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Plan Sobre Valores

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propuesta para trabajar valores en preescolar
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04/01/2014

PROPUESTA : ENSEÑAR VALORES EN EL AULA

MATERIA: LA FORMACIÓN DE VALORES EN LA ESCUELA PRIMARIA

Profra: Cecilia Sánchez

Alumna: Rosalía García Gutiérrez

Licenciatura en Educación Plan ¨94 cuarto Semestre Grupo B

UNIVERSIDAD PEDAGOGICA NACIONAL UNIDAD 211

Huauchinango Pue. a 30 de junio de 2007

INTRODUCCION
Los problemas a los que nos enfrentaremos en el siglo veintiuno, sea el medio ambiente, las drogas, las pandemias (Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.) o el desarrollo insostenible son problemas que atraviesan todas las fronteras. Muchos de los hoy niños ocuparán una posición real de liderazgo a lo largo de sus vidas en el servicio público, en la sociedad civil y en el sector privado. En este mundo cambiante de nuevos retos, necesitamos más que nunca individuos dedicados y talentosos que participen en el servicio público. Más que nunca, necesitamos gente que escojan servir a la humanidad. Y hacerles conciencia de que la recompensa de trabajar al servicio de la humanidad va más allá de las ganancias materiales; es la recompensa de saber que una persona puede realmente hacer la diferencia. Darles pautas para enfrentar con valentía el mal gobierno, hacerles ver que Valentía no significa falta de miedo, sólo los tontos no tienen miedo; significa hacer las cosas a pesar del miedo. Enfrentar esos miedos, tomar riesgos por lo que creen, sólo así sabrán de lo que son capaces; descubrirán que aunque sus adversarios traten de lastimarlos, nunca podrán doblegarlos. Los valores tienen un rasgo de obligatoriedad y son convicciones duraderas Ocupando un lugar importante en la personalidad y en la estructura cognitiva de las personas. La escala o jerarquía de valores son los que determinan sus pensamientos y conducta y controla, dirige las actitudes, creencias, en las personas moralmente independientes. Esto no podremos lograrlo si antes no los preparamos para la vida pero sobre todo hacerles conciencia de ese servicio a la humanidad mediante los valores porque son tentados por lo que hoy la sociedad ve normal “el hedonismo”. Los valores que creo son medulares en la educación son los que didácticas en los veremos en las 5 unidades y que los podemos ver ya sea valiéndonos de ellos para crear situaciones diferentes campos formativos o mediante talleres que traten especialmente de los valores y se darían 2 veces por semana una hora. Por esto la propuesta de cómo enseñar valores a los niños de preescolar, busca la manera de dar una idea a las instituciones publicas de nuestros días para insertar un área que trate especialmente de ellos. Como profesores debemos tener una meta de enseñar el compartir, la cooperación, el amor, la humildad y el respeto hacia los demás.

OBJETIVO: Tener elementos básicos para la enseñanza en valores para los niños y niñas en el nivel preescolar. Que siempre sea buscar el logro de los valores dentro de una clase. El método es mediante la forma lúdica, los cuentos, videos, a traves de un debate de juicio moral real o abstracto. Aunque sabemos que no hay mejor enseñanza que la que se realiza mediante el juego pero que este juego no sea solo competitivo sino que pueda disfrutarse porque se tenga ganas de jugar o porque haya un desafío. Por esto un juego necesita impulsos, también es cierto que los cuentos tienen eficacia para hacer reflexionar a los alumnos y el debate ayuda a dar solución a distintos problemas y ha hacerlos críticos. Los niños de 5 a 6 años presentan un rápido aprendizaje. Intelectualmente están más maduros y pueden prestar atención por más tiempo, así como seguir el hilo de una narración. La mayoría manifiesta un gran desarrollo del lenguaje y una viva imaginación. Por tanto, este es el momento ideal para fomentar el acercamiento a los libros y a la música ya que los niños de esta edad muestran gran entusiasmo por las historias, las rimas y las adivinanzas etc. A nivel emocional, están volcados a los compañeros de juego del mismo sexo. Empiezan a construir las primeras "pequeñas amistades". También las primeras "enemistades". Les gusta jugar en grupos, pero de vez en cuando necesitan jugar solos. UNIDAD I En esta unidad se pretende que el alumno conozca, interactúe, con sus compañeros y haya una buena integración del grupo para trabajar en armonía. a) FORMACIÓN DE GRUPO -juegos de presentación: - te gustan tus vecinos (juego) -La doble rueda. - cuento de La abeja reina (solidaridad) -relajación - Juego de: pueblo de Xicotepec y su presidente b) Video de Spirit (sobre la libertad de un caballito) -Juegos de conocimiento -Cualidades y defectos propios -Dibujar Mi árbol de cualidades c) DERECHOS DE LOS NIÑOS d) DEBERES DE LOS NIÑOS -Juegos de Afirmación

Se favorecen la mayoría de los campos formativos.

Contenido Desarrollo o de Situación didáctica. valores Formación Se forman dos círculos de niños uno dentro del otro, los que están de en el centro se toman de los grupo

actividades

tiem pos

Recur sos Una grabadora Música

Evalu ación - en la Intera ccion -partic ipacio -dibuj o

Juegos de presentación -la doble brazos y los de fuera con las rueda
manos. Cantamos la canción de me gusta correr, cuanto termine de cantar los del centro dan media vuelta y con el que les toque le van a preguntar como se llama Y a que le gusta jugar. En la siguiente el que esta afuera le pregunta al de dentro. En este juego trataremos de recordar los nombres de nuestros compañeros *te gustan tus vecinos: en círculo cada uno dibujara su casa y en ella estará parado, un niño estará en el centro y preguntara a quien desee ¿te gustan tus vecinos? El responderá si si o no, si la respuesta es no, pregunta por quien los quieres cambiar y el dirá los nombres de otros compañeros, se cambiaran de lugar y el del centro tratara de ganar un lugar. El que se queda dirige.

