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-Uee)9 SJ isle [eo] Erich | Fromm : La condicién humana x actual hu ana INDICE I. La CONDICION HUMANA ACTUAL .... 7 Ii. SEXO Y CARACTHR ................ 18 EL PSICOANALISIS: {CIENCIA 0 LINEA PARTIDISTA? ...... oe 41 '. EL CARACTER REVOLUCIONARIO ...... 56 _Y. LA MEDICINA Y EL PROBLEMA ETICO SOBRE LAS LIMITACIONES Y PELIGROS DE LA PSICOLOGIA ................ 101 EL CONCEPTO PROFETICO DE PAZ .... 112 (9249 E ” LA CONDICIG6N HUMANA ACTUAL Una vez destruido el mundo medieval, el hombre de Occidente parecié encaminado hacia el logro final de sus mds anhelados suefios y visiones. Se liberé de la autoridad de una Iglesia totalitaria, del peso del pen- samiento tradicional, de las limitaciones geograficas de nuestro globo, sélo a medias descubierto. Cons- truy6é una ciencia nueva que con el tiempo Ilev6 a la aparicién de fuerzas productivas desconocidas hasta entonces y a la transformacién completa del mundo material. Creé sistemas politicos que parecieron ase- gurar el desarrollo libre y provechoso del individuo; redujo el tiempo de trabajo hasta un punto tal que el hombre occidental tiene libertad para gozar de horas de ocio en una medida que sus antepasados dificilmente habrian podido imaginar. iY a qué hemos llegado hoy? El peligro de una guerra que lo puede destruir todo, pende sobre la humanidad: un peligro que no es superado en modo alguno por los vacilantes inten- tos que hacen los gobiernos para evitarlo. Pero aun en el caso de que a los representantes politicos del hombre les quede suficiente cordura como para im- pedir una guerra, la condicién del hombre dista mu- cho de satisfacer las esperanzas de los siglos Xvi, XVII y XVIII. 8 ERICH FROMM El car4cter del hombre ha sido moldeado por las exigencias del mundo que 61 creé con sus propias manos. En los siglos XVIII y XIX el cardcter social de la clase media mostraba fuertes tendencias a la explotacién y a la acumulacién. Este caracter estaba determinado por el deseo de explotar a otros. de re servarse las propias ganancias y de obtener mayor provecho. En el presente siglo, el caracter del hom- pre se orienta mds hacia una pasividad considerable y una identificacién con los valores del mercado. El hombre contemporaneo es ciertamente pasivo en gran parte de sus momentos de ocio. Es el consumidor eterno; “se traga” bebidas, alimentos, cigarrillos, conferencias, cuadros, libyos, peliculas; consume todo, engulle todo. El mundo no es mas que un enor- me objeto para su apetito: una gran mamadera, una gran manzana, un pecho opulento. El] hombre se ha convertido en lactante, eternamente expectante y eternamente frustrado. En cuanto no es cliente, el hombre moderno es comerciante. Nuestro sistema econémico se centra en la funcién del mercado como determinante del valor de todo bien de consumo y como regulador de Ja participacién de cada uno en el producto social. Ni la fuerza ni la tradicién, tal como en periodos previos de la historia, ni tampoco el fraude ni las trampas, rigen las_actividades econédmicas del hom- bre. Tiene/libertad| para producir y para vender; el dia de mercado es el dia del juicio para valorar sus esfuerzos. En el mercado no sélo se ofrecen y ven- den bienes de consumo; el trabajo humano ha llegado a ser un bien de consumo, vendido en el mercado laboral en iguales condiciones de comercio rect proco. Pero el sistema mercantil se ha extendido hasta sobrepasar la esfera de bienes de consumo y trabajo. El hombre se ha transformado a sf mismo en un bien LA CONDICION HUMANA ACTUAL 9 de eonsumo, y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente; si lo logra, ha- br4 “‘triunfado” y su vida tendré sentido; de lo con- trario ser4 un “fracasado”. Su “valor” reside en el precio que puede obtener por sus servicios, no en sus cualidades de amor y raz6n ni en su capacidad artistica. De alli que el sentido que tiene de su pro- pio valor dependa de factores externos y que sentir- se un triunfador esté sujeto al juicio de otros. De alli que viva pendiente de estos otros, y que su segu- ridad resida en la conformidad, en no apartarse nun- 4 ca mas de dos pasos del rebaiio. El mercado no es empero lo Gnico que determina el cardcter del hombre moderno. Otro factor, estre- chamente vinculado con la funcién mercantil, es el modo de la produccién industrial. Las empresas se agrandan cada vez mas; el nimero de personas que trabaja en ellas, sean obreros o empleados, erece incesantemente; la propiedad esté separada de la direccién, y los gigantes industriales estan gober- Hados por una burocracia profesional mds interesada @ ¢l buen funcionamiento y expansién de su empresa que en los beneficios personales en si mismos. Qué clase de hombre requiere por lo tanto nues- ta sociedad para poder funcionar bien? Necesita hombres que cooperen décilmente en grupos nume- jou, que deseen consumir mas y mas, y cuyos gus- estén estandarizados y puedan ser facilmente idos y anticipados. Necesita hombres que se ‘tun libres e independientes, que no estén some- 4 ninguna autoridad o principio o conciencia ¥ que no obstante estén dispuestos a ser man- , hacer lo previsto, a encajar sin roces en la 4 wocial; hombres que puedan ser guiados sin conducidos sin lideres, impulsados sin meta, 10 ERICH FROMM salvo la de continuar en movimiento, de funcionar, de avanzar. El industrialismo moderno ha tenido éxito en la produccién de esta clase de hombre: es el autémata, el hombre enajenado. Enajenado en el sentido de que sus acciones y sus propias fuerzas se han convertido en algo ajeno, que ya no le pertene- cen; se levantan por encima de él y en su contra, y lo dominan en vez de ser dominadas por él. Sus fuer- zas vitales se han transformado en cosas e institucio- nes; y estas cosas e instituciones han Iegado a ser idolos. No son vividas como el resultado de los pro- pios esfuerzos del hombre sino como algo separado de él, algo que adora y reverencia y a lo que se so- mete, El hombre enajenado se arrodilla ante la obra de sus propias manos. Sus idolos representan sus propias fuerzas vitales en forma enajenada. E] hom- bre se vive a si mismo no como el portador activo de sus propias fuerzas y riquezas sino como una “cosa” empobrecida, dependiente de otras cosas que estén fuera de él, en las que ha proyectado su substancia viviente. El hombre proyecta sus sentimientos sociales en el Estado. Como ciudadano esta dispuesto a dar la vida por sus semejantes; como individuo privado lo rige una egoista preocupacién por si mismo. Por el hecho de haber encarnado sus pro- pios sentimientos sociales en el Estado, adora a éste y sus simbolos. Sus sentimientos de poder, sabiduria y coraje los proyecta en sus lfderes, a quienes reverencia como si fueran idolos. Como obrero, empleado o dirigente, el hombre moderno esta ena- jenado de su trabajo. El obrero ha Iegado a ser un Atomo econémico que danza al compdés de la direc- cién automatizada, No tiene parte en la tarea de planear el proceso de trabajo, no tiene parte en sus LA CONDICION HUMANA ACTUAL ll frutos; rara vez esté en contacto con el producto completo. El dirigente, en cambio, si esta en contac- to con tal producto completo, pero enajenado de él en cuanto algo util y concreto. Su meta es emplear ' provechosamente el capital invertido por otros; el i producto obtenido es, sencillamente, la encarnacion del capital, no algo que le interese como entidad con- ereta, El empresario se ha convertido en un bur6- crata que maneja cosas, nimeros y seres humanos como meros objetos de su actividad. Al arte de mane- jar a la gente que trabaja se lo denomina arte de las relaciones humanas, cuando en realidad el em- presario debe habérselas con las relaciones mas in- humanas, entre autématas que se han convertido en abstracciones. Lo que consumimos es algo’ igualmente enajena- do. Wst4 determinado mas por frases publicitarias que por nuestras verdaderas necesidades, nuestros paladares, nuestros ojos o nuestros ofdos. La falta de significado y la enajenacién del tra- jo hacen anhelar una holganza completa. El hom- odia su vida de trabajo, pues lo hace sentirse lonero y farsante. Su ideal se torna la holgaza- absoluta, donde no necesite hacer ningtin movi- , donde todo transcurra de acuerdo con el ‘de la Kodak: “Usted aprieta el botén; nos- m hacemos el resto”. Esta tendencia, reforzada ‘el tipo de consumo necesario para la expansién ‘reado interno, lleva a un principio que Huxley ado muy sucintamente en su libro Brave ld, Uno de los slogans con que todos hemos dicionados desde la infancia dice: “Nunca mafiana el goce que puedes tener hoy”. ngo la satisfacién de mi deseo (y estoy do para desear sélo aquello que puedo ob- 12 ERICH FROMM tener), no tendré conflictos ni dudas; no habra que tomar decisiones: nunca me encuentro solo conmigo mismo, pues siempre estoy ocupado, ya sea traba- jando o divirtiéndome. No necesito tener conciencia de mi mismo como tal, pues la tarea de consumir me absorbe constantemente. Soy un sistema de deseos y satisfacciones; debo trabajar para poder satisfacer mis deseos, y estos mismos deseos son constante- mente estimulados y dirigidos por la maquinaria econémica. Pretendemos ir en pos de Igs metas de la tradi- cién judeocristiana: amar a Dios y a nuestro pré- jimo. Hasta nos dicen que atravesamos un periodo de renacimiento religioso, leno de promesas. Nada podria estar mas lejos de la verdad. Empleamos simbolos pertenecientes a una tradicién genuina- mente religiosa y los transformamos en férmulas que sirven a la finalidad del hombre enajenado. La religi6n se ha convertido en una cdseara vacia; se ha transformado en un dispositivo que nos ayuda a elevar nuestras propias fuerzas para lograr el éxito. Dios se convierte en socio del negocio. El poder del pensamiento positivo es el sucesor de cémo ganar amigos e influir sobre la gente. También el amor por el hombre es un fenémeno raro. Los autématas no aman; los hombres enaje- nados no se preocupan. Los expertos en relaciones amorosas y los consejeros matrimoniales consideran encomiable una relacién de equipo entre dos perso- nas que se manejan entre ellas con las técnicas apropiadas y cuyo amor es esencialmente un egoismo a deux, un fondeadero abrigado para una soledad de otro modo insoportable. © tQué es entonces lo que podemos esperar del fu- turo? Si dejamos de lado aquellos pensamientos que LA CONDICION HUMANA ACTUAL 13 son s6lo producto de nuestros deseos, me temo que lo que quedaria por admitir como mas probable es que la discrepancia entre inteligencia técnica y razon haga estallar una guerra atémica en el mun- do. El resultado casi seguro de una guerra tal, es la destruccién de la: civilizacién industrial y la re- gresién del mundo a un primitivo nivel agrario. O en el caso de que la destruccién no resultara tan com- pleta como suponen muchos especialistas en la ma- teria, el vencedor se ver4, por fuerza, ante la nece- sidad de organizar y dominar todo el mundo. Tal cosa podria ocurrir tinicamente en un Estado