Alejandro Casona

Prohibido Suicidarse En Primavera
Prólogo de Mauro ARMIÑO

PRÓLOGO La médula del teatro de Casona está constituida por dos características esenciales: la realidad y la fantasía que, aunque parezcan oponerse de modo absoluto, logran, en este dramaturgo, una complementariedad que las engloba y que caracteriza sus piezas con la idealización del mundo y de los conflictos y tensiones del ser humano. Porque la mayoría de sus piezas se articulan en torno a esos dos núcleos que, mezclándose, refrenándose, contradiciéndose y negándose, terminan por configurar la unidad de pensamiento — aunque quizá fuera mejor utilizar el desfasado término de mensaje— de este autor dramático, para cuya comprensión perfecta hemos de situarnos como espectadores en una butaca de teatro a partir de los años treinta —La Sirena varada, primera pieza de Casona, se estrena en 1934— cuando por toda Europa se había difundido la vieja pretensión de Rimbaud y de Karl Marx de «cambiar la vida», aireada como consigna en la década de los veinte por los surrealistas. Evidentemente, el cambio «poético» que pedía Rimbaud se diferenciaba mucho del cambio «sociopolítico» que preconizaba Marx, pero en la década de los veinte hasta los propios surrealistas vieron ambos cambios como complementarios. El teatro de finales del siglo diecinueve, tras romper con los románticos, había consagrado la escena como cátedra laica de educación —aunque todos ponían un fanático fuego religioso en su empleo: el gran teatro de Ibsen y de Strindberg había abierto con hondura esa vía que los dramaturgos naturalistas recorrerían con desigual fortuna. En España, Benavente, con un pie en ese pasado naturalista y otro en el modernista, avanzando un paso sobre las endebles tramas y las aguadas consejas morales de Echegaray, sólo consiguió sentar las bases de un teatro de ideas escasamente válido para sus herederos. Valle-In-clán, gran roturador de nuevos caminos escénicos, quedó al margen de la evolución, precisamente por su fuerza creadora: apenas si influyó en su momento, porque no fue claramente comprendido y apenas si logró ser representado. Su fuerza expresiva, su arrollador lenguaje, su diferente concepción de lo teatral, del juego escénico, eran tan propios que obturaban la vía a toda posibilidad de herederos. El tercer dramaturgo, más cercano ya en el tiempo y en la visión del mundo, a Casona, Federico García Lorca,

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tampoco haría mayor caso a la vía didáctica: D'Annunzio y Synge, sobre todo, le habían dado las pautas de un teatro distinto, eminentemente poético, brotado de un surgimiento trágico de la emoción que no tenía por qué conllevar superficialmente lección magistral ni moraleja: su enfoque era otro como otra su meta. Pero Lorca sí había de dejar en Casona —pese a la coetaneidad— una huella parcial: la poetización estilizada de los elementos, un lenguaje sembrado de metáforas, los movimientos de coro de un pueblo en fiesta, la simbolización de los personajes fueron modelos que Casona utilizó en parte, sobre todo en la obra mejor, según el propio autor de todas las suyas: La Dama del Alba. Aunque en ésta esos elementos se dan concentrados, no puede olvidarse que en la primera época del teatro de Casona ya hay rasgos significativos de un teatro distinto al benaventino, con un lenguaje cuidado donde la metáfora aparece de modo sorpresivo en los ambientes menos propicios incluso para ello. Hay más datos diferenciadores entre el teatro de Casona y los últimos dramaturgos del modernismo, Benavente, Marquina, etc., aunque la base sea semejante y esté afincada en las premisas de la generación del 98, ese intentó por cambiar España que no era sino la sombra tardía de aquel fantasma de «cambiar de vida» que también recorría Europa. Un teatro de tesis, de ideas, que sembrara educación, formas de vida, formas de pensamiento. En Casona ese didactismo no se da de forma grosera, sino que subyace envuelto en el magma de su idealización poética: en la pieza en que aparece con mayor nitidez, y con mayor descaro, Nuestra Natacha, teatro plenamente de ideas en medio de una España acelerada en ese momento histórico hacia un programa redentorista, la envoltura no deja de llevar el sello casoniano: el toque levemente poético, levemente fantasioso y armónico de la base teatral que sirve de cuerpo, de encarnadura a la tesis. En 1935, y en Barcelona, Alejandro Casona había conseguido el mayor éxito de público de toda su carrera teatral con Nuestra Natacha, refrendado al año siguiente al ser presentada en Madrid. La pieza tenía un claro fondo doctrinal en medio de una España convulsa en la que se fraguaba el enfremamiento civil: la reforma de la pedagogía española, anclada en métodos anticuados que tenían por base el autoritarismo y la dureza. Y la obra casoniana, aunque idílica, —tan idílica que en el tercer acto nos encontramos a los protagonistas en una comuna campestre haciendo vida geórgica, con trigos sembrados por sus propias manos, harina molida también por ellas, y pan cocido en un horno rústico calentado por leña que ellos mismos han cortado— ponía en evidencia otro mundo: un mundo reprobable que de hecho no aparece más que hasta el segundo acto: el del reformatorio autoritario y traumático. Pero a través de un dibujo excesivamente rosa —algo que el propio Casona reconocía—, el dramaturgo va poniendo en boca de los jóvenes estudiantes ideas que entroncan nítidamente con el núcleo más denso de su ideología: la necesidad de una existencia nueva, de un contacto directo con la vida. En Nuestra Natacha, Casona lleva al extremo sus ideas de la época, porque la protagonista pone de relieve la responsabilidad social de la existencia del individuo: «Vivir es trabajar para el mundo», llega a decir. Pero, en última instancia, la pieza termina deslizándose hacia una ejemplificación de la vida individual entregada al trabajo social y a la creación de una existencia nueva donde todo sea alegría, libertad, comprensión de los demás, amor: el desenlace concluye con las emociones satisfechas en los protagonistas, a quienes no tensa un núcleo dramático sino la afirmación de un programa vital propio, individual, pero volcado hacia el entorno. La época histórica en que se produjo el estreno no podía dejar de ser sensible a los planteamientos ideológicos; más que a los teatrales, tal vez. Y fueron ésos los aplaudidos, hasta el punto de ver en Natacha una heroína, pese a que el autor, a muchos años vista del éxito, la descalificara en tal sentido:

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«De Nuestra Natacha se han escrito muchas tonterías, se ha hecho bandera de acá y allá. ¡No es bandera!... era simplemente una obra joven, llena de fe. Quizá un poco evangélica, un poco inocente, un poco romántica, pero de cosas muy auténticas y verdaderas; donde está el teatro de los estudiantes, la residencia, los problemas de la coeducación, esas especies de penitenciarías que eran los reformatorios... ¡En fin! Todo ello estaba hecho con un nobilísimo afán, no de hacer demagogia ni buscar ovaciones, sino de tocar una llaga de la pedagogía española, que es evidente que estaba al alcance de todo el mundo y que nadie había tocado.» Pero 1936 avanza y se produce un hecho clave: la guerra civil. Casona sale a Francia y pasa a América como director artístico de la Compañía Díaz de Artigas-Collado para realizar una gira por distintos países: el 12 de junio de 1937 estrena en México Prohibido suicidarse en primavera que, siguiendo los métodos teatrales ya probados en La Dama del Alba, en Otra vez el Diablo, e incluso en Nuestra Natacha, idealiza el conflicto dramático desde la presentación: es más, desde las propias acotaciones escénicas. La escenografía del «sanatorio de almas» —esa definición ya resulta sintomática— es la de un cuento de hadas, con vistas a montañas nevadas, lago, jardín de sauces, etc. Pero paradójicamente no domina el rosa, sino el negro, porque ese sanatorio está presidido por cuadros con las escenas de la muerte de los grandes suicidas, desde Sócrates a Cleopatra, desde Séneca a Larra. Nos hallamos ante un mundo típicamente casoniano: el drama no es simple, sino complejo; el marco, los personajes secundarios forman parte del drama: o mejor, los dramas menores o mayores —dado que estamos hablando siempre de individuos—, acompañan a otro que por su ocupación de la escena podemos considerar el principal, y sobre el que parece centrarse el núcleo de la acción. De cualquier modo, todo sirve a una idea central: la exaltación de la vida, el rechazo del suicidio que para Casona es algo aberrante: no hay nada que lo justifique porque fuera está la naturaleza, encarnada en la primavera, con toda su potencia, con toda su savia que reanima los deseos de gozar. Canto jubiloso, a través de su envés, esa retahíla de desheredados de la fortuna, del amor, de la afectividad o de la fama que van llegando al sanatorio del doctor Ariel con ánimo de poner fin a sus días. Como ocurre en otras piezas «de abanico» de Casona, el dramaturgo ha tratado de enumerar, a través de personajes, los males principales de la sociedad civilizada, del mundo urbano, sobre el que se insiste de forma particular mediante comparaciones: en la ciudad, la primavera no llega nunca, mientras que en medio de la naturaleza, en las montañas recónditas en las que el doctor Ariel buscó su refugio, los almendros en flor, la tierra renaciendo en brotes, los árboles con sus pujantes capullos son un golpetazo espasmódico en la sangre. Y entre esos personajes encontramos arquetipos del teatro casoniano: el primero es, por supuesto, ese doctor-salvador, el ser que parece encarnación de Dios o del padre, que lo dispone todo para la salvación de sus hijos, pero no por la fuerza: abre los caminos, pule las sendas para que por ellas se deslicen los desdichados hacia la felicidad, simbolizada en este caso por el simple respirar el aire cotidiano, por el simple alentar en este mundo. El doctor Roda es discípulo del doctor Ariel, fundador también de la agencia de felicidad que constituye el telón de fondo de Los árboles mueren de pie, donde se le define como «un hombre de gran fortuna y una imaginación generosa, que pretende llegar a la caridad por el camino de la poesía. Desde que el mundo es mundo en todos los países hay organizada una diferencia pública. Unos tratan de revestirla de justicia, otros la aceptan como una necesidad, y algunos hasta la explotan como una industria. Pero hasta el doctor Ariel nadie había pensado que pudiera ser un arte». En Prohibido suicidarse en primavera, el doctor Ariel ya ha muerto, pero sus ideas y su fortuna han encontrado utilidad. Miembro de una familia acosada por la fatalidad del

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suicidio, se entregó a estudiar la biología y la psicología del suicida, logrando morir, una vez retirado a las montañas de la escena, a los setenta años, tras haber fundado ese sanatorio de almas que «aparentemente [...] no es más que el Club del perfecto suicida. Todo en ello está previsto para una muerte voluntaria, estética y confortable; los mejores venenos, los baños con rosas y música...». Pero todo este aparato no tiene otro sentido que disuadir al presunto suicida. El primero de los suicidas, Alicia, tendrá luego su equivalente en la Isabel de Los árboles mueren de pie: el mismo frío, la misma hambre, arrinconan a las dos contra la soledad: «Estaba sin trabajo hacía quince días. Tenía hambre: un hambre dolorosa y sucia; un hambre tan cruel que me producía vómitos. En una calle oscura me asaltó un hombre; me dijo una grosería atroz enseñándome una moneda... y era tan brutal aquello que yo rompí a reír como una loca, hasta que caí sin fuerzas sobre el asfalto, llorando de asco, de vergüenza, de hambre insultada. [...] En un momento de desesperación, una se mata en cualquier parte. Pero yo, que he vivido siempre sola, ¡no quería morir sola también! ¿Lo entiende ahora? Pensé que en este refugio encontraría otros dispuestos a morir, y que alguno me tendería su mano...» Si Isabel prefiere su anterior soledad a la mentira de la ficción, Alicia asume la dureza de la salida final, pero no tiene valor para materializarla; al doctor Roda le basta, para curarla de su espanto, con darle una misión e indicarle un sentido y unos brazos amistosos: se quedará en la casa como personaje secundario del drama principal. También son anecdóticos el resto de los suicidas: desde la Dama Triste hasta el Amante Imaginario y el padre de la otra Alicia, caldo dramático todos ellos donde va a desarrollarse el nudo principal. Ni Fernando ni Chole tienen interés alguno en el suicidio: viven en medio de la felicidad de su amor, sus reportajes periodísticos y sus viajes: la vida discurre feliz para ellos, y no tienen siquiera la sombra de una duda. Cuando poco a poco van entrando en escena, es decir, cuando van dándose cuenta de la clase de «hospital» al que han llegado y quieren irse, el doctor Roda les convence para que hagan el papel de su realidad dichosa y feliz frente a los desesperados de la fortuna que quieren suicidarse. A cambio del reportaje, los periodistas aceptan, y van entrando en la psicología de cada uno de los pretendientes al suicidio. El primero que se lo cuenta es el Amante Imaginario —alguno de cuyos parlamentos debe compararse con las fantasías de viajes que también tiene la protagonista de La Casa de los siete balcones—: su amor está hecho de imaginación, de lecturas románticas sin correspondencia con la realidad: «De mi sueño sólo quedaba la pobre verdad de mi desfalco, y un ramo de orquídeas pisadas...» La Dama Triste también pertenece a esa farándula amorosa: odia lo grosero, la carne, la tiranía de los músculos y la sangre, y por tanto su idealización amorosa también ha de carecer de realidad; Fernando, el periodista, está casi a punto de lograr que se suicide cuando científicamente le demuestra que «el cuerpo es una realidad insobornable» y que a la edad que tiene, la Dama Triste es un compuesto de «ochocientos decalitros de leche, tres vagones de fruta, ocho hectáreas de guisantes ¡y diecisiete terneros!». Pero sólo uno de los pretendientes a suicida parece ir en serio: Juan, cuyo disparo a la sien ha logrado ser desviado por uno de los ayudantes del doctor Roda: y cuenta los motivos para intentar poner fin a su vida: el enfrentamiento, nunca declarado, con su hermano: Juan ha sido desposeído de todo por el otro: infeliz frente al feliz, perdedor frente al eterno ganador, Juan se ha visto despojado de todo, incluso de la mujer del otro, a la que siempre amó en silencio. Por eso pretende suicidarse: para no matarle. Casona ha jugado bien el recurso teatral, porque, a renglón seguido sabemos quién es el hermano: precisamente el reportero feliz que respiraba dicha por los cuatro costados junto a su mujer, Chole, manzana de la discordia entre ambos.

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Amanda. de la felicidad y del amor se cierra con este beatífico desenlace que necesariamente acaba con la existencia del sanatorio para suicidas. la mujer que «enloqueció» de amor para sobrevivir a la injuria de un olvido. con rivalidades familiares y ambiciones progresivas que llaman a la violencia y a la muerte. una especie de furia sexual posesora que poco tiene que ver con lo que el poeta imaginaba. y que se refugia en una irrealidad inventada.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera El triángulo está armado y. una vieja actriz que recurre al sanatorio de suicidas como truco publicitario—. Uriel vivirá en la casa de su padre y no será enviado a poblar las soledades de los muros blancos y fríos de un orfanato o un colegio especial para lisiados. de ir los viernes a la misa del domingo. en última instancia. siente ahora ¡a necesidad de «un paño frío sobre el alma»: los dos hermanos sólo podrán reconciliarse en la desgracia y es lo que Chole va a prepararles con su suicidio: la reconciliación en su propia muerte. Pero en esta ocasión no nos hallamos ante un poema legendario ni a un drama de estirpe poemática: los personajes de la pieza están arrancados del drama rural español. no tendrá ya paz. Pero no está ajena a la realidad: esas locuras de trastocar los días de la semana. el dramaturgo va preparando la sorpresa: la que antes reía feliz. tienen un sentido defensivo: debe defender sus recuerdos. pero también la vida de su sobrino Uriel: el pobre mudo no tiene más salvación que la riqueza familiar dejada por la madre: mientras el tesoro de monedas antiguas y joyas esté en manos de la tía Genoveva. de cuerpo entero. y por la noche ama del cuerpo de su amo. en 1957. con fuertes pasiones enfrentadas en torno al tema clave: el dinero. y la risa termina por convertirse en mueca. su felicidad se escapa entre los dedos. en última instancia. es otro carácter bien perfilado. La casa de los siete halcones Estrenada en Buenos Aires. como Jano. el dichoso. en esa búsqueda de una «poesía» de la existencia que poco tenía que ver con la realidad española de 1937 —aunque hemos de presumirla escrita con anterioridad— y que más bien parece fruto de una reflexión dramática sobre las relaciones humanas. pues. que no soporta la desigualdad de su condición: por el día criada. Dama del Alba. tras este planteamiento de lucha por el tesoro familiar. La prédica casoniana en favor de la vida. Hay varios personajes que entroncan con el mundo galdosiano. Luchará con él y contra él. de pasearse por el malecón en una ciudad donde no hay puerto. que parece salido de una novela galdosiana por su fuerza: luchando entre la dignidad y el amor. se la entregue a Fernando para siempre. entre la ambición y la crueldad que ha de ejercer para imponerse. frente a ella. y por eso la acción se sitúa en el siglo XIX. no hace sino compadecer a su hermano. Sin embargo. Será Juan quien la salve y quien. el tema del suicidio queda como telón de fondo al enfrentamiento clave: la felicidad e infelicidad en dos hermanos. Fernando. con la voluntad de Chole en sus manos. en dos seres a quien el destino se muestra con doble faz. el hombre y la dignidad como mujer. los disparos han de salir por alguna parte. mientras el Amante Imaginario rompe con su amada: la idealización era mejor que la realidad de Cora Yako. Los puntos endebles de la trama están precisamente en la idealización excesiva. hasta conseguir todo: el dinero. 5 . La justicia o injusticia nada tienen que ver con el corazón ni con los sentimientos que presiden las relaciones entre los humanos. evidentemente. Si el personaje de Genoveva resulta quizá la mezcla de idealidad y realidad más lograda de Casona. reaparece el eco de la mejor tradición romántica en el personaje de Genoveva. La casa de los siete halcones nos lleva de nuevo a la Asturias rural —aunque Casona sólo especifique «una pequeña villa del norte español»— de La. pero en Chole la realidad del despojamiento se impone: sintiéndose injusta con Juan. es una mujer fuerte. Mientras el Amante Imaginario encuentra a su amada —Cora Yako.

basta con reclamar de forma insistente lo que le pertenece. en La casa de los siete balcones no agota todas las posibilidades que el dramaturgo tenía: huyó. ya derrotada. sin conflictos enseñoreados por la muerte. y el ser fuerte. Y ha embellecido esos caracteres. en una lección de respeto a valores que hacía tiempo habían muerto. de fidelidad a unos principios «humanistas» que el amor y los deseos de paz y fraternidad presidieran. el campo de batalla del que tironean ambas hasta que una de ellas cae: cuando todo está perdido. un fantoche en manos de las mujeres: la partida se juega entre el ser débil. nombre. sin ambiciones apasionadas. Pero. casa. con aquellos que se erguían en el «no» y preferirían morir antes que dar el brazo a torcer. a conciencia. idealizándolos hasta en la muerte. en esa loca y ese niño mudo que no aceptan la realidad. pese a su aparente dureza de carácter. Amanda. el padre de Uriel. pero no le queda más que buscar un lugar para caer: Uriel está perdido porque Genoveva reconoce la fuerza de Amanda y la debilidad de su cuñado. Director del «Teatro del Pueblo». a los intereses. Genoveva acepta como realidad la mentira que le ofrecen: nuevamente se refugia. Como en el resto de sus obras. ejerciendo como maestro rural en el Valle de Arán. Mauro ARMIÑO ALEJANDRO CASONA Alejandro Rodríguez Álvarez. Sabe de sobra que no puede ser cierto. Tal vez. 6 . con un desenlace que si en La Dama del Alba era coherente por la propia enjundia del drama. obtendría en 1933 el Premio Lope de Vega de Teatro por su obra La sirena. Sobre la escena sólo queda la fuerza de Amanda que ha conseguido todo lo que «era» suyo: y lo peor por encima de las leyes y las viejas costumbres: su cuerpo contra todo lo del hombre que la posee: familia. dignidad. del naturalismo de Amanda para refugiarse también él. amo y amante de Amanda. Pero este planteamiento subyace más que aflora en La casa. que formaba parte de las Misiones Pedagógicas de la segunda República española. en su ilusión de la esperada carta de América. pero el sentido es prácticamente semejante: Casona cree en unos valores «humanos» que deben estar por encima de las pasiones y de las ambiciones: la poesía tenía que invadir la vida cotidiana — aunque la poesía quede encarnada aquí por esa especie de «loca de Chaillot» que es Genoveva—. de los siete balcones: Casona ha preferido poner de relieve y centrar su mirada en los elementos poemáticos. tal vez su visión del mundo era demasiado blanda y estaba mediatizada en exceso por su voluntarismo que pretendía un mundo sin disonancias. en esta pieza que pertenece a su última etapa. Casona ofrece una «moralidad» con este drama: no es aquí una «teología sin theos». también. las fuerzas más expresivas de la vida? ¿No peca Casona de «angelismo» al hacer semejante propuesta? Tal vez. sin luchas.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera Ramón. como lo era en Los árboles mueren de pie. las fuerzas del bien deben retroceder y refugiarse casi en la locura para resistir el ataque brutal de las fuerzas del mal. Los viejos respetos al lecho matrimonial de la muerta tienen que desaparecer e imponerse el hecho real de su amor: si para ello ha de desaparecer todo el mundo que religaba a Ramón con el pasado. ¿no habían sido en Galdos. ante la brutalidad de la existencia se propuso entregar a los espectadores propuestas de amor. por ejemplo. estas fuerzas del mal. Casona recurre a la fábula y a lo poemático: Uriel debe morir e irse con sus antepasados. Estudió Filosofía y letras y se graduó en la Escuela superior de magisterio. verdadero nombre de Alejandro Casona. nació en 1903 en Besullo (Asturias). Esa época pasó ya: ahora los principios se someten al vaivén de las pasiones. Genoveva. es. Ramón es la disculpa.