-15 min. 15 min.

- te gustan tus vecinos - cuento - ¿cuantos personajes son?

Cuento 10 Min. Hojas . Pintura Plastilina

- dibujar a los personajes 30 mas Min. importantes Ya sea con acuarelas, pintura o que los formes con plastilina -Según el 15 cuento: ¿que Min. entendiste por solidaridad? Explicar. En tu casa ¿se vive la solidaridad? ¿Cómo? represéntalo con tus compañeros - y si no se vive ¿como les enseñaremos a vivirla? 30 Min

-Se proceda a contar el cuento de la abeja reina para enseñarles que es la solidaridad o ayuda entre ellos. -Juzgará la importancia de la solidaridad en el trabajo en su grupo.

UNIDAD II Valorar la necesidad de confiar y que le tengan confianza.

Juegos de Confianza -la doble carrera a) cuento sobre la confianza b) aprecio y menosprecio c) DERECHOS HUMANOS - cada pollo con su rollo - dilo con mímica - para lograr la comunicación afectiva y efectiva -patitas de animales (juego de relajación) -pió, pió. (Juego para confiar) UNIDAD III Comprender que el debate mediante el respeto, facilita el intercambio de ideas, que nos ayudaran al trabajo en cooperación. a) cuento de un buey llamado hermoso b) debate sobre lo bueno y lo malo de la actuación del amo del buey. c) juegos de cooperación -limón, limón (juego) -Las sillas cooperativas -trabajo en cooperación y equipo - fila de cumpleaños. (se forman según su mes de nacimiento con mímica) d) cuento de lazarillo - juegos de comunicación -control remoto (tapado de ojos, otro da indicaciones de lejos) -lazarillo llevarlo con los ojos tapados explicándole lo que va observando a su paso. -conocimiento y participación -exposición de fotos UNIDAD IV MORAL En esta unidad se pretende que los niños se conozcan así mismos y aprendan a vivir en fraternidad por esto con los juegos los niños se socializaran con sus pares. a) Antifaz de los valores (un antifaz, escrito en el los valores jugar con un dado) -La cancha de los gustos b) Cuento Arturo y clementina (valoración) -splash (afirmación) - roña cariñosa -dictar dibujos de ideas clementinas y Arturos. -cinta de prejuicios (etiquetar) c) Cuento el lobo maligno (prejuicios) d) Educación sexual. UNIDAD V ECOLOGIA La ballena ecológica y sus amigos

Ecología: Descubre la importancia del medio ambiente y se pretende encontrar caminos para colaborar en la preservación de este. -Videos en donde se perciba el descuido de el agua, el medio ambiente etc. -Láminas o paisajes -Letreros ¿Qué es contaminar el ambiente? ¿Cómo evitar la contaminación? Decálogo del ecólogo 1.- cuidar el agua 2.- separar el vidrio y el papel par reciclarlos 3.- compartir el automóvil 4.- no desperdiciar la luz eléctrica 5.- usar la luz y el calor del sol 6.- usar productos biodegradables 7.- no usar aerosoles contaminantes 8,- usar trasporte colectivo 9.- No usar pieles 10.- plantar árboles. Nota: Para realizar este trabajo recurrí a la información en Derechos humanos y algunos libros como la ballena ecológica, cuentos en Internet.
SOLIDARIDAD La abeja reina Tres hermanos habían partido, cada uno por su lado, en busca de fortuna. Los mayores eran apuestos e inteligentes. El menor, llamado Benjamín, no tan guapo y un poco distraído. Meses después se encontraron. Los grandes se rieron de Benjamín y le comentaron: “Si nosotros, con todo nuestro ingenio no hemos podido salir adelante, ¿cómo quieres hacerlo tú, siendo tan bobo?” Andando, llegaron a un hormiguero. Los mayores quisieron revolverlo para divertirse viendo cómo corrían los asustados insectos. Pero Benjamín intervino: —Déjenlas en paz. No las molesten. Pasos más adelante encontraron un lago con docenas de patos silvestres. Los mayores propusieron apoderarse de un par de ellos para asarlos y comerlos. Pero Benjamín se opuso: —Déjenlos en paz. No los molesten. Por último, en el tronco de un árbol, hallaron una colmena. Producía tanta miel que ésta escurría por las ramas. Los hermanos mayores planeaban encender una hoguera para hacer un espeso humo, expulsar a las abejas y comerse toda la miel. Pero Benjamín salió en su defensa: —Déjenlas en paz. No las molesten. Cansados de caminar sin rumbo, llegaron finalmente a un pequeño pueblo donde, por efecto de un hechizo, todos los animales y los habitantes se habían convertido en figuras de piedra. Entraron al gran palacio. La corte y el rey habían sufrido el encantamiento de otra manera: habían caído en un sueño profundo. Tras recorrer las galerías los tres hermanos llegaron a una habitación donde había un hombrecillo de corta estatura. Al verlos, éste no les dijo nada. Simplemente los tomó del brazo y los condujo a una mesa donde estaban servidos ricos manjares. Cuando terminaron de cenar, sin pronunciar palabra, llevó a cada uno a un confortable dormitorio. Los tres durmieron un sueño reparador, y despertaron llenos de energía al día siguiente. El hombrecillo fue por el hermano mayor y lo llevó a una mesa de piedra para darle de desayunar. Sobre ella estaban escritas las tres pruebas que debía superar para librar al pueblo del encantamiento.

La primera era ésta: en el bosque, bajo el musgo, estaban las mil perlas de la princesa. Había que buscarlas todas antes de que el sol se pusiera y traerlas al palacio. Si no las hallaba, él mismo se convertiría en piedra. El mayor fue pero, a pesar de su esfuerzo, sólo halló cien, y se convirtió en piedra. Al día siguiente, el segundo hermano realizó la prueba, pero sólo halló doscientas y también se convirtió en piedra. Llegó el turno de Benjamín. Éste llegó temprano y se puso a buscar en el musgo. Casi no encontraba ninguna y se sentó en una piedra a llorar de aflicción. Pero por allí andaba el rey del hormiguero que él había salvado. Venía acompañado de cinco mil hormigas para ubicar las perlas. En muy poco tiempo habían encontrado todas y las juntaron en un montón. Cuando volvió al palacio para entregarlas, Benjamín encontró que le esperaba la segunda prueba. La llave de la alcoba de la princesa se había caído al fondo del lago. Era necesario recuperarla. Al llegar a la orilla vio a los patos que había protegido de sus hermanos. Todos se sumergieron bajo el agua y, en cuestión de minutos, uno traía la dorada llave en el pico. La tercera prueba era la más difícil. Entre las tres hijas del rey, que estaban dormidas hacía meses, había que escoger a la menor, que era la más buena. El problema es que eran muy parecidas. Sólo las diferenciaba un detalle. Las dos mayores habían comido un terrón de azúcar, y la menor, una cucharada de miel. “¿Qué haré?” pensó Benjamín muy apurado. Pero entonces, por la ventana entró volando la reina de las abejas y se posó en la boca de la que había comido miel. De este modo, Benjamín reconoció a la más buena. En ese mismo instante se rompió el encantamiento. Los habitantes del palacio despertaron y todas las figuras de piedra recuperaron su forma humana. Benjamín se casó con la princesa más joven y, años después, llegó a ser rey. Sus hermanos, liberados también del hechizo, se casaron con las otras dos hermanas. —Adaptación de La abeja reina de los Hermanos Grima RESPETO Un buey llamado Hermoso En Takkasila, hace muchos siglos, nació un tierno becerro. Fue adquirido por Amir, un hombre rico, que lo llamó Hermoso. Lo atendía adecuadamente y lo alimentaba con lo mejor. Cuando Hermoso se convirtió en un buey grande y potente, pensaba con gratitud: “Mi amo me dio todo. Me gustaría agradecer su ayuda”. Un día le propuso: —Mi señor. Busque a algún ganadero orgulloso de sus animales. Dígale que puedo tirar de cien carros cargados al máximo. Amir aceptó y visitó a un mercader. —Mis bueyes son los más fuertes —comentó éste. —No. El mío puede tirar de cien carros cargados —respondió Amir. Apostaron mil monedas de oro y fijaron un día para la prueba. El mercader amarró cien carros llenos de arena para volverlos más pesados. Cuando comenzó la prueba, Amir se subió al primero. No resistió el deseo de darse importancia ante quienes lo veían. Hizo sonar su látigo y le gritó a Hermoso: —Avanza, animal tonto. Hermoso pensó: “Nunca he hecho nada malo y mi amo me insulta”. Permaneció fijo en el lugar y se resistió a tirar. El mercader rió y pidió el pago de las monedas. Cuando volvieron a casa Hermoso le preguntó a Amir: —¿Por qué estás tan triste? —Perdí mucho dinero por ti. —Me diste con el látigo. Me llamaste tonto. Dime, en toda mi vida ¿rompí algo?, ¿te causé algún perjuicio? —preguntó Hermoso. —No —respondió el amo. —Entonces ¿por qué me ofendiste? La culpa no es mía, sino tuya… Pero como me da pena verte así, acude con el mercader y apuesta de nuevo: que sean dos mil monedas. Eso sí: usa conmigo sólo las palabras que merezco. El mercader aceptó pensando que volvería a ganar. Todo estuvo listo para la nueva prueba. Cuando Hermoso tenía que tirar de los

carros, Amir le tocó la cabeza con una flor de loto y le pidió: —Hermoso, ¿podrías hacerme el favor de jalar estos cien carros? Hermoso obedeció de inmediato y con gran facilidad los desplazó. Incrédulo, el mercader pagó las dos mil monedas de oro. Quienes presenciaron la sorprendente muestra de su fuerza llenaron al buey de mimos y obsequios. Pero más que el dinero, Amir apreció la lección de humildad y respeto que había recibido. —Leyenda de Bután

CUENTOS SOBRE LOS VALORES. Aún en medio de la tormenta y los tiempos difíciles es posible vivir en paz ¿estás dispuesto a lograrlo?

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron, el rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas. La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta. La segunda pintura también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. En todo esto no se revelaba nada pacífico. Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, observó que tras la cascada había un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio de del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido... Sin dudarlo el Rey escogió esta pintura y explicó: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas, exista calma y serenidad dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."

AMISTAD El labrador y el águila
A media tarde, en lo profundo del bosque, iba caminando Martín el labrador. Solía regresar a casa a esa hora, cansado por el trabajo que desarrollaba en un huerto de duraznos jugosos y aromáticos. Siguiendo el atajo que conocía para llegar a su hogar, escuchó un batir de alas cerca del manantial. Se volvió para ver de qué se trataba. Era un enorme águila de cabeza blanca, negro plumaje y pico amarillo. Alguien la había atrapado y la mantenía sujeta de la pata derecha empleando una cadena fija a un árbol. Daba tristeza ver sometido a un animal tan acostumbrado a las alturas. Además, en el bosque estaba prohibido cazar… Con gran decisión, Martín se acercó al árbol. De su mochila sacó algunos instrumentos que usaba para su trabajo y separó la cadena del tronco. Sin embargo, el águila no podía volar, pues el cepo pesaba mucho. Con cuidado y detenimiento (aun con el riesgo de sufrir un picotazo) el labrador se lo quitó y el ave se elevó en el cielo, libre al fin. El labriego siguió su camino. Comenzó a sentirse fatigado y pensó en hacer un alto. Pasos más adelante encontró la barda de piedra situada al borde de la cañada. Decidió subir y sentarse en la cima para reposar mientras disfrutaba la puesta de sol. Una vez allí vio volar bajo al águila que había rescatado. De repente el ave planeó, se le acercó a unos cuantos centímetros y, con el pico, le quitó de la cabeza el sombrero de piel que portaba. Luego voló y voló. —¡Hey! ¡Dame mi sombrero! —gritó Martín. Cuando vio que el águila no regresaba, bajó de la barda y comenzó a correr tras ella. Poco más allá, donde comienza el sendero que lleva al pueblo, el águila simplemente dejó caer el sombrero. Martín lo recuperó entre las ramas de un árbol y pensó “Vaya con este extraño animal. ¿Por qué habrá actuado así?”

