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Cayetano Santos Godino

Cayetano Santos Godino

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El Petiso Orejudo
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1 CAYETANO SANTOS GODINO “EL PETISO OREJUDO”

En 1912 en Buenos Aires, un criminal de rara alevosía aterra a los porteños: se trata de Cayetano Santos Godino, que mata niños con singular crueldad. Cayetano Santos Godino (a) “El petiso orejudo” ha sido el primer caso registrado por la criminología argentina al cual se le aplica el labeling de asesino serial. El total de homicidios que se le adjudican es de cuatro, además de por lo menos siete tentativas; en todos los casos se trató de menores de corta edad. Fue condenado y enviado a cumplir su sentencia en la cárcel de Ushuaia. Allí le operaron sus orejas aladas, con la convicción de que en ellas podía encontrarse la causa de su maldad. La plena vigencia del positivismo de Cesare Lombroso, en la criminología de la época, tuvo influencia capital en el caso. “El petiso orejudo” falleció en 1944. Aunque la causa de la pelea a la cual algunos atribuyen su muerte no quedó totalmente clara, folkloricamente fue relacionada con un acto particular. Godino habría matado a dos pequeños gatos, uno negro y otro atigrado, que otros presos habían adoptado como mascotas; los estranguló con un cordón que había conseguido en el penal, arrojándolos luego a la cacerola de la comida durante una ranchada. “Sin embargo, la leyenda popular cuenta que Cayetano murió tras la paliza que le dieron sus compañeros cuando mató al (o los) gatito mascota de la cárcel .Sabemos por la fecha de una nota de Caras y Caretas que esto nunca pudo ser posible, ya que este hecho ocurrió en 1933, once años antes de la muerte de Godino. Sí es probable que, en realidad la hemorragia interna haya sido producida por heridas tras una confusa pelea con los otros presos y no por el proceso ulceroso como reza la historia oficial, y por lo tanto, muchos cronistas relacionen la muerte con la historia de los gatitos. Dice Vallejos que hasta entonces, había sido maltratado y con frecuencia violentado sexualmente. Sobrellevó los días largos y repetidos de la cárcel, sin amigos, sin visitas y sin

2 cartas. Las crónicas de los diarios de la época ni siquiera hacen mención a su muerte. Solo Crítica del 17 de noviembre le dedicó parte de una página al asesinato de Godino; aunque les habían pasado mal el dato: creyeron que el Petiso había muerto el 16. Contreras, Leonel; “La Leyenda del Petiso Orejudo”, Buenos Aires, Ediciones Turísticas de Mario S. Blanchik, 2003. Fue hallado sin vida en su celda, la nº 90, el 15 de noviembre de 1944. Y se llevó tras él la curiosidad de su sórdida historia... quedaron el mito, el paradigma y unas preguntas que tal vez hoy tengan una adecuada respuesta. ¿Era imputable? ¿Debía ser recluido en una prisión para delincuentes comunes? ¿Cuál fue el origen de su peligrosidad? Consecuentemente... ¿se hizo justicia? Los macabros hechos ocurrieron en un territorio delimitado por los barrios de Parque Patricios, Villa Soldati y el bajo Flores; se trataba de una zona semipoblada, de casas quintas, para week end de algunos de los más pudientes de Buenos Aires y, al mismo tiempo, para humildes familias trabajadoras. La tranquilidad propia de aquellos cotos de descanso, de principios de 1900, fue sacudida de pronto por una noticia aparecida en los diarios. “La Prensa” del 4 de diciembre de 1912 aludía al asesinato de un niño de tres años: “Un hecho salvaje”. Y la nota: “La policía de la Sección 34ª está empeñada desde la mañana anterior en el esclarecimiento de un crimen bárbaro...” (Héctor Gambini, La historia de un adolescente que no podía parar de matar, diario “Clarín”, 1999). Es que mientras Jesualdo Giordano, de tres años, jugaba con otros chicos frente a la finca de Progreso 2185 (actualmente Pedro Echagüe) desapareció. Su padre buscó por toda la zona del barrio. Al recorrer la zona, se cruzó con un adolescente frente a la quinta de Moreno: “¿No viste a un chico que llevaba nene chiquito, que se perdió?”, le preguntó. “No señor, ¿por qué no va a la comisaría?”, aconsejó el adolescente, amable, de baja estatura y orejas aladas. El hombre se dirigió a la comisaría y mas tarde continuó la búsqueda en el baldío, que realmente fue la quinta perteneciente al doctor (perito) Francisco Pascasio Moreno, donde actualmente se encuentra el Colegio Bernasconi. Allí se encontraba el cadáver, oculto, detrás de unas chapas, maderas en desuso y

3 escombros. Tenía trece vueltas de cordón alrededor del cuello. Y un clavo introducido a golpes en la sien izquierda. Esa misma noche, el subcomisario Miguel Peyre de la Dirección de Investigaciones, de la entonces Policía de la Capital, ordenó vigilarlo secretamente, por los oficiales Torres y Santillán, pues ya tenía sospechas de Godino, ello iba a ser motivado por los testimonios y otros antecedentes. Ocurre que el un oficial de la Seccional 34 lo había observado entreteniéndose, quitándole la cabeza a unos patitos vivos, que quedaron a su merced en una laguna formada en el barrio por un desnivel del terreno, ante la impotente vista de su madre. Uno a uno, les retorcía el cogote, hasta arrancarle la cabeza, que luego arrojaba al agua y el cuerpito a un costado. Un antecedente similar había tenido en su hogar cuando fue hallada una caja debajo de su cama con pajaritos muertos. La crueldad hacia animales es reconocida como una de las características del trastorno de personalidad anti-social (DSM-IV, CIE-10), la psicopatía, y otros trastornos de la conducta que pueden llegar a poner en peligro también a los humanos. Precisamente, con el fin de atajar este círculo de violencia, desde 1970 el FBI. utiliza para su programa VICAP (Violent Criminal Apprehension Program), desarrollado Robert K. Ressler, la crueldad con animales como uno de los signos importantes a la hora de elaborar perfiles de criminales violentos. Muchos asesinos en serie y de masas empezaron su escalada violenta torturando animales, especialmente gatos y perros. En el estudio de asesinos múltiples convictos que ya hemos mencionado, el 46 % declaro haber torturado animales durante su adolescencia. Es por ello que la crueldad hacia animales debe ser tratada con muchísimo cuidado y requiere de programas de vigilancia. Jeffrey Dahmer que confesó haber asesinado, desmembrado y, en algunos, casos, cometido actos de canibalismo con diez y siete varones. De niño, empalaba perros y clavaba estacas a gatos en su jardín. Albert De Salvo, a quien nos referimos en este mismo capitulo, cuando era joven, atrapaba gatos y perros en jaulas y se divertía lanzándoles flechas a través de las rejas.

4 El Caso Giordano: “Eran las 9:55 cuando Antonio oyó el grito desesperado de Jesualdo mientras estaba trabajando en su casa. El sastre presintió que era su hijo el que gritaba. Como Jesualdo no aparecía ante el llamado de sus padres, Rosa pidió a su marido que lo fuera a buscar por las demás piezas del conventillo y como el chico tampoco aparecía el sastre decidió salir a la calle y fue por primera vez a la Comisaría 34a de Caseros 2724, dónde le contestaron que Jesualdo debía estar escondido en alguna casa del barrio, que lo saliera a buscar. La menor María Barlaro tenía trece años y atendía por la mañana el almacén de su padre de Progreso 2599. Como a las 10:00 hs., la chica observó desde atrás del mostrador a Jesualdo entrando de la mano de Cayetano, al cual nunca había visto. El Petiso le pidió dos centavos de caramelos; María le entregó cinco caramelos de un frasco. Mientras salían, vio que Cayetano se cubría el rostro y nunca dejaba de dirigir la vista hacia el conventillo Progreso 2585. Cayetano le dio dos caramelos a Jesualdo y con este caminó por Progreso hasta Catamarca, doblando por ésta hacia el sur. Otra nena que había ido a hacer los mandados y se encontraba en aquel momento en el almacén Barlaro, sin querer siguió el mismo recorrido que ellos. La niña se llamaba Olimpia Moggia, tenía 10 años y había ido a comprar comida a pedido de su mamá. Pocos minutos después de las 10:00, el canillita de once años Francisco Peluso, que se encontraba trabajando en la esquina de Progreso y Catamarca, vio pasar como a un metro al Oreja acompañando a Jesualdo. Juntos doblaban por Catamarca hacia Caseros. Sin sospechar nada, Francisco penetró en la cigarrería que existía en esa esquina. La mamá de Olimpia se encontraba cocinando en su casa de Catamarca 2010 cuando su hija, que volvía de hacer los mandados, le avisó que por la vereda pasaba un nene muy lindo: el hijo del sastre Antonio. Olimpia Olmedo de Moggia se asomó a la puerta de calle y vio que por la misma vereda de su casa transitaban Jesualdo y Cayetano. Jesualdo era conducido por el Oreja de la mano izquierda. Cuando doña Olimpia salió ya no pudo verlos bien, marchaban a treinta metros de su casa en dirección a Caseros. Sin darle importancia, volvió a entrar a su domicilio y mandó una vez más a su hija al almacén; se había olvidado de comprar el vinagre. Como