1961. RODRÍGUEZ RICHART. Madrid. donde aprovecha el personaje de Quevedo para exponer sus ideas sobre España. Esperanza Gurza. pastores! Por último. 1963. de Tirso. A su regreso a España (1962). Prohibido suicidarse en primavera. Buenos Aires. Sinfonía inacabada. Exilado en 1937. Farsa del cornudo apaleado. BALSEIRO y J. Romance en tres noches. Corona de amor y muerte. de Shakespeare. La dama del alba. Vida y teatro de Alejandro Casona. Caracas. 1941. La molinera de Arcos. 1968. Buenos Aires. 1944. Madrid. «Prólogo» a Obras completas. 1953. Madrid. La Celestina. 1957. Buenos Aires. Nuestra Natacha. 1951. Buenos Aires. 1940. Federico Carlos SAINZ DE ROBLES. escrita en colaboración con Francisco Madrid (La Habana. Buenos Aires. Siete gritos en el mar. Madrid. 1952. * La fecha es la de su estreno. Tres diamantes y una mujer. Madrid. dio a las tablas una nueva pieza teatral. La llave en el desván. 1940). Buenos Aires. El burlador de Sevilla. y que forman el Retablo jovial: Sancho Panza en la ínsula. Buenos Aires. de Alejandro Casona. sin pescador. La tercera palabra. Oviedo. y el Premio Nacional de Literatura por Flor de Leyendas. Murió en 1965. de Rojas. Buenos Aires. El caballero de las espuelas de oro. de cuya dirección se hizo cargo en 1931 Casona. El sueño de una noche de verano. Entremés del mancebo que casó con mujer brava. refundiciones del teatro español (El anzuelo de Fenisa. Buenos Aires. de Lope de Vega. La barca sin pescador. Fabula del secreto bien guardado. hay que citar la pieza Marie Curie. 1935. Farsa y justicia del corregidor. 1937. Oviedo. 1934. 1964. José A. 1949. Buenos Aires. b) Estudios J. 1947. 1945. BIBLIOGRAFÍA DE ALEJANDRO CASONA * a) Obras La sirena varada. 1955. Montevideo. además de piezas infantiles como El lindo don Cato y ¡A Belén. Riis OWRE. La realidad calidoscópica de Alejandro Casona. Para completar su bibliografía teatral habría que citar adaptaciones como Carta de una desconocida. 1954. México. Las tres perfectas casadas. se afincaría en Buenos Aires dos años más tarde. La casa de los siete balcones. de carácter histórico. en la ciudad citada. 1936. Peribáñez. y las piezas cortas escritas para el Teatro del Pueblo o Ambulante. 1938. Otra vez el diablo. «Introducción» a la edición de La barca. Los árboles mueren de pie.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera varada. 7 . El caballero de las espuelas de oro. Buenos Aires.

en Híspania. 1983. «Prólogo» a la edición de La Barca sin pescador. XLIV. H. LEIGHTON. New York. Nuestra Natacha. Madrid. Siete gritos en el mar. «Alejandro Casona and the significance of Dreams». «Prólogo» a la edición de La Dama del Alba. Mauro ARMIÑO. 1961. Madrid. 8 . Mauro ARMIÑO. Madrid.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera New York. pp. 697-703. 1983. La Sirena Varada. 1982. Mauro ARMIÑO. 1960. Juan RODRÍGUEZ CASTELLANOS. «Prólogo» a la edición de £05 árboles mueren de pie. «Introducción» a la edición de Los árboles mueren de pie. 1962.

. Problema de amor. 8. revisa sus ficheros. sanatorio de almas del doctor Ariel. cocaína. por la Compañía Josefina Díaz-Manuel Collado. en arco. recordando esos paradores de turismo construidos sobre ruinas de antiguos monasterios y artísticamente remozados por un gusto nuevo. Todo es aquí extraño.. sugeridor y confortable: el mobiliario.—¿Ha hablado usted con él? HANS. El jardín tiene un lago. Vestíbulo como de hotel de montaña. de México. un fondo lejano de cielo azul y montañas jóvenes nevadas. óleos de suicidas famosos reproduciendo las escenas de su muerte: Sócrates Cleopatra. hablando a solas. al lado de una mesa volante de trabajo. de rostro y palabra mortalmente serios. 2. practicable. visible en parte.—¿Diagnóstico? HANS. bien visibles. Parece de esos curiosos de la muerte que tienen miedo cuando la ven de cerca.—Desengaños de amor. Sobre un arco. DOCTOR. tallados en piedra. de aspecto inteligente y bondadoso. tan escondida —que no te sienta venir— porque el placer de morir —no me vuelva a dar la vida. En ángulo.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera PROHIBIDO SUICIDARSE EN PRIMAVERA COMEDIA EN TRES ACTOS PERSONAJES: CHOLE ALICIA LA DAMA TRISTE CORA YAKO FERNANDO JUAN DOCTOR RODA HANS EL AMANTE IMAGINARIO EL PADRE DE LA OTRA ALICIA Estrenada en el Teatro Arbeu. El primero.—Dudoso. pero no me ha contestado. Sólo quiere estar solo.—El joven que llegó anoche. Catástrofe económica. Larra. los versos de Santa Teresa: «Ven. una inscripción que dice: «Galería del Silencio». el trazado de las arquerías. el 12 de junio de 1937. el segundo.. Muerte.. DOCTOR. En escena. sobre el dintel. Amplia verja al fondo. con bata de enfermero. su ayudante. DOCTOR.—Yo sí. 4. la plástica. Pelagra. pero clara y sin puertas: «Jardín de la Meditación». En las paredes. otra semejante. sobre un claro jardín de sauces y rosales. ¿No tenemos ningún caso nuevo? HANS. El doctor. ACTO PRIMERO En el Hogar del Suicida. la disposición indirecta de las luces acristaladas. el Doctor Roda y Hans. Vidas sin rumbo. Séneca.—¿ Decidido ? 9 . DOCTOR. En frente. arranca una galena oscura. con pesada puerta de herrajes. a la derecha. Está paseando por el parque de los sauces.

DAMA.—No sé. es usted muy amable conmigo. Es un joven de aspecto romántico y enfermizo.—¿Vigilada? HANS. Cada vez me siento más cobarde. HANS.. Sueldo. y las tres veces ha vuelto a salir nadando. Suena detrás de él una campana. morir es hermoso. le aseguro que no tenemos prisa alguna. Y avise a los violines: que toquen algo de Chopin en el bosque al caer la tarde. Perdóneme el doctor. DOCTOR. DAMA. DOCTOR. lo ensayaremos.) DAMA.) 10 .—Pero es que igual le ocurre al profesor de Filosofía.—Sí. los colores son preciosos. DOCTOR (Leyendo). Dígame. La Casa del Suicida está basada en un absoluto respeto a sus acogidos. Sólo le gusta llorar.—No. doctor? DOCTOR. El llanto es tan saludable como el sudor. me he sentado bajo un sauce mirando fijamente el agua. Tiene un libro de poemas inédito». Temo que estamos fracasando. ¡sería tan bonito! ¿Por qué no lo ensayan ustedes? DOCTOR.—Señora. ha visitado todas nuestras instalaciones: el lago de los ahogados. el bosque de suspensiones..—Es difícil. temblándole las manos.. DOCTOR. HANS (Animándola).—¿Ha visto usted nuestro muestrario último de venenos? DAMA.—Miedo nervioso. Se recobra. Ya se ha tirado tres veces al lago.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera HANS. doctor: al pasar por el jardín he sentido un mareo extraño. Eso le hará bien. El lago también me gustaría.—¿La Dama Triste? Está en el jardín de Werther. DAMA. y se volvió sobresaltado. Desengaño de amor. Todo le parece excelente en principio. Y nada.—Puede añadirle un poco de menta. doscientas pesetas. un romántico. (Va a salir.—Lástima. pero está tan frío. HANS. Hay que aplicarlo siempre que sea posible como la medicina antigua aplicaba la sangría.—Déjala.. nada se debe atropellar. DOCTOR. ¿Su ficha? HANS. DAMA... Hans. No sé. y en el culto filosófico y estético de la muerte. Se detiene a ver entrar al Amante Imaginario. doctor. pero matarse!. DOCTOR. señora.. pero creo que ninguno de nuestros huéspedes hasta ahora tiene el propósito serio de morir. y más poético. y se vuelve sobresaltado. todavía no hemos descubierto la manera de envenenar un perfume.—«Sin nombre. Ah.—Gracias.—Aquí está.. no creo que sea peligroso. ¡ Ah.. no sé qué hacer. Muy bien.—He seguido sus consejos con la mejor voluntad: he llorado toda la mañana.—¿Para qué? La he venido observando estos días.. pero no acaba de decidirse por nada.. (La Dama Triste llega al jardín de la meditación. HANS.—Inténtelo. con cara de espanto. La Dama Triste. Veinticinco años.—Esperemos (Señalando con un gesto).—Paciencia. ¿no estarán envenenadas? DOCTOR. ¿Qué pensará usted de mí.—Gracias. Al dejarle en el jardín he roto detrás de él una rama seca. DOCTOR.—No creo: muy pálido. DAMA.. De todos modos vigílelo sin que él se dé cuenta. Esas plantas. Vive ensimismado. doctor..—Por Dios.—Perdóneme. entonces hay peligro todavía.. Saluda turbado. la sala de gas perfumado. Esperemos. DAMA.. pero el sabor debe ser horrible. Empleado de banca. espliego.—Siendo así. Yo tampoco tengo prisa: puedo esperar. ¿Ha vuelto a ver a la señora del pabellón verde? HANS..

. HANS (Apresurándose a tomar nota en su cuaderno). AMANTE..—Nada.) ALICIA Y EL DOCTOR ALICIA.) ¿Quién anda ahí? DOCTOR. ¿Tiene preferencia por algún árbol? AMANTE (En una reacción brusca). AMANTE. El Doctor se dispone a tomar unas notas.! ¿Algún desengaño de amor? DOCTOR. como huyendo de un peligro inmediato. de dulce aspecto... ¡Si yo tuviera al menos una historia de amor para recordarla! (Sale. alucinaciones.. ¿Alguna orden para hoy? DOCTOR.—Gracias. HANS (Sin gran ilusión).—El doctor Roda. (Transición. mercancía como en un bazar).—He visto una sombra..... Si le gustan los clásicos..—Esperemos. La he oído reír. gracias. ¡a la vida otra vez!. DOCTOR.—¿Para qué tanto? Cuando la vida pesa basta con un árbol cualquiera.. Viste con una sencillez humilde y limpia.—Y así todos. largo. un lago de leyenda.—Tenemos un sauce especial para enamorados.—¡Pero si es un niño! De todos modos.. la cicuta socrática. todavía no. modelo Cleopatra.—Así parece.—No. esa Galería no debe atravesarse más que en la hora decisiva.—No sé: ¡al aire libre!.. 11 . (Sale..) HANS. que acude a ella. el baño tibio.. (Al ver al Doctor.—¿Quién es usted? DOCTOR.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera AMANTE. mucha tristeza poética. director de la Casa. ALICIA (Empieza a sentirse aliviada. «Suspensión».—¿Ha elegido usted ya su. (Va a salir por la Galería del Silencio. hágame el favor de revisar la instalación eléctrica..—Treinta y siete. Viene espantada.) ¡Paso! ¡Déjeme salir de aquí! DOCTOR. apenas mujer.. no quiero morir!.—Treinta y siete. vamos. ¿Adonde va usted? ALICIA. HANS (Ofreciendo la. música. por aquí. (Sale Hans. podemos ofrecerle el ramo de rosas con áspid.) Perdón..—¿Necesita alguna cosa? ¿Libro. pero matar no se mata ninguno.. La última vez que el profesor de Filosofía se tiró al agua no funcionaron los timbres de alarma. Es odioso oír hablar así de la Muerte.. una muchacha.. ¡Déjeme! (Volviéndose sobresaltada.. DOCTOR.. muchacha. Perfectamente.—¡Oh..—Vamos. HANS.—¡No! ¡No quiero morir. tan joven. ¿Número de cuello? AMANTE.—Nadie.? AMANTE. Se pasa una mano por la frente).. no puedo oírle! Tiene usted la frialdad de un funcionario.—Ah. Al jardín de la Meditación. Saluda a la Dama Triste con una inclinación de cabeza. muy bien.) DAMA. Hans. Tranquilícese.. Si no se ha decidido aún.—Sí. procedimiento? AMANTE.—Esperemos. cállese. Mucho llanto. DOCTOR.) DOCTOR. Pensaba. dichoso él.—Calma. licores..—Buenos días. Por la Galería del Silencio sale corriendo Alicia.. ALICIA. DOCTOR.. Se oye de pronto un grito de mujer.. DAMA.—Un momento.—¿Otro desesperado? ¡Qué pena.

ya la he vencido otras veces.—Nadie la detiene. ni por qué ha venido aquí.. Es usted libre. Pero. con cuerdas colgadas.. Pero yo. y no podía más. ALICIA. DOCTOR.—Siempre.—¿Ha vivido siempre sola? ALICIA. bordeando el lago saldrá a la carretera. hasta que caí sin fuerzas sobre el asfalto. a cortar árboles para hacerse una casa. ¡Allí sí que se siente uno solo entre millones de seres indiferentes y de ventanas iluminadas! ¡Allí sí que se sabe lo que es el hambre.—De ninguna manera. Y era tan brutal aquello que yo rompí a reír como una loca. Sólo uno me escribió una vez.. o verles curar. pero ¡desde tan lejos! Había ido al Canadá. DOCTOR. ni hermanos.—¿Por qué ha venido aquí? ¿Sabe usted dónde está? ALICIA. Pero le aseguro que nada de eso es verdad. esa música invisible.—¿Qué fue lo que la decidió a venir aquí? ALICIA. no pueden comprenderse esas cosas.. Estaba sin trabajo hacía quince días. y marchar.) DOCTOR. Nunca le he pedido demasiado a la vida.... en un momento de desesperación. de vergüenza... La ciudad otra vez. El hambre. ¿Quiere usted volver conmigo? ALICIA.. ALICIA (Con una amargura infinita). (Se deja caer llorando en un asiento. Nunca he conocido amigos.—Eso es lo que no acabo de comprender. ni por dónde ha entrado.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera ALICIA. delante de los escaparates y los restaurantes de lujo!. El hambre y la soledad verdaderos sólo existen en la ciudad... ¿y la soledad? ¿Sabe usted por qué he venido aquí? DOCTOR.. ¡Pero es que la vida no ha querido darme nada! Al hambre se la vence.—Más de lo que podía resistir. Yo he sido modelo en una casa de modas.—Sí. llorando de asco. ¡Y en tantas cosas! Primero fui enfermera..—¿No volvió a ver a ninguno? ALICIA. ¿Trató usted de buscar a ese compañero? 12 . esa Galería negra que da vueltas y vueltas.. Había oído hablar de una Casa de Suicidas. Nunca había sabido hasta entonces lo triste que es después dormir en una casa fría.. insultada. no. una se mata en cualquier parte. ¿verdad? DOCTOR (Interesado).—Espero que no sea la envidia del lujo lo que ha causado su desesperación. Ahí está el parque. DOCTOR. En una calle oscura me asaltó un hombre. Es una idea ridícula. la ciudad. La salud es demasiado egoísta. desnuda de cien vestidos. ponía toda mi alma en ellos.—Fue anoche. Y llegué a soñar como una felicidad con esta locura de morir abrazada a alguien. de entrar al fin en una vida nueva por un compañero de viaje. pero no importa.—Es natural. Y era tan amargo después verlos morir. de hambre. también para siempre. y con los dedos llenos de recuerdos de pieles...—La ciudad.—A ninguno. No podía más. conmovido. entre los árboles y las montañas. y que alguno me tendería su mano.—Oh. ni amor. ALICIA. ¡Es horrible! DOCTOR.—No. DOCTOR. DOCTOR. ALICIA.. al otro lado de las montañas se ve. y meterse dentro con otra mujer. la soledad. Aquí.—¡No! ¡Volver.. lejos. que he vivido siempre sola..—¿Por qué hacen ustedes esto? Esos árboles extraños.—No lo crea. Pausa. fue un momento de desesperación. El Doctor la contempla. DOCTOR.. ¡no quería morir sola también! ¿Lo entiende ahora? Pensé que en este refugio encontraría otros desdichados dispuestos a morir. Está usted dominada por un miedo pueril. No sé quién es usted. un hambre tan cruel que me producía vómitos.—Comprendo.. no lo comprende usted.—¿Trabajaba usted? ALICIA... pero no servía: les tomaba demasiado cariño a mis enfermos. DOCTOR. me dijo una grosería atroz enseñándome una moneda. Tenía hambre: un hambre dolo-rosa y sucia. no! Quiero salir de aquí.

