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Primera parte Evolución del movimiento nacional
Introducción
Córdoba, 2 de febrero de 1987. En el Encuentro Nacional de estudiantes, Silvia Chaves era reconocida como secretaria general de ABUA (Asociación Bíblica Universitaria Argentina). Su tarea era acompañar y capacitar a estudiantes y profesionales en la misión, en los distintos grupos locales. Además sería responsable del funcionamiento de la oficina nacional, y de orientar la capacitación de los asesores y del equipo de trabajo. El acto de encomendación de Silvia fue realmente una fiesta de familia. Junto a los estudiantes de distintas provincias, se encontraban profesionales, líderes de iglesias, y miembros del equipo de Certeza, compartiendo desde sus respectivos lugares el compromiso con la misión estudiantil. En la foto, junto a Silvia, nueva secretaria general, están: Juan Harrower, asesor nacional saliente, australiano, presbítero de la iglesia anglicana de Belgrano, Buenos Aires; José Young, presidente del consejo Administrativo de ABUA, misionero, responsable de la iglesia de los hermanos libres de Villa Nueva, Córdoba, María Ester Giglioni, estudiante, del equipo de Certeza- ABUA; Rodolfo Arena, miembro del consejo administrativo y del Grupo de Apoyo de Buenos Aires; su esposa Cecilia, administradora de ABUA; Jorge Grippo, estudiante de Letras, miembro del equipo de Certeza- ABUA. Los estudiantes, que representan a los distintos grupos: Gabriela Cerra (Bahía Blanca), Beto Franco (Resistencia), Massi Nazr (Tucumán), Vivian Alves (Córdoba). El sostén de Silvia será provisto integralmente por el movimiento nacional, a través de aportes de los Grupos de Apoyo de Buenos Aires y de Resistencia, de Certeza y de otros ofrendantes. Siete años atrás, había sido necesario reconocer con dolor la imposibilidad de sostener adecuadamente el trabajo de Aníbal e Inés Moreira, aun contando con el apoyo de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos. Los escasos profesionales que mantenían su compromiso con el movimiento se preguntaban en 1980: “¿Es realmente éste un proyecto de Dios? ¿Puede serlo al precio de tanto sacrificio y sufrimiento?” Con la fortaleza que nace de la debilidad, comprometieron su fe y su esfuerzo junto al movimiento estudiantil. Dios fructificó la labor, iniciada de la importancia de dar a conocer a Jesucristo en la universidad.
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A lo largo de más de veinte años, y a través de innumerables vicisitudes, Dios había acompañado el desarrollo del movimiento estudiantil; su fidelidad actuó a través de la fidelidad de estudiantes y graduados comprometidos en evangelizar y discipular a sus compañeros. Desde distintos lugares del país, del continente y del mundo, Dios trajo a las personas necesarias para apoyar cada etapa y cada aspecto de la misión. También hubo errores, fracasos, ausencias. Más de una vez parecía que nada quedaba de todo el esfuerzo realizado. El tiempo y la reflexión ayudaron a aprender, aun a través de las crisis. Por eso se hizo necesaria esta crónica. Para recuperar y compartir nuestro desarrollo; para comprender nuestro pasado y aprender de la historia; Para fortalecer nuestra acción presente y nuestra visión del futuro. Este relato está dirigido a la “familia grande” de ABUA: a los estudiantes, a los profesionales, a los líderes, pastores, miembros de iglesia, amigos en general… Hemos procurado rescatar y sistematizar la documentación dispersa en distintos archivos, en diversas provincias, hemos procurado conversar con participantes de la vida del movimiento en sus distintas etapas. Detrás de los datos y los informes, quedan los rostros, las vivencias, las emociones, las anécdotas que nutren de vida los recuerdos. El trabajo fue elaborado en equipo, cotejando las fuentes, analizando los datos, discutiendo su interpretación. A medida que el relato se aproximaba a las circunstancias en las que nosotros mismos habíamos sido protagonistas, sin duda nos resultaba más difícil tomar una postura distante y evaluar con total objetividad. Sin embargo, creemos que era necesario abarcar hasta el presente, con la intención de que este relato sirva para informar, para evaluar, para aprender.

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Años pioneros
“Un nuevo campo misionero: la universidad.” (Roberto Young)1 La peña bíblica de Buenos Aires reunía cada quince días, desde 1949, a estudiantes y profesionales evangélicos. Nucleaba fundamentalmente a estudiantes provenientes de iglesias de los hermanos libres aunque tenía carácter interdenominacional, reflejado en el espectro de oradores invitados a dar conferencias y exposiciones bíblicas. La peña ofrecía a los estudiantes un espacio para pensar y tratar temas que se consideraban tabúes en las iglesias de la época. En Rosario se había constituido también una Peña Bíblica en 1958 en respuesta al estímulo del grupo de Buenos Aires. En Córdoba existía un grupo estudiantil, el CEUC (Círculo Evangélico Universitario de Córdoba). La evangelización era uno de los objetivos básicos por los cuales se habían constituido estos grupos. No se concebía como una misión de carácter personal del estudiante en la universidad: se llevaba a cabo a través de conferencias y exposiciones bíblicas a las que se procuraba acercar a estudiantes nuevos. Las reuniones se realizaban en casas de familia, que ofrecían un ámbito “neutro”, externo a la iglesia. Sin embargo, la actividad adoptaba un estilo formal, similar al de la denominación de la que procedía la mayoría de los estudiantes. Así las describe uno de ellos: “un orador invitado, un presentador, poca participación de los asistentes; el programa se completaba con actividades sociales y recreativas.”2 Marisa Barrera de Salibián, prosecretaria de la Peña de Buenos Aires en 1962, recuerda: “la política estaba junto a nuestras preocupaciones en aquella época; seguramente influía en ello nuestra formación en la iglesia, y también los sucesivos períodos de dogmatismo e intervención en la universidad. Sólo en ocasión del debate acerca de la enseñanza libre o laica los grupos asumieron una participación activa en cuestiones políticas.” Cada grupo provincial mantenía un programa independiente. El contacto se establecía de manera informal a través de los miembros y del intercambio de oradores. De vez en cuando un grupo invitaba a los

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Roberto Young: título de un artículo publicado en Pensamiento Cristiano, n4, diciembre de 1955, Córdoba, Argentina.
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Entrevista a Horacio Rueda e Ian Clifford, Córdoba, 1986.

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otros a una actividad especial: un retiro, un campamento. Estos encuentros se hacían en Mar del Plata, en la casa de la familia Shepherd, que había apoyado las actividades desde su inicio, y también en Diquecito, en las serranías de Córdoba. A través de los retiros y campamentos se forjó un vínculo cada vez mas intenso entre los grupos. Apoyaban a los estudiantes algunos profesionales que en años anteriores, mientras ellos mismos eran estudiantes, habían promovido el testimonio cristiano en la universidad. Estos esfuerzos pioneros habían dado lugar, ya en 1936, a algunas actividades tanto en La Plata como en Córdoba. En La Plata, Gwendolyn Shepherd, estudiante de medicina, orientada por un profesional que había participado en el movimiento estudiantil de Inglaterra; y en Córdoba Alejandro Clifford que entonces estudiaba medicina, acompañado por Miguel Ángel y Plinio Zandrino también estudiantes, se constituyeron en líderes de una experiencia pionera en el ámbito universitario. En 1947 Gwendolyn Shepherd, mientras realizaba estudios de posgrado en los Estados Unidos, tuvo oportunidad de participar en la Asamblea Constituyente de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos. La Comunidad núcleo los movimientos estudiantiles evangélicos que habían ido surgiendo en distintas naciones con el propósito común de dar a conocer a Jesucristo en la universidad. Los grupos se caracterizaban por el estudio sistemático de la Biblia como norma de doctrina y de vida, y por el énfasis evangelizador y misionero basado en el compromiso personal de los propios estudiantes. Apenas dos años después se designó a Roberto Young como pionero de la comunidad para América Latina. Durante diez años Young viajó por el continente, promoviendo la inquietud por la obra universitaria, “un nuevo campo misionero donde el estudiante debe actuar respaldado por la iglesia”, según su propia expresión. Roberto Young estimuló la asistencia de cuatro argentinos a la Asamblea Mundial de la Comunidad, en 1955. Luís Perfetti, Fredy Berk y otros dos miembros de la Peña de Buenos Aires tuvieron entonces la oportunidad de conocer el programa y los líderes de grupos estudiantiles de distintas partes del mundo. El hecho de que Roberto Young fuera norteamericano en un país donde se los rechazaba sin disimulo, hizo difícil su tarea en la Argentina, en el cual originalmente había elegido radicarse. Tampoco le fue fácil aquí la vinculación con las iglesias. Hacia 1957 se trasladó a Brasil. Su gestión en el continente contribuyó a despertar en los grupos estudiantiles la inquietud por coordinar una acción conjunta. Así nació la propuesta de convocar un congreso, “con el propósito de considerar cómo llevar a

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cabo la evangelización de los estudiantes latinoamericanos.”3 Roberto Young participó en la organización del Congreso de Cochabamba, que se reunió en 1958 con auspicio de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos. Alfredo Salibián, entonces estudiante de química, comenta el significado de este evento para los estudiantes en la Peña: “Cochabamba fue importante para nosotros. Fue un evento esperado; podríamos hablar de antes y después de Cochabamba. Nos sentíamos orgullosos de enviar a nuestros representantes a este encuentro; era la primera vez que enfrentábamos un desafío de esa índole, y nuestros delegados viajaron de la manera más económica. Volvieron impactados. Entonces vislumbré la experiencia de la Peña como algo más allá de lo amistoso, como algo formal, a nivel continental.” En Cochabamba nació AUGE (Asociación Universitaria de Grupos Evangélicos). Se integró un equipo de cuatro obreros sostenidos por la Comunidad, para cubrir cuatro regiones en las que se dividía operativamente el continente sudamericano. En este esquema de trabajo la Argentina quedaba incluida, junto a Paraguay, Bolivia, Chile y Uruguay, en el conjunto de países que se asignaron a Luís Perfetti, líder de la Peña Bíblica en Buenos Aires.4 Como muy poco después Perfetti decidió aceptar un ofrecimiento para trabajar en Cruzada Estudiantil, la responsabilidad fue transferida a Samuel Escobar, graduado peruano que había participado activamente de la vida del grupo estudiantil de su país. John White, médico misionero de origen inglés que trabajaba en un leprosario de Bolivia y que había participado como orador en el Congreso de Cochabamba, fue invitado a incorporarse como obrero de la Comunidad y coordinador del equipo. Alejandro Clifford fue designado para dirigir CERTEZA, órgano editorial de la Comunidad en América Latina, que había nacido también en Cochabamba. Así tomaban forma los sueños de algunos cordobeses y se respondía a una necesidad del estudiantado evangélico latinoamericano, huérfano hasta entonces de literatura reflexiva, crítica, Bíblicamente sólida. La editorial se radicó en Córdoba, donde vivía Clifford, y a la misma cuidad se trasladó Samuel Escobar, quien además de sus tareas pioneras en el Cono Sur integraría el equipo de Certeza. John White había fijado en 1959 la sede central de AUGE también en Córdoba, pero se trasladó al año siguiente a Buenos Aires, desde donde era más fácil comunicarse con el resto del continente. White y Escobar

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Samuel Escobar: La chispa y la llama, Buenos Aires, Certeza, 1978, p. 61. Id., p. 63

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se responsabilizaron de dos publicaciones, con la intención de tender lazos efectivos entre los grupos estudiantiles y proveerles materiales para la misión en la universidad: “intercesor” se publicaba mensualmente y tenía carácter primordialmente informativo; “Trimestre”, que salía con esa frecuencia, ofrecía guías de estudio bíblico y sugerencias organizativas. La comunidad se proponía estimular el surgimiento de movimientos nacionales en cada país, trabajando desde una estrategia a escala continental. La filosofía misionera de la Comunidad se asentaba tradicionalmente en tres principios: autogestión, autogobierno, autosostén. No faltaron obstáculos a la tarea pionera: la extensión de por sí enorme de ka región que se pretendía abarcar parecía más grande en un continente que todavía procuraba salir del subdesarrollo y donde las comunicaciones se dificultaban por la precariedad de rutas y servicios. En la Argentina no resultaba fácil promover proyectos conjuntos: conspiraba contra ello la tendencia localista de cada provincia, y también la actitud reacia hacia todo tipo de organización institucional. Marisa Salibián relata: “Nosotros no alcanzábamos a ver la necesidad de vincularnos a la Comunidad ni de organizarnos en un movimiento nacional. Funcionábamos bien como grupos provinciales y no veíamos razón para modificar nuestras estructuras. Recibíamos de la Comunidad el beneficio de la literatura de Certeza, de la presencia enriquecedora de sus obreros, del apoyo en nuestras actividades. Todos eso no nos costaba nada, y afiliarnos a la Comunidad no solucionaba nuestros problemas económicos, como la falta de un local propio, por ejemplo.” Alfredo, que era secretario de la Peña de Buenos Aires en 1960, agrega: “Teníamos con Samuel Escobar una relación muy amistosa, fluida; era latino, era casi de nuestra edad; era uno de los nuestros, que nos daba mucho… y gratis. No nos hacía sentir dependencia; nunca venía con imposiciones: buscaba consenso.” Con todo, “la chispa fue encendiendo”, y allí donde John White o Samuel Escobar tenían oportunidad de entrar en contacto un poco más estrecho y permanente con algunos líderes estudiantiles, se fue forjando una nueva comprensión de la misión estudiantil. Jorge Palejko, estudiante de arquitectura y presidente de la Peña de Buenos Aires en 1962, comenta: “Con ayuda de Samuel empezamos a entrar a las facultades. Colocamos transparentes en los que difundíamos nuestras actividades y presentábamos artículos de la revista certeza. Obsequiamos a las autoridades ejemplares de la Biblia, lo mismo que a los dirigentes estudiantiles.” Desde 1958 se vivían años de excepcional libertad académica, luego de un largo período de universidades intervenidas. El país participaba de un
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intenso y necesario debate de ideas y proyectos políticos, en un intento más por fortalecer la vigencia de las instituciones y establecer las bases de un desarrollo nacional auténtico. John White, que había militado en el movimiento estudiantil inglés, aportó su experiencia con el estudio bíblico. White recuerda: “Los estudiantes evangélicos descubrieron maneras metódicas de estudiar la Biblia y compartir su fe a través de la lectura reflexiva de las Escrituras. Con frecuencia los estudiantes no creyentes eran más abiertos y captaban mejor que los evangélicos la esencia del mensaje de Jesucristo.” También en Rosario se despertó la inquietud de los estudiantes en la Peña hacia esta modalidad de estudio bíblico. Silvia Roitberg, estudiante de psicología, era una rosarina inquieta y reflexiva, de familia judía. Había entrado en contacto con la Peña rosarina a través de su compañera de estudios, Gladis Margenet. En una oportunidad en que John White exponía sobre la conversión de Pablo, y respondía a las preguntas de Silvia siempre a partir del texto bíblico, ella exclamó: ¡pero hombre, usted no tiene ninguna opinión propia!” La experiencia de Pablo, rabino judío, no dejo descansar a Silvia hasta que ella misma encaró a Jesucristo con la pregunta decisiva: “¿Qué quieres que haga?” pocos años más tarde, motivada por las Jornadas de Estudio sobre el indio argentino, viajó por un mes al chaco salteño: allí encontró la respuesta a su inquietud vocacional, y poco después se radicaría durante doce años como docente misionera entre los tobas y matacos. Convencidos del valor de los campamentos como ámbito de vinculación y capacitación, White y Escobar organizaron un campamento en enero de 1962, en la Falda, Córdoba. Asistieron unos cuarenta y cinco estudiantes de Córdoba, Rosario y Buenos Aires, Samuel Escobar se trasladó luego temporalmente a Brasil, y White se mantuvo en contacto con algunos estudiantes: en julio de 1962 se realizó una reunión en Rosario, de la que participaron Marcelo Engler y Ricardo Colombo, que estudiaban en esa cuidad, además de Perla Ferrer, de Córdoba, y Betty Kennedy, de Buenos Aires. Esta comisión, coordinada por John White, organizó un nuevo campamento en Ongamira, en enero de 1963. Después Margenet fue elegido coordinador de esta primera comisión estudiantil, y las comunicaciones a los grupos circularon con una inscripción que leía: “Campamento Nacional de Estudiantes Universitarios Evangélicos”. Era la primera iniciativa estudiantil formalmente coordinada entre los tres grupos, y no fue fácil contar con la participación constante de todos los delegados. La organización del campamento parecía atrasarse y se demoraba la respuesta estudiantil a la convocatoria. Sin embargo, hacia fin de año se colmaron las plazas disponibles, y el campamento, dirigido por Keith Bentson, misionero de
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Córdoba, cumplió un amplio programa de exposiciones y estudios bíblicos en grupos. Se iba forjando, lentamente, la visión de un compromiso común. ¿Sería el momento de ver nacer una entidad de carácter nacional? ¿Estarían las iglesias dispuestas a reconocer esta extensión misionera interdenominacional en la universidad, dando el respaldo indispensable a la militancia estudiantil? El desarrollo inicial en los distintos grupos de provincia se había basado en gran medida en la iniciativa y los recursos de los estudiantes. El modelo de acción de la comunidad también se asentaba en los principios de autosostén, autogestión, autogobierno. ¿Se podría constituir un movimiento nacional en nuestro país a partir de estas premisas?