5 Jesualdo llamaba a su padre, Cayetano le dio otros dos caramelos para que siguiera con él, lo cual consiguió yendo hasta la esquina de Catamarca y 15 de Noviembre de 1889 donde penetró por el porrón de la Quinta Moreno. Dicha quinta ocupaba una gran extensión de tierra circundada por las calles Catamarca, Dean Funes, Caseros y Brasil. Constaba de varias manzanas. La misma había sido adquirida en 1860 por el financista Francisco Moreno, padre de Francisco Pascasio Perito Moreno. En 1887 el Perito había sido obligado a vender un terreno lindero de su propiedad por las calles Catamarca, Jujuy, Progreso y Armonía (nombre anterior de la calle 15 de noviembre de 1889) para posibilitar el extendido de las líneas de dichas calles. La quinta siempre era facilitada por su dueño para la realización de fiestas y kermeses. En 1912, era un baldío donde hasta algunos años antes habían funcionado los hornos de ladrillos de la compañía La Americana; un yuyal lleno de materiales de construcción oxidados y de basura. Por Dean Funes y Caseros ya estaba cerrada por casas edificadas en esos últimos años y por Catamarca y Brasil la circundaba un muro de material. Las calles Progreso, 15 de Noviembre de 1889 y Luca daban a ese terreno. No obstante ser un paraje despoblado, por allí cruzaban diariamente numerosas personas para evitar un recorrido mayor. Además, había mucho movimiento de menores que elegían ese punto solitario para sus diversiones. Jesualdo no quería entrar a la Quinta Moreno. Entonces el Oreja lo arrastró de un brazo prometiéndole un quinto caramelo y penetró por la puerta de Catamarca y 15 de Noviembre de 1889 dirigiéndose hacia la izquierda, a un recodo que unía el muro con la ochava del portón: una especie de hueco, un amplio desnivel en el suelo dónde se arrojaban latas inservibles, piedras, tierra y residuos. Primero, mientras el menor se deshacía en llanto, Cayetano le metió a la fuerza en la boca el quinto caramelo. Luego, contra la pared estiró a Jesualdo en el suelo y colocando la rodilla derecha sobre el pecho le rodeó el cuello con un piolín que llevaba en el bolsillo y dándole con él 13 vueltas en el mismo, lo anudó y apretó con el objetivo de estrangularlo. Pero como el nene quiso levantarse, el Petiso tomó el piolín que usaba para ajustarse los pantalones, lo cortó en tres partes con la llama de un fósforo, con el primero se

6 volvió a atar los lienzos y con los otros dos le ató primero ambas piernas y después los dos brazos a la altura de la muñeca. Como el chico seguía con vida y tiraba pataditas al aire a más no poder, el Oreja le dio repetidos golpes en la cara con su puño izquierdo hasta verlo sangrar y como así tampoco había podido acabar con Jesualdo se le ocurrió la macabra idea de introducirle un clavo en el cráneo. Una versión más tenebrosa, confesada luego por Cayetano, sostiene que levantó a Jesualdo clavándole los dientes cerca de la boca para luego sacudirlo violentamente. A las diez y doce, Rosa Sabino de Giordano se presentó al vigilante Agustín Núñez N° 5253158 de la Comisaría 34a, agente de turno en la esquina de Brasil y Jujuy, diciendo que su hijo Jesualdo había desaparecido de su casa. La noticia de la desaparición de Jesualdo corrió por el barrio como reguero de pólvora. Mientras estaba en el almacén, Olimpia Moggia se enteró que Jesualdo estaba desaparecido. Al mismo tiempo un estudiante de once años llamado Ventura Torre, que vivía en el mismo conventillo de los Giordano y apreciaba mucho al menor extraviado, fue informado de la desaparición por su hermanita Josefa. Ventura entonces, decidió salir en su búsqueda acompañado de su amigo Víctor Donatino. Juntos se lanzaron a recorrer el barrio. Al volver del almacén, Olimpia le comunicó a su madre que la mamá del chiquito que habían visto pasar acompañado de Cayetano, lo andaba buscando. Olmedo, entonces volvió a mandar a su hija a que le dijera a Rosa que Jesualdo había pasado por delante de su casa, pero la menor no quiso ir por temor a la policía. Entonces, doña Olimpia fue hasta la esquina de Progreso y Catamarca. Allí vió que varios chicos del barrio estaban reunidos en grupo y le pidió a uno de ellos, que no era otro que el canillita Francisco Pelusso, que fuera a avisar lo dicho a la madre de Jesualdo. Antes de ir por segunda vez a la comisaría, Giordano fue interceptado por Pelusso quién advirtió su apuro y suponiendo que era el padre del chico extraviado le comunicó lo que había visto y que también lo había observado doña Olimpia. Mientras, el Petiso cubrió el cuerpo con una chapa y buscando el clavo salió de la Quinra por el portón de Catamarca y 15 de noviembre de 1889. Fue entonces que Giordano pasó por Catamarca y lo vió salir de la Quinta Moreno. Cayetano también lo vió venir y

7 reconoció en ese hombre al padre de Jesualdo. Pelusso, que se encontraba parado en su esquina, los vió hablar sabiendo que era el mismo sujeto que había visto con Jesualdo, pero no escuchó la conversación. Giordano le preguntó a Cayetano si no había visto a un menor de doce años con un nene en los brazos, tal cual le había relatado el canillita. Cayetano le dijo que no, que fuera a la comisaría. Luego, Giordano se separó yéndose por Caseros, rumbo a la seccional. Pelusso vió todo lo sucedido. La vecina Antonia de Ricci, domiciliada en 15 de noviembre de 1889 N° 2666 también vió como Antonio Giordano preguntaba a Cayetano por el paradero de su hijo. Ella sí escuchó como el Petiso contestó que no había visto al chico aconsejándole que se presentara en la comisaría. Ricci sostuvo que acto seguido, Antonio se fue por Catamarca al sur rumbo a la Comisaría 34a. Cayetano siguió por Catamarca por la vereda de la Quinta en dirección de Progreso, cruzando dicha calle y siguiendo hacia el norte, no sin antes cruzar también Catamarca para comprar un refresco en un almacén de Catamarca y Progreso. A las 10:20, Ventura Torre, que se encontraba en la vereda de Progreso entre Catamarca y Jujuy vio que por la vereda oeste de la primer calle, el Petiso cruzaba Progreso en dirección al norte. Observó que el tipo caminaba apurado. Cinco minutos después, Antonio Giordano volvió a la Comisaría 34a. Los empleados de la misma, ahora preocupados, dirigieron circulares a todas las secciones del municipio, recomendando se recogiera al menorcito en caso de encontrarlo. Como a las diez y media, Ventura y Víctor también se dirigieron a la comisaría. Allí se enteraron que el sastre todavía estaba buscando a su hijo. Luego volvieron a la esquina de Jujuy y Brasil. Cayetano tomó Catamarca y volvió a penetrar en la quinta por el portón de Brasil y buscando un clavo llegó hasta los fondos de las casas que daban a Caseros, dónde había una gran cantidad de ellos. Jesualdo ya había muerto, pero como el Oreja no se había percatado y pensaba que todavía estaba con vida, tomó una piedra blanca como de un kilo de peso y golpeando con la mano izquierda, le introdujo el clavo de cuatro pulgadas en el costado izquierdo de la cabeza hasta que la punta del hierro salió por otra parte del parietal. Ahora sí convencido de que Jesualdo estaba

8 definitivamente muerto, cubrió el cuerpecito con la misma chapa de zinc. Luego, salió sigilosamente por el portón de Catamarca y se fue a almorzar a la casa de su hermana Josefa, de Curapaligüe 1838. Allí almorzó y tomó mate hasta las cinco y media de la tarde, no sin antes celebrar su imponente obra maestra, masturbándose en el bafio de la casa. Como posiblemente alguien le dijo que buscara en la Quinta Moreno, Giordano penetró en la misma. Antonio recorrió inútilmente parte de la Quinta hasta que de pronto vio un pedazo de lata recostado en la pared que formaba un recodo entrando a la izquierda, sintiendo como una fuerza interior que lo movía hacia la lata. Creyendo que su hijo se hallaba allí escondido, el sastre lo comenzó a llamar por su nombre de pila; pero cuando llegó, al separar la lata de la pared vio un cuerpo inerte que reconoció como el de Jesualdo. Al levantarle imaginó en su dolor que el cuerpo todavía estaba caliente y como creyó ver que el mismo hacía movimientos muy pequeños lo llevó a su domicilio a efecto de darle auxilios. Casi sin querer observó que el pequeño cuerpo tenía atadas las manos y los pies con piolines, que en el cuello se hallaba otro piolín y con horrendo estupor, advirtió que el mismo presentaba un clavo de cuatro pulgadas que atravesaba el parietal izquierdo del cráneo. (Contreras, Leonel; “La Leyenda...Cit.).

En horas de la tarde del 4 de diciembre de 1912, el menor Cayetano Santos Godino fue detenido en su domicilio de General Urquiza 1970, por expresas directivas del Juez de Turno, Dr. Oro, por ser el menor que "en el día de ayer, alrededor de las diez antes meridiano, acompañaba al menor Jesualdo Giordano, en el momento de comprar caramelos en el almacén de la esquina Jujuy y Progreso, así como también por habérsele visto después en las calles Progreso y Catamarca por los menores Ventura Torre y Francisco Pelusso y la señora de Moglia”. En el instante de su aprehensión Godino se encontraba se encontraba en el patio del conventillo tomando mate. Y se le secuestro en el bolsillo un recorte del diario La Prensa, que contenía la crónica del caso Giordano que como no sabía leer, le dio para a un amigo para que se lo leyera.

9 Al ser prevenido, confesó el comienzo de su loca pesadilla con el atentado contra Miguel De Paoli, un pequeño de un año y medio, a quien infligió torturas, siendo el hecho sorprendido por la policía y reintegrado el niño al seno de su hogar, luego de unas horas. En 1906, se llevó a una niña hasta un baldío, la golpeó y la enterró viva. Obviamente, el evento habría ocurrido seis años antes de su detención. No se pudo acreditar la existencia del hecho, porque en el lugar señalado se había construido una casa de dos plantas. El 9 de septiembre de 1908, condujo al niño Severino González, de dos años a un corralón e intentó ahogarlo en un piletón que se utilizaba como bañadero de caballos. Por este hecho, permaneció demorado en la Comisaria 12a. En 1912 habría matado al pequeño Arturo Laurora, que vivía en la calle Cochabamba al 1700. El 7 de marzo del mismo año, frente a un local de Entre Ríos al 300, le prendió fuego al vestido de una niña, Reina Bonita Vainicoff. Ella falleció producto de las quemaduras recibidas. El día 8 de noviembre de 1912, Godino transitaba por las calles del barrio de Boedo cuando observó a los menores Fernando Vicente y Roberto Carmelo Russo de cinco y dos años respectivamente, que jugaban en la vereda de su domicilio de Carlos Calvo 3890. Cayetano le ofreció a Roberto ir aun almacén dónde, según le dijo, le comprarla caramelos y así juntos caminaron por la calle Castro. Al pasar por la antigua calle Artes y Oficios, que desde julio llevaba el nombre de Quintino Bocayuva; entre las de Tarija y Pavón, encontró un alfalfar abandonado, al que ambos ingresaron; Cayetano tendió a Roberto sobre el piso y le ató el cuello con dos vueltas de piolín y los pies con una cinta negra. El destino quiso que una vez mas y como había ocurriera con los atentados a Miguel de Paoli, Ana Neri y Severino González, alguien acertó a pasar por el lugar, en este caso el peón Esteban Poggi sorprendió a Cayetano en el mismo instante en que estrangulaba al niño. Godino reiteró, como en los otros casos la

10 parodia de ser el liberador del menor. Sin embargo fue detenido en la Comisaría 12a, la misma a la que había arribado luego del atentado a Severino González. Vicente Russo, el padre de Roberto, llegó a la Seccional acompañado por su otro hijo Fernando. Al verlo Fernando a Godino, no dudó en señalarlo como el sujeto que se había llevado a Roberto Carmelo. Esta historia nos fue relatada personalmente en el Museo Cultural del Tango, en Maipú 666 de la Ciudad de Buenos Aires por Juan Ángel Russo, sobrino de Roberto Carmelo e hijo de Fernando Vicente. “Cayetano Santos Godino (a) el Oreja y el Petiso Orejudo, de 16 años, domiciliado en General Urquiza 1970, de profesión vendedor ambulante, quedó incomunicado y fue procesado por una tentativa de estrangulamiento al menor Roberto Carmelo Russo y remitido a la Alcaidía, de la Primera Sección a disposición del Juez de Instrucción doctor Juan del Campillo. A pesar de que el atentado a Roberto no había quedado impune como los anteriores e incluso la prensa de la época le había dedicado al hecho un amplio espacio en sus páginas de la sección policiales, Del Campillo tomó la decisión de dejar en libertad a Cayetano por falta de mérito, el 12 de noviembre de 1912. La decisión había sido tomada muy apresuradamente y la justicia se había lavado las manos sabiendo perfectamente de quien se trataba. Incluso, La Nación del 9 de noviembre hace mención a los gravísimos antecedentes de Cayetano Santos Godino. Es muy probable que en el sumario levantado por Del Campillo, lamentablemente extraviado al momento de la investigación, Cayetano hubiese relatado algunas de sus anteriores aventuras criminales. Es sabido que la policía de la zona estuvo, a partir de aquel hecho, permanentemente alerta sobre la pista del Petiso Orejudo. El artículo publicado en La Razón del 25 de febrero de 1962 indica que a partir de este hecho, la policía comenzó incluso a temer por la vida de sus propios hijitos, sabiendo de la existencia de la fiera Godino. Sin embargo, el Oreja todavía tendría tiempo para más. El 16 de noviembre, Cayetano encontró en la puerta de su casa de General Urquiza 1664, a tres cuadras de la suya, a una niña de tres años llamada Carmen Ghittoni. Como Carmen estaba jugando con otros nenes, Cayetano se sumó al juego

11 aguardando el momento preciso para dar el zarpazo”. (Contreras, Leonel; “La Leyenda...Cit.). En ese mismo año, el 3 de diciembre concluyó su carrera criminal cuando secuestró y mató a Jesualdo Giordano, como relatamos más arriba. Cayetano Santos Godino nació el 31 de octubre de 1896, fue un niño infeliz; de su historia, ha surgido que fue abusado y víctima de malos tratos, precoz criminal, incendiario y torturador de animales. Contaba con dieciséis años en el momento de ser detenido, su apariencia delataba con notoriedad un retraso mental, su desarrollo físico era anormal para su edad, y su personalidad estaba profundamente perturbada y por momentos cargada de agresividad, independientemente de su aspecto dócil e inofensivo. Escribía algo así como un dibujo memorizado (en rigor de verdad, una manifestación escritural de modelo caligráfico), que rezaba Cayetano Santo de Godino (¿mimetismo gráfico de su madre por de Godino?), y luego decía “...éste es mi nombre”. Esa rúbrica suscribió todas sus declaraciones, test y actas periciales. En los múltiples interrogatorios a que Godino fue sometido, en primera instancia por la prevención policial y luego por los jueces que decidieron su suerte, surgieron declaraciones incoherentes con relación a muchas

circunstancias contradictorias y tristes expresiones de satisfacción por la celebridad alcanzada, que evidenciaban las publicaciones de la época. Los mecanismos empleados en las tentativas y en la comisión de los homicidios fueron variados: estrangulaciones, sofocación, fuego, confinamiento, golpes con objetos contundentes, sumersión, etc. Godino relató haber seleccionado a sus víctimas buscando “niños con cara de zonzos y que no tuvieran mucha fuerza”, pues él tampoco la tenía. Es que era llamativo en Godino su aspecto físico, por su cuerpo mal formado de niño con rostro y sexo adultos, y una personalidad básicamente instintiva. Sus gestos y el contenido de sus conversaciones evidenciaban, rápidamente, a alguien de muy escaso desarrollo intelectual. Tenía orejas y extremidades desproporcionadamente grandes, y era muy limitado físicamente.

12 Las autopsias de los cuerpos que fueron habidos, así como las propias confesiones de Godino, no arrojaron evidencia de prácticas sexuales con sus víctimas, a excepción de uno de los casos, el del niño Arturo Laurora; cuyo cadáver fue hallado semidesnudo, en una casa abandonada de la calle Pavón. "La casa mira al sud y las habitaciones al este. Está ubicada frente a la plaza Garay; se compone de sala, tres habitaciones, comedor que cuadra el patio, dos habitaciones, después cocina y una pieza con puerta única al patio de 1,96 m de ancho por 2,62 m de longitud. A excepción de esta última, las demás se comunican interiormente y sus puertas estaban abiertas. En la pieza pequeña descrita en el ángulo nordeste, en posición decúbito dorsal, con las piernas extendidas y entreabiertas, el brazo izquierdo extendido formando ángulo recto con el cuerpo y el derecho flexionado, se encontraba el cadáver de un menor que representaba de 12 a 14 años; vestido solamente con una camisa blanca a rayas coloradas que presentaba manchas de sangre en distintas partes; parte del lado derecho del rostro cubierta con una bombacha azul, debajo de la pierna derecha una correa angosta con hebilla y próximos unos zapatos de hule blanco...Alrededor del cuello, con varias vueltas y aprisionándoselo, un piolín de hilo trenzado añadido a un cordel". Apuntes del Comisario José Gregorio Rossi, Jefe de Investigaciones de la Policia de la Capital. El medico forense Francisco de Veyga incluirá en su informe "Desfloración rectal". Esto coincide con el informe del medico de policía, Dr. Elbio Cassini, quien reconoció el cadáver, informó la presencia de distensión abdominal debida a gases de putrefacción, cianosis en el rostro (propia del estrangulamiento a lazo) y en cuanto a la región anal importante distensión del esfínter con ligera equimosis de la mucosa. “Precisamente en el caso de violación por vía ano rectal, es posible determinar, sin temor a equivocarse, si se trata de una relación que no contó con el consentimiento de la víctima, debido a que es completamente distinto el resultado del coito por esta vía del que se logra por vía anterior o vaginal en casos de violación...pero la penetración por vía ano rectal, contra la voluntad del accedido, provoca la contracción esfinteriana, que en forma intensa se resiste,

13 oponiéndose al acceso, el cual sólo se logra si se provocan lesiones que van desde simples excoriaciones o equimosis, hasta desgarros de pequeña o gran magnitud. Por ello, cuando encontramos estas lesiones en el reconocimiento ano rectal, podremos concluir con certeza que el coito ha sido no consentido, sin interesar los antecedentes de la víctima, ya que incluso puede ser un homosexual, quien, al resistir la penetración con la contracción esfinteriana, sólo podrá ser accedido si median las referidas lesiones”. Kvitko, Luis A.; “La Violación”, Tercera Reimpresión, México, Trillas, 1998. La autoría de Godino, en este homicidio, es hoy cuestionada por varios estudiosos del caso, entre ellos Maria Moreno y el Dr. José Ernesto Fernández Antonio, Abogado y Especialista en Investigación Científica del Delito; con quien sostuvimos varias entrevistas sobre el tema. Fernández Antonio sostiene en primera instancia en que Godino, no había violado a ninguna de sus victimas y otro elemento es que los antecedentes con que se cuenta de la cárcel de Ushuaia, lo indican a Godino como homosexual pasivo. Por otro lado la Policia había encaminado la investigación de la violación y homicidio del pequeño Laurora, en función del testimonio de otro chico de ocho años, Andrés Cullares. Andrés, el día anterior al hecho, en horas de la mañana y encontrándose acompañado por el menor Laurora dijo que: “como a las 10.30, estando él con Arturo en Solís y Cochabamba, se les aproximó un sujeto rubio, regular, alto, más bien delgado, como de 30 años, vestido con traje blanco, el que ofreció a Arturo dinero para que lo acompañara hasta la calle Entre Ríos y le indicara una dirección a lo que accedió y que él, Andrés, los siguió. Que entraron a un local deshabitado de la calle Entre Ríos, casi esquina Cochabamba, y que desde la puerta en que había quedado situado vio que aquel individuo ofrecía un peso a Arturo; que después salieron y tomaron por Solís en dirección al sud y poco después regresó Arturo diciendo que aquel sujeto le había ofrecido dinero para que lo acompañara hasta la calle Pavón, a lo que no había accedido por temor a que aquel individuo fuera de la ‘mano negra”.

