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07 Gestacion Adolescente y Dinamica Familiar

07 Gestacion Adolescente y Dinamica Familiar

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Año: (2006)
Autor: Centro Interdisciplinario de Estudios de Género CIEG, Facultad de Ciencias Sociales, U. de Chile
Descripción: estudio preinversional encargado por FOSIS – MIDEPLAN para el diseño del sistema de protección a la infancia, destinado a identificar las dinámicas familiares de padres y madres adolescentes, considerando las significaciones de la maternidad-paternidad y las dinámicas y prácticas familiares que inciden en el proceso de desarrollo inicial de los niños/as hasta los tres años de edad, hijos/as de padre-madre adolescentes.

Año: (2006)
Autor: Centro Interdisciplinario de Estudios de Género CIEG, Facultad de Ciencias Sociales, U. de Chile
Descripción: estudio preinversional encargado por FOSIS – MIDEPLAN para el diseño del sistema de protección a la infancia, destinado a identificar las dinámicas familiares de padres y madres adolescentes, considerando las significaciones de la maternidad-paternidad y las dinámicas y prácticas familiares que inciden en el proceso de desarrollo inicial de los niños/as hasta los tres años de edad, hijos/as de padre-madre adolescentes.

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Gestación adolescente y dinámicas familiares

Estudio de las “Dinámicas familiares en familias de padres y madres adolescentes”.

Gestación adolescente y dinámicas familiares
Estudio de las “Dinámicas familiares en familias de padres y madres adolescentes”.
Centro Interdisciplinario de Estudios del Género (CIEG). Universidad de Chile. Santiago, marzo, 2006. Investigadores/as Michelle Sadler Francisco Aguayo Consultores Marcia Riveros José Antonio Soto Ayudantes Investigación Isabel Pemjean Paula Hernández Florencia Muñoz

Los contenidos e información presentes en este informe son de exclusiva responsabilidad de la organización o institución que elaboró el documento.

gestación adolescente y dinámica familiar

principales hallazgos
Interpretación de los/as adolescentes frente a la gestación adolescente: Pérdida y limitación Se refuerzan las inequidades de género: Funciones reproductivas, de cuidado-crianza y domésticas Funciones económicoproductivas

* estudio objetivo del
Identificar las significaciones de la maternidad-paternidad adolescente, las dinámicas y prácticas familiares que inciden en el proceso de desarrollo inicial de los niños/as hasta los tres años de edad, hijos/as de padre-madre adolescentes.

gestación adolescente
Una gestación adolescente ocurre dentro de un doble entramado de relaciones: ~ Entramado de relaciones macrosociales. ~ Entramado simbólico de significados y discursos que se activan como antecedentes y contexto de una gestación adolescente.

ó Ganancia y aprendizaje

gestación adolescente
Figura Paterna Aparece desdibujada e invisibilizada. Se lo ve como proveedor económico, y si no cumple con este rol, puede ser excluído y alejado de su hijo/a. Abuelas/os Toman decisiones relevantes y pasan a reemplazar las labores de maternidad y paternidad de los progenitores.

niveles a abordar dentro de un gestación adolescente:

Estigmatización social Los adultos tienen una percepción negativa, considerándola una experiencia indeseada.

Las respuestas personales que se activan frente a una gestación adolescente.

Los apoyos comunitarios disponibles, los recursos y respuestas disponibles a nivel de sociedad civil y Estado.

planteamiento
Las respuestas de pareja que se activan frente a una gestación adolescente.

estrategias de intervención
Deben ser elaboradas dentro de un marco lo más completo e integrado posible, tomando en cuenta las relaciones recíprocas existentes entre todos los factores involucrados.

Desarrollar políticas de familia que ofrezcan plataformas de apoyo para cuando se ven enfrentadas a una gestación adolescente: a) Despliegue de recursos emocionales y materiales. c) Que los roles de cada miembro de la familia no se desdibujen. d) Que los/as adolescentes participen en la toma de decisiones sobre su futuro y el de sus hijos/as.

Los movimientos familiares que se activan ante una gestación adolescente.

b) Conciliar la crianza con los estudios, el trabajo y el desarrollo personal.

Índice

Agradecimientos................................................. 8 1. Presentación del estudio................................... 10 2. Marco teórico y metodológico............................ 15
A) Teoría............................................................................
• Hacia una noción de adolescencia.......................................................... • Gestación en la adolescencia (GA): situación en Chile................................. • Familia y GA.................................................................................... • Efectos y consecuencias de la GA.......................................................... • Desde el punto de vista de los hijos/as, ¿por qué una GA preocupa?............... • Apego y vínculo temprano: cómo proteger a los niños/as desde la gestación..... • GA desde una perspectiva de género y de masculinidad............................... • Gestación adolescente y proyecto de vida...............................................

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B) Metodología....................................................................

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3. Análisis de los datos........................................ 33
A) Presentación de los casos................................................... B) Análisis de datos..............................................................
B.1) Gestación adolescente: Desde la noticia al nacimiento. Dinámicas familiares e institucionales...........................................................................
• ¿Información o desinformación?............................................................ • Barreras a la prevención: Relaciones con adultos y familia, sistemas de salud y educación....................................................................................... • Sentidos de la gestación y negociaciones implícitas................................... • Movimientos familiares después de la noticia de una GA............................. • De apoyos y descalificaciones en el sistema de salud..................................

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B.2) Dimensiones y funciones de maternidad/paternidad adolescente.............
• Maternidad adolescente...................................................................... • Paternidad adolescente.......................................................................

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B.3) Estrategias de apoyo familiar......................................................

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4. Diagnóstico y recomendaciones.......................... 59
A) Diagnóstico: ¿Qué aprendimos?...........................................
A.1) Repercusiones de la GA en las/os jóvenes y sus familias.........................
I. Limitaciones.................................................................................... II. Potencialidades................................................................................

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A.2) Roles y responsabilidades de las instituciones....................................
• Participación de instituciones educativas y de salud es clave........................ • Programas de apoyo a la GA entregan valiosas herramientas a familias, pero a la vez pueden reforzar nociones tradicionales de familia........................................ • Discurso tradicional del apego atenta contra la equidad de género y el desarrollo integral de las madres y padres adolescentes..............................................

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B) Recomendaciones: ¿Cómo proceder?.....................................

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B.1) Recomendaciones teóricas: ¿Cómo abordar el tema GA y bajo qué perspectivas?
• Recomendación Nº 1: Generar nuevos estudios sobre el fenómeno de la GA y su incidencia en el desarrollo de niños y niñas................................................ • Recomendación Nº 2: Cuestionar los procesos y discursos culturales de patologización y estigmatización de la adolescencia, de la GA, y del hecho de ser hijos/as de madres y padres adolescentes................................................................. • Recomendación Nº 3: Promover un abordaje del fenómeno de GA con enfoque de género, de paternidad y de familia, promoviendo las redes extendidas de cuidado.

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B.2) Recomendaciones prácticas: ¿Cómo implementar políticas y programas de apoyo en casos de GA?...................................................................
• Recomendación Nº 4: Generar indicadores de desarrollo psicosocial particulares al fenómeno de la GA para aplicar a los/as adolescentes involucrados.................. • Recomendación Nº 5: Potenciar el trabajo intersectorial que integre a profesionales de la salud, de la educación, de las ciencias sociales para construir un Modelo de abordaje psicosocial de la GA con evaluación caso a caso.......................... • Recomendación Nº 6: Capacitar al personal de diferentes sectores que se relacionen con familias donde ha ocurrido una GA y promover que el mismo equipo técnico o profesional apoye a cada caso de GA........................................... • Recomendación Nº 7: Integrar a las familias y a los/as adolescentes como parte de los equipos de prevención y apoyo a la GA y al trabajo con hijos/as de madres adolescentes......................................................................................

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B.3) Medidas en los sectores de educación y salud....................................
I. Educación....................................................................................... II. Sistema de salud: atención de gestación, parto–nacimiento, y controles del niño/a sano/a....................................................................................

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5. Propuesta de sistema de indicadores................... 81 Referencias Bibliográficas..................................... 88

Agradecimientos

Como equipo, agradecemos sinceramente a todos/as quienes colaboraron en este proyecto: a FOSIS y MIDEPLAN, por confiar en nuestro enfoque; a los expertos/as que compartieron sus conocimientos y visiones; y en especial a las/os jóvenes que se convirtieron en madres y padres a edad temprana y sus familias, quienes nos abrieron las puertas de su intimidad para compartir penas y frustraciones, alegrías y sueños. Gracias por enseñarnos y ayudarnos a crecer como personas y como investigadores/as.

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Presentación del estudio

Presentación del estudio

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El presente informe constituye la culminación de un proceso de investigación y reflexión en torno a los significados y sentidos de la gestación en la adolescencia, y al despliegue de recursos familiares para esos/as adolescentes y sus hijos/as; es decir, las dinámicas familiares generadas y desplegadas en torno a la experiencia. Quisiéramos en esta introducción situar el estudio: develar los marcos teóricos y metodológicos utilizados, plantear el encuadre del abordaje utilizado, reflexionar sobre el proceso de investigación, sobre la posición de quienes participaron, y sobre nuestros aprendizajes. Cualquier proceso de investigación está íntimamente ligado a las experiencias de los investigadores/as, a los marcos conceptuales desde donde los mismos se sitúan, y a una serie de elementos que confluyen para llegar a un corpus de reflexión específico. Nos interesa comenzar por esta contextualización, para situar a el lector/a en el estudio. Primero, los objetivos e hipótesis del estudio. El propósito de la investigación llevada a cabo fue identificar las significaciones de la maternidad-paternidad adolescente; las dinámicas y prácticas familiares que inciden en el proceso de desarrollo inicial de los niños/as hasta tres años de edad, hijos/as de padres-madres adolescentes. Nos preguntamos por la situación específica de las familias, por las estrategias de cuidado infantil asociadas a esta condición, su amplitud y calidad y por el impacto de todo lo anterior sobre el desarrollo no sólo del hijo/a sino también de las/os madres adolescentes y padres, sean o no adolescentes. Las hipótesis del estudio fueron que: los significados y prácticas tras una maternidad/paternidad adolescente inciden e influyen en las condiciones de desarrollo de los niños/as con singularidades y particularidades; y que dada las condiciones en las que se desarrolla la gestación y la maternidad adolescente, el desarrollo de los niños/as se puede ver vulnerado o representar más riesgos. La literatura especializada sobre el tema plantea que si bien las consecuencias de la gestación adolescente (GA) pueden ser positivas en algunos casos y momentos donde se asocia a un proyecto de vida y realización de expectativas de vida, éstas tienden a vulnerabilizar la situación psicosocial tanto de las madres, de los padres adolescentes como de sus hijos/hijas, ya que entre otros se relaciona con: el quiebre de trayectorias educativas; deserción escolar; acceso a trabajos precarios; estrés familiar; gestaciones con riesgo (mayor incidencia de cesáreas, uso de fórceps, infecciones, hemorragias y complicaciones de enfermedades de base); aumento de la fecundidad, debido a la iniciación temprana de la maternidad; riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual (ya que el inicio de la actividad sexual en forma temprana implica, en gran parte de los casos, una práctica poco segura), etc. La evidencia también sugiere que las hijas/os de madres adolescentes presentan vulnerabilidades a nivel de su desarrollo biológico (menor talla, bajo peso, malformaciones), psicomotor y psicosocial. Estos breves antecedentes ponen énfasis en la importancia de estudiar la GA y su efecto en la salud y vulnerabilidad tanto de los/as adolescentes como de sus hijos/as, para prevenir los riesgos psicosociales asociados. La metodología planteada se basó en la realización de entrevistas en profundidad, en un primer momento a especialistas, personas identificadas como expertos/as en la materia de dinámicas familiares en familias de madres adolescentes (se entrevistaron seis especialistas de las disciplinas de psicología, neonatología, pediatría y trabajo social); luego a madres adolescentes y los padres de sus hijos/as, y por último a otros/as miembros de las redes de cuidados familiares de los niños/as. Las familias entregaron sus testimonios sobre la experiencia de la GA y todo el entramado de reacciones, significados y acciones desplegadas en torno al hecho.

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El diseño original contempló entrevistar a las madres adolescentes y padres de ocho niños/as, sin embargo en el transcurso del estudio se presentaron dificultades dadas por las mismas características de la GA: algunas madres no tenían apoyo de su pareja, otras no tenían relación con el padre de sus hijo/a. En otros casos, los jóvenes no quisieron participar del estudio, o las mismas familias de las adolescentes los habían excluido del circuito de cuidados de los niños/as. Esta ausencia, exclusión o invisibilización del padre es parte del fenómeno, por lo que nos pareció interesante que la muestra así lo reflejara. De ese modo, y gracias a la flexibilidad propia de los diseños cualitativos, se entrevistó finalmente a once madres adolescentes, y a cuatro padres. Las jóvenes fueron madres entre los 14 y 19 años, ellos fueron padres entre los 16 y 22 años; sus hijos/as tienen hoy entre meses de edad y 4 años. Y en cuatro de los casos se entrevistó, además, a otros miembros/as de las redes de cuidado de los niños/as; abuelos, abuelas (maternos y paternos) y tías. Algunos comentarios metodológicos: • El fenómeno de la GA es de alta complejidad humana y psicosocial, lo cual implica explorar distintas voces como las de los/as adolescentes y sus familias. Se inscribe en biografías personales y familiares. Es un fenómeno relacionado con prácticas de diversas índole: sexuales, de género, juveniles, amorosas, familiares, etc. • La muestra, como en todo estudio cualitativo, sólo permite sacar conclusiones sobre los sujetos entrevistados. Desde un punto de vista metodológico no es posible generalizar las conclusiones a una población mayor. Las posiciones planteadas con mayor grado de generalización no surgen de los datos, sino de las otras fuentes como la evidencia revisada, los estudios cuantitativos, la opinión de los expertos/as, la experiencia previa de los investigadores/as, etc. • Este informe presenta una construcción del fenómeno y sus implicancias, la cual se realiza desde un lugar, desde la posición del equipo investigador. Provenimos de diferentes disciplinas como la antropología, psicología y ciencias de la salud. Tenemos una particular sensibilidad y postura frente a temas como la cultura juvenil, la sexualidad adolescente, las relaciones de género, las relaciones adulto jóvenes y sus asimetrías, etc. Desde una epistemología posmoderna estamos concientes que finalmente todo lo dicho son nuestras interpretaciones, y queremos considerarlas, por tanto, con la prudencia de quienes saben que los problemas psicosociales pueden construirse de variadas formas. Es necesario explicitar asimismo que es difícil, sino imposible, liberarse del corpus de conocimientos, experiencias y posiciones previas que cada integrante del equipo de investigación tenía al momento de comenzar el estudio. Es en este sentido que las conclusiones y recomendaciones a las que se llega son producto del entramado de dichas experiencias con la información hallada en los testimonios. • Este estudio fue realizado en pocas semanas. La literatura y los datos deben seguir siendo interrogados hasta alcanzar lo que en teoría fundada se llama la saturación teórica. Si bien ya ha emergido cierta teoría de los datos, de éstos aún pueden cristalizar o emerger ideas más acabas o profundas acerca del fenómeno estudiado. Asimismo cualquier trabajo con datos cualitativos supone un proceso de traducción y simplificación. Lo anterior no desmerece la calidad de lo emergido, encontrado y hallado en el proceso hasta el punto actual, como se podrá ver a lo largo de este informe. Con respecto al equipo, se consolidó un grupo humano con posiciones ideológicas similares, unidos con el propósito de problematizar el fenómeno de la GA y de su incidencia en el desarrollo de niños/as. Los investigadores/as principales son jóvenes y unidos en un discurso a veces crítico y a veces progresista sobre temas

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como la construcción de las juventudes, las sexualidades, las relaciones de género, las maternidades y paternidades, y las familias. Nuestra posición busca repensar y problematizar la estigmatización asociada a la GA y al hecho de ser hijo/a de madre adolescente. Y por ser este el inicio del texto, se considera necesario resaltar el valor de usar el lenguaje para construir nuevos lentes y nuevos enfoques. Al estudiar las dinámicas familiares en familias de madre y/o padre adolescente, nos enfrentamos al uso de diversas nociones que conllevan valores asociados. De este modo, y desde un punto de vista simbólico, consideramos necesario revisar el uso del lenguaje existente en torno al Embarazo Adolescente (que llamaremos Gestación Adolescente) y sugerir cambios conceptuales que permitan por ejemplo terminar con la culpabilización de las/os jóvenes, considerar a los padres varones como actores protagonistas en todas las etapas del proceso, relevar las capacidades de los/as jóvenes y de las familias para el cuidado, señalar el rol del Estado de proveer adecuados sistemas de cuidado infantil que permitan a los hijos/as crecer en plenitud y a la madre y el padre estudiar, trabajar y desarrollarse. En lugar de trabajar dentro de los confines de un entramado conceptual existente, el lenguaje y terminología que enmarca la investigación puede, en sí misma, dar forma a la innovación y promover el cambio al articular aproximaciones frescas, al abrir caminos, al iluminar zonas grises de contradicción, al denunciar prácticas poco saludables. De allí que quisiéramos aclarar los usos de ciertos términos: Gestación adolescente En lugar de embarazo adolescente. La palabra embarazo se define como: impedimento, dificultad, obstáculo; como encogimiento, falta de soltura en los modales o la acción; y como estado en que se halla la hembra gestante. Por tanto, el embarazo de la mujer es un estado que incomoda, que obstaculiza, que impide. A lo largo de este trabajo, preferiremos hablar de gestación, como la acción de gestar: llevar y sustentar la madre en su seno el embrión o feto hasta el momento del parto, que también se entiende como el preparar o desarrollar algo, especialmente un sentimiento, una idea o una tendencia individual o colectiva. Hablar de gestación adolescente de algún modo normaliza un proceso humano devenido en edad adolescente. Gestación no planificada En lugar de embarazo no deseado. El hablar de no deseado es estigmatizante. Si bien puede haberse tratado de una concepción no planeada, ello no implica necesariamente que luego ese hijo/a no sea deseado/a. También se podría hablar de gestación no programada, pero la palabra programa nos parece más rígida que plan: alude a un proyecto ordenado de actividades, mientras que plan a una intención o proyecto en un sentido más amplio. En varios de las/os entrevistados encontramos que sus hijos eran parte del plan personal y de pareja lo que nos sitúa en los sentidos que puede tener la GA para una pareja de adolescentes y en el ámbito de decisión y elección que los/as jóvenes no sólo tienen sino que ejercen. Usuarios/as En lugar de pacientes. Paciente es quien sufre y tolera los trabajos y adversidades sin perturbación del ánimo, a la persona que padece física y corporalmente; el doliente, el enfermo, y especialmente quien se halla bajo la atención médica. En cambio, usuario/a lo entendemos como alguien con derechos, implica una relación interactiva y más horizontal con un servicio. La palabra adolescencia también puede problematizarse, por los estigmas asociados al periodo; sin embargo no se cuenta con otro concepto que se refiera a aquella etapa específica más que la biológica acepción pubertad. Hay usos en

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que se reemplaza por temprana (ej. maternidad temprana), pero consideramos que esto también conlleva un juicio de valor al referirse a un momento inadecuado, y abre las preguntas de ¿temprano para quién?, ¿desde dónde? En este sentido, el concepto de adolescencia nos parece más adecuado, nos sitúa en una etapa, un estadio, un momento, una fase que presenta —como cualquier otra etapa del ciclo vital— desafíos, tareas, limitaciones y crisis. Siguiendo a Szasz (2002) podemos comprender las crisis como problemas normales de la vida, los que una vez presentados nos traen nuevos desafíos, cambios, dilemas, conversaciones, tensiones, y aprendizajes. Al mismo tiempo, como las dos caras de una moneda, con riesgos y posibilidades. Planteado este marco y nuestras posiciones como investigadores/as, les invitamos a continuación a un recorrido por los significados asociados a la gestación adolescente y sus procesos psicosociales.

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Marco teórico y metodológico

Marco teórico y metodológico

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A) Teoría
Para comprender el fenómeno de la GA de manera integral es necesario abordar de forma comprensiva una serie de nociones y fenómenos asociados. La adolescencia y los sucesos que en ella ocurran se enmarcan dentro de un conjunto de procesos biológicos, psicológicos y sociales anteriores que determinarán, a su vez, el desarrollo biográfico posterior. Hacia una noción de adolescencia “Adolescencia” es un término de contradicción definido de diversos modos según organismos, enfoques, teorías y disciplinas (Alpízar y Bernal, 2003; Martínez, 2002; Revilla, 2001). La construcción que se haga de la adolescencia va a determinar miradas, levantamiento de problemas y abordaje de los mismos. Por ejemplo, hay temas con relativo consenso como que ésta es una etapa de consolidación de la identidad y hay temas en los cuales existen poco consenso tales como si los/as adolescentes pueden elegir sobre su sexualidad y su propio cuerpo. En este último caso los abordajes desde las políticas, las instituciones sociales y las familias pueden ser variados e incluso opuestos. Martínez (2002) señala la perspectiva demográfica como uno de los enfoques específicos de la juventud, tanto desde categorías etáreas como desde los movimientos demográficos. La OMS establece que la adolescencia se sitúa en todas las personas entre los 10 y los 19 años, la juventud entre 15 y 24 años (Maddaleno, Morillo e Infante, 2003). Es por ello que a veces se habla de adolescencia y juventud indistintamente. Si bien la definición de este tramo permite estandarizar acciones públicas, no considera las diferencias en el desarrollo biológico y psicológico, ni tampoco las diferencias en los contextos socio-culturales donde se desarrollan los/as adolescentes. Por tanto, el desafío es avanzar hacia conceptualizaciones que integren otros elementos y permitan caracterizar la diversidad que presentan estos actores sociales (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003). Esta última lectura ha sido llamada por Revilla (2001) el discurso sobre la pluralidad juvenil, donde existiría heterogeneidad de experiencias y prácticas juveniles. La adolescencia como etapa del desarrollo es concebida como un periodo particular del ciclo de vida. Si bien se definen distintas edades de comienzo y de término se observa alta heterogeneidad al interior del grupo así llamado. Revilla (2001) describe un discurso de la juventud como transición a la vida adulta. De este modo, se le ubica después de la infancia o niñez y antes de la juventud. Al interior se comienza a hacer distinciones entre etapas como la preadolescencia, adolescencia temprana, tardía, etc. Si bien la variabilidad sociocultural es tan amplia que resulta difícil consensuar las características distintivas a esta etapa, existe relativo consenso en cuanto a algunos elementos centrales de este periodo: la definición de la identidad, de la identidad de género y de la sexualidad. Otro enfoque relevante de la juventud es el de moratoria, etapa en la cual se adquieren destrezas y competencias que permiten desplegar roles adultos. Se le critica a este enfoque una sobrevaloración del mundo adulto. Una versión de esta mirada considera a los/as jóvenes en camino a obtener los derechos adultos, la plena ciudadanía. Otra, más tradicional, sugiere que en esta moratoria se presentan tareas del desarrollo singulares y relacionadas con cambio psicosociales y biológicos. Otra visión liga la moratoria con el contexto en el cual se desarrolla. Así los procesos de desarrollo de los/as jóvenes dialogan con procesos socioeconómicos y culturales (Martínez, 2002). Para algunos autores (Palma, 1991) los/as adolescentes son un grupo limitado, dependiente y subordinado en nuestras sociedades, excluidos de la participación

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y vulnerables a fenómenos sociales como el desempleo. Revilla (2001) lo describe como el discurso de la subordinación. Los adultos definen el marco dentro del cual se mueven los/as jóvenes controlando recursos materiales y psicosociales. La Organización Panamericana de la Salud ha señalado que la salud de las/os adolescentes es un elemento central para el progreso social, económico y político de nuestra región (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003). Un enfoque muy utilizado en el sector salud y en la toma de decisiones de políticas es el de factores de riesgo, desde el cual se han descrito las principales áreas de inseguridad para la salud de los/as adolescentes. En el ámbito de la salud sexual y reproductiva existen riesgos en cuanto a las infecciones de transmisión sexual (ITS), el SIDA, la gestación adolescente, la salud de la madre, la paternidad, etc. (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003; OMS, 2000). Alpízar y Bernal señalan que este enfoque ha tenido un fuerte impacto en el imaginario social sobre la adolescencia, ya que la juventud es vista como problema, como crisis, como asociada a ciertas patologías, como etapa de “peligro”. Históricamente este tipo de noción se ha asociado con diversas estrategias parentales de control y vigilancia, por ejemplo de la sexualidad como ha descrito Foucault (2001) al estudiar los procesos de medicalización de la sexualidad. Maddaleno y Schutt–Aine (2003: 5) señalan que: “Los legisladores, planificadores de programas y la sociedad adulta con frecuencia asocian la adolescencia y la juventud con una edad problemática. (…) Los programas suelen limitarse a tratar “el embarazo adolescente” y promover la abstinencia y el uso del condón, y el término “madre adolescente” se considera un fracaso (…) Los programas ignoran que la sexualidad es parte del desarrollo humano y los conceptos como amor, sentimientos, emociones, intimidad y deseo con frecuencia no se incluyen en intervenciones de salud sexual y reproductiva (…) En lugar de ser estigmatizadas o discriminadas por pertenecer a un cierto grupo de edad, es necesario que las personas jóvenes sean reconocidas como actores estratégicos para conseguir el desarrollo sostenible y el cambio social positivo”. Desde los estudios de masculinidad se ha señalado cómo se construye la noción de adolescencia. Para Connell (2002) el término ha sido desarrollado desde perspectivas del ciclo vital considerándola una etapa o estadio del desarrollo de tránsito, sin embargo advierte de la trampa de considerarla como un estadio necesario en el desarrollo de la masculinidad, que suponga ciertos ritos de iniciación, ya que estos ritos pueden representar riesgos para la salud de varones y mujeres. Este autor sugiere que la identidad masculina en la adolescencia se articula gracias a diferentes encuentros y prácticas sociales. No sólo los integrantes masculinos de la familia de origen y del grupo de pares aportan a la construcción de la identidad, también hay madres, amigas y parejas femeninas. La literatura describe numerosas culturas juveniles, donde hay una variedad de masculinidades que sugieren desafíos para la comprensión de las paternidades adolescentes (Connell, 2002). Esta etapa también ha sido comprendida desde un enfoque de derechos, o de ciudadanía (Martínez, 2002). La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), que hemos mencionado anteriormente, comprende la infancia en un sentido amplio hasta los 18 años. “La Convención, en su artículo 37, protege y promueve el desarrollo integral de todos los niños y les reconoce el derecho a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, moral, espiritual y social. Establece como responsabilidad de los padres o de los encargados de la crianza del niño, satisfacer este derecho, y deber de los organismos del Estado y de las políticas públicas, apoyar a los padres en el cumplimiento de esta responsabilidad” (UNICEF Y MIDE-

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PLAN, 2003: 15). Algunos de los derechos de las/os adolescentes son el derecho a la salud, a la salud sexual y la integridad sexual, la seguridad sexual del cuerpo, la privacidad, la igualdad, el amor, la expresión, el derecho de elegir, a una adecuada educación y atención en salud. Varias conferencias mundiales apoyan la idea de los derechos sexuales tales como Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (1994, El Cairo), la Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeres, (1995, Beijing), la Conferencia Mundial de Derechos Humanos y la Asociación Mundial de Declaración de Sexualidad y Derechos Sexuales (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003). Gestación en la adolescencia: situación en Chile Madrid(1) (2005) señala que los estudios cuantitativos que comparen maternidad y paternidad en la adolescencia son casi inexistentes en Chile, primando los enfoques cualitativos acerca del tema. La mayor parte de los datos y de la literatura disponibles ponen foco en las madres adolescentes. Esto ofrece limitaciones conceptuales, estadísticas y metodológicas, excluyendo de la comprensión del problema y del diseño de sus soluciones a los varones. El estudio de Madrid (2005) ofrece un análisis de datos sobre gestación adolescente tanto en mujeres como en hombres, lo que permite una aproximación relacional y de género a este fenómeno. El autor analizó los datos de la cuarta encuesta de juventud 2003 con un método restrospectivo, es decir a partir del grupo de 25 a 29 años saca conclusiones acerca de quienes fueron padres y madres en edad adolescente y de la evolución de sus trayectorias y condiciones. El autor señala que la gestación adolescente se ha urbanizado y se presenta en mayor proporción en condiciones de pobreza. De los padres adolescentes activos económicamente el 2000 el 88% residía en zonas urbanas. En la comuna más pobre del Gran Santiago la proporción de padres adolescentes es 22 veces mayor que en la comuna más rica. Los hombres y mujeres que fueron padres y madres en la adolescencia alcanzan menores años de escolaridad que quienes tuvieron su primer hijo/a después de los 20. En promedio no alcanzan a tener completa su educación secundaria. Son muy pocos los padres y madres adolescentes que estudian, en comparación con el grupo que no ha tenido hijos/as. El estudio de Madrid transparenta que tanto varones como mujeres que han sido padres y madres en la adolescencia tienen una baja probabilidad de estar estudiando entre los 25 y 29 años. Solo un 6%, casi cinco veces menos que aquellos sin hijos/as. La probabilidad es menor en grupos medios y populares, quienes viven en zonas rurales y con pertenencia étnica (Madrid, 2005) En cuanto a su actividad, aquellas desplegadas por hombres y mujeres están mediadas por su condición de padre o madre. Los padres adolescentes trabajan en una proporción casi tres veces mayor que las madres adolescentes. La mitad de las mujeres que fueron madres antes de los 20 años no hacen trabajo remunerado, al contrario de lo que ocurre con los padres. La distribución del trabajo remunerado y no remunerado está fuertemente segregada en razón de género, siendo aún más fuerte la asimetría para el grupo que ha tenido hijos/as en la adolescencia. Los varones que han sido padres antes de los 20 años acceden en mayor proporción que las mujeres en la misma condición al mercado del trabajo, con mayor estabilidad contractual, jornadas completas y mayor acceso a seguridad social. El autor encontró también que la mitad de quienes han sido padres en la adolescencia son dependientes de otros adultos (padres, familiares o no familiares) (Madrid, 2005).
(1) Agradecemos a Sebastián Madrid por compartirnos su artículo aun no publicado.

