La Pequeña Guerra Por: Mauricio José Schwarz Este cuento fue ganador del Premio Puebla de Ciencia Ficción

, en el año de 1984. Mauricio José Schwarz, autor de la historia, es uno de los pioneros de la ciencia ficción mexicana moderna. La Pequeña Guerra narra una historia del futuro, sin fechas específicas. Una visión no necesarimente factible, no del todo imposible. Un circo romano donde los gladiadores no son guerreros expertos o prisioneros. Donde se compra el derecho a seguir vivo y se paga con la propia sangre. Un cuento en que destacan la crudeza y -al mismo tiempo- un estilo limpio y concreto. Había formas de burlar la ley, es cierto, especialmente si uno tenía mucho dinero, ellos no, ellos no lo tenían. También eran útiles las amistades en posiciones elevadas, pero esa era otra carencia de las muchas que la familia coleccionaba por todas partes. La única solución era la que confrontaban ahora, al escuchar el nombre de su hija por los altavoces del estadio. La morena y frágil figura de Arianne se dibujó en la entrada de la puerta Maratón. Qué pequeña es, se lamentó Akira, inseguro del entrenamiento al que había sometido, forzada, a la esbelta niña de diez años que avanzaba ahora hacia el centro de la arena, mientras su nuevo casco azul destellaba al sol, mostrando un penacho de furiosas navajas curvas. Guinnivere, que estaba aún sufriendo espasmos en la garganta, miró a su hija y no pudo evitar imaginarla como tantos niños que había visto desfilar esa mañana. Un sangrante resultado sin brazos, con la cabeza despedazada de un mazazo o con el vientre tajado sin remedio y las infantiles entrañas fluyendo como un temeroso río de lava apenas tibia, Guinnivere se preguntaba una y otra vez si Akira había cumplido como padre. La niña intentó durante sólo unos segundos hallar los rostros de sus padres entre la multitud que llenaba las gradas; algunos con miedo a perder lo amado, otros con deleite, los más con furia, esperando al vengador que acabara con quien hubiera sido verdugo de sus hijos. El ambiente se caldeaba más a cada momento. Arianne apretó la mano izquierda dentro del guante de cuero negro tachonado de púas para retener su escudo de acrílico. En su mano derecha, la espada que su padre había forjado para ella temblaba a todo lo largo de sus modestos cincuenta centímetros. El mazo redondo de madera, también con púas de duraluminio, colgaba de su mango de cuero, raspándole el muslo. Avanzó frunciendo el ceño, como su padre le había enseñado. Los ayudantes retiraban del campo los últimos cadáveres ensangrentados. El pasto, a esa hora, ya no era uniformemente verde, sino que mostraba una sucesión de manchas ocres y rojizas que lo hacían verse como un obsesivo tablero de ajedrez. Mientras ella avanzaba, la seguía una fila de niñas de su misma edad, todas igual de asustadas, todas igual de decididas, cuyos nombres escapaban mecánicamente de los altavoces. J.nge había deseado ir con Guinnivere y Akira a ver a su hermana, pero no se lo habían permitido. Ahora, sin embargo, en casa de sus tíos, la veía mejor que sus padres. Un camarógrafo se había interesado por la niña y la enfocaba en una toma que mostraba sus ardientes ojos, casi amarillos, casi verdes, y el suave cabello negro que caía sobre el torso, ocultando y mostrando alternamente los duros pezones que prometían -pronto, si triunfaba- ser la cima de dos pechos recios y amenazantes. En la pantalla, Arianne frunció el ceño y apretó las manos. Luego la cámara se abrió para mostrar a todas las participantes de la cuarta ronda eliminatoria. J.nge sintió algo de la grandeza y el miedo que, casi con seguridad, lo esperaba dentro de dos años, cuando ya tuviera diez. Arianne se perdió como una más de las hormigas en procesión. En las cuatro esquinas del campo, los finalistas esperaban, descansando bajo el cuidado de los médicos estatales. A unas palabras de los árbitros, se formaron los diez grupos. Sólo faltaba el silbatazo del juez para empezar. Akira recordaba otra infancia, la suya, cuando aún no era necesario acudir a la arena para decidir quién habría de permanecer. Guinnivere se había salvado por sólo tres meses. Veinte años atrás, los juegos se habían establecido como el mejor sistema de control poblacional, pese a la violenta reacción de las iglesias. Los hijos ilegítimos de los sacerdotes, por ejemplo, fueron de los primeros en caer.

Diez años, hora de la justificación, era el clamor de los organizadores. Arianne se tensó con los pies bien apoyados sobre el suelo y el cuerpo echado hacia adelante. El escudo estaba a la altura de sus cejas y la pequeña espada se balanceaba con ritmo hipnótico, tratando de amedrentar a su contrincante. Al usar el veinte por ciento de su patrimonio para las armas de su hija -como lo marcaba la ley- Akira había insistido en las espinilleras de bronce. Guinnivere ahora se entristeció al ver los desnudos brazos de su hija. ¿Habría sido mejor dejarle las espinillas desprotegidas y comprar un peto o dos cubrebrazos?

Un silbatazo largo y premonitorio se abrió paso entre los gritos de los espectadores. estrellando su mazo en el escudo de Arianne. El tío Karl apenas volteó a ver la pantalla de televisión y sonrió con amargura mientras el camarógrafo hacía un desagradable close-up de la contendiente muerta. De reojo alcanzó a mirar cómo los camilleros se encargaban de los restos de su adversaria. alcanzó a desviar un golpe con la espada de Arianne. J. La niña mayor atacó violentamente. todos los espectadores lanzaron un grito. Arianne se encontró. aunque alcanzó a apreciar la precisión con la que Arianne ejecutaba los maguashi-gueri. mezclando diversas técnicas de lucha con espada. Akira se apartó un momento de su preocupación para preguntarse cómo. Pero tenemos que admitir que todos tendrán que enfrentarse a los juegos cuando lleguen a los diez años. Hizo una serie de amagos muy complicados. utilizando los pinchos de las espinilleras como eficaces armas. si la familia de esa niña la armaba tan bien. La tibia y pegajosa sangre de la vencida bajó por el casco de Arianne y le recorrió la cara. sino también el escudo y el casco. -Yo tampoco estoy de acuerdo en que los niños lo vean -casi gritó Karl. Antes las cosas eran de otro modo. La esposa de Karl no hizo más que cerrar los ojos. La primera contienda había terminado muy rápidamente. El moribundo abrió los ojos con un dejo de ternura. A la vista del primer sangrado. mezcla de satisfacción y espanto. Apenas alcanzaba a darse cuenta de la magnitud de su acción: Había matado para vivir. el aire mismo. ya éramos demasiados en el planeta y era necesario depurar la especie. Guinnivere y Akira se pararon a aplaudir sin demasiada convicción. las patadas que tan cuidadosamente le había enseñado. tratando de ganarse el derecho a seguir viviendo. El hacha del niño apenas logró rozar su frente en la primera escaramuza. Ya estaban todos cenando en casa de Karl cuando J. El espectáculo de su sangre sobre sus ojos la transfiguró. Arianne se tambaleó mientras Guinnivere y Akira se tomaban de las manos. Akira y Guinnivere se sintieron momentáneamente aliviados ante el súbito e inesperado triunfo de Arianne en su primer juego. papá? -inquirió el hijo mayor. era luego de un proceso de muchos años. provocándole un fuerte acceso de náuseas. Ella no pudo siquiera permitirse el leve disfrute que le podía proporcionar su infantil sexualidad. Esta. los juegos sólo han existido desde hace veinte años. Arianne levantó la cabeza después del choque sólo para encontrarse con su adversaria volando hacia el suelo.nge veía ahora un nuevo combate. en esta segunda prueba. el cual inmediatamente quedó abollado. Si los incapaces. apretando con urgencia. Había ganado. de ojos profundos y nervudo.nge. El entrenamiento de Arianne surtió efecto. No le interesó pensar y se concentró en la atención que el médico le prestaba a su herida. Uno participaría en los juegos del año siguiente. Quedó para siempre con los ojos abiertos mientras ella lo miraba y acariciaba la ensangrentada hoja de su espada. Después atacó furiosamente. mirando luego con un estremecimiento a sus tres hijos. En realidad. . sin prestar atención a la conversación de sus tíos.Guinnivere no pudo responderse. En las gradas. durante el descanso que el reglamento le permitía a Arianne. sin atreverse a responder al golpe. Arianne caminó hacia uno de los extremos del campo. donde fue atendida de inmediato por los médicos estatales. Karl se volvió a verlo sin alcanzar a entusiasmarse. Lo peor todavía estaba por venir. los alimentos. los débiles y los indisciplinados eran eliminados. J. corriendo sin despegar los ojos del televisor. ante un muchacho atractivo. casi no vio el siguiente combate. no había conseguido sobornar a las autoridades. Arianne se encontró ante una chica bastante más alta que ella y con mucho mejores armas. se lanzó sobre la chica mayor.nge. los imbéciles. en los cuales se desperdiciaba la educación que les proporcionaba el Estado. Sin duda era un chico capaz de llegar a amar muy intensamente si se le daba la oportunidad. Akira. de unos dieciséis años. quien había perdido el brazo izquierdo en los juegos. Los juegos nacieron para acelerar este proceso. Inclinándose. que en su embestida hizo que las navajas del casco se enterraran profundamente en el pecho de su enemiga. miraba orgulloso la triunfante y tierna figura de su hermana. El golpe encendió a Arianne. con una creciente angustia. alimentando su existencia con los desechos de una vida trunca. La atracción por el enemigo duró apenas un instante. La contienda se inició. sobresaltando a sus invitados-. -¿Los juegos siempre han existido. sorprendida por lo súbito y violento del ataque. golpeó con la espada los tobillos de la otra niña. vencedora por segunda vez. que culminaron cuando cortó la tierna carne del cuello del muchacho. Utilizando no sólo la espada. ya sin control alguno sobre su cuerpo. empezó a gritar triunfalmente ante la imagen de su hermana. Las contendientes se separaron y la mayor aprovechó para golpear a Arianne con la empuñadura del mazo. -Ya tienes edad para saberlo -comenzó Karl-. fascinado ante la pantalla del televisor. Pero él tampoco tuvo mucho tiempo para reflexionar.

Durante un año su padre la había entrenado eficazmente para la destrucción y la cólera contenida y cuidadosamente canalizada hacia la lucha. Desde muy temprano en la mañana se empezaban a tomar las decisiones. pero lo único que encontró fue una fría máscara inexpresiva que destacaba sus rasgos orientales. sintió unas incómodas ganas de llorar. Se separaron sin hacerse daño y Arianne aprovechó un descuido de su contrincante para golpearla con el escudo. hija de Akira y Guinnivere. Se limitaba a mirar a su niña. experimentó una mezcla de superioridad y asombro ante su adversaria. Su escudo se veía endeble y pobre. los triunfadores podían seguir su camino. Abajo. La diferencia de estaturas hizo de pronto especialmente útiles las espinilleras de Arianne. La niña blandía con inseguridad una espada casi de juguete. Su . Dejó pasar el tiempo reglamentario de descanso con una cólera que no estaba dirigida a sus enemigos en los juegos. A sus ocho años de edad no alcanzaba a comprender el verdadero significado de la sangre. No estaba preparada para la expresión suplicante y resignada de los ojos de la pequeña. Esto era una fiesta. Los vencidos no tenían ya nada de qué preocuparse. hacia esa niña. Pateando con toda su fuerza. y se preparó para clavarla en el pecho de su enemiga. Akira forzó la vista.nge descifraba otros combates mientras le volvía a tocar el turno a su hermana. Al tardecer. aplastando cabezas. Los espectadores de esa parte del campo jadearon expectantes.Nuevamente Arianne se vio en las manos de los médicos estatales para recibir atención. La breve figura de Arianne aún debía vencer en tres combates más para justificar su derecho a la vida. tratando de dirigirla hacia Arianne. confiados en su educación. Por un instante. Había luchado por su existencia cuando joven. Una cámara de televisión enfocaba ahora a una chica incluso más pequeña que Arianne. pero le podían traer problemas. El silbatazo. Titubeó un instante más de lo debido. que no parecía tener aún la edad de la justificación. Arianne le arrancó el escudo de la mano y descubrió con sorpresa que prácticamente la tenía a su merced. Su contrincante rodó con desesperación. Miraba alegremente a los triunfadores sintiéndose parte de ellos sin imaginar siquiera que él podría ser más fácilmente una de las víctimas sangrientas que se reproducían en las camillas. J. La espada de Arianne tembló y en ese momento vio los ojos de la niña caída. en el ensangrentado escenario. atrapando los tobillos de Arianne entre sus piernas y haciéndola caer mientras al mismo tiempo levantaba su pequeña arma. antes de la entrada del invierno. pero la pequeña espada que llevaba estaba mellada y cubierta de sangre por los anteriores combates. buscando que la tranquilizara. en el amor. esa hija suya que de modo absurdo había cometido ya dos asesinatos pero que. los árbitros llamaban a los contendientes para el siguiente combate. sino que buscaba morder las gargantas de sus padres. al fin y al cabo. Guinnivere no veía el armamento. La pequeña guerrera. La lucha se inició cuando la más pequeña arremetió contra Arianne. ni siquiera