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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.

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La Falange durante la Segunda Guerra Mundial

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

Hacen bien los soldados azules de nuestra División heroica de


Voluntarios, por ello, manteniéndose en guardia; y sentirse en
constante espíritu de alerta. ¡La misión no acabó, para
nosotros, en Rusia, porque el peligro mundial acecha todavía!
¡Están, por ello, en pie! Sus hijos van llenando los huecos que
el tiempo implacable abre en sus filas. ¡Pero como siempre los
hombres de la División Azul montan su guardia! ¡Es su papel!
España puede necesitarlos y ellos lo saben bien.
José Díaz de Villegas.

La Falange durante la Segunda Guerra Mundial

Tras la rápida victoria que el Ejército alemán obtuvo sobre Francia, en mayo
de 1.940, y después de haber fracasado, en el verano siguiente, la acción aérea sobre
las Islas Británicas, Hitler se debatía entre la necesidad de dominar el Estrecho de
Gibraltar para bloquear el Mar Mediterráneo a sus enemigos y el modo de realizarlo a
través de la conocida “Operación Félix”, con la indispensable cooperación española o
enfrentándose, incluso si fuese necesario, a una oposición armada.
A su vez, Reino Unido presionaba fuertemente al Gobierno español para que
no se sumara a las fuerzas del Eje, recurriendo unas veces a ofertas tentadoras por
mediación de los elementos monárquicos (mayoritariamente partidarios de Inglaterra)
y, otras, a la simple amenaza bravucona.
Por su parte, España, durante los primeros meses de 1.941, se veía metida
en medio del vaivén que suponía la tentación de los partidarios de entrar en la guerra y
de los que no querían hacerlo por prudencia. No debe olvidarse tampoco, el estupor
que produjo entre los españoles la firma del pacto germano-soviético del 23 de agosto
de 1.939 por el que se repartían la católica Polonia. El resultado, que se vio reflejado
tras la entrevista entre el general Franco y Adolf Hitler en Hendaya, no podía ser otro
que el distanciamiento diplomático entre ambos dirigentes, lo que habría de traducirse
en peligrosas tensiones exteriores e internas.
De pronto, todas las premisas que condicionaban la postura española ante el
conflicto europeo se vieron sometidas a un cambio rotundo. En la madrugada del
domingo 22 de junio de 1.941 la todopoderosa máquina de guerra del Ejército alemán,
la Wehrmacht, se puso nuevamente en marcha. En un frente que abarcaba desde el
mar Báltico hasta el mar Negro, millones de soldados alemanes irrumpieron por
sorpresa en la Unión Soviética. Daba comienzo la “Operación Barbarroja”, una de las
más grandes invasiones conocidas hasta entonces.
En España, la declaración de guerra que Alemania hizo a Rusia acabó con el
cúmulo de reticencias que imperaban hacia Alemania tras la firma de su pacto con la
U.R.S.S. se volatizaron rápidamente. Automáticamente se decidió la intervención
armada, aunque con la puntualización de que España no se alineaba con Alemania en
la guerra que ésta venía manteniendo con diversas nacionalidades europeas, sino que
sencillamente decidía su colaboración directa y armada en la lucha contra el
comunismo soviético de la U.R.S.S.
Efectivamente, según el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, Ramón
Serrano Súñer, Manuel de Mora-Figueroa y Dionisio Ridruejo se habían reunido en el
madrileño Hotel Ritz para discutir la posibilidad de organizar un cuerpo expedicionario

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de voluntarios falangistas para luchar en Rusia contra el comunismo en el mismo


instante en que se conocía el comienzo de las hostilidades1.
Ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial, España no se quedó aislada.
La enorme carga ideológica que gravitaba sobre una buena parte de la juventud
española estalló en Madrid el mediodía del martes 24 de junio de 1.941.
La manifestación arrancó de la Facultad de Derecho, donde Fernando
Cañellas cursaba sus estudios2. Fernando Cañellas era el Delegado del S.E.U. en la
Facultad de Derecho en la Universidad Central. Tenía entonces 19 años y asistía
diariamente a la Universidad luciendo su camisa azul y sobre su pecho la medalla de
la Vieja Guardia y la de Caballero Mutilado de Guerra. Él fue el que se encargó de la
elaboración de las pancartas de “Voluntarios falangistas contra Rusia” y de esas
mismas instalaciones fue también de donde surgió el grito de “Rusia es culpable”.
Miles de camisas azules partieron de la Facultad de Derecho y cubrieron la
Calle de San Bernardo, llamada la Ancha, para concentrarse al mediodía en la Plaza
del Callao, donde se sumaron a los manifestantes varias jefaturas de la Falange y
miembros de la Vieja Guardia entre las que se encontraban Pilar Primo de Rivera y
José Antonio Elola-Olaso. Después marcharon por la Avenida de José Antonio
(actualmente Gran Vía) para desembocar en la confluencia que forma ésta con la
Calle de Alcalá, donde se encontraba la sede de la Secretaría General del Movimiento.
La manifestación estaba compuesta por torrentes embravecidos sobre los que
navegaban múltiples banderas y pancartas, vítores patrióticos y cantares que
estremecían el espacio radiante de la Puerta del Sol. En el balcón principal apareció
Ramón Serrano Súñer acompañado de José Luis de Arrese y otros cargos, y fue
desde allí desde donde Serrano pronunció su famoso discurso acusando a Rusia de la
responsabilidad de la Guerra Civil y la muerte de José Antonio.
“Camaradas: No es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en
estos momentos su sentencia condenatoria. ¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra
guerra civil. Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro Fundador. Y de la muerte
de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del
comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de
Europa”.
El Estado Mayor Central no deseoso de permitir que la Falange –su principal
rival en la política interna– se apropiara de la gloria de las victorias en los campos de
batalla soviéticos comenzó un forcejeo con los falangistas. De este modo, el general
José Enrique Varela Iglesias, Ministro del Ejército y destacado enemigo de la Falange,
dado su destacado conservadurismo monárquico-tradicionalista, consiguió que al
menos los mandos divisionarios fuesen profesionales de la milicia, para lo cual el 28
de junio el Cuartel General Central del Ejército dictó una orden general determinando
que más del 50% de los oficiales y suboficiales de la División debían cumplir con este
requisito.
El Ministerio del Ejército denominó a la nueva Unidad División Española de
Voluntarios, pero los periódicos, el pueblo y sus propios componentes la llamaron
sencilla y gustosamente División Azul. Nombre con el que se difundió por todo el
mundo, porque como dice Fernando Vadillo en su libro “División Azul. La gesta militar
española del siglo XX”, ésta, “quiérase o no, fue una de las gestas forjadas por los
escuadristas orgullosos de las doctrinas joseantonianas”.
1
José Luis Rodríguez Jiménez. “Historia de Falange Española de las JONS”. Página 363.
Alianza Editorial. Madrid. 2.000.
2
José Luis Rodríguez Jiménez. “Historia de Falange Española de las JONS”. Página 363 y
siguientes. Alianza Editorial. Madrid. 2.000.

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El 27 de junio se abrieron los banderines de enganche para el alistamiento de


los voluntarios. La noticia de su apertura fue comunicada por la prensa en toda la
geografía española ese mismo día: “Banderines de enganche para formar una Legión
de combatientes contra Rusia”. Para cada provincia quedó establecido un cupo de
afiliación que se vio desbordado en la mayoría de los casos. En palabras del general
Uxo Palasí, “para las aproximadamente 18.000 plazas solicitadas se presentaron, en
muy pocos días, más de 40.000 peticiones. Y se inauguró un curioso «tráfico de
influencias» no para medrar o enriquecerse sino para conseguir un puesto de combate
con la posibilidad evidente de perder la vida en él”3. En esta misma dirección es
realmente expresivo el siguiente relato de David Jato quien, como muchos de sus
camaradas, acabó incorporándose a la División Azul desde las filas del S.E.U.:
“La Ciudad Universitaria de Madrid se convirtió en un gran centro de
reclutamiento. Las gentes del S.E.U. que no habían podido luchar en la España
nacional estaban deseosas de encontrar la ocasión para mostrar su espíritu
combativo. Los que en la zona de Franco alcanzaron las estrellas de oficiales,
acudieron a la llamada de forma que hubieron de poner en juego el sistema de
recomendaciones para lograr un puesto en la lucha contra el comunismo [...]
Los estudiantes iban en proporción suficiente como para que batallones
enteros fueran casi íntegramente formados por gente del S.E.U., desde su Jefe
nacional hasta jóvenes escuadristas de Bachillerato. La incorporación de Guitarte llevó
accidentalmente a la Jefatura del Sindicato al camarada Valcárcel”4.
Tanto fue así que se podían haber formado varias divisiones. Como dato
curioso a este respecto podríamos mencionar que en un informe al Ministerio de
Relaciones Exteriores en Berlín, el Embajador alemán en España proclamó que antes
de que el plazo de inscripción finalizara el día 2 de julio, se habían presentado en los
banderines de enganche cuarenta veces el número requerido de voluntarios5. Como
escribiera Fernando Vadillo, “nunca, ni en los tiempos dorados del Imperio, se había
alzado España en armas con tan afanoso idealismo”6. Todo el S.E.U., parte del
Sindicato Vertical con sus obreros y campesinos, cuantos militares falangistas tuvieron
la fortuna de acceder a aquellas filas desbordadas de voluntarios, jerarcas del
Movimiento y jóvenes del Frente de Juventudes se volcaron prácticamente en las
Oficinas de Reclutamiento.
Precisamente relacionado con los jóvenes del Frente de Juventudes, y dado
su inmenso valor testimonial, he querido recoger parte de un documento realizado por
Francisco Torres García donde, bajo el título de “El primer Caído”, este historiador
hace referencia a uno de esos muchachos –Juan Navarro de Haro– alistado en la
División Azul, que murió sin haber podido llegar a combatir en el Frente Ruso.
“Numerosas historias olvidadas guarda aún la División Azul, una de ellas es la
de su primer caído. Ni tan siquiera llegó a salir de España. Pertenecía a los hombres
de Vierna y falleció en Valencia. Era un muchacho de Murcia, un chico del Frente de
Juventudes, se llamaba Juan Navarro de Haro.
Era Jefe local de cadetes e instructor del Frente en Murcia. A pesar de su
juventud había puesto ya en juego su vida siendo miembro de la quinta columna que

3
General de brigada José Uxó Palasí. "División Azul". Revista Ejército. Julio de 1.991.
4
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 312 y siguiente. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.
5
Patrick Turnbull y John Scurr. "Españoles en guerra. La Guerra Civil. La División Azul".
Página 42. Ediciones del Prado. 1.995.
6
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Orillas del Voljov (I)". Página 21. García Hispán, Editor
S.L. Madrid. 1.991.

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operó en la retaguardia roja. Cuando se abrieron los banderines de enganche no dudó


cuál era su puesto. Estaba enfermo, su dolencia era de carácter interno, por eso pasó
los primeros reconocimientos efectuados, al padecer una afección de estómago. Trató
de ocultar su dolencia pues sabía que sería inmediatamente devuelto a su casa, pero
los ejercicios y el ajetreo de aquellos días acabaron con su precaria salud. A pesar de
ello pedía a los demás que callaran. Sus compañeros intervinieron siendo trasladado
rápidamente a un hospital donde los médicos nada pudieron hacer para salvarlo.
La Delegación Nacional del Frente de Juventudes difundió una nota en la que
lo calificaba como «el primer camarada que sacrifica su vida, aún en la tierra española,
cuando marchaba a combatir al comunismo». Su muerte fue considerada «acto de
servicio falangista». Una Centuria del Frente de Juventudes compuesta por
estudiantes pasó a ostentar su nombre al igual que el campamento celebrado ese año
en la zona murciana”7.
A partir de la apertura de los banderines de enganche, constituir la escala de
Mando era el obligado primer paso para crear la unidad. Lo más difícil era en aquel
momento decidir quién debería asumir la jefatura de la fuerza expedicionaria. Durante
algunos días, Franco estuvo considerando a quién le debería corresponder esa tarea.
Se barajaron diversos nombres de gran peso político y de prestigiosos militares
durante la Guerra Civil: José Moscardó, Juan Yagüe, Rafael García Valiño, Asensio
Cabanillas…
Los falangistas, en un principio, hubieran deseado a alguien plenamente
identificado con sus planteamientos políticos, lo que apuntaba directamente al general
Yagüe, pero éste “era excesivamente independiente, impulsivo y temperamental para
engarzar en el organigrama germano”; cuando se especuló con la idea de una unidad
formada exclusivamente por falangistas todos pensaron en José Antonio Girón, pero
esta elección llevaría consigo una mayor tensión entre la Falange y el Ejército.
Finalmente se decidió por un antiguo camarada de las campañas norteafricanas, el
general Muñoz Grandes, “que a su fama en Marruecos conseguida al frente de la
«Harka» de fuerzas indígenas que llevaba su nombre se unía el prestigio conseguido
en la guerra de España al frente de diversas Grandes Unidades que culminó con el
mando del Cuerpo de Ejército de Urgel. Pero a estas circunstancias de carácter militar
se unía la de haber desempeñado los cargos de Ministro Secretario General del
Movimiento y Jefe de las Milicias de Falange desde agosto de 1.939 a marzo de 1.940.
Se unía así en la persona del general Muñoz Grandes el deseo de las fuerzas
políticas que debían dar a la División un tono especial en su lucha contra el
comunismo soviético, con la indiscutible necesidad de un mando profesional que
garantizara su eficacia en combate.
Para respaldar adecuadamente al mando divisionario fueron elegidos varios
coroneles cuyos nombres, por sí solos, eran una garantía de éxito, Troncoso (y luego
Zanón) y Romero Mazariegos se encargaron de organizar la División, trasladarla a
Alemania y mandar su Estado Mayor. Las Unidades de Infantería quedaron a cargo de
los coroneles Rodrigo, Pimentel, Vierna y Martínez Esparza y el Regimiento de
Artillería lo organizó y mandó el coronel Badillo”8.
El 3 de julio salieron los nueve divisionarios que formaban la comisión
aposentadora. Al día siguiente salieron las primeras unidades orgánicas de la División,
compuestas por las tropas de élite de Zapadores, el día 5 partieron los miembros de
7
Francisco Torres García. “La División Azul 50 años después”. Capítulo 12 (Spanischen
freiwilligen Division). Página 97. Fuerza Nueva Editorial, S.A. Documentos Fuerza Nueva.
Madrid.
8
General de brigada (DEM.) José Uxó Palasí. "División Azul". Revista Ejército. Julio de 1.991.

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Transmisiones, y, un par de días después, los muchachos de la Compañía de


Antitanques.
A mediados de mes, el día 14, el General Jefe de la División, Agustín Muñoz
Grandes, acompañado por su Estado Mayor aterrizaba en el aeródromo berlinés de
Tempelhof donde, en una entrevista con el general Fritz Fromm, Jefe del Ejército de
Reserva alemán, le comunica que la División Azul deberá mantener el mismo
organigrama que el resto de las divisiones alemanas, que básicamente y sin entrar en
demasiados detalles, consistía en reducir el número de regimientos de Infantería de
cuatro a tres.
“Precisamente el 14 de julio pasaban la frontera de Irún las primeras
expediciones de voluntarios, a los que acompañó el clamor de masas enfervorizadas
[...] Los franceses recibieron a los españoles con ostensibles muestras de hostilidad,
provocando varios incidentes, lo que, unido al recuerdo de los oficiales franceses
defendiendo con los rojos la línea del Ebro, hicieron poner a Ricardo Franco una
nueva letra a la Madelón, en la que no salían muy bien parados ni los súbditos de la
Francia feliz ni la sintaxis francesa”9.
Seis días después de la entrevista entre ambos generales, el grueso de los
divisionarios llegaba al Campamento de Grafenwöhr, cerca de Bayreuth (Bavaria) para
recibir instrucción y material militar.
En los llanos de Kramerberg, pertenecientes al Campamento de Instrucción
de Grafenwöhr, toda la División Azul (cuyos efectivos eran de 641 oficiales, 2.272
suboficiales y 15.780 de tropa), con el general Agustín Muñoz Grandes a la cabeza,
formaba junta por primera vez para realizar su juramento en la lucha contra el
comunismo. Vestían el uniforme militar alemán, llevaban el casco de acero puesto y no
portaban armas. Era el día 31 de julio de 1.941.
Antes de realizar la Jura se celebró una misa de campaña y se bendijo una
Bandera Española que enseguida se situó entre las Enseñas que portaba la compañía
alemana que debía rendir honores durante la ceremonia del juramento. Minutos
después se tomó juramento, en alemán y español, mediante la siguiente fórmula:
“¿Juráis por Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al
comandante supremo del Ejército alemán, Adolfo Hitler, en la lucha contra el
comunismo y combatir como valientes soldados, dispuestos en cualquier momento a
sacrificar vuestras vidas en cumplimiento de este juramento?”.
Como vemos, la fórmula del juramento fue modificada para que quedara
expresamente subrayado que los voluntarios españoles sólo juraban obediencia a
Adolf Hitler como Jefe del Ejército alemán en la lucha contra el comunismo. Idea que
quedó aún más patente con la alocución que el propio general Muñoz Grandes dirigió
a su tropa tras el acto de juramento: “Ante las banderas gloriosas de Alemania y de
España, habéis jurado morir antes que permitir que el bárbaro bolchevismo continúe
su obra de odio y destrucción que ha ensangrentado ya nuestra Patria y que hoy trata
criminalmente de imponerse en toda Europa… Lo único que deseáis es destruir a este
monstruo –este azote de la humanidad– en su propia guarida” y es que a Rusia se iba
para devolverle su visita a España durante la Guerra Civil.
Una vez que los divisionarios contestaron afirmativamente nació la gloriosa
División de Infantería 250 del Ejército alemán (Wehrmacht).
“En contra de lo previsto, la División dispuso de numeroso ganado, lo que
suponía un grave inconveniente. El coronel Esparza lo reseña en su libro «Con la
División Azul en Rusia»:
9
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 313. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.

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«Esta dificultad se comprende suficientemente teniendo en cuenta lo especial


del reclutamiento entre estudiantes, hombres de carrera, etc.»
A pesar de ello, el embarque del material y el ganado se hizo con tal rapidez
que el general Muñoz Grandes pudo comentar: «He visto a un Director General y a un
catedrático de Universidad dominar sus respectivas parejas de caballotes como si toda
su vida no hubieran hecho otra cosa.» Se refería el General a Dionisio Ridruejo y José
María Castiella”10.
Tres semanas después, el 21 de agosto, los casi 18.000 voluntarios de la
División Azul partían hacia el Frente Ruso. Comenzaba su aventura. Una aventura
que, de momento, iba a tener como principal protagonista una interminable marcha.
Los trenes llevaron a los divisionarios durante 1.200 kilómetros a Suwalki, en
las inmediaciones de Raczki (Polonia), donde llegaron el día 26 de agosto. Desde allí
se emprendió un duro viaje a pie de más de 1.000 kilómetros a través de Polonia y
Lituania hasta llegar a Vitebsk (Rusia). Originariamente los rumores hacían pensar que
se continuaría hacia Smolensk, pero no ocurrió así, sino que avanzaron hacia el
Frente Norte, donde las fuerzas del von Leeb comenzaban el cerco de Leningrado.
Como comenta David Jato, “Durante las marchas de aproximación al frente, la
División dio lugar a numerosas dudas sobre sus posibilidades militares. La dificultad
española para la estricta uniformidad y la seca disciplina se puso, una vez más, de
relieve. Todo ello agravado por la dureza de las marchas, que ponían de mal humor a
los soldados. Realmente los batallones españoles se parecían muy poco a las rígidas
unidades alemanas”11.
Tras un corto desplazamiento en tren hacia Shimsk, al Norte, el primero de
los batallones españoles se desplazó la línea del frente en la noche del 11 al 12 de
octubre para relevar a la 18 División alemana y parte de la 126, con lo que la División
Azul pasaba a formar parte del XXXVIII Cuerpo de Ejército del 18 Ejército del Grupo
de Ejércitos Norte, siendo responsable de los 50 Km. de frente que existían entre
Lubkovo (en la margen Oeste del río Voljov, al Norte) y Kurisko (en la ribera Oeste del
lago Ilmen, al Sur).
“En un barracón de la aldea de Grigorovo, cuatro kilómetros al noroeste de
Novgorod, se hallaba establecido el Cuartel General de la División Azul. Muñoz
Grandes se inclinaba sobre una mesa cubierta de mapas. El general llevaba una
bufanda amarilla al cuello, y su cabello negro y áspero relucía bajo las bombillas
suspendidas del techo de madera. Al lado de Muñoz Grandes se inclinaban sus
ayudantes y jefes de Estado Mayor. El general carraspeó antes de trazar con
movimiento nervioso el último círculo rojo sobre uno de los mapas. Luego dijo:
–Todo está claro, señores. El Regimiento 262 ocupa el subsector de
Novgorod, el 269 el subsector Norte, o de Podberesje, y el 263 el subsector Centro. El
Regimiento de Artillería permanecerá al Oeste de Novgorod. El subsector del Ilmen
queda constituido por una línea de vigilancia entre su orilla y el río Verjasha, que
cubren los Grupos de Anticarros y Exploración”12.
Cuando las tropas españolas llevaban escasos días establecidos en las
posiciones asignadas tuvieron ocasión de mostrar su temple. Así fue como el día 4 de
octubre la División Azul, una unidad alemana de uniforme, pero cuyo estilo era

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David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 313 y siguiente. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.
11
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 314. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.
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Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Muñoz Grandes, el General de la División Azul". Página
134 y siguiente. Fundación Don Rodrigo. Madrid. 1.999.

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inconfundiblemente a la española, entró en combate por primera vez. Los primeros en


caer en el Frente Ruso fueron el cabo Esteban Marín Fernández y los soldados
Ricardo Morales Martín y Enrique Novo Fernández, encuadrados en el Regimiento 262
y enterrados en el Cementerio de Stipenka.
No fueron éstos, sin embargo, los primeros caídos de la División. Antes que
ellos, durante el trayecto desde Suwalki (Polonia) hasta Vitebsk (Rusia) el sargento
Alejandro Heras Ruiz, los cabos Manuel Rodríguez Gómez y Antonio Rodríguez
Mendoza y el soldado Vicente Bonastre García murieron el 28 de agosto al pisar una
mina colocada por los partisanos. Dos días más tarde, como consecuencia de las
heridas recibidas en la misma explosión también moría el soldado Gaspar Pérez
Quintanilla y el 1 de septiembre, José Cabrera Vicario, todos ellos del Regimiento 263.
Entre los días 14 y 15 de octubre la División tuvo dos caídos más. Desde el
16 de octubre a la División 250 se le asignó la misión de efectuar una operación para
atraer a los soviéticos y enmascarar la verdadera dirección principal de ataque del
XXXIX CE. de la Wehrmacht. Para ello, el Mando alemán, con independencia de la
operación que preparaba para conquistar Leningrado, quiso limpiar la zona de
Novgorod. Se sucedieron varios tanteos sobre la línea enemiga en los que perecieron
ocho voluntarios, entre ellos el sargento Javier García Noblejas, camisa vieja y Palma
de Plata de la Falange.
“Un batallón de la 267º de Fusileros había cruzado el río, justo hacia las
armas de la partida incursota española. Los andaluces de Román habían entrado en
acción. La primera luz del alba reveló los cadáveres de cuarenta rusos en la margen
española. La ribera oriental aparecía sembrada de muertos y de restos de los esquifes
soviéticos. Esparza dio cuenta con orgullo de la captura de veintisiete prisioneros.
El fuego de la artillería enemiga, que saturaba el sector de Román, castigaba
también al 1º del 269º. Uno de los primeros caídos fue el cabo (Sic) Javier García
Noblejas, camisa vieja de la Falange y Palma de Plata. García Noblejas se había
alistado en el Regimiento Rodrigo durante los cálidos días de junio, cuando la guerra
era nueva. Ahora yacía frío e inmóvil en el barro ruso.
El hermano de Javier, Ramón, único varón superviviente de una familia que
había sido virtualmente aniquilada en la Guerra Civil, llevó el cadáver a Grigorovo para
darle sepultura. Al líder caído se le dio una despedida falangista”13.Una despedida
falangista de la que nos ha dejado constancia Fernando Vadillo:
“– Lo enterramos ahí abajo, en el cementerio. Creo que fue el primer español
que enterramos ahí abajo, al lado de unas sepulturas alemanas...
El capitán Manuel Mora Figueroa acudió al entierro en representación del
general Muñoz Grandes. Dionisio Ridruejo, el Poeta de la Falange, se situó junto a la
fosa recién excavada. El ataúd de madera de pino, fue llevado hasta el borde de la
fosa. Dionisio Ridruejo pronunció unas palabras encendidas, cálidas, emocionadas.
Habló de los luceros falangistas, evocó a José Antonio y elogió el sacrificio supremo
del camarada que iban a enterrar. Después, Agustín Aznar levantó el ataúd entre sus
brazos nervudos y lo depositó suavemente en el fondo de la fosa. Agustín lloraba en
silencio. En cambio el hermano del muerto permanecía inmóvil como una estatua, tan
pálido y quieto como si él también acabase de morir. Tal vez pensase en un próximo
encuentro con su hermano, allí arriba, en los luceros azules a que se había referido el
poeta.
– Yo sujetaba a ramón por un brazo, porque temía que fuera a caer de un
momento a otro dentro de la fosa...
13
Gerald R. Kleinfeld y Lewis A. Tambs."La División española de Hitler. La División Azul en
Rusia". Página 134 y siguiente. Editorial San Martín. Madrid. 1.983.

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Cantaron el Cara al Sol con voz estremecida. Un piquete de guripas de las


tropas del Cuartel General soltó al aire una descarga. El páter Enrique Mur, capellán
mayor y jefe del Servicio Eclesiástico de la División, rezó un responso. Anochecía y
continuaba nevando”14. Cuando sus camaradas desfilaron ante la tumba abierta
depositando sobre ella un puñado de tierra rusa, tal vez recordaron las palabras con
las que les despidió Serrano Súñer en la Estación del Norte: “Las cinco rosas de la
Falange florecerán en los torturados campos de Rusia”.
Al día siguiente morían otros cinco camaradas más, entre ellos, el capitán
Isidoro Navarro Fraile y el sargento Joaquín Ruiz Vernacci.
Como la división vecina, la 126 alemana, se hallaba detenida en su intento de
cruzar el Río Voljov. El Regimiento 269 del coronel Martínez Esparza recibió la orden
de cruzarlo, apoyar a la 126 División y girar luego hacia el Sur para establecer una
cabeza de puente. El 18 de octubre el Regimiento realizó con éxito una primera
tentativa, aunque no la pudo mantener. Al día siguiente, con un sorprendente gesto de
audacia los treinta y seis miembros de la sección del teniente José Escobedo Ruiz se
lanzaron a la carga sin ninguna clase de preparación artillera. La sorpresa fue tal que
los guripas de la División cayeron sobre la posición enemiga, la ocuparon y capturaron
a cuarenta y dos soviéticos. Por la tarde se repitieron sucesivos y violentos
contraataques enemigos apoyados con abundante artillería. A media noche los rusos,
en un contraataque que penetró en el pueblo recién conquistado de Sitno, conseguían
poner pie en la línea española. Todo parecía haberse perdido, más el valor de los
españoles evitó la catástrofe. En su reconocimiento, el Estado Mayor Central del
Cuerpo de Ejército de von Rockers daba el siguiente parte:
“La 250 división española se ha batido en su primer encuentro con el
enemigo, bajo mis órdenes, de una manera admirable.
Después de forzado el paso del río Wolchow, el segundo batallón 269 y el
tercer batallón 263, apoyados por la artillería, han rechazado un fuerte contraataque
enemigo, parte cuerpo a cuerpo y al arma blanca, ocasionando serias pérdidas al
enemigo con una valentía extraordinaria”.
En este sentido, David Jato nos relata como “allí se distinguió, entre tanto
heroico comportamiento, el sargento Luis Nieto, del S.E.U. de Ciencias. No había
cesado la batalla cuando surgió un impresionante «Cara al Sol», que ya no había de
faltar en ningún momento victorioso o difícil de los divisionarios.
En la ampliación de la cabeza de puente sobre la orilla derecha del Wolchow,
se sucedieron, en ininterrumpida serie, pequeños combates, al precio de ir formando
los primeros cementerios de camaradas. Uno de los primeros caídos fue el teniente
Julio García Matamoros, Jefe del S.E.U. de Madrid”15.
En el libro “La División española de Hitler” de los historiadores americanos
Kleinfeld y Tambs se describe con minucioso detalle aquellos dramáticos momentos.
Dicen así, refiriéndose a los pocos soldados que el teniente Escobedo poseía en
reserva y lanzó al contraataque:
“Los guripas atacaron con toda la furia de cuatro siglos de tradición de la
Infantería española. Sorprendidos, los rusos vacilaron y luego se dispersaron por el
bosque. La cabeza de puente del 2º del 269 estaba asegurada. El amanecer reveló la
amplitud de la carnicería. La altura estaba rodeada de muertos y heridos soviéticos.
Escobedo permitió a los rusos que retiraran a sus sangrantes camaradas. Desde
14
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Orillas del Voljov (II)". 3ª Edición. Página 196 y
siguiente. García Hispán, Editor S.L. Madrid. 1.992.
15
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 314 y siguiente. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

Udarmik, el coronel observaba la escena y, en honor de un amigo caído, dio a la altura


el nombre de Capitán Navarro.
Los éxitos de Escobedo y su victorioso establecimiento de una cabeza de
puente española en Capitán Navarro eran desconocidos para el Dieciséis Ejército y el
Grupo de Ejércitos Norte”16.
Efectivamente, durante los primeros momentos del combate, el Jefe de la
Sección, el teniente Escobedo, fue herido de consideración. A pesar de ello, intervino
personalmente en el contraataque definitivo del cuerpo a cuerpo, dando muestras de
su enorme valor y coraje, lo que le hizo merecedor de la Cruz de Hierro y la Medalla
Militar Individual.
Y nuevamente son los historiadores Kleinfeld y Tambs quienes, tras hablarnos
de la visita que el Conde de Mayalde, acompañado por Roca de Togores y por el
director del periódico madrileño Informaciones, Víctor de la Serna, realizaron el día 21
a los guripas españoles en el frente, nos introducen en aquella meritoria recompensa:
“Terminada la reunión informativa, Muñoz Grandes acompañó a sus visitantes
al puesto de mando de Pimentel. El robusto jefe regimental les dio una entusiasta
bienvenida. Gómez Zamalloa, que lucía la Laureada en la guerrera, hizo lo mismo.
Víctor de la Serna pensó que, con toda seguridad, los que allí estaban eran hombres
nacidos para el mando. Su romántico corazón componía ya poemas sobre los bravos
héroes españoles que estaban escribiendo un nuevo capítulo de la civilización
occidental en los campos cubiertos de nieve del gélido Norte de Rusia. ¡Cómo
escribiría todo aquello cuando volviera! Con el abrigo bien abotonado y el elegante
sombrero de ala vuelta en la cabeza, el director anduvo por allí hablando con los
guripas. Chocaba un tanto ver a un paisano en el frente.
El grupo continuó al hospital de campaña divisionario instalado en la antigua
facultad de veterinaria del desvío de Grigorovo, donde esperaba von Roques
[Rockers]. Pasaron al salón; allí los oficiales heridos yacían en catres de hierro. En
presencia del embajador y del agregado militar, el jefe del cuerpo del ejército prendió
la Cruz de Hierro de Segunda Clase en el pecho de Muñoz Grandes. Éste,
volviéndose a Escobedo, relató las hazañas del joven.
«Te concedo, en nombre del Caudillo, la Medalla Militar, y, en el del Führer, la
Cruz de Hierro». Prendió ésta en el cabestrillo de Escobedo, pero no tenía Medalla
Militar. Mayalde desprendió la suya, ganada en la Guerra Civil, de su uniforme del
Movimiento y se la entregó al general, el cual se la impuso a Escobedo en sus
vendajes. Muñoz Grandes pasó al anfiteatro, donde los soldados heridos esperaban
su traslado al hospital base español en Prokhov. Con la Cruz de Hierro colgando del
ojal del cuello de su guerrera, el jefe de la división declaró: «Me han dicho que lleve
esta condecoración en nombre de todos vosotros. Al condecorarme reconocen vuestro
valor»”17.
El día 8 de noviembre, el primer batallón del Regimiento 269 relevaba al 30
Regimiento de la 18 División alemana, de guarnición en Possad. “Cuando llegó aquel
batallón repleto de universitarios, todo el sector presentaba una calma absoluta, tanta,
que hacía ignorar la verdadera situación del enemigo. Pero el día 10 comenzó la
batalla más tenaz y sangrienta de cuantas habría de sostener la División.
Possad se encontraba a 12 kilómetros de una carretera en línea recta que
partía de Schewelewo, pueblo de la orilla derecha del Wolchow; la única posición
16
Gerald R. Kleinfeld y Lewis A. Tambs."La División española de Hitler. La División Azul en
Rusia". Página 138 y siguiente. Editorial San Martín. Madrid. 1.983.
17
Gerald R. Kleinfeld y Lewis A. Tambs."La División española de Hitler. La División Azul en
Rusia". Página 149 y siguiente. Editorial San Martín. Madrid. 1.983.

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

intermedia era el Monasterio de Otenski, a 4 kilómetros de Posad; la carretera está


rodeada de un espeso bosque, muy apropiado para el ataque por sorpresa. Desde el
día 12 los soldados de Possad comenzaron a recibir balas de todas las direcciones. La
guarnición española quedó cercada. La lucha se desarrolló en dificilísimas
circunstancias; parapetarse en las casas era peligrosísimo, pues ardían fácilmente; no
podían cavarse trincheras, pues el piso era una capa de hielo durísima; por si fuera
poco, los rusos ocupaban las lindes del bosque y sus armas y uniformes eran
netamente superiores a los alemanes. Esta insospechada realidad dio lugar a que
muchas unidades divisionarias terminaran poniendo en línea, a fuerzas de encuentros
decisivos, buena cantidad de armas rusas en sustitución de las alemanas. Sólo
cuando el enemigo se decidía al ataque fue rechazado. En muchas ocasiones se
cantó el «Cara al Sol». La primera fue iniciada por el teniente Reyes, del S.E.U. de
Derecho, gravemente herido, mientras ardían, iluminando la noche, las casas que
cubrían la parte sur del pueblo.
En uno de los momentos más críticos se recibió un radio del coronel Esparza
anunciando el envío de refuerzos. Con objeto de hacerlo llegar a todas las posiciones
se eligieron dos enlaces; se trataba de un servicio difícil, por la carencia de parapetos
y comunicaciones cubiertas. El coronel Esparza da en su libro un texto que no coincide
con el transmitido a los combatientes, que decía así: «De madrugada salió compañía
alemana. Salgo yo. Batallones, artillería. Resolveré la situación rápidamente. Ánimo.
Arriba España.» Recorriendo las posiciones para transmitir este mensaje recibió un tiro
que le atravesó un pulmón Eugenio Arizcun. El cable era una finta psicológica para dar
ánimos. De lo anunciado, lo único efectivo fue la instalación de Esparza con su plana
mayor en el Monasterio de Otenski. Por el contrario, la situación empeoró por la
intervención de escuadrillas de bombarderos «Martín Bomber», que actuaban con toda
impunidad por carecer los divisionarios de artillería antiaérea. El día 14 se combatió
furiosamente. Masas atacantes de rusos, que proferían grandes chillidos y hurras,
fueron una y otra vez rechazadas a bayonetazos y con bombas de mano. Herido el
capitán Muñoz, nuestro camarada del S.E.U. sevillano, Salvador López de la Torre,
pasó a defender la comprometida posición que cubría la entrada sur del pueblo. Los
muertos, ante la imposibilidad de ser enterrados, compartían los lugares de los
combatientes, y los heridos graves, recogidos en algunos sótanos, morían sobre paja
en atmósferas irrespirables.
Al atardecer, los rusos dieron muestras de cansancio y ello indujo a organizar
la evacuación de heridos, que a la mañana siguiente llegaban al hospital de campaña
número 250, situado en Podbereje. Toda la epopeya de Possad está jalonada con
nombres del Sindicato. Desde los combatientes del primer batallón de Esparza, el de
«los señoritos de Madrid», según fue calificado por su jefe durante las marchas; con
los enlaces, Ricardo Pardos ganó una Medalla Militar, después de enfrentarse, solo,
con una patrulla enemiga y llegar al puesto de mando perdiendo sangre por el cuello
atravesado, en un esfuerzo tal, que quedó sin conocimiento después de comunicar la
novedad; los grupos que desde el Monasterio, con Agustín Aznar y Luis Nieto
cooperaban para que el bosque no fuera nido de ofensivas rusas; las ambulancias,
que transportaban los heridos por una carretera infestada de enemigos y convertida en
una pista helada, casi intransitable, y que conducían Rivadulla y Sánchez Covisa,
hasta el hospital, donde operaban [Ricardo] Franco y Barrios, luchando con heridas
gangrenadas, como la de Luis Soto, que intervenidas a tiempo apenas hubieran tenido
importancia, o como la de Miguel Alonso García, Jefe de la Centuria «Alfonso Tudela»,
conocido por todos sus camaradas por «Carbonilla».

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

En los últimos días de noviembre hubo relativa calma en este sector. Pero en
diciembre otra vez volvieron los ataques; entonces murió Enrique Sotomayor, cuando
intentaba recoger el cadáver de otro del S..U. caídos ante las líneas propias. Se
trataba del segundo de los Ruiz-Vernacci; el primero, Joaquín, había muerto en los
primeros combates, y aún quedaba el tercer hermano con un fusil mirando a las
trincheras rusas. El cadáver de Sotomayor fue recogido por Agustín Aznar frente a un
nutrido fuego de antitanques. Sotomayor le había dicho a López de la Torre horas
antes de morir: «Podrás creer que es una tontería, pero tengo el convencimiento de
que voy a morir. Y te aseguro que no me importa. Pero Dios, que no resulte inútil
nuestra sangre, que no vayamos a morir en vano.»
Análogo presentimiento le llevó a Alfonso de la Aldea a escribir a Carlos
Piernavieja una carta emocionante:
«No puedo escribir mucho, pues tengo un caos de ideas y sentimientos. Soy
un disconforme con la vida actual; me ahoga el ambiente de "estraperlismos", de
rojos» más o menos disimulados, de "hombres de derechas de toda la vida", que
cuando hay que demostrar ser hombres de verdad ofrecen muy pocos detalles de
serlo. Estoy convencido del destino trágico y glorioso de las generaciones actuales y
prefiero incorporarme a él, física y espiritualmente, y no vivir en una ceguera enorme,
como muchos viven buscando fórmulas acomodaticias y estomacales, para buscarse
la tranquilidad en un mundo que no la tiene y que no muy lejanamente nos
incorporará, con ganas o sin ellas, a la vorágine de la lucha. Si no regreso, espero
que, por lo menos, me digáis una misa; que todas las ayudas son pocas para
conseguir el cielo. Tengo el presentimiento de que no volveré, Carlos. Dame un
¡Presente! cuando te enteres de mi muerte y reza una oración por mí. ¡Arriba España»
Y el corazón de Alfonso de la Aldea, tan grande como su corpulencia, en Rusia quedó
enterrado. Y Alfredo Martínez de Velasco, cuyo hermano Antonio, destacado en el
S.E.U. de Ciencias, había sido asesinado por los rojos, escribió antes de morir:
«prestaré alegre mi último servicio».
El coronel Esparza terminó así su relato de la batalla: «Nuestra pluma es
incapaz, desde luego, de describir semejante epopeya. Baste decir que Possad tenía
que permanecer, ¡y permaneció!»”18.
Nuevamente es David Jato quien, en su crónica histórica sobre el S.E.U., nos
explica como “en Rusia se sucedían los combates en la posición «El Alcázar»,
avanzada así bautizada por los alemanes antes de entrar en línea de fuego la División.
Se combatió también con dureza en la brecha abierta por los rusos entre Lobkowo y
Udarnik. Allí fue donde los defensores de la llamada posición intermedia, que había
recibido de Muñoz Grandes la consigna de: «No retroceder; tenéis que estar ahí como
clavados», aparecieron, cuando se reconquistó, clavados con picos en el suelo. La
barbarie rusa había hecho que la orden fuese totalmente cumplida. En los
contraataques se distinguió el camarada Hernández Navarro, quien añadiría a la ya
larga lista de buenos libros escritos por la gente del S.E.U. un título de novela, cuyos
personajes son los estudiantes sobre el campo de batalla del Este; el título: «Ida y
vuelta». Y el mismo día de Navidad un cañonazo destrozaba a Vicente Gaceo.
Seguramente la empresa más bella de la División Azul fue la liberación de la
cercada guarnición alemana de Wswad al sur del lago Ilmen. Sus protagonistas, la
compañía de esquiadores. Sánchez Covisa, al relatarla e ir nombrando a sus
componentes: [Guillermo] Ruiz Gijón, [Ángel] Marcos, [Joaquín] Escosa, Guillermo
González de Canales, [Álvaro] Mont, [Carlos] Urgoiti, [Ramón] Valentí, M. Herrero[s],
18
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 315 y siguientes. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

[Julio] Garrigós, Miguel Piernavieja, [Jorge] Hernández Bravo, [Andrés] Salgado,


Rivadulla..., resume diciendo: «yo creo que todos éramos del S.E.U.». También lo era
su médico, Santiago Cifuentes. Habían de atravesar sobre la helada superficie del
lago; la compañía partió en la madrugada del 10 de enero de Jerunowo, e hizo una
marcha de más de 30 kilómetros, con temperaturas de 50 grados bajo cero, salvando
cinco enormes grietas; el día 11 alcanzaban la otra orilla por Sadnoje-Pole, con
dieciocho soldados gravísimos, congelados en aquella frigorífica infinita. Desde la
base de Sadnoje-Pole operaron sobre Wereschowo, Pogost, Schischimorow y
Malojeutcheno, que fueron ocupados. Con ello, los rojos aflojaron el cerco de Wswad,
pero entonces entraron en juego los tanques soviéticos y algunas posiciones de
vanguardia, mandadas por el alférez del S.E.U. García Lario[s], superviviente del
Cuartel de la Montaña, fueron aniquiladas; el capitán Ordás envía el siguiente radio:
«Los españoles no han capitulado. Han muerto con las armas en la mano. Se observa
gran concentración, esperamos ataque enemigo. Sabremos morir como españoles.
Arriba España y Viva Franco.» Aun cuando a los tanques se unió la aviación enemiga,
la guarnición alemana fue liberada. Y aun se combatió después, hasta el 24. aquel día
se tuvo la última baja, la de Julián Martín Fabián, uno de los más entusiastas del
Sindicato. Entonces, el capitán de la compañía transmite el último parte: «Capitán
Ordás a General: Salimos 206. quedamos 12 combatientes.»
Dionisio Ridruejo, soldado de la segunda compañía de antitanques, fue
tejiendo con poemas la vida divisionaria; con todos ellos aparecería un libro, «Poesía
en armas». Otro del S.E.U., José María Hernández-Rubio, publicaría a su regreso de
la División vidas y antologías de «Poetas-soldados españoles».
La División no descansó. Luchó por la liberación de otra guarnición alemana
cercada en Mal-Samoschje, en el mes de febrero; en los duros combates de marzo, en
la bolsa formada a sus espaldas, en un desesperado intento ruso para aliviar el frente
de San Petersburgo. En los combates de Kopzy, relatados por el camarada Gómez-
Tello en su libro «Canción de invierno en el Este»”19.
De una forma mucho más concluyente podríamos decir que “la inmediata
llegada del terrible invierno ruso iba a crear unas condiciones especialmente difíciles
de clima y ambiente para los soldados españoles. Para los soviéticos, por el contrario,
resultaban las más adecuadas para iniciar una contraofensiva.
Así llegaron, sin solución de continuidad, las jornadas gloriosas y trágicas de
Otenski y Possad, de la «posición intermedia» entre las aldeas de Udarmik y Lubkow,
y de la expedición de socorro a través del helado lago Ilmen.
Luego, ya en primavera, las operaciones de reducción de la denominada
«bolsa del Wolchow» que se desarrollaron entre los meses de abril y junio de 1.942.
En agosto, el Mando dispuso el traslado de la División al sector de Leningrado
para que tomase parte en el proyectado asalto a la antigua San Petersburgo de la
época zarista. Asalto que quedó aplazado ante la nueva situación estratégica creada
por el desastre del Sexto Ejército de von Paulus ante Stalingrado. Había sonado para
la fortuna militar alemana la hora inicial de un rápido declive20.
Va transcurriendo el tiempo, y a mediados de 1.942, concretamente el 11 de
mayo, se inició el relevo de todos aquellos divisionarios que estuviesen casados y de
aquellos otros que fueran menores de 18 años, de los que en primera expedición
llegaron a España el día 24. “Entre los nuevos soldados, la proporción de estudiantes
es ya menor. Pero siempre destacaron; en el primer relevo llegó Teodoro Delgado
19
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 320 y siguientes. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.
20
General de brigada (DEM.) José Uxó Palasí. "División Azul". Revista Ejército. Julio de 1.991.

13
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

Pomatta, que terminaría confeccionando la «Hoja de Campaña», que se repartía entre


los combatientes, y que había sido fundada por otro del S.E.U., Carlos Juan Ruiz de la
Fuente”21.
Más tarde, el 12 de diciembre, el general Muñoz Grandes recibió la orden de
abandonar el frente y regresar a la Patria, ante la oposición alemana. Cuando Muñoz
Grandes llegó a la Estación del Norte de Madrid fue recibido apoteósicamente por una
manifestación de falangistas que allí le aguardaban y que querían mostrar en su
persona el profundo reconocimiento por los méritos logrados por su División.
Antes de regresar, el 14 de diciembre, Hitler le impuso en su Cuartel General,
el Rechtag, las Hojas de Roble sobre la Cruz de Caballero de la Orden de la Cruz de
Hierro que ya poseía. Allí le “dijo Hitler: «Cuando la División regrese a España,
nosotros sólo podremos lanzar sobre ella y sobre su valiente General la apreciación de
reconocimiento de una fidelidad y una bravura que no se han desmentido ni aun ante
la muerte.» Muñoz Grandes, relevado por el General Infantes, decía: «Muy duro es el
invierno de estas estepas y muy duro también el enemigo soviético; pero más dura es
mi raza»”22. Por su parte, el general Franco le condecoró con la Palma de Plata de la
Falange y el ascenso a teniente general. Era un síntoma evidente de su ejemplaridad
en el mando y del derroche de valor personal y heroico de sus bravos soldados en el
Frente del Voljov.
El Mando de la División, desde entonces recayó hasta el final sobre el general
Emilio Esteban Infantes Martín, quien había estado desempeñado las funciones de
Segundo Jefe desde su llegada a Rusia, el 8 de agosto.
“En el otoño, la División fue trasladada al frente de San Petersburgo, al sector
de Puschkin; en los combates allí desarrollados se seguirán encontrando nombres de
ejemplares camaradas, como el Capitán Urbano en Staraya Misa, quien llegó a
inutilizar personalmente, con minas magnéticas, que se precisa colocar en el propio
tanque, dos carros soviéticos, en unos sangrientos y desesperados combates. O en
los combates del río Ishora, de los que un oficial, Antonio Amo, contaba: «Casi todos
éramos del S.E.U. Pero recordaré siempre a dos camaradas que para alistarse
hubieron de mentir su corta edad: Luis Zaragoza y Federico Doña Morales, este
último, muerto días antes de su relevo.»23.
El paso del “general invierno” por segunda vez en el frente volvería a ser
angustioso para los guripas españoles. Una violenta ofensiva soviética cogió de lleno a
las unidades de la División Azul que se encontraban desplegadas en la zona de
Krasny Bor. Durante tres largos días, a partir de la madrugada del 10 de febrero de
1.943, el avance ruso pudo ser detenido gracias a la tenaz y sobrehumana resistencia
de algunos núcleos españoles. Tres inacabables días en los que abundaron los gestos
heroicos como los que hicieron ganar la Cruz Laureada de San Fernando al capitán de
Infantería Ruiz de Huidobro y al zapador Antonio Ponte.
Bastantes años después, en febrero de 1.993, el teniente general Aramburu
Topete, entonces Capitán Jefe de la 3ª Compañía del Batallón de Zapadores de la
División Azul, publicó un artículo para la Revista Ejército titulado “Una posición en
Krasny Bor” en el que describía la actuación de este zapador de su compañía:

21
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 322. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.
22
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 322. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.
23
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 322. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.

14
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

“Sí desearía resaltar la abnegación de todos los combatientes y, como


ejemplo más destacado, no puedo dejar de mencionar la acción de uno de mis
enlaces, el soldado ANTONIO PONTE ANIDO, al cual envié con un parte al PM del
Bón de Zapadores antes de estar cercados. En las cercanías de dicho PM vio que un
carro de combate T34 estaba haciendo fuego sobre una «Isba» utilizada como puesto
de socorro. No dudó un segundo, cogiendo de un campo de minas cercano, una M42,
se lanzó como si fuese un «kamikaze» debajo del carro, volando con él. Por esta
acción le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando”.
Ya no hubo nuevos ataques de importancia hasta el mes de marzo en que, en
el sector de Ishora los soviéticos intentaron infiltrarse mediante un fuerte apoyo
artillero. El reducto español se mantuvo.
Al cumplir los dos años de permanencia continuada en el frente, el Coronel
General Lindemann impuso la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro al general
Esteban Infantes y habló de que había recibido la orden de retirar de línea a la División
250 con objeto de que descansara. Era la primera noticia que recibían los divisionarios
sobre la variación de la política española en relación con su presencia en Rusia.
Las nuevas circunstancias que concurrían en lo que ya había dejado de ser
un conflicto europeo para convertirse en la Segunda Guerra Mundial obligan a Franco,
que se ve influido por su Ministro de Asuntos Exteriores, el anglófilo y germanófobo
Conde de Jordana, Francisco Gómez Jordana, a ceder a la pretensión norteamericana
para que la División española fuese repatriada. Pero el heroísmo de los voluntarios
continuó hasta el día 5 de octubre de 1.943 en que se realizó la última acción de
guerra de la Blau División (como la conocían los alemanes) al ser rechazado un
ataque soviético por la 9ª Compañía del Regimiento 269.
El 22 de octubre de 1.943 se comunicaron las instrucciones del Ministerio del
Ejército para que se transformase la División en la Legión Española de Voluntarios. El
17 de noviembre de 1.943 el General Jefe de la División de Infantería 250 dictó una
orden por la que quedaba disuelta, y es que, como sintetizó Fernando Vadillo, “la
guerra ha[bía] dado un giro de noventa grados, por lo que en noviembre de 1.943
ha[bía] sido repatriada la División Azul a petición del Caudillo y a regañadientes del
Führer, que la distingue en sus discursos como unidad de élite”24.
Los voluntarios que lo desearan podrían incorporarse a la Legión Azul que se
iba a constituir automáticamente y que continuaría con la lucha emprendida contra el
comunismo bolchevique bajo el mando del coronel Antonio García Navarro. La nueva
Unidad contaría con 1.500 hombres. Tres días más tarde entrarían en combate.
El 20 de febrero de 1.944, el Führer notificaba al general Franco que la Legión
Azul también sería repatriada. La orden de repatriación llegaba al Puesto de Mando de
García Navarro el día 3 de marzo.
A las 11 horas y 34 minutos del día 6, en la localidad de Letztche, el coronel
arengaba por última vez a sus legionarios:
“…Y ahora, legionarios, en este día en que por el sol y el cielo nos recuerda a
España, voy a hablar de Ella y para Ella, porque esta jornada que para alguno pudiera
ser, aisladamente alegre, para nuestra Patria es de luto, porque se ve obligada en un
azar transitorio de las circunstancias de la guerra a obedecer a sus propios enemigos,
a los que en la hora actual y en la continuidad de la Historia nos trataron siempre de
herir y de mermar.

24
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Los irreductibles". Página 16. García Hispán, Editor S.L.
Granada. 1.993.

15
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

La noticia es triste e impresionante: España, de acuerdo con el Gobierno


alemán, pasa por el trance doloroso, pudiera asegurar que trágico, de acceder a
nuestra repatriación.
Es un momento amargo del que sólo unos miserables y canallas se pueden
alegrar. En esta hora sólo esos traidores, que hasta pudieron estar entre nosotros
sembrando la cizaña de sus espíritus vendidos, pueden sentirse satisfechos. No nos
preocupa su satisfacción asquerosa, porque son los mismos que trataron de impedir a
toda costa el que esta Legión, que fue esperanza alegre de todos los verdaderos
patriotas españoles, llegase a existir, tratando de evitar más tarde, el que aquella
llegase a constituir una Unidad modelo dentro del Ejército alemán.
¡La Legión tiene que volverse a España!
¡Que nadie ignore el alcance de este hecho! Se regresa en contra de nuestra
voluntad, así como en medio del sentimiento de la mejor parte de nuestro País. Al
hacerlo comprendemos la realidad trágica de nuestra soberanía mermada, puesto que
cada país debe tener libertad de acción y potencia cuando se trata de sus relaciones
exteriores.
¡España se ve obligada a acceder a la imposición extranjera...! Pero no lo
olvidéis, en la esencia de aquella cesión obligada, España sabe que ha de reclutar
voluntarios para otro lugar. La lucha no ha terminado: España necesitará de nuestra
presencia en coyunturas históricas que pronto se han de avecinar. Por eso ha de
ceder en este frente, en el que la representábamos nosotros como Unidad predilecta y
querida hacia quien se dirigía su atención y su cuidado, y ello porque, entre otras
cosas, había de ser la base de otra Unidad más grande que la encarnase con mayor
volumen en esta lucha esencial para la existencia de España y para la defensa de la
Humanidad.
Es la imposición de Inglaterra y de los Estados Unidos, agotando todos los
medios a su alcance, la que nos obliga a regresar. Pero esos mismos países serán en
plazo corto víctimas de su propia obra actual; Inglaterra al exigir la repatriación
nuestra, hace una dejación de su poder imperialista ante el soviet. A la larga lo saben
perfectamente Inglaterra y los Estados Unidos, la guerra contra el comunismo les sería
indispensable para su propia subsistencia.
Saben ambos países que nuestra presencia aquí, que nuestro ardor
combativo, había de eliminarles un número sensible de sus futuros enemigos. Sin
embargo, ceden y ceden exclusivamente ¡porque Stalin manda!...
La retirada de la Legión es para el anglosajón una claudicación más situada
en la misma línea que la que representa el planteamiento y el fracasado intento de
resolución del pleito ruso-polaco o la que representa la presión sobre Finlandia para
que firme una paz separada con Rusia.
He aquí nuestra importancia en la hora presente: Estamos en el juego de los
problemas fundamentales de este momento de la guerra. El enemigo reconoce con
ello la grandiosidad de nuestra misión. De esa misión impar a cuya realización sólo
pueden sustraerse esos canallas y traidores que buscaron un cobijo, que no recibirán
en el enemigo, y los que hasta aquí llegaron a sueldo de Centros extranjeros para
sabotear nuestra labor.
¡Volved orgullosos de haber cumplido con vuestro deber...! Orgullosos porque
nos lo exigía España y porque se ha realizado sin vacilación.
A los que os traicionaban, a los que intentaban sembrar cizaña entre vosotros,
tratando de malograr o debilitar vuestro espíritu y valor, ¡escupidles!, no merecen más
que vuestro desprecio, no merecen que les miréis a la cara.

16
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

Ahora una orden. La más severa que he dado a la Legión. ¡Nadie demostrará
alegría! Ya sé que no la tenéis, puesto que veo lágrimas en muchos y la emoción en
todos. No podemos sentirnos alegres, por grande que fuese el deseo de regresar a
España, a reencontrarnos con nuestros cariños naturales o porque desgracias
familiares sufridas o algunos intereses abandonados, requiriesen allí nuestra
presencia.
Nadie se alegrará: España está de luto y la Legión está de negro. De negro
en la seriedad, en el sentimiento, en la amargura del regreso.
Por encima del interés de cada uno en ver a los suyos, está España y para
Ésta encierra una advertencia tremenda el hecho de nuestro regreso.
Id, por otro lado satisfechos: vuestra presencia aquí para derrotar al enemigo
de nuestra Patria, no fue estéril. El enemigo no tiene la guerra ganada: ¡No ganará la
guerra! Para ganarla se necesita el heroísmo del Ejército alemán, el temple de la
retaguardia de este gran país o el valor y sacrificio del aviador japonés que emprende
su viaje sin retorno, sabiendo que ha de estrellarse contra el objetivo que va a destruir.
Fracasan sus bombardeos sobre Berlín. Triunfan los bombardeos sobre
Londres. Recuperan tierras sin valor, totalmente agotadas.
Esto es el principio de la derrota, cuya primera gran batalla ha de ser el
desembarco que no tienen todavía medios para realizar.
Llevaréis, hoy día de luto, los fusiles vueltos, como en los entierros o como en
Semana Santa, porque, os repito una vez más, es día de luto para todo nuestro País.
Otra advertencia: Vamos a atravesar el territorio alemán. Es inútil advertirlo,
porque no en vano portáis la caballerosidad de una raza, pero os recuerdo que el
comportamiento que será exigido es el que impone el honor y la corrección constante
a nuestro pueblo.
Es, además, deuda obligada ante el gesto amigo, cordial y correcto de este
pueblo magnífico que si en el frente lucha, vence y defiende con heroísmo nuestro
Continente, en la retaguardia trabaja y sufre sin límites, hasta el agotamiento, por la
victoria.
Hay que responder al trato hidalgo de este pueblo que en la hora de la
despedida nos brinda el símbolo de reconocimiento de sus preciadas condecoraciones
o invita a una representación nuestra a recorrer toda Alemania.
Sabed ser y comportaros como caballeros españoles.
Legionarios, españoles: Por España y para España. ¡Arriba la Legión! ¡Viva
España!”
El día 21 se entregan las últimas armas y el vestuario sobrante. Al día
siguiente podía considerarse oficialmente disuelta la Legión, aunque todavía habrían
de pasar dos semanas más hasta que en Wilmehoff entregaran el uniforme alemán
para recibir el español. A la frontera española de Irún llegaron los primeros repatriados
el día 31; medio mes después, el 17 de abril, llegaban los últimos y con ellos su
coronel y el Jefe de la Plana Mayor de Enlace alemana, el capitán Edwin Haxel.

Las Escuadrillas Azules de Caza

La mayor parte de los voluntarios españoles fueron inicialmente encuadrados,


como hemos visto hasta ahora, en el Ejército de Tierra alemán (Heer) de la
Wehrmacht. Pero por su parte, el Ejército del Aire envió paralelamente a los
voluntarios de la División a cinco escuadrillas expedicionarias, que encuadradas en el
Arma Aérea alemana, la Luftwaffe, lucharon contra el comunismo en los cielos de la
U.R.S.S.

17
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

La primera de ellas, al mando del comandante Ángel Salas Larrazábal, partió


de la estación del Norte de Madrid el 24 de julio de 1.941, doce días después de que
comenzara a hacerlo la División Azul. Tras un breve periodo de adaptación en el
Jagdfiegerschule de Werneuchen, situado en un suburbio industrial berlinés, el28 de
agosto, los casi cien hombres (entre pilotos, especialistas y soldados) que componen
la Primera Escuadrilla Azul pasarían a ser la 15ª Escuadrilla del 27º Grupo de Caza del
general Wolfram von Richthoffen25. La Escuadrilla, con sus aviones Messerschmitt-109
E llega al improvisado aeródromo de Moschna, al Sudoeste de Smolens, desde donde,
sobre la bolsa de Viasma, realizan operaciones de caza libre y dan escolta y
protección a los bombarderos alemanes. En una de estas operaciones, el 27 de
octubre, cae el avión del teniente Alcocer, quien no logra sobrevivir, convirtiéndose en
su primera baja.
Con respecto a la heroica muerte del teniente Alcocer, realiza David Jato el
siguiente comentario: “Una Escuadrilla Azul operó también por los cielos de Rusia.
Desgraciadamente, no coincidieron, geográficamente, sus misiones de guerra con la
de sus camaradas de tierra. Pero sí en heroísmo y sacrificio; el 3 de octubre caía en
combate aéreo el teniente Luis Alcocer, del S.E.U. de Burgos. La muerte citaba
también a otros de sus camaradas del Sindicato burgalés: los oficiales Luis Hernando
Martín, Benjamín Arenales, Feliciano Cañedo, Fernando Salinas, Alfredo Miranda,
Santiago Crespi de Valdaura –hermano de Juan, otro seuísta muerto mandando tropas
en el Jarama– y José Gil y Carlos María Mena. En la Escuadrilla Azul luchó ya con la
graduación de comandante el camarada del S.E.U., Gavilán”26.
De Moschna, la escuadrilla es trasladada a Byelov, en el Frente de Moscú, de
allí a Kalinin hasta que el 31 de octubre salta a Staritza y Rudsa, distante a tan sólo 80
Km. de Moscú, a la que sobrevuelan el 14 de noviembre. El 27 es abatido el
comandante Jesús Muñoz Jiménez y al día siguiente, la escuadrilla ha de pasar a la
base aérea de Klin hasta el 12 de diciembre en que la han de abandonar presionada
por la infantería rusa. Es trasladada a Duguino, de allí a Vitebsk para reorganizarse, y
el 7 de febrero de 1.942 reciben la orden de relevo.
La Segunda Escuadrilla estuvo mandada por el comandante Julio Salvador
Díaz-Benjumea y se estrenó en el combate el 21 de julio de 1.942.
El jefe de la Tercera Escuadrilla fue el comandante Carlos Ferrándiz Arjonilla
quien, con sus subordinados combate en el Sector Orel-Oeste desde el 30 de
noviembre al 23 de diciembre.
El 4 de julio de 1.943 llega la Cuarta Escuadrilla, que manda el comandante
Mariano Cuadra Medina, al aeródromo de Seschstshinskaya, al Sudeste de Rosalv.
Fracasada la batalla de Jarkov, la escuadrilla ha de proteger la retirada de la infantería
de la Wehrmacht. Tras ocupar sucesivos asentamientos, el 23 de febrero de 1.944 le
relevó la Quinta Escuadrilla.
Finalmente, el 28 de febrero, el general de la Luftwaffe Walter Warlimont se
entrevistó con el comandante Javier Murcia Rubio, Jefe de la Escuadrilla, para
comunicarle la decisión del mariscal Göring de retirar la Escuadrilla Azul del Frente
Ruso.
Al igual que sus camaradas de tierra, las diferentes expediciones aéreas se
ganaron el aprecio de los alemanes. Ejemplos de ello son que la Primera Escuadrilla,
de un total de 422 servicios de guerra realizados lograron derribar 14 aviones
soviéticos, con escasas bajas propias; la Segunda continuó desarrollando constantes
25
Éste fue el antiguo Jefe de la Legión Cóndor durante la Guerra Civil española.
26
David Jato Miranda. “La rebelión de los estudiantes (apuntes para una historia alegre del
S.E.U.)”. Página 319. Talleres Gráficos CIES. Madrid. 1.953.

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

misiones de protección y duelos con los cazas rojos; la Tercera, pese al corto espacio
de tiempo que estuvo en el frente, realizó 779 servicios de protección, 403 de caza
libre y alarma, y 16 derribos comprobados; la Cuarta logró 74 victorias aéreas y; la
última, en tan sólo seis días de acción, realizó 86 servicios y 6 combates aéreos.

Los componentes españoles de la Kriegsmarine

Por otra parte, a partir del mes de febrero de 1.942, la Armada alemana
(Kriegsmarine) contó con la presencia de un reducido número de oficiales y
suboficiales españoles, aunque en este caso, a diferencia de los que formaron parte
de la División, la Legión y las Escuadrillas Azules, no se debió a motivos bélicos, sino
perfeccionamiento técnico. Sin embargo, este motivo no impidió que éstos vistieran el
uniforme de la Marina de Guerra alemana e incluso llegasen a participar en varias de
sus acciones armadas.
Como botón de muestra de la participación española en la Kriegsmarine,
baste la siguiente entrevista a Bienvenido Manrrubia Ruiz, publicada en la Revista
Española de Historia Militar:
“...De allí, en abril de 1.943, me fui en Comisión Reservada a Alemania.
- ¿En Comisión Reservada a Alemania? Cuéntenos, cuéntenos...
- Fue una Comisión Reservada a la que me presenté voluntario. Era un aporte
de la Armada Española a la alemana, pero también como preparación de nuestro
personal para el plan previsto de nuevas construcciones con el apoyo alemán. La
comisión, que en principio iba a durar cuatro meses, se prolongó hasta seis, o sea que
me fui de Vigo en marzo de 1.943 y no regresé a mi destino en el «Navarra» hasta
septiembre. Los suboficiales mecánicos destinados en comisión éramos todos del
Departamento Marítimo de Ferrol: Francisco Regueiro, José Carneiro, Constantino
García y yo, y todos fuimos destinados a la 1ª Flotilla de Lanchas Minadoras, en
alemán denominada «1. Raümflotille», que tenía su base en un pueblo finlandés del
Báltico denominado Kotka. La unidad a la que fuimos destinados dependía de un
almirante alemán llamado Böhmer.
- ¿Cómo fue su incorporación a la marina germana?
- En un primer momento nos recibió en Reval un oficial de la «Kriegsmarine»
que mandaba un «Räumboote» (minador), que nos llevó en su propio buque a una isla
finlandesa con un nombre dificilísimo (Kirkomansaari). Allí, junto al grueso de la flotilla
se encontraba el buque nodriza: el «Nettelbeck», donde nos presentamos al capitán
de corbeta alemán que mandaba aquella flotilla. El primer y mayor problema al que
nos enfrentamos fue adaptarnos e integrarnos en aquellas tripulaciones alemanas,
muy acostumbradas a situaciones difíciles y en guerra desde cuatro años antes.
- ¿Qué destacaría de su paso por la «Kriegsmarine» alemana?
- Pues mire, si hay algo que me llamó poderosamente la atención en aquellos
momentos, fue el tremendo espíritu con el que aquellos marinos soportaban las miles
de calamidades que proporcionaban diariamente unas infaustas y peligrosas tareas en
un mar difícil y helado, lleno de tempestades, así como los continuos ataques de la
aviación soviética. No hay duda que la camaradería era la principal virtud de aquella
gente y aunque al principio miraban con cierta desconfianza a unos «Feldwebel» tan
mayores (nosotros pasábamos todos de los cuarenta años, cuando ellos rondaban los
veinte), terminamos completamente integrados en aquellas tripulaciones.
- ¿Qué relación tuvieron ustedes con la División Azul?
- Ninguna. Absolutamente ninguna. Nosotros vestimos el uniforme de la
marina alemana, con el mismo emblema de brazo que llevó la División Azul y los de

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

aviación, pero no formamos en ningún caso, unidades combatientes. Además, de


marina, fuimos muy pocos en comparación con los del ejército o los pilotos”27.

Las olvidadas enfermeras de la División Azul

Desde el comienzo de la participación española en la guerra, los enfermos y


heridos de gravedad fueron tratados y operados en los hospitales de Mestelevo, Riga,
Vilna, Königsberg, Berlín y Hof principalmente por personal sanitario español, que
incluía a un gran número de enfermeras de la Sección Femenina y de las Damas de
Sanidad Militar que habían acudido voluntariamente a atender a sus camaradas.
Luis Suárez, en su Crónica sobre la Sección Femenina recoge como “el 15 de
julio, se enviaron a todas las provincias instrucciones muy precisas acerca de la
movilización de las mujeres, afiliadas o no, que la Sección Femenina consideraba de
su exclusiva competencia. Tres clases de servicios estaban en condiciones de
organizar: los de vanguardia (hospitales, quirófanos, correspondencia, lavaderos y
talleres), los de retaguardia (enfermerías, laboratorios y, en general, sustitución de los
hombres en los puestos que dejaran vacantes) y los de industria militar (polvorines,
fábricas de armas, maestranzas o textiles). También se brindaba para llevar
suministros a las ciudades liberadas. En la práctica estos proyectos se vieron muy
reducidos porque, afortunadamente, la guerra no se generalizó y, al convertirse la
División Azul en la número 250 del Ejército alemán, la intendencia de este último, se
ocupó de todos los servicios complementarios. Al acercarse el invierno, la Sección
Femenina organizó (25 de octubre de 1.941), una campaña de recogida de donativos;
trataba de poner en manos de cada soldado, aquellas Navidades, un paquete con ropa
de lana, alimentos, tabaco y una medalla de la Virgen, a ser posible de la patrona de
cada provincia.
Hubo enfermeras falangistas; su movilización creó un problema de
competencias. De acuerdo con el decreto-ley, publicado en los últimos meses de la
campaña española, todas las enfermeras que trabajaban en los hospitales militares,
debían considerarse insertas en la Sección Femenina. Pero con posterioridad, el
Ejército organizó su propio cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad y, en 1.941, el
general Gómez Ulla, procedió a movilizarlas sin atenerse estrictamente a la ley28.
La Sección Femenina se quejó de que no habían podido ir al frente ruso más
que una proporción muy pequeña de las voluntarias que estaban dispuestas.
En total fueron, en seis expediciones sucesivas, para asegurar un relevo
eficiente, ochenta y cuatro falangistas, las que actuaron como enfermeras en el frente
ruso. La lista es la siguiente:
Primer grupo, las que permanecieron entre el 24 de Agosto de 1.941 y 17 de
Julio de 1.942: Aurelia Segovia Martínez; Mª Teresa Valderrama Corrales; Amelia de
Sevilla Gutiérrez; Mª Luisa Crooke López; Mª Luisa Herrera Sott; las dos hermanas
Larios Fernández; Javiera Aramburu Pacheco; Ángeles Llanderal Marín, Mª del Pilar
Ruiz Moso; Eusebia Carrey Luna; Ángeles Lorente Vicente; Enriqueta Redondo Sanz;
Monserrat Romeo Martínez; Monserrat Lacourt Maciá; Benita Herrera Rojo; Lucía Díez
de Valderón; Carmen Moreno Pérez; Mª Ángeles García Fernández; Carmen Sagües
Olla; Mª Cristina de Orive Alonso; Concha Echagüe Mostayer; Sabina Martínez

27
Hermenegildo Franco y Carlos Castañón. “Bienvenido Manrrubia. Testigo de un siglo de la
historia de España”. Revista de Historia Militar Nº 35 (mayo 2.003). Página 259 y siguiente.
Quirón Ediciones.
28
Aurelia Segovia y María Costi fueron las encargadas, respectivamente, de mandar a las
enfermeras procedentes de la S.F. y de Sanidad Militar para la primera expedición.

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Vitorero; Mª Josefa Ortega Cantón; Lidia Muñoz Laborde; Mercedes Vega Sancho; Mª
Asunción Hernández Nanclares; Angustias Conde Salazar; Rafaela Cuesta Sanz;
Albina Camino Herrero; Mª Luisa Galán Bustamante; Pilar Páramo y González-Tablas;
María Páramo y González-Tablas; Ana Mª Ciria y López y Mª Dolores Beltrán Sousa.
Segundo grupo, del 24 de Junio de 1.942 al 12 de Agosto de 1.943: Mercedes
Nogueras Martínez; Ana Mª Romero Rato; Mª Dolores Carretero Fernández; Mª Luisa
Rodríguez Dorado; Mª Pilar Aréyzaga Aréyzaga; Mª Victoria Rezola Otaduy; Carolina
Mendizábal de la Fuente; Natividad Núñez Garralón; Paulina Aguirre Fernández de
Lanza; María Iriarte Baser; Carmen Serrano Vicent; Mª Concepción Pellicer González;
Adela Esparza Goñi; Mª del Pilar Gordo Gracia; Mercedes Vidal Abarca; Angelines
Aznar Zaldívar; Isabel Aznar Zaldívar; Concepción Bergé Cortés.
Tercer grupo, de Noviembre de 1.942 a Diciembre de 1.943: Mª Josefa López
Peláez; Mª del Carmen Pérez Izquierdo; Carmen Salvadora del Castillo Lacarra;
Natividad Díez Vázquez; Josefa Luna Orbaneja.
Cuarto grupo, del 2 de Mayo a Diciembre de 1.943: María Rita Odriozola
Guerezquiz; Blanca Reviso Olaya; Francisca Pina Pérez; Mª Cruz González
Goascoechea; Mª Paz Ramos Izquierdo, Felisa Araguas Neira.
El sexto grupo, salió en dos escalones los días 15 de Julio y 12 de Agosto de
1.943; regresó también escalonadamente al retirarse la División Azul en Diciembre de
1.943, Enero y Febrero de 1.944: Mercedes Ródenas Revenga; Consuelo Gil Sousa;
Micaela Pérez Hernández; Bonosa Ruano Beltrán; Mª de los Ángeles García Blas;
María Ruiz Santiago; Honorata Gutiérrez Galán; Julia Muñoz Martín; Araceli del
Campo Martínez; Matilde Díaz Varela; Amalia Naya Neira; Crisanta Galán Hernández;
Mª del Pilar Alcántara García; Mª del Carmen Docet Ríos; María Miller García y Aurelia
Ainsa Font.
Prácticamente todas las enfermeras recibieron alguna condecoración. A una
de ellas, Felisa Araguas Neira, fue otorgada la Cruz de Hierro de segunda clase”29.
Por su parte, el incansable Fernando Vadillo, en su muy lograda crónica sobre
los divisionarios españoles testimonia de la siguiente forma su presencia:
“Manuel y Juan, soldados del Equipo Quirúrgico de Campaña creado en el
campamento de Grafenwöhr bajo el mando del capitán médico Fernando Lorente
Sanz, habían conocido ya en Varsovia lo que es un hospital de guerra. Pero del
hospital de Varsovia a los de Smolenko mediaba un abismo. Era como salir del
paraíso y meterse de cabeza en el infierno.
El Equipo Quirúrgico de Campaña embarcó en Grafenwöhr con dirección a
Polonia el 10 de septiembre, cuando ya no quedaba ningún divisionario por aquellos
parajes de la bucólica Baviera. Varsovia era una ciudad destruida en parte, pero aún
conservaba en pie muchas manzanas de edificios y no pocas cervecerías, teatros,
cinematógrafos y otros lugares de esparcimiento para las tropas de ocupación. En
Varsovia, Manuel y Juan asistieron cierta tarde a la proyección de la película «El
barbero de Sevilla», protagonizada por Miguel Ligero y Estrellita Castro. Y en Varsovia
se encontraron con la grata sorpresa de la llegada del grupo de enfermeras españolas
que venían pisándoles los talones, como quien dice, desde Grafenwöhr y Hof.
-¡Benita! ¿Tú aquí?
Benita Herrera, morena, menuda, valenciana ella y simpática a rabiar, era una
de las jóvenes militantes de la Sección Femenina que habían acudido al llamamiento
hecho por la Jefatura Nacional el 29 de julio para integrarse en el grupo de enfermeras

29
Luis Suárez Fernández. “Crónica de la Sección Femenina y su tiempo”. Página 140 y
siguiente. Asociación Nueva Andadura. Madrid. 1.993.

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de Sanidad Militar que habría de cumplir servicios, voluntariamente, en los hospitales


de campaña de la División Azul.
-Ya lo ves, Manolo. Aquí estamos todas...
Allí estaban todas. Treinta y ocho chicas, que habían partido de Madrid a las
nueve de la mañana del 22 de agosto, en el tren expreso de Irún. Con ellas habían
emprendido viaje el teniente coronel de Sanidad Militar Alberto Blanco, los
comandantes López Muñiz, Martín Renedo y Gómez Durán, el capitán Lorenzo Sanz,
otros veintiún oficiales de menor graduación, gran número de sargentos y practicantes
y el capellán castrense Juan Dehesa. Desde Madrid hasta Irún, la expedición fue
acompañada de Mercedes Milá Nolla, Inspectora General de Damas Auxiliares de
Sanidad Militar –nombrada por el Caudillo en la orden firmada en Burgos el 24 de
marzo de1.937–, y de Tina Esteban, Jefe de Enfermeras de la Sección Femenina de
FET y de las JONS”30.

Los “irreductibles”

Así fue como terminó la participación oficial de España en la Segunda Guerra


Mundial. Sin embargo, y a pesar de que todo estaba perdido para el III Reich, algunos
de aquellos españoles, los llamados “irreductibles” se negaron a ser repatriados.
La Embajada alemana en Madrid, incluso recibió numerosas peticiones de
veteranos que deseaban volver a combatir en el frente porque que no podían olvidar la
lucha que aún libraban en la Unión Soviética sus antiguos camaradas de armas. Hasta
llegó a establecerse una red clandestina para sacar españoles a través de los
Pirineos, gracias a la cual un reducido grupo de falangistas y antiguos combatientes de
la División Azul lograron unirse al trágico final de la guerra formando parte de algunas
divisiones y regimientos de la Wehrmacht, en grupos especiales como los de
Skorzeny, en las Waffen S.S., e incluso, en algunos casos, en los servicios de
contraespionaje.
En definitiva, los “irreductibles” españoles no formaron una sola unidad, sino
que fueron divididos, diseminados en distintos grupos de combate que cambiaban
frecuentemente de lugares, de nombres y de números, por exigencias estratégicas,
además de dividirse y reagruparse con otras unidades.
“Por estos días, el Gobierno español difunde una nota en la que recuerda la
vigencia del Real Decreto promulgado en 1.889, que condena a la pérdida de la
nacionalidad española a todo ciudadano que sirva en un ejército extranjero en guerra,
salvo que el ciudadano en cuestión disponga de un permiso especial del jefe del
Estado. La exhumación del viejo decreto expresa claramente el cambio de postura del
Caudillo respecto al III Reich. Y la oposición clandestina al Régimen –compuesta
sobre todo de la Vieja Guardia de la Falange, los camisas viejas joseantonianos–
evoca la promesa que Franco hizo sólo un par de años, el 14 de Febrero de 1.942,
durante una reunión con los altos jefes militares. Después de atacar con dureza a la
Unión Soviética y ensalzar al III Reich, a quien calificó de baluarte que durante veinte
años contiene a las hordas rusas en defensa de la civilización occidental, prometió que
si el camino de Berlín fuese abierto, no será una división de voluntarios españoles la
que fuese allí, sino que sería un millón de españoles los que se ofrecerían…”31.

30
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. Prólogo a la Tercera Edición de "Orillas del Voljov (I)".
Página 230 y siguiente. García Hispán, Editor S.L. Madrid. 1.991.
31
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Los irreductibles". Página 16. García Hispán, Editor S.L.
Granada. 1.993.

22
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

Sin embargo, no ocurrió así. Desde entonces Franco determinó que los que
cooperaran con el III Reich perderían la nacionalidad española, además de ordenar la
impermeabilización de la frontera gala. Pero éstos seguían cruzándola.
“En los primeros días de 1.944, mientras la Legión Azul se repliega del frente
de Leningrado a marchas forzadas, numerosos jóvenes españoles, en su mayoría ex
divisionarios, cruzan los Pirineos clandestinamente, por los vericuetos de los
contrabandistas, para continuar la guerra contra el comunismo soviético. Y no contra
Rusia, como adelantara Serrano Súñer, en junio de 1.941, desde el balcón de la
Secretaría General del Movimiento en su discurso a los manifestantes que solicitaban
un puesto en el combate. «¡Rusia es culpable!», exclamó el entonces ministro de
Asuntos Exteriores, cuando Rusia, o el pueblo ruso, eran las principales víctimas del
sistema que implantara la Revolución de Octubre”32.
Una vez que los voluntarios se encontraban en Francia, los alemanes les
trasladaban al campamento de Stablatt, cerca de Königsberg, desde donde, junto al
grupo de ex-legionarios que no se repatrió se incorporaron a las Waffen S.S.
De esta forma, en abril de 1.945, Miguel Ezquerra Sánchez, un antiguo
capitán divisionario, se había convertido en el stumbannfhürer S.S. (comandante) que
mandaba el Batallón “Fantasma”, una Einheit (unidad de voluntarios) compuesta por
un grupo de supervivientes de las divisiones S.S. belgas y francesas al que se habían
sumado tres compañías españolas. En este sentido, Fernando Vadillo, en su libro “Los
irreductibles”, recoge como “a su llegada a Tirol, las Compañías se enumeran 101ª y
102ª. Cada una de ellas engloba a doscientos y pico soldados. Y es que no cesan de
aparecer en el campamento nuevas remesas de españoles deseosos de combatir al
comunismo, con los que empieza a formarse una tercera compañía”33.
Y los hombres de la Einheit llegaron a combatir, incluso, en la defensa de la
Cancillería berlinesa de Adolf Hitler; antes habían hecho lo propio repartidos por toda
Europa:
“La desorganización avanza con el progreso enemigo. Es un defecto inédito
en la historia militar alemana. Pero un defecto irremediable, que hará devanarse los
sesos al historiador que, en el futuro, intente reconstruir la historia de los soldados
españoles en el último capítulo de su odisea. Los irreductibles al desaliento, los que se
negaron a abandonar Occidente a manos de los comunistas soviéticos, se hallan
esparcidos en un frente y otro, agregados temporalmente a una y otra unidad. Dos
compañías permanecen acantonadas en las proximidades de Viena. Otras dos, en
Postdam. Un grupo bien nutrido realiza operaciones de patrulla y sabotaje en el sector
franco-alemán de Colmar, a las órdenes de Otto Skorzeny. Otra compañía se halla
estacionada en los alrededores de Hannover y pertenece a la división valona de Leon
Degrelle, que tomará parte, como unidad de reserva, en la ofensiva de las Árdenas;
ofensiva en la que guerreará otra compañía española –o la mitad de sus efectivos– al
frente de Miguel Ezquerra. En el nordeste de Italia aparece también otro grupo que no
alcanza numéricamente la dimensión de una compañía y que lo dirige el
Untertusmfhürer José Ortiz Fernández, así como otro grupo que, en la parte central del
Norte de Italia, comanda el Unterscharfhürer José Javier Martínez Alberich”34.

32
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "División Azul. La gesta militar española del siglo XX".
Página 67 y siguientes. Este Oeste Editorial y Consulting S.L. Madrid. 1.991.
33
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Los irreductibles". Página 38. García Hispán, Editor S.L.
Granada. 1.993.
34
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Los irreductibles". Página 107. García Hispán, Editor
S.L. Granada. 1.993.

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Prisioneros en los gulags y los lager

Antes de comenzar a hablar sobre este tema, primeramente deberíamos


averiguar cuántos españoles fueron hechos prisioneros por los soviéticos en el Frente
del Este. La respuesta nos la da el historiador Francisco Torres, coautor junto con
Ángel Salamanca del libro “Esclavos de Stalin”, quien afirma que “ésta es una de las
preguntas a la que el historiador no puede responder con exactitud absoluta. Sabemos
que el gran grueso de los internados cayó en manos soviéticas en el transcurso del día
10 de febrero de 1.943 (acción de Krasny Bor); en lo que Fernando Vadillo ha llamado
«la gran redada». Según los diversos relatos que conocemos entre 200 y 300 guripas
pudieron caer prisioneros en esa fecha. La mayoría provenía de los núcleos de
resistencia del Batallón de la Reserva Móvil 250, y de las compañías de los dos
primeros batallones del Regimiento 262, hombres que agotaron la munición antes de
ser reducidos.
El resto de los prisioneros hasta esa fecha fueron cayendo, de forma más
aislada, a lo largo de toda la campaña. De ellos prácticamente no se tenían noticias y
los oficiales prisioneros anotan, con sorpresa, el encuentro con algunos de ellos a lo
largo de su cautiverio. Otro grupo de prisioneros cayó en las operaciones libradas en
Bucovina. Más aisladamente cayeron prisioneros otros miembros de la Legión Azul.
De todos ellos no se tenían noticias precisas a cerca de su suerte: unos fueron dados
por muertos y así se comunicó a sus familiares; otros, primero figuraron como
desaparecidos y transcurridos unos años sin noticias fueron considerados, desde un
punto de vista oficial, como caídos en combate.
Finalmente hemos de añadir la existencia de un grupo de prisioneros
compuesto por los españoles que, una vez retiradas tanto la División como la Legión
Azul, participaron en la guerra al lado de Alemania en unidades de la Wehrmacht o de
las Waffen SS.
Las diferentes notas que hemos podido ir reuniendo nos dicen que al menos
existieron 449 prisioneros constatados. Todo nos induce a pensar, sin embargo, que el
número real tuvo por fuerza que ser mayor. Soldados dados por fallecidos en acción
de guerra pudieron de hecho haber caídos prisioneros. Igualmente, una parte de
aquellos nombres que figuraban en las estadísticas oficiales –estadísticas por otra
parte poco fiables– bajo el epígrafe de desaparecidos pudo acabar, en realidad, en
manos rusas. Según datos, más o menos oficiales, el número total de desaparecidos
ascendería a 326 divisionarios. Siguiendo este razonamiento, es lógico pensar que el
número real de prisioneros tuvo que ser más importante, pudiendo oscilar entre los
quinientos y los seiscientos hombres” 35.
Una vez resuelta la duda hemos de dar paso al siguiente punto a analizar:
¿Prisioneros o esclavos?
Cuando en mayo de 1.945 cesaron de tronar los cañones en el corazón de la
vieja Europa, las tropas aliadas se encontraron frente a una Unión Soviética hostil en
medio de una Alemania derrotada y humillada. Fue entonces cuando el despreciable
horror de los campos de concentración nazis se pudo exteriorizar al mundo entero.
Pero… ¿Qué pasaba con los otros campos? Aquellos campos donde igualmente se
ejecutaba sin juicio, se moría de hambre y se torturaba sin piedad. ¿Qué ocurría en
esos campos de concentración, trabajo y reeducación? ¿Qué ocurría dentro de los
famosos gulags (abreviatura rusa correspondiente a la Dirección General de Campos
35
Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. “Esclavos de Stalin: El combate
final de la División Azul. (Memoria histórica de un prisionero en la URSS)”. Página 30 y
siguiente. Fuerza Nueva Editorial, SA. Madrid. 2.002.

24
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

de Concentración: Glavnoie Upravlenie Lagerei) del régimen comunista de Stalin,


donde presumiblemente estuvieron esclavizados los más de quinientos españoles a
los que hace referencia Francisco Torres?
La respuesta nos la da nuevamente el mismo historiador en los siguientes
términos: “Los soldados derrotados y hechos prisioneros por los rusos en la II Guerra
Mundial no padecieron ningún trato especial, sino que simplemente quedaron
inmersos, como tantos ciudadanos rusos, en el sistema represivo y de trabajo que
mantuvo en pie, durante décadas, al régimen comunista eliminando toda disidencia.
Dentro de este aparato de terror y control, junto con la policía política y
subordinado a ésta, nos encontramos con el bien planificado sistema de campos de
trabajo, prisión, reeducación, castigo y exterminio, que fue engendrado como
instrumento de terror y castigo por la propia Revolución. Un sistema que, en breve
lapso de tiempo, se convirtió en una de las bases, por la fuerza de trabajo que
suponían, de la industrialización soviética, especialmente durante el estalininismo. Sin
embargo, sus bases no fueron obra de ese estalinismo, como a veces se afirma para
manipular u ocultar la realidad, sino fruto de los planeamientos revolucionarios del
propio Lenin, quien puso en marcha el sistema de campos en 1.918, continuando así
con una tradición zarista. Así nació el «archipiélago Gulag» que Stalin sólo tuvo que
ampliar, modernizar y racionalizar.
Las bases legales que permitieron esclavizar a millones de rusos, también
aplicadas a los prisioneros de guerra, tienen su raíz en la figura delictiva creada por
Lenin, del «enemigo del pueblo» [...]
El país del Gulag estuvo siempre bajo la dirección de las más altas
autoridades de la URSS. Fue engendrado a partir de la primera cárcel política para
combatir a los enemigos de la revolución instalada en el instituto Smolny. Los primeros
presos dependían de la «Vsesoyusnya Chrezvichaynaya Komissiya», la Vechenca o
Checa, creada por el Consejo de Comisarios del Pueblo a instancias de Lenin, el siete
de diciembre de 1.917, con el objetivo de eliminar toda oposición. Rápidamente otros
departamentos crearon sus propios campos (TSKO y GUPR). En febrero de 1.922, la
Checa se transformaba en la «Gosudárstvennoe Politichcheskoe Upravlènie
(Departamento de Dirección de Política del Estado», dependiente del Consejo de
Comisarios Populares SNK), la GPU, más tarde también conocida como OGPU. Con
ella aparecen las cárceles, comenzando por la Lubianka y continuando por
Leloztoskay, Bartika, Tangaka, Mastreskaya, Tisbiná... Su objetivo era, según el propio
Lenin, proteger la dictadura proletaria y la República Soviética. Como método
coercitivo no dudaba a la hora de aplicar la tortura e imponer el terror de masas. La
licitud de la tortura fue ratificada después por Stalin. También Trotsky apoyó la
creación de este sistema de terror: «Era preciso purgar la tierra rusa de insectos
nocivos»” 36.
Aquellos embajadores en el infierno –como se les conocería muy pronto–
encabezados por los dos bizarros e intrépidos capitanes Gerardo Oroquieta Arbiol y
Teodoro Palacios Cueto fueron encerrados en dieciséis cárceles soviéticas y campos
de concentración a lo largo de los siete mil kilómetros de territorio que existen desde
Siberia hasta Odessa. A pesar de los largos años de brutal y duro trabajo, de las
amenazas, las torturas, los asesinatos, el hambre y el severo castigo; los prisioneros
españoles supieron mantener bien alta su moral, perfectamente diferenciados del resto
de sus compañeros de cautividad.
36
Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. “Esclavos de Stalin: El combate
final de la División Azul. (Memoria histórica de un prisionero en la URSS)”. Página 67 y
siguientes. Fuerza Nueva Editorial, SA. Madrid. 2.002.

25
Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

En efecto, según nos vuelve a explicar el historiador especializado la División


Azul Francisco Torres García, “los españoles fueron muy pronto considerados como
un grupo altamente conflictivo, lo que condujo a seguir con ellos una política, pese a
su escaso número, de dispersión. Los oficiales fueron en muchos casos y en
reiteradas ocasiones separados de sus hombres y enviados a la cárcel. Los
considerados como líderes pronto supieron cuál era su destino: las cárceles de la
policía secreta y los sofisticados métodos para quebrar voluntades utilizados por los
hombres de Beria. Analizando el continuo ir y venir de los presos, los agrupamientos y
aislamientos, las uniones y las dispersiones, se deduce que, durante un tiempo, las
autoridades rusas no sabían muy bien qué política seguir, ya que ninguna de las
medidas adoptadas parecía ser útil para doblegar a los hispanos, y querían evitar así
que el mal ejemplo se extendiese”37.
“Miguel Velasco Pérez, piloto de la aviación republicana durante la guerra
civil, fue enviado a la URSS para realizar prácticas de vuelo. Al concluir la segunda
guerra mundial el Kremlin le internó en campos de concentración. En su libro Invitado
de honor, Velasco recuerda a los prisioneros de la División Azul: «Yo he visto brillar en
rayos de cólera los ojos gitanos de los españoles, tensarse los músculos de sus
manos prestos a acometer, silbar de entre los labios torcidos improperios en lengua
rusa que ningún ser humano pueda tolerar…, romper la propaganda comunista de los
campos, escupir el rostro de los oficiales, cantar los himnos de su patria, firmes como
soldados desafiando a todas las Internacionales Comunistas, cometer los más terribles
sabotajes en la construcción, permanecer impávidos ante las amenazas y las
torturas… Todo esto les hacía por demás héroes»”38.
Con el fallecimiento, en el mes de marzo de 1.953, del dictador comunista
Josiv Vissarionovich Dzugasvili, Stalin, mejoraron las condiciones de vida de los
prisioneros y corrieron rumores de una posible repatriación. Justamente un año
después, en marzo de 1.954, los cautivos fueron concentrados en el Puerto de
Odessa. De ellos, dieciocho prisioneros decidieron quedarse voluntariamente en la
U.R.S.S. junto a sesenta y cinco desertores temerosos de someterse a un posible
consejo de guerra por traición. Sólo regresaban a bordo del buque doscientos
diecinueve divisionarios, siete legionarios, un piloto de la Escuadrilla Azul y veintiún
“irreductibles” de las Waffen S.S.
Así pues, como hemos podido comprobar el último capítulo en la Historia de
los combatientes españoles en la IIª Guerra Mundial lo escribieron los prisioneros
españoles esclavizados en los campos de concentración soviéticos. Atrás quedaban
grabados para la Historia los nombres las batallas en que participó La Blau (Voljov,
Arrabales de Leningrado, Ilmen, Posselok, Krasny Bor…); atrás quedaban regados los
campos rusos con la sangre de los casi cinco mil caídos que llevaron en su uniforme
los colores de España y que bajo sus guerreras lucieron el azul de las camisas de
nuestra eterna Falange. Atrás quedaban los cementerios españoles en Rusia. Atrás se
quedaban los aventureros y los soñadores con sus recuerdos.
Mientras ellos se quedaban atrás, muy atrás, faltaban sus camaradas,
aquellos compañeros que, como esclavos, a duras penas lograban sobrevivir en los
campos de concentración soviéticos. Así hasta que el día 2 de abril de 1.954 llegaron
al puerto de Barcelona, a bordo del buque de vapor griego Semíramis que había sido
fletado por la Cruz Roja Francesa, los doscientos cuarenta y ocho voluntarios que
37
Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. “Esclavos de Stalin: El combate
final de la División Azul. (Memoria histórica de un prisionero en la URSS)”. Página 66 y
siguiente. Fuerza Nueva Editorial, SA. Madrid. 2.002.
38
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Los Prisioneros". Ediciones Barbarroja. Madrid. 1.996.

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

después de más de una década de cautiverio en los campos de concentración eran


liberados. Con ellos venían algunos hombres más hasta completar los doscientos
ochenta y seis pasajeros, estos últimos, fueron enviados a la Unión Soviética por el
Gobierno republicano durante la Guerra Civil siendo niños.
El entonces sargento Salamanca, uno de los 248 prisioneros que regresaron
a España a bordo del Semíramis, y por tanto, fuente de sobrada solvencia, nos ha
descrito cómo se efectuó el embarque para la repatriación:
“El 26 de marzo de 1.954, los prisioneros españoles veían, en el puerto de
Odessa, por vez primera el «Semíramis». Un barco de bandera liberiana fletado por
España a cargo de la Cruz Roja Francesa. Pocos días antes han podido asearse
recibiendo ropa para el viaje. Los registros se suceden. Las autoridades soviéticas
tratan de evitar que los prisioneros lleven de vuelta documentos o pruebas de las
penalidades y de la dureza del cautiverio. Hasta el último momento, los miembros de
la MVD trataron de ganar prisioneros para la causa.
Los antifascistas no se daban por vencidos. Casi al pie de la escalerilla
insisten buscando a quienes deseen quedarse; sobre todo, si se trata de desertores o
de quienes han formado parte, en alguna ocasión, de los grupos antifascistas. Pero
todos quieren volver a España. Algunos, pese a las promesas, temen las
consecuencias de sus acciones. Así, por ejemplo, a uno de los desertores, al soldado
Sotero García, le llegaron a ofrecer mil rublos, casa y trabajo si se quedaba. Pero
contestó que «prefería ser fusilado en España». Según anota en su informe García
Rebull, «lo único que ruega es que no se le encierre en la cárcel». Cosa que a nadie
se le había pasado por la cabeza.
Una vez reunidos, el capitán Oroquieta, asumió, por antigüedad, el mando de
todos los repatriados” 39.
Sin embargo, no todos llegaron, faltaban otros. Según datos recogidos por
Francisco Torres a partir del informe oficial sobre la repatriación faltaron por embarcar
en el Semíramis doscientos cuatro españoles entre muertos en cautiverio, condenados
a muerte y en paradero desconocido.
Resumiendo parte del emocionante relato que nos brinda Fernando Vadillo en
su obra “La División Azul. La gesta militar española del Siglo XX”, todos los asistentes
enloquecieron de alegría contemplando aquella multitud frenética y emocionada. El
clamor era impresionante. Las gargantas de familiares y camaradas enronquecían
llamando por sus nombres a aquellos heroicos pasajeros. Fue entonces, cuando del
ensordecedor murmullo se elevó el sonido de un cornetín y alguien inició las estrofas
de aquella hermosa canción que habla de luceros y de caídos, de la vuelta de
banderas victoriosas y del florecer de la primavera con las cinco rosas del haz.
Apareció Muñoz Grandes, el primer jefe que tuvieron los guripas de la División y que
ahora era Ministro del Ejército. Sus morenas y enjutas facciones se suavizaban con
una sonrisa, pero sus ojos resplandecían extrañamente, humedecidos por la emoción
que inquietaba secretamente su ánimo. El impávido y bravo falangista, el campechano
militar que sabiamente los supo dirigir en los campos de batalla rusos, este general
respetado, admirado y querido por sus camaradas, desde el primero de sus jefes
hasta el último de sus soldados, llegaba para así poder abrazar a quienes regresaban
de sufrir la pesadilla, casi interminable, de los campos de concentración soviéticos.
Junto a él, miles de camaradas divisionarios de los que resonaban gritos espontáneos
y unánimes de “¡Viva nuestro general! ¡Viva Muñoz Grandes! ¡Arriba España!...”.
39
Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. “Esclavos de Stalin: El combate
final de la División Azul. (Memoria histórica de un prisionero en la URSS)”. Página 87. Fuerza
Nueva Editorial, SA. Madrid. 2.002.

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De la siguiente forma resumía el diario Arriba aquella inmemorable jornada:


“Difícilmente volverá a vivir Barcelona, y con ella España entera, una jornada tan
emocionante como la de ayer, cuando un puñado de españoles combatientes de la
División Azul pisó tierra española, tras doce años de cautiverio. La llegada del
Semíramis ha constituido un acontecimiento indescriptible, cuya emoción no puede
reflejarse ni en palabras ni en fotografías. Todo resulta pálido, pobre e inexpresivo
ante la realidad de un acontecimiento que acaba de entrar por derecho propio en la
Historia de España”.

El Epílogo

Los jóvenes falangistas que como voluntarios formaron en la División Azul,


caminaron cerca de 1.000 Km. entre polvo, barro, nieve, ataques, destrucciones…
para que en una lucha endemoniadamente desigual en hombres y armamento, cerca
de cinco mil divisionarios cayeran en los lejanos campos de batalla del Frente del Este.
Su juventud y orgullo de españoles; sus ansias de Patria, Pan y Justicia; sus aires
revolucionarios nacionalsindicalistas les llevaron hasta la Rusia de Stalin para combatir
al comunismo en su propia guarida. Las bajas sufridas fueron considerables, y la flor y
nata de la juventud que constituía la mejor esperanza para realizar la Revolución
Nacionalsindicalista en España nunca regresó a la Patria. Para la derecha española
las puertas del poder se quedaron abiertas definitivamente a sus intereses.
No seré yo quien resuma aquí el final de su epopeya. Para hacerlo he elegido
a uno de tantos de aquellos guripas de la Blau: el ya fallecido José Mª Sánchez Diana,
un falangista de primera hora muy crítico con el franquismo, quien a este respecto nos
dice:
“Yo ante este mar azul como las camisas que llevábamos escondidas bajo las
guerreras alemanas, voy a intentar izarme por la cresta de la vida y de los años de la
derrota y de la frialdad y del odio para pensar en modesta filosofía cómo fueron
aquellos días que modelaron mi ser y el de tantos camaradas que dejaron allí sus
promesas. Camaradas que podrían haberse dedicado mejor a realizar una Revolución
interna en la Patria para salvar al País y prefirieron quemarse de manera loca en el
barro y la nieve.
Porque eso es lo que querían muchos en el fondo, destruir a la juventud
revolucionaria de la Falange, enviándola lejos, cuanto más lejos mejor. Destruir ante
los rusos lo que ellos no podían hacer en el suelo nacional. Los rusos se encargarían
de dejarles gobernar España, y así apareció la generación de los logreros, los
egoístas, los tecnócratas, los capitalistas, los sectarios encaponados de
congregaciones religiosas… tenían miedo de los revolucionarios. Les asustaba aquella
generación entusiasta que podía haber hecho la gran Revolución y salvado a España
de tanta miseria y podredumbre… Pero en Rusia quedaron los mejores y los que
volvimos sólo recibimos un montón de medallas y de palabras bonitas. Quisieron
calmarnos con medallitas y oraciones y sobre todo, tapándonos la boca con la palabra
«Héroe». Y así, adormecidos con el ruido musical de la vanidad y exprimiendo nuestro
cansancio (y por qué no decirlo, nuestra neurastenia) nos hicieron polvo.
Tampoco estábamos para más. En el tiempo de la ausencia, se formó el
Estado de Derechas que algunos llamaron de Obras, el Estado neocapitalista, de
burócratas y de sindicalistas sumisos. Buena maniobra la que organizaron. Me
gustaría saber fuera de los profesionales del Ejército, qué gentes de la Democracia
Cristiana, qué Discípulos de los Herrera o de los Escrivá, marcharon a luchar contra el
comunismo, ese comunismo que ellos impugnaban en sus libros y conferencias.

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Cristóbal Córdoba. 3 de marzo de 2.001

[…] Razones políticas y religiosas movieron su ánimo como el de otros


muchos miles. No fueron la euforia ni la maldad lo que nutrió las filas de la División
Azul. Las almas más nobles de España se juntaron a los aventureros de oficio bélico,
pero dominó la pasión de la lucha y de la raza. Ahí están sus hechos.
[…] Llegó la hora de los enanos, de los listillos y de los traviesos, que
aprovecharon un régimen de fuerza, pero de fuerza sin Poesía porque esa nos la
llevamos nosotros… Sin crítica ni autocrítica, escalarían los peldaños del Partido para
transformar el heroísmo revolucionario en pura nómina, en burocracia y en desfiles de
pandereta. Frente a una España que sabía morir heroicamente pensando en altos
ideales, nacía la España que bosteza…”40.
Y es que como también dice Fernando Vadillo “quizás los cinco mil héroes
caídos de la División Azul constituyeron un alivio para cierta clase política española
recelosa de la doctrina falangista, equidistante de la izquierda y la derecha. Aquellas
cincuenta centurias de jóvenes vibrantes de amor a España y deseosos de elevarla al
nivel de las naciones avanzadas, contemplaron desde los luceros joseantonianos la
evolución ideológica de muchos políticos hacia la postura acomodaticia del
francofalangismo nacido del Decreto de Unificación”41.
Después de haber mediado ya más de medio siglo desde el final de la
Segunda Guerra Mundial, sirva este breve capítulo como recuerdo de las gestas de
unos voluntarios españoles contra el comunismo, de unos excelentes soldados
cargados de ideales, que no sólo supieron combatir con heroísmo, sino que incluso
fueron capaces de mantener relaciones de convivencia con el pueblo ruso y ganarse la
fama y el respeto de sus camaradas de armas y de sus enemigos. Según Francisco
Torres, “todos los que con rigor se han aproximado a la historia divisionaria conocen el
comportamiento observado por los soldados hispanos con respecto a la población
rusa. Si tuviésemos que resumir, en breves palabras, este comportamiento tendríamos
que decir que los divisionarios actuaron en Rusia como colonizadores y libertadores,
con todo lo que ello conlleva. Los norteamericanos Kleinfeld y Tambs anotan como los
españoles dieron al durísimo enfrentamiento germanoruso una perspectiva distinta,
una perspectiva mediterránea, una perspectiva cristiana. Y José María García
Escudero ha subrayado que los españoles se comportaron humanitariamente [...]
siguiendo los testimonios de quienes volvieron de Rusia sabemos que las autoridades
soviéticas estuvieron buscando, en las zonas donde estuvo la División, personas que
pudieran testificar contra los españoles para juzgarlos como criminales de guerra.
Nadie, ni exprisioneros, ni población civil, declaró contra los españoles, lo cual dadas
las circunstancias de la posguerra rusa es un dato de importancia trascendental”42. En
definitiva, tal y como describiera el general José Uxó Palasi “habían ido a Rusia a
hacer la guerra y cumplieron sobradamente su objetivo con una bravura insuperable. Y
además españolearon”.
Hoy en día, después de contemplar la estrepitosa caída del Muro de Berlín y
con ella, el hundimiento vertiginoso del mundo comunista en lo que se vino a llamar la
Europa del Este, nadie podrá negar a aquellos combatientes españoles la condición de
precursores iluminados. Por mi parte, para terminar con este capítulo de la historia de

40
José María Sánchez Diana. "Cabeza de Puente. Diario de un soldado de Hitler". Páginas 16
y siguientes. Editor García Hispán S.L. Granada. 1.993.
41
Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán. "Muñoz Grandes, el General de la División Azul". Página
179. Fundación Don Rodrigo. Madrid. 1.999.
42
Ángel Salamanca Salamanca y Francisco Torres García. “Esclavos de Stalin: El combate
final de la División Azul. (Memoria histórica de un prisionero en la URSS)”. Página 40 y
siguiente. Fuerza Nueva Editorial, SA. Madrid. 2.002.

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España, sólo me resta dedicar un emocionado homenaje a todos ellos, en especial a


los casi cinco mil combatientes que entregaron su vida heroicamente tan lejos de
España, pero por España.
Perdón, permítaseme una última aclaración, que tampoco es mía: “En cuanto
al volumen total de bajas también es necesario precisar que nos encontramos con
numerosas lagunas. La Fundación Nacional División Azul trabaja incansablemente en
este campo para tratar de censar a los caídos de la unidad y localizar sus sepulturas.
Un informe oficial del Ministerio del Ejército de 1.960 las estima entre 4.800 y 5.000.
según datos de Esteban Infantes el volumen de caídos sería de 3.934 hombres sin
contar la Legión Azul. Sin embargo sus datos son incompletos, aunque se siguen
dando como válidos. Según estimaciones nominales, aún parciales, Cesar Ibáñez
Cagna ha logrado censarlos en una cifra: 4.954 caídos. Entre estos figurarían 6 jefes,
38 capitanes, 100 tenientes, 78 alféreces y 2 capellanes. Además, la División sufrió:
8.700 heridos; 1.600 congelados; 2.137 heridos con categoría de mutilados, aunque
conviene precisar que en la actualidad la Fundación estima que este número sería
sensiblemente superior. Esto quiere decir que la División sufrió bajas directas cifradas
entre el 35 y el 39 por 100 de sus efectivos según incluyamos o no a los congelados.
Si a éstas añadimos los 7.800 enfermos, el volumen total de bajas subiría hasta los
límites del 56 por 100. A todos estos datos el lector debe aplicar siempre pequeños
márgenes de corrección pero que realmente nunca causarían cambios sustanciales.
Los españoles causaron en combate a los rusos bajas estimadas en unos
50.000 hombres. Es decir, una proporción de bajas de cuatro a una aproximadamente.
Los rusos hicieron, según los datos oficiales, 372 prisioneros, de los que 115
fallecieron en los campos de concentración, en las cárceles o en las zonas de trabajo.
Esteban Infantes, en su obra, cifra en 326 el número de desaparecidos, aunque la
mayoría se corresponde con los prisioneros o caídos en acciones donde no fue posible
recoger los cuerpos sin vida”43.

43
Francisco Torres García, "La División Azul. 50 años después", Pagina 358, Capítulo 44 (50
años después), Fuerza Nueva Editorial, S.A.

30