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El Tesoro de David por David, C.H. Spurgeon

El Tesoro de David por David, C.H. Spurgeon

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Este es una texto escrito por el celebre Principe de los Evangelistas David C.H Spurgeon. Es un análisis del libro de los Salmos.
Este es una texto escrito por el celebre Principe de los Evangelistas David C.H Spurgeon. Es un análisis del libro de los Salmos.

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Algunos han pensado que la ocasión en la atribulada vida de David que le llevó a este Salmo fue
la traición de los hombres de Keila, y nos hemos sentido muy inclinados a esta conjetura; pero,
después de reflexionar, nos ha parecido que el tono doliente y la alusión a su iniquidad requieren
una fecha posterior, y podría ser más satisfactorio decir que ilustra el período en que Absalón se
rebeló y sus propios partidarios le abandonaron, y labios mentirosos esparcieron millares de
rumores maliciosos contra él.

Vers. 1. En Ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás. ¿Cómo puede el Señor
permitir que sea de modo definitivo avergonzado el hombre que depende y confía
exclusivamente en El? Esto no sería tratarnos como un Dios de verdad y de gracia. Traería
deshonor sobre Dios mismo si la fe no fuera al final recompensada. Sería un día triste
verdaderamente para la religión si Dios no trajera consolación y ayuda. C. H. S.

Vers. 2. Inclina a mí tu oído. Escucha mi queja. Pon tu oído junto a mis labios, para que puedas
escuchar lo que mi debilidad es capaz de pronunciar. Generalmente ponemos los oídos cerca de
los labios de los enfermos y los moribundos para poder escuchar lo que dicen. A esto parece que
se refiere el texto. Adan Clarke

Y ciudadela para salvarme. ¡Cuán simple y sencilla es la oración del justo y, no obstante, cuán
enjundiosa y profunda! No echa mano de ornamentos ni florituras; su espíritu es demasiado
sincero y profundo como para hacerlo de otra forma; cuánto mejor no sería si cuando oramos en
público tuviéramos siempre en cuenta esta regla.

Vers. 3. Se Tú mi roca y mi ciudadela para salvarme. Las dos promesas personales son como
clavos firmes sobre los que colgar la fidelidad al Señor. ¡Oh, si tuviéramos gracia para que
nuestro corazón estuviera fijo en la creencia imperturbable y firme en Dios!

Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. No es posible que el Señor permita que su, honor
sea mancillado, pues esto implicaría que los que confían en El han de perecer. Este fue el ruego
de Josué. «¿Qué harás a tu gran Nombre?» C. H. S.

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Si el mero honor de la criatura, el crédito de los ministros o la gloria de los ángeles fuera lo
implicado, la salvación del hombre sería sin duda incierta. Pero cada paso de ella implica el
honor de Dios. Rogamos en su Nombre. William S. Plumer

Vers. 4. Pues Tú eres mi refugio. El Omnipotente corta la red que teje las conveniencias. Aunque
nosotros, pobres criaturas, estamos en la red, Dios no está. En la antigua fábula el ratón pone en
libertad al león; aquí el león libera al ratón.

Vers. 5. En tus manos encomiendo mi espíritu. Estas palabras vivas de David fueron las palabras
que pronunció nuestro Señor al morir, y han sido usadas con frecuencia por los santos en la hora
de su partida. Podemos estar seguros que son buenas, sabias y solemnes; podemos usarlas ahora
y en nuestra última hora. C. H. S.

Estas fueron las últimas palabras de Policarpo, de Bernardo, de Huss, de Jerónimo de Praga, de
Lutero, de Melanchthon y de muchos Otros. «Bienaventurados son» dijo Lutero» «los que
mueren no sólo por el Señor como mártires, no sólo en el Señor, como todos los creyentes, sino
igualmente con el Señor, exhalando sus vidas en sus manos: "En tus manos encomiendo mi
espíritu".» J. J. Stewart Perowne

Encomiendo y pongo en tus sagradas manos, oh Dios mío, lo que soy, que Tú conoces mucho
mejor que yo, débil, desgraciado, herido, voluble, ciego, sordo, mudo, pobre, desprovisto de
todo, sí, menos que nada, a causa de mis pecados, y más miserable de lo que puedo saber o
expresar.

