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BREV E

SECCIÓN O BRA S

DE H ISTORI A

HISTORI A

CONTEMPORÁNE A

D E

L

A

ARGENTIN A

LUIS ALBERTO

ROMERO

BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

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ESTADOS U NIDO S

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DE C ULTUR A

E CONÓMIC A

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B RASI L

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DE A MÉRIC A

-

PERÚ -

-

C HIL E

VENEZUELA

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E SPAÑ A

Primera edición, 1994 Segunda edición ampliada, 2001 Decimotercera reimpresión, 2007

© 2001 , FOND O DE CULTURA ECONÓMICA D E ARGENTINA

S.A.

El Salvador 5665; 1414 Buenos Aires fondo@fce.com.ar / www.fce.com.ar Av. Picacho Ajusco 227 ; 14200 México D . F.

ISBN

978-950-557-393-6

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ARGENTINA

Prefacio a la segunda edición

Iluta legunda edición incluye un nuevo capítulo, referido a los diez años del l'i. lidenrc Menem, y una versión en parte diferente del epílogo. ¿Por qué lint r i lo.; Creo que u n libro, una vez publicado, es para el autor un caso cerra- iln vive su vida, es leído, envejece; lo más que se puede esperar es que lo haga

• "i i dignidad.

Pero hay ocasiones -po r cierto felices- en que el autor debe

ÜMiiir ligado a su libro, y asumir el riesgo de que se le transforme en una

n< ivela por entregas.

I n este caso se conjugan dos circunstancias. Por una parte, su amplia utili-

M li ni en cursos básicos de historia, donde estoy convencido de que el presente Iflinrdiato debe ser tratado; por otra, la próxima publicación de su traducción

i o l< ligua inglesa,

uli liiu ts diez años.

. i il 'ii

y u n pedido explícito del editor para que se incluyeran estos Amba s razones, contingentes pero de peso, me llevan a es-

un capítulo nuevo sobre el período que acaba de cerrarse.

« ico que los argentinos estamos en condiciones de examinar en con-

tinuo estos diez años de la presidencia de Menem, y discutir cómo los in -

. Imams en el relato más general de la historia argentina contemporánea; al

• • t• nos, estamos en mejores condiciones que cuando yo

terminé la versión

i mi:

escribí las últimas líneas unas semanas antes del Pacto de Olivos,

i ii < i instancia que confirma la inutilidad de los historiadores para los diag- hoiiu os de corto plazo.

< ni i respecto a los diagnósticos de plazo más largo, estoy menos discon- tinué. ( TCO que escribiría de manera un poco diferente -pero sólo un poco-

. I • iipímlo sobre la reconstrucción democrática presidida por Raúl Alfonsín.

I o i uanto al prefacio y al epílogo -salvo matices- descubro que no tengo ni.l.i sustancialmente nuevo que decir. Hoy me parece que en 1993 quizás l «. aba de excesivo pesimismo, pero ese ton o me resulta adecuado para el uní ¿000. Por lo demás, las preguntas, las dudas, las incertidumbres y las

i i i'-is esperanzas son las mismas.

 

I I

nuevo capítulo tiene los problemas que acarrea el referirse a algo muy

hfi

i

lino. A l mirar esta época, me falta la ternur a y condescendencia

que me

ilttplian los períodos pasados, aun los que viví intensamente: sé que detestar

9

10

BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

algo no es el mejor camino para entenderlo. Afortunadamente, conté con la

segura guía de algunos textos agudos y equilibrados -particularmente los de Juan Carlos Torre y Vicente Palermo- y me beneficié con las sensatas obser-

vaciones de Aníbal

mas. Sin embargo, me quedó una dificultad, fácil de advertir si se compara este capítulo con los anteriores: cómo integrar la dimensión razonablemente expli- cable de la Argentina de esos diez años con aquella otra cuya crónica aparece en muchos libros periodísticos, pero que es difícil de traducir en alguno de los modelos historiográficos académicos, cómo explicar el "menemato". Final- mente, encontré m i clave en una obra clásica: la Vida de los doce Césares de Suetonio.

Viguera. Co n su ayuda resolví buena parte de los proble-

30 de diciembre de 2000

Prefacio

I ii «'.la exposición sintética de la historia de la Argentina en el siglo XX no

I ic propuesto -com o suele ser comú n e n este tip o de libros - n i proba r un a

i- IN ni tampoco encontrar aquella causa única y eficiente de u n destino

tii. tonal singular y poco afortunado; sólo se trata de reconstruir la historia, ipleja, contradictoria e irreductible, de una sociedad que sin duda cono-

Hir

• i |meas más brillantes, que se encuentra hoy en uno de los puntos más

I m|i is t le su decurso, pero cuyo futuro no está -confío— definitivamente cerra-

do

da* ile nuestra experiencia, angustiada y desconcertada- son sólo algunas de

Itt» muchas posibles, y su explicitación da cuenta del voluntario acotamiento

I as cuestiones en torn o de las que este texto se organiza -preguntas naci-

|H> u n intent o d e est e tip o requiere .

 

Id primer interrogante se refiere al lugar que hoy existe en el mundo para

II

\1 ;ent ina -que tan seguramente se ubicó en él hace sólo cien años-, y a la .mi/ación económica factible para asegurar a nuestra sociedad algunas

MU

las mínimas como u n cierto bienestar general, u n progreso razonable, una

i ii n.i racionalidad- Una pregunta similar se hicieron Alberdi, Sarmiento y

glllnies hace casi un siglo y medio trazaron el diseño de la Argentina moder-

i i<i IVro, a diferencia de las circunstancias en que nuestros padres fundadores

di

l< ti mularon, la respuesta no es hoy n i obvia n i evidente. La misma pregun-

lit

i r lomuda desde una perspectiva más modesta y a la vez mucho menos

Ilusionada que hace ciento cincuenta años, pues hoy una áurea mediocritas

no. parece un destino más que apetecible.

I I segundo interrogante se refiere a las características, funciones e instru-

ii H i a i is que debe tener el Estado para garantizar lo público, regular y raciona-

li .a la economía, asegurar la justicia y mejorar la equidad en la sociedad. Nuevamente, la pregunta traduce, en un plano mucho más modesto, cues- iioiu'. que nuestra sociedad discutió y resolvió de una cierta manera, hace

,i medio siglo, proponiendo soluciones que hoy están agotadas o que han

»idi

i deliberadamente

descartadas, pero sin que otras las hayan reemplazado.

I'l tercer interrogante se refiere al mundo de la cultura y a los intelectua-

I |, y a las condiciones que pueden estimular la existencia de una creación y

I

I

12 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

un pensamiento que sean a la vez críticos, rigurosos y comprometidos, y que cumplan una tarea útil y aprovechable para la sociedad, explicando la reali-

en la Argentin a de l Centenario ,

en la efímera experiencia de la década de 1960 o en la más breve aún del ilusionado retomo a la democracia, lo suficientemente cercanas como para recordarnos que tal conjunción no suele ser n i natural n i fácil.

Todo ello confluye en las dos cuestiones más angustiantes, aquéllas donde más se advierte que nuestro país está hoy en una encrucijada: la de la socie- dad y la de la democracia. ¿Qué posibilidades hay de salvar o reconstruir una sociedad abierta y móvil, no segmentada en mundos aislados, relativamente igualitaria y con oportunidades para todos, fundada en la competitividad pero también en la solidaridad y la justicia? Todo ello constituyó el legado, hoy mejor apreciado que nunca, que se fue construyendo a lo largo del últi- mo siglo y medio, y cuyo impulso perdura hasta un momento no demasiado lejano, ubicado quizá veinte años atrás, en que la tendencia comenzó a que- brarse y a invertir su sentido.

dad y proponiend o alternativas. As í ocurrió

Sobre todo: ¿qué características debe tener el sistema político para asegurar la democracia, y hacer de ella una práctica con algún sentido social? En este caso, el pasado se nos muestra rico en conflictos, pero no es fácil contabilizar en él demasiados logros, n i siquiera en las épocas de vigencia formal de la democracia, en las que pueden percibirse, i n nuce, las prácticas que llevaron a la destrucción de un sistema institucional nunca del todo maduro, cuya cons- trucción se nos aparece como la tarea de Sísifo. Quizá por eso, el último inte- rrogante es hoy el primero: cuál es el destino de nuestro sistema republicano y de la tradición que lo alimenta. Volvemos aquí a Sarmiento y a Alberdi, a una tarea que un poco ingenuamente considerábamos realizada y cuyos frutos hoy parecen frágiles y vulnerables.

Un libro guiado por tales preguntas es a la vez u n trabajo de historiador pro- fesional y una reflexión personal sobre el presente. N o podría ser de otr o modo: todo intento de reconstrucción histórica parte de las necesidades, du- das e interrogantes de l presente, procurando que el rigor profesional equili- bre la labilidad de la opinión, pero sabiendo que habitualmente la ecuación se desbalancea hacia este último extremo cuanto más cercano está el tema a la experiencia de quien lo trata. En verdad, escribir este texto me ha llevado, en buena parte, a alejarme de un estilo de trabajo más habitual y sumergirme

en m i propia historia y en m i experiencia de u n pasado aún vivo.

Tuve una primera comprobación de esto al intentar aprovechar los ma- teriales usados hace veint e años -cuando, trabajando con Alejandro Rof-

PREFACIO

13

Mían, esbocé u n esquema de la historia argentina-, y descubrir que poco de

II "

• me

era

útil hoy. Las preguntas de entonces apuntaban a explicar

las

i de la dependenci a y sus efectos e n las deformaciones de la economí a

id «

\i

la sociedad. Las cuestione s relativa s a la democraci a y a la repúblic a n o

IV

i parecían relevantes, y en general, la política aparecía apenas como un

u

lli |n de aquellas condiciones estructurales, o por el contrario, como el

lili;.a no condicionado donde, con voluntad y poder, tales condiciones po-

di in ser cambiadas, pues en la conciencia colectiva de entonces la percep-

i ion de la dependencia se complementaba

con la búsqueda de algún tipo

di

liberación. Se l rata, me parece, de un buen ejemplo de lo que es u n tópico de nuestro

i

li io: la conciencia histórica guía el saber histórico; éste puede controlarla,

anteriores,

ikihlemenfe el eje de una reconstrucción histótica de este tipo habría sido >to e n l a justici a socia l y l a independenci a económica ; má s atrá s aún , e

n

••I ptogies o y l a modernizació n social , o au n e n l a constitució n de l Estad o y l a

M11 i"ii . ('iertamente

pin

i

•M mielei la a la prueba del rigor, pero no ignorarla. En períodos

i

esas perspectivas no

desaparecen para el historiador, y

lu í

incorporadas a este relato com o l o

que en sus tiempos fueron: aspira-

l

|one., ideologías o utopías movilizadoras. Los problemas a que se referían

M U iambién presentes en las preguntas de hoy, pero el orden, los

encade-

i

nios y los acentos son diferentes, como lo atestiguan las preguntas que nii.an este texto, pues el mundo en que vivimos, cuyos rasgos definitivos

||X ñas vislumbramos, es radicalmente distinto no sólo del de hace

cien o

un nenia años, sino del de apenas veinte antis atrás.

'

-in le decirse que quie n escribe piensa implícita o explícitament e e n

u n lec-

Bl I inpecc a escribir este texto pensando en mis colegas, pero progresiva- iii. me me di cuenta de que m i lector implícito eran mis hijos, y los de su

rd.id, adolescentes y niños: los que casi no tienen noticias de nuestro pasado

n i lente, ni siquiera de los horrores más cercanos, pues nuestra sociedad cada •Vi cuida menos de su memoria, quizá porque hoy padece de una gran difi-

i iili.nl para proyectarse hacia el futuro. En varias partes del texto quise ini|'lementc dejar un testimonio, quizás académicamente redundante pero

• (\i ámente necesario, pues sigo convencido de que sólo la conciencia del

permite construir el futuro. En tiempos en que al pesimismo de la

i i mi se suma i ambién el del corazón, quiero seguir creyendo en la capacidad

pasado

• oii'.tiiiii

li

li is Iii nubles para realizar su historia, hacerse cargo de sus circunstancias y

una sociedad mejor.

14 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

Agradezco a Alejandro Katz su confianza en que pudiera escribir este libro. A

y sus observaciones;

Juan Carlos Koro l y Ricardo Sidicaro, su lectura atenta

sólo lament o n o hacer sabido aprovechar sus sugerencias e n todos los casos.

Cuando empecé a trabajar en este texto le pedí a Leandro Gutiérrez que cumplier a esa funció n de lector crítico, y me prometía, como era habitua l entre nosotros, u n diálogo poco complaciente y muy fecundo. Siento que no haya podid o ser así, pero estoy seguro de que mucho de su espíritu, agudo, hasta ácido, pero enormemente cálido, está presente en estas páginas, pues con nadie como con él -salvo m i padre- he aprendido tanto de la historia.

15 de octubre de

1993

I. 191 6

I I

yeni ina.

lin-.il y las calles adyacentes,

• I. i-ii li i por el voto universal, secreto y obligatorio, según la nueva ley electo-

• I , mincionada en 1912 por iniciativa del presidente Sáenz Peña. Luego de la •fftMnonia, la muchedumbre desató los caballos de la carroza presidencial y |M III I astro en triunfo hasta la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo.

Su victoria, si no abrumadora, había sido clara, e indicaba una voluntad

I.'

de

octubre de 1916 Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia de la Ar -

Fue una jomada excepcional: una

multitud ocupó la Plaza del Con -

vitoreando a quien por primera vez había sido

I ludailana mayoritaria. Visto desde la perspectiva predominante por enton-

ii'H, la plena vigencia de la Constitución, médula del programa de la Unión

i (vli a Radical, el partido triunfante, se coronaba con un régimen electoral

•finoerático , que colocab a al país a la vanguardi a de las experiencias de ese iipn en el mundo. La reforma política pacífica, que llegaba a tan feliz térmi- no, »c sustentaba en la profunda transformación de la economía y la socie-

it.nl. A lo largo de cuatro décadas, y aprovechando una asociación con Gran Hiriaiía que era vista como mutuamente beneficiosa, el país había crecido de Diodo espectacular, multiplicando su riqueza. Los inmigrantes, atraídos para fui transformación, fueron exitosamente integrados en una sociedad abierta, me ofreció abundantes oportunidades para todos, y si bie n no faltaron las

I I isi< mes y los enfrentamientos, éstos fueron finalmente asimilados y el con- MMISO predominó sobre la contestación. La decisión de Yrigoyen de modifi-

• .a la tradicional actitud represora del Estado, utilizando su poder para me-

diar entre los distintos actores sociales y equilibrar así la balanza, parecía

t ma r la última arista conflictiva. En suma, la asunción de Yrigoyen podía

nei considerada, si n violenta r demasiado los hechos, com o la culminació n

leí i/, de l larg o proceso de modernizació n emprendid o po r l a socieda d argenti -

II.I desde mediados del siglo XIX.

