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Metodología científica

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

Metodología científica

Autores:

José María Infante Bonfiglio Ubaldo Ortiz Méndez

PREEDICIÓN

MÉXICO, 2004

COMPAÑíA EDITORIAL CONTINENTAL

José María Infante Bonfiglio Ubaldo Ortiz Méndez PREEDICIÓN MÉXICO, 2004 COMPAÑíA EDITORIAL CONTINENTAL ~ ~; -~.

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José María Infante Bonfiglio Ubaldo Ortiz Méndez PREEDICIÓN MÉXICO, 2004 COMPAÑíA EDITORIAL CONTINENTAL ~ ~; -~.

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Coordinador General: Jesús Alfonso Femández Delgado Enlace Editorial: María Magdalena Crispín Garza

Dirección Editorial: Javier Enrique Callejas Coordinadora editorial: Alma Sámano Castillo Diseño de interiores: María Isabel Gutiérrez Landín Diseño de imagen de portada: Nathan Jared Sifuentes López Diseño de portada: José Luis Martínez Mendoza

Título de la obra:

Metodologta cientifica

Derechos reservados:

© 2004, José María Infante Bonfiglio Ubaldo Ortiz Méndez Universidad Autónoma de Nuevo León © 2004, GRUPO PATRIA CULTURAL, S.A. DE C.v. bajo el sello de la Compañía Editorial Continental Renacimiento 180, Colonia San "JuanTlihuaca, Delegación Azcapotzalco, Código Postal 02400, México, D.F.

Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Registro núm. 43

ISBN 970-24-0606-4

Queda prohibida la reproducción o transmisión total o parcial del contenido de la presente obra en cualesquiera formas, sean electrónicas o mecánicas, sin el cconsentimiento previo y por escrito del editor.

Impreso en México Printed in México

Preedición: 2004

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Contenido

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Presentación

VII

Prefacio

IX

Unidad 1 Introducción histórica al quehacer de la ciencia

1.

Temas de la Unidad 1 Introducción

3

JI.

Origenes de la Ciencia

4

IlI.

La ciencia entre los griegos

10

IV.

Periodo medieval

.23

V.

La ciencia moderna

34

VI.

Concepción actual de la ciencia

140

Actividades de aprendizaje

145

Referencias bibliograjicas

148

~ Presentación '1 La Universidad Autónoma de Nuevo León ha impulsado los trabajos de uno
~ Presentación '1 La Universidad Autónoma de Nuevo León ha impulsado los trabajos de uno

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~ Presentación '1 La Universidad Autónoma de Nuevo León ha impulsado los trabajos de uno de

Presentación

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La Universidad Autónoma de Nuevo León ha impulsado los trabajos de uno de los programas más ambiciosos de su VISIÓN UANL 2006, con el análisis, diseño y aplicación del Programa de Estudios Generales para ta formacion Integral de los Estudios de Licenciatura.

Este Programa busca fundamentalmente ampliar la cultura de los jove- nes estudiantes, estrechando el vinculo de laformación científica y téc- nica con las ciencias sociales y las humanidades, y reconociemdo los ámbitos social y humanistíco en laformación científica y técnica.

Rige aquí la idea de una cultura universitaria compartida por diferen- tes carreras y profesiones. Laformacion de esta cultura universitaria se constituye en un elemento esencial de la responsabílídad profesional que debe materializarse en cada estudiante.

Lo anterior se plantea en un marco que considera los limites de espa- cio, tiempo y recursos de nuestra Universidad, lo que nos obliga a pen- sar en los conocimientos que pueden incidir efectivamente en las necesidades académicas, sociales y culturales del estudiante.

El trabajo del Programa de Estudios Generales se ha desarrollado con gran rigor académico, iniciando con este libro la parte práctica de la ac- tividad educativa concebida en diferentes sentidos; laformacion de los docentes que impartirán los cursos, la selección de los contenidos acor- des a los objetivos para laformacion de los estudiantes y la elaboración en cada caso de un texto específicamente diseñado para los fines de la educación integral.

Para el Programa de Estudios Generales este volumen representa una primera aproximación al salón de clase. Organiza y describe contenidos y actividades para los alumnos y los docentes que permitirán estable- cer un proceso educativo conforme a sus necesidades. Dado que toda propuesta educativa debe buscar desarrollarse. la evaluación que hagan maestros y alumnos permitirá un enriquecimiento continuo, tanto de los cursos como de los propios libros de texto.

Es para la Universidad Autónoma de Nuevo León un placer presentar el libro Metodología científica, no dudando que representa la posibilidad de satisfacer las necesidades e intereses sentidos de los alumnos, acadé- micos y autoridades de las distintas dependencias.

e intereses sentidos de los alumnos, acadé- micos y autoridades de las distintas dependencias. 'V--"
e intereses sentidos de los alumnos, acadé- micos y autoridades de las distintas dependencias. 'V--"

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Prefacio

li

El libro que tienen ustedes aquí en sus manos es un edición preliminar de aquelio que será el texto compieto adecuado a las necesidades del curso Metodología cien- tifica que se ubica en el contexto dei Programa de Estudios Generaies para ia Forma- ción Integral de los estudiantes de Licenciatura de ia Universidad Autónoma de Nuevo León. Este curso. raí como se expresa en su objetivo general. busca que los

estudiantes comprendan el proceso de producción científica como un proceso social

integrado a la sociedad en su conjunto. La ciencia ha sido y es una actividad que ha acompañado ia experiencia humana

desde sus inicios, si entendemos a la ciencia como aquella porción de la esa experten-

cia dedicada a interpretar el accionar del mundo para operar en él y producir ciertos efectos dirigidos a mejorar ia vida de ios seres humanos. erradicando ios riesgos aso-

ciados a las diversas fuentes de error e incertidumbre. La reflexión sobre esa misma

actividad. la toma de conciencia sobre las operaciones involucradas y la posibilidad de intervenir de manera concierne sobre ellas, como en casi todos los aspectos de la vida. arribó después. Y todavia en la actualidad los procesos que nos lievan a compren-

der el funcionamiento real del mundo están sometidos a distorsiones que nos impi-

den o dificultan una acción eficaz. Estas distorsiones no se dan por igual en todos los ámbitos o disciplinas y el origen de elias tampoco se ubica en una fuente única: ya sea que la realidad se resiste a ser entendida y dominada. ya sea que los seres humanos nos resistimos a elaborar modelos adecuados para interpretar los fenómenos del mun- do real (resistencias que a su vez tienen varias génesis). todavía eso que liamamos

ciencia presenta aspectos incompletos o incoherentes. Sin embargo, aún con estas

deficiencias. la ciencia es. de todas las actividades humanas. la que ha posibilitado el mayor y más eficaz de los dominios para organizar el presente y planear el futuro. Entender cómo se construye la ciencia. cómo acompaña a otros aspectos de la vida. de la producción material y espiritual. se hace entonces imprescindible para cualquier persona que pase una parte de su vida por la universidad. máxime si te-

nemos en cuenta que en las modernas sociedades la universidad es el ámbito don-

de principalmente se preserva e incrementa el acervo clentífico. Sin embargo. la formación de las ideas claves de la ciencia ha sido desigual y es en las sociedades de mayor nivel de desarrolio donde se han generado los mayores aportes. Es impor-

tante, entonces, tratar de comprender la dinámica socioeconómica que ha permiti-

do

esa

situación

diferencial.

así

como

los

procesos

culturales

e

ideológicos

involucrados. Pero también es necesario entender cómo opera la ciencia en su diná- mica interna: de qué manera los propios procesos científicos se generan y organí-

zan para asegurar su validez.

El curso está organizado en cuatro unidades: una introducción histórica a los procesos de la ciencia, un análisis de los procedimientos y mecanismos de la activi-

dad cientifica. una discusión sobre las teorias de la metodología y una reflexión so- bre las consecuencias de la actividad científica en los otros ámbitos de la sociedad (esta edición previa sólo contempla la primera de estas unidades y en la próxima edición se incorporarán las otras).

Se hace necesario recalcar que, en ningún caso (ni aún cuando este texto se

complete) el objetivo del curso es la formación de un investigador con pleno domi- nio de las técnicas de investigación. Esto es imposible para un curso que pretende ser de formación general para todos los egresados de la universidad en todos sus campos. A lo que se aspira es a proporcionar a los alumnos las herramientas inicia-

les que le permitan comprender qué es la ciencia. cuáles sus herramientas. sus lo- gros y fracasos y su papel en la dinámica social.

José Maria Infante Bonfiglío Ubaldo Ortiz Méndez

u

Unidad 1

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

1 Introducción histórica al quehacer de la ciencia Objetivo Interpretar la tarea de indagación científica

Objetivo

Interpretar la tarea de indagación científica como connatural a la especie humana

en su desarrollo histórico, poniendo interés en el que los principales objetivos de esta tarea son la domesticación de las fuerzas de la naturaleza y la mejoría de los niveles materiales de la vida.

Temas de la unidad 1

1.

Introducción

11.

Origenes de la Ciencia

III.

La ciencia entre los griegos

Iv.

Periodo medieval

V

La ciencia moderna

VI.

Concepción actual de la ciencia

Referencias bibliográficas

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

l. INTRODUCCIÓN

Hablar de la historia de la ciencia es una tarea dificil, como lo es hablar de historia en general. El problema inicial es cómo periodizar, ya que cualquier periodización es un esquema que se impone al flujo de los acontecimientos y, por tanto, supone una idea o concepción previa de esa historia que se está describiendo, lo cual sólo es posible después que los acontecimientos hayan transcurrido y se puedan inter- pretar en función de algún esquema. Aun cuando no todo el mundo coincide en las esquemarízacíones al respecto, hay ciertas reconstrucciones que son insoslayables:

no puede evitarse la mención a la civilización helénica, incluso cuando las evalua- ciones sobre su exacta contribución al desarrollo cientffico puedan diferir en más de un sentido. Por otra parte, la exacta diferencia entre ciencia y otras formas de conocimiento no siempre fue clara: mucha de la alquimia sirvió de fundamento pa- ra la quimica de los siglos XVII y XVIII; muchos avances de la óptica tuvieron su fuen- te en las prácticas cotidianas en el XVI y el XVII y el uso de las tecnologías populares de la época aplicadas a las necesidades de la guerra; mucho del desarrollo de la me- dicina se basó en prácticas mágicas e interpretaciones erróneas de los procesos fi- siológicos, más unidos a los deseos de los seres humanos y metáforas de la vida que a una observación acuciosa y sistemática de los organismos vivientes. Un segundo problema es el registro histórico de los acontecimientos significa- tivos; en el caso de la historia de la ciencia y del método, muchos de los elernen- toS fueron ideas para las cuales no hubo registro adecuado o no se conservan sus

datos en la actualidad. En este punto, nuestra perspectiva se centra en la idea de conocimiento público como sinónimo de ciencia y de sus virtudes: la ciencia es vá-

Iida porque circula públicamente y está sometida al escrutinio de todo el mundo que quiera opinar o establecer sentencias sobre ello. Por ello, han habido autores y pensadores que no son incluidos o tratados en éste y otros trabajos debido a la po-

ca influencia que tuvieron sobre sus contemporáneos y sobre las generaciones si-

guientes; un modelo paradigmático es Leonardo da Vinci, del cual hablaremos en su momento. La publicidad de los argumentos y acciones es fundamentai, además, para permitir ia réplica y la corrección; todo ello hace de la actividad científica una actividad diferente de la religión o la adivinación, con todas las consecuencias que ello tiene para cada caso. Un tercer elemento es que hay diferencias notables entre hacer ciencia y refle-

xionar sobre cómo se hace ésta. La metodología como reflexión o explicación SO~

bre las acciones que un cíentífíco

debe ejecutar es, en sí misma,

una

cosa

relativamente reciente. La mayoria de los cientificos de la historia de la humanidad

reflexionaron muy poco sobre cómo hacer ciencia: simplemente decían "esto es así o se hace así por talo cual motivo o fundamento", a veces sin incluir una descrip-

ción de cómo habían pensado para llegar a la conclusión o acción enunciada. Ello

es asi porque los seres humanos desarrollamos en conjunto una conciencia práctí-

ca, diferente de la conciencia personal vulgar, por la cual somos capaces de hacer

ciertas cosas, pero no podemos construir unas representaciones conscientes de ello

y, mucho menos, expresar por medio del lenguaje las operaciones que hemos rea- lizado. El lenguaje mismo es un buen ejemplo de esto: si hablamos con un analfa- beta -es decir, alguien que no sabe leer y no ha ido a la escuela-, podemos

ejemplo de esto: si hablamos con un analfa- beta -es decir, alguien que no sabe leer

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Metodología científica

sostener una conversación entendible en términos comunes y veremos que, salvo ciertos casos de verbos irregulares de uso más o menos culto. sus construcciones

son similares a las nuestras. Sin embargo. si le preguntamos cuál es el sujeto y cuál el predicado o cómo se conjuga determinado verbo de los que usó en su discurso, no tendrá la menor idea de lo que le estamos preguntando. Eso es la conciencia práctica: la capacidad de hacer algo más o menos adecuado a cierto contexto o rea- lidad sin que podamos explicarlo, asi como el analfabeto no puede explicar cuáles son las reglas adecuadas de la sintaxis. Por todo ello. el tratamiento de la ciencia en su desarrollo histórico -tal como proponemos aqui- tiene como finalidad ayudar a comprender la construcción de la ciencia y del pensamiento cíentifico como experiencia humana, alejada de la in- fluencia de dioses y demonios.

11. ORÍGENES DE LA CIENCIA

¿Cuándo comienza la ciencia? Sin duda, la respuesta se vincula necesariamente con

la idea que se tiene sobre la misma ciencia, lo cual nos coloca de inicio en un círculo

vicioso: si para definir la ciencia, que es el punto final de esta sección, se requiere la comprensión de la actividad científica tal como se ha desarrollado a través de la his-

toria humana, corremos el riesgo. como decíamos en el punto anterior, de aceptar

una definición previa de ella, con el consiguiente peligro de no encontrar lo que bus-

cábamos; pero lo inverso tiene sentido: no se puede buscar algo sin tener una idea

de lo que se busca, porque de lo contrario nunca encontraremos nada. Desde una perspectiva general, la actividad cíenuñca consiste en observar, ana- lizar, relacionar e interpretar los fenómenos de la realidad para alcanzar algún ob- jetivo relacionado con una necesidad socialmente determinada. Sin duda, la observación de las estrellas y del movimiento aparente del Sol (fenómeno que apa- rece en todas las culturas a través de sus mitos) al vincularlos con la aparición de fuentes alimenticias, permitió crear fa agricultura hace ya más de doce mil años. Esa agricultura era una ciencia aplicada, cualquiera que sea la interpretación que sus propios usuarios hicieran de ella. Había elementos mágicos (la creencia en

que seres sobrenaturales, "dioses", intervenían en el proceso); pero se trataba de

modificar parte de la realidad para alcanzar el objetivo: solucionar la necesidad básica de alimentación para una gran cantidad de gente. prescindiendo de las contingencias azarosas de la naturaleza, reduciendo el riesgo y la incertidumbre.

Había mucho de conciencia práctica en esa operación, mezclada con elementos

mágicos o fantasías. Quizá podríamos ejemplificar con la agricultura la primera actividad humana en que se comprometieron todos los elementos que se requieren para hablar de una actividad cientifica. La agricultura exigió, en primer lugar, cierta forma de cla- sificación de las plantas; conjuntamente, determinado conocimiento del ciclo vital

de las mismas o al menos de la planta que se reproduciría; correspondientemente,

un acompasamiento entre el ciclo vital de esa planta y el ciclo general de la natu-

raleza. 10 cual implicaba cierta idea de la astronomía y cierta reconstrucción de los

movimientos cíclicos del Sol y las estrellas.

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cierta idea de la astronomía y cierta reconstrucción de los movimientos cíclicos del Sol y las

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

El problema de los objetivos de la actividad científica es central: algunas ver- siones sobre la actividad científica ponen énfasis en la "búsqueda de la verdad" o en la idea de que la actividad científica es connatural a la especie humana. Sin du- da, es necesario contar con el dispositivo orgánico que sólo los seres humanos po- seemos (en especial un lenguaje) para poder hacer ciencia; pero eso no es el motor de la ciencia. Tampoco la búsqueda de la verdad; dado que la ciencia es una construcción abierta y cambiante históricamente, sostener la idea de verdad nos lleva a inevitables contradicciones lógicas. Lo que siempre ha estado presente en la actividad científica es el dominio de la realidad circundante en pro de un bene- ficio para el grupo humano que adoptaba las prácticas en cuestión, en especial a fin de ahorrar alguna de las formas de consumo de energía (tiempo, esfuerzo físi- co, ahorro de dinero o capital -que no es sino esfuerzo humano acumulado-, et- cétera).

La actividad científica comienza con la observación meticulosa y el registro CO~

rrespondiente de los cambios en la naturaleza de los fenómenos o de los objetos que se están observando. Los cambios pueden notarse en el crecimiento de las plantas, en sus formas externas o aparentes, en los ciclos del "cielo" con sus se- quias e inundaciones y demás. Algunos de esos cambios parecen regulares y en-

tendibles; otros, por el contrario, irrumpen de manera azarosa e imprevista. En

algunas ocasiones se llegó a pensar que la naturaleza procede de manera capricho- sa y voluble, imposible de ser entendida por los seres humanos, y cuyo conocimiento

estaba reservado a sus creadores: los dioses.

En otros casos, como la fuente de algunos de esos cambios permanecía desco- nocida, la ignorancia llevó a inventar todo tipo de fantasmas y a atribuirles una ac- ción. El mundo de los seres humanos se pobló de seres surgidos de la imaginación,

pero con un enorme poder para marcar el destino humano. Estos seres imagina-

rios, que para algunos adquieren categorías sobrenaturales, poseen en exceso algu- na cualidad o propiedad humana supravalorada (poder, conocimiento, previsión, inteligencia, salud, riqueza y demás); son capaces de actuar sobre el mundo de ma- nera directa o a distancia, ya que pueden dominar las fuerzas de la naturaleza - en principio rebeldes o indóciles- y cambiar la suerte de los humanos. Éstos recurren a diferentes formas de conjuro para obtener el favor de aquéllos; tales for- mas pueden ser concretas, como el sacrificio u ofrenda de animales, o simbólicas,

como las diferentes formas de ruegos o invocaciones.

A veces el fenómeno de la contigüidad metonímica, al establecer las relaciones

concretas entre fenómenos, llevó a correlacionar de manera espuria los hechos y a

encontrar (o aceptar) relaciones inadecuadas. Quizá la "danza de las lluvias" en al- gunas sociedades tuvo ese origen: si al estar bailando cierta danza apareció la llu- via, la imaginación humana vinculó esos acontecimientos en relación causal, de tal manera que cada vez que se quería conseguir agua se repetía la danza en cuestión (con resultados aleatorios, pero que los seres humanos no evaluamos debidamen- te). El hecho de que en cierta sociedad el vínculo se estableciera entre una danza y la lluvia, mientras que en otra el elemento fuese determinado vestido y en otras

más una conducta en particular u otra acción cualquiera. dará origen a la enorme

variedad de la cultura humana.

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conducta en particular u otra acción cualquiera. dará origen a la enorme variedad de la cultura

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conducta en particular u otra acción cualquiera. dará origen a la enorme variedad de la cultura
conducta en particular u otra acción cualquiera. dará origen a la enorme variedad de la cultura

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Metodología científica

En otras ocasiones, las relaciones se interpretaron de manera metafórica y las

consecuencias fueron similares, aunque la causalidad se pueda entender de modo semejante. El hecho que cierto grupo humano haya atribuido la condición de dei- dad' a una rana, a la cual se invoca para obtener lluvia, puede ser el resultado de una compleja red de vinculaciones simbólicas, donde las metáforas se organizan dando sentido a algo que es incomprensible en otra dimensión analítica. No existe, en el origen, una clara distinción entre que hoy llamamos religión y ciencia. La actividad humana enfocada a estas tareas no era definida y la misma persona solia dedicarse indistintamente a ambas. Esto planteó el primer obstáculo institucional para el desarrollo de la ciencia como actividad en el seno de una so- ciedad: quién podía tener la verdad y quién podia decidir sobre ello.

Como en otras actividades humanas, el núcleo del problema solía estar en el

ejercicio del poder y el conocimiento ha sido siempre una fuente de poder. Desde

el comienzo de la vida humana, conocer permitia, en cierta medida, anticipar el fu-

turo y ello daba un poder especial a quien podía hacerlo. Un acontecimiento importante en la historia de la humanidad es el establecimien-

to de asentamientos estables. Estos asentamientos, cuando comenzaron a diversificar

las funciones de sus habitantes y permitieron y obligaron al desarrollo de una divi- sión más especifica del trabajo, liberaron a algunos de sus miembros de la pesada carga de ganarse la subsistencia cotidiana mediante el trabajo directo. La división del trabajo material obligará a la especialización de algunas perso-

nas en ciertas tareas y aparecerán los problemas de formación correspondientes.

Ciertas actividades artesanales podian desarrollarse sin el dominio de habilidades como la escritura; pero la organización social requería el registro de determinadas actividades y ello implicaba alguna forma de control y de archivo. Todo el desarrollo posterior de la ciencia nos presenta una serie de interrogan-

tes en cuanto a su proceso y a las perspectivas de análisis de ese proceso; seriar o

establecer etapas es un problema en si mismo, ya que las etapas deben responder

a un principio estructurador y ése debe estar explícito. Hay autores que fijan el na-

cimiento de la ciencia en las obras de Galileo o Newton, partiendo de una visión "ex-

perimentalisra" de la ciencia. Por otro lado, la historia de cualquiera de las ciencias

puede mostrar etapas diferentes y sucesiones no coincidentes con otra. El criterio

de Piaget relativo al pasaje de ias estructuras concretas a las formales, es válido pa-

ra un universo restringido, el de ciertas ramas de la astronomía y la mecánica; pero

no sirve para la biología, por ejemplo, dado que ésta todavia se encuentra en la eta-

pa de estructuras concretas. Las ciencias no se han constituido de una vez y para

siempre, ya que cada una tiene procesos que se expresan en un desarrollo desigual. Para quienes las matemáticas son la expresión más acabada de la ciencia, és- ta habria comenzado en Babilonia hace más de cuatro mil años (Collette, 1985; Rít- ter, 1989). La civilización babilónica se desarrolló a partir de diversos pueblos que ocuparon la región conocida como Mesopotamia (actual Irak), desde hace más de

siete mil años. Allí, desde hace unos cinco mil años empezaron a usarse ciertos

simbolos estilizados para representar las cosas y las palabras; se trataba de la es-

critura cuneiforme, donde mediante un estilete se hacía una marca en una tablilla

de arcilla, cuyas dimensiones variaban entre unos doce y unos 450 cm-, que luego

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una marca en una tablilla de arcilla, cuyas dimensiones variaban entre unos doce y unos 450

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

eran cocidas, lo que permitió que se conservaran por mucho tiempo, a diferencia de materiales como el cuero o los papiros, que se deterioran con más facilidad, por lo cual se ha perdido la mayoría para siempre. La escritura y la matemática nacen al mismo tiempo y podría decirse que la una no puede existir sin la otra (Ritter, I989b). Los problemas son de diverso tipo, lo cual indica las diferentes realidades a que

se referían.

ra representar el número nueve. El símbolo (

ro diez; luego, el sistema se hacía sexagesimal donde la posición se convertía en el

elemento clave para la comprensión del número o cifra. Algunos autores creen que esto era simple; veamos un ejemplo: para representar el número 7424, debía ha-

cerse más o menos así:

El símbolo r representaba la unidad y se repite hasta nueve veces pa-

se usaba para representar el núme-

2 X 60'

+ 3 X 60

+ 44

lo cual se representaba más o menos de esta forma:

fT

HT Hmr

Algunos autores sostienen que era relativamente fácil interpretar estos signos en función de su posición y deducir de allí, más o menos en forma automática, el tipo de operación en juego. De otra manera, las operaciones estaban indicadas por la posición que los números ocupaban en el espacio bidimensional, de suerte que entender que se trataba de una suma o de una resta dependía de interpretar ade- cuadamente la posición. Era un problema de percepción visual. Ahora bien, ¿por qué complicarse dejando esto librado a un juicio de tnterpretacíón si es tan fácil usar los signos + y -7 Es obvio que la respuesta se debe a que los signos no esta- ban inventados; pero esto nos conduce al punto central sobre el que queremos in- vitar a reflexionar: si en la actualidad los signos nos parecen de naturaleza elemental, porque nos permiten establecer de manera sencilia y clara la operación a efectuar, ¿por qué no se le ocurrió a ningún científico babilonio inventar tal cosa, máxime si ello redundaba en la eliminación de los complicados procesos mentales

que debían efectuarse para dominar las operaciones? Para que la ciencia se desa-

rrolle no se trata sólo de poseer un grupo de científicos muy inteligentes o sabios, sino también de otras cosas: capacidad para ver problemas y desafíos donde otros

no los ven; innovaciones creativas aceptadas por la comunidad; exigencias de un

medio que requiere la solución de cierto problema para poder avanzar. La ciencia es un proceso de construcción colectiva, y si fuera el caso que algún sabio babilonio se hubiese percatado de la originalidad de organizar los cálculos de

esa manera, éstos tendría que pasar por el tamiz de la aceptación social de la in-

novación; sólo después que la comunidad científica acepta el valor de un nuevo ele-

mento o proceso, éste se incorpora al conocimiento.

En el código de Hammurabi se especifican cinco tipos de expertos (Ritter,

1989):

1. Los "observadores de pájaros" (dagiHssure), que eran los especialistas en pre- decir el futuro a partir del comportamiento de las aves.

2. Los "médicos" y "exorcistas" (asü y wasipü) , que acudían en forma conjunta

o separada a las llamadas de familiares en casos de enfermedad o muerte.

y wasipü) , que acudían en forma conjunta o separada a las llamadas de familiares en

Metodología científica

3. Los adivinos.

4. Los "escribas" (tupsarnj) , que eran personas instruidas, con capacidad para leer, hacer cálculos y escribir.

5. Los astrólogos.

El código de Hammurabi debe verse como un protointento de clasificar el com- portamiento humano individual y colectivo. Al igual que todos los códigos que vinie- ron después, es una mezcla de sistemas clasificatorios con deseos de realización; se

trata. entre otras cosas, de una mezcla de conciencia práctica con ideología, donde los

valores explícitos o implícitos asumidos no siempre son representativos de necesida-

des reales, sino de imposiciones por parte de ciertos sectores de la sociedad. Pero son una forma primitiva de entender el comportamiento de los seres humanos y por eso

los mencionamos.

Los babilonios creían que los dioses transmitian sus intenciones a través de nu- merosos indicadores: las marcas de nacimiento sobre la piel, las formas que adqui- ría el humo en ceremonias sagradas, la conformación de los órganos de los animales sacrificados (costumbre que aún se observa en algunas tribus africanas).

La rarea fundamental de los adivinos consistía en predecir el futuro en asuntos mi-

litares. Aunque mal tratada y peor resuelta, aparece ya aqui una noción fundamen- tal en todo pensamiento cientifico: la naturaleza no procede por azar; hay cierto orden, cierto método. En otras palabras, hay determinismos que se imponen a los

seres humanos. Aun cuando muchos de esos determinismos se atribuyeron a seres

sobrenaturales o infranaturales (dioses y demonios forman parte del universo hu- mano), la sola idea de que los acontecimientos suelen estar encadenados es ya un

principio de método. La ciencia, en última instancia, es, entre otros puntos, una for-

ma de simplificación ordenada de la aparición aparentemente caótica de los fenó- menos. Esta idea de un orden que puede ser previsto o predicho ha sido la base de la construcción científica de Occidente, aun cuando en el siglo xx la noción haya si- do cuestionada.

Además, debe verse cómo los conocimientos provenían de los dioses; en cier-

to sentido, no se tenia todavia la idea de que el conocimiento fuese algo que los

seres humanos construimos a partir de nuestra experiencia. El orden de la natu-

raleza estaba establecido por otras voluntades, la tarea humana era descifrarlo y

entonces utilizarlo en algún aspecto de la vida cotidiana. En el niño pequeño, como lo ha demostrado Ptaget, la noción de causa no es natural sino el resultado de una compleja construcción de relaciones con lo real. Piaget divide las etapas del desarrollo intelectual en tres grandes periodos o siste- mas, cada uno de los cuales presenta a su vez ciertas subdivisiones. Lo importante es que los periodos son progresivos y no superables por cierta maduración o por el simple paso del tiempo.

La noción de causa es introducida en el tercer periodo, el de las operaciones,

también llamado operativo, el cual tiene dos grandes subdivisiones: operaciones

concretas y operaciones

concretas

formales.

En el periodo de las operaciones

-q~e se extiende aproximadamente entre los seis y ocho años hasta los 12 o 14- el menor elabora la noción de causa a partir de sus experiencias con la realidad, pero será necesario llegar al periodo de las operaciones formales para entender el

sus experiencias con la realidad, pero será necesario llegar al periodo de las operaciones formales para
sus experiencias con la realidad, pero será necesario llegar al periodo de las operaciones formales para

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

sistema de covariaciones o dependencias funcionaies [como en ia función y =!(x) ] (Piaget y García, 1973). También debemos extraer de los babilonios otra lección: la autoridad real esta- bleció patrones o medidas oficiales de longitud, peso y volumen (Dampier, 1986:34). La ciencia aparece así asociada con el poder politico, en el sentido de organización del Estado. El asunto de la ciencia debe ser un asunto oficial en toda sociedad; en otras palabras, la ciencia es una cuestión de Estado y su regulación, expansión o uti- lización no puede dejarse al libre juego de las fuerzas sociales o de otro tipo. En Egipto, los avances más importantes se dieron en el campo de la medicina (Oampier, 1986). Se han descifrado papiros que constituyen tratados completos so- bre los diferentes aspectos de la medicina. El primer médico egipcio reconocido se llamó l-am-hotep o Imhotep (que significa "el que viene en paz"). Más tarde se le divinizó y se pensó que era quien otorgaba la protección a la práctica médica. Al- gunos papiros hablan de intervenciones quirúrgicas y existen tallas conservadas del año -2500 que muestran la práctica de la cirugía entre los médicos egipcios. Algu- nos manuscritos antiguos se refieren a Imhotep como consejero de Zoser, Éste fue el faraón bajo cuyo mandato se construyó la pirámide escalonada, cuyo diseño también se atribuye a aquél (Asírnov, 1973). Los egipcios -al igual que los aztecas- tenían un calendario mucho más ra- cional que el que usamos ahora, y dividian el año en 36 semanas de diez días ca-

da una. El inicio del año se hacia coincidir con la aparición del Sol junto a

Sotkis (Sirio, de los griegos). Según ciertos indicios, los hindúes poseian ya en el siglo -m el sistema de nume- ración que llamamos equivocadamente arábigo y que se ímpondría en Occidente hacia el comienzo de la Era Moderna. Pero, salvo las matemáticas, no parece que en la india se hubiesen desarrolla- do otras ciencias o formas de conocimiento. ¿Será porque la religión hindú, al su- brayar la fugacidad y la vanidad de la existencia personal, no favoreció el pensamiento sobre el modo de operar de las cosas materiales de la vida cotidiana y fomentó la reflexión matemática, que trata sobre entes ideales? ¿El pensamiento religioso puede impedir el progreso del pensamiento cíentí- fico? Sin duda, y sin necesidad de recurrir a la represión o a las prohibiciones. Las prohibiciones explicitas deben aparecer cuando el comportamiento colectivo es- capa al control expreso de los poderosos; mientras en el comportamiento colec-

tivo, para algo que no se desea o se desconoce, la prohibición es innecesaria; es

en el momento en que aparece argo deseable o deseado pero inconveniente cuando el poder se ve en la obligación de prohibir. El dominio de la religión en la

mayoría de los casos se basa en esta condición.

La ciencia ha debido enfrentar, desde el principio, ia dualidad del pensamien- to religioso: por un lado, el uso que la religión hace del conocimiento como forma de poder y control, apropiándoselo y controlándolo y, por otra parte, la oposición directa de las organizaciones religiosas al desarrollo de la ciencia.

la estrella

En las tres tradiciones previas al mundo griego que han tenido influencia direc-

ta en la construcción de la llamada civilización occidental -judíos, egipcios y

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Metodología científica

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persas (babiloniosj->, la religión siempre constituyó un obstáculo: el mito biblico habla del árbol de la ciencia del bien y dei malo del árbol del conocimiento como el deseo original que condujo a la perdición de la humanidad. El primer obstáculo epistemológico es la renuncia consciente y explicita a co- nocer: entre nosotros suele haber gente así. personas que cuando se les presenta

un conocimiento diferente a sus creencias y que posee al mismo tiempo determi-

nado grado de razonamiento o complejidad mayor, se niegan a incorporarlo o in- teriorizarlo. Esta actitud, aun cuando pueda responder al principio de ahorro de energía, ha sido exaltada en algunas tradiciones culturales y ha provocado y provo-

ca innumerables conflictos.

111. LA CIENCIA ENTRE LOS GRIEGOS

Parecería inevitable que un análisis del desarrollo de la ciencia en la cultura occi- dental comenzara con una ubicación precisa del pensamiento griego y los aportes que la civilización griega hizo en el comienzo de un pensar científíco. TIlles, Pitágo- ras, Platón, Euclides, Arquímedes, pero en especial Aristóteles, aparecen normal-

mente asociados a los comienzos del pensamiento científico en Grecia.

El pensamiento griego constituyó una gran realización humana; esto es, desa- rrollar una observación continua y sistemática de la realidad y aplicar una serie construida de principios lógicos para su interpretación. Una de las cuestiones más interesantes para reflexionar es la posible respuesta a la pregunta sobre qué hizo que el pensamiento griego fuera tan fértil y productivo. Sin duda, fueron cuestio- nes sociales, económicas, cuiturales y políticas asociadas las que provocaron tal ex- pansión.

El mar Egeo se convirtió en un verdadero cruce de caminos, en primer lugar comercial, pero también, asociado con ello, de ideas, modos de vida y modos de hacer -objeto de dominio sobre otros grupos y pueblos-e- y esta confrontación de ideas, quehaceres y bienes sentó las bases para una perspectiva de la compren- sión del mundo. Había como trasfondo toda una forma particular de interpretación de ios fe- nómenos mundanos y su organización: el mundo estaba compuesto por cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego) y todas ias cosas eran una forma pura o una

combinación variable de esos componentes básicos (esta idea persistió aún en al-

gunas teorias psicológicas que se mantuvieron hasta inicios del siglo xx). Por otro lado, la concepción griega del mundo se apoyaba en la noción de un universo ce- rrado y ordenado. Lo que hoy conocemos como espacio sideral era una esfera o campana donde las estrellas se asentaban de manera fija y sólo había unos pocos cuerpos móviles, entre ellos el Sol, la Luna y algunas estrellas. El resto, la Tierra incluída, estaban inmóviles. No es que ios griegos no pensaran que la Tierra podía girar; sólo que ello no se adecuaba al resto de su mundo perceptual; en realidad,

es muy dificil aceptar la idea del movimiento terrestre sin tener una clara defini-

ción de la noción de gravedad. No puede explicarse cómo los que están en posi-

ción "invertida" no se caen al espacio cuando la Tierra gira.

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en posi- ción "invertida" no se caen al espacio cuando la Tierra gira. - - -

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

Los griegos estaban convencidos de que la Tierra era muy grande. Atendiendo

a Norwood Russell Hanson (1978), se puede decir que Aristóteles había calculado la

circunferencia terrestre en alrededor de 400 000 estadios, Arquímedes en 300 000 YEratóstenes en 252 000, que equivale a 39 690 kilómetros. Así, tomando la equi- valencia dada por Plinio 11 de 157.5 metros, tenemos un valor casi igual al calcula- do en la actualidad. Hanson dice que si seguimos el razonamiento hasta sus últimas consecuencias (por una especie de reducción al absurdo, un método muy caro a los matemáticos), deberíamos llegar a la conclusión de que estamos girando a más de

1600 kilómetros por hora, aquí donde estamos sentados, lo cual parece absurdo,

no sólo para los griegos, que no conocian más velocidad que la de sus caballos, si- no hasta para nosotros. La mayoría de los cientificos griegos, por tanto, debía lle- gar a la conclusión inevitable de una Tierra en estado de reposo; quienes sugirieron

la alternativa del movimiento giratorio, como Filolao, Hicetas, Ecfanto y Heráclides,

no pudieron aportar "hechos" para sostener sus hipótesis. No sólo serán las limita- ciones de la realidad física las que acoten a la ciencia griega; también las condicio- nes sociales y políticas de su mundo impusieron una forma de pensar y de ver las circunstancias. Si no fuese por las luchas sociales y politicas internas, por las cua- les la familia de Heráclito fue despojada de su patrimonio y degradada social y eco- nómicamente, obligándolo a un "exilio interior" y a repensar los procesos del mundo, ¿habría concebido su idea de los cambios como naturales y a pensarlos co- mo el único hecho cierto del que podemos partir? Al mismo tiempo, los cíentífícos

griegos viajaron por otras regiones y captaron muchas de las cosas que luego am- pliadas, transformadas, recreadas, serán sus aportes a la comprensión y el manejo del mundo. Cuando los "nacionalismos" aparecen, como cuando los atenienses procesan a Anaxágoras por impiedad, son un obstáculo y no un modo de promo- ver el progreso cíentífico.

El primero de los sabios griegos de los que se conservan algunos registros es Tales. nacido en Mileto, una ciudad marginal del mundo griego de la época punto de contacto con las culturas orientales. Nació alrededor del -640, probablemente de madre fenicia. Sea por influencia materna o porque viajó por Egipto, se supone

que asimiló los conceptos orientales en los que se basó para proponer nuevas cons-

trucciones teóricas para interpretar el mundo. Parece que entre sus éxitos se cuen-

ta el haber predicho un eclipse, ocurrido el 28 de mayo de -585, lo que le dio fama

y prestigio. Debido a que los babilonios, por lo que sabemos, eran capaces de pre-

decir eclipses con exactitud desde por lo menos doscientos años antes, se supone

que Tales aprendió de ellos tal habilidad de manera directa o indirecta. Esto nos en- frenta a un dilema metodológico que se mantiene hasta el presente: ¿hasta qué

punto una innovación científica cualquiera se basa en conocimientos anteriores o

se puede crear ex nihilo? Tales parece haber sido el primero en

matemática, exponiendo argumentos complejos por los cuales se llega desde cier- tos puntos de partida admitidos hasta conclusiones que aparecen como inevitables,

dando lugar a las construcciones que hoy conocemos como matemáticas deductí-

vas; o sea, un modelo metodológico especifico que aún hoy se utiliza. Al mismo tiem-

po, sienta las bases de una ciencia especulativa que confía más en sus razonamientos

intrínsecos que en su modulación de la realidad y en la transformación de esta últi- ma a partir del conocimiento. Asimismo, al considerar las lineas geométricas

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razonar de manera

Metodología científica

como de grosor nulo y representar las figuras como elementos Imaginarios, creó una especie de mundo paralelo que serviría para pensar las condiciones de existen- cia del mundo real, manteniendo la noción central de la existencia de un mundo natural racionalista, quizá porque este mundo racional podía controlarse y separar- se del real, demasiado influido por los dioses. Es posible que también por influen- cia babilónica Tales haya imaginado una cosmogonía poblada de dioses, pero con el agua como fundamento y principio material universal (Ramnoux 1972); una de las pocas frases conservadas que se le atribuyen dice que "todo está lleno de dio- ses", Es que el mundo cotidiano de la naturaleza, en especial el de la producción de alimentos, no podía separarse de las contingencias azarosas que los seres humanos solemos atribuir a los dioses, por incapacidad de encontrar en aquellas una expli-

cación racional.

Pitágoras es, para algunos, el primero de los científicos griegos -aun cuando

no tengamos evidencia de su existencia real y que, de haber vivido, lo hizo entre

los años

na hacia -530, y luego pasó a Metaponto, donde murió. Fundó en Crotona (que en- tonces pertenecía a la Magna Grecia) una escuela que era más parecida a una

asociación religiosa que a un centro de discusión y transmisión del auténtico saber.

Maestros y discípulos vivían juntos y practicaban rituales comunes. Dado que sus ideas eran de corte arístocratízante, el poder político resolvió disolver la escuela, destruyó los edificios donde vivían y los obligó a dispersarse (Collette, 1985). Las teorias pitagóricas, recuperadas a través del testimonio de la tradición oral de sus discípulos y seguidores, hablan de un mundo integrado, donde todo está ín- timamente relacionado: artes, ciencias, concepciones filosóficas (téngase en cuen- ta que esta clasificación es actual, ya que durante mucho tiempo las diversas formas de conocimiento o de apropiación de la realidad no estaban diferenciadas ni mucho menos clasificadas). En esencia, Pitágoras fue un fundador religioso, alguien que pensó más en ter- minas místicos que en las cosas terrenales. Se dice que hizo milagros, predicó la metempsicosis -y por consiguiente la inmortalidad del alma- y exhortó a llevar una vida ascética (Rey, 1961). El fundamento de la cosmovisíón pitagórica es el número -los números ente-

ros- base de las cualidades del universo. La divisa pitagórica "todo es número" no

o -482-. Nacido en Samas, se estableció en Croto-

-582 o -572 Y -497

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deja dudas sobre el valor que sus discipulos otorgaban a las matemáticas (Collette, 1985). La estructura de la matemática pitagórica se asocia con el orden del univer- so, pero también con todo tipo de armonía, por ejemplo, la musical. Hay en los pi- tagóricos un intento por encontrar pautas nurnérícas como estructuras subyacentes a las cualidades tangibles de la materia, cualquiera que sea la forma en que se pre-

sente. Los números adquieren también características antropomórficas; son sustan-

cias vivas, con características especiales similares a las de los seres humanos: son

amistosos, abundantes, deficientes. Los pares de números amistosos, además, de-

sempeñan una importante función en la magia, la brujería y el cálculo del futuro, como en los horóscopos. Esta idea de los números asociados a acontecimientos particulares de la vida co- tidiana persiste hasta nuestros días en muchos sectores populares, donde podemos

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia constatar, por ejemplo, que los aviones no llevan

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

constatar, por ejemplo, que los aviones no llevan línea trece de asientos: ltodo un prodigio científíco-recnclógico que se hace depender de los fantasmas para su co-

rrecta operaciónl Esta especie de obsesión por encontrar una relación entre el uni-

verso numérico y el mundo real llevó a Pitágoras y a los pitagóricos a buscar un orden en los números que fuese apropiado para interpretar el orden subyacente del universo. Las llamadas ternas pitagóricas, una fórmula para hallar dos números cuadrados cuya suma sea un cuadrado, eran una operación de poco valor práctico, pero que servia para incentivar la capacidad de raciocinio y es una muestra del ti- po de ejercicios mentales que los griegos efectuaban, lo cual ampliaba su capaci- dad de pensar, no sólo sobre los números sino también sobre el mundo. De todas maneras, los griegos también sufrieron por no disponer de una nota- ción apropiada para señalar con claridad el tipo de operaciones que se debía reali- zar. Así como los babilonios carecían de notación para las operaciones elementales,

los griegos no disponían de una notación para el álgebra y se vieron obligados a in-

ventar procesos geométricos ingeniosos para encontrar ciertas soluciones en el campo del álgebra (Collette, 1985).

Para Carl Sagan (1980), el pueblo jónico tenía una larga tradición de experi- mentación -esto es, de trabajo con las manos-, lo cual era el fundamento meto- dológico de su construcción e interpretación del mundo. El llamado teorema de Pitágoras fue desarrollado probablemente en Babilonia, pero se le atribuye a él por una referencia de Euclides: en la proposición 47 del libro 1 de Euclides puede leer- se que la proposición "En un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados" parece haber sido demos- trada por los pitagóricos (Collette, 1985).

Platón fue un aristócrata ateniense cuyo nombre original parece haber sido Aristocles, a quien sus compañeros motejaron como "ancho de espaldas", "Pla- tón". Nació en Atenas hacia el año -427, donde también falleció en -347. Tuvo una vida marcada por las luchas políticas, que lo llevaron a constantes migracio- nes y los consiguientes cambios de residencia. Discípulo de Sócrates entre -407 y el año de la condena de éste, y temeroso de sufrir la misma suerte de su maestro, se refugia en Megara. De alli parte a Italia, donde hace contacto con los pitagóri- cos y donde parece haber comprado uno de los libros secretos de Pítágoras. En el -388 marcha a Sicilia con la idea de conseguir que Dionisia 1 "El Antiguo" adopte sus ideas filosóficas y políticas. Esta tarea -que en infinidad de oportunidades la historia humana ha demostrado que es un tanto vana- terminó como debía ser-

Io de un modo un tanto inevitable: Platón fue obligado al destierro. Pero las cosas no fueron tranquilas: capturado como esclavo en el camino de regreso, quizá por órdenes del propio Dionisia 1, fue vendido más tarde y rescatado por una persona que se apiadó de él, comprándolo y otorgándole luego la libertad. Llegó a Atenas en el -387 y allí fundó su Academia, que para algunos es la primera gran escuela de la Antigüedad (Ramnoux, 1972). Sin embargo, la historia se repetiría: muerto

Dionisia 1 en el -367, su hijo,

cias de nuevo y éste regresa a Atenas. No obstante, en el -361 Dionisia 11 lo invita

otra vez y vuelve a producirse un conflicto. ahora con consecuencias más graves, porque Platón es detenido y arraigado y sólo consigue liberarse por intermedio de

Dionisia 11, llama a Platón; se producen desavenen-

es detenido y arraigado y sólo consigue liberarse por intermedio de Dionisia 11, llama a Platón;
es detenido y arraigado y sólo consigue liberarse por intermedio de Dionisia 11, llama a Platón;

Metodología científica

un tal Arqultas; logra regresar a su Academia donde comienza a redactar algunas obras que quedan inconclusas, entre ellas un tratado sobre [as leyes. Quizá el aporte más importante que podriamos destacar de la obra de Platón sea su presentación científica: sus textos están escritos a manera de diálogos, don- de se ubica a Sócrates como partidario o depositario del saber y a uno o dos con-

trincantes representantes de posiciones diferentes u opuestas.

Este método, lIamado dialéctico -y diferente del que muchos siglos más tar-

de se denominará de manera similar- supone la construcción del conocimiento a

partir de la presentación de posiciones encontradas que contribuyen a la clarifica- ción de lo que a menudo se ha lIamado la "verdad". Es a partir de refutar y negar

un conocimiento previo que se puede conseguir una nueva síntesis que aclare las

posícíones u objetivos y es una concepción metodológica que supone, a su vez, un aporte para ella. Esta forma de presentación de las ideas científicas será repetida por numerosos pensadores, entre ellos Galileo. lo cual provocará enormes dificul-

tades a su autor, como ya veremos.

En [os diálogos, Platón se esfuerza por desarrollar los argumentos mostrando sus posibles consecuencias y descartando lo que parece inválido o insostenible; la

versión matemática de este método es lo que los matemáticos han desarrollado

con el nombre de reductio absurdum, tal como ya lo dijimos.

Probablemente sea de interés detenerse un momento en el diálogo conocido

como La República, donde expone lo que se conoce popularmente como el mito de la caverna. En él, Platón propone un diálogo entre Sócrates y sus amigos que ha si- do tomado como una tearia del conocimiento o epistemología y que todavia hoy vale la pena analizar y discutir (véase el recuadro).

-

Ahora represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a [a ciencia y a la

ignorancia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su longitud una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna hombres en- cadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza

a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo ver solamente los objetos que tienen enfrente. Detrás de ellos. a cierta distancia y a cierta altura. supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra, y un camino escarpado entre este fuego y los cau- tivos. Supón a lo largo de este camino un muro, semejante a los tabiques que los charlata- nes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultarles la combinación y los resortes secretos de las maravillas que hacen.

-

Ya me represento todo eso.

Figúrate personas que pasan a lo largo del muro llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales, de madera o de piedra, de suerte que todo esto aparezca sobre

-

el muro. Entre los portadores de todas estas cosas, unos se detienen a conversar y otros pasan sin decir nada.

- ¡Extraños prisioneros y cuadro singular!

- Se parecen, sin embargo. a nosotros punte

por punto. Por [o pronto. ¿crees que puedan

ver otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado, que las sombras que van a produ- cirse enfrente de ellos en el fondo de la caverna?

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No.

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

- ¿Ni cómo habían de poder ver m~s, si desde su nacimiento están precisados a tener

la cabeza mmovnj-c-

- Sin duda.

y respecto de los objetos que pasfl detrás de ellos. GPueden ver otra cosa que la sorn- bra de los mismos?

-No.

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Si pudieran conversar unos con otros, ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?

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Sin duda.

 

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y si en el fondo de su prisión hubiera un eco que repitiese las palabras de los transeún-

tes, ¿no se imaginarían oír hablar a rás sombras mismas que pasan delante de sus ojos?

-Sí.

- En fin, no creerían que pudiera e~stír otra realidad que estas mismas sombras.

- Es cierto.

- Mira ahora lo que naturalmente debe suceder a estos hombres. si se les libra de las ca-

denas y se les cura de su error. Que se desligue a uno de estos cautivos. que se le fuerce de repente a levantarse, volver la cabeza. a marchar y mirar del lado de la luz; hará [Odas estas cosas con un trabajo Increíble: la luz le ofenderá a los ojos. y el alucinamiento que habrá de causarle le impedirá diStingwr los objetos cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería si se le dijese que hasta entonces sólo había visto fantasmas y que aho- ra tenía delante de su vista objetos más reales y más aproximados a la verdad? Si en se-

guida se le muestran las cosas a l1J¡~dida que se vayan presentando y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que stn. ¿no se le pondrá en el mayor conflicto y no es- tará él mismo persuadido de que [o que vela antes era más real que lo que ahora se le muestra?

- Asi es.

- y si se le obligase a mirar al fuego, ¿no sentiría molestia en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las gue se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas más distinción y claridad que en todoIo que ahora se le muestra? -- Seguramente

- Si después se le saca de la caverna yse le lleva por el sendero áspero y escarpado has-

ta encontrar la claridad del sol, ¿qué supltcío sería para él verse arrastrado de esta mane-

ra? ¡Cómo se enfurecería! Y cuando ll'egara a la luz del sol. deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver ninguno de-estos numerosos objetos que llamamos seres rea- les?

- Al pronto no podría.

- Necesitaría indudablemente algún tI,mpo para acostumbrarse a ello. Lo que distingui- rla mas fácilmente sería primero. sombras: después, las imágenes de los hombres y de- más objetos pintados sobre la superficie de las aguas; y por último, los objetos mismos.

Luego. dirigiría sus miradas al cielo, alicual podría mirar mas fácilmente durante 'la no-

11

che a la luz de la luna

- Sin duda.

y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol.

- y al fin podría no sólo ver la irnagerj.del sol en las aguas y dondequiera que se refle- ja. sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra. -Sí.

- Después de esto, comenzando a radínar, llegaría a concluir que el sol es el que crea

las estacíones y los años, el que gobierna todo el mundo visible y el que es, en cierta ma-

nera, la causa de todo lo que se veía en-ia caverna.

- Es evidente que llegaría como por gr~dosa hacer todas estas reflexiones.

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Metodología científica

- Si en aquel acto recordaba su primera estancia, la idea que allí se tiene de la sabiduría

y sus compañeros de esclavitud, ¿no se regocijaría de su mudanza y no se compadecería

de la desgracia de aquéllos?

- Seguramente.

- ¿Crees que envidiaría aún los honores, las alabanzas y las recompensas que allí se da- ban al que mas pronto observaba las sombras a su paso, al que con más seguridad recor-

daba el orden en que marchaban yendo unas delante y detrás de otras o jumas. y que en

este concepto era el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría envidia a los que

eran en esta prisión más poderosos y más honrados? ¿No preferiría como Aquiles en Ho-

mero pasar la vida al servicio de un pobre labrador y sufrirlo todo antes de recobrar su pri- mer estado y sus primeras ilusiones?

- No dudo que estarfa dispuesto a sufrir cuando se quisiera antes de vivir deesa suerte.

- Fija tu atención en lo que voy a decirte. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión para ocupar su antiguo puesro en este tránsito repentino de la plena luz a la oscuridad, ¿no se encontraría como ciego?

-Sí.

- Y si cuando no distingue aún nada, y antes de que sus ojos hayan recobrado su aptitud, lo que no podría suceder sin pasar mucho tiempo, tuviese precisión de discutir con los otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no dana lugar a que éstos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna había perdido la vista, y no añadirían (sic), además, que se- ria de parte de ellos una locura el querer abandonar el lugar en que estaban, y que si al- guno intentara sacarlos de allí y llevarlos al exterior sería preciso cogerle y matarle?

- Sin duda.

- y bien, mi querido Glaucón. ésta es precisamente la imagen de la condición humana. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del sol; este cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, es el alma que Se eleva hasta la esfera inteligible. He aquí. por lo menos, 10 que yo pienso. ya que quieres saberlo. Sabe Dios si es conforme con la verdad. En cuanto a mí, lo que me parece en el asumo es lo que voy a decirte. En los últimos limites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad: pero una vez percibida no se puede menos de sacar la consecuen- cia de que ella es la causa primera de todo lo que hay de bello y de bueno en el universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que ésta procede dl- rectamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente en la Vida pú-

blica y en la vida privada. (Platón. 1941:205-208).

Puede verse que, a pesar de las interpretaciones a posteriori que lo ubican en una posición definida, en realidad Platón -por boca de Sócrates- oscila en conce- der una naturaleza única al proceso del conocimiento y se muestra ambiguo con re- lación a adoptar una visión realista, no sólo por sus consecuencias epistemológicas sino por su condición moral; liga el conocimiento a las condiciones generales de ví- da y no le da un valor absoluto. Lo que debe rescatarse aquí es un dilema que ya ha- bía entrevisto Platón y que aún no hemos podido resolver de manera definitiva. Aristóteles fue una figura central en el desarrollo de toda la ciencia de Occiden- te, ya que su infiuencia llegó a abarcar airededor de veinte siglos. Nació en Estagí- ra, una ciudad de la antigua Macedonia griega, donde su padre era medico de la corte, en el -384, y murió en el -322 en Calcis, en la actual isla Evvia. Fue un gran

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

conocedor y sistematizador de todo el conocimiento de su época. Salvo medicina y

matemáticas, puede encontrarse casi de todo en Aristóteles: astronomía. ciencias

naturales, ética, física, lingüística, socio logia, lógica. política. psicología; además. re- flexionó en la forma de construir el conocimiento. A los diecisiete años se trasladó a Atenas para realizar estudios en la Academia de Platón. la que abandonó a la muerte de éste. Viajó por distintas partes del mundo griego y estudió biología e his- toria natural. En el -342 fue requerido en Macedonia. porque Filipo 11 quería que se encargara de la educación de su hijo Alejandro. En el -336 Alejandro sucede a Fili- po 11 y entonces Aristóteles se traslada nuevamente a Atenas donde funda su escue- la. denominada Liceo, por estar cerca del templo de Apolo Likaíos. A la muerte de Alejandro. en el -323. Aristóteles se retira al pueblo natal de su madre. Calcís. Para algunos autores. la principal contribución de Aristóteles se dio en el campo de la biología (Asimov, 1973). dadas sus características de observador meticuloso. lo que lo llevó a clasificar al delfín entre los animales terrestres por sus característícas

similares con los mamíferos. Su clasificación, ordenada de acuerdo con determinada

jerarquía, lo llevó a intuir una especie de evolución; lamentablemente. los prejuicios de los cientificos que prosiguieron sus estudios en este campo los llevaron a ignorar estos aportes y permanecieron en la oscuridad casi hasta el siglo xx. En los n-atados de lógica -conocidos como Organum- (Aristóteles. 1982). re- flexiona sobre las caracteristicas de la ciencia y del método científico y sistematiza sus formas elementales. de manera que todavia hoyes posible referirse a Aristóte- les como punto de partida para todas las posiciones posteriores sobre el método. Es- tos tratados constan de seis libros. precedidos siempre por una introducción escrita por Porfirio (232 o 233·304). con el título de Isagoge. En los libros denominados Primeros Analíticos y Segundos Analíticos. Aristóteles desarrolla una teoría de sistematización de los silogismos: ésta es para Aristóteles una

forma general de relacionar tres términos donde un término medio actúa como pí-

vote en el sistema. Los términos pueden atribuirse (O distribuirse) de manera uníver- sal, particular o negarse. con lo cual se forma una serie de combinaciones posibles. Aristóteles las clasifica por medio de las letras A. E. I e O; así. según sea la combí- nación de los argumentos o sentencias. podremos encontrar un silogismo de tres A. que llamó Bárbara. o formado por una E. una A y una E. que denominó Celarent, o uno formado por una A y dos l. conocido como oaru, o por una E. una l y una O. que se denomina Ferio. y así sucesivamente. Los nombres no son más que un recur-

so mnemotécnico sin otro significado. Aristóteles creía que estos cuatro silogismos

debían ser el punto de partida de todo el sistema. como axiomas. En otro de los libros del Organum. Tópicos. el estagirita se refiere a la dialéctica

como método de construcción del conocimiento. Establece las condiciones con que

debe interrogarse a un posible adversario. usando argumentos de tipo inductivo o de tipo silogístico según sea necesario y según las condiciones en que se establezca la dis- cusión. Ei texto es una reflexión que va mas allá de lo metodológico. para incursionar en el raciocinio humano. los prejuicios y los elementos lingüísticos en el proceso del

pensamiento.

para incursionar en el raciocinio humano. los prejuicios y los elementos lingüísticos en el proceso del
para incursionar en el raciocinio humano. los prejuicios y los elementos lingüísticos en el proceso del

Metodología científica

Pero será el texro de los Segundos Analíticos donde desarrollará roda una reo- ría de la ciencia y su metodología. Al respecto, fue sin duda el primero en propo-

ner una reflexión sistemática sobre el método científico. La primera afirmación es

ya por sí misma conflictiva: "Todo conocírniento racional, ya sea enseñado, ya sea adquirido, se deriva siempre de nociones anteriores" (Aristóteles, 1982: 155). ¿Creía Aristóteles en una continuidad permanente del proceso de construcción del conocimiento? ¿Habia diferencias con el conocimiento no racional y cuáles eran? ¿Cuál es la diferencia entre adquirir conocímientos por via de la enseñanza y otras vías autónomas? ¿Cómo debe interpretarse la idea de "derivar": por similitud, por causa u origen, por implicación? ¿Las nociones son ideas vagas o pueden ser precí- sas? Más tarde expone sus ideas con respecro a los conceptos de tesis, axioma, hí-

pótesís y definición, casi totalmente similares a como los usamos todavía, y analiza

las formas en que los silogismos pueden funcionar como demostraciones válidas.

Aristóteles tenia claro que la ciencia podía trabajar con concepros imaginarios que no tenian existencia real -como los triángulos-; pero que las conclusiones a que se llegaba tenían valor para los triángulos concretos, aun cuando los dos planos tu- viesen naturaleza diferente. Las consecuencias de esto todavía provocan discusio- nes, como es el caso de la controvertida propuesta de Karl Popper sobre el mundo 3 (Popper, 1997).

En su obra conocida como Politica (Aristóteles, 1941), propone un método pa-

ra las ciencias sociales que tiene vigencia todavía: el método comparativo. Dice:

No hay organización humana perfecta, pero po- demos tratar de conseguir una que se acerque al ideal si usamos la metodología adecuada, que parte

de la comparación inteligente entre la organización

que existe en la realidad, la forma en que se concibe idealmente y los resultados obtenidos. Aristóteles también enseñó que el mundo estaba compuesro por cuatro sustancias o elementos, dísun- gutbles por una gran variedad de formas o presenta- ciones externas o sensibles, pero rodas reducibles también a cuatro cualidades primarias: fria/cálido y

húmedo/seco, de manera que la combinación de es- tas cuatro cualidades producía los elementos; así, la

combinación de cálido y seco daba el fuego, la com- binación de cálido y húmedo daba el aire, la combi- nación de fria y húmedo, el agua, y la combinación

de frío y seco, la tierra. Aun cuando Aristóteles no sa- có todas las conclusiones posibles de este pensamiento, es interesante analizar có-

mo la combinación de propiedades o atributos produce materia concreta y,

también, cómo se trata de niveles de generalización no correspondientes con la ex-

periencia vulgar (Cromble, .1 974a).

