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I JORNADA SOBRE GESTIÓN DE LA PREDACIÓN

Evora, 19 de noviembre de 2010

CONOCER Y REGULAR ACERTADAMENTE LA PREDACIÓN

Jorge Bernués Cidad


Ingeniero de Montes – I.T. Agrícola
Colaborador de la Universidad de Lérida

En la actualidad la opinión pública tiene conocimiento del papel fundamental de


los predadores en la Naturaleza, es por ello que las políticas medioambientales
se dirigen desde hace unas décadas a la especial protección de este grupo de
especies silvestres.

Sin embargo, esa misma opinión pública cuando abandona la óptica global de
esa Naturaleza 'lejana' y estudia casos concretos sobre los efectos de la
predación en las parcelas particulares de su interés, parece que el papel de los
predadores no está tan claro y en muchos casos llega a considerarse como
nocivo.

Por ejemplo, es habitual que el sector cinegético vea con preocupación la


presencia de predadores, dado que pueden ser competidores del propio
cazador. Lo mismo ocurre en el sector agropecuario cuando el lobo infringe
daños a los ganados. Incluso en el mismísimo sector turístico, a veces se
plantean dudas ante la reintroducción del oso, por el temor de que puedan
ahuyentar a los turistas de montaña, ante un hipotético ataque.

Es decir, la opinión pública en general sabe que la predación tiene un papel


fundamental, pero en gran parte se desconoce cuales son los beneficios
concretos que aporta a la Naturaleza. Este desconocimiento se debe en parte a
que se ignora el complejo funcionamiento de los ecosistemas naturales.

Funcionamiento básico de los ecosistemas naturales

La predación sólo puede ser estudiada en su conjunto y en relación con los


ecosistemas naturales en que se desarrolla. Estos sistemas cuentan con un
altísimo nivel de complejidad, si bien, se han desarrollado esquemas que
representan y simplifican esta realidad y nos permiten entender su
funcionamiento básico.

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Por ejemplo, la cadena alimentaria es un diseño esquemático muy simple
donde podemos observar cómo el ecosistema funciona como una mera
transformación de la energía, que fluye de los eslabones inferiores a los
superiores, donde se sitúan los predadores. Sin embargo, este grado de
simplificación nos impide entender el papel de la predación.

Una representación menos simplista y que explica mejor esta realidad es la


pirámide trófica o incluso mejor las redes tróficas, donde podemos ver que
existe un gran número de interrelaciones entre predadores y presas.

Necrófagos

Carnívoros

Herbívoros

Autótrofos

Función de la predación en la Naturaleza

En estas interrelaciones encontramos la clave de la función básica de la


predación en los ecosistemas naturales, donde básicamente los predadores
participan con un efecto directo, realizando una selección natural positiva en las
poblaciones-presa, de forma que eliminan a los individuos enfermos o mal
adaptados. Como efecto indirecto se produce una disminución de competencia
intraespecífica en la población-presa, así como interespecífica con otras
especies, lo que pone un mayor número de recursos disponibles para la
población residual, incrementando su productividad.

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Pero..., y en ausencia de predadores ¿qué puede ocurrir? Las poblaciones-
presa incrementan su número de individuos hasta llegar prácticamente a la
máxima capacidad de carga del medio. En esas condiciones los individuos
enfermos, que de manera natural existen en cualquier población, no son
eliminados por los predadores, por lo que las enfermedades se tornan en
epidemias que arrasan las poblaciones-presa.

Esto produce una dinámica poblacional típica que da una gráfica con profundos
‘dientes de sierra’. Es decir, la población crece hasta niveles elevados para
caer súbitamente al producirse la epidemia.

Esta dinámica cuenta con numerosos ejemplos reales, como las epidemias por
brucelosis, sarna, queratoconjuntivitis o pestivirus en ungulados (cabra montes,
sarrio, rebeco,…) en zonas donde no cuentan con predadores naturales y la
presión cinegética es defectiva. O incluso hay casos en predadores, como las
sarnas que afectan al zorro y que también se convierten en epidemias por
ausencia de macropredadores.

Obviamente esto no interesa al gestor cinegético, puesto que una población-


presa inestable no garantiza un rendimiento sostenido.

Por el contrario, en presencia de predadores éstos se encargan de eliminar con


rapidez a los individuos enfermos, por lo que no hay peligro de que la
enfermedad se convierta en epidemia. Esto se denomina predación
compensatoria, dado que la predación sólo actúa sobre individuos disminuidos,
dando una dinámica poblacional mucho más estable.

Además, por lo general, las enfermedades e igualmente la predación, afectan


en mayor proporción a los elementos más débiles de la pirámide poblacional, o

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sea juveniles y viejos, respetando en mayor medida a los adultos o parte
productiva de la población, lo cual permite una rápida recuperación de las bajas
existentes.

Esto conduce una dinámica poblacional más estable, donde los 'dientes de
sierra' se transforman en simples ondas, destacando que la media poblacional
se sitúa por encima de una población sin predadores, dado que el sector
productivo de la población se ve menos afectado.

La gestión de predadores en la actualidad

Visto el papel fundamental de los predadores en los ecosistemas naturales y


sus beneficiosos efectos en las poblaciones de presas, cabe preguntarse ¿por
qué es necesaria la regulación de predadores en nuestros hábitats?

La respuesta nos lleva a confesar que lo expuesto hasta el momento es una


'verdad a medias', por dos razones principales:

• En primer lugar porque las representaciones de los ecosistemas


naturales vistas hasta el momento (pirámides tróficas), no toman en
consideración a la especie más importante existente en la Tierra desde
hace 200.000 años: el Homo sapiens, cuyo género Homo está presente
desde hace más de 2,5 millones de años.

Ello se debe a que la ciencia ecológica casi siempre ha situado al


hombre como un mero observador del ecosistema, cuando en realidad
se ha comportado como un predador más hasta unas decenas de miles
de años atrás.

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• Y en segundo lugar, porque las pirámides tróficas representan
ecosistemas ‘naturales’, que en nuestras latitudes se puede aseverar
que son prácticamente inexistentes, puesto que cualquier hábitat ha
sufrido los efectos de la evolución del hombre.

La intervención humana en los ecosistemas 'actuales'

Así pues, el Homo sapiens – cazador original, se transformó en agricultor y


ganadero comenzando a modificar la Naturaleza en su beneficio. De esta
manera se sustituyeron los hábitats naturales por cultivos y pastos, y se
introdujeron nuevas especies domésticas a competir con las silvestres; para
finalmente dejar la actividad cinegética como una práctica deportiva y de ocio,
prácticamente residual en la actualidad.

Pero además de esta parte de la evolución rural, la transformación de la


Naturaleza más importante se ha producido por la sociedad urbano-consumista
de la era industrial. Gracias a esta sociedad disfrutamos de un gran estado de
bienestar en nuestras latitudes, pero también se provocan los mayores
impactos sobre el medio ambiente, por las necesidades de recursos para una
producción siempre en crecimiento.

Curiosamente, es esta sociedad la que considera inaceptable el estado de


conservación de nuestro medio ambiente, exigiendo medidas restrictivas, pero
casi siempre sobre la sociedad rural.

En consecuencia, nuestros ecosistemas ‘actuales’ que son los que


gestionamos en la realidad, se parecen bien poco a los ecosistemas ‘naturales’
que representan los libros, puesto que la actividad humana es un factor que no
puede despreciarse de ningún modo.

En los ecosistemas 'actuales' los hábitats naturales se encuentran desplazados


hacia las zonas más improductivas y la base de la pirámide trófica ha sido
transformada principalmente en cultivos, pero también en zonas de explotación
de recursos naturales y zonas urbanas.

Sobre este estrato se encuentran los herbívoros sustituidos en su mayor parte


por el ganado doméstico, sobre el que se sitúa la población humana como
escalón final de esta pirámide trófica artificiosa.

