de muchas alianzas arborescentes neo coloniales -entre el estado y el gobierno, la estructura de la hacienda, las burguesías locales y nacionales vinculadas al gran capital financiero, los profesionales y funcionarios, etc.-, como de la destrucción del medio ambiente y el cambio climático por deforestación, de la expropiación de energía y nutrientes naturales, de las malformaciones y enfermedades que produce sobre la salud humana y de la reproducción de la pobreza en general (sobre todo rural) cuyos efectos son depredadores. En el caso argentino además, tenemos problemas de transporte, dado que la cosecha se traslada a los puertos en camiones (luego de la privatización y levantamiento de casi todo el sistema de ferrocarriles que se produjo en el gobierno del presidente

Menem) lo que está generando serios problemas, tanto en las rutas como en las ciudades puertos. En la reciente cosecha a la ciudad de Rosario entra un camión cada 15 segundos. Como contracara, tomemos la quiwicha96 como paradigmática de la resistencia que están ejerciendo las víctimas de la última cadena de expropiaciones. La planta sagrada de los incas “desafía al gigante Monsanto” en los EEUU y se han tenido que abandonar cinco mil hectáreas de soja transgénica y otras cincuenta mil están gravemente amenazadas debido a la quiwicha. En el 2004, un agricultor de Atlanta comprobó que algunos brotes de amaranto resistían al poderoso herbicida Roundup. Bajo la metáfora “cuando la naturaleza devuelve el golpe” Sylvie Simon (2011) relata: “Los campos víctimas de esta invasora “mala hierba” habían sido sembrados con granos Roundup Ready, que contienen una semilla que ha recibido un gen de resistencia al herbicida (…). Según un grupo de científicos británicos del Centro para la Ecología y la Hidrología, se ha producido una transferencia de genes entre la planta modificada genéticamente y algunas hierbas "indeseables" como el amaranto (…) Así, al parecer un gen de resistencia a los herbicidas ha dado nacimiento a una planta híbrida surgida de un salto entre el grano que se supone protege y el humilde amaranto, que se vuelve imposible de eliminar.(…). Así este bumerán, devuelto por la naturaleza a la transnacional Monsanto, no sólo neutraliza a este predador, sino que instala en sus dominios una planta que podría alimentar a la humanidad en caso de hambre. Soporta la mayoría de los climas, tanto las regiones secas como las zonas de monzón y las tierras altas tropicales, y no tiene problemas ni con los insectos ni con las enfermedades con lo que nunca necesitará productos químicos.” Se dice que los colonizadores de entonces, los españoles, trataron por todos los medios de exterminar al amaranto, pues con su harina y sangre humana se hacían ritos, por los que se pensó que exterminándola se evitarían los sacrificios humanos y no fue así, ni tampoco ahora. Renace la kiwicha, la planta ancestral se resiste al depredador, lo neutraliza, aunque sea localmente como en el caso que analizamos. Se deduce del análisis realizado que los bolsones de muerte por hambre no pueden ser resueltos con ningunas de los dispositivos
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“Pertenece a los alimentos más antiguos del mundo. Cada planta produce una media de 12.000 granos al año y las hojas, más ricas en proteínas que la soya, contienen vitaminas A y C, y sales minerales.”

técnicos esgrimidos (sanitaristas o pedagógicos) o humanitaristas (como la declaratoria de derechos a la alimentación o a la cultura propia, los programas asistenciales alimentarios o de subsidios para la alimentación) y menos aún con la integración (sojuzgamiento y etnocidio). Las relaciones de producción que lo produce y sus discursos naturalizadores debe parar, sino los efectos serán cada vez más depredatorios a pesar de la bonanza económica que generan para algunos pocos.

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CAPÍTULO II DEFENSA DEL LUGAR, LUCHAS CLASIFICATORIAS Y PRODUCCIÓN DE AUSENCIAS Reflexiones a partir de movilizaciones étnico-identitarias relacionadas a la lucha por el territorio en la provincia de Salta Mónica Flores Klarik97, Marcela Amalia Alvarez98 y Norma Naharro99 Resumen En el artículo se reflexiona sobre las luchas clasificatorias y la producción de ausencias como parte de las prácticas de dominaciónresistencia y el papel que juega en dicho proceso el conocimiento académico y científico producido por la antropología a partir de relatos sobre casos localizados en diferentes regiones de la provincia de Salta, en los que se evidencian estrategias de defensa del lugar por parte de grupos subalternizados y catalogados en categorías como “pobres”, “indígenas” o “campesinos”. Entendemos el lugar asociado a la idea de espacio vivido como parte de la experiencia singular de los grupos, donde se inscribe su historia cargada de significados, sentidos y valoraciones y en donde emerge una asociación naturaleza/cultura, que varía acorde a la historicidad particular de cada grupo. Por esta razón, al inscribirse en la lógica dominante hegemónica de la modernidad estatal, la defensa del lugar pareciera reducirse a una lucha por la certificación de titularidad sobre un espacio delimitado, en donde las variables que se consideran -delimitación, mensurabilidad, inscripción catastral, derecho a la propiedad- forman parte de las categorías técnicoracionales y en donde desaparecen los otros aspectos, del lugar que tienen relevancia en la vida cotidiana de las personas (sacralidad, construcción de una unidad naturaleza cultura, los ancestros) y que

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Es antropóloga egresada de la U.NSa. donde actualmente ejerce la docencia e investiga en proyectos acreditados sobre la problemática del territorio y las demandas indígenas en la provincia de Salta. Es becaria del CONICET y está cursando el doctorado en Antropología Social en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. 98 Lic.en Antropología (Universidad Nacional de.Salta). Docente e Investigadora de la Carrera de Antropología de esa institución en el área de la antropología social, con especial atención a las problemáticas de los pueblos indígenas salteños. 99 Lic.en Antropología (Universidad Nacional de.Salta). Docente e Investigadora de la Carrera de Antropología de esa institución. Ha dirigido numerosos trabajos de extensión en diferentes comunidades originarias locales. Es especialista en derecho indígena y derecho a la tierra.

forman parte de la construcción de un mundo socio/cultural/natural propio. En los regímenes discursivos sobre la diversidad cultural y en el de las políticas sociales se generan modos de visibilización / invisibilización, legitimación / deslegitimación de la diferencia, que se institucionalizan construyendo formatos para su reconocimiento. Esta lucha por la titularidad de la tierra, actualmente inscripta en las políticas sobre la diversidad, implica para los agentes involucrados, la necesidad de demostrar y certificar ante otros, la estrecha asociación entre territorio e identidad cultural. De allí que se tiende a esencializar en los discursos y las prácticas, elementos objetivos de una identidad de los grupos que remiten a historias certificadas por el saber técnico-científico de la modernidad para entrar en el catálogo de lo estatalmente válido. El desafío es hacer visibles las ausencias, sin realizar traducciones empobrecedoras para no perder de vista la radicalidad o las alternativas propias de los grupos locales ya que el reconocimiento de la diferencia debe estar acompañado por la equidad material y simbólica que implica la eliminación de las jerarquías de saberes y formas de ser y estar en el mundo. Palabras clave Políticas y legislación indígena, certificación de identidad, territorio/lugar.

luchas

clasificatorias,

Introducción La historia latinoamericana abunda en enfrentamientos y luchas en defensa del territorio como lugar de reproducción de la vida social y cultural de los pueblos indígenas, algunos se han hecho evidentes por diferentes estrategias de visibilización y otros han sido obliterados por el discurso constituyendo un proceso silencioso. El reconocimiento constitucional que se hace en 1994 en Argentina de los derechos de los indígenas ha sido una de las transformaciones legales más importantes de los últimos tiempos en el sentido de visibilizar las luchas y reclamos por el derecho al territorio y la identidad. Tras años de invisibilizar la presencia de los pueblos indígenas, el Estado Argentino ha reconocido no sólo su existencia sino también su condición de sujeto colectivo de derecho y, como tal, su potestad para ser titulares de las tierras que tradicionalmente ocupan100. La invisibilización operada mediante las políticas indigenistas del Estado argentino, a la que hacemos alusión en el párrafo anterior,
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Ver Artículo 75, Inciso17 de la Constitución Nacional Argentina (1994).

tiene aristas muy especiales ya que si bien se les negaba sus derechos específicos, se habían llevado adelante políticas activas de “ciudadanización” y “aculturación”, invirtiendo recursos y esfuerzos de distinta índole para borrar las diferencias de sus formas de ser y de estar en el mundo. La historia salteña, se halla signada por una fuerte impronta de prácticas e instituciones coloniales. En la época colonial, la Gobernación de estas provincias se relacionó con los pueblos indígenas a través de políticas indigenistas particulares conforme a un mismo patrón de dominación 101 según rutas históricamente diferenciadas102. Estos distintos modos de relación tuvieron un correlato y una continuidad durante el período de los Estado Nacionales. En los inicios de la conformación del Estado argentino, se realizaron con mayor empuje una serie de campañas militares con la finalidad de exterminio físico de los pueblos que habitaban los territorios de Chaco y Patagonia para procurar el corrimiento de la frontera interna. Por otro lado los pueblos andinos, perdiendo su condición de pueblos de indios pasaron a ser considerados campesinos siendo sometidos a políticas civilizatorias de asimilación y ciudadanización e integración. En ambos casos se llevó adelante una incorporación forzada de las personas como mano de obra barata a ingenios azucareros y otros emprendimientos de producción capitalista. En resumen: tutelaje, asimilacionismo e integracionismo fueron algunas de las formas político-prácticas en las que se abordó el “problema del indio”. En todas ellas se consideró un “problema” la diferencia cultural, pretendiendo eliminarla a través de la construcción de un ciudadano homogéneo y “formateado” según las necesidades del proyecto económico del momento, en donde todos los “recursos”103 debían estar al servicio de una única idea de evolución, desarrollo y progreso de carácter altamente excluyente y subordinado para este sector de la población local. Actualmente, si bien el reconocimiento constitucional de derechos especiales a los pueblos indígenas habilitó a las comunidades para reclamar su derecho a la diferencia, en sus mecanismos administrativos éste debe ser probada y presentada en formatos autorizados estatalmente. Tales formatos incluyen la
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Entendemos por Políticas Indigenistas “los diferentes proyecto[s] de los vencedores para integrar a los vencidos dentro de la sociedad que nace después de la conquista” (Irigoyen Fajardo. 2006, 538). 102 Yrigoyen Fajardo define para el caso de los pueblos andinos en el período colonial tres modelos: a) Naciones Indígenas colonizadas en el S XVI; b) Naciones Indígenas no sometidas con las que la Corona firmó tratados; c) Naciones indígenas no colonizadas a donde la Corona enviaba misioneros (Irigoyen Fajardo. ibídem, 537). 103 Entiéndase tierra, naturaleza, fuerza de trabajo, etc.

nominación-clasificación que debe corresponder a lo reconocido como válido. Es así que aquellos que fueron obligados a dejar su lengua, asumidos desde las elites gobernantes como ignorantes y supersticiosos por sus creencias, discriminados negativamente por su vestimenta, etc., hoy se encuentran bajo sospecha de no ser indígenas porque no presentan todos esos caracteres considerados por algunos como imprescindibles para certificar identidad étnica. Sucede muchas veces que ese tipo de representaciones estereotipadas del indio provocan que, pese al avance en el reconocimiento de la legislación vigente, los derechos reconocidos continúen siendo letra muerta. Este es el caso en particular, de los pueblos del Chaco salteño los cuales mantienen su lengua y gran parte de sus costumbres tradicionales y por ello son percibidos como detenidos en el tiempo, atrasados, como parte de un pasado que hay que superar. Más allá de que esté reconocido legalmente el derecho a la diferencia, en la mentalidad de gran parte de la sociedad no indígena, se tiene la idea de que la cultura es un problema a solucionar. Es en este sentido que trabajadores de la salud, maestros y funcionarios de las distintas áreas estatales encuentran argumentos creíbles para justificar la injusticia y el despojo. En el espacio provincial el derecho a la diversidad cultural sigue siendo una cuestión sin resolver. Se considera comúnmente que los pueblos con numerosos elementos culturales en tanto marcadores diacríticos de la diferencia (Barth: 1969) -incluida la lengua- deben ser objetos de políticas civilizatorias a fin de que abandonen todas aquellas costumbres consideradas “salvajes” puesto que se visualiza a las mismas como causales de pobreza. Por otro lado, los pueblos que por el largo proceso histórico de sometimiento conservan sólo algunos de sus marcadores diacríticos de etnicidad, devienen en sospechosos. Su identidad y cultura deben superar las pruebas que se les imponen para poder ser certificados como diferentes. En las prácticas, el “indígena deseable” desde la percepción de agentes vinculados a instituciones del estado nunca llega a ser tal, ya que en el imaginario social éste aún no representa un conjunto de valores positivos (para nuestra sociedad) que los haga dignos de ser considerados como sujetos de derechos especiales. En la provincia de Salta nos encontramos con una multiplicidad de casos en los que la defensa del territorio como lugar y de la cultura como forma de la vida, es un constante hacer cotidiano y otras veces son procesos de movilizaciones colectivas de grupos de personas, que han sido obviados como sujetos colectivos de derechos, y que se ven obligados a tomar parte de luchas

clasificatorias por encajar en las representaciones dominantes, intentando hacerse visibles para ser tomados en cuenta y ser respetados como diferentes. A continuación relatamos algunas de las situaciones que nos llevaron a reflexionar sobre estas 104 problemáticas . La diferencia entre ser “campesino” o “indígena” cuando se lucha por la tierra Una vez concluida la ocupación militar de la región chaqueña, a principios del siglo XX se instala en el norte de la provincia de Salta un ingenio azucarero que utilizó gran cantidad de mano de obra indígena para la cosecha de caña de azúcar. Los mecanismos de reclutamiento de los trabajadores fueron diversos pero en general se relacionaron con la enajenación de sus territorios, titulándolos a nombre de terceros, para obligarlos de esa manera a vender su fuerza de trabajo. Muchas de las personas indígenas de origen chaqueño y andino trasladadas con este fin fueron radicándose definitivamente en la región. Posteriormente cuando el ingenio mecanizó la cosecha de caña de azúcar, la mano de obra indígena que quedó excluida del circuito de la zafra, se asentó con permanencia en sus territorios o se conformaron alrededor de núcleos urbanos de la zona como comunidades multiétnicas, teniendo como principal medio de subsistencia el cultivo de la tierra, alternado con el enganche temporario en fincas agrícolas u otros trabajos informales en las ciudades cercanas. En un paraje rural de esta zona habitan alrededor de 50 familias que trabajan la tierra cultivando hortalizas que venden en la ciudad ubicada a unos 20 km, donde además asisten regularmente para acceder a los servicios de salud y educación ya que no cuentan en el paraje con sala de primeros auxilios ni escuela. Convocados por un programa gubernamental focalizado destinado a productores rurales caracterizados como N.B.I. conformaron grupos de trabajo que les permitió acceder a financiamientos (subsidios y/o créditos) y a asistencia técnica para mejorar su producción. Los titulares dominiales de la tierra quienes tenían la intención de vender la finca, presentaron una demanda de desalojo ya que la presencia de los campesinos disminuía el precio de mercado de la
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Es probable que llame la atención la falta de precisión en las referencias identificatorias de los casos (lugar, fecha, etnia, etc.). Esto no se debe a un descuido, ni es azaroso, simplemente responde a la necesidad de preservar los datos de los agentes que están involucrados en demandas concretas ante el Estado.

misma. Ante la sentencia judicial que autorizaba el desalojo, los pobladores intentaron diversas estrategias para conservar su tierra: algunos entraron en diálogo con los titulares dominiales, quienes propusieron parcelar una fracción de la finca -la que tiene peores condiciones en cuanto suelo y acceso a riego- y que se firmara un contrato de arriendo con opción a venta en el plazo de 10 años. La firma de este contrato en términos jurídicos implicó para estas personas la pérdida del ánimo de dueño y por lo tanto la renuncia a la posibilidad de realizar un juicio de posesión veinteañal que les permitiera acceder a los títulos de sus tierras. Otro grupo, con el apoyo de un sector de la iglesia católica local, decidió cortar el camino de ingreso al paraje para evitar la entrada de las fuerzas de seguridad encargadas de hacer cumplir la orden judicial. En contacto con dirigentes indígenas zonales iniciaron gestiones ante el Estado para solicitar el reconocimiento como “comunidad indígena”. Para ello realizaron un acta en la que expresaban su pertenencia a los pueblos “guaraní, chiriguano, chaguanco, coya, mataco, wichí, chané y criollos”. Abrieron así un proceso de reactivación de la memoria histórica, recuperando costumbres y léxicos de los padres y abuelos, vigorizando las prácticas culturales indígenas que en muchos casos ya habían sido dejadas de lado. Finalmente los organismos estatales los inscribieron en el registro de comunidades indígenas con una denominación que incluía sólo a dos de los pueblos anteriormente mencionados. La acción de resistencia al desalojo ordenado por el Poder Judicial a pedido de los titulares dominiales, implicó para la comunidad una gran inversión de tiempo y energía de los dirigentes, quienes viajaron a Salta y a Buenos Aires en busca del apoyo de organizaciones indígenas, instituciones estatales especializadas en el tema indígena y medios de comunicación. Estos últimos al tratarse de una comunidad indígena les brindaron un espacio que les había sido negado en su carácter de campesinos. El discurso de los dirigentes se radicalizó construyendo una alteridad agresivamente marcada en relación con los no indígenas “blancos”. En esta categoría de “blancos-enemigos” se incluyó a los titulares dominiales que pretendían quitarles sus tierras, a los vecinos que firmaron el contrato de arriendo, a técnicos que trabajaban con ellos, a miembros de la iglesia, entre otros. En este caso podemos visualizar cómo, en relación a las políticas de desarrollo y programas de asistencia, los miembros de la comunidad se vinculan con una representación de pobreza, entrando

en la categoría de “beneficiarios” como población objeto de asistencia y tutela de las instituciones desde donde se canalizan las "ayudas". En un segundo momento al posicionarse como indígenas en tanto sujeto colectivo de derecho, se radicalizaron las diferencias, activando una alteridad confrontativa basada en la oposición binaria blanco/indio, proceso que sirvió como respuesta a las jerarquías previamente dadas y les dio la posibilidad de una acción política con mayor autonomía. Para que esta reafirmación identitaria cobrase legitimidad y les permitiera defender su territorio, tuvieron que apelar a un repertorio de etiquetas étnicas plausibles de ser certificadas, vinculadas a nominaciones estatalmente reconocidas y científicamente validadas. El discurso del derecho indígena revirtió la condición de “ausente” como sujetos colectivos de derecho. Su apropiación los habilitó para realizar demandas y exigirle al Estado que cumpliera con la legislación vigente ante la amenaza de perder sus tierras. En este sentido, la lucha por el "territorio" representa una defensa del lugar, en tanto espacio o reducto de la existencia física y social. Y todo esto va más allá de que los medios y condiciones objetivas para la subsistencia o reproducción social hayan sido y continúen siendo enajenados. “La patrimonialización de la memoria para la defensa del lugar” Este caso proviene de una región en la cual la densidad de sitios arqueológicos denota una ocupación de gran profundidad temporal. Desde épocas precolombinas fue una importante zona de paso que conectaba los Valles con la Puna, el Océano Pacífico y el área andina central. En el período colonial la región participó del comercio de mulas desarrollándose haciendas latifundistas que despojaron de la tierra a los pobladores nativos quienes cultivaban pequeñas parcelas para el autoconsumo, incorporándolos a la explotación en carácter de arrenderos y pastajeros. A lo largo del tiempo se han ido conformando pequeñas comunidades con un patrón de asentamiento disperso, cuyos pobladores practican la ganadería extensiva y venden estacionalmente su fuerza de trabajo en establecimientos agrícolas de la región. En los asientos de principio del siglo XX del libro histórico de la escuela de uno de los parajes se puede leer la caracterización que los maestros realizan de los “aborígenes” locales en donde se resaltan como negativos los rituales “paganos” y otras costumbres “poco

civilizadas”, señalando la necesidad de transformarlas. A partir de 1924 se habilitan distintos tramos del Ferrocarril, el que además de ser incorporado rápidamente a las actividades de las comunidades del lugar, favorece la instalación de empresas mineras, que también emplean mano de obra local. En 1969 trabajadores rurales y campesinos de la zona tienen una activa participación en la conformación de la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores Campesinos y Afines (FUSTCA), llevando adelante luchas en defensa de derechos laborales y derecho a la propiedad de la tierra. Esta actividad reivindicativa se ve interrumpida por presiones e intimidaciones a los militantes sociales. En febrero de 1976, la “desaparición” de uno de sus principales dirigentes en manos de la “Triple A”105 marca un hito en la declinación de la lucha. Cuando en la década de 1990 se privatiza el Ferrocarril, se interrumpen los circuitos locales y muchas comunidades quedan aisladas, debiendo readaptarse a la nueva situación. Entre la mayoría de los pobladores la tradición cultural andina no han perdido vigencia durante todo estos períodos, la preservación y reactualización de la cultura material y simbólica remiten a una práctica constante de transmisión de saberes de generación en generación. Al presente, se está incrementando notablemente la promoción del lugar como producto turístico, desarrollándose esta actividad de neto corte extractivo con muy poca participación de la población local en cuanto al manejo y control de los recursos y en las ganancias que ésta produce. A nivel gubernamental se han iniciado gestiones para que la zona sea declarada “Patrimonio de la Humanidad” argumentando su riqueza cultural, paisajística y la presencia de un tramo del “camino del Inca”. Todo esto confluye, produciéndose una activación del mercado inmobiliario -con el consiguiente incremento del valor del precio de la tierra- lo cual genera inseguridad e incertidumbre en los pobladores, la mayoría de los cuales no son titulares dominiales de sus tierras. En algunas comunidades del área baja se inició un proceso de reivindicación étnica bajo el liderazgo de dirigentes recientemente instalados en la zona que gestionaron una personería jurídica indígena adscribiendo al pueblo Kolla, a través de la cual se obtuvo y repartió un cupo de becas estudiantiles provista por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Posteriormente y tras intensos debates y disputas internas, la
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La “Triple A” (Alianza Anticomunista Argentina) fue una organización paramilitar que llevó a cabo cientos de asesinatos de luchadores sociales entre 1973 a 1976. Sus acciones fueron catalogadas por la justicia argentina como delitos de lesa humanidad.

organización zonal que reúne a la mayoría de las comunidades adscribió a una categoría étnica cuya etiqueta clasificatoria remite a la toponimia local, la que hasta ese momento no figuraba en el repertorio de clasificaciones étnicas estatalmente reconocidas. La adscripción a la nueva categoría étnica que remite a la toponimia local implica el inicio de una lucha clasificatoria para imponer su autonominación en el repertorio de las categorías estatalmente reconocidas, a la vez que los independiza y particulariza en su representación ante el Estado. Se inicia así un proceso tendiente a lograr el reconocimiento estatal de su existencia y denominación. Al ser inscriptos con esta nominación en el registro estatal han logrado particularizar su representación ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), ya que según la reglamentación del mismo las comunidades eligen un representante por Pueblo. El haber logrado el reconocimiento estatal se constituyó en una herramienta fundamental al momento de detener los desalojos ya que esto les permitió ampararse en leyes tales como la 26.160106. En los grupos que participan del mercado turístico, la etnicidad se fue activando como un recurso con valor económico, como un producto para el consumo de los que buscan comprar el “contacto con la diferencia”. La exacerbación de íconos y emblemas que remiten a un pasado indígena incaico, se codifica en el lenguaje del discurso turístico. Este discurso está basado en una idea de patrimonio que pone en valor símbolos que representan rasgos de culturas ordenadas en una escala jerárquica. Es así que lo incaico -como representación civilizada de lo indígena- genera un plus valor en relación a otras tradiciones culturales barbarizadas o salvajizadas. La actividad turística exige una espectacularización de los rasgos emblemáticos de la cultura, apropiándose de su valor simbólico para ofrecerlo como "marca" del espacio local. Sus pobladores pasan así a ser construidos externamente como un “otro diferente” valorado por su significado estético. Estamos entonces en presencia de identidades subalternizadas de larga data, que van tomando preponderancia según el contexto histórico en el que se encuentran. Las identidades étnicas y las de clase no son excluyentes, sólo que se activan en espacios de interlocución concretos. Lo que otrora fue una reivindicación de clase, sustentada en el lema “la tierra para el que la trabaja”, se fue resignificando en el presente como una reivindicación étnica en la que el argumento principal para reclamar su derecho a la tierra es la
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La ley 26160, denominada como “De emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país” fue sancionada el 1/11/2006 y promulgada el 23/11/2006.

preexistencia al Estado. Pero de todas maneras lo que continúa vigente es la necesidad de contar con los títulos de la tierra para defender el lugar, el cual tiene especial significancia para la reproducción social, cultural y económica de la vida. Cuando la comida y el agua desaparecen ... “Yo no sé hablar bien el castellano...Cuando yo era chango de la zona de la ruta 86. Ante en el tiempo de nuestro abuelo tenían paz, tenían libertad pero sin embargo a nuestros abuelos anunciaban que iban a venir esta gente, pero nosotros con esta gente tenemos que hacer valer los derechos que nos están favoreciendo, pero esta ley depende de uno, si uno no se hace respetar por más que hay una ley... yo voy a retomar la tierra, la tierra es mía!. Yo soy dueño de la tierra, ante yo no he conocido ningún propietario, nunca hemos visto, en tiempo de mis abuelos teníamos paz, tranquilidad. Pero ha llegado un momento en que han venido uno que decían ser dueño, ya han metido alambrado, no se puede pasar... como si fuese que no había dueño.. y se cumplió lo que decía mi abuelo, gente que no sabia leer, ya anunciaba que iba a pasar esto, desde hoy nosotros queremos que nos reconozcan de una vez por todas!. Eso es lo que queremos nosotros... (Representante Wichi) Historizando el proceso de producción del “otro” Wichí, podemos citar diversidad de nominaciones con las que se han registrado a estos habitantes del Chaco. “Mataco es el etnónimo 107 con que los españoles de la conquista del Chaco, los criollos de la colonización y los etnógrafos de este siglo nombraron a ciertos grupos que compartían, en términos generales, una lengua y un carácter (ethos) cultural común”108 (De la Cruz: 1997, 15). El territorio de este pueblo supo abarcar, al momento de la conquista, el área geográfica del Chaco Central y el pedemonte cordillerano. Las campañas militares acontecidas durante la colonia conformaron un borde en este territorio que posteriormente -durante el régimen republicano109- se fue corriendo en sentido oeste-este. Los indígenas que sobrevivieron a estos encuentros militares y a las pestes que los mismos trajeron, para sobrevivir a siglos y años de violencia del blanco hacia ellos se fueron replegando en el monte. Es en el monte donde se mantuvieron como refugiados de las
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Dentro de los etnónimos podemos distinguir los nombres con los que el grupo se autodenomina de las denominaciones que les asignan otros grupos sociales con los cuales se relacionan – incluida aquí la academia. (Albó: 2005). 108 “Al principio eran muchos los gentilicios con que se conocía a esta gente: abuchetas, hueshuos (o vejoces), pesatupés, mataguayos, pelás, matacos, matucos, noctenes, entre otros y terminaron siendo “matacos” a secas sin distinciones” (De la Cruz: ibídem,15) 109 La Campaña al Chaco puede ser considerado el primer avance durante el régimen republicano sobre territorio Wichí.

transformaciones de los procesos de modernización. Su incorporación a los ingenios, como mano de obra barata, les proporcionaba en algunos períodos del año el acceso a otros bienes de consumo novedosos para su cultura. De estas prácticas de “enganche” en la zafra azucarera, contrajeron otro tipo de vínculos con el blanco que redundaron en la configuración de distintos estilos de vida posibles: la vida en el monte donde se mantuvieron alejados de los cambios y transformaciones de la modernidad o el traslado a centros urbanos donde encontrar trabajos de “enganche” temporario una vez que la zafra se hubo mecanizado. El caso que analizamos corresponde a un conjunto de comunidades Wichí que se encuentran ubicadas a lo largo de la Ruta 86. Esta ruta se extiende hacia el noreste de la ciudad de Tartagal, Provincia de Salta. Esta era una zona “montaraz” en la que se fue tornando casi imposible la vida en el monte a causa de los desmontes para soja, multiplicados en los años 2000 a instancias de empresas con gran inversión de capital y con vínculos en el gobierno provincial. Estas comunidades se encuentran transitando desde el año 2004 por una etapa de resistencia y movilización ante el avance de los desmontes y expropiación de sus territorios y recursos. El proceso ininterrumpido110 de deforestación de sus tierras llevado a cabo a lo largo de estos años ha ocasionado cambios drásticos en el entorno natural y en la disponibilidad de recursos, afectando directamente a las comunidades ya que las mismas subsisten en gran medida de la caza y la recolección de frutos del monte. Desde hace mucho tiempo estos territorios fueron titularizados por el Estado a particulares que los utilizaban como garantías para préstamos bancarios, los destinaban a la explotación forestal y/o a la ganadería extensiva, y aunque “competían” de manera conflictiva con las actividades de caza y recolección de los grupos indígenas, permitían su coexistencia. Con la reactivación del mercado de tierras 111 y la instalación de las empresas agrícolas se produjo la incorporación de extensas superficies a la agricultura (especialmente de soja) lo que implicó un grave y acelerado deterioro de las condiciones de vida de las comunidades que se vieron obligadas a refugiarse en los pequeños espacios que quedaron (cortinas forestales) o migrar a las zonas
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La cantidad de hectáreas desmontadas ha tenido un incremento exponencial en estos últimos años. Los datos indican que entre el 2004 y el 2007 en el Departamento San Martín aumentó a 217.569 has. (Asociana). 111 La activación del mercado de tierras se relaciona también con la política cambiaria que mantiene el dólar “alto”, lo que favorece la exportación de productos agrícolas principalmente soja a precios sumamente competitivos y posibilita que el valor de venta en dólares de la tierra en Argentina sea bajo comparado con los estándares internacionales.

periurbanas. La degradación ambiental derivada del desmonte de vastas superficies se ve agravada por las permanentes fumigaciones con agroquímicos, las que afectan directamente la salubridad del agua y de los espacios donde transcurre la vida cotidiana de la gente. El establecimiento de los alambrados delimitando las propiedades además impide el tránsito por las sendas tradicionales dificultando el acceso a las fuentes de agua y a los espacios de relevancia cultural y representa una ruptura de los circuitos de caza y recolección. La combinación de todos estos factores (desmontes, escasez de agua potable, contaminación, alambrados, arrinconamiento) más las continuas amenazas de desalojo por parte de los titulares dominiales han originado numerosas acciones de protesta y resistencia como cortes de alambrados y piquetes en rutas, quemas de herramientas y tomas de vehículos y topadoras. Ante esta situación el Estado provincial tuvo dos tipo de respuestas: por un lado la represión policial con la criminalización de los dirigentes indígenas y por otro la intermediación en un conflicto considerándolo entre privados (las empresas agrícolas y las comunidades) sin asumir el rol que por ley le compete: garantizar el cumplimiento de los derechos indígenas reconocidos constitucionalmente. Los grupos Wichí en cuestión, escasamente hablan castellano y no tienen (salvo algunos dirigentes) conocimiento de sus derechos. Como se encuentran afectadas las posibilidades de reproducción de su vida han reaccionado con más ímpetu. A pesar de haber sido objeto de represión, los Wichí continuaron con sus movilizaciones y cortes de ruta. Y así también esta permanencia en la lucha intensificó la criminalización de sus acciones con episodios de denuncias, persecución y encarcelamiento a sus principales dirigentes y caciques. Es importante destacar que este proceso también fortaleció la organización y el acercamiento entre grupos de diferentes pueblos que estaban en lucha. Con el episodio de represión producido en enero del 2008 se puso en evidencia una continuidad en el manejo de la cuestión indígena a nivel provincial, a pesar de que la nueva gestión gubernamental iniciada en diciembre de 2007 había asumido con la promesa de priorizar y resolver la problemática indígena 112. Son múltiples los indicios y las señales que se han recibido respecto al destino marginal de los pueblos cazadores y recolectores
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La represión desmedida ante un corte de ruta llevado a cabo por los indígenas del Chaco contrasta con la respuesta gubernamental ante los “piquetes” masivos y mediáticos de los productores agrícolas -especialmente sojeros- quienes contaron con la “colaboración” de Gendarmería para mantener el orden. Por otra parte en este conflicto, que construye una representación del campo vs. gobierno se invisibilizó la existencia de los reclamos indígenas y campesinos.

del Chaco salteño. Después de una historia de matanza, abuso, explotación laboral y desatención, las comunidades del pueblo Wichí, se ven colocadas en el centro de la discusión. Este pueblo que fue exprimido hasta el cansancio se ve culpabilizado desde el discurso del gobierno por mantener su propia cultura, por mantener su costumbre ante el devenir histórico que se supone como progreso. La muerte de varios niños Wichí de 6 meses a 3 años de edad en los primeros meses del 2011 a causa de cuadros de desnutrición graves, ha llevado a la discusión pública 113 los problemas infraestructurales y de interculturalidad que aún, a pesar de la legislación vigente, existen y tienen actualidad. A modo de ejemplo transcribimos literalmente una serie de dichos publicados en la prensa gráfica que muestran de que manera se justifica, se oscurecen y se invisibilizan las causas de fondo. Para el gobernador de la Provincia Juan Manuel Urtubey, la crisis del norte provincial no es sanitaria ni social sino cultural (Diario El Tribuno, 5 de febrero 2011). El eje de la cuestión es fortalecer en términos sanitarios y culturales la inclusión de aquellos que aún teniendo infraestructura sanitaria no quieren asistir por una cuestión cultural. Yo no transfiero nuestra responsabilidad pero debemos advertir que allí (en el tema cultural) está el verdadero problema (Urtubey, El Tribuno, 5 febrero 2011). Es importante que haya un cambio en las costumbres, pero desde el punto de vista de la cotidianeidad. Los aborígenes tienen pautas dadas a través de los años y les cuesta modificarlas, pero tienen que incorporar el sentido de riesgo en el niño y comprender que es necesario recurrir al médico (...) Muchas madres recurren al curandero porque piensan que su hijo está “aicado”, cuando lo ven flaco y, en realidad, está desnutrido” (Beatriz Serrato – Pediatra salteña especialista en trastornos alimentarios – El Tribuno, 13 febrero 2011). Se debe educar para que la gente recurra a los centros asistenciales y para que, si lo hacen, sepan comprender las recomendaciones del médico, pero también los profesionales puedan entender y respetar las creencias de los aborígenes (B.S-Pediatra, El Tribuno, 13 de febrero 2011). Las raíces del problema son mucho más profundas. La
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Si bien sale a la luz y es tomado por la prensa en un contexto preelectoral donde se entrecruzan distintos intereses y culpabilidades entre representantes del gobierno anterior y el actual, el problema de la desnutrición en la zona no es nuevo. Además como se puede visualizar en el relato del proceso histórico, es consecuencia lógica de la acción sistemática de avasallamiento de las comunidades y expoliación centenaria.

desnutrición por falta de alimentos, no es un problema médico, es un problema social y político. El hambre es un crimen, y si los gobiernos no lo combaten, se convierten en responsables” (Dra. Lapasset CTA-Salta, El Tribuno, 5 febrero 2011). Hace diez años nosotros vivíamos con lo que necesitábamos, pero vinieron las topadoras y la comida se acabó” (Roque Miranda, Líder de Lapacho Mocho, Clarín, 20 de febrero 2011). En 1996 acá teníamos bosque nativo, pero lo tiraron abajo y sembraron. Después vinieron las enfermedades que los médicos no saben decirnos qué son. Y no pudimos vivir más de la naturaleza, ya ni miel sacamos, todo este campo que nos rodea no sirve para más (Miranda, Lapacho Mocho, Clarín, 20 febrero 2011). La invisibilización, muy evidente en las citas, es una reactualización de la colonialidad donde los agentes que reproducen este esquema de poder disimulan su responsabilidad en esa misma reproducción. De este modo, quedan expuestas las representaciones sociales respecto a los Wichí, y a los pueblos cazadores y recolectores en general en las circunstancias actuales. Además se pone en evidencia la forma en que los afectados restringen su demanda dentro de las reglas de juego que el Estado y sus agentes demarcan. ¿Lucha por el título de la tierra o defensa del lugar? En términos generales podemos visualizar que los actuales movimientos sociales de base étnica tienen como denominador común la "lucha por el territorio". En términos legales, esta lucha es por los títulos de propiedad de la tierra. A su vez, en la práctica, implica obtener garantías de permanencia y de uso, pero principalmente se constituye en resguardo jurídico ante amenazas de desalojo. Si bien las demandas parecen focalizarse en torno a la obtención de la titularidad como solución a las problemáticas que atraviesan las comunidades indígenas, hay cuestiones económicopolíticas de índole estructural que trascienden a cada caso y que en las demandas quedan veladas pero que sin embargo están en la base de los conflictos. Esta disputa, se da en el marco de relaciones sociales desiguales y asimétricas, lo que nos lleva a plantear otros aspectos presentes que están imbricados entre si. Es necesario abordar el problema haciendo referencia a que toda ausencia es producto de un proceso de invisibilización del otro, y en ese proceso aquel que

produce al otro como ausente es quien clasifica. Luchar por el territorio, implica necesariamente cuestionar lo dado, lo asumido como natural y tomar parte de una lucha clasificatoria. Por un lado tenemos que considerar las cuestiones de índole macro estructural en las que se configuran los conflictos de base territorial, y por otro, la significancia cultural y económica que tienen para la gente que reclama aquellos lugares que están en disputa. En los ejemplos de los casos presentados para la discusión, la lucha por la titularidad de la tierra, se plantea como el objetivo principal de las acciones reivindicativas. La importancia central que para la gente reviste esta certificación estatal (los títulos de la tierra) deviene de circunstancias históricas concretas, marcadas por ideales de modernidad y progreso. Nos preguntamos qué aspectos soslaya esta lucha por el título de la tierra, cuál fue el proceso que lleva a las comunidades indígenas a enunciar de esta forma de demanda; por qué la certificación estatal se esgrime como el objetivo a alcanzar. Para comenzar a responderlas tenemos, en primer lugar, que establecer la diferencia conceptual entre territorio, espacio y lugar. Desde la geografía crítica se viene sosteniendo que comúnmente existe una visión estadocéntrica de lo que es el territorio, y que por ende en la representación del territorio siempre tendemos a asociar la idea de un Estado (Sousa Santos: 2010) con sus bordes, sus recursos, su control soberano y una identidad homogénea. Esta representación del espacio de la modernidad, viabilizada por la cartografía como cuadrícula aparentemente neutra se presenta como una idea hegemónica que se constituye en un referente con pretensión de universal, borrando (del mapa) representado otras formas de construcción del espacio en tanto espacio vivido y experimentado por grupos concretos cuyas identidades siempre han trascendido las fronteras fijadas por los Estados (Ferguson y Gupta: 1997). Distinguimos, entonces, las nociones de territorio y lugar como dos elementos diferentes en la representación del espacio culturalmente construido. Según Segato (2007), el territorio es una noción estrechamente vinculada a la noción de poder y dominación. Es la efectivización de un control del espacio y su demarcación. El lugar, más que el territorio, está asociado a lo que Lefevbre (ibídem) concibe como espacio vivido; esto es, el espacio de la experiencia, como parte de la historia singular de los grupos cargada de significados, sentidos y valoraciones, que por ende nunca puede ser algo fijo y estático sino que se define en la particularidad de los procesos y relaciones del contexto social que se trate. Respecto a la significancia del lugar en los conflictos

territoriales, tenemos que considerar que lo que está en juego, además del sustrato físico, es el sentido de pertenencia, es decir, su significación social y su relevancia para la existencia cultural, lo que importa en la vida cotidiana de los grupos que reivindican derechos territoriales. Como plantea Escobar (2000), el "lugar es una experiencia de localidad específica con algún grado de enraizamiento, linderos y conexión con la vida diaria”. Aunque su identidad sea construida y nunca fija continúa siendo importante en la vida de las personas, sobre todo por el sentido de pertenencia que se le asigna. Si entendemos que los lugares son creaciones históricas, dotadas de una significación particular por parte de los grupos sociales, debemos considerar que los mismos no pueden ser reductibles a concepciones con pretensión de universalidad por parte de las agencias del capital y el saber científico moderno, pues éstos ponen énfasis sobre todo en cierta idea de "territorio", que como vimos se naturaliza a aquel correspondiente al Estado. Dentro de las cuestiones estructurales más locales, a nivel provincial, aparecen como telón de fondo en los actuales conflictos, elementos que nos informan sobre una reconfiguración del espacio (Harvey: 1993) puesto a disposición de la reproducción del capital, que ha ido generando en su aplicación múltiples contradicciones sociales. Éstos elementos se vinculan con la política económica de corte neoliberal que se profundizó a partir de los 90’. Entre estas cuestiones están la ampliación de la frontera agrícola 114, la privatización de empresas estatales 115 y la paridad bancaria. En este contexto geopolítico se ha invadido el lugar de las comunidades indígenas, convirtiendo la tierra en materia de disputa, resultando que para asegurar su permanencia en el territorio el elemento clave es la “titularidad dominial” del mismo. En los movimientos de base étnica también se utiliza la noción de territorio como forma de resistir a la dominación del espacio de la modernidad. En este caso se reactualiza la forma de territorio basada en el control, la dominación de los recursos y la creación de límites excluyentes, lo cual contradice pero a la vez asume la representación dominante del Estado. Por esta razón, al inscribirse en la lógica hegemónica dominante de la modernidad estatal, la defensa del lugar pareciera ser que se reduce a una lucha por la certificación de titularidad sobre un espacio delimitado, en donde las variables que se consideran -delimitación, mensurabilidad, inscripción catastral, derecho a la propiedad- forman parte de las categorías técnico- racionales y en donde desaparecen
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Ver Trinchero (2000), Leake (2009), Leake y Ecónomo (2008). De estas las más significativas fueron Ferrocarriles Argentinos, YPF, AGAS, etc.

los otros aspectos del lugar que tienen relevancia en la vida cotidiana de las personas116 y que forman parte de la construcción de un mundo socio/cultural/natural propio. Nos interesa destacar justamente esto último. El lugar, emerge de una asociación naturaleza/ cultura, que varía acorde a la historicidad particular de cada grupo. Y en ese sentido, habría que pensar la lucha por el territorio por parte de las comunidades indígenas, como un proyecto de defensa del lugar y del lugar en un sentido ontológico (Blazer: 2009). En el proceso de creación del lugar, específico y situado, el conjunto de emblemas demarcatorios son recreados en un sentido de apropiación, y constitución de linderos nosotros/ellos, generalmente para el adentro del grupo encierran un carácter ontológico (Blazer: ibídem y Viveiros de Castro: 2004), y en relación a un “ellos” estos emblemas remiten a un ordenamiento simbólico hegemónicamente constituido como referencia para las luchas enmarcadas en los discursos que ofrecen las instituciones creadas para su reconocimiento: el derecho. El lugar es así la base desde la que emergen los proyectos políticos, en estrecho vínculo cultura/ naturaleza, como una creación no reductible a los espacios del capital y la modernidad basados en otras concepciones de la naturaleza y la cultura (Blazer: op.cit.). En el proyecto de la modernidad, la representación del espacio está construida por un conjunto de categorías técnico-científicas tendientes a su cuantificación y a la escisión naturaleza/cultura. Así también la modernidad crea grupos subalternos valiéndose de sistemas clasificatorios y jerarquizantes. En este marco, los proyectos de defensa del territorio, se inscriben en estas representaciones dominantes para ser tomados en cuenta como válidos, y de esa forma se obstaculiza una compresión mas amplia de los modelos de naturaleza/cultura basados en el lugar, los cuales son los de mayor implicancia para la vida de las personas ya que en ellos se inscribe su historia, su sentido de pertenencia y significación social, pero sobre todo su existencia material y concreta que forma parte de la vida cotidiana y su continuidad en el tiempo. La certificación de identidades y las luchas clasificatorias En los casos analizados, la lucha por la titularidad de la tierra hace referencia a un estrecho vínculo material y simbólico entre territorio e identidad cultural. Podría pensarse siguiendo en detalle algunos casos de los reseñados, que se tiende a esencializar en los discursos y las prácticas elementos objetivos de una identidad
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Por ejemplo sacralidad, construcción de una unidad naturaleza/cultura, los ancestros, etc.