centra- lizado y que tenga como base la fuerza, y habria muy poca diferencia en que la sede del gobierno estuviera en Mosca o Washington. Por desgracia, ni el poder evitar la guerra es pro- mesa de un futuro brillante. Tanto en el desarrollo del capitalismo como del comunismo, tal como los imaginamos en los préximos cincuenta o cien afios, los procesos que fomentan la enajenacién humana ho se habr4n interrumpido. Ambos sistemas desem- bocarfin en sociedades burocratizadas, con sus inte- wrantes bien alimentados, bien vestidos, con todos deseos satisfechos y libres de deseos que no se dan satisfacer. Los hombres son, cada vez més, natas que fabrican mAquinas que acttian como res y producen hombres que funcionan como quinas; su razén se deteriora a la vez que crece \Woligencia, dando asi lugar a la peligrosa situa- de proporcionar al hombre la fuerza material ‘WANK poderosa sin la sabiduria para emplearla. * penar de la produccién y el confort crecientes, mbre pierde cada vez mAs el sentido de ser 6] | tene la sensacién de que su vida carece de 14 ERICH FROMM sentido, aun cuando tal sensaci6n sea en gran parte inconsciente. En el siglo pasado el problema era que Dios esté muerto; en nuestro siglo el problema es que el hombre estéd muerto. En el siglo XIX, inhu- manidad significaba crueldad; en el siglo xX signi- fiea enajenacién esquizoide. En otros tiempos el peligro era que los hombres se convirtieran en es- clavos. El peligro del futuro es que los hombres lleguen a convertirse en robots, Verdad es que los robots no se rebelan. Pero dada la naturaleza del hombre, los robots no pueden vivir y mantenerse cuerdos: se convierten en golems; entonces bus- earan destruir el mundo y destruirse a si mismos, pues ya no seran capaces de soportar el tedio de una vida falta de sentido y carente por completo de objetivos. {Qué alternativa hay entre Ja guerra y el robo- tismo? De modo m4s fundamental, la respuesta po- dria darse tal vez tomando la, frase de Emer- son: “Las cosas tienen las riendas y manejan a la humanidad” e invertirla para que diga: “Dad las riendas a la humanidad para que maneje las cosas”. Es otra manera de expresar que el hombre debe superar la enajenacién, que lo convierte en un impo- tente ¢ irracional adorador de fdolos. En la esfera psicolégica eso significa que debe vencer las acti- tudes pasivas y orientadas mereantilmente que ahora lo dominan, y elegir en cambio una senda madura y productiva. Debe volver a adquirir un sentimiento de ser 61 mismo; debe ser capaz de amar y de con- vertir su trabajo en una actividad conereta y lena de significado. Debe emerger de una orientacién materialista y aleanzar un nivel en donde los valores espirituales —amor, verdad y justicia— se convier- tan realmente en algo de importancia esencial. Pero LA CONDICION HUMANA ACTUAL 15 cualquier tentativa de cambiar séio una seccién de la vida, la humana o la espiritual, esta condenada al fracaso. Hn verdad, el progreso que tiene lugar en una sola esfera atenta contra el progreso en todas : Jas otras esferas. El Evangelio, preocupado inicamen- te por la salyacién espiritual, condujo al estableci- miento de la Iglesia Catélica Romana; la Revolucion Francesa, interesada exclusivamente en la reforma politica, trajo a Robespierre y Napoleén; el socia- lismo, en la medida en que sdélo se propuso el cambio econémico, dio a luz al stalinismo. Mediante la aplicacién del principio del cambio simulténeo en todas las esferas de la vida, debemos pensar en los cambios econdmicos y politicos nece- sarios para vencer el hecho psicolégico de la enaje- nacién. No desperdiciaremos los progresos tecnol6gi- cos de la produccién mecénica en gran escala y de Ja automacién. Pero es menester que descentralice- mos el trabajo y el Estado a fin de darles propor- clones humanas y que permitamos la centralizacién Glo hasta el punto requerido por las necesidades de Ja industria. En la esfera econémica se requiere _ tina democracia industrial, un socialismo democratico garacterizado por la direccién conjunta de todos los que trabajan en una empresa, a fin de dar lugar a gu participacién activa y responsable. Es posible \contrar formas nuevas para tal participacién. En la osfera polftica, la democracia efectiva puede ser f ecida creando millares de pequefios grupos que traten cara a cara, que estén bien informados, -mantengan discusiones serias y cuyas decisiones en en una nueva “camara de representantes . Para un renacimiento cultural deben sola educacién del trabajo para los jévenes, aclén para los adultos y un nuevo sistema de 16 ERICH FROMM arte popular y ritual secular a través de toda la nacién. Asi como el hombre primitivo era impotente ante Jas fuerzas naturales, asi el hombre moderno esta desamparado ante las fuerzas econémicas y sociales que él mismo ha creado. Adora la obra de sus pro- pias manos, reverencia los nuevos idolos, y sin em- bargo jura por el Dios que le ordené destruir todos Jos idolos. El hombre sélo podra protegerse de las consecuencias de su propia locura creando una so- ciedad sana y cuerda, ajustada a las necesidades del hombre (necesidades que se nutren en las condi- ciones mismas de su existencia); una sociedad en Ja cual los hombres estén unidos por vinculos de amor, en la cual se hallen arraigados por lazos fraternales y solidarios mas que por ataduras de sangre y suelo; una sociedad que le ofrezea la posibilidad de tras- cender la naturaleza mediante la creacién antes que por la destruccién, en la cual cada -uno tenga la sensacién de ser é1 mismo al vivirse como el sujeto de sus poderes antes que por conformismo, donde exista un sistema de orientacién y devocién que no exija la deformacién de la realidad y la adoracién de idolos. La construccién de una sociedad tal significa em- prender la etapa siguiente: significa el fin de la historia “humanoide”, la fase en la que el hombre no ha llegado todavia a ser plenamente humano. No significa el “fin de los dias”, el ““completamiento”, el estado de armonia perfecta donde el hombre esta libre de conflictos o problemas. Por lo contrario, es destino del hombre que su existencia se halle acosada por contradicciones que esta obligado a enfrentar, sin poder resolverlas jam4s, Una vez que haya supe- rado el estado primitivo del sacrificio humano, sea LA CONDICION HUMANA ACTUAL 17 en la forma ritualista de las inmolaciones humanas de los aztecas 0 mayas o en la forma secular de la guerra, cuando haya sido capaz de regular su rela- cién con la naturaleza de manera razonable en lugar de ciegamente, cuando las cosas se hayan conver- tido verdaderamente en sus servidores y no en sus idolos, entonces tendré ante si los conflictos y pro- blemas verdaderamente humanos; deberA ser teme- rario, valiente, imaginativo, capaz de sufrir y gozar, pero sus fuerzas estardn al servicio de la vida, no de la muerte. La nueva fase de la historia humana, si es que llega a ocurrir, no ser4 un final sino un nuevo comienzo. IL SEXO Y CARACTER De muy antigua data es la tesis de que entre los dos sexos existen diferencias innatas que por fuerza traen aparejadas diferencias bésicas de cardcter y destino. La maldicién de] Antiguo Testamento hace propio de la mujer el. que “a tu marido estar4 sujeta tu yoluntad y él sera tu sefior”, y del hombre, que de- ber4 trabajar con sudor y pesar. Pero el relato bi- blico también contiene virtualmente la tesis opuesta: el hombre fue creado a semejanza de Dios, y sdlo como castigo por su desobediencia original el hombre y la mujer —tratados como iguales en cuanto a su responsabilidad moral— recibieron la maldicién de los conflictos mutuos y la eterna diferencia. Ambas opiniones, la de su diferencia pAsica y la de su iden- tidad basica, fueron repetidas a través de los siglos; una época o una escuela filoséfica ponia el énfasis en una tesis, mientras otra defendia la posicién contraria. El problema asumié una importancia muy grande en las discusiones filoséficas y politicas de los siglos xvull y XIX. Los representantes de la filosofia de la Ilustracién adoptaron la posicién de que no habia diferencias innatas entre los sexos (I'éme wa pas de sewe); que cualquier diferencia que pudiera ob- servarse estaba condicionada por diferencias de edu- LA CONDICION HUMANA ACTUAL 19 cacién; trataébase —tal como se dirfa hoy— de di- ferencias culturales. Los fil6ésofos romanticos de eomienzos del siglo XIX, por otra parte, tomaron una posicién diametralmente opuesta. Analizaron las di- ferencias caracterolégicas que hay entre hombres y mujeres y sostuvieron que las fundamentales de- rivaban de diferencias biolégicas y fisiolégicas innatas. Su argumento era que tales diferencias de carActer existirian en cualquier cultura ima+ ginable. Aparte de los méritos de los respectivos argumen- tos —y el andlisis de los yomanticos era a menudo fundo— ambos tenfan un contenido politico. ‘Los filésofos iluministas, en especial los franceses, desea- ‘ban destacar la igualdad de hombres y mujeres en lo social y, hasta cierto punto, en lo politico. Para damentar su posicién acentuaban la ausencia de ciag innatas. Los romanticos, que eran renee narios politicos, apelaban en su andalisis a la esen+ Wesen) de la naturaleza del hombre como de la necesidad de una desigualdad polftiea al. Si bien atribufan cualidades muy admira ‘a “la mujer”, insistian en que sus caractoriaticas ian inepta para participar en la vida social y en un pie de igualdad con el hombre. { lucha politica por la igualdad de la mujer no en el siglo XIX, como tampoco termin6é Ia én teérica sobre lo natural versus lo cultural diferencias. En la psicologia moderna Vreud intié en el mas franco representante de la 6 log romfnticos. En tanto que el argumento tiltimos habia sido formulado en lenguaje el de Freud se basaba sobre la observa wlentifica de pacientes sometidos al procedi+ psleoanalitico. Supuso que Ja diferencia ante 20 ERICH FROMM témica entre los sexos era la causa de diferencias caracterolégicas inalterables. “La anatomia es su destino”, decia de la mujer, parafraseando un dicho de Napoleén. Su argumento era que la nifia peque- fia, al observar el hecho de que le falta el 6rgano sexual masculino, es profundamente conmovida e impresionada por este descubrimiento; que experi- menta la sensacién de carecer de algo que deberia tener; que envidia al hombre por tener lo que el destino le ha negado a ella; que en el curso normal del desarrollo intentaraé superar su sentimiento de inferioridad y envidia substituyendo el érgano geni- tal masculino por otras cosas: marido, hijos o pose- siones. En el caso de un desarrollo neurdético no lograré hacer substituciones satisfactorias. Sigue envidiando a todos los hombres, no renuncia a su deseo de ser hombre, se hace homosexual o aborrece a los hombres, o busca ciertas compensaciones per- mitidas culturalmente. Aun en el caso de un des- arrollo normal, la cualidad tragica del destino de la mujer nunca desaparece del todo; esta maldita por el deseo de obtener algo que se mantendr4 inalcan- zable toda su vida. i Si bien los psicoanalistas ortodoxos retuvieron esta teoria de Freud como una de las piedras angu- lares de su sistema psicolégico, otro grupo de psico- analistas de orientacién culturalista cuestion6 los hallazgos de Freud. Demostraron las falacias tanto clinicas como teéricas del razonamiento de Freud, sefialando las experiencias culturales y personales de las mujeres en la sociedad moderna que causaron los resultados caracterolégicos que él habia explicado sobre bases biolégicas. Las opiniones de este grupo de psicoanalistas fueron confirmadas por los descu- brimientos de los antropélogos. LA CONDICION HUMANA ACTUAL 21 “Bxiste de todos modos cierto peligro de que algu- nos adeptos de estas progresistas teorias antropolé- gicas y psicoanaliticas se pasen al extremo opuesto y nieguen por completo que las diferencias biolégi- cas tengan algiin efecto en el moldeo de la estructura del cardcter. Pueden sentirse movidos a proceder asi por el mismo motivo que actia en los repre- sentantes de la Ilustracién francesa. Dado que la acentuacion de las diferencias innatas es usada como argumento por los oponentes de la igualdad de las mujeres, tal vez parezca necesario probar que la causa de toda diferencia observable empiricamente es s6lo cultural. ‘Es de importancia reconocer que en toda esta con- troversia hay una cuestién filoséfica fundamental. La tendencia a negar toda diferencia caracterolégica ‘entre los sexos puede ser provocada por la aceptacién ‘Implicita de una de las premisas de la filosofia anti- llitaria: para reclamar igualdad es menester pro- que no hay diferencias caracterolégicas entre los 8, salvo aquellas directamente causadas por las ndiciones sociales existentes. Toda la discusién es ada especialmente por el hecho de que un » habla de diferencias, en tanto que los reaecio- 08 se refieren en realidad a deficiencias, y es- eamente, a aquellas deficiencias que hacen ible que la igualdad plena sea compartida @l grupo dominante. De alli que para negar su igualdad con los hombres se trajera a co- la supuesta inteligencia limitada de las muje- carencia de aptitudes para la organizacién abstraccién, o la falta de juicio critico. Una ln de pensamiento admitié que posefan intui- , eteétera, pero que estas cualidades no hacerlas mas aptas para la sociedad moder- 22, ERICH FROMM na. Lo mismo se dice a menudo de las minorias, como las de negros o judios. El psieélogo o antro- pélogo se vio asi colocado en una posicién en la que debia impugnar el que entre los sexos 0 grupos ra- ciales hubiera cualquier diferencia fundamental re- lacionada de algiin modo con su aptitud para com- partir la igualdad completa. En esta situacién el pensador liberal se incliné a tener en menos la exis- tencia de cualquier distincién. A pesar de haber demostrado que no existen dife- rencias que justifiquen desigualdades politicas, eco- némicas y sociales, los liberales se dejaron llevar a una posicién defensiva estratégicamente desfavora- ble. Formular el hecho de que no hay diferencias socialmente perjudiciales no requiere que se deba negar la existencia de toda diferencia. En términos apropiados, la pregunta es entonces: {Qué uso se hace de las diferencias existentes 0 supuestas, y qué finalidad politica cumplen? Aun admitiendo que las mujeres posean rasgos caracterolégicos que las dife- rencien de los hombres, jqué significa ello? Es la tesis que sostenemos aqui: que ciertas dife- rencias biolégicas determinan diferencias caracte- rolégicas; y que tales diferencias estén combinadas con aquellas que son producidas directamente por factores sociales; que estos tiltimos tienen un efecto mucho mAs fuerte y que pueden acrecentar, eli- minar o invertir diferencias de raiz biolégica; y que, en Ultima instancia, las diferencias caractero- légicas que existen entre los sexos, en cuanto no estan determinadas directamente por factores cultu- rales, no constituyen nunca diferencias de valor. En otras palabras, el caracter tipico de hombres y muje- res en la cultura occidental esté determinado por LA CONDICION HUMANA ACTUAL 23 sus respectivos papeles sociales, si bien el cardcter lleva un tinte debido a la diferencia de los sexos, Esta coloracién es insignificante en comparacién con Jas diferencias de raiz social, pero no debe ser dejada de lado. El supuesto implicito que da base a gran parte del pensamiento reaccionario es que la igualdad presu- “pone una ausencia de diferencias entre personas o grupos sociales. Dado que obviamente tales diferen- ¢ias existen en relacién con practicamente todo lo que tiene importancia en la vida, los reaccionarios Negan a la conclusién de que no puede haber igualdad, ‘Cuando los liberales, por el contrario, se sienten mo- vidos a negar el hecho de que hay grandes diferen- ¢ias en las dotes mentales y fisicas y condiciones aceidentales de la personalidad que pueden ser favo- ables o desfavorables, no hacen mas que ayudar a @ sus adversarios parezcan tener raz6n a los ojos hombre comtin. El concepto de igualdad, tal como tha desarrollado en el judeo-cristianismo y en la ‘tradicién progresista moderna, significa que todos ii hombres son iguales en cuanto a aquellas capa- des humanas basicas como las vinculadas con el de la libertad y la felicidad. Significa ademds, consecuencia politica de esta igualdad bAsica, ningtin hombre debera ser usado como medio los fines de otro hombre, ningtin grupo usado medio para los fines de otro grupo. Cada hom- r@ ¢s un universo para si mismo, y es sélo su propia dad. Su meta es la realizacién de su ser, in- © aquellas mismisimas peculiaridades que son risticas de él y que lo hacen diferente de los nis, La igualdad es asi la base para el desarrollo de las diferencias, y su resultado es el des- lo de Ja individualidad. 24 ERICH FROMM No obstante haber un némero de diferencias bio- légicas que bien merecerian ser examinadas en lo referente a su importancia para establecer diferen- cias entre hombres y mujeres, nosotros trataremos aqui principalmente sélo una, Mas que examinar todo el problema de las diferencias de cardcter en- tre los sexos, nos impulsa el propésito de ilustrar la tesis general. Dedicaremos la mayor parte de nuestra atencién a los respectivos’ roles que desem- pefian el hombre y la mujer en el contacto sexual e intentaremos demostrar que esta diferencia se tra- duce en ciertas desigualdades caracterolégicas, las que s6lo tifien las principales diferencias resultantes de la diversidad de sus roles sociales. Para poder funcionar sexualmente, el hombre debe tener una erecci6n y ser capaz de mantenerla durante la cépula hasta llegar al orgasmo; con el fin de satisfacer a la mujer, debe poder mantener la ereccién durante un tiempo suficientemente prolon- gado como para que ella aleance el orgasmo. Ello significa que para poder satisfacer sexualmente a la mujer el hombre debe demostrar que cuenta con Ja capacidad de tener una ereccién y de mantenerla, La mujer, por otra parte, para satisfacer sexualmen- te al hombre no necesita demostrar nada. Es verdad que su excitacién puede acrecentar el placer del hom- bre, y que ciertos cambios fisicos concomitantes en sus 6rganos sexuales pueden hacer el contacto mas f4- eil para él. Dado que sélo se han de considerar reac- ciones puramente sexuales —y no las sutiles reaccio- nes psiquicas de personalidades diferenciadas— si- gue en pie el hecho de que el hombre necesita la ereccién de su miembro para satisfacer a la mujer; la mujer no necesita nada para satisfacer al hombre, salvo un cierto grado de disposicién. Al hablar de LA CONDICION HUMANA ACTUAL 25 disposici6n es importante destacar que la disponi- bilidad de la mujer para la satisfaccién sexual del hombre depende de la voluntad de ella; es una deci- sién consciente que puede tomar en cualquier mo- mento que le venga en gana. La disposicién del hombre, empero, no es de ningiin modo sencillamente una funcién de su voluntad. Puede en realidad sen- tir deseo sexual y tener una ereccién en contra de su voluntad, y puede ser impotente no obstante de- sear ardientemente lo contrario. Por otra parte, des- de el lado del hombre, la imposibilidad de funcionar es un hecho que él no puede ocultar. La falta de respuesta en la mujer, ya sea total o parcial, la falla de “ella”, aunque frecuentemente notada por el hom- bre, de ningtin modo es andlogamente obvia; deja Margen para mucha simulacién. Si la mujer con- ‘siente con su voluntad, el hombre puede estar seguro _ de quedar satisfecho toda vez que la desee. Pero la fituacién de la mujer es enteramente distinta; el deseo sexual mas ardiente de su parte no llevaré a H satisfaccién a menos que el hombre la desee lo itante como para tener una ereccién. Y aun du- pante el acto sexual, para lograr su plena satisfaccién ‘mujer debe depender de la capacidad del hombre hacerle aleanzar el orgasmo. De ese modo, para facer a su pareja el hombre debe demostrar }; la mujer no. esta diferencia entre sus respectivos roles se desprende algo més: la diferencia exis- @n sus angustias especificas vinculadas con la én sexual, La angustia reside en el punto mis- © @n donde son vulnerables las posiciones del hom- mi y la mujer. La posicién del hombre es vulne- 6 @n cuanto él debe demostrar algo, es decir, en anto puede fallar potencialmente, Para él, el con- 26 ERICH FROMM tacto carnal tiene siempre el aire de una prueba, de un examen. Su angustia especifica es la de fallar. El easo extremo es la angustia de castracién, o sea el temor de volverse organicamente, y por lo tanto per- manentemente, incapaz de actuar. La vulnerabilidad de la mujer, por su parte, reside en su dependencia del hombre; el elemento de inseguridad unido a su funcién sexual no reside en fallar sino en ser “de- jada sola’, en ser frustrada, en no tener completo dominio del proceso que conduce a la satisfaccién sexual. No deber4é sorprender entonces que las an- gustias de hombres y mujeres se refieran a esferas distintas.. La del hombre, se relaciona con su yo, su prestigio, su valor ante los ojos de la mujer; la de la mujer, con su placer y satisfaccién sexuales.