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EL DESATENTO, EL DESGASTADO Y EL FÁRMACO

Un triángulo antieducativo

Prof. Leticia Pierri (coord.)


Marcela Arroqui
Mayra Carrozzino
Magela Castro
Stefanie Gallero
Elizabeth Groba
Pablo Scagliola i

(Artículo publicado en la revista VOCES,


espacio alternativo de AELAC.
Año X, Nro. 29, diciembre de 2008,
Montevideo-Uruguay; páginas 50 a 60)

Advertencia

Situados en ésta sociedad de consumo le invitamos a reflexionar a partir de una tímida


advertencia: el sistema educativo puede ser perjudicial para su salud.

No estamos advirtiéndole acerca de un nuevo problema pedagógico puesto que- desde


diversos contextos y posturas– este básico y polémico inconveniente ha sido analizado
en profundidad por importantes educadores y teóricos tales como Dewey, Freinet, Freire
entre tantos otrosii.

De un modo complementario, suponemos que desde su formación, experiencias y


lecturas del mundo, usted ya le habrá asignado un contenido y un sentido específico a la
advertencia expuesta. No obstante, en esta ocasión nos planteamos y le proponemos
pensar acerca de una problemática que evidencia la complejidad actual de las relaciones
entre la salud y la educación instituidas. Nos referimos a la dificultad de aprendizaje
denominada “déficit de atención”, especialmente el que va acompañado por la
“hiperactividad” de los niños y adolescentes. Es decir, nos interesan particularmente
aquellas dificultades que hacen que los niños y adolescentes resulten molestos
principalmente para los familiares y docentes.
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Sabemos que este problema es tratado por especialistas médicos, psicólogos y
psicopedagogos que se ocupan de su abordaje. Pero además partimos de la convicción
de que también es objeto de la reflexión pedagógica en tanto nos interpela como
educadores y futuros educadores a indagar, informarnos y reconstruir conceptos en vista
del carácter histórico, político y ético de las praxis educativas. Es por ello que aquí
entendemos insoslayable el problema del creciente e indiscriminado suministro de
medicación a niños/as y adolescentes.

De esta alarmante constatación emerge la presente reflexión pedagógica que


compartimos con el lector, reflexión que parte de los siguientes criterios teóricos
orientadoresiii:

1) afirmamos le importancia de analizar críticamente las condiciones que


hacen que los seres humanos sean objetos del ejercicio de las prácticas de
dominación
2) damos por supuesto la existencia de saberes que, desvalorizados u omitidos,
no resultan disciplinados académicamente ni suelen ser reivindicados por el
sentido común de la cultura hegemónica.
3) reconocemos la necesidad de articulación entre teoría y práctica, la cual
nos exige ensayar la interrelación entre los saberes de las prácticas con los
saberes generales, los científicos y los locales.
4) destacamos la pertinencia de “buscar medios y procedimientos para, de entrada,
poner en cuestión la lógica creciente de la pedagogización, los esquemas clasificatorios al
uso. No aceptar sin revisión los diferentes estadios, niveles, programas en los que se intenta
encerrar a los sujetos y a los saberes (…). Favorecer la insurrección de los saberes y el
desarrollo de nuevas formas de subjetividad”.iv

Para localizar algunas de las prácticas e instrumentos que nos producen como sujetos al
tiempo que nos habitúan a resultar clasificados y dirigidos, es menester evidenciar tanto
el carácter histórico de la producción de subjetividades así como los intereses
económicos y las relaciones de poder en juego. En síntesis y respecto al tema que nos
preocupa: ¿cómo se presenta el discurso predominante acerca del déficit de atención y
cómo éste se actualiza en las concepciones y prácticas imperantes sobre la educación y
la salud?

El Estado y las corporaciones

Cuando nos propusimos obtener información actualizada en relación al sentido que


orienta nuestras reflexiones, consideramos importante entrevistar a alguna persona que,
desde su ámbito de actividad, estuviera interiorizado/a con el tema y cuyas acciones no
fueran de conocimiento para la amplia mayoría de trabajadores de la enseñanza;
decidimos encontrarnos con algunas actividades de investigación crítica que estuvieran
omitidas, desconocidas o desvalorizadas por el discurso educativo habitual sobre el
déficit de atención.v

Movilizados por esa decisión y propósito, nos encontramos con el abogado Javier
Palummo; él nos ha brindado información y hemos reflexionado sobre ella desde una
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instancia de encuentro que evidenció la inquietud compartida de incidir en la realidad y
de problematizar los prejuicios existentes acerca de la niñez y de la adolescencia.