(subjetiva) que remite a historias certificadas por el saber científico de la modernidad para, de esta manera, entrar en el catálogo de lo socialmente válido. El hecho de la certificación, conlleva a la clasificación 117 de identidades en válidas e inválidas, auténticas e inauténticas en el juego de las luchas por el ingreso a lo instituido por el Estado en tanto espacio del capital y la modernidad. Las nuevas formas de construir una alteridad subalternizada en torno a la etnicidad y la pobreza, forman parte de un proceso más amplio en el que intervienen además de las nuevas transformaciones estructurales de la economía y la política local, la implementación política de nuevas concepciones sobre el tratamiento de la diversidad étnica al interior del Estado nacional y provincial, en este caso, viabilizado -mediante la legislación indígena y un conjunto de políticas sociales- la inclusión de lo indígena como parte del sector vulnerable de la población. En este marco, se han creado un nuevo conjunto de etiquetas que son el resultado de la aplicación de nuevas políticas sobre la diversidad cultural, las cuales han incidido en las prácticas sociales y la vida cotidiana de los sujetos o grupos que hacen suyas las clasificaciones burocrático-legales enmarcadas en el derecho indígena, a través de un proceso de resignificación. A fines del siglo XX, en un contexto de multiculturalismo globalizado, desde el Estado se habilita la construcción de “etnicidades emblemáticas” (Segato: ibídem). Para ello se impone como requisito la obtención de certificaciones del propio Estado que las validan en base a formatos de la diferencia estandarizados que pautan y normativizan la alteridad, relacionada a una idea cosificada de cultura que se pretende estática en el tiempo, y se apela a categorías construidas desde la academia. El derecho indígena, pasa a contemplar y legitimar esta forma
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Clasificar significa disponer grupos según relaciones muy especiales, con la consiguiente implicancia de ordenamiento y jerarquización. Como postulan Mauss y Durkheim (1904), la base de las clasificaciones está en la existencia de mimesis entre las relaciones sociales y las cosas, y por ello, esta mimesis deviene en naturalización. En sociedades jerárquicas los grupos sociales hegemónicos logran imponer sus representaciones o puntos de vista o los principios de visión y división del mundo social, construyendo a partir de estos principios particulares categorías que aspiran y pretenden detentar universalidad. (Bourdieu: 1995). Diversas instituciones creadas a partir de la conformación del Estado entre ellas el Derecho y la Escuela se constituyeron en ámbitos o dominios de la producción simbólica, y en órganos productores y reproductores de las representaciones sociales oficiales, “uno de los poderes mayores del Estado es el de producir y de imponer las categorías de pensamiento que aplicamos espontáneamente a cualquier cosa del mundo” (Bourdieu: 1996,.5). Y estas representaciones se consolidan a partir de los que hablan/hacen autorizadadamente, en nombre del bien común, dentro de los espacios de poder estatal. Por un lado tenemos las leyes y legislaciones, como una estrategia política por la cual se van formalizando las representaciones hegemónicas, “forma objetivada y codificada del capital simbólico”(Bourdieu: 1996) y también la Escuela, como Institución encargada de la socialización de los “ciudadanos del mañana” en la “comunidad imaginada” (Anderson: 1992) particular, que es la Nacional.

de acceso a las ayudas y políticas sociales. Los derechos reconocidos a un colectivo y no a individuos aislados, fomentan la organización de las demandas, constituyendo grupos que se identifican en la categoría estatalmente reconocida de “comunidad". El Estado con su monopolio del capital simbólico es quien certifica y da validez a estos grupos mediante la entrega de certificados (Personas Jurídicas Indígenas)118. Pero para contar con el aval de su propia existencia, deben probar su identidad, y referenciarse a un territorio. Para pensar en la construcción de las nuevas categorías que legitima el derecho se requiere tener en cuenta los principios de clasificación y las visiones de quienes las inventan, reproducen y apropian. Actualmente los intelectuales, funcionarios públicos, expertos y técnicos de organismos internacionales, aportan los criterios y requisitos, del modo en que se instrumentarán las acciones y políticas tendientes a canalizar las demandas por acceso a recursos y titulaciones, pero además hay que considerar que estas categorías son re-significadas, y puestas en tensión a partir de las prácticas de los agentes para quienes se dirigen. En un contexto globalizado las problematizaciones de la vida social trascienden las fronteras del Estado y se formulan desde otros espacios de poder hegemónico. Nos enfrentamos así, actualmente a un proceso de construcción de pan-etnicidad de los sectores considerados de “alto riesgo social”, fomentado por instituciones internacionales como el BID y el Banco Mundial en búsqueda de comunalizaciones que promuevan procesos de desarrollo autogestionados. A nivel global estaríamos en presencia de una nueva modalidad de incorporación asimétrica de grupos estructuralmente desiguales, dentro de una misma economía política, al estilo del descripto y analizado por los Comaroff (1992), siempre dentro de un modelo capitalista y colonialista119. Para los grupos dominantes la etnicidad es una protección ideológica, una legitimación del control sobre la economía y la sociedad, y para los subordinados casi siempre la afiliación étnica se origina en una atribución de la identidad colectiva hacia ellos, pero una vez hecha esta nominación, los grupos subordinados suelen
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“Al enunciar con autoridad lo que un ser, cosa o persona, es en realidad (veredicto), en su definición social legítima, es decir lo que está autorizado a ser, lo que tiene derecho a ser, el ser social que tiene derecho reivindicar, a profesar, a ejercer (por oposición al ejercicio ilegal), el Estado ejerce un verdadero poder creador, casi divino (y muchas luchas, aparentemente dirigidas contra él), le reconocen de hecho este poder, reclamándole que autorice una categoría de agentes determinados a ser oficialmente, es decir pública y universalmente, lo que por el momento sólo es para sí misma” (Bourdieu: 1997). 119 En coincidencia con estos autores, consideramos que la etnicidad tiene su génesis en fuerzas históricas específicas, fuerzas que son simultáneamente estructurales y culturales.

tomar “su identidad” como un emblema del predicamento de intereses comunes, a la vez que a través de ella pueden afirmar un compromiso compartido con un orden de símbolos y significados, y a menudo, con un código moral. Con la incorporación de estos conceptos a sus luchas, estaríamos ante el producto de procesos históricos que estructuran, una vez más, la desigualdad entre entidades sociales discretas. Una vez objetivada, la etnicidad se constituye en un principio de estructuración de los destinos desiguales de los individuos y los grupos (Comaroff y Comaroff: ibídem). En relación a esto nos parece pertinente considerar la distinción analítica propuesta por Segato (op. cit.) entre las formas de etnicidad producto de alteridades históricas y aquellas vinculadas a identidades políticas. Por alteridades históricas, entiende aquellas que “se fueron formando a lo largo de las historias nacionales, y cuyas formas de interrelación son idiosincráticas de esa historia. Son “otros” resultantes de formas de subjetivación a partir de interacciones a través de fronteras interiores, inicialmente en el mundo colonial y luego en el contexto demarcado por los Estados Nacionales (…) más que un conjunto de contenidos estables (es) una forma de relación, una modalidad peculiar de ser-para otro.” Las identidades políticas transnacionales, en cambio, son un producto de la globalización y “no se trata simplemente de la adquisición de conciencia sino de una sustitución de una forma de ser otro, de constituir alteridad, dentro de una historia concreta de interacciones, por un estatuto de identidad con referencia a patrones fijos donde se rechaza o niega la hibridez constitutiva de subjetivarse como otro (...) ocurre una homogeneización mundial de las maneras de constituirse en diferencia, en identidad. Se introduce también una artificialidad y una superficialidad de lo étnico, un “multiculturalismo anodino y liberal” que se transforma en puramente emblemático, etnicidad emblemática, en tanto que constituida por puros signos diacríticos de una supuesta “diferencia”, pero donde no hay discusión sobre la naturaleza misma de los recursos, su forma de extracción y su finalidad en el destino humano. (Segato: 63-64) A partir de los casos analizados, podemos visualizar cómo los discursos del derecho indígena, junto con las políticas de reconocimiento han convertido a la “cuestión indígena” en un ámbito de interlocución sumamente complejo y dialéctico en donde, si bien existen formatos de la diferencia como elementos codificados y pautados desde la visión de los sectores hegemónicos que toman la punta para el establecimiento y normalización de una diferencia autorizada a “ser y estar” en el mundo, estos formatos son traducidos

a los lenguajes locales y a las memorias colectivas, generando en su apropiación diversos sentidos para posibles modos de ser/actuar en donde se interpretan, discuten, negocian o tensan y nunca se reproducen de manera lineal. Estos discursos, políticas y prácticas construidos desde los sectores dominantes van asociados a un particular manejo y control de los medios y recursos y a una economía política de la identidad que construye “formas válidas de ser otro” con el objeto de erradicar su potencial amenaza o conflictividad. Sin embargo, esta conflictividad es producto de estructuras de dominación/exclusión que, a la vez que siguen vigentes, tienden a agudizarse y objetivarse en el medio imprescindible para existir/subsistir: la tierra. En la vida cotidiana, hecha de muchas maneras de luchar por la existencia, y por diversos imaginarios del “buen vivir”, los conflictos no desaparecen por un mero efecto de enunciación/naturalización o de marcadores positivos de la identidad. A través de las luchas autoclasificatorias, de su resignificación, de la exacerbación de emblemas e íconos de diferencias, de la racialización y radicalización de la etnicidad se está contestando/protestando/resistiendo a la vez que autoafirmando una voluntad de ser otro pero un otro muy distinto al que pretenden contener y encasillar las representaciones dominantes. Esta lucha no es meramente simbólica, como ya dijimos en párrafos anteriores, sino que surge de la lucha por defender el último reducto para la vida: la tierra en tanto lugar de la existencia. Juego de luces y sombras: la producción de ausencias Siguiendo con el planteo anterior, se puede visualizar que existen formas estatalizadas de dar cabida a las demandas que incluyen discursos, políticas y acciones específicas las cuales se asientan en criterios dispares y a veces contradictorios entre si, que terminan obstaculizando el acceso a los derechos reconocidos. Esto lo podemos interpretar como un conjunto de representaciones socialmente construidas por los sectores hegemónicos que visibilizan en parte algunos elementos que hacen a la cuestión indígena pero que al mismo tiempo niegan la posibilidad de que las mismas sean efectuadas en sus propios términos, quedando las demandas concretas entrampadas en el discurso que el estado ofrece como mecanismo de resolución. Esto nos remite a una cuestión de índole epistemológica subyacente a los discursos de la modernidad del cual el estado es tanto productor como reproductor. Siguiendo el planteo, sería necesario romper con las epistemologías de la modernidad para dar

cabida a otros proyectos políticos de base centrados en otra formulación de la relación naturaleza/cultura. En ese sentido, la interculturalidad sería indispensable para reconfigurar el presente en tanto no resulta de un acto voluntarista de arrepentimiento histórico por parte de quienes tienen el privilegio de hacerlo. La interculturalidad resultaría más bien de un acto político consensuado entre grupos étnico-culturales muy distintos con un pasado histórico de relaciones que, a pesar de su inherente violencia, abre una ventana de oportunidad para un futuro diferente” (Sousa Santos: 2010). La forma de lograr procesos de deconstrucción orientados, es mediante lo que él denomina Epistemologías del Sur, aplicadas con la finalidad de des-mercantilizar para el “despensamiento” de la naturalización del capitalismo y para sustraer vastos campos de actividad económica a la valorización del capital; democratizar para “despensar” la naturalización de la democracia liberal- representativa y legitimar otras formas de deliberación democrática y descolonizar lo cual significa , además, “despensar” la naturalización del racismo y denunciar todo el vasto conjunto de técnicas, entidades e instituciones que lo reproducen (Sousa Santos: ibídem, 131). La imposición de los términos en el proceso de reconocimiento de derechos al territorio y a la identidad cultural, podría entenderse desde nuestro punto de vista como una forma más de producción de ausencias (Sousa Santos: op.cit.). En palabras de este autor en el contexto actual, “lo que no existe es, de hecho, activamente producido como no-existente, o sea como una alternativa no creíble a lo que existe”. Se genera inexistencia porque esas realidades que conforman algún otro se constituyen como obstáculos a las realidades que cuentan, las del capitalismo, las científicas, las racionales, las modernas. Parafraseando a Boaventura de Sousa Santos, Yrigoyen Fajardo dice que “desde la racionalidad monocultural, se ha ignorado desdeñado como inexistente, experiencias y saberes no producidos desde la ciencia occidental, considerando a tales saberes como ignorancia. Se ha condenado como retrasado o primitivo a todo aquel que no responda a una lógica del progreso lineal. Se ha estereotipado como inferiores a pueblos y personas a través de técnicas racistas y sexistas desde una supuesta superioridad construida para legitimar el colonialismo. Se ha minusvalorado como local o particular lo que no responde a la cultura occidental, que a sí misma, se considera universal. Y se ha descalificado como improductiva o estéril a toda forma de vida social, el uso de la tierra o relación con la naturaleza que no responda a la lógica de la producción para el mercado”

(Yrigoyen Fajardo: 2010). Palabras finales A lo largo de este trabajo hemos tratado de mostrar que, en el proceso de la lucha por la tierra (por parte de los actuales movimientos indígenas) parecen perderse de vista, (se obliteran) al menos en el discurso del derecho o en el planteo de las demandas, cuestiones que son trascendentes en cada caso, algunas que tienen que ver con contradicciones de índole estructural, otras que forman parte de las ontologías, conocimientos locales, razones y prácticas basadas en los lugares concretos o contextos específicos. También hemos visto que en la tensión clasificatoria de la correspondencia identidad/cultura/lugar, la particularidad, lo singularmente situado correspondiente a prácticas basadas en el lugar y su relación con contradicciones sociales específicas a los grupos implicados en las reivindicaciones, no son tenidos en cuenta como válidos o legítimos, tendiéndose de ese modo a desconocer o producirse activamente una ausencia a través de la invisibilización y descarte de las aspiraciones existenciales propias, o lo que es lo mismo a “otras formas de ser o estar en el mundo”. El desafío al que nos enfrentamos es cómo trabajar en hacer visible las ausencias, sin hacer traducciones empobrecedoras, que pierden de vista la radicalidad o las alternativas propias de los grupos locales, el reconocimiento de la diferencia debe estar acompañado por la equidad material y simbólica que implica la eliminación de las jerarquías de saberes y formas de ser y estar en el mundo.

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CAPÍTULO III LA CONSTITUCIÓN DEL SUJETO INDÍGENA EN EL CHACO SALTEÑO. Disputas simbólicas y estrategias de comunicación en torno al desarrollo. Lic. Fernando Bustamante120 Resumen La realidad indígena tiene en la zona del Chaco Salteño una expresión de su gran complejidad y heterogeneidad, cargada de conflictos interétnicos históricos, antiguos y recientes. Se configura, así, un territorio constituido por distintos procesos que le dan su textura. En ese contexto se dan formas de resistencia y de lucha de los sectores subordinados, así como nuevas condiciones en las que se inscriben las identidades. En este trabajo nos ocuparemos de organizaciones indígenas, que protagonizan procesos de resistencia centrados en su lucha y reivindicación territorial en el Chaco Salteño. Estas organizaciones y comunidades ensayan y desarrollan estrategias de comunicación como parte constitutiva de dichos procesos, utilizando medios de comunicación locales y regionales, como así también diversas mediaciones en la confrontación con sectores hegemónicos para lo cual se organizan en red con organizaciones del norte argentino. En esos espacios las organizaciones y comunidades indígenas se constituyen como sujetos que disputan por su legitimidad para ser interlocutores válidos en dichos procesos, a través de distintas estrategias de presentación, de establecimiento de relaciones, de modalidades de producción de sentidos y de prácticas significantes. Palabras Clave Estrategias indígenas

de

comunicación,

resistencia

social,

pueblos

Delimitación del problema:
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Fernando Bustamante es Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social. Ha sido Coordinador de la Red de Comunicación Indígena de Argentina y ha trabajado en organizaciones de desarrollo, articulando con organizaciones indígenas y comunitarias en general. Como docente universitario viene trabajando temas de Comunicación Comunitaria, Popular y Alternativa en la Universidad Nacional de Salta. Actualmente es becario Erasmus Mundus de doctorado en la Universidad de Málaga e investiga sobre procesos de Comunicación y Educación en las comunidades indígenas wichí del Chaco Salteño, Argentina.

Los procesos de globalización y las transformaciones de las formas de acumulación del capital, la neo liberalización de la economía y las reformas del Estado, junto a las nuevas discursividades sobre el desarrollo (desarrollo humano sustentable, desarrollo regional integral, etc.), producidos en las últimas décadas del siglo XX, conllevaron transformaciones sociales y experienciales -de diversa intensidad y profundidad- de las relaciones sociales de dominación en la provincia de Salta. En este marco, las relaciones de dominación y las formas de explotación agro-industrial, que son la base de la producción de la riqueza de la provincia –y de la región- y de generación de un mercado de trabajo local, tuvieron cambios técnico-productivos y económico-sociales muy profundos. Me refiero básicamente a la mecanización de los ingenios, y al proceso de concentración económica que se dio en el rubro azucarero a partir de la década del sesenta (Rosenzvaig: 1999). También me refiero a la introducción, en la década del noventa, de monocultivos en base a paquetes de tecnología genética de punta, que hicieron innecesaria la utilización masiva de mano de obra, así como desplazaron actividades preexistentes. Estas transformaciones constituyen las condiciones económicas, sociales, culturales y políticas en las que se da el conflicto que nos ocupa. Marco conceptual El marco conceptual elegido para dar cuenta de los procesos de transformación mencionados anteriormente problematiza concepciones difusionistas de la comunicación en relación con los procesos sociales. Este aspecto es de particular importancia para nosotros, en la medida en que dichas concepciones difusionistas de la comunicación tienen una larga historia de vínculo con la propuestas de desarrollo elaboradas en los centros de poder mundial para los sectores subalternizados de América Latina, y a las cuales podemos caracterizar como estrategias específicas de colonización. En ese sentido, y siguiendo la propuesta de María Cristina Mata (Mata: 1994), la comunicación se ocupa de los sujetos que entran en relación, la naturaleza de la relación, las modalidades de producción de sentidos y la significación de las prácticas comunicativas. Cuando hablamos de los sujetos que entran en relación, Mata se refiere a las características, sus modos de constituirse en términos de esa relación, sus fines e intereses -implícitos o explícitos-, las situaciones que los han llevado a conformarse como términos de esa relación. La naturaleza de la relación, se refiere a las características de la relación que se establece entre dichos sujetos, la presencia de

asimetrías, las formas que toma la dimensión del poder en dicha relación, etc. Las modalidades de producción de sentido son aquellas mediaciones tecnológicas y sociales que intervienen y de que se sirven los sujetos en relación, así como los productos u objetos culturales que se ponen en circulación, y los espacios e instancias de interlocución. Por último, la significación de las prácticas comunicativas se refiere al sentido que los sujetos que participan en dichas prácticas otorgan a las mismas, sus características culturales, valores que encarnan, acuerdos o conflictos que involucran. A esta propuesta de María Cristina Mata, nos permitimos agregar que es posible entender de esta forma todo tipo de prácticas sociales. Es decir que es necesario atender también a la significación de todo tipo de prácticas. Como señala Washington Uranga: Entendemos la comunicación como todo un proceso social de producción de formas simbólicas, considerando tales procesos como fase constitutiva del ser práctico del hombre y del conocimiento práctico que supone este modo de ser. Esta definición de comunicación comprende y trasciende la mera reproducción selectiva y especializada del manejo técnico de ciertos elementos discursivos de un orden socialmente establecido (Uranga: 2001). En ese sentido, atendemos aquí a prácticas o estrategias desarrolladas por los sujetos como prácticas que producen sentido, y no sólo aquellas que específicamente producen mensajes. Discursos sobre Desarrollo Los discursos predominantes del neoliberalismo y del desarrollo constituyen un entramado que provee de un horizonte de sentido y legitimidad a las transformaciones en curso (Cimadevilla: 2004, 100 y ss., 133 y ss.). Las nociones hegemónicas de desarrollo, implícitas en la política indígena en la provincia de Salta, se revisten de la idea de progreso, e implica la sobre-explotación de los recursos naturales y de la mano de obra, en gran parte indígena, de forma ambiental, cultural y socialmente no sustentable (Bustamante: 2006). A esta idea, organizaciones indígenas oponen proyectos de vida propios, implícitos en sus formas tradicionales de uso y ocupación, y que pueden entenderse como nociones propias de desarrollo. Estas nociones también vienen modificándose en los últimos años. Es decir que las prácticas de resistencias y lucha de las organizaciones y

comunidades indígenas, en ese sentido, apelan a un conjunto de elementos simbólicos en la elaboración de un lenguaje crítico sobre el presente, que llevan las marcas de las estructuras de las desigualdades de las que emergen, pero que permite vislumbrar rasgos de alteridad histórica. Las recurrentes acusaciones por parte de la prensa y funcionarios oficiales al reclamo indígena como estorbo al progreso 121 operan excluyendo el aprovechamiento de recursos tradicional del campo de sentido de lo racional, de lo económico, lo productivo, etc. De la misma forma que ha operado la cultura hegemónica con las culturas populares y subalternas en distintos momentos de la historia (Zubieta: 2000. 27-61). Declaraciones cómo “para qué quieren tierra, si ni animales tienen”122, constituyen argumentos políticos que ubican a las prácticas de aprovechamiento de recursos en el campo de lo improductivo y del “atraso”. Morita Carrasco señala que la representación del indígena que construyen las leyes específicas con la vuelta de la democracia está cargada de cierta idea de desarrollo, más productivista. Pero también construyen una idealización de las organizaciones comunitarias como representativas, genuinas (Carrasco: 2000). En el fondo, subyacen representaciones de la vida comunitaria, cercanas a la pureza y a una inocencia primigenia, como si originario se refiriera a adánico123. Nociones similares sobre las culturas populares en general han sido comunes desde el romanticismo en adelante. Más allá de esto, la respuesta privilegiada del Estado a la situación de las comunidades, plasmada en la legislación mencionada, es la inclusión de los indígenas al mercado de trabajo. Esto implica la negación de las prácticas tradicionales de aprovechamiento de los recursos naturales, que a su vez desafían las raíces más profundas del modelo económico capitalista, ya sea predominantemente extractivo o productivista. El rasgo cultural presente en el aprovechamiento que hacen del monte los pueblos cazadores-recolectores, es el componente de sentido que fundamenta y moviliza la organización y lucha indígena por la tierra en el chaco
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Diario El Tribuno 1996 (Salta) 29 de agosto (Nota del editor “Junto al gran río”). Diario El Tribuno 2005 (Salta) 28 de agosto. 122 Ganadero de Santa Victoria Este, Salta, en conflicto con reclamo indígena (reunión de “Diálogo para la Reubicación de Criollos”). 123 Es cierto, que hay algo de edénico en las condiciones de vida de los pueblos chaqueños, y en todos los cazadores-recolectores, en la medida en que, en el relato bíblico, la condena de Dios a la salida del edén funda la revolución agraria para la humanidad: “obtendrás tu sustento con el sudor de tu frente”, es decir, los frutos de la naturaleza ya no estarían disponibles para la recolección. De La Cruz sostiene que en estas sociedades, alcanzaba con cuatro horas de trabajo diario para reproducir la vida (1997).

salteño. Es el nudo del conflicto, es el eje de articulación entre hegemonía y subalternidad en este caso concreto. Emergencia y movilización indígena en Argentina A diferencia de organizaciones sociales vinculadas a otros actores populares, en el caso de los pueblos indígenas, no ha sido tan importante lo que se señala como “diversificación” del sujeto popular (Borri y Herrera: 2002). Este proceso que significó el estallido de categorías como pueblo, pero también la de clase trabajadora como el sujeto privilegiado de las transformaciones sociales, pudo verse en sectores de la sociedad donde la organización preponderante fue la de trabajadores, donde proliferaron movimientos de jóvenes, mujeres, de género, etc. Durante el período histórico en que se da la diversificación mencionada, en el norte argentino ocurre la conformación y el ascenso de muchas organizaciones indígenas, que puede describirse como la emergencia de un campo asociado a la causa indígena. En ese sentido, la emergencia de la Red de Comunicación Indígena (RCI) en 2003 y su desarrollo en años posteriores se puede tomar como síntoma de maduración de ese fenómeno, y es posible gracias a él. Si bien, darse organización está arraigado en la cultura de gran parte de la población indígena, ya sea como presente vital donde subsiste la vida comunitaria, ya sea como memoria de dicha vida comunitaria en los nuevos contextos urbanos, migratorios o de desarraigo, la organización de los pueblos chaqueños ha sido históricamente basada en el parentesco, a través de clanes que atraviesan la conformación de las diversas comunidades de un pueblo (Braunstein, s/f: 15). Las relaciones de parentesco que existen en un territorio indígena con cierta unidad e integración, como la cuenca salteña del Pilcomayo, permiten canalizar las solidaridades y los conflictos a través de las distintas comunidades, y por lo tanto, son los marcos de referencia para las prácticas comunitarias. Sin embargo, a principios de la década del noventa, se dan procesos organizativos más “formales” que suman capacidad organizativa orientada a reclamos y reivindicaciones específicas. A la vez, probablemente recién con el Proceso de Participación Indígena 124 (1994) se dio una gran visibilidad de lo indígena a nivel de la nación argentina, lo que los dirigentes indígenas que participaron de la RCI señalaron como un proceso de valoración de la identidad, un renombrarse como indígenas (Bustamante, 2008). Como señalamos,
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El PPI (Proceso de Participación Indígena) fue un proceso de discusión y consulta en las comunidades sobre la nueva legislación indígena integrada a partir de la reforma constitucional de 1994. En dicha reforma se incluyeron a la legislación nacional tratados internacionales de derecho indígena, como el Convenio 169 de la OIT, que de esta manera adquirieron jerarquía constitucional.

este proceso parece condición para el surgimiento de la misma red. Estas transformaciones muestran, a la vez que alimentan, cambios en las identidades indígenas. Este proceso de ascenso y mayor poder de movilización de los pueblos indígenas respecto de grupos no indígenas 125 tiene raigambre cultural tradicional y también tiene origen en las últimas décadas en las nuevas configuraciones identitarias que responden a las nuevas formas de dominación y nuevas lógicas de poder colonial. Formas de presentarse: estrategias de comunicación. Como detallamos anteriormente, María Cristina Mata señala cuatro formas en que la comunicación está presente en los procesos sociales. 1. Los sujetos que entran en relación Los sujetos que entran en relación son las comunidades wichí por un lado, y las autoridades gubernamentales por otro. 1. 1. El Pueblo Wichí busca constituirse como sujeto en esta relación, en primer lugar, presentándose como Pueblo Indígena, a través del protagonismo de un proceso de lucha por el reconocimiento oficial en Argentina. Se trata del reconocimiento efectivo de la preexistencia al Estado Nacional. Este proceso, como muchas luchas en torno a derechos, intenta, a través de la movilización social, efectivizar las herramientas reconocidas en el derecho indígena e internacional, integrado en Argentina a través del convenio 169 de lo OIT. Que este tratado integre el cuerpo constitucional es una conquista de los pueblos indígenas que viven en Argentina. Es una dificultad para el sentido común no indígena reconocer a los Pueblos Indígenas en su carácter colectivo, debido a nuestra ideología individualista. Como sociedad hubo que reconocer a los pueblos indígenas como un colectivo diferente, con características propias. Esas particularidades consisten justamente en ser colectivos, pero colectivos con una continuidad histórica que se inicia mucho antes de la fundación de los Estados Nacionales. Al constituirse en colectivo adquieren unas características y unos derechos específicos, que no les dan la mera descendencia étnica, si no mediara identificación como parte de un colectivo social. En el convenio 169 de la OIT, existen derechos a la tierra, a su uso tradicional, a su posesión, a la educación indígena, a la salud

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En la zona de Tartagal (pero también en Castelli, Chaco), pequeños campesinos y ganaderos se suman al reclamo indígena porque reconocen que las comunidades son más escuchadas (observaciones propias).

culturalmente apropiada. Se trata de derechos que les asisten por el hecho de identificarse como pueblo indígena. 1. 2 Una de las formas en que el Pueblo Wichí se constituye como sujeto es presentándose como usuario de la tierra. No siempre es obvio para la opinión pública que, en general, los reclamos territoriales no se establecen para todo un Pueblo Indígena, sino en base a relaciones entre comunidades concretas con territorios concretos. Las comunidades están dispersas en zonas muy vastas, y sus condiciones concretas son muy diversas. Algunas están en conflicto con empresas privadas, otras con pobladores criollos, otras están asentadas en tierras fiscales. Presentarse como usuarios de la tierra es una forma de mostrarse y de validarse como sujeto colectivo que entra en relación con los estados provincial y nacional, y con organismos multilaterales de derechos humanos. Las argumentaciones ante las autoridades y la opinión pública, así como las pruebas aportadas a los procesos legales apuntan a probar su vínculo ancestral con el territorio en cuestión, a través del registro del conocimiento de las comunidades sobre dicho territorio, a través del registro de los nombres indígenas de los distintos lugares, a través del señalamiento de los recursos que las comunidades aprovechan en cada lugar. Esto constituye prueba jurídica, que se obtiene con pericias antropológicas, en los procesos legales ante distintas instancias judiciales donde las comunidades reclaman los derechos indígenas: los lugares de cementerio, los lugares de aprovechamiento del monte, donde hay distintos recursos que los pueblos indígenas conocen, y poseen el saber para aprovecharlos; y los lugares que tienen nombre que los mismos Pueblos le han puesto en lengua indígena, en función de su historia en ese territorio. Podemos acceder a la cultura wichí126 a través de los nombres con que ha marcado su territorio, el territorio lleva las marcas de la historia de este Pueblo. Cada nombre tiene una narración que lo justifica: alguna anécdota, alguna guerra, alguna forma de supervivencia, a algún recurso disponible en esa zona (Palmer: 2006). Este nombrar la tierra es marca de la propiedad de este Pueblo sobre ese territorio. O mejor dicho, es marca de la pertenencia de este Pueblo a ese territorio. Esta es una forma en que los Pueblos Indígenas, por lo menos los chaqueños, se constituyen en sujetos que entran en relación con los organismos oficiales.
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La toponimia wichí muestra que nombrar la tierra es, para ellos, ubicar las fuentes de agua y manifestar la diversidad biológica del monte chaqueño y su vitalidad. Pero también, para los wichí, dar nombre a los lugares tradicionalmente ocupados es señalar las marcas de la encarnizada lucha entre los principios cosmológicos opuestos -la Vida y la Muerte- de la que los wichí participan (Palmer: 2006).

1. 3 Un recurso del Pueblo Wichí para validarse como un pueblo distinto es su lengua, y desarrollan estrategias para que la lengua sea respetada. En el año 1998, concluyó un proceso de consulta y organización que involucró a muchas comunidades de las tres provincias argentinas en las que habita el pueblo wichí. Este proceso en el que colaboraron la Fundación Tepeyac, la Fundación Asociana y la Universidad Nacional de Salta dio por resultado el alfabeto unificado de la lengua wichí. También participaron de dicho proceso distintos especialistas que asesoraron en cuestiones técnicas de lingüística. (Buliubasich y otros: 2004). Desde ese espacio, distintos dirigentes se siguieron reuniendo y conformaron la Comisión Wichí Lhämtes con una clara decisión de promover el alfabeto unificado, tener una política lingüística como pueblo y ejercer influencia en otros actores que intervienen con publicaciones en lengua wichí, que no utilizan el alfabeto acordado por los dirigentes y ancianos127. Sin entrar en la complejidad de la cuestión lingüística en la zona, es muy clara la asociación que hacen los wichí entre su identidad como pueblo y la lengua hablada. Las condiciones específicas de la estructura sociolingüísticas del chaco salteño -la vitalidad de la lengua wichí en comparación con otras lenguas indígenas, la particular relación entre lengua prestigiosa y lenguas subordinadas, y sus espacios de uso- refuerzan esta identificación entre grupo étnico y lengua. Si se compara la cuestión lingüística con la territorial, en la última el reclamo general por el territorio propio tiene mucho consenso, pero hay muchas divergencias en relación a aliados legítimos, metodologías y estrategias políticas. Sin embargo, en la cuestión lingüística, el interés que suscita la reivindicación de respeto de la propia lengua es generalizado y con amplia coincidencia en aspectos puntuales de política lingüística, como el respeto irrestricto de todas las variedades dialectales por igual y la necesidad de la escritura wichí128. 1. 4 Otra forma de constituirse en sujeto es organizarse de manera no tradicional. Con esto me refiero al proceso de emergencia de organizaciones indígenas más formales mencionado anteriormente. Es decir, organizarse, no ya solo en base al parentesco, sino además delimitando campos de acción de dichas organizaciones, con algún grado de legalidad y acceso mínimo a recursos, con distribución de
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Observación propia, 2004. Idem.

roles e integrando conceptos como representatividad. Esto permite contar con referentes que puedan hablar por un colectivo y negociar con los poderes. Este tipo de organización permite acordar y coordinar acciones, y viabilizar las demandas del grupo. Podríamos decir que constituye un dispositivo de poder, en la medida que permite operar sobre la materia de lo social (Deleuze: 1990). En esa operación, las organizaciones se constituyen en herramientas que permiten construir la legitimidad del grupo e interactuar con los poderes desde dicha legitimidad. La organización permite a los indígenas constituirse en sujeto en base a un valor reconocido por los interlocutores occidentales: la representatividad. 1. 5. La constitución de los sujetos que entran en relación se establece en base a sus intereses. Este elemento permite construir la caracterización que los sujetos hacen de sí mismos para entrar en relación. Los intereses de los actores/ sujetos pueden ser implícitos o explícitos. El rol de la comunicación muchas veces consiste en facilitar la articulación de lo que está implícito. Explicitar los intereses de un sujeto le permite ponerlo en común, discutirlo y afinarlo de manera que oriente más claramente las estrategias de organización, comunicación e intervención. Un interés fundamental es la subsistencia material y cultural, la viabilidad de su proyecto de vida . Allí la tierra es la base material para que pueda existir la cultura indígena alrededor del monte. Su espiritualidad se basa en la creencia en espíritus “dueños” del monte. Son entidades que tienen directa relación y operatividad narrativa en relación con elementos de la naturaleza chaqueña. No se trata de un dios abstracto que puede ser el mismo en la región chaqueña, en los Andes, en la ciudad o en el desierto de Atacama. Los espíritus del monte están presentes cuando salen a recolectar. Los eventos en el monte son adjudicados a estas potencias, y los indígenas tienen que relacionarse con ellas para poder conseguir esos frutos. Esos seres espirituales implican pautas una serie de procedimientos que en ocasiones son vistos desde nuestra cultura como ecológicos, que están relacionados con tabúes o mandatos de no desperdiciar los recursos. Hay relatos míticos que hablan de personas castigadas por los espíritus por dilapidar esos recursos. Y la vida comunitaria es interpretada desde esos esquemas. El dueño de la corzuela mata a los cazadores que matan más corzuelas de las necesarias 129. El monte es la base material necesaria para sostener y actualizar la cultura indígena.
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Cuco, Santa María, 2004.

Las organizaciones indígenas se sostienen además sobre el interés en afirmar la identidad a partir de aparecer en el escenario público como sujeto legítimo, de ser reconocidos como interlocutor para el Estado, de ser tenidos en cuenta por los gobiernos. La visibilidad, la búsqueda del poder de representarse a sí mismo frente a la sociedad, el poder de generar la propia comunicación, contar la propia historia ellos mismos frente al resto de la sociedad y poder discutir las políticas ante los poderes dominantes. 2. La naturaleza de la relación Aquí, nos dedicaremos a las relaciones entre dos sujetos que entran en conflicto: Las comunidades indígenas, por un lado, y el Gobierno provincial, por otro. Es necesario señalar que este abordaje responde a una de las formas posibles en que distintos actores involucrados conciben la lucha por el territorio en el Chaco salteño 130. Cada sujeto posee intereses que le son propios, alguno -o algunos- de los cuales entra en conflicto con intereses de otro sujeto. En este caso tiene que ver con el interés en base a un recurso que está en disputa. La relación de los pueblos indígenas con el Estado es conflictiva, y el recurso en disputa es la tierra. Así como las comunidades buscan constituirse como sujeto legítimo, el Estado parece luchar para que las comunidades no se constituyan como tales. Durante muchísimos años podía ignorarlos porque la mayoría de los argentinos pensaba que en Argentina no había indígenas. Hoy, esa realidad ha cambiado. Podemos decir que la consideración de los Pueblos Indígenas ha pasado de la negación a un reconocimiento paternalista de su existencia y del consentimiento de alguno de sus derechos. Pero no de su autonomía como Pueblos. Tampoco se asume la responsabilidad de efectivizar sus derechos, sino que toma medidas que socavan la forma de vida indígena. Esta configuración histórica del ejercicio del poder frente a las culturas subordinadas se puede comparar con lo que Díaz-Polanco denominó etnofagia131. Se trata de unas condiciones en las que resultan
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Esto es así, de tal modo que, por ejemplo, la estrategia legal del reclamo ante la CIDH por los lotes 55 y 14 asume que la cuestión central es un conflicto entre Pueblo Indígena y Estado Nacional. Esto se debe, como se señala ya en este trabajo, a que los derechos indígenas garantizados en los tratados internacionales fueron asumidos por el Estado Nacional, aunque quien tiene jurisdicción sobre las tierras fiscales son los Estados provinciales. Pero a la vez, se está asumiendo que es el Estado quien tiene la responsabilidad de resolver qué respuesta da a un actor muy importante en este caso: los puesteros criollos. Sin embargo, otra forma de concebir la cuestión por actores involucrados se plasma, por ejemplo, en la estrategia política en el terreno, donde se intenta dialogar con los pobladores criollos. 131 Díaz-Polanco señala al multiculturalismo como un momento posterior y necesario de la etnofagia, y que consiste en un discurso de la diversidad cultual y la tolerancia del otro-indígena, tratando al grupo como trata a las identidades que la misma globalización genera. Retomando a Žižek, señala que el multiculturalismo es a la “autocolonización capitalista global” lo que el imperialismo cultural occidental al colonialismo imperialista. La novedad radica en que el multiculturalismo trata a la cultura local como el colonizador trataba al pueblo colonizado: hay que estudiarlo en general y respetar hasta ciertos límites.

inconvenientes los métodos de etnocidio propios del colonialismo tradicional. La etnofagia constituye la asunción de un discurso tolerante con el otro indígena, mientras se avanza sobre su medio y formas de sustento. Con la distinción respecto del caso salteño, en que aquí, el discurso asumido no es el de la diversidad cultural integrada al capitalismo, sino el de la asimilación de los “hermanos indígenas” a los grupos criollos (Carrasco: 2009, 147). En el caso del Estado salteño, la política ha sido de diluir a las comunidades en el resto de la población, de dividir las organizaciones indígenas tentando a los dirigentes con beneficios para que abandonen el reclamo territorial, con puestos de trabajo, de manera que no necesiten la tierra para sobrevivir. Pero esos puestos de trabajo no son para todos, son para los líderes críticos con el Gobierno. Entonces, la naturaleza de las relaciones en las que entran los sujetos en cuestión puede ser de negociación, de extorsión, de participación, de articulación. En el caso de los Pueblos Indígenas, tradicionalmente, se trató de una relación de exterminio, de dominación y de negación. Hace algunos años, la relación se está transformando en una relación de negociación. Pero el conflicto es permanente y muchas veces alcanza altísima intensidad, con el máximo perjuicio para las comunidades, en vidas humanas, represiones y violaciones de derechos, inadmisibles para la opinión pública y las instituciones cuando se trata de zonas metropolitanas y otros sectores sociales. La estrategia de los gobiernos salteños con los líderes y organizaciones es de extorsión, en base al manejo arbitrario de recursos provinciales. 2. 1. Es necesario ver qué asimetrías, y qué desigualdades hay en esa relación. Hay desigualdades culturales. La cultura occidental/nacional es la que tiene predominio, la más valorada por distintos actores con poder de decisión en la zona, la que se encuentra en posición hegemónica. La cultura indígena está en condición de subalternidad. Debe luchar para ser valorada como cultura, debe justificar por qué es necesario que la cultura wichí subsista. Esa es una argumentación que la cultura hegemónica no necesita hacer debido a su posición dominante. Por ejemplo, en la relación entre maestros criollos y auxiliares indígenas del chaco salteño, se niega la existencia de conocimientos indígenas socialmente pertinentes y de formas de producción cultural. Se ignora
El límite son las identidades críticas y heterogéneas con el capitalismo neocolonial. Allí, la hegemonía retoma mecanismos represivos del colonialismo tradicional (Díaz-Polanco: 2005).

y desaprovecha el potencial formativo de la experiencia y las formas de vida indígena. 2. 2. Existe una asimetría lingüística. El castellano se utiliza en todos los ámbitos públicos y de toma de decisiones, como dicen los sociolingüistas, es la lengua prestigiosa. En castellano se escriben todos los formularios, en castellano se habla en los juzgados, en los hospitales, en todas las instancias donde se accede a recursos, a servicios y a derechos. La incapacidad de esos espacios para operar en las lenguas no oficiales, lenguas maternas de los pobladores de la zona resulta en una discriminación en el acceso a derechos (salud, justicia, educación, etc.)132. 2. 3. Existe una asimetría política. Claramente son los criollos, los no indígenas los que detentan los espacios políticos de poder. Existen relaciones de sociedad entre actores económicos y funcionarios públicos con intereses en la zona. Esto no implica que no se den algunos casos de cooptación, es decir, indígenas que ocupan espacios potencialmente decisorios, pero sin el poder real o sin la base social para sostener posturas transformadoras o críticas. 2. 4. Existe una asimetría relacionada con la desigualdad económica. El gobierno provincial y las empresas tienen poder económico y recursos materiales para definir el curso de los procesos mucho mayor que las comunidades. Las comunidades cuentan solamente con el apoyo de algunas organizaciones que las acompañan, con la buena voluntad de algunos observadores e instituciones nacionales e internacionales, y se sostienen sobre una moral muchas veces inquebrantable de algunos de sus líderes. Por el otro lado, las empresas tienen poder económico para tentar líderes indígenas, pagar muchos abogados y convencer a la opinión pública a través de los medios de comunicación, de los que muchas veces son socios. 2. 5. La naturaleza de la relación se manifiesta además en la manera en que se legitima cada sujeto. Nos referimos aquí a la estrategia discursiva que utiliza, a las formas en que se relaciona discusivamente, y a las cuestiones en torno a las que se da y se construye la relación entre los sujetos. El gobierno provincial salteño -en consonancia con la elite salteña- busca desacreditar el reclamo territorial indígena agitando temores a lo externo, lo extranjero que estaría detrás de dicho
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Observación propia.

reclamo133, y que amenazaría la integración nacional en su faz territorial y por lo tanto la argentinidad. Esta estrategia coloca al gobierno en garante y defensor del patrimonio y los valores de la tan mentada argentinidad en general, y en particular de su núcleo duro local que sería la salteñidad. Esta estrategia hace mella en la opinión pública, incluso en sectores medios salteños, que podrían mirar con simpatía el reclamo indígena, pero que ven en un nacionalismo fundamentalista y esencialista la forma de la solidaridad y del sentido de comunidad (Flores Klarik: 2010, 57-59). Por otro lado, los gobiernos provinciales vienen apelando al relato del progreso y la modernización. Paradójicamente, es una conjunción de tradicionalismo colonialista y esencialista con el progreso de la globalización modernizante y etnocéntrica (Álvarez Leguizamón: 2010). Desde las organizaciones indígenas se desarrollan distintas estrategias a partir de la relación entre el espacio nacional argentino y las comunidades indígenas. Como ya se mencionó, existen planteos fundamentados en el derecho indígena internacional, no sobre la extranjería, sino sobre la preexistencia de las comunidades frente al Estado argentino, que constituyen la base para cualquier estrategia o posicionamiento frente a lo nacional. Sobre dicha base, se dan posicionamientos indígenas que se incluyen en lo nacional, y que exigen la obligación del Estado de garantizar una serie de derechos dentro de los territorios que reclaman como autónomos. Esta estrategia de comunicación no posee la iniciativa en este punto concreto en el debate público. Con ello quiero decir que en cuanto a la relación de las comunidades indígenas con lo nacional, las comunidades están a la defensiva. Si bien la iniciativa está de su lado y la opinión pública en general acepta cuando se plantea el derecho de las comunidades a su tierra 134; cuando se exige a las organizaciones indígenas identificación con lo nacional, este tipo de estrategia acepta, en este punto, la posición subordinada que se le adjudica, y que es consecuencia de no renegar de la identidad nacional, mientras simultáneamente se adscribe a una identidad otra, ligada a una tradición diferente y también ligada a la tierra; pero sobre todo, adscribir a una identidad cuya negación fue inherente a la conformación del Estado Nación.

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Han sido frecuentes las asociaciones directas propuestas desde el diario El Tribuno de Salta entre los asesores de Lhaka Honhat -en wichí, Nuestra Tierra. Asociación de comunidades del Pilcomayo salteñovinculados a la iglesia anglicana y “la corona inglesa”. Ya en 1996 un legislador denunció a un miembro de la Fundación Asociana como “espía de la Corona Inglesa” (cfr. Carrasco: 2009, 184). 134 Es necesario aclarar que en general no está claro a qué tierra se refiere, y mayormente se reconoce derecho solo a la tierra de habitación y no al territorio integrado de aprovechamiento.

Un posicionamiento diferente lo representan, por ejemplo, comunidades de la cuenca del río Itiyuro, como veremos más adelante. En este caso, sin llegar a la radicalidad de planteos indígenas de otras regiones135, estas comunidades parecieran posicionarse por fuera del espacio nacional, por lo menos, en lo que se refiere a la dinámica de solución del conflicto de tierras. 3. Modalidades de producción de sentido Como señalamos anteriormente, las modalidades de producción de sentido son mediaciones tecnológicas y/o sociales que los sujetos hacen entrar en juego al establecer la relación. Son los productos culturales que se ponen en circulación, son los elementos comunicacionales que aparecen. Aquí se pone atención también a la manera en que se hace entrar en juego dichos productos, y cuáles son sus características. En el caso que nos ocupa, se hacen circular programas radiales, publicaciones comunitarias, informes de impacto ambiental, mapeos satelitales. Se establecen espacios de reunión y concertación. 3. 1. Detengámonos primero en los productos culturales. Programas radiales: este elemento merece una investigación completa en sí. Sin embargo, podemos mencionar el uso de los espacios radiales que hacen los dirigentes de la zona de Tartagal cada vez que realizan cortes de ruta. También la radio FM La voz indígena, de la misma ciudad, vinculada con la organización ARETEDE, que surgió como proyecto de extensión de la UNSA Sede Tartagal. Allí se da la participación de jóvenes y mujeres comunicadores y comunicadoras indígenas de las comunidades cercanas a la ciudad de Tartagal. En la zona del Pilcomayo, existió durante mucho tiempo un programa de radio enteramente en lengua wichí, conducido por Laureano Segovia, dedicado a relatos orales e históricos, que constituyó un espacio de identificación y referencia para las comunidades. En las radios del Pilcomayo la discriminación hacia la lengua wichí -pero también en general- es mucho mayor que en otras zonas136. En toda la región se emite el programa Voces originarias, de la Red de Comunicación Indígena137.
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El pueblo Mapuche se reivindica como Nación Mapuche, cuyo territorio involucra zonas en Argentina y Chile, y cuya autonomía administrativa reclama. 136 Testimonio de un poblador wichí de Juarez, Formosa, que se trasladó por un tiempo a Santa Victoria Este. 137 Según un estudio de audiencia de la RCI (2009), 65,7 % de encuestados en Santa Victoria Este, Salta, escucharon el programa Voces Originarias. 23,5 % de quienes escucharon el programa recuerdan haber escuchado sobre Tierra-Territorio y 22,9 % sobre derechos indígenas. 34,6 % dice que el programa le sirve para exigir sus derechos. 45,8 % piensa que el programa es importante para su comunidad.