Recíbeme, Señor Dios, y haz de milo que Él, el Cordero divino, quiere que sea. Te encomiendo y
ofrezco y entrego en tus manos todos mis asuntos, cuidados, afectos, consuelos y labores, todo lo
que Tú sabes viene sobre, mí. Fray Tomás De JESÚS

Con gran voz El exclamó estas palabras ante el mundo, que para siempre irá hundiéndose en la
aprehensión pagana de la muerte, del temor de la muerte, la desesperanza de la inmortalidad y la
resurrección, porque está siempre permitiendo que la presencia y conciencia de la personalidad
de Dios, y de la unión personal con El, queden oscurecidas y desfiguradas. J. P. Lange, D. D.

Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. La redención es una base sólida para la
confianza. David no conoció el Calvario como lo conocemos nosotros, pero la redención
temporal le animaba; y ¿no nos consolará más dulcemente a nosotros la redención eterna?

Vers. 6. Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias. Los que no se apoyan en el
verdadero brazo de fortaleza, van a poner confianza vana en sí mismos. Muchos han de tener un
dios, y si no adoran al Dios vivo, verdadero y único, se hacen uno ellos mismos, y le prestan
atención supersticiosa, y esperan con esperanza ansiosa, basada en una ilusión. Los hombres que
hacen dioses de sus riquezas, sus personas, sus entendimientos o cualquier otra cosa, tienen que
ser evitados por aquellos cuya fe descansa sobre Dios en Jesucristo; y, lejos de ser envidiados,
han de ser compadecidos por depender de estas vanidades. C. H. S.

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Los romanistas fingen milagros de los santos, para hacerlos, según creen, más gloriosos. Dicen
que la casa en que la Virgen María se hallaba cuando la visitó el ángel Gabriel, muchos
centenares de años después, fue transportada de Galilea a Dalmacia, a unas dos mil millas, y de
allí, por mar, a Italia, en donde fue llevada de un Sitio a otro, hasta que se halló un lugar
apropiado; y por ella fueron realizadas muchas curas maravillosas, y que los mismos árboles,
cuando llegó, se inclinaron ante ella.

Hay infinitas historias de esta naturaleza, especialmente en la leyenda de los santos, que llaman
«La leyenda áurea», un libro lleno de errores tan inmensos que Luis Vives, un católico, pero
hombre inteligente y erudito, dijo de él con gran indignación: «¿Qué puede haber más
abominable que este libro?»; y se maravilló de que lo llamaran «áureo», pues «lo que se escribió
en él tiene hierro por boca y plomo por corazón».

«Por todas partes podéis hallar» dice Erasmo, «ofrecida para obtener ganancia, la leche de María,
que honran casi como el cuerpo de Cristo consagrado; aceite prodigioso; muchos fragmentos de
la cruz, que si fueron recogidos, no cabrían en un gran barco.

»Aquí hay el capuchón de Francisco; allí las prendas interiores de la Virgen; en otro lugar el
peine de Ana; en otro, un calcetín de José; en otro, el zapato de Thomas de Canterbury; en otro,
el prepucio de Cristo, que, aun siendo algo incierto, adoran con más fervor que a la persona de
Cristo.

»Y no dicen que estas cosas han de ser meramente toleradas, para ayudar a la gente sencilla, sino
que toda la religión está casi colocada en ellas.» Christopher Cartwright

Mas yo en Jehová he esperado. Esto puede no estar de moda, pero el Salmista se atreve a ser
distinto. Los malos ejemplos no nos deben desviar de la verdad, sino que, aun en medio de una
defección general, deberíamos hacernos más osados. Esta adherencia a la confianza en Jehová es
el punto sobre el cual se insiste: el que está turbado se acoge a los brazos de su Dios y se atreve a
todo en la fidelidad divina.

Vers. 7. Me gozaré y alegraré en tu misericordia. Estas dos palabras, alegraré y gozaré, son una
reduplicación instructiva. No tenemos que ser mezquinos en nuestro triunfo santo. Este vino
podemos beberlo a jarros, sin temor a excedemos.

Tú has visto mi aflicción. Dios reconoce a sus santos cuando otros están avergonzados de
reconocerlos; nunca rehúsa reconocer a sus amigos. No piensa poco en ellos por el hecho de que
vayan cubiertos de harapos. No los juzga en falso y los echa cuando sus caras están demacradas
por la enfermedad, o sus corazones pesados por el abatimiento. C. H. S.