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Una Visión Nacional
En febrero de 1964, cuarenta y tres estudiantes de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, firmaron en Ongamira un acuerdo por el que decidían “unir sus esfuerzos para trabajar para la confirmación y extensión del testimonio a otros centros del país”. Así nació la Peña Bíblica Universitaria Argentina (PBUA).5 Se eligió una comisión directiva provisoria, integrada por Felipe Lewis como presidente y Oscar Margenet como secretario, ambos de Rosario. La completaban Adolfo Blanco, tesorero, y los vocales Bernardo Kuolakzsizian, Carlos Bonino y Jorge Rubén Mereshian. Bonino y Mereshian eran de Córdoba, y los dos restantes de Buenos Aires. 6 Esta comisión debía preparar y convocar el congreso estudiantil que daría existencia formal al movimiento. Desde 1964 varios elementos evidenciaban el surgimiento de un organismo nacional: el “Boletín”, que se publicaba bimestralmente, el campamento nacional que empezaba a ser una tradición, y las jornadas de estudio. Las jornadas, impulsadas por Samuel Escobar, se iniciaron en septiembre de 1964 con el tema “psicología y fe cristiana” y fueron una de las primeras actividades formales organizadas a escala nacional. Dice Felipe Lewis: “La idea era tomar temas que tuvieran relevancia intelectual o social u encararlos desde el punto de vista cristiano.” El 1er. Congreso Nacional se convocó en Ongamira el 20 de enero de 1965; asistieron representantes de los grupos de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, y también estuvieron presentes estudiantes de Tucumán, La Plata y Villa María. Allí se dio forma institucional al acuerdo de 1964, con la aprobación de los estatutos de la Peña Bíblica Universitaria Argentina.7 Se constituyó un Consejo Administrativo con tres profesionales y tres estudiantes, designado como primer presidente a Norman Romanenghi, médico que colaboraba con el grupo de Córdoba. El congreso reconoció como “secretarios itinerantes” a los estudiantes Felipe Lewis y Oscar Margenet, y a Samuel Escobar, sostenido por la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (CIEE). Entre ellos coordinarían los programas que surgieran, las publicaciones y las visitas a nuevos centros. Además del “Boletín”, la nueva agrupación nacional

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Original en Archivo Histórico de ABUA, oficina nacional. Boletín de la PBUA, año 1, n1, marzo 1964. Libro de Actas de congresos, 1 congreso, pp. 1-8.

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encaró la publicación de “Dynamis”, que ofrecía artículos, informaciones y sugerencias prácticas para el trabajo en los grupos. Con la presencia de Illia, el país transitaba nuevamente un período constitucional que a pesar de sus dificultades, garantizaba una apertura beneficiosa para la vida cultural y universitaria. Esta circunstancia facilitó el nuevo énfasis que tomó la misión estudiantil. En uno de los boletines se subrayaba: “Lo ideal es llevar el mensaje al lugar donde el estudiante lucha y trabaja: la facultad.”8 Con este propósito se iniciaron conferencias en las propias universidades, que serían una de las notas distintivas de la estrategia de la PBUA en sus primeros años. El primer esfuerzo evangelístico coordinado en varias universidades del país tuvo lugar en 1965 con la invitación al psiquiatra Hans Bürki. El ciclo se cerró con un retiro nacional en Tucumán, ocasión en que se presentó formalmente el grupo estudiantil tucumano ante la universidad. Allí, David y Elsie Powell, graduados en Córdoba y radicados en Tucumán unos años atrás, habían iniciado algunas actividades estudiantiles, con la colaboración del pastor Vicente Triputti, de la iglesia metodista, y de Arno Enns, misionero bautista. El impacto de la visita de Bürki dejó en los grupos la convicción de que era necesario y posible entrar abiertamente en las universidades con el mensaje bíblico. El movimiento comenzó a extenderse hacia nuevos centros universitarios. Samuel Escobar visitó Villa María y La Plata, además de continuar apoyando a Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Tucumán. Las Peñas mantenían sus reuniones quincenales tradicionales, pero se iba introduciendo una nueva modalidad: conferencias abiertas, convocadas en las propias facultades, sobre temas que respondían al interés del estudiante y reflejaban el estilo académico propio de las universidades. Héctor Goya, estudiante de física, fue invitado a la conferencia que dictaría en Buenos Aires el destacado físico nuclear inglés, Robert Boyd. La conferencia debió suspenderse por problemas de índole política que impidieron el desarrollo normal del congreso al que asistía Boyd. Estela Sharpin, líder del grupo local, se acercó a ese estudiante desconocido y lo invitó a la conferencia alternativa que iba dar Hans Bürki, nuevamente de visita en el país. Allí Héctor conoció a Jesucristo; conoció también a Aníbal Moreira, estudiante de química, quien lo acompañó y discipuló en el desarrollo de su fe. En poco tiempo, Héctor compartía entusiasmado, entre sus compañeros, su fe en Jesucristo. A principios de 1966 la Comunidad ofreció en Lima el 1er. Curso de Capacitación para líderes de los grupos en América Latina. El curso tuvo
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Boletín de la PBUA, año 2, n2, mayo-junio 1965.

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un mes de duración, y estuvo a cargo de maestros como Pedro Savage, Samuel Escobar, René y Washington Padilla, Hans Bürki y otros. Cuatro delegados asistieron representando a la Argentina: Oscar Margenet y Silvia Roitberg, de Rosario, y Estela Sharpin y Aníbal Moreira, de Buenos Aires. La asistencia de estos delegados fue subvencionada en un 70% por la Comunidad Internacional. Estos cursos continentales ofrecieron una excelente oportunidad de formación y de contacto con grupos latinoamericanos. En años sucesivos, distintos líderes estudiantiles asistieron a los cursos, aunque no siempre transfirieron ese aprendizaje al ámbito del movimiento nacional. A los dos años de su organización formal, la PBUA se había afianzado y había comenzado a extenderse hacia nuevos centros. Sin embargo, en el año 1966, debió responder a conflictos en los más diversos frentes. El grupo de Rosario, uno de los más activos en este período, entró en crisis por un conflicto suscitado con una iglesia local, y pese a los intentos realizados por salir adelante terminó por dispersarse. Felipe Lewis se había trasladado a Córdoba, desde donde ejerció su rol de obrero estudiantil y más tarde asesor regional y nacional. Marcelo Engler, una vez graduado, retornó a Santa Fe. Procuró iniciar un grupo entre estudiantes con apoyo del Dr. Rubén García Paganini, pero no encontraron respuesta en el ambiente evangélico. Silvia Roitberg se trasladó al chaco salteño, donde se radicó como maestra y misionera. Oscar Margenet trabajó por unos meses en Resistencia, y allí pudo apoyar al grupo estudiantil incipiente, y promover la apertura interdenominacional y el contacto con el movimiento nacional. Sin embargo, a su regreso a Rosario, diversas circunstancias lo alejaron durante más de una década de la Argentina. Por esa misma época los grupos recibieron el impacto de los conflictos que se plantearon en las iglesias, a raíz del movimiento carismático que recién comenzaba en la Argentina, y del cual Keith Bentson, que había colaborado en campamentos universitarios, era una de las figuras más destacadas. En el movimiento estudiantil se procuró sostener una postura equilibrada, evitando que se impusiera un punto de vista único, y ofreciendo comprensión y orientación a los estudiantes que se sentían marginados o confundidos en sus iglesias. Esta actitud evitó rupturas en el seno del movimiento, pero le restó apoyo por parte de líderes de iglesias que no comprendieron esta posición. A mediados de 1966 Samuel Escobar se trasladó por un año a España, con el propósito de realizar estudios de doctorado. Invitó a Douglas Stewart, obrero de la Comunidad que había trabajado una temporada en Bolivia, a reemplazarlo en la Argentina. La situación universitaria ya se había tornado crítica: la creciente politización del estudiantado había convertido a las facultades en foros
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de permanente debate sobre asuntos nacionales e internacionales, y el “orden” que buscaba el gobierno militar de Onganía no admitía esta agitación. La represión en la Universidad de Buenos Aires se mostró cabalmente en la dramática “noche de los bastones largos”, que abrió un sombrío período de exilios y cesantías. En septiembre del mismo año, la represión cobró en Córdoba la vida de Santiago Pampillón, estudiante de medicina. Desde allí, Felipe Lewis escribía a Douglas Stewart, su nuevo compañero de trabajo: “el grupo cordobés se encuentra desorientado y disperso por la situación universitaria reinante. Seguimos con las actividades de siempre, pero pienso que nuestros compañeros deben verlas como algo desconocido de la realidad universitaria presente.” Una circular del grupo cordobés expresaba: “la sombría situación universitaria nos afecta profundamente como individuos y como grupo. La muerte innecesaria de un compañero nos entristece (…); deseamos fervientemente la paz, pero como universitarios no podemos permanecer pasivos ante el conflicto. Y esta situación lleva fácilmente a un sentido de frustración y desorientación. Oremos por la universidad, por los estudiantes y profesores que la forman, y por nuestro testimonio, que sea claro y eficaz en este momento de confusión.” En estas circunstancias poco favorables inició Douglas su trabajo en la Argentina. Los estudiantes no veían con gusto la incorporación de un norteamericano y el grupo de Buenos Aires, le manifestó su preferencia de que no se radicara allí sino en La Plata. Douglas decidió quedarse en Buenos Aires, convencido de que era preciso fortalecer los grupos existentes, formar integralmente a los estudiantes y afianzar el énfasis en la evangelización personal. Gradualmente, Douglas y su esposa Marilyn se ganaron el afecto y la aceptación de los estudiantes. “Douglas no resultó el yanqui que no imaginábamos”, recuerdan Héctor y Susana Goya. Susana señala: “Douglas era un enamorado de Buenos Aires, era joven, compartía nuestros gustos porteños. A la vez, sentíamos su autoridad espiritual. El y Marilyn nos formaron como cristianos, como estudiantes, como pareja. Nos enseñaban la vida. Hasta geográficamente nos resultaban accesibles, porque vivían en once.” Y Héctor agrega: “Con el redactábamos, imprimíamos y distribuíamos volantes que trataban temas de interés entre los estudiantes. Eran épocas conflictivas, y no faltaron ocasiones en que la policía impidió la actividad en las facultades.” Al reflexionar sobre su trabajo en Argentina, Douglas recuerda: “Los estudiantes evangélicos provenían de iglesias tradicionales y se sentían, en general, inseguros de entrar en diálogo con sus compañeros. No tenían muy buena formación bíblica y vivían un tanto ajenos a la crisis
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universitaria. Usaban una “jerga evangélica” extraña al lenguaje universitario y sus iglesias no los estimulaban a tener contacto con otros estudiantes evangélicos ni a encarar activamente la evangelización.” Para estimular una militancia más activa se coordinó un proyecto con Adolfo Puricelli, de Sociedades Bíblicas, capacitando a los estudiantes para relacionarse con sus compañeros a través de la venta de Biblias, Nuevos Testamentos, y literatura de Certeza. Felipe Lewis recuerda que “pese a las resistencias iniciales, con Adolfo los estudiantes aprendieron a acercarse y a entrar en diálogo con sus compañeros.” Durante los años siguientes se repitió la experiencia en Córdoba, Tucumán y Resistencia, precedía siempre de un período de capacitación de los estudiantes. El primer Boletín de 1967 expresaba: “Desafío 1967. El énfasis está puesto en lo que sigue al momento de entregar una Biblia. Este será el primer paso. Los interesados podrán tomar contacto para continuar estudiando la Palabra que han recibido. Se formarán grupos de seis a ocho personas para orar, compartir experiencias y estudiar la Biblia.” Los dones pastorales de Douglas le permitieron profundizar el discipulado integral de los líderes estudiantiles y estimularlos al evangelismo personal a través de células de estudio bíblico y salidas a las facultades. Sin dejar totalmente de lado las conferencias ni las jornadas de estudio, que caracterizaron los primeros años de la Peña, Douglas consideró necesario equilibrar el acento intelectual que primaba en las actividades, enfatizando la formación integral de las personas y de los grupos. No habían en el movimiento mucha claridad con respecto a los roles de un asesor nacional o regional. Douglas y Felipe distribuyeron las regiones del país para responsabilizarse por el apoyo a los distintos grupos, y juntos visitaron nuevos centros. Largos caminos polvorientos hacia Resistencia, repetidos viajes a Bahía Blanca y La Plata, visitas a Tucumán y Mendoza fueron acompañando la iniciativa estudiantil en el surgimiento de núcleos de estudiantes comprometidos con la misión en las distintas universidades el país. El sostén de Douglas y parte del de Felipe era provisto por la Comunidad; los grupos, por su parte, cubrían en buena medida los gastos de viaje a los asesores. El desarrollo de los grupos nunca fue fácil. En más de una ocasión fue necesario casi volver a empezar, cuando no quedaban sucesores formados que ocuparan el lugar de los líderes que se graduaban. Eran los años del protagonismo juvenil en muchos lugares del mundo: el hipismo, la música nueva, le “mayo francés”, la guerrilla latinoamericana, todo formaba parte de una nueva manera de los jóvenes de enfrentar una sociedad cuyas contradicciones se hacían cada
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vez más evidentes. En Argentina, la dictadura había adoptado una postura moralizadora y mesiánica que llegó al extremo de dictar normas sobre la moda juvenil. Se prohibieron los centros de estudiantes, y los universitarios fueron enfrentándose cada vez más abiertamente con el gobierno. En mayo de 1969 la policía en Corrientes reprimió una protesta estudiantil por el aumento en los comedores y murió un estudiante. Se realizaron marchas de silencio en distintas ciudades y se sumaron otras muertes, en un espiral de violencia que en poco tiempo iba a alcanzar niveles desgarradores. En septiembre de 1969 el barrio Clínicas, clásico barrio universitario de Córdoba, se transformó en epicentro del levantamiento popular que se conoció como “el Cordobazo”, protagonizado especialmente por obreros y estudiantes: dejó un saldo de catorce muertos y marcó el derrumbe del gobierno de Onganía, que poco después sería relevado por otro militar. Pese a las dificultades externas e internas, el movimiento estudiantil fue extendiéndose hacia distintas universidades del país y enfatizando el protagonismo del estudiante en la misión. Se había afianzado su identidad nacional, a través de metas y proyectos en común. Hacia fines de la década del sesenta había ya una estructura nacional con estatutos reconocidos oficialmente el 27 de septiembre de 1968. El movimiento había modificado su nombre por el de Asociación (entendida como nucleamiento de grupos autónomos), adoptando la sigla ABUA. 9 La conducción se ejercía a través de un consejo ejecutivo formado por estudiantes representantes de los distintos grupos, elegidos por el congreso nacional de estudiantes, y respaldado en lo administrativo y legal por un consejo administrativo. Este se integraba con profesionales o líderes evangélicos reconocidos en sus iglesias. En 1967 el movimiento argentino había sido formalmente incorporado a la Comunidad internacional de Estudiantes Evangélicos.10 ABUA definía su lugar junto a otras instituciones presentes en la universidad, como la Cruzada Estudiantil y el Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC). El estilo característico de ABUA era la evangelización basada en la autogestión estudiantil y el énfasis en el estudio sistemático de la Biblia. En 1969, pese a si deseo de volver a la Argentina después de su primera licencia, Douglas acató las disposiciones de la Comunidad, que en entendía que no debía interferirse el carácter autóctono del movimiento estudiantil prolongando la permanencia de misioneros extranjeros. Felipe Lewis fue designado asesor, sostenido principalmente por la Comunidad, con el fin de reemplazar luego a Douglas Stewart.
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Libro de Actas de Congresos, lll Congreso, pp. 16-21. Boletín de ABUA, año 4, n3, julio-septiembre 1967

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Desde Córdoba, continuó visitando las distintas provincias, con el propósito de mantener y consolidar los grupos constituidos. En el marco de la conflictiva vida cultural y política argentina, ¿podría el movimiento estudiantil responder con madurez al desafío de la misión universitaria? ¿Cómo acompañar a los estudiantes en su misión, asegurando la estabilidad en la vida de los grupos y mayor continuidad en la acción estudiantil?

