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LAS FUNCIONES DEL CONFLICTO SOCIAL

LEWIS A. COSER

LAS FUNCIONES DEL CONFLICTO SOCIAL LEWIS A. COSER FONDO DE CULTURA ECONÓMICA México, 1961 Este material

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

México, 1961

Este material se utiliza con fines exclusivamente didácticos

ÍNDICE GENERAL

 

Prefacio

7

Testimonio de gratitud

1

I. Introducción

13

II.

El conflicto y las fronteras del grupo

35

Proposición 1: Funciones conectivas del grupo, desarrolladas por el conflicto, 35

III.

La hostilidad y las tensiones en las relaciones de conflicto

43

Proposición 2: Funciones del conflicto en la protección del grupo y significado de las instituciones que actúan como válvulas de seguridad, 43. Proposición 3: El conflicto real y el irreal, 54. Proposición 4: El conflicto y los impulsos hostiles, 62. Proposición 5: La hostilidad en las relaciones sociales de carácter íntimo, 69

IV.

Los conflictos internos y la estructura de grupo

75

Proposición 6: A mayor intimidad de la relación, mayor intensidad del conflicto, 75. Proposición 7: Impacto y función del conflicto en las estructuras de grupo, 81. Proposición 8:

El conflicto como índice de la estabilidad de una relación, 92

V.

Los conflictos con grupos extraños y la estructura de grupo

98

Proposición 9: Los conflictos con grupos extraños aumentan la cohesión interna, 98. Proposición 10: El conflicto con otros grupos define la estructura del grupo y la reacción

consecuente al conflicto interno, 109. Proposición 11: La búsqueda de enemigos, 119

VI.

Ideología y conflicto

128

Proposición 12: Ideología y conflicto, 128

VII. Conflicto-El unificador Proposición 13: El conflicto liga a los contendientes, 138. Proposición 14: Interés en la unificación del enemigo, 147. Proposición 15: El conflicto establece y mantiene el equilibrio del poder, 153

138

VIII. El conflicto reclama la formación de alianzas Proposición 16: El conflicto crea asociaciones y coaliciones, 159

159

IX.

Conclusión

173

Referencias

181

Índice analítico

207

2

II. EL CONFLICTO Y LAS FRONTERAS DEL GRUPO

Proposición 1: Funciones conectivas del grupo, desarrolladas por el conflicto.

Una cierta cantidad de discordia, de divergencia interna y controversia externa, se halla orgánicamente vinculada con los mismos elementos que, en última instancia,

El papel positivo e integrador que desempeña el

mantienen unido al grupo

antagonismo se muestra en las estructuras que sobresalen por la fina precisión y la pureza cuidadosamente mantenida de sus divisiones y gradaciones sociales. Tal es el

caso del sistema social hindú que descansa no sólo sobre la jerarquía, sino también directamente en la mutua repulsión de las castas. Las discrepancias manifiestas no sólo

evitan que las fronteras entre grupos vayan desapareciendo gradualmente

frecuencia proporcionan a las clases, y a los individuos, posiciones recíprocas que no

si las causas de hostilidad no fueran acompañadas por sentimientos y

manifestaciones de hostilidad.(1)

sino que con

ocuparían

Se hace necesaria una aclaración. Simmel oscila entre afirmaciones sociológicas y psicológicas, como cuando pasa de la discusión de la autonomía personal a la de la autonomía de grupo, oscureciéndose el hecho de que aunque la personalidad y el sistema social pueden ser en parte homogéneos, y aun cuando se hallen entretejidos, de ninguna manera son idénticos. (2) La psicología genética (3) y el psicoanálisis han reunido suficientes testimonios como para sugerir que el conflicto es un agente muy importante para establecer la plena identidad y autonomía del ego, o sea, para la diferenciación plena de la personalidad con respecto al mundo exterior. Sin embargo, no nos ocuparemos de esa cuestión en el presente estudio, principalmente orientado a considerar el comportamiento de los individuos y de los grupos. Por esta razón, “los sentimientos de hostilidad y repulsión” sólo se analizarán cuando sean parte de un patrón social, es decir, cuando pueda observarse su regular acaecimiento. La conducta individual que simplemente refleja una idiosincrasia no ocupa un lugar en el análisis de sistemas sociales estructurados. Si consideramos el contenido sociológico de esta proposición, notaremos que Simmel trata dos fenómenos relacionados entre sí, aunque distintos. Primero afirma que el conflicto fija las fronteras entre los grupos internos de un sistema social, robusteciendo la conciencia de grupo y el sentido de la distinción, con lo que se establece la identidad de los grupos dentro del sistema. En segundo lugar dice que la “repulsión” recíproca mantiene el sistema social total, pues crea un equilibrio entre sus diversos grupos. Por ejemplo, los conflictos entre las castas de la India pueden establecer la separación y distinción de las distintas castas, pero también pueden garantizar la estabilidad de la estructura social hindú en su integridad, al provocar el equilibrio entre las reclamaciones diversas de las castas rivales. En otra parte, Simmel ha acentuado aún con más vigor el carácter conectivo que con respecto al grupo desempeña el conflicto.(4) Por supuesto que esta idea no es nueva. Podríamos citar afirmaciones similares de teóricos sociales desde la Antigüedad. William Graham Sumner, que escribió en la misma época que Simmel, expresó en esencia la misma idea en su estudio de las relaciones externas e internas del grupo.(5) Por familiar que sea esta intuición, no se halla necesariamente incorporada a toda la teoría sociológica contemporánea. Así, en su obra más reciente, (6) Parsons aun cuando subraya que los sistemas sociales son del tipo que “mantiene fronteras”, o sea, que reclaman delimitaciones entre ellos y el medio ambiente, para mantener constante su patrón, no menciona el conflicto en este respecto.(7) Esta función del conflicto, en el sentido de establecer y mantener la identidad del grupo, ha ocupado cierto lugar en la obra de teóricos como Georg Sorel y Karl Marx. Sorel sostiene que la “violencia” debe interpretarse totalmente a la luz del conocimiento de las estrechas relaciones existentes entre el conflicto y la cohesión del grupo.(8) Opina que la clase obrera ha de estar en lucha constante con la clase media, pues sólo así puede proteger sus características