Al día siguiente, muy temprano, cuando se dirigía al huerto, Martín notó que la barda de piedra, humedecida por la lluvia de varias semanas, se había venido abajo. El águila le había quitado el sombrero para hacerlo bajar de ella y salvarle la vida. Así recompensaba la amistad de quien la había liberado.
FORTALEZA De los Apeninos a los Andes Marco tenía once años y vivía en Génova, Italia. Su padre trabajaba en una fábrica, pero no ganaba suficiente y sus deudas crecían. Por esa razón, la madre decidió partir a Buenos Aires, Argentina, para emplearse en la casa de una familia pues los sueldos que pagaban allí eran buenos. Pensaba ahorrar alguna suma y luego regresar. Aunque le dio tristeza separarse de los suyos, partió llena de esperanza. Por fortuna encontró un buen trabajo con los señores Mequínez. Cada mes escribía a Génova y les enviaba todas sus ganancias. En una ocasión les mandó una nota diciéndoles que se sentía enferma. Luego sus cartas dejaron de llegar. Ellos le escribieron, pero no tuvieron respuesta. Trataron de averiguar qué ocurría, mas nadie pudo informarles. La única solución era ir a buscarla hasta Buenos Aires. Como ni el padre ni el hijo mayor podían abandonar su trabajo, Marcó se ofreció. —Iré a Buenos Aires. Estoy seguro de hallarla —dijo. Aunque su padre no estaba convencido, le dio permiso. Con escasas prendas de ropa y unas monedas, abordó el barco de un capitán amigo que se dirigía a Argentina. A bordo del navío tenía miedo y tristeza. Se sentía solo, alejado de sus seres queridos y rumbo a un destino extraño. Comenzó a dudar, quizá su madre ya no vivía… El viaje duró 27 días. Al desembarcar se vio en una enorme ciudad llena de nombres raros. Preguntando llegó a la dirección de su madre. Tocó la campanilla y una señorita abrió la puerta. —¿Vive aquí la familia Mequínez? —preguntó Marco. —No, ahora somos otros los inquilinos —respondió ella. —¿Dónde han ido? Mamá trabaja con ellos —inquirió Marco. —Están en Córdoba. La señorita y su padre le explicaron cómo llegar allí, aunque era difícil pues quedaba muy lejos. Le regalaron algunas monedas y le desearon suerte. Muy cansado, Marco abordó una barcaza de vela que transportaba fruta a lo largo de un río enorme y peligroso. A veces pensaba en darse por vencido. Pero sus compañeros de viaje lo animaban: —¡Ánimo! Debes ser valiente y estar orgulloso de tu búsqueda. La barcaza llegó a Rosario. Aún lo esperaba un largo camino por tierra hacia Córdoba. Desesperado, se sentó a llorar en la calle. Entonces, por pura suerte, se encontró a un viejo marinero que conoció en el viaje que lo había traído de Europa. Éste lo presentó con otros camaradas genoveses que vivían allí, y entre todos reunieron el dinero para comprarle un pasaje de tren. En el vagón Marco se sentía mareado y muy débil. Lo asustaba estar tan lejos de Génova. Creía que las fuerzas no le alcanzarían para llegar. Pero una vez más lo logró. En Córdoba buscó la casa de la familia Mequínez, pero en ella le dijeron que se habían ido a su estancia de Tucumán, a 500 leguas de allí. ¿Cómo ir tan lejos? Una buena mujer le informó que al día siguiente un comerciante partiría rumbo a esa zona. Tal vez podría llevarlo consigo en la carreta tirada por dos grandes bueyes. El carretero era un hombre duro, pero Marco lo convenció y así comenzó su nuevo viaje. A cambio de llevarlo le exigían un trabajo agotador: cargar forraje e ir por agua para los animales. No lo trataban muy bien que digamos. La situación se prolongó casi por un mes. No dormía, comía mal y en una ocasión hasta tuvo tantita calentura. En un punto del camino le indicaron que se bajara, pues ellos no llegaban directamente a Tucumán. El pequeño siguió el resto del trayecto a pie. Las plantas le ardían de tanto andar y le parecía muy remota la posibilidad de hallar bien a su mamá. No estaba tan equivocado, pues la señora llevaba varias semanas en cama, enferma y angustiada por encontrarse lejos de su familia. A pesar de que los señores Mequínez la cuidaban con mucho cariño nada parecía animarla y se resistía a la operación necesaria para curarla.