Sí, aunque hayamos perdido nuestro rico vestido y vayamos a Él en harapos; aunque nuestra
carne esté debilitada por el dolor o la vejez (Salmo 6:7); aunque la enfermedad y la pena hayan
consumido nuestra hermosura como la polilla (Salmo 39:11); aunque el sonrojo, las lágrimas y el
polvo se extiendan por nuestro rostro (Salmo 69:7), El nos reconoce todavía y no se avergüenza
de nosotros. Consuélate con esto, porque ¿qué daño te va a hacer el que los hombres te
desprecien, si Dios el Señor no te ha olvidado? Christian Scriver

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Vers. 8. Pusiste mis pies en lugar espacioso. Bendito sea Dios por la libertad: la libertad civil es
valiosa, la libertad religiosa es preciosa, la libertad espiritual no tiene precio.

Vers. 9. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia. Esta primera frase abarca
todo lo que sigue: es el texto de su discurso quejumbroso. La miseria mueve a misericordia -no
se necesitan más razonamientos-. «Ten misericordia» es la oración; el argumento prevalece,
puesto que es sencillo y personal: «Estoy atribulado.

Mis ojos se han consumido de tristeza. Las lágrimas sacan su sal de nuestra fuerza, y cuando
manan en abundancia pueden consumir la fuente de la cual proceden. Los ojos hundidos y
ojerosos son una indicación clara de mala salud. Dios quiere que le digamos los síntomas de
nuestra enfermedad, no para su información, sino para mostrar nuestro sentimiento de necesidad.

Mi alma también, y mis entrañas. El alma y el cuerpo están tan íntimamente unidos que la una no
puede declinar sin que lo sienta el otro. En estos días no son raros estos dobles decaimientos
como los descritos por David; hemos sentido que nos desmayamos por el sufrimiento físico, y
sido afligidos por la enfermedad mental; cuando las dos coinciden, es bueno que el piloto esté
frente al timón, en medio de la borrasca, y haga que la tempestad se transforme en un triunfo de
su arte.

Vers. 10. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar. El dolor es un mercado
muy triste en que gastar toda la riqueza de nuestra vida, pero un negocio mucho más provechoso
que el que se hace en la Feria de Vanidad; es mejor ir a la casa del luto que a la del festín. El
negro es un color que cae bien. La sal de las lágrimas es una medicina saludable. Es mejor pasar
los años suspirando que pecando.

Se agotan mis fuerzas a causa de mi aflicción. Es una aflicción provechosa la que nos lleva a ver
nuestros fallos. ¿Se trataba del peor pecado que cometió el Salmista y que roía su corazón y
devoraba su energía? Es muy probable que lo fuera. C. H. S.
Hallo que cuando los santos están atribulados y muy humillados, los pecados pequeños gritan
desaforadamente en su conciencia; pero, en la prosperidad, la conciencia es un papa que da
dispensaciones y manga ancha a nuestros corazones. La cruz es, por tanto, necesaria, como la
corona es gloriosa. Samuel Rutherford

Vers. 11. De todos mis enemigos soy objeto de oprobio. Se divertían en echarme algo en cara; mi
estado lastimoso era música para ellos, porque interpretaban maliciosamente que era un juicio
del cielo sobre mí. Los que no son llamados a soportarlo no dan mucha importancia a los
reproches, pero el que se halla bajo su látigo conoce lo profundo de sus heridas. Los mejores
hombres pueden tener los enemigos más acerbos y verse sometidos a las increpaciones más
crueles. C. H. S.

Si alguno procura ser paciente y humilde, se dice que es un hipócrita. Si se permite algunos de
los placeres de este mundo, que es un glotón; si busca la justicia, impaciente; si no la busca, un
necio. Si es prudente, se le llama avaro; si quiere hacer felices a los demás, di-soluto. Si se da a
la oración, vanidoso.

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Y ésta es la gran pérdida de la iglesia, ¡que por estos medios muchos se abstienen de obrar bien!,
de lo cual el Salmista se lamenta diciendo: «De todos mis enemigos soy objeto de oprobio.»
Crisostomo, citado por J. M. Neale

Y de mis vecinos mucho más. Los que están más cerca de nosotros son los que peor nos
apuñalan. Sentimos más los desprecios de los que deberían mostrarnos simpatía.

Y el horror de mis conocidos. Cuanto más íntimos, más se apartan de nosotros. Nuestro Señor
fue negado por Pedro, traicionado por Judas y abandonado por todos en la hora de la máxima
necesidad. Todo el rebaño se vuelve contra el ciervo herido. La leche de la bondad humana se
vuelve agria cuando un creyente despreciado es víctima de acusaciones calumniosas.

Las que me ven en la calle huyen de mí. ¡Qué cosa más monstruosa y villana es la calumnia,
capaz de transformar al más eminente de los santos, al hombre que fuera admiración de todos, en
un despreciado, convirtiéndole en el blanco de las cornadas de todos y objeto de la aversión
general!

Vers. 12. He sido olvidado de su corazón como un muerto. Mejor le es al hombre la muerte que
el verse asfixiado en la calumnia y el escándalo. De los muertos no se dicen más que virtudes y
alabanzas, pero en el caso del Salmista no decían de él más que lo malo.

He venido a ser como un vaso echado a perder. Veamos aquí el retrato del Rey de reyes en su
humillación, cuando renunció a todo buen nombre y tomó sobre sí forma de siervo.

Vers. 13. Porque oigo el murmurar de muchos. Una víbora calumniadora es muerte para todo
consuelo. ¿Cuál será el veneno de toda la nidada? C. H. S.

Desde mi misma infancia, cuando me di cuenta de los intereses de las almas de los hombres, me
entró admiración al hallar que por todas partes los religiosos y piadosos, que sólo se preocupaban
seriamente de su propia salvación y de la de los demás, eran objeto de toda clase de desprecios y
calumnias, especialmente por los hombres más nefandos y viciosos; de modo que los que
profesaban los mismos artículos de fe, los mismos mandamientos como ley de Dios y las mismas
peticiones del Padrenuestro como su deseo, y así profesaban la misma religión, por todas partes
hablaban mal de los que se esforzaban en vivir sinceramente lo que decían.

Si la religión es mala y nuestra fe no es verdadera, entonces, ¿por qué la profesan estos hombres?
Si es verdadera y buena, ¿por qué aborrecer y menospreciar a los que viven en la práctica seria
de la misma, si ellos mismos no la practican? Pero no hemos de esperar que sean razonables los
hombres a los que el pecado y la sensualidad han hecho irrazonables.

Aun así, he de admitir que desde que observé el curso del mundo y el acuerdo entre la Palabra y
la providencia de Dios, consideré como una prueba notable de la caída del hombre, de la verdad
de las Escrituras, y del origen sobrenatural de la santificación verdadera, el hallar esta enemistad
universal entre la simiente santa y la de la serpiente, y hallar que el caso de Caín y Abel queda
ejemplificado con regularidad, y el que es nacido de la carne, persigue a aquel que ha nacido del

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Espíritu. Creo que en el día de hoy vemos la evidencia patente que confirma nuestra fe cristiana.
Richard Baxter

Mientras se conjuran contra ml y maquinan quitarme la vida. Es mejor caer en las garras de un
león que bajo la voluntad de perseguidores maliciosos, porque la fiera puede no hacer caso de su
presa si está harta, pero la malicia es implacable y cruel como un lobo. De todos los enemigos, el
más cruel es la envidia.

Vers. 14. Digo: Tú eres mi Dios. David proclamó en voz alta su decisiva fidelidad a Dios. No era
un creyente de los que continúan cuando todo va viento en popa. Podía hacer uso de su fe en el
helado invierno y envolvérsela alrededor del cuello para protegerle y evitar las inclemencias.

El que puede decir lo que dijo David, no tiene por qué envidiar la elocuencia de Cicerón. «Tú
eres mi Dios» es más dulce que todas las demás palabras que pueda formular el habla humana.
Nota que esta fe mencionada aquí es un argumento que usa para recordar a Dios su promesa de
enviarle liberación pronta. C. H. S.

¡De cuánto más valor que poseer diez mil minas de oro es el poder decir «Dios es mío»! El
siervo de Dios está convencido de ello, y esto es la felicidad completa para él, y en ella se
deleita.

Cierto servidor del rey Ciro, que gozaba de su favor, estaba a punto de conceder su hija en
matrimonio a un hombre muy importante, si bien él no poseía muchas riquezas; por ello, alguien
le dijo: «Oh, ¿cómo vas a poder dar una dote a tu hija proporcionada a su categoría? ¿Dónde
están tus riquezas?» A lo que contestó: «No necesito nada. Ciro es mi amigo.»

Pero ¿no podemos decir nosotros mucho más siendo nuestro amigo el Señor, que tiene todos los
atributos excelentes y gloriosos que no pueden quedar cortos en ninguna necesidad y hacernos
felices, especialmente siendo capaces para ello? John Stoughton, La verdadera felicidad del justo
Vers. 15. En tu mano están mis tiempos. Se dice que la luna con-trola las mareas de los mares;
¿no hay un poder dominante de las almas? No tiene por qué ser así, al parecer, en la mayoría de
las vidas que son terrenales, pero lo es en las celestiales; del mismo modo que la luna dirige las
mareas, lo mismo Dios nuestras almas. La mano de Jesús es la mano que rige nuestros tiempos.
El regula el reloj de nuestra vida. Cristo por nosotros y Cristo en nosotros. Mis tiempos están en
su mano. Mi vida no puede ser en vano, como la vida del Salvador no es en vano. E. Paxton
Hood

Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. Es legítimo desear escapar de la
persecución si es la voluntad del Señor.

Vers. 16. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia. Dame la luz
del sol del cielo en mi alma, y desafiaré las tempestades de la tierra. Permíteme gozar del
sentimiento de tu favor, oh Señor, y saber lo que quieres en mi manera de vivir, y no me importa
que los hombres frunzan el ceño y me calumnien.

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Vers. 18. Enmudezcan los labios mentirosos, que profieren insolencias contra el justo. Los
pensamientos propios orgullosos con frecuencia dan por resultado estimaciones devaluadoras de
los demás. Cuanto más espacio procuramos para nosotros, menos queda para nuestros vecinos.
¡Qué iniquidad es que los personajes indeseables siempre estén despotricando contra los hombres
buenos! No tienen capacidad para apreciar el valor moral, del cual ellos carecen por completo, y
tienen la desvergüenza de ascender al tribunal y juzgar a los hombres, a cuyo lado ellos no son
más que escoria. C. H. S.

En la venerable y monumental obra original de la Iglesia Valdense, titulada La lección de oro, de
fecha 1100, hallamos un verso que ha sido traducido de la siguiente forma:

Si alguno ama y teme a Jesucristo,
Y no maldice, jura o miente,
Es casto, no mata, ni hurta a otros;
Dicen que es un valdense, y merece castigo.
—Antoine Monastier,
en Historia de la Iglesia Valdense

Vers. 19. Cuán grande es tu bondad. No nos dice lo grande que es la bondad de Dios, porque no
puede; no hay medidas para delimitar la inconmensurable bondad de Jehová, que es la bondad
misma. Se asombra, usa interjecciones cuando fallan los adjetivos. Si no podemos medirla,
podemos asombrarnos.

Vers. 20. En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre. Los que
viven al pie de la cruz de Cristo se vuelven indiferentes a la burla de los poderosos. Las heridas
de Jesús destilan un bálsamo que cura todas las heridas que infligen las armas del desprecio; de
hecho, cuando tengo la misma mentalidad que había en Cristo Jesús, soy invulnerable a todos los
dardos del orgullo.

Vers. 21. Bendito sea Jehová. Cuando el Señor nos bendice, nosotros no podemos por menos que
bendecirle a Él de vuelta.
Vers. 22. Decía yo en mi inquietud: Cortado soy de delante de tus ojos. etc. Generalmente,
cuando tenemos prisa farfullamos lo que no debemos. Las palabras precipitadas las dice la
lengua en un momento, pero pueden permanecer durante muchos años en la conciencia. C. H. S.

¡Oh, qué amor le debemos a Cristo, que ha abogado por nosotros cuando nosotros no teníamos
nada que decir! ¡Esto nos ha sacado del foso de los leones y de las fauces del león rugiente!

