Las aventuras del buen soldado Švejk de Jaroslav Hašek

Jesús Aller

Bertolt Brecht dijo en una ocasión que si tuviera que apostar por tres libros del siglo XX destinados a formar parte de la literatura universal, uno de ellos sería sin duda Las aventuras del buen soldado Švejk de Jaroslav Hašek. Esta valoración tan extrema de un texto y un autor poco conocidos fuera del ámbito cultural centroeuropeo resulta sorprendente, pero la lectura de la obra obliga a admitir el fino olfato del gran poeta y dramaturgo alemán. El relato esperpéntico de las desventuras de Švejk en el ejército Austro-Húngaro enfrascado en la Gran Guerra es uno de los más brillantes exponentes de ese humor incisivo y sabio en literatura que marca la grandeza de Rabelais o Cervantes. El propio Švejk, que al principio simplemente nos divierte con su carácter disparatado, termina incorporándose al fin con pleno derecho a una galería universal de personajes que en su comportamiento extraño esconden una crítica certera del orden y las instituciones sociales. En el caso de Švejk, el blanco de sus críticas no podía ser otro que la corrupción extrema de un imperio que desplegaba sus últimas energías en una matanza espantosa.

Jaroslav Hašek nació en Praga en 1883 en una familia humilde y aunque conoció oficios diversos en su juventud, como droguero, empleado de banca o vendedor de perros, la literatura y el anarquismo se convirtieron pronto en los resortes de su vida. Llamado a filas con el estallido de la guerra, es hecho prisionero por los rusos en 1915, incorporándose después a la legión checa que luchaba con la Entente por la independencia de Chequia. En 1917 se une a los bolcheviques, pero en 1920 regresa a su patria con la intención de dedicarse a la literatura y plasmar sus experiencias bélicas en un libro que reutilizaría el personaje de Švejk, creado por él en sus primeros relatos, para construir un retablo crítico e hilarante de la guerra. Es un trabajo que a su temprana muerte en 1923 dejaría inconcluso, con sólo tres volúmenes completos de los seis previstos para el libro.

El comienzo de la narración coincide con el asesinato del archiduque Fernando en Sarajevo y nos presenta a Švejk, que “una vez declarado idiota por la comisión médica militar había abandonado el servicio y vivía de la venta de perros, unos horribles monstruos híbridos para los cuales inventaba falsas genealogías” (sigo la traducción reciente de Monika Zgustova para Galaxia-Gutenberg). El toque autobiográfico es evidente en este caso. El carácter de Švejk se muestra desde las primeras páginas. Dicharachero y bobalicón, manifiesta una tendencia innata a enhebrar ante cualquier circunstancia sartas de sucesos ocurridos a conocidos suyos, que ofrece como un remedo de explicación. Con torpeza y simplicidad proverbiales, Švejk no para de meterse en líos y a ellos opone su verborrea como arsenal que ha de defenderlo contra los maleficios del mundo. El efecto es descacharrante. Švejk es detenido por una conversación en un bar, y a un oficial que le recrimina por su cara de estúpido le espeta: “No puedo hacer nada más. Me eximieron del servicio militar por estupidez y la comisión me declaró oficialmente idiota. ¡Soy un idiota oficial!”. Tras un recorrido por prefecturas y comisarias y pasar una temporada en un manicomio, Švejk vuelve a casa. Poco después es llamado a filas.