Pero una mañana el pequeño Marco llegó a la casa donde se encontraba, casi descalzo y con su ropa rota. Al verlo, su madre no podía creerlo. Llena de felicidad por estar de nuevo junto a su pequeño, lo abrazó muy fuerte y le dio muchos besos. Admirando su ejemplo de templanza y tenacidad decidió aceptar la operación. Ésta fue todo un éxito. A los pocos días la señora se hallaba restablecida y feliz de tener a su hijo al lado. Marco se inclinó para darle gracias al doctor, pero éste le dijo: —Levántate muchacho. Eres todo un héroe. Tú fuerza la ha salvado y la aventura que viviste te dio el temple necesario para enfrentar la vida y sus desafíos. HONESTIDAD
Ping, el jardinero

Vivió en China, hace unos dos mil años, un niño llamado Ping. Su pasatiempo favorito era el cultivo de las plantas. Gracias a sus cuidados en el jardín de su casa habían crecido cientos de flores hermosas. La gente que pasaba por la calle se detenía a admirarlas y él, a veces, les regalaba un ramillete. El emperador de China también amaba las flores, pues pensaba que expresan las cualidades de quien las cultiva. Como ya era muy viejo, estaba buscando a una persona honesta que pudiera sucederlo en el trono. Se le ocurrió hacer un concurso. Convocó a todos los niños del reino y les informó que recibirían una semilla. El que volviera al cabo de un año con la flor más hermosa heredaría el trono. Al llegar a su casa Ping la plantó en una maceta y la colocó en el mejor lugar del jardín, donde recibía la luz del sol y el rocío de una fuente cercana. Pero la semilla nunca germinó. Transcurrió el año del concurso y cientos de niños se presentaron en el palacio con sus plantas. En la fila destacaba un brillante colorido: rojo, morado, rosa... Ping lloró al ver que su maceta sólo tenía tierra. En el gran patio los niños se formaron para exhibir sus logros. El viejo emperador, que caminaba con dificultad, veía una flor y otra. Apreciaba su textura y matices o inhalaba su perfume sin hacer comentarios. Cuando llegó frente a Ping, éste se asustó mucho, temiendo un regaño. —¿Acaso no plantaste la semilla que te di? —le preguntó el emperador. —La planté y por más cuidado que puse nunca brotó nada de ella — explicó el pequeño. El emperador siguió examinando las flores de los demás niños. Al cabo de un rato informó que había tomado una decisión. —Queridos niños. No comprendo de dónde salieron todas las flores que he visto esta mañana. Las semillas que les entregué estaban hervidas y no podían germinar. Ping es la única persona honesta entre todos ustedes, pues tuvo el valor de traer la maceta sin planta alguna. He decidido heredarle mi reino. Sólo un hombre honrado puede gobernar esta gran nación. HUMILDAD
El don de las perlas Una viuda tenía dos hijas muy bellas. Se parecían mucho pero tenían un carácter muy distinto. Georgina, la mayor, era presumida e interesada. Pasaba días enteros mirándose al espejo y pensando en casarse con un varón apuesto y rico. Eunice, la menor, había heredado la bondad y dulzura de su padre. Georgina y su madre vivían dándole órdenes a Eunice: “Lava bien esa pared”. “Dale de comer a los animales”, “Calienta agua para el baño”. Eunice, siempre vestida con ropa sencilla, obedecía cada una sin quejarse. Mientras tanto, Georgina se probaba costosos trajes

y ensayaba nuevos peinados. Una mañana Eunice fue al pozo cercano en busca de agua. Iba cargando el cántaro lleno cuando una anciana muy pobre y modesta en su aspecto le dirigió la palabra: —Tengo mucho calor y deseo beber un poco de agua. ¿Podrías darme tantita de la que llevas? —Claro, señora. Beba usted la que guste —dijo Eunice. La señora bebió varios tragos y le dijo: —Tu alma es tan bella como tu aspecto. Mereces que cada vez que hables, salgan perlas de tu boca. Eunice volvió a casa. Su madre y su hermana la regañaron por haberse tardado, pero ella les contó lo ocurrido. En cuanto empezó a hablar, de su boca brotaron docenas de perlas brillantes y perfectas. —¡Qué maravilla! —exclamaron a coro Georgina y su madre. De inmediato planearon que ésta fuera por agua para recibir el mismo don. La chica se arregló más que de costumbre. Antes de salir advirtió: —Serán diamantes lo que salga de mi boca. Pasos más adelante halló a la ancianita. Cuando ésta le pidió de beber, Georgina le acercó el cántaro a la boca. La señora, sin querer, derramó un poco sobre el traje de seda de la muchacha. —Mira nada más —exclamó Georgina enfurecida—. Me ha arruinado mi hermoso vestido. Es usted muy torpe. —Y tú eres una soberbia. Hablas tan feo que de tu boca deberían salir sapos, pues eso llevas en el corazón —afirmó la señora. Georgina volvió a casa y narró lo acontecido. Mientras hablaba, de su boca comenzaron a salir sapitos pequeños muy brillantes e inquietísimos. Se puso a llorar. Así pasaron varios días, hasta que ella y su madre pidieron a Eunice que buscara a la anciana para ofrecerle una disculpa. Eunice obedeció. Caminó por cinco jornadas hasta encontrarla. Cuando le explicó el cometido de su viaje y le rogó que levantara el hechizo de su hermana, la señora le explicó: —La soberbia sólo se quita con la modestia. Perdono a tu hermana, si tú renuncias al don de las perlas. —De acuerdo —dijo Eunice. Nunca volvieron a brotar perlas de sus labios. Pero tampoco salieron sapos de la boca de Georgina. La experiencia les sirvió para reconciliarse y vivir con mayor armonía. —Cuento popular de Europa central LIBERTAD Una lección para el gallo Aunque nadie olvidaba sus obligaciones, la vida en el pajar era muy divertida. Vivían en él doce gallinas con sus polluelos, y una pareja de ratones con sus crías. ¡Se la pasaban tan bien! Las gallinas conversaban en voz alta, los polluelos corrían de un lado al otro y los ratones desordenaban los montones de heno. Todos entraban y salían a su gusto. El dueño de la granja era un hombre de buen carácter pero no aguantaba tanto escándalo. Además, siempre se le hacía tarde para levantarse. Para resolver los dos problemas decidió comprar un gallo. Cuando éste llegó al corral todos pensaron que con él podrían divertirse aún más. Pronto se desilusionaron: —No perdamos el tiempo —dijo el gallo. ¡A trabajar! Exigió a las gallinas guardar silencio. Les prohibió a los polluelos salir a jugar y expulsó a los ratones. —¡Déjalos seguir viviendo acá! —pidieron las gallinas. —No. Y yo soy el que manda aquí. El corral se volvió un lugar triste. No se permitían visitas, charlas o juegos. Todos se despertaban de madrugada. El orgulloso gallo salía a eso de las cuatro, se encaramaba en un palo y desde allí cacareaba “Quiquiriquí, quiquiriquí” hasta ponerles las plumas de punta. Poco a poco fue creciendo el disgusto. —Es un tirano —comentaban en voz baja las gallinas. Aprovechando un agujero en la esquina del pajar, se pusieron de acuerdo con los ratones.