Es decir, como afirmó Mrs. Sarah Wright: «He obtenido misericordia, cuando yo creía que
estaba más allá ya de la misericordia; esperanza del cielo, cuando creía que ya estaba condenada
por mi incredulidad; he dicho muchas veces: no hay esperanza para mí; estaba desesperada y no
me importaba lo que hubiera de pasarme.

»A menudo me hallaba al mismo borde de la muerte y el infierno, incluso a las mismas puertas
de ellos, y entonces Cristo las cerró. Me hallaba como Daniel en el foso de los leones, y El
detuvo a estos leones y me dio libertad.

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»La bondad de Dios es inescrutable; cuán inmensa es la excelencia de su majestad para que se
digne mirar a una persona como yo; que me haya dado paz cuando estaba llena de terror y
andaba continuamente en medio del fuego y el azufre.» Timothy Rogers

Vers. 23. Amad a Jehová todos vosotros sus santos. Si los santos no aman al Señor, ¿quién lo
'hará? El amor es la deuda universal de toda la familia salvada; ¿quién quiere eximirse de
pagarlo? Se dan las razones para amar, porque el amor que cree no es ciego. C. H. S.

Vers. 23. Y paga abundantemente al que procede con soberbia. Lo que hemos de preguntar
seguidamente es: ¿cómo recompensa Dios al orgulloso?

1º) Por medio de represalia o desquite -porque a Adoni-bezek, que cortaba los pulgares de las
manos y de los pies de los demás, le cortaron los suyos (Jueces 1:7)-. Así los judíos, que
vociferaban: «Crucifícale, crucifícale», fueron muchos de ellos crucificados; que si hemos de
creer a Josefo, no había bastante madera para hacer cruces, ni espacio, en el lugar acostumbrado,
para colocar tantas cruces como hicieron. Las trampas que cava el orgulloso son para él mismo, y
de ello da abundante testimonio la Escritura.

2º) Mediante desengaños vergonzosos, cosechando raramente de lo que habían sembrado, o no
comiendo lo que habían cazado, lo cual se ve claro en el estado judío cuando Cristo se hallaba
entre ellos. Judas traicionó a Jesús por dinero, y no vivió para poder gastarlo. Pilato, para agradar
al César, resiste todos los consejos, y cede y accede al asesinato por el que vino su ruina y la del
César. Hugh Peters

Vers. 24. Esforzaos todos vosotros. El ánimo del cristiano puede ser descrito así: Es la audacia
indomable de un corazón santificado que se aventura a afrontar dificultades y sufrir penalidades
por una buena causa cuando Dios le llama a ello.

La audacia que hay en los brutos es mencionada como semejante al valor que Dios concede a los
hombres (Ezequiel 3:9). Esta es la promesa del Señor: «Como el diamante, más duro que el
pedernal, he hecho yo tu frente.» La locución «más duro» es la misma en el hebreo que se usa en
este texto -fortiorem petra-, la roca que no teme las inclemencias del tiempo: verano o invierno,
sol o lluvia, calor o frío, heladas o nieve; no se sonroja, no se arruga, no cambia en su calidad; es
todavía la misma.

Amado, el valor no consiste en un ojo penetrante, una mirada hosca, en palabras altisonantes;
sino que consiste en los hechos, el vigor de tu brazo, de tu pecho. La raíz de donde viene el
coraje es el amor a Dios; todos los santos de Dios que aman al Señor son de buen ánimo. El amor
a Cristo me constriñe a estas empresas, dice el apóstol (2ª Corintios 5:14). La regla por la cual se
rige es la Palabra de Dios: lo que el Señor se ha complacido en dejarnos registrado para la guía
del cristiano en las páginas sagradas (lº Crónicas 22:12, 13). Y el final, al cual se refiere, es Dios.
Porque para todo hombre santificado, siendo un hombre que se niega a sí mismo y mira a Dios y
sus intereses, Dios en su centro, en que reposan sus actividades y sus empresas; y su alma no se
satisface, ni puede hacerlo, si no es en Dios. Simeon Ash, «Sermón predicado ante los
comandantes de las fuerzas militares de la ciudad de Londres.»

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El cuartear los deseos camales, para un hombre, es como cuartear su propio cuerpo; es un trabajo
doloroso y penoso, como si un hombre se cortara sus propios pies, se cortara las manos o se
pinchara sus propios ojos, como expresan Cristo y el apóstol Pablo. Simeon Ash.

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