—¿Querría usted quedarse en esta casa? ALICIA (Con miedo aún). con cuerdas colgadas. Te vuelves de espaldas a los mapas.—Magnífico. Ayúdenos usted a salvarlos. ¿te acuerdas? La segunda.—¡Ohoh! (Entra Fernando. para los columpios. Después. tiene mucho que enseñar aquí a otros que tienen la fortuna y el amor..—No tenga miedo.) FERNANDO Y CHOLE. sea aquí nuestra enfermera de almas.. ¿tiene mucho interés en volver a esa ciudad donde nadie la espera? ALICIA. me pareció ver una sombra extraña que me buscaba.. olvide su desesperación de anoche.. y vuelve a llamar hacia el exterior. Entonces comprendí mi tremenda equivocación..—Pero. joven también. FERNANDO. y la muerte es la soledad absoluta. DOCTOR. te metes por las carreteras por donde no va nadie. muchacha.. cámara fotográfica en bandolera. pero acaso yo la necesite a usted.) CHOLE. ¡Ay. Fue como una llamada de toda mi sangre. Espere. alegre y decidido como ella. Fernando! ¿Ves? Siempre debías dejarme conducir a mí. Y en el parque. y se creen desgraciados... «Jardín de la Meditación».Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera ALICIA.) VOZ. Dígame. pero extraño. cierras los ojos en los cruces apretando el acelerador. Por lo tanto. Dame las gracias ahora mismo. La escena sola un momento. Su juventud la ha salvado. que sólo le pide a la vida una mano amiga y un rincón caliente.. ALICIA... ¿has visto? «Sauce de los enamorados».—Lo que nos hacía falta.—Encantador. venía huyendo de la soledad. un lago. Chole.—¿Tierra firme? CHOLE.. ¿Quiere aceptar también mi mano de amigo? ALICIA (Estrechándola conmovida).—¡Ohoh! (Abre la verja de par en par.. 13 .—Gracias. gritando.—Por aquí. Ya hablaremos. Usted. la voz de Fernando. Mira agradablemente sorprendida en torno..—¡Encantador! FERNANDO.—¿Adonde voy a ir? DOCTOR. (Sale con ella.) (Estalla fuera una alegre risa de mujer. qué vacaciones.) ¡Ohoh! (Contesta fuera. Me perdí por esas galerías. ¿qué puedo yo hacer? DOCTOR... Fernando. Seguramente uno de esos paradores de turismo para ingleses y enamorados. y eché a correr.. ¡y nosotros! Mira qué nombres tan bonitos: «Galería del Silencio». Asomada a la verja. Penetra en escena. Aparentemente esto no es más que un extravagante Club de Suicidas.—¿Para qué? Cuando llegué aquí ya no sentía más que el miedo.—¡Aquí! DOCTOR. No le pida nunca nada a la vida. equipaje de mano. llama con el grito jubiloso de los montañeros. en el fondo. La primera vez que me dejaste el volante descubrimos así unas ruinas góticas. Entra corriendo Chole: una juventud impetuosa y sana. Usted ya no me necesita...—Gracias. Traje de viaje. CHOLE. DOCTOR. intenta ser un sanatorio. Pero. hacia la luz. un hotel confortable. Y no pierda su fe. y siempre sales a algún sitio inesperado y maravilloso. ¡Qué aspecto extraño tiene todo esto! CHOLE.—Usted ha curado heridos. la DAMA TRISTE FERNANDO.—¡Y qué tierra! Montañas con sol y nieve. Mi mesa está siempre dispuesta.. y algún día la vida le dará una sorpresa maravillosa.

—Mira.. CHOLE.. ¿nos quedamos aquí? CHOLE. Magnífico! CHOLE.—La segunda nos fuimos contra un castaño de Indias.—Pero no se destrozó más que el coche. CHOLE. Novios. huy.—¿Cómo llamaremos a este rincón feliz? FERNANDO. Fernando se aparta al verla.—Mejor. sin bañistas.. FERNANDO (Leyendo las inscripciones de los cuadros que ella señala).... Y en cuanto nos apeamos saltó una alondra a la derecha. Fernando! No te lo había visto nunca. justo al llegar se nos acabó la gasolina. Se miran desconcertados. las filas de 14 . Cicuta».—El paraíso.. Siglo quinto de Grecia. ¡Con unos hombres rubios y grandes. ¿verdad?...—¡Ohoh! (Pausa. Ya no me acuerdo.. qué pena!.. Sangría». ¡La montaña y nosotros! ¿Qué más nos hace falta? (Solemne. ¡Buen augurio! FERNANDO.—¡Qué pena! Tan jóvenes. Señor... Siglo primero de Roma. Lo siento por ti... Santa Teresa. que cantaban a coro! Y ahora.) ¡Ohoh! (Pausa. ¿Dónde fue? FERNANDO.—¿Y aquí? Sobre el arco: (Lee.. extrañada).—«Sócrates. El claustro de mirtos. que te hiciste en el hombro? ¡Qué bien te sentaba aquel gesto triste.. FERNANDO. el Báltico.)—Huy. ¡Si todo ha sido providencial en este viaje! Tomé esta carretera porque no figura en la guía. (Cruza la escena y sale).—Me dijiste: tenemos una semana de vacaciones en el periódico. CHOLE..—«Larra.—¡El paraíso! FERNANDO.—Pues tampoco es un balneario. Los contempla con una ternura llena de lástima. pero era un mar auténtico.—¿Dónde mejor? Además. huy. Pistola».) «Ven.—. DAMA. Muerte.. dichosos de amor y juventud.—No lo habrá sido nunca.—Yo tampoco.—Señora.. tan escondida —que no te sienta venir porque el placer de morir— no me vuelva a dar la vida».—¡A que nos hemos metido en un convento! CHOLE..) ¡La serpiente! DAMA.) FERNANDO.—Enferma del hígado.—Nadie.—¿Cómo se llaman todos los rincones de la tierra donde estemos tú y yo? CHOLE.) FERNANDO.. tan bonita. «Séneca.—¡Un convento! No digas.—Decididamente. CHOLE. con un surtidor. ¡Hurra.. ¿Has visto qué aire melancólico? FERNANDO. pero creo que me has metido en un balneario. Siglo romántico de España.—¡Hurra timonel! CHOLE (Abriendo los brazos). Chole: me habías prometido llevarme al paraíso. ¿qué me dices ahora? ¿He sido un buen timonel? FERNANDO.) En nombre de España. sin casino.. (Pausa.. ¡Qué pena.—Pobres. capitán! FERNANDO.—Así sea.. con toda una vida por delante y queriéndose así. Pero ¿es qué no hay nadie en este hotel? (Llamando a gritos hacia un lado. tomamos posesión de esta isla desierta. FERNANDO (Comenzando a inquietarse. Aquí lo tienes. CHOLE.—En una costa: el Cantábrico.—¿Por qué le dará pena a esa señora que seamos tan jóvenes? CHOLE.. CHOLE (Que se ha quedado mirando los cuadros... vámonos a guarecer nuestro amor en cualquier rincón tranquilo y feliz.—¿ No ? CHOLE.) CHOLE (Hacia el otro). (Se besan riendo. ¿Ustedes también? FERNANDO... ¿Y aquella cabaña de pescadores donde nos recogieron? ¿Y aquella herida.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera FERNANDO. no podríamos seguir aunque quisiéramos. Entra la Dama Triste. seguro. FERNANDO. FERNANDO.

. Dicho así. ¡libre! (Sigue con su campanilla.—¿Qué? FERNANDO. (Suelta el libro. CHOLE (Disponiéndose a huir).—¡Este libro!... director de la Casa. Se asoma a escena y grita. Deja el maletín. DOCTOR.. Somos periodistas: si nos echa usted por la puerta.. Es nuestra profesión. volveremos por la ventana..) CHOLE (Aterrada).) Me parece.—¡Eh.—Será si yo no me opongo. «El suicidio considerado como una de las Bellas Artes». Calma. gracias.—Gracias. no retrocede aunque lo que tenga delante sea un rinoceronte. Chole y femando se miran inmóviles. Pero no me parece lo más indicado para dos novios en vacaciones. ¡Y no! (Con fuego.. Fernando. Disfrazados de jardineros. Pero. que no te vuelvo a dejar el volante.—Enhorabuena.) HANS... DOCTOR.. Se detiene al verlos. de 15 ... ¡Sería magnífico! FERNANDO.—¡Timonel! (Rompiendo el abrazo.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera hábitos blancos por las galerías. Deja ese maletín. Antes morir. La pareja más feliz de la tierra. ¿qué diablos vienen a hacer aquí? ¿Han llegado ustedes voluntariamente? CHOLE. (Ella se rehace. Cuando un periodista se tropieza con algo sensacional. (Toma un libro sobre la mesa del Doctor.) FERNANDO.—Hemos llegado fatalmente. DOCTOR. Chole.—¡Capitán! FERNANDO. Avanza heroicamente.) ¡Demonio! CHOLE. periodista.—Huy. Pausa. Chole. Fernando Zara. FERNANDO.—Inútil oponerse. si son ustedes una pareja feliz..—¡Chole!.—Todavía no.) Desconocido señor.—Mucho gusto.. FERNANDO.—¿Ha dicho sala de la cicuta? FERNANDO. Va hacia su mesa.. Doctor Roda. pero lo sabremos en seguida.—No..—Dos novios.—¿Quién se atreverá a quererse después? FERNANDO. (Entra el Doctor. dos novios. Chole. mi novia. Sólo entramos a dar un vistazo. Muy interesante. los maitines. no! Somos periodistas. Conducía yo. FERNANDO. CHOLE Y EL DOCTOR DOCTOR.—Para el turismo.—¿Dónde pusiste el maletín? FERNANDO. de inspectores de teléfonos.) ¡Los novios! ¡Los únicos! ¿Quién se ha querido en el mundo antes que nosotros? FERNANDO. CHOLE.—¿Les atienden a ustedes? CHOLE. mi compañera. alto! ¡Huir. Va tocando una campanilla. muy interesante.—¿Y saben ustedes dónde están? FERNANDO. mi ninfa Egeria y mi estrella polar. permítame que me presente.—¡Nadie! CHOLE (Abriendo nuevamente los brazos).—¡Nadie! CHOLE.. pasa Hans por el arco del jardín. huy. parecemos dos novios como los demás.. especializado en reportajes sensacionales.—Sala de la cicuta. DOCTOR. huy.

«La serpiente de mar». No es trabajo fácil. DOCTOR.. doctor! DOCTOR (Con una sonrisa de simpatía).—No nos cierre las puertas.—No existen. DOCTOR. CHOLE. llena de esperanzas y de horizontes.—A sus órdenes. pueden prestarme a mí un gran servicio. no.. enamorada. con un adulterio bonito. Para el mes que viene nos ha encargado un naufragio.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera vendedores de frutas. doctor. DOCTOR. DOCTOR. Todo le parece poco. la tiranía del público! Y luego la tiranía del director. son ustedes un poco impertinentes? FERNANDO..—Ninguna.—No. y el público. Pero ustedes. un evadido de la Guayana. Lo primero. y como todos los periodistas.—¡Cómo no ha habido otra! DOCTOR.—¿Problemas espirituales? FERNANDO.—¡Ah. (Se sientan) . tiene cada vez más hambre de ellas.—¡ Chole! (Chole prepara lápiz y cuaderno. sin amores.—¡Torrencial! DOCTOR. DOCTOR. ¿Quieren ustedes ser aquí la vida feliz? CHOLE.—¿Amor? CHOLE.—Nosotros no retrocedemos aunque tengamos delante un rinoceronte. doctor. CHOLE (Avanzando hacia él). en efecto. El mundo produce cada vez menos cosas interesantes. en cambio. estamos de vacaciones.—¿ Dificultades materiales ? FERNANDO.. CHOLE. como colaboradores y amigos. audaz. LOS DOS. nuestro gozo profesional cuando tropezamos con una banda de secuestradores. nos tendría usted aquí irremediablemente. en cambio. que llamamos en los periódicos.—¿Me perdonarían ustedes si les advierto que como todos los seres felices. ¡Oh. escuchen ustedes. perdón!. una pareja feliz? FERNANDO (Posando la mano sobre el hombro de ella). doctor: el sensacionalismo es de cultivo muy difícil. FERNANDO.) DOCTOR.—Para la buena marcha de esta casa necesitaba yo encontrar los dos extremos opuestos de la fortuna: una vida en derrota. DOCTOR.. Usted no puede imaginarse nuestra angustia de exploradores en busca de lo extraordinario.—¿Su respuesta? DOCTOR (Los mira entre severo y sonriente).—¿Y creen ustedes haber encontrado aquí su «serpiente de mar»? FERNANDO.—Está bien.—Perdonado. ¡Ayúdenos.. lo he encontrado hace un momento. FERNANDO. sin pasado y sin porvenir. y mañana por la mañana tomamos café con leche. No hay nada que hacer..—¿ Enfermedad ? CHOLE.—No sabe usted lo que es recorrer un mundo de temas agotados para encontrar esa veta sensacional que el público espera siempre.—A sus órdenes. En ese caso. un parto quíntuple y una aurora boreal. veamos. Pero compréndanos. ¿Son ustedes. yo puedo facilitarles su trabajo. Y una vida en plenitud.. prométanme que no escribirán una sola línea hasta que no conozcan a 16 .—Pues siendo así.—¿Nosotros? A nosotros nos deja usted esta noche en una selva del centro de África.—Le hemos visto la cola. FERNANDO.—Es envidiable.

. Aparentemente.. (Fernando toma el libro. festines Borgia y tañederos de arpa. pero también de comprensión humana y de ternura. Su sentido heroico de la muerte se ve defraudado. Con ella se fundó el Hogar del Suicida.) A estos pobres amigos dejó también el doctor Ariel toda su fortuna. (Fernando la detiene con un gesto. sí.—Sí. interesado en sus mapas y estadísticas. Es la primera etapa.. los baños con rosas y música. Fundó.—El doctor dejó escrito un libro maravilloso. CHOLE. Todos sus estudios los dedicó a la biología y la psicología del suicida. cuya dirección me confió el maestro. Llega a sentir una piadosa ternura por el dolor hermano. e invariablemente todos rompen a llorar. El enfermo pasa largas horas en silencio y soledad. «El suicidio considerado como una de las Bellas Artes». sus alimentos y sus libros.—¡Ah!. un Sanatorio de Almas. (Chole guarda lápiz y cuaderno. celdas individuales y colectivas. paseaba sus dos leguas a pie durante el día y escuchaba a Beethoven por las noches. que hojea de vez en cuando.—¿Conocieron ustedes al doctor Ariel? FERNANDO. Vea la dedicatoria: «A mis pobres amigos los suicidas». no le conocieron ustedes. Tenemos un lago de leyenda.... todos morían suicidándose en la plenitud de la vida. DOCTOR. su bisabuelo.—¡Pero muy bonito! FERNANDO. CHOLE (Entusiasmada). Cuando creyó que su hora fatal se acercaba... penetrando hasta lo más hondo en este sector desconcertante del alma. Este prólogo queda formidable para señoras.—Gracias. Luego. al entrar aquí. estética y confortable. todo va bien. otros llegan a dormir. El doctor Ariel vivió torturado por esta idea. Después busca compañía. FERNANDO.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera fondo la institución.—El doctor Ariel. CHOLE.—Magnífico. sí. La primera reacción del desesperado. pide libros. El doctor Ariel no se limitó a hacer una extravagancia..—Etapa de la meditación.—Este libro está lleno de ciencia. desde varias generaciones. ¿por qué la fundación de esta Casa? DOCTOR. Todo en ella está previsto para una muerte voluntaria.. es el aplazamiento. DOCTOR. esta casa no es más que el Club del perfecto suicida. se bañaba en las cascadas frías. se retiró a estas montañas. Segunda etapa.—Sí. CHOLE (Echando mano a su lápiz). de una muerte noble y serena.—Hasta aquí. sagazmente. ¿lo conocía usted? FERNANDO. (Lo toma de la mesa. Y el más bello paisaje del mundo. Su familia. ¡Todo se le presenta aquí tan natural! Es el efecto moral de una ducha fría. su abuelo. cuando empezaban a perder la juventud. Va interesándose por los casos de sus compañeros. era víctima de una extraña fatalidad: su padre. Esa noche algunos aceptan alimentos.—Muy periodístico. los mejores venenos. Aquí leía a los poetas.) DOCTOR.—No hace mucho. a los setenta años de felicidad.—Bien. Y aquí murió. vencedor de su destino. el doctor Ariel. Pero si el doctor Ariel murió feliz al fin. DOCTOR.) DOCTOR. El doctor Ariel fue mi maestro.) FERNANDO. DOCTOR... pero lo conocía. Aquí cambió sus amigos. y donde tienen ustedes su casa. Y acaba por salir al 17 .—Ahí empieza el secreto.

echa a correr sin volver la cabeza. el desesperado profundo se mata en cualquier parte. Periodísticamente era más interesante que se matasen. (Va a seguir.. con un rayo de esperanza..—Precioso.—¿Quiere usted tomar alguna cosa? AMANTE.—Gracias.—Gracias. Un día se sorprende a sí mismo acariciando a una rosa. pero con tiento.) ¿Puedo contar con ustedes? CHOLE. desilusionado. Le llamamos aquí el Amante Imaginario. entre tanto..) CHOLE. (Entra. ¿Nos permite. un lago de leyenda. Generalmente son desconfiados y no abren fácilmente su corazón a un extraño. AMANTE (Brusco).—Aquel joven que se acerca. (Señalando. Parece una balada escocesa. FERNANDO Y EL AMANTE AMANTE. ¡Está salvado! CHOLE. funcionarios. el Amante Imaginario.) Hoy mismo traspasaré esa última puerta..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera campo... FERNANDO.. y en cuanto traspasa el jardín.—Desde ahora mismo. siempre ensimismado. El aire libre y el paisaje empiezan a operar en él. dos novios que se besan mordiéndose la risa. con el desesperado irremediable? DOCTOR. (Levantándose. FERNANDO. ¿es un enfermo? DOCTOR.—Ah. sí: un muchacho romántico. solemne.. etapa de la ducha fría.) CHOLE. hacer alguna interviú a sus pacientes? DOCTOR. FERNANDO.. 18 . sin el menor respeto a la técnica ni al doctor Ariel.. CHOLE. AMANTE.—Entonces. DOCTOR...—Bien. floreciendo.—Ah.—¡Ah. Ha llegado anoche.—Y empieza la tercera etapa. No le lleven demasiado la contraria. ¿Compañeros? CHOLE. naturalidad.) FERNANDO.. Y sobre todo.—Aquí sólo llegan los vacilantes.. FERNANDO. ¿Por qué no se sienta? Tiene usted un aspecto muy fatigado. DOCTOR. El alma se tonifica al compás de los músculos. El pasado va perdiendo sombras y fuerza.. Un día ve las manzanas nuevas estallar en el árbol. celdas individuales y. Yo esperaba encontrar un corazón amigo.. odiosamente frío.—Voy a encargar que dispongan sus habitaciones. se van ensanchando. Desdichadamente. CHOLE..—La última. cien pequeños caminos se van abriendo hacia el porvenir.—No se decida sin consultarnos: tenemos los mejores venenos.. Pero dígame: ese sistema ¿no está excesivamente confiado en la buena disposición del cliente? ¿No han tropezado ustedes nunca con el suicida auténtico. al labrador que canta sudando al sol.—No está mal. Quiero terminar cuanto antes.—Perdón.. FERNANDO.—Naturalidad. (Sale. ustedes también! ¡Cállense! Todo es frío aquí. la Galería del Silencio.—¿Ha elegido usted ya su procedimiento? CHOLE.. Fernando.—Exactamente.. Vean su ficha.—Funcionarios.—Quédese un momento. ¡Y un ansia caliente de vivir se le abraza a las entrañas como un grito! Ese día el enfermo abandona la casa. DOCTOR. Se acerca al verlos.