Cada quien dio su opinión y tramaron un plan. Una noche, cuando el gallo dormía, uno de los ratones untó con goma el palo donde se subía a cantar. Como todas las madrugadas, el gallo se trepó: “Quiquiriquí, Quiquiriquí”. Pero al querer bajar no pudo mover las patas: las tenía pegadas. Los habitantes del pajar reanudaron su vida de antes. El gallo pasó varios días a la intemperie, pegado a la percha, hasta que una noche les preguntó: —¿Para qué me hicieron esto? —Para que ves lo desagradable que es que alguien te imponga su voluntad — respondieron. Tras pensarlo, el gallo les pidió perdón. Entre todos lo ayudaron a bajar de la percha y desde entonces nadie da órdenes en el pajar: los habitantes (incluyendo al gallo) se ponen de acuerdo para trabajar —y divertirse— juntos. —Fábula popular. PERDON La ballena herida Las islas Orkney se encuentran al norte de Escocia. Son un lugar frío donde casi siempre llueve. La gente anda muy abrigada y vive de la pesca gracias a las especies de sus aguas transparentes. En ellas suele haber grandes ballenas, a las que llaman “selkie”. Los niños las quieren, y les gusta contemplarlas. Pero para los pescadores no resultan tan simpáticas. Uno, en especial, las odiaba porque cada vez que echaba sus redes al agua, las ballenas las rompían sin querer, o mordisqueaban los peces y el hombre no podía aprovecharlos. Durante una temporada la situación se volvió más difícil: no había un solo día en que la red quedara en buenas condiciones. Y tampoco había peces qué llevar al mercado. Furioso, el pescador decidió solucionar al asunto. Una mañana tomó un filoso cuchillo y se subió a su barca vestido sólo con pantalón corto. Entonces vio venir a una ballena. Se puso el cuchillo entre los dientes y se echó al agua. Su juventud y el cuerpo atlético le permitieron nadar hasta el enorme animal. Sin pensarlo más, la hirió. La ballena, adolorida, se movía con gran fuerza. El cuchillo escapó de las manos del pescador, y se hundió hasta el fondo del mar. Al mismo tiempo, la ballena lastimada se alejaba. “Perdí mi cuchillo”, pensó, “pero por lo menos las ballenas dejarán de molestarme.” Al día siguiente llegó a la costa, se embarcó y tendió sus redes. Cuando las sacó del agua estaban intactas, pero vacías. La situación se repitió a lo largo de siete días seguidos, en los que no pudo conseguir un solo pez. Había caído sobre él “la maldición de Selkie”. Sentado en la playa estaba pensando en la difícil situación cuando escuchó que alguien le hablaba por atrás. —Amigo, tal vez puedas ayudarme. Me interesa conseguir pieles de ballena —le dijo un hombre con el rostro envuelto en una bufanda. —Todo lo que sea contra las ballenas me interesa, ¿cuánto me vas a pagar? —Eso ya lo platicaremos. Sólo sígueme. Caminaron hasta un acantilado. Desde la cima el mar se veía en calma. De repente, el desconocido empezó a pronunciar unas extrañas palabras en voz alta: “¡Hey dun dar! ¡Ho dun dar!”. En un momento aparecieron docenas de ballenas. Sorprendido, el pescador trató de retroceder, pero el desconocido, que se había convertido en ballena, dio un coletazo y lo empujó hacia el mar. Ambos se sumergieron en las aguas. Cuando recuperó el conocimiento, el pescador se hallaba en el fondo del mar. El desconocido tenía de nuevo forma humana. Al verlo despertar éste le señaló el cuerpo de un joven, recostado sobre una piedra. Parecía muerto, excepto por el color rojo intenso de una herida en el muslo. —Es mi hijo. Y éste es tu cuchillo —le explicó mientras se lo mostraba. —Me has traído hasta el mundo de las ballenas para vengarte ¿verdad? De seguro piensas matarme con mi propio cuchillo —dijo el pescador. —No, no te traje para eso. Podría vengarme, pero eso en nada nos ayudaría, ni a ti,

