Del grotesco fin de un negocio inacabado

Pilar López Mora

No ha mucho que hube de tratar a un hidalgo no mal parecido y tan gentil y educado que ciertamente en no pocas ocasiones a muchos de sus conocidos les había parecido un bausán falto de ingenio. Quizás por esta razón, que todos compartían más o menos en silencio, al hidalgo, que era manchego, nunca le correspondió doncella alguna de las que él pudo admirar, si bien no nos consta que cortejase a ninguna jamás. Lo cierto es que el manchego desaparecía de tanto en tanto y, sin embargo, nadie comentaba esto con mayor interés dado que el buen hombre carecía de atractivo para las malas lenguas, que consideraban su ausencia como síntoma de encierro y desidia por su parte. Y nada sabían ni querían saber las señoras de la casa: su madre vieja, una viuda áspera y sorda, sin ningún anhelo y más fría que el mismo hielo para con su único vástago, y el ama, una criada gordota, de sonrosada faz y nariz más que roja, que se ocupaba de las tareas domésticas y que, tras el almuerzo, caía rendida por los vapores del vino. No he de decir aún cómo supimos dónde se andaba el hidalgo Don Pero de Torres, que ese era su nombre, ni a qué se dedicaba a mitad de cada mes durante dos días y dos noches. No me referiré a la orden de Calatrava ni a la ciudad toledana que los reyes habían abandonado hacía apenas cinco décadas, en la cual proliferaban conventos y monasterios, resistiendo el destino de lugar decadente que la suerte le quiso traer. Tampoco haré mención del término que frecuentaba
1

Ve que ahora es tiempo. Pero de Torres fue atacado.Don Pero y en donde paraba durante sus estancias carpetanas para cumplir el juramento hecho al duque de Barberana en sus días juveniles y salmantinos de los que no es menester hablar. pues? No debiera andarse vuesa merced en políticas. de seguro los habituales saqueadores que andaban por todo el reino. Así acaeció que don Pero fue en la noche a cumplir su encargo y en su camino de vuelta. cabalgando el magnífico percherón de Barberana. —Lo que quiero de ti ahora es que marches a la casa Barberana y recojas de allí mis ropas de la orden y el cofre donde sabes que guardo el collar de esmeraldas de la duquesa. mi buena madre. 2 . al menos por ahora. Pero. topó con unos fulanos harapientos. El traje es tuyo.. tras un forcejeo inútil. robado y deshonrado.. ¿Se marcha. —No es algo que desee comentar en este momento: carezco de paciencia y no es la ocasión para ello. —El traje de la orden. atravesaba un pasaje oscuro y solitario. Todo lo que nos interesa comenzó con una conversación entre el duque y nuestro futuro amigo en una casona cercana a Toledo a mitad de un gélido mes de febrero. El sitio era uno de esos sitios malhadados do un asunto turbio caería absolutamente en el olvido y. cuando. —¿A esta hora? —A esta hora.

. mas. Sin ningún cuidado. Y así lo hizo. y se escabulló por callejas inescrutables. Su garganta se angostaba mientras trataba de idear un viaje con sentido. el hidalgo se hizo consciente de lo adverso de su hado y huyó a su manchega morada. digo. que era imposible saber cuántos eran los hospedados y cuántos los que estaban allí por la sempiterna jarana. cargó las alforjas con todo lo de valor que había en la hacienda y sacó fuerzas de flaqueza para pensar. mientras las voces de lo que él más tarde me describió como “unos sucios rufianes” le preguntaban por el collar. reparos y fortificaciones y de recién llegados. tan llena de gentes de baja estofa quienes entraban y salían de continuo alborotando. Se encaminó a la villa de Madrid.. hubiesen sabido que podía ser tan audaz. después. vendió presto el percherón y las alhajas de su madre. esconderse y pasar desapercibido. pero a estas alturas era demasiado tarde para tornarse: Barberana ya habría partido. Se dio cuenta entonces de que no habría debido huir. Pero de Torres fue sacudido por unas manos enormes tan pronto como cerró los ojos la mismísima primera noche en aquel infierno. el juicio nublado por el dolor.. por el auténtico collar que él conocía tan bien. bastaba con alejarse. extranjeros y soldados retornados.. si en el lugar de La Mancha donde el hidalgo nació. habría de dilucidar cómo deshacer semejante entuerto. a pesar de alojarse en una inmunda posada indigna de alguien de su condición. y a pesar de ello. quizás lo habrían tenido en mayor estima. 3 . Y ciertamente era un plan acertado e inteligente y. En principio. Sin embargo. hizo con sus vestimentas un atillo. adonde llegó mucho antes del alba. que en estos años era un Real embrollo de obras.Pasados unos sombríos momentos. la vergüenza y el miedo. convencido de que él era un ladrón malnacido.

gracias a Dios y a su poca resistencia.—Me lo robaron. —Pero descuide que lo atraparemos alguna noche y entonces nos haremos con un par de collares. La impresión fue tal que don Pero se desvaneció perdiendo el conocimiento y despertando por los palos y coces de los hombres para volver a desmayarse una y otra vez. a nosotros se nos ha escapado —repliqué. Decidle al duque que me lo robaron por el camino. necio —cortó uno de aquellos—. Así que hete aquí a mi menda con modales de señora urdiendo y rumiando y siendo inquisitorial sin serlo. Ahora dinos dónde está el auténtico. —Ya lo sabemos.. ya cerca de Toledo. que no eran pacientes ni ocurrentes. Por eso me lo trajeron. que nos debía mucho más de lo que costare cualquier collar de una dama. para que yo hablase con el bueno de don Pero y le sonsacase con artilugios el paradero de la joya del infame Barberana. 4 . tan necesitado estaba el pobre de confesarse. mis hermanos. —Nos ha burlado a todos —dijo don Pero tristemente. ante el maltrecho hidalgo que. De esta forma supimos los secretos del manchego y dilucidamos que el duque había usado a su amigo de cebo para huir de mis hermanos los cuales habían dado caza al jinete que se llegaba de la casa Barberana pensando que sería el mismo duque y no aquel infeliz. —El segundo con sus muelas —explicó innecesariamente mi hermano.. respondió a mis pesquisas sin apenas tener que preguntarle. Desesperados. —A vos le habrá burlado. se llegaron a mi casa. lo juro.

Con la expresión de su rostro se podían haber escrito mil poemas. miré largamente su figura. al partirse don Pero. Recuerdo que. con demasiado que explicar en su casa y sin amistad con la que escaparse de allá un par de días de tanto en tanto. tan bien como me escondí.—Y decidme. Reconozco que me sentí apenada por el hidalgo que parecía no comprender nada de lo que pasaba. os lo ruego. 5 . y pensé que todo aquel negocio. todos burlones. —¿Por qué iba a ser? ¡Por el percherón! ¡Señor de mis días! ¡Qué inocente es vusté! Todo el bajo fondo de Madrid conoce al caballo del fideputa tramposo del Duquesito. la cabeza erguida y cargando dignamente con ciertas alforjas. caminando en silencio. cómo me encontrastes en la villa de Madrid. cabalmente inacabado por nuestra parte. aparecía extravagante por lo singular de aquel personaje.

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