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Manual de La Iglesia

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Manual de La Iglesia 2005 de la iglesia advenitsta del séptimo día.
Manual de La Iglesia 2005 de la iglesia advenitsta del séptimo día.

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La recreación es un buen refrigerante para las facultades mentales y fí-
sicas. Una mente vigorosa y sana, en vez de pedir diversiones mundanas,
encontrará una renovación de las fuerzas en la buena recreación.
“Muchas de las diversiones que son populares en el mundo hoy, aun
entre aquellos que se llaman cristianos, tienden al mismo fin que perse-

NORMAS DE VIDA CRISTIANA

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guían las de los paganos. Son, en verdad, pocas las diversiones que Satanás
no aprovecha para destruir las almas. Por medio de las representaciones
dramáticas ha obrado durante siglos para excitar las pasiones y glorificar el
vicio. La ópera, con sus exhibiciones fascinadoras y su música embelesado-
ra, las mascaradas, los bailes y los juegos de naipes son cosas que usa Sata-
nás para quebrantar las vallas de los principios sanos y abrir la puerta a la
sensualidad. En toda reunión de placer donde se fomente el orgullo o se dé
rienda suelta al apetito, donde se le induzca a uno a olvidarse de Dios y a
perder de vista los intereses eternos, allí está Satanás rodeando las almas
con sus cadenas” (Patriarcas y profetas, p. 491, véase también la p. 236
de este Manual). Alertamos seriamente contra la influencia sutil y siniestra
de los cinematógrafos, que no son lugares para el cristiano. Las películas
dramatizadas que presentan, visualmente y mediante la sugestión, los peca-
dos y crímenes de la humanidad: homicidios, adulterios, robos y otros ma-
les semejantes, son responsables en medida no pequeña del presente des-
moronamiento de la moralidad. Apelamos a los padres, a los niños y a los
jóvenes a que se aparten de esos lugares de diversión y se abstengan de
contemplar esas películas que glorifican a los actores profesionales. Si nos
deleitásemos en el gran mundo de la naturaleza creada por Dios, y en la
historia revelada en los seres humanos y en las obras divinas, no nos senti-
ríamos atraídos por las pueriles representaciones teatrales.
Otra forma de diversión que ejerce una mala influencia es el baile.
“La diversión del baile, como se practica actualmente, es una escuela de
depravación, una terrible maldición para la sociedad” (Mensajes para los
jóvenes
, p. 397; véanse 2 Cor. 6:15-18; 1 Juan 2:15-17; Sant. 4:4; 2 Tim.
2:19-22; Efe. 5:8-11; Col. 3:5-10).
No patrocinemos las diversiones comercializadas, uniéndonos a las
multitudes de mundanos, negligentes y amantes del placer, “amadores de
los deleites más que de Dios”.
La recreación es esencial. Deberíamos esforzarnos por lograr que la
iglesia sea el centro de amistad y recreación de nuestro pueblo. Recomen-
damos que en todo hogar donde haya niños se provean los elementos que
proporcionen una válvula de escape para las energías creadoras de la ju-
ventud. Amistades y recreación sanas pueden ser provistas por medio de
conjuntos musicales, las clases progresivas de los JA y grupos de activi-
dad misionera.

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