14 Además en el bolsillo del menor Laurora se había encontrado un peso, dinero que no le habían dado sus padres. Además la descripción del sujeto coincidía en la edad, complexión y ropas, con las de un individuo que estaría involucrado en otros casos de pedofilia en Buenos Aires. Maria Moreno por su parte dice: “Pero el caso Laurora no satisface las ganas de final feliz donde el culpable va a parar con sus huesos a la Penitenciaría Nacional. Nunca se supo quién fue el culpable” – agregando al escribir la crónica del caso“De ese Laurora también se hace cargo. Al

señalársele que es el mayor de sus víctimas, se explica observando que el finado tenía cara de idiota y que hasta la puerta de la casa de la calle Pavón lo acompañó sin chistar, reclamando en cambio los caramelos. Sólo cuando ‘El Oreja’ lo invitó a entrar, Arturo hizo ademán de resistirse. Al primer grito el otro le tapó la boca con un pañuelo. Luego lo llevó a la cocina y lo estranguló con un hilo de plomada. En la primera declaración dice haberlo desnudado. En la segunda aclara: en el fondo de la casa había una higuera. El sacó una rama, le enrolló la camisa alrededor de la cintura y lo azotó hasta sacarle sangre. Al salir Arturo estaba boca abajo. El subcomisario Miguel Peyre le muestra las fotos del cadáver de Arturo y el hilo que tenía alrededor del cuello. Los reconoce. Siempre usa uno delgado para sujetarse los pantalones y otro, trenzado, más fuerte para los candidatos. Promete con cierto orgullo que si la llevan a la casa de la calle Pavón él va a indicar como procedió”. (Moreno, Maria; “El Petiso Orejudo”, Planeta, 1994). El día siguiente a su detención Godino fue conducido en automóvil hasta la Morgue Judicial. Era trasladado por el Juez Oro, el Sub Comisario Peyre, el Dr. Torres de la Policia de la Capital y el secretario del juzgado, doctor Ávila. Al llegar el automóvil a la altura de la intersección de las calles Jujuy y Estados Unidos, Cayetano se confesó autor del homicidio de Jesualdo Giordano. Luego, en el local de la Morgue y en presencia de los médicos forenses, Negri y Lucero, reiteró su declaración verbal. Negri y Lucero decidieron examinar sus órganos genitales y comprobaron que tenía una erección. La autopsia del cadáver de Buenos Aires,

15 Jesualdo Giordano confirmó la muerte por estrangulamiento y que no había sido violado. Los profesionales que realizaron el peritaje del caso hacen referencia a una profunda satisfacción y deleite, por parte de Godino, en la contemplación de la agonía y la muerte. Confesó Godino que mataba para experimentar la voluptuosidad del dolor y la agonía de sus víctimas y que después de muertas ya no le inspiraban mas nada, ni siquiera lástima. Era el recuerdo de ellas y de sus sufrimientos el que lograba excitar a veces su sensibilidad, provocando en él crisis inalterable. Con un modus operandi que le era propio, enfocado en el proceso, en algunos casos flagelaba los cadáveres; de ese modo se agregaba un gozo adicional, al tiempo que se aseguraba del óbito.

Posteriormente a su detención, fue alojado en el Hospicio de las Mercedes, lo cual no fue obstáculo para dos tentativas de homicidio de unos internos discapacitados, golpeándolos, pero su escasa fuerza física y la falta de elementos idóneos frustraron esos intentos. La historia de Godino era común a la promiscuidad, la miseria y la marginalidad, estructuradas en las condiciones propias de la inmigración campesina pobre. Su padre, Fiore Godino, de profesión farolero –encendía el alumbrado a gas– y luego albañil, sufría de dos enfermedades, verdaderos flagelos en la sociedad de aquellos años, la sífilis y el alcoholismo, y era abusador y golpeador. Sobre su progenitora, Lucía Ruffo, sentenciaríamos: madre claramente abandónica. “El 31 de octubre de 1896 a las 7 de la mañana, Lucía Ruffo dio a luz en el conventillo Deán Funes 1158, a su segundo hijo varón, Cayetano Santos. El recién nacido fue anotado dos días después en el Registro Civil y tuvo la libreta de enrolamiento N° 1.513.729. Los testigos del registro fueron dos amigos, Luis Bevilaqua y Prudecindo Gil; tal vez alguno de los dos, paisano de Rossano. Así quedó registrado en el tomo sexto de los libros de nacimiento del Registro Civil: "Número tres mil quinientos veinte. En la capital Argentina a dos de noviembre

16 de mil ocho cientos noventa y seis, a la una y diez de la tarde, ante mi Jefe de la Sexta Sección del Registro, Floro Godino de treinta y ocho años, casado, domiciliado en Dean Funes mil ciento cincuenta y ocho, hijo de José Godino y de Margarita Celestino, declaró que el día treinta y uno de octubre último, a las siete de la mañana y en su domicilio nació el varón Cayetano Santos, dónde lo ve hijo legítimo del deponente y de Lucía Ruffo, de treinta años, hija de Cayetano Ruffo y de Romina Palafreli, leída el acta la firmaron consigo el exponente y los testigos: Luis Bevilaqua, de treinta y nueve años, casado, domiciliado en Diamante setecientos ochenta y cuatro y Prudecindo Gil de cuarenta y un años, casado, domiciliado en Independencia dos mil doscientos treinta y ocho". (Contreras, Leonel; “La Leyenda...Cit.). Sus padres eran italianos provenientes de Calabria, a quienes en general se los conocía como genoveses, en una clara alusión al puerto de embarque y origen. Pertenecía a una numerosa familia (tenía ocho hermanos), de las que habitaban los conventillos del Buenos Aires de fines del siglo XIX y hasta casi mediados del XX. El informe de los médicos policiales que examinaron a Godino, en el momento de su prevención, acreditó la existencia de veintisiete heridas, de distinta evolución tanatológica, ya que se apreciaban cicatrizadas algunas y en proceso de cicatrización otras. Indudablemente, evidenciaban los brutales castigos a que era sometido por su padre y, también, aquellos que le propinaban otros adolescentes en riñas callejeras. Su crecimiento habría sufrido un retraso, por motivos fisiológicos, producto de una larga infección intestinal en su infancia. Según algunos autores, esa afección no habría estado bien atendida y lo llevó inclusive al borde de la muerte; “...en principio, no deberíamos hablar de una mala atención, sino que desde el punto de vista médico estamos ubicados en la era preantibiótica, lo que invalidaría la posibilidad de resultados a corto plazo, mediante el empleo de tales drogas. Seguramente se trató de una infección intestinal crónica, lo que indudablemente trajo aparejado un severo déficit en la absorción de nutrientes a nivel intestinal; en este punto, la afectación no es sólo

17 física, sino indudablemente madurativa cerebral también...” (Doctor Juan José Fenoglio, médico legista). Fue expulsado de varios establecimientos educacionales, como producto de su escasa capacidad intelectual y carácter conflictivo. Sus padres habían recurrido en primera instancia a las autoridades policiales, para que “hagan algo con él”, porque ahogaba pajaritos en una caja; solicitando luego que se lo internara en la Colonia Marcos Paz. Lo cual efectivamente ocurrió; tenía doce años y perdió todo contacto con su familia, que obviamente lo había abandonado a su suerte. Durante ese tiempo (tres años) fue de nuevo victimizado, haciéndose pasible de numerosas palizas y otros crueles castigos que le aplicaran los menores internos. Registró varios episodios, en los cuales puso nuevamente de manifiesto su impulso incontrolable de torturar o mutilar animales. Este impulso, a la larga, lo iba a llevar a la muerte. Otra característica de Godino era su tendencia precoz a la toxicomanía, algo especial para la época. Registraba consuetudinariamente episodios de consumo de tabaco e ingesta de alcohol, a los cuales parecía volcarse de modo compulsivo, apareciendo periódicamente en estados de ebriedad de distinto grado. Dice Elbert: “Carecía, notoriamente, de capacidad para reprimir sus impulsos perversos y hablaba un castellano escaso, mezclado con dialecto calabrés. En síntesis parecía ser un ejemplar perfecto de delincuente nato, instintivo o por naturaleza, o por perversidad brutal y gratuita; en suma un loco moral, un sádico incapaz de remordimientos o de sentimientos altruistas o de piedad, dicho todo en el lenguaje de los autores positivistas de la época. Era inevitable entonces que Godino diese un debate criminológico que expresara en un proceso penal las ideas y los conocimientos científicos de la época, lo que efectivamente sucedió...” (Carlos Alberto Elbert, Manual básico de criminología, EUDEBA, Buenos Aires, 1998). La vigencia del positivismo no sólo era absoluta, sino incuestionable. Cesare Lombroso nació en Verona, el 6 de noviembre de 1835. A los veinte años, siendo estudiante de medicina, en un primer trabajo de investigación,

18 pretendió demostrar que las mujeres tenían un grado de inteligencia inferior. Decía: “La mujer normal tiene muchos caracteres que la aproximan al salvaje (irascibilidad, venganza, celos, vanidad)” (Carlos Alberto Elbert, Manual..., cit.). A los veinticuatro años obtuvo su título de médico en la especialidad de cirugía. La región norte de Italia, Il Piamonte, en 1859 entró en guerra con Austria por su independencia. Lombroso, que estaba incorporado al ejército como soldado regular, se encontró sorprendido al observar en sus compañeros, a quienes rotuló como deshonestos, la gran cantidad de tatuajes obscenos que tenían en sus cuerpos, a diferencia de los honrados, que no se decoraban de ese modo. Fue su primer indicio de que existía una personalidad criminal típica. Al finalizar la guerra y retornar a la vida civil, Lombroso se dedicó a su cátedra universitaria de Medicina Legal, a la vez que desempeñaba trabajo en hospitales psiquiátricos. Empieza su investigación con el método experimental inductivo mediante la observación. Como Lombroso trabaja en un hospital, en 1870 practica la necropsia de un delincuente salteador de caminos llamado Vilela. Al realizar la craneotomía, observó en la parte posterior una pequeña cresta, como la de los pájaros, que interpretó como un signo natural de primitivismo y la considera como causa de delincuencia. Así, llegó a sostener que existía una especie de hombre distinta del moderno y normal, una raza diferente de tipo delincuencial, un ser que no había completado su evolución y era cercano al animal; la conducta natural de ese ser es el crimen. Establece: Que los delincuentes con delitos graves se asemejan, en cuanto al mal transmitido, de donde se origina su teoría del criminal nato. Los delincuentes con delitos graves en común tienen taras genéticas. Como ser: prominencia en la frente, pómulos salientes, ojos achinados y protuberancias en el cráneo.

