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EL MITO DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS-- Alberto Buela

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Ya empezamos mal hablando de indios cuando lo políticamente correcto es hablar de aborígenes, término que viene del sufijo latino ab que indica procedencia, más el sustantivo origo-inis que significa origen, nacimiento. Cuando decimos aborigen nos queremos referir a alguien originario del suelo donde vive.
Aparece aquí la primera contradicción los indigenistas que se auto titulan con un término del latín como aborigen, en lugar del indio que es mucho más genuino y originario. Es verdad que nació de un error de Colón, pero eso es todo, no existió una manipulación ex profesa del término, como ocurrió y ocurre con el de aborigen.
Ahora bien en el caso de los aborígenes de la Patagonia y de la Pampa argentina no son originarios para nada, eso no es cierto, es una falsedad de toda falsedad. Los que hoy se denominan mapuches son un cuento, son un bluff, lo decimos en inglés porque la oficina política de estos “indios” está en Londres. Ellos llegan a La Pampa a partir de 1770 y eran pehuenches de Ranquil (hoy Chile) y se instalan en pleno cladenar (montes del Caldén) de la Pampa central, llamada también Mamil Mapu (país del monte). Vemos como estos indios son menos originarios que los criollos viejos de la Pampa. Y en la Patagonia, cuando invadieron por esa misma época, mataron a los tehuelches sus verdaderos habitantes originarios.
Sobre este tema se puede consultar el excelente artículo de Fredy Carbano Julio Argentino Roca y la gran mentira mapuche que está en Internet.
Es sabido que hoy día uno de los temas y asuntos más aprovechados políticamente por el progresismo, tanto de izquierda como liberal, es el del indigenismo.
No existe prácticamente ningún gobernante- nacional o provincial- de Nuestra América que no cante loas al mundo precolombino, a los indios, a los autóctonos, a los pueblos originarios.
Ni qué decir de los militantes políticos del progresismo y los intelectuales del pensamiento único, el tema está comprado en bloque. Es como si una voz de orden venida del imperialismo yanqui dijera: “Así como para nosotros el único indio que vale es el indio muerto, para Uds. lo único valioso es: que todos sean o se declaren indios”.
Para apoyar este principio de dominación política y cultural nos han vendido, y nuestra intelligensia ha comparado, la teoría del multiculturalismo que hace pedazos la poca unidad nacional que hemos logrado luego de 500 años de existencia. Esta teoría ruin se expresa en el apotegma: la minorías tienen derechos por el sólo hecho de ser minorías, tenga o no algún valor lo suyo.
Ya empezamos mal hablando de indios cuando lo políticamente correcto es hablar de aborígenes, término que viene del sufijo latino ab que indica procedencia, más el sustantivo origo-inis que significa origen, nacimiento. Cuando decimos aborigen nos queremos referir a alguien originario del suelo donde vive.
Aparece aquí la primera contradicción los indigenistas que se auto titulan con un término del latín como aborigen, en lugar del indio que es mucho más genuino y originario. Es verdad que nació de un error de Colón, pero eso es todo, no existió una manipulación ex profesa del término, como ocurrió y ocurre con el de aborigen.
Ahora bien en el caso de los aborígenes de la Patagonia y de la Pampa argentina no son originarios para nada, eso no es cierto, es una falsedad de toda falsedad. Los que hoy se denominan mapuches son un cuento, son un bluff, lo decimos en inglés porque la oficina política de estos “indios” está en Londres. Ellos llegan a La Pampa a partir de 1770 y eran pehuenches de Ranquil (hoy Chile) y se instalan en pleno cladenar (montes del Caldén) de la Pampa central, llamada también Mamil Mapu (país del monte). Vemos como estos indios son menos originarios que los criollos viejos de la Pampa. Y en la Patagonia, cuando invadieron por esa misma época, mataron a los tehuelches sus verdaderos habitantes originarios.
Sobre este tema se puede consultar el excelente artículo de Fredy Carbano Julio Argentino Roca y la gran mentira mapuche que está en Internet.
Es sabido que hoy día uno de los temas y asuntos más aprovechados políticamente por el progresismo, tanto de izquierda como liberal, es el del indigenismo.
No existe prácticamente ningún gobernante- nacional o provincial- de Nuestra América que no cante loas al mundo precolombino, a los indios, a los autóctonos, a los pueblos originarios.
Ni qué decir de los militantes políticos del progresismo y los intelectuales del pensamiento único, el tema está comprado en bloque. Es como si una voz de orden venida del imperialismo yanqui dijera: “Así como para nosotros el único indio que vale es el indio muerto, para Uds. lo único valioso es: que todos sean o se declaren indios”.
Para apoyar este principio de dominación política y cultural nos han vendido, y nuestra intelligensia ha comparado, la teoría del multiculturalismo que hace pedazos la poca unidad nacional que hemos logrado luego de 500 años de existencia. Esta teoría ruin se expresa en el apotegma: la minorías tienen derechos por el sólo hecho de ser minorías, tenga o no algún valor lo suyo.

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EL MITO DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

(NOTAS)

Por Alberto Buela
Ya empezamos mal hablando de indios cuando lo políticamente correcto es hablar de aborígenes, término que viene del sufijo latino ab que indica procedencia, más el sustantivo origo-inis que significa origen, nacimiento. Cuando decimos aborigen nos queremos referir a alguien originario del suelo donde vive.

Aparece aquí la primera contradicción los indigenistas que se auto titulan con un término del latín como aborigen, en lugar del indio que es mucho más genuino y originario. Es verdad que nació de un error de Colón, pero eso es todo, no existió una manipulación ex profesa del término, como ocurrió y ocurre con el de aborigen. Ahora bien en el caso de los aborígenes de la Patagonia y de la Pampa argentina no son originarios para nada, eso no es cierto, es una falsedad de toda falsedad. Los que hoy se denominan mapuches son un cuento, son un bluff, lo decimos en inglés porque la oficina política de estos “indios” está en Londres. Ellos llegan a La Pampa a partir de 1770 y eran pehuenches de Ranquil (hoy Chile) y se instalan en pleno cladenar (montes del Caldén) de la Pampa central, llamada también Mamil Mapu (país del monte). Vemos como estos indios son menos originarios que los criollos viejos de la Pampa. Y en la Patagonia, cuando invadieron por esa misma época, mataron a los tehuelches sus verdaderos habitantes originarios. Sobre este tema se puede consultar el excelente artículo de Fredy Carbano Julio Argentino Roca y la gran mentira mapuche que está en Internet. Es sabido que hoy día uno de los temas y asuntos más aprovechados políticamente por el progresismo, tanto de izquierda como liberal, es el del indigenismo. No existe prácticamente ningún gobernante- nacional o provincial- de Nuestra América que no cante loas al mundo precolombino, a los indios, a los autóctonos, a los pueblos originarios. Ni qué decir de los militantes políticos del progresismo y los intelectuales del pensamiento único, el tema está comprado en bloque. Es como si una voz de orden venida del imperialismo yanqui dijera: “Así como para nosotros el único indio que vale es el indio muerto, para Uds. lo único valioso es: que todos sean o se declaren indios”. Para apoyar este principio de dominación política y cultural nos han vendido, y nuestra intelligensia ha comparado, la teoría del multiculturalismo que hace pedazos la poca unidad nacional que hemos logrado luego de 500 años de existencia. Esta teoría ruin se expresa en el apotegma: la minorías tienen derechos por el sólo hecho de ser minorías, tenga o no algún valor lo suyo. ¿y la voluntad de las mayorías? Solo sirve para convalidar en el momento de votar a la élite ilustrada que gobernará para las minorías, llámense grupos concentrados de la economía (Etztain, Grobocopatel, Mildin, Werthein), de la cultura (gays, lesbianas, bisexuales, homosexuales), de la farándula mediática (Leuco, Eliaschev, Sofovich, Gelblung), del pensamiento (Feimann, Forster, Kovaldof, Abraham). Gringos de la peor laya que viven esquilmando a nuestros pueblos bajo la mascarada democrática de servirlos. Y así como es políticamente correcto criticar a los fumadores y a los cazadores de ciervos, por el contrario, es políticamente incorrecto criticar a cualquiera de las mil variantes del indigenismo americano.

La crítica al indigenismo inmediatamente nos demoniza, porque el indigenismo es un mecanismo más de dominación del imperialismo y como tal funciona. Su verborrea criminaliza a quien se opone. Su lenguaje busca despertar sentimientos primarios a dos puntas: se presentan como víctimas y criminaliza a quienes se le oponen o ponen simplemente reparos. Lo grave del indigenismo es que en nombre de las falsas razones de origen que dan ellos, nos quitan, al menos a los criollos americanos, nuestro lugar de origen. Y nosotros los criollos bajo la firma de gauchos, huasos, cholos, montuvios, jíbaros, ladinos, gaúchos, borinqueños, charros o llaneros somos lo mejor, el producto más original que dio América al mundo. Ya lo decía Bolivar sobre él mismo: ni tan español ni tan indio. Es este mundo criollo que dio el barroco americano y que peleó por la independencia y libertad de nuestros pueblos. Este mundo criollo que tuvo sus mejores frutos intelectuales en la universidad de Chiquisaca, llamada La Plata, Charcas y hoy Sucre. ¿O por qué se piensan que Bolivia, así pobre y desmantelada como la vemos, ha sido la que mayor cantidad de pensadores nacionales hispanoamericanos ha dado en el siglo XX? Porque funciona sobre una matriz de pensamiento que tiene medio milenio. Qué es ser criollo sino la mejor forma de sentir lo nuestro, lo propio, lo auténtico. No es necesario andar vestido de gaucho, huaso o llanero, ni tener diez generaciones de americanos. Criollo puede ser un bancario, y un plomero, un cura o un médico, un rico o un pobre, el inmigrante italiano o alemán, el turco o el judío. Lo criollo es la captación del valor de lo genuino en nosotros. La valoración del modo gaucho de vida con sus costumbres y tradiciones. No porque nos vistamos de gauchos vamos a ser más criollos, yo conozco tantos gauchos de tienda. Hace muchos años, Juan Carlos Neyra, el padre del Colorado Neyra, escribió: Criollo es aquel que interpreta al gaucho y lo criollo es un modo de sentir, una aproximación afectiva a lo gaucho. Es por eso que lo gaucho es necesariamente criollo pero un criollo puede no ser gaucho. De allí que esos viejos camperos de antes decían: Nunca digas que sos gaucho, que los otros lo digan de vos. Hace unos días escribió Solíz Rada desde Bolivia un brillante artículo El canciller y las hormigas donde el canciller de su país afirma: “para nosotros los indios están primero las mariposas y las hormigas y en último lugar está el hombre. A lo que comenta Solíz: Lo inaceptable es separar la preservación de la Madre Tierra de la defensa del género humano. Recuérdese que los nazis también pensaban que judíos y gitanos valían menos que hormigas y bacterias.” Lo postulado por su canciller viene a coincidir con los planes de John Rokeffeller III de control de la natalidad de los países del tercer mundo. El historiador y amigo chileno Pedro Godoy nos dice: “Chile no escapa del plan desmembrador. Modas primermundistas nos contaminan: tatuajes, grafitis, piercing, swingers, punkies… Ahora adquiere fuerza otra: los indigenista bajo el grito “cada etnia una nación” ¡Inquietante!. Los asesores rubios de esta campaña motorizan, hoy como ayer, la leyenda negra. Aportan así a acentuar nuestra crisis de identidad”

La instrumentación política que está detrás del indigenismo la hace notar muy bien Félix Rodríguez Trelles cuando afirma: “Los mal llamados "originarios" son el brazo de la quinta columna interior. El experimento imperial ha logrado un éxito notable al controlar Bolivia con el cocalero manejado desde atrás por García Linera (el Cohn-Bendit boliviano), y acechan con fuerza en Ecuador (no es casual que a Correa los "originarios" lo ataquen cuando repudia la deuda externa)” (cfr. En Internet su artículo Los pueblos originarios: una operación de pizas). Tanto Andrés Solíz Rada como Pedro Godoy, dos hombres de la izquierda nacional suramericana, como Trelles un hombre del peronismo genuino, quieren poner el acento y distinguir entre la existencia y primacía de la identidad de la comunidad política de origen (aquella que nos da el Estado-nación al que pertenecemos) y una identidad adquirida o secundaria que es la que cada uno puede darse o crearse por estudio o convicciones (comunidad mapuche, gaucha, gringa, judía o árabe). Si no tenemos en cuenta esta distinción política fundamental caemos en el error todos los separatismos. Y así todo suma y sigue, y podríamos poner mil ejemplos. De este indigenismo se desprende la primera mentira mayúscula: la matanza de indios que realizaron los españoles fue de 120 millones según Escarrá Malavé, presidente de la comisión de relaciones exteriores del Congreso de Venezuela, de ahí que Chávez hable equivocadamente de “holocausto aborigen”. De 70 millones según el sociólogo brasileño Darcy Ribeiro y así siguen los números más inverosímiles. Pero estas cifras son solo suposiciones artificiosas teñidas por el odio a España y lo español producto de la “leyenda negra” creada por las oficinas políticas de Holanda e Inglaterra. El filósofo e historiador mejicano José Vasconcelos, nada hispanista, hace constar en su Breve historia de México que no había más de seis millones de indios en todo el norte de América, tesis que años después convalidarían las investigaciones del antropólogo W. Denevan. Mientras que don Angel Rosemblat, profesor de historia de América colonial y nada sospechoso de prohispanismo, estimó una población a la llegada de Colón de trece millones y medio para toda América. La que disminuyó en gran parte no por las matanzas, que ciertamente las hubo sobre todo en los primeros treinta años de la conquista, pero ni por asomo con la magnitud que se les otorga, sino por las epidemias que los españoles trajeron: gripe, viruela, sífilis, etc. Angel Rosemblat nació en Polonia en 1902 en el seno de una familia judía y llegó a Buenos Aires a los seis años, realizó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, se perfeccionó en Europa y en 1946 se afincó en Venezuela contratado por ese gran pensador venezolano que fue Mariano Picón Salas, y allí murió en 1984.Este filólogo y antropólogo cultural se destacó por su continuado trabajo de treinta años sobre el tema de la población originaria de América a la llegada de Colón y en un libro memorable que tiene muchas ediciones La población de América en 1492. Viejos y nuevos cálculos, FCE, México, 1967. Afirma Pierre Chaunu, historiador francés y protestante, el mayor revisionista de la Revolución Francesa junto con Francois Furet, escribe: “La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los

españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica. ” La tenaz y reiterativa acusación de genocidio a los españoles por parte de los indigenistas contrasta con el silencio sobre uno de los episodios más terribles y duraderos, la matanza y explotación de indios y negros por parte de las oligarquías americanas ilustradas luego de la independencia. Así durante casi todo el siglo XIX las oligarquías locales masónicas y liberales bajo régimen de esclavitud hicieron desaparecer pueblos enteros como los charrúas en Uruguay, los mayas en México y varias etnias en el Brasil amazónico. Nosotros al no ser antropólogos culturales, sólo conocemos tres trabajos serios sobre el tema en Argentina: a) los de Ernesto Sánchez Ance para el área norte del país. b) el libro del antropólogo Jorge Fernández C., fallecido hace unos años, titulado Historia de los indios ranqueles, Bs.As. Ed. Inst.Nac.Antropología y Pensamiento Americano, 1998, en donde con lujo de detalles desarma el mito de los indios pampas o ranqueles como originarios, sino que llegaron a La Pampa en 1770 corridos de Chile por los españoles y vivieron allí, gracias a la industria sin chimeneas –el malón y el cautivaje - hasta 1879, cuando cae Baigorrita, su último cacique. c) el libro de P. Meinrado Hux: Memorias de un ex cautivo Santiago Avendaño, Bs.As. Ed. Elefante Blanco, 1999. En donde se muestra palmariamente cómo era la tan mentada cultura indígena, con sus sacrificios humanos y el desollar viva a la gente. Invitamos a los que quieran profundizar, a leer estos trabajos que están al alcance de todos. Alberto Buela Publicado 17th May 2010 por Eduardo Linares Dahl FUENTE: http://demodirecta.blogspot.com.ar/2010_05_01_archive.html

12 de abril de 2013

CUESTIONANDO EL CONCEPTO DE "PUEBLOS ORIGINARIOS". En la guerra semántica unos quieren hacer su revolución progresista subvirtiendo el sentido de las palabras y otros queremos afirmar las identidades personales y colectivas preservando el sentido propio de las palabras. Uno de los terminachos que los progresistas han introducido para desarticular los estados nacionales es el de “pueblos originarios” para denominar a los descendientes de las etnias amerindias que existían antes de que se formara historicamente a América.

Recogemos a continuación algunos de los cuestionamientos a ese terminacho. Extracto de la entrevista a Alberto Buela en Nouvelle Revue d’Histoire. De la Introducción de Petras: PETRAS: Buela recoge nuestra idea en el sentido de descalificar a los pueblos indígenas amerindios como los pueblos originarios de América por cuanto ellos son poblaciones preexistentes a la existencia de América en la historia: América comienza a existir con las fundaciones españolas en este continente; desde entonces y solamente desde entonces se puede hablar de América. De allí que LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE AMÉRICA SEAN LOS QUE SE ORIGINARON EN AMÉRICA A PARTIR DE LA FUNDACIÓN HISPÁNICA DE AMÉRICA, Y QUE -EN EL CASO DE LOS CASTELLANO-PARLANTES- LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE AMÉRICA SON TODOS LOS CRIOLLOS (más o menos mestizos) QUE HABITAN DESDE CALIFORNIA Y FLORIDA HASTA PATAGONIA Y TIERRA DEL FUEGO.” De la entrevista: ALBERTO BUELA: “no somos « ni tan españoles ni tan indios » sino hispano-criollos. Producto de una cultura de síntesis o simbiosis entre dos cosmovisiones que se han imbricado produciendo al hombre americano actual.Nosotros, los criollos, como muy bien afirma el historiador chileno Pedro Godoy somos el hombre genuinamente originario de América.

Nuestra deuda con Europa es grandísima (lengua, religión, instituciones) pero nuestra matriz, nuestro genius loci (clima, suelo y paisaje) es América. Y esto no debemos olvidar. Nosotros pensamos y vivimos desde América.”
Del artículo “El concepto de pueblos originarios”: ALBERTO BUELA: “Nos vamos a ocupar ahora de la falsa interpretación y posterior instrumentación del concepto de pueblos originarios.
El primero del que tenemos conocimiento que llamó la atención sobre este asunto fue el historiador chileno perteneciente a la izquierda nacional, Pedro Godoy, cuando afirmó: El pueblo originario de Chile es el pueblo chileno real y concreto que conocemos en las calles, los estadios y las fiestas. Y esto se aplica a toda Nuestra América donde el pueblo originario es el pueblo criollo que se ha dado arquetipos en todos los países: huaso, gaucho, cholo, pila, montubio, ladino, llanero, jíbaro, charro, etc. Si bien ya no vamos más vestidos así, pues lo tiempos cambian, lo criollo es la valoración como lo más genuino de estos arquetipos.”

[1]

“[1] Es interesante notar, que en los muy buenos pensadores chilenos, encontramos las mejores meditaciones sobre qué sea lo de pueblos originarios, por ejemplo Pedro Godoy o Petras Petrus. Seguramente, por los inconvenientes que presentan los partidarios de la República Pseudomapuche para el sur de Chile con sede en Londres.” “españoles y portugueses, cambiaron hábitos, usos y costumbres al mixturarse con los indios y creando una cultura de síntesis o intercultura. América se incorpora con rasgos propios a la historia del mundo cuando comienzan a nacer y a

producir con rasgos distintivos los criollos americanos, que son, como dijera Bolivar: ni tan español ni tan indio. Los indios son poblaciones preexistentes al concepto o la idea de América. El pueblo que da origen a América es España y en menor medida Portugal. Ahora bien, el carácter de originario nos lo da la mixtura o simbiosis, puesta de manifiesto en esos arquetipos que nombramos antes, y que resumimos en lo criollo.”

Publicado por Petras Petrus de Petris
FUENTE: http://losdocumentoscarteropetras.blogspot.com.ar/

Multiculturalismo o Interculturalismo Por Alberto Buela
Multiculturalismo o Interculturalismo Por Alberto Buela (*) Correo Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 07/09/08.- Hace ya bastantes años que venimos combatiendo la idea del multiculturalismo como una categoría ideológica de dominación nacida desde los antropólogos culturales usamericanos por la cual se exalta a las minorías por el hecho de ser minorías en desmedro de las mayorías populares. Y de dominación porque lo que se busca con su utilización política es quebrar la idea de comunidad nacional en una multitud de minorías o grupos minoritarios, políticamente de más fácil manejo que un poder nacional centralizado. Este multiculturalismo es el que tiene vigencia política en Bolivia, en estos últimos tiempos, con la sanción de una constitución con 36 naciones aborígenes. Así bajo la mascarada y el simulacro de defender los intereses postergados históricamente de los "originarios" se quiebra desde el ejecutivo la comunidad nacional boliviana. El Estado-nación creado por Sucre corre el riesgo de dejar de existir. A decir verdad tampoco les sirvió de mucho su existencia pues estos últimos doscientos años fueron de mayor explotación que los del período hispánico. Pero al menos, gracias al Estado-nación fueron reconocidos como tales, como bolivianos, en el orden internacional, que no es poco. ¿Cuál es la ventaja para Bolivia que le traen las tesis multiculturalistas?. Ninguna, sino por el contrario, será mucho mejor manejada por los intereses brasileños, chilenos, argentinos y de yanquilandia en la región al no existir un poder central de decisión nacional sino 36 "decisiones nacionales". Un verdadero disparate.

Las tesis multiculturalistas también son aplicadas en Chile con la exaltación del pueblo mapuche con sus oficinas en Londres.(siempre detrás Inca-laperra como dice el Martín Fierro) Algo también en Argentina y Colombia. Mucho más en Ecuador y Venezuela. En el fondo el multiculturalismo es una trampa, porque no consiste en un respeto verdadero por el otro. Hace como sí lo respetara pero en realidad no lo tiene en cuenta tal como es, sino más bien lo toma al otro por la caricatura de lo que es. Que el multiculturalismo es un instrumento del imperialismo lo pone de manifiesto Rodrigo Argulló cuando afirma: "En realidad el multiculturalismo apunta en su estadio final no a la coexistencia de culturas sino a su fusión en el seno de un Mercado global" (1). Esta parodia respecto a la valoración del otro solo a través de su pintoresquismo y no en lo que verdaderamente es o existe, nos ha llevado a plantear la teoría del disenso (2) según la cual proponemos "otro sentido" al actualmente vigente sobre las cosas y las acciones de los hombres. El disenso se torna peligroso para el pensamiento único y políticamente correcto, una de cuyas categorías es el multiculturalismo, dado que permite crear teoría crítica. Pues como afirmara ese gran filósofo suramericano que fue Alberto Wagner de Reyna: "Detrás del contenido lógico del disenso siempre hay una necesidad axiológicamnete fundada en lo insobornable- de hacer vencer la verdad. Nada más lejos de él, que el parloteo- hablar por hablar y discutir por discutir- que la jovial disposición a un compromiso que no compromete a nada. Tal suele ser el tan celebrado consenso" (3). El consenso y sus famosas "mesas de consenso" como instrumentos del multiculturalismo fundan lo que hemos denominado "falso diálogo", es decir, un diálogo que comienza con el consenso como petición de principio, escondiendo de entrada nomás, las diferencias de las partes y de los intérpretes. Este disimulo, esta parodia ha malogrado las mejores iniciativas, porque ha partido siempre de "la parodia del otro" como lo es tomar "al otro" antes que nada como un igual. Ignorando que la única igualdad posible en un diálogo abierto y franco es la diferencia. Y esta se manifiesta siempre y de entrada en el disenso. Pretender definir "al otro" bajo el apotegma de "todos por igual" es ocultar su identidad en la categoría ideológico política del igualitarismo. Falsedad que se viene repitiendo desde la Revolución Francesa para acá en todos "los ismos". Al ser el consenso entendido por el progresismo como razón de causa eficiente y no como causa final a la cual llegar, se establece entonces por acuerdo de los grupos de poder o minorías. Es sabido que los pueblos no consensuan, ellos simplemente dicen qué y quiénes son en la historia del mundo. Y la lógica interna de las minorías es que la decisión se toma siempre antes que la deliberación, con lo que esta última se transforma en un simulacro más. Con justa razón ha afirmado ese gran pensador de la política que es Dalmacio Negro

Pavón: "El consenso, como mito político, está al servicio de las oligarquías que se presentan como representantes de la sociedad" (4). El multiculturalismo se presenta como una idea fuerza para preservar la diversidad y la pluralidad del mundo bajo los principios de igualdad, tolerancia y democracia cuando en realidad lo que produce es algo totalmente distinto. Viene como caballo de Troya del imperialismo a quebrar las comunidades nacionales en múltiples tribus urbanas o rurales (Maffesoli dixit) que ya no serán contenidas por la pertenencia al Estado-nación sino sólo por el dios monotenísta del Mercado Global. Así extraña a los pueblos de sus propias raíces pues entiende la identidad como la de todos por igual y la tolerancia no para evitar un mal mayor sino como "la demorada negación del otro" a través de la retórica del consenso (habla, habla que yo ya tomé la decisión) y la democracia como respeto al procedimiento jurídico político y no como poder al pueblo. La mejor, mayor y más profunda respuesta al multiculturalismo ha nacido del filósofo cubano Raúl Fornet Betancourt, radicado hace muchos años en Alemania, con su trabajo Filosofía intercultural (México, 1994). Allí nace por así decir el concepto de interculturalidad no tanto como oposición a multiculturalidad sino como afirmación del mestizaje hispanocriollo de lo que es América. Nosotros, los americanos, que somos muchas culturas al mismo tiempo no nos podemos identificar con una sola como pretende el multiculturalismo sino que vivimos varias culturas al mismo tiempo. De modo tal que nosotros vivimos entre culturas, una interculturalidad raigal. Pretender desgajarnos de estas muchas culturas que somos para exaltar una de entre ellas, como pretende el indigenismo multiculturalista, es extrañarnos de nosotros mismos. Así el interculturalismo encarna y representa al pluralismo cultural genuino porque muestra y respeta los múltiples aspectos que viven en nosotros mismos. A diferencia del multiculturalismo que nace y depende de un centro cultural interpretativo: Usamérica y el pensamiento único, "El interculturalismo, afirma Fornet, desecha y renuncia a operar con un solo modelo teórico-conceptual que sirva de paradigma interpretativo" (5). Ya el término inter-culturalismo nos indica que nosotros vivimos "entreculturas", entre varias culturas y pretender definirnos o comprendernos por una sola de entre ellas es, en definitiva, no entendernos en lo que somos. Pero también es cierto que nosotros, los americanos, no somos todas esas culturas acabadamente, no somos la "raza cósmica" como ingenuamente pretendía el gran Vasconcelos, somos o tenemos, análogamente, parte de esas culturas, de algunas más y de otras menos. Todo ello se plasmó luego de quinientos años en un tipo humano: el criollo, que no es ni tan español ni tan

indio, según afirmaba Bolivar. El criollo bajo la forma del huaso, el gaucho, el llanero, el cholo, el colla, el montubio, el ladino, el boricua, el charro es la encarnación de este mundo intercultural de que hablamos aquí. El es en sí mismo la encarnación de una pluralidad cultural viviente. Es una cultura de síntesis que nos habla de un tipo humano de lo mejor que América ha dado. Poéticamente esto lo expresaron Darío y Hernández cada uno a su modo: Hay mil cachorros sueltos del León Español. Se necesitaría, oh Roosevelt, ser, Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras. Y, pues contáis con todo, os falta una cosa: ¡Dios! ...... Tiene el gaucho que aguantar Hasta que lo trague el hoyo, O hasta que venga un criollo En esta tierra a mandar. Y políticamente se ha encarnado el interculturalismo en hombres gobernantes como Eloy Alfaro (Ecuador), Juan José Arévalo (Guatemala), Getulio Vargas (Brasil), Perón (Argentina) Ovando y Candia (Bolivia), Natalicio González (Paraguay), Herrera (Uruguay), Balmaceda (Chile), López Michelsen (Colombia), Belaúnde (Perú), Cárdenas (México), Caraso (Costa Rica), Arnulfo Arias (Panamá) y hoy día Chávez(Venezuela) y Uribe (Colombia) más allá de sus diferencias ideológicas. Todos ellos, cada uno a su tiempo, han sabido responder desde el poder qué son ellos y los pueblos que gobiernan. Es que el ejercicio de la interculturalidad es una vivencia, no crea dudas, éstas nacen cuando se aplican modelos ideológico- políticos como sucede con el multiculturalismo para entender una realidad, la realidad nuestra y de nuestros pueblos, que escapa a sus categorías de interpretación. Notas: (1) Argulló, Rodrigo: "El progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo" en revista El Manifiesto Nª 10, Barcelona, junio 2008. (2) Buela, Alberto: Teoría del disenso, Bs.As., Ed. Cultura et Labor, 2004 (3) Wagner de Reyna, Alberto: "prólogo a Ensayos de Disenso", Barcelona, Ed. Nueva República, 1999, p.5 (4) Negro Pavón, Dalmacio: "Desmitificación del consenso político" en revista Razón Española Nª 145, Madrid, sep-oct. 2007, p.152

(5) Fornet Betancourt, Raúl: Filosofía intercultural, México, Univ. Pontificia, 1994, p. 10 (*) Filósofo (mejor arkagueuta). Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos. Federación del papel. Escuela de Gobierno Pcia. de Bs.As. Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, Argentina

"estar juntos parece la creación entera, como lengua sincera destruimos, levantamos, vivimos densamente y nos enamoramos densamente, en silencio, sufriendo de emoción; estar juntos parece morir juntos, parece un jarro de ternura, muy frágil, que estremece de noción de principio y de fin a la creación.."

FUENTE: http://greenhouse.economics.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/2008September/066463.html

EL ORDEN CRIOLLO

Alberto BUELA

A los amigos de la Quiaca y sur de Bolivia

Lo primero que plantea tan arduo tema es responder a la pregunta ¿desde dónde vamos a hablar del orden criollo?. Y respondemos, desde la tradición nacional argentina e hispanoamericana.

a) Y esta tradición tiene un origen fáctico, de hecho, en los setenta y dos yeguarizos que trae Pedro de Mendoza a Buenos Aires en 1536, donde los pocos que quedaron, algunos murieron y otros se los comieron durante esa terrible hambruna porteña de cinco años que duró la aventura mendozina. Ordenada la despoblación de la primera Buenos Aires por Irala y desobedeciendo sus órdenes de degüello fueron largados a campo y se reprodujeron libremente durante cuarenta años, llegando a la cifra estimada de setecientos mil. De modo tal que la base fáctica, el hecho bruto y concreto del orden criollo es la cultura del caballo y todo aquello que la rodea.

b) La tradición política del orden criollo la hallamos primero en Juan de Garay, hombre ejemplar si los hubo, más americano que español pues llegó a América a los trece años, fundó Buenos Aires y cofundó Santa Cruz de la Sierra junto a Ñuflo de Chávez y gobernó Asunción del Paraguay, luego en Hernandarias, después en el letrado del siglo XVII Juan Solórzano Pereira, gobernador de Huancavelica, nuestros próceres y gobernadores criollos del período de la Independencia como San Martín y Güemes, Rosas luego, y ya en el siglo XX Roque Sáenz Peña, algo en Irigoyen y finalmente Perón, con sus luces y sombras. (estos gobiernos de corte criollo y nacional se reproducen en mayor o menor medida en toda Nuestra América. No es acá el lugar para enumerarlos).

c) La tradición cultural del orden criollo se funda en el poema épico por excelencia de la ecúmene hispanoamericana: el Martín Fierro, que tiene un antecedente ilustre en la primera parte del Facundo, como primer estudio sociológico descriptivo de la realidad argentina a mediados del siglo XIX, y tiene sus consecuentes en trabajos como La Tradición Nacional de Joaquín V. González, quien incorpora la cultura montañesa. En torno al criollismo de Ernesto Quesada, que se completa con El Payador de Lugones, serie de conferencias en el teatro Odeón a las que asiste el entonces presidente Roque Sáenz Peña y su ministro del interior Indalecio Gómez.

Vista a vuelo de pájaro la tradición nacional en sus tres dimensiones: fáctica, política y cultural, cabe ahora preguntarse ¿qué es una tradición y una tradición nacional? La tradición debe entenderse no como el traspaso de cosas de una generación a otra, de padres a hijos o de abuelos a nietos. No. La tradición es sólo y exclusivamente, la transmisión de las cosas valiosas de una generación a otra. Es decir, aquellas cosas que

tienen insertas un valor que por ello se pasan de denominarse bienes. Así, un bien es una cosa que lleva inserta un valor. Esto es lo que constituye el meollo de una tradición: la transmisión de valores encarnados en las cosas y no simplemente "la declamación de los valores" al modo libresco o pedagógico. En cuanto a lo nacional, concepto que viene de nación y cuya raíz es el verbo latino nasco que significa nacer, es un proyecto político-cultural que un pueblo determinado busca darse en la historia del mundo. Lo nacional significa primero el lugar donde se nace, es algo vinculado a la tierra, de allí proviene el término nación, que en esta primera aproximación se limita al país, que viene del paisaje, lugar donde habitan los paisanos, quiere indicar el genius loci que nos rodea al caer a la existencia en este mundo cada uno de nosotros. Pero no acaba allí la idea de nación y nacional sino que se extiende a aquello que pretendemos ser y hacer los paisanos como pueblo en la historia de mundo. De modo tal que la tradición nacional reclama para existir, alternativamente, estos dos elementos: país y proyecto, historia y futuro.

Planteadas así las cosas podemos entrar ahora en el tema de esta meditación, el del orden criollo. Éste fue el orden que se dio fácticamente con la cultura del caballo, que se dio políticamente con los gobiernos que privilegiaron y defendieron lo nuestro y que se dio culturalmente cuando pensamos con cabeza propia. Antes que nada debemos prevenirnos y afirmar que, el Don Segundo y toda su comercialización arequera, (el gaucho visto con los ojos del hijo del patrón, Doll dixit), el Santos Vega, leyenda mitómana para profesores de literatura, el Fausto formado por palabras gauchas y conceptos vacíos (criollada de gringo fanfarrón, que anda jineteando la yegua de su jardinera, Lugones dixit) y el floklorismo de gauchos de tienda nada tiene que ver con lo criollo. Todo ello es un remedo, una mala copia. El orden criollo implica la existencia de una cosmovisión, es decir, una visión totalizadora, hoy se dice holística, del hombre el mundo y sus problemas, expresada en el estilo de nuestros hombres de campo o del hombre de ciudad que siente el campo. Y acá viene y hay que hacer una distinción fundamental entre lo gaucho y lo criollo. Distinción que hiciera Juan Carlos Neyra en un impecable, breve y profundo ensayo. El gaucho y lo gaucho término peyorativo hasta que lo recuperan San Martín y Güemes y es bueno que se recuerde y se lo recuerde desde acá, desde la Quiaca, implica una forma de vivir que necesariamente se da en el campo, en donde el gaucho muestra todas sus habilidades camperas, todas sus pilchas como en esta fiesta, todas sus destrezas en juegos como el pato, la taba, la sortija y en danzas como el triunfo, el gato, la zamba, la cueca, la chacarera o el chamamé. En donde los silencios tienen sus sonidos y los trabajos sus tiempos en un madurar con las cosas, tan propio del tiempo americano.

¿Y lo criollo entonces? Criollo es aquel que interpreta al gaucho y lo criollo es un modo de sentir, una aproximación afectiva a lo gaucho. Es por eso que lo gaucho es necesariamente criollo pero un criollo puede no ser gaucho. De allí que esos viejos camperos de antes decían: Nunca digas que sos gaucho, que los otros lo digan de vos. Así, se pudo acertadamente escribir: Si gaucho es una forma de vivir, criollo es una forma de sentir" [1] Y esta distinción se ve claramente en la estrofa del poema nacional que dice: Tiene el gaucho que aguantar Hasta que lo trague el hoyo, O hasta que venga un criollo En esta tierra a mandar.

Estrofa que muestra en forma evidente como el gaucho es quien sufre, quien padece un modo de vida, en este caso en la época posterior a Rosas, de explotación e injusticias, y las esperanzas están puestas en un criollo, el aquel que siente lo gaucho, que interpreta cabalmente lo gaucho y que pueda llegar a mandar, a gobernar. De modo tal que el orden criollo nace de la interpretación más acabada de aquello que la Argentina dio al mundo de más genuino: el gaucho. Y que en Nuestra América se llamó huaso en Chile, montubio en Ecuador, cholo en Perú, camba en Santa Cruz, coya en La Paz, gaúcho en el sur de Brasil, borinqueño en Puerto Rico, ladino en Guatemala, llanero en Colombia y Venezuela, charro en México.

Pero avancemos un poco más y pasemos con nuestro aporte del plano descriptivo al plano metafísico. Y así afirmamos que si bien es indudable que se ha producido paulatinamente con el surgimiento de la sociedad industrial y de consumo la desaparición de lo criollo bajo la forma del gaucho, el llanero, el montubio, el charro, o el huaso, ello no nos permite, de ninguna manera, afirmar la desaparición de los valores que alentaron a este tipo de hombre. Lo gaucho es la forma en donde se plasmó de mejor manera lo criollo, pero lo criollo es el fondo, es el núcleo aglutinado de valores que le da sentido a lo gaucho. En una palabra, que desaparezca la forma, en tanto que apariencia, (hoy los centros tradicionalistas son sólo apariencia de lo gaucho) no nos autoriza a colegir que murió su contenido; esto es, el alma gaucha, o sea, la expresión más propia de lo criollo. Muy por el contrario, lo que se tiene que intentar es plasmar bajo nuevas apariencias o empaques los valores que sustentaron a este arquetipo de hombre, como lo son: a) el sentido de la libertad, b) el valor de la palabra empeñada, c) el sentido de jerarquía y d) la preferencia de sí mismo. No existe ningún

pensador nacional iberoamericano, más allá de las disímiles posiciones políticas, que no sostenga estos cuatro principios fundamentales del alma hispanoamericana. Así el orden criollo nace a partir de allí y es expresión política y cultural de esa esencia propia y específicamente nuestra, esto es, de la ecúmene, de esta gran casa que es América, que como lo hóspito nos recibe, nos hospeda a todos nosotros (aborígenes, gauchos y gringos) que desde lo inhóspito hemos llegado a América buscando la posibilidad de ser plenamente hombres. Acá la primacía no se obtiene por la antigüedad, como nos quieren hacer creer hoy en día las voces publicitadas del indigenismo, acá la primacía la tiene aquel que llevó a su mayor perfección la forma de ser americano y este fue el criollo como producto de ese abrazo fenomenal, tanto en la lucha como en el lecho, que se produjo a partir de 1492. En donde Europa y América dejaron de ser lo que eran y habían sido hasta entonces para ser otra cosa distinta, diferente, nueva y no vista nunca antes: Y aquí en América surgimos nosotros, "ni tan español ni tan indio", el mundo criollo y su orden, que llegó a su plenitud cuando cuajó un arquetipo humano que en Argentina fue el gaucho. Y que fue descripto acabadamente por texto por el Facundo, el Martín Fierro, La Tradición Nacional, el Payador o Romances de Río Seco. Y que llegó a su plenitud política cuando fue bien interpretado por hombres como San Martín, Güemes, Rosas, Sáenz Peña, Yrigoyen y Perón.

[1] Neyra, Juan Carlos: Introducción criolla al Martín Fierro, ed. Huemul, 1979, p.22.28/11/2006 20:13. bitacorapi
http://bitacorapi.blogia.com/2006/112801-el-orden-criollo.php

ACERCA DEL "ORDEN CRIOLLO" DE MI AMIGO ALBERTO BUELA
Por Ignacio G. TEJERINA CARRERAS

Hace muy pocos días, he leído en el blog español BITÁCORA PI el artículo "El Orden Criollo" (http://bitacorapi.blogia.com/2006/112801-el-orden-criollo.php) destinado a los amigos del autor en la Quiaca y sur de Bolivia. Lo leí con mucho interés porque la temática es muy afín a mis pensamientos desde hace años, ya que desde hace más de una década, a solicitud mía, se creó el Departamento de Estudios Criollos del Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba. A posteriori, la editorial El Copista, de Córdoba, me publicó mis "Raíces Criollas", en el año 1994, obra que contó con el auspicio de la Municipalidad de Córdoba, Capital, a través del llamado Fondo Estímulo para la Actividad Editorial Cordobesa, ordenanza 1808. Como tengo amistad con el profesor Buela y gran pasión por lo criollo, por ser quien esto escribe criollo de 14 generaciones en el país, me veo en la necesidad de hacer algunas puntualizaciones sobre ello:

1) El autor expresa que la tradición política del orden criollo la hallamos primero en Juan de Garay, quien "fundó Buenos Aires y cofundó Santa Cruz de la Sierra junto a Ñuflo de Chávez"; luego en Hernandarias, después en el letrado del siglo XVII Juan Solórzano Pereira, nuestros próceres gobernadores del período de la Independencia... etc. Lo expresado hasta aquí es parte de la realidad, pero de la realidad mediterránea y rioplatense. Como hombre del Interior, acostumbrado a una visión parcial de la historia con epicentro en el Puerto, no puedo dejar pasar por alto algo muy importante. Más allá de los yeguarizos que trajo Pedro de Mendoza en 1536, el primer hito documental de la fundación de lo que hoy es Argentina, es el 29 de junio de 1550, cuando Núñez del Prado funda la ciudad de Barco con acta de fundación, constitución de Cabildo, es decir los requisitos primordiales de la legislación española en América para tener categoría jurídica. Esta ciudad sufriría traslados, el último hecho por Francisco de Aguirre, quien le cambiaría el nombre original, en 1553, por el de Santiago del Estero, que hoy es legítimamente llamada Madre de Ciudades, precisamente por ser ella la primera ciudad en territorio argentino. Además, y esto es muy importante, el tener ya una ciudad y empezar a nacer ya hijos de la cruza de españoles e indios, da origen al nacimiento de nuestra Patria. La llamada "Fundación de Buenos Aires" por Pedro de Mendoza, fue sólo un asentamiento y por lo tanto, lo de Juan de Garay no fue una "segunda fundación", sino la única; el asentamiento de D. Pedro de Mendoza nunca tuvo acta fundacional ni cabildo, de modo tal que le corresponde a Juan de

Garay el honor de haber fundado lo que hoy conocemos como ciudad de Buenos Aires en 1580, después de haber fundado Santa Fe en 1573.

Pero más importante que todo lo dicho anteriormente es que cuando Juan de Garay fundó Santa Fe y Buenos Aires, ya existía un orden político criollo, conformado por las siguientes ciudades, ya fundadas y consolidadas y en una dinámica generadora de la sociedad hispanocriolla: Santiago del Estero, fundada en la fecha arriba citada, Córdoba fundada por Jerónimo Luis de Cabrera el 6 de julio de 1573, Mendoza fundada por Pedro del Castillo 1560, San Juan por Jofré en 1562, San Miguel de Tucumán en 1565 por Diego de Villarruel, Talavera de la Reina fundada el 15 de julio de 1567 por el gobernador Diego Pacheco. Esta ciudad de Talavera también tuvo el célebre nombre de Esteco y se situaba en la región conocida como Palca Tucumán y después fue el resultado de la fusión de 2 poblaciones, Talavera del Esteco y la Villa de la Nueva Madrid o Madrid de las Juntas, reunidas en 1609 por decisión del gobernador Alonso de Rivera. La primitiva Talavera estaba en el poblado llamado Cáceres que habían levantado Jerónimo de Olguín, Diego de Heredia y Juan de Berzocana en 1566, cuando se dirigían a Charcas llevando como prisionero a Francisco de Aguirre. Esta ciudad de Talavera de Madrid, o Esteco, alcanzó bastante importancia, a tal punto que en 1623, cuando el breve In Supereminent de S.S. Gregorio XV, permitió a los jesuitas otorgar grados académicos en su colegio máximo de Córdoba, el Obispo Julián de Cortázar dispuso que la ceremonia de graduación se realizara allí. El permanente acoso de los indios redujo la ciudad a su mínima expresión, a tal punto que en 1689 contaba con sólo 5 vecinos y 21 soldados de la guarnición y se preveía su traslado al Valle de Choromoros, en jurisdicción de San Miguel de Tucumán. El 13 de septiembre de 1692 un violento terremoto sacudió a la ciudad, causando 11 muertes y dejándola completamente en ruinas. El sismo se sintió con intensidad en San Miguel de Tucumán, Jujuy y Salta, atribuyéndose la salvación de esta última a la intercesión de la imagen de Ntro. Señor Jesucristo que se venera en la Catedral salteña, imagen conocida desde entonces como el Señor del Milagro. La mayor parte de los sobrevivientes de Esteco se refugiaron en la zona Metán, en donde poco después fue levantado un fuerte llamado del Rosario, germen de la actual población de Rosario de la Frontera. Ya abandonada por sus habitantes, Esteco terminó por desaparecer.

En otro punto de su artículo, el Dr. Buela dice que la tradición cultural del orden criollo "se funda en el poema épico por excelencia de la ecúmene hispanoamericana: el Martín Fierro, que tiene un antecedente ilustre en la primera parte del Facundo". Lamento no coincidir con el amigo Buela, pero es muy común desconocer todo ese gran bagaje cultural que tenemos los que hemos nacido en la Antigua Gobernación de Tucumán o en Cuyo. La verdadera cultura argentina fundacional es la tucumanense, reconocida por brillantes pensadores del interior argentino, y que tiene dos fuentes fundamentales, el pueblo mismo del que ya hablaremos y la Universidad de Córdoba, que desde principios del siglo XVII fue un faro luminoso para Sudamérica. Me permito tomar para esta parte de mis comentarios a dos autores tucumanos, uno, poco conocido y casi exclusivamente en el

ámbito de su provincia, aunque también he visto publicaciones suyas que se venden en librerías católicas de Buenos Aires, Miguel Cruz. El otro, es un filósofo tucumano ya fallecido, D. Alberto Rougés, también poco conocido, como ocurre casi siempre con aquellos que no han podido exhibirse en las vidrieras de Buenos Aires. Miguel Cruz sostiene lo que no es negado por nadie (*1), que la cultura de la Cristiandad fue la que es legada a América, sufriendo las transformaciones propias de los aportes de los aborígenes y que ya que, como dice el autor "Si Argentina es parte y porción americana de la cultura de la Cristiandad por sus orígenes, ya que América como tal, tomó de esa manera y por su bautismo, conciencia de simultánea globalidad continental e histórica, y de su lugar en el mundo como un Nuevo Mundo, bien podemos llamar a esta instancia inaugural y arquetípica como nuestra Cultura Argentina Fundacional". ¿Y dónde esa cultura comienza a forjarse y a desarrollarse en nuestro país? ¿Y quién la ha revelado y hecho conocer? Pues bien, esta cultura surge primitivamente en el Tucumán y ha sido relevada por ese gran estudioso que fue Juan Alfonso Carrizo, que recorrió diversas provincias argentinas de lo que hoy se llama el NOA (Noroeste Argentino) y rescató canciones, poemas, cuentos, anécdotas, romances, villancicos, etc. escuchando a viejos lugareños, campesinos curtidos por el sol, muchos de ellos analfabetos y poseedores y transmisores de lo mejor del Siglo de Oro español. Carrizo publicó en 1926 "Antiguos cantos populares Argentinos. Cancionero de Catamarca", publicación a la que siguieron innumerables aportes, como "Cantares del Tucumán" y otros. Nos informa Miguel Cruz que como Carrizo era un Don Nadie en el mundo de la cultura, le había pedido a Ricardo Rojas su padrinazgo, para que lo prologase la obra y ésta no cayera en el vacío. Sigue diciéndonos Cruz que el hecho es que el libro de Carrizo y sus conclusiones parecían el comienzo de un formidable alegato contra toda la obra de investigación de Rojas y en especial sus estudios sobre "los gauchescos". Nos dice Cruz que Rojas pretendía cimentar en obras como el poema Martín Fierro de José Hernández los fundamentos literarios de una cultura argentina a defender y restaurar, considerándolas derivados genuinos de la auténtica tradición poética criolla. Con gran acierto Cruz recuerda que Vicente Fidel López, hablando del poema gauchesco "Santos Vega o los Mellizos de la Flor", de Hilario Ascasubi, decía que "cuando los tipos poéticos de nuestra vida actual hayan desaparecido (...) los cuadros y las creaciones del Sr. Ascasubi serán sin disputa la fuente, los antecedentes homéricos de nuestra cultura literaria". Por el contrario, nos dice Cruz, Juan Alfonso Carrizo llegaba a afirmar lo siguiente: "seguir estudiando la poesía popular argentina en los poemas gauchescos es un grave error", agregando "la falta de investigación por un lado y un exceso de patriotismo por otro, ha impedido ver claramente la filiación literaria de nuestros poemas gauchescos". Y aquí yo mismo me formulo una pregunta ¿Qué quiso decir Carrizo con exceso de patriotismo? ¿No será un patriotismo iluminado desde el Puerto?

Creo necesario volver a Cruz cuando establece la diferencia entre la poesía del Martín Fierro y los cancioneros de siglos anteriores que rescató Carrizo. Al respecto dice Cruz: "La poesía de los cancioneros de Carrizo contiene las manifestaciones más verídicas de nuestra cultura argentina fundacional. Ella era en sus orígenes común a todo el arco de la

sociedad, tanto de los núcleos urbanos como rurales. Cuando Carrizo la recogió ya sólo entre los paisanos campesinos, fue porque allí sobrevivía como ´folclore´, pero éste no era de ningún modo su ámbito esencial". "Es una poesía de tradición popular. Decimos popular por la viva vigencia que tuvo entre el pueblo, lo que según los criterios antiguos no equivalía sin masa vulgar..." "Tengamos presente que mientras tal poesía, en su momento popular es un fenómeno colectivo, cuando pasa luego a ser tradicional, se convierte en un hecho comunitario, es decir con identidad histórica y no con mera identificación transeúnte". "El pueblo como tal no crea la poesía de su patrimonio oral; esta es siempre obra de autores singulares, luego anonimados, y aún puede provenir el patrimonio de otros pueblos. Pero lo que hace y sí importa, porque es allí donde pone su sello de posesión y donde manifiesta su personalidad distintiva en este proceso de apropiación, es que adopta y tal vez adapta, elige y a veces corrige determinadas posesiones poéticas y de determinada manera".

Con todo acierto nuestro autor citado nos dice que los temas de la poesía fundacional argentina en sus mejores expresiones, son temas tomados de la cosmovisión medieval europea y vertidos en los moldes de versificación usuales en el Siglo de Oro español, que tiene una expresión de pretensiones universales sin peculiaridades regionalistas que se hayan buscado de intentos, empapados de religiosidad popular y aunque aparentemente menos "criollistas" paradojalmente lo más argentino que hay. Abundar en la diferenciación del significado del Martín Fierro o el valor nacional del Martín Fierro y el significado de todo el patrimonio de lo que nosotros hemos llamado cultura argentina fundacional es una obra de la mayor envergadura, para que transiten y hundan el escalpelo en ello todos los que quieran comprender la esencia de lo nuestro, y este no es el objetivo de estas líneas, sólo para anhelar a aquellos que se sienten estudiosos de lo nuestro y desprovistos de preconceptos lo puedan hacer. Pero también debemos hacer una aclaración: defender la cultura que ingresa por el norte del país de ningún modo es hacer localismo porque, como ya lo dice Cruz, en los tiempos antiguos esta cultura y sus expresiones poéticas eran comunes al íntegro territorio argentino, e iban y venían desde Lima pasando por la gobernación del Tucumán - es decir Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y Córdoba - para llegar al NE de la Pampa bonaerense y que los matices de diferencia que adquirían en esta última región - por influencia del Paraguay eran mínimos dentro del cause común que las unía a todas en una sola correntada por el camino del Perú. A su vez Cuyo - Mendoza, San Juan y San Luis - recibían desde Chile las influencias nacidas de una misma e igual vertiente, la virreinal peruana. Así lo afirma Cruz que los viejos cancioneros bonaerenses lo demuestran pese al escaso material documentado y lo mismo lo hacía, para las provincias cuyanas, en 1938, el "Cancionero popular cuyano" de Juan Draghi Lucero. ¿Por qué esta homogeneidad cultural desapareció más aceleradamente al sur de la patria que al norte, hasta el punto que muchos llegaron a creer con el tiempo que los versos del

"Martín Fierro" eran una cabal muestra del cancionero fundamental?, se pregunta Miguel Cruz y luego afirma que seguramente, porque la Modernidad invadió por el Atlántico haciendo su desembarco en el Puerto de Buenos Aires. También y permítaseme la extensión de estas reflexiones, es digna de hacer una rápida mención a quienes valoraron la obra de Juan Alfonso Carrizo, entre ellos el conocido poeta y dramaturgo español José María Pemán, quien conoció a Carrizo en una sesión de la Academia de Letras y se citaron para verse al día siguiente en lo que Pemán llama "el laboratorio de su brujería" en la modesta casa de Carrizo en la calle Chimborazo de Buenos Aires. Sólo repito lo que escribe Pemán y cita Cruz "Me enseña (Carrizo) sus baterías de trabajo. Ha logrado un fichero con millares de papeletas, de todos los cancioneros españoles. Gracias a él, en cuanto caza un cantar por esos cerros y cuestas, puede investigar su pedigrí español. Los apuntes que él trae del campo y las papeletas de su armario se aproximan como dos polos eléctricos y entre los dos, invariablemente, salta la tradición española. Y es esa la voz sincera y limpia de todo un pueblo: el pensar, el sentir, el amar, el burlar y el llorar de la Argentina. Y todo encuentra su hondura materna, su eco fraternal en los cancioneros españoles. El armario de Carrizo es cancela de novios, reja de flores, donde Argentina y España se cambian sus coplas. Allí pelan la pava, dialogan, hacen ´payada´. Muchos no lo saben, pero Sevilla y Buenos Aires se han cambiado los anillos en una casita de la calle Chimborazo. "

Y por último, no puedo dejar de citar al filósofo tucumano Alberto Rougés que tuvo en sus manos los cancioneros de Carrizo y que no dudó en escribir un franco alegato donde confrontaba la cultura fundacional que los campesinos del Tucumán, a la incultura civilizada de la educación pública del país, según nos informa cabalmente Miguel Cruz citando luego afirmaciones del filósofo. Yo recojo sólo algunas: "No logramos volver nuestro asombro a los que hemos tenido la singular fortuna de ser testigos de la prodigiosa cosecha de poesía tradicional que Juan Alfonso Carrizo ha recogido en la campaña tucumana, tan intensamente industrial, donde la actividad económica parecía haber hecho desaparecer toda vida espiritual. ¿Cómo ha sido posible tal cosecha? ¿Cómo ha podido formarse y conservarse un acervo poético que, por su forma y contenido, pertenece al gran Siglo de Oro español? Si alguna vida orientada en el sentido de la cultura hay en esta campaña ¿no es lógico, acaso, que ella se encontrara en las generaciones formadas por al educación pública del país en las últimas décadas, puesto que en aquella viven numerosos egresados de institutos secundarios y no pocos que han cursado estudios universitarios?. Sin embargo, no ha sido entre ellos que Carrizo ha encontrado el acervo cultural. Lo mismo ha ocurrido en Salta, Jujuy y Catamarca. El gran tesoro ha sido hallado entre los viejos labriegos que cultivan con sus manos el solar heredado. Y no se lo ha encontrado en la parte exterior de la personalidad de éstos, como lo están en la nuestra esas cosas que, una educación poseída por el fetichismo de la cantidad, obliga a llevar hasta los exámenes, y que no tardan en despegarse. Lo ha encontrado en el fondo mismo del alma de quienes lo llevaban. Porque esa poesía no se ha conservado en libros o en otro género de publicaciones, sino en la memoria de aquellos labradores, antiguos cantores o juglares, y en manuscritos amarillentos de puro viejos, que nadie copia desde hace muchos años y que a nadie interesaban sino a aquéllos. Transmitido de boca en boca, de corazón en corazón,

el tesoro poético ha viajado años y aún siglos para llegar a nosotros, como que en él se encuentran algunas piezas de poesía juglaresca española del siglo XVI. Para que aquel se conserve, pues, ha sido indispensable que los que lo llevaban en la memoria lo comprendieran, lo vivieran, fueran capaces de estimarlo, de gustar los delicados matices del ingenio, del sentimiento y de la expresión que hay en él. Más aún, puesto que esa poesía no se canta desde hace más de 20 años, puesto que nadie viene por ella, su conservación no ha sido posible sin la fidelidad de un gran amor, sin la conmovedora fidelidad hasta la muerte de aquellos viejos labriegos. ¿Quién entonces sería capaz de negar a éstos cultura? ¿Quién pone más fervor que ellos en valoraciones de cultura, en lo que es más esencial en éstas? El interrogante vuelve nuevamente a la carga: ¿cómo es posible que sean cultos esos ancianos que casi no han conocido la escuela, y que no lo sean, que carezcan de interés por las cosas de la cultura, que no las estimen, que no perciban su valor, los hijos y nietos de aquéllos, beneficiarios de la, al parecer, considerable obra de educación que realiza el país? ¿Es por ventura posible que no sena cultos, que carezcan de valoraciones de cultura, de un interés, serio por ésta, los hombres formados por la sociedad nueva, sociedad de vida fácil, orgullosa de su poder material y de su riqueza? Pero ahí están los hechos, hechos que todo el mundo puede comprobar aún. Ahí está la realidad, evidente, paradójica, conturbadora, angustiosa. Desde el punto de vista de la cultura ¡qué triste papel hacia la casi unanimidad de los egresados de nuestra enseñanza superior, en relación a aquel anciano admirable, D. Apolinario Barber, muerto ahora poco, de más de noventa años, que le dictó a Carrizo más de doscientas composiciones que se sabía de memoria, salvando así del olvido a verdaderas joyas poéticas! ¿Será que nuestra educación pública es impotente para refrenar la tendencia excesivamente materialista de nuestro ambiente social, su orientación casi exclusiva hacia finalidades puramente económicas? ¿O será que la concepción de la vida humana que intenta realizar nuestra educación pública es esencialmente materialista? Estamos sin duda en una de esos círculos viciosos tan frecuentes en los fenómenos de la vida: la educación se explica por la sociedad y la sociedad se explica por la educación. La culpa es de ambas, pues".

Consideraciones finales

Más o menos a a la mitad de su trabajo, el Dr. Buela dice algo con lo cual coincido totalmente: que el orden criollo implica la existencia de una cosmovisión, o sea una visión totalizadora del hombre, del mundo y de sus problemas. Para mí es lo que yo llamo la cosmovisión de la Hispanidad, la que produce un tipo de idiosincrasia que es común a todos, que nos hace sentir y reaccionar de una manera semejante donde quiera que vivamos. Afirma José M. Pérez Prendes que "ser iberoamericano es simplemente poseer un talante, una actitud ante la vida y las cosas, postura que se define radicalmente para implantar ese mismo orden según la cual la vida va antes que las cosas". En un trabajo suyo este autor nos dice textualmente "si algo puede dar Iberoamérica al mundo es su modo de verle, su

modo de vivirle a los que sólo se plantean la posibilidad de explotarle y consumirle." (*2). Es esa vieja idiosincrasia con que nos encontramos en todos los viejos criollos de pueblos, aldeas, parajes y barrios populares argentinos. Esa idiosincrasia donde tiene mucho que ver, como lo dice en un brillante trabajo suyo Alberto Buela, expresando que "los elementos estructurales de nuestra conciencia iberoamericana están dados por la mixtura o simbiosis, este último término no esta tomado ni de la química ni de la psicología, sino en su sentido etimológico estricto (syn = con) (bios = vida) de lo católico no está tomado aquí como categoría confesional, sino antropocultural - y lo indo tomado aquí como cosmovisión y no como dato arqueológico." (*3)

Otra coincidencia con el Dr. Buela es la caracterización de rasgos de lo hispánico a través de los valores jerárquicos y no horizontales (los padres mandan y los hijos obedecen); el sentido de la libertad, el valor de la palabra empeñada y la preferencia de sí mismo. Como aporte particular podría decir que a mi parecer hay tres clases o tipos de criollos: el que podría designarse como criollo originario, aquél cuyos antepasados se encuentran entre los primeros pobladores y conquistadores llegados a América, cuya inmensa mayoría se mestizó con los pueblos aborígenes. Estos criollos son de origen biológico y cultural. Los segundos serían aquellos descendientes de españoles venidos después de nuestra independencia y de todos los europeos asiáticos venidos antes o después de la constitución de 1853, y por último, los criollos culturales, aquellos que no tienen sangre nativa por ninguno de sus 4 abuelos, 8 bisabuelos y 16 tatarabuelos, pero que han nacido en este país, lo aman y aman su cultura asumiéndola totalmente. Y por último, y acá vuelvo a coincidir con el Dr. Buela, en nuestro orden criollo la primacía no se obtiene por la antigüedad - por supuesto en el país - sino "acá la primacía la tiene aquel que llevó a la perfección la forma de ser americana y éste fue el criollo como producto de ese abrazo fenomenal, tanto en la lucha como en el hecho que se produjo a partir de 1492" (*4)

Notas

(*1) Cruz, Miguel "Poesía popular de la Argentina criolla". Grupo del Tucumán, San Miguel de Tucumán, 1998. (*2) Pérez Prendes, José María, Et Al.: En "Iberoamérica, una comunidad", Madrid, ediciones de Cultura Hispánica, 1989, Tomo II, página 835.

(*3) Buela, Dr. Alberto, El ser de Iberoamérica, en "Ensayos iberoamericanos". Editorial Cultura et Labor. Bs. As., 1194 (*4) Buela, Dr. Alberto "El orden Criollo", trabajo que hemos considerado en estas líneas.
19/12/2006 18:06. bitacorapi http://bitacorapi.blogia.com/2006/121901-acerca-del-orden-criollo-de-mi-amigo-albertobuela.php

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