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LUNA Y LOS 4 ELEMENTOS

LUNA Y LOS 4 ELEMENTOS

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http://www.bubok.es/libros/223309/LUNA-Y-LOS-4-ELEMENTOS Algo raro sucede en Pramel. La naturaleza quiere destrozar este distrito: lava, tornados,avalanchas y maremotos; salen de la nada para borrarlo del mapa. Nadie sabe porque esta pasando, pero 3 ingenuos niños saben como parar tanta catástrofe. Entonces recurren en la ayuda de una extraña mujer, sin saber que aquella pondrá sus vidas en peligro sin ningún asco.
http://www.bubok.es/libros/223309/LUNA-Y-LOS-4-ELEMENTOS Algo raro sucede en Pramel. La naturaleza quiere destrozar este distrito: lava, tornados,avalanchas y maremotos; salen de la nada para borrarlo del mapa. Nadie sabe porque esta pasando, pero 3 ingenuos niños saben como parar tanta catástrofe. Entonces recurren en la ayuda de una extraña mujer, sin saber que aquella pondrá sus vidas en peligro sin ningún asco.

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original

“Todos tenemos las mismas

herramientas, pero no todos
las usamos de la misma manera”
Luis Benavides







A los 4 elementos,
que han sido fuente de inspiración
para muchas historias.
Esta vez es mi turno.




El mundo de Luna

No quiero aburrirte con esta presentación. Personalmente
a mí me aburre leer las introducciones, así que iré al grano:
Esta es una historia de ficción (para algunos).
Luna es la protagonista de esta historia. Ella vive en un
planeta como el nuestro; solo que en el de ella hay criaturas
fantásticas, tienen una muy avanzada tecnología y las personas
son maestros capaces de controlar los 4 elementos: agua,
tierra, aire y fuego.
Ella es una tímida niña que se ve envuelta en una
aventura de la cual tendrá que superar sus miedos y traumas;
aprenderá que tendrá que cambiar de actitud para sobrevivir a
los hechos.
El distrito Pramel, el cual es su hogar, se ve amenazado
por el lado destructivo de los 4 elementos. Esto se manifiesta
acto seguido del comportamiento extraño de los dragones
guardianes de los elementos.
Pramel se encuentra atrapado por tornados, lava,
temblores y maremotos. Por suerte del destino Luna queda
fuera del distrito junto con Milca y Tato, dos amigos que se
hizo en la academia Miguel Grau.
Juntos pasaran por cosas inimaginables para salvar al
distrito en el cual se encuentran atrapados sus padres.
Bueno eso es todo, si quieres saber más… lee el libro.
Desde el capitulo fuego la cosa se pone mas interesante.
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CAPITULO I
Los 4 elementos
La nerviosa de Luna estaba siendo acompañada por sus
padres en su primer día a la academia Miguel Grau. La cual es
una escuela de maestros de los cuatro elementos o
simplemente maestros. Mientras recorrían las calles del
distrito de piedra: Luna llevaba su pelo largo y negro
cubriéndole parte de su linda pero tímida cara, una túnica
opaca de color celeste, un bolso de colores andinos y unos ojos
que delataban su nervioso comportamiento.
Su mamá era muy recorrida y se parecía en todo a Luna,
solo que en versión madre y sin ese pelo tapándole la cara. Su
papá no se parecía ni mierda a Luna y también era un
recorrido maestro, a diferencia de Luna, quien recién iba a
aprender a desarrollar sus poderes.
Cuando llegaron a la academia, Luna se quedó afuera
mirándola un rato; solo por mirar. No era nada del otro mundo,
una simple academia y ya: Un edificio grande de diez pisos
con las paredes blancas y celestes; con una sola y gran puerta
de madera abierta de par en par, mientras la resguardaban dos
guardias altos y musculosos vestidos de azul oscuro. Luna
entró por esa gran puerta mientras se despedía de sus padres.