Publicaciones: distintas organizaciones e instituciones comprometidas con las comunidades realizan esporádicamente publicaciones de mucho valor con registros de relatos, y temas como el alfabeto wichí unificado o la Ley de protección de bosques nativos138. Lamentablemente los presupuestos son limitados y por lo tanto la circulación también. Una publicación que tuvo una circulación importante y sostenida es el Boletín de la Red de Comunicación Indígena139. Aunque se trata de una publicación en castellano para una población con alto analfabetismo en esa lengua, constituye una referencia de identificación140. Informes de impacto ambiental: Se trata de un producto académico puesto a jugar a favor de intereses económicos, apelando a la valoración positiva de cientificidad. En 2006 se realizó el Estudio de Impacto Ambiental de Arzelán y Asoc., encargado por la empresa ARCOR, para justificar el desmonte de cerca de 30.000 has. de la finca “Don Tito” de su propiedad en el Departamento San Martín, Salta. Se trató de un estudio generado por un instituto vinculado a la UNSa. Otro recurso para constituirse como sujetos son los mapeos del territorio indígena. Con el apoyo y la capacitación de organizaciones técnicas, las comunidades de la cuenca salteña del río Pilcomayo han realizado mapas satelitales para mostrar cuales son los circuitos tradicionales de recolección de recursos del monte, denominados sendas. Una senda es un camino que se ha usado tradicionalmente para ir a ciertos lugares donde hay ciertos recursos. Es impactante para habitantes urbanos ver como un camino angosto que atraviesa el monte puede ser un recorrido ancestral, anterior al Estado Nacional. Otras comunidades han tenido intercambios con miembros de las comunidades del Pilcomayo, han conocido su experiencia de mapeo y han comenzado a realizar mapas similares. 3.2. En segundo lugar nos referimos a las mediaciones sociales. Se trata de los espacios de comunicación , tales como reuniones informativas, de trabajo, encuentros de difusión. Aquí importa cómo son esos espacios y cómo juegan los sujetos en esos espacios.
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Me refiero básicamente a las publicaciones de los talleres de historia oral realizados por ARETEDE y a las publicaciones de la Fundación Asociana. 139 Según el estudio de audiencia de la RCI (2009), en Santa Victoria Este, el 100% de las personas que conocen el Boletín de la RCI lo han leído. 55,5% lo ha leído acompañado, con la comunidad o con su organización. 33,3% recuerda haber leído sobre Tierra-Territorio, 22, 2% sobre derechos indígenas. 66,6% señala que el Boletín trata temas que no tratan otras publicaciones. 140 Es necesaria una nota para la Biblia Wichí. Aunque no se trata de una publicación dedicada a luchas indígenas, es una publicación muy importante para gran parte de los indígenas, en tanto texto en propia lengua muy presente en la construcción de identidad de ciertos sectores.

Aquí hay que considerar las reuniones de la organización indígena con sus asesores, las asambleas indígenas para tomar decisiones, reuniones bilaterales con funcionarios del gobierno para negociar, o reuniones multilaterales141 donde intervienen además el Estado nacional, el provincial, los patrocinadores legales, los asesores de terreno, otros actores involucrados como las familias criollas142. Las distintas reuniones tienen distintas connotaciones. No es lo mismo una reunión de la organización con el Secretario de Gobierno de la Provincia a solas e intercambien impresiones, propuestas, intenten acercamientos; a que se reúnan mucho más formalmente una serie de actores. El reclamo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la organización de comunidades Lhaka Honhat es un reclamo contra el Estado Nacional, que es quien suscribió el convenio 169 de la OIT y es quien está obligado a efectivizar el derecho indígena. Sin embargo, es el Estado Provincial el que tiene jurisdicción sobre el territorio provincia y quien tiene que emitir los títulos para las comunidades. En ambos espacios las estrategias de los dos actores protagonistas van a ser claramente diferenciadas. En una reunión bilateral, el funcionario presiona a los dirigentes para que dejen su reclamo, les ofrece beneficios a cambio, soluciones parciales. Existen otras instancias donde participan las organizaciones y comunidades como el Foro salteño por la Tierra, donde participan también instituciones de apoyo, miembros de la Universidad Nacional de Salta y organizaciones vinculadas a iglesias. Existe también la Organización Nacional de Pueblos Indígenas de Argentina, que es un espacio netamente indígena. Es necesario agregar aquí otra mediación social constituida por los piquetes. Una forma de forzar el establecimiento de una relación. Un grupo siente que su reclamo no es atendido. El piquete es una instancia por la cual los funcionarios llaman por teléfono, mandan intermediarios, convocan a reuniones de negociación, y en el mejor de los casos, negocian personalmente en el lugar. 3.3. Desde 2005 se viene dando una proliferación de teléfonos celulares entre indígenas entregados por los funcionarios del Gobierno provincial a los dirigentes. Facilita esa comunicación directa desde Salta a las zonas rurales con la consiguiente situación de
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Cuando el reclamo de la Asociación de Comunidades Lhaka Honhat estaba ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -antes de pasar a la Corte Interamericana de Derechos Humanosatravesó una instancia denominada Mesa de Solución Amistosa, donde participaban los actores mencionados. 142 Observación propia. Para un mayor detalle del reclamo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ver Carrasco: 2009, 230-232).

conversación privada de uno a uno, sin la posibilidad de que otros indígenas participen en esa conversación. Se da una vinculación privada, sorteando las instancias públicas o colectivas donde dirigente y funcionario estén expuestos a la mirada de otros indígenas y del resto de la sociedad (medios de comunicación, técnicos de terreno, ONG, etc.). 4. Significación de las prácticas de comunicación En relación con la significación de las prácticas de comunicación, nos referimos a los resultados de dichas prácticas. Se trata de la pregunta por las costumbres de los indígenas en relación con la comunicación, y el resultado es la reproducción social y cultural de esa sociedad indígena. Es decir, la reproducción de normas, preceptos y conocimientos ancestrales. Por el otro lado, los sujetos que se enfrentan a las comunidades indígenas caracterizan ciertas prácticas como atraso. Es decir que esas prácticas tienen como resultado la discriminación. En relación con los rasgos culturales y conductales, podemos señalar que entre los wichí, una práctica de comunicación es la escucha (Palmer: 2006). Para ellos, la comunicación se basa en la escucha, no tanto en la producción de mensajes, como se da en nuestra cultura143. Otro rasgo cultural es la confianza en la reciprocidad. A pesar de la combatividad de algunas organizaciones y líderes indígenas, existe la confianza en que el otro va a responder solidariamente a su solicitud, a sus derechos. Es un rasgo profundamente contracultural que entraña una cosmovisión según la cual es el entorno social y natural lo que garantiza la propia pervivencia y no el esfuerzo individual, ni las capacidades y recursos propios (De la Cruz: 1997). Los wichí llevan siglos subsistiendo de esa manera. Esto se ve en la práctica concreta de distribución de lo recolectado. Si uno o varios miembros de una familia salen a cazar al monte, reparte en la comunidad el fruto de la jornada, según criterios muy precisos de valoración de las relaciones. De no darse esa práctica de distribución se estaría violentando la ética wichí, pero además se echaría a perder lo no consumido en el momento. En la próxima oportunidad, será otro el grupo que irá al monte, y distribuirá el resultado de la caza o la recolección. Esta práctica también es una distribución del riesgo que implica ir al monte. Algunos indígenas se burlan o se compadecen de quienes van detrás del trabajo rentado, confían en el dinero y solo en sí mismos.
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Ante la pregunta de Eduardo, mi maestro de wichí, sobre qué es la comunicación, ensayé una explicación del tipo “todo lo que nos dice algo, todo lo que podemos ver y entender”. Entonces me preguntó si comunicación es lo que nos dice la tierra, el monte.

Dos preguntas útiles para entender el conflicto por el territorio indígena desde esta perspectiva que propongo son: ¿Qué acuerdos y conflictos implican estas prácticas de comunicación entre los sujetos en disputa? ¿Cuál es el sentido de esas prácticas de comunicación para los distintos actores involucrados? En relación con la primera pregunta, un acuerdo implícito es que la tierra es valiosa para unos y para otros. Seguramente por distintas razones. Hemos visto los intereses de los actores en esta tensión. Eso no fue siempre así. El desacuerdo es sobre quién debe poseer esa tierra. En relación con la segunda, para el Gobierno de Salta, el sentido de sus prácticas de comunicación, la política indígena oficial es entendida como una gestión de gobierno que trata de unificar a todos los salteños tras un modelo económico extractivo; para las organizaciones indígenas la misma política es discriminatoria y no respeta sus derechos. 5. Significación de las prácticas organizativas En la cuenca del río Itiyuro, Departamento San Martín, las comunidades wichí ven invadido su territorio ancestral por parte de empresas agrícolas, de una forma sumamente violenta, que significa muchas veces el alambrado de parcelas con las comunidades adentro, desmontes a mansalva, y fumigación aérea con agrotóxicos sobre las mismas. Entre las organizaciones de esta zona que resisten este avasallamiento, John Palmer señala dos estrategias de lucha presentes. En primer lugar, una estrategia que hace énfasis en las reglas de juego del Estado, cumpliendo con los requisitos formales jurídicos del “debido proceso” (Palmer: s/f). Otra estrategia es la que Palmer nombra como tradicionalista, con rasgos de continuidad cultural, negando dichas pautas estatales que hacen pasar todo por la escritura. Esta estrategia se basa mucho más en medidas de acción directa como cortes de ruta y desalambrado. Los dirigentes que apelan a esta estrategia sostienen que la estrategia adaptativa constituye una distracción por parte del gobierno provincial y que está probada su ineficacia. El rasgo tradicional de esta estrategia radicaría en la negación de los mecanismos estatales y sus lógicas racionalista y burocrática, basados en la escritura. Al mismo tiempo implicaría una afirmación de la oralidad que caracteriza a la cultura tradicional wichí. Los dirigentes que sostienen una estrategia tradicionalista apuntan a que las autoridades den soluciones directas, en calidad de reconocimiento del derecho indígena, sin mediar mayor trámite que

el planteo del reclamo, que por otra parte lleva varias décadas de planteado formalmente por distintas comunidades de la zona. En un sentido, esta estrategia supone un posicionamiento de las comunidades por fuera de las lógicas y espacios de negociación políticos, así como de las lógicas de las estructuras estatales, entendidos como propios de la sociedad no indígena. Sería parcial no mencionar un rasgo cultural que señala Luis De La Cruz (De La Cruz: 1997) presente en la cultura wichí: se trata de la adaptabilidad a distintas condiciones propia de las culturas cazadoras recolectoras. De la Cruz plantea este rasgo como una definición superadora de supuesto nomadismo de los pueblos chaqueños. Por ello, no sería el movimiento lo característico, sino la búsqueda de adaptarse a las distintas condiciones de las distintas zonas de su territorio, en las distintas temporadas del año. En la actualidad, esta adaptabilidad es observable para quienes trabajamos entre las comunidades, en distintos aspectos del relacionamiento de los indígenas wichí con los objetos, las herramientas o las instituciones a las que van teniendo acceso. Es interesante ver cómo la estrategia adaptativa, según los términos de Palmer, puede entenderse también como tradicional. Conclusión Los sectores indígenas basan, implícita o explícitamente, sus reivindicaciones en lo cultural, desde una identidad concreta, haciéndose quizás comparable con lo que se ha denominado nuevos movimientos sociales, cuando sobrevino la crisis de las categorías clásicas de la modernidad con las que se pensaba el mapa político, según las cuales se identificaría cualquier movimiento social con la clase trabajadora, etc. En realidad, las organizaciones comunitarias indígenas estaban ya presentes como actores, pero invisibilizados. La identidad de los wichí se configuró en los últimos tiempos a partir de los reclamos territoriales. Debido a la necesidad de disputar ese recurso, la relación con el cual aparecía, desde la visión de las comunidades, como naturalizada y no era tematizada en otro momento histórico. A partir de dicha necesidad, se explicitó y llevó a la discusión política su conocimiento del monte y su aprovechamiento, por medios de distintos recursos aquí mencionados, cuando a partir de fines de los años ochenta y principios de los noventa, comenzaron los reclamos de titulación a favor de las comunidades, como un reclamo formalizado y más claramente llevado al plano político. La estrategia de comunicación, de representación, de confrontación, de construcción de discurso parece ser la politización

de la cultura. ¿En qué medida esta estrategia está fijada por las políticas hegemónicas? La hegemonía interpela. Los indígenas responden desde el uso tradicional del territorio, como rasgo cultural interferido. La politización de la cultura aparece en esta articulación intercultural. El rasgo cultural en cuestión, tradicionalmente naturalizado por las comunidades, hoy es atributo identitario con una gran politicidad. El principio indígena según el cual “no es tanto que la tierra nos pertenezca, sino que nosotros pertenecemos a ella” señala la heterogeneidad de la concepción indígena en un régimen en el que el principio de legitimidad es el de la propiedad privada.

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CAPÍTULO IV CUANDO LA INTIMIDAD ES COLECTIVA Narrativas del yo e identidades emergentes Dra. Alejandra Cebrelli144 Resumen El presente trabajo pretende reflexionar sobre el rol que cumplen las narrativas del yo en la construcción de identidades emergentes en el marco de esta segunda modernidad. La biografía se plantea como uno de los modos de hacer inteligible la identidad fracturada y mapear un territorio propio a partir de narraciones donde se dirime la lucha por la representación individual y colectiva. En este último ítem es donde se pueden leer, de manera sesgada, narrativas producidas por mujeres de los pueblos originarios, antes ignoradas o acalladas, pero con un creciente protagonismo en los medios lo cual posibilita visibilizar en una voz individual el proceso colectivo de reparación y reatadura de los hilos cortados y el retorno a tramas históricas no siempre completas. De ese modo, las palabras de mujeres aborígenes ingresan al espacio público en el marco de las luchas reivindicatorias de sus etnias de origen. El estatuto genérico de estas voces sólo puede entenderse en la intersección política y cultural en que son dichas: un espacio de frontera entre culturas disímiles cuyas relaciones, roles y jerarquías sociales y de parentesco no suelen coincidir. En consecuencia, en este enclave enunciativo, la identidad femenina está atravesada por el género, el lugar social y la localización territorial en el mapa nacional pero también por la propia etnia. Cuando estos discursos femeninos ingresan en las narrativas mediáticas, resignifican algunas de las representaciones nodales, en particular las de nación y ciudadanía; como consecuencia, interpelan las identidades instituidas proponiendo nuevas imágenes de los pueblos aborígenes, de su historia y de sus territorios. Construyen, de este modo, una imagen desconocida del país, elaborada desde una de las fronteras más extrema del territorio nacional; es una figuración donde se inscriben imágenes ‘otras’ sobre la argentinidad, el interior, los migrantes de países limítrofes y los otros pueblos originarios. Es el resultado de una traducción entre lenguas y culturas, pasajes de sentido entre universos simbólicos que poseen matrices de sentido,
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Profesora y Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Cuyo. Doctora en Humanidades por la Universidad Nacional de Salta. Ha realizado el Posdoctorado en Semiótica, Análisis del Discurso y Comunicación en el CEA-Conicet (Universidad Nacional de Córdoba). Ha publicado varios libros y artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales. Participó en la Comisión que diseñó e implementó la carrera de Ciencias de la Comunicación de la U.N.Sa. donde actualmente ejerce como docente a cargo de las cátedras vinculadas con el Periodismo, la Semiótica de la Cultura y el Análisis del Discurso. Investiga y dirige proyectos del Consejo de Investigación de la U.N.Sa y, más recientemente, proyectos de la Agencia de Ciencia y Técnica sobre prácticas y discursividades locales. Forma parte del Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC-Consejo de Decanos en Ciencias Sociales y Humanas).

regulaciones y prácticas marcadamente distintas. Este tipo de semiosis es propio de fronteras culturales que funcionan como externas aunque desde el punto de vista geopolítico formen parte del territorio nacional. Palabras clave Toma de la palabra comunitaria, subjetividades originarias, liderazgos femeninos. Segunda modernidad, narrativas y subjetividades periféricas
El enorme poder de la narrativa neoliberal estriba en su capacidad desreguladora de los saberes sociales, al difuminar los lugares de la experiencia y favorecer, según la circunstancia, la mayor o menor visibilidad de ciertos valores, prácticas, hablas y proyectos / …/ En una época tan propensa al colapso, conviene tener en cuenta que uno de los desafíos para el pensamiento crítico es el de encontrar los contactos y continuidades ocultos, los restos aislados y la discontinuidad de los relatos sociales que atestiguan una historia de luchas e interrupciones y la forma en que estas luchas van constituyendo “nuevos sujetos sociales”. Rosana Reguillo (2007)

El presente trabajo pretende reflexionar sobre el rol que cumplen las narrativas del yo en la construcción de identidades emergentes en el marco de esta segunda modernidad, atravesada por una racionalidad liberal y tecnocrática que disuelve convicciones, sujeciones y territorios, interpelando fuertemente las antiguas y tranquilizadoras certezas sobre el individuo, la ciudadanía y el estado. Esta etapa de la modernidad es percibida, entonces, como “líquida” (Bauman: 2004), en tanto abre un abismo entre el derecho a la autoafirmación y la capacidad de controlar los mecanismos sociales que la hacen viable o inviable. En estas condiciones sociohistóricas, la biografía se plantea como un modo de hacer inteligible la complejidad de las contradicciones sistémicas y de achicar la brecha entre individuo de juri y de facto, como una forma de asunción de una ciudadanía que antes se percibía como ‘para todos’ y, hoy por hoy, resulta cada vez menos inclusiva. Internet resulta el escenario paradigmático de estos procesos: opiniones de ciudadanos de todo tipo anotadas en los “Comentarios” de blogs, de diarios y revistas on line, videos de jóvenes, adolescentes y adultos mostrando vivencias que antes quedaban

pudorosamente cubiertas por el manto de la privacía, sitios como Facebook en los que una amplia franja etárea de individuos pertenecientes a las clases altas y medias se reinventan una identidad pública y establecen una comunidad virtual con una red de supuestos ‘amigos’ cuyo número no parece tener fin son algunos de los espacios donde hoy se dirime la lucha por la representación individual y colectiva. A esta enumeración bizarra y siempre incompleta hay que sumarle las páginas de los medios tradicionales, instituciones, organismos, fundaciones y organizaciones de todo tipo. En este último ítem es donde se pueden leer, de manera sesgada, narrativas producidas por subjetividades periféricas, antes ignoradas o acalladas, cuya emergencia fue posible gracias a cambios en las políticas estatales en buena parte de América Latina. En el caso de la sociedad argentina, un punto posible de partida en este proceso fue la crisis brutal del 2001 que significó, entre otras cuestiones, el quiebre del sistema representacional que sostenía la arquitectura social y política del país lo cual dejó entrever otras formas de ser, entender y estar en el mundo (Svampa: 2009). En la percepción del ciudadano común, desocupados, cartoneros, homosexuales, aborígenes –entre otros- se tornaron visibles ‘repentinamente’ e ingresaron al espacio público, instaurándose como actores sociales capaces de organizarse y autogestionar proyectos orientados a la lucha por el derecho a otro tipo de justicia, salud y educación, a modos diferentes de relacionarse entre sí y con el resto de los argentinos, con la naturaleza y con el territorio. A partir de este momento, se hizo más evidente un proceso de reparación y reatadura de los hilos cortados y del retorno a tramas históricas abandonadas (Segato: 2007) que se venía dando entre las sombras. La otra cara de la moneda fue la del aumento geométrico del deterioro del entramado social y de las condiciones de vida por esos años que se habían traducido en una creciente exclusión social y en un aumento de la pobreza a lo largo y a lo ancho de la Argentina, mucho más visibles en regiones como la noroéstica, en la cual el deterioro mencionado está fundado, en gran medida, en la expansión del capital agrario sobre territorios diversos por una parte y, por la otra, en la implementación de modelos económicos neoliberales que interpelaron y modificaron los modos de trabajo y de reproducción de la vida que tienen larga data en la memoria colectiva local (Alvarez Leguizamón: 2012). Dichos procesos tienen un espesor temporal (Cebrelli/Arancibia: 2005) que responde a diversas formas de dominación burguesa y de dominación señorial, las cuales se

articulan sobre formas específicas de subordinación que pueden considerarse como “configuraciones particulares de inclusión subordinada” de diferente tipo (Alvarez L.: 2002, 2005 y 2012). En este marco, emergieron y se fortalecieron nuevos zócalos discursivos marcados por el impacto de los programas y discursos sobre y del desarrollo en la reconfiguración de discursos identitarios comunales, sobre todo en los vinculadas a las formas de apropiación del territorio y a los modos de adscripción de subjetividades históricamente silenciadas, tales como las de los pueblos originarios, estrechamente relacionadas, en estas condiciones socio-históricas, con la lucha por la subsistencia pero, a la vez, por el poder de la representación (Reguillo: 2007 a). Reaparecieron así tramas de memorias casi desconocidas para la ciudadanía argentina. Entre otras, se discursivizaron las palabras, apenas audibles, de mujeres aborígenes que ingresaron al espacio público en el marco de las luchas reivindicatorias de sus etnias de origen. El estatuto genérico de estas voces sólo puede entenderse en la intersección política y cultural en que fueron y son dichas: un espacio de frontera entre culturas disímiles cuyas relaciones, roles y jerarquías sociales y de parentesco no suelen coincidir 145. En consecuencia, en este enclave enunciativo, la identidad femenina está atravesada por las de etnia, lugar social y localización territorial en el mapa nacional pero también en el de la propia etnia146. El caso resulta particularmente expresivo para analizar pues estos testimonios no sólo visibilizan subjetividades colectivas percibidas en el espacio público como una ‘novedad’ sino que también señalan una frontera extrema, el espacio socio-cultural donde la diferencia se hace más densa (Segato: ibídem). La emergencia de estas voces en el espacio público significó una ruptura en sí misma ya que su aparición quebró un campo de interlocución
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La categoría de frontera es deudora de los aportes de múltiples disciplinas sociales: historiografía (Clementi: 1992; Presta: 2000), antropología o sociología (Grillo: 1999; Grimson y Jelín: 2000; García Canclini: 2004), semiótica (Lotman: 2006), estudios culturales (Fernández Bravo: 1999; Cebrelli: 2002 a y b, 2005). Deudora de la idea de estado, la frontera funciona como una sinécdoque de nación y constituye no sólo una categoría geográfica sino temporal, estrechamente relacionada con la irrupción del otro en el discurso oficial, al punto de interpelar las certezas acerca de la identidad, de la cultura y de la misma nación. Su estudio, no sólo deja en evidencia la contingencia, porosidad y cruces de dinámicas interculturales, sino también las luchas de poder, los estigmas que se fundan, se resignifican o se fosilizan y que acompañan la historia de los estados nacionales e, inclusive, los procesos de desnacionalización, cada vez más evidentes frente a las peticiones globales. La frontera adquiere una dimensión múltiple transformándose en un eje discontinuo que reaparece en la(s) cultura(s) como una representación, como un objeto de análisis, como forma de posición (ideológica y/o política) que va interrogando, construyendo y resignificando identidades y territorios en relación a los límites geopolíticos y geoculturales. Es decir, hacia el afuera y el adentro de los territorios locales y nacionales en un esfuerzo por señalar las diferencias no sólo culturales sino también sociales, en contraste con una homogeneidad siempre deseada, imaginada y, hasta a veces, forzada e impuesta por las diversas políticas estatales (Cebrelli: 2011). 146 Las comunidades aborígenes más numerosas que habitan el territorio argentino (Wichís, Guaraníes, Kollas y Mapuches) consideran que sus naciones atraviesan los límites políticos de los estados limítrofes.

oficial de larga data en la cultura argentina (Grimson: 2006), campo en el cual carecían de voz y presencia. Interesa ver, por lo tanto, el modo en que estas narrativas intentan legitimar un universo representacional propio y, a la vez, pretenden resignificar y relocalizar las representaciones nodales de la hegemonía (Reguillo: ibídem y Grüner: 2003), es decir, aquellas que vehiculizan los sentidos políticos fundamentales para la sociabilidad -democracia, derechos humanos, ciudadanía, género, diferencia-, representaciones que participan en los procesos de reproducción social. Desde el punto de vista de la producción de sentido, constituyen procesos de traducción violenta ya que se trata de semiosis producidas en culturas en contacto que poseen matrices de sentido, regulaciones y prácticas marcadamente diferentes (Lotman: 2000; Cebrelli: 2007a, b, c y 2008 a, b y c). Cabe destacar que la emergencia de estas subjetividades resulta de una larga práctica de resistencia sin la cual éstas no podrían haber supervivido, articuladas con históricas luchas por la tierra, la propia lengua y los derechos más elementales (agua, comida, techo, abrigo, salud, educación), luchas que, lamentablemente, no parecen poder terminar en un futuro inmediato. En este punto cabe destacar que este proceso de emergencia significó, a la vez, un aumento paulatino de visibilidad mediática, cada más evidente en estos últimos años 147. Por último es necesario recordar que, en la Argentina, la etapa más reciente del proceso de visibilización de los pueblos originarios argentinos se da en el marco de tensiones políticas muy marcadas entre un gobierno progresista representado por Néstor Kirschner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2011 y 2011-2015) contra un neoconservadurismo maquillado y fortalecido durante las políticas neoliberales de la década anterior. La ‘oposición’ al modelo oficial está formada por clases dominantes relacionadas con un modelo de agronegocios (sobre todo, con la soja transgénica), con los holdings con un particular protagonismo de las empresas mediáticas que las componen en acuerdo con el heterogéneo y -a la fecha- diseminado conjunto de partidos y grupos opositores148. Por su parte, el gobierno declara (y ha demostrado) tener un compromiso explícito con los derechos humanos, con los procesos de recuperación/reinvención/relectura de las memorias
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Este proceso se analiza en forma exhaustiva a propósito del caso de los pueblos originarios de San Martín del Tabacal en Cebrelli y Arancibia (2010) “Registros de la diferencia. De la Crónica al Documental”, paper leído en Congreso 200 Años: Medios, Comunicación y Cultura, Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad Nacional de Córdoba; (2012) “Visibilidades, Territorios e Identidades. Las representaciones sociales como formas de mediar la experiencia en las producciones comunicacionales” en prensa, Santa Cruz de la Sierra: ABOIC. 148 Sonia Alvarez Leguizamón considera que éstas son nuevas formas de expansión del capitalismo y del neocolonialismo y las analiza en el capítulo inicial del presente libro.

fracturadas y con un modelo estatal cada vez más inclusivo aunque, lamentablemente, todavía con fuertes deudas con los derechos de estas comunidades. El caso
Hoy la situación indígena ha cambiado un montón, podemos decir, podemos hablar nosotros los pueblos indígenas desde nuestro propio pensamiento, desde nuestro propio desafío más que nada. Ofelia Morales (2007)

Durante la mayor parte de la historia de esta nación, se ignoró y se acalló la existencia de los indios y de los negros. Se trataba de una operación ideológica, convalidada por políticas oficiales sucesivas, según la cual las personas étnicamente marcadas fueron presionadas por el estado para desplazarse de sus categorías de origen a fin de identificarse con la representación del ciudadano, lo cual resultó en la estigmatización o invisibilización de esta diferencia (Segato: 1998). Así se construyó una representación de la Argentina como país étnicamente homogéneo y la ilusión de que sus ciudadanos eran de origen europeo (Grimson: 2006 y 2000; Segato: 2007), imagen que vulneró, distorsionó y, en ocasiones, borró las identidades de los pueblos originarios al desgajarla de sus raíces, tradiciones y territorios. El proceso fue tan eficiente que los mismos aborígenes ignoraban o negaban su identidad cultural, lo que no es de extrañar si en la escuela les enseñaban que este país ‘ya no habían indios’, según sus propias declaraciones (Sarapura: 2007). Pero, ¿cómo se llegó a tal convencimiento? Durante los primeros años de la democracia y acompañados por la implementación de un aparato legislativo y burocrático (leyes, normativas149, censos150 e, inclusive, de la reforma constitucional de los noventa151), se produjeron fuertes procesos de individuación y reetnización de pueblos originarios en el país que se dieron, inclusive,
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Los Estados provinciales fueron los primeros en promulgar nuevas leyes de las que derivaron dispositivos jurídicos, institucionales y burocráticos destinados a las poblaciones indígenas. Por ejemplo, la provincia de Salta sancionó en 1986 la Ley Nº 6373 de Promoción y Desarrollo del Aborigen. En la década siguiente el Estado nacional desplegó su propia política de administración indígena, algunas veces en correspondencia y otras en superposición y disidencia con los mecanismos jurídicos institucionales preexistentes (Bidaseca et al.: 2008). 150 El segundo ítem del Censo Nacional del año 2001, denominado “Variable indígena”, indagaba sobre la relación del censado con alguna etnia aborigen. Como Anexo al mismo, el Estado promovió, por primera vez, la realización de una Encuesta Complementaria De Pueblos Indígenas, 2004-2005. 151 La Constitución Nacional del año 1994, Artículo 75, Inciso 17, reconoce la preexistencia étnica y cultural de estos pueblos, garantizando sus derechos, entre otros, a una educación bilingüe e intercultural, a la posesión comunitaria de la tierra y a la personería jurídica. Este último es importante para el análisis de caso del presente trabajo, como se verá más adelante.

en el marco de políticas neoliberales que posibilitaron acciones de intervención en pos de los derechos de las ‘minorías’ de agencias, ONG’s y fundaciones extranjeras o trasnacionales. Durante estos años, la lucha y movilización resultante se tradujo en una visibilidad creciente de estos pueblos los cuales, en muchos casos, fueron percibidos como novedosos aunque, en realidad, su existencia se remontara a una temporalidad anterior a la colonia y al mismo estado. La percepción de la novedad estaba relacionada además con la reinvención de tradiciones (Hobsbawm: 1984) que se daba en el marco de comunidades hasta entonces desconocidas para la mayor parte de la ciudadanía argentina. Así ‘reaparecieron’ en el escenario de la cultura nacional Wichís, Chorotes, Guaraníes, Tobas, Pielagás, Chanés, Kollas y Mapuches, etiquetados bajo el colectivo ‘pueblos originarios’152. En particular, la Reforma Constitucional de 1994 y la sanción de su Artículo 75, Inciso 17 fue el instrumento legal que posibilitó a estos pueblos el resquicio necesario para sistematizar las luchas antes aisladas por la reivindicación de sus identidades y de sus derechos colectivos en lo que puede denominarse como ‘movimiento indígena’ el cual, en muchas comunidades, permitió la emergencia de mujeres como dirigentes de los mismos153. Éstas crearon espacios de reflexión sobre sus experiencias de exclusión como mujeres y como aborígenes, con plena conciencia de la erosión de diferente grado en sus identidades individuales, genéricas y colectivas producidas por falta de reconocimiento estatal y los altos niveles de prejuicio y discriminación por parte de la sociedad argentina en general. Lo inédito del proceso es que estas reuniones tuvieron cobertura en diarios de referencia nacional (Página/12, 5 de octubre de 2005). Hoy por hoy, con un largo camino por delante todavía, las líderes comunitarias consideran que uno de los obstáculos más fuertes en su lucha por la recuperación de la identidad se encuentra todavía entre sus mismos pares. Soy dirigente de los tiempos en que había que ir a la comunidad y explicarles lo que era el derecho indígena, lo que era la identidad. Todos decían: “Pero indios no hay, y si hay, hay
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Un análisis pormenorizado de estos procesos en la provincia de Salta se encuentra en el Capítulo 3, a cargo de Mónica Flores Klarik, Marcela Álvarez y Norma Naharro. También pueden leerse en el Capítulo 4, de Fernando Bustamante para el caso Wichí. 153 “Las organizaciones y las luchas indígenas se sostienen sobre el interés en afirmar la identidad a partir de aparecer en el escenario público como sujeto legítimo, de ser reconocidos como interlocutor para el Estado, de ser tenidos en cuenta por los gobiernos. La visibilidad, la búsqueda del poder de representarse a sí mismo frente a la sociedad, el poder de generar la propia comunicación, contar la propia historia ellos mismos frente al resto de la sociedad y poder discutir las políticas ante los poderes dominantes” (Bustamente: ibídem).

pocos”. /…/ “En Jujuy no hay indígenas, puede haber en el Chaco que están muy pobres pero en Jujuy no hay”. Natalia Sarapura, dirigente Kolla (2007: 153) ¿Cómo aceptar una identidad tan devaluada en el imaginario nacional? ¿Cómo luchar por la posibilidad de la autorrepresentación cuando la eficacia estigmatizadora de las imágenes legitimadas se sostenía en un espesor temporal cuyo origen se hunde en quinientos años de historia oficial? ¿Cómo reconocerse Wichí, Guaraní, Kolla, Qom si ellos mismos declaran que los fundadores de la Argentina dibujaron la tribu salvaje, al indio malo, al indio malón y al transmitir esos dibujos no [se les dio] la oportunidad de desmentirlos
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A estas dificultades se suman la ambigüedad y el valor de los roles femeninos dentro y fuera de sus comunidades. En general, las mujeres de los pueblos originarios ocupan lugares casi de igual importancia al de los hombres, lugares que surgen del reparto equitativo de tareas esenciales para la supervivencia del grupo familiar y de la comunidad. Sin embargo, el contacto aculturador con el ‘blanco’ trajo como consecuencia la incorporación de formas de machismo y violencia de género que no formaban parte de las tradiciones ancestrales. Todo el proceso de colonización ha atravesado a todos los pueblos originarios. Los valores del patriarcado están insertos en nuestras comunidades. /…/ En la cosmovisión original hubo una visión de complementariedad, dualidad y horizontalidad entre varones y mujeres pero hoy no lo vivimos así. Las mujeres de los pueblos originarios estamos afectadas por el machismo. Moira Millán (2007)155 La situación de frontera intercultural complica la interpretación de la emergencia de estas subjetividades femeninas, desde culturas y situaciones diversas. Cabe aclarar que la mujer Wichí, Qom, Guaraní, Kolla o Mapuche no ocupan idénticas jerarquías ni poseen los mismos roles en sus culturas de origen; tampoco el contacto con la cultura ‘blanca’ ha sido igual ni ha impactado sobre sus identidades de la misma manera; sin embargo, la emergencia de sus voces en el
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Lecko Zamora, Página/12, 2 de marzo de 2009. Es una de las voceras del Frente de Lucha Mapuche y Campesino de Chubut. Su testimonio fue publicado en Las 12 (Página12), 12 de Octubre de 2007.
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espacio público argentino tiene entre sus condiciones de posibilidad el surgimiento en los ’80 de las voces disidentes femeninas en el espacio público y, en otro plano, la impronta de la convergencia de las teorías feministas con el posestructuralismo (Cháneton: 2007) aunque la particularidad de los enclaves enunciativos de los discursos de mujeres aborígenes obliga a relocalizar las herramientas explicativas producidas desde esos paradigmas. Las líderes de los pueblos originarios son conscientes tanto de la particularidad de sus decires como del movimiento que los sostienen y califican esta experiencia como de una profunda soledad que, a la larga, las lleva a desmarcarse de sus categorías étnicas particulares para asumir una identidad de género marcada sólo por la pertenencia a su etnia sino a los pueblos originarios en general. En este caso, el compromiso pasa por defender los derechos aborígenes para que, todas y todos en pie de igualdad puedan luchar en contra de la pobreza, de la exclusión, de las situaciones de subordinación dentro y fuera de sus comunidades. Hay una soledad muy fuerte de las mujeres de los pueblos originarios que tenemos que llevar adelante no solamente la reafirmación de nuestra identidad, sino nuestra revalorización de ser mujeres. Moira Millán (ibídem) Aquellas quienes aceptaron el desafío, saben que la revalorización del género se enmarca en la lucha por la reconstrucción de sus pueblos y de sus derechos colectivos al territorio, a la lengua, a la gestión de los recursos naturales y de su propio desarrollo (Declaración del Primer Encuentro Provincial de Mujeres Indígenas, Jujuy, 2006). La tarea de recuperación y de reafirmación de estas identidades fue y sigue siendo muy difícil. Se trata, en primer término, de lograr la visibilidad necesaria para luego poder proponer saberes y narrativas otras, capaces de entramar horizontes representacionales y valores cuya diferencia suele ser radical a las lógicas nacionales pero también a las globales y neoliberales. Claro está, no son las únicas narrativas que, desde una de las múltiples fronteras de la cultura nacional, se disputan un lugar en la lucha por el poder de la representación. En boca de estas mujeres, sus comunidades de origen protagonizan junto a otros actores sociales las narraciones de la desposesión en el campo de los derechos ciudadanos de los

argentinos156. Se trata de individuos que son ciudadanos en la letra de la ley pero están absolutamente impedidos del ejercicio de sus derechos. De ahí que su visibilidad mediática esté ligada, en la mayoría de los casos, a las penurias que sufren por vivir, en muchos casos, en una pobreza extrema. No es de extrañar, entonces, que la palabra femenina e indígena, hecha sujeto y con toda la fuerza de verosimilización propia del testimonio, emerja plenamente en las notas periodísticas y en los libros con testimonios publicados en la segunda mitad del año 2007, luego de que se hiciera pública la muerte de los Qom en ese mismo escenario y después de que la Corte Suprema ordenara al Estado que tomara medidas para frenar lo que denominó como genocidio. No parece casualidad, si se recuerda que de las 16 muertes producidas ocho fueron que pudimos contabilizar, a pesar de las trabas que pone salud pública en el acceso a la información, ocho son mujeres”, como señala Rolando Núñez. La mujer es más vulnerable en las poblaciones indígenas. Ellas presentan un mayor cuadro de desnutrición que los varones porque son madres multíparas, de manera que el embarazo y la lactancia producen efectos devastadores sobre ellas, mucho más cuando la magra dieta que consumen, mayoritariamente, se compone de harina y grasa. También vimos cómo ceden sus porciones alimentarias en favor de sus niños de manera sustancial. Esto también aporta un factor determinante para los cuadros de desnutrición, malnutrición y anemia. Además, no cuentan con agua potable o apta para el consumo. Son extremadamente vulnerables”157. Con estas palabras se describe el femicidio que produce la pobreza a la que estas comunidades han estado condenadas por más de cien años de políticas estatales. Por su parte, las páginas web de numerosas ONG’s158 se encuentran imágenes de estas mujeres hechas pura piel y hueso que rememoran las del Holocausto nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Sólo que estas fotografías ya no registran imágenes de un pasado sino una situación insostenible e injustificable en la Argentina contemporánea. De la visibilidad a la toma de la palabra Entre medios y mediaciones Además de las condiciones que posibilitaron este proceso de visibilidad y toma de la palabra ya mencionadas en el primer acápite
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Me refiero a los excluidos del ejercicio de sus derechos de ciudadanía, tales como gente en situación de calle y/o con capacidades diferentes, desocupados, homosexuales, jóvenes y no tanto atrapados en las redes de trata de personas o de la violencia en sus múltiples formas. 157 Cfr. Así mueren los mansos, Informe Periodístico de TN antes mencionado. 158 Ver acápite siguiente.

también, merecen destacarse políticas oficiales de respeto por la diferencia cultural, tales como las que lleva a cabo la Secretaría de Cultura de la Nación desde el 2005 o las provenientes de instituciones nacionales (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo -INADI, Consejo Nacional de la Mujer Indígena) y provinciales (Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta –IPPIS, Instituto del Aborigen Chaqueño -IDACH); también es importante el trabajo realizado el marco de centros de investigación de organizaciones civiles (Centro Nelson Mandela) o universitarias (Centro Paco Urondo de la UBA, Centro Promocional de Investigaciones Históricas y Antropológicas de la UNSa), entre muchas otras. Iniciativas surgidas a partir de estas políticas hicieron posible aperturas musicales como las de Tonolec –música toba de fusión-, la publicación de textos de lectura bilingües para chicos (GuaraníEspañol, )159 que revalorizan las identidades originarias, como así también de libros con testimonios, leyendas e historias de estos pueblos. Entre éstos, merecen destacarse dos publicaciones realizadas con fondos estatales que constituyen un hito entre la escritura testimonial femenina y aborigen: El anuncio de los pájaros (Salta: 2005)160 y Mujeres dirigentes indígenas. Relatos e historias de vida (Buenos Aires: 2007) 161. Finalmente, resulta imprescindible mencionar la labor comunicacional que llevan a cabo fundaciones y redes comunitarias que cuentan con apoyo de alguna entidad religiosa nacional o internacional (ENDEPA, ASOCIANA, Red de Comunicación Indígena, entre las más conocidas), organizaciones de autogestión aborigen (Centro de Documentación Mapuche, Fundación Walter León, Consejo Nacional de la Mujer Indígena, entre otras) o que tienen intereses
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Puede citarse la colección para chicos de la Editorial Sudamericana que contienen una revalorización de la historia de los wichís, tobas y mapuches y manuales publicados por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación como Un libro para chicos. TE CONTAMOS SOBRE NOSOTROS. Narraciones de Niños Aborígenes Salteños. 160 Es una publicación conjunta del Ministerio de Desarrollo Social, el Instituto de Asuntos Indígenas y los Talleres de Memoria Étnica coordinados por la antropóloga Leda Kantor en el Departamento de San Martín (Salta). Tanto los talleres como la publicación contaron con el apoyo de Liliana Lizondo y de Norma Naharro, docentes-investigadoras de la Sede Tartagal y de la Sede Central de la Universidad Nacional de Salta. En él se recogen relatos, leyendas y testimonios de mujeres pertenecientes a siete etnias chaqueñas. Se trata de una cuidada edición que incluye ilustraciones de dos artistas Wichís de Misión Chaqueña (Salta). 161 La publicación Cultura ciudadana y diversidad. Mujeres dirigentes indígenas. Relatos e historias de vida permitió la circulación de los testimonios de mujeres aborígenes en el circuito educativo y académico de la Argentina y fue publicado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación (Buenos Aires: 2007). Contiene los testimonios de doce líderes pertenecientes a los Wichí, Huarpe, Guaraní, Mapuche, Pielagá, Qom, Ranquel, Mocoví y Ava Guaraní. Si bien en todos los casos, el relato íntimo sirve de pretexto para registrar la historia de sus comunidades y se utilizan estrategias afines con las que acá se analizan, la riqueza de estos textos requiere de una reflexión que excede los estrechos límites de la presente ponencia.

comunes con estas comunidades (MoCaSe, Fundación Foro de la Tierra, FUNDAPAZ, por citar algunas). Todas ellas cumplen el rol de mediadores que promocionan y representan a los grupos aborígenes frente a la sociedad argentina. La mayoría funcionan como agencias informativas y hacen llegar los partes de prensa a medios tradicionales y alternativos con mayor o menor suerte. Asimismo, cuentan con boletines, periódicos y/o páginas web donde puede encontrarse información sobre estos pueblos desde una perspectiva que pretende ser aborigen. Como es de esperar, la audibilidad de las narrativas que aquí interesan depende del tipo de mediación que cada una otorga a las voces femeninas ya que estas agencias –como los medios masivosenmarcan, recortan y traducen, dejando emerger con mayor o menor fidelidad sus relatos. Las condiciones hasta aquí enunciadas han permitido un progresivo ingreso de los pueblos originarios a la producción de narrativas mediáticas, poderosos dispositivos de subjetivación. Los medios masivos en general y la prensa gráfica en particular les prestan protagonismo por diversos motivos, sin salir de sus lógicas mercantiles. La mayoría de las veces, las noticias sobre aborígenes ocupan las primeras planas cuando protagonizan hechos con ribetes sensacionalistas –como, por ejemplo, el caso de la chica Wichí entre el año 2006 a 2008 (Cebrelli: opus cit.)- o trágicos, como las muertes por hambre que, desde el año 2002 a la fecha, aparecen con mayor o menor repercusión en diarios de referencia nacional y/o local (Cebrelli / Arancibia: 2008). En estos casos, los pueblos originarios se transforman en objeto de discurso pues se cuentan historias sobre ellos y, rara vez, le dan lugar a la palabra salvo en forma de voz citada. Mucho más respetuosos de la palabra aborigen resultan los medios cuando la ocasión se da en el marco de luchas reivindicatorias. A veces, se debe a su participación en movimientos sociales más amplios, tales como los levantamientos de CutralCó y Plaza Huincul (1996/1997), los cortes en la Ruta 38 iniciados en 1997 hasta la fecha, las asambleas surgidas entre el 2001 y 2002. En otras ocasiones, cuando organizan marchas a las capitales provinciales (Segundo Malón de la Paz en Jujuy, 2006), cortes y movilizaciones en defensa de sus derechos sobre la tierra o para exigir que paren los desmontes.