19 El criminal nace con diferencias del sujeto “normal”. Es diferente a las personas corrientes por causas genético hereditarias. Los individuos

determinados para el delito sobrepasan los frenos inhibitorios que tienen las personas normales. Para Lombroso esa naturaleza criminal era innata, es decir, se podía hallar estudiando la ascendencia del sujeto, de donde indudablemente provendría. La premisa entonces fue, para los lombrosianos, estudiar a los delincuentes, no el delito. A partir de una serie de estudios con los cuales complementó su teoría original, Lombroso publicó su trabajo en el libro El hombre delincuente. La obra tuvo cinco ediciones; en ellas, advirtió que se podía identificar a los criminales natos porque su aspecto físico evidenciaría estigmas corporales. Así distinguió, en las formas de los cráneos, dolicocéfalos y braquicéfalos, además de mandíbulas prominentes, frente angulosa y estrecha, nariz aguileña similar al pico de las aves de rapiña, cejas excesivamente pobladas, protuberancia en la parte superior de la oreja, grandes dientes caninos, paladar plano como en los roedores, arrugas precoces, insensibilidad al castigo, ausencia de vergüenza y remordimiento. Y algunos comportamientos

específicos, como hablar en una jerga particular y tatuarse. Otras observaciones refieren al “Individuo que sufre de epilepsia y comete a causa de esta enfermedad un delito”. Generalmente son delitos violentos. Una característica de estos delincuentes es que siempre utilizan armas blancas para cometer delitos violentos, “... por ejemplo para diferenciarlos de un impostor que quiere escudarse en su epilepsia en un delito violento, se debe ver si el cuchillo ingresó varias veces y en un mismo ángulo...”. Ya que es la característica de estos delincuentes si acuchillan lo hacen en el mismo lugar y en el mismo ángulo. El delincuente habitual “Es el que observa un género de vida delictiva al extremo de llegar a constituir un tipo permanente de personalidad criminal”. El delincuente loco “Es aquel en que el delito es la manifestación o revelación de una anomalía mental, de su individualidad psíquica anormal”. En

20 esta clase de delincuentes se considera al alienado, al alcohólico y al histérico (ataca mas a mujeres). El delincuente loco moral, es el estado psicopatológico que impide o perturba la normal valoración de la conducta desde el punto de vista moral, pero dejando subsistente la capacidad cognoscitiva y volitiva. El delincuente nato o atávico, esta determinado a cometer delitos por causas hereditarias. Se basa en que la constitución biológica de ciertas personas les lleva inexorablemente a la delincuencia. El delincuente ocasional, casi siempre normal, aunque de escasa energía volitiva, que delinque por sugestión del ambiente o por motivo pasajero sentimental o externo. Se trata de un delincuente primario, poco o nada peligroso, generalmente exento de defectos psicológicos, pero susceptible de convertirse en habituales. No tiene frenos inhibitorios. Esta clase de delincuentes no puede refrenar sus impulsos, ante la ocasión reacciona por impulso. Puede ser según Lombroso a su vez, pseudocriminal, las circunstancias hacen que cometa el delito o criminaloide, en que el delito prorrumpe tempestuosamente, como un huracán psíquico, anulando la voluntad e impidiendo la sana y normal recepción de los acontecimientos. El delincuente pasional, requiere en todo caso un atento análisis psicológico. El delincuente profesional, “Es el que participa regularmente y como medio normal de vida, en una cultura criminal perfeccionada y dotada de un cuerpo de aptitudes y conocimientos especializados”. Su trabajo tuvo seguidores en todo el mundo. Tenemos el pleno convencimiento de que aún los tiene. Aquel éxito formidable tuvo particularmente adeptos y difusores en la Argentina, los mismos que en 1912 vieron en “El petiso orejudo”, un joven anormal, el exponente genuino y criollo del hombre lombrosiano. Giacobini analiza el caso de Cayetano Santos Godino, quien, en opinión de los peritos que dictaminaron en la causa: “Tiene todos los estigmas de la degeneración,

21 realizando el tipo del criminal nato descripto por Lombroso” (Carlos Alberto Elbert, Manual..., cit., p. 323). Dice Canaletti: “Por lógica, si Lombroso decía que su hombre delincuente era como un animal pero los animales son buenos, su teoría fallaba. ¿Qué hizo? Se dedicó a demostrar que los animales son delincuentes. Citó el caso, entre muchos otros, de la cigüeña que, con su amante, asesina a su pareja” (Ricardo Canaletti, El padre de la criminología, diario “Clarín”, 1999). En un nuevo caso que confirmaría su teoría, al examinar a otro conocido delincuente, Misdea, encontró en su historia un antecedente de epilepsia y se apresuró a establecer una relación causal entre esa enfermedad y la delincuencia. La epilepsia, según su opinión, favorecía la acción de las tendencias primitivas. En otra investigación, concluyó que los hombres geniales tienen síntomas de alteración mental. “Soy esclavo de los hechos” fue la máxima lombrosiana y, de un modo simple, define el positivismo (Elena Larrauri Pijoan, Universidad de Salamanca – Especialización en Criminología–, 1999). Stephen Jay Gould, presidente de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, afirma que Lombroso no escapó a los aires de segregación de su tiempo e identificó el comportamiento criminal como “...la conducta normal de los grupos inferiores”. Algunos jueces y policías, al tomar estas teorías como un verdadero catecismo, tuvieron una justificación para emplear como metodología de investigación la de detener, frente a cualquier delito con autor desconocido, a los sospechosos de siempre, quienes no eran otros que los marginados, habitantes de zonas geográficas específicas –como sostuvieron Shaw y Mackey– o grupos etareos determinados, inmigrantes o individuos pertenecientes a las clases menos influyentes, y se manifestaron en algunos casos mediante una discriminación y un racismo feroces. Lombroso sostenía que los criminales natos inspiraban temor, básicamente no reaccionaban a la rehabilitación, resultaban incorregibles o necesitaban largos tratamientos; su conclusión era que, frente a la mínima falta, se los

22 encerrara por tiempo indeterminado o se los castigara corporalmente y con trabajos forzados. Probablemente, el conflicto mayor de Lombroso fue que debió aceptar que había algunos delitos cometidos por personas normales, sin signos de positivismo. En este caso los consideraba corregibles y estimaba que se los podría perdonar, por más grave que fuese su delito. Relata Canaletti que “...en los momentos de gloria viajó mucho y en una de sus salidas de Italia tuvo un encuentro singular. En Moscú fue invitado, para desagrado del anfitrión, a visitar al gran escritor León Tolstoi, autor de La guerra y la paz. Tolstoi estaba convencido que Lombroso lo consideraría loco y le rehuía la mirada. Al despedirse, el ruso se quedó pensando que el gran error de Lombroso era eludir la cuestión básica de las profundas transformaciones sociales que influían sobre la conducta humana; el italiano, creído que Tolstoi era loco o criminal nato...” (Ricardo Canaletti, El padre..., cit.). Wilson, en su Crime and human nature, demuestra que aun hoy en día existen corrientes neopositivistas, aunque atenuadas, que hablan del

delincuente como un individuo con una constitución física diferente, baja inteligencia y personalidad distinta (agresiva). Continuando con el caso Godino y una vez más volviendo Elbert, encontramos que “el primer informe médico-legal de Godino, fechado en 1913, lo evalúa con parámetros criminológicos que se aproximan a su real situación de alienado, constatando que ‘los hechos denotan una evidente anormalidad, sea del punto de vista criminológico y del punto de vista psiquiátrico, lo que sólo se explica por la analogía que existe entre la delincuencia congénita y la locura moral’ ” (Carlos Alberto Elbert, Manual..., cit.). Cabred y Estévez afirman “...que se halla atacado de alienación mental, que dicha alienación reviste la forma de imbecilidad, que ésta es incurable, que es totalmente irresponsable de sus actos, que presenta numerosas anomalías físicas y psíquicas, que es un impulsivo consciente y extremadamente peligroso para los demás, por lo que debe permanecer indefinidamente asilado en el manicomio en que se encuentra”.

23

-¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz? -Feliz. -¿No siente usted remordimiento de conciencia por los hechos que ha cometido? -No entiendo lo que ustedes me preguntan. -¿No sabe usted lo que es el remordimiento? -No, señor. -¿Siente usted tristeza o pena por la muerte de los niños? -No, señor. -¿Piensa usted que tiene derecho a matar niños. -No soy el único, otros también lo hacen. -¿Por qué mataba usted a los niños? -Porque me gusta. -¿Por qué producía incendios? -Porque me gustaba. -¿Por qué buscaba terrenos baldíos o casas deshabitadas para cometer sus atentados? -Porque así nadie me veía. -¿Por qué huía usted luego de matar a los niños y de producir incendios? -Porque no quería que me agarrara la policía. -¿Con qué objeto iba usted a la casa del niño Giordano la misma noche del día en que lo mató? -Porque sentía deseos de ver al muerto. -¿Con qué objeto le tocó la cabeza al muerto? -Para ver si tenía el clavo. -¿Piensa que será castigado por su delito? -He oído decir que me condenarán a veinte años de cárcel y que si no fuera menor me pegarían un tiro. -¿Se anima a matar a algunos niños idiotas del Hospicio?