Se encontraba en la recepción. Donde el suelo era de
parquet y estaba exageradamente encerado, tan encerado que
una persona podía ver su reflejo en el piso. Varios estudiantes
de entre 10 y 15 años caminaban por este lado, cosa que le
daba un poco de miedo. Ella se graduó de antisocial en la
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mejor universidad, así que entrar a un lugar con mucha gente
le era chocante para su timidez.
Abrió sus piernas medias temblorosas para caminar, a
pesar que no era su primera vez tenia nervios. Ya antes había
venido a este lugar cuando vinieron sus padres a inscribirla y
sabía a donde tenía que ir.
Se dirigió a una secretaria con cara de mierda. Era muy
bonita, pero su seriedad opacaba su belleza. Tenía el pelo
largo negro, labios abiertos y mirada fija; una persona al verla
se podía imaginar muchas porquerías que ella pudiera estar
pensando. Sobre su escritorio había un aparato negro, parecido
a un lector de precios de los supermercados. Aquello
escaneaba unos relojes plateados que los alumnos llevaban en
sus muñecas. Estos relojes servían para muchas cosas, pero
por ahora en el de Luna solo decía: «Nivel 1». Ella pasó su
muñeca por el lector y luego se metió por un pasillo. Éste
desembocaba en un gran patio y una escalera al terminarlo. El
patio tenía varias puertas conectadas por donde entraban y
salían estudiantes y profesores de la academia.
Luna se cagaba de miedo, ella era estúpidamente tímida,
nunca salía de casa y estar rodeada de gente la ponía muy
nerviosa. Mientras cruzaba el patio y veía a los demás
pensaba: «No me miren, no me miren». Mientras tanto bajaba
la mirada, le temblaban las manos, se sentía mal, no quería
estar ahí.
Era muy duro para ella, pero aun así lo terminó.
Subió las escaleras y vio bajar a unos maestros adultos,
entonces ella desviando la mirada pasó por su lado hasta llegar
arriba. Éste no era su piso, el de ella quedaba en el tercero, así
que siguió subiendo. Al terminarla toda, se encontró con un
largo pasillo lleno de varios salones; el de ella era el primero
de la mano izquierda. La puerta estaba entreabierta por lo que
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Luna entró sin problemas. No se dio cuenta que adentro la
clase ya había comenzado, si no hasta que estaba parada
delante de todos los alumnos y el profesor. Todos los ojos se
posaron sobre ella, como si estuviera desnuda.
Luna se quería morir ahí mismo, estaba llena de
vergüenza, todos mirándola la penetraban de nervios. Se puso
roja y se quedó inmóvil respirando agitadamente.
—Buenos días —le saludó el profesor de aquella clase.
—Bue-nos-di-as —tartamudeó ella—. Disculpe la
tardanza.
—¿Perdón? —le preguntó él sobándose la cabeza.
—Que buenos días —volvió a repetir tímidamente —.
Disculpe por la tardanza.
—Muy bien señorita, pase y tome asiento.
—Gracias —tímidamente dijo.
—¿Perdón? No la escucho.
—Que gracias digo —volvió a repetir un poco más fuerte.
Ella siempre sentía que su voz era fuerte, pero al parecer
el profesor no la escuchaba bien; cosa que la devastaba aun
más. Fue hasta el fondo del salón y se sentó en la última
carpeta. Adelante había sitios vacios, pero ella no quería
sentarse ahí. Era demasiado para su timidez, atrás se sentía
segura.
—Bien como les decía —explicó el profesor—: Los
cuatro elementos son agua, tierra, aire y fuego. Deben de
acoplar cada uno por separado para lograr el equilibrio
perfecto. El agua es cambiante como el mar, pueden hacer olas
gigantes o un pequeño salpiqueo. Por otro lado la tierra es
efectiva pero lenta. El fuego no necesita de ideas, primero es el
fuego y después viene la idea, lo hace instantáneamente. El
aire es rapidez…
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Luna muy tímida con su cara de «yo no fui» estaba
escuchando la clase mientras observaba un poco el salón: Eran
15 alumnos en total, todos de un promedio de diez años al
igual que ella. Lo que diferenciaba a niños de niñas, era una
camisa celeste de mangas largas; ya que las niñas llevaban una
túnica de color celeste opaco; después de esto, todos llevaban
un pantalón negro y unas zapatillas negras con unas franjas
celestes. Frente a este grupo había un escritorio y al lado
estaba el profesor.
Éste era una persona simpática y agradable. Tenia el pelo
negro, piel suave y un lunar sexy arriba del labio (era lo que
decían las alumnas). Su mirada era muy interesante porque
parecía que pudiera leer la mente. Vestía un oscuro pantalón
que le quedaba un poco apretado, una camisa rosada, unos
zapatos negros, un chalequito azul y un collar de un diente de
dragón. Éste al igual que todos los maestros, también llevaba
un reloj plateado en su muñeca derecha.
Mientras Luna lo observaba, el profesor explicaba su
clase:
—Cada elemento tiene su forma y sabiduría, por eso
viajaran a cuatro lugares con un profesor diferente en cada
uno. Cada profesor tendrá el elemento natural del que les van a
enseñar.
—¿Qué es el elemento natural? —preguntó un alumno de
pelo negro despeinado y mirada perdida.
—El elemento natural es lo que tiene cada maestro —
respondió el profesor—. Todos nacemos con un elemento
natural. Si bien podemos controlar los 4 elementos, siempre
tenemos un elemento que nos es más beneficioso y más grato
al usarlo. Ahora, cada elemento será aprendido en un lugar
diferente fuera de la academia. Esto solo se aplica para
alumnos de primer ciclo como ustedes, tienen que practicar
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sus técnicas en campos grandes y abiertos para evitar
accidentes. La cascada de la dragona será el primer valle al
que viajaran, y ahí es donde aprenderán a controlar el
elemento agua.
—¿Y por qué ese va a ser el primer elemento que
aprenderemos? —preguntó una alumna de pelo corto castaño y
cara bonita—. ¿No podemos aprender otro elemento primero,
como el fuego?
—Bueno —respondió el profesor—. El elemento fuego
será el último que se les enseñará. El elemento agua es
primero, porque por decirlo de alguna manera, es el elemento
más fácil de controlar, se adapta fácilmente a los maestros.
Algunas características del agua son: emociones y
adaptabilidad, en cambio algunas del elemento fuego son: ira y
reacción; e imagina que pasaría si estuvieras enojada cuando
practiques con el caliente elemento… podría causar accidentes
desagradables; por eso siempre empezamos con el elemento
agua…
—Pero si estamos enojados cuando practiquemos con el
agua —insistió la alumna—. ¿No causaría también accidentes?
—¿Qué pasaría? —preguntó el profesor—. Mojarías a
quien este a tu lado, y no creo que mojar a alguien sea peor
que quemar a alguien… ¿Ahora me entiendes?
La chica asintió y cerró el hocico.
—Luego viajaran a la cueva de la dragona —continuó el
profesor—, también conocida como la cueva verde. Es un
lugar ideal en donde aprenderán a controlar el elemento tierra.
Pero créanme que ahí si van a sudar. El elemento tierra
representa lentitud, fuerza, firmeza y mas características que
los harán transpirar. Durante ese módulo muchos creerán que
no podrán dominarlo, pero con práctica y dedicación lo
conseguirán. Luego viajaran al nido del dragón, en donde
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aprenderán a controlar el elemento aire… Cabe mencionar que
los elementos están ordenados en esta forma de aprendizaje,
porque primero deben de aprender de la tierra para que sepan
donde están parados antes de elevarse por las nubes. Por eso el
elemento aire se aprende después del elemento tierra. Y el
elemento agua está en primer lugar porque para aprender los
elementos tierra y aire primero deben tener el conocimiento de
algún elemento… y obvio que no va a ser el fuego, por eso en
primer lugar está el agua. Luego viajaran al volcán del dragón,
en donde ya con conocimientos de 3 elementos, podrán
aprender el último; y déjenme decirles que muchos se sentirán
frustrados al ver que el control del fuego no es tan fácil como
algunos creen… El fuego está vivo, a diferencia del agua, que
el agua da vida, el fuego está vivo y quita vida. Tendrán la
sensación de estar luchando contra su sombra cuando intenten
controlarlo, se acordaran de mí.
Al finalizar estas palabras, el profesor tocó un botón de la
pared. Al hacerlo se deslizó hacia abajo una pizarra desde
arriba del techo bordeando la pared. Ésta era de color blanca
media transparente y parecía una lámina de agua.
—Vamos a definir a los elementos en palabras —dijo el
profesor. Y con su dedo dibujó una cruz en la pizarra.
Luego dibujó un círculo en cada punta.
—En la pizarra como pueden ver —continuó el
profesor—, hay una cruz con cuatro círculos. Cada círculo
representa un elemento.
El profesor escribió «aire» en el círculo de arriba, «tierra»
en el de abajo, «agua» en el de la izquierda y «fuego» en el de
la derecha.
—La tierra representa firmeza y lentitud —dijo el
profesor y luego lo escribió en el círculo de abajo.
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»El aire es lo opuesto a la tierra, entonces pondríamos que
el aire es flexibilidad y rapidez —dijo el profesor y luego lo
escribió en el círculo de arriba.
»El elemento fuego representa destrucción e instinto —
dijo el profesor y luego lo escribió en el círculo de la derecha.
»Su opuesto es el agua, por lo que diríamos que el agua
representa curación y adaptación — dijo el profesor y luego lo
escribió en el círculo de la izquierda.
En la pizarra se había formado una cruz con
características de los 4 elementos dentro de cada uno de los
cuatro círculos.
—¿Se dan cuenta como son opuestos? —indujo el
profesor—. Sigamos entonces… Si yo pongo acá
imaginación… ¿En el extremo que pondría?...
—Realidad —respondió el alumno de pelo negro
despeinado y mirada perdida.
—Exacto —dijo el profesor—, lo opuesto a la
imaginación es la realidad. ¿Y si yo pongo acá amor, acá que
pondría?
—Odio —dijo la alumna de pelo castaño y cara bonita.
—Muy bien —dijo el profesor.
…Pasó un buen rato hasta que el gráfico se hubo llenado
por completo. Luna se quedó asombrada al ver cuantas
características tenia cada elemento, jamás se lo hubiera
imaginado.
Mientras tanto el tiempo hacia su trabajo, y ella ni cuenta
se dio pero ya habían pasado dos horas. El timbre de descanso
sonó.
—Es hora de su descanso —dijo el profesor—, tienen
media hora.
Los alumnos salieron del salón, y cuando no hubo nadie,
Luna de su asiento se levantó. Como tenía hambre, se fue
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hacia la cafetería de la academia que quedaba en el primer
piso. Cuando llegó, se metió y vio que al fondo estaba la
señora que atendía. Luna se dirigió a ella.
Ésta era gorda, cachetona, con pelo blanco, el ceño
fruncido, y piel de color blanco sin vida; un mandil rosado
estaba encima de su blusa y pantalón blanco. Una barra la
separaba de los alumnos; sobre ésta descansaban unas canastas
de madera que contenían panes rellenos de: palta, queso,
chicharrón, torreja, tortilla, pollo deshilachado, etc. También
vagaban varios jarrones de arcilla que contenían: maca,
quinua, avena, quiwicha, ponche de habas, etc. etc. etc.
—Disculpe, deme un pan con torreja y una quinua —
suavemente pidió Luna.
—¿Un qué? —preguntó fuerte esta gorda mujer.
—Un pan con torreja y una quinua —volvió a repetir
Luna.
—Niña, puedes hablar mas fuerte por favor, que no te
escucho —le pidió la cachetona mujer.