Puesto que nuestro propósito consiste en indagar cuál es entre todas las asociaciones politicas la qUe deberan preferir los ñom- bres dueños de escoger una a su gusto, habremos de estudiar, a la vez. la organiza- ción de los EStados que pasan por ser los que tienen mejores leyes y las constitucio- nes imaginadas por los filósofos. limitándonos a las más notables. Por este medio descubriremos lo que cada una de ellas puede encerrar de bueno Y de aplica- ble. y al mismo tiempo demostraremos que si intentamos formar una combinación polí- tica diferente de todas ellas. nos ha movido a ello, no un vano deseo de lucir nuestro in- genio, sino la necesidad de poner en claro los defectos mismos de todas las constitu- ciones existentes (Aristóteles, 1941:43).

Euclides ha tenido una influencia inversamente proporcional en el pensamiento

científico a lo que sabemos de su vida. Se desconocen fechas de nacimiento y muer-

te, y sólo puede decirse que floreció alrededor del año -300. Ptolomeo, uno de los generales de Alejandro, se habia apoderado de Egipto, instaló la capital del nuevo

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

reino en Alejandría y parece haberse fijado como objetivo convertir a Alejandría en

la capital intelectual del mundo. Creó alli una universidad donde se Impulsó un nue-

vo espirltu crentíñco que atrajo a numerosos pensadores, entre ellos Euclides. Da- do que Ptolomeo reinó entre los años -306 y -283, podemos fijar una fecha aproximada de la vida de Euclides. Una de las pocas anécdotas que se conservan es que Ptolomeo asistió a algunas de las clases y, quizá un tanto ansioso por llegar rápidamente a resultados concretos (los reyes nunca han tenido mucho tiempo pa- ra estudiar), le sugirió a Euclides la posibilidad de explicar los teoremas de mane-

ra más reducida, con lo que obtuvo por respuesta la desde entonces famosa expresión "no hay vía regia para el conocimiento" (que quizá podriamos traducir hoy como "no hay autopistas para llegar a la ciencia"). Si bien no tenemos datos de su vida, si se ha conservado parte de su obra, las lecciones de geometrla y matemáticas que impartía y que se conocen con el nom- bre de Elementos (Hutchins, 1952). El texto ha tenido una Influencia prolongada en

el mundo occidental, dado que todavía hoyes el modo básico como se enseñan los

principios elementales de la geornetna en las escuelas. Aun cuando hacia fines del

siglo XVllI aparecieron geometrías no euclidianas, la estructura básica de la cons- trucción geométrica permanecerá euclidiana hasta nuestros días.

En los Elementos hay una estructura expositiva que se mantiene en toda la obra

y que ha recibido por parte de muchas personas el nombre de método deductivo:

un conjunto de definiciones seguido por postulados, nociones comunes y proposi- ciones. Estas últimas son los teoremas o cosas que se deben demostrar a partir de

las primeras, siguiendo una cadena lógica que muestra una coherencia lineal sin

contradicciones. En realidad, las definiciones agrupan las expresiones que en Aris-

tóteles recibían dos designaciones: axiomas y definiciones. Las proposiciones son

el resultado inevitable de todos los argumentos anteriores y sólo podría llegarse a otras conclusiones si se cambiaran o alteraran los puntos de partida iniciales. Si to- mamos, por ejemplo, ia quinta definición del libro I que dice "una superficie es lo que sólo tiene extensión y ancho" y la alteramos expresando que una superficie tie- ne ancho, extensión y profundidad, podremos llegar a demostrar otras proposicio- nes no coincidentes. Durante mucho tiempo se ha pretendido que esas definiciones son "verdades" evidentes por si mismas, imposibles de negar o refu- tar; pero ello, por supuesto, puede ser puesto en tela de juicio: de hecho, la adopción de esta perspectiva diferente puede dar lugar a las geometrías no euclidianas. Me-

todológicamente, Euclides recurre en muchas ocasiones a un subterfugio intere-

sante -anticipado por Platón y Aristóteles, aunque

en

un

sentido un

tanto

diferente- de especial importancia en el campo de las matemáticas y la geome- tria: la reducción al absurdo.

La idea es que si para determinado teorema "t' puede postularse un "no t" por

el cual se llega a conclusiones contradictorias, debe aceptarse la verdad de "t" Más

allá de su validez metodológica, el recurso tiene que ver con la imaginación y la po-

sibilidad de los seres humanos de pensar en mundos diferentes en la realidad o en

la fantasía.

Aristarco es otro de los científicos griegos de quienes no conocemos casi na- da de su vida, salvo que vivió aproximadamente entre los años -320 y -250 Y

-

'it

Metodología científica

falleció en Alejandría. Parece que hacia el -260 señaló que los movimientos de to-

dos los cuerpos celestes podían interpretarse de manera más sencilla y no contra-

dictoria si se suponía que todos giraban alrededor del Sol. Trabajó en el cálculo de las distancias entre la Tierra. la Luna y el Sol, tomando como referencia el momen- to en que la Luna está iluminada a la mitad y forma con los otros dos cuerpos un triángulo rectángulo. Dado que las técnicas para calcular los ángulos eran muy defi-

cientes, aunque el método seguido era correcto, las conclusiones eran inexactas: cal- culo el tamaño de la Tierra como unas siete veces mayor al Sol. Pero con esos datos

llegó a una conclusión de sentido común que, sin embargo, no fue tomada en cuen- ta: si el Sol era menor que la Tierra, debía pensarse que el menor debía girar alre- dedor del mayor y no al revés, como se sostuvo durante tanto tiempo después. El continuador de los trabajos y estudios de Aristarco es Arquímedes. De he- cho, lo poco que conocemos sobre aquél proviene de los comentarios de éste. Ar-

químedes era un aristócrata, individuo de fortuna considerable, emparentado con

Herón 11, el rey de Siracusa, su ciudad de nacimiento y muerte, entre los años -287

y -212. En el intermedio, Arquímedes estudió en Alejandría, donde adquirió la idea

de hacer ciencia con fines prácticos, dedicada a la transformación del mundo y no

a su contemplación. Sin embargo, las anécdotas que se cuentan sobre su vida -y

son muchas- no siempre coinciden con esta imagen. Una de ellas, que explica su muerte, dice que Arquimedes estaba dibujando sobre la arena figuras geométricas sobre las cuales elucubraba cuando se acercaron los soldados romanos con órde- nes del cónsul Marcelo de conducirlo vivo hasta su presencia. Cuando los soldados llegaron al lugar donde se encontraba, Arquímedes parece haber hecho un gesto como de apartamiento, de que no lo interrumpieran en sus meditaciones. Esto fue interpretado por un soldado como un rechazo (en ninguna parte del mundo y de la historia los soldados parecen muy sutiles a la hora de diferenciar los actos huma- nos), quien acto seguido sacó su espada y lo degolló (Di Trocchio, 1995). Pero ésta no es la única de las anécdotas que se cuentan sobre él: quizá la más conocida es la que lo liga con la expresión eureka, Se Cree que Herén 11 le pidió que

determinara si una corona era de oro puro, como sostenía el joyero que se la había

proporcionado, o contenia otros materiales. Preocupado por encontrar una solu- ción a este problema. Arquímedes se metió a la bañera y observó que el agua se desbordaba. Pensó que esto se debía a la proporción de su cuerpo que estaba in- merso y, razonando analógicamente, concluyó que podria conocer el volumen de la corona si la sumergía y marcaba el nivel de la subida del agua. Asi lo hizo y lue- go la comparó con el volumen del mismo peso de oro. Si la corona era de oro, los volúmenes serían similares; si contenía otro material (la plata es más pesada que el oro) el volumen de la corona seria mayor (Asirnov, 1973). La anécdota dice que ante insíght brincó y salió corriendo desnudo por las calles de Siracusa gritando

Eureka ("lo encontré"). Esta experiencia se resumió en lo que conocemos como el

principio de Arquimedes: "todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso dei fluido que desaloja". La obra matemática de Arquímedes es notable y Sus cálculos y propuestas son tan complejos como los que puede haber en un curso de cálculo actual. Hizo cálcu- los precisos sobre los conos, cilindros, esferas y parábolas (Dijksterhuis. 1987). Pa- ra algunos autores, Arquímedes fue el fundador de la matemática moderna, la que

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9 8 7 ) . Pa- ra algunos autores, Arquímedes fue el fundador de la matemática

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

nace con él y permanece por alrededor de dos mil años, hasta Descartes (Bell, 1949). Las obras de Arquímedes comprenden trece libros o temas principales: l. dos libros sobre la esfera y el cilindro; 2. La medida del circulo; 3. Sobre los conos y esferas; 4. Sobre las espirales; 5 y 6. Sobre el equilibrio de los planos y los centros de gravedad de las figuras planas; 7. Arenario; 8. La cuadratura de la parábola; 9. dos libros sobre los cuerpos flotantes; 10. Estornáquico; 11. El método de los teore- mas mecánicos, dedicado a Eratóstenes; 12. Lemas; 13. El problema del ganado. Algunos sólo se conservan en forma fragmentada,suficiente para dar una idea de

sus trabajos y preocupaciones. Los titules un tamo extraños, como Arenario, Esto-

máquico, Lemas y El problema del ganado se refieren a problemas o juegos matemá-

ticos.

Durante la Segunda Guerra Púnica, iniciada en -214, Marcelo inició el prolon- gado Sitio de Siracusa y Arquimedes fue uno de los principales actores para hacer de esta acción una prolongada, costosa y difícil operación militar. Es una idea co- múnmente aceptada que, entre otros artilugios, utilizó espejos ardientes, artefactos capaces de incendiar las naves romanas (Thuillier, 1991). Esta experiencia ha sido discutida por algunos historiadores de la ciencia, que cuestionan que se haya dado en realidad. En 1977, un inglés especialista en problemas de combustión, D. L. Simms, declaraba que era científica y técnicamente imposible que Arquimedes pu- diera haber consumado dicha proeza. Thuillier señala que el argumento no es nue- vo: Descartes había comunicado a Mersenne en 1630 que la idea de los espejos ardientes no podía ser más que una simple fantasía. Thuillier (1991) señala que la confusión se origina en un problema semántico:

la correcta interpretación de un texto de Galeno, que en el siglo 11 escribió en su trabajo sobre los temperamentos que "Arquímedes quemó las naves enemigas con pureia". Este último término es el problema, para el cual hay dos acepciones: la pa- labra designa de manera amplia a toda sustancia combustible y, en particular, los espejos ardientes. En 1973, el ingeniero griego Ioannís Sakkas construyó unos espejos usando co- mo base unas plataformas del tamaño de los escudos griegos clásicos y, con la ayu- da de unos asistentes, incendió un modelo reducido de una galera a unos cincuenta metros. La objeción de Simms es que el objetivo estaba inmóvil y que ninguna ga- lera está quieta. De todas maneras, aunque sea imposible decidir al respecto, Thui- lIier insiste en que nuestro desconocimiento de las habilidades mecánicas de los seres humanos que vivieron en esa época debe permitirnos concederles el benefí- cio de la duda. Eraróstcnes de Cyrena (-276 Cyrena, actual shatat, Libia; -194, Alejandría) fue astrónomo, poeta, y el primero de quien tenemos registro de haber calculado la cir- cunferencia de la Tierra. Eratóstenes, quien había sido alumno de Arquímedes, había observado que en Siena (el actual Asuán, a unos 800 kilómetros al sureste de Alejandría, cerca de la primera catarata del Nilo), los rayos del Sol caen en sentido vertical al mediodía en el solsticio del verano y que, al mismo tiempo, en Alejandría se daba una caída de unos siete grados. Asumió que la distancia entre el Sol y la Tierra era muy grande, por lo que los rayos solares eran paralelos. Con los datos obtenidos por los viajeros

Sol y la Tierra era muy grande, por lo que los rayos solares eran paralelos. Con
Sol y la Tierra era muy grande, por lo que los rayos solares eran paralelos. Con
Sol y la Tierra era muy grande, por lo que los rayos solares eran paralelos. Con

00

Metodología científica

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(que contaban los pasos de los camellos) calculó la distancia entre Alejandria y Sie- na en unos cinco mil estadios y a partir de allí estimó el diámetro de la Tierra en

unos doscientos cincuenta mil estadios. Si tomamos el valor del largo de un estadio

en 157.5 metros, eso da un diámetro de un poco más de 39000 kilómetros, una medida muy cercana a la verdadera. Éste es un ejemplo muy valioso del método cientifico, de cómo se procede

científicamente: una mezcla de hipótesis, supuestos, observaciones, técnicas de

medición e inferencias lógicas que nos llevan a cierta conclusión. Nótese, como se-

ñala Sagan (1980), que los instrumentos de Eratóstenes fueron varas, papiros, mar- cadores, ojos, píes y cerebro. Si bien hoy podemos desconfiar del método usado para calcuiar la distancia entre Alejandria y Siena, los resultados son asombrosa-

mente cercanos a la medición y concepción actuales.

Hiparco fue un astrónomo que vivió entre los años -190 y -120. Estableció su observatorio en la isla de Rodas y fue el primero en calcular las relaciones entre los distintos catetos posibles de un triángulo rectángulo y el ángulo que forman con la hipotenusa, por lo que es considerado como el creador de la trigonometría. Su teo- ría se construyó a partir de la observación del fenómeno conocido como paralaje, por el cual según el desplazamiento del observador los objetos más próximos parecen

moverse con más rapidez que los que se encuentran a mayor distancia. Hiparco cal-

euló la distancia de la Tierra a la Luna midiendo los desplazamientos relativos de és- ta con relación a las estrellas del fondo y llegó a una cifra bastante aproximada.

Realizó observaciones importantes sobre los movimientos de los cuerpos estelares, como el descubrimiento de una nueva estrella en la constelación de Escorpión en

el año -134. Sin embargo, la creencia predominante de la época de un mundo per- fecto, fijo e inmutable, le impidió interpretar este fenómeno en su debida e impor-

tante dimensión. Asimismo, sus observaciones sobre los movimientos de los astros

no tuvieron grandes consecuencias, dado que se aferró a la concepción aristotélica de la Tierra en el centro del universo (Asimov, 1973). Uno de los últimos cientificos de la escuela de Alejandría fue Claudia Ptolomeo (o Claudius Ptolemaus, por su nombre latinizado). No se conocen las fechas de su nacimiento y muerte, pero su principal producción se desarrolló entre los años -127 y -151, cuando enseñó en ia escuela de Alejandría. Escribió una obra en tre- ce tomos conocida como Almagesto, que tuvo vigencia hasta finales de la Edad Me-

dia. El libro I contiene los fundamentos matemáticos que sirvieron para calcular las tablas astronómicas hasta el siglo xu, De acuerdo con la concepción sexagesírnat

babilónica, dividió el circulo en 360 grados y el diámetro en 120 partes, con lo cual estableció que la relación entre el círculo y el diámetro era 3°8'30"; asi

1t

=

3 + 8160 + 30160' lo que da 3.14166

Los libros VII y Viii presentan un catálogo de 1028 estrellas fijas y los últimos se dedican a los planetas. El Almagesto siguió Vigente hasta Copérnico y Kepler co- mo el libro de referencia de la astronomía europea (Collette, 1985). La ciencia tiene, a partir de los griegos, nombre y apellido, aspecto que se per- derá a mediados del siglo XIX. Con esto queremos destacar que las contribuciones serán más de tipo individual, o sea que habrá una persona que puede ser señalada como la descubridora o inventora de cierto principio teórico o una consecuencia

una persona que puede ser señalada como la descubridora o inventora de cierto principio teórico o

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

práctica. Esto trae dos consecuencias que pueden dar lugar a malentendidos sobre la adecuada interpretación del progreso del conocimiento científico: por un lado, la idea de que el conocimiento avanza gracias a la obra de genios y, en segundo lu- gar, que trabajan de forma relativamente aislada. Ni hay genios ni trabajo en soli-

tario;

la ciencia

es

una obra hecha por seres

más

o menos comunes que

se

desenvuelven en un medio social históricamente determinado.

Después del periodo del florecimiento de Grecia continuaron aparecieron jus-

tamente contribuciones al avance de la ciencia; pero la sociedad no estaba intere-

sada en ello, de manera que podría reforzarse la idea de un trabajo aislado de los

científicos.

En esencia, desaparece la institución fundamental para la creación y difusión del conocimiento científico, la universidad (lo que los griegos conocian con distin-

tos nombres: academia, liceo, museo y demás). Los romanos habían enviado a sus

hijos a estudiar a Grecia; pero a la caida del Imperio Romano la nobleza y los se-

ñores Feudales despreciaron el conocimiento como un aspecto importante de la vl-

da humana. El progreso del conocimiento prosiguió, pero se hizo enormemente lento y sólo pueden rescatarse unos pocos nombres. Hay que esperar hasta el siglo

Xl cuando lentamente, con la aparición de las nuevas universidades, comenzará a recuperarse el espíritu de análisis científico.

rv PERIODO MEDIEVAL

Durante el medioevo la ciencia no se desarrolló porque, salvo por el trabajo de al- guno que otro grupo marginal, nadie deseaba desarrollarla. ¿Para qué servía la cien- cia si lo importante era ganarse el cielo? Si, por añadidura, todo lo que ocurria en el mundo respondia al plan de Dios -plan que por su propia naturaleza era difícil- mente descifrable-, ¿para qué intentar enmendarlo? Sin embargo, podemos rescatar algunos acontecimientos ocurridos en ese lar- go periodo de alrededor de mil años. El elemento común a todo este desarrollo es que el proceso se hace más lento, pero no por ello deja de mostrar un sinnúmero de hallazgos y descubrimientos que poco a poco conducen a una nueva forma de entender el mundo y la función del conocimiento en ella. Isidoro (560-630), obispo de Sevilla, elabora una monumental antología de 19 tomos donde intenta recopilar el saber de la época. En este trabajo, cuyo titulo ori-

ginal es Originum sive etymologicarum libri viqinti y se conoce simplemente como

Etimologias, se observa una técnica de trabajo permanente, que consiste en presen-

tar un término en su origen etimológico y luego exponer sus definiciones referen-

ciales y de significado, concluyendo con ejemplos tomados, cuando era posible, de los textos biblicos (Ferrater Mora, 1979). Por otro lado, podemos encontrar los desarrollos científicos del mundo árabe que, aunque divorciado de la cultura occidental (todavía hoy, como podemos cons-

tatar cualquier día, Occidente resiste la producción cultural árabe), penetraron en

ella por distintas vías.

Metodología científica

Brahmagupta, quien vivió en Ujain (India) aproximadamente entre 598-660, publicó en el -628 un libro donde se resumen los conocimientos astronómicos de esa época. Quizá sus aportes fundamentales fueron que, por un lado, se rechazaba la rotación de la Tierra y, por otro, la aplicación de métodos algebraicos a la solu- ción de problemas astronómicos.

Abu_Musa ja-

Entre los años 721 y 815 vivió, en lo que hoy se conoce como Iraq,

(también conocido vulgarmente en Occidente como Geber), un al-

quimista que trabajaba en los procedimientos para la producción de tinturas. Desde un punto de vista Intrinseco sus aportes al desarroiJo científico son relevantes porque trataba de explicar lo que hacia; es decir, no dejaba librados a la acción de las fuer- zas ocultas los procedimientos de transformación de la realidad. Por otro lado, debe tenerse en cuenta que había una estrecha relación entre el trabajo cientiflco y el resto de las actividades productivas de la sociedad: si entre los árabes la alquimia era Importante es porque les permitia teñir las telas, uno de los principales productos de exportación del mundo árabe desde esa época.

Geber modificó la teoria griega de la existencia de cuatro elementos básicos en la composición del universo añadiéndole dos más, con lo cual concibió el mundo formado por agua, aire, fuego y tierra, más azufre y mercurio. Estos cuatro elemen- tos producen el al-iksir (antecedente del término 'elixir') y es el predecesor de la

idea de una sustancia mágica capaz de transformar las cosas, lo que en el medioe-

va occidental será la piedra filosofal. La idea de la piedra filosofal se basaba, de alguna manera, en la conjetura de- sarroiJada por Aristóteles de la transformación de los elementos a partir de sus fu- siones, las que al transformar la materia cambian sus cualidades primarias

(Crombíe, 1974a).

Al-Hazan-Ibn-Al-Haytain, quien es más conocido como Alhazen y que nació al- rededor del año 965 en Al Basra, actual ciudad en Irán, fue un personaje interesan- te porque se le ocurrió hacer predicciones arriesgadas para adquirir notoriedad y reputación. Entre sus clientes se contó el califa egipcio al-Hákirn, a quien le adelan- tó que sería capaz de inventar una máquina capaz de regular las crecidas del Nilo. Dado que el califa era un gobernante un tanto despótico y caprichoso le hizo saber

que si no inventaba la máquina sería castigado con severidad, Alhazen no encon-

tró solución mejor que hacerse pasar por loco, farsa que debió mantener hasta el año 1021, año del faiJecimlento del califa. Liberado de su destino, trabajó en el campo de la óptica, construyendo una cámara oscura y espejos parabólicos. Teóricamente, se opuso a Ptolomeo en su concepción de la luz como una sustan- cia emitida por los ojos de los seres humanos, y sostuvo la posición correcta que la luz proviene del Sol y que entra a los seres humanos por los ojos. Los árabes habían buscado el dominio del mundo de la naturaleza a través de la magia y habian hecho grandes esfuerzos de reflexión sobre ello, porque el domi-

nio de la naturaleza a través de la magia es tan viejo como el mismo ser humano

(Lévi-Strauss, C., 1962).

bír.Jbn.Hay

Yan

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De hecho, ese dominio de los aspectos concretos de la vida cotidiana hizo que

los científicos y sabios occidentales se interesaran en el conocimiento árabe.

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de la vida cotidiana hizo que los científicos y sabios occidentales se interesaran en el conocimiento

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

La contribución principal de los árabes a la ciencia europea se dio en las ramas de la alquimia y la astronomia. Habia un gran interés por descubrir las virtudes ocultas de los fenómenos, aquello que no era perceptible y que podia ser causa u origen de las manifestaciones de los cuerpos o la naturaleza (Crombie, 1974a).

la ciudad de Toledo, España, Alfonso,

quien llegaría a ser rey de Castilla en 1252. Hijo de Fernando 111, heredó de él una

situación política conflictiva derivada de los intereses de las órdenes militares origi-

nadas en las Cruzadas, que buscaban más poder y privilegios. Como rey llegó a te- ner el sobrenombre de "el Sabio", de lo cual pocos reyes en el mundo pueden ufanarse. Fue un notable astrónomo (Libros del saber de astronomía), historiador

(Grande e General estoría, Crónica Generan, poeta (Cantigas e Loores de Santa María)

y jurisconsulto y codificador (Las Siete Partidas, Fuero Rean. En sus intentos de evi- tar la guerra civil hizo grandes concesiones a los nobles; no logró apaciguarlos y fue derrotado en una conspiración organizada por su segundo hijo, a quien cedió el tro- no en 1282. Bajo su protección se desarrolló la escuela de Toledo, que impulsó las traducciones del árabe al españoi de numerosas obras cientificas y filosóficas. La sociedad medieval en su conjunto despreció el conocimiento; pero la vida siempre impone su propia lógica; las enfermedades de los seres humanos apare- cian y reaparecian y los monjes, por razones filosóficas y éticas. trataban de encon- trar algún remedio. En el siglo VI los benedictinos comenzaron a estudiar las obras de Hipócrates y Galeno, reavivando 'Ia medicina. En Salema, ciudad enclavada en el golfo del mismo nombre en el sur de Italia, se desarrolló una escuela de medici- na que en el siglo IX era muy reputada por la calidad de los egresados (Dampíer,

1986). Para varios estudiosos, esta escuela representa el primer antecedente de las

universidades modernas.

El rey Federico 11 (autor de Stupor Mundi), de complejas y conflictivas relacio- nes con los Papas de la época, rey de los romanos en 1212, de los alemanes en 1215 y de Roma en 1220, obligado a retirarse a Sicilia. reorganiza este reino bajo el dominio real y exclusión de los señores feudales y los clérigos. Según sus biógra- fos, era un individuo culto, inclinado a la investigación científica y hábil diplomáti- co. Negoció una tregua con los musulmanes, impulsado por la necesidad de

obtener beneficios económicos del comercio; también impuso gravámenes al ele-

ro y lo excluyó de los cargos civiles. En 1224 fundó la universidad de Nápoles con el objeto de formar a los funcionarios del estado, y en 1231 reconoce a la universi- dad de Salema como la única que podía conceder grado en medicina. En el siglo XI aparece en Bolonia lo que para algunos es la primera universidad de la Era Moderna, aunque quizá sea la de Paris (fundada entre 11 50 Y 11 70) la que se puede reconocer con certeza como tal. A fines de ese siglo se crea la de Oxford en Inglaterra y en 1209 un grupo de alumnos descontentos de ésta funda la corres- pondiente en Cambridge. Poco a poco irán apareciendo muchas más; pero desde

sus inicios el funcionamiento estuvo perturbado por diferentes tipos de conflictos.

De hecho, el nombre mismo de universitas (universidad) remite no a los estudios

sino al gremio (o sea, a las asociaciones de seres humanos). Éste podía ser univer-

sitas maqistrorum, cuando se trataba de una universidad creada y desarrollada por

El 23

de

noviembre de 122 l nació en

-~- - IJ

Metodología cíentífica

maestros; universitas scholarium. cuando los estudiantes eran los gestores principa- les, y universitas magistrorum et scholarium, cuando ambos sectores coincidían en

la gestión. En 1229 los estudiantes y la policía real se enfrentaron en las calles de París

con efectos desastrosos: varios estudiantes murieron, la mayor parte de la univer-

sidad se declaró en huelga y se trasladó a Orleans. Después de varias negociacio- nes, la regente Blanca de Castilla consiguió que regresase en 1231, concediéndole independencia; ello traerá otras dificultades, porque los burgueses se irritaron por la pérdida de jurisdicción sobre estudiantes y profesores, agravada por la conducta de éstos, que los obligaba a poner precios máximos a los alimentos y respetar las leyes en los negocios (Le Goff, 1985). En términos generales, la enseñanza básica duraba alrededor de seis años y se írnpartía entre los 14 y los 20. Luego, entre los 20 y los 25 se enseñaba medicina y derecho. La teología implicaba más estudios y se llegó a establecer los 35 años como edad minima para alcanzar el doctorado en

esta rama.

Lo básico de la enseñanza era de tipo libresco y las clases eran comentarios de libros establecidos oficialmente. Pero no sólo los libros sino también los comenta-

rios de los maestros, convertidos en notas de clase, se copiaban y se hacían circu-

lar. Esto hizo proliferar un gremio artesanal, los copistas, que alcanzó un gran tamaño hasta el desarrollo técnico de la imprenta en el siglo XVI. Al mismo tiempo, las copias difundieron el conocimiento y lo llevaron desde sus estrechos limites

hasta dimensiones desconocidas en esa época.

Es interesante hacer notar que se produjeron aportes significativos al tema del método en una zona marginal del mundo de la época. En la universidad de Paris, que había conseguido destacarse como el centro de enseñanza más reconocido de Francia a principios del siglo XIII, se había prohibido la lectura y discusión de las en- señanzas aristotélicas. Comenzó entonces una redefinición del método cienrífico y la creación de una nueva posición sobre la forma de hacer ciencía cuya plena acep-

tación demoró casi cuatro siglos.

Sus tres principales representantes fueron Robert Grosseteste, Roger Bacon y Guillermo de Ockham. Robert Grosseteste (o Grosetesta). también conocido como Robert Greathead, nació en 1175 (algunos autores hablan de 1268 y también hay alguno que sitúa su nacimiento en 1170) en Suffolk (Inglaterra) y se educó en Oxford y en Paris. Sacer- dote de la orden franciscana, fue designado Canciller (Magister Scholarum) de la Universidad de Oxford en 1214 y obispo de Lincoln, diócesis a la que pertenecía Oxford, desde 1235 hasta su muerte, acaecida el 9 de octubre de 1253 en Buck- den, Buckinghamshire (Asimov, 1973; Crombie, 1974a, 1974b). Grosetesta parece haber tenido tres principios fundamentales a lo largo de su vida: la importancia fundamental de la cura de las almas y de allí la necesidad de hacer todo lo posible por lograr este objetivo, una concepción centralizada de la iglesia como institución y la convicción de que la Iglesia debia estar por encima del

Estado en los asuntos terrenales.

Para Crombie (i 974b) Grosetesta fue el fundador de la tradición del pensa-

miento científico en Oxford, ya que unió las tradiciones experimental y racional del

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científico en Oxford, ya que unió las tradiciones experimental y racional del - - - -

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

siglo XII Y puso nuevamente en marcha la ciencia con carácter experimental. Con

Aristóteles como base, estableció la idea de que el conocimiento de los hechos físicos se obtenla a partir de los datos de los sentidos y que por medIo de los pro- cedimientos de abstracción se llegaba a los principios generales.

En su comentario a la física de Aristóteles, Grosetesta sostenía que el primer

paso para llegar al conocimiento era determinar los principios que pertenecen a to- das las cosas. Adoptaba la posición griega de análisis y síntesis, y desarrolló de ma- nera más completa la propuesta aristotélica. Debían coleccionarse casos del fenómeno que se estaba estudiando y anotar los atributos comunes; se llegaba así, por comparación, a establecer las comparaciones de manera que se podía introdu- cir cierta sospecha de causalidad cuando los atributos comunes estaban asociados

con circunstancias.

En sus comentarios a los Analíticos posteriores también planteó la idea de que la "naturaleza actúa siguiendo el camino más corto posible", de manera que entre

varias demostraciones científicas siempre será preferible la que obtiene una res-

puesta utilizando el menor número posible de hípótests o supuestos; su teoría de la

ciencia se basaba en la distinción aristotélica tradicional entre conocimientos de he-

chos (demonstratio quia) y el conocimiento de la razón de ese hecho (demonstratio propter quid).

Roger Bacon, nacido en IIchester, Sornerset. alrededor de 1220 y fallecido qui- zá en Oxford en 1292, adoptó en un inicio la concepción platónica del universo; sin embargo, se sintió profundamente atraído por las ideas matemáticas, físicas y

médicas de Aristóteles. De esta manera, intentó resolver una de las cuestiones más

importantes del medioevo tardío: la aceptación del concepto griego del mundo y la ciencia sin la metafísica correspondiente. En el momento en que Roger Bacon co- menzó a desarrollar sus propias nociones, se creía que la meteorología y la óptica estaban vinculadas por tratarse de fenómenos que relacionaban aire y fuego -dos de los cuatro elementos básicos de los griegos-; los cometas eran vistos como fe-

nómenos meteorológicos que acontecían en la zona sublunar. Pero en esto de co-

nectar fenómenos y asignar causas no estuvo muy medido: afirmó que el cometa que apareció en julio de 1264 había sIdo engendrado por influjo de Marte y que ello llevó a un aumento en la cantidad de bilis de los seres humanos, lo que a su vez

fue la causa de numerosos estados de irritación y malhumor que provocaron las guerras que asolaron a varias zonas de Europa.

¿Es posible desarrollar una concepción de la ciencia y del método científico sin

asumir sus supuestos ideológicos y su cosmovisión del mundo? Esto es lo que es-

taba presente en este proceso baconiano, desarrollar las matemáticas y la física en el punto en que habían sido dejadas por los griegos abandonando su cosmovisíón. Asimismo, escribió una gramática griega, lo cual demostraba su interés por la lec-

tura directa de los clásicos y no a través de las traducciones árabes. Bacon no ha- cía distinción entre ciencia de la naturaleza y ciencia mágica u oculta. aunque sí

creía distinguIr la magia natural de la pecaminosa. Sin embargo, aun cuando y de alguna manera, toma de la magia su Interés por el dominio del mundo natural, fue

quizá uno de los primeros en exponer la importancia del experimento científico co-

mo una forma de dominio del mundo. En el capitulo XII de su Opus Tertium, Roger

Bacon dice:

En el capitulo XII de su Opus Tertium, Roger Bacon dice:

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Metodología científica

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Hay sin embargo otra alquimia, operativa y práctica, que enseña, gracias al arte. cómo ha-

cer los metales nobles y los colores y muchas otras mejor y más abundantes que como

se dan en la naturaleza. Y la ciencia de este tipo es, más ciencia que todas las otras dichas

porque produce mayores provechos. Porque no sólo puede proporcionar riqueza y muchas otras cosas-para el bien público, sino que también enseña cómo descubrir cosas que son

capaces de prolongar la vida humana durante periodos mucho más largos que como es

Por tamo. esta ciencia obtiene provechos especiales de esta

realizado por la naturaleza

naturaleza. mientras que, sin embargo. confirma la alquimia teórica por medio de sus

obras (citado por Crombíe. t 914a:59).

Podemos ver con claridad que, para Roger Bacon, hay una alquimia operativa y práctica que se diferencia de la alquimia especulativa y es mucho más efectiva. Reforzando lo anterior, en su Opus Majus Roger Bacon sostiene que la ciencia experimental que él propone tiene tres grandes prerrogativas con respecto a las

otras ciencias. La primera es llegar a conclusiones por medio de experimentos. La segunda, que el experimento permite añadir a la formulación de la ciencia deduc- tiva nuevos conocimientos y, por último. que lleva a descubrir nuevos campos del

saber (Crombie, 1974b). En ese mismo apartado Roger Bacon insiste en la impor- tancia de las matemáticas como fundamento de las ciencias, y lleva adelante la em- presa de matematizar la física, a fin de otorgarle mayor validez. Este pensador alcanzó a desarrollar una teoría para explicar el fenómeno de la gravedad que de- nominó "del campo". Tomó la idea aristotélica de lugar natural para incluir no sólo

. la causalidad final sino también una fuerza inmaterial, que denominó virtus inma-

terialis, para hablar de los movimientos de los cuerpos celestes.

La orientación baconiana fue pragmática en extremo, su interés era desarrollar la ciencia para que sirviera de manera concreta a los distintos aspectos de la vida

práctica; en ese orden de ideas, imaginó y anticipó la existencia posible de auto-

móviles y submarinos, no como ejercicio de la pura fantasía, sino como resultado

del avance tecnológico.

Aun cuando su trabajo se desarrolló de manera aparentemente pacífica. no pu~

do evitar ser objeto de rencillas y rencores por parte de sus colegas. Los textos que mencionamos, Opus Maius, Opus Minar y Opus Tertium, fueron escritos a solicitud del entonces papa Clemente IV, quien le había indicado que no tuviera en cuenta las prohibiciones de prelado alguno o las constituciones de su orden religiosa. Cuando completó los libros se los envió, pero Clemente IV falleció casi de inmedia- to. jerónimo de Ascoli, que había sido general de los franciscanos y asumió como Papa con el nombre de Nicolás IV, mandó a Bacon a la cárcel, de la fue liberado a la muerte de aquél en 1292 (Darnpler, 1986). [uan Duns Scoto, nació alrededor de 1266 en Duns, Lothian (Escocia) y falleció el 8 de noviembre de 1308 en Colonia. También fue un fraile franciscano y estable-

ció una distinción clara entre leyes causales y generalizaciones empíricas. Asímís-

mo, sostuvo el principio de la uniformidad de la naturaleza, que él consideraba

como una hipótesis autoevidente de la ciencia inductiva: aunque no se pueda co- nocer una causa, cuando ocurre que dos fenómenos se encuentran unidos a través de una observación empírica continua, es posible hablar de una conexión causal

con fundamento en el principio de la uniformidad de la naturaleza.

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

Duns Scoto refutó hacia fines del siglo XIII las diversas posiciones atomistas, a partir de la discusión sobre la posibilidad del desplazamiento de los ángeles. Su contribución fundamental a la idea del método fue establecer una distinción espe- cifica entre las generalizaciones empíricas y las leyes. Estaba en juego la inducción porque era un principio fundamental, sobre todo en la medicina, que no podía proceder con los sistemas deductivos de la física o la

astronomía, sino que tenía que partir de los casos concretos de los enfermos, con- siderándolos en su individualidad como seres humanos, pero tratando de encon- trar las generalizaciones empíricas que permitieran curar el mal.

WilIiam Ockham, también conocido como Guillermo de Ockham, doctorinvin- cibilis, nació en Ockham, Surrey (Inglaterra), entre 1284 y 1285 Y falleció en Mu- ních, Baviera, hacia 1347 o 1349. También fue un fraile franciscano, al igual que Bacon y Scoto, preocupado por la defensa de la fe y la conversión de los paganos. Estableció lo que se denominó el método de la diferencia, que implicaba un per-

feccionamiento técnico en la teoría de la inducción. Un pasaje de uno de sus escri-

tos señala:

Aunque no pretendo decir umversalmente lo que es una causa inmediata, digo, sin em-

bargo. que esto es suficiente para qtie algo Sea una causa inmediata. a saber, que cuando ella está presente. se siga el efecro.ty cuando no está presente. siendo iguales todas las

otras condiciones y proposiciones. ~ efecto no se siga. De ahi que todo lo que nene esa relación a algo es una causa inmediata de ello, aunque quizá no viceversa. Que esto es su- ficiente para que algo sea una causa inmediata de algo es claro. porque no hay otro mo- do de conocer que algo es una ¡¡causa inmediata de algo.; Super Libros Quatuor

Sententiarum, libro 1. distinción 45

tuestión

1, D (citado por Crombte. 1974b:36).

Para defender su idea de la inducción, Ockham se basó en dos principios: su "conocimiento intuitivo" y el de la economía o principio de simplicidad, también conocido como "navaja de Ockham". La idea del conocimiento intuitivo no es, co- mo pudiera pensarse, un conocimiento endeble, basado en pocas pruebas reales, sino que es un conocimiento adquirido por percepciones individuales a través de los sentidos, por lo cual adoptaba una clara estrategia de tipo empírico. En cuanto al segundo, el de simplicidad, se enunciaba como non sunt multiplicanda entia prae-

ter necessitatem: los entes no deben multiplicarse sin necesidad. Crombie, quien no

parece tener simpatía alguna por Ockham, sostiene que este principio de simplici- dad o economía ya había sido introducido por Grosetesta y Duns Scoto (Crombie, 1974b);, pero era una respuesta a los "realistas" escolásticos que iban de abstrac-

ción en abstracción tratando de deducir los sucesos individuales a partir de los prin-

cipios universales (Darnpier, 1986).

Guillermo de Ockham aceptó la posibilidad de la acción a distancia, lo que ne- gaba la casi totalidad de los pensadores de la época: esta cuestión es central para

poder admitir la ley de la gravedad, con sus consecuencias sobre la cosmovisión

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Metodología cientifica

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del mundo. De manera consecuente, también negó la necesidad de que la fuerza motriz deberia acompañar físicamente al móvil. Al hacer esto, Ockham negaba las ideas aristotélicas aceptadas sobre el movimiento y sentaba las bases para la acep-

tación del principio de inercia y la teoría del movimiento que se afirmaría recién

en el siglo XVII.