24 -Sí, señores. -¿En qué paraje los mataría? -En la quinta del establecimiento, porque así no me verían. -¿Cómo haría para matarlos? -Les pegaría con un palo en la cabeza y lo dejaría al lado del niño para hacer creer que el palo le había caído por casualidad en la cabeza. -¿Adónde le gustaría más a usted vivir? ¿En este asilo o en la cárcel? -En la cárcel. -¿Por qué? -Porque acá están todos locos y yo no soy loco. Pasando, ahora, al examen de la voluntad, debemos estudiar los actos de Godino con relación a su propia conciencia, a su inteligencia, a su afectividad, ya su poder inhibitorio, estableciendo, mediante este análisis, el carácter y el móvil de ellos La conducta do este sujeto, antes y después de su internaron en el Hospicio de las Mercedes, muestra que su voluntad se caracteriza por la energía, y que tiene, además, conocimiento de sus determinaciones. En esos actos se ve a la voluntad recorrer las etapas do la deliberación, y de la decisión, antes de llegar a la tercera o sea, a la de ejecución. Así se ha observado que, tanto en sus tentativas do homicidio como en los hechos consumados, ha estudiado, previamente... ... para estrangular, llevaba, siempre preparado un fuerte cordón; que ha preparado una serie de cautelosas medidas, caramelos a los niños, elección de terrenos baldíos, y de casa deshabitada, etc.- tendientes a asegurar la mejor realización de sus actos...En la ejecución de los incendios se nota el mismo propósito deliberado, e igual resolución de evitar la acción de la justicia. Sus determinaciones son enteramente propias; no hay sugestión extraña ni tiene cómplices. Detrás del impulso homicida e incendiario, no existe embriaguez alcohólica, ni epilepsia, ni idea delirante ni alucinación o ilusión, ni propósito alguno interesado de sus sentidos Los actos son producidos por una tendencia

25 anómala, destructiva y sanguinaria, de su personalidad inferior, y en su realización encuentra placer. En la ausencia de sentimientos de piedad, de sensibilidad moral, o de sentido ético, lo que explica el mecanismo de sus impulsos, pues debido a e11o, cuando surge el deseo de matar y de incendiar, no aparecen en su conciencia tendencias antagónicas; y, por eso no se produce la interferencia inhibitoria o suspensión del acto. Falta, asi, la función frenadora de los instintos.” (Informe de los doctores Cabred y Estévez sobre Cayetano Santos Godino).

Los forenses Negri y Lucero se refieren a “...la extrema limitación de la inteligencia y de todas las condiciones de la personalidad sentimental y racional... es un alienado mental o insano o demente en las aceptaciones legales, que es un degenerado hereditario, imbécil, que sufre locura moral, por definición muy peligrosa, que es irresponsable”. El perito Víctor Mercante agrega: “...priman en él los instintos primarios de la vida animal, siendo un tipo agresivo sin sentimientos de inhibición, lo que explica su inadaptabilidad a la disciplina didáctica. Que ofrece desde el punto de vista físico estigmas degenerativos característicos del tipo animal, que sus estados de conciencia contienen normalmente todos los elementos, menos uno fundamental que lo desequilibra, el afecto, que es algo así como el timón de la conducta...”. El profesor Ernesto Nelson opina: “Se está en presencia de un caso de degeneración agravada por el abandono social”. Según explican los doctores Antonio Horacio Bruno y Guillermo José Tórtora, en su trabajo Las psicopatías. Su revisión conceptual..., el dictamen de Nelson “...sostiene la responsabilidad del procesado porque su examen no permite clasificarlo de imbécil. Al no ser considerado este concepto con demasiada amplitud, porque no es un demente y lejos de ser un abúlico es un tipo voluntario en quien se observan todos los fenómenos de la voluntad bien caracterizados. Porque los detalles que constan en el proceso y la forma de realizar los delitos acusan numerosos estados de

26 conciencia clarísimos, su percepción nítida, su memoria excelente, siendo la única falla la inexistencia de afectividad”. El juez de Instrucción, frente a los dictámenes periciales, declaró inimputable a Godino y ordenó su internación transitoria en un manicomio. En noviembre de 1914, el juez de Sentencia, doctor Ramos Mejía, lo absolvió por inimputabilidad. “Fallo: declarar irresponsable al menor Cayetano Santos Godino, por los hechos que originaron la instrucción del presente sumario, por habérsele encontrado en estado de alienación mental, según la opinión uniforme de los peritos. Siendo peligroso en grado extremo, mantenerlo en el Hospicio de Las Mercedes, pabellón Lucio Meléndez. Queda a la orden del señor juez en lo Civil de turno”. “El tipo repugnante del criminal refinado y precoz cuyos crímenes horrorizaron a la opinión tiempo atrás acaba de ser absuelto por la justicia del crimen. Cierto es que el fallo absolutorio se atenúa con la internación prolongada del sujeto en una casa de salud. Pero aún así, la justicia pública se manifiesta en notoria y generalizada discrepancia con la sentencia del juez Ramos Mejía. La bestia que hizo presa de sus instintos a inocentes criaturas; cuyo relato cínico y brutal de fechorías espantaba a los más avezados investigadores policiales; que llevó a los hogares una nota de angustiosa zozobra y que obligó a los diarios a simplificar sus informaciones para no herir con su crónica el sentimiento popular, mortificado por el horror de su obra, el ‘niño’ que si carecía de facultades deliberantes para medir su acción y responsabilidad, las tenía sobradas para borrar los rastros del delito que condujeran a su descubrimiento, que elegía sus victimas en seres incapacitaos para la defensa; que rodeaba sus actos de lujuriosa perversidad; que agotó, en fin, los recursos de su inteligencia rudimentaria para escudar la persecución y repetir aquéllos, ese pequeño monstruo por su edad, pero grande por la clase y magnitud de los excesos que cometiera, ha sido perdonado por la ley. El informe médico-legal favorece la causa del pequeño pero temible homicida, en estos antecedentes se ha fundado la absolución, Como se ve, la ciencia y el derecho ofrecen puertas demasiado anchas, por las que se escapa la sanción social, Pero se nos ocurre que la pena

27 no es sólo para castigo, sino para atemorizar a los que se sienten inclinados al mal, La justicia criminal tiene una doble misión: castiga y previene, En este caso, ni castiga ni previene, La simple reclusión por tiempo indeterminado no es pena para el sujeto infecundo y pernicioso que aloja en un hospicio, en cambio enseña que su rigor suele ser tan benevolente que aún los engendros mayores del delito pueden ser eximidos del castigo y tolerados sin violencia en los institutos oficiales de evolución psíquica, de donde se puede regresar con presteza a la libertad y a la redención moral. No es buen ejemplo ni es un detalle propiciatorio del temor, más que el del respeto que la ley criminal debe merecer a los presuntos sujetos de su estudio y aplicación, El delincuente no respeta, teme. Por eso ha violentado al público sentir la sentencia liberatoria, donde mas que los preceptos humanos de la justicia parecería aplicada la máxima cristiana; ‘Perdonalos que no saben lo que hacen’. La Razón, noviembre de 1915”. (Moreno, Maria; “El Petiso...Cit). El fiscal solicitó que el proceso se elevara a plenario, por no estar de acuerdo con el sobreseimiento definitivo, apelando la resolución. El asunto se ventiló en segunda instancia, ante la Cámara del Crimen, donde el fiscal actuante, doctor Bunge, presentó un voluminoso escrito, sosteniendo como tesis, absolutamente lombrosiana, la calificación para Godino, conforme a las ideas más modernas de la ciencia criminológica, de “loco moral”. En aquel exordio explicaba que “no eran locos o dementes en el sentido estricto del término”; sustentaba su presentación en el hecho de que Godino comprendía y explicaba de modo pormenorizado los hechos en que participara. En consecuencia, correspondía su internación en el tipo de institutos de los que diseñaron Ferri y Garofalo (a quienes citó profusamente) –dice Elbert– a fin de que recibiese el tratamiento personalizado que necesitaba, por el tiempo que fuese preciso. La meta sería “curarlo” y restituirlo a la sociedad, y lo expresó así: “el delincuente más o menos psicopatológico puede ser recluido en un establecimiento carcelario donde se le inculquen hábitos morales y sociales. Declararlo insano por no existir el establecimiento que requiere su tratamiento de degenerado antisocial es una injusticia o un error científico. Tengo fe en los

28 efectos de la pena y que antes que cumpla la condena se habrán implementado cárceles especiales” (Carlos Alberto Elbert, Manual..., cit.). El fiscal admitía, en suma, que en la Argentina esos institutos de corrección no existían, pero que por razones de defensa social era más seguro encerrarlo, por tiempo indeterminado, en un establecimiento penal lejano donde empezara su tratamiento, hasta que se lo pudiera realizar plenamente en un establecimiento especial, cuando se crease. La defensa, en cambio, solicitaba la absolución declarando que el imputado “...es un imbécil totalmente irresponsable, revistiendo su alienación mental la forma de locura moral con el agravante de sadismo y siendo, además, un degenerado congénito a quien le corresponde el hospicio y no la cárcel”. La posición del Ministerio Público negaba rotundamente la inimputabilidad de Godino, su minoría de edad y la posibilidad de que recibiese un tratamiento médico-psiquiátrico. Se lo apartaría de sus seres queridos, en contraposición a lo resuelto por el magistrado en primera instancia. Fue alojado en la entonces Penitenciaría Nacional, ubicada en la Avenida Las Heras y con este nombre conocida. La hipótesis quedaba centrada en un tratamiento planteado, que concluiría con la curación del reo en un tiempo imprevisible, implicando, a decir verdad, el final de sus lazos familiares, alejándolo a un lugar remoto, fuera de la ciudad de Buenos Aires, que vería en las noches el fantasma Godino. La mediatización del caso ¿habrá tenido alguna influencia? La prensa ya era motivo de preocupación para los funcionarios y se calmaría, al saber lejos a Godino; al igual que la opinión pública, que se había compenetrado en el caso; unos y otros identificaban a Godino como un monstruo altamente peligroso. Se confirma, en este fallo, que quien tiene la capacidad de comprender no es loco; Elbert agrega “...con base en una psiquiatría criminal alienista, que no tomaba en cuenta que la voluntad debe ser libre, para internalizar y elegir, como capacidad de dirigir las acciones, o sea, que la capacidad de hablar y comprender nada tiene que ver con la estabilidad psíquica. Así lo empezaba a demostrar en esos momentos la naciente psicología, de la mano de un médico llamado Sigmund Freud (1856-1939), quien transformó los criterios dominantes

29 del alienismo patológico con sus investigaciones, dando lugar al nacimiento de una nueva rama científica: la psicología. Cabe reiterar aquí que, para los positivistas, el libre albedrío era, de todos modos, un mito jurídico absurdo, entendiendo el comportamiento humano como resultado de una serie de mecanicismos y fatalismos hereditarios” (Carlos Alberto Elbert, Manual..., cit.). Veamos el análisis que efectúa la justicia del cuerpo del delito, esto es, la materialidad de los hechos, donde resultara imputado Godino:

“a) el 16 de enero de 1907, a los ocho años de edad, produjo un incendio en el corralón de maderas que los señores Maza y Oyearzabal poseían en la calle Corrientes 2777 esquina Pueyrredón; b) el 7 o 9 de septiembre de 1908 tomó al menor S. G., de veintidós meses de edad, que estaba en las inmediaciones de las calles Boedo y Maza, y lo arrojó a un bañadero de animales existente en un terreno sito en Victoria esquina Muñiz, con intención de ahogarlo, pero fue sorprendido en circunstancias en que lo empujaba con una tabla, y la víctima fue salvada; c) a los pocos días, en la puerta de la casa Colombres 632, le quemó los párpados con un cigarrillo al menor J. B., de dos años y medio de edad; d) el 25 de enero de 1912 llevó por medio de engaños a la casa de Pavón 1541, que estaba desalquilada, al menor A. L. de doce años de edad, y como éste se negara a entrar y gritara lo obligó a empellones, lo llevó hasta el fondo tapándole la boca con un pañuelo, lo estranguló envolviéndole el cuello con un piolín, lo desnudó y lo dejó después de golpearlo con una varita de higuera arrancada de un árbol de la misma casa; e) el 7 de mayo siguiente como a las cinco de la tarde, le prendió fuego a las ropas de la menor R. B. V. de cinco años y medio de edad, en circunstancias en que ésta estaba mirando la vereda del almacén Entre Ríos 522, la cual falleció a consecuencia de las quemaduras; f) el 16 de junio del mismo año, intentó incendiar el corralón de materiales de construcción Garay 3129, derramando sobre el mostrador una botella de nafta y prendiéndola, pero fue sorprendido y obligado a extinguir el fuego; g) el 8 de noviembre del mismo año llevó al menor R. C. R., de dos años y medio de edad, a un alfalfar existente en la manzana comprendida entre las calles Pavón,

30 Avenida La Plata, Tarija y Quintino Bocayuva, le ató las piernas con una cinta y le ligó el cuello con un piolín, pero como fue visto por un peón lo desató, e hizo creer que lo había encontrado en ese estado y salvado; h) el 16 del mismo mes llevó a la menor C. G. de dos años y medio de edad, de la puerta de su domicilio, General Urquiza 1664, a un terreno baldío cercano, la golpeó y cuando se disponía a matarla fue visto por un vigilante a quien le hizo creer que estaba perdida; i) el 19 del mismo produjo un incendio en la estación Vail de la Compañía de Tranways Anglo-Argentina, Carlos Calvo 3235, aplicándole un fósforo a unas escobas y otros materiales de limpieza, fuego que fue sofocado por los empleados; j) tres días después tomó a la menor C. N. en la esquina de Muñiz y Constitución, y la llevó por la calle Directorio hacia el oeste con intención de darle muerte en un terreno baldío, pero como la víctima se negara a continuar, y se refugiara en la casa Directorio 78, la golpeó hasta que fue socorrida por uno de los habitantes de la casa; k) el 21 del mismo mes, en el interior del corralón de materiales de construcción Carlos Calvo 2950 le aplicó un fósforo a uno de los cajones que contenían azulejos, pero el fuego fue sofocado por los operarios de la casa; l) pocos días después penetró al corralón de maderas Colombres 724 e Independencia 3678, y les prendió fuego a unos materiales que existían en una casa cerca del portón, siendo extinguido el fuego por los mismos empleados; m) y finalmente, el 3 de diciembre de 1912 por la mañana, llevó con engaños al menor J. G., de tres años de edad, a los terrenos de la antigua quinta de Moreno, calles Brasil, Rondeau, Catamarca y Deán Funes, penetrando por la última calle nombrada frente a la de 15 de Noviembre de 1989, lo llevó hacia un codo que hace el cerco de pared y lo estranguló ligándole el cuello con un piolín; como pretendiera levantarse le ató los pies y lo golpeó; pero como a pesar de todo lo creyera con vida se puso a buscar un clavo por las inmediaciones para clavárselo en la cabeza, en cuya busca salió a la calle, encontró al padre que le preguntó por la víctima y a quien le dijo que no había visto, y volviendo con el clavo se lo introdujo en la cabeza golpeándolo con una piedra, lo que contempló un rato y se retiró (del proceso seguido de

31 oficio contra Cayetano Santos Godino alias ‘Petiso Orejudo’, de dieciséis años de edad, soltero sin profesión ni ocupación, analfabeto, aunque sabe firmar...)”. La Cámara de Apelaciones compartió el criterio del fiscal, el 12 de noviembre de 1915, y sentenció: “Por el mérito que ofrece el acuerdo que precede, se revoca la sentencia apelada condenándose al procesado a sufrir la pena de penitenciario por tiempo indeterminado”.

Se obvió la condena de muerte por su minoría de edad. Godino, que había mantenido muy buena conducta en la Cárcel de Las Heras, fue trasladado a la Cárcel de Ushuaia para el resto de su vida. Los siguientes datos corresponden a la historia criminológica del Servicio Penitenciario Federal y pertenecen al penado: Celda 90, Cayetano Santos Godino (a) “El petiso oreja” o “El petiso orejudo”, ficha nº 1.619:

Ingresa al Penal de Tierra del Fuego el 28 de marzo de 1923, en cumplimiento de una condena de penitenciaría por tiempo indeterminado que le fuera impuesta en definitiva el 12 de noviembre de 1915, por la excelentísima Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, revocando el fallo absolutorio del señor juez del Crimen, doctor Ramos Mejía, de fecha 31 de octubre de 1914. La pena corre a contar a partir del día 12 de noviembre de 1915, fecha del fallo definitivo. Carátula de la causa. “Cuatro homicidios, siete tentativas de homicidios frustrados por las circunstancias, siete incendios intencionales, algunos de los cuales revistieron carácter grave”. Antecedentes familiares. Ambos padres son de origen italiano. La madre, analfabeta, se dedicaba a quehaceres domésticos. El padre, de oficio albañil, tenía antecedentes de alcoholismo. El núcleo familiar estaba compuesto por un total de nueve hermanos, dos de los cuales fallecieron por antecedentes de cardiopatías; del total, cuatro eran varones y cinco mujeres, de las cuales cuatro

32 eran analfabetas... proviene de un hogar legítimo, completo, de padres humildes, honestos con situación económica difícil y todos obreros. Antecedentes personales. Nacido en Capital Federal, el 1 de noviembre de 1895. Concurrió a escuelas particulares en forma irregular desde los siete a los diez años, presentando su inclusión en ellas las características de ser rabonero, retirarse de la escuela sin permiso en las horas de recreo, siendo finalmente expulsado. Desde 1908, es internado por sus padres en la Colonia Marcos Paz de menores donde aprende a leer, escribir y contar en forma rudimentaria. Se fuga varias veces de la institución hasta que en 1911 es retirado, con autorización judicial para iniciar actividades laborales. Trabaja en una fábrica de alambres por tres meses. Luego por un breve tiempo en una fábrica de tejidos. Llegando así al año 1912, fecha a partir de la cual no trabaja nunca más. Se lo define como: rebelde, incorregible, proclive al vagabundeo, inadaptable a la vida del hogar, al que regresaba en horas de la noche para dormir y evitar el castigo. No tiene ninguna actividad político-social, no leía. Indiferencia religiosa. Vinculaciones con gente de su misma condición, es decir callejera, incorregible, sin hábitos de trabajo ni de estudio. Examen físico. Buen estado de salud, con regular estado de nutrición, siendo el dato semiológico más significativo la presencia de orejas aladas. Examen psiquiátrico. Actitud: humilde. De fisonomía: estúpida. Atención: disminuida. Percepción: disminuida. Memoria: conservada, excelente para recordar fechas y lugares. Asociación de ideas: enlentecido. Imaginación: pobre. Juicio: por momentos ilógico, en general ligereza, irreflexión. Afectividad: inafectivo, indiferente, sentimientos morales inexistentes. Voluntad: muy débil. Impulsivo, inadaptado. Inteligencia: deficiente, imbecilidad. Sugestionabilidad y automatismo. Picardía. Sexualidad: pederasta pasivo. Escolaridad. Declara haber concurrido durante dos años consecutivos, desde los siete años, al primer grado de escuela primaria. Desde 1808 hasta 1911, aprende a leer y escribir algunas palabras y a contar hasta trescientos, en la Colonia de Marcos Paz. En la Penitenciaría Nacional aprende a partir de 1915 a leer, escribir, sumar y multiplicar.

