I

“Si alguien leyese estos escritos, los censuraría acaso de muy personales, sin advertir que es muy difícil penetrar en los hechos y examinar sus verdaderas causas, sin conocer las personas que los produjeron.” José María Paz, Memorias póstumas

La Negra Larsen me había citado en el instituto a las once en punto. En esa época yo era muy puntual. De hecho, siempre llegaba antes de lo que debía, por lo cual me veía obligado a dar algunas vueltas alrededor del punto de cita, como ejecutando alguna extraña ceremonia personal, el ritual de la timidez y la indecisión. Para colmo, entre intelectuales la puntualidad no es un valor positivo, más bien todo lo contrario. Pero la Negra Larsen estaba metida de lleno en una onda “eficientista” y yo quería quedar bien con ella, como fuera. En todo caso, a las once en punto estaba subiendo las imponentes escalinatas marmóreas (y terriblemente sucias) del edificio de 25 de Mayo, para dirigirme al Instituto de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras. Feudo de Larsen y sus acólitos, entre quienes yo esperaba contarme a la brevedad. Los signos eran favorables para ello, pero mis nervios no hacían caso de ningún presagio y actuaban de manera independiente. Me hizo esperar en una de las antesalas, repleta de bibliotecas con libros húmedos y a la vez polvorientos. Mi elemento, sin duda. Pero no me sentía cómodo en la espera. La secretaria me miraba de soslayo, con cierta sorna, o eso creía yo, desde su precario escritorio. Como la amansadora se prolongaba, me forcé a entablar una conversación superficial con la chica. Los psicólogos más o menos conductistas aconsejan proponerse pequeñas metas, alcanzables, para luego aspirar a más, estimulado por los primeros

de los socialistas —completó. En esa época. Me senté en un sillón desvencijado. alemanes? Se encogió de hombros. y aunque me resultaba un poco humillante. así que me costó menos que de costumbre. Aparte de mi escaso atractivo. mirándome a los ojos.? —.. Le di la espalda y seguí mirando los libros. había sido maestro de la propia Negra. —Me gustó su trabajo —dijo. cuando advertí que la Negra Larsen se había asomado por la puerta de su despacho y me hacía señas para que pasara. quizás el tema no fue el más adecuado. Nos separaba un gran escritorio de venerable madera carcomida por el tiempo y los bichos. Al parecer. —Ajá —murmuró. como crítico. —¿Son nuevos? —pregunté señalando una hilera de libros flamantes. Nos separaban muchas cosas más. un escritor que me gustaba mucho y que.triunfos. La seguí. como una especie de examen de ingreso a su cátedra. estratégicamente más bajo que el de ella. y que contenía una monografía que yo había hecho a su pedido.. La secretaria no era demasiado linda. Estaba por extraer un volumen de la Literatura argentina de Rojas (la edición en cuatro tomos). —¿Españoles. —¿Donación.. necesitaba la ajena . en una de las estanterías. la conversación había terminado. de mala gana. En aquella época yo no podía ser muy objetivo con mi propio trabajo. yo estaba tratando de seguir ese método para mejorar mis relaciones personales. No pude sostener mucho su mirada. No me di por vencido. sin mirarme.. en otras palabras. Algo había que reconocer: no se rodeaba de lujos. desvié la mía hacia la carpeta en la que apoyaba su mano derecha. Ella debía empezar la conversación. Trataba sobre Boris Vera.

Se rió. Sé que es un tema algo aburrido. . en serio? —Pero. ¿La estaba logrando. y le facilitará mucho las cosas. —Lo reconozco —yo sonreí también. Hay un grupo paralelo de estudiantes avanzados. Me gusta respetar la opinión de los demás. quiero decir. —En este primer cuatrimestre no es necesario que dé clases. como contestando a mis dudas—quizás se trasluce demasiado la admiración que usted siente por el objeto de su análisis —sonrió con condescendencia.. como usted. poco comprometedora.. El hecho de conocer tanto a Vera es un punto a su favor. es proverbial. qué le vamos a hacer. o más bien una interjección apagada. Produje un monosílabo. Y la de Larsen era más de lo que yo me atrevía a pedir. Eso cuenta. se nota que usted conoce bien su obra y la bibliografía teórica que empleó. usted llegó último y tiene que pagar un cierto derecho de piso. —Yo necesito que usted se dedique a la generación literaria del cincuenta. para exponerlos en el próximo cuatrimestre. —El interés es mío —dije..aprobación (estuve por poner “bendición”). estoy muy interesada en que trabaje con nosotros. en que se incorpore a nuestra cátedra.. pensé. “Tus poderes de seducción tampoco son despreciables”. la democracia también tiene que llegar a la crítica literaria. el poder de seducción de Vera. —No se preocupe —encendió un cigarrillo y me extendió el paquete: yo no fumaba—.. pero. —siguió. Se calló y me miró como buscando mi opinión al respecto.. que se está dedicando a diversos temas de investigación. Leinad. —Bueno. tanto de su escritura como de su persona. De todos modos. —Sí. los conozco.

digamos. mirando con cierta alarma la extensa lista de libros y autores. pensé. que me creyera un comulgante convencido de su línea teórica y me diera por pagado ese derecho de piso que ella misma había mencionado sin ruborizarse. simulando una especie de resignación que estaba muy lejos de experimentar. ¿me entiende? —Por supuesto. los libros que va a tener que leer son un plomo —continuó—. Casi cometo el error de preguntarle de dónde mierda podía sacar todo ese material. dando por terminada nuestra entrevista. —Un punto de partida —le dije.. .. eventualmente. cuando salí a la calle. y me fui. Vaya preparándolo. Me convenía que ella supusiera lo contrario. Es sólo un “mínimo no imponible”. —Aquí tiene la bibliografía que me gustaría pudiera conocer a la brevedad. “En qué me habré metido”. Se puso de pie. —Eso mismo.. Y daba la casualidad de que a mí me interesaba mucho. No digo que sea obligatoria. Eso estamos buscando. Nos dimos la mano con una suerte de compañerismo viril. usted verá qué puede agregar o sacar.. Me alcanzó un par de papeles. una visión contemporánea. No podía adivinar entonces hasta qué punto era pertinente la pregunta. —Es un tema trillado. La semana que viene nos reunimos y discutimos un plan de trabajo más específico. pero a lo mejor usted encuentra un nuevo punto de vista. Pero no se lo iba a dejar saber así nomás. La generación literaria del cincuenta era casi un tema tabú para la onda posmarxista y antirrealista que la Negra Larsen exhibía sin tapujos.Asentí. ni que tenga que centrarse sólo en ella.

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