No por casualidad, en la mayoría de los artículos revisados 162 se privilegia la nota, tal vez el más híbrido de los géneros informativos. Lo interesante es que todas comienzan utilizando retóricas propias del discurso de la información –uso de la tercera persona, de variadas modalidades de voz citada, predominio de la narración con inserción de secuencias narrativas y argumentativas. Sorpresivamente, la enunciación embraga en un juego de preguntas y respuestas, transformándose en una entrevista y, como en un estallido, surge la palabra aborigen, femenina y plural hilando una historia que tiene la cualidad de vincular el lenguaje con la vida tanto propia como de su comunidad. La hibridez genérica da cuenta de la situación de frontera cultural antes aludida: la escritura también se da en un entregéneros, entre-voces, entre-etnias, instituyéndose en mediación, travesía e interpelación desde múltiples e ignotas memorias colectivas a la memoria oficial (Ortiz: 2000)163. Visibilidad(es) Desde el año 2001 a la fecha164, Página/12 –por ejemplo165- ha ido aumentando el número y la frecuencia de publicación de artículos con noticias sobre los pueblos originarios por lo que resulta el diario de referencia nacional más apropiado para observar el proceso aludido. Uno de los indicadores del aumento de visibilidad mediática es el paso de la cita a la entrevista en los modos de registro de la voz
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Se revisaron los archivos de Página /12 desde el año 2002 a la fecha. Se construyó un corpus de más de veinte artículos sobre los aborígenes, privilegiando los que registraban la voz de mujeres pertenecientes a los pueblos originarios del Gran Chaco y del Noroeste argentino, sobre cuyas representaciones y su espesor temporal vengo investigando desde hace unos años (Cebrelli: 2008 c). El recorte se realizó con la idea de contrastarlos a futuro con la producción sobre el mismo tema realizada desde el año 2004 a la fecha por Nuevo Diario. El diario chiquito de Salta. Cabe aclarar que se trata de un matutino de clasificados sin una línea editorial muy clara; sin embargo, publica noticias cada dos o tres días sobre los pueblos originarios salteños y jujeños las cuales muestran un claro compromiso con la diversidad cultural y de género. Un avance de esta línea de indagación puede leerse en dos trabajos anteriores de mi autoría (Cebrelli: 2008 a y b). 163 Mientras la memoria colectiva responde al orden de la vivencia, la memoria nacional se refiere a una historia que trasciende los sujetos y no se concreta en las cotidianeidades. La primera fija los recuerdos de sus propios portadores y su olvido es fruto del desmembramiento del grupo. La segunda trasciende las divisiones sociales, es del orden de la ideología e integra un campo de poder (Ortiz: 2000). 164 Se ha tomado como criterio de corte el año 2001. En los relevamientos realizados en el archivo virtual del diario Página /12 no se han encontrado artículos anteriores significativos para este trabajo. Es muy evidente el incremento de la cantidad a partir del año 2004 en relación a los reclamos territoriales y, posteriormente al 2007, a partir de la muerte de los Qom en el Impenetrable, sobre diversas cuestiones, tales como escuelas bi y trilingües, vivienda, reclamos territoriales y diversas acciones orientadas a frenar el desmonte. La cobertura mediática de la muerte por hambre de los Qom fue analizada en artículos anteriores en co-autoría (Cebrelli y Arancibia: 2007 y 2008). La visibilización de la muerte de los niños Wichís se viene siguiendo desde el año 2008 (Cebrelli: 2007 y 2008). Un abordaje antropológico de este problema se encuentra en el citado capítulo de Flores Klarik et al. 165 Un análisis contrastivo del proceso en Clarín, Página12 y La Nación puede leerse en “Fronteras invisibles. El caso de los pueblos originarios argentinos”, Conferencia Plenaria, XIII Congreso de RedCom, Targagal, 2011 (en prensa).

indígena. Aquí es importante recordar que la entrevista es la variable mediática de la biografía y, por lo mismo, constituye un medio invaluable para dar a conocer historias de vida y resguardar, a la vez, la autenticidad de las palabras dichas (Arfuch: ibídem, Klein: 2008). La nota elegida para iniciar el seguimiento del proceso de visibilización citado es de abril del 2002 y se titula “Vida de Wichís”. Registra la visita de la por entonces primera dama, Chiche Duhalde, a la localidad de “El Sauzalito”, último pueblo del Impenetrable chaqueño. El relato comienza desde la ruta, perspectiva ajena al territorio, que da cuenta del uso de la focalización externa. El estilo indirecto y el verbo dicendi –dicen sus habitantes- sumados a un evidente proceso de traducción y estilización de la voz del otro destaca aún más el hiato existente entre una y otra cultura. Visto desde la ruta, el Impenetrable chaqueño es una muralla verde y polvorienta. Un océano de vegetación que crece sobre la tierra reseca, donde casi nunca llueve. Cuando sopla el viento norte, el aire se transforma en una niebla blanca, áspera, hecha de polvo /…/ El Impenetrable no se ajusta a la descripción tradicional de una selva, sino que parece más bien un monte árido, interminable. En él, dicen sus habitantes, todavía hay extensiones vírgenes, nunca pisadas por el hombre. 166 Idéntica distancia se lee entre una voz enunciativa que deja entrever un sujeto que hace un esfuerzo de traducción – se notó que- y de reacentuación de las representaciones más disfóricas de los aborígenes, tradicionalmente relacionadas con anomia y con el analfabetismo. Por lo mismo, a lo largo de toda la narración se insiste en el contacto de los Wichís con la escuela – por lo que quedó escrito en el pizarrón, los chicos habían estado repasando la letra Ch- y con la escritura -cada comunidad entregó cartas relatando su situación y reclamando lo urgente, y algunos hicieron firmes copias de esos pedidos. La focalización del relato pasa paulatinamente de externa a interna al referir la situación de extrema pobreza de los Wichís de una comunidad más aislada. Pese al uso de comillas de distanciamiento para la cita de la voz ajena, el uso del discurso coloquial y la utilización de diminutivos acorta la diferencia entre una y otra cultura, con la finalidad de provocar un impacto emotivo, acorde con la situación de desamparo aludida.
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Cfr. “La tribu que visitó Chiche Duhalde. VIDA DE WICHIS”, El País, Página /12, domingo 26 de mayo de 2002. En todos los casos la negrita es mía.

De Fuerte Esperanza es también Viviana Pereira, 29 años, integrante de la comunidad wichi167. La mujer viajó los 100 kilómetros que separan su paraje de El Sauzalito para acercar un reclamo por los planes Jefes y Jefas de Hogar, ya que “de 500 solicitudes sólo 100 personas recibieron el subsidio”. Para la joven, madre de cuatro hijos, el principal problema es la falta de trabajo, “que nos tiene comiendo pescaditos y pájaros”. En el lugar, dice, ni siquiera tienen una huerta por falta de semillas. Beben agua del río ubicado a mil metros. No hay electricidad, ni teléfono, ni vehículos para moverse en caso de enfermedad. La última muerte en su comunidad se produjo el mes pasado: fue un bebé de cuatro meses; lo enterraron sin saber siquiera por cuál enfermedad lo habían perdido. Interesa destacar que, aunque citada y finalmente apropiada por el enunciador, emerge un sujeto a la vez femenino y plural – nos tienen comiendo pescaditos y pájaros. En este punto, cabe recordar que los wichis son tradicionalmente un pueblo de cazadores y recolectores. El argumento deja entrever una de las tretas de débil: la capacidad de resignificar el lugar que se le ha dado para, en este caso, obtener más cantidad de subsidios de un gobierno indiferente; sin embargo, es la voz delatora y crítica del sujeto de la enunciación, voz legitimada por un enclave enunciativo mediático, la que sostiene el argumento más fuerte: la comunidad carece de los requerimientos mínimos para su subsistencia y esta situación impacta en la muerte de un niño. La voz femenina asume la de los suyos y en ella se reconoce la de una líder, cabezante-mujer –niyát atshina, en tanto tiene la responsabilidad de buscar los alimentos necesarios para repartir, proteger y beneficiar a su entorno doméstico (Palmer: ibídem y Cruz de la: s/d). Claro está, nada de esto puede ser interpretado por el lector común, ignorante de la vida y de las tradiciones de estas culturas; sin embargo, y más allá de las traducciones y mediaciones a la que ha sido sometida la palabra de Viviana, una alteridad irreductible se lee detrás de estas representaciones de los Wichís y de su territorio: esa diferencia, hecha sujeto y con toda la fuerza de verosimilización propia del testimonio, emerge plenamente en las notas escritas en la segunda mitad del año 2007, luego de que se hiciera pública la muerte de los Qom en ese mismo escenario y después de que la Corte Suprema ordenara al Estado que tomara medidas para frenar el genocidio.
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La vacilación ortográfica entre Wichí y wichi es una marca más del funcionamiento de frontera ya aludido.

Retóricas de un yo plural ¿Cómo dicen la palabra propia y, a la vez, las de su tribu estas voces femeninas? ¿Cómo traducen la palabra doblemente ajena –por el género, por la etnia- para hacerla comprensible sin traicionarse ellas mismas o a la memoria de su colectividad? La estrategia pasa por la asunción de un yo como forma de anclaje de una realidad otra para, desde ahí, abrir el juego de la responsividad (Bajtín: 1982) e interpelar así al enunciatario. El desdoblamiento de la imagen sí misma en un pasado y un presente, característico de la biografía –en este caso, entre un presente militante y una infancia casi ingenua- colabora en la construcción de la verdad referencial del relato de vida. En el marco de esta segunda modernidad, este tipo de estrategias narrativas ingresan en la lógica celebratoria y desideologizada de la diferencia y de la hibridación; sin embargo, ese yo descentrado y fronterizo está muy lejos de esa matriz y, por lo mismo, se inscribe en el discurso mediático sólo para quebrar y rearticular los campos de interlocución hasta ahora instituidos. “Mi papá está en lachugue”, decía Elizabet González y decía río. “Mi papá está en aviaqu”, decía ella y decía monte. Pero Elizabet no sabía ni decía monte ni río a sus ocho años, antes de ir a la escuela. Hoy tiene treinta y nueve, pero habla con Las 12 y aunque su hablar fluye ella explica que traduce de su pensamiento originario al castellano, tan traducido como el nombre toba que ella denuncia impuesto y que define qom. (Página 12, 12 de octubre de 2007). La extensa nota de tapa arranca con la cita de la palabra diglósica y doblemente ajena. El dicendi marca una separación que, en este caso, no implica una jerarquía entre el lugar de enunciación y el del sujeto del enunciado. De este modo, el discurso construye un campo de interlocución otro, en el cual el derecho de ciudadanía se entiende como el derecho a la palabra. Esto explica el paso de la nota a la entrevista y que el espacio cedido a la palabra ajena sea cada vez más amplio. “Nosotros respetamos a la sociedad, pero también en las escuelas se debería conocer más de nosotros. Yo aprendí francés en el Chaco. ¿Por qué no se puede empezar a enseñar toba en las escuelas o universidades? Para hablar con vos yo tengo que pensar en mi idioma y traducirlo. También puede ser al revés ¿no?” (Página/ 12, ibídem).

Cuando la cita se transforma en testimonio, las estrategias y retóricas de los géneros biográficos dejan emerger la subjetividad antes reprimida. La interpelación se hace al fin explícita e ingresa una lógica del mundo al revés, capaz de proponer un cambio efectivo en las prácticas culturales más legitimadas y que tradicionalmente tuvieron alta eficacia reproductiva: las de la escuela y de la universidad. Detrás del yo que insiste en inscribir su autobiografía, emerge un nosotros fuertemente inclusivo. Atravesando las fronteras de las lenguas, culturas y memorias en contacto, la responsividad instituida por el discurso del yo permite la expansión máxima de ese nosotros que ya no sólo incluye en pie de igualdad a hombres y mujeres de los pueblos originarios, sino también a sus interlocutores, es decir, al resto de los ciudadanos argentinos. Se trata, sin lugar a dudas, de una toma de la palabra (De Certeau: 2005) a la vez individual y colectiva en una situación de frontera cultural. Dar (y tomar) la palabra no implica sólo acceder o ejecutar el acto decimonónico de la escritura, sino también relacionarse con y apropiarse de retóricas y estrategias de la cultura dominante, de formas y repertorios narrativos con eficacia política: ingresar la palabra en los medios, hacerse oír pero a la vez entender y entender(se) como un lenguaraz capaz de ejecutar múltiples procesos de traducción entre lenguas y culturas disímiles pero también, de un universo mayoritariamente oral a otro en el que funcionan sistemas escriturarios múltiples, de una cosmovisión femenina e indígena a otra todavía patriarcal y, todo ello, en el marco de una apropiación inicial: asumirse como portavoz legítima de toda una comunidad, de sus necesidades y reclamos pero también de una memoria colectiva capaz de recuperar tramos de la historia nacional absolutamente desconocidos para el resto de los argentinos. Para encontrar la palabra plena de estas mujeres es necesario salir de la lógica mercantil de los medios masivos e ingresar en el campo de la comunicación comunitaria. El Boletín de la Red de Comunicación Indígena tiene entre sus objetivos informar sobre las noticias de los pueblos originarios. No es de extrañar que en sus páginas se encuentren las voces de hombres y mujeres que, si bien mantienen las características de una escritura de frontera, han sido mucho menos manipuladas, mediadas y recortadas. A propósito de la conmemoración de la última dictadura militar, el boletín registra el testimonio de Ofelia Morales, una maestra bilingüe del pueblo qom. El fragmento que sigue arranca con una historia de un yo que la sitúa en un pasado –en ese momento- sólo

para darle a la narración el peso documental de ‘lo visto y oído’ pues casi inmediatamente desembraga para que el discurso se focalice en el relato de las experiencias colectivas. En ese momento, yo vivía con nuestro pueblo Qom de Chaco, yo era muy niña todavía. Y, sí, hemos sufrido la persecución de nuestros líderes antecesores /…/ En ese tiempo había asociaciones civiles de hermanos de colonias /…/Eso se logró gracias a un maestro campesino que acompañó a las grandes comunidades del Chaco [para conseguir] el desarrollo agropecuario y en el golpe militar a este hermano lo habían asesinado en ese tiempo y apresaron a los hermanos dirigentes (Boletín de la Red de Comunicación Indígena, abril de 2008168). Reconstruido como narración, el testimonio mantiene todavía las huellas del diálogo que le diera origen – y, sí, hemos sufridoregistro de la particular situación comunicativa en la que se ha producido y que implica la mediación de un interlocutor cuyas preguntas, elididas, orientaron y dieron inteligibilidad a una narración que ya se ha vuelto comunitaria. El desembrague temporal y actancial señala el inicio de la versión chaqueña y aborigen de una de las páginas más dolorosas de la historia argentina. El discurso avanza e identifica esa época con el [último] golpe militar. En lo no dicho se instaura una equivalencia entre desaparecidos y pueblos originarios, equivalencia que permite preguntarse si, como muchos intelectuales han señalado, los indios no fueron los primeros desaparecidos de la historia argentina, con todo el peso de violencia y conspiración de silencio que tal estatus implica (Viñas: 1983). Puedo recordar algunos nombres de los que estuvieron presos: Marcelo González del Pueblo Qom, Fermín García, Fermín Cáceres y Romildo, son del pueblo Charrúa. Ellos estuvieron presos durante meses y después recuperaron su libertad porque no encontraron antecedentes. Y los demás que sufrieron persecuciones se escondían en los montes, los dirigentes máximos nuestros, que eran como cinco o seis en nuestra provincia (ibídem). El embrague construye en el discurso la imagen de un sujeto cuya competencia depende de su capacidad de recordar, de conservar la memoria de los nombres de sus propios héroes. A la vez, emerge la representación de una identidad aborigen
168

Se titula “Testimonio mujer qom: historia de las luchas. OFELIA MORALES. DOCENTE TITULAR BILINGÜE DEL PUEBLO QOM”.

reacentuada en tanto atribuye a sus líderes virtudes que resultan la inversión de las que tradicionalmente la historia oficial negó a estos pueblos: una capacidad superior de raciocinio, de diálogo y de convivencia pacífica. Llegaban los automóviles de las autoridades. Decían que eran militares o que eran autoridades, pero llegaban a altas horas de la noche. Eso fue muy, muy nefasto para nuestra gente porque no se entendía por qué llegaban a esa hora…. Pero los dirigentes nuestros eran más intelectuales y estratégicos en el diálogo y pacíficos siempre (opus cit.). El hecho de destacar la imposibilidad de los aborígenes para comprender la irracionalidad de los actos represivos – no se entendía por qué llegaban a esa hora- produce un efecto de extrañamiento que ahonda aún más la oposición instaurada entre militares y nuestra gente, atribuyendo a cada representación valores que resultan la inversión absoluta de las entramadas por la memoria oficial desde la época de la Campaña del Desierto. El espacio de inversión así instituido verosimiliza el relato del saqueo realizado por el ejército y, a la vez, otorga legitimidad a la resistencia entablada por sus líderes. [Algunas organizaciones] fueron algunas saqueadas y nuestros hermanos, padres, abuelos, tíos que estaban en la lucha se preparaban a la noche para defender sus organizaciones, porque tenían galpones de depósito de toda la siembra y de todo lo que había, por ejemplo maquinarias, muchas cosas tenían, como maquinarias agrícolas, eran bastante trabajadores (op. cit.). Nuevamente, la cita deja traslucir la operatoria de reacentuación aunque parcial del universo representacional oficial (/indio vago/ vs. /nuestros padres eran bastante trabajadores/). El uso del adverbio bastante da cuenta de un trabajo todavía incompleto de revalorización de la identidad, todavía contaminada por la disforia producida por la historia oficial del país. Cuando empezó la democracia en el año 1982, empezaron a reorganizarse las comunidades dentro de todo el pueblo chaqueño. Ahora, los tres pueblos originarios del Chaco nos hemos reorganizado después de tantos años de estar callados. /…/ En fin, todos los pueblos originarios de cada provincia empezaron a hablar, a decir, a reclamar, a exigir sus derechos como canta la Constitución Nacional, porque la Constitución nos da derecho a ser habitante de Argentina y

tendría que brindarnos Constitución Nacional.

los

privilegios

como

describe

la

El embrague temporal (ahora) y actancial (nosotros) pone en evidencia la emergencia de un colectivo de identificación amplio – los tres pueblos originarios del Chaco - que no sólo es de naturaleza discursiva sino que se asienta en una praxis liberadora de naturaleza empírica –nos hemos reorganizado después de estar callados. Pese al desembrague que sigue, resulta evidente la irrupción de una pasión legible en el uso de la enumeración que constituyen etapas de la lucha –empezaron a hablar, a decir, a reclamar a exigir-, pasión que explica la excesiva repetición de lexemas y ciertas vacilaciones sintácticas, fruto de las traducciones a las que este testimonio ha sido sometido: de la oralidad a la escritura, de la entrevista al relato, de la lengua Qom al español. Las palabras de Ofelia funcionan, además, como un alegato a sus pares para recordarles que este relato legitima la lucha por sus derechos de ciudadanía asegurados por la Carta Magna. La recurrente alusión a la Constitución Nacional destaca el hecho de que, si bien este instrumento legal reconoce a los integrantes de estos pueblos como individuos de juri, de ellos y de su lucha depende la posibilidad de transformarse en individuo de facto, es decir, en ciudadanos capaces de ejercer sus derechos en igualdad de condiciones con los del resto del país. Crecí en ese debate, después de los años de la dictadura, en mi estudio secundario y entonces me metí en la dirigencia para poder saber que dice la ley. Por ello, en la elaboración de las leyes estuve acompañando a mis antecesores más que nada porque muchos ya son fallecidos. Ellos pensaban que sus nietos, sus bisnietos protagonizaran esta lucha. La imagen del yo y su autobiografía reaparece al final sólo para asumir frente a los suyos el liderazgo a partir de un recorrido que pretende ser paradigmático: crecer en el debate, estudiar, dirigir, participar en la elaboración de las leyes que los rigen, entramando esta asunción de la ciudadanía en la propia memoria como única dimensión de futuridad posible. Fotos movidas y sujetos migrantes Hasta aquí se ha visto el modo en que estos discursos femeninos ingresan en las narrativas mediáticas para resignificar algunas de las representaciones nodales, en particular las de nación y ciudadanía, y para interpelar las identidades instituidas proponiendo

nuevas imágenes de los pueblos aborígenes, de su historia y de sus territorios. Resulta interesante cerrar estas reflexiones con una imagen desconocida del país, visto desde una de las fronteras más extrema del territorio nacional. Isabel Condorí, una dirigente kolla y una de las mujeres elegidas por la Secretaría de Cultura para contar su historia, interpela la hegemonía al develar que las imágenes en circulación sobre la argentinidad, el interior, los migrantes de países limítrofes y los pueblos originarios se sostienen sobre estereotipos lábiles e imprecisos cuya eficacia se explica en la larga historia de discriminación y racismo a la que ya se ha aludido. A los que somos del norte nos llaman bolivianos, a los guaraníes les dicen paraguayos, a los mapuches les dicen chilenos. ¿Entonces nadie es argentino? /…/Sí, la verdad es que los argentinos son los que vinieron en los barcos porque cuando estábamos nosotros éramos los mapuches, los diaguitas, las naciones originarias. Por eso los argentinos no sienten nada de orgullo por la identidad originaria (Página /12, opus cit.). La ambigüedad de las representaciones identitarias mencionadas puede entenderse además como un efecto del funcionamiento semiótico de la situación de frontera en la que la mayoría de los argentinos colocamos a quienes no coinciden con el estereotipo desmarcado étnicamente de ciudadano: bolivianos, paraguayos, peruanos, chilenos, norteños o indígenas. Cabe aclarar que una frontera cultural se genera en y por las interacciones de los sujetos sociales que la habitan y es percibida como un espacio de entrecruzamientos y contactos muchas veces conflictivos. Las instancias dialógicas suelen caracterizarse por el desencuentro comunicativo ya que uno de los interlocutores o aquel que es referido por el discurso provienen de universos socioculturales disímiles y heterogéneos. Se construyen así, dentro de marcos geopolíticos más amplios como el de estado, espacios culturales marginales o “intermedios”, cuyas regulaciones son inestables y son entendidas como transgresiones a la hegemonía pero, por lo mismo, exigen de sus interlocutores una competencia comunicativa específica y difícil de alcanzar que requiere de las habilidades de un lenguaraz propias de un migrante: un conocimiento cabal de las lenguas en contacto pero también de las normas no explícitas que regulan la comunicación de uno y otro lado. La lectura de estos testimonios de mujeres originarias permite afirmar que la migrancia se transforma en la condición de necesidad para que la inteligibilidad de estas narraciones sea posible. Elisabet

González es una maestra que maneja, según su propio relato, tres lenguas (qom, español y francés), Isabel Condorí es una destacada artesana que vive en Buenos Aires y es coordinadora del Consejo Nacional de la Mujer y Ofelia González también es maestra bilingüe. Cada una de ellas conoce la cultura dominante y sus lenguajes casi tan bien como la propia. Al contrastarlos con los relatos autobiográficos registrados en Mujeres dirigentes indígenas (2007) resulta evidente que la posibilidad de ser escuchadas en una y otra cultura es el resultado de una vida trashumante cuya protagonista parte de una infancia dentro de una comunidad o una familia aborigen para trasladarse a una ciudad donde se aprende a vivir consigo y con los otros, a respetar(se) y a luchar por el derecho a la diferencia. La ‘vuelta’ al terruño significa la asunción de un rol de liderazgo en el movimiento por la reivindicación de las identidades y de los derechos colectivos. En cada una de estas narraciones se construyen una variedad de espacios socio-culturales y prácticas disímiles que remiten al funcionamiento de tiempos asincrónicos cuya única articulación es el relato de migrancia que coincide con el de la propia vida. El sujeto que emerge es descentrado, dual, contradictorio. Como dice Natalia Sarapura, dirigente Kolla, para estas mujeres la dualidad es parte de la realidad (2007: 152). Sus testimonios demuestran que estar en la frontera también puede significar ‘estar en el medio’, en un territorio de travesías incesantes, un lugar que obliga a quienes la transitan a comunicarse utilizando más de un código, más de una lengua, más de un sistema de valores. Obliga a unos y a otros a realizar permanentemente un ejercicio de traducción en el que sólo se puede entender si se está dispuesto a perder parte del sentido, si se es capaz de escuchar palabras y comprender representaciones sabiendo que el mundo traducido será siempre incompleto, producto de un espacio en-medio, de una escucha y de un afecto en-medio pues la traducción sólo pone mundos representacionales, raigalmente ajenos en un contacto que es insuficiente para producir sentidos acabados; sin embargo, esta interlocución incompleta y precaria constituye el gran desafío no sólo para los aborígenes sino también para el resto de los argentinos si es cierto que se pretende asumir, al fin, una ciudadanía pluricultural y pluriétnica y, por lo mismo, la construcción de una Argentina realmente democrática. Los testimonios aquí analizados posibilitan inaugurar nuevas articulaciones entre las diversas culturas que abarca la nación, creando los referentes necesarios para hacer vacilar las representaciones cristalizadas de una argentina homogénea. Como

en una foto movida, la vacilación devela el carácter constructivo de las representaciones sobre los pueblos originarios (siempre estigmáticas y denigrantes) y deja entrever, imágenes alternativas capaces de mostrar sus formas de ser, hacer y decir. Las voces y relatos de estas mujeres inician, además, un proceso de reivindicación que coloca los saberes de estos pueblos el mismo rango de los del ciudadano ‘blanco’, otorgándoles un poder orientador y legitimador similar más allá de su diferencia radical. Y es aquí donde se hace necesario mencionar una de las preguntas que orientó estas reflexiones: la pregunta por los sujetos, por la construcción de subjetividades diversas, abiertas a las identificaciones múltiples y hacia todas las posibilidades de otredad y diferencia. En esta modernidad que parece disolver las certezas, se hace indispensable repensar en la necesidad de que existan individuos capaces de asumirse en la praxis y en el discurso como un lugar dinámico y contingente pero anclado en la historia y que, por lo mismo, permita reinventar una noción más inclusiva de ciudadano. Se trata no sólo de reconocer y legitimar la emergencia de estos nuevos enclaves enunciativo que ponen en discurso las voces y los relatos de sujetos emergentes sino también de acompañar y/o proponer políticas nacionales y locales que aseguren la asunción –no sólo jurídica sino y sobre todo pragmática- de una ciudadanía plena e inclusiva de la diversidad y de la diferencia.

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CAPÍTULO V VISIONES, DISCURSOS Y PRÁCTICAS DURANTE EL PROCESO DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL DE LOS BOSQUES NATIVOS EN SALTA

Lucas Seghezzo169, José N. Volante170, José Paruelo171, Daniel J. Somma172, E. Catalina Buliubasich173, Héctor Rodríguez174, Sandra Gagnon175 y Marc Hufty176

Resumen La expansión de la agricultura puede considerarse una de las principales fuerzas impulsoras de los procesos de cambio de uso del suelo en el Norte argentino. Gran parte del crecimiento del sector agrícola en los últimos años puede atribuirse al cultivo de soja genéticamente modificada. En la provincia de Salta, este crecimiento se ha hecho, generalmente, a expensas de los bosques nativos con lo
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Lucas Seghezzo es Investigador Adjunto del CONICET-Argentina. Lic. en Recursos Naturales de la Universidad Nacional de Salta (UNSa). Master y Doctor en Ciencias Ambientales de la Universidad de Wageningen (Holanda). Dirección: Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional (INENCO) de la UNSa. 170 José N. Volante es investigador en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Salta, Argentina. Lic. en Recursos Naturales de la UNSa y está en la etapa final de su Doctorado sobre los impactos ambientales de la deforestación en el noroeste argentino. 171 José M. Paruelo es Prof. en la Fac. de Agronomía de la UBA e Investigador Principal del CONICET. Ingeniero Agrónomo con un Doctorado en ecología de pasturas. Director del programa de Ciencias Ambientales de la UBA y miembro del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección (LART) de la Facultad de Agronomía y del IFEVA. 172 Daniel J. Somma trabaja para la Administración Nacional de Parques Nacionales (APN). Actualmente investigador del INTA, en la estación Delta, Campana, Argentina. Master y Doctor en Sistemas de Información Geográfica (SIG) de la Universidad de Wageningen (Holanda). 173 E. Catalina Buliubasich es Antropóloga y Doctora en Antropología por la Universidad de Sevilla, España. Investigadora del Centro Promocional de Investigaciones en Historia y Antropología (CEPIHA) de la UNSa. Fue Decana de la Facultad de Humanidades de la UNSa. 174 Héctor E. Rodríguez es Antropólogo, y fue Profesor e Investigador de la Facultad de Humanidades de la UNSa. Es miembro y ex director del CEPIHA. Estuvo a cargo de la Escuela de Antropología y ocupó diversos cargos administrativos en la UNSa. 175 Sandra Gagnon es estudiante de Doctorado en el Graduate Institute of International and Development Studies de Ginebra, Suiza. Tiene un Master en Estudios del Desarrollo de ese Instituto y un Master en Biología de la Universidad de Quebec en Montreal, Canadá. 176 Marc Hufty es Profesor en el Graduate Institute of International and Development Studies de Ginebra, Suiza. Tiene un Doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Ginebra.

cual se ha puesto en riesgo su alta diversidad cultural y biológica. En noviembre de 2007, el Congreso argentino aprobó la Ley Nacional 26.331 conocida como la “Ley de Bosques”. Esta ley, concebida como una manera de reducir y controlar la deforestación de los bosques nativos del país, estableció que las provincias debían poner en marcha procesos participativos de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (OTBN). En este artículo se describe el proceso de OTBN llevado a cabo en la provincia de Salta y se discute hasta qué punto las diferentes visiones de lo que significa el “desarrollo” influyeron sobre el resultado final. Se realiza una descripción contextualizada de las prácticas concretas de algunos actores intervinientes en el proceso con el objeto de entender las visiones de desarrollo subyacentes, las cuales son raramente explicitadas con claridad en los discursos sectoriales. Se discute también la importancia de un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) en el cual, a instancias de un grupo de pueblos originarios y pobladores criollos, se ordenó la suspensión de la tala y los desmontes en cuatro departamentos de la provincia de Salta. Este fallo obligó a un reacomodamiento de los discursos y las acciones del gobierno y del sector agropecuario aunque, como argumentamos en este trabajo, las visiones de fondo siguieron obedeciendo a un paradigma desarrollista de tipo exportador. Palabras clave Argentina, deforestación, visiones de desarrollo, ordenamiento territorial de los bosques nativos, Salta. Introducción Este trabajo describe y analiza el proceso de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (OTBN) que se llevó a cabo en Salta, Argentina, para cumplir con lo exigido por la Ley Nacional 26.331, conocida como “la Ley de Bosques” 1. Nuestro principal argumento es que las diferentes, y muchas veces antagónicas, visiones de lo que significa el “desarrollo” influyeron significativamente en el resultado del OTBN. Estas visiones fueron defendidas de manera abierta o velada por los distintos actores y grupos de interés que participaron del proceso. Como herramienta de análisis, proponemos que una descripción contextualizada de las prácticas concretas de los actores, en un marco temporal de mediano
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Este trabajo se basa en una presentación realizada en el seminario “Luchas sociales, transformaciones del trabajo y de los medios de subsistencia” que tuvo lugar en la Universidad Nacional de Salta en diciembre de 2009. Una parte del mismo ha sido enviada para su publicación a una revista científica internacional.

o largo plazo, es más reveladora de las visiones subyacentes que los discursos que los actores articulan en la arena del conflicto para hacer prevalecer sus intereses sectoriales. Nos concentraremos principalmente en los discursos y prácticas del gobierno provincial y, en menor medida, en los del sector agropecuario, ya que consideramos que estos dos sectores fueron los actores más poderosos durante el proceso de OTBN en Salta. Como mostramos en el trabajo, la influencia de estos dos grupos fue parcialmente contrarrestada por una intervención crucial de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) la cual, en un fallo sin precedentes, dictaminó la suspensión de la tala y los desmontes en una gran porción del territorio provincial a pedido de un grupo de representantes de pueblos originarios y pobladores criollos. En este trabajo no describiremos en detalle los discursos y prácticas de los grupos ambientalistas y las organizaciones de pueblos originarios o productores criollos, a pesar de que somos conscientes de que estos grupos tampoco están exentos de su propia cuota de contradicciones y ambigüedades. Consideramos que una mejor comprensión de la manera en que las visiones contrastantes de los distintos actores y los conflictos de poderes existentes entre ellos influyeron sobre el proceso de OTBN en Salta puede contribuir a mejorar los procesos de ordenamiento territorial en otras provincias del país y en regiones de similares características. Este trabajo se ha basado en la experiencia directa e indirecta de los autores durante el proceso de OTBN en Salta. Algunos autores jugaron roles centrales durante este proceso, ya sea como funcionarios públicos o como consultores profesionales, mientras que otros participaron activamente como asesores de ONG locales. Hemos adoptado como enfoque de análisis el que propone la “ecología política”, el cual puede ayudar a comprender la complejidad de estos procesos de planificación y a integrar en una representación coherente las interpretaciones que de ellos se hacen desde diversas disciplinas (Robbins: 2004). La ecología política, una disciplina en constante evolución, intenta profundizar precisamente en el carácter íntimamente interrelacionado que tienen “las dimensiones discursivas, materiales, sociales, y culturales de la relación existente entre el ser humano y la naturaleza” (Escobar: 1999, 1). Si bien la ecología política no postula lineamientos metodológicos y protocolos de investigación estandarizados, provee un marco conceptual de análisis que facilita un abordaje amplio y a la vez sutil de los conflictos socio-ambientales.

Deforestación y cambio de uso del suelo en Salta Una de las principales fuerzas impulsoras de los procesos de cambio de uso del suelo ha sido históricamente la expansión de la agricultura (Lambin y Meyfrodit: 2010). En el Norte argentino, y la provincia de Salta no es una excepción, el desarrollo de cultivos tales como caña de azúcar, poroto, cítricos y, en menor medida, tabaco, viñedos, maíz, algodón y hortalizas, han sido los impulsores históricos del cambio de uso del suelo. Sin embargo, gran parte de los cambios recientes se puede atribuir al cultivo de soja genéticamente modificada altamente resistente a herbicidas. Tanto en las Yungas como en el Chaco, dos de los ecosistemas boscosos más importantes de la región, la expansión de la “frontera agropecuaria” se hace generalmente a expensas de los bosques nativos (Grau et al.: 2005; Paruelo et al.: 2004). Entre 2000 y 2008 el área cultivada en Argentina aumentó más de un 30%, pasando de 24 a 32 millones de hectáreas (SAGPyA: 2009). La producción de soja es responsable por un 77% de ese crecimiento. Las Yungas ocupan más de cuatro millones de hectáreas en Argentina y generalmente se ubican sobre la pendiente oriental de los Andes, entre los 400 y los 3.000 m de altitud, donde las precipitaciones son abundantes (Brown et al.: 2001). Este ecosistema se caracteriza por su gran diversidad biológica. Las áreas más bajas de las Yungas han sido profundamente transformadas por los asentamientos humanos, la agricultura y la extracción de madera, mientras que algunos sectores en las áreas intermedias y altas se encuentran bajo algún sistema de protección ambiental. Existen poblaciones originarias que ocupan tierras ancestrales en las Yungas pero un gran porcentaje de dichas tierras se encuentra bajo manejo privado. Por otro lado, la región conocida como el Gran Chaco contiene el bosque nativo más grande de Sudamérica después del Amazonas. Más de un 60% del Chaco se ubica en Argentina, pero esta región se encuentra también en Bolivia, Paraguay y Brasil. Las precipitaciones en el Chaco son menores que en las Yungas, con áreas semiáridas y áridas (REDAF: 1999). Casi la mitad del Chaco todavía presenta bosques nativos, los cuales se encuentran en diferentes estados de conservación y bajo distintos grados de amenaza por actividades agrícolas y forestales (Volante et al.). En los últimos años la tasa de deforestación en el Chaco varió entre 1.5 y 2.5%, lo cual es mucho mayor que los promedios latinoamericano (0.51%) y mundial (0.20%) (FAO: 2007; Gasparri et al.: 2008; Paruelo et al.: 2005; UMSEF: 2007; Volante et al.: 2006). El Chaco también está recibiendo ganado proveniente de la Pampa, en donde algunas

pasturas están siendo reemplazadas por cultivos de soja. La conversión de tierras para agricultura reduce además la provisión de los denominados “servicios ecosistémicos” de los bosques, tales como la regulación de gases atmosféricos, la protección de los ciclos hidrológicos, la preservación de la biodiversidad, y el control de la erosión de suelos, entre otros (Viglizzo et al.: en prensa). La diversidad étnica y cultural es muy alta en Salta, especialmente en la región del Chaco. Muchas de las comunidades indígenas que habitan esta zona (Wichí, Guaraní, Chané, Qom [Toba], Iyojwa’ja [Chorote], Niwaclé [Chulupí], Tapu’i [Tapieté], y familias Kollas) todavía practican sus modos de vida tradicionales, tales como la agricultura de subsistencia, la caza y la pesca, y utilizan de forma integral los recursos que proveen los bosques nativos (Leake: 2008). Estas actividades, como es de suponer, son altamente dependientes del acceso irrestricto a los ecosistemas locales, que deben encontrarse en muy buen estado de conservación. Muchos de los “bienes” y “servicios” naturales que usan las comunidades locales tienen propósitos rituales o culturales que trascienden o prescinden totalmente de su “valor” de mercado. Por tal motivo, estos bienes y servicios no pueden ser substituidos o intercambiados por otras alternativas. Un proceso que reduce significativamente el espacio y los recursos disponibles para las comunidades originarias, amenaza sus modos de vida ancestrales, y es una fuente potencial de conflictos, es el hecho de que la tenencia de la tierra en la región se encuentra en un proceso de concentración paulatina en un número cada vez más pequeño de empresas agrícolas de gran escala (Van Dam: 2008). En los últimos años ha podido observarse también una clara tendencia hacia la sedentarización de muchos grupos indígenas. Esta tendencia, que obedece fundamentalmente a circunstancias históricas, sociales y económicas externas a estas comunidades, puede interpretarse también como una manera de estabilizar la obtención de recursos mediante la práctica de agricultura y ganadería de subsistencia y como una forma de acceder a los sistemas de sanidad y escolaridad ofrecidos por el Estado en los centros poblados. La mayoría de la población indígena actual sigue siendo monolingüe. En el Chaco semiárido y, en menor medida, en zonas de transición o en las Yungas, habitan también un gran número de familias “criollas” de ascendencia preponderantemente española, o europea en general, con un porcentaje variable de mestizaje. El afincamiento de criollos en la región, si bien es reciente en comparación con la presencia indígena, supera las 3 ó 4 generaciones. De hecho, la presencia criolla se puede rastrear hasta fines del siglo XIX y principios del XX con la fundación de

asentamientos denominados “colonias”. En el año 1902 se funda la Colonia Buenaventura en tierras cedidas por la nación sobre la margen argentina del río Pilcomayo (Gordillo y Leguizamón: 2002). En Rivadavia Banda Sur ya existía desde 1860 la Colonia Rivadavia. En Embarcación, Tartagal y Orán, la presencia criolla data de la época colonial. Muchos criollos se encuentran establecidos en núcleos familiares aislados que se conocen como “puestos”. La economía doméstica de los criollos les exige un conocimiento detallado del ambiente en el que viven ya que su supervivencia depende en gran medida de su habilidad para la cría extensiva de ganado a campo abierto (en tierras fiscales o privadas sin explotar), en condiciones relativamente desfavorables en términos edáficos y climáticos. La concentración de la tenencia de la tierra afecta también a la población criolla, cuya ocupación efectiva del territorio resulta de difícil determinación ya que no se circunscribe únicamente al “puesto” y sus adyacencias. Algunas familias criollas efectúan labores agrícolas a pequeña escala, a secano o bajo riego, sin que ello signifique una modificación sustancial de su decidida actitud ganadera. Un porcentaje importante de las familias criollas complementa sus ingresos mediante actividades de caza, pesca y recolección, lo que vincula directamente su modo de vida con la salud de los ecosistemas en los que viven. La deforestación asociada a los procesos de expansión agrícola ha sido motivo de intensas controversias entre distintos actores políticos y fue también muy criticada por los movimientos sociales y ambientales (Greenpeace: 2008; Leake y Economo: 2008). Algunas oficinas gubernamentales han producido informes críticos en los que se alertaba sobre las eventuales consecuencias negativas de los monocultivos (SADS: 2008) pero se puede decir que, en general, los gobiernos fueron más bien actores de promoción de los procesos de expansión de la frontera agropecuaria. La comunidad científica no ha sido unánime al respecto, existiendo posiciones encontradas respecto de los beneficios económicos reales de las actividades agrícolas que se desarrollan luego de los desmontes y de la verdadera magnitud de los impactos ambientales y sociales atribuibles a ellos. Estas diferencias de apreciación de los problemas asociados a la deforestación y al cultivo de soja, y de los posibles caminos para llegar a un aprovechamiento más sustentable del suelo en la región, han derivado en la elaboración de diferentes marcos conceptuales de análisis y en la propuesta de enfoques técnicos no siempre compatibles (comparar, por ejemplo, los trabajos de Paruelo et al.: 2004 y García et al.: 2005). Ni siquiera existe un acuerdo generalizado sobre los factores inmediatos o mediatos que

determinan los procesos de deforestación y eventual reforestación cuando se verifican cambios en las condiciones económicas o sociales que reducen la presión agrícola sobre algunas áreas (Grau y Aide: 2008; McCarthy y Tacconi: 2011; Perz: 2007; Perfecto y Vandermeer: 2010; Zak et al.: 2008). La falta de suficiente información sistematizada, las discrepancias existentes sobre la existencia o la real magnitud del problema, y la diversidad de propuestas de acción que se sugieren desde los ámbitos académicos o técnicos, no favorecen la generación de políticas consensuadas que permitan tratar efectivamente las consecuencias de los procesos de cambio de uso del suelo en la región. A pesar de todos estos procesos, la provincia de Salta todavía posee más de 6 millones de hectáreas de bosques nativos subtropicales. Por lo tanto, se puede decir que Salta es un caso interesante para analizar las dinámicas de conversión territorial y los procesos de deforestación de bosques nativos. La Ley de Bosques La Ley Nacional 26.331, que regula la protección, enriquecimiento, restauración, utilización y manejo de los bosques nativos y de los servicios ambientales, fue aprobada por el Congreso argentino el 28 de noviembre de 2007 luego de un extenso debate y numerosas postergaciones. Esta ley fue concebida principalmente como una manera de reducir y controlar la deforestación indiscriminada de los bosques nativos. La ley también reconoce los derechos ancestrales al territorio de las comunidades indígenas de la región, en un todo de acuerdo con otras leyes nacionales (especialmente la Ley Nacional 23.302 de pueblos originarios y la Ley Nacional 26.160 de tierras indígenas), con la Constitución Nacional del año 1994, con el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ratificado por Argentina en el año 2000, y con Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas adoptada en 2007. La ley exige que las provincias pongan en marcha procesos participativos de OTBN. Estos procesos deben clasificar los bosques nativos de acuerdo a tres categorías de conservación: categoría I (alto valor de conservación), categoría II (valor de conservación medio) y categoría III (bajo valor de conservación). Estas categorías se tienen que representar en un mapa mediante los colores rojo, amarillo y verde, respectivamente. En la categoría I los bosques deben permanecer intangibles. En estas áreas sólo son posibles usos ancestrales de los pueblos originarios e investigación científica. En las áreas identificadas bajo la categoría II

son posibles el turismo, algunas actividades productivas “sustentables” bajo estrictas normas de control, y la investigación científica. La categoría III está disponible para la extracción de madera, la agricultura y la ganadería bajo las limitaciones impuestas por las leyes ambientales vigentes. Los desmontes pueden autorizarse en la categoría III, pero sólo luego de la aprobación de un Estudio de Impacto Ambiental y Social (EIAyS). Según la Ley de Bosques, todos los procesos de OTBN, conjuntamente con la cartografía elaborada, deben ser ratificados por las legislaturas provinciales. Esta validación política también es un requisito para obtener los fondos federales de que hace reserva la ley de bosques. Muchos actores económicos y políticos de Salta se opusieron de manera abierta o velada a la Ley de Bosques 1. Uno de los argumentos utilizados para justificar la oposición era que esa ley era un intento del gobierno nacional (centralista) para detener o controlar el desarrollo económico del interior del país, una lógica que se utiliza para analizar también otros conflictos originados en el uso de los recursos naturales. Según esta lógica, la presión que ejercería el gobierno nacional sobre las regiones más postergadas se vería agravada por la acción de ONG fundamentalistas que serían parte de una estrategia global para impedir o detener el desarrollo de los países del Sur y controlar el acceso a los recursos naturales existentes en ellos (Alonso: 2010; Orduna: 2008). Durante el año 2007, mientras se discutía la Ley de Bosques en el Congreso Nacional, el entonces gobernador de Salta, J.C. Romero, emitió autorizaciones para desmontar 435.400 hectáreas de bosques, el triple de lo autorizado entre 2004 y 2006 (Leake y Economo: 2008). Algunas de estas autorizaciones fueron emitidas en el período entre las elecciones provinciales y la asunción del nuevo gobernador. En esas elecciones, el ex vicegobernador de Romero fue derrotado por J.M. Urtubey, un abogado que había ocupado altos cargos durante el gobierno de Romero (fue dos veces Secretario de Estado en distintas áreas y se desempeñó como vocero gubernamental durante dos años). A pesar de su protagonismo durante la gestión anterior, Urtubey basó su campaña en promesas de “cambio”. En su discurso inaugural del 10 de diciembre de 2007, Urtubey declaró que su gobierno terminaría con “el festival irresponsable de autorizaciones de desmonte sin el más mínimo apego a las normas vigentes” 2. Para cumplir con esta promesa electoral, creó el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (MADS) y nombró como Ministro a un biólogo especialista en enfermedades tropicales de la Universidad Nacional
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Nuevo Diario 2008 (Salta) edición del 19 de diciembre. (NDS a partir de este momento). Discurso inaugural disponible en http://gestionurtubey.wordpress.com/2007/12/10/discurso-y-promesasde-urtubey-al-asumir-el-gobierno-de-salta acceso 22 de febrero 2011.

de Salta (UNSa), la cual había sido muy crítica de la gestión de Romero en materia ambiental. El proceso de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (OTBN) en Salta1 Para cumplir con el OTBN exigido por la Ley de Bosques, se creó una Unidad Ejecutiva (UE) que se constituyó con representantes del gobierno provincial, de la Administración de Parques Nacionales (APN), y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). La funcionaria a cargo de la Secretaría de Política Ambiental del MADS, una antropóloga especializada en tenencia de la tierra y derechos indígenas, fue la encargada de la coordinación de la UE. Su participación en el gobierno y, por lo tanto, en la UE fue efímera. El gobernador, a través del Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, solicitó su renuncia al cargo de Secretaria cuando intentó detener un desmonte ubicado en un área reclamada por una comunidad indígena, el cual había sido autorizado poco antes del cambio de gobierno. Su reemplazante en la Secretaría y nueva coordinadora de la UE fue una agrónoma especializada en granja y producción ganadera con escasa experiencia en procesos sociotécnicos de ordenamiento territorial. Estos eventos fueron considerados por muchos observadores del proceso como una indicación temprana de la verdadera posición del nuevo gobierno (tanto la del gobernador Urtubey como la del grupo del Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable) en relación al tema de los desmontes y la conservación de bosques nativos. Aunque con problemas operativos, la UE pudo continuar trabajando y finalizar en tiempo y forma el mapa que establecía la “zonificación” de los bosques nativos exigido por la Ley de Bosques. El Sistema de Información Geográfica (SIG) que constituía la base del mapa elaborado tuvo en cuenta toda la información disponible sobre el tema hasta ese momento, y fue pensado para incluir las opiniones y reclamos de los diferentes actores que participaron en el proceso (Somma et al.: en prensa). Como era de esperar, el área que se destinaba a una potencial expansión agrícola bajo la categoría III (bajo valor de conservación) fue el mayor tema de debate y conflicto entre los diversos actores intervinientes (gobierno provincial, ONG, propietarios de tierras en las zonas afectadas, grandes y pequeños productores agropecuarios, criollos, y poblaciones indígenas). El mapa elaborado por la UE incluía
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Todos los hechos que se mencionan en este apartado y en el siguiente son el resultado de un seguimiento de las publicaciones periodísticas realizadas sobre el Nuevo Diario de Salta entre el 12 de noviembre de 2008 y el 11 de febrero de 2009.

alrededor de 1.3 millones de hectáreas en la categoría III. Sin embargo, el informe advertía que, de esta área total potencialmente desmontable, sólo podrían desmontarse inmediatamente alrededor de 0.6 millones de ha. El área restante, que correspondía a una cuenca del sudeste de la zona de bosques nativos de la provincia, por ser un ecosistema no típico que representaba el umbral a la región del Chaco, sólo podría desmontarse en caso de que estudios específicos y detallados lo consideraran aceptable. Si tenemos en cuenta que la deforestación en la región había sido de aproximadamente 100.000 ha/año en los años previos al OTBN (Paruelo et al.: 2005), se puede concluir que una deforestación completa de las 0.6 millones de hectáreas hubiera requerido aproximadamente seis años. Ese período hubiera sido más que suficiente para realizar los estudios detallados que recomendaba el informe de la UE para, eventualmente, incrementar la superficie destinada a la producción agrícola o ganadera, todo esto sin alterar la elevada tasa de deforestación medida en la región en años anteriores. Durante el proceso de OTBN varios actores hicieron sus propias propuestas de zonificación de los bosques nativos. En estas propuestas, el área destinada a la categoría III variaba desde cero hasta prácticamente la totalidad de los bosques nativos remanentes en la provincia en áreas accesibles. El reclamo de “desmonte cero” o “ni una hectárea más” fue la propuesta inicial de algunas organizaciones ambientalistas (Greenpeace: 2008, 43). Estos grupos abandonaron gradualmente la postura inicial y terminaron adhiriendo, aunque con algunas reservas, al mapa elaborado por la UE (Greenpeace y FARN: 2008). En una nota dirigida al gobernador Urtubey, tres ONG ambientalistas (Greenpeace, Fundación Vida Silvestre Argentina y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales) consideraron aceptable de hecho la cifra de 1.3 millones de hectáreas en la categoría III. Sin embargo, cabe resaltar que en dicha nota las ONG mencionadas parecen ignorar que el área realmente propuesta por la UE para esta categoría, en una primera etapa, era de sólo 0.6 millones de hectáreas. La postura flexible de Greenpeace y otros grupos ambientalistas fue inesperada y puede ser interpretada como una falla de sus equipos técnicos o como un desacertado cambio de estrategia política. Se podría decir que este cambio en la posición de los grupos supuestamente más radicalizados levantó el piso de discusión y favoreció que, como se verá más adelante, el gobierno finalmente adopte una política mucho menos conservacionista que la originalmente propuesta por la misma UE. Por otro lado, si se realiza

un análisis un poco más minucioso de la situación ambiental y productiva de la provincia de Salta, se puede decir que la demanda de desmonte cero ni siquiera se puede considerar una postura demasiado radical. De hecho, durante las últimas décadas se deforestaron millones de hectáreas de bosques nativos en el Norte del país sin que se analice de manera profunda la relación entre estos desmontes y los crecientes problemas de erosión de suelos, disminución de la productividad, pérdidas de biodiversidad, o alteración de la dinámica hídrica (Paruelo et al.: 2004), o su impacto social sobre las poblaciones indígenas y criollas. Una serie de inundaciones que se verificaron en la provincia de Salta a comienzos del año 2009 pusieron de manifiesto la importancia de preservar áreas sensibles cubiertas con bosques. Sin embargo, y por razones políticas, tanto el gobierno nacional como los gobiernos provinciales negaron sistemáticamente cualquier relación entre estas inundaciones y la deforestación, en lo que algunos interpretaron como el resultado de una presión de los grandes productores agrícolas, forestales y ganaderos. Por otra parte, y por razones topográficas, climáticas, o edáficas, muchas de las áreas deforestadas no son (o han dejado de ser) completamente aptas para la agricultura o la ganadería y podrían ser reconvertidas sin mayores pérdidas económicas en nuevas áreas forestales. Por lo tanto, sería posible imaginar un escenario que combine una suspensión de la deforestación de nuevas áreas de bosques nativos con prácticas de reforestación de zonas sensibles tales como las cabeceras de cuencas y las zonas de bosques protectores. Si al mismo tiempo se inicia un proceso de recuperación de la fertilidad y el potencial productivo de áreas agrícolas degradadas por malas técnicas culturales, esta combinación de acciones podría derivar en un incremento neto de las áreas de bosques sin que ello afecte necesariamente la producción agrícola, forestal o ganadera en términos absolutos. Es difícil realizar una estimación de la cantidad de hectáreas que se podrían reforestar de esta manera o de la cantidad de tierras agrícolas que podrían recuperar su productividad original. Lo que sí es posible afirmar es que la deforestación de nuevas áreas forestales no parece inevitable a pesar de lo que sostienen los gobiernos y los sectores empresariales aduciendo la necesidad de producir alimentos para el mundo. De acuerdo a versiones extraoficiales, el área propuesta para la categoría III por la UE (entre 0.6 y 1.3 millones de hectáreas) fue una decepción para el gobernador Urtubey, quien aparentemente esperaba que esta categoría incluyera al menos 2 millones de hectáreas. Esta expectativa del gobernador era probablemente el

fruto de la presión ejercida por los grandes productores y propietarios de tierras que no aceptaban que sus tierras fueran categorizadas como de alto o medio valor de conservación (categorías I y II). Más allá de estas especulaciones, el hecho concreto es que el mapa producido por la UE fue desechado por el gobierno provincial, a pesar de que la UE había sido conformada por el mismo gobierno para elaborar dicho mapa. Debido a que el plazo de un año establecido por la Ley de Bosques para la elaboración de los OTBN provinciales estaba por vencer, el MADS elaboró un proyecto de ley de ordenamiento territorial que fue enviado a la Legislatura provincial. Incumpliendo dicha Ley, este proyecto carecía del mapa de zonificación que debía indicar, con distintos colores, las áreas asignadas a las tres categorías de conservación. Al no existir un mapa que limite de manera explícita las áreas de conservación, el Senado provincial, bajo la presión de los grandes productores sojeros y madereros, pudo introducir cambios en el proyecto de ley que permitirían extender significativamente el área potencialmente desmontable. El entonces senador A.H. Olmedo, uno de los productores de soja más grandes de la provincia y actualmente diputado nacional por Salta, propuso su propio mapa de zonificación en el cual se consideraba factible el desmonte de unas 5 millones de hectáreas (un área equivalente a Costa Rica). El proyecto de ley del poder ejecutivo fue finalmente aprobado con modificaciones el 16 de diciembre de 2008 por ambas cámaras de la Legislatura y se convirtió en la Ley Provincial 7.543. Aparentemente contrariados, funcionarios del MADS declararon que la ley, tal como fue aprobada, no garantizaba “el piso de sustentabilidad que se buscaba con la elaboración del ordenamiento”, especialmente debido a la modificación introducida en un artículo mediante la cual se incrementaba el porcentaje de pendiente eventualmente susceptible de ser desmontado (del 5 al 15%). El gobernador Urtubey podría haber vetado la ley, como se lo requirieron algunas ONG. Por el contrario, la ley fue rápidamente promulgada, lo cual levantó sospechas de que el ejecutivo provincial, algunos miembros de la Legislatura, y los grandes productores agropecuarios y madereros habían llegado a algún tipo de acuerdo extraoficial. El rol de los funcionarios del MADS fue, cuando menos, ambiguo. De hecho, a pesar de algunas declaraciones públicas en las cuales se criticaba a la Legislatura por los cambios introducidos en la ley, fue precisamente la falta de un mapa de zonificación en el proyecto elaborado y elevado por el MADS lo que facilitó la introducción de esos cambios y llevó a algunas organizaciones

sociales a solicitar la renuncia del ministro y de “todos sus funcionarios”, algo que nunca ocurrió. Participación pública durante el OTBN El proceso participativo organizado por el gobierno para cumplir con el mandato de la Ley de Bosques fue también fuertemente criticado por las organizaciones sociales y ambientales. Algunas comunidades aborígenes se sintieron especialmente frustradas con este proceso ya que, según indicaron, sus opiniones y reclamos territoriales fueron ignorados o subestimados. Algunos líderes de estas comunidades consideraron que el proceso participativo “no ha servido de nada” e incluso que fue “una burla” del gobierno para legitimar decisiones tomadas de antemano. Mediante una nota enviada al gobernador Urtubey, con copia a los funcionarios del MADS, algunas comunidades aborígenes indicaron que los procesos participativos llevados a cabo por el Poder Ejecutivo y por las Cámaras de Senadores y Diputados “no han respetado el derecho a la participación y consulta reconocido por la Constitución Nacional”, por el Convenio 169 de la OIT y por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. La nota indicaba que la ley “fue aprobada sin tener en cuenta el denominado proceso participativo que tuvo lugar previamente para el cual fuimos convocados y en el marco del cual presentamos una propuesta formal” que “no fue ni siquiera considerada” 1. Durante los talleres participativos fue evidente, al menos, que iba a ser difícil alcanzar un consenso entre todos los actores relevantes en tan poco tiempo. Incluso dentro de grupos supuestamente homogéneos existían desavenencias sobre las categorías de conservación que deberían asignarse a determinadas áreas. Por ejemplo, las comunidades aborígenes no estaban todas de acuerdo en clasificar sus tierras ancestrales dentro de la Categoría I (alto valor de conservación), ya que esto podría impedirles o dificultarles la realización de algunas actividades extractivas y productivas. El cronograma impuesto por el gobierno también fue motivo de conflicto. Algunas comunidades aborígenes lo consideraron demasiado ajustado como para tratar adecuadamente un tema tan fundamental como su derecho al territorio y a los beneficios derivados de la conservación de los bosques nativos. En este punto es conveniente aclarar que la estrategia general de las comunidades que participaron del proceso de OTBN fue vincular este proceso con la resolución de los numerosos conflictos de tenencia de la tierra que se mantenían en la región.
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NDS 02/01/2009.

Los resultados del proceso participativo y las críticas emitidas por las comunidades aborígenes y algunas ONG no hicieron si no reforzar la sensación de que, a pesar de los discursos oficiales, las decisiones importantes se tomaron de manera centralizada e inconsulta. A nuestro juicio, esto sólo puede llevar a una profundización de las asimetrías de poder existentes y a la consolidación de las situaciones de marginalidad a las que se somete a una parte importante de la población, especialmente a los pueblos originarios y a los pequeños productores periféricos o de bajos recursos. El gobierno provincial ni siquiera pudo evitar que las actividades de tala y desmonte continúen durante el proceso participativo convocado para la elaboración del OTBN, como fue repetidamente denunciado por comunidades locales y algunas ONG, a pesar de una prohibición explícita al respecto contenida en la Ley de Bosques. Los grandes productores agrícolas, por su lado, ejercieron constante presión para acelerar un proceso (participativo) que consideraban demagógico e innecesario, siendo que ya se habían asegurado una amplia mayoría en ambas cámaras de la Legislatura para aprobar de manera expeditiva una ley ajustada a sus exigencias. Este apuro obedecía, también, a que la Ley de Bosques exigía que, al cabo de un año de su promulgación, las provincias con bosques nativos ya contaran con un OTBN aprobado y validado socialmente como prerrequisito para la autorización de nuevos desmontes. La intervención de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Considerando la dirección que había tomado todo el proceso de OTBN, representantes de pueblos originarios y pequeños productores criollos decidieron iniciar acciones legales contra el gobierno provincial y nacional. En tal sentido, al día siguiente de la aprobación de la Ley Provincial 7.543 promovieron una “formal demanda de amparo constitucional […] contra la Provincia de Salta y contra el estado nacional por la manifiestamente arbitraria e ilegal autorización y/o tolerancia a los inconstitucionales desmontes y talas indiscriminadas de bosques nativos situados en los Departamentos San Martín, Orán, Rivadavia y Santa Victoria de dicha Provincia”. En concreto, se solicitó que se disponga “el cese inmediato y definitivo de los referidos desmontes y talas de bosques nativos” y que se ordene a las demandadas “que arbitren en forma urgente las medidas necesarias para controlar en forma efectiva el cumplimiento de dicha prohibición”. También se solicitó que “se declare la inconstitucionalidad y nulidad absoluta e insanable” de las autorizaciones de tala y desmontes ya otorgadas y que “se imponga la prohibición de otorgar nuevas autorizaciones”. Asimismo, se

solicitó que “se imponga a las demandadas y/o responsables el deber de recomponer y restablecer el ambiente a su estado anterior a la producción del daño denunciado” o que “se fije una indemnización sustitutiva”. Tanto los representantes de los pueblos originarios como los criollos que realizaron la demanda de amparo formaban parte de lo que se denominó la “Mesa de Tierra”, una organización de tercer grado en la que participaban también ONG locales y fundaciones pertenecientes o vinculadas a las iglesias anglicana y católica. La Mesa de Tierra se fundó el 30 de agosto de 2008, poco antes de la aprobación de la Ley 7.543, con el objeto expreso de “hacer posible la materialización de nuestro derecho sobre la tierra en áreas fiscales y privadas”1. La Mesa de Tierra consideraba que el único obstáculo para el otorgamiento de las escrituras traslativas de dominio era “la falta de decisión política y de gestión efectiva y concreta para avanzar”. Si bien por razones legales la demanda a la CSJN se hizo a título personal y/o en representación de organizaciones indígenas y criollas de primer o segundo grado, la Mesa de Tierra jugó, y sigue jugando, un rol central en todo este proceso. En fallos emitidos el 28 de diciembre de 2008 y el 26 de marzo de 2009, la CSJN dictaminó en contra del gobierno provincial y ordenó el cese provisional de las actividades de tala y desmonte en los cuatro departamentos mencionados2. Estos fallos históricos marcaron un quiebre en el proceso de OTBN y obligaron al gobierno de Salta a cambiar de estrategia si bien, como discutiremos más adelante, esto no trajo aparejado cambios significativos en sus acciones, lo cual sugiere que el paradigma de desarrollo que determinaba y guiaba esas acciones se mantuvo relativamente intacto. Además de la suspensión de la tala y los desmontes en los departamentos indicados, el fallo de la CSJN solicitó al gobierno provincial y nacional la realización de un “estudio del impacto ambiental acumulativo” (EIAAc) para determinar los efectos sociales y ambientales de los desmontes pasados, como medida previa indispensable para la autorización de nuevos desmontes. Si bien no existe normativa específica en el país sobre estudios ambientales de tipo acumulativo, es posible encontrar antecedentes en otros países (CEAA: 1999; Comisión Europea: 1999; Court et al.: 1994). El gobierno provincial, en lugar de iniciar inmediatamente el EIAAc requerido, y desaprovechando el trabajo realizado por la UE durante más de 9 meses, decidió encargar al MADS la contratación de una consultora privada para que elaborara un nuevo mapa de
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Acta de Declaración de la Mesa de Tierra fechada en la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán el 28 de noviembre de 2008. 2 Este caso fue caratulado como: S. 1144. XLIV. ORIGINARIO. Salas, Dino y otros c/ Salta, Provincia de y Estado Nacional s/ amparo.

zonificación. Este nuevo mapa, elaborado de forma urgente debido al escaso tiempo disponible, incluyó 1.6 millones de hectáreas en la categoría III, considerándolas de esa manera aptas para deforestación inmediata sin requerirse estudios adicionales de ningún tipo en cuencas o áreas sensibles. Este mapa fue aprobado por la Legislatura provincial e incorporado como soporte cartográfico oficial de la Ley Provincial 7.543 mediante el Decreto Reglamentario 2.785. Esta supuesta desobediencia al fallo de la CSJN sugiere que el gobierno consideraba que todavía era posible elaborar un mapa de zonificación aceptable para todos los actores intervinientes y que sirviera, por sí solo, para conducir a una anulación del recurso de amparo. En el informe, que nunca se hizo público oficialmente 3, se hace una descripción detallada de los criterios necesarios para el procedimiento de zonificación pero no se indica explícitamente la forma en que estos criterios fueron utilizados para la construcción del mapa que se presenta como fruto de ese procedimiento. Por tal motivo, el mapa final parece desconectado de los datos y los análisis conceptuales suministrados en el cuerpo del informe, construido mayoritariamente con información generada por la misma consultora en trabajos previos. La estrategia del gobierno fue presentar este nuevo mapa como relativamente ambientalista, en contraposición al mapa del senador Olmedo. Parte de esta estrategia consistía en descalificar cualquier crítica al nuevo mapa tildándola de irracional o emocional, algunos de los adjetivos que, según Huxham y Sumner, son aplicados con frecuencia al activismo ambiental y social que se opone a las políticas oficiales. Los críticos también eran desautorizados con el argumento de que la única opción “realista” era la postura oficial mientras que toda oposición era, en última instancia, útil (funcional) a los intereses de los productores sojeros que respaldaban de manera explícita o implícita la propuesta del senador Olmedo. Sin embargo, y contrario a lo que sugiere una comparación ligera de las áreas asignadas a la categoría III en las propuestas del gobierno y el senador Olmedo, ambas propuestas tienen más similitudes que discrepancias. De hecho, el Decreto 2.785 establece explícitamente la posibilidad de “recategorizar” áreas mediante un procedimiento administrativo expeditivo para el cual ya no se requiere la participación pública, lo cual lo convierte en relativamente arbitrario y potencialmente discrecional. Todo indica que este procedimiento se incorporó al decreto con la sola intención de trasladar áreas de las categorías I y II
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El mapa y el informe elaborados por la consultora se pueden descargar del sitio de Greenpeace http://www.greenpeace.org.ar/blogbosques o del sitio de la asociación de productores ProGrano http://www.prograno.org/docs/Decreto%202785%20-%20Reglamenta%20ley%207543.pdf acceso 24 de noviembre 2010.

a la categoría III, lo cual convertiría en la práctica a todos los bosques nativos remanentes en la provincia de Salta, ubicados en zonas accesibles, en potencialmente desmontables. A pesar de la aprobación del nuevo mapa la suspensión de la tala y los desmontes siguió firme. Por tal motivo, el gobierno decidió finalmente iniciar la realización del EIAAc solicitado por la CSJN. El trabajo se asignó a otra consultora privada ya que, según lo declarado por la Secretaria de Política Ambiental, el MADS no estaba en condiciones de realizarlo en tiempo y forma 4. La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (SADS), máxima autoridad nacional en la materia, no participó de este estudio en abierto incumplimiento con lo requerido por la CSJN. El EIAAc se elevó a la CSJN a mediados del año 2009. A pedido de las ONG que asesoraban a las comunidades aborígenes y a los productores criollos, un equipo independiente de científicos y docentes universitarios de Salta y Buenos Aires (entre los cuales se encontraban varios de los autores de este trabajo) evaluó el EIAAc elaborado por la consultora privada. De esta evaluación surge que el estudio estaba incompleto y que contenía numerosas inexactitudes, errores y omisiones. De acuerdo con el informe, incorporado luego al expediente del caso en la CSJN, la evaluación de impactos ambientales y sociales contenía errores metodológicos de significación y numerosas contradicciones internas. La crítica conceptual de mayor relevancia realizada fue el hecho de que el EIAAc haya sido elaborado meses después de que el nuevo mapa fuera aprobado por la Legislatura provincial. Esto se consideró una incongruencia técnica de suma relevancia, ya que el fallo de la Corte exigió la realización de un EIAAc precisamente para obtener información que sería indispensable para la elaboración del nuevo mapa de zonificación. El nuevo proceso participativo realizado también se consideró insuficiente. Sólo fue posible realizar un número reducido de talleres para la identificación y valoración de impactos ambientales y sociales y al menos dos de ellos terminaron con hechos de violencia verbal o física5. Se cuestionó particularmente que se hayan utilizado metodologías de valoración contingente tales como la “voluntad de pago” o la “voluntad de recibir compensación” 6. Muchas culturas originarias no consideran aceptable la noción de asignar valor monetario a los “bienes” y “servicios” ambientales sobre los que basan su modo de vida, muchos de los cuales conllevan además significados sagrados o rituales. Por otra parte, como se discute en
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NDS 3l/03/2009. NDS 06/06/2009. 6 NDS 06/06/2009.

Hanley (2000) y en Arvanitakis y Boydell (2009), la gente de bajos ingresos tiende a aceptar compensaciones más bajas a cambio de la pérdida de bienes o servicios ambientales, lo cual no puede ser tomado como un indicador de su menor capacidad para valorar o apreciar el ambiente. Tomar en cuenta una asignación diferencial de valor ligada al ingreso y a la cultura contribuiría a perpetuar la distribución desigual de la riqueza, consolidando patrones injustos de ocupación del territorio y marginando a las poblaciones ya empobrecidas a las zonas más desfavorables desde el punto de vista ambiental (Renfrew: 2008). Funcionarios de la SASD también evaluaron el EIAAc presentado por la provincia de Salta y elevaron un informe a la CSJN. Este informe fue considerablemente crítico y señaló numerosas deficiencias en el EIAAc. Entre otras cosas, se remarcó que el EIAAc analizado era confuso, presentaba inconsistencias en cuanto a la escala de análisis, utilizaba indicadores de impacto ambiental inapropiados, carecía de criterios sistemáticos de organización, ignoraba las visiones de las culturas aborígenes de la región, asignaba valores sesgados a los servicios ecosistémicos, presentaba resultados confusos en cuanto a los costos y beneficios de los desmontes, y subestimaba el carácter acumulativo o sinérgico de algunos impactos. El hecho de que los resultados del EIAAc no fueron tenidos en cuenta para la elaboración del nuevo mapa de zonificación también fue criticado en el informe de la SADS. Esta situación, indica el informe, infringiría el fallo de la CSJN y estaría en contra del espíritu de la Ley de Bosques. La CSJN tuvo en cuenta, aparentemente, los informes emitidos por la SADS y el equipo de profesionales universitarios y solicitó al gobierno provincial que revise el EIAAc. La versión revisada del EIAAc que el gobierno de Salta elevó a la CSJN fue prácticamente idéntica a la primera y se consideró igualmente insatisfactoria, lo que fue informado oportunamente a la CSJN. Desde entonces ha pasado más de un año pero la CSJN todavía no ha emitido un veredicto final sobre el caso. En este tiempo ha habido denuncias de desmontes ilegales en zonas declaradas como categoría II (valor de conservación medio). La Mesa de Tierra denunció ante la CSJN la violación de la medida cautelar vigente por el desmonte ilegal de casi 10.000 hectáreas y la quema de los restos vegetales, en franco incumplimiento a las normas legales vigentes en la provincia de Salta. La CSJN comunicó a los denunciantes que estos hechos deberían ser comunicados a las autoridades competentes de la provincia de Salta. Las denuncias hechas posteriormente ante el MADS no han surtido el efecto deseado y todo indica que los desmontes ilegales no han sido detenidos a pesar de que se conocen

las ubicaciones específicas de muchos de ellos 7. Por otra parte, mediante Decreto 3.464, el gobierno de Salta creó una Agencia de Bosques Nativos para actuar como Organismo de Aplicación de la Ley 7.543 en lo referido a la evaluación y aprobación de proyectos de aprovechamiento forestal y planes de manejo de bosques nativos. Esta Agencia será también la responsable de formular los proyectos y gestionar los fondos que contempla la Ley de Bosques. La complejidad del caso descripto y las implicancias políticas, sociales, ambientales y económicas que cualquier sentencia de fondo de la CSJN podría tener sobre la región hacen muy difícil anticipar cuál será la decisión final. La CSJN podría aceptar el EIAAc revisado y considerar que todo el proceso que llevó a la aprobación de la Ley Provincial 7.543 y el Decreto 2.785 fue legítimo y legal. De esa manera, se debería tener por válido el mapa de zonificación elaborado por la consultora privada y catalogar 1.6 millones de hectáreas dentro de la categoría III de la Ley de Bosques. Parece claro que el gobierno provincial trabaja sobre esta hipótesis y no considera que el fallo de fondo de la CSJN pueda afectar en grado alguno las decisiones que se están tomando sobre la base del OTBN aprobado por la Ley 7.543 y su decreto reglamentario, o las recategorizaciones que se llevan adelante en virtud del Decreto 2.211. Sin embargo, una segunda opción sería que la CSJN rechace el EIAAc, considere inválido el nuevo mapa de zonificación, y obligue al gobierno provincial a modificar los instrumentos legales emitidos, con lo cual el OTBN debería ser reformulado totalmente desde el inicio y sería necesario derogar tanto la Ley Provincial 7.543 como el Decreto 2.785 y los decretos subsiguientes relacionados con el tema. Una tercera posibilidad es que la CSJN encuentre algún tipo de posición intermedia que le permita evitar una confrontación directa con el gobierno provincial y que, al mismo tiempo, contribuya a detener la tala y los desmontes indiscriminados o ilegales en la zona Norte de la provincia de Salta. Habiendo analizado todo el proceso desde el comienzo, a partir de los puntos de vista que aportan nuestras diversas formaciones profesionales, los autores de este trabajo consideramos que la segunda opción sería la más adecuada ya que es la única que puede ser justificada con argumentos técnicos y legales, y permitiría abrir nuevamente los espacios de participación pública para discutir una gestión futura de los bosques nativos que sea más equitativa y sustentable. Los inconvenientes y retrasos en que se incurriría en caso de reiniciarse todo el proceso de OTBN estarían justificados, a nuestro juicio, si ese proceso finaliza con un mapa de zonificación
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El Intransigente (Salta) 2011, 23 de febrero y NDS 06/06/2009.

consensuado y un plan de acción de largo plazo fundado sobre bases técnicas sólidas y aceptación social genuina. Visiones, discursos y prácticas durante el OTBN de Salta La Ley de Bosques develó profundos conflictos de intereses que trascendían el tema de la gestión de los bosques nativos. Durante el OTBN de Salta estuvieron en pugna, de modo más o menos abierto, distintas cosmovisiones sobre la tenencia y el uso de la tierra y sobre la gestión de los recursos naturales y los beneficios directos e indirectos obtenibles de ellos. Como en todo proceso de interacción social, los actores intervinientes desplegaron discursos y argumentos a los fines de defender intereses sectoriales. Mientras que las normas formales y los discursos remiten a una serie de valores más o menos consensuados por la sociedad, son las prácticas concretas de los actores sociales las que permiten dilucidar más claramente las cosmovisiones profundas que los mueven a la acción, reflejando también con mayor crudeza las relaciones de poder existentes. En el caso que tratamos en este trabajo, conceptos tales como “progreso”, “desarrollo”, “desarrollo sustentable”, “sustentabilidad”, “recursos naturales”, y “bienes y servicios ambientales”, entre otros, que son intrínsecamente polisémicos, adoptaron diferentes significados de acuerdo a la historia, la cultura, y la ideología de aquellos que los utilizaron. Estos términos están cargados de los valores que les asignan los actores en sus discursos y, por tal motivo, pueden ser herramientas útiles para interpretar la visión del mundo que subyace a su utilización. Además, pueden ser también puntos de referencia para la acción y la reflexión que exigen enfoques contemporáneos como el de la ecología política. Para comprender mejor el proceso de OTBN que se llevó a cabo en la provincia de Salta vamos a focalizar entonces nuestra atención en algunos discursos y prácticas que, analizados de manera interrelacionada y contextualizada en el tiempo y el espacio, pueden ayudar a deducir e interpretar las cosmovisiones de los distintos actores intervinientes. En el caso de Salta, el discurso convencional de promoción del desarrollo económico se puede vincular claramente al gobernador Romero, quien se desempeñó en ese cargo durante tres períodos consecutivos y jugó un rol activo en el proceso de privatizaciones de la década de 1990 (Liverman y Vilas: 2006). Durante su segundo mandato, Romero creó a nivel provincial una Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SeMADeS) que fue inicialmente conducida por un abogado especializado en derecho ambiental. Sin embargo, la creación de esta oficina ambiental no alteró para nada la noción de desarrollo económico de tipo neoliberal impulsada por Romero, quien

fue acusado de “ecocida” por Miguel Bonasso, el autor de la Ley de Bosques, por su manejo del tema de la deforestación y los desmontes1. Desde que dejó el gobierno, Romero se desempeña como senador nacional por Salta y no ha jugado un rol trascendente en lo que a leyes ambientales se refiere2. Al asumir el gobierno, Urtubey intentó distanciarse de Romero en este tema y creó el MADS como una forma de respaldar un nuevo discurso relativamente más ambientalista en el cual se adoptó más activamente el lenguaje del desarrollo sustentable y la sustentabilidad. El nuevo Ministerio sería el órgano de aplicación de la Ley Provincial 7.070 del año 2.000 (Ley de Protección del Medio Ambiente), la cual fue pensada para “asegurar y garantizar el desarrollo sustentable, la equidad intra e intergeneracional y la conservación de la naturaleza”, en clara alusión a la definición ya clásica de “desarrollo sustentable” contenida en el denominado Informe Brundtland (WCED: 1987). Este informe, conocido como “Nuestro futuro común”, fue publicado por la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo dirigida por la entonces Primer Ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland. En este informe, el desarrollo se define como “sustentable” si “permite satisfacer las necesidades de la población actual sin afectar la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades” (WCED: 1987, 8). Este concepto fue considerado como un “objetivo global” para guiar las políticas orientadas a “balancear los sistemas sociales y económicos con las condiciones ecológicas”. Se lo representa a menudo como la “triple línea de base” de economía, ambiente y sociedad (Elkington et al.: 2007, 1). El término “sustentabilidad” se considera un sinónimo de desarrollo sustentable aunque se han hecho algunas distinciones fundamentales entre estos dos conceptos (Dresner: 2002). El concepto de desarrollo sustentable fue muy criticado prácticamente desde el momento mismo de su definición ya que se lo vio como una manera encubierta, aparentemente más correcta, de presentar y justificar las mismas prácticas desarrollistas del pasado (Tijmes y Luijf: 1995). La pertinencia de este paradigma para explicar y resolver los problemas sociales y ambientales contemporáneos ha sido, por lo tanto, puesta en duda, como se discute extensamente en el trabajo de Seghezzo (2009). En particular, se ha cuestionado su carácter esencialmente antropocéntrico y el valor excesivo que asigna a las herramientas económicas neoclásicas para la resolución de los problemas ambientales y sociales. En este trabajo no se puede entrar
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Página 12 edición del 11/12/2008. La producción ambiental de Romero durante su segundo período como senador está disponible en http://www.romerojuancarlos.com.ar/senador_segundo_periodo/autoria/medioambiente.html acceso 1 de enero 2010.

en más detalles sobre los cuestionamientos que se hace al concepto de desarrollo sustentable. Lo que se quiere resaltar es que la idea de desarrollo sustentable, planteada desde el nuevo gobierno como un concepto innovador y potencialmente superador de los conflictos de gestión de bosques y otros recursos naturales, era ya un concepto relativamente obsoleto y fuertemente cuestionado desde las corrientes más actuales de análisis ambiental y social tales como la economía ecológica y la ecología política (Martínez Alier: 2004). En cuanto al concepto de sustentabilidad, también invocado desde el gobierno, podemos decir que sobre él existen claramente al menos dos enfoques diferentes, a veces antagónicos. Estos enfoques se han definido como “sustentabilidad débil” y “sustentabilidad fuerte”. La sustentabilidad débil está basada también en una visión antropocéntrica de la naturaleza y es comúnmente operacionalizada mediante herramientas económicas neoclásicas como el análisis costo-beneficio (ACB). Se podría decir que la sustentabilidad débil es un sinónimo de desarrollo sustentable, tal como lo define el Informe Brundtland. La sustentabilidad fuerte, en cambio, se apoya en una concepción más ecocéntrica de la relación entre la naturaleza y la cultura, y no acepta que la valoración económica sea la única forma de asignar valor a la naturaleza (Shechter: 2000). La sustentabilidad fuerte es frecuentemente adoptada por grupos ambientalistas, agrupaciones sociales que defienden el derecho a la tierra, y movimientos de justicia social. La Ley 7.070 de Salta contiene algunos enunciados en los cuales parece traslucirse una visión más ecocéntrica, tales como el que “reconoce la existencia de sitios, poblaciones, humanas, patrimonios históricos, culturales y naturales, monumentos y otras categorías de elementos que poseen un valor intrínseco, estético o cultural, no cuantificables en términos económicos y que, por consiguiente, deben ser conservados y preservados de todo daño”. Sin embargo, como se indica claramente cuando se define el “Principio de Sustentabilidad”, “[l]a meta de los Poderes Públicos de la Provincia, es el desarrollo económico ambientalmente sustentable”3. A lo largo de esta ley, y en su posterior reglamentación, es posible observar el acento que se pone en las herramientas económicas como la mejor garantía para la protección ambiental. Por lo tanto, se puede concluir que la Ley 7.070 adopta claramente una base filosófica e ideológica en línea con el concepto de desarrollo sustentable y la sustentabilidad débil. A pesar de su renovado discurso y la jerarquización que se hizo de la oficina ambiental, las acciones de gobierno siguieron en línea con el paradigma de expansión de la agricultura industrial (y la
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Énfasis propio.

minería) orientada a la producción de commodities (productos básicos y materias primas de escaso valor agregado) para el mercado global (Hufty, 2008; Risku-Norja y Mikkola, 2009). En su discurso inaugural, el nuevo gobernador criticó duramente a su predecesor y antiguo jefe en el tema de la tala y los desmontes, pero dejó bien claro que “Salta debe tener cada vez más producción, debe intensificar la actividad industrial y debe sostener el desarrollo de la actividad minera”. Además, indicó que su gobierno va a “impulsar políticas activas de beneficios fiscales” y a “incrementar las líneas de financiamiento para industrializar nuestra producción, para incrementar el desarrollo del comercio […], para continuar el desarrollo minero y para mejorar la competitividad de la actividad agropecuaria, que tanto trabajo da en esta provincia”. Este discurso, netamente desarrollista, revela la ideología neoliberal subyacente conocida como “teoría del derrame”, la cual sostiene que la intensificación del crecimiento económico cuantitativo va a generar, de manera automática, mejoras en los sectores más postergados por virtud de un supuesto efecto multiplicador. Los beneficios fiscales prometidos y la promoción de actividades netamente extractivas como la minería y la agricultura de gran escala son también indicadores claros de la visión desarrollista del nuevo gobernador, quien también parecía ignorar en su discurso que la principal actividad agrícola de una gran porción de la provincia de Salta es la producción de soja transgénica, de escaso requerimiento de mano de obra. Urtubey agregó también, durante su discurso inaugural, que iba a garantizar “la previsibilidad”, “el crecimiento [económico] sostenido”, y “el progreso”. Según Blühdorn y Welsh (2007), existe hoy suficiente evidencia de que los principios de crecimiento económico infinito y acumulación de riquezas no han contribuido a la construcción de sociedades más sustentables. Además, también parece haber fracasado la idea de la “modernización ecológica”, una teoría que se presenta como la forma de operacionalizar el concepto de desarrollo sustentable, y que sostiene que se puede mantener el modelo económico actual indefinidamente siempre y cuando se hagan pequeñas correcciones para minimizar los impactos ambientales y sociales (Baker: 2007; Barry: 2003). La primera indicación clara de la incongruencia entre el discurso y las prácticas concretas del nuevo gobierno fue, como se indicó anteriormente, el temprano despido de la Secretaria de Política Ambiental luego de su oposición a un desmonte en tierras ocupadas por poblaciones indígenas. A menos de un año de asumir, algunas comunidades aborígenes llegaron a acusar al mismo Urtubey de “genocidio en grado de tentativa” debido a su incapacidad o falta de

voluntad para detener el “programa de desmonte masivo, por parte de particulares” que se estaba llevando a cabo en muchas tierras que ellos reclamaban como propias 4. Advertencias sobre los posibles efectos fatales de los desmontes sobre las poblaciones indígenas ya habían sido formuladas por la UNSa en un informe publicado por el gobierno provincial, en el cual se indicaba claramente que la pérdida de recursos naturales asociada a los desmontes y a la degradación ambiental “no se traduce […] en un tránsito inmediato a la ciudad” si no que lleva al “hambre con sus etapas de desnutrición, enfermedades y muerte” (Gobierno de la Provincia de Salta: 1995). El mismo gobierno, en una señal que indica un retroceso conceptual pero que, a la vez, se puede considerar un acto de sinceramiento, viró el tono de su discurso luego del fallo de la CSJN e invocó la necesidad de balancear “los beneficios [económicos] relativos para las partes involucradas” con “los costos ambientales y socioeconómicos” 5. Con ese argumento, se decidió unilateralmente “permitir la reanudación de la ejecución de las tareas de los aprovechamientos forestales autorizados”6 con la idea de diferenciar entre aprovechamientos legales e ilegales del bosque y obtener el apoyo de los productores madereros. La sola consideración de las cuestiones ambientales y sociales como “costos” es indicativa de la postura economicista típica de las corrientes neoclásicas. Durante el proceso de OTBN fueron evidentes las tensiones entre la retórica del desarrollo sustentable que usaba el gobierno y sus prácticas concretas centradas en el desarrollo económico y basadas en una visión agroindustrial del progreso. Para esta visión, lo máximo (y, en realidad, lo único) que pueden hacer los gobiernos es circunscribir o mitigar las consecuencias negativas pero inevitables de una expansión económica que se considera no sólo deseable si no también inexorable, recurriendo a lo que se denomina la “internalización” de las “externalidades” económicas (es decir los “costos” ambientales y sociales), mediante su adecuada incorporación al mercado como bienes de cambio (Norgaard: 1992). Sin embargo, incluso algunos economistas han cuestionado la validez y la eficiencia de los mecanismos de mercado como herramientas para detener la degradación ambiental y reducir la inequidad social (Barde y Pearce: 1991). El discurso del gobierno en relación con la cuestión ambiental volvió a cambiar ligeramente al cabo de dos años de gestión. En efecto, lo que se inició como una defensa del desarrollo sustentable y pareció luego retroceder hacia paradigmas más desarrollistas desde
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Clarín 25/11/2008. Énfasis propio 6 Resolución del MADS 327-2009 BIS.

el punto de vista económico, se consolidó finalmente como un discurso todavía más tradicional y conservador (en el sentido político). En efecto, existen numerosos indicios de que el mensaje que intenta transmitir actualmente el gobierno de Urtubey se puede calificar como uno de “conservación y desarrollo”, entendiéndose por desarrollo al crecimiento económico convencional y por conservación a la protección de áreas naturales y biodiversidad biológica en zonas específicas tales como parques o reservas. Esta visión, que remite a las épocas de creación de los primeros parques nacionales a principios del siglo XX y, a su vez, a los cotos de caza medievales reservados para diversión de la nobleza, fue una de las formas primitivas del ambientalismo en momentos en que el desarrollo industrial y agroindustrial incontenible sólo aceptaba preservar áreas remotas o singulares mediante mecanismos de exclusión social (Pepper: 1996). Este cambio puede haber sido el resultado directo o indirecto de la presión o la influencia del sector agroindustrial y de algunas empresas transnacionales de semillas y agroquímicos que defienden abiertamente la idea de “producir conservando” (Oliverio et al.: 2005). En esta visión de la relación (conflictiva) entre el hombre y la naturaleza, la producción y la conservación deberían estar relativamente separadas desde el punto de vista espacial bajo el presupuesto de que todas las tierras “productivas” deben ser explotadas (aunque de manera “racional”) para generar riqueza y promover el desarrollo económico. Las áreas a preservar serán siempre proporcionalmente muy pequeñas en comparación con las áreas destinadas a la producción agropecuaria, con lo cual no existen demasiados riesgos de restricciones de uso del suelo en zonas potencialmente agrícolas o ganaderas. Por tal motivo, este modelo es altamente aceptable por los grandes productores agrícolas, quienes ven satisfechas sus ambiciones económicas mientras pueden asumir, paradójicamente, un discurso conservacionista y “ecológico” que les permite también cubrir los requerimientos actuales de los sistemas de certificación ambiental y los protocolos empresariales exigidos para incorporarse en programas tales como el de Responsabilidad Social Empresaria (RSE). En las áreas protegidas, si bien se permiten los usos ancestrales, lo que más se promociona es su utilización para la actividad turística “sustentable”. En línea con este nuevo giro en el discurso, el gobierno emitió el Decreto 2.211 en el cual se estableció el sistema mediante el cual se evaluarían los proyectos productivos “a escala predial” y se indica cuál será el procedimiento para la “recategorización” de tierras, es decir el cambio de la categoría de conservación asignada originalmente por el OTBN. Esta recategorización es posible ya que la

Ley 7.543 y su Decreto Reglamentario 2.785 establecieron que la categorización inicial era solamente de “carácter orientativo”. El Decreto 2.211 indica que la recategorización puede ser modificada “de oficio” o “a solicitud de la parte interesada”. Es posible deducir que este proceso llevará inevitablemente a un aumento gradual de la superficie bajo la categoría III, con lo cual se incrementarán de manera asociada las actividades de tala y desmonte. De hecho, es altamente improbable que los propietarios de tierras productivas soliciten su recategorización a áreas de alto valor de conservación de las cuales no podrán obtener beneficios económicos. Poco antes de que se emitiera el Decreto 2.211 y se inicie el proceso de recategorización de áreas, el gobierno provincial creó, mediante el Decreto 1.849, una Agencia de Áreas Protegidas que se encargaría de supervisar e incrementar las reservas, parques y otras zonas bajo regímenes especiales de conservación y, entre otras cosas, deberá “fijar pautas para la prestación de servicios ambientales”, “fomentar la actividad turística sustentable”, e “impulsar la comercialización de bonos de carbono” en dichas áreas. Estos dos decretos, analizados conjuntamente parecen aportar evidencia para respaldar la idea de que el gobierno adhiere ahora de manera más explícita a la noción de “conservación y desarrollo” o “producir conservando”. El poder de control que tiene el MADS es tan limitado que resulta casi imposible garantizar que el modelo de “producir conservando” no se transforme inexorablemente en un modelo orientado simplemente a producir. Se puede argumentar que esta incapacidad de control ambiental no es casual si no que responde, directa o indirectamente, a una falta de voluntad de control asociada a la idea de laisser faire que caracteriza a la concepción económica neoclásica de mercado y a su variante actual, la globalización económica. Para dar la última puntada en este viraje discursivo y como una evidencia más de que la visión subyacente en el nuevo gobierno, a pesar de los discursos, fue siempre desarrollista, Urtubey nombró como nuevo Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable al mismo abogado que había dirigido la SeMADeS durante la gestión de Romero. En rigor, el nuevo Ministro no había abandonado la función pública, ya que se desempeñó como Coordinador del MADS desde la asunción de Urtubey. El cambio de funcionarios tampoco significa necesariamente que Urtubey estuviera descontento con el desempeño del Ministro anterior. Comentarios finales El caso descripto en este trabajo puede ser considerado un ejemplo paradigmático de los conflictos existentes entre la

conservación de los bosques nativos y el desarrollo agrícola. Los antagonismos que se observaron entre las distintas visiones de desarrollo, defendidas de modo abierto o velado por los actores intervinientes, y las desiguales relaciones de poder existentes entre ellos, hicieron del OTBN de Salta un caso particularmente complejo que constituye un tema típico de estudio para la ecología política. Consideramos que sólo mediante una observación atenta de las acciones concretas llevadas a la práctica en la arena ecológicopolítica de este tipo de conflictos es que se puede realizar un análisis que trascienda los discursos e ilumine las cosmovisiones que sustentan y explican el comportamiento de los actores intervinientes. El caso de Salta también demuestra que, cuando se combinan reclamos territoriales concretos, acciones sostenidas de resistencia no-violenta, y argumentos sólidos defendidos de manera racional y fundamentada, es posible cuestionar las ideas convencionales y hoy dominantes de desarrollo, e incluso desafiar la noción más políticamente correcta del desarrollo sustentable, la cual puede devenir fácilmente en una máscara verde de las prácticas del progreso convencional. Este caso también sugiere que ninguna de las nociones de desarrollo que determinaron el resultado final del OTBN, en particular la visión productivista defendida por el gobierno y los grandes productores agrícolas, forestales y ganaderos, parece ser suficientemente inclusiva como para resolver de manera adecuada los conflictos sociales y ambientales suscitados. Hasta la misma Ley de Bosques contenía mecanismos muy cuestionados desde los movimientos de justicia ambiental, tales como el pago por servicios ambientales, un método que ha sido catalogado como una “comodificación” de la naturaleza (Kosoy y Barbera: 2010; Liverman: 2004; Sullivan: 2009). Este pago puede devenir en un subsidio encubierto a los grandes productores agrícolas que podrían ser “compensados” por dejar fracciones de sus tierras sin trabajar, incluso aquellas áreas que, por razones climáticas, edáficas, o topográficas, son virtualmente imposibles de aprovechar desde el punto de vista agropecuario. Las inequidades de poder son particularmente relevantes en los debates de planificación estratégica y gobernanza, tal como se ha indicado al definir el concepto de marginalidad (Blaikie y Brookfield: 1987; Bryant y Bailey: 1997). Este concepto engloba las marginalidades económicas y políticas pero también las ecológicas, que en repetidas ocasiones pueden explicar el desplazamiento de minorías pobres y olvidadas tales como los pueblos originarios o los pequeños productores rurales. El desarrollo o progreso, entendido como un proceso de acumulación de riqueza y poder ligado

indisolublemente a la posesión de tierra puede considerarse como la ideología dominante en las elites económicas y políticas de Salta, y ha sido probablemente la cosmovisión que, en definitiva, guió todo el proceso de OTBN exigido por la Ley de Bosques. Este tipo de ideología, que puede vincularse directamente con la historia provincial, fuertemente influida por su pasado colonial, fue abiertamente cuestionado por las organizaciones sociales y ambientales. Estos cuestionamientos intentaron ocultarse haciendo una utilización ilegítima y parcial del concepto de participación pública, el cual fue manipulado para facilitar la imposición de políticas decididas de forma inconsulta. La ecología política puede ser una herramienta poderosa para entender los conflictos sociales y ambientales como los que se observaron en Salta, ya que pone en contexto y relativiza las consideraciones puramente económicas e incorpora al análisis temas como la distribución del ingreso y las diferencias de poder, conocimiento y representatividad existentes entre los actores individuales o institucionales (Robbins: 2004). Los gobiernos guiados y condicionados por ideologías de mercado ven fuertemente dificultada su capacidad para aceptar visiones alternativas sobre la relación entre la naturaleza y la sociedad. Algunas de estas visiones cuestionan la validez del mercado como único árbitro de las decisiones políticas, sociales y ambientales (Escobar: 2001) y otras recurren incluso a una deconstrucción de las supuestas “necesidades” humanas que se aceptan como tales sin discusión y que son la base de toda compulsión de consumo. Se han identificado muchos tipos distintos de necesidades que van más allá de lo meramente fisiológico, entre las cuales Maslow (1954) incluye, por ejemplo, la seguridad, la estima, el amor, y la realización personal. Algunas de estas necesidades no pueden ser plenamente satisfechas por bienes transables en el mercado, por lo cual un modelo de desarrollo basado únicamente en el mercado será necesariamente incompleto e injusto. La aprobación de la Ley de Bosques y, sobre todo, la histórica intervención de la CSJN hicieron reducir la tasa de deforestación en la provincia de Salta en más de un 65% en menos de dos años, revirtiendo una tendencia que se inició con la introducción de la soja genéticamente modificada en el año 1997 y se intensificó luego de la crisis económica del 2001 (Volante et al.: 2005). Esta reducción, si bien es significativa, debe ser analizada con cautela, ya que la tasa estimada de deforestación en Salta para el año 2010 todavía presenta valores por encima del promedio para América Latina. Por tal motivo, podría ser necesario reducir aún más los procesos de deforestación

con el objeto de preservar la integridad de algunos ecosistemas forestales y garantizar la supervivencia de las comunidades aborígenes y las familias criollas que viven en ellos. En Salta, el resultado final del proceso descripto es incierto, en particular porque la CSJN, que jugó un rol crucial para detener la tala y los desmontes en el Norte de la provincia, todavía no se expidió de manera definitiva sobre la continuidad del amparo. Esta demora, aparentemente inexplicable, para tomar una decisión de fondo sobre este tema requeriría un análisis particular que excede los objetivos de este trabajo. Lo que es claro es que la relación y los conflictos existentes entre el desarrollo y la conservación de los bosques nativos nunca recibieron tanta atención pública en la historia de la provincia de Salta.

Agradecimientos Agradecemos a ASOCIANA (Acompañamiento Social de la Iglesia Anglicana del Norte Argentino) y a FUNDAPAZ (Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz) por la valiosa información suministrada sobre el proceso de OTBN y por su contribución a la descripción de algunos de los actores intervinientes desde la óptica de las ONG que están trabajando con ellos en el terreno. La participación en este trabajo de algunos de los autores fue parcialmente financiada con subsidios del Inter-American Institute for Global Change Research (IAI, CRN II 2031) y de la US National Science Foundation (GEO-0452325).

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CAPÍTULO VI REPRESENTACIONES Y DOCUMENTALISMO. Acerca de las estrategias para visibilizar la protesta social Eje temático o mesa de trabajo seleccionada: Víctor Arancibia1 Resumen El trabajo se centra en el análisis de un documental que da cuenta de los modos de registro de la protesta social. Mosconi. Crónica de saqueo, rebelión y muerte del periodista Héctor Alí (2006) es, a la vez, un testimonio de las diferentes producciones documentales argentinas que registraron las luchas de los diferentes actores sociales que se resistieron a las políticas neoliberales al mismo tiempo que resulta un mostración de las estrategias mediáticas que registraron dichas formas de resistencia. A lo largo del mismo, se analiza el proceso constructivo de las imágenes en función de los procesos socio-históricos, desentrañando los regímenes de representaciones diferenciados que conviven en una sociedad y de todo el juego de poder y resistencia que el documental entrama. De esta forma, se pone en evidencia un doble proceso de historización a partir de la apelación a diferentes regímenes de representación: por una parte, se historiza el proceso político y económico argentino desde la perspectiva de la protesta y la resistencia y, por otra, se hace un recorrido por los modos de cobertura mediática que realizaron medios televisivos y gráficos a nivel nacional y local. A la vez, el documental de Héctor Alí propone formas de producción audiovisual en los que se puede hacer visibles y audibles las voces y las imágenes de los sectores históricamente subalternizados en la sociedad. En síntesis, la indagación pone en evidencia los modos de construcción un texto audiovisual complejo y complejizante, en tanto desafía y confronta los modos de percepción naturalizados por la circulación de los medios hegemónicos tratando de instalar otras historias en el horizonte visual de los diferentes actores sociales. Palabras Claves

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Es Master en Estudios Históricos y Literarios de Frontera. Se desempeña como Profesor Adjunto a cargo de las cátedras de Introducción a las Teorías de la Comunicación Social y de Semiótica Audiovisual en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Salta. Ha dirigido documentales y programas televisivos por los cuales ha recibido premios nacionales. Posee numerosas publicaciones nacionales e internacionales sobre representaciones sociales, producciones audiovisuales y análisis de las imágenes.

Representaciones sociales, documentalismo, espesor temporal de las representaciones y de las imágenes, regímenes de visibilidad, cuerpos y territorialidades

El registro de las historias ‘otras’
Se trate de un documental o de una obra de ficción, de una comedia musical o de un ensayo histórico, sea destinado a públicos masivos o a públicos selectivos, con fines comerciales o con fines declaradamente sociales o políticos, todo discurso fílmico es portador de una concepción del mundo que aporta a la construcción de sentidos sobre la realidad (...) El territorio dramático del cine ha sido y es con frecuencia la “continuidad de la política por otros medios”. Octavio Getino / Susana Velleggia

La producción de documentales tiene una larga tradición en la historia de las realizaciones fílmicas del mundo, en general, y de Argentina, en particular, tratando de testimoniar los diferentes procesos sociales desde diferentes puntos de vista. En las últimas décadas, los documentales argentinos al estilo Piqueteras (2002) de Mariana Bystrowics y Verónica Mastrosimone; Diablo, Familia y Propiedad (1999) de Fernando Kirchmar; de Botín de Guerra (2000) de Isidoro Blaustein o Yapoita Ñande Igüi – Queremos nuestra tierra (2006) dirigido por Lorena Riposati2, las producciones de diversos colectivos de documentalistas junto con la aparición del canal estatal Encuentro, que pone en circulación una cantidad importante de producciones documentales en el ámbito de la televisión, dan cuenta de un proceso fundamental en la historia de la producción audiovisual. Al mismo tiempo, la proliferación de cámaras hogareñas, semi-profesionales y las cámaras de filmación en celulares en manos de una mayor cantidad de personas ha provocado una explosión en la producción y consumo de un género que fue durante mucho tiempo el ‘hijo pobre’ del cine argentino. En el aspecto social, la década del ’90 y los primeros años del nuevo siglo significaron la pauperización de las condiciones sociales
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Citar estos ejemplos es dar cuenta de las formas en que los documentalistas fueron mapeando las problemáticas sociales que fueron foco de la mirada de la investigación. En el caso de Piqueteras se visibilizan las luchas obreras desde la mirada de género; en el film Diablo, Familia y Propiedad se pone el acento en el cruce entre las tradiciones y las narrativas míticas de las culturas y las formas de explotación en el noroeste argentino; en Botín de guerra, Blaustein poné el acento en las tareas que realizaron las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda y recuperación de una cantidad importante de nietas que pudieron recuperar su identidad o el caso de Yapoita Ñande Igüi – Queremos nuestra tierra se pone en el centro de la escena las luchas de los pueblos originarios por la propiedad de la tierra.

de la mayoría de la población ya que generaron desempleo y marginalidad como resultado de la instalación de las políticas neoliberales más fuertes de la historia reciente en la Argentina. La década menemista concluyó con la crisis económica del 2001 produciendo la renuncia del entonces presidente Fernando De la Rúa. Se produce, entonces, una necesidad de documentar los procesos vividos por diferentes actores y organizaciones sociales en el cambio profundo que vivió Argentina en el paso de un siglo a otro. El comienzo del milenio produjo un cambio en las políticas de estado con el gobierno denominado kirchnerista las cuales llevaron a la reinstalación de una serie de derechos que hasta ese momento estaban fuera de la escena política. Esta explosión del documentalismo argentino lleva a preguntarse acerca de los lugares ideológicos, de las estrategias cinematográficas utilizadas, de las formas de narrar las problemáticas sociales y, fundamentalmente, de las representaciones sociales que se entraman en las producciones que circularon en el marco de las diferentes coyunturas sociales y económicas. A la vez, plantea interrogantes sobre los procesos a partir de los cuales los recursos técnicos y estéticos se transforman en herramientas de denuncia, de lucha o de simple mostración de los cambios sociales producidos. Mosconi. Crónica de saqueo, rebelión y muerte del periodista Héctor Alí (2006) se inserta en el campo de la producción documental argentina recuperando algunos principios del ‘cine de la liberación’, de la tradición del documentalismo organizando a la vez que establece una política de la mirada marcada por el dialogismo de voces, imágenes y representaciones enclavadas en el cruce de las políticas de la visibilidad que recurren a tradiciones diversas en la producción audiovisual. Mirar este tipo de producciones permite establecer las estrategias mediante las cuales se pueden fisurar las representaciones icónicas más naturalizadas en los imaginarios circulantes y las formas de registro de los conflictos sociales en los inicios del nuevo milenio. La imagen documental se transforma acá en un espacio posible para la lucha por la descolonización de las mentalidades, en tanto y en cuanto tratan de ‘desmontar’ las imágenes dominantes y de relocalizar las miradas disciplinadas sobre los diversos actores sociales. Documentar las coyunturas Cada una de las crisis vividas en las últimas décadas en Argentina fue reinstalando la necesidad de debatir acerca de las formas de construir la pertenencia al sistema nacional y las formas de vinculación con las diversas modalidades simbólicas que la

constituyen, los modos de organización del país, las políticas locales y sus relaciones con las nacionales y las extranjeras, la construcción y reconstrucción de la base de derechos, entre otros aspectos no menos significativos. Tal como lo plantean Octavio Gettino y Susana Vellegia, la imagen audiovisual participa activamente en los debates ideológicos y políticos en torno a las localizaciones y a las relaciones internas que se dan entre los miembros de un mismo país que, junto con la violencia política que atraviesan las prácticas cotidianas y las diversas modalidades de empoderamiento, constituyen el escenario de las últimas décadas en la historia Argentina. En el marco de las flotaciones de los significantes 3 – simbolizaciones como Nación, Estado, Justicia Social, entre otros- que ya no logran estabilizar las formas de adscripciones identitarias, no logran evitar la constitución de zonas conflictivas del país, las protestas sociales se hacen presentes y, paralelamente a ellas, las formas de registrarlas y hacerlas visibles mediante diversos formatos comunicacionales que van recuperando la memoria de las prácticas comunicacionales como las radios comunitarias, las producciones gráficas diversas o las experiencias audiovisuales. Una de estas formas es el documental que trata de dar cuenta de los procesos socio-históricos involucrados en la generación de la problemática que tematizan dichas producciones. Este entramarse en los conflictos sociales y políticos forma parte constitutiva de la historia del documental en la Argentina y en Latinoamérica4. Desde los cuatro quiebres producidos por Fernando Birri5 hasta las propuestas fílmicas, los ensayos teóricos referidos al Tercer cine propuesto por el grupo Cine de la liberación6 o las
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Entendemos la noción de significante desde los postulados de Laclau y Mouffe (2003) según lo cual hay procesos de ‘vaciamiento’ de las cargas semánticas de determinados significantes. Esto se produce en instancias coyunturales de procesos en un bloque histórico determinado. Estos significantes son claves en la construcción de las representaciones vinculadas a la política y a la ciudadanía: ‘nación’, ‘patria’, por citar algunos ejemplos. 4 Basta mencionar a las experiencias de los hermanos Sanjinés, las experiencias del Cinema Novo, las modalidades de producción de Jorge Prelorán o Gerardo Vallejo, por citar algunos ejemplos emblemáticos. 5 Estos quiebres son relevados por Claudio Remedi y caracterizan la irrupción de un nuevo modo de documentalismo en el país a partir de la fundación de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional del Litoral. El primer quiebre consiste en la creación de un espacio universitario de enseñanza de las estrategias documentales destinado a personas de diferentes procedencias, el segundo es una puesta en visibilidad de los sectores sociales más marginados, el tercero implica socializar las formas de producción y el cuarto en los modos de distribución, circulación y consumo. 6 Según el modelo analítico propuesto por Cine de la liberación, el llamado ‘primer cine’ es el que responde a las exigencias de Hollywood y de algunas producciones europeas centradas en el tratamiento espectacular de la imagen y en el Star System como forma de presentación de los protagonistas; el ‘segundo cine’ es el que correspondería a lo que una distinción genérica más tradicional denominó como ‘cine de autor’; mientras que el ‘tercer cine’ -en el que participaban activamente Pino Solanas, Octavio Gettino, Nemesio Juárez, Gerardo Vallejo, entre otros- que se caracterizó por su lucha anti-imperialista y un fuerte compromiso político militante. Este cine daba cuenta del debate ideológico que atravesaba la sociedad argentina y latinoamericana. Los realizadores del ‘tercer cine’ buscaban dar un rol activo a los

declaraciones de principios del movimiento documentalista argentino 7 –por citar sólo algunos ejemplos- un sector importante del documentalismo argentino tuvo una actitud claramente militante por dar cuenta de las diversas protestas de los sectores más vulnerados de la sociedad8. Desde esta perspectiva, la práctica documental se transforma en el espacio de confrontación de las representaciones sociales y de las formas en que estas construcciones se articulan en las diversas formaciones discursivas. La tarea de esta forma de registrar y de dar a conocer una imagen del mundo se focaliza en la necesidad de quebrar las representaciones instauradas por las hegemonías y trabajar el registro documental como una herramienta válida para fisurar dichas representaciones que se instalan en distintas instancias de la producción de sentido en una cultura. Los documentales, siguiendo esta línea de análisis, se transforman en una forma de producción audiovisual militante, ideológicamente definida y políticamente situada aunque no haya necesariamente una manifiesta adhesión a líneas políticas partidarias o a posturas estéticas claramente delimitadas, ya que las mismas en general se van construyendo en los modos de hacer. Las imágenes relevadas, los sonidos tomados, las voces textualizadas, las estrategias de composición, las estéticas a las que se apelan, las tradiciones en las que se entroncan, las sistemas visuales que se toman como referencia van dando cuenta de un mundo que -hasta esa instancia inaugural de la visibilización- había pertenecido a otro régimen de visibilidad el cual había colocado a los sectores otros en una posición devaluada y hasta invisibilizada para la percepción del conjunto de la sociedad. La práctica documental pensada desde la búsqueda del quiebre del sistema representacional tiene la intencionalidad de transformarse en un documento socio-histórico de las formas de comunicación y de las prácticas socio-discursivas que no tienen su registro en la cotidianeidad de los espacios mediáticos que dan cuenta las protestas (noticieros, informes periodísticos, programas televisivos de investigación, entre otros formatos). El documental, así pensado y llevado a la práctica, se transforma en una producción
espectadores y expresar cabalmente la ideología de quien lo producía y la de su grupo de pertenencia. Este tipo de reflexión se emparentaba con toda la propuesta circulante en el campo artístico de aquellos años. En esta línea se pueden considerar las relaciones con el ‘teatro del oprimido’ de Augusto Boal, las propuestas pedagógicas de Paulo Freire, las experiencias de radios mineras y campesinas, entre otras. 7 www.documentalistas.org.ar 8 La página www.documentalistas.org.ar es un claro ejemplo del trabajo de reflexión teórica y de reflexión metacognitiva que realizan los documentalistas militantes lo que llevó a producir materiales teóricos, manifiestos y hasta propuestas metodológicas de trabajo. A esto se suman los debates ideológicos acerca de las funcionalidades sociales que tiene esta forma comunicacional.

audiovisual que asume ciertas causas sociales como propias, las textualiza en un formato particular y le otorga la capacidad de circulación a través de las imágenes. Estas formas de articular representaciones encontradas, diversas y disímiles que tienen a la vez ‘espesores temporales’9 múltiples hacen que sean espacios donde se visibilizan las luchas simbólicas por la construcción de las imágenes de los grupos subalternizados por las políticas económicas y sociales. La interacción entre periodismo y documental El film Mosconi. Crónica de saqueo, rebelión y muerte de Héctor Alí (2006) se posiciona en un cruce genérico más que interesante: por un lado, es un registro documental de los participantes de los piquetes en la zona Norte de Salta mediante las estrategias más tradicionales de la historia del documental (uso de entrevistas casi etnográficas, registro de imágenes que funcionan como insert en los espacios intermedios de la narración o durante el desarrollo de la entrevista a los diferentes actores, cámara pretendidamente objetiva, entre otros recursos); por otro, es una reconstrucción de las coberturas mediáticas realizadas por diferentes canales nacionales (como Todo Noticias), provinciales (Canal 2 y Canal 11) y locales (Video Tar) a la vez que se posiciona en un espacio en la que la crítica a los medios es posible. La producción se instala en el cruce de dos tradiciones: una más ‘antigua’, la del documental testimonial de las luchas sociales y otra incipiente, la de la producción asentada en la recursividad de la imagen que se piensa a sí misma y se transforma en una crítica de los mismos recursos utilizados 10. Tomando como base los propios informes periodísticos de Alí 11 y las coberturas mediáticas de medios nacionales, provinciales y
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La noción de espesor temporal fue desarrollada para el análisis de representaciones por Alejandra Cebrelli (1999) y por Cebrelli/Arancibia (2005). Se realizará una referencia más precisa de la noción más adelante. 10 Este básicamente es un recurso que se toma de la misma televisión en la que se produjeron una cantidad importante de programas operaban como una puesta en abismo, en algunos casos, o como una mirada sobre los propios vicios de las producciones fílmicas. La neo-televisión (en los términos en que Mario Carlón sintetiza los debates teóricos a partir de los postulados de Umberto Eco) va influyendo en las producciones más cercanas a la tradición del cine. Estos recursos tienen que ver con la partición de la pantalla, la extensión de las narrativas, ritmos acelerados, multiplicidad de formas narrativas, entre otros. El cambiante panorama de las producciones audiovisuales va de la mano de los procesos de la tecnologización de la sociedad y de una ampliación de la base de conocimiento de los modos de producción. 11 Cabe recordar que Héctor Alí tiene desde hace muchos años una serie de programas periodísticos y de opinión en los que realiza un trabajo fino de investigación de diferentes hechos. Los que se toman para la realización de este documental son los del ciclo Las barbas en remojo. Posteriormente realizó el ciclo El informante con la dirección de Chino Vistas donde abordan casos policiales no resueltos, algunos de ellos con fuertes implicancias políticas como el realizado en función al asesinato del Periodista Luciano Jaime por parte de personal de la Policía de la Provincia de Salta, durante la plena vigencia de la Triple A.

locales –además de los testimonios de las personas involucradas en el conflicto, el documental se articula como un testimonio de las formas de registro de la protesta, casi como un metadocumental que permite la visibilización de las estrategias propias de la producción y, a la vez, opera como una visión crítica de los procesos de narrativización de las protestas sociales en su conjunto. El mismo espacio fílmico es el espacio donde dialogan y se confrontan diversas representaciones sociales instauradas en el imaginario de la sociedad y textualizadas por los medios de comunicación. Pero también es el lugar donde se puede mapear las formas de cobertura que los medios de comunicación –en sus diversas materialidades y soportes- hacen de las protestas sociales, esto permite que se articulen y discutan las modalidades de la producción y de las formas de registro. A la vez, en el desarrollo del documental, se muestran imágenes de las tapas de diarios ( Clarín y Página/12) y semanarios locales de la época (Nueva Propuesta, Crónica del Noa), se textualizan registros fílmicos que circularon por diferentes noticieros nacionales, se produce el rastreo de la historia de las privatizaciones y de las formas de la protesta social. De este modo, se va construyendo no sólo la narración de las historias de los piquetes de Gral. Mosconi sino también una reconstrucción de los procesos políticos y sociales en los que la protesta se entrama. Se produce una reconfiguración de los relatos en los que las protestas son las que articulan la historia y no los pasos que da el Estado. Un claro ejemplo de ello en el documental es el recuerdo de los muertos en diversas protestas en la Argentina: el registro se inicia con el recuerdo de la última víctima de la dictadura militar en el año 1983 a la que se suman los fallecidos en cada uno de los piquetes ocurridos en la era menemista y en los inicios del período delarruista. La edición del documental se asienta sobre una operación clara: la narración de la historia se cuenta desde la perspectiva del despojo y del reclamo. Desde allí, las configuraciones representacionales a las que se apelan comienzan a entramarse en una línea de sentido diferente a las habituales. Las representaciones oficiales acerca del mundo del trabajo quedan resignificadas en la cadena equivalencial 12 de la desocupación y de la protesta. En el film, las imágenes del monumento al obrero de YPF 13 en la localidad de General Mosconi – otrora símbolo del trabajo y del progreso que llevaría el pan a todos
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Una relación de equivalencia no es una relación de identidad entre objetos. La equivalencia no es tautológica ya que la sustitubilidad que establece entre ciertos objetos sólo es válida de acuerdo a las posiciones que toma dentro de un contexto estructural dado. Esto significa que aquello que llamamos identidad de un objeto dentro de una relación de equivalencia está escindida: por un lado conserva su propio sentido ‘literal’; por el otro da cuenta de la posición que ocupa el objeto dentro de la cadena equivalencial, es decir dentro de la cadena en la cual es un elemento sustituible. (Laclau-Mouffe, 2003: 96).

los hogares- se transforman en la dramática representación de la utopía resignada frente a las imposiciones de las formas de la política neoliberal. Las cargas valorativas se alteran y las posiciones se resignifican articulando nuevos sentidos que fisuran las cadenas consolidadas en el imaginario social. Como correlato a la operación mencionada, Mosconi, Crónica de saqueo… se construye como una suerte de archivo material de las formas en que los medios hacen las coberturas de los conflictos sociales y, por ende, de las representaciones acerca del trabajo periodístico que van configurando desde el hacer de los diversos miembros del campo, en el sentido bourdieuano del concepto. Un ejemplo claro es cuando se insertan las imágenes y las voces de los funcionarios. Las declaraciones de los oficiales de gendarmería, las palabras de los políticos que protagonizaron la escena nacional y provincial están registradas por los micrófonos de los medios más importantes, sobre todo los de circulación nacional ( TN, Canal 13, América, etc.) mientras que las asambleas en la plaza de Tartagal quedan apenas relevadas por el cable local y un puñado de periodistas más. Las vinculaciones, los intereses, los recorridos y las focalizaciones quedan claramente marcadas en cada una de las imágenes. Se pone en evidencia, al mismo tiempo, la disponibilidad técnica y de recursos para el registro y la cobertura; por ende, también es dable suponer las facilidades y las dificultades en la etapa posterior de puesta en circulación de la información. Pero, junto con los recursos escuetamente mencionados, la producción de Héctor Alí se entrama en otra tradición de la producción audiovisual argentina. En efecto, si se toma la modalidad enunciativa tanto verbal como icónica de este documental se puede observar que recupera las estrategias de la mostración de la pobreza y de la marginalidad similares a películas como Memoria del Saqueo de Pino Solanas (2003-2004), por citar un ejemplo cercano en el tiempo. La relación intertextual se establece desde el mismo título del documental de Alí que rememora al de uno de los fundadores de Cine de la liberación. Esta relación también se entabla en el terreno de la concepción del documental cuya narración en off sigue los lineamientos de la narrativa de Solanas: apelación a datos estadísticos (al estilo de las modalidades del periodismo de precisión), recuperación de datos de organismos de derechos humanos como fuentes incuestionables de informaciones verdaderas, utilización de
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Yacimientos Petrolíferos Fiscales fue una empresa pionera de las políticas de exploración y ocupación del territorio además de su carácter de empresa nacional. La historia de esta empresa está ligada a la fundación y al progreso de poblaciones enteras desde el momento de su fundación a comienzos del Siglo XX. La privatización de la empresa en el año 1999 (previa reforma que se inicio en 1989) produjo una oleada de desocupación y la conversión de pueblos prósperos en localidades fantasmas.

un cuerpo de subjetivemas con una fuerte carga valorativa negativa para evaluar las políticas oficiales, inserción de preguntas retóricas que apelan a los valores humanitarios de los espectadores de turno buscando producir una adhesión casi instantánea con lo que se enuncia, dramatismo en la presentación de los personajes, una entonación propia de las narraciones de las tragedias preanunciadas, entre otros recursos. Las huellas de la memoria El proceso constructivo de la narrativa fílmica busca articular diversos procesos socio-políticos en una estructura que reagrupa las imágenes desde las consecuencias de las políticas oficiales y no de los fundamentos de la implementación de dichas políticas. Si bien este no es un recurso novedoso, si lo es por la necesidad de entramar la historia de las protestas en el registro mediático. Las imágenes del documental van articulando las protestas realizadas durante la dictadura, las de Cutral-Co, las realizadas en las provincias de Santiago del Estero o de Corrientes, por mencionar algunas de las acciones de resistencia más importantes durante la década menemista. De esta manera hay una historicidad otra que, sin peder de vista las acciones estatales y las formas narrativas de la memoria oficial, van reagrupando las protestas en una serie inclusiva que las contiene desde sus propias lógicas. Se trataría de una forma de historizar los empoderamientos de los grupos sociales silenciados y marginados. Esta estrategia funciona como una operación constructiva en la cual las historias se cuentan desde los relatos de vida (y de muerte) de los protagonistas de las protestas y desde la consecuencia sobre los propios cuerpos maltratados por la crisis, la miseria y la represión. Esto hace que se genere desde los mismos inicios del film un espacio para la confrontación de representaciones y para la activación de memorias diversas. El documental se inicia, precisamente, con una estrategia de reactivación de la memoria política apelando a una cita del General Mosconi en la que se plantea la importancia geopolítica y económica del trabajo sobre los territorios en el que el petróleo es un elemento fundamental no sólo en términos económicos sino también en la lucha por la soberanía. Frente a ello se insertan, también con el recurso de los títulos de una presentación, las palabras del ex presidente Carlos Menem en las que justifica las políticas de la privatización de las empresas estatales y las consecuencias que tendrían quienes se opongan a la implementación del modelo. Así, la

estrategia dialógica14 queda instaurada desde el mismo inicio del documental de Alí. Las imágenes van dar continuidad a la estrategia iniciada en el mundo de las palabras. Las primeras tomas muestran, mediante una edición alterna, las imágenes del pretendido primer mundo (según la promesa menemista) que se instalaría en nuestro país–en general- y en Salta en particular interactuando conflictivamente con las imágenes de niños que apenas acceden a un plato de comida; imágenes de los banquetes de los poderosos confrontadas con las de ollas populares. El campo auditivo no se queda atrás en este proceso constructivo del documental como espacio de la heterogeneidad y de la representación de la conflictividad social: de la música electrónica propia de la fiesta de los sectores sociales con mayor poder adquisitivo a los ritmos de los tambores en las marchas, rumores de un acto ‘cultural’ en los salones vip de la cultura local enfrentados al ruido de los platos y los cucharones en una olla popular. La estrategia dialógica también se produce en las instancias en que se toman como insumo las coberturas mediáticas del conflicto: frente a las imágenes claramente tomadas de las emisiones del canal Todo Noticias (TN) perteneciente al grupo Clarín aparecen las producidas por VideoTar (la empresa de cable de la ciudad de Tartagal) y que fue la que mantiene un registro de las diversas protestas incluso aquellas que no llegaron al escenario de los medios nacionales. Este es un diálogo entre posiciones sociales, políticas e ideológicas en las que se testimonio el modo en que se concibe cómo ser periodista. Los periodistas locales son los que cubren las primeras imágenes del asesinato de Aníbal Verón en la ruta 34, se internan en las comunidades aborígenes, conocen a los referentes locales, poseen los registros de los procesos que desencadenaron la fase de la protesta más visible mientras que las voces de los cronistas ‘nacionales’ marcan las diferencias entre ‘piqueteros’ y ‘pobladores’ como se escucha en la voz en off de una cobertura de TN o la asunción del rol político como cuando se ve al periodista Sergio Lapegüe dando un discurso montado a un camión en la zona, mientras es vivado como en un mitin político. La sustitución de la
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Esta categoría fue utilizada por Mijail Bajtín en sus estudios sobre el enunciado para aludir a la mezcla de voces y diversos tipos de discursos socioculturales (estilos, dialectos y sociolectos) que conviven y se entrecruzan en la producción discursiva. Los fenómenos de convergencia, discrepancia, desdoblamiento, travestismos, etc. entre las voces presentes en el relato confieren al texto su carácter dialógico que, como hecho de lengua constituye una opinión pluridiscursiva sobre el mundo. Para Bajtín las relaciones dialógicas no son naturales ni mecánicas, sino una clase de relaciones que producen sentidos anclados en lo sociohistórico, dado que sus participantes pueden ser enunciados completos detrás de los cuales están (y en algunos casos se expresan) los sujetos discursivos reales o potenciales. Por ello, dos enunciados alejados en el tiempo, o pertenecientes a distintas culturas pueden establecer relaciones dialógicas, ya que éstas se entienden en un sentido mucho más amplio que el diálogo tradicional.

figura de los políticos por los periodistas es una marca de época de la sustitución de roles sociales en la Argentina de fin del siglo XX15. Esta confrontación también se puede ver en la calidad de las imágenes ya que cada una de las secuencias que se insertan se transforman, a la vez, en un testimonio de las posibilidades tecnológicas con que cuenta cada uno de los lugares y de la distribución de las posibilidades de acceso a formas de registro diversas. Uno de los aspectos más significativos que tiene el film Mosconi es la diversidad de miradas y de diversas formas de percepción que se montan en el documental. Las imágenes de TN, de Canal 13, de América TV16; las de las cámaras de los canales provinciales y las del cable local se ven claramente diferenciadas desde las resoluciones técnicas de las mismas. Pero también en la focalización de las prácticas, de las miradas y de las palabras están diferenciadas se construye un espacio de diálogo entre la pluralidad perceptual. Se ve, a lo largo del documental, una estrategia constante de la posición de una cámara que conoce y sigue los recorridos cotidianos de la gente frente a la presencia de los medios ‘nacionales’ que llegan cuando el conflicto está desatado. Esta diferencia entre el andar de la gente, transitando y construyendo los territorios, frente a las miradas que localizan la zona de conflicto sólo donde se produce el epicentro queda claramente evidenciada en el campo de la imagen de cada una de las producciones. A todo esto se suma una estrategia que se ha podido relevar en varias producciones documentales argentinas: el lugar que elige la cámara para posicionarse. En general, las cámaras de las televisoras mal denominadas nacionales generalmente ingresan a los territorios detrás de las fuerzas de seguridad (policía o gendarmería) mientras que las cámaras de las televisoras locales, en líneas generales, van acompañando a la gente en el proceso mismo de la protesta 17. La localización física de los instrumentos para registrar la protesta va dando cuenta también de los posicionamientos ideológicos y políticos

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El periodismo tuvo un momento en la historia Argentina en la que asumió roles que eran propios de los poderes del Estado. A partir del desarrollo de la investigación periodística, los trabajadores de los medios se constituyeron en policías y fiscales que investigaban los casos, en jueces que juzgaban los hechos en las páginas de los periódicos y en las pantallas de televisión; en políticos que arengaban a la gente o prometían soluciones a las problemáticas diversas de la población. 16 Cabe mencionar que son los canales de noticia más importantes del país ya que, si bien están en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tienen alcance nacional situación que tendería a modificarse a partir de la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, Nº 26522 en la que se prevé una distribución diferente de las producciones locales y regionales en el marco de una necesaria reestructuración de las programaciones televisivas. 17 Esta es una estrategia muy utilizada en Piqueteras donde también se produce una confrontación entre los modos de registro de los medios locales o de las cámaras de quienes acompañaban la protesta y el registro de los noticieros ‘nacionales’.

que funcionan como sustento a la producción audiovisual, aunque no haya intencionalidad en ello. Los cuerpos de la protesta El documental acerca de los piquetes en Mosconi, además del registro de la protesta y de sus estrategias, es un testimonio de la localización, el tránsito y las transformaciones de los cuerpos en el proceso constructivo de las territorialidades por las que los cuerpos materiales y simbólicos de los actores diversos van recorriendo. Más allá de los datos sociales, económicos y las relaciones con la política reciente del país; el documental da cuenta de los recorridos, las prácticas cotidianas, las voces, los sonidos y las formas de protesta y sus variaciones a lo largo de los años. En primera instancia, se muestra en el film una relación de los cuerpos que protestan con los íconos de la patria con que se enfrentan. La primera, y más obvia relación, se entabla entre los cuerpos y los emblemas nacionales como las banderas, los monumentos y los edificios pertenecientes a diferentes instituciones del Estado. Las imágenes van mostrando un uso contradictorio de símbolos mencionados. Por una parte, reafirma una identidad colectiva como es el caso de la bandera, mostrada como un estandarte de la protesta y como nucleante de los reclamos y de las utopías. Frente a esto, se visualizan los símbolos patrios como contenedores de las instituciones encargadas de disciplinar y controlar los cuerpos. En varias secuencias del film, aparecen usos diferenciados y diferenciadores de la bandera: signo de la resistencia, en mano de los diversos miembros de las protestas y signo de la represión, que la enarbola en pos de del uso legitimado de la fuerza. La identidad se va construyendo desde una doble articulación: como pertenencia a un sistema vinculados a las ‘comunidades imaginadas’ creadas y sostenidas desde los aparatos ideológicos del estado y como una marca de la reapropiación de los emblemas a los efectos de resignificarlas y transformarlos en símbolos de la resistencia. Uno de los recursos más utilizados en la constitución de la imagen es la mostración de las corporalidades múltiples y diversas que componen la protesta. Los rostros diversos del piquete18 son los que van dando cuenta de la heterogeneidad social que la cámara en primer plano logra registrar. En un plano corto de las cámaras de
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Un aspecto de esta problemática se encuentra trabajada en conjunto con Alejandra Cebrelli (2005a y b). En los mismos se abordan las representaciones sociales construidas desde lo mediático, generalmente homogeneizadora de la diversidad, frente a la pluralidad de gestos, prácticas, saberes y discursos que se pueden observar en una mirada más detenida sobre los grupos sociales. Los rostros diversos del piquete es el rastreo de un trabajo que intenta desmontar las estrategias constructivas de las representaciones sociales que apelan a antiguas configuraciones –generalmente entonadas negativamente- para construir las imágenes devaluadas de los grupos que participan de las protestas.

televisión locales se pueden observar la ropa (muchas veces desgastadas y raídas), se pueden escuchar las formas de hablar (en las que tonadas provinciales se ponen en primer plano sin la exotización a la que son sometidas en las producciones de los canales centrales), se pueden mirar las prácticas sociales de un pueblo que circula y produce más allá –o en medio- de la protesta (se muestra fundamentalmente que las personas van desarrollando sus actividades con el telón de fondo de la protesta en la que también participan activamente), entre otros aspectos. Se genera una imagen que posibilita mirar por una estría de la imagen que permite reconstruir, mínimamente, algunos de los haceres de los habitantes del norte de Salta al mismo tiempo de mostrar que la protesta es una actividad más en la cotidianeidad de los habitantes del departamento General San Martín. Por otra parte, es interesante ver en la imagen del documental cómo los cuerpos de los manifestantes van impregnando las territorialidades estatales, van tiñendo con sus propias características los objetos que son símbolo de la dominación tanto estatal como privada y hasta se apropian de las corporalidades de los representantes de las instituciones estatales. Esta mostración de la lucha va dando cuenta de uno de los mecanismos de la protesta social: el recorrido de las protestas va tiñendo con sus propias lógicas, colores, rumores los territorios pertenecientes al estado. Se trata de un tránsito de la invisibilidad y inaudibilidad de los reclamos históricamente condenados a un estatuto de inexistencia a la ocupación del centro de la escena en el campo de la imagen y de la audición; es el tránsito de los espacios marginados históricamente y subalternizados al centro de la pantalla. Se produce un cambio de régimen representacional: de la representación de los grupos marginalizados como estigmatizados desde una mirada de sujetos colonizados y reproduciendo las prácticas hegemónicas se pasa a la construcción de una representación en la que los actores sociales recuperan su capacidad productiva y de resistencia a los modelos vigentes. En definitiva, son los cuerpos los que transversalizan los territorios propios y los ajenos y, en ese sentido, la imagen se transforma en profundamente epistémica19 dando a conocer sectores

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Según Jacques Aumont, una de las funciones de la imagen es la epistémico ya que produce una serie de informaciones que van construyendo el conocimiento del mundo (1992: 84 y 85). El desarrollo de este aspecto de la imagen suele darse por hecho, sin embargo queda mucha reflexión por realizar en este sentido: ¿de qué forma se construye ese conocimiento?, ¿cuáles son los aspectos que se focalizan y que producen los estímulos para incorporarlos como información?, ¿qué aspectos representacionales entran en juego?, ¿cómo se vinculan con una historia de la mirada individual y social?, por nombrar sólo un número pequeño de preguntas. Si bien algunas aproximaciones se realizaron desde la neurobiología hay un entramado interdisciplinario que marca un camino poco recorrido.

sociales que no tenían su espacio en los campos de interlocución previstos por el diseño de las diversas hegemonías de turno. De la misma manera que el documental va articulando una narración en el que núcleo de la composición es la protesta, los cuerpos de los manifestantes y el de las víctimas van configurando otras redes de relaciones a partir de la composición de la imagen. Las víctimas de las tragedias son los elementos articuladores de la historia de la protesta: desde Dalmiro Flores (muerto durante una marcha de la Confederación General del Trabajo en contra de la dictadura militar en 1982), pasando por las imágenes de Kosteki y Santillán (asesinados por las fuerzas policiales durante el gobierno de Eduardo Duhalde), Teresa Rodríguez y Aníbal Verón (caídos en acciones de resistencia a las políticas neoliberales de la década menemista) por citar sólo algunos. Se genera de esta manera, un espesor temporal20 en el mismo armado del documental en el que las imágenes de los cuerpos torturados, mutilados y sufrientes van generando una nueva forma de constitución de la historia que se acopla al sistema de las representaciones vinculadas al del padecimiento ya instaladas en nuestra cultura que se constituyendo en diferentes momentos de la historia. Los cuerpos y sus recorridos van dando cuenta a lo largo del documental de los espacios segmentados de la sociedad y de las formas de visibilizar las estrategias del sometimiento. Por una parte los lugares a los que habitualmente los pobladores no tienen acceso y que durante la protesta son las zonas privilegiadas para la circulación (rutas, propiedades de las multinacionales, lugares de la administración pública, entre otros espacios); los cuerpos hacen converger en la imagen una matriz histórica de las prohibiciones que quedan abolidas durante el tiempo de la protesta. A la vez que se muestran los lugares por los que los grupos van haciendo su protesta la imagen va registrando las miradas, las gestualidades, los haceres cotidianos periféricos a la protesta, las modalidades de la circulación, entre otros aspectos. Se va construyendo, a la vez, una representación de las formas de reconstrucción y resignificación de las territorialidades. Si el territorio es el espacio vivido, representado, significado y que
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El espesor temporal de una representación consiste en que a lo largo de la historia, a una determinada representación social se le van adosando operativamente modos de significar, de hacer, de percibir, de decir, entre otros aspectos complejizando la estructuración de dichas representaciones. Este proceso es propio de las formaciones discursivas y de los modos de circulación que tienen. De esta manera, cuando se responde a la prescripción pragmática de una representación se está respondiendo a los aspectos que en ese momento socio-histórico se validan como significativos. Claro está que ese modo rara vez es una invención del actor social sino que ya estaba en el campo validado por otros agentes que abonaron – reproducción mediante- la validez de esa forma de hacer y de decir. (Cfr. Cebrelli-Arancibia: 2005, 121142).

contiene una serie de relatos que posibilitan la adscripción identitaria; la ocupación del espacio desde la lucha por la reivindicación de los derechos va dando cuenta de procesos de constitución de nuevas y viejas territorialidades. Nuevas porque irrumpen en un momento en las que se las creía desaparecidas pero viejas porque forman parte de la memoria de los pobladores que disponían de los espacios antes de la llegada de las empresas extranjeras o de las políticas neoliberales. La territorialización de las luchas permite la reconstrucción de las memorias, la construcción de nuevos relatos que articulan las luchas recientes con las antiguas lo que se transforma en un operador de la construcción de una comunidad unida por las diversas formas de la resistencia. A modo de conclusión Las discontinuidades de las luchas y sus imágenes encuentran en la producción de Alí (y en la de muchos documentalistas argentinos) el modo de contar historias desde otras modalidades articulando las narrativas diversas que en el espacio mediático cotidiano (dominada por la impronta de los medios de comunicación concentrados) quedan obnubiladas. La transformación de lo discontinuo en una red de relaciones en las que las lógicas causales se construyan desde cadenas de equivalencias que son nuevas para la percepción del colectivo de la sociedad pero tienen una larga memoria en las luchas sociales es un trabajo que significa un aporte importante a los modos de construir las representaciones de la protesta. Si, como la Plantea Martín Jesús Barbero, la imagen se está transforman en una nueva episteme que impacta directamente sobre las formas de conocimiento y de procesamiento de las informaciones acerca del mundo y que la visibilidad se encuentra en un proceso que va de la legibilidad a la cognoscibilidad (2003: 92-11) estamos frente a una instancia de necesaria repregunta acerca de las posibilidades de la funcionalidad de las imágenes documentales en coyunturas en las que las luchas son fundamentales para evitar el avasallamiento de los derechos individuales y sociales. La construcción visual de lo social, en el caso que aquí se analiza, pasa por hacer visibles las diferencias y las formas conflictivas de relación entre los diversos grupos sociales (los modos en que el poder circula, las viejas estrategias de la colonización de los cuerpos y de las mentalidades, las formas de marginalidad y subalternización a los que se someten a diferentes actores sociales, entre otros aspectos). La tarea del documentalismo que tematiza la protesta social parece situarse en un espacio ‘entre’ a partir del cual

se pueda dan cuenta de las relaciones, de los procesos, de las formas de representación, de las posiciones que adoptan los diversos grupos sociales, entre otros aspectos. Un espacio en el que obliga a los espectadores a modificar también sus regímenes de percepción en función de las imágenes que se ponen en el centro de la pantalla. En una etapa de la historia regida por los regímenes y las matrices de la (in)visibilidad, el documental –tal como lo concibe Héctor Alí y otros productores que van en el mismo sentido- pasan por restituir uno de los pilares de la ciudadanía de este nuevo milenio: el derecho a ser visto, principio activo que lleve a la toma de la palabra efectiva, pasos necesarios para que los silencios históricos tengan un espacio de audibilidad y de circulación en la cada vez más compleja maraña comunicacional que aportamos todos a construir.

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CAPITULO VII “COMO UNA CADENA QUE NUNCA SE CORTA”. Horizontes de pasado, entramados de poder y visiones subalternas. Dra. Andrea Villagrán21 Resumen Inscripto en las discusiones sobre memoria, representaciones sociales y producción y apropiación social del pasado, en este trabajo se exploran relatos de los “gauchos” agrupados en fortines. Se problematizan las tensiones entre “el horizonte de pasado” que desde allí se crea y el que se delinea desde las narrativas históricas-oficiales de la “salteñidad”, a través de distintos ejes. Uno de ellos está ligado a la construcción de una “identidad gaucha” sobre la base de la resignificación del Gral. Güemes en clave de “ídolo popular” como defensor de los campesinos/pobres. Un segundo núcleo de estudio se circunscribe a las ideas sobre el “poder” y al modo en que las relaciones de dominación se representan y nominan. En ese sentido, mientras en las narrativas oficiales/hegemónicas de la salteñidad; “lo gaucho” es homogéneo (excluye y diluye diferencias y desigualdades) a través de distintas categorías nativas como: “gauchos pobres”, “gauchos sin tierra”, “gauchos gauchos”, “gauchos cholos” y “gauchos disfrazados”, a la vez que se visibilizan las diferencias, se simboliza el tipo de relación de poder característica de las fincas rurales. Estas nociones aluden a la configuración patrón/peón que conforma el tramo omitido y silenciado en las narrativas institucionalizadas sobre el pasado, y asimismo representan, a otra escala, las relaciones que se entablan entre la institución gaucha oficial, la “agrupación madre ATSGG” (Agrupación tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes), donde se congrega el sector terrateniente y de expropietarios de tierras, y los “Fortines gauchos” integrados por “campesinos”, “peones rurales” y expeones, que viven en localidades fuera de la capital de provincia. Estas resignificaciones que pluralizan y diversifican “lo gaucho” adquieren la forma de una operación a través de la cual la veracidad de lo gaucho entra en arena de disputas. Tal proceso es concomitante a una producción del pasado que transita los temas y nudos silenciados en la historia oficial. Este juego de lenguaje, el de las denominaciones y las disputas por la clasificación, con arraigo en relaciones sociales específicas y particulares experiencias de vida, puede asimismo ser interpretado como una acción de subversión simbólica de las relaciones históricas de poder.
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Lic. en Antropología (Universidad Nacional de Salta), Doctora en Antropología (Universidad Nacional de Buenos Aires). Fue becaria de postgrado (2006 y 2011) actualmente becaria posdoctoral en CONICET, desarrollando su investigación en el campo de la antropología cultural, histórica y política.

Palabras clave Gauchos, horizontes del pasado, poder, tradición

Entrada al nudo. Gauchos y disputas por el pasado El centro de interés de este trabajo es la descripción y análisis del modo en que grupos de “gauchos”, que se definen como tales y reúnen en instituciones denominadas fortines, producen una gradación de categorías clasificatorias respecto a lo gaucho, las cuales se inscriben en los mecanismos y estrategias de construcción identitaria, donde “el pasado” resulta resignificado y apropiado 22. Sus representaciones, relativas a actores sociales situados en una posición histórica desfavorable en el entramado social y de poder en Salta, disputan y ponen en cuestión el sentido hegemónico atribuido a la figura del gaucho en las narrativas dominantes acerca de la identidad salteña, de la salteñidad, abriendo así el panorama hacia los matices de las nociones, valoraciones y sentidos subalternos. Esas narrativas dominantes han sido objeto de un largo recorrido de investigación entre 2006 y 2011, en trabajos que anteceden a éste23. Allí se planteó que los discursos que frecuentemente circulan en Salta, a través de variados soportes materiales, en los actos públicos y rituales oficiales, y principalmente desde ciertas instituciones abocadas a “la historia”, se invoca una especie de sentido común histórico. Esbozándose éste alrededor de una serie de categorías y nociones elementales en torno una figura y un hecho, que abrevan y se nutren de narrativas históricas sedimentadas, cuya matriz conduce hacia el padre de la historia local, el Dr. Bernardo Frías, a los primeros años del siglo XX y a un modo elitista de ver la sociedad. Desde este encuadre se emprende la monumental edificación del General Martín Miguel de Güemes (MMG) como máximo Héroe local y de la Guerra de la Independencia Nacional como su escenario principal de actuación; elementos en

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Esas operaciones, en la propuesta de Guber serían prácticas de historización, que suponen la “actividad plural de selección, clasificación, registro y reconceptualización de la experiencia” del pasado. Ese mecanismo de ordenamiento e interpretación se presentaría como una instancia de “integración y recreación significativa del pasado desde el presente, a través de prácticas y nociones socioculturalmente específicas de temporalidad, agencia y causalidad” (Guber: 1994,30). 23 El texto propuesto fue trabajado a partir de entrevistas realizadas, entre los años 2006 y 2010 a distintas agrupaciones gauchas, ubicadas en diversas localidades y municipios dentro de la Provincia. Asimismo se utilizó material e información provista por las charlas informales a partir de la participación en reuniones, eventos y espacios de encuentro con los integrantes de los fortines.

torno a los cuales, finalmente, se sintetiza el acontecimiento fundamental de “la historia” y “el pasado” de Salta. Esa secuencia de referencias se activa dentro de un principio explicativo del “ser local”, en donde “ser salteño” es “ser como Güemes” y “ser gaucho”, nociones que, sin embargo, se presentan lo suficientemente indeterminadas y dotadas de ambigüedad como para investirse de sentidos variables y ser apropiadas de diferente forma, acorde a los contextos y situaciones sociales particulares. Así vistas, ofrecen un marco de inteligibilidad al presente y un reservorio de sentidos para la construcción de una identidad colectiva o cultura particular, factible de enunciarse como “salteñidad”. Principalmente en el contexto del Centenario nacional, donde el gaucho se vuelve sinónimo de argentinidad, y desde el viraje peculiar que las tendencias de refundación nacional asumen en Salta, la figura de Güemes se resignifica trasmutando desde héroe histórico hacía héroe cultural y gaucho estereotípico. Emblema de un mestizaje peculiar, distinto al paradigma corriente, de la mixtura de razas. En la acepción local, se define como síntesis entre humanidad y paisaje, donde habría germinado una raza primigenia, la que encarna el gauchohéroe, y donde proyecta su origen y horizonte de pasado la imaginación cultural de la “salteñidad”24. Ello en el marco del conjunto de estrategias que desarrollan los grupos dominantes, las élites locales, alineadas con la “reacción conservadora” nacional de las oligarquías provinciales entre los años 20 y 30, en pos del resguardo de su posición de poder. Es desde entonces, y en adelante, invertirán cuantiosos recursos en legitimarse y reclamar privilegios haciendo uso y apelando a su condición de “herederos de las glorias del pasado”, de “descendientes de los ancestros fundadores”, apropiándose de la gesta independentista y hasta de la figura misma de Martín Miguel de Güemes (Villagrán: 2006, 2009, 2010 y 2011). El antecedente de los fortines gauchos, desde la perspectiva de sus integrantes, se remonta a las montoneras gauchas y al modo de organización que caracterizó a las milicias del Norte, en el marco de los combates durante la Guerra por la Independencia a principios de
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Esa imaginación cultural, arraiga en un régimen de representación alimentado por intelectuales y literatos locales, que en su forma más acabada lo expresa el poeta J. C. Dávalos. Ese régimen de representación guarda relación con la específica noción de mestizaje que el autor proclama, la que se ilustra, con cierta claridad, en la definición del gaucho como “un mestizo de español e indígena”…”pero en donde la raza invasora prevaleció sobre la raza invadida, y ésta sirvió pasivamente, a la hispánica para que sus caracteres se perpetuasen en América ” (Dávalos: 1948, 10). Desde esa forma de ver y explicar, la mezcla no se esquematiza como la hibridación de dos tipos humanos, sino como la modelación de una raza por sobre la otra, que es representada como la unidad humanidad/paisaje. Entonces, las cualidades y virtudes de la raza española se habrían adaptado a las tierras americanas, y moldeado al transmitirse mediante la sangre indígena, porque “el indígena está hecho de la misma sustancia que nutre las plantas de las montañas y las selvas” (Dávalos: [1928]1997, 244 en Villagrán: 2011, 81-82).

siglo XIX25. A estas milicias, de carácter irregular, a cuyas filas se integraba población rural sin formación militar, se le atribuye como estrategia militar sobresaliente la capacidad de agruparse y dispersarse adentrando en la espesura de la vegetación agreste, del monte típico de estas tierras. En ello se funda el toponímico “montoneras gauchas”, táctica organizativa que supone y requiere de un conocimiento acabado del terreno y del uso de indumentaria apropiada que ofreciera protección al penetrar en bosques de arbustos y espinas. El guardamontes de cuero, es una pieza del traje gaucho salteño adaptada a tales funciones, ofreciendo cobertura a las piernas del jinete. La actuación de las “montoneras gauchas”, compuestas por paisanos-campesinos, indígenas y población negra, se estima determinante en la consecución de la liberación de “La Frontera norte de la Patria” y triunfo respecto al ejército español, luego de la declaración de la independencia en 1810. Se reconoce como el “líder natural” y “conductor indiscutible” de estas tropas al General Martín Miguel de Güemes quien, según se relata en las narrativas fundantes de la historia local, desarrolló un plan estratégico militar en apoyo al General San Martín. En reconocimiento a tal mérito, desde instituciones autoproclamadas como güemesianas, se demanda que éste sea valorado no sólo como héroe argentino sino de envergadura sudamericana. En Salta, actualmente, se registran más de un centenar de fortines gauchos, radicados en distintas localidades y municipios. El número de integrantes o socios es variable, comprende entre 10 y 50 personas, y por lo general entre ellos hay algún tipo de relación de parentesco. Aunque éstos reconocen cierta inspiración en la forma de agrupamiento espontáneo de “las montoneras gauchas de Güemes”, sus funciones y “misiones” no guardan vínculo alguno con lo militar. Realizan distintas actividades y participan de eventos públicos, destacando como su principal función la contribución a que “las tradiciones gauchas no se pierdan”, a mantener viva la “cultura gaucha”, aprender y enseñar las “destrezas camperas” (fundamentalmente la doma de caballos), y transmitir las “costumbres arraigadas” en el modo de vida rural.

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A su vez, en algunos escritos históricos el fortín se asocia a los fuertes, y ambos remiten a otro momento de la historia nacional, a la conquista y colonización de tierras desde mediados de siglo XVIII y durante el XIX, a la expulsión y exterminio de pueblos indígenas, a la “guerra contra el malón” y “la lucha contra el indio”, de lo cual la conquista del “desierto”, en el gobierno de J. A Roca, es paradigmática. El fuerte y el fortín hacen referencia a los puestos de defensa militar instalados frente a la amenaza de ofensiva indígena, a una estrategia de avance y control territorial particular. Sin embargo, en las visiones de los gauchos estos episodios no se mencionan, y no hay referencia a la figura del indio, es decir en la edificación de la imagen de sí mismos no se recurre a la alterización del indio.

Una parte de las agrupaciones de gauchos se nuclea en la denominada Agrupación Madre, Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes (en adelante ATSGG), fundada en el año 1946 26 la cual se organiza acorde a la estructura de una asociación civil, compuesta por presidente, tesorero y vocales, cuya comisión directiva es electa mediante voto secreto. Los objetivos principales que se propusieron al momento de su fundación han sido delineados en torno a “honrar la memoria del héroe gaucho”, “rendir culto a su memoria”, “homenaje a su persona” y bregar por el “mantenimiento de la memoria de la gesta güemesiana”. Arriesgando una ligera y simplificada caracterización, sin adentrar en la consideración de las modificaciones sucedidas hacia el interior de esta asociación, y en la relativa apertura participativa que tuvo lugar en los últimos tiempos, ni en las transformaciones ocurridas en la sociedad salteña en general, se puede decir que un solo grupo y clase social se halla representado en la ATSGG. Mayoritariamente la nómina de socios se integra con “gauchos cholos27”, “gauchos de apellido”, “terratenientes” o descendientes de las “familias tradicionales salteñas”. Posición y lugar en el espacio social que se corresponde con el de los históricos propietarios de la tierra, dueños de “fincas” y “patrones“ de estancias rurales, sector que algunos autores englobaron bajo la definición de oligarquía provincial u oligarquía terrateniente. A diferencia de las instituciones de los gauchos identificados con el sector de los patrones, los fortines, y principalmente los de zonas rurales de departamentos ubicados en el interior de la provincia o de localidades de los alrededores de la ciudad capital, nuclean a gente proveniente de otra extracción social, a los que
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La fundación de esta institución se vincula con el conjunto de estrategias ya antes mencionadas, que desarrollaron los grupos dominantes locales para contrarrestar desde lo simbólico la relativa pérdida de poder político. A ese reforzamiento contribuye la ardua labor de algunas figuras intelectuales, que se abocaron a la producción de relatos y narrativas, luego instituidas y consagradas como la historia o la literatura salteña, principalmente en las tres primeras décadas del siglo XX. Esas visiones de mundo, elaboradas desde los portavoces de los grupos dominantes, aportan a la legitimación de éstos como una élite y “aristocracia”, de “naturaleza superior” y “noble origen”. 27 En Salta es frecuente el uso de este calificativo que tiene complejidad semántica, y parece más bien condensar una serie de sentidos y referencias que no son exclusivamente de orden económico. Se suele decir, por ejemplo, “la cholada” pero no es un término autoreferencial, sino que se emplea como un calificativo desde unos hacía otros. A veces opera un marcador racial, ya que es frecuente que el color de la piel permita a primera vista diferenciar entre aquellos que tienen la riqueza y el apellido, categorizables dentro de “cholo”, de quienes que no. Los “cholos”, por su parte, sin autodefinirse como tales, suelen establecer la diferencia entre ellos y los “nuevos ricos”, que tienen dinero pero no poseen prestigio, historia, ni tradición familiar. Hay zonas residenciales en las afueras de la ciudad, que históricamente han sido espacios de retiro de las élites salteñas, con lujosas casas de fin de semana o de veraneo, como la Quebrada de San Lorenzo. Sin embargo, por la valoración de su belleza natural en la última década, zonas como ésta empezaron a ser receptoras de inversiones de empresarios y extranjeros, lo cual fue visto con desagrado por algunos grupos allí afincados. Otros, en cambio, prontamente supieron sacar provecho a la nueva coyuntura, explotando al máximo el lucro derivado de la sobrevaloración inmobiliaria.

podríamos denominar grupos subalternos28. Muchos de ellos se auto definen como “gauchos pobres”, “gauchos sin tierra” y hay quienes actualmente mantienen como principal actividad económica y medio de subsistencia la agricultura o ganadería, accediendo a la tierra mediante acuerdos y arreglos, generalmente informales y de palabra, a través de figuras como el “arriendo”, “mediería”, o “pastaje”, entre otras. En cambio, están los que en el pasado se vincularon a esas actividades y hoy consiguen el sustento como trabajadores asalariados, o por cuenta propia, en rubros tales como la construcción o el comercio informal. Pese que en muchos casos migraron hacia las ciudades, aún mantienen un contacto directo y vínculo afectivo con el mundo rural, que obra no sólo como una referencia de importancia en la elaboración y reconstrucción de sus historias familiares y/o personales, sino también como un marcador de identidad y adscripción gaucha. La ATSGG, acorde a una estructura institucional formal, se funda en jerarquías, asignación de cargos, y un marco normativo que prescribe como condición de membrecía, para los socios individuales y fortines, el cumplimiento de distintas reglas, así como el pago de una cuota anual. La permanencia de los fortines dentro de esta Asociación se encuentra supeditada a la asistencia periódica a reuniones o eventos, y al cumplimiento de tareas y/o misiones que les fueran encomendadas, como custodiar y montar guardia en eventos públicos. De tal suerte se entabla un cierto vínculo formal, aunque muchos gauchos no reconocen como sus representantes a los integrantes de su comisión directiva, ni se sienten parte de esta asociación. Hay fortines que no guardan buena predisposición a acatar las “órdenes” de la comisión directiva y que disienten con los requisitos que establecen para la membrecía a la ATSGG, prefieren entonces abstenerse de participar de algunos eventos.
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La noción de subalternidad aquí remite a Guha ([1997] 2002), y comprende a la situación o condición de subordinación que se manifiesta a diferentes niveles y de distintos modos, pudiendo vincularse al rango, status, prestigio, género y raza, o en términos económicos aludir a la distribución de la riqueza y los recursos. En el caso específico de “los gauchos”, esa condición se fundamenta, por un lado, en la no posesión ni propiedad de la tierra, asumiendo el lugar de “campesinos” que históricamente mantuvieron una relación de dependencia relativa respecto a las élites terratenientes locales, para poder reproducir su vida. Sobre esa base se habría edificado un tipo de relación de sujeción, que en diferentes estudios se caracterizó como propia de los espacios rurales, cuya forma se incluiría en los modos tradicionales de dominación, donde es notable la presencia de componentes afectivos, o emotivos, además de intercambios sociales múltiples y desiguales hilvanados sobre la base de supuestos morales. A nivel simbólico esa subalternidad arraiga en una configuración específica de poder (Elías: 1996), de larga profundidad histórica, donde los vínculos entre grupos y sujetos se manifiestan como interdependencia recíproca sobre la base de la producción de imágenes relativas de inferioridad y superioridad, con anclaje en esquemas particulares de visión y valoración. Al revisar su específica historicidad se puede advertir que en Salta tienen cierta vigencia, aún en el presente, marcos perceptivos de cuño colonial, donde guardan fuerza operativa y clasificatoria nociones raciales, ancladas en el linaje, la pureza de sangre, el origen social y status, o adjetivaciones como “decencia” y “nobleza”.

Los fortines, en cambio, sienten un fuerte compromiso en sus localidades y departamentos, frecuentemente participan y colaboran con la realización de eventos donde articulan esfuerzos con las principales instituciones locales, como Iglesia, Escuela, Policía e Intendencia, para la organización y desarrollo de las fiestas patronales religiosas, así como en las ceremonias de conmemoración de fechas patrias y reciben reconocimiento por la contribución que realizan desde los fortines. Anualmente, con eventuales alteraciones, se guían por un calendario de fiestas y ceremonias en las cuales los gauchos son figuras destacadas, y a veces el mayor atractivo, cuando desfilan a caballo. Entre las agrupaciones de gauchos, pertenecientes a poblados vecinos o contiguos es frecuente que contraigan y sostengan lazos de amistad o solidaridad, brindándose apoyo en las actividades que organizan, colaborando con comida y compartiendo asados. Aunque ello no excluye la manifestación de rivalidades y competencias, lo que en sus propios términos definen como “envidia”, “celos” y “habladurías”. Estas diferencias entre sí, tanto como las que mantienen con la ATSGG, se expresan sólo a través de alusiones indirectas, chistes o comentarios con algún doble sentido. Las críticas generalmente se dejan apenas entrever en el ámbito exclusivo de la intimidad del fortín, en alguna reunión y no en declaraciones públicas con el propósito de no crear conflicto y “mantener la unidad” entre ellos. Así como hay tensiones en la relación entre los fortines y la ATSGG, existen también diferencias entre ésta y otras asociaciones gauchas29. Las rivalidades y fricciones radican, en parte, sobre las profundas pasiones que Güemes despierta en Salta, dado que ha sido producido y situado sobre el pedestal de máximo “héroe local” e instituido como símbolo de la salteñidad. Se ha insuflado esta figura, usufructuado y hasta utilizado políticamente, dando lugar a la veneración y fanatismo. Culto en nombre del cual sus seguidores se embarcan al descubrimiento de información novedosa que devele ocultos misterios y/o contribuya a seguir engrosando la magnitud de su heroísmo. En esa búsqueda, cada institución, e incluso intelectuales güemesianos particulares, capitalizan como recurso algún tipo de conocimiento específico sobre “el héroe” o “gesta independentista”. Compiten, avivando una continua actualización y reedición de escritos sobre la guerra de la independencia, la biografía del General Güemes o la “historia de Salta”. Es periódica la
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Existen numerosas asociaciones y grupos conformados con la voluntad de rendir homenaje y culto a la memoria del General Güemes, así como otras que se arrogan la labor de investigación, estudio y difusión de la gesta güemesiana. Entre éstas podemos mencionar a la “Senda Gloriosa de la Patria” y a la “Comisión de Homenaje Guardia Bajo las Estrellas”.

publicación de textos de divulgación al estilo de folletos y boletines, así como las de libros, revistas y la organización de eventos. Sin embargo, en la ATSGG y en el Instituto Güemesiano de Salta se deposita la mayor cuota de reconocimiento social, voces y espacios autorizados en la materia e investidos del poder de hablar en nombre de la “verdad” sobre Güemes. Reciben apoyo y financiamiento gubernamental y entre sus miembros, socios y simpatizantes, contaron y cuentan con personajes influyentes de la vida política local. De tal suerte, no sólo se facilita la consecución de recursos y avales, sino también se posibilita la intervención e incidencia sobre la agenda pública, legislativa provincial o deliberativa municipal, sugiriendo el tratamiento de ciertos temas históricos-güemesianos y asesorando al respecto. Entre algunos “gauchos pobres” suele decirse que la comisión directiva de la ATSGG estuvo integrada y manejada desde siempre por las “familias tradicionales”, incluso hay integrantes de fortines que cuestionan ese exclusivismo en el manejo de la conducción de la ATSGG30. Lo antes presentado hace referencia y permite señalar que el rastreo y recomposición de las interrelaciones entre las instituciones gauchas, y la exploración de la dinámica de funcionamiento de ese espacio güemesiano, entendido como un campo bourdiano 31, visibiliza la vigencia de algunos rasgos definitorios de una configuración sociohistórica específica en Salta, que ancla en el entramado de interdependencia entre “patrones y peones” que se sugiere desde las clasificaciones sobre el “ser gaucho” que abordaremos en los distintos apartados del texto. Abordaje y perspectiva.
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En instancia de una entrevista realizada con la presidenta de un Fortín cercano a la capital de la provincia, en Junio de 2009, esta mujer se refirió al “fraude” que había sucedido en la elección del último presidente de la agrupación. Ella, que aún se encontraba molesta por lo sucedido, hizo alusión a la adulteración de las actas de reuniones y también de los padrones de electores, los cuales a su entender contenían sólo a gente que llevaba los mismos apellidos. Por entonces, en algunos medios locales, también habían trascendido comentarios y denuncias de esos hechos, ya que el pedido de anulación e invalidación de la elección estaba ya transitando la vía judicial. 31 A los fines de la problematización aquí propuesta se adaptan los planteos de Bourdieu (1990, 135-141 y 1995, 63-68). Para este autor el campo puede ser visto como una red o configuración de relaciones entre posiciones, lo que sería similar a una estructura de distribución de una especie de capital que vale para jugar en dicho campo en ese juego, y que determina relaciones de fuerza entre agentes e instituciones, estableciéndose entre éstos luchas por conservar o subvertir dichas fuerzas. El capital que se pone en juego y está en juego en dicho campo, así como las reglas de juego, lenguaje y lógica específicas del campo, son irreductibles a los que rigen en otros campos, lo definen como un microcosmos “relativamente autónomo” dirá Bourdieu, y con límites más o menos definidos. Dicho capital sería como una carta válida para jugar en determinado campo que confiere alguna cuota de poder o un poder particular, una capacidad de influencia e intervención en un campo, pero si bien su volumen absoluto influye en la posición de un agente en el espacio social, su valor es relativo al campo en que se puede invertir, al igual que la posición de dicho campo en un espacio general de poder.

Aludimos aquí al “pasado” suponiendo su relación dinámica con el presente y, por tanto, descontando su cambiante y contingente significación. En las narrativas que definen el ser gaucho, éste permite explicar y edificar un origen común, proyectar valores, ideales y expectativas que sirven a la elaboración de la identificación colectiva. Valga como ilustración que lo que se significa como “el pasado” no se deslinda de los mecanismos e instancias de apropiación y uso socio cultural estratégico, desde donde es recreado y actualizado. Y es así que ciertas narrativas pueden ser aceptadas, consagradas y hasta sacralizadas, volverse versiones oficiales y hegemónicas, y otras, por el contrario, quedar invisibilizadas y silenciadas, sujetas a operaciones de ocultamiento y borradura. De tal suerte, “el pasado” puede considerarse un recurso factible de capitalizarse, activarse y con potencial de abrir y desencadenar polémicas, disputas y luchas de fuerza entre actores en posiciones diferentes y/desiguales. Susceptible de emplearse tanto a los fines y en pos de la conquista del reconocimiento social y la legitimación dentro de un esquema dado de distribución del poder 32, como en aras de la consecución de un reposicionamiento y/o empoderamiento que redefina y/o descompense ese orden establecido. Las definiciones, clasificaciones33 y categorías relativas al “ser gaucho”, desagregadas el apartado 2, se hilvanan en algo así como una densa taxonomía. Acorde a principios ordenadores singulares, y la atribución de rasgos y propiedades que posibilitan el reconocimiento de similitudes y diferencias, éstas se agrupan y separan en tipos de gauchos. Se trata de clasificaciones que,
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Lejos de realizar aquí una revisión exhaustiva de las teorizaciones sobre poder, proponemos una somera referencia a las guías que nos orientan conceptualmente. Foucault (2006), Scott (2000) y Abeles (s/rf) habilitan el reconocimiento de la compleja dinámica de su funcionamiento, como intrínseco a cualquier vínculo y a todas las relaciones sociales y que, aunque manifiesto a través de mecanismos particulares, no se albergaría en un locus específico, sino que circularía en diversas direcciones, de manera entretejida, ramificado. Se sugiere que en un extremo el poder puede concentrarse en unas manos o grupo, manifestándose como dominación y en donde los posicionados como dominantes desarrollarán estrategias para mantenerse en esa posición (Bourdieu: 1999) y legitimarse (Weber: 2004) en esa situación. Pero en dirección contraria a la reproducción de esa distribución, el poder se presenta como resistencia en potencia. Las resistencias han de manifestarse provocando cierta dispersión, desconcentración y redistribución de las cuotas de poder o capitales puestos en juego, e incidir, por tanto, en la generación de leves alteraciones, que aunque no revolucionan sí descompensan una estructura. Scott (2000) definió estas acciones como artes de resistencia y De Certeau (1996) como tácticas, infrapolítica que se materializaría en formas cotidianas de insubordinación y subversión, venganza o ajusticiamiento, manifiestas tanto en discursos como en prácticas. 33 En el pionero trabajo de Durkheim y Mauss (1901-1902 [1996]) se entiende por función clasificatoria al procedimiento que consiste en clasificar a los seres, acontecimientos y hechos del mundo en géneros y especies y subsumirlos unos en otros. Se anticipaba allí que “clasificar no significa únicamente constituir grupos: significa disponer esos grupos de acuerdo a relaciones muy especiales (…) toda clasificación implica un orden jerárquico que ni el mundo sensible ni nuestra conciencia nos brinda el modelo” (1996, 30). Allí se afirmaba que esas nociones que parecen lógicas deben ir a buscarse en el orden de lo extra lógico, sugiriéndose que afincaban en la inmanencia es misma del mundo social.

integradas en un conjunto como totalidad, no pueden pensarse fuera de un esquema de apreciación socio históricamente configurado y anclado a las experiencias de vida y la urdimbre social desde donde se producen. En ese sentido, las visiones de los gauchos, lejos de escindirse o autonomizarse plenamente de las narrativas y visiones hegemónicas de Salta sobre lo gaucho, entran en conflicto con éstas, las confrontan y desafían astutamente, desplegando las armas disponibles a su alcance y apropiándose estratégicamente del pasado34. Las perspectivas y nociones de los “gauchos”, definen y explican su esencia y existencia desde teorías nativas, que llevan impresa la marca de una histórica subalternidad, experimentada a distintos niveles y de arraigo en sus trayectorias comunes de vivida, donde las expresiones y formatos de la desigualdad se hicieron carne, e inscribieron en la subjetividad. Así, las significaciones específicas de lo gaucho, le confieren a ese universo clasificatorio la impronta singular de la representación del mundo social desde esa situación de desventaja y dependencia. Ofrecen un medio privilegiado de acceso al orden social que las contiene y origina, a su composición, estructura y distribución del poder, informando también sobre los mecanismos y recursos que se ponen en juego en la producción de la autoimagen gaucha, donde simultáneamente demarcan la frontera y límite de lo no gaucho. Los relatos orales son aquí insumos principales, construidos en instancias de entrevistas individuales y colectivas 35 con gauchos integrantes de diversos fortines. Estos asumen rasgos de la comunicación oral, con la impronta de la conversación e interacción cara a cara entre investigador e interlocutor, donde se negocian expectativas e imágenes recíprocas. A partir de los ejes trazados y enunciados, el texto se ordena en tres partes, en la primera se describe y reconstruye el conjunto de categorías, nociones y dimensiones que conforman el universo clasificatorio y de representación de sí mismos de los gachos
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Estas representaciones y percepciones acerca del “pasado” desde los sectores subalternos, permiten un recorrido del pasado distinto a los procesos de historización de las narrativas históricas hegemónicas de Salta, aunque no pueden dejar de pensarse en interconexión con éstas. La propuesta del popular memory group ([1982] en Briones: 1994, 115), advierte que un estudio de la memoria popular, a la que aquí optamos por llamar subalterna, debe ser necesariamente relacional. Donde no ha de perderse de vista la vinculación de éstas con las visiones históricas dominantes y los efectos que sobre ella generan. Llamamos la atención sobre esto aquí aunque no podamos detenernos sobre su desarrollo. 35 La situación de entrevista grupal se presentó en sí misma como instancia de producción colectiva de sentidos y re-presentaciones acerca “del pasado”. En ese tipo de reuniones las narrativas adquirieron una particularidad, derivada de la continua superposición de voces, que simultáneamente se inhiben y estimulan, originando comentarios dispersos y mediante los cuales el hilo narrativo se escabulle de la linealidad para fluir en una articulación desordenada, donde emergen relatos de experiencias, recuerdos y anécdotas a través de silencios intermitentes, todo lo que sin duda los vuelve productos altamente significativos.

fortineros, explorando las valoraciones y sentidos nativos mediante los cuales definen su “ser gauchos”. En la segunda se explora el vínculo con “el pasado” y “las fincas” en el marco de la definición de la gaucheidad auténtica, el despliegue de estrategias identitarias y de invención de tradiciones. En la tercera parte, el texto se detiene en las gradaciones y tipos de gauchos definidos, como clave de ingreso a las relaciones sociales de poder entre grupos, examinándose allí aspectos de la configuración “patrones y peones”, característica de las fincas rurales en Salta. Ser gaucho “Ser gaucho” desde la perspectiva de los propios actores, significa muchas cosas, combina y aglutina distintas dimensiones, las que analíticamente pueden desagregarse en los planos del deber ser, saber hacer y ser, todos estos aspectos inherentes al status y condición de “gaucho verdadero”. Alrededor de la prescripción y reconocimiento positivo de “actitudes” y “gestos” se delimita el orden del deber ser, esbozándose algo así como las directrices de una moralidad gaucha 36. A partir de ésta se evalúan los comportamientos sobre la base de esquema de lo deseable y esperable, así como definiendo los limites a partir de lo cual las acciones ingresan al terreno de lo condenable y punible moralmente. Ese esquema funciona con arreglo a principios rectores y valores incuestionables, tales como; la “solidaridad”, “generosidad” y “humildad”. Deber ser gaucho Inherente a la construcción de su autoimagen 37exaltada, los gauchos identifican a la “gauchada” como gesto definitorio y característico, la que se asume como manifestación del deber gaucho. Implica a la buena actitud, el “trato solidario”, la predisposición para “dar y compartir” y la capacidad de “brindar ayuda”, “favores y colaboración”. Se perfila una propia representación que pone de relieve los códigos de conducta y valores

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Moralidad en el sentido sugerido por Archetti, es un fenómeno social y cultural que funciona como un código cultural dinámico, brinda información, innova y da sentido a las relaciones sociales (2003, 162). 37 Retomamos aquí los planteos de Elías (1997), quien asume que la propia percepción que tienen de sí los grupos y personas es una construcción social relacional y cambiante, histórica, redefinida en un campo de tensiones, disputas y enfrentamientos entre actores y grupos. En la producción de auto-imágenes intervienen formas de idealización, junto a definición de parámetros que posibilitan el autoreconocimiento y la valoración positiva. Es decir, los que resultan confirmatorios de la imagen de sí que quieren y pueden ofrecer y proyectar. En diálogo con Hall (2003) se puede añadir, además, que en las relaciones sociales la cuestión de la identidad opera a través del “juego de la diferencia”, mediante un trabajo de “marcación, ratificación y producción de límites simbólicos y efectos de frontera entre grupos”.

humanos del gaucho, quien, ante todo, es visto como un ser “noble de corazón” que se entrega desinteresadamente hacía los demás. Atraviesan, en buena medida, estos principios de visión y percepción elementos asociados a los mandamientos de la religión católica, a la vez que adquieren un sentido concreto en el marco de los vínculos sociales que definirían al trato cercano y personalizado de los espacios rurales, donde las prácticas de reciprocidad guardan alguna importancia. Así, algunos explicitaron que “ser gaucho es estar pendiente del prójimo”, tornándose tan importante “la humildad” como “ser lastimoso”. En ese sentido, por ejemplo, las diferencias entre “gauchos pobres” y “gauchos ricos”, que en algunas ocasiones son resaltadas y acentuadas, en lo concerniente al plano del deber, se omiten, invisibilizan y diluyen bajo el principio rector de la “humildad” como actitud no exclusiva de los pobres. Se asocia ésta a la “modestia” y al “buen trato” como indicadores de una disposición “respetuosa” e igualitaria, sin “soberbia” ni “arrogancia” de parte de los “gauchos que tienen plata” hacía los “gauchos pobres”. Guiados por esos mismos ejes de valoración, las actitudes indeseadas y condenables rondan alrededor de la “mezquindad”, el “egoísmo” y la “prepotencia”. El énfasis en el buen trato y la actitud generosa, como código de conducta prescripto para el gaucho, que se enuncia como un “deber ser”, cobra fuerza normativa en vínculo con una especie de sanción moral a través de la cual se niega el status de gaucho a aquellos que mal tratan, humillan y “hacen de menos”, a los que inferiorizan a otros. El presidente de un fortín de gauchos, ubicado en el departamento Anta38, calificaba como “arrogante” y “prepotente” al modo mediante el que se dirigían los “patrones”, dueños de las “fincas” rurales, a sus trabajadores, a los “peones”. Los “gauchos gauchos” con los que él se identificaba, como hijo de “puestero” sin tierra, no serían iguales a los “gauchos de plata”. Y resulta de su razonamiento que, paradójicamente, “estos gauchos no son gauchos”, por su mal obrar, porque tienen mal trato hacía la gente, porque faltan el respecto, porque “los hacen de menos”. Relató que cuando ellos, los “gauchos pobres”, concurren a ciertos eventos y se encuentran allí con los otros gauchos, dirigen su mirada hacía éstos para saludarlos, y frecuentemente no les corresponden con el gesto, “los ignoran totalmente”. Y es así que ante tal actitud ellos bajan la cabeza y los dejan pasar…pero no sin elaborar una reflexión al respecto: “esa gente es a la que nosotros no llamamos gauchos, aunque esté vestida de gaucha, esa gente a la que sólo le gusta lucir
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Zona agroganadera de gran importancia para la economía de Salta, actual polo principal de producción de soja y ganado vacuno.

su vestimenta…no demuestra, no es solidaria… ”. Y resaltaba, que eso había sido siempre así, que eran pocos los “buenos”, que la mayoría se manejaba con ese dejo de arrogancia. El saber/hacer gaucho En el mismo sentido de reafirmar los límites del “ser gaucho”, en la marcación de las fronteras con el territorio de lo no gaucho, el saber hacer funciona como un segundo indicador de autenticidad. Las diferencias entre “gauchos verdaderos” o “gauchos gauchos” y “gauchos truchos”, “gauchos disfrazados” o “gauchos de ocasión” arrojan información respecto a cómo se configura un esquema particular de visión, valoración y reconocimiento. Las distintas narraciones de “los gauchos” convergen en ratificar que para “ser gaucho” hay que poseer un conjunto de conocimientos, definidos como “habilidades”. Estas, sugerentemente, se visualizan como heredadas y a la vez transmitidas y enseñadas. Se atribuye a los padres la enseñanza de “todas las cosas del campo”, postulándose que “la tradición del gauchaje se mama desde chico”. Frecuentemente se acude a la explicación “nosotros venimos de sangre gaucha”, es una “herencia de nuestros padres y abuelos”. Mediante ese uso específico, la “herencia” asume el sentido ambivalente de conocimiento transferido por vía sanguínea y, también, el de aprendizaje adquirido desde temprana edad, mediante la convivencia y trato cotidiano con los animales y las tareas rurales rutinarias. A través de “la herencia”, se indica entonces la relación con las generaciones predecesoras. En otras formulaciones explicativas de la gaucheidad, a modo de imagen figurativa, se emplea la expresión; “la tradición es como una cadena que nunca se corta”. Ello indica que en su uso y definición gaucha la categoría “tradición”39 representa la sensación y sentimiento de continuidad respecto al pasado. Permite definir el conjunto de “costumbres” y hábitos, modos de hacer transmitidos ininterrumpidamente de generación en generación, desde las generaciones precedentes a las actuales. “La tradición” hilvana pasado y presente, desdibujando así los límites entre uno y otro, ya que el horizonte de pasado imaginado y proyectado guarda similitud con el presente en sus rasgos más significativos. Por ello, según su modo de ver y entender, en la “transmisión” del acervo de saberes que deriva de “los antiguos” descansa la posibilidad de perpetuar su existencia y “esencia” como gauchos.
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Cuando nos referimos a tradición, compartimos la perspectiva de Hobsbawn (1989 [2002]), para quien todas las tradiciones son inventadas. Una revisión y desarrollo de las discusiones teóricas antropológicas respecto a la tradición, se puede consultar en Briones (1994).

Así las cosas, la idea de continuidad y permanencia sugiere que el orden del mundo no se alteró, que en algún punto sigue siendo igual a como era antes y que no habrían ocurrido grandes cambios o transformaciones. A nivel institucional y formal, los fortines gauchos asumen y reconocen como propia la “misión” de conservar las “tradiciones”40 y “costumbres gauchas”, aportando así a la reproducción, resguardo, “transmisión” y difusión de ellas, y a suturar la ligazón entre pasado, presente y futuro. La estimación y valoración del “pasado” se acentúa ante la preocupación por la “desaparición de las tradiciones”, por el riesgo de que la cadena se corte. Se entiende que “las tradiciones” constituyen un legado que “no debe perderse”, que vienen desde el pasado, forman parte del presente y deben ir hacía el futuro . Y por ello es que “los gauchos tienen el compromiso y obligación de enseñar” y retransmitir, hacía los más jóvenes, ese conocimiento que le fuera heredado. Esta “tradición” a la que se apela, se define sobre la base de un conjunto de conocimientos prácticos, adquiridos mediante el procedimiento de imitación, de reproducción del hacer a partir de lo observado, cuya transmisión y enseñanza sucedería desde adultos a jóvenes y niños, entre familiares y parientes. Desarrollo de destrezas ligado, fundamentalmente, al “hacer”, al aprender haciendo las tareas rutinarias de campo. “El gaucho es el que sabe hacer las cosas del campo“, “el gaucho es entendido, es campesino”. “El gaucho es campesino, los otros gauchos tienen miedo de ensuciarse las manos”. “El gaucho está para solucionar los problemas de la vida…tiene que saber errar, “pialar”, hacer un buen asado, ensillar el caballo...”, estas expresiones, ente otras, aluden a ello. Se resaltan e indican como actividades principales a “enlazar”, “montar caballo”, “manejar la hacienda”, “trajinar los animales”, “arriar”, “marcar”, “señalar”, “capar”, “carnear”, “labrar”, “sembrar”, “cosechar”, “arar”, “preparar las monturas”, “ensillar”, “amansar los potros” y “domar”. Junto a estos saberes/haceres se reconocen también, como marcas de la autenticidad del gaucho, las tareas identificadas con la “crianza”, “cuidado” y control de la reproducción del ganado vacuno. Ello implica la alimentación diaria, las labores cotidianas de “llevar y traer la hacienda” y “arriar las vacas”.
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Resulta sugerente, en términos comparativos, el sentido diferente que “las tradiciones” asumen en los escritos de Bernardo Frías de principios de siglo XX, padre fundador de la Historia salteña, donde éstas son identificadas con el legado de “decencia”, “honor” y “virtud”, con las “herencias” del orden colonial. La “tradición” sería el don que le permite a las élites jactarse de ser una “aristocracia” de “noble origen”, “superiores moral y naturalmente”. La “herencia” se conectaría con el pasado mitológico de la “salteñidad”, con la conquista y colonización española, con el arribo de los “linajes” europeos, blancos, con los “antepasados” que llegaron como una “inmigración florida”. Esto ha sido objeto de otros trabajos, ver Villagrán y Vázquez (2010) y Villagrán (2009 y 2011).

“Enlazar”, “señalar”, “pialar”, “marcar” y “capar” remiten a prácticas eventuales-especiales, que se realizan en determinadas fechas, definidas por el calendario ritual cristiano, los ciclos agropastoriles y de vida de los animales: nacimiento, crianza y muerte41. Otras son las que específicamente involucran al caballo, al que además de una marca se le colocan herraduras. “Herrar” consiste en disponer en el animal una “protección de hierro” en forma de letra u invertida, en el punto de apoyo de las patas, piezas que una vez clavadas impiden lastimaduras o cortes. Se colocan mediante remaches de metal y son indispensables, sobre todo, cuando el terreno por donde el animal cabalga es agreste y espinoso, así como para que no se dañe en caso de galopar o caminar sobre cemento o asfalto. Entre las habilidades rurales se destaca principalmente el conocimiento y destreza en el trato y relación con el caballo: “El gaucho tiene que saber mucho sobre su caballo, cuidarlo, saber cuando tiene hambre o sed”…”saber peinarlo, lavarlo, cepillarlo, rasparlo para que el pelo tenga brillo, para que luzca bien…”, “cuidarlo para que no se enferme, saber curarlo”. El reconocimiento de su medio natural de vida, la identificación del tipo de vegetación que lo circunda, de las cualidades y calidades de pasturas y de la fauna que allí habita sería concerniente al cuidado del caballo. Entre los “gauchos” el contacto y relación con los caballos se inicia frecuentemente a una temprana edad, en sus relatos recuerdan y ubican las primeras experiencias como jinetes a los 5 ó 6 años. Aunque ello depende de sus historias familiares particulares, de los medios y recursos disponibles en cada caso, de la posibilidad de acceso a tierra para “tener los animales”. De ser así, los niños crecen junto a éstos y montarlos es parte de un juego, mediante el cual van progresivamente aprendiendo a comunicarse con el animal y amoldar su manejo corporal a la postura del “buen jinete”. Y cuando no, estas destrezas se adquieren mediante y a través de la participación en el fortín.

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Una vez al año, por ejemplo, se capturan los animales –mediante el uso de un lazo de cuero (pial), se amarran sus patas con el lazo para lograr derribarlo en el suelo. Ello posibilita el recuento de las cabezas de la hacienda, así como su identificación, al inscribir sobre su “cuero”, con hierro caliente, una marca particular de pertenencia, tal como símbolos ó las iniciales de su propietario. Otra forma de “señalada” es cuando se perfora la oreja del animal y sobre esa herida se coloca una lana o cinta de color. La “capada” es cuando quitan los testículos a algunos machos de la hacienda vacuna, a los fines de garantizar su engorde, y a la vez se relaciona con un control selectivo de la reproducción donde se escogen los “mejores exponentes”, los ejemplares más fuertes y “vistosos” de la raza y se induce su cruza para un “mejoramiento” de los “retoños”.

El saber montar es resultado de un aprendizaje, que requiere de la aprehensión de la técnica y su fijación, del desenvolvimiento con adecuada postura, y demanda el consecuente amoldamiento y disciplinamiento del cuerpo. Al final de ese proceso, la técnica debe transformarse en un “hábito corporal” que no requiere ser racionalizado ni reflexionado, sino que por el contrario permite actuar mecánicamente, por reflejo, reacción e impulso, de manera inconsciente y espontánea42, implicando y activando una memoria corporal. Las destrezas ecuestres implican tanto al saber montar, guiar y conducir al caballo, como el establecimiento de una apropiada comunicación entre jinete y animal, la posibilidad del entendimiento con éste, en donde el comportamiento y las reacciones del equino deben poder ser interpretadas. En los gauchos es frecuente la mención al “saber escuchar”, refiriéndose con ello a la capacidad de decodificar las señales del comportamiento, tales como el “relincho” o cuando el caballo sacude las crines, “bufa”, “se empaca” y no quiere avanzar, cuando se “asusta” o emite señales de alerta, ante la presencia de una víbora, por ejemplo. Asimismo se adjudican a estos animales rasgos de “personalidad” y temperamento, a las que el jinete debe saber atenerse, por ejemplo: hay caballos “bravíos” y “mansos”, dóciles e indomables. Otra actividad implicada en el manejo del caballo, junto al cabalgar, es la instancia donde se “amansan los potros”, cuando se realiza una especie de domesticación de los animales más “salvajes” o “mañeros”, mediante la cual se busca doblegar su carácter, en caso de que fuera indómitos, para que pueda ser “montado” por un jinete. Cuando los potros no se “amansan”, suelen mantener firme la indocilidad, se resisten a ser montados y con frecuencia tienden a levantarse sobre las patas traseras, sacudiéndose de un lado a otro, tratando de quitarse al jinete de encima. Entre “los gauchos” se rememoran hazañas y anécdotas, vanagloriándose de su astucia y destreza épica, de su hombría para sobrepasar situaciones de peligro como esas, cuando el caballo se “retoba” (enoja). Evocan y recuerdan ciertos momentos cruciales en su vida, cuando estuvieron cerca de
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Connerton (1989) ha denominado a éstas prácticas incorporadas, relacionadas a los procesos de memorización de posturas culturalmente específicas. En este acápite se hace referencia a los planteos que se desarrollan en el capítulo “prácticas corporales”, donde se distingue entre “prácticas corporales habituales”, menos formalizadas y vinculadas a la vida cotidiana y aquellas otras, de mayor formalidad, que integran el repertorio de las ceremonias conmemorativas. Se señala, allí mismo, que el cuerpo requiere ser entendido como socialmente constituido, en cuanto sería culturalmente figurado en prácticas y comportamientos que pueden asimilarse a un modelo cognitivo. (Connerton: 1989, 72-115, la traducción es propia).

“ser pisados” o “arrastrados” por los caballos en el intento de domarlos, así como tienen un registro doloroso de la pérdida de aquellos que no sobrepasaron los desafíos, que en el intento resultaron con lesiones graves y letales. Los festivales de doma son una ocasión, entre otras, donde esa práctica habitual se escenifica y se exhibe para un público de espectadores. La relación cercana con la tierra y la naturaleza conforma también el acervo de saberes que distinguen al “gaucho verdadero”, y opera como otro parámetro de autenticidad . Algunos se refirieron a ello como “el respeto a la madre tierra”, “fuente de alimento y trabajo”. Sobre todo en el caso donde las trayectorias de vida afincan en distintos tipos de producción agrícola, las tareas de “labrar”, “pasar el rastrojo”, “sembrar” y “cosechar”, han sido resaltadas como el cúmulo de conocimientos imprescindibles del “ser gaucho”. La facultad comunicativa con la naturaleza en general, en tanto capacidad para ver y escuchar sus señales, poseer herramientas para interpretar los mensajes que el medio natural emite, se valora como otra habilidad constitutiva del “ser gaucho”. Entre éstas se mencionan el saber identificar la proximidad de las lluvias y de las heladas, por la presencia de ciertos insectos, el silbido o canto de pájaros particulares, de los grillos y “chicharras”, u observando el cielo y atendiendo al color, densidad y dirección de las nubes. Poder anticiparse al cambio de clima en función al curso del viento, por el sentido en la que vuela una bandada de aves, así como el potencial para elaborar presagios sobre las temporadas venideras, sobre sí serán “húmedas” o “secas”, sí habrá suficientes pasturas para el ganado o sí estas “escasearan”. Ser gaucho Una última dimensión en conexión con la autoimagen de “los gauchos” alude al carácter y cualidades personales. Se destaca el temple varonil, valoración que se encuadra en una específica noción de hombría, cuyos contornos gravitan sobre la “fortaleza” y “valentía”. “El gaucho no puede tener miedo, tiene que ser fuerte”, “el miedo sería la vergüenza más grande”. A éstas se asocian la resistencia física, la capacidad para vencer la hostilidad del clima y de la naturaleza, el frío, el calor, la lluvia y el viento. “El gaucho no tiene que ser delicado, tiene que hacerse al frío y al hambre”. Ello se asocia a la capacidad de “adaptación y acomodación” ante circunstancias adversas, así como a la habilidad para “hacer maravillas con nada”, a su aptitud para afrontar desafíos y resolver situaciones poniendo en juego su sentido práctico, sus conocimientos y la facultad de improvisación. En los relatos de los gauchos, suele mencionarse que

cuando salen de cabalgata no llevan abrigo, que duermen varios días a la intemperie, que rápidamente transforman las monturas en colchones y los ponchos en frazadas, que “con lo que sea” hacen un fuego para calentarse y para cocinar. Esta capacidad de adaptación ante la carencia de comodidades es valorada como parte de la “simpleza”, del desinterés por lo material, del gusto por lo “rústico” y por las ”aventuras”. “El gaucho se conforma con lo que hay y con lo poco que tiene”. En definitiva, para ellos el “sentimiento gaucho” tiene que ver con eso, y se refleja en la predisposición para vencer obstáculos, en el temperamento desafiante, preparado para sobrepasar el “dolor físico” y el “cansancio”, los temores y “peligros”. “El gaucho tiene que ser dispuesto a todo, tiene que demostrar la personalidad del hombre… eso es lo que es el gaucho”. Imagen que, en la conjunción de elementos, se podría asociar a la vigencia de un paradigma hegemónico de masculinidad (Archetti: 2003), coincidente con el estereotipo naturalizado del macho fuerte y viril. Con refuerzo, además, en el hecho de que las destrezas y prácticas gauchas se confinan exclusivamente al dominio de los hombres, espacios de los cuales no participan las mujeres salvo excepciones, y cuando lo hacen se sitúan en posiciones marginales, desde donde no disputan ni desautorizan ese ideal de masculinidad. En esa dirección y alrededor de tal entramado de sentidos, se reconoce como confirmatorio de la gaucheidad el consagrarse como jinete en una cabalgata significativa, dificultosa, investida de cierto valor simbólico, que sea de varios días, donde se demuestre “el aguante”, tal como la que se realiza para rendir “homenaje al General Güemes” en los actos del 17 de Junio 43, o como las que tienen lugar cuando peregrinan a caballo junto a imágenes religiosas para asistir a fiestas, como la que se realiza en Salta cada 15 de Septiembre en “honor al Señor y la Virgen del Milagro”. Estas instancias son vistas como confirmatorias y consagratorias, por cuanto quien pretenda ser reconocido como gaucho verdadero deberá pasar esas pruebas y demostrar la aptitud y cualidades que lo califiquen como tal. Atributos y valores idénticos a los que conforman la moralidad gaucha, donde ser hombre y gaucho se vincula, indiscutiblemente, a la “valentía” en sus múltiples expresiones e implicaciones. Es decir, tanto a la fortaleza y resistencia física44, como a la actitud de “no retroceder” ni
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Cada 17 de Junio, al pie del monumento a “su honor” se realizan los actos de conmemoración de la muerte del General gaucho Martín Miguel de Güemes. Para esa ocasión pueden llegar a desfilar hasta tres mil gauchos agrupado en fortines. 44 La valentía y la fortaleza ante el dolor, así como la rusticidad y generosidad, definen atributos ya presentes en la edificación temprana de la imagen del gaucho, en Salta entrando apenas al siglo XX, en lo

atemorizarse ante los obstáculos y desafíos y, en ese sentido, el “cabalgar a pesar de todo lo que pudiera suceder”, más allá del dolor y el cansancio, resulta demostrativo. Si bien “el traje”, es otro aspecto identificado como distintivo del gaucho, indumentaria que se integra por botas, sombrero, bombacha, chaqueta y faja, a lo que se suma guardacalzón y guardamontes, son coincidentes las opiniones respecto a que ello no es determinante o de gran importancia. Justamente, en la medida en que la ropa, el traje, tiene que ver con la exterioridad del gaucho, no con lo que éste “es por dentro”, no reflejaría ni sus “verdaderos sentimientos”, ni los principios morales que lo guían, así como tampoco indica sus aptitudes. Las confusiones entre los “gauchos de verdad” y los “gauchos disfrazados” suelen manifestarse en el plano superficial, por la “ropa” y “postura”, en el orden de las apariencias. A simple vista, entienden ellos, se podrían no diferenciar los “gauchos gauchos” y los “gauchos de ocasión”, ya que el traje uniforma. La vestimenta gaucha, dado que contribuye al refuerzo de cierta idea de igualdad y pertenencia a un colectivo, opaca e invisibiliza las diferencias latentes, que existen hacía el interior de ese colectivo. Así lo expresaba un joven integrante de un fortín: “hay quienes usan traje de gaucho y ganan en ser miserables en todo sentido…esos son gauchos en apariencia, fingen ser gauchos, se disfrazan, son gauchos de ocasión para aparentar”. “Las Fincas”, pasado-presente, experiencia y “tradición”. A través y en el transcurso de los relatos, las “fincas” van presentándose como espacios sociales plenos de sentidos, obrando como nexo entre la experiencia del vivir en el campo y el “ser gaucho”. Desde una visión interna, “el pasado” se presenta como una referencia insoslayable de lo actual, se remonta a épocas cercanas, a veces tan próximas que incluso se integran como parte del presente. Para quienes aún permanecen y viven en “las fincas”, o transitan por éstas, es difícil diferenciar lo que era antes y lo que es ahora, cuando se entiende que existe “un lazo que no se corta” y que los une a través de la “tradición”. Según como lo explican, lo que fue en los tiempos de padres y abuelos sigue siendo parte de su vida actual. Y, aún cuando se advierten cambios, prima el reconocimiento de la

prefigurado por el historiador Bernardo Frías, luego retomado y estetizado en la literatura regionalista de Juan. C. Dávalos y en la monumentalización de Güemes de los años ´30, como se planteó en trabajos previos, los que además se exaltan y actualizan en el repertorio discursivo del desfile y ceremonia conmemorativa de de cada 17 de Junio. “El gaucho nunca mostraba temor ni debilidad, llevaba su abnegación hasta el sacrificio personal, (Frías: [1902]1971,108), ver Villagrán: 2009, 2010 y 2011).

vigencia de algunas “costumbres”, de un modo específico y peculiar de vida. Las “fincas” se representan como ese lugar de vida y trabajo, donde se realizaban las tareas cotidianas y labores ligadas a la subsistencia en el campo. Vistas así, las envuelve un halo imaginativo, evocan el ambiente originario, constitutivo y formativo del gaucho, donde se adquirieron las habilidades y saberes que conforman el capital sustantivo, a partir del cual se figuran a sí mismos como “gauchos verdaderos y auténticos”. En “las fincas”, es donde se cultivaron y forjaron las “tradiciones gauchas”, y por ello sirven de referencia y soporte simbólico. Muchos de ellos indican que se introdujeron e iniciaron en las labores y enceres del campo en las “fincas”, que allí empezaron a “hacerse gauchos”, al cultivar las “costumbres gauchas” y descubrir el gusto por los animales y la comunicación con la naturaleza. Por cuanto la “finca” no es considerada sólo un espacio físico, una parcela mesurable de tierra, una delimitación formal de la propiedad, representa además, y por sobre todo, un territorio altamente significativo, anclaje de la memoria intergeneracional, sitio en el que se atesora la experiencia de vida de los antecesores inmediatos, de abuelos y padres. A la vez, ese lazo entre pasado y presente se hilvana también por medio de experiencias poco felices, a veces traumáticas y violentas. El señalamiento de rupturas, y el reconocimiento de sucesos paradigmáticos vinculados a la vida en “las fincas”, ordena temporal y secuencialmente la historia vivida. Las diferentes narraciones expuestas aquí a estudio, afirman que hoy “las cosas no son como eran”, indicando que hubo un momento de inflexión donde sobrevinieron los cambios. “La finca” entonces, opera como una imagen aglutinante, donde se condensan y reúnen esas trayectorias compartidas, lo mítico de los enceres rurales, pero también los sinsabores de las experiencias derivadas de la resolución de la subsistencia bajo ciertos condicionamientos y restricciones. Al analizar y considerar algunos puntos centrales de las trayectorias y recorridos vitales de los distintos gauchos, se delimitan puntos críticos que señalan el inicio de cambios, y la consecuente alteración de ciertas prácticas que se habían mantenido por largo tiempo, a través de varias generaciones. En diferentes medidas, dependiendo del caso, las experiencias familiares y personales están mediadas, y hasta determinadas, por esas transformaciones de distinto carácter. Por modificaciones en el modo de organización del trabajo en las “fincas”, cuando sucedió alguna reconversión productiva, de rubro o actividad, con la mecanización e incorporación

de tecnología sobre procedimientos de trabajo antes realizados exclusivamente de modo manual, tras la venta o traspaso de propiedades. Ello implicó para algunos el desempleo, para otros el consecuente desalojo, el despojo de sus bienes y hasta de la vivienda, la pérdida del lugar de vida y la imposibilidad de crianza de animales y de cultivo. Todo lo que en última instancia terminó forzando un cambio, y en las situaciones más extremas empujó a la migración y relocalización en centros urbanos. Los eventos críticos mencionados, son identificados como nodos tensos, conflictivos y a la vez representan un obstáculo y amenaza a la reproducción de las “tradiciones gauchas”, a la transmisión de las “costumbres” de una generación hacia otra. Son los más jóvenes los que principalmente se ven obligados a migrar a las ciudades, los que salen expulsados y desesperanzadas a buscar empleo, y son por tanto los que ya “no aprenden”, los que no reciben ese acervo de conocimientos que garantizaría la continuidad de las “tradiciones” y el mantenimiento del lazo con las generaciones predecesoras. Ante semejante panorama, la organización y sostenimiento del espacio de los fortines, sobre todo en las experiencias de relocalización urbana, se vuelve una estrategia fundamental, una acción tendiente a contribuir a que, aunque tensada, esa cadena de “las tradiciones” que viene del pasado, atraviesa el presente y va hacía el futuro, no se corte. Gauchos, disfraces y el saber/ hacer como poder. En los acápites anteriores se sugirió que el grupo de los “patrones” y terratenientes sería homologable al sector que históricamente ocupó espacios y posiciones de preeminencia social, que encontraban refuerzo en autoimágenes de superioridad natural (por la pureza del linaje), y se expresaban en las nociones de “aristocracia” o “nobleza”. Esquema valorativo y de jerarquías trazadas con arreglo a fundamentos raciales, y una explicación estamental de lo social, en el cual se reserva para los “peones” la posición y condición de inferiores. En el marco de la tipología y taxonomía gaucha sobre el “ser gaucho”, los tipos de gauchos que se plantean como opuestos enfrentados y mutuamente implicados , indirectamente se refrieren a las posiciones de interdependencia asimétrica entre grupos sociales, entre “patrones y peones”. Se trata de una configuración de poder 45
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Algunos autores definieron la relación entre “patrones y peones” como patronazgo o clientelismo que, con variantes, funcionaría sobre la base de un sistema de intercambio y reciprocidad (Wolf: 1999, Gellner: 1985 y Scott: 1985). Mauss (1979) por su parte, permitiría entender esas interacciones también en términos de vínculos de intercambio, desde el supuesto de que los actos de cambio implican obligaciones morales recíprocas, donde en el dar, recibir y devolver se pondrían en juego las personas,

que si bien ha sido una característica general de las zonas rurales de Salta, se acentuó fuertemente y tuvo mayor vigencia en las regiones de gran concentración de la propiedad de la tierra, de tipo latifundista. En el tercer apartado de este trabajo señalamos que las “fincas”, de realización de actividades productivas de tipo agrícola o ganadero, han sido el locus de un tipo específico de esa relación social cuyo antecedente histórico se remonta a las haciendas, estancias o chacras coloniales. Con variaciones, de acuerdo a las regiones geográficas y al tipo de actividad económica, lo que les confiere especificidad es la presencia de ciertas regularidades en dinámica de uso, organización y distribución del espacio. Algunas disponían, junto al área de sembradíos, de un sector de corrales o “potreros” y “huertas” destinados a la subsistencia de los “peones”, de un predio destinado a las viviendas de éstos y/o las casas de los “arrenderos”, y una zona donde se situaba el “casco” o “la sala” principal –allí se localizaba la casa de los propietarios / “patrones”- y con frecuencia, cuando éstos residían en la ciudad, habitaban en ella los administradores. En ese espacio, aún con acceso diferenciado a los distintos sectores, cohabitaban los “patrones y peones” con sus respectivas familias, siendo posible y frecuente el trato cara a cara y de carácter personalizado. Esto validó comparaciones con unidades económico-sociales como las haciendas y plantaciones, donde se reproducía cierto colonialismo interno46. A nivel de estructura socioeconómica, quienes se adjudican la condición “verdaderos gauchos”, son aquellos que han ocupado históricamente en la sociedad local una posición de no poseedores, dentro del esquema de distribución de la riqueza y los privilegios. Desde la privación del recurso elemental para la reproducción de la vida, de la tierra, han sido colocados en el lugar que ellos definen como: “campesinos sin tierra”, desde donde el vínculo entretejido con los “patrones” y propietarios no puede menos que haber cobrado la forma de una relación de dependencia. A ello se añade una posición de inferioridad natural en cuanto a status, asumida e incorporada de modo tal en los grupos de patrones, que hasta hallaban en ello justificativos para actuar bajo la orientación de la pedagogía del látigo, adjudicándose funciones y deberes de disciplinamiento y

sus status y prestigio. Estos supuestos morales adquirirían la forma de un tejido de usos y costumbres, en cuya base existirían “consensos” sobre lo legítimo e ilegítimo, con arreglo a normas y obligaciones sociales, propias de los diversos grupos implicados en la interrelación (Thompson: 1995). 46 Gonzáles Casanovas (1997) se refiere con Colonialismo interno a la persistencia de “antiquísimas estructuras de dominación”, singularmente funcionales a la explotación neocolonial, oligárquica y capitalista del campesinado indígena en las vastas áreas rurales de los países latinoamericanos.

educación con “sus peones”47. Ello hace, sin dudas, que los itinerarios de vida tengan la huella candente del “mal trato”, los “castigos físicos”, abusos y humillaciones. Es por tanto que las nociones y clasificaciones a las que nos referimos, como productos socioculturales complejos que emergen y echan raíces en ese entramado asimétrico, pueden devenir en canales de expresión de los sentimientos de disconformidad y resentimiento, tornarse mecanismos simbólicos de empoderamiento factibles de adquirir potencial y contenido subversivo. Ello, suponiendo que la rigidez estratigráfica y opresiva de ese orden social, conlleva a que la disidencia y disconformidad busquen vías y alternativas de expresión ocultas o trasncriptas, bajo modalidades y codificaciones singulares, y hasta tal vez encubiertas y disfrazadas, como el chiste, la burla, la metáfora o la difamación. Scott (2001) plantea que cada forma de dominación engendra modos particulares y específicos de expresión de la disidencia, y en ese sentido se vuelven altamente significativas y sugerentes las expresiones de descalificación y ridiculización que se despliegan a través de tipología clasificatoria gaucha. Los diferentes tipos de gauchos, ordenados en dos grupos, acorde a parámetros de autenticidad y falsedad, establecidos por quienes se arrogan el lugar y la posición de “verdaderos gauchos”, que se jactan de ser los “auténticos”, permite descalificar a los otros como: “gauchos truchos”, “gauchos cholos”, “gauchos disfrazados”, “gauchos de ocasión” o “gauchos ricachos”. Así las cosas, el binomio; “gauchos gauchos”/auténticos y “gauchos truchos”/falsos, sugiere tensiones y conflictos que se traban a otro nivel, en la dimensión de las relaciones de dominación entre clases sociales. Revestido de la densidad y espesura de una crítica que sólo encubiertamente puede contestar al jerárquico y asimétrico orden social de las fincas. A través de estas clasificaciones, los propietarios de la tierra y la riqueza, los de mayor status y prestigio, los que se ven a sí mismos como depositarios de un legado ancestral de “honor y decencia”, los “patrones”, son desconocidos como gauchos, negados de la condición de “gauchos verdaderos”. La categoría de gauchos falsos, conformada por las variantes “truchos”, “disfrazados”, “de ocasión”,
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Los límites de extensión en este trabajo no ofrecen ocasión para entrar en detalles sobre ello, sin embargo es importante mencionar que es frecuente, en diversos relatos de los gauchos, la marca de la violencia y la humillación, haya sido ésta ejercida sobre ellos mismos o sobre sus familiares, padres o abuelos. Aunque, en ese complejo entramado de esas relaciones entre patrones y peones, como configuración específica de poder, el ejercicio de la violencia y los castigos físicos representan sólo un extremo y una forma de expresión radicalizada de las múltiples y no excluyentes formas de relacionamiento, donde circulan deberes, obligaciones y derechos. Dentro de la gradación de opciones posibles, cuyo matiz intermedio lo representan las formas sutiles y morales de coerción, encontramos las reciprocidades y hasta el “afecto”, ante la presencia de figuras patronales benévolas, que conceden favores asu peones y brindan protección en situaciones de adversidad o necesidad.

“de café” o “ricachos”, constituiría entonces una evidencia, un indicador, de cómo funcionan estos singulares mecanismos de venganza y ajusticiamiento simbólico. En entrevistas realizadas a gauchos de distintas regiones, con recorridos vitales ligados a zonas geográficas peculiares y por tanto a la realización de actividades agro productivas específicas de ellas, cuando las conversaciones se relajaban, en donde en alguna medida el clima brindaba comodidad, estos hombres, disponiendo cada quien de bagajes, recursos y herramientas disímiles, al hablar de sus historias no expresaban explícitamente juicios valorativos, o una crítica abierta a ese entramado social característico de las fincas. Sin embargo, cuando se referían a sí mismos como “gauchos” y al atribuirse la auténtica y verdadera condición, era evidente que sus rostros cambiaban y mientras más abundaban en detalles y fundamentos del porque, en ese trascurso iban orgullosamente enalteciéndose. Era casi incontenible, difícil de disimular, el regocijo que los empapaba con la declamación ¡“ahhhhh…….pero esos son gauchos truchos”!, lo pronunciaban de modo especial, en un tono enfático, irónico y burlón. Así entonces, la auto-estimación positiva como única depositaria de las virtudes, cualidades y valores gauchos y su reconocimiento como detentadores exclusivos de un saber/hacer y herederos de una “tradición”, materializan la operación de inversión simbólica del lugar y condición histórica de inferioridad y carencia, desde donde devienen reposicionados. En base a la valorización de su saber/hacer como una posesión de la que los dueños de las tierras carecen, y la estimación de éste como un capital de gran valor e importancia para la resolución práctica de la vida en el campo, los gauchos pobres de riqueza (y de tierra) se representan a sí mismos como ricos en saber. Y es en la reafirmación y demarcación de la condición gaucha auténtica que viven en carne propia la sensación del empoderamiento. Esas situaciones pueden, tal vez, estar comunicándonos que por medio de esos mecanismos, y mediante el arma simbólica que les confiere su saber/hacer, estos gauchos encuentran la circunstancial posibilidad de verse y situarse a la altura de los patrones. Y, desde esa equiparación, nominarlos como “gauchos truchos” y “disfrazados”, sintiendo así el regocijo de devolverles la denigración que pesa sobre sus historias personales y familiares. Podría arriesgarse la proposición de que allí se aloja y almacena algo similar a una sensación de triunfo pasajero, la de quien gana una lucha, aunque sea ésta en el orden de los sentidos, y saca provecho de su posesión, de una cualidad y de un capital distinto al dinero o la tierra.

Los propietarios de tierras, depositarios de la estima social y “superiores” moral y racialmente, aparecen en este esquema de figuraciones como carentes de capacidad, sin habilidades ni destrezas. Son negados de los atributos de la gaucheidad, en tanto no poseedores del saber/ hacer definitorio de la auténtica condición. Pero a la vez, y por las implicancias semánticas del juego categorial, devienen degradados no sólo en jerarquía sino también respecto al género, como hombres, ya que sí los “gauchos gauchos”/verdaderos son los que tienen además del saber/hacer, la valentía y la fortaleza, aspectos definitorios y constitutivos de la masculinidad, quienes no los poseen no sólo no serían gauchos, sino tampoco y ni siquiera hombres verdaderos. Finalmente podemos sugerir entonces que la producción de estas categorías clasificatorias habilita una intervención sobre el mundo social, ya que los significados arraigan y operan sobre y a través de las relaciones sociales. Visto así, desde esta perspectiva, aún cuando las desigualdades y jerarquías trazadas en términos económicos, al nivel de las clases sociales y respecto a la distribución de la riqueza material no se transformen, a través de esta operación simbólica de inversión del orden, los situados en la posición de superioridad, por status y linaje, pueden resultar inferiorizados y colocados en el lugar de impotentes, como “inútiles”, en tanto pobres de destrezas y carentes de saber/hacer, y a la vez sin detentar la valentía distintiva de la masculinidad gaucha, serían no sólo “gauchos truchos” sino, y por sobre todo, poco hombres. Esta cualidad de las clasificaciones y nociones para representar la urdimbre social, y guardar correspondencia con las posiciones desde donde se producen, estaría evidenciando y confirmando el complejo vínculo, entre grupos y actores sociales, que por asimétrico no deja de ser recíproco y dinámico. Ahí, donde unos y otros se definen y constituyen activa y relacionalmente, bajo condiciones y ubicaciones jerárquicas y enfrentadas, con recursos, propiedades y atributos desiguales puede, oportunamente y bajo ciertas condiciones, desajustarse el equilibrio de fuerzas, ocasionales acciones y situaciones agrietar el orden, rasgar el delgado filamento de las mallas sutiles, abriendo surcos y vías de escape. Corrosivo y erosivo efecto sobre la densa filigrana donde trasunta la dominación.

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TEJIENDO REDES
“Am tená” / “Me doy a vos” Saludo de encuentro y despedida Wichí

El saludo en lengua Wichí sintetiza la finalidad que abrió y definió el trabajo realizado a lo largo de estos años: la convicción de que la investigación académica debe estar abierta al tejido social, más aún, debe ponerse al servicio de los agentes con los cuales interactúa pues son quienes le dan sentido a la indagación misma. Así, la investigación se puede pensar como un tejido entre discursos que se ancla en la vida cotidiana en un proceso de ida y vuelta que parece no tener fin. Ese ‘darse al otro’ significa hacer y proponer acciones de diferente tipo, estableciendo redes de relación entre académicos y no académicos, entre líderes comunitarios y las mismas comunidades, entre funcionarios en ejercicio y los destinatarios de las políticas que ellos mismos implementan.

Desde el inicio del PICTO N° 1836828, materializó este ideario en varios niveles de acción. En el nivel de las prácticas académicas, se organizaron seminarios, jornadas, debates, talleres en los que participaron investigadores de otros equipos locales, nacionales e internacionales, lo que permitió la integración con redes de investigación sobre problemáticas afines tanto en América Latina como en Europa. De hecho, la mayoría de sus miembros participaron del Proyecto AECID, BOE-PCI-2009: “Transformaciones del trabajo y de los medios de subsistencia, estudio comparativo” realizado con la Universidad de Cádiz, España, donde la Universidad de Salta fue sede para Iberoamérica. Asimismo, se colaboró con el Proyecto Latinoamericano coordinado por Antonio Catanni, titulado Riqueza, poder e desigualdade en América Latina (Universidad Federal de Porto Alegre, Brasil). Simultáneamente se instrumentaron seminarios y conversatorios con prestigiosos referentes en la temática tales como Arturo Escobar y Silvia Rivera Cusicanqui. Estas actividades se organizaron junto con el PICTO N° 36715, Construcción de identidades y representaciones discursivas. (Salta, Siglos XVIII-XXI) , dirigido por la Dra. Sara Mata y también radicado en el Centro Promocional de Investigaciones en Historia y Antropología (CEPHIA) de la Facultad de Humanidades (Universidad Nacional de Salta). El trabajo en red también se plasmó mediante diversas actividades organizadas con diferentes grupos sociales, asociaciones y organismos locales. Entre ellas, merecen mencionarse el asesoramiento técnico-antropológico brindado junto con la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación a las comunidades originarias en los reclamos de la titularidad de sus tierras y territorios; el trabajo de reestructuración y sistematización del material de archivo a una organización Indígena del Departamento San Martín (COPISA) y las acciones de colaboración mutua con la ONG ASOCIANA para la realización de informes sobre el efecto de los desmontes y agronegocios en las comunidades Wichí del departamento San Martín. En interacción con la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Salta, se implementaron proyectos de extensión al medio, facilitando herramientas para la de reconstrucción de las memorias en la Comunidad guaraní El Tabacal, de la localidad de Orán, Salta (Proyecto “+, +v+, Kaa, Añakae” -Agua, Tierra y Monte: 2008-2009). Asimismo, se participó en el proceso organizativo de la comunidad diaguita “Juan Calchaquí” de Villa Floresta–Salta Capital (Proyecto Memoria e identidad 2009-2010). Algunos miembros del equipo organizaron actividades orientadas a optimizar las políticas comunicacionales entre los grupos

subalternos. Con tal fin, se realizaron tareas de capacitación y de formación a través de Talleres de Comunicación Popular para la implementación de Radios Populares y Comunitarias junto con la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) en diferentes localidades de la provincia. También se realizaron charlas sobre Comunicación Popular en diferentes provincias a los fines de socializar y poner en discusión los avances parciales de la investigación. En ese sentido, fue importante la difusión de los contenidos elaborados en el citado PICTO en medios locales, regionales y nacionales tales como revistas, suplementos y semanarios, entre otros: Caras y Caretas, Revista Rumbos, Revista Política y Cultura, Indymedia, Otros Territorios y Opinión Calificada. La síntesis y, sin duda, uno de los hitos de esta política de investigación en red fue el Seminario Internacional “Luchas sociales, transformaciones del trabajo y de los medios de subsistencia” (Salta, 21 al 23 de diciembre de 2009) que contó con el apoyo de AECID, del CIUNSa y del CEPHIA. En él participaron investigadores de la Universidad de Cádiz (España), de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la UNSa, como así también dirigentes indígenas y sindicales de la provincia. La reunión tuvo como finalidad la articulación de análisis y el intercambio de experiencias orientadas a la planificación de acciones conjuntas las cuales se tradujeron en algunas de las actividades arriba mencionadas. A lo largo de los tres años de trabajo conjunto, el equipo de investigación se ha consolidado al punto de planificar la continuidad de estas búsquedas mediante un nuevo proyecto titulado “Producción y reproducción de la desigualdad y de la pobreza en la Salta del presente” (PICT N°2008-2084 –ANPCyT- 2011-2013) el cual actualmente se encuentra en pleno desarrollo, también bajo la dirección de la Dra. Alvarez Leguizamón. El nuevo PICT da continuidad tanto a las líneas de investigación abiertas en el 2008 como al proceso de vinculación permanente con la comunidad. Se han sumado nuevos integrantes al Grupo Responsable y al Equipo de Colaboradores (la mayoría de los cuales ya habían participado de los seminarios antes mencionados), cuenta con una becaria propia y con el aporte de becarios de CONICET dirigidos por algunos de los integrantes del proyecto en curso. La tarea a mantiene el mismo sentido con que se inició años atrás: el trabajo compartido, un esfuerzo que, como propone Silvia Rivera Cusicanqui, pretende colaborar en un esfuerzo simultáneo y compartido en pos de la descolonización cultural, de género, de etnia, de clase, aportando a la construcción de una teoría y una práctica que engarcen las nociones alternativas y pluralistas de derecho

ciudadano con el derecho consuetudinario tanto en la legislación como en las prácticas más cotidianas y privadas de la gente. En otras palabras, el esfuerzo se focaliza en el entretejido de redes, en la propuesta de encuentros cada vez más inclusivos, cuyo lema puede resumirse en el saludo Wichí “Am tená”.

Alejandra Cebrelli y Víctor Arancibia

EVALUADORES Luis Barreras: Es Licenciado en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP) donde se desempeña

como investigador y como docente en cátedras relacionadas con la comunicación audiovisual y la crítica de medios. Actualmente es Prosecretario de Extensión en la misma Facultad. Ha publicado “La transformación audiovisual argentino contemporáneo: el debate sobre el Nuevo Cine Argentino “, “La construcción significante de los cuerpos en las películas de Lucrecia Martel”, “Violencia en las Artes Audiovisuales” en los Anuarios de Investigaciones (años 2003, 2005 y 2006 respectivamente), Ediciones de Periodismo y Comunicación, UNLP. Colaboró en revistas internacionales donde publicó: “Nuevo cine argentino: transformaciones, representaciones y economía de un fenómeno sociocultural” en Portal del cine y el audiovisual latinoamericano y caribeño. La Habana, diciembre, 2010 y “Nuevo cine argentino: transformaciones, representaciones y economía de un fenómeno sociocultural” en Revista Sociedad Latinoamericana, UNAM, México, 2010. Actualmente está en imprenta el libro Comunicación/Arte. El mundo imaginante, en la Editorial de la UNLP, en co-autoría con Carlos Vallina. E. Catalina Buliubasich: Es Antropóloga y Doctora en Antropología por la Universidad de Sevilla, España. Es investigadora del Centro Promocional de Investigaciones en Historia y Antropología (CEPIHA) de la UNSa. Fue Decana de la Facultad de Humanidades de esa universidad. Además se desempeñó como Secretaria de Medio Ambiente de la Provincia de Salta. Actualmente es profesora Titular Ordinaria en la cátedra de Procesos sociales de América en las carreras de la Antropología y de Ciencias de la Comunicación de la citada Facultad. Ha acompañado a diferentes pueblos originarios del norte de Salta en los procesos de reclamos por la propiedad de la tierra. Ha escrito en numerosas revistas nacionales e internacionales sobre las problemáticas vinculadas a los pueblos originarios y territorios. Entre sus publicaciones se destacan: Las palabras de la gente. Alfabeto Unificado para Wichi Lhamtes. Proceso de consulta y participación en coautoría con Nicolás Drayson y Silvia Molina de Bertea, CEPHIA, 2000 y 2004; “La noción de trabajo en la construcción de la identidad: indígenas y criollos en el Pilcomayo salteño” en colaboración con Héctor Rodríguez en Cuadernos de Antropología Social, 16, 2002. Es consultora de numerosas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y realiza pericias antropológicas para el Poder Judicial de la Provincia. Ramón Burgos: Es Licenciado en Comunicación Social (UNJu) y doctorando de la Facultad de Periodismo y Comunicación (UNLP). Se desempeña como becario de CONICET y como docente de las carreras de Ciencias de la Comunicación (UNSa y UNJu), cátedras relacionadas con la comunicación popular y alternativa. Ha compilado junto a Rubén Agüero y César Arrueta Sobresentidos. Estudios sobre Comunicación, Cultura y Sociedad. UNJu, 2006. Tiene numerosas publicaciones en revistas y libros sobre comunicación y periodismo entre los cuales se destacan “‘El irrenunciable desafío de trabajar por Jujuy y su gente. Actores, cultura e identidad en el Suplemento 50

aniversario de Pregón”, en Revista Oficios Terrestres, 21, 2008 (en co-autoría con Alejandra García Vargas); “Cruces y tensiones entre fútbol y política en Jujuy durante los años noventa” , en Lagos, Marcelo -dir.: Jujuy bajo el signo neoliberal. Política, sociedad y cultura en la década del noventa. Jujuy, EDIUNJu y “Los otros en el fútbol jujeño: una mirada desde la prensa gráfica”, en Revista Comunicación y Medios. Universidad de Santiago Chile, 2009. Jorge Orlando Castro: Es Periodista y Licenciado en Periodismo y Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata donde, además, cursa el Doctorado en Comunicación. Es docente de las materias Análisis de la información en la carrera de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y de Producción y gestión de medios I en la tecnicatura en Periodismo de la Universidad Nacional de Avellaneda. Se desempeña como Director General de Extensión Universitaria en el Rectorado de la UNLP. Dirige proyectos de investigación vinculados a diálogos interculturales, políticas públicas y comunicación. Tiene una larga trayectoria en trabajos de extensión vinculada a los pueblos originarios, en particular Mapuches y Qom. Ha dictado cursos, charlas y conferencias en el país, en Latinoamérica y en Europa sobre la función y el rol de la extensión universitaria. Es autor de numerosas publicaciones entre las que se destaca el libro Medios, Política y Poder (Ediciones de Periodismo y Comunicación, UNLP, 2004). A la vez, ha dirigido y producido documentales vinculados a los trabajos de extensión que realiza. Luis María de la Cruz. Es Antropólogo Social y Ecólogo, especializado en antropología ambiental, y su línea de investigación se centra en las problemáticas de gestión del territorio, de cuencas y ambiente como así también en el uso de tecnologías de la información geográfica (TIG). En 2008 realizó el “Monitoreo Participativo de la Cuenca del Pilcomayo” (2008). Actualmente se desempeña como Coordinador General de la Fundación para la Gestión e Investigación Regional (FUNGIR). Ha publicado el libro Y no cumplieron. Reflexiones acerca de la apasionada relación entre los organismos de promoción del desarrollo y los grupos wichí. Editorial Universitaria de la Plata, 1997. Ha escrito el libro Asuntos de indígenas, agencias y organizaciones de ayuda en 2002 que, pese a ser inédito, es fuente de consulta de artículos científicos sobre el tema. Es autor de numerosos artículos sobre etnohistoria, lingüística y antropología relativos a los pueblos indígenas y sus territorios con relación a los ecosistemas y las cuencas hídricas del Gran Chaco. Entre ellos puede citarse “Buscando justicia en las fronteras del derecho. El derecho ambiental y los pueblos indígenas del chaco argentino”, en Suplemento Antropológico, XVI, Universidad Católica de Asunción, 2001 y “Contexto histórico-jurídico del tratamiento de los derechos indígenas” en Comisión Ecuménica para Asuntos Indígenas en las Américas, 2000. Es referente nacional e internacional en los temas mencionados.

Pedro Arturo Gómez. Es Licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Tucumán y Master en Lingüística por el Centro de estudios lingüísticos y literarios del Colegio de México. Es docente e investigador de la carrera de Ciencias de la Comunicación, de la Escuela de Cine (Universidad Nacional de Tucumán) y de la carrera de Comunicación de la Universidad Católica de Santiago del Estero. Ha dirigido la carrera de Ciencias de la Comunicación. Se especializa en sociología de la cultura y semiótica audiovisual. Ha publicado en coautoría con María Soledad Alonso Imaginario, representaciones sociales e identidad en la comunicación UNT, 2006 y Lenguajes e identidades en la comunicación globalizada UNT, 2008. Es autor de numerosos artículos en libros y revistas científicas entre los cuales se destacan: “Imaginarios sociales y discurso mediático” en E. Rojas y E. Rigatuso (eds.): Competencia y variedades del español en la Argentina, 2008; “La palabra icónica. El signo verbal en el diseño gráfico”. En Ovidio Revista de Psicoanálisis en la Cultura , 1, 1, 2006; “Verdad y realidad en las narrativas no ficcionales del cine y la televisión”. Revista Guionactualidad, Universitat Autónoma de Barcelona, 2007. Desde 2009 a la fecha es un colaborador permanente de la Revista Electrónica Guión Actualidad de esa universidad española, con artículos relacionados con las representaciones sociales, las identidades y la comunicación. Silvina Merenson. Es Doctora en Ciencias Sociales (IDES/UNGS). Es investigadora adjunta del CONICET y docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín. Investiga sobre historia y memorias del pasado reciente en Argentina y Uruguay, centrándose en la problemática de los sectores subalternos y en los procesos de legitimación de la desigualdad social. Ha publicado “Colores, claves y sedimentaciones del terrorismo de Estado entre los peludos de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas. Bella Unión, Uruguay”. En: Ernesto Bohoslavsky – Marina Franco – Daniel Lvovich -comps. Problemas de historia reciente del Cono Sur, II, UNGS-Prometeo, 2010; “(Des)marcaciones (trans)nacionales. El proceso de movilización y radicalización política de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, 1961-1972”. En: Contemporánea: Historia y problemas del siglo veinte , 2010. Recientemente ha compilado junto con Alejandro Grimson y Gabriel Noé, Antropología Ahora, Editorial Siglo XXI (2012). Susana Murillo. Es Magister en Política Científica (UBA) y Doctora en Ciencias Sociales (UBA). Ha sido Becaria Senior (CLACSO). Actualmente se desempeña como Profesora Titular de la materia Saber, Poder y Gubernamentalidad y del Seminario de Investigación: Cuestión social, gubernamentalidad y construcción de la subjetividad en la Carrera de Sociología de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Es miembro del Instituto de Investigaciones ‘Gino Germani’. Ha publicado varios libros sobre el pensamiento de Michel Foucault. Es autora de La criminología del siglo XXI en América Latina. Parte Segunda. En colaboración con Carlos Elbert. Editorial Rubinzal-

Culzoni, 2002 y Colonizar el dolor. La interpelación ideológica del Banco Mundial en América latina. El caso Argentino desde Blumberg a Cromañón, CLACSO, 2008. Ha coordinado Sujetos a la Incertidumbre. Transformaciones sociales y construcción de subjetividad en la Buenos Aires actual., 2003; Contratiempos. Espacios, subjetividades y proyectos en Buenos Aires , 2005. Georgina Remondino: Licenciada en Comunicación Social y Especialista en Investigación de la Comunicación por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Actualmente es becaria del CONICET y está realizando su tesis sobre los modos de socialización juveniles por medio de las TICs para el Doctorado en Estudios Sociales de América Latina (CEA-UNC). Se desempeña como investigadora en proyectos colectivos en la Facultad de Psicología -como el Observatorio de jóvenes, Medios y TICs – y en la Unidad Ejecutora del CONICET en el CIECS. Es autora y co-autora de artículos publicados en libros y revistas académicas en los que aborda diversas manifestaciones de la cultura contemporánea. Entre ellas se destacan: “Marcas de la cultura ciber/mediática: imperativos culturales y desanclaje educativo” en el libro Medios y tecnologías de la información y la comunicación. Socialización y nuevas apropiaciones Cristina Petit –coord., Brujas, 2009; “Nuevos espacios y nuevas formas de socialidad: las prácticas juveniles en los cyberjuegos" capítulo del libro Miradas. Cultura y subjetividad en la Argentina finisecular. En María Alejandra Minelli – coord., Alción, 2008 y “Los vínculos del juego-mundo: la experiencia lúdica en los cybers” capítulo del libro La comunicación como riesgo: Cuerpo y subjetividad. En Vanina Papalini –ed., Al Margen, 2006. Estela Vázquez. Es Licenciada en Economía (UCaSal) y Master en Ciencias Sociales (México D.F.). Ha defendido y aprobados los créditos correspondientes al proyecto de tesis de doctorado.de la Universidad de Sevilla. Actualmente se desempeña como docente de la Carrera de Antropología y como investigadora del Consejo de Investigación (U.N.Sa.). Es miembro del equipo docente de la Maestría en Políticas Sociales (Facultad de Humanidades) y de la Maestría en Salud Pública y en Enfermedades Tropicales (Facultad de Ciencias de la Salud) de esa universidad. Dirige y evalúa proyectos de investigación centrados en los procesos sociales en Salta, haciendo hincapié en la relación entre el trabajo y los medios de subsistencia. Asimismo, dirige proyectos de extensión relacionados con la reconstrucción de las memorias de comunidades guaraníes locales. Cuenta con publicaciones nacionales e internacionales de su especialidad. Ha publicado, en colaboración con la Mg. María Angela Aguilar, “Flexibilización salvaje en la selva chaco-oranense: el caso de Orán y Tartagal (Salta)” en la Revista Realidad Económica, 153, 1998; “De YPF a la ruta: un acercamiento a Tartagal” capítulo del libro Trabajo y población en el Noroeste Argentino Panaia et al. –comp., 2000; “Impacto de la transnacionalización en una sociedad local–Las bodegas en Cafayate” presentado en III Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo, 2000.

Lucio L. Yazlle: Ingeniero Agrónomo (UNT) y Magister en Sociología Rural (CLACSO). Se ha desempeñado como Decano de la Facultad de Ciencias Naturales y como Director de la Carrera de Ingeniería en Recursos Naturales y Medio Ambiente (U.N.Sa.). Actualmente es profesor de las cátedras de Economía Ambiental y Sociología Ambiental y miembro permanente Comité Académico de la Maestría en Recursos Naturales de la mencionada Facultad. Es director de proyectos de investigación sobre temas ambientales en el Consejo de Investigación de la Universidad Nacional de Salta. Asimismo ha publicado numerosos trabajos de investigación en revistas y libros especializados y artículos de difusión en medios gráficos de referencia nacional y local. Ha publicado Colonización y diversificación agrícola en Tucumán en co-autoría con reconocidos investigadores del Noroeste Argentino, UNT, 1973. Ha dirigido el proyecto de investigación “Análisis del impacto de los acuerdos del MERCOSUR en la explotación y comercio de productos agropecuarios de la Provincia de Salta (Argentina)”. Cristóbal Wallis: Es Licenciado en Historia (Universidad de Oxford) y Magister en Antropología Social (Universidad de Dhurham). Realizó trabajos de investigación de campo con llameros quechua hablantes en el sur de Perú y trabajos de antropología aplicada con pueblos indígenas del chaco paraguayo. Actualmente trabaja en la Fundación Asociana (Santa María, Departamento Rivadavia, Salta) en temas relacionados con la educación y la lengua de la comunidad Wichí. En ese marco dirige desde el año 2001 el Proyecto de Alfabetización en esa lengua. Colabora permanentemente con artículos periodísticos sobre los problemas de estas comunidades en revistas nacionales e internacionales como así también en sitios web alternativos.; en este último rubro puede citarse “La marginalización de los Wichí”, laBibliaWeb.com/SBU. En 2010 publicó “Discurso y realidad de la EIB en comunidades Wichí del Pilcomayo, Salta. ¿Es factible la interculturalidad en la escuela pública?” En Silvia Hirsch y Adriana Serrudo -comps. La Educación Intercultural Bilingüe en Argentina. Identidades, lenguas y protagonistas, NOVEDUC.

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