El Dr. Palummo forma parte del Observatorio del Sistema Judicial (OSJ) que, entre
tantas otras actividades, ha entrevistado a adolescentes privados de libertadvi. Nos indica
que el 63% del total de adolescentes entrevistados expresó estar tomando algún tipo de
fármaco. Es de destacar que en dos establecimientos donde se encuentran adolescentes
privados de libertad el 100% de ellos toman algún tipo de fármaco. También nos
comenta que de los que reciben medicación el 96% toma psicofármacos (y de ellos, el
72%, cuando es entrevistado, dice que lo hace para poder dormir).

Respecto a la Ritalina (metilfenidato), el OSJ comenzó una investigación a partir de la


constatación de que este medicamento está fuertemente ligado al funcionamiento de
sistema educativo; dentro de éste se afirma con demasiada frecuencia que muchos niños
y adolescentes deben tomarla para poder prestar atención y adecuarse a los
cronogramas. Además, existe una fuerte correlación entre el horario escolar y la
duración de la medicación ingerida; por ejemplo, se nos indica que en las escuelas de
tiempo completo se suministra metilfenidato en dosis cuyo efectos duran 8 horas, tal
que produce efectos durante el desarrollo de la carga horaria en dichas escuelas.vii

El OSJ resolvió solicitarle al Ministerio de Salud Pública (MSP) información de la


importación y fabricación de medicamentos en el marco de la instrumentación de
políticas públicas en materia de salud. El Objetivo que el OSJ se ha planteado es lograr
contrastar los datos que proporciona el Ministerio con información de carácter
demográfico así como con la socioeconómica y con la referente al sistema educativo.

Este tema es de interés del OSJ ya que la medicación de niños y adolescentes nos lleva a
reflexionar acerca del cumplimiento de los Derechos Humanos y en particular sobre los
Derechos a la Salud y a la Educación.

La solicitud de información al MSP se realizó en el mes de marzo del año 2007; como
el Ministerio no brindó la información correspondiente en el lapso de 150 días, en el
mes de agosto se generó, entonces, la “denegatoria ficta”. Luego el OSJ presentó una
acción de amparo, a la que el Ministerio se opuso y perdió en primera instancia.

El Dr. Palummo indica que el OSJ está buscando una explicación respecto a la
importación y consumo excesivo de éste fármaco, que es carísimo. Existen enormes
dificultades para obtener la información pertinente y discriminada por edades.

La inevitable reflexión que planteamos al respecto es: ¿no existirá una incidencia de
intereses económicos y corporativos que logran imponerse en las instituciones
educativas y que profundizan las carencias de sus proyectos?

Hasta el momento, el MSP proporcionó al OSJ los siguientes datos en el marco del
proceso judicial: “Listado de importaciones realizadas por nuestro país desde el año
2001 a la fecha”viii:
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Importación
Años Gramos Importación Metilfenidato
2001 900
2002 4500 18000
2003 9180 16000
14000
2004 9946,9 12000

Gramos
2005 5803,6 10000
Serie1
2006 8764,5 8000
6000
2007* 16575,7 4000
2000
0

0 1 02 03 0 4 05 0 6 7 *
20 20 20 20 20 20 200
Años

¿Qué es lo que realmente sucede?

Analicemos lo que está frente a nuestros ojos acerca de la importación del metilfenidato
que el MSP destina para el consumo de la población. La importación se “disparó” con la
crisis del 2002; tendió a disminuir hacia el 2005 pero a partir de entonces ha tenido un
sostenido y alarmante incremento.

El empleo excesivo del fármaco, en esta sociedad consumista donde los propios adultos
también dependen de pastillas, nos hace reflexionar sobre una concepción imperante
que es reduccionista, “química” y funcional del ser humano. Una concepción que
descontextualiza económica y culturalmente el “malestar en la subjetividad
contemporánea”ix. Se aplican, entonces, en vez de los castigos físicos de antaño ( que
evidenciaban públicamente el impacto del poder disciplinario en el cuerpo) un control
que el Dr. Palumno había denominado en su testimonio como “más blanco, más limpio
y profesional”.

Contaminados e impacientes

Cuando se suministra medicación masivamente los niños/as y adolescentes cuyos


déficits atencionales preocupan a padres y profesionales varios, se parte de una
concepción de ser humano abstracta; ello lo analizaremos más adelante a partir de un
abordaje reflexivo sobre las técnicas empleadas con fines que sólo aparentemente son
diagnósticos. Por el momento, cuestionemos a las simplificaciones imperantes.

En la prensa de nuestro país y de otros países hay varios artículos que contribuyen a
considerar que existen también otros factores, además de los biológicos, que inciden en
los problemas de aprendizaje y nos muestran la complejidad de la dramática situación.
Destaquemos alguna condición medioambiental; por ejemplo: la contaminación del
suelo, agua y aire con plomo debido fundamentalmente (pero no únicamente) a lo que
ha sido históricamente la utilización de naftas con plomo. Se han escrito varios artículos
en la prensa y han existido pronunciamientos de denuncia frente a la situación de que la
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plombemia puede afectar a cualquier niño uruguayo, de cualquier barrio y punto de la
República.x

La contaminación con plomo no se circunscribe a las zonas marginales y los médicos


indican que el plomo disminuye el coeficiente intelectual de los niños y provoca
diversos problemas físicos y de aprendizaje; los niños se vuelven hiperactivos,
impulsivos y en ocasiones violentos. El plomo tardará muchos años en irse de nuestro
suelo...

Además de las condiciones medioambientales existen aspectos socioculturales que no


son considerados al momento de prescribir masivamente el mismo medicamento para
los sujetos-sujetados.

En el ámbito del ensayo sociológico, Zygmunt Bauman reflexiona que para los seres
humanos en la actualidad campea algo así como un síndrome de la aceleración y de la
impaciencia. Si tenemos eso en cuenta, a nosotros no nos resulta tan extraño que la
hiperactividad sea cada vez más frecuente en esta sociedad de consumo en la que se
destaca el breve goce de cada uno de los objetos. La fluidez consumista afecta a la
escolarización porque ésta última requiere un cierto detenimiento, atención y
expectativa para enmarcar los saberes en un proyecto de vida.

Bauman caracteriza la actualidad en los siguientes términos: “En nuestros días, toda demora,
dilación o espera se ha transformado en un estigma de inferioridad (...) La posición de cada uno en la
escala jerárquica se mide por la capacidad (o la ineptitud) para reducir o hacer desaparecer por completo
el espacio de tiempo que separa el deseo de su satisfacción. El ascenso en la jerarquía social se mide
por la creciente habilidad para obtener lo que uno quiere (sea lo que fuere lo que uno quiere) ahora, sin
demora”.xi
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Los saberes académicos, en su definición, contrastan con la fluidez que el autor
describe. Quizás estemos en la particular situación de que la “cultura académica”
escolar está siendo sometida por el propio sistema educativo que otrora le diese
contención y legitimación; sistema educativo que se reconfigura en pro de la cultura del
instante y que se dispone acríticamente a asumir que la medicamentación durante el
tiempo escolar es la condición sine qua non para que aseguremos ante quien
corresponda que institucionalmente “sabremos cumplir” con la transmisión de
conocimientos. La medicamentación sería algo así como un cartel de “PARE” en el
tránsito de niños/as y adolescentes por la modernidad líquida.

La producción y el empleo de instrumentos

La fluidez es, en principio, encauzada, controlada y aprovechada bajo los términos de la


administración y el cálculo de la vida; al fin de cuentas, al decir de Grinberg, lo medular
es que cada sujeto se auto-encauce tal que las contradicciones del sistema se conviertan
en meros problemas comunitarios, identitarios, personales y biográficos. Esto nos
mueve a analizar algunos instrumentos y procedimientos del ejercicio del biopoder.xii

La población en “riesgo pedagógico” es la que corre el riesgo de aprovechar poco la


escuela o abandonarla. Para identificar a los individuos en riesgo se trata de hacer
aparecer en el dispositivo pedagógico a los sujetos que “se esconden” detrás de los
porcentajes de la disfuncionalidad. Para ello, se diferencia del resto a algunos
individuos concretos, se los identifica y se actúa sobre ellos. Aquí nos interesa cómo se
identifica y se actúa sobre el desatento que cae en las redes de la medicamentación
indiscriminada.

En los planteos pedagógicos de Grinberg aparecen especificaciones sobre la


administración técnica de la diferencia como forma de anticipación y prevención de la
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conducta desviada. Se trata de prácticas de producción de la subjetividad que pretenden
lograr el gobierno de la conducta. Para ello necesitamos tener presente que: “toda práctica
educativa supone poner en acto unos determinados modos de ejercicio del poder y, por tanto (...) no se
trata sólo de democratizar o no su ejercicio de modo que sea posible identificar usos ‘buenos’ y usos
‘malos’, sino de analizar los instrumentos y prácticas diversas a través de las cuales el poder, como
voluntad y como relación, produce sujetos”xiii [el resaltado es nuestro]

Pues bien, citémonos cara a cara con dicha racionalidad que identifica y produce a niños
y adolescentes incómodos para el normal devenir de lo instituido. Porque el “desatento”
y el “hiperactivo” es producido a partir de una identificación de sus características; toda
problemática es visualizada a partir de una construcción social que la señala como
existente. Actuando sobre el desatento se producirá un alumno. Un alumno medicado:
ello es lo que en esta oportunidad es de nuestro interés, con el propósito – como
indicábamos al comienzo – de no aceptar irreflexivamente los esquemas clasificatorios
al uso ni de resignarnos frente a eventuales prácticas de dominación.