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distintivas. Sólo mediante la acción y con la acción pueden sus miembros adquirir conciencia y conocimiento de su identidad de clase. En la base de su insistente opinión según la cual los socialistas, con quienes él se identifica, deben oponerse a los movimientos humanitarios provenientes de las clases gobernantes, se halla el aforismo sociológico de que esas medidas traerían consigo una disminución de los conflictos de clase y, en consecuencia, debilitarían la identidad de clase. También para Marx las clases sólo se constituyen mediante el conflicto. Los individuos deben tener posiciones comunes objetivas en la sociedad; sólo adquieren conocimiento de la comunidad de sus intereses en el conflicto, con el conflicto y por el conflicto. “Los individuos aislados forman una clase sólo en la medida en que han de emprender una batalla común contra otra clase: en otra forma están en términos hostiles entre sí, como

competidores.”(9)

Parece que es generalmente aceptado por los sociólogos que la distinción entre “nosotros, nuestro grupo o el grupo intrínseco, y todos los demás, los otros grupos o grupos externos” (10) se establece en el conflicto y por el conflicto. Esta afirmación no se limita al conflicto de clases, aunque a muchos observadores les ha parecido que el conflicto de clases es el ejemplo más idóneo. Los conflictos de nacionalidades y los de carácter étnico, los conflictos políticos o los conflictos entre varios estratos de las estructuras burocráticas suministran ejemplos igualmente notables. Simmel continúa diciendo que las enemistades y los antagonismos recíprocos también protegen al sistema total, al establecer un equilibrio entre sus partes componentes. Esto ocurre, según Simmel, porque los miembros del mismo estrato o casta se unen en una solidaridad que resulta de su enemistad común o su repudio de los miembros de otros estratos o castas. De esta manera, se mantiene una jerarquía de posiciones debido a la aversión que existe entre los diversos miembros de los subgrupos que constituyen el conjunto de la sociedad. Este punto de vista requiere ciertas precisiones. Como se ha señalado, (11) los grupos externos, en vez de ser necesariamente blanco de la hostilidad, pueden también ser, bajo ciertas condiciones, puntos positivos de referencia para un grupo interno. El grupo externo puede ser a la vez objeto de emulación y de resentimiento. La emulación es mínima sólo en ciertas condiciones; tal ocurre, por ejemplo, en un riguroso sistema de castas como el de la India, en el que no tiene importancia la movilidad social y en donde la posición de la casta está legitimada por las creencias religiosas.(12) Aun cuando las castas bajas consideren a las castas elevadas como superiores jerárquicos suyos, no es probable que se interesen por superar su propia situación de casta baja, o que imiten la conducta de la casta superior.(13) La situación es fundamentalmente diferente en un sistema de clases que procure o permita un grado considerable de movilidad social. Es cierto que los grupos establecidos dentro del sistema norteamericano frecuentemente se miran entre sí con envidia o sentimientos hostiles, y también es verdad que la estructura del sistema se mantiene en parte por esos antagonismos recíprocos, que perpetúan las gradaciones de condición social. Sin embargo, los miembros de los estratos inferiores imitan con frecuencia a los superiores, y desean pertenecer a estratos más elevados. Por ello, las asociaciones voluntarias de Yankee City (14) se esforzaron por canalizar los antagonismos recíprocos de diversas “clases”, pero al mismo tiempo funcionaron como “organizadores y reguladores de la movilidad en sentido ascendente”. En las sociedades en las que la movilidad de tipo ascendente es una institución, en las que domina la condición social adquirida, más bien que la conferida, la hostilidad entre los diversos estratos va mezclada con una fuerte atracción positiva hacia los que ocupan una posición más elevada en la jerarquía social, la cual proporciona ciertos modelos de conducta. Si no hubiera antagonismos, los grupos establecidos terminarían por disolverse, puesto que desaparecerían las fronteras entre ellos y el mundo exterior; pero estas fronteras se mantienen vivas por el mismo hecho de que la movilidad social ascendente es el ideal cultural de esas sociedades. Por esta razón, los sentimientos de hostilidad entre las clases, típicos de un sistema de clases abiertas, se resuelven con frecuencia en resentimientos, a diferencia de lo que ocurre en el sistema de castas.(15) No implican un repudio genuino de los valores o grupos contra los cuales se dirigen esos sentimientos negativos, sino más bien una actitud del “están verdes las uvas”; aquello que se condena se anhela en secreto.