* El] lector se puede preguntar ahora si estas angus- tias no son s6lo caracteristicas de personalidades neuréticas. E] hombre normal, jacaso no esta seguro de su virilidad? La mujer normal, ,duda acaso de su pareja? No estaremos aqui ante el caso del hom- bre moderno, sumamente nervioso y sexualmente in- seguro? ,No estan el “hombre de las cavernas” y la “mujer de las cavernas”, con su sexualidad “pri- mitiva” y no corrompida, libres de tales dudas y angustias? A simple vista pareceria que si. El hombre cons- tantemente preocupado por su virilidad representa un cierto tipo de personalidad neurética, tal como la mujer siempre temerosa de quedar insatisfecha o abrumada por su dependencia. Aqui, tal como ocu- rre a menudo, la distincién entre “neurdtico” y 1 Una distincién similar, pero referida unicamente a los temores sexuales de los nifios, ha sido hecha por Ka- ren Horney en su trabajo “Die Angst vor der Frau”, Zeitschr. f. Psychoanal., KIIT (1932), 1-18. LA CONDICION HUMANA ACTUAL 27 “normal” es cuestién de grado y de conciencia an- tes que de cualidad esencial. Lo que en la persona neurética aparece como una angustia consciente y continua, en el llamado hombre normal es una an- gustia cuantitativamente leve y que pasa relativa- mente inadvertida. Lo mismo es valido para las mujeres. Mas atn, ciertos incidentes que los indivi- duos normales pasan por alto, sin duda despiertan angustias manifiestas en la persona neurética. El - hombre normal no duda de su virilidad. La mujer normal no teme ser frustrada sexualmente por el hombre que ha elegido como pareja sexual. Elegir con acierto al hombre en el cual puede tener “fe” _sexualmente es una parte esencial de su sano instinto sexual. Pero no altera de ningtin modo el hecho de potencialmente el hombre puede fallar, riesgo ie nunca corre la mujer. La mujer depende del 0 del hombre; éste es independiente del deseo ella. ay todavia otro elemento de importancia para ‘minar la presencia de angustias, y de angustias mtes, en el hombre y la mujer normales. diferencia entre los sexos es la base para la temprana y elemental divisién de la humanidad @upos separados. Hombre y mujer se necesitan ye si para el mantenimiento de la raza y la fami- si como para la satisfaccién de sus deseos se- 6 Pero en cualquier situacién en la que dos diferentes se necesiten entre si, aparte de mtos de armonia, cooperacién y satisfaccién , habré también elementos de lucha y dis- podria esperarse que la relacién sexual entre estuviera exenta de antagonismo y hosti- 28 ERICH FROMM lidad potenciales. Hombres y mujeres, junto con la capacidad para amarse, tienen una similar capacidad para el odio. Hn toda relacién hombre-mujer, el elemento de antagonismo constituye una potenciali- dad, y de esta misma potencialidad puede surgir a veces el elemento de angustia. El ser amado puede convertirse en enemigo, y los respectivos puntos vul- nerables del hombre y la mujer estén entonces ame- nazados. La clase de amenaza y angustia difieren sin em- bargo en el hombre y en la mujer. Si la principal angustia masculina es la de fallar ono poder cumplir la tarea esperada, el impulso destinado a protegerlo de esta angustia es el deseo de prestigio. El hombre esté hondamente poseido por un anhelo de demos- trarse a si mismo, a la mujer que ama, a todas las otras mujeres y a todos los otros hombres que se halla a la altura de cualquier cosa que se espere de él. Busca renoyada proteccién contra el temor de la falla sexual compitiendo en todas las otras esferas de la vida en las cuales la fuerza de voluntad, la fuerza fisica y la inteligencia son titiles para ase- gurar el éxito, Estrechamente vinculada con su an- sia de prestigio se halla su actitud competitiva hacia otros hombres. Temeroso de una posible falla, tiende a probar que es mejor que cualquier otro hombre. El donjuén lo hace directamente en el terreno se- xual; el hombre corriente indirectamente: venciendo més rivales, cazando m4s animales, ganando mas dinero u obteniendo en otras cosas mayores éxitos que sus competidores varones. El sistema social y econémico moderno .se basa sobre los principios de la competencia y el éxito; las ideologias alaban su valor, y debido a estas y otras circunstancias el afan de prestigio y la riva- LA CONDICION HUMANA ACTUAL 29 lidad estan firmemente implantados en el ser huma- no comtin que vive dentro de la cultura occidental. Aun cuando no hubiera diferencia en los respectivos papeles sexuales, estas ansias existirian en hombres y mujeres debido a factores sociales. El impacto de estas causas sociales es tan grande que podria pare- cer dudoso si, en términos cuantitativos, hay en los hombres algiin predominio notable del afan de pres- tigio como resultado de los factores sexuales que se examinan en este contexto. La cuestién de pri- mera importancia no es sin embargo el grado en que las causas sexuales acrecientan el espiritu de 0 tencia o rivalidad, sino mds bien la necesidad do que se reconozca la presencia de factores que no aH los sociales y que promueven la competencia. afan masculino de prestigio echa alguna luz la cualidad especffica de la vanidad yaronil. ce en general que las mujeres son m4g vanidosas los hombres. Si bien lo contrario puede ser cier- )» lo que importa no es la diferencia en cantidad la natwraleza de la vanidad. La caracteristica de la vanidad masculina es la de hacer alar- por afirmar que no teme fallar. Esta vanidad tefiir todas las actividades del varén. No hay mblemente ningtin logro alcanzable por varones, hacer el amor hasta los actos mas osados de © del pensamiento, que no esté tefiido en al- ida por esta tipica yanidad masculina. aspecto del ansia masculina de prestigio es dad para el ridiculo, particularmente en de mujeres. Hasta un cobarde puede con- en algo asi como un héroe si corre el riesgo wedar en ridiculo ante mujeres, y el temor de it In vida puede ser en el hombre menor que su 30 ERICH FROMM temor al ridiculo. Traétase en realidad de un rasgo tipico en la pauta de heroismo masculino, que no es mayor que el heroismo de que son capaces las muje- res, pero diferente, pues se halla tefiido por la vani- dad de tipo maseulino. Otro resultado de la posicién precaria que el hom- bre tiene ante la mujer y de su temor a que ella lo ridiculice es su odio potencial. Este odio contribuye a exacerbar otro afan que también tiene una fun- cién defensiva: dominar a la mujer, poder sobre ella, hacer que se sienta débil e inferior. Si lo logra no necesita tenerle miedo. Si ella siente temor de él —temor de ser muerta, castigada o abandonada— no podra ponerlo en ridiculo. El poder que tenemos sobre una persona no depende de la intensidad de nuestra pasién ni del funcionamiento de nuestra pro- ductividad sexual y emotiva. El poder depende de factores que pueden ser mantenidos tan seguramente como para no dar lugar a que se dude de la com- petencia. De paso, la promesa del poder sobre la mujer es el consuelo que el mito biblico de tendencia patriarcal ofrece al hombre, aun mientras Dios lo maldice. Volvamos al problema de la vanidad. Hemos di- cho que la vanidad de la mujer difiere cualitativa- mente de la del hombre. La vanidad masculina es demostrar que puede hacer, probar que nunca falla; la vanidad femenina se caracteriza esencial- mente por la necesidad de atraer y por la necesidad de demostrarse a si misma que es capaz de atraer. Verdad es que el hombre necesita atraer sexualmente a una mujer para conquistarla. Esto es particular- mente valido para una cultura en Ja cual la atraccién sexual abarca gustos y sentimientos diferenciados. Pero hay otras formas en que un hombre puede ga- LA CONDICION HUMANA ACTUAL 31 nar a una mujer e inducirla a que sea su pareja sexual: la pura fuerza fisica 0, mas significativa- mente, la fuerza que dan la posicién social y el di- nero, Para el hombre, sus oportunidades de satis- faccién sexual no dependen sélo de su atractivo se- _ ual, Para la mujer, su satisfaccién sexual depende enteramente de su atractivo. No hay fuerza o pro- mesa que pueda hacer sexualmente potente a un hombre. El intento de la mujer de ser atractiva es requerido por su papel sexual, y de ello deriva su _ Yanidad o su preocupacién por ser atractiva. El temor femenino a la dependencia, a la frus- cién, y a los roles que obligan a esperar, promue- en la mujer un deseo que Freud ha destacado cialmente: el deseo de tener el érgano genital iculino.* La raiz de este deseo no se halla sin em- en el hecho de que la mujer sienta primaria- que le falta algo, que es inferior al hombre no tener pene. Si bien en muchos casos hay ‘razones, el deseo femenino de tener pene nace nonudo de su deseo de ser independiente, de no ' restringida en su actividad, de no estar ex- al riesgo de la frustracién. Asi como la aspi- del hombre a ser mujer puede resultar de su verse librado de la carga de la prueba, la ion femenina a tener pene puede resultar del de superar su dependencia, Ademas, bajo cir- las especiales pero que se dan frecuente- @l pene no sélo sirve como simbolo de inde- sino que, puesto al servicio de tendencias lara Thompson, “What Is Penis Envy?” y la liente por Janet Rioch, Proceedings of the lor the Advancement of Psychoanalysis, wotings, 194: 32 ERICH FROMM sddico-agresivas, simboliza también un arma con la cual herir a los hombres o a otras mujeres.* Si el arma principal del hombre contra la mujer es el poder fisico y social que tiene sobre ella, en- tonces la principal arma femenina es su _posibili- dad de ponerlo en ridiculo. La manera mas radical de ridiculizarlo es hacerlo impotente. La mujer pue- de conseguirlo de muchos modos, entre los que figuran recursos toscos y otros sutiles. Varian desde la expectativa expresada o implicita de que él fra- casara, hasta la frigidez y un tipo de espasmo vaginal que torna fisicamente imposible el contacto. El de- seo de castrar al hombre no parece desempefiar el papel predominante que le adjudicé Freud. La cas- tracién es por cierto una manera de hacer impotente al hombre, y aparece frecuentemente cuando se dan fuertes tendencias destructivas y sAdicas. Pero la meta principal de la hostilidad femenina parece ser no el dajio fisico sino el funcional, o sea, perturbar la capacidad de actuar del hombre. La hostilidad especifica del hombre es la de dominar por la fuerza fisica, por el poder politico o econémico; la de la mujer es socavar por medio del ridiculo y el des- precio, La mujer puede dar a luz; el hombre no. Desde su punto de vista patriarcal, Freud supuso caracte- risticamente que la mujer siente envidia por el miembro masculino, pero pasé casi por alto la posi- bilidad de que el hombre envidiara la capacidad de la mujer para gestar hijos, Esa opinién unilateral 8 En la homosexualidad femenina, una combinacién de la tendencia a ser activa, en contraste con el papel dependiente de “servir”, acompafiada por tendencias des- tructivas, parece ser a menudo una parte significativa del cuadro, * een LA CONDICION HUMANA ACTUAL 83 proviene no sélo de la premisa masculina de que los hombres son superiores a las mujeres, sino que re- sulta también de la actitud de una civilizacién industrial altamente técnica, en la cual la producti- vidad natural no esté muy valorizada. De todos mo- dos, si se consideran periodos anteriores de la his- toria humana, cuando la vida dependia esencialmente de la productividad de la naturaleza y no de la pro- ductividad técnica, el hecho de que las mujeres com- eran este don con el suelo y los animales hem- as debe haber causado mucha impresién. Fl hombre 08 estéril, si se considera sélo el reino puramente ‘natural. En una cultura donde lo principal era la productividad natural, se podria suponer que el hom- se sintiera inferior a la mujer, especialmente ndo su intervencién en la produccién de la cria- ‘no era claramente comprendida. Se puede ima- sin riesgo que el hombre admiraba a la mujer (08a capacidad que él no tenia, que sintiera miedo ella y la envidiara. El no podia producir; sélo lin matar animales a fin de poder comerlos, o i enemigos para poder asegurarse 0 apoderarse ina manera magica de la fuerza que poseian. in entrar a discutir el lugar ocupado por estos § en comunidades puramente agrarias, exami- ios brevemente los efectos de algunos cambios eos importantes. Uno de los mas significa- (le esos efectos fue el creciente perfecciona- tecnolégico en la produccién. La mente se usé ‘0% Mas para mejorar y aumentar los varios me- vida que originalmente dependian sélo de los ‘le la naturaleza. Si bien las mujeres tenian Niviamente un don que las hacia superiores a mbres, y éstos compensaron originariamente mpleando su habilidad para la destruccién, 34 ERICH FROMM mas tarde los hombres Ilegaron a usar su intelecto como base para la produccién tecnolégica. En sus primeras etapas era algo vinculado estrechamente con la magia; més tarde, con el poder de su pensa- miento, el hombre produjo cosas materiales; su ca- pacidad para la produccién técnica ha dejado ahora atrés la necesidad de depender de la producci6n natural. En lugar de extendernos ahora sobre este tema, sencillamente nos referiremos a los escritos de Ba- chofen, Morgan y Briffault, quienes han recogido y analizado brillantemente material antropolégico que, aun cuando no corrobora sus tesis, sugiere fundada- mente que en varias fases de la historia primitiva existieron ciertas culturas en las cuales la organiza- cién social estaba centrada alrededor de la madre, y en Jas cuales las diosas-madres, identificadas con la productividad de la naturaleza, eran el centro de las ideas religiosas del hombre.* Un ejemplo bastaré. El mito babilénico de la crea- cién comienza con la existencia de una diosa-madre —Thiamat— que reina sobre el universo. Empero, su reinado es amenazado por sus hijos varones, que es- tan tramando rebelarse y destronarla. Como lider para esta lucha buscan a alguien con una fuerza equi- parable a la de ella. Finalmente deciden que sea Marduk, pero antes de elegirlo definitivamente exi- - gen que se someta a una prueba. {Cual es la prueba? Le traen un pafio. “Con la fuerza de su boca” debe hacer desaparecer el paiio, y luego hacerlo aparecer nuevamente con una palabra. El lider elegido, con 4 Ver también Frieda _Fromm-Reichmann, “Notes on the Mother Ri in the Family Group”, Bulletin of the Menninger Clinic, IV (1940), pags. 182-148. LA CONDICION HUMANA ACTUAL 35 una palabra destruye el pafio y con una palabra lo vuelve a crear. Su liderazgo es confirmado. Derrota a la diosa-madre y del cuerpo de ella crea los cielos y la tierra. 4Cual es el significado de esta prueba? Para po- der equiparar su fuerza con la de la diosa, el dios var6n debe poseer aquella cualidad que la hace su- perior: la capacidad de crear. La finalidad de la ‘prueba es demostrar que tiene esta capacidad, asi _ eomo la capacidad caracteristicamente masculina de destruir, la manera en la que el hombre ha cambiado icionalmente la naturaleza. Primero destruye un pbjeto material, luego lo vuelve a crear; pero lo hace on su palabra, y no con el titero como lo hace la jer. La productividad natural es reemplazada por ia del pensamiento y los procesos verbales. mito biblico de la creacién comienza donde ter- el mito babilénico. Casi todos los vestigios de remacia de una diosa femenina ya han sido ados. La creacién comienza con la magia de la magia de la creacién por la palabra. Se re- el tema de la creacién masculina; en pugna con one el hombre no es nacido de mujer, sino mujer es hecha del hombre.’ El mito biblico n canto triunfal sobre la mujer derrotada; niega mujer produzca hombres, e invierte las rela- naturales. En la maldicién de Dios se resti- la supremacia masculina. Se reconoce la fun- nenina de parir, pero ha de ser dolorosa. El esté destinado a trabajar, es decir, a produ- mplaza asi la productividad original de la se con el mito griego de Atenea, nacida de Zous, y la interpretacion de este mito y de religion matriarcal existentes en la mitolo- , que hicieron Bachofen y Otto. 36 ERICH FROMM mujer, aun cuando esto también deba ser hecho con sudores y pesares. Nos hemos referido con cierta extensién al fené- meno de los restos matriarcales que se encuentran en la historia de la religién, a fin de ilustrar un punto que viene al caso en el presente contexto: el hecho de que la mujer tiene la capacidad de produc- tividad natural que le falta al hombre; que en tal nivel el hombre es estéril. Hubo ciertos periodos de la historia en que esta superioridad de la mujer era sentida conscientemente; mAs adelante todo el acen- to se puso en la productividad magica y técnica del hombre. De todos modos, parece que en un sentido inconsciente esta diferencia no ha perdido ni aun hoy todo su significado; esta capacidad que le falta, hace que en algtin sentido el hombre sienta temor de Ja mujer. Es algo que le despierta envidia ya la vez miedo. En alguna parte de su ecardcter existe la necesidad de esforzarse’ constantemente por com- pensar la falla; en alguna parte de la mujer reside un sentimiento de superioridad sobre 61 por su “es- terilidad”. Hasta este momento nos hemos referido a ciertas diferencias caracteristicas existentes entre hombres y mujeres y que son debidas a sus diferencias sexua- les. {Debe ser interpretado esto como significando que rasgos tales como el exceso de dependencia, por una parte, y el ansia de prestigio y espiritu de com- petencia, por otra, son causados esencialmente por diferencias de sexo? 3 Debe esperarse que “una” mu- jer y “un” hombre muestren estos rasgos, de modo que si tienen los rasgos caracteristicos del otro sexo tal hecho deba ser explicado por la presencia de un componente homosexual? LA CONDICION HUMANA ACTUAL 37 Serfan conclusiones totalmente erréneas. La dife- rencia sexual tifie la personalidad del hombre y la’ mujer comunes. Esta coloracién puede ser compa- rada con el tono o el modo en que esta escrita una melodia, no con la melodia misma. Por otra parte, Se refiere sélo a hombres y mujeres término medio, y varia de una persona a otra. Estas diferencias “naturales” se mezclan con dife- rencias provocadas por la cultura especifica en que vive la gente. En nuestra cultura actual, por ejem- plo, el ansia de prestigio y éxito en la competencia que se halla en los hombres tiene mucho menos rela- eién con los papeles sexuales que con los papeles ociales. La sociedad esté organizada de modo tal ue necesariamente produce esas apetencias, inde- dientemente de que estén arraigadas 0 no, en culiaridades especificas masculinas o femeninas, afan de prestigio, que est4 moviendo al hom- Moderno desde fines de la Edad Media, esta licionado principalmente por el sistema econé- leo y social, no por su rol sexual; lo mismo cabe pautas culturales y las formas sociales pue- hacer aparecer tendencias caracteristicas que n paralelas con tendencias idénticas nacidas de totalmente diferentes, tales como las dife- Sexuales. De ser asi, las dos tendencias para- ‘fe mezclan para formar una sola, y es como fuentes fueran idénticas. necesidades de prestigio y de dependencia, en 6 son productos de la cultura, determinan toda onalidad, La personalidad individual se re- f{ a un solo segmento de toda la gama de lidades humanas. Pero las diferencias carac- en la medida en que estén enraizadas en 38 ERICH FROMM diferencias naturales, no pertenecen a esta clase, La razén de ello puede ser hallada en el hecho de que mas profunda que la diferencia entre los sexos es la igualdad que hay entre ellos; en el hecho de que hom- bres y mujeres son, antes que nada, seres humanos que comparten las mismas potencialidades, los mis- mos deseos y los mismos temores. Cualquier cosa que sea diferente en ellos por causa de diferencias naturales, no los hace diferentes a ellos. Provee sus personalidades, que son fundamentalmente seme- jantes, con leves diferencias en la acentuacién de una u otra tendencia, una acentuacién que aparece empiricamente como una coloracién. Las diferencias que tienen por raiz las diferencias sexuales no pare- cen dar base para asignar a hombres y mujeres papeles diferentes en cualquier sociedad dada, En la actualidad es evidente que cualesquiera que sean las diferencias que existen entre los sexos, ellas son relativamente insignificantes en compara- cién con las diferencias caracterolégicas que es dable hallar entre personas del mismo sexo. Las diferen- cias sexuales no influyen sobre la capacidad para hacer cualquier clase de trabajo. Ciertos logros alta- mente diferenciados pueden tener su cualidad tefiida por caracteristicas sexuales —un sexo puede estar algo m4s dotado que el otro para efectuar alguna clase de trabajo—, pero ocurre otro tanto si se com- para a un extravertido con un introvertido, un pic- nico con un asténico. Seria una equivocacién garra- fal imaginar una diferenciacién social, econémica y politica basada sobre tales caracteristicas sexuales. Mas atin, en comparacién con las influencias so- ciales generales que dan forma a modalidades mascu- linas o femeninas, salta a la vista la tremenda importancia de las experiencias individuales y, des- LA CONDICION HUMANA ACTUAL 39 de un punto de vista social, las experiencias acci- dentales de cualquier persona. Estas experiencias personales se mezclan a su vez con las pautas cul- turales, en la mayoria de los casos reforzando sus efectos, pero a veces reduciéndolos. Es necesario suponer que los factores sociales y personales tienen una influencia cuya fuerza sobrepasa la de los fac- tores “naturales” antes examinados, Es un triste comentario sobre la época el hecho de que uno se sienta obligado a destacar que las di- ferencias debidas al rol masculino o femenino no _ Bon susceptibles de ningtin juicio de valor desde un punto de vista social o moral. En si y por si mis- no son buenas ni malas, ni deseables ni in- deseables. El mismo rasgo apareceré como posi- fo en una personalidad cuando se hallan presentes s condiciones, y como rasgo negativo en otra alidad cuando se dan otras condiciones, Es como los rasgos masculinos de miedo al fracaso esidad de prestigio pueden aparecer con for- negativas por demas obvias: vanidad, falta de informalidad, jactancia. Pero no menos 0 es el hecho de que el mismo rasgo puede resul- i” en caracter{isticas muy positivas: iniciativa, acti- d, coraje. Lo mismo es v4lido en relacién con racteristicas femeninas, tal como se acaban de . Las caracteristicas especiales de la mujer manifestarse, y asi ocurre frecuentemente, © su ineptitud para “estar parada sobre sus pro- 8” en lo practico, emocional e intelectual; pero, iu otras condiciones, se convierten en fuente de tado positivo o negativo de una u otra itica depende de la estructura caracterolé- 40 ERICH FROMM gica, tomada como un todo, de la persona a la cual uno se refiera. Entre los factores de personalidad que determinan un resultado positivo o negativo fi- guran, por