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Crisis y desorientación
“… el dolor de estar siempre volviendo a empezar…” Pese a la existencia de una estructura formalmente organizada, y a la creciente iniciativa en distintas provincias, la brevedad del período en que ejercieron como asesores tanto Douglas Stewart como posteriormente Felipe Lewis dificultó la consolidación del movimiento nacional. Al retirarse Felipe a fines de 1970 no se contaba con una base de respaldo pastoral y financiero que permitiera sostener un asesor. David Evans, pastor anglicano que venía colaborando con ABUA desde su llegada al país, aceptó en 1971 cubrir temporalmente la asesoría nacional sin recibir sueldo, hasta tanto pudiera designarse un asesor argentino. David define su trabajo en estas palabras: “mi intención era promover un fondo nacional que sostuviera luego a Aníbal Moreira como asesor. Costó muchísimo. Era muy difícil lograr que los ex peñistas continuaran colaborando económicamente con el movimiento, quizás porque durante diez años habían contado con obreros sostenidos por la Comunidad. En Córdoba, por ejemplo, anduve con una lista larga, buscando a uno por uno. Quizás una de las razones de la dificultad para conseguir apoyo era que muchos de ellos pertenecían a iglesias que no respaldaban proyectos interdenominacionales.” “Aun cuando reconocían el aporte que ABUA había sido en sus vidas, no mostraban una respuesta de gratitud a través del apoyo económico para continuar la obra.“ ¿Cómo desarrollar, ya durante la vida estudiantil, una actitud de compromiso y responsabilidad económica por la obra universitaria? Esta era una preocupación que se había revelado desde el surgimiento del movimiento nacional. Así lo había manifestado la editorial del “Boletín” en julio de 1967: “Parecería que no nos sentimos responsables de la ABUA, agrupación estudiantil evangélica Argentina, a pesar de que somos estudiantes evangélicos argentinos sabemos que la ayuda actual de la comunidad es accidental, y como tal, no obligatoria. Es hora de madurar.” La falta de respuesta a lo largo de los años hizo que el aspecto económico de la obra estudiantil quedara a comienzos de la década del setenta a cargo de un grupo reducido de personas de mucha dedicación pero poco vinculadas al ambiente universitario. La fidelidad de estas personas permitió sostener a Aníbal e Inés Moreira durante su permanencia como asesores regionales en La Plata; pero la falta de relación directa con los estudiantes les impidió acompañar al
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movimiento de manera efectiva cuando la situación universitaria y nacional se tornó crítica. En el orden político, es país atravesaba un período de convulsión institucional. El régimen militar, decadente, convocó a elecciones. El debate ideológico se expresaba a través de posiciones extremas, de acciones violentas. La participación del estudiantado fue intensa en este período de la vida nacional. Los estudiantes de ABUA se hicieron eco de estas inquietudes. Susana Goya recuerda: “Antes habíamos tenido un acercamiento teórico a los asuntos políticos y sociales. La nueva generación, en cambio, se sentía convocada a participar.” La literatura de Certeza nutría la reflexión estudiantil. En 1967 Samuel Escobar había reemplazado a Alejandro Clifford en la dirección de la revista Certeza, y en 1972 se hizo cargo René Padilla, al mismo tiempo Secretario Regional de la Comunidad para América Latina. Desde la revista se abordaron temas de mucha significación, como la justicia, la violencia, el capitalismo, la drogadicción, la sexualidad, el marxismo, la familia, y muchos más. Pero a pesar de la presencia estimulante de teólogos y líderes de la Comunidad radicados en Argentina, no era fácil acompañar a los estudiantes en la búsqueda de formas concretas de compromiso donde pudieran dar expresión a las enseñanzas recibidas. En 1970 se repartieron en las universidades 50.000 ejemplares del follero “No estoy de acuerdo con Dios”, que provocaron 300 pedidos del curso “Fe para hoy”. Samuel Escobar acompañó esta actividad con un ciclo de conferencias evangelísticas en las facultades. Sin embargo los grupos no estuvieron siempre en condiciones de responder a las demandas pastorales de sus compañeros. Algunas iglesias en las que predominaban las tendencias conservadoras, reaccionaron negativamente a los escritos de René Padilla y Samuel Escobar, y no estuvieron en condiciones de contener las inquietudes de los estudiantes. Juan Carlos Berchansky, estudiante de historia y presidente del Consejo Ejecutivo en 1970, considera: “Las iglesias no respondían a los problemas con los que los estudiantes nos veíamos constantemente confrontados en la universidad. La dificultad de dialogar en la iglesia y de responder desde la fe a los planteos de la realidad, significó, en mi caso, un conflicto de fe que me alejó temporariamente de la iglesia.” La experiencia de Juan Carlos no fue la única. Otros vivieron situaciones similares. Faltaban en el movimiento nacional profesionales dispuestos a acompañar a los estudiantes en el campo del conflicto. El Campamento de trabajo en una cooperativa rural de Los Ralos, Tucumán, en 1971, fue una de las manifestaciones de la preocupación social de los estudiantes. El grupo de Tucumán había iniciado el contacto
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y el trabajo durante algunos meses previos. Durante quince días, casi cuarenta estudiantes de distintas provincias participaron en tareas de vacunación, construcción de letrinas, y recreación, compartiendo el trabajo cotidiano de las familias, en cuyas casas almorzaban. La jornada se completaba con estudios bíblicos dirigidos por Adolfo Puricelli. Si bien la experiencia significó un hito en la formación de quienes participaron, puso de manifiesto la divergencia creciente entre los que apoyaban un compromiso social más permanente y los que no consideraban esta vertiente como un eje propio del movimiento estudiantil. Aunque surgió como expresión de la reflexión que se venía promoviendo, provocó disidencias porque era algo nuevo. La crisis que se venía gestando se puso de manifiesto en 1972. El informe de David Evans al IX Congreso fue: “El Campamento Nacional no ha tenido realmente participación nacional.” En realidad, apenas asistieron cinco estudiantes. Este hecho reflejaba la declinación de los grupos locales, totalmente dispersos. En junio del mismo año, Aníbal e Inés Moreira se radicaron en La Plata, con la intención de establecer desde las bases un nuevo grupo local y restablecer desde allí el movimiento nacional. Inés relata que iniciaron el trabajo orando juntos y pidiendo a Dios otro hermano con quien orar. Empezaron a visitar pensiones de estudiantes invitándolos a tomar mate y estudiar la Biblia en su casa. De acuerdo con el ejemplo que había recibido de Douglas Stewart, Aníbal puso el acento en la formación integral de líderes, y en promover el evangelismo personal y el estudio bíblico. Procuró establecer un grupo en la facultad donde estudiaba química. Beatriz relata: “Yo recién había conocido a Jesucristo por el testimonio de un compañero, Hugo Landerreche, de la iglesia de los hermanos libres, y amigo de Roberto Romagnoli. Queríamos evangelizar pero no sabíamos bien cómo. Fue Aníbal quien nos desafió a iniciar un grupo de estudio bíblico en la facultad. “En el país quedaba muy poco de ABUA. Más que grupos había personas aisladas en distintos puntos del país. Aníbal estaba intentando, en su primer año como asesor, recomenzar en La Plata. “El grupo se organizaba a partir de un núcleo que se reunía para orar, capacitarse y planificar. Usábamos las guías de Certeza; también estudiábamos Cristianismo Básico y toda la serie “El hombre y sus posibilidades”, de La Aurora. Vendíamos la revista Certeza en las facultades, teníamos puestos de venta de libros, células evangelísticas, encuentros con grupos políticos y católicos para intercambiar experiencias; también hacíamos un trabajo social en el barrio “ Los Arroyitos”, en Los Hornos, junto con la iglesia reformada de La Plata.
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“Todos teníamos serios problemas económicos e intentábamos vivir en forma comunitaria, ayudándonos unos a otros. Poco a poco fuimos recibiendo mayor apoyo de los profesionales en La Plata, hasta que pudimos alquilar una oficina propia y aumentar la cuota al movimiento nacional. Recibíamos un apoyo importante de algunos pastores, entre ellos Arnold Rumph, de la iglesia reformada.” También en 1972 resurgió la actividad en Córdoba. El informe anual en el Consejo Administrativo expresaba: “alrededor de Ricardo Zandrino, Horacio Rueda y Alfredo Gullén, se encaró con visión amplia y actual el testimonio en la universidad, creando el MUC (Movimiento Universitario Cristiano).” Horacio recuerda que “se enfatizaron los estudios bíblicos en grupo, enfoque que fue pacientemente estimulado por Samuel Escobar, David Evans, y José Young, que después de renunciar a Certeza en 1974 había seguido colaborando con ABUA desde Villa Nueva, provincia de Córdoba.” Ricardo Zandrino, estudiante de medicina, relata: “Era un momento muy difícil: violencia, represión, efervescencia política. Creo que teníamos un buen compromiso con la realidad que vivíamos y no teníamos miedo de polemizar y dar razón de nuestra fe frente a otras corrientes políticas y filosóficas. La misión se hacía de manera personal, en las aulas. Como grupo vendíamos Biblias, literatura, escribíamos y repartíamos volantes.” Próximo a graduarse, fue invitado a incorporarse como asesor local de tiempo parcial en Córdoba. Razones familiares y profesionales le hicieron desistir, pesa a su interés por apoyar el movimiento. Hubo otros intentos de revitalizar la acción en los grupos locales: se solicitó para ello la colaboración de personas radicadas en distintos lugares, que pudieran estimular el resurgimiento del testimonio estudiantil. A Silvia Roitberg se le pidió que apoyara al grupo de Resistencia, para lo cual viajó en varias oportunidades por caminos de tierra desde Embarcación, provincia de Salta. Silvia comenta “Me faltaron directivas y apoyo económico para continuar la tarea.” En Resistencia, Valerio Bonduruk, Juan Sabadini, Layo Michaelec, ya profesionales, mantuvieron su apoyo constante a los estudiantes y procuraron mantener al grupo pese a todas las dificultades. Alicia Yolde, contadora, se comprometió como asesora asociada a Tucumán, sin remuneración. Nucleó un grupo de estudiantes, pero su tarea fue obstaculizada por la falta de respaldo de las iglesias locales y la distancia, que dificultaba la comunicación con el equipo nacional. En 1975 Silvia Chaves fue designada asesora local de tiempo parcial en Bahía Blanca, mientras continuaba estudios de psicología. Dice Silvia: “Las personas que me acompañaron a tomar la decisión y en mi formación como cristiana fueron David Evans y Aníbal e Inés Moreira. El
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vínculo con el grupo de La Plata fue decisivo para mi estabilidad y fortalecimiento, y para el desarrollo del grupo en Bahía. Los estudiantes de La Plata nos visitaban con frecuencia y nos apoyaban en tareas de evangelización y discipulado. Apoyaron mi formación dándome una beca para libros a través de la librería La Peña.” David Evans fue trasladado por su misión al Perú en 1976. En nuestro país, la violencia, el miedo y la desorientación fueron infiltrándose lenta e inexorablemente en todos los ámbitos de la convivencia. Las normas que puso en vigencia la política militar impidieron la evangelización directa en la universidad. Recuerda Silvia Chaves: “El consejo Administrativo me extendió una carta de presentación donde constaba que en la casa de mis padres nos reuníamos con estudiantes, con fines religiosos.” También el grupo de La Plata debió contar con credenciales para reunirse. En 1977 Aníbal Moreira fue reconocido como asesor nacional. Mientras, la situación económica se volvía cada vez más crítica. En ABUA esta presión restringió la posibilidad de los asesores de visitar periódicamente los grupos, a los estudiantes les resultaba difícil asistir a los encuentros nacionales, y se llegó a pensar en mantener solamente encuentros regionales, como una salida de emergencia. El movimiento no podía cubrir integralmente el sostén de los asesores, y Aníbal Moreira debió tomar un trabajo complementario. La situación podría sintetizarse como de desprotección y desorientación. Nada ofrecía seguridad en una sociedad convulsionada hasta sus raíces. Quienes militaban en el campo estudiantil necesitaban imperiosamente acompañarse unos a otros. Aníbal propuso la integración de un equipo de discipulado, “Como un espacio donde conocernos, integrarnos, alimentarnos y proyectarnos.” Convocó a personas de distintas provincias, que tenían vinculación con ABUA y un compromiso profundo con Jesucristo. Era un grupo amplio y heterogéneo: Valerio Bondaruk, Samuel Escobar, René y Cathy Padilla, Pedro Savage, Cristina Arena, Linda Sellevaag, Jorge Serraíno, Miguel de Lucca, Beatriz Buono, Nora Redaelli, Alicia Yolde, Alejandro Gómez, Rodolfo Arena, Adolfo Wyzengrad, Silvia Chaves, Oscar Lobo, David y Elsie Powell, Héctor y Susana Goya, Ricardo Zandrino, Nicolás López, Cecilia Méndez y Marcelo García. Aníbal les hizo llegar un documento donde los desafiaba a tomar un compromiso en cuatro áreas: “…un estilo de vida que exprese el señorío de Jesucristo; discipular a otro estudiante o profesional; promover la misión estudiantil durante tres años en el lugar de residencia y apoyar

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económicamente al movimiento.” 11 se esperaba que cada uno, con el apoyo del equipo, cumpliera en su lugar de origen con el compromiso de respaldar económica y espiritualmente la obra estudiantil. Se realizó un encuentro en septiembre de 1977, pero las tensiones que se vivían en el país fueron superiores a las posibilidades del grupo, disperso por distintas regiones. Pese a ello, varias de estas personas mantuvieron su compromiso personal, y por su intermedio Dios actuó fortaleciendo la fe y la vida de nuevos estudiantes. A las dificultades externas, se sumaron tensiones internas: había diferencias de concepto respecto a las tareas que debía cumplir el asesor; en el Congreso los estudiantes habían recomendado que Aníbal no fuera absorbido por las tareas administrativas, ya que sus dones pastorales le permitían cumplir un rol eficaz en el contacto con los estudiantes. Las necesidades del movimiento, sin embargo, le exigían atender otras tareas. Faltaba claridad en el proyecto institucional, y se acentuaron las diferencias ideológicas en el seno del Consejo Administrativo. La comunicación se volvió menos fluida, y esto llevó a que varios de sus miembros renunciaran entre 1976 y 1978. Todos estos conflictos debilitaron aún más el respaldo económico y precipitaron la crisis institucional. El sentido de comunidad se deterioró y Aníbal quedo cada vez mas desprotegido en su tarea. En la Asamblea mundial de la Comunidad de Noruega, Samuel Escobar informó que en América Latina existían movimientos en desarrollo y movimientos que pugnaban por sobrevivir; pero describió a ABUA como un movimiento agonizante: “La Argentina está enfrentando una seria crisis: dificultades financieras, problemas pastorales en el quipo y una comunicación inadecuada con las iglesias.” 12 Aníbal Moreira representaba a la Argentina en esa Asamblea, y lo que allí se dijo se sumó a la tensión que ya venía soportando a nivel personal y familiar. A su regreso, y luego de consultas con René Padilla y miembros del Consejo Administrativo, presentó su renuncia. Nuestro primer ensayo de autonomía había fracasado. En un intento de responder a la crisis en el movimiento y a la renuncia de Aníbal, los pocos miembros que quedaban en el consejo Administrativo convocaron a un grupo de personas a reflexionar sobre la situación y tomar decisiones hacia el futuro. Silvia Chaves, Olga Horwitz, Graciela Jordán, Graciela Berchansky de Fernández Arjona, Beatriz Buono, Harvey Stob, Silvia Buxó y Juan Harrower (recién llegado al país), analizaron la

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“Documento de compromiso”, Archivo Histórico de ABUA, oficina nacional. Informe del Secretario Regional para América Latina, en la Asamblea Mundial de CIEE, 1979.

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situación y comprometieron el aporte que cada uno estaba en condiciones de ofrecer. Después de la reunión expresaron: “La vista nos da solamente para un año. Pero afirmamos nuestro espíritu de esperanza y búsqueda de la voluntad del señor para esta hora. 13 Aun en medio de la conflictiva realidad nacional e institucional, hubo estudiantes que mantuvieron su compromiso con Jesucristo y su militancia cristiana. Silvia Yolde, por ejemplo, estudiante de agrimensura en Tucumán, discipuló a Luís Acosta, compañero de facultad que había conocido a Jesús por su intermedio. Adriana Iraola, que cursaba psicología en Bahía Blanca, acompaño en su crecimiento espiritual a Ana Mónica Gonzáles, estudiante de historia, y evangelizó a Luís Alberto José, que estudiaba letras. Valerlo Bondaruk, en Resistencia, continuaba discipulado a Beto Ayala, estudiante de arquitectura. Todas estas personas, que recibieron formación integral y directa de parte de otros estudiantes o profesionales llegarían a ocupar roles significativos en etapas posteriores del movimiento nacional. En ese mismo y conflictivo año de 1979 había llegado al país la familia Harrower, apoyados por la misión CMS, e invitados por ABUA como una manera de cubrir las necesidades del ministerio sin agravar la presión económica en el movimiento. A su llegada, la crisis del movimiento comenzaba a precipitarse, y todo parecía anticipar una experiencia negativa. En conocimiento de la situación, el secretario general de la Comunidad Internacional escribió ofreciéndoles traslado a otro país, como obreros asociados a la Comunidad. Los Harrower decidieron quedarse, y por razones de salud de Gayelene, esposa de Juan, debieron permanecer en Buenos Aires en vez de trasladarse al interior del país. Relata Juan: “Fue muy valioso el apoyo que nos brindaron en ese período tan difícil algunas personas cercanas al movimiento: Mary Savage, Cathy Padilla, además de Beatriz Buono y Silvia Chaves, que eran casi las únicas personas que quedaban en el Consejo Administrativo.” La profundidad de esta crisis levanta varias preguntas: ¿Por qué no habíamos podido resistir las presiones conflictivas del medio? ¿Por qué no habían surgido otros líderes, especialmente varones, en condiciones de reemplazar a Aníbal? ¿Cómo acompañar a los estudiantes a crecer de manera integral en una sociedad tan enferma?

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Circular del CA, 19 de diciembre de 1979.

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Una Familia en Misión
“En un mundo inestable y en una época inestable, el universitario no está solo. Dios y su familia lo acompañan en Misión.” (Silvia Chaves)14 En el año 1980 parecí un torbellino de crecientes dificultades. Había grupos estudiantiles en varios lugares: Bahía Blanca, La Plata, Buenos Aires, Tucumán, Resistencia; pero no había asesor nacional ni una estructura en condiciones de capacitar y acompañar a los estudiantes en su misión. La crisis se evidenciaba en la falta de una oficina y de coordinación a nivel nacional, en el escaso apoyo profesional, en la carencia de asesores y de un equipo de trabajo, y en la falta de recursos materiales. Los estudiantes sufrían la crisis económica, la inestabilidad universitaria, la desorientación personal. Silvia Chaves y Beatriz Buono renunciaron a sus cargos como asesoras locales. Silvia reflexiona: “Por un lado queríamos hacer experiencia en nuestras profesiones; pero también era evidente que el movimiento atravesaba serias dificultades económicas e institucionales, y era necesario replantear nuestra relación con ABUA. Sin embargo, las dos continuamos comprometidas con los estudiantes: estaban solos, y era preciso acompañarlos.” Juan Harrower se preguntaba: “¿Qué puedo aportar yo en esta situación? ¿Dónde hay vida? ¿Quiénes somos realmente?” Comenzó a reunirse en forma regular con Beatriz y Silvia en el bar “Rioja”, en Once, Buenos Aires, para reflexionar juntos acerca de la realidad argentina, la situación de los grupos, las posibilidades del movimiento. ¿Cómo elaborar una estrategia que diera estabilidad y continuidad al movimiento estudiantil en una realidad tan conflictiva e inestable? Juan sentía la necesidad de definir la identidad del movimiento y elaborar un modelo de trabajo adaptado a la idiosincrasia el país. Observó que los únicos modelos institucionales que lograban continuidad en la Argentina eran la iglesia oficial, el ejército y la familia. Si los dos primeros no eran compatibles con la ideología del movimiento estudiantil, en cambio la familia ofrecía un modelo adaptable. Juan recuerda: “Los lazos afectivos habían mantenido cerca a las personas en ABUA, aun durante las crisis externas e internas. Yo sentía el afecto y el compromiso de los estudiantes que me acompañaban en los viajes y me recibían en las provincias. Gayelene y yo procuramos también fortalecer esos lazos,

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Contacto n18, agosto de 1987.

