Primer soneto de La vita nuova, Dante Alma cautiva y corazón gentil dignos de esta razón, vuestro avisado consejo

solicito y os saludo en el nombre de Amor, que es nuestro dueño. Pasado casi un tercio de las horas fijadas a la luz de las estrellas, Amor me visitó súbitamente, cuya esencia nombrar aún me aterra. Alegre me sentí al ver en sus manos mi corazón desnudo, y en sus brazos a mi dama dormida bajo un lienzo. Al fin la despertó y del corazón ardiente, humilde y trémula comía; luego se la llevó y quedé llorando.

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