ejemplo, la angustia o la confianza en si mismo, la destructividad o la constructividad. Pero no es suficiente sefialar en especial uno o dos de los rasgos mds aislados; sélo el total de la estructura caracterolégica determina que una de las caracteris- ticas masculinas o femeninas se convierta en un rasgo positivo o negatiyo. Este principio es igual al que Klages introdujo en su sistema grafolégico. Cualquier rasgo aislado de una escritura puede te- ner un significado positivo o negativo, de acuerdo con lo que él denomina formniveau (el nivel de la forma) de la personalidad toda. Si el cardcter de alguien puede ser calificado de “metédico”, ello pue- de significar una de dos cosas: indicaré ya sea algo Ppositivo, a saber, que noes “chapucero”, que es ca- paz de organizar su vida; o puede indicar algo negativo, a saber, que es pedante, estéril o falto de iniciativa. Esté de mds decir que el rasgo de espi- ritu metédico esté tanto en la raiz del resultado po- sitivo como del negativo, pero el resultado es deter- minado por un nimero de otros factores presentes en el total de la personalidad. Tales factores depen- den a su vez de condiciones externas que tienden ya sea a atrofiar Ja vida o a promover un creci- miento genuino. TI EL PSICOANALISIS: ,CIENCIA O LiNEA PARTIDISTA? rr rs Bs bien sabido que el psicoandlisis es una terapia mura Ja cura de la neurosis y una teoria cientifica trata de la naturaleza del hombre. Lo que es sabido es que también constituye un “mo- imiento”, con una organizacién internacional basa- ‘sobre lineas estrictamente jerAraqhicas, éstrictas s de asociacién, y que durante muchos afios iado por un comité secreto integrado por Freud seis personas. En ocasiones, algunos de los ‘@sentantes de este movimiento mostraron un fa- no que por lo general sélo se encuentra en acias religiosas y politicas. comparacién mas préxima, dentro de lo rela- con otra revolucionaria teoria cientifica, es wia de Darwin, cuyo impacto sobre el pen- © moderno fue todavia mas poderoso que produjo el psicoandlisis. ;Pero existe un nto” darwinista que determine quién esta ‘ivado a llamarse “darwinista”, y que esté rigu- ite organizado y luche fandticamente por la de la doctrina de Darwin? demostrar primero algunas de las expresio- drfsticas y desafortunadas de este espiritu 42 ERICH FROMM “partidista” en relacién con Ja biografia de Freud escrita por Ernest Jones.1 Esto parece indicado por dos razones: primero, que el fanatismo partidario de Jones lo llevé a lanzar grotescos ataques péstumos contra hombres que no estuvieron de acuerdo con Freud; y, segundo, que muchos comentaristas del li- bro de Jones han aceptado sus datos sin ninguna critica u objecién. La “reescritura” de la historia hecha por Jones introduce en la ciencia un método que hasta el mo- mento habiamos esperado encontrar solo ‘en la “historia” stalinista. Los stalinistas aman “trai- dores” y “espias” del capitalismo a quienes defee- cionan y se rebelan. El doctor Jones hace lo mis- mo en lenguaje psiquidtrico al proclamar que Rank y Ferenczi, los dos hombres que estuvieron mas estrechamente ligados con Freud y que mas tarde se apartaron de él en algunos aspectos, ha- bian sido psieéticos durante muchos afios, La conclusién es que sélo su insania explica el crimen de haber abandonado a Freud, y en el caso de Ferenczi, que sus quejas por las asperezas ¢ intoleran- cias de Freud son ipso facto testimonio de psicosis. Ante todo, es notable que durante largos afios, an- tes de que se planteara alguna cuestién sobre la “deslealtad” de Rank o Ferenczi, dentro del co- mité secreto ocurrieran violentas luchas y celos entre Abraham, Jones y, hasta cierto punto, Eitin- gon por una parte y Rank y Ferenczi por la otra. Ya en 1924, cuando Rank publicé su libro sobre el trauma del nacimiento, que en ese momento mere- 1 Ernest Jones, The Life and Work of Sigmund Freud (Nueva York: Basic Books, Inc., 1953-1957). [Version castellana: Vida y obra de Sigmund Freud. Buenos A‘ tes, Nova, 1959 (T.).] LA CONDICION HUMANA ACTUAL 43 ei6 el beneplacito de Freud, Abraham, “alentado al enterarse de que Freud admitia la critica”, sospe- ché que Rank andaba también por la senda de “traicién” de Jung. Si bien en un principio Freud reaccioné con tolerancia ante las nuevas teorias de Rank, mds tarde, probablemente bajo la influencia de las in- trigas e insinuaciones de la faccién Jones, y debido también a la franca renuencia de Rank a modi- ficar sus lineas teéricas, Freud rompié con él. _ Bn aquella época Freud se refirié a la neurosis de Rank como causante de algunas de sus des- Viaciones y admitio ademfs que en quince afios ni de lejos se le habia ocurrido la idea de que ik necesitara tratamiento analitico”. _ Sea como fuere, Freud habla de neurosis y no psicosis, Jones sugiere que Freud reprimié el iento de que Rank padeciera una “psicosis 1co-depresiva”, un conocimiento que, segtin se ie, Freud habia tenido “desde hace afios”. vista de las propias palabras de Freud que icaban de mencionar, la sugestién de Jones no lel todo convincente. (También debido al hecho e la tnica referencia al supuesto conocimien- Freud es una carta que éste remitié a Fe- ‘i en el mismo afio, no afios antes.) Se cons- » toda una historia para explicar la existencia supuesta psicosis. Sus cimientos son echa- los cinco afios que siguieron a la Primera Mundial, durante los cuales Rank trabajé mte, y de manera satisfactoria, en la direc- los asuntos de una editorial psicoanalitica n Estos cinco afios, “en cuyo transcurso k mantuvo este tempo furioso, deben haber sido 44 ERICH FROMM un factor que contribuyé a su ulterior colapso men- tal”. Es sumamente inusitado que un psiquiatra, y mucho menos un psicoanalista, explique una psicosis maniaco-depresiva como causada en parte por un exceso de trabajo. Para 1923 “habia surgido el espiritu maligno de la disensién”. En aquel momento Freud culpé a Jones y Abraham de la desintegracién del comité central. Pero a la postre Jones estaba lamado a triunfar sobre sus rivales. “Sélo luego del lapso de unos pocos afios se pusieron en evidencia las fuentes verdaderas del conflicto: a saber, la deca- dencia de la integridad mental de Rank y Ferenczi”. Esto leva a la declaracién que rematé el asunto. Los perdedores de esta pugna entre facciones, Rank y Ferenczi, habian levado durante afios el germen de la psicosis, pero tales gérmenes se pusieron en evidencia s6lo cuando los’ dos hombres dejaron de estar de acuerdo con Freud. Cuando se rehusaron a apaciguar a Freud estallé la psicosis. Tal como lo expone Jones con una franqueza reconfortante, la esperanza de Freud, ---al fundar el Comité, era que nosotros seis estuvié- ramos adecuadamente dotados para tal funcién. Pero resulté, jay!, que sélo cuatro de nosotros lo estabamos. Dos de los miembros, Rank y Ferenczi, no fueron capaces de soportar hasta el final. Rank de manera dramati- ca... y Ferenczi mostré més gradualmente hacia el final de su vida manifestaciones psicdticas que se reve- laron, entre otras cosas, en un apartarse de Freud y sus doctrinas, La semilla de una psicosis destructiva, durante tanto tiempo invisible, habta germinado final- mente. (La cursiva es mia.) LA CONDICION HUMANA ACTUAL 45 De ser verdad lo que escribe Jones, fue por cier- to una falla sorprendente por parte de Freud que no haya visto entonces el conflicto manifiesto, el desarrollo psicético de dos de sus discipulos y amigos mas intimos. Jones no hace ningiin intento de ofrecer pruebas objetivas para fundar su co- ‘Mentario acerca de la supuesta psicosis maniaco- ‘depresiva de Rank. No tenemos mas que las pala- bras de Jones, es decir, la afirmacién de un hombre que durante muchos afios tejié intrigas al- _¥ededor de Rank y sospechado de su lealtad en ita guerra declarada en la corte que rodeaba Freud. Por otra parte, hay una abundancia de bas que indican lo contrario, Me remito sélo | una afirmacién hecha por el doctor Harry Bone, _psicoanalista de Nueva York que hab{a cono- lo a Rank desde 1932 y que tuvo un frecuente cto personal con él hasta su muerte. Dice el Bone: todas las numerosas ocasiones y en las sumamente a8 situaciones en que tuve la oportunidad de verlo én y en reposo no advert{ ninguna manifesta- n sea de psicosis o de cualquier otra clase de lidad mental.? Iegé al menos a una ruptura franca con pero Ferenczi nunca hizo tal cosa. Es por 0 ms sorprendente que Jones haya acusado a Ferenczi de traidor. Tal como en el caso if y Rank, se supone que la historia de la ¢omenzé con un fatal viaje a América. Ferenczi deseé ir a Nueva York, algiin “pre- 46 ERICH FROMM sagio intuitivo, probablemente basado sobre las des- dichadas secuelas de visitas similares hechas por Jung y Rank”, hizo que Jones le aconsejara desistir de su propésito. De todos modos, plenamente apoyado por Freud, Ferenczi partié hacia los Estados Uni- dos, y, dice Jones, “los resultados dieron razén a mis presentimientos. Luego de ese viaje Ferenczi ya no fue mds el mismo, aun cuando fue necesario que transcurrieran otros cuatro o cinco alos antes de que a Freud se le hiciera manifiesta la depresion mental de Ferenezi”. (La cursiva es mia.) Las fantasticas rivalidades e intrigas entre Jones y Ferenczi parecen haber continuado en los afios si- guientes, Ferenczi sospeché de la sinceridad de Jones y le adjudicé la ambicién, movida por motivos fi- nancieros, de unir las naciones anglosajonas bajo su cetro, el cetro de Jones. Segén palabras de Jones, “eso hizo que Freud se indispusiera conmigo”. Pero las fuerzas que se oponian a Ferenczi parecen haber triunfado al final. Freud escribe a Ferenczi en_di- ciembre de 1929: Es indudable que en los tltimos afos usted se ha apartado de mi, pero espero que no hasta el punto de hacer probable la creacién de un nuevo anilisis oposi- tor por parte de mi paladin y gran visir secreto. iCual era la esencia de la diferencia teérica entre Freud y Ferenczi? Ferenczi se habia impresionado mucho por la importancia de la falta de afecto pa- rental, y crey6 que para curarse el paciente necesi- taba algo mas que “interpretaciones”, que necesitaba la clase de amor materno que le habia sido negado cuando nifio. Frente al paciente, Ferenczi abandoné la actitud de observador frio e impersonal para adop- LA CONDICION HUMANA ACTUAL AT tar la conducta de un ser humano afectuoso y parti- cipante, y se sintié sumamente entusiasmado por los resultados terapéuticos de la nueva actitud. En un principio Freud parecié reaccionar con tolerancia ante la innovacién. Pero su postura cambid, aparen- _ temente porque Ferenczi no estaba suficientemente _ preparado para apaciguarlo, pero probablemente tam- bién porque las sospechas arrojadas sobre Ferenczi por la faccién Jones habian surtido efecto. _ Ferenczi vio a Freud por ultima vez en 1932, antes Congreso de Wiesbaden. Esta visita fue una isin verdaderamente tragica. Freud resumié sus resiones finales del hombre que habia sido su pto y amigo devoto desde los primeros afios del imiento, en el siguiente telegrama dirigido a ngton: “Ferenczi inaccesible, impresién no satis- ia”. Inmediatamente después que luvo lugar ita, Ferenczi hablo de ella con la doctora Clara son * en el tren que los Ilevaba de Viena a nia. Dijo que la entrevista habia sido “terri- Y que Freud le habia expresado que si bien po- leer su trabajo en el Congreso Psicoanalitico Viesbaden, debia prometerle que no lo publicaria. después Ferenczi not6 sus primeros sinto- le anemia perniciosa, la enfermedad que pro- ju muerte un afio mas tarde. 