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CSAR HILDEBRANDT La Lima colonial apestaba a rencorosos fluidos humanos.

La republicana no poda quedarse atrs y compiti en estircol pblico con su ascendiente. Era, como muchas otras ciudades del mundo, reino de pestes y paraso bacteriolgico. Ricardo Palma se meti entre los fustanes pero no describi el olor de guayaba pasada que pudo desprenderse de ellos. A comienzos del siglo XX aun haba riachuelos de caca al lado de ciertas vecindades distinguidas. Eso se super despus pero con sentido de clase: a los pobres se les conden, por muchos aos, a la humillacin de convivir con su bs navegantes excretas. "Ros quebradas: es mi Per, deca el valse. Lima cumple aos. Ojal se muriera como la ciudad que pudo ser. Lima no es horrible. Lima es espantosa. Es una de las aglomeraciones ms groseras de gente, uno de los monumentos ms enrgicos que el mal gusto haya podido construir. Lima es el caos mejor organizado del planeta. Mirada desde el aire, es el paraso que cualquier gallinazo hubiera podido imaginar: azoteas quemadas, ruinas clasemedieras, muebles destripados, ropa tendida. Es la ciudad que me apena porque la conoc cuando no era esta puta gorda que es hoy. Es la ciudad que amo porque en ella nac y aqu se quedarn mis huesos. Es la ciudad que desprecio porque conozco sus vicios, sus hipocresas, su doblez. Es la ciudad que admiro porque no entiendo cmo es que no se ha cado con alguno de nuestros terremotos. Es mi ciudad pero me es ajena. La amo a disgusto y he dejado de intentar entenderla. Es un monstruo. Es una madrastra. Es una mierda inconfundiblemente nuestra. Y siempre cumple aos.