CHOLE. Shanghai. entre los sicómoros.. y al día siguiente en un jardín de lotos. sus ojos se clavaban en los míos..) El doctor viene.—¿Cómo no? ¿Quiere usted contárnosla? AMANTE.—Después.. Diga.) Yo era un empleado en una casa de banca. sólo los he soñado. Al día siguiente equivoqué todas las operaciones en el banco. Cogí una cantidad. Cantaba Cora Yako el papel de Margarita. a Brunilda..—No es por usted.. doctor. en lo más alto de la galería. era «Madame Butterfly». Entra el Doctor.. ¿Y qué más? AMANTE (Seco).—No es verdad.—¿Repetían el «Fausto»? AMANTE. Déjenme contar esta historia a todo el mundo. y un ramo de orquídeas pisadas. he abrazado en todos los idiomas a Margarita y a Madame Butterfly. dos horas antes de empezar..—Sus habitaciones están dispuestas. Necesito que la crean todos. Y sin embargo sólo he mentido a medias. ¡Cantaba y lloraba y moría para mí solo! Aquella noche no pude dormir. No le digan ustedes nada. todo el dinero pasaba por mis manos.—La conozco. Y volví al teatro. Siempre había soñado aventuras y viajes..—Después. AMANTE..—Cuente usted con ese corazón. es verdad! FERNANDO (Cambia una mirada con Chole).. pero nunca había realizado ninguno. mi sueldo de dos meses. Al día siguiente. el vestíbulo estaba lleno de baúles y decorados sucios. ¡Yo.—¿Qué? ¿Por qué me miran así? ¿No me creen? ¡Les juro que es verdad! Yo he sido el gran amor de Cora Yako..—Tiene usted razón. Pero ha contado su historia de un modo tan extraño..—¿De veras? ¿La oirían ustedes? No sé si valdría la pena. si nadie me cree. (Sale de puntillas.. El Cairo. y la tarjeta sin abrir. ¡Una mujer espléndida! FERNANDO... Y le envié un ramo de orquídeas y una tarjeta. Pero el mismo brazo de luz entre los dos. AMANTE.. a Scherezada!. 19 . no. él es ya viejo y no puede comprender estas cosas. Es verdad que Cora Yako me miraba cantando. Necesito creerla yo también. AMANTE. En el banco. AMANTE (Con ganas de contarla). AMANTE (Vencido por el tono cordial de Chole). como a dos amigos. FERNANDO.. Hemos visto su ficha. Se calla.. «Desengaño de amor». Una noche fui a la Opera. CHOLE.—No.—Enhorabuena. ¿Quieren pasar a verlas? CHOLE..... (Vacila.—¿Nada más? ¿Entonces? AMANTE. Cuando usted quiera. Los barcos y los grandes hoteles. La noche anterior eran dos ojos azules y unas trenzas rubias. ¡Es verdad...—Gracias.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera CHOLE. Después. Y es verdad que robé por ella. Hacía números por el día y versos por la noche. cuando volví al teatro con mi corbata nueva. Mi ramo estaba tirado en un rincón. Ha dado mucho que hacer al huecograbado. Pero eso no debe saberlo nadie.. Para qué mentir.. CHOLE. (Volviéndose rápido. Pero el amor y los viajes. miserable empleado de una banca española. ahora eran dos ojos de almendra negra y un kimono de estrellas.—Nada más. Nos gustaría tanto conocer su historia. Seguramente es un gran muchacho. De mi sueño sólo quedaba la pobre verdad de mi desfalco. (Pausa.) CHOLE. No le digan ustedes nada. Viena.) DOCTOR.—Cora Yako cantó toda la noche para mí. CHOLE. Después ¡fue la felicidad!. Saca tú las maletas del coche. Fernando.. temblando. No era ilusión.—¡Les juro que sí! ¿Por qué no había de serlo? ¿Qué tengo yo para que no me quiera una mujer? FERNANDO. Pero el fenómeno volvió a repetirse.. y después morir feliz. Nos besábamos un día en el desierto. Es verdad que he destrozado mi juventud sobre el pupitre de una casa de banca.—Yo voy.—¿Por qué ha mentido usted? Háblenos sin miedo. ¿qué?.

FERNANDO.—Señora. 2.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera (Sale con él. Vea. ¡levándose el maletín.) DAMA. señora.—Lástima. Alemania— el suicidio político y económico.. DAMA. Vea en el apéndice la distribución geográfica de los suicidios. Se había pintado los labios con arsénico. Pero aquel verano los melocotones se desarrollaron más sanos que nunca. parece ser que trató de envenenar los frutos de un melocotonero a través de la savia. (Extiende la.. España. Femando. 28. Pero no es cosa fácil.—¿Dos solamente? FERNANDO. siempre pueden encontrarse matices. Para reanimarlo se me ocurrió darle en las raíces una inyección de aceite de hígado de bacalao ¡y se cayó muerto de repente! Los árboles tienen unas reacciones extrañas. a solas. ¡Es la Europa civilizada! DAMA. DAMA.—Aquí: la franja encarnada. estoy comprometido ya.—¿Dónde está señalado el suicidio pasional? FERNANDO. Tengo que suicidarme mañana con una pianista polaca. DAMA. besando a una señorita. ¡morir en un beso! Algo así buscaba yo.. FERNANDO.. tenía un manzano enfermo en mi huerto.) Cada raza tiene sus predilecciones y sus fatalidades. Italia. ¿Usted me ayudaría? FERNANDO. Yo.—Ah. FERNANDO. FERNANDO.. ¿Conoce usted el libro del doctor Ariel? ¿No? Ah. es un manual perfecto.—Qué interesante. 14. Estados Unidos.—Me pareció verle aquí hace un momento. FERNANDO. DAMA. en cambio. Italia. al mismo tiempo que aumenta el nivel de los salarios y la democracia. Inglaterra.—Soy.—Son todos demasiado brutales. pero. qué bien ha hecho usted en leerme esos datos.. Me gustaría morir aspirando un perfume. DAMA. Eran mejicanos nacionalizados...—¿Es usted nuevo en la casa? FERNANDO. 63.—¿No ha encontrado todavía su procedimiento? DAMA.—Puede encontrarse otra cosa. Esa estadística me señala el camino de mi raza.—Honradísimo. Se vuelve al ver entrar a la Dama Triste. el nuevo ayudante del doctor. DAMA.. de pequeño.. da unos pasos en la dirección en que saltó el Amante Imaginario.—Siempre llego tarde. al margen.—He pedido al doctor que probara a envenenar una rosa. DAMA. FERNANDO.—Perdón. En la zona del abeto —Suecia.—Sin embargo. y quería hacer una experiencia. 480. para eso no basta una voluntad. la gráfica estadística: «índice anual de suicidios por amor: Inglaterra. hacen falta dos. ¡Me gustaría tanto morir por amor! Desgraciadamente.. Alemania.—Sí. hoja de un mapa. sí.» DAMA.—Yo he leído alguna vez que Leonardo da Vinci hizo un experimento de envenenamiento de árboles.—La felicito: esa tendencia a morir por las nances es del más delicado romanticismo. Noruega..) FERNANDO Y LA DAMA TRISTE FERNANDO. En la zona del naranjo —España. Francia. 20 . Rumania— predomina la muerte por amor.—Dos. En la zona del nogal —Francia. 41. FERNANDO.. Dinamarca— la muerte voluntaria disminuye.—Ah. (Deja el libro..

legumbres.—¿Para qué conservar lo que de nada sirve? Mi carne no existe. resulta: que para hacer tres viajes cortos. FERNANDO.) Dígame. ¿qué desayuna usted? DAMA. ¿Por qué me lo pregunta? FERNANDO.—Y más fruta. agua de torrente..—Aritméticamente exacto. alguna fruta. ¿Qué desayuna usted? DAMA. y raciones discretas. FERNANDO. Pues bien.—Magnífico. ¿Quiere que la acompañe a dar una vuelta por el parque? Hace un sol espléndido. Odio todo lo grosero: la carne.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera DAMA.—¡Y cuántas veces lo he soñado! ¡Esas parejas japonesas que se lanzan cogidas de las manos y coronadas de crisantemos.—Poco. ¿por qué quiere morir? DAMA.—Apenas. seguramente soy una pobre mujer vulgar.—Un vaso de leche.—Románticos casi siempre. No le volví a ver. FERNANDO. la tiranía de los músculos y la sangre.. tirar el agua del baño con el niño dentro.. tres vagones de fruta ocho hectáreas de guisantes ¡Y diecisiete terneros! El cuerpo. Sólo mi alma ha vivido. Toda la obra de Víctor Hugo me es familiar.—¿Almuerzo? DAMA. y zarpó rumbo a Filipinas. España es un país arruinado: no nos queda ni un miserable volcán para estos casos. ¿Qué cosas interesantes recuerda de su vida? ¿Ha viajado usted? DAMA. aprender a tocar el piano. y hay que dar al César lo que es del César. Suspira desolada... si me hace usted el honor de una confidencia..—¿Y por lástima de su cuerpo ha decidido usted quitárselo de en medio? Me parece excesivo. DAMA.—Pero no lo lamente demasiado. Triste se sienta. ¿verdad? ¿Suele cenar? DAMA.—¡Por tantas cosas! FERNANDO.—¿Ha tenido amores? DAMA..—Se lo ruego.. (Leí Dama. que no me ha proporcionado nunca más que dolor. No seré un gran espíritu.—¡Qué vergüenza! FERNANDO.—Gracias.—Amor. al cráter del Fusi-Yama! FERNANDO. Se justifica.—Una muerte bellísima. Nos besamos en el puente del barco. DAMA (Horrorizada).—¿Y qué importa eso? FERNANDO.. A veces.) Puede usted pensar de mí lo que quiera.—¿Puede decirme alguna? DAMA.—¿Está usted segura? ¿Me permite una sencilla experiencia? (Saca lápiz y cuaderno.) Y ahora. Londres. ternera.—Se lo diré en seguida. Es lo que llaman los alemanes. ¡Pero le juro que yo no me he comido esos diecisiete terneros! 21 . ha necesitado usted tomarse ochocientos decalitros de leche. No se ponga triste. FERNANDO. es una realidad insobornable. Florencia. Desdichadamente.—¿Ha leído mucho? DAMA. (Acepta su brazo. DAMA. conozco París. Quisiera haber nacido planta. generalmente. Al fin y al cabo el cuerpo es de origen tan divino como el alma.—¿Ha cultivado aficiones artísticas? DAMA. señora. Reconcilíese usted consigo misma. Yo era una niña casi: él era teniente de navío.—¡No! ¡No es posible! FERNANDO. FERNANDO (Que ha ido tomando notas y trazando números rápidamente). FERNANDO. leer obras completas de Víctor Hugo y besar a un teniente de navío. DAMA...—Desilusión absoluta. sólo una vez..—Lo mismo. ¡alma sola! Tengo lástima de este pobre cuerpo mío. FERNANDO. guisantes. es por su tranquilidad.—Toco el piano. FERNANDO. señora: calculándole sólo media vida. Este mundo de la materia no es el mío..

.. ¡Y no quiero matar! DOCTOR. Grita llorando. No quiero matarlo. La escena sola.—Pronto. ¡y no sabe siquiera todo el daño que me hace! DOCTOR. Hans. He conseguido desviarle la pistola a tiempo.—Pronto..—¿Quién es él? JUAN...—¡Suelte! (Se desprende violentamente. dos. Me robó la inteligencia y la salud que yo hubiera querido tener.) DOCTOR. Alicia queda al fondo y escucha sin hablar toda la escena. riendo. todo me lo ha quitado él sin saberlo. esconde la cabeza entre los brazos.—Vamos.. Me robó la única mujer que podía haberme hecho feliz.) JUAN..—¿Y por qué? JUAN. DOCTOR.—Si no me muero yo.) JUAN. Juan traía ahora de arrebatarle la pistola al Doctor. ¡Hans! ¡Deténgalo!.—¿Qué ocurre? ALICIA. DOCTOR. Alicia se tapa la cara con las manos..) DOCTOR. serénese.—Traiga.—¡Déjeme! ¡Es mía! DOCTOR. JUAN.) CHOLE. y trabajando.. Juan cae sin fuerzas en una butaca. ¡Mañana puede ser tarde! DOCTOR. doctor! (Acude el Doctor.—¡No! (Lo rechaza... todo lo que yo he deseado dolorosamente.. La siento mordiéndome la sangre ahora mismo. él es bueno. Lo sé. acabaré matando. Que no acuda nadie.. porque él es bueno. ¡y siempre me ha sonreído! Pero él no tiene la culpa. doctor? (Sorprendida de verle..—Es mi hermano. doctor. Entra Hans forcejeando con Juan. Guarda el arma..) ¡Qué iba usted a hacer! JUAN. Porque él me quiere. calme a los demás. Todo lo que yo hubiera querido... Ha pasado siempre por encima de mis entrañas sin darse cuenta.—¡Allí (Señala la Galena del Silencio.—¡Quieto! JUAN. Él ha conseguido sin esfuerzo. Necesito morir.—¡Doctor.. en silencio.—¿Ha ocurrido algo.. ¡no quiero matarlo! (Entran precipitadamente Chole y Femando. Sale corriendo Alicia.—¡Es mía! DOCTOR. Y es horrible.. El Doctor se acerca lentamente a su escritorio.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera (Salen. Callan los timbres.—¡Déjeme! ¡Suelte!.) ALICIA.) DOCTOR. (Sale Hans. Aquí está. ¡Es además mi hermano! Líbreme de esta pesadilla..—¿Qué ha sido? HANS.—Morir.. Suenan de pronto —uno. que lucha desesperadamente por desasirse y recobrar su arma. Primero me robó el cariño de mi madre. Ya he sentido la tentación una vez.—Nada ya. (Suena dentro un disparo.—Mataré. varios— timbres y campanas de alarma. sollozando convulsivo. ¿Por qué había de matar usted a nadie? JUAN.) ¡Juan! 22 .

—¿Vosotros? Prohibido Suicidarse En Primavera DOCTOR.—Ya no tardarán. ¿Quiere usted darme la mano otra vez? CHOLE (Estrechándosela cariñosamente)..—¿Y estas flores? ¿Le gustan? ALICIA.—No sé. ¿De dónde son? CHOLE.. Los otros cuadros. (Avanza hacia él tendiéndole las manos. Se lo diría a un pájaro que viniera a cantar a su ventana.—¿Se conocían ustedes?.—Gracias. se ha reído usted toda la mañana.—Las nuestras no han florecido aún. CHOLE (Disponiendo un cacharro de flores). ALICIA.—Del sur.—¿Por qué? ALICIA. No había tenido nunca a nadie que se riera junto a mí.. ALICIA.—¿Por qué se ríe usted ahora? ¡Se ríe de mí! CHOLE.—¿Por qué me da usted las gracias? ALICIA.—Sí. ALICIA.—¿Amiga siempre? ALICIA. FERNANDO..—Hace mucho bien oír reír.) Telón ACTO SEGUNDO En el mismo lugar. (Sale. de Botticelli. pero al sótano. Alicia. Huelen como si vinieran de lejos. a todo. Alicia viste bata blanca de enfermera. Cuando florezcan habrá que ponerlas también en todas las habitaciones... Luz de tarde. CHOLE. CHOLE (Riendo).—Mucho. CHOLE..) Está usted hoy muy sonriente. muy bien.—¿Queda bien así? ALICIA.. tres días después... CHOLE.) CHOLE Y EL DOCTOR 23 . Usted lo dice siempre. Entra el Doctor.. Y usted me dio la mano mirándome a los ojos. Los otros cuadros eran tan tristes. tan hondo y tan claro.—Gracias.—Sí.Alejandro Casona JUAN. con una cruz azul al brazo. Aunque no sea para mí. Han desaparecido los cuadros de muerte. Déjeme decirlo a mí..—Y no diga usted «gracias».—Estoy contenta. (Quedan mirándose. Tampoco había tenido nunca una amiga. Sonríe también).—Es mi hermano.—Al sótano. ¿adonde se han de llevar? CHOLE. ALICIA. y en su lugar Chole acaba de colgar un solo cuadro nuevo: «La Primavera». ¡Está usted contenta porque me río yo! ALICIA.—Es gracioso. CHOLE Y ALICIA CHOLE.—Porque es una idea bonita.—¡ Siempre! CHOLE. con muchísimo respeto.. mañana es el primer día de primavera. ¡Es usted tan chiquilla! ALICIA (La oye feliz.

me han llegado muy hondo.) «La Primavera» de Botticelli.—No lo escribiré ya. CHOLE. Veo que empieza usted a interesarse de veras por mis enfermos.—Algunas de estas historias íntimas. Pero matarse en plena juventud.—Lo hará Fernando. Es adelantarla un momento.—El dolor. Está usted en plena etapa de meditación y de ternura. DOCTOR. CHOLE. El es hombre y fuerte. En fin. ¿No cree usted que el dolor es cien veces más intolerable cuando nos rodea el amor y el triunfo. y en la primavera más que en el invierno? DOCTOR. ¿Nota usted algo nuevo aquí? DOCTOR. Nunca había imaginado un espectáculo humano tan desconcertante. tenían un prestigio solemne. CHOLE. DOCTOR. ansiosa de encontrar algo original para lanzarlo a la publicidad. (Contempla el cuadro. No hacían ningún bien a esta pobre gente... para evitar el dolor. además. Pero la observación es científicamente exacta.—Me interesan sus libros. de noche.—Quizá. trabaja usted seriamente. CHOLE. cuando se siente rodeado de fuego.. He descubierto en ellos cosas que no hubiera imaginado nunca. Me parece que.. CHOLE.. CHOLE. acaba usted de contestar a sus dudas de antes. CHOLE. Después. CHOLE. como si fuera un regalo! Ese pobre empleado de banca. El alacrán.—A veces. en la hora del amor y la primavera es un insulto a la naturaleza. DOCTOR. tan comedia y tragedia al mismo tiempo.—Difícil de explicar para una mujer feliz. DOCTOR.. tranquilo.—Sin embargo. Anoche sé que ha estado encerrada en mi biblioteca hasta la madrugada.—Además. ha ido penetrando en las almas. que nunca ha salido de su oficina y su casa de huéspedes.—Quizá. es luminoso. CHOLE. ¿Por qué se matan más los triunfadores que los fracasados? ¿Por qué se matan más los hombres en la juventud que en la vejez? ¿Por qué se matan más los enamorados que los que no han conocido amores?. DOCTOR.—¿He elegido bien? DOCTOR.. DOCTOR.—No sé..—¿Cuáles? CHOLE..) ¡Los cuadros! Por fin los ha arrancado usted. CHOLE.—Es curioso. y se sueña héroe de amores y viajes extraordinarios.—Eran demasiado sombríos. que da las gracias a todo lo que es hermoso.—Mucho. también.—¿Entonces. siempre sola...—Matarse es siempre una negación brutal. Y está usted atravesando las mismas etapas que ellos.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera DOCTOR. sus estadísticas.—¡Es. buscando su verdad en el silencio.—Buenas tardes. ¿Y por qué se matan al amanecer más que. DOCTOR. ¿Esas flores? (Volviéndose.—¡Esa chiquilla.—Pero eso no es buscar la muerte voluntariamente.—Esa contradicción constante del suicida con la lógica de la vida. doctor. y todo a nuestro alrededor se viste de rosas? 24 .—Sí. He aquí el motivo supremo.—Señorita Chole. DOCTOR. cuando la sangre es joven. hoy.. sin darse cuenta. CHOLE. DOCTOR. no me atrevería a desnudar en público estos pequeños dolores para satisfacer una curiosidad bien sentada y bien alimentada. El primer día entró aquí como un golpe de viento.. aquel reportaje sensacional? CHOLE..—Ya apareció la mujer. DOCTOR. tan contrario a todos los instintos! Los animales no se suicidan. se clava su aguijón venenoso. Yo.