0 poco antes de su Ultimo encuentro con Freud, Je dijo a la sefiora Izette de Forest* cudn alumna y amiga de Ferenczi actualmente direc- William Alanson Institute of Psychiatry, Psy- nis and Psychology de Nueva York. 1 alumna y amiga de Ferenczi, psicoanalista y The Leaven of Love, que contiene una exce- wicion de las nuevas ideas de Ferenczi sobre analitica. 48 ERICH FROMM apesadumbrado y herido se habia sentido por la for- ma Aspera y hostil en que lo habia tratado Freud.® Este tratamiento recibido por Ferenczi es prueba de una intolerancia notable. Sin embargo, la incapaci- dad de Freud de perdonar a un ex amigo que se habia apartado de él se demuestra aun mds drasticamente en el odio despreciativo que expres6 a la muerte de Alfred Adler: Para un muchacho judio salido de un suburbio vienés, haber muerto en Aberdeen, ya es en si una carrera extraordinaria, y prueba hasta qué punto habia progre- sado. En realidad, el mundo le pago con largueza su servicio de contradecir al psicoandlisis, En el caso de Ferenczi, calificar esta actitud de “Aspera” o de “casi enemistad”, tal como lo hizo Izette de Forest en The Leaven of Love, es dar una imagen demasiado palida. Sin embargo, Jones, que niega que Freud tuviera vestigio alguno de autori- tarismo e intolerancia, asegura llanamente que no es verdad tal historia de hostilidad, “aun cuando sea Sumamente probable que Ferenczi mismo, en su es- tado delirante final, haya creido en la historia y pro- pagado elementos de ella”. Sélo unas pocas semanas antes de su muerte, Fe- renezi hizo llegar a Freud felicitaciones por su cumpleafios, pero supuestamente “la perturbacion mental habia ayanzado raépidamente en los tltimos meses”. De acuerdo con Jones (que no sefiala la fuente de origen), Ferenczi relaté que una de sus pacientes americanas lo habia analizado, curdndolo asi de todos sus males, y que a través del Atlantico * Comunicacién personal, LA CONDICION HUMANA ACTUAL 49 recibia mensajes de ella. Jones debe admitir, empero, que Ferenczi habia sido siempre un firme creyente en Ja telepatia, lo que mas bien anula la “prueba” de la locura de Ferenczi. La tnica “prueba” dispo- nible es “el delirio acerca de la supuesta hostilidad de Freud”, Evidentemente, Jones supone que sélo una mente enferma es capaz de acusar a Freud de auto- vitarismo y hostilidad. Jones hace culminar en este momento la historia de la supuesta psicosis de Ferenczi, cuyos gérmenes parecian existir desde antes. Cuando la anemia ata- _ ¢6 la médula espinal y el cerebro, esto, segvin Jones, fue indudablemente “exacerbado por sus tendencias ic6ticas latentes”. En casi su ultima carta a Freud, ego del advenimiento de Hitler al poder, Ferenczi sugirié a Freud que se marchara a Inglaterra. ile consejo bastante realista es interpretado por § como signo “de que habia cierto método en su ". “Eventualmente, ya casi al final, aparecie- violentos ataques parancicos y hasta homicidas, ° fueron seguidos por su muerte repentina, que 16 el 24 de mayo”. Jones no habla de ningin ocimiento de primera mano, ni tampoco ofrece una clase de prueba o testimonio de la psicosis Worenczi o de los “violentos ataques paranoicos iia homicidas”. En vista de ello y de las decla- nes siguientes, deben juzgarse falsas las afir- ss de Jones acerca de las psicosis de Rank y “i, y también las que dejan margen para sos- que son fabulaciones dictadas por deseos in- elentes originados en viejos celos personales y opésito de poner a Freud a salvo de la critica uber sido hiriente y Aspero con hombres que n sentido por él una profunda amistad. (No es ilencién acusar al doctor Jones de una fa” 50 ERICH FROMM consciente de sinceridad; el que conflictos incons- cientes puedan vencer intenciones conscientes es sin embargo otro asunto, que constituye precisamente el tema bdsico del psicoanilisis. ) Jones no vio a Ferenczi en el tltimo afio de su enfermedad. Pero la doctora Clara Thompson, que estuvo con Ferenczi desde 1982 hasta el dia de su muerte, declara: ---aparte de los sintomas de su enfermedad fisiea, en sus reacciones no observé nada psiedético. Lo visitaba regularmente y hablaba con él, y no hay un solo inei- dente, aparte dificultades de Ja memoria, capaz de jus- tificar el cuadro trazado por Jones de un Ferenczi psi- cdtico 0 movido por impulsos homicidas. El doctor Michael Balint, ano de los discipulos de mayor confianza de Ferenczi y albacea de su patri- monio literario, también est4 en desacuerdo con la afirmacién del doctor Jones. Escribe: No obstante su estado neurolégico sumamente grave (vineulado con su anemia perniciosa) su mente siguié Iteida hasta el fin, de lo que puedo dar fe por mi expe- riencia personal, ya que durante los dltimos meses lo visité freeuentemente, préecticamente una o dos veces por semana.® La sefiora Elma Lauvrik, hijastra de Ferenczi, que también estuvo con él hasta su muerte, me hizo llegar una declaracién escrita que confirma plena- mente lo dicho por los doctores Thompson y Balint, He ofrecido una descripcién tan detallada de las * Comunicacién personal. LA CONDICION HUMANA ACTUAL 51 construcciones fantasticas del doctor Jones, animado, en parte, por el propésito de defender la memoria de hombres dotados y consagrados que ya no pueden _ defenderse y, en parte, para demostrar con un ejem- plo concreto el] espiritu partidista que se puede hallar en ciertos sectores del movimiento psicoanalitico, Si _ tno sospech6 previamente la existencia de tal espi- _ ritu en el movimiento psicoanalitico, entonces la obra de Jones, especialmente en la forma en que trata a tank y Ferenczi en el tercer volumen, confirma esta Hospecha en todos sus detalles. _ El interrogante que surge ahora es: éCémo pudo ol psicoandlisis, wna teorta y una terapia, transfor- muurse en esta clase de movimiento fandtico? La res- y a podra hallarse sdlo mediante un examen de ‘motivos que impulsaron a Freud a desarrollar el lovimiento psicoanalitico. isto superficialmente, Freud no es por cierto mas creador de una nueva terapia para tratar en- idades mentales, y éste fue el tema bisico al lic6é su interés principal y todos sus esfuerzos, ibargo, si miramos mds detenidamente, halla- we detras de este concepto de una terapia para Ja cura de la neurosis habia una inten- Imente distinta, rara vez expresada por ¥ quizé también rara vez consciente. Este plo oculto e implicito se referia principalmente ‘la cura de enfermedades mentales sino a algo wicendia el concepto de curacién y enfermedad. ‘a este algo? ) de cuatro décadas de actividad médica, el cono- } que poseo de mi mismo me dice que jam4s he ico en sentido estricto. Llegué a médico por 52 ERICH FROMM haber sido obligado a desviarme de mi propésito origi- nal; y el triunfo de mi vida reside en el hecho de haber encontrado, Iuego de un largo rodeo, la senda que lleva a lo que fue mi primera inclinacién, {Cual era esa primera inclinacién que Freud re- encontré? Lo dice muy claramente en el mismo pa- rrafo: “En mi juventud senti una abrumadora nece- sidad de comprender algo de los enigmas del mundo en que vivimos, y tal vez hasta de contribuir con ago para su solucién’”. (La bastardilla eg mia.) E] interés por los enigmas del mundo y el deseo de contribuir con algo para su solucién fueron muy activos en Freud mientras cursaba la escuela secun- daria, en especial durante los Ultimos afios, y él mismo declara: “Bajo la poderosa influencia de una amistad escolar con un joven bastante mayor que yo, que luego lleg6 a ser un politico de nombre, me nacié el deseo de estudiar derecho como 61 y de dedi- earme a actividades sociales”. Este amigo de la es- cuela, un socialista, Heinrich Braun, estaba Iamado a ser lider del movimiento socialista, Tal como dice Freud en alguna otra parte, era la época en que el emperador nombré los primeros ministros burgue- ses, lo que desperté enorme jabilo en los hogares de la clase media liberal, en especial en la intelligentsia judia. Por aquel tiempo Freud se habfa sentido muy atraido por los problemas del socialismo, por un fu- turo como lider Politico, y su intencién fue la de estudiar derecho como el primer paso en esta direc- cién. Ya en los afios en que trabajaba como asis- tente en un laboratorio fisiolégico, Freud tuvo plena conciencia de que debfa dedicarse a una causa. En 1881 le escribié a su prometida: LA CONDICION HUMANA ACTUAL 53 La filosofia, que siempre he imaginado como meta y ‘Tefugio de mi vejez, me resulta cada dia m4s atractiva, ‘si como los asuntos humanos en general, o cualquier Causa a la que a toda costa pudiera dedicar mi devocién; 4 ‘0 el temor a la suprema incertidumbre de todas las _ cuestiones politicas y locales me mantiene alejado de a esfera. _ Sin embargo, el interés politico de Freud —si em- mos la palabra “interés” con un sentido mas bien mplio—, su identificaci6n con lideres que eran ya & conquistadores o los grandes benefactores de la nanidad, no eran de ningtin modo de una fecha reciente como sus Ultimos afios de la carrera Ya como muchacho habia sentido una n admiracién por Anibal, que lo llev6 a una iden- eién con el guerrero cartaginés que mantuvo largo de toda su vida, tal como se advierte cla- e en sus propias palabras. La identificacién ‘eud con Moisés fue probablemente todavia mas inda y duré mas tiempo. Hay pruebas para esta . cién. Baste decir aqui que Freud se identific6 oisés, quien condujo una masa de gente igno- hacia una vida mejor, una vida racional y de s controladas. Otra indicacién de la misma | fue el interés que demostré Freud en 1910 dherirse a la “Fraternidad Internacional por y Ja Cultura”. Jones informa que Freud t6 a Jung si consideraba viable tal actitud, 6lo tras la respuesta negativa de Jung aban- idea, Sin embargo, el Movimiento Psicoana- ‘ternacional, fundado poco tiempo mas tar- de convertirse en la continuacién directa de la mencionada fraternidad. 