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El resumen semiológico del médico de la cárcel lo define como “...un amoral, inafectivo, impulsivo, inadaptable e incorregible; siendo por lo tanto muy peligroso...”. Respecto de la vida de Godino en Ushuaia, el licenciado Vairo escribe: “Basándonos en un expediente facilitado por el Museo Penitenciario, se pueden encontrar algunos detalles de la vida de Godino en la cárcel. Son informes realizados en 1935, en ocasión de la primera solicitud de libertad condicional y en 1938 cuando se presenta un nuevo pedido en el mismo sentido. Luego de una breve estadía en la Penitencia Nacional, fue trasladado a la cárcel de Tierra del Fuego, donde transcurrió el resto de su condena sin plazo. Allí su conducta fue mejorando gradualmente hasta llegar a ejemplar (1938). Igualmente recibió en forma aislada, y con intervalos que se prolongaban por más de un año, varias sanciones disciplinarias por faltas que no revestían gravedad. Poco a poco se fueron aquietando sus violentas explosiones de carácter, manteniéndose dócil y disciplinado, pero peligroso por su condición de sugestionable y su automatismo. Su paso por la escuela no surtió ningún efecto siendo su instrucción casi nula, ya que consiguió aprender a leer y escribir en forma muy irregular, lo cual le permitía mantener correspondencia con su familia, de la que a partir de fines de 1933, dejó de tener noticias. En cuanto a su actividad laboral, carecía de oficio pero se desempeñaba como peón en el taller de corte de astillas y en tareas muy livianas por indicación médica. Era voluntarioso pero descuidado. En el examen médico no se hace notar nada digno de mención, considerando la aptitud física para el trabajo como buena”. (Carlos Pedro Vairo, El presidio de Ushuaia, p. 141). El día el 4 de noviembre de 1927 fue sometido a una operación donde mediante cirugía plástica re fueron recortadas sus "orejas aladas" dado que el criterio fue que en ellas radicaba su maldad e instinto criminal. Al cumplir veintitrés años de prisión se solicita su libertad condicional, la cual es rechazada, de acuerdo con el dictamen médico elevado oportunamente. El informe realizado el 20 de agosto de 1936 evalúa la conducta del recluso,

34 manifestando “...que su anómala personalidad incapaz de una mejor adaptación se ha puesto en evidencia en los distintos establecimientos donde estuviera recluido... que dada su peligrosidad debe permanecer indefinidamente en el Penal donde se aloja, 21 de septiembre de 1936”. Allá en el sur, ya a los cuarenta y ocho años, Cayetano Santos Godino se aproximó al final de su historia. Su familia había retornado a Italia. Murió el 15 de noviembre de 1944 cerca de la clausura del establecimiento, en un accidente que parece haber sido una perforación intestinal, por ataque de sus compañeros de cárcel, hecho que habría sido volcado al expediente, como “hemorragia interna por proceso ulceroso gastroduodenal”. Había pasado encerrado más de las dos terceras partes de su vida, a la espera de una curación o resocialización milagrosa que nunca llegaría. “Cuando se removió el cementerio de Ushuaia se buscaron sus huesos. No estaban. Dice el guardia del cementerio que en el momento en que cerraron el penal la señora del gobernador tenía un fémur del El Petiso Orejudo. De Cayetano Santos Godino no queda ni el polvo de sus huesos". (Moreno, Maria; “El Petiso...Cit). Concluye Elbert: “El caso Godino es una documentación clara tanto de la aplicación de los principios positivistas, en particularidad lo referente a la peligrosidad y a la defensa social, como de las incongruencias político-criminales a que esos principios conducían. Es curioso que, recurrentemente, el caso es reflotado por diarios y revistas, y reproducido de manera escabrosa, para reafirmar el estereotipo del criminal nato, monstruoso y deforme. En este sentido, Godino sigue siendo el más perfecto paradigma de criminalidad perversa” (Carlos Alberto Elbert, Manual..., cit.). ¿Cómo se entendía la criminalidad perversa? Nerio Rojas, perito médico forense, contemporáneo a Godino, la definía diciendo: “La anormalidad de que padecen los lleva preferentemente a la delincuencia. Los caracteres psíquicos de dicho estado han sido resumidos con toda precisión por Régis en estas cuatro palabras significativas: amoralidad, inafectividad, impulsividad e

inadaptabilidad” (Nerio Rojas, Medicina legal...Cit).

35 Muchos autores han insistido sobre este carácter típico: la dificultad de adaptación por tendencias antisociales. Esta condición comporta lo que Ernesto Dupré ha llamado la odisea de los perversos a través de su vida, que suele ser un rosario de conflictos cuyo epílogo es la delincuencia. “En todos los medios donde él permanece –ha dicho Dupré–, el perverso es un flagelo; flagelo de familia, de escuela, de taller, de regimiento, de asilo, etc., pues él se convierte en todas partes en un agente de corrupción, de indisciplina, de rebelión y de activo contagio del vicio. La odisea de los perversos presenta ciertas particularidades relativas a la edad, al sexo y a la situación social de los sujetos. Los niños perversos son los agentes activos y precoces en la criminalidad juvenil, y muchos de entre ellos, antes de ser moralmente abandonados, estaban ya de por sí mismos moralmente perdidos y condenados. Las mujeres perversas alimentan, en gran parte, los cuadros de la prostitución, a la cual están predestinadas por su pereza, su moralidad, su sensualidad, su impudicia, su tendencia a la bebida, al vagabundaje, a la vida irregular y a la frecuentación de sujetos perversos, viciosos y cínicos como ellas... Las prostitutas por temperamento difieren desde este punto de vista de las prostitutas de ocasión, que las circunstancias han reducido a este género de vida, y representan una variedad especial de perversidad femenina, que Giuseppe Lombroso había asimilado a la criminalidad nativa, en el hombre”. Y termina con estas palabras pesimistas: “La característica de tales existencias es la irreductibilidad de las tendencias perversas que se traduce por el recidivismo incesante de la falta, la imposibilidad de la enmienda del culpable; en resumen, la incorregibilidad de los perversos”. Como noción capital previa, es preciso tener presente que existen dos tipos de perversos: el inteligente bien dotado y el deficitario psíquico; aquél es mucho más astuto y peligroso que éste, porque disimula su perversidad con una aparente amabilidad, complacencia y simpatía, que engañan a quien no conozca su auténtica personalidad.

36 La otra idea importante es que la perversidad no se instala súbitamente en un momento dado de la vida (criterio que ha hecho aceptar a distintos autores una forma adquirida), sino que viene desde la infancia. Más o menos evidente, pero siempre comprobable cuando se estudia minuciosamente la biografía del individuo, la personalidad perversa se perfila con nitidez en los terrenos familiar, escolar, social y laboral. Son los niños destructores, incendiarios, agresivos, mentirosos o simuladores; que someten a toda clase de malos tratos (inclusive violaciones) a sus hermanos, compañeros de juego o de colegio; que hostigan cruelmente y se complacen en dar muerte, de modo lento y refinado, a animales domésticos; que destruyen o incendian elementos integrantes de la casa que habitan. Más tarde, son tiránicos en el trabajo, particularmente si ocupan puestos directivos aun de escaso significado: son amigos de los anónimos y de la detracción, y en el orden gregario ostentan características de máxima asocialidad. Estos elementos se marcan con nitidez al llegar a la pubertad, especialmente en el terreno sexual. Regis ha sintetizado las características de esta personalidad con la siguiente tétrada: amoralidad, inafectividad, inadaptabilidad e impulsividad. Lafón prefiere hablar de “conducta perversa” y no de perversión, porque así no prejuzga sobre la etiología, y considera que se caracteriza por: a) renuncia a un esfuerzo sostenido y ordenado de vida social, en cualquiera de sus aspectos (escolar, laboral, militar, familiar, etc.); b) inclinación hacia una vida fácil; c) inestabilidad; d) inadaptación social, y e) tendencia a las fugas y a la vagancia. Bonnet define la perversidad expresando que “...es siempre congénita y se manifiesta desde los primeros años de la vida y en todos los órdenes de la misma, pero el perverso lesiona más a la persona, que a sus sentimientos. El perverso puede ser de nivel mental alto, mediano o nulo. Cuánto más alto, más hábil será para desdibujar su verdadera personalidad y para escapar a la justicia. Hiere, lesiona en lo físico a las personas, prolongando su acción sobre elementos muebles o inmuebles, pertenecientes a ellos. Es, por lo tanto, agresivo, cruel, homicida, incendiario, violador, destructivo y cobarde. El mal que

37 produce es indiscriminado; todo es bueno para la descarga de su perversidad. A menudo, el daño es requisito indispensable previo para la satisfacción de su instinto sexual” (Emilio Federico P. Bonnet, Medicina legal, 2ª ed., López Librero Editores, Buenos Aires, 1980). Una visión actual, según Folino en su adaptación del HCR-20, nos indica que en general, cuanto más joven sea la persona en el momento de su primer acto de violencia conocido, más probabilidades tendrá de cometer actos de violencia en el futuro. El juicio sobre ese tipo de violencias debería contemplar el contexto y la gravedad. En general, cuanto más joven sea la persona en el momento de su primer acto de violencia, mayor será la probabilidad de actos de violencia futuros. Folino, Jorge O. "Evaluación de Riesgo de Violencia HCR-20", versión en español adaptada y comentada, La Plata, Interfase Forense, 2003. Para finalizar el caso Godino, el maestro Frías Caballero dice: “La imputabilidad o inimputabilidad de un delincuente concreto no sólo dependerá, así, de cuestiones descriptivas, psiquiátricas o psicológicas, sino, en última, de una proyección valorativa del juez hacia el fundamento: justicia, y el fin: eficacia preventiva de la pena”.

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