—Es nuestra enfermera.—¿Quién era ella? PADRE. hasta que no despertó más..—Tengo algo que pedirle.. Vacila. muy difícil.. Hasta que un día yo empecé a sentirme enfermo. Tenía un deber: unos ojos y una voz que me necesitaban.. El Padre avanza lento hacia ella.} CHOLE. que acabaré por curarme. Yo también soy médico.—No..) PADRE.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera CHOLE.. Estaba paralítica desde la niñez. Pero necesario.. ¡Le juro que es absolutamente necesario! DOCTOR.... pero bastante para los dos. Y hablábamos a veces. Se adelanta al fin.—¡Alicia! PADRE (Sobresaltado). ella me escuchaba mirándome.. Trae un libro bajo el brazo.. muy bajito. ¡Y yo estoy todavía aquí! Estoy sintiendo con espanto que mi mal se aleja. DOCTOR. Algo muy íntimo.—Perdón. Tendida siempre en una hamaca..monstruoso seguir viviendo así.—Doctor.—¿Yo? PADRE. La vida no es solamente un derecho. Pero antes la tenía a ella. pero en «ella» más 25 . Pero es.—..—Porque es . Pausa. Entonces sólo sentí el terror de dejarla sola... la vida es un deber. y aquella voz de música..—¿Por qué? PADRE.—¡Alicia! ¿Quién se llama aquí Alicia? CHOLE. un deber. El Doctor aprieta angustiado las manos de Chole.. (Pausa... ¡Hágame usted morir! DOCTOR.. extraordinario. PADRE. sólo los ojos.—Sí.—Ojalá piense usted siempre así. Nunca he tenido grandes motivos para desear la vida. DOCTOR... ¿Comprenden ustedes? Era mi hija y mi vida.. mirándola con una intensa emoción.. sobre todo. ¡Usted puede hacerlo! Por compasión.. una noble cabeza blanca agobiada de dolor... La he matado yo mismo.. PADRE. No podía engañarme. (Entra Alicia.. ¡Cobarde. con una voz humilde y roía.. ¡Pobre carne quieta! ¿Qué iba a ser su vida sin mí? No pude resignarme a esta idea. a veces. DOCTOR. ¿El doctor Roda?. que no perdonan. no me haga usted dudar..—De ningún modo. Yo le leía los poemas de Tennyson. Y no tengo fuerzas para acabar conmigo. PADRE. cobarde! (Cae desfallecido en un asiento.... Y la fui durmiendo suavemente. Pero es que usted no sabe. EL DOCTOR Y EL PADRE DE LA OTRA ALICIA PADRE. PADRE. La señorita es persona de mi absoluta confianza..También ella se llamaba Alicia.—¿ Estorbo ? DOCTOR.. cómo se parecen. Tenía a mi alcance la morfina. Los mismos ojos. un deber bien penoso. En el umbral del jardín aparece el Padre de la otra Alicia.—Era mi hija.. He pedido esto mismo a otros compañeros: todos me compadecen. comprendo que es una petición extraña.—Es.—Diga.—Sí. Nada se movía en su cuerpo.—A sus órdenes.—Doctor. CHOLE. DOCTOR. pero ninguno ha querido ayudarme. sin dolor. que era una vida entera.. doctor... También yo lo he hecho una vez. doctor. muy poco.. Es.. CHOLE (Llama en voz alta)...) DOCTOR. era uno de esos males lentos y seguros..

Luego HANS FERNANDO... CHOLE Y FERNANDO CHOLE. PADRE. desde el amanecer.) LA VOZ. (Sale.) ¡ Capitán! FERNANDO. ¿Me permite que la trate de tú? ALICIA. las mujeres.. no.. PADRE.—¿Has visto salir el sol? FERNANDO. que les tiran piedras a las ovejas. CHOLE. Versos. CHOLE. ¿Qué leía usted?.—Me parece que está salvado ya. doctor. y nada. En el jardín.) DOCTOR.—¿No me has traído nada? FERNANDO.. Las mismas manos.—No parece muy feliz con su día de campo. míreme. ¡Pobre rosa!.) Pero éstas están sanas. yo a su lado. tiene usted una voz muy agradable. Perdone. ¿Conoce los poemas de Tennyson? Si no le molesta. ¡Alicia! (Sale con ella. (Amargo. quieta.. ¿quiere? Usted tendida en una hamaca.—¡Ohoh! CHOLE. hay ovejas.. hace más frío que antes..—Y has salido sin despedirte.. Pero hablar.) Vengo chorreando salud. CHOLE.—¿Por qué has hecho eso? Dicen que se deshojan al bajar al llano. cuando ella decía «gracias». tiene gracia....—A María Antonieta le gustaba siempre vestirse de pastora.—Todo el día.. Pero la rosa se deshoja.—¿Y es verdad que hay escarcha.. y pastores con zamarra.—¡Has estado fuera todo el día! FERNANDO. Se oye fuera el grito montañero de Fernando. una rosa de los Alpes.. (Se deja caer deshecho en una.—No.—Sí. no. Pero ella.. CHOLE. como si fuera una injusticia..—Gracias.—¡Ohoh! Corriendo a él. doctor?.. con zamarras. CHOLE.—¿Cree usted que podremos salvarle? CHOLE.. FERNANDO. El doctor se ha empeñado en hacerme sufrir los encantos de la Naturaleza.—Te escribiré a la noche. Como un tronco de sándalo. Y unos pastores muy brutos. sonriendo). La voz. ¡Pobre rosa! DOCTOR.—¿Por qué no me has escrito? FERNANDO. 26 ... He podido matarme por alcanzarla. doctor. señorita? ALICIA (Sin saber qué decir. sí. no.—En la montaña.. De esas que sólo florecen entre la nieve y sobre los abismos. si quiere. CHOLE. ¿Puede ser..) FERNANDO Y EL DOCTOR. Alicia..—Ah. (La besa en los labios.) EL DOCTOR... ¿Y la voz? ¿Quiere usted decir algo. No digas nada. (Pausa. al verle aparecer. yo se los leeré en voz alta...Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera tristes. ¡Sale con una cara de sueño el pobre! Y en cuanto asoma. La he dejado en tu cuarto..—Ah. Permítame. butaca.. Con permiso.. y rebaños de ovejas? FERNANDO.—Y le cortaron la cabeza. calientes....—Ah.—¿Te has acordado de mí? FERNANDO. CHOLE. CHOLE. FERNANDO.—Sí..—¡Timonel! Perdón..—Estabas dormida como un tronco. todo callaba alrededor. blanca...—Se lo agradezco..

llena de sorpresas. y hace cuarenta siglos.—No está de muy buen humor hoy.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera FERNANDO.. doctor.—Decididamente soy un salvaje urbano..—Y sin embargo. ¿no le han dicho nada? FERNANDO.—Ninguna.) FERNANDO. Hans. la caída de las hojas. ¡Y decía que buscaba un procedimiento original! No lo entiendo. si no le ayudáramos nosotros. HANS (Sin gran fe).—¡Con imaginación! Ah.—Pero estaban en su casa. No la entiendo. DOCTOR.. que esto no puede ser. (Va a salir. Se detiene aterrado. FERNANDO.. por la seriedad de la casa.—Exactamente. ese bosque de abetos. un trocito de ternera. Los otros le parecían demasiado sombríos. la Naturaleza es más de la mitad del arte. La señorita Chole se ha estado riendo también toda la mañana. no tiene la menor emoción.. HANS.—Ha sido idea de la señorita Chole.) ¡La Primavera! ¡Qué tendrá que hacer aquí la primavera! No es serio esto. ¡Aquel Larra desmelenado y romántico! (Se queda contemplando el Botticelli con un desprecio infinito. Pero periodísticamente...-—Es un tipo curioso su ayudante. (Severo a Fernando. Yo soy un hombre serio. FERNANDO. Un vaso de leche.—¿El empleado de banca? HANS.—¿Y la señora del pabellón verde? HANS. Hans. Y ha vuelto a salir nadando. (Sale. como todas las mañanas. El crepúsculo. Hans? HANS. A cumplir una función seria. ¡Los cuadros! DOCTOR. pero hay cosas que no van a mi carácter.—Esperemos. FERNANDO. Y desde hace unos días esto no marcha. ¿Adonde vamos a parar? DOCTOR. y llora al atardecer. HANS. desde hace tres días se niega sistemáticamente a comer.) Oh. Sólo el hombre interesa..—Ya lo he intentado. la máquina de escribir. HANS. FERNANDO. No es serio. 27 .—Hay que evitar eso a todo trance.) DOCTOR. literalmente no tengo nada que reprocharle.—Perdóneme el doctor.) ¿Se ríe usted? ¡Yo. esas crestas de nieve. Aquel Séneca desangrándose era de una seriedad alentadora. y no se le ha ocurrido ni pensar en el injerto! Ya me gustaría ver a esa pobre Naturaleza ingresar en un periódico.—A usted la gustaría una naturaleza anárquica. ni una originalidad. como todas las mañanas también. la primavera. no! DOCTOR.—Nada. Y todo se contagia: al profesor de Filosofía yo le he sorprendido anoche silbando el «Danubio Azul». pero todos crudos. El paisaje agreste es el ambiente natural de las cabras y de los poetas.—En la alameda de Werther.) DOCTOR. DOCTOR. He venido a una casa seria.—¿La Dama Triste? No sé qué le ocurre.. ¡Siempre los mismos trucos! DOCTOR. Ni un atrevimiento.—Ese aire cargado de manzanillas. Nadie se la cree. Le sigue contando la historia de Cora Yako a todo el mundo. Le he insistido: señora.—¿Alguna novedad.—¿Desde que llegamos nosotros? HANS. HANS.—Eso sí. DOCTOR. el simple tornillo. ¡Es que ha tenido a su cargo los árboles desde el principio del mundo. El profesor de Filosofía se ha tirado al estanque. DOCTOR. Y no digamos ya que no se le haya ocurrido inventar el ascensor.. En cuanto le he dicho eso se ha puesto a llorar como un caimán.—Yo sí.—Parece como si quisiera morirse de hambre.. Todo llegará. Ella produce todos los alimentos. (Fernando ríe recordando.. (Entra Hans.—Calma. ¿Por qué se ríe usted? Nadie se había reído nunca aquí. Es lo mismo que le ha ocurrido a ese monte el año anterior y el otro. Se está secando.

ya le haremos una cosa que esté bien. (Sale. ¿Caso muy urgente? CORA.) Profesión: artista.—Gracias. cuando volvió a su tierra.—No. Escriba. FERNANDO.—Soy artista.. ¿verdad? Escriba.—Espero que no me habré equivocado..—¡Pero eso está muy bien! ¿Cómo no me lo había contado antes? DOCTOR. 1914....—Creo que sí. En cuanto al precio...—Interés periodístico. Es usted muy inteligente. hijos y mujer. Después avanza hacia Fernando. espectacular y trivial. sin edad. del alma.—Cantante de ópera. Y cuando disminuyen las facultades no hay más remedio que aumentar la propaganda.. CORA. sus amigos. FERNANDO.—Exactamente... tenía amigos. le diré.—La fundación del doctor Ariel..) FERNANDO. su mujer y sus hijos habían desaparecido. No sé si me comprende. ¿no? CORA. Ya no sé si lo tengo como ayudante o como enfermo.. Y desde luego. FERNANDO..—«El enamorado de la Muerte. Es aquí la. a solas. me defiendo.—Internacional. ¿Me permite tomar unos datos para abrir la ficha? (Toma.—Señora.. La guerra deja marcados a todos. Mira curiosa a su alrededor. exacto. Usted necesita un suicidio-propaganda con negritas del doce y fotografías a tres colores en las revistas..) CORA. que ha traído al brazo. Ese hombre tenía una cervecería en una aldea de Lieja.. debo confesarle que yo no traigo el menor propósito de matarme. Ya no servía más que para rondar a la Muerte. hombre feliz..—Edad.—Ni a mí.—¿Es usted empleado de la casa? FERNANDO. Aquí no se pregunta a nadie de dónde viene ni a dónde va.—Me parece que nos vamos a entender perfectamente. cervecería. las facultades disminuyen. FERNANDO..—Cantante. echando mano a su cuaderno). cantaba las viejas canciones. ¿Le parece bien veinticuatro años? CORA... a los que caen y a los que se salvan.—Psé. ¿Tienen ustedes un sitio libre? FERNANDO. FERNANDO.. espléndida mujer. desdichadamente los años van pasando. Y el sitio de la cervecería. que acaso le interese más. FERNANDO. Era un muchacho alegre. Durante la guerra sirvió cuatro años en un hospital de sangre.—Sí. CORA. (Se pone rápidamente su americana.—Siempre. y así vino a dar aquí. nací en un barco. Lieja. no me importa. una del fichero y anota. venga a buscarme a mi despacho. ¡Cuatro años viendo y palpando la muerte a todas horas! Después del armisticio.) FERNANDO. Puede usted contar con el Pabellón Azul. sin peligro. FERNANDO. Y la cervecería también. CORA. ¿Española? CORA.. CORA. Hans era un hombre acabado. ¿sabe? He triunfado en cien países. escriba.—Secretario y cronista.—Exacto. FERNANDO. (Entra Cora Yako.—¿ Mutilado ? DOCTOR. Desde luego. Fernando.. FERNANDO (Entusiasmado. tengo otra historia que contarle. A usted. 28 . toma sus notas.—Ah. Y cuando termine.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera DOCTOR. Una historia de dos hermanos.. Anduvo buscando trabajo por sanatorios y hospitales. ¿De modo que es verdad? ¡Estupendo! Yo tenía miedo de que fuera una broma. CORA.—Mutilado de la Gran Guerra.

El Danubio. que tiene el hotel 29 .. Se sienta. Pero no podía negárselas... Y así empezó el amor.—Ella comprendió. (Recordando de pronto.. ¿es usted Cora Yako en persona? ¡Oh. ¡Qué gran idea la suya de venir aquí! CORA. ¡Tendría usted que haberla conocido a ella! Yo la vi por primera vez en el «Fausto». Le envié un ramo de orquídeas. un naufragio..) Ah. Cora no necesitaba más.—Cora Yako. Aquellas flores costaban más de lo que yo ganaba para comer. no es fácil comprenderme. tan sucio..—Ha estado usted casada con un raja indio.. CORA.—Soy periodista.—A veces cabe toda la vida en una hora.. que no me dejaban un momento.) ¡Qué interesante! Da escalofríos. Pero.. Se fija en el Amante Imaginario. el barco.—¿Por qué me mira así? Cree que estoy loco. déjeme estrechar esas manos! CORA.—Ah.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera FERNANDO. Robé el dinero. FERNANDO.—¿Y ella? AMANTE. Volví al día siguiente. hacía versos.. despacio. un.. Los periodistas nos enteramos de todo por los periódicos. (Contemplándola encantado. CORA... a Brunilda. AMANTE.—Ah. He tenido en mi carrera duelos... Cora Yako! (Sale.—Perdón. Ah. (Él afirma del mismo modo..) ¡Cora Yako! ¿Me perdona que la deje sola un momento? Hay alguien en la casa que tendrá el mayor gusto en atenderla. Niega con la cabeza.. CORA (Le mira con inquietud).. he sido todo lo feliz que puede ser un hombre. ¿Y por qué? AMANTE. ¿Su nombre? CORA. CORA. CORA.—¡Era una voz de plata enredada a un alma! Yo era un muchacho pobre.—Me lo decían sus ojos. Salimos para El Cairo. entonces es un.—Yo estaba en lo más alto de la galería. FERNANDO.—¿Qué no hubiera hecho por ella? CORA.—El Cairo. Se divorciaron en California. (Curiosea en torno con la mirada. ¿verdad? Como todos. CORA (Interesada).—Cora Yako.—¿Me ha oído usted cantar? FERNANDO. CORA. ¿lo sabía usted? FERNANDO.—Simpático muchacho. ¿Es usted empleado de la casa? (Él la mira vagamente. pero toda la noche cantó para mí.) CORA YAKO Y EL AMANTE CORA.. CORA.) ¡Cora Yako!..—¡Amor! He amado mucho. pero tenía juventud. Suspira.—¿Tanto llegó a quererla en una noche? AMANTE.... a Scherazada.—Ya...—Veinticuatro. Viene deshojando una margarita. ¿Es aquel pueblo grande. ¡Cora Yako. Besó las flores despacio.. ¿Para qué vivir más? Yo he tenido en mis brazos a Margarita..—¿Era cantante? AMANTE. que llega por el extremo opuesto como una sombra romántica sin rumbo..) CORA (Mirándole ir).—¿Se llamaba Cora? AMANTE. ya recuerdo. CORA.—Cora Yako. escándalos..—¿Qué quiere? Es de lo poco que me faltaba por intentar...—¿Para usted sólo? AMANTE..—¿Robó usted? AMANTE. Voy por él. Cora Yako. Una semana en Viena. mirándome.—¡Nunca! Pero es lo mismo.. ¡Qué interesante! AMANTE.