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recibiendo a los estudiantes en nuestro hogar, comprometiendo tiempo con ellos, tratando de tomar en cuenta sus necesidades integrales. El CE se reunía en nuestra casa, y si bien no tenía muchas posibilidades de funcionar como tal, era un espacio de encuentro y de capacitación para los estudiantes líderes.” La frase que definió el carácter y el propósito de ABUA surgió en una conversación entre Juan Harrower y Dora Centeno, estudiante de Mar del Plata: “ABUA, una familia en misión”. Pese a las dificultades externas e internas, había un vínculo profundo entre algunas personas, comprometidas con el testimonio de Cristo en la universidad. Alejandro Gómez, uno de los líderes estudiantiles, era también secretario de la oficina nacional. Juan y Alejandro tomaron los rasgos esenciales de la identidad de ABUA: la centralidad de la cruz de Cristo, el fundamento bíblico, y el carácter personal de la comunicación del evangelio a través del diálogo; con ayuda de Graciela Ramírez, dibujante de Certeza, crearon un logotipo que expresó esos elementos a través de la silueta de dos estudiantes contra el fondo de una cruz y una Biblia abierta. Los estudiantes querían que Juan ocupara el cargo de asesor nacional, que continuaba vacante. Aunque Juan entendía que el asesor nacional debía ser argentino, Samuel Escobar, secretario de la Comunidad en América Latina, apoyaba la iniciativa de los estudiantes: no había líderes en condiciones de asumir el rol, ni tenía el movimiento recursos para sostener un asesor propio, Juan aceptó, y fue reconocido asesor nacional en el Congreso de 1981, en Tucumán. A comienzos de ese mismo año, las dificultades financieras y administrativas de Certeza llegaron a un nivel crítico. Jim Nyquist, secretario de literatura de la Comunidad, consideró que la única salida era construir un equipo de “rescate” y obtener una ayuda financiera especial para saldar las deudas. Propuso a ABUA que se hiciera cargo de la administración de la librería y la distribuidora durante tres años, para evaluar luego la posibilidad de autofinanciarse. El movimiento estudiantil norteamericano, al que pertenecía Nyquist, se haría cargo de la editorial, y respondería por los compromisos económicos y editoriales pendientes. El desafío de mantener y ampliar el ministerio de la literatura en vinculación con el movimiento estudiantil implicaba serios riesgos. Conscientes de ello, y de la importancia de la literatura en el marco general del ministerio estudiantil, el 14 de marzo de 1981 el Consejo Administrativo tomó por unanimidad la decisión de aceptar el ofrecimiento. Juan integró un equipo con Beatriz Buono, que había administrado la librería en La Plata, y con Sara Dale, que podo antes había llegado de Escocia para colaborar con Certeza. Se firmó una carta
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de intención ente ABUA y la Comunidad Internacional 15 , y en agosto de 1981 el Secretario Regional para América Latina y el Comité Ejecutivo de la Comunidad ratificaron las medidas implementadas. Los dones de Juan eran pertinentes en la etapa de reorganización que atravesaba el movimiento: se propuso elaborar una estrategia en la que se daba énfasis a una administración sólida, y a la formación y capacitación de un equipo de trabajo comprometido con la misión. Desde la oficina se mantuvo comunicación entre los miembros de la “familia de ABUA” a través de la publicación más regular de “Contacto”, y a partir de 1981 se empezó a publicar la “Hoja de oración”. En 1981 se realizó un encuentro de profesionales y amigos de ABUA, con el fin de acercar a los escasos profesionales que en distintos puntos del país continuaban respaldando la misión estudiantil. A través de encuentros anuales y de distintas experiencias se fue delineando la función de los profesionales y amigos en el conjunto de la estrategia nacional y local. En algunas provincias se constituyeron luego grupos de apoyo, cuyos objetivos y diversos aportes a la misión estudiantil fueron sistematizados por Juan en un documento, aprobado en el Encuentro de profesionales y amigos en 1986. El consejo Administrativo que en 1980 había quedado reducido a tres miembros, con Silvia Buxó como presidente, se reorganizó con el ingreso de personas estrechamente vinculadas a la vida del movimiento estudiantil. En 1983 se integró Luis Acosta, agrimensor tucumano que había conocido a Jesucristo en la universidad a través de Silvia Yolde y Norma Vaca, y se había radicado en Buenos Aires al graduarse. En 1984 se sumó Ruth Padilla, que el año anterior había sido delegada de los estudiantes en el Consejo Administrativo. A fines de 1984 se eligió presidente a José Young, cuya experiencia en Certeza y su permanente colaboración con los grupos estudiantiles le permitían brindar una importante colaboración. Más tarde se incorporaron Rubén Boronat, veterinario de Resistencia, y Rodolfo Arena, de Buenos Aires, ambos con dones en el aspecto administrativo. Todas estas personas habían pasado por las filas estudiantiles. Para generar ingresos regulares y autóctonos que dieran más estabilidad económica al movimiento, se creó una comisión de finanzas, integrada por Gayelene Harrower, Beatriz Buono y Rodolfo Arena. Su objetivo fue estimular el compromiso económico de quienes habían conocido a Jesucristo o habían adquirido capacitación a través del movimiento.

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Archivo Histórico de ABUA, Documento n44.

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Durante los primeros años de la década, la situación en los grupos había sido crítica, y la actividad había declinado. Durante sus viajes, Juan advertía la necesidad de formar y capacitar a los estudiantes y con Silvia comenzó a elaborar apuntes y guía de trabajo para usar en los grupos. Durante 1982, trabajaron con Luis Acosta, Gustavo Sandlien y Sara Dale en el desarrollo de un Plan de Formación, que se aprobó en el Congreso del año siguiente. El objetivo del plan, coordinado por Sara Dale, fue la elaboración de materiales que ayudaran a los estudiantes a formarse integralmente y a comprometerse con la misión en la universidad. Se imprimieron guías, cuyos temas abarcaban desde el estudio inductivo hasta las relaciones interpersonales: entre otras, “Jesús y los problemas emocionales”, “Timoteo”, “Dones: un cuerpo en misión”. En los grupos se puso el acento en la formación integral de estudiantes comprometidos, que pudieran transmitir su visión a nuevos estudiantes. La necesidad de contar con materiales para la evangelización promovió la inquietud de los estudiantes por publicar una revista. Así nació “Retorno”, en 1982, que procuró contar con la colaboración de estudiantes y profesionales de los distintos grupos. La revista no tuvo apoyo suficiente de los grupos locales, y en el Congreso de 1985 se decidió suspender su publicación. Mientras tanto, el grupo de Bahía Blanca inició una revista local, “El Mensaje”. Bajo la dirección de Luis Albero José. Si los primeros años de la década habían sido un período de búsqueda. 1984 marcó un hito significativo en la etapa de recuperación del movimiento. Juan expresaba en una circular: “…el año 1984 ha sido nuevo en muchos sentidos: un gobierno democrático, más apertura en las universidades, mayor entendimiento del lugar de los grupos de apoyo en ABUA, nuevos asesores, y la iniciativa argentina en el ministerio de Certeza ABUA…” En 1984 el movimiento estuvo en condiciones de nombrar y sostener dos nuevos asesores argentinos, a nivel local: Silvia Chaves y Gustavo Sandlien. Silvia, designada en Buenos Aires, definió su tarea en los siguientes términos: “Por un lado, formar una familia en misión, compuesta por Beatriz Buono y tres matrimonios jóvenes: Acosta, Gómez y Arena. Por otro, acompañar a los estudiantes en su militancia. La próxima etapa sería buscar mayor vínculo entre ambos niveles.” Gustavo, graduado en Ciencias de la Educación en Buenos Aires, se trasladó a Tucumán, donde entre 1984 y 1985 respaldó la tarea de Carlos Yabraian, Patricia Ruiz, Eduardo Martínez, todos próximos a graduarse, y estableció un núcleo de estudiantes que continuara su labor.
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Por esta misma fecha llegó al país Jenni Payne, sostenida por CMS, una misión anglicana de Australia. Después de adaptarse a la cultura y al idioma, se radicó en La Plata, donde entre fines de 1984 y 1986 promovió la formación de células de estudio y oración. En 1984 ABUA había cumplido ya tres años como administradora de Certeza en Argentina y estaba dispuesta a encarar su compra. Ante la propuesta, el movimiento estudiantil norteamericano decidió donar la totalidad de los libros y los muebles de la distribuidora y de la librería en Buenos Aires, que entonces quedaron bajo la responsabilidad de ABUA. Tomaba forma así el ministerio de la literatura como una dimensión propia del movimiento. La librería de Buenos Aires fue remodelada, y se compró un nuevo local en la Plata para la librería “La Peña”, que ABUA había recibido de la Iglesia Reformada en 1979. En 1984 se compró la librería “El Sendero” que Jorge Wagner –antes miembro del grupo de La Plata-, había iniciado en Tucumán. La librería quedó bajo la responsabilidad de Carlos Yabraian, recientemente graduado. Estas tres librerías se unificaron con el nombre de “Certeza”, y con la conducción general de Beatriz Buono desarrollaron un creciente servicio en el campo de la literatura, tanto a los estudiantes como a las iglesias y al público en general. Por gestión de Juan, en 1984 visitó el país Kevin Engel, australiano, especialista en publicación y distribución de literatura cristiana en el Tercer Mundo. Asesoró ampliamente al equipo responsable de Certeza, y contribuyó a clarificar la estructura legal de la entidad y sus posibilidades en relación al movimiento estudiantil. A partir de entonces, las guías producidas por ABUA bajo la dirección de Sara Dale comenzaron a publicarse bajo el sello editorial Certeza ABUA. En 1986 se publicó “La lucha”, de John White, al que siguió “Treinta días con Jesús”, de Silvia Chaves. En 1984 Certeza promulgó una Carta de Intención en la cual afirmó su deseo de un trabajo mancomunado con la obra estudiantil. Esta carta fue recibida por el Congreso de ABUA del siguiente año. Juan puso el acento en el desarrollo de un equipo de trabajo, integrado por los asesores y por quienes se desempeñaban en el área de la literatura. Se realizó un primer encuentro del equipo en 1984, durante una semana, a continuación del Encuentro Nacional de estudiantes. Estas reuniones se repitieron al menos una vez cada año, facilitando la coordinación del trabajo y el desarrollo de un compromiso con el proyecto y entre las personas. Se enfatizó la capacitación de los miembros del equipo, a través de distintas experiencias. En 1983 Beatriz Buono asistió en Lima al taller sobre Administración dictado por Chua Wee Hian, secretario general de la Comunidad. Rodolfo y Cecilia Arena asistieron al taller sobre
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Administración que dio Juan Harrower en el Seminario Continental en Quinto, 1985; Gustavo Sandlien participó del taller sobre Evangelización, y Sara Dale y Ruth Padilla en el taller de capacitación del mismo seminario. En 1986 Silvia Chaves acompañó a Ada Lum en un viaje de dos meses por distintos países sudamericanos, actuando como intérprete y colaboradora en encuentros de estudiantes. En cada ámbito de acción se incorporaban graduados comprometidos con la misión. De esta manera, el movimiento procuraba conservar y capitalizar la experiencia, capacitación y visión misionera de los nuevos graduados. Un espacio desde el cual comenzaron a participar los graduados fue como asesores asociados, ofreciendo apoyo y capacitación a los estudiantes pero sin recibir remuneración. Luís Acosta se inició en esta tarea en Buenos Aires, colaborando con el trabajo de Silvia Chaves en Ciudad Universitaria. En Bahía Blanca, la asesora asociada Ana Mónica González docente e investigadora en historia, comenta: “La tare de apoyar a los estudiantes y orientar a los líderes es una responsabilidad muy grande pero realmente hermosa.” También llegaron al país Pedro y Teresa Blowes, sostenidos por la misión australiana CMS, para desempeñarse como asesores locales en Resistencia a partir de 1986. Al apoyo de los profesionales se sumó en forma gradual el respaldo de algunas iglesias locales. La mayor apertura de la iglesias evangélicas en general, la presencia de abuenses en el liderazgo eclesiástico, el trabajo de los asesores, y una actitud menos politizada del estudiante universitario, facilitaron la relación con las iglesias, y promovieron una mayor comprensión de la actividad de los grupo como “un brazo misionero de iglesia”. El respaldo de las iglesias comenzó a expresarse a través de ofrendas más regulares y del apoyo directo a las actividades estudiantiles. Algunas iglesias colaboraron con el sostén de los asesores locales. Con el crecimiento del ministerio estudiantil y del ministerio de la literatura, creció también la oficina nacional. Cecilia Arena, que conoció a Jesucristo en la universidad a través de Gustavo Sandlien, se había desempeñado como secretaria de la oficina desde 1983. En 1985 ocupó el rol de administradora de ABUA, y Cecilia Maier la reemplazó como secretaria de la oficina. Cecilia se había acercado al grupo de La Plata, cuando Beatriz Buono, su compañera de estudios, atendía una mesa de libros. Se hizo necesario que la oficina naciones saliera del local de la librería de Buenos Aires, lo que además dejaría espacio para el desarrollo independiente del grupo local. En 1986 se pudo comprar una casa en
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Wilde, provincia de Buenos Aires, adonde se trasladó la oficina nacional de ABUA y la administración central de Certeza. Se afianzaba así la estrategia del movimiento: la misión era protagonizada por los estudiantes en la universidad, acompañados por el compromiso de “una familia en misión”, que les daba capacitación y apoyo. Esta estrategia se graficó de la siguiente manera:

Los encuentros nacionales, tradicionales desde los orígenes del movimiento, continuaron brindando una oportunidad anual para el encuentro y la capacitación. A propuesta de los estudiantes, se procuró implementar un sistema cooperativo, a fin de facilitar la asistencia de estudiantes de regiones más alejadas, mediante una compensación equitativa en los gastos de viaje. Se mantuvieron encuentros regionales, tanto de evangelización como de capacitación, acercando cada año los estudiantes en cada zona. También se iniciaron jornadas nacionales de capacitación de líderes, que se repitieron cada año a partir de 1985. La primera de estas jornadas, realizada en Tucumán, trató el tema de “Evangelización”, y las siguientes abordaron los temas de “Discipulado” y” Misión”, en Quilmes y Resistencia respectivamente. Los congresos continuaron anualmente, reuniendo a los delegados de cada grupo para evaluación y decisión sobre la marcha del movimiento. En el Congreso de 1986 se decidió reemplazar el CE de carácter nacional por comisiones regionales de estudiantes que pudieran atender con más agilidad el desarrollo de los grupos a nivel regional. Durante 1986 se formó una comisión para la revisión de los estatutos, integrada por Héctor Franco, estudiante de abogacía en Corrientes; Eduardo Martínez, que había presidido el Consejo Ejecutivo; José Young, presidente del Consejo Administrativo, y Juan Harrower, asesor nacional. Los nuevos
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estatutos, que respondían a los cambios en el movimiento, fueron aprobados en el Congreso de febrero de 1987. Gradualmente se afianzaron los grupos locales, y se ahondó el compromiso de los estudiantes. Los grupos procuraron extender la misión hacia nuevos centros. Así se establecieron contactos en Mar del Plata, Tandil, La Rioja, Formosa, Corrientes, Salta, Jujuy. Algunos de estos esfuerzos no prosperaron pero en otros llevaron a la constitución de nuevos grupos. Pese a las dificultades debidas a la crítica situación del país, y pese a las oscilaciones características de la vida estudiantil, la presencia de grupos de apoyo, el mayor respaldo de las iglesias, y la existencia de un equipo de trabajo, ofrecieron una base más estable para asegurar la continuidad del movimiento. Después de haber compartido casi diez años en la vida del movimiento estudiantil, Juan y su familia iban a regresar a Australia. La situación del movimiento permitía ahora elegir a un argentino para desempeñarse como nacional. Silvia Chaves, que había militado como estudiante y como asesora, fue reconocida por el equipo de trabajo y por los estudiantes como la persona indicada para reemplazarlo. El 2 de febrero de 1987, en el Encuentro Nacional de estudiantes, fue encomendada como Secretaria General de ABUA.  Cada 27 de septiembre (fecha en que por primera vez se reconocieron legalmente los estatutos de la asociación, ABUA), se celebra el día nacional del movimiento. En cada lugar se reúnen estudiantes, profesionales y amigos, para compartir una jornada de oración e intercesión por la misión estudiantil. El aniversario de ABUA se celebra como un verdadero cumpleaños con la alegría de los logros alcanzados, con la expectativa de los nuevos desafíos, con la voluntad de crecer y madurar como movimiento nacional. Soñamos llegar con el testimonio de Jesucristo a las 26 universidades que hoy existen en el país. ¿Estamos preparados para este desafío? ¿Será adecuado el estilo de liderazgo que hemos desarrollado, basado en el modelo de “una familia en misión”, desafiando en cierta manera el liderazgo “caudillista” de nuestra cultura? ¿Corremos el riesgo de que el ministerio de la literatura absorba a la misión universitaria, o mantendremos un equilibrio que favorece a ambos objetivos? Estos son interrogantes que nos comprometen a avanzar con actitud crítica, sometiendo nuestra tarea a la orientación de nuestro Dios y Señor. Creemos que la oración y el apoyo constante de la “familia de
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ABUA” harán posible una militancia comprometida del estudiante en la universidad, compartiendo su fe en Jesucristo, desarrollando una actitud de reflexión y un estilo de vida coherente con su fe. “Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que este fruto permanezca.” (Juan 15:16)

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Segunda parte Los grupos estudiantiles
Bahía Blanca
Con la firma de Roberto Ingledew como presidente, la Peña Bíblica Universitaria del Sur hizo conocer en 1960 sus estatutos a la Peña de Buenos Aires, en los que hacía constar su adhesión a AUGE, entidad creada en 1958 como nucleamiento de grupos estudiantiles en América Latina. Entre otras actividades encararon la venta de Biblias en ocasión de proyectarse “Los Diez Mandamientos”; también imprimieron y distribuyeron en la universidad un volante donde el psicólogo Osvaldo Ruda, vinculado al grupo, relataba su acercamiento a Jesucristo. John White visitó al menos una vez este grupo. La vinculación con el movimiento nacional de estudiantes quedó luego en suspenso, hasta que en 1968 Douglas Stewart tomó contacto con Eduardo Panik y Jorge Castañeda. Se constituyó el GESE (Grupo de Estudiantes Evangélicos), formalmente vinculado a ABUA. Este grupo, del que fue presidente Pablo Deiros mientras estudiaba historia en Bahía Blanca, nucleaba hacia 1969 unos veinte estudiantes. Participaron activamente en la distribución del folleto “No estoy de acuerdo con Dios”, durante 1970 y 1971. En 1972 David Evans procuró visitar sistemáticamente al grupo para ayudar a su afianzamiento; por esa fecha entró en contacto con Silvia Chaves, que se había relacionado con ABUA a través de un ejemplar de Certeza que le entregara Eduardo Panik. Ese año se mantuvieron varios estudios bíblicos evangélicos y se distribuyeron entre 50 y 100 ejemplares de Certeza. Desde La Plata, Aníbal Moreira y el grupo platense apoyaban al grupo de Bahía, que continuó creciendo en los años siguientes, pese a la crisis en la universidad, y a las oscilaciones propias de un grupo naciente. Desde 1975 Silvia Chaves ofreció parte de su tiempo como asesora local, trabajando en coordinación con Aníbal Moreira, asesor regional en La Plata. Eran tiempos difíciles en la universidad; se vivían momentos de confusión y temor, y el trabajo de los estudiantes en las facultades quedó parcialmente en suspenso. Beatriz Buono, Jorge Wagner, Cristina Romagnoli, Miguel de Lucca, estudiantes del grupo de La Plata, continuaron acompañando al grupo en Bahía Blanca.
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Pese a las circunstancias adversas que se vivían, el grupo continuó reuniéndose semanalmente y en 1976 vendieron más de 100 ejemplares de “Jesús, el hombre que tú debes conocer”. Por esa fecha comenzó a colaborar con el grupo el pastor Alberto Roldán. Silvia fue transfiriendo a otros estudiantes la responsabilidad por la conducción de los estudios bíblicos, y concentró su esfuerzo en la formación de líderes, como Carmen Monte y Daniel Vicente en 1975/76, y en los años siguientes Alfredo Cerra, Diana González y Adriana Iraola. En 1979, al trasladarse Silvia Chaves a Buenos Aires, y graduarse varios líderes del grupo, la actividad estudiantil disminuyó. Adriana Iraola mantuvo su compromiso, discipulando a Ana Mónica González, estudiante de historia que se había vinculado recientemente al grupo. En esos años de dificultades el pequeño grupo se mantuvo con el apoyo en oración y en amistad de algunos profesionales en Bahía Blanca, de estudiantes de Buenos Aires y otras personas del movimiento nacional. Hacia 1983 Luis Alberto José, estudiante de Letras, conoció a Jesucristo a través de Adriana Iraola. El grupo comenzó a crecer a través de la evangelización personal y del contacto con estudiantes de distintas iglesias. Al trasladarse Adriana a Neuquén, Ana Mónica continuó liderando al grupo, que fue recibiendo gradualmente mayor apoyo de algunas iglesias locales, y especialmente del pastor Alberto Roldán. En 1985 el grupo comenzó el año con una célula de oración que se reunía durante varias horas para interceder por la misión en la universidad. Ese año se iniciaron cuatro células de estudio bíblico en distintas facultades y diez personas llegaron a conocer a Jesucristo en el curso del año. El grupo inició la publicación de una revista, “El Mensaje”, que tuvo buena venta en las facultades. Pero las tareas de evangelización y discipulado impidieron continuar después del cuarto número. En 1986 se puso el énfasis en la consolidación del grupo y el discipulado de los nuevos estudiantes, bajo el liderazgo de Luís Alberto José y Gabriela Cerra, acompañados por Ana Mónica González como asesora asociada.