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La principal conclusión que podemos extraer de estos datos es que el modelo tradicional del padre varón proveedor y madre mujer en el hogar está íntimamente asociado al fenómeno de la GA, mediado por condiciones socioeconómicas. Un reciente análisis sobre la reproducción adolescente en Chile elaborado en el año 2005 por Rodríguez en base a datos censales muestra que si bien la fecundidad general ha disminuido en Chile, la fecundidad en mujeres entre 15 a 19 años permanece constante, con algunas oscilaciones ascendentes. La maternidad en Chile ha tenido un ligero aumento en las últimas dos décadas, concentrándose en los niveles socioeconómicos populares de zonas rurales (Rodríguez, 2005). Rodríguez encontró también que existe en Chile una resistencia a la disminución de la fecundidad adolescente. La única tasa que no cayó fuertemente entre 1960 y 2001 fue la del grupo de 15 a 19 años, que tuvo la tendencia a permanecer constante. Se observa una creciente precocidad de la maternidad adolescente, aumentando en las edades 15 a 16 años y disminuyendo próxima a los 19 años. En las últimas dos décadas, una de cada cuatro mujeres ha sido madre durante su adolescencia, siendo menores las distinciones por región (Rodríguez, 2005). El autor constata además un cambio de patrón en el contexto familiar–nupcial, disminuyendo la condición civil de casadas y aumentando la de soltería. Mientras más temprana la maternidad es más probable que se dé en soltería: “En 2002 (…) el 55% de las madres declaró ser soltera y las que convivían superaron a las casadas; de hecho, solo un 17% de las madres de 15 a 19 años de edad estaba casada” Las madres adolescentes suelen vivir mayoritariamente con su familia, quien se constituye en el principal soporte para la crianza de los hijos/as. Según el último Censo, la relación predominante con el jefe de hogar es de hija/nuera (Rodríguez, 2005: 130). Se observa, en relación a su participación en el sistema escolar, no sólo que las madres adolescentes suelen desertar antes del sistema, sino también que se incrementa la deserción una vez iniciada la maternidad. En el caso de los padres, éstos al no ser mayoritariamente adolescentes, tienden a tener una escolaridad mayor. El tema de la deserción escolar está en discusión. Si bien los datos censales analizados por Rodríguez (2005) muestran que la escolaridad es mayor en las adolescentes que no son madres, se plantea la pregunta de si la deserción escolar no sería previa al embarazo, los datos de las diferentes encuestas no son concluyentes. Sin embargo, debemos considerar el contexto de exclusión social complejo para los casos de GA en diversos sistemas sociales como la escuela, la red de salud y la familia. Además, la maternidad adolescente se asocia a dedicación doméstica de la mujer y no a inserción laboral. No obstante, tras la comparación 1992–2002, se observa que existe una tendencia a trabajar y estudiar más, disminuyendo levemente el porcentaje de madres adolescentes que sólo se quedan en casa. Familia y gestación adolescente Irma Arriagada (2002) aborda la institución familiar desde una perspectiva de género, analizándola como espacio para el ejercicio de derechos individuales, donde interactúan relaciones de afectos, amor e intimidad, pero también relaciones de asimetría y poder desigual. Esta autora nos recuerda que la noción “familia” está teñida ideológicamente y que la modernidad en la familia se mostraría en “el ejercicio de derechos democráticos, la autonomía de sus miembros y un mayor equilibrio en el reparto del trabajo (doméstico y social), de las oportunidades y de la toma de decisiones familiares. Se trataría de una nueva relación basada en asimetrías matizadas por pautas democráticas” (Arriagada, 2002: 148).

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Arriagada describe algunos de los cambios en las familias latinoamericanas en los últimos años tales como las transformaciones demográficas, el aumento de hogares con jefatura de la mujer y el incremento de la participación de ellas en el mercado laboral. En el plano de los significados algunos cambios que se observan desafían los roles tradicionales de género y de generaciones. Hoy el fenómeno familiar se caracteriza por una creciente multiplicidad de formas familiares y de convivir al interior de las mismas. En cuanto a las transformaciones demográficas, algunos de los fenómenos observados en los últimos años son la caída de la mortalidad y fecundidad junto con el aumento de la esperanza de vida. Este último aspecto ha extendido la vida en pareja e incrementado los hogares unipersonales, de adultos mayores y los sin hijos/as. Asimismo el tamaño medio de las familias se ha reducido y han disminuido los hogares multigeneracionales. La mayor incidencia de fecundidad en la adolescencia se ha visto en sectores más pobres, con menos escolaridad, en zonas rurales y con alto porcentaje de población indígena (Arriagada, 2002). Maddaleno y Schutt–Aine (2003) sugieren que en el contexto latinoamericano y del Caribe la familia probablemente sea el factor más importante de desarrollo y salud de las/os adolescentes. Las relaciones familiares pueden apoyar, nutrir, fijar límites (Ibid.) y promover un enfoque más o menos equitativo de género (Barker, 2002). Asimismo, las relaciones significativas con adultos y pares constituyen una importante fuente de apoyo. A través de estas relaciones los/ as jóvenes amplían factores de resiliencia para su desarrollo y salud (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003). “La familia puede ser un factor de protección en la vida de los jóvenes. La característica de mayor protección de la familia son las relaciones significativas (“connectedness”), la percepción de cercanía que el joven tiene con al menos uno de los padres o con una figura adulta. Se ha encontrado que tener una familia extendida también es un factor altamente protector. La evidencia muestra que la gente joven que se encuentra permanentemente en situaciones estresantes, tales como la pobreza, o aquellos que experimentan un trauma, tal como la muerte de uno de los padres o hermanos, pueden resistir tales dificultades de forma más efectiva cuando tienen por lo menos una relación significativa y positiva con un adulto. Tener cerca a un adulto cariñoso, que se preocupe y ofrezca orientación y seguridad, reduce considerablemente la posibilidad de consecuencias adversas en el desarrollo” (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003: 37). Las autoras sugieren que muchos adultos y actores sociales consideran que los padres deben ser los educadores principales en temas de sexualidad. Las/os adolescentes también lo considerarían y esperarían así. No obstante lo anterior sólo unos pocos padres discuten con sus hijas/os sobre relaciones sexuales, métodos anticonceptivos u otros temas. Algunos estudios relacionan la mayor comunicación entre padres y adolescentes con resultados positivos en el área de salud sexual y reproductiva, tales como el retraso de las relaciones sexuales o el mayor uso de anticonceptivos. En Chile, según un estudio de MIDEPLAN (2000), se estima que los/as jóvenes no acuden a los padres ante los problemas, que no se sienten respetados por los adultos, que sus opiniones ante ellos no son legítimas, y que sienten discriminación y exclusión en tanto jóvenes. Perciben que los adultos ‘no están ni ahí’ con ellos. En el espacio familiar son las mujeres quienes se sienten más incomprendidas y menos seguras. Desde una perspectiva de ciclo vital las familias evolucionan por diferentes eta-

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pas, asimismo como sus miembros. Una GA puede devenir en crisis familiar. Se trataría de un ‘evento de incremento’ (González, I., 2000), donde se incorporará un nuevo miembro. Enfrentada a la crisis, la familia inicia una serie de negociaciones, conversaciones, rituales, conflictos que le permitan resolver la crisis de alguna manera. Una resolución saludable consistiría en movilizar los recursos afectivos y materiales para enfrentar el evento de manera adaptativa. Una resolución poco saludable sería aquella donde la tensión y el conflicto se mantienen. El abordaje que cada familia desarrolle ante una GA determinará el grado de estrés del sistema. Una pareja de adolescentes estigmatizados por sus familias ante la gestación tendrá alto estrés en comparación con una pareja de adolescentes cuyas familias ofrezcan recursos emocionales y materiales de apoyo. Las crisis pueden ser connotadas como deterioro o desorganización o como oportunidades y desafíos. En este sentido, serán determinantes en la ritualización de una crisis, el significado que la familia atribuya al evento y los recursos disponibles. Dimensiones que podrían ayudar a resolver una crisis son, tal como sugiere González, I. (2000) la cohesión, la flexibilidad, la permeabilidad a otras instituciones y la capacidad de entregar apoyo. En la misma línea Olavarría (2001) ha señalado que las familias son sorprendidas por la GA, desencadenándose comúnmente una crisis. La gestación puede ser experimentada por los abuelos como una traición a los planes y sacrificios familiares, no obstante, más tarde suele producirse un cambio en la reacción, hacia la aceptación e involucramiento. Desde un punto de vista familiar, los adultos pueden considerar a los/as adolescentes como incapaces de asumir adecuadamente la crianza de su hijo/a. Por tanto muchas veces serán las abuelas/os quienes se encargarán del cuidado, delegando a veces en la joven las tareas domésticas. En estos casos, a medida que el hijo/a crece, la joven experimenta una sensación de confusión pues se cargan sus obligaciones, pierde derechos y se produce una confusión de roles. Todo esto también puede producir confusión en elniño/a quien puede presentar ambivalencias ante las figuras de autoridad que rotan —entre la madre o los abuelos/as— o que son incongruentes comunicacionalmente. Como presenta Ximena Candia(2) (s/f), al conjugar las variables de la perspectiva individual, el contexto familiar, el ámbito macrosocial y la perspectiva cultural, se observa que el embarazo adolescente tiende a transmitirse de generación en generación en los niveles socioeconómicos más bajos. Según esta autora, la cadena comienza con la gestación en la adolescencia que se presenta al encontrarse la adolescente en una situación de riesgo, generalmente debido a estrés familiar. Esto es apoyado por González para quien “las familias de las adolescentes embarazadas suelen ser calificadas como familias disfuncionales, tanto en su organización y en su composición, como también en la forma desorganizada como se estructuran sus actividades, se exponen las normas y se comparten las responsabilidades (...) Por lo general son familias que presentan necesidades de afecto insatisfechas y deficiente de comunicación entre sus miembros y en especial acerca de los temas sexuales” (González, E., 2003: 507). Lo anterior impactaría el proyecto de vida de la adolescente produciendo un giro desde el momento de la gestación. De aquí en adelante se presentan distintas formas de estructura familiar en las etapas sucesivas de su ciclo vital. Asimismo, existe una íntima relación entre el ambiente familiar y la vulnerabilidad tanto en lo referido a la gestación adolescente como a la crianza y cuidado de los hijos/as de madres o padres adolescentes. Según un estudio de CEMERA, es fundamental para el adecuado desarrollo tanto de la gestación como
(2) Agradecemos a Ximena Candia y equipo por compartir sus experiencia y material de trabajo.

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del recién nacido/a la actitud que presenta la adolescente, su pareja y su familia. Si bien, según este estudio, la mayor parte de las adolescentes tuvo una actitud negativa al enterarse de la gestación (94,6%) para el momento antes del parto las que mantienen la actitud de rechazo constituyen sólo el 11%, este último grupo se ha definido como de alto riesgo. En cuanto a la actitud de las parejas, casi la mitad mantuvo la negatividad al final de la gestación, un porcentaje menor, pero igualmente significativo de las familias mantuvieron también su actitud de rechazo y falta de apoyo hacia el momento previo al nacimiento. Estos datos son importantes en tanto definen el ambiente con el que se encontrará el niño/a al nacer y las posibilidades y recursos que se activarán para el cuidado y crianza, asimismo como la calidad del ambiente familiar y su salud mental (Luengo y González 2003: 527). Una investigación realizada en el hospital de Huepil (VIII región) estima que la edad de la madre no es determinante en la ocurrencia de morbilidad en los lactantes, sin embargo los hijos/as de adolescentes casadas tienen mayor riesgo de enfermar que los hijos/as de adolescentes solteras, lo que nos indicaría que las distintas dinámicas familiares y probablemente el rol que cumplen los abuelos/ as son de suma importancia en el estudio de la vulnerabilidad de este grupo de riesgo (Pajarito et. al. 1996: 260). Efectos y consecuencias de la gestación adolescente En la literatura (Maddaleno, Morillo e Infante, 2003; Maddaleno y Schutt–Aine, 2003; Madrid, 2005); se mencionan los siguientes factores que protegen a las adolescentes de una gestación no planificada: familia estable, dialogo fluido con el adulto referente, rendimiento escolar satisfecho, grupo de pares con conductas adecuadas, mayor instrucción formal, programas de educación sexual, mayor autoestima, existencia de proyectos de vida, pareja única, mayor instrucción de los padres, mejor ocupación del tiempo libre. El entorno social y familiar de la adolescente es muy importante para su conducta sexual. Se estima que un alto porcentaje de GA se produce en hijas de madres que lo han sido en su etapa adolescente, por lo tanto, se considera la familia con padre y madre presentes como un factor protector. También influye en este caso el nivel educacional y la situación socioeconómica de la familia, cuando ambos factores están fortalecidos la GA se presenta en menor porcentaje. Existe evidencia que muestra una relación inversamente proporcional entre el nivel de instrucción de las/os adolescentes y la posibilidad de gestación precoz (Maddaleno, Morillo e Infante, 2003; Maddaleno y Schutt–Aine, 2003). El proyecto de vida es otro factor que influye en la ocurrencia de una gestación. Cuando las adolescentes se han trazado un plan a seguir para su futuro que incluye la consecución de metas a largo plazo es más probable que se responsabilicen por su sexualidad y usen métodos anticonceptivos. Se consideran (Maddaleno, Morillo e Infante, 2003; Maddaleno y Schutt–Aine, 2003; Madrid, 2005) factores de riesgo de GA: bajo nivel socioeconómico, inicio precoz de relaciones sexuales, familia disfuncional, mayor tolerancia del medio a la maternidad adolescente y/o soltera, ser hija de una mujer que haya sido madre adolescente, bajo nivel educativo, falta o distorsión de la información, ausencia de un proyecto de vida propio. A continuación se desarrollarán los de mayor incidencia y más discutidos. La edad es uno de los factores que más preocupa actualmente en el caso de Chile. Tal como ha mostrado Rodríguez (2005) el aumento de la tasa de fertilidad es especialmente relevante a los 15 y 16 años, siendo casi insignificantes en el rango mayor.

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Las gestaciones no planificadas pueden tener consecuencias para la salud de las madres tales como abortos riesgosos (ilegales), matrimonios forzados y/o tempranos, menor escolaridad, menores ingresos futuros. Además las mujeres adolescentes embarazadas tienden a buscar control prenatal tardíamente o a no buscarlo, lo que aumenta el riesgo de tener complicaciones con el embarazo (Maddaleno y Schutt–Aine, 2003). La pobreza es un factor importantísimo, pues por lo general se presenta como antecedente o condicionante de otros factores de riesgo. Así, la pobreza se asocia al bajo nivel educacional, a la falta de información sobre sexualidad, ausencia de proyecto de vida autónomo pues limita las posibilidades a las que se accede (como estudios superiores), también está presente de manera frecuente en aquellas familias que se han constituido a partir de una GA, donde muchas veces el padre está ausente. Desde el punto de vista de los hijos/as, ¿por qué preocupa una GA? Diversos autores han señalado que la gestación en la adolescencia limita las posibilidades de desarrollo social y personal de la madre como el de sus hijos/as (Madrid, 2005; Palma y Quilodrán, 1992). Los principales factores de riesgo psicosociales para los hijos/as de madres en edad adolescente son: la tardanza en el control prenatal y el incumplimiento o mal cumplimiento de las recomendaciones del personal de salud tanto para el embarazo como para el cuidado del recién nacido/a (por ejemplo los cuidados nutricionales de la madre y del niño/a); el ambiente desfavorable e inestable que rodea a el/la adolescente y su hijo/a; y la pobreza de los modelos parentales, la inexperiencia de la adolescente propia de su etapa de desarrollo, los escasos conocimientos formales sobre el desarrollo normal de los pequeños/as, los tratamientos médicos, la ausencia de la figura parental (Luengo y González, 2003). El hijo/a de madre adolescente se puede enfrentar a problemas de salud entre los que son más frecuentes diarreas y accidentes graves que aumentan luego del año de edad pues los niños/as comienzan entonces a caminar, lo más recurrente son las quemaduras, seguidas por las fracturas. Estudios como el de Arcos et. al. demuestran que: “las variables peso, talla, sexo y edad gestacional pediátrica al nacer explican en una alta proporción la variabilidad del peso y la talla al mes de vida, pero disminuyen su importancia a los 6 y 12 meses de edad. (…) Es probable, por lo reportado en otros estudios, que posterior al mes de vida existiría una mayor influencia de factores familiares, socioeconómicos y ambientales en el crecimiento y desarrollo durante el primer año de vida” (1997:112). Es más probable, según Luengo y González (2003), que hijos/as de madres adolescentes presenten problemas de desarrollo cognitivo y de desempeño educacional y que tengan problemas de conducta lo que es, a su vez, más frecuente en los varones que en las niñas. Se estima que a los 7 años estos niños (varones) tienen más posibilidades de repetir el año escolar. También se ha visto que el estado nutricional es un buen predictor a largo plazo del rendimiento escolar. No conocemos datos acerca de la prevalencia de abuso y violencia hacia los hijos/ as de madres adolescentes, sin embargo tienen mayores probabilidades de vivir en algún momento en hogares para niños/as o bajo el cuidado de sus abuelos u otras personas. El abandono parcial de los niños/as muchas veces tiene consecuencias más negativas que el abandono total, puesto que no se permite la intervención inmediata y radical para mejorar su situación (Luengo y González, 2003). Si nos enfocamos en la crianza del niño/a hijo/a de madre adolescente se ha señalado que, en general, recibe menos estímulos positivos lo que influye en el

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desarrollo del lenguaje y psicomotor. Las madres adolescentes suelen tener pocas interacciones verbales con sus hijos/as y menos comportamientos comunicacionales e interacciones cara a cara, pues en general desconocen la importancia de esta clase de estímulos (Luengo y González, 2003). Para Palma y Quilodrán los riesgos para el hijo/a se encuentran directamente relacionados con la vivencia del embarazo por parte de la joven, específicamente con lo que Klein llama síndrome del fracaso. Concepto que reúne los riesgos sociales para la adolescente por estar gestando. “Conjunto de efectos negativos que el embarazo indeseado produce en las distintas esferas de la vida de las adolescentes, especialmente en las menores, entre los cuales se incluye la imposibilidad de completar las funciones de la adolescencia, abandono de la actividad escolar por vergüenza o prohibición, grandes dificultades para rearticular su vida sexual y limitar su fecundidad, imposibilidad de establecer una familia y una vocación y poder cubrir las necesidades propias y las del hijo y asegurar que éste alcance su potencial vital” (Palma y Quilodrán 1992: 3). En atención a la evidencia anteriormente expuesta se puede pensar que los riesgos a los que se ven enfrentados los hijos/as de madres adolescentes son principalmente de carácter psicosocial, cultural y económico, los cuales influyen incluso más que la edad de la madre o el padre. Al comparar los casos de madres adolescentes que han recibido algún tipo de apoyo educacional ya sea por medio de programas especializados de los consultorios u organizaciones de beneficencia, con aquellos casos que han recibido la atención prenatal común, podemos observar que la gran mayoría de los riesgos se minimizan al tener la adolescente embarazada mayor acceso a información y más apoyo social y afectivo, mejores resultados se encuentran también cuando se hace un seguimiento de las adolescentes y sus hijos/as por más tiempo (Arcos et.al. 1997, Molina 2003, Luengo y González 2003).
Apego y vínculo temprano: cómo proteger a los niños/as desde la gestación

En un estudio de la vulnerabilidad de niños/as por ser hijos/as de madres adolescentes, se hace muy relevante estudiar los procesos de gestación, parto-nacimiento y postparto como etapas que tienen influencia en la vinculación que las/ os adultos tienen con los niños/as. Por ello es que consideramos de importancia desarrollar un breve marco conceptual sobre lo que se ha llamado “humanización” de la atención de salud reproductiva y “apego”. Los afectos y cuidados que los niños/as reciban desde la gestación, en sus primeros meses y años de vida son de fundamental importancia en su desarrollo posterior. En las últimas décadas el estudio de la teoría del “apego” ha generado gran interés, en la búsqueda de explicaciones acerca de la forma y el motivo por el cual establecemos nuestras primeras relaciones con personas significativas. Usualmente se habla de apego al referirse al contacto piel a piel que ocurre inmediatamente después del parto entre madre e hijo/a, pero encontramos también otras nociones más amplias como una estrecha relación en el tiempo, que ocurre entre la madre, padre u otros cuidadores/as y el niño/a, siendo más exacto considerar al apego como la creación de un vínculo afectivo con el/la bebé. La función del apego es la de ir generando un vínculo único entre el niño/a y la madre y padre, y para que el niño/a, basándose en esta relación, adquiera noción de sí mismo, establezca una manera particular de relacionarse afectivamente en el futuro y aprenda una manera de afrontar situaciones de estrés (Soto, 2005). El primero en desarrollar una teoría del apego fue John Bowlby en el año 1969 (revisada en los años 1973 y 1980), interesándose en las razones por las cuales los niños/as se convierten en personas emocionalmente apegadas a sus prime-

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ros cuidadores y emocionalmente angustiados/as, cuando son separados de ellos (Bowlby citado en Feeney, B. & Kirkpatrick, L. 1996). Según diversos autores, las formas de apego se desarrollan en forma temprana y poseen alta probabilidad de mantenerse durante toda la vida; constituyen modelos que integran creencias acerca de sí mismo, de los otros y del mundo social en general, así como juicios que afectan la formación y mantención de las relaciones íntimas durante toda la vida del individuo (Griffin, D. & Bartholomew, K. 1994, Bourbeau, L. et al. 1998). El tipo de apego que desarrolla cada niño/a, influiría directamente en su salud psicoemocional y física, y por ello es de fundamental importancia indagar en los cuidados que los niños/as reciben. Tal como ha señalado Soto (2005), los beneficios de un apego seguro son múltiples y variados según las distintas etapas de la vida. Para promover un apego seguro, es de gran importancia la atención prenatal, la asistencia profesional del parto y posparto. Estas etapas constituyen oportunidades para promover un buen apego de los padres, involucrándolos en los temas de cuidado del embarazo y crianza posterior, permitiendo identificar factores de riesgo y patologías que puedan afectar la relación con los hijos/as, como también riesgo de violencia intrafamiliar. Existen una serie de indicadores de la relación maternofetal, que van variando en los distintos estadios de la gestación. Su identificación permite implementar intervenciones terapéuticas oportunas con la ventaja de la prevención temprana. Tan importante es este período, que se han desarrollado instrumentos para detectar el tipo de apego que tendrán los padres con sus hijos/as y con una alta correlación ha sido posible predecirlo, tal es el caso de la entrevista diseñada por M. Main, llamada “Entrevista a los padres (AAI)” que se usa en los padres en el 4º mes de embarazo y que muestra que: padres con claridad en los eventos de sus vidas y una actitud reflexiva, predicen una relación de apego segura con su hijo/a; padres con importantes pérdidas (duelos) o conflictos sin resolver (apego desorganizado) pueden tener hijos en riesgo de maltrato y violencia intrafamiliar. Estas alteraciones son tratables, el apego desorganizado se puede prevenir y es la clave para romper el ciclo del paso transgeneracional de vínculos no seguros (Soto 2005).
Gestación adolescente desde una perspectiva de género y de masculinidad

La OMS (2000) ha hecho notar la falta de investigaciones sobre la aproximación de los varones adolescentes a la paternidad, sus conductas y significados acerca de ella. En un sentido similar, Olavarría (2003) ha planteado que la fecundidad ha sido considerada tradicionalmente por las políticas como un asunto del binomio madre–hijo/a, siendo invisibilizada la participación de los hombres. En nuestra región se aprecia una estrecha relación entre las identidades de género y las conductas y actitudes de los/as adolescentes hacia la sexualidad y la reproducción (Falconier, Guzmán, y Contreras, 2001). Varios estudios y autores han señalado las inequidades de género en cuanto a la GA, las que son más frecuentes en los grupos socioeconómicos más pobres, con menos escolaridad, y en la población indígena. Además, la GA tiende a perpetuar la pobreza, y hace que los riesgos para la madre, el padre y el niño/a aumenten (Arriagada, 2002; Greene, Rasekh, y Amen, 2002; Kliksberg, 2002; OMS, 2000; Palma, 2002). Como ha planteado Szasz (2002) las construcciones sociales de género se relacionan estrechamente con las construcciones sociales de la sexualidad y la reproducción, y las desigualdades asociadas. González (2003) y Palma (2002) señalan que a menudo se pasa por alto que ante una GA, hay no solo una madre sino un padre adolescente o adulto joven que con frecuencia elude su corresponsabilidad, hecho social invisibilizado.

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La evidencia existente plantea que la paternidad adolescente está rodeada de estigmas. Ante una gestación no planificada o fuera de una unión formal los adolescentes pueden verse enfrentados a la decisión del no reconocimiento social y legal; pueden ser presionados a abandonar la escuela. Las inequidades de género hacen más probable que sea la mujer quien ejerza una maternidad responsable, y que al genitor se le permita continuar sus estudios y no implicarse en los procesos de gestación, parto y crianza, con la negligencia de sus responsabilidades reproductivas, económicas y de cuidado. “Los padres adolescentes, aunque de maneras diferentes y en grados diferentes, se enfrentan a los mismos problemas que las madres adolescentes: una transición demasiado precoz del papel de adolescente al de padre; aislamiento social; relaciones inestables, y oposición social y familiar a comportarse como padres” (OMS, 2000: 39). Levandowski (2001) propone que los prejuicios acerca de los padres adolescentes se contradicen con la actitud que en realidad tienen muchos de ellos, en que no solo desean ser buenos padres sino que lo practican. Lyra (2001) describe el rechazo por parte de las instituciones sociales (de salud y educativas por ejemplo) a la intención de muchos padres adolescentes de responsabilizarse de sus hijos/as. En un estudio realizado en Chile por CEMERA (González, E., 2003) se encontró, en cuanto a la reacción de los adolescentes varones ante un embarazo, que un 60% lo hizo en forma positiva y que en una alta proporción dicha reacción se manifestó de inmediato y no varió en el tiempo. Algunas de las reacciones emocionales fueron alegría, desconcierto, desagrado, preocupación, culpa y dudas. Se entrevistó a 652 embarazadas adolescentes. Los progenitores eran adolescentes en un 42,9% de los casos y tenían entre 20 y 24 años en un 38% de los casos. Un 36,6% no reconoció a sus hijos/as, entre los que estaban los agresores sexuales. El reconocimiento civil no siempre supuso responsabilidad económica. En cuanto a los cambios en la vida de los varones uno de los más importante es el abandono de los grupo de pares y el traspaso del tiempo a la pareja y el/la recién nacido/a. “Existe un amplio acuerdo de que la masculinidad no se puede definir fuera del contexto socioeconómico, cultural e histórico en que están insertos los varones, y que ésta es una construcción cultural que se reproduce socialmente. Los/as diferentes autores/as coinciden en que es posible identificar cierta versión de la masculinidad que se erige en “norma” y deviene en “hegemónica”, incorporándose en la subjetividad tanto de hombres como de mujeres, que forma parte de la identidad de los varones y que busca regular al máximo las relaciones genéricas” (Olavarría, 1999: 21). La educación sexual en los adolescentes está dada principalmente por sus pares, por la calle, por las películas, por todo aquello que ellos mismos pueden averiguar. Los padres y madres se encuentran ausentes con respecto a este tema y en la escuela se trata de enseñanzas puramente biológicas que se alejan de las inquietudes de los jóvenes. En un estudio cualitativo realizado en nueve países de nuestra región se encontró que los adolescentes varones quisieran comunicarse más sobre sexualidad con sus padres, llegando la educación sexual demasiado tarde, de manera prohibitiva, con mitos y sin diálogo sobre temas como los afectos, la intimidad y el placer (Aguirre y Guell, 2002). La literatura coincide en que la desinformación influye en el ejercicio inadecuado de la sexualidad en términos de seguridad tanto desde el punto de vista de los riesgos físicos como emocionales y sociales.

