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LA DOCTRINA DEL PECADO LADOCTRINA DEL PECADO Primera Parte: Introducción a la doctrina del pecado

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Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 1Jn 1:5 Introduciremos la doctrina del pecado en dos partes: 1) Un estudio de la palabra pecado, en griego Hamartia 2) Un estudio de la naturaleza y el origen del pecado ESTUDIO DE LA PALABRA PECADO William Barclay, en su libro: palabras griegas del nuevo testamento, hace un estudio detallado de los orígenes de la palabra pecado: Hamartia es el nombre que traducimos "pecado". Es muy común en el NT, donde, solamente en las epístolas paulinas, se encuentra sesenta veces. Hamartanein es el verbo usual que se traduce "pecar". En el griego clásico, estas palabras no tenían, ¡ni mucho menos!, un significado tan importante como en el griego del NT. En el griego clásico, hamartia (pecado) expresa básicamente la idea de "yerro". Hamartanein empezó significando "errar el blanco", como, por ejemplo, cuando se dispara una flecha, que no acierta. Se puede usar respecto de haber equivocado una carretera, de habernos fallado un plan, de habérsenos frustrado una esperanza o un propósito. En el griego clásico, pues, estos vocablos están siempre conectados con alguna clase de fallo negativo, más bien que con algún tipo de transgresión positiva, pero en el NT describen algo mucho más serio. Hay que tener en cuenta que, en el NT, hamartia (pecado) no describe un acto definido de pecado, sino el estado de pecado, del cual resultan las acciones pecaminosas. De hecho, en Pablo el pecado está tan a punto de personalizarse, que podría escribirse con inicial mayúscula y pensarse que fuera un poder personal y maligno que tiene al hombre en sus garras. Veamos lo que enseña el NT sobre hamartia (pecado). 1) Hamartia, (pecado), es "universal". El pecado no es como una de esas enfermedades que algunos hombres contraen y otros no. Es algo en lo que todo ser humano está envuelto y de lo que todo ser humano es culpable. El pecado no es una simple erupción esporádica, sino el estado, la condición, universal del hombre. a) Ro. 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Algunos pecados parecen ser mucho más grandes que otros porque sus consecuencias son mayores. El homicidio, por ejemplo, nos parece que es peor que el odio, y el adulterio al parecer es peor que la lujuria. Pero esto no significa que nos merecemos la vida eterna porque nuestros pecados son de menor envergadura. Cualquier pecado nos aparta de nuestro Dios santo. Cualquier pecado, por lo tanto, conduce a la muerte (porque nos incapacita para vivir con Dios) por grande o pequeño que el pecado parezca. No minimice los pecados «pequeños» ni valore con exceso los «grandes». Todos nos separan de Dios, pero también todos pueden ser perdonados Escuela Bíblica de la Iglesia Evangélica Central
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b) Ro 7:14 “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado” «Yo soy carnal, vendido al pecado» quizás sea una referencia a la vieja naturaleza que busca rebelarse e independizarse de Dios. Si como cristiano trato de luchar contra el pecado con mis fuerzas, me deslizo hacia las garras del pecado c) Gá 3:22 “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” Sin Cristo una persona está atrapada en pecados, abatido por errores pasados y sofocado por deseos pecaminosos. Dios sabía que éramos prisioneros del pecado y por ello proveyó una vía de escape: la fe en Jesucristo. Sin Cristo todos están atrapados en las garras del pecado y sólo aquellos que depositan su fe en Él pueden quedar libres. Mire hacia Él: Jesucristo lo quiere alcanzar para darle libertad d) 1 Jn. 1:8 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” Una verdad fundamental es que todos somos pecadores por naturaleza y por obra. Al convertirnos, son perdonados todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Más aun después de llegar a ser cristianos, todavía pecamos y debemos confesar. Esa clase de confesión no es ganar la aceptación de Dios sino quitar la barrera de comunión que nuestro pecado ha puesto entre nosotros y Él. Sin embargo, es difícil para muchos admitir sus faltas y negligencia, aun delante de Dios. Requiere humildad y sinceridad reconocer nuestras debilidades, y la mayoría de nosotros pretende en cambio ser fuerte. No debemos temer revelar nuestros pecados a Dios; Él ya los conoce. Él no nos apartará, no importa lo que hagamos. Por el contrario, apartará nuestro pecado y nos atraerá hacia sí. 2) Hamartia, (pecado), es "un poder que somete al hombre". a) Ro 3:9 “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado” Las palabras que se usan para expresar esta idea son muy interesantes y significativas: el hombre está "bajo pecado". Pero esta preposición, bajo, en caso acusativo, como aquí, se utiliza para significar "dependiente de", "en sujeción a", "bajo el control de". Un menor de edad, por ejemplo, está "bajo su padre"; un ejército está "bajo su comandante"; así, nosotros estamos "bajo pecado", "en poder del pecado", "controlados por el pecado" VEAMOS ALGUNAS PALABRAS QUE SE ASOCIAN A LA IDEA DE PECADO: 1) Del pecado se dice que "reina sobre el hombre". Basileus es la palabra griega que significa "rey". a) Ro. 5:21 “para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” 2) El pecado gobierna a los hombres, "se enseñorea de nosotros". Kurios es la palabra griega que significa "señor", y connota absoluta "posesión" y "dominio". a) Ro. 6:14 “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” Estar bajo la ley es estar subordinados a un sistema que nos obliga a ganarnos la salvación obedeciéndola, pero estar bajo la gracia es ser justificado y vivir por el poder de la resurrección de Cristo que mora en nosotros. Podemos

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morir al pecado, no porque la Ley lo prohíbe, sino por todos los recursos que nos ofrece la gracia 3) Del pecado se dice que "nos tiene cautivos" (aichmaiotizein). La palabra es la misma que se usa respecto de hacer a uno prisionero de guerra. a) Ro. 7:23 “pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” Mientras la Ley puede iluminar nuestra conciencia, no es capaz de producir santidad en la vida. El fallo, sin embargo, no está en la Ley de Dios, que es espiritual, sino en la ley del pecado, es decir, la depravación inherente a la naturaleza humana, que se revela contra las leyes de Dios 4) Se dice que el pecado "mora en el hombre". El hombre está tan cogido por el pecado, que éste no se nos presenta como un mero poder externo que ejerza su soberanía sobre el individuo, sino como algo que se ha introducido en las mismas fibras, en el centro y corazón del ser del hombre, hasta ocuparlo, como un enemigo ocupa un país. El resultado es que "somos esclavos del pecado". Debe recordarse que el poder del amo sobre el esclavo era absoluto. No había parte de la vida, ni momento, ni actividad, que fuera propiedad personal del esclavo. Pertenecía a su amo en la forma más absoluta. Así, el hombre está totalmente bajo el dominio del pecado. a) Ro. 7:17, 20 “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí” “Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí” Una expresión que a veces se escucha es: «El diablo me obligó a hacerlo». «Yo no lo hice, fue el pecado que está en mí». Parece una buena excusa, pero tenemos que dar cuenta de nuestras acciones. Nunca debemos mencionar el poder del pecado ni a Satanás como excusa, por que son enemigos vencidos. Sin la ayuda de Cristo, el pecado es más fuerte que nosotros y algunas veces somos incapaces de defendernos de sus ataques. De ahí que nunca debiéramos enfrentarnos al pecado solos. Jesucristo, quien venció el pecado de una vez y por todas, ha prometido pelear a nuestro lado. Si buscamos su ayuda, no caeremos en pecado b) Jn. 8:34 “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” El pecado busca la manera de esclavizarnos, controlarnos, dominarnos y dictar nuestros actos. Jesús puede liberarlo de esa esclavitud que le impide ser la persona que Dios tuvo en mente al crearlo. Si el pecado lo limita, lo domina o lo esclaviza, Jesús puede destruir el poder que el pecado tiene sobre su vida c) Ro. 6:6 “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente
con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”

El castigo del pecado y el poder que tenía sobre nuestras vidas murió con Cristo en la cruz. Nuestro «viejo hombre», lleno de pecado, murió de una vez por todas y ahora estamos libres de su poder. El «cuerpo del pecado» no es el humano, sino nuestra naturaleza rebelde amante del pecado heredada de Adán. A pesar de que nuestro cuerpo coopera voluntariamente con nuestra naturaleza pecaminosa, no debemos por ello considerarlo malvado. Lo que es malo es el pecado en nosotros. Y lo que se derrota es ese poder del pecado en acción en nuestros cuerpos. Pablo acaba de establecer que la fe en Cristo nos declara absueltos, «inocentes» ante Dios. Aquí Pablo enfatiza que ya no necesitamos una vida bajo el poder del pecado. Dios no nos saca del mundo ni nos convierte en Escuela Bíblica de la Iglesia Evangélica Central
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robots. A veces sentiremos deseos de pecar y algunas veces lo haremos. La diferencia radica en que antes de ser salvos, éramos esclavos de nuestra naturaleza pecaminosa, pero ahora podemos elegir vivir para Cristo LA RELACIÓN QUE HAY ENTRE "LEY" Y "PECADO" ENTRE NOMOS Y HAMARTIA 1) La ley "enseña lo que es el pecado" a) Ro. 3:20 “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” En estos versículos vemos dos propósitos en la Ley de Dios. Primero, nos muestra dónde pecamos. La ley nos enseña que somos pecadores desvalidos y debemos acudir a Jesucristo en busca de misericordia. Segundo, el código moral revelado en la ley nos puede guiar en nuestra forma de vivir sosteniendo ante nosotros las normas morales de Dios. No ganamos la salvación cumpliendo la Ley (nadie, excepto Cristo, cumplió o pudo cumplir la Ley a la perfección), sino que agradamos a Dios cuando nuestras vidas se someten a su voluntad revelada 2) Del pecado puede decirse que, en un sentido, es la misma ley quien lo crea a) Ro. 5:13 “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado” 3) El pecado no es tal si no es definido. Es decir, que el hombre no puede saber lo que es pecado mientras éste no haya sido definido; y el hombre no puede ser culpable de pecado hasta que no exista una ley que lo determine. Pongamos un ejemplo. La calle de una ciudad puede tener mucho tiempo doble tránsito, por tanto, un conductor puede circular en ambas direcciones. Pero, después, se promulga una ley que determina que la calle es de una sola dirección. Entonces, sería una infracción a la ley, conducir en dirección contraria a la autorizada por la señal de tráfico. La determinación de la ley ha creado una nueva infracción de la ley. La ley tanto ha definido como ha creado el pecado. Si no hubiera ley, no habría pecado. 4) Pero "la ley crea el pecado", tal y como Pablo lo ve, en otro sentido. Basta que una cosa haya sido prohibida, para que, de algún modo, adquiera un nuevo y fatal poder fascinador que la hace deseable, y la ley es quien, de hecho, produce el deseo de pecar a) Rom 7:8-11 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en
mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató

Donde no hay ley, no hay pecado, porque la gente desconoce que sus acciones son pecaminosas a menos que la ley las prohíba. La Ley de Dios logra que la gente descubra que es pecadora y que está condenada a morir, pero no ofrece ayuda. El pecado es real y peligroso Hay cierto ingrediente en la naturaleza humana que da a lo prohibido un doble atractivo. C. H. Dood cita el clásico ejemplo sobre este asunto, tomado de las Confesiones de Agustín (2.4-6). "Había un peral próximo a nuestra viña, cargado de peras. Una noche tormentosa, un grupo de pésimos muchachos fuimos a robar y a llevarnos Escuela Bíblica de la Iglesia Evangélica Central
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grandes cantidades de peras (no para regalo nuestro, sino para arrojarlas a los puercos) y si llegamos a catarlas fue sólo para darnos el gusto de hacer lo que nos estaba prohibido. Eran peras hermosas pero no las apeteció mi alma miserable, pues yo tenía en casa abundancia de otras mejores. Las tomé sólo por robar. Mi único festín fue con la iniquidad con que me holgaba y fruía. ¿Qué es, pues, lo que yo amé en aquel robo? ¿Era el placer de quebrantar la ley siquiera por engaño, ya que por fuerza no podía, y siendo cautivo simulé una raquítica libertad, haciendo impunemente, por una tenebrosa imitación burlesca de vuestra omnipotencia, aquello que no me era permitido?" El doctor Dood comenta: "Es decir, que el deseo de robar surgió, simplemente, de la prohibición de robar". Es precisamente aquí donde emerge la impotencia de la ley frente al pecado. La ley tiene dos defectos: 1) primero, puede definir el pecado pero no curarlo. Es como el médico que puede diagnosticar una enfermedad, pero que carece de medios para curarla e incluso para detenerla. 2) Segundo, hace atractivo lo que prohíbe. Es el raro y fatal hecho de que, simplemente por prohibir algo, la ley hace atractivo eso mismo que prohíbe. Hay una inextricable conexión entre hamartia y nomos, "pecado" y "ley". VEAMOS LAS INEVITABLES CONSECUENCIAS DEL PECADO 1) El pecado resulta en cierto "endurecimiento" del corazón. a) He. 3:13 “antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” La palabra endurecimiento puede aplicarse, por ejemplo, a una piedra que es especialmente dura para ser labrada; como metáfora, puede usarse respecto de un rey que es inhumano y duro en la forma de tratar a sus súbditos. El pecado endurece el corazón. Nuestro corazón nos aparta del Dios vivo cuando obstinadamente nos negamos a creer en Él. Si persistimos en nuestra incredulidad, finalmente Dios nos dejará solos en nuestros pecados. Pero Dios puede darnos un nuevo corazón, nuevos deseos y un nuevo espíritu. Un antídoto para un corazón incrédulo es un constante compañerismo con otros creyentes, hablar cada día acerca de nuestra fe mutua, ser conscientes del engaño del pecado (atrae pero también destruye) y animarnos los unos a los otros con amor e interés b) Fil 1:9 “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento” En Fil. 1:9, Pablo ora por que los filipenses abunden en lo que él llama, "percepción sensitiva", es decir, la cualidad del corazón y de la mente que es sensible a lo que está mal. El que comete una mala acción por primera vez, la experiencia de la vida demuestra que lo hace con una especie de estremecimiento de repugnancia; si la repite, la cometerá más fácilmente; si insiste, cometer esa acción será para él la cosa más normal del mundo. Ha desaparecido su sensibilidad para detectar el

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pecado; su corazón está endurecido. Es rigurosamente cierto que lo más terrible del pecado es, precisamente, su poder para engendrar pecado. Muchas veces la mejor manera de influenciar a alguien es orar por esa persona. Pablo oró que los filipenses se unieran en amor. El amor de ellos fue el resultado del gran conocimiento de Cristo y de la profunda visión (discernimiento moral). Ese amor no se basaba en sentimientos sino en lo que Cristo había hecho por ellos. En la medida que crezca en el amor de Cristo, su corazón y entendimiento deberán crecer juntos. ¿Están su amor y su visión creciendo? 2) El pecado resulta en "muerte". Indudablemente, esto es así. Pablo creía que la muerte entró en el mundo por el pecado de Adán. El pecado fue lo que arruinó e hizo naufragar la vida que Dios había soñado para el hombre. Pero no es menos cierto que la muerte también alcanza al alma. La muerte física y espiritual es, según Pablo, resultado del pecar. a) Ro. 5:12, 21 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y
por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, “para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro”

¿Cómo pueden declararnos culpables por algo que Adán hizo miles de años atrás? Muchos piensan que no es justo que Dios nos juzgue por el pecado de Adán. Sin embargo confirmamos nuestra solidaridad con Adán cada vez que pecamos. Estamos hechos del mismo material, con tendencia a rebelarnos, y los pecados que cometemos nos condenan. Debido a que somos pecadores, no necesitamos imparcialidad sino misericordia b) Ro 6:16 “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para
obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”