54 ERICH FROMM iCudles eran las metas y el dogma de este movi- miento? Quizés en ninguna parte lo expresé Freud mas claramente que en la frase: “Donde estuvo el ello debe estar el yo”. Su fin era dominar las pasio- nes irracionales por la razén: dentro de las posibi- lidades humanas, liberar al hombre de la pasién. Estudié las fuentes de las pasiones para ayudar al hombre a dominarlas. Su meta era la verdad, el conocimiento de la realidad; este conocimiento era para él la Gnica luz capaz de guiar al hombre. Estas metas eran los objetivos tradicionales del raciona- lismo, del iluminismo y la ética puritana. El acierto genial de Freud fue vincularlas con una nueva pe- netracién psicolégica en la dimensién de las fuentes ocultas e irracionales del comportamiento humano. Se ve en muchas de las expresiones de Freud que su interés iba mas alld de una cura médica como tal. Se refiere a la terapia psicoanalitiea como “la libe- racién del ser humano”, al analista como alguien que debe servir de “modelo” y actuar como “maes- tro”; y afirma que “la relacién entre analista y Paciente se basa sobre el amor por la verdad, es decir, un reconocimiento de la realidad, para excluir cualquier clase de engafio 0 falsedad”. &Qué se desprende de todo esto? Si bien en con- ciencia Freud no era mas que un hombre de ciencia y un terapeuta, inconscientemente era —y deseaba ser— uno de los grandes lideres culturales y éticos del siglo xx. Ansiaba conquistar el mundo con su dogma racionalista puritano y conducir al hombre hacia la tiniea —y muy limitada— salvaci6n de que era capaz: la conquista de la pasién por el intelecto. Para Freud, esto —y no cualquier religién o cual- quier solucién politica como el socialismo— era la tinica respuesta valida para el problema del hombre. LA CONDICION HUMANA ACTUAL 55 El movimiento de Freud estaba imbuido del entu- siasmo del racionalismo y liberalismo de los siglos XVUI y xIx. El] destino tragico de Freud fue que lue- go de la primera guerra este movimiento gané6 po- pularidad entre la clase media urbana y la clase intelectual, faltas de fe y de radicalismo politico o filos6fico. De alli que el psicoandlisis se convirtié en el substituto de un interés radical filoséfico y po- litico, un nuevo credo que demandaba poco de sus adherentes, salvo aprender la nomenclatura. Es precisamente esta funcién lo que ha hecho tan popular en la actualidad al psicoandlisis. La buro- ia que hered6é el manto de Freud capitaliza esta popularidad, pero heredé poco de su grandeza y de auténtico radicalismo. Sus miembros pugnaron en- ellos con intrigas y maquinaciones mintsculas, y mito “oficial” acerca de Ferenczi y Rank sirvié eliminar a los dos tnicos discipulos productivos aginativos del grupo original que habian que- luego de las defecciones de Adler y Jung. Pero 0 que el psicoandlisis, para poder seguir y des- ar los descubrimientos basicos de Freud, debe Visar, desde el punto de vista del pensamiento hu- wiistico y dialéctico, muchas de sus teorias, con- 8 en el espiritu del materialismo fisiolégico siglo x1X. Este trasladar a Freud a un nuevo debe estar basado sobre una visién dindmica nbre, arraigada en una clara y honda percep- las condiciones especificas de la existencia Las metas humanisticas de Freud, que van de la enfermedad y la terapia, podran en- entonces una expresién nueva y mas ade- ‘pero slo si el psicoandlisis deja de ser gober- or una burocracia estéril y recupera su osadia para ir en pos de la verdad. IV EL CARACTER REVOLUCIONARIO Decir “caracter reyolucionario” es referirse a un concepto politico-psicolégico. En este sentido se ase- meja al concepto de caracter autoritario, que fue introducido en la psicologia hace unos treinta afios, En este tiltimo, una categoria politica, la de la es- tructura autoritaria en el Estado y la familia, se combinaba con una categoria psicologica, la estruc- tura de cardcter, que constituye la base para tal estructura politica y social. El concepto del caracter autoritario tuvo origen en ciertos intereses politicos. Alrededor del afio 1930 en Alemania desedbamos determinar qué posibilida- des habia de que Hitler fuera derrotado por la mayo- ria de la poblacién2 En el afio 1980, la mayoria de Ja poblaci6n germana, en especial los obreros y em- pleados, estaba en contra del nazismo, Estaban del lado de la democracia, tal como lo habfan demos- trado las elecciones politicas y gremiales. La cues- tion era si serian capaces de luchar por sus ideas * La direccién del estudio estuvo a mi cargo y conté con un ntimero de colaboradores, que incluia al doctor E. Schachtel. El doctor P. Lazarsfeld, que se desempefid como asesor de la parte estadistica, pertenecia al Insti- tuto de Investigaciones Sociales de la Universidad do ° pont dirigida entonces por el doctor M. Hork eimer. LA CONDICION HUMANA ACTUAL 5T en caso de llegarse a una lucha. La premisa era que tener una opinién es una cosa, y otra tener una con- viccién. O para expresarlo de otro modo, cualquiera puede adquirir una opinién, asi como puede aprender un idioma extranjero o una costumbre de otro pais, pero las opiniones enraizadas en la estructura carac- terolégica de una persona, respaldadas por la energia contenida en su cardcter, son las tnicas opiniones _ qe se convierten en convicciones. Las ideas, no obstante ser faciles de aceptar si la mayoria las pro- ‘lama, tienen un efecto que en gran parte depende de la estructura de cardcter de una persona en una tituacién critica. El cardcter, tal como dijo Heré- Glito y demostré Freud, es el destino del hombre. La ‘estructura del cardcter decide qué clase de ideas ele- un hombre y determina también la fuerza de la idea elegida. Esta es por cierto la enorme importancia el concepto freudiano del caracter, ya que trascien- concepto tradicional de conducta y se refiere quella conducta que esté cargada dindmicamente; odo que un hombre no sélo piensa de cierta ma- ra sino que su mismo pensamiento tiene por raiz inclinaciones y emociones. pregunta que formulamos en aquella oportu- fue: {Hasta qué punto tienen los obreros eados germanos una estructura de caracter a la idea autoritaria del nacionalsocialismo? implicaba atin otro interrogante: Llegada eritica, {hasta qué punto combatirdn este politico los obreros y empleados germa- @ hizo un estudio y el resultado obtenido ©, en términos generales, un diez por ciento obreros y empleados tenian lo que Ilama- estructura de cardcter autoritaria; apro- mte un quince por ciento tenia una es- 58 ERICH FROMM tructura democratica, y la vasta mayoria —mas o me- nos un setenta y cinco por ciento— era gente cuyo caracter tenia una estructura formada por una mezcla de ambos extremos.? El supuesto tedrico era que los autoritarios serfan “nazis” fervientes, los “democraticos” antinazis militantes, y la gran mayoria ni una cosa ni otra. Estos supuestos ted- ricos resultaron ser mds 0 menos exactos, tal como lo comprobaron los hechos ocurridos en el periodo comprendido entre los afios 1933 y 1945.3 , Para nuestra finalidad bastard decir ahora que el car4cter autoritario es la estructura caractero- légica de una persona cuyo sentido de fuerza e identidad se basa en una subordinaci6n simbié- tica a las autoridades, y al mismo tiempo en una dominacién simbiética de los sometidos a su autoridad. Ello equivale a decir que la persona autoritaria se siente fuerte cuando se puede some- ter y ser parte de una autoridad que (hasta cierto punto respaldada por la realidad) es inflada y en- diosada, y cuando al mismo tiempo tal persona % El método usado consistié en examinar las respues- tas formuladas individualmente ante un cuestionario de, preguntas abiertas, interpretando su significado incons- ciente y no intencionado, a diferencia de la respuesta manifiesta. Si al preguntarscle “;qué hombres de ia historia admira mas?” un individuo'respondia diciendo “Alejandro el Grande, Napoleon, César, Marx y Lenin”, la respuesta era calificada de “autoritaria”, pues la combinacién demostraba una admiracién por dictadores y lideres militares, Si la respuesta era “Socrates, Pas. teur, Kant, Marx y Lenin”, lo clasificdbamos como demo- eratico, ya que admiraba a benefactores de la humanidad * y no a gente con poder. * El tema fue tratado posteriormente, con mayor refi- namiento de _método que en el estudio general, en un trabajo de T. W. Adorno y otros, The Authoritarian Personality (Nueva York: Harper & Brothers, 1950). LA CONDICION HUMANA ACTUAL 59 Puede hincharse incorporando a aquellos sometidos 4 su autoridad. Tratase de un estado de simbiosis gado-masoquista que le proporciona un sentimien- to de fuerza y un sentimiento de identidad. Al ser parte del “grande” (cualquiera que sea), se hace grande; si estuviera solo, sin nadie, se reduciria a Nada. Por esta sola razén, una amenaza a la auto- tidad y una amenaza a su estructura personal au- toritaria es para este cardcter una amenaza a si imo, una amenaza a su cordura. De alli que esté igado a luchar contra esta amenaza al autori- ‘ismo como lo haria ante algo que hiciera peligrar i vida o su cordura. Para hacer ahora referencia al concepto de ca- revolucionario me agradaria comenzar enu- ndo lo que creo que el carActer revolucionario Esta de mds decir que-el caracter revolucio- © no es una persona que participa en revolu- es. Tal es exactamente el punto de diferencia conducta y cardcter en el sentido dinémico iano. Hay un nimero de razones que pueden que uno participe en una revolucién inde- lentemente de lo que siente, siempre que obre la revolucién. Pero el hecho de que actiée -revolucionario poco nos dice sobre su ca- ‘egundo punto de lo que un cardcter revolu- 0 no es resulta algo mas dificil de exponer. fActer revolucionario no es un rebelde. EQué 0 con esto? * Me inclinarfa a definir al re- como una persona que esté hondamente re- oportunidad de tratar este tema mas detallada- un libro anterior, Hl miedo a la libertad, Nue- ‘ork, Holt, Rinehart y Winston, 1941. [Version Buenos Aires, Paiddés, 1968.] 60 ERICH FROMM sentida contra la autoridad por no ser apreciada, por no ser querida, por no ser aceptada. Un rebelde es alguien que desea echar abajo la autoridad a causa de su resentimiento y, como resultado, asu- mir é] mismo la autoridad en lugar de la que ha derribado. Y es frecuente que, en el preciso mo- mento en que aleanza su meta, establezca amistad con la misma autoridad que antes habia. comba- tido con tanto encono, El tipo caracterolégico del rebelde es perfecta- mente conocido en la historia politica del siglo xx. Témese por ejemplo una figura como la de Ram- say MacDonald, que comenzé siendo pacifista y recalcitrante moralista. Una vez que adquirié poder suficiente dejé el Partido Laborista para unirse a las mismas autoridades que habia com- batido durante tantos afios, y justamente el dia de su incorporacién al gobierno nacional le dijo a Snowden, su amigo y ex camarada: “Hoy todas las duquesas de Londres querrén darme un beso en cada mejilla”. Tenemos aqui el tipo clasico de re- belde que se vale de la rebelién para poder erigirse en autoridad. Algunas veces el resultado llega después de afios; otras todo va mAs rapido. Si se considera por ejemplo una personalidad como la del desdi- chado Laval en Francia, que comenz6 como rebel- de, se recordaré que antes de haber transcurrido mucho tiempo habia ganado suficiente capital po- litieo como para estar listo para venderse. Podria nombrar a muchos otros, pero el mecanismo psi-- coldgico es siempre el mismo. Casi se podria decir que la vida politica del presente siglo es un cementerio que contiene las tumbas morales de gentes que empezaron como supuestos revolu-