En el sistema educativo de nuestro medio, el procedimiento habitual es el siguiente: los


docentes tratan el problema con el psicólogo del sistema educativo quien, a su vez, se
entrevista con los padres. A partir de allí y a los efectos de descartar problemas
biológicos puntuales, se deriva al niño/a al pediatra y al neurólogo. Se concurre al
médico con el informe del docente. Si no hay problemas orgánicos, se lo deriva al
psiquiatra o al psicólogo.xiv

El cuestionario sobre déficit de atención más difundido se presenta bajo los términos de
una escala (la denominada Escala de Conners). Dicho cuestionario de “valoración del
comportamiento” ha de ser completado por el maestro/a por un lado y por los padres por
otro.xv

En relación a cada ítem de comportamiento en la escala, se marca si el mismo aparece:


0-nunca o raramente; 1-a veces; 2-con frecuencia; 3-muy frecuentemente. A partir de
allí el médico neurólogo o psiquiatra decide si prescribe medicación (conforme a los
testimonios de los docentes, suele brindar la alentadora recomendación de que el /la
docente simplemente debe “continuar trabajando en el aula como hasta ahora”...).

¿Cuáles son los ítems de la escala? Se ha de indicar si el niño/a no presta atención


suficiente a los detalles o comete errores por descuido. Además, si: desatiende cuando
se le habla directamente, no sigue las instrucciones y presenta dificultades incluso en
actividades recreativas. Interesa también si se rehúsa a realizar esfuerzos mentales
sostenidos, si le es difícil organizarse e incluso mantenerse sentado/a. Se pregunta si el
individuo parece inquieto, si interrumpe y si se inmiscuye en actividades ajenas. Si es
olvidadizo, habla en exceso, se apresura a contestar antes de terminadas las preguntas y
si no espera su turno. También interesa si mueve mucho las manos y los pies o se
revuelve en el asiento y si al adulto le parece que el niño/a está como “impulsado/a por
un motor”.

Este cuestionario se presenta como una “oportunidad” de expresión para los docentes y
familiares desesperados quienes, mientras van contestando, marcan ellos mismos los
límites de su intervención. El cuestionario define la irrupción de un técnico que puede
prescribir la medicación tal que nosotros podemos concluir que el camino que va desde
el cuestionario hacia los cuerpos está empedrado por adaptadas respuestas.
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Detectamos que el cuestionario pregunta si la persona es molesta o no actúa conforme a
lo que se espera de él/ella. No hay ítems que incorporen lo que se considera valioso o
bueno. Lo único relevante es que se trata de un caso problemático; se trata de alguien
que está en situación de riesgo pedagógico y que de alguna forma “afecta” a los otros.

El cuestionario, diremos, también actúa sobre docentes y familiares: los pone “en su
lugar”, en el lugar de contestar, ya que no han podido hasta el momento resolver la
situación por sí mismos. Por eso están contestando la escala. El cuestionario es
poderoso en el contexto discursivo. El que lo completa debe colaborar respondiendo a
simples preguntas referente a lo observado en la conducta del niño/a durante los últimos
seis meses. Son simples preguntas de pesadísima levedad puesto que implicarían una
gran responsabilidad. En virtud de la Escala, la responsabilidad se reduce a concentrarse
y a “decir la verdad” mientras acontece la operatoria de completar el cuestionario...paso
a paso, la responsabilidad se va delegando. Ello es inquietante pero al fin de cuentas
otro resolverá el problema ...¿pensamiento mágico?, ¿confianza?...

¿Confiar? En ocasiones es razonable, pero en otras es razonable dudar si corresponde


hacerlo. El MSP, al 28/02/08 emitió un comunicado sobre el uso del Metilfenidato
(Ritalina): “Habiéndose analizado las recetas emitidas por el cuerpo médico nacional para el uso del
Metilfenidato (Ritalina) en nuestro país, se ha constatado que más del 30% de las prescripciones son
realizadas por profesionales de Medicina General. Cabe destacar que el principio activo Metilfenidato
tiene en el Formulario Terapéutico de Medicamentos la clasificación “b” que corresponde a indicación
exclusiva de especialistas, por lo que se exhorta a las Instituciones y al Cuerpo Médico Nacional a dar
cumplimiento de la norma establecida”xvi

Recordemos que hasta el día de hoy el Ministerio de Salud Pública no ha proporcionado


la información que requieren quienes están interesados en investigar el uso del
Metilfenidato. Es un problema de interés público y no solamente del cuerpo médico
nacional.