En ciertos oficios, un aprendiz recibe instrucción de un «maestro» que lo prepara, modela y le enseña los secretos de su oficio. Todas las personas eligen un maestro y este lo moldea. Sin Jesús, no tendríamos opción; aprenderíamos a pecar y los resultados serían culpa, sufrimiento y separación de Dios. Gracias a Jesús, sin embargo, podemos ahora escoger a Dios como nuestro Maestro. Siguiéndole, disfrutaremos la nueva vida y aprenderemos los caminos del Reino. ¿Continúa con su primer maestro, el pecado? ¿O es aprendiz de Dios? c) Ro 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Usted tiene la libertad de escoger entre dos amos, pero no está en condiciones de regular las consecuencias de su elección. Cada uno de estos amos paga con su moneda. La paga del pecado es muerte. Eso es todo lo que puede esperar de una vida sin Dios. La paga de Cristo es vida eterna: nueva vida con Dios que empieza en la tierra y continua por siempre con Dios. ¿Qué elección ha hecho? La vida eterna es un regalo de Dios. Si es un regalo, no podemos ganarlo ni pagar por él. Sería insensato recibir un regalo por amor y ofrecer pagarlo. El que recibe un regalo no puede comprarlo. Lo correcto cuando se nos ofrece un regalo es aceptarlo con agradecimiento. Nuestra salvación es un regalo de Dios, no algo que hemos hecho nosotros. Él nos salvó por su misericordia, no por lo que hayamos hecho. Debemos aceptar con acción de gracias el regalo que generosamente Dios nos ha dado Escuela Bíblica de la Iglesia Evangélica Central
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d) Stg. 1:15 “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” Es muy fácil condenar a otros y excusarnos por los malos pensamientos y por la conducta equivocada. Algunas excusas pueden ser: (1) es la culpa de la otra persona; (2) no lo pude resistir; (3) todos lo hacen; (4) fue solo un error; (5) nadie es perfecto; (6) el diablo me obligó a hacerlo; (7) fui presionado; (8) no sabía que era malo; (9) Dios me estaba tentando. Una persona que presenta excusas procura pasar su culpa a algo o a alguien. Un cristiano, sin embargo, acepta su responsabilidad por sus errores, los confiesa y pide el perdón de Dios Una de las mejores formas de averiguar el significado real de una palabra es examinar las otras que la acompañan. 1) Hamartia (Pecado) está relacionada con blasphemia a) Mt. 12:31 “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” El significado básico de blasphemia es insulto. El pecado es, pues, un "insulto" a Dios. Insulta a Dios porque se burla de sus mandamientos, porque pone al Yo en el lugar que corresponde a Dios y, sobre todo, porque agravia su amor. 2) Hamartia (Pecado) está relacionada con apate: Engaño a) He. 3:13 “antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” Apate es "engaño". El pecado es siempre engañoso, pues promete hacer lo que no puede. El pecado es siempre una mentira. Cualquier hombre que peca, que hace o toma algo prohibido, actúa así porque cree que será más feliz haciendo o tomando ese algo. El pecado lo engaña para que piense de ese modo. Pero la experiencia llana es que una acción o posesión, producto del pecado, nunca trae felicidad a ningún hombre. Ya hace tiempo que Epicuro, con su moral estrictamente utilitaria, dijo que el pecado nunca puede traer felicidad, porque, entre otras cosas, deja al hombre con el constante temor de ser descubierto. 3) Hamartia (Pecado) está relacionada con epithumia (concupiscencia) a) Stg. 1:15 “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” Epithumia es concupiscencia, deseo. Epithumia fue definida por Aristóteles como "lanzarse con empeño en pos del placer", y los estoicos añadieron "más allá de los límites de la razón". Clemente de Alejandría dice que epithumia es el espíritu que "clama y se afana por conseguir todo aquello que lo gratifique". Epithumia siempre tiene la noción de desear lo que no debe ser deseado. Epithumein es, de hecho, el verbo que se utiliza en la versión griega del AT para el décimo mandamiento: "No codiciarás". Si el corazón de un hombre estuviera tan limpio, que no deseara lo que es injusto, no pecaría jamás. 4) Hamartia (Pecado) es igualada a anomia, “carencia de ley” a) 1 Jn. 3:4 “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” Anomia es "desobediencia a la ley". Anomia es el espíritu que induce al hombre a hacer lo que le dé la real gana; que mueve al hombre a desear poner sus caprichos por encima de sus deberes para con su prójimo y

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de su obediencia a Dios. La anomia procede, básicamente, del deseo de instalar al Yo, y no a Dios, en el centro de la vida. 5) Hamartia (Pecado) es igualada a adikia a) 1 Jn. 5:17 “Toda injusticia es pecado;” Adikia es "injusticia", "iniquidad", “mal”. Es lo que se opone a "justicia". Ahora bien, justicia puede definirse como "dar tanto a Dios como al hombre lo propio de cada uno". Adikia, injusticia, es, por tanto, el espíritu que se niega a cumplir con su deber para con Dios y los hombres. Pecado es lo que hace a un hombre adorar tanto a su Yo, que olvida o rechaza servir a Dios y a su prójimo. Es lo que hace al hombre actuar como si fuera la persona más importante de la creación. 6) Hamartia (Pecado) está conectada con prosopolepsia: acepción de personas a) Stg. 2:9 “pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” Prosopolepsia es "acepción de personas". Ahora bien, acepción de personas como resultado de aplicar las normas del hombre, en vez de las de Dios, al mundo, a la vida y a las gentes en general. Pecado es aceptar y practicar las normas del mundo en vez de los principios de Dios; juzgar las cosas como los hombres las ven, no como las ve Dios. LA CURA DEL PECADO Ahora es el momento de prestar atención a la cura del pecado. Consideraremos ciertas palabras que describen lo que Jesús hizo por nosotros con relación al pecado. 1) Jesús nos "salva" del pecado a) Mt. 1:21 “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” Estamos en una situación tal, que necesitamos ser rescatados, y ese rescate lo hizo efectivo Jesús al precio de su vida. 2) Nuestros pecados son "borrados" a) Hch. 3:19-20 “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados
vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado”

La tinta antigua no tenía ácido y podía ser borrada pasando una esponja húmeda por la superficie de vitela o de papiro cuando el escriba quería usarlos otra vez. Por la obra de Jesús, el acta de nuestros pecados es borrada totalmente. 3) A través de Jesús, somos "lavados del pecado" a) Hch 22:16 “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” En Hch. 22:16 se habla de lavar los pecados. Hay una "purificación de.. . pecados". Es como si la vida fuera enturbiada, manchada, ensuciada y cubierta de fango por el pecado. Pero Jesucristo tiene el poder de limpiarla, como la lluvia lava y limpia el pavimento de una ciudad. Los siguientes textos hablan de lo mismo He. 1:3 Hablando de Jesucristo dice: “el cual, siendo el resplandor de su
gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con

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la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”

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2 P. 1:9 Hablando del conocimiento de nuestro Señor Jesucristo afirma: “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” 1 Jn. 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” Dios, por su misericordia, "no nos inculpa de pecado" a) Ro. 4:8 “Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” inculpa de pecado es una expresión usada en contabilidad. Significa "cargar en cuenta". La idea es que nuestros pecados nos son como una cuenta sin saldar que tenemos con Dios y que, además, no podríamos liquidar jamás. El balance de nuestra vida arroja un tremendo saldo deudor en contra de nosotros. Pero Dios, por su misericordia, borra ese saldo que nunca hubiéramos podido pagar. Dios, por su misericordia, "cubre nuestros pecados" a) Ro. 4:7 “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos” El verbo cubre se usa para expresar la idea de la nieve cubriendo una senda; también se usa respecto de alguien que se cubre los ojos para no ver y respecto de correr un velo sobre algo. Es como si Dios, por su misericordia, corriera un velo sobre el lamentable archivo del pasado y nunca lo mirara otra vez. Por la obra de Jesús, somos 'libertados del pecado" a) Ro. 6:18, 22 “y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” b) Ro 8:2 “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” Somos "desatados del pecado". Libertados significa "dar a alguien la libertad". Significa "soltar las ataduras de alguien". Ya hemos visto cómo el hombre ha llegado a ser esclavo del pecado, a caer bajo el control del pecado. Jesús es el supremo libertador y emancipador. El paga el rescate que nos libra del pecado y, a la vez, nos da el poder para seguir siendo libres en el futuro. La venida de Jesús "canceló nuestro pecado" Hch. 9:26). Athetesis es la palabra griega técnica y legal que significa "cancelar un contrato o un convenio". Precisamente donde el estricto cumplimiento de la letra de la ley no acarreaba sobre el hombre nada más que inminente condenación, a través de Jesucristo, hay una cancelación de nuestra deuda. Por medio de Jesús "somos perdonados". Perdonados es la palabra que, con mucho, se usa respecto del perdón de pecados, y se encuentra en cada estrato del NT. La palabra “perdonados” tiene una amplia gama de significados, todos los cuales sugieren algo. Puede ser usada respecto de indultar a un hombre de la sentencia que ya cumplía, por ejemplo del exilio. Puede utilizarse respecto de la remisión de un cargo que ha sido hecho justamente. Puede emplearse para enterar a un hombre del veredicto que podría haber sido dictado en contra suya o para librarlo de un compromiso sobre el que se podía haber insistido. Se usa para eximir a un hombre de un deber que podía haber sido forzado a llevar a cabo. Toda la esencia de la palabra es la inmerecida liberación de un hombre de algo que podría habérsele infligido o exigido con toda justicia. A través de Jesucristo, el Escuela Bíblica de la Iglesia Evangélica Central
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hombre es librado del castigo que Dios podía haberle infligido con perfecto derecho. Es la palabra que nos dice que Dios no nos trata con justicia, sino con amor; no según nuestros merecimientos, sino de acuerdo con su misericordia y su gracia en Jesucristo. El apóstol Pablo en su carta a los colosenses en el capitulo 1 versos 10 al 14, orando escribe: “10para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” Estos textos enseñan que hay cinco beneficios que Dios les da a todos los creyentes a través de Cristo: (1) Nos hace aptos para participar de la herencia de los santos (2) Nos rescata del dominio de Satanás y nos hace sus hijos (3) Nos trae a su reino eterno (4) Nos redime, es decir, compró nuestra libertad del pecado y del juicio, y (5) Perdona todos nuestros pecados. PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR 1) El concepto nuevo testamentario de pecado describe un acto definido de pecado, o un estado de pecado 2) Mencione una consecuencia del pecado 3) ¿Con respecto a la cura del pecado, que beneficios recibimos a través de Jesús?

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