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“Al parecer, coexisten comportamientos, prejuicios y valores a veces contradictorios, que redundan en que la vida sexual de los jóvenes sea improvisada, conflictiva, ambivalente e incierta; no constituyéndose en una dimensión sujeta a proyectos vitales, sino más bien estructurada en torno a las contingencias, específicamente las del deseo. Esto se relaciona con la falta de apoyo, orientación e información sobre sexualidad; escasez que no permite la conformación de un lenguaje que les posibilite referirse a los afectos y sentimientos en este ámbito; no han sido contenidos en sus temores, ni educados para vivir una sexualidad sin riesgos que amenacen sus proyectos de vida, por lo tanto segura y proveedora de bienestar” (Guerino y Rogers. 2000: 81). Desde esta perspectiva, la sexualidad ahora se asocia al compromiso y a la responsabilidad, pues en muchos casos sólo luego de la gestación se accede a información sobre reproducción y métodos de prevención tanto del embarazo como de ITS, sólo entonces se legitima la sexualidad de la pareja (Palma y Quilodrán, 1992). Cuando existe lazo amoroso en la pareja se presentan singularidades. En estos casos para los hombres la relación amorosa está en la base de la continuidad de la pareja y en el asumir una paternidad no esperada. Según Olavarría (2001) en estratos bajos la gestación detona la convivencia entre los/as jóvenes, y cuando se trata de matrimonio por lo general no es sólo por el futuro hijo/a sino que es algo que ya había sido conversado antes. En cambio en estratos más altos tanto la convivencia como el matrimonio son postergados, lo más importante es terminar los estudios. Esta decisión se basa en los consejos paternos y en tener la seguridad de que la familia proveerá todo lo necesario para el futuro hijo/a mientras que los/as adolescentes finalizan sus estudios. Pero también el hombre puede desentenderse de su paternidad. En cuanto al proyecto de futuro de los jóvenes enfrentados a la gestación, Olavarría (2001) establece una distinción entre los adolescentes de sectores populares y los de sectores medio/alto. En el caso de los primeros por lo general cuando sucede la gestación ya se encuentran medianamente integrados al mundo laboral por lo que este suceso puede estructurar sus vidas, entregar un sentido, un fin, un proyecto de vida. En cambio para los segundos la gestación es más que nada una amenaza a su futuro pues se ve como una imposibilidad para cumplir con lo que sus padres y ellos mismos han trazado como el camino ideal. En relación a los adolescentes populares, “la paternidad estructura un proyecto de vida con metas y objetivos claros, en un corto y largo plazo, cuando en la vida, los adolescentes no han podido articular un proyecto de vida otro, centrado en su propio desarrollo. De este modo tener un hijo se constituye como una realización personal para ciertos jóvenes, del mismo modo que para otros esta expectativa está depositada en el estudio. Son justamente los adolescentes que han tenido una vida más llevadera y con mayores posibilidades de acceder aun proyecto otro, a los que les resulta más difícil enfrentar la paternidad” (Guerino y Rogers 2000: 354). Gestación adolescente y proyecto de vida En el caso de los adolescentes varones, como plantean Olavarría y Parrini (1999) y Olavarría (2001), la gestación es vivida como un suceso que trastorna sus proyectos y cambia su curso biográfico. Surge como un impedimento a la realización personal o a las aspiraciones de ascenso social. Implica pensar en otros aspectos que no se habían considerado y es sentido como un error o una equivocación, por la que se paga un costo. Esta interpretación, aunque con matices diferentes, se puede extender también al caso de las mujeres. Según Palma (1991) las relaciones sexuales tempranas, que van en contra de las prescripciones sociales, antes de una gestación se conceptualizan solamente en

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la sospecha, en el “dejar hacer”, o “hacer la vista ciega”. Es sólo con el embarazo que se materializa esta conducta. Así existe un aparente contexto de inocencia, de sorpresa tanto para los/as adolescentes como para sus padres. De esta manera la GA aparece como una situación sorpresiva y por ende inaugura cambios para los cuales ni los adolescentes ni su contexto se encuentran preparados. Por tanto las decisiones con respecto a la gestación suelen tomarse en el contexto de una crisis imprevista, connotada de manera negativa socialmente y asociada a variadas tensiones. La gestación suele marcar un antes y un después en la biografía de un/a adolescente. Por lo general se produce una ruptura con la situación anterior, a nivel personal, familiar, de círculos de amigos, institucional (escuela por ej.). En esta situación inicial se tenían cosas que hoy no se tienen, así la gestación es vista por las/os adolescentes como una “caída”, una desilusión, ante ellas mismas/os, la pareja y/o la familia. Por lo tanto esta es la primera vez que las/os adolescentes se encuentran ante decisiones que saben influirán drásticamente en el curso de sus vidas. La gestación es por tanto una situación límite ante la cual las/os adolescentes deben enfrentarse desde una posición que las/os lleva a plantearse un “proyecto de vida” en el cual deben considerar no sólo su propia sobrevivencia frente a esta nueva situación, sino también la opinión e injerencia de los otros que para ella/él son significativos. Por ello están en juego la doble dimensión de las respuestas normales y anormales definidas tanto desde el sí mismas/os como desde las exigencias sociales. De este modo entran en juego dimensiones como: el cambio —alteración en algunos elementos importantes de la situación biográfica—; la caída; y la solución —tener que hacer algo al respecto—. A todas ellas subyace una misma significación común, la de haber realizado una trasgresión al orden y de tener que realizar, de algún modo, una reparación equivalente. En otras palabras, la respuesta adoptada, cualquiera que sea, es asumida como un costo de algo. No toda gestación en la adolescencia carece de planificación. Algunos autores/as defienden el derecho de los adolescentes a planificar un embarazo como uno de sus derechos sexuales y reproductivos. Asimismo, si bien la gestación puede no haber sido planificada, una vez conocida será en un alto porcentaje de los casos deseada, siendo ésta otra distinción importante. En un estudio de MIDEPLAN (2000) con jóvenes se encontró que las mujeres cambian de jerarquía en el mundo de los afectos y del hogar y los hombres jóvenes se interesan mayormente por el espacio familiar. Para el 42% de las mujeres estudiadas y para el 32% de los hombres, la meta más recurrente fue el desarrollo personal. Las mujeres luego mencionan el desarrollo profesional (24%). Los hombres mencionaron luego la la búsqueda de ‘status’ y la conformación de una ‘familia’ (20% aproximado cada una). Se observa que los roles tradiciones están en cuestionamiento, en tránsito, en redefinición. El desarrollo personal y el trabajo se configuran como ámbitos aspiraciones relevantes para las/os jóvenes. En este contexto una gestación viene a irrumpir, a provocar un brusco cambio de contexto, a fragmentar las aspiraciones. Cómo se reescriban estos proyectos dependerá de la identidad del/la adolescente y de las posibilidades o condiciones que su familia, redes, comunidad y el estado le otorguen. Las inequidades de género y de nivel socioeconómico pareciera que son variables influyentes en las oportunidades de redefinición del propio futuro, de la esperanza.

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B) Metodología
El presente es un estudio cualitativo, transversal y de tipo descriptivo (Krause, 1995). El uso de metodologías de investigación cualitativas en ciencias sociales es creciente en razón de la búsqueda de nuevas formas de abordaje empírico de interrogantes que no han podido resolverse con metodologías cuantitativas, en particular en lo relativo al estudio de procesos de orden subjetivo (Ibid.). Más que la representatividad estadística de los resultados, interesa conocer en profundidad el desarrollo de los mecanismos subjetivos que inciden en el fenómeno abordado. Las técnicas cualitativas permiten validar la información producto de la triangulación y de la saturación de los datos y resultados encontrados y construidos. Entre algunas de las características más importantes de la investigación cualitativa se cuentan: busca la comprensión de las subjetividades; es interactiva y reflexiva, ya que los investigadores son sensibles a los efectos que causan sobre las personas que participan en el estudio; es naturalista ya que se trata de comprender a las personas dentro de su marco de referencia; es rigurosa, en ella se busca resolver los problemas de validez y confiabilidad mediante la exhaustividad (análisis detallado y profundo) y del consenso intersubjetivo (interpretación y sentidos compartidos) (Krause, 1995; Sandoval, 2002). Otras características de las metodologías cualitativas que nos interesa destacar son las siguientes (Sandoval, 2002): apertura, ya que permite incorporar nuevos elementos en el diseño en función de los hallazgos tras el análisis de los datos, tales como nuevas preguntas o estrategias de información alternativas; flexibilidad, ya que el diseño puede ser modificado para enriquecer la información y hallazgos; sensibilidad estratégica, que se refiere a la posibilidad de modificar el diseño inicial de acuerdo a las características del contacto con los informantes o de la realidad investigada; y referencialidad, que incluye a las anteriores y se refiere a la naturaleza orientadora del diseño inicial en su conjunto. En síntesis, la metodología cualitativa proporciona a la investigación una perspectiva comprehensiva de los fenómenos sociales, cuyo punto de partida es la imposibilidad de separar el conocimiento de quien lo conoce. La mirada cualitativa, conciente de la naturaleza única del hecho social, nos ofrece de esta forma un método interpretativo y reflexivo para el estudio de una realidad compleja e intersubjetiva. En base al enfoque cualitativo, se planteó la realización del estudio en dos etapas consecutivas: una primera de recopilación de la información bibliográfica pertinente para construir el marco conceptual y de realización de entrevistas a expertas/os; y una segunda de levantamiento de la información a partir de entrevistas en profundidad a las redes de cuidado de ocho niños/as hijos/as de madres adolescentes. El dispositivo de recolección de información utilizado en el estudio fue la entrevista individual en profundidad. Esta técnica permite acceder a los significados de una persona en torno a los temas de estudio. Se considera que la propia estructura con que la persona entrevistada presenta su relato es portadora de sentido (Sandoval, 2002). En el proceso de recolección de datos se utilizó un plan referencial no prescriptivo, es decir una guía amplia que permitió situarse en las diferentes dimensiones del fenómeno explorado pudiendo realizar diferentes recorridos según la relación y sintonía que se dio entre entrevistador/a y entrevistada/o. En la investigación cualitativa el plan de recolección de información es emergente y cambiante en función de los hallazgos que se realicen durante el proceso investigativo (Sandoval, 2002).

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La pauta de entrevista fue diseñada a partir de los objetivos del estudio, la revisión de literatura y de los temas emergentes en las entrevistas a expertas/os. Las áreas temáticas abordadas en la pauta de las entrevistas en profundidad fueron las siguientes: historia familiar y situación actual; reacción/respuesta ante la gestación; sexualidad; proceso de gestación; nacimiento y posparto; cuidado y crianza; educación; trabajo; proyecto de vida y aprendizajes. El proceso muestral se orientó por los principios del muestreo teóricamente guiado y de saturación teórica descritos por el modelo de la Teoría Fundada (Strauss & Corbin, 1990, 1991). Se escogieron como categorías relevantes para iniciar el muestreo la maternidad adolescente, la edad de las adolescentes al ser madres, la paternidad, y la residencia urbana o rural. La selección de los/as participantes se realizó en virtud de su pertinencia, es decir, su aporte con la mayor y mejor información a la investigación según sus requerimientos teóricos, y en virtud de su adecuación, es decir para contar con datos suficientes para desarrollar una descripción del fenómeno completa y rigurosa (Sandoval, 2002). Asimismo se decidió levantar la muestra dentro de las categorías escogidas usando otro criterio de las metodologías cualitativas que es el de máxima diferencia. Con respecto a la muestra, en un principio se planteó la identificación de 8 niños/as (de edades entre la gestación y los 3 años de edad), hijos/as de madres adolescentes entre 14 y 19 años. Se entrevistaría a sus madres y padres (fueran o no adolescentes), y en cuatro de los casos a otros familiares que apoyaran en las tareas de cuidado y crianza de los niños/as. Todas las entrevistas se realizarían en la Región Metropolitana, la mitad en comunas urbanas y la otra mitad en comunas rurales de la región. La mitad de los casos corresponderían a niños/as cuyas madres dieron a luz entre los 14 y 16 años, y la mitad entre 17 y 19. Las razones para seleccionar los criterios mencionados se desarrollan a continuación: • Con respecto a la edad de las madres, se consideró necesario incluir adolescentes en los grupos de 14 a 16 años, y de 17 a 19 años. El primer grupo se encuentra en el período denominado de adolescencia media, que corresponde a la adolescencia propiamente tal, cuando las jóvenes han completado prácticamente su crecimiento y desarrollo somático. Psicológicamente es el período de máxima relación con sus pares, compartiendo valores propios y conflictos con sus padres. Para muchas, es la edad promedio de inicio de experiencia y actividad sexual. El grupo entre los 17 y 19 años se conoce como de adolescencia tardía, período en el cual casi no se presentan cambios físicos y en el cual las adolescentes presentan una perspectiva más adulta; adquieren mayor importancia las relaciones íntimas y el grupo de pares va perdiendo jerarquía; desarrollan su propio sistema de valores con metas vocacionales reales. Consideramos que las diferencias entre estas dos etapas justificaban que las entrevistas tomaran en consideración la variable etárea. • En relación a la importancia de entrevistar a los varones, se considera como una manera de profundizar en la temática de la paternidad, y las interrelaciones de pareja y familiares relacionadas con la maternidad y paternidad. Muchos estudios sobre GA han cometido el sesgo de poner mucha importancia en las madres, restando importancia a los padres, lo cual se ha traducido en políticas públicas que hasta hace poco, se enfocaban fundamentalmente en el binomio madre– hijo/a. Desde un punto de vista de derechos del niño/a y de equidad de género el grado de apoyo y participación del padre en la crianza es un factor importantísimo de considerar. Por ello, intentamos que la muestra integrara la mayor di-

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versidad posible (según el criterio de máxima diferencia) de participación paterna: desde padres ausentes hasta padres que participan activamente en los cuidados y crianza de sus hijos/as. Del mismo modo, las madres que constituyeron la muestra presentaban variaciones en sus roles de cuidadoras: desde madres que son las cuidadoras principales de los niños/as, a madres cuyos roles son desplazados por otras figuras (en especial la abuela materna). • Por motivos de tiempo destinado a esta investigación se decidió tomar sólo la Región Metropolitana (RM) para el desarrollo de la investigación, considerando que en esta región se puede encontrar gran diversidad de casos, que representan diferentes dimensiones del problema de estudio. Dentro de la RM, se planteó una diferenciación entre las categorías de urbano y rural, siguiendo la hipótesis de que las estructuras y dinámicas familiares, y las estrategias de cuidado de los niños/as —hijos/as de madre/padre adolescente— podrían presentar diferencias entre ambos contextos. Finalmente se escogió un caso de la comuna de Lampa, perteneciente a la RM, y dos casos de Rengo, en la VI Región, por considerarse que dentro de la RM la diferenciación urbano–rural era poco marcada. • Se incorporaron además dos variables adicionales: la pertenencia étnica y la participación en programas de apoyo a la GA. Se consideró importante tomar al menos una familia perteneciente a la etnia mapuche, para incorporar la pregunta por posibles diferencias derivados de la adscripción étnica. El caso mapuche fue el de la familia de Lampa; sin embargo por tratarse de un solo caso no se considera pertinente incluir hallazgos o recomendaciones con pertenencia cultural; ello requeriría profundizar en el tema y estudiar más casos. En el transcurso de la investigación se definió, además, que resultaba de interés tomar tanto casos de parejas que han participado en programas de apoyo a la GA, como parejas que no han recibido ese tipo de apoyo, para identificar elementos que podrían incidir en el desarrollo de los niños/as. En ese sentido, dos madres adolescentes entrevistadas participaron en UDACAR (Unidad de Adolescencia del Consultorio Alejandro del Río, Puente Alto, una pareja de adolescentes en el Programa EMPRENDE MAMÁ (Congregación de Damas Salesianas, La Florida), y una adolescente en CEMERA (Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente, U. de Chile). En cuanto a los procedimientos éticos, el equipo investigador se guió por el currículo de Family Health Internacional. Los principios éticos de cualquier estudio científico que involucre a seres humanos, compromete a los investigadores/as a diseñar y aplicar el estudio considerando los principios universales de la investigación científica: respeto por las personas, beneficencia y justicia. En ese contexto, se utilizó un documento de consentimiento informado, que aseguró que los/as participantes recibieran toda la información sobre los objetivos y procedimientos del estudio, asegurando su comprensión y participación voluntaria, y la confidencialidad de la información. Para respetar la confidencialidad, es que en el presente informe se utilizan seudónimos de los entrevistados/as. También se consideró que los entrevistados/as no deberían incurrir en ningún tipo de gasto económico por efectos del estudio, por lo cual se les pagó transporte para desplazarse al lugar de la entrevista y cualquier otro gasto que debieron costear por efectos de la investigación. Para el análisis de los datos se utilizó el enfoque de la teoría fundada (grounded theory) originalmente desarrollada por Glaser y Strauss, en la cual a partir de un acercamiento íntimo al área de investigación se desarrolla un análisis teórico. Si bien la teoría es escrita por el equipo de investigación, asimismo nace o se descubre mediante ciertos pasos de interrogación de los datos. La teoría fundada

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se basa en un procedimiento de análisis de los datos o material ofrecidos por la recogida de datos. Más que un método o técnica específica es un estilo de investigación que incluye herramientas distintivas como el muestreo teórico y las comparaciones constantes; se cimienta en la premisa de que hacer teoría es un proceso esencial para la comprensión de cualquier fenómeno social. Y ese proceso de construcción de teoría se levanta revisando, rediseñando y reintegrando constantemente las nociones emergidas con la interrogación de los datos (Jones, Manzelli y Pecheny, 2004). El muestreo teórico consiste en la recolección de datos con el propósito de producir teoría. Los investigadores desarrollan un proceso de recolección que se teje entre la codificación y nuevas decisiones de recolección según vaya surgiendo la teoría de los datos. La comparación constante es un procedimiento que consiste en la permanente iluminación de la teoría que se va construyendo con los datos que se van codificando. Su objetivo es producir teoría de una manera sistemática. Está diseñado para ser usado en conjunto con el muestreo teórico (Jones, Manzelli y Pecheny, 2004). En el presente estudio, la codificación se realizó con apoyo del software de análisis cualitativo de datos Atlas.ti, con el que se realizaron tres procesos de codificación sugeridas en el marco de la teoría fundada: codificación abierta, codificación axial y codificación selectiva. La primera relativa a la generación de etiquetas, la segunda consistente en la elaboración de árboles y relaciones entre códigos, y por último la producción de teoría a partir de los datos (Ibid.), en la forma de una narración fundamentada, tal como se hace en el análisis de este informe.

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A) Presentación de los casos
Explicitado el marco metodológico del estudio, se procede a presentar los casos. Dada la relevancia que adquiere la particularidad de los fenómenos en los estudios cualitativos, se considera pertinente exponer el contexto de cada caso estudiado, para situar el análisis y luego las conclusiones y recomendaciones en los contextos específicos en que viven y se desarrollan niños/as, hijos/as de madres adolescentes. Los casos se describen desde los testimonios de los entrevistados/as, reproduciendo lo más fielmente posible los relatos de sus propias historias según fueron contadas por ellos/as. Usamos seudónimos para garantizar la confidencialidad de las identidades de quienes participaron del estudio. Las edades y características de los casos corresponden al momento de las entrevistas, realizadas entre noviembre del 2005 y febrero del año 2006. No se describen todos los casos del estudio; se privilegian aquellos en los cuales se realizaron al menos dos entrevistas a las redes de cuidado de los niños/as (madre, padre, abuelos/as o tías), casos de los cuales tenemos un panorama más completo. Once fueron las madres adolescentes entrevistadas, y en ocho de los casos se cuenta con entrevistas a los padres de sus hijos/as u otros miembros de las familias; ocho historias que a continuación presentamos. Hace un año y medio que Boris nació y se convirtió en el centro de la actividad familiar en casa de sus abuelos maternos, donde vive junto a Vania (17), su madre. A pesar de que la noticia sobre la llegada de un integrante inesperado fue dura, al poco tiempo trajo nuevos aires para esta familia, motivándolos para hacer cambios que beneficiaron la convivencia. Se mudaron de la casa en que vivían de allegados a la que actualmente arriendan en Cerro Navia y, aunque tienen que compartir el sitio y el baño con otra familia, es un espacio propio que les ha otorgado mayor independencia. Desde la noticia de la gestación, Vania comenzó a captar mayor atención de sus padres, lo que mejoró la valoración que de sí misma tenía y permitió que las relaciones al interior de la familia fuesen más armónicas que antes. Actualmente siente que la comunicación con sus padres es mucho más fluida que antes del nacimiento de Boris. Gilda, la tía materna de Boris de 18 años, tenía tres meses de gestación al momento de la entrevista. Ella fue un gran apoyo para Vania en los momentos más difíciles de la gestación; entendía por lo que pasaba su hermana pues también tuvo una gestación a los 15 años, que concluyó en un aborto espontáneo. Hasta hace poco tiempo vivía también con sus padres, sin embargo hace unos meses se mudó a casa de su pololo, pues sentía que ellos daban demasiadas ventajas a su hermana y no le gustaba que Laura, su madre y abuela de Boris se hiciese cargo del pequeño quitándole responsabilidades a Vania. Al enterarse de la gestación, Vania llevaba muy poco tiempo pololeando y con su pareja no usaban ningún método anticonceptivo. El padre de Boris no participó de la gestación ni colabora actualmente en la crianza; sólo ha visto a su hijo en un par de ocasiones. Vania habla de este tema con algo de tristeza, pues más que en el aspecto económico, le ha hecho falta el apoyo emocional del padre de su hijo. Actualmente el rol paterno lo cumple Darío, el abuelo materno de Boris, quien experimentó la mayor transformación; al enterarse de la noticia de la gestación de su hija, reaccionó con dureza, pero relata que al ver a su nieto por primera vez, éste le “robó el corazón”. Actualmente se preocupa porque Boris tenga todo lo que hace falta, además pasa bastante tiempo con él, lo muda, lo baña, le da

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de comer, lo saca a pasear, etc. Darío dice que lo está criando tal como si fuese su propio hijo, a diferencia del trato más lejano que tuvo con Vania y su hermana cuando eran pequeñas. Él incluso plantea que si Vania quiere formar otra familia e irse de su casa debe dejar a Boris; “total, ella puede hacer más”. Vania permaneció en la escuela durante la gestación, no perdió ningún año y actualmente cursa 4° medio. Tiene intenciones de continuar estudiando. La abuela materna de Boris se queda con él durante el día y trabaja por la noche, mientras Vania va a clases en la mañana y se hace cargo de las labores domésticas en las tardes. Lucía tiene cinco meses y vive con su madre Teresa (15 años), su tía materna (de 11 años) y su abuela materna (37 años) en la casa de la última en Puente Alto. La abuela terminó el colegio y estudió la carrera técnica de peluquería; tiene una peluquería en la casa y está planeando abrir otro local. En su momento insistió en los estudios de Teresa pero ésta no manifiesta ningún interés por terminar la escuela. Los abuelos maternos de Lucía estuvieron casados 15 años; en los dos últimos años su abuelo mantuvo una relación paralela con otra mujer, con quien actualmente convive. Esta situación fue especialmente triste para la madre de Lucía, pues marcó el alejamiento de su padre (abuelo de Lucía). En el afán de llamar su atención, a los 11 años Teresa comenzó a escapar de su casa para carretear, y al necesitar un segundo hogar para quedarse, temiendo las reprimendas de su madre, recurrió a la casa de un primo lejano de su padre. En dicho lugar vivía Igor, ocho años mayor que ella, con quien comenzó toda una historia de encuentros y desencuentros que desembocó en un pololeo que lleva tres años. Teresa e Igor mantuvieron relaciones sexuales sin protección durante meses, luego decidieron que ella tomara pastillas; y cuando había comenzado a hacerlo ocurrió la gestación. En el relato de Teresa, éste ocurrió porque le explicaron mal como tomar las pastillas en el consultorio. Tras el nacimiento de Lucía, Igor se fue a vivir a la casa de la madre de Teresa por un tiempo. Ya no vive ahí pues en opinión de Teresa “se puso muy pesado con la niña” y era mejor verse menos seguido. Igor actualmente vive con sus padres, terminó cuarto medio y trabaja como obrero de construcción. Victor, de 5 meses, es hijo de Nadia (19 años) y Esteban (20 años). Vive en casa de sus abuelos maternos en La Pintana, donde vive también su tía de 10 años y su tío, de 20 años, ambos hermanos de Nadia. Ella y Esteban se conocieron en la escuela y llevan tres años juntos. La noticia de la gestación no fue una gran sorpresa, pues se lo esperaban; había sido conversado e incluso tenían el antecedente de una pérdida espontánea. Era un evento esperado, esperado para los padres de Victor, no para sus abuelos. Es por ello que para Nadia fue tan importante el apoyo incondicional de Esteban, al fin y al cabo fue en la casa de sus abuelos paternos que Victor vivió sus primeros meses de gestación luego de que su madre fuera expulsada del hogar de sus padres. Para Belén, la abuela paterna de Victor, la gestación adolescente no es una novedad; su hijo mayor, Rodrigo, fue padre a los 18 años. Cuando Nadia tenía dos meses de gestación, ella y Esteban arrendaron un departamento donde ir a vivir solos. Ello, pues consideraban que era de suma importancia el vivir junto a su hijo como una familia independiente, y porque las relaciones en las casas de los abuelos maternos de Victor eran difíciles. Sin embargo, unos días antes del parto decidieron volver cada uno a la casa de sus respectivos padres, pues era muy complicado para ellos dos solos hacerse cargo

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económica y emocionalmente de su independencia. Desde entonces se ven a diario y planean irse a vivir juntos, pero esta vez con todo lo necesario. Para los padres de Victor los estudios representan un eje fundamental: Esteban terminó la enseñanza media y siguió estudios técnicos, muestra un orgullo especial al recordar que ya lleva dos años y medio trabajando en el campo de las alarmas para casas. Por su parte Nadia completó el cuarto medio pero debido a la gestación no la dejaron realizar su práctica. Aunque la abuela materna de Victor abandonó su trabajo para ayudar en su cuidado, Nadia espera a que crezca un poco más para poder dejarlo a cargo de otras personas y terminar sus estudios. Gustavo nació en octubre del 2006, es el integrante número 14 de la casa donde vive junto a su madre y la familia de su abuela, en la población La Pincoya de la comuna de Huechuraba. En la casa se reúnen 4 generaciones, a partir de Gustavo, madre y tíos, abuelos y tíos abuelos, bisabuelos, todos de línea materna. Paola, su madre, tiene 16 años y es la mayor de cuatro hermanos, del segundo matrimonio de ambos padres. El abuelo materno de Gustavo tiene dos hijos de un matrimonio anterior y la abuela uno; lo que suman siete tíos y tías maternos/as de Gustavo. Paola se enteró de la gestación tras siete meses de pololeo, con quien era su primera pareja sexual. Ella se sintió muy triste con la noticia pues pensaba que iba a causar mucho sufrimiento en su familia; también le entristeció porque antes había tenido el deseo de llegar virgen al matrimonio, y no lo había cumplido. Paola, siendo más joven, había sentido una fuerte vocación religiosa y había incluso pensado hacerse monja. Por eso mismo, el haber mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio le producía conflictos y contradicciones. Junto con la tristeza, Paola también sintió alegría pues estaba gestando “algo propio”, algo que iba a dar sentido a su vida. El padre de Gustavo, Diego, tiene 16 años y es hijo único del segundo matrimonio de sus padres. Vive con su madre y padre en la casa de éstos, donde no vive nadie más. La abuela materna de Gustavo tiene tres hijos mayores y el abuelo paterno uno, pero tienen sus propias familias y viven por su cuenta. Paola y Diego conocían los riesgos de tener relaciones sexuales sin protección, sin embargo nunca usaron métodos de protección. Tenían confianza en que “eso no les iba a pasar a ellos”. Al saber la noticia, Paola le contó a Diego, quien negó que el hijo/a fuera suyo. Tuvo una reacción muy violenta y negativa, que a Paola le dolió mucho. De todos modos, ella quería seguir con la gestación, y pidió apoyo en su familia de origen. La madre de Paola, que fue madre adolescente, también tuvo una reacción negativa a la noticia, la violentó verbal y físicamente e intentó convencerla de hacerse un aborto. Paola se negó, pero de todos modos su madre la obligó a ingerir pastillas y hierbas abortivas durante los dos primeros meses de gestación. Esto le produjo síntomas de pérdida y estuvo hospitalizada por unos días; tras lo cual su madre no insistió más en provocarle el aborto. A medida que la gestación avanzaba, tanto Diego como la familia de origen de Paola fueron lentamente aceptando la gestación. En los últimos meses, Diego quería participar más activamente de los controles de salud de Paola y participar en el nacimiento de su hijo, pero sus padres se lo impidieron. Tras el nacimiento de Gustavo, su padre Diego y sus abuelos paternos se fueron acercando a él y a su madre Paola, hasta proponerle que se trasladara a vivir con ellos. La familia paterna de Gustavo consideraba que en el hogar de Paola no estaban las condiciones materiales ni afectivas para cuidar de él, y por eso ahora están litigando para obtener la custodia tanto de Gustavo como de Paola. Al momento de la última entrevista, Gustavo vivía con su madre en la casa de sus

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abuelos maternos, y la familia de su madre le tenía prohibido con su padre y sus abuelos paternos. Diego está ahora cursando tercero medio, y Paola dejó la escuela tras concluir el segundo medio. En la familia de Camila, de dos años, han ocurrido varias gestaciones adolescentes. De las cuatro primas de su madre Fabiola, de 17 años, la primera fue madre a los 14 años y las otras tres antes de cumplir los 20 años. Camila vive en casa de sus abuelos maternos, en Rengo; en un hogar donde se encuentran varias generaciones y coexisten tres parejas con sus hijos/as. La primera de ellos son los abuelos de Camila que llevan 18 años de casados, tienen cuatro hijos: Maria de 18 años, Fabiola de 17 años, Ciro de 15 años y Christian de un año, en su cuarto duermen ellos y sus dos hijos menores. A su vez Maria tiene su propio dormitorio para ella, su pareja, y su hija de 9 meses de edad. Fue recibida nuevamente en el hogar luego de haberse casado a escondidas y escapado con su pareja. Volvió a los tres meses de gestación. Y por último, también en un cuarto independiente, duermen Camila y sus padres Fabiola y Sergio (23 años). De los tres niños pequeños que viven en la casa, Camila es la mayor y por tanto la primera, la más regalona y la adoración de sus abuelos; hizo llorar a su abuelo cuando su primera palabra fue “tata”. Los padres de Camila se conocieron en el barrio; cuando Fabiola tenía 14 años decidió acercarse a un joven que miraba pasar todos los días por su ventana. Sergio tenía 19 años y desde ese entonces que son pareja. A los 10 meses comenzaron a tener relaciones sexuales, sin contar con información sobre métodos de protección. Fabiola se enteró de la gestación a sus 15 años, y tenía tanto miedo de abrir la noticia que no sólo la escondió hasta los 5 meses gracias al uso de fajas, sino que también intentó abortar por medio de creencias populares como ingerir Coca–Cola caliente con Fortapal, agua de pepa de zapallo con aspirina y cerveza con dipirona. Sergio apoyó a Fabiola al enterarse de la situación, estuvo a su lado y comenzó a pasar mucho tiempo en casa de sus suegros, quienes le permitían quedarse a dormir ahí. Su presencia en la casa se fue haciendo más frecuente, hasta que se quedó definitivamente. Hasta hoy Camila vive con sus padres en casa de sus abuelos maternos. Su padre Sergio aporta económicamente pues trabaja en una vinícola cercana. Su madre Fabiola sigue estudiando, y no ha interrumpido sus estudios, gracias a que su hermana Maria cuida a los niños/as durante las mañanas. José nació hace cinco meses. Sus padres, ambos de 17 años, son Franco y Analía. Ellos llevaban menos de cuatro meses de pololeo cuando supieron de la gestación; nunca usaron protección a pesar de que tenían la información necesaria, incluso ella había usado inyecciones anticonceptivas con una pareja anterior. La primera reacción de Franco ante la posibilidad de tener un hijo/a fue negativa, pero al poco tiempo lo aceptó. Analía tenía miedo de que sus padres la echaran de su casa, en Cerro Navia, por lo que fue su hermana de 31 años quien le comunicó la noticia a sus padres. Ella había sufrido una situación similar, fue madre a los 16 años y tuvo que irse a Valdivia donde sus abuelos, pues su padre no la aceptó en casa. Gracias a la mediación de la hermana de Analía, el padre fue más comprensivo esta vez. Aún así, Analía se mudó a casa de Franco, donde viven la madre de él y tres hermanos, durante toda la gestación y hasta los dos meses de vida de José. Actualmente viven en casa de los padres de Analía, quienes pidieron a la pareja que se trasladaran a vivir con ellos. En opinión de Franco, esta situación no es la ideal, pues el abuelo materno de José bebe mucho y las relaciones en la casa son tensas.

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Analía continuó con sus estudios pero deberá repetir tercero medio. Franco, en cambio, no ha terminado la escuela y no quiere seguir estudiando; trabaja en un taller mecánico y quiere ser chofer. Su aspiración para el futuro es tener una casa para vivir con Analía y José. Ciro tiene un año y medio, vive con su mamá, Nancy (19 años), sus tres tíos y abuelos maternos en Rengo. Su papá, Camilo, tiene 24 años y vive con sus padres y su hermano menor. Nancy y Camilo pololean hace 5 años. La llegada de Ciro a la familia fue sorpresiva, Nancy estaba bajo un tratamiento médico con radiación y se suponía que no podría tener hijos/as, por lo que no usaba métodos de protección en las relaciones sexuales. La noticia, por lo tanto, aunque inesperada, fue tomada con alegría. Nancy estaba por terminar el colegio y Camilo estudiaba Administración Agrícola. Los abuelos maternos de Ciro apoyaron la gestación desde que se enteraron de ella; su abuela fue madre y se casó a los 17 años, por lo que tanto ella como el abuelo comprendieron la situación y entregaron su apoyo. Sin embargo, una situación muy dolorosa complicó el escenario: cuatro años antes había muerto un hermanito de Nancy con sólo 11 días de vida, también llamado Ciro, lo que dejó muy marcada a la madre de Nancy. Debido a ese antecedente, la abuela quiso reemplazar a su hijo fallecido con su nieto, y a Nancy y Camilo les cuesta mucho esfuerzo trazar los límites en su cuidado y crianza. Para Nancy, tener un hijo es algo maravilloso, pero implica mucho esfuerzo de cuidados al mismo tiempo de no descuidar su desarrollo personal y labores de apoyo económico para el hogar. Ella estudia y trabaja, y lamenta tener poco tiempo libre para dedicarle a Ciro. A pesar de ello, considera que lo que está haciendo es, a la larga, lo mejor para ambos. Camilo y Nancy no están en un buen momento de su relación de pareja, sienten que les falta comunicación y los problemas domésticos se interponen, sin embargo siguen estando juntos y esperan solucionarlo, principalmente por el bien de Ciro. Federico tiene un año nueve meses. Nació en el hospital Sótero del Río, y el día de su nacimiento fue apartado de su madre durante todo un día sin ninguna explicación de por medio. Valeria, su madre de 18 años, recuerda que le habían advertido que no debía gritar, pues a quien grita no se le atiende. Su parto fue un episodio traumático en el que se prohibió la participación de Alejandro, padre de Federico. En el hospital nunca hubo una orientación sobre los cuidados básicos de un bebé, ni siquiera como darle pecho. Todo lo que Valeria sabía sobre el tema lo había aprendido en el programa para gestación adolescente UDACAR del consultorio Alejandro del Río. Hoy Federico vive con su madre, la hermana de su madre, de 13 años, y sus abuelos maternos, en la casa de éstos ubicada en Puente Alto. Su abuela es asesora del hogar, estudió hasta séptimo básico. Su abuelo es reponedor en un supermercado, actualmente está haciendo tercero y cuarto medio en un instituto vespertino. Valeria pololea hace casi cuatro años con Alejandro, de 22 años, quien trabaja actualmente en una empresa de calefacción y está estudiando para terminar cuarto medio. Valeria y Alejandro comenzaron a tener relaciones sexuales tras un año de pololeo. Estaban conscientes del riesgo de una gestación no planificada, y sin embargo, debido a la vergüenza, Valeria nunca fue capaz de conversar estos temas con su madre ni con otra persona que la pudiera aconsejar. Tras cinco meses de mantener relaciones sin protección, cuando habían decidido “empezar a cuidarse”, se enteraron de la gestación. La noticia fue dura para Valeria, quien cursaba tercero medio, sobre todo por la desilusión que esto iba a causar a su

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padre, quien había luchado para que ella concluyera sus estudios y optara a educación superior. El sueño de Valeria es estudiar parvularia y es en la persecución de ese fin que asiste al programa de nivelación de estudios de Chile Califica. Los abuelos paternos de Federico fueron padres cuando ella cursaba segundo medio y su abuelo tenía 21 años. Por su propia experiencia, los abuelos paternos apoyaron la noticia y a los padres de Federico. Los abuelos maternos, a pesar de la tristeza y desilusión iniciales, han apoyado mucho y ahora cuidan y quieren a Federico como un hijo propio. A veces los cuidados son tantos, que Valeria se preocupa de que a ella y a Alejandro no los tomen en cuenta. Federico incluso le dice mamá a su abuela materna, y pasa más tiempo con su abuelo que con su padre. Tras el nacimiento de Federico, Alejandro se cambió a vivir a la casa de los padres de Valeria. Hace unos meses decidieron que era mejor que regresara a la casa de sus padres, pues, en opinión de los padres de Valeria, él no estaba aportando económicamente. A pesar de no estar viviendo juntos, Alejandro se ve frecuentemente con Valeria y su hijo Federico, y planean ahorrar dinero para poder ir a vivir juntos.

B) Análisis de los datos
B.1) Gestación adolescente: Desde la noticia al nacimiento. Dinámicas familiares e institucionales.
El fenómeno de la GA y de cómo incide en el desarrollo de niños y niñas, será abordado a partir del análisis de los discursos de adolescentes y miembros de sus familias. Esta primera entrada sentará las bases para las discusiones posteriores, donde los significados y prácticas atribuidos a la GA van experimentando cambios de acuerdo a cómo se despliegan las redes de apoyo y se significa el suceso por los distintos/as actores en escena: madre adolescente y su pareja cuando la hay, redes familiares de ambos genitores, sistema educativo y de salud, entre otros. Lo que interesa destacar en los relatos que seguirán, es el hecho de que la GA debe ser contextualizada en lo referente a patrones socio-culturales, dinámicas familiares y significados que se le atribuyen al proceso. Por ejemplo, consideramos importante relativizar el estigma asociado a la GA y abrir el espacio analítico para la posibilidad de gestaciones deseadas en los contextos donde ocurren. Las razones para este deseo pueden ser más o menos concientes, y resulta de gran relevancia develarlas para profundizar en el análisis tradicional del fenómeno y vincularlo a las condiciones para el desarrollo inicial de niños y niñas, hijos/as de madre y/o padre adolescente. ¿Información o desinformación? Cuando la gestación ocurre en la adolescencia, suele suponerse que se trata de un evento no deseado y muchas veces se sugiere que los/as adolescentes tienen poca información a mano para prevenir, una vez que han iniciado una vida sexual activa. A partir de los relatos obtenidos de adolescentes, parece complejizarse el escenario; en todos los casos los/as adolescentes tenían información sobre sexualidad y prevención y estaban conscientes del riesgo de la gestación ante las relaciones sexuales desprotegidas. Entonces se abren las siguientes preguntas: ¿por qué ocurre la gestación si hay información sobre cómo prevenir?, ¿de qué tipo y calidad es la información entregada por los distintos actores/instituciones?, ¿qué sentidos y funciones cumple una gestación en la identidad personal y en la trama familiar? Y de la mano de estas preguntas se puede cuestionar la suposición de que la GA sea siempre no deseada.

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Los testimonios de adolescentes acerca de la información en sexualidad que recibieron antes de que ocurriera la gestación presentan varios elementos comunes: la información proviene de tres fuentes principales, a saber, la escuela, las redes familiares y las amistades o grupos de pares. Las características de la información son diferentes dependiendo de las fuentes de donde se obtuvo y de la disposición personal para incorporar dichos contenidos. De los testimonios se desprende que la información sobre sexualidad que se recibe en la escuela es más bien técnica, es decir, poco conectada con las experiencias y con las vivencias emocionales y afectivas de los/as adolescentes. Esto, sumado al hecho de que la información puede ser recibida como poco relevante por aquellos/as adolescentes que no han iniciado una vida sexual activa, puede llevar a una recepción inadecuada y de mala calidad de los contenidos. Para los hombres entrevistados la socialización en sexualidad que provino de los amigos estuvo más cercana al modelo tradicional de masculinidad, donde las hazañas o el humor fueron ejes del guión. Por tanto, si bien los hombres recibieron mucha información de los amigos, ésta por lo general no vino acompañada de consejos y conocimientos orientados a la salud sexual y reproductiva, los derechos de las parejas y la prevención de la gestación. Los/as adolescentes reciben información sobre sexualidad y prevención de diversas fuentes. La gestación en la adolescencia es un tema presente, muchas veces ha sido vivenciada por miembros de la familia y amistades; en este sentido la educación más formal recibida en la escuela es reforzada por relatos familiares y de redes de amigos/as. Se abre entonces la interrogante sobre los antecedentes y posibles causas de la gestación, no obstante haber existido elementos para prevenirla. El abanico de componentes que se entrelazan para llevar a una gestación es muy compleja, así como los juegos de sentido y significados asociados; intentaremos ir develando dichas complejidades en el fluir del análisis. Barreras a la prevención: Relaciones con adultos y familia, sistemas de salud y educación. “…quedé embarazada justo cuando iba a empezar a cuidarme (EII,1, 61; Valeria 18)”(3). “…si teníamos un hijo íbamos a poder estar más tiempo juntos” (EV,1, 80-81; Margarita 17). “Porque yo quería tener un hijo” (EVII,1,44; Claudio 18). Como analizábamos recién, varios/as de los entrevistados/as señalan haber recibido educación sexual en sus familias, redes de amigos/as y escuela. Bajo la forma de sugerencias y consejos de evitar una gestación o de acudir al consultorio para iniciar el uso de algún MAC. Aparecen múltiples consejos adecuados, sin embargo por diversas razones esos consejos en estos casos no se transformaron en prácticas 100% efectivas de protección o se tradujeron en ocasiones en mal uso de MAC. Los métodos anticonceptivos más nombrados por los entrevistados/as son el preservativo masculino, las pastillas anticonceptivas y el método del ritmo-natural o Billings. En la mayoría de los relatos los/as adolescentes afirman haber mantenido relaciones sexuales desprotegidas durante un tiempo o hasta que ocurrió la gestación, conscientes de los riesgos. ¿Por qué no se previno, entonces? Desde las voces de los entrevistados/as aparecen varias explicaciones: se menciona el miedo a revelar que se mantienen relaciones a temprana edad, por todos los estigmas asociados; el temor a acercarse a instituciones de

(3) Al lado de cada cita tomada de las entrevistas encontrará unos valores. La E significa entrevista, el número romano que le sigue corresponde al número del entrevistado/a, el número que sigue revela si se está citando la primera, segunda (etc.) entrevista de ese sujeto/a. El último número indica el párrafo de la transcripción de donde se extrae la cita. Luego se acompaña un nombre, que es el seudónimo asignado al entrevistado/a, y el número que le sigue es su edad.

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salud por lo mismo; la entrega al deseo y la espontaneidad presentes en una escena sexual con la pareja; y como un elemento importante aparece el “a mí no me va a pasar”, no representarse la posibilidad de la gestación o no tenerle temor a la eventualidad. En ocasiones devino el temor a la posibilidad de una gestación, comenzando a utilizar MAC, sin embargo en algunos la gestación ya se había iniciado. Sin embargo, el que los/as adolescentes no midan los efectos de algunas de sus acciones puede ser una interpretación simplista a un suceso que es complejo en sus causas y que a veces es deseado. El deseo de ser madre/padre aparece como un elemento importante, donde la posibilidad de un hijo/a puede tener un sentido coherente en un proyecto de vida, en un momento determinado de la propia biografía. En su relato, Paola introduce un elemento que es común a otros testimonios: el miedo de algunas/os adolescentes a pedir apoyo a los/as adultos de su familia para prevenir problemas una vez que deciden iniciar su vida sexual, junto con el temor a la reacción del hermano. Aparece aquí la relación entre adultos y adolescentes, y las relaciones de género. Estas relaciones condicionan pedidos de apoyo informacional e instrumental y posibilidades de prevención: “Yo, es que me daba vergüenza contarle a ella, decirle mamá llévame a una esta pa’ cuidarme o cualquier cosa me daba vergüenza, aunque mi mamá harta confianza le tenía yo, pero de hablar así, decirle, yo pensaba que mi mamá se iba a enojar conmigo, me iba a pegar o me iba a retar, cualquier cosa po, o como iba, porque siempre, uno no puede contar un secreto a una persona porque lo saben todos los de mi casa, como que todos somos unidos, si pasa algo con una persona todos lo apoyamos y yo por eso no quería contarle, porque si mi hermano se llegaba a enterar, ahí me… ahí peor iba a ser po” (EIV,1,175; Paola 16). En este mismo caso, donde ambos genitores tienen 16 años, la gestación ocurrió a los siete meses de pololeo. Nunca usaron algún MAC, no obstante que conversaron sobre la posibilidad de una gestación. Pareciera que la negociación sobre el uso de MAC no fue simétrica, ya que se impuso la voluntad del padre que afirmaba “a mí no me va a pasar”. Las relaciones de género, en este caso de pareja muchas veces condicionan las acciones de prevención, tal como han evidenciado los estudios de masculinidad en nuestra región: [¿Habían conversado de la posibilidad del embarazo?] “Sí, si conversamos todo y, pero, como que a él le daba lo mismo las cosas que conversábamos, siempre que conversábamos decía, no si nunca me va a pasar, nunca me va a pasar, no si yo confío en que no me van a pasar las cosas no y; él confiaba en que nunca iban a pasar las cosas hasta que pasan” (EIV,1,47; Paola 16). En ocasiones los/as abuelos/as hicieron esfuerzos por prevenir a tiempo, sin embargo las/os adolescentes no quisieron abrir el tema. Podría deberse a las relaciones de desconfianza entre dos generaciones. Así lo relata Belén (abuela, 40 años), madre de Nadia, quien fue madre a los 19 años: “Entonces yo en ese tiempo estaba trabajando. Yo siempre a la Nadia le dije, le dije Nadia tú estay con el Esteban, te vei muy seguido, tú te vai para allá, el Esteban pasa sólo allá en su casa, tú no estay teniendo nada con el Esteban. No, mami, me dijo. Nadia dime la verdad y vamos al consultorio a buscar pastillas. Eso sí que fuéramos al policlínico, que faltara al colegio, que los días que yo tuviera libre en el trabajo yo la acompañaba al consultorio a buscar pastillas (…) Yo le dije Nadia, ella veía que yo andaba con pastillas, que yo usaba pastillas y yo le decía que si ella quería tener relaciones con él que me dijera. Una solución tomábamos. Pero nunca, nunca lo conversamos. Mi marido igual

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me decía. No, le dije, no se está cuidando con nada pero ella dice que no tiene nada con él” (EX,1,102; Belén 40). El temor de parte de los/as adolescentes no es sólo a lo que ocurrirá en las familias, sino también con respecto a las instituciones de salud; existe una socialización entre pares adolescentes donde el sistema aparece como un lugar donde se maltrata a las adolescentes que mantienen relaciones sexuales: “...tuve hartas personas que cuando yo me controlaba se conocían, vecinas y decían que a las cabras adolescentes las trataban mal, todo eso. Y yo por eso pa’ ponerme en tratamiento no me quise poner en el consultorio porque también las tratan mal, porque les dicen ¡ay! Andan haciendo cosas de grande no saben las cosas, después las quiero ver que ay se ponen tratamiento y después en un mes, en unos meses más las vamos a ver de nuevo con guagua” (EI,1,121; Paola 16). Las redes de adultos en la escuela que pudieran operar como apoyos para la prevención también pueden ser temidas, por su posible quiebre al secreto y consecuente vínculo de control y vigilancia con los padres de los/as adolescentes: [Y si no querías hablar con tu mamá, ¿en el colegio no había alguien con quién pudieras hablar y pedirle que te ayudara?] “Yo creo que si pero, uno tampoco, hay tantas niñas así que uno tampoco se va a ocurrir ir a contarle, o a contar a la sicóloga, todo, porque piensa uno que puede llamar a los papás y todo eso” (EV,1,62-66; Margarita 17). Sentidos de la gestación y negociaciones implícitas La gestación en la adolescencia puede tener sentidos, propósitos y efectos deseados por las/os adolescentes. A veces está el claro deseo de ser padres, por ejemplo como una manera de poder estar juntos como pareja y de no ser tan regulados y vigilados en su relación: “…si teníamos un hijo íbamos a poder estar más tiempo juntos” (EV,1,80-81; Margarita 17). La pareja de Margarita y padre de su hijo, Claudio, refuerza lo anterior y dice haber tenido toda la información necesaria para prevenir una gestación. En este caso aparece el deseo de ser padre, junto con la resistencia al uso de preservativos en razón de su incomodidad: “Porque yo quería tener un hijo. Y aparte que fue como, al principio, fue como, me acuerdo que un día yo fui al consultorio y le dije, fui me sacaron sangre, me dieron mis preservativos, yo dije: ah ya, voy a tener que usarlos, y es incómodo. Al final después entre que era incómodo y que yo quería tener un hijo, aaa no los uso. Y no los usamos” (EVII,1,44; Claudio 18). La incomodidad por el uso del preservativo aparece como antecedente de poco peso, y se une en su testimonio al hecho de que “quería tener un hijo”. Llama la atención la omisión en su relato a los deseos de su pareja, y algo similar ocurre en el testimonio de Esteban —pareja de Nadia—. Él relata que al principio “seguían el período” pero luego dejaron de seguirlo, pues: “Lo que pasa es que yo creo que de ahí, de alguna manera yo me impuse, no quiero entenderlo así, porque no creo que sea así, pero sí se da a entender eso” (EV,1, 58; Esteban 20). Tanto en Claudio como Esteban aparecen referentes al llamado modelo hegemónico de masculinidad, donde en las negociaciones y decisiones es finalmente el hombre quien decide los cursos de acción o quién tiene más peso en esa decisión. Las ITS aparecen como un tema secundario en los relatos de los/as jóvenes al hablar de prevención; el primer referente es siempre la (posible) prevención para evitar un gestación no deseada, y las ITS aparecen como algo más lejano, que se considera improbable.

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En síntesis, observamos que: • La GA muchas veces no es temida, es incluso deseada, y, en cierta medida, planificada. El deseo de ser padres, el proyecto de tener un hijo/a juntos, la idea de solidificar el vínculo de pareja ayudados por un hijo/a aparece como un antecedente o causa de la GA. • La GA a veces cumple una función o tiene un sentido o ganancia para los/as adolescentes. Por ejemplo, aparece como una razón para vencer las restricciones, regulaciones o controles familiares para estar juntos como pareja o para vivir su sexualidad. En otro apartado veremos que una GA también puede pensarse desde las funciones familiares que cumple, ya que permite en ocasiones que una mujer realice el grueso del trabajo no remunerado que la familia requiere. • A veces los/as adolescentes hubieran querido pedir ayuda para prevenir, sin embargo hubo barreras que les impidieron o dificultaron pedir apoyo oportuno; tales como el miedo a la reacción de los padres o adultos, el posible control, vigilancia o regulación de sus movimientos, su relación de pareja o su vida sexual, el advenimiento de posibles reproches, sanciones, silencios, tensiones o conflictos, el temor a tratos discriminatorios en el sistema de salud. • Una de las posibles causas de la GA dice relación con las emociones que se generan en el contexto de las relaciones entre padres e hijos/as y que instalan quiebres o distancias en la comunicación y apoyo. Por ejemplo a veces los entrevistados/as reportan tener conocimientos sobre prevención de la gestación y reportan tener confianza con sus padres, sin embargo el miedo o la vergüenza les impide solicitar apoyo efectivo a comienzo de su vida sexual, por temor al control, el reproche o el castigo. Movimientos familiares después de la noticia de una GA “… ya no soi niñita” (EIV,1,92; Paola 16). “…ahí le conté a mi mamá y mi mamá se puso a llorar, pero de, ¡de feliz! Ahí me dijo felicitaciones” (EIX,1,53; Nancy 19). Los contextos en que se produce cada gestación y las situaciones particulares de cada adolescente se traducen en una amplia gama de reacciones y de despliegues de apoyo frente al hecho. La reacción inicial de las adolescentes, sus parejas y familias al enterarse de la gestación es de gran relevancia, pues ya da indicios del lugar que tendrá el niño/a y cómo será cuidado/a. Las primeras reacciones suelen ser de gran sorpresa, y van acompañadas de negación o aceptación de lo que ocurre, y teñidas de un sinfín de emociones intensas. La negación puede llevar a la decisión de aborto; no contamos en este estudio con testimonios de abortos realizados, pues los casos son de niños/as que han nacido o de gestaciones que ya se han aceptado. En ninguno apareció o se había presentado ese evento. Sin embargo sí hay relatos de planes o intentos de aborto, que pueden incidir en la salud y desarrollo posterior de esos niños/as. Otras reacciones son de apoyo, sin embargo incluso en los casos de mayor apoyo de las redes familiares hacia los/as adolescentes hay elementos de frustración, decepción, regulación y culpa. En varios relatos hay un tiempo que va entre uno y tres meses desde que a las adolescentes les deja de llegar su período menstrual, hasta que se aplican un test o examen para confirmar la gestación. Este tiempo de espera opera como un espacio, un momento en el que se puede posponer la apertura del tema en la red. Estos tiempos se relacionan con los temores a las reacciones frente a la gestación; las/os adolescentes temen las reacciones de rechazo y discriminación que

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podrán sufrir por el hecho, y en ocasiones posponen la decisión de comunicarlo por lo mismo, viviendo este periodo con intensos sentimientos de ansiedad, preocupación, miedo y angustia. Asimismo se pueden plantear dilemas, como la espera de confirmar una gestación ininterrumpida, de plantearse la idea del aborto y a quién acudir en ese caso, de acudir al sistema de salud, de abrir la noticia en las familias de origen con una estrategia determinada para aminorar reacciones difíciles y buscando alianzas y apoyos, de pensar qué hacer con este nuevo futuro pedregoso que aceleradamente se viene encima cargado de emociones, roles, pesos, renuncias, estigmas sociales, sermones, conversaciones, silencios, etc. En los relatos que siguen, revisaremos algunas de estas reacciones por parte de las redes de apoyo de los/as adolescentes. El caso de Gustavo —hijo de Paola y Mario, ambos de 16 años—, muestra redes precarias y reacciones muy violentas ante la noticia de la gestación. Paola vive en Huechuraba con varios miembros de su familia extendida, tenía 15 años al momento de enterarse de la gestación. Cuando no le llegó la menstruación, Paola se hizo dos tests que salieron positivos. Al contarle a su pareja, él reaccionó violentamente, poniendo en duda su paternidad: “Mi pololo me decía que no era de él, me decía ¡no esa guagua no es mía, no es mía! (…) me decía no esa guagua no es mía, yo no la quiero y ahí me dijo que quería que yo abortara, y yo le dije que por qué po’ si el había sido mi primer hombre con él que yo había tenido relaciones y mi primer pololo y el me decía claro capaz que hayai tenido relaciones con otra persona y no me quisiste contar, yo le dije ¡y no te diste cuenta cuando los dos tuvimos relaciones que yo era la primera vez, yo no sabía nada! (…) Y los papás le conversaban y él no entendía, ¡no esa guagua no es mía, yo no lo quiero, que esa tal por cual!” (EIV,1,87-88; Paola 16). El caso de Claudio y Margarita es interesante, pues según él, Margarita mencionó la posibilidad de abortar y él actuó como barrera al aborto. Esta aparece como una muestra de una paternidad con proyecto, presente y comprometida, sin embargo esta dimensión podría ser discutida en los casos en que la madre no está dispuesta a tener ese hijo bajo ninguna circunstancia. Claudio relata cómo Margarita le contaba sobre posibles técnicas abortivas aprendidas de sus compañeras de escuela: “…tomate el agüita de ruda, siempre me acuerdo, que tómate el agüita de ruda con dos aspirinas y ahí se te…y yo lo primero que le dije fue no. O sea, era como cortarme el sueño, el sueño de ser papá y, no, yo le dije que no po, pero de ella, ella fue la que motivó todo eso” (EVII,1,39; Claudio 18). Los datos nos permiten hipotetizar que serían obstaculizadores del aborto: los significados acerca del mismo como negativo o antiético —tanto en los padres como en los abuelos/as—; el deseo previo de ser padres; una respuesta común o en pareja como proyecto de paternidad/maternidad; la visualización de un futuro con esperanza, no obstante la gestación a esa edad; un contexto sociofamiliar capaz de articular recursos de apoyo afectivo e instrumental ante la presencia de una gestación; la confianza en los/as adultos cercanos/as, en su respuesta; actores de la red de salud y educativa que promuevan la continuación de la gestación e infundan ánimo a la pareja adolescente. Es importante destacar que el aborto se trata de una práctica presente en los discursos y experiencias de los/as adolescentes y de sus redes, y que distintos miembros de las redes de apoyo pueden actuar como promotores/as, facilitadores/as o inhibidores/as de un aborto inducido.

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Como hemos visto en los relatos anteriores, las reacciones iniciales a la gestación de parte de las redes familiares son variadas; en un polo encontramos violencia física hacia los/as adolescentes, inducción al aborto, negación de la paternidad, entre otras. Estas reacciones se despliegan por la frustración del evento, que implica un corte en la adolescencia de la/del joven, con consecuencias en sus estudios y en sus proyectos futuros. Estas reacciones de rechazo, sin embargo, van cambiando a lo largo de la gestación, y sobre todo cuando el/la bebé nace. En los distintos miembros de las redes de apoyo se van desarrollando sentimientos de apego hacia el/la bebé por nacer, que van positivizando el proceso hasta transformarlo en un aprendizaje. En la historia de Nadia y Esteban, contamos con el relato de Belén, la abuela, madre de Nadia, que evidencia los cambios en las reacciones familiares desde el rechazo hasta la aceptación y alegría por la gestación y por el nieto: “Mi marido cuando supo la verdad echó a la Nadia de la casa y a él no lo quiso ver nunca más (…) O sea yo no estaba de acuerdo pero es que él es como el que... pero después de que la echó me decía anda, como que no quiere la cosa, a ver como está la niña. ¿Cómo estará durmiendo? ¿Cómo la estarán tratando?” (EX,1, 41-42; Belén 40). “Para los dos, para mí y para mi esposo ha sido también como volver a criar, a pesar del mal momento que vivimos cuando ella nos dio la noticia, ahora no po. Ahora el niño es una alegría, es una alegría para nosotros, él, el niño chico a mí me ve y me conoce al tiro, por la voz y todo. Entonces de primera incluso mi marido cuando el niño lloraba él se despertaba de allá de la pieza. Hizo un cambio igual fuerte el niño llegando a la casa” (EX,1,76; Belén 40). Estas resignificaciones de la experiencia de la GA son de gran relevancia para los cuidados del niño/a hijo/a de madre adolescente, pues en la medida que el niño/a es esperado en un contexto de aceptación al proceso, se puede plantear que sus cuidados serán más dedicados y afectuosos y que incidirán positivamente en su salud integral. En la medida que las abuelas/os se proponen participar de los procesos de desarrollo ya no solo de su hija/o adolescente sino que también de su nieta/o estarán más dispuestos a movilizar recursos afectivos, instrumentales, tiempo de cuidado, etc. La pareja de Valeria la apoyó desde el principio, y fue quien le dio ánimo para contarle a su familia. La mayor tristeza de Valeria era por su padre, a quien le dolía decepcionar, pues él tenía la ilusión de que ella terminara la escuela y optara a educación superior. “No, mi mamá yo sabía que me iba a entender. O sea obviamente que no le iba a gustar pero me iba a entender. Pero yo siempre fui más allegada a mi papá, siempre todo con mi papá. Entonces yo sabía que le iba a doler mucho más que a mi mamá. O sea a mi mamá obviamente que le iba a doler pero, sabía que me iba a entender mejor que mi papá (…) Estaba mi mamá con los ojos rojos, y mi mamá nos dice y qué pasó. Entonces el Ale le dijo, no, es que la Valeria está embarazada. Y mi mamá empezó que pucha que por qué, que ella nos había dicho miles de veces, que ella había hablado conmigo. Mi mami nos habló harto y después le dice a mi papi ya po, dile algo. Y mi papá y qué querí que le diga. Que la vai a apoyar po. Y mi papá así enojado, sí la voy a apoyar” (EII,1, 87; Valeria 18). Es también interesante constatar brevemente un episodio de alegría inmediata de las redes familiares tras la comunicación de la noticia de la gestación: “…estábamos en la carretera…y ahí les contamos. Total que dijimos, ya no, digámosles

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y…. Porque el Camilo como que me decía que se me veía la guata entonces era como mucho, entonces yo decía ¡ya!, entonces prefiero decirle yo ahora que después. Y ahí le conté a mi mamá y mi mamá se puso a llorar, pero de, ¡de feliz! Ahí me dijo felicitaciones, y todo el cuento después. Y al otro día le contó a mi papá” (EIX,1,53; Nancy 19). Tras estos relatos apreciamos una gama de posibles reacciones frente a la GA y de despliegue de apoyos desde la gestación. Lo que ocurra en las familias y en la pareja se irá entrelazando con lo que los/as adolescentes viven en la escuela y en su relación con el sistema oficial de salud. A continuación examinaremos elementos que consideramos relevantes de la atención de salud, como los relatos de las entrevistas lo exponen, para ir tejiendo la compleja red de apoyos que los/as adolescentes reciben y que inciden en la salud integral de sus hijos/as. De apoyos y descalificaciones en el Sistema de Salud “…en unos meses más las vamos a ver de nuevo con guagua” (EIV,1,371; Paola 16). Desde la noticia de la gestación, durante la misma y en la atención de parto–nacimiento y posparto, el sistema oficial de salud juega un importante rol. Es interesante y relevante analizar cómo los/as adolescentes evalúan el apoyo institucional recibido, para sacar lecciones sobre maneras de apoyar la gestación adolescente y la salud de niños/as hijos/as de madre/padre adolescente. Algunas de las adolescentes entrevistadas describen que en su socialización familiar y de grupos de pares existieron contenidos que indicaban que el sistema de salud discrimina a las adolescentes en distintos momentos: cuando han decidido tener relaciones sexuales o si ya las tienen y piden apoyo anticonceptivo pueden ser discriminadas o maltratadas por “andar haciendo cosas de grandes”, además hay adolescentes que consideran que la información que se les entrega es de mala calidad y no les permite prevenir una gestación adecuadamente; luego en las consultas durante la gestación donde se relatan bromas e ironías del personal de salud hacia las adolescentes; y más tarde en la atención del parto donde se las desatiende y castiga por haber trasgredido las normas al tener relaciones sexuales precoces. Paola relata como en controles de gestación le decían: “Andan haciendo cosas de grande no saben las cosas, después las quiero ver que ay se ponen tratamiento y después en un mes, en unos meses más las vamos a ver de nuevo con guagua” (EIV,1,371; Paola 16). Esta discriminación que las adolescentes viven durante la gestación viene a reforzar los estigmas que se han posado sobre ellas en la familia y la escuela, y contribuyen a su vivencia de una experiencia en términos negativos. Estos complejos e invisibilizados procesos de estigmatización y exclusión ejercen sus influencias punzantes en las identidades de las/os adolescentes produciendo heridas y cortes de diversa profundidad y velocidad de cicatrización. Estas heridas y cicatrices modelan los movimientos de estos padres y madres, modelan sus relaciones con lo sistemas sociales, influyen en las condiciones y posibilidades de autocuidado, de desarrollo y de cuidado del hijo/a que esperan. Al abrupto cambio en el ciclo vital, a la catalización de los procesos de desarrollo, a la energía que esos/as adolescentes tendrán que dedicar para sacar adelante sus propias biografías se le agregan lastres, pesos, barricadas y cercos producto de la estigmatización social, que pueden convertir en problemática o riesgosa una situación de doble identidad —madre/padre y adolescente— que con adecuado apoyo puede ser llevada adelante exitosamente. Las adolescentes que participaron de programas de apoyo a la gestación relatan historias más positivas, y sintieron que fueron escuchadas y apoyadas. Paola,

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cuyo testimonio revisábamos antes, tras las malas experiencias vividas en el consultorio intentó atenderse en CEMERA tras el parto. [¿Cómo fue el trato en CEMERA?] “Bien, harto cariño, me gusta como tratan a las adolescentes, me gusta. Nunca vi un consultorio que haigan tratado tan bien a las adolescentes y dándole tanto apoyo” (EIV,1,126; Paola 16). Un punto muy importante es el del fomento del ejercicio de maternidades y paternidades afectivas y comprometidas. En ese marco, la atención de parto y nacimiento cobra una relevancia especial pues es un momento cargado de gran contenido simbólico; se trata del momento donde la madre y quienes la acompañan se encuentran con el/la bebé fuera del útero y se reconocen. Es importante que en la atención de partos las adolescentes reciban un trato digno, emotivo, cariñoso. Por lo general la gestación ha sido un proceso difícil para ellas, asumiendo la maternidad a temprana edad y todos los estigmas sociales relacionados. Y, a veces, en lugar de encontrar apoyo, las adolescentes se encuentran una vez más con discriminación por su condición: “Al principio me sentí extraña, porque todos me miraban extraño, las matronas diciendo uy esta niñita tan joven teniendo guagua, todos me hacían preguntas y yo me sentía rara, porque todos me decían uy tan chica y anda haciendo cosas de grande, como que me retaban y yo me ponía triste, decía, pucha todos me retan, nadie, nadie me da apoyo, solamente mi familia, ya n’importa, decía yo n’importa, no me importa la demás gente, total tengo el apoyo de mi papá” (EIV,1,120; Paola 16). En el relato de Paola se aprecia una discriminación por el hecho de ser adolescente. Y además, las jóvenes reciben malos tratos que son parte de las violencias institucionales que se ejercen sobre las mujeres parturientes, independientes de su edad. En algunos relatos apreciamos cómo las adolescentes describen ser víctimas de discriminación en el sistema de salud en razón de su gestación y su edad, la estigmatización puede tomar diversas formas tales como burlas, reproches, culpabilización, descalificación, atención descuidada o brusca, etc. La estigmatización produce un efecto contrario al del apoyo, donde la identidad de la adolescente se ve amenazada en varias dimensiones de su identidad: edad, sexualidad, cuerpo, competencia para ser madre, etc. Es importante destacar que estas discriminaciones no están presentes de manera explícita en todos los relatos; en algunos aparecen de manera encubierta, en la forma de violencia simbólica, mientras en otros no hay menciones a ello. Este ejercicio de violencia sobre los/as adolescentes implica también un proceso de des–autorización de las adolescentes en sus conocimientos y habilidades sobre sí mismas, su cuerpo y sobre la posibilidad de cuidar a sus hijos/as. En la transmisión de información en el sistema de salud, se refuerza la barrera y límites entre lo que se considera el conocimiento formal (científico, manejado por el personal de salud) y el conocimiento informal de los/as usuarios. Este fenómeno ocurre en todos los niveles en la atención de salud, es decir, no es exclusivo a la atención hacia adolescentes, sin embargo se torna más explícito y descalificador con éstos/as últimos/as, por su edad y sus acciones. Nos encontramos entonces con escenarios donde las decisiones son controladas por quienes poseen el conocimiento autorizado, en este caso el personal médico. Son ellos los dueños del parto, quienes tienen el poder para determinar cuándo pasa cada cosa, y quienes determinan lo que debe ser tratado como normal o anormal. Desde la admisión al hospital, el poder de la toma de decisiones y la autoridad son automáticamente transferidos desde la usuaria hacia el personal médico y administrativo del

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hospital. Esta transferencia implica que la mujer y su familia, sin mediar sus conocimientos previos o preparación, son despojados de cualquier responsabilidad, definidos como incompetentes para manejar la situación. Encontramos en los relatos exclusiones que los padres reciben en diferentes instancias reproductivas en el sistema de salud. Sabemos que los padres han sido tradicionalmente excluidos de los ejercicios de una paternidad implicada a nivel institucional. Si bien se cuentan con discursos y prácticas más inclusivas, aún son incipientes. Encontramos barreras institucionales para una participación más activa e implicada de los padres varones. A veces se observan exclusiones activas y claras, como dejar al padre fuera del parto no obstante su interés en participar. “Pero el día que más, que no me gusta acordarme fue cuando nació realmente mi hijo, cuando nació, porque, mm, nosotros habíamos ido como a charlas, que se suponía que eran pa que yo pudiera entrar al parto, pa que no me desmayara, pa que no me pasaran esas cosas (…) Y fue que yo entré a esperar que me llamaran para que… pa ver como nacían mi hijo y viene una matrona que me dice ¿y tú que hacís aquí? Y yo le digo estoy esperando pa que me llamen pa, pa cuando nazca mi hijo. Y me dijo no si no se puede (…) no me dejaron” (EVII,1,57-58; Claudio 18). Asimismo los dispositivos de atención no suelen estar diseñados para recibir a los varones. En los talleres predominan las mujeres, son dados por mujeres y se usa un lenguaje femenino. La vergüenza o incomodidad fueron emociones descritas por los entrevistados.

B.2) Dimensiones y funciones de maternidad/paternidad adolescente
Las entrevistas analizadas nos permitieron delimitar dimensiones, territorios o campos donde la identidad de madre adolescente y padre se narra, despliega, configura, juega y articula. Podríamos haber usado la terminología responsabilidades, sin embargo este término ha sido cuestionado por su carga de deber ser y porque el sentido de las acciones de las personas no es guiada solo por la responsabilidad. Más bien se presentan sentidos múltiples, variados, plurales y cambiantes. Dimensiones alude más bien a posibilidades, a espacios que pueden ser llenados y narrados de diversas formas. En el análisis de las entrevistas y en los procesos de codificación encontramos que las dimensiones donde la identidad de madre o padre de un/a adolescente se desarrolla son heterogéneas. Asimismo encontramos que en hombres y en mujeres estas dimensiones son abordadas y narradas de maneras diferentes, naciendo prácticas de maternidad y paternidad muy segregadas en términos de género. Hallamos asimismo tensiones entre las distintas dimensiones. Los entrevistados/as tienen narraciones y prácticas sobre su identidad de género y su maternidad y paternidad diferentes a las de sus padres y abuelos/as. Son críticos/as muchas veces de las creencias y conductas de las generaciones anteriores, lo cual es concordante con lo que los estudios cualitativos de masculinidad muestran acerca de adolescentes de ambos géneros. Si bien las familias comparten algunos significados comunes a la cultura encontramos singularidades familiares y personales en creencias y prácticas relativas a la gestación de madre adolescente y todos sus procesos asociados. A continuidades culturales le acompañan singularidades familiares y personales. A continuación describiremos lo hallado en cuanto a la maternidad adolescente y la paternidad adolescente, por separado. Esta distinción tiene la ventaja de salvar el

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sesgo habitual de convertir la gestación adolescente en asunto primordialmente de la madre, permitiéndonos una aproximación a la paternidad (adolescente o no). Maternidad adolescente En esta codificación se analizó como fenómeno la maternidad adolescente y sus dimensiones. Los entrevistados/as consideran que la identidad de las madres adolescentes se nuclea en lo que ha sido descrito como el trabajo doméstico no remunerado. No es que las otras dimensiones estén ausentes, sin embargo los discursos y prácticas de las madres, los padres, sus familias y las instituciones constelan un universo que se traduce en tiempo, energía y recursos de estas madres dedicado a las dimensiones reproductivas (cuidados en los procesos de gestación y parto) al cuidado, la crianza y las tareas domésticas. La dimensión económica aparece más desdibujada, aunque no para todas las entrevistadas. Es una dimensión dependiente del proyecto y de la situación de pareja. Cuando no hay pareja o si la hay pero su futuro es incierto, la madre adolescente prefigura un escenario de ‘madre soltera’ para lo cual debe prepararse. Es en ese caso que la dimensión de mujer proveedora se pone de figura y donde la red familiar se releva como contexto inmediato de apoyo. La continuidad de los estudios también se tensiona con las fuerzas centrípetas que llevan a la mujer a asumir, tomar y fluir en el espacio de lo doméstico. Como puede observarse se trata de varias dimensiones, todas ellas importantes. Desde un punto de vista de condiciones para el desarrollo del niño/a se espera que la madre pueda desempeñarse apropiadamente. Desde un punto de vista de sus propias tareas de desarrollo se requiere destinar recursos de tiempo a la calidad de vida, los estudios, el trabajo, la pareja, etc. Pasemos a revisar algunas de estas dimensiones en los datos del estudio. Una de las dimensiones más canónicas en la identidad de las madres adolescentes es la de cuidado. Su rol de buena madre se juega en gran medida en cómo desarrolle las funciones de cuidado. “Todo el tiempo que tengo se lo dedico a mi hijo” (EIX,1,18; Nancy 19). Esta dimensión se tensiona u opone con la dimensión estudios, los que pueden verse interrumpidos por decisión personal, familiar, por falta de apoyo en esta dimensión o por extensión o ampliación de la misma. En algunas de las entrevistadas las funciones de cuidado son realizadas por ellas no obstante tener la posibilidad de compartirlas con la red familiar o de ingresarla al sistema preescolar. Por ejemplo Teresa dice: “…cuando nació ella dije: obligá no más a cuidarla po [a su hija] y no, es que tampoco quiero dejarla en una sala cuna, por que no, con todo lo que he visto en la tele, no, no mucho (…) una vecina (…) me dijo: si querí’ te la cuido yo, te la cuido mientras tu vai al colegio; pero mil veces prefiero verla yo, es que yo no sé, es que es muy histérica ella, se pone mañosita, cualquier cosa…” (EI,1,314-329; Teresa 15). Para pasar de la dimensión de cuidado a otras funciones se requiere que algún miembro de la red pase a ejercer ese rol. Puede ser el padre, cualquier persona de la red familiar, o alguna institución del sistema preescolar. Varias de las entrevistadas señalan el cuidado de los hermanos/as como una de sus funciones asignadas. Cuando la adolescente es madre en función de cuidado de su propia hija/o se le agrega aquel relativo a las necesidades de las hermanas/ os. Esto puede ser altamente contradictorio con el mensaje cultural de que las

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adolescentes no son suficientemente capaces de proveer cuidado. Podría interpretarse como una forma de castigo a la trasgresión de ser madre o como una ganancia familiar devenido el nacimiento, pues hay un miembro dedicado específicamente a resolver las necesidades de cuidado de ese hogar. Es lo que hemos llamado ampliación de funciones, ya que en ocasiones antes de la gestación la adolescente no realizaba estas tareas como ahora. Esta dimensión se relaciona con la presencia o no de servicio doméstico, con la presencia o no de los dos padres o de otros adultos en la familia y si trabajan remuneradamente o no, con cuán segregadas según género están las tareas en el hogar y con la riqueza de redes de cuidado (abuelas/os, vecinas/os, tías/os, etc). La calidad de vida familiar condiciona el ejercicio de estas funciones. Familias con menores recursos, con trabajos precarios, donde todos los adultos trabajan remuneradamente, que hacen largos viajes del trabajo a la casa, endeudados, con muchas hijas/os, son más vulnerables a que la adolescente esté anclada en el espacio de lo doméstico. Si su desarrollo como estudiante y si sus posibilidades de acceder al trabajo remunerado se ven truncadas nos encontramos con un conjunto de derechos de la adolescente vulnerados. Con respecto a la dimensión doméstica, en los testimonios de los entrevistados/as se aprecia que las funciones domésticas son realizadas principalmente por las mujeres, tal como señala la evidencia cuantitativa y cualitativa en nuestra región (CEPAL, 2004): “A veces cocina mi abuelita, mi mamá o mi tía, o yo o mi hermana” (EIV,1,32; Paola 16). [¿Cómo se organizan? (las tareas domésticas con su madre)] “Yo hago la pieza donde dormimos con mi mamá y mi hermana”. “Mi mamá [se encarga] de la ampliación hacía atrás que son la pieza y los baños, yo hago para acá adentro. A veces ella barre, yo hago la loza, siempre una hace algo, la otra otro”. [¿Tu padre o Esteban hacen alguna actividad?] “¿Aquí en la casa?” [Sí en la casa] “No” (EIII,1,78-81; Nadia 19). En el discurso anterior se observa que la palabra actividad referida a los hombres requirió descartar que se trataba de trabajo remunerado fuera del hogar, no obstante que el relato antecedente trataba de las actividades domésticas. En las dinámicas familiares los significados y prácticas de género influyen en el quién y el cómo las hijas/os son socializados/as y criados/as. Por ejemplo en este relato de un padre se observa como el espacio de la cocina es considerado propio de las mujeres, en este caso de la madre y de la abuela y cómo son ellas quienes socializarían al hijo de un modo en el que el padre está en desacuerdo. De la referencia a ellas se deduce que las funciones de cuidado y crianza son compartidas entre la madre y la abuela. Asimismo la paternidad en este caso refiere al área del juego y la disciplina y normas que en ese espacio el padre varón despliega. [¿Y quién pone la disciplina?] “Yo. Soy medio malo en ese sentido. Pero es que ellas son muy… son corazón de abuelita, entonces, y yo siempre les reclamo a ellas que dejan que el Diego haga todo, entonces que el Diego se mete a al cocina, yo odio que se meta a la cocina, se puede quemar y todo el asunto. Ellas dejan que el Diego se pasee por la cocina, que deje la escoba aquí en la casa y que ellas tengan que ordenar veinte veces. Yo no po, cuando estoy con él, que deje los juguetes por todos lados está bien porque es un niño, pero si dejó de jugar que los recoja. Entonces ahí como que soy medio malo en ese sentido, le llega su… pero no su cosa así como aaay le voy a pegar, su palmadita po, a todos nos hizo bien alguna vez su palmadita” (EVII,1,117; Claudio 18). Es un relato masculino acerca de la disciplina y lo doméstico. Las mujeres serían “corazón de abuelita”, esencialización o naturalización de una supuesta debilidad femenina. Las mujeres trabajarían más de lo necesario en lo doméstico debido a su

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debilidad ordenando “veinte veces”. La fuerza disciplinaria para este varón incluye la aplicación de “palmaditas” al hijo/a, las que serían deseables y aleccionadoras. En el caso de Nadia vimos como desde la gestación ella dedica tiempo a funciones domésticas y de crianza en la casa de sus padres. Lo interesante de esta experiencia, que consideramos demostrativa y pensamos que es muy original, es que se consideró el trabajo doméstico como remunerado. La madre le pagó por sus funciones. Y eso le permitió a Nadia tener algunos ingresos para prepararse al nacimiento: “…yo le pagaba de mi bolsillo, yo le daba 35, 40 mil pesos que ella con esa plata le compró ropa para el bebé, le compró la ropa al niño, la ropa a ella (…) le dije Nadia si tú pasai tanto en la casa, yo, no es por aprovecharme de nada, para o dejar una persona de afuera tampoco porque trabajando yo tendría que dejar una persona de fuera, pagarle a una persona para que me llevara el almuerzo a la chica a las doce” (EX,1,49-51; Belén). El proyecto de estudios también se pone en riesgo después de una gestación en la adolescencia. Para que las madres adolescentes puedan terminar su escolaridad en la enseñanza se requiere resolver el tema de cuidado del hijo/a. La educación preescolar cumple una importante función al respecto así como las facilidades que la escuela otorgue a la madre. Sistemas con mayor flexibilidad y plasticidad facilitan la resolución de los estudios. [¿Y quién te lo cuidaba mientras estabas en el colegio?] “Mi mamá, pero yo estudiaba medio día no más, estudiaba hasta la una de la tarde, incluso, me dejaban entrar a las nueve y salir a la una y media” (EIV,1,158; Paola 16). Al referirnos a las dimensiones económica y de proveer, en la mayor parte de los casos estudiados son los padres varones —adolescentes o no— los encargados de hacer el trabajo remunerado y por tanto de la proveeduría de ingresos. Por lo precario de los sueldos no logran proveer completamente y suelen ser apoyados en esa función por las familias. Una parte importante del peso económico de los apoyos es asumido por las familias de origen de las madres adolescentes. El caso de Nancy es interesante porque se ha desarrollado en todas las dimensiones de la maternidad y la identidad adolescente. Hace trabajo remunerado, estudia y despliega funciones de cuidado. Resolver con armonía y sin descuidar las condiciones para el desarrollo de su hijo/a esas dimensiones, le requiere un esfuerzo de planificación. La dimensión calidad de vida se aprecia en el último lugar de la jerarquía. La dimensión de pareja y el proyecto conjunto de ser padre y madre, con la sensación de estar acompañada, de no estar sola, puede ser importante como condiciones para la madre y para el desarrollo de ese hijo/a: “Ehhh, yo igual tenía miedo de que él no me apoyara, que no siguiera conmigo. Pero yo de parte de él recibí todo el apoyo. Me dijo que él iba a estar conmigo para todo, lo que sea íbamos a estar juntos, lo que viniera con mis papás. Que iba a estar en todo y que no me preocupara. Entonces ahí fue como un alivio para mí. No lo iba a vivir sola, lo íbamos a vivir juntos. Entonces igual yo siempre tuve el apoyo de él y me sentí súper acompañada porque él estuvo en todas conmigo” (EIII,1,12; Nadia 19). La dimensión de pareja puede verse afectada por una crisis natural, por excesiva regulación de los padres, por la sobrecarga de responsabilidades y funciones o por intencionar unas dimensiones en detrimento de la pareja. En la dimensión calidad de vida hemos considerado todo aquello que guarda relación con la salud física y mental de la madre y del padre, ya que a mejor calidad de vida de los padres se esperan mejores condiciones de desarrollo para ellos como jóvenes y para sus hijas/os.

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En la maternidad el cuidado de la calidad de vida requiere apoyo para resolver el cuidado del hijo/a. Sin embargo observamos en las entrevistas que esta área es puesta en una jerarquía inferior en comparación con otras. “O puede ser que a veces quiero salir no se po a veces quiero salir y a veces como que me da lata decirle a mi mamá quédese con él... los papás del Camilo dicen que (....) pero eso... no pero mayor problema no por que ya con el Camilo hemos salío, o sea, por ejemplo salimos a tomarnos un trago a veces, damos vueltas solos, igual nos juntamos con amigos a veces” (EIX,1,187; Nancy 19). Paternidad adolescente Para los hombres la GA aparece como una experiencia, un escenario donde la adolescencia se pone en cuestión, y se produce un fenómeno de aceleración de tareas y desafíos tales como madurar, trabajar y proveer, responsabilizarse, etc. El análisis de las entrevistas y su codificación nos llevó a construir el siguiente eje axial para las dimensiones de la paternidad. El eje del fenómeno, sus fuerzas centrípetas, se encuentran en torno a las dimensiones de proveer y económica. Las otras aparecen como marginales, como áreas emergentes, como funciones subsidiarias o residuales. Tal como revelan los estudios de masculinidad en Chile y Latinoamérica, la mayor cantidad de referencias al rol paterno está en esos códigos. Los hombres, las mujeres, sus familias y las instituciones consideran que el buen padre es aquel que cumple con el modelo llamado hegemónico, es decir que es responsable en lo económico, que trabaja remuneradamente, que provee. En efecto la principal expectativa sobres los padres cuando ha ocurrido la GA es que cumplan con su rol de proveedor. Es esta función la que convierte a ese padre en un buen o mal padre, siendo menos importante su desempeño en otras áreas o dimensiones. Este eje axial —el de proveer— se manifiesta de distintas formas en la paternidad adolescente: a veces consiste en comprar alimentos o ropa. A veces en un aporte económico mensual. A veces en el visible esfuerzo por trabajar, por producir, por prosperar. En un caso vimos como la familia de la madre entrega recursos a este padre con la esperanza de un futuro mejor para su hija. Así, al no poner en peligro tales dimensiones, se vuelven atributos importantes la constancia, la honradez, la decencia, la moderación en las fiestas y la distancia de las drogas. La dimensión de proveedor y económica se convierte entonces en eje de la conformación de la masculinidad–paternidad: “Y yo siempre le prometí a ella que iba a ser responsable, iba a trabajar” (EVII,1,28; Claudio 18). El arreglo típico de padre proveedor y madre dedicada al cuidado impone limitaciones en el ejercicio —ampliado o integral— de la paternidad del hombre. Al tener la dimensión económica un aspecto de sobrevivencia y de satisfacción de necesidades básicas de los hijos/as, se traduce a veces en la compra de alimentos, ropa y artículos. Tal como muestra Valeria: “…trabaja [su pareja] pero ahora no nos alcanza po ese es el problema. Estábamos bien pero lo que pasa es que a donde él trabaja si hay harto trabajo, hay horas extras. Y con eso él hacía hartas horas extras. Pero ahora como no hay trabajo no hace horas extras. Entonces ese es el problema, entonces empiezan a faltar los pañales del Fran” (EII,2, 28; Valeria 18). Así, por ejemplo, la asistencia a los controles durante la gestación fue compartida por Esteban y Nadia hasta que él encontró un trabajo. Es interesante que en

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dicho trabajo le daban permiso para ir a las ecografías, mostrándose que el sector trabajo puede facilitar o poner barreras a la participación de los padres. “Los dos primeros controles fui con el Esteban, pero después como empezó a trabajar, ya yo fui sola (…) Entonces a él en el trabajo le daban ese permiso, todos los meses para ir a la ecografía” (EIII,1,86-87; Nadia 19). Esto muestra como a pesar de que se observa un mayor interés por los padres y por las familias de los entrevistados/as de incorporar más a los hombres en las tareas de reproducción, se identifican al mismo tiempo barreras para su participación tales como el trabajo o los significados familiares acerca de la GA y acerca de la participación masculina. En otras palabras, en ausencia de los hombres esta es una dimensión que les correspondería ejercer a las mujeres. Vemos prohibiciones de edad para el pololeo, prohibiciones de tener sexo, restricciones a sus visitas o movimientos. Cuando esas regulaciones se presentan los adolescentes se debaten en el dilema de la autonomía y la dependencia, del cumplimiento y la transgresión: “Y yo siempre hacía la cimarra, pa estar con ella. No si en ese sentido fui súper flojo, siempre hacía la cimarra pa estar con ella po, pa cuidarla y todo” (EVII,1,91; Claudio 18). Con respecto a la dimensión de estudios, las barreras a la participación masculina en el proceso de gestación pueden ser mayores si la escuela no da facilidades y la familia no provee los permisos y recursos de apoyo necesarios: “…habían días que por ser ella me decía me decía hoy día pa mañana que tenía que ir al médico. Yo llegaba a mi casa y le decía a mi mamá mamá sabís que tiene que ir al médico, no, pero es que cómo vai a faltar al colegio, y al final anda al colegio, anda al colegio, anda al colegio, y yo hacía la cimarra po, venía pa acompañarla a ella, y siempre la acompañaba, fue, no me recuerdo si alguna vez no la acompañé. Yo siempre la acompañé, y a las dos ecografías siempre la acompañé” (EVII,1,70; Claudio 18). Aquí se observa una tensión ya que el argumento de no descuidar los estudios del padre se convierte en una barrera a su participación como tal y en un modo de regular y controlar sus movimientos: “Sí. El quería acompañarme a todos lados, me decía, yo por ti, él me decía, yo por ti daría mi vida, todo, pero mis papás no me dejan independizarme. Los papás no lo dejaban que, si cuando yo quedé embarazada ¡no tu polola quedó embarazada, tú no la acompañai a controles a ningún lado, nada, tu estudia, estudia, estudia! A veces no teníamos clases y yo tenía controles, los papás no lo dejaban, yo tenía que salir sola pa’ todos lados” (EIV,1,90; Paola 16). La dimensión de cuidado de los hombres a veces queda desdibujada con el protagonismo de las mujeres en esta dimensión. Desarrollar habilidades y dedicar tiempo a esta dimensión aparece como un deseo para los hombres jóvenes, varios de los cuales quieren desplegar una paternidad afectiva y emocionada. A nuestro juicio a estos atributos debe incluírseles la dimensión de valoración, respeto y equidad de género. Cuando los padres cuidan, las madres pueden desarrollarse en otras dimensiones frecuentemente descuidadas como veíamos en el apartado anterior. “…pa’ mi graduación tuve una fiesta el día antes entonces se fue pa’llá, se fue a quedar con él, durmió toda la noche, al otro día lo llamé tempranito al Diego y me contó que había hecho tuto con el papá, eso decía que había hecho tuto con el papá (…) a veces salimos con mi mami porque igual nos gusta salir harto, harto juntas. Antes, yo la iba a esperar y ahora no se podía po’, entonces a veces él se lo lleva y lo trae en la tarde”. (EV,1,305; Margarita 17)

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Algunas de las parejas de las entrevistadas hacen tareas domésticas. Sin embargo en el lenguaje esta actividad es connotada como “me ayuda”, “me colabora”. De este discurso se deduce que esas tareas son consideradas en nuestra cultura como función de las mujeres y que la aproximación de los hombres a ellas sería marginal, secundaria, no un ámbito de su responsabilidad. Observamos también demandas hacia los hombres en la línea de ejercer y compartir funciones domésticas. “…él venía y me ayudaba, a veces igual era como difícil hacer aseo porque estaba todo el rato ahí que dándole pechuga a la guagua que mudándola, entonces él o me ayudaba a hacer aseo o cuidaba al Diego y yo hacía aseo” (EV,1,265-266; Margarita 17). Las responsabilidades escolares a veces se tensionan con el deseo de estar en pareja o como hemos visto con el ejercicio de una paternidad presente en diferentes momentos de los procesos de la gestación. La situación de pareja, las edades, las posturas familiares condicionarán el panorama de esta dimensión de pareja. Las parejas adolescentes, su sexualidad, sus contratos, a veces son reguladas, normadas y controladas por los padres. Sin embargo es necesario recalcar que en las entrevistas se observa un cuestionamiento al modelo de padre proveedor de la generación anterior, junto con sus limitaciones afectivas y sus formas violentas de tramitar la tensión y de sancionar disciplinariamente. Se abren otras dimensiones, sobre todo para aquellos más críticos del modelo tradicional. Algunas madres esperan mucho más que una pareja proveedora. Esperan una paternidad compartida en labores de cuidado, crianza e incluso en las tareas domésticas. El tema de la residencia aparece como relevante al respecto, ya que si la pareja está vinculada como tal, pero la residencia es separada, el desarrollo de la paternidad se hace más difícil a menos que, como vimos en la caso de Esteban y Nadia, las familias de origen residan en el mismo barrio o que existan altas facilidades a la entrada del padre, tal como dormir en la casa de la familia de origen de su pareja, incluirlo en los espacios cotidianos como la hora de once o de comida, etc. Tal como se ha encontrado en otros estudios de significados, los entrevistados se consideran pertenecientes a una época nueva en relación a sus genitores, son críticos de los estilos de crianza y de la violencia con que se les educó en ocasiones. Y tienen el deseo de ser mejores padres, corrigiendo lo que consideran son errores de la generación anterior: “Qué me diferencia de un padre adulto... por ser yo miro a mi papá... yo siempre decía, yo le decía a mi papá cuando me pegaba sus correazos, le decía sabí’ que, yo no voy a hacer nunca con mi hijo lo que hacís tú. Lo he hecho”. (EVII,1,134; Claudio 18).

B.3) Estrategias de apoyo familiar
Los recursos y estrategias familiares pueden ser descritos desde un punto de vista positivo y desde uno negativo, de la carencia o falta. Si bien se describen situaciones familiares donde no se ofrecieron apoyos adecuados, decidimos poner mayor acento en los recursos, estrategias y formas de los apoyos familiares observados en las familias de los entrevistados/as. Pensamos que sobre temas como la negligencia o violencia familiar se ha investigado y se tienen datos y modelos de explicación. Consideramos que una descripción y acercamiento a los apoyos que las familias despliegan ante una gestación en la adolescencia puede dar luces para el diseño de políticas orientadas a la promoción, activación y catalización de procesos virtuosos al interior de las familias. A partir de las entrevistas observamos que las familias cuentan con recursos de apoyo de todo tipo, capitales emocionales, recursos instrumenta-

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les, recursos educativos y de socialización, redes, información, etc. Estos recursos, que agrupamos bajo la categoría “apoyos” están en permanente desarrollo y se visualizan, circulan, activan, ponen en movimiento en las diferentes etapas del ciclo vital familiar, en las crisis de cualquier tipo, y ante un evento como el estudiado, la GA. Estos recursos son ofrecidos, activados y desplegados por diferentes actores de la red de relaciones que rodea a cualquier familia. Estos apoyos muchas veces están invisibilizados o no son suficientemente reconocidos al interior de las familias ni por las instituciones que las rodean. Las categorías y modelos utilizados por los profesionales de la salud mental y de las ciencias médicas muchas veces ponen el acento en la vulnerabilidad y no el recurso. Describiremos los tipos de apoyo que las familias estudiadas activan y encienden en los diferentes momentos de la gestación y la crianza. Son los apoyos que ofrecen los actores que no son ni el padre ni la madre adolescente, es decir: abuelas/os, hermanos/as, bisabuelas/os, tías/os, madrinas, padrinos, primas/os, vecinas/os, profesionales, etc. Las funciones y recursos desplegados por la madre y el padre los hemos descrito en las dimensiones de la maternidad y la paternidad en otro apartado. Una dimensión de los apoyos familiares que las/os adolescentes reciben son aquellos relativos a los afectos. Si bien encontramos que todos los apoyos descritos expresan formas de afecto familiar, hay un tipo de apoyo que es emocional y que se vehiculiza en diferentes formas, como conversaciones, encuentros, visitas, llamadas telefónicas, consejos, ánimo, protección, etc. Algunos de esos apoyos afectivos ocurren en momentos muy específicos, como puede ser el trabajo de parto y/o parto. Margarita relata el apoyo que su madre le dio en el proceso de parto como doula (mujer que presta apoyo psicoafectivo a la parturienta): “Doula que se llama, no sé si hai escuchado, que nos preparan para que las mamás de nosotras entren al preparto, entonces nos hacen como tienen que estar ellas que no tienen que estar nerviosas que tienen que conversar contigo antes para que sepa lo que te gusta, si te gusta tocarte el pelo y todo porque ahí vai a estar con los dolores, todo [¿Y eso lo hizo tu mamá?] Si, mi mami estuvo en el preparto” (EV,1,124-125; Margarita 17). La red de compañeros de escuela también puede brindar apoyo afectivo: “En el colegio todos me decían, todos me daban apoyo, mis compañeros todos, me decían ¿cómo te sentí’?” (EIV,1,113 Paola 16). Otra área de apoyo que se activa especialmente con la reproducción trata de los recursos, habilidades, disposiciones, tiempos y energías que se ponen en marcha para cuidar, criar y socializar al hijo/a en los diferentes momentos. Si bien son los padres y las madres quienes desarrollan estas funciones de manera protagónica, cuando ellos/as no están este tipo de apoyo cobra importancia capital. Asimismo, para que la madre y/o el padre adolescente pueda desarrollase en sus estudios, trabajo y otras áreas como la pareja y la calidad de vida se precisa como condición que alguien de la red de cuidado ofrezca o entregue cuidados al niño/a. Familias con mayor presencia y compromiso de apoyo en las áreas de cuidado y crianza brindan mayores posibilidades de desarrollo saludable tanto para el niño/a como para las/os adolescentes. Encontramos variadas formas del apoyo en cuidados y crianza tales como: cuidados de salud, indicaciones de salud, quedarse con el hijo/a, mudarlo/a, bañarlo/a, vestirlo/a, darle de comer, apoyo en socialización, cuidados a la madre, etc. Encontramos también que las tareas de cuidado están muy segregadas por género, siendo las abuelas u otras figuras femeninas quienes cuidan en su mayoría. Los abuelos trabajan fuera del hogar, y cuando están en casa cuidan, por ejemplo jugando.

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En Valeria se observa como para que la madre pueda estudiar se precisa una coordinada acción de la red parental y familiar de cuidado, en este caso de su pareja y de su madre (abuela de su hijo): [¿Y cómo lo haces cuando vai a estudiar con el bebé?] “Estudio los martes y los miércoles y esos días mi mami llega temprano del trabajo. Así que... y el día martes también mi pareja se queda con él porque va el puro día miércoles. Ahí nos organizamos todos pa cuidarlo” (EII,1,22; Valeria 18). En Margarita se aprecia que los apoyos son ofrecidos por distintos actores de la red de cuidado: “¡U! quién no me acompañó [al sistema de salud cuando su hijo enfermó], me ha acompañado mi mamá, mi suegra, el Claudio, mi cuñada” (EV,1, Margarita 17). En el relato de Belén, abuela materna, se aprecia el tema del cuidado como dilema, tarea, desafío a resolver y sus implicancias, en este caso ella dejó de trabajar remuneradamente por lo que el ingreso familiar disminuyó. Es decir los apoyos a veces presentan paradojas o elecciones. “Hacían dos años que estaba trabajando con ella. Yo estaba a gusto, estaba súper bien ahí porque ella tenía tanta confianza en mí, y me sentía bien trabajando ahí. Pero cuando la Nadia quedó esperando yo me tuve que retirar una por el hecho de cuidarla a ella, otra porque ella no me iba a poder cuidarme mi chica, que estaba estudiando que hay que irle a dejar almuerzo al colegio, hay que irla a dejar, hay que irla a buscar. Entonces no se podía” (EX,1,21; Belén 40). Otro campo de apoyos observados es aquel relativo a las tareas domésticas. Como vimos en otro apartado la maternidad adolescente no refiere solamente al cuidado y la crianza, sino que trata también de múltiples labores domésticas, propias, del niño/a y de toda la familia de origen. Los apoyos efectivos en las labores domésticas son condición para el desarrollo de la madre: estudios, trabajo remunerado, calidad de vida, pareja, etc. Encontramos un tipo de apoyo que trata de habilidades y competencias. Este tipo de apoyo tiene directa relación con las condiciones de desarrollo y de salud del niño/a, ya que padres y madres con mayores recursos y habilidades de cuidado y socialización tendrán mayores herramientas para la atención y asistencia de las necesidades del hijo/a. Este tipo de apoyo se ve dificultado cuando hay alta estigmatización de la GA, en otras palabras, observamos que mientras mejor es connotada o enfrentada la gestación, y mientras más se proyecte y desafíe la red amplia de cuidado a entregar apoyos variados, serán mayores las posibilidades de recibir entrenamiento en habilidades para esos padres. Lo anterior supone un compromiso de la red no sólo con el niño/a sino también con la madre adolescente y el padre. Esto puede verse obstaculizado cuando el padre y/o la madre son desplazados en sus roles. Las familias también pueden desplegar recursos instrumentales de todo tipo, tales como información, bienes, apoyo económico y protección. Para adolescentes que no trabajen o con trabajos precarios, estos apoyos son fundamentales, aunque tienen el riesgo de ser ‘cobrados’ de alguna manera o de que quien ofrece ese apoyo tenga mucho poder de influencia o decisión sobre el niño/a y el/la adolescente. Entre los apoyos económicos vimos apoyos en dinero, facilitación de crédito en casas comerciales para obtener bienes a pagar en cuotas, en combustible, con movilización y con trabajo no remunerado. En un caso la abuela dejó de trabajar remuneradamente para apoyar los procesos de desarrollo. Asimismo encontramos diversos tipos de apoyo con bienes como alimentos, artefactos

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para el hogar, pañales, remedios, cosas para la madre, dar alojamiento, prestar un auto, ropa, juguetes, coche, cuna, etc. Los apoyos instrumentales también son ofrecidos por otros/as actores de la red, como las hermanas/os y las madrinas y padrinos. El apoyo instrumental esperado, aquel que podría recibirse, con él que se estima que se cuenta, permite enfrentar de mejor modo las tensiones asociadas a revelar la noticia de la GA; “No, yo decía pero y qué vamos a hacer. Nada po mi amor si hay que contar no más y pucha tú sabí que si, me dijo, aunque no creo, si a ti te llegan a dar vuelta la espalda en tu casa, aquí mi casa es grande —me dijo— y tú sabí que mi mami siempre nos va a apoyar y todo” (EII,1,129; Valeria 18). Como hemos visto en estos apoyos las abuelas/os cumplen un papel muy relevante. Como suelen tener el poder en la toma de decisiones en sus hogares al cual las/os adolescentes quedan sujetas/os, su estrategia de abordaje tras la gestación, ya sea para obstaculizar o facilitar el apoyo, va a ser fundamental. Vimos abuelas/os deprimidas/os e inmovilizadas/os con la noticia, en tres casos, abuelas/os que castigaron con golpiza a su hijo hombre, abuelas/os que dejaron de hablarle a su hija/o y pareja por un tiempo, abuelas/ os que excluyeron al padre o que restringen los apoyos que ofrecen la familia de la pareja. Las anteriores son versiones en que no se contó con apoyos saludables, hubo falta de apoyo, negligencia e incluso violencia en diferentes formas. Por otro lado observamos casos de abuelas/os que dejaron de trabajar remuneradamente para apoyar a su hija/o y nieta/o, que hicieron enormes esfuerzos económicos de apoyo, que potenciaron el rol de madre o padre del hijo/a, etc. En síntesis, las abuelas y los abuelos maternos y paternos son resortes fundamentales, piezas clave, bisagras del apoyo que madre adolescente y padre puedan recibir, lo cual incidirá directamente en las condiciones de desarrollo del niño/a. Abuelas/os que ofrecen apoyo de algún tipo a sus hijas/os que se han convertido en madres o padres en la adolescencia, se constituyen en una plataforma, en caja de recursos, en una fuente de habilidades para el desempeño del rol de padre o madre o para su reemplazo en los momentos en que esté estudiando, trabajando o fuera de casa. Hay fuerzas orientadas hacia la transmisión de una generación a otra de saberes, recursos y habilidades, así como de estrategias poco saludables, hasta violentas. La forma de entregar u ofrecer el apoyo puede ser solicitada, aceptada o impuesta. En ocasiones el apoyo en las tareas de cuidado y crianza no es solicitado por la madre adolescente o el padre, configurándose una situación donde los adultos deciden por el/la adolescente y/o una situación donde el/la adolescente en vez de ser socializada/o es sustituida/o siendo el rol apoderado por el adulto/a. Esto es importante si consideramos que el/la adolescente debiera protagonizar su papel de madre o padre, sin ser descalificada/o por su condición de adolescente. Otros facilitadores observados para la existencia de apoyos disponibles, cercanos, útiles y efectivos para la madre adolescente y el padre son la riqueza de la red familiar, de la red de cuidado y de apoyo, la cercanía con la red de instituciones de salud, educación, la participación en algún programa especializado de apoyo, bajo aislamiento de los padres, adolescentes y familias que se proponen que la madre adolescente y el padre continúen estudios, accedan al trabajo, etc., modelos de género más equitativos, familias con alto capital de cuidado, crianza y sociali-

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zación, familias con roles claramente delimitados, sistemas disciplinarios que promueven la autonomía, el desarrollo y la responsabilización, etc. Obstaculizadores observados para la disponibilidad de apoyos de cualquier tipo a la madre y el padre adolescente son el aislamiento, la falta de redes familiares e institucionales, la alta estigmatización de la GA, el castigo familiar ante la GA, modelos de género muy tradicionales como esperar que la madre adolescente deje de estudiar y haga todo el trabajo no remunerado del hogar, el propio y el de toda la familia de origen, la precariedad económica, familias con confusión de roles, sistemas disciplinarios autoritarios y controladores, abuelas/os que descalifican o reemplazan al adolescente en su rol de madre/padre, etc. A partir del recorrido realizado por los tipos de apoyo, se puede plantear que las condiciones de desarrollo de las niñas/os nacidos de madre adolescente —y padre adolescente en algunos de los casos— dependen de componentes, variables e ingredientes a diferentes niveles: hay condiciones sociocontextuales y estructurales, como el nivel socioeconómico (NSE), las maneras en que se estructuran las relaciones de trabajo, en particular para varones y mujeres adolescentes y jóvenes, cómo se articulan las relaciones de género, cómo se dan las relaciones entre el sistema educacional y el sistema de salud con las/os adolescentes y sus familias, cómo están definidas las relaciones entre generaciones, las nociones de adolescencia existentes en nuestra cultura, los significados acerca de la maternidad y la paternidad, etc. Hay también condiciones individuales, ya que factores como la edad, el género, los recursos individuales, la salud física y mental, las habilidades sociales y el desarrollo socioafectivo, las fortalezas y factores de resiliencia, las conductas de riesgo, etc., van a determinar ciertos horizontes y ciertas limitaciones. Las hay también familiares y a éstas nos hemos referido en el presente apartado. La familia como institución puede ser abordada desde diversos puntos de vista y tradiciones. En este caso plantearemos algunos elementos que hemos llamado engranajes que nacen del análisis de los datos y que permiten comprender o hacer distinciones sobre las relaciones familiares a partir de la circulación y movimientos de afectos, recursos, personas, espacios, relaciones, etc., tras la noticia de un proceso de gestación en edad adolescente.

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Diagnóstico y recomendaciones

Diagnóstico y recomendaciones

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A) Diagnóstico: ¿Qué aprendimos?
El presente estudio ha abordado el fenómeno psicosocial de la gestación adolescente: las condiciones de desarrollo del hijo/a de una madre adolescente o de ambos padres adolescentes, así como las condiciones para el logro de sus propias tareas del ciclo vital. A lo largo del estudio, se ha revisado bibliografía, y se han analizado casos para desde su lectura y análisis generar nuevas aproximaciones al tema. En este último capítulo, se ordenan las lecciones obtenidas, y se proponen recomendaciones. Como idea fuerza, la GA y las dinámicas familiares en torno a los cuidados de hijos/as de madre/padre adolescente constituyen un fenómeno complejo y polisémico, y no existe una única estrategia que sirva para apoyar todas las situaciones. Una GA puede producirse en contextos sociales muy diferentes, y presentar características específicas también muy diversas. En este sentido, una GA ocurre dentro de un doble entramado de relaciones. El primero; un entramado de relaciones macrosociales —históricas, institucionales, socioeconómicas, culturales, familiares, etc—. Por ejemplo, mientras los sueldos de los hombres sean mayores a los de las mujeres y accedan a trabajos de mayor calidad y tengan mejores oportunidades de ascenso, el sistema propiciará la configuración de la familia nuclear patriarcal. Se observan sí cambios en este sentido en las últimas décadas: mayor conciencia de los derechos de los niños/as y de las mujeres, políticas y leyes de infancia, género y familia, el ingreso de las mujeres al mundo del trabajo remunerado, precarización del trabajo masculino, mayor acceso a control de la reproducción, etc. El segundo; un entramado simbólico, de significados y discursos, que se activan como antecedente y contexto de una gestación en la adolescencia. Las nociones de adolescencia, familia y niñez están involucradas. Las creencias sobre sexualidad y género determinan las relaciones de pareja, las conductas sexuales, los sentidos y proyectos que la gestación pueda tener para una pareja donde la madre esté en la adolescencia. De este modo, devenida la gestación se activan prejuicios, estigmatizaciones y también afectos y recursos de apoyo y cuidado. Las prácticas familiares que se pongan en movimiento tras la noticia de la GA dependerán de profundos significados acerca de cómo abordar una gestación, cómo abordar una crisis familiar, cómo vehiculizar las tensiones y angustias que la noticia trae aparejada, cuáles tendrían que ser los roles esperados para la madre adolescente y para el padre, cómo se distribuirán las tareas asociadas al cuidado de los niños/as, etc. En síntesis, las condiciones para el desarrollo tanto del niño/a como de su madre adolescente y su padre, van a tejerse en los entramados mencionados, los estructurales y los subjetivos, los visibles y los invisibles. Y si se toman en cuenta las relaciones recíprocas existentes entre los factores involucrados, las estrategias e intervenciones deben ser elaboradas dentro de un marco lo más completo e integrado posible. La única estrategia que puede garantizar una aplicación durable en el tiempo y que cuente con buenas probabilidades de éxito es una que integre diferentes niveles, integrando las causas estructurales de la GA y proporcionando apoyos efectivos a las familias que la viven. En este sentido, para acercarnos al desarrollo de los niños/as hijos de madre y padre adolescente, debemos problematizar el fenómeno desde la compleja red de variables que le dan forma. El desarrollo de la infancia y de la adolescencia se relacionan con las situaciones y accesos a los sistemas de salud, de educación, jurídico; con las condiciones de protección y seguridad, y las oportunidades y

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motivaciones que se les prestan desde todos los niveles; con los recursos afectivos y materiales que provee la familia y el hogar, entre muchos otros. Estas condiciones tienen que ver al menos con los siguientes niveles, que deben ser considerados en su conjunto: • Las respuestas personales y de pareja observadas: padres y madres más comprometidos con sus dimensiones de paternidad y maternidad, que cuenten con mayor apoyo, con capacidad de aprendizaje de habilidades de cuidado, estudio y trabajo, podrán tejer una plataforma de desarrollo para ellos y de cuidado para el niño/a. • Los movimientos familiares que se activen desde la noticia de la gestación. Aquí serán importantes: la reacción y el abordaje de la noticia, que puede ir desde el castigo hasta el apoyo incondicional; las estrategias desplegadas para el apoyo de esos padres en todos los procesos de gestación, parto, cuidado y crianza; cómo se organicen ambas familias de origen, si facilitan la participación de sus hijos/as, si aportan en dinero, bienes, y cuidados, etc.; cómo se organicen las relaciones y funciones de género, desde el modelo más tradicional y de roles segregados hasta un modelo de paternidades y maternidades compartidas, cooperativas y equitativas de género, con valoración mutua y respeto de los derechos de niños/as y adolescentes.

• Los apoyos comunitarios disponibles: grupos, asociaciones vecinales, redes
de apoyo, etc.

• La sociedad civil: grupos profesionales, organizaciones, ONGs, sector privado,
medios de comunicación, mundo académico, etc.

• El Estado: políticas educativas, de salud, leyes de protección a la infancia y
adolescencia, entre otras. Planteados los niveles en que se debe considerar la GA, a continuación se exponen conclusiones que ponen énfasis en las dinámicas familiares implicadas en la GA y desarrollo de hijos/as de madres adolescentes, las que surgen de la lectura integrada del marco teórico levantado y del análisis de los datos recogidos.

A.1) Repercusiones de la GA en las/os jóvenes y sus familias
I. Limitaciones Adolescencia y GA estigmatizadas La adolescencia es una etapa del ciclo vital estigmatizada por los adultos como fase de incertidumbre, desinformación, crisis, incapacidad para tomar decisiones, entre otras. Asimismo la GA es considerada una experiencia indeseada que se acompaña de riesgos para la salud y el futuro psicosocial del niño/a y sus padres. La culpabilización y estigmatización de los/as adolescentes no conduce a soluciones. La pregunta por la prevención de la gestación y por las estrategias de abordaje sociales, institucionales y familiares una vez ocurrida ésta, pareciera más iluminadora situando al tema en su categoría de fenómeno psicosocial. Desde aquí planteamos como hipótesis que la estigmatización social que considere la GA como un proceso negativo e indeseado (aunque en los/as jóvenes sea deseada) sin duda tiene efectos en la experiencia de ser madre/ padre adolescente en el sentido en que les dificulta la vivencia, la configura como crisis, y determina el desarrollo del proceso. De este modo la experiencia negativa va a tener efectos en las dimensiones biopsicosociales de la gestación, del parto–nacimiento y del niño/a.

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GA como fenómeno que refuerza inequidades de género En el análisis de las dimensiones de maternidad y paternidad encontramos tradicionales fuerzas centrípetas que empujan a las mujeres hacia las funciones reproductivas, de cuidado–crianza y domésticas y fuerzas que llevan a los hombres a las funciones económico–productivas. De ahí surgen también preguntas y cuestionamientos: ¿Cuáles son los costos socio–afectivos y de proyecto vital para la madre y para el padre? ¿Cómo se articulan oportunidades, posiciones de negociación y de poder desde ahí? ¿Cómo se delimitan terrenos privativos y separados de dominio de hombres y de mujeres? ¿Cómo influye aquello en la salud (y enfermedad) y condiciones de desarrollo de la madre y el padre? ¿Cómo las relaciones y prácticas familiares influyen y presionan a padres y madres para tomar papeles segregados? ¿Cómo se instalan, construyen y levantan barreras a la participación de los hombres como padres? ¿Cómo se limitan las posibilidades de desarrollo de las madres? Vimos que son las madres adolescentes entrevistadas las que tienden a hacer el conjunto del trabajo doméstico no remunerado. El trabajo relativo a sus hijos/as, su pareja, ellas mismas y en varios casos el relativo a toda su familia de origen. Esto nos abre varias interrogantes. Una sobre la inequidad de género previa a la GA, donde mujeres y en particular mujeres preadolescentes hacen las tareas domésticas y de cuidado de hermanos/as menores. Aquí las posibilidades de estudio y de trabajo remunerado futuro de esas jóvenes se fragiliza o pone en riesgo. Otra sobre la inequidad de género posterior a la gestación. Aquí se plantea una interrogante mayor; pareciera que la GA pone en riesgo a la madre de quedar anclada al hogar de origen, a la realización de las funciones domésticas y de cuidado y crianza, en desmedro de su derecho al estudio, de acceso a un trabajo remunerado digno y de una adecuada calidad de vida. Y al padre lo pone en riesgo de quedar encapsulado en el rol tradicional de proveedor. Esto pone en riesgo tanto la continuidad de las tareas de desarrollo de esos padres adolescentes, como las condiciones de desarrollo de ese niño/a. Esto concuerda con los hallazgos cuantitativos a nivel nacional encontrados por Madrid (2005): son las madres adolescentes las que están en el hogar a cargo de las tareas domésticas, de cuidado y crianza y son predominantemente los padres varones quienes hacen el trabajo remunerado. Si el trabajo doméstico tuviese mayor valoración social y fuese remunerado, las relaciones entre varones y mujeres, la distribución de funciones de proveer ingresos y de cuidado de las hijas/os podría ser diferente. Asimismo podría plantearse de otro modo el rol del Estado a la hora de pensar en políticas de cuidado. Quien cuide podría hacerlo remuneradamente y el Estado podría tener medidas de transferencia de ingresos para garantizar el cuidado de los niños/as del país. Figura del padre excluida o invisibilizada La figura del padre de hijos/as de madre adolescente (sean ellos adolescentes o no) aparece desdibujada e invisibilizada. En todos los niveles, se refuerza la importancia de la madre en los cuidados de los niños/as, sin una adecuada aproximación a la participación paterna. Al padre se lo ve como (posible) proveedor económico, y si no cumple con este rol, puede ser excluido por la familia de la madre y alejado de su hijo/a. Los casos estudiados muestran distintos niveles de presencia paterna; desde jóvenes muy comprometidos con la gestación y posteriores tareas de cuidado y crianza, hasta otros que negaron la situación y se desentendieron de la experiencia. Las distintas situaciones responden a diferentes contextos, sin embargo en todos se aprecia un débil entramado de políticas públicas y servicios que los acojan y

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fomenten su participación activa. Incluso en aquellos consultorios o programas que trabajan apoyando la GA, el foco son las adolescentes, y cuando los jóvenes son incorporados, se hace de manera menos integral que con las madres. En este sentido, las políticas y programas deben considerar que no basta con agregar al “padre” en las actividades programadas para las jóvenes, sino que su inclusión debe ser parte de un proyecto que considere las particularidades de la paternidad adolescente, con sus potencialidades y complejidades. Considerando además que los padres en muchos casos tienen trabajan asalariados, se deben considerar medidas que les permitan participar en las diferentes etapas del proceso reproductivo. Incluso cuando el padre trabaja, en los casos estudiados los requerimientos económicos de sus hijos/as no alcanzan a ser resueltas por sus actividades remuneradas. Esto puede explicarse en parte por la precariedad de sueldos y trabajos, pero también por ser los varones conceptualizados como proveedores únicos. Si ambos padres adolescentes aportaran al ingreso familiar, este sería mayor, sin embargo hay que considerar que para que esto fuera posible sería necesaria otra persona o institución resolviendo el cuidado del hijo/a en los horarios de trabajo (y traslado) en que coinciden ambos genitores. Abuelas/os que desplazan roles maternos y paternos En el caso de algunas madres adolescentes, en especial de las más jóvenes, las abuelas/os toman algunas decisiones relevantes, y pasan a reemplazar las labores de maternaje y paternaje de los progenitores. La razón dada suele ser la edad de la madre y/o del padre, y la percepción de que esos/as adolescentes no cuentan con los recursos y habilidades necesarios para cuidar adecuadamente de sus hijos/as. Pareciera que a menor edad se tiene menor legitimidad para la toma de decisiones. ¿Es esto saludable para la familia, la madre adolescente, el padre y el niño/a? ¿A partir de qué momento estarían capacitados/as para tomar sus decisiones sobre residencia, maternidad, paternidad y crianza los/as adolescentes? ¿En qué grado la opinión de los padres y madres adolescentes aparece como una voz des–autorizada, carente de autonomía y de capacidad de decisión? La falta de autonomía e independencia que puedan tener en el ámbito económico, ¿cuánto es trasladada o usada por la cultura y las familias para restarles legitimidad a la madre y al padre en la adolescencia, desconociendo sus destrezas, evitando habilitarlos en las competencias que necesitan y no ofreciendo una plataforma de recursos necesaria para el buen desempeño de sus tareas de cuidado y la continuidad de sus propias tareas de desarrollo? Es importante, entonces, fomentar desde todos lo sectores la autonomía de la madre y padre adolescentes, e incluir a los abuelos/as como cuidadores/as que no reemplacen las labores de maternaje y paternaje, sino que colaboren con ellas. En este sentido es necesario revisar algunas prácticas como la participación protagónica de las abuelas en los controles de salud de la adolescente gestante y de sus nietos/as, o el fomento de la participación de abuelas como doulas en el trabajo de parto. En este último caso, con lo importante que una medida como esta pueda ser en cuanto a prestarle apoyo psicoafectivo a la madre adolescente, hay que cuidar la delimitación de responsabilidades y la autonomía de esa adolescente como madre y como cuidadora de su hijo/a. II. Potencialidades GA como pérdida y limitación, pero a la vez como ganancia La GA es interpretada por los/as adolescentes y sus redes en diversos sentidos; por una parte como pérdida y limitación, y por otra como ganancia. Por lo general, los otros/as destacan e insisten en las pérdidas asociadas, mientras muchos de los/as adolescentes entrevistados/as logran resignificar las pérdidas

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producidas transformándolas en aprendizajes. En algunos casos, incluso, la gestación es deseada (y hasta planificada) y viene a afiatar relaciones y deseos de los/as adolescentes, con un sentido o ganancia: el deseo de ser padres/madres, el proyecto de tener un hijo/a juntos o iniciar una nueva unidad familiar, la idea de solidificar el vínculo de pareja ayudados por un hijo/a, el deseo de vencer las restricciones familiares para estar juntos como pareja, el deseo de lograr mayor atención dentro de las familias, y catalizar el paso a la siguiente etapa del desarrollo para tener más estatus y ganar respeto. Asimismo encontramos que la GA puede tener invisibilizadas ganancias para las familias, como obtener que una mujer quede a cargo del trabajo no remunerado de ese hogar, a costa del desarrollo de su biografía escolar, laboral y personal. Protagonismos compartidos en la GA En una GA, la pareja de adolescentes inscribe en su biografía personal y relacional (desde el encuentro sexual ocasional hasta la relación de pareja consolidada) el hecho de la gestación, a partir de sentidos, proyectos, historias y voces. Como vimos, la gestación en la adolescencia puede ser deseada por la pareja y estar andamiada en proyectos, anhelos y esperanzas. Asimismo puede ser un hecho inesperado, casual, fortuito que en su cualidad de inesperado cataliza como una poderosa enzima el paso a etapas posteriores del ciclo vital, modificando telúricamente los sentidos y prácticas llevados hasta ese momento. Incluso puede originarse en una acción violenta si el encuentro sexual ha sido forzado. Por otro lado, inesperado o no, en un contexto vulnerable o protegido, con o sin prevención, una GA pone en marcha sofisticados engranajes familiares, que pueden conectar con varias culturas y saberes familiares, al considerar las familias de origen de los cuatro abuelos/as, si es que están presentes. En el análisis de los datos vimos movimientos y reacciones familiares diferentes. Desde la golpiza violenta hasta la alegría ritualizada en abrazos y celebraciones. Las familias de las/os adolescentes también protagonizan. Y a menor autonomía económica y psicosocial del/la adolescente probablemente habrá mayor incidencia familiar. Desplegarán todo tipo de resortes materiales y psicológicos, desde oxidados engranajes de regulación, disciplina o castigo hasta móviles engranajes de afecto, estímulo, cuidado y crianza del niño/a, cuidado y apoyo de la madre y el padre. Aquí se abren preguntas y nudos sensibles: ¿Cuánto deben protagonizar la madre y el padre y cuánto los abuelos/as? ¿Quiénes tendrían que tomar las decisiones de los procesos de gestación y parto, de cuidado y crianza? ¿Si hay proyecto de pareja, los padres debieran residir juntos o separados? ¿sino hay pareja cómo se debieran hacer los arreglos y la toma de decisiones? ¿Cuál tendría que ser el papel de las madres y de los padres? ¿Cuánto se debe conservar del proyecto disciplinario trazado para el/la adolescente y cuánto se debe rediseñar, reconstruir, replanificar, readaptar para que el/la adolescente cumpla también su nuevo papel de cuidador/a de una manera saludable y no vulnerable? ¿Cuánto esfuerzo económico deben hacer los abuelos/as? ¿Cuánto aporte económico tendrían que hacer la madre y el padre? ¿Cómo conciliar el término de los estudios con la responsabilidad económica? Y una vez resueltos estos puntos, ¿quiénes deben tomar las decisiones de cuidado y crianza? ¿Cuánto tendrían que opinar, regular y decidir las abuelas/os? Apoyos familiares efectivos entregan herramientas a madres y padres adolescentes para ejercer roles de cuidadores Con respecto al despliegue de apoyos familiares, se presentan delicados equilibrios y tensiones. Un apoyo familiar orientado a las condiciones de desarrollo del recién nacido/a puede descuidar las condiciones de la propia madre. Sobre todo

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si impide su desarrollo escolar y la ancla o fija al espacio doméstico. Asimismo si el apoyo familiar se realiza expulsando, excluyendo o no permitiendo la participación del padre, se fragilizan —a veces con el argumento de fortalecer las condiciones de la madre y el niño/a— las posibilidades económicas y afectivas, actuales y futuras a la que tanto ese hijo/a como la madre tienen derecho, continúen o no siendo pareja. También observamos que las condiciones económicas son apoyadas o provistas por las familias de origen. En particular por la familia de origen donde residan al menos el niño/a y la madre. Este hecho abre la pregunta por los costos familiares de la GA, no sólo en términos económicos sino en términos de apoyos brindados, recursos movilizados en todas las dimensiones de cuidado, crianza, tareas domésticas, etc. Pareciera entonces que el apoyo familiar de calidad en una GA es aquel que se orienta a lograr las mejores condiciones de desarrollo del niño/a, de la madre y del padre, facilitando recursos y entrenamiento para que esos padres y madres puedan ejercer, en cuanto tales, con la mayor salud física y mental posible. Asimismo un apoyo familiar de calidad pensamos que es aquel que permite construir una plataforma para que las/os adolescentes tengan la mayor autonomía posible, con acceso a recursos para articular las dimensiones de la maternidad y paternidad en armonía dentro de sí mismos y en forma cooperativa y equitativa en términos de relaciones de género. En esta línea, es importante desarrollar una política de familia con enfoque de género y de adolescencia que ofrezca plataformas de apoyo para cuando se ven enfrentadas a una gestación en la adolescencia. Es necesario por tanto, activar y facilitar el despliegue de recursos emocionales y materiales para el desarrollo del niño/a, de la madre y el padre en edad adolescente. En el mismo sentido, es de suma importancia que los padres y madres jóvenes puedan conciliar la crianza con estudios, trabajo y desarrollo personal. Buscando asimismo que los roles de hijo/a, madre/padre y abuela/o no se desdibujen o transgredan y que las/os adolescentes participen en las tomas de decisiones que tienen que ver con su sexualidad, con su futuro y el de sus hijas/os.

A.2) Roles y responsabilidades de las instituciones
Participación de instituciones educativas y de salud es clave Los engranajes descritos que operan en el ámbito familiar encuentran un correlato en las dimensiones institucionales: los/as adolescentes se encuentran insertos en sistemas de educación y de salud, los cuales van a tener reacciones y respuestas a la GA y van a incidir en la creación —o no—de redes de apoyo. En los casos estudiados, el despliegue de sistemas de soporte y ayuda tanto del sector educativo como de salud fue diverso: en algunos casos la escuela apoyó mediante la flexibilización de los horarios y currículos para que las adolescentes concluyeran los años que estaban cursando, en otros no brindó facilidades para la consecución de estudios o prácticas. En cuanto al sector salud, se identificaron una serie de elementos que operan como obstaculizadores del proceso de desarrollo de habilidades de cuidado de niños/as en madres adolescentes, sus parejas y familias. Algunas de las entrevistadas plantearon discriminaciones en el sistema de salud en diversos momentos: cuando han decidido tener relaciones sexuales o ya las tienen y piden asistencia para el uso de anticonceptivos, además hay adolescentes que consideran que la información que se les entrega es de mala calidad y no les permite prevenir ade-

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cuadamente la natalidad; luego, una vez ocurrida, en las consultas o controles de gestación se relatan bromas e ironías del personal de salud hacia las adolescentes; posteriormente, en la atención del parto se las desatiende y castiga por haber trasgredido las normas al tener relaciones sexuales precoces. Esto se traduce en barreras para la participación activa de sus parejas y familias en los procesos mencionados y en los controles posteriores del niño/a. Como planteáramos en el análisis, estas discriminaciones refuerzan los estigmas que se han posado sobre los/as adolescentes en sus familias y la escuela, y contribuyen a su vivencia de una experiencia en términos negativos, influyendo en las condiciones y posibilidades de autocuidado, de desarrollo y de atención del hijo/a. Programas de apoyo a la GA entregan valiosas herramientas a familias, pero a la vez pueden reforzar nociones tradicionales de familia De las adolescentes entrevistadas que participaron de programas especialmente diseñados para la GA, se identifican elementos que positivizaron sus experiencias. En casos de gran vulnerabilidad de las adolescentes y de despliegues precarios de redes familiares de apoyo y cuidado, estos programas les entregaron elementos que las adolescentes evaluaron como beneficiosos y que nos parecen de importancia capital en ese contexto: • la participación en redes de pares donde pudieron compartir sus experiencias y temores y salir de la soledad y aislamiento que estaban viviendo (especialmente al haber dejado la escuela por la gestación y haber quedado a cargo de labores domésticas); • una atención de salud integral, no sólo biomédica (con énfasis en la fisiología de la gestación) sino también psicosocial, ocupándose de sus conflictos y buscando vías de solución; • herramientas para aprender a cuidar de sus hijos/as conciliando su propio proceso de desarrollo como adolescentes. Se identifican también puntos de conflicto, que son derivados de los propios ordenamientos socioculturales en que los programas se insertan y de las ideologías de género imperantes en nuestra sociedad. Uno es el de la participación del padre; a pesar de estar nombrado como un eje fundamental de las dinámicas familiares en la GA, su inserción en los programas es precaria y se refuerza el rol de la madre como cuidadora básica de los hijos/as. En la misma línea, otro problema en algunos programas es el reforzamiento de la figura de la madre como cuidadora esencial de los niños/as, lo que puede generar conflictos en las jóvenes con sus planes de desarrollo personal, sus estudios y el trabajo remunerado. Discurso tradicional del apego atenta contra la equidad de género y el desarrollo integral de las madres y padres adolescentes Observamos que el discurso tradicional acerca del apego, enfocado en el vínculo madre–hijo/a, corre el peligro de reforzar la idea que existe en torno a las tareas reproductivas y de cuidado infantil como principal responsabilidad de las madres y en general de las mujeres, olvidando o deslegitimando al padre y otros cuidadores (como los abuelos/as), con el riesgo de presionar a las madres a encapsularse en ese rol abandonando las tareas de su desarrollo, los estudios y el trabajo asalariado. Basados la evidencia científica que existe sobre la importancia del apego y del fomento del vínculo de la díada madre–hijo/a para el desarrollo de los niños/ as, hay programas de apoyo en GA que fomentan la lactancia materna hasta el año sin reinserción escolar de la adolescente durante ese período. Sin embargo, dadas las características particulares de la adolescencia, el fenómeno del apego

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madre–hijo/a requiere ser re-entendido y adaptado, pues se trata de madres —y padres en caso de ser también adolescentes— que necesitan avanzar en sus propios procesos de desarrollo y a la vez transformarse en cuidadores/as de sus hijos/as. Es en este sentido que se considera esencial la reinserción escolar de los/as adolescentes, dada la evidencia que existe de que mientras más tiempo permanecen fuera del sistema educativo, es más difícil que se reintegren y concluyan sus estudios. Este punto puede ser conflictivo, no obstante es necesario pensar en la salud y bienestar de ese núcleo familiar a largo plazo; una reinserción escolar oportuna se traducirá más adelante, muy probablemente, en una mejor inserción laboral, mejores ingresos familiares, etc. La noción de apego usada en la literatura suele considerar solamente al binomio madre–hijo/a. La mayor parte de los estudios han puesto foco en esa relación. De este modo no es de extrañar que los padres hombres no sean considerados, así como otras figuras de cuidado, incluso aquellas que ofrecen cuidado y crianza como un servicio remunerado. Se observa una invisibilización de las/os actores distintos de la madre. De este discurso del apego se desprende también una injusta responsabilización de las mujeres sobre el cuidado y por tanto sobre la futura salud física y mental de sus hijos. ¿Y los padres? ¿Y las redes de cuidado institucionales? Esto implica la incorporación activa del padre desde la gestación temprana, y de otros miembros de las redes de cuidado, con una clara delimitación de sus responsabilidades. Al respecto Barker (2003) ha señalado que es beneficioso para las niñas/os contar con dos o más figuras saludables de apego, sin importar su género. Las ideas fuerza recién expuestas dan luces de nudos conflictuales en el despliegue de redes de apoyo a la GA. El fenómeno es complejo y requiere de un entramado intersectorial de políticas que apunten en el mismo sentido. A continuación nos aventuraremos en la sugerencia de dimensiones y líneas de acción para considerar en políticas públicas enfocadas a la GA.

B) Recomendaciones: ¿Cómo proceder?
Como primera entrada a las recomendaciones que más adelante se detallan, consideramos necesario mencionar que lo que planteamos está en línea con la Política Nacional a favor de la Infancia y Adolescencia, en los siguientes desafíos allí señalados: • Desafío de la integralidad: la interdependencia de los derechos de la infancia y adolescencia, exige que las acciones destinadas a su promoción y protección, superen las limitaciones de las visiones sólo sectoriales y se articulen a partir de una perspectiva integral y holística, que se refleje en una coordinación y articulación eficiente y eficaz de las políticas públicas, logrando así efectos sinérgicos en los resultados de proteger integralmente los derechos de los niños/as y adolescentes, permitiendo y favoreciendo la expresión de realidades particulares. • Desafío de la equidad: las acciones deben buscar compensar y corregir las exclusiones y/o desigualdades, en las diversas dimensiones en las que éstas se expresan: económica, de género, territorial y sociocultural, entregando así un trato preferente a los niños/as y adolescentes que vivan estas situaciones. • Desafío de la pertinencia: se requiere que los programas, acciones y servicios contengan estrategias de intervención pertinentes a las necesidades de los niños/ as y adolescentes en cada una de sus etapas de desarrollo y a las particularidades de la realidad económica, social, cultural y geográfica donde ellos se desenvuelven y desarrollan.

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• Desafío de la participación: se requiere involucrar la mayor diversidad posible de actores sociales, tanto públicos como privados, en el diseño, implementación y evaluación de las acciones que se emprenden a favor de la infancia y la adolescencia, considerando la participación activa de la comunidad, las familias y especialmente de los propios niños/as y adolescentes en el proceso de toma de decisiones acerca de asuntos que les afecten, en el marco de la co-responsabilidad en la aplicación efectiva de los derechos de la infancia y la adolescencia. Con base en estos desafíos, el plantear recomendaciones supone una abstracción de toda la información que los casos estudiados nos entregaron. Supone no hablar más de Victor, Paola, Esteban o Belén, sino de hablar en términos genéricos de los hijos/as de adolescentes, los/as adolescentes y sus familias, y generar políticas suficientemente claras, pero a la vez flexibles y pertinentes a las diferentes realidades y contextos. El riesgo de esta abstracción es que podría traducirse en estrategias, políticas y criterios homogéneos para tratar la GA, incapaces de abarcar un fenómeno extremadamente complejo y desigual. Políticas poco flexibles, que traten el fenómeno de la GA como un solo y mismo problema, pueden llevar a una estigmatización de todos los casos como gestaciones no deseadas y no planificadas, como transgresiones de los/as adolescentes; y en una invisibilización de las particularidades de cada caso, pudiendo pasar inadvertidos los casos de mayor riesgo y vulnerabilidad, que debieran tener un apoyo focalizado, especializado y diferenciado. Así, a lo largo de las recomendaciones siguientes insistimos en la necesidad de profundizar en el conocimiento y en el abordaje diferenciado de los casos según sus características específicas para lograr proponer políticas macro suficientemente comprensivas del fenómeno completo, y que a la vez permitan su adecuación a los casos específicos, para distinguir entre despliegues de estrategias familiares saludables y poco saludables.

B.1) Recomendaciones teóricas: ¿Cómo abordar el tema GA y bajo qué perspectivas?
Recomendación Nº 1: Generar nuevos estudios sobre el fenómeno de la GA y su incidencia en el desarrollo de niños y niñas. Un fenómeno complejo y polisémico como el de la GA y su incidencia en el desarrollo de niños/as, requiere de nuevos estudios, acercamientos y aproximaciones que permitan comprender y describir sus singularidades, entramados y posibilidades de abordaje. Se sugiere profundizar en los siguientes temas para poder diseñar dispositivos de apoyo pertinentes y relevantes y para coordinar recursos de todos los niveles involucrados, en especial de los sistemas salud y educación, con los recursos familiares. • Información y comprensión sobre temáticas de sexualidad de parte de los/as adolescentes, y su relación con métodos de protección frente a ITS y gestaciones no planificadas. • Contextos diferenciados y múltiples realidades familiares en que ocurre la GA y en que nacen los niños/as, para evaluar así la naturaleza de los riesgos y de los factores protectores involucrados. • Estudios acerca de las condiciones psicosociales involucradas en la GA, y de la influencia de estas condiciones en el desarrollo integral de los niños/as, hijos/as de madres adolescentes y de las/os propias/os adolescentes. • Evaluación y sistematización de los programas de intervención en los procesos relacionados con GA y con hijos/as de madres adolescentes.

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• Realizar estudios sobre problemas psicosociales asociados tales como el aborto. Recomendación Nº 2: Cuestionar los procesos y discursos culturales de patologización y estigmatización de la adolescencia, de la GA, y del hecho de ser hijos/as de madres y padres adolescentes. El fenómeno de la GA necesita una mirada que devele las complejas interacciones que dan forma a una particular interpretación cultural. Estas interpretaciones de la GA como problema y de los/as adolescentes como culpables tiene injerencia en la salud integral tanto de los/as adolescentes como de sus hijos/as y de sus familias extendidas. Desde esta óptica, tratar la GA como un evento que es siempre indeseado y que es causado por el descuido en el área de la sexualidad es una sobresimplificación. Se requiere complejizar y profundizar los discursos sobre la GA, incorporando indicadores psicosociales que contextualicen cada caso en los proyectos de vida de los/as adolescentes. Se precisa una aproximación a las identidades adolescentes y juveniles, comprender y dialogar con sus significados acerca de la sexualidad, la salud, el cuerpo, los afectos, el amor, la pareja y los sentidos de una gestación. Asimismo se precisa debatir sobre los derechos de los adolescentes, su autonomía, sus derechos a elegir sobre su propio cuerpo y deconstruir los sistemas de poder y control existentes detrás de la construcción social que se hace de esta etapa. De este modo se podrán diseñar políticas e intervenciones pertinentes que tengan a las/os adolescentes como sujetos de derechos y como protagonistas de sus procesos, decisiones y experiencias. Se sugiere: • Propiciar tomas de decisiones que consideren lo anterior, donde las necesidades y proyectos de las/os adolescentes tengan cabida, incidencia, protagonismo y participación en la toma de decisiones • Capacitaciones a instituciones relacionadas con los/as adolescentes que apunten a una reconceptualización tanto de la adolescencia como del GA. Entre ellas se cuentan principalmente las escuelas y hospitales pero también pueden aprovecharse espacios como juntas vecinales y centro comunales para re- educar a las familias integralmente. Esto se profundizará en la recomendación Nº 6. Recomendación Nº 3: Promover un abordaje del fenómeno de GA con enfoque de género, de paternidad y de familia, promoviendo las redes extendidas de cuidado. Se debe promover mayor equidad en los distintos sistemas sociales generando políticas y programas que permitan cambiar significados arraigados en la cultura donde la maternidad y la paternidad se asocian a dimensiones, tareas y funciones muy delimitadas y precisas según género. Esto implica una desesencialización de la figura de la mujer (sea la madre, la abuela u otra figura) como cuidadora única o principal, en la promoción de plataformas de apoyo afectivo, capitales familiares, y recursos que activen redes extendidas de cuidado para los hijos/as de madres/ padres adolescentes, donde los hombres también sean protagonistas. Diversos autores/as, como Maddaleno y Schutt–Aine (2003), plantean que la familia puede ser un factor de protección en la vida de los jóvenes, siendo “la característica de mayor protección las relaciones significativas, la percepción de cercanía que el joven tiene con al menos uno de los padres o con una figura adulta. Se ha encontrado que tener una familia extendida también es un factor altamente protector. La evidencia muestra que la gente joven que se encuentra permanentemente en situaciones estresantes, tales como la pobreza, o aquellos que experimentan un trauma, tal como la muerte de uno de los padres o

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hermanos, pueden resistir tales dificultades de forma más efectiva cuando tienen por lo menos una relación significativa y positiva con un adulto. Tener cerca a un adulto cariñoso, que se preocupe y ofrezca orientación y seguridad, reduce considerablemente la posibilidad de consecuencias adversas en el desarrollo” (Ibid.: 37). Como la GA se constela como una crisis familiar y personal, se sugiere desarrollar dispositivos de intervención en crisis a nivel familiar, tales como consejería y entrevistas familiares, entrevistas a la pareja y a los abuelos/as, para apoyar a las familias a resolver de manera saludable este momento considerando los siguientes aspectos: • Propiciar el apoyo en red, fomentando el concepto de apego (y cuidados) extendido, y desesencializando el rol de la madre como cuidadora principal. Considerar, valorar y relevar el rol que pueden tener abuelos/as, hermanos/as y otros parientes en las funciones de cuidado y apoyo del niño/a y madre y padre adolescente, sin desplazar los roles de madre y padre de los/as adolescentes. • Asesorar en la mejor resolución de las tensiones existentes entre las distintas responsabilidades de la madre y el padre adolescente: reproductivas, económicas, domésticas, de cuidado y crianza, de pareja (cuando la hay). Al respecto consideramos que las condiciones de vulnerabilidad del niño/a y de su madre y padre disminuyen cuando la red familiar y otros sistemas como la escuela y salud los apoyan, entrenan y facilitan en el ejercicio de esas responsabilidades, sin sustituirlos, ni descalificarlos en su rol. • Disminuir barreras de acceso de los padres varones, propiciar y visibilizar su inclusión y participación en las responsabilidades y funciones reproductivas y de cuidado–crianza de sus hijos/as: explicitar su importancia en la red de cuidado de sus hijos/as e incorporarlos en todos los niveles de participación, desde la más temprana gestación. Incluirlos más y desde más temprano en todos los procesos en paternidades afectivas, compartidas, cooperativas y presentes. Comprometerlos en el aporte proporcional al ingreso familiar. Desmontar el modelo tradicional de masculinidad y aliarse con el deseo de los varones de ser buenos padres, de vincularse con sus hijos/as, de dejar un legado, de comprometerse en todas las dimensiones de su desarrollo. Estos desafíos son importantes para el desarrollo del propio padre, del hijo/a y para que la madre, al estar también el padre como cuidador, pueda desarrollar las áreas de estudios, trabajo y calidad de vida. Se sugiere capacitar a profesionales de salud y educación en un enfoque de género, masculinidad y paternidad en las prácticas de sus servicios y también como promotores de talleres para padres, adaptando experiencias existentes como Paternidad Activa del MINSAL, Paternidad Activa del CIDE, Proyecto H (de ONG Promundo, Brasil), etc. Se sugiere desarrollar intervenciones psicosociales en paternidad tales como talleres para padres adolescentes (como los del Proyecto H), talleres para adolescentes en general de prevención y promoción de habilidades emocionales y de cuidado, talleres de género con adolescentes, etc. • Esta recomendación puede ser vista desde los derechos involucrados. Aquí presentamos los derechos teniendo a las niños/as como sujetos:

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cuadro n° 1

Enfoque de derechos desde los niños
• Derecho a contar con el afecto y apego de su madre. • Derecho a no ser separado de su madre. • Derecho a no ser abandonado ni maltratado por su madre. • Derecho a jugar y recrearse con su madre. • Niños y adolescentes con derechos. • Derecho a contar con el afecto y apego de su padre. • Derecho a no ser separado de su padre. • Derecho a no ser abandonado ni maltratado por su padre. • Derecho a contar con el afecto y apego de sus abuelos y familiares. • Derecho a no ser separado de sus abuelos y familiares. • Derecho a no ser abandonado ni maltratado por sus abuelos y familiares. • Derecho a jugar y recrearse con sus abuelos y familiares.

• Derecho a jugar y recrearse con • Derecho a una madre saludable, con su padre. • Derecho al ingreso familiar, que la faadecuados cuidados pre y posnatales, milia provea los medios adecuados de • Derecho a un padre saludable, incluicon servicios médicos de calidad. subsistencia. dos en los procesos pre y pos natales. • Derecho a que su madre no realice • Derecho al ingreso familiar, que el paactividades que perjudiquen su salud. dre madre tenga medios adecuados de • Derecho al ingreso familiar, que la subsistencia. madre tenga medios adecuados de subsistencia.

B.2) Recomendaciones prácticas: ¿Cómo implementar políticas y programas de apoyo en casos de GA?
Recomendación Nº 4: Generar indicadores de desarrollo psicosocial particulares al fenómeno de la GA para aplicar a los/as adolescentes involucrados. Se recomienda incorporar evaluaciones psicosociales para los/as adolescentes, que permitan identificar los contextos específicos de sus casos, y ponderar las situaciones de riesgo que ameriten desplegar redes especiales de apoyo, en los siguientes niveles: personal, de pareja, familiar. Se propone que sean dimensiones mínimas a considerar para la evaluación psicosocial las siguientes: Dimensión personal • NSE–Ingresos
• Escolaridad–Trabajo • Significado de la GA • Respuesta a la GA • Recursos psicoafectivos o socioemocionales • Proyecto personal • Red de amigos y de apoyo • Calidad de vida • Salud Física y Mental • SSR

Elaboración de Aguayo y Sadler a partir de los derechos de la infancia (UNICEF) con énfasis en los derechos del niño/a respecto a la madre, el padre, y los/as abuelos/as.

cuadro n° 2

Dimensión de pareja • NSE–Ingresos
• Escolaridad–Trabajo • Significado de la GA • Respuesta a la GA • Recursos psicoafectivos o socioemocionales • Biografía de pareja • Proyecto de pareja • Calidad de vida de pareja

Dimensión familiar • NSE–Ingresos
• Escolaridad–Trabajo • Significado de la GA • Respuesta a la GA • Recursos psicoafectivos o socioemocionales • Recursos materiales, vivienda • Apoyo a la GA • Calidad de vida familiar

• Sexualidad y SSR, responsabilidad • Grado de armonía, conflictividad, reproductiva, uso de MAC stress y violencia familiar • Poder: quiénes toman las decisiones y qué decisiones se toman • Compromiso con bienestar del niño/a • Quien hace trabajo remunerado y no remunerado

• Grado de armonía, conflictividad, • Poder: quiénes toman las decisiostress y violencia de pareja nes y qué decisiones se toman • Poder: quiénes toman las decisiones • Compromiso con bienestar y qué decisiones se toman del niño/a • Compromiso con bienestar del niño/a

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Recomendación Nº 5: Potenciar el trabajo intersectorial que integre a profesionales de la salud, de la educación, de las ciencias sociales para construir un Modelo de abordaje psicosocial de la GA con evaluación caso a caso. Profesionales de distintas disciplinas deben colaborar interdisciplinariamente e intersectorialmente para diseñar programas de prevención y de apoyo a la GA que sean implementados en los consultorios, escuelas, agrupaciones comunitarias y vecinales, grupos de iglesias, etc., y dirigidos a los/as adolescentes y sus familias. Para producir mejores condiciones de desarrollo saludable tanto para los niños/as, sus madres adolescentes y padres se precisa involucrar a las instituciones de salud y educación, fundamentalmente con la elaboración de protocolos de abordaje, recursos como salas cuna y capacitación orientada a ofrecer servicios adaptados a la cultura adolescente, con enfoque de género y con aliento de los recursos personales familiares existentes. Estos dos sectores son clave en cuanto a los recursos que puedan entregar a los/as adolescentes y sus familias para enfrentar una GA, desde la noticia hasta el nacimiento de los niños/as y sus posteriores cuidados. Y desde estos sectores se pueden levantar los contextos y condiciones particulares de las familias donde se presenta una GA, para evaluar el despliegue de estrategias saludables y poco saludables de apoyo y proteger a los hijos/as por nacer. Como primera medida, se recomienda que los establecimientos educacionales y de salud trabajen en red en el caso de ocurrir una GA: los/as profesionales de orientación en las escuelas (orientadoras/es, asistentes sociales, psicólogos/ as, educadores/as, etc.) y los/as profesionales de salud deben establecer un diagnóstico de cada caso para evaluar el despliegue de estrategias pertinentes. Para facilitar la comunicación entre los sectores y los distintos/as profesionales que evalúen cada caso, se propone la incorporación de la información de cada caso en una “Ficha Integral”: documento que incluya la historia médica, educacional, familiar, y las condiciones psicosociales del grupo familiar (la OPS ha desarrollado un modelo). Recomendación Nº 6: Capacitar al personal de diferentes sectores que se relacionen con familias donde ha ocurrido una GA y promover que el mismo equipo técnico o profesional apoye a cada caso de GA. Los/as profesionales de los distintos sectores que participen en la GA, deben estar capacitados en temas de infancia, adolescencia, salud sexual y reproductiva, familia y enfoque de género. La capacitación de los/as profesionales es esencial para que puedan apoyar a los/as adolescentes-gestantes en el proceso que experimentan, aprovechando al máximo estas instancias para su crecimiento y desarrollo psico-afectivo-sexual. Ayudando a elaborar la crisis y levantando una plataforma de apoyo desde la cuál las/os adolescentes puedan cuidar y criar y también desarrollarse con la menor vulnerabilidad posible. Para ello, el/la profesional que trabaje con adolescentes gestantes y sus hijos/as debe ser una persona equilibrada, flexible, con amplitud de criterio y buena capacidad de comunicación, tanto con los adolescentes como con sus padres. Debe tener genuino interés en los/as jóvenes y sus problemas y sentirse cómodo/a atendiéndolos/as (Gaete, González y Burrows, 2003: 93). Se sugiere que a lo largo de la gestación sea el mismo equipo humano quien apoye a los/as adolescentes y sus familias, y que en el caso de las instituciones de salud se haga un traspaso personalizado entre los niveles primario y terciario de salud.

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Recomendación Nº 7: Integrar a las familias y a los/as adolescentes como parte de los equipos de prevención y apoyo a la GA y al trabajo con hijos/as de madres adolescentes. En la misma línea de las recomendaciones anteriores que apuntan a trabajar con las características y contextos específicos de cada caso de GA, se recomienda integrar a las familias y adolescentes como parte de los equipos de trabajo, diseñando planes de prevención y de apoyo a la GA y a los hijos/as de madres adolescentes según los requerimientos específicos de cada contexto (ej. comunas, juntas de vecinos, redes creadas en la sociedad civil, organizaciones étnicas, etc.). Esto apunta a potenciar iniciativas e ideas que puedan ya existir o que puedan ser ideadas por las personas, en base a sus vivencias y a los contextos culturales particulares en que viven. En este sentido, se recomienda generar políticas públicas que entreguen marcos de referencia que puedan ser implementadas de acuerdo a particularidades, las que sean definidas en conjunto con las comunidades, potenciando: • Trabajo que integre a miembros de la sociedad civil para incorporar sus demandas, expectativas y conocimientos en las medidas que se implementen. • Iniciativas locales que existan para el cuidado en red de niños/as y su protección. • Identificación y capacitación de personas que actúen como promotores/as de salud en sus comunidades, para trabajar con pares en la prevención y apoyo a la GA y al cuidado de niños/as. • Promoción de iniciativas comunitarias de asistencia infantil que permiten resolver el cuidado mientras los cuidadores naturales trabajan remuneradamente fuera del hogar.

B.3) Medidas en los sectores de educación y salud
Educación Partimos de la base de que la GA va acompañada de altos índices de deserción y de bajos índices de reinserción escolar, en especial de las adolescentes que quedan al cuidado de sus hijos/as. El dilema que se presenta es si fomentar que las adolescentes cuiden exclusivamente de sus hijos/as durante un período para estimular los vínculos afectivos con sus hijos/as y todo lo que ello conlleva, o si fomentar su reinserción escolar lo más pronto posible, para evitar su exclusión del sistema escolar y el estancamiento de su capital educativo y social. En lo que trata de la GA y el sector educación recomendamos que se desarrolle una línea de prevención y una política de abordaje de casos liderada por los equipos de orientación y psicología de las escuelas. Esto debe traducirse en el desarrollo de dos áreas principales; la primera se corresponde con intervenciones dirigidas a la prevención no sólo de una posible GA, sino también a un adecuado abordaje de la crisis en caso de producirse; y la segunda con las medidas que deben tomarse para enfrentar las GA. Las políticas deberían plantear medidas mínimas a ser implementadas por las escuelas, y luego cada escuela puede adaptarlas a sus realidades específicas. Se sugieren las siguientes medidas, tanto de prevención como para enfrentar casos de GA: • Intencionar en los contenidos transversales ya existentes contenidos como la equidad de género, la paternidad de los varones, el cuidado de los hijos/as, etc. Con uso de materiales socioeducativos como el Video la Vida de Juan del Proyecto H (ONG Promundo, Brasil). Asimismo mediante experiencias de aprendizaje expe-

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riencial como las observaciones en salas cuna, o experiencias de cuidado como la descrita por de Keijzer (2000) en que jóvenes secundarios cuidaban unos huevos por cierto tiempo, como símil del cuidado de un niño/a. • Que los programas de Educación Sexual existentes contemplen la conversación y debate de escenas y situaciones donde la GA ya se haya presentado. Es decir que los procesos de gestación, parto y crianza sean incluidos como temas a tratar. • Realizar talleres para adolescentes varones, tales como los de paternidad del Proyecto H. • Realización de talleres para apoderados y familias que incluyan enfoque de género, de adolescencia, de apoyo familiar y de maternidad/paternidad adolescentes. Se sugiere usar metodologías participativas como análisis de casos y sociodrama. • Preparar materiales educativos tales como videos con casos. • Propiciar la flexibilización de los currículos escolares para las adolescentes gestantes y sus parejas (en caso de ser también estudiantes); que se diseñen programas de educación semi–presencial donde los/as jóvenes puedan asistir menos horas, seguir los contenidos desde sus hogares, y realizar las evaluaciones pertinentes sin perder los años escolares. Esto tiene beneficios pues fomenta la conclusión de los estudios, y mantiene a los/as jóvenes en su rol de estudiantes, lo cual es un excelente argumento para prevenir la concentración de las madres adolescentes en las tareas de cuidado y crianza. Es importante que esta flexibilización no se implemente sólo para las jóvenes, sino también para los padres de sus hijos/as, quienes deben ser potenciados como cuidadores de sus hijos/as, y para que se abra la posibilidad que tanto las adolescentes como los varones desarrollen actividades laborales remuneradas en caso de ser necesario. • Que a través de la red de escuelas se organicen e implementen grupos de apoyo de pares: por un lado, grupos de adolescentes gestantes o que han sido madres/padres adolescentes para compartir sus experiencias; por otro, grupos de compañeros/as de escuela que puedan hacer visitas a los hogares de sus pares que han sido madres/padres, llevándoles las materias de clases, tareas, etc. Esto permitiría estrechar vínculos entre jóvenes y fortalecer su doble identidad de adolescentes y padres/madres, disminuir la soledad y aislamiento en que las jóvenes quedan al cuidar de sus hijos/as, y mantener una conexión fluida con el “mundo” escolar, lo que potenciaría la pronta reinserción escolar completa. • Fortalecer la red de atención preescolar a niñas/os, tales como salas cuna comunales, jardines comunitarios, etc. Capacitar a las/os miembros de esa red para la atención de madres y padres adolescentes, sin discriminación, con inclusión de los varones, con apoyo en la conciliación de las tareas de trabajo remunerado y cuidado de los hijos. • Por lo anterior, los distintos sectores involucrados deben entregar herramientas para que en las familias donde ocurrió la GA se desplieguen redes familiares e institucionales de cuidado extendido, que no reemplacen los roles de madre y padre de los/as adolescentes, sino que los apoyen en contextos saludables y respetando sus figuras de madre/padre. Esto considera que el estado debe hacerse cargo también de parte del cuidado, a través de la implementación de servicios de salas cuna. Sistema de salud: Atención de gestación, parto–nacimiento, y controles del niño/a sano/a Consideramos que los controles de salud se tornan momentos de especial importancia para entregar herramientas que incidan en una mejor salud tanto de los/