Medicalización y otros intereses

En la prensa escrita de nuestro medio Daniel Benavides publicó un artículo denominado


“La Generación Ritalina” en el que evidencia lo discutible de las mediciones así como
lo inquietante que los seres humanos en formación crezcan dopados y dependientes de
quienes produzcan sustancias. El nos informa que: “En el 2005 el National Center on Addition
and Substance Abuse de Estados Unidos, reveló en su informe que 15 millones de norteamericanos
tomaban medicamentos analgésicos y drogas psiquiátricas, tales como el Ritalin o sus similares y
abusaban de ella más que de la cocaína, la heroína y las metanfetaminas combinadas. Es más, también
2.3 millones de adolescentes lo hacía. El informe reflejó asimismo que el abuso en la adolescencia de las
drogas de prescripción producía 12 veces más posibilidades de consumir heroína, 14 veces más de
consumir éxtasis y 21 veces más de consumir cocaína, que entre los adolescentes que no consumieron
esos medicamentos legales”.xvii

Nuestra respuesta es: mirar más allá, prospectiva, cuidar de sí y del otro como ética y
estética de la existencia. Respuesta enfática frente a la espantosa constatación de que se
ha fortalecido la articulación de intereses siniestros a partir de una práctica emergente
en el sistema educativo.
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¿Qué ocurre? ¿Hay una epidemia global? ¿Es una enfermedad? No. El Dr. Benasayag
explica que el déficit de atención (con hiperactividad) no es una enfermedad. Es una
construcción artificial: un conjunto de signos, síntomas o características que se
presentan aisladas o simultáneamente. Incluso afirma que pueden existir alternativas al
Metilfenidato, incluso “naturales”, de fitoterapia (por ejemplo Gingko Biloba, Ginseng,
etc) a los efectos de templar la conducta y fortalecer la atención. Recomienda establecer
rutinas, verificar la alimentación de los niños/as, escucharlos, permitirles desarrollar sus
intereses y que reciban una educación conveniente. xviii

Es un planteo interesante, pero ¡este problema forma parte de la educación existente!


Sin lugar a dudas, no hay recetas de ninguna índole que habiliten a enfrentar con
celeridad esta situación de un modo razonable y permanente. Entendemos que en las
alternativas mencionadas el problema continúa reducido al cuerpo del sujeto y se
concluye con la pauta normativa de buscar espacios y actividades más saludables. La
recomendación consiste en cambiar el modo de vivir. Se trata de responder con otro
modo de vivir. Si se puede hacerlo, claro está...antes de ser atrapado por las soluciones
instantáneas que el sistema educativo legitima. Se trata de alternativas para los que
están en posición de pensarlas. Pues bien, en tanto algo podemos hacer, pensémoslas.

Los actores, los autores y la historicidad

Una dificultad de aprendizaje, por definición, es más que ello. Reclama la necesidad del
trabajo interdisciplinario. Batthyány nos invita a nosotros, los atentos, a atender más al
desatento y a no etiquetarlo con liviandad. Que el propio sujeto piense cómo aprende,
qué sentido le confiere al aprender, qué le ocurre en el espacio educativo, en su
relacionamiento con los otros y con el saber. Trata de rescatar el placer de aprender y de
crear. Muchas veces los padres no confían en la capacidad de los niños/as para
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1
comprender las situaciones; desde la psicopedagogía se propone que el sujeto debe ser
él mismo el que esclarezca, con ayuda profesional, lo que le ocurre. Que sea autor de su
propia humanización.xix

Rechaza las clasificaciones que imponen docilidad. También las rechaza Julia Varela
pero en el marco de un polémico análisis acerca del control social “psi” (de psiquiatras,
psicopedagogos, psicólogos, psicoanalistas) como característico de los actuales
dispositivos pedagógicos. Los sujetos, como resultado del psicopoder, se forman con
personalidades flexibles, sensibles, polivalentes y “automonitorizadas”. Ello se
corresponde con una sociedad de consumo y un mercado de trabajo cambiante y flexible
que necesita “trabajadores a la carta”.xx

¿Podríamos, quizás, visualizar cómo se inscribiría el poder “psi” en el dispositivo


pedagógico para desarrollar, de un modo imprevisto, formas de resistencia y no de
docilidad?. Varela señala el problema en el marco del desarrollo histórico de la
pedagogía contemporánea, por lo cual nuestra propia historicidad ha de ser destacada
para resistir.

¿Y respecto al saber médico específicamente? ¿Cómo reflexionar sobre el mismo?