I )tra imagen era posible, y muchos de los contemporáneos adhirieron a ella y actuaron en consecuencia. Yrigoyen semejaba uno de aquellos caudi- llos bárbaros que se creía definitivamente sepultados en 1880, y tras de él se

16

BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

adivinaba el gobierno de los mediocres. La transición política hacia la demo-

cracia no era bie n vista, y quienes se sentían desplazados del poder

taban escasa lealtad hacia el sistema institucional recientemente diseñado y una añoranza d e los tiempos e n que gobernaban los mejores. Por otra parte, la Primera Guerra Mundial, que había estallado en 1914, permitía vislum- brar el fin del progreso fácil, crecientes dificultades y un escenario económi- co mucho más complejo, en el que la relación con Gran Bretaña no bastaría ya para asegurar la prosperidad. Las tensiones sociales y políticas que empe- zaban a recorrer el mundo en la última fase de la guerra, y que se desencade- narían con su fin , también se anunciaban en la Argentina, y alimentaban una visión dominada por el conflicto . La sociedad estaba enferma, se decía; los responsables eran los cuerpos extraños, y en última instancia la inmigra- ción en su conjunto . Creció así una actitud cada vez más intolerante, que de momento se expresó en un nacionalismo chauvinista.

Ambas imágenes de la realidad, parciales y deformadas, estaban presentes en 1916 y, cada una a su manera, eran producto de la gran transformación producida a lo largo del medio siglo anterior. Por mucho tiempo moldearon actitudes y conductas, modificadas por nuevos datos de la realidad que, in - cluso, corrigieran o rectificaron la imagen de la etapa de la expansión.

manifes-

La construcción

En aquellas décadas previas a 1916, no tan lejanas como para que no se recor- dara la aceleración de los cambios, la Argentina se embarcó en lo que los contemporáneos llamaban el "progreso". Los primeros estímulos se percibie- ron desde mediados del siglo XIX, cuando en el mundo comenzó la integra-

ció n plena de l mercado y la gran expansión

de l capitalismo, pero sus efectos

se vieron limitados por diversas razones. La principal de ellas fue la deficien- te organización institucional, de modo que la tarea de consolidar el Estado fue fundamental: hacia 1880, cuando asumió por primera vez la presidencia el general Julio A . Roca, se había cumplido lo más grueso, pero todavía se requirió mucho trabajo para completarla.

Lo primero fue asegurar la paz y el orden, y el efectivo contro l sobre el territorio. Desde 1810, y a lo largo de siete décadas, las guerras civiles habían sido casi endémicas: los poderes provinciales habían luchado entre sí y contra Buenos Aires, incluso después de 1852. Desde 1862, el flamante Estado nacio- nal, poco a poco -y co n escasa fortuna al principio-, fue dominando y subordi- nando a quienes hasta entonces habían desafiado su poder, y aseguró para el

•l> i .

nacional

el monopolio de la fuerza. Algunas cuestiones se dirimieron

.luí mi l l.i guerra del Paraguay (1865-1870), y otras inmediatamente después,

. .mvsivamente fueron doblegadas Entre Ríos -gra n rival de Buenos

Alh'» «o la conformación del nuevo Estado- y luego la propia provincia porte- i M . 11ya rebelión fue derrotada en 1880-, que debió aceptar la transformación Ai In »iiulad de Buenos Aires en Capital Federal. El Estado afirmó su poder

bil'ti I. »s vastos territorios controlados por los indígenas: en 1879 se aseguró la

hiiii h I.I sur, arrinconando

a las tribus en el contrafuerte andino, y hacia 1911

1

imple tú la ocupación de los tenitorios de la frontera nordeste. Los límites

ii»

na . males de l Estado se definiero n co n claridad , y las cuestiones interna s se

L

p ii nuil tajantemente de las exteriores, co n las que tradicionalmente se ha-

Vl ii . IIIIV I lado: la guerra del Paraguay contribuyó a definir las fluctuantes fron-

Ll.i'.dr

•Meilirn de la Patagonia, aunque los conflictos con Chile se mantuvieron vi - \i< basta por lo menos 1902, y reaparecieron más tarde.

la C a íenca del Plata, y la Conquista del Desierto, en 1879,

aseguró la

I

>.

.ile

1880

se configuró

un nuevo escenario institucional, cuyos rasgos

•triluiaron largamente. Apoyado en los triunfos militares, se consolidó u n in de poder fuerte, cuyas bases jurídicas se hallaban en la Constitución imada en 1853 y que, según las palabras de Alberdi, debían cimentar "un i monarquía vestida de república". Como ha mostrado Natalio Botana, -i i • iMiraba allí un fuerte poder presidencial, ejercido sin limitaciones en los

\ territorios nacionales y fortalecido por las facultades de intervenir las

•fiivin» ias y decretar el estado de sitio. Por otr a parte, los controles institu- ff límales del Congreso, y sobre todo la exclusión de la posibilidad de la ree-

lt • i

mi i , aseguraban que ese poder n o

derivar a e n

tiranía . Quiene s así l o conci -

bii i< m tenían presente la larga experiencia de las

guerras civiles y la facilidad

Km

que las élites se dividían e n luchas facciosas

encarnizadas y estériles. En

t

.millo , los resultados colmaron las expectativas. Las facultades legales

•iro

n reforzadas por una práctica política en la que, desde el vértice del

|MKI. I , se controlaban simultáneamente los resortes institucionales y los poli-

ftln v Se trataba de u n mecanism o que, e n sus versiones extremas y menos Miilipis, fue calificado de unicato, pero que en rigor se empleó normalmente

mu. •. y después de 1916. El Ejecutivo lo usó para disciplinar a los grupos •Ovliu-mlcs, pero a la vez reconoció a éstos u n amplio margen de decisión en

•Mi asunto s locales . E l poder , qu e se habí a consolidad o e n torn

•liiiiinanies del próspero Litoral -incluyendo la muy dinámica Córdoba-, tm< i .i o r ú distinta s forma s d e hace r participa r d e la prosperida d a las élite s de l

Ihlriinr , particularmente a las más pobres, y asegurar así su respaldo a u n luden político al que, además, ya no podían enfrentar.

o de los grupo s

18 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

sus rasgos básicos, las institucione s

del Estado -e l sistema fiscal, el judicial, el administrativo-, en muchos casos eran apenas esbozos que debían ser desarrollados. Escaso de instrumentos y medios para la realización de muchas de las tareas más urgentes, como educar o fomentar la inmigración, el Estado se asoció inicialmente con sectores particu- lares, pero a medid a que sus recursos aumentaron , fue expandiendo sus propias instituciones, y llegó a adquirir consistencia y solidez mucho antes que la socie- dad. Esta, en pleno proceso de renovación y reconstitución, careció inicial- mente de la organización y de los núcleos capaces de limitar su avance.

Deliberada y sistemáticamente actuó el Estado para facilitar la inserción de la Argentina en la economía mundial y adaptarse a u n papel y una fun-

ció n que -se pensaba - le cuadraba perfectamente. Ese lugar implicab a

una

Aunqu e e n 188 0 estaban

delineadas, e n

asociación estrecha con Gran Bretaña, potencia que venía oficiando de me- trópoli desde 1810. Limitados al principio a lo comercial, esos vínculos se estrecharon luego de 1850, por la gran expansión de la producción lanar -l a primera organizada sobre bases definidamente capitalistas- y la contemporá- nea profundización de la industrialización de Gran Bretaña, convertida ya en el taller del mundo. Por entonces se profundizaron las relaciones comercia- les y se anudaron las financieras, especialmente por el sólido aporte británico al costo de la construcción del Estado. Pero la verdadera maduración se pro- i dujo luego de 1880, en la era del imperialismo. Por entonces, Gran Bretaña l-dueña indiscutida del mundo colonial- empezaba a afrontar la competen-

cia de nuevos rivales -Alemani a primero, y luego Estados Unidos - y el múñ- elo entero fue dividiéndose e n áreas imperiales, formales o informales . E n el momento en que se consolidó la asociación con Gran Bretaña, la metrópoli

entraba en su madurez, ciertamente sólida pero también poco

dinámica. In -

capaz de afrontar la competencia industrial, se refugió en su Imperi o y sus ¡monopolios, y optó por las ganancias aseguradas por inversiones privilegia- das, de bajo riesgo y alta rentabilidad.

En la Argentina, entre 1880 y 1913 el capital británico creció casi veinte veces. A los rubros tradicionales -comercio, bancos, préstamos al Estado- se agregaron los préstamos hipotecarios sobre las tierras, las inversiones en em- presas públicas de servicios, como tranvías o aguas corrientes, y sobre todo los ferrocarriles. Estos resultaron extraordinariamente rendidores: en condi- ciones ciertamente privilegiadas, las empresas británicas se aseguraron una ganancia que garantizaba el Estado, quien también otorgaba exenciones im- positivas y tierras a los costados de las vías por tenderse.

En etapas posteriores se subrayaron persistentemente estos problemas, pero los contemporáneos viero n más bie n en la conexió n angloargentina sus as-

1916

19

|'»> luí positivos : si los británico s obtenía n buenas ganancia s po r sus inver -

IHUii « • la comercialización de la producción local, dejaban u n amplio cam-

po di ii< i ion para los empresarios locales, los grandes propietarios rurales, a

•|tii> MI quedaba reservada la participación mayor en una producción que fue

jHHllulliada por la infraestructura instalada por los británicos. Los 2.500 k m

di

«ir. es ¡sientes en 1880 se transformaron en 34 mi l en 1916, sólo un poco

mi

ln de los 40 mi l que, en su momento máximo, llegó a tener la red argen-

tina Algunas grandes líneas troncales sirvieron para integrar el territorio y

MM MUÍ " la presenci a de l Estad o e n sus confines , mientra s qu e otra s cubriero n

di n iiiienie la pampa húmeda, posibilitando -junt o con el sistema portua- ilo I I • spansión de la agricultura primero y de la ganadería después, cuando

lo*

intMiios británicos instalaron el sistema de frigoríficos.

l'i i

K

a expansión requirió abundante mano de obra. El país había venido reci- > .u n idades ele inmigrante s e n form a crecient e a l o largo de l siglo, pero

•t p<n i n de I ívSO las cantidades crecieron abruptamente. Desde el lado de Euro-

la • iniciació n estab a estimulad a po r u n fuert e crecimient o demográfico , l a de las economías agrarias tradicionales, la búsqueda de empleos y el aba-

Mliinm niti de los transportes; desde el país se decidió modificar la política

Itnuil i in Hia t radicional, cauta y selectiva, y fomentar activamente la inmigra-

1*4

1

ni pn ipaganda y pasajes subsidiados. Pero ninguno de esos

mecanismos

bul

i•i i .i. li i efectivo si, simultáneamente, no hubiera crecido la posibilidad de

Hi<

nuil , I I 11 abajo . Lo s inmigrante s demostraro n un a gra n flexibilida d

y adap -

!.«•

i.

.II , i las condiciones de l mercado de trabajo: en la década de 1880 se con -

i

u n i II . >i i

en las grandes

ciudades,

e n la construcció n de sus obras públicas y la

ti

I.

I.u ion urbana, pero desde mediados de la década siguiente, al abrirse

!•••

p.'.ibilidadcs en la agricultura, se volcaron masivamente al campo tanto

i|iil» in • venían para instalarse en forma definitiva como quienes viajaban anual-

liii lili paia trabajar en las cosechas. Este fenómeno -posibilitad o por la bara-

tía.t d. los pasajes y por los salarios locales relativamente altos - explica en

|niih I i Inerte diferencia entre los inmigrantes llegados y los efectivamente

H.li. idos: eni re 1880 y 1890 los arribados superaron el millón, y los efectiva-

Mi

i

lil i

i.i i lirado s diero n

uno s 65 0 mil , cantida d notabl e par a u n paí s cuy a po -

|.| i. |i ni mudaba los dos millones. En la década siguiente, luego de la crisis de \Wh\• atenuó la llegada y los que retornaron fueron, año a año, más de los

i|u>

i II II . I. • Ii is saldos positivos superaron el millón.

II. isiban, pero el ritmo se

restableció en la primera década del siglo XX,

I i piolín iciún activa de la inmigración fue sólo un aspecto del conjunto de

|kih idades que el Estailo, lejos de la prescindencia del supuesto "modelo libe-

lid . 11- .a i oli o para est ¡mular e l crecimient o económico , solucionand o los cue-

2 0

BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

líos de botella y creando las condiciones para el desenvolvimiento de los em- presarios privados. Particularmente, entre 1880 y 1890 esta acción fue inten-

fueron gestionadas y promovidas

con amplias garantías, y el Estado asumió el riesgo en las menos atractivas, para luego transferirlas a los privados cuando el éxito estaba asegurado. En materia monetaria se aceptó y estimuló la depreciación, en beneficio de los exportadores, y hasta 1890 al menos, a través de los bancos estatales, se ma- nejó el crédito con gran liberalidad. Sobre todo, el Estado se hizo cargo de lo que se llamó la "Conquista del Desierto", de la que resultó la incorporación de vastas extensiones de tierra apta para la explotación que fueron transferi- das en grandes extensiones y co n u n costo mínimo a particulares poderosos y bien relacionados. Muchos de ellos ya eran propietarios y otros lo fueron desde entonces, pero esta acción estatal resultó decisiva para la consolida- ción de la clase terrateniente. La tierra luego se compró y vendió amplia- mente, aunque su espectacular valorización hasta 1890 -debida al cálculo de futuros beneficios asegurados por la expansión que se iniciaba- redujo el cír- culo de posibles adquirentes.