1/3

Allí es arrestado. en el que será perseguido por el afecto de Švejk como por una maldición. con la lucidez que lo caracteriza. pero después vuelve como asistente de Lukáš. observar los cementerios militares que brillaban con sus cruces blancas en medio de los llanos y las laderas devastadas. donde se formaban las unidades de combate del Imperio. corrupción y cinismo en los mandos y estupidez 2/3 . apacible y mujeriego. Es así como nuestro héroe se convierte en asistente del teniente Lukáš. utilizando sus viejos trucos. de manera que todo el batallón podía contemplar y saborear a placer todas las alegrías de la guerra. nombrado cronista del batallón y que se divierte hilvanando mentiras gloriosas. No obstante. De allí es reclutado como asistente por el capellán militar Otto Katz. Acusado de fingir una enfermedad para librarse del servicio es enviado al hospital militar y luego a una prisión. y hace al fin que los dos hombres sean incorporados a la compañía 11 que parte para el frente ruso. Los terribles paisajes que empiezan a aparecer aquí contrastan con el tono desenfadado de la narración: “El tren avanzaba lentamente por los terraplenes acabados de construir. En la segunda parte. que antes de la guerra dirigía la revista ocultista Misterios de la vida y de la muerte. ambos son destinados a Budejovice. viaje interminable en que atraviesan Austria y Hungría y se internan en Galitzia. al poco es reintegrado a su compañía que sigue el avance hacia la línea de fuego. personaje que va a dar un contrapunto de racionalidad a las locuras de Švejk el resto del libro. La lista de disparatados personajes que protagonizan esta última parte incluye tipos como el voluntario Marek. sirve para caricaturizar las rivalidades nacionales que existían en el Imperio. un cara dura alcoholizado e histriónico que al final pierde a Švejk jugando a las cartas. Hašek nos presenta un cuadro de brutalidad. en el que a Švejk lo toca un papel nada glorioso. decide ponerse el uniforme abandonado por un prisionero ruso fugitivo que había sido sorprendido bañándose en un estanque. Cuando Švejk. La tercera y lo que Hašek llegó a escribir de la cuarta parte del libro nos describen el convoy militar en camino hacia la línea de fuego. la narración se interrumpe bruscamente. Un lío de faldas de éste. comenzar a prepararse mentalmente para el campo de gloria que acabaría con una gorra llena de fango que se balancearía sobre una cruz blanca”. Unas páginas más adelante. el atrabiliario subteniente Dub o el cocinero Jurajda.Las aventuras del buen soldado Švejk de Jaroslav Hašek Jesús Aller La reincorporación de Švejk al ejército no puede ser más desdichada. Švejk es retenido por accionar el freno de emergencia en el tren y luego vaga al azar hasta que consigue dar con su regimiento. roba para Lukáš un perro perteneciente a un coronel y el crimen es descubierto. Los mismos gendarmes que persiguen a éste detienen a Švejk que se convierte así en un inverosímil prisionero ruso. el pedante cadete Biegler. Mientras busca alojamiento para su compañía. Švejk. con lo que concluye la primera parte del libro.

del que hay disponibles varias ediciones en castellano.com 3/3 . Su caricatura genial ofrece a cada paso generosa sabiduría: “Hay perros que están malcriados y viciados como un arzobispo”.Las aventuras del buen soldado Švejk de Jaroslav Hašek Jesús Aller en la tropa que resulta demoledor. gozaba en esos mismos momentos de la perfección de su retrato como el propio Švejk en su verborrea. Y estremece pensar que Hašek dictaba las hilarantes escenas que cierran la obra desde su lecho de muerte. su retórica y sus recuerdos. De todas formas. Pero sin duda. El recurso a sus ejemplos interminables se nos revela entonces como la desesperación del simple que busca penosamente la sabiduría. porque sabe que forzando levemente los tonos está enfocando el espíritu justo de aquella barbarie. pero las leyes de lo inevitable harán que todo salga siempre al revés. los paisajes autobiográficos que dan autenticidad a la narración y un humor mordaz de carcajada que estalla a cada paso hacen de la lectura de este libro un placer irrepetible que se dilata hasta el triste e imprevisto final. El tono rabelaisiano que refleja toda la crudeza de la vida. fiel a su destino.jesusaller. Las aventuras del buen soldado Švejk. http://www. Švejk es un buen hombre que trata en cada momento de hacerlo todo lo mejor posible (dentro de su natural simpleza). es un demoledor alegato pacifista al que sin duda es necesario volver en este tiempo de espanto en que a los muñidores de guerras les conceden el premio Nobel de la paz. Encerrado en el cerco fatal. refugiado en sus buenas maneras. La miseria de la guerra se expresa en diálogos absurdos de hombres idiotizados que se disponen valientemente a morir por un puñado de grandes mentiras. Podemos decir que el autor se recrea con la violencia esperpéntica de su retrato. Švejk parece haberse dotado de una inmunidad que lo lleva sonriente a través de la locura desatada.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful