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Certificado de Defunción

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05/24/2014

CERTIFICADO DE DEFUNCION

Existen dos momentos trascendentales en el peregrinar de una persona por el mundo. El primero de ellos es el del nacimiento, cuando la autoridad nacional competente emite un acta mediante la cual ese individuo adquiere deberes y derechos como ente social de ese Estado o país. La venida al mundo de un ser humano constituye un motivo de regocijo y entusiasmo para la familia que ve en ese nuevo ser la conjugación y perpetuación de la especie; la sociedad, por otro lado, agrega un nuevo miembro, el que espera se convierta en ciudadano útil y productivo. Sin embargo, desde el punto de vista legal, el evento de mayor significado que puede presentársele a una persona corresponde al de la muerte. Ese doloroso episodio final debe ser constatado oficialmente, muchas veces por un facultativo de la salud, a través de otro documento denominado certificado de defunción. Con el deceso de un ser humano se terminan todos los derechos y deberes legales contraídos en vida por esa persona. Todo aquel que de una forma u otra estuvo relacionado con el muerto sentirá de algún modo los efectos del fallecimiento. El acta o certificado de defunción es un documento legal en el que se registra la muerte de una persona. Definimos junto con la Organización Mundial de la Salud la causa de muerte como la enfermedad, lesión o trauma primario que inicia y luego desencadena una serie de trastornos funcionales y complicaciones, que de una manera secuencial conducen al deceso del paciente o víctima. Ponemos gran énfasis en lo que de enfermedad o trauma básico primario, puesto que, con suma frecuencia, muchos colegas ponen a un lado la entidad clínica o hecho traumático inicial y se envuelven en las complicaciones del enfermo. De ahí que olviden el mal de fondo que arrastró poco a poco al enfermo hasta conducirlo al sepulcro. Llenar un certificado de defunción escribiendo paro cardíaco, edema pulmonar, paro respiratorio, edema cerebral, arritmia cardíaca, u obstrucción intestinal, sin especificar y resaltar la enfermedad de base que generó estos trastornos agonales o intermedios es engañar o burlar los propósitos estadísticos y legales de tan valioso formulario. Igualmente burlesco resulta informar que don fulano o zutano murió a causa de una asistolia. Hasta donde sepamos no se ha reportado de alguien cuyos latidos y movimientos respiratorios no cesen antes de convertirse en cadáver. Es por ello que no aporta información revelante el certificar que perencejo falleció a causa de un paro cardiorrespiratorio. En ese papel se asientan las informaciones que identifican al difunto, digamos edad, sexo, raza, estado civil, residencia, etc. Se incluye en el formulario la fecha, hora y lugar del deceso. Lo primordial en esa acta es documentar la muerte, haciendo figurar la causa y la manera jurídica del desenlace fatal. No hay que olvidar que los datos que sirven de sustento para la elaboración de las estadísticas de salud de un país como son la tasa de mortalidad y las causas principales de muerte, son ex traídas de ese formulario de defunción. (Ver formulario Anexo) La causa básica de muerte se define en Patología Forense como la lesión de naturaleza física, química o biológica, que da inicio a una serie de trastornos fisiológicos que ponen fin a la vida de un individuo. Pongamos el ejemplo de un transeúnte que es impactado por un automóvil, sufriendo serios traumas múltiples. El infortunado es hospitalizado a raíz de los golpes y perece luego de un sinnúmero de complicaciones, entre las que citamos una pulmonía y una embolia pulmonar. Medico legalmente hablando, la causa de la muerte es en ese caso, el trauma severo múltiple debido al impacto del vehículo. Cualquier otro mal que se sobreañada al daño original y que contribuya o