I Aunque beneficiarios de la generosidad del Estado -que por otra parte ellos mismos controlaban-, los terratenientes de la pampa húmeda manifes- taron una gran capacidad para adecuarse a las condiciones económicas y buscar el máximo posible de ganancias. En el Litoral, donde escaseaba el ganado y la producción podía trasladarse fácilmente por los ríos, se inclina- ron por la agricultura; allí donde la tierra era barata, optaron por la coloniza- ción, que la valorizaba, pero cuando el valor aumentó prefirieron el sistema de arrendamiento. En la provincia de Buenos Aires perduró la gran propie- dad indivisa y la explotación del lanar, hasta que la instalación de los frigorí- ficos hizo rentable la explotación del vacuno refinado co n las razas inglesas y ; destinado a la exportación. Entonces, las necesidades de praderas artificiales \estimularon la colonización agrícola: las tierras se destinaron alternativa- mente a cereales, forrajes y pastoreo, con lo que la agricultura se asoció defi- nitivamente con la ganadería.

sa y definida. Las inversiones extranjeras

j Esta combinación resultaba la más adecuada para las condiciones especí-

ficas de entonces. La calidad de las praderas aseguraba altos rendimientos

co n escasas inversiones; por otra

dial, extremadamente cambiantes e incontrolables desde este lejano sur, ha- cían conveniente mantener la flexibilidad para elegir, cada año, la opción más rentable. Parecía más razonable mantener la tierra unida para conserva i todas las opciones y encarar explotaciones más bien extensivas. Com o ha propuesto Jorge F. Sábalo , los empresarios se habituaron a rotar por diversas

parte, las condiciones del mercado mun

1916

21

 

11

id.i< les, buscando en cada caso la crema de la ganancia, sin fijarse defini-

ii

a.

tai ninguna y procurando no inmovilizar el capital: a las agtope-

i . , lu

agregaron luego las inversiones urbanas -tierra , construcciones- e las industriales. Así, a partir de la tierra se constituyó una clase em -

I

IIu entrada y no especializada, una oligarquía, que desde la cúspide

II

Liba un conjunto amplio de actividades. |U,is tundiciones estimularon también la conducta especulativa de los

I. ,

ii. IUS. I os inmigrantes que durante la expansión agrícola se convirtie-

i

n ,II tendal arios y disponían de un capital limitado, prefirieron alquilar

I

.anos ext cnsiones importantes de tierra antes que adquirir definitiva-

i

• i n I.I | mi-cela más pequeña: especuladores trashumantes jugaro n sus cartas .aios de trabajo intenso, con mínimas inversiones fijas, quizá premia-

 

i

ni unas buenas cosechas, para volver a repetir la apuesta en otro campo

ni.

11. Ii. 1.1.

I 11. a | >i itnera etapa, este comportamient o altament e flexibl e permitió apro- Vt'< li a 'I máximo los estímulos externos y posibilitó u n crecimiento verdade-

i mu me espectacular. Desde 1890 la expansión de la agricultura fue conti-

II. 11

• I

I .| i. , las exportaciones totales se multiplicaro n cinc o veces, mientras que

I i

i I ni.II.: y el lino, y entre los tres cubrieron la mitad de las exportaciones;

II . I i- .lo, junto a la lana, comenzó a ocupar una parte cada vez más impor-

\1

i ampo se

llenó de chacareros y jornaleros. Entre

1892

y 1913

se

lupin o la producción de trigo, de la cual la mita d se exportaba. E n ese

inipi -i tac iones lo hicieron en proporción algo menor. A l trigo se

agrega*

i

i.

I.i i ,IIne, sobre todo a partir de 1900, cuando los frigoríficos empezaron

i

.

p. ui.ii Ilacia Gran Bretaña carne vacuna congelada o enlatada. Por en-

i.

,, el lanar había sido desplazado de Buenos Aires hacia el sur, y lo reem-

I iba el vacuno mestizado con las razas británicas Shorthor n

I i

y Heresford.

| i p.ias di-la guerra, la Argentina era uno de los principales exportadores

n

n II

socios extranjeros fueron elevadas - a través de los

I aulles y frigoríficos, del transporte marítimo, de la comercialización o

, tambié n l o fuero n las de l Estado , proveniente s funda -

iii. ni.límente de impuestos a la importación, y las de los terratenientes, quie-

.!• I linai K ¡amient o

i. líales de cereales y carne.

Si las ganancias de los

m»-», dadas las ventajas comparativas con respecto a otros productores del mun-

do, npiaioii por destinar una porción importante de éstas al consumo. Ello

i

- pin a en paiie la magnitud de los gastos realizados en las ciudades, que unos

\.

se oí uparon en embellecer imitando a las metrópolis europeas, pero

|tu\oe|ei t o multiplicador fue muy importante. El Estado las dotó de los moder-

i ivK ios de higiene o de transporte, así como de avenidas, plazas y un

22 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

conjunto de edificios públicos ostentosos y n o siempre de buen gusto. Los par-í ticulares construyeron residencias igualmente espectaculares, palacios o petitsA hótels. El ingreso rural se difundió en la ciudad multiplicando el empleo y genef

rand o a su vez nueva s necesidades de comercios , servicios y finalment e de inW dustrias, pues en conjunto las ciudades, sumadas a los centros urbanos de las i zonas agrícolas, constituyeron u n mercado atractivo. El sector industrial alean-I zó una dimensión significativa y ocupó a mucha gente. Algunos grandes esta-/ blecimientos, como los frigoríficos, molinos y algunas fábricas grandes, elaboA

o e l mercado interno . Otr o grupo del

establecimientos importantes, textiles o alimentarios, suministraba productos! elaborados con materia prima local, y un extenso universo de talleres, general-

mente de propiedad de inmigrantes afortunados, completaba el abastecimien- to del mercado interno. Este sector industrial creció asociado con la economía agropecuaria, expandiéndose y contrayéndose a su ritmo y nutriéndose de ca- pitales extranjeros, aunque a través de los bancos los terratenientes locales o quienes controlaban el comercio exterior pudieron agregar la inversión indus- trial a l conjunt o de sus opciones.

raban sus productos para l a exportació n

El grueso de estos cambios se produjo en el Litoral, ampliado con la incor- poración de Córdoba, y se acentuó la brecha secular con el Interior, incapaz de incorporarse al mercado mundial. N o llegaron allí n i inversiones n i inmi- grantes, aunque sí el ferrocarril, que en algunos casos, al romper el aislamiento A de los mercados, afectó algunas actividades locales. En cambio, hubo mayores' gastos realizados por el Estado nacional, que sostuvo en parte la administración! y la educación. Pero sobre todo pesó el atraso relativo, y las diferencias cada vez más manifiestas entre la vida agitada de las grandes ciudades del Litoral M la de las somnolientas capitales provinciales.

Hubo algunas excepciones. En el norte santafesino una empresa inglesa, expansiva y depredadora a la vez, constituyó u n verdadero enclave para la explotación del quebracho. Pero las excepciones más importantes se produ- jeron en Tucumán primero y en Mendoza después, en torno a la producción ele azúca r y d e vino . Amba s prosperaro n notablement e par a abastece r a los expansivos mercados de l Litoral, merced a la reserva de estos productos he- cha por el Estado, que los rodeó con una fuerte protección aduanera. Fue el mismo Estado quien permitió el despegue inicial de esa industria regional, construyendo los ferrocarriles y financiando las inversiones de los primeros empresarios de ingenios y bodegas. En ambos casos hubo razones de equili- brio político general, pero más inmediatamente pesaron las relaciones que importantes empresarios de las nacientes industrias -Ernesto Tornquist en la azucarera y Tiburcio Benegas en la vitivinícola- tenían en las más altas esfe-

1916

23

M - . •!> m.i

i

M|M ••• un idil'icaron sustancialmente, quizá contra lo que hubieran indicado

.i mas de la división internacional del trabajo-e l azúcar tucumana siem-

.11, i.i les. La fisonomí a d e Tucumán , y sobr e tod o l a de Mendoza , dond e l a

ti

.supuso la incorporación de importantes contingentes inmigrato-

|.i.

o.

pu lin nimb o más cara que la que podía importarse desde Cuba - pero de

m

in 1.1

II i la pauta de ganancia

monopólic a y de asociació n entr e e l Estado

t

|n« i iiipu-sarios que caracterizó toda la expansión finisecular.

I n

i. uno del Estado se conformó un importante sector de especuladores, in -

un. di.II i. is y financistas cercanos al poder, que medró en concesiones, présta-

ii.

H,.

.1 .i,i , | uihlieas, compras o ventas, especialmente e n la década de 1880, cuando

I

I

ii. I.i inyectó masivamente crédito a través de los bancos garantidos. Los

uní.

uip. «i,mei>s atribuyeron a esta fiebre especulativa la crisis de 1890, que fre-

iH

p.

.i un.i década el avance espectacular de la economía. Pero las causas eran

ii i

pi.

.huidas y resultaron recurrentes. La estrecha vinculación de la economía

Hiii i a ii i.i Mtlil.t

n i la internaciona l la sensibilizó a sus fluctuaciones cíclicas, com o unido en 1873. El fuerte endeudamiento convertía el servicio de la

!•

n.l i . lem a en una carga onerosa, solventada co n nuevos préstamos o co n

|

Id

-,

del comercio exterior, y ambas cosas se reducían drásticamente en los

Mi

a

-,

de crisis cíclica, generando u n período más o menos prolongado de

H*i

i ni. ni l a crisis internaciona l de 189 0 tuv o l a particularida d de desencadenar-

H

11i I.i A i geni ina y de anastrar con ella a uno de los más importantes inversores

HIMiiii ii'.: la banca Baring. En lo inmediato tuvo efectos catastróficos, sobre H*|. I pata los pequeños ahorristas, pero al concluir co n el ciclo especulativo urba-

iii •. I. I.i decada de 1880 alentó otras actividades, y particularmente la agricultu-

i i

I ,i inmigración masiva y el progreso económico remodelaron profunda-

Mu mi la sociedad argentina, y podría decirse que la hicieron de nuevo. Los

ijiii empezó por entonces su expansión importante.

| ,M naílones de habitantes de 1869 se convirtieron en 7,8 millones en 1914,

Mi n • * iiiismo período, la población de la ciudad de Buenos Aires pasó de

|nit mi l habitante s a 1,5 millones . Dos de cada tres habitante s de l a ciuda d

cuando ya habían nacido de ellos mu -

i o n

. si ianjrios en

1895,

y en 1914,

i (

hljus argentinos, todavía la mitad de la población de la ciudad era

i

. i i in|eia, I a mayoría fueron los italianos, primero del norte y luego del sur,

s

iiMiiemn los españoles, y en menor medida los franceses. Pero llegaron inanlcs de todas partes, aunque en contingentes pequeños, al punto que

p. o

en

Buenos Aires como en una nueva Babel. Como señaló José

|

Ul« Hoineio , la nuestr a fu e un a socieda d

aluvial , constituid a po r sedimen -

I,I.

i, m, en la que los extranjeros aparecían en todas partes, aunque natural-

iii.

ni . no en la misma proporción.

 

24 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

Al Interior fueron pocos, co n excepción de lugares como Mendoza. En el Litoral, muchos fueron al campo, y la mayoría se instaló precariamente, co-

y sus familia s fuero n protagonistas de una

sacrificada y azarosa empresa. Quizá porque estaban dispuestos a prosperar en poco tiempo, a sacrificarse y arriesgar su escaso capital en una apuesta muy fuerte, prefirieron vivi r en rudimentarios e inhóspitos ranchos, sin las como- didades mínimas, prestos a abandonar el lugar cuando el contrato vencía. Como todos los inmigrantes, se jugaron al ascenso económico rápido, que algunos lograro n y muchos no . A la larga, los primeros, o sus hijos , se integra- ron a las clases medias en constitución; los segundos probablemente mar- charo n a las ciudades o se volvieron. L o que es seguro es que unos y otros contribuyeron a las gruesas ganancias de terratenientes y casas comerciales exportadoras, que se asociaban a los beneficios de los chacareros, pero sin participar de sus riesgos.

mo arrendatarios . Los chacareros

principio la mayoría iba a las ciudades, pues allí estaba la más amplia

demanda de trabajo. Las grandes ciudades, y en primer lugar Buenos Aires, se llenaron de trabajadores, en su mayoría extranjeros pero también crio- llos. Sus ocupaciones eran muy diversas y su condición laboral heterogé- nea: había jornaleros sin calificación, a la busca cada día de su conchabo, artesanos calificados, vendedores ambulantes, sirvientes y también obreros de las primeras fábricas. E n cambio , muchas de sus experiencias eran simi - lares: vivían hacinados en los conventillos del centro de la ciudad, próxi- mos al puerto donde muchos trabajaban, o del barrio de la Boca. Padecían difíciles condiciones cotidianas: la mala vivienda, el costo del alquiler, los problemas sanitarios, la inestabilidad en los empleos y los bajos salarios, las epidemias y los problemas de mortalidad infantil, todo lo cual conformaba un cuadro muy duro, del que al principio muy pocos escapaban. Era todavía una sociedad magmátic a y e n formación . Los extranjero s eran además ex- traños entre sí, pues n i siquiera los italianos -un a denominación en cierto modo abstracta, que englobaba orígenes diversos-, separados por los dife- rentes dialectos, podía n comunicarse entr e ellos. L a integración de sus ele- mentos divetsos, la constitución de redes y núcleos asociativos, y la defini- ció n de identidades en ese mund o de l trabajo fue u n proceso lento .

Al

Muchos de los inmigrantes, impulsados por el afán de "hacer la América" y quizá volver ricos y respetables a la aldea de donde habían salido misera- bles, concentraro n sus esfuerzos e n la aventur a de l ascenso individual , o más exactamente familiar. Quienes no lo lograron o fracasaron después de algún éxito inicial - y no volvieron a la patria- permanecieron dentro del conjunto de los trabajadores, permanentemente renovado con los nuevos llegados, Fue

1916

25

Hii u 'II" . donde más ampliamente se desarrollaron las formas de solidan- do! i i i Mutiladas por los militantes contestatarios. Pero la mayoría obtuvo al Mi» Mi > 111•1111 éxito dentro de la "aventura del ascenso". Éste consistía gene- MIH H m i n i llegar a tener la casa propia, y quizá un pequeño negocio o taller MMil'ii ti piopio. Sobre todo, el camino pasaba por la educación de los hijos:

|.« i ilin ,n io n primaria permitía superar la barrera idiomática que segregaba a |u" p idn I . i secundari a abrí a las puertas a l emple o públic o o a l puest o d e Mi-ii oí , dignos y bien remunerados. La universitaria, y el título de doctor, Pftt la II iv • mágica que permitía ingresar a los círculos cerrados de la sociedad i u n i Muida. ,' !c trata sin duda de una imagen con mucho de convencional,

experiencia s de los triunfadores , e ignorand o l a d e

aventura s de l ascenso fuero n l o

importantes como para plasmar una imagen mítica de hon-

*|ii l

la a pan ir ele las

In» I i " > a. Ii i\ I 'ero de cualquie r modo , estas

Mllli ii u n mente

do

I

I

y larga perduración, y para constitui r las

amplias clases medias,

MilMII i

\, que caracterizaron de forma definitiva nuestra sociedad.

 

I

I I tuina, lo que se constituyó fue una sociedad nueva, que permaneció

|"'t

l > i i.uito i ici up o e n formación , e n l a que los extranjeros o

sus hijo s estu-

»h io n plísenles en todos los lugares, los altos, los medios y los bajos. Fue

iilti

n

i \ Ir xi ble,

con oportunidades para todos. Fue también una sociedad

i-i

ludida doblemente: por una parte, el país modernizado se diferenció del

liiii

ii" i iiadicional; por otra, la nueva sociedad se mantuvo bastante tiempo

p I I ida de las clases criollas tradicionales, y las clases altas, u n poco tradi - ttniial i . peine n buena medida tambié n nuevas, procuraro n afirma r sus dife -

•i

••

specto de la nueva sociedad.

 

^

llt mías en la nueva sociedad los inmigrantes se mezclaban sin reticen-

• 11 i los criollos y generaban formas de vida y de cultura híbridas, las

i I i •i

illas capaces de acoger sin reticencias a los extranjeros ricos o exito- MU ian tradicionales, afirmaban su argentinidad y se creían las due-

Mi

di I país al que los inmigrante s había n venid o a trabajar. N o todos sus

Mía

iiibii ' s lemá n riquez a antigua , pue s entr e ello s habí a mucho s advenedizo s

• •

i.i >i

i- tu ios, i .

.MÍO se decía entonces, y n i siquiera todos tenían verdadera-

MII

u n

iique .-a . Alguno s l o lograro n co n medio s dudosos, gracias a los favores

.Ii

I

i "

Ii i, y míos apenas podían conservar

lo que llamaban la

"decencia".

I'i i " i"diis rllns, frente a la masa de extranjeros, manifestaron una cierta

id de i ruarse , de recordar sus antecedente s patricios , de ocuparse de

l.iiii «

|IM ap. Ili.li i . y la prosapia, y quienes podían, de hacer gala de un lujo y osten-

i H i-«i qu e qui . a sus modelos europeos consideraran vulga r y chabacano -

Mlil i H i malear las diferencias . Esa funció n cumplía n los lugares públicos

I n d • .i i .I I se, c i uno la C )pera, l 'alcrin o o

la call e Florida , y sobre tod o el

26 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

club, exclusivo y a la vez educador: el Jockey, fundado por Carlos Pellegrini y Miguel Cañ é para constituir una aristocracia vasta y abierta, "que compren- da a todos los hombres cultos y honorables".

Esos mismos hombres se reservaron el manejo de la alta política. Esta fue una actividad de "notables", provenientes de familias tradicionales, de- centes y educados, aunque no necesariamente ricos, pues en la política abundaron los parvenus, que harían allí su fortuna. El sistema institucional era perfectamente republicano -aunque diseñado para mediatizar las deci- siones más importantes y alejarlas algo de la "volunta d popular"- , pero las prácticas electorales de la época, y sobre todo la fuette injerencia del go- biern o e n cad a un o de sus pasos, tendía n a desalentar a quienes quisieran participa r e n esa competencia . E n la cúspide de l sistema político , l a selec- ción del personal pasaba por los acuerdos entre el presidente, los goberna- dores y otros notables de prestigio reconocido. En los niveles más bajos, la competencia se daba entre caudillos electorales, que movilizaban maqui- narias aguerridas, capaces -co n la complicidad de la autoridad- de asaltar atrios y volcar padrones. El sistema -estigmatizado luego por la oposición política— descansaba sobre una escasa voluntad general de participación en las elecciones. Alejada de los grandes procesos democratizadores de las socie- dades occidentales, la constitución de la ciudadanía fue aquí lenta y trabajo- sa. Particularmente, pesó el escaso interés de los extranjeros por nacionali - zarse y participar de las elecciones, perdiendo algunos privilegios y garan- tías inherentes a su condición de tales,-y esta situación inquietó incluso a los espíritus más lúcidos de la élite dirigente , preocupados por asentar las bases consensúales del régimen político.

Quizá la característica más notable y perdurable de ese régimen haya sido la falta de competencia entre partidos políticos alternativos y su estructuración en tom o de un pattido único, cuyo jefe era el presidente de la República. El Partido Autonomista Nacional era en realidad una federación de gobernado- res, cabezas de "situaciones" provinciales, y el presidente usaba sus atribucio- nes institucionales para disciplinarlos, mezclando confusamente lo que era pro- pio del Estado con lo más específicamente político. Ausentes los mecanismos de alternancia, raquíticos los espacios de discusión pública amplia, los conflic- tos se negociaban en círculos reducidos, entre la Casa Rosada y el Círculo di- Armas, la redacción de u n diario y los pasillos del Congreso. El sistema era eficaz cuando se trataba de diferencias en tom o de convicciones comunes -com o ocurrió a l o largo de la década de 1880 - pero reveló sus débilidaileí cuando las discrepancias se hicieron más serias, a partir de 1890. Quedó claro entonces que en e l régimen político no había lugar para partes con intereses

1916

27

tllM-UM mi" , y legítimos, capaces de discrepar y de acordar, y el unicato, que

Imilla inntiibuido a la consolidación

flttilU'i •• • 1 1 mí mutaciones , reveló sus limitacione s para canalizar las propuestas

del régimen y a la eliminación de las

i|>-1

iiiiibn 11 Ir una sociedad que se estaba constituyendo y diversificando,

y en

m ijn»' *• desarrollaban intereses variados y contradictorios.

M"ldra i

y organizar esa sociedad e n

formación , según sus definida s

con -

II» i ii'in •. acerca del progreso, y generar en ella el consenso necesario para las

H't' O nair.lormaciones que se estaban desanollando fue quizá la preocupa- »|iui i'itiu ipal de la élite dirigente . El panorama que se presentaba ante sus II|II« iii i na tatúente inquietante: una masa de extranjeros, desarraigados, M< Hiiimi iiic solidarios, sólo interesados en lucrar y en volver a su terruño, lltqn naba la indignación de quienes, como Sarmiento, habían visto otrora

Mi

competidores im -

JHUMIII I s: la Iglesia en primer lugar, aunque en el Río de la Plata su influen-

Mit|" iu' i lo dar lorm a a esa masa, apareció u n conjunt o de

I i iniuigiación el gran instrumento del progreso. Por otra parte, en el

ll>i

• i i nuil li o menor que en el resto de Hispanoamérica; las asociaciones de

!•!*

olí i i ividades extranjeras, y particularmente la italiana, y luego los gru-

llo* |'iiluii os contestatarios, y sobre todo los anarquistas, que ya esbozaban

sociedad definidamente alternati-

jiHi i I n t i lores populares un proyecto de

vo I n ni c a ellos, ese Estado todavía débil presentó combate y triunfó. Pro-

00

i> mu nte fue extendiendo su larga mano -ciertamente visible- sobre la

a

•ni

d id, lanío para controlar su organización cuanto para"acelerar los cam-

|i|

|ui aseguraran el progreso buscado.

I

i» leyes de Registro Civi l y de Matrimonio Civil , inspiradas en la legis-

!•(• ion • ni opea más progresista, impusieron la presencia del Estado en los

rtiin mas importantes de la vida de los hombres -e l nacimiento , el casa- Mi!• ni" , la muerte-, hasta entonces regulados por la Iglesia. Posteriormente, Mitpu II in ia del Estado se reforzaría en la regulación de la higiene, del traba- )•• \e iodo con la ley de Servicio Militar Obligatorio que, al llegar a la |lt<i\ •• i i de edad, colocaba a todos los hombres en situación de ser controla- do»,. I d Iplinados y argentinizados. Pero en la década de 1880 el gran instru- MH ni " bie la educación primaria, y hacia ella se volcaron los mayores esfuer- #o» I .ia, según la ley 1.420 de 1884, fue laica, gratuita y obligatoria. Despla-

cí»

Mt • in n iieno, el Estado asumió toda la responsabilidad: con la alfabetiza- • i" n i < guiaba la instrucción básica común para todos los habitantes, y a la '• I i iniegtai ion y nacionalización de los niños hijos de extranjeros, que si lili M I In I|SII I s libaban su pasado en alguna región de Italia o España, apren- dí n i • I I la e.i uela que éste se remontaba a Rivadavia o Belgrano.

i mi . i a la Iglesia com o a las colectividades, que habían avanzado much o

28 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

Aunque l a élite fue constitutivamente cosmopolita, crítica de la herencia criolla o hispana y abierta a las influencias progresistas de las metrópolis, tuvo

a la vez una temprana preocupación por lo nacional, tanto para afirmar su

identidad en el país aluvional como para integrar en ella a la masa extranjera.

La élite patricia, que se sentía consustanciada con la constmcción de la patria,

se ocupó de dar forma a una versión de su historia, como lo hizo Bartolomé

Mitre , que era a la vez una autojustificación. Co n las mismas preocupacio- nes, discutieron sobre qué cosa era el arte, la música o la lengua nacional.

Sobre estos y otros temas se hablaba tanto en los círculos y tertulias privadas com o e n los periódicos y en sus redacciones, quizás e n la cátedra universitaria o en el Congreso. Algunos incluso escribieron libros, que editaban en Europa.

Si no hubo muchos grandes creadores, en cambio constituyeron un grupo de

intelectuales que, sin especialización profesional, contribuyeron muy eficaz-

mente a moldear las ideas de su clase. Conociero n todas las corrientes euro-

peas, y de cada una de ellas hubo una versión local: realismo, impresionismo,

naturalismo

fue el positivismo, en su versión spenceriana, por su valoración de la eficien- cia y el pragmatismo, del orden y el progreso, en todo adecuados a una socie-

dad que por entonces

definía por su optimismo.

Pero la que más se adecuó a su filosofía espontánea de la vida

-llegand o al Centenario de la Revolución de Mayo - se

Tensiones y transformaciones

El Centenario de la Revolución de Mayo fue la ocasión que el país, alegre y

confiado , tuvo para celebrar sus logros recientes. La asistencia

Isabel de Borbón, tía del rey de España, y del presidente Mont t de Chile, indicaban que las hostilidades externas, viejas o nuevas, pertenecían al pasa-

de la Infant a

do. Intelectuales, políticos y periodistas, como Georges Clemenceau, Enrice > Ferri, Adolfo Posada o Jules Huret, dejaron, cada uno a su manera, testimo nio del espectacular desempeño de la República, al igual que el poeta Rubén Darío, que escribió u n Canto a la Argentina algo pomposo. Atestiguando el

carácter aluvial de nuestra sociedad, cada una de las colectividades extranje-

ras honr ó al país y a sus

cuya piedra fundamenta l se coloc ó apresuradamente ese año. Pero e l discur so oficial, vacío, hueco y conformista, apenas alcanzaba a disimular la otra cara de esta realidad: una huelga general, más virulenta aún que la del ano anterior-cuando coincidió con el asesinato del jefe de Policía a manos de un anarquista-, amenazó frustrar los festejos, y una bomba en el Teatro Colón

espectaculares logros co n u n monument o alusivo,

1916

29

plMn n i M i.Inici a las tensiones y la violencia , a la que desde la sociedad

.r respondió con los primeros episodios del terror blanco y con

|MMMI'I< • I.I.I

IHI H

d i i

ley ele Defensa

Social .

M i

I11,I

de la pompa de la

celebración, una honda preocupación por el espíritus más reflexivos, ganados por u n pesi-

lililí)"' di l,i nación invadía los

Uil«iu iniic . Utilizando los modelos de la sociología positivista, y combi-

Ii4tiil"l I I la historia y la psicología social, se diagnosticó que la sociedad M».i! i •ni' una. Retomando la tradición reflexiva de Sarmiento o Alberdi, 4f«aii' i i ensayos profundos, balances descarnados y propuestas, como los

• |iit

HMHI di /•**/• •/( >!\ni (núnica, Carlt >s Octavio Bunge en Nuestra América, José María UMIIIII'I Me I ia en luis multitudes argentinas o Ricardo Rojas en La restauración HflHi'ii'i' i I.I l'art e ele los males se atribuía n a la mism a élite , su conformism o Mili s »u abandono de la tradición patricia y la conciencia pública. Pero el

!*•

i |i laquín V . Gonzále z

e n El juicio del siglo, Agustí n Alvare z e n Ma -

al del cuestionamiento era el cosmopolitism o de la sociedad argen-

Hli-i a i« II id, ida por la masiva presencia de los inmigrantes y dirigida por quie- H ) habían buscado su inspiración en Europa. Todos los conflictos sociales y fmliii. i . , ludo cuestionamiento a la dirección de la élite tradicional, podían • H iiinl .iiii Ii >s a los malos inmigrantes, a los cuerpos extraños, a los extranjeros i||»nh . me, , incapace s ele valora r l o que el país les habí a ofrecido .

I'. i n mas allá de estas manifestaciones extremas, preocupaba la disolución

Mil a

11

il» i laciona l que alguno s ubicaba n e n l a socieda d crioll a previ a a l alu d

llliuii i ii i y otros, In iM.ln ii ni hispana.

*Uui ni asociando esta tradición con la intolerancia y el atraso, en cualquier »H*o • dibujó en la conciencia de la élite la imagen de unas masas torvas y

IMI n i * . - lesligadas ele tode) vincule) , peligrosas , qu e acechaba n e n las sombras

t l|m

|il|n<> di la patria. En respuesta, algunos adhirieron al elitismo aristocratizante i|iu I . du. i pucsi o ele moela el uruguay o Jos é Enriqu e Rod ó co n su Ariel . Otro s luí», ""i i la sol IR-ion ele cáela un o ele los problema s e n algun a de las fórmulas de |H luí' una ia social, incluyendo las que había ensayado en Alemani a e l canci- lli i hi .III.IIC L IVro la mayoría encontró la respuesta en una afirmación polé- ltii> ' . mo l ii a de la nacionalidad: la solución era subrayar la propia raigambre lili. I I i , aigent ini::ar a esa masa extraña , y a la vez disciplinarla . Desde princi -

i i.ihan empezanelo a invadi r los ámbito s hast a entonce s reservados a los

más extremos, filiaban polémicamente en la ruptura con Si bien esta última posición era cuestionada por quienes

|i|

I- ii'l.', y sin duela inspirado en el clima europeo de preguerra, empezó a

d.

pii

.mu iai un nacionalismo chauvinista, que José María Ramos Mejía, desde

|i|«

i

i ,e|o Naciona l ele Educación ,

intent ó inculcar a los niño s de la escuela

jiiiin ni.i en sus prácticas cotidianas, y que tuvo su apogeo en los festejos de

1916

3 1

30 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

1910,

cuand o

las patotas de "niño s bien " se complacía n e n hostiliza r a cual-/

quier

extranjero que demorara en descubrirse al sonar las notas del Himno .

,

A partir de esta percepción de una enfermedad en la sociedad, ratificada por la cotidian a emergencia de conflicto s y tensiones de la más variada índo^ le, se dibujaro n dos actitudes en la élite dirigente. Alguno s optaro n por una conducta conciliadora, haciéndose cargo de los reclamos de la sociedad y proponiendo reformas. Otros, en cambio, mantuvieron una actitud intransi- gente, que apeló al Estado para reprimir cualquier manifestación de descon- tento y, no satisfechos por u n apoyo que por otra parte no se retaceaba, se organizaron para actuar por su propia cuenta.

Algunos motivos de preocupación se adivinaban en la marcha de la econo- mía, pese a que en los primeros años del siglo la Argentina realizó lo más espec-

tacular de su crecimiento. U n renovado empuje migratorio hizo que en 1914 casi se alcanzaran los 8 millones de habitantes, duplicando la cifra de 1895. El área cultivad a alcanzó el récord de 24 millones de hectáreas y e l país llegó a ser el primer productot mundial de maíz y lino, y uno de los primeros de lana, carne vacuna y trigo. Buenos Aires -que exhibía orgullosa su subterráneo- se convirtió en la primera metrópoli latinoamericana. Si n embargo, las crisis de 1907 y 1913, y después de dos años de depresión motivados por la guerra de los Balcanes, recordaban la vulnerabilidad de ese crecimiento . L a relación exter- na se estaba haciendo más compleja, tanto por la acrecida participación di- Francia y Alemani a en el comercio y las inversiones como por la presencia cada vez más agresiva de Estados Unidos en el área de los servicios públicos y la electricidad, y sobre todo en los frigoríficos. Su dominio de la técnica del c/u' lled, o enfriado, le permitió ganar posiciones en el mercado externo y, tras suce- sivos acuerdos por las cuotas de exportación, llegó a controlar las tres cuartas partes del comercio de carnes con Gran Bretaña, aunque los ingleses siguieron administrando el flete y los seguros. Eran los primeros anuncios de una reía ción triangular, mucho más compleja que la anterior, que se profundizó cuand» > la industria local empezó a demandar máquinas, repuestos o petróleo, suminis trados por Estados Unidos, o cuando se popularizó el uso del automóvil, y que requirió un manejo de la política económica bastante más delicado y preciso, Pero esos problemas quedaron postergados por el mucho más acucioso plantea do por la Primera Guerra Mundial, que desorganizó los circuitos comerciales y financieros, retrajo las nuevas inversiones, provocó u n fuerte encarecimiento de la subsistencia y dificultades en muchas industrias, aunque benefició a aquí- lias actividades, como la exportación de carne enlatada, destinadas al abastecí

miento de los beligerantes.

yuntura breve y acotada a la duración del conflicto bélico, lo cierto es que

Au n cuando se viera en esto el efecto de una co

M*ll»-

MUÍ »

ii ii l.n

ia en

1916, al asumir el nuevo presidente, el diagnóstico opti-

H«N< \.

| ni lyuie-, preocupaciones provenían de la emergencia de tensiones

**|«!i - d. demandas y requerimientos diversos, generalmente expresados 4» iiiaiM i i \, provenientes de los diversos actores que se iban defi- MlHtd" i un dida que la sociedad se estabilizaba y diversificaba. Las tensio-

MH |(n mir a un í de l Interio r tradicional , d e existenci a aletargada , sin o d e

una primera manifesta-

U i »ini i dinámicas

ij 'i ti II upado de

1910.

del Litoral. E n el ámbito rural,

ción in'i ibli lúe la de los chacareros de Santa Fe, protagonistas de la pri- Hlfl'i • »p "i n 'ii agrícola, entre quienes abundaban los propietarios. Se com-

1 Plttii iiqui una t oyuntura económica crítica -derivada de la crisis de

1890-

Hliii di . i h ni p. ilít ica del Estado, que por entonces eliminó el derecho de M • »ii mi ' ins a votar en las elecciones municipales. En el mismo año se

|MM>IU|" I i i i Miliu ion de la Unió n Cívica, y en

los siguientes los

colonos

•H- nipui

a. m sus reclamos

-eliminació n

de u n impuesto gravoso y dere-

ttin .

p

bu.

ir . en los municipios - a los de los radicales. Colaboraron co n

p||ii. •n I i levoliu io n de Santa Fe de 1893, donde los "colonos en armas" M| • * • "11111 me los suizos - desempeñaron u n papel importante , para sufrir }||»Mu I 1 " pu'Mon gubernamental y los efectos de un clima general adverso

||ii*

I

I

i'iu.e.is". ipi . ulii i siguiente, bastante posterior, estalló en 1912 y tuvo por acto-

ft« n i • "iiI"mío de los arrendatarios que habían protagonizado la notable ex- MHli-i.x. 1 • ie.llera de la región del Litoral, los esforzados chacareros que al htlii i di pequeñas empresas familiares, y con enorme sacrificio, pudieron a ttn i •• pu. pia,a y consolidar su posición, aunque siempre atenazados por pre-

•{IIII I

pi imánenles: la de los terratenientes, que ajustaban periódicamente

Mil

Mil f!u| " uugiaiori o

tji o i mp. aba en el bolichero del lugar y terminaba en las grandes empresas Mpui i id. na-., como Dreyfus o Bunge y Born . En épocas de buenos precios, ||ll»li.n .in ios pi ulian mantener un aceptable equilibrio, pero la caída de los ptt i lo» internacionales en 1910 y 1911, en épocas en que los arriendos se

permanente , y l a d e lo s comercializadores , un a caden a

iiiii i n.los , estimulado s po

r l a crecient e demand a d e tierra s originad a e n

lliiim I I alios, lu.'o crítica la situación. Por otra parte los chacareros ya linl'i in 11 hado i a ices en el país, se habían nucleado y delineaban los que eran Mi* i • e v Así , e n 1912 realizaro n un a huelga , negándos e a levanta r la ln«i ib i i menos que los propietarios de tierras satisficieran ciertas condicio- ftp* lítalos más largos, rebajas en los arriendos, y otras cosas, como el 0911 i In . ,i . oniiatar libremente la maquinaria para la cosecha o a criar ani-

lii il.

d. miesi u 11,. Tanto en el caso de los colonos santafesinos como de los

32 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

arrendatarios pampeanos llama la atención el contraste entre la moderación de los reclamos -que ni cuestionaban los aspectos básicos del sistema n i pro- ponía n alianzas co n los jornalero s rurales - y la violenci a de la acció n e n el caso de los colonos de Santa Fe, o la madurez organizativa de los arrendata- rios, que iniciaron un importante movimiento cooperativo y constituyeron una entida d gremial : la Federación Agraria Argentina . Desde entonces, que- daron constituidos como un actor, que permanentemente reclamó y presio-

n ó a los terratenientes y a las autoridades.

En las grandes ciudades -sobre todo Buenos Aires y Rosario- la definición de las idenridades fue más compleja, y el resultado menos unívoco, pero de consecuencias más espectaculares. Entre los sectores populares, la heteroge- neidad cultural y lingüística fue superándose en la experiencia cotidiana da afrontar las duras condiciones de vida, que estimularon la cooperación y la constitución de todo tipo de asociaciones: mutuales, de resistencia, gremiales, en torn o de las cuales la sociedad popular comenzó a tomar forma. Por otra parte, la convivencia permitía la espontánea integración de las tradiciones

culturales y el surgimiento de formas híbridas pero de una vigorosa creatividad, como el tango, el sainete o el lunfardo, donde confluían los elementos criollos

y los muy diversos aportados por la inmigración.

Sobre esta elaboración espontánea se propusieron influir tanto la Iglesia como las grandes asociaciones de colectividades y sobre todo el Estado, qu€ combinó coacción con educación. Pero su gran instrumento, la escuela pii blica, chocó en esta primera etapa con una masa de trabajadores adultos, analfabetos, casi impermeables a su mensaje. Esto dejó un ancho campo d i acción para otro campo alternativo, proveniente de intelectuales contesta tarios, y particularmente de los anarquistas. Ellos encontraron el lenguaje adecuado para dirigirse a una masa trabajadora dispersa, extranjera, segrega da, que para actuar en conjunt o necesitaba grandes consignas movilizadorai,

como la de deshacer la sociedad y volver a rehacerla, justa y pura, sin pal r< i nes y sin Estado. La huelga general y el levantamiento espontáneo eran luí instrumentos imaginados para integrar a esta masa laboral fragmentada, y

para hacer

uno

anarquismo el Estado galvanizó su actitud represora, y la ley de Residencia de 1902 autorizaba incluso la expulsión de los más díscolos. En un juego di desafíos recíprocos, la agitación social, que comenzó hacia 1890, se agudiza

hacia el 1900 y culminó con las grandes

geo de la agitación de masas y del motín urbano -aunque la organización n<i

alcanzó un desarrollo similar-, y también de la represión.

más eficaz l a

lucha por las reivindicaciones específicas de cada

de los

gremios, qu e los anarquistas encauzaron eficazmente. Frente al

huelgas de 1910,

moment o de ap»

1916

33

|it|it id . ia itI.i.i , segregada y contestataria, motivo de la más seria preocu- Ittli di 11 - lases dirigentes, no fue la única que se constituyó entre los ||ri.l.>i< ni I sin. is. Progresivamente se fue dibujand o u n sector de obreros

lülllli

idos, generalmente

con una educación básica, decididos a afin-

t H I • I país y en muchos casos ya argentinos. Entre ellos, y también entre ai . populares ya integrados a la sociedad urbana, encontraron su

a diferencia de los anarquistas ofrecían, con u n

HtftMli in i i ai ional que emotivo, una mejora gradual de la sociedad en la

upi||i o I

ali.-.ias, que

fip |,|H., | ,i, „ u ,i irs lili imas resultarían el producto de una serie de pequeñas f||mi H I i i debían lograrse en buena medida por la vía parlamentaria,

" ||ti.|i>< in - liaban a los trabajadores a que se nacionalizaran. Los socialistas

gllUi i . mpie buenos resultados electorales en las ciudades a partir de tttli - ir< i * i. ni en 1904 de Alfred o L . Palacios com o diputado por Buenos N|n i mbaigo , n o tuviero n éxit o e n encauza r la s reivindicacione s es-

||l. I. los trabajadores que, cuando n o siguieron a los anarquistas,

lili

yi ind. rirmios, como los ferroviarios o los navales, y también entre los lli.ni., i . uno los socialistas, eran partidarios de las reformas graduales,

E Ii a i ,1, mi eie.salian de la lucha política y los partidos y centraban su estra- Irt i n I i i . i io n específicament e gremial . Uno s y otro s contribuyero n

sindicalistas. Éstos tuvieron particular predicamento entre

Í

E

,

i l

s

|l)ii ,

i

|.

i después ile 1910- a encauzar la conflictividad hacia vías refor-

Hlll.i. \1 '" 1 'ii 11 a i i críenos de contacto y negociación con el Estado,

donde

)|II di •m i ilvei.se una actitud más conciliadora, expresada en el proyecto

| iWlii'u. de inspiración

bismarckiana, propuesto en

1904

por el ministro

iili i \ i. ni ale.' y elaborado con la colaboración de los dirigentes políti-

lu

i

,

p|Vtb

riensias,

y en la creación del Departamento Nacional delTraba-

| H .ii i n idail sindical constituyó en

p . unan . ules . N o alcanzab a si n

definitiva u n actor de presencia y re- embarg o a expresa r otra s inquietude s

Í MIM

|,i

i . dad , y pa i i icu la mient e d e

quiene s prefería n intenta r e l camin o de l

Se

|fd|nl

1011, 11* H base eia abierta y fluida. El logro de una posición económica era HHit .I H io i o o eseiu ialincnrc individual, pero el reconocimiento social y la

flwi l ib I ni di- ai i edei a los reductos que las clases tradicionales mantenían Hll.1,1,. , .a un pioblema colectivo, que se expresó en términos políticos,

. || »i i . m.i pi ilu ico diseñado por la élite, eficaz mientras la nueva sociedad * H m. i pasiva, empezó a revelar sus debilidades apenas nuevos actores

UlU

|tHi" "

mies que

unir su suerte

a la del conjunto de los trabajadores.

i

d. una opi ion atractiva y relativamente realizable, en una sociedad

. ,, a id

.io s ni . agotaran las cuestiones

en juego.

34 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

E n 189 0 se produjo una primera fractura, pues una disi- mism o de los sectores tradicionale s -encabezad a po r la

juventud universitaria- encontró insospechado eco en la sociedad, golpeada

por la crisis económica. Es significativo que los principales dirigentes de loj nuevos partidos -Leandro N . Alera, Hipólito Yrigoyen, Juan B. Justo, Lisandro

hiciero n oír sus voces. denci a surgid a dentr o

en el Parque. El golpe afectó al régimen

político, profundamente dividido, que durante tres o cuatro años zozobró, in-

enconttar una respuesta adecuada a u n desafío que progresivamente

se fue haciendo más definido. Hacia 1895, luego de un par de revoluciones sofocadas, y por obra de Carlos Pellegrini, la "gran muñeca" política del régi- men, se recuperó el equilibrio , que consolidó el general Roc a cuando alcan a en 1898 la presidencia por segunda vez. Quedó sin embargo u n residuo nu

reabsorbido: el Partido Socialista, volcado hacia los trabajadores, y la Unión Cívica Radical, un movimiento cívico a la búsqueda de su público.

Pasada la agitación política, el radicalismo subsistió durante unos años en estado de latencia. En 1905 intentó u n levantamiento revolucionario, cívico pero también militar, que fracasó como tal aun cuando tuvo u n enorme efei to propagandístico, sobre todo porque estalló en momentos en que el régi

men político otra vez se veía aquejado por una profunda división, originad.i

Roc a y Pellegrini , pero que

revelaba discrepancias más hondas. Así, pese al fracaso revolucionario y a la dura represión afrontada, la UCR comenzó a crecer, a conformar su red de comité s y a incorpora r a sectores sociales nuevos, que hacía n sus primer o experiencias políticas: jóvenes profesionales, médicos, abogados, comercian tes, empresarios, y en las zonas rurales muchos chacareros, todos los cuale» integraban el mundo de quienes habían recorrido exitosamente los prime i tramos del ascenso, pero encontraban cerradas las puertas para el ejercí» In pleno de una ciudadanía que tenía, junto con su dimensión específicaincnn política, otra que implicaba el reconocimiento social.

de la Torre - hayan luchado juntos

capaz de

e n l a ruptura ocasional entr e sus dos cabezas,

El programa del radicalismo -centrado en la plena vigencia de la (Ion*

titución, la pureza del sufragio y una cierta moralización de la función pil

blica -

expresaba esos intereses comunes, limitados pero precisos. Aplican

do los

principios preconizados, l a UCR, al igual que el Partido Socialista,

tuvo una Carta Orgánica y una Convención , aunque siempre se respeto I i preeminencia de los dirigentes históricos, la mayoría nacidos a la vida pu lítica en 1890 en el Parque. Sobr e todo, tuvo un arma poderosa para en frentar a loque con éxito denominaron "el régimen", que era "falaz y di creído": "lacausa" se definía por su intransigencia, es decir, la negativa a cualquier tipo de transacción o acuerdo, traducida en la abstención ele. lo

1916

35

|

«4 ii*

i.

.i negaba así al eventual establecimiento de un sistema de par-

tía q m

-

alternara n y compartiera n las responsabilidades , e identificán -

i Mu I i Na. ion, exigía la remoción total de u n régimen que, a su vez, se

|I|.I i

I I i a indo sobre la base del unicato. Ciertamente la abstención elec-

lllful

qui a la mas

dat a expresió n de la incapacida d de l régimen polític o

MlN d'ii lug.u a los reclamos de la sociedad- facilitó al principio su gestión

| tí"!-!

maníes,

pero a la larga la condena

moral resultó cada vez más

^

no .

 

|

-i- 1. i .

i.

.nes que recorrían la sociedad, que expresaban su creciente

com-

É

|ld i I s la . ani i dad de voces legítimas que buscaban manifestarse, resulta-

.lentas y amenazantes de l o que intrínsecamente eran, por la es-

I

i n i

i i.

i

a p n nl.nl de los gobiernos para darles cabida y encontrar los espacios de

ni

11. Ion adecuados.

Desafiados por la

form a

extrem a de sus manifesta-

|^|MII n MUÍ. lo is dirigentes optaron por una respuesta dura: acusar a minorías

. 11 -*i mocer, reprimir, y también mantener y salvaguardar los privi- I Ii i . esto el presidente Manuel J. Quintana, que sucedió a Roca y

C llun i

Huillín-• i I levantamient o radical de 1905. Esa postura se hizo cada vez me-

K

i . ni ble no sólo por la magnitud de la impugnación global sino por las

i

n« . I. «i

.

.

.111 ¡gente s y l a crecient e concienci a de su ilegitimidad , que deri - Ii visiones y debilitaron su posición, permitiendo el avance de quie-

I. •.

E

B

bando , al fi n de

N'tiuu 11 piesidiaicia de Roca, fue decisivo, lo mismo que la determinación

ule b'igueroa Alcorta, que asumió en 1906, de usar todos los ins-

|

lliii ni i • | del poder para desmontar la maquinaria armada por Roca y posi-

i I I in . Iinaban por la reforma . E l pasaje de Pellegrin i a ese

|II I

II.i.

id.

.i i I') 10 la elección de Roque Sáenz Peña. Las peores armas del viejo

que, al hacerse

P iyo .I . I. is ai i Mímenlos del radicalismo, pretendía volve r más transparente Hi! i pula i. a i no írporando el conjunto de la población nativa a la práctica

I a piopuesta del sufragio secreto, según el padrón militar, tendía a

tVII'i' 1 " ilquiei

Ultt i i i.blhsiioi io del sufragio -que Sáenz Peña tradujo en el

fUtltnd. "|l hiiera el pueblo votar!"-apuntaba a incorporar a la ciudadanía a Httit i n i i .le gente que, pese a la prédica de radicales y socialistas, no mani- H*s * *1 1 1 l"mancamente mayor interés en hacerlo.

I'n i «.i I. I paite , la redam a electora l establecí a l a representació n d e mayoría s

Ifglliiii i

lin ion puestas al servicio de una transformación

|)ta luí il

injerencia del gobierno en los comicios, mientras que el ca-

enfático impe-

| lniii- o i isegú n

la proporción de dos a uno. Quienes diseñaron el proyecto

»tCil

llilii .

tilí n mil i. ii nana i |uedai ía para los nuevos partidos -sobre

II . ib i .lulamente convencidos de que los partidos que representaran los

y que la representa- todo la UC R y quizás

I I din ionales ganarían sin problema las mayorías,

.

36

BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

el Partido Socialista-, que de ese modo quedarían incorporados y compartirían las responsabilidades. Tal convicción se fundaba en la simultánea decisión del grupo reformista de modificar sus propias prácticas políticas, desplazar las ma- quinarias electorales que hasta entonces habían operado -representadas ai quetípicamente en el mítico Cayetano Ganghi, un caudillo de la Capital por tador de una valija repleta de libretas cívicas- e incorporar a la contiendii

política en cada lugar a figuras de la suficiente envergadura social e intelectual com o para atraer a sus electores espontáneamente y si n necesidad de trampa l Se trataba, en suma, de erradicar la política criolla y constituir un partido d i "notables", favorecido sin duda por la obligatoriedad del sufragio, que ayudara

a romper el aparato de caudillos hasta entonces dominante.

Aprobada la ley en 1912, las primeras elecciones depararon una fuerte sorpresa para quienes habían diseñado la reforma: si bien los partidos tradi- cionales ganaron en muchas provincias -donde los gobiernos encontraron la forma de seguir ejerciendo su presión-, los radicales se impusieron en Sanlu Fe y en la Capital, donde los socialistas obtuvieron el segundo lugar. La pers- pectiva del triunfo arrastró a mucha gente al radicalismo, que en esos años s* convirtió en un partido masivo, constituyó su red de comités y de caudillo-. \ se empapó de muchos de los mecanismos de la política criolla. Hipólito Yrl« goyen, un misterioso dirigente que nunca hablaba en público, pero incarufl

ble en la tarea de recibir a los hombres de su partido, se convirtió en un líder de dimensión nacional. Para enfrentarlo, los grupos tradicionales, que ya cni

u n parí ido

pezaban a ser denominados conservadores, intentaro n organizar

orgánico, de dimensión nacional como el radical, sobre la base de los dist in tos grupos o "situaciones" provinciales. Lisandro de la Torre -fundador de un partido "nuevo", la Liga del Sur de Santa Fe- fue el candidato de lo qfl emblemáticamente se llamó el Partido Demócrata Progresista. Pero el éxlhi del proyecto era cada vez más dudoso, y muchos dirigentes, encabezados pul

II I ns gobiernos radicales,

1916-193 0

>

tío ^ ilM">t n lúe presidente entre 1916 y 1922, año en que lo sucedió |n I I Ir Alvrar . Hn 1928 fue reelegido Yrigoyen , para ser depuesto por llNHtii m u nublar el 6 de septiembre de 1930. Pasarían 59 años antes de lili pi . i I. un- electo transmitiera el mando a su sucesor, de modo que

ilm

un •

, en que las instituciones democráticas comenzaron a funcio-

|»ltnl iiuii ule, resultaron a la larga un período

excepcional.

Auna" . I " . di is eran radicales, y habían compartido las largas luchas del linbi is | iiesidentes eran muy diferentes entre sí, y más diferentes aún

Ni |.i

im.ie. nes que de ellos se construyó. La de Yrigoye n fue contradic -

ti» «di • I pun e i pió: para uno s era quien-tod a probida d y rectitud-vení a f i n i I naiiHuinioso régimen y a iniciar la regeneración; hubo incluso jpl |o \< n ni como una suerte de santón laico. Para otros era el caudillo Mía• \i inagogo, expresión de los peores vicios de la democracia. Al -

»ii

I ili I \• |i i icgiinen, y su política se asimiló con los vicios o virtudes de

• nubil i lúe identificado, para bien o para mal , con los grandes presi-

d i .nuiles como fueran sus estilos personales, un o y otr o debieron

Un p los problemas, y sobre todo el doble desafío de poner en pie

ftiu nu. IIr.iauciones democráticas y conducir, por los nuevos canales

, lii n

H>|<n

. mi . huí

y negociación,

las demandas de reforma de la sociedad,

el

gobernador de Buenos Aires Marcelino Ugarte, reticentes al proyecto I

|) l.iilii ib su in de alguna manera había asumido.

la

reforma política, y mucho más ante u n dirigente profundamente I i her í

|Uo mii ni. n io n lelormista no era exclusiva de la Argentina: en el Uruguay

como De la Torre, prefirieron plantear su propia alternativa. Divididos

I

*

i|.i. in .n nado desde 1904 el presidente Batlle y Ordoñez, así como desde

conservadores, los radicales -qu e

tambié n afrontaba n sus propias divisit 11 n

|i. b II I.I Aiiui o Alessandri en Chile . En México, co n alternativas mucho

se impusieron ajustadamente, en un a elección que, en 1916, inauguraba HII.I

etapa institucional y social sustancialmente novedosa.

I h as, la revolución estallada en 1910 y consolidada en 1917 había

HH|m ud i 1.111'i míment e un a profund a transformació n de l Estad o y l a sociedad ,

lUfrlin i

t lli i in 'ii i 11un il.ii, ommovieron a algunos de los regímenes oligárquicos o IHII.I I il. que en general predominaban en América Latina. En todos los

B | | |o

0ty|m I . I. lus d i linio s sectores sociales. Ese mandat o y esa volunta d

lamí is de participación política se relacionaban con mejoras en la

.'Mus movimiento s reformistas, com o e l APRA peruano, aunque

|u.

I

refor-

i

7

38 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

mista, que si n duda caracterizó al radicalismo, y que había surgido en el proceso de expansión previa, hubo de desarrollarse en circunstancias marcadamente distintas e infinitamente más complejas de aquellas en que ambos se imagina- ron. La Primera Guerra Mundial, particularmente, modificó todos los datos de la realidad: la economía, la sociedad, la política o la cultura. Enfrentado con una situación nueva, no resultaba claro si el radicalismo tenía respuestas o, siquiera, estaba preparado para imaginarlas.

La guerra misma constituyó un desafío y un problema difícil de resolvet. Inicialmente Yrigoyen mantúvola política de Victorino de la Plaza, su ante cesor: la "neutralidad benévola" hacia los aliados suponía continuar con el abastecimiento de los clientes tradicionales, y además concederles créditos para financia r sus compras. E n 191 7 Alemani a inició, co n sus temibles sub- marinos, el ataque contra los buques comerciales neutrales, empujando a l guerra a Estados Unidos, que pretendió arrastrar consigo a los países latinoa-

mericanos. La Argentin a había resistido tradicionalmente las apelacione» del panamericanismo, una docttina que suponía la identidad de interese* entr e Estados Unido s y sus vecinos americanos, pero e l hundimient o de t \vn barcos mercantes por ios alemanes movilizó una amplia corriente de opinión en favor de la ruptura, que era impulsada por los estadounidenses y entusiav tamente apoyada por los diarios La Nación y La Prensa. Las opiniones M dividieron de un modo singular: el Ejército -cuya formación profesional ei.i

germana- tenía simpatías por Alemania, mientras que la Marina se alincabj

por Gran Bretaña. La oposición conservadora era predominantemente rufl turista, al igual que la mayoría de los socialistas, aunque en abril de 191 7 N J produjo entre ellos una escisión que, siguiendo a la Unión Soviética, adbii Iii al neutralismo. Los radicales estaban muy divididos en torno de esta euei

tión , qu e prefigurab a futura s fracturas , y dirigente s destacado s com o Le< .| « •! do Meló o Alvear se manifestaron en favor de Inglaterra y Francia, mient htl Yrigoyen, casi tozudamente, defendió una neutralidad que, si no lo enetnb taba co n los aliados europeos, l o distanciaba de Estados Unidos! Yrigoyi n tuvo varias actitudes de hostilida d hacia ese país: e n 191 9 ordenó que un i nave de guerra saludara el pabellón de la República Dominicana, ocupado

por los marines norteamericanos, y en 192 0 se opuso

dente Wilson había hecho de la Lig a de las Naciones. También, había pin clamado al 1 2 de octubre -aniversario del viaje de Colón - como Día de I i Raza, oponiendo al panamericanismo la imagen de una Hispanoamérica < |in excluía a los vecinos anglosajones.

al diseño que el piesi

Fue una decisión de fuerte valo r simbólico, que entroncaba

en una sel mlbj

lidad social difusa e n sus formas per o hondament e arraigada. El sentimieiilti

I ( XS GOBIERNOS

RADICALES, 1916-1930

39

liut n lino 11, ano bahía venid o creciend o desde 1898 , cuand o l a guerra de liHurun > la lase fuerte de su expansionismo, y conducía por oposición a

(ul e i- MI di algún tipo de identidad latinoamericana. En esta

actitud los

M%• •*• M'idii i' males se mezclaban con los más avanzados y progresistas. José

|(MI|I i , un escritor de profunda influencia , había identificado e n Ariel a «. I Inidi r. i un el materialismo, contraponiéndolo al espiritualismo his- Miin Hi nu i. Yrigoyen se unió a quienes-poniendo distancia del cosmopo-

~ 11 !• ii 111111 u 11 • enec mtraban esa identidad en la común raíz hispana, mien - tylit nti " di iinguieron el filibusterismo depredador de los yanquis del más

ti

t|i- ini | i i.ilismo , discret o y civilizador , d e lo s británicos . E n otro s ámbi -

t l mil a i< un •atuiM ¡carlismo se vinculó co n las ideas socialistas, como en el

NI mu. I I Igarte, que en 192 4 escribió La patria grande. La postulación

|Hi<i unid .d latinoamericana militante contra el agresor fue reforzada por la

Ion MIA U ana: en 1922 , con motivo de la visita del mexicano José

ilo" ,

di

MUÍ

n

H

il Mi

i

i

I' >••<• Ingenieros y otros intelectuales progresistas impulsaron una

nnericana, que recogía los motivos del antiimperialismo tam-

n i

MI w |i . un n i otro movimiento de dimensión latinoamericana: la Reforma

||%»i

i

(Irisis social y nueva estabilidad

IMb

IIMI

III'

| illiui n-.ioi i Ii lenemente simbólica y declarativa el gobierno radical pu-

.las originales y acordes co n las nuevas expectativas, pero n o

I |n mi ,mo cuando debió enfrentar problemas más concretos, como los

n |MI.