Lo que estaba presente en los cuatro autores mencionados en último término era el debate entre ciencia empírica y doctrina cristiana, que será fundamental en

el siglo XIII. En 1210, el Concilio eclesiástico provincial de París habia prohibido las enseñanzas aristotélicas, lo que sólo tenia aplicación en la región, dado que en Toulouse se enseñaban sin dificultades. Hubo otras prohibiciones similares en otras regiones pero, en la práctica, no podían hacerse cumplir. En Oxford, por el contrario, la introducción de Aristóteles se había hecho sin dificultad. La polémica

se desarrollaba, como suele ocurrir en estas cuestiones, a partir de numerosos fue-

gas cruzados: las diferencias entre dominicos y franciscanos, las disputas entre Pa- rfs y los otros centros de enseñanza y otras más. En' el fondo, había una cuestión básica para toda filosofia de la ciencia: el ca- rácter determinista del mundo natural. Para un creyente, aceptar esto implicaba, en alguna medida, negar la libertad de Dios; pero para un científtco, aceptar la idea de que la naturaleza podía actuar caprichosamente cancelaba la búsqueda de leyes na- turales y la existencia de un orden que regulaba esos procedimientos. Sin embar- go, la cuestión no era Simple porque el determinismo griego y el árabe se aplicaba a todos los fenómenos de la naturaleza, incluido el ser humano; por tanto, se ha- cia necesario romper Con esta concepción. Ello se conseguiria al aceptar que el ser humano tenia libre albedrío y esto, que lo hacia semejante en algún aspecto a Dios,

era el Instrumento necesario para que por medio de la razón pudiese estudiar y en- tender el mundo en que vivía y, a partir de allí. transformarlo.

A mediados del siglo XIV se produce una gran crisis en Europa: la población dis- minuye en forma dramática como resultado de la peste negra, y algunas estimacio- nes dicen que se reduce a la mitad (Benoit, 1989). Al mismo tiempo hay una crisis económica: los grupos florentinos de Bardi y Peruzzi cayeron como consecuencia de préstamos a principes o al rey de Inglaterra que no pudieron recuperar; ello obligó

a reestructurar los sistemas comerciales y financieros sobre nuevas bases. Las com-

paruas de sucursales dan lugar a las compañías de filiales: el mismo grupo capita- lista, al igual que en el pasado un grupo controlado por una familia, da lugar a

compañías jurídicamente independientes controladas por la matriz. El sistema se

hace más flexible, de manera que la caída de una compañia local no amenaza de- rribar al grupo total; de esta forma consiguió amasar su gran fortuna Cosme de Médicis. Esta expansión de los negocios exige contabilidad; la contabilidad, a su

vez, precisa del desarrollo de las matemáticas financieras y de su enseñanza. En

1338 en Florencia los niños deben estudiar el ábaco y el algoritmo. Estas escuelas

florentinas parecen haber estado bajo una administración privada, aun cuando en

el norte de Italia había escuelas públicas con el mismo esquema de estudios. En 1340, Paollo dell'Abbaco escribió un tratado de matemáticas para uso de los co-

merciantes. En su mayoría, los textos se escribieron en lengua vulgar y no en latín,

lo cual es un indicador del tipo de público al que estaban dirigidos.

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

En 1485 jehan Certain publica Le kadran aux rnarchands, dividido en cuatro partes; comienza por la numeración arábiga, los cálculos elementales y las fraccio- nes. Una segunda parte se desrina a la medición y a la aplicación de las reglas de tres simple y compuesta a los negocios. En la tercera se habla de los problemas del manejo de monedas y metales preciosos, y la última, sin mucho interés matemá- tico, está dedicada a estudiar los problemas técnicos de las aleaciones metálicas. En los texras italianos el álgebra tiene nombres diferentes: alqibra, arqibra. Por regla general, el álgebra aparece añadida a los tratados de ábaco, aritmética o al- goritmo -o sea, de matemáticas aplicadas al comercio-o Se presentan listas de

ecuaciones con su solución, que siempre es particular. pues no existe una regla ge-

neral de solución. En el transcurso de ese siglo XIV, algunos aura res realizan una presentación sistemática del cálculo de monomios y polinomios. Las potencias su-

periores se expresan por asociación con los términos básicos, de manera que el tér-

mino "cuadrado de un cubo" puede significar para

puede tomarse como x 2 + 3 o también como x' X x' (Benoít, 1989). Es importan- te destacar que estas matemáticas tienen un sentido práctico y que su desarrollo

se hace generalmente fuera del ámbito universitario, todavía más ocupado por cíer-

ta especulación sin interés por su utilidad. Quizá el caso más interesante para discutir sobre el progreso cientifico de fines de la Edad Media sea Leonardo da Vinci. Nacido en Vinci (en la Toscana italiana) un sábado 15 de abril de 1452 a las diez de la noche (White, 2001), su vida estuvo marcada por los cambios de dependencia y subordinación a diferentes grupos o se- ñores poderosos, con el consiguiente cambio de residencia: Anchiano, Florencia, Milán, Roma, Mantua, Venecia y Cloux, donde falleció el 2 de mayo de 1519. Leo- nardo dominó muchas y diferentes ramas de la experiencia humana y todavía hoy hay quienes lo ensalzan hasta niveles divinos o quienes lo tratan como un vulgar hombre sin cultura (uorno senza lettere). Su vida está llena de contradicciones: ho- mosexual e hijo ilegitimo de un padre mujeriego, artista que se hastía del arte, in-

ventor práctico que imagina obras fantásticas', ser sin capacidad de escritura que

legó más de trece mil páginas de escritos y documentos, miembro de una familia de notarios que no pudo ingresar a la universidad, zurdo empeñado en mantener su rasgo cuando todos los pintores zurdos eran despreciados; el conocirníento de su vida ofrece los mismos altibajos: desde detalles como la hora exacta de su nacírnien- ra hasta incongruencias sobre su infancia o pasajes de su vida adulta. Ingeniero, cocinero, pintor, escultor, quizá el mejor calificativo que podria englo- bar la obra o las habilidades de Leonardo sea el de inventor. En una de sus aficio- nes, la comida y la preparación de banquetes, inventa y desarrolla su creatividad:

inventor de las servilletas, se le crea una obsesión por mantenerlas limpias y para ello inventó una máquina secadora de tambor de unos seis metros de altura que era

operada mediante movimientos de los pies de los ayudantes de cocina (Routh, S. y J. 1996). Cuando Ludovico Sforza se casó con Beatrice d'Este, Leonardo debió en- cargarse de los preparativos de la boda. Decidió construir un pastel de bodas de 60 metros de diámetro que reproducia el palacio del duce; los invitados pasarían por las puertas del pastel para sentarse en bancas de pastel y comer pastel. Lo que Leo- nardo no supo calcular es que los pájaros y las ratas de Milán acabarla n con su obra

uno x 5 y para otro x 6 , dado que

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Metodología científica

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por la noche y en la mañana de la fiesta sólo quedaban restos desparramados de lo que seria su gran obra. Pero asf era Leonardo. capaz de imaginar y llevar a ia prác- tica cosas que superaban todas las convenciones y gustos de su época, lo que le trae- ría admiradores pero también detractores y enemigos. La amenaza turca sobre Venecia en 1500 lo llevó a idear un submarino como un armamento capaz de llegar hasta el enemigo. Es curioso que no se animó a

mostrar los detalles de su invento pensando en las consecuencias éticas: creía que

lo podian usar seres malvados para matar bajo el agua (White, 2001). En el campo clentíñco. pocos estuvieron al tanto de sus indagaciones, dado su miedo a ser plagiado. Como dice Koyré (1978), fue un hombre de la transición entre el medioevo y la edad moderna, que sustituyó los sonidos (ei habla de los otros y la tradición) por lo visual (la propia percepción y el propio juicio) como fuente del conocimiento. Ei interés personal principal de Leonardo estuvo centrado en los problemas de

la ingeniería militar. Uno de los periodos de su vida más venturoso se dio cuando

pasó al servicio de César Borgia -la figura inspiradora de El príncipe, de Nicoló Ma- chiavelli- en 1502. Leonardo tuvo acceso a todos los ámbitos de la vida en los do- minios de César Borgia y su preocupación fundamental fue mejorar los sistemas de defensa de los castillos y fortificaciones de Borgia. Es posible que como resultado de una de las acciones de traición y crueldad de César Borgia, Leonardo resolviese abandonarlos, pero lo cierto es para 1503 se encontraba trabajando de nuevo al servicio de Florencia y desarrollando planes de rescate de Pisa, una ciudad estraté- gica fundamental para el poderio florentino. Como resultado de esto, Leonardo confeccionó mapas de la ciudad de imola y de las regiones Toscana, Romaña y Emilia que presentan una gran precisión y que renovaron la idea de cartografía. Leonardo proporcionó la primera formulación de la ley correcta de la acelera- ción en caida libre basándose en su conocimiento de los ingleses del siglo XIV, pe-

ra quizá sus aportes

más

importantes

se dieron en el campo de la anatomía

humana. En una época en que disecar cadáveres o realizar autopsias estaba prác- ticamente prohibido, pudo practicar autopsias a un gran número de cadáveres -

según él mismo confesó, más de diez; según comentarios, casi treinta- y describir con precisión el quiasma óptico. la conexión entre nervios y músculos y la estruc-

tura neurológica básica (por la cual los nervios descienden desde el cerebro hasta los músculos, pasando por la columna vertebral). También se interesó por el apara- to reproductor masculino y femenino, aunque llegó a conclusiones que no partían

necesariamente de sus observaciones, como cuando decía "el hombre que culmi-

na la cópula de mala gana y con desdén engendra hijos irritables e indignos de con- fianza; pero si se aborda la cópula con amor y deseo por ambas partes, los hijos serán muy inteligentes, ingeniosos, vitales y agraciados" (citado por White 2001). Otro de los grandes temas en la preocupación de Leonardo fue su obsesión por ha- cer de los seres humanos entes con capacidad de volar, ya sea por autopropulsíón

o por medio de aparatos mecánicos.

¿Por qué Leonardo ha sido reconocido como artista y discutido como cíentíñ- ca? Por un fenómeno especial del conocimiento. El conocimiento, en cualquiera de sus formas es público; pero esto se acentúa en el caso del conocimiento que

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

denominamos ciencia. A su muerte, las trece mil páginas de notas, guardadas en

carpetas y atadas en bultos con cintas, fueron llevadas por su compañero Francés- ca Melzi a la residencia de sus antepasados cercana a Milán y luego, un hijo de és- te, Orazio. necesitado de espacio en la casa, los arrurnbó en el desván, donde permanecieron por un tiempo y luego fueron dispersados por el mundo (uno de esos bultos está ahora en manos de Bill Gates). Nunca se han publicado, sino que han servido para dar prestigio a las colecciones de nobles o de especuladores de te-

soros artísticos. Por ello, no estuvieron al alcance de los científicos y sus ideas se

discutieron mucho tiempo más tarde, en el siglo XIX, cuando ya su valor innovador era reducido.

De acuerdo con Crombie (1974b), hay seis elementos que permiten exhibir las contribuciones principales de los pensadores de la Edad Media al progreso cientíñco:

1) La recuperación de la idea griega de método cientifico, adoptando una es- trategia de relaciones entre datos empiricos y principios teóricos, por ia cual se tra- taba de describir los fenómenos de la manera más precisa para luego relacionar

estas características con principios generales que se podían aplicar a Jos aconre-

cimientos similares; 2) la adopción de las ideas platónicas de la base matemática del mundo, por la cual se introdujo la posibilidad de explicar los fenómenos de la física a partir de modelos matemáticos; 3) los intentos claros de sustituir una ma- temática del reposo, como era el caso de los griegos, por una matemática del mo- vimiento, necesaria para admitir luego la ley de la gravitación y una nueva concepción (heliocéntrica) del universo; 4) hubo progresos notables en el ámbito de la tecnología, que Impactarían el desarrollo de la ciencia: las técnicas de medición (por ejemplo, el astrolabio y el cuadrante), el uso de la balanza como instrumento habitual en la quimica, el uso de energía eólica o hidráulica; en las ciencias bioló- gicas, se hicieron descripciones de la flora y fauna de distintas regiones, favoreci- das por el desarrollo de un arte realista que permitió contar con ilustraciones más exactas de los organismos, y 6) dos concepciones de orden epistemológico impac-

taron en las ideas sobre la naturaleza de la ciencia: la idea de que la ciencia tenía

como objetivo un dominio de la naturaleza que favoreciera a los seres humanos y una concepción impulsada por los teólogos, aceptando que ni la acción de Dios ni las especulaciones humanas podian tener cabida dentro de un sistema filosófico, con lo que se planteaba la posibilidad de un relativismo que permitia la aceptación

de una renovación constante de las teorías científicas.

Quizá nunca hubo una separación tajante entre ciencia y técnica en la Edad Media, como varios autores han sugerido. Debemos recordar que Domingo Cun- dlsalvo, el archidiácono de Segovia. había escrito en el siglo XII una De Divisione

Philosophiae, donde proponía dividir los conocimientos en dos tipos; teóricos, donde se incluia la física, la matemática y la metafísica, y los de orden práctico, que comprendían la politica -el arte del gobierno civil y el arte del gobierno de la familia- y la ética -el arte del gobierno de si mismo- (Crornbie, 1974b). Ha- cia el final de la Edad Media, en especial, se produjo una gran difusión de las in-

novaciones

técnicas

que

trataban

de

superar

la

condición

del

ser

humano

dominado por las fuerzas naturales. Uno de los hechos más significativos fue que,

a pesar de que en Oriente se mantuvo el espíritu científico con más fuerza, en Oc-

cidente se introdujo la mayor parte de las innovaciones tecnológicas (Whyte, 1981).

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Metodología científica

Esto se explica, en parte, porque la ciencia era un oficio de intelectuales que tra-

taban de entender cómo eran las cosas, mientras que la técnica es una necesidad

de seres humanos que tienen que hacer cosas (la tecnología como ciencia aplica- da sera un hallazgo del siglo XIX). Los monjes de la cristiandad latina no estaban tan preocupados por los gran- des principios o la mística como los monjes orientales, griegos. La iglesia oriental enfatizaba la contemplación, mientras que la de Roma (o Aviñón) estaba mas inte- resada en la actividad. En Alemania un monje benedictino, Teophilus, escribió en- tre el 11 22 Yel 1123 un tratado que proporciona una serie de direcciones de orden tecnológico para un gran número de procesos, en especial en la metalurgia y la fa- bricación del vidrio. Con el desarrollo de la tecnología militar y de armas mas po- tentes y armaduras mas fuertes. se dio paralelamente un progreso en la

arquitectura de protección de palacios y fortificaciones. Los ingenieros franceses

elaboraron la arquitectura gótica durante el siglo XII, la cual permitía construir obras mas grandes y magnificentes con mayor economía. En la Europa septentrional se produjo una serie de cambios radicales en la pro- ducción agrícola: la fabricación de un arado pesado que permitla una rotulación mas profunda de la tierra y, al mismo tiempo, la posibilidad de un mejor drenaje:

un sistema de rotación de los cultivos de "tres campos" por la que sólo una terce- ra parte del terreno quedaba en barbecho, y el Invento del arnés del caballo, que no estrangula al animal y permite obtener mayor fuerza en comparación con el sis- tema de yugo. Eso se tradujo en la diferenciación pronunciada entre los caballos de silla y los de tiro y el desplazamiento de los bueyes de las labores agrícolas.

Todas estas innovaciones permitieron, a su vez, un excedente de alimentos que

a su vez amplió el excedente económico que permitió la construcción de las gran-

des catedrales y la expansión de la burguesla que luego apoyarla a los artistas e in- novadores cientlficos del Renacimiento y posteriores. Otro aspecto importante de esta época fue el perfeccionamiento de la navegación.

V. LA CIENCIA MODERNA

Durante el siglo XV] se observó una gran transformación en la vida humana: la ex-

pansión de los viajes a través del mundo, anticipados por Colón en 1492, confir- maron la variedad de los seres vivos en el planeta y, al mismo tiempo, lo

relativamente incompleto de los seres. Con el descubrimiento de la nueva ruta a

"las Indias" comenzó la declinación de Venecia como república poderosa monopo- lizadora del comercio con Oriente, y esto produjo el consiguiente reacomodo de las

condiciones politicas y económicas de Europa. Las nuevas rutas permitieron un au-

ge del comercio y reproducción de la riqueza que transformó la economla y el es-

píritu: al aceptar la variedad del mundo, los seres humanos se mostraron dispuestos a aceptar la variedad en la obra que representara esa variedad, ya sea

la literatura, la poesía el arte visual y la ciencia. El 31 de octubre de 1517 el monje agustino Martín Lutero clavó en la puerta del atrio de la iglesia de Wittenberg un documento que contenla 95 tesis contra el dominio del papado de Roma y el uso comercial de las indulgencias eclesiásticas,

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

Esto acentuó los procesos de cambio polítíco, dado que en Alemania no pocos prin- cípes ambiciosos vieron en las riquezas de la iglesia católica un botín disponible, lo que condujo a guerras de todo tipo que se extendieron por Europa. La revuelta de Lutero inspiró otros disturbios, en especial entre campesinos contra ei orden feu- dal y sus abusos, que fueron violentamente reprimidas. Nicoló Machiavelli (conocido vulgarmente en la lengua española como Maquia- velo) nació en Florencia en mayo de 1469 y falleció el 21 de junio de 1527, des- pués de una vida con altibajos, alegrías y penas, donde conoció el destierro, la cárcel y hasta la tortura. Hijo de abogado, en 1498 fue nombrado jefe de la segun- da cancillería de la República de Florencia, aun cuando la época estuvo llena de cambios politicos en la región y Maquiavelo sufrió las consecuencias. Florencia fue la cuna del Renacimiento y desde finales del siglo XIII sus vecinos habían iniciado un proceso de producción cultural donde la creatividad humana produjo obras que no tenían paralelo desde la cultura griega clásica. Dante (1265-1321) convirtió la lengua toscana en la lengua literaria de Italia, aun cuando en De Vulgari Eloquentia defiende a quienes se expresan en lenguas vernáculas. Hay que añadir los nombres de Petrarca (1304-1374), el primer gran humanista y considerado todavia hoy co- mo el más grande los liricos de Italia; Boccaccio (1313-1375), creador de la prosa italiana, y Giotto (1276-1337), arquitecto que ya mostraba elementos que habrían de manifestarse de manera cabal en el Renacimiento, en especial el uso de la pers- pectiva donde puede apreciarse la idea de profundidad. Esta apertura continúa en el siglo xv con los renacentistas (Langer, 1980). Es en esta ciudad donde Maqutave- lo desarrolló sus ideas. A principios del siglo XVI se preparaba en Florencia una reforma constitucional que acentuaria las instituciones republicanas, pero en otoño de 151 2 los Médicis entraron triunfalmente en la ciudad, disolvieron el régimen existente y exilaron a muchos de los más firmes republicanos, entre ellos a Maquiavelo, no sin antes tor-

turarlo, acusado de formar parte de una conjura antirnedicea. Comienza a escribir

sus Discursos en la primera década de Tito Livio (Maquiavelo, 1987), los que inte- rrumpe brevemente unos pocos meses de 1513 para sistematizar sus ideas sobre el gobierno en un pequeño tratado que todavía hoyes objeto de fuertes polémicas, El Príncipe (Maquiavelo. 1993). En 1527, luego del saqueo de Roma, los Médicis fueron expulsados nueva-

mente de Florencia. Maquiavelo ofreció sus servicios, pero fueron rechazados por

considerársele anticuado y por ser sospechoso de colaboracionismo. Desilusícna-

do, falleció un mes más tarde. Su obra perdura hasta nuestros dias como fuente de inspiración para el estudio de los sistemas politicos. Para él, la sociedad es el

resultado de las acciones humanas y el ser humano es quien construye las socíe-

dades y, con ello, hace la historia. Tampoco es la sociedad un fenómeno natural, si- no el resultado de los trabajos de los seres humanos en función de sus deseos; la

construcción de la sociedad no es ya el objeto de seres supra o ínfranaturales, sino

del análisis racional y la experiencia práctica de quienes viven en ella. Con ello. se

crea una nueva ciencia, la ciencia de la política, cuyo trabajo, independiente de la moral, será el de construir con eficacia la sociedad requerida. Metodológicamen- te, esta concepción de una ciencia social libre de valores sigue siendo polémica en

nuestros días.

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Metodología científica

En otros campos científicos, la nula difusión de los trabajos de Leonardo da Vinci sobre anatomía humana lleva a reconocer al holandés Andreas Vesalio (1514- 1564) como el fundador de la anatomía moderna. Publicó en 1543 De humani cor- parísfabrica, un texto con claras Influencias de Galeno en cuanto a la concepción general del cuerpo humano y de la ñstologta. Las descripciones anatómicas de es- te texto son su principal aporte, sólo superadas, quizá, para la época, por las no pu- blicadas de Leonardo. Se cree que algunas fueron elaboradas en el taller de Tiziano,

con la participación del mismo Vesalio; en todo caso, muestran la relación estrecha

que se había establecido entre el arte y la descripción cíentíñca. Philippus Aureolus Theophrastus Bombast van Hohenheim, más conocido co-

mo Paracelso, fue uno de los primeros que trató de construir una nueva medicina

prescindiendo de las clasificaciones hechas por los griegos, que dividían las sustan-

cias componentes del cuerpo humano en cuatro humores o elementos. Nació en

1493 en Einsiedeln, en Suiza. Su padre era médico, profesor en una escuela de mi- nas, y en ese ambiente Hohenheim obtuvo conocimientos químicos y mineralógi- cos. Realizó viajes por toda la zona del norte de Italia, Suiza, Austria y Francia y en esos viajes trabó relaciones con alquimistas, astrólogos, adivinos y miembros de so- ciedades secretas y esotéricas, de donde aprendió muchas cosas sobre el efecto de

ciertas sustancias en el cuerpo humano, junto con dudosos saberes.

Fue nombrado profesor de medicina en Basilea en 1526, donde apareció el mo-

te de Paracelso, del cual ciertos autores discrepan sobre su aceptación voluntaria o

su propia invención. Esto demuestra que ahora como entonces Paracelso fue una personalidad de contrastes fuertes, a quien se amaba o se odiaba. Sin poseer toda- vía un método experimental seguro, invitó a sus discipulos a dejar a un lado las doc- trinas tradicionales que venían de los griegos y a observar por sí mismos en el cuerpo humano, experimentando con sustancias y elementos. De alguna manera, es el primer introductor de la química en la medicina. Sin embargo, no pudo despo- jarse por completo de las teorías griegas y su teoría de la quintaesencia lo demues- tra de alguna manera. Repudíando a los griegos, estableció que en los casos en que predomina la humedad el mercurio es la sustancia básica, el azufre es el predomi- nante en los casos del calor y la sal en las condiciones secas. También habló de la condición de frío, pero no le atribuyó alguna sustancia; a las cuatro cualidades fun- damentales debería agregarse una quintaesencia o quinto elemento, que es el resul- tado de la combinación de las cuatro cualidades fundamentales (Daurnas. 1972). En el terreno de las enfermedades mentales se había desarrollado una prácti- ca nefasta: la adjudicación de brujería a ciertas personas, especialmente mujeres. El problema había comenzado en 1484 can la bula papal Summis desiderantes af- fectibus, por la cual Inocencia VlII autorizaba a dos dominicos alemanes a proceder en contra de las brujas. Estos dos frailes, Heinrich Kraemer y [ohannes Sprenger, redactaron entre 1487 y 1489 un manual para identificar las brujas y proponer un tratamiento. El manual llevó por título Malleus Maleficarum y se editó diecinueve veces en menos de tres siglos; no sólo pretendía demostrar que las brujas existen sino que además condenaba a quienes no creían en ello como herejes y fue usado principalmente por los inquisidores como el libro de cabecera (Papp y Babini, 1952). El manual tuvo un efecto atroz: alrededor de 500000 personas fueron acu- sadas de brujería y condenadas entre los siglos xv YXVII. Por medio de "confesiones"

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

obtenidas por torturas, reconocieron haber tenido pactos con el diablo (una inven- ción muy particular de la imaginación humana), haber viajado largas distancias montadas en una escoba, haber besado al diablo por debajo de la cola, haber teni- do relaciones sexuales con incubas (demonios de un pene frío como el hielo) o con súcubos (demonios femeninos) (Harrís, 1981). De alguna manera, esta cacería de brujas se desarrolló con más fuerza en el norte de Europa, donde los judíos habían dejado de ser las víctimas principales de las persecuciones. Las brujas se convirtie- ron en los nuevos destinatarios del odio, pero no debe descartarse el interés eco- nómico de los inquisidores, quienes se apropiaban de los bienes de los perseguidos. Incluso Lutero admitió la necesidad de exterminar a las brujas; pero en los lugares donde no se utilizó la tortura, como Inglaterra, el número de brujas fue comparativamente escaso, salvo en el periodo iniciado en 1645 cuando los cal- vinistas presbiterianos tomaron el poder (Johnson, 1989). Lo destacable es que es- ta teoría se basaba en supuestos datos científicos y que fue aceptada por seres humanos que eran o mostraban racionalidad en otros aspectos, incapaces de tomar

conciencia de que era una teoría de justificación, como ocurre con cualquier vulgar

ideología. Hay que decir que los humanistas vieron en esto algo que debía ser aban- donado o suprimido; por ejemplo, Juan Luis Vives, quien es considerado por algu- nos como el precursor de la psicología de observación, organizó en su ciudad natal, Valencia, un asilo para el cuidado de los enfermos mentales. Heinrich Cornelius Agríppa (1486-1535) tuvo una vida relativamente breve pero no por eso menos ac- cidentada; propuso, sin éxito, la necesidad de unificar los términos clasificatorios de la bíología y ia medicina; al mismo tiempo denunció la inseguridad y la vani- dad de las ciencias ocultas de su época y se opuso de manera terminante a los jui- cios contra las brujas. Un discípulo suyo, [ohannes Weyer (1516-1588), quien se doctoró en París en 1537, publicó un trabajo donde refutaba los falsos argumentos pretendidamente anatómicos y fisiológicos del Malleus y planteó que las acciones de las acusadas de brujería podrían provenir de ciertos venenos o drogas, por los cuales no debían ser culpadas. Esto, porque demostró que el manual tenia una cla-

ra orientación misógina. con lo cual resultó un gran adelantado para su época.

Al mismo tiempo, la medicina progresaba por el campo de la práctica. Los ci- rujanos militares se enfrentaban a un problema nuevo, el tratamiento de las heri- das por armas de fuego. Esto dio pie a experiencias de corte científico no muy usuales hasta esa fecha: Ambrosio Paré (1 510-1590), médico al servicio de Francis- co I de Francia, se vio en la necesidad de atender a muchos heridos después del ataque a la ciudad de Turin en 1537. El tratamiento habitual consistía en cubrir las

heridas con aceite de saúco, en el supuesto de que eran venenosas. Los resultados

eran contraproducentes, pero nadie se había percatado. Paré tuvo la desgracia pa- ra él y la suerte para los soldados, de que se le acabara el aceite y dejara a varios

sin el tratamiento; a la mañana siguiente observó que quienes no habían sido un-

tados se habían recuperado mejor, de manera que a partir de allí abandonó esa cos- tumbre. En una época en que los tratarn lentos de fracturas y dislocaciones de huesos estaban en manos de barberos y peluqueros, Paré comenzó a publicar tra- bajos sobre estos temas, rescatando para los médicos la capacidad de hacer ciru- gías. En el siglo XVI, el boloñés Gaspere Tagllacozzi restauró una nariz desprendida injertando un trozo de piel del brazo y dejándolos unidos -nariz y brazo- hasta que la nariz quedó firme (Crombie, 1974b). Bartolomeo Eustachio (1520-1574)

y dejándolos unidos -nariz y brazo- hasta que la nariz quedó firme (Crombie, 1974b). Bartolomeo Eustachio
y dejándolos unidos -nariz y brazo- hasta que la nariz quedó firme (Crombie, 1974b). Bartolomeo Eustachio

Metodología científica

tuvo un destino parecido al de Leonardo: desarrolló una serie de ilustraciones ana- tómicas en 1552, las que no fueron publicadas sino hasta 1714, con 10 cual su nom- bre no figura entre los fundadores de la anatomía moderna. La observación se extendió a otros aspectos de la naturaleza, los pájaros, las aves, los mamiferos, los peces, los insectos. Muchos de los estudiosos partieron de los textos de Aristóteles, aun cuando posteriormente sus propios estudios los lleva- ron a renovar o modificar los planteamientos de éste. Muchos también -y de allí

su valor- se convirtieron en estudios importantes de anatomía comparada, mes-

trando una enorme capacidad de observación y contrastacíón. Uno de los ejemplos de esta actividad fue Harvey, quien provenía de una larga tradición de embnologos, anatomistas y estudiosos de 10 que podríamos denominar la escuela de Padua, don- de se había desarrollado una tradición reconocida. Gabriel Fallopio (1523-1562) describió los ovarios y las trompas relacionadas con su nombre y otras estructuras anatómicas. El sucesor de Fallopio en Padua, Cl- rolamo Fabrici d'Acuapendente (1533-1619) -que fue amigo personal y médico de Galileo-, partió de la teoría embriológica aristotélica para llegar a desarrollar más tarde estudios comparados sobre las estructuras anatómicas de los vertebrados, po-

niendo en práctica un método de análisis comparativo que luego ampliaron sus dis-

cípulos.

Mientras tanto, en el campo de la física, comenzaba a gestarse una transforma-

ción parecida a partir de la obra de Nicolás Copérnico. que había nacido en Thorn, vieja ciudad de la Hansa prusiana (en español Torún, en la actual Polonia) el 19 de febrero de 1473 y murió en Frauenburg el 24 de mayo de 1543. Copérnico es, qui- zá, uno de los mejores ejemplos de la influencia que puede tener un científico des- pués de su muerte. Su padre era un rico comerciante fallecido cuando Nicolás contaba con diez

años. Recibió entonces la protección de un tío materno, Lucas Watzelrode, que per-

tenecía a la burocracia eclesiástica (y que llegaría a ser obispo de Warrnie), quien lo ayudó a estudiar en Italia. Estudió primero en la universidad de Cracovla, en esa época un centro cultural de gran influencia en el este de Europa, pero en 1496 se inscribió en la universidad de Bolonia para estudiar derecho. Viajó a Roma en 1500, donde dictó conferencias sobre matemáticas y en 1501 volvió a Polonia pa- ra hacerse cargo de la canonjia de la catedral de Frauenburg; en seguida obtuvo un permiso para regresar a Italia, donde estudió medicina y derecho en la universidad de Padua. Sin embargo, su titulo de doctor juris canonice le fue otorgado en la uni- versidad de Ferrara. Regresó a su patria natal, donde estuvo primero al servicio de su tia como secretario y médico y a la muerte de éste, en 1512, pasó a Frauenburg donde vivió hasta su fallecimiento. Los cálculos para encontrar el movimiento de la Tierra y el Sol y el resto de los planetas eran enormemente complicados. Hiparco desarrolló un modelo en el siglo -11, mismo que adoptó Ptolomeo en el siglo -11 y se publicó en un texto que en su versión latina recibió el titulo de Al- magesto. Permitía predicciones bastante acertadas de los movimientos como eclip- ses de Sol y Luna y era un modelo geométrico de esferas circulares que no se correspondía a la realidad; pero que fue interpretado como un recurso metodológico

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

para "salvar las apariencias". Además de lo complicado, presentaba la dificultad de

entender el movimiento aparentemente errático de Marte y Venus, los únicos pla-

netas identificados hasta ese momento por la sencilla razón de ser los únicos visi-

bles sin instrumentos.

El gran hallazgo de Copérnico fue encontrar que los calculas se simplificaban si se ponia al Sol en el centro del universo y la Tierra como uno de sus satélites. De-

bemos destacar aquí, entonces, este proceso de acomodación (siguiendo la inter-

pretación

fue

epistemológica

de

Piaget)

como

el elemento

central;

es

decir,

necesario salvar una teoría o fue necesario para producir una teoría y no como re-

sultado de la observación empírica. Ésta. como sabemos, nos da cuenta de mane-

ra falsa del movimiento del Sol, ya que se trata de un movimiento aparente (desde cierta forma o perspectiva del observador). El Sol, para un observador ubicado en

la superficie terrestre, "parece" moverse a través del día y de las estaciones, en un

movimiento ininteligible que ha dado lugar a numerosístrnos mitos y ritos en todas las culturas; en última instancia, la fecha por la cual aún hoy la iglesia católica fija

de manera definitiva el nacimiento de Jesucristo es el resultado de estos ritos.

El sistema ptolemaico era un sistema incompatible con el aristotélico; éste se

basaba mas en las ideas físicas y aquél era mas preciso en orden a los calculas ma- temáricos. La polémica entre estos sistemas abarca toda la Edad Media hasta el si- glo xv y en gran parte estuvo determinada por los comentarios que el filósofo griego Simplicio planteó en el siglo VI. El texto de Copérnico fue escrito durante un largo periodo; probablemente intuía las dificultades que se presentarían de ser publicado y postergó su publicación. Sin embargo, las ideas de Copérnico eran conocidas desde tiempo antes y si

éste no había insistido en sostener que la posición relativa y el movimiento de la Tierra eran un hecho físico y no una mera conveniencia matemática, se debía a que

pensaba que se burlarían de él, tomándolo por loco, como de hecho lo había ex- presado Lutero (Crornbie, 1974b). Su propuesta demostró su utilidad practica en el calculo que Erasmus Reinhold hizo en 1551 para determinar la duración del año en la propuesta de calendario presentada al papa Gregario XIII. Pero Copérníco había escrito un breve texto, alrededor de 1512, donde explicaba los principios de una

nueva astronomía, De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis Commenta-

rio/us, que apenas se publicaría en 1878. Hay que señalar que se presentó la ver- sión doméstica de la obra al papa Clemente VII en 1533, ocasión en que el pontífice no expuso obstáculo alguno. Incluso en 1536, el cardenal Nícolás schon-

berg, miembro de la curia romana. incitó a Copérníco para que publicara sus tra-

bajos, lo que éste no hizo.

En 1539 había llegado a Frauenburg un joven matemáríco procedente de la

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universidad de

chim Rheticus (1514-1574), que así se llamaba, redactó un breve resumen de la obra de Copérnico. Narratio prima, que apareció en Basilea en 1541 y que tuvo un gran éxito (Koyré, 1972), lo que animó a Copérnico a publicar la obra completa. Le encomendó entonces a Rhetirius que lo hiciera, pero éste, que había sido designa- do profesor de la universidad de Leipzigen 1542, confió la supervisión de la edición

Wittenberg, quien se interesó por las ideas copernicanas. Georg joa-

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Metodología científica

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a un teólogo luterano, Andreas Osiander, quien temeroso de las persecuciones re-

ligiosas redactó un prólogo que no firmó y que durante mucho tiempo fue tomado como escrito de Copérnico. En ese prólogo se dice:

.Pero si quieren ponderar la cuestión con exactitud, encontrarán que el autor de esta

obra no ha cometido nada por lo que merezca ser reprendido. Pues es propio del astro-

nomo calcular la historia de los movimientos celestes con una labor diligente y diestra. y además concebir y configurar las causas de estos movimientos, o sus hipótesis, cuan-

do por medio de ningún proceso racional puede averiguar las verdaderas causas de ellos.

y con tales supuestos verosímiles. sino que se basta con que muestre un cálculo coinci-

dente con las observaciones, a no ser que alguien sea tan ignorante de la geometría o de

la

óptica que tenga por verosímil el epiciclo de Venus, o pueden calcularse correctamen-

te

dichos movimientos a partir de los principios de la geometría, tanto mirando hacia el

futuro como hacia el pasado. Ambas cosas ha establecido este autor de modo muy nota- ble. Y no es necesario que estas hipótesis sean verdaderas, nt siquiera que se crea que

esa es la causa por la que precede unas veces al Sol y otras le sigue en cuarenta grados

Por tanto, permitamos que también estas nuevas hipótesis se den a conocer

entre las antiguas. no como más verosímiles sino porque son al mismo tiempo admira-

bles y fáciles y porque aportan un gran tesoro de sapientisimas observaciones

ruco. 1982:85-86)

o más (

)

(Copér-

En la década de 1570, el matemático inglés Thomas Digges (1546-1595), formu-

ló una representación del sistema copernícano, modificando alguno de sus principios

centrales. especialmente la idea de espacio cerrado, y propuso un mundo de natura-

leza infinita.

El mundo propuesto por Copérnico, sin embargo, era un universo cerrado. Se- rá Giordano Bruno (1548-1600) quien, mediante una intuición genial, como seña- la Koyré (1972,1978). presentará la idea de que la astronomía debe abandonar la

concepción del universo como un mundo cerrado y aceptar el infinito. Bruno era un fraile dominico que intentó refugiarse en Ginebra de las persecuciones inquisi- toriales; pero los calvinistas lo expulsaron y se fue a París, donde los aristotélicos

también lo rechazaron. En 1584 publicó Cena de le Ceneri, donde formuló una de- fensa entusiasta de la obra de Copérnico y refutó los ataques a la teoria de éste, mostrando que las cosas que están en la Tierra se mueven con esta, de manera que

todos los movimientos son relativos, así como relativas son las nociones de "arrl-

ba" y "abajo" y la idea del centro del mundo o centro del universo. Bruno fue cap- turado por la Inquisición en Venecia en 1592 y condenado a morir en la hoguera, después de un largo juicio, en 1600 en Roma.

Los historiadores de la ciencia han creado la expresión "el milagro de los años 1620" para referirse al cambio en la perspectiva científica que tuvo lugar en ese lap-

so, por el cual la ftsica de cualidades pasó a ser una física cuantitativa; el cosmos, un sistema ordenado y cerrado, se sustituyó por un universo indefinido; el mundo

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

sensible, por un mundo pensado por medio de fórmulas matemáticas; el mundo vi- sible se prolongó en un mundo de seres imperceptibles alojo humano, y el cuerpo

humano, hasta entonces asiento de espíritus y otros seres, se convirtió en un ferió-

meno natural cuya fisiología podía ser interpretada como una máquina. Algunos autores toman la aparición del texto de William Harvey, De motu cor- dis. en 1628, como el inicio de la transformación cientifica de la medicina (Pérez Tarnayo, 1999) -el otro texto es el ya mencionado Dehumaní corpori fabrica-«; en- tre tanto. había y hay otras medicinas, más antiguas y con éxitos relativos que en algunos casos se situaban a la par de la medicina cientffica. No obstante, ninguna puede explicar el funcionamiento del sistema corporal de la manera racional en que lo hace la medicina que se desarrolló desde principios del siglo XVII. Harvey nació en Folkestone en 1578, en una familia de pequeños propietarios rurales. Estudió en Padua, donde obtuvo su titulo de médico en 1602. Regresó a In- glaterra, en la que tuvo como uno de sus pacientes a Francis Bacon; también estu- vo al servicio de la corte, primero con [acebo 1y luego con Carlos 1. Harvey habia tenido por maestro a Girolamo Fabrici, de quien habia tomado el método, aunque algunos autores dicen que en su estancia en Italia tomó conocimiento de Galileo y sus métodos. En su periodo al servicio de Carlos 1, éste puso a su disposición sus parques de ciervos en Windsor y Hampton Court, donde desarrolló gran parte de

sus observaciones. Estudió el corazón de una gran variedad de vertebrados e inver-

tebrados y trató de adecuar sus estudios a los casos que se pudiesen resolver por medio de la medición y el experimento. Su primera exposición sobre la circulación de la sangre se presentó en unas conferencias dictadas entre 1616 y 1618 en el Real Colegio de Médicos de Londres. Sin embargo, su reinterpretación de la teoría galena sobre la circulación no se hizo a partir sólo de sus descubrimientos empiri- cos. sino de una reínrerpretacíon global de la teoria, reacomodando sus hallazgos empíricos en una nueva ordenación. El primer autor occidental que había hablado del paso de la sangre por los pulmones para cambiar de color fue Miguel Servet (1511-1553) en 1553, en medio de una discusión teológica; pero la teoría de Har- vey es realmente original por la forma en que construye una explicación completa del sistema utilizando los recursos metodológicos que habia aprendido en la escue- la de Padua. La diferencia entre Harvey y otros especuladores se basa en que aquél

somete sus recrias a pruebas empíricas. Su librito de 1628, Exercitatio anatomica de motu cordis et sanquinie, de sólo setenta y dos páginas, publicado en Holanda en una edición barata y lleno de errores de ortografía. era el resultado de muchos años de observación y reflexión, Calculando la sangre que se bombeaba en cada pulsa- ción, llegó a la conclusión de que en aproximadamente media hora el corazón mueve la sangre contenida en todo el cuerpo, de manera que la misma sangre de- bia renovarse y pasar de alguna forma a las venas desde las arterias (más tarde se

descubrieron los capilares). En 1651 publicó

un segundo libro, Degeneratione aní-

malium, que es el progreso más notable de la embriología desde los tiempos de Aristóteles (Dampier, 1986).

Al mismo tiempo, Descartes (1596-1650) desarrollaba su modelo mecánico del.

cuerpo humano, un verdadero modelo teórico. La exposición completa se presen-

ta en su tratado sobre el ser humano que integraba Le Monde ou 7l'aité de la Lumie- re, completado hacia 1633, pero publicado después de su muerte en 1664. La

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Monde ou 7l'aité de la Lumie- re, completado hacia 1633, pero publicado después de su muerte

Metodología científica

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explicación trataba de combinar la sustancia material del cuerpo con la condición de existencia de la racionalidad y el pensamiento; pero sus visiones rnecanícistas

permanecerán durante mucho tiempo como las interpretaciones más adecuadas

del funcionamiento del cuerpo humano.

El punto central en este proceso es la discusión sobre una revolución científi-

ca. que se habría presentado a principios dei siglo XVI y que estuvo representada por Galileo Galilei, johannes Kepler, Francis Bacon. René Descartes y otros. según

el autor que se consulte.

La frase "Revolución Cientifica" no se usaba antes de 1939. cuando Koyré co- menzó a hacerlo. afirmando que se trataba de la más grande de las revoluciones de la mente humana desde la Grecia clásica (Shapin, 2000). Sin embargo. los mo- dernos historiadores han puesto en duda una definición absoluta de revolución. no sólo para su interpretación dei ámbito cíentíñco, sino para todo tipo de actividad humana. ya se trate de 10 social. lo político, lo cultural o lo económico. Debe tener- se en cuenta. además. que la distinción de los ámbitos cientifíco, social y otros es sólo una cuestión de enfoque o de énfasis. ya que ninguna de estas esferas de la agencia humana es independiente. No se trata. por ejemplo. de hablar de las in-

fluencias políticas o económicas en la ciencia: la ciencia, como actividad o sistema,

y el cíenuñco, como ser humano. son a la vez agentes politicos y económicos yac- túan global o estructuraimente. Lo que se pone en marcha en el siglo XVII en el mun- do occidental o en Europa (Estados Unidos no contaba todavia para nada) es una nueva visión general del mundo. una nueva weltanschaung que. de acuerdo con Shapin (2000) presenta cuatro rasgos básicos:

1. La interpretación de la naturaleza a la manera de mecanismos que operan CO~

mo sistemas integrados de operaciones coordinadas. con entradas (inputs). transformaciones y salidas (outputs).

2. La despersonalización del conocimiento de la naturaleza; esto es. la supera- ción de ciertas formas egocéntricas de pensamiento (la eliminación de cier-

ras interpretaciones mágicas, como se manifiesta en el paso de la astrología

3.

a la astronomía).

La mecanización de la construcción del conocimiento, siguiendo modelos

geométricos o similares como fuente de inspiración metodológica. discipli- nando el conocimiento y alejándolo de las pasiones humanas.

4. El ideal de usar el conocimiento de la naturaleza para producir alguna trans-

formación u obtener algún fin de naturaleza social, política o económica.

En torno a Galileo

Galileo Galilei (conocido vulgarmente como Galileo) es. sin duda. la figura más po- lémica pero. al mismo tiempo. una de ias más interesantes y características del pensamiento cientifico occidental. Su condición de condenado por la iglesia católi- ca lo convirtió en el prototipo del conflicto entre ciencia y religión y las reflexiones y estudios que provocó han sido y siguen siendo motivo de discusión. Galileo nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. tres días antes de la muerte de Miguel Ángel. Su padre fue un músico que revolucionó el estilo de la época. 10 cual

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

lo colocó en muchas ocasiones en medio de polémicas muy agudas; de su madre

hay pocos testimonios. Tuvo seis hermanos menores que él y cuando contaba con diez años su familia se trasladó a Florencia (Drake, 1983). Después de estudios ele-

mentales fue enviado a un monasterio y la vida pacífica y ausente de sorpresas de

éste parece haberlo atraído; pero su padre, que pretendía que estudiase medicina, lo sacó del convento y en 1581 se matriculó en la universidad de Pisa. Paralelamente, Vincenzo Galilei, su padre, desarrollaba una ardua polémica so- bre la música contra Gioseffo Zarlino, en la cual se rebelaba contra la cargada poli- fonía de la época y el alto grado de abstracción matemática que obstaculizaba el progreso de la música.

En sus primeros años universitarios. Galileo adquirió fama por estar siempre en

controversia con sus profesores, dado que sus observaciones de los fenómenos de la vida cotidiana no concordaban con las explicaciones teóricas de aquéllos, educa-

dos en la más pura tradición aristotélica.

En 1583 comenzó a estudiar la geometría de Euclides con un matemático que estaba al servicio del gran duque de Toscana, Ostilio Ricci, quien, al notar en Gali- leo una especie de talento natural para las matemáticas, rogó a Vincenzo que le per-

mitiera continuar en esta línea; pero éste se opuso, insistiendo en que debía

concluir medicina. El resultado fue que Galileo abandonó la universidad en 1585 sin haber alcanzado algún titulo.

Para sobrevivir, comenzó a impartir clases de matemáticas de manera privada

y escribió un tratado científico sobre la balanza hidrostática. Hacia fines de 1587, había descubierto una técnica novedosa para establecer el centro de gravedad de algunos cuerpos, lo cual le extendió la fama afuera de Ita- lia (Orake, 1983). En 1588 se presentó a la cátedra vacante de matemáticas en la universidad de Bolonia; pero el cargo fue otorgado a G. A. Maginí, un astrónomo original de Padua que ya tenía varias publicaciones sobre el tema. En I589 se le concedió la cátedra de matemáticas en Pisa, que aceptó aunque estaba muy mal pagada, pues tenía la intención de acceder luego a la de Padua. En

1592, por fin, obtuvo su puesto en Padua con un salario tres veces superior.

No obstante, Galileo impartió clases a jóvenes extranjeros que llegaban a Padua

con interés por la carrera militar; los guió por una serie de materias que no forma- ban parte de los planes de estudio universitarios: arquitectura militar, castrameta- ción, topografía, mecánica. Galileo había escrito un tratado sobre el mejor modo de

apuntar armas de fuego y en 1597 inventó un artefacto llamado compás geométri- co y militar, perfeccionado en 1599 y fabricado artesanalmente de manera "masi-

va". Galileo impartía clases especiales para enseñar a manejarlo.

Al mismo tiempo, formó pareja con la veneciana Marina Gamba, con quien ten-

dría tres hijos, dos mujeres y un varón. Su situación económica, empero, pasaría momentos difíciles en virtud de la promesa que había hecho a su hermana menor,

Livia, quien se casó en 1601, de aportar la dote. También había ayudado a su her- mano Michelangelo, a quien le prestó un dinero que nunca le devolvería. Por ello,

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Metodología científica

debió aumentar sus clases particulares y pedir anticipos de sueldos e incluso dine- ro a sus amigos, como el veneciano Giovanfrancesco Sagredo, quien fue su alumno. En 1604 Galileo comenzó a hacer ciertos experimentos sobre la caída de los cuerpos y también en ese año escribió a Fra Paolo Sarpi, un monje amigo suyo, una carta donde le comunicaba haber descubierto la demostración de la ley de la caída de los graves. Esta primera formulación estaba equivocada y sería rectificada por Galileo unos tres años más tarde; pero se debe destacar que ya había sentado las bases de una transformación radical de la física, al introducir la idea de medicio-

nes rigurosas y colocar a la teona en una posición subordinada; de alguna mane-

ra, como lo expresa Drake. Galileo produjo en la física la misma innovación que su padre había introducido en la música.

En esa época Padua tenia una vida intelectual muy activa. cuyo centro era la

casa particular de G. V Pinelli, lugar donde se reunían no sólo los académicos e in- telectuales residentes sino que venían personalidades de otras partes de Italia para

participar en las tertulias. A estas reuniones parece haber asistido en varias ocasío-

nes el cardenal Bellarmino, un jesuita miembro de la curia papal que había partici- pado en el juicio y condena de Giordano Bruno. En 1604 apareció en el cielo vespertino una supernova, lo cual contradecía las teorías aristotélicas de un mundo celeste perfecto desde el inicio y sin cambios po- sibles. En intercambio de correspondencia con otros astrónomos, Galileo desarro- lló sus propias mediciones y llegó a la conclusión de que, desde cualquier lugar que

se le observara, esta estrella mostraba la misma posición con respecto a otras es-

trellas fijas, lo cual contradecía la cosmovísión aristotélica de la bóveda celeste. Un profesor de filosofía de Padua, Cesare Cremonini, atacó a Galileo en un opúsculo editado a comienzos de 1605, con una contrarréplica por parte de éste, donde en dialecto paduano ponía a dialogar a dos campesinos sobre el tema. El libro sobre el compás geométrico y militar se había publicado en 1606, en italiano; pero a comienzos de 1607 un tal Baldassarre Capra lo plagió en latín sugi- riendo que todos los trabajos sobre el tema se habían originado en su obra. Esto

provocó una disputa ante las autoridades universitarias que terminó con la expul-

sión de Capra y provocó un cambio importante en el comportamiento de Galileo. Hasta ese momento, Galileo estaba dispuesto a proporcionar información a quien así lo quisiera sobre sus experimentos; mas desde ese momento se volvió re- servado y desconfiado incluso de quienes pretendían mostrarse amistosos. En 1606 ocurriría un fenómeno en el ámbito religioso que afectaría indirecta- mente el trabajo posterior de Galileo: el papa Pablo V declaró la interdicción de Ve- necia, aconsejado por Bellarmino. El monje Paolo Sarpi se dirigió a los venecianos instándolos a no hacer caso a esta prohibición y seguir oficiando misas; el resulta- do fue la expulsión de los jesuitas del territorio veneciano y la enemistad declara- da entre Sarpi y Bellarmino. Sarpi pensaba que era posible restablecer los ideales humanistas de Erasmo y frenar los avances de la Contrarreforma en Venecia, y pa- ra ello se había aliado con algunos príncipes alemanes. En octubre de 1608 se había solicitado en Holanda la patente para un nuevo ins- trumento, cuya principal utilidad era que permitía acercar los objetos lejanos y verlos

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para un nuevo ins- trumento, cuya principal utilidad era que permitía acercar los objetos lejanos y

Introducción histórica al quehacer de la ciencia

como mucho más próximos de 10 que pueden captar los ojos humanos normales.

Parece que ello llegó a oídos de Sarpi en ese mismo año; pero Galileo no oyó ha- blar de él hasta julio de 1609 cuando, en una visita a Venecia, Sarpi le enseñó una carta de un antiguo discipulo suyo confirmándole la existencia de dicho instrumento. Galileo regresó de prisa a Padua y trató de construir uno por sus pro- pios medios, convencido de que si podía vender algo así a una potencia marítima

como Venecia obtendría beneficios personales.

Galileo escribió una carta al senado veneciano ofreciéndole el catalejo y éste consultó a Sarpi, considerado un experto sobre el asunto; naturalmente Sarpi dijo que se podía confiar en Galileo y así fue como se trasladó a Venecia para mostrar

el instrumento al Dux. Ya allí comenzó a construir otro, haciéndose traer desde Flo-

rencia lentes en bruto para que nadie sospechara sobre el trabajo que estaba reali- zando. Para diciembre disponía de un catalejo de veinte aumentos y se puso a

observar la Luna todas las noches, dándose cuenta que eso que veía eran cráteres

y montañas. Esto contrastaba con la opinión en boga entre los filósofos de la épo- ca que creían que los cuerpos celestes debían tener una esfericidad perfecta.

Para hacer públicas estas observaciones, escribió un texto, Sidereus Nuncius

(Calileo-Kepler, 1984). El libro está dedicado al IV gran duque de Toscana, Cósímo 11 de Médicis y en la dedicatoria, fechada el 12 de marzo de 1610, podemos leer:

He aquí. pues. cuatro estrellas reservadas a tu ínclito nombre, y no del número gregario y menos Insigne de las inerrantes, sin~tdel ilustre orden de las vagantes. las cuales con mo-

vimientos entre si dispares realizan sus cursos y órbitas en torno a la estrella júpiter. la

más noble de todas, a modo de su natural progenie, a la vez que todas juntas realizan en doce años, con unánime acuerdo, grandes revoluciones en torno al centro del mundo, es- to es, en torno al mismo Sol (Gallleo-Kepler; 1984:31).

Como puede notarse, en esa época todos los cuerpos celestes eran estrellas, las

cuales se dividían en inerrantes (conocidas como "estrellas fijas" y que son nues-

tras actuales estrellas) y las errantes o vagantes (los planetas y sus satélites, que se moverían contra el trasfondo de la bóveda celeste de "estrellas fijas"). Pero además, hasta donde se sabe, ésta parece ser la primera referencia escrita y pública de la te- sis heliocéntrica. La descripción de las manchas lunares está repleta de pintores- quismos y metáforas:

Esta superficie lunar que se halla cubierta -:te manchas como una cola de pavo real de ojos ceruteos se asemeja a aquellos vasuos de vidrio que, inmersos aún calientes en agua fría. adquieren una superficie agrietada y ondulada, razón por la cual la gente los denomina copas de hielo (ibid: 45).

Pero después de describir sus observaciones lunares, habla de estrellas que ha visto por primera vez, de magnitudes más pequeñas que las visibles sin ningún ar- tefacto. En un apartado de sus observaciones, dice Galileo:

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Metodología científica

Además e

BULOSAS son cúmulos de cstrcllítas admirablemente esparcidas; por la mezcla de cuyos

rayos, al escapar del alcance de la vista por su pequeñez' o gran alejamiento de nosotros, surge aquella blancura que hasta ahora se había tomado por una parte más densa del cíe- lo capaz de reflejar los rayos del Solo las estrellas. Observamos algunas. decidiendo ad- juntar las constelaciones de dos de ellas.

En la primera tienes la NEBULOSA denominada Cabeza de Orión, en la que conra-

)

las estrellas que hasta este día han denominado todos los astrónomos NE-

mQS veintiuna estrellas

La segunda contiene la denominada NEBULOSA DEL PESEBRE, que no es sólo una

estrella, sino un conglomerado de mas de cuarenta estrellitas, de las que hemos señalado

treinta y seis además de los Asnos (

)

übld. 66) (las mayúsculas son del original).

Estos descubrimientos galileanos produjeron un estado de agitación y escanda- lo que abarcó a muchos de los circulas intelectuales de la época; las opiniones se polarizaron entre quienes aceptaban las observaciones y se sentían entre sorpren~ didos y perplejos, y quienes negaban que las observaciones fuesen correctas, ale- gando defectos en el telescopio o en las interpretaciones perceptuales de Galileo. Lo grave del caso es que el grupo de estos últimos estaba integrado por la mayoria de los astrónomos de la época; es significativa una parte de la carta que uno de ellos, M. Horky, escribió a Kepler el 27 de abril de 1610:

Te confiaré el ardid que llevé a cabo. Galileo Galilei, matemático paouano. vino a visitar- nos a Bolonia trayendo consigo aquel anteojo mediante el que vio cuatro planetas ficti- cios El 24 Y 25 de abril. día y noche, no dormí nada, sino que probé una y mil veces el instrumento de Galileo, ora en las cosas de aquí abajo, ora en las de allá arriba. En las.de abajo obró milagros; en el cielo fracasó, pues algunas estrellas fijas se ven dobles. Así ob- servé la noche siguiente con el anteojo dé Galileo la estrellita que se ve sobre la central de las tres de la cola de la Osa Mayor. Tarnbíén vi cuatro estrellitas próximas dirninurfsirnas como observó Galileo en Júpiter. Tengo como testigos excelentísimos varones y nobílíst- mas doctores, Antonio Roffeni, muy erudito matemático de la universidad de Bolonia, y otros muchos que junto conmigo observaron en el cielo la Constelación del Pesebre la mis- ma noche del 25 de abril. estando presente el propio Galileo; mas todos confesaron que el instrumento fracasaba. Galileo enmudeció, y el día 26, día de la Luna, se despidió en- tristecido del Ilustrísimo O. Magini a primera hora de la mañana, sin dar las gracias por los favores e infinitas reflexiones, harto por haber vendido una fábula. El D. Magint ofre- ció a Galileo un banquete notable, magnífico y delicado. Así, el infeliz Galileo dejó con su anteojo Bolorua el día 26, y mientras que estuvo en Bolorua no dormí nunca, sino que pro- bé de infinitos modos este instrumento. Ya contaré más cosas sobre el particular en otra ocasión. Saludos. He hecho un molde de cera de las lentes que nadie conoce y, si Dios me da salud, haré un anteojo mejor que el de Galileo (lbid: 193-4).

El texto precedente merece más de un comentario: la última frase está escrita en alemán en el original, como si el autor tuviera una leve conciencia de la grave falta ética que cometía o, quizá un tanto ingenuamente, buscando una cierta corn- plicidad por parte de Kepler. Pero la carencia de principios éticos no termina allí:

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Introducción histórica al quehacer de la ciencia

cita a Antonio Roffeni como un testigo calificado para certificar sus expresiones y

éste no sólo no avaló lo dicho por Horky sino que fue uno de los pocos astrónomos que salió en defensa de Galileo, cuando Horky escribió un opúsculo antígalíleano. Pero hay más: la argumentación recurre a la triquiñuela sofística del argumentum ad hominem, cuando señala 'se despidió entristecido', 'sin dar las gracias', 'infeliz Galileo'. y luego, al argumento central: el instrumento de Galileo no sirve (aunque esté robándoselo) porque hace ver cosas inexistentes aun cuando él mismo confiese ha- berlas visto. Aquí se presenta un elemento crucial de toda metodología: la de la pri- macía del objeto material como punto de partida de toda formulación teórica. Pero las percepciones de cualquier objeto están impregnadas por la teoría y aquí la teo- ría negaba, de alguna manera, la existencia de ese tipo de objetos; por lo cual, aun

cuando los estuviese viendo, debía negar su existencia y, como ello no podía de- berse a su incapacidad o deficiencia, debía atribuir el error al instrumento. Esto pa-

sa en todas las ciencias y, lamentablemente, aún en la época actual podemos encontrar ejemplos de este comportamiento. Pero el argumento es inconsistente si se toma toda la carta: dice que los objetos de la superficie terrestre son vistos ma-

ravillosamente, pero los del espacio son ilusiones ópticas.

En el largo plazo. el triunfo de Galileo será evidente, ya que se propondrá una nueva cosmovisión opuesta a la griega, donde el orden perfecto es suplantado por

un mundo de cosas reales irregulares que son, según cierta concepción más estéti-

ca que de otro orden, imperfectas. La polémica estaba iniciada y se consumió una gran cantidad de energía en

ella. Es curioso ver cómo se oponen argumentos circunstanciales que son absurdos

desde el punto de vista de sus consecuencias; pero es ilustrativa de los modos en que los seres humanos solemos desarrollar las polémicas: ante la demostración cia-

ra de la existencia de las montañas lunares e incluso su medición aproximada (Ga-

lileo las calculó en unos seis mil metros), sus opositores sostenían que la esfericidad de la Luna era perfecta y que estaba cubierta por una capa de cristal, con las mon- tanas por debajo de esta capa. En 1613, Castelli, discípulo y recomendado de Galileo, fue designado profesor de matemáticas de la universidad de Pisa y. dados sus antecedentes, de inmediato recibió la hostilidad de quienes se habían opuesto a Galileo. A finales de ese ano fue invitado a un desayuno en la corte durante el cual los familiares de Cósimo - entre los que se contaba su madre, la gran duquesa Cristina-, le pidieron que les hablara de los satélites de Júpiter. Cuando terminó el desayuno la gran duquesa le solicitó que se quedara para seguir profundizando, pues se hallaba especialmente interesada en el pasaje de la Biblia donde se menciona cómo [osué detiene el Sol:

[osué