Entorno a esta pirámide principal, han evolucionado numerosas especies para


aprovecharse de las modificaciones realizadas por el hombre. Se trata de las
especies antropófilas y en segundo lugar las especies oportunistas o
generalistas. Así pues encontramos herbívoros que intentan aprovechar los
cultivos, que van desde los insectos que se constituyen en plagas, a aves
(palomas, estorninos,...) y mamíferos (jabalí,…); predadores como el zorro o
los perros y gatos asilvestrados; y como colofón a esta pirámide de
oportunistas estarían los córvidos (urraca, cuervo,...) entre otros.

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¿Y qué queda de la pirámide natural u original? Pues ésta se intenta sustentar
sobre los escasos hábitats naturales, de forma que encontramos una pirámide
invertida y truncada, donde progresan principalmente las especies silvestres
que, sin tener un marcado carácter antropófilo, si que pueden soportar las
modificaciones del medio, dada su plasticidad o capacidad de adaptación, o
bien, sus escasos requerimientos en cuanto a tamaño de hábitat.

Sin embargo, el resto de especies quedan fuera de la pirámide (extinción) o


prácticamente fuera (amenazadas), bien sea por que no son capaces de
adaptarse a estos cambios, como por ejemplo depredadores especialistas
(lince, águila perdicera,...) o bien, por que ya no existen hábitats del tamaño
adecuado, como les ocurre los grandes predadores (oso y lobo). O incluso
pueden ser víctimas de la propia normativa, como en el caso de las grandes
necrófagas por el cierre de muladares impuesto por la Unión Europea tras la
epidemia de las 'vacas locas'.

Necrófagos
generalistas
Necrófagos
Necrófagos especialistas
antropófilos

Predadores
domésticos Predadores
asilvestrados generalistas

Homo Predadores
Predadores
sapiens especialistas
antropófilos

Herbívoros
generalistas
Herbívoros
Herbívoros Herbívoros especialistas
domésticos antropófilos

Hábitats
naturales
Urbano Cultivos Pastos

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Función de la predación en la actualidad

La función de la predación en la actualidad sigue siendo la selección positiva


sobre las poblaciones-presa incrementando su productividad. Si bien, existe
una importante diferencia, debido a que predadores y presas han cambiado,
tanto numéricamente como a nivel de especies, puesto que las nuevas
condiciones 'naturales' favorecen a unas especies y perjudican a otras,
generando desequilibrios.

Como se ha indicado las especies antropófilas dominan sobre el resto.


Además, en el caso de los predadores dominan los generalistas u oportunistas,
dado que son los que mejor aprovechan los distintos recursos que pone a su
disposición el hombre (basuras, animales muertos en las carreteras,
carroñas,...). Esto permite un incremento numérico de los mismos, afectando
en mayor medida a las poblaciones-presa y compitiendo con mayor eficacia
que los predadores especialistas.

Al final lo que ocurre es que este exceso de predación, hace que no se


consuman únicamente los individuos disminuidos (predación compensatoria),
sino que también se ve afectada el resto de la población en lo que se conoce
como predación aditiva.

De esta forma la población-presa ve disminuidos sus efectivos, que finalmente


llegan a un equilibrio artificial, muy por debajo de la capacidad de carga del
medio que habitualmente se denomina como el 'pozo de la predación'.

En este escenario los predadores especialistas cuentan con serias dificultades


para subsistir, puesto que con esos bajos niveles de población-presa no
cuentan con recursos suficientes, por lo que están abocados a la extinción,
dejando vía libre a los predadores generalistas.

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¿Cómo salir del pozo de la predación?

Es tentador pensar que únicamente con la regulación de los predadores


antropófilos/generalistas, conseguiremos que la población-presa vuelva a un
nuevo equilibrio más próximo a la capacidad de carga del medio. Sin embargo,
esta acción tiene una escasa duración en el tiempo y en el espacio, tras la cual
los predadores se recuperan y vuelve a caerse en el pozo de la predación.