pero creo que no me he enterado bien. Una noche. casi de miedo.—Sí...—¿No conoce usted Egipto? CORA. atragantada la voz. sí. Tiene usted que contarme despacio todos esos viajes que hemos hecho juntos.. como candelabros. AMANTE.—¡Atenas! También recuerdo yo Atenas.) CHOLE Y JUAN CHOLE. CHOLE (Sorprendida).) AMANTE.)—¿Por qué me mira así? Esos ojos. de Scherazada.. AMANTE. y vestirme la túnica de Brunilda. Yo sólo recuerdo una tarde en camello por la arena roja. AMANTE. en el casino. ¿Conoce usted Oriente? CORA. las pirámides! CORA.—A veces.—Es posible.—Sí. CORA..) (Entra Juan. ¿Has visto a Fernando? JUAN (Con un vago acento de reproche).. Dígame. con siete brazos..—Sí. de verdad? (Según las posibilidades del diálogo. ¿pero hay unas pirámides por allí cerca? AMANTE. Tendré un placer verdadero en recibir allí sus flores. cogiéndole las manos.. Me gustaría que volviéramos juntos... las orillas del Nilo. hasta terminar juntos...—Ah. en Atenas. ¿Le has visto? JUAN (Áspero).) ¡Había un empresario rubio que hablaba español! AMANTE. los tambores del desierto.—No creo que se vaya a perder.. Su mirada resbala sobre Juan como si encontrara la escena desierta. AMANTE (con una emoción violenta.—¡No! ¡No es posible! CORA.. (Sale detrás de ella.. con unos hoteles sin baño.. unas comidas muy picantes. Chole..—No sé.—¿Por qué me hablas con ese tono? Te pregunto por tu hermano y 30 .—No apriete tanto.—Porque ahora me doy cuenta de que yo no he visto nada.—Cora Yako... ¡Y luego. el gesto y la canción de las razas. esos.. CORA. ¿Usted ha estado de verdad? ¿De verdad. un pueblo de terrazas frente al mar.. Se hunde en un sillón.—¡Cora!. sin camino. También yo sé cantar. he estado tres veces.—No sé. Y luego.. desnuda sobre las gradas de Fidias..... ¡Cora!. AMANTE. (Encontrando al fin la metáfora exacta. CHOLE.. CORA. Vuelve Chole. la India: los dioses de la jungla. Es viniendo de Montevideo.. Lo que yo recuerdo es aquella noche en el Partenón. aunque no sean orquídeas..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera frente al teatro?..—No está aquí.. Silencio.. atraída por una curiosidad entre divertida y sentimental. Estoy en el Pabellón Azul. ¿no? AMANTE.—No recuerdo el hotel. ha ido acercándose a él.. pero en el teatro. ¿Quién es usted? CORA (tranquila)....—¿Por qué me lo pregunta? CORA. AMANTE. he estado allá.—Cora buscaba conmigo el paisaje.—Buenas tardes.—Buenas tardes. Y que riegan las calles con un odre. deslumbrado.. Cora quería cantar la «Thais» de Massenet... El Japón de los dragones y los samurais.. esos ojos.

yo. tenía que matarme encima de los libros para conseguir dolorosamente la mitad de lo que él conseguía sin trabajo.. JUAN.—¿Es que no sabes que has sido para mí tan ciega como todos? ¿Que te he querido lo mismo que a ella.. Él era el orgullo de la casa. Pero es que esta angustia ha ido creciendo conmigo hasta envenenarme toda la vida. CHOLE.. como si nadie más existiese a tu alrededor. mi madre murió vuelta hacia él! CHOLE.—Sí. no ha existido en mi vida otra mujer que tú? CHOLE. No eres justo. ¡Y sin embargo. Juan. sólo se te ocurría 31 . que te he contemplado de rodillas lo mismo que a ella. el torpe y el inútil.) CHOLE.—Sí.. ¿verdad? Y Fernando también. Si te vencía el sueño en medio del trabajo y al día siguiente lo encontrabas hecho.—Nada... yo fui el primero en ofrecer la mía.. (Va a salir.. Cuando se puso grave y los médicos pidieron una transfusión de sangre. y donde él estaba todo era para él.. JUAN.. y que tampoco he sabido decírtelo? CHOLE.—¡La de Fernando sí sirvió! ¿Por qué? ¿No éramos hermanos? ¡Por qué había de tener él una sangre mejor que la mía!.—Ya... o calla.. JUAN. a él.—¡Tú!. JUAN. he pasado mis años de niño contemplándola en silencio como una cosa sagrada. mientras era la infancia y estas pequeñas cosas.—Pero eso no significa nada. Si te hablo de él. Ya estoy acostumbrado.—Es tu hermano. la ortiga. Pero. JUAN. te quiero como algo mío. JUAN. ¿Para qué? Tenía gracia y talento.. después de mi madre. siempre a él.—¡Basta..—¡Juan!. Pero yo le buscaba a él.—¡Oh. Tú sabes cómo he querido yo a mi madre: la he adorado de rodillas. No acabaré de entenderte nunca.—¡Juan! JUAN..—De nada. yo la velé semanas y semanas. y nunca he conseguido saber qué llevas dentro. ¡cómo me quiere Fernando! Y era yo el que los había cortado. ¡Eres de un egoísmo admirable! CHOLE. CHOLE..... Chole». Pero ella no podía quererme a mí del mismo modo.—¿Y para qué lo ha sido? ¡Para que se viera más mi miseria a su lado! El nació sano y fuerte.. ¡Y tú! CHOLE.—¿Yo? ¡Yo soy el que no es justo! ¡La vida sí lo ha sido!. ¿Qué guardas ahí contigo.—¿Por qué te escondes de tu hermano? Desde que estamos aquí no ha conseguido verte ni una vez.—No recuerdes ahora esas cosas. Yo le copiaba los mapas y los problemas mientras él jugaba en los jardines. imperativa. ya sé. Pero los médicos la rechazaron. Y si al pasar me tropiezas y me apartas sin mirarme. yo nací enfermo. JUAN.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera me contestas como si te hubiera hecho daño. ¿es que no lo has visto? ¿Es que no sabes que. sólo se te ocurría pensar. Y después. Fernando no puede ser culpable de lo que no está en su voluntad. JUAN. Chole le detiene.. y yo te digo «buenas tardes.—¿Yo? JUAN.—Si te gustaba los tulipanes y un día encontrabas un ramo sobre tu mesa.—Era yo el que estaba aquí.. que te está royendo siempre? JUAN.. Estaba Fernando entre los dos. nada significaba. ¡No he servido nunca! CHOLE. ¡Deja ya a Fernando! CHOLE. Él seguía jugando feliz en los jardines. ¡y sus notas eran siempre mejores que las mías! CHOLE. No llegó hasta el último momento. Nos hemos criado casi como hermanos. Chole! Háblame de ti o del mundo.. Él no estudiaba nunca. No servía. yo. JUAN.. el eterno segundón. Vas hacia él con los ojos cerrados.—Perdona.—Pero Juan. calla!.. todavía soy yo el áspero.

Que sepas todo lo desesperadamente que te quiero.—Vuestra felicidad. (Retrocede sin fuerzas..—¡Calla! ¡Por el recuerdo de tu madre.—¡Por lo que más quieras! ¿No ves que es odioso lo que estás diciendo? ¿Que te estás destrozando a ti mismo.—¡No callo más! Ya he callado toda la vida. llora en silencio. La escena sola un momento.) HANS.. Hans entra de puntillas. pobre Juan.. ¿Huir? No basta. el miserable y el mal hermano..—Imposible. Pero.. (Sale Juan. Perdónanos a los dos. Se acerca a la Calería del Silencio. sigo siendo para todos el egoísta.) HANS. ¡Es odiosamente bueno! Y por eso yo tengo que morderme las lágrimas. Chole. todo lo que has sido para mí.—Adiós.... cruzado de brazos... Brilla fuera el lago iluminado. Ahora quiero que me conozcas entero.—¡Hans! Esas luces.—¿Qué estás diciendo? ¡Juan! JUAN. Chole: si eres feliz.. cuando le besas a él! CHOLE (Suplicante). ¡todo lo que estás ayudando a desgarrarme. la de la risa y la primavera. en una actitud de ofrenda. óyeme un consejo.. Ese Fernando se me ha atravesado siempre en el camino. acude a su tristeza.. CHOLE. adquiere ahora presencia escénica.» Volveréis a serlo. Se me estaba pudriendo aquí dentro. Chole. pero te juro que no soy malo. como atraída por la melodía avanza al fin. entonces sí que seríamos hermanos. imposible. CHOLE.—Si un día le viera desgraciado acudiría a él con toda el alma. cuando ríes con él.. (Hans enciende y va a situarse a la entrada de la Galería. si la tuviera! Si la tuviera.. pero ya no lo estaré más. Juan. Juan!. JUAN. Chole se debate en una lucha interior de silencios crueles. ¿qué? JUAN. aliviado por su confesión. ¡Entonces sí que seríamos hermanos!.. Al fondo de la Galería empieza a oírse el violín melancólico de Grieg en «La muerte de Asse»..) Morir. Esa Galería va también al lago. ¡Ah. Ha ido oscureciendo. sinceramente emocionado. El no tiene la culpa.. este drama mío podría resolverse. Chole. iluminado en la noche... pero tenía que decírtelo.. Es muy amargo todo esto.. Dicen que la muerte en el agua es dulce. Mira hacia la Galería... Juan. Perdóname. «Si un día Fernando fuera desgraciado. CHOLE (Con un grito desesperado). y ver cómo él es feliz robándome todo lo mío..) CHOLE. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos.) 32 .Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera pensar: ¡pobre Fernando! Y Fernando había dormido toda la noche. olvidar. Entran el Doctor y femando.—¡Al fin tenemos uno! Y ella precisamente. te he hecho sufrir. ¡No se puede pasear una felicidad como la vuestra por un mundo de desgraciados! (Pausa. ¡Valiente muchacha! (Se apaga la voz del violín... y la escena está ahora en penumbra. Chole.. ¡Si no fuera tan feliz! CHOLE. EL DOCTOR Y FERNANDO DOCTOR. Él no lo sabrá nunca. sin saberlo.. Yo también quiero a Fernando.—Si Fernando no fuera feliz.. y estás haciendo imposible nuestra felicidad? JUAN (Amargo). mientras que yo.) Perdóname. JUAN. como olvidar. derrumbada por dentro... Toda la vida se recuerda en un momento y después nada: un paño frío sobre el alma. ¡Cómo la defiendes! Pero.—Pero no la tiene. escóndete.. Yo estaba en medio de vosotros dos sin saberlo. pero lo más amargo es que él es bueno. (Mira fijamente al lago que. ¡el despojado!. como un «personaje» más. ya lo sé. Chole.. déjame.—Perdónanos tú.

—¿Qué ha sido? JUAN. en los insuficientes...—¡Chole!.) Está salvada. Según esta nomenclatura el drama de Caín sería el primer complejo de inferioridad en la historia del hombre.—Tal vez. LUEGO JUAN Y CHOLE (Entra Alicia. no son cualquiera...—No tiene pulso. su mesa).—¿Vive? DOCTOR.. Fernando! DOCTOR.—Sí. FERNANDO. ¿por qué me lo ha contado usted sin mirarme? DOCTOR. FERNANDO. el hermano enfermo y fracasado.—No. (Entra... ¡Chole!. DICHOS Y ALICIA. pronto! DOCTOR. pero.—¿Cómo? ¿Qué quieres decir? ¿Qué significa esto.—No... le ha dado la ciencia un nombre bastante estúpido: «complejo de inferioridad».—Espero. ¡Doctor! (El Doctor la examina.—Sí.—¿Usted. es una historia vulgar: el hermano sano y triunfador.) FERNANDO... húmedos los vestidos de los dos. doctor. aterrada.—¿Espera usted algo? HANS.—Oh. a gritos. nada.—No hacía más que explicarle científicamente un caso que hemos tenido aquí...—¿Qué ocurre? ALICIA. FERNANDO. ¿por qué me la ha contado usted sin mirarme? ¿Quiénes son esos hermanos? DOCTOR. ¿qué quiere decir? DOCTOR. FERNANDO (Al Doctor)... No sé si he llegado a tiempo..) ALICIA... Fernando? ¿Piensa trabajar esta noche? FERNANDO. Hans? (Se oye dentro la voz de Juan llamando angustiado. Hans queda en el umbral.. La conduce desmayada hasta un asiento..—Cualquiera. A esa torcedura morbosa del alma en los débiles. DOCTOR. ¡Uno soy yo! DOCTOR.. no la oigo respirar..—¡Doctor. doctor. DOCTOR (Va hacia.—Bien. doctor. en los niños odiados. ¡En el lago! FERNANDO. El nombre es relativamente nuevo. (Pausa.—Parece usted preocupado. lo estoy... pero el drama es viejo como el mundo.—Silencio.—¿Chole? DOCTOR. 33 ...—La vi caer.—Ha sido la señorita Chole. pero.) ¡Pronto. FERNANDO..—Pero ¿qué ha sido? JUAN. Esa historia de los dos hermanos que acaba usted de contarme.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera DOCTOR.. Chole entreabre los labios con un gemido. ¡rayéndola en brazos.) JUAN.

mientras va subiendo el telón.) ¿Estás mejor? CHOLE.—¡Es el primer día de la primavera! (Pausa.—¡Calla! ALICIA. tú. Has sido. ALICIA. Chole le hace un gesto de silencio. Parece un canto religioso. inmóvil en el umbral del fondo. al llegar el día de hoy. Y escuchan las dos hasta que el himno termina. Chole! (Chole vuelve en si lentamente.—No he podido dormir en toda la noche. CHOLE. CHOLE. CHOLE. Luz fuerte de mañana.—¿Por qué te lo dijeron? ALICIA. ALICIA. se me rebelaba el corazón y me dolía como si me lo estrujaran. Y siempre también. fatigada y débil.—No podía creerlo. JUAN (Ha quedado aparte.. Y qué sensación de consuelo.—. lo vi. como un deber.) CHOLE... Alicia? ¿Beethoven? ALICIA. Repite como un eco amargo).—¿Qué música era ésa. Chole! Tú venías andando por la orilla. Yo estaba buscando tréboles a la orilla cuando te caíste.—¡Si no ha sido nada! ¿Y tú. la emoción religiosa del hombre ante el despertar de la Naturaleza... 34 . CHOLE (Angustiada por el recuerdo).. Y de pronto. de serenidad.—Y de esperanza.—¡Chole!.. Tú eras la risa.. Es el primer día de la primavera.. Se oye en el jardín el «Himno a la Naturaleza» de Beethoven. CHOLE. el amor. tan fría y tan blanca. ¡Pensar que todo eso ha podido desaparecer en un momento! Cuando te vi con los ojos y las manos apretados.—Sí.. el doctor me lo ha explicado.—Porque fue así..—Fernando... ¡No pudo ser de otra manera. CHOLE. que aprieta emocionadamente. Fernando. con los ojos altos.—¡Hoy! ¿Pues qué día es hoy? ALICIA. ¡Siempre Fernando! Telón ACTO TERCERO En el mismo lugar. lentamente.—Por ti.. la juventud.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera FERNANDO... Creía que venías a buscarme. El maestro Ariel lo hacía tocar siempre que se sentía atormentado por la idea de su destino. Entra Chole..—También. ¡Mírame. ALICIA.—¿Por mí? ALICIA. Beethoven quiso cantar en esos acordes la primera primavera del mundo.—Qué solemnidad tiene.¿Y por qué dices «cuando te caíste»? ALICIA. CHOLE. al día siguiente.—El «Himno a la Naturaleza».—No me lo dijo nadie. diste un grito.. CHOLE. Sonríe al ver a Fernando a su-lado: le busca las manos. Un canto de vida y de fecundidad. Alicia. Alicia va a acudir a ella.. escucha.? Gracias...—¿. Alicia? ¿Te pasa algo a ti? Tienes los ojos muy cansados.

Se va notando poco a poco.. no se siente eso. DOCTOR.. sí. Pero aquí.—Sí. Son para el viejo. Ya se va acostumbrando a mi voz.) CHOLE Y EL DOCTOR DOCTOR.. Chole? CHOLE (Le aprieta las manos con gratitud). Le llevaba estas flores. Pobre muchacho.. a gritos..—¿No me necesitas? CHOLE.. Gracias. CHOLE. ALICIA.—Bien ya.—A veces. CHOLE.—¿Está más tranquilo? ALICIA.—¿Qué? CHOLE.—Ya.—Los poemas de Tennyson. DOCTOR.. Es la llegada de la primavera.—Sí.—Te necesita él. sí..) No. CHOLE. luchando con la muerte. CHOLE. retumba en las montañas.—Quería saber. Pero cuando la savia estalla blanca en los almendros. y porque las muchachas cambian de sombrero.. así fue.—He ido a buscarla a su cuarto. ALICIA. un poco. ya sé. cuando respiramos el olor de la tierra mojada. yo me quedé sin sangre.. Juan. y todo el campo se pusiera de pie! ¿No se siente usted como aturdida? CHOLE. La civilización nos va cegando los sentidos a estas cosas. creí que no se habría levantado hoy. hay una cosa que necesito saber. ¡Cómo sentimos entonces que estamos hechos de ese mismo barro! ¿Se sonríe usted? 35 .—Todavía me cuesta un poco.—De nada. ¿te acuerdas? Para el padre de la otra Alicia. en las ciudades. DOCTOR. como si estuviera atada.—¿Habláis? ALICIA.—Tampoco.—Sí. CHOLE.. escuchando su aliento. del todo. CHOLE. CHOLE. Alicia sale. ¡Tú estabas allí. Me está esperando.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera resbalaste en la yerba. toda la noche la ha pasado detrás de su puerta.—Preciosas. ¡Es como si resonara una llamada desde las entrañas de la tierra. cargada de menta y de resinas. DOCTOR. DOCTOR.. ALICIA. cuando los brezos se calientan.—No se ha atrevido a traérselas él mismo. muy bajito. ¿Respira usted ya bien? CHOLE...—Cuando leemos. y yo no podía moverme! Fue entonces cuando llegó él. ¡qué fuerza tiene! Llega de repente. Abajo.—Nada. sube por esas laderas. ¿Verdad que fue así.—Es la tierra que nos está llamando desde dentro..—Di..—Él.—¿Qué tal van esas fuerzas? CHOLE. no me digas nada.—Dime. CHOLE.. se sabe por los calendarios.—¿De Fernando? DOCTOR (Vacila). (Entra el Doctor. a mi lado. trae un ramo de flores. ALICIA. quieta. (5e detiene con miedo.—Cargado. Alicia.—Ve con él. muy poco.. temblando como un niño. ¿Tú le viste? ALICIA. Parece espeso el aire. (Desvía el tono y le pregunta. CHOLE.. no le hagas esperar más.—Al oír aquel grito. No son mías.) ¿Qué libro llevas ahí? ALICIA. doctor. Tengo miedo a que no sea.