II«H,

I

i la sociedad la Primera Guerra Mundial. Las condiciones socia-

!t b ya cían i • implicadas en el momento de su estallido, se agravaron luego

H« ilili ' uli ai les del comercio exterio r y de la retracción de los capitales: e n

Iludid.

• sintió la inflación, el retraso de los salarios reales -los de los

I|I«I

|di

mil «i | 'ul da t ts incluso sufrieron rebajas- y la fuerte desocupación. La gue-

exportaciones de cereales, y particularment e las de maíz, y e n

H míales agravó la situación ya deteriorada de los chacareros y también

Mlldli •' las

H |oi i laleu is. Se conform ó así u n clim a de conflictivida d qu e se mantuv o ni. no, latente mientras las condiciones fueron muy adversas para los

jjglutl id. H> ., peni que empezó a manifestarse plenamente desde 1917 , apenas ftHiu u II • ni a i iota rse en la economí a signos de reactivación. Se inició enton - tt« lili - i- I " bieve pero violento de confrontación social que alcanzó su mo- jH»in " HIIIIin.niie en 191 9 y se prolongó hasta 192 2 o 1923 . Esa ola de con- Hilo.'in i desai rollaba de manera parecida en todo el mundo occidental,

filio

40 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

recogiendo los ecos primero déla revolución soviética de 1917 y, luego, de U movimiento s revolucionario s que estallaron , apenas termin ó la guerra, e n Ale*

mania, Italia y Hungría. La impresión de que la revolución mundial era inmM nente operó en cierta medida como ejemplo para los trabajadores, pero mucho más l o hiz o com o revulsivo para las clases propietarias. La revolución se mezclo" co n la contrarrevolución, y entre ambas hirieron de muerte a las democracia!

liberales: e n medio de la crisis de valores desatada en la posguerra,

ron ampliamente cuestionadas por distintos tipos de ideologías y de moví mientos políticos, que iban desde las dictaduras lisas y llanas -com o la esla blecida e n España en 1923 por el general Primo de Rivera- hasta los nuevi 4

experimentos autoritarios de base plebiscitaria, como el iniciado en Italia cu

éstas fia-

1922 por Benit o Mussolini, cuyas

ra fascinación.

formas novedosas ejercieron una verdadc

Las huelgas comenzaron a multiplicarse en las ciudades a lo largo de 1917 I 1918, impulsadas sobre todo por los grandes gremios del transporte, la Federa ció n Obrera Marítima y la Federación Obrera Ferrocarrilera, cuya fuerza >o incrementaba por su capacidad de obstaculizar o paralizar el embarque de liti cosechas, u n recurso que usaron y dosificaron con prudencia. Conducidos p<i| el grupo de los sindicalistas, que dirigían la PORA del IX Congreso (para disi in guirla de la PORA del v, anarquista), tuvieron éxito en buena medida por I.i nueva actitud del gobierno, que abandonó la política de represión lisa y llai la \ obligó a las compañías marítimas y ferroviarias a aceptar su arbitraje. Coin. I dieron así una actitud sindical que combinaba la confrontación y la negocia ció n y otra del gobierno que, mediante el simple recurso de no apelar ¡i lil represión armada, creaba un nuevo equilibrio y se colocaba en posición di

arbitr o entre las partes. Los éxitos iniciales fortalecieron la posición de la i U M sindicalista, cuyos afiliados aumentaron notablemente en los años siguienies, \

qu e impuso su estrategia de confrontación limitada. N o obstante,

sición negociadora del gobierno n o se manifestó en todos los casos y -según 111 señalado David Rock - parecía dirigirse especialmente a los trabajadores de 11 Capita l -potenciale s votantes d e la UCR, e n u n distrit o e n e l que ésta dii inilit una dura confrontación co n los socialistas-, pero n o se extendía n i hacia In . sindicatos con mayoría de extranjeros n i a los trabajadores de las provincia 1I. Buenos Aires. Así, la huelga de ios frigoríficos de 1918 fue enfrentada c< m I tradicionales métodos de represión, despidos y rompehuelgas, que también . aplicaro n en 1918 a los ferroviarios, cuando su acción traspasó los límites de I.i prudencia y amenazó el vital embarque de la cosecha.

la predis| K I

Tant o los sindicalistas como e l gobiern o transitaban por una zona de equl librio muy estrecha, que la propia dinámica del conflicto terminó por claiiMl

1 |

|u

Uplt ,

1.1 \ GOBIERNOS RADICALES, 1916-19.30

41

latí» 'I .

11>\>, luando la«5la huelguística llegó a su culminación. En

M>U

i II 1111 \1 de

un a huelg a e n u n establecimient o metalúrgic o de l ba -

¡HMlm n i d. I liu-va Pompeya, se produjo una serie de incidentes violentos I (ti- huí I.•m ,ias y la Policía, que abandonó la pasividad y reprimió co n r|i|.id I luí H . mina ios de ambas partes y pronto la violencia se generalizó. Ji m i di- bu-ves revuelta s n o articuladas , espontánea s y si n objetivo s

Hita, bi i H

uní que durante una semana la ciudad fuera tierra de nadie,

| uní 11 I |i icito encaró una represión en regla, Contó con la colabora-

i de civiles armados, organizados desde el Círculo Naval, que se

lltittnii i|« i .yui i a judíos y catalanes, que identificaban co n "maximalis- k Hilan|ui .ia\ Todavía por entonces el gobiern o pudo apelar a sus con -

¡alistas y los dirigentes de la POR A para acordar el fi n de la

j di in.i|

1*

i.ni

I

i

|

lltli lal de Vasena, así como para negociar

el cese del largo y pacífico

,|l,

|n

,|H,

.miulnineamente mantenía el gremio marítimo.

6

H ¡binan.i hagiea -así se la llamó - galvanizó a los trabajadores de la

^

|„d | d<

|p„

„„,,,,,

d país . Lejo s d e disminuir , e l número y l a intensida d d e la s .

uiaio n

a lo largo de

1919:

infinida d de movimiento s fuero n >c,

id.po r trabajadores no agremiados, pertenecientes a las más va-

^

,i,ii .

i.l.i.le:, industriales y de servicios, entre quienes

la consigna de

Ix

i|||.i

.1 ayudaba a la identificación y unificación. Estos movimientos ^

I,

idi

un í un nuevo pico de las movilizaciones rurales. Los chacare-

o-i,

I

 

, h.

I. r, por la Federación Agraria Argentina mantenían desde 1912

j

IH

d . ,II iones por las condiciones de los contratos, encararon

nuevas

llHM»

i

pillados

por las difíciles condiciones creadas por la guerra. Su

v

lli

,, i,.n i

incidió

con la de los jornaleros de los campos y de los pueblos,'.'"

i.ilment e movilizados por los anarquistas, aunque los chacareros -

 

|m

yfHion dileieiuaarse de ellos con claridad. Pese a que los radicales

,lli

ha-

fue poco sensible a sus recia- encaró una fuerte represión.

, o ,ido ro n ellos en 1912, el gobiern o

a los "maximalistas",

, y , i . I 1 ' Iacusand o

PHH-.

de piotesta. Hasta entonces, una actitud algo benévola y tole- .panada de la no utilización de los recursos clásicos de la repre-

I * f| •ion . de i ropas, los despidos, la contratación de rompehuelgas- ha-

p.na ampliar el espacio de manifestación de la conflictividad

inflexiónenla.políticagubemamentaLhaciaestos

I'»I'» man a una

i

|Hll i

fc, ,i

^ |.,i i

IPIHIHI I

|ltf.tHi

i' I

.

i

v | '.aa equilibrar la balanza, hasta entonces sistemáticamente fa-

h i

pailones. Probablemente en la acción de Yrigoyen se combina-

HlH,

|

, ni. mucho ile cálculo político, una actitud más sensible a los

|tyi|,|

• M iale:, y una idea del papel arbitral que debía asumir el Estado, y

|¡||„i

. I mi-.mo.

I'ero esa

nueva actitu d estuvo lejos de materializarse

e n

4 2

BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

instrumentos institucionales, pese a l a manifiesta voluntad negociadora di

las direcciones sindicales. Los avances realizados a principios de siglo, cuan do se creó e l Departamento de Trabajo o se propuso el Código del Trabajo n o se continuaron , y el Poder Ejecutivo n o supo idear mecanismos más origi

nales que l a recurrencia -igual que

Policía, responsable desde tiempo inmemoria l de los problemas labórala Tampoco el Congreso asumió que debía intervenir en los conflictos urbano! considerándolos una mera cuestión policial, aunque sí lo hizo con los chaca

reros: e n 1921 sancionó

mayoría de sus reclamos

e n 1850- a la acción arbitral del jefe di

una ley de Arrendamiento s que tenía en cuenta I

acerca de los contratos, y

que sin duda contribu s a acallar los reclamos du

—junto co n u n retorno de la prosperidad agrícola—

quienes, cada vez más, se definían com o pequeños empresarios rurales.

Luego de la experiencia de 1919,

y fuertement e presionado por unos sel

tores propietarios reconstituidos y galvanizados, el gobierno abandonó sin veleidades reformistas y retomó los mecanismos clásicos de la represión, ahoni

11 )S GOBIERNOS RADICALES, 19164930

43

imwj ili i • ' mpiesas extranjeras. Conservadores y radicales coincidieron y HHn I . I I lo s tramo s iniciale s -s u presidente , Manue l Caries , fluctuó

-

m „ „

•" 4 'da eni re ambos partidos- y el Estado le prestó u n equívoco apo-

llfthi ' • di

I.i Policía.

Lo más notable fue la capacidad que la Ligademos-

rü* HUMUS mirabilis para movilizar vastos contingentes de la sociedad,

^|n» • n ir, sectores medios, para la defensa del orden y la propiedad y

Mndi. i. ini i chauvinista del patriotismo y la

nacionalidad, amenazada

., |Nli uuiiii ni de "brigadas", que asumían la tarea de imponer el orden a luí |in lina.ni muy activas e n e l medi o rural- , y para presionar a l go-

M, quii u pn .bablemente tuvo muy en cuenta la magnitud de las fuerzas

l< m extranjera. También fue notable su capacidad para organi-

Iliiu

lililí i i . i. nno de la Liga cuando a lo largo de 1919

|l»|n

di .

i .iv.

i, , i su política

social.

imprimió un giro,

U| iliiii I. , tenia un nuevo impulso y un argumento decisivo, aunque to- „|lit| >, . mura la democracia: voluntaria o involuntariamente, Yri-

co n la colaboració n de l a Liga Patriótica , que e n 1921 alcanzaro n inclus o a Ifl

Jlf M

1 'peí lioso de subvertir el orden. Desde entonces, cobraron forma

Federación Marítima, el sindicato con el que Yrigoyen estableció vínculm más fuertes y durables. Por entonces, y po r diferentes razones, la ola huelguis

l h .!• tendencia s ideológica s y política s qu e po r entonce s circulaba n llrtltii un . n el mundo de la contrarrevolución. La Liga aportó los moti-

M

tica se había atenuado en las grandes ciudades, aunque perduraba en zonal

Miden y la patria. Los católicos combinaron el pensamiento social

más alejadas y menos visibles: en el enclave quebrachero que La Forestal

id . ompet ir con la izquierda- con el integrismo antiliberal, que

em-

había establecido en el norte de Santa Fe, en el similar de Las Palmas en • I

H

.liliiiiillise a través de los Cursos de Cultura Católica y ctistalizó más

Chac o Austral, o en las zonas rurales de l a Patagonia. En esos lugares, los aun

»n I.i i . vasta ( Witerio, fundada en 1928. Jóvenes intelectuales, como los

nimos e impredecibles efectos de la coyuntura económica internacional, tía

J p l llii/usta, difundieron las ideas de Maurras y Leopoldo Lug< mes pr< >-

ducidos por empresas voraces e incontrolada s en acciones concretas en peí

ft

In II. (sida de "la hora de la espada". Sin duda había discordancias en

juicio de los trabajadores, hiciero n estallar entre 1919

y 1921

fuertes moví

mientos huelguísticos. El gobierno autorizó a que fueran sometidos medianil sangrientos ejercicios de represión militar que alcanzaron justa celebridad

como en el caso de la Patagonia.

La experiencia de 1919

tuvo profundos efectos entre los sectores propll

tarios. Derrotados en 1916, conservaron inicialmente mucho poder insilnn

cional

-que Yrigoyen fue minand o en form a paulatina - y todo su podet su

cial, pero estaban a la defensiva, sin ideas n i estrategia para hacer frente ¡i un

pul

la democracia. En 1919, los fantasmas de l a revolución social los despena mil bruscamente: la Liga Patriótica Argentina , fundada en las calientes jornada» de enero, fue la primera expresión de su reacción. Confluyeron en ella lm grupo s má s diversos: l a Asociació n de l Trabaj o -un a institució n pa l r< mal i |ill suministrab a obrero s rompehuelgas- , lo s clube s d e élite , com o e l Jockey , ItMI círculos militares -l a Liga se organizó en el Círculo Naval- , o los rcpieseii

proceso político y social qu e les desagradaba pero que sabían legitimado

menores Lugones era declaradament e anticristiano- , pero

„Jllo | upaba a su auditorio, que probablemente no tomaba demasiado

Voi

i

'. y n o

lUfl u

"" " h " de lo que oía pero recogía en todas ellas un mensaje común:

M|IH

•' i la movilización social y la crítica a la democracia liberal.

I M II* r >. la al gobierno de Alvear, en 1922, tranquilizó e n parte a las clases

JlH'Mi i I a mayoría volvió a confiar en las bondades de la democracia MHI \ .n u ia , per o e l nuev o discurs o sigui ó operand o e n ámbito s marg b

M Mi ' ni i a . lanío, dieron

otras poderosas instituciones las encargadas de

^ |«|i.|ii. i« ámenle luerza al nuevo movimiento , unifica r sus acciones, do - |||H« d. K r n mudad, \ ambién reclutar sostenedores más allá de los propios pn.pieiarios. La Liga Palriórica se dedicó al "humanitarismo práct i-

Í .

lili' ini

i . da. i• • i I•.