Esto se debe, como recordaremos, a que la pirámide trófica actual de las


especies silvestres se encontraba truncada e invertida. En consecuencia,
nuestras acciones se deben centrar en invertir nuevamente la pirámide, lo que
implica mejorar los hábitats naturales para hacerlos más productivos en fauna
silvestre, pero sobretodo se deben mejorar los hábitats artificiales (cultivos)
para que su impacto sobre las poblaciones silvestres sea inferior.

Para ello, sin duda, el propietario de los terrenos destinados a la producción


agrícola o ganadera, debe percibir algún tipo de renta o beneficio derivado de
la gestión cinegética.

Junto a estas medidas se deben incluir programas o planes de gestión de


predadores generalistas en las épocas apropiadas y principalmente sobre los
antropófilos, sin olvidar también la necesaria regulación de especies
antropófilas no predadoras, pero que sirven de sustento a estos predadores
como palomas, estorninos, tórtola turca, roedores...etc.

Entre estas medidas resulta imprescindible el impedir que estas especies


puedan alimentarse en vertederos, basureros o muladares. Junto a otras
medidas como el trampeo (mucho más costoso), o la caza deportiva que sin
duda será el método más económico.

Principales grupos que impactan significativamente sobre especies


silvestres

• Perro y gato asilvestrados: se trata de predadores con un alto impacto


sobre nidos y juveniles, que también puede ser importante sobre
adultos. Además compiten con predadores silvestres e incluso pueden
poner en peligro el patrimonio genético por hibridación (gato montes),
por lo que los programas de control deben conducir a su erradicación.

• Zorro: es el predador generalista por antonomasia, con un alto impacto


sobre nidos y juveniles (desde pollos a pequeños ungulados), que
igualmente puede ser elevado sobre adultos de mamíferos de pequeño
tamaño (conejo). Aparte de la caza como método de control directo más
eficaz y el trampeo, es importante el control de basureros y sobretodo la
presencia de carroñas procedentes del ganado. Además de estos
métodos autorizados deberían permitirse otros como la caza nocturna,
siempre con personal autorizado o especialista, en zonas y días
establecidos por las autoridades.

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• Ratas (común y parda): son predadores con un alto impacto sobre
huevos y algo inferior sobre pollos. Su crecimiento se debe al recurso
ilimitado que encuentran en la basura. Su alta prolificidad permite aplicar
métodos de control masivos.

• Jabalí: este omnívoro cuenta con una gran plasticidad ecológica que le
ha permitido adaptarse y expandirse aprovechando la alta productividad
agrícola y la ausencia de predadores. Aunque es principalmente
vegetariano tiene una alta capacidad para predar sobre nidos terrestres
e individuos juveniles de aves y mamíferos. Además de afectar a otras
especies cinegéticas, tiene un impacto importante sobre especies
amenazadas como el urogallo por predación y el oso por competencia.

• Córvidos (cuervo, corneja, urraca, arrendajo), cigüeña común, garza


común, garcilla bueyera, garceta y gaviotas (patiamarilla y reidora): se
trata de omnívoros que aprovechan basuras y ejercen una presión
predatoria elevada sobre nidos y pollos.

• Milanos (negro y real) y ratonero: estas rapaces diurnas tienen un


impacto de moderado a alto sobre pollos, pero también pueden llegar a
controlar a los córvidos de pequeño tamaño. El problema se genera
cuando alcanzan altas concentraciones en puntos concretos por la
presencia de carroñas (carreteras, ganado,...) o alta presencia de
roedores (cultivo de forrajeras), en cuyo caso podrían autorizarse
actividades disuasorias.

• Otras antropófilas no-predadoras: la paloma doméstica junto a los


estorninos, a los que debemos añadir la tórtola turca y más
recientemente a la paloma torcaz, son especies-presa que proliferan en
el entorno de zonas urbanas. Esto genera una competencia directa
sobre otras especies silvestres, si bien, el principal problema es que
constituyen presas fáciles para los predadores antropófilos, por lo que
también deberían ser objeto de serios programas de control.

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