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Hay que notar que Simmel no distingue explícitamente entre los sentimientos de hostilidad y la acción real que surge de esos sentimientos. Hay una diferencia evidente entre el sistema de castas de la India, en el que los sentimientos de antagonismo no provocan un conflicto abierto, y el sistema de clases norteamericano, en el que el conflicto (por ejemplo, entre la empresa y los trabajadores) es un acontecimiento frecuente y esperado. La desigual distribución de los privilegios y derechos puede provocar sentimientos de hostilidad, pero no conduce necesariamente al conflicto, Por eso es esencial la distinción entre el conflicto y los sentimientos de hostilidad. A diferencia de las actitudes o sentimientos de hostilidad, el conflicto siempre se realiza por la interacción entre dos o más personas. Las actitudes hostiles son predisposiciones a desplegar formas conflictivas de conducta; por el contrario, el conflicto es siempre una trans-acción. (16) El hecho de que los sentimientos de hostilidad conduzcan a una conducta conflictiva depende en parte de si la desigual distribución de derechos es o no considerada como una situación legítima. En el clásico sistema de castas de la India, el conflicto entre las castas era raro, porque tanto las castas elevadas como las bajas aceptaban las distinciones de castas.(17) La legitimidad es una de las variables concomitantes, una variable decisiva, sin la cual es imposible predecir si los sentimientos de hostilidad que resultan de una desigual distribución de los derechos y privilegios conducirán realmente a una situación de conflicto. Para que pueda ocurrir un conflicto social entre los grupos positiva y negativamente privilegiados, para que las actividades hostiles se conviertan en acción social, los grupos negativamente privilegiados han de adquirir primero la conciencia de que, en realidad, son negativamente privilegiados. Deben adquirir la convicción de que les son negados ciertos derechos que les corresponden. Han de rechazar cualquier justificación que se dé a la distribución tradicional de derechos y privilegios. Las modalidades en el grado de aceptación que tenga una determinada distribución de poder, riqueza o posición social están estrechamente relacionadas con las modalidades en la selección de los grupos que sirven de referencia, en las diversas situaciones sociales. En el caso de la India, antes citado, parece que los cambios registrados en las instituciones económicas (por ejemplo, de la agricultura a la industria, y la concomitante apertura de oportunidades de movilidad) han servido de instrumentos para inducir a los grupos negativamente privilegiados a cambiar las definiciones que tenían de sí mismos y de otros. Para nuestro objeto bastará notar que, cuando una estructura social deja de considerarse como legitima, los individuos con posiciones objetivamente similares llegarán, por medio del conflicto, a constituir grupos autoconscientes, con intereses comunes. (18) Este proceso de formación de grupos será objeto de nuestra atención más adelante, cuando examinemos ciertas proposiciones. Las estructuras sociales difieren en cuanto al grado de conflicto que toleran. Como se verá en la siguiente proposición, Simmel sugiere que, cuando la estructura inhibe la expresión y el despliegue de los sentimientos hostiles, es de esperar que existan mecanismos sustitutivos para la liberación de esos sentimientos. Ahora podemos volver a formular la proposición de Simmel: El conflicto sirve para establecer y conservar la identidad y las líneas fronterizas de las sociedades y los grupos. El conflicto con otros grupos contribuye a establecer y reafirmar la identidad del grupo propio, y mantiene sus fronteras con relación al mundo social que lo rodea. Las enemistades consagradas y los antagonismos recíprocos conservan las divisiones sociales y los sistemas de estratificación. Esos antagonismos tradicionales impiden la desaparición gradual de las fronteras entre los subgrupos de un sistema social, y determinan la posición de los diversos subsistemas dentro de un sistema total. En las estructuras sociales que procuran un amplio margen de movilidad, es muy probable que exista atracción de los estratos elevados sobre los inferiores, así como una hostilidad mutua entre los estratos. En este caso es frecuente que los sentimientos hostiles de los estratos inferiores tomen la forma de resentimiento, en el que la hostilidad va mezclada con la atracción. Esas estructuras tenderán a suministrar muchas oportunidades conflictivas, puesto que, como se verá más adelante, la frecuencia de las posibilidades de conflicto varía directamente de acuerdo con la intimidad de las relaciones.

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Conviene hacer una distinción entre el conflicto y las actitudes de hostilidad o antagonismo. El conflicto social siempre denota una interacción social, en tanto que las actitudes o sentimientos son predisposiciones a entrar en acción. Esas predisposiciones no conducen necesariamente al conflicto; el grado y género de legitimidad que posean el poder y los sistemas establecidos son variables decisivas que afectan al acrecimiento del conflicto.

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