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Literatura y periodismo.

LA FLACA
Ariana Cabrera Arteaga

Desde que entro al lugar, me llama la atencin. Su manera de bailar siempre me ha excitado. Mueve su cadera con tanta sensualidad que mi cuerpo se eriza, comenc a sudar. Ella tiene las miradas de todos, su trasero se mueve ms cuando nos siente cerca. Sus piernas tremendamente largas, se mueven como lianas, sus manos y brazos deambulan alrededor del cuello de varios hombres, como enredaderas. Su cabello largo tapa los pezones que se asoman por su blusa humedecida por el sudor. No deja de bailar con quien se le acerca, todos los hombres le invitan cervezas y ella acepta, una tras otra las toma como agua. Tiene el ritmo de La Habana en la sangre, su cuerpo despide un aroma dulce que mezclado con sus movimientos embriaga a quien la mira. Pido un par de cervezas mientras la miro, ella voltea y me sonre, me guia el ojo y manda besos de carmn. Yo dara todo porque fuera solo ma, estar entre sus brazos, tener su cuerpo pegado al mo, bailar hasta morir. La veo divertirse con aquellos hombres, juguetear en sus brazos, desenvolverse, dar vuelas, mover la cadera, pero su mirada brilla solo cuando baila. Su danza es el mayor de mis placeres. Mi reloj marca la hora, nos miramos, se pone un suter casi transparente y se quita los zapatos. Un hombre se acerca a ella y la enreda en sus brazos, quiere manosearla, ella se resiste, pero su pretendiente es demasiado fuerte. Los celos me invaden y llamas arden en mi cuerpo desde el interior, el hombre es ms alto que yo pero no me importa, es mi oportunidad. Cuando me doy cuenta mi puo va hacia la cara de aquel patn, el golpe que le di le ha sacado sangre de la boca, esta tirado en el piso. Ella me abraza, me abraza con ternura y me besa como aquel da que le ped que fuera mi mujer. Ella, la tremenda mulata, quien me vuelve loco cada noche y da, da y noche, bailando en La Tasca.