la justicia o la injusticia. señor de vidas y temible maestro de la lucha. Levantó la espada a dos manos. El tío Karl había tratado durante muchos años de insensibilizarse ante los juegos. como un cuchillo ritual de sacrificio.le habían dejado un hueco. ni la sangre. La niña pequeña recibió el golpe de lleno y perdió el equilibrio cayendo a tierra. Akira pareció el ominoso protagonista de una obra de teatro No. Era la tercera contendiente de Arianne. Guinnivere se volvió a ver a su marido. pero la muerte de su primer hijo y el extraño triunfo del segundo -una terrible lucha que había vencido cuando ya estaba en el suelo y sin un brazo. ni la magnitud del dolor que se causaban los combatientes en la lucha. de los juegos y de los espectadores capaces de entusiasmarse ante la muerte de un muchacho como el que ella acababa de destruir. se veía totalmente indefensa tras el complejo armamento que él le había diseñado. Ni siquiera quería pensar que aún tenía otro hijo a quién entrenar y acompañar al campo de la muerte. un acontecimiento singular que se llevaba a cabo en todas las arenas un solo día al año. en la seguridad. Akira pudo darse cuenta de que las dos heridas que había sufrido su hija. Sin embargo. una zona del cerebro totalmente anestesiada. Arianne se precipitó hacia adelante. al ver ahora que su sobrina Arianne dejaba de ser una niña para transformarse en asesina. una en la cara y otra en la cabeza no eran graves. cortando cuellos. Akira y Guinnivere se tomaron las manos con fuerza de nuevo. Imaginaba la maravilla de poder ser un destructor. tratando de acortar la distancia mientras tiraba hábiles mandobles. ni la muerte. destinadas a la fosa común. temerosa y más merecedora de juegos que de carnicerías organizadas.

Arianne empezó a pensar algo. A Guinnivere ni siquiera le permitieron acercarse al desnudo cadáver de Arianne que. Los otros. Karl. junto con otros. el primero de los largos y fatigosos entrenamientos de su hijo más pequeño. Su conciencia de especie empezó a decir algo sobre la supervivencia. celebraban con sus padres en distintos lugares o bien se reponían de sus heridas bajo el cuidado de los médicos estatales. Emprendieron el viaje de regreso a casa sin decir una sola palabra. A la mañana del día siguiente llegaron a casa de Karl para recoger a J. con el que se había entrenado Arianne.nge. Vestía un karategui negro y sostenía en las manos dos varas de kendo para entrenamiento y otro karategui más pequeño de color azul. Todavía le faltaban dos años. Un grito lo detuvo.nge se acercó a ellos y trató de decir algo sobre su hermana. Sin decir una palabra más se lo ofreció a J.nge. Akira hacía tan difícil este primer entrenamiento? ¿Acaso su esposo había visto también un suicida brillo de compasión en los ojos de Arianne antes de morir? -------------------------------------------------------------------------------- © Ciencia Ficción Mexicana 2012 . tampoco los importunó hablándoles.nge! -sonó la voz de Akira desde el patio.nge subió a su cuarto sintiéndose muy cansado. pero una mirada feroz de Akira fue suficiente para hacerlo callar. -¡J. se preguntó Guinnivere. sin deseos de pasar frente a la puerta de la que había sido la habitación de Arianne. acompañado por la acostumbrada carta de condolencias del Estado. ¿Por qué. los sobrevivientes. los justificados. J.nge bajó encontró a su padre listo. J. Desde el interior de la casa. Akira realizó los trámites rápidamente mientras Guinnivere era atendido de un colapso nervioso. que sabía lo que era perder un hijo en los juegos. La última sensación que experimentó fue la tibia sangre sobre la que reposaba su mejilla donde había caído. pero ella ya no podía escuchar nada más.espada se clavó inútilmente en el suelo y su cuerpo siguió cayendo. Volvieron a casa manteniendo el mismo silencio duro. No tuvo que hacerlo. Guinnivere pudo ver entre las pocas lágrimas que le quedaban. todos aquellos cuyos hijos no habían logrado justificar su existencia en los juegos de este año. igual que todos los que viajaban con ellos. El golpe fue certero y la muerte llegó casi de inmediato. Cuando J. a percibir una serie de imágenes nebulosas en las que se veía a sí misma alternadamente como niña y como guerrera. estaba siendo lavado para llevarlo a la fosa común. girando hacia la hoja que la pequeña sostenía con firmeza. Su esposo recogió el recibo que cubría el costo del armamento de su fallecida hija.

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