H un

!

|

| H

||Nl

ando escuelas para obreras y movilizando a las "señoritas" de la

I

Much o más important e lúe la acció n de la Iglesia que en

1919,

i

di . e impresiona r a los pobres . Ese an o fuero n unificada s todas las

la u ISIS, organizó la Gran Colecta Nacional, destinada a movi-

44 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA ARGENTINA

instituciones católicas qu e actuaban puestas diversas- dentro de la Unión

en la sociedad -co n tendencias y pM Popular Católica Argentina, un ejétj I

to laico comandado unificadamente por los obispos y los curas párrocos, qui I nes organizaro n un a guerra enregla contr a e l socialismo , compitiend o pal mu

a palm o e n l a creació n d e bibliotecas , dispensarios , conferencia s y obra s di»

fomento y caridad, tareas éstas en las que los activistas reclutados en los altm círculos sociales adquirían la conciencia de su alta misión redentora. Sin ! mancamente, la Iglesia -cad a vez más reacia a las instituciones demoeratl cas- clausuraba la posibilidad de crear un partido político. El Ejército, final]

sobre bases esl i M

tamente profesionales, empezó a interesarse en la marcha de los asina

mente , que había sido organizado desde principio s de siglo

»

políticos, quizá molesto po r la forma en que Yrigoyen lo empleaba para alnif

preocupado por el u, i

que el presidente hacía de criterios políticos en el manejo de la instituí mu

Lo cierto es que la desconfianza a Yrigoyen fue creando las condiciones pañi hacerlo receptiv o a las críticas más generales al sistema democrático, q j con fuerza creciente se escuchaban en la sociedad.

El antiliberalismo que nutre todas estas manifestaciones resultó efica; i J mo arma de choque, como discurso unificador y como bandera de comba» Pero la reconstitución de la derecha política no se agotó en esto. N o es< a| .,• ba a nadie que no podía volverse a 1912, que el mundo había cambiad,, mucho desde la Gra n Guerra, y que era necesario volver a discutir cuál cu . I lugar de la Argentina , qué papel debía cumplir el Estado en los conflui d sociales, cómo podían articularse los distintos intereses propietarios, y nm chas cuestiones más, acerca de las cuales el gobierno de Yrigoyen no pain i.t demasiado urgido en aportar soluciones novedosas. La Liga Patriótica > m- • nizó congresos donde representantes de los más diversos sectores discui i. HM

sobre todo esto, y también lo seo Social Argentin o o en la

Bunge fundó en 1918. Una Argentin a distinta requería ideas nuevas, y M

ese sentid o l a discusió n fue intensa . Es posible , incluso , que en ese . I t

algunos jóvenes militantes del Partido Socialista

de raigambre marxista en cuestiones económicas y sociales- pensara . marcos del partido eran demasiado estrechos.

o cerrar la válvula del control social, y quizá también

hiciero n a través de las publicaciones del Mi J

Revista

de Economía

Argentina,

que

Alrjuiiilf J

-co n una sólida I. >i in.i. i. m

Ii •<

¿Hasta qué punto eran justificados los terrores de la derecha.'

Ln ola

I.

huelgas, que culminó entre 191 7 y 1921, había sido formidable, peí. > n

.

I.I

ba guiada por un propósito expLícito de subversión del orden, sino que espi saba.de manera ciertamente violenta , la magnitud de los reclamos a. umul.i

dos durante un largo período d e dificultades de la Argentina hasta e

J

i< g l

11XS GOBIERNOS RADICALES, 1916-1930

45

tl.i

|M

.na parte, entre quienes podían presentarse como conducto-

-V amento, los que propiciaban dicha subversión -lo s anarquis-

(,,.,.< |,,. , omiinisras- sólo tenían una influencia marginal e ínfima.

l'oi .

I)»

. y orientaciones más fuertes correspondían a la corriente de

 

h.

d i i as" y a los socialistas, y ambos bregaban tanto por reformas

|,« i n un orden social que aceptaban en sus rasgos básicos, como , so-

lí. | n.»»ntrar los mecanismos y los ámbitos de negociación de los

sindicalistas, reacios a la acción política partidaria, apostaron

|fc>y,i i .aun- los sindicatos y el Estado, un camino que ya había sido

(o. I

pi\,

\.

el listado antes de 1916 y que, retomado por Yrigoyen, debió

lid

n.i.l.i

en la convulsión de 1919, aunque ciertamente se mantuvo

1*11,1, n . I,I , para reaparece r e n form a espectacula r a l fi n de l a

Segund a

|i« Mundial.

I'.uiid

II I

|,i i

'

|

«¡alista -fundado en 1896

.ii al

y de una fuerza electoral conside-

estab a tambié n lejo s d e posturas de ruptura . D e acuerd o

|n ,| ,i n las líneas dominantes e n Europa, el socialismo era visto co-

la

• in i in. ia de una modernización que debía remover obstáculos tradi-

que llamaban la "política

|n - o la que englobaban, junto al conservadurismo tradicional, al radi- •|»,, .1 que se opusieron con fuerza. El Partido Socialista tuvo escasa

M un,.u,u ion y perfeccionamiento

de la democracia

liberal, como

|i i lian - ellos, los socialistas subrayaban lo

id.id pu a arraigar en los

movimientos sociales de protesta: algunos exi-

lio i.

•i nuil

.1 iicareros de la Federación Agraria no compensaron su escasí-

p, e los gremialistas, que aunque votaran a los socialistas prefe-

a I. >s sindicalistas. El socialismo apostó todas sus cartas a las elec-

I , y i . unió en la Capital un importante caudal de votos, con el que

H.

• Kliosamente con los radicales, pero a costa de diluir lo que quizás

lf t

ild< i reclamos específicos de

los trabajadores dentro de un conjunto

de demandas, que incluía a los sectores medios. Esto dejaba libre

|l)i.i, i, . i su izquierda, por el que compitieron diversos grupos, sobre todo

llliipb

l ,1, I i . me.on de la guerra y la revolución soviética. Pacifistas, partida-

|| |,i l m .r a Internaciona l y de la Unió n Soviétic a confluyero n final -

||l<

I I 'ai i ido C :omunista, que durante los años veinte tuvo escasísimo

,,

,

p i.

eosechó muchas simpatías entre

los intelectuales.

Pero otras

,

¿Hi.

•»

piogresistas, de alguna manera emparentadas

con el leninismo,

lia

en el ant ¡imperialismo de esa época y en e l pensamiento de la

illiu i

I liu\.

 

|,,

lisias

apostaron

a la acció n legislativ a y a la posibilida d de crear

|

.

,,i„.|,s

un ámbito tic representación.

Pero había en el partido una

46 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DELA ARGENTINA

incapacidad casi constitutiva para establece r alianzas o acuerdos, y aimqiw impulsaron algunas reformas legislativas n o lograron dar forma a una fuerza

política vigorosa, capaz d e equilibrara l a derecha reconstituida o, siquieia, d e precisa r lo s punto s centrale s del conflict o qu e se avecinaba . S u otr a apueif l

que, según suponían, I

fue - a largo plazo - la ilustración de la clas e obrera

esclarecería en el contacto co n la ciencia . De ahí su intensa acción educ:ad| ra, a través de centros, bibliotecas, conferencias, grupos teatrales y córale.-. I la Socieda d Luz. L a difusión de ciertas práctica s en los grandes centros urbf l nos atestigu a adecuadament e los cambio s qu e -superada l a crisis socia b es- taban experimentando los trabajadores y la sociedad toda. \yE\n de la lucha gremial intensa, la reducción de la sindicalización y t i debilitamiento de la Unión Sindical Argentin a dan testimonio de la atenúa ción de los conflictos sociales. La Unión Ferroviaria, fundada en 1922 y con vertida en cabeza indiscutida del sindicalismo, expresó el nuevo tono da I acción gremial: un sindicato fuertemente integrado, férreamente dirigido i u forma centralizada, negoció sistemática y orgánicamente con las autoridad des, descartó la huelga como instrumento y obtuvo éxitos sustanciales, I'm su parte, el Estado manifestó la voluntad de avanzar en una legislación sm i.il -sancionada en su mayoría durante la presidencia de Alvear - que suponía . la vez el pleno reconocimiento del actor gremial: propuesta de regímetu« jubilatorios para empleados de comercio y ferroviarios, regulación del traba jo de mujeres y niños y establecimiento del l e de Mayo -convertido en un conciliador Día del Trabajo- como feriado nacional.

Más allá de las coyunturas y de las revulsiones, la sociedad argentina VÍ< nía experimentando cambios profundos, que maduraron luego de la guerfl \ que explican este apaciguamiento. Aunque luego de l conflicto se reanudi I I.i inmigración, la población ya se había nacionalizado sustancialmcnte. 1 .

hijos argentinos ocuparon el lugar de los padres extranjeros, las asociacli >i U 1 de base étnica empezaron a retroceder frente a otras e n las que la gente, ••iti distinción de origen, se agrupaba para actividades específicas y la "cucsl mu

nacional",

acción sistemática de la escuela pública había generado una sociedad lueili mente alfabetizada, y co n ella un público lector nuevo , quizá no demasiado entrenado pero ávido de materiales. Crecieron los grandes diarios, con lino

tipos y rotativas; en 1913 Crítica, que respondía a ese nuevo público, y a Id

vez l o moldeaba, revolucionó las formas periodísticas, y otra

1928 ElMundo. Las variadas necesidades de informació n y entretenimlenlt l

fueron satisfechas por los magazines, que siguieron

tas y culminaron en Leoplán, o un amplio espectro de revistas especial i/adi«,

que tanto preocupó e n el Centenario, empezó a desdibujarse, I •

vez lo hi/.i > i)*'•*«||i

la biuell a de ( lam s v ( 'un

LOS< ¡OBIERNOS RADICALES, 1916-1930

47

p|l Mil/ti .• ¡Ullikcn, ¡ii Bis o El Hogar. En los años siguientes a la guerra

I i . in.crias semanales -u n género entre sentimental y tenue-

Hnn . " , m HU Í ras que las necesidades culturales o políticas más ela-

* M-in a i .Ir. bas primero por las ediciones españolas de Sempere y

|*ti 11 biblmiiM as de Claridad o Tor. En una sociedad ávida de leer,

vehículo eficaz de diversos mensajes culturales y

in alaban también por las bibliotecas populares o las confe-

I

lm

t

flilli

i

, qu

i . • rían

Mu . b. - Irían para entretenerse. Otros buscaban capacitarse para liai l o múltiples oportunidades laborales nuevas, pero otros muchos

(lili | piopiarse de un caudal cultural -ta n variado que incluía des-

'¡tlili i

i i I '. •si oirvsky- que hasta entonces había sido patrimonio de la

4tt»

I *

I .

.

más establecidas.

Upa n

I

II

dr la cultura letrada forma parte del proceso de movilidad

ftttipi"

-Ii una sociedad que era esencialmente expansiva y de oportu-

: huí. , di r||a irán esos vastos sectores medios, e n cuyos miembros

I iiil n o II i I. >s resultados de una exitosa aventura del ascenso: los cha-

rura-

i

i ibl

idus, que se identificaban como pequeños empresarios

|II . piqui nos comerciantes o industriales urbanos, de entre quienes

'I

mpli id.i. , profesionales, maestras o doctores, pues ese título siguió

i I i i ulutiiiai ion, en la segunda o quizá la tercera generación, de esta

.il| u andes nombres o fortunas importantes. Junto a ellos, una

iu

ll»-1

I

H i

l i qu'

la Ion una no podía separarse del prestigio.

II*>i

|

la l nivci-adad constituyó un problema importante para

«i

li .1 id . I I rspansión, y la Reforma Universitaria -u n movimiento que

• n i .-iduba en 1918 y se expandió por el país y por toda América lm una expresión de esta transformación. Las universidades, cuyo (

||n . I . |||.I

.minant e er a forma r profesionales , era n po r entonce s socialmen - \. aduna ámente escolásticas. Muchos jóvenes estudiantes qui-

nina u punías, participar en su dirección, remover las viejas camari-

Mt'l'

" "

'I .

, i n i,miar

criterios de excelencia académica y de actualiza-

Mi

mili ,

i , y van ular

la

Universidad con los problemas de la sociedad.

Hlli i I.-II • ludiantil fue muy intensa y coincidió con lo más duro de la

Mu i il, . 111 ii- I o 18 y 1922, al punto que muchos pensaron que era una JMii u mi . dr aquélla. Otros advirtieron que se trataba de un reclamo

ubi. I. , I I lm ii usías recibieron el importante apoyo de Yrigoyen, logra-

se incorporaran representantes estudiantiles al go-

t>li iiiin In ||u .!• l i a di.

¡i.sos que

l o universidades , qu e se desplazara n a alguno s

d e lo s profesore s y prácticas. Tam-

i.

.nales y que se introdujeran nuevos contenidos

I

I

«I

a in ni u n programa de largo plazo, que desde entonces sirvió de

48 BREVE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DELA ARGENTINA

bandera a la actividad política estudiantil , un espacio que desde enton a sirvió de antesala para la política mayor . E l reformismo universitario fue, m i que un a teoría, u n sentimiento, expresión de un movimiento de apetl»^

socia l e intelectua l qu e serví a de aglutinant e a

las ideología s má s diversas , d.

de el marxismo al idealismo, pero qu e se nutrió sobre todo del antiimperialisifl latinoamericano, todavía difuso, y de la misma revolución rusa, con su aptfl

ció n a las masas. Se vincul ó con otra s vertientes latinoamericanas, crean J una suerte de hermandad estudiantil, e inyectó un torrente nuevo y vil al o los movimientos políticos progresistas.

Pero además, expresaba algunas tendencias hacia las que la nueva so< i<.1 H1 era particularmente sensible. A pesar de que, avanzando en la década de 11'.'0 los movimientos sociales contestatarios estaban en declinación, y de qui ll fuerte movilidad social desalentaba los enfrentamientos de clase por enioiu iH dominantes en Europa, hubo en esta sociedad una fuerte comente refnrmM Confluyeron en ella diversas experiencias de cooperación y cambio -desdo I de los chacareros aglutinados en sus cooperativas a las de las sociedade» J fomento en los nuevos barrios urbanos—que se alimentaron con las comenta del pensamiento social y progresista de Europa y dieron el tono a una artill a reflexiva y crític a acerca de la sociedad y sus problemas. Esta actitu d se IIM| plasmando en una cierta idea de la justicia social, probablemente alimcntaiUI

su vez desde fuentes ideológicas más tradicionales -com o la de la Iglesia | igualmente preocupadas por la necesidad de adaptar las instituciones .1 mu

sociedad en cambio. Se trataba

de una idea aún imprecisa, que no alean . > *

11 i!; (¡OB1ERNOS RADICALES, 1916-1930

49

¡Mlt'il

al domingo empezó a incluir el "sábado

I -mu., m o el i iempo libre disponible. Ello explica el éxito de biblio-

i i v lecturas, pero también el desarrollo de una gama muy

1

1 ¡'"''ta holgura económica, y la progresiva reducción de

que junto

|H