El Dr. Portillo plantea que el saber médico es en realidad relativo y con una relevante
dimensión simbólica en la sociedad pero que también está caracterizado por una
dimensión mercantil que incluye a la farmacéutica y a la aparatología. Por su parte, y a
los efectos de mostrar una multisignificación, le comentamos al lector/a que el escritor
Tomás de Mattos reflexiona que lo más grave es la progresiva desmedicalización del
servicio médico como consecuencia del multiempleo, burocratización y
despersonalización de dicha profesión liberal. xxi

En síntesis, creemos muy sensato detenerse a pensar cómo la situación del trabajador
(médico, docente, abogado, psicólogo, etc) se constituye en un factor relevante para
entender las prácticas diagnósticas, terapéuticas, jurídicas y educativas. Considerando lo
que Batthyány señala acerca de la importancia de ser autor y no un objeto: es necesario
vernos implicados en esta trama de deshumanizaciones y no deberíamos inquietarnos
por una pseudo objetividad que el sistema nos apunta en el libreto.

El cierre. De expertos, de docentes, de aburridos e


hiperkinéticos

Si usted es docente y está frente a una escala de Conners o le enseña a algunos


estudiantes dopados, quizás pueda serle útil retener en su memoria el documento del
Consenso Internacional de expertos de Italia (enero, 2005). Allí se relata cómo el
norteamericano James Swanson, defensor declarado de la medicamentación para el
déficit atencional, condujo una importante investigación sobre la eficacia de la Ritalina.
Se obtuvieron resultados muy interesantes:

De la investigación se concluyó que la misma solamente permite una mayor adaptación


social, puesto que: “1.- Los beneficios a largo plazo no fueron verificados experimentalmente. 2.- Los
beneficios a corto plazo de los estimulantes no deben ser considerados una solución permanente sobre
11
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síntomas crónicos(...) 3.- Los estimulantes pueden mejorar el aprendizaje en algunos casos, pero dañar
en otros. 4.- En la praxis, las dosis prescriptas pueden ser demasiado altas para obtener efectos óptimos
sobre el aprendizaje y la duración del efecto demasiado breve sobre los resultados escolares. 5.- No hay
grandes efectos en la habilidad y los procesos mentales superiores; los padres y los docentes no deben
esperar significativos mejoramientos en el estudio o en la habilidad atlética, social, o en el aprendizaje de
nuevos conocimientos. 6.- Ningún mejoramiento en los ajustes a largo plazo; docentes y padres no deben
esperar entonces mejoramientos en este aspecto”.xxii

Sí, creemos que estos resultados ameritan nuestra atención ya que la educación no
debería promover la mera adaptación al orden establecido. En muchas ocasiones
pensamos que son los medios de comunicación los que más afectan al aprendizaje.
Además, podemos tenemos presente que: considerar a la “atención” aisladamente del
ser humano concreto es un enfoque no solamente perimido sino también un autoritario
“recorte” de la personalidad; recorte realizado a los efectos de especificar lo que se
pretende controlar.

Los diversos medios de comunicación “saturan” al sujeto en la era del aburrimiento


haciéndolo, paradojalmente, un hiperactivo: “Ese síndrome de hiperactividad se hace visible,
obviamente, en el contexto escolar, donde se requieren dosis de concentración y atención de la que la
gran mayoría de los chicos actuales carecen. Por su parte, el entorno informático-mediático es reacio a
mostrar los rasgos de éste síndrome, sobre todo porque funciona multiplicando las vías de conexión en
lugar de atenuarlas, tal como hace la situación escolar (...) ya no partimos de un síntoma a interpretar
sino de una figura que es necesario reconfigurar. El horizonte de la patología se nos ha disuelto”xxiii

El interpretar que el horizonte de la patología se ha disuelto significaría que hemos


avanzado en pro de la concientización acerca de aquéllas situaciones de los niños/as y
adolescentes que los adultos no deseamos encontrar ni enfrentar porque, entre otras
razones, estamos muy desgastados...

Los docentes consideramos que los familiares no apoyan lo suficiente nuestra tarea
pedagógica ni a los propios estudiantes y que las condiciones de la educación son de
una manifiesta ilogicidad y obstaculizan el desarrollo digno de nuestro trabajo. Sabemos
que es necesario tener en cuenta las alarmantes problemáticas de violencia y abuso
contra los niños/as y adolescentes. Sin embargo, aunque no nos guste, esperamos que el
fármaco nos permita trabajar “tranquilos” y en un clima áulico más armónico cuando ya
nuestra dedicación no alcanza. Nos rutinizamos y resignamos.