ni a mí, ni a mi hijo. Te traje aquí porque sólo la mano que hizo la herida puede curarla. —¿Cómo? —Pon tu palma sobre el muslo de mi hijo y piensa que preferirías no haberlo lastimado. El pescador colocó su mano en el punto exacto de la herida. Ésta comenzó a cerrarse, sin embargo, por el brazo del pescador subía un intenso frío que le llegó hasta el corazón. Se volvió tan fuerte que sintió que pronto terminaría para hundirse para siempre y perdió la conciencia… Lo despertó el brillo del sol. Le dolía todo el cuerpo, pero estaba vivo y sano, tendido sobre la arena de la playa. A su lado vio un montón de redes. Eran todas las que habían dañado las ballenas. Pero ahora estaban remendadas, completas, listas para usarse. Y entre ellas estaba el cuchillo. La pesca fue mejor que nunca por aquellos días. De vez en cuando alguna red salía rota del agua. El pescador pensaba: “Ah, fueron las ballenas. Pero ellas, como yo, también tienen que vivir”. —Relato popular de las Islas Orkney PERSEVERANCIA En busca del tesoro Dos hermanos tenían algún dinero ahorrado y pensaban cómo emplearlo para asegurar su futuro. Al recorrer un camino que no conocían vieron un plantío de vides que estaba a la venta. Parecía abandonado. Llamaron a la puerta de la casa contigua y conversaron con el dueño. —¿Por qué lo vende? —preguntaron. —Lo compré hace tiempo porque decían en el pueblo que aquí estaba escondido un tesoro. Lo busqué pero no lo encontré. Me aburrí, me quedé sin dinero y ahora quiero irme a probar fortuna en otra parte, allá cruzando las montañas. —¿Si compramos el plantío y lo hallamos será nuestro? —Dudo que aparezca, pero hagamos el trato. Los hermanos llevaron la suma y, a cambio, recibieron la propiedad. Cuando tomaron posesión de ésta, todas las plantas estaban marchitas. La tierra que las rodeaba era seca, lisa y compacta. —Bueno, manos a la obra —exclamaron y se pusieron a trabajar desde el primer día. Comenzaban cuando salía el sol, y acababan cuando éste se ponía. Retiraron toda la basura y hojas secas acumuladas. Humedecieron la tierra para que se aflojara. Después empezaron a cavar con sus palas. En los primeros dos meses abarcaron apenas la mitad. El tesoro no aparecía y ellos siguieron buscando. Pasó más tiempo sin que tuvieran éxito. Pero notaron que algo estaba cambiando. Por una parte, se habían vuelto más fuertes. No experimentaban la fatiga de los primeros días, además, sus brazos y manos ya eran poderosos. Por otro lado, al recibir agua suficiente y extender sus raíces por la tierra floja, las vides comenzaron a dar grandes racimos de uvas. Había transcurrido un año. Un día se les ocurrió llevar las uvas al mercado y lograron venderlas bien. Pronto todos buscaban su fruta para preparar jaleas y mermeladas. Recuperaron el costo del plantío, y siguieron ganando más a lo largo de los años. Con el tiempo supieron cuál era el tesoro oculto en aquel terreno: la recompensa al esfuerzo continuo. —Cuento tradicional TOLERANCIA El patito feo Era verano y todo florecía. Una pata estaba empollando sus huevos y esperaba que sus polluelos rompieran el cascarón. Pronto así ocurrió. De cada uno comenzó a salir un pequeño pico y poco a poco fueron surgiendo las diminutas aves, que más bien parecían bolas de algodón dorado.

—¡Qué crías tan preciosas! —comentó una vieja pata vecina que pasaba por allí. —Todas se parecen a su padre —respondió orgullosa la pata. Sin embargo, aún faltaba por romperse un cascarón: el del huevo más grande de todos. Al cabo de una horas salió de él un patito negro y grandullón. —Está muy feo —opinó la vecina. —Es diferente a todos, pero yo lo encuentro hermoso. Como mi pequeño que es lo educaré junto con sus hermanos y lo llevaré a conocer a los demás patos —sostuvo la madre. Pero sus hermanos, los otros patos y hasta algunas otras aves de corral lo rechazaban. Según ellos era tonto y no debía pertenecer a su grupo. Las cosas empeoraban cada día. Finalmente el patito decidió huir y buscar más suerte en otra parte. Estuvo en una granja donde tampoco lo trataban bien, pasó el invierno con mucho frío y sin alimentos suficientes. Al cabo de meses llegó la primavera y él siguió buscando su fortuna. Una mañana pasó cerca de un lago y vio a un hermoso conjunto de cisnes que nadaban en él, bajo las ramas de los árboles en flor. —¿Me puedo meter al agua con ustedes? —les preguntó. —Claro que sí. Eres uno de los nuestros —respondió el mayor. —No se rían de mí, ya se que soy bastante feo. —No es burla, mira tu reflejo en el agua. El patito no podía creer lo que estaba viendo. En el curso del invierno se había transformado en un cisne tan blanco y elegante como los que estaban en el lago. Así pues, se echó a nadar con los otros. Los niños que vivían por allí lo miraron emocionados: —¿Ya vieron al nuevo cisne? Es el más hermoso de todos —opinaron. Cuando los patos lo vieron se dieron cuenta que toda criatura viviente guarda, secretamente, su propia belleza y está llena de dignidad. Lamentaron no haberlo reconocido a tiempo. Él no podía creer lo que estaba ocurriendo. Mientras lo elogiaban pensó para sí: “Nunca soñé tanta felicidad cuando era el Patito feo”.

—Adaptación del cuento de Hans Christian Andersen BONDAD El ruiseñor Hace miles de años vivió en China un emperador sordo. Como no podía escuchar las voces de los pájaros ordenó que fueran castigados todos aquellos que no tuvieran un hermoso plumaje. Un día, su hija Litay Fo estaba en el jardín y se emocionó mucho al oír a un ruiseñor que cantaba desde las ramas de un durazno. —Querido amigo, no debes estar aquí, pues te aguarda un fuerte castigo —le dijo. —No importa, de cualquier forma con estas noches tan frías no podré vivir demasiado — respondió el ruiseñor. Litay Fo decidió llevarlo consigo a sus aposentos para cuidarlo y gozar con sus trinos. Pero una mañana, sin aviso, el emperador entró a la habitación de la pequeña y descubrió al pájaro. —¡Huye para salvar tu vida! —gritó Litay Fo para proteger a su mascota. El pajarillo la obedeció. Sin embargo, con el paso del tiempo, la pequeña empezó a debilitarse por la tristeza de su ausencia. El emperador hizo traer a un médico. —No podemos hacer nada por ella —afirmó éste. El padre recibió la noticia con gran preocupación pero, aprovechando la visita del doctor, le preguntó por su propia sordera. —Para ésa sí hay una cura: consiste en aplicarle al oído el corazón caliente de un ruiseñor —indicó el médico. —¡Que busquen uno de inmediato! —ordenó el rey. Los hombres que trabajaban con él le llevaron, precisamente, al amado pajarillo de Litay Fo. Éste entró volando a la habitación.

—Disponga usted de mi vida. Estoy seguro que su hija se sentirá feliz si usted recupera el oído —ofreció el pajarillo al emperador, a través de uno de los súbditos que escribía el mensaje para que éste lo leyera. Emocionado por la bondad de la pequeña ave, los ojos del emperador se arrasaron de lágrimas. —De ninguna forma. Prefiero seguir siendo sordo que hacerte daño —indicó. El ruiseñor siguió viviendo en el palacio. Litay Fo se recuperó muy pronto de su tristeza y el emperador supo que aquel pajarillo era el más hermoso de todos, no por su canto, ni por su plumaje, sino por el bondadoso corazón que había salvado una vida y siguió latiendo por muchos años. —Adaptación del cuento homónimo de Hans Christian Andersen BONDAD El rico y el pobre En algún lugar del norte de Europa vivía el conde Walsegg, dueño de una enorme fortuna: entre sus bienes se contaban casas, tierras y animales. Sus negocios lo obligaban a viajar con frecuencia y solía llevar consigo una bolsita con una importante cantidad de monedas de oro. Una vez se le perdió en el camino, pero como llevaba mucha prisa no se detuvo a buscarla. A la orilla de ese camino vivía Roderick, un hombre muy pobre, dentro de una modesta choza en la que apenas tenía lo necesario. Una mañana que salió a buscar algunas hierbas para comer, se encontró la bolsita llena de relucientes monedas. En el pueblo cercano preguntó si no sabían quién era su dueño, pues quería devolvérsela. No logró saberlo. Esperó varios meses a que apareciera el propietario. Como nadie llegó a pedírsela, después de un año pensó que podía usar las monedas sin sentirse culpable por hacerlo. Con ellas compró una granja y le regaló su chocita a un pobre hombre que no tenía dónde dormir. Mediante su esfuerzo la finca fue prosperando poco a poco. Llegó a ser una de las más hermosas y productivas de la región: contaba con lechones, pollitos y vacas que producían abundante leche. Pasaron muchos años. Una tarde el conde Walsseg andaba por el mismo camino. Como se hacía de noche se acercó a la finca y preguntó si podía quedarse allí. Roderick lo invitó a pasar, le asignó una habitación y le propuso que cenaran juntos. Animados por el calor de la fogata y una jarrita de vino comenzaron a charlar. El visitante, admirado por el orden y riqueza de la finca, le preguntó cuándo y cómo la había comprado. —La adquirí hace varios años gracias a una pequeña bolsa de monedas de oro que encontré en el camino. Nunca pude hallar a su dueño —explicó Roderick. —¿Cómo era esa bolsa? —preguntó el visitante. —Pequeña, de piel marrón, con un lazo… ¡Espere! ¡Voy a buscarla para mostrársela! Al verla, el conde reconoció que era la bolsa perdida años atrás y se lo informó a su anfitrión. —Entonces toda esta finca le pertenece a usted. Con gusto se la puedo entregar — dijo Roderick. —No querido amigo. Eres un hombre trabajador y honrado que supo aprovechar bien ese hallazgo y se merece lo que tiene. Disfrútalo —asentó Walsseg antes de despedirse.

—Cuento tradicional nórdico. JUSTICIA La fiesta del rey

El rey de un país lejano era admirado por todos los súbditos que reconocían su generosidad y voluntad de ayudar. Si alguien no tenía ropa, podía acudir a su palacio —

en la cima de una montaña— y recibía prendas cómodas y abrigadoras. Si los padres no tenían qué dar de comer a sus hijos, les ofrecía sopa caliente. Muchos de los súbditos se hallaban en el palacio cuando uno de los lacayos les dijo que éste planeaba organizar una fiesta de cumpleaños. Estaban invitados. Cuando la fiesta terminara cada uno recibiría un regalo. Sin embargo, les pedía un favor. Como sería necesario lavar más trastes de los acostumbrados, y el agua que subía a la montaña no era suficiente, tenían que llevar un recipiente lleno de ese líquido para depositar su contenido en el estanque del palacio. Todos se entusiasmaron. Al día siguiente se les veía subir con sus recipientes llenos de agua. Algunos eran de buen tamaño. Otros, sólo para salir del compromiso, llevaban apenas un dedal. Unos más ni siquiera se molestaron en cargar algo. “El rey es tan bueno”, pensaron “que no va a pedirnos nada”. Cuando llegaron, vaciaron sus recipientes en el estanque y los dejaron a un lado. La comida fue espléndida: lechones horneados, papas cocidas en el jugo de éstos, jarras de vino, fruta fresca, queso, nueces garapiñadas y turrones. Después de escuchar la alegre música de panderos y guitarras, el rey y su corte se pusieron de pie para retirarse. Los invitados, que esperaban el regalo, se inquietaron. Si el rey se iba ya no habría regalos. Cuando desapareció por la escalera que conducía a los aposentos reales murmuraron. “Ya ves que tonto eres —decía un hombre a otro— de nada te sirvió cargar ese recipiente gigante. Yo no cargué nada y comí bastante bien.” Cuando la gente comenzó a dispersarse hombres y mujeres caminaron hasta el lugar donde habían dejado sus recipientes y los hallaron repletos de monedas de oro. Entre más grandes eran, más monedas contenían. A los dedales apenas les cupo una y a quienes no habían llevado nada, nada les tocó. —Agua tengo suficiente —les dijo el rey desde el balcón. Quise ponerlos a prueba y mostrarles que la justicia consiste en darles lo que les toca según su esfuerzo. —Leyenda popular

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