precipite el fallecimiento no se convierte en causa principal o de base. El certificado de defunción contiene un encasillado que se denomina el ABC de la causa de muerte. En la línea C se escribe el nombre de la enfermedad o del acto físico, químico, o biológico responsable de alterar de comienzo el estado de salud del sujeto. Lo que se derive de ese primer detonante dañino se le conoce en medicina con el nombre de mecanismo de muerte. Hemos definido la causa de muerte como la enfermedad primaria básica, trauma físico, o agente químico que da origen a una serie de alteraciones de las funciones vitales del cuerpo directamente conduciendo al fallecimiento. Toca en esta ocasión referirnos a los mecanismos mediante los cuales el detonante mortal genera serias complicaciones orgánicas responsables en última instancia del deceso de la persona. Veamos otro ejemplo común para así entender mejor este asunto. Equis individuo recibe una herida punzo-cortante o puñalada en la parte anterior del lado izquierdo del pecho, exactamente debajo de la tetilla, es decir, en el área del precordio, que es donde se aloja el corazón. Dicha herida sería la causa básica de defunción. Ahora bien, mencionar solamente la estocada fatal no resulta suficiente para una comprensión detallada y científica sobre la cascada de acontecimientos anatómicos y fisiológicos que se derivaron tras la inserción en el cuerpo de la hoja del puñal. Fue necesario penetrar la piel y los tejidos blandos del tórax para luego llegar la cavidad donde se aloja la bomba cardiaca. Lo siguiente sería la perforación del miocardio con la consiguiente salida de sangre desde las aurículas o los ventrículos del corazón. Quizás se laceró también la arteria aorta en su tronco. La profusa y rápida salida de líquido sanguíneo hacia el interior del saco pericárdico impediría que el corazón cumpla con su función de contraerse y de dilatarse provocando lo que en medicina se conoce con el nombre de taponamiento cardíaco. Ello conduciría a una falla aguda del sistema de bombeo de sangre y un colapso circulatorio. Tendríamos de esa forma el siguiente orden de alteraciones: herida punzo-cortante que produjo laceración aórtico-cardiaca, lo que a su vez tuvo como consecuencia una hemorragia interna, seguida de un taponamiento cardíaco, con falla aguda y colapso circulatorio terminal. Como se puede apreciar los médicos de emergencia, conocedores de las consecuencias que se derivan de una puñalada en zona precordial tratan de obtener sangre en lo inmediato, al tiempo que remiten al paciente al quirófano para una cirugía torácica de urgencia con el propósito de suturar las heridas causadas por el arma durante su trayectoria fatal por el interior del organismo, deteniendo así el derrame sanguíneo. Consideremos el caso de una señora de 60 años que padece de osteoporosis, o reducción del contenido de calcio en el tejido óseo lo que se expresa en un aumento de la fragilidad de sus huesos. De repente sufre una fractura de la cadera la cual es operada por lo que la paciente debe permanecer internada por varias semanas. Resultado de su prolongada inamovilidad en cama se le forma un coágulo en las venas de las piernas. Se fragmenta el trombo venoso lo que facilita su traslado a través del torrente sanguíneo hasta los pulmones en donde bloquea las arterias pulmonares provocando una catástrofe clínica denominada trombo embolismo pulmonar agudo fatal. Bajo estas circunstancias tendríamos que la causa básica del fallecimiento lo sería la osteoporosis. Las complicaciones, digamos la fractura, flebotrombosis y el trombo embolismo pulmonar corresponden a los mecanismos o alteraciones mediante las cuales se llegó a la muerte. Ejemplos de mecanismos de muerte son: fallo renal, insuficiencia cardiaca, falla hepática, edema pulmonar, hemorragia interna, shock, derrame pleural, septicemia, edema cerebral y las várices esofágicas, entre otras. En todas ellas hay un común denominador, ninguna constituye una enfermedad de base o primaria, en tanto que cada una representa una complicación de una causa básica específica.