—¡Un pan con torreja y una quinua! —volvió a repetir
Luna un poquito mas fuerte.
—Son dos monedas de bronce —dijo la mujer gorda de
pelo blanco.
La señora le dio un pan con torreja y una quinua a Luna,
quien de su bolso de lana de colores andinos sacaba dos
monedas de bronce para entregárselas como pago. Luna se
sentó en una de cuatro mesas, quedando con la mirada frente a
la señora que atendía. Pudo ver que el contorno de su cabeza
parecía el de una pera debido a los enormes cachetes que
poseía.
Al cabo de un rato una niña con enormes lentes y pelo
marrón cucaracha se sentó en la misma mesa que la de Luna.
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—Hola —le dijo muy rápido—, me llamo Milca. ¿Tú
como te llamas?
—Hola —tímidamente dijo Luna—. Yo soy Luna.
—¿Eres quien? —volvió a preguntar.
—Luna, me llamo Luna.
— Ah, ya. ¿Tú vives en este distrito no? Te he visto un
par de veces.
—Si, vivo acá, solo que no salgo mucho.
—¿Qué? —preguntó la niña de grandes lentes.
—¡Que no salgo mucho! —volvió a repetir Luna
levantando un poco mas la voz.
—Ah ya, es que no te escucho. Yo también vivo en
Pramel y estoy en tu mismo salón por si no te has dado cuenta,
pude ver cuando llegaste tarde.
—Si, hoy llegué tarde.
—¿Qué?...
Luna tenía ese gran defecto de hablar bajo, tal vez sea por
su timidez o por algún otro factor… pero el profesor, la señora
que atendía en la cafetería y la nueva niña que se le presentó;
no oían lo que decía. Sin embargo ella sentía que hablaba
fuerte, además en su casa nunca tuvo problemas; tal vez esto
se debía a que no estaba acostumbrada a socializar con gente
nueva, como con esta niña.
Aquella era muy bonita. Tenía una colita de color marrón
cucaracha, unos ojos marrones muy peculiares, piel clara,
cerquillo, labios bonitos, rasgos suaves, y unos enormes lentes
de marco rojo que desencajaban con todo su lindo rostro.
Se había comprado un pan con torreja y una maca, los
cuales devoraba sin ninguna compasión. Entre mordida y
mordida le hacia muchas preguntas a Luna, quien solo se
limitaba a contestar mas no a preguntar. Sin embargo, nuestra
protagonista estaba sintiendo algo especial. Ella no hablaba
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mucho con la gente, y al hacerlo con esta niña le hacia sentir
bien. Y valga la redundancia sentía que su vida cobraba vida.
A pesar de esto, Luna no le miraba a los ojos y hablaba bajo.
—Ahora empezaremos con un poco de práctica para que
comprendan mejor lo que les estaba explicando —dijo el
profesor cuando ambas chicas regresaron al salón—, para eso
necesito que cojan un par de guantes de esta bolsa negra.
De la bolsa que sostenía el profesor, Luna cogió un par de
guantes. Eran de color verde caqui y tenían un dragón celeste
y blanco. Aquel dragón era el logo de la academia y le hizo
recordar a «Pramel»; un dragón que dicen habita en la pileta y
sobre el cual se construyó el distrito donde ella vive.
—En ese estante hay unos tubos de vidrio que contienen
agua —señaló el profesor—, cojan uno y llévenlo a su sitio.
Luna cogió un tubo transparente con agua, de un estante
que estaba colocado entre la pared y el rincón. Aquel estante
estaba lleno de cosas raras e interesantes.
—Para los que no sepan —continuó el profesor—, esos
guantes que tienen son especiales. Colóquenselos para que lo
entiendan.
Luna se colocó los guantes y sintió como si tuviera unas
manos extras que ella podía mover pero que no eran de ella…
Una cosa así sentía mientras que en la parte anterior de los
guantes, cuatro círculos de color: rojo, amarillo, verde, y azul;
prendían como si fueran focos.