era un insulto. Pero hoy que la vida del mundo está empezando otra vez. no hubiera sentido nunca esa negra tentación de anoche. tal vez.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera CHOLE. por todos.. CHOLE. Hay otros que los encuentran todos cerrados. Pero la muerte es más hábil que ustedes. Yo me he acercado a la muerte. que todos los problemas hay que resolverlos de pie. El Doctor queda ensimismado. se acercarían. Hans? ¿Por qué se ha quitado usted su bata? HANS. Yo tenía la juventud. Y pensé que apartándome yo. usted es un gran corazón y un gran amigo. La vida me ha abierto de pronto una interrogación bien amarga. Perdóneme. DOCTOR. La vida está llena de caminos. doctor.—Lo he buscado despacio. CHOLE. 36 . Coquetean ustedes con la idea de la muerte. burlándose ingeniosamente.—Entonces. aquella misma tarde. DOCTOR.—No. (Entra Hans.—Hágalo por mí. por qué? CHOLE. pero yo no sirvo para ciertas cosas. CHOLE. CHOLE. Hoy es el primer día de la primavera. Repite casi inconscientemente.) EL DOCTOR Y HANS DOCTOR.. Han ideado un refugio para almas vacilantes. sinceramente.—¿Usted no? CHOLE. DOCTOR.. Lo siento. la primavera estaba ya a la puerta. ¡Qué locura! DOCTOR. No sé cuándo ni cómo. había tomado cariño a la casa. y hay momentos débiles en que se presenta tan hermosa. ¿Recuerda lo que hablábamos aquí mismo ayer? Decía yo que matarse en plena juventud.—Procuraré serlo. DOCTOR.—Todo se arreglará por sí mismo.. ¿sigue usted pensando? CHOLE.—Qué importa ya. ¿Lo hará usted? DOCTOR. Es un juego peligroso.—No. doctor. Emplee su talento y la fortuna del maestro Ariel allí donde los hombres viven y trabajan. El doctor no puede dudar de mi lealtad. tenía esperanzas en ella. tan fácil.—Cierre esta casa. DOCTOR. pero me parece que el maestro Ariel y usted se han equivocado con la mejor buena fe. cierre esa Galería con cadenas.) DOCTOR. en la hora del amor y de la primavera.—Perdón. no tenga miedo por mí.—Sí. yo sería una gran culpable.. Me vi situada de pronto como un obstáculo entre dos hermanos que se quieren y que se huyen.—Acaso..—Yo le aseguro que en mi casa y entre las cosas que me son amigas. Pero esto no marcha. doctor.—¿Por qué. DOCTOR. DOCTOR. Y sin embargo..—Para algunos..—La tenía..—¿Qué hay de nuevo. Vengo a despedirme. y he visto ya que no resuelve nada. fue un arrebato sin sentido.—Tal vez. ¡Hoy es un delito morir! (Sale. pero el doctor Ariel y usted tampoco podrían mirarme muy tranquilos. Y no hay más remedio que darle una respuesta.—¿Se siente usted más fuerte ahora? CHOLE. DOCTOR.—Tal vez.—¿Nos deja usted? HANS. pero no han sospechado lo que un ambiente así puede contagiar a los otros. ¿Por qué la sentí aquí? Piénselo doctor: si me hubiera matado ayer.—¿No está a gusto entre nosotros? CHOLE.. Chole.. Tiene usted una fe sin límites en la Naturaleza. DOCTOR.—Le admiro. yo tenía el amor.. amigo Roda.—No está usted contento. pero le juro que no será aquí.

Perdóneme el doctor. lobezno. (Él contesta con unas exclamaciones guturales en superlativo. he corrido por esas montañas gritando tu nombre. si esto no toma otro rumbo ya puede usted cerrar la casa.—Nadie lo diría.—Está bien. que te necesitaba. hum! ¿Es qué no sabes hablar? AMANTE. con la señorita Chole.—¡Pero si estoy despierto desde el amanecer! CORA.—¡Es que no me dejas! 37 . no vale la pena.. DOCTOR. mi jilguero? Me he levantado cantando.—Oh. Y no digamos de los otros. Y se murió de viejo. a tu puerta esperando como una alondra. señor Roda. HANS. como si se sintiera perseguido.—He vacilado mucho.—Cerrar. hasta que rompí los cristales. Cora.. CORA. DOCTOR. ¡Aquello sí que está bien organizado! Allí se muere la gente todos los días como Dios manda. Quizá tenga razón. Hans.—Ayer me han hablado del Hospital General.—¡Yo! Te he estado buscando toda la mañana. La misma Dama Triste.) ¡Hum.. DOCTOR (Tendiéndole la mano). doctor. (Llama:) Alicia.) DOCTOR. sólo el perro del jardinero se ha decidido a morirse. Después te tiré ramos de violetas. Yo soy un idealista. Llega en seguida Cora. Esta mañana el profesor de la Filosofía ¡ya ni siquiera se ha tirado al agua! La cantante de ópera anda por ahí.. ya lo habrá visto usted.—¡Tú! CORA.—Tampoco. llegué a tener un rayo de esperanza. AMANTE.—Comprendo.. con esa cara.—¿Ha encontrado usted otro puesto? HANS.—Adiós. Después he estado tirando piedras a tu ventana. tiene más ansias de vivir que nunca. Viniendo del jardín entra el Amante Imaginario.. ¡Alicia! (Sale en su busca.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera HANS. Hans. que te buscaba... Lo arrulla con caricias y palabras) ¿Eres feliz? ¿Has pensado en mí? ¿Soy como tú me soñabas?.—¿Dónde se esconde mi cachorro? AMANTE (Sobresaltado). He puesto de mi parte cuanto he podido. ¡Y para qué! Desde que estoy en esta casa.) CORA YAKO Y EL AMANTE CORA. Mira en tomo desde la puerta. HANS (Saliendo). usted lo sabe. No hay nada que hacer. cruel.—¿Y cómo voy a estarlo? Yo vine lleno de ilusiones a su servicio... ¿Tan dormido estabas? AMANTE.—Te esperaba. Hans. Estas cosas no se hacen por dinero. ¡Ya me tienes aquí! AMANTE. grita.. ¡Ilusiones! Hoy. Adiós. HANS. Parece que me huyes.. Cora.—¡Ah. Cora Yako! (Se sienta en el brazo de su butaca. entre los sauces. se lo aseguro. Ella le imita. he cumplido fielmente todas mis obligaciones. sin literatura. besando furiosamente a ese pobre muchacho. ¡Cora Yako.—¿Por dónde.—¿Y no me oías? Te tiré piedras primero. no está triste ya..—Mi héroe. DOCTOR. ¿Tampoco las violetas te llegaron? AMANTE. Anoche. pero cada hombre tiene su destino. Alégrate.. estabas dormido! Y Cora. Buena suerte.. no hay porvenir aquí. está bien. me he bañado en el torrente. Pase usted cuando quiera por mi despacho a arreglar su cuenta.—Y créame. He esperado un día y otro día. CORA... mi lobezno. Esto se hunde. CORA. aúlla. No. Y no he de ser yo quien estorbe el suyo. Se deja caer desfallecido en una butaca con un suspiro de alivio. usted lo sabe. (Sale. corazón: salta.

arrancando las retamas al correr.) ¡Ahora vamos a vivir!. aquí los tienes. Voy a preparar el coche. venenosos y pequeños..—Y tantas cosas más que tú no sabes. ¿Por qué has leído tanto. No estés triste tú. Pero no importa. todo no. apasionado. sí. espérate un poco.. el Ganges sagrado de las tres corrientes!.) El coche está dispuesto en un momento. acobardado. ahora. mi poeta de bolsillo. CORA. que se cuelgan por todas partes.—Sí. son tuyos.. AMANTE.. Son las once menos cuarto. Te quiero como eres: pequeño. y a veces..—Los ojos.—Bien. amarillo. mi poeta.—¿Dispuesto a todo? AMANTE.. colgados de campanillas! CORA. saltándome a los hombros!... los dioses del Ramayana. y todavía podemos tomar el avión de la tarde. ya no hay más que mosquitos.—¡A todo! CORA.) ¿Tú me quieres? ¿Me quieres. No lo volverás a hacer.—¿De quién? Yo no me he despedido nunca.—¿Ahora? CORA.. Esta noche cenamos en Marsella. la ciencia! Por cada mosquito que produce Dios.—Unos mosquitos verdes.. mi pobre poeta pequeño. ¿El cuello? ¿Las manos?. producen una inyección los alemanes. AMANTE.. qué pobre muchacho eres.. conduciré yo. ¿Tú sabes conducir? AMANTE. Cora. el Ganges es mejor dejarlo. CORA.—Vamos a salir así.. siempre hay algo.—No.. a correr el mundo juntos. AMANTE.. y las islas de jardines. y el sueño. CORA.. ¿Estás triste? Yo te imaginaba vibrante.—¿Por qué estás temblando? ¿Te doy miedo? Ay. que no están en los libros. CORA..—¿Mosquitos?' CORA. y cremas especiales para la piel. mujer.—Mira. que te van poniendo amarillo.—Tú te imaginabas un cruce de jabalí y orangután.—Ahora. y cocodrilos. también hay mosquiteros.—¿Qué es lo que te gusta de mí? No. ¡Y luego. mi lobezno: en cuanto sales de Europa. a las cuatro estamos de sobra en Venecia. mi héroe.. Y luego. CORA.. pobrecito mío? Tú no sabes cómo debilita eso. lobezno. las fiebres gástricas. Y que dan la fiebre.... Pero no te asustes tú. ¿No me besas? AMANTE. persiguiendo sus propias palabras por la escena.. mi jilguero mojado. saliendo a las once en punto. Ya está.—¿Por qué no nos vamos ahora mismo? AMANTE (Aterrado al verla tan cerca).—Ahora vas a tener conmigo todo lo que soñaste: Egipto. AMANTE. ¿sin despedirnos? CORA. ¿verdad? (Voluble. la locura. soñador.. AMANTE. ¿Hecho? Un momento.—¡Te quiero como un cosaco! CORA. y el desierto. ¿A qué esperamos? (Consulta su reloj. Pero hay que hacerse fuerte. y las selvas. Los ojos sobre todo.—¡Oh. me quieres? AMANTE (Irguiéndose gallardamente).—¿Qué? AMANTE.—¡Cora! CORA. ¿sabes?. mi héroe... CORA. Pero te advierto que yo no sé conducir a menos de ciento veinte..—¡Los lotos y los elefantes blancos! ¡Las pagodas budistas con sus tejadillos en forma de zueco.—Menos mal. ¡Son los de aquella noche! CORA. Hay serpientes.—¡Aquella noche que estuve cantando para ti solo sin darme cuenta! Mira esos ojos. 38 .. (De pronto..—Algo así. ¡abrazados! AMANTE (Con ilusión)..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera CORA.—Pero. AMANTE...—¿No te hace ilusión visitar conmigo la India? AMANTE.. ¡Subiéndote por las paredes al verme.

—Yo no tengo un céntimo.. CORA. CORA.—No. AMANTE.—Entonces.—¿Yo? CORA... AMANTE. AMANTE (Indeciso).. ¡Anda! A preparar tus cosas.—Tengo dos camisas.) ¡Eres un héroe! ¿Ves cómo ya te vas soltando? (Deja de reír.—Aunque sea tuyo. Entonces...—¿Qué? AMANTE. te callas en todos los idiomas..—Es que.—Es que tampoco me he embarcado nunca.) ¿A Marsella..—Sin él. es lo mismo.—A las once. (Se lo lleva al oído con espanto. niño mío.—El libro es un manuscrito mío. ¿el robo del banco? AMANTE. ¿Tienes reloj por lo menos? AMANTE (Nervioso.—No sé.—Pues anda. CORA. Poemas. y cuando se sabe sonreír.. CORA. coge las camisas. eh! Eso sí 39 . para empezar. Los ingleses son los peores. qué esperas? AMANTE. ¿de verdad no sabes lo que es un caballo blanco? AMANTE.—Ay. CORA. y un libro. Todos los cónsules del mundo son amigos míos.—Cora. cuando yo estudiaba. es la primera vez que voy a tomar un avión. inédito.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera AMANTE. CORA (Impaciente). reloj sí.—Resuelto... ¿nos vamos? CORA. Todos hablan francés. ¿Cuánto tardas en preparar tu equipaje? AMANTE (Apunto de sollozar). Libros.—¡Dios! (Ríe divertida.. CORA. CORA. Es un recuerdo de mi padre.. AMANTE. CORA. Ya encontraremos un caballo blanco. Sonríe feliz al encontrarlo.—A Marsella.) Oye.—No robé más que para las orquídeas.. Bueno.. ¿resuelto? CORA. Pero ¿qué os enseñan a vosotros en esa Universidad? Cuánto te queda que aprender.) ¡Parado! CORA. ya se arreglará eso en el camino..—¿En avión? CORA..—¡Si es que tampoco tengo equipaje! CORA.—Ah.—Quince mil..—Bah. AMANTE..—En avión.—¿Y adonde vamos con un caballo blanco? Necesitaremos por lo menos dos.. Y luego. ¿A las once en punto? AMANTE... ¿no tendrás encima treinta mil pesetas? AMANTE. CORA. un caballo blanco era. AMANTE. de los compañeros...... Cora. Menos que el barco.—Pues te callas... un caballo blanco... nunca más o estamos perdidos.. no tengo pasaporte. CORA.—Voy. también se ablandan.. CORA. ¡Y no vayas a hacerme esperar.. Voy (Vacilante.)—Sí.—Del doctor..—Es lo mismo. Creo que eso marea mucho. hay píldoras.—Es que tampoco hablo francés..—Nos vamos.—¿Nada? ¿Ni un smoking? AMANTE. AMANTE. Y de plata. Si no hubieras leído tanto no te pasarían ahora estas cosas. verdad? CORA. ¿Por qué? AMANTE.—¡Hay píldoras! AMANTE... ¿Tú sabes inglés? AMANTE.—Pues pon en punto el reloj de tu padre.—Entonces. AMANTE. se lleva las manos a los bolsillos. hay que pensar en todo. CORA.—Faltan diez minutos. Hace falta dinero. CORA..—Es que. ¿Vamos. diez mil siquiera.—Historias.—¡Nada más!.

Sale el Amante. señora! ¿Y el caso de la Dama Triste? Es espantoso. Le pondremos un cable desde El Cairo. FERNANDO..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera que no se lo he consentido nunca a ningún hombre. hubo varios intentos..—¿Se marchan ustedes? CORA.—Tiene mucha vida esa mujer. ¿Por qué tiene usted ese aire tan triste Fernando? ¡Un día como hoy! ¿Se siente mal? Arriba ese corazón. nada. Estaba yo afeitándome tranquilamente a la ventana y. Buenos días.—Hasta en seguida.—A mí. Me han ofrecido un puesto en el Hospital General. Femando ha entrado a tiempo para ver y oír el final de la escena.. (Entra Hans con su humilde equipaje: un portamantas con su paraguas. enhorabuena.—Demasiada. Esta mañana. mi lobezno bonito. me están esperando. HANS. vestida de colores claros. Dígale adiós a Chole de mi parte.) Pobre muchacho.—¡Ah!.—Es muy alegre. Perdonen ustedes que no me entretenga.—¿A El Cairo? HANS. ¡Adiós. ¡Ay.—¿También usted se va? HANS. verdad? Y le advierto que no es nada: un nansú gracioso.—Espléndido. AMANTE.—¡A usted! HANS. Al principio la cosa prometía. Y después un ramo de violetas. ¡Un poco de formalidad.) ¡Ella! (Entra la Dama Triste. acudía la gente.. ¿Por qué no se viene usted a comer con nosotros? 40 . (Lo empuja a besos. yo no tengo tiempo. Fernando. Cuatro piedras como nueces metió por los cristales. amigo mío. A Marsella. Imagínese usted que anoche. Hans. FERNANDO. entre las acacias. ¿La ha oído usted reír? ¡Es insultante! ¿Y besar? FERNANDO. Acabo de leer un resumen en la «Gaceta Médica»: solamente en una semana.. En fin. a la India. en ese césped. HANS.—Aquello es otra cosa: hay ambiente. unos godés. ¡Pero ahora! Esa Cora Yako ha acabado por ponerme fuera de mí. y mira con lástima hacia donde salió el Amante.) FERNANDO Y HANS. cómo retumba aquí esa primavera local! ¿Les gusta este vestido? FERNANDO. ya ve.) ¿Sabe usted que ha intentado seducirme? FERNANDO. Luego.. FERNANDO (Fijándose en su equipaje). pero sin bordear en ningún momento el grotesco.—Estaré.—Aquí. (Confidencial.. ¡veinticinco casos! FERNANDO.. Viene sonriente. así como jugando. cantando entre dientes el «Danubio Azul»... (Viéndola llegar.) FERNANDO.—Dentro de diez minutos. ha empezado a tirarme piedras. Lo de las piedras pase. para empezar no estaba mal. en cambio. Fernando juega dolorido los dedos de la mano que ella ha estrechado con fuerza.—¿Discreto. Tuve que refugiarme en el interior. pero un ramo de violetas a mí.) DICHOS Y LA DAMA TRISTE DAMA. Y si hay barco mañana. Pero al tercero arranco.—Buenos días. LA DAMA TRISTE FERNANDO. el clip de plata.. HANS. Fernando! FERNANDO.. Si no estás a las once daré tres bocinazos. CORA. graciosamente rejuvenecida.—¿Han visto qué mañana tan hermosa? Todo está blanco de narcisos. mi héroe. DAMA.. huele a corazón el campo.—¡Feliz viaje! (Sale Cora..—A la ciudad.—También.