Un paro cardíaco, una arritmia del corazón, una falla renal, un paro respiratorio, constituyen mecanismos pero jamás deben ser considerados causa de muerte. Lo importante es poder establecer siempre el desencadenante básico que ha originado la serie de disturbios fisiológicos que han conducido al deceso. Conociendo la causa básica de la muerte se establecen programas preventivos de salud, en tanto que sabiendo de las complicaciones o mecanismos de muerte se evita el agravamiento de la enfermedad o trauma una vez estos se han producido. Como se ve, no es lo mismo causa básica que mecanismos de muerte; estos últimos se señalan como alteraciones anatómicas y fisiológicas que resultan como un efecto directo del trastorno de base. Alguien con agudo razonamiento reflexivo ha postulado que existen variedades en la forma en que se nace y sin embargo se describen las mil modalidades de abandonar el mundo de los vivos. De su parte, Joan Manuel Serrat asegura que “Sabe el hombre donde nace mas no donde va a morir”. Desde el punto de vista judicial se mencionan dos grandes categorías en los fallecimientos de las personas. Una de ellas es la denominada muerte natural, la cual comprende todos los decesos que son el resultado una o varias enfermedades en cuyo origen no ha intervenido de por sí la mano del hombre. La otra categoría corresponde a las muertes violentas. Dentro del ámbito de la violencia mortal tenemos los siguientes capítulos: homicidio, suicidio y accidente. Como podrá notarse uno se plantea el cuestionamiento del modo jurídico de muerte una vez se ha establecido con solidez científica irrefutable la causa básica de defunción. Esta última la hemos definido como la enfermedad, proceso mórbido o fenómeno traumático que dio inicio a una serie encadenada de trastornos fisiológicos que condujeron a un desenlace fatal irreversible. Con raras excepciones, durante el peritaje medicolegal y como principio metodológico, uno no debe formularse establecer el modo judicial sin haber previamente determinado, fuera de toda duda médica razonable, el detonante que apagó la vida. Nótese la importancia de mantener un estricto orden metodológico durante la investigación medicolegal de un fallecimiento. Lo primero sería tratar de identificar la víctima. Si no sabemos de quien se trata el muerto entonces se dificultará el recabar información, a través de familiares y relacionados, acerca del domicilio, trabajo, o las actividades que el o la occisa realizaba al momento de suceder el episodio fatal. De igual manera nos ayudará la identidad en aproximarnos a la última vez que testigos confiables vieron en vida al fenecido. Dicha información conjuntamente con las alteraciones post-mortem que presente el cadáver nos auxiliarán en las pesquisas sobre la fecha y hora de la muerte. Tan pronto la autopsia nos arroje los resultados sobre los daños orgánicos responsables de la despiadada cascada que interrumpió de manera permanente el funcionamiento cerebral, es decir, sabida la causa básica de defunción, estaremos en condición de analizar y sacar conclusiones lógicas sobre las circunstancias que rodearon el acto fatal. La ausencia orgánica de daño traumático, químico tipo tóxico o veneno, así como de toxinas bacterianas producto del bio-terrorismo, nos colocan ante una probable manera de muerte natural. La presencia de trauma pre-mortem severo en un órgano noble como lo es el corazón, pulmones, riñones, hígado, vasos sanguíneos de gran calibre y cerebro en especial, alteración que la experiencia médica nos indique su incompatibilidad con la vida, asegura que el caso en cuestión se trata de un fallecimiento violento. Si se establece que el occiso recibió la lesión de mano de alguien intencionado en aniquilar a su victima, concluiremos la manera de muerte como homicidio.

Si la causa básica es de nuevo violenta, comprobándose que la victima se infligió el daño con el premeditado propósito de ponerle fin a su vida entonces clasificaremos el modo jurídico de muerte como suicidio. Si el percance aconteció sin que el fenecido ni nadie tuvieran la intención de causarle daño, diremos con propiedad que la manera de muerte es accidental. Hay ocasiones en que a pesar de una exhaustiva investigación todavía no se logran atar todos los cabos en un hecho fatal violento. Ante esa situación, es científicamente correcto, calificar el modo judicial de muerte como indeterminada. Este término implica que el caso se mantiene abierto, pendiente de evidencias o informaciones futuras que permitan ubicar de forma definitiva el tipo de muerte violenta de que se trate. Resumiendo diremos que la manera de muerte se refiere a las circunstancias que rodearon el final, o mejor dicho, es el modo jurídico del fallecimiento. En realidad es lo que mas interesa a las autoridades judiciales cuando intervienen en un caso de muerte violenta o sospechosa. Esta puede ser natural o violenta. Se le denomina natural cuando es debida solamente a enfermedad orgánica. La violenta como su nombre lo indica se refiere a la interrupción de la vida por causas no naturales. Reiterando expresaremos que hay tres variedades de muertes violentas las cuales son: 1) Homicidio. Cuando una o varias personas privan de la vida a un individuo. 2) Suicidio. Cuando el occiso se ha privado de la vida intencionalmente. 3) Accidental. Cuando la muerte ha ocurrido como resultado de una acción involuntaria o inadvertida. El certificado de defunción debe ser llenado por el médico que atendió al enfermo en el caso de una muerte natural. Si se trata de una muerte súbita, violenta o sospechosa, entonces ese formulario debe ser llenado por el médico forense o el patólogo que realice la necropsia. Es bueno enfatizar que un documento de la categoría del certificado de defunción no debe ser tratado a la ligera o superficialmente; hay que estar consciente de lo que ese papel significa en términos legales, así como de su importancia vital en lo que se refiere a estadísticas de mortalidad y a salud pública preventiva.

Formulario correspondiente al certificado de defunción que ser llenado por la persona legalmente autorizada para establecer la causa, mecanismos y manera de muerte de la persona.

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