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as adolescentes como de sus hijos/as. Estos controles tienen continuidad, pues comienzan durante la gestación, siguen en la atención del parto y puerperio, y luego en los controles de salud de los niños/as. A continuación se desarrollan recomendaciones para implementar en los tres momentos. Gestación–controles prenatales Para el ejercicio de una maternidad de calidad se requiere que la madre adolescente cuide su calidad de vida. Para ello recomendamos incluir esta dimensión en los programas destinados a trabajar con sistemas donde ha ocurrido una gestación con padres en edad adolescente, relevando la doble finalidad de la calidad de vida: el autocuidado y vida saludable de la madre, así como el supuesto de que madres y padres con mejor calidad de vida serán mejores cuidadores. Como veíamos en el análisis de las entrevistas, existe un temor en las adolescentes al trato que recibirán en las instituciones de salud por el hecho de ser adolescentes; hay una socialización tanto de redes familiares como de pares que dice que existen malos tratos hacia ellas por el hecho de haber trasgredido normas, en este caso, por una iniciación sexual considerada como irresponsable o inoportuna por el mundo adulto. Es por ello que es esencial capacitar al personal de salud en todos los niveles a tratar con los/as adolescentes y respetar los procesos que están viviendo. El considerar la vinculación madre–hijo/a y padre-hijo/a en los controles de gestación es en sí una acción de protección al futuro recién nacido/a de adolescentes. Por ello se sugieren las siguientes medidas: 1. Personal de atención: se recomienda que la misma matrona atienda a la adolescente, su pareja y familia a lo largo de toda la gestación. Por ser esto difícil de implementar, se sugiere que cada profesional que atienda a la adolescente y su familia registre en detalle la información que obtiene en la ficha integral antes descrita, para que de ese modo pueda haber seguimiento de los casos y no se pierda la valiosa información de cada consulta. Esta ficha será de especial importancia para conocer cada caso y potenciar una integración entre los distintos niveles de atención. 2. Primer contacto con consultorio (toma de hora): En el momento de dar hora para la primera consulta, si se ha detectado que se trata de una GA, estimular a la joven a que acuda con su pareja–padre de su hijo/a, destacando los beneficios de ello. Se debe considerar a la pareja de madre adolescente e incorporarlo en la red de cuidados lo más pronto posible pues permite: • Fortalecer la relación de pareja facilitándoles las posibilidades de crecimiento en asumir la paternidad y maternidad amorosa y responsable; • iniciar una vinculación positiva con el futuro/a niño/a, que puede ser muy beneficiosa para el bebé, ya que permite incluir al padre en el círculo de cuidados y protección, favorece el establecimiento de una imagen paterna cercana y amorosa, garantiza una vinculación sólida entre padre e hijo/a, y opera como factor protector frente al maltrato y/o abandono paterno. Si la adolescente va a acudir con otra persona (ej. su madre), se sugiere informarle por anticipado que ella entrará sola primero, para no generar falsas expectativas en los/as familiares que la acompañen. 3. Primera consulta prenatal: es un momento clave para entregar información y herramientas a la adolescente y su pareja para poder enfrentar el proceso de gestación y la futura maternidad/paternidad. El primer contacto que una adolescente (y su pareja) tenga con un/a profesional de salud durante su gestación,

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será esencial para apoyar el proceso que está viviendo y para positivizar la serie de culpas que se le han cargado; es muy importante que sea tratada con mucho afecto y comprensión. Esto implica el evitar que sean descalificados/as o tratados/as como personas inmaduras, irresponsables o muy jóvenes para cuidar de un hijo/a. Actitudes como esas sólo dificultan el proceso que están viviendo y la conquista de su auto–confianza, que es esencial para desarrollar habilidades de cuidado. Es fundamental que la madre adolescente y el padre (sea o no adolescente) adquieran seguridad y confianza en sí mismos, siendo valorizados en sus cualidades para ser independientes. En especial, es necesario promover que las abuelas/os actúen como colaboradores en los cuidados y crianza de los bebés, y no de segundas madres o padres de los nietos/as. • La primera consulta debe ser realizada por una matrona especializada en adolescencia, con habilidades de escucha, respeto y acogida. Deben participar la adolescente y su pareja en una consulta donde puedan expresar lo que están viviendo y sintiendo. En el lenguaje resulta muy importante construirlos a ambos como los proveedores de cuidados. • En caso de acudir las abuelas/os de la adolescente u otro familiar (diferente del padre del bebé), se le hará entrar en segunda instancia, con el fin de que la adolescente (y su pareja) sea fortalecida en su posición de gestante y de futura madre. Esto debido a que cuando la adolescente gestante es acompañada por su madre, el papel protagónico puede ser de la última, dejando sin espacio a su hija adolescente gestante. • La consulta debe ser más prolongada que las consultas normales, de ½ hora a 45 minutos aproximadamente, permitiendo que la adolescente (y su pareja) se sienta/n segura/os y apoyada/os, dando espacio para que exponga/n sus ambivalencias y miedos. Se recomienda tomar la mayor parte de este tiempo en escuchar y conversar, y sólo los últimos minutos en examinar a la adolescente (a menos que se presente algún síntoma que requiera de examen urgente). • Si la gestante es de alto riesgo, se le debe dar una atención especializada con los/as profesionales adecuados/as, ya sean del campo obstétrico/nutricional–endocrino, de salud mental, o de asistencia social. • Es importante que la atención prenatal sea personalizada, de preferencia que siempre sea la misma profesional que atienda los controles. 4. Otras consultas: • Tras la primera consulta, fijar una consulta con la madre o familiar/es responsable/s de la adolescente y de su pareja en caso de ser también adolescente, para evaluar como es y será el apoyo familiar y todas las variables de la situación gestacional. En esta consulta se delimitarán territorios, entregando herramientas para que no reemplacen las funciones parentales de los/as adolescentes. • Controles prenatales más frecuentes que en una gestación posterior a la adolescencia, si es posible cada 20 días, en los que se fomente la asistencia de la adolescente y de su pareja; para apoyar la GA y poder evaluar situaciones vulnerables que requieran de otros tipos de apoyo. Esto permitirá la derivación oportuna a especialistas (psicólogos/as, asistentes sociales, etc.). • Se recomienda hacer 2 ecografías durante la gestación, para colaborar en una aceptación de la gestación y apoyar la creación de un vínculo y apego con el/la bebé por nacer, donde de preferencia acudan la adolescente y su pareja. A pesar de no haber evidencia científica que apoye el uso del ultrasonido, y de haber quienes plantean que puede incluso ser dañino, se considera que en el caso

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de la GA esta medida es una oportunidad para propiciar la creación del vínculo, para materializar la idea del hijo/a, y para fomentar un apego seguro. • Promover en los controles la participación del padre en el parto, entregándole herramientas para vivir el evento prestando apoyo a su pareja. Si la adolescente gestante no tiene compañero presente, es importante que ella escoja a alguien de toda su confianza para que sea su acompañante durante el parto, donde ella se sienta amada, cuidada y respetada. • Durante el último trimestre de la gestación, programar: Una consulta donde se integre a la familia que cuidará del recién nacido/a, se converse y entreguen herramientas para que la gestante y/o su pareja sean respetados y valorados en su condición de futura madre y padre. Una visita de la madre adolescente y el padre (u otra persona que participará en el parto) a la maternidad donde van a tener sus hijos/as, de preferencia acompañados por la matrona que los atendió en el prenatal. En esta visita se les presenta el lugar y a las profesionales que los recibirán, estableciendo un puente entre la atención primaria y la atención terciaria, y creando un clima de confianza y seguridad. 5. Talleres/grupos: • Además de los controles, se recomienda que los/as adolescentes participen de programas/talleres especialmente diseñados para apoyar el proceso de la GA y ayudarlos a desarrollar herramientas y competencias para el cuidado de sus hijos/ as. Estos talleres deben tener un enfoque interdisciplinario e integral, fomentando el apego y vínculo temprano con los/as bebés e integrando a los padres en el proceso como actores importantes. • Ofrecer a los/as adolescentes gestantes grupos de apoyo para adolescentes en la misma condición de madres y padres en la adolescencia. Puede ser grupos diferenciados por género, o grupos mixtos o de parejas. La adolescente embarazada y su pareja necesitan tener un espacio en que pueda expresar y compartir sentimientos, dudas, temores con respecto a la gestación y al futuro. Asimismo este dispositivo permite el fortalecimiento y creación de nuevas redes. 6. Atención de parto y nacimiento, y puerperio La adolescente que va a dar a luz un hijo/a necesita de una asistencia afectiva y humanizada en el parto que refuerce los aspectos positivos del proceso en lugar de fortalecer las discriminaciones que las adolescentes han vivido por el hecho de su gestación. Si la embarazada adolescente y su pareja —en caso de estar presente— reciben apoyo familiar, afecto, asistencia multiprofesional, personalizada e humanizada, que considere sus aspectos físicos, psicológicos y sociales durante la gestación, parto y post parto, tendrán herramientas para revertir la situación en afecto y amor para con el hijo/a. Se proponen las siguientes medidas: • Que exista una comunicación de la matrona de atención primaria con la de nivel terciario, para seguir dándole el apoyo que los/as adolescentes necesitan en el trabajo de parto. • Respetar el derecho a un parto en privacidad física y emocional: crear un ambiente de intimidad y seguridad para la adolescente a través de: • La participación de la pareja de la adolescente durante el parto, y en caso de no estar presente de alguna otra figura de confianza externa al personal médico;

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• Para estimular la tranquilidad y seguridad de la adolescente, se recomienda que estén acompañadas por los mismos/as profesionales durante el parto y posparto; • Evitar la práctica de hacer tactos vaginales como una rutina, en especial cuando son realizados por diferentes profesionales a lo largo del trabajo de parto. • Evitar: la restricción de movilidad y de ingesta de alimentos y líquidos; el monitoreo fetal de rutina; la posición supina de rutina; la rotura artificial de membranas de rutina en etapas tempranas del período de dilatación; el uso rutinario de infusiones intravenosas; el uso de ocitócicos en cualquier momento antes del parto cuyo efecto no pueda ser adecuadamente controlado; el uso de drogas de rutina que no sean específicas para corregir o prevenir complicaciones. También se recomienda evitar la inducción de los partos salvo casos excepcionales y auditados, y el rasurado pubiano y enema pre–parto de rutina. • Al momento del nacimiento efectuar el apego inmediato permitiendo el encuentro de sus protagonistas por el mayor tiempo posible. Permitir que el amamantamiento sea natural y espontáneo. • El ideal es que al recién nacido/a se le atienda sin separarlo/a de la madre y padre en caso de estar presente, y que se trasladen juntos al posparto. • Durante la estadía en el hospital, se recomienda que los/as profesionales matronas, médicos y paramédicos respeten a la adolescente en su calidad de madre, estimulándola, apoyándola, y evitando las descalificaciones. Lo mismo se aplica al padre del bebé y otros familiares. • Antes de dar el alta se recomienda hacer una reunión-consulta con la madre adolescente, su pareja y los/as familiares que los acompañarán en la etapa de post parto en domicilio, así el/la adolescente seguirá sintiendo el apoyo afectivo, pero sin interferencias ni descalificaciones. • Marcar consulta para la madre, padre e hijo/a a los 10 días de alta, para observar la triada —o díada en caso de no haber un padre presente—, la relación psicoafectiva, amamantamiento, apoyo familiar, integración de la pareja y reforzar conocimientos, habilidades y apoyo. • Ir a visita domiciliar para ver el entorno familiar y desempeño de la o de los nuevos roles de mamá–papá–abuelos/as–otros cuidadores/as, y apoyar en el fomento de habilidades de cuidado del/a bebé y en la delimitación de responsabilidades de cuidado. Tras el nacimiento de un hijo/a los genitores y sus redes de apoyo comienzan a desplegar las habilidades necesarias para iniciar la crianza. Una intervención adecuada con personal con una preparación específica en la situación conflictiva de la madre adolescente, permitirá una buena lactancia, detección precoz de enfermedades del recién nacido, enseñar y reforzar actitudes de maternaje y paternaje (cobijo y protección al recién nacido), apoyar en el entorno familiar, y dejar establecido un diagnóstico social, dejando una vía de acción para enfrentar y prevenir problemas futuros. Es fundamental el enfoque psicológico, ya que en este período es más fácil detectar el riesgo relacional del binomio madre–hijo/a y del trinomio madre–padre–hijo/a. Con ello es posible predecir y prevenir apego seguro e inseguro, depresión materna o disforias transitorias en la madre y riesgo de maltrato y abandono infantil. Esto se puede realizar a través de la aplicación de técnicas y entrevistas especialmente desarrolladas como la aplicada en madres drogadictas por el grupo de la Dra. Kimelman en el Hospital Barros Luco.

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Control sano del hijo/a de madre/padre adolescente La madre adolescente tiene mayor riesgo de apego inseguro y destete precoz y con ello de que su hijo/a presente todas las patologías que esto trae asociado en lo psicológico como tipos de maltrato y abandono, y en lo físico como desnutrición infantil, diarreas, enfermedades respiratorias, alergias, etc. Es importante que exista un contacto estrecho con los equipos de salud a través del consultorio. El incluir apoyo psicológico y social en el consultorio será de vital importancia en todas las tareas que deben desarrollarse con el trinomio madre– padre–hijo/a (o binomio madre–hijo/a en caso de no haber padre presente). El primer mes de vida resulta muy importante para consolidad una buena lactancia, detectar problemas de apego iniciales y conflictos familiares y de pareja. Los/ as profesionales a cargo del cuidado de la madre, el niño/a y sus redes de apoyo deben tener experiencia en detectar alteraciones de la vinculación, hacer un diagnóstico y derivar oportunamente a psicólogo o psiquiatra para el manejo de alteraciones en el apego. El ideal es que a los controles acuda la madre y el padre —en caso de estar presente— para fomentar actitudes de cuidado en ambos. • Primer Control: es importante iniciar los controles precozmente, se recomienda un primer control a las 48–72 horas post–alta para evitar la hipoalimentación y la aparición de ictericias patológicas. También se le ayuda a la madre y/o padre con el temor inicial de vuelta a casa, donde puede no haber una buena acogida. • Segundo Control: debe ser dentro de los 10 a 15 días de vida, para evaluar lactancia y técnicas de amamantar. Todo ello evita grietas del pezón y mejora autoestima y seguridad materna, lo que impacta en el bebé. • Tercer Control, al mes de vida: en este control ya es posible establecer una visión de cómo está la adaptación de los adolescentes en sus nuevos roles y como va evolucionando la salud del hijo/a. La ganancia de peso, los problemas de amamantamiento, las grietas del pezón, el estado emocional de la madre y sus redes de apoyo, sus comentarios hacia el niño/a. Es posible en este período detectar problemas de vinculación, al poner atención en el estado emocional de la madre y de otros cuidadores, cómo miran al bebé, el tiempo que lo/la miran, como se dirigen a él/ella, como lo/la visten, etc. En este momento es posible repetir una evaluación de apego o de riesgo relacional para medir como se está instalando el apego, si hay o no patología o disfunción familiar. • Próximos controles: deben ser una vez al mes. Para evaluar la curva de peso, la talla, la circunferencia de cráneo, el desarrollo psicomotor, cumplir el calendario de vacunación y dar apoyo a la madre, padre y los cuidadores en las dudas que surjan con el bebé. Además estar atentos a la indicación de rellenos, inicio de almuerza y cena, cumplir con todas las indicaciones que se dan el primer año de vida. En los hijos/as de madre adolescente estos controles son de particular importancia, dada la mayor frecuencia que tiene este grupo de destete precoz, de desnutrición, de alteraciones en el desarrollo psicomotor, de enfermar. El apoyo precoz a la gestante, su pareja y sus redes de apopo y el acompañamiento efectivo en todo este período tiene un efecto protector para el niño/a. La intervención que pueda hacer el equipo de salud en la familia será de vital importancia, ya que sólo es posible que una madre y padre tengan actitudes de cobijo y protección adecuadas, sanas y amorosas, si cuentan con el apoyo en todas las dimensiones necesarias. Ello en el marco de Hospital Vincular u Hospital Amigo de la Familia, esto es, un sistema de salud orientado a las necesidades familiares, que siga políticas de coherencia institucional, que considera la consulta puntual como una oportunidad de apoyo a toda la familia, humanización de todas las activida-

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des médicas y apoyo psicosocial tanto a la familia como al personal de salud. Solo de esa forma, una familia que siente el respaldo institucional podrá desplegar sus mejores cuidados al niño/a que llega a este mundo. Inicio de sala cuna Como ya se ha explicado anteriormente el período posnatal debe extenderse por los primeros 6 meses de vida del nenonato/a. Pero, es importante en la madre adolescente considerar sus propias necesidades, básicamente no perder su autonomía y su rol de estudiante, por ello, un período de 6 meses parece razonable, también para ella, después del cual, se darán las facilidades para que su hijo/a acuda a una sala cuna, si no hay un adulto que pueda cuidar al niño/a en la casa o no se cuente con una red familiar de cuidado extendido, pudiendo así, ella retomar sus estudios. Los primeros 3 años de vida El/la menor debe continuar sus controles médicos como cualquier otro niño/a. De acuerdo con los estudios sobre apego de M. Ainsworth, parece necesario un control en este sentido alrededor del año y medio, con el formato de entrevista de riesgo relacional y/o con un enfoque psicosocial para evidenciar como se ha ido desarrollando el proceso de vinculación de los padres con el niño/a más grande, y como tanto la madre (y el padre) como la familia han ido incorporando este binomio madre–hijo o trinomio madre–padre–hijo, en la dinámica familiar. Desde el punto de vista de la educación, deben darse las facilidades para que el niño/a pueda acudir a sala cuna y después a jardín infantil, para favorecer el óptimo desarrollo de la madre adolescente en cuanto pueda terminar sus estudios e incorporarse al mundo laboral, según el caso. Como ya se ha mencionado, debe haber una relación entre salud y educación, por ello, en la sala cuna y jardín infantil deben saber que el niño/a es hijo/a de madre adolescente y emitir un informe semestral o anual para completar la evaluación del niño psicosocial y del desarrollo psicomotor.

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Propuesta de sistema de indicadores

Propuesta de sistema de indicadores

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A continuación presentamos una propuesta de indicadores de maternidad adolescente, paternidad y de familia en torno a la gestación adolescente que pueden iluminar el diseño de políticas, programas e instrumentos de evaluación(3).

(4) Para su elaboración se tomaron y adaptaron algunos indicadores desarrollados por otros investigadores: Barker, G. (2003); Bernard, S. & Knitzer, J. (1999); NCOFF (2001); Serrano, C. (2005); Ugalde, Y. (2002)

cuadro n° 3

Indicadores de maternidad adolescente Presencia de la Madre (compromiso, Reacción ante la noticia de la GA. disponibilidad, responsabilidad) Calidad del apego emocional de la madre hacia su hijo/a. Calidad del apego emocional del hijo/a hacia la madre. Frecuencia de comunicación con el hijo/a. Calidad de comunicación con el hijo/a. Frecuencia de intercambios emocionales. Calidad de los intercambios emocionales. Proporción de cuidados por la Conciencia del desarrollo socio–emocional del hijo/a. madre (Proveer nutrición y realizar Sensibilidad a las reacciones emocionales del hijo/a. las tareas de rutina necesarias para Los niños/as se sienten seguros frente a la presencia de la madre. mantener el bienestar emocional Naturaleza y calidad de la interacción madre–hijo cuando proporciona y la salud física de los hijos/as) los cuidados solitariamente. La madre provee cuidado físico a los hijos/as (ej. cambio de pañales). Organiza el ambiente de manera que sea seguro para el niño y monitorea su seguridad. Interés en la salud de los hijos/as. Mejoría en la salud mental de los niños/as. Competencia Social y RendimienEscolaridad de la madre. to Académico del hijo/a y de la Rendimiento escolar de la madre. madre (Compromiso activo con Retraso o deserción escolar. el niño/a y otros para desarrollar La madre acepta a su hijo/a. y reforzar su competencia social La madre apoya a sus hijo/a. y rendimiento académico). Escucha atentamente a su hijo/a cuando le habla. Es sensible hacia las necesidades de su hijo/a. Enseña a su hijo/a respecto al peligro en el abuso de sustancias. Expresa interés en el trabajo escolar de su hijo/a. Elogia a su hijo/a por sus logros. Comparte con el padre madre o asume la completa responsabilidad —cuando es necesario— de lograr la salud de los niños/as y satisfacer sus necesidades de salud, educación, necesidades sociales, físicas y psicológicas. Maternidad Cooperativa (Padres, La madre mantiene relaciones maduras y respetuosas con otros miemmadres y otros cuidadores/ bros de la red de cuidado del niño/a. as establecen una relación de Resuelve diferencias con otros/as miembros de la red mediante estrateapoyo, cooperación e interdegias de resolución de problemas efectivas. pendencia en búsqueda de un Discute y negocia las metas en el cuidado y crianza del niño/a con los desarrollo óptimo del niño) otros/as miembros de la red.

Propuesta de sistema de indicadores

83

…cuadro n° 3

Indicadores de maternidad adolescente Calidad de vida de la madre, vida Provee buen trato, sin negligencia ni violencia. saludable. (Se constituye en un Comunicación efectiva de sus necesidades y deseos. modelo para sus hijos/as medianGrado de estrés personal. te un estilo de vida saludable, Enfrenta eventos estresantes sin acudir al consumo de substancias. educación y comportamientos Aumento en el reconocimiento de que el uso personal de substancias sociales adecuados que enseñan interfiere con las responsabilidades paternales. una ética personal, ética de trabajo Incremento en la capacidad de resolver conflictos con otras personas y normas sociales, para ayudar a sin violencia. sus hijos/as a crecer y converAtender a los propios desafíos emocionales y psicológicos buscando los tirse en actores de la sociedad) recursos apropiados. Contribución material y económica (compromiso en actividades que proveen apoyo material y financiero al hijo/a) Número de madres adolescentes ingresando/re–ingresando a la fuerza laboral. Aporte en tiempo con trabajo no remunerado (tareas de cuidado, crianza y domésticas) y valoración de ese aporte. Porcentaje de sus ingresos que aporta al ingreso familiar. Proporción de madres adolescentes con empleo. Grado de satisfacción con su desarrollo laboral. Conocimiento/ uso de MAC. Percepción de quien es responsable. Negociación de uso de MAC.

Dimensión de salud sexual y reproductiva

Propuesta de sistema de indicadores

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cuadro n° 4

Indicadores de paternidad (Adolescente o no) Presencia del padre (compromiso, Reconocimiento del hijo/a. disponibilidad, responsabilidad) Reacción ante la noticia de la GA. Calidad del apego emocional del padre hacia su hijo/a. Calidad del apego emocional del hijo/a hacia su padre. Frecuencia de comunicación con el hijo/a. Calidad de comunicación con el hijo/a. Frecuencia de intercambios emocionales. Calidad de los intercambios emocionales. Aumento en la cantidad de contactos del padre con sus hijos/as. Aumento en la cantidad de visitas del padre a sus hijos/as. Número de declaraciones de paternidad legal. Número de nacimientos extramatrimoniales. Proporción de cuidados por el Conciencia del desarrollo socio–emocional del hijo/a. padre (Proveer nutrición y realizar Sensibilidad a las reacciones emocionales del hijo/a. las tareas de rutina necesarias para El hijo/a se siente seguro frente a la presencia del padre. mantener el bienestar emocional Naturaleza y calidad de la interacción padre–hijo/a cuando proporciona y la salud física de los hijos/as) los cuidados solitariamente. El padre provee cuidado físico a los hijos/as (ej. cambio de pañales). Organiza el ambiente de manera que sea seguro para el niño/a y monitorea su seguridad. Interés en la salud de los hijos/as. Mejoría en la salud mental de los niños/as. Competencia social y rendimiento Escolaridad del padre. académico del hijo/a y del propio Rendimiento escolar. padre (compromiso activo con el Retraso o deserción escolar. niño/a y otros para desarrollar y El padre acepta a su hijo/a. reforzar su competencia social y El padre apoya a su hijo/a. rendimiento académico) Escucha atentamente a su hijo/a cuando le hablan. Es sensible hacia las necesidades de su hijo/a. Enseña a su hijo/a respecto al peligro en el abuso de sustancias. Expresa interés en el trabajo escolar de su hijo/a. Elogia a sus hijo/a por sus logros. Comparte con la madre o asume la completa responsabilidad —cuando es necesario— de lograr la salud de los niños/as y satisfacer sus necesidades de salud, educación, necesidades sociales, físicas y psicológicas. Paternidad cooperativa (Padres, El padre mantiene relaciones maduras y respetuosas con otros/as miemmadres y otros cuidadores bros de la red de cuidado del niño/a. establecen una relación de apoyo, Resuelve diferencias con otros/as miembros de la red mediante estratecooperación e interdepedengias de resolución de problemas efectivas. cia en búsqueda de un desaDiscute y negocia las metas en el cuidado y crianza del niño/a con los rrollo óptimo del niño/a) otros miembros de la red. Calidad de vida del padre, vida Provee buen trato, sin negligencia ni violencia. saludable. (Se constituye en un Comunicación efectiva de sus necesidades y deseos. modelo para sus hijos/as mediante Grado de estrés personal. un estilo de vida saludable, educa- Enfrenta eventos estresantes sin acudir al consumo de substancias. ción y comportamientos sociales Aumento en el reconocimiento de que el uso personal de substancias adecuados que enseñan una ética interfiere con las responsabilidades paternales. personal, ética de trabajo y normas Incremento en la capacidad de resolver conflictos con otras personas sociales, para ayudar a sus hijos/as sin violencia. a crecer y convertirse en actores Atender a los propios desafíos emocionales y psicológicos buscando los de la sociedad) recursos apropiados.

Propuesta de sistema de indicadores

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…cuadro n° 4

Indicadores de paternidad (Adolescente o no) Contribución material y económica Atender a los propios desafíos emocionales y psicológicos buscando los (Compromiso en actividades que recursos apropiados. proveen apoyo material y Aporte en tiempo con trabajo no remunerado (tareas de cuidado, crianza financiero al hijo/a) y domésticas) y valoración de ese aporte. Porcentaje de sus ingresos que aporta al ingreso familiar. Aportes no monetarios (comida, ropa). Aumento en el número o proporción de padres que pagan apoyo al niño/a. Proporción de padres empleados. Grado en que el aumento de contribuciones financieras por parte de los padres resulta en recursos y oportunidades mejores para los niños/as. Grado de satisfacción con su desarrollo laboral. Dimensión de salud sexual Conocimiento/ uso de MAC. y reproductiva Percepción de quien es responsable. Negociación de uso de MAC.

Propuesta de sistema de indicadores

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cuadro n° 5

Indicadores de familia Presencia Familiar (compromiso, disponibilidad, responsabilidad)

Proporción de cuidados por las abuelas/os y otros cuidadores de la familia (Proveer nutrición y realizar las tareas de rutina necesarias para mantener el bienestar emocional y la salud física de los hijos/as) Proporción de cuidados por las abuelas/os y otros cuidadores de la familia (Proveer nutrición y realizar las tareas de rutina necesarias para mantener el bienestar emocional y la salud física de los hijos/as) Competencia social y rendimiento académico del hijo/a (Compromiso activo con el niño/a y otros para desarrollar y reforzar su competencia social y rendimiento académico)

Reacción ante la noticia de la GA. Calidad del apego emocional de las abuelas/os y otros cuidadores familiares hacia el niño/a y el/la adolescente. Calidad del apego emocional del niño hacia las abuelas/os y otros cuidadores familiares. Frecuencia de comunicación con el niño/a y el/la adolescente de las/os abuelas/os y otros cuidadores familiares. Calidad de comunicación con el niño/a y el/la adolescente. Frecuencia de intercambios emocionales. Calidad de los intercambios emocionales. Conciencia del desarrollo socio–emocional del niño/a y del/la adolescente madre/padre. Sensibilidad a las reacciones emocionales del niño/a. El niño/a se siente seguro frente a la presencia del abuelo/a u otros cuidadores de la familia. Naturaleza y calidad de la interacción cuidador–niño/a cuando proporciona los cuidados solitariamente. El cuidador provee cuidado físico al niño/a (ej. cambio de pañales). Organiza el ambiente de manera que sea seguro para el niño/a y monitorea su seguridad. Interés en la salud del niño/a. Mejoría en la salud mental del niño/a. El abuelo/a y los otros cuidadores de la familia aceptan al niño/a y a el/la adolescente. El abuelo/a y los otros cuidadores de la familia apoya al niño/a y a el/la adolescente. Escucha atentamente al niño/a y a el/la adolescente cuando le habla. Es sensible hacia las necesidades del niño/a y del/la adolescente. Enseña al niño/a y a el/la adolescente respecto al peligro en el abuso de sustancias. Expresa interés en el trabajo escolar del niño/a y el/la adolescente. Elogia al niño/a y a el/la adolescente por sus logros. Asume la responsabilidad —cuando es necesario— de lograr la salud de los niños/as y satisfacer sus necesidades de salud, educación, necesidades sociales, físicas y psicológicas. Las abuelas/os y otros cuidadores de la familia mantienen relaciones maduras y respetuosas con la madre y el padre del niño/a. Distribución equitativa de las tareas domésticas independiente del género. Distribución equitativa de las tareas de cuidado y crianza independiente del género. Las abuelas/os y otros cuidadores de la familia resuelve diferencias con la madre y el padre del niño mediante estrategias de resolución de problemas efectivas y con respeto a los roles. Discute y negocia las metas en el cuidado y crianza del niño con la madre y el padre del niño/a.

Cuidado y Crianza Cooperativo (Padres, madres y otros cuidadores establecen una relación de apoyo, cooperación e interdependencia en búsqueda de un desarrollo óptimo del niño/a)

Propuesta de sistema de indicadores

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…cuadro n° 5

Indicadores de familia Calidad de vida familiar, vida saludable. (Contexto familiar saludable, educación y comportamientos sociales adecuados que enseñan una ética personal, ética de trabajo y normas sociales, para ayudar a sus hijos/as a crecer y convertirse en actores de la sociedad) Contribución Material y Económica (Compromiso en actividades que proveen apoyo material y financiero al niño/a)

Proveen buen trato, sin negligencia ni violencia. Grado de estrés y de conflictos familiares. Comunicación efectiva. Enfrenta eventos estresantes sin acudir al consumo de substancias. Competencias en resolución de conflictos con otras personas sin violencia. Capital Social Familiar. Resiliencias familiares. Aportes en recursos monetarios. Aportes en recursos no monetarios (vivienda, ropa, comida). Aporte del abuelo/a y otros cuidadores en tiempo con trabajo no remunerado (tareas de cuidado, crianza y domésticas) y valoración de ese aporte. Grado en que el aumento de contribuciones financieras por parte de los abuelos/as resulta en recursos y oportunidades mejores para los niños/as.

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En función del diseño de un Sistema de Protección Integral a la Infancia que asuma como tarea principal la generación de condiciones de equidad para todos los niños y niñas, se desarrolló un conjunto de estudios a modo de preinversión. Para ello FOSIS en asociación con MIDEPLAN elaboraron un conjunto de convenios con diversas instituciones tanto del mundo público como privado, para elaborar investigaciones temáticas y sistematizaciones de experiencias en ejecución, abarcando distintas realidades y zonas del país.

La presente publicación es parte de dichos estudios y sistematizaciones que tienen por objetivo el ser puestos a disposición de todas las instituciones, organizaciones o personas a las que la presente información les pueda ser de utilidad, esperando contribuir con este trabajo a la elaboración de políticas, prestaciones e intervenciones que protejan el desarrollo integral de todos los niños y niñas que habitan el país.

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