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Antiguedad Del Poblamiento Indigena Venezolano o Poblamiento Prehispanico

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ANTIGUEDAD DEL POBLAMIENTO INDIGENA VENEZOLANO o POBLAMIENTO PREHISPANICO

El poblamiento prehispánico de Venezuela es consecuencia del de América. Ello establece, además de otras cosas, una conexión entre las gentes que entraron al continente por el estrecho de Bering y las que fueron extendiéndose por América y lo que actualmente conocemos como territorio venezolano. En términos generales, ya que no es posible precisarlo con la exactitud deseada, la fecha de las primeras presencias humanas en Venezuela ha sido calculada por la arqueología entre 20.000 y 25.000 años, por José M. Cruxent e Irving Rouse, en tanto que Mario Sanoja e Iraida Vargas suponen que la presencia humana en nuestro territorio data por lo menos de hace 15.000 años y Jorge Armand la estima en 16.500 años. En cuanto a quiénes fueron las gentes que progresivamente poblaron Venezuela y a un perfil humano de nuestro tiempo prehispánico, Rouse y Cruxent lo expresan mediante una división en cuatro etapas a las que denominan Palo-Indio, Meso-Indio, Neo-Indio e Indo- Hispano. Miguel Acosta Saignes, en base a esta clasificación y estableciendo comparaciones con otros lugares del continente americano, habla de cuatro capas de población prehispánica a las cuales caracteriza como recolectores-cazadores, pescadores, agricultores y agricultores avanzados. Sanoja y Vargas, por su parte, sugieren tres grandes períodos histórico-sociales que estarían constituidos, respectivamente, por migraciones de cazadores, de recolectores y de agricultores. Estas formulaciones son las que utilizaremos como base para visualizar el tiempo prehispánico de Venezuela, del que primeramente daremos una visión general para luego particularizarlo a través de la periodización propuesta por Rouse-Cruxent. Antes de ello, sin embargo, es necesario y particularmente ilustrativo que revisemos lo que se conoce como Teoría de la H, planteamiento que da base científica a lo concerniente al poblamiento antiguo u originario de Venezuela, independientemente de las correcciones menores que se han hecho a esta formulación. Este planteamiento parte de la idea de que en el poblamiento prehispánico de Venezuela existieron dos grandes ejes migratorios norte-sur: uno al occidente y otro al oriente. A través del primero habrían ingresado influencias culturales de Centroamérica y del oeste suramericano; a través del segundo lo habrían hecho influencias provenientes del este y del noreste de Sudamérica. En el centro de lo que actualmente es el territorio venezolano, y por influencia de migraciones, habría ocurrido un intercambio de elementos de uno y otro eje. Esta formulación es la que se ha difundido como Teoría de la H, en la que, gráficamente hablando, el eje occidental correspondería al trazo izquierdo de dicha letra, en tanto que el eje oriental correspondería a su trazo derecho. En cuanto a su centro, no se trataría, en realidad, de una rígida barra horizontal sino más bien de una serie de líneas para representar las diversas migraciones, vías de difusión e intercambio cultural internos. Esta teoría ha permitido a algunos estudiosos la formulación de lo que se conoce como dicotomía cultural de Venezuela, aunque los trabajos arqueológicos de Erika Wagner en los Andes venezolanos han dado pie para que se hable más bien de una tricotomía cultural. La base del planteamiento radica en la consideración del maíz y la yuca como los dos grandes e importantes productos agrícolas del occidente de Venezuela, respectivamente, a los cuales se agregaría, por vía del replanteamiento, el cultivo de la papa en el sector alto de nuestros Andes. Los estudios botánicos en Venezuela ubican históricamente la importancia de aquellos productos. Henry Pittier, a quien seguiremos para comprobarlo y caracterizar cada uno de ellos, dice del maíz o Zea Mays L., SP, que es “el cereal americano por excelencia, nacido del mismo suelo y cultivado desde la más remota antigüedad por los pueblos de la gran cordillera y de las mesetas centroamericanas, de donde se esparció hasta las márgenes de los mares y gradualmente hasta las partes orientales del continente. En Venezuela, este grano formaba la base de la alimentación de los pueblos autóctonos, mientras la yuca era el principal medio de subsistencia de origen vegetal de los invasores caribes”. Acerca de la yuca amarga o Manihot utilissima Phol, Pittier apunta que “los orígenes de su adaptación a las necesidades de la humanidad se pierden en la noche de los tiempos, y sus raíces formaban aún en la época de la conquista la base de la alimentación de los pueblos de las grandes selvas orientales de Sudamérica; principalmente de los Caribes y los Tupi-Guaraníes…”, apuntando, seguidamente, que “Una de las razones del gran esparcimiento de esta planta alimenticia ha debido ser la facilidad con que se reproduce por medio de estacas o pedazos de los tallos insertos en el suelo…” Sobre la papa, o Salanum Tuberosum L., el autor destaca que “En tiempos de la conquista, la papa se cultivaba solamente en la región de los Andes, que se hallaba bajo el dominio de los Incas, incluyendo Perú, Bolivia, Ecuador y parte de Chile y Colombia. De allí se llevó a Europa. De allí se llevó a Europa. La papa se cultiva en Venezuela -dice Pittier- en la faja comprendida entre 750 y 3.000 m”. La distribución del cultivo de estos tres productos, según las conclusiones de la botánica, concuerda perfectamente con las de la arqueología ya que al decir Cruxent, “el cultivo del maíz es occidental, el de yuca oriental y sureño y el de la papa de las alturas de los Andes…” [Cruxent, Apuntes, 1971, p.50]. Otra idea vinculada también a la de la Teoría de la H y a la tricotomía cultural de lo que hoy es nuestro territorio, es que en su tiempo prehispánico parece haber sido una especie de encrucijada o “paso natural”, ya que Venezuela - según dice Osgood - “Es un país de influencias culturales interlazadas, que se extiende a través de grandes extensiones de sabanas desde los Andes hasta las selvas tropicales, y de las tierras costeras cubiertas de cactáceas hasta las ricas hoyas fluviales del sistema del Orinoco”. Esta idea fue planteada por Osgood en 1943, conjuntamente con la Teoría de la H, como una forma de “establecer una serie de unidades culturales diferenciadas”, y uno de sus objetivos fue intentar el argumento del “conocimiento general de la arqueología venezolana…” esta formulación fue fortalecida un año después por Alfred Kidder II cuando afirmó que “las culturas venezolanas… parecen haber resultado de la fusión de muchos elementos occidentales, posiblemente centro-americanos, muchos de los cuales parecen haber pasado hacia el este y el sur de Venezuela propiamente, y de elementos más definitivamente de origen oriental y del sur, muchos de los cuales, a su vez, parece que pasaron hacia el norte y el oeste”.