Buenos Aires
Gwendolyn Shepherd, estudiante de medicina en La Plata, había tenido oportunidad de participar allí de actividades estudiantiles evangélicas. Radicada en Buenos Aires después de graduarse, promovió el nucleamiento de estudiantes y profesionales evangélicos, que constituyeron un grupo denominado Peña Bíblica, alrededor de 1949. Hacia 1959 ya eran tradicionales los encuentros de la Peña: reuniones de oración los días viernes, y conferencias evangelísticas el primer y
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tercer sábado de cada mes, siempre precedidas de un té. La Biblioteca Evangélica Argentina, propiedad de la familia Shepherd, servía de lugar de reunión y sala de conferencias. En estas reuniones disertaban oradores de distintas iglesias, y se procuraba acercar a otros compañeros de la universidad. Ocasionalmente se llevaban a cabo retiros, a los que se invitaba a participar a los miembros de grupos similares que ya habían empezado a funcionar en Córdoba y Rosario. Desde 1958 la Peña de Buenos Aires se había afiliado a AUGE, Asociación Universitaria de Grupos Evangélicos, entidad creada en Cochabamba, bajo los auspicios de la Comunidad internacional de Estudiantes Evangélicos. Al Congreso de Cochabamba asistieron Luis Perfetti, Adolfo Blanco y Ángel García como representantes de la Peña, y comunicaron a su regreso la perspectiva de una misión estudiantil a escala continental. Los estudiantes empezaron a utilizar la revista Certeza, y también tuvieron a su disposición las guías elaboradas por John White y Samuel Escobar, obreros de la Comunidad que comenzaron a colaborar con la obra estudiantil a partir de 1960. En Buenos Aires el grupo colocó transparentes en algunas facultades y bajo el estímulo de White comenzaron a realizarse estudios inductivos de la Bahía en casas de familia, sin dejar de lado las conferencias evangélicas tradicionales. También empezaron a ensayarse otras maneras de hacer conocer el mensaje bíblico en las universidades: Samuel Escobar colaboró disertando en las facultades sobre temas de interés estudiantil, tales como “Cristo, el más grande reformador judío”, y otras ponencias, que atrajeron numeroso público. En 1965 visitó el país Hans Bürki, y bajo los auspicios de la Peña Bíblica Universitaria Argentina, creada ese año, dictó conferencias en la Universidad Nacional de Buenos Aires, lo mismo que en otras provincias. Si bien la acción seguía girando en torno a un orador, las conferencias fueron un impacto entre los estudiantes en cuanto a la necesidad y posibilidad de llegar a la propia universidad con el mensaje de la Biblia. Ese mismo año se inicio por primera vez una célula evangelística en un bar frecuentado por estudiantes. Estos cambios graduales en la estrategia no desplazaron las actividades tradicionales, que por otro lado seguían siendo de la preferencia de quienes ya venían participando de las mismas. En 1966 llegó al país Douglas Stewart, obrero de la Comunidad que reemplazaba a Samuel Escobar, y pese al rechazo inicial por parte del grupo, logró establecer vínculos profundos con los estudiantes; fortaleció entre ellos las relaciones interpersonales y el compromiso con el evangelismo personal y el discipulado. Aníbal Moreira, Juan Carlos Berchansky y su hermana Graciela, Héctor Goya, Susana Cigolini, líderes del grupo estudiantil,
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comenzaron a llevar adelante células evangelísticas, aún en medio de las restricciones impuestas por el gobierno militar. En 1967 se coordinó con Sociedades Bíblicas un proyecto de venta de Biblias y literatura de Certeza en las facultades, con la orientación de Adolfo Puricelli. Este proyecto despertó luego el entusiasmo en estudiantes de otras provincias, que lo llevaron a cabo en años subsiguientes, también con el apoyo de Adolfo y Douglas. La Biblioteca, mientras tanto, continuaba siendo sede de conferencias, pero había pasado a constituirse más bien en el lugar de encuentro, comunión y capacitación de los estudiantes, comprometidos en llevar adelante la misión en las facultades. La estadía de Douglas y Marilyn Stewart fue breve, pero su influencia en los estudiantes fue profunda. Sin embargo, durante los primeros años de la década del setenta la creciente inestabilidad en le medio social y las tensiones vividas por los estudiantes ante los desafíos políticos e ideológicos, produjeron en el grupo una profunda crisis. Varios de sus miembros sufrieron conflictos que los alejaron temporariamente de sus iglesias, y éstas, por su parte, restaron apoyo a la actividad estudiantil. Hacia 1976 Linda Sellevang, que trabajaba en Editorial Certeza y colaboraba con los estudiantes, ofreció permanecer en Argentina por un tiempo para desempeñarse como asesora local en Buenos Aires. Después de un Encuentro Regional en agosto de ese año, unos diez estudiantes comenzaron a reunirse semanalmente en la Biblioteca. Las severas restricciones impuestas a la vida universitaria y cultural dificultaban el contacto con los compañeros. Con todo, se iniciaron células de evangelización y contactos personales en algunas facultades. Un año más tarde, Linda tuvo que renunciar, y Aníbal Moreira, que acaba de ser nombrado asesor nacional, procuró afianzar el grupo constituido. Pero era difícil acompañar en forma permanente a un grupo local mientras atendía sus responsabilidades como asesor nacional e intentaba satisfacer las demandas de distintos grupos del interior. Su tarea se vio además constantemente perturbada por las dificultades de todo orden que atravesaba el país por esos años. Aníbal Moreira acompañó a Gustavo Sandlien en su militancia, y Gustavo a su vez inició en 1979 una célula de evangelización en su facultad, en Morón. Allí conoció a Jesucristo Cecilia Biagini, que asumió un firme compromiso con el movimiento estudiantil. En la capital se reunía semanalmente otro grupo de estudiantes, con el que colaboraban Cathy Padilla, Raquel Cáceres y otros. Silvia Chaves, radicada en 1979 en Buenos Aires, empezó a colaborar con los estudiantes, recibiendo del movimiento nacional una ayuda para sus viáticos. En 1980, razones de orden personal, sumadas a la crisis
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institucional en el movimiento nacional llevaron a suspender momentáneamente esas actividades. Juan Harrower acompañó luego al grupo, que intentó realizar actividades en la universidad, pese a las restricciones impuestas a la vida universitaria. Por su parte, Moira Rudich inició una célula en Humanidades, donde Jorge Grippo, estudiante de letras, se acercó a Jesucristo. El desarrollo del grupo no fue fácil durante este tiempo. A la falta de una estructura que apoyara desde el movimiento nacional, se sumaban tensiones internas en el grupo. En 1982 los estudiantes se nuclearon en cinco células evangelísticas, coordinadas por Ana Horwitz, Gustavo Sandlien, Moira Rudich, Ruth Padilla y Alfredo Cerra. También se apoyó la extensión de la misión a Tandil, a través de visitas, y en la organización del Encuentro Regional Sur, en Bahía Blanca. En 1983 unos veinte estudiantes se dividieron en tres comisiones de trabajo, para atender el aspecto pastoral, administrativo, y de misión. Pero el año se cerró con una evaluación que señalaba las falencias en la misión estudiantil. Cristina Juárez, estudiante de biología, tenía un claro compromiso por compartir a Jesucristo con sus compañeros; estimuló a los otros miembros del grupo a orientar la misión estudiantil a través de actividades en la misma universidad, iniciativa que se veía favorecida por la reapertura democrática. Silvia Chaves pudo acompañarla en una célula en Cuidad Universitaria, lo mismo que a Viviana Burdman, que inició un grupo en la facultad de Artes. En 1984 Silvia Chaves fue designada asesora local con una dedicación de medio tiempo, sostenida por el movimiento nacional. Nucleó a un grupo de matrimonios: Luís y Mónica Acosta, Rodolfo y Cecilia Arena, y Alejandro y Mónica Gómez, que habían militado como estudiantes en el grupo, e integró con ellos y Beatriz Buono un grupo que la apoyara en su tarea como asesora. Por esta fecha la mayoría de los estudiantes que habían integrado el grupo se habían graduado o habían dejado de participar, y con la salida de Cristina Juárez a comienzos de 1985, terminó de diluirse el grupo de Buenos Aires. En 1986 Luís Acosta se ofreció a colaborar con una célula en Cuidad Universitaria, y paralelamente se hicieron visitas a las iglesias para presentar a ABUA. Se acercaron Igor Zwhir, Laura Parentis y otros estudiantes, y lentamente comenzó a reiniciarse la misión en la universidad, a través de la célula en Cuidad Universitaria y dos células en Psicología. Se realizaron charlas, talleres, retiros, con el objeto de acompañar la formación de los líderes y de los nuevos estudiantes. Desde el grupo de apoyo, los estudiantes recibieron colaboración en el diseño de afiches, la conducción de estudios bíblicos, charlas públicas, etc., afianzándose de esa manera el sentido de “una familia en misión”
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Córdoba
Ya en 1936 se habían iniciado en Córdoba actividades estudiantiles, liberadas por Alejandro Clifford, Miguel Zandrino y Plinio Zandrino. Después de la incorporación de un ex-sacerdote boliviano, Walter Montaño, se constituyó formalmente el grupo m bajo la sigla UCLA (Universidad Cristiana Latinoamericana). Durante los años siguientes el grupo fue ampliándose con la incorporación de estudiantes de diversas denominaciones evangélicas y de compañeros que se acercaban a las reuniones en casa de Alejandro Clifford. Años después se constituyó un grupo llamado CEUC (Circulo Evangélico Universitario de Córdoba), con un enfoque interdenominacional, aunque predominaban estudiantes de las iglesias de hermanos libres. Se realizaban reuniones de carácter social y actividades evangelísticas. También se llevaba a cabo excursiones y campamentos, a los que se invitaba a estudiantes de las Peñas de Rosario y Buenos Aires. En 1959 se radicó en Córdoba Samuel Escobar, obrero de la Comunidad para el Cono Sur, con el propósito de colaborar con Alejandro Clifford en la Editorial Certeza. Samuel colaboró con el grupo dictando conferencias públicas y asesorándolos en el desarrollo de estudios bíblico grupales. Entre los proyectos del grupo, se destacó el Hogar para estudiantes que albergó a lo largo de los años jóvenes que se radicaban para estudiar en Córdoba. También se inició la atención de un dispensario con la colaboración de profesionales vinculados al grupo. Aunque la evolución fue fluctuante durante los primeros años de la década del ’60, el grupo participó de diversas actividades evangelísticas: colaboró con la campaña de Billy Graham en 1962, y con la de Fernando Vangioni en 1964; se distribuyeron 2000 Nuevos Testamentos de los Gedeones en comedores estudiantiles, y se organizaron conferencias públicas. Durante 1965 se llevaron a cabo reuniones de oración en forma semanal en distintas casas de familia, además de estudios bíblicos los días viernes. Debates, conferencias, mesas redondas, retiros, integraban el programa de actividades. El grupo, sin embargo, encontraba dificultades para atender de manera continuada el interés por estas actividades. En 1986 el grupo modificó sus estatutos y tomó el nombre de Peña Bíblica Universitaria, en coherencia con las peñas existentes en Rosario y Buenos Aires, y con el movimiento nacional naciente. Ese mismo año Samuel Escobar se traslado a España y Felipe Lewis lo reemplazó en el asesoramiento del grupo local, coordinando su tarea con Douglas Stewart, asesor nacional radicado en Buenos Aires.
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El clima de tensión universitaria y social alcanzó por esa fecha extremos dramáticos. En Córdoba la represión policial provocó la muerte de un estudiante. El grupo estudiantil se encontraba disperso y desorientado ante los crecientes conflictos. En 1967 el grupo cordobés, estimulado por la experiencia del grupo de Buenos Aires en el año anterior, participó en la venta de Biblias y literatura en las facultades, con el apoyo de Douglas Stewart y Adolfo Puricelli. El entusiasmo puesto en la tarea condujo a la apertura de varias células de estudio bíblico en distintas facultades. Hacia fines de la década del sesenta, los conflictos en el país, las tensiones vividas por los estudiantes y la dificultad de diálogo entre el grupo y las iglesias locales llevaron al grupo a una profunda crisis. Después de 1971 se volvió a integrar un grupo estudiantil, bajo el nombre de MUCC (Movimiento Universitario Cristiano de Córdoba). David Evans, asesor nacional de ABUA, y Aníbal Moreira, asesor regional en la Plata, procuraron apoyar a este nuevo grupo, que giraba en torno a Ricardo Zandrino, Horacio Rueda y otros. Se enfatizaron los estudios bíblicos grupales, con el apoyo constante de José Young y Samuel Escobar. También se repartían volantes, con frecuencia elaborados por los propios estudiantes, interesados en participar en la confrontación ideológica que se vivía intensamente en la universidad a comienzo de la década del setenta. Era difícil mantener la continuidad en el grupo la universidad de Córdoba se caracteriza por el elevado porcentaje de estudiantes que llegan desde otras provincias y aun de países vecinos. El permanente flujo de estudiantes y graduados dejaba al grupo sin el respaldo de quienes habían sido sus líderes durante los años estudiantiles. La relación entre el grupo cordobés y la comisión nacional no fue siempre fácil. La tendencia al localismo en unos y al centralismo en otros provocaba tensiones, que rara vez llegaron a un conflicto abierto. Aníbal Moreira visitó Córdoba en algunas oportunidades, acompañado por estudiantes de la Plata y de Bahía Blanca. A partir de 1976, sin embargo, el intercambio entre el grupo local y el movimiento nacional se hizo más difícil. Desde Córdoba los estudiantes planteaban reclamos por la falta de respuesta de parte del movimiento a las necesidades del grupo local. Desde la oficina nacional, se les reiteraba a los estudiantes la importancia de tomar un compromiso claro e integral con el movimiento nacional. Las condiciones políticas y económicas críticas que vivía el país se sumaron a las dificultades internas y hacia fines de la década del setenta, el grupo entró en una nueva crisis. En 1980, las actividades se reiniciaron alrededor de Cecilia Méndez, Nicolás López, Marta y Mabel Boyagián, Jeny y Samuel Sommerville y otros. Durante los próximos años se llevaron a cabo campamentos
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locales, conferencias públicas, y otras actividades con la colaboración de profesionales de Córdoba y ocasionales visitas de los asesores de ABUA. Sin embargo, para poder reunirse el grupo debía contar con autorización policial. Felipe y Rosita Lewis acompañaban al grupo en sus reuniones semanales, y hacia 1984 las reuniones generales se reemplazaron por cinco células de estudio bíblico. Las visitas de José Young, Silvia Chaves, Juan Harrower ayudaron al grupo a afianzar su relación con ABUA y a presentarse como movimiento estudiantil en las iglesias. A su vez, líderes estudiantiles eran activos colaboradores en sus respectivas iglesias. Las diferentes tendencias en cuanto al sentido y orientación de la misión estudiantil llevaron a una reestructuración del grupo, lo que redujo el número de sus miembros.

La Plata
La Plata fue unos de los primeros centros universitarios donde se iniciaron actividades estudiantiles evangélicas en el país. En 1936 un contador inglés comenzó a promover encuentros para estudiar la biblia, y entre otras actividades se organizaron conferencias públicas en las que disertó Walter Montaño, ex –sacerdote boliviano. Gwendolyn Shepherd era integrante de este grupo y durante un período de posgrado en los Estado Unidos, tomó contacto con Roberto Young, obrero de la Comunidad internacional de Estudiantes Evangélicos, que se trasladó a la Argentina para realizar una obre pionera en el continente. Roberto Young se radicó en La Plata, donde asistió a cursos en la universidad, a la vez que recorría la enorme geografía sudamericana promoviendo la misión estudiantil en la universidad. A su regreso de los Estados Unidos, Gwendolyn Shepherd se radicó en Buenos Aires, y allí promovió actividades en el ambiente estudiantil y profesional. Mientras tanto, en la Plata la actividad se mantuvo en suspenso durante un tiempo, hasta que después de algunas visitas de Samuel Escobar en 1961 se concretó la integración de un nuevo grupo. La evolución fue fluctuante en los primeros años; hacia 1965 Aníbal Moreira, presidente del grupo en Buenos Aires pero estudiante de la Universidad de La Plata, procuró organizar al grupo. En 1968 Douglas Stewart lo acompañó en esta tarea, viajando semanalmente a la Plata. Ese mismo año el pastor Arnold Rumph, de la iglesia Reformada, abrió una librería en la ciudad y ofreció el local como sede de reuniones. Se inició así una fructífera relación: la librería contaría con el apoyo cada vez más directo de estudiantes y graduados, y a la vez ofrecía a los
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estudiantes un espacio físico e institucional para el afianzamiento del grupo. Después de la partida de Douglas Stewart, David Evans continuó apoyando al grupo en La Plata. En 1972 se nombró a Aníbal Moreira asesor local, y se radicó en esa ciudad con su esposa Inés. El movimiento nacional atravesaba un período de crisis y casi ningún grupo había logrado mantener sus actividades de manera continuada. Aníbal e Inés se proponían reiniciar la obra en La Plata para procurar revitalizar, desde allí, el movimiento nacional. Invitaron a los estudiantes estudiar la Biblia y a tomar mate en su casa, a la vez que establecían nuevos contactos en la facultad. Allí conoció Aníbal a algunos estudiantes creyentes: Hugo Landerreche, Beatriz Buono, Cristina Arena, Roberto Romagnoli, a quienes invitó a iniciar un grupo de estudio bíblico en el bosque de la facultad. Aníbal e Inés enfatizaron la formación de líderes, discipulándolos y compartiendo su hogar con ellos. El grupo realizaba estudios bíblicos, lectura de libros formativos y viajes a Bahía Blanca donde los líderes tenían oportunidad de apoyar al grupo estudiantes en formación. El grupo, que adoptó la sigla MUC (Movimiento Universitario Cristiano), fue creciendo a través de la multiplicación de las células de estudio bíblico en las facultades. Llevaban a cabo venta de literatura, volantes sobre temas de actualidad estudiantil, conferencias en las que colaboraron René Padilla, Pedro Savage, David Evans y otros. Un aspecto importante en la formación integral de los estudiantes fue el compromiso asumido en un proyecto social en un barrio carenciado, en Los Hornos. Allí ofrecían apoyo escolar, alfabetización, recreación, prevención odontológica, etc., en coordinación con la Iglesia Reformada de La Plata. A partir de 1975 la violencia imperante en el país tornó difícil la organización de actividades, Aun para reuniones de estudio bíblico fue preciso contar credenciales de respaldo. La crisis económica también se hizo sentir, causando privaciones a los estudiantes y a Aníbal y su familia; en estas circunstancias el grupo desarrolló un profundo sentido comunitario, procurando cubrir mutuamente sus necesidades primordiales. Después de 1977 Aníbal se trasladó a Buenos Aires para desempeñarse como asesor nacional. Su ausencia y las difíciles condiciones políticas imperantes llevaron al grupo a una declinación. Beatriz Buono fue designada asesora locas en 1978, con apoyo económico de la Iglesia Reformada. Beatriz enfatizó la formación de líderes, entre ellos Miguel de Lucca, encargado de la librería La Peña. Se mantuvieron células evangelísticas y con la visita de Aníbal Moreira se realizó una salida evangelística a las facultades, en l979.
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En 1980 Beatriz renunció al cargo de asesora, pero continuó coordinando el trabajo de la librería. Aunque el grupo se mantuvo pequeño, se reunía regularmente y se realizaban estudios bíblicos evangelísticos. Jenny Payen, de Australia, se radicó entre 1985 y 1986 en La Plata como asesora local, sostenida por una misión de su país. Se constituyó un pequeño grupo de oración, y se iniciaron células evangelísticas, en algunos casos en las propias facultades. Se iniciaron contactos con graduados que habían participado como estudiantes en ABUA pero sin lograr nuclearlos.

Resistencia
Hacia 1986 ya existía en Resistencia un grupo de estudiantes, vinculados a la iglesia bautista. Oscar Margenet, estudiante rosarino, líder de la Peña Bíblica Universitaria Argentina, se trasladó durante unos meses a Resistencia por razones de trabajo. A través de este contacto el grupo de estudiantes captó la visión de un compromiso más amplio, con un enfoque interdenominacional, y fortaleció por el intercambio con otros grupos estudiantiles del país. Ladislao Michaelec, Valerio Bondaruk, Juan Sabadini, líderes de este grupo, empezaron con entusiasmo a organizar reuniones de oración y evangelización en casa de familia. En 1967, con el apoyo de Adolfo Puricelli, el grupo de Resistencia participó del proyecto de venta de Biblias y literatura en las facultades, experiencia que se repitió en 1968 y 1970. Durante estos primeros años, el grupo era visitado por Douglas Stewart y Felipe Lewis, que procuraban capacitar a los estudiantes y afianzar la relación del grupo con las iglesias locales. Desde sus comienzos, el grupo se destacó por su decidida extensión hacia otros centros universitarios fuera de Resistencia, particularmente Corrientes y Posadas, y más tarde Jujuy. A los estudiantes de Resistencia les resultaba difícil participar de encuentros nacionales, dadas las grandes distancias. Tampoco parecían encontrar respuesta a la expectativa de contar con un asesor local. En 1974 David Evans, asesor nacional, le pidió a Silvia Roitberg, abuense rosarina radicada en el chaco salteño, que apoyara al grupo de Resistencia. Silvia recorrió varias veces los 600 km de tierra que separaban Embarcación de Resistencia, colaborando con los proyectos del grupo. Pero era un período muy difícil en la vida del movimiento nacional, y a Silvia le faltaron directivas y apoyo económico para continuar.
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Con todo, algunos profesionales continuaron apoyando la obra estudiantil. En 1975 Valerio Bondaruk ofreció su casa para las reuniones estudiantiles. El desarrollo continuó, aunque de manera irregular; las dificultades económicas y políticas restringían las posibilidades de los estudiantes de participar de los encuentros de capacitación y de encarar proyectos en la universidad. Hacia 1977, se llevaban a cabo estudios bíblicos evangelísticos, y en 1978 se obtuvo autorización para colocar un transparente en Ciencias Económicas. El grupo se afianzó y creció numéricamente. Se advertía una conciencia más madura en el grupo local, siempre respaldado por algunos graduados. En 1979, gracias a la ayuda de los profesionales, Beto Ayala y Pedro Vargas asistieron al Encuentro Nacional en Bialet Massé. La participación de los estudiantes en encuentros nacionales y regionales les fue dando una perspectiva más clara de la misión en universidad y del sentido del movimiento nacional. En 1980 el grupo de Resistencia se ocupó de la organización del Encuentro Regional norte, en el que participó Juan Harrower, recién llegado al país. Inicialmente se había invitado a Juan para desempeñarse como asesor local en Resistencia o en Córdoba, pero la situación que atravesaba el movimiento nacional, y la salud de su familia impidieron que se concentrara ese proyecto. La presencia de Hugo Piriz en el grupo contribuyó a dar un estilo particular a la actividad evangelística: el grupo ensayó distintos recursos, en particular la música y el teatro. Preparó una obra titulada “Identidad”, que se presentó no sólo en Resistencia sino en otras provincias, bajo la dirección de Emilio Soria (“Negri”), que había conocido a Jesucristo en 1979. También realizaron audiovisuales y festivales musicales con carácter evangelístico, en los que tuvieron activa participación Ani y Viviana Rosciani desde su incorporación a ABUA en Resistencia. Estas actividades ayudaron a presentar el movimiento estudiantil en las iglesias, y a darlo a conocer en el medio estudiantil de Resistencia. En una audición radial un estudiante de abogacía, Héctor Franco (Beto), escuchó acerca de ABUA y tomó contacto con el grupo, participando activamente, tanto a nivel local como nacional. Los graduados, como Beto Ayala y otros, contribuyeron según sus dones y posibilidades en el discipulado y la capacitación de los estudiantes. Ethel Acuña, profesional, se había acercado también al grupo, comprometiéndose con la evangelización y con el apoyo pastoral de los estudiantes. El pastor Atanasio Robeff, de la Iglesia de Dios, ofreció constante apoyo al grupo local, e integró el Consejo de Referencia de ABUA hasta su fallecimiento en 1986.
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Ani Rosciani, que había participado activamente en la vida del grupo local, y había estimulado la extensión del trabajo estudiantil a Jujuy, viajó por unos meses a Buenos Aires durante 1986 para recibir capacitación, acompañada por el equipo de trabajo de ABUA. Hacia fines de 1986 se cumplieron los anhelos del grupo, al radicarse en Resistencia Pedro y Teresa Blowes, invitados para colaborar como asesores locales, sostenidos por la misión australiana CMS.

Rosario
Un grupo de estudiantes comenzó a reunirse hacia 1956, convocado por Alberto Abdala, que había tenido oportunidad de participar de algunos retiros organizados por la Peña Bíblica universitaria de Buenos Aires. En las reuniones, que se llevaban a cabo en casa de familia, colaboraban Samuel Libert, Raúl Caballero Yoccou, Gilberto Lear y otros. Hacia 1962 las reuniones se mantenían quincenalmente, y con muy buena concurrencia. Por esta fecha, John White visitaba Rosario; con él se llevaron a cabo retiros estudiantiles en 1962 y 1963. También con su apoyo y el de Samuel Escobar se realizó una encuesta entre estudiantes en la facultad, sobre actitudes religiosas. Se iniciaron estudios bíblicos en grupos, uno de ellos en la pensión en la que vivían Marcelo y Ricardo Engler. Dos rosarinos, Felipe Lewis y Oscar Margaret, fueron elegidos para integrar la comisión provisoria surgida por un acuerdo entre los grupos de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, en 1964. Continuaron dictándose conferencias y aumentaron también las células de evangelización. En 1965 se presentó en la universidad Hans Bürki, como parte de su gira por el país. Su disertación causó un profundo impacto y algunos estudiantes se comprometieron con Jesucristo durante la exposición en el aula magna. En 1966, después de las jornadas Misioneras organizadas por el movimiento estudiantil nacional, el grupo coordinó un proyecto de apoyo a las misiones en el norte argentino. Como parte de este proyecto, Silvia Roitberg viajó por un mes, y luego Félix Dabat colaboró durante tres meses en Misión La Paz. Después de esta experiencia Silvia volvió en 1968, en principio por dos años… que se prolongaron a doce. A fines de 1966 el grupo local colaboró activamente en el Encuentro en Sauce Viejo, provincia de Santa Fe, organizado para apoyar al naciente grupo estudiantil de Resistencia. Pese a este desarrollo entusiasta, ese mismo año 1966 el grupo atravesó un serio conflicto en relación a una iglesia local, que marcó el comienzo de su declinación. Samuel Escobar primero, y Douglas Stewart después, intentaron ayudar al grupo a dejar atrás este conflicto.
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Durante un retiro en octubre de 1966, Douglas procuró mostrarles la posibilidad de actividades sencillas que no dependieran de gran organización ni de oradores u obreros. En 1967 se llevaron a cabo en Rosario las jornadas sobre “Ética estudiantil y profesional”. También ese año el grupo participó del proyecto nacional de venta de Biblias y literatura en las facultades, con el apoyo de Adolfo Puricelli. Continuaron realizándose reuniones de oración en forma semanal, y estudios bíblicos a orillas del Paraná. René Padilla, secretario de la Comunidad para América Latina, visitó Rosario ese año dando conferencias evangelística y colaborando en un retiro. Pero el impacto de la crisis vivida impidió la continuidad del grupo, que también se vio afectada por la salida de algunos de sus miembros más activos, que se trasladaron a otras provincias. Rodolfo Bruch, estudiante de derecho y líder del grupo desde 1967, procuró mantener la relación con el movimiento nacional. Paralelamente nació otro grupo avalado por la iglesia que había cuestionado a los estudiantes. Douglas Stewart visitó reiteradas veces la cuidad, intentando unir ambos grupos. Aunque entre los propios estudiantes no existía rivalidad, la cuestión institucional y eclesiástica impidió alcanzar la unidad. En 1969 llegaron a existir seis o siete células de estudio bíblico, pero a pesar del entusiasmo puesto por algunos y de la colaboración de Samuel Libert, Felipe Lewis, y otros, el grupo fue declinando hasta desaparecer.

Salta
Prácticamente desde el surgimiento de ABUA se habían tenido ocasionalmente contactos con estudiantes en Salta, aunque no llegó a nuclearse un grupo. En 1980 Ricardo Allen, misionero bautista, comenzó a estimular las actividades estudiantiles. Juan Harrower visitó la cuidad, acompañado por Norma Vaca, estudiante salteña radicada en Tucumán. En torno a Mary Mayorga, que cursaba estudios como nutricionista, se estableció un pequeño núcleo de estudiantes, que se incorporó oficialmente a ABUA en 1981. Con apoyo de algunos pastores, y las visitas de asesores de ABUA, el grupo inició células de estudio bíblico y participó en encuentros regionales. En 1985 se llevaron adelante células en las facultades, y se dieron cursos sobre estudio bíblico inductivo en algunas iglesias. Con todo, algunos conflictos afectaron el desarrollo del grupo, y en 1986 Aída Cuenca y Marcela Villanueva quedaron prácticamente solas, apoyadas por Mary Mayorga, manteniendo su militancia en la universidad y el contacto con el movimiento nacional.
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Tucumán
Ya alrededor de 1950 Roberto Young había visitado Tucumán. Fue luego Luís Perfetti quien hizo contacto con David y Elsie Powell, recientemente radicados en la provincia. Comenzaron entonces a realizarse algunas reuniones en casas de familia, en las que colaboraban, entre otros, David Powell y Reyes Gajardo (ex-sacerdote), ambos vinculados a la Universidad Nacional de Tucumán. A comienzos de las década del sesenta Samuel Escobar realizó algunas visitas a Tucumán, y luego continuó Felipe Lewis, elegido obrero itinerante al constituirse el movimiento nacional en 1965. En Tucumán presentaban su apoyo a los estudiantes David Powell, de la iglesia de los hermanos libres, Arno Enns, misionero bautista, y Vicente Triputti, pastor metodista. En 1956 disertó en la universidad Hans Bürki, ocasión en la que el grupo se presentó formalmente ante las autoridades universitarias. La gira de Bürki en la Argentina se cerró con un retiro en Tucumán, del que participaron estudiantes de otras provincias. Este evento despertó inquietudes y entusiasmo en el grupo local, que luego continuó reuniéndose y realizando estudios bíblicos de manera sistemática. El desarrollo del grupo se mantuvo fluctuante; algunas iglesias no veían con buenos ojos su carácter interdenominacional; los estudiantes por su parte, se mostraban entusiastas y creativos, pero poco perseverantes en los compromisos asumidos. Hacia 1968 el grupo estaba integrado por unos diez estudiantes que provenían de diversas facultades: Roly Basbús y Doni Aguirre, estudiantes de arquitectura, Pedro Bedoian, de ingeniería mecánica, Fernando Mulki y Alicia Yolde, de ciencias económicas, Adriana Powell, de educación física y otros. En 1968 el grupo participó en el proyecto de venta de Biblias y literatura, acompañados por Adolfo Puricelli. En más de una ocasión se realizaron excursiones a las montañas de las que participaron estudiantes tucumanos y cordobeses, además de estudiantes nuevos vinculados al grupo. Además de las células de estudio bíblico, ocasionalmente se organizaban reuniones evangelísticas con oradores como Samuel Escobar, René Padilla, Samuel Libert, Douglas Stewart. En 1970 el grupo participó de la distribución del folleto “No estoy de acuerdo con Dios”, incluyendo una visita con ese fin a la universidad de Salta. Aunque el grupo aún no se había incorporado oficialmente a ABUA, algunos estudiantes tucumanos venían participando de los encuentros nacionales, los retiros para líderes, las jornadas de estudio. En 1971 el
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grupo de Tucumán organizó el Encuentro Nacional, con dos fases: un campamento de trabajo de quince días en una cooperativa rural en Los Ralos, precedido de un trabajo de capacitación, en las serranías de Raco. El campamento de trabajo dejó un efecto profundo en sus participantes pero a la vez provocó críticas de personas dentro y fuera del movimiento estudiantil. Estas y otras razones llevaron a un desgaste en el grupo y en las relaciones entre éste y las iglesias locales. David Evans procuró mantener contacto con algunos estudiantes, pero no llegaron a consolidarse como grupo. Alicia Yolde continuó vinculada al movimiento nacional, y logró nuclear a un significativo grupo de estudiantes. Eran años de mucha agitación política en Tucumán, y la violencia fue generando un clima de tensión y temor en todos los ámbitos. El trabajo de Alicia se tornó difícil, y las distancias impedían una vinculación más permanente con el movimiento nacional. Silvia Yolde y Norma Vaca colaboraban activamente con Alicia, y continuaron liderando el grupo cuando ésta dejó de participar. En 1979 se mantenían tres células de estudio bíblico de carácter evangelístico; Luís Acosta, estudiante de agrimensura, conoció al señor por intermedio de Silvia y se comprometió plenamente con la misión estudiantil. Jorge Wagner, antes miembro del grupo en La Plata, se traslado a Tucumán. Durante los primeros años de la década del ochenta no fue fácil continuar adelante. Varios de los estudiantes atravesaban conflictos con sus iglesias y el grupo carecía del apoyo necesario para crecer. Carlos Yabraian ingresó en 1980 ala facultad y comenzó a reunirse con otros estudiantes de su iglesia, procurando llevar adelante el testimonio en la universidad. Supieron de ABUA a través de Jorge Wagner y Luis Acosta, quienes poco después se incorporaron a la misma iglesia. De esta manera el grupo comenzó a afianzarse, y a recibir apoyo de la Primera Iglesia Bautista. La responsabilidad de preparar el Encuentro Nacional de 1981, del que participó Ada Lum, fue un estímulo para el crecimiento del grupo, al que apoyaban algunos profesionales, como David y Elsie Powell, y Mary Ceballos, que había conocido a Jesucristo a través del testimonio de un compañero de Chile. Alrededor de José M´Dalel, salteño, estudiante de abogacía, comenzó a desarrollarse una intensa actividad evangelística, aunque no totalmente identificada con ABUA. Las prohibiciones vigentes en el ámbito universitario impedían la actividad en las facultades. Los estudiantes se reunían en la pensión donde vivía José o en el parque Guillermina, acompañados por Elsie Powell. A comienzos de 1983 Carlos Yabraian viajó como delegado de la Argentina al Seminario en Lima, con apoyo de su iglesia. También la
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iglesia de Nazareno, a la que pertenecía Eduardo Martínez, estudiante de medicina y líder en el grupo, comenzó a apoyar activamente la misión estudiantil. También colaboraba con el grupo Ricardo Young, misionero bautista; sin embargo, el grupo atravesaba por un período conflictivo, ya que sus líderes tenían diferencias en el enfoque de la misión, y los estudiantes nuevos sentían la carencia de apoyo pastoral. En 1983 Sara Dale y José Young colaboraron en un retiro estudiantil en el Mollar, donde se procuró buscar una mayor integración del grupo. Comenzó a sentirse la necesidad de un asesor local que orientara al grupo y lo apoyara pastoralmente. Así se invitó a Gustavo Sandlien, de Buenos Aires, que acababa de graduarse en ciencias de la educación. Un grupo de graduados se comprometió a colaborar con su sostén, al que también aportaron amigos de Gustavo en Buenos Aires y su iglesia en La Lucila. Ya se habían iniciado células de evangelización en las facultades de medicina y de filosofía y letras, alrededor de Eduardo Martínez y de Carlos Yabraian y Patricia Ruiz, que había conocido a Jesucristo a través del grupo. Gustavo se propuso consolidar el grupo a través del apoyo pastoral, la colaboración de los profesionales y una mayor relación con las iglesias locales. Ante la inminente graduación de los líderes del grupo, se puso el acento en la formación y capacitación de un nuevo grupo de base. Al graduarse, Eduardo Martínez se trasladó a Neuquén como médico de una obra evangelística. Carlos Yabraian y Patricia Ruiz se incorporaron al equipo de la librería. Esta había sido iniciada por Jorge y Anabel Wagner, y en 1985 el movimiento nacional pudo comprar la librería y trasladarse a un nuevo local, con el nombre de Certeza. Al término de dos años, por razones particulares, Gustavo regresó a Buenos Aires y se incorporó posteriormente a la Unión Bíblica como secretario ejecutivo. Ya ausente Gustavo, el pequeño núcleo de estudiantes, liderado por Néstor Barraguirre y Massi Nazr (ambos de Salta) y Armando Singer, de Neuquén, procuró continuar con las células de estudio bíblico y otras actividades en la universidad, con el respaldo del grupo de apoyo local.

Intentos de iniciar nuevos grupos
En más de una ocasión la iniciativa estudiantil o el trabajo de los asesores llevó a establecer contactos en distintos centros universitarios del país. Se hicieron viajes a Mendoza, Santa Fe, Mar del Plata, Tandil, Santiago, Salta, Jujuy, La Rioja, Formosa, Misiones. Cada oportunidad
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abría esperanzas de que pudiera nuclearse a un grupo local que diera continuidad a la misión en la universidad. Pero no faltaron dificultades de todo orden, y no siempre las expectativas pudieron concretarse. En algunos casos, como en Mar del Plata, Salta, Jujuy, el trabajo estudiantil alcanzó mayor estabilidad.

Mar del Plata
En 1977 Silvia Chaves y Linda Sellevaag tuvieron oportunidad de presentar a ABUA en algunas iglesias de Mar del Plata, luego de lo cual se organizó un encuentro en el que colaboraron Beatriz Buono, Linda Sellevaag, Aníbal Moreira. Miguel de Lucca y Rodolfo Arena, miembros del grupo en La Plata, también visitaron la cuidad, apoyando el comienzo de dos células evangelísticas, en las que participaron activamente Daniel Rolls y Liliana Hernández. Durante los años siguientes, Juan Harrower y Miguel de Lucca continuaron visitando al grupo, que se incorporó oficialmente a ABUA en 1983. El grupo siguió creciendo y llevando adelante estudios bíblicos, con apoyo del pastor Centeno, de la iglesia pentecostal. Sin embargo, en 1985 el grupo entró en un período de crisis, y sólo mantuvieron su compromiso y vinculación con el movimiento nacional Dora Centeno y Nora Beecher, ya graduadas.

Jujuy
En 1985 Ani Roscani viajó desde Resistencia con el deseo de extender la misión de ABUA a Jujuy. Aunque no fue inicialmente bien recibida en las iglesias, David Leake y José González, pastores en Salta, dieron respaldo a sus visitas. Así se estableció contacto con Silvia Lizarrága, arquitecta que había conocido recientemente a Jesucristo, quien asumió un profundo compromiso con la misión estudiantil. En septiembre de ese mismo año, estudiantes de Salta, Tucumán y Resistencia participaron de un esfuerzo evangelístico durante la Semana del estudiante, presentando la obra “identidad” acompañada e una charla de Gustavo Sandlien. Silvia Lizarrága ya había nucleado algunos estudiantes y profesionales, a los que animó a participar de encuentros regionales y nacionales. Gradualmente el pequeño grupo comenzó a recibir reconocimiento y apoyo de los pastores de distintas iglesias locales.

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APÉNDICES
Campamentos, Encuentros Nacionales Apéndice 1

1. 1962 La Falda, Córdoba 2. 1963 Ongamira, Córdoba “orientación de actualidad” (Jorge Rice) “La iglesia” (Miguel Ángel Zandrino) 3. 1964 Ongamira, Córdoba “Problemas de la juventud” (Decoud Larrosa) 4. 1965 Ongamira, Córdoba. Oradores: Myron Voth, Samuel Escobar, Miguel Ángel Zandrino 5. 1966 Ongamira, Córdoba “Una fe del tamaño de la crisis: Abraham” (Hans Bürki) 6. 1967 Ongamira, Córdoba “Inspiración de las Escrituras” (Samuel Libert) 7. 1968 Soldini, Santa Fe16 “Discipulado cristiano” (René Padilla, Samuel Escobar, Samuel Libert y Douglas Stewart) 8. 1969 Ongamira, Córdoba “Jesucristo, ¿Quién es? ¿Qué hizo?” (Carlos Gattinoni) 9. 1970 Ongamira, Córdoba “El servicio cristiano” (Myron Voth) “El cristiano y el mundo” (Samuel Escobar) 1970 Cruz Chica, Córdoba: Campamento de Trabajo 10. 1971 Raco, Tucumán “Amós” (Arno Enns) 11. 1972 Mar del Plata, Buenos Aires “Psicología de la conversión” (Jorge León) Distribución de “Su mejor guía”, en coordinación con sociedades bíblicas 1972 Longchamps, Buenos Aires: Campamento de Trabajo 12. 1973 Bariloche, Río Negro “El discípulo de Jesucristo” (Arnold Rumph) “El estudio Bíblico” (José Young) 13. 1974 Ongamira, Córdoba. Exposición bíblica (John Stott) “Dimensión política y social del evangelio” (René Padilla) “Discipulado cristiano” (Myron Voth) 14. 1975 Gral. Belgrano, Córdoba. Talleres: José Young, David Evans, Myron Voth, Aníbal Moreira 1975 Trabajo: Reparaciones de una vivienda destina a Hogar infantil 15. 1976 Gral. Rodríguez, Buenos Aires “Evangelio e ideologías: perspectivas distintas del hombre” (Samuel Escobar)

16

Coincidió con el Seminario de Capacitación (Cono Sur)

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16. 1977 Ongamira, Córdoba. Exposición bíblica sobre 2 Timoteo José Guevara; Silvia Rivero; Adolfo Wyzengrad 17. 1978 Máximo Paz, Buenos Aires. Talleres: Silvia Chaves; Nick Drayson; “Visión bíblica de la historia” (Elsie Powell) “Comunicación” (Oscar Blake) “Psicología transaccional” (Adolfo Wyzengrad) 18. 1979 Bialet Massé, Córdoba “Iglesia como comunidad terapéutica” (Sidney Rooy) “Contracultura cristiana” (René Padilla) 19. 1980 9 de Julio, Buenos Aires “Cosmovisión cristiana” (René Padilla) Exposición bíblica sobre Santiago (José Young) 20. 1981 Tafí Viejo, Tucumán “Afectividad” (Ada Lum) 21. 1982 Máximo Paz, Buenos Aires. Coincidió con Seminario de capacitación (Cono Sur) “La misión” (Samuel Escobar) Exposición bíblica sobre los Salmos (Harvey Stob) 22. 1983 Ongamira, Córdoba “Visión panorámica de la Biblia” (Mervin Breneman y José Young) 23. 1984 Los cocos, Córdoba “Visión, base bíblica” (René Padilla) “La misión, modelos y estrategias” (Juan Harrower, Miguel de Lucca) 24. 1985 Molinari, Córdoba “Relación con Dios, relación con el otro” (Silvia Chaves, Adriana Iraola) 25. 1986 Los Cocos, Córdoba “La persona de Jesús” (Ada Lum)

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Congresos

Apéndice 2

El congreso que nuclea anualmente representantes de los grupos locales, es el órgano máximo del movimiento estudiantil. Se menciona aquí la presencia de grupos oficialmente reconocidos, sin incluir grupos en formación u otros observadores. I. II. III. IV. V. 20 de enero de 1965. Ongamira, Córdoba. Presidente: Felipe Lewis. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Rosario. 7 de mayo de 1966. Rosario, Santa Fe, Presidente: Norman Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Rosario. 20 de enero de 1967. Cuidad de Córdoba. Presidente: Norman Romanenghi. 17 de enero de 1968. Soldini, Santa Fe. Presidente: Santiago Tomeo. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Rosario 6 de abril de 1968. Capital federal. Congreso Extraordinario, para la reforma de los estatutos. Presidente: Santiago Tomeo. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Rosario. 24 de enero de 1969. Ongamira, Córdoba. Presidente: Aníbal Moreira. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Resistencia. 11 de enero de 1970. Ongamira Córdoba. Presidente: Aníbal Moreira. Grupos representados: Buenos Aires y Córdoba. 9 de abril de 1971. Soldini, Santa Fe. Presidente: Aníbal Moreira. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Rosario. 31 de marzo de 1972. Soldini, Santa Fe. Presidente: Juan Carlos Berchansky. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba y Rosario. 21 de abril de 1973. Longchamps, Buenos Aires. Presidente: Héctor Goya. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, Córdoba y Resistencia.

VI.

VII. VIII. IX.

X.

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XI.

11 de abril de 1974. La Plata, Buenos Aires. Presidente: no se menciona. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Resistencia y Tucumán. 27 de marzo de 1975. Lomas de Zamora, Buenos Aires. Presidente: No se menciona. Grupos representados: Buenos Aires, Córdoba, La Plata y Resistencia. 20 de enero de 1978. Máximo Paz, Buenos Aires. Presidente: Beatriz Buono. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mar del Plata y Tucumán. 19 de enero de 1978. Máximo Paz, Buenos Aires. Presidente: Beatriz Buono. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, La Plata y Mar del Plata. 8 de enero de 1979. Bialet Massé, Córdoba. Presidente: Alejandro Gómez. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, La Plata, Resistencia y Tucumán. 25 de enero de 1980. 9 de Julio, Buenos Aires. Presidente: Alejandro Gómez. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, La Plata, Resistencia y Tucumán. 29 de enero de 1981. Tafí Viejo, Tucumán. Presidente: Rodolfo Arena. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, La Plata, Resistencia, Salta y Tucumán. 16 de enero de 1982. La Lucila, Buenos Aires. Presidente: Adriana Iraola. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, La Plata, Resistencia y Tucumán. 15 de enero de 1983. Ongamira, Córdoba. Presidente: Gustavo Sandlien. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mar del Plata, Resistencia, Salta y Tucumán. 19 de enero de 1985. Molinari, Córdoba. Presidente: Carlos Yabraian. Grupos representados: Bahía Blanca, Buenos Aires, Córdoba, Mar del Plata, Resistencia, Salta y Tucumán. 30 de enero de 1986. Los Cocos, Córdoba. Presidente: Marcelo López. Grupos representados: Bahía Blanca, Córdoba, Resistencia, Salta y Tucumán.
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XII.

XIII.

XIV.

XV.

XVI.

XVII.

XVIII.

XIX.

XX.

XXI.

Consejo Administrativo

Apéndice 3

El consejo administrativo se integra con personas reconocidas en el movimiento estudiantil y en las iglesias evangélicas, atiende aspectos organizativos, legales y financieros del desarrollo del ministerio. Nuestro reconocimiento, aquí, a estas personas que, en fidelidad a Dios, mantienen su compromiso con la misión estudiantil apoyando integralmente la acción del movimiento. 1964 Se constituye una comisión provisoria para la convocatoria del 1er congreso: Felipe Lewis (Rosario), Oscar Margenet (Rosario), Rubén Mereshián (Córdoba), Carlos Bonino (Córdoba) Adolfo Blanco (Buenos Aires). Bernardo Koulaksizian (Buenos Aires). 1965 Se constituye el Consejo Administrativo, integrado por tres profesionales y tres estudiantes. Presidente: Norman Romanenghi, secretario: Luis Pérez, tesorero: Rubén Mereshián, vocales: Miguel Ángel Zandrino, Jorge Dragone, Ricardo Engler. 1966 Presidente: Norman Romanenghi, secretario: Luis Pérez, tesorero: Rubén Mereshián, vocales: Miguel Ángel Zandrino, Rubén García Paganini, Aníbal Moreira. 1967 Presidente: Santiago Tomeo, secretaria: Noemí Somoza, tesorero: Alberto Corbelleri, Vocales: Norman Romanenghi, Rubén García Paganini, Jorge Palejko, Rodolfo Bruch, Aníbal Moreira, Carmen Dragone. 1968 Presidente: Santiago Tomeo, secretario: Mirta Zóffoli, tesorero: Alberto Corbelleri, vocales: Norman Romanenghi, Desmond McCarthy, Juan Carlos Adjián, Félix Dabat, Aníbal Moreira, Adolfo Puricelli. En 1969 se modifican los estatutos de ABUA, dejando el aspecto ejecutivo a una comisión estudiantil, y quedando en manos del Consejo Administrativo la responsabilidad legal y financiera de la institución. 1969 Presidente: Alfredo Moreira, miembros: Daniel Somoza, Juan Carlos Zóffoli, Carmen Bachetta, Santiago Tomeo, Alberto corbelleri. 1970 Presidente: Alfredo Moreira, secretario: David Evans, tesorero: Juan Carlos Zóffoli, protesorero: Ronald Hussey, vocales: Alberto Corbelleri, Estela Sharpin, Myron Voth, Adolfo Puricelli, David Somoza.
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1971 Presidente: Alfredo Moreira, secretario: David Evans, tesorero: Juan Carlos Zóffoli, protesorero: Ronal Hussey, vocales: Alberto Corbelleri, Estela Sharpin, Myron Voth, David Somoza, Jorge Palejko, José Guevara. 1972 Presidente: Ronald Hussey, secretario: David Evans, prosecretario: Estela Sharpin, tesorero: José Guevara, Protesorero: Juan Carlos Zóffoli, vocales: David Constance, Jorge Palejko, Alfredo Moreira. 1973 Presidente: Ronald Hussey, secretario: David Evans, tesorero: José Guevara, protesorero: Juan Carlos Zóffoli, vocales: David Constance, Jorge Palejko, Daniel Guevara, Daniel Saracco, Carmen Barchetta. 1974 Presidente: Fredy Berk, secretario: David Evans, prosecretario: Ronald Hussey, tesorero: Daniel Guevara, vocales: José Guevara, Daniel Saracco, Aníbal Moreira, Carmen Barchetta. 1975 Presidente: Fredy Berk, secretario: David Evans, tesorero: Daniel Guevara, vocales: José Guevara, Ronald Hussey, Daniel Saracco, Aníbal Moreira. 1976 Presidente: Fredy Berk, secretario: David Evans, tesorero: Daniel Guevara, vocales: Ronald Hussey, José Guevara, Daniel Saracco, Arnaldo Mazocchi, Santiago Tomeo, Mirta Zóffoli, F.A. Rodríguez. 1977 Presidente: Fredy Berk, secretario: David Evans, tesorero: Daniel Guevara, vocales: Ronald Hussey, José Guevara, Daniel Saracco, Arnoldo Mazocchi, Mirta Zóffoli, F. A Rodríguez, Pedro Savage, Silvia Buxó, Adolfo Wyzengrad. Desde el año 1976 venían profundizándose los problemas de orden económico; también surgieron desentendimientos en relación a las alternativas ideológicas que vivía el país. La asistencia de los miembros fue irregular. En el curso del año 1977 Fredy Berk renunció al cargo de presidente y se designó presidente interina a Silvia Buxó, que poco antes se había incorporado al CA. Se consideró conveniente invitar a personas más vinculadas al ambiente estudiantil. En 1978 Presidente: Silvia Buxó, vicepresidente: Adolfo Wyzengrad, secretario: Jorge Serraíno, tesorero: Daniel Guevara, vocales: Pedro Savage, Miguel Ángel Zandrino, Beatriz Bouno, Daniel Saracco, Olga Horwitz, Carmen Barchetta.
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1979 Presidente: Silvia Buxó, miembros: Olga Horwitz, Fredy Berk, Jorge Serraíno, Daniel Guevara, Aníbal Moreira, Adolfo Wyzengrad, Mirta Zóffoli, Pedro Savage, Beatriz Buono, Harvey Stob, María Cristina Romagnoli. 1980 Presidente: Silvia Buxó, tesorera: Beatriz Buono, miembros: Harvey Stob, María Cristina Romagnoli, Silvia Chaves, Juan Harrower. 1981 Presidente: Silvia Buxó, miembros: Beatriz Buono, Harvey Stob, Silvia Chaves, Juan Harrower, Sara Dale. 1982 Presidente: Silvia Buxó, miembros: Beatriz Buono, Harvey Stob, Silvia Chaves, Juan Harrower, Sara Dale. Delegado CE: Gustavo Sandlien. Presidente: Silvia Buxó, miembros: Beatriz Buono, Harvey Stob, Silvia Chaves, Juan Harrower, Sara Dale, José Young, Luis Acosta, Adriana Iraola. Delegado CE: Ruth Padilla. Se crea una subcomisión de Finanzas, integrada por Beatriz Buono, Rodolfo Arena y Gayelene Harrower. 1984 Presidente: José Young, secretario: Luis Acosta, miembros: Beatriz Buono, Juan Harrower, Sara Dale, Ruth Padilla, Adriana Iraola, Raquel Cáceres. Delegado CE: Arturo Horwitz. 1985 Presidente: José Young, secretario: Luis Acosta, tesorera: Beatriz Buono, miembros: Juan Harrower, Sara Dale, Raquel Cáceres, Ruth Padilla, Rubén Boronat, Rodolfo Arena. Delegado CE: Cristina Juárez. 1986 Presidente: José Young, secretaria: Sara Dale, miembros: Beatriz Buono, Juan Harrower, Luis Acosta, Rubén Boronat, Rodolfo Arena. 1987 Presidente: José Young, secretaria: Sara Dale, miembros: Juan Harrower, Beatriz Buono, Luis Acosta, Rubén Boronat, Rodolfo Arena.

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Consejo de Referencia

Apéndice 4

Integran este Consejo personas reconocidas en las iglesias evangélicas, que respaldan la acción de ABUA y su misión en la universidad. A lo largo de los años han integrado las siguientes personas: Kelth Benston, Walter Bevan, Raúl Caballero Yoccou, Alejandro Clifford, David Constance, Rubén del Re, Carlos Gattioni, Theda Kriegger, David Leake, Jorge León, Felipe Lewis, Samuel Libert, David Powell, Atanasio Robeff, Sidney Rooy, David Somoza, Daniel Tinao, Fernando Vangioni, Myron Voth, Miguel Ángel Zandrino.

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Comisión ejecutiva

Apéndice 5

A partir de la reforma de los estatutos aprobada en 1968 se integra una comisión ejecutiva, con estudiantes representantes de los grupos locales. En esta comisión se tratan las iniciativas estudiantiles y se coordinan los proyectos de envergadura nacional. Las grandes distancias y las dificultades económicas de los estudiantes fueron siempre un obstáculo para la acción de esta comisión, pese a lo cual se mantuvo a lo largo de los años como un espacio para el encuentro de los líderes comprometidos con la misión en la universidad. 1968 Presidente: Aníbal Moreira (Buenos Aires). Miembros: Mirta Zóffoli (Buenos Aires), Adolfo Puricelli (Buenos Aires), Juan Carlos Adjián (Córdoba), Félix Dabat (Rosario). 1969 Presidente: Aníbal Moreira (Buenos Aires). Miembros: Beatriz Hereniú (Córdoba), Daniel Ezpeleta (Rosario), Mirta Zóffoli (Buenos Aires), Ladislao Michaelec (Resistencia) 1970 Presidente: Aníbal Moreira (Buenos Aires). Miembros: Juan Carlos Berchansky (Buenos Aires), Daniel Ezpeleta (Rosario), Ladislao Michaelec (Resistencia), Margarita Piccone (Córdoba), Adriana Powell (Tucumán). Suplentes: Ana María Sipowicz (Córdoba), Rubén Pilili (Córdoba) 1971-1975 Faltan datos 1976 Presidente: no se menciona. Miembros: Alicia Yolde (Tucumán), Marcelo García 8Córdoba), Cecilia Méndez (Córdoba), Daniel Vicente (Bahía Blanca), Crisbel Rodríguez (Buenos Aires), Linda Sellevaag (Buenos Aires), María Cristina Arena (La Plata) 1977 Presidente: no se menciona. Miembros: Alicia Yolde (Tucumán), Oscar Lobo (Tucumán), María Cristina Arena (La Plata), Liliana Hernández (La Plata), Diana González (Bahía Blanca), Nora Radaelli (Buenos Aires), Cecilia Méndez (Córdoba) 1978 Presidente: no se menciona. Miembros: Miguel de Lucca (La Plata), Alejandro Gómez (Buenos Aires), Adriana Iraola (Bahía Blanca) 1979 Presidente: no se menciona. Miembros: Jorge Wagner (La Plata), Bettina F. de Carra (Bahía Blanca), Ana Horwitz (Buenos Aires)

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1980 Presidente: Rodolfo Arena (Buenos Aires). Miembros: Judith Recabaren (La Plata), Pedro Vargas, Luis Acosta (Tucumán) 1981 Presidente: Adriana Iraola (Bahía Blanca). Miembros: Judith Recabaren (La Plata), Moira Rudich (Buenos Aires), Carlos Yabraian (Tucumán), Luis Ayala (Resistencia) 1982 Presidente: Gustavo Sandlien (Buenos Aires). Miembros: Emilio Soria (Resistencia), Miguel de Lucca (La Plata), Carlos Yabraian (Tucumán), Ana Mónica González (Bahía Blanca), Alicia Poderti (Salta), Dora Centeno (Mar del Plata) 1983 Presidente: Ruth Padilla (Buenos Aires). Miembros: Rubén Boronat (Resistencia), Carlos Yabraian (Tucumán), Ana Mónica González (Bahía Blanca), Alicia Poderti (Salta), Dora Centeno (Mar del Plata), Juan Carlos Mansilla (Córdoba). 1984 Presidente: Arturo Horwitz (Buenos Aires). Miembros: Marina Silveri (Córdoba), Nora Beecher (Mar del Plata), Carlos Yabraian (Tucumán) 1985 Presidente: Eduardo Martínez (Tucumán). Miembros: Alberto Velazco (Resistencia), Ana Mónica González (Bahía Blanca), Marcelo López (Córdoba),m Cristina Juárez (Buenos Aires), Aída Cuenca (Salta), Beatriz Pantaleoni (Mar del Plata) A partir de 1986, antes las dificultades de funcionamiento del Consejo Ejecutivo, se lo reemplazó por dos comisiones regionales. Esta modificación se incorporó a los estatutos en 1987.

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Asesores
Año Sec. General o Asesor nacional Equipo de trabajo17

Apéndice 6

1964 1965 1966 1967 Douglas Stewart 1968 1969 Sommerville (A) 1970 Felipe Lewis 1971 1972 1973 David Evans (A) 1974 Yolde (A) 1975 Yolde (A) 1976 Yolde (A) 1977 Sellevaag (L) 1978 Aníbal Moreira 1979 1980 Sin asesor 1981 J. Harrower (L) 1982 1983 1984 Sandlien (L) 1985 Sandlien (L) 1986 (L) – 1987 (A) – Silvia Chaves

S. Escobar- F. Lewis- O. Margenet (secretarios itinerantes) S. Escobar- F. Lewis- O. Margenet F. Lewis (R) F. Lewis (R) F. Lewis (R) – D. Evans (A) D. D. Evans (A) D. Sommerville (A) D. Sommerville (A) A&I Moreira (L) – S. Roitberg (A) A&I Moreira (L) – S. Chaves (A) – A. Yolde A&I Moreira (L) – S. Chaves (A) – A. A&I Moreira (L) – S. Chaves (A) – A. A&I Moreira (L) – S. Chaves (A) – A. L. Sellevaag (L) S. Chaves (A) – A. Yolde (A) – L. S. Chaves (A) – B. Buono (L) S. Chaves (A) – B. Buono (L) J. Harrower (L) ----------------------------------------S. Dale (Lit) S. Dale (Lit) - S. Chaves (L) – G. S. Dale (Lit) - S. Chaves (L) – G. J. Payne (L) S. Dale (Lit) - S. Chaves (L) – J. Payne P&T Blowes (L) S. Dale (Lit) - P&T Blowes (L) – L. Acosta A.M González (A)

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L: Asesor local – R: Asesor regional - A: Asesor asociado – Lit: Asesor en el área de literatura

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Jornadas de Estudio

Apéndice 7

Las Jornadas se promovieron con el objeto de convocar a estudiantes y profesionales alrededor de ítems de interés y proyección al medio. 1. 1964 “Psicología y fe cristiana” 19 al 21 de septiembre. Rosario, Santa Fe. 2. 1965 “Objetivos y valores en la ciencia del hombre: una perspectiva evangélica” 14 al 17 de agosto. Embalse de Río Tercero, Córdoba. 3. 1966 “El indio argentino” 13 al 17 de agosto. Buenos Aires 4. 1967 “Ética profesional y estudiantil” 12 al 15 de agosto. Soldini, Santa Fe 5. 1968 “El cristiano en la sociedad” 15 al 18 de agosto. Buenos Aires 6. 1969 “La tarea misionera de la iglesia” agosto. Soldini, Santa Fe. 7. 1970 “La juventud actual y el desencuentro con sus mayores” 15 al 17 de agosto. Villa María, Córdoba 8. 1971 “La iglesia” Octubre. Pilar, Buenos Aires 9. 1972 “Hacia una filosofía cristiana de la educación” 17 al 20 de agosto. Pilar, Buenos Aires 10. 11. 1973 “La Liberación” Octubre. Pilar, Buenos Aires. Aproximadamente por la misma época en que dejan de realizarse

las jornadas de estudio, comienzan a llevarse a cabo encuentros regionales de capacitación y de evangelización. Estos encuentros continuaron realizándose en distintas provincias en la región norte y en la región centro y sur del país.

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Base de fe

Apéndice 8

Los siguientes artículos forman la base de la fe de la Asociación Bíblica Universitaria Argentina: 1. La unidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la persona de Dios. 2. La soberanía de Dios en la creación, revelación, redención y juicio final. 3. La inspiración divina, veracidad e integridad de las Sagradas Escrituras, tal como fueron originalmente reveladas, y su suprema autoridad en todo asunto de fe y conducta. 4. La pecaminosidad universal y la culpabilidad de todos los hombres desde la caída de Adán, la cual nos puso bajo la ira y la condenación de Dios. 5. La redención de la culpa, pena, dominio y corrupción del pecado únicamente por medio de la muerte expiatoria del Señor Jesucristo, el Hijo encarnado de Dios, nuestro representante y sustituto. 6. La resurrección corporal del Señor Jesucristo y su ascensión a la diestra de Dios Padre. 7. Presencia y poder del Espíritu Santo en la obra de regeneración. 8. La justificación del pecador por la gracia de Dios y únicamente por medio de la fe en Cristo Jesús. 9. La presencia del Espíritu Santo y su obra en el creyente. 10. 11. La única santa iglesia universal la cual es el cuerpo de Cristo, y a La seguridad del regreso personal del Señor Jesucristo. la cual pertenecen todos los creyentes verdaderos.

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Certeza-Abua
Historia

Apéndice 9

Ediciones Certeza fue fundada el 25 de julio de 1968 por la Comunidad Internacional de estudiantes Evangélicos (CIEE), con sede en Buenos Aires. Originalmente publicó y distribuyó sus libros para toda América Latina, pero a raíz de las dificultades de distribución y cobranza a nivel continental, en el año 1981 la CIEE entregó a Intervarsity Press de los Estados Unidos permiso para publicar algunos títulos en castellano con el sello de Editoriales Certeza; el ministerio de la literatura en la Argentina fue puesto en manos de ABUA, a cargo de Juan Harrower (Dirección), Beatriz Buono (Marketing) y Sara Dale (Editorial). A partir de 1984 se inició un programa de publicación de libros y materiales especialmente elaborados en y para la Argentina con el nuevo logo Certeza-Abua. En el mismo año se firmó una Carta de intención con el fin de mantener a través de los años el estrecho vínculo entre el ministerio de literatura de Certeza-Abua, y el ministerio estudiantil de ABUA. Los puntos principales de este acuerdo son:  Que se invite a los miembros del Consejo Administrativo de ABUA a ser socios de Certeza-Abua;  Que por lo menos dos miembros de la Comisión Directiva de CertezaAbua sean integrantes del CA de ABUA;  Que las librerías puedan funcionar no sólo como centro de promoción y distribución de literatura cristiana, sino también como lugar de contacto y de relaciones públicas de los grupos estudiantiles y las iglesias Librerías y distribución En la actualidad contamos con cuatro librerías, ubicadas en Capital Federal, Lomas de Zamora, La Plata y Tucumán, y una mesa de libros en el instituto Bíblico Buenos Aires, y con una Distribuidora a nivel nacional de nuestro propio fondo editorial y de otras Editoriales como Caribe, Certeza, CCC, UNILIT. La administración central comparte las oficinas nacionales con ABUA. El equipo de trabajo consiste de aproximadamente 15 personas, de las cuales muchas provienen de las filas del ministerio estudiantil. La coordinación del trabajo está en manos de Rodolfo Arena (Presidente), Beatriz Buono (Directora), Alejandro Botta (Marketing), María Esther Ghiglioni (Finanzas).
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Publicaciones En estos años se han publicado varios títulos, los más importantes: La lucha (J. White), Dones (Chaves- Harrower), Diálogos de discipulado 1 (Dale-Padilla), 30 días con Jesús (Chaves) y dos títulos de la serie para niños, Historias de Jesús (P. White). Las notas características de nuestra política de publicaciones parten de nuestra identidad en ABUA:  Materiales basados en una lectura seria de la Biblia y de nuestra realidad;  Énfasis interdenominacional que aporte para el crecimiento de las iglesias argentinas;  Materiales ágiles que promueven el diálogo;  Variedad de temas y géneros que apuntan a una formación integral, abarcando familia, sociedad, vida cristiana, etc. Queremos animar a nuevos escritores y buscar maneras de publicar materiales sensibles a la realidad argentina. Modo de empleo de las guías del plan de formación:
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Misión del Grupo Estudiantil

Discipulado

•Evangelización Personal. •Como Jesús discipuló a los doce. •Folletos y afiches evangelísticos. •Timoteo.
Guías Evangelísticas

•Diálogos de discipulado. •30 Días con Jesús. •La Lucha – Los Comienzos, La oración, La
orientación.

•La Aventura de Estudiar La Biblia. •La Oración Personal. •Sufrimiento (Job).

•Enseñanzas de Jesús. •Milagros. •Jesús y los problemas emocionales. •Cómo llegar a ser cristiano.

Nuevo Creyente

Iglesia y Sociedad El estudiante evangélico y su Iglesia local.

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Las guías figuran en el orden recomendado de uso.

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Fuentes Consultadas

Apéndice 10

  

Samuel Escobar: La Chispa y la llama. Certeza, Bs. As., 1978 Pete Lowman: The day of His Power. IVP, 1983 Pablo Deiros: Historia del protestantismo en América Latina. Lagoi, Miami, 1986. Félix Luna: De Perón a Lanusse. Planeta, Buenos Aires, 13ed., 1983 Boletín de la PBUA, 1964 A 1969. Contacto. Publicación periódica de ABUA Intercesor. Publicaciones de la Comunidad en América Latina. Hoja bimestral de oración. Publicación de ABUA. Libro de Actas. Congresos de ABUA. Libro de Actas. Consejo Administrativo de ABUA. Libro de Actas. Consejo Ejecutivo de ABUA. Correspondencia archivada de ABUA, oficina nacional. Correspondencia y circulares de grupos locales. Entrevistas a obreros y asesores, miembros del CA, graduados, líderes estudiantiles.

         

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CONTENIDO
PRIMERA PARTE EVOLUCIÓN DEL MOVIMIENTO NACIONAL
Introducción ……………………………………………………………………………...........................................2 Años pioneros ……………………………………………………………………………........................................4 Una visión Nacional ................................………………………………………………………………………...10 Crisis y Desorientación ....................................…………………………………………………………………17 Una familia en misión ...................................………………………………………………………………..... 24

SEGUNDA PARTE LOS GRUPOS ESTUDIANTILES
Bahía Blanca ......................................……………………………………………………………………………….33 Buenos Aires .........................................…………………………………………………………………………….34 Córdoba ...........................................………………………………………………………………………………….36 La Plata ........................................……………………………………………………………………………………. 40 Resistencia ..........................................………………………………………………………………………………42 Rosario ........................................……………………………………………………………………………………..44 Salta .........................................………………………………………………………………………………………...45 Tucumán .......................................…………………………………………………………………………………...46 Intentos de iniciar nuevos grupos ..............................……………………………………………………….48 Mar del Plata .....................................…………………………………………………………………………….…49 Jujuy ........................................………………………………………………………………………………………...49

APÉNDICES
Campamentos, Encuentros Nacionales ...........................………………………………………….…...…50 Congresos .......................................……………………………………………………………………………….…52 Consejo Administrativo.................................………………………………………………………………..……54 Consejo de Referencia ...................................……………………………………………………………………57 Comisión Ejecutiva ....................................………………………………………………………………………..58 Asesores ........................................……………………………………………………………………………………60 Jornadas de Estudio ....................................………………………………………………………………………61 Base de fe ........................................…………………………………………………………………………………62 Certeza-Abua ......................................………………………………………………………………………………63 Modo de empleo de las guías del plan de Formación .......................…………………………….....64 Fuentes Consultadas ....................................…………………………………………………………………….65

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RECOMENDAMOS
. LA LUCHA, John White
El autor recorre con nosotros las áreas básicas de la vida cristiana con la que luchamos a lo largo de la vida: la oración, la tentación, cómo evangelizar, cómo encontrar orientación en nuestras decisiones, el trabajo. Este libro nació de la experiencia del autor en estas áreas, y esta escrito en un estilo personal y ameno. Lectura indispensable para todo creyente de corazón nuevo, y con deseos de crecer.

. CRISTIANISMO BÁSICO, John Stott
Cristianismo básico es una guía ágil y profunda para quienes buscan una explicación intelectualmente satisfactoria de la fe cristiana. Incluye una guía de estudio para su uso personal o en grupos pequeños.

. ESTUDIO DEVOCIONAL DE LA BIBLIA CERTEZA, Autores varios, Certeza Argentina
El Estudio Devocional de la Biblia Certeza recorre toda la Palabra de Dios en 104 semanas, que pueden leerse a lo largo de dos años, utilizando variados enfoques de estudio, que le facilitarán una lectura práctica, eficaz y devocional de ella. Recomendamos especialmente para: programas de discipulado de la iglesia; lectura para nuevos creyentes, herramienta para todos los que trabajan en tareas pastorales.

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