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Doe Run una vez mas

Nuevamente la empresa Doe Run Perú puso en una situación


incomoda al gobierno. Ya lo había hecho en el 2004 cuando solicito la
ampliación de su programa de adecuación y manejo ambiental
(PAMA). En esa oportunidad amenazo al gobierno con que si no se
ampliaba este programa, se corría el riesgo de que la minera
paralizara sus operaciones y, con ello, dejase sin empleo a los
habitantes de La Oroya, una población de alrededor de 100.000
personas que dependen directa e indirecta del complejo metalúrgico
(fundición y refinería) de La Oroya, propiedad de DRP.

Hace un mes el llamado de la minera al gobierno fue similar, luego de


que un sindicato de bancos (formados por el BNP Paribás, el Banco de
Crédito y el Standard Bank), le quitara un crédito revolvente de
US$75 millones que servia como capital de trabajo a la empresa. En
efecto, el mensaje de la minera al Gobierno era que iban a paralizar
las operaciones porque no tenían capital de trabajo, lo que traía
consigo, nuevamente, la posibilidad que la minera quiebre y deje en
la calle a sus 3.500 trabajadores y afecte a la economía de La Oroya.

Esto al igual que en el 2004, origino que el Gobierno buscara


soluciones para que la minera no paralice sus operaciones. Ello, pese
a que DRP ha tenido buenos resultados en años anteriores.

El ministro del Ambiente, Antonio Brack, señalo que el problema de


La Oroya es complejo, no solo porque se trata de una ciudad que
tiene pasivos ambientales de años, que hasta ahora no se han
logrado sanear, sino porque la ciudad tiene una alta dependencia de
la minera. Y de eso se aprovecho DRP para gatillar una vez más el
apoyo a su causa.

PODER DE FACTO

Según el especialista minero Oswaldo Tovar, en La Oroya existe un


monopsonio de mano de obra. En estos casos, la paralización o cierre
de operaciones genera una crisis de desempleo a gran escala, debido
a que la mayoría de la población circundante a las operaciones
depende de la mina. Es por eso que cuando la mina cierra, el pueblo
colapsa

El debate, en ese sentido, estaba centrado en si el Estado debería


dejar que la mina entre en insolvencia (y tal como lo dictan las reglas
del mercado, quiebre)
O, tal como lo hizo antes, intervenga para evitar que los trabajadores
pierdan su empleo.
Pero esta no era la única discusión. Un segundo nivel del debate se
centro en que DRP ya no cumpliría con el PAMA, lo cual obligaría a los
pobladores de La Oroya a seguir conviviendo con el ambiente
contaminado, producto de las operaciones mineras, por un tiempo
más.

La solución final a la situación de DRP, anunciada por el ministro de


Economía y Finanzas, Luis Carranza, fue un salvataje de las mineras
que le proveen de mineral por US$100 millones en concentrados y un
aval para un crédito bancario por US$75 millones; además de la
ampliación del PAMA y la puesta en garantía al estado de las acciones
de DRP por si no cumple con su compromiso ambiental.

¿PASARA OTRA VEZ?

¿Estamos expuestos a una situación parecida a la de Doe Run en la


que una empresa minera, de la cual depende toda una población
busque prerrogativas estatales o privadas amenazando con cerrar y
despedir a sus trabajadores?

Tovar opina que si. Y esto ocurrirá en la medida que las empresas no
sean transparentes con su información, tal como ha sucedido con Doe
Run. En ese sentido, el experto considera que es necesario obligar a
las mineras cotizar en la bolsa de valores al menos el 15% de su
capital y que esté este en manos de accionistas locales. Con ello se
tendría acceso irrestricto a la información interna de cualquier
minera, lo que permitiría cautelar situaciones extremas (como DRP)
por los trabajadores acreedores y el propio Gobierno.

Tovar indica que esto no solo ayudara a crear una cultura de gobierno
corporativo en las mineras, sino también permitirá a los inversionistas
locales como AFP, Fondos Mutuos, etc. a compartir la rentabilidad
producto de la explotación de recursos mineros.