Sobre los resultados de estos procesos, Kidder los visualizaba dentro de “una situación que uno puede predecir razonablemente sobre fundamentos geográficos, pero los factores del tiempo, adaptación local y cambio se combinan para hacer de ella una situación muy compleja”. Trazadas las líneas verticales de la letra H, José M. Cruxent advirtió en 1951 que su barra o segmento horizontal “no debe ser considerada sólo como una sola línea atravesada de derecha a izquierda o viceversa, sino [como] una serie de líneas (es decir, rutas de migración u otras clases de difusión), por las que seres humanos y elementos culturales han procedido en diversas direcciones”. La formulación de una H para explicar y entender el poblamiento antiguo de Venezuela, ha ido más allá del establecimiento de importantes rutas y del comportamiento general de elementos culturales y gentes asociados a tales movilizaciones. Es así como Rouse, Howard y Cruxent han observado interrelaciones entre las culturas precolombinas de las Antillas y Venezuela, lo que Rouse y Cruxent expresaban hipotéticamente a través de una cronología de cuatro períodos. Asimismo, se ha sugerido la existencia de nexos culturales prehispánicos de Brasil, Venezuela y las Antillas, y Cruxent, de quien procede esta idea, ha hablado de “la posibilidad de que Venezuela habría estado conectada con algún centro clásico del Perú (pre-incaico), por una o más de las siguientes rutas: a) descenso del Amazonas, subiendo luego el Río Negro y descendiendo al Orinoco; b) más directamente, desde el norte del Perú a través del Ecuador y Colombia, para penetrar en Venezuela por el occidente; y c) descenso por el Amazonas hasta sus bocas y luego moviéndose hacia el norte por la costa hasta el oriente de Venezuela”. La primera ruta, según dicho autor, conduciría a Barrancas y la segunda a La Cabrera, en el Lago de Valencia “pues el material arqueológico de estas dos estaciones, por su antigüedad y alta calidad, sugiere su posible derivación del Perú, extendiéndose finalmente hacia el norte a través de la cadena de islas antillanas, en un movimiento lento, que originó grandes transformaciones en el proceso”. Esta procedencia externa e interacción de influencias y elementos culturales ha sido matizada con la idea de un poblamiento protagonizado por oleadas migratorias que al parecer formaron dos significativos núcleos de población, y cuyas especificidades se referirían a un tronco occidental, “caracterizado principalmente por movimientos de grupos humanos provenientes del O de Suramérica y América Central que habrían originado culturas como la Timoto-Cuica, la Achagua; y otro oriental, cuyo origen estaría localizado en la cuenca amazónica”. [M. Sanoja e I. Vargas, Poblamiento]. Estas oleadas pobladoras, a su vez, han sido identificadas como pertenecientes a dos grandes familias lingüísticas suramericanas, la arawak y la caribei, originarias, según los lingüistas, de la región central de Sudamérica. “En general -apuntan Sanoja y Vargas, entre otros- se ha considerado que los grupos sedentarios más antiguos que se asentaron en el actual territorio venezolano, eran de filiación lingüística arawak y a ellos se les atribuye la introducción y desarrollo de la agricultura”. A estas poblaciones de filiación arawak se les considera como las conformadoras de lo que ha sido denominado “estrato étnico básico” cuya fragmentación se habría producido por la irrupción de una significativa oleada migratoria Caribe por el oriente, también extendida hacia lugares tan lejanos como la actual República de Colombia. El itinerario e influencias de esta oleada parecen poder inferirse por la presencia de nombres de lugares o topónimos entre las regiones del Orinoco y el área central de Venezuela y más seguramente por la existencia de pueblos de filiación caribe concretamente el Lago de Maracaibo y Sierra de Perijá. De hecho, esta dicotomía lingüística básica existía a la llegada de los españoles a Venezuela y así fue percibida. Un perfil de arawacos y caribes nos lo aporta uno de sus estudiosos desde el punto de vista etnohistórico, Miguel Acosta Saignes, quien dice de los caribes que se “resistían a los invasores, peleaban, se negaban a veces a entrar en contacto con ellos, aprendían rápidamente el manejo de los elementos culturales aportados por los navegantes europeos, hasta utilizarlo contra estos mismos para defenderse; eran guerreros tradicionales y defendían su suelo con decisión y fiereza. Los arawacos, en cambio -continuaba Acosta Saignes- sobreponían las relaciones comerciales a la violencia necesaria, eran amigos de largos parlamentos y esperas, de negociaciones, de intercambios de todas clases”. [Época, p.50]. Este perfil étnico se visualiza claramente, e incluso la define, en la conquista del oriente caribe -desde Paria hasta Borburata- y del occidente arawaco -la actitud más pacífica que bélica del cacique Manaure- de la Venezuela del siglo XVI. Estos modos étnicos de ser, ya visualizados y descritos por los cronistas, parecen tener en los caribes, guajiros y otros grupos, expresiones de sus gentilicios característicos en las de ana karina rote, amucon apororo itoto nanton -nosotros somos la gente, los demás son esclavos- y entre los goajiros actuales quienes se consideran descendientes de los caribes y lo expresa a través de su gentilicio wayú, que significa hombres cabales, verdaderos. La arqueología y la etnohistoria, principalmente, han aportado la idea, además, de que el poblamiento antiguo de Venezuela no se reduciría a concebirlo como protagonizado por el avance de aquellos dos importantes troncos arawacos y caribes, sino que hubo también corrientes migratorias menores que igualmente dejaron sus huellas. Es el caso, por ejemplo, de lo que aprecia Miguel Acosta Saignes como rasgos mesoamericanos -aztecas, principalmente- entre los guamonteyes, otomacos y guamos del área del Orinoco y entre los caribes, a propósito del juego de pelota, del autosacrificio de sangre y el uso de la barba, entre los primeros, y otras formas de sacrificio de víctimas humanas entre los segundos.

La teoría autoctonista
afirma que el hombre americano se originó en nuestro continente como resultado de la evolución. El autoctonismo que fue planteado el siglo pasado por el argentino Florentino Ameghino, se vio favorecido por los estudios de Darwin sobre el origen del hombre. A fines del siglo XIX Florentino Ameghino realizó importantes aportes en los campos de la paleontología y la geología de su país. También planteó una hipótesis sobre el origen del hombre americano y del mundo en general. Para él, los humanos habrían evolucionado en las Pampas argentinas, y desde este lugar habría migrado al resto del planeta. Este postulado sobre la hominización causó gran revuelo, cuando fue presentado en 1879 en el primer Congreso Internacional de Americanistas, realizado en París. Ameghino planteaba que la cuna de la humanidad fue la Pampa argentina, en la era terciaria. La genealogía se originaba con un grupo de mamíferos planoangulados del periodo mioceno, que al desplazarse hambrientos por las llanuras, se vieron forzados a erguirse sobre sus extremidades posteriores para así explorar mejor el horizonte y ubicar sus alimentos, deviniendo en evolución lineal hasta llegar al Homo Pampeanus. Algunos estadios intermedios en su cuadro filogenético eran: el Tetraprotohomo, el Triprotohomo, y el Diprotohomo, hasta llegar al Homo pampeanus. Estos géneros se habrían difundido en primera instancia hacia Norteamérica y luego al Viejo Mundo en varias oleadas migratorias, cruzando supuestos “puentes intercontinentales” a fines de la era terciaria. En 1908 el antropólogo checo-norteamericano Alex Hrdlicka rebatió contundentemente esta teoría autoctonista, rechazándola en base a nuevas evidencias. Fue Hrdlicka quien demostró: a) Que los estratos geológicos donde encontró los restos óseos, no eran de la era terciaria; sino de la cuaternaria. b) Que a fines del terciario no existían “puentes intercontinentales” que unieran América con el Viejo Mundo. c) Que aquellos restos fósiles eran de monos americanos y felinos mezclados con huesos de humanos recientes.

La Teoría Asiática de Álex Hrdlicka En 1908, antropólogo Álex Hrdlicka pleanteó que los primeros pobladores de América fueron los cazadores paleomongoloides asiáticos que ingresaron navegando en balsas por el estrecho de Bering a finales de la glaciación de Winsconsin (10000 a.C. aproximadamente). Hoy se sabe que no fue navegando, sino caminando por el Istmo de Beringia, un faja de tierra que quedó descubierta por el descenso del nivel del mar a finales del periodo Pleistoceno. Los inmigrantes asiáticos habrían ingresado por el valle de Yucón de Alaska, para después avanzar por el resto del continente. Esta teoría se apoya en las semejanzas antroposomáticas entre el hombre asiático y los amerindios : cabellos lacios y oscuros, ojos con pliegue mongólico, pómulos anchos y salientes, dientes en forma de pala, rareza de pilosidad en la cara, la "mancha lumbar" en los bebés. Hrdlicka era partidario del origen monoracial del poblamiento de América. Según él, entre los indios de América (mayas, quechuas o patagones) hay un conjunto de caracteres comunes que sugieren un origen común general. Este “aire de familia” se debería a que todos descienden de un tronco común: el asiático mongoloide. Es importante recalcar que Hrdlicka era firme partidario de un poblamiento reciente, para él las primeras bandas llegaron recién hacia el 10000 a.C., al finalizar la úlima glaciación (Wisconsin) del periodo Pleistoceno. Si bien es cierto, la teoría asiática es ampliamente aceptada por la comunidad científica internacional, Hrdlicka tuvo y tiene detractores. El punto más atacado es su tesis monoracial. Sus críticos (Paul Rivet y Mendes Correa, por ejemplo) consideran que, aparte de los mongoloides, también llegaron otros grupos migratorios paleolíticos, como melanésicos y australianos; es decir sostienen una tesis poliracial.

Teoría del orígen multiple Esta teoría tuvo como principal defensor al antropólogo francés Paul Rívet, para quien la población indígena americana es el resultado de varias oleadas inmigratorias, algunas por el estrecho de Bering y otras por el Océano Pacífico. Paul Rívet refutó la tesis monoracial o de origen único de Alex Hrdlicka, postulando que aparte de los asiáticos-mongoloides también llegaron a América los melanésicos y polinésicos a través de rutas transpacíficas, inclusive reconoce una inmigración australiana como lo planteó Méndez Correa. Por ello la teoría de Paul Rivet es llamada “poliracial” o de "origen multiple".

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