No pude coger más que una estrofa suelta. Cuando un profesor de Filosofía se arriesga a suspirar. Él. AMANTE. Fernando mira a Hans desconcertado. FERNANDO.—Pero.. Cora no es eso.—Puede ser para usted la gran aventura.—El mismo. Enciende un pitillo. HANS. Pero ayer. del primer beso que me dio. ¿Recuerda usted la afición del Profesor a tirarse a los lagos? (Se acerca. HANS.) Sólo queda una esperanza. no hay nada que hacer. Fernando queda solo. La que cantaba para usted aquella noche del «Fausto».—¡Pero qué amor! Yo soñaba los besos de mujer como una caricia suave. hasta luego. Ahora ya me voy acostumbrando un poco. preparando el coche. como un repicar de pétalos en la piel. después la miraba a ella. acentuando el secreto.—¿A comer? DAMA.. truchas del torrente. lejana. Vuelve el Amante.—Es el amor. y se va feliz tarareando.—Comemos arriba. y le reclinaba su hombro.—Tremendo.. Hans! (Hace un gracioso gesto de despedida. pierde su peso una cantidad igual al peso del líquido que desaloja. FERNANDO.) «Todo cuerpo sumergido en el agua. ¿No la ha oído usted tararear el «Danubio Azul»? FERNANDO. Estaban sentados en un ribazo.—Pues bien: anoche el Profesor tenía ojos de vaca. 41 .—Qué mujer. AMANTE.—¿Cora?. de esos que hacen cosquillas en el alma. rechina. frutas nuevas y vinos rubios andaluces. ¡Buenos días. El se reclinaba sobre su hombro. está perdido..—Seguro.—¡Besa fuerte. ¡Y abrazando! Se enrolla. miraba la luna. sí: son los mismos de aquella noche.—¿No está? FERNANDO. la mía es otra cosa: una ilusión. ensimismado.—¡El profesor de Filosofía!. agitando los dedos. ¿Por qué habrá venido? ¡Tan bella como yo la soñaba! FERNANDO. Los ojos.—¿Versos? HANS.—¿Qué no habré visto yo en esta vida? Estaban muy juntos. junto a la fuente.—Y sin embargo es la verdadera.—¿Y no lo recuerda eso nada? FERNANDO.» ¿Le parece a usted? FERNANDO.—Sí: son la imagen de la ternura húmeda. ¿Le esperamos? Anímese.—Una aventura peligrosa.. Anoche los sorprendí juntos. Y suspiraba. parecía. Ya se han despedido del doctor. un poema sin palabras. HANS. Tono de confidencia...—Sí. no.. FERNANDO.—Ah. marcando inconsciente el paso del vals.. eh! AMANTE.) Se van a Suiza.—¡Muerde! Trepida.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera FERNANDO (Asombrado).) ¿Se ha fijado usted alguna vez en los ojos de las vacas? FERNANDO.. con un gesto triste que lucha por arrancarse. me tiró al suelo. Fernando. es terrible.) AMANTE. y le recitaba al oído una cosa íntima y lenta. Fernando. En el jardín.—¿Los vio usted? HANS..—¡Pero eso es tremendo! HANS. ¿es que se ha vuelto loca esa mujer? HANS. cogidos de las manos.. AMANTE. estalla. Habrá de todo: carnes blandas y de monte. llevándose un dedo a los labios..) ¡A Suiza! (Sale Hans. Usted no la conoce: esa mujer me mata en quince años. FERNANDO. (Se hacen ambos un gesto de silencio cómplice. FERNANDO. AMANTE. entre las acacias.) FERNANDO. (Filosófico. Se marchan esta tarde ¡juntos! (Pausa. mirando furtivamente a todos lados. Es la primavera. al claro de luna.. Decía: (Recita líricamente.—Peor.

estoy seguro de que me mareo en el avión. ¿no era este momento lo que usted soñaba? AMANTE.—¡Es la India de los dioses! ¡El Japón de los héroes y los amantes! AMANTE.... Quédese con la que usted ha soñado. estaba ciego.—Le ha tomado usted miedo. AMANTE.—¡Ahí está ya! (Sin acertar con su reloj. Usted la tiene ahora en sus manos. Fernando. Beethoven era sordo.—Pero. Renuncie a la Cora Yako auténtica. soñar es otra cosa. Javier de Maiestre hacía viajes maravillosos alrededor de su cuarto. ¡Es un temblor de tierra..—¡Es el amor! AMANTE.) ¿Qué hora es? FERNANDO.... arranca.—¿No se iban a marchar ustedes juntos? AMANTE. ¿Quiere usted encargarse de la página de viajes y aventuras? AMANTE (Ilusionado). FERNANDO. ¿Qué sueldo tenía usted en el banco? AMANTE.) FERNANDO.. yo tengo un libro de versos.—Es que yo no he salido nunca de mi casa de huéspedes. (Suena en el jardín el primer bocinazo. así: desde lo alto. le perderán el respeto.—Sí: es otra forma de heroísmo. miedo. hay otra solución.—¿Cree usted que serviré? FERNANDO.. ¡los cónsules! FERNANDO.—¿A escribir? FERNANDO.—La gran aventura no se presenta más que una vez en la vida. AMANTE. desfallecido. Milton cuando escribió el canto a la luz.—¡Va uno! No lo piense más.... qué países. ¡Y que no sé qué hacer! FERNANDO.. FERNANDO.. ¿Qué hago.—Rómpalo usted en seguida... AMANTE.—No tengo más que dos camisas.—No puedo..—¡Si pudiera quedarme solamente con los ojos! FERNANDO. FERNANDO. Fernando.—¡Dos! 42 .. FERNANDO. (Suena otro bocinazo.—Eso. qué hago? FERNANDO. FERNANDO.—¿Por qué no? AMANTE.—Es que no tengo un céntimo. FERNANDO..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera solloza unas cosas guturales que ponen los pelos de punta.) AMANTE. AMANTE.. (Se sienta. La quiero. las fiebres intestinales.—¡Es Cora Yako! AMANTE.. Y dedíquese a escribir. Y no se atreva a confesar eso entre los compañeros.—Ah.—¿Y qué importa eso? El arte no es cosa de experiencia.—Los cocodrilos.—¡Cora Yako es el amor. Pero un poco desde lejos. es un temblor! FERNANDO. FERNANDO.. y vacaciones pagadas. doscientas cincuenta pesetas. FERNANDO.. AMANTE.—En ese caso. AMANTE.—¡Pero es una mujer la que le está llamando! AMANTE. que sí.—Pero.—Si valiera la pena. es cosa de imaginación... los barcos.) FERNANDO. que los minutos van pasando.. Fernando.—Ahí está.—Al tercer bocinazo. AMANTE. no.) O se va usted por ahí a vivir aventuras.. Piénselo bien... (Señalando alternativamente al jardín y al interior.—¡Las once en punto! AMANTE.. Las novelas nunca las han escrito más que los que son incapaces de vivirlas.. no puedo. me gustaría verla siempre.—Nada.—Los mosquitos verdes. que no tengo más remedio que marchar con ella. los países lejanos!.—Yo puedo ofrecerle quinientas en el periódico.—Miedo. FERNANDO.—Desde lo alto de la galería.. Llenos de peligros horribles: los mosquitos verdes. o se va por ahí a escribirlas.

—El dolor.) ¿Por qué te escondes.—¡Y tres! (Se asoma al jardín. verdad? (Le mira angustiada. Lo vi entre sueños. Se detiene en el umbral. Cuando te caíste al lago. ¡A mí! (A gritos otra vez..—Según. hubo un hombre que arriesgó su vida por la mía. Pero con cuidado. Fernando. Chole! ¿Estás mejor? ¿Te sientes débil todavía? CHOLE.—Sí. no es posible! CHOLE.. que no he querido preguntar a nadie porque tengo miedo a la verdad.—Ya se fue.. Pero que no se puede callar más..» (Saliendo. Con un tierno reproche. FERNANDO. como siempre... que paga (Reacciona con violencia.. AMANTE. hay una cosa que necesito saber.. AMANTE. que es un problema de vida o muerte. Científicamente. Es mejor. artísticamente. (En un impulso repentino) Cora. Tenías fiebre.. FERNANDO Y CHOLE FERNANDO (Acudiendo a ella al verla llegar). FERNANDO...—Ya pasó todo. eh..... Chole. CHOLE. Las fotografías ya las haremos en el estudio..» AMANTE..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera AMANTE (A gritos. CHOLE. AMANTE. y de los cerezos en flor.. Iba a buscar la muerte. Y ahora. el mar.—¡Es usted un héroe! Déjela marchar en paz y recuérdela. —Las once. Son dos vidas que no podrían fundirse nunca. A las cuatro en Valencia. AMANTE.—El viejo. Tenemos hombre.. ¿qué es un caballo blanco? FERNANDO.—¿También tú? ¿También tú dices «cuando te caíste»?. No te he visto porque el doctor me lo prohibió..—«Cora reía junto a mí..) Fernando.—¡A estas horas! AMANTE.—¿ Todo ? CHOLE. necesitabas reposo y soledad.—Así.—Ah. Se le ve hacer un gesto de despedida..... a escribir el reportaje para la semana que viene.—¿Y artísticamente? FERNANDO..) ¡No voy! (Suena la tercera llamada.. es un viejo que pasa AMANTE (Aniquilado)...—¡No.. anoche. AMANTE. Dime.—¿En el Japón? FERNANDO. cuando me caí.. el peligro. ¡Cora! FERNANDO. Se vuelve. habrá que resolverlo también tarde o temprano.) 43 .) Y era eso lo que me proponía.» FERNANDO. Pero ayer. es un simple equino monodáctilo de cuatro patas y pigmento claro. Fernando? No te he visto desde ayer.—Y de los petirrojos también.. nervioso y urgente.—¡Oh..)—¡Voy! (Corre hacia el jardín. al anochecer en Marsella.—Soy un pobre hombre. esperando.—También me lo parece a mí ahora. FERNANDO... FERNANDO.) FERNANDO.—¿No me viste anoche? FERNANDO. No respirabas todavía.. ¿Por qué quieres engañarte a ti mismo? No me caí: lo quise yo. ¿Crees que puede adelantarse algo así? Hay delante de nosotros una verdad cruel que no se borra con cerrar los ojos. a tres mil pies sobre las islas blancas de crisantemos.. con cuidado.) FERNANDO. ¿Eras tú.... Así.—¿Una cosa así? «Habíamos tomado al amanecer el avión de Yokohama.) AMANTE (Contemplando melancólicamente su reloj). muy bien.—Así... (Pausa.—Sí. Dime.—¿Me dejará usted poner algo de las gheisas? FERNANDO. FERNANDO..—Por su alma.—No pienses ahora en eso. Lo otro. Título: «Una noche con Cora Yako en el Japón.

CHOLE... no hay ya felicidad posible..—No se trata de que yo sea feliz. Chole! ¡No es así como te quiere Juan! CHOLE. como si un mendigo me asaltara en la calle. Toda la noche ha estado sin sueño. CHOLE (Acariciando inconscientemente las flores del hermano). ¡Que haya por lo menos en su vida una ilusión de mujer! FERNANDO. Yo me quedo.—¡Salir de aquí.. La sombra de tu hermano se metería entre nuestros besos.—¿Porque te salvó la vida? 44 .—¿Todo?.... Prohibido Suicidarse En Primavera CHOLE.. qué bueno.—¿Y qué podemos hacer? ¿Era solución lo que tú pensaste anoche? ¿Creías que desapareciendo tú. casi repugnancia.—No puede ser.. Y todavía ayer fui injusta una vez más. Nunca podrás ser feliz con él. FERNANDO. CHOLE. contemplando nuestra felicidad con sus ojos hambrientos.Alejandro Casona FERNANDO. Pero es que nada podemos hacer que no sea engañarle.. Ni una vez se nos ocurrió mirar alrededor nuestro. Pero fue Juan.. ciegos estábamos antes.. Compréndelo.)—No.. Yo no puedo. Salgamos de aquí.—¡Pero eso no puede ser. Ahora es cuando estás ciega. Fernando. FERNANDO.. tiritando como un perro a la puerta! FERNANDO. y sólo sentí miedo.. enfriándonos los labios. Chole. Tú no sabes. no pretendas jugar con tus sentimientos. oyéndome respirar. FERNANDO.—¡Hasta ahora mismo! No puedo más.. ¡Mira que mañana puede ser tarde! CHOLE.—¿Y qué has pensado? CHOLE.. FERNANDO (nervioso. Él te vio caer. Tenía a mi lado un corazón sangrando desesperado. se lo oí ayer a él mismo. Ha estado siempre solo entre todos nosotros. Fernando. a su lado. FERNANDO. Mi puesto ahora está aquí.—Es posible.—¿Has pensado alguna solución? FERNANDO.—Con el doctor. la hermana que no tuvo. No te atormentes más. yo no lo supe hasta después.—No.. íbamos a aproximarnos él y yo? Tu muerte nos hubiera separado todavía más. Nos estamos huyendo como dos lobos heridos que se tienen miedo. Pero desde anoche no he dejado de pensar. todo lo daría por él. cuando te trajeron aquí. CHOLE.—Hubiera querido serlo.—No eras tú. CHOLE. con el oído pegado a mi puerta. Chole. ¡Y allí estaba siempre Juan. ¿es que crees que no lo siento yo? ¿Crees que el corazón de mi hermano no me duele a mí también? Si yo pudiera hacerle feliz. cogiéndola de los brazos. qué bueno y qué desgraciado es tu hermano.—Lo sé. El no me lo diría nunca.—No. CHOLE.. Ha sufrido más que yo misma. ¡Lo he sido tanto! Ahora lo que importa es él. cuando no había en la tierra otra cosa que nuestra felicidad. no resisto. huir! CHOLE. atormentada de remordimientos por culpas que no existen. FERNANDO.—Pobre Juan.. FERNANDO. Yo tampoco me atrevo a hablarle. ¿Has hablado con él? FERNANDO.—¿Y adonde? ¿Dónde podríamos escondernos que el recuerdo de Juan no estuviera con nosotros? No.—Juan no ha tenido nunca nada suyo. ¡No puede seguir solo! Vete tú si puedes.—No es tiempo de pensar. convirtiendo en odio lo que hasta ahora no ha sido más que dolor. como un niño pobre delante de un escaparate.—¡Hasta cuándo! FERNANDO. FERNANDO. Mira que el corazón tiene sorpresas peligrosas. CHOLE.—Yo seré a su lado la madre que no le supo comprende. Chole: hasta para ser desgraciado hace falta un poco de costumbre.—Lo sé todo.—Pero.—¿Con él? CHOLE.

¡y con los ojos de frente! ¿Verdad.—No.. Elige. JUAN. ¿te la imaginas tratando de pagar un verdadero amor con unas migajas de esa felicidad que os sobra a los dos? FERNANDO (Retrocede sin voz al comprender que Juan ha oído). lo abre y toma una pistola... tan entera. Dejadme a mí gozar solo el único día feliz que ha habido en mi vida.—Juan..Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera CHOLE. y se dirige a él. Con él están la alegría y la salud.—¡La ves. avanza apartando a Chole sin mirarla. lleno de lágrimas. Tiene ahora una expresión de frialdad fatal.—No. Juan. sin encontrar palabras de despedida.. déjame! FERNANDO.) JUAN.. he sido bueno como tú y feliz como tú.. Llévatela lejos.. ¡Para siempre! (Chole vacila.. JUAN (La recoge en sus brazos con una emoción desbordada. no le escuches!. con suave energía. no! (Va hada el interior llamando. Ahí lo tienes.. que te engañabas a ti misma. Sus palabras tiemblan llenas de fiebre). ¿Qué está empezando a nacer dentro de ti? ¡Contesta! CHOLE (Se suelta suplicante pero resuelta).. Juan. estrecha conmovida las manos de Juan.—Pero entonces..... (Chole. Pasa 45 . Chole..) CHOLE.—Juan. Se domina.. Porque también yo.. ¿qué esperas? Ahí tienes a Fernando. por gratitud. ¿Quieres la prueba? Ahora mismo te la va a dar.) Pero también. Va al escritorio. pálida al verle. Fernando.. Fernando... y sale reclinada en el hombro de Femando. Y Juan mismo tiene que impedirte caer en ella. con los ojos fijos en el hermano. Lo único que quiero es que ¡cueste lo que cueste! no quede nada oscuro entre nosotros. ¡por una vez siquiera!. Pero gracias por lo que has querido hacer. Juan.—¡Juan! JUAN. También Juan puede triunfar ¡por una vez! (Levanta en sus manos el rostro de ella. Aquí sólo está el pobre Juan. agotado por el enorme esfuerzo. lanza una rápida mirada de súplica a Fernando. Es tu piedad de mujer que te está tendiendo una trampa.. Suplica a Fernando con el gesto y avanza dolorosamente hacia Juan. iba a representar esta vieja farsa cruel? Ella.. El hombre feliz. Chole. y todas las gracias de la vida. Sólo os pido que os vayáis a vivir lejos. ni yo acepto limosnas ni ella caería en la torpeza de una mentira piadosa. Ahora ya podéis ser felices sin remordimientos. tan leal. FERNANDO. desfallece un momento.—¡Por lo que más quieras.. ¡pero engañarle.) ¡Juan.—¿Para qué me llamas con tanto grito? ¿Hay algo tuyo en peligro y necesitas. Fernando! ¡En mis brazos! Ya no eres tú solo. con su miseria y con su amor. más generoso que tú. retrocede también.. tengo el orgullo de ser más fuerte que tú..) Vamos. no.. el que podía jugar en los jardines cuando se moría su madre. no es posible. Chole.. Él no ha sabido nunca que había dolor en el mundo.—Porque me ha entregado toda la suya. que te lo defienda yo? FERNANDO... Llévatela..) CHOLE. apretándolas contra el pecho. y te he visto llorar. (Le levanta el rostro.. Ya sabía yo que no podía ser.—¡No le escuches. el que no ha tenido que luchar jamás porque la vida se lo ha dado todo. como siempre.) Gracias. Que nos perdone o que nos mate juntos...—¡Hermano! (Vuelcan en un abrazo toda su ternura contenida. Juan! (Juan aparece en el umbral del fondo. FERNANDO (En un impulso fraternal).) Mírame bien. Chole? (Chole. Ahora necesito toda la verdad. por una vez.—No. JUAN. situada entre ambos.—¿No la has oído ya? ¿O crees que Chole. Recoge luego sus flores.

» JUAN. JUAN. Y algún día la vida te dará una sorpresa maravillosa. ¿Oye usted esa música? JUAN.—Buenos días.Alejandro Casona Prohibido Suicidarse En Primavera Alicia. Juan. comienza a oírse de nuevo el himno de Beethoven. En el mismo sitio donde Chole resbaló ayer.. En el jardín pianísimo —cuerda sola—. y coloca en lugar bien visible un cartel que dice: «Prohibido suicidarse en Primavera».—Está usted temblando. volviéndose...—Siempre. tengo miedo de quedarme solo. Va cayendo lentamente el telón... Espere. ALICIA.—El doctor me lo dijo un día: «No pidas nunca nada a la vida.. ¿Me permite que la acompañe....—Perdón.—¿Y espera usted? ALICIA.—Es el día.—Beethoven: un himno de gracias a la primavera. ALICIA. Pero él sabía que la primavera trae siempre una flor y una promesa para todos....) Telón FIN DE «PROHIBIDO SUICIDARSE EN PRIMAVERA» 46 .—Gracias.—Voy a tirarla al estanque. Juan? JUAN.. Juan? Hoy es día de vida y de esperanza.. quizá..—Un poco de fiebre. ¿Le ocurre algo. El himno de Beethoven suena ahora —cuerda y viento—fortísimo y solemne.. ALICIA.) JUAN. También él estaba solo y con fiebre cuando lo escribió.. ¿Quiere hacerme el favor. Es preciso que desaparezca de aquí todo lo que recuerde la muerte.. ¿Quiere darme eso que esconde ahí? JUAN (Turbado..—Nada.—¿Qué es? ALICIA. Al verla.—¿Lo cree usted así? ALICIA.. JUAN. (Va a salir. Alicia? ALICIA. esconde el arma. entregando su pistola).) Es una orden de Chole.—Alicia. (Corre el cerrojo de la Galería del silencio. Avanzan juntos hacia el jardín..) ALICIA Y JUAN ALICIA. (Le ofrece su brazo.

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