—Cada color representa a uno de los 4 elementos —
explicó el profesor—. Los guantes son herramientas especiales
para que realicen las prácticas que les voy a dejar, sin ellos no
podrían hacerlo.
Luna con los guantes puestos tocó su objeto transparente,
y el agua contenida en ello comenzó a hacer ebullición.
Rápidamente lo soltó.
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—El objetivo de la primera práctica consiste en tocar un
botón que hay dentro de los frascos —dijo el profesor—. Eso
lo harán subiendo el agua, así, observen.
El profesor cogió uno de los tubos transparentes. Éstos
eran translucidos y con forma de cilindro; tenían conectados
un botón en la parte superior, pero solo se podía tocar desde
adentro. Lo colocó sobre el escritorio. Luego apuntó sus
manos hacia ese objeto haciendo que el agua contenida suba,
hasta que sonó: «¡Pin!»… el agua había subido hasta la parte
superior tocando el botón interior.
Luego para presumir (aunque él decía que lo hacia para
probar si funcionaban los tubos), hizo que el agua de todos los
tubos subiera, tocando los botones de todos los tubos y por
ende votando un sonido troquelado.
—Tienen quince minutos para hacerlo —dijo el profesor.
Algunos realizaban la práctica con suma facilidad y en
consecuencia terminaban al toque. Pero otros, como el niño de
pelo negro despeinado y mirada perdida, se demoraban. Aquel
se ponía rojo de tanto concentrarse para mover el agua. La
niña de cara bonita y pelo castaño tenía dificultades, el agua
solo subía un centímetro.
Pero a Luna le resultó fácil, que quince minutos ni que
quince minutos, ella lo hizo en 15 segundos. Desde que nació
el agua siempre había estado de su parte, siempre le había sido
grato este elemento…: Cada vez que llovía el agua no la
mojaba, cuando se lavaba el pelo recibía suaves masajes en su
larga cabellera negra, cuando tomaba sopa y estaba muy
caliente ésta se enfriaba, y muchas cosas mas relacionadas con
el agua; que se esconden en la historia de Luna, nuestra ahora
tímida protagonista de esta historia.
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Pasaron 10 minutos y ya todos habían tocado el botón de
sus tubos: «¡Pin!, ¡Pin!, ¡Pin!, ¡Pin!, ¡Pin!»… Sonaban
después de subir el agua hasta el botón.
—Muy bien, lo han hecho muy bien —dijo el profesor—.
Ahora devuelvan los tubos al estante y cojan los artefactos de
la siguiente repisa.
Luna devolvió el tubo de vidrio al estante y cogió el
objeto de la siguiente repisa. Se trataba de unas pelotitas de
jebe transparentes rellenos de tierra.
—La siguiente práctica es con el elemento tierra —dijo el
profesor—. Lo que tienen en sus manos son unas pelotitas de
jebe que tienen en su interior tierra. Lo que tienen que realizar
es simple: Colocar la pelotita sobre sus carpetas, y sin tocarla
hacer que esta ruede y caiga al piso. Apunten con sus manos y
muevan esa energía hasta conseguirlo. Tienen media hora.
—Tanto tiempo —murmuró un alumno que terminó la
anterior prueba en menos de 2 minutos.
—Bueno, si crees que es tan fácil te invito a que no los
demuestres —le invitó el profesor.
El alumno todo presumido colocó la pelotita, frente a él; y
moviendo sus manos trataba de hacerla rodar, pero se puso
rojo de tantos intentos y de tanto concentrarse para moverla;
en consecuencia no lo logró.
El profesor se puso al frente del salón, y con una figuretti
demostración hizo que todas las pelotitas rodaran y se cayeran
al piso. Luego las devolvió por el mismo camino por el que
cayeron, haciéndolas levitar hasta las carpetas. Parecía como si
hubieran retrocedido en el tiempo. Los alumnos se excitaron
de ver tal espectáculo. El profesor se sentó detrás de su
escritorio y les dijo:
—Tienen media hora para lograrlo.

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