Los adultos somos parte de esta trama; al actuar acríticamente perdemos de vista el
horizonte ético y político de las praxis. Desesperados, queremos que alguien nos ayude
a educar; ansiamos que los niños y adolescentes vuelvan a nosotros, un día cualquiera,
muy cambiados y disponibles. Familiares y docentes afirmamos que lo urgente es que
aprendan ahora. De esa forma nos postergamos todos con un “luego se verá qué
ocurre”, lo cual equivale a decir que luego se verán cómo son las consecuencias de las
resoluciones tomadas.

En relación a cada uno de ellos, nos autoconvencemos de que lo fundamental es que no


esté en riesgo de perder el curso o de abandonar los estudios. Deseamos que salga del
paso...y salimos todos del paso. Así transcurren los días, los años...el sistema permanece
incuestionado, los sujetos como objetos, la educación como trámite.
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En el presente artículo destacamos como sustantivo en este problema de la medicación
indiscriminada la razonable sospecha de que somos, una vez más, meros objetos de
intereses mercantiles; intereses oportunistas respecto al sufrimiento instalado por no
poder desarrollar dos características fundamentales de nuestra existencia e historicidad:
el enseñar y el aprender.

El estudiante paga la educación con su salud. Y nosotros también. Por eso presentamos
la advertencia de los perjuicios ligados al sistema educativo cuando comenzamos
nuestra escritura. Y también al finalizarla. Para superar esto no hay prescripciones; no
hay receta que valga.-

NOTAS

i
Leticia Pierri es Profesora efectiva de Filosofía en Secundaria y efectiva en el área de Teoría de
la Educación en Formación Docente. En el marco de la departamentalización del IPA ha coordinado la
elaboración del presente artículo con las estudiantes de primer año de la especialidad Ciencias Biológicas
(Marcela Arroqui, Mayra Carrozzino, Magela Castro, Stefanie Gallero y Elizabeth Groba). Las
ilustraciones fueron realizadas por Pablo Scagliola, estudiante de tercer año de la especialidad
Comunicación Visual-Dibujo. Si los lectores desean comentarnos sus reflexiones acerca del presente
artículo pueden escribirnos a antidoppingescolar@gmail.com.
ii
Aunque aquí no desarrollaremos los aportes de los clásicos de la pedagogía, tenemos presente:
la noción de “problematización” de Freire, la cual emerge desde un cambio perceptivo que conduce a
destacar las condiciones sociales de la opresión y evidencia la validez de luchar contra las causas de las
prácticas domesticadoras. Tenemos en mente las “invariantes pedagógicas” de Freinet a los efectos de
recordarnos que solamente es válido hacerle al prójimo aquello que consentiríamos que nos hicieran a
nosotros. Y, por último, la denuncia deweyiana de “experiencias antieducativas” a los efectos de detectar,
en los espacios de educación sistemática, un conjunto de situaciones que obstaculizan el crecimiento de
los sujetos.
iii
Esta concepción de la pedagogía contemporánea es propuesta por Julia Varela en su artículo “El
estatuto del saber pedagógico” en: Varela y otros. Volver a pensar la educación, volumen 2: Prácticas y
discursos educativos (racionalidad y utilidad del conocimiento pedagógico). Fundación Paideia-Ed.
Morata, Madrid, 1999.
iv Idem, página 68 y 69.
v
Para comprender las prácticas habituales nos hemos propuesto analizar el dispositivo –
pedagógico- inspirándonos en la metáfora de Gilles Deleuze: como si el dispositivo fuese un ovillo o
madeja (un conjunto multilineal) en el cual la consistencia del conjunto está dada por líneas de visibilidad
(superficie accesible desde la perspectiva) y otras de no visibilidad (internas o no accesibles); líneas que
configuran un conjunto de dimensiones instituídas en un momento dado; dimensiones conocidas y no
conocidas de acuerdo al régimen de “iluminación” que nos ambienta. Líneas que se sumergen, que
emergen, que se entrecruzan...
vi
Observatorio y Clínica Jurídica del Movimiento Nacional Gustavo Volpe; el OSJ trabaja en
relación a dos componentes de seguimiento: el de expedientes judiciales y el de casos relevantes.
vii
Respecto a si el metilfenidato es un psicofármaco o no, algunos médicos lo relativizan. Por
ejemplo, la Dra. Rebollo señala: “Es un estimulante moderado, menor que las anfetaminas y mayor que la
cafeína. Tiene propiedades similares a la anfetamina pero menos efectos colaterales. Sin embargo puede
provocar nerviosismo, insomnio, anorexia, vértigos, palpitaciones y cefaleas. El efecto es mayor en los
niños que tienen hiperactividad”. Explica que se debe comenzar por indicar dosis diarias de 0.25
miligramos por kilo de peso. La dosis se duplica por semana hasta llegar a una dosis de 2 mg por kilo de
peso, la cual se mantiene desde 4 a 6 semanas: “es habitual que deba usarse por largos períodos, incluso
de años. En este caso es conveniente suspenderla durante las vacaciones y si es posible, los fines de
semana”. Rebollo, María A. Dificultades del aprendizaje. Prensa Médica Latinoamericana, Montevideo,
página 63.
viii
El Dr. Palummo nos aclara que en el listado y la nota luce la fecha 19 de noviembre de 2007.
Por lo que no se trata en el caso del 2007 de las importaciones de todo el año.
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1

ix
Esta expresión la tomamos del sociólogo y filósofo Christian Ferrer; él reflexiona sobre las
diversas operaciones que se ejercen sobre el cuerpo de la población a los efectos de ajustarla a formas
estereotipadas de ocultar y manifestar el sufrimiento.
x
Carlos Amorín ha realizado periodismo de investigación sobre la plombemia en el Uruguay para
el semanario Brecha. Las anotaciones que aquí realizamos acerca de la relación entre plombemia e
hiperactividad se pueden encontrar en http://www.elespectador.com /consultada a fines de octubre de
2008/, por ejemplo en la entrevista realizada a la pediatra Elena Queirolo (radio El Espectador).
xi Bauman, Zygmunt. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Ed. Gedisa, Barcelona,
2007, página 22.
xii
Se toma la noción de “biopoder” a partir de las reflexiones de Michel Foucault tal que hacemos
alusión al ejercicio de un poder ejercido sobre el cuerpo de las personas. Es un ejercicio del poder que no
se pretende soberano para hacer morir sino más bien para hacer vivir de una determinada manera: de una
manera conforme a quienes pastoralmente conducen a la población como rebaño. Visualizamos a ello
como coherente con una concepción de educación domesticadora que se resignifica en la era de la fluidez.
xiii Grinberg, Silvia M. Educación y poder en el siglo XXI. Gubernamentalidad y pedagogía en las
sociedades de gerenciamiento. Ed. Miño y Dávila, Buenos Aires, 2008; Cap 1: “Los relatos de la
formación: pedagogía y gobierno”, página 47.
xiv
Nos remitimos a una descripción de los “pasos a seguir” en el tratamiento del desatento a partir
de testimonios de docentes: testimonios que tendremos presentes en éste artículo bajo términos generales.
Queremos agradecerles a dichos docentes el habernos comentado sus experiencias.
xv
Nos hemos remitido a los formularios proporcionados por los docentes y también al libro de
Mariana Narvarte. Diversidad en el aula. Necesidades educativas especiales. Editorial Lesa, Buenos
Aires, 2007. En dicho libro se advierte sobre el pseudodéficit atencional puesto que no debemos
confundirnos con los meros problemas de conducta. También se especifica que todo tratamiento ha de ser
conjuntamente neurológico, neuropsicológico y psicológico y que el tratamiento farmacológico siempre
debe estar acompañado por las terapéuticas correspondientes.
xvi Sitio web del MSP: http://www.msp.gub.uy /comunicado disponible a fines de octubre de 2008/
xvii Benavides, Daniel. “La generación Ritalina”, publicado en la Revista Relaciones y disponible a
fines de octubre de 2008 en http://hp.chasque.net/ñ/0711/ritalina.htm
xviii
Benasayag, León. “Una visión alternativa para el tratamiento del llamado ADDH”; Capítulo 6
de: Benasayag (coord..) y otros. ADDH. Niños con déficit de atención e hiperactividad. ¿Una patología
de mercado? Una mirada alternativa con enfoque multidisciplinario. Ed. Novedades Educativas, Buenos
Aires, 2007.
xix
Batthyány, Sofía. “Cómo saber contar sin saber. Una postura psicopedagógica”; en Revista
Voces, año XI, nro 27, enero-abril 2008, Montevideo, página 30 a 38.
xx
Varela, Julia. “Categorías espacio-temporales y socialización escolar: del individualismo al
narcisismo”; en Larrosa, Jorge. (ed). Escuela, poder y subjetivación, Ed. La Piqueta, Madrid, s/f.
xxi
Estos conceptos fueron extractados del libro de Barrán, José Pedro y otros. La medicalización de
la sociedad. Editorial Nordan, Montevideo, 1993. El libro contiene un planteo del Dr. José Portillo: “ La
medicina: el imperio de lo efímero” y uno de Tomás de Mattos: “Algunas reflexiones sobre el oficio
médico”.
xxii Este documento se encuentra como Anexo en: Benasayag, León Op. Cit. El fragmento figura en
las páginas 251 y 252.
xxiii Corea, Cristina y Lewkowicz, Ignacio. Